Sábado, 16 Octubre 2021 06:03

El hombre que se autorreplicó en robot

El hombre que se autorreplicó en robot

El ingeniero Hiroshi Ishiguro --director del Laboratorio de Inteligencia Artificial en Universidad de Osaka-- se autorreplicó como robot en 2006: Geminoid HI-1 fue su clon con piel de silicona y esqueleto de metal. Lo coronó con su propia cabellera luego de raparse al ras. Ya había experimentado con su hija Risa de 5 años, quien al verse duplicada con realismo pasmoso, no pudo honrar su nombre: gritó de espanto y huyó. Su entrada al arte de replicar fue en asociación con OrientIndustry, fabricante de muñecas sexuales de primerísima calidad (algunas simulan niñas). Allí aprendió la técnica plástica y luego la mecanizó.

El segundo gemelo de Ishiguro fue más avanzado en gestualidad y habla. HI-2 viste de negro como su amo y es más realista que una escultura de Miguel Ángel: se distinguen hasta las cutículas. Sus gestos reflejan melancolía, enojo, escepticismo e introspección con movimientos de boca, cejas, pómulos, frente, brazos, manos y cabeza. Está siempre sentado y no es mucho más que una marioneta parpadeante a control remoto con un ventrílocuo oculto: las palabras le son transmitidas sintetizadas y salen por un parlante bajo un florero. A HI-2 lo hizo más joven que a su hermano mayor: el científico se había retocado el rostro en un quirófano. “Mi anterior geminoide se veía más viejo que yo”, declaró.

El robotista japonés es un pop-star que gira por el mundo dando conferencias algo circenses. Se presenta junto a su alter ego y actúa como si fuesen dos en uno: “el robot es una extensión de mi cuerpo y estamos mentalmente conectados por Internet”. Si la invitación llega de una ciudad que no le interesa, despacha al geminoide y lo teleopera. De lo contrario, se van de viaje los dos. El cuerpo va en una caja en la bodega y la cabeza en su bolso de mano. Al pasar por rayos X la policía aeroportuaria abre el bolso en shock y ve dos cabezas geminianas que se miran cómplices entre sí.

El sueño de Ishiguro es un geminoide suyo dando clase en la universidad y otro trabajando en su laboratorio: los operaría con su Smartphone desde las aguas humeantes de un onsen.

Pido una cita telefónica y la secretaria Makiko me dice que en  determinada fecha y hora Ishiguro me escuchará manejando por la ruta. Llega el día y me atiende en su inglés bacheado y osco: no parece viajar sino acomodar papeles con frenesí, a juzgar por los ruidos. Le pregunto si bromea al decir que humanos y robots “somos lo mismo”. Me explica serio --en frases cortas como dictums-- que siente que sus robots y él son la misma persona. Agrega que llegará el día en que los humanos se enamorarán de androides y estos podrán imitar el enamoramiento: "nuestro próximo paso será representar emoción y deseo”. Ya muchos japoneses aman a personajes de anime y hay empresas que les venden “certificados de casamiento” (es el fenómeno del waifuismo).

Le expongo al entrevistado el planteo de la antropóloga Jennyfer Robertson, quien investigó la relación de los japoneses con los robots y ve un nexo con la religión ancestral, el shintoísmo animista. En el imaginario nipón perduraría la idea de que las cosas contienen una entidad viviente: en una montaña, un árbol o una espada habitan esos “camis”. No es extraño entonces que un objeto que se nos parece mucho y habla, se mueve y mira a los ojos reconociendo una presencia humana, sea percibido como soporte de un alma que ofrece compañía. Me responde con desgano --como si fuese obvio-- que está muy de acuerdo: “creemos que todo tiene un alma y los robots de alguna manera también”. Donde un japonés ve un espíritu “común y corriente”, nos aterrorizamos ante un fantasma. “Los robots son nuestros amigos”, subraya el hombre criado con superhéroes como Astroboy, mientras Occidente era marcado por la autonomía destructiva de HAL 9000 en 2001 Odisea del espacio y Terminator.

Ishiguro explica el objetivo de su trabajo y me descoloca: “descubrir si los humanos pueden llegar a percibir una presencia frente a un autómata, igual que ante otro humano; yo estudio a las personas a través de los robots”. La palabra sonzai-kan --traducible como “presencia”-- es similar a la idea occidental de “aura” que sugería estar ante dios a través de un icono bizantino.

Para rematar la charla, la voz grave casi robótica se confiesa: “sueño hacer un robot irreconocible como tal y totalmente autónomo; quiero cambiar el mundo con las tecnologías. Esto no me genera temor; los robots son parte de la humanidad y sirven para mejorar la vida. Necesitamos la tecnología para ser humanos: no somos monos... si tenemos tasa decreciente de natalidad, ¿por qué no hacer robots?”. Al ser programados, no tendrían libre albedrío y no habría que temer: “si me preguntan en un sentido ético qué es más peligroso, sin dudas son los humanos”.

Ishiguro registra resultados de la interacción con robots. Ha notado miradas lascivas hacia robots femeninos y temor de parte de sus alumnos, quienes al estar horas frente a la réplica de Risa sentían que los seguía con la mirada: debió ponerla contra la pared. El caso extremo fue un joven que en la noche, pensando que nadie lo veía, hablaba a la niña y le tocaba música con una flauta. Su hipótesis es que las personas tendríamos una tendencia instintiva a proyectar en los robots nuestra humanidad. Su experimento más radical fue Telenoid, un bebé blanco y fantasmal que es puro torso y cabeza --sin piernas ni manos-- con hiperrealismo facial casi humano. Lo testeó en ancianos con alto nivel de autismo y depresión: varios comenzaron a acariciarlo, hablarle y reírse como ante un niño.

La última y más perfecta creación del genio de anteojos hexagonales fue Erica, una hermosa y menuda japonesa de flequillo y pelo de propaganda, una recepcionista devenida en presentadora de noticias y actriz de cine. Emite gráciles modos de geisha, simula respirar y es más inteligente que sus predecesores: tiene funciones autónomas que no requieren teleoperación. Hace trabajo esclavo sin quejarse en un canal online de TV y según Ishiguro, esta ninfa congelada en la flor de sus 23 años es una Androidol U. El experimento implica determinar si un robot puede convertirse en una idol japonesa admirada por millones.

El excéntrico Ishiguro declaró que pronto los robots serán tan buenos compañeros sexuales como profesores de inglés. Los Adonis y Venus mecanizades esculpidos por pupilos de Ishiguro correrán con ventaja frente a los de carne y hueso. El magistral gigoló robot en Inteligencia Artificial de Steven Spielberg prefiguró esa industria. Para empujar la evolución cyborg, este narciso oriental que se admira en su reflejo de silicona va por el mundo desperdigando sueños replicantes obsesionado por dotar de personalidad a sus creaciones. Nadie sabe hasta dónde llegará, pero es muy difícil que le alcance la vida para cristalizar su meta de superar el test de Turing: confundir a un autómata con un humano. Las computadoras aún no profetizan el futuro, pero ese día tiene ya su fecha prefijada.

16 de octubre de 2021

Julián Varsavsky es autor del libro Japón desde una cápsula: robótica, virtualidad y sexualidad (Adriana Hidalgo Editora).  

Publicado enSociedad
Martes, 31 Agosto 2021 17:53

Ante la derrota de la humanidad (II)

Ante la derrota de la humanidad (II)

Decíamos hace varios meses (http://ow.ly/pmzl50FSwSw) que la certeza de los actuales poderes globales con respecto a la vacuna, como solución mágica para enfrentar y superar la actual crisis pandémica, resumía su convicción de que la especie humana puede seguir como hasta ahora ha vivido, convencida de que la naturaleza, con todo lo que en ella habita, es su pertenencia y su objeto.

Desde este prisma la vacuna, con el paso de los meses, quedó transformada en la pócima milagrosa que todo lo cura, a pesar de los interrogantes que su aplicación sigue suscitando por doquier, todo ello porque aún no son vacunas en propiedad sino simples biológicos en proceso de elaboración (ver “El covid, muchos interrogantes”), proceso en el cual la especie humana, por cientos de millones, con su hombro descubierto, está constituida en el ratón de laboratorio para verificar cualidades y potencialidades de todas y cada una de las que están aplicando por aquí y por allá.

En el primero de los editoriales con igual título decíamos que no reparar en el contexto, en lo estructural de la crisis pandémica, es condición fundamental para: 1. Dejar el espacio abierto para que otras de estas crisis, con igual o peor potencia, impacten sobre la sociedad global; y, 2. Perder la oportunidad para que esa misma sociedad advierta con toda propiedad las características fundamentales de un sistema socioeconómico que lleva a su propia especie hacia el precipicio, así como a la naturaleza íntegra.

Pero lo que no alcanzábamos a captar en ese momento era que, en su afán por recuperar la economía global, el capitalismo estuviera dispuesto a todo, incluso a cercenar derechos fundamentales, criminalizar segmentos sociales que no responden a su llamado a vacunarse y ahondar desigualdades, llevando a la sociedad a una polarización entre vacuna sí, vacuna no. No se puede desconocer que la problemática en curso y los retos abiertos para la especie humana, a lo largo de estos meses, son mucho más profundos (ver: “Vacuna covid-19: ¿protección, negocio o violación de derechos?”, “El covid-19 es algo más que el pinchazo”).

