Jueves, 16 Septiembre 2021 05:22

El camino de Damasco

La conversión de San Pablo (Luca Giordano, 1690). Musée des Beaux-Arts de Nancy

Las cosas pequeñas no salvan, pero sostienen. Agarran. Por eso constituyen una garantía de supervivencia y un peligro

 

Como todos sabemos, Paulo de Tarso, San Pablo para los cristianos, se cayó del caballo camino de Damasco y se convirtió así en el verdadero fundador de la Iglesia de Cristo. ¿Pero acaso sabemos cuántos más, antes y después de él, se cayeron en ese mismo tramo del camino? Quizás fueron decenas que no han dejado la menor huella en la memoria. Quizás miles se cayeron, se sacudieron la ropa y reanudaron la marcha, ignorando la llamada de Dios porque preferían acudir a la llamada de la amada, de la taberna o del partido de los domingos. Quizás muchos reemprendían la marcha llevando cautelosamente el caballo de la brida, no fuera que a Dios se le ocurriera llamarlos de nuevo. Quizás todo el mundo sabía que Dios se había instalado precisamente en ese punto del camino de Damasco y por eso algunos elegían una calzada alternativa y los que no tenían más remedio que pasar por allí lo hacían a pie o en un asno lento y plebeyo, para amortiguar la costalada. Quizás había incluso un letrero en la cuneta que advertía del riesgo, como los que hoy en nuestras carreteras indican “curva peligrosa”; y San Pablo lo tomó a sabiendas de lo que hacía, atraído, como era propio de él, por todas las experiencias extremas e irregulares.

La expresión “caída de Damasco” se utiliza para referirse a esa revelación inesperada que parte en dos una vida; al –así llamado– “momento de la verdad” en el que se decide el curso de la existencia. Es lo que, en los aledaños del concepto, los griegos y luego los cristianos denominaron kayros, término traducido a menudo como “oportunidad”; y no deja de ser curioso –o inevitable– que esta idea muy filosófica se la haya apropiado hoy la gestión empresarial para localizar y transmitir a sus soldados el momento “verdadero” en el que, cautivo en las redes del agente de viajes, el cliente decide comprar el producto: la oportunidad, en definitiva, de un negocio. Kayros era para los griegos, frente a Cronos, el tiempo corto, intenso, decisivo, en el que el Destino, por así decirlo, aflojaba la mano; y en el que, por tanto, el Carácter, según la reflexión de Walter Benjamin, se hacía cargo, por unos instantes o por unos días, de la propia experiencia vital. Para los creyentes, digamos, Dios es el Carácter del Mundo que, en el camino de Damasco, deshace el Destino de Saulo y lo reencarrila en un nuevo fatum ya sin retorno o, si se quiere, despojado a partir de ahora de todo Carácter propio. Para los no creyentes, en cambio, lo que los cristianos llaman “revelación” no es más que la manifestación más radical del Carácter frente al acoplamiento rutinario a ese Destino común siempre al trote, sin caídas estrepitosas, que preside las vidas normalas y norbuenas de los seres humanos de a pie: el Carácter, en definitiva, que derriba el caballo llamado Destino. Lo bonito de las hagiografías cristianas es que nos hablan de una época maravillosa en la que la gente se “convertía”; es decir, se sustraía de pronto, en un kayros fulminante, a su destino familiar, social y religioso. La idea misma de “conversión”, expresión de un volteo disruptivo y radical, nos recuerda dos cosas muy importantes: la primera, que es posible e inevitable cambiar; la segunda, que en la vida humana son más frecuentes (¡y no digamos bajo el capitalismo!) los accidentes que los cambios.

En realidad, no es cierto. En realidad cambiamos sin cesar, pero no nos damos cuenta, salvo retrospectivamente, porque los cambios no suelen ser consecuentes a una conversión; incluso los accidentes se incorporan blandamente a una vida cuya monótona continuidad es la centralidad del yo. No nos damos cuenta porque después de afiliarnos a una nueva iglesia o a un nuevo partido –valga decir– nos seguimos reconociendo en el espejo. Quizás en el recuerdo, a los sesenta años, localizamos en nuestro pasado dos o tres “momentos de la verdad” en los que –enseguida reparamos– intervinimos poco o nada o intervinimos de tal modo que, en ese momento crucial, nos parecía estar cediendo más al Destino que imponiendo nuestro Carácter. Frente a la idea de “conversión”, que ilumina un kayros o “momento de la verdad”, las vidas normalas y norbuenas van acumulando decisiones, si se quiere, homeopáticas. Es verdad: en algún sentido muy radicalmente existencialista podríamos decir, sí, que en las vidas normalas y norbuenas cada momento es el momento de la verdad porque cada momento es el momento en el que, contra la náusea y el cansancio, decidimos no cambiar de vida; cada momento es, aún más, el momento de la verdad porque cada momento es el momento en que decidimos no suicidarnos, pues es también el momento en que suena el teléfono móvil, borbotea la olla en el fogón o queda una cerveza en la nevera. Lo que ocurre es que, si cada momento es el momento de la verdad, no hay en puridad ningún momento más verdadero que otro. No hay “momentos de la verdad”. Por muy deprisa que cambien nuestras costumbres y nuestras opiniones (¡y bajo el capitalismo altamente tecnologizado cambian casi cada día!) ninguno de esos cambios, mientras lo vivimos, podemos fecharlo o anclarlo en una experiencia de revelación paulina.

Nuestras vidas, por tanto, se componen de decisiones y transformaciones homeopáticas. La homeopatía es completamente inútil para curar enfermedades, pero provee, frente a la “conversión”, una buena metáfora para describir la normalidad y norbonidad de la existencia humana, y ello en la medida en que invierte el conocido adagio: “a grandes males grandes remedios”. La homeopatía, en efecto, nos sugiere más bien lo contrario, la idea de que a grandes males hay que oponer pequeños o pequeñísimos remedios, los cuales, a veces, como el famoso “recuerdo del agua”, no mantienen ya ninguna relación con el mal original. De hecho, nuestras decisiones homeopáticas discurren casi siempre completamente en paralelo al Destino de cuya entraña surgen. Es lo que en otro tiempo llamábamos “supersticiones” y “neurosis”: dos fenómenos casi indiferenciados que convergen en un gesto diminuto, concreto y reglado, que nos relaja de una tensión estructural, abstracta y gigantesca. Pondré un ejemplo negativo y otro positivo. El negativo: un hombre (o una mujer), abrumado por el paro y la pobreza, privado de todo poder y que acaba de escuchar una noticia realista y apocalíptica sobre el cambio climático, propina con alivio un bastonazo al perro que se acerca a lamerle la rodilla. El positivo: un hombre (o una mujer), abrumado por el paro y la pobreza, privado de todo poder y que acaba de escuchar una noticia realista y apocalíptica sobre el cambio climático, acude a la cama donde duerme su hijo de cuatro años (ahora que precisamente no hace frío) y lo arropa y le ahueca la almohada para protegerlo de todo mal.

Las cosas pequeñas no salvan, pero sostienen. Agarran. Por eso constituyen una garantía de supervivencia y un peligro. Miles de millones de personas haciendo gestos pequeños en paralelo a la Historia que trabaja contra ellos ofrece la imagen más tierna, esperanzadora y preocupante que cabe concebir en un mal momento.

¿Cuáles no lo son? ¿Cuáles no lo han sido? Porque no es ya el Destino sino la Historia la que preside, como un destino, nuestras vidas. Curiosamente, si la vida humana, la normala y la norbuena, está compuesta de decisiones homeopáticas sin “momentos de la verdad”, percibimos la Historia, en cambio, cada vez que bregamos en ella, como compuesta sólo de “momentos de la verdad” a cuya llamada sería irresponsable o criminal no responder. Pero ni la normalidad-norbonidad es puramente reproductiva u homeopática ni la Historia, ya totalmente absorbida en el capitalismo, es el camino de Damasco. Podemos percibir como un peligro la normalidad y norbonidad de los que, derribados del caballo, se sacuden el polvo y reemprenden a pie su monótono avatar. Pero podemos percibir como no menos peligrosa la concepción de la política que considera la Historia un permanente sobresalto de kayros de emergencia, frágiles, apremiantes y finalmente desperdiciados. Es como si no hubiera enlace posible entre la homeopatía humana, sin la cual la vida social no es posible, y la intervención en la Historia, sin la cual la salvación no es posible. Ahora bien, la única solución para la especie es que haya alguno: que el lujo –pues es un gesto innecesario y hermoso– de arropar a un niño cambie, y no sólo sostenga, el mundo y que cada kayros desperdiciado se funda con la vida y no se pierda para siempre.

Pensemos en la política española de la última década.  ¿No nos queda un poco la sensación de que hemos perdido muchas oportunidades por el temor a perder la oportunidad irrepetible en que se decidía nuestro destino? Y esa impaciencia, en la medida en que ha dejado fuera muchos gestos homeopáticos, ¿no ha abierto una “ventana” –aún más que la normalidad del que no atiende la llamada– a la política del enemigo?

Los grandes remedios son también grandes males. Ni siquiera la urgencia del cambio climático debería llevarnos a olvidar esa gran enseñanza del siglo XX. No debemos dar bastonazos al perro; no debemos dejar de arropar al niño.

Por Santiago Alba Rico 15/09/2021

Publicado enSociedad
La poética de las memorias de guerra en Colombia

El testimonio poético de Alfredo Molano

Ve la luz el libro de Farouk Caballero Hernández Molano testimonial. Poética de las memorias de guerra en Colombia, un trabajo de investigación sobre la poética de Alfredo Molano y su mirada al interminable conflicto armado colombiano publicado por desde abajo y FES Comunicación.

El trabajo de Caballero es una reconstrucción de la elaboración estética literaria de Molano, de su poética de la memoria de las guerras del siglo XX en Colombia, a partir de unos relatos que dejan ver el sinsentido de una historia de violencia que marca a sangre y fuego la realidad colombiana en sus algo más de dos siglos de existencia como país.

Las novelas testimonio, o testimonios novelados, de Molano cumplen con la exigencia planteada por el autor cubano Miguel Barnet de que estas obras deben “proponerse un desentrañamiento de la realidad, tomando los hechos principales, los que más han afectado la sensibilidad de un pueblo y describiéndolos por boca de uno de sus protagonistas más idóneos”. En el libro de Caballero se recoge una selección precisa de las voces de algunas de las personas que protagonizan los textos de Molano: campesinos, indígenas, guerrilleros, bandoleros o paramilitares, sin distinción de sexo o procedencia social.

En las obras de Molano se narran de forma clara las oscuridades de un siglo de guerras en Colombia: “Las historias de la lucha de guerrillas y de los pueblos marginales (mineros, indígenas, proletarios, campesinos, etc.) adquieren especial resonancia en la literatura testimonial”, lo que le llevó, como escritor que amplificaba las otras voces a ser señalado “por parte de las élites, como francotiradores intelectuales y revoltosos (izquierdosos en el caso colombiano)”.

Farouk Caballero destaca que “depende de nosotros llevar su mensaje a nuevas audiencias fuera del ámbito estrictamente académico. Cumplir con esa tarea es ampliar el dialogo y aprovechar de mejor forma el archivo polifónico que Molano, durante toda su vida, construyó”.

