Venezuela denunció en el Consejo de Seguridad de la ONU a gobiernos de Colombia y EEUU de preparar una agresión militar en su contra

11.10.21 - Venezuela denunció este lunes ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la estrategia combinada de los gobiernos de Colombia y Estados Unidos para justificar una agresión militar contra el gobierno constitucional del presidente Nicolás Maduro..


Refiere la Cancillería que en carta dirigida al presidente del Consejo de Seguridad de la ONU, el embajador de Venezuela ante las Naciones Unidas, Samuel Moncada, expuso las evidencias que prueban el propósito de generar un clima artificial de tensión militar por parte de los gobiernos de Colombia y Estados Unidos para involucrar a Venezuela en un conflicto armado.

“El gobierno colombiano está convencido que con la ayuda de Estados Unidos puede exportar su guerra interna a la República Bolivariana de Venezuela y lograr tres objetivos simultáneamente: el primero, eximir su responsabilidad por el fracaso del proceso de paz; el segundo, impedir el trabajo electoral y pacífico de la oposición democrática en Colombia y; el tercero, el derrocamiento violento del gobierno constitucional de la República Bolivariana de Venezuela", reza la comunicación.

La misiva dirigida por Venezuela al Consejo de Seguridad denuncia además que "el peligro es creciente y los signos de desesperación en el gobierno colombiano son claros”.

Los señalamientos contra Venezuela y sus autoridades constitucionales se generan cuando el Gobierno y las oposiciones avanzan en el proceso de diálogo en México, el cual pretende pacificar a sectores extremistas.

Pese al reconocimiento por parte de los países garantes y de la misma ONU a Venezuela por su avance en el diálogo, el presidente colombiano haciendo uso de acciones injerencistas cuestiona la posibilidad de que sectores políticos en Caracas diriman sus diferencias mediante el consenso.

Por, Aporrea, martes 12 de octubre

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Con carteles de Álex Saab delegación del gobierno de Venezuela llegó a México

25-09-21. La delegación del Gobierno de Nicolás Maduro llegó este sábado a México para reanudar el diálogo con la oposición venezolana después de haber aplazado el encuentro acusando a Estados Unidos de interferir en las negociaciones.


“La delegación del diálogo venezolano presidida por el plenipotenciario Jorge Rodríguez arribó a la Ciudad de México para continuar la ronda de negociaciones con la plataforma unitaria de la oposición”, anunció en redes sociales la Asamblea Nacional, presidida por el mismo Rodríguez.

Los representantes de la administración de Maduro llegaron exhibiendo carteles con la imagen del empresario colombiano Alex Saab a quien Jorge Rodríguez, había solicitado al Reino de Noruega su incorporación a la delegación oficial; pero se encuentra detenido en una cárcel de Cabo Verde a la espera de que se oficialice su extradición a los Estados Unidos, país que lo acusa de narcotráfico y corrupción.

La tercera ronda de las conversaciones, que se llevan a cabo en México con el arbitraje de Noruega, debía haber arrancado el viernes, pero los representantes de Maduro plantaron a la oposición al no acudir al encuentro.

Ausencia y excusas

Aunque el Gobierno no justificó su ausencia, la vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, Delcy Rodríguez, arremetió el viernes en redes contra el embajador de EE.UU. en el país, James Story, a quien acusó de dar órdenes a la oposición “sobre qué hacer en la mesa de diálogo”.

Un mensaje que fue respaldado por Jorge Rodríguez, presidente del Parlamento venezolano y líder del equipo negociador del Gobierno, quien escribió que el Ejecutivo venezolano “jamás atenderá una agenda que intente imponer este personaje”, en referencia al embajador.

Fue el representante de la delegación opositora, Gerardo Blyde, quien informó el viernes por la noche a través de un comunicado que los delegados del gobierno no habían acudido a la reunión.

Por Aporrea-Agencias

*Con información de Efe

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La limosna de Francisco: tras el terremoto, donó 0,017 euros para cada habitante de Haití

Santa hipocresía.

Jorge Bergoglio decidió enviar un “vuelto” de las arcas del Vaticano para las víctimas del terremoto. Donó 200.000 euros como “aporte inicial” a un país de 11,4 millones de habitantes, empobrecido al extremo y expoliado durante siglos por el colonialismo, el imperialismo y la propia Iglesia. “Es para ayudar a las poblaciones en esta fase de emergencia”, dijeron desde la “santa sede”.

 

Jorge “Francisco” Bergoglio decidió donar en las últimas horas 200.000 euros “a las víctimas del terremoto” que sacudió a Haití la semana pasada, con un saldo hasta el momento de más de 2.200 muertos y casi 13.000 heridos.

Según anunció el Vaticano en un comunicado, el papa “decidió enviar una aportación inicial de 200.000 euros para ayudar a las poblaciones en esta fase de emergencia, que está ligada a la ya difícil situación por Covid-19”.

La “ayuda” se canalizará a través del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y la donación “se utilizará para ayudar a las víctimas del terremoto y está destinada a ser una expresión inmediata del sentimiento de cercanía espiritual y paternal aliento a las personas y territorios afectados”. Más hipocresía es difícil, aunque no imposible.

El mismo comunicado agrega que el papa “también decidió enviar primeros auxilios de alrededor de 69.000 dólares a la población de Bangladesh, recientemente afectada por el ciclón Yaas; y 100.000 euros al pueblo de Vietnam, que se encuentra en un estado de graves dificultades debido a consecuencias socioeconómicas vinculadas a la pandemia de Covid-19”.

Bergoglio y su séquito se suman así a la hipocresía de los líderes mundiales que hoy se golpean el pecho y “ayudan” con un curioso “humanitarismo” a uno de los países más castigados de la Historia por las potencias colonialistas e imperialistas. Haití lleva décadas de ocupación e intervención estadounidense y de la ONU que lo han convertido en el país más pobre de la región, con tasas de pobreza e indigencia y carencia habitacional que dejan a la población vulnerable ante cualquier acontecimiento imprevisto como un terremoto.

