Martes, 31 Mayo 2022 05:38

La importancia de China

La importancia de China

China marcará la diferencia en el crecimiento mundial a lo largo de esta década. El problema es que por primera vez en más de 40 años esta economía puede entrar en recesión, debido al confinamiento por el covid-19 y la invasión de Rusia a Ucrania.

La actual crisis política dividió al mundo en dos bloques. Por un lado, Occidente que lucha por la autosuficiencia en hidrocarburos, materias primas y productos elaborados; y, por el otro, los países vinculados con Rusia, entre los que se encuentran China e India.

Hace apenas medio siglo pensar en que un país como China podría incorporarse a la globalización y crecer a niveles cercanos a 10 por ciento anual durante décadas parecía un sueño, pero las reformas llevadas a cabo por Deng Xiao Ping tras la muerte de Mao y la caída de la "Banda de los Cuatro", hizo posible esta realidad.

Deng impulsó una nueva filosofía bajo el siguiente principio: "No importa si el gato es negro o blanco, mientras pueda cazar ratones es un buen gato". Bajo esta idea se enfocó en el mercado, en la productividad y en la competencia. Desde entonces el país transformó radicalmente su economía.

China se ha convertido en uno de los mayores motores de desarrollo al ser un importante consumidor de todo tipo de bienes y servicios y al ser la principal fábrica global. Esta nación comenzó a crecer en forma ininterrumpida a partir de 1979, a diferencia de Occidente que vive ciclos de auge, estancamiento y recesión. El gigante asiático se incorporó a la Organización Mundial de Comercio en 2003 y a la fecha representa 25 por ciento de los intercambios globales.

Por desgracia, el mundo cambió en los pasados tres años y puso un alto en el camino a la globalización por un creciente proteccionismo y por la ruptura de cadenas de producción y distribución. Para colmo de males se generó un rechazo a los productos chinos por motivos ideológicos.

En la medida en que Occidente frene el comercio con China limitará el crecimiento de la economía mundial y los costos de todo tipo de mercancías se incrementarán

Vivimos momentos de definiciones, entre la apertura y el proteccionismo. Esperemos que China no entre en recesión y que prevalezcan los mercados abiertos.

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Publicado enEconomía
Las izquierdas progresistas ante la Revolución cubana. Reflexiones sobre las alternativas emancipatorias en América Latina

El triunfo de la Revolución cubana marcó el final de la dictadura de Fulgencio Batista, cuyo régimen suspendió las garantías constitucionales desde su llegada al poder en 1952. Este hecho significó un bandazo contra la democracia republicana que había manifestado mayores garantías de participación con la Constitución de 1940. Sin embargo, sus postulados quedaron sepultados ante los anhelos autoritarios del general, autoconsiderado legítimo representante de los sectores populares de la Isla.

En realidad, se trataba de un actor representativo de la oligarquía cubana, la misma que controlaba los hilos del poder económico y visibilizaba como un peligro a sus intereses acumulativos, la propuesta que sectores medios con anhelos de reforma en el sistema sociopolítico pretendía impulsar con su amplio favoritismo electoral.

El ascenso del gobierno revolucionario el 1ro. de enero de 1959 con el derrocamiento de Batista, provocó la apertura de un paradigma de liberación en los países del subcontinente. La autoridad de Fidel Castro como líder del proceso triunfante, se convirtió en un referente para otros pueblos del hemisferio que contemplaban en el joven guerrillero, un ejemplo de consagración para enfrentar a las elites antipopulares, racistas y clasistas, mediante la toma del poder a través de la lucha armada.

En numerosos movimientos de la región, el 26 de julio pasaría a celebrarse como una fecha reivindicatoria de la justicia. De igual forma, la porción antillana se convirtió en importante espacio de confluencia cultural entre la vanguardia artística e intelectual. Esta realidad adquirió una dimensión relevante para los sectores oprimidos, debido al protagonismo de los subalternos en gran parte de las tareas acometidas.[1]

La voluntad de impulsar un proyecto nacional que rompiera con los resortes de la dependencia, tal como tipificaba la crisis estructural del sistema republicano en la Isla, demandaba la implementación de medidas que afectaban los intereses del capital foráneo, incluyendo una composición trascendente de los negocios estadunidenses.

En esa dirección, se llevaron a cabo un número importante de legislaciones como la ley de reforma agraria, la ley de reforma urbana, la nacionalización de las industrias, entre otras. Esta realidad condujo al antagonismo con los Estados Unidos y provocó el desenlace de acciones hostiles por parte de la potencia imperialista, en función de desmantelar la estructura del nuevo régimen instaurado.

No obstante, el gobierno revolucionario pretendía lograr un desarrollo autóctono que concretara las necesidades de satisfacción material del pueblo cubano. A pesar de esos intentos que se manifestaron en sucesivos proyectos de experimentación y espontaneidad disfuncional, durante el período 1960-1970 fracasaron todos los esfuerzos por establecer la plena autonomía económica del país.

Esta incapacidad se expresó en las políticas de «gasto alegre», el voluntarismo ineficiente, el excesivo burocratismo, el verticalismo centralizado, el despliegue de métodos militaristas de ordeno-mando, la falta de participación de los obreros en la planificación económica, el acometimiento de megaproyectos carentes de objetividad, entre otras causas.

Tales fracasos condujeron al país a un aumento de la dependencia hacia la Unión Soviética en un escenario de «Guerra Fría», caracterizado por la acentuada hostilidad entre las dos superpotencias mundiales que dividió al planeta en dos grandes bloques.

En ese contexto, Cuba quedaría plenamente integrada al bando oriental con su entrada al CAME en 1972, luego de revelada su incompetencia en articular estrategias de sustentabilidad.[2]

Durante los primeros años, el ámbito interno no estuvo exento de contradicciones como resultado de políticas que condujeron al quiebre de gran parte de las izquierdas con el proceso revolucionario, como fue el polémico Caso Padilla.

Este suceso, que estuvo marcado por la represión contra el conocido poeta por parte de los órganos de la Seguridad del Estado, desató una enconada polémica internacional que condujo al pronunciamiento de numerosos intelectuales, que desde ese momento dejaron de manifestarle su apoyo a la Revolución. Entre ellos se encontraba Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Mario Vargas Llosa.

En el decursar estalinista del modelo, destaca la implementación de las denominadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) hacia las que fueron enviadas miles de personas por su orientación sexual, pensamiento político o creencia religiosa. Estas políticas acometidas por la dirección del país se encontraban en consonancia con los preceptos de un modelo lineal, monolítico y excluyente que caracterizó el discurso oficial, centrado en promover un esquema de comportamiento acorde a los preceptos del «hombre nuevo».[3] Sin embargo, en la tipificación de ese molde ciudadano, fueron impuestos parámetros disciplinarios asentados en el imaginario social, según los intereses de la clase política gobernante.

La década de los setenta se caracterizó también por el predominio de la censura contra diversos exponentes de las manifestaciones artísticas,[4] resultado de la sovietización del entorno cubano. Las contradicciones de esta etapa reconocida como «quinquenio gris», devino en la aplicación de prácticas utilitarias a los designios del poder, lo que generó expresiones lamentables para el campo de la cultura que han sido documentadas por autores como Jorge Fornet,[5] Guillermo Rodríguez Rivera,[6] Alberto Abreu Arcia,[7] Ambrosio Fornet,[8] entre otros. Este accionar estuvo encabezado por funcionarios a los que se les otorgó convenientes cuotas de poder en el ejercicio de sus cargos, para la implementación de un proceder represivo respaldado por los dispositivos de control ciudadanos.

No obstante, el proceso continuó gozando de fuerte popularidad en el escenario internacional debido a su voluntad de contribuir en la liberación de los territorios africanos. De esta forma, quedaba manifiesta la voluntad del liderazgo político en llevar adelante toda una hazaña global por la emancipación de los pueblos del Tercer Mundo. Sin embargo, paradójico a tales propósitos acorde a los preceptos del internacionalismo, el resultado de sus esfuerzos se limitó a la expulsión de las autoridades coloniales en los territorios en los que intervinieron las tropas cubano-soviéticas. Esta realidad, provocó que una vez librados de la presencia colonial extranjera, se instauraran en esos países, regímenes alejados de toda praxis socialista y se procediera a la investidura de gobiernos representativos de burguesías nacionales, que sometieron a sus pobladores a nuevas formas de explotación. A su vez, potenciaron las condiciones estructurales del subdesarrollo, dando paso al establecimiento de modelos neocoloniales en sus relaciones de intercambio con las naciones industrializadas.

De esta forma, el proceso intervencionista en África, afrontó la dicotomía de una liberación restringida, debido al devenir que asumieron sus estados en complicidad con las elites locales que cedieron a los intereses del capital trasnacional.

El punto de inflexión ante la crisis permanente del modelo económico en Cuba

La crisis del período especial con la caída del «campo socialista», marcó una ruptura en las políticas conceptuales que asumió la dirección del país. Ante la inminente caída del «comunismo» en los países de Europa del Este y la URSS como alternativa a los designios del sistema/mundo capitalista, Cuba entró en su peor crisis económica sin que ello implicase la sumersión en un período de ingobernabilidad. La autoridad de Fidel Castro sumado a los amplios niveles de consenso carismático y legitimidad, permitió la continuidad del modelo con profundas transformaciones en su funcionamiento sistémico. Esos cambios se reflejaron en la cesión de mayores oportunidades al capital extranjero, la despenalización del dólar como moneda de circulación, la privatización de diversas actividades económicas, la impulsión con mayores estímulos al sector cooperativo con profundas trabas burocráticas para su desempeño, entre otras realidades.