El autor afirma que “La libertad de creación no puede comprenderse como indiferencia política” por lo que, al leer las narrativas testimoniales “el espectador del testimonio literario, el lector, modifica su pensamiento a propósito de la guerra y los protagonistas que intervienen en ella. Habrá quienes se solidaricen con la causa campesina, o con las ideas guerrilleras o con el accionar paramilitar. Habrá quienes no lo hagan, pero de lo que no cabe duda es que sus historias amplían el panorama histórico. Las perspectivas de interpretación no serán unívocas, podremos creerles o no, pero al sentir los personajes es imposible desconocer su existencia histórica y su aporte literario”.

La lectura de la “dimensión estética” de la obra de Molano que hace Caballero “configura una fuerte crítica política, social e histórica de la realidad inmediata, rasgo que el testimonio adquiere del realismo crítico”. Molano testimonial. Poética de las memorias de guerra en Colombia es un libro necesario para entender no sólo la poética testimonial de Alfredo Molano, sino la realidad colombiana de los últimos sesenta años. Una realidad ignorada, y negada en muchos casos, que es analizada por Caballero a partir de las voces de las y los testimoniantes transcritas por la crónica narrativa y sociológica de Alfredo Molano, un testigo oyente de todas las atrocidades que nos podamos imaginar y que no parecen afectar a una sociedad desmemoriada que no quiere aprender de su propia historia.

Un texto poético y testimonial de la política, la vida y la muerte en un país que necesita escuchar las voces de las y los de abajo para salvaguardar la memoria, la de todas y todos los colombianos.

Artículo publicado en Mundo Obrero

12 Sep 2021

Una reseña de este libro ha sido publicada en la edición Colombia del mes de septiembre, año XIX – número 214, de Le Monde Diplomatique.

Publicado enColombia
Jun Fujita Hirose.. Imagen: Gentileza Javier Bendersky

Entrevista al filósofo y crítico de cine japonés

La Covid-19 es el virus a través del cual se opera la "transición hegemónica" de Estados Unidos a China, define el autor de ¿Cómo imponer un límite al capitalismo? Filosofía política de Deleuze y Guattari. En este estado "agónico" del sistema, plantea también la posibilidad de una revolución.

 

Para el filósofo y crítico de cine japonés Jun Fujita Hirose, en medio de la crisis generada por el coronavirus, el capitalismo se encuentra en una etapa "agónica" y de "destrucción creativa". Así lo explica, en comunicación con Página/12 desde Tokio: "En la transición actualmente en curso, el capitalismo destruye o deprecia los viejos capitales ligados al régimen norteamericano y petrolero, al mismo tiempo que crea o aprecia los nuevos, ligados al régimen chino y de metales raros". Esta es una de las conclusiones de su libro ¿Cómo imponer un límite absoluto al capitalismo? Filosofía política de Deleuze y Guattari (Tinta Limón ediciones). 

En otras palabras: el nuevo coronavirus es el "virus de destrucción creativa" con que se opera la "transición hegemónica" de Estados Unidos a China; el "estallido definitivo de un régimen de acumulación de capital que estaba en crisis permanente desde hace 50 años". Hirose cree que el capitalismo puede haber creado el virus, haberlo "deseado" para salvarse a sí mismo; o que por lo menos se hace evidente que está extrayendo "beneficios" de él. "En los primeros meses de la pandemia, Bolsonaro y Trump no aceptaban el fenómeno. Tampoco el gobierno japonés. Había dos campos: uno insistía en que era muy importante y otro que no. Los corona-escépticos eran los del viejo régimen, el norteamericano, y el campo-corona era el del chino", contrasta. Y completa: "Cuando observás lo que está pasando en el mundo te das cuenta de que tenés que estar del lado chino para seguir tu crecimiento. Cuatro, cinco meses después del comienzo de la pandemia, Estados Unidos, Brasil, Japón acabaron por aceptar la existencia del fenómeno. Hay una formación de consensos de todas las economías del mundo".

A su vez, en el momento actual se están formando "dos grandes máquinas de guerra en paralelo" y en su alianza el autor encuentra un potencial revolucionario: se trata de "lxs trabajadorxs metropolitanxs abandonadxs por los viejos capitales en destrucción y los pueblos minoritarios en lucha para defender sus territorios contra las explotaciones neoextractivistas organizadas por los nuevos capitales en transformación". 

A estas conclusiones llega en su nuevo libro después de un delicado análisis en torno a tres trabajos políticos fundamentales de Gilles Deleuze y Félix Guattari que contienen la pregunta de cómo derribar al capitalismo. En cada texto los filósofos ubican un agente central del proceso revolucionario: los proletarios en la lucha de clases, en El anti-Edipo (1972); las minorías en su lucha en torno a los axiomas, en Mil mesetas (1980); y el hombre, el ciudadano ante lxs marginadxs, en ¿Qué es la filosofía? (1991). El japonés actualiza la pregunta y ofrece su hipótesis en un momento en que el capitalismo (y su posible derrumbe) se ubicó en el centro de los discursos filosóficos, por lo menos en el mainstream de la disciplina.

Una rareza del pensamiento de Hirose es que él posa su mirada en Latinoamérica. En efecto, señala que la alianza de potencial revolucionario está ocurriendo ahora mismo en Chile. "Desde la aparición del zapatismo en 1994 hasta el actual proceso constituyente chileno no cesan de multiplicarse experiencias políticas verdaderamente innovadoras en América latina", sugiere. Hace 20 años que en su país se encarga de "presentar nuevas prácticas y teorías latinoamericanas, dado que hay muy poca gente que lo haga". Junto al colectivo Situaciones publicó el único libro en japonés sobre el desarrollo de "los nuevos movimientos en Argentina en la primera mitad de los años 2000"; y es el autor del primer texto en japonés sobre Ni Una Menos. Aprendió español en París, cuando vivía en una residencia universitaria junto a estudiantes mexicanos.

"Lxs trabajadorxs metropolitanxs devienen-revolucionarios cuando entran en alianza con los pueblos minoritarios, dado que la formación de los nuevos capitales corresponde perfectamente al interés de clase de lxs primerxs, por cuanto les crea nuevos empleos", asegura el profesor de la Universidad Ryukoku (Kioto). "El actual proceso constituyente chileno está acompañado de la formación a nivel nacional de una alianza muy parecida a la que acabo de dibujar de manera hipotética, y es un devenir-mujer transversal el que la posibilita."

-¿Puede explicar esta idea?
-Por un lado, desde mediados de los años 2010, el feminismo constituye el movimiento social y político más potente en el ámbito metropolitano en muchas partes del mundo y en América latina en particular. Por otro lado, las mujeres indígenas y afrodescendientes latinoamericanas luchan contra el colonialismo neoextractivista bajo el lema: “¡No se puede descolonizar sin despatriarcalizar!”. En Chile, lxs metropolitanxs devienen-mujer al aire de Lastesis, al mismo tiempo lo devienen los pueblos indígenas. A través del devenir-mujer lxs metropolitanxs se componen con los pueblos indígenas en un gran movimiento destituyente y constituyente. En Mil mesetas Deleuze y Guattari dicen que “todos los devenires comienzan o pasan por el devenir-mujer” (una forma del devenir-minoritario, en la cual los hombres se arrancan junto con las mujeres de la binaridad patriarcal de lo masculino-mayoritario y lo femenino-minoritario). Todo esto explica cómo lxs chilenxs llegaron a elegir a una mujer mapuche, Elisa Loncon, como presidenta de su asamblea constituyente.

-La idea de un potencial revolucionario para cambiar el sistema suena esperanzadora. Pero incluso usted advierte en el libro cómo las revoluciones pueden quedar integradas al capitalismo. ¿Por qué en este caso habría una diferencia?
-Es muy difícil contestar ese tipo de cuestión. No tengo respuesta. Una crítica muy común a Delleuze y Guattari consiste en decir que no se puede devenir-revolucionario sin la revolución. Pero cuando vemos lo que está pasando en Chile podemos invertir esta crítica para decir que no se puede hacer una revolución sin devenir-revolucionario. En Mil mesetas los autores se preguntan qué pasará cuando la máquina de guerra sea vencida por el aparato del Estado. Y dicen que sobrevive en el interior de los individuos y como una especie de sociedad secreta. Mantiene siempre su potencia para poner en cuestión al Estado.

-¿Cómo sería una revolución en el contexto actual?
-Si actualmente la supervivencia del capitalismo depende de la formación de nuevos capitales industriales y ésta última depende del desarrollo de explotaciones extractivistas, su pregunta se puede traducir en la de cómo impedir que se lleven a cabo los proyectos extractivistas en todas partes del mundo. Esos proyectos no se realizan cuando rechazamos todxs trabajar para ellos. ¿Cómo podemos llegar a tal rechazo generalizado? Cuando liberamos nuestro deseo de su subordinación a la lógica del interés, es decir, cuando todxs devenimos-revolucionarios. Es esa subordinación la que nos hace desear entrar o quedarnos en las relaciones salariales con el capital. En resumen, la revolución no se hace sin nuestro devenir-revolucionario.

-¿Cómo se vivieron las restricciones por la Covid-19 en la sociedad japonesa?
-Frente a la extraña coexistencia de los Juegos Olímpicos con la pandemia (y, además, con una central nuclear accidentada que sigue emitiendo radioactividad en el aire, en el suelo y en el mar), creo que muchxs habitantes en Japón se dieron cuenta de hasta qué punto Deleuze y Guattari tenían razón al definir el capitalismo como “axiomática”, es decir, un conjunto abierto de axiomas. En matemáticas se llama “axioma” a una proposición independiente, mientras que un “teorema” es una proposición que depende de un axioma o de otro teorema. Lo que la situación japonesa nos muestra bien es el hecho de que las políticas sanitarias son axiomas capitalistas que pueden coexistir con todos los otros axiomas capitalistas completamente indiferentes a la cuestión sanitaria, como aquellos con los cuales se celebran los Juegos Olímpicos. En su última coloboración Deleuze y Guattari dicen de los derechos humanos que son axiomas capitalistas que pueden coexistir --y coexisten de hecho-- con aquellos genocidiarios. Podemos decir lo mismo en lo que respecta a la cuestión medioambiental: los acuerdos internacionales de protección ambiental pueden perfectamente coexistir con las actividades que los ponen en suspenso o ignoran, tales como las explotaciones extractivistas en el sistema capitalista. Definiendo el capitalismo como axiomática, Deleuze y Guattari lo presentan como un conjunto de problemas para los cuales no hay soluciones más que creativas. Lxs humanitarixs, por ejemplo, deben hacer un esfuerzo más, el cual consistirá en crear una solución más general que la de la universalización de los derechos humanos. Lo mismo para lxs ecologistas, que deben ir más allá de su lucha por los axiomas verdes y crear una solución más general, capaz de imponer un límite absoluto a la axiomática capitalista misma

Por María Daniela Yaccar

11 de septiembre de 2021

Publicado enCultura
Lunes, 06 Septiembre 2021 06:24

¿Cómo se hace un violento?

. Imagen: Guadalupe Lombardo

Matías de Stéfano Barbero indaga en la construcción de la masculinidad. Con mirada antropológica, el investigador estudia por qué los varones ejercen violencia contra las mujeres y cómo la estructura social avala y alimenta esa violencia.