El Vaticano infló sus arcas durante siglos, entre otras cosas, con el oro y demás fuentes de riquezas extraídas a regiones enteras como América Latina y el Caribe. Haití fue, justamente, uno de los países más castigados por ello. Ahora el monarca de la “santa sede” decide donar 200.000 euros para las víctimas de un fenómeno natural. Fenómeno que ninguna visión mística pudo prever pero que la humanidad sí podría morigerar en cuanto a sus consecuencias.

La “donación” del Vaticano representa 0,017 euros por cada una y uno de los 11,4 millones de habitantes del país. Más que limosna, una broma de muy mal gusto.

Por Daniel Satur@saturnetroc

Martes 24 de agosto | 09:16

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Líderes afganos que derrocaron al gobierno. Imagen tomada de Al Jazeera. — Al Jazeera

Fundado en 1994, el movimiento talibán afgano nunca ha figurado en la lista de organizaciones terroristas que elabora el Departamento de Estado norteamericano. Esta circunstancia obedece principalmente a consideraciones políticas: cuatro presidentes no han querido cerrar la puerta a una negociación directa con los talibanes como la que se ha producido desde 2020.

 

Respondiendo a preguntas concretas, el portavoz del departamento de Estado Ned Price se fue por las ramas cuando le interrogaron el 16 de agosto sobre la posibilidad de que los talibanes en el futuro den cobijo a organizaciones terroristas como Al Qaeda o el Estado Islámico. Escurriendo el bulto, Price vino a decir que ve imposibles atentados como los del 11 de septiembre de 2001, que provocaron la intervención militar americana en Afganistán.

Las relaciones entre los talibanes y Al Qaeda no siempre han sido fluidas. De hecho, ni siquiera lo fueron en 2001, cuando la organización de Osama bin Laden cometió los atentados. Al Qaeda era entonces un pequeño grupo árabe al estilo del ejército de Pancho Villa que buscó cobijo en un caótico Afganistán, pero que solo participó de una manera muy puntual y esporádica en la rebelión talibán, como se desprende del pormenorizado estudio de Thomas Hegghammer, The Caravan. Abdallah Azzam and the Rise of Global Jihad.

En los últimos días los talibanes han manifestado que no apadrinarán el terrorismo internacional, una cuestión que preocupa en todo Occidente. Los talibanes de hoy no se comportan de manera similar a los del periodo 1996-2201, y es probable que eviten cualquier tipo de relación íntima con grupos de esa naturaleza, entre otras cosas porque les crearía grandes problemas y la amenaza del aislamiento, sanciones y posibles ataques de EEUU.

El 47 por ciento de los 38 millones de afganos viven por debajo de la línea de la pobreza y la mayor parte de la población es tan joven que no recuerda la primera era talibán. La sociedad urbana ha cambiado tanto que los talibanes se verán presionados para no repetir la experiencia de hace dos décadas, y necesitarán desde el primer momento ayuda exterior para intentar apuntalar mínimamente su precaria economía.

La realidad es que la lista de grupos terroristas que el departamento de Estado actualiza periódicamente incluye a más de 60 organizaciones de distintos continentes, pero no a los talibanes afganos. Incluye, sí, al movimiento talibán de Paquistán, pero no a los afganos, y para ser exactos los afganos no han figurado en esa lista en ningún momento desde su fundación en 1994.

En sus declaraciones más recientes el presidente Joe Biden ha evitado calificar negativamente a los talibanes afganos, una circunstancia que ha llamado la atención de una parte de los medios americanos, lo que hay que interpretar como otra indicación de que Washington no se dispone a meterlos en la lista oficial del departamento de Estado. Algunos medios se han sorprendido de que ni siquiera después del 11-S de 2001 el presidente George Bush los incluyera, a pesar de que aquellos atentados se gestaron en suelo afgano.

Y no es porque en Oriente Próximo escaseen grupos “terroristas”. En la lista del departamento de Estado encontramos a numerosas facciones palestinas, el libanés Hizbolá, Al Qaeda o el Estado Islámico. El hecho de que los talibanes afganos no figuren obedece a motivos claramente políticos y todo indica que el departamento de Estado no va a cambiar de opinión en el futuro a menos que los talibanes se impliquen directamente en el terrorismo. No es extraño que el portavoz Ned Price orillara está cuestión la semana pasada.

En 2001 los talibanes se negaron a entregar a los líderes de Al Qaeda que vivían en su territorio. En la guerra que se inició entonces murieron más de 6.000 estadounidenses, pero las sucesivas administraciones de Bush, Barack Obama, Donald Trump y Biden siguieron sin meter a los talibanes en la lista.

En 2020 el presidente Trump envió una delegación a negociar directamente con los talibanes y de ahí salió el acuerdo que ha llevado a la retirada estadounidense que ahora se está completando. No solo eso, sino que Trump ordenó la liberación de un número de talibanes entre los que estaban algunos de sus máximos líderes actuales. Si los talibanes hubieran figurado en la lista negra, esas negociaciones no habrían podido celebrarse.

La inclusión en la lista tiene connotaciones políticas y legales, y abre la puerta a sanciones económicas, restricciones de visado y la imputación penal a todos aquellos que apoyen a los grupos terroristas. Aunque los talibanes no figuran en la lista del departamento de Estado, sí que figuran en la del departamento del Tesoro desde 2002, lo que permite la imposición de limitadas sanciones económicas y de visado sobre sus miembros.

Dentro del departamento de Estado ha habido sus más y sus menos con esta cuestión, puesto que algunos funcionarios creen que si se hubiera incluido a los talibanes en la lista de grupos terroristas los negociadores americanos habrían tenido un mayor margen para presionar a los talibanes. Pero ahora es demasiado tarde para reconsiderar esa cuestión.

En las circunstancias actuales parece difícil que Biden vaya a cambiar el paso después de que cuatro presidentes no lo hayan hecho antes, por lo tanto los talibanes continuarán fuera de la lista. Solamente si cometen errores o torpezas de gran calibre, la Casa Blanca reconsiderará la cuestión, y esto es algo que no parece que vaya a ocurrir por el momento.

