Sábado, 18 Septiembre 2021 05:46

Más munición en una Asia que se rearma

Lanzamiento de un misil desde un submarino surcoreano este miércoles 15 de septiembreHANDOUT / Reuters

El acuerdo estratégico impulsado por Biden para frenar a China añade tensión a una zona con un gasto militar al alza

 

La nueva alianza estratégica de defensa entre Estados Unidos, Reino Unido y Australia (Aukus), un movimiento que puede cambiar el transcurso de la intensa partida de ajedrez geoestratégico entre Washington y Pekín en Asia, ha desatado la furia de China. Apenas se habían apagado las voces de los líderes del nuevo Aukus tras anunciar el pacto cuando el Gobierno de Xi Jinping ya ponía el grito en el cielo. El acuerdo, advertía, puede precipitar “una carrera de armamento”. Pero la vasta región que aglomera al Índico y el Pacífico se rearma desde hace tiempo.

Solo esta semana, en los días inmediatamente previos al anuncio trilateral, en las aguas asiáticas Corea del Norte ha disparado dos misiles balísticos y uno de crucero, de larga distancia. Corea del Sur ha probado con éxito el lanzamiento de un misil desde uno de sus submarinos de fabricación propia, en lo que supone un hito de su capacidad militar. El Gobierno en Taiwán ha propuesto una partida presupuestaria extra por valor de miles de millones de euros para el desarrollo y la adquisición de nuevo armamento, incluidos misiles de crucero y buques de guerra. Algunos de los misiles más punteros del mundo se están desarrollando en esta región.

El año pasado Asia y Oceanía invirtieron 528.000 millones de dólares (unos 450.187 millones de euros) en la dotación para sus ejércitos, según los datos recopilados por el Stockholm International Place Research Institute (Sipri). Una suma que representaba un aumento del 2,5% con respecto al año anterior, y por debajo de los 801.000 millones de dólares gastados en América del Norte, pero cerca de un 40% más del total de las partidas del continente europeo.

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En gran medida, este crecimiento, en línea con un aumento constante a lo largo de las últimas dos décadas, viene arrastrado por la vasta inversión china en la modernización de sus Fuerzas Armadas. El gasto militar de Pekín en 2020, según el Sipri, rondó los 258.000 millones de dólares. Un aumento relativamente modesto con respecto al año previo, del 1,9%. Pero que representa un incremento del 76% en una década.

“El gasto de China ha crecido durante 26 años consecutivos, la cadena más larga sin interrupciones (de incremento del gasto militar) de cualquier país en nuestra base de datos”, indica el instituto sueco en su informe anual. En comparación, aunque la inversión de Estados Unidos, el país con mayor presupuesto para sus Fuerzas Armadas, alcanzó los 778.000 millones de dólares, un alza del 4,4%, esa partida se ha recortado en un 10% desde 2011.

El Ejército Popular de Liberación (EPL) chino cuenta con el mayor número de tropas, unos dos millones de soldados, y la mayor flota del mundo, con cerca de 360 buques, y aspira a convertirse en una fuerza de combate totalmente modernizada para 2027, el centenario de su fundación. Fabrica dos nuevos portaaviones, que doblarán el número de estas naves de las que dispone, desarrolla cohetes de largo alcance y compite con Estados Unidos en el terreno de las armas del futuro, desde la tecnología cuántica a misiles hipersónicos.

Junto a una mayor disponibilidad de efectivo gracias al crecimiento económico de Asia a lo largo de este siglo, y razones ideológicas en ciertos casos -el conservador primer ministro nipón Shinzo Abe hizo del fortalecimiento de las fuerzas japonesas una de sus prioridades hasta su renuncia por motivos de salud hace un año- el creciente poderío militar de Pekín ha espoleado a otros países en la región a reforzar sus equipos militares.

Al presentar su propuesta de presupuesto extraordinario de 240.000 millones de dólares taiwaneses, o unos 9.000 millones de dólares para los próximos cinco años -que se sumarán a los 474.000 millones ya previstos en el presupuesto para 2022-, el Ministerio de Defensa en Taipéi advirtió este jueves de la “grave amenaza” que encara desde China. Pekín considera a la isla parte inalienable de su territorio y nunca ha renunciado a la fuerza como vía para la unificación.

China “ha seguido invirtiendo profusamente en su presupuesto de defensa nacional, su fuerza militar ha crecido con rapidez y con frecuencia envía aviones y buques para invadir y hostigar nuestras aguas y espacio aéreo”, apuntaba el ministerio en un comunicado. “A la vista de las graves amenazas del enemigo, las Fuerzas Armadas de la nación participan activamente en labores de preparación y cimentación de nuestro ejército, y es urgente que consiga una producción de armamento rápida y de calidad en un corto plazo de tiempo”, agregaba. Taipéi denuncia que desde hace aproximadamente un año China ha lanzado constantes incursiones de sus aviones militares en su zona de identificación aérea.

Este mismo viernes, y tras la presentación presupuestaria, la fuerza aérea taiwanesa interceptaba a una decena de aviones chinos en su espacio aéreo.

En otros países de la región, el gasto militar también parece alentado por el recelo ante el poderío chino. Además de sus nuevos misiles balísticos lanzados desde submarinos (SLBM) Corea del Sur planea la construcción de un portaaviones y el desarrollo de su misil Hyunmoo-4, con un alcance de 800 kilómetros, una inversión más orientada a crear un elemento disuasorio contra Pekín que a hacer frente a Corea del Norte.

Y, aunque no se la mencionó por su nombre en la presentación del Aukus, Pekín y su auge son el objetivo de la nueva alianza estratégica. “Es imposible interpretar esto como algo que no sea una respuesta a la pujanza de China”, opina Sam Roggeveen, del Lowy Institute australiano, en el blog The Interpreter de su laboratorio de ideas.

El pacto también representa una “escalada significativa del compromiso estadounidense contra ese desafío”, en opinión de ese experto. El pacto dotará a Australia -que se verá reforzada así como actor militar en la región- de tecnología para la construcción de submarinos nucleares. Pero incluye también la colaboración de Washington, Londres y Canberra en el desarrollo de sistemas de armamento de tecnología punta, desde la inteligencia artificial a armas cuánticas.

Ataque por el flanco comercial

“Llegando solo dos semanas después de que Biden declarara la guerra en Afganistán terminada, y solo ocho días antes de la primera cumbre del QUAD -la alianza de seguridad formada por India, Japón, Australia y Estados Unidos-, la presentación de Aukus afirma la determinación de la Administración de Biden para hacer jugar a los aliados y socios estadounidenses en la competición con China”, apunta Ali Wyne, de la consultora Eurasia Group, en una nota.

De momento, y tras la primera reacción de furia verbal, China ha optado por dirigir su respuesta a otro terreno más allá del militar. Horas después de la constitución de Aukus, Pekín presentaba su solicitud formal de ingreso en el Acuerdo Exhaustivo y Progresivo para la Alianza Transpacífica (CPTPP, por sus siglas en inglés), el pacto para crear una zona de libre comercio a ambas orillas del Pacífico que originalmente lideró la Administración de Barack Obama, pero del que Donald Trump retiró a Estados Unidos en 2017.

La iniciativa de Pekín, en opinión de Wyne, apunta A que China “percibe la falta de una estrategia comercial en Estados Unidos como quizá el talón de Aquiles en los esfuerzos de Washington por competir con China en el Indo-Pacífico y más allá”.

 

Pekín - 17 sept 2021 - 22:40 COT

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Submarinos australianos: un golpe de Biden a Francia

Por primera vez, EEUU acepta exportar submarinos nucleares, infligiendo un golpe a Francia que pierde un enorme contrato firmado en 2016.

 

El gobierno australiano anunció ayer la firma de un acuerdo con Estados Unidos y el Reino Unido para la producción de submarinos de propulsión nuclear, anulando el anterior acuerdo firmado con Francia, que preveía vehículos diésel y eléctricos. Éste último atribuido al constructor naval francés Naval Group (ex-DCNS) para Australia en 2016 era presentada como el « contrato del siglo ».París reaccionó con firmeza, calificando la medida de Canberra, la capital australiana, como "deplorable". Pekín por su parte condenó el "clima de guerra fría".

