Lunes, 13 Noviembre 2017 07:49

Paraíso

Según un estudio del Institute for Policy Studies la brecha entre ricos y pobres está generando una crisis moral. Esta desigualdad ha creado también fenómenos sorprendentes, como el hecho de que el político con el índice de aprobación más alto en Estados Unidos es Bernie Sanders, quien se identifica como un socialista democrático

 

¿Quién dice que el sistema no funciona? Para los más ricos, esta coyuntura es un paraíso (no sólo fiscal).

El 1 por ciento de la población mundial ahora concentra más de la mitad de la riqueza mundial y el 10 por ciento más rico controla alrededor de 90 por ciento de la riqueza del planeta, reporta el New York Times.

Los ocho multimillonarios más ricos del mundo controlan el equivalente de toda la riqueza del 50 por ciento más pobre del mundo, reportó Oxfam a principios de este año; esos ocho tienen una fortuna colectiva de 426 mil millones de dólares, equivalente al total de la riqueza de 3.6 mil millones de seres humanos pobres en el planeta (www.oxfam.org/en/pressroom/pressreleases/2017-01-16/just-8-men-own-same-wealth-half-world).

Los súper ricos incrementaron su riqueza combinada por 17 por ciento el año pasada para acumular un total récord de 6 billones de dólares, más que el doble del PIB del Reino Unido. Hoy día hay mil 542 multimillonarios (con fortunas de mil millones para arriba) en el mundo, reporta UBS (www.ubs.com/microsites/billionaires-report/en/new-value.html).

Según este informe, estos multimillonarios son 72 de los 200 coleccionistas de arte más importantes del mundo; unos 109 multimillonarios son dueños de 140 de los mejores equipos deportivos profesionales del mundo. Nadie ha calculado aún cuántos gobiernos han comprado.

El número total de ricos (incluyendo ultrarricos) en el mundo –definido como aquellos con más de 50 millones de dólares en bienes– es de aproximadamente 140 mil 900; la mitad están en Estados Unidos, según un informe reciente de Credit Suisse (https://publications.credit-suisse.com/tasks/render/file/index.cfm?fileid=AD6F2B43-B17B-345E-E20A1A254A3E24A5suisse.com/tasks/render/file/index.cfm?fileid=AD6F2B43-B17B-345E-E20A1A254A3E24A5).

En Estados Unidos, según reporta la Reserva Federal (el banco central), el 1 por ciento más rico de las familias controlan 38.6 por ciento de la riqueza de este, el país más rico del mundo, casi el doble de la riqueza total de 90 por ciento de las familias de abajo, un nuevo récord.

Las tres personas más ricas de este país, Bill Gates, Jeff Bezos y Warren Buffett –concentran una fortuna equivalente a la riqueza de los 160 millones de sus ciudadanos, la mitad de la población nacional– según un informe del Institute for Policy Studies, que concluye que esa creciente brecha entre ricos y pobres está generando una crisis moral. Agregan que los 400 estadunidenses más ricos tienen una fortuna combinada equivalente a la riqueza de 64 por ciento de la población, o 204 millones de personas. No hemos atestiguado niveles tan extremos de riqueza y poder desde la primera edad de compra hace un siglo, concluyen. (https://inequality.org/wp-content/uploads/2017/11/BILLIONAIRE-BONANZA-2017-Embargoed.pdf).

La lista de los 400 estadunidenses más ricos de Forbes festejó otro año récord para los más ricos, para ingresar a su club exclusivo, uno tiene que tener por lo menos 2 mil millones de dólares.

La masiva influencia de estos ricos en el gobierno no es nada nuevo, pero es más explícito y desvergonzado que nunca. El gobierno del magnate multimillonario que ocupa la Casa Blanca incluye el gabinete más rico en la historia del país (aunque se acaba de descubrir que uno de los multimillonarios no era tan rico como afirmaba y fue expulsado de la lista de Forbes, el secretario de Comercio Ross sólo tiene 700 millones, que no exagere).

Gates, Soros, la familia Walton (de Walmart), Eli Broad, los hermanos Koch, Robert Mercer, Sheldon Alderson y otros multimillonarios no sólo han impulsado políticas en varios rubros, sino que han logrado tomar control casi directo de la agenda política. Gates y compañía elaboraron la política educativa de Barack Obama (circulaba la broma de que el secretario de Educación Arnie Duncan trabajaba para Gates).

La semana pasada parte de este club exclusivo fue desnudado otra vez, con los Papeles del Paraíso, proyecto del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, documentando como los ultrarricos ocultan sus fortunas y evitan el pago de impuestos a sus países, y que este grupo compacto supera diferencias nacionales, de raza, ideología, genero y religión para protegerse, y a su dinero, de sus pueblos. www.icij.org/investigations/paradise-
papers/).

La desigualdad económica es la mayor amenaza a la democracia, han advertido varios en tiempos recientes: desde Noam Chomsky, el economista Premio Nobel Joseph Stiglitz, Bernie Sanders, Ocupa Wall Street y toda una gama de líderes sociales, hasta algunos de los propios multimillonarios (Buffett, Soros). Y esto es más visible que nunca en este país.

“Nuestros líderes elevaron a una pequeñísima clase de individuos (...) y les construyeron un paraíso, haciendo sus vidas una suprema delicia. Hoy día tienen un poder inimaginable y no tienen que rendir cuentas. Hoy día son estas mismas figuras doradas con sus miles de millones offshore las que son anfitriones de los actos de recaudación de fondos, las que contratan a los cabilderos, las que financian a los tanques pensantes y las que subsidian a artistas e intelectuales. Esta es su democracia hoy. Nosotros simplemente no nos encontramos en ella”, escribe en The Guardian el columnista y autor sobre el escenario sociopolítico estadunidense, Thomas Frank, al comenzar sobre qué revelaron los Papeles del Paraíso.

Resulta que no pocos de los multimillonarios se están haciendo la pregunta de hasta cuándo las mayorías aguantarán tal situación, algunos incluso recuerdan insurrecciones, revoluciones o masivas reformas que se detonaron en otras coyunturas de desigualdad tan extrema.

Algunos argumentan que esa oposición ya se está levantando en Estados Unidos aun en medio de los tiempos más retrogradas en el panorama político, tanto a nivel local, en decenas de batallas políticas, sociales y laborales incluyendo muchas encabezadas por inmigrantes en torno a la desigualdad económica y fenómenos sorprendentes como el hecho de que el político nacional con la tasa de aprobación más alta, Bernie Sanders, se identifica como un socialista democrático.

Algunos insisten en que para salvar a los que viven en la Tierra tendrá que haber una expulsión masiva de los que ocupan el paraíso.

 

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Sábado, 30 Septiembre 2017 07:41

Desigualdad social en Colombia

Desigualdad social en Colombia

 

Colombia se clasifica como una de las naciones más desiguales del mundo y la segunda de América Latina, según datos del Banco Mundial, donde la mayoritaria población desfavorecida debe hacer diariamente lo indecible para poder alcanzar un magro sustento.

El profesor e investigador de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de Francia, Thomas Piketty, durante una conferencia en la Universidad Externado de Colombia, señaló que el 20 % del ingreso de Colombia está en manos del 1 % de la población, mientras que la mitad de esos ingresos pertenece solo al 10 %.

Piketty sugirió que la mejor estrategia para reducir la inequidad en una sociedad es invertir en educación, salud y otros servicios públicos de calidad, pero para pagarlos es necesario establecer sistemas de tributación progresivos, donde los ricos no terminen pagando menos impuestos que los pobres como ocurre en esa nación latinoamericana al igual que en otros países capitalistas del mundo.

Una organización como la del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó un informe en el que subraya que Colombia ocupa el puesto 12 de 168 países en desigualdad en el ingreso, acceso a la educación y la salud entre hombres y mujeres. Paradójicamente, ese mismo informe, sitúa a su vecino país, Venezuela, en el puesto 79, es decir, casi siete veces mejor que Bogotá.

La comparación viene al caso porque el presidente Juan Manuel Santos, en ninguno de sus últimos discursos, ha dejado de criticar al gobierno de Nicolás Maduro y ha insistido en que el modelo social y político de la Revolución Bolivariana ha fracasado.

Así también lo hizo Santos durante la recién concluida Asamblea General de ONU sobre la paz y el cambio climático, minutos después del discurso pronunciado por el mandatario estadounidense Donald Trump quien realizó una amplia diatriba contra el gobierno de Caracas.

El desempleo en Colombia se sitúa en el 9,1 %, según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).

Durante los largos años de guerra contra las guerrillas de las FARC y el ELN, resultaron desplazados cientos de miles de campesinos que debieron irse para lugares lejanos o hacia ciudades y poblados donde les era difícil encontrar trabajo y algún local para sus familias.

Como consecuencia de ese conflicto, unido a la entrega indiscriminada de territorios cultivable por parte de las diferentes administraciones colombianas, en la actualidad el 1 % de la población más rica del país, junto con las compañías transnacionales, son dueñas del 81 % de las tierras.

El 62 % de los jóvenes colombianos que viven en el ámbito rural no se inscriben en la educación secundaria y solo un 2 % accede a la universidad .

Aunque Colombia tiene un Producto Interno Bruto de 456 000 millones de dólares y enormes riquezas minerales, más de 22 millones de los 42 millones de sus habitantes viven en la pobreza lo cual se ha agudizado con las políticas neoliberales establecidas en los últimos años.

Según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) , en Colombia 5 000 niños mueren cada año por causas relacionadas con desnutrición. Un documento suscrito por la Iglesia Católica denunció que “no solo el 52 % de los colombianos vive en la pobreza, sino que el 20 % se encuentra en la indigencia mientras 5 000 000 se van a dormir, diariamente, sin comer”.

Con la entrada en vigor el 15 de mayo de 2012 del Tratado de Libre Comercio TLC), se aceleró la fuga de capitales, la destrucción ambiental; aumentó la privatización de servicios esenciales como educación, agua, electricidad y salud; se incrementó la desigualdad y el trabajo precario; se redujo la producción alimentaria con la entrada de mercancías subsidiadas procedentes de Estados Unidos, y sobre todo, se perdió la soberanía económica y política de la nación. En territorio colombiano están enclavadas siete bases militares norteamericanas.

