Sábado, 03 Julio 2021 07:34

Bases

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El reciente incidente de un buque de guerra británico en el mar Negro, que a juicio de Rusia se adentró en sus aguas territoriales y se retiró sólo después de que la flota rusa lanzó salvas de advertencia, confirma que la presencia militar de cualquier Estado lejos de sus fronteras no hace más seguro el mundo, obedece a una estrategia de expansionismo y aumenta el riesgo de estallido accidental de un conflicto de gran magnitud entre potencias nucleares.

 En este sentido, y sobre todo después de que Estados Unidos anunció su retirada de Afganistán, los países ex soviéticos de Asia central son cortejados para que acepten albergar tropas extranjeras.

Dos de los países colindantes con la región, Rusia –que tiene tres bases en Tayikistán y Kirguistán– y China (que no tiene ninguna, pero sí crecientes inversiones), se oponen a las bases militares de otros y apuestan a garantizar la seguridad de sus fronteras por medio de los mecanismos multilaterales, la OCS y la OTSC.

Estados Unidos, con más de 800 bases repartidas por todo el mundo, sondea reinstalar tropas en los países de la región, mientras un miembro de la OTAN, Turquía, que ya posee presencia militar en la zona del Caspio y el Cáucaso del sur a través de Azerbaiyán, se ofreció a proteger de eventuales ataques talibanes a los vecinos postsoviéticos de Afganistán, por ahora incrementando la cooperación castrense y la preparación de efectivos.

Ante la falta de avances para un arreglo político en el sur del país eslavo, Ucrania considera la posibilidad de establecer bases extranjeras, aunque ello lo prohíbe la Constitución y la obtención de plena membresía en la OTAN puede llevarle a Kiev años.

Quizás es sólo un amago para desbloquear las negociaciones, pero la Corte Constitucional va a estudiar si la prohibición se refiere también a “acuerdos bilaterales de cooperación” con un solo país “aliado”, aunque ello cruzaría una de las líneas rojas que marcó Rusia.

A todo esto, el Kremlin cerró la semana mandando a la Cámara de Diputados para ratificar el acuerdo para instalar una base naval en Sudán, en el mar Rojo, que sería, después de Siria, el segundo país fuera del espacio postsoviético donde tiene presencia militar, mientras sigue negociando las condiciones para construir bases en Egipto, Eritrea, Madagascar y Mozambique.

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La vigorosa demanda de chips proviene de sus asombrosas aplicaciones en inteligencia artificial, vehículos autónomos, computación, entre otros. En la imagen, línea de producción de General Motors en Coahuila. Foto José Carlo González

La guerra de los chips que inició Trump, y que ha proseguido Biden contra China, hasta ahora ha sido contrarrestada por Beijing mediante la deslocalización y sus empresas conjuntas en el sudeste asiático y en el circuito étnico chino (https://bit.ly/2SycMv4).

Según Che Pan (CP), de SCMP, con sede en Hong Kong, "las inversiones masivas en la manufactura de chips en Asia" se gesta "en medio de la carencia global de abasto debido a la creciente demanda de chips para empoderar los dispositivos 5G y los vehículos inteligentes" (https://bit.ly/3gUQzAK).

CP juzga que los gobiernos no se quedan atrás con el fin de “asegurar las cadenas de abasto de los chips en medio de la escalada ( sic) de la guerra tecnológica de Estados Unidos contra China”.

Las inversiones masivas provienen de Asia oriental, impulsadas por China y Taiwán, así como por "Japón y Singapur que buscan beneficiarse de la fuerte demanda de chips", mientras "Estados Unidos persiste en su manufactura de chips en suelo estadunidense".

GlobalFoundries –el cuarto fondo más grande del mundo, con sede en Estados Unidos– salió el año pasado de su planta en la ciudad china de Chengdu para instalarse en Singapur, que forma parte de lo que denominé hace mucho el circuito étnico chino: China, Taiwán, Hong Kong, Macao y Singapur–, donde invertirá 4 mil millones de dólares y cuenta con el respaldo de la agencia gubernamental Economic Development Board.

El mayor contratista manufacturero de chips del mundo, Taiwan Semiconductor Manufacturing Co (TSMC) –con planes para invertir 100 mil millones de dólares en los próximos tres años–, instalará su primera fábrica en Japón, donde el primer Yoshihide Suga ha colocado en lo más alto de su agenda el abasto de cadenas domésticas de chips.

Tanto China como Taiwán encabezan el liderazgo para instalar nuevas fábricas en el continente americano, Europa, Medio Oriente, Japón y Corea del Sur.

Amén de la ferocidad del rebrote de la pandemia del Covid-19, Taiwán padece una de las peores sequías en varias décadas, lo cual ha agudizado la carestía global de semiconductores.

SEMI –asociación que representa 2 mil 400 miembros de la industria de semiconductores– calcula el arranque de 19 fábricas de "alto volumen" de chips a finales de 2021 y de otras 10 en 2022: con China y Taiwán contando ocho fábricas cada una.

La vigorosa demanda de chips proviene de sus mirificas aplicaciones en inteligencia artificial, vehículos autónomos, computación de alta performatividad y de 5G hasta las comunicaciones 6G.

Según TrendForce, Taiwán ostenta 63 por ciento (¡mega- sic!) de la manufactura global de chips por "ingresos" en 2020 y se espera incremente a 65 por ciento en 2021 frente al estable 18 por ciento de Corea del Sur.

La escalada de la guerra tecnológica entre Estados Unidos y China impide que Beijing sea capaz de producir chips "avanzados" debido al bloqueo y las sanciones de Washington, por lo que la participación global de China en la manufactura de chips es probable que disminuya de 6 por ciento en 2020 a 5 por ciento en 2021.

Para paliar la guerra de semiconductores de Estados Unidos, el gobierno chino incentiva a grandes jugadores, como SMIC, a disminuir su dependencia en los chips importados.

SMIC construirá dos plantas en Beijing y Shenzhen con apoyo de las autoridades locales.

En Estados Unidos, el Senado aprobó la Enmienda de innovación y competencia para financiar con 52 mil millones de dólares –de un total de 250 mil millones para contrarrestar el descomunal avance tecnológico de China– la investigación, diseño y manufactura de chips (https://cnb.cx/2U6O05H).

Hasta ahora la Unión Europea se ha quedado lastimosamente confinada al “ outsou rcing (deslocalización o maquila)” de chips en la región asiática.

A propósito, el connotado investigador ruso Dmitry Orlov, experto en colapsología (https://bit.ly/3qucnpT), vaticina que la "crisis de los microchips disolverá el imperio estadunidense" ( https://bit.ly/2Tcqx2P ), mientras China nacionalizará las partes principales de su industria de semiconductores por ser "estratégicamente importante".

¿Llegará China a recuperar Taiwán con todo y sus microchips?

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¿Hacia un nuevo Yalta II, según Réseau Voltaire? // EU acepta que la industria de la Unión Europea funcione con gas ruso

Un día antes de la cumbre de Biden y Putin (https://bit.ly/3vZc0oD), Thierry Meyssan (TM), director de Réseau Voltaire, aventuró que "el nuevo orden mundial empezaba a tomar forma" debido a la "terrible derrota militar en Siria" de Estados Unidos, a quien le queda(ba) la opción de "aliarse con uno de sus adversarios": Rusia o China (https://bit.ly/3xVJPrN).

Seis días después de la Cumbre de Ginebra, TM afirma que se trató de un nuevo Yalta II –división del mundo con sus respectivas esferas de influencia entre Stalin y la dupla anglosajona de Franklin Roosevelt y Churchill–, mucho más que de un "nuevo Berlín" –capitulación del Tercer Reich–, donde "los europeos de Occidente (sic) deberán pagar la factura", mientras "China es confirmada como socia de Rusia" (https://bit.ly/3h6VixX).

