El pensador estadunidense Noam Chomsky afirma que es "imposible dañar a Rusia severamente", por lo que si Ucrania "prosigue la guerra", será "devastada. Tal es la política de EU".Foto Marco Peláez

El Nuevo Orden Mundial, que se está definiendo en la singularidad de Ucrania y sus "varias guerras en una", toma el camino (aquí proyectado) de la "bipolaridad regional geoestratégica" del bloque EU/OTAN/Unión Europea (UE)/G-7 frente al dúo euroasiático de Rusia y China, al que se inclinan, desde el punto de vista geoeconómico, un tanto cuanto los "BRICS+", al que buscan incorporarse por lo menos 16 países, entre ellos Argentina e Irán (https://bit.ly/3OK2Kyk).

Las cumbres de finales de junio e inicios de julio –los "BRICS+", el alicaído G-7 y la OTAN– reflejan la nueva "bipolaridad regional geoestratégica" cuando el presidente Putin, exorcizado por "Occidente", se siente ya más libre para realizar dos visitas en el mero corazón centroasiático: Turkmenistán y Tayikistán.

La alta probabilidad de una Guerra Termonuclear entre EU y Rusia, que aniquilaría a los seres vivientes de la biosfera –con excepción de las cucarachas–, ha valido que dos jázaros, ideológicamente antagónicos entre sí, Kissinger, de 99 años (https://bit.ly/3Nu1dLV), y Chomsky, de 93 años, se desmarquen de su correligionario: el comediante Zelensky (https://bit.ly/3OK1POk), quien sin tapujos ha sentenciado que su "objetivo (sic) es convertir a Ucrania" en el “ Gran Israel (https://bit.ly/3NsDpry)”. Ucrania –población de 43.5 millones (hoy con 8 millones de refugiados), ¡0.2 por ciento (sic) de judíos jázaros (de origen mongol centroasiático (https://amzn.to/2MR0PfM)!– es el asiento del sionismo histórico con el jázaro Zeev Jabotinsky (https://bit.ly/3OKupzd).

Los dos graves escollos de la irredentista cosmogonía racista del "Gran Israel" del comediante Zelensky son que Israel no es frontera con Rusia y la población jázaro-israelí de Ucrania es una micro-minoría (¡0.2 por ciento!).

Ya en una previa entrevista al periodista británico Owen Jones (https://bit.ly/3bwJUwg), Chomsky había fustigado al "sistema de propaganda occidental" que ha llevado a la escalada militar en Ucrania, que puede acabar siendo "destruida". En ese momento, Chomsky abogó por la "neutralización de Ucrania" y el olvido de su alucinante ingreso a la OTAN.

En una reciente entrevista al académico y periodista palestino-estadunidense Ramzy Baroud y a la periodista italiana Romana Rubeo, Chomsky aduce que las raíces etiológicas de la guerra en Ucrania se deben a la "provocación" de la "expansión de la OTAN" que la prensa occidental omite en forma deliberada mediante una censura que jamás ha visto en su vida (https://bit.ly/3y4kfT5).

Chomsky es una celebridad por su aportación a la neurolingüística y la "gramática generativa", además de impulsar la "revolución cognitiva" en las ciencias humanas. De ahí que sea muy crítico de la "histeria" de los multimedia de Occidente, donde "no se permite la racionalidad (sic)", ni siquiera conocer el punto de vista de Rusia.

Según Chomsky, "no es sólo su opinión", sino la de "cada funcionario de alto (sic) nivel en EU familiarizados con Rusia y Europa oriental: desde George Kennan y, en la década de 1990, el embajador Jack Matlock con Reagan, incluyendo al presente director de la CIA", quienes "han estado advirtiendo a Washington que es temerario y provocativo ignorar (sic) las muy claras y explícitas líneas rojas de Rusia".

Chomsky juzga que las líneas rojas son anteriores a Putin –"no tienen nada que ver con él"–, ya que "Gorbachov siempre dijo lo mismo. Ucrania y Georgia no pueden integrarse a la OTAN, que son el corazón (sic) geoestratégico de Rusia".

Chomsky culpa a Bill Clinton de haberse pasado por su Arco del Triunfo las líneas rojas respetadas por Daddy Bush.

Peor aún: Baby Bush llegó a la temeridad de "invitar a Ucrania" a integrarse a la OTAN, al unísono de su "pequeña camarilla (sic)" de Cheney y Rumsfeld, mientras "Francia y Alemania lo vetaban". Pues sí: eran otras Francia y Alemania…

Después de desglosar la provocación de Biden y su secretario de Estado, el jázaro Antony Blinken, Chomsky sentenció que es "imposible (sic) dañar a Rusia severamente", por lo que si Ucrania "prosigue la guerra", será "devastada. Tal es la política de EU".

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Un tren de alta velocidad une Pekín con Wuhan. El avance de China hace parecer inevitable que superará a EU como primera potencia económica.Foto Xinhua

Parece que Estados Unidos ha iniciado una nueva guerra fría con China y Rusia a la vez. Y la dirigencia estadunidense la presenta como una confrontación entre la democracia y el autoritarismo, lo cual resulta sospechoso, sobre todo cuando esa misma dirigencia corteja activamente a un violador sistemático de los derechos humanos como Arabia Saudita. Esta hipocresía hace pensar que, al menos en parte, lo que está en juego aquí es la hegemonía global más que una cuestión de valores.

Tras la caída de la Cortina de Hierro, Estados Unidos fue durante dos décadas el número uno indudable. Luego llegaron las desastrosas guerras en Medio Oriente, el derrumbe financiero de 2008, el aumento de la desigualdad, la epidemia de opioides y otras crisis que parecieron poner en duda la superioridad del modelo económico estadunidense. Además, sumando la victoria electoral de Donald Trump, el intento de golpe en el Capitolio, las numerosas matanzas en tiroteos, los intentos de supresión de votantes por parte del Partido Republicano y el auge de cultos conspirativos como QAnon, hay pruebas más que suficientes para pensar que algunos aspectos de la vida política y social de Estados Unidos se han vuelto profundamente patológicos.

Por supuesto que Estados Unidos no quiere que lo destronen. Pero que China lo supere en lo económico es sencillamente inevitable, cualquiera sea el indicador oficial que se use. No sólo su población es cuatro veces mayor a la de Estados Unidos, sino que su economía también creció al triple (https://bit.ly/3HI3Bgv) durante muchos años, de hecho, ya superó (https://bit.ly/39InWWB) a Estados Unidos por paridad del poder adquisitivo en 2015.

Aunque China no haya lanzado un cuestionamiento estratégico directo a Estados Unidos, las señales son claras. En Washington hay consenso bipartidario (https://brook.gs/2IQTAmB) respecto de que China puede plantear una amenaza estratégica, y que lo menos que debe hacer Estados Unidos para mitigar el riesgo es dejar de colaborar con el crecimiento de la economía china. Según esta visión, se justifica tomar medidas preventivas, aunque eso implique violar las normas de la Organización Mundial del Comercio, en cuya redacción y promoción Estados Unidos tuvo una importante participación.