Para que congresistas norteamericanos aceptaran aprobar el TLC, se incrementaron las concesiones: se impulsaron las ventas de empresas de producción y servicios como las compañías eléctricas de Boyacán, Pereira, Cundinamarca, Santander, Norte de Santander, Meta y Termocandelaria; grandes extensiones de terreno para la extracción de minerales y la agricultura extensiva; construcción de hidroeléctricas con las consecuentes afectaciones a los pobladores originales y al medio ambiente.

Las privatizaciones alcanzaron a los Banco Popular y Colpatria; a las empresas inmobiliarias, servicios de agua potable, alcantarillado, la educación, salud y seguros.

Economistas y organizaciones políticas aseguran que los documentos del TLC, compuestos por 1 531 páginas, desarticulan la soberanía del país al convertirlo en Ley tutelada por lineamientos internacionales mediante el cual ningún organismo del Estado puede aprobar algo que contradiga ese texto. Solo Washington ostenta el derecho a realizar modificaciones a esas leyes con las consabidas ventajas a su favor.

Para reforzar el cerco neoliberal del TLC, Colombia se comprometió dentro del acápite de la Propiedad Intelectual, a ceñirse por otros cuatro acuerdos internacionales que favorecen la penetración y libre accionar de las transnacionales estadounidenses en el país, sin tener que responder por reclamaciones ambientales, despidos laborales y violaciones de derechos humanos.

Indiscutiblemente que Santos se anotó un importante punto con la firma de los acuerdos de paz con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) pero deberá realizar (en el poco tiempo que le queda en la presidencia) muchas mejoras sociales, económicas y políticas a favor de la mayoritaria población pobre del país, las que no se alcanzarán mediante políticas neoliberales.

 

Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.

 

 

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Una mujer arrastra un saco de comida lanzado desde el aire por el Programa Mundial de Alimentos en Ganyiel (Sudán del Sur).

 

Los conflictos y los impactos climáticos invierten las tímidas bajadas registradas desde 2003 en el número de personas que no comen lo suficiente: ya son 11 de cada 100, más de 815 millones

 

Más de 815 millones de personas. Unas 17 veces la población de España. Casi tantos como los habitantes de la Unión Europea y Estados Unidos juntos. Toda esa gente se va a dormir cada día sin haber comido las calorías mínimas para su actividad diaria. Pero lo abultado de la cifra, calculada por Naciones Unidas y publicada este viernes, no es una novedad: el número de hambrientos oficiales lleva entre los novecientos-y-pico y los setecientos-y-muchos desde comienzos de este siglo. La noticia es que, por primera vez desde 2003, el hambre repunta.

Esta subida respecto a los casi 777 millones de subalimentados que se imputan a 2015 no ha sido una sorpresa absoluta: había señales de sobra para preverla. La hambruna ha reaparecido este año en Sudán del Sur y hay otros tres países (Yemen, Somalia y el norte de Nigeria) cerca de caer en sus garras. En los últimos años han estallado guerras y enfrentamientos que se alargan y se agravan (de hecho, 6 de cada 10 hambrientos viven en países en conflicto). Y también hay regiones muy dependientes de la agricultura que llevan tres o más temporadas sufriendo sequías, inundaciones y otros impactos climáticos. Estos son, precisamente, los factores que explican la subida, según el informe presentado por la FAO (organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura) y otras cuatro agencias de la ONU en Roma.

Si hace un año el 10,6% de la humanidad pasaba hambre, hoy es el 11%. "Son muy malas noticias", lamenta Kostas Stamulis, director general adjunto de la FAO, la agencia que hace los cálculos anuales del número de personas "subalimentadas", o que no consumen el número de calorías mínimo para sus necesidades vitales. "Por eso esperamos que al menos sirvan para hacer saltar la alarma y que los países escuchen", reflexiona Stamulis.

La agencia insiste machaconamente: acabar con el hambre es una cuestión de voluntad política. Porque se producen alimentos más que de sobra para que los casi 7.500 millones de habitantes del planeta coman lo que necesitan para una vida plena. El problema es casi siempre de distribución: hay regiones a las que no llega comida suficiente, hay personas (o comunidades enteras) a quienes no les llega para comprarla...

Detrás de esa compleja realidad llamada hambre subyacen, obviamente, problemas de pobreza y vulnerabilidad. Porque una sequía puede provocar grandes pérdidas económicas en California; pero si las lluvias faltan en Etiopía, cientos de miles de pastores etíopes que sobreviven gracias a sus animales los perderán. Y con ellos, su fuente de comida. La ofensiva militar contra Boko Haram que se vive en el norte de Nigeria puede provocar desplazados (casi dos millones) y destrucción; pero si una mayoría de la población comía de lo que cultivaba, cuando se ve obligada a abandonar sus campos o estos quedan arrasados, se queda sin la única forma de encontrar alimento por sí misma. Y una subida o una bajada de los precios globales del maíz pueden alterar el precio de las mazorcas en un supermercado español. Pero también arruinar o exponer al hambre (o ambas a la vez) a miles de pequeños productores .

Por eso, la respuesta que los autores del informe ofrecen pasa, sí, por atender con rapidez las situaciones de emergencia alimentaria provocadas por la violencia o el clima (o de la explosiva combinación de ambos). Y por fomentar y proteger la paz. Pero también, y sobre todo —y ahí es donde entra en juego la voluntad política— por invertir y apoyar el desarrollo y la capacidad de los más vulnerables para resistir estos contratiempos, como marcan los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados en 2015 por los 193 países miembros de Naciones Unidas.

Por crear además oportunidades laborales y sociales que hagan desaparecer también a los hambrientos urbanos, un colectivo en peligro de expansión con el crecimiento de las ciudades. Y por establecer mecanismos comerciales que no dejen la alimentación de países enteros expuesta a los vaivenes del mercado.

Este repunte del hambre es, desde luego, un fuerte correctivo a los ODS, ese programa global concebido entre promesas de cambio y buenas intenciones. La segunda de esas metas que Naciones Unidas y sus países miembros se han marcado para el año 2030 es acabar con el hambre y la malnutrición. Pero precisamente cuando echan a andar, no solo no hay progresos, sino que se rompe la serie de casi tres lustros de descensos.

 

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Más de dos años de guerra han expuesto al hambre a gran parte de la población de Yemen, en especial a mujeres y niñas, que suelen ser las últimas en comer. ©FAO/LIANNE GUTCHER

 

Aún es pronto para saber si se trata de una nueva tendencia o es algo puntual debido a las crisis abiertas", previene el alto cargo de la FAO. Los autores del informe, en el que también participan el Programa Mundial de Alimentos, el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola, Unicef o la Organización Mundial de la Salud, advierten sobre la necesidad de seguir mejorando "la fiabilidad de las estimaciones", que están sujetas a continuas actualizaciones. Distintas voces han criticado esos cambios a posteriori, preguntándose incluso si no se maquillan los números para aparentar que se cumplen objetivos.

"Nosotros somos absolutamente transparentes con los datos", asegura Stamulis. "Son números que nos aportan los países y que nosotros después analizamos y comprobamos". Esa información remitida por los Estados incluye la producción, suministro y comercio de alimentos y la demografía (edad, sexo, ocupaciones de la población...) para calcular el consumo de calorías y relacionarlo con la energía que necesita cada persona. Pero hay países que meses o años después corrigen las estadísticas enviadas. Aunque la metodología no cambia, esas variaciones hacen que cada nuevo informe deje desfasado el anterior. "Ahora mismo son los mejores datos que podemos tener", mantiene el griego.

Esa diversidad de fuentes (este año se han incluido números estimados por Unicef o la OMS) admite el directivo de la FAO, puede estar detrás de una de las buenas noticias que recoge el texto: los retrasos en el crecimiento por desnutrición en menores de cinco años apuntan una tendencia mucho más positiva: aunque aún los sufren 155 millones de niños, la reducción desde 2005 ha sido de 6,6 puntos (del 29,5% al 22,9%).

Los distintos tipos de desnutrición, sobrepeso infantil, anemia femenina u obesidad entre adultos se incluyen por primera vez en un informe que ha cambiado de nombre: ya no habla del estado de la inseguridad alimentaria, sino de la seguridad alimentaria y la nutrición. La idea, apunta el documento, es entender mejor la relación entre la seguridad alimentaria (la garantía de ingerir calorías suficientes) y una buena nutrición (que estas provengan de alimentos sanos y con la aportación de los nutrientes adecuados).

Aunque el informe de este año es negativo, la serie histórica arroja progresos. En 2000, los obligados a dedicar su día a día a buscar algo de comer, los condenados a no desarrollar todo su potencial físico y humano, eran el 14,7% de la población mundial. Hoy son el 11%. Pero, como se pregunta el escritor argentino Martín Caparrós en su enciclopédico El hambre: “¿Y si en lugar de ser cientos millones de hambrientos fueran 100? ¿Y si fueran 24? ¿Entonces diríamos 'ah, bueno, no es tan grave'? ¿A partir de cuántos empieza a ser grave?”.

 

 

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Jueves, 17 Agosto 2017 07:31

La mentira del 99%

Isabel Sastoque, "Los Volatineros"

A 100 °C el agua hierve, eso es así. Pero mejor no esperar que la vida de las sociedades se pliegue a las leyes de la física. El hecho de que el 1 por ciento de la población se atribuya la mayor parte de las riquezas que se producen en la Tierra no hace del 99 por ciento restante un grupo social solidario, menos aún una fuerza política en ebullición.


