Lunes, 23 Agosto 2021 06:02

Afganistán: el gran juego continúa

Afganistán: el gran juego continúa

Las mentiras mediáticas de la propaganda occidental sobre la caída de Kabul y la "retirada" de Estados Unidos de Afganistán, lejos de reflejar el desmoronamiento definitivo del imperio del caos podría significar un reposicionamiento −con nuevos elementos de privatización militar vía sofisticadas tecnologías, drones, bombarderos de largo alcance, mercenarios y redes de espionaje− que obedece a una reconfiguración geopolítica, donde la misión principal del Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) ya no será la "guerra contra el terrorismo", sino tratar de aislar a Rusia, potencia energética regional, y acosar a China por todos los medios en la expansión de las nuevas rutas de la seda.

La "guerra contra el terrorismo" de la administración Bush hijo fue una falacia. Se ha documentado ampliamente que el pretexto para librarla fue una fabricación. La invasión a Afganistán, en 2001, no fue una respuesta al 11 de septiembre: ya estaba planificada desde julio anterior. Y Osama Bin Laden y la red Al-Qaeda no eran una amenaza a los anglosajones, sino su instrumento. Tampoco fue una "intervención humanitaria" para restaurar la democracia, como lo acaba de reconfirmar el presidente de EU, Joe Biden.

Ahora, como entonces, los medios hegemónicos occidentales pretenden ignorar el apoyo de la CIA y el Pentágono a las organizaciones terroristas internacionales. Cuando en julio de 1979 triunfó la insurrección sandinista en Nicaragua y en diciembre siguiente la Unión Soviética intervino en la República Democrática de Afganistán invitada por el gobierno socialista de Nur Muhammad Taraki, el presidente de EU, Ronald Reagan, y el director de la CIA, George Bush padre, crearon, armaron, entrenaron, abastecieron y cofinanciaron (junto con Arabia Saudita) a los contras nicaragüenses y a los muyahidines afganos (poco después talibanes) y los llamaron freedom fighters ("luchadores por la libertad"). El propio Bin Laden reconoció al New York Times, que el complejo de Tora Bora, donde se escondían los miembros de Al-Qaeda, había sido creado con ayuda de la CIA y funcionaba como una base para los afganos y los voluntarios que venían de los países árabes y musulmanes para luchar contra los soviéticos y el gobierno de la época, donde eran entrenados por oficiales estadunidenses y paquistaníes.

Otra fuente de financiamiento de las acciones terroristas de la contra nicaragüense y los talibanes afganos era el tráfico de drogas. Durante la ocupación estadunidense, la superficie dedicada al cultivo de amapola (adormidera) en Afganistán se cuadruplicó y el opio se convirtió en la principal actividad económica del país. Y no es secreto que la heroína afgana sirvió para financiar las actividades encubiertas de la CIA.

La invasión militar a Afganistán por EU y sus socios de la OTAN respondió a los intereses de los gigantes petroleros angloestadunidenses (Unocal, Chevron, British Petroleum), aliados con los cinco grandes fabricantes de armas: Lockheed Martin, Raytheon, Northrop Grumman, Boeing y General Dynamics. Afganistán resulta estratégico, no sólo porque bordea el corredor de la "ruta de la seda" que une al Cáucaso con la frontera occidental de China, sino porque se ubica en el centro de cinco potencias nucleares: Rusia, China, Pakistán, India y Kazajistán. El corredor euroasiático cuenta con reservas de petróleo y gas natural similares a las del golfo Pérsico, lo que convierte a Afganistán en un territorio clave para el cruce de las rutas de transporte y oleoductos, y en puente terrestre lógico para los oleoductos que van hacia el sur, desde la antigua república soviética de Turkmenistán hasta el mar Arábigo, a través de Pakistán.

Como dijo en 1997 Graham Fuller, "experto en política" de la CIA, "quien controla ciertos tipos de ductos e inversiones" en la región euroasiática, "tiene cierta fuerza geopolítica" aun cuando no tenga el control físico del petróleo. De allí que la invasión fue para establecer un punto de apoyo esencial a través de una red de bases militares en la intersección estratégica de Asia Central y del Sur, complementado después con la ocupación de Irak. De entonces datan, también, los nexos de las administraciones Clinton y Bush hijo con las organizaciones islámicas fundamentalistas, que continuaron bajo las de Obama, Trump y Biden.

Tras la salida de EU de Kabul, negociada en Doha por la administración Tump y el Talibán en febrero de 2020, el gran juego geopolítico, que incorpora como actores regionales a China y Rusia, se reanuda. Moscú podría ayudar a Afganistán a reconstruir la hidroeléctrica de Naghlu y cooperar en el tendido de gasoductos y la construcción de instalaciones petroleras. A su vez, Pekín quiere extender el corredor económico China-Pakistán, uno de los proyectos insignia de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, a Afganistán. Y ofrece a los talibanes proyectos de infraestructura, energía y minería, con énfasis en la explotación de litio y de los minerales en "tierras raras", esenciales para las nuevas tecnologías militares, computacionales y espaciales. Según Thierry Meyssan, EU no perdió Afganistán, quiere que esa zona siga siendo inestable. El objetivo de ­Washington es que las empresas de cualquier país, China incluida, tengan que aceptar la protección de EU para poder explotar las riquezas afganas.

El imperio del caos −como llamó hace 20 años Alain Joxe a EU− puede seguir creando conflictos "en la sombra" y utilizar sus fuerzas especiales clandestinas, contratistas privados (mercenarios) que reciben órdenes del Pentágono y de la CIA y grupos terroristas de fundamentalistas islámicos, para destruir toda forma de organización política en esa región. Incluso, podrá supervisar una variedad de bombardeos a Afganistán desde su base Centcom en Qatar y otras bases militares instaladas por Biden en países vecinos.

Como señaló el analista Pepe Escobar, la "pérdida" de Afganistán puede interpretarse como un reposicionamiento de EU. Se ajusta a la nueva reconfiguración geopolítica donde las nuevas misiones de la CIA y el Pentágono serán aislar a Rusia y acosar a China. Para ello necesita un nuevo chivo expiatorio; un nuevo eje del mal. El eje es Talibán-Pakistán-China.

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América Latina después de la “liberación” de Kabul

Cuando el 29 de abril de 1975 las tropas del Frente de Liberación Nacional de Vietnam ingresaron en Saigón y se desmoronaba el régimen pro-estadounidense, el mensaje que esos hechos trasmitieron al mundo es que los pueblos eran capaces de derrotar a la mayor potencia militar de la historia. El enorme sacrificio de un pueblo pobre, con un saldo de más de 1,7 millones de muertos, frente a menos de 60 mil de los Estados Unidos, fue la condición para la liberación de la nación oprimida.

La entrada del Talibán en Kabul, luego de ocupar casi todo Afganistán en semanas, no puede ser considerada la liberación de la nación. Apenas se retiraron las tropas estadounidenses, el avance talibán fue impresionante, lo que demuestra que no sólo no estaba derrotado –algo que Estados Unidos nunca buscó- sino que se venía fortaleciendo desde antes incluso que Washington tomara la decisión de abandonar el país que invadió hace 20 años.

Según Pepe Escobar, uno de los más interesantes analistas geopolíticos que conoce la realidad de forma directa, la derrota del Ejército Nacional Afgano fue consecuencia del “estilo militar americano”, consistente en “tecnología masiva, poder aéreo masivo, casi cero inteligencia terrestre local”.

Sostiene que luego de Vietnam, “es el segundo protagonista del Sur Global que muestra al mundo entero cómo un imperio puede ser derrotado por un ejército guerrillero campesino” (https://bit.ly/37NSn9a). Asegura que no son los mismos talibán de la década de 1990 y que han ganado en flexibilidad y diplomacia. Ahora negocian con Estados Unidos, Rusia y China, y con quien haga falta.

La pregunta central es qué sucederá ahora que uno de los grupos con peor imagen para el imperio retorna al poder. Lo que nos debe llevar a valorar: ¿por qué el Pentágono decidió abandonar Afganistán?

Es evidente que la preocupación por la libertad de los afganos, y en particular por las mujeres y las niñas que no tenían permitido ir a la escuela, está muy lejos de ser el problema central. Aunque los grandes medios occidentales se compadecen de las afganas, sabemos que les importan tan poco como las decenas de miles de mexicanas asesinados, desaparecidas y secuestradas por el narco-Estado.

El segundo entuerto a deshacer es que Estados Unidos no invadió Afganistán para ocuparse de las personas que cometieron los atentados del 11 de Setiembre de 2001, como se dijo en su momento. Si así fuera, hubieran invadido Arabia Saudí, nacionalidad a la que pertenecían los partidarios de Osama Bin Laden.

Alcanza con mirar el mapa para resolver el acertijo. Afganistán tiene fronteras con Irán y China, y una larga y porosa línea que lo separa de Pakistán. Ocupa un lugar central en el mapa de Eurasia, la región decisiva para mantener la dominación del imperio en el planeta, según el ex consejero de seguridad Zbigniew Brzezinski. En «El gran tablero de ajedrez», sostuvo que la región era el centro del poder global y que no debería surgir ninguna potencia capaz de poner en cuestión el dominio de EEUU en el área. Si algo así sucediera, el poder global de la superpotencia sería irremediablemente erosionado (https://bit.ly/2XlUajN).

El analista de Asia Times, David Goldman sostiene que está surgiendo una Pax Sínica en el Medio Oriente y Asia Central sin que los planificadores estadounidenses puedan contrarrestarla (https://bit.ly/2UkGBA0). De hecho, esa hegemonía china se está tejiendo en base a “una alianza emergente entre Pakistán y Turquía”, países que tienen dependencia comercial y financiera de China.

Según este análisis, lo que estaría tejiendo China es una triple alianza entre Turquía, Irán y Pakistán, lo que dejaría aislada a India, que está siendo ahora el principal aliado de EEUU en la región. China juega al Go, ese juego de piezas negras y blancas que consiste en cercar al contrario.

Entonces la jugada de la Casa Blanca es reposicionar sus tropas y bases en Afganistán y, sobre todo, hacer jugar al talibán en contra de China, ya que en la zona fronteriza está la Región Autónoma Uigur de Sinkiang, un enorme espacio de 1,6 millones de kilómetros cuadrados poblada por la etnia uigur, una parte de cuya población mantiene diferencias con Pekín que el Pentágono busca explotar para contener a quien considera su principal amenaza.

Por eso Escobar sostiene que el reposicionamiento de EEUU “se ajusta a la nueva configuración geopolítica, donde la misión principal del Pentágono ya no es la guerra contra el terror´, sino tratar simultáneamente de aislar a Rusia y acosar a China por todos los medios en la expansión de las Nuevas Rutas de la Seda”.

En efecto, uno de los trazados más importantes de la Ruta de Seda (principal proyecto estratégico de China para enlazarse comercialmente con Europa) atraviesa Eurasia, en particular Pakistán, donde se está construyendo una red de carreteras y un puerto estratégico (Gwadar) en la puerta del Golfo Pérsico, e Irán, con la que tiene un acuerdo de largo plazo de gran proyección.

En síntesis, se avecina una situación mucho más compleja y violenta para Eurasia. China decidió blindar sus fronteras, al igual que Rusia al armar a sus ex repúblicas asiáticas, y busca un acuerdo de inversiones con el nuevo gobierno talibán para modernizar la infraestructura de Afganistán. Por su parte, el Pentágono busca atraer a Pakistán y sobre todo utilizar a los varios grupos terroristas (desde Al-Qaeda y el Estado Islámico de Afganistán hasta el uigur Movimiento Islámico del Turkestán Oriental-ETIM) para desestabilizar China y descarrilar la Ruta de la Seda.

América Latina en el ojo de nuevas tormentas

La ex ministra española de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, aseguró semanas atrás, en un foro económico internacional, que “Latinoamérica es territorio de frontera entre China y Estados Unidos” (https://bit.ly/37OGboQ). Nos está diciendo que la disputa por la hegemonía global abarca cada rincón del planeta.

A diferencia de las dos guerras mundiales del siglo pasado, donde se jugaba la dominación británica y el fallido ascenso alemán, ahora está juego nada menos que el “patio trasero” del imperio. Es la región del mundo donde nació el imperialismo, en particular México, Centroamérica y el Caribe, una región que en modo alguno puede estar en disputa.