23/08/2021 21:33

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Diálogo en México por Venezuela, un revés más para la OEA de Almagro

En la agenda, ni cambio de gobierno ni intervención militar

Los empeños de la secretaría general de la OEA por tratar de imponer en Venezuela durante casi cinco años soluciones de fuerza –sanciones, aislamiento diplomático y amenazas de "suspensión" del organismo– se desvanecieron este fin de semana, ante la escena que se concretó en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México, con la firma de un memorando de entendimiento para dar comienzo a las muchas veces postergadas negociaciones entre el gobierno de Nicolás Maduro y una plataforma unitaria de la oposición.

Durante estos años de polarización, crisis económica, desplazamientos y conflictos políticos y sociales, el organismo interamericano nunca intentó implementar la opción de una negociación. En el trasfondo de la agenda de la secretaría general siempre estuvo la vieja intención de EU de sacar al chavismo y sus sucesores del Palacio de Miraflores.

En una sola ocasión la OEA invocó los mecanismos de mediación para Venezuela. Eso fue en abril de 2002, cuando se perpetró un golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez, revertido 48 horas después. En esa ocasión, la Asamblea General y el Consejo Permanente de la OEA condenaron la ruptura del orden institucional y propusieron la promoción de un diálogo nacional.

En los años de gobierno de George Bush, Chávez fue la encarnación del mal y se echó mano de todos los recursos para aislarlo.

Durante los años de Obama en la Casa Blanca, el tema venezolano pasó a un segundo plano: sus esfuerzos diplomáticos se concentraron más en tender puentes para la normalización de relaciones con Cuba.

Con la llegada de Donald Trump, el secretario general al fin tuvo el eco deseado. Trump llegó a decir que, para derrocar a Maduro, todas las opciones estaban sobre la mesa, incluso la de la intervención militar. Almagro, electo para la secretaría general en 2015, tenía la misma agenda.

Entre tanto, la polarización en Venezuela se agudizó a partir de controvertidas decisiones del gobierno de Maduro, quien en 2015 suspendió un referendo revocatorio, aplazó elecciones regionales para cambios de gobernador y finalmente desconoció los resultados de las elecciones parlamentarias. Los elementos de la oposición más radicales y violentos, como Leopoldo López, llamaron a manifestaciones callejeras para exigir lo que llamó "la salida" y grupos de choque protagonizaron rudos enfrentamientos con la Guardia Nacional.

En ese contexto, Almagro pidió a la Asamblea General "acciones concretas" para suspender a Venezuela de la OEA. Sin embargo, cada vez que convocó a los países con ese fin falló en alcanzar dos tercios (24 votos) de aprobación. Ese intento perdió sentido cuando el gobierno de Caracas envió en abril de 2017 una "carta de denuncia" de la OEA, que significa su autoexclusión del organismo a concretarse en dos años. Así, desde abril de 2019, Venezuela ya no es miembro activo de la OEA y por lo tanto no es sujeto a sanciones.

Pero el objetivo final no era la suspensión, sino el "cambio de gobierno". Washington y la secretaría general impulsaron la formación del llamado "Grupo de Lima" –se integró durante la realización de la asamblea en la capital peruana, en 2017– con la participación de México (con Luis Videgaray, el último canciller priísta), Argentina, Brasil, Estados Unidos, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú, Guyana y Santa Lucía.

En ese contexto de cerco diplomático y aunado a las fuertes sanciones económicas y comerciales impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea, estos países reconocieron en 2019 a Juan Guaidó como autoproclamado "presidente encargado" en su calidad de líder de una asamblea nacional que fue desconocida por el Ejecutivo. La OEA incluso aceptó el nombramiento de un embajador de Guaidó, Gustavo Tarre, que todavía a la fecha conserva su escaño, pese a que Guaidó ya no ostenta su autoasignado título presidencial.

El Grupo de Lima y su alineamiento con Washington no logró mover el tablero en Venezuela. A partir de 2018 ese alineamiento se diluyó con la llegada de Andrés Manuel López Obrador al gobierno mexicano y el de Alberto Fernández a Argentina al año siguiente. Más recientemente, con el retorno del Movimiento al Socialismo en Bolivia, bajo la presidencia de Luis Arce y, hace apenas unas semanas, la llegada de un gobierno popular en Perú con Pedro Castillo, el Grupo de Lima, ya sin Lima, encalló definitivamente.

A partir de una iniciativa de México y Noruega, desde este fin de semana dialogan una delegación del gobierno de Maduro y una asignada por la oposición venezolana, atomizada en una veintena de partidos políticos.

En representación a los opositores asisten miembros de la Plataforma Unitaria. Guaidó, quien hasta hace algunos años catalizaba la aspiración de muchos opositores de ver en Venezuela un cambio de régimen, no asistió a la primera ronda.

A diferencia de los representantes de la plataforma, Guaidó reservó en su mensaje divulgado en redes sociales elementos de confrontación. Dijo que "del otro lado de la mesa hay un dictador" y aseguró que "sólo con sanciones y un esquema de presión" sería posible una solución.

En la agenda de las negociaciones figura, por la parte oficial, el tema del levantamiento de sanciones, el reconocimiento de las autoridades constitucionales y la renuncia a actos de violencia y conspiración. Por la parte opositora se busca obtener condiciones para participar en elecciones "libres, justas y transparentes" y la liberación de políticos presos.

Ni cambio de gobierno, ni intervención militar ni castigo. Ante este giro de la historia, Almagro suma un fracaso más en su carrera.

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Pedro Castillo quiere fortalecer la Celac y reactivar Unasur

Claves de la política exterior del nuevo gobierno de Perú

“Condenamos los bloqueos, los embargos y las sanciones unilaterales que sólo afectan a los pueblos”, dijo el nuevo canciller Héctor Béjar. La derecha quiere un ministro alineado con EE.UU. 

 

Una política exterior “abierta y democrática”, que priorice la integración regional, el fortalecimiento de organismos como la Celac y el Grupo Andino, y la reactivación de Unasur, anunció el nuevo canciller peruano Héctor Béjar al asumir el cargo este lunes. En su primer discurso como ministro de Relaciones Exteriores, dijo que “la autonomía e independencia serán un principio esencial de la nueva diplomacia peruana, las decisiones se tomarán en función de los intereses del nosotros, que es la expresión colectiva de la nación, y no de intereses de otros”. Es una declaración que anuncia un cambio de una política exterior que en el último tiempo ha sido cuestionada por su dependencia de Washington.