En 2011, el movimiento Occupy Wall Street se construyó alrededor de una idea, de un eslogan: “Tenemos en común ser el 99 por ciento que ya no tolera la avidez y la corrupción del 1 por ciento restante”. Distintos estudios acababan de confirmar que la casi totalidad de los beneficios de la reactivación económica habían favorecido al 1 por ciento más rico de los estadounidenses. No fue ni una aberración histórica ni una particularidad nacional. Más o menos en todas partes, ese resultado no ha dejado de consolidarse mediante políticas gubernamentales. Los proyectos fiscales del presidente francés Emmanuel Macron, por ejemplo, tendrán como principales beneficiarios a “los 280.000 matrimonios más ricos, el último percentil [...] cuyo patrimonio está principalmente constituido por colocaciones financieras y acciones de empresas” (1).


La fantasía de la unión


¿Quiere decir que el conjunto de los otros tendría tanto en común que podrían agrupar sus energías para dar vuelta el orden establecido? Cuando, sin ser uno mismo millonario, se pertenece a la categoría de los privilegiados, es reconfortante fantasear con que se forma parte del mismo bloque social que los proletarios. Pero el “99%” mezcla indistintamente a los condenados de la Tierra y a una clase media superior, bastante nutrida, de médicos, universitarios, periodistas, cuadros superiores, publicistas, altos funcionarios sin los cuales el dominio del 1 por ciento no resistiría más de cuarenta y ocho horas. Juntar peras y manzanas en la misma bolsa del “99%” recuerda un poco al mito fundador estadounidense que pretende por su parte que todo el mundo pertenece a la clase media, que todos o casi todos son ya ricos o lo van a ser (2).


Ahora bien, si la unión hace la fuerza, la cohesión también... La historia nos enseñó que los grandes momentos de comunión, de unanimidad, no duran mucho. Febrero de 1848, la fraternidad, Lamartine, esas barricadas en las que obreros y burgueses se codeaban desembocaron algunas semanas después en el sanguinario enfrentamiento que los contrapuso durante la “insurrección de junio” (3). Construir una alianza ya es difícil, incluso entre dos movimientos progresistas de un mismo país. Imaginar un proyecto común, una fuerza política duradera sobre una base tan indiferenciada como “la humanidad menos la oligarquía”, se corresponde en el mejor de los casos con la utopía; y en el peor, con la voluntad de no elegir, de no decidir. Y al final, es lo mismo que no hacer gran cosa, a menos que de ahora en más nos consagremos sólo a los derechos consensuales, al maltrato infantil y a los accidentes de tránsito.


Para todo lo demás, 99 por ciento es demasiado.

 

1. Anne de Guigné, “Les mesures fiscales de Macron profiteront d’abord aux Français les plus riches”, Le Figaro, París, 12-7-17.
2. En 2003, el 19 por ciento de los contribuyentes estadounidenses pensaban que ya pertenecían a la categoría del 1 por ciento de los contribuyentes más ricos; el 20 por ciento imaginaba que pronto la alcanzarían...
3. Véase Dominique Pinsolle, “Entre soumission et rébellion”, dossier “Que peuvent les classes moyennes?”, Le Monde diplomatique, París, mayo de 2012.

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Aldo Giacometti

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La ola Odebrecht llega a la Casa de Nariño

La magnitud del escándalo de Odebrecht, que estalló el pasado enero, involucra directamente al presidente Juan Manuel Santos. La Fiscalía colombiana confirma los pagos de la constructora a las campañas presidenciales de 2014 del actual mandatario y de su principal competidor, el uribista Óscar Iván Zuluaga. La historia y actualidad de la corrupción no cesa, es intrínseca al poder realmente existente; y demanda alternativas.

 

La corrupción del poder*

 

por Carlos Gutiérrez M.


Sucede en Colombia, como en el mundo entero. De tanto en tanto, los escándalos por corrupción saltan al primer plano de las noticias. Hay denuncias. Así ocurre como efecto de la lucha de poderes o por conveniencia de una de las partes, que en algunos casos puede ser extraterritorial. Los períodos pre y electorales son puerta propicia para que gane audiencia este tipo de litigios, y también cuando estalla una crisis de gobernabilidad.

 

En la historia nacional, en la pretérita pero con mayor relevancia en la reciente, como efecto de la consolidación del mercado y todas sus connotaciones de oferta y demanda, así como del espacio ganado por el neoliberalismo, encontramos ejemplos a granel de la existencia y la persistencia de la corrupción, nítida manifestación de abuso de poder, para cimentarlo o (re)concentrarlo.

 

Para traer a la memoria. Ocho décadas atrás, la historia nos cuenta del abuso de poder por parte del hijo de un presidente, reflejado en casos como la compra de la Trilladora Tolima y su posterior venta al Banco Comercial Antioqueño, o la adquisición de las acciones que la sociedad neerlandesa Handel tenía de la Cervecería Bavaria. Abuso al parecer heredable, pues el "hijo del Ejecutivo", como fue llamado Alfonso López Michelsen (también conocido como "el mesías de Handel" por sus críticos), hijo del presidente Alfonso López Pumarejo, ya en el primer cargo del país favoreció los predios englobados en la hacienda "La libertad" con el trazado de la denominada "Vía alterna al Llano". Aquel latifundio de 40.000 hectáreas pertenecía a la familia presidencial y vio multiplicar por ochenta su valor luego de la construcción de la carretera. Que hoy aparezca su imagen en los nuevos billetes de 20 mil pesos es muestra de 'aceptación' que la 'cultura' de la corrupción tiene entre los miembros de los grupos dominantes del país (1).

 

Ese uso de recursos públicos para beneficio privado en tiempos recientes es indilgado igualmente a los hijos del expresidente Uribe (2). Resulta asombroso: pasa el tiempo pero no la corrupción, que, por el contrario, gana más espacio por aquello de la crisis que vive el Sistema Mundo Capitalista. Los procedimientos para concretarla y ocultarla también ganan perfección.

 

Por aquellas mismas décadas en que ganó fama el "hijo del Ejecutivo", y un poco más acá, ¿cómo olvidar la masiva y violenta usurpación sufrida por miles de familias campesinas de sus propiedades en el Viejo Caldas, Tolima, Cauca y otros departamentos, en la época de la llamada Violencia estudiada por los polítologos más destacados del país? ¿Quién, desde la cima del poder, pagó algún castigo por estos crímenes, zumo de la acumulación originaria colombiana? ¿Cómo taparon los ojos, la boca y los oídos de la Justicia? ¿Por qué los medios de comunicación ayudaron a distorsionar la realidad nacional? Es claramente deducible: poder y corrupción van de la mano, así en la historia oficial culpen de una parte de tal violencia y usurpación a aquellos que llamaron "bandoleros", que, como es fácilmente comprobable, fueron actores 'creados' y protegidos por los poderosos de entonces, así como décadas después crearon y protegieron –¿protegen?– a los paramilitares.

 

Corrupción y abuso del poder sin límites. Años después, la noticia del día recayó sobre el Metro de Medellín, Dragacol, Puertos de Colombia, Proceso 8.000, Guavio, privatización de distintos bienes públicos (electrificadoras regionales, hospitales, acueductos), liquidación de los Ferrocarriles Nacionales y de la Flota Naviera. Luego, las páginas impresas y los titulares de radio y televisión abrirían sus emisiones con Transmilenio y la pavimentación de la Avenida 26, y otros negocios turbios durante la alcaldía del señor Moreno Rojas, así como Saludcoop, Agro Ingreso Seguro; carteles del azúcar, de los cuadernos, del papel higiénico; pérdida de dineros destinados a la alimentación en los hogares infantiles en La Guajira;... y Reficar, y decenas de casos más. Ahora el turno es para Odebrecht.

 

Sorprende. En todos los casos, el factor fundamental para adelantar cualquiera de estas operaciones es actuar cerca o ser parte del poder. La Corrupción, con mayúscula, no prospera sin estar apoyada, protegida, resguardada, por los hilos del poder. No es solamente que el Estado es coto de caza de quienes acceden como funcionarios a su entramado sino igualmente que el poder derivado de allí sirve a los intereses de las acumulaciones ilegales de riqueza. La elevada concentración de la propiedad inmueble, por ejemplo, no ha obedecido a la existencia de relaciones de compra-venta reguladas sino a la violencia adobada por un mercado de actuaciones de funcionarios venales.

 

Actuaciones en las cuales entra en juego todo el entramado institucional. Es bueno recordar que la connivencia entre intereses privados y las autoridades estatales cubre las tres ramas del poder. El ejemplo de los López y los Uribe puede extenderse a legisladores y jueces. Lo que Alejandro López llamó la lucha del hacha contra el papel sellado en su obra Problemas colombianos no es otra cosa que el despojo de los usuarios directos de la tierra, siempre por parte de quienes en notarias y juzgados, a través de fraudulentos títulos, han apropiado secularmente la tierra de los labradores con la complicidad de jueces y otros 'personajes' de oficina. Esa, la causa más profunda de nuestra atávica violencia, es el hecho que no quieren enfrentar los grupos dominantes y que desde las columnas de opinión de los periódicos es distorsionada. ¿Acaso Jorge Pretelt, magistrado de la Corte Constitucional recientemente destituido al ser acusado de recibir un soborno de 500 millones de pesos para favorecer una tutela, no lo fue también de apropiarse de tierras de un islote en el mar Caribe, donde construyó una cabaña? ¿El excongresista Otto Bula, capturado hace poco por el caso de Odebrecht, no está señalado de apropiarse de baldíos y negociar propiedades con despojadores de tierra? Por donde se quiera que miremos, aparece la opacidad de la titulación de bienes inmuebles, que sin el concurso sistemático de funcionarios judiciales no sería posible.

 

Por el globo

 

¿Mal de muchos, consuelo de tontos? En su momento y en otras coordenadas, los medios de comunicación pusieron en primer orden a Portugal por la detención de su exprimer ministro José Sócrates, sindicado de fraude fiscal, blanqueo de capitales y corrupción. En este mismo país, en la lucha contra los desfalcos fiscales, ya habían sindicado a las direcciones de los bancos BES, BCP, Finibanco y BPN. Asimismo, y en el marco de otra operación de igual carácter, detuvieron a Ricardo Salgado, "[...] referencia mundial en el mundo de la banca y miembro de una de las familias más ricas y más influyentes de este país" (3), quien fuera presidente del Banco Espírito Santo durante 22 años, bajo el cargo de blanqueo de capitales.