Al perímetro de “dominio indiscutido” de Estados Unidos deben sumarse Venezuela y Colombia, o sea toda la amplia zona bañada por el Caribe. Si el Pentágono pierde el control de una parte sustancial, la existencia misma de lo que conocimos como EEUU estaría en cuestión. Sin embargo, China ha venido avanzando en buena parte de los países que Washington considera decisivos, y ahí es donde apretará en los próximos años.

En estos momentos de gran tensión internacional, que pueden derivar en guerras abiertas entre potencias atómicas, el imperio no puede permitir que surjan opciones (estatales o desde las sociedades) que pongan en cuestión su dominación.

Por lo tanto, las ofensivas contra Cuba y Venezuela serán cada vez más fuertes. La posibilidad de que escale una guerra en la frontera colombo-venezolana es muy factible, porque sería un modo de desestabilizar al gobierno de Nicolás Maduro y descarrilar el proceso chavista.

En Centroamérica y en México el paramilitarismo se va a intensificar, gobierne quien gobierne, porque es un elemento estructural de la dominación y garantía de estabilidad para la explotación de los bienes comunes. Algo similar puede decirse de Colombia, aunque la revuelta en curso parece haber aplazado algunas decisiones y acelerado otras.

En mayo hay elecciones en Colombia. Estimo que la anomalía de un gobierno como el de Pedro Castillo en Perú, debería “resolverse” antes de esas elecciones. Lo más seguro es que el parlamento lo derribe, como sucedió con varios de sus antecesores. También estimo que es muy difícil que el progresista colombiano Gustavo Petro consiga hacerse con la presidencia, aunque es el favorito de la población, o precisamente por eso.

La otra ofensiva es contra el gobierno de Brasil, en este caso administrado por Jair Bolsonaro. Con pocas semanas de diferencia, el gobierno de Joe Biden envió a Brasilia a William Burns, jefe de la CIA, y al asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan. Uno de los temas centrales a debate es que Brasil no debería aceptar las redes 5-G de Huawei. Biden ofrece a cambio el ingreso en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Por eso Celson Amorim, ex ministro de Defensa y ex canciller, dijo: “Estados Unidos está proponiendo dos cosas que al país no le interesan a cambio de algo muy serio, como tiene que ver con nuestro desarrollo tecnológico. Brasil debe tener libertad para elegir lo que sea más compatible con él. Y (la mejor opción) podría ser la china ” (https://bit.ly/3m86Sx1).

Así están las cosas. Para los movimientos anti-sistémicos, es el momento de mirar con claridad el horizonte, observar detenidamente cómo se despliega una tormenta sistémica sobre los pueblos y hacer como estamos haciendo durante la pandemia: sólo el pueblo salva al pueblo. Ningún gobierno se va a ocupar con nuestros problemas, ninguno ofrecerá alimentos, salud y educación con dignidad. Es el momento de cuidarnos y defendernos entre las y los de abajo.

16 agosto 2021

 

Para leer más:

-Pepe Escobar “Iran-China pact turbocharges the New Silk Roads”, en https://asiatimes.com/2020/07/iran-china-pact-turbocharges-the-new-silk-roads/

-Pepe Escobar “The Islamic Emirate of Afghanistan back with a bang”, en https://asiatimes.com/2021/08/the-islamic-emirate-of-afghanistan-back-with-a-bang/

-David Goldman (Spengler), “A Pax Sinica takes shape in the Middle East”, en https://asiatimes.com/2021/02/a-pax-sinica-takes-shape-in-the-middle-east/

-Raúl Zibechi “Acuerdo China-Irán: el Dragón burla el cerco Indo-Pacífico de EEUU”, en https://mundo.sputniknews.com/20200713/acuerdo-china-iran-el-dragon-burla-el-cerco-indo-pacifico-de-eeuu-1092065782.html

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Diálogo sobre las relaciones entre EE UU y China

[No es un secreto que hay confusión en la izquierda estadounidense sobre la manera de responder al ascenso de China. Hay una amplia oposición, plenamente justificada, a la continuación por parte del presidente Joe Biden de los esfuerzos de contención emprendidos por su antecesor en el cargo, Donald Trump, que consiste en agitar el espectro de China para justificar los presupuestos astronómicos del Pentágono. Pero la oposición al imperio estadounidense no implica tomar partido por China. El Partido Comunista Chino (PCC) ha asumido el capitalismo y ejerce una represión brutal contra las y los activistas obreros y feministas, las minorías musulmanas e intelectuales críticos, entre otros.

Un grupo de la asociación académica Critical China Scholars y miembros de la redacción de la revista Spectre se han reunido para hablar de la complejidad de la respuesta a la creciente rivalidad entre EE UU y China, con vistas a formular una política anticapitalista y de liberación a ambos lados del Pacífico. La conversación se ha editado mínimamente y dividido en dos partes. Esta segunda parte trata del marxismo y las teorías del imperialismo. En la primera parte se habló de la visión que tiene la izquierda estadounidense de China.]

Eli Friedman

Voy a plantear la cuestión del marxismo. ¿Cómo afecta a la izquierda internacional que China sea un Estado que se dice socialista? Tenemos un Partido Comunista que en los últimos años ha redoblado concretamente sus esfuerzos en la enseñanza de la teoría de Marx. ¿Qué pensamos de esto? He visto la manera en que enseñan marxismo en las aulas chinas. Soy muy escéptico al respecto, pero tal vez otras personas piensan que hay alguna oportunidad de reapropiarse del discurso oficial y centrarlo en el capital y el Estado.

Charlie Post

Cuando enseñan marxismo, ¿qué enseñan? ¿Qué lee la gente y qué cuentan en la escuela pública? Porque en esta clase de regímenes, históricamente, el marxismo ha sido readaptado para que encaje con las necesidades particulares de las clases dominantes del Estado. El Estado cubano redescubrió a Trotsky, pero no al Trotsky que propugna la democracia, sino uno que defiende la planificación centralizada de la economía frente a quienes abogan por el mercado. Así que ¿podéis darnos alguna idea de cómo es ese marxismo que enseñan? Sé lo que fue el maoísmo y la teoría de los años sesenta, pero no estoy seguro de cuál es la versión Xi Jinping del marxismo en estos momentos.

Yige Dong

Puedo ofreceros mi punto de vista como alguien que se crió en China en los años ochenta y noventa. Vaya por delante la buena noticia: todo el mundo mantiene una actitud muy escéptica con respecto al marxismo oficial. Sabemos que es una especie de marxismo de boquilla y nadie se lo toma en serio. Enseñan la versión estalinista del marxismo: hay cinco etapas en el desarrollo de la sociedad. Se trata de demostrar que el PCC es la vanguardia de esta visión evolucionista de las etapas históricas y que China va por delante del resto del mundo, con los países socialistas a la cabeza de esta clasificación.

También canonizan a los revolucionarios chinos. Por ejemplo, la versión china del marxismo se presenta como una síntesis de confucianismo y socialismo, donde tratan a Confucio como a una especie de santo y dicen que hay que tratar a Marx como a un clásico entre otras aportaciones culturalmente chinas. Así que no hay rupturas, no hay contradicciones en los supuestos cinco milenios de historia… todo muy teleológico. El punto de llegada es Xi Jinping: él será quien rejuvenezca la grandeza de la nación china.

David McNally

Cuando estuve en la conferencia sobre teoría marxista en Nanjing allí por 2012, resultó muy revelador conocer el contexto del llamado retorno a Marx, porque hubo ponencias explícitamente favorables a EE UU presentadas por intelectuales chinos. En otras palabras, había intelectuales que hablaban allí y decían básicamente que la implantación del mercado había sido todo un acierto, pero que solo se había realizado a medias. Había que seguir hasta el final los pasos de EE UU, que van por el camino que conduce al desarrollo y la democracia. Por tanto, el PCC opera en distintos niveles, poniéndose nervioso y tratando de restablecer esta versión de la que ha hablado Yige, el marxismo estalinizado como ideología del Estado para poner coto a lo que parece ser una creciente fascinación por el liberalismo de tipo estadounidense.

Dicho esto, quiero añadir brevemente otras dos cuestiones. Una es que las y los estudiantes de posgrado estaban completamente absortos en materias que ahora huelen a muy antiguas y rancias en la universidad estadounidense. Así, estudiaban a Foucault y Lacan, por ejemplo, porque esto parecía ofrecer alguna manera de criticar la sociedad que no era marxista. Pero la otra cara de la moneda es que al final estuve en una clase de estudiantes de grado en la que no había ningún tutor, ningún representante del partido, nadie que me vigilara. Di una conferencia sobre Occupy, y la audiencia estuvo preguntándome durante una hora: ¿Podría producirse un Occupy aquí?

Así que existe este intento doctrinario de volver a consolidar cierta clase de ideología necesaria para el PCC. Sin embargo, la realidad es que hay mucha fermentación por todas partes: hacia el neoliberalismo, hacia ideas de democracia mucho más popular, etcétera. Esto fue lo que yo vi, en todo caso.

Kevin Lin

Creo que siempre hay ese temor por parte del Estado chino a que la gente joven se tome realmente en serio el marxismo. Como ha señalado Yige, pienso que en realidad la mayoría de estudiantes de secundaria y después universitarias en China lo ven como una asignatura obligatoria. Nadie quiere estudiarla, y no se enseña de un modo serio. Todo el mundo la asume como un ritual. De alguna manera, es una prueba de lealtad. Si la gente asume el ritual, demuestra su lealtad al sistema.

Pero cuando la política económica de China se desvía tanto de cualquier versión del socialismo que presente el Estado, y la distancia va en aumento, me pregunto cuándo se alcanzará un punto de ruptura en que la gente, especialmente la gente joven, piense que está tan lejos de la realidad que pondrá en tela de juicio la versión aséptica oficial del marxismo como ideología del Estado.

Veo a un número muy reducido de personas que de hecho se sienten inspiradas y por lo menos utilizan el lenguaje del marxismo –hablando de explotación, por ejemplo– en sus luchas contra los empresarios. Me pregunto si deja alguna huella en la mente de algunas personas y genera un lenguaje que algunas personas utilizan, aunque no necesariamente crean en el contenido tal como se les enseña.

Ashley Smith

La idea de que el llamado marxismo del Estado chino cumple una promesa política es una propuesta realmente problemática. El marxismo es una estrategia y una teoría de autoemancipación de la clase obrera y la gente oprimida. Asociarlo a un Estado que es tan claramente explotador y opresor suscitará toda clase de problemas. Puede que haya un subproducto contradictorio del hecho de que este Estado enseñe al marxismo a las y los estudiantes: pueden tomarse en serio a Marx y el marxismo y ver que el Estado chino es un Estado capitalista que es preciso derribar mediante una revolución obrera. Esto podría fomentar la oposición al Estado. Pero el hecho de que el Estado enseñe marxismo también sirve para conducir a la juventud estudiantil a los brazos de una ideología nacionalista, como señala Yige, que poco tiene que ver con el marxismo propiamente dicho.

Lo que más me preocupa es lo que significa geopolíticamente que el Estado chino se asocie al marxismo, por ejemplo en Hong Kong, donde este Estado es el principal agente de la represión social y del recorte de las libertades y los derechos democráticos. Cuando se identifica el marxismo con semejantes prácticas, el marxismo deja de aparecer como una alternativa para la gente que lucha. Lo mismo se puede decir de Xinjiang, Tíbet o, ya fuera de la esfera de influencia inmediata de China, en el caso de la revuelta democrática en Tailandia, donde vemos cómo está forjándose una alianza entre el Estado tailandés y el Estado chino. Esto dificultará el desarrollo de una corriente marxista en el seno del movimiento tailandés. La asociación del marxismo con el Estado chino también desacreditará al primero en Myanmar, donde el Estado chino ha respaldado el golpe militar y la represión de la lucha de la clase trabajadora y de los sectores oprimidos por su liberación.

Esta asociación también hará que resulte más difícil construir una corriente marxista en EE UU. La naturaleza opresora y explotadora del Estado chino apartará a la gente trabajadora y oprimida de EE UU del marxismo como alternativa al capitalismo estadounidense. De este modo, el marxismo oficial será un obstáculo al desarrollo de una teoría y una estrategia popular de liberación a escala internacional.