Este frente de la nueva guerra fría ya estaba abierto mucho antes de la invasión rusa a Ucrania; después de lo cual, altos funcionarios estadunidenses exhortaron (https://wapo.st/3NpkYnT) a que la guerra no desvíe la atención de la amenaza real a largo plazo: China. Puesto que la economía de Rusia es más o menos igual en tamaño a la de España, su alianza ilimitada con China no parece tener mucha importancia económica (aunque su prontitud para las actividades disruptivas en todo el mundo puede resultarle útil a su más grande vecino del sur).

Pero un país en guerra necesita una estrategia, y Estados Unidos no puede ganar una nueva carrera entre grandes potencias solo; necesita amigos. Sus aliados naturales son Europa y las otras democracias desarrolladas de todo el mundo. Pero Trump hizo todo lo posible por alejarlas, y los republicanos (que todavía están completamente atados a él) han dado amplios motivos para dudar de que Estados Unidos sea un socio fiable. Además, Estados Unidos también tiene que ganarse la buena voluntad de miles de millones de personas en los países en desarrollo y emergentes; no sólo para tener los números de su lado, sino también para garantizarse acceso a recursos críticos.

Para congraciarse con el mundo, Estados Unidos tendrá que recuperar mucho terreno perdido. Su larga historia de explotar a otros países no ayuda, como tampoco su profundamente arraigado racismo (una fuerza que Trump canaliza con pericia y con cinismo). El último ejemplo es la contribución de las autoridades estadunidenses al “ apartheid vacunatorio” (https://bit.ly/3HKAnOo) global, por el que los países ricos consiguieron todas las dosis que necesitaban, mientras la gente de los países pobres quedó librada a su suerte. En tanto, los adversarios en la nueva guerra fría estadunidense pusieron sus vacunas a disposición (https://go.nature.com/3zU0VdN) de otros países a precio de costo o inferior y los ayudaron a desarrollar capacidad de producirlas por sí mismos.

La falta de credibilidad se magnifica en lo relacionado con el cambio climático, que afecta en forma desproporcionada a los países del Sur Global (https://bit.ly/3NbN5GE), que son los menos preparados para hacerle frente. Aunque los principales mercados emergentes hoy son la fuente principal de gases de efecto invernadero, la emisión acumulada de Estados Unidos sigue siendo con diferencia la mayor (https://bit.ly/3n4Bcb4). El mundo desarrollado no deja de sumar emisiones, y para peor ni siquiera ha cumplido sus exiguas promesas de ayudar a los países pobres a manejar los efectos de una crisis climática que causaron los países ricos. Por el contrario, los bancos estadunidenses contribuyen al riesgo de crisis de deuda (https://bit.ly/3QAyl7f) en muchos países, exhibiendo a menudo una perversa indiferencia respecto del sufrimiento resultante.

Europa y Estados Unidos son muy buenos para dar lecciones a otros sobre lo que es moralmente correcto y económicamente razonable. Pero el mensaje termina siendo haz lo que yo digo y no lo que yo hago (algo que la persistencia de los subsidios agrícolas de Estados Unidos y Europa pone en claro). Más aún después de Trump, Estados Unidos ya no tiene ningún derecho a la superioridad moral, ni credibilidad para dar consejos. El neoliberalismo y la economía del derrame jamás gozaron de mucha aceptación en el Sur Global, y ahora están perdiéndola en todas partes.

Al mismo tiempo, China se ha destacado por su capacidad para proveer infraestructuras físicas (https://bit.ly/3zPy1vz) a los países pobres en vez de dar lecciones. Es verdad que a menudo esos países terminan muy endeudados; pero viendo cómo se han portado los bancos occidentales como acreedores en el mundo en desarrollo, Estados Unidos y otros no están en posición para lanzar acusaciones.

Podría seguir, pero creo que mi argumento ya está claro: si Estados Unidos se va a embarcar en una nueva guerra fría, tiene que comprender qué necesita para ganarla. Las guerras frías se ganan en última instancia con el poder blando de la atracción y la persuasión. Para salir airosos, tenemos que convencer al resto del mundo de que nos compre no solamente nuestros productos, sino también el sistema social, político y económico que vendemos.

Estados Unidos sabrá hacer los mejores bombarderos y sistemas misilísticos del mundo, pero aquí no nos servirán de nada. Por el contrario, tenemos que ofrecer a los países en desarrollo y emergentes ayuda concreta, comenzando con la suspensión de derechos de propiedad intelectual sobre todo lo relacionado con el covid, para que esos países puedan fabricar vacunas y tratamientos por sí mismos.

Igual de importante, Occidente debe lograr que su sistema económico, social y político vuelva a ser la envidia del mundo. En Estados Unidos, el primer paso es reducir la violencia con armas de fuego, mejorar la regulación ambiental, combatir la desigualdad y el racismo y proteger los derechos reproductivos de las mujeres. Hasta que hayamos demostrado que merecemos liderar, no podemos esperar que otros nos sigan.

Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía, es profesor distinguido en la Universidad de Columbia e integrante de la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional.

Traducción: Esteban Flamini

Copyright: Project Syndicate, 2022.www.project-syndicate.org

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Se ahonda pugna entre Evo Morales y Luis Arce en Bolivia

La Paz. El expresidente boliviano Evo Morales decidió pasar a la ofensiva contra el gobierno de su heredero político Luis Arce y le reclamó públicamente por la falta de obras y la permanencia en el cargo del ministro de Gobierno, a quien ha cuestionado duramente.

Respaldado por el principal sindicato de cocaleros, del que es titular, Morales dijo que le envió una carta a Arce para evaluar la gestión del titular de Gobierno, Eduardo del Castillo. “Escuché de los compañeros que no están llegando obras. Primera vez que escucho que no están llegando obras”, dijo Morales desde una radio de los cocaleros en la región central de Bolivia.

Otro sindicato de la región de Morales amenazó con iniciar protestas con cortes de rutas si Arce no escucha el pedido de destituir al titular de Gobierno, a quien Morales acusa de una deficiente gestión.

Morales es líder del gobernante Movimiento al Socialismo (MAS) que controla la mayoría en la Asamblea Legislativa, pero la semana pasada perdió una batalla política al no lograr que los legisladores censuraran a del Castillo.

Arce respaldó el lunes la gestión de su ministro durante una ceremonia pública y evitó hacer comentarios sobre las discrepancias en su gobierno. Líderes oficialistas reconocieron las disputas, pero rechazaron que haya divisiones.

Para la minoritaria y dividida oposición política las disputas están motivadas por pugnas de poder y por el liderazgo del partido oficialista con miras a las elecciones presidenciales de 2025. Arce está habilitado a postularse a una reelección consecutiva.

Arce fue el cerebro del modelo económico de Morales que dio al país estabilidad y crecimiento durante el auge de las materias primas y como mandatario ha seguido la política de su mentor con una economía estatista.

Tras más de una década en el poder (2006-2019) Morales renunció en 2019 en medio de un estallido social que costó la vida de 37 personas tras acusaciones de la OEA de fraude electoral en los comicios de ese año en los que buscaba un cuarto mandato consecutivo. A su regreso del exilio retomó el liderazgo del principal sindicato cocalero y del MAS.