Tales cambios indicaron el tránsito hacia un sistema más abierto en sus relaciones externas, aunque siguió rigiendo el modelo de partido único, la unidad de poderes, la escasa actividad del parlamento, el sostenimiento de la figura presidencial como autoridad indiscutible, entre otras características que evidenciaron la tenue alterabilidad del orden democrático.

Una parte importante de los movimientos progresistas comenzaron a identificar las transformaciones realizadas como el inicio de una restauración capitalista. Sin embargo, algunos economistas marxistas la definen como una etapa en la que se produce el ascenso de un sistema neocapitalista de estado.[9]

Esta realidad condujo a que algunos movimientos socialistas identificaran al estado cubano como un régimen capitalista autoritario,[10] incapaz de ofrecer garantías para la emancipación del trabajo, la libertad de expresión y otras formas divergentes de pensamiento político. En este periodo, el liderazgo estableció serias alteraciones en su proyección discursiva, identificada con el abandono del lenguaje categorial del marxismo, cediendo a la articulación de un enunciado que encontró nuevos referentes en la historia nacional y el pensamiento latinoamericano.

No obstante, gran parte de los movimientos populares siguieron manifestándole su apoyo a un proceso que identificaban como estandarte de la resistencia imperialista contrahegemónica. Un reflejo de esa realidad se manifestó en el aporte brindado por las brigadas de solidaridad, así como en las labores desarrolladas por los «Pastores por la Paz» en sus intentos por quebrar los efectos del bloqueo económico y enviar insumos solidarios para afligir los pesares del pueblo cubano. Sin embargo, en el plano interno, siguió predominando el monopolio del estado sobre los medios de comunicación, el restringido espacio para la sindicalización autónoma de la clase trabajadora, la proscripción del derecho a huelga, las carencias para la asociación libre, sumado a otras realidades marcadas por el predominio de un régimen que insiste en sostener severas limitaciones para el ejercicio efectivo de los derechos, sin que tales manifestaciones atenten contra el orden sistémico-estructural del modelo imperante.

Durante esta etapa, la movilización popular continuó siendo un referente de aprobación para el sostenimiento del status quo por la clase política en el poder. Las herramientas utilizadas por el aparato discursivo caló en la composición civil con la fuerza persuasiva suficiente para la rearticulación de su mando representativo. El desmantelamiento de toda forma organizacional autónoma estuvo acompañada por la ausencia de un marco regulatorio complementario: elemento ineludible para la concreción de un «estado de derecho», a pesar de los intereses populares de gran parte de la ciudadanía proyectadas en ideas socialistas heterodoxas, voces feministas, antirracistas, anarquistas, republicanas, entre otras que no han tenido espacio de realización en la sociedad, con la excepción de su cauce por los marcos institucionales de la instancia burocrática.

Con el transcurso de los años noventa, la Isla quedó sumergida en la crisis socioeconómica más profunda de su historia. Este escenario provocó una abrupta caída en las importaciones de bienes, falta de combustibles para la producción, la transportación y la generación eléctrica, escasez de medicamentos, pérdida del poder adquisitivo de la moneda, caída generalizada en las exportaciones, entre otros daños.

Sin embargo, la época finisecular dio apertura a un nuevo ciclo progresista en América Latina, cuyos liderazgos sentían fuerte atracción con el proceso que encabezó una transformación radical en Cuba a mediados del siglo XX. Esos ideales habían servido de bujía inspiradora al resto de los movimientos populares frente al poder de penetración imperialista y la influencia de las elites locales. Semejante contexto robusteció la admiración regional hacia Fidel Castro por los países del sur y fortaleció las condiciones de resistencia del pueblo cubano, favorecidas por el establecimiento de nuevos acuerdos multilaterales que provocaron una mejoría a niveles macroeconómicos.

Los gobiernos posneoliberales como modelos «alternativos» al capitalismo.

El inicio del nuevo milenio abrió nuevas esperanzas para América Latina con el ascenso de gobiernos progresistas debido al fracaso del experimento neoliberal. Este modelo generó durante décadas un aumento en las riquezas del capital bancario, el predominio extractivo de las trasnacionales, el ascenso de la pobreza, la miseria y la desigualdad en las masas.

Dicha propuesta sistémica reactivó la movilización popular, que en algunos casos culminó en agudas crisis sociales como fueron los estallidos ocurridos durante los gobiernos neoliberales de Jamil Mahuad en Ecuador (2000) y bajo la presidencia de Fernando de la Rúa en Argentina (2001).

De igual forma, sus consecuencias sociales provocaron un renacer de las ideas que parecían inertes en la región, después del colapso ocurrido entre 1989-1991.

Semejante cataclismo acentuó la euforia occidental expresada en un supuesto «fin de la historia», signado por una apología anticientífica del modo de producción capitalista.

La implementación del neoliberalismo desde la década del setenta en América Latina, impulsó enormes focos de resistencia que hallaron su punto clímax en los finales del siglo XX.

El rechazo popular a su implementación motivó el ascenso de gobiernos que promovieron novedosos proyectos conceptualizados en la propuesta de «socialismo del siglo XXI».

Este sistema entendido como alternativa al orden capitalista, se planteó entre sus objetivos el enfrentamiento a las asimetrías históricas mediante la promoción de un régimen enfocado en el bienestar social, la participación ciudadana y la prosperidad material de las mayorías.

La propuesta estuvo acompañada por innovadoras proyecciones discursivas reivindicatorias de la historia, la ancestralidad y las tradiciones culturales, en franca ruptura con la praxis llevada a cabo por las elites de poder, interesadas en la conformación de un estado-nación homogéneo que facilitara sus intereses de dominación.[11]

La estrategia de los gobiernos neopopulistas que entendió la llegada al poder mediante la toma del aparato institucional para la repartición de nuevos bienes, adquirió expresiones de paternalismo y redujo las posibilidades de éxito en lugar de promover la autogestión cooperativa en la producción de las riquezas y la impulsión del trabajo libre asociado como forma plena realización laboral que promoviera nuevos valores sociales «desde abajo».

Asimismo, el estatismo verticalista obstaculizó la participación democrática en los procesos productivos, la sujeción de la maquinaria estatal a la voluntad popular y redujo las posibilidades de potenciar la propiedad comunitaria y las tradiciones autóctonas. De igual forma, estos modelos fueron incapaces de encontrar alternativas al industrialismo desarrollista subordinado a la hegemonía globalizada del capital, de modo que sus propuestas quedaron entrampadas a las cadenas de valor en la división internacional del trabajo.[12]

Estos modelos si bien empoderaron a las clases subalternas mediante la implementación de acciones afirmativas, políticas públicas y recursos dirigidos hacia los grupos en desventaja histórica, también fortalecieron el poderío económico de las clases dominantes, paralelo al mejoramiento económico de los sectores relegados en el consumo social, mediante la profundización del extractivismo y la dependencia al capital foráneo.

Esta situación se vio agravada luego por la caída en los precios de los commodities en el mercado mundial, lo que generó la insostenibilidad de los programas sociales y condujo nuevamente al empobrecimiento de las clases bajas, el aumento de la violencia, el mercado informal, el crimen organizado y la emergencia de ideas reaccionarias.

El discurso reivindicativo de la pluralidad, la interculturalidad, las tradiciones originarias, los valores comunitarios, entre otros preceptos que definieron la oratoria de los gobiernos posneoliberales, condujo al establecimiento de una praxis distanciada a los preceptos emancipatorios de los grupos históricamente relegados por las estructuras de opresión.

De igual modo, han sido omitidos los debates en torno al protagonismo que deberían adoptar las comunidades indígenas y afrodescendientes, tanto en los procesos de participación, como en la transformación que las alternativas de la razón occidental han enclaustrado a estas formas de pensamiento relegadas a la alteridad, como han sido sus aportes científicos y saberes ancestrales.

Las cosmovisiones epistémicas de estas culturas, han quedado subsumidas por las prioridades desarrollistas que las autoridades gubernamentales han acometido. Esto significó un retroceso con las propuestas que se planteó superar el liderazgo progresista, cuyos postulados plasmaron en los textos constitucionales de sus respectivos gobiernos.

En este contexto, el continente se encuentra sumergido en una crisis sistémica y presencia un ascenso del protofascismo como supuesta «alternativa» ante el neopopulismo, la profundización de las condiciones estructurales de subdesarrollo, el desmantelamiento de las tradiciones republicanas democráticas, la degeneración de procesos revolucionarios radicales, el predominio del despotismo presidencial ante la usurpación de las garantías constitucionales, la activación de nuevas prácticas contaminantes sometidas a las lógicas del capital y la pérdida de los valores ciudadanos ante la crisis civilizatoria.