La respuesta no se ha dejado esperar y en muchos países la creciente crítica a tales medidas copa calles. Las protestas son satanizadas por algunos medios de comunicación que los reportan como si fueran una estrategia de la derecha para ganar audiencia social, sin percatarse de la pluralidad del rechazo, motivado por convicciones políticas, en unos casos, y en otros por visiones alternas sobre salud, unos más por no compartir el autoritarismo como proceder para gobernar, sin estar por fuera visiones de derecha que atizan y aprovechan en río revuelto.

Es así como ahora ganan nitidez problemáticas ocultas tras la ofensiva propagandística en favor de la vacuna, de multiplicación del miedo –que tan buenos resultados dispensa para quienes gobiernan–, potenciando la unilateralidad del saber, con una ciencia occidental que desconoce otros saberes y prácticas, y que, al igual que los monocultivos, mata toda variedad que pretenda vivir en paralelo.

Un proceder impositivo que lleva a que sus ojos pierdan la capacidad de percibir la gama de tonalidades brindadas por la naturaleza para solo ver blanco o negro. Habría que ser más sensatos y mirar e investigar, por ejemplo, las prácticas que en el campo de la salud sobreviven en infinidad de territorios y con las cuales las gentes, sin esperar el dictamen médico amparado en diploma universitario, se automedican y se curan. En esa praxis acuden en ocasiones a plantas de diversas especies y de las cuales están llenas las plazas de mercado; además de otras que aún no han sido domesticadas y siguen intactas en los bosques y selvas, y solo son manejadas con propiedad por las sanadoras reconocidas por sus comunidades.

Algunas de aquellas prácticas siguen sirviendo para resolver la crisis en el encierro a que están sometidos miles de presos, por ejemplo. Y no solo ellos: también en los barrios populares y otros territorios donde sus pobladores comparten conocimientos y experiencias, e intercambian saberes, y así van resolviendo con agüitas el azote del virus. ¿Cuántos miles de infectados han dejado de acudir a consultorio y hospital alguno y se han curado? ¿Cómo lo han logrado? ¿Por qué no acuden al consultorio y mucho menos al hospital? Si el poder estuviera abierto a comprender la cultura popular, lo mismo que los usos y costumbres descritos, con seguridad aceptaría que la vacuna no tiene que ser obligatoria, y difundiría por todos los canales la posibilidad de inyectarse en otras formas y opciones para salir airosos de esta situación.

Entonces, es legítimo plantear que hay otras formas y procederes en que la solidaridad es fundamental, la memoria popular es persistente y no son necesarias las antesalas de varias horas para ser atendido. Pero igualmente hay prácticas indispensables para poder seguir en el rebusque porque, si se asiste al hospital y te dejan internado, ¿quién lleva el diario a casa?

De suerte que las formas alternativas están extendidas, además, por reacción, porque en sus barrios la gente ve morir a los suyos a pesar de estar vacunados, y por eso teme que le suceda igual, lo que invita a explicarles que los biológicos sirven en lo fundamental para evitar la UCI pero no mucho más. En esa expresión de sensatez, resulta posible construir procesos sociales de todo orden para enfrentar y superar la actual realidad, abordando como prioridad no desdeñable el cuidado común, a la par de la golpeada economía popular.

No es algo caprichoso. En realidad es un proceder indispensable que trasciende la estrategia mediática de cifras de muertos e internados en UCI, de cacarear en las bondades irreales de una vacuna que no evita la muerte, aunque sí pueda reducir las posibilidades de llegar a tal límite; estrategia que deja en manos de cada cual la resolución de sus urgencias económicas, proceder en el cual es indispensable implementar un viraje radical si de verdad se pretende ganar la confianza de amplios sectores y para lo cual los gobiernos deben priorizar la vida cotidiana de las mayorías, lo que implica garantizar vida digna, empezando por ingresos fijos y suficientes sin los cuales cada cual trata de resolver por vía propia, exponiéndose al contagio pero también atomizando mucho más el tejido social; un resolver por vía propia posible de constatar en la multiplicación de la informalidad callejera así como en la disparada de la delincuencia, con actuares cada vez más violentos –un síntoma de inseguridad, temor e inexperiencia de quien asalta– que copa calles por todas las ciudades del país.

Estamos, pues, ante una realidad sumamente compleja, que no se resuelve con más policía, como lo pretende el establecimiento, lo que va llevando hacia –o profundizando– la militarización y el autoritarismo armado como canal predilecto para gobernar e imponer. Ese proceder, ‘justificado’, por decirlo así, expresa la capacidad del sistema de reformularse y ahoga muchos derechos que le significaron a la humanidad intensas y prolongadas jornadas de lucha, tapizadas por miles de víctimas que se batieron por ellos.

Ese proceder del poder invita a pensar, no sin inquietud, si el terreno ganado por el ejercicio de un poder unilateral que ahora multiplica sus señales no se mantendrá y extenderá, incluso una vez superada esta coyuntura de salud pública, concretando así la tendencia de anulación de democracia efectiva que ya comporta el sistema, y que se manifiesta sin reparos –entre algunas de sus señales más evidentes– en la concentración de la riqueza, la multiplicación de las inequidades y las desigualdades que campean por todo el globo, la contención violenta de las voces de protesta que disienten y la imposición en todos los planos de un discurso único.

Esas manifestaciones antidemocráticas, con autoritarismo efectivo, expresado como tantas veces los estudiosos del tema han llamado la atención, a través de los cada vez más preocupantes mecanismos de control y disciplinamiento social, van haciendo de la democracia una simple palabra de cajón recubierta por mallas y muros que oprimen, imponen y aíslan, así como balas que contienen a opositores, inconformes y disidentes.

Estamos ante una tendencia o una realidad contundentes, con riesgo de polarización y disputa radical entre sectores del propio cuerpo social, utilizados por el poder real para potenciar sus controles y afilar sus mecanismos de efectivo dominio. Mientras así ocurre, del lado alternativo la pasividad y la ausencia de opciones efectivas en todos los planos, que le muestren superior y más efectivo que sus contrarios, lo arrinconan en un grado de confusión mayor y que saca a flote el hecho de que, en diversos campos del saber y del hacer, a pesar de lo que expresa, no alcanza a diferenciarse del discurso dominante.

La ciencia, ahora en el centro del debate, con la vacuna y la manera de afrontar una crisis como la actual, así como el carácter cada vez más autoritario del régimen político son parte de ello.

 

 

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Publicado enEdición Nº283
Miércoles, 01 Septiembre 2021 05:47

Ante la derrota de la humanidad (II)

Ante la derrota de la humanidad (II)

Decíamos hace varios meses (http://ow.ly/pmzl50FSwSw) que la certeza de los actuales poderes globales con respecto a la vacuna, como solución mágica para enfrentar y superar la actual crisis pandémica, resumía su convicción de que la especie humana puede seguir como hasta ahora ha vivido, convencida de que la naturaleza, con todo lo que en ella habita, es su pertenencia y su objeto.

Desde este prisma la vacuna, con el paso de los meses, quedó transformada en la pócima milagrosa que todo lo cura, a pesar de los interrogantes que su aplicación sigue suscitando por doquier, todo ello porque aún no son vacunas en propiedad sino simples biológicos en proceso de elaboración (ver “El covid, muchos interrogantes”), proceso en el cual la especie humana, por cientos de millones, con su hombro descubierto, está constituida en el ratón de laboratorio para verificar cualidades y potencialidades de todas y cada una de las que están aplicando por aquí y por allá.

En el primero de los editoriales con igual título decíamos que no reparar en el contexto, en lo estructural de la crisis pandémica, es condición fundamental para: 1. Dejar el espacio abierto para que otras de estas crisis, con igual o peor potencia, impacten sobre la sociedad global; y, 2. Perder la oportunidad para que esa misma sociedad advierta con toda propiedad las características fundamentales de un sistema socioeconómico que lleva a su propia especie hacia el precipicio, así como a la naturaleza íntegra.

Pero lo que no alcanzábamos a captar en ese momento era que, en su afán por recuperar la economía global, el capitalismo estuviera dispuesto a todo, incluso a cercenar derechos fundamentales, criminalizar segmentos sociales que no responden a su llamado a vacunarse y ahondar desigualdades, llevando a la sociedad a una polarización entre vacuna sí, vacuna no. No se puede desconocer que la problemática en curso y los retos abiertos para la especie humana, a lo largo de estos meses, son mucho más profundos (ver: “Vacuna covid-19: ¿protección, negocio o violación de derechos?”, “El covid-19 es algo más que el pinchazo”).

La respuesta no se ha dejado esperar y en muchos países la creciente crítica a tales medidas copa calles. Las protestas son satanizadas por algunos medios de comunicación que los reportan como si fueran una estrategia de la derecha para ganar audiencia social, sin percatarse de la pluralidad del rechazo, motivado por convicciones políticas, en unos casos, y en otros por visiones alternas sobre salud, unos más por no compartir el autoritarismo como proceder para gobernar, sin estar por fuera visiones de derecha que atizan y aprovechan en río revuelto.