 

Italia también estuvo en el centro del huracán. El 8 de julio de 2015 fue condenado el exprimer ministro Silvio Berlusconi por un caso de soborno a un senador que facilitó la caída del gobierno de Romano Prodi en 2008. Caso similar al acaecido en nuestro país con el procedimiento seguido por Uribe Vélez para lograr la reforma constitucional que permitió su presentación para la reelección.

 

En el mismo país fue celebre la operación adelantada en 1992 y conocida como "Manos Limpias", a través de la cual quedó al descubierto "[...] una red de corrupción que implicaba a los principales grupos políticos del momento y a diversos grupos empresariales e industriales", trama que terminó con la caída en desgracia del exprimer ministro Bettino Craxi, dándole entrada en la arena política a Berlusconi. Condenado por distintas causas corruptas, tanto políticas como económicas, Craxi murió en Túnez en el año 2000, protegido por un dictadura, prófugo de la justicia de su país (4).

 

Un ejemplo más. En abril de 2016, por la "Trama Gürtel", en España fueron llevados a juicio 37 empresarios y políticos vinculados al Partido Popular, en la dirección del gobierno, entre los cuales figuraba Luis Bárcenas, su tesorero. La investigación encontró una relación espuria entre unos y otros, en la cual los primeros ganaban distintos negocios oficiales pagándole la comisión correspondiente al Partido. Pese a lo significativo de la denuncia, el PP continúo ganando elecciones.

 

También en la 'madre' patria, dos miembros de la vetusta monarquía, la hermana del rey, la infanta Cristina y su esposo fueron llevados ante los tribunales acusados de malversación de seis millones de euros del erario.

 

Entre Portugal, Italia y España existe un vínculo en común: los tres integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), que proclama que los países que la constituyen no deben dejar espacio para la corrupción. ¡Chiste macabro y cínico! México, Irlanda y Turquía, con graves denuncias por este particular, además de Estados Unidos –donde la crisis financiera de 2008 fue resuelta socializando las pérdidas de los bancos, es decir, usurpando los recursos públicos para beneficio privado–, hacen parte de esta organización. Colombia aspira a ser aceptado en este "exclusivo club". En países como Perú con Alan García, Argentina con Carlos Menem, Guatemala con Otto Pérez Molina, Panamá con Ricardo Martinelli, y otros tantos países y gobiernos de la geografía mundial, también la corrupción juega como pieza central del poder y de la manera de ejercerlo.

 

Empresarios y ricos, caminando sobre huesos

 

La base que alimenta y potencia la corrupción es la oferta y la demanda, es decir, el principio básico del mercado capitalista. En un período histórico donde éste es cada vez más competido, la necesidad de poner en juego ofertas no reglamentadas es cada vez más imperioso. No es extraño, por tanto, que una multinacional como Odebrecht disponga de toda una sección –es decir, múltiples funcionarios destinados para atender una labor– dedicada a la diplomacia del dinero. No debe ser muy distinto en el conjunto de las multinacionales y de otras grandes empresas, batidas como fieras por obtener ingresos en todos los continentes. De ahí que sea norma comprar conciencias. Y en su disputa, filtrar información para que unos y otros caigan en desgracia, y así poder pasar sobre ellos, claro, también comprando conciencias o resaltando condicionantes o apoyos mutuos a través de los voceros de los Estados, pues son ellos, los presidentes, las cancillerías y los ministerios, las instancias que van abriendo campo para sus capitalistas.

 

Mar de intrigas, componendas, 'favores', que ya son norma. En Washington, el cuerpo legislativo está conformado por 543 parlamentarios que están asediados por 12.500 lobistas, en un indicador claro de que la promulgación de leyes en esta etapa del capitalismo corporativo es un mecanismo en el que los legisladores son, en lo esencial, receptores y procesadores de los intereses de los grandes grupos.

 

Desplome de ilusiones. El mercado no es ese juego neutro –según se les dice a los estudiantes de economía en los primeros semestres–, donde unos llevan su producido y lo ofrecen a unos potenciales consumidores que eligen lo que demandan porque conocen las características de lo que compran. No. En el mundo real el mercado es una disputa en la que el engaño no es una excepción, como recientemente sucedió con los 11 millones de vehículos diesel trucados por la empresa Volkswagen al instalar un software que alteraba la medición de los gases contaminantes emitidos por los autos, delitos de la industria privada que pasan impunes a pesar de atentar contra derechos humanos esenciales, como en este caso la salud.

 

Estafas. Las historias de los 'emprendedores' capitalistas es una buena fuente de información sobre como las grandes fortunas han estado atadas en sus comienzos a muchos latrocinios. Hoy, en las escuelas de negocios son ensalzados hechos como que William Avery Rockefeller, fundador de unos de los clanes más poderosos del mundo, quien empezó sus negocios vendiendo petróleo crudo con el nombre de nujol (nuevo aceite), como un elixir que curaba enfermedades como el cáncer. Y no sólo es él. La industria farmacéutica ha sido señalada, junto con el sector financiero, según el Departamento de Justicia de Estados Unidos, de ser grandes defraudadores, si es medido su comportamiento por la cantidad de acuerdos civiles y criminales alcanzados con el gobierno bajo la Ley de Reclamaciones Fraudulentas (False Claims Act, FCA) de tal suerte que, incluso bajo los parámetros del propio establecimiento, el comportamiento de la oferta de productos y servicios no es ciertamente un reino de Jauja.

 

No es extraño que así suceda, ya que Estado y empresas privadas van de la mano, y los funcionarios ejercen como proa de los intereses de banqueros, empresarios y negociantes. Y con la conciencia clara de que así es, redactan y reglamentan las leyes de sus países, o en muchas ocasiones cierras los ojos ante los despropósitos de sus patrocinadores y protegidos. El Estado está privatizado. De ahí que sea imposible divorciar poder y corrupción.

 

A lo largo del siglo XX hay evidencias de ello. Sin reparar en sus consecuencias, que se prolongan por décadas y sin parar, descargadas sobre millones de personas. La corrupción permite acá ver su sentido estructural, por ser conducto para multiplicar fortunas e imponer intereses de todo tipo.

 

La ilegalización del cáñamo nos permite comprobarlo. Un vegetal que por siglos sirvió de fuente principal para fabricar sogas y velas para barcos, ropa, papel, insumos para calmantes, y no menos de otros 25 mil productos, fue criminalizado en 1937 en los Estados Unidos bajo la "Ley de marihuana tax", por acción pública y por presión de dos grupos empresariales: la industria periodística que manejaba William Randolph Hearst, uno de los hombres más ricos de su época, y la multinacional Dupond.

 

El interés de estos grupos en ilegalizar el cáñamo (5) residía en sus intereses económicos y en su imposibilidad de vencer las propiedades de una planta que no requería químicos de ninguna especie para su utilización. Hearst era propietario, además, de miles de hectáreas en las cuales había sembrado árboles para desde allí obtener la pulpa de papel con la cual imprimir sus periódicos, y Dupond tenía la licencia sobre el ácido sulfúrico, indispensable para procesar la pulpa de papel, además del rayón y el náilon (o polímeros) que encontraba en el cáñamo a un ecológico e incómodo competidor.

 

Con amplias campañas a través de sus periódicos, achacándole al cáñamo el "origen de todos los males", buscaron cambiar el concepto que sobre el mismo tenía la sociedad, y con su poder sobre el Congreso estadounidense, obtener su criminalización. Para así lograrlo, accionaron a través del comisionado de narcóticos de la época. El logro de sus propósitos aún extiende sus nefastos efectos por doquier (6).

 

Intrigas empresariales, compra de conciencias, control de parlamentos y gobiernos, que también está reflejada en la manera ingeniada por las multinacionales del tabaco para inducir a las mujeres a fumar, consumo que hasta los primeros años del siglo XX era mal visto. Recurriendo a la psicología de masas –el deseo del inconsciente– identificada por Freud, su sobrino Edward Bernays desplegó estrategias de dominación sobre amplios grupos sociales, convirtiéndolos "[...] a la nueva religión del consumo".

 

Con esta técnica, Edward realizó su más asombrosa demostración en el desfile de Pascua de 1929, en el que utilizó un acto de 'reivindicación feminista' que denominó "Antorchas de la libertad". Aquel día, un grupo de las jóvenes mujeres, a una orden pactada, encenderían un cigarrillo con un gesto que Bernays había presentado previamente a la prensa como de liberación de la mujer. En aquella época estaba mal visto que la mujer fumara, pero el objetivo de la campaña no era una conquista feminista porque la gran beneficiada de aquella supuesta liberación era la industria tabaquera, que incorporaba como cliente a la mujer. Bernays también consiguió que la Asociación de Médicos recomendara durante 50 años fumar como un hábito saludable, circunstancia que los medios de información más prestigiosos se encargaron de amplificar. El grupo empresarial Hearst y la banca Rockefeller también fueron dos de los principales aliados y mejores clientes de este psicólogo de masas (7).

 

En años más recientes, la acción empresarial de las multinacionales productoras de toallas higiénicas y similares terminó por imponer este recurso en la vida cotidiana de las mujeres, ocultando la existencia de la copa menstrual, un recurso más económico para los millones de usuarias, y con menor impacto ambiental para la Tierra.

 

Corrupción empresarial que también salta a la vista en el caso de las prótesis mamarias, acerca de las cuales sus productores franceses reconocieron saber que eran defectuosas. ¿Cuántas mujeres muertas, enfermas, operadas, por el afán de lucro de alguien o algunos? (8).