Un punto notable de su disquisición se refiere al "lugar de China" cuando "Rusia desechó firmemente las propuestas de alianza con Occidente y contra China", ya que antes de la cumbre el zar Vlady Putin había reafirmado que "no consideraba a Beijing como una amenaza" y que "su desarrollo económico es más que normal".

Tampoco China reivindicaría Siberia oriental –que muchos estrategas consideran una de las regiones más ricas de materias primas del planeta–, por lo que Moscú y Beijing desarrollarán de forma conjunta su economía mediante una "asociación euroasiática ampliada", donde destacan las ferrovías transiberiana y la Magistral que conecta el lago Baïkal al río Amour, además de corredores de transporte.

En el plano económico, "Estados Unidos aceptó el 19 de mayo [poco más de un mes antes de la Cumbre] que la industria de la Unión Europea (UE) funcione con el gas (sic) ruso en lugar del petróleo (sic) occidental", cuando "el socialista (sic)" alemán Gerhard Schröder es el "administrador de la sociedad gasera rusa Rosneft", mientras el gaullista François Fillon será administrador de la sociedad petrolera rusa Zaroubejneft.

TM desmonta la propaganda negra sobre la ciberseguridad que manipulan alegremente los multimedia de Washington cuando "la cuarta parte de los ataques informáticos provienen del mismo EU".

A juicio de TM, Moscú favorece la "retrocesión (sic)" de Taiwán a China "sin necesidad de una confrontación militar".

TM esboza las "zonas de influencia", no sin antes haber delineado las supuestas tres "líneas rojas" prohibitorias de Putin: 1) "Prohibición de la adhesión de Ucrania a la OTAN o del estacionamiento de misiles nucleares" (https://bit.ly/2U0vwng); 2) "Prohibición de inmiscuirse en Bielorrusia", y 3) "Prohibición de intervención en la política interna rusa".

Medio Oriente quedaría bajo la influencia de un condominio de EU y Rusia, "con excepción de Siria, directamente bajo el ala (sic) de Moscú" con tres corolarios: 1) La “mayoría "sunnita" sería dividida en dos grupos para impedir el resurgimiento del Imperio otomano”; 2) "Siria, en lugar de Irán (¡mega sic!) tendría el liderazgo de una zona que incluya Líbano, Iraq, el mismo Irán y Azerbaiyán", y 3) “Israel abandonaría el proyecto expansionista de Vladimir Jabotinsky –proyecto irrendentista del "Gran Israel" adoptado por Bibi Netanyahu y el talmúdico Jared Kushner, yerno de Trump).

Seguramente, el segundo corolario que propulsa a Siria, en lugar de Irán –uno de los grandes triunfadores de la reconfiguración del "Nuevo Medio-Oriente"–, levantará muchas cejas por no ser muy factible.

En cuanto a las "prohibiciones" en las fronteras rusas de Ucrania y Bielorrusia, pareciera que EU no ha notificado todavía a sus aliados de la OTAN: cuando la Armada Real Británica se ha librado a graves provocaciones en el mar Negro, mientras la UE prohíja el asunto del disidente bielorruso Protasevich como su bandera para defender sus fariseos derechos humanos –cuando calla la imperdonable carnicería infantil ocultada de los indígenas de Canadá.

Yalta I se celebró siete meses después Bretton Woods. Ahora el Yalta II que TM propone en forma creativa carece de un Bretton Woods II, que 77 años más tarde puede constituir su agujero negro.

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Snowden anuncia el "fin del caso contra Assange" tras la confesión de un testigo clave de que mintió

Sigurdur Ingi Thordarson hizo creer a las autoridades de EE.UU. que Assange le pidió que 'hackeara' ordenadores para acceder a las grabaciones de las conversaciones privadas de parlamentarios.

Un testigo clave en el proceso del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra Julian Assange, Sigurdur Ingi Thordarson, ha confesado en una entrevista concedida al periódico islandés Stundin que mintió en sus declaraciones utilizadas por las autoridades norteamericanas para armar el caso contra el fundador de WikiLeaks. "Esto es el fin del caso contra Julian Assange", escribió el excontratista de la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU. (NSA) Edward Snowden en referencia a estas revelaciones.

Sigurdur Ingi Thordarson era un voluntario de WikiLeaks convertido en el primer informante conocido del FBI dentro de la organización a cambio de unos 5.000 dólares e inmunidad de la persecución judicial. Ahora, Thordarson ha admitido que su afirmación previa de que Assange le pidió que 'hackeara' los ordenadores de los parlamentarios para acceder a las grabaciones de sus conversaciones telefónicas privadas es falsa y que nunca lo solicitó.

El hombre ha explicado que, en realidad, recibió unos archivos de terceros que le dijeron que habían grabado a los parlamentarios y propuso compartirlos con Assange sin comprobar su contenido.

La Justicia británica decidió no extraditar a Assange a EE.UU. por temor a que se suicide, un país donde afronta hasta 175 años de prisión por 18 cargos en su contra, a raíz de la publicación de documentos secretos en su portal WikiLeaks. Lo acusan de violar la Ley de Espionaje y conspirar para cometer una intromisión informática y acceder a ordenadores gubernamentales con información clasificada.

Sin embargo, ahora la veracidad de la información en la que se basa la acusación formal estadounidense ha sido desmentida por el testigo principal, cuyo testimonio ha sido clave. Si bien la corte británica se guió por motivos humanitarios al fallar en contra de la extradición de Assange, la argumentación del equipo legal de EE.UU. incluyó la afirmación de que el acusado y su informador, Thordarson, trataron de descifrar juntos un archivo robado de un banco islandés.

Thordarson ha aclarado a Stundin que el incidente descrito fue bien conocido y el archivo encriptado fue filtrado del banco y compartido en Internet entre los entusiastas que trataron de descifrarlo por motivos de interés público en un intento de descubrir los motivos de la crisis financiera en Islandia, y que nada confirma que el archivo fuera "robado" en algún momento, ya que se presume que lo divulgaron los propios empleados del banco.

Otro punto expuesto en el mencionado proceso judicial fue que Assange "utilizó acceso no autorizado" otorgado por Thordarson "para acceder a un sitio web gubernamental" destinado a rastrear vehículos policiales. Entrevistado por Stundin, el informante ha precisado que los datos del 'login' eran sus propias identificaciones y no fueron obtenidos por medios ilícitos.

Thordarson ha contado que tenía acceso a aquella página web debido a su trabajo como socorrista cuando era voluntario en un equipo de búsqueda y rescate, y que el fundador de WikiLeaks nunca le pidió los datos de acceso.

"Tejer una telaraña para atrapar a Assange"

El entonces ministro del Interior de Islandia, Ogmundur Jonasson, opina que los estadounidenses trataban de utilizar las cosas en su país y sus ciudadanos "para tejer una red, una telaraña que atrapara a Julian Assange" y recordó el momento exacto cuando el FBI contactó con las autoridades islandesas por primera vez el 20 de junio de 2011 para advertirles de una inminente intrusión en las computadoras gubernamentales, ofreciendo su ayuda que fue aceptada.

En opinión de Jonasson, el objetivo que EE.UU. perseguía de verdad era atrapar a Assange y no ayudar a Islandia, y en aquel entonces sus agentes ya estaban sentando las bases para conseguir su propósito final.

Lo que el exministro del Interior islandés sigue preguntándose desde aquel entonces es si todo empezó con la aceptación de la ayuda estadounidense y el establecimiento de cooperación "que podrían haber utilizado como pretexto para visitas posteriores".