Cerco marítimo contra la China

Más allá de cualquier desavenencia entre Francia y Australia sobre los lugares de producción, el cambio de decisión muestra la preferencia de Washington de dotar a Canberra de submarinos no convencionales -que Francia no podía garantizar-, capaces de convertir a la nación oceánica en un pilar de la contención marítima de la República Popular. Para el especialista en defensa, Jean-Dominique Merchet: "Por primera vez, Estados Unidos ha aceptado vender una tecnología de este tipo, que supone un cambio de juego (« game changer ») en materia naval. Estos submarinos tienen la capacidad de permanecer sumergidos durante mucho tiempo, evitando ser detectados. No estarán armados con cabezas nucleares, pero pueden disparar misiles de crucero de largo alcance como el Tomahawk, además de su armamento marítimo (torpedos y misiles marinos). Sólo el Reino Unido, en 1958, se benefició de esta transferencia de tecnología estadounidense.

Este avance militar está programado para producirse en 2040, a pesar de que Australia no dispone de las instalaciones necesarias para producir el combustible nuclear, vulnerando a su vez en cierta medida el tratado de no proliferación nuclear. Éste paso aumenta considerablemente la presión sobre la China en un escenario de conflicto a lo largo de los principales puntos de estrangulamiento marítimo en el sur y el sudeste de Asia, que ya es intensa (por ejemplo, en el estrecho de Malaca, el estrecho de Taiwan o los mares de China Meridional y Oriental).

A su vez, el momento de este anuncio -dos semanas después de la retirada de la catastrófica retirada militar de Afganistán- permite a Washington confirmar su prioridad geopolítica: la gran rivalidad con Pekín dándole garantías a sus aliados en esta importante región. Como parte de esto, el diario Le Monde anuncia que "…el 24 de septiembre, el presidente estadounidense recibirá por primera vez físicamente, en la Casa Blanca, a los tres colíderes de la Quad [nombre de la alianza para frenar a China en el Indo-Pacífico]: el primer ministro australiano y los de India y Japón, Narendra Modi y Yoshihide Suga”.

Un fuerte golpe a la imagen y las ambiciones imperiales desmedidas de Francia

Para la diplomacia francesa el golpe es fuerte. No tanto por el daño económico (aunque no es menor), sino fundamentalmente por la pérdida de credibilidad: desde hace años Francia se presenta como una potencia permanente del Indo-Pacífico, ligado a las posesiones coloniales de sus territorios de ultramar, buscando aparecer como una tercera vía entre EEUU y China en los mares de la región, negándose a ser encorsetado en la contención naval antichina de los estadounidenses.

Una vez más, irritado por el fin de un lucrativo contrato, el gobierno francés ha sacado a relucir su antinorteamericanismo como máscara. Algunos analistas se remontan a la guerra en Irak (2003), lanzada por la administración Bush, para encontrar un precedente de similar magnitud. Para otros más aduladores del poder, esto prueba la justeza estratégica de Macron y su invocación de la (imposible) autonomía estratégica de Europa. Pero la realidad es que más allá de sus pretensiones imperiales desmedidas en relación a su verdadera fuerza, Francia necesita del Pentágono (ya sea a nivel de inteligencia, presencia militar en los mismos teatros de conflicto, armamento) - como en las guerras que lleva adelante, tanto en el Sahel o el norte de África. Ni hablar de las otras potencias europeas que son enanos militares en comparación con París.

La realidad es que detrás de las palabras benévolas de la administración Biden hacia los aliados europeos hay decisiones unilaterales a la mejor manera de Trump. En este asunto, Estados Unidos confirma, una vez más, que su prioridad es la rivalidad con China, en todos los niveles -económica, tecnológica y militar -. Washington no tiene problema en privilegiar a sus aliados más esenciales en esta confrontación que a los tradicionales aliados europeos, que están en una línea más moderada respecto a Pekín, buscando puntos de “entendimiento mutuo”. Un primer antecedente de este trato de la nueva administración norteamericana se dio hace poco, cuando Suiza decidió adquirir los aviones estadounidenses F-35, en competencia con los Rafale franceses, justo después de la visita de Joe Biden a la Confederación Helvética a finales de junio.

Digamos también, que ni el gobierno francés ni el responsable de Asuntos Exteriores de la Unión Europea (UE) fueron informados del nuevo acuerdo antes de su anuncio. Y de manera aún más vergonzosa, el acuerdo se produjo un día antes del lanzamiento por parte de la UE de su propia nueva estrategia Indo-Pacífica… para confortar a los Estados Unidos. Una muestra de que a pesar de la retórica, las complicaciones estructurales para que la UE adquiera una verdadera autonomía estratégica están lejos de ser saldadas y mismo se revelan imposibles por el rol tutelar que aun juegan los Estados Unidos.

Jueves 16 de septiembre


China condena como "extremadamente irresponsable" el plan trilateral que armará a Australia con submarinos nucleares

Publicado: 16 sep 2021

Rusia today

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El nuevo plan internacional que, entre otros acuerdos, armará a Australia con submarinos nucleares está "socavando a la estabilidad regional e intensificando la carrera armamentista", según han reaccionado desde el Ministerio de Exteriores chino.

El nuevo pacto entre Estados Unidos, el Reino Unido y Australia, bautizado AUKUS, es "extremadamente irresponsable", afirmó este jueves en rueda de prensa Zhao Lijian, portavoz de la Cancillería del gigante asiático.

La Embajada china en Washington, a su vez, insistió en que los países "no deben formar bloques excluyentes que apuntan o perjudican los intereses de terceros" y aconsejó que Washington, Londres y Canberra "se quiten la mentalidad y prejuicio ideológico de Guerra Fría".

"El imperativo de garantizar la paz y la estabilidad"

El miércoles, el presidente de EE.UU., Joe Biden, el primer ministro británico Boris Johnson y el primer ministro de Australia, Scott Morrison, anunciaron la formación de una nueva alianza de seguridad y cooperación en materia de defensa para el Indo-Pacífico, denominada AUKUS. Parte del acuerdo prevé que EE.UU. proporcione a Australia tecnologías necesarias para dotarse de submarinos de propulsión nuclear, argumentando la "estabilidad" en la región donde China va aumentando su influencia y capacidades militares.

"Todos reconocemos el imperativo de garantizar la paz y la estabilidad en el Indo-Pacífico a largo plazo", declaró Biden desde la Casa Blanca en una reunión virtual con sus homólogos.

Por su parte, Morrison aseguró que Australia seguirá cumpliendo con todas sus obligaciones de no proliferación nuclear y no va a poseer armas nucleares. Los submarinos en cuestión se construirán en la ciudad australiana Adelaida, en estrecha colaboración con EE.UU. y el Reino Unido.

"Invitación abierta"

El Gobierno de Australia ha anunciado este jueves que el país espera recibir al menos ocho submarinos con propulsión nuclear en el marco de la nueva alianza.

El primer ministro mencionó tras la reunión que Pekín no debe tratar AUKUS como un acto provocador. "No hay nada descomunal en que algunos países tomen decisiones en sus propios intereses estratégicos y desarrollen sus capacidades de defensa", señaló, para agregar que "China toma decisiones semejantes, igual que otros países de la región".

Morrison se mostró dispuesto a ajustar diferencias entre Canberra y Pekín en una mesa de negociaciones: "Hay una invitación abierta para discutir este y otros asuntos y siempre ha habido".

Otro país afectado por AUKUS es Francia, dado que Canberra ha decidido anular su contrato con la empresa francesa Naval Group que preveía la construcción de una flota de 12 sumergibles convencionales por un valor de 66.000 millones de dólares.

París ha calificado la decisión de "lamentable" y contraria "a la letra y espíritu" de la cooperación bilateral.

Al respecto, Morrison espera que Francia "entienda a fin de cuentas" su decisión ya que "Francia haría lo mismo" en sus intereses nacionales.

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El primer ministro de Australia, Scott Morrison, el presidente de EE.UU., Joe Biden, y el primer ministro británico Boris Johnson, durante una reunión virtual, 15 de septiembre de 2021.Foto: Andrew Harnik / AP

El anuncio se realiza en medio del aumento de la influencia de China en la zona.