 ¿Cómo se hace un femicida? Esta pregunta elevada en el aire en una pancarta en la movilización del primer #Niunamenos, el 3 de junio de 2015 disparó en Matías de Stéfano Barbero la necesidad de investigar la construcción de las masculinidades de los varones que ejercieron violencia contra las mujeres en la pareja. Ese trabajo se convirtió en el libro Masculinidades (im)posibles. Violencia y género, entre el poder y la vulnerabilidad, editado por Galerna, que promete ser indispensable para entender no solo por qué los varones ejercen violencia contra las mujeres sino cómo la estructura social avala y alimenta esa violencia a través de la construcción de masculinidades ancladas en el ejercicio de la violencia, la heterosexualidad obligatoria y el rechazo/negación de la homosexualidad, entre otras cuestiones.

Matías de Stéfano Barbero es doctor en Antropología (UBA), investigador, docente y becario posdoctoral del Conicet. Es miembro del Instituto de Masculinidades y Cambio Social, y de la Asociación Pablo Besson, donde forma parte del equipo de coordinación de espacios para varones que ejercieron violencia. El libro sobre el que se explaya en esta entrevista presenta diferentes historias de vida de los varones que ejercieron violencia y analiza el papel que tienen la violencia y el género en la construcción de la masculinidad a lo largo de sus infancias, adolescencias y vidas adultas.

--Hace bastante que los estudios de género se preguntan qué es una mujer. ¿Qué es un hombre? ¿El eje ahora está puesto ahí?

--Sí, qué es el hombre. Me parece que ya de hecho la propia pregunta muestra que hay una transformación en eso, en la misma forma que hay una transformación entre lo que pensamos qué es una mujer y cómo se produce una mujer a nivel social. Y las respuestas son a veces sorprendentes, en el sentido en que escapan un poco del sentido común que podemos construir, tanto de lo que es un varón o de los sentidos de la masculinidad, como del lugar que ocupa la violencia en la vida de la gente y el género en la vida de la gente. Cuando yo empecé a ir a los grupos (de varones que ejercen vioencia) tenía la mirada un poco caricaturizada de lo que me iba a encontrar, y la verdad es que fui con un poco de miedo, tenía cierta aprensión. Y es curioso cómo también, quienes nos dedicamos a estas cuestiones tenemos nuestros prejuicios sobre cómo es el poder, cómo es la violencia, cómo es el sufrir, el hacer sufrir, y la verdad que cuando me encontré entre ellos, trabajando con ellos y escuchándolos, aparecen un montón de otras cosas que trascienden un poco ese sentido común, esa caricaturización de los violentos.

--¿Cómo es esa caricatura?

--Yo creo que la caricaturización viene un poco por poner siempre la violencia afuera. No quiero parafrasear mal a Nietzsche, pero esto de que siempre el malo es el otro y nosotros somos los buenos es casi me atrevería a decir un universal; la bondad siempre está de mi lado y la maldad del otro. Entonces, y no es algo que se limite solamente a la cuestión de la violencia de género y a los varones que ejercen violencia, esta idea de caricaturizar, de hacer exótico al otro que tiene ese estigma.

Caetano Veloso decía que visto de cerca nadie es normal. Me encanta esa frase. Lo mismo pasa un poco con esto, cuando uno se acerca y deja de construir esa otredad como una otredad tan exótica, y se acerca a conocer esas historias y ellos también se permiten, en un largo proceso de trabajo, poder mostrar lo que hay detrás de todas esas capas de resistencia, aparecen seres humanos más o menos comunes, con miserias, con su lugar de poder, con su miedo a la vulnerabilidad, personas que... esto a veces es polémico porque parece que uno está justificando, pero personas que también sufrieron mucho en ese proceso de construirse como varones.

No se trata de justificar sino de tratar de comprender cómo aparece la violencia a lo largo de la vida. La violencia en la vida de alguien no aparece cuando se ejerce sino mucho antes.

--En el prólogo del libro se plantea que si bien reconocemos la violencia de género como un problema estructural, las soluciones que se están dando como políticas públicas en general son individuales. Usted tiene una crítica sobre eso.

--Sí, eso lo recoge superbien Moira Pérez en el prólogo. Pasa un poco con esta idea de deconstrucción, que parece que es una idea que apela al individuo, como “deconstruite vos y tus cosas”. A mí me parece que lo potente que puede llegar a tener esta idea de politizar lo personal es hacerlo político en el sentido de la transformación colectiva. Que yo renuncie a mis privilegios, por ejemplo, no tiene un gran impacto social, puede tenerlo en mi vida cotidiana y en la vida de quienes me rodean, pero no supone una crítica estructural y no supone una transformación estructural. Y pensar las cosas siempre desde el individuo, lo bueno y lo malo, me parece que por un lado es el paradigma hegemónico ¿no? El sujeto, el individuo, y en ese sentido me parece reproducir el sistema que estamos intentando cambiar. Y por otro lado, las perspectivas que lo piensan exclusivamente individualmente, generalmente se terminan topando o reduciendo las posibilidades de actuación al orden de lo punitivo, al orden de decir “se encierra a esta persona y se acabó el problema”, cuando esa persona si bien tiene que tomar responsabilidad por lo que hizo, por supuesto, está expresando algo a nivel social y a nivel estructural, ciertas condiciones que hicieron que esa violencia en este caso pueda aparecer. Pienso en la importancia de reforzar la ESI (educación sexual integral) desde la primera infancia y que se toquen temas como la violencia, la masculinidad, el poder, la vulnerabilidad, y eso implica intentar prevenir antes de que la situación suceda, porque cuando ese niño que sufrió en la infancia, termine cometiendo un crimen y haciendo sufrir, ahí la sociedad va a llegar con todo el peso de la ley en su juicio a dar una solución punitiva. Creo que es mucho antes que tenemos que empezar a preocuparnos de esto en la vida de las personas, y no tanto precisamente como individuos sino en políticas públicas, desde el Estado, desde las organizaciones de la sociedad civil, que puedan considerar el problema a lo largo de la vida, un problema estructural que afecta a toda la sociedad y no solamente a quien termina siendo el síntoma.

--Me gustó la metáfora que usó al comienzo: hay que “volver a Juan”, volver a poner el eje en el varón que ejerce la violencia y no tanto en la víctima ¿no?

--La metáfora de volver a Juan viene de un ejercicio que hizo una lingüista feminista, que muestra en las cuatro operaciones lingüísticas, cómo de un acto que es “Juan golpea a María”, se va desplazando la atención hacia lo que termina sucediendo después, que queda María como víctima de violencia y Juan desaparece de esa ecuación lingüística. Por eso la idea de volver a Juan es ir volviendo en el sentido de volver a la escena, a esa primera formulación de Juan golpea a María o Juan ejerce violencia contra María, para ver qué es lo que pasa en esa escena y después seguir volviendo para ver quién es Juan. Porque entiendo que tiene que ver con una urgencia y me parece completamente legítimo asistir a las personas que sufren, pero si no nos concentramos también en las personas que hacen sufrir, las causas del problema van a seguir intactas y van a seguir reproduciéndose, y va a llegar un momento que no vamos a dar abasto para atender personas que sufren.

--En el libro repasa las distintas ideas en torno a por qué los hombres son violentos: las teorías que plantean que son violentos por naturaleza, o que el violento es el otro... ¿Qué problemas plantean estas nociones tan arraigadas en nuestra sociedad?

--A mí me sorprendió encontrar referencias a la violencia natural o asociada a los celos como algo natural o la violación como esa búsqueda de reproducción. Uno lo piensa medio demodé, pero la verdad uno se encuentra lamentablemente muchas de estas cuestiones. Para mí el problema es que muchas de estas teorías, más que para interrogar terminan sirviendo para justificar, para naturalizar determinadas cuestiones. Y esta idea de que la violencia está en los otros también es una mirada patologizante, es el otro siempre el patológico, el enfermo, el psicópata, y con esto no quiero decir que la biología, la psiquiatría o la psicología no tengan nada para decir, pero sí me parece que tenemos que analizar las consecuencias políticas que tiene pensar de una manera o de otra, y eso es lo que intento un poco con el libro.

El marco que yo utilizo es el de masculinidades, del estudio de varones y masculinidades desde una óptica feminista y de las ciencias sociales. Me parece que es el marco que más nos sirve para tratar de entender y de transformar.

--¿Puede dar algunas pautas de cómo se explica la violencia masculina?

--Podemos pensar el lugar que ocupa la violencia en la construcción de un sujeto varón en la sociedad, el vínculo que tiene la masculinidad y la posición masculina en la sociedad con la violencia es muy particular. Por un lado, es un privilegio en el sentido de que se fomenta esa agresividad potencial en los varones y en las mujeres no, por eso los varones muchas veces podemos responder con agresividad a determinadas situaciones y las mujeres no tanto, porque tiene que ver con una educación y con una forma de hacer un sujeto masculino en el mundo. Pero lo curioso, y esto no lo digo yo sino Rita Segato, Bell Hooks, desde un feminismo particular, es la idea de que la primera forma de violencia que los varones aprenden en su vida no es contra las mujeres sino contra sí mismos, que es una violencia que viene de esa manera masculina de ver el mundo, que limita, que cercena. Audre Lorde dice eso cuando analiza su posición de madre con su hijo varón: hay toda una parte de la humanidad que a los varones se les niega y se les quita, no es que nacen machos, para hacer un macho hay que ejercerles violencia. Entonces, los varones tenemos una relación con la violencia particular, que se va gestando en esta idea de construcción de la masculinidad. Que después aparece también en la construcción de la heterosexualidad muy vinculada a la homofobia también, casi que construirse como heterosexual es construirse homofóbicamente, porque yo tengo que ser varón cis heterosexual y tengo que actuar como tal, y actuar como tal implica rechazar una parte de mí que es una parte humana, esconderla y atacar también toda esa forma de expresión de género, lo que está feminizado en la sociedad y en los demás, en el grupo de pares también, para que me interpelen no desde la homofobia sino desde la heterosexualidad como un par. Y en ese sentido me parece que la violencia tiene mucho que ver con el poder entre varones y de los varones sobre las mujeres pero también con la vulnerabilidad, en el sentido en que muchas veces para no exponer nuestra vulnerabilidad, algo que aprendemos de chiquitos con estas ideas un poco maniqueas ya del “no llores”, no te muestres vulnerable, la violencia es esa huida hacia adelante de la propia vulnerabilidad. Voy a actuar con violencia en este momento porque mi lugar de poder se ve amenazado y no quiero dejar expuesta mi vulnerabilidad, porque aprendemos los varones a lo largo de nuestra vida que si nos mostramos vulnerables, nos exponemos a la violencia del otro, a la humillación y subordinación del otro, a la vergüenza...

--Martín, uno de los casos que analiza en el libro, logra sobreponerse al bullying a través de ejercer violencia.

--Sí, y lo que me parece interesante de ese caso en particular, por ejemplo, es que desencializa un poco esta idea de “si vos ejercés violencia, naciste violento”, como si no fuera compatible en una misma trayectoria vital ser víctima y ser victimario. Por eso esa relación entre sufrir y hacer sufrir me parece interesante, muchas veces quienes hacen sufrir están evitando sufrir, y esa es la construcción que fueron aprendiendo y reforzando a lo largo de la vida. Cuando uno habla con estos varones se encuentra curiosamente con esas historias de vida, como que de repente fueron víctimas en un momento también en algo vinculado al género, a la jerarquía de género y de la masculinidad porque ocupaban un lugar subordinado en esa jerarquía, y fueron viendo que así funciona el mundo, en una estructura jerárquica entonces “si voy ascendiendo puedo pisar al otro y con eso se reafirma mi lugar”. Y la mujer en esos casos siempre ocupa una posición como de moneda de cambio para el prestigio y el lugar de poder en el grupo de pares y en esa idea de masculinidad, entonces se va construyendo y solidificando esa percepción de la vida como una jerarquía. No hay que perder posiciones porque saben lo que es estar abajo de todo en la jerarquía porque lo sufrieron, entonces el precio es hacer sufrir.