Eli Friedman

Durante una serie de años tuve ese sueño de estar funcionando dentro de la hegemonía del marxismo, de modo que esto al menos nos proporcionaba un lenguaje de clase. Y toda una serie de experiencias que he tenido en los últimos años me han hecho mucho más pesimista. Por ejemplo, estaba yo en un grupo de lectura del Capital que fue disuelto por las autoridades porque consideraban que era demasiado delicado políticamente, y este hecho causó una profunda impresión.

Tal vez la gente esté familiarizada con la lucha de Jasic que hubo en 2018. Fue una movilización en que estudiantes de universidades de elite se tomaban muy en serio el marxismo e incluso se autocalificaban de maoístas. Fueron y se organizaron con trabajadores y la consecuencia fue que el Estado golpeó con mucha más dureza, justamente porque estaban utilizando este lenguaje, puesto que el Estado tiene que monopolizarlo. Y esto fue para mí una señal muy clara de que utilizar el lenguaje marxista no te proporciona más espacio político.

En realidad, tratan a la gente marxista con más dureza que lo que harían con neoliberales. Si apareciera un grupo de estudiantes que se manifestara reclamando que se liberalicen los mercados financieros, no tendrían ningún problema en una universidad china. Pero tomarse demasiado en serio a Mao, tomarse demasiado en serio a Marx, eso ya es un problema político. El marxismo oficial ha eliminado del análisis la lucha de clases, la autoorganización de la clase trabajadora y la emancipación social, con lo que queda una teoría completamente inútil.

Sigrid Schmalzer

He estado pensando mucho en cómo queremos intervenir en la izquierda fuera de China. Una parte de lo que sucede es que la gente construye un otro político, imaginario, que utilizamos para impulsar determinados programas que tenemos en nuestro país. He analizado esta dinámica en la época de Mao. Había estadounidenses que iban a China, incluidas personas radicales, así como científicos liberales, que volvían incitando a sus colegas porque estaban impresionados con lo que estaba haciendo China y pensaban que había que aprender de ello. Expertos en control de insectos iban a China y decían: “Veis, cuando no son empresas privadas las que hacen ciencia, podéis tener enfoques racionales del control de plagas que no enriquecen simplemente a la industria química en detrimento de la ecología.” Esto es lo que la gente también quiere saber. Aspira a una civilización ecológica, o decir que China es de verdad marxista, que China respeta estos valores políticos que queremos impulsar aquí.

Podemos ver por qué a menudo nos interesa presentar a China como modelo, o por lo menos no permitir que la derecha desacredite estos proyectos. Sin embargo, ¿hace esto justicia a las experiencia de la gente en China? No, no lo hace. Y en la misma medida en que pretendemos acudir a esas otras experiencias políticas para impulsar esos objetivos muy loables, resulta que son una profunda injusticia para la gente que sufre opresión de manos del Estado. ¿Podemos animar a la gente a tener una imaginación política que resulte suficientemente potente y creativa para que no tengamos que simplificar la situación real en otros países de manera que podamos utilizarlos como modelos?

Pienso que tal vez nuestra intervención tenga que consistir en animar a la gente a ser más imaginativa y al mismo tiempo reconocer que están participando de una injusticia si utilizan a otro país como ejemplo que encarne su propia imaginación política.

Sasha Day

Sobre la cuestión del marxismo en China: desde finales de los noventa, la visión del marxismo de la Nueva Izquierda y del neomaoísmo también era problemática, ofreciendo una especie de alternativa con una lectura muy simplista de la teoría de los sistemas mundiales en la que situarían a China como el proletariado y a EE UU como los capitalistas. Y pienso que esta lectura sigue prevaleciendo bastante en China también. Y una de las cosas que surgen entonces es asimismo la falta de un análisis de lo que es el imperialismo hoy en día. Así que además de pensar sobre lo que es el Estado hoy, hemos de pensar sobre lo que es el imperialismo y la relación de China con el imperialismo estadounidense, y China no es ajena a esto. El imperialismo aquí es más bien un sistema más amplio, aunque evidentemente EE UU se halla en el centro del mismo. Así que creo que también hace falta absolutamente un análisis del imperialismo y de la posición de China en el mismo.

Daniel Fuchs

Puede que las cosas sean contradictorias: los grupos marxistas/maoístas en las universidades de elite chinas eran espacios increíblemente vibrantes. Se trataba de estudiantes que no se interesaban para nada por las asignaturas obligatorias sobre los clásicos del socialismo, que hay que seguir en la universidad, sino que se reunían regularmente y entablaban debates abiertos sobre artículos y libros que escogían ellas y ellos mismos. Además, no solo organizaban grupos de lectura, sino que también iban a los tajos a mostrar películas y proporcionar libros a los trabajadores migrantes, además de investigar por su propia cuenta. Era un espacio realmente muy vibrante, y la represión que sufrió esta gente en el contexto de la lucha de Jasic dice mucho del tipo de marxismo que se promueve en China.

Otra cuestión: hace poco estuve hablando con una colega estadounidense, una economista. Me dijo que si miras las solicitudes de plazas de jóvenes economistas heterodoxos, recientemente doctorados en universidades de EE UU, muchos y muchas de ellas aspiran a obtener una plaza en destacadas universidades chinas. No soy economista, pero a la vista de ello parece que en los departamentos de económicas de esas universidades en China hay espacio para estas economistas heterodoxas, tal vez mucho más que en las universidades estadounidenses y europeas. Si esto es así, me pregunto cómo debemos valorarlo.

Kevin Lin

Siempre me sorprende lo poco que sabe de China la izquierda en muchos lugares. Cuesta encontrar más de unas pocas personas en grupos de izquierda que hayan dedicado tiempo a comprender a China. Creo que hay muchas razones subyacentes, pero quiero ir un poco más allá y decir que también es tarea nuestra explicar o describir lo importante que es comprender a China y la relación del propio país con China. Y esto es algo que no siempre hacemos bien. Una cosa es informar de todas las luchas sociales y obreras y las contradicciones de clase en China. Pero otra distinta es explicar por qué es relevante para la izquierda estadounidense, por ejemplo, saber qué significa que nos importen qué luchas obreras en China. Más allá de una noción abstracta de solidaridad, todavía no sabemos cómo conseguir que sea relevante para la izquierda de muchos lugares.

Hay dos cosas que podemos hacer. Una consiste en describir en términos muy claros las diversas relaciones. Existe una interpenetración, si queréis, entre capital chino y capital estadounidense. Está claro que China no es un lugar lejano que no nos afecta para nada. Esta es la primera cosa en el plano analítico. Pero también hay otra manera muy concreta, que consiste en relacionarnos con los numerosos estudiantes internacionales chinos y las comunidades sinoamericanas en EE UU y sus luchas. Estas son dos maneras que podemos emplear para explicar qué está en juego para la izquierda internacional y por qué les debe importar lo que sucede en China.

Daniel Fuchs

Pienso que tenemos dos problemas. Uno es que en lo tocante a la transformación de las relaciones de clase, a las luchas de clases y a las luchas feministas, por ejemplo, disponemos de un montón de análisis excelentes, tanto de analistas de China como de otros países. Sin embargo, la cosa cambia un poco en lo que respecta al Estado chino, y en mi opinión todavía hace falta desarrollar un análisis de clase más fundamentado teóricamente del Partido-Estado en China.

Y el segundo problema que quiero plantear es que cada vez resulta más difícil conectar con luchas reales en China. Si queremos exponer de forma convincente que defendemos una perspectiva socialista o comunista de la lucha social, hemos de centrarnos todavía más en esas conexiones, en el diálogo con analistas progresistas y la sociedad civil en China, pero esto se ha vuelto mucho más difícil en los últimos cinco a diez años.

Eli Friedman

Para retomar la cuestión que ha planteado Kevin hace un momento, lo cierto es que existe una gran interconexión e interpenetración de las elites de China y de EE UU. Un ejemplo clave es que la multinacional de más valor en el mundo, Apple, solo puede existir gracias a la cooperación de los capitalistas y los Estados de EE UU, Taiwán y China. Partir de un único país como base de análisis resulta insuficiente para explicar por qué existe una empresa cuyo valor supera los dos billones de dólares.

Y además se olvida a menudo que el mayor receptor de inversiones chinas en el extranjero es de lejos EE UU. Se habla mucho de África, pero no tiene ni punto de comparación. Así que esto requiere una explicación y nos ofrece, como internacionalistas y socialistas que somos, un asidero al que agarrarnos. Podemos preguntar: ¿qué hace el capital chino aquí? ¿Qué hace el capital estadounidense en China? Y ¿del lado de qué intereses te sitúas?

Sasha ya ha mencionado la cuestión crítica del imperialismo, así que veamos esto con un poco más de detalle. Estaremos todas y todos de acuerdo en que EE UU es una potencia imperialista, pero ¿lo es China? Y la que de todos modos es para mí la cuestión más interesante: ¿importa o qué está en juego en la práctica para nosotras y nosotros en EE UU que se califique a China de imperialista o no? ¿Altera esto nuestra manera de hacer política, para que no se quede en una mera cuestión teórica?

Sasha Day

Me pregunto si esta es la cuestión que hay que plantear. Veamos la relación de China con África, y creo que hay aspectos importantes en ello, pero lo que ocurre al final es que se busca simplemente una comparación con el imperialismo estadounidense, en vez de examinar la relación real con el imperialismo estadounidense. Creo que esta sea tal vez la cuestión primordial y más importante.

Charlie Post

Creo que es importante que digamos en voz alta, para que se nos oiga, que China es una amenaza seria para la dominación económica, política y militar de EE UU. Esto la diferencia de Irak y otras muchas sociedades del Sur global. China juega en el tablero mundial. Hay cuestiones teóricas sobre la manera que tenemos de entender esto sin caer en lo que pienso que es una formulación sumamente chapucera de la dinámica dual de las relaciones entre la competencia económica y la competición político-militar, cuestión a la que en mi opinión ningún marxista ha respondido suficientemente por el momento.

Aún más importante es saber cómo es la competencia económica entre dos economías que están muy, pero que muy interpenetradas y en que el capital estadounidense tiene una presencia significativa en la sociedad china y en el mercado nacional chino. Y el capital chino tiene una presencia muy significativa en EE UU. ¿Cómo afecta esto a la mitigación de lo que vimos en la parte temprana del siglo pasado, de unos bloques comerciales autocontenidos? ¿Qué significa esto para la rivalidad económica y cómo determina o limita la rivalidad político-militar? Pienso que todo lo que tenemos que decir es que el Estado chino y la clase dominante china compiten con EE UU. La clase dominante y el Estado de EE UU lo reconocen, y el Estado y la clase dominante de China lo reconocen. Así que lo que tenemos que hacer es discernir cuál es la forma concreta de esta competencia, a lo que no tengo ninguna respuesta.

Ashley Smith

Pienso que Charlie está describiendo lo que es una rivalidad interimperial. Soy más de la tradición de Lenin-Bujarin que Charlie. Al menos desde el punto de vista heurístico, esta visión te permite describir la evolución de una dinámica dentro del sistema sin transponer simplemente lo que decía la teoría clásica en su tiempo de una manera algo simplista.

Evidentemente, hay nuevos fenómenos que hemos de entender, sobre todo la internacionalización del sistema que vincula los capitales por encima de las fronteras estatales. Esta es una novedad importante del periodo neoliberal de los últimos 40 años. Y especialmente la interconexión entre el capital chino, tanto público como privado, y el capital estadounidense, además del capital europeo y del japonés. Así que no se trata de una mera rivalidad entre Estados que están económicamente segregados. Están profundamente interpenetrados en el plano económico, pero la diferencia radica en que el Estado chino todavía conserva el control sobre enormes partes del capital, su capital de propiedad pública, lo que lo distingue de muchos otros Estados y multinacionales con las que compiten el Estado y el capital de EE UU.

Y el otro aspecto es que China está subiendo en la cadena de valor. Ya no es una mera plataforma de exportación para las empresas multinacionales. Esto significa que no solo se convierte en un rival geopolítico, sino también en un potencial competidor económico, sobre todo en alta tecnología. Esto es lo que preocupa enormemente a EE UU, porque este desarrollo de la alta tecnología está vinculado al Estado chino y su ejército. Si leéis el documento más reciente del consejo nacional de inteligencia, veréis que el estamento militar está preocupado por el desafío que puede suponer China al predominio militar estadounidense.