Esta etapa de permanente incertidumbre, se enfrenta además a la carencia de paradigmas ante un inminente repliegue de los movimientos populares, con potencial para desafiar el poderío de las estructuras oligárquicas que apuestan por la privatización de todo objeto o expresión inmaterial cuantificable a los fines de la monetización, optando por las lógicas del libre mercado como elemento central que guíe las pautas de la vida humana, con las respectivas consecuencias que tales patrones han conllevado a los fines de enajenación, explotación e insostenibilidad ecológica. Esta ha sido la agenda fundamental implementada por los gobiernos conservadores –tradicionalmente racistas, machistas y homofóbicos–, que han optado por el desmontaje de los avances logrados en materia social.

Los fundamentos centrales que definen la incertidumbre del actual escenario, requiere un profundo análisis de las políticas implementadas por los modelos progresistas, cuya inviabilidad se manifiesta ante el potente ascenso de las corrientes reaccionarias. Ante esa realidad, expresa el antropólogo venezolano Edgardo Lander:

«Con el fracaso de las experiencias de los llamados gobiernos progresistas en América Latina como alternativas capaces de ir más allá del capitalismo y ofrecer al menos algunas vías o transiciones iniciales para salir de la crisis civilizatoria, nos enfrentanos al final de varios ciclos históricos. No se trata sólo del corto ciclo histórico de los altos precios de los commodities o de los llamados gobiernos progresistas. Es también el final de un ciclo histórico más largo, un ciclo que podía decirse que comenzó con la publicación del Manifiesto del Partido Comunista en 1848. Es el ciclo histórico de las luchas anticapitalistas basado en la idea de que a través de la captura o el control del Estado sería posible llevar a cabo un proceso de transformación profunda de la sociedad en su conjunto. Ésta ha sido la creencia compartida de los levantamientos revolucionarios como el asalto al Palacio de Invierno; la socialdemocracia europea; los movimientos de liberación del Tercer Mundo y las luchas guerrilleras; y, una vez más, en los proyectos políticos de los gobiernos progresistas en América del Sur. También estamos al final de la era histórica de la Revolución, de la idea según la cual era posible transformar a la totalidad de la sociedad, en todas sus múltiples esferas, en un breve periodo de tiempo».[13]

De igual forma, como parte de la crisis estructural que afrontaron estos modelos, es necesario destacar que:

«Los proyectos transformadores de una izquierda que ha apostado por un socialismo estadocéntrico y por nociones asociadas a la idea del progreso han fracasado y tienen poco que ofrecer como alternativa al capitalismo y a la civilización en crisis. Como lo ha demostrado la experiencia de los socialismos del siglo pasado, y lo ha confirmado la experiencia de los gobiernos progresistas en América Latina, la izquierda estadocéntrica y desarrollista, lejos de representar alternativas al orden existente, ha pasado a ser parte del problema y, con su relativa hegemonía política y discursiva como alternativa al capitalismo, ha contribuido a negar, a bloquear la emergencia y visibilización de otras alternativas».[14]

A pesar de ese complejo escenario, el impulso en Latinoamérica de una «marea rosa» ante la crisis del neoliberalismo, abrió nuevas puertas para el fortalecimiento de las relaciones económicas entre países vecinos y se establecieron vínculos político-económicos proyectados hacia la integración regional.

Sin embargo, el predominio nacionalista de gobernantes provenientes de elites burguesas dificultó la materialización de ese propósito, que si bien obtuvo numerosos avances en planos diplomáticos, su concreción económica se vio seriamente obstaculizada.

Las izquierdas ante las protestas sociales del 11J y los desafíos del socialismo democrático en Cuba

El régimen sociopolítico cubano es heredero de un modelo de «corte soviético» que demostró su insostenibilidad durante el período 1989-1991 con el colapso de los regímenes europeos.

Estos sistemas estuvieron caracterizados por el predominio de la propiedad estatal sobre los medios de producción, la centralización burocrática en la administración de la economía, los excesivos gastos en la industria militar, el control monopólico del estado sobre los medios de comunicación, la persistencia de prácticas estalinistas en represión a la labor de los creadores en el ámbito cultural e intelectual, la deslegitimación a toda forma de pensamiento proveniente de la sociedad civil, la concentración del poder en una nomenklatura oligárquica,[15] reproductora de múltiples patrones de opresión como: el patriarcado, el racismo, la homofobia, el antropocentrismo y la explotación económica, al tiempo que demostraron su incapacidad en sostener la prosperidad material de sus pobladores. La persistencia en gran medida de estos aspectos ha tipificado la realidad de Cuba, sin que se visibilicen signos de recuperación económica o transformación política inclusiva.

El estallido del 11J en Cuba se produjo en un contexto de crisis social caracterizada por el predominio en la escasez de bienes, la inflación monetaria, la inseguridad alimentaria, el aumento de la pobreza,[16] el hambre, la mendicidad, la desigualdad,[17] la estratificación social, entre otros, como resultado de las inefectivas políticas de la elite en el poder, combinado con un escenario de situación pandémica y sanciones norteamericanas. Ante esos hechos de rebeldía popular, un gran arco de grupos, movimientos, figuras, organizaciones y partidos políticos se pronunciaron sobre los acontecimientos en la Isla.

La narrativa oficial sostuvo la táctica de considerar como ilegítima toda manifestación en el espacio público, aunque fueron muchas las declaraciones que reconocieron el derecho del pueblo cubano a la libre expresión, tal como establecen las garantías que deben regir los marcos de un «estado de derecho» en cualquier orden constitucional del mundo.

Las organizaciones marxistas como la Liga Internacional de los Trabajadores Cuarta Internacional (LIT-CI),[18] Marx21,[19] y la Unidad Internacional de los Trabajadores Cuarta Internacional (UIT-CI),[20] manifestaron su apoyo al pueblo en defensa de sus reclamos sociales.

En igual sentido, se pronunció el entonces candidato a la presidencia de Chile Gabriel Boric, al igual que organizaciones pertenecientes a la Internacional Socialista de los Trabajadores, sumado a figuras de reconocida trayectoria anticapitalista.

Las organizaciones anarquistas también se mostraron en defensa de los intereses populares,[21] al tiempo que condenaron la degeneración burocrática del régimen, cuya proyección discursiva sostiene el encantamiento utópico sobre amplios sectores del progresismo internacional.

Ese aluvión de declaraciones denota la fractura del consenso entre los grupos/organizaciones internacionales en torno a un supuesto apoyo monolítico de la izquierda hacia la clase dirigente cubana. Esta noción ha sido alimentada por los posicionamientos que visibilizan a Cuba como paradigma de la igualdad y la justicia social, sostenidos por el ideario emancipatorio y proyección histórica de la revolución triunfante a mediados de la vigésima centuria.

Entre varias de las organizaciones marxistas se han producido discusiones teóricas de notable profundidad en torno a la esencia del modelo existente en el país. Mientras algunos consideran que predomina un régimen capitalista de estado,[22] otros aluden a una abierta restauración capitalista desde el inicio de las reformas aplicadas a partir de la crisis del período especial.[23]

Tampoco han faltado las organizaciones y/o movimientos que sostienen la vigencia del proceso revolucionario mientras se sostenga la hegemonía política del PCC y la clase gobernante que transformó el antiguo modelo republicano con la caída del orden democrático-liberal.[24]

En esta línea se ubica un sector marxista que no aborda en sus valoraciones las severas transformaciones culturales, económicas y estructurales que sacuden al sistema en su devenir histórico.[25] De igual forma, tal emplazamiento silencia las discusiones en el campo académico en torno a la génesis y consumación del proceso de cambio.[26] Ese colofón es proyectado por varios historiadores, economistas y sociólogos en 1976, al ser este el momento en que la estructura pasó a convertirse en Estado que dio paso a la institucionalización de sus prácticas ciudadanas. Tales cambios fortalecieron el carácter burocrático-centralista, el liderazgo personalizado en la figura de Fidel Castro, la unanimidad parlamentaria, la supraconstitucionalidad del Partido y estableció pautas para la homogenización que ha impuesto la clase gobernante en la articulación de su hegemonía.

En línea con los intereses democratizadores que reconoce la trascendencia histórica del proyecto iniciado a mediados del siglo XX, se ubica una declaración redactada por un amplio grupo de personalidades y colectivos de la izquierda internacional. En el manifiesto se convoca a la promoción de una ley de amnistía, como paso necesario para el establecimiento de un «socialismo democrático y de iguales».[27]

En aprobación del documento signaron un gran número de intelectuales, políticos, teóricos y militantes de pensamiento marxista, antirracista, descolonial, subalterno, feminista, anarquista, popular, socialdemócrata, entre otros; pues logró incorporar a figuras de reconocida trayectoria en sus respectivas militancias. Esa iniciativa se produjo en un contexto marcado por la profundización del punitivismo, sistemáticas violaciones a los derechos humanos y una agudización de la crisis que halla su expresión en un refuerzo del autoritarismo ante la incapacidad del Estado en implementar un modelo que ofrezca a la ciudadanía bienestar económico, igualdad y justicia social.

La corriente republicana popular ha reivindicado el pensamiento plural, a la vez que ha insistido en la necesidad de establecer un «estado de derecho»,[28]  como forma de articular amplios consensos en la ciudadanía dirigidos al establecimiento de un modelo democrático marcado por la inclusión social, cuyas propuestas no permanecen ajenas a la tradición del pensamiento socialista. Han sido notorias las polémicas en torno a la posibilidad de emprender nuevas directrices constitucionales que ofrezcan mayores garantías para el ejercicio efectivo de los derechos, sin que las expresiones abiertas de manifestación pública atenten contra el orden sistémico.