--En un capítulo habla de la violencia femenina como tabú ¿puede explicarlo?

--Ese capítulo empieza con un epígrafe grande de Amelia Balcarce que reivindica el derecho de las mujeres a ser malas. Me parece que también, si solamente pensamos la violencia como un atributo de los varones, como vinculado a una identidad de género particular, parece que es un problema político. Primero porque deja a las mujeres en la posición de víctimas y las cristaliza ahí, y deja a los varones en la posición de victimarios y los cristaliza ahí, y después también deja sin cubrir otras identidades y expresiones de género y su relación con la violencia. Obtura otras preguntas, y me parece que es también una decisión política en el sentido en que muchas veces, en este momento en particular en donde hay tanto trabajo con varones, hay mucha resistencia, muchos cuestionamientos un poco desde el lugar del sentido común: “bueno pero las mujeres también son violentas”, uno lo escucha mucho en los grupos eso, pero también lo escuchamos en las redes sociales. Me parece que no inhabilitar esa discusión es una opción política para no darle lugar a las críticas que están en la sociedad a los enfoques que tenemos, me parece una responsabilidad que es difícil porque es caminar una fina línea entre mirar el afuera y decir “bueno las mujeres también, entonces se acabó el problema”... no, vamos a estudiar, yo estudio la violencia masculina pero sí reconozco que la violencia no es propiedad de los varones, y que aparece de muchas maneras en muchos vínculos, y que es posible que las mujeres la ejerzan.

--También aparece, además, la confusión por el uso del término ‘violencia de género’ ¿no?

--Sí.

--Se plantea la idea de que las mujeres ejercen violencia de género, y ahí hay una confusión.

--Sí, para mí tiene que ver con lo que me preguntabas al principio cuando hablábamos de qué significa la masculinidad, pero con el género pasa un poco lo mismo, son palabras polisémicas que se usan a veces de una manera y a veces de otra. Yo hago un análisis en el libro de cómo fue cambiando la violencia, al principio era la violencia doméstica, después violencia familiar, violencia conyugal, y hay muchas maneras de pensar el problema, violencia contra las mujeres es una manera pero violencia de género es otra.

--Propone hablar de ‘violencia masculina hacia las mujeres´, no ‘violencia de género’ o ‘violencia machista’...

--Sí, igual es un concepto que después de toda un discusión, este es el último, ‘violencia masculina contra las mujeres’. Y me parece que está bueno por esto, porque habla precisamente de quién ejerce esa violencia y contra quién la ejerce, porque hay críticas al concepto de ‘violencia de género’ que dicen que invisibiliza que las personas que la sufren son mujeres, y que las personas que la ejercen son varones cis, en la mayoría de los casos. Me parece interesante también entonces digo, ‘violencia masculina contra las mujeres’ puede comprender varias cosas. Después al final cuando tengo que referirme a la cuestión, hablo generalmente de la relación entre violencia y género como paraguas más grande.

--¿Sirven los dispositivos para varones que ejercieron o ejercen violencia?

--La percepción de las personas que trabajan en grupos... y también estuve participando en investigaciones con profesionales de otros equipos, de la provincia de Buenos Aires, no es una sensación mía, es que la transformación o el cambio sucede, lo que pasa es que son cambios, y esa es una de las luchas que tenemos quienes trabajamos.

La transformación sí es posible, pero es un trabajo profundo en el sentido de que es extenso, y una de las reivindicaciones que hay desde los espacios es que cuando se derivan varones desde la justicia, no se deriven por tres meses. Nosotros decimos que el trabajo es de mínimo un año de espacio grupal, una vez por semana, porque es un trabajo que va al fondo de la cuestión, que revisa profundamente la subjetividad, la historia de vida, entonces es un trabajo que tiene un gran impacto pero que necesita un tiempo para germinar y florecer.

Muchas veces ya dentro y estando en el grupo, muchos de los varones dejan de ejercer violencia física y están mucho más permeables a, en vez de ejercer violencia, a poder construir un conflicto con la pareja, muchas veces me cuentan que tuvieron una discusión pero que no pasó a mayores, que “yo pude decir lo que pensaba y ella también me dijo y lo vamos charlando. A medida que van pasando los encuentros y los varones llevan más tiempo en los grupos, aparece otra manera de enfrentarse a los conflictos en el sentido de que se construyen los conflictos, y no se usa la violencia para que ese conflicto desaparezca. 

05/09/2021

Publicado enSociedad
La televisión muestra una transmisión de un programa de entrevistas chino debajo de una foto del presidente chino Xi Jinping en Zhaxigang, China.Mark Schiefelbein / AP

La medida se ajusta a una campaña para frenar lo que el Partido Comunista chino considera una atención nociva a las celebridades.

El Gobierno de China prohibió que "hombres afeminados" aparezcan en la televisión y pidió a las emisoras que promovieran la "cultura revolucionaria", ampliando una campaña para reforzar el control sobre la sociedad y la firme determinación del país de limpiar el "caos" en el sector.

La Administración Nacional de Radio y Televisión dijo que los programas de televisión deben promover "enérgicamente la excelente cultura tradicional china, la cultura revolucionaria y la cultura socialista avanzada" y "poner fin resueltamente a los hombres afeminados y a otras estéticas anormales", agregó el regulador de la televisión, utilizando un término despectivo para los hombres con apariencia poco masculina "niang pao", o literalmente, "maricón".

La medida se suma a los límites impuestos para reducir el acceso de los niños a los juegos en línea, ajustándose a la campaña para frenar lo que el Partido Comunista chino considera una atención nociva a las celebridades.

Según los comentarios emitidos, esto refleja la preocupación oficial de que las estrellas del pop chinas, influenciadas por el aspecto elegante y aniñado de algunos cantantes y actores surcoreanos y japoneses, no están animando a los jóvenes chinos a ser lo suficientemente masculinos.

El presidente Xi Jinping durante una conferencia del viernes y sábado pasado, hizo un pedido a un "rejuvenecimiento nacional", con un control más estricto sobre los negocios, la educación, la cultura y la religión.

Asimismo, el Gobierno de Xi ha reforzado el control sobre las industrias chinas de Internet, imponiendo acciones antimonopolio, de seguridad de datos en empresas como Tencent Holding y el gigante del comercio electrónico Alibaba Group.

Publicado: 2 sep 2021

Publicado enInternacional
Jueves, 02 Septiembre 2021 06:01

La guerra de China contra los videojuegos

La guerra de China contra los videojuegos

Conocemos el doble rasero de Occidente en su relación con las naciones que no están bajo su esfera de influencia. Y sabemos bien cómo se utilizan causas nobles, para volcarlas en contera de sus adversarios o enemigos, como sucede con las mujeres afganas oprimidas por el movimiento talibán —proscrito en Rusia por terrorismo—

Ahora surgen quienes se rasgan por la decisión del Gobierno de China de limitar a los menores el uso de videojuegos en línea, decisión que acaba de tomar el Gobierno de Xi Jinping. Sin embargo, en Estados Unidos esta práctica ha sido común entre la elite del 1% más rico.

"Los hijos de Steve Jobs (Apple), Bill Gates (Microsoft) o Sergey Brin (Google) no han sido niños con barra libre de tecnología en sus casas pese a sus padres y las empresas que han llegado a dirigir. Lo mismo ocurre con muchos otros hijos o sobrinos de grandes CEOs de empresas tecnológicas que incluso apuestan para la educación por colegios donde la tecnología no tiene cabida ni en su mínima expresión", explica Xataca, portal especializado en informaciónsobre tecnologías digitales e informática.

Steve Jobs, por ejemplo, defendía que sus hijos practicaran la lectura, en particular de la historia, o bien actividades que no implican el uso directo de tecnología. Bill Gates no dejó a sus hijos usar el teléfono móvil hasta los 14 años, aunque en la casa se usaban habitualmente por los adultos.

Para los CEO de empresas tecnológicas, evidentemente los más conocedores de los problemas vinculados al uso abusivo de ellas, el principal motivo para limitar el acceso de sus hijos, los seres más queridos por cualquierpersona, consiste en que "la tecnología usada de forma compulsiva acaba con la creatividad y limita las relaciones sociales".

Ahora es el Gobierno chino el que decidió poner límites a lo que considera "el opio de la mente", limitando a tres horas por semana el uso de videojuegos online a menores de 18 años —viernes, sábados y domingos, de 20.00 a 21.00 horas—. Xi argumentó además que la tendencia al consumo abusivo de videojuegos es "peligrosa para la economía del país"

En China existían ya restricciones que limitan las partidas entre varios jugadores por internet a una hora y media al día para menores, además de que los juegos de las tres grandes compañías occidentales —Sony, Nintendo y Microsoft— están regulados. Las nuevas restricciones afectan a grandes empresas chinas como Tencent.

Según un informe de El Economista, en EEUU se está detectando "un aumento en el número de jóvenes que abandonan el mercado laboral u optan por empleos a tiempo parcial para tener más horas para jugar", riesgo aún mayor en China donde "dominan los juegos multijugador online, mucho más complejos, atractivos y absorbentes que un juego para un solo jugador de consola".

Desde tiempo atrás China está en una campaña para regular sus monopolios, entre ellos los digitales, para "prevenir la expansión irracional de capitales" y "abordar el crecimiento salvaje" del sector tecnológico.

El Partido Comunista debe "guiar y supervisar a las empresas" y poner en marcha "regulaciones efectivas y normas precisas" con el objetivo de "servir a los intereses generales del desarrollo económico", según las declaraciones oficiales.

En los hechos, se colocaron multas al gigante del comercio electrónico Alibaba por casi 3.000 millones de dólares, la mayor multa antimonopolio en la historia del país; se puso la lupa en compañías como Meituan y Didi, similares a Uber, arguyendo riesgos para la seguridad de los datos de los usuarios, y llegaron a bloquear los planes de Tencent para fusionar las plataformas de retransmisión de videojuegos Huya y Douyu para "evitar una situación de monopolio".

El director del Observatorio de la Política China, Xulio Ríos, acepta que la política de Xi se propone controlar la seguridad de los datos al comportamiento monopolístico, asegurar la estabilidad financiera del país, "pero también el control político o ideológico" que en su opinión "no puede faltar".

Estima que buena parte de estas medidas son adecuadas para controlar "los abusos de poder y corruptelas de los multimillonarios y sus empresas privadas o semiprivadas que acaparan el mercado y se adueñan de los datos de los usuarios de sus productos".

Pero Ríos asegura que quienes desde Occidente critican a China, fracasaron en sus objetivos de "meter en cintura a estas empresas que abusan de su posición dominante en el mercado", como es el caso de Google, Amazon, Facebook o Amazon a las que ni EEUU ni la Unión Europea consiguieron que cumplan sus obligaciones fiscales. "Una vez más, Beijing exhibe la eficiencia de su gobernanza en este aspecto", concluye Ríos, con cierta ironía.

En noviembre de 2020, cuando el brazo financiero de Alibaba, el grupo Ant de Jack Ma, planeó la mayor salida a bolsa de la historia, el Gobierno de Xi intervino para impedirlo, porque busca construir una economía y un sector empresarial preparado para la contienda geopolítica en curso, "aunque ello exija articular una menor dependencia del capital internacional y la acumulación de capacidades internas tanto en el orden energético como industrial".