El presidente de EE.UU., Joe Biden, el primer ministro británico Boris Johnson y el primer ministro de Australia, Scott Morrison, han anunciado este miércoles la formación de una nueva alianza de seguridad y cooperación en materia de defensa para el Indo-Pacífico.

La cooperación trilateral, que llevará el nombre de AUKUS, prevé que EE.UU. ayude a Australia con tecnologías necesarias para dotarse de submarinos de propulsión nuclear, argumentando la "estabilidad" en la región donde China va aumentando su influencia y capacidades militares.

"Todos reconocemos el imperativo de garantizar la paz y la estabilidad en el Indo-Pacífico a largo plazo", declaró Biden desde la Casa Blanca en una reunión virtual con sus homólogos.

Por su parte, Morrison aseguró que Australia seguirá cumpliendo con todas sus obligaciones de no proliferación nuclear y no va a poseer armas nucleares. Los submarinos en cuestión se construirán en Adelaida en una estrecha colaboración con EE.UU. y Reino Unido, agregó.

Johnson calificó el proyecto de los submarinos de propulsión nuclear para Australia como "uno de los más complejos y técnicamente exigentes del planeta", al sostener que su construcción hará del mundo un lugar más seguro.

La propulsión nuclear permitiría a los submarinos australianos moverse y operar sigilosamente y durante períodos más prolongados. Además de la cooperación naval, la nueva alianza también implicará colaboración en la inteligencia artificial, la tecnología cuántica y la cibernética.

Pese a que ninguno de los tres líderes mencionó si su iniciativa va dirigida contra algún país en particular, durante su presidencia, Biden ha buscado reorientar la política exterior de EE.UU. hacia el Pacífico, mientras que su Administración ha acusado a Pekín de ignorar las normas del mar de la China Meridional, lamentando que el Gobierno chino "no se ha enfrentado a ninguna consecuencia" por ello.

En ese sentido, desde China recuerdan que Washington no ha ratificado la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, y, sin embargo, se considera a sí mismo como "un juez de la Convención, que señala con el dedo a otros países e interfiere arbitrariamente". Además, insisten en que Pekín siempre ha defendido el concepto de seguridad marítima común con el fin de lograr una cooperación mutuamente beneficiosa para todos.

Publicado: 15 sep 2021

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Entrevista a Noam Chomsky: Qué futuro tiene la paz en el mundo

Los acontecimientos se suceden a un ritmo cada vez más acelerado. Ante una alarmante escalada de las tensiones en todo el mundo, nos dirigimos a nuestros pensadores y pensadoras más respetadas y conocidas para pedirles una evaluación honesta de la política exterior y militar de EE UU y que nos expliquen qué piensan y qué datos manejan en a actualidad. Sabemos que tienen algunas ideas para mejorar las perspectivas de paz.

Noam Chomsky no precisa ninguna presentación. Ha dedicado toda su vida a denunciar los abusos de poder y excesos del imperio estadounidense. A sus 92 años de edad, sigue implicándose activamente en el debate nacional. Por supuesto que nos sentimos honrados por el hecho de que se haya avenido a hablar con nosotros y compartir sus puntos de vista.

Las cuestiones planteadas en esta entrevista no son de naturaleza filosófica o abstracta. Se centran en las vicisitudes de la lucha por el poder a escala internacional que podemos contemplar en tiempo real. Abordan directamente el papel de EE UU en la escalada de tensiones y su capacidad para mitigarlas. Preguntamos también por la influencia que puede ejercer la ciudadanía común en las relaciones que tiene y tendrá EE UU con el resto del mundo.

Esto es lo que nos dijo Noam Chomsky.

El Bulletin of Atomic Scientists (BAS) ha puesto recientemente las manillas del reloj del fin del mundo en los 100 segundos antes de medianoche. La medianoche representa la guerra total, el probable holocausto nuclear. Nunca han estado tan cerca. ¿Estás de acuerdo con este funesto augurio?

Un augurio certero, por desgracia. Los analistas del BAS mencionan tres grandes amenazas crecientes: la guerra nuclear, la destrucción medioambiental y lo que algunas personas han llamado una infodemia, el fuerte declive del discurso racional, que es la única esperanza para afrontar las crisis existenciales.

Cada año de la presidencia de [Donald] Trump, el minutero se fue acercando a la medianoche. Hace dos años, los analistas dejaron los minutos y optaron por el segundero. Trump fue potenciando constantemente las tres amenazas. Vale la pena reflexionar sobre lo cerca que estuvo el mundo de una catástrofe indescriptible el pasado noviembre. Otros cuatro años de carrera de Trump hacia el abismo podría haber tenido consecuencias incalculables. Claro que sus acólitos no lo ven de esta manera, pero curiosamente cabe decir lo mismo de ciertos segmentos de la izquierda. De hecho, las letanías liberales sobre sus abusos también eluden en gran parte sus principales crímenes. Conviene tenerlo en cuenta cuando creemos que él mismo o algún clon suyo puede recuperar pronto las riendas del poder. También conviene tener en cuenta las advertencias de miles de científicos de que estamos acercándonos a puntos de no retorno en la destrucción ambiental. Podemos leer sobre todo esto en Aljazeera.

EE UU siempre se presenta como la principal fuerza del planeta que promueve la paz, la justicia, los derechos humanos, la igualdad racial, etc. Las encuestas nos indican que la mayoría de los demás países consideran en realidad que EE UU representa la mayor amenaza para la estabilidad. ¿Dónde piensas que está la verdad?

Incluso durante los años de Obama, los sondeos internacionales mostraron que la opinión mundial contemplaba a EE UU como la principal amenaza para la paz mundial, muy lejos de cualquier otro país. Esto no trascendió a la población estadounidense, aunque cualquiera podía acceder a estos datos a través de los medios extranjeros o de fuentes disidentes. Ocasionalmente de difunden ejemplos ilustrativos. Así, hubo alguna mención del reciente voto de Naciones Unidas por el que se condenaba las salvajes sanciones contra Cuba, que prácticamente constituyen un bloqueo: 180 contra 2 (EE UU e Israel). El New York Times descalificó el dato diciendo que los críticos de EE UU habían aprovechado para abrir la válvula de escape. Muy normal. Cuando aparecen artículos sobre lo desatinado que está el mundo, suele prevalecer la curiosidad por las enfermedades mentales que provocan esa incapacidad patológica de reconocer nuestra nobleza.

No hay nada nuevo con respecto a este posicionamiento. Es muy propio de las culturas imperiales. Incluso una figura tan extraordinaria como John Stuart Mill se extrañaba de que el mundo no entendiera que Gran Bretaña era una potencia angelical que se sacrificaba por el bien del mundo… en un momento en que su país estaba cometiendo uno de sus crímenes más horribles, como él sabía muy bien.

Una pregunta que nos lleva al dilema del huevo o la gallina: EE UU acusa a Rusia y a China de reforzar rápidamente su potencial militar y afirma que su propio posicionamiento y el incremento de su armamento son una respuesta a sus adversarios hostiles, Rusia y China. Tanto Rusia como China dicen que no hacen más que responder a la intimidación y las amenazas militares por parte de EE UU. ¿Qué opinas? ¿Tienen Rusia y China ambiciones imperiales o no hacen más que defenderse frente a lo que consideran un militarismo estadounidense cada vez más agresivo?

Pueden sernos útiles algunos datos básicos. De acuerdo con la principal organización de seguimiento internacional, el SIPRI, “el crecimiento del gasto [militar] total en 2020 estuvo muy influido por los patrones de gasto en EE UU y China. EE UU aumentó su gasto por tercer año consecutivo hasta alcanzar los 778.000 millones de dólares en 2020”, frente a China, que lo ha incrementado a 252.000 millones de dólares (y mucho menos si contemplamos el gasto per capita, claro). En cuarto lugar, detrás de India, viene Rusia: 61.700 millones.

EE UU es el único país que no se enfrenta a amenazas creíbles a su seguridad, aparte de las supuestas amenazas junto a las fronteras de sus adversarios, que están rodeados de misiles nucleares apostados en algunas de los 800 bases militares estadounidenses esparcidas por el mundo (China tiene una, en Yibuti). Ha habito intentos internacionales de evitar la militarización del espacio exterior, que constituiría una grave amenaza para la supervivencia. La iniciativa al respecto vino principalmente de China y Rusia, pero Washington la bloqueó durante muchos años.