Estos posicionamientos resultan contradictorios a las posturas intransigentes adoptadas por figuras de la izquierda latinoamericana como Néstor Kohan,[29] Atilio Borón,[30] Frei Betto, Fernando Buen Abad, entre otros, que adoptan un posicionamiento dogmático ante la crisis social que afecta el país. Estas personalidades asumen como principal responsable de las condiciones de deterioro estructural a los Estados Unidos, debido a las sanciones que integran el bloqueo económico contra Cuba. Sin embargo, dicha perspectiva resulta incapaz de identificar las falencias democráticas del modelo.

De igual forma, reproducen las narrativas de la oficialidad en tanto se pronuncian en favor de la deslegitimación de todo discurso o proyecto que pretenda articular agendas divergentes ante las asimetrías de las instancias gubernamentales, marcadas por un espacio regulatorio severamente riguroso para el ejercicio de los derechos con garantías ciudadanas.

A tono con lo anterior, no resulta paradójico que desde las instancias de poder se promueva la polarización, se atente contra las posibilidades de regulación de los medios independientes, se implementen discursos de odio en los espacios radiotelevisivos, exista un ordenamiento democrático caracterizado por el excesivo verticalismo, la representatividad nominalista a todos los niveles, entre otras manifestaciones que han tipificado las políticas del gobierno.

Este modelo sociopolítico de «corte soviético» que halló su finitud en Europa hacia los finales de la vigésima centuria,[31] no ha estado exento en la reproducción de los recursos enajenantes que tipifican las relaciones sociales de producción capitalistas.[32] Sin embargo, el colapso de su estructura se hizo inminente a pesar de la declarada irreversibilidad en los apartados constitucionales.

En la Isla, persiste un plausible desgaste del orden sistémico, sumado a un acentuado deterioro económico y perjuicio de los indicadores sociales. Mas la decadencia en esos ámbitos, expresada en la emigración masiva de profesionales hacia el exterior, demuestra la multidimensionalidad de la crisis que afronta el país a pesar del discurso triunfalista sostenido por la clase gobernante.

De igual forma, desde ámbitos académicos se ejerce la implementación de un marxismo dogmático funcional al sostenimiento del status quo, heredero de la tradición del pensamiento estalinista que rigió en los países de Europa del Este y la URSS.

Los objetivos de esta política, responden a los fines interpretativos de una concepción teleológica desde edades tempranas en la formación educacional, fortaleciendo así narrativas mitológicas sobre la Revolución, la autoridad paternalista del Estado y el carácter doctrinario que rigen las formas de pensamiento en la nación.

Esta realidad ha estado acompañada por los intentos de instrumentalizar las agendas civiles del activismo LGBTIQ+, institucionalizar los reclamos sociales de la población afrodescendiente, subordinar las demandas de la comunidad ambientalista, suprimir las expresiones del periodismo alternativo mediante la persecución de sus exponentes, entre otras prácticas.

La complejidad del escenario cubano está marcada también por el ascenso de nuevas clases sociales, la profundización de las desigualdades, así como la injustificada realización de millonarias inversiones hoteleras dirigidas al fortalecimiento económico del grupo militar empresarial, en un contexto de profundas restricciones para el consumo, la escasez de alimentos y la desprotección social de amplios sectores de la ciudadanía.

Tales realidades contribuyen a la pérdida de credibilidad del discurso oficial ante la falta de libertades y los elevados niveles de insatisfacción social.

De esta manera, las condiciones de posibilidad para la instauración de un socialismo democrático que recoja las voluntades de satisfacción ciudadanas, son cada vez menores ante la profundización de un régimen capitalista autoritario, solidificado ante la negativa de su dirigencia para el establecimiento de las transformaciones estructurales que requiere la nación, en función de materializar los sueños de justicia e ideales emancipatorios que cautivaron con el triunfo revolucionario del siglo XX a los sectores progresistas más radicales del planeta.

 29/05/2022

[1] Carlos Uxo. Representaciones del personaje del negro en la literatura cubana. Una perspectiva desde los estudios subalternos. Editorial Verbum, Madrid, 2010.

[2] Las expresiones de temor manifestadas por Virgilio Piñeira durante el discurso de Fidel Castro “Palabras a los intelectuales” en 1961, confirmaron el establecimiento de una política cultural excluyente y dogmática que en años posteriores afectaría la integridad de artistas e intelectuales como: José Lezama Lima, Antón Arrufat, Miguel Barnet, Nancy Morejón, Nicolás Guillén Landrián, Cintio Vitier, Walterio Carbonell, Georgina Herrera, José Mario Rodríguez, Eduardo Heras León, Pablo Milanés, Fernando Martínez Heredia, Juan Valdés Paz, entre otros.

[3] Ernesto Che Guevara. El socialismo y el hombre en Cuba. Ediciones Revolución, La Habana, 1965.

[4] Abel Prieto y Jaime Gómez Triana. Selección y prólogo. Fuera (y dentro) del juego. Una relectura del «caso Padilla» cincuenta años después. Fondo Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2021.

[5] Jorge Fornet. El 71. Anatomía de una crisis. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2013.

[6] Guillermo Rodríguez Rivera. Decirlo Todo. Políticas culturales (en la Revolución cubana). La Habana, Ediciones Ojalá, 2017, p. 205.

[7] Alberto Abreu Arcia. Los juegos de la escritura o la escritura de la historia. Fondo Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2007.

[8] Ambrosio Fornet. «El quinquenio gris: revisitando el término», en Humberto Rodríguez Manso y Alex Pausides (compilación), prólogo de Fernando Rojas. Cuba, cultura y revolución: claves de una identidad. Colección SurEditores. La Habana, 2011.

[9] Roberto Cobas Avivar. «Cuba. No a la transición capitalista constitucional», consultar en https://robertocobasavivar.wordpress.com, publicado el 21 de diciembre de 2018.

[10] Eduardo Almeida. «La polémica con el estalinismo y el 15N», ver en: https://litci.org./es/la-polemica-con-el-estalinismo-sobre-cuba-y-el-15n/, publicado el 1 de noviembre de 2021. Consultado el 27 de abril de 2022.

[11] Ángel Rama. La ciudad letrada, prólogo de Hugo Achúgar, Editorial Arca, Montevideo, 1998.

[12] Alberto Acosta y Ulrich Brand. Salidas al laberinto capitalista. Decrecimiento y postextractivismo. Quito. Fundación Rosa Luxemburgo, Oficina Regional Andina, Quito, 2017.

[13] Edgardo Lander. Ob. Cit., p. 149.

[14] Ibídem, p. 151.

[15] Tony Cliff. Capitalismo de Estado en la URSS. Marx21 Ediciones, 2020.

[16] Mayra Espina Prieto. Transformaciones recientes de la estructura socioclasista cubana. Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, La Habana, 1995.

[17] María del Carmen Zabala. Análisis por color de la piel e interseccionalidad. Análisis del contexto cubano 2008-2018. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Centro Félix Varela, 2020.

[18] Liga Internacional de los Trabajadores Cuarta Internacional. ¡Todo el apoyo a la lucha del pueblo cubano!, en https://litci.org/es/66419-2/, publicado el 14 de junio de 2021.

[19] Boletín de Marx21, en marx21.net. Cuba: ¡Socialismo y Libertad!, 28 de septiembre de 2021.

[20] Miguel Sorans. «¿Por qué protesta el pueblo cubano?», consultar en https://uit-ci.org/index.php/2021/07/21/por-que-protesta-el-pueblo-cubano, publicado el 22 de julio de 2021.

[21] Declaración anarquista. «Entre oligarquías, algo llamado el pueblo cubano», consultar en https://tierranueva.medium.com, publicado el 24 de septiembre de 2021 por Tierra Nueva. Consultado el 27 de abril de 2022.

[22] David Karvala. «Hacia un análisis marxista de Cuba», consultar en el blog Comunistas, https://www.comunistascuba.org/2020/09/hacia-un-analisis-marxista-de-cuba.htlm?m=1, publicado el 30 de septiembre de 2020. Consultado el 27 de abril de 2022.

[23] Esta concepción es defendida por las organizaciones marxistas de la IV Internacional, puede consultarse en: Eduardo Almeida. «¿A dónde va Cuba?», https://litci.org/es/adonde-va-cuba-2/, publicado el 15 de enero de 2022. Consultado el 27 de abril de 2022.

[24] Esta posición es defendida por las organizaciones estalinistas de los PC´s del mundo y las agrupaciones de la Corriente Marxista Internacional.

[25] En esta línea de pensamiento se ubican las publicaciones de Fernando Martínez Heredia y Juan Valdés Paz. Este último, a pesar de ser partidario de la corriente republicana socialista, sostiene semejante la tesis de la continuidad permanente del proceso revolucionario en su magna obra: La evolución del poder en la Revolución cubana. Fundación Rosa Luxemburgo Stiftung, Ciudad de México, 2018.

[26] «¿Cuándo terminó la Revolución cubana?: Una discusión». Yvon Grenier, Jorge Domínguez, Julio César Guanche, Jennifer Lambe, Carmelo Mesa-Lago, Silvia Pedraza, Rafael Rojas, en Cuban Studies, Número 47, 2019, pp. 143-165. University of Pittsburgh Press.