Así que pienso que estamos asistiendo al surgimiento de una rivalidad interimperial asimétrica. EE UU es muchísimo más poderoso, pero el Estado y el capital chinos avanzan. Esta rivalidad no conduce a una simple repetición de la primera o la segunda guerra mundial o de la guerra fría. Tiene su propia dinámica particular, que hemos de analizar teóricamente e investigar empíricamente más en detalle. Encuentro numerosos escritos en el plano teórico y empírico sobre cuestiones del imperialismo que me parecen muy poco convincentes en este momento. Pienso que el Imperio de Hardt y Negri no sirven para comprenderlo. Creo que el análisis de Panitch y Gindin del imperialismo no es convincente porque descarta la posibilidad de una rivalidad. Y pienso también que la distorsión simplista, diría que tercermundista, de la teoría del imperialismo de Lenin resta importancia a la rivalidad interimperial y reduce el sistema mundial a la dominación del Norte global sobre el Sur global.

Estas posiciones teóricas simplemente no encajan con el hecho real de la rivalidad, así como con el modo de pensar de los gestores del Estado en China y EE UU, que han elaborado sus estrategias sobre la base de la rivalidad. La izquierda debería ser capaz de abordar esto tanto teórica como empíricamente. Y lo que es más importante que esto, necesitamos desarrollar una estrategia para construir la resistencia internacional desde abajo frente a ambos Estados.

Yige Dong

Me ha parecido útil analizar a fondo la diferencia entre imperio y hegemón. China es definitivamente imperialista de diversas maneras, pero creo que no ha alcanzado todavía la capacidad de convertirse en hegemón. El Estado se propone sin duda cambiar la dominación global unilateral de EE UU, está claramente en ello. Y los procesos en los que China desafía al hegemón podrían acarrear un montón de problemas.

David McNally

Solo dos cuestiones más. La primera es que creo que no tenemos una teoría del imperialismo suficiente para la época en que vivimos. Así que estoy de acuerdo con muchas cosas que ha descrito Ashley, pero no sé si encaja también con la teoría de la primera guerra mundial, como tal vez nos gustaría, y este es un reto que sigue abierto. Vimos esas intervenciones de comienzos de los años 2000. Ashley ha mencionado a Panitch y Gindin. Además de ellos, Ellen Wood ha escrito Empire of Capital, Harvey ha escrito The New Imperialism, pero por todo tipo de razones ese debate se ha estancado, lo cual no deja de ser interesante.

Pienso que hace falta retomar algunas cosas de estas y analizar a fondo cuáles fueron los puntos fuertes y débiles de aquellas intervenciones, si queremos que la teoría se abra camino. La cuestión que de todos modos quiero retomar de lo que ha dicho Sasha es que hace falta que podamos hablar del imperialismo como sistema mundial, por oposición a un conjunto de políticas nacionales, porque lo que ha ocurrido en gran parte del debate, es que el imperialismo se convierte en acción de un único Estado, y para retomar el comentario de Yige, se convierte en el hegemón, y entonces ningún otro Estado nacional puede ser imperialista. Así que necesitamos una teoría global mucho más rica, pero pienso que de todas maneras no la tenemos, de modo que creo que esta es una cuestión que realmente necesitamos plantearnos para seguir adelante.

Critical China Scholars

9 agosto 2021

 

https://spectrejournal.com/marxism-and-imperialism/

Traducción: viento sur

Critical China Scholars es un grupo de académicas y académicos que trabajan temas relacionados con China. Se puede leer más sobre sus actividades políticas en https://criticalchinascholars.org.

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El presidente Joe Biden, delante de dos camionetas eléctricas en el jardín sur de la Casa Blanca, en Washington, DC, comenta los pasos que tomará su administración para que Estados Unidos sea líder en la producción de autos limpios. La imagen es del 5 de agosto pasado.Foto Afp

El maniqueo mega radical Joe Biden resultó un óptimo mercadólogo a sus 78 años al exponer, a poco más de seis meses en el poder, proyectos muy ambiciosos, susceptibles de trastocar la geopolítica en Estados Unidos y el planeta, como la "energía verde" –que sepultaría quizá utópicamente a los fósiles en 2050 (sic)– y su intensa propaganda de los derechos humanos, que no practica Estados Unidos tanto con su maltrato a los migrantes enjaulados como a sus opositores del WASP (White AngloSaxon Protestant).

Ahora el temerario Biden acaba de impulsar los automóviles eléctricos (EV) mediante una orden ejecutiva que deberán constituir, quizá también de manera utópica, 50 por ciento (sic) en 2030 (sic) (https://reut.rs/37GwxVj).

Uno de los principales problemas –cuando Biden ya no esté en el poder dentro de nueve años– será conseguir el financiamiento de miles de millones de dólares del gobierno, que hoy ha entrado a un vertiginoso tobogán deficitario cuando los otrora gigantes automotrices –dejados muy atrás por Japón y Alemania– General Motors, Ford y Chrysler luchan para su transformación eléctrica –lo cual afectará inevitablemente al T-MEC. ¡Todo un tema trinacional, regional y global!

Elon Musk, pionero de los EV con Tesla –que representa más de las dos terceras partes de las baterías de los EV en Estados Unidos– quizá no fue convidado a la ceremonia de Biden por su intimidad con Trump (https://bloom.bg/3AltX33).

The New York Times (NYT) exulta que el plan de los EV de Biden "podría ayudar a Tesla (sic) y asfixiar a Toyota" (https://nyti.ms/3xv82Vr), la mayor automotriz global.

Según NYT, el giro de Biden "es una oportunidad de los EV de China para expandirse a nuevos mercados con el vigoroso apoyo de su gobierno". Asimismo, comenta que la impactante jugada de Biden "forma parte de la competencia geopolítica (sic) en la tecnología emergente para intentar rebasar a China", que tiene cerca de 50 por ciento del mercado global de baterías y le lleva una delantera de 10 años” a Estados Unidos; incluso hoy, Europa se encuentra muy por delante del país norteamericano.

Uno de los mayores riesgos de la "revolución EV" de Biden se centra en la "dislocación económica y en la pérdida de empleos", en caso de que las automotrices de antaño no sepan adaptarse.

¿Dónde conseguirá Estados Unidos tantas fábricas de baterías de las que carece hoy? Pregunta tonta: ¿dónde conseguirá Biden el litio requerido, si no es en su patio trasero y de Latinoamérica?

Otro proyecto ambicioso de Biden es hacer de su nación el “líder mundial de baterías del "ion de litio" (https://bit.ly/37GxQnb).

¿Podrá superar Estados Unidos a China, que lleva un avance descomunal? Se esperan mirificas ganancias y Global Times no oculta que el "objetivo de los EV de Biden impulsará a los proveedores chinos, pero queda la sospecha de eventuales asociaciones en medio de las tensiones" (https://bit.ly/3jAg62g).

Según Zhang Xiang, investigador automotriz de la Universidad de Tecnología del Norte de China, la "industria de las baterías de China probablemente se beneficiará del auge de los EV en Estados Unidos, ya que la batería representa 30 a 40 por ciento de su costo".

China desea construir fábricas de baterías en Estados Unidos, pero se antoja difícil en la fase presente, mientras persista la alta tensión entre Washington y Beijing.

Hoy los proveedores de baterías chinas como CATL y Eve Energy ya tienen presencia en Europa. También las empresas chinas BYD y CATL han iniciado el abasto de sus baterías a Tesla (sic), lo cual hoy suena anatema tanto para Trump como para Biden.

Sea como fuere, las acciones chinas, después de haber duplicado y hasta triplicado su cotización de las acciones en un año, un día después al anuncio de Biden se incrementaron más de 4 por ciento, en particular las firmas relacionadas con el litio: el "oro blanco".

México ostenta el primer depósito mundial del litio (https://bit.ly/3yJRHhb) en Bacadéhuachi y, sin tomar posesión aún, el gobernador electo de Sonora, Alfonso Durazo, incursionó en las fauces de los chacales neoliberales neo malthusianos del Tridente de Neptuno (https://bit.ly/3xwyptS). ¿A sabiendas de sus hipotecas pretéritas desde el asesinato de Colosio o por su temeraria ingenuidad geoestratégica?

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China tensa sus músculos nucleares: descubren cientos de silos para misiles

Desde junio, especialistas descubrieron más de 200 silos de misiles balísticos en construcción en los remotos desiertos occidentales de China, en las provincias de Xinjiang y Gansu.

 

La administración de Joe Biden se está viendo obligada a encarar un desafío nuclear de otro tipo: China. Desde junio, especialistas descubrieron más de 200 silos de misiles en construcción en los remotos desiertos occidentales de China, en las provincias de Xinjiang y Gansu.

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos iza su manto demagógico sobre la “contención del peligro nuclear” en el mundo, mientras reserva para sí el exclusivo derecho de almacenaje de bombas nucleares. Terminada la Guerra Fría y no siendo posible eliminar el arsenal adquirido por Rusia, el imperialismo estadounidense decretó represalias y sanciones a cualquier país (Irán, Corea del Norte, entre otros) que buscase frustrar su incontestable predominio en la posesión de ojivas nucleares, usadas como fuerza de disuasión en la conquista de sus intereses globales, mediante intervenciones y bombardeos.

Pero ahora la administración Biden ha sido forzada a hacer frente a un país que presenta un desafío nuclear de otro tipo: China. La burocracia reaccionaria de Pekín, encabezada por Xi Jinping, puso el programa nuclear en primer lugar de importancia para los ingenieros militares del Ejército Popular de Liberación. Desde junio, especialistas descubrieron más de 200 silos de misiles en construcción en los remotos desiertos occidentales de China, en las provincias de Xinjiang y Gansu.

“Durante mucho, mucho tiempo, hablamos de China como un problema futuro. Ahora China es claramente un problema nuclear”, dijo David Santoro, presidente del Foro del Pacífico, con sede en Hawai, y coorganizador del diálogo nuclear semi oficial EEUU-China por 15 años hasta 2019. “Sabemos hace algún tiempo que China está en una situación de acumulación nuclear. Lo que está pasando ahora es una acumulación más rápida”.

Matt Korda y Hans Kristensen, los especialistas en armas nucleares que la semana pasada revelaron un campo de construcción de silo de misiles de 800 km² en Xinjiang, dijeron que fue “la expansión más significativa del arsenal nuclear chino de todos los tiempos”. Según los datos, China está construyendo 10 veces más silos para misiles balísticos intercontinentales (ICBM según sus siglas en inglés) de lo que tiene actualmente en operación. Según sus cálculos, la expansión excede la cantidad de ICBM almacenados en silos de Rusia y equivale a por lo menos la mitad de la fuerza total de misiles balísticos intercontinentales de Estados Unidos.

Desde su primera prueba atómica en 1964, China adhirió a una política de “disuasión mínima”, comprometiéndose a no adquirir más capacidad nuclear que la necesaria para tomar represalias contra un ataque y afirmando que nunca tomaría la iniciativa en el uso de armas nucleares. Como resultado, se cree que China tenga cerca de 350 ojivas nucleares, de acuerdo con el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI por sus siglas en inglés), una fracción de las 5.550 ojivas que tiene el imperialismo estadounidense.

Silos nucleares en construcción en la provincia de Gansu

Al revés que Estados Unidos y Rusia, la burocracia del Partido Comunista Chino ha mantenido tradicionalmente una gran parte de sus armas atómicas en un nivel de alerta bajo, estando la mayor parte de sus ojivas en almacenamiento central separado de sus lanzadores. Esa organización del aparato nuclear es una señal hacia la llamada “comunidad internacional”: estando separadas de los lanzadores, el Gobierno indica que no tiene intención de utilizarlas, siendo artefactos de disuasión. Esto se debía a su política de atacar solo después de que un misil enemigo hubiese alcanzado territorio chino.

Pero esas piedras angulares de la doctrina nuclear china están siendo erosionadas. Pekín ve el desarrollo de sistemas de defensa antimisiles en Washington como una amenaza, porque podría inutilizar su capacidad mínima para tomar represalias, o de “segundo ataque”, en términos militares. China también se preocupa con las actividades de reconocimiento de Estados Unidos a lo largo de su costa, donde posee activos estratégicos, bien como los activos militares estadounidenses con base en el espacio.