 

¿No es acaso corrupción el principio de la obsolescencia programada? (9). El engaño ha puesto a la humanidad en la encrucijada de generar una cantidad de desechos mayor que los asimilables por el planeta. Es icónico el caso de las bombillas, pues es en ese sector donde funciona el primer cartel de empresarios -conocido como Phoebus-, buscando aumentar sus ganancias, en cuyo objetivo acuerda ajustar el tiempo de duración de los focos eléctricos para garantizar una demanda periódica creciente. Es bien sabido que en Livermore (California), la bombilla de luz en uso más antigua del mundo ha funcionado en forma continua en el cuartel de bomberos de la localidad de Shelby (Ohio) desde 1901, como un ejemplo de la duración de largo plazo que pueden tener estos elementos (10).

 

Corrupción de peso mayor que evidencia hasta la saciedad que empresarios y políticos (que en muchas ocasiones son las mismas clases dominantes y/o los propietarios de grandes empresas en cada uno de los países) van de la mano, y que las consecuencias de sus ambiciones recaen funestamente sobre toda la humanidad, además de la naturaleza misma.

 

Que ahora aparezcan en Colombia los políticos, en cabeza del Gobierno, alardeando de pulcritud, pudiera producir hasta risa si no fuera porque se trata de un alarde de cinismo. Eliminar realmente la corrupción requiere una ética imposible de fundar en el sistema que nos rige. Sin duda, ya estamos en período preelectoral.

 

* Le Monde diplomatique edición Colombia, Nº163, febrero de 2017.

 

1. https://es.wikipedia.org/wiki/Alfonso_L%C3%B3pez_Pumarejo.

2. https://www.youtube.com/watch?v=gKHnm4mTXmk.
3. http://www.abc.es/internacional/20141126/abci-casos-corrupcion-portugal-201411252305.html .
4. http://elpais.com/diario/2000/01/20/internacional/948322804_850215.html .
5. Acción que a lo largo del siglo XX y el XXI se ha traducido en la muerte y encarcelamiento de cientos de miles de personas, sometiendo a millones de personas a dolores intensos que no pueden ser tratados por estar ilegalizada la planta, además de multiplicar la contaminación ambiental por doquier.
6. http://www.arteslibres.net/literatura/favidal/articulos/marihuana.htm .
7. Chaparro Escudero, Manuel. Claves para repensar los medios y el mundo que habitamos, La distopía del desarrollo, Ediciones Desde Abajo, Colombia p. 69, 2015.
8. https://noticias.terra.com.co/mundo/implantes-mamarios-pip-eran-defectuosos-abogado-empresa,15ebd41027c64310VgnVCM4000009bf154d0RCRD.html .
9. Es así como se diseñan los productos para una vida útil menor de la que los materiales y la tecnología permiten, con el fin de obligar al consumidor a comprar nuevamente es una forma estructurada y sistemática.
10. http://www.abc.es/20110623/ciencia/abci-misterio-bombilla-encendida-desde-201106231033.html .

 

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La fiscalía de Colombia confirma pagos de Odebrecht a las campañas de Santos y de su rival, jueves 13 de julio de 2017

Publicado enColombia
Jueves, 29 Junio 2017 10:20

Bogotá desunida y segregada

Bogotá desunida y segregada

Aunque Bogotá es la responsable de la tercera parte del ingreso de la nación, su desarrollo urbano refleja desigualdad e inequidad entre sus habitantes. De acuerdo con el Índice de Segregación Residencial (ISR), calculado desde la UPZ, Bogotá pasó de 0.73 en 2003 a 0.84 en 2010. Un proceso en el cual el mercado inmobiliario es quien decide la planificación de la capital, dejando en su avance amplias zonas excluidas. La consecuencia es una creciente limitación de la participación de sus pobladores en la construcción de su ciudad. La concreción de este derecho no puede quedar solo en manos de algunos, lo que vuelve imperioso abrir espacios para integrar y compartir con quienes sufren aislamiento.

 

Derecho versus especulación. El año anterior se vendieron en Bogotá 34 mil nuevas viviendas, un resultado 31 por ciento mayor que la cifra de 2015. Sin embargo, esta oferta no es suficiente para satisfacer la necesidad de vivienda de la ciudad que cada año produce 59 mil nuevos hogares. Desde 2015 la oferta de vivienda nueva es creciente pero el dinamismo es mayor en los estratos medios que en los bajos, fenómeno explicable ya que la vivienda en este segmento no se adquiere para satisfacer una necesidad habitacional sino como una oportunidad de negocio. Desde 2003, tanto el precio de la vivienda nueva como usada conservan una tendencia ascendente: entre 2011 y 2016 el precio de la vivienda en estratos medios se incrementó en un 42 por ciento.

 

Fenómeno contraproducente. La actividad especulativa empeora la segregación y convierte la tenencia de vivienda para hogares pobres en un objetivo inalcanzable. En zonas exclusivas existe una presión para mantener precios diferenciadores, y en zonas pobres se encarece el precio del suelo impidiendo que el Estado desarrolle soluciones de vivienda y, en consecuencia, se presenta hacinamiento y viviendas con defectuosa habitabilidad. En la gráfica se observa que las localidades capitalinas que tienen un mayor número de pobres están asociadas a una dificultad mayor en el acceso a parques o zonas verdes.

 

Bogotá es, por tanto, una ciudad poco incluyente que deja su diseño, cada vez más, en manos de una élite mientras que otros tienen que ajustarse en zonas con bastantes carencias. Lógica urbanistíca fortalecida por las mismas normas de que se dota la ciudad. De ahí que en la capital, el mejoramiento vial, las ciclorutas, los nuevos parques y andenes, no pueda seguir dependiendo de un financiamiento futuro con el pago del impuesto de valorización. Aunque a muchos les suene justo que quien tiene más paga más, con este principio se estimula la segregación porque quienes tienen menos no reciben nada, o reciben menos debido a que la dotación de sus zonas se sujeta a la posibilidad de las finanzas distritales.

 

La integración de la ciudad

 

Para adelantarse, y evitar, ciertos comportamientos humanos, con sus consecuencias para la integración urbana, se cuenta ahora con diferentes juegos e instrumentos para proyectarlos. Veamos dos de ellos, y saquemos conclusiones sobre sus posibles beneficios para los territorios que habitamos.

 

                                

 

 

Unidos ganamos: El juego de la vida

 

En los tiempos que corren los computadores facilitan los procesos para simular la conducta de las personas en un espacio como la ciudad. Con pocas reglas de interacción entre los individuos se llega a conclusiones importantes sobre las dinámicas sociales. El juego de la vida es una de las simulaciones más conocidas. Fue propuesto por el matemático John Conway en 1970. Allí se establece que los humanos en cada generación obedecen a las siguientes reglas:

 

Una persona permanece viva si tiene dos o tres vecinos inmediatos


Una persona muere por soledad si no tiene vecinos o solo tiene uno


Una persona muere por sobrepoblación si tiene más de tres vecinos


Una persona nace si a su alrededor hay tres vecinos

 

Las celdas blancas son ausencia de vida y las negras representan a las personas de una sociedad. Estas, conforme a las reglas de conducta impuestas, buscan extender su existencia, sin embargo es la interacción con los otros lo que permite configurar estructuras que los preserven o no en el tiempo. En la representación que hace la anterior figura, las personas mueren por aislamiento (E8) o por hacinamiento (C6), y permanecen con vida (C3) o se genera nueva vida (F9) por la unión entre las personas.

 

El cambio demográfico, además de estar explicado por sus variables conocidas (la natalidad, la mortalidad y las migraciones), está determinado por la cohesión del tejido social. El juego de la vida tiene tres posibles finalizaciones. Si la cooperación entre los humanos no es fuerte al cabo de un número finito de generaciones la especie desaparece. Por el contrario, los lazos y estructuras sólidas dan lugar a un crecimiento estable o creciente entre generaciones. En la gráfica se observa que las localidades bogotanas más segregadas son aquellas que tienen un mayor potencial de crecimiento, mientras que los sectores privilegiados tienden a reducirse.

 

                                                                            

                                                                          Figura 1. Izquierda: Estado inicial del juego de la vida. Derecha: Estado del juego en la segunda generación

                                                                

 

 

 

 

Segregamos, aunque no queramos

 

En 1971 Thomas de Schelling creó el modelo del vecindario acotado para explicar la exclusión en las ciudades. En este juego, pese a que cada individuo acepta convivir con miembros de un grupo diferente y su bienestar se obtiene si una parte pequeña de sus vecinos es semejante, el resultado es que la satisfacción de todos los individuos se alcanza con la conformación de guetos.

 

El deterioro en la distribución del ingreso se refleja en la segregación urbana. Si el sistema productivo no reparte con equidad la riqueza, la ciudad margina barrios por su condición socioeconómica. En las ciudades latinoamericanas son visibles las diferencias entre ricos y pobres. Las zonas de menores ingresos tienden a tener un menor acceso a parques, colegios, hospitales, medios de transporte, centros financieros y zonas de trabajo.

 

Las celdas negras representan miembros de un grupo A y las celdas rayadas al grupo B. Las personas no tienen problemas en vivir mezclados siempre y cuando se cumpla las siguientes reglas:

 

Un individuo es feliz si la tercera parte de sus vecinos tiene sus mismos atributos y no tiene porqué mudarse.


Si no ocurre lo anterior un individuo es infeliz y se debe mudar buscando su felicidad.

 

 

 

                                                                                 Figura 2. Schelling. Izquierda: Estado inicial. Derecha: Estado final (después de varias mudanzas)

 

Con las reglas anteriores las personas en las posiciones B4, B6, E4 y F7 son infelices y se mudarán de barrio. Las reubicaciones de las personas finalizan cuando en el plano todas las personas sean felices. El resultado colectivo es la segregación.

 

El precio de la vivienda y el ingreso de los hogares son las variables de mayor incidencia en la formación de zonas excluidas. Para mantener el valor de sus viviendas quienes tienen ingresos suficientes eligen vivir en zonas con baja densidad poblacional, con acceso a bienes públicos, y distante de barrios pobres, conflictivos y con riesgos de desastre natural. Por el contrario, los hogares pobres se ubican donde pueden conforme a sus posibilidades.