En mi opinión, los dirigentes chinos han comprendido que en las próximas décadas la competencia geopolítica con EEUU no hará sino agudizarse, con amenazas de guerras y de agresiones de todo tipo, desde las armadas hasta las económicas y financieras. El punto fuerte de Washington era la superioridad militar, ahora seriamente acotada por el crecimiento cuantitativo y cualitativo de las fuerzas armadas chinas.

Pero existe otro punto fuerte en Occidente, que Ríos describe como "los riesgos sistémicos" en el sistema bancario y financiero de China y que tanto EEUU como la UE pueden aprovechar para debilitar al Dragón. En suma se trata de un respuesta a los crecientes riesgos geopolíticos que enfrenta.

Es cierto que las regulaciones estatales fuertes pueden afectar las opciones y libertades de sus ciudadanos, como también advierte Ríos. Sin embargo, las regulaciones existen incluso en Occidente que siempre discursea sobre las libertades. Actitudes como las de Jobs y Gates no son cuestionadas, pero cuando un país no occidental busca algún tipo de regulación, comienzan los sermones "democráticos".

La historia del siglo XX, por no ir más lejos, nos enseña que en los períodos de agudas disputas geopolíticas, las libertades personales suelen ser acotadas, cuando no eliminadas, en todos los países que participan en la contienda.

Publicado enCultura
Viernes, 20 Agosto 2021 06:37

el jesús, un escuchador mestizo

el jesús durante una de sus clases (foto: Beatriz Múnera)

Jesús Martín Barbero era, es y será un referente intelectual del mestizaje*

 

Filósofo, comunicador, cartógrafo, mediador… en todas esas facetas de su vida intelectual el jesús ha sido, sobre todo, mestizo y escuchador.

Académicamente se doctoró en Europa y humanamente en Colombia, dónde no sólo se encontró con la comunicación sino también con Elvira, su compañera de existencia, y con una ciudadanía que miraba de manera diferente la vida.

El maestro

En sus clases decía que había que escuchar, también a las y los estudiantes. Una de sus primeras prácticas era mandarlos a que escucharan la ciudad. Porque la base del diálogo es la escucha. Así, les pedía ir a la plaza de mercado de Paloquemao y a un supermercado de marca en un barrio señorial. Porque el Jesús siempre se preocupó por lo que la gente piensa, cree, lee, ve… escucha.

Afirmaba que la teoría crítica latinoamericana “oponía su provisionalidad y su impureza a la pseudo-madurez, la coherencia lógica y la pureza de la teoría dominante”. En sus abordajes teóricos se cuestionó acerca de la comunicación, esa aventura con la que se topó y que le llevó “a la choza-favela de los hombres, construida en barro y cañas, pero con radiotransistores y antenas de televisión”; un campo por pensar en el que se encuentran “la trama de palabra y deseo, de memorias y estructuras del sentimiento, de división social y discontinuidades culturales, de apropiaciones y resistencias que [los medios] median y con los cuales tejen las gentes el vivir de cada día”.

En sus viajes de la filosofía a la comunicación, y viceversa, dibujó nuevos mapas para caminar ambas haciendo sesudas y sensibles paradas en Ricoeur, Benjamin, Gramsci o Merleau-Ponty. En sus recorridos planteó nuevos retos, esos que siempre escribía apretando con fuerza el lápiz y separando con un guion los dos vocablos para resaltar su fuerza y construir un nuevo sentido, abordando la importancia de “re-ver el proceso entero de la comunicación desde su otro lado, el de la recepción, el de las resistencias”.

Un amante de la práctica comunicativa para la que demandaba reflexión y acción porque “si la reflexión no abre camino, obstaculiza; si no abre brecha por donde avanzar, paraliza”. Un apasionado de la palabra, a la que defendió de las garras de los teóricos “cuyo ruido nos está volviendo sordos”, sobre todo de la palabra que viene de otras narrativas y que quiere “abrirse camino desde el silencio de los dominados”. En suma, un crítico de la comunicación en su debate con el discurso y el poder.

Siempre lo hizo todo con su tono pedagógico, pero apasionado, para seguir buscando otros lugares desde el que hacerse nuevas preguntas. En esa búsqueda escarbó en las raíces de la relación comunicación-cultura, en Freire y en Fanon, para romper el silencio, la sumisión y la dependencia de un continente con “tantos pueblos forzosamente mudos, amordazados”. Por eso propuso diseñar un nuevo mapa cultural hecho “de continuidades y des-tiempos (…) a medio camino entre el pueblo campesino y el barrio urbano”; con otra idea de cultura, no excluyente, que permitiera reconocer la multiplicidad de las culturas.

También nos mostró cómo “pensar la comunicación a la vez como un proceso social y como un campo de batalla cultural” para luchar contra la dominación desde la conciencia del oprimido. Nos contó del escuchar, del hablar y del mirar “Todo ver implica un recíproco mirar”, lo que supone unas relaciones en las que se entretejen tanto “el esfuerzo por existir, el modo de vivir y trabajar” como el de “representar, la teatralización, la máscara y el rito, esa puesta en escena que es a la vez búsqueda y construcción del sentido, o del sinsentido del vivir”.

El amigo

Me atrevería a afirmar que el jesús ha tenido, y sigue teniendo, tantas amistades, estudiantes y seguidores como citas sus renombrados libros. Siempre tuvo su casa abierta para visitas. Rodeado de sus libros y sus collages, te recibía en su territorio, una habitación empapelada de libros y recuerdos, el computador permanentemente encendido y sobre el vidrio de su mesa de trabajo lecturas, apuntes y, siempre, un cuaderno listo para ser garabateado y un montón de lápices de colores para hacerlo.

Entre sus amigos, Omar Rincón, tal vez el más cercano, el más seguidor y el más discípulo, el que más le visitaba y escuchaba y quien más actividades y homenajes ha hecho con y por Jesús, se reconoce “fan de el jesús, por eso tal vez lo siento como un popstar, un rocker y hasta punkero: una celebrity del pensar distinto”.

Amparo Marroquín desea que “los recuerdos hermosos nos arropen” frente a su pérdida. Y reafirma que “el campo de la comunicación se ha fortalecido y complejizado con la mirada de Jesús, pero, sobre todo, con el regalo de su forma de dialogar con muchos otros. Nuestro maestro ha sido, para toda una generación, no el lugar de llegada sino el punto de partida para leer a otros y leernos en la complejidad que vivimos”.

El periodista, escritor y docente Germán Rey mezcla en sus palabras al académico y al amigo cuando asegura que “hizo de las ideas un camino, de las preguntas un modo de comprensión y de la dignidad humana un desafío irrenunciable”.

La investigadora Marita Mata le recuerda como ese amigo que le acompañó en dolores y amores y que le regaló su familia y sus colegas, “un tipazo que supo leer América Latina en clave de comunicación y cultura” y del que siempre tendrá presente esa afirmación martinbarberiana de que “las palabras había que hacerlas como los hijos… a medias”. 

Para el profesor Jorge Iván Bonilla, era una persona “con una capacidad elocuente para moverse en los lugares del ´entre`. De ahí su pensamiento de frontera, su mirada lateral y la atmósfera contaminada, pero a la vez nutritiva, en la que habitaban sus ideas, tan provocadoras y nada complacientes”.

Por su parte, la profesora Nora Mazziotti le consideraba “una de las personas más importantes” en su vida. Como maestro, “porque su obra (me) abrió caminos, incorporó preguntas, hizo visibles temas, relaciones y miradas que hasta ese momento no eran tenidas en cuenta”; como amigo, porque fue “cómplice, cariñoso, apasionado y leal hasta la médula”.

El poeta

En su producción poética se juntan el amor por Elvira y por Colombia, donde descubrió el mundo bebiendo en el Magdalena, velando el sueño al Cauca y clavando su tienda en la sabana bogotana con su compañera y socia, tan presente en su poesía como en su vida.

En el poema El guerrero y el árbol, escrito hace más de medio siglo, adelantaba la realidad colombiana de hoy

“un pueblo nuevo

que ya quiere reconquistar su nombre y que le sobra

dignidad y coraje para enfrentarse al odio y la mentira

durante tantos años amasada.

Ha desamordazado las palabras y los colores,

anda buscando a gritos su verdad sepultada

bajo siglos de barro y está desenterrando

sus raíces para encontrar su voz.

Y ya la tiene,

más viva que ninguna en el planeta,

forjada en fuego antiguo, insobornable,

cruda como la luz que la alimenta”.

El jesús está con todos nosotros, con los de antes y con los de después, que seguirán leyéndolo como un referente de la comunicación y la cultura. Como un buen ser humano, de palabra y de acción “La palabra explicita la conciencia que viene de la acción y hecha pregunta horada el espesor macizo de la situación, rompe el embrujo de la pasividad frente a la opresión”. Un pensador de la comunicación desde la cultura que hacía uso de “palabras generadoras” (Freire) para “instaurar el espacio de la comunicación”. Algo para lo que decía que hacían falta solamente tres cosas: pensar con la propia cabeza, tener qué decir y ganarse la escucha. En eso era todo un maestro, un escuchador mestizo.

19AGO202

- Artículo publicado en el número de julio-agosto 2021 de “El mono azul”, el suplemento cultural de la edición en papel de Mundo Obrero (gracias a J.M. Martín Medem y a Gema Delgado, por invitarme a publicar este pequeño homenaje a el jesús, y también a las personas que me regalaron sus palabras sobre el amigo y el maestro).

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Fútbol y hegemonía. De la Superliga al fútbol popular

El fútbol es el opio del pueblo. Tras esta sentencia seudomarxiana, aparentemente tajante, se esconden múltiples contradicciones. El fútbol, como el deporte en general, formaría parte de lo que Althusser denominaba “aparatos ideológicos del Estado”, reflejando los valores de la clase dominante (competitividad, individualismo, éxito a cualquier precio), y contribuyendo a asentar y extender su hegemonía en la vida diaria. Sin embargo, el carácter social de este deporte lo convierte también, con todos sus claroscuros, en un reflejo de valores alternativos (valoración de lo colectivo sobre lo individual, solidaridad, apoyo mutuo) y un instrumento, como el ocio, para la construcción de alternativas populares. Esta contradicción entre el carácter plebeyo del fútbol y su apropiación por las élites en el marco de una economía capitalista provoca numerosos equívocos entre la izquierda. Da pie a un cierto elitismo, muchas veces condescendiente, que desconfía del llamado deporte rey por su poder narcótico sobre las masas, por la masculinidad tradicional asociada a este deporte, por todo el obsceno negocio que mueve a su alrededor.

Sin embargo, alguien poco sospechoso de embrutecimiento intelectual como el propio Antonio Gramsci, en su artículo “El fútbol y el juego de la escoba” (1918) invitaba a los trabajadores a frecuentar los estadios frente a las tabernas y reivindicaba el fútbol como símbolo de modernidad frente a la degradación de los “juegos de cartas”. Contemplaba un partido de fútbol como emblema de la democracia porque se juega a cielo abierto y a los ojos del público, “el reino de la libertad humana al aire libre” (Gramsci, 2009).

Desde nuestro punto de vista, el fútbol es un campo de disputa, en el que la hegemonía de la clase dominante se puede ver cuestionada por los valores de las clases subalternas. Se trata, por tanto, de un ámbito más de la lucha de clases, y su desarrollo histórico responde a los avances y retrocesos en este proceso.