Blanco de la derecha

El nuevo canciller peruano, sociólogo de 85 años, es un viejo militante de la izquierda que participó en las guerrillas guevaristas de los años sesenta. Es un reconocido intelectual y profesor universitario. Su viejo pasado guerrillero y su larga militancia izquierdista lo han convertido en blanco de la derecha, que exige su salida del gabinete con un discurso abiertamente macartista que se ha convertido en hegemónico en los medios. La derecha quiere un canciller alineado con la política exterior estadounidense, que se dedique a condenar a Cuba y Venezuela, que se olvide de Unasur y la integración regional. Béjar no entra en ese perfil. Por eso presionan para lograr su salida.

El canciller puso énfasis en decir que su gestión trabajará por fortalecer la integración y cooperación regional “sin distinciones ideológicas”. “América Latina -precisó- es y será la prioridad geográfica y sociológica de la política exterior. Es nuestro entorno inmediato, territorial, histórico, económico, social y cultural. El espacio de nuestra propia historia. Retiraremos del Congreso la solicitud para que el Perú denuncie el tratado que instituyó Unasur. Por el contrario, impulsaremos su reconstitución y modernización, como el organismo de cooperación y consulta que afirme en este mundo global la identidad propia de Sudamérica. Reinsertaremos vigorosamente la presencia peruana en la Celac, trabajaremos en su fortalecimiento e impulsaremos su capacidad de acción”, señaló. También anunció una política para “revalorar” y “modernizar” la Comunidad Andina, formada por Perú, Bolivia, Colombia y Ecuador.

Distancia con el Grupo de Lima

No mencionó al Grupo de Lima, formado para promover la caída del gobierno venezolano y convertido en vocero internacional de la oposición al régimen de ese país, que el Perú ha integrado con entusiasmo en los anteriores gobiernos, pero fue claro en señalar que el nuevo gobierno se guiará por el principio de “no intervención en los asuntos internos de otros países” y que en ese marco buscará contribuir a un diálogo entre los distinto sectores venezolanos y no el enfrentamiento con el gobierno de ese país. Un claro distanciamiento del Grupo de Lima.

“Nosotros contribuiremos junto con los países de Europa que ya están trabajando en esto y con un conjunto de países latinoamericanos en el entendimiento de las diversas tendencias políticas que existen en Venezuela sin intervenir en su política interna”, anunció, revelando la intención de un acercamiento al Grupo de Contacto, que, a diferencia del Grupo de Lima que apuesta por el enfrentamiento, busca el diálogo entre todas las partes en conflicto en Venezuela, “Favoreceremos una renovación democrática en Venezuela, que se respeten los derechos sociales de los venezolanos. Tengan en cuenta que en Venezuela existe un sistema de seguridad social universal y un sistema de educación universal”, apuntó, para escándalo de la derecha. 

En una de sus primeras acciones como canciller, Béjar se reunió con el canciller venezolano, Jorge Arreaza, y expresó su intención de mejorar las relaciones entre ambos países. La derecha le saltó al cuello. Béjar, tranquilo, respondió que su tarea es mejorar las relaciones “con todos los países”, que se ha reunido y lo seguirá haciendo con distintos cancilleres, parte esencial de su trabajo. En un breve encuentro con los medios, le preguntaron si se reunirá con el embajador en Lima del fantasmal gobierno de Juan Guaidó, reconocido por los anteriores gobiernos peruanos. “No sé quién es ese señor, no lo conozco”, respondió irónico.

Fue enfático en condenar los bloqueos, como los que sufren Cuba y Venezuela, aunque no mencionó directamente a estos países al referirse a este tema. “Condenamos los bloqueos, los embargos y las sanciones unilaterales que solo afectan a los pueblos”, dijo en su discurso con el que se estrenó como canciller.

El presidente Pedro Castillo ha enfatizado que su prioridad es la lucha contra la pandemia y la vacunación, y Béjar ha indicado que eso se trasladará a la política exterior promoviendo iniciativas a nivel regional “para establecer acuerdos y estrategias comunes”. “Sudamérica y América Latina -afirmó- tienen una deuda pendiente con sus pueblos para articular una acción conjunta y responsable en la lucha regional contra la covid- 19. Nuestros países tienen la obligación ética de cooperar en esta lucha, independientemente de las orientaciones políticas de los gobiernos”.

En el inicio de su gestión, el canciller destacó que la defensa de los derechos humanos, los derechos económicos y sociales, de los pueblos indígenas, de las minorías sexuales, las políticas de igualdad de género, la defensa del medioambiente, serán parte central de la nueva política exterior peruana

Por Carlos Noriega

02/08/2021

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¿Hacia un nuevo Yalta II, según Réseau Voltaire? // EU acepta que la industria de la Unión Europea funcione con gas ruso

Un día antes de la cumbre de Biden y Putin (https://bit.ly/3vZc0oD), Thierry Meyssan (TM), director de Réseau Voltaire, aventuró que "el nuevo orden mundial empezaba a tomar forma" debido a la "terrible derrota militar en Siria" de Estados Unidos, a quien le queda(ba) la opción de "aliarse con uno de sus adversarios": Rusia o China (https://bit.ly/3xVJPrN).

Seis días después de la Cumbre de Ginebra, TM afirma que se trató de un nuevo Yalta II –división del mundo con sus respectivas esferas de influencia entre Stalin y la dupla anglosajona de Franklin Roosevelt y Churchill–, mucho más que de un "nuevo Berlín" –capitulación del Tercer Reich–, donde "los europeos de Occidente (sic) deberán pagar la factura", mientras "China es confirmada como socia de Rusia" (https://bit.ly/3h6VixX).

Un punto notable de su disquisición se refiere al "lugar de China" cuando "Rusia desechó firmemente las propuestas de alianza con Occidente y contra China", ya que antes de la cumbre el zar Vlady Putin había reafirmado que "no consideraba a Beijing como una amenaza" y que "su desarrollo económico es más que normal".