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En el primer día de encuentro en Los Angeles, López Obrador se ausentó por "la falta de respeto a la soberanía".. Imagen: AFP

La Casa Blanca amagó que iba a invitar a los "autoritarios" Nicaragua, Cuba y Venezuela, pero al final no sucedió y México bajó el nivel de su representación.

Desde Los Ángeles

La IX Cumbre de las Américas comenzó este lunes en Los Ángeles con el primer día de reuniones de organizaciones de la sociedad civil y una confirmación: el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, no viaja al encuentro. El mandatario ya había anticipado que no asistiría si Estados Unidos, el anfitrión, no invitaba a todos los gobiernos del continente. Horas antes de que comenzaran las primeras actividades del encuentro regional en California, se conoció que el país norteamericano había descartado una convocatoria que incluyera a Cuba, Nicaragua y Venezuela.

"No voy a la cumbre porque no se invita a todos los países de América y yo creo en la necesidad de cambiar la política que se ha venido imponiendo desde hace siglos", dijo López Obrador. Aunque la Casa Blanca había adelantado que estaba trabajando en “consideraciones finales” en torno a la lista de invitados, no hubo muchos cambios. El domingo por la noche, la agencia Bloomberg reportó que había quedado descartada la posibilidad de invitar a los tres países excluidos, a pesar de que era una condición de López Obrador para asistir y que la presencia del presidente mexicano era importante para su par norteamericano Joe Biden.

El número de jefes de Estado de América que llegarán a Los Ángeles continúa achicándose. Xiomara Castro de Honduras no estará presente. El lunes se supo que tampoco viajará el presidente uruguayo Luis Lacalle Pou, pero en su caso será por dar positivo en un test de covid-19.

La lista final de asistentes, ya iniciada la cumbre, no se conocía hasta la noche de este lunes. Para Steve Liston, director senior de la organización Consejo de las Américas, la discusión en torno a las invitaciones “es una distracción”, el resultado de una “planificación tardía”. Para él, la ausencia de López Obrador no significa de ningún modo que se termine el valor de la cumbre, dado que México igualmente estará representado.

Sin embargo, la demora en esos aspectos de la planificación, dijo Liston, es “desafortunada”, porque lleva a la región a preguntarse “si Estados Unidos se preocupa” por ella. “Esa es una señal que ha sido enviada”, dijo en diálogo con Página|12.

Para Benjamin Gedan, director interino del Programa Latinoamericano del Wilson Center y exdirector para América del Sur del Consejo de Seguridad Nacional de Barack Obama, la ausencia de López Obrador es “una decepción”. “México es un líder regional y debería ayudar a promover la coordinación durante este período desafiante para Latinoamérica y el Caribe”, dijo a Página|12.

Gedan sostuvo que la ausencia no es tan significativa para la relación entre México y su vecino del norte. “Los dos países han establecido una serie de diálogos bilaterales de alto nivel, lo que refleja su interdependencia económica y la cooperación en temas como migración y antinarcóticos”, agregó. A pesar de su negativa a ir a la cumbre, López Obrador anunció que visitará Washington en julio para reunirse con Biden.

Este lunes, la portavoz de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, fue consultada por la decisión de no invitar a los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela bajo el fundamento de que “los dictadores no deberían ser invitados”, aunque a la vez se esté planificando un viaje de Biden a Arabia Saudita, un país al que en su campaña prometió convertir en un paria. “El presidente está enfocado en hacer cosas para el pueblo estadounidense. Si él determina que es del interés de los Estados Unidos tratar con un líder extranjero, y que ese trato puede dar resultados, entonces lo hará”, justificó la vocera.

Biden llegará a Los Ángeles el miércoles para dar inicio a las reuniones de líderes. Ese día, la agenda estará centrada en temas económicos. El jueves, se enfocará en la recuperación de la pandemia y tocará temas de salud y seguridad alimentaria. El viernes, último día de la cumbre, el principal tema será migración, una cuestión sobre la que Estados Unidos espera lograr una declaración de los asistentes.

La Casa Blanca también fue consultada este lunes sobre cómo hará para que ese debate sobre inmigración sea realmente efectivo cuando los líderes de México y Honduras no asistirán y todavía no había confirmación de parte de los de El Salvador y Guatemala, las principales zonas de interés sobre esta cuestión para Estados Unidos. “Somos capaces de tener una serie de conversaciones y realmente enfocarnos en nuestra agenda”, se limitó a decir la portavoz.

Durante lunes y martes, la cumbre está sobre todo enfocada en el diálogo entre representantes de organizaciones de la sociedad civil, encuentros del sector privado y un foro en formato híbrido para la juventud.

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Martes, 07 Junio 2022 05:33

China no es el peligro

Un Tyrannosaurus Rex robótico se encuentra frente al horizonte de la isla de Hong Kong en Hong Kong, China, el 6 de junio de 2022.- EFE

La consideración de China como una amenaza, la mayor de todas, para Occidente es recogida crecientemente sin matices por numerosos medios y analistas, reforzando la convicción de que nuestro modelo económico, cultural y sociopolítico se encuentra en serio peligro. Es este el discurso bipartidista que emana de la Casa Blanca o del Pentágono (de Trump a Biden), de la OTAN, etc., y que los halcones dominantes, demócratas y republicanos, repiten como un estribillo recurrente. Y ahí, por extensión, vamos todos detrás, ya seamos liberales o socialdemócratas, europeos o asiáticos.

¿Tiene sustento? Lo primero es reconocer que China, en efecto, se ha convertido en un país relevante. Es la segunda economía mundial y su presencia global es cabalmente reconocible. Sin embargo, también es cierto que si nos atenemos a varios índices blandos (desde su renta per cápita al IDH) o duros (el nivel de su gasto en defensa y su proyección, por ejemplo) aún le falta bastante para ser considerada una potencia integral, más allá de los valores absolutos. Por otra parte, debe significarse que por más que se esfuercen los apologetas de la amenaza, su expansión global tiene por bandera el comercio y no sus capacidades o ambiciones militares. Exagerar su poder es una de las constantes recurrentes para justificar que hablamos ciertamente de una amenaza creíble.

¿Dónde está de veras el peligro? El mayor peligro para Occidente no es China sino el deterioro de nuestro propio sistema, que parece haber normalizado peligrosas tendencias como el desapego democrático o las desigualdades. A su corrección no se aplica la energía debida mientras se desvía la atención para estigmatizar al "rival sistémico" y endosarle nuestras penas.  Un informe reciente de Oxfam, por ejemplo, indica que la riqueza de las grandes fortunas creció en 24 meses lo mismo que en dos décadas. La riqueza de los milmillonarios ha crecido en los últimos 24 meses lo mismo que lo hizo en 23 años. Su patrimonio equivale ahora al 13,9% del PIB mundial, un porcentaje altísimo si lo comparamos, por ejemplo, con el del año 2000, cuando la riqueza total de los milmillonarios suponía el 4,4% del PIB mundial. Es decir, se ha multiplicado a más del triple en tan solo dos décadas, siendo estos dos últimos años responsables de una parte importante de ese incremento. En el tiempo que tarda en surgir un nuevo milmillonario, un millón de seres humanos pueden verse arrastrados a la pobreza.

