Es por esto que Estados Unidos está persiguiendo a Julian Assange

Hace una década estuve en Kabul cuando Wikileaks publicó un tramo masivo de documentos del Gobierno de los Estados Unidos sobre los conflictos en Afganistán, Irak y Yemen. El día del lanzamiento yo estaba organizando por teléfono con un funcionario estadounidense una reunión informativa no formal. En el curso de nuestra conversación, le conté de lo que me acababa de enterar por los cables de noticias.

Él se mostró muy interesado y me preguntó qué se sabía sobre el grado de clasificación de los archivos. Cuando le dije, dijo en tono aliviado: "entonces no son secretos reales".


Cuando nos encontramos más tarde en mi hotel, le pregunté por qué rechazaba las revelaciones que causaban tanto alboroto en el mundo. Explicó que el Gobierno de los Estados Unidos no era tan ingenuo como para no darse cuenta de que hacer que estos documentos estuvieran disponibles para una amplia gama de funcionarios civiles y militares significaba que era probable que se filtraran. Cualquier información realmente dañina para la seguridad de los Estados Unidos habría sido eliminada.


En cualquier caso, dijo: "No vamos a aprender los secretos más grandes de WikiLeaks porque estos ya han sido filtrados por la Casa Blanca, el Pentágono o el Departamento de Estado".


Encontré su argumento persuasivo y más tarde escribí un artículo diciendo que los secretos de Wikileaks no eran tan secretos.


Sin embargo, el amable funcionario estadounidense y yo éramos ingenuos, ya que olvidábamos que el verdadero propósito del secreto de Estado es permitir que los gobiernos establezcan su propia versión de la verdad, interesada y a menudo mendaz, mediante la selección cuidadosa de "hechos" para ser transmitida al público. Se sienten enfurecidos por cualquier revelación de lo que realmente es o por cualquier fuente alternativa de información. Tales amenazas a su control de la agenda de noticias debe ser suprimidas cuando sea posible y, donde no lo consiguen, los responsables deben ser perseguidos y castigados.


Hemos tenido dos buenos ejemplos de hasta dónde un gobierno, en este caso el de los Estados Unidos, irá para proteger su propia versión contaminada de los eventos. El primero es la acusación al fundador de Wikileaks, Julian Assange, en virtud de la Ley de espionaje por filtrar 750.000 documentos confidenciales militares y diplomáticos en 2010.


El segundo ejemplo ha ocurrido en los últimos días. Es posible que los medios internacionales no siempre se hayan cubierto de gloria informando sobre la guerra en Yemen, pero hay periodistas valientes y organizaciones de noticias que han hecho precisamente eso. Uno de ellos es el reportero yemení Maad al-Zikry que, junto con Maggie Michael y Nariman El-Mofty, es parte de un equipo de Associated Press (AP) que ganó el premio internacional Pulitzer de este año por su excelente cobertura sobre el terreno de la guerra de Yemen. Sus historias incluían revelaciones sobre los ataques con aviones no tripulados estadounidenses en Yemen y sobre las prisiones mantenidas allí por los Emiratos Árabes Unidos (EAU).


Al Gobierno de los Estados Unidos claramente no le gustó este tipo de periodismo crítico. Cuando el Pulitzer fue otorgado el martes pasado en Nueva York, Zikry no estaba allí porque le habían negado una visa para ingresar a los Estados Unidos. Ya no hay embajada de EE.UU. en la capital yemení, Sanaa, pero hace dos meses se dirigió a la embajada de los EE.UU. en El Cairo, donde su solicitud de visa, aunque con el respaldo total de AP y muchas otras instituciones prestigiosas, fue rechazada.


Después de que AP ejerciera más presión, Zikry hizo una segunda solicitud de visa y esta vez fue visto por un consejero en la embajada. Se pregunta a sí mismo: "¿Piensa la embajada de los Estados Unidos que un periodista de investigación yemení que hace informes para AP es un terrorista? ¿Estás diciendo que soy un terrorista?


El consejero dijo que "trabajarían" con su visa o, en otras palabras, que preguntarían a los poderes en Washington qué hacer. "Entonces, esperé y esperé, y esperé", dice. "Y hasta ahora no oí nada de ellos".


Por supuesto, Washington es totalmente capaz de desechar cualquier prohibición de otorgar una visa a un yemení en un caso como este, pero decidió no hacerlo.


¿Se puede comparar lo que hicieron Assange y Wikileaks en 2010 con lo que hicieron Zikry y AP en 2019? Algunos comentaristas, para su vergüenza, afirman que la búsqueda de Assange y su encarcelamiento actual en espera de una posible extradición a los Estados Unidos o Suecia no tiene nada que ver con la libertad de expresión.


De hecho, estaba haciendo lo que todo periodista debía hacer y lo hacía con mucho éxito.


Tomemos a Yemen como un ejemplo de esto. Es una historia de gran importancia actual porque en los últimos días altos funcionarios estadounidenses han denunciado a Irán por presuntamente dirigir y armar a los rebeldes hutíes que luchan contra las fuerzas saudíes y respaldadas por los Emiratos Árabes Unidos. La acción de estos supuestos representantes iraníes podría ser un casus belli en el enfrentamiento entre los Estados Unidos e Irán.


El secretario de Estado de los EE.UU., Mike Pompeo, dice que Irán ha proporcionado a los hutíes "el sistema de misiles, el hardware y la capacidad militar" que han adquirido.


El asesor de seguridad nacional, John Bolton, dijo el miércoles que Irán arriesgó una "respuesta muy fuerte" de los Estados Unidos por, entre otras cosas, los ataques con aviones no tripulados por parte de los hutíes en Arabia Saudita de los que responsabiliza a los iraníes.


Estas acusaciones de los Estados Unidos, Arabia Saudita y quien sea su aliado yemení del día en que los hutíes son títeres de Irán armados con armas suministradas por Irán tienen una larga historia. Pero, ¿qué sabemos de lo que Washington realmente piensa de estas acusaciones que no han variado mucho con los años?


Aquí es donde Wikileaks viene al rescate.


La embajada de Estados Unidos en Saná puede cerrarse hoy, pero se abrió el 9 de diciembre de 2009 cuando el embajador de Estados Unidos, Stephen Seche, envió un informe detallado al Departamento de Estado titulado: “¿Quiénes son los hutíes? ¿Cómo están luchando?”. Citando numerosas fuentes, se sabe que los hutíes“obtienen sus armas del mercado negro yemení” y por acuerdos corruptos con los comandantes militares del Gobierno. Un oficial de inteligencia yemení de alto rango dice: "Los iraníes no están armando a los hutíes. Las armas que usan son yemeníes". Otro funcionario de alto rango dice que el ejército antihutí" encubre sus fallas diciendo que las armas [de los hutíes] provienen de Irán".


Expertos yemeníes en el conflicto dicen que la adquisición de armas por parte de los hutíes hoy en día tiene poco que ver con Irán. Yemen siempre ha tenido un floreciente mercado negro de armas donde se pueden obtener armas, grandes y pequeñas, si el dinero es legal. Las fuerzas antihutí, generosamente suministradas por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, están felices de obtener ganancias vendiendo armas a los hutíes o a cualquier otra persona.


En un período anterior, el estudio de la embajada cita "informes delicados", presumiblemente de la CIA u otra organización de inteligencia, diciendo que los extremistas de Somalia, que querían los cohetes Katyusha, simplemente habían cruzado el Mar Rojo y los habían comprado en el mercado negro yemení.


Por revelar información importante sobre la guerra de Yemen, en la que murieron al menos 70,000 personas, es la razón por la que el Gobierno de los Estados Unidos está persiguiendo a Assange y Zikry.


El desafiante periodista yemení dice que "una de las razones clave por las cuales esta tierra está en esa condición trágica tan empobrecida que ha alcanzado hoy es por el castigo masivo de Yemen por parte de la administración estadounidense". Esto es demostrablemente cierto, pero sin duda alguien en Washington lo considera un secreto.