El número de misiones de espionaje, vuelos de bombarderos nucleares y juegos de guerra cerca de las fronteras de Rusia ha aumentado enormemente a lo largo del año pasado. Lo mismo ha ocurrido en China. ¿Acaso todo esto no es más que un mero postureo geopolítico normal y corriente? ¿O se trata de una escalada peligrosa y de un nuevo rumbo ominoso del plan estratégico de EE UU? ¿Cuál es la justificación de lo que Rusia y China consideran provocaciones y actos agresivos, o incluso preparativos para una guerra?

Esto es muy peligroso. La planificación estratégica se ha reorientado para centrarse en la guerra con China y Rusia. Se han producido actos provocativos junto a sus fronteras, que ya están plagadas de armas ofensivas estadounidenses. China viola el derecho internacional en el mar de China Meridional, aunque EE UU, la única potencia marítima que no ha ratificado la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, no está legitimado para objetar. La respuesta correcta a las violaciones por parte de China no pasa por una peligrosa demostración de fuerza, sino por la diplomacia y la negociación, encabezadas por los países de la región afectados directamente. La mayor amenaza tiene que ver con Taiwán. También en este caso, una diplomacia sensata, en vez de provocaciones, puede evitar lo que sería un desastre.

En una democracia, la ciudadanía tiene, al menos en teoría, la posibilidad de influir en todos los asuntos políticos. Sin embargo, al final ninguna de las recientes campañas militares y guerras no declaradas parecen contar con el favor o apoyo popular. ¿Cuál es y cual debería ser el papel de la ciudadanía común a la hora de decidir la política exterior y las prioridades militares del país? ¿O habría que dejar estos asuntos en manos de los expertos?

De acuerdo con el artículo I de la Constitución [estadounidense], el Congreso es el único legitimado para declarar la guerra. Sin embargo, hace tiempo que esta disposición se encuentra en el fondo de la papelera, junto con las demás disposiciones molestas del documento que nos enseñan a reverenciar.

En una democracia plena, la ciudadanía debería tener la última palabra en los asuntos del Estado. No es nuestro caso. Y debería se una ciudadanía informada. No es nuestro caso. La primera guerra mundial es un ejemplo clásico. En 1916, [Woodrow] Wilson ganó las elecciones esgrimiendo el lema de “paz sin victoria”. Después lanzó una impresionante campaña de propaganda para inflamar a una población pacifista e infundirle el odio a todo lo alemán, acompañada de falsas noticias sobre atrocidades cometidas por los germanos, fabricadas por el Ministerio de Información británico; la visión orwelliana estaba viva y coleando mucho antes de Orwell. Fue todo un éxito. No fue el primer ejemplo, ni el último. La propaganda estatal sigue siendo sumamente eficaz, dondequiera que miremos, reforzada por los medios de comunicación leales y la clase intelectual.

Un ejemplo sorprendente, con importantes connotaciones, se ha conocido justo unas horas antes de que me sentara a escribir: “Más estadounidenses creen que Irán posee armas nucleares que los que piensan que las tiene Israel. Se sabe que Israel posee armas nucleares desde hace decenios (aunque no lo reconozca oficialmente) y no está demostrado que Irán las haya tenido jamás, pero la percepción del público estadounidense presume una realidad diferente: el 60,5 %, incluido el 70,6 % de los Republicanos y el 52,6 % de los Demócratas, dicen que Irán posee armas nucleares, frente al  51,7 % que dice que Israel las tiene, incluido el 51,7 % de los Republicanos y el 51,9 % de los Demócratas.”

Los logros de la propaganda incesante pueden ser pasmosos.

Una vez más, los medios ayudan de diversas maneras. Para citar un caso muy relevante, hace poco los editores del New York Times unieron virtualmente al mundo entero, incluido Irán, con el llamamiento a la creación de una zona libre de armas nucleares en Oriente Medio. Esto pondría fin a la supuesta amenaza del armamento nuclear iraní y reduciría radicalmente las graves tensiones regionales, que encierran un gran peligro. En la propuesta de los editores se omitió un detalle: Israel, la única potencia de la región que tiene armas nucleares. También se omitió el motivo por el que esta propuesta sumamente importante no se haya implementado: EE UU la bloquea, para asegurar que los copiosos armamentos israelíes no vayan a ser inspeccionados. De hecho, EE UU se niega a reconocer oficialmente que Israel cuenta con armas nucleares, pese a que no cabe ninguna duda de ello. Si lo hiciera, podría tener que aplicar la ley estadounidense y bloquear previsiblemente toda ayuda a Israel.

A la multitud no le conviene saber que sus vidas están amenazadas por mor de proteger las fechorías de Israel y la participación de EE UU en las mismas.

En relación con esto, a la ciudadanía y a la mayoría del Congreso se les oculta la verdad en relación con misiones especiales, operaciones cibernéticas, intervenciones para cambiar regímenes, todo ello realizado en nombre de la ciudadanía estadounidense. Los fondos que financian esta metástasis del mundo oscuro de sabotaje y terror en el resto del mundo también son un secreto. Actualmente se espía a fondo a ciudadanos y ciudadanas de EE UU, aquí mismo, en casa. ¿Cómo encaja cualquiera de estas cosas en “el país de los libres”? ¿Significa que aquello del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no es más que una farsa?

Si dejamos que sea un timo. En el pasaje inicial de una de las primeras obras modernas importantes de ciencia política, un hombre sabio –David Hume– señaló que “el poder está en manos de los gobernados”. Siempre que opten por ejercerlo. Si se proponen tomar las riendas del Estados en sus propias manos dentro de una comunidad cooperativa, como pretendían la clase trabajadora y el campesinado de EE UU a finales del siglo XIX. Pero fueron aplastados por la violencia del Estado y del capital.

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15 septiembre 2021 |

 

Traducción: viento sur

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Jueves, 16 Septiembre 2021 05:43

China, la gran esperanza de los talibanes

China y Estados Unidos están enfrentados en varias áreas. Ya sea en la economía, la política, la carrera bélica e incluso sobre el origen de la pandemia. Son tantas las cosechas que puede referirse a una  disputa global, todavía en paz

La fuerte cadena de penetraciones chinas en Asia Central tiene un nuevo eslabón en un Afganistán hasta ahora relativamente controlado por los americanos. Pequín está en contacto con los talibanes desde antes de la caída de Kabul en agosto, y está abierto a realizar importantes inversiones que contribuirán a su expansión por Asia a expensas de EEUU, siempre y cuando los talibanes consigan mantener la estabilidad en el país.

 

La enconada pugna entre EEUU y China por el dominio del planeta encuentra un nuevo episodio en Afganistán, donde se dirime un combate por el control general de Asia Central, una región de gran relevancia estratégica al estar situada entre China, India, Rusia y el océano Índico, ambicionada por todas las potencias que quieren convertirla en zona de influencia.

Desde antes de la caída de Kabul el 15 de agosto Pekín había intensificado el proceso de penetración en la zona, especialmente desde un punto de vista comercial. Ahora Afganistán se ha convertido en un luminoso foco de atención para los chinos, que ya han reconocido que están en contacto permanente con los talibanes con el fin de establecer negocios de todo tipo.

China ha penetrado en los últimos años en otros frentes de la región, como por ejemplo Irán, un país duramente castigado por EEUU y Occidente, donde los chinos se han comprometido a realizar inversiones multimillonarias a cambio de reservar para su industria grandes cantidades de petróleo durante muchos años. Los acuerdos que se están negociando en esa dirección inquietan en Estados Unidos.

Uno de los pilares manifiestos de la política de EEUU consiste precisamente en bloquear la expansión china en la medida de lo posible en todas partes donde tiene lugar, en Asia, África, América Latina y Europa principalmente. Incluso el más estrecho aliado de Washington, Israel, ha sido advertido en más de una ocasión de que es necesario limitar los negocios con China, especialmente los relacionados con la seguridad.

En una reciente entrevista con el periódico La Repubblica, el portavoz talibán Zabiullah Mujahid, admitió sin complejos que su movimiento está preparado para entablar una relación económica estable con China para gestionar Afganistán tras la retirada americana que se completó a finales de agosto.