Tampoco China reivindicaría Siberia oriental –que muchos estrategas consideran una de las regiones más ricas de materias primas del planeta–, por lo que Moscú y Beijing desarrollarán de forma conjunta su economía mediante una "asociación euroasiática ampliada", donde destacan las ferrovías transiberiana y la Magistral que conecta el lago Baïkal al río Amour, además de corredores de transporte.

En el plano económico, "Estados Unidos aceptó el 19 de mayo [poco más de un mes antes de la Cumbre] que la industria de la Unión Europea (UE) funcione con el gas (sic) ruso en lugar del petróleo (sic) occidental", cuando "el socialista (sic)" alemán Gerhard Schröder es el "administrador de la sociedad gasera rusa Rosneft", mientras el gaullista François Fillon será administrador de la sociedad petrolera rusa Zaroubejneft.

TM desmonta la propaganda negra sobre la ciberseguridad que manipulan alegremente los multimedia de Washington cuando "la cuarta parte de los ataques informáticos provienen del mismo EU".

A juicio de TM, Moscú favorece la "retrocesión (sic)" de Taiwán a China "sin necesidad de una confrontación militar".

TM esboza las "zonas de influencia", no sin antes haber delineado las supuestas tres "líneas rojas" prohibitorias de Putin: 1) "Prohibición de la adhesión de Ucrania a la OTAN o del estacionamiento de misiles nucleares" (https://bit.ly/2U0vwng); 2) "Prohibición de inmiscuirse en Bielorrusia", y 3) "Prohibición de intervención en la política interna rusa".

Medio Oriente quedaría bajo la influencia de un condominio de EU y Rusia, "con excepción de Siria, directamente bajo el ala (sic) de Moscú" con tres corolarios: 1) La “mayoría "sunnita" sería dividida en dos grupos para impedir el resurgimiento del Imperio otomano”; 2) "Siria, en lugar de Irán (¡mega sic!) tendría el liderazgo de una zona que incluya Líbano, Iraq, el mismo Irán y Azerbaiyán", y 3) “Israel abandonaría el proyecto expansionista de Vladimir Jabotinsky –proyecto irrendentista del "Gran Israel" adoptado por Bibi Netanyahu y el talmúdico Jared Kushner, yerno de Trump).

Seguramente, el segundo corolario que propulsa a Siria, en lugar de Irán –uno de los grandes triunfadores de la reconfiguración del "Nuevo Medio-Oriente"–, levantará muchas cejas por no ser muy factible.

En cuanto a las "prohibiciones" en las fronteras rusas de Ucrania y Bielorrusia, pareciera que EU no ha notificado todavía a sus aliados de la OTAN: cuando la Armada Real Británica se ha librado a graves provocaciones en el mar Negro, mientras la UE prohíja el asunto del disidente bielorruso Protasevich como su bandera para defender sus fariseos derechos humanos –cuando calla la imperdonable carnicería infantil ocultada de los indígenas de Canadá.

Yalta I se celebró siete meses después Bretton Woods. Ahora el Yalta II que TM propone en forma creativa carece de un Bretton Woods II, que 77 años más tarde puede constituir su agujero negro.

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Venezuela: las negociaciones Gobierno-oposición y la “revisión” de las sanciones imperialistas

Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y Canadá emitieron este viernes un comunicado conjunto en el que se declaran dispuestos a "revisar las sanciones" impuestas contra Venezuela si se produce "un avance significativo en una negociación global". Esto pone en evidencia las negociaciones secretas que se vienen realizando entre Gobierno y oposición.

 

Las negociaciones y los acuerdos han avanzado de manera acelerada, con la particularidad que se realizan a puertas cerradas, más allá de las declaraciones altisonantes que uno y otro sector suele soltar a cada tanto. Éstas vienen desde antes de la elección del nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE), pero una vez definido el ente electoral en los primeros acuerdos, se han hecho más frecuentes los gestos públicos.

Los primeros movimientos los operó el sector de derecha vinculado a Henrique Capriles, pero rápidamente Juan Guaidó dio un giro en su política proponiendo negociar con Maduro en función de las declaraciones hechas por su patrocinador Estados Unidos. Para la segunda semana de mayo Estados Unidos declaraba "una solución integral y negociada" a la crisis en Venezuela, tal como lo hiciera saber la subsecretaria interina para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, Julie Chung. Por su parte, a Unión Europea lo había declarado unos días antes.

Otro movimiento que ya se había realizado en el marco de las negociaciones, fue el anuncio que diera a conocer la administración Biden, de otorgar una “licencia” para que Venezuela pudiera realizar transacciones y actividades vinculadas al manejo de la pandemia del coronavirus. Una medida decretada a casi un año y medio de una pandemia que azota al país y luego de tanto tiempo de muertes y contagios que amenaza con extenderse, colocando al desnudo todo su cinismo y discurso “humanitario” del imperialismo estadounidense.

Una “autorización” está en el marco de las actuales negociaciones entre el gobierno y sectores de la oposición. Como vemos, no es la salud de los venezolanos lo que lo lleva a hacer tales movimientos a Estados Unidos, sino el de favorecer al sector de la oposición que está en las discusiones como un arma de fuerza jugando con el hambre y la salud del pueblo.

En estos momentos una delegación de la oposición vinculada a Guaidó se encuentra en Estados Unidos representada por Leopoldo López, Carlos Vecchio y Nora Bracho, para recibir instrucciones del gobierno de Biden, tras reuniones con representantes en el Congreso, con la Casa Blanca y el Departamento de Estado. “Ha sido muy clara la Administración del presidente Biden en que no habrá levantamiento de sanciones si no hay avances significativos y permanentes hacia la solución de la crisis”, declaró Leopoldo López luego de reunirse con el senador estadounidense Rick Scott.

Por eso, la declaración conjunta de este 25 de junio entre la UE, EE.UU. y Canadá, solo viene a indicar que las negociaciones no solo siguen su curso, sino que desde las potencias emiten esta declaración para poner sobre la mesa las sanciones como mecanismo de presión. Hasta el momento se trata de la señal más clara por parte Joe Biden, de considerar el levantamiento de sanciones impuestas contra Venezuela si Maduro cede en las pretensiones de los sectores de la oposición.