Otro tanto ocurre con tantas servidumbres institucionalizadas que imperan bochornosamente sobre el bien común, sacrificado en el altar de los intereses de los grandes y todopoderosos complejos, desde el militar industrial al energético, farmacéutico, financiero o mediático. Esos sí que constituyen un peligro mayor para la estabilidad occidental. No es China quien amenaza nuestra ruina.

Y otro peligro es la ceguera consciente, la negativa a admitir que en los últimos 30 años, el mundo ha cambiado de forma significativa y que urge buscar fórmulas para una adaptación incluyente. La lógica objetiva impondría una negociación para el compromiso de una gobernanza compartida.

El fracaso de la guerra comercial y tecnológica parece ahora dar pábulo al ardor belicista disponiendo un doble cerco, económico y militar, contra China. Así vistas las cosas, es comprensible que en Beijing también se diga que "Occidente es el peligro", aunque también en China cabría decir otro tanto respecto al señalamiento de un enemigo exterior como recurso para tapar las taras internas. Porque también en China, el mayor peligro es su inestabilidad, que obedece a múltiples razones: políticas, socioeconómicas, territoriales...

Ignorando adrede el significado de su cultura e historia, presentar a China como "el peligro" sirve a un propósito: encaminarse a marchas forzadas a la reedición de una guerra fría en la que aspiramos a salir de nuevo victoriosos con la esperanza de así preservar la hegemonía occidental de los últimos siglos, sustentada en el expansionismo a todos los niveles y por todos los medios a nuestro alcance.

Probablemente no estaríamos en esta tesitura si China se conformara con ser la fábrica del mundo para mayor goce de nuestras multinacionales o no aspirase a participar, desde el ejercicio de su soberanía, con la cuota que le corresponda en la gestión de los asuntos globales.

China ni es modelo para Occidente ni aspira a serlo. Ni en lo político ni en lo cultural ni en otros aspectos sistémicos. Afirmar las "singularidades chinas" como nervio estructural de su proyecto sistémico lo invalida de facto para reeditar el mesianismo, ya sea de signo liberal o no, que algunos se resisten a caducar. Lo que China pretende es que se le reconozca como lo que es, un "país grande" que tiene una visión de sí mismo y de lo demás diferente; y su exigencia de respeto, invita a creer que no se dejará amilanar fácilmente.

Enarbolando el dedo acusatorio, tampoco se favorecerá el cambio de mentalidad ni un hipotético aggiornamento de China. Solo daremos alas a ese enrocamiento que, a la postre, también ayudaría a crear las condiciones para ese conflicto que debiéramos desde ya tratar de evitar apostando por el apaciguamiento de las tensiones y un diálogo clarificador.

Confío en que quienes piensan que China es un peligro no piensen también que quienes habiendo estudiado China durante décadas desde dentro y desde fuera (aunque quizá no desde Washington) no compartimos esa visión y seguimos apostando por vías constructivas, no nos consideren también ahora "peligrosos". A juzgar por algunas actitudes, en más de un caso, poco falta ya para eso

Por Xulio Ríos, Director del Observatorio de la Política China

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Fantasmas de Miami ponen en riesgo la Cumbre de las Américas

El problema no está en los invitados, sino en que EU no entiende los cambios en AL y ya no tiene la misma influencia, señalan analistas

 

Nueva York., El anfitrión de la Cumbre de las Américas se encuentra atrapado entre América Latina y Miami, y en vísperas del inicio del encuentro programado a partir hoy y hasta el día 10 en Los Ángeles, lo que se presentaba por el gobierno de Joe Biden como un festejo de su "nueva relación" con el hemisferio ahora está en riesgo de ser un posible fracaso vergonzante para un presidente en urgente necesidad de triunfos.

Cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció el 10 de mayo que no participaría personalmente en la cumbre si se excluía de la lista de invitados a países del hemisferio, en particular referencia a Cuba, Venezuela y Nicaragua –posición después endosada por Bolivia, Honduras y varios de los 15 países de la Comunidad del Caribe (Caricom)–, obligó al gobierno de Joe Biden a hacer explícito lo que buscaba dejar medio borroso: optar entre las Américas o Miami.

Esta primera cumbre realizada en Estados Unidos desde el acto inaugural en Miami, en 1994, seguía ante la incertidumbre a 24 horas de su inicio y son precisamente los fantasmas de Miami los que podrían descarrilar la reunión; los sectores conservadores poderosos de ese epicentro de fuerzas contra-rrevolucionarias latinoamericanas y sus aliados estadunidenses que se oponen a la inclusión de Cuba y Venezuela en estas cumbres.

Por ahora, Biden y sus estrategas están optando por privilegiar la relación con la capital de la derecha latinoamericana inexplicablemente ignorando lo que el presidente Barack Obama –con Biden como vicepresidente– finalmente entendió hace unos pocos años: la política estadunidense hacia Cuba dañaba la relación de Washington con casi todo el hemisferio.

El senador Marco Rubio, una de las principales voces del poder de Miami, rechazó que López Obrador dictara lo que Estados Unidos debería de hacer en su fiesta hemisférica. En una audiencia en el Senado el 26 de mayo, declaró: “no creo que Estados Unidos de América debería de ser buleado o presionado sobre a quién invitar a una cumbre de la cual somos anfitrión. Si no quiere venir, que no venga… Y si gente que desea que dictadores vengan deciden boicotear, entonces sabremos quiénes son los verdaderos amigos en la región…”

Según expertos, diplomáticos y algunos políticos, el problema mayor no está en La Habana, Caracas o Managua, sino en un Washington que aparentemente no ha entendido los cambios en América Latina y que a pesar de la proclamación de Biden de que “America is back”, ya no tiene la misma influencia ni poder que en el siglo pasado.

De hecho, la Casa Blanca afirma que el objetivo de la política estadunidense en esta cumbre es promover "la visión de una región segura, de clase media y democrática como algo que está fundamentalmente en el interés de seguridad nacional de Estados Unidos". Más aún, se afirmó que la agenda económica que promoverá es una que "se construye sobre los acuerdos de libre comercio en el hemisferio" y "abordar temas de equidad". O sea, el mismo guion, aunque diluido, que se estrenó en la primera cumbre en Miami en 1994.

Christopher Sabatini, experto en la relación interamericana y por mucho tiempo promotor de la importancia de estas cumbres, escribió en Foreign Policy que sin un cambio en la postura de Washington, esta cumbre podría ser percibida como "la tumba de la influencia estadunidense en la región".

Dan Restrepo, quien fue asistente del presidente Barack Obama para asuntos del hemisferio occidental y encargado de su participación en dos cumbres, escribió en un artículo en Los Angeles Times, que la Cumbre de las Américas ha fracasado en ofrecer resultados desde sus inicios, y aunque fue originalmente pensado como "un vehículo para promover los intereses de Estados Unidos en América" ahora es “un foro con un fallo mortal que no sirve a su propósito…”, y aconseja que ésta debería de ser su última sesión.