Publicado: 27 jun 2021 05:27 GMT

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El antagonismo de EE.UU. con China es clave en el cuadrilátero mundial

Las relaciones internacionales se vuelven a reestructurar en torno a la fuerza como en tiempos de Guerra Fría 

Joe Biden amparó la confrontación con Xi Jinping como uno de los ejes de su mandato. De esa estrategia nace un polo dominado por Estados Unidos y asistido por Europa a marcha forzada frente a otro compuesto por China y Rusia. 

 

El retorno del héroe marchito no equilibró el mundo. El pretencioso "America is back" con que el presidente norteamericano Joe Biden inauguró su mandato disgustó a sus aliados europeos y no aportó ni una semilla de equilibrio. Muy por el contrario, cuerpo a cuerpo, bloque contra bloque, el cuadrilátero de la confrontación mundial entre las potencias presenta cuatro actores gigantes trenzados en una pelea monumental cuya calificación deja a la Guerra Fría como un sobrino pacífico que se perdió en el tiempo. El "America is back" conlleva además un despropósito porque implica que Washington es la Estrella de Belén y el resto de los países un rebaño indefenso en la oscuridad que se desvanece sin su luz. 

La herencia de Trump

Los cuatro años del “Make America Great Again” del expresidente Donald Trump demostraron que existe una autonomía de las naciones mucho más profunda de lo que se creía. Los europeos mantuvieron la vigencia del Acuerdo de París sobre el clima y, mucho más tenso aún, la permanencia del Joint Comprehensive Plan of Action (JCPOA), es decir, el acuerdo nuclear con Irán. Trump se retiró del Acuerdo de París, hizo lo mismo con el JCPOA y bombardeó cuanto pudo las instancias multilaterales surgidas de la Segunda Guerra Mundial y todas las iniciativas de corresponsabilidad, desde un plan mundial de vacunación hasta la iniciativa para que los mastodontes de internet paguen impuestos.

América Latina aseguró su rumbo, resistió a las groserías e improvisaciones del presidente mentiroso, Trump ni siquiera pudo con Venezuela y cuando fue necesario los mismos pueblos se sacaron de encima (Bolivia) a los esbirros de la Casa Blanca o terminaron de sepultar la herencia maldita de los años 70 que Washington incrustó en el corazón de las democracias como una herida que jamás podría curarse (Chile).

El héroe se volvió loco y dejó de ser el padre perverso para convertirse en un país dirigido por un payaso con peluquín cuyos seguidores más dementes terminaron invadiendo el Capitolio el seis de enero de 2021. Resignado al suicidio del vigilante paterno, el mundo se ocupó de si mismo y se descubrió cualidades de autogestión que no presentía. Sin dudas que Biden aportó coherencia y racionalidad y un respaldo sano al derecho internacional y a las relaciones moderadas, pero su imperio ya estaba enzarzado en un conflicto de dimensiones pantagruélicas que el mismo líder demócrata eligió profundizar. 

Beligerancia por la hegemonía

Biden amparó el antagonismo con China como uno de los ejes de su mandato. De esa estrategia nace un polo dominado por Estados Unidos y asistido por Europa a marcha forzada que confronta a otro compuesto principalmente por China y Rusia. La beligerancia por la hegemonía del mundo llega hoy a grandiosas incandescentes. Las relaciones internacionales se vuelven a reestructurar en torno a la fuerza como en los años más corrosivos de la Guerra Fría. Los bloques se acusan mutuamente de "actos que amenazan la estabilidad del mundo" (Antony Blinken, Secretario de Estado norteamericano a propósito de China), o de "imponer su propia democracia al resto del mundo" (Yang Jiechi, responsable de la diplomacia del Partido Comunista de China a propósito de Estados Unidos). Ambas frases no son un trascendido, sino que fueron pronunciadas públicamente por los dos responsables políticos en el curso del primer encuentro entre chinos y estadounidenses que se celebró en Anchorage (Alaska) en marzo de este año. Para Washington, el antagonismo estratégico con China constituye “el desafió político más importante del Siglo XXI” (Jake Sullivan consejero para la Seguridad Nacional en la Casa Blanca).

Es muy elocuente: quienes se convencieron de que luego de la caída del Muro de Berlín (1989) se había llegado “al fin de la historia” la vuelven a escribir de la misma manera, es decir, en términos de conflicto radical. En vez de armas se ponen en juego todas las técnicas modernas de desestabilización: hackers, redes sociales, ciberguerra, infiltración de instituciones, espionaje masivo entre aliados, fake news, sanciones. No estamos ante una guerra probable: vivimos en el centro de un conflicto tenso, permanente. Dos formas muy contrapuestas de regímenes políticos pujan por sus intereses y sus valores. Los medios de prensa de Occidente presentan la historia actual como una guerra donde la democracia está atacada por una pareja de dictadores (China y Rusia). Es hilarante, pero eso escriben cada día. Si fuese así, ninguno de los países “buenos” le vendería armas a la dictadura confesional de Arabia Saudita ni al militar dictador que gobierna Egipto llenando las cárceles de inocentes. Si defendiesen la democracia, la paz, la solidaridad internacional y la igualdad tampoco habrían dejado morir a millones de personas en el mundo por falta de una vacuna contra la covid-19. Occidente se las acaparó.

Geopolítica de las vacunas

No se requiere de ningún tamiz ideológico para no sufrir ante las cifras que siguen: 21,5% de la población mundial recibió al menos una dosis de la vacuna. De ese 21, 5%, más del 50% se encuentra en los países ricos y apenas 0,8% en los más pobres. 90% de los países africanos no podrá alcanzar el objetivo mundial de vacunar al 10% de la población. Si esos malos “enemigos de los valores occidentales” que son, para el Oeste, China y Rusia no hubiesen proporcionado sus vacunas millones y millones de personas más estarían condenadas a muerte. La Cumbre del G7 que se llevó a cabo en Carbis Bay fue la escenificación final de la mezquindad y las promesas sin futuro. El mundo tal como es y como son quienes lo controlan. El G7 se permitió una promesa grotesca y sin mañana: compartir 870 millones de vacunas de aquí a un año. Es sólo un miserable plato de arroz para miles de personas que se están muriendo de hambre. El G7 “quedará como la cumbre de una ceguera egoísta”, escribió en una tribuna publicada por Le Monde la presidenta de Oxfam Francia, Cécile Duflot. Muchos se dirán que Joe Biden aceptó que se liberaran las patentes sobre la propiedad intelectual de la vacuna y que los europeos recién accedieron a esa postura una vez que Estados Unidos dio el paso. Sí, pero con un “sin embargo»: la teoría del “bien común” choca con las disposiciones vigentes (mantenidas) que frenan las exportaciones de los componentes necesarios a la producción de la vacuna.

“America is back” no contuvo el engranaje apocalíptico que mueve al mundo. El héroe marchito por las tórridas arremetidas de Donald Trump ha vuelto con su agenda intacta. Defensa de la democracia allí donde le conviene, respaldo de las dictaduras allí donde saca provecho material, financiero o geopolítico y una interminable retórica que no alcanza para vacunar ni al 10% del planeta. Sabemos que estamos dignamente solos en el seno de un mundo cuya brutalidad se acelera bajo la presión de las ambiciones de dominación.

25 de junio de 2021

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China consolida su hegemonía aérea con cazas de quinta generación

Semanas atrás se difundió que la última versión del caza furtivo chino J-20, con dos pilotos, "podría controlar flotas de drones y hacer frente a las interferencias electrónicas, lo que lo convierte en una verdadera pesadilla para los enemigos".

El avión fue introducido en 2017 pero la eficiencia de la industria china hace que siga "actualizándose constantemente con la integración de nuevas tecnologías".