 


Recuadro

 

Por el derecho a la ciudad

 

La política urbana debe obedecer al bienestar social, por encima de los intereses especulativos. Cuando el Estado no puede garantizar la calidad de vida de las mayorías, se requiere de ciudadanos fortalecidos, colectivamente, que incidan en las decisiones que hoy se toman de manera centralizada.

 

En 2005 se dio a conocer la Carta mundial por el derecho a la ciudad, dirigida a fortalecer la formación de organizaciones comunitarias, juntas vecinales, juntas de acción comunal, asociaciones de vecinos, organizaciones cívicas o asambleas de copropietarios que actúen para que “las ciudades desarrollen una planificación que impida la segregación y la exclusión territorial”.

 

La influencia de este texto se dejó ver en el 2013, cuando varios residentes de Estambul organizaron manifestaciones para detener un proyecto de edificación en el parque Gezi. La Red por el derecho a la ciudad de Hamburgo integró asociaciones de barrios y colectivos de artistas y migrantes que ante cualquier iniciativa excluyente cuelgan banderas de protesta en las ventanas, organizan charlas informativas y ocupan edificios y calles. En 2009 impidieron la demolición de Gängeviertel, considerado patrimonio nacional.

 

A Bogotá le ha faltado una contundencia similar, lo sucedido en el Bronx, el incremento en las tarifas de Transmilenio, la persecución a los vendedores ambulantes, las nefastas intenciones con la reserva Van der Hammen, así lo evidencia. La falta de organizaciones fuertes en la sociedad bogotana se refleja en el claro aumento en la segregación. De acuerdo con el Índice de Segregación Residencial (ISR), calculado desde la UPZ, Bogotá pasó de 0.73 en 2003 a 0.84 en 2010.

Tomado de:

Edición N°236, junio 20 - julio 20 de 2017

Publicado enColombia
Viernes, 23 Junio 2017 16:28

Bogotá desunida y segregada

Bogotá desunida y segregada

Aunque Bogotá es la responsable de la tercera parte del ingreso de la nación, su desarrollo urbano refleja desigualdad e inequidad entre sus habitantes. De acuerdo con el Índice de Segregación Residencial (ISR), calculado desde la UPZ, Bogotá pasó de 0.73 en 2003 a 0.84 en 2010. Un proceso en el cual el mercado inmobiliario es quien decide la planificación de la capital, dejando en su avance amplias zonas excluidas. La consecuencia es una creciente limitación de la participación de sus pobladores en la construcción de su ciudad. La concreción de este derecho no puede quedar solo en manos de algunos, lo que vuelve imperioso abrir espacios para integrar y compartir con quienes sufren aislamiento.

 

Derecho versus especulación. El año anterior se vendieron en Bogotá 34 mil nuevas viviendas, un resultado 31 por ciento mayor que la cifra de 2015. Sin embargo, esta oferta no es suficiente para satisfacer la necesidad de vivienda de la ciudad que cada año produce 59 mil nuevos hogares. Desde 2015 la oferta de vivienda nueva es creciente pero el dinamismo es mayor en los estratos medios que en los bajos, fenómeno explicable ya que la vivienda en este segmento no se adquiere para satisfacer una necesidad habitacional sino como una oportunidad de negocio. Desde 2003, tanto el precio de la vivienda nueva como usada conservan una tendencia ascendente: entre 2011 y 2016 el precio de la vivienda en estratos medios se incrementó en un 42 por ciento.

 

Fenómeno contraproducente. La actividad especulativa empeora la segregación y convierte la tenencia de vivienda para hogares pobres en un objetivo inalcanzable. En zonas exclusivas existe una presión para mantener precios diferenciadores, y en zonas pobres se encarece el precio del suelo impidiendo que el Estado desarrolle soluciones de vivienda y, en consecuencia, se presenta hacinamiento y viviendas con defectuosa habitabilidad. En la gráfica se observa que las localidades capitalinas que tienen un mayor número de pobres están asociadas a una dificultad mayor en el acceso a parques o zonas verdes.

 

Bogotá es, por tanto, una ciudad poco incluyente que deja su diseño, cada vez más, en manos de una élite mientras que otros tienen que ajustarse en zonas con bastantes carencias. Lógica urbanistíca fortalecida por las mismas normas de que se dota la ciudad. De ahí que en la capital, el mejoramiento vial, las ciclorutas, los nuevos parques y andenes, no pueda seguir dependiendo de un financiamiento futuro con el pago del impuesto de valorización. Aunque a muchos les suene justo que quien tiene más paga más, con este principio se estimula la segregación porque quienes tienen menos no reciben nada, o reciben menos debido a que la dotación de sus zonas se sujeta a la posibilidad de las finanzas distritales.

 

La integración de la ciudad

 

Para adelantarse, y evitar, ciertos comportamientos humanos, con sus consecuencias para la integración urbana, se cuenta ahora con diferentes juegos e instrumentos para proyectarlos. Veamos dos de ellos, y saquemos conclusiones sobre sus posibles beneficios para los territorios que habitamos.

 

                                

 

 

Unidos ganamos: El juego de la vida

 

En los tiempos que corren los computadores facilitan los procesos para simular la conducta de las personas en un espacio como la ciudad. Con pocas reglas de interacción entre los individuos se llega a conclusiones importantes sobre las dinámicas sociales. El juego de la vida es una de las simulaciones más conocidas. Fue propuesto por el matemático John Conway en 1970. Allí se establece que los humanos en cada generación obedecen a las siguientes reglas:

 

Una persona permanece viva si tiene dos o tres vecinos inmediatos


Una persona muere por soledad si no tiene vecinos o solo tiene uno


Una persona muere por sobrepoblación si tiene más de tres vecinos


Una persona nace si a su alrededor hay tres vecinos

 

Las celdas blancas son ausencia de vida y las negras representan a las personas de una sociedad. Estas, conforme a las reglas de conducta impuestas, buscan extender su existencia, sin embargo es la interacción con los otros lo que permite configurar estructuras que los preserven o no en el tiempo. En la representación que hace la anterior figura, las personas mueren por aislamiento (E8) o por hacinamiento (C6), y permanecen con vida (C3) o se genera nueva vida (F9) por la unión entre las personas.

 

El cambio demográfico, además de estar explicado por sus variables conocidas (la natalidad, la mortalidad y las migraciones), está determinado por la cohesión del tejido social. El juego de la vida tiene tres posibles finalizaciones. Si la cooperación entre los humanos no es fuerte al cabo de un número finito de generaciones la especie desaparece. Por el contrario, los lazos y estructuras sólidas dan lugar a un crecimiento estable o creciente entre generaciones. En la gráfica se observa que las localidades bogotanas más segregadas son aquellas que tienen un mayor potencial de crecimiento, mientras que los sectores privilegiados tienden a reducirse.

 

                                                                            

                                                                          Figura 1. Izquierda: Estado inicial del juego de la vida. Derecha: Estado del juego en la segunda generación

                                                                

 

 

 

 

Segregamos, aunque no queramos

 

En 1971 Thomas de Schelling creó el modelo del vecindario acotado para explicar la exclusión en las ciudades. En este juego, pese a que cada individuo acepta convivir con miembros de un grupo diferente y su bienestar se obtiene si una parte pequeña de sus vecinos es semejante, el resultado es que la satisfacción de todos los individuos se alcanza con la conformación de guetos.

 

El deterioro en la distribución del ingreso se refleja en la segregación urbana. Si el sistema productivo no reparte con equidad la riqueza, la ciudad margina barrios por su condición socioeconómica. En las ciudades latinoamericanas son visibles las diferencias entre ricos y pobres. Las zonas de menores ingresos tienden a tener un menor acceso a parques, colegios, hospitales, medios de transporte, centros financieros y zonas de trabajo.

 

Las celdas negras representan miembros de un grupo A y las celdas rayadas al grupo B. Las personas no tienen problemas en vivir mezclados siempre y cuando se cumpla las siguientes reglas:

 

Un individuo es feliz si la tercera parte de sus vecinos tiene sus mismos atributos y no tiene porqué mudarse.


Si no ocurre lo anterior un individuo es infeliz y se debe mudar buscando su felicidad.

 

 

 

                                                                                 Figura 2. Schelling. Izquierda: Estado inicial. Derecha: Estado final (después de varias mudanzas)

 

Con las reglas anteriores las personas en las posiciones B4, B6, E4 y F7 son infelices y se mudarán de barrio. Las reubicaciones de las personas finalizan cuando en el plano todas las personas sean felices. El resultado colectivo es la segregación.

 

El precio de la vivienda y el ingreso de los hogares son las variables de mayor incidencia en la formación de zonas excluidas. Para mantener el valor de sus viviendas quienes tienen ingresos suficientes eligen vivir en zonas con baja densidad poblacional, con acceso a bienes públicos, y distante de barrios pobres, conflictivos y con riesgos de desastre natural. Por el contrario, los hogares pobres se ubican donde pueden conforme a sus posibilidades.

 


Recuadro

 

Por el derecho a la ciudad

 

La política urbana debe obedecer al bienestar social, por encima de los intereses especulativos. Cuando el Estado no puede garantizar la calidad de vida de las mayorías, se requiere de ciudadanos fortalecidos, colectivamente, que incidan en las decisiones que hoy se toman de manera centralizada.

 

En 2005 se dio a conocer la Carta mundial por el derecho a la ciudad, dirigida a fortalecer la formación de organizaciones comunitarias, juntas vecinales, juntas de acción comunal, asociaciones de vecinos, organizaciones cívicas o asambleas de copropietarios que actúen para que “las ciudades desarrollen una planificación que impida la segregación y la exclusión territorial”.

 

La influencia de este texto se dejó ver en el 2013, cuando varios residentes de Estambul organizaron manifestaciones para detener un proyecto de edificación en el parque Gezi. La Red por el derecho a la ciudad de Hamburgo integró asociaciones de barrios y colectivos de artistas y migrantes que ante cualquier iniciativa excluyente cuelgan banderas de protesta en las ventanas, organizan charlas informativas y ocupan edificios y calles. En 2009 impidieron la demolición de Gängeviertel, considerado patrimonio nacional.