Orígenes y evolución del fútbol, un juego reapropiado por el neoliberalismo

El 4 de enero de 2017, los seguidores del Club Africano de Túnez desplegaron una pancarta en un partido contra el Paris Saint-Germain que rezaba: “Creado por el pobre, robado por el rico”. En pocas palabras se describía la trayectoria del deporte más popular del mundo.

Lo cierto es que el fútbol, en su origen, fue creado por las élites británicas, pero se vio rápidamente conquistado por las clases trabajadoras a la par que se arrancaba una conquista de la lucha, el fin de semana. Aparecía así como un espacio de ocio y sociabilidad de la clase obrera, “un juego de caballeros disputado por villanos”, como reza el célebre aforismo anglosajón. De hecho, el origen de muchos clubes tiene mucho que ver con la fábrica, como es el caso del Manchester United, fundado por ferroviarios, o el West Ham, por trabajadores del puerto de Londres.

El fútbol se transformó en una vía para salir del ambiente viciado de la fábrica, para trabajar en equipo e, incluso, para algunos trabajadores, en un medio para mejorar sus condiciones de vida. Todo ello bajo la mirada cada vez más despectiva de las clases dominantes, que observaban la identificación de la clase trabajadora inglesa con el fútbol en un marco social y político que simultáneamente encasillaba a la clase media en la práctica de otros deportes como el cricket, el rugby y el tenis. Estos orígenes y el debate sobre el falso amateurismo defendido por la aristocracia británica quedan bien reflejados en la serie de Netflix “Un juego de caballeros”.

A través de las relaciones comerciales tejidas por los ingleses, el fútbol se fue extendiendo por todo el mundo a finales del siglo XIX, convirtiéndose en un espacio de ocio con fuertes vínculos simbólicos y orgánicos con el movimiento obrero. Véase el caso de Argentinos Juniors, club porteño que procede del equipo Mártires de Chicago, fundado por obreros socialistas argentinos en homenaje a las víctimas de Haymarket.

A lo largo del siglo XX se crearon fuertes vínculos entre equipos de fútbol y ciudades o barrios obreros

De esta forma, a principios del siglo XX, el fútbol comenzó a formar parte esencial de la cultura obrera y asociativa, y de su tiempo de ocio, tanto en el césped como en las gradas. La clase obrera fue conquistando este espacio de manera paralela a la conquista de sus derechos, como el derecho al descanso dominical. El fútbol se convirtió así en el espacio de ocio y sociabilidad central de la clase obrera durante el fin de semana, una liturgia alternativa a la de las iglesias, estableciendo una comunión en las gradas.

Por eso las élites desconfiaron del fútbol, porque consideraron que un deporte que creían les pertenecía por derecho se transformaba en el deporte plebeyo de masas por excelencia. Debido a ese carácter plebeyo, el fútbol acabó convertido en algo más que goles y fueras de juego, devino un espacio de resistencias, de antirracismo, de anticolonialismo, de reivindicaciones de nación, de género y de clase. Un espacio de permanente disputa, tal como lo entendió el fascismo intentando instrumentalizarlo (véase el caso del Mundial organizado y ganado por la Italia de Mussolini en 1934). Un espacio complejo y contradictorio, de avances y retrocesos, tal y como le ocurrió al emergente fútbol femenino en el primer tercio del siglo XX en Francia y Gran Bretaña, que ante su éxito fue visto como una amenaza a los valores femeninos consagrados por la burguesía y, por tanto, se vio primero marginado y finalmente perseguido y desterrado.

A lo largo del siglo XX se crearon fuertes vínculos entre equipos de fútbol y ciudades o barrios obreros; la identificación con el club formaba parte de los imaginarios de esa cultura obrera, y esta identidad impregnaba de valores a la propia estructura del club. Por ejemplo, es muy conocido el caso del Liverpool, relatado por su exjugador Michael Robinson: “En el Liverpool está prohibido exteriorizar que tienes dinero. No puedes tener un coche opulento porque se entiende como una afrenta a la afición que trabaja duro para poder entrar en Anfield. A Robbie Fowler le hicieron devolver un Ferrari amarillo” 1/.

A finales del siglo XX, en paralelo con la contrarrevolución neoliberal de Thatcher y Reagan, las élites intentaron recuperar el fútbol como instrumento de control social, disciplinando el estadio, distanciando al aficionado, e imponiendo sus valores individualistas y mercantilistas a los equipos, convertidos en marcas que compiten en un mercado global. Los precios de las entradas se hicieron cada vez más caros (entre 1990 y 2008, el precio medio de una entrada de fútbol subió un 600% en Inglaterra). Los estadios, que antes eran centros de comunidad, acaban convertidos en centros comerciales que llevan el nombre de alguna multinacional de telefonía o aerolínea de Emiratos del Golfo. En su programa para el futuro del fútbol, la Federación de Fútbol afirmó que este debe atraer a “más consumidores pudientes de clase media” 2/.

El tránsito desde el fútbol como deporte popular al fútbol como negocio se ha visto acelerado en el siglo XXI. Ha habido una transformación, en paralelo con la derrota del movimiento obrero y la destrucción de las culturas obreras, en la que el deporte se ha convertido en un negocio y en un vehículo cultural neoliberal al servicio de la idea del éxito a cualquier precio. El peso de la afición en los clubes cada vez es menor, como bien dice Marcelo Bielsa, “el mundo del fútbol cada vez se parece más al empresario y menos al aficionado”.

El capitalismo, por tanto, capaz de convertir en mercancía cualquier aspecto de nuestras vidas, y por supuesto también la sociabilidad y el ocio, en su deriva neoliberal, se ha apropiado del mundo del fútbol con equipos que funcionan como multinacionales que cotizan en bolsa. Los jugadores se convierten en mercancías que generan millonarios ingresos por publicidad y cuantiosas comisiones a fondos de inversión que se hacen con sus derechos, utilizándolos como si fueran acciones en el mercado de valores. El arraigo del equipo con la comunidad deja de existir, solo cuenta el dinero, como muestran de forma descarnada los partidos sin público celebrados durante la pandemia. Uno de los ejemplos más grotescos de la aparición de clubes franquicia que funcionan como meras firmas comerciales es el del R.B. Leipzig alemán. La multinacional de bebidas Red Bull, que además posee otros cuatro equipos en Austria, Brasil, Ghana y EE UU, se hizo con el equipo local, el SSV Markranstädt, cambió su nombre por el de la empresa (Rasen Ballsport oficialmente, pero con las siglas R.B. de RedBull) y a golpe de talonario lo fue ascendiendo desde Quinta División hasta jugar la Champions League y alcanzar el subcampeonato de la Bundesliga. Eso sí, en cada partido como visitante tiene que soportar las iras de las aficiones rivales, que protestan contra este producto de marketing que representa todo lo contrario a transparencia, historia y participación de las aficiones.

La Superliga como expresión más cruda del fútbol negocio

Es en este contexto en el que surge la propuesta de Superliga, auspiciada por Florentino Pérez, presidente del Real Madrid y dueño de una de las mayores empresas constructoras del mundo, ACS, contando con el apoyo financiero del banco estadounidense J.P. Morgan. Inicialmente doce clubes de fútbol (Real Madrid, Barcelona, Atlético, Milán, Arsenal, Chelsea, Inter, Juve, Liverpool, Manchester City, Manchester United y Tottenham) lanzaron la idea, largamente acariciada, de crear una Superliga europea,  un club exclusivo y elitista de quince equipos que se repartirían el pastel del negocio, en una nueva vuelta de tuerca en la mercantilización del fútbol y su alejamiento de las clases populares. Un fútbol de ricos y para ricos. Una propuesta vendida con un discurso que explicita de forma directa los valores del neoliberalismo hegemónico con estas palabras de Florentino Pérez: “Si los de arriba tenemos dinero, fluye hasta todos”.

Fueron realmente las aficiones las que hicieron descarrilar el proyecto la misma semana de su anuncio

La propuesta desató una oleada de indignación, con el antagonismo de las organizaciones que dirigen las ligas nacionales europeas, la UEFA y la propia FIFA, llegando a escandalizar incluso al ministro de Cultura del Reino Unido: “Si la Premier y la UEFA no actúan, lo haremos nosotros”, declaró. Contrasta con la respuesta tremendamente laxa que dio el Gobierno español, en boca de José Manuel Franco, presidente del Consejo Superior de Deportes: “Es prematuro pronunciarse, vamos a escuchar primero a todas las partes”. Pero ni gobiernos ni estamentos futbolísticos seudomafiosos, con sus amenazas, consiguieron enterrar la Superliga. Fueron realmente las aficiones las que hicieron descarrilar el proyecto la misma semana de su anuncio, especialmente las de Chelsea y Liverpool, que salieron a las calles haciendo presión para que sus clubes se retiraran de la Superliga. Se puso de manifiesto esa relación contradictoria y compleja entre clubes en manos de fondos de inversión estadounidenses (como el Liverpool) o de magnates del gas sionistas (como Roman Abramovich, dueño del Chelsea) y aficiones formadas por clases populares que no aceptan que les roben su equipo en nombre de intereses económicos. También es un reflejo de la  capacidad movilizadora que aún tiene el fútbol, de su capacidad para generar identidades y repertorios de intervención política y social. De hecho, esta movilización del fútbol británico a raíz de la fracasada Superliga tuvo continuidad en la toma del estadio del Manchester United, Old Trafford, por parte de seguidores que pedían que los dueños estadounidenses, los Glezer, abandonaran el club y que este volviera a manos de sus socios.

Pero, en este caso, también debemos tener en cuenta las tensiones intracapitalistas que se dan en el marco del fútbol negocio, la lucha intestina por salvar beneficios amenazados, como reflejó de forma cruda el propio Florentino Pérez: “Hacemos esto para salvar el fútbol, que está en un momento crítico”. El órdago de la Superliga, fracasado de momento, forma parte de un conflicto entre élites financieras con vínculos políticos ante unos ingresos menguantes. Desde luego, estructuras clientelares y corruptas como la UEFA o la FIFA , con dirigentes procesados y encarcelados, no son ni mucho menos salvaguardas de la pureza del deporte rey frente a los doce clubes europeos que exigieron una parte mayor del pastel del fútbol negocio, sino responsables directas de su mercantilización.

Sin ir más lejos, la FIFA ha entregado la organización del Mundial de fútbol de 2022 a Qatar, un Estado de dudosas credenciales democráticas y nula tradición futbolística, a cambio seguramente de cuantiosos sobornos y comisiones. Además, según el diario The Guardian, en la construcción de los estadios para este evento han fallecido 6.500 trabajadores, todos ellos migrantes 3/. Podemos imaginar las condiciones en las que trabajaron, a más de 50 grados y sin ningún tipo de medida de seguridad. Los petrodólares se lavan con sangre.

Este ejemplo de degeneración del fútbol en manos de dirigentes para los que el calificativo de sátrapa se queda corto, resulta tan escandaloso que incluso un campeón del mundo con Alemania, como el jugador del Real Madrid Tony Kross, denunció las condiciones laborales en este país cuestionando la decisión de organizar un Mundial allí, y la federación noruega de fútbol propuso un boicot a la celebración de este Mundial. Sería interesante extender esta idea del boicot como denuncia de este modelo y lanzar una campaña de movilización entre clubes, jugadores y aficiones que visibilice la otra cara de este Mundial.

Alternativas: el fútbol popular, la democratización del fútbol y la construcción de comunidad frente al fútbol negocio 

En este panorama de fútbol globalizado e hipemercantilizado, ¿es posible imaginar alternativas? Hay contraejemplos que ponen sobre la mesa que otro fútbol es posible. Los clubes de fútbol popular autogestionados están cobrando un cierto auge en el fútbol español en los últimos tiempos como alternativa al fútbol negocio. Estos clubes se definen por su carácter asambleario, horizontal y democrático, cada socio es un voto y se toman decisiones sobre todos los aspectos, desde los fichajes hasta los patrocinios. Un ejemplo práctico de cómo la democracia se puede extender a todas las relaciones sociales. También se caracterizan por su conexión con el territorio y las clases populares, ya que en muchos casos se trata de clubes de barrio que ayudan a construir comunidad y transmitir valores a través de iniciativas antirracistas, antihomófobas o solidarias.

Los ejemplos son múltiples y diversos: Ceares, Unionistas, Ourense, Orihuela, Independiente de Vallecas, Ciudad de Murcia, Xerez, Rosal de Oviedo. Todos tienen en común que representan un deporte desde abajo frente al deporte mercantilizado, son propiedad de sus socios, no de constructoras, bancos o inmobiliarias. Es cierto que su número es pequeño, que son experiencias incipientes y que está por ver si el modelo se puede mantener con el ascenso a categorías superiores, pero el movimiento que se genera en torno a estos equipos, con una importante capacidad de arrastre a nivel local, con miles de socios y aficionados, con la capacidad de tejer redes, marcan el camino hacia un modelo alternativo de fútbol, máxime teniendo en cuenta que algunos de ellos surgen de las ruinas de históricos arruinados por seguir el modelo del fútbol negocio. Podrían jugar un papel similar al de la llamada economía social, como es el caso de las cooperativas, lo que muestra sus posibilidades pero también sus límites en el marco de una economía capitalista. En cualquier caso, contribuyen a generar la conciencia de que otro fútbol es posible, lo cual no es poco. 

También nos genera optimismo mirar hacia América Latina, donde el fútbol es casi más que una religión, que puede actuar como un factor de movilización e irrupción de masas en procesos constituyentes o incluso como contrapoder. Es el caso de Chile, en cuyas revueltas de 2019 fue destacado el papel que jugaron las aficiones del Colo Colo (con un importante grupo de mujeres organizadas) o Universidad de Chile. En el proceso que llevó a la elección de una Convención Constitucional participaron colectivos de aficionados organizando asambleas en las que se discutía desde el cambio de modelo de gestión de los clubes hasta un nuevo modelo político y social para el país. Mientras escribo estas líneas, plataformas de aficionados de los distintos clubes de Colombia participan en la primera línea de la revuelta contra la reforma tributaria del gobierno oligárquico de Iván Duque.

El fútbol actúa como vector de movilización, como tuvimos ocasión de comprobar durante la Primavera Árabe de 2011. Los ultras de clubes de fútbol egipcios como el Al Ahly estuvieron a pie de calle en las luchas que derribaron a Mubarak. El régimen nunca se lo perdonó y, en 2012, 72 de ellos fueron masacrados en el estadio de PortSaid. Las revueltas contra Erdogan del Parque Gezi consiguieron algo inédito, hermanar a las aficiones rivales de los tres grandes clubes de Estambul en la reivindicación de democracia: Fenerbahce, Galatasaray y Besiktas. Este mismo año, los jugadores de la selección de Myanmar participaron en las manifestaciones contra el golpe de Estado, llevando balones incluso, y decidieron renunciar a jugar en el combinado nacional mientras siga en el poder la Junta Militar: “Solo jugaremos en la calle mientras no consigamos la democracia” 4/.

El fútbol a pie de calle nos enseña el poder de este deporte. En los descampados de Senegal o en las playas de Brasil se desarrollan campeonatos alternativos de un fútbol desde abajo que llegan a tener más popularidad y a congregar más seguidores que las competiciones oficiales. Un ejemplo de que bajo la superficie, subterráneamente a ese fútbol mainstream de Superligas, FIFAs y UEFAs, el fútbol mantiene ese carácter esencial de disfrute, de elaboración colectiva y descaro plebeyo que nos remite a sus orígenes y que a pesar de la capacidad depredadora del capital, no nos podrán robar.

Que el fútbol moderno, o al menos la parte más visible y superficial de este fenómeno, está al servicio de las élites y del mantenimiento del statu quo es algo innegable. Pero también lo es que este deporte es un poderoso altavoz para las luchas de las clases populares que –y los diversos espacios, costumbres e instituciones que lo conforman– nos brindan múltiples oportunidades para la construcción de alternativas comunitaristas o para el ensayo de prácticas culturales contrahegemónicas. El deporte es un campo de disputa. Las canchas, trincheras desde las que imaginar y luchar por otro mundo posible.

Por Xaquín Pastoriza

19 agosto 2021 | VientoSur nº 176,

Xaquín Pastoriza es historiador y miembro del Consejo Asesor de viento sur

Notas

1/“La leyenda del Liverpool contada por Michael Robinson” en  Mundo Deportivo, 29/04/2019.

2/Jason Cowley, “The Last Game: Love, Deathand Football”, Londres, 2009. Citado en  Chavs, Owen Jones.

3/“Revealed: 6,500 migrant workers have died in Qatar since World Cupawarded”, en  The Guardian, 23/02/2021

Referencias

Colectivo Lucha de Pases, “Trincheras en la cancha”, artículo en El Salto, enero de 2018.

Correia, Michael (2019) Una Historia popular del fútbol. Asturies: Hoja de Lata.

Fernández, Brais y Pastoriza, Xaquín, “La Superliga europea o cómo el capitalismo sigue robándonos el fútbol”, disponible en: https://vientosur.info/la-superliga-europea-o-como-el-capitalismo-sigue-robandonos-el-futbol/.

Gramsci, Antonio (2009) Bajo la Mole: fragmentos de civilización. Madrid: Sequitur.

Publicado enSociedad
Jueves, 19 Agosto 2021 05:14

Galeano, a secas

Galeano, a secas

“Pensar contra la corriente del tiempo es heroico; decirlo, una locura”. Eugéne Ionesco La memoria no me da para recordar con exactitud cuándo leí por primera vez Las venas abiertas de América Latina (1), provocadoramente descritas por Eduardo Germán María Hughes Galeano. Debió ser a poco de su publicación, a inicios de los años setenta. […]

Pensar contra la corriente del tiempo es heroico; decirlo, una locura”. Eugéne Ionesco

La memoria no me da para recordar con exactitud cuándo leí por primera vez Las venas abiertas de América Latina (1), provocadoramente descritas por Eduardo Germán María Hughes Galeano. Debió ser a poco de su publicación, a inicios de los años setenta. Vivía en Alemania. Y en la misma época, a más del texto del uruguayo, llegaron a mis manos otros dos libros, escritos por un colombiano y un peruano: Cien años de soledad y La ciudad y los perros. Mientras intentaba aprender ese endiablado idioma, el alemán, procuraba mantener canales de sintonía con el mundo de donde venía, esa Nuestra América que no deja de sangrar…

Desde entonces la lectura de los libros de esos tres escritores latinoamericanos fue una constante. Sería largo e incluso en extremo complejo tratar de explicar cómo el segundo y el tercero de los autores mencionados, han influido en mi vida, desde la literatura. En lo que si soy categórico, Eduardo Galeano, con sus venas y sus múltiples textos, caracterizados por la frontalidad y claridad, se convirtió en un referente, casi obligado. Hasta ahora.

No me considero un conocedor de su obra. A lo largo de los años debo haber citado varios pasajes de sus escritos y haberlos utilizado como epígrafes en algunos textos míos, pero definitivamente no soy un especialista en el tema. Su influencia, sin embargo, ha sido tal, que hasta le plagié abiertamente.

Se acercaba el Mundial de Fútbol de Italia, en 1990, cuando Galeano hizo pública una de sus pasiones, que la comparto a plenitud. “Hasta el papa de Roma ha suspendido sus viajes por un mes -afirmó categóricamente-. Por un mes, mientras dure el Mundial de Italia, estaré yo también cerrado por fútbol, al igual que muchos otros millones de simples mortales”. Y consecuente como era, él puso en la puerta de su casa un letrero: “Cerrado por mundial”. Ese gesto me despertó aún una mayor simpatía.

Desde 1962, cuando, en mi país natal, por primera vez pudimos escuchar las narraciones radiales del mundial, en esa ocasión en Chile, he procurado religiosamente sintonizarme a tiempo completo con este ritual que convoca a millones de personas alrededor de una pelota, redonda como la Tierra. Tanto que, en la puerta de mi oficina de FLACSO, llegué a poner un letrero igual al de Galeano en su casa. Y no solo eso, consciente -como Galeano- de que hay prioridades en la vida, mi afición por los mundiales generó varias tensiones con quien llegaría a ser presidente de mi país, pues, como era obvio, él no podía contar conmigo durante la campaña del 2006 en los momentos en que se transmitían los partidos desde Alemania… lo que llegaría a provocar algunas rabietas de alguien que resultó ser tan poco tolerante.

Eso sí, lo que en todos esos años no me habría podido figurar es cómo Galeano llegaría a desempeñar un papel determinante en un proceso histórico que me toco presidir. Este es un dato más que anecdótico.

En un contexto de discusiones -complejas, duras y conflictivas-, en pleno proceso constituyente, con el apoyo de Galeano, conseguimos cristalizar los Derechos de la Naturaleza.

En Montecristi, un pequeño pueblo en la costa ecuatoriana, se elaboró y aprobó la última Constitución de este pequeño país andino. Desde 1830, la vigésima primera. Un récord indiscutible, pero no encomiable. Esa Constitución será recordada en el mundo entre otros temas destacables por la aprobación de los Derechos de la Naturaleza, es decir asumir a la Pacha Mama como sujeto de derechos. Fue un paso trascendental, a momentos impensable y por cierto inaceptable para muchos. Se repitió la historia. La emancipación de los esclavos o la extensión de los derechos a los afroamericanos, a las mujeres y a los niños y niñas fueron rechazadas en su tiempo por ser consideradas como un absurdo.

El derecho de tener derechos ha exigido siempre un esfuerzo político para cambiar aquellas normas que negaban esos derechos. Y eso sucedió con los Derechos de la Naturaleza, que desde entonces se expanden más y más por el mundo.

La coyuntura del momento constituyente, la intensidad del debate y el compromiso de un grupo de asambleístas, junto a las luchas ecologistas y en especial la incorporación de visiones y vivencias desde el mundo indígena, en donde la Pacha Mama es parte consustancial de sus vidas, permitieron que finalmente se aceptara esta iniciativa.

Esto es medular tener presente: las raíces de los Derechos de la Naturaleza tienen una larga historia y, aunque parezcan invisibles para ciertas lecturas prejuicidas o simplemente superficiales, están profundamente enraizadas en el mundo de los pueblos originarios. El tronco y las ramas de este gran árbol de mestizaje intercultural -en un debate intensamente vivido en Montecristi- se enriquecen con injertos no indígenas. Así, aunque los indígenas no tienen un concepto de Naturaleza como el que existe en “occidente”, su aporte es clave. Ellos comprenden perfectamente que la Pacha Mama es su Madre, no una mera metáfora (2).