"China es nuestro socio principal y el más importante. Representa una oportunidad fundamental y excepcional para nosotros dado que China ya está lista para invertir en nuestro país y para reconstruirlo", dijo Mujahid al diario italiano. Y añadió que para los talibanes es importante el proyecto llamado Ruta de la Seda, una idea de Pekín para unir el extremo Oriente con Europa que paralelamente lleva consigo inversiones gigantescas en otros ámbitos.

Afganistán posee una gran cantidad de minerales que ambicionan los chinos porque constituyen una prioridad para el desarrollo de su economía. Los talibanes están interesados en que China les ayude por ejemplo a relanzar y modernizar sus minas de cobre, pero su territorio es rico en otros minerales y en tierras raras necesarias para el desarrollo de las nuevas tecnologías. Algunos expertos estiman que el valor de minerales afganos es de entre 2 y 3 billones de dólares.

Los talibanes son plenamente conscientes de que van a sufrir un aislamiento por parte de Occidente cuyo grado todavía es pronto para determinar. En consecuencia, las relaciones con China son una oportunidad que no pueden dejar pasar. Además, una cosa ha sido la resistencia contra los americanos en los últimos veinte años, y otra cosa distinta es gestionar y gobernar un país de 38 millones de habitantes. Toda la ayuda que puedan recabar será bienvenida.

A diferencia de lo que ocurrió durante el periodo 1996-2001, los talibanes de hoy son más realistas y han manifestado que su intención es mantener buenas relaciones con la comunidad internacional. Para ello será preciso que entablen relaciones equilibradas con sus vecinos, y en este asunto Pekín puede jugar un papel de mediador relevante.

Desde antes de la caída de Kabul, la política exterior china ha consistido en criticar la invasión americana y en defender un diálogo entre los mismos afganos, indicando que su intención era reconocer a los talibanes cuando llegara el momento oportuno, algo que ya ha ocurrido.

Pekín condiciona el avance de las relaciones bilaterales a que los talibanes se aparten completamente del terrorismo. Es un asunto delicado puesto que los chinos han acusado a los talibanes de colaborar con el "terrorismo" islámico dentro de China y de entrenar a los islamistas chinos. Es un asunto de capital importancia para Pekín y los talibanes han comprendido que tampoco pueden criticar el tratamiento que China da a sus musulmanes.

En gran medida, China se presenta como la gran vencedora de la larga crisis de Afganistán, lo que únicamente se concretará si el país logra estabilidad y se crean las condiciones adecuadas para que los chinos inviertan a lo grande en la reconstrucción, sin por ello descartar que Occidente, por sus propios intereses, pueda cooperar económicamente con los talibanes justamente para obtener estabilidad.

Pero Pekín deberá andarse con cuidado si los talibanes no consiguen estabilizar el país, es decir si Afganistán se convierte en un estado fallido y en guerra permanente ahora que los americanos ya no están. Si esto es así, las inversiones chinas serían demasiado arriesgadas y perdedoras.

15/09/2021 21:41

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Jun Fujita Hirose.. Imagen: Gentileza Javier Bendersky

Entrevista al filósofo y crítico de cine japonés

La Covid-19 es el virus a través del cual se opera la "transición hegemónica" de Estados Unidos a China, define el autor de ¿Cómo imponer un límite al capitalismo? Filosofía política de Deleuze y Guattari. En este estado "agónico" del sistema, plantea también la posibilidad de una revolución.

 

Para el filósofo y crítico de cine japonés Jun Fujita Hirose, en medio de la crisis generada por el coronavirus, el capitalismo se encuentra en una etapa "agónica" y de "destrucción creativa". Así lo explica, en comunicación con Página/12 desde Tokio: "En la transición actualmente en curso, el capitalismo destruye o deprecia los viejos capitales ligados al régimen norteamericano y petrolero, al mismo tiempo que crea o aprecia los nuevos, ligados al régimen chino y de metales raros". Esta es una de las conclusiones de su libro ¿Cómo imponer un límite absoluto al capitalismo? Filosofía política de Deleuze y Guattari (Tinta Limón ediciones). 

En otras palabras: el nuevo coronavirus es el "virus de destrucción creativa" con que se opera la "transición hegemónica" de Estados Unidos a China; el "estallido definitivo de un régimen de acumulación de capital que estaba en crisis permanente desde hace 50 años". Hirose cree que el capitalismo puede haber creado el virus, haberlo "deseado" para salvarse a sí mismo; o que por lo menos se hace evidente que está extrayendo "beneficios" de él. "En los primeros meses de la pandemia, Bolsonaro y Trump no aceptaban el fenómeno. Tampoco el gobierno japonés. Había dos campos: uno insistía en que era muy importante y otro que no. Los corona-escépticos eran los del viejo régimen, el norteamericano, y el campo-corona era el del chino", contrasta. Y completa: "Cuando observás lo que está pasando en el mundo te das cuenta de que tenés que estar del lado chino para seguir tu crecimiento. Cuatro, cinco meses después del comienzo de la pandemia, Estados Unidos, Brasil, Japón acabaron por aceptar la existencia del fenómeno. Hay una formación de consensos de todas las economías del mundo".

A su vez, en el momento actual se están formando "dos grandes máquinas de guerra en paralelo" y en su alianza el autor encuentra un potencial revolucionario: se trata de "lxs trabajadorxs metropolitanxs abandonadxs por los viejos capitales en destrucción y los pueblos minoritarios en lucha para defender sus territorios contra las explotaciones neoextractivistas organizadas por los nuevos capitales en transformación". 

A estas conclusiones llega en su nuevo libro después de un delicado análisis en torno a tres trabajos políticos fundamentales de Gilles Deleuze y Félix Guattari que contienen la pregunta de cómo derribar al capitalismo. En cada texto los filósofos ubican un agente central del proceso revolucionario: los proletarios en la lucha de clases, en El anti-Edipo (1972); las minorías en su lucha en torno a los axiomas, en Mil mesetas (1980); y el hombre, el ciudadano ante lxs marginadxs, en ¿Qué es la filosofía? (1991). El japonés actualiza la pregunta y ofrece su hipótesis en un momento en que el capitalismo (y su posible derrumbe) se ubicó en el centro de los discursos filosóficos, por lo menos en el mainstream de la disciplina.

Una rareza del pensamiento de Hirose es que él posa su mirada en Latinoamérica. En efecto, señala que la alianza de potencial revolucionario está ocurriendo ahora mismo en Chile. "Desde la aparición del zapatismo en 1994 hasta el actual proceso constituyente chileno no cesan de multiplicarse experiencias políticas verdaderamente innovadoras en América latina", sugiere. Hace 20 años que en su país se encarga de "presentar nuevas prácticas y teorías latinoamericanas, dado que hay muy poca gente que lo haga". Junto al colectivo Situaciones publicó el único libro en japonés sobre el desarrollo de "los nuevos movimientos en Argentina en la primera mitad de los años 2000"; y es el autor del primer texto en japonés sobre Ni Una Menos. Aprendió español en París, cuando vivía en una residencia universitaria junto a estudiantes mexicanos.

"Lxs trabajadorxs metropolitanxs devienen-revolucionarios cuando entran en alianza con los pueblos minoritarios, dado que la formación de los nuevos capitales corresponde perfectamente al interés de clase de lxs primerxs, por cuanto les crea nuevos empleos", asegura el profesor de la Universidad Ryukoku (Kioto). "El actual proceso constituyente chileno está acompañado de la formación a nivel nacional de una alianza muy parecida a la que acabo de dibujar de manera hipotética, y es un devenir-mujer transversal el que la posibilita."

-¿Puede explicar esta idea?
-Por un lado, desde mediados de los años 2010, el feminismo constituye el movimiento social y político más potente en el ámbito metropolitano en muchas partes del mundo y en América latina en particular. Por otro lado, las mujeres indígenas y afrodescendientes latinoamericanas luchan contra el colonialismo neoextractivista bajo el lema: “¡No se puede descolonizar sin despatriarcalizar!”. En Chile, lxs metropolitanxs devienen-mujer al aire de Lastesis, al mismo tiempo lo devienen los pueblos indígenas. A través del devenir-mujer lxs metropolitanxs se componen con los pueblos indígenas en un gran movimiento destituyente y constituyente. En Mil mesetas Deleuze y Guattari dicen que “todos los devenires comienzan o pasan por el devenir-mujer” (una forma del devenir-minoritario, en la cual los hombres se arrancan junto con las mujeres de la binaridad patriarcal de lo masculino-mayoritario y lo femenino-minoritario). Todo esto explica cómo lxs chilenxs llegaron a elegir a una mujer mapuche, Elisa Loncon, como presidenta de su asamblea constituyente.