 

A Bogotá le ha faltado una contundencia similar, lo sucedido en el Bronx, el incremento en las tarifas de Transmilenio, la persecución a los vendedores ambulantes, las nefastas intenciones con la reserva Van der Hammen, así lo evidencia. La falta de organizaciones fuertes en la sociedad bogotana se refleja en el claro aumento en la segregación. De acuerdo con el Índice de Segregación Residencial (ISR), calculado desde la UPZ, Bogotá pasó de 0.73 en 2003 a 0.84 en 2010.

Publicado enEdición Nº236
Black Rock/Vanguard/State Street: los gigabancos que controlan la mitad de Wall Street

Nunca acaba de asombrar el grado de "reconcentración" de la riqueza propiciada por la desregulada globalización financierista que propende por su naturaleza intrínseca al darwinismo oligopólico y/o "casi monopólico".

 

Hace casi seis años ya había abordado que New Scientist había revelado con enfoque científico “la identidad de la plutocracia bancaria global (1 por ciento) que controla al mundo (99 por ciento: https://goo.gl/2Rbajf)”.

 

Luego, hace dos años, en una perturbadora investigación, Russia Today expuso a los “cuatro oligopolios financieristas –los cuatro megabancos– que controlan el mundo”: Black Rock, State Street Corp, FMR (Fidelity), Vanguard Group ( http://goo.gl/UjlfE3 ).

 

En ese momento comenté que “ya desde 2012 el anterior legislador texano Ron Paul –padre del candidato presidencial Rand, uno de los creadores del apóstata Partido del Te, venido a menos, pero uno de los mejores fiscalistas de EU– había señalado que “los Rothschild poseen acciones de las principales 500 trasnacionales de la revista Fortune ( http://goo.gl/D71NjX )” que son controladas por “los cuatro grandes ( the big four)”: Black Rock, State Street, FMR (Fidelity) y Vanguard Group”.

 

En realidad, los banqueros esclavistas Rothschild forman parte de las ocho familias que controlan los cuatro megabancos que dominan Wall Street.

 

Black Rock, que dirige el israelí-estadunidense "Larry" Fink, ha estado muy activo en México, donde operó la privatización de Pemex que, vista en retrospectiva, resultó en un cataclismo para los ciudadanos mexicanos ( https://goo.gl/1SIDk8 ).

 

Hace casi cuatro años demostré que Black Rock –transmutación de Blackstone y Evercore Partnershi Blackstone fue la extraña entidad que cobró el fantasmagórico "doble (¡supersic!) seguro" de las torres gemelas del 11/9 ("Bajo la Lupa", 26/9/04), mientras el itamita Pedro Aspe Armella es empleado de Roger Altman: mandamás omnipotente de Protego/Evercore Partnership.

 

Black Rock controla muchos multimedia entre ellos The Economist y el Financial Times, no se diga en México.

 

En un artículo para The Conversation ( https://goo.gl/wZ5Kzq ) retomado por Asia Times ( https://goo.gl/ftFS5Z ), tres académicos de la Universidad de Ámsterdam –el investigador de posdoctorado en ciencias políticas Jan Fichtner; la profesora de ciencias políticas Eelke Heemskerk, y el candidato a doctorado Javier Garcia-Bernardo– analizan las “tres empresas que se han adueñado de las trasnacionales de EU: Black Rock ( https://goo.gl/NdQf4k ), Vanguard ( https://goo.gl/G5W83m ) –¡vinculada a la organización Trump!– y State Street ( https://goo.gl/VXzB7J )”.

 

En los dos recientes años, Fidelity ( https://goo.gl/7rivGs ), vinculado a Hillary Clinton y consagrado a los añejos fondos mutualistas, se quedó en el camino y ahora son sólo tres gigabancos los que se adueñaron de Wall Street.

 

A juicio de los autores, antes los individuos y las grandes instituciones invertían "mayormente en fondos mutualistas activamente manejados como Fidelity, en los que los directores de fondos seleccionaban acciones con el objetivo de prevalecer en el mercado".

 

A partir de la grave crisis financiera de 2008, "los inversionistas han virado a los fondos de índices que replican los índices de las acciones establecidas como S&P 500", lo cual ha tenido impacto dramático en las empresas de EU.


Ocho familias controlan los cuatro bancos que dominan Wall Street

 

La magnitud es asombrosa: de 2007 a 2016 los fondos manejados activamente tuvieron salidas por 1.2 billones de dólares frente a los fondos de índices que tuvieron entradas por más de 1.4billones de dólares.

 

Solamente en el primer trimestre de 2007 los fondos de índices ingresaron más de 200 mil millones de dólares: ¡todo un récord!

 

A juicio de la triada académica de Ámsterdam, "una diferencia crucial entre las industrias de un fondo activo y un fondo de índice es que el primero está fragmentado y consiste de centenas de diferentes ejecutivos de activos tanto pequeños como grandes", mientras el sector del fondo de índices, que crece a una velocidad desmedida, está altamente concentrado y es dominado por justamente tres gigantes directivos de activos en EU: Black Rock/Vanguard/State Street: “los tres grandes ( the big three)”.

 

Dicha concentración del fondo de índices no tiene nada que ver con la "democratización del mercado" al que aluden sus panegiristas debido a que los fondos de índices han "disminuido los gastos del inversionista en forma significativa": la décima parte de 1 a 2 por ciento de lo que se paga en comisiones cada año para los anacrónicos fondos activos, en lo que es ya la "mayor oscilación de inversiones en la historia".

 

Lo real es que los fondos índice "han provocado una concentración masiva de la propiedad de las trasnacionales" cuando los “tres grandes poseen 11 billones de dólares en activos bajo su manejo ( assets under managements)” que representa todos los "fondos soberanos de riqueza" combinados y “casi tres veces la industria global de Hedge Funds”.

 

Un proyecto de investigación de Corpnet ( https://goo.gl/feXYOT ) – Descubriendo las redes del control de las trasnacionales– exhibe la red propietaria en EU de los tres grandes: ya 40 por ciento de todas las empresas listadas en EU los tres grandes en su conjunto constituyen el mayor accionista y aun 88 por ciento (¡supersic!) de las firmas de S&P500. Tal "reconcentración de la propiedad es sin precedente".

 

Más aún: "en contraste a los fondos activos, los tres grandes detentan posiciones permanentes de propiedad y sin liquidez, lo cual le brinda mayores incentivos para influir en forma activa a las empresas".

 

A juicio de los tres académicos, BlackRock/Vanguard/State Street ejercen un "poder oculto" y su expansión provoca “nuevas formas de riesgo financiero que incluye efectos anticompetitivos e inversiones en manada ( investor herding)”.

 

El zoom de los tres grandes empequeñece a los clásicos megabancos que deja muy atrás: J.P. Morgan Chase, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Capital Group, T. Rowe Price Group, Fidelity, Wells Fargo, Franklin Resources, Legg Mason, Wellington Management, Dimensional Fund ADV, Renaissance Technologies, etcétera.

 

Hace unos años mil 600 empresas de EU tuvieron ingresos combinados por 9.1 billones de dólares, una capitalización de mercado por más de 17 billones de dólares y emplearon a más de 23.5 millones de personas.

 

En el índice S&P 500 de referencia ( benchmark) de las mayores trasnacionales de EU los "tres grandes son los principales accionistas en casi 90 por ciento" que incluyen Apple, Microsoft, Exxon Mobil, General Electric y Coca Cola.

 

Los tres grandes ostentan 90 por ciento de todos los votos de la dirección y ejercen un género de "poder estructural emergente sobre la mayoría de las empresas de EU" desde la aviación (American Airlines, Delta y United Continental) hasta la banca: JP Morgan Chase, Wells Fargo, Bank of America y Citigroup. ¡Son los gigabancos de los megabancos!

 

Hoy los tres gigabancos ostentan una posición casi monopólica por lo que los autores de la Universidad de Ámsterdam exhortan a un mayor escrutinio regulador del consejo de administración permanente que gobierna de facto a las empresas de EU.

 

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Publicado enEconomía
Martes, 09 Mayo 2017 06:59

Sale carísimo mantener a los ricos

“No nos podemos permitir a los ricos alimentando sus excentricidades”. En la imagen, un lujoso yate arriba a la bahía de Cannes (Francia) justo delante del hotel Carlton.

 

El sistema legal, económico, político y cultural dominante que se sufre en el mundo capitalista promueve los comportamientos egoístas y predatorios. Se admira a quienes con más eficacia y de manera no recíproca vampirizan y acaparan la riqueza generada por ecosistemas o el trabajo de comunidades humanas. En un planeta finito y ecológicamente degradado, la acumulación de riqueza de unas personas es siempre a costa de la desposesión de otras.

Una sociedad sostenible y saludable debería, en cambio, dotarse de mecanismos que penalicen el abuso de lo común e incentiven aquellos comportamientos que mejoren la vida de toda la comunidad y regeneren el medio ambiente del que depende todo ser vivo. Hasta que no comprendamos que la prosperidad, la seguridad y la felicidad solo se consiguen mediante colaboración, confianza y reciprocidad seguiremos atribuyendo la causa de la enfermedad a sus síntomas. Pensaremos, erróneamente, que las víctimas de un sistema perverso—y no el sistema en sí que funciona aplastando a cada vez más personas en beneficio de unos pocos privilegiados—son nuestro problema.

No conviene confundirse de enemigo: lo que resulta socialmente corrosivo y peligroso es la desigualdad y la asimetría de poder, no sus víctimas (las personas más vulnerables). Los que se apropian del bien común son los ricos y poderosos, no los pobres e inmigrantes. Solo hay que recordar que un puñado de personas que caben en un bar pequeño de barrio acaparan más riqueza que el 50% de la población mundial o que el 1% de los humanos dispone de tanta riqueza como el 99% restante. Con estas cifras en mente, nadie puede argumentar que a la sociedad le sale caro mantener a las personas en riesgo de exclusión social sin que suene a distorsión malintencionada de la realidad.