Un año atrás los medios militares especializados informaban que "la rápida modernización de la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación de China (EPL) y de los activos de guerra aérea de otras ramas de las fuerzas armadas del país, ha provocado un cambio en el equilibrio de poder sobre los cielos de Asia-Pacífico, desfavorable para los Estados Unidos y sus socios occidentales, que anteriormente conservaban el dominio militar indiscutible de la región".

La publicación Military Review considera que "la adquisición más simbólica que representa el surgimiento de China como un competidor de los EEUU en términos de la calidad de sus activos de guerra aérea, es la introducción del primer caza furtivo del país, el Chengdu J-20, en servicio en 2017".

Junto con el Su-57 ruso, el J-20 y el F-35 estadounidense son los únicos cazas de quinta generación que están en producción en el mundo. Sin embargo, el caza chino "tuvo un costo de investigación y desarrollo de aproximadamente 4,5 mil millones de dólares, menos del 10% del F-35, debido a las eficiencias en el sector de defensa de China".

La diferencia a favor de China, siempre según Military Review, es que "su diseño ha mejorado significativamente desde que entró en servicio con la integración de nueva aviónica, revestimientos furtivos y motores". Una de esas mejoras es la variante de dos asientos, lo que permite que el segundo piloto se dedique en exclusiva a manejar los sistemas de la guerra electrónica y armamentos.

Inicialmente el Pentágono había confiado en el F-22, "con mucho el caza occidental más capaz jamás diseñado para el combate aire-aire", pero ya no puede confiar en su despliegue porque la producción se interrumpió prematuramente en 2009, cuando se habían entregado apenas 187 cazas, el 25% de lo previsto.

La decisión se tomó "debido a los costos operativos excepcionalmente altos de la plataforma", así como los elevados requisitos de mantenimiento "que hicieron que el despliegue de una flota más grande fuera extremadamente costoso para la Fuerza Aérea de los EEUU durante la vida útil del Raptor".

De todos modos, la comparación entre el J-20 y el F-35 sigue sin ser convincente, ya que se admite que el F-35 está lejos de ser la plataforma ideal para contrarrestar al J-20, porque tienen desempeños muy diferentes en el combate aéreo.

El peso estimado del J-20 con carga es un 45% más alto que el del F-35 y tiene un alcance considerablemente más largo y el doble de carga útil de misiles aire-aire que el avión estadounidense. El J-20 también conserva una ventaja en el rendimiento de sus misiles aire-aire PL-15, cuyo alcance supera los 200 km frente a los aproximadamente 160 km del AIM-120D que puede portar el F-35.

Por otro lado, el rendimiento del J-20 también está por delante del F-35, con una velocidad que supera 2 mach frente a 1,6 mach del estadounidense, y alcanzando altitudes de 20 kilómetros frente 15 kilómetros del F-35. "Esto permite que el J-20 imparta considerablemente más energía a sus misiles en el momento del lanzamiento, con importantes ventajas de altitud y velocidad que le proporcionan una ventaja significativa sobre el caza estadounidense", concluye Military Watch.

Por último, el motor mejorado WS-10C del caza chino proporciona un 40% más de empuje y lo hace mucho más maniobrable. "El WS-10C se considera uno de los motores de combate de cuarta generación más capaces del mundo, aunque todavía está considerablemente por detrás del próximo Izdelie 30 que Rusia está desarrollando para su propio caza de quinta generación, el Su-57".

Llegados a este punto, es necesario destacar que la ventaja de China sobre EEUU no está fundamentalmente en la tecnología militar, sino en el tipo de sociedad que es capaz de producirla y de fabricar equipos de combate.

La industria militar estadounidense despilfarra recursos fabricando productos caros que sólo favorecen a los altos cargos de las empresas, como sucedió con el F-22 y también con el F-35. En su momento, el Pentágono encontró hasta 900 defectos en el software del F-35, destacando un nivel de imprecisión "inaceptable" de su cañón de 25 mm.

En contraste, la industria china es capaz de fabricar más barato, con la misma calidad y a una velocidad muy superior. En todos los rubros del armamento, China partía con una notable inferioridad, pero en muy poco tiempo, apenas en dos décadas, igualó y superó a EEUU. No tenía portaaviones y ya tiene cuatro y otros tantos en construcción. No podía fabricar motores para cazas y dependía de Rusia, pero consiguió la independencia tecnológica.

En paralelo, Pekín no necesita presionar a sus aliados para que compren armas defectuosas y caras como hace EEUU. Un informe de Business Insiderseñala que el F-35, una de las armas más caras de la historia, el futuro de la supremacía aérea del ejército norteamericano, es un proyecto aún plagado de problemas no resueltos, que no impide a Washington presionar a sus aliados para que compren uno de los aviónes más caros jamás producidos.

Una sola frase que resume los tres problemas de la industria militar estadounidense: costos elevados, armas defectuosas y presión político-diplomática a sus propios aliados. El mencionado informe recuerda que "el F-35 llegó a provocar la ira de Donald Trump, quien criticó duramente el elevado coste del proyecto tras su llegada a la Casa Blanca".

En fin, los típicos problemas de una potencia en declive. Entre todos ellos, creo que es importante retener que la defensa del país más poderoso del mundo ha sido secuestrada por un puñado de CEOs que forman parte del Deep State, que ingresan salarios millonarios y sólo se preocupan por su riqueza personal. ¿Pueden las fuerzas armadas de una nación confiar en semejante sistema económico-político?

 

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China critica a Biden por buscar su separación de Rusia

Ya antes de la trascendental cumbre en Ginebra entre los presidentes Biden y Putin, cuyo principal objetivo fue acordar una "estabilidad estratégica global" (https://bit.ly/3gZIolz) –quizá como ancla de un Nuevo Orden Mundial Yalta II–, Global Times, portal oficioso del Partido Comunista Chino, fustigó la intención de EU de quebrantar la "asociación estratégica" de China y Rusia como "fútil" e "hilarante", cuando "Moscú y Pekín reafirmaron sus íntimos lazos" (https://bit.ly/3gO75m4).

El portal chino hace mención de la insidiosa entrevista al zar Vlady Putin de Keir Simmons, de NBC News, quien intentó amarrar navajas contra China con varios temas caleidoscópicos –desde la "amenaza potencial del poder militar chino frente a Rusia", pasando por la "ausencia de China en las negociaciones de control de armas nucleares entre EU y Rusia", hasta "la postura que adoptaría Moscú en caso de una invasión china a Taiwán"–, a lo cual contestó el presidente ruso que estaba consciente de los "intentos de destruir" ( sic) la relación entre Rusia y China, mientras enfatizaba el "alto nivel sin precedente" de colaboración entre Moscú y Pekín (https://nbcnews.to/3gMzqJm).

Dos días después de la cumbre de Ginebra, un editorial del Global Times tituló que “La manera de Biden de golpear las relaciones entre Pekín y Moscú es humillando ( sic) a Rusia” (https://bit.ly/3qjbjF9).

La parte que más indignó a China fue que haya sido inculpada por Biden de "asfixiar" económicamente a Rusia.

La réplica de Global Times fue feroz: “Tal tipo de provocación infundada es una humillación ( sic) al pueblo ruso, tratando a uno de los países más poderosos del mundo como idiota ( sic)”.

Global Times enumera la letanía de agravios y de "olas de daños que ha causado EU a Rusia y que Biden desea endosar a China": 1) asedio a su "espacio estratégico"; 2) expansión de la OTAN a los países del Pacto de Varsovia y a los tres países bálticos; 3) más de 90 brutales sanciones económicas de EU, sin contar las de Europa, y 4) enorme depreciación teledirigida de la divisa rusa, el rublo.