[27] Declaración de Solidaridad 11J. «Llamado internacional de solidaridad con las y los manifestantes de julio del 2021», en https://solidaridad11j.wordpress.com/, publicado el 11 de abril de 2022.

[28] Harold Bertot. «Algo sobre ‘constitucionalismo republicano’ en Cuba», en Sin Permiso, «Republicanismo y socialismo. Un debate global desde la Cuba de ahora. Dossier», ver htpps://www.sinpermiso.info/textos/republicanismo-y-socialismo-un-debate-global-..., publicado el 27 de diciembre de 2020.

[29] Alina Bárbara López Hernández. «Néstor Kohan y las gafas oscuras de cierta izquierda», en La Joven Cuba, ver https://www.jovencuba.com/kohan-izquireda, publicado el 25 de noviembre de 2021.

[30] Andrés Kogan Valderrama. «Atilio Borón y su defensa de las izquierdas autoritarias», en La Joven Cuba, ver en https://www.jovencuba.com/atilio-boron-izquierdas-autoritarias, publicado el 9 de febrero de 2022.

[31] Michael Lebowitz. Las contradicciones del socialismo real. Los dirigentes y los dirigidos. LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2017.

[32] Miguel Alejandro Hayes. «La enajenación en el socialismo», en La Trinchera, ver https://www.trincheracuba.com/enajenacion-socialismo/, publicado el 18 de diciembre de 2018.

Alexander Hall Lujardo

La Habana, 1998. Estudiante de Historia. Activista afrodescendiente que investiga sobre temáticas relacionadas con pobreza, racismo y desigualdad. Milita por un socialismo democrático en Cuba.

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Creció la cifra de personas con hambre en AL y el Caribe: PMA

Montevideo. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) informó ayer que aumentó en más de medio millón el número de personas con inseguridad alimentaria severa en América Latina y el Caribe entre diciembre y marzo pasados. Son 9.3 millones de habitantes los afectados en los países de la región en los que el programa está presente.

La directora regional del PMA, María Dolores Castro, explicó que "millones de personas podrían verse empujadas a la pobreza y la inseguridad alimentaria si continúa el conflicto en Ucrania", dado que generó un incremento en los costos de la materia prima y la energía.

La organización asegura que aumentaron 27 por ciento los precios promedio de arroz, frijoles negros, lentejas y aceite vegetal en la región durante el primer cuatrimestre del año, y 111 por ciento entre enero de 2019 y abril de 2022.

"Podríamos volver a los puntos máximos de inseguridad alimentaria del punto álgido de la pandemia, ya que la pérdida de empleos e ingresos, la inflación y otros factores impactan a las personas más vulnerables", advirtió Castro.

"La región ya está lidiando con la covid-19, el aumento de los costos y los extremos climáticos", expresó la directora regional.

Prevén tendencia negativa por la guerra

La semana pasada, la alta comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, advirtió que la elevada carestía generará un aumento de la tensión en América Latina.

"La guerra en Ucrania ha provocado y va a continuar haciéndolo, una crisis tridimensional en los alimentos, la energía y las finanzas, y esto va a tener un impacto serio en América Latina y el Caribe", declaró Bachelet en un foro económico. "Vamos a ver una gran inquietud y tensión política" en una región que "ya ha sido impactada por la covid-19", agregó.

"El precio alto de los alimentos normalmente crea tensión social de manera tal que hay que pensar y prepararse para esto", advirtió la comisionada.

La inseguridad alimentaria califica situaciones cuando la ingestión de comida es insuficiente para la salud humana y puede ser temporal, transitoria o severa, de acuerdo con los conceptos de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

El PMA estima que, si la guerra continúa, el hambre podría afectar a 13.3 millones en la región.

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La economista india expuso en Davos. Imagen: AFP

Gina Gopinath, subdirectora del FMI, advirtió que el conflicto entre Rusia y Ucrania impactó negativamente sobre el proceso de crecimiento económico mundial, que ahora muestra un panorama sombrío para los próximos dos años. Las expectativas no lucen muy alentadoras, señaló, porque han surgido "problemas graves a nivel global, como alteraciones en las cadenas de suministros o la alta inflación". 

Fue durante su exposición en el Foro Económico de Davos, Suiza, en un panel que la economista nacida en Calcuta (India) y formada profesionalmente en Estados Unidos, compartió con la profesora italiana Mariana Mazzucato. Gopinath apuntó también que "si bien los niveles de deuda de los gobiernos están aumentando en todo el mundo, con la carga de la deuda en los mercados emergentes aumentando rápidamente, hasta el momento no hay evidencia de una crisis sistémica, pero hay riesgos por delante". 

En cambio, la vicedirectora gerente del Fondo admitió que "las perspectivas para los precios de los alimentos son una gran preocupación". "La guerra en Ucrania ha sido un revés en el proceso de recuperación mundial. Tuvimos una fuerte rebaja en la tasa de crecimiento global y el mundo continúa enfrentando vientos en contra porque tenemos una crisis del costo de vida. Los precios de los productos básicos, entre ellos el combustible y los alimentos, están subiendo en todo el mundo", apuntó ante una audiencia compuesta por representantes de las más influyentes empresas y "think tanks" del mundo.

Las recientes adversidades en la economía global han llevado a algunos Estados a establecer diversos mecanismos, comentó, como el aumento de los tipos de interés, para contener la inflación luego de un periodo de bajas tasas y abundante liquidez para forzar la recuperación económica.

"La alta inflación está llevando a los bancos centrales a subir las tasas de interés, es lo que deben hacer, pero ello tendrá consecuencias para las finanzas y el comercio mundial", agregó Gopinath. A su vez, desechó la idea de la supresión de los aumentos salariales como una medida que pueda ser eficaz para controlar los aumentos de precios. 

Sin embargo, a pesar de mostrar un panorama sombrío para los próximos años por la convergencia de factores que impactan en la economía, la representante del organismo no descarta el crecimiento a mediano plazo. Mientras las economías avanzadas alcanzarían para 2024 el lugar  "adonde habrían estado en ausencia de pandemia", las economías emergentes y en desarrollo, "según nuestras estimaciones, estarían para entonces todavía un cinco por ciento por debajo del nivel que hubieran alcanzado, de no haber sido afectados por la pandemia".

Si bien las últimas proyecciones del FMI anticipan que la inflación eventualmente se desacelerará, Gopinath señaló que "esto puede llevar tiempo, incluso en los Estados Unidos". La funcionaria recomendó a los países "que no tomen medidas proteccionistas en respuesta a la guerra en Ucrania, diciendo que esto dañaría las perspectivas de crecimiento a largo plazo", en referencia a que varias naciones ya han restringido el comercio de alimentos, energía y otros productos básicos clave este año.

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Biden advirtió que EE.UU. defenderá a Taiwán si China invade la isla

Para Beijing, Washington "está jugando con fuego" con esas declaraciones

De visita en Japón, el presidente demócrata dio una conferencia conjunta con el primer ministro Fumio Kishida. Ambos abogaron por su "visión común de una región Indo-Pacífica libre y abierta" y acordaron vigilar la actividad naval china. 

El presidente estadounidense, Joe Biden, se comprometió este lunes a defender militarmente Taiwán si China intenta tomar por la fuerza el control de la isla autónoma, ante lo que las autoridades chinas advirtieron que el mandatario está "jugando con fuego".

Biden hizo esas declaraciones en Tokio durante una visita oficial a Japón, donde se reunió con el primer ministro Fumio Kishida. Previamente había visitado Corea del Sur.

Las autoridades estadounidenses califican a Japón y Corea del Sur como ejes de la ofensiva de Washington contra el creciente poderío comercial y militar de China, así como aliados en la alianza occidental para aislar a Rusia tras su agresión contra la vecina Ucrania.

En conferencia de prensa común, Biden y Kishida adoptaron un tono firme ante China y abogaron por su "visión común de (una región) Indo-Pacífica libre y abierta" y acordaron vigilar la actividad naval china en la zona donde Beijing tiene crecientes ambiciones.

Al preguntársele a Biden si Estados Unidos intervendría militarmente contra China en caso de que intentara tomar por la fuerza el control de Taiwán, el presidente respondió: "Es el compromiso que asumimos".

"Estamos de acuerdo con la política de una sola China, y hemos firmado por ella (...) pero la idea de que Taiwán deba ser tomada por la fuerza no es apropiada", agregó.

China considera a Taiwán como una provincia rebelde que debe ser integrada en el país, por la fuerza si fuera necesario.

Horas después, el gobierno chino replicó que Washington está "jugando con fuego" con ese tipo de declaraciones.

Estados Unidos está "usando la 'carta de Taiwán' para contener a China, y se quemará", dijo Zhu Fenglian, una portavoz de la Oficina de Asuntos de Taiwán del Consejo de Estado, a menudo descrito como el gabinete de China, citado por la agencia Xinhua.

Según esa fuente, Zhu "instó a Estados Unidos a dejar de hacer declaraciones o acciones" que violen los principios establecidos entre los dos países.

En este sentido, el secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, sostuvo que la "política de una sola China" de Washington hacia Taiwán "no ha cambiado".