Los especialistas creen que Pekín va camino a una postura de “lanzamiento en alerta”. En lugar de prepararse para absorber el primer ataque nuclear de un adversario antes de tomar represalias, China lanzaría un contraataque en cuanto tomara conocimiento de que un ataque en su contra estuviese en curso.

Mientras, el Ejército Popular de Liberación adquirió más misiles balísticos intercontinentales móviles, lo que hace más difícil que un adversario detecte armas nucleares. El EPL también construyó más ojivas y misiles balísticos en sus submarinos más sofisticados (como los de clase Jin, capaces de cargar misiles nucleares), adecuados tanto para municiones convencionales como nucleares, como el Dongfeng-26 (DF-26), un misil que puede alcanzar Guam, territorio estadounidense en el pacífico.

La celebración del 70 aniversario de la fundación de la República Popular China en 2019 fue hecha a medida para exhibir las nuevas proezas balísticas que China había adquirido. Xi Jinping, como un señor de la guerra de la China imperial, observaba con orgullo la parada militar de misiles móviles que advertían al mundo que China habría dejado de ser una pequeña potencia. La joya de la corona fue el Dongfeng-41, un misil balístico intercontinental con alcance de entre 13.000 y 15.000 kilómetros (dejando por lo tanto a Estados Unidos dentro de su alcance), capaz de cargar hasta 10 bombas en su ojiva. Otro dispositivo militar exhibido por primera vez en esa oportunidad fue el Dongfeng-17, un misil balístico que al ser disparado puede lanzar, dentro de su cápsula, un dron hipersónico para el ataque final.

El descubrimiento de los nuevos silos, que impresionaron por su tamaño, pero especialmente por la larga preparación previa con el fin de poner en comisión su capacidad de almacenamiento, explica la reciente visita del autócrata chino en la región separatista de Xianjiang, donde el PCCh mantiene a millones de musulmanes Uigures en campos de concentración y de trabajos forzados. No se quedan atrás de las atrocidades cometidas por Estados Unidos en la cárcel de Guantánamo, o de los europeos ante los inmigrantes afroasiáticos que ingresan al continente por Italia y Grecia.

Más aun, China busca elementos de contención de posibles ataques extranjeros en represalia a iniciativas que quiere tomar, y que considera parte del “sueño chino” de rejuvenecimiento nacional. Aquí el blanco evidente es Taiwan. Pekín trabaja de manera dual. Al mismo tiempo que acelera los preparativos para ponerse a la altura de reunificar militarmente a Taiwan a China continental, Xi Jinping busca acumular suficiente armamento nuclear para disuadir a Estados Unidos de intervenir en nombre del Gobierno de Taipei. Taiwan es estratégica para Pekín, tanto por su capacidad de dar acceso a las aguas profundas del Océano Paífico (que China no tiene), como porque tiene infraestructura tecnológica avanzada, siendo la casa productora de los semiconductores de última generación más valiosos del mundo - la empresa Taiwan Semiconductor Manufacturing Company.

“Consideraciones de nivel técnico motivaron la modernización de las fuerzas nucleares de China en los últimos años, pero esto es mayor”, dijo Zhao Tong, especialista en política nuclear del Centro de Políticas Globales de Carnegie-Tsinghua en Pekín, sobre el programa de misiles. “La expansión del arsenal nuclear de China es cada vez más impulsada por un cambio en la perspectiva geopolítica”, dijo.

“Hay un pensamiento popular en la política china, de que un arsenal nuclear mayor podría ayudar a China a combatir la hostilidad estratégica percibida por Estados Unidos”, agregó. “Argumentan que Rusia ha sido muy firme en aumentar sus intereses, y que Rusia es respetada, entonces piensan que un mayor arsenal chino generaría respeto en Occidente”.

Esto refleja el pensamiento de la cúpula del PCCh. Luego de asumir el liderazgo del partido, Xi Jinping describió la Fuerza de Misiles, brazo específico del EPL, como “el apoyo estratégico para el status del país como una gran potencia”, dando al armamento nuclear de China un papel geopolítico de alto nivel que nunca habían tenido antes. En marzo, Xi exhortó a los militares a “acelerar la creación de un sistema estratégico de disuasión reforzado y sistemas de combate conjuntos”.

Analistas australianos argumentan que “por la lejanía” del occidente, en los desiertos de China, el armamento no representaría una amenaza. Una forma no tan inteligente de esconder las preocupaciones existentes entre los aliados de Washington en Asia.

Se trata de señales más explícitas de apoyo de alto nivel para acelerar el desarrollo de las fuerzas nucleares del país. La idea de un desarrollo pacífico en China, justificado por la formación distinta de su Estado, introvertida y no beligerante, desarrollada por autores como Giovanni Arrighi, o con una visión menos sofisticada y más grosera sostenida por los grupos estalinistas, no son congruentes con la época de crisis, guerras y revoluciones, donde las disputas interestatales pueden adquirir un carácter beligerante en nombre de la preeminencia capitalista.

El conflicto entre Estados Unidos y China se inscribe en esta época, y su carrera nuclear responde a objetivos contrarios a los intereses de las masas. Un eventual desenlace militarista solo puede tener consecuencias reaccionarias para los trabajadores de China y de todo el mundo, la única fuerza capaz de, con un programa independiente, detener nuevas atrocidades por parte de las potencias explotadoras.

André Barbieri@AcierAndy

Viernes 6 de agosto

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El presidente de EE.UU., Joe Biden.Foto: Evelyn Hockstein / Reuters

La ciberseguridad ha pasado a ocupar un lugar destacado en la agenda del Gobierno estadounidense, después de que una serie de ataques de gran repercusión contra distintas entidades afectaran al suministro de combustible y alimentos en varias partes del país.

Un ciberataque significativo contra EE.UU. podría llevar a "una verdadera guerra a tiros" con una potencia importante, advirtió el presidente Joe Biden, refiriéndose a lo que Washington considera amenazas crecientes planteadas por Rusia y China, recoge Reuters.

"Creo que es más que probable que acabemos, si acabamos en una guerra –una verdadera guerra a tiros con una gran potencia–, que sea como consecuencia de una brecha cibernética de grandes repercusiones y que está aumentando exponencialmente las capacidades", declaró este martes durante su visita a la Oficina del Director de la Inteligencia Nacional.

El mandatario también destacó las amenazas que plantea Pekín, calificando al presidente del gigante asiático, Xi Jinping, como "mortalmente serio en cuanto a convertirse en la fuerza militar más poderosa del mundo, así como en la mayor y más prominente economía del mundo a mediados de la década del 2040".

Ciberseguridad en la agenda de la administración Biden

La seguridad cibernética ha pasado a ocupar un lugar destacado en la agenda del Gobierno de EE.UU., después de que una serie de ataques de gran repercusión contra entidades, como las empresas SolarWinds, Colonial Pipeline, JBS y Kaseya, hayan perjudicado al país norteamericano mucho más allá de las compañías 'hackeadas', ya que afectaron al suministro de combustible y alimentos.

Durante la cumbre celebrada el 16 de junio en Ginebra (Suiza) con el presidente ruso, Vladímir Putin, el mandatario estadounidense compartió una lista de "infraestructuras críticas" que debe estar fuera de los límites del 'hackeo'. Desde entonces, altos miembros de Seguridad Nacional de la administración Biden han estado en contacto constante con altos cargos del Kremlin en relación con los ciberataques contra Estados Unidos, según declaró la Casa Blanca.

Publicado: 28 jul 2021 00:20 GMT

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"El yuan digital es la mayor amenaza a la que nos hemos enfrentado", alertan desde EEUU

Casi 80 países, incluidos China y EEUU, se encuentran en proceso de desarrollar una moneda digital. Sin embargo, Pekín lleva la delantera en lo respecta a la innovación financiera y esto podría suponer una amenaza para el estatus del dólar como moneda de reserva.

Las monedas digitales de Banco Central o CBDC (por sus siglas en inglés) son una forma de dinero regulada por el Estado, pero que solo existe en línea. Esta forma de dinero tiene el potencial de revolucionar los sistemas de pago que actualmente conocemos y podría cambiar el peso que tiene el dólar en la economía mundial.

Sin duda, China es uno de los países con mayores avances en esta área. Su yuan digital ya ha sido lanzado a más de un millón de ciudadanos de la nación. Mientras, EEUU se encuentra en etapa de investigación.

Los dos grupos encargados de esta investigación es el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), a través de su Iniciativa de Moneda Digital, y el Banco de la Reserva Federal de Boston. Ambos tienen el objetivo de analizar qué impacto tendría y cómo podría lanzarse una moneda digital para los estadounidenses, de acuerdo con CNBC.

La principal preocupación de los estadounidense con respecto a las monedas digitales es la privacidad, es por eso que los investigadores y analistas están observando cómo se desenvuele el yuan digital en China.

"Creo que si hay un dólar digital, la privacidad será una parte muy, muy importante de eso (…) Estados Unidos es bastante diferente a China", señaló Neha Narula, directora de la Iniciativa de Moneda Digital en el MIT, citada por CNBC.

La segunda preocupación es el acceso masivo a internet, necesario para poder utilizar una futura moneda digital. De acuerdo con cifras del Pew Research Center, 7% de los estadounidenses afirma que no usa internet. Dentro de la comunidad de los afroamericanos, la cifra llega al 9%, y al grupo etario de mayores de 65 años, aumenta al 25%. Mientras, las personas con discapacidad también son más propensas a no utilizar internet.

"La mayor parte del trabajo que estamos haciendo asume que un CBDC coexistirá con el efectivo físico y que los usuarios aún podrán usar efectivo físico si así lo desean", sostuvo Narula.

Mientras que algunos expertos consideran que el fin último de una moneda digital es que el dólar se mantenga como líder de la economía mundial, otros buscan evitar que el yuan digital supere al dólar.

"El yuan digital es la mayor amenaza para Occidente a la que nos hemos enfrentado en los últimos 30 o 40 años. Permite a China meter sus garras en todo, en Occidente, y les permite exportar su autoritarismo digital", señaló Kyle Bass, de Hayman Capital Management.

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Rusia exhibe su avión Checkmate (Jaque mate), que lo coloca en el primer lugar aeronáutico

La exhibición anual MAKS –Salón Internacional de la Aviación y el Espacio, en Zhukovsky, a las afueras de Moscú– presentó su avión de combate táctico ligero de quinta generación (5G) Checkmate –cuya traducción nada fortuita significa jaque mate en el juego de ajedrez, en el que los rusos son grandes maestros.

El avión de combate supersónico multifuncional Checkmate se basa en el mirífico avión furtivo Sukhoi-75, que ya supera al F-35 de EU, que ha tenido severas fallas (https://bit.ly/3iI6iTd).

Checkmate ostenta una poderosa computadora, descrita como un "segundo piloto electrónico", que es muy amigable a la inteligencia artificial (IA) y funciona como "copiloto" (https://bit.ly/3i1O3ZV).

Según Rostec – high tec estatal rusa–, su máxima velocidad alcanza Mach 1.8, su rango es de 2,800 km, su carga explosiva es de 7,400 kg y su costo es de 30 millones de dólares. Checkmate tiene un solo motor, lo cual es crucial porque la aviación rusa carece de ese tipo tan moderno de aviones de combate.

Su vuelo inaugural está contemplado para 2023 y, según Yuri Slyusar, mandamás de United Aircraft Corporation (UAC), Rusia empezará las entregas en 2026 cuando ya existe una lista de espera de varios países de Asia, Medio-Oriente, África, Europa y Latinoamérica, entre quienes destacan Emiratos Árabes Unidos, India, Vietnam y Argentina (sic).

Liu Xuanzun, en el Global Times, portavoz oficioso del Partido Comunista Chino, pregunta si el nuevo Checkmate ruso “rivalizará con el FC-31 de China en el mercado global” (https://bit.ly/2TwhLN8) y juzga que el "prospecto" del furtivo avión Checkmate es óptimo cuando “se espera sea competitivo frente al F-35 de EU en el mercado internacional de armas”, lo cual “también afectará la exportación de aviones de combate de China como el FC-31”.

Los “observadores militares chinos aducen que el FC-31 todavía tiene sus ventajas” cuando “ya ha realizado pruebas de vuelo y se encuentra un paso (sic) adelante del Checkmate en términos del progreso de su desarrollo”.

Una de las ventajas del Checkmate, donde destaca su diseño aerodinámico, es que posee una óptima capacidad furtiva que evita la detección de los radares enemigos. Según Liu, “a nivel doméstico la fuerza aérea rusa puede usar al Checkmate para sustituir sus añejas aeronaves”.

The Saker comenta que “los rusos construyeron algunos muy buenos aviones de combate en el pasado, incluyendo el MiG-23 (criticado en Occidente pero muy preciado por los pilotos rusos) y el MiG-21M, el más exitoso avión de combate jamás construido (https://bit.ly/3x7pb7b)”.

El brasileño Pepe Escobar –geopolitólogo de los mejor informados de la zona euroasiática–, después de exhibir las bondades del mirífico Checkmate, coloca en relieve los sistemas misilísticos de defensa S-500 Prometeo (https://bit.ly/3BBOwd5), los "submarinos silenciosos" y los misiles hipersónicos de Rusia, que "gasta en su industria militar aproximadamente 12 centavos por cada dólar que gasta EU" (https://bit.ly/3rxqfQM), lo cual ya había sido expuesto hace mucho por el analista militar Dmitry Martyanov (https://bit.ly/3BBfamk).

A propósito de la reciente prueba del S-500 Prometeo –similar “al muy eficiente sistema misilístico de defensa S-400”– tiene la "capacidad de interceptar aviones furtivos, así como destruir armas hipersónicas y satélites en el cercano (sic) espacio" (https://bit.ly/3x3uDrN).

Los militares rusos se jactan de que el S-500 Prometeo –nombre del titán que hurtó el fuego de los dioses del Olimpo para beneficiar al género humano– "es objetivamente muy diferente a cualquiera en el mundo y está diseñado para destruir una amplia gama de armas de ataque aéreo y en el espacio, presentes y futuros, en el amplio rango de altitudes y velocidades".

Tan apuestan en la alta eficacia del S-500 Prometeo que el Ministerio de Defensa rusa lo colocará en la región de Moscú. En sólo dos días, Rusia mostró la musculatura de sus tres armas "invencibles" (Putin dixit): el misil hipersónico Tsirkon, la defensa S-500 Prometeo y el furtivo Checkmate de 5G.

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Viernes, 16 Julio 2021 06:17

Minería en el más allá

Minería en el más allá

Fase superior de los extractivismos

 

“Lo problemático del imperialismo extraterrestre es que aumentará las desigualdades económicas entre las naciones de la Tierra al dar un acceso desigual a lo que eventualmente puede ser  una cantidad importante de recursos”

Alan Marshall [3]

La búsqueda de recursos naturales no se detiene. Al contrario en medio de la pandemia las presiones extractivistas han crecido. Y en la medida que los límites físicos aparecen con creciente claridad y las resistencias sociales se multiplican, impulsando la construcción de indispensables barreras ambientales, el capitalismo levanta su mirada fuera de la atmósfera. En su mira están los recursos minerales existentes en el espacio. Con el afán de alentar la discusión sobre esta cuestión, que ameritará análisis más profundos y debates más amplios, nos preguntamos ¿para qué queremos más minerales en la Tierra?, ¿quiénes se van a beneficiar realmente de esta oferta? Como resultado de este extractivismo sideral, ¿vamos a crear un mundo más justo y sustentable?, ¿la posibilidad de conseguir recursos en el espacio abrirá la puerta para un manejo más responsable de los recursos en la Tierra?

Conquista, colonización e imperialismo, en la matriz de los extractivismos

Rosa Luxemburg, renombrada economista alemana de origen polaco, todavía en plena época de expansión imperialista, afirmaba que el capitalismo no podía sobrevivir sin economías “no capitalistas”; es decir, sin colonias, a ser conquistadas para la explotación. En su libro La acumulación del capital (1913)[4], encontraba que el sistema capitalista estaba encorsetado geográficamente dentro del planeta, lo que alentaba y alienta conflictos de todo tipo, con el fin de asegurar el control de los territorios y sus riquezas naturales. Del imperialismo clásico se avanzó, décadas después, enarbolando la búsqueda del “desarrollo” a otra fase de expansión neoimperialista, en la que el control de los territorios y sus recursos, incluyendo la mano de obra, se obtiene con medios más sutiles; por ejemplo, a través de las inversiones extranjeras o más adelante de los tratados de libre comercio.

Cuando Luxemburg publicó ese libro la humanidad estaba lejos de anticipar una serie de avances tecnológicos y otras acciones especialmente en el ámbito financiero que han ido ampliando las fronteras de explotación del capital.

El sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman (2012), al describir lo que está sucediendo en la actualidad, ensanchó el horizonte de Rosa. Pues, como podemos constatar hoy, el capitalismo tiene cada vez más dificultades para encontrar territorios supuestamente vírgenes o baldíos donde el mismo no esté presente, y por lo tanto ha buscado ampliar su órbita de influencia hacia otras áreas. Así Bauman anota que:

las tierras premodernas de continentes exóticos no eran los únicos posibles ‘anfitriones’ de los que el capitalismo podía alimentarse para prolongar su vida e iniciar sucesivos ciclos de prosperidad. El capitalismo reveló desde entonces su asombroso ingenio para buscar y encontrar nuevas especies de anfitriones cada vez que la especie explotada con anterioridad se debilitaba. Una vez que anexó todas las tierras vírgenes ‘precapitalistas’, el capitalismo inventó la “virginidad secundaria”.[5]

Aquí Bauman se refiere a aquellos nuevos rincones creados para que el capitalismo financiero pueda seguir acumulando, como son los fondos de pensiones y las tarjetas de crédito. Bauman nos recuerda que en estos últimos años hemos visto cómo millones de personas que “se dedicaban a ahorrar en lugar de vivir del crédito fueron transformados con astucia en uno de esos territorios vírgenes aún no explotados”.

Y si eso sucede en las finanzas, constatamos también como el capitalismo amplía cada vez más la mercantilización de muchos ámbitos de la Naturaleza, incorporando en su lógica de acumulación los mercados de carbono[6] y los servicios ambientales, que constituyen en este momento una de las más recientes fronteras de expansión para sostener la acumulación del capital. En otras palabras se lleva la conservación de los bosques al terreno de los negocios. Se mercantiliza y privatiza el aire, el agua y la Tierra misma.

En concreto, a más de la explotación del trabajo, la Naturaleza, los recursos naturales y últimamente los servicios ambientales, convertidos en mercancías permiten acelerar el paso en la vía del progreso -padre del desarrollo-, caracterizado por su versión materialista y acumuladora sin fin. De suerte que, como anota José Manuel Naredo, “la metáfora de la producción (y la meta indiscutida del crecimiento) apuntalan la visión lineal de la historia gobernada por el progreso”.[7] Y, en este escenario ideológico, al extractivismo se lo asume como producción -que no lo es- y como fuente fundamental de financiamiento para conseguir esas metas. Negarlo cerraría las puertas del progreso y del “desarrollo”, según esta visión todavía bastante extendida.

La erosión del espacio como bien común

Cuando Rosa Luxemburg escribió su libro no se aceptaba como posible que los seres humanos pudieran llegar más allá de los límites del planeta, salvo, por cierto, en algunas mentes brillantes, como la de Julio Verne, quien publicó su célebre obra en 1865: De la Tierra a la Luna.[8] Ahora, al cabo de más de 100 años, los avances científicos, tanto como la creciente codicia en el capitalismo, son evidentes. Veamos los esfuerzos de unas pocas potencias para acceder al espacio, empeño que empezó en los años cincuenta cuando los Estados Unidos y la Unión Soviética, en plena Guerra Fría, arrancaron en una carrera espacial.

Ahora, el capitalismo, demostrando su asombroso y perverso ingenio para buscar y encontrar nuevos espacios de explotación, en un renovado esfuerzo expansionista, se dispone a obtener recursos minerales fuera de los límites de nuestro planeta e inclusive a crear nuevas colonias extraterrestres. Podríamos afirmar que la lógica mercantiizadora del capitalismo ha colocado su mira en el Universo, en un intento por neoliberalizarlo.

La mira extractivista comienza a apuntar al espacio, en la medida que declinan las posibilidades de explotación en la Tierra de los yacimientos de minerales o que su acceso es cada vez más complejo, sea por las limitaciones tecnológicas o inclusive ambientales, a las que habría que sumar las crecientes resistencias sociales. El espacio representa una suerte de terra nullius[9] donde quien llega primero se asume como soberano de esos territorios y se lleva lo que puede. De esta manera, lo que se aseguraría -igual que en otras épocas- son nuevas posibilidades de acumulación de capital fuera de la Tierra misma y, por ende, un mecanismo para evitar el estancamiento del mismo sistema capitalista debido a las crisis de sobreacumulación.[10]

Una herramienta útil para entender esta evolución de los modos y estrategias de acumulación es el arreglo espacial (en inglés spatial fix), concepto desarrollado por el geógrafo David Harvey. Para este autor, el término arreglo espacial se refiere al proceso en el que “la acumulación de capital construye una geografía a la medida de sus necesidades y que, en los momentos de crisis sistémica, el capital desplaza, nunca resuelve, sus contradicciones mediante este proceso de construcción del espacio”.[11] Esta es una estrategia para aliviar la amenaza de la sobreacumulación y el estancamiento trasladando el capital o la mano de obra a un territorio diferente. En este caso literalmente al espacio… sideral.

Aprovechando la enorme inversión, sobre todo estatal, en el desarrollo de las nuevas tecnologías espaciales, que también sirven para absorber el capital excedente, han aparecido con fuerza muchas posibilidades de acumulación a través de innumerables innovaciones tecnológicas y servicios de comunicación en el espacio, a los que se sumaría la explotación de yacimientos mineros y la colonización de planetas.[12]

La exploración espacial -conocida como la carrera o conquista del espacio– desde sus orígenes con el satélite soviético Sputnik en 1957 a la fecha, con excepciones, se ha dado en términos relativamente pacíficos, hasta colaborativos entre los mismos EEUU y la Unión Soviética. Desde sus inicios, este trajinar espacial se caracterizó por una especie de pacifismo acordado entre las grandes potencias a pesar del contexto de la mencionada Guerra Fría. Este esfuerzo fue ratificado en el Tratado del espacio exterior de 1967 que prohíbe colocar armamento masivo y la apropiación nacional o privada de objetos, territorios o recursos celestes, ya que se los considera patrimonio común de la humanidad.[13]

Pero en la actualidad, todo indica que:

el comunismo en el espacio era una posibilidad sólo mientras el espacio fuera materialmente inaccesible para la humanidad capitalista: a medida que el espacio se convierte en un lugar probable de negocios rentables, el protocomunismo del Tratado del Espacio Exterior debe vacilar y desaparecer.” [14]

La  militarizacion del espacio

En las últimas décadas, a medida que ha evolucionado nuestra capacidad de explorar más allá de nuestro planeta, los intereses de seguridad nacional y los comerciales convergen inclusive en el espacio sideral hasta el punto de que hoy son casi indistinguibles.

En los Estados Unidos, por ejemplo, las empresas privadas de lanzamiento espacial, como SpaceX y United Launch Alliance, son beneficiarias de enromes contratos gubernamentales y ahora proporcionan la mayor parte de la capacidad de lanzamiento de cohetes estadounidenses, tanto para misiones científicas como militares. Aunque los estrechos vínculos entre las industrias de defensa y aeroespacial no son nada nuevo, nos encontramos en una fase decididamente nueva de esta relación debido a los avances tecnológicos, las nuevas prioridades políticas y el auge de los actores privados.

Hay muchas pruebas de eso, tanto en los hechos, como en los pronunciamientos políticos. Por ejemplo, en 2020, el entonces presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva llamada Fomentar el apoyo internacional para la recuperación y el uso de los recursos espaciales[15]. En esta orden proclamaba que los Estados Unidos “no ven el espacio exterior como propiedad común” y calificaba al Tratado de la Luna de 1979 (nunca ratificado por EE. UU.) como “un fallido intento de restringir la libre empresa”.  Durante la Administración de Trump los EE. UU. dieron un paso más en la verdadera conquista del espacio al crear un nuevo mando militar: la Fuerza Espacial.

Es necesario comprender mejor los profundos vínculos de las nuevas empresas espaciales con los designios hegemónicos de los Estados más poderosos sobre el espacio. Recientemente, a cambio de 28 millones de dólares, Starlink de SpaceX proporcionó los servicios de sus satélites para demostraciones de fuego real (live-fire demo) de la Fuerza Aérea de Estados Unidos para probar su Sistema de Gestión de Batalla Avanzado y sentar las bases de un Internet destinado a las actividades militares.[16] Las conexiones de SpaceX con el complejo militar-industrial quedaron claras en los comentarios de la presidenta de dicha compañía, Gwynne Shotwell, quien declaró en 2018 que su compañía estaría dispuesta a lanzar un arma espacial para proteger a los Estados Unidos, contraviniendo los tratados espaciales existentes.[17] Y en 2020, SpaceX firmó un contrato con el Pentágono para desarrollar conjuntamente un cohete capaz de transportar hasta 80 toneladas de carga y armamento a cualquier parte del mundo en tan solo una hora.[18]

El espacio ha tenido y tiene una importancia geoestratégica militar. Los cientos de satélites militares en órbita sirven para controlar la Tierra, teniendo en el espacio un lugar privilegiado de observación. Sin embargo, en la actualidad se está dando un paso más, se avanza en la militarización del mismo espacio sideral para controlarlo.

Estado y capital, con los minerales espaciales en la mira

La erosión del espacio como bien común, y el debilitamiento de su condición mayormente pacífica, está directamente relacionado con una nueva carrera espacial basada en un reconocimiento del enorme valor de los recursos minerales espaciales y la creciente capacidad tecnológica para extraerlos.[19] Aunque hoy, por ejemplo, no sería rentable extraer recursos minerales extraterrestres ni establecer asentamientos humanos en la Luna para desde allí llegar a Marte, esa posibilidad no es algo lejana.

En la actualidad, las grandes potencias como Estados Unidos, Rusia y recientemente China están compitiendo para ver quién gana la verdadera conquista del espacio, que vendrá acompañada de su imparable colonización… hasta que la humanidad se tope con otras civilizaciones en el espacio.

En el contexto actual, de acuerdo con la información que circula frecuentemente, la posibilidad de abrir actividades mineras en el espacio ya no aparece como un ejercicio de ciencia ficción.[20] Los argumentos para este empeño los sintetizó Elizabeth Steyn en un artículo de The Conversation[21]:

La necesidad de una economía con cero emisiones de carbono exige un aumento del suministro de recursos naturales no renovables, como los metales de las baterías. Esto constituye el telón de fondo de una nueva carrera espacial en la que participan las naciones y el sector privado.”

Y en este momento, según la misma Steyn, habría que “considerar cuatro aspectos: la seguridad de la tenencia, el régimen fiscal, la posibilidad de financiar el proyecto y la viabilidad del mismo.” En otras palabras, se mantendrá inamovible el afán de lucro como motor de estos esfuerzos que demandarán nuevos avances tecnológicos y grandes cantidades de inversión.

En relación al primer aspecto, la tenencia, es decir, la propiedad, se está aclarando el panorama. Es extremadamente importante para los mineros espaciales contar con suficiente claridad y seguridad en cuanto a la propiedad de las cosas que extraen. Existen recientes esfuerzos multilaterales y nacionales para enmarcar los recursos espaciales dentro de un nuevo régimen de propiedad. Dentro de estos esfuerzos aparecen los Acuerdos Artemis de la NASA que ya cuenta con el apoyo de otras doce naciones y que plantea que “la capacidad de extraer y utilizar recursos en la Luna, Marte y de los asteroides será fundamental para apoyar la exploración y el desarrollo espacial de manera segura y sostenible. Los Acuerdos de Artemis refuerzan que la extracción y utilización de los recursos espaciales pueda realizarse y se realizará bajo los auspicios del Tratado del Espacio Exterior”.[22] De la misma manera que los EEUU, Luxemburgo y Emiratos Árabes Unidos y ahora el parlamento de Japón acaba de ratificar una nueva ley que concede a las empresas japonesas permiso para la prospección, extracción y utilización de diversos recursos espaciales, siempre y cuando obtengan primero el permiso del gobierno japonés.[23]

Otra tarea que ya comienza a cobrar fuerza es la “minería de los asteroides”, en donde, además de la potencial extracción de titanio, níquel, cobalto y otros minerales, se espera obtener oxígeno y nitrógeno. Esto se trata de la explotación de agua congelada que estaría disponible en grandes cantidades en el espacio. La existencia de agua permitiría crear depósitos de combustible de hidrógeno en satélites construidos y/o en otros cuerpos celestes colonizados por los humanos, indispensables para poder ampliar la zona de influencia galáctica.

Otro elemento que es evidente es el tema del transporte, que resulta crucial en estas aventuras extractivistas, ya que la conquista de los recursos espaciales engendra nuevas posibilidades de dominio en el espacio, algo similar a la conquista del globo por los poderes marítimos en siglos pasados.

De todas maneras, los enormes costos de estos proyectos se verían de alguna manera compensados por los recursos que se podrían obtener sin restricción alguna, como de alguna manera sucedió cuando se abrieron territorios en América y África para su colonización. Eventualmente podemos imaginar que si se lograra traer minerales del espacio podría darse una mayor oferta que podría presionar los precios a la baja, favoreciendo un mayor consumo en la Tierra.

Más allá de la capacidad de imaginación que se pueda desplegar con miras a avizorar cómo funcionaria este extractivismo espacial, todo indica que se volverá a reafirmar la actual visión dominante al ver el espacio extraorbital -la Naturaleza en definitiva- como mero proveedor de insumos, sin mayor preocupación por su metabolismo y sus procesos vitales, con miras a dominarlo y transformarlo en función de las demandas del capital en la Tierra. Lo anterior aparentemente podría resolver (mediante la distancia a la que se encuentran los territorios a ser explotados) algunos de los problemas derivados de la destrucción que provocan los extractivismos terrestres.[24] Y por cierto podría ser otro argumento para alentar la economía “verde”, es decir, esta versión modernizada de la economía capitalista: mercantilizadora en esencia, con la  que se pretende -de forma ilusoria- enfrentar los graves problemas ecológicos y sociales, sin abordar la causa profunda de los mismos: la civilización capitalista.

Demos un paso más y veamos algunas de las complicaciones que inclusive podrían agravarse. Todo esto de ninguna manera ahondaría la “civilización del desperdicio”[25], pues la Tierra seguiría siendo un lugar de depósito de los desechos.[26] No solo eso, el mismo espacio orbital seguirá almacenando basura enviada por los humanos, creando un potencial efecto domino conocido como el Efecto Kessler: mientras la cantidad de objetos en órbita crece y se acumulan, el riesgo de colisiones en cascada de se hace mayor, lo cual multiplicaría los accidentes. Como ejemplo de ello, podemos recordar lo sucedido en 2019, cuando la India lanzó un misil hacia un satélite suyo en órbita terrestre y lo destruyó, creando miles de piezas de desechos, grandes y pequeños, que permanecen en órbita.[27]

Los terrestres galácticos, una nueva clase empoderada por la tecnología

La ilusión que genera la minería espacial extraorbital se explicaría mejor si aceptamos que en amplios segmentos de la población del planeta, empezando por los gobernantes, se ha desarrollado una suerte de ADN-extractivista que no sólo limita plantear un debate amplio y serio sobre estas cuestiones, sino que se prepara hasta con entusiasmo la obtención de beneficios de la conquista y colonización del espacio. Y esta minería espacial, controlada por poderes transnacionales -grandes empresas y gobiernos de los países más ricos- reeditará las lógicas de acumulación y exclusión; es decir, las fuerzas centrípetas y centrífugas de la globalización capitalista que mantienen concentrada la riqueza y los avances tecnológicos en pocos segmentos de la población mundial, mientras que enormes masas de seres humanos quedan estructuralmente marginadas. Así aparecería algo como un nuevo grupo privilegiado alrededor del control de estas actividades extractivas en el espacio, una suerte de terrestres galácticos, con la consiguiente marginación de la mayoría de habitantes del planeta.

Esta visión se sostiene aupada por la voracidad de la acumulación capitalista, y que se intenta legitimar en la firme y dogmática creencia en las poderosas ciencia y tecnología, y su uso de manera estratégica por parte de los élites. En la cotidianidad muchos “avances” tecnológicos sustituyen a la fuerza de trabajo -ya sea en términos físicos o en ciertas funciones cerebrales- volviendo caducos a varios trabajadores, así como excluyendo o desplazando a quienes no pueden acceder a la tecnología; todo esto redefine al trabajo mismo, normalmente contribuyendo a su flexibilización. Los seres humanos terminamos siendo simples herramientas para las máquinas, cuando la relación debería ser la inversa. Desde esa perspectiva, para que exista otra tecnología, que incluya a las personas al trabajo y sobre todo para asegurar una vida digna, en vez de excluirlas, es necesario transformar las condiciones y relaciones sociales de producción.

Recordemos que en toda tecnología hay inscrita una “forma social”, que implica una manera de relacionarnos unos con otros y de construirnos a nosotros mismos. Igualmente, recordemos que no toda la humanidad se beneficia de los avances tecnológicos, pues varios de éstos generan renovadas formas de desigualdad y explotación, así como de enajenación, tema que merece una reflexión mucho más profunda.

Reflexionando desde los escenarios de resistencia

Actualmente todo indica que el crecimiento material sin límites podría culminar en un suicidio colectivo. Basta ver los efectos del mayor recalentamiento de la atmósfera, de la pérdida de fuentes de agua dulce, de la erosión de la biodiversidad agrícola y silvestre, de la degradación de suelos o de la acelerada desaparición de espacios de vida de las comunidades locales, y los cada vez mayores y más destructivos huracanes. Introducir una mayor cantidad de minerales provenientes del espacio no alteraría este proceso de acumulación/destrucción permanente. Se mantendría -en un nivel superior- la civilización del capital que impulsa la acumulación material mecanicista e interminable de bienes, sustentada en el aprovechamiento indiscriminado y creciente de la Naturaleza.

Adicionalmente, esta minería espacial no evitaría varios de los nocivos efectos del extractivismo minero en la Tierra. Sus consecuencias -o “derrames”, como los conoce Eduardo Gudynas[28]– se mantendrían y en algunos casos aumentarían. Estos “derrames”, que van mucho más allá de lo ambiental, se dan en diversos campos: judiciales, políticos, económicos y culturales. De hecho, ya vemos cómo en el terreno de las leyes y los tratados las lógicas colonizadoras a ultranza comienzan a reaparecer con fuerza. Las tendencias rentísticas y las prácticas clientelares podrían reeditarse de diversas formas. Y, sobre todo, las lógicas autoritarias indispensables para consolidar los poderes económico-políticos necesarios para la expansión de la minería sideral serían otra limitante para impulsar sociedades democráticas y equitativas.

Entonces, no se trata solo de analizar el suministro de materiales escasos en la Tierra empujando los extractivismos más allá de sus propios límites biofísicos, ni sólo comprender lo que significarían nuevos mercados en las bases coloniales que se establezcan, que demandarán, sin duda alguna, una gran cantidad de vituallas indispensables para la vida, y cada vez más nuevas tecnologías, que, por lo pronto, sirven más para la dominación que para la emancipación de los seres humanos. Lo que debemos tener en cuenta es que el control geopolítico del espacio exigirá más poder estatal, corporativo y militar, que se sustentará en mayor control y dominación dentro de la misma Tierra, reeditando los vínculos de poder entre estas tendencias imperialistas y los militarismos de amplio espectro, que tan útiles son para sostener los extractivismos en la actualidad.[29]

Para cerrar estas breves líneas, que constituyen un ensayo para provocar el debate sobre estas cuestiones, es indispensable superar la trampa en que han caído muchos críticos del sistema, quienes apenas centran su atención en el control de la explotación de estos recursos por parte del Estado, y no en la explotación misma. El punto no es si el extractivismo beneficia más al capital nacional, transnacional o a las arcas gubernamentales -que muchas veces terminan formando una sola amalgama- el punto es que la acumulación del capital per se es inadmisible en la medida que desnaturaliza la Naturaleza -sea en la Tierra o en la Luna- y deshumaniza más y más la humanidad misma.

Por lo tanto, la gran tarea es seguir ampliando las luchas de resistencia desde donde construir más y más todas las alternativas que sean indispensables en clave de Pluriverso[30]

 

Por Peter Bloom, Alberto Acosta | 16/07/2021

 

Notas:

[3] Consultar en Alan Marshall (1995); Development and imperialism in space. Space Policy 1995 11(1) 41-52. Elsevier Scicne Limited. UK.