 


(Publicado de The Independent con autorización del autor o representante)

Por Patrick Cockburn
The Unz Review

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

 

Publicado enInternacional
Domingo, 02 Junio 2019 06:02

Recordatorio para periodistas

Los abogados de Chelsea Manning presentaron ayer un documento en el que piden a un juez federal que reconsidere la decisión de enviarla a la cárcel de Alexandria por negarse a declarar sobre el caso Wikileaks.Foto Ap

Ya me estoy cansando de la Ley de Estados Unidos contra el Espionaje. Para el caso, desde hace mucho tiempo me cansé de la saga de Julian Assange y Chelsea Manning. Nadie quiere hablar de sus personalidades porque nadie parece simpatizar mucho con ellos, ni siquiera quienes se han beneficiado periodísticamente de sus revelaciones. Desde el principio me ha preocupado el efecto de Wikileaks, no sobre los brutales gobiernos de Occidente cuyas actividades ha revelado en estremecedor detalle (en especial en Medio Oriente), sino sobre la práctica del periodismo. Cuando a nosotros los escribas nos sirvieron este potaje de Wikileaks, saltamos a él, nadamos en él y salpicamos los muros de la información con nuestros aullidos de horror. Y olvidamos que el verdadero periodismo de investigación se refiere a la persistente búsqueda de la verdad a través de nuestras propias fuentes, en vez de volcar un frasco de secretos enfrente de los lectores, secretos que Assange y compañía –más que nosotros– habían decidido hacer públicos.

¿Por qué, recuerdo haberme preguntado hace casi 10 años, pudimos leer las indiscreciones de tantos árabes y estadunidenses, pero de tan pocos israelíes? ¿Exactamente quién estaba preparando la sopa que nos querían hacer comer? ¿Qué pudo haber quedado fuera del caldo? Sin embargo, los días recientes me han convencido de que existe algo mucho más obvio con respecto al encarcelamiento de Assange y la nueva detención de Manning. Y no tiene nada que ver con traición o con cualquier supuesto daño catastrófico a nuestra seguridad.


En el Washington Post esta semana, hemos leído a Marc Theissen, el ex redactor de discursos de la Casa Blanca que defendió la tortura en la CIA como legal y moralmente justa, decirnos que Assange “no es periodista. Es un espía… Realizó espionaje contra Estados Unidos. Y no se arrepiente del daño que ha causado.” Olvídense entonces de que la locura de Trump ya ha convertido la tortura y las relaciones secretas con los enemigos de su país en un pasatiempo.


No, no creo que esto tenga nada que ver con el uso de la Ley contra el Espionaje, por graves que sean sus implicaciones para los periodistas convencionales o para las organizaciones respetables de noticias, como Thiessen nos ha llamado empalagosamente. Tampoco tiene mucho que ver con los peligros que esas revelaciones plantearon para los agentes que Estados Unidos reclutó en Medio Oriente. Recuerdo bien con cuánta frecuencia los intérpretes iraquíes de las fuerzas armadas estadunidenses nos decían que habían rogado que les dieran visas para ellos y sus familias cuando se vieron bajo amenaza en Irak… y cómo a la mayoría les dijeron que se fueran al diablo. Los británicos tratamos a muchos de nuestros propios traductores iraquíes con similar indiferencia.


Así pues, olvidemos sólo por un momento la matanza de civiles, la crueldad letal de los mercenarios estadunidenses (algunos implicados en tráfico de infantes), el asesinato de personal de Reuters por fuerzas de Estados Unidos en Bagdad, el ejército de inocentes detenidos en Guantánamo, la tortura, las mentiras oficiales, las cifras falsas de bajas, las mentiras de las embajadas, el adiestramiento estadunidense de torturadores en Egipto y todos los demás crímenes revelados por las actividades de Assange y Manning.


Supongamos que lo que revelaron hubiera sido bueno y no malo, que los documentos diplomáticos y militares hubieran ofrecido un ejemplo resplandeciente de un país grandioso y moral, y hubiesen demostrado esos ideales nobles y refulgentes que la tierra de los libres siempre ha postulado. Imaginemos que las fuerzas estadunidenses en Irak hubiesen dado repetidas veces la vida para proteger a civiles, que hubieran denunciado las torturas cometidas por sus aliados, que hubieran tratado a los prisioneros de Abu Ghraib (muchos de ellos completamente inocentes), no con crueldad sexual, sino con respeto y gentileza; que hubieran destruido el poder de los mercenarios y los hubieran enviado encadenados a prisiones estadunidenses; que hubieran reconocido, ofreciendo excusas, los cementerios de hombres, mujeres y niños a los que enviaron prematuramente a la tumba en la guerra de Irak. Incluso fantaseemos por un momento con que los tripulantes de un helicóptero estadunidense que abatieron a 12 civiles en una calle de Bagdad no dispusieron de ellos con sus armas, y que la voz en la radio del helicóptero gritó: ¡Esperen, creo que estos tipos son civiles, y que esa arma tal vez es una cámara de televisión! ¡No disparen!


Como todos sabemos, eso es escapismo. Porque lo que esos cientos de miles de documentos representaron fue la vergüenza de Estados Unidos, de sus políticos, sus soldados, sus torturadores, sus diplomáticos. Incluso hubo un elemento de farsa que, sospecho, enfureció a los Thiessens de este mundo mucho más incluso que la más terrible de las revelaciones. Siempre he recordado la indignación expresada por Hillary Clinton cuando se reveló que había enviado sus esbirros a espiar en Naciones Unidas; sus esclavos del Departamento de Estado tuvieron que estudiar los detalles encriptados de los delegados, sus transacciones con tarjetas de crédito, incluso sus tarjetas de viajero frecuente. Pero ¿quién en este mundo querría desperdiciar su tiempo estudiando las tonterías que surgían de los incompetentes funcionarios de la ONU? ¿O, para el caso, quién en la CIA querría perder el tiempo escuchando las conversaciones privadas de Angela Merkel con Ban Ki Moon?


Uno de los cables que Assange reveló se refiere a la revolución iraní de 1979 y a la afirmación del agregado estadunidense Bruce Laingen de que la psique persa es de un egoísmo abrumador. Interesante, pero estudiantes iraníes se habían tomado el extenuante trabajo de pegar todos los jirones de documentos de la embajada estadunidense en Teherán en los años posteriores a 1979 y ya habían publicado las palabras de Laingen décadas antes de que Wikileaks nos las entregara. Tan vasta fue esa primera remesa de 250 mil documentos –que Hillary denunció como un ataque a la comunidad internacional, sin dejar de decir que eran presuntos documentos (como si pudieran ser falsos)–, que pocos pudieron descubrir qué era nuevo y qué viejo. Por eso el New York Times destacó la cita de Laingen como si fuera un hallazgo extraordinario.


Parte del material no había sido tan obvio antes –la sugerencia de que Siria había permitido que insurgentes antiestadunidenses cruzaran su territorio desde Líbano, por ejemplo, era absolutamente correcta–, pero la evidencia de la fabricación iraní de bombas en el sur de Irak era mucho más dudosa. Esta historia ya había sido alegremente filtrada al New York Times por funcionarios del Pentágono en febrero de 2007, y recalentada en años recientes, pero en su mayor parte era mentira. Desde la guerra Irán-Irak de 1980-88 había equipo militar iraní desperdigado por todo el territorio iraquí y la mayoría de los fabricantes de bombas que lo usaron eran musulmanes sunitas iraquíes.


¿Por qué esperar otros 10 años hasta que el próximo Assange nos envíe otro camión de basura lleno de secretos de Estado?


Pero esto es buscarle tres pies al gato entre el tiradero de papeles. Semejantes paparruchas son insignificantes en comparación con las monstruosas revelaciones de crueldad estadunidense: el relato, por ejemplo, de cómo soldados estadunidenses mataron a casi 700 civiles, entre ellos mujeres embarazadas y enfermos mentales, por acercarse demasiado a sus retenes. Y la instrucción dada a las fuerzas de Estados Unidos –trozo de historia revelado por Chelsea Manning– de no investigar cuando sus aliados militares iraquíes flagelaban a prisioneros con cables pesados, los colgaban de ganchos colocados en el techo, les perforaban las piernas con taladros eléctricos y los asaltaban sexualmente. En la evaluación secreta estadunidense de 119 mil muertos en Irak y Afganistán (que en sí está muy por debajo de la realidad), 66 mil 81 fueron clasificados como no combatientes. ¿Cuál habría sido, me pregunto, la reacción estadunidense al asesinato de 66 mil ciudadanos estadunidenses, 20 veces más que los muertos del 11-S?


Por supuesto, se suponía que no deberíamos saber nada de esto. Y podemos ver por qué no. Lo peor de este material no era secreto porque casualmente se hubiese deslizado hacia una carpeta de la administración militar marcada como confidencial o solo para usted, sino porque representa el encubrimiento de crímenes de Estado a escala masiva.


Los responsables de esas atrocidades deben ser sometidos a juicio, extraditados de dondequiera que se escondan y encarcelados por crímenes de lesa humanidad. Pero no… vamos a castigar a los que filtraron la información, por lastimeros que nos parezcan sus motivos.


Claro, nosotros los periodistas, los que trabajamos para respetables organizaciones de noticias, podemos preocuparnos por las implicaciones de todo esto para nuestra profesión. Pero sería mucho mejor lanzarnos a la caza de otras verdades, igualmente espantosas para las autoridades. ¿Por qué no averiguar, por ejemplo, lo que Mike Pompeo le dijo en privado a Mohammed bin Salman? ¿Qué promesas tóxicas pudo haber hecho Donald Trump a Netanyahu? ¿Qué relaciones mantiene aún Estados Unidos en secreto con Irán, por qué ha mantenido contacto importante –esporádico, silencioso y encubierto– con elementos del régimen sirio?


Pero aquí la acostumbrada luz preventiva: lo que encontremos mediante el viejo periodismo convencional de pedalear duro, de obtener historias por medio de gargantas profundas o contactos confiables, nos va a revelar –si hacemos nuestro trabajo– exactamente la misma vil mendacidad de nuestros amos que condujo al clamor de odio hacia Assange y Manning y, de hecho, hacia Edward Snowden. No seremos procesados porque la persecución de esos tres sentó un peligroso precedente legal, pero seremos perseguidos por las mismas razones: porque lo que vayamos a revelar demostrará sin remedio que nuestros gobiernos y los de nuestros aliados cometen crímenes de guerra, y los responsables de esas iniquidades intentarán hacernos pagar con una vida tras barrotes por tal indiscreción.


La vergüenza, y el temor de ser llamados a cuentas por lo que nuestras autoridades de seguridad han hecho, no la violación de leyes cometida por los filtradores de información, es de lo que se trata todo esto.


Traducción: Jorge Anaya

 

Publicado enSociedad
Sábado, 04 Mayo 2019 06:06

Assange, la causa perdida

Assange, la causa perdida

La entrega de Julian Assange se desarrolla en medio de una trama de tres patas. Dos de ellas serían de forma mientras que una de contenido. 

La primera, la pata “Ina Papers”, caería en una suerte de retaliación política a partir del retorno al viejo modelo económico de Estado. La entrega de Assange a la policía inglesa –en territorio diplomático ecuatoriano, por cierto– coincide, precisamente, semanas después de generado un escándalo de grandes magnitudes simbólicas y pre judiciales, en especial tras ponerse en conocimiento la supuesta relación del presidente Lenin Moreno con la empresa offshore Ina Invesment Corporation, fundada originalmente por su hermano Edwin Moreno en Belice y cuyas cuentas se manejaron, al parecer, en el Balboa Bank de Panamá. Los beneficios que recibiría Lenin Moreno giran alrededor de la transferencia de dinero para la compra de menajes durante su estadía en Ginebra, así como la adquisición de un departamento en Alicante sobre la costa mediterránea de España.


El efecto simbólico surge de la contradicción del discurso unívoco del momento, de la falta de congruencia frente a la nueva ola en que se inscribe hoy en día la política latinoamericana. Pues como lo presentan espectacularmente –cual serie de Netflix– los medios de comunicación, los casos de corrupción son la noticia más importante del quehacer político y social. Queda relegada la información sobre las palpables desigualdades sociales y la existencia de miles de personas que aún no reciben adecuados servicios de educación y salud. Los escándalos de corrupción devienen como el nuevo coliseo romano, en el cual deleitamos ver a leones devorar a cristianos. Una arena donde, indudablemente, Lenin Moreno teme caer.
Al margen de la proyectada emergencia global que muestra a la corrupción como una amenaza que va más allá del desastre nuclear o de la contaminación ambiental, lo cierto es que América Latina ha vuelto a los brazos del neoliberalismo. Con mucha imprecisión se menciona que cualquier crítica a este modelo económico se convierte en un ataque al liberalismo, es decir, a las libertades individuales y al movimiento de derechos convertidos en contrapesos del Estado. El neoliberalismo, sin embargo, se distancia de esta corriente al perfeccionar un sistema de dominación financiera donde las corporaciones someten a los Estados.


La segunda pata de esta trama tiene que ver con el vaciamiento del Derecho, alentado por el furibundo eco que fuera reproducido por los grupos de la derecha local para expulsar a Assange de nuestra embajada en Londres. Este “malestar” convertido en consigna fue esgrimido no sólo a través de recalcitrantes mensajes de ex candidatos presidenciales,asambleístas de turno, ex diplomáticos, comunicadores y denominados expertos jurídicos en relaciones internacionales. En todos ellos se estableció poco menos la consigna de “saquen al malcriado”, “Assange es incontrolable” o “no sabe comportarse”. Había que volver al Siglo XV para resucitar a Rotterdam y observar como los disciplinistas del Siglo XXI iban legitimando el cuestionable Protocolo de Visitas que convirtió en incomodad y asunto de Estado el maullido de un gato y el rechinar de una patineta. Se trata de un manual de comportamiento que tendría de trasfondo el aislamiento de Assange. Así, el estatus político de asilado habría migrado tenuemente a un estado de constricción física y moral, algo que en el lenguaje jurídico sería compatible con el vocablo tortura.


En agosto de 2012 el Estado ecuatoriano reconoció la condición de asilo político a Julian Assange, motivado por los graves riesgos que podrían en peligro su libertad, integridad física y vida como represalia tras poner en conocimiento del mundo información que otros países consideran como secreta o privilegiada. Además, en diciembre de 2017 se aceptó su carta de naturalización, lo que impedía constitucionalmente cualquier extradición, remoción, deportación o expulsión en todo lo que representa el territorio ecuatoriano. Las razones del asilo y la nacionalidad debían convertirse en elementos centrales de protección frente a cualquier ponderación que pretendía legitimar su entrega.


El Protocolo de Visitas, Comunicación y Atención Médica, no obstante, se convirtió en el dogal del estatus jurídico y político de Assange, el caballo de Troya que permitió –tras su supuesta violación– a las agencias británicas de seguridad entrar en territorio ecuatoriano para detenerlo en la madrugada del 11 de abril. Atrás quedaron la Opinión Consultiva 25/2018 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que le remarcó al Estado ecuatoriano la necesidad de precautelar el principio de no devolución; la Opinión Consultiva 54/2015 del Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de las Naciones Unidas que solicitó a Suecia y Reino Unido las debidas garantías para que Assange pueda circular libremente; o, fundamentalmente, la propia Constitución ecuatoriana que reconoce el principio de no devolución (Art. 41), prohíbe la expulsión cuando peligra la vida, integridad o libertad de un extranjero (Art. 66.14) así como la extradición de ecuatorianos (Art. 79).


Pero la pata que engloba la trama en la penosa entrega de Assange a sus perseguidores se halla en la destrucción misma de la causa altruista. Es el castigo en sí que entraña a la sustancia por encima de las formas jurídicas o diplomáticas. Quien arriesga su libertad y vida para proteger el interés público universal debe ser protegido. Por ello, el Parlamento Europeo creó la Directiva 943/2016 que instruye a los países de la unión a reformular sus legislaciones administrativas, civiles y penales para impedir el castigo a la divulgación cuando su fin es el interés de sus ciudadanos, la libertad de expresión e información, la denuncia a una actividad ilegal o el desempeño ilegítimo de una actividad económica de poder. Un gran salto que reconoce en un whistleblower no a un criminal, sino a un héroe.

Por Jorge Vicente Paladines: Profesor de la Universidad Central del Ecuador
@JorgePaladines


Un organismo de la ONU

Pide por Assange

El Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU pidió ayer al Gobierno británico que libere al fundador del portal WikiLeaks, Julian Assange, al tiempo que criticó severamente que se le mantenga en una prisión de alta seguridad que no corresponde a los delitos de los que es acusado. Se trata del tercer pronunciamiento que realiza esta instancia de expertos independientes que trabajan bajo el paraguas de Naciones Unidas, a favor de la libertad del activista que hizo posible la filtración de cientos de miles de documentos clasificados de Estados Unidos. Los dos primeros los emitió cuando se encontraba asilado en la embajada de Ecuador en Londres, mientras que el de ayer se produce dos días después de que Assange fuese condenado a 50 semanas de cárcel por haber roto en 2012 cuando acudió a refugiarse en la legación diplomática, las condiciones de su libertad condicional. “El derecho a la libertad del señor Assange debe ser restablecido”, dijo el Comité, tal como lo hiciese ya en 2015 y 2018.


Asimismo, el Grupo criticó que Assange, “por un delito menor”, se encuentre en la prisión de máxima seguridad: “Este trato parece ser contrario a los principios de necesidad y proporcionalidad de acuerdo a los estándares de derechos humanos”.

Publicado enSociedad
Domingo, 14 Abril 2019 06:04

Pelearemos como David contra Goliat

Pelearemos como David contra Goliat

La amenaza que veíamos venir desde hace tempo se ha hecho realidad. El Reino Unido, tras violentar durante estos años todas las normas del derecho internacional, ha cumplido su función de brazo ejecutor después de que el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, supeditado a los intereses de los EE.UU. de Donald Trump, haya retirado el asilo político a Julian Assange. En unas imágenes que deberían ruborizar a cualquier demócrata, el Gobierno de Ecuador ha abierto la puerta de su embajada para permitir que la policía británica sacara de forma violenta al fundador de WikiLeaks.

Es muy grave lo ocurrido, y plantea un futuro incierto a Julian Assange quien después de casi ocho años de reclusión inhumana en el recinto de la embajada ecuatoriana, se encuentra ahora a expensas de lo que la Corte de magistrados de Westminster determine, una vez se ponga en marcha la extradición al país norteamericano. De inicio, el periodista buscó refugio ante la orden de aprehensión de Suecia por denuncia de violación, una causa que ya fue archivada en mayo del pasado año. Ahora enfrenta la condena por haber incumplido las medidas cautelares de su libertad, cuestión que siempre hemos aceptado y nunca hemos eludido responder tanto en Suecia como en Gran Bretaña, pero denunciando, a la vez, la instrumentación que de estos países hacía EE.UU. Al final se ha desvelado la trama. Incluso desde diciembre de 2017 existía una orden de detención de la justicia estadounidense en Londres, a pesar de que tanto los británicos como el gobierno del presidente Moreno, específicamente el canciller Valencia, lo negaron.

Tras ese argumento se escondía la verdadera razón de la persecución contra el activista: Estados Unidos no puede consentir que Assange, mediante WikiLeaks, haya hecho públicos miles y miles de documentos militares y diplomáticos de carácter confidencial, denunciando torturas y crímenes de guerra por parte de responsables militares de ese país en lugares como Irak o Afganistán y filtraciones de las comunicaciones entre embajadas USA con Gobiernos y servicios de información en todo el mundo.


Las acusaciones de Suecia siempre fueron para su defensa una argucia para extraditarle a Estados Unidos, donde podría ser juzgado por tal causa. Sabemos ahora que, en efecto, lo que latía bajo este asunto era la acusación por conspiración por parte de una Corte estadounidense. Y es probable que este delito, el de conspiración para hackear ordenadores, sea solo el principio, porque buscan con ello eliminar la verdadera base política de la persecución.


La acción británica viene precedida de una serie de incumplimientos de los convenios internacionales. Gran Bretaña ha estado prescindiendo, obviando, incumpliendo y violentando todas las normas del derecho internacional y de los derechos humanos. No han atendido al salvoconducto que pedía Ecuador desde hace años porque había otorgado un asilo, y una vez otorgado el asilo los demás países tienen que cumplirlo.


Sobre el papel de Ecuador, poco puedo añadir a lo que ha manifestado el ex presidente Rafael Correa, quien en su día en nombre de los Derechos Humanos asiló a Assange, que ha criticado la detención y ha calificado de “traidor” al actual presidente por permitir su arresto. “Esto jamás será olvidado por la humanidad entera. Uno de los actos más atroces fruto del servilismo, la vileza y la venganza. La historia será implacable con los culpables de algo tan atroz”, ha dicho Correa, añadiendo: “De ahora en adelante, a nivel mundial la canallada y la traición podrán ser resumidas en dos palabras: Lenín Moreno”.


Pocas veces he asistido a tan sorprendente actuación contra lo que marca el derecho de asilo como la que este jueves hemos vivido. Las confusas afirmaciones del actual mandatario ecuatoriano, lo dicen todo: “Ecuador da por finalizado el asilo diplomático otorgado al señor Assange en el año 2012. Por seis años y diez meses el pueblo ecuatoriano ha garantizado los derechos humanos del señor Assange y ha cubierto sus necesidades cotidianas en nuestras instalaciones de la embajada en Londres”. “El señor Assange violó reiteradamente disposiciones expresas de las convenciones sobre asilo diplomático. Violó particularmente la norma de no intervenir en los asuntos internos de otros estados”, ha añadido. Extremo este que es incierto, porque la acusación en este sentido siempre fue una argucia, como queda demostrado por los SMS que obran en la causa.


La concesión del asilo lo fue por riesgo fundado, de acuerdo con las convenciones aplicables al caso. Su retirada solo se puede producir si aquel riesgo desaparece. En este caso, lejos de que el peligro haya desaparecido, se ha incrementado exponencialmente con las declaraciones recurrentes de autoridades norteamericanas, que han llegado a calificar a Wikileaks de organización terrorista. Tampoco se ha realizado ningún procedimiento de revisión con alegaciones para el asilado, como requería imperativamente la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, al cerrar la demanda de medidas cautelares formulada meses atrás.


La mezcla de argumentos es difícil de comprender. De una parte, Moreno parece reprochar el gasto que la delegación ha cubierto. De otra, culpa a Assange de expresar sus opiniones sin concretar qué normas de derecho internacional ha afectado, de tal modo que se ha hecho merecedor de una sanción tan peligrosa. También de que es editor de WLO, cuando esto ya no es así; como tampoco tiene que ver con la filtración de los INApapers. O porque, y aquí viene el punto álgido, según Moreno, ha solicitado a Reino Unido que no entregue a Assange a un país en que se ejerza la tortura o exista la pena capital. Y asegura que los británicos han dado su asentimiento por escrito pero ¿acaso está exento Estados Unidos de estas dos condiciones? Es incontestable que la pena de muerte existe y uno de los elementos básicos por los que el país de Trump ha saltado a la palestra en WikiLeaks es por los supuestos malos tratos sistemáticos cuando así lo han considerado los poderes militares en casos de conflicto. Y además, un país en el que no se garantiza la ausencia de la tortura como puso de manifiesto el Relator contra la tortura Juan Méndez en el caso de Chelsea Manning, que fue sometida a un trato cruel, inhumano y degradante y que nuevamente ha sido encarcelada, el riesgo que corre Julian Assange si la extradición se materializa, es inmenso.


Aún queda lo más importante. ¿Qué ocurre con los derechos humanos? Estados Unidos discurre por un camino que nos llevará a todos al desastre. Recientemente amenazó con la prohibición de visados a los miembros del Tribunal Penal Internacional que investiguen casos como la supuesta responsabilidad de miembros de esa alta instancia de militares norteamericanos en Afganistán. Hace apenas unos días hizo efectiva esta sanción retirando el visado a la fiscal del TPI Fatou Bensouda que junto a sus colaboradores indaga desde 2016 la posible responsabilidad de soldados estadounidenses entre 2003 y 2004, en los presuntos crímenes de guerra cometidos en Afganistán. Ante tal sinrazón, Bensouda ha manifestado que seguirá cumpliendo su deber.


¿Muerto el perro se acabó la rabia? Esa parece ser la política del país más poderoso del mundo. Si la CPI puede afectar a los propios intereses, se anula y prohíbe, por más que Afganistán forme parte de los 124 países que han ratificado el Estatuto de Roma y que este tribunal sea una instancia superior, internacional, que garantiza la protección de las víctimas. Si un periodista activista denuncia ante el mundo las irregularidades, trapacerías, asesinatos, corrupción y manejos de la potencia mundial, se le persigue, aísla y aprovechando un giro a la derecha en el Gobierno de Ecuador, que hasta entonces entorpecía el objetivo marcado, se logra que esta nación levante el asilo acordado y dé vía libre para acabar con el estorbo Assange. ¡Menuda suerte que el presidente Correa, de talante progresista, fuera sustituido por Moreno, de talante marcadamente de derechas. ¡Vaya casualidad!


El caso Assange no termina aquí. Su equipo legal y yo, como coordinador de la defensa del periodista, no estamos dispuestos a permitir tal atropello. Pelearemos como David contra Goliat, como venimos haciendo desde hace años. Este asunto va más allá de una filtración o de un entramado de conflictos legales. Estamos hablando del derecho de los ciudadanos del mundo a conocer en manos de quién estamos, de lo que nos ocultan y de a dónde pretenden conducirnos. Y una vez que sabemos, no es tan fácil callar al mensajero. Lo que pretende Estados Unidos, apoyado en quienes le están favoreciendo, no es otra cosa que impunidad. No podemos ni debemos tolerarlo, y no lo haremos.


* Jurista. Coordinador de la defensa de Julian Assange. Artículo publicado originalmente en eldiraio.es. Link: https://www.eldiario.es/zonacritica/Assange-impunidad_6_887571262.html

Publicado enInternacional
Arresto de Assange: venganza de Lenin Moreno por los pestilentes Ina Papers

Atenta a las costumbres de las civilizaciones milenarias entregar a un asilado político por el país anfitrión, lo cual pisoteó el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, que deshonra a Latinoamérica.

La entrega de Assange a Estados Unidos (EU) ya estaba tomada desde 2017 cuando Trump envió a su representante especial Paul Manafort, hoy encarcelado, para operar un trueque con Lenín Moreno: Assange a cambio de retribuciones pecuniarias y acuerdos comerciales (https://nyti.ms/2UzIHv0).


Sólo faltaba el catalizador, en lo que contribuyeron los sulfurosos “ Ina Papers” que implican al presidente de Ecuador, a su hermano Edwin y a sus hijas en un operativo de lavado por 18 millones de dólares en el paraíso fiscal de Belice.


La nada gloriosa entrega de Assange, icónico fundador de Wikileaks, pone en peligro de muerte a la libertad de expresión en la era del totalitarismo orwelliano cibernético y pone en tela de juicio la Primera Enmienda del Bill of Rights de EU (http://bit.ly/2Glx8P5).


Los 18 millones de dólares que recibió Edwin Moreno, hermano de Lenín Moreno y mandamás de INA Investments Corp, fueron blanqueados en un conjunto de 11 empresas fantasmas: Espíritu Santo Holdings, Fundación Amore, Fundación Esmalau, Fundación Pacha Mama, Inversiones Larena, Inversiones Maspal, Manela Investment Corp, Probata Investments, San Antonio Business Corp, Turquoise Holdings Ltd, Valley View Business Corp (http://inapapers.org/).


El nombre INA fue tomado de las tres letras finales de los nombres de las tres hijas de Lenín Moreno: Ir(ina), Crist(ina) y Kar(ina). Al fundador de Wikileaks no le perdonan haber publicado el 26 de marzo pasado las tratativas de Trump con Lenín Moreno vía Manafort hace dos años.


Lenín Moreno inculpó a Assange, quien estaba totalmente desconectado del mundo, con su Internet bloqueado, de haber hackeado sus correos y su teléfono.


Lo más hilarante provino de la ministra María Paula Romo quien afirmó que Assange y Wikileaks estaban implicados en una conspiración (sic) para desestabilizar al gobierno de Lenín Moreno mediante dos “ hackers rusos”.Ya lo de la fanstasmagórica intervención de Rusia se ha vuelto una broma muy aburrida.


Antes de la entrega ignominiosa de Assange, Lenín Moreno había descendido a los avernos de la impopularidad con menos de 17 por ciento de aceptación.


Más allá de la personalidad impía de Lenín Moreno, resalta su giro radical a la extrema derecha y su subordinación a Trump cuando concluyó créditos con el FMI y el Banco Mundial por 10 mil millones de dólares, al precio de severas medidas de austeridad y la decapitación de 10 mil empleos del sector público (http://bit.ly/2IiruPQ).


El arresto de Assange era una coreografía cantada: hace cinco meses adelanté la secuencia de la expulsión/detención/deportación de Assange en la FIL de Guadalajara (http://bit.ly/2UBCiz8).


Los INA Papers de la corrupta familia Moreno no es ninguna novedad: forma parte de la aplicación mafiosa del neoliberalismo global en Latinoamérica que resultó en un vulgar lavadero en los paraísos fiscales para comprar las conciencias de sus dirigentes y/o de los manipuladores de la opinión pública, como fue el caso de PanamaPapers –que mancillaron a Mario Vargas Llosa y al presidente argentino Mauricio Macri (http://bit.ly/2Dgg3nP)–; de Bahama Leaks–con Pinochet, Macri y el partido PAN de cada día de México (http://bit.ly/2rJGegB)–; la estafa del Banco Stanford, donde blanqueaba el cárteldel Golfo con el ex canciller foxiano Castañeda Gutman (http://bit.ly/2UWJUMe); etcétera.


Resalta que en Latinoamérica no hay neoliberalismo sin lavado.


La trama rusa, más bien el trauma ruso del plagiario Krauze Kleinbort (socio de Banco Santander y Televisa), es otro lavado de la Operación Berlínde acuerdo a la Unidad de Inteligencia Financiera del gobierno mexicano (https://bit.ly/2UrdBVm).


El ex presidente Rafael Correa atribuye que el haber divulgado el caso fétido de “ Ina Papers” le valió el bloqueo de su cuenta en Facebook. Según Correa, el arresto de Assange fue a cambio de un préstamo del FMI y como venganza a la publicación por Wikileaks del escándalo de “Ina Papers”(http://bit.ly/2DcQSmh).


www.alfredojalife.com
Twitter: @AlfredoJalifeR_
Facebook: AlfredoJalife
Vk: id254048037

Publicado enInternacional
Viernes, 12 Abril 2019 06:13

Assange, a tiro de extradición

Assange, a tiro de extradición

Fue expulsado por razones estrictamente políticas, ya que el presidente ecuatoriano Lenín Moreno quiere acercarse a los Estados Unidos y Gran Bretaña y despegarse del legado de Rafael Correa.

Finalmente pasó lo que ya parecía inevitable. Ayer a la mañana fue Julian Assange, fundador del sitio WikiLeaks, fue expulsado de la embajada de Ecuador en Londres. El presidente Lenín Moreno se encargó del anuncio. Más allá de la justificación basada en supuestos incumplimientos de un protocolo imposible de cumplir (no solo Assange no podía opinar de nada sino que el medio que fundó, WikiLeaks, tampoco podía opinar de nada), fue expulsado por razones estrictamente políticas, ya que Moreno quiere acercarse a Estados Unidos y Gran Bretaña y despegarse del legado antiimperialista de su antecesor Rafael Correa.

Si fuera por la justicia británica, la detención de Assange en ese país no iba durar mucho. Está acusado de un delito excarcelable, violar las condiciones de su libertad condicional, basada en una orden de captura del gobierno sueco por una investigación de presuntos delitos sexuales que ya fue archivada y en la cual Assange nunca fue acusado. Si no interviene Estados Unidos, se presenta ante el juez, declara, paga la multa y queda libre. Pero Estados Unidos intervino y minutos después de la detención la cancillería británica emitió un comunicado anunciando que Estados Unidos había pedido la extradición del editor. De ser deportado, Assange enfrentaría cargos de traición y espionaje por la megafiltración de cables diplomáticos conocida como Cablegate en el 2010. Un Gran Jurado convocado en Alexandria, Virginia, acaso el distrito donde conviven más militares, espías y policías por metro cuadrado en todo el país, ha presentado una acusación en contra de Assange, por supuesto complot con su fuente, Chelsea Manning, para extraer los cables y darlos a conocer. Manning fue condenada a 35 años por eso y perdonada por Obama después de siete. Gran parte del juicio a Manning giró alrededor del tema de si WikiLeaks había sido un receptor pasivo de los cables o si se había confabulado de alguna manera para obtenerlos.


Si bien es cierto que es muy delgada la línea entre el periodismo de investigación y el terrorismo a través del robo de información secreta, así como es muy delgada la línea entre el espionaje y la diplomacia, sería una hipocresía mantener que los periodistas somos meros receptores pasivos de secretos que nos quieren contar. Explicarle a una fuente cómo hacernos llegar un material de forma segura y anónima no es lo mismo que urdir un plan criminal para hundir a un gobierno. Así, al menos lo entendió el fiscal general de Obama, Eric Holder, y por eso se negó a avanzar con la acusación en contra de Assange. Y por eso también le dijo al Washington Post que no podía juzgar a Assange sin entrar en conflicto con la primera enmienda dela constitución estadounidense, que garantiza la libertad de expresión. Con el gobierno de Trump las cosas arrancaron bien porque las publicaciones de WikiLeaks sobre Hillary Clinton en el 2016 le dieron una gran mano para ganar la elección. El hoy pesidente llegó a tuitear "Amo a WikiLeaks". Pero las cosas cambiaron rápidamente cuando el sitio de Assange publicó "Vault 7", la mayor filtración de documentos de la CIA en la historia de la agencia. A partir de entonces el gobierno de Trump definió a WikiLeaks no como un medio de comunicación, sino como un "servicio de inteligencia hostil, no estatal" y la investigación de Alexandria cobró impulso con nuevas medidas y citaciones de testigos, incluyendo Manning, quien se negó a declarar y por eso volvió a prisión hace un mes.


Ahora le toca mover a Assange. Podría aceptar mansamente su traslado a Alexandria para dar una batalla épica por la primera enmienda, pero en su caso sería apresurado. Antes bien, lo más probable es que elija dar esa batalla en Londres, en un juicio de extradición que obligue a Estados Unidos a presentar sus pruebas ante la opinión pública para que ésta decida si Assange es un periodista perseguido o un espía disfrazado. En la ausencia de la susodicha primera enmienda las leyes británicas son más hostiles hacia el libre ejercicio del periodismo comparada con la americana. Pero Assange apostará a que la justicia londinense sea más independiente que la del norte de Virginia. De mínima, el juicio de extradición podría durar años y mientras tanto podrían caer por la via parlamentaria o la electoral gobiernos que no son amigables con Assange como el May y el de Trump, sin los cuales una solución negociada sería mucho más fácil. Y de última, si perder el juicio de extradición, en Virginia tendrá revancha. Si el caso llega a Estados Unidos se daría un capítulo más en la pelea que Trump viene llevando con los medios de su país y las organizaciones de derechos humanos y libertad de expresión. A nadie le escapa que prácticamente todos los medios del mundo publicaron la información por la que Assange ha sido acusado y que varios de esos medios, incluyendo el New York Times, The Guardian, El País y Página 12, fueron socios de WikiLeaks en distintos proyectos de publicación.


Más aún, dicho juicio serviría para general un gran debate acerca de qué significa ser periodista en la era de internet, redes sociales, concentración mediática y megafiltraciones, cuáles son los límites al derecho a informar en sociedades democráticas y qué significa la noción de privacidad en la era de la hipertransparencia.


Trump parece estar dispuesto a dar ese debate. Es el tipo de pelea más le gusta. Y sabemos que Assange se viene preparando para este momento desde hace mucho tiempo.
Más allá del ajedrez geopolítico, en un día así uno no puede dejar de pensar que más allá del ícono está el ser humano. Un tipo tierno, vivaz, tímido a su manera, obstinado, mandón, ingenioso, amante del queso francés y del malbec argentino, que para poder publicar no tuvo miedo a enfrentarse al Pentágono ni a quemar puentes con China, Rusia y la Unión Europea hasta quedar completamente aislado, que pasó seis años y diez meses en un encierro atroz, vigilado, espiado, de a ratos aislado e incomunicado. Aprendí mucho de él. Una vez nos quedamos hablando catorce horas seguidas ¡catorce horas! con él y su padre John Shipman en la sala de conferencias de la embajada. En otra ocasión me tiró una frase que nunca olvido. "Conseguir información es fácil," me dijo. "Lo que es difícil es publicarla".

 

@santiodonnell

Publicado enInternacional
Assange resiste a su detención al interior de la embajada de Ecuador en Londres

Los tribunales británicos ordenaron la detención de Assange el 29 de junio de 2012, pero él vivía desde entonces refugiado en la embajada de Ecuador en Reino Unido
"La policía tenía el deber de ejecutar la orden y fue invitada a la embajada por el embajador después de que el Gobierno le retirase el asilo", indica Scotland Yard

La policía británica ha detenido este jueves a Julian Assange en la embajada de Ecuador en Londres, según ha informado Scotland Yard.
"Ha sido trasladado a la comisaría de Londres, donde estará hasta que se presente ante el Tribunal de Magistrados de Westminster lo antes posible", señala la Policía Metropolitana de Londres en el comunicado.


Los tribunales británicos ordenaron la detención de Assange el 29 de junio de 2012, pero él vivía desde entonces refugiado en la embajada de Ecuador en Reino Unido. "La policía tenía el deber de ejecutar la orden y fue invitada a la embajada por el embajador después de que el Gobierno le retirase el asilo", indica Scotland Yard.


Horas antes de la detención, el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, había anunciado en Twitter la retirada del asilo diplomático al fundador de Wikileaks. "El conceder o retirar el asilo es facultad soberana del Estado. Hoy anuncio que la conducta agresiva e irrespetuosa del señor Assange; las declaraciones descorteses y amenazantes de su organización aliada en contra del Ecuador; y, sobre todo, la transgresión de los convenios internacionales han llevado la situación a un punto en el que el asilo del señor Assange es insostenible", había afirmado Moreno.


"Ecuador da por finalizado el asilo diplomático otorgado al señor Assange en el año 2012. Por seis años y diez meses el pueblo ecuatoriano ha garantizado los derechos humanos del señor Assange y ha cubierto sus necesidades cotidianas en nuestras instalaciones de la embajada en Londres", indicó Moreno. "El señor Assange violó reiteradamente disposiciones expresas de las convenciones sobre asilo diplomático. Violó particularmente la norma de no intervenir en los asuntos internos de otros estados", añadió.
El presidente de Ecuador ha asegurado que ha solicitado a Reino Unido la garantía de que Assange no será extraditado a un país en el que pueda ser torturado o condenado a muerte. "El Gobierno británico lo ha confirmado por escrito"

eldiario.es
11/04/2019 - 11:43h

 

Video relacionado

https://youtu.be/WP2Nu0NY5DE

 

 


 La cárcel de Assange

Por Santiago O’Donnell

 

Imaginárselo ya es difícil, pero olvidarlo mucho más. Un hombre, un encierro en cuatro o cinco cuartos, día tras día durante dos, tres, siete años, ventanas hostiles en la mira de cámaras espías y potenciales francotiradores, aire insípido, luz artificial, día tras día hasta que uno pierde noción del tiempo, pierde noción de luz y sombra, pierde capacidad de olfato y sensación de tacto, y uno empieza a jugar con su mente a ser un hombre libre mientras ve la vida pasar desde su agujero. “A veces me siento como en una película viendo cómo las cosas pasan delante de mí, de este cuarto, de esta mesa, como si fuera un espectador de un show continuado que nunca termina”, me dijo Julian Assange, en su cuarto año de encierro en la embajada de Ecuador en Londres, la última vez que nos vimos. Todavía faltaban dos años más de encierro hasta que su asilo se convirtiera en cárcel, en marzo del año pasado, cuando le cortaron la internet y las visitas y le hicieron firmar un protocolo de conducta que reiteraba en cada cláusula que cualquier violación podría derivar en expulsión.


Del encierro a la cárcel y de ahí a la antesala a lo desconocido. Esta semana la cancillería ecuatoriana emitió un comunicado que parece abrir el camino para una eventual expulsión de Assange de la embajada por presuntas faltas de conducta. “El asilo es una facultad soberana del Ecuador, que tiene por tanto el derecho de otorgarlo o terminarlo cuando lo estime justificado y sin consultar a terceros”, dice el comunicado. La cancillería afirma que continúa respetando el asilo de Assange, pero no deja dudas acerca de la antipatía hacia él. “Al emitir informaciones que falsean la verdad, el asilado y sus asociados expresan una vez más ingratitud e irrespeto hacia el Ecuador, en lugar de mostrar agradecimiento al país que lo ha acogido por casi siete años”, añade el texto. “Ecuador ha efectuado importantes gastos para costear su estadía en la Embajada (en Londres), que ha soportado sus groserías.”


O sea, un invitado indeseable que ha agotado su bienvenida. Pero no lo van a expulsar porque se acabó la amenaza a su libertad de expresión ni la persecución política que sufre a causa de su trabajo como editor y publicador de documentos secretos. De hecho nunca estuvo tan amenazado. La CIA de Trump y Pompeo han calificado a WikiLeaks como “servicio de inteligencia hostil, no estatal” cuando para el gobierno estadounidense anterior WikiLeaks era una publicación protegida por la primera enmienda de la constitución, no muy diferente que el New York Times. Además, hace tres meses un error procesal expuso la existencia de una acusación “sellada” o secreta de un Gran Jurado de Alexandría, Virgina, en contra de Assange, supuestamente por haberse complotado con Chélsea Manning para que ésta se robara y luego le transfiriera los cables diplomáticos clasificados que WikiLeaks publicara en el 2010 en una megafiltración conocida como “Cablegate”.


Si Assange quedó al borde de la expulsión de la embajada es porque el gobierno de Lenín Moreno no ve con simpatía al ex hacker australiano devenido en icono mundial de la libertad de expresión. Con su actitud desafiante e insumisa y su olfato para ocupar el centro de la escena mediática mundial, Assange fue un personaje central de la política exterior ecuatoriana de los últimos años y hoy es el principal escollo para el objetivo primordial de Moreno de acercarse a Estados Unidos y despegarse del discurso antiimperialista de su antecesor Rafael Correa. Por cierto, fue Correa quien le ofreciera y luego le concediera el asilo a Assange. Al principio Moreno trató de sacarse el problema de encima con una pirueta diplomática. Siguendo un plan de su entonces canciller Rosario Espinoza, le concedió a Assange la ciudadanía ecuatoriana y le inventó un puesto diplomático en Moscú. Pero los ingleses no compraron el paquete e hicieron saber que seguía vigente la orden de captura de Assange ni bien saliera de la embajada y volviera a pisar territorio británico. Entonces Moreno cambió de táctica y empezó a presionar a Assange para que se calle y se vaya de una vez por todas.


Ahora Assange corre una carrera contra el tiempo. Mientras la embajada parece preparar su expulsión, él se ilusiona

con que antes caiga el gobierno conservador de Theresa May a causa del laberíntico problema que le ha generado la falta de una Brexit consensuado con la Unión Europea. Si cae May y asume el líder del laborismo, Jeremy Corbyn, el más izquierdista que el partido ha tenido en décadas, Assange tendría prácticamente acordado un salvoconducto para irse del país sin ser detenido.


Hablamos con Fidel Narváez, cónsul general de Ecuador en Londres desde el 2010 hasta el 2018. Es la primera vez que habla con un medio argentino. Dice estar muy preocupado, pero se ilusiona con que un cambio de gobierno en Gran Bretaña destrabe la situación. Dice que el gobierno ecuatoriano, el gobierno de su país, está echando por la borda la doctrina, los logros y la reputación ganada en los últimos años por defender lo que Assange representa. Dice que el gobierno de Moreno está tomando todos los pasos necesarios para expulsarlo y que incluso está considerando quitarle la ciudadanía ecuatoriana para facilitar su entrega a las autoridades británicas y así dejarlo a tiro de una extradición a Estados Unidos para ser juzgado por espionaje y traición.


“La situación de Julián es crítica”, advierte. “Un ser humano no resistiría todo lo que ha tenido que resistir, pero él no es una persona normal.”
“¿Sabes una cosa? No lo van a quebrar. Lo han intentado de mil maneras pero nunca pudieron quebrarlo. Tiene una fuerza de voluntad inmensa. Por eso nunca lo van a quebrar.”
@santiodonnell

Publicado enInternacional
Chelsea Manning, encarcelada por negarse a testificar en el caso Wikileaks


La exanalista militar estadounidense, que filtró cientos de miles de documentos secretos a la organización de Julian Assange, reitera que no cooperará con la investigación

Chelsea Manning, la exanalista de Inteligencia del Ejército estadounidense que filtró miles de documentos secretos del Pentágono y del Departamento de Estado a la organización Wikileaks en 2010, ha sido detenida este viernes después de que un juez federal la declarara en desacato por negarse a testificar ante un gran jurado que investiga a la compañía de Julian Assange. La decisión del juez se produce tras una breve audiencia en la que Manning, de 31 años, ha confirmado que no tenía intención de cooperar con la investigación, a pesar de que los fiscales le garantizaron inmunidad por su testimonio.

Manning deberá permanecer en prisión hasta que acceda a testificar o hasta que el gran jurado termine su trabajo. Sus abogados han pedido que fuera enviada a casa a cumplir su pena, por complicaciones médicas que padece, pero el juez ha negado la petición.


“En solidaridad con muchos activistas que se enfrentan a la adversidad, me mantendré fiel a mis principios”, ha dicho Manning. “Mi equipo legal continúa impugnando el secretismo de este proceso y estoy preparada para enfrentarme a las consecuencias de mi negativa”.


Un juez militar condenó a la exanalista a 35 años de cárcel por la filtración de más de 700.000 documentos, pero solo cumplió siete, gracias a la conmutación de pena concedida por el expresidente Barack Obama en 2017, en los últimos días de su mandato. Por su condición de persona transgénero adaptándose a su vida como mujer, Manning lo pasó particularmente mal en la prisión militar masculina e intentó quitarse la vida en dos ocasiones en 2016.


El caso, que tiene lugar en una corte federal de Virginia, es parte de la amplia investigación sobre Wikileaks y Assange, que se encuentra desde 2012 viviendo en la Embajada de Ecuador en Londres para evitar su arresto. Durante su juicio en 2013, Manning reconoció haber enviado archivos de documentos secretos a Wikileaks. Aseguró haberse comunicado online con alguien que probablemente fuera Assange, pero afirmó que actuó por su cuenta sin ser dirigida por nadie de Wikileaks.


La filtración de Manning lanzó a la fama global a Wikileaks. Años después, la organización de Assange publicó los correos electrónicos del Partido Demócrata supuestamente robados por hackers rusos durante la campaña presidencial de 2016, lo que la convierte en una pieza importante en la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre la injerencia rusa en dichas elecciones que llevaron a Trump a la Casa Blanca.

Por Pablo Guimón
Washington 8 MAR 2019 - 15:06 CO

Publicado enInternacional
Aislado y espiado, Assange sigue dando pelea

En un escrito judicial, Assange pide que la CIDH requiera a Estados Unidos que blanquee su intención de llevarlo a juicio. También reclama que el gobierno de Lenín Moreno deje de hostigarlo, castigarlo, vigilarlo y amenazarlo.

Solo, enfermo, aislado, espiado y amenazado. Pero todavía dando pelea. Así transita hoy sus días, en la embajada de Ecuador en Londres, el editor que reveló los secretos más devastadores de uno de los imperios más poderosos de la historia.

Eso dice, palabras más, palabras menos, un documento judicial escrito y firmado con los nombres completos, dos días después de Navidad, por Julian Paul Assange, fundador del sitio de megafiltraciones WikiLeaks.org, y su abogado, el legendario ex juez español Baltasar Garzón Real. Se trata de un pedido a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de medidas cautelares contra los gobiernos de Estados Unidos y de Ecuador, del cual PáginaI12 obtuvo una copia.


El documento ofrece una cruda descripción de la manera en que la hostilidad del gobierno estadounidense hacia Assange fue creciendo a medida que WikiLeaks publicaba nuevas revelaciones de filtradores anónimos que desnudaban los peores vicios de las instituciones militares, diplomáticas, políticas y de inteligencia de los Estados Unidos. Según la demanda, la persecución empezó en el 2002 cuando WikiLeaks publicó documentos secretos sobre la prisión de Guantánamo. La presión se intensificó después de la publicación de los partes de guerra de Afganistán e Irak. Entre una y otra publicación Assange fue detenido en Gran Bretaña por un pedido de captura sueco en relación a un delito sexual por el que nunca sería acusado. Después llegó el “cablegate” de despachos diplomáticos que sacudió al mundo. Assange se asiló en la embajada ecuatoriana, en un departamento de unos 180 metros cuadrados que debe compartir con la delegación diplomática, sin aire puro ni luz solar desde hace más de seis años y medio.


Estando ya en la embajada, el editor de WikiLeaks publicó en 2016 filtraciones sobre Hillary Clinton y las internas de su partido en plena campaña presidencial, que le valieron a Assange un juicio penal del Partido Demócrata por supuesta interferencia en el proceso electoral estadounidense, a través de un presunto complot con Rusia.


La ofensiva estadounidense contra Assange recrudeció durante el gobierno de Trump después de la publicación del archivo llamado “Vault 7”, la más grande filtración de documentos secretos en la historia de la CIA: “En los referidos paquetes de información se pueden observar los medios de espionaje irregulares desplegados por la CIA en todo el mundo, por ejemplo, a través de los dispositivos móviles ‘Smart phones’ y televisiones de los ciudadanos; o un programa que inyecta troyanos en bases de datos biométricos estatales de países aliados a través del software ‘Cross Match’,”.


La demanda que presentó Assange da cuenta de cómo cada una de esas filtraciones generó incriminaciones y respuestas amenazantes de altos funcionarios de los tres poderes estadounidenses, desde pedidos de aplicación de pena de muerte hasta la descripción de WikiLeaks como “un servicio de inteligencia hostil, no estatal” en el último informe del FBI ante el comité bicameral de inteligencia del Congreso.


A esa situación, el texto de Assange y Garzón le suma el trato recibido por Chelsea Manning, la presunta fuente del “Cablegate”, condenada a 35 años y perdonada después de siete, quien durante su detención recibió un trato “cruel, inhumano y degradante”, equipable con la tortura, según dictaminó en 2012 el entonces relator especial sobre tortura de la ONU, el argentino Juan Méndez. Dado que Assange ha sido acusado por un Gran Jurado de Alexandría, Virginia, que lo investiga desde el 2010 por su rol en la filtración de Manning, y dado que la acusación del Gran Jurado se mantiene “sellada” o secreta, el escrito judicial de Assange y Garzón concluye que existen serios riesgos de que el fundador de WikiLeaks sea extraditado a Estados Unidos, donde probablemente recibiría el mismo trato inhumano, cruel y degradante al que fue sujeto su presunto informante.


En su parte expeditiva la demanda judicial “solicita” que la Comisión “requiera” a Estados Unidos que le entregue “toda la información” sobre imputaciones y órdenes de captura vigentes contra Assange. “Y todo ello con la finalidad de que la CIDH medie en la posibilidad de una salida del Sr. Assange de la embajada en dirección a un país seguro,” dice la demanda. Además, el texto da cuenta del cambio de actitud del gobierno de Ecuador con respecto Assange después de que Lenín Moreno reemplazara a Rafael Correa en la presidencia de ese país. Del fuerte apoyo a su derecho a la libre expresión y de la adherencia irrestricta a los tratados internacionales en materia de asilo y defensa de los derechos humanos, el gobierno ecuatoriano ha pasado a negociar abiertamente la entrega de Assange con Estados Unidos y Gran Bretaña, a lo que ha sumado un nivel de espionaje, humillación y hostigamiento que hacen una burla de la institución del asilo, dice el documento, citando diversas y reconocidas fuentes periodísticas que darían cuenta de dichas negociaciones.


El documento se detiene en la salud de Assange. Asegura que ésta podría haber sufrido un daño irreparable y que se ha agravado con las restricciones que la embajada le impuso en marzo del año pasado como castigo por haberse manifestado a favor de la independencia catalana a través de las redes sociales. Adjunta un informe de un médico y de un psicólogo y otro del ex Presidente del Comité contra la Tortura de la ONU, Fernando Mariño, “quien no dudó en calificar como tortura el comportamiento de las autoridades suecas y británicas respecto al Sr. Assange.” La demanda también cita un dictamen del Grupo de Trabajo de Detenciones Arbitrarias del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que condena a Gran Bretaña y Suecia por la detención arbitraria que supone la negativa a entregarle un salvoconducto a Assange para que salga de la embajada sin ser detenido.


Según la demanda ante la CIDH, desde marzo del año pasado el gobierno ecuatoriano cortó todas las comunicaciones del Assange con el mundo exterior. “La embajada instaló cuatro inhibidores, con un total de 22 antenas, que bloquean la cobertura telefónica y la señal de WiFi. Como el Sr. Assange no tiene acceso a la red telefónica de la embajada, la instalación de los inhibidores significó un total bloqueo de acceso telefónico al exterior,” dice la demanda. La embajada también le impuso severas restricciones en su régimen de visitas, incluso con respecto a sus abogados, y en octubre le hizo firmar un protocolo lleno de demandas que van desde la prohibición de hablar en público hasta el cuidado de la higiene de su gato, protocolo que los demandantes consideran absurdo y humillante, escrito con el único fin de preparar el terreno para la expulsión de Assange de la sede diplomática londinense. “El Protocolo desatiende un principio fundamental del asilo, y es que este solo cesa si el riesgo por el que se otorgó termina, no pudiendo cesar arbitraria y unilateralmente por el Estado que brinda la protección, simplemente por la vulneración de irrisorias condiciones dentro de la embajada establecidas en un documento,” escriben Assange y Garzón. “El refugio de Assange en la embajada cada vez se parece más a confinamiento en solitario,” dice la consejera legal de Human Rights Watch, Dinah Pokempner, citada en la demanda.


Al aislamiento total de Assange se suma su pérdida de privacidad, dice el escrito judicial: “El Gobierno de Ecuador habría contratado servicios especializados de seguridad para espiar al Sr. Assange...Además, según afirman los medios internacionales, esta empresa contratada por Ecuador (para espiar a Assange) habría estado reportando a diversas autoridades norteamericanas, concretamente al FBI.” Todo esto pone en grave peligro a la salud física y mental del asilado, afirma la presentación judicial: “también debe señalarse el daño irreparable que puede producirse sobre el estado de salud del Sr. Assange si la situación continúa en este impasse, dada la delicada situación física y psicológica en la que permanece desde hace años, y que se ha visto agravada tras las últimas medidas de aislamiento absoluto tomadas por el gobierno ecuatoriano.”


En concreto, los demandantes le solicitan a la CIDH, además de la medidas cautelares dirigidas a Estados Unidos, que le “indique” al gobierno ecuatoriano que derogue el protocolo, que deje de espiar a Assange y que no proceda con “la entrega del Sr. Assange a cualquier país que no dé garantías de no extradición (nonrefoulement) a Estados Unidos.”


PáginaI12 intentó comunicarse con el Secretario General de Comunicación de la Presidencia de Ecuador, Andrés Michelena, para conocer la postura de su gobierno, pero no obtuvo respuestas ayer a mensajes grabados en el contestador de su celular. También se intentó conocer la postura del gobierno estadounidense, canalizando un pedido de comentario de la Casa Blanca o el Departamento de Estado a través de la embajada y al cierre de esta edición se aguardaba la respuesta. Asimismo se contactó a WikiLeaks para conocer su reacción a la publicación de la demanda, pero tampoco se obtuvo una contestación. Fuentes cercanas al caso aseguran que un dictamen de la CIDH sobre el caso Assange se conocerá en los próximos días.


@santiodonnell

Publicado enInternacional
Rusia quiere prohibir los móviles y las redes sociales a sus soldados para eliminar pistas de sus operaciones

Sitios web de investigación se han servido del contenido de las redes sociales de los soldados rusos para confirmar su participación en conflictos

Esta medida servirá, según la Duma, para proteger a los soldados de exposiciones peligrosas ante "supuestos socios"

Varios periodistas informaron que pudieron rastrear a reclutas en zonas como el este ucraniano, donde se supone que Rusia no tenía unidades activas

El Parlamento de Rusia ha votado para prohibir a sus soldados utilizar smartphones y las redes sociales después de que una serie de investigaciones basadas en fuentes abiertas hayan revelado la participación secreta de sus fuerzas en conflictos en el extranjero.


La Duma votó este martes para prohibir a los miembros de las fuerzas armadas publicar información en la red sobre sus unidades militares, despliegues y otra información personal, incluyendo fotos, vídeos e información de geolocalización. También les prohibirán llevar smartphones y otros dispositivos con acceso a Internet o que puedan almacenar información como fotografías. Los teléfonos antiguos no estarán prohibidos.


Autoridades rusas señalan que el veto es necesario para proteger información militar secreta de servicios de inteligencia extranjeros. El texto de la nueva ley hace referencia explícita a la reciente campaña militar de Rusia en Siria.


"Mientras nuestra información no esté protegida de aquellos considerados nuestros socios, estamos indefensos. El objetivo de la legislación no es el de complicar la vida de los soldados, sino el de protegerles de exposiciones peligrosas", ha asegurado Vladimir Bogodukhov, miembro del comité militar de la Duma.


Los militares rusos acostumbran a colgar fotografías y detalles de su servicio en las redes sociales Vkontakte y Odnoklassniki para no perder el contacto con sus colegas. No obstante, esta información ha sido la causa de que se abrieran investigaciones de código abierto para seguir las actividades que realizan las fuerzas rusas que combaten de forma secreta en Ucrania y Siria, a veces en vivo.


Concretamente, los datos publicados en redes sociales han permitido a periodistas rastrear unidades activas en el sudeste ucraniano, donde Rusia aseguró que no tenía presencia militar.


Un análisis del sitio web de investigación periodística Bellingcat llegó a detectar a soldados transportando un sistema de misiles de superficie que podría estar relacionado con el derribo del vuelo MH17 de Malaysia Airlines. En un vídeo titulado Selfie Soldiers, el medio Vice News consiguió rastrear desde Rusia central a un soldado de Buryatia que había publicado fotos del este de Ucrania durante el conflicto.


Lo que suben a las redes también ha hecho más fácil el poder seguir a miembros de las fuerzas armadas rusas hasta Siria. En algunos casos, esta operación se llevó a cabo varias semanas antes de que el país anunciara su involucración en la guerra civil. Los perfiles se han utilizado también en diversas ocasiones para confirmar bajas de los soldados en el país sirio y en Ucrania, así como para elaborar informes sobre novatadas entre los reclutas.

Por Andrew Roth - Moscú

Traducido por Javier Biosca y Naiara Bellio

20/02/2019 - 18:24h

Publicado enInternacional