"Nadie debería subestimar la firme determinación, la firme voluntad y capacidad del pueblo chino de defender la soberanía nacional y la integridad territorial", recalcó por su parte el portavoz del Ministerio chino de Relaciones Exteriores, Wang Wenbin.

Sobre la guerra en Ucrania

Biden también atacó al gobierno ruso, que "tiene que pagar un precio a largo plazo" por su "barbarie en Ucrania", aludiendo a las duras sanciones impuestas por Washington y sus aliados.

"No se trata solo de Ucrania. Si no se mantienen las sanciones en muchos aspectos, ¿qué señal enviaríamos a China sobre el costo de un intento de tomar de Taiwán por la fuerza?", se preguntó.

El martes, Biden buscará reforzar el liderazgo estadounidense en la región Asia Pacífico en una cumbre con los gobernantes de Australia, India y Japón, el grupo denominado "Quad".

Sin embargo, India ha destacado ahora por su negativa a condenar abiertamente la guerra en Ucrania o a reducir sus intercambios con Rusia. Biden se entrevistará el martes a solas con el primer ministro indio, Narendra Modi.

Nuevo Marco económico 

Durante su intensa jornada, el presidente estadounidense anunció además el lanzamiento de un nuevo marco económico para la región Asia-Pacífico que inicialmente tendrá 13 países miembros, incluyendo a India y Japón, pero sin China.

"Estados Unidos y Japón junto con otros 11 países lanzarán el Marco Económico Indo-Pacífico", dijo Biden sobre el mecanismo, que no será un acuerdo de libre comercio. Este marco prevé la integración en cuatro áreas clave: la economía digital, las cadenas de suministro, las energías verdes y la lucha contra la corrupción.

"Es un compromiso para trabajar con nuestros amigos cercanos y socios en la región, ante desafíos para garantizar la competitividad económica en el siglo XXI", agregó el presidente estadounidense, que dijo considerar el levantamiento de algunas barreras arancelarias para China.

Estados Unidos no tiene mayor interés en regresar a un acuerdo comercial vinculante con Asia luego de que el expresidente Donald Trump se retirara en 2017 de la Alianza Transpacífica.

Biden terminó su día con una cena con Kishida y la esposa del primer ministro en el jardín de un selecto restaurante de Tokio, donde comieron sushi y otras especialidades de la gastronomía tradicional japonesa.

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Lunes, 23 Mayo 2022 06:12

Precio de los alimentos

Precio de los alimentos

Todo indica que los precios de los alimentos en el mundo seguirán aumentando mientras la producción está afectada y su abasto continúa obstruido.

Los mercados están distorsionados en cuanto a la producción y la distribución y se necesitará aun un proceso de ajuste más bien largo para restaurar un cierto orden.

La situación abarca no sólo a los bienes primarios, sino también a los elaborados industrialmente. La producción agrícola y ganadera tiene sus propios tiempos y no puede esperarse un ajuste expedito y sin fricciones.

Aunque el índice de precios de los alimentos se redujo marginalmente en abril respecto de marzo, el cambio en las cotizaciones internacionales de una canasta de productos comercializados comúnmente siguió estando casi 30 por ciento por encima del registro de abril de 2021.

Según las cifras del Fondo Monetario Internacional sobre los productos primarios, la inflación en estos mercados se inició aun antes de la pandemia. Al comienzo de 2019 se registró en China una epidemia de peste porcina africana que devastó la piara de cerdos, que daba cuenta de casi la mitad del total del mundo. Con el confinamiento de 2020 se interrumpieron las cadenas de abasto, lo que repercutió en el alza de precios de los alimentos y los productos energéticos. Esto se complicó con la saturación de los principales puertos y los mayores costos de transporte.

Desde abril de 2020 a mayo de 2021 los costos internacionales al productor de los alimentos (cereales, comida y aceites vegetales) habían crecido 47 por ciento en términos reales.

El Banco Mundial constata que con la guerra en Ucrania se ha provocado un severo impacto adverso en las plazas de materias primas (los commodities), a causa de las condiciones de los flujos del comercio y los patrones de producción y de consumo.

Estiman que los precios se mantendrán en niveles históricamente altos hasta el final de 2024. Junto con el encarecimiento de los energéticos se han hecho escasos y han aumentado su valor los fertilizantes, como efecto de las sanciones impuestas en el marco dela guerra. Una expresión concreta del efecto del conflicto bélico en ciclo de bienes alimentarios es el bloqueo del puerto de Odesa, con lo cual se han parado las exportaciones de Ucrania, agravado con la disrupción de la producción agrícola en ese país.

Es relevante destacar siempre el significado de la geografía en las condiciones económicas. Los precios del trigo se han elevado en un orden de 60 por ciento en este año. Se estima que hasta 250 millones personas podrían estar ya en el umbral de la hambruna por lo inaccesible de su comida base.

El proceso de formación de los precios, clave en el funcionamiento de los mercados, está desquiciado. No será un asunto sencillo restablecer las condiciones de la generación de alimentos, tampoco las de su flujo en las rutas internacionales y, con ello, los patrones de consumo. La guerra no es sólo y principalmente una cuestión localizada en Ucrania, por ahora.

Sus repercusiones son globales y hoy no se advierte que sus efectos adversos vayan a atenuarse. Las repercusiones económicas y sociales de las condiciones existentes y de cualquier restauración de una cierta normalidad en la producción, el abasto y los precios de alimentos y energéticos no es, como es bien sabido, equitativo.

La cuestión abarca la estructura de la competencia, las ganancias (rentas) de los sectores y las empresas oligopólicas tienden a crecer, mientras se castiga la capacidad de compra de los salarios y los ingresos fijos. Hay aun conflictos adicionales que no pueden ser desplazados de una discusión amplia y extremadamente necesaria sobre las condiciones económicas y sociales y tiene que ver con los efectos del cambio climático.

Las elevadas temperaturas, que ocurren además a destiempo; la combinación de sequías en unas partes e inundaciones en otras, los efectos de los deshielos, la bárbara deforestación (de la Amazonia, por ejemplo) son sabidos; aparecen a diario en los medios y son motivo de recurrentes reportes científicos.

Pero la inercia política, los grandes intereses económicos creados, la forma distorsionada de la acumulación con la que se generan ganancias, pero no necesariamente valor, postergan acciones decisivas de contención y reversión.

La esperanza, representada por la diosa griega Elpis, la que quedó hasta el final en la caja de Pandora, no puede sustentar ninguna posición razonable con respecto al riesgo medioambiental y sus consecuencias.

La relación con la producción de alimentos, sus precios y el acceso de la población al consumo es muy estrecha.

Un verdadero pesimista

sabe que ya es muy

tarde para serlo.

La Anomalía

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FMI: cunden por  todo el mundo las  protestas sociales

Las protestas sociales han aumentado en el mundo a los niveles más altos desde el inicio de la pandemia. La gente vuelve a las calles y existe el riesgo de que avancen los disturbios a medida que ceden los confinamientos y crece el impacto por el encarecimiento de alimentos y energéticos, considera el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El organismo reconoce que se registra un incremento en manifestaciones de descontento popular, incluso en países donde no son usuales. "Hay manifestaciones antigubernamentales grandes y de larga duración en economías avanzadas, donde los disturbios son relativamente raros, como Canadá y Nueva Zelanda", ejemplifica.

El organismo financiero realiza un indicador con base en el menciones descontento ciudadano en 130 países y se encuentra en su techo desde el comienzo de la crisis sanitaria por covid, pero por debajo de 2019, cuando una ola de protestas comenzó en Chile y se extendió a otros puntos de América Latina en octubre y noviembre, y fueron simultáneas a algunas manifestaciones en Argelia, Irán, Irak y Líbano.

Las exigencias desde la calles se redujeron con la llegada de la pandemia, pero se registraron algunas relacionadas con el clamor de justicia racial en Estados Unidos, por conflictos interétnicos en Etiopía y antigubernamentales en Brasil, Líbano y Bielorrusia. También las hubo en Canadá, Nueva Zelanda, Austria y los Países Bajos, así como en Kazajistán y Chad.

En esa coyuntura global se ejecutó un golpe de Estado en Burkina Faso, protestas regionales en Tayikistán, así como una crisis constitucional en Sudán.

"Aunque, por ahora, el malestar social sigue siendo bajo en relación con los niveles previos a la pandemia, el levantamiento de las restricciones sanitarias y la continua reducción del poder adquisitivo de las mayorías significa que las protestas aún pueden aumentar e imponer costos económicos significativos para el manejo gubernamental de las economías", alarma la entidad global.

Reitera que la inflación implicaría mayores protestas. "Aunque los disturbios son excepcionalmente difíciles de predecir y sus causas económicas son complejas, los aumentos pronunciados de los precios de los alimentos y el combustible, en el pasado se han asociado con protestas más frecuentes".

"Cualquier aumento en el malestar social podría representar un riesgo para la recuperación de la economía mundial, dado que la incertidumbre impacta en el consumo y la producción."

Según un estudio del organismo mundial, 18 meses después de disturbios sociales de mediano o largo plazo, el producto interno bruto local o regional suele ser alrededor de 1 punto porcentual más bajo de lo que hubiera sido.

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Llama EU a prepararse para nuevas formas de combate

Washington. El general del ejército estadunidense, Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, llamó este sábado a la nueva generación de soldados del ejército a prepararse para pelear guerras futuras que pudieran parecerse muy poco a las confrontaciones armadas de hoy.