La declaración, firmada por el alto representante de la UE para la Política Exterior, Josep Borrell, el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, y el ministro de Asuntos Exteriores de Canadá, Marc Garneau, eufemísticamente señala que la solución al conflicto político en Venezuela "tiene que venir del pueblo venezolano mismo”. Pero si así fuere, las imposiciones imperialistas ni deberían existir. Las sanciones, que se mantienen desde hace años, muestran toda la falsedad de tal afirmación y revelan el nivel de la injerencia imperialista de Estados Unidos y los otros países.

El propio Guaidó lo declaraba semanas atrás diciendo que el "incentivo" para que el gobierno acceda a cumplir todos los puntos planteados por la oposición sería “el levantamiento progresivo de sanciones, condicionado al cumplimiento de los objetivos del acuerdo”. Algo impensable para este sector antes de las primeras declaraciones de Estados Unidos.

Borrell, Blinken y Garneau indican que: "Aplaudimos avances sustantivos y creíbles para restaurar los procesos democráticos e instituciones centrales de Venezuela y estamos dispuestos a revisar la política de sanciones sobre la base de un progreso significante en una negociación global". Señalando también que las condiciones electorales en el país cumplan los "estándares internacionales democráticos" empezando por las elecciones locales y regionales programadas para el 21 de noviembre.

Es por eso que este mismo viernes, el encargado de negocios de la UE en Venezuela, Duccio Bandini, informó la llegada el próximo seis de julio de la misión exploratoria que evaluará la participación europea en dichas elecciones. Siendo que el 21 de junio, el alto representante de la UE para la Política Exterior, Josep Borrell, ya había anunciado el envío de tal misión técnica.

Desde Washington, antes de esta declaración firmada Antony Blinken ya se venían realizando movimientos por figuras estadounidenses que son consideradas de buen acceso a la Administración Biden que venían hablando con Maduro y el resto del entorno gubernamental venezolano. Entre ellas, el presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, Gregory Meeks, el exgobernador de Nuevo México Bill Richardson y el director del Programa Mundial de Alimentos, David Beasley.

Todos estos movimientos ya los veníamos analizando desde La Izquierda Diario, pues las negociaciones se daban desde hace varios meses en los entretelones. Es evidente que la nueva coyuntura abierta en América Latina tanto desde el punto de vista de la lucha de clases (como hemos visto con los acontecimientos de la rebelión en Colombia), así como las oscilaciones en la superestructura de la política burguesa latinoamericana (como expresa la elección de Pedro Castillo en Perú y -por derecha- Guillermo Lazo en Ecuador), sin dejar de mencionar lo que acontece en Chile, en Brasil o El Salvador. En síntesis, toda una nueva situación política en el continente.

La Administración Trump confiscó los activos y cuentas líquidas de Venezuela en EE.UU., impuso un bloqueo en el sector petrolero con una prohibición de facto a las importaciones estadounidenses de petróleo venezolano, y sanciones a empresas que establecieran negocios con Venezuela y que al mismo tiempo lo hicieran en Estados Unidos, entre otras medidas.

Rechazar todo tipo de agresiones imperialistas está en el orden del día, así como repudiar las sanciones económicas, que no hacen más que aumentar las penurias de un pueblo que viene sufriendo desde hace muchos años las calamidades que caen sobre sus espaldas, de una de las mayores catástrofes económicas y sociales que haya tenido el país y los ataques antiobreros y antipopulares del Gobierno represivo de Maduro. Hay que ser claros en exigir el fin inmediato de las sanciones imperialistas y la devolución ya al Estado venezolano de todos los bienes confiscados.

En todos estos movimientos que se dan por arriba entre el Gobierno y la oposición con el visto bueno del imperialismo detrás, los trabajadores y el pueblo no tienen absolutamente nada que les pueda favorecer. Todo lo contrario. Si Maduro viene con toda una política de destrucción del salario, la eliminación de conquistas contractuales y un curso privatizador y entreguista, por parte de la oposición de Guaidó como de los otros sectores, así como de los grandes sectores patronales, es avanzar también en el mismo sentido, tal como lo han hecho público, incluyendo el famoso Plan País que levantaran los opositores.

Mientras esta situación sigue abierta el drama nacional de la catástrofe económica y social sigue castigando al pueblo con las grandes calamidades, una situación que ha empeorado con la pandemia. Para el pueblo trabajador se trata de recuperar la capacidad de lucha y organización para resistir a todos los ataques en curso y los que vendrán, y no caer en los cantos de sirenas de estos diálogos y pactos que se llevan a cabo por arriba. Solo un curso de acción independiente frente todas estas variantes políticas, al calor de las peleas que van librando, permitirá sentar las bases para construir organizaciones obreras y políticas con clara independencia de clase.

Milton D'LeónCaracas @MiltonDLeon

Viernes 25 de junio | 23:06

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El antagonismo de EE.UU. con China es clave en el cuadrilátero mundial

Las relaciones internacionales se vuelven a reestructurar en torno a la fuerza como en tiempos de Guerra Fría 

Joe Biden amparó la confrontación con Xi Jinping como uno de los ejes de su mandato. De esa estrategia nace un polo dominado por Estados Unidos y asistido por Europa a marcha forzada frente a otro compuesto por China y Rusia. 

 

El retorno del héroe marchito no equilibró el mundo. El pretencioso "America is back" con que el presidente norteamericano Joe Biden inauguró su mandato disgustó a sus aliados europeos y no aportó ni una semilla de equilibrio. Muy por el contrario, cuerpo a cuerpo, bloque contra bloque, el cuadrilátero de la confrontación mundial entre las potencias presenta cuatro actores gigantes trenzados en una pelea monumental cuya calificación deja a la Guerra Fría como un sobrino pacífico que se perdió en el tiempo. El "America is back" conlleva además un despropósito porque implica que Washington es la Estrella de Belén y el resto de los países un rebaño indefenso en la oscuridad que se desvanece sin su luz. 

La herencia de Trump

Los cuatro años del “Make America Great Again” del expresidente Donald Trump demostraron que existe una autonomía de las naciones mucho más profunda de lo que se creía. Los europeos mantuvieron la vigencia del Acuerdo de París sobre el clima y, mucho más tenso aún, la permanencia del Joint Comprehensive Plan of Action (JCPOA), es decir, el acuerdo nuclear con Irán. Trump se retiró del Acuerdo de París, hizo lo mismo con el JCPOA y bombardeó cuanto pudo las instancias multilaterales surgidas de la Segunda Guerra Mundial y todas las iniciativas de corresponsabilidad, desde un plan mundial de vacunación hasta la iniciativa para que los mastodontes de internet paguen impuestos.

América Latina aseguró su rumbo, resistió a las groserías e improvisaciones del presidente mentiroso, Trump ni siquiera pudo con Venezuela y cuando fue necesario los mismos pueblos se sacaron de encima (Bolivia) a los esbirros de la Casa Blanca o terminaron de sepultar la herencia maldita de los años 70 que Washington incrustó en el corazón de las democracias como una herida que jamás podría curarse (Chile).

El héroe se volvió loco y dejó de ser el padre perverso para convertirse en un país dirigido por un payaso con peluquín cuyos seguidores más dementes terminaron invadiendo el Capitolio el seis de enero de 2021. Resignado al suicidio del vigilante paterno, el mundo se ocupó de si mismo y se descubrió cualidades de autogestión que no presentía. Sin dudas que Biden aportó coherencia y racionalidad y un respaldo sano al derecho internacional y a las relaciones moderadas, pero su imperio ya estaba enzarzado en un conflicto de dimensiones pantagruélicas que el mismo líder demócrata eligió profundizar. 

Beligerancia por la hegemonía

Biden amparó el antagonismo con China como uno de los ejes de su mandato. De esa estrategia nace un polo dominado por Estados Unidos y asistido por Europa a marcha forzada que confronta a otro compuesto principalmente por China y Rusia. La beligerancia por la hegemonía del mundo llega hoy a grandiosas incandescentes. Las relaciones internacionales se vuelven a reestructurar en torno a la fuerza como en los años más corrosivos de la Guerra Fría. Los bloques se acusan mutuamente de "actos que amenazan la estabilidad del mundo" (Antony Blinken, Secretario de Estado norteamericano a propósito de China), o de "imponer su propia democracia al resto del mundo" (Yang Jiechi, responsable de la diplomacia del Partido Comunista de China a propósito de Estados Unidos). Ambas frases no son un trascendido, sino que fueron pronunciadas públicamente por los dos responsables políticos en el curso del primer encuentro entre chinos y estadounidenses que se celebró en Anchorage (Alaska) en marzo de este año. Para Washington, el antagonismo estratégico con China constituye “el desafió político más importante del Siglo XXI” (Jake Sullivan consejero para la Seguridad Nacional en la Casa Blanca).

Es muy elocuente: quienes se convencieron de que luego de la caída del Muro de Berlín (1989) se había llegado “al fin de la historia” la vuelven a escribir de la misma manera, es decir, en términos de conflicto radical. En vez de armas se ponen en juego todas las técnicas modernas de desestabilización: hackers, redes sociales, ciberguerra, infiltración de instituciones, espionaje masivo entre aliados, fake news, sanciones. No estamos ante una guerra probable: vivimos en el centro de un conflicto tenso, permanente. Dos formas muy contrapuestas de regímenes políticos pujan por sus intereses y sus valores. Los medios de prensa de Occidente presentan la historia actual como una guerra donde la democracia está atacada por una pareja de dictadores (China y Rusia). Es hilarante, pero eso escriben cada día. Si fuese así, ninguno de los países “buenos” le vendería armas a la dictadura confesional de Arabia Saudita ni al militar dictador que gobierna Egipto llenando las cárceles de inocentes. Si defendiesen la democracia, la paz, la solidaridad internacional y la igualdad tampoco habrían dejado morir a millones de personas en el mundo por falta de una vacuna contra la covid-19. Occidente se las acaparó.

Geopolítica de las vacunas

No se requiere de ningún tamiz ideológico para no sufrir ante las cifras que siguen: 21,5% de la población mundial recibió al menos una dosis de la vacuna. De ese 21, 5%, más del 50% se encuentra en los países ricos y apenas 0,8% en los más pobres. 90% de los países africanos no podrá alcanzar el objetivo mundial de vacunar al 10% de la población. Si esos malos “enemigos de los valores occidentales” que son, para el Oeste, China y Rusia no hubiesen proporcionado sus vacunas millones y millones de personas más estarían condenadas a muerte. La Cumbre del G7 que se llevó a cabo en Carbis Bay fue la escenificación final de la mezquindad y las promesas sin futuro. El mundo tal como es y como son quienes lo controlan. El G7 se permitió una promesa grotesca y sin mañana: compartir 870 millones de vacunas de aquí a un año. Es sólo un miserable plato de arroz para miles de personas que se están muriendo de hambre. El G7 “quedará como la cumbre de una ceguera egoísta”, escribió en una tribuna publicada por Le Monde la presidenta de Oxfam Francia, Cécile Duflot. Muchos se dirán que Joe Biden aceptó que se liberaran las patentes sobre la propiedad intelectual de la vacuna y que los europeos recién accedieron a esa postura una vez que Estados Unidos dio el paso. Sí, pero con un “sin embargo»: la teoría del “bien común” choca con las disposiciones vigentes (mantenidas) que frenan las exportaciones de los componentes necesarios a la producción de la vacuna.

“America is back” no contuvo el engranaje apocalíptico que mueve al mundo. El héroe marchito por las tórridas arremetidas de Donald Trump ha vuelto con su agenda intacta. Defensa de la democracia allí donde le conviene, respaldo de las dictaduras allí donde saca provecho material, financiero o geopolítico y una interminable retórica que no alcanza para vacunar ni al 10% del planeta. Sabemos que estamos dignamente solos en el seno de un mundo cuya brutalidad se acelera bajo la presión de las ambiciones de dominación.