El historiador Miguel Tinker Salas, profesor en Pomona College, y colaborador de La Jornada, señaló en entrevista con Los Angeles Times que la posición de López Obrador mostró una fractura en la hegemonía estadunidense, que Washington gozaba cuando inauguró las cumbres en 1994, pero que "ahora es otra América Latina, y no entiende eso. Estados Unidos ya no es el imperio que hace o deshace" las cosas en el hemisferio.

Vale recordar que la Cumbre de las Américas nació del llamado "consenso de Washington" que planteaba un hemisferio de "democracias de libre mercado" vinculadas por acuerdos de libre comercio que culminaría en un Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). México fue el modelo a seguir con el TLCAN.

Una década después se escuchó "ALCA, ALCA, Al carajo", la consigna famosa lanzada por el entonces presidente Hugo Chávez en el foro social alternativo a la cumbre en Mar de la Plata en 2005. Con pala en mano, declaró que llegó a la cumbre junto a organizaciones sociales hemisféricas y los gobiernos sudamericanos progresistas "para enterrar el ALCA". Eso marcó el fin de ese sueño neoliberal expresado en el consenso de Washington. (Ver Manuel Pérez Rocha: https://www.jornada.com.mx/notas/2022/05/23/politica/cumbre-de-las-americas-nunca-mas-un-alca/ ).

Desde entonces, los cambios en varios países del hemisferio –incluyendo atentados de golpe de Estado y conquistas derechistas tanto en sur, centro e incluso en Estados Unidos– a nuevas dinámicas políticas progresistas antineoliberales siguen transformando el continente.

Mucho de esto se manifestará en los próximos días en Los Ángeles.

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La violencia en el sur de Chile, un dolor de cabeza para el presidente Gabriel Boric

El gobierno extendió el estado de excepción en el conflictivo territorio mapuche

El asesinato del trabajador forestal Segundo Catril Naculqueo, de 66 años, reactivó la preocupación de las autoridades chilenas. En lo que va del año ya son siete las víctimas fatales de la violencia rural en La Araucanía.

 

Aunque prometió que no lo haría y criticó a su antecesor, Sebastián Piñera, por mantener la medida durante seis meses, el presidente Gabriel Boric decretó el estado de excepción en el sur de Chile al poco tiempo de asumir su mandato. El incremento en un 122 por ciento de los ataques incendiarios desde el retiro de los militares el 27 de marzo, según datos de la Multigremial de La Araucanía, hizo que retornaran las fuerzas armadas a la zona generando un fuerte debate interno en el oficialista Pacto Apruebo Dignidad. Los mapuches mantienen un reclamo histórico al Estado chileno por tierras que consideran propias por derecho ancestral y que fueron entregadas a privados, principalmente a empresas forestales y agrícolas.

El asesinato del trabajador forestal mapuche Segundo Catril Naculqueo, de 66 años, reactivó la preocupación de las autoridades chilenas: en lo que va del año ya son siete las víctimas fatales en contexto de violencia rural en La Araucanía, un fenómeno que tiene como actores centrales a los mapuches, pero también a trabajadores, empresas y sectores de extrema derecha. Los movimientos indígenas entienden que la militarización solo eleva la tensión y defienden que son necesarias medidas transversales y de largo plazo.

"El tema de la macrozona sur se podía resolver con un diagnóstico correcto de cuál es la situación y cuáles son los intereses asociados a grupos económicos que están operando en la zona", asegura Máximo Quitral, historiador y politólogo de la Universidad Tecnológica Metropolitana de Chile. En diálogo con Página/12, Quitral agrega: "Lo segundo necesario es una agenda política que incorpore a los voceros de las comunidades que ellos determinen como interlocutores válidos para comenzar a desarrollar una agenda política. Como no existe aquello y se insiste en la militarización y en la criminalización es muy difícil, primero que se resuelva el tema, y luego que los grupos más radicales que están en el sur confíen en el Estado como un actor que pueda resolver sus demandas históricas".

La dos vertientes del pueblo mapuche

Junto a la militarización prorrogada el lunes pasado, el gobierno relanzó la política de compra de tierras, paralizada durante la gestión de Piñera, y duplicó el monto anual asignado. "El único camino para iniciar la superación de los conflictos es generar acuerdos que respondan adecuadamente a las deudas históricas del Estado con los pueblos indígenas. Impulsaremos parlamentos territoriales que reconozcan a las autoridades e instituciones propias, respetando protocolos indígenas y siguiendo estándares internacionales”, dijo Boric esta semana durante su primera cuenta pública ante el Congreso Nacional.

Pero una parte de la comunidad mapuche sigue desconfiando de las intenciones del gobierno chileno, e incluso una organización indígena radical, la Coordinadora Arauco-Malleco, llamó a la resistencia armada. Fernando Pairican, doctor en Historia de la Universidad Católica de Chile, divide el accionar actual del movimiento mapuche en dos líneas: una "gradualista" que está "específicamente escribiendo la nueva Constitución a través de los escaños reservados y que son hombres y mujeres que pertenecen a las organizaciones del movimiento que en lo que difieren es en la forma de llevar a la práctica los derechos indígenas, pero siempre en el marco de la institucionalidad". Entre esos actores se encuentra la primera presidenta de la Convención Constitucional, Elisa Loncon.

Luego surge una segunda variante, la "rupturista", para la cual se vuelve necesario entender cómo se ha comportado la institucionalidad con el pueblo mapuche en los últimos 20 años. "Ahí yo creo que hay una violencia estructural de parte del Estado que se agudizó a partir del año 2002 con el uso excesivo de la fuerza policial y que en el año 2006 significó el ingreso de la fuerza civil, como se le llama a la policía de investigaciones, y luego ya del 2010 a 2012 se incorporó la presencia del Ejército de Chile", señala a este diario Pairican, quien entiende que en el movimiento mapuche también entra en juego un tema generacional, "personas de 20 o 30 años que han sido criados bajo este uso de la violencia y tal vez no ven en la democracia una fórmula para expresarse porque la democracia ha sido violenta con ellos".

El brutal crimen de Segundo Catril 

La complejidad de la violencia en el sur de Chile se vio manifestada la semana pasada, cuando sujetos aún no identificados emboscaron y tirotearon un pequeño colectivo que transportaba a unos 30 trabajadores forestales mapuches, causando la muerte a uno de ellos e hiriendo a otros dos en la comuna sureña de Lumaco. En imágenes difundidas por televisión, el vehiculo de los forestales mostraba múltiples impactos de perdigones de escopeta en su carrocería y vidrios destruidos.

Segundo Armando Catril Neculqueo, de 66 años, estaba contratado desde hace cuatro años para una empresa que presta servicios a la Forestal Mininco. Los trabajadores como él realizan labores de restauración, es decir, recuperan tierras erosionadas o descuidadas y en esos mismos lugares plantan vegetación y árboles nativos que cultivan en sus propios viveros comunitarios. 