Milley pintó un panorama sombrío de un mundo que se vuelve más inestable, con grandes potencias determinadas en cambiar el orden global. Dijo a los cadetes que se graduaban de la Academia Militar West Point que ellos tendrán la responsabilidad de asegurarse de que Estados Unidos esté listo.

"El mundo al que ingresan tiene las características para un conflicto internacional significativo entre grandes potencias y esa posibilidad está aumentando, no decreciendo", expuso Milley a los cadetes.

“Cualquier ventaja que nosotros, Estados Unidos, disfrutamos militarmente en los pasados 70 años se está reduciendo rápidamente y el país será –de hecho, está siendo–retado en todos los dominios de la guerra, el espacio, el mar, el aire y, por supuesto, en tierra”.

Advirtió que Washington ya no detenta más la superioridad mundial indiscutida. En lugar de ello, está a prueba en Europa por la agresión rusa, en Asia por el espectacular crecimiento económico y militar de China y las amenazas nuclear y de misiles de Corea del Norte, y en Medio Oriente y África por la inestabilidad causada por terroristas”.

Trazando paralelos con lo que funcionarios militares ven en la invasión rusa de Ucrania, Milley señaló que la guerra del futuro será altamente compleja, con enemigos elusivos y una confrontación urbana que requiere armamento preciso de largo alcance y nuevas tecnologías.

Estados Unidos ha estado enviando nuevos drones de alta tecnología y armamento diverso a las fuerzas armadas ucranias, en algunos casos equipo que está apenas en fases iniciales de prototipo.

Armas como los Switchblade, unos pequeños aviones teledirigidos lanzados desde el hombro, son usados contra los rusos, aunque están en proceso de evolución, proveen no sólo de capacidad de reconocimiento, sino también de ataque, al disponer de una carga explosiva en su fuselaje.

Al cambiar la guerra en Ucrania, de la infructuosa batalla rusa para tomar Kiev a una urbana para tomar ciudades en la región oriental del Donbás, también ha cambiado el tipo de armamento necesario.

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Fotografía cedida por la Casa Blanca donde aparece el presidente de Estados Unidos, Joe Biden (d), mientras habla con su homólogo chino, Xi Jinping (en pantalla), durante una reunión virtual hoy, desde su oficina en Washington (EEUU). Biden advirtió este

La invasión de Ucrania ha hecho colisionar las placas tectónicas de la globalización y ha hecho emerger la posibilidad de que surjan dos bloques comerciales antagónicos, liderados por EEUU y China. Con retraimiento productivo, elevada inflación y menos flujos comerciales. Todo ello, extirpará de la economía global un valor similar al del PIB español.

 

El planeta no gana para sustos. Después del septenio dorado del cambio de siglo, una sucesión de acontecimientos concatenados, a raíz de la quiebra de Lehman Brothers -en septiembre de 2008-, ha dejado maltrechas las costuras geopolíticas y socio-económicas, hasta el punto de que el nuevo orden mundial que ha irrumpido de la globalización, el traje con el que se confeccionó el final de la Guerra Fría, sigue todavía sin hilvanarse. El tsunami financiero, con crisis de deuda, rescates a naciones de rentas altas europeas, unos drásticos cambios regulatorios para delimitar banca comercial y de inversión, ajustes fiscales draconianos que lograron suministrar las píldoras monetarias sin hacer descarrilar los presupuestos y, en general, unas autoridades monetarias con mayores dosis de atrevimiento que sus colegas políticos, dio paso, tras una década de altas dosis de sufrimiento social, a un bienio maldito.

La Gran Pandemia, con la plaga de la covid-19 sin resolver mientras irrumpe otra guerra más en Europa, ha dado paso a la Era de la Escasez, un nuevo estatus, complejo, en el que la demanda y la oferta de bienes y servicios se desvirtúan y en la que ha entrado como un elefante en una cacharrería el viejo fantasma de la inflación.

El razonamiento no resulta baladí. Entre otras razones, porque la economía no acostumbra a dar puntada sin hilo. Sino que, más bien, viene cargado de evidencias y de sutilezas. Así, al menos lo pone de manifiesto un diagnóstico del panel de economistas de Bloomberg, donde se advierte, tras comprobar el resultado de una métrica predictiva a partir del análisis de los factores que se han sucedido entre las dos grandes inestabilidades del actual siglo -la de 2008 y la de 2020- que la economía global va a perder 1,6 billones de dólares, un tamaño similar, aunque algo inferior, al PIB español, del peso acumulado durante los años de abundancia.

No sólo por efecto de la epidemia o las secuelas de la guerra de Ucrania; también por las subidas arancelarias de los años que antecedieron al coronavirus más famoso de la historia y al retroceso de los parámetros de eficiencia logística que, al menos en los últimos cuatro ejercicios, han ido generando disrupciones en las cadenas de valor y cuellos de botella comerciales. Si bien ha sido en el último año cuando han arreciado con mayor virulencia. Es como si con el encallamiento en el Canal de Suez del Ever Given, el super-mercante de bandera japonesa, en marzo de 2021, que tuvo paralizadas las rutas de navegación durante varias semanas, aunque fuera liberado en seis días, hubiera empezado todo. Toda una metáfora de que la globalización de los mercados estaba en un punto crítico de su evolución. Porque gran parte del receso productivo mundial se achaca al descenso de los flujos comerciales.

La puntilla la ha dado la pinza geopolítica que conforman la crisis sanitaria de la covid-19 y sus confinamientos sociales y el conflicto bélico de Ucrania y sus sanciones económico-financieras. Desde entonces, las cadenas productivas y de suministro han aumentado sus niveles de fricción y colisión hasta hacer descarrilar el tren de las relaciones comerciales. Sin descartar, porque los analistas le otorgan una probabilidad cada vez más alta, que se traslade al mercado de capitales.

En Bloomberg Economics proclaman la Era de la Escasez, con una marcha atrás del proceso de globalización, que dirige al planeta hacia posiciones menos productivas y más pobres a medio y largo plazo. Con un retroceso de los ritmos comerciales hasta tasas desconocidas desde el año que antecedió al ingreso de China en la OMC, en 2001. Y lo que es peor: con una inflación mucho más elevada y volátil. Con los inversores perdiendo posiciones patrimoniales en activos y bonos por este episodio, cuya primera señal nítida es la estanflación, pero que emite otra doble alarma de suma preocupación: las materias primas han disparado sus precios por el cierre del grifo de la abundancia mientras las acciones de las empresas de la industria militar catapultan su valor por las tenciones geopolíticas.

"La fragmentación ha llegado para quedarse", reconoce Robert Koopman, economista jefe de la OMC que, sin embargo, dice esperar "una reorganización de la globalización" que, en cualquiera de los supuestos, traerá consigo una factura adicional: "no seremos capaces de usar bajos costes ni gastos marginales de producción de manera tan extensiva como hasta ahora".

Tres décadas de bonanza de la globalización

La economía global ha mostrado su habilidad para producir bienes, generar servicios y relanzar inversiones con precios controlados. No en vano, la espiral inflacionista actual es la más virulenta en 40 años. Achacable también a los miles de trabajadores de China y el antiguo bloque soviético que se incorporan al mercado laboral global, mientras caían barreras comerciales y las redes de la logística se volvían hiper-eficientes. Pero la sobreabundancia creada por estos factores ya se puso en tela de juicio con las guerras arancelarias desatadas por la Administración Trump; muy en especial, contra China, empezó a ver las orejas al lobo con los confinamientos por la covid-19 y la hibernación de las economías y ha saltado por los aires con la contracción de la oferta de suministro de las materias primas, la cadencia de las cadenas de valor y la alteración logístico-comercial desatada tras las represalias occidentales contra Rusia, que ha ocasionado inflaciones más prolongadas que las inicialmente transitorias previstas por los bancos centrales.

Son tres de los motivos que los expertos de Bloomberg ven con claridad a la hora de precisar la fractura que se está produciendo en la globalización: tarifas bilaterales entre EEUU y China que pasaron del 3% de promedio en los bienes de intercambio comercial al 15% al término del mandato de Donald Trump; los efectos de la restrictiva política de covid-cero que persiste en varias de las principales capitales de China y que han interrumpido cientos de miles de millones de dólares en exportaciones tanto de compañías del gigante asiático como de Apple o Tesla por el riesgo logístico y las disrupciones productivas. Y unas sanciones que se convierten en nuevas barreras comerciales. En 1983, los flujos de exportaciones e importaciones sujetos a algún tipo de prohibición supusieron el 0,3% del PIB global; en 2019, se ha quintuplicado con creces y, tras la invasión de Ucrania, no sólo se ha incrementado de forma exponencial, sino que ha propiciado vetos colaterales como el de India a vender trigo al exterior.

Pero no son las únicas fallas que se han quebrado. Porque el decoupling o desacoplamiento de bloques, entre el occidental y con ribete democrático, y el capitaneado por China y secundado por Rusia, más visibles desde la invasión de Ucrania, también ilustran los riesgos de esta ruptura del orden económico global. Más allá -enfatizan los autores del análisis- de la "maniquea batalla entre el bien y el mal o de separación de campos rivales por un nuevo telón de acero". A su juicio resulta más patente que 6 billones de dólares en productos, el equivalente al 7% del PIB mundial, se mueven entre ambas latitudes y que, en su simulación, con una tarifa promedio del 25% en todos ellos, más los costes asociados de los diferentes tipos de interés entre EEUU y China, más las sanciones y prohibiciones exportadoras, arrojarían una caída del 20% del comercio mundial.