25 de junio de 2021

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El panel de la asamblea de la ONU muestra el resultado de la votación sobre el fin del embargo a Cuba.. Imagen: EFE

En la ONU la condena al embargo de Estados Unidos ganó por 184 votos a dos 

El mayor triunfo para Cuba fue que Brasil – Bolsonaro había acompañado a Trump en 2019 – se abstuvo, al igual que Colombia y Ucrania. Israel volvió a votar con EE.UU. 

Son treinta años, veintinueve victorias diplomáticas consecutivas de Cuba – con la sola interrupción en 2020 por la pandemia – y todo, de manera invariable, sucede siempre en el mismo escenario: Naciones Unidas. Un espacio donde Estados Unidos sufre una derrota tras otra por su persistencia en desoir una resolución contra el bloqueo a la isla que, el 3 de febrero de 2022, cumplirá seis décadas. Desde 1992, La Habana presenta su proyecto de resolución contra la medida unilateral, extraterritorial y que cosecha repudios en la abrumadora mayoría de los países. Este 2021 no fue la excepción. La votación arrojó: 184 votos a favor, dos en contra –Israel acompañó al gobierno de Joe Biden- y tres abstenciones. El éxito mayor para los cubanos fue que Brasil – Jair Bolsonaro había acompañado a Donald Trump en 2019 – se abstuvo esta vez al igual que Colombia y Ucrania, dos países que siguen en general las políticas de EE.UU.

El gobierno socialista de Fidel Castro primero, su hermano Raúl después y ahora Miguel Díaz Canel, actualiza cada año la resolución 74/7 de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Su título es largo y no cambia. Porque lo amerita lo que está en juego: “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”. Esta vez abarcó las afectaciones del período comprendido entre abril y diciembre de 2020. Agravadas por el virus que castiga al mundo y cuyas consecuencias EE.UU acentuó con su política hostil, profundizada por Donald Trump y mantenida intacta por su actual presidente, Joe Biden.

Crueldad

En el documento que leyó el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla ante la 75° asamblea de la ONU, se señala que arreciar el bloqueo en el contexto actual “obliga a nuestro país a luchar contra la mayor pandemia en décadas y contra el sistema de medidas coercitivas más largo y abarcador de la historia. No existe justificación alguna para tamaña crueldad”.

La precisión quirúrgica con que La Habana describe los daños monetarios a su economía está sintetizada en una cifra: en casi seis décadas de bloqueo las pérdidas alcanzaron los 147.853 millones de dólares. En el período que contempla la resolución (abril a diciembre de 2020) las derivaciones de la política coercitiva de Estados Unidos equivalieron a 9.157 millones de dólares. Pero si se considera la depreciación de la divisa estadounidense frente al valor del oro en el mercado internacional, “el bloqueo ha provocado perjuicios cuantificables por más de 1 billón 377 millones 998 mil dólares”, sostiene el gobierno cubano.

La resolución que se votó en la ONU describe hechos que el gobierno de La Habana denuncia y amplía cada año en Naciones Unidas. “No es posible contabilizar la angustia de un cubano que no puede acceder a un medicamento específico porque una entidad estadounidense se negó o se le prohibió enviar los insumos necesarios para su producción”, dice el documento. También señala “la imposibilidad de materializar donativos y compras realizadas en el exterior para enfrentar la pandemia porque las compañías involucradas en su transportación cuentan con una sociedad estadounidense como accionista y temen ser objeto de medidas punitivas”. Tan largo es el brazo de EE.UU que golpea a la economía cubana desde que gobernaba en Washington John Fitzgerald Kennedy. El mismo presidente que sostenía: “Perdona a tus enemigos, pero nunca olvides sus nombres”.

Exposiciones

Durante las exposiciones de los y las embajadoras en Naciones Unidas las críticas a la medida unilateral de Estados Unidos fueron casi unánimes y ese sentimiento quedó reflejado en la votación. “La India espera que se elimine la política del bloqueo”, pidió su representante. México fue uno de los más duros y cuestionó además “la decisión de aplicar el título III de la Ley Helms-Burton, que ha afectado la soberanía del pueblo cubano y los intereses nacionales de terceros países”. China recordó que “es una necesidad poner fin al bloqueo” y la representante de Sudáfrica dijo que “llegó la época de entablar un diálogo constructivo y de no continuar con el aislamiento”. Venezuela calificó al bloqueo como “un crimen de lesa humanidad”.

Exposiciones semejantes se repiten desde hace tres décadas en el mismo recinto. Este año es la 75° Asamblea y nada cambió en la imperturbable política de Washington – acompañada desde la primera votación por Israel, su aliado incondicional – y un grupo escasísimo de pequeños países que se ha esmerilado desde 1992.

El canciller Rodríguez Parrilla puntualizó que en el contexto histórico del bloqueo a que es sometido su país “durante el gobierno de Donald Trump se aplicaron 243 medidas coercitivas unilaterales contra Cuba; de ellas, 55 solo en 2020”. El documento presentado por su gobierno dice que “esta acción unilateral y políticamente motivada incrementa las dificultades del país para insertarse en el comercio internacional”. Una verdad casi de perogrullo como que hoy “constituye un escollo significativo para enfrentar adecuadamente las consecuencias económicas y sanitarias de la pandemia”.

Vacunas

Pese a las derivaciones negativas del bloqueo – una de ellas es que Cuba no puede acceder a tecnologías médicas con más de un 10  dpor ciento de componentes de EE.UU-, en la isla se dio un anuncio clave el lunes 21. Abdala, una de sus cinco vacunas contra el Covid-19, alcanzó una tasa de inmunidad contra el virus del 92,28 por ciento después de aplicarse tres dosis. “Apenas dos días antes, se había informado que otra vacuna cubana, Soberana 02, arrojó una eficacia de 62 por ciento después de dos inyecciones, y que todavía se esperaban los resultados de una tercera inoculación”, publicó la agencia alemana de noticias DW.

En agosto de 2020, cuando Cuba se disponía a anunciar la primera de esas vacunas contra el virus, Google censuró los perfiles en YouTube de los medios Granma, Mesa Redonda y Cubavisión Internacional. Se justificó en “supuestas infracciones de las leyes de exportación estadounidenses”, señaló el canciller cubano.

24 de junio de 2021

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