En el mundo capitalista, el dinero público y la riqueza generada por las personas trabajadoras no está subvencionando a los pobres, sino a los ricos. Los ricos se subvencionan devorando lo público y lo común (lo generado por la sociedad y por los ecosistemas) y reproducen su capital sin necesidad de trabajar (intereses, rentas, herencias, especulación). El trabajo y la riqueza, en cambio, lo crea la sociedad, no las macro-corporaciones o la adicción estructural al crecimiento económico (mucho menos la especulación financiera); dichos actores, de hecho, generan dinámicas que precarizan o destruyen tanto el empleo de calidad como el medioambiente del que depende todo ser vivo que habite nuestro planeta (incluidos los seres humanos millonarios).

Las personas vulnerables no quitan el trabajo a nadie. Realmente, además de la creciente automatización que sustituye al trabajo humano, es la dinámica del capitalismo neoliberal la que condiciona que no florezcan empleos de calidad necesarios para la reproducción y el mantenimiento de una vida humana próspera (en agroecología, diseño sostenible y biomímesis, economía ecológica, construcción de casas pasivas, energías renovables, ecología urbana y un largo etcétera).

En lugar de dar más poder a las corporaciones y a los dueños del capital (la falacia de que desregulando y privatizando lo público y facilitando la vida a las macro-corporaciones se crea empleo) deberíamos, por el contrario, tasar intensamente los bienes inmuebles y el capital a partir de cierto umbral (pues se trata de la riqueza que se reproduce rápidamente no solo sin necesidad de contribuir al bien común, sino acaparándolo y destruyéndolo), no el trabajo (la contribución, monetarizada o no, al bien común y la sostenibilidad socioeconómica) para, de este modo, reducir la desigualdad y subvencionar con lo recaudado una disminución general de las horas semanales de trabajo con salarios mínimos más altos para acabar con el desempleo, el estrés y la explotación laboral y medioambiental.

Ahora bien, la deliberación sobre qué trabajos son necesarios para la reproducción social y cuáles son social y ecológicamente indeseables debería ser decidido por la sociedad en su conjunto, no por la dinámica de crecimiento económico a toda costa o por las corporaciones transnacionales cuyo objetivo no coincide, en la mayoría de los casos, con el bien común.

Obviamente, si se generasen debates abiertos entre el conjunto de los habitantes de una ciudad para decidir qué empleos hay que fomentar y cómo diseñar el espacio urbano, muy poca gente defendería la necesidad de endeudar masivamente a la ciudad y buscar inversiones extranjeras millonarias para construir autopistas o aeropuertos innecesarios y obras faraónicas disfuncionales que dejan infraestructuras monstruosas carísimas de mantener, deudas eternas, corrupción urbanística y degradación ambiental (estadios olímpicos, macro-casinos, expos, rascacielos). Estos proyectos siempre subvencionan, con dinero público, una dinámica de acumulación que beneficia a los que ya son ricos y generan un espacio urbano deplorable para los demás.

La mayoría de vecinas y vecinos preferirían, sin duda, espacios públicos a escala humana para el disfrute común y cotidiano, mucho más asequibles y fáciles de mantener, y que mejoren la calidad del aire y el agua, reduzcan el ruido y el estrés, favorezcan las relaciones sociales, y no dejen una mella en las arcas públicas: parques, huertos urbanos, zonas verdes y peatonales, bibliotecas y centros sociales, etc. Espacios donde la comunidad pueda encontrarse, sin necesidad de gastar y consumir, para jugar, enamorarse, charlar, hacer ejercicio o aprender y enseñar taichí, yoga, permacultura, carpintería, reparación de electrodomésticos, etc.

No nos podemos permitir a los ricos alimentando sus excentricidades, megalomanías y porfolios financieros a costa del bienestar social y ecológico. Que no nos engañen, los que sufren las consecuencias más dolorosas del sistema capitalista perverso no son la causa del problema, sino sus víctimas. Equivocarnos al identificar las causas de nuestro malestar tiene el contraproducente efecto de enfrentar a los oprimidos y, en consecuencia, fortalecer al opresor. Centrarnos en las causas de los problemas, y no solo en sus síntomas, es el primer paso para intentar crear un sistema socialmente deseable, económicamente estable y ecológicamente viable.

 

(Tomado de El Salmón Contracorriente)

 

 

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© AFP 2017/ Paul J. Richards

 

Desde la crisis financiera de 2008, la desigualdad y la amenaza del impago de la deuda de los EEUU han sido temas recurrentes en los análisis sobre la erosión de la hegemonía global de Washington. Sin embargo, bajo la presidencia de Donald Trump ambas cuestiones van cobrando nuevas dimensiones.

El mundo comienza a desconfiar de las promesas de los gobernantes de la superpotencia porque la evidente fractura social interna se convierte, también, en amenazadora fractura política.

Una nación que tenga una sociedad integrada, donde sus miembros se relacionen de una manera medianamente horizontal y democrática, será estable ya que las aspiraciones al ascenso social que atraviesan el mundo, pueden concretarse con esfuerzo y trabajo. Algo así sucedía en EEUU hacia mediados del siglo pasado.

De hecho, las décadas de 1950 y 1970 presentan la menor desigualdad en la historia reciente del país: el 10% superior en ingresos se llevaba entre el 30 y el 35% de los ingresos nacionales. Hoy ese mismo 10% se lleva la mitad del ingreso nacional, pero el 1% ha crecido aún más rápidamente.

El panorama que presenta hoy el país es más o menos el siguiente: gobiernan los multimillonarios, sector al que pertenece la mayoría de los miembros del Congreso; la clase media está desapareciendo, los salarios están estancados y la pobreza crece exponencialmente, concentrada en ciertos barrios y regiones. En vez de trabajo estable bien remunerado, los nuevos empleos que se crean son precarios y mal pagos, sin la posibilidad de que el trabajador tenga un desempeño profesional ascendente.

Si el sistema era estable en la década de 1950 y la sociedad se mostraba optimista y confiada, ¿qué se puede esperar en este período en el que las mayorías sufren serio retroceso? Además, ya no existen espacios comunes compartidos por los diferentes sectores sociales: los más pobres, en particular negros, tienen como referente la cárcel y la exclusión; los más ricos se socializan en espacios exclusivos que los demás ni siquiera sueñan conocer. La clase media no puede referenciarse en ninguna de ellos.

Un reciente estudio divulgado por la revista médica británica The Lancet revela que la brecha entre la esperanza de vida de los más ricos respecto a los pobres se ha elevado en EEUU de cinco a trece años. Pero el informe señala que estamos apenas en el comienzo de una creciente polarización.

"Estamos presenciando a cámara lenta un desastre en la salud de los americanos de bajos ingresos que han transcurrido su vida trabajadora en un período de crecientes desigualdades de ingresos", destaca el profesor Jacob Bor, coautor del informe, consultado por el diario El País. Se refiere a los nacidos en la década de 1960, generación que ha sido carcomida por el tabaquismo, una epidemia de obesidad y el consumo de opiáceos, la respuesta que han encontrado al persistente deterioro de sus vidas laborales.

Es la llamada "trampa de pobreza y salud", relación que se retroalimenta hacia abajo, ya que el costo de la atención médica para los estadounidenses pobres "puede llevar a la bancarrota a hogares y empobrecer familias", como señala Bor. Aún luego de la reforma sanitaria del gobierno de Barack Obama, un 25% de los más pobres no tiene seguro médico, cuestión que afecta sobre todo a negros y latinos, algo que la revista The Lancet denomina como la continuidad histórica de un "racismo estructural", que se manifiesta en los problemas de vivienda y en el crecimiento de la población carcelaria, que también afectan la esperanza de vida.

Aquí se cruza, de forma alarmante, el problema de la deuda, que ha sido siempre un tema tabú en el mundo y ahora resurge, ya que supera el 100% de PIB de EEUU. De hecho, Trump ha sido el encargado de romper ese tabú al mencionar que podría renegociar la deuda pública si fuese necesario, lo que supone un verdadero sismo geopolítico, como señala el Laboratorio Europeo de Anticipación Política.

El actual presidente fue muy claro al respecto en su campaña electoral, lo que puede explicar la furia de ciertas élites hacia su persona, ya que muestra el lado menos aceptable de la dominación global del sistema financiero anclado en el chantaje del dólar y de Wall Street al resto del mundo.

En los hechos, EEUU ya no cuenta con la posibilidad de negociar algo que funcione como lo hacía el petrodólar, que en 1971 le permitió al presidente Nixon anunciar la suspensión de la convertibilidad del billete estadounidense en oro. Sin aquel apoyo de la monarquía saudí, que sostuvo la cotización y el comercio del petróleo en dólares, el billete verde no se habría mantenido casi medio siglo como referencia mundial sin competencia alguna.

Lo que anuda ambas cuestiones son dos hechos centrales y cada día menos discutibles. Por un lado, la evidente erosión de la hegemonía estadounidense. Respecto al dólar, la pregunta que todos se hacen es cuándo dejará de ser la moneda de reserva universal, porque es consenso que ese día llegará aunque nadie puede precisar cuándo.

Por otro, la crisis de confianza en los EEUU como gran potencia que no admitía contestación, por lo menos en el llamado mundo occidental, ha entrado en su fase final. En las relaciones internacionales, cada vez son más los países que se atreven a desafiarla, incluso en el terreno militar. Lo que viene sucediendo desde comienzos de la década de 2000, una serie ininterrumpida de fracasos político-diplomático-militares, es el signo de los tiempos.

Lo único novedoso que aporta la presidencia de Trump, es que la fractura interior se ha hecho visible y se ha convertido en una suerte de "fractura expuesta" que deja en evidencia la decadencia imperial y que ya no es reversible, como lo muestran los datos sobre desigualdad y deuda.

Nos guste o no nos guste el actual inquilino de la Casa Blanca, tiene la virtud de que ya no puede ocultar que el caos por el que atraviesa el sistema mundial ha anidado en la mayor potencia económica y militar del planeta. Con todos los riesgos que eso implica para la humanidad.

 

 

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