En contraste, Global Times exalta y exulta la gran cooperación de Rusia y China: "el comercio anual de EU y Rusia es de un poco más de 20 mil millones de dólares, mientras el de China y Rusia es de más de 100 mil millones", cuando su cooperación tecnológica se ha incrementado en forma activa, mientras EU ha impuesto un bloqueo tecnológico a Rusia. La colaboración tecnológica de Rusia y China no es menor. Se puede tratar de un game changer que deje atrás a EU (https://bit.ly/35HBBrg).

Más aún: la consabida complementariedad geoeconómica y gasera ha escalado nuevos niveles mediante la reciente "cooperación nuclear energética" y la "hoja de ruta para la estación de investigación lunar".

Global Times juzga que “Rusia se restringió mucho tiempo. Pero cuando EU y Occidente desearon separarla de Ucrania, "el cordón umbilical de Rusia", optó reaccionar”.

Thierry Meyssan, del portal galo Réseau Voltaire, afirma que "Rusia rechazó en forma vehemente las propuestas de alianza con los occidentales contra China", en medio de un Yalta II que, a mi juicio, requiere de un Bretton Woods II (https://bit.ly/3j3Whld).

El ex diplomático británico y (¿ex?)agente del MI6 Alastair Crooke va más allá del statu quo de la "estabilidad estratégica global" que percibe en forma dinámica cuando –debido al gran avance de Rusia con sus miríficos misiles hipersónicos (https://bit.ly/2UuhdHV)– el "equilibrio geoestratégico no está a favor de EU; se inclina contra EU" (https://bit.ly/3qjXCWP).

Así las cosas, el zar Vlady Putin, quien se ha posicionado como indispensable pivote euroasiático, seis días después de la cumbre de Ginebra, en un artículo al rotativo alemán Die Zeit, arremetió contra el "golpe de Estado" que propinó EU en Ucrania con la complicidad de Europa, lo cual "ha degradado el sistema de seguridad europeo, incrementando los riesgos de una nueva carrera armamentista" (https://bit.ly/3wJRpWp).

¡Cuidado con las "líneas rojas" de Rusia! (https://bit.ly/3vPrWth).

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Lunes, 21 Junio 2021 05:49

Fue Teté

Al término del encuentro del presidente estadunidense, Joe Biden, con su par ruso, Vladimir Putin, el jefe de la Casa Blanca aseguró que Moscú ha perdido credibilidad ante el mundo por interferir en elecciones de otros países, olvidando el historial estadunidense de intervenciones. La imagen, hace unos días en Ginebra. Foto Afp

Biden, al concluir su gran reunión cara a cara con Putin la semana pasada, comentó a los medios que Rusia ha perdido credibilidad ante el mundo: "¿Cómo sería si Estados Unidos fuera percibido por el resto del mundo como interfiriendo de manera directa en las elecciones de otros países y todos lo sabían?"

Nadie sabía si reír o llorar. Con una carrera política de décadas en el Senado e incluso jefe del Comité sobre Relaciones Exteriores, ¿es posible que Biden no sabe que su país tiene una larga historia de interferencia en los asuntos políticos, incluyendo elecciones, de otros países, incluyendo el de Putin?

Al preguntar a algunos expertos sobre política exterior, incluyendo la clandestina, concluyeron que por supuesto que lo sabe, pero lo justifica con esa infantil idea del "excepcionalismo" de que cuando Estados Unidos lo hace es por el bien y para la democracia, y que cuando otros países, como Rusia, se atreven, siempre es con fines malignos.

Estados Unidos ha intervenido en las elecciones de otros países en por lo menos 81 veces entre 1946 y 2000, casi todas en secreto, según un experto académico que ha intentado hacer una lista completa.

La primera operación clandestina mayor de la recién creada CIA fue interferir en la elección en Italia en 1948 para evitar un triunfo de los comunistas y se calcula que más de 65 millones de dólares fueron invertidos por la CIA en ese país desde entonces hasta principios de los años 70 para estos fines.

La mano estadunidense ha interferido en procesos políticos y electorales en casi todos los continentes. Esto se ha hecho de varias maneras, desde invertir fondos para partidos y conducir campañas de propaganda, hasta medidas más extremas que incluyen asesinatos de líderes políticos, apoyo a golpes de Estado e intervenciones militares directas para frenar el resultado de elecciones y de otros procesos políticos, incluyendo revoluciones y luchas de liberación nacional. La lista es larguísima y conocida: Guatemala, Cuba, República Dominicana, Brasil, Bolivia, Guyana, Haití, así como Irán, el Congo, Vietnam, Tailandia, Corea del Sur, Afganistán, Grecia, y hasta Australia, por mencionar sólo algunos.

Henry Kissinger comentó sobre la elección democrática de Salvador Allende en Chile en 1970: "no veo por qué necesitamos quedarnos quietos y observar a un país volverse comunista por la irresponsabilidad de su propio pueblo". Tres años después, en el primer 11-S, la mano estadunidense estaba muy presente en el golpe militar contra ese gobierno.

Con Ronald Reagan se creó el Fondo Nacional por la Democracia, o NED, que reparte fondos a partidos políticos, sindicatos, organizaciones empresariales, publicaciones y ONG en varios países para "promover la democracia". Según algunos, hace abiertamente lo que la CIA antes hacía de manera secreta.

El gobierno estadunidense, con Clinton, interfirió en la elección de 1996 en Rusia para ayudar en la relección de Boris Yeltsin, incluida la canalización de fondos del FMI para usos electorales, prestando consultores políticos y encubriendo el fraude electoral.

Y durante casi seis décadas ha promovido el cambio de régimen en Cuba a través del bloqueo y de un sinnúmero de operaciones clandestinas (https://www.jornada.com.mx/ultimas/politica/2021/06/ 20/derrocamiento-del-gobierno-abel-prieto-8949.html).

Noam Chomsky, en 2017, poco después de que acusaciones de interferencia rusa en las elecciones estadunidenses en 2016 detonaron furia y protestas por políticos en Washington, recordó que "la historia de la política exterior de Estados Unidos, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, es en gran medida definida por la subversión y el derrocamiento de regímenes extranjeros, incluyendo parlamentarios, y el uso de la violencia para destruir organizaciones populares que podrían ofrecer a la mayoría de las poblaciones una oportunidad para participar en la arena política".

El ideal democrático en la política exterior estadunidense, explicó, es sencillo: "eres libre de hacer lo que quieras, siempre y cuando sea lo que nosotros queremos que hagas".

The Clash. Washington Bullets. https://open.spotify.com/track/ 6vkYJbpPG8WOxv8MlbDPmw?si=dd5df1b04a89437b

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El presidente ruso, Vladimir Putin, y el mandatario de Estados Unidos, Joe Biden, durante la cumbre binacional en Ginebra, Suiza, el pasado miércoles.Foto Oficina Federal de Relaciones Exteriores de Suiza a través de Ap

 

Si la cumbre de Joe Biden y Vladimir Putin desemboca en un "Diálogo de estabilidad estratégica bilateral integrado" –como enfatiza el comunicado conjunto de las dos superpotencias nucleares del planeta (https://bit.ly/3wJo12D) y (https://bit.ly/2SLq87g)–, habrá sido un triunfo para la humanidad, al reducir la "amenaza de una guerra nuclear que nadie puede ganar y nunca debe ser librada".

El comunicado conjunto expuso que “la extensión reciente del Nuevo (sic) Tratado Start” (Tratado Estratégico de Reducción de Armas Nucleares), del 5/2/21 hasta 2024 sin mucha fanfarria "ejemplifica el mutuo compromiso por el control de armas nucleares".