Pero, ¿qué tiene que ver el uruguayo mencionado en estas líneas en este proceso?

La historia es sencilla y curiosa. Luego de que Galeano conoció lo que se discutía la posibilidad de que se declare constitucionalmente que la Naturaleza es sujeto de derechos, preparó un artículo vibrante, denominado “La Naturaleza no es muda” (3).

La emoción de recibir su espaldarazo fue grande. No era para menos. El era, desde las venas, pasando por fantasmas y crónicas, abrazos y espejos, un gran referente para nosotros. Pero él, quien rompió lanzas por la vida desde siempre, dudó en difundir su escrito. Tanto que casi a renglón seguido de habernos enviado su artículo mostró su preocupación al decir, en un correo electrónico, que “prefiero esperar, para evitar que el artículo tenga vida efímera. Los hechos, a veces imprevisibles, podrían desautorizarlo como expresión de deseos, de poco serviría”.

Insistimos. Hasta vencer sus temores. Galeano publicó su artículo en el Semanario Brecha, el 18 de abril del 2008, en Montevideo. Una copia del mismo fue distribuida entre los y las constituyentes por disposición del presidente de la Asamblea Constituyente para la sesión número 40 del pleno de la Asamblea, celebrada el 29 de abril de 2008. No se si Galeano alguna vez se enteró que su artículo fue tan influyente. Lo cierto es que con su pluma consolidaría una posición que no parecía muy prometedora al inicio de la Asamblea. El nos animó en el empeño. Concretamos este paso constitucional único en el mundo. Su texto fue citado en el pleno. Rafael Esteves, asambleista constituyente, un personaje proveniente de filas populistas, en una intervención memorable, leyó trozos del artículo de Galeano.

Así, su reclamo -cual si Galeano habría sido asambleísta constituyente en Montecristi- fue clave:

Suena raro, ¿no? Esto de que la Naturaleza tenga derechos… Una locura. ¡Como si la naturaleza fuera persona! En cambio, suena de lo más normal que las grandes empresas de Estados Unidos disfruten de derechos humanos. En 1886, la Suprema Corte de Estados Unidos, modelo de la justicia universal, extendió los derechos humanos a las corporaciones privadas. La ley les reconoció los mismos derechos que a las personas, derecho a la vida, a la libre expresión, a la privacidad y a todo lo demás, como si las empresas respiraran. Más de ciento veinte años han pasado y así sigue siendo. A nadie le llama la atención.”

Este argumento caló hondo. Comprender que las corporaciones tengan amplios derechos como personas jurídicas y la Naturaleza no, impactó. Paulatinamente cobró sentido hablar de la Naturaleza como sujeto de derechos. Y Galeano, con su mensaje, cuya lectura recomiendo, apuntaló la conclusión expuesta al inicio de su breve y a la vez decisivo texto:

la Naturaleza tiene mucho que decir, y ya va siendo hora de que nosotros, sus hijos, no sigamos haciéndonos los sordos. Y quizás hasta Dios escuche la llamada que suena desde este país andino -Ecuador-, y agregue el undécimo mandamiento que se le había olvidado en las instrucciones que nos dio desde el monte Sinaí: ‘Amarás a la Naturaleza, de la que formas parte’”.

La Asamblea Constituyente y luego el pueblo ecuatoriano, que aprobó masivamente la nueva Constitución en un referéndum el 28 de septiembre del mismo año, escucharon a la Naturaleza. Y sin duda, Galeano contribuyó a consolidar el derecho a la existencia de los seres humanos, que de eso se tratan también los Derechos de la Naturaleza.

Siendo tema de otras reflexiones, lo que nos debe quedar claro es que, en realidad, quien nos da el derecho a la existencia es la Madre Tierra. Y que los humanos no solo necesitamos derechos para nuestra convivencia, sino también para relacionarnos con nuestra Madre Tierra. Así, nos debe quedar claro que justicia social y justicia ecológica van de la mano, y que los Derechos Humanos se complementan con los Derechos de la Naturaleza, es decir con ese undécimo mandamiento planteado por Galeano.

Pasaron los años y me encontré personalmente con él, por primera y última vez (de lo que recuerdo). El había ido a Barcelona a recibir un Premio Internacional de Periodismo por su entusiasmo futbolero, otorgado por la Fundación FC Barcelona y el Colegio de Periodistas catalán. Y a los dos nos convocó a la Plaza de Cataluña la pasión por la indignación. Estuve tentado a acercarme y agradecerle, pero no fue posible. El se encontraba rodeado de indignados; corría el mes de mayo del 2011.

Un par de años más adelante, Galeano, el autor de ese gran libro que caló tan hondo en las venas de muchas generaciones, en un gesto de profunda honestidad, poco antes de morir, diría que “no sería capaz de leerlo de nuevo, pues caería desmayado. (…) Para mí, esa prosa de la izquierda tradicional es aburridísima. Mi físico no aguantaría. Sería ingresado al hospital”. Pero complementó ese crudo reconocimiento diciendo que “no me arrepiento de haberlo escrito, pero es una etapa que, para mí, está superada”.

Puede que esa prosa esté superada, pero no así el contenido de su mensaje. Bastaría con citar apenas una corta frase para comprender la actualidad de su libro: “La fuerza del conjunto del sistema imperialista descansa en la necesaria desigualdad de las partes que lo forman, y esa desigualdad asume magnitudes cada vez más dramáticas”.

Tanto que hoy, como hace 50 años, los pueblos de esta sangrante América Latina siguen protestando ante tanto atropello, resistiendo ante tanto extractivismo y soñando porque algún día se cierren las venas abiertas de sus sociedades y de su Naturaleza.

Notas

  1. Disponible en http://www.unefa.edu.ve/CMS/administrador/vistas/archivos/las-venas-abiertas-de-america-latina.pdf
  2. Reconociendo que el impulso fundamental para constitucionalizar a la Naturaleza como sujeto de derechos, proviene del mundo de los pueblos originarios, es conveniente tener presente otros aportes, como el de otro uruguayo, también Eduardo, Eduardo Gudynas, uno de los mayores estudiosos de la materia. Al respecto se puede consultar el texto del autor de estas líneas (2019); “Construcción constituyente de los Derechos de la Naturaleza – Repasando una historia con mucho futuro”, en el libro de varios autores y varias autoras: La Naturaleza como sujeto de derechos en el constitucionalismo democrático, Universidad Andina Simón Bolívar, Quito. Disponible en https://uninomadasur.net/?p=2159
  3. Disponible en https://es.slideshare.net/ecuadordemocratico/la-naturaleza-no-es-muda-por-eduardo-galeano

Por Alberto Acosta | 19/08/2021

Alberto Acosta es un economista ecuatoriano; fue Presidente de la Asamblea Constituyente de Ecuador 2007, ministro, candidato presidencial y docente universitario.

Publicado en Palabra Salvaje el 3 de agosto de 2021.

Publicado enCultura
Lunes, 16 Agosto 2021 06:28

Paredes que comunican

Portada, contraportada y solapa del libro

El libro Paredes que comunican. Las pintadas como expresión ciudadana ha sido publicado en Colombia por la editorial Desde Abajo con el auspicio de FES Comunicación.

 

El texto ha tenido su lanzamiento oficial el viernes 6 de agosto en el parque Bicentenario en una típica tarde bogotana, con ese cielo que siempre nos sorprende y pasa de azul intenso a gris bucólico, amenazada por la persistente lluvia garciamarquiana y en la que, además, la ciudad cumplía el 483 aniversario de su fundación.

También ha sido presentado el lunes 9 en “La valija de fuego”, una particular y emergente librería-café-editorial que quiere ser un espacio para la tertulia con los libros como alimento esencial.

Las expresiones ciudadanas a través de las pintadas

El volumen se conforma alrededor de esas manifestaciones plasmadas en los muros que recogen las otras narraciones, las que están al margen de la historia oficial, y en el que han participado tanto artistas que las realizan como quienes se dedican a documentarlas y pensarlas.

Coordinado y editado por Iñaki Chaves y publicado por FES Comunicación y ediciones desde abajo, el libro reúne reflexiones en torno a todas esas expresiones englobadas bajo el término pintadas y que comprende los grafitis, los esténciles, las pegatinas y demás técnicas para decir públicamente en las paredes los sentires de personas y colectivos que no se sienten representadas en otros medios.

Un grupo de unas cuarenta personas, entre las que se encontraban algunas de las participantes en el libro como Omar Rincón, Andrés Gaitán, Keshava, Johanna Ramírez, Carlos Novoa o DJLu / Juegasiempre, estuvieron presentes en un evento en el que se invitó a los asistentes a que plasmaran su pintada en los paneles blancos de cartón corrugado instalados al efecto y cuyos resultados, junto a una imagen seleccionada de cada uno de los capítulos del libro, quedarán expuestos en la galería del túnel de san Diego de la capital colombiana.

El libro no pretende ocupar y derribar paredes, sino hacer que los textos y dibujos de esos mismos muros queden reflejados para gritar con ellos, para que tengan, además de en las bibliotecas, un lugar en el imaginario y un espacio en la memoria que nos permita recordar que las paredes comunican, que la comunicación, igual que la belleza, está en las calles y en las gentes que las viven y las pintan.

En unos tiempos en los que, desde el pasado 28 de abril, numerosos colectivos de la sociedad colombiana se han tomado las calles y las paredes para expresar su descontento con sus gobernantes y el sistema político que los rige, presentar un libro que aborda una parte de esas expresiones plasmadas en los muros es una tarea que complementa las múltiples actividades que están demandando libertad, derechos y justicia social para una mayoría de población que se siente excluida.

Se trata de poner en valor las pintadas, su papel como mecanismo de participación política en el espacio público y a las gentes que las practican y que las piensan como parte de una ciudadanía comprometida y activa. Ciudadanía cívica y no vandálica, política y no violenta, artística y crítica.

Tal como está escrito en la presentación “Las pintadas y sus artistas forman parte de la representación de la comunicación ciudadana en el teatro del mundo. Ese escenario del que todas y todos formamos parte y en el que debemos actuar y ser protagonistas de las necesarias transformaciones de la sociedad con nuestras narraciones y expresiones. En este caso pintando los muros para que hablen”.

Alguien que se dedicaba a pintar era Diego Felipe Becerra, un joven estudiante y grafitero de 16 años que fue asesinado por un policía y de cuya muerte se cumplen diez años en este mes. Conocido como Trípido, sus armas eran los aerosoles con los que pintaba los muros de su ciudad. Como dijera Norman Mailer “En un acto criminal siempre hay arte, pero los grafiteros están en el extremo opuesto de los criminales porque viven todas las fases del crimen para cometer un acto artístico”.

Se hace necesario reivindicar a todas las personas que se dedican, por afición, por amor al arte o para demandar justicia, a llenar de color los grises muros con sus pintadas de ilusiones, quejas, sueños, inconformidades o esperanzas.

Las pintadas son la manera de referenciarse ante la sociedad de personas y colectivos muchas veces ignorados, excluidos o señalados. Expresiones que forman parte de la representación de la comunicación ciudadana en ese escenario del mundo del que todas y todos formamos parte y en el que debemos actuar y ser protagonistas de las necesarias transformaciones de la sociedad con nuestras narraciones.

Paredes que comunican es un libro dedicado a “la memoria de todas las personas que a lo largo de la historia se han jugado la vida por expresarse libremente por cualquier medio y soporte en el espacio público”.

Publicado en Mundo Obrero el 13 de agosto de 2021

 

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