-La idea de un potencial revolucionario para cambiar el sistema suena esperanzadora. Pero incluso usted advierte en el libro cómo las revoluciones pueden quedar integradas al capitalismo. ¿Por qué en este caso habría una diferencia?
-Es muy difícil contestar ese tipo de cuestión. No tengo respuesta. Una crítica muy común a Delleuze y Guattari consiste en decir que no se puede devenir-revolucionario sin la revolución. Pero cuando vemos lo que está pasando en Chile podemos invertir esta crítica para decir que no se puede hacer una revolución sin devenir-revolucionario. En Mil mesetas los autores se preguntan qué pasará cuando la máquina de guerra sea vencida por el aparato del Estado. Y dicen que sobrevive en el interior de los individuos y como una especie de sociedad secreta. Mantiene siempre su potencia para poner en cuestión al Estado.

-¿Cómo sería una revolución en el contexto actual?
-Si actualmente la supervivencia del capitalismo depende de la formación de nuevos capitales industriales y ésta última depende del desarrollo de explotaciones extractivistas, su pregunta se puede traducir en la de cómo impedir que se lleven a cabo los proyectos extractivistas en todas partes del mundo. Esos proyectos no se realizan cuando rechazamos todxs trabajar para ellos. ¿Cómo podemos llegar a tal rechazo generalizado? Cuando liberamos nuestro deseo de su subordinación a la lógica del interés, es decir, cuando todxs devenimos-revolucionarios. Es esa subordinación la que nos hace desear entrar o quedarnos en las relaciones salariales con el capital. En resumen, la revolución no se hace sin nuestro devenir-revolucionario.

-¿Cómo se vivieron las restricciones por la Covid-19 en la sociedad japonesa?
-Frente a la extraña coexistencia de los Juegos Olímpicos con la pandemia (y, además, con una central nuclear accidentada que sigue emitiendo radioactividad en el aire, en el suelo y en el mar), creo que muchxs habitantes en Japón se dieron cuenta de hasta qué punto Deleuze y Guattari tenían razón al definir el capitalismo como “axiomática”, es decir, un conjunto abierto de axiomas. En matemáticas se llama “axioma” a una proposición independiente, mientras que un “teorema” es una proposición que depende de un axioma o de otro teorema. Lo que la situación japonesa nos muestra bien es el hecho de que las políticas sanitarias son axiomas capitalistas que pueden coexistir con todos los otros axiomas capitalistas completamente indiferentes a la cuestión sanitaria, como aquellos con los cuales se celebran los Juegos Olímpicos. En su última coloboración Deleuze y Guattari dicen de los derechos humanos que son axiomas capitalistas que pueden coexistir --y coexisten de hecho-- con aquellos genocidiarios. Podemos decir lo mismo en lo que respecta a la cuestión medioambiental: los acuerdos internacionales de protección ambiental pueden perfectamente coexistir con las actividades que los ponen en suspenso o ignoran, tales como las explotaciones extractivistas en el sistema capitalista. Definiendo el capitalismo como axiomática, Deleuze y Guattari lo presentan como un conjunto de problemas para los cuales no hay soluciones más que creativas. Lxs humanitarixs, por ejemplo, deben hacer un esfuerzo más, el cual consistirá en crear una solución más general que la de la universalización de los derechos humanos. Lo mismo para lxs ecologistas, que deben ir más allá de su lucha por los axiomas verdes y crear una solución más general, capaz de imponer un límite absoluto a la axiomática capitalista misma

Por María Daniela Yaccar

11 de septiembre de 2021

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Así es cómo China planea convertirse en la economía líder del mundo

Recientemente, Bloomberg consideró que la economía china podría superar a la de Estados Unidos en una década. Un experto explica cuáles son los planes del país asiático para convertirse en líder del mundo en el sector económico.

China ha demostrado que se esfuerza no solo para superar a Estados Unidos en términos de PIB, sino también para reemplazar a la nación norteamericana en la cadena de valor global, apuntó el medio estadounidense.

Sin embargo, si antes China tenía al mercado inmobiliario y a la esfera de la construcción de infraestructura como los principales motores de crecimiento, ahora, se centrará en lograr el liderazgo mundial en el sector manufacturero.

Pese a que a China se le llama la "fábrica mundial", en los últimos años se ha observado una disminución de la participación del sector manufacturero en la economía del país. A medida que aumentó el nivel de vida general en la nación asiática, disminuyó su competitividad como fábrica global con mano de obra barata.

En las últimas dos décadas, el PIB per cápita de China se ha multiplicado por diez, hasta alcanzar los 10.000 dólares. Para 2035, el país se ha dado la tarea de alcanzar el nivel de los países desarrollados que, según los estándares del Banco Mundial, corresponde a los 30.000 dólares. La tarea es ambiciosa, pero China ha logrado más de una vez implementar lo que parecía difícil en términos económicos en su historia reciente. En algunas pocas décadas, 800 millones de personas salieron de la pobreza en el país, por ejemplo.

A partir de la segunda mitad de la década de 2000, China empezó a lidiar con el problema del crecimiento a través de la inversión en el mercado inmobiliario y en la construcción de infraestructuras. En ese momento, esta era probablemente la mejor solución, ya que las reformas agrarias que luego se llevaron a cabo en el país hicieron que la tierra se convirtiera en la fuente de ingresos más importante para los gobiernos locales. Además, el rápido ritmo de urbanización observado en el país en la época también impulsaba la demanda para el desarrollo del mercado inmobiliario, explica Jia Jinjing, subdirector del Instituto de Investigación Financiera de Chongyang en la Universidad Popular de China, en una entrevista con Sputnik.

"Desde el inicio de la implementación de la política de reforma y apertura en China, el proceso de urbanización ha avanzado rápidamente. Su ritmo fue uno de los más altos del mundo. Si en 2000 la proporción de la población urbana era del 38%, en 2020 esta cifra superó el 60%. Y un ritmo de urbanización tan rápido, por supuesto, requería la construcción de viviendas a gran escala", explicó el experto.

Según agregó Jia Jinjing, en el proceso de desarrollo del mercado de la vivienda, el papel de la asignación de terrenos para la construcción también ha cambiado. La tierra se ha convertido en un factor importante y participante de la cadena industrial, apunta el experto, antes de aclarar que esto se refleja no solo en la demanda de vivienda, sino también en el desarrollo de inmuebles comerciales.

La construcción de infraestructura se dio también para suplir las demandas objetivas generadas por la urbanización. Además, la crisis financiera mundial de 2008 exacerbó todavía más estas tendencias. En aquella ocasión, para apoyar la economía del país, las autoridades chinas asignaron una cantidad sin precedentes de fondos. Más del 12% del PIB del país se gastó en proyectos de infraestructura, así como en el desarrollo del mercado inmobiliario.

Los proyectos de infraestructura ayudaron a crear puestos de trabajo y generar un fuerte crecimiento del PIB. Sin embargo, no se podía contar con estos incentivos a largo plazo. Existía una amenaza de sobrecalentamiento en el mercado inmobiliario. La construcción masiva de infraestructura también creó ciertos desequilibrios, haciendo que el nivel de deuda creciera en la economía.

La necesidad de un nuevo modelo de crecimiento hizo que, en los últimos años, las autoridades chinas pasaran a hablar con frecuencia sobre la necesidad de estimular el consumo interno como el principal motor futuro que hará crecer la economía. El raciocinio detrás de ello es lógico: a medida que crece el PIB per cápita y, en consecuencia, el bienestar de la sociedad, aumenta su poder adquisitivo.