"Lo que ocurrió con el peñi que fue asesinado responde a un tema estructural para el mundo mapuche como lo son las plantaciones forestales, y un sector del movimiento con mucho arraigo en sus comunidades ha tomado la decisión de generar una política de acercamiento con las forestales y trabajar o asociarse a ellas para la productividad", sostiene Pairican. A eso la forestal lo llamó la "Política del Buen Vecino" en el año 2002-2003 y es una de las aristas del "Programa de Verdad Histórica y Nuevo Trato" que desarrolló el gobierno de Ricardo Lagos y continuaron los expresidentes Michelle Bachelet y Sebastián Piñera.

Para el diputado opositor Mauricio Ojeda, la gente hoy "vive con miedo" porque en la zona operan bandas delictivas especializadas en el robo de madera. "El gran problema aquí es que lo que se denomina conflicto mapuche se transformó en un negocio", sostiene Ojeda, y asegura que a diario circulan por la región de La Araucanía más de 200 camiones con madera robada. Quitral aporta que "hay denuncias de que no sólo están operando comunidades en resistencia, sino que también hay otros actores que responden a vertientes de extrema derecha, que estarían presentes en la zona y que perfectamente podrían estar involucrados en el asesinato de Segundo Catril".

Rumbo al Estado Plurinacional

La Convención Constitucional que finalizó hace semanas la primera versión de la nueva Carta Magna de Chile, que debe ser sometida a plebiscito, define al país como un "Estado Plurinacional" y salda así una vieja deuda con los indígenas. Establece mayores autonomías y una justicia especial para los pueblos originarios. 

Sin embargo, la reforma no sería suficiente para desterrar la violencia del país trasandino, porque según Quitral "más allá del reconocimiento de los pueblos originarios y los escaños y todo lo demás, el asunto es cómo se resuelve políticamente un permanente hostigamiento del Estado chileno a las comunidades indígenas". El politólogo sostiene que la "presión hacia las comunidades indígenas está mediatizada por elementos económicos y recursos naturales" y agrega que "lamentablemente la Constitución no se está haciendo cargo de ese punto, lo que deja abierta la posibilidad que la tensión en la macrozona sur se agudice con el paso del tiempo".

Por su parte, Pairican entiende que no se trata solo de derechos culturales, sino que los conceptos más interesantes y los que han generado más críticas en la nueva Carta Magna chilena son los de "plurinacionalidad", "autonomía" y "devolución territorial". La derecha chilena tomó esos tres elementos para encabezar una campaña que busca atemorizar a la población frente a la posibilidad de una "Constitución indigenista que favorecería a la minoría en contraste de la mayoría", en palabras del autor de La vía política mapuche, quien además explica: "El tema mapuche en el fondo también es racismo y, por tanto, si tú no lo quieres en la institucionalidad pero tampoco lo quieres fuera de la institucionalidad, dejas las puertas abiertas para que el derecho de rebelión sea legítimo".

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Jueves, 02 Junio 2022 06:05

EEUU afina la estrategia hacia China

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y su homólogo indio, Narendra Modi (archivo). Fecha: 11/04/2022.

El Secretario de Estado Antony Blinken pronunció el 26 de Mayo en la Universidad George Washington un importante discurso para señalar el guion de la actual Administración Biden a propósito de China. De entrada, si lo comparamos con la invectiva del vicepresidente Mike Pence en el Instituto Hudson en 2018, la alocución de Blinken exhibe otro tono, mucho más contenido y moderado aunque la firmeza de fondo no cambia.

Enfoques principales

Varias ideas sugerentes estructuran dicho guion básico. Primero, el énfasis en la diplomacia como herramienta clave para enfrentar los desafíos actuales, de forma que esta constituye el epicentro de la política exterior de los EEUU.

Segundo, la defensa del orden internacional basado en reglas cuya razón de ser se remite a la Carta de ONU y sus desarrollos, incluidos los derechos humanos. Washington se proclama líder de aquellas naciones que comparten dichos valores e intereses.

Tercero, califica a China como "el desafío más serio a largo plazo para el orden internacional", asegurando que es "el único país que tiene tanto la intención como el poder para remodelar el orden internacional" en una perspectiva que "nos alejaría de esos valores universales" que han abanderado el progreso mundial en las últimas décadas.

Cuarto, EEUU no busca "un conflicto ni una nueva Guerra Fría" con China. Tampoco busca "bloquearla en su papel de gran potencia", ni impedir que "su economía progrese".

Quinto, reconoce que China es una potencia mundial con un alcance, influencia y ambición "extraordinarios" pero también con una agenda "represiva en el interior y agresiva en el exterior" que es "preocupante" y no confía en que "cambie su trayectoria".  Es por ello que aspira a configurar "el entorno estratégico en torno a Beijing para hacer avanzar nuestra visión de un sistema internacional abierto e integrador".

Sexto, la estrategia a seguir por la actual Administración, se resume en la tríada "invertir, alinear, competir". Partiendo del reconocimiento de que los EEUU se han quedado atrás en aspectos importantes (desde la industria, la tecnología o las infraestructuras, educación, etc.), se reafirma la voluntad de revertir esta situación. Asimismo, aliados y socios deben estar unidos, en primer lugar, para "promover una visión compartida" que tendrá como referencia básica la región del Indo-Pacífico con su IPEF (Marco Económico Indo-Pacífico para la Prosperidad) y QUAD (Australia, Japón, India, y EEUU), además del AUKUS (Con Australia y Reino Unido). Además, se enfatiza el alineamiento "a través del Atlántico", erigiendo la alianza con la UE y la revitalización de la OTAN como pilares clave. En cuanto a la competencia, se postula la superación de China en áreas clave, se trabaja en la definición de herramientas para proteger la competitividad, en especial la tecnológica, apelando a la comprensión de la comunidad empresarial, y se enfatiza una defensa a ultranza de sus propios intereses económicos. Al mismo tiempo, asegura que "no quiere separar la economía china de la nuestra ni de la economía mundial" pero siempre salvaguardando "nuestra seguridad nacional".

Séptimo, en el orden de la defensa, el enfoque será la "disuasión integrada", llamada a asegurar que todo su arsenal (convencional, nuclear, espacial e informativo) se halle en permanente posición de vanguardia, evolucionando hacia sistemas asimétricos que tengan en cuenta el perfil de los conflictos del siglo XXI.

Por último, EEUU "reaccionará positivamente" si China "adopta medidas concretas para abordar las preocupaciones" expresadas.

Enunciados positivos

Colaboraremos, dice Blinken, "donde confluyan nuestros intereses" y cita a modo de ejemplo el cambio climático o la pandemias, la no proliferación o el control de armas (asegurando que quieren mantener las reglas y tratados), la coordinación macroeconómica, la seguridad alimentaria, la lucha contra los narcóticos ilegales e ilícitos, etc.

Admite que la transformación de China se debe, en primer lugar, al esfuerzo de su propia sociedad, y efectúa un reconocimiento explícito de los chinos americanos formulando una clara advertencia hacia el racismo anti-chino que prolifera en los EEUU, manifestándose a favor de mantener y preservar los lazos económicos y personales que conectan a ambos países.