Es así como ahora ganan nitidez problemáticas ocultas tras la ofensiva propagandística en favor de la vacuna, de multiplicación del miedo –que tan buenos resultados dispensa para quienes gobiernan–, potenciando la unilateralidad del saber, con una ciencia occidental que desconoce otros saberes y prácticas, y que, al igual que los monocultivos, mata toda variedad que pretenda vivir en paralelo.

Un proceder impositivo que lleva a que sus ojos pierdan la capacidad de percibir la gama de tonalidades brindadas por la naturaleza para solo ver blanco o negro. Habría que ser más sensatos y mirar e investigar, por ejemplo, las prácticas que en el campo de la salud sobreviven en infinidad de territorios y con las cuales las gentes, sin esperar el dictamen médico amparado en diploma universitario, se automedican y se curan. En esa praxis acuden en ocasiones a plantas de diversas especies y de las cuales están llenas las plazas de mercado; además de otras que aún no han sido domesticadas y siguen intactas en los bosques y selvas, y solo son manejadas con propiedad por las sanadoras reconocidas por sus comunidades.

Algunas de aquellas prácticas siguen sirviendo para resolver la crisis en el encierro a que están sometidos miles de presos, por ejemplo. Y no solo ellos: también en los barrios populares y otros territorios donde sus pobladores comparten conocimientos y experiencias, e intercambian saberes, y así van resolviendo con agüitas el azote del virus. ¿Cuántos miles de infectados han dejado de acudir a consultorio y hospital alguno y se han curado? ¿Cómo lo han logrado? ¿Por qué no acuden al consultorio y mucho menos al hospital? Si el poder estuviera abierto a comprender la cultura popular, lo mismo que los usos y costumbres descritos, con seguridad aceptaría que la vacuna no tiene que ser obligatoria, y difundiría por todos los canales la posibilidad de inyectarse en otras formas y opciones para salir airosos de esta situación.

Entonces, es legítimo plantear que hay otras formas y procederes en que la solidaridad es fundamental, la memoria popular es persistente y no son necesarias las antesalas de varias horas para ser atendido. Pero igualmente hay prácticas indispensables para poder seguir en el rebusque porque, si se asiste al hospital y te dejan internado, ¿quién lleva el diario a casa?

De suerte que las formas alternativas están extendidas, además, por reacción, porque en sus barrios la gente ve morir a los suyos a pesar de estar vacunados, y por eso teme que le suceda igual, lo que invita a explicarles que los biológicos sirven en lo fundamental para evitar la UCI pero no mucho más. En esa expresión de sensatez, resulta posible construir procesos sociales de todo orden para enfrentar y superar la actual realidad, abordando como prioridad no desdeñable el cuidado común, a la par de la golpeada economía popular.

No es algo caprichoso. En realidad es un proceder indispensable que trasciende la estrategia mediática de cifras de muertos e internados en UCI, de cacarear en las bondades irreales de una vacuna que no evita la muerte, aunque sí pueda reducir las posibilidades de llegar a tal límite; estrategia que deja en manos de cada cual la resolución de sus urgencias económicas, proceder en el cual es indispensable implementar un viraje radical si de verdad se pretende ganar la confianza de amplios sectores y para lo cual los gobiernos deben priorizar la vida cotidiana de las mayorías, lo que implica garantizar vida digna, empezando por ingresos fijos y suficientes sin los cuales cada cual trata de resolver por vía propia, exponiéndose al contagio pero también atomizando mucho más el tejido social; un resolver por vía propia posible de constatar en la multiplicación de la informalidad callejera así como en la disparada de la delincuencia, con actuares cada vez más violentos –un síntoma de inseguridad, temor e inexperiencia de quien asalta– que copa calles por todas las ciudades del país.

Estamos, pues, ante una realidad sumamente compleja, que no se resuelve con más policía, como lo pretende el establecimiento, lo que va llevando hacia –o profundizando– la militarización y el autoritarismo armado como canal predilecto para gobernar e imponer. Ese proceder, ‘justificado’, por decirlo así, expresa la capacidad del sistema de reformularse y ahoga muchos derechos que le significaron a la humanidad intensas y prolongadas jornadas de lucha, tapizadas por miles de víctimas que se batieron por ellos.

Ese proceder del poder invita a pensar, no sin inquietud, si el terreno ganado por el ejercicio de un poder unilateral que ahora multiplica sus señales no se mantendrá y extenderá, incluso una vez superada esta coyuntura de salud pública, concretando así la tendencia de anulación de democracia efectiva que ya comporta el sistema, y que se manifiesta sin reparos –entre algunas de sus señales más evidentes– en la concentración de la riqueza, la multiplicación de las inequidades y las desigualdades que campean por todo el globo, la contención violenta de las voces de protesta que disienten y la imposición en todos los planos de un discurso único.

Esas manifestaciones antidemocráticas, con autoritarismo efectivo, expresado como tantas veces los estudiosos del tema han llamado la atención, a través de los cada vez más preocupantes mecanismos de control y disciplinamiento social, van haciendo de la democracia una simple palabra de cajón recubierta por mallas y muros que oprimen, imponen y aíslan, así como balas que contienen a opositores, inconformes y disidentes.

Estamos ante una tendencia o una realidad contundentes, con riesgo de polarización y disputa radical entre sectores del propio cuerpo social, utilizados por el poder real para potenciar sus controles y afilar sus mecanismos de efectivo dominio. Mientras así ocurre, del lado alternativo la pasividad y la ausencia de opciones efectivas en todos los planos, que le muestren superior y más efectivo que sus contrarios, lo arrinconan en un grado de confusión mayor y que saca a flote el hecho de que, en diversos campos del saber y del hacer, a pesar de lo que expresa, no alcanza a diferenciarse del discurso dominante.

La ciencia, ahora en el centro del debate, con la vacuna y la manera de afrontar una crisis como la actual, así como el carácter cada vez más autoritario del régimen político son parte de ello.

 

 

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Publicado enColombia
La OMS emite sus primeras recomedaciones sobre la edición del genoma humano: ¿qué dice el informe?

La necesidad de regular este campo surgió después de que He Jiankui, un científico chino, anunciara que había logrado modificar genéticamente a dos bebés gemelos para evitar que contrajeran el VIH.

El Comité Asesor de Expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó sus primeras recomendaciones sobre la edición genética en humanos, tras dos años de investigación en la que han participado científicos, pacientes y organizaciones religiosas.

En 2018, después de que se conociera el caso de He Jiankui, un científico chino, que afirmó ser capaz de modificar embriones humanos, lo que resultó en el nacimiento de gemelas con aparente inmunidad al VIH, la OMS encargó a un cómite de expertos en edición genética elaborar una serie de recomendaciones sobre mecanismos de gobernanza nacionales, regionales y mundiales para la edición del genoma humano.

El comité reconoce los beneficios potenciales de la edición del genoma humano "para mejorar la salud humana y la medicina", dando como ejemplos, el tratamiento y la prevención de trastornos genéticos, nuevas formas de promover la resistencia a las enfermedades, contribuir al desarrollo de vacunas, entre muchos otros, destacando que ya lograron notables avances en este sentido, por ejemplo para tratar el VIH.

No obstante, afirman que existen áreas de incertidumbre en cuanto a los posibles beneficios y riesgos, por ejemplo, los rasgos manipulados del genoma humano "podrían transmitirse a generaciones posteriores". También, mencionan la falta de diversidad en las colecciones de muestras humanas o los retos relacionados con las clínicas deshonestas, investigaciones ilegales, poco éticas o inseguras.

El comité recomienda que la OMS asuma un papel de coordinación en los casos de regulación de la edición del genoma, fomento de la cooperación internacional, apoyo de las revisiones éticas de la investigación genética y asesoraminto a los gobiernos de una manera que garantice la coordinación de los estándares internacionales.

Asimismo, se tocaron cuestiones relacionadas con los derechos de propiedad intelectual, destacando la importancia de garantizar el acceso equitativo a intervenciones de edición del genoma humano, como la de trabajar con los países de recursos limitados. El comité recalca la necesidad de crear un conjunto de valores y principios éticos, basados en los objetivos y prioridades de la salud pública. Entre las próximas tareas del organismo internacional, también está la creación de un registro global para la posibilidad de revisar experimentos con genoma humano.

En el documento de la OMS indicaron que tienen previsto crear un grupo de trabajo para poder evaluar el avance de las nuevas tecnologías y promover las actualizaciones de las regulaciones.

Publicado: 15 jul 2021 23:13 GMT

Sábado, 05 Junio 2021 06:43

Negocios contra la naturaleza

Negocios contra la naturaleza

A casi medio siglo de que Naciones Unidas declarara el 5 de junio como Día Mundial del Medio Ambiente –en su primera conferencia sobre Medio Humano en 1972, en Estocolmo– el panorama ambiental global es mucho peor que entonces.

La ONU ya advertía que la devastación del medio ambiente debido a la sobreexplotación y contaminación de ecosistemas en tierra, mar y aire, así como el avance del cambio climático tendría serios impactos sociales y económicos. En décadas posteriores se multiplicó la institucionalidad ambiental a nivel internacional, con más de 500 instancias oficiales, pero no cambió el rumbo.

Al contrario, aparecieron nuevos impactos, como el surgimiento cada vez más frecuente de epidemias y pandemias de origen zoonótico, como la de Covid-19, relacionados a la devastación de ecosistemas, como reconoce la ONU (https://tinyurl.com/vzcsxt8a).