[4] Versión en español disponible en https://www.marxists.org/espanol/luxem/1913/1913-lal-acumulacion-del-capital.pdf

[5] Consultar en el artículo Zygmunt Bauman (2012); El capitalismo como sistema parásito. Disponible en https://ssociologos.com/2012/09/14/zygmunt-bauman-del-capitalismo-como-sistema-parasito/

[6] Consultar en Larry Lohman (2012); Mercados de carbono – La neoliberalización del clima, editores Alberto Acosta y Esperanza Martínez, serie Debate Constituyente, Abya–Yala, Quito. Disponible en https://www.accionecologica.org/mercados-de-carbono-la-neoliberalizacion-del-clima/

[7]  Consultar en José Manuel Naredo (2018); “La ideología económica en la historia y el medio ambiente – Claves para un cambio de paradigma”. Disponible en http://elrincondenaredo.org/wp-content/uploads/2018/09/LA-IDEOLOG%C3%8DA-ECON%C3%93MICA-EN-LA-HISTORIA-Y-EL-MEDIO-AMBIENTEcor.pdf.

[8] Libro disponible en https://www.ellibrototal.com/ltotal/ficha.jsp?idLibro=6116

[9] Expresión latina que fue tan utilizada en épocas del imperialismo clásico y que servía para denominar los territorios que iban siendo conquistados, desconociendo incluso de manera brutal la existencia de los pueblos originarios. Una realidad que todavía está vigente al expandir las fronteras de los extractivismos.

[10] En ocasiones el caos de la competencia presiona a que los capitalistas acumulen capital e incrementen la producción por encima de las capacidades de consumo de los mercados (sobre todo si los salarios son bajos). Cuando esa tendencia se generaliza, la sobreacumulación provoca crisis por desequilibrios en los sectores productivos y una contracción de sus tasas de ganancia. Y si las tasas de ganancia caen por debajo de un nivel “adecuado” para los capitalistas, éstos desinvierten su capital en la producción (pudiendo moverlo hacia la especulación), lo que puede generar nuevas crisis y acentuar las ya existentes. Por tanto, aquí puede encontrarse una de las causas de las crisis cíclicas del capitalismo.

[11] Consultar el artículo de Isidro López (2014), David Harvey: la conquista del espacio. Disponible en https://www.diagonalperiodico.net/global/24951-david-harvey-la-conquista-del-espacio.html

[12] Ver en Victor L. ShammasTomas B. Holen (2018);  One giant leap for capitalistkind: private enterprise in outer space

Disponible en https://www.nature.com/articles/s41599-019-0218-9

[13] Aquí cabe mencionar los “Tratados y Principios de las Naciones Unidas sobre el Espacio Ultraterrestre” (2002). Disponible en https://www.unoosa.org/pdf/publications/STSPACE11S.pdf

[14] Ver en Victor L. ShammasTomas B. Holen (2018);  One giant leap for capitalistkind: private enterprise in outer space

Disponible en https://www.nature.com/articles/s41599-019-0218-9

[15] Consultar en https://trumpwhitehouse.archives.gov/presidential-actions/executive-order-encouraging-international-support-recovery-use-space-resources/

[16] https://www.investors.com/news/spacex-starlink-impressed-air-force-in-big-live-fire-exercise/

[17] https://spacenews.com/spacex-president-gwynne-shotwell-we-would-launch-a-weapon-to-defend-the-u-s/

[18] https://observer.com/2020/10/elon-musk-spacex-military-rocket-contract-deliver-weapons/

[19] Cabe tener presente la creciente vinculación que existe entre extractivismos y tecnologías: Pablo Gámez-Cersosimo, La hermandad de la industria tecnológica y la minería a cielo abierto, 30 de junio 2020. Disponible en https://www.ocmal.org/la-hermandad-de-la-industria-tecnologica-y-la-mineria-a-cielo-abierto/ Una relación presente desde hace más de 500 años, como reseña en un magnífico libro Horacio Machado Araoz (2019); Potosí, el origen – Genealogía de la minería contemporánea. Serie Debate Constituyente, editores Alberto Acosta y Esperanza Maartínez, Abya-Yala, Quito. Disponible en https://rosalux.org.ec/pdfs/Potosi-el-origen.pdf.

[20] La lista de artículos de prensa sobre el tema crece aceleradamente. Mencionemos a modo de ejemplo: La minería espacial ya no es ciencia ficción, disponible en https://www.rcinet.ca/es/2021/04/09/mineria-espacial-ciencia-ficcion-outer-space-mining-treaty-canada-international/ o Minería Espacial: La ambición de Trump por nuevos recursos, disponible en https://www.reporteminero.cl/noticia/reportajes/2020/04/mineria-espacial-la-ambicion-de-trump-por-nuevos-recursos

[21] Space mining is not science fiction, and Canada could figure prominently, 4 de abril 2021. Disponible en  https://theconversation.com/space-mining-is-not-science-fiction-and-canada-could-figure-prominently-155855

[22] Aunque los acuerdos Artemis van m+as allá del tema de la extracción de recursos, el discurso de la NASA al respeto es claro. Consultar https://www.nasa.gov/specials/artemis-accords

[23]https://spacenews.com/japan-passes-space-resources-law/ 

[24] Resulta fundamental tener conciencia de lo que representan estas actividades extractivas. Entre los muchos textos que podríamos recomendar mencionamos uno muy claro, el de Eduador Gudynas (2015); Extractivismos. Ecología, economía y política de un modo de entender el desarrollo y la Naturaleza. CEDIB y CLAES, Cochabamba (Bolivia). Disponible en http://gudynas.com/wp-content/uploads/GudynasExtractivismosEcologiaPoliticaBo15Anuncio.pdf

[25] Consultar el libro de Jürgen Schuldt (2013); Civilización del Desperdidico Psicoeconomía del consumidor, Universidad del Pacífico, Lima. Disponible en https://repositorio.up.edu.pe/bitstream/handle/11354/956/SchuldtJ%C3%BCrgen2013.pdf?sequence=5&isAllowed=y

[26] Consultar en Teresa Pultarova (2021) Air pollution from reentering megaconstellation satellites could cause ozone hole 2.0 Disponible en https://www.space.com/starlink-satellite-reentry-ozone-depletion-atmosphere 

[27] Consultar el artículo de Aaron C. Boley, Michael Byers (2021); Satellite mega-constellations create risks in Low Earth Orbit, the atmosphere and on Earth. Disponible en https://www.nature.com/articles/s41598-021-89909-7#Sec7  

[28] Estos derrames tienen efectos muchos más profundos y extendidos que los impactos locales de los emprendimientos específicos, nos recuerda este autor, uno de los que más ha estudiado el tema. (Idid.)

[29] Ver Raúl Zibechi (2021); La militarización, fase superior del extractivismo. Disponible en https://www.jornada.com.mx/2021/03/26/opinion/020a2pol

[30] Kothari, Ashish; Salleh, Ariel; Escobar, Arturo; Demaria, Federico; Acosta, Alberto: editores (2019); Pluriverse – A Post-Development Dictionary, Tulika Books, India. Disponible en  https://www.radicalecologicaldemocracy.org/pluriverse/

Existen también ediciones en castellano en Ecuador (Abya-Yala/ICARIA), España (ICARIA), Perú – Bolivia (CooperAcción, CEDIB), Italia y próximamente en Brasil.

Peter Bloom: Activista estadounidense residente en México. Es fundador y coordinador general de Rhizomatica, un grupo dedicado a reimaginar las nuevas tecnologías en contextos comunitarios. Investigador del Centro de Investigación en Tecnologías y Saberes Comunitarios (CITSAC).

Alberto Acosta: Economista ecuatoriano. Compañero de luchas de los movimientos sociales. Profesor universitario. Ministro de Energía y Minas (2007). Presidente de la Asamblea Constituyente (2007-2008). Autor de varios libros.

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Putin asevera que no habrá una tercera guerra mundial nuclear. ¿Por qué está tan seguro?

La "estabilidad estratégica" de la Cumbre de Ginebra entre Biden y Putin (https://bit.ly/3AtjDH5) muestra nubarrones en el mar Negro cuando falta la impostergable incorporación de China (https://bit.ly/3Asb9A0).

Lo que Thierry Meyssan, director de Réseau Voltaire, denomina Yalta II (https://bit.ly/3jCVFDh), aun sin un Bretton Woods II, requiere todavía de muchos ajustes para su delicada implementación cuando Estados Unidos inició su repliegue desde Afganistán hasta Iraq con el fin de concentrarse a contener a China: en el estrecho de Taiwán, en el mar del Sur de China y en el océano Índico.

Como se había anunciado,12 días después de la Cumbre entre los mandatarios de Estados Unidos y Rusia, el zar Vlady Putin tuvo una teleconferencia con el mandarín Xi Jinping para disipar las dudas de un etéreo G-2 entre Washington y Moscú frente al ascenso azorante de China. Cabe señalar que Putin y Xi se han reunido 25 veces ( sic).

Shi Jiangtao, del SCMP, con sede en Hong Kong, interpreta que la teleconferencia entre el zar Vlady Putin y el mandarín Xi "muestra un frente unido como mensaje a Biden", al tiempo que “Moscú y Beijing niegan que buscan formar una coalición militar y política al estilo de la guerra fría”, pero que, como garantía en medio de un "mundo turbulento", necesitan "fortalecer su cooperación estratégica" (https://bit.ly/3qIcrTf).

Dos días después a la teleconferencia con el mandarín Xi, el zar Vlady Putin tuvo su sesión anual de preguntas y respuestas con el público que duró casi tres horas y contestó 70 preguntas (https://bit.ly/36astM3), donde calificó de “grave provocación conjugada de Gran Bretaña y Estados Unidos por medio de la incursión del destroyer de la Armada Real Británica HMS Defender en las aguas territoriales de Rusia, en las cercanías de la península de Crimea, en el mar Negro, el pasado 23 de junio; es decir, siete días después de la Cumbre de Ginebra.

Lo más asombroso de la flemática respuesta del zar Vlady Putin consistió en el planteamiento de un hipotético escenario –que estuvo a punto de darse– del hundimiento del HMS Defender por el ejército ruso. En respuesta a una pregunta caústica, el presidente ruso contestó: “Dices que esto puso al mundo al borde de una guerra mundial. Por supuesto que no. Aun si hubiéramos hundido el barco es, sin embargo, difícil de imaginar ( sic) que esto hubiera puesto al mundo al borde de una tercera guerra mundial porque quienes lo hicieron saben ( sic) que no podían ganar (¡mega- sic!) una guerra como ésa. Esto es muy importante”.

¿A qué se deberá tanta seguridad de Putin de que la dupla anglosajona de Estados Unidos y Gran Bretaña "no puedan ganar" una tercera guerra mundial de carácter nuclear? ¿Se deberá al portentoso avance generacional que lleva Rusia en el rubro de las armas hipersónicas, lo cual reconocen los militares del Comando Estratégico (StratCom) de Estados Unidos y que ignoran o pretenden ocultar sus mandos civiles?

Si es que no estaban trazadas o entendidas las "líneas rojas" de Rusia en el mar Negro, pues ahora sí que Putin las delineó en forma prístina: "Al menos sabemos por lo que estamos luchando: luchamos por nosotros mismos y nuestro futuro en nuestro propio territorio. No fuimos nosotros quienes cubrimos miles de kilómetros por aire y mar contra ellos, fueron ellos quienes se acercaron a nuestras fronteras y penetraron nuestro mar territorial".

La distancia de Londres a Crimea es de 3 mil 85 km, mientras Washington y Crimea están separados por 8 mil 419 kilómetros.

A juicio de Putin, detrás de la provocación de la dupla anglosajona se encuentra la militarización de Ucrania: “Bajo la Constitución de Ucrania no se pueden establecer bases foráneas (…), pero el desarrollo militar de un territorio, que es frontera directa con nuestro país, crea un problema considerable de seguridad para nosotros”.

Como novela de James Bond, los servicios británicos de inteligencia colocaron posteriormente 50 páginas de "documentos clasificados" de la incursión del HMS Defender en una parada de autobús ( sic) en Kent (https://bbc.in/3qGXMaQ). ¡No se miden!

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