El tema de la "estabilidad estratégica global" no es muy popular para los multimedia, cuya mayoría lo escamotea cuando no lo entiende, representa el vértice de la pirámide de varios niveles de la interacción entre Estados Unidos y Rusia, lo cual fue asentado en primer término por el zar Vlady Putin: “Washingtony Moscú cargan una responsabilidad especial (sic) para la estabilidad estratégica global, porque por lo menos somos las dos máximas potencias nucleares –en términos de la cantidad de municiones y ojivas, el número de vehículos de lanzamiento, el nivel de sofisticación (sic) y calidad (sic) de las armas nucleares”. A cada quien su jerarquía y sus respetables interpretaciones, cuando ambos mandatarios tienen muy prístinos, afortunadamente, los niveles de relevancia (https://bit.ly/3vBlpSY).

Mediante la lupa del enfoque jerárquico, los siguientes niveles de relevancia lo constituyeron: 1. Las mutuas "líneas rojas" en sus varios estamentos temáticos y estratégicos (https://bit.ly/3vJgn6Z); 2. La ciberseguridad: donde Biden puso sobre la mesa sus "16 líneas rojas", referentes a los sitios inexpugnables a "ciberataques" (https://bit.ly/2TQ1YIJ) y 3. La "cooperación en el Ártico", donde sólo China se ha asociado a Rusia para su explotación, logística y defensa.

Detecto dos resquicios (loopholes) en la "asociación estratégica" entre Rusia y China: en la esfera geoeconómica y en la ampliación a la "cooperación del Ártico" en las que puede participar Estados Unidos, que sería obligado a levantar, como quid pro quo, sus asfixiantes sanciones contra Moscú.

Percibo una leve fisura en el ámbito de la "cooperación económica", que naturalmente aprovechó en su conferencia de prensa unilateral el presidente Biden (https://bit.ly/35BsND8), al comentar que China estaba “asfixiando (sic)” a Rusia en el rubro económico: “Rusia se encuentra en un muy, pero muy, difícil punto ahora. Está siendo asfixiada por China. Desea, en forma desesperada, (sic) permanecer como superpotencia” (https://bit.ly/3wJtLJJ).

En una entrevista previa a la cumbre, Putin vislumbró el horizonte de una mayor cooperación económica: “muchas empresas estadunidenses desean operar ( sic) en Rusia, pero les jalan las orejas y ceden el lugar a sus rivales (sic)”. Putin coloca la estocada: "¿Beneficia esto a la economía de Estados Unidos?" (https://bit.ly/2SLaatO).

La cantada "asociación estratégica" de China y Rusia posee fisuras y limitaciones en muchos ámbitos. No es tan lineal.

No menos relevante es el retorno inmediato de los respectivos embajadores del Kremlin y la Casa Blanca y la perspectiva y prospectiva de un intercambio mutuo de prisioneros, lo cual evidentemente da pie a la resurrección de la abandonada "diplomacia", donde las cancillerías jugarán un prominente papel en los restantes temas regionales y domésticos.

Ni Estados Unidos ni Biden desean una guerra nuclear con Rusia por Ucrania. Moscú y Putin tampoco desean una guerra atómica con Washington por Siria.

La "Estabilidad Estratégica Global" es prominentemente tripolar cuando el zar Vlady Putin se ha adelantado a su operatividad (https://bit.ly/35COgvD), lo cual seguramente captó Biden, con casi medio siglo de experiencia en las relaciones internacionales, al reconocer el carácter de "superpotencia" de Rusia y al programar un próximo encuentro con el mandarín Xi Jinping”, como enunció el asesor de Seguridad Nacional, el israelí-estadunidense Jacob Jeremiah Sullivan (https://bit.ly/35G7XCG).

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Domingo, 20 Junio 2021 05:22

¿Unidos contra China?

¿Unidos contra China?

Por ahora, los poderes comunitarios siguen caminando por una línea muy fina en lo que respecta a la potencia oriental y siguen siendo cautelosos a considerar a China como su mayor rival geopolítico, como hace Estados Unidos.

 

Entre la cumbre del G7 en Cornualles (Reino Unido), la OTAN en Bruselas (Bélgica) y la reunión entre el presidente estadounidense, Joe Biden, y su homólogo ruso, Vladimir Putin, en Ginebra (Suiza), ha tenido lugar la cumbre entre la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos (EE UU) con el fin de “renovar” la asociación transatlántica. La última tuvo lugar en 2017 con Donald Trump. En esta ocasión, Biden ha pretendido con su gira europea reclutar aliados para su política exterior y el enfrentamiento geopolítico con China y Rusia.

Al gobierno alemán le pareció tan relevante la visita que la canciller Angela Merkel envió a principios de junio un equipo negociador de alto nivel a Washington para preparar algunos de los asuntos más sensibles como la relación con China o la construcción del gasoducto Nord Stream 2 entre Rusia y Alemania. En mayo, Biden había retirado las sanciones a las empresa constructora, la suiza “Nord Stream 2 AG”, por colaborar con Putin, para tender la mano a Alemania. Para desactivar el conflicto, Merkel visitará a Biden en julio.

La cumbre UE-EE UU rebajó el tono en la disputa entre ambas potencias sobre las subvenciones que dan a los dos mayores fabricantes de aviones del mundo Boeing y Airbus.

El contencioso comercial de mayor duración en la historia de la Organización Mundial de Comercio (OMC) ha estado en la mesa de tres presidentes estadounidenses, cinco representantes comerciales de EE UU y seis comisarios de comercio de la UE. Después de 17 años, miles de millones de euros en aranceles y otros tantos millones gastados en honorarios judiciales, ambas partes anunciaron la suspensión de los aranceles de represalia.

En 2004, la administración estadounidense inició un procedimiento en la OMC contra la UE, alegando que subvencionaba ilegalmente al fabricante de grandes aeronaves Airbus. La UE también presentó una denuncia contra los Estados Unidos en mayo de 2005 por sus ayudas ilegales a Boeing.

La OMC autorizó tanto los Estados Unidos —en octubre de 2019— así como la Unión —en noviembre de 2020— que impusieran aranceles punitivos a las exportaciones respectivas, afectando un valor total de 11.500 millones de dólares de intercambios comerciales entre ambas partes. Como consecuencia de ello, las empresas de la UE y de los EE UU han tenido que pagar aranceles por más de 3 300 millones de dólares, incluyendo los productos alimentarios europeos como quesos, aceite de oliva y aceitunas, carne de cerdo y licores.

Tregua de cinco años

En la mayoría de los medios de comunicación se ha celebrado la cumbre con titulares como “La UE y EE UU pactan el fin del conflicto Airbus-Boeing tras 17 años de disputa” (El País) o “Biden da una tregua a la UE en la guerra de aranceles a cambio de apoyo ante China” (Noticias de Navarra).

La ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, se felicitó por un “acuerdo histórico en política arancelaria” y un “buen resultado para la UE y para España”. “Bien hecho”, escribió la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, al comisario europeo de comercio, Valdis Dombrovskis a través Twitter. “El acuerdo para acabar con el conflicto entre Airbus y Boeing abre una nueva etapa en las relaciones transatlánticas”, según el grupo socialista en el Parlamento Europeo.

Pero detrás de las palmaditas en la espalda entre jefes de Estado y ministros y las declaraciones triunfalistas de un supuesto cambio de paradigma de “litigio a colaboración”, la verdad es que todavía no se ha concluido nada que ponga fin a la disputa de forma permanente.

En lo que Biden calificó de “gran avance”, la UE y los EE UU sólo han acordado aparcar los aranceles de represalia, dejando sin resolver por ahora las causas fundamentales de sus desacuerdos, y darse cinco años para resolver el lenguaje jurídico y llegar a un marco mutuamente aceptable sobre las subvenciones a los oligopolios aeronáuticos.