Desde 2009, el Stockholm Resilience Center planteó que existen nueve grandes "límites ecológicos planetarios", cuya transgresión pone en peligro nuestra sobrevivencia. Se refieren al cambio climático, la erosión de la biodiversidad, la acidificación de los mares, el uso de agua dulce, la destrucción de la capa de ozono, la erosión de suelos, la disrupción de los ciclos de fósforo y nitrógeno, la contaminación atmosférica y la contaminación química y por "entidades nuevas", como compuestos de nanotecnología, plásticos, transgénicos y agrotóxicos.

Todos esos límites se han transgredido o están muy cerca de traspasar un umbral mínimo de seguridad. Una revisión de 2015 mostró que en cambio climático, erosión de la biodiversidad, erosión de suelos y alteración de los ciclos de fósforo y nitrógeno la situación es realmente muy grave, pero podría serlo también en otros sobre los que no hay suficientes datos.

Esto no sucedió por falta de conocimiento sobre su impacto, sino pese a ello. Por ejemplo, más de las tres cuartas partes de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que causan el cambio climático fueron emitidas después de 1972. Décadas antes se sabía que los combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) son el mayor factor de esas emisiones. Cien empresas ligadas a la extracción y producción de esos combustibles (empresas de energía y construcción), la mayoría trasnacionales, son causa de las dos terceras partes de emisiones globales de GEI. Gases que también son causa de la acidificación de los mares.

El sistema alimentario agroindustrial (desde semillas industriales a supermercados) basado en extensos monocultivos, con uso intensivo de maquinaria, semillas híbridas y transgénicas, fertilizantes sintéticos y agrotóxicos, está directamente ligado a la transgresión de límites planetarios: por uso y contaminación de agua dulce (la agricultura industrial usa y contamina 70 por ciento del agua dulce disponible), por disrupción de los ciclos naturales de nitrógeno y fósforo (ambos componentes de los fertilizantes sintéticos), por erosión y pérdida de suelos, por erosión de la biodiversidad agrícola y forestal, por deforestación (más de 70 por ciento de la deforestación global es a causa de la expansión de la frontera agropecuaria industrial), por contaminación con agrotóxicos, plásticos, transgénicos y otras sustancias químicas.

La destrucción de bosques, manglares, humedales y praderas naturales, debida a esas industrias (agropecuaria-alimentaria industrial y de extracción y producción de energía fósil) junto a mineras, megaproyectos viales y urbanización descontrolada, producen una devastación de la biodiversidad sin precedente, que también es origen de enfermedades zoonóticas. Esos ecosistemas son además fundamentales para absorber el exceso de carbono en la atmósfera.

Por ello, Naciones Unidas declaró una Década de la Restauración de Ecosistemas (2021-2030), comenzando este 5 de junio. El reconocimiento de la importancia de ecosistemas como bosques, manglares y humedales, así como la urgencia de su restauración es fundamental. No obstante, las industrias que han provocado su destrucción están en una carrera para hacer nuevos negocios, lo cual aumentará la devastación. La receta se llama ahora "soluciones basadas en la naturaleza". Es una nueva ola de venta de servicios ambientales, de expropiación y privatización de bosques, tierras y territorios, inventando áreas para "secuestrar" carbono, para imponer desde transgénicos a monocultivos y plantaciones de árboles. Intentan acceder a nuevas áreas naturales y territorios, para generar bonos transables en mercados de carbono o "compensaciones por biodiversidad", lo cual también podría conllevar la expulsión de las comunidades que allí viven. Como señala el Movimiento Mundial por los Bosques en su boletín 255 sobre este tema, no son "soluciones", sino despojos basados en la naturaleza (https://tinyurl.com/2wum6kxw).

Los principales actores para la restauración de ecosistemas son las comunidades rurales campesinas e indígenas, que con sus formas de vida los han cuidado e impedido que haya una destrucción aún mayor. Por ello es imprescindible que se respeten todos sus derechos y se les apoye a partir de sus propias formas de organización y de sus decisiones, no de programas externos o para integrarlos a esos negocios que destruirán aún más la naturaleza y a las propias comunidades.

Por Silvia Ribeiro, Investigadora del Grupo ETC

Publicado enMedio Ambiente
La evolución del hombre en una ilustración utilizada por Thomas Huxley, firme defensor de Darwin en su época. — ARCHIVO

Se cumplen este año 150 años de la publicación de uno de los libros más influyentes de Charles Darwin, 'El origen del hombre', posterior a y menos conocido que el pionero 'El origen de las especies'.

 

Se cumplen este año 150 años de la publicación de uno de los libros más influyentes de Charles Darwin, El origen del hombre, posterior a y menos conocido que el pionero El origen de las especies. Con sus aciertos y sus errores, esta obra, con la que culminaba la exposición de su teoría de la evolución, tuvo un gran peso en el desarrollo de las modernas teorías científicas en esta área y tres de sus más importante enunciados han sido reforzados por la ciencia, recuerdan varios especialistas siglo y medio después.

Se confirma, por ejemplo, que los seres humanos compartimos muchas características (ahora se sabe que entre ellas está el 96% del material genético) con los simios antropoides como el gorila y el chimpancé, de los que nos separamos evolutivamente hace entre 8 y 6 millones de años. Además, los humanos tenemos la habilidad de un alto nivel de cooperación, reforzado por las normas morales y sociales. Por último hemos ampliado mucho la capacidad de aprendizaje social que vemos en otros primates. Es lo que dicen el conocido etólogo y primatólogo Frans de Waal y sus colegas Peter Richerson y Sergey Gravilets, en la revista Science al evaluar la situación actual a la luz del aniversario.

Para Darwin estaba claro que los humanos actuales eran animales, vertebrados, mamíferos y primates, descendientes de un ancestro común, y que constituyen una misma y única especie, lo que refutaba la teoría racista de que existían varias especies humanas. Darwin también creía que la cultura y la evolución cultural son especialmente importantes para el progreso y constituyen la fuente principal de variación, que se trasmite por la imitación y la educación. La selección natural queda así en un segundo plano. Finalmente aseguraba que la cooperación y el sentido moral, "la mejor y superior diferencia entre el hombre y los animales inferiores", evolucionaron a partir de las tendencias a la ayuda mutua y la abnegación que son "comunes a la mayor parte de los animales sociales", algo revolucionario para su época. De hecho, solo bastante recientemente la ciencia ha estudiado y confirmado tanto esto como la existencia de cultura animal.

Además, Darwin pensaba que era más probable que nuestros antepasados vivieran en África que en cualquier otro lugar, aunque no lo pudo probar, frente al eurocentrismo de muchos de sus colegas de la época. También eso se ha confirmado. Lo que no pudo llegar a ajustar en su teoría es la pregunta que cualquiera se hace: "¿Por qué nosotros?", respecto al salto que representa la gran diferencia mental (y de tamaño cerebral) entre humanos y sus parientes más cercanos. A esa pregunta resulta que todavía no existe una respuesta aceptada de forma general, reconocen De Waal y sus compañeros, aunque hay muchas teorías interesantes.

Entre los cambios evolutivos que emergieron en el desarrollo de la especie humana sobresalen los que llevaron a la aparición de sistemas sociales para apoyar a las madres cuyos bebés nacían sin poderse valer por sí mismos y tenían luego un lento desarrollo, al contrario que en la mayoría de las especies. Esa evolución dio por fruto un alargamiento sustancial del intervalo entre nacimientos y una vida más larga. Asimismo, el lenguaje es un rasgo característico del Homo sapiens y todavía se desconoce cómo surgió.

En El origen del hombre, sin embargo, también hay sombras, o errores cuando se contempla desde nuestros días. "Es un texto del que aprender, pero que no hay que venerar", dice Agustín Fuentes, de la Universidad de Princeton, en la misma revista. Darwin se mostró como representante de su época, al apoyar una visión racista y sexista de la humanidad sin basarse en datos. Despreció a los indígenas de América, Australia y África como menos capaces que los europeos a pesar de que ello contradecía sus propias teorías, y llegó a justificar los imperios, el colonialismo e incluso el genocidio por "la supervivencia del más apto", aunque estaba en contra de la esclavitud. También consideró inferiores a las mujeres blancas respecto a los hombres blancos, nuevamente con argumentos pseudocientíficos que todavía resuenan, asegura Fuentes, quien aboga por una actitud crítica respecto a la importante obra de Darwin y por avanzar hacia una ciencia de la evolución de los humanos, no del "hombre".

madrid

25/05/2021 07:30

Por Malen Ruiz de Elvira

Jueves, 13 Mayo 2021 05:38

Freud en el mes de su nacimiento

Freud en el mes de su nacimiento

La intacta potencia revulsiva del pensamiento freudiano

La impiadosa visión negativa y el encarnizamiento pasional testimonian que sus ideas siguen siendo indigestas para una sociedad no menos hipócrita que la suya.

 

En 1916 Freud ubicó al psicoanálisis dentro de los tres grandes descubrimientos que hirieron el amor propio de la humanidad. Copérnico mostró que la Tierra no es el centro del universo, conmoviendo la pretensión del hombre de sentirse dueño de este mundo. Darwin puso fin a la arrogancia humana de crear un abismo entre su especie y la del animal. Pero ni la afrenta cosmológica ni la afrenta biológica han sido tan sentidas por el narcisismo como la afrenta psicológica. Porque el psicoanálisis enseña que el yo, no sólo no es amo del mundo ni de la especie, sino que no es amo en su propia casa.