Además, el enfrentamiento con algunos países occidentales, en particular con Estados Unidos, mostró que China no debe depender excesivamente de los mercados externos, sino que debe desarrollar su potencial nacional. El nuevo plan económico quinquenal del país asiático apunta en gran medida a lograr su independencia tecnológica e industrial y a llenar los vacíos en las cadenas de producción, dice Jia Jinjing.

"Actualmente se trata principalmente del campo de macrodatos y las industrias que están asociadas con la automatización industrial. Por ejemplo, la industria inteligente. Podemos decir que China tiene una excelente base de macrodatos. Otra área importante es la superación de los llamados 'cuellos de botella', es decir, el rezago en áreas como la creación de chips y otros componentes básicos", sostuvo el especialista.

En los próximos años, la nación asiática pondrá énfasis en el desarrollo de sus propias cadenas productivas y en la formación de personal calificado, no solo en la industria, sino también en otras áreas, incluida la ciencia fundamental. En particular, se dará destaque a las tecnologías como la producción de chips, las computadoras cuánticas, la ingeniería genética y la biotecnología, entre otras

Algunos expertos temen que al centrarse en el desarrollo doméstico, China ralentice el ritmo de su política de reforma y apertura. Al mismo tiempo, la confrontación con Estados Unidos en la industria de alta tecnología solo se intensificaría. Para Jia Jinjing, estos son temores infundados, ya que China y Estados Unidos actúan en campos distintos y, en lugar de enfrentarse, se complementan.

"Estados Unidos y China siguen diferentes caminos de desarrollo industrial. En Estados Unidos, el principal objetivo es la tecnología de la información. Muchas industrias sirven a este complejo, están lejos de la industria tradicional. Además, la producción tradicional estadounidense fue sacada del país hace unos 20 o 30 años. Por lo tanto, ya no existe una base de producción correspondiente en los EEUU. China, por otro lado, está desarrollando su industria en una dirección completamente diferente. Por lo tanto, es más probable que los dos países se complementen", subrayó el académico.

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Viernes, 03 Septiembre 2021 08:18

Orwell, Kafka, Afganistán

Orwell, Kafka, Afganistán

El otro día –tras un buen rato de no seguir la prensa ni medios de allá– estaba mirando cómo los valientes soldados polacos instalaban en la frontera con Bielorrusia “en tiempo récord” 6 kilómetros de valla de alambre de cuchillas. Tres capas. Dos metros y medio de altura. El previamente instalado muro de 150 kilómetros de puro alambre de púas resultó supuestamente “demasiado débil”. ¿El propósito? Según el gobierno, “proteger a Polonia de la migración” y “de los terroristas de Irak y de Afganistán” (bit.ly/38A7ljn). O sea, refugiados civiles, buena parte mujeres y niños que huyen de sus países, reventados por las guerras neoimperiales.

El ministro de Defensa se congratulaba –y ensalzaba a sus tropas– como si hubiéramos (ahora sí) parado una blitzkrieg nazi o mandado de vuelta a la casa, con la cola entre las piernas, al ejército de Stalin.

¿Cuántos materiales televisivos recordaban que éramos los primeros en sumarse a la invasión de Irak (2003) –incluso a cargo de una de las zonas de ocupación allí– librada con base en mentiras orwellianas: armas de destrucción masiva (WMD), complicidad con Saddam en el 9/11, etcétera, unas, que le causarían envidia al propio Goebbels y harían parecer a Molotov un nene de pecho?

¿Cuántos reportajes, sin importar si era la tele estatal, llena de propaganda y medias verdades como en tiempos comunistas, o la privada de los “luchadores por la libertad (y el libre mercado)”, mencionaban, en conexión con la reciente debacle (bit.ly/3yyiiwv), que éramos igualmente los primeros a mandar las tropas a Afganistán (2001) a pedido de nuestro “compadre”, Bush Jr?

Pues... ninguno (de los que alcancé a ver).

Ningún link entre nuestra complicidad en reventar aquellos países y la “amenaza ante portas”, como si la imagen de los mismos soldados, ahora en la frontera con Bielorrusia, pero antes en las calles de Bagdad y Kabul, no fuese capaz de agitarle la memoria a nadie.

Tampoco ninguna reflexión acerca de las lecciones de la crisis de los refugiados (2015) desencadenada por otra guerra, en Siria –a esta, milagrosamente, ya nos negamos a ir–, pero en la cual Polonia, aún bajo otro gobierno (neo)liberal, estaba en la primera fila de crueldad y xenofobia que caracterizaron la respuesta de la Unión Europea (UE).

Ahora que un grupo de 32 refugiados está atrapado en una “tierra de nadie”entre Polonia y Bielorrusia –con otros muchos en la zona– “en una bizarra confrontación kafkiana entre ambos países” (bit.ly/3DqslHE), como reportó The Guardian: yo ya tuve que apagar la tele polaca..., en la cual Varsovia y Bruselas acusan a Lukashenko de “librarles una guerra híbrida” y “vengarse por las sanciones” queriendo “desestabilizar a la UE”, tampoco a nadie se le despertó la conciencia.

La noción de lo kafkiano fue acuñada en los 30 por Malcolm Lowry para denotar –tal como la entendemos generalmente– una “pesadilla burocrática” o situación que oscila desde lo absurdo al ridículo (véase: Michael Löwy, Franz Kafka, soñador insumiso, Taurus, México 2007, pp. 131-135). La palabra empezó a vivir su propia vida, hasta el punto que su (sobre)uso, hizo que se “erosionara” y empezara a perder el sentido (bit.ly/3DxOiVu); lo mismo pasó de hecho con el adjetivo “orwelliano” vaciado hasta cierto punto del sentido (bit.ly/3kDF699), que apunta tanto a la destrucción del pensamiento independiente, decepción, como a la propia “erosión del lenguaje” y que –dadas las tendencias autoritarias y/o posfascistas del actual gobierno polaco de extrema derecha–, quizás sería igualmente apropiado.

En fin.

Yo digo que si un grupo de 32 personas, independientemente de dónde venga y a dónde va, es capaz de –juzgando por la reacción de Varsovia y Bruselas–, “desestabilizar a la UE”, pues bueno, ya... El último apaga la luz.

Además, si hay alguien que ha estado desestabilizando por años y trabajando duro para reventar (desde dentro) la UE son los reaccionarios polacos en el poder – with a little help of Orbán– ignorando resoluciones de la Comisión Europea, atacando cortes, medios, buleando a mujeres, minorías y arrasando –muy en el espíritu de 1984– con la disidencia y todo lo que se oponía a su “sincronización”( gleichschaltung) católica y nacionalista (perdón por andar fifí, pero la inserción de bloques religiosos hasta en un canal de radio pública de música clásica fue la gota por la cual ya dije “basta” con los medios de allá...).

Son ellos más bien que por el bien de Europa –por si hay algo digno de salvar de ella... ¡sí, me acuerdo de usted, Zygmunt Bauman!– deberían ser acorralados por un alambre de cuchillas. Arrestados y expulsados.

Lo que pasa en la frontera polaco-bielorrusa no es kafkiano. Es vergonzoso e inhumano. O bueno, que sea kafkiano: al final el gran George Steiner también apuntaba a esta faceta de “inhumanidad” en su lectura de El proceso (Löwy, p. 131).

El mismo chantaje, “de abrir la llave con los refugiados”, Erdogan le está haciendo desde hace años a la UE. Pero como Turquía es miembro de la OTAN, pues bueno... Todo en familia. Lukashenko, verdaderamente despreciable, como enemigo, es perfecto. Y como los europeos, no sólo los gringos, acabaron de salir volando de Afganistán con la cola entre las piernas –junto con las últimas tropas polacas recibidas en estas semanas como “héroes” por aquel mismísimo ministro de Defensa (bit.ly/3jxrfC0)–, siempre se ocupan nuevos.

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Viernes, 03 Septiembre 2021 08:11

El botín de la conquista

El botín de la conquista

AFGANISTÁN Y LA ECONOMÍA MUNDIAL DE LA GUERRA

La idea de que vivimos un período de relativa paz y prosperidad en la historia mundial pasa convenientemente por alto algunos detalles.  El éxito de las élites empresariales tiene no pocos vínculos con la violencia y la brutalidad padecidas hoy en el Sur Global.

El secretario de Defensa británico, Ben Wallace, contuvo las lágrimas durante una emisión de la cadena LBC cuando se supo que los talibanes consolidaban su control sobre Afganistán. «Lo que más lamento es que algunas personas no regresarán», dijo Wallace. Entre 2003 y 2005, el ahora ministro fue director en el extranjero de Qinetiq, la empresa de tecnología militar creada en abril de 2001, cuando se privatizó la agencia estatal británica de Investigación y Evaluación de Defensa. Los ingresos de la compañía rondan hoy los 1.000 millones de libras al año.

Los contradictorios roles de Wallace –un exejecutivo de alto nivel de una empresa que lucra con la «guerra contra el terrorismo» reconvertido hoy en ministro de alto rango que afirma, con razón, que Reino Unido le debe mucho al pueblo de Afganistán– reflejan una contradicción mayor. Por un lado, es obvio que la guerra es un negocio lucrativo. Y la «guerra contra el terror», que ha hecho crecer enormemente la dependencia de los gobiernos occidentales con respecto a mercenarios y contratistas privados, ha sido especialmente lucrativa, disparando al alza en los últimos 20 años las ganancias de los accionistas de las cinco principales empresas de defensa del mundo (véase, en este número, «Ganar y perder en Kabul»). Por otro lado, si se considera el lugar que ocupan la guerra y la conquista en la economía y en las ciencias sociales en general, es evidente que la mayoría de los economistas del mainstream continúa ignorando las formas en que la guerra contra el terrorismo enriquece a un pequeño pero influyente número de personas.

Es un problema tan nuevo como antiguo. Los proponentes del laissez-faire en el siglo XIX se esforzaron de manera deliberada para crear una brecha perceptiva entre conflicto bélico y comercio. Frédéric Bastiat (1801-1850) creía que el libre comercio sin restricciones podía ser una fuente de paz mundial. Pero, para conseguirlo, la gente tenía que fingir que en el mundo real el comercio estaba tan libre de conflictos como él lo deseaba en sus fantasías teóricas. «Eliminemos de la economía política todas las expresiones tomadas del vocabulario militar: luchar en igualdad de condicionesconquistaraplastarestrangularser derrotadoinvasióntributo, tales expresiones son contrarias a la cooperación internacional», escribió Bastiat.

John Stuart Mill también trató de fingir que el mundo era más pacífico de lo que en realidad era. En su célebre obra El sometimiento de las mujeres, Stuart Mill elogia a «las naciones más avanzadas del mundo (incluido Reino Unido) por allanar el camino hacia una nueva era de libre comercio, marcada por relaciones consensuales entre las naciones en lugar del principio bárbaro de la ley del más fuerte». Es una afirmación divertida para hacer en pleno apogeo del imperio británico. Es cierto que, en el continente europeo, hubo hacia la última mitad del siglo XIX una disminución de las guerras entre las potencias. Pero solo pasando por alto la violencia y la brutalidad que se desataba en las colonias podían Mill y otros economistas mantener que el comercio libre y pacífico era lo prevalente, cuando la realidad es que no lo era.

Uno de los herederos actuales de Mill a este respecto es el psicólogo y lingüista Steven Pinker, cuyos Los ángeles que llevamos dentro (2011) y En defensa de la Ilustración (2018) describen cómo, en los últimos 300 años, se habría registrado una disminución de la violencia mundial. Sin embargo, sus afirmaciones son principalmente un artefacto de oportunismo estadístico. El número de personas desplazadas que huyen de conflictos armados está hoy en su nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial, pero los refugiados apenas reciben mención en los best sellers de Pinker.

Como ha señalado el sociólogo Michael Mann, la teoría de Pinker sobre la disminución de la violencia se basa en una visión convencional de la guerra que considera como progreso que las guerras entre los Estados europeos hayan disminuido, mientras que las guerras civiles fuera de Occidente han proliferado. El problema, como enfatiza Mann, es que la visión convencionalignora la participación angloestadounidense en esas guerras civiles no occidentales. Es la forma de mantener una falsa apariencia de manos limpias.

El economista estadounidense Tyler Cowen, en tanto, atribuye el estancamiento del crecimiento económico en las naciones occidentales a una supuesta falta de guerras. «Vivimos en esta divertida burbuja mundial en la que no ha habido ninguna gran guerra últimamente», sugirió Cowen en su pódcast en 2017, a poco de cumplirse 20 años de la «guerra contra el terror» liderada por Estados Unidos.

La afirmación es profundamente cuestionable por una serie de razones. En primer lugar, aunque la guerra genera a menudo grandes ganancias, estas se reparten por arriba: enriquece a las elites, pero no al resto de nosotros. No existe vínculo directo entre las guerras y la riqueza nacional en general, como bien señaló Adam Smith: «Desde el establecimiento de la Compañía de las Indias Orientales, por ejemplo, los demás habitantes de Inglaterra, además de estar excluidos del comercio, deben haber pagado, en el precio de los bienes provenientes de las Indias que ellos han consumido, no solo por todas las ganancias extraordinarias que la compañía pudo haber obtenido de esos bienes como consecuencia de su monopolio, sino también por todo el extraordinario derroche que el fraude y el abuso, inseparables de la administración de una compañía tan grande, necesariamente deben haber ocasionado».

Incluso Forbes, difícilmente una enemiga de las grandes empresas, describió la narrativa de Cowen como económicamente engañosa y «de miedo». Pero, aun si el botín de la conquista hubiera beneficiado a la nación agresora en su conjunto, no es razón suficiente para elogiar la guerra deliberada como fuente de beneficios económicos.

 Una pregunta más profunda es qué se considera una gran guerra, una guerra digna de mención o consideración. Millones de personas han muerto como resultado directo de las invasiones de Afganistán en 2001 e Irak en 2003, pero, para Cowen, estas muertes parecen tener una importancia insignificante. Es preocupante cuánta gente estaría de acuerdo con él. Bastiat se salió con la suya: el lenguaje de la conquista ha sido, en gran parte, desterrado del mainstream de la economía política. Según la organización de Reino Unido que impulsa la Campaña contra el Comercio de Armas, en ese país hay cerca de 200 ex funcionarios públicos que ahora trabajan en las industrias armamentística y de seguridad. El nexo financiero entre la guerra contra el terrorismo y los miembros de los gobiernos occidentales no ocupa mucho tiempo en los medios. Muchos académicos y legisladores parecen preferir que así sea.

(Publicado originalmente en London Review of Books. Traducción de Brecha.)

Por McGoey, profesora de sociología y directora del Centro para la Sociología Económica y la Innovación en la Universidad de Essex.

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China acusa a EE.UU. de militarizar el espacio extraterrestre

China criticó las actividades de EE.UU. en la órbita y afirmó que provocan la militarización del espacio extraterrestre.

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Wang Wenbin, aseguró que, en los últimos años, "EE.UU. ha posicionado abiertamente el espacio exterior como un nuevo territorio de combate, ha creado una Fuerza Espacial y un Comando Espacial independientes, y ha llevado a cabo enérgicamente el desarrollo del poder en el espacio exterior. China está profundamente preocupada por esto", aclaró.

Según Wenbin, China, Rusia y otros países trabajan para negociar instrumentos legales que permitan controlar y mantener pacífico el espacio extraterrestre. A su vez, Washington "se ha resistido pasivamente durante mucho tiempo al proceso de negociación […] y ha utilizado la llamada 'amenaza del espacio exterior chino' para desviar la atención internacional".

En esta situación, el portavoz de la diplomacia china indicó que "una serie de acciones" de EE.UU. destinadas a militarizar el espacio reiteran "la urgencia de negociar y concluir instrumentos jurídicos" para el control del área.

De esta manera, el diplomático chino comentó las recientes declaraciones del jefe del Comando Espacial estadounidense, James Dickinson, quien aseveró que su cuerpo está listo para realizar ejercicios militares en el espacio.

Dickinson aseveró que el Comando Espacial ha madurado hasta convertirse en una "fuerza de guerra". "Hemos salido de nuestra fase de creación. […] El Comando Espacial de EE.UU. está listo para disuadir el conflicto y, si es necesario, derrotar la agresión y, junto con aliados y socios, defender nuestros intereses vitales en el dominio espacial", declaró.

26 agosto 2021

(Con información de Russia Today) 

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