Se creará un “Grupo de Trabajo” cuyo objetivo será “analizar y superar los desacuerdos que puedan surgir entre las partes” en materia de aeronaves civiles. Este grupo se reunirá cada seis meses.

Las dos partes no cuestionan la legitimidad del apoyo gubernamental a sus empresas aeroespaciales sino el “entendimiento sobre un marco de cooperación para grandes aeronaves civiles” busca definir cuál es el nivel aceptable de subvención y las formas permitidas tales como ciertas medidas de investigación y desarrollo y préstamos en “condiciones de mercado”. Pero las dos partes no han llegado a un acuerdo sobre los subsidios al lanzamiento de aviones Airbus, que la OMC ha declarado ilegales y que EE UU reclama que se supriman por completo. Boeing dice que la UE se ha comprometido a abordar el asunto, pero no es verdad.

Gran parte de las negociaciones frenéticas y secretas en las últimas semanas se ha centrado en la transparencia de las subvenciones y en si los Estados sigan concediendo a Airbus créditos para desarrollar nuevos modelos de avión, en virtud de los cuales la aeronáutica devuelve más o menos dinero, dependiendo del éxito que haya tenido el prototipo.

Hasta ahora, los gobiernos de Francia, Alemania, el Reino Unido y España no han publicado los detalles de los contratos por los que conceden a Airbus estas ayudas. Algo que, por cierto, no es un tema de debate en España.

La UE, por su parte, quiere que el gobierno de EE UU deje de financiar el desarrollo de aviones civiles de Boeing en virtud de contratos secretos pagados con el presupuesto de defensa, una cuestión sobre la que Bruselas no consiguió pruebas suficientes para defender su causa en los muchos años de litigio que llevó contra Washington en la OMC.

30 años de subvenciones a la industria aeroespacial

El asunto se remonta a 1992, cuando se firmó el Acuerdo entre la Comunidad Económica Europea y el Gobierno de los Estados Unidos de América relativo a la aplicación del Acuerdo GATT sobre el comercio de aeronaves civiles al comercio de grandes aeronaves civiles que reconocía los subsidios a Airbus y Boeing. Nunca debería haber sido aprobado.

Desde entonces ningún gobierno ha tenido voluntad para cortar el grifo de dinero que las dos multinacionales llevan décadas cobrando ilegalmente. Es humillante que se ensalcen ahora los resultados de la cumbre UE-EE. UU. cuando se haya malversado miles de millones de euros y dólares para subvencionar un oligopolio responsable del cambio climático y el comercio de armas.

A fin de cuentas, la disputa sobre las subvenciones a la industria aeroespacial es un paradigma de cómo el capital transnacional ha puesto a su servicio las políticas económicas de los Estados. A su vez representa uno de estos “proyectos de progreso” que los gobiernos nos han vendido con el pleno condicionamiento de los principales grupos de poder económico. Se identifica como intereses generales lo que sólo son los intereses de una minoría. También desenmascara el argumento que el “libre comercio” nos ayudará “salir de la crisis” porque el dopaje de estas empresas privadas se ha pagado del bolsillo de los contribuyentes.

Recientemente, el gobierno de España ratificó su compromiso de apoyar al sector aeronáutico con más de 300 millones de euros a cargo principalmente de los fondos “Next Generation” de la UE y comprar aviones y helicópteros para el ejército y las fuerzas y cuerpos de seguridad. Pedro Sánchez se ha comprometido a lanzar un Plan Tecnológico Aeronáutico (PTA), dotado con un total de 185 millones de euros, y la constitución de un Fondo de Apoyo a la cadena de suministro dotado con un mínimo de 100 millones con la cooperación de Airbus y la Asociación Española de Tecnologías de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio (TEDAE).

Y a pesar de esta enorme sangría de recursos públicos, Airbus, en la que el Estado español mantiene una participación del 4,12% a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), ha anunciado el recorte de 1.611 puestos de trabajo en España y 15.000 en el mundo.

Cuando un escaso número de firmas se va apoderando del mercado mundial, la cooperación entre Boeing y Airbus les permite reforzar su influencia en los gobiernos y una estrategia común de la UE y EE UU “contra China” es parte de la planificación privada para blindar sus beneficios.

¿En tiempos de emergencia climática y necesidad para reforzar la salud pública, ¿no deberían suprimirse estas subvenciones a la industria aeroespacial? ¿No debería el Gobierno español dejar de financiar los programas militares de Airbus? ¿Alguien con responsabilidad institucional reclamará que se devuelvan íntegramente estas ayudas?

El objetivo era... China

Aunque la cumbre no pusiera fin a la disputa comercial, sí era una señal de que los aliados transatlánticos estaban dispuestos a apartar los litigios bilaterales para centrarse en lo que han calificado como “amenaza económica común”: China.

Es lo que realmente perseguía el gobierno estadounidense con la jugada: “EE UU y la UE suspenderán los aranceles durante cinco años y trabajarán juntos para desafiar y contrarrestar las prácticas no comerciales de China en este sector de manera específica que refleje nuestros estándares de competencia leal. Esto incluye la colaboración en la inversión interna y externa y la transferencia de tecnología”, dijo Biden.

Bruselas y Washington colaborarán para ”abordar las prácticas contrarias a la competencia por parte de terceros que puedan perjudicar a sus respectivas industrias de grandes aeronaves civiles“ en clara referencia a China. No han sido capaces de resolver su propia disputa en 17 años, pero quieren dar lecciones a los demás. Es un cinismo supremo.

El comunicado de la cumbre recoge así las mismas advertencias a China que el texto final de la reciente cumbre del G7: “Tenemos la intención de consultar y cooperar estrechamente en toda la gama de cuestiones (…) hacia China, que incluyen elementos de cooperación, competencia y rivalidad sistémica”. Se mencionan las violaciones de los derechos humanos en Xinjiang y el Tíbet; la erosión de la autonomía y los procesos democráticos en Hong Kong; la coerción económica; las campañas de desinformación; la situación en los mares de China Oriental y Meridional. También tienen la intención de coordinar con China cuestiones como el cambio climático y la no proliferación de armas.

Por supuesto, ni la UE ni los EE UU asumen compromisos para hacer frente a sus propios abusos de los derechos humanos.

Aun no hay unanimidad sobre China

Las posiciones de la UE y los EE.UU. sobre las relaciones con China han ido convergiendo desde su difícil comienzo en los primeros días de la administración Biden, provocado por la conclusión del Acuerdo General de Inversiones de la UE con China en diciembre de 2020. La imposición de sanciones por parte de China a personas europeas, entre ellas eurodiputados, en respuesta a las sanciones impuestas por la UE por el trato a los musulmanes uigures puso fin a cualquier perspectiva inmediata de ratificación del acuerdo, y endureció las relaciones entre la UE y China.

En la rueda de prensa posterior a la reunión con Biden ni la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ni el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, hicieron mención alguna a China.

Por ahora, los poderes comunitarios siguen caminando por una línea muy fina en lo que respecta a la potencia oriental y siguen siendo cautelosos a considerar a China como su mayor rival geopolítico, como hace Estados Unidos.

En particular la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron advirtieron que no se debía aislar a China en un momento en que se necesita su ayuda para hacer frente al cambio climático y la salida de la pandemia.

Una razón de fondo de los desacuerdos es que la mayor parte de la industria europea depende profundamente de la producción china, especialmente los sectores automovilístico, tecnológico (informática y telecomunicación) y energético, como muestra la crisis de desabastecimiento de semiconductores (microchips), pero también de sus recursos naturales —como las Tierras Raras para las instalaciones de energías renovables—, y de su mercado para vender productos. En una reciente encuesta de confianza empresarial, el 91% de las empresas extranjeras con negocios en China afirmó que mantendría sus inversiones en el país.