Importante también es que la admisión de las "profundas diferencias" que separan ideológicamente a los respectivos regímenes se complementa con el reconocimiento de "no pretender transformar el sistema político chino" aunque reivindica la superioridad de la democracia estadounidense.

Por último, enfatiza la importancia de la prioridad a "las comunicaciones de crisis y a las medidas de reducción de riesgos".

Incoherencias y contradicciones: Nada como predicar con el ejemplo

La evaluación crítica de la política anunciada por el secretario de Estado Blinken ofrece algunas incoherencias y contradicciones destacadas. Como cuando dice que su acción diplomática pretende garantizar que "los países deben ser libres para tomar sus propias decisiones soberanas", cuando tantas veces los EEUU han actuado en sentido contrario (como cuando presionó a la presidenta hondureña Xiomara Castro para que no reconociera diplomáticamente a Beijing). O cuando condena la "coerción económica", precisamente partiendo de un país como los EEUU que aun mantienen un embargo hacia Cuba que va camino de las seis décadas. O cuando dice que "no se trata de obligar a los países a elegir", cuando ejerce presiones un día sí y otro también para evitar que los gobiernos, por ejemplo, accedan al 5G de Huawei o participen en acuerdos con China de la naturaleza que sean. O cuando asegura que no pretende establecer una nueva Guerra Fría al tiempo que promueve una nueva divisoria ideológica entre países que considera democráticos y otros que no. O cuando su "orden basado en reglas" sepulta constantemente la legalidad internacional, por ejemplo, cuando reconoce a Jerusalén como capital de Israel. O incluso cuando habla de derechos humanos, y se desentiende de Guantánamo, pongamos por caso, o critica los controles de China a su propia población, cuando las denuncias de E. Snowden nos alertaron de la magnitud del control efectuado por las agencias estadounidenses que alcanzan, por cierto, a los ciudadanos de todo el mundo….

Un capítulo especial merece Taiwán. Primero, porque la defensa de la enunciada política de una sola China de Washington se fundamenta en la negación de facto del principio de una sola China. Segundo, porque cuando afirma que China cambia el statu quo en la región al realizar maniobras militares cerca de Taiwán, pasa por alto que sus aviones circundan la zona de identificación de defensa aérea, que no es espacio aéreo de Taiwán, o que EEUU lleva a cabo ejercicios militares de forma constante con muchos países de la región, incluidas las RIMPAC, conocidos como los más grandes ejercicios de guerra marítima del mundo. Además, ya no solo se imagina a Taiwán como el "portaaviones insumergible" que dijera Douglas MacArthur  sino como un "erizo" atiborrado de misiles para mayor beneficio del complejo militar-industrial estadounidense. Paradójicamente, la máxima aplicada es la receta de los republicanos ante las matanzas de escolares: "a más armas, más seguridad". Esa lógica, en Taiwán solo puede llevar a la escalada del conflicto. Y todos, China también, deben hacer más por apaciguar y encauzar las tensiones.

Las políticas chinas, tanto interior como exterior, tienen indudablemente también sus muchos problemas, pero al abordar sus deficiencias debiéramos admitir igualmente nuestras carencias y trascender el halo de superioridad que siempre inspira ese enfoque hegemónico que musita nuestra catequesis. Ese mundo en blanco y negro que nos dibuja Blinken sí que es un cuento chino.

¿Es inevitable el conflicto?

Dice Blinken que la diplomacia de los EEUU "se basa en el respeto a los intereses de los demás". No es verdad. Se basa en la imposición de sus intereses a los de los demás. Esa es la regla principal de su visión del orden internacional. Y esa se antoja una razón suficiente para poner en cuestión su principio de que "no hay ninguna razón por la que no puedan coexistir pacíficamente".

Washington (y la UE y otros aliados principales) harían bien en aceptar que como recoge en su discurso, esta "China de hoy es muy diferente de la China de hace 50 años", cuando estaba "aislada y luchaba contra la pobreza y el hambre generalizados". Es la segunda economía del mundo y tiene un proyecto propio, soberano. Dadas sus dimensiones, su aporte a la sociedad internacional no se puede ignorar y es indispensable habilitar un diálogo constructivo que facilite la asunción de compromisos que permitan avanzar en la definición de un orden internacional compartido y adaptado a las nuevas realidades y necesidades globales. China está de regreso en el poder mundial. Con una u otra política, la Casa Blanca tendrá difícil evitarlo.

"La competencia no tiene por qué desembocar en conflicto", dijo en su discurso, y es verdad, siempre y cuando ambas partes primen el diálogo en el arbitrio de soluciones a las diferencias. Lo contrario, nos llevará al duelo, tesitura que ahora mismo parece imperar. Así que lo primero es hablar, más, mucho más.

Por Xulio Ríos

Director del Observatorio de la Política China

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Jueves, 26 Mayo 2022 08:11

¿La segunda guerra fría?

¿La segunda guerra fría?

A unque tímidamente, la idea de la posibilidad de una segunda guerra fría surgió en la prensa occidental durante la crisis de Ucrania en 2014. Las sanciones económicas que impuso Occidente a Rusia después de la anexión de Crimea evocaban, de alguna manera, el congelamiento de las relaciones económicas característico del orden bipolar que privó al conflicto entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante cuatro décadas. No se han estudiado con detalle los estragos que produjeron esas sanciones en la economía rusa. En tan sólo dos años, el PIB descendió 25 por ciento, el desempleo aumentó 17 por ciento y centenares de empresas locales se fueron a la ruina. Fue Angela Merkel quien supo lidiar con un reorden europeo que, distanciándose de Estados Unidos, logró mantener las relaciones abiertas con Moscú. El establishment ruso jamás olvidaría el efecto devastador de esa primera ola de sanciones, y a partir de 2015 empezó a prepararse masivamente para una segunda confrontación. La que hoy observamos a raíz de la intervención militar en Ucrania.

La siguiente ocasión que el término de la guerra fría cubrió a los análisis políticos del momento ocurrió durante el conflicto entre la Casa Blanca y Pekín en la administración de Donald Trump. La batalla de los aranceles, el intento de desacoplar a China de la economía europea, las cancelaciones tecnológicas trajeron de nuevo el fantasma. Finalmente, China derrotó a la política de Trump, y Occidente descubrió que dependía mucho más de la fábrica china que China de los mercados europeos.

Sin embargo, nunca habíamos estado tan cerca de una nueva edición de otro tipo de bipolaridad como la que hoy se vive a raíz de la guerra entre Rusia y Ucrania. El tsunami de sanciones económicas ha desacoplado prácticamente a la economía rusa de sus contrapartes occidentales –con excepción de las exportaciones de gas y petróleo–. La Organización del Tratado del Atlántico Norte continúa su expansión y se refuerza cada día –ahora con presupuesto alemán–. Una vez más, tanques germanos disparan contra soldados rusos. El intento de aislar a Moscú alcanza a la mayor parte de los organismos internacionales y la rusofobia ha creado ya, en el imaginario europeo, el fantasma de un enemigo mortal.