Ubiquemos los comienzos del psicoanálisis, ya que en ellos está en germen su particularidad. Freud tiene una formación racionalista, su espíritu es kantiano, es decir que él es un racionalista crítico. Tiene la vocación iluminista de querer salir de la minoría de edad sin otra tutela --como dice Kant-- que no sea la de la razón. Su descubrimiento le mostrará el límite de la razón: la sexualidad. De este modo, el psicoanálisis se presenta como la Filosofía de las luces, interpelada, asediada, alterada por el "factum" freudiano de la pulsión. El psicoanálisis no es oscurantista, por eso Lacan nos dice que Freud prosigue el debate de las luces. Pero también indica el punto en el que estas se apagan, y esto conduce a su ética: las luces deben se moderadas.

La vida pulsional de la sexualidad no puede domesticarse plenamente, lo que no se integra se reprime, nuestra morada está habitada por aspectos que no queremos reconocer, ya que no entran en armonía con nuestros ideales. Pero el empeño por rechazar fracasa y lo más extraño de nosotros emerge desfigurado a través de los síntomas. No cabe asombrarse, afirma Freud, que el yo no le otorgue su favor al psicoanálisis y se obstine en rehusar su crédito. Diremos que tanto ayer como hoy.

Las terapias no analíticas son aceptadas pues se empeñan por erigir al yo como soberano, le enseñan cómo liberarse mejor de lo que irrumpe, elevan su apetito de control, lo invitan a no acercarse nunca al suelo molesto de su hábitat. Pero ello, no lo dudamos, conducirá siempre a lo peor, no sólo porque se habrá limitado el campo del conocimiento, sino por el destino infernal que sufrirá lo que se intenta elidir.

Freud invita a la aventura humana que es la cura psicoanalítica, aventura de ese explorador que, recorriendo los caminos más alejados de sus creencias vuelve con recursos de los que no disponía. Y esas energías gastadas antaño en preservar sus dominios, estarán libres para fines acordes al deseo que siempre excede los límites del yo.

En los últimos tiempos, el pensamiento de Sigmund Freud es objeto de crecientes críticas. Podría decirse, es cierto, que las impugnaciones al psicoanálisis lo acompañan desde sus propios orígenes. Pero al período de las resistencias iniciales le sucedió otro de amplia difusión y aceptación general logradas muchas veces, también hay que decirlo, a expensas del rigor. La impiadosa visión negativa, el encarnizamiento pasional, testimonian que la potencia revulsiva del pensamiento de Freud permanece intacta y sus ideas siguen siendo indigestas para una sociedad no menos hipócrita que la suya. Más sutilmente hipócrita, eso sí. Si es cosa de suprimir síntomas molestos, poner lo más rápidamente posible a un sujeto en condiciones de retomar el automatismo ciego de la vida actual, reintegrarlo al mercado como productor exitoso y --sobre todo-- consumidor voraz e insaciable, reactivando sus apetencias, es plausible que el tratamiento psicoanalítico no sea el camino más indicado. Mejor Prozak o la reeducación cognitivista.

La práctica analítica es altamente efectiva si se trata de emprender una de las pocas aventuras aún accesibles al hombre de nuestro tiempo, en un mundo ya totalmente explorado y donde incluso los viajes han sido expropiados por la industria del turismo. El psicoanálisis no es solo una cura, que nunca fue el interés prioritario de Freud, él como explorador de la vida anímica, quiso construir un sujeto a la altura de la época, un sujeto que al ampliar y redefinir el campo de la subjetividad, sea apto para desenvolverse digna y humanamente en los tiempos de la muerte de Dios. Es decir, en el trance de la devaluación de los valores más altos que identificaron a Occidente, del derrumbamiento del orden tradicional, de la pérdida de toda referencia y, por ende, de la errancia planetaria

Freud no quería ser médico, le interesaba la ciencia, la biología, la investigación. Deudor de distintos descubrimientos y de una Viena liberal luego de la destrucción del imperio austro-húngaro, el psicoanálisis tiene una especificidad propia. El anhelo freudiano por descifrar los enigmas del mundo fue superior al de curar. Creía en la ciencia y en su juventud, el laboratorio de Brucke le permitió afincarse en la fisiología histológica. Y fue éste --su maestro admirado-- quien le advirtió que, en vista de sus reducidas posibilidades materiales, no le sería posible una dedicación a una carrera puramente teórica por la cual sentía devoción. Es así que pasa de la histología del sistema nervioso a la neuropatología, y más tarde, será un enigma --el de la neurosis-- quien dará lugar a su creación: el psicoanálisis. Este encuentro hará que Freud tome un interés creciente en la clínica, pie fundamental para una teoría que jamás se separó de ella. Siempre recordó una frase de Charcot que éste emitió sin darle importancia y la evocó a lo largo de su vida cuando conmovía al mundo con lo que le revelaba: “La teoría es buena pero no impide que los hechos existan”. Creyente de la ciencia, gustaba definirse como explorador: “No soy en absoluto un hombre de ciencia, ni un observador, ni un experimentador, ni un pensador. Por temperamento no soy más que un conquistador, un aventurero, si quieres traducir esta palabra, con toda la curiosidad, la osadía y la tenacidad de ese tipo de hombre”.

Freud nació en un siglo fuertemente marcado por la impronta biológica, por el positivismo y es desde esta base que descubre el síntoma histérico como no respondiendo a esta lógica. Nada más alejado del psicologismo que pretende vincular todo lo que sucede en el cuerpo con un correlato psíquico, haciendo de tales campos un todo indivisible. Lacan dice que no hubiese sido posible el paso freudiano sin el cartesiano. Aclaremos: Freud no quería ser médico ya que le interesaba fundamentalmente la investigación aunque, de todos modos, su saber como médico concordaba con el de su época. Lejos de la medicina hipocrática, la medicina de su tiempo --como también la de hoy-- considera que el hombre tiene un cuerpo, lo que no era algo obvio, antes del paso cartesiano. En efecto, Descartes introduce un corte, a partir del cual quedan atrás la unidad del ser humano, el alma como forma del cuerpo. La división está hecha. Dice Lacan que, de aquí en más el médico encarará al cuerpo con la actitud de un señor que desmonta una máquina. Y que es desde esta posición de la que Freud partió, siguiendo lo que era su ideal: la anatomía patológica, el sistema nervioso. Si el síntoma histérico habla de un cuerpo que no es el biológico, fue sin embargo necesaria la fundación de la biología para ubicarlo en otro paradero.

A fines de 1800 el conocimiento médico era el hegemónico: el saber lo tenía el médico y el paciente escuchaba obedeciendo. Pero ya en los primeros casos freudianos se halla un cambio fundamental, su modo de trabajar parte de suponer saber en sus pacientes, invirtiendo así la posición del saber. En pocas palabras: hay un cambio en la idea de razón a partir de Freud cuyas incidencias en el campo del conocimiento son sin precedentes.

Por Silvia Ons

13 de mayo de 2021

Silvia Ons es psicoanalista.

Sigmund Freud nació el 6 de mayo de 1856.

Publicado enCultura
La sociedad anestesiada por la fobia al dolor

El sociólogo Miguel Ángel Forte analiza La sociedad paliativa, nuevo libro de Byung-Chul Han

Un reciente ensayo del filósofo surcoreano mete el bisturí en el concepto de dolor, un sentimiento que se pretende eliminar en una sociedad entregada a los paliativos optimistas y la dictadura del like.

En su libro La sociedad paliativa (Herder) el filósofoByung-Chul Han parte de la idea del dolor para atravesar los conceptos de toda su obra. Su tesis es que en la sociedad impera una fobia al dolor, el cual se trata de eliminar a toda costa, incluso allí donde es constituyente de la existencia humana como en el amor, la política, el arte y la psicología. Miguel Ángel Forte es profesor titular plenario de Sociología General (UBA) y director de la Maestría en Ciencia Política y Sociología de Flacso, donde dicta el seminario Byung-Chul Han y Carlos Marx: las cadenas radicales del panóptico digital.

--Según Han, en la actual sociedad del rendimiento el dolor es considerado síntoma de debilidad. El reino del “me gusta” no da cabida al sufrimiento: todo lo alisa y pule, hasta eliminarle su aspereza y resultar agradable. “El like es el signo y el analgésico del presente”. Y desde Facebook pasaría a todos los ámbitos de la cultura, donde nada debe doler.

--Facebook con sus selfies y likes da una solo apariencia de las cosas: tengo 5000 amigos ¿pero qué puede salir de ahí más allá de algunos encuentros concretos? Casi todo queda allí. El covid fue el virus justo para esta época que se nutre de vínculos digitales. El tuiteo era la forma de hacer política de Trump. Pues el secreto del poder contemporáneo es no generar ningún tipo de vínculo interpersonal. Una de las cosas que puso de relieve la pandemia es el individualismo radical de cierta gente, capaz de desafiar a la propia biología: no se cuidan ni a sí mismos.

--En su reivindicación de la negatividad del sufrimiento, Han dice que olvidamos que el dolor purifica y opera como catarsis: “el exceso de positividad aplasta y asfixia”. Y terminaríamos aplanados por la cultura de la complacencia sumidos en el infierno de lo igual, esa zona paliativa de bienestar. Plantea que “el dolor ha dejado de ser un cauce navegable que lleva al hombre al mar: es un callejón sin salida”. Lo trágico sería necesario para afirmar la vida, a pesar del dolor.

--En tanto el dolor es paradigma de la negatividad, el sujeto de rendimiento contemporáneo pretende eliminarlo. Ignora que el padecimientote lleva a una dimensión metafísica que permite dar sentido y ubicar tu posición en el cosmos y la sociedad. Para Han, no hay felicidad sin dolor, ya que esta aparece fragmentada: el dolor se sostiene en la felicidad, que es también algo doliente: “si se ataja el dolor, la felicidad se trivializa en confort apático”. Lo necesitamos para una felicidad profunda. La vida es un juego de opuestos: sos feliz de alguna manera, porque una vez no lo fuiste. Sin conocer el sufrimiento no podés conocer a su Otro, que es la felicidad. Ciertas psicologías positivas --u optimistas-- trabajan sobre la negación del sufrimiento. En cambio, el psicoanálisis necesita que el paciente reconozca su padecer para comenzar el tratamiento. El otro camino para alcanzar la tranquilidad en la sociedad paliativa son los psicofármacos: el sujeto no quiere sufrir y en lugar de enfrentarse al sufrimiento, lo obtura con medicación.

--Freud descubrió la necesidad de abrir la herida.

--Si no tenés capacidad de enfrentar ese sufrimiento profundo, solo están a tu alcance las psicologías rápidas que buscan reemplazar pensamientos negativos por “positivos”. Pero apenas desplazan el problema, vuelve. Son técnicas funcionales al neoliberalismo: buscan la eficacia del sujeto que debe volver a la producción. Para eso inflacionan el narcisismo en lugar de escarbar y replantearse: te ponen en mejores condiciones para rendir sacándote del apuro, apelando al “vos podés” escribiendo metas cada mañana en el espejo del baño. El gran descubrimiento de Han es que el capitalismo entendió que es mucho más productivo el individuo autoexplotado, que el explotado clásico en la fábrica de la sociedad disciplinaria. Se pasa de la coacción del “tú debes”, a la libertad del “tú puedes”.

--Toda coincidencia con la política argentina es mera casualidad.

--Je je... Si hay alguien que entendió bien esto, fue Durán Barba. Dice Han que hoy predomina una política paliativa: comprar y votar se parecen cada vez más. En las democracias paliativas --al menos en el primer mundo que parece analizar él-- no se enfrentan posturas políticas ni grandes disputas de sentido. Tenderíamos a elegir entre tecnócratas parecidos que solo gestionan: no hay polis, en el sentido griego. La política busca satisfacer el deseo del votante: no hay verdaderos opuestos y el infierno de lo igual ingresa en la política, que pretende evitar el conflicto que produce dolor. El Big Brother con su cámara de tortura muta en Big Data amable que bucea en los deseos del votante inmerso en su smartphone como confesionario móvil, quien se expone a la vigilancia: en este nuevo panóptico se siente libre y quiere que lo vean. La minería de datos permite conformar un producto político que se le ofrece al votante-cliente. La pugna central consiste en ganar el centro político limado de asperezas para conformar las necesidades del “comprador”.

--Las derechas entienden bien esto: en lugar de hacer eje en cuidar la salud, se ofrecen como guardianes de su libertad.

--Es una degradación de la política a ver quién me deja ir a la cervecería o a correr. La búsqueda de soluciones profundas es dolorosa. Lo contrario son meros tranquilizantes, una política analgésica. Dice Han que no hay más revolución: hay depresión y antidepersivos. Todo lo que te sucede no sería un problema social sino personal, un tema psíquico que tenés que resolver sólo. La política paliativa implica “no puedo solucionarte nada de fondo pero intento darte tranquilidad”.

--El concepto “infierno de lo igual” sugiere que vamos perdiendo el espacio para la exploración fenomenológica --el darle sentido a las cosas-- y el lugar para una dialéctica, entendida como juego de opuestos que en el enfrentamiento genera una síntesis superadora. Iríamos hacia una homogeneización que expulsa lo distinto en rechazo a su negatividad. También el arte sería aplastado por lo paliativo.

--La lisura de la positividad se traslada al arte y lo termina anestesiando, al someterlo a la presión del consumo: busca ser siempre agradable, lindero con lo decorativo. Es un arte indoloro, sin conflicto ni ruptura estética. Y el diseño de los productos pasa a ser más importante que su valor de uso: los bienes de consumo se presentan como obra de arte. El filósofo subraya que los artistas se ven obligados a registrarse como marca. Pero el dolor y el comercio se excluyen, y la complacencia conduce siempre a lo mismo. Han rescata la definición de Adorno: “el arte consiste en causar extrañeza respecto del mundo”. El arte tiene que poder doler. La negatividad de lo distinto entra por el espacio que abre el dolor.

--En su genealogía del dolor, Hanremite a Foucault. En tiempos monárquicos existía un teatro de la crueldad que torturaba y exponía ejecuciones: el dolor era un medio de poder. Pero la sociedad disciplinaria industrial cambió su relación con el dolor: lo aplicó de manera discreta y limitada a las prisiones, más acorde a la necesidad productiva. Había que sujetar al trabajador a la máquina mediante la obediencia, sin cadenas. Pero en la sociedad de rendimiento, uno termina siendo su propio panóptico y se infringe dolor. La violencia no ha desaparecido: es neuronal y se interioriza e invisibiliza, desde que se la hace coincidir con la idea de libertad y autosuperación, motivando la productividad a través del consumo. Pasamos de una biopolíticadel cuerpo a una psicopolíticade la mente basada en el autocontrol.

--En la era posindustrial hay un cuerpo hedonista que se gusta y rechaza el dolor: no le ve utilidad. El sujeto de rendimiento carece de obligaciones y prohibiciones: tiene motivaciones. Los espacios disciplinarios como la escuela, el manicomio o la fábrica son sustituidos por formas y rincones de bienestar. Y desde la pandemia, la oficina tiende a ser reemplazada por la casa. El dolor es despolitizado y queda reducido a asunto médico. El poder se vuelve elegante, desvinculado del dolor. No se impone: es permisivo y seductor.

--Pero el dolor está siempre. Dice Han que las enfermedades paradigmáticas del siglo XXI --antes de la pandemia-- eran la depresión, el síndrome de burnout, el déficit de atención. El dolor brota de adentro. Lo que duele es el persistente sinsentido de la vida; si el dolor es reprimido, se acumula pero no desaparece.

--El dolor es autoproducido por la violencia de la positividad. No solo viene de los otros sino del superrendimiento y la hipercomunicacion: “son dolores de sobrecarga”. El sujeto autoexplotado no se detiene hasta derrumbarse de cansancio, como un siervo que arrebata el látigo al amo para flagelarse. Esto explicaría la costumbre global de autolesionarse para subir el video a Internet. Son personas que se generan cortes profundos o se someten a retos suicidas. Estas serían las nuevas imágenes del dolor, intentos vanos de librarse de la carga de un ego hipernarcisista, el reverso sangriento de las selfies; intentos desesperados de un Yo depresivo embotado en el infierno de lo igual, que necesita sentir su cuerpo. Sin dolor se aliviana la sensación de existir. Esas personas buscan algo intenso que los reviva. Por eso el auge de deportes extremos: la sociedad paliativa genera extremistas. Es una sociedad anestesiada que necesita estimulantes cada vez más enérgicos para despertar la experiencia del yo.

--¿Hay un dispositivo de felicidad inherente al neoliberalismo?

--Hay un imperativo de ser feliz. Esa positividad de la felicidad debe suplantar a la negatividad del dolor. La felicidad “es un capital emocional que aumenta el rendimiento”, muy eficaz en términos productivos: genera una presión más devastadora que la antigua obediencia. Pero ese sujeto queda corriendo en una rueda de hámster. El sometido no es consiente del sometimiento y se explota voluntariamente: cree que se está realizando. La felicidad estaría en la absolutización del trabajo, o sea,de la vita activa en desmedro de la contemplativa. Es vivir para trabajar: la jornada se extiende sin límite por el carácter coactivo de las tecnologías que convierten a todo momento y lugar, en un tiempo y ámbito de trabajo. Esto se potenció con la pandemia. La psicopolítica neoliberal convierte al trabajo en una fiesta y ese discurso neocorporativo se traslada a la política.

--Dice Han que el dispositivo neoliberal de felicidad invisibiliza el dominio, llevándonos a la introspección anímica como reacción ante el dolor por exceso de explotación. No hay que mejorar las relaciones laborales sino el estado anímico.

--Cuando el sujeto de rendimiento se deprime al fracasar --y no ve un posible cambio en el afuera--, implota en lugar de rebelarse. Se responsabiliza a sí mismo. Los nuevos líderes no son revolucionarios, sino entrenadores motivacionales que atajan el descontento con técnicas de autoayuda que intentan convertirlo en oportunidad. También los calmantes proscritos masivamente taponan situaciones sociales causantes de dolor. Las redes sociales y los videogames adictivos operan como paliativos que aíslan. El dispositivo de felicidad aísla y despolitiza, atenuando la solidaridad. Cada quien se preocupa de su felicidad como un asunto privado: “el fermento de la revolución es el dolor sentido en común”. En la sociedad del cansancio, ese agotamiento es apolítico, es un cansancio del Yo emprendedor. Este es el auge de la idea “todos somos empresarios”, cuando somos meros monotributistas de un Estado.