Sin necesidad de que ocurra un decoupling, como el que existía antes de la adhesión de Pekín en la OMC; es decir, en los años 90. Y dejaría a largo plazo un mundo un 3,5% más pobre que si los flujos comerciales se estabilizaran como en la actualidad o un 15% menos rico que si surgiera un escenario de fortalecimiento de las relaciones económicas, al levantarse un 7% de los obstáculos adicionales en caso de que se consumase el desacoplamiento. Eso sí, sin contar con la incertidumbre de hacia qué bloque iría masivamente el comercio de naciones emergentes como India, Sudáfrica, Indonesia e, incluso, México.

El informe también apunta a una divergencia de índole ideológico-cultura: la defensa del sistema democrático. En alusión a que el autoritarismo -con sello de nacional-populismo recién llegados al poder o fruto de regímenes autócratas históricos- ha aumentado su músculo internacional y ha pasado de representar territorios con el 20% del PIB global, en 1983, en la época de Ronald Reagan, cuando el presidente republicano hablaba del "imperio del diablo", al 34% en 2022 que revela algún estudio sobre libertad democrática. Y, de seguir su estela, China superará a Europa y EEUU como primera potencia económica internacional.

Mientras la guerra de Ucrania revela que la rivalidad de bloques también se aprecia en el orden político, con China en apoyo a la causa invasora de Vladimir Putin y el Kremlin respaldando toda reivindicación del régimen de Xi Jinping sobre Taiwán; con India comprando petróleo y armas a Moscú y numerosas democracias asiáticas y latinoamericanas emitiendo señales de tener poca predisposición a seguir la campaña de presión económica y financiera de EEUU y Europa contra Rusia.

Voces económicas que alertan del cambio de orden global

Personalidades como el catedrático de la Universidad de Harvard, Kenneth Rogoff, advirtieron en 2003, cuando aún ejercía como economista jefe del FMI, que la globalización estaba entonces "inmersa en una época de fuerte dinamismo y baja inflación", pero que "la experiencia sugiere que no pocos factores, entre los que destacan los conflictos geoestratégicos, políticos o de orden económico-financiero, podrían revertir el proceso y ponerle su epitafio". De igual manera que Larry Summers, secretario del Tesoro con Bill Clinton, que venía proclamando el entierro de la inflación, ha cambiado de opinión y ahora alerta que la escalada de precios, que ha reaparecido tras cuatro décadas sin apenas atisbo, asegura ahora que es el principal riesgo de recesión sobre la economía estadounidense y global.

Otro Lawrence, Fink, CEO del poderoso BlackRock -el mayor fondo de inversión del planeta con más de 10 billones de dólares en carteras de capital-, avisa de que la guerra de Ucrania "puede poner punto final a la globalización", después de dos años de epidemia en los que se ha visto la desconexión entre naciones, compañías y personas". A todos ellos se unen diagnósticos como el del estratega jefe de Goldman Sachs, Jeff Currie, para quien el alza de los precios energéticos obedece a una batalla planteada por las firmas de combustibles fósiles que se resisten a perder la influencia sobre los ciclos de negocios, que llevan manejando un siglo, para frenar los avances hacia las emisiones netas cero de CO2 y el impulso a las fuentes renovables.

En este contexto, Christophe Donay, director global de asignación de activos de Pictet WM, cree que existen "varios efectos previsibles" en el orden económico actual. En primer término, una mayor predisposición hacia el intervencionismo estatal por las "persistentes tensiones" sobre la sostenibilidad de la deuda, lo que requerirá más presión fiscal y nuevos impuestos y, en segundo lugar, que, si el mundo supera el reto de restaurar la globalización, se inaugurará una fase "con intensa inflación estructura".

Este retorno al Gran Gobierno, como denomina a este fenómeno, es fruto de un sistema capitalista que ha creado en el último medio siglo cuatro externalidades negativas: cambio climático, una deficiente atención sanitaria, una creciente ineficiencia en sus sistemas educativos públicos, e inmensas desigualdades en el reparto de renta y riqueza. Desde 1980 hay más divergencia entre crecimiento económico real y deuda. "Antes de 2008, la ratio de deuda total (hogares, empresas y gobierno) sobre PIB era 140% y ahora por encima de 350%", recuerda Donay que augura que, en los próximos diez años, las rentabilidades reales pueden ser negativas en bonos soberanos y relativamente bajas en variable cotizada

 

23/05/2022 07:52

Por Diego Herranz

Publicado enEconomía
Lunes, 23 Mayo 2022 05:52

¿Se está cayendo el sistema?

Protesta estudiantil realizada la semana pasada en Nueva York contra la posible anulación de la ley que garantiza el derecho al aborto en Estados Unidos. Cuando las mayorías desean derecho a la salud (incluida la interrupción del embarazo), educación, vivienda, salarios dignos, respeto a las libertades civiles y una reforma migratoria, y la cúpula sencillamente no cumple, o no responde, difícilmente se puede hablar de que en un país existe un sistema democrático.Foto Afp

 Cuando el país más poderoso y rico del mundo, con la economía más grande y las fuerzas militares más potentes, anuncia que enfrenta una grave emergencia en la que el comandante en jefe invoca la Ley de Producción de Defensa (que otorga poderes de emergencia para obligar la fabricación de productos esenciales) y anuncia la Operación Vuela Fórmula con el fin de usar aviones federales para obtener productos en el extranjero, uno supone que es un problema existencial. Pero cuando resulta que todo esto es porque de repente hay una carencia de fórmula para bebés, es señal de que algo anda muy mal.

Cuando se revela que la esposa de Clarence Thomas, uno de los nueve integrantes de la Suprema Corte, participó directamente en los esfuerzos para fomentar un golpe de Estado e intentar anular el voto presidencial, y su marido pretende que puede ser "imparcial" al evaluar casos relacionados al proceso electoral, es otra señal de que algo está muy mal.

Que los multimillonarios ejercen su enorme poder financiero para definir elecciones, y sus gastos millonarios en campañas electorales son oficialmente consideradas como "libertad de expresión", fue calificado por el ex presidente Jimmy Carter, desde hace siete años, como un Estados Unidos convertido en "una oligarquía con soborno político ilimitado", y las cosas se han deteriorado desde entonces. El ex secretario del Trabajo y profesor de políticas públicas en la Universidad de California Robert Reich afirmó recientemente que Estados Unidos se presenta como el faro de la democracia en contraste con las autocracias de China y Rusia, "pero la democracia estadunidense está en peligro de sucumbir al mismo tipo de economías oligárquicas y nacionalismo racista que prospera en ambos esos poderes".

A la vez, mientras el presidente y su secretario de Estado y los líderes legislativos insisten en que son los guardianes del derecho internacional y como jueces supranacionales advierten que los responsables de cometer crímenes de guerra serán obligados a rendir cuentas, el subconsciente de la cúpula política estadunidense los traiciona en maneras que hubieran divertido a Freud. El miércoles pasado el ex presidente George W. Bush, en un discurso en su centro presidencial en Dallas, declaró que "fue la decisión de un hombre lanzar una invasión totalmente injustificada y brutal a Irak", y de inmediato corrigió, y dijo que se estaba refiriendo a Putin y su invasión a Ucrania pero, con risitas, después dijo, casi susurrando, “Irak también, de todas maneras…” antes de continuar. Su ex secretaria de Estado Condoleezza Rice ya había afirmado en una entrevista a finales de febrero, en referencia a Rusia, que la invasión de una nación soberana es un crimen de guerra, sin titubear ni corregir, mostrando su increíble incapacidad, como el resto de la cúpula estadunidense, de reconocer su hipocresía.

Cuando una invitación de la Casa Blanca a mandatarios en América Latina y el Caribe ya no obliga a todos a presentarse en la fiesta para la foto hemisférica con el estadunidense al centro, algo ha cambiado en su patio trasero (aunque diga muy amablemente que ya lo considera como jardín al frente de su mansión), otra señal aún no percibida por ellos de que no les va bien.

Cuando las mayorías desean derechos a la salud (incluido el aborto), educación, vivienda, salarios dignos, respeto a las libertades civiles y una reforma migratoria, y la cúpula sencillamente no cumple, o no responde, ¿eso se puede llamar un sistema democrático?

Vale preguntar ante todo esto si tal vez Estados Unidos no debería ser invitado a la próxima Cumbre de las Américas hasta que resuelva sus tendencias autocráticas, logre garantizar el sufragio efectivo y hacer que los responsables de minar derechos y libertades civiles y de cometer crímenes de guerra sean enjuiciados y rindan cuentas tanto a su propio pueblo como a la comunidad internacional.

Hay muchas señales de que a Estados Unidos se le está cayendo el sistema.

Stevie Wonder, Blowin’ in the Wind. https://www.youtube.com/watch?v=y8q1I9f1l4U

Rising Appalachia. Resilient. https://www.youtube.com/watch?v=tx17RvPMaQ8

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