Washington decidió repetir una estrategia que, hace 40 años, le rindió evidentes frutos. Sin embargo, la situación no resulta tan sencilla. La guerra en Ucrania no parece favorecer la estrategia estadunidense. La Casa Blanca cometió acaso un error largamente anunciado y muchas veces reiterado: nunca enfrentes a Rusia por tierra. Las tropas rusas ocupan ya el este del país, el ejército de Volodymir Zelensky dista de mostrar la cohesión de los primeros días, las deserciones se multiplican, la emigración de jóvenes es irreversible y la situación económica se ha vuelto más que precaria. Tan sólo el bloqueo de las exportaciones de trigo y del transporte del gas ruso han derrumbado el PIB de Ucrania en 60 por ciento. ¿Cuánto tiempo resistirá Kiev? El ejército ucranio es de leva obligatoria y además los soldados reciben paga. La mayor parte de la población rechaza la invasión, pero no ve en la oligarquía que representa Zelensky una razón necesariamente suficiente para soportar los sacrificios.

Por su parte, Europa ha empezado a dudar de la estrategia del Pentágono. Hoy la mayor parte de sus fuerzas políticas empiezan a orientarse por una solución diplomática. El costo de las sanciones sobre la propia economía europea está causando estragos. ­Washington podría quedar aislado. Lo cierto es que, a diferencia de lo que sucedió en el siglo XX, ya no cuenta ni con la economía ni con los grandes relatos para mantener en marcha a la maquinaria europea. Por lo pronto, ni siquiera puede abastecerla con gas.

La realidad es que la nueva ola de sanciones a Rusia no ha afectado sensiblemente a su economía. Por el contrario, en binomio con China, parece orientarse a una nueva definición de fronteras con Occidente. Tampoco parece intimidarle la posibilidad de un aislamiento prolongado. Ya pasó por eso, ahora tiene otras salidas.

Una nueva guerra fría sería muy distinta a la primera. No estaría entrecruzada por el choque de ideologías, sino por los grandes relatos nacionales –o, si se quiere, nacionalistas–. Pekín no promovería revoluciones ni cambios de régimen, sino tan sólo la expansión de su economía. Y el destino de Rusia es incierto. De facto, las sanciones occidentales expropiaron a su oligarquía, y Putin podría aprovechar la situación para reorientar todo el modelo económico interno. Sin embargo, Occidente provocó un agravio difícil de enmendar: la rusofobia hirió muchos de los hilos más sensibles del actual imaginario ruso. Eso que derribó a la Unión Soviética, las expectativas y los fetiches de la modernidad europea, son hoy vistos, por una parte considerable de la población rusa, como una suma vacía de promesas fatuas.

En realidad, todo depende del desenlace de la guerra en Ucrania. Lo que Estados Unidos ha descubierto es que ya no es capaz de ostentar una hegemonía unipolar. Lo demás son preguntas abiertas.

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El presidente ruso, Vladimir Putin, visitó ayer en un hospital de Moscú, por primera vez, a soldados heridos en la operación militar desplegada desde el 24 de febrero en Ucrania. Foto Afp

 Los puertos ucranios, bloqueados desde la invasión

 

Moscú. El vicecanciller ruso, Andrei Rudenko, aseguró ayer que Rusia está dispuesta a “garantizar un corredor humanitario” a los barcos por el Mar Negro y exigió el fin de las sanciones impuestas por Occidente para evitar una crisis alimentaria mundial debido a la interrupción de las exportaciones ucranias de cereales desde que la ofensiva rusa comenzó, el 24 de febrero.

Rusia y Ucrania suelen representar casi un tercio del suministro mundial de trigo y la falta de exportaciones significativas de grano desde los puertos ucranios está contribuyendo a una creciente crisis alimentaria mundial. Las potencias occidentales debaten la idea de establecer “corredores seguros”, aunque éstos necesitarían el consentimiento de Rusia.

“Hemos dicho varias veces que una solución al problema alimentario requiere un enfoque global que implica sobre todo el fin de las sanciones que se han impuesto contra las exportaciones y transacciones financieras rusas”, señaló Rudenko.

Además, apuntó que se “requiere el desminado por la parte ucrania de todos los puertos donde están anclados los barcos” y garantizó que “Rusia está dispuesta a proporcionar el paso humanitario necesario”.

La agencia de noticias RIA citó a Rudenko diciendo que Rusia estaba en contacto con la Organización de Naciones Unidas sobre este asunto. Los puertos ucranios en el Mar Negro están bloqueados desde la invasión y más de 20 millones de toneladas de grano están atascadas en los silos del país.

El canciller ucranio, Dmytro Kuleba, rechazó la sugerencia de Moscú al asegurar que “no se puede encontrar un ejemplo mejor de chantaje en las relaciones internacionales”.

En un encuentro al margen del Foro Económico Mundial de Davos, Kuleba acusó a la Organización del Tratado del Atlántico Norte de “no estar haciendo literalmente nada” para responder a la invasión rusa de su país, y garantizó que Kiev no tiene “condiciones previas” para reanudar las conversaciones diplomáticas con Rusia para el fin de este conflicto.

Al rechazar el levantamiento de sanciones propuesto por Rudenko, el ministro de Defensa británico, Ben Wallace, afirmó que Rusia debe permitir la salida de los buques cargados con cereales de Ucrania.

Hizo un llamado a Rusia “a hacer lo correcto para mostrar humanidad”, luego de una reunión en Madrid con su homóloga española, Margarita Robles.

El jefe del Centro de Control de Defensa Nacional de Rusia, coronel Mijail Mizintsev, anunció la apertura de corredores humanitarios marítimos, garantizados por las autoridades rusas de 8 a 19 horas (locales), para evacuar barcos extranjeros de los puertos de Jerson, Mikolaev, Chernomorsk, Ochakov, Odesa y Yuzhni, todos en el Mar Negro, mientras en el Mar de Azov atenderá a los de Mariupol.

El alto mando militar, citado por la agencia Interfax, detalló que en el Mar Negro hay unas 70 embarcaciones de 16 países y denunció que el gobierno ucranio “no permite que los barcos salgan a mar abierto”.

El vocero del Ministerio de Defensa de Rusia, mayor general Igor Konashenkov, agregó que el puerto de Mariupol volvió a operar luego de que fue desminado, por lo que zarparon cinco barcos extranjeros.

En el frente bélico, el ejército ruso siguió su avance en el este del país eslavo que enfrenta una situación “en extremo difícil” y un riesgo de destrucción masiva, afirmó el presidente ucranio, Volodymir Zelensky, y lamentó la “falta de unidad” de Occidente para entregar armas a su país.

En tanto, el mandatario ruso, Vladimir Putin, quien visitó por primera vez a soldados heridos en la invasión en un hospital militar de Moscú, dispuso un aumento de 10 por ciento en pensiones y salario mínimo para amortiguar la inflación local.

Putin firmó una orden que permite a los residentes de las regiones de Zaporiyia y Jerson, en el sur de Ucrania, solicitar la ciudadanía rusa mediante un procedimiento acelerado. Pasaportes rusos fueron distribuidos en Mariupol, indicó Petro Andryushchenko, asesor del alcalde del estratégico puerto, Vadim Boychenko.

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