--Para Han, el sujeto de rendimiento narcisista abocado al éxito --expuesto al panóptico digital para aumentar su valor-- solo puede amarse a sí mismo y sufre el dolor de la agonía de su Eros. En tiempos de Tinder, así como el trabajo es positivado para quitarle su rasgo de explotación, lo mismo sucede en el amor: se elimina el riesgo de la herida.

--El dolor brota cuando un vínculo auténtico de pertenencia está amenazado. No se puede vivir ni amar sin dolor. No existe posibilidad de una relación profunda, si se rechaza de plano la posibilidad de sufrir. Por eso se busca llevar al Eros a una zona paliativa y controlada. El Otro es cosificado como objeto, al que solo se lo puede consumir. El Eros es el anhelo de lo distinto. La pretensión de un mundo sin dolor y anestesiado conduce al infierno de lo igual. El dolor es necesario para percibir la realidad, es esa resistencia que duele, sin la cual no sentiríamos nada. El mundo desmaterializado en la digitalidad reduce esa resistencia eliminando la fricción, llevándonos a una era posfáctica y apática: “El orden digital es anestésico y provoca el olvido del ser”.

--Lo único que nos puede sacar de allí es un gran shock, como en la película Melancolía de Lars von Trier: una joven sufre el dolor de no poder amar y sale de su depresión al enterarse que un meteorito está por destruir la tierra.

--O un shock como el virus actual que nos regresó de lleno a una realidad antes muy paliativa --que ocultaba la muerte--, la cual ahora se nos apareció de lleno con millones de muertos. Dice Han que hoy la realidad se nos hizo notar en la forma de una fricción viral. Y toma la historia de Simbad, el marino que cree estar en una isla, pero pisa el dorso de un gran pez. Esta sería la metáfora de la ignorancia humana. Nos creemos a salvo, pero de golpe somos arrastrados al abismo. La pandemia subrayó esto: la violencia que ejercemos contra la naturaleza contraataca con una fuerza mayor. El virus conmociona al capitalismo pero no lo elimina. La globalización había levantado todas las barreras para acelerar el flujo del capital. El shock pandémico paralizó las economías y los gobiernos en pánico cerraron las fronteras. Su efecto fue como el del terrorismo. El peligro sería que, a la larga, se instaure a nivel global un régimen policial biopolítico de control a la manera china: este sería el fin del liberalismo, que habrá sido un mero episodio histórico: “la psicolítica digital hace fracasar la idea liberal de libertad”.

--Han reivindica la vida contemplativa, el amor profundo y el Eros por sobre el porno, los rituales ante la instrumentalidad, el contacto físico y la política como espacio de conflicto. No es ningún posmoderno sino un romántico, un hombre de la modernidad algo fuera de época que no usa celular ni tiene redes sociales. Y un hipercrítico del neoliberalismo con su coacción digital. Hasta parece un continuador de la escuela crítica de Frankfurt. Y es un poco absolutista en sus afirmaciones.

--Sí. Su postura pasa por la ruptura de la homogeneización del mundo y la búsqueda de superar el narcicismo para encontrarse con los otros, de manera colectiva en el ritual. Reivindica la política y lo comunitario como polarización de opuestos. En Europa los partidos dejaron de ser clubes de amigos cuando ingresaron al parlamento los socialistas y trajeron la diferencia. Hasta entonces, habían sido todos aristócratas que vivían de otra cosa. El político profesional surgió con los parlamentarios de clase obrera diciendo algo distinto que incomodaba al status quo: introdujeron la negatividad opuesta. Creo que Han es un romántico, un romántico algo pesimista y apocalíptico, que dice cosas interesantísimas. 

Por Julián Varsavsky

03 de mayo de 2021

Publicado enCultura
La nueva novela de Ishiguro se adentra en el mundo de la técnica CRISPR, que permite alterar el código genético a voluntad. Para el autor, abre una peligrosa vía a la mejora de la especie humana. «Debemos despertar», dice.

El poder de los robots, la manipulación genética, algoritmos que generan sentimientos… El Premio Nobel de Literatura Kazuo Ishiguro describe en su nueva novela un futuro perturbador. Pero sobre todo indaga sobre una constante de su obra: qué nos hace humanos. Hablamos con él.

Cuando se le concedió el Premio Nobel de Literatura de 2017 a Kazuo Ishiguro, apenas hubo voces discrepantes, algo bastante excepcional. A pesar de contar con una obra relativamente exigua, no había duda de que el por entonces escritor de 63 años se merecía el principal galardón del mundo literario. Su libro más conocido, Los restos del día (1989), es la historia de un mayordomo en la Inglaterra de los años inmediatamente anteriores y posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, su obra más destacada es Nunca me abandones (2005), donde tres niños clones crecen en un internado para ser usados como fuente de repuestos humanos.

En Klara y el Sol (Anagrama), Ishiguro vuelve a reflexionar sobre lo que nos puede aguardar en un futuro no muy lejano y su posible significado moral y ético. Su primera novela desde la concesión del Nobel se desarrolla en un mundo de grandes avances científicos y enormes desigualdades sociales. La protagonista y voz narradora, Klara, es una inteligencia artificial, un robot au pair que tiene como tarea cuidar a un adolescente llamado Josie.

XLSemanal. Su novela está ambientada en un futuro en el que la mayoría de los niños han sido optimizados genéticamente. ¿’Elevaría’ usted a su hija, como llama usted en el libro a esa mejora?

Kazuo Ishiguro. En el mundo que describo hay una enorme presión sobre los padres para que mejoren a sus hijos, para que los hagan más inteligentes y más sanos. Llegados a este punto, creo que es obligatorio hablar sobre la CRISPR/Cas.

… Abreviatura de una técnica que permite eliminar o intercambiar fragmentos del código genético a voluntad y con total precisión. También se la conoce como ‘tijeras genéticas’.

K.I. Es una tecnología que puede proteger a nuestros hijos de enfermedades hereditarias graves, así como de otras como el sida o el cáncer. Y no es descabellado pensar que algún día la usemos también para optimizarlos intelectualmente. Me sorprende que no haya mucha más gente hablando sobre este tema. Deberíamos decidir si realmente queremos usar este método y de qué manera queremos hacerlo

Las descubridoras de la técnica CRISPR/Cas, Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier, ganaron el Premio Nobel el año pasado.

K.I. Y las dos llevan mucho tiempo pidiendo de forma clara y rotunda que se desarrolle una normativa internacional y se adopte una moratoria en todo el mundo para evitar que se emplee en la genética humana. Sin embargo, este tipo de cuestiones solo aparecen en publicaciones especializadas. Por desgracia, no hay un debate público.

¿Cree que la técnica CRISPR/Cas cambiará nuestro mundo radicalmente…?

K.I. Sí. En las democracias liberales vivimos con la idea de que todos los seres humanos son iguales. Pero ¿qué ocurriría si pudiéramos hacer que unos seres humanos fuesen mejores que otros? A diferencia de lo que ocurre en los sistemas de castas o en el apartheid, aquí partimos de la meritocracia, todos los que alcanzan algún logro reciben una recompensa por ello. Sin embargo, la meritocracia puede ser cruel si creamos una clase de personas más inteligentes, útiles y sanas que las demás. El sistema dejaría de funcionar.

En 2018, el investigador chino He Jiankui saltó a los titulares por usar la técnica CRISPR en embriones humanos.

K.I. Anunció que había modificado el ADN de una pareja de gemelas para que quedaran protegidas de contagiarse con el VIH de su padre. A grandes rasgos abrió el camino hacia un futuro en el que seremos capaces de vencer un buen número de enfermedades. He Jiankui pensaba que se haría famoso, que ganaría el Nobel. Estaba orgulloso de su logro, pero acabó en arresto domiciliario y luego condenado a tres años de cárcel por prácticas médicas ilegales, por emplear de forma precipitada técnicas de ingeniería genética en la medicina humana. Su caso prueba la confusión que reina en la sociedad.

Buena parte de la investigación en estos campos se está desarrollando en California. ¿Cree que en Silicon Valley hay preocupación por los riesgos que implican estas técnicas?

K.I. No conozco personalmente a ningún empresario de Silicon Valley, pero sospecho que la gran mayoría prefiere mantener sus trabajos en secreto. Lo que no quieren para nada es ni regulaciones ni supervisión estatal; de hecho, algunos de ellos pretenden establecer sus sedes en altamar, es decir, fuera de todo control y de toda jurisdicción. Me parece algo muy inquietante.

En su novela describe un mundo en el que los robots son tan habituales como las cafeteras eléctricas. A los jóvenes se les adjudica un amigo artificial como compañero. Estos acompañantes son seres inteligentes que incluso tienen sentimientos.

K.I. La investigación en inteligencia artificial ha avanzado enormemente desde que empecé a trabajar en el libro. En 2016, el programa informático AlphaGo ganó 4 a 1 al campeón del mundo de Go, el surcoreano Lee Sedol. El programa lo desarrolló DeepMind, una filial de Google especializada en inteligencia artificial.