Por mucho que Biden intentara unir a sus aliados en el G7, la OTAN y la UE contra China, ha sido precisamente Alemania el estado de la UE más favorable a Pekín y está aplicando su propia estrategia. Tras doce viajes a la superpotencia asiática en dieciséis años como canciller, Merkel siempre ha intentado calmar las aguas con China y fue la líder europea que más ha presionando para cerrar el acuerdo de inversiones actuando de embajadora de la poderosa industria alemana. Eso se debe, entre otros, a su gran dependencia del mercado chino, tanto para exportar como para producir. En 2020, Alemania ha exportado a China mercancías por 96.000 millones de euros y China ha exportado bienes a Alemania por 117.000 millones de euros.

Después de la era Merkel puede que el tono con China será más duro

Paralelamente, la Comisión Europea quiere frenar la creciente influencia de China en el continente con nuevas regulaciones dirigidas a las empresas estatales extranjeras. Las medidas previstas buscan blindar a las empresas europeas ante su posible compra por compañías que reciban ayudas públicas de países de fuera de la UE y las empresas extranjeras podrían ser multadas si se han beneficiado injustamente de las subvenciones públicas. Pero aunque la UE intente bloquear algunas inversiones, está tratando de atraer otras aunque sin saber cómo impulsar la producción de semiconductores en Europa. Para fabricar chips de última generación, la UE probablemente tendrá que asociarse con empresas estadounidenses o taiwanesas como Intel o TSMC. Pero Intel ya ha dejado clara una condición que necesita para invertir en Europa: importantes subvenciones públicas.

El grupo de Socialistas y Demócratas del Parlamento Europeo indica que Bruselas y Washington deberían “cooperar estrechamente siempre que sea posible, para un enfoque estratégico conjunto hacia China, incluyendo una discusión sobre la fase estadounidense del acuerdo y el Acuerdo de Inversiones de la UE con China”, según un documento interno. El documento sugiere una “agenda comercial transatlántica progresiva”, con prioridades multilaterales y bilaterales y cooperar más con China.

En junio de 2020, la eurodiputada del PSOE, Isabel Rodríguez-Piñero se quejó, en una entrevista en Radio Nacional, de que China podría sacar tajada de la vulnerabilidad europea por la pandemia y quedarse con las empresas estratégicas europeas, al tiempo que reconoció que es un “socio comercial esencial para la UE”.

Volviendo a las subvenciones a la aeronáutica, también esta pugna hace ver las diferentes estrategias corporativas. Mientras Airbus teme la creciente competitividad de China, el desarrollo del avión chino C919 se ha visto facilitado por las ayudas estatales de entre 49.000 y 72.000 millones de dólares al fabricante público Comac, el fabricante de vehículos Volkswagen apuesta por la colaboración con China. De hecho fue una de las principales compañías detrás del lobby alemán para cerrar el acuerdo de inversión con China.

Pero, como se ha visto en las últimas semanas, no es imposible que Biden consiga mayor apoyo de la UE para enfrentarse a Pekín, concretamente en materia de disputas comerciales, reforma de la Organización Mundial de Salud (OMS) y cooperación tecnológica.

Sin avances en el acero y el aluminio ni en la OMC

En víspera de la cumbre bilateral, Valdis Dombrovskis intentó ser tajante al exigirle a Biden que “cumpla” y tome medidas concretas para deshacer los aranceles que envenenaron las relaciones transatlánticas bajo el mandato de Trump. “Queremos avanzar de forma decisiva para resolver nuestras disputas bilaterales sobre los aviones y las medidas de la Sección 232 de Estados Unidos sobre el acero y el aluminio”, dijo el comisario de Comercio en el Parlamento Europeo.

A mediados de mayo, Bruselas envió una señal al no aumentar los aranceles de represalia contra los aranceles sobre la importación de acero y aluminio.

Sin embargo, la UE no consiguió que EE UU eliminara los aranceles sobre el acero y el aluminio. Estos aranceles se introdujeron en 2018 por motivos de seguridad nacional bajo la administración Trump. El comunicado final es vago y sin compromiso.

La contienda sobre estos aranceles será aún más difícil de resolver que la cuestión de las subvenciones a los aviones y Biden no tiene prisa por derogarlos si no quiere enfadar a los sindicatos del metal en su país.

La UE se siente discriminada frente a los socios estadounidenses como Canadá o México que están exentos de esos aranceles aunque tuvieron que aceptar todas las condiciones de Trump en la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC, por sus siglas en inglés). Pero ninguna parte tiene voluntad de resolver el problema de la sobreproducción en la industria metalúrgica y la necesidad de pactar otro modelo de producción que no esté dominado por las empresas transnacionales como han demostrado los casos Alcoa o Nissan en España.

También el lenguaje del comunicado sobre la reforma de la OMC es muy impreciso y comparable a lo acordado en el G7. Bruselas quiere que Washington entre a negociar cambios en el Órgano de Apelación de la OMC pero no ha logrado un compromiso de Biden.

Otros resultados de la cumbre

Además del “marco de cooperación” sobre el conflicto Boeing-Airbus, uno de los principales resultados de la reunión es crear dos nuevos espacios de cooperación: un Consejo de Comercio y Tecnología y un Diálogo Conjunto sobre Competencia Tecnológica. La UE propuso la iniciativa en diciembre, aunque los funcionarios estadounidenses son escépticos sobre cómo funcionará realmente una vez que se establezcan.

El Consejo de Comercio y Tecnología estará formado por diez grupos de trabajo, cuya composición está aún por determinar en un momento en que no se han cubierto todos los puestos relevantes por Washington. Abordarán normas tecnológicas, clima y “tecnología limpia”, “cadenas de suministro seguras”, seguridad y competitividad de las tecnologías de la información y la comunicación, gobernanza de los datos y plataformas tecnológicas, “uso indebido de la tecnología que amenaza la seguridad y los derechos humanos”, cooperación en materia de control de las exportaciones, cooperación en materia de control de las inversiones, acceso y uso de la tecnología por parte de las PYME y, por último, “retos del comercio mundial”.

Según la Comisión Europea, el nuevo diálogo sobre competencia tecnológica se centrará en “desarrollar enfoques comunes y reforzar la cooperación en materia de política de competencia y aplicación de la ley en los sectores tecnológicos.” Si estos comités de cooperación reguladora están compuestos como en el Reino Unido, que ha publicado la composición de los grupos consultivos sobre comercio, copados por las grandes empresas, entonces es de temer que las regulaciones de las grandes plataformas de internet, que afectarían a muchas empresas estadounidenses, no se harán de forma transparente ni justa.

Asimismo habrá diálogos entre Estados Unidos y la UE sobre Rusia, las ciberamenazas y la migración, otro consejo sobre competencia, un grupo de trabajo sobre las cadenas de suministro de materiales sanitarios para combatir la covid-19, un grupo de trabajo sobre los aranceles del acero y aluminio y una alianza sobre “tecnología verde”. A la UE le encantan este tipo de cosas, pero es probable no se avanzará en resolver los grandes problemas porque necesitan soluciones políticas debatidas y decididas democráticamente.

¿Qué pasa con el TTIP?

¿Habrá una resurrección del Tratado Comercial Transatlántico (TTIP por sus siglas en inglés) que la movilización social logró parar? Al menos no durante los próximos dos años y puede que tampoco hasta el final del primer mandato de Biden. Por una parte, porque la UE quiere abrir los mercados de contratación pública en EE UU y Biden no parece dispuesto a ceder en esta ámbito. Estados Unidos, por otra parte, quiere incluir el sector agrícola en un acuerdo y la UE no se atreve hacerlo, por la oposiciones de países como Francia o Bélgica.

Lo que puede haber son acuerdos parciales en materia comercