La presidenta de la Cámara de Representantes de EE.UU., Nancy Pelosi, se pone la mascarilla durante una rueda de prensa en la Embajada de EE.UU. en Tokio (Japón), este pasado viernes. — Franck Robichon / EFE

Las elecciones de medio mandato de noviembre en Estados Unidos, su agenda personal y política, el refuerzo de la narrativa americana de presentar a Estados Unidos en un mundo bipolar frente a China y Rusia y la situación política interna china explican las razones del viaje a Taiwán de la tercera autoridad política de Estados Unidos.

Washington

 

La visita a Taiwán que realizó el martes y miércoles de esta semana la portavoz de la Cámara de los Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, ha provocado la reacción furibunda de China, llevando al país asiático a amenazar a Estados Unidos y a desplegar toda una pléyade de ejercicios militares en Taiwán que han aumentado la tensión en esa zona del Pacífico como no había sucedido en años.

Taiwán es una democracia a la par que un territorio que China reclama como propio. La posición de Estados Unidos al respecto data de 1979 y es conocida como la de Una sola China. Ese año, Washington reconoció a la República Popular China (RPC), con capital en Pekín, y retiró el reconocimiento a la República de China (ROC), con sede en Taipéi.

En respuesta a ese gesto de la Casa Blanca, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley de Relaciones con Taiwán, que estableció vínculos no oficiales con la isla en ausencia de lazos diplomáticos formales. En concreto, la ley promete que Estados Unidos venderá armas a Taiwán "para resistir cualquier recurso a la fuerza u otras formas de coerción que pongan en peligro la seguridad, o su sistema social o económico".

Esta postura ambigua es la que ha mantenido Estados Unidos en los últimos 42 años, en los que no han dejado de producirse visitas a Taiwán de delegaciones occidentales, no sólo del Congreso de los Estados Unidos sino también de países europeos.

Pocas cosas han cambiado desde aquel 1979, salvo una no menor: que China es hoy una superpotencia mundial que rivaliza con Estados Unidos. En los últimos años, de hecho, la relación entre ambas potencias no ha sido fácil, sobre todo con la guerra comercial que Trump planteó a Pekín. El actual presidente Joe Biden ha rebajado la tensión aparente en las relaciones y está tratando de llevarlas por un cauce más basado en el diálogo constante que en la amenaza trumpiana.

Por este motivo, la Casa Blanca no dejó de filtrar a los medios que no veía oportuna la visita de Pelosi a Taiwán en estos momentos de crisis económica internacional y de tensión mundial con la guerra de Rusia en Ucrania, terrenos ambos en los que China juega un papel decisivo.

Entonces, ¿por qué esta visita de Nancy Pelosi a Taiwán? Éstas son algunas de las claves.

Agenda política personal de Pelosi

Nacy Pelosi es la tercera figura política de Estados Unidos, tras el presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris. Pelosi, que tiene 82 años y está en la fase final de su carrera política, ha querido mostrarse siempre como una abanderada de las causas democráticas.

Por este motivo, a principios de mayo, la portavoz de la cámara baja del Congreso norteamericano, visitó en Kiev a Volodímir Zelensky, para darle su apoyo al líder ucraniano en la guerra con Rusia. Pelosi, de hecho, vinculó su visita a Taiwán a esta guerra y reivindicó el papel de Estados Unidos y de sus aliados frente a las autocracias.

El viaje de Pelosi a Taiwán, además, estaba previsto para el mes de abril, incluso antes que el de Ucrania, pero la demócrata tuvo que cancelarlo tras dar positivo por covid. El objetivo de Pelosi, por tanto, era, en un contexto de guerra, visitar Ucrania y Taiwán para reforzar la narrativa del liderazgo de Estados Unidos en la expansión de la democracia en el mundo, una narrativa que funciona muy bien en el consumo interno de Estados Unidos.

De hecho, el Partido Republicano salió en bloque a defender el viaje de Pelosi y hasta 26 senadores de la formación, más de la mitad de los que tienen en la cámara alta, firmaron una inaudita carta de apoyo a Pelosi, cuyos antecedentes con China no son nuevos: ya en 1991, la demócrata visitó la Plaza de Tiananmen en un acto para reivindicar la democracia en el país asiático.

Elecciones en menos de cien días

Todo esto se enmarca también con las elecciones de medio mandato que se celebran en Estados Unidos el próximo mes de noviembre. En esos comicios se renovará toda la Cámara de los Representantes y parte del Senado. La economía norteamericana está en un momento sino de crisis, al menos de incertidumbre, y ni Biden ni los demócratas tienen muchas cartas electorales que jugar para reclamar el voto.

Salvo que la economía mejore mucho, la principal de ellas será la carta de los derechos humanos y civiles, y aquí se encuentra, a nivel interno, los derechos de las minorías o del derecho al aborto y, en el ámbito internacional, el ataque a regímenes autocráticos sobre todo el ruso o el chino, que son los principales rivales internacionales de Estados Unidos.

Ley sobre Taiwán en el Senado

Otro elemento que puede jugar un papel en el escenario actual es una propuesta de ley que está en el Senado para cambiar la postura norteamericana de Una sola china. La propuesta, planteada por los senadores Menéndez y Graham, el primero demócrata y el segundo republicano, fue introducida en la cámara alta a mediados de junio y plantea un cambio radical en la relación de Estados Unidos con Taiwán.

"Mientras Pekín sigue tratando de coaccionar y aislar a Taiwán, no debería haber ninguna duda ni ambigüedad sobre la profundidad y la fuerza de nuestra determinación de apoyar al pueblo de Taiwán y su democracia", aseguró entonces Menéndez en un comunicado. Menéndez es, además de copromotor de la iniciativa, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.

La propuesta solicita 4.500 millones de dólares en ayuda en defensa para la seguridad de Taiwán durante cuatro años. Además, crea una nueva iniciativa para reforzar las capacidades de defensa de Taiwán y para designar a la isla como Aliado Principal no perteneciente a la OTAN.

Junto a esto, la propuesta propone el apoyo a la participación de Taiwán en organizaciones internacionales y en la arquitectura comercial multilateral, una medida que suscitaría la férrea oposición de Pekín.

Una visita en un momento sensible para China

La visita de Pelosi se produce también en un momento delicado para China. El ejército chino celebró su aniversario de fundación el 1 de agosto, mientras que el presidente Xi Jinping, el líder más poderoso del país en décadas, se prepara para romper las convenciones y buscar un tercer mandato en el 20º congreso del Partido Comunista este otoño.

También se espera, según informa la CNN, que los líderes chinos se reúnan en agosto en la localidad costera de Beidaihe para celebrar su cónclave anual de verano, en el que discuten a puerta cerrada los movimientos de personal y las ideas políticas.

En este contexto, China también ha podido aprovechar la visita de Pelosi para exhibir músculo de cara al mundo y a nivel interno. Esto le serviría también para tratar de fomentar el patriotismo chino en ese momento interno político y también en un año en que China sufre una crisis inmobiliaria que ha provocado protestas sociales y vive una cierta ralentización económica derivada de su estricta política de cero casos de covid.

Rivalidad China-Estados Unidos

Esta visita y la tensión desatada en torno a Taiwán se produce en medio de una situación de tensión en las relaciones entre China y Estados Unidos. La tensión no es nueva: ha ido in crescendo en los últimos años y ya el anterior presidente americano, Donald Trump, basó parte de su mandato en plantear una guerra comercial contra China y presentarla como el enemigo exterior número 1 atacándola con asuntos como el covid.

En este contexto, Joe Biden tomó posesión de la Casa Blanca en un momento en el que Xi Jinping se volvía más autoritario en su país y más asertivo en el extranjero. La respuesta de Estados Unidos fue una política que definía a Pekín como su principal competidor estratégico en el mundo y el mayor desafío a largo plazo para Estados Unidos.

Biden ha tratado de enfocar la relación con China en el ámbito del diálogo conjunto y ha tratado de rebajar el nivel de tensión que había aplicado en los años de Donald Trump apostando por el diálogo diplomático para abordar asuntos sobre todo de índole internacional como la geopolítica, el cambio climático y, en los últimos meses, la guerra de Rusia en Ucrania. De hecho, unos días antes de la visita de Pelosi a Taiwán, Biden mantuvo una conversación telefónica de más de dos horas con Xi Jinping.

06/08/2022 22:09

Manuel Ruiz Rico@ManuelRuizRico

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China rompe con EEUU y sanciona a Pelosi por "socavar" su soberanía en Taiwán

Pekín anuncia la suspensión de la cooperación en materias clave como la judicial, cambio climático y en algunos mecanismos de seguridad. Acusa a la representante estadounidense de "interferir en los asuntos internos de China" y "amenazar la paz y la estabilidad en el Estrecho de Taiwán"

Pekín. China ha dado otro paso más en la escalada de tensión con Estados Unidos a costa de la visita de la presidenta de la Cámara de Representantes de EEUU, Nancy Pelosi, a Taiwán. Este viernes, la Cancillería china ha anunciado sanciones a Pelosi y sus familiares directos por "hacer caso omiso de la preocupación y la firme oposición" de China a su viaje a Taiwán y por "socavar la soberanía y la integridad territorial" del país asiático.

Al mismo tiempo, Pekín ha anunciado una ruptura con Washington en varios aspectos clave con ocho medidas en represalia a este apoyo estadounidense a Taiwán, entre ellas la suspensión de la cooperación en materias como la judicial, la de cambio climático y en algunos mecanismos de seguridad. Queda en suspenso la cooperación en la repatriación de inmigrantes ilegales, la asistencia judicial penal y la lucha contra delitos transnacionales.

La decisión llega el día después de que Pekín iniciara las mayores maniobras militares con fuego real de la historia en las inmediaciones de esta isla autónoma, a la que considera separatista y rebelde desde la guerra civil que concluyó en 1949 con la fundación de la República Popular China.

Las maniobras de Pekín han aislado parcialmente al país y seguirán en marcha al menos hasta el domingo, con quejas incluidas del vecino Japón —que también mantiene históricas disputas territoriales con Pekín—, que el jueves denunció el impacto de varios misiles balísticos chinos en aguas de su Zona Económica Exclusiva.

La escalada supone un terremoto para el Sudeste Asiático , cuya Asociación de Naciones (ASEAN) se reunió el jueves en Camboya. Con la situación en Myanmar tras el golpe militar del pasado año como tema central, la AESAN abordó la disputa entre China y EEUU de urgencia para ofrecerse a facilitar el diálogo entre los Estados implicados y que cesen todo tipo de provocaciones. Consideran que la situación puede derivar en "errores de cálculo, graves enfrentamientos, conflictos abiertos y consecuencias imprevisibles entre las principales potencias" del mundo.

China no ha dado detalles específicos sobre las sanciones impuestas a la alta representante estadounidense, pero acusó a Pelosi de "interferir en los asuntos internos de China" y "amenazar la paz y la estabilidad en el Estrecho de Taiwán" después de que EEUU hiciera caso omiso de las advertencias chinas, que había protestado enérgicamente desde que se conoció el viaje oficial.

Para Pekín, esta visita supone una "farsa" y "traición deplorable", ya que reclama la soberanía de la isla desde que los nacionalistas del Kuomintang se replegaron allí en 1949, tras perder la guerra civil contra los comunistas de Mao.

EEUU llama a consultas al embajador chino

Antes de conocerse la respuesta diplomática china, la Casa Blanca había convocado el jueves al embajador de Pekín en Washington, Qin Gang, para condenar las medidas "de provocación" contra Taiwán y reiterar que Estados Unidos no quiere una crisis en la región, según informes de prensa.

El portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby, aseguró en una declaración publicada por The Washington Post que la convocatoria del diplomático llegó tras el comienzo de las maniobras militares. Washington trasladó al embajador chino que mantiene su política de reconocimiento de "una sola China" y su intención de mantener abiertas todas las líneas diplomáticas de comunicación. Un mensaje que el presidente chino, Xi Jinping, no parece haber encontrado coherente con las posiciones americanas recientes.

05/08/2022 12:13  

Por Público / Agencias

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Pelosi visita la zona desmilitarizada entre las dos Coreas. Imagen: AFP

La presidenta de la Cámara de Representantes estadounidense visitó la frontera que separa a las dos Coreas

Luego de visitar Corea del Sur Pelosi se dirigió a Japón, la última escala de su comentada gira por Asia. Allí el ministro de Defensa, Nobuo Kishi, denunció que misiles balísticos chinos cayeron en la zona económica exclusiva nipona por primera vez.

La presidenta de la Cámara de Representantes estadounidense, Nancy Pelosi, envió desde Corea del Sur un mensaje de disuasión a Pionyang frente a sus desarrollos armamentísticos, en plena crisis entre Washington y Beijing por su paso previo por Taiwán. Seúl fue la siguiente parada de Pelosi después de su viaje relámpago y no anunciado oficialmente a Taiwán, que desencadenó las protestas airadas de China y represalias como el inicio este mismo jueves de maniobras militares con fuego real en torno a la isla. Luego de visitar Corea del Sur Pelosi se dirigió a Japón, la última escala de su gira por Asia. Allí el ministro de Defensa, Nobuo Kishi, denunció que misiles balísticos chinos cayeron en la zona económica exclusiva nipona por primera vez.

"Disuasión poderosa y extendida"

Durante su visita de este jueves, centrada en asuntos de cooperación sobre seguridad entre Estados Unidos y Corea del Sur, Pelosi se reunió con su par surcoreano, Kim Jin-pyo, mantuvo una conversación telefónica con el presidente del país, Yoon Suk-yeol, y visitó la frontera desmilitarizada intercoreana. Pelosi y Kim se comprometieron a mantener "los esfuerzos de ambos gobiernos para la desnuclearización y la paz a través de la cooperación internacional", sustentados sobre "una disuasión poderosa y extendida" ante Pionyang, de acuerdo a un comunicado conjunto.

Ambos también expresaron su "preocupación por la grave situación, en la que el grado de amenaza de Corea del Norte está aumentando", en alusión al número récord de lanzamientos de misiles realizados este año por Pionyang y los indicios sobre un nuevo test nuclear que puede tener lugar de forma inminente. El presidente surcoreano afirmó en la misma línea que la visita de Pelosi supone "una señal de disuasión por parte de Corea del Sur y Estados Unidos hacia Corea del Norte".

Yoon limitó su contacto con Pelosi a una conversación telefónica de unos 40 minutos, debido a que el presidente surcoreano se encontraba de vacaciones en las fechas elegidas por la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos para visitar el país. Los medios locales especularon con la posibilidad de que el mandatario haya evitado reunirse con Pelosi para no caldear más el ambiente con China, después de que la visita de la presidenta del Congreso a Taiwán, la de más alto nivel de un político estadounidense en 25 años, desatara la ira de Beijing.

Durante su estancia en Corea del Sur, Pelosi también visitó la aldea de Panmunjom, también conocida como la Zona de Seguridad Conjunta (JSA) en la frontera intercoreana. Su visita a la JSA supuso la de mayor perfil de un político estadounidense desde la realizada por el expresidente Donald Trump en 2019, que se reunió allí con el líder norcoreano, Kim Jong-un.

Protestas de Corea del Norte

El gobierno encabezado por Kim acusó este mismo jueves a Estados Unidos de tener una postura "de confrontación" por afirmar que Pionyang representa "una amenaza" debido a su programa nuclear, a través de un comunicado emitido por su representación permanente ante Naciones Unidas. Las negociaciones sobre desnuclearización entre Pionyang, Seúl y Washington están en punto muerto desde la fallida cumbre de Hanoi de 2019 entre Trump y Kim, que no llegaron a un acuerdo sobre las concesiones del Norte y el levantamiento de sanciones impuestas al gobierno norcoreano por sus programas de desarrollo de misiles y atómico.

Corea del Norte también criticó la visita de Pelosi a Taiwán, y la definió como una "imprudente interferencia en los asuntos internos de otro país", apoyando así la postura de China, principal aliado del gobierno de Kim. "La situación actual demuestra que la injerencia sin escrúpulos de Estados Unidos en los asuntos internos y las provocaciones políticas y militares intencionadas son la causa fundamental del daño a la paz y la seguridad de la región", señaló un vocero del ministerio de Asuntos Exteriores norcoreano en declaraciones recogidas por la agencia de noticias KCNA. 

Maniobras militares chinas

China empezó este jueves, menos de 24 horas desde la visita de Pelosi a la isla considerada por el gigante asiático como una provincia rebelde de su territorio, maniobras militares que incluyeron el lanzamiento de misiles de largo alcance en torno a Taiwán, que las considera "un bloqueo" y una "violación de sus derechos". 

El ministerio taiwanés de Defensa confirmó que el Ejército chino había disparado "11 misiles" balísticos de tipo Dongfeng en "las aguas del norte, sur y este de Taiwán". Las maniobras militares chinas, las mayores de las últimas décadas, deben prolongarse hasta el domingo. Una fuente militar china dijo a la agencia de noticias AFP que los ejercicios se realizan "en preparación para un combate real".

El gobierno de Japón, último destino de la gira asiática de alto perfil de Pelosi, advirtió que cinco misiles balísticos disparados por China cayeron en aguas pertenecientes a su zona económica especial. "Es un incidente muy grave que afecta a la seguridad de nuestro territorio y de nuestra población", dijo el ministro japonés de Defensa, Nobuo Kishi, quien también afirmó que se trata de la primera vez que misiles balísticos del Ejército chino impactan en aguas de su zona económica especial.

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“Affaire Pelosi”: ¿Estados Unidos está cambiando su posición de ambigüedad estratégica con Taiwán?

La demócrata presidenta de la Cámara de Representantes del Congreso estadounidense completó casi un día de reuniones con funcionarios taiwaneses en su recorrido por la isla. Dejó un mensaje para el XX Congreso del Partido Comunista Chino (PCCH).

 Nancy Pelosi completó varias horas de casi un día de reuniones con funcionarios taiwaneses en su recorrido por la isla. Newt Gingrich, el último presidente de la Cámara de Representantes de EE. UU. que visitó su capital Taipei en 1997, solo se quedó dos horas. La visita, por tanto, ha querido dejar una huella distinta en los distintos momentos. Más precisamente, una muestra del proceso de transformación de la percepción de Estados Unidos sobre lo que está en juego en Asia-Pacífico, escenario de su disputa directa con China.

Antes de reunirse con la presidenta Tsai Ing-wen el miércoles, Pelosi sostuvo conversaciones con legisladores taiwaneses, incluido Tsai Chi-chang, vicepresidente de la legislatura, a quien le dijo que quería promover una especie de "cooperación interparlamentaria". El objetivo sería trabajar con Taiwán para ayudar a implementar la estrategia del Indo-Pacífico de la administración Biden, que, no es ningún secreto, fue diseñada para contener la expansión de China.

¿Cambiando de paradigma?

Hay un dicho ruso que incluso una provocación debe tener algún cálculo. Al contrario de lo que escribió el columnista del New York Times Thomas Friedman, la visita de la presidenta de la Cámara de Representantes no tuvo motivos “frívolos y arbitrarios”. En este caso, la arriesgada provocación del imperialismo ante las advertencias de la dictadura china, al tiempo que deja las puertas abiertas a escaladas impredecibles, intenta establecer nuevos límites en la relación bilateral. “Hoy, nuestra delegación vino a Taipei para dejar inequívocamente claro que no abandonaremos a Taiwán”, afirmando un “compromiso de hierro” de Estados Unidos con la isla. "Ahora más que nunca, la solidaridad de Estados Unidos con Taiwán es crucial".

Se establece un patrón, entre la prosa discreta de la Casa Blanca, y el brío contundente de Pelosi. Mientras que en casa la administración de Biden está mostrando cierta prudencia, en Taiwán la titular demócrata de la Cámara se mostró inflexible sobre la importancia de Taiwán para Washington. Estamos ante una aparente paradoja, pero políticamente explicable.

Las señales intercambiadas enviadas por la administración Biden, como ya dijimos, tenían como objetivo suavizar el impacto del sello estatal positivo de EE. UU. en la llegada de Pelosi a Taiwán, pero asegurando que la visita se llevaría a cabo en términos oficiales a pesar de las amenazas de Beijing. Hay fisuras en el establishment y dentro del Partido Demócrata, que obedecen a las impredecibles coordenadas de las elecciones intermedias, que auguran la pérdida de la mayoría demócrata en el Congreso. Es decir, todos los pasos son apuestas no aseguradas, y en este caso, arriesgadas. Pero el caso es que, dentro de estas incertidumbres, la aprensión y la duda sobre la conveniencia del viaje, reacción construida durante semanas por la administración Biden y el Pentágono, sirvió para encubrir mejor la intención de Washington de enviar un mensaje firme al próximo XX Congreso del PCCh.

El mensaje es que Estados Unidos está actualizando su política histórica de ambigüedad estratégica sobre Taiwán. Sin cambiarlo fundamentalmente (es decir, reconociendo que Beijing es el único gobierno en China, y que la República Popular considera a Taiwán como parte de su territorio), modifica la percepción internacional de su reacción ante una posible agresión china para forzar militarmente la reunificación. Todo debe hacerse con las sutilezas necesarias, en un caso complicado como este. Pero es difícil escapar a la percepción de que ahora, a diferencia de la ambigüedad prescrita en la Ley de Relaciones con Taiwán de 1979, Washington intervendría militarmente ante la realización de una ofensiva reunificadora, cuya necesidad afirmará categóricamente el XX Congreso del PCCh.

Firmada el 10 de abril de 1979, la Ley de Relaciones con Taiwán nació de la necesidad de Estados Unidos de proteger sus intereses comerciales y de seguridad en Taiwán, tras la terminación de relaciones diplomáticas por parte del presidente Jimmy Carter, quien firmó el retorno de relaciones diplomáticas con Pekín, que había iniciado Richard Nixon con su visita en 1972.

Impulsados ​​por la falta de consulta previa y la insuficiencia de la legislación propuesta por la administración Carter, los legisladores republicanos y demócratas elaboraron un proyecto de ley que equilibraría las relaciones diplomáticas con China continental, por un lado, y mantendría las relaciones sustantivas con Taiwán, por el otro. La Ley de Relaciones con Taiwán no incluye un compromiso claro de EE.UU. de intervenir militarmente contra un ataque chino, lo que le ha dado a Washington la figura tradicionalmente utilizada por analistas y estudiosos de la “ambigüedad estratégica” sobre si lo haría.

El punto es que esta legislación sobre las relaciones de Estados Unidos con Taiwán se hizo en un momento en que la República Popular China era sustancialmente frágil económica y militarmente, sin posibilidad real de ejercer presión sobre la isla. Además, se certificó en medio del fin de la era maoísta y la entrada de Deng Xiaoping, cuya línea principal era mostrar al mundo una China benévola, comprometida con un ascenso económico pacífico basado en principios de no intervención y respeto por la soberanía territorial de los países.

En otras palabras, la “ambigüedad” de Estados Unidos era completamente compatible con la imposibilidad real de que Beijing absorbiera a Taiwán. Todo se vuelve más difícil en la era de Xi Jinping, con una China que se ha convertido en la segunda potencia económica del mundo.

Joe Biden, en mayor medida que Trump, es expresión de un sutil, difícil y tortuoso proceso de cambio de paradigma en el establishment imperialista estadounidense. Biden fue un agente activo en la erosión de la postura tradicional de respeto a la política de "Una China" con comentarios de que EE. UU. acudiría en ayuda de Taiwán en un escenario de conflicto, algo que no está descripto directamente en la Ley de Relaciones con Taiwán, aunque deja un espacio abierto para ello. Nancy Pelosi, por su parte, fue aún más clara cuando dijo, en presencia de la presidenta Tsai Ing-wen, que “somos partidarios del statu quo, no queremos que le pase nada a Taiwán por la fuerza”, y que "Estados Unidos ha hecho una sólida promesa de estar siempre con Taiwán, y esta visita es un recordatorio de eso”. Una reformulación más asertiva, extraoficial pero no menos contundente del pacto de 1979.

Esto no significa que Washington entraría realmente en un conflicto militar por Taiwán. Todo depende de las circunstancias concretas, y no sólo en el terreno militar-geopolítico, sino en la lucha de clases, que siempre es decisiva. Sin embargo, indica a Xi Jinping y al PCCh que el imperialismo estadounidense entiende que el cambio de situación política y social de la dictadura capitalista china implica un cambio en los planes de conducta futuros, en el marco de la disputa estratégica entre Washington y Beijing.

Repercusiones negativas en China

Como predijimos, la primera reacción de condena de China tuvo lugar en el contexto de ejercicios militares. Ya a la llegada de Pelosi a Taipei, el Ejército Popular de Liberación (EPL) anunció planes para realizar extensos ejercicios aéreos y navales conjuntos, así como ejercicios de tiro de largo alcance, en seis áreas principales alrededor de Taiwán, que se extienden hasta las aguas territoriales y el espacio aéreo del país cercano, con Kaohsiung y Keelung, sus puertos más importantes. El EPL aguardaba la salida de Pelosi para iniciar los ejercicios, que ya están en marcha y cuyo diseño representa un cerco a la isla. Fueron condenados por Taiwán como una “violación de sus derechos de soberanía territorial”. Un editorial en el periódico militar chino, PLA Daily, dijo que la visita envió el "mensaje equivocado" a los "separatistas" taiwaneses y que "cualquier contramedida tomada por China está justificada, es razonable y es necesaria".

Lugares de ejercicios militares

El periódico oficial Xinhua dedicó toda su portada a repudiar la visita, publicando de manera destacada un artículo que historiza los esfuerzos chinos en la era de Xi Jinping para construir un ejército de primera clase. La ocasión del 95 aniversario de la fundación del EPL se aprovechó para advertir a los Estados Unidos. Citando a Xi, el artículo dice que "el ejército popular defenderá con firmeza el liderazgo del PCCh, salvaguardará nuestra soberanía nacional, seguridad e intereses de desarrollo, y mantendrá la paz regional y mundial".

Como prueba de la lealtad del alto mando, anuncia que "todas las fuerzas armadas permanecen alineadas con el Comité Central del PCCh, la Comisión Militar Central y con Xi, ideológica, política y en acción, y permanecen absolutamente leales, puras y confiables". Mucho esfuerzo para digerir la lealtad, pero muestra la completa hegemonía de Xi Jinping sobre las Fuerzas Armadas que pretende utilizar en su proyecto de reunificación nacional tras asegurar su tercer mandato en el XX Congreso del Partido. “inevitabilidad histórica del regreso de Taiwán a la patria china”, una repetición de los términos de Xi Jinping en 2019.

Además, en el frente comercial, China ha impuesto embargos de importación a Taiwán. La Administración de Aduanas de China ha suspendido las importaciones de más de 2.000 de unos 3.200 productos alimenticios de la isla, bloqueando sus importaciones y suspendiendo temporalmente las exportaciones de arena natural al país.

Rusia se hizo eco de su condena del viaje a China, en aparente reciprocidad por la aprobación tácita de Beijing de la invasión reaccionaria de Ucrania por parte de Putin. Sergei Lavrov, ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, dijo que el viaje de Pelosi mostró una “determinación estadounidense de mostrar a todos cómo puede salirse con la suya y hacer lo que quiera. No veo otra razón para crear un incidente como este, básicamente de la nada, con pleno conocimiento de lo que significa para China”. El guiño de Rusia a China, apreciado por Pekín, tiene el interés de seguir profundizando las relaciones durante el conflicto con Estados Unidos y la OTAN.

Las disputas se agudizan en un escenario de guerra en Ucrania y crisis económica inflacionaria en prácticamente todo el globo, lo que ha venido dando lugar a agudas crisis de regímenes políticos y caída de gobiernos, y procesos de lucha de clases en los países capitalistas centrales.

Como dice el analista internacional George Friedman, del think tank Stratfor, hay una desestabilización sincronizada de los cuatro polos del poder capitalista mundial: Estados Unidos, la UE, Rusia y China, responsables de más del 60% del PIB mundial. (Japón estaría incluido en la órbita de Washington, que pasó por el reciente asesinato del beligerante expresidente Shinzo Abe). Las distintas facetas de la crisis se retroalimentan y pueden extender los problemas recesivos. "Hay cuatro capas en esta crisis. La primera es una guerra [en Ucrania] que, más que la mayoría de las guerras, tiene una gran dimensión económica, que está creando una crisis en la cadena de suministro de la Unión Europea, un bloque que ha estado bajo una gran presión por cuestiones financieras internas. La segunda dimensión es el problema más amplio de la cadena de suministro, que está afectando a gran parte del mundo con escasez de bienes y, por lo tanto, creando crisis fuera de los cuatro polos [EE. UU., UE, Rusia y China] que se extenderá a ellos. El tercero es una recesión cíclica en los Estados Unidos, exacerbada por la interrupción de la cadena de suministro global que ha elevado sustancialmente los precios de la energía. La cuarta dimensión, y no por casualidad, es un apetito decreciente por las exportaciones chinas".

Un escenario que puede volverse difícil de controlar ante el conflicto EE.UU.-China, y las continuas consecuencias que seguirán a la visita de Pelosi, que fue tomada como un desafío a Pekín: ¿hasta dónde está dispuesta a llegar (o hasta dónde tiene la fuerza para hacerlo) la dictadura capitalista en China en la defensa de sus intereses en Asia-Pacífico?

Por André Barbieri

Miércoles 3 de agosto

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La presidenta de la Cámara de Representantes de EE. UU., Nancy Pelosi (izq.), y la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen (dcha.), a 3 de agosto de 2022, en Taiwán. — Taiwan Presidential Palace / dpa / Europa Press

 

La visita a Taiwán de la presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, Nancy Pelosi, aviva el fuego entre ambas potencias mundiales. Una jornada de altas tensiones que ha supuesto traspasar "la línea roja" de Pekín.

 

El desafío lanzado por Estados Unidos a China, con la visita a Taiwán de la presidenta de la Cámara de Representantes de ese país, Nancy Pelosi, ha prendido fuego al polvorín geopolítico de Extremo Oriente. Sin embargo, no hay que perder de vista que se trata de un paso más, y anunciado, en la estrategia de hegemonía global de Washington, bien definida en la reciente cumbre de la OTAN en Madrid. Esa prevalencia mundial de Estados Unidos, tal y como se indicó en el nuevo concepto estratégico de la OTAN al servicio de los intereses de Washington, pasa por el acorralamiento de Rusia en Europa y el acoso a China como su único gran rival político y económico.

El error en la estrategia diplomática de Estados Unidos está en la equiparación de sus dos rivales, el europeo y el asiático. Mientras que en el caso de Rusia, el planteamiento liderado por Washington le ha reportado pingües beneficios de la guerra, para su industria armamentística, sus ventas de gas licuado a Europa y de cara al renacimiento de la OTAN como bloque militar, este enfrentamiento con China augura una respuesta más peligrosa por parte de Pekín y no necesariamente armada. Respuesta que tendrá en el ámbito económico un fuerte impacto en los aliados estadounidenses en el Pacífico —Japón, Corea del Sur y Australia— y en la propia economía de Estados Unidos, pese a quien pese muy ligada a la china.

Un paso "extremadamente peligroso"

El Gobierno chino ya ha indicado que la visita de Pelosi a Taipéi es un paso "extremadamente peligroso" y una amenaza a la estabilidad de la región. Pelosi es la funcionaria estadounidense de más alto rango que ha enviado Washington a Taiwán en el último cuarto de siglo. Estados Unidos no reconoce a la isla como un estado independiente, pero no ha dudado en armarla hasta los dientes, como parte de su estrategia para afianzar un "cordón" de seguridad entre China y la cuenca del Pacífico, que incluye a Corea del Sur, Japón y Australia.

En octubre de 1949, la isla de Taiwán se convirtió en el bastión de los nacionalistas chinos del Kuomingtan, derrotados en el continente por los comunistas, en la guerra civil china. Desde entonces, Pekín reclama la reintegración de la isla como parte de su territorio indivisible y considera una ofensa todo acercamiento militar, diplomático o económico a la antaño Formosa por parte de cualquier país del mundo. Se trata de la llamada política de "una sola China".

Pelosi, que llegó a Taiwán como etapa final de una gira asiática, explicó las razones de su visita en un editorial publicado en el Washington Post poco antes de su llegada a la isla. "No podemos quedarnos impasibles mientras el PCC (el Partido Comunista Chino) procede a amenazar a Taiwán y a la democracia misma", explicó Pelosi. Estados Unidos, dijo al concluir su visita, "no abandonará a Taiwán".

Washington no mantiene relaciones oficiales con Taipéi, lo que no es óbice para que Estados Unidos sea el mayor suministrador de armas del Ejército taiwanés y que el propio presidente estadounidense, Joe Biden, haya indicado en varias ocasiones, quizá en un ejemplo más de incontinencia verbal, que ayudará militarmente a Taiwán si China trata de invadir la isla rebelde.

La respuesta, por ahora diplomática, de China a la visita de Pelosi a Taipéi no se ha hecho esperar. Su Ministerio de Asuntos Exteriores ha afirmado que este paso rompe de nuevo la adhesión de Estados Unidos al principio de "una sola China", tiene "un grave impacto en los fundamentos políticos de las relaciones entre Estados Unidos y China", e "infringe gravemente la soberanía y la integridad territorial de China".

La estrategia asiática de EEUU definida ya en Madrid

La visita a Taiwán de la demócrata Pelosi tiene mucho que ver con las elecciones legislativas de medio mandato que se celebrarán en noviembre en Estados Unidos. Pelosi ocupa la tercera posición en el mando de la Administración Biden, tras el propio presidente y la vicepresidenta, Kamala Harris. Su belicosidad dialéctica y sus muchos años de críticas a la dictadura china se convierten en unos arietes muy bienvenidos para la propaganda de Biden. Una estrategia que está basada en la definición de claros enemigos exteriores para unir al país en unos momentos de grave crisis económica mundial y cuando la hegemonía estadounidense en el exterior es muy cuestionada por su inconsistencia.

Hace un año se produjo la apresurada salida estadounidense de Afganistán y el retorno del régimen talibán a Kabul. Por mucho que esta retirada estuviera pactada, la reaparición de los islamistas radicales en las calles de esa capital, el inmediato retroceso en los derechos civiles, los sangrientos ajustes de cuentas y el retorno al "juego afgano" de viejos conocidos en la región, como China y Rusia, fueron considerados en Asia como una deshonrosa derrota de Estados Unidos. Una derrota que demostraba que la aparente victoria de 2001 sobre los talibán había sido solo parcial.

También manifestaba esa retirada de Kabul que la política internacional estadounidense siempre fue muy voluble y dispuesta a pasar de un escenario a otro con una facilidad pasmosa y sin remordimientos por dejar sin protección a sus aliados circunstanciales. El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, debe estar bastante preocupado en estos momentos en los que se cumplen los vaticinios de la cumbre de la OTAN de Madrid, en junio pasado: sí, Rusia es el enemigo oficial, pero el contrincante real es China. Que sean los europeos quienes afronten los efectos de la guerra de Ucrania, mientras la política exterior estadounidense se centra en la Gran Partida con China por el dominio de la región Indo-Pacífica y, por ende, del mundo.

Un muro en torno a China

No se trata solamente de una hegemonía económica. Hay mucho de seguridad en este Gran Juego de intereses entre Pekín y Washington. Por eso fue tan importante en la Cumbre de la OTAN de Madrid que países como Japón, Corea del Sur, Nueva Zelanda o Australia cerraran filas con la Alianza Atlántica y apostaran por una cooperación "especial" y armada en Oriente. Ahí están las declaraciones del anterior ministro de Defensa australiano, Peter Dutton, quien advirtió a finales de abril pasado y apuntando con el dedo hacia Pekín que "la única manera de preservar la paz es prepararse para la guerra". Dutton afirmó que la región de Asia-Pacífico se encontraba en "un periodo muy similar" al de los años treinta del siglo pasado, cuando Japón se lanzó a la conquista genocida del este de Asia.

En el nuevo concepto estratégico de la OTAN aprobado el pasado 29 de junio se definía a China como "un desafío" y se denunciaban sus métodos para "subvertir el orden internacional basado en las normas". En las normas, claro, de Occidente. El documento subrayaba que la República Popular China "busca el control de sectores tecnológicos e industriales clave" abusando de su ventaja económica. Estados Unidos responde, pues, al desafío chino con las amenazas de su brazo armado internacional, una OTAN con sus tentáculos expandidos a Oriente.

El Gran Juego en el Pacífico

No es que Estados Unidos no tenga nada de que preocuparse respecto a China en el Pacífico. No veremos maniobras chinas en el Pacífico Oriental o bases chinas en Paláu o las islas Fidji. Pero su interés por la región es evidente, pues, al igual que Estados Unidos es la gran superpotencia en la orilla oriental de este océano, China lo es en la ribera occidental

El acuerdo chino con las islas Salomón se encuadra en una estrategia de Pekín para crear un bloque "Sino-Pacífico" en la región. La gira realizada a fines de mayo por el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, fue uno de sus componentes diplomáticos. Visitó ocho países del área, comenzando por las Salomón y concluyendo en Timor Oriental el 4 de junio. En esta gira se pusieron sobre la mesa inyecciones financieras, proyectos de infraestructuras y otras apuestas económicas, pero también el acercamiento en materia de seguridad de Pekín a las islas del Pacífico.

El resultado del viaje de Wang fue variopinto, con interés por parte de los estados del Pacífico, pero con recelos ante la avidez china. Las mismas dudas que plantea el ansia de Washington en la zona. Las críticas de los líderes de la región fueron muy parecidas a las planteadas a los intentos estadounidenses de aplicar convenios de libre asociación por doquier. Las autoridades regionales se sienten ninguneadas mientras los representantes chinos y estadounidenses venden sus planes a las grandes empresas asentadas en esos territorios.

Fue el propio presidente chino, Xi Jinping, quien hace unos días le dijo a Biden lo que puede pasar si esta crisis se agrava: "quien juega con fuego, se quema". Al contrario que Rusia, incapaz de lastimar a EEUU, pero sí a una Unión Europea empecinada en su guerra de sanciones contra Moscú, China sí puede afectar y mucho a la economía estadounidense. Como Rusia, China puede resistir una guerra económica mejor que Estados Unidos o Europa. Ya lo está ensayando con su larguísimo confinamiento. Parece poco probable un enfrentamiento militar entre China y Estados Unidos por Taiwán, pero la crisis está servida y será de notables proporciones. Si aún consideramos la guerra de Ucrania como el mayor problema que amenaza este otoño e invierno en Europa, esperemos a cubierto la tormenta que en estos momentos se está gestando en el Mar de la China meridional.

Por Juan Antonio Sanz

03/08/2022 

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Antonio Guterres, secretario general de la ONU, ayer en la décima Conferencia de Revisión del TNP, en Nueva York. Foto Ap

En un conflicto atómico no hay ganador, dice Putin en la revisión del Tratado de No Proliferación

 

Nueva York., El secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, advirtió ayer que la humanidad está al borde de una catástrofe nuclear y se enfrenta actualmente a un nivel de peligrosidad que no se veía desde los momentos más críticos de la guerra fría.

"Hoy, la humanidad está a un malentendido, a un solo error de cálculo de la aniquilación nuclear", alertó en la décima Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), de los 191 países firmantes.

"Hemos tenido una suerte extraordinaria hasta ahora. Pero la suerte no es una estrategia ni un escudo para impedir que las tensiones geopolíticas degeneren en conflicto nuclear", añadió.

Tras destacar los conflictos desde Medio Oriente a la península de Corea y la invasión rusa a Ucrania, llamó a que el mundo "se deshaga de sus armas nucleares", ya que es la "única garantía de que nunca se utilizarán".

En vísperas del aniversario del lanzamiento de Estados Unidos de las bombas nucleares en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, Guterres aseveró que la humanidad está "olvidando las lecciones de aquellos terroríficos fuegos".

Con "13 mil armas nucleares" en los arsenales, hasta ahora el mundo ha evitado "el error suicida de un conflicto nuclear" gracias a una "combinación de compromiso, juicio y suerte", pero eso puede cambiar, advirtió.

En una carta enviada al encuentro, el presidente ruso, Vladimir Putin, aseguró que en una guerra nuclear no "puede haber ganadores" y "nunca debe desencadenarse", antes de asegurar que Rusia se mantiene fiel a la "letra y el espíritu" del TNP y sigue comprometida a cumplir con todas sus obligaciones.

En enero, los países líderes del TNP –Estados Unidos, China, Francia, Rusia y Gran Bretaña– recordaron esta misma advertencia, pero ayer sólo Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia reiteraron su compromiso en una declaración conjunta. Las tres potencias nucleares también señalaron a Rusia, país al que pidieron respetar sus compromisos nucleares.

"Tras la agresión no provocada e ilegal contra Ucrania, instamos a Rusia a cesar su retórica nuclear y su actitud irresponsable y peligrosa", agregaron.

"Volver al acuerdo es el mejor resultado para Estados Unidos, Irán y el mundo", aseveró el presidente Joe Biden, quien también instó a Rusia y China a entablar conversaciones sobre el control de armas nucleares afirmando que especialmente Moscú tiene esa responsabilidad desde su invasión a Ucrania.

Además, reiteró que su administración está lista para "negociar rápidamente" un sustituto del Nuevo Start, el tratado que pone límite a las fuerzas nucleares intercontinentales en Estados Unidos y Rusia, que expira en 2026.

El jefe de la diplomacia estadunidense, Antony Blinken, además de Rusia, se mostró preocupado por la carrera armamentista de Corea del Norte, que está preparando "su séptimo ensayo nuclear", así como Irán, que sigue escalando en el tema.

El Papa, en su cuenta de Twitter, volvió a calificar de "inmoral" el uso y posesión de armas nucleares

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Viernes, 29 Julio 2022 05:55

Un mundo sin potencia hegemónica

Un mundo sin potencia hegemónica

En vez de lamentarnos o alegrarnos por la deriva de la guerra en Ucrania, en favor o en contra de uno u otro bando, creo que deberíamos comprender cómo los cambios en el orden mundial están afectando a los pueblos y a los movimientos populares. La geopolítica debe sernos de utilidad para definir los modos de actuar de los de abajo ante las tormentas en curso.

Un reciente artículo de José Luis Fiori, investigador brasileño en el Instituto de Estudios Estratégicos sobre Petróleo, Gas y Biocombustibles, destaca en un artículo en IHU Unisinos que el mundo está transitando desde un "unilateralismo casi absoluto" hacia un "multilateralismo oligárquico agresivo", en un periodo en el cual el mundo "vivirá por un tiempo sin una potencia hegemónica" (https://bit.ly/3PwEctf).

Esta afirmación me parece tan ajustada como importante. Durante unas décadas viviremos en un mundo donde ninguna potencia podrá definir de forma unilateral las reglas y, por tanto, entramos en un periodo de caos y descomposición del sistema-mundo. Las reglas las impondrán muy a menudo las bandas o manadas armadas de asesinos paraestatales.

Un periodo relativamente breve, en términos históricos, de convulsiones profundas y gigantescas tormentas como ya lo ha analizado el zapatismo. Algo así ha sucedido durante las guerras de independencia, transición entre las hegemonías española y británica, o en la primera mitad del siglo XX, con dos guerras mundiales y múltiples revoluciones en el tercer mundo, que jalonaron el ascenso de Estados Unidos.

Aunque ahora las cosas no serán idénticas (por la suma de crisis climática, las armas nucleares, el ascenso de potencias no occidentales y la crisis del capitalismo, entre otras), la historia puede servirnos de espejo e inspiración, porque los sectores populares del mundo fueron brutalmente agredidos y no pudieron hacer prevalecer sus propios proyectos, cuando los tuvieron.

A partir de constatar que estamos ingresando en un mundo sin potencia hegemónica, quisiera exponer algunas ideas sobre el papel que podemos jugar los de abajo en esta convulsionada etapa.

El primer punto es que debemos rechazar tanto a la vieja potencia decadente como a las aspirantes a sustituirla. Se trata de guerras entre imperios y clases dominantes en las cuales nuestros intereses están ausentes. En las guerras de independencia latinoamericanas los pueblos originarios, negros y mestizos se jugaron la vida para que los criollos se hicieran con el poder.

Para ellos nada cambió. Peor aún, en muchos casos las nuevas repúblicas fueron más brutales que los virreinatos, como demuestra el caso del pueblo mapuche que sufrió despojo y genocidio en la mal llamada Pacificación de la Araucanía.

El segundo es que resulta imprescin­dible abrir espacios propios de los pueblos, poner en marcha proyectos de larga duración que no beneficien ni a las viejas élites ni a las nuevas emergentes. Si no pudiéramos enarbolar proyectos propios, seremos absorbidos por las clases dominantes que utilizarán la propaganda mediática para sumarnos a alguno de sus proyectos de dominación, como sucede en estos momentos ante la invasión de Ucrania.

El tercero es que nadie nos va a defender y muchos nos están asesinando o intentando domesticar. La existencia de múltiples violencias ejercidas por todo tipo de cuadrillas armadas –desde el narcotráfico hasta los paramilitares y las fuerzas estatales– son producto de un sistema en descomposición, del mismo modo que los feminicidios muestran un patriarcado herido y decadente, más brutal por tanto.

Por lo pronto, debemos crear los modos de autodefensa de los pueblos y sectores sociales que decidan defenderse, utilizando las formas que cada quien considere adecuados. Aunque podemos elegir la resistencia no violenta y pacífica, cuando se trata de defender la vida deberíamos ser flexibles a la hora de elegir las maneras.

Por último, en un mundo caótico atravesado por múltiples violencias, donde se suceden hambrunas, guerras y catástrofes de todo tipo (los incendios de este verano boreal son una pequeña muestra de lo que vendrá), podemos sobrevivir si creamos arcas autónomas colectivas capaces de navegar en las tormentas.

No son pocos los pueblos que ya están recorriendo este camino. Desde los pueblos originarios y barrios agrupados en el Concejo Indígena de Gobierno en México, hasta decenas de pueblos amazónicos, mapuche en Chile y Argentina, nasa y misak, en Colombia, entre otros. Como siempre sucedió en la historia, es en las periferias donde nace lo nuevo, donde nos enseñan modos que podemos replicar sin imitar.

Para recorrer el camino de las autonomías de abajo, debemos dejar de mirar hacia arriba, de entusiasmarnos con los circos electorales, con los candidatos del sistema y aún con las constituyentes, porque nos restan energías para la tarea más importante, que puede pavimentar nuestra sobrevivencia colectiva: la construcción de múltiples y diversas autonomías integrales.

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Viernes, 29 Julio 2022 05:52

China y el margen de maniobra de Biden

China y el margen de maniobra de Biden

 Las tensiones entre Estados Unidos y China se encuentran de nueva cuenta al alza. Ayer, los presidentes Joe Biden y Xi Jinping sostuvieron una conversación telefónica de dos horas en la que el líder del Partido Comunista advirtió al demócrata que Washington no debe "jugar con fuego" en Taiwán ante la posible visita a esa isla de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. El martes, quizá como preparación del ambiente rumbo a la teleconferencia, el subsecretario adjunto para Asia Oriental del Departamento de Estado, Jung Pak, acusó a Pekín de "provocaciones" contra rivales en el mar de China Meridional, y fue tan lejos como para sostener que, dado su "comportamiento agresivo e irresponsable", es cuestión de tiempo que ocurra un incidente o un accidente grave entre las fuerzas armadas que recorren la zona.

Los diferendos en torno a Taiwán y el mar de China Meridional son distintos, pero se encuentran fuertemente conectados. Por un lado, la situación de la isla, independiente de facto desde 1949 y a la que Pekín considera parte indivisible de su territorio, es uno de los asuntos más espinosos en la agenda mundial: aunque Estados Unidos y sus aliados (al igual que la inmensa mayoría de la comunidad internacional) no le reconocen estatus de país independiente, Occidente mantiene unas relaciones más que cordiales con Taipéi, le proporciona constante ayuda militar para disuadir a Pekín de recuperar por la fuerza la provincia insular escindida al final de la guerra civil china y, en general, la usa para hostigar al gigante asiático, país al que los gobiernos miran con recelo y animadversión, pero del cual dependen en gran medida sus economías. Por otro lado, la región marítima del sudeste asiático reviste una importancia estratégica clave por ser zona de tránsito de 30 por ciento de las mercancías a nivel global y es objeto de reclamaciones entre los estados que ocupan sus costas. Si bien es cierto que Pekín mantiene una política expansionista en este territorio de 3 millones de kilómetros cuadrados, es difícil pasar por alto la arbitrariedad imperialista detrás de las potencias obstinadas en patrullar con embarcaciones y aviones militares un área ubicada a miles o decenas de miles de kilómetros de sus costas.

En éstos, como en tantos de los desafíos que agobian a su administración, el presidente estadunidense se ve constreñido por un margen de maniobra mucho menor de lo que admite en público. Desde el mes pasado se dio a conocer que Biden contempla la idea de levantar algunos de los aranceles a productos chinos establecidos durante la era Trump para reducir la hasta ahora imparable inflación que genera un enorme malestar entre los consumidores de su país y que ya se ve como factor principal de la anticipada derrota electoral de su partido en noviembre próximo. Pero el alivio a los precios podría representarle acusaciones de ceder frente a su rival geopolítico y dar vía libre a la oposición para envolverse en la bandera del patriotismo y la defensa de "América". Tampoco está claro qué tan lejos puede llegar su respaldo efectivo a Taipéi en momentos en que Washington y Bruselas realizan envíos masivos de dinero y armas a Kiev para frenar la invasión rusa, ni hasta dónde llegaría en realidad la promesa de defender militarmente a la isla, esbozada por el inquilino de la Casa Blanca hace dos meses.

En vista de la cantidad y magnitud de problemas domésticos que ya enfrenta el mandatario estadunidense, hoy más que nunca debería ceñirse al principio de no intervención, aceptar que su país no es el policía del mundo, dejar que Pekín y Taipéi arreglen asuntos que son propiamente chinos y que las naciones del sudeste asiático resuelvan sus reclamos fronterizos sin injerencia de potencias foráneas. Lo ocurrido en Ucrania debería ser una advertencia de que entre más se presione a Pekín a acatar las directrices occidentales, mayor es la probabilidad de una escalada bélica y una internacionalización del diferendo. Lo más conveniente, pues, es propiciar la negociación y la distensión.

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China advierte a Estados Unidos por una visita a Taiwan

Nancy Pelosi visitaría la isla

China advirtió este miércoles que Estados Unidos tendrá que asumir todas las consecuencias de una posible visita a Taiwán de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, en un contexto de tensiones entre ambos países.

Los temas de fricción entre Pekín y Washington se han multiplicado en los últimos años: Mar de China Meridional, creciente influencia de China en la región de Asia-Pacífico, guerra en Ucrania e, incluso, Taiwán.

China considera a la isla como una de sus provincias históricas, aunque no controla el territorio. Ya que Taiwán dispone de su propio gobierno, moneda y ejército, pero nunca declaró formalmente su independencia. Pekín, que se opone a cualquier contacto entre Taiwán y otros países, aumentó la presión militar y diplomática contra Taipéi desde la elección en 2016 de la presidenta taiwanesa, Tsai Ing-wen, quien proviene de un partido independentista.

Al mismo tiempo, las tensiones entre China y Estados Unidos también se incrementaron por varias ventas de armas estadounidenses a Taiwán y la visita a la isla de políticos estadounidenses que llegaron a ofrecer su apoyo a las autoridades taiwanesas.

Nancy Pelosi planea viajar a Taiwán el próximo mes, según los medios de prensa. Sin embargo, la presidenta de la cámara, todavía sigue sin confirmar si efectuará la visita.

Por su parte, China advirtió este lunes sobre la visita de Pelosi y reiteró este miércoles su firme oposición. “Si Estados Unidos persiste en desafiar la línea roja de China, se enfrentará a fuertes medidas de respuesta y deberá asumir todas las consecuencias”, dijo el portavoz de la diplomacia china, Zhao Lijian, en rueda de prensa.

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Rescatistas extraen el cuerpo de una mujer de entre los escombros de la Casa de Cultura, destruida ayer por un cohete ruso en Chuguev, en el este de Ucrania.Foto Afp

David Goldman y Henry Kissinger pertenecen a la etnia de los jázaros (https://amzn.to/2MR0PfM): el primero, uno de los más brillantes geoeconomistas del mundo, y el segundo, a sus 99 años, guste o no –pese a sus atrocidades desde Chile hasta Indochina, pasando por el mundo árabe–, el hoy máximo geoestratega viviente de EU, que padece en forma dramática la carencia de pensadores profundos.

Hoy Goldman es uno de los principales colaboradores de Asia Times, suele ser tajantemente sarcástico con su legendario seudónimo de Spengler, quien escudriña la reciente entrevista de Kissinger al semanario germano Der Spiegel, de corte atlantista (https://bit.ly/3BjjlW5). Doce días después, que son muchos para la caleidoscópica situación de Ucrania, el gobierno del trágico comediante jázaro de Kiev, Zelensky, hace agua tras haber decapitado a la columna vertebral de la Ucrania funcional: su fiscal general, su jefe de servicios de inteligencia, su primer vicesecretario de Seguridad Nacional/Consejo de Defensa, y su comandante de las Fuerzas de Operaciones Especiales.

Desde el punto de vista técnico, los "consejos militares" de su hijo de nueve años no le funcionan a Zelensky, a grado tal que el ya legendario reportero chileno Gonzalo Lira conjetura que en cualquier momento puede ser "desaparecido" por EU (https://bit.ly/3z7kZYd), lo cual parece haber interpretado el canciller ruso, Sergei Lavrov, quien comenta que el objetivo de Rusia es defenestrar al comediante jázaro de Kiev (https://bit.ly/3cFQKQD).

Kissinger aporta una debatible jerarquización entre "democracia" y "geoestrategia": cuando la preferencia por la democracia, como "objetivo primario, lleva a un impulso misionario (sic)" que "puede resultar en otro conflicto militar como la Guerra de los 30 años". Sentencia que el "arte de gobernar" debe englobar tres cosas simultáneas: "la importancia histórica del balance del poder, la nueva importancia de la high tech y la preservación de los valores esenciales".

Sobre la similitud de Ucrania con Taiwán, Kissinger comentó: "Es una peculiaridad militar del conflicto en Ucrania que dos adversarios nucleares luchan una guerra convencional en el territorio de un tercer Estado que desde luego tiene muchas de nuestras armas [de EU]". Sobre el ataque de China a Taiwán, "desde el punto de vista legal, sumergirían a China y a EU en un conflicto directo desde el inicio". Aduce que "escalar la guerra en Ucrania a una guerra contra Rusia, mientras se mantiene una actitud hostil contra China, sería muy insensato (sic)". Se trata del eterno debate de qué tanto EU puede librar una guerra simultánea contra dos superpotencias, además aliadas, del tamaño de Rusia y China. A mi juicio: no puede.

Kissinger, en la notable disección hermenéutica de Goldman, comenta que "independientemente del resultado de la guerra de Ucrania", la "relación futura de Rusia con Europa debe ser esclarecida, es decir, la cuestión de que si Rusia debe permanecer como parte de la historia europea o si se convertirá en el adversario permanente en una alianza con territorios completamente diferentes". Yo más bien vislumbro una lamentable fracturación de Europa antes de que expulsen a Rusia.

Kissinger se quedó anclado en el tratado de Westfalia de 1648 que da fin a la guerra de los 30 años, como al Congreso de Viena de 1814 (https://amzn.to/3BkkmNH), como lo sintetiza en su libro Diplomacia (https://amzn.to/3OxbcQR), que, por cierto, quedó rebasado con la azorante dotación de misiles hipersónicos nucleares de Rusia, y en segundo lugar de China, que dejaron sembrado a EU.

El mucho más realista Goldman comenta que "Rusia ha ganado extensos territorios desde el 24 de febrero" y "parece encaminada a ganar todo el Donbás, con la cuarta parte de toda Ucrania y tres cuartas partes de su capacidad industrial", sin contar sus legendarias tierras de cultivo chernozem. Y lo que falta con la captura del puerto de Odesa que le cerraría la salida al mar al trágico comediante Zelensky.

Y eso que, a decir de Putin, aún Rusia no empieza la guerra como tal.

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