Durante mucho tiempo se pensó que este juego de mesa asiático, el Go, era demasiado complejo para los ordenadores porque, a diferencia de lo que ocurre en el ajedrez, no hay un número tan limitado de movimientos posibles para cada jugada.

K.I. El Go sirve como indicador del estadio en el que se encuentra la investigación en inteligencia artificial. Hasta aquel momento, nadie había creído que un programa pudiese ganar al Go a un ser humano, entre otros motivos porque es un juego en el que la intuición tiene un papel destacado. Lo más interesante es que los expertos eran incapaces de seguir la forma de jugar de AlphaGo, no le veían el sentido, los comentaristas incluso se reían, decían que algunos de los movimientos eran absurdos, que aquello era una broma publicitaria. Hoy, dos de los movimientos que realizó AlphaGo son legendarios porque, analizados a posteriori, se ha visto que fueron decisivos. Eso quiere decir que no solo estamos ante una inteligencia artificial que es intelectualmente superior, sino que, además, piensa de una forma completamente diferente a la nuestra.

AlphaZero, el sucesor de AlphaGo, era aún más inteligente.

K.I. Sí, en 2017 jugó 100 partidas contra el mejor programa de ajedrez del mundo, el Stockfish 8, y no perdió ni una sola. Y con unas pocas horas de entrenamiento ya fue capaz de ganar 60 de 100 partidas a AlphaGo. AlphaZero renuncia a la experiencia humana, aprende de los aciertos y errores que comete jugando contra sí mismo. DeepMind ha presentado este diciembre un algoritmo llamado AlphaFold 2.0, se dice que podría usarse para resolver el problema del plegamiento de las proteínas. No entiendo nada de la materia, pero hay gente que está hablando ya de la mayor revolución científica del siglo. Del primer Premio Nobel para una inteligencia artificial.

¿Algún día habrá programas inteligentes que escriban las novelas por nosotros?

K.I. Eso mismo se lo pregunto yo a todos los expertos con los que hablo. Y su respuesta es que sí, aunque probablemente será una literatura de un tipo que todavía no conocemos. Puede que en el fondo no sea algo tan sorprendente, tampoco yo estoy muy seguro de cuáles son los componentes con los que se construye un libro. Pero ¿qué pasaría si una máquina consiguiera escribir una novela que nos conmoviese hasta las lágrimas?

Sería terrible.

K.I. Si llegara a pasar, me preocuparía sobre todo por la sociedad. Significaría que un algoritmo entendería nuestros sentimientos y emociones, y sabría cómo manipularlos y controlarlos. Me pondría muy muy nervioso si una inteligencia artificial consiguiera generar emociones concretas de forma premeditada, específica. Usar esa habilidad con fines políticos podría resultar muy eficaz.

Una cuestión central en su novela es si existe el corazón en sentido metafórico.

K.I. Mi protagonista, Klara, no pertenece a la familia humana y tiene que plantearse preguntas como ¿por qué se aman las personas? ¿Qué es lo que amamos de los demás? ¿Es su apariencia exterior o lo que hay en el interior? ¿Y de verdad hay algo en el interior? Si la respuesta es ‘no’ y en el fondo solo somos máquinas y nuestras emociones, una especie de pienso empalagoso que nos permite funcionar, ¿sigue teniendo sentido decir ‘te quiero’? ¿O en realidad no es más que un vestigio de tiempos primitivos en los que todavía creíamos en el alma?

Unas preguntas muy positivas todas ellas, la verdad…

K.I. Pues aquí van un par más: ¿de verdad somos individuos únicos o solo lo somos de una forma superficial? ¿Nuestros actos son únicamente la suma de procesos bioquímicos? Es posible que algún algoritmo pueda llegar a la conclusión de que las personas somos sustituibles… y de que nuestra sociedad no tiene por qué basarse necesariamente en los derechos humanos. Quizá avances científicos como la inteligencia artificial acaben cuestionando algunas de las cosas que hoy damos por sentadas.

¿Se siente preocupado por la democracia?

K.I. Hay sistemas políticos que no comparten nuestros valores, pero que funcionan muy bien en el plano económico. Por otro lado, en los últimos años no nos hemos comportado de una forma muy loable que digamos. Más bien hemos dado muestra de que podemos generar caos y división y de que tampoco somos especialmente buenos a la hora de cuidar del prójimo. Me preocupa la generación de mi hija Naomi, que tiene 28 años, y de mis futuros nietos. ¿Podrán disfrutar de una vida libre de temores, podrán disfrutar de libertad y bienestar? ¿O solo de la libertad de quejarse?

¿Cree usted que esta conversación que estamos manteniendo por Zoom está siendo grabada y controlada?

K.I. Pues es muy posible. Los modelos de negocio son diferentes, han cambiado desde los tiempos en los que las llamadas internacionales te costaban una fortuna. Ahora salen gratis, incluso podemos vernos mientras hablamos. Pero la factura que pagamos por este servicio, obviamente, se esconde en otro sitio. ¿Facilitando datos para el reconocimiento facial quizá o para la investigación de las emociones?

Usted se crio en una época relativamente libre de preocupaciones.

K.I. Sí, desde que tengo uso de razón parecía que todo iba evolucionando en la dirección correcta. Nos quejábamos de esto o de aquello, pero pensábamos que las cosas siempre iban a ir a mejor. El movimiento feminista, los movimientos contra el racismo y la homofobia eran buena prueba de ello. Pero ahora, cuando pienso en el brexit y en lo que ha ocurrido estos últimos años en Estados Unidos, tengo la sospecha de que había mucho de autocomplacencia. Cuando era joven, todos hablábamos de la ONU con respeto y confianza; hoy es objeto de burlas.

¿Sigue creyendo en el amor?

K.I. ¡Absolutamente! Un día, tendría unos 15 años, vi en televisión una charla entre la escritora Edna O’Brien y el cantante Charles Aznavour. Hablaron sobre qué era más doloroso, si estar enamorado o dejar de ser amado. Los dos pensaban lo mismo: estar enamorado. Me pareció una idea fascinante y la apunté para que no se me olvidara.

¿Y qué piensa hoy?

K.I. Anhelar el amor y no tenerlo, eso es lo peor. Pero me temo que no soy el más indicado para responder esa pregunta. Mi mayor dicha es poder compartir desde 1980 una relación muy feliz con Lorna, mi mujer. Cuando la gente habla de amor y de historias románticas, normalmente se refieren a la época en la que se conocieron y en la que se enamoraron. Y eso solo es el prólogo a la prehistoria de la relación. Es ahí donde empieza la verdadera historia.

¿Prolongaría su vida 100 años si fuese posible?

K.I. No quiero ser una novela breve, pero tampoco una de 1000 páginas. Prefiero ser una novela de 300 páginas entretenidas y de calidad. ¡Y con un final feliz!

Privadísimo

  • Ishiguro nació en Nagasaki en 1954, pero cuando tenía 5 años se trasladó a Inglaterra con sus padres. Su madre sobrevivió al ataque de la bomba atómica en 1945.
  • Su padre era científico, un oceanógrafo al que el Gobierno británico ofreció un trabajo, y la familia ya nunca volvió a Japón.
  • Cuando era pequeño, quería ser músico y empezó a estudiar piano, pero a los 12 años lo dejó. Más tarde ejerció como cantautor y sus grandes ídolos son Leonard Cohen y Bob Dylan.
  • Dos de sus novelas han sido llevadas acine. Lo que queda del día (con Anthony Hopkins y Emma Thompson) y Nunca me abandones (con Carey Mulligan y Keira Knightley).
  • Su mujer, Lorna, con la que está casado desde 1986, es trabajadora social y de ella dice que es su mayor crítica.

Por Dirk Van Verseendal/ Fotografía: Jonas Holthaus

Publicado enCultura
"Probablemente morirá un montón de gente", dice Musk sobre el futuro turismo a Marte, pero insiste en que "es una aventura gloriosa"

Al mismo tiempo, enfatizó que la expedición al planeta rojo no es una "vía de escape para los ricos".

 

Elon Musk, el consejero delegado de SpaceX, señaló en una entrevista este jueves con el fundador y presidente de XPrize, Peter Diamandis, que en las primeras etapas de la exploración de Marte podría morir "un montón de gente", pero insistió en que "es una aventura gloriosa". 

Musk enfatizó que la expedición a Marte no es una "vía de escape para los ricos". Según el empresario, hay que entender que "es un viaje arduo y peligroso en el que es posible que uno pierda la vida, pero es una aventura gloriosa, suena atractivo, [...] francamente dicho, un montón de gente probablemente morirá al principio".

Refiriéndose al comentario de Diamandis de que el viaje "cuenta con miles, si no millones de voluntarios", Musk hizo hincapié en que su empresa no obliga a nadie a participar en el proyecto. "Son solo voluntarios", subrayó el multimillonario. 

A parte de los comentarios sobre la exploración del espacio cósmico, durante la entrevista Musk lanzó un concurso por 100 millones de dólares para impulsar la captura del carbono en la atmósfera. Según XPrize, fundación organizadora, la iniciativa prevé "el premio de incentivo más grande de la historia".

Publicado: 24 abr 2021 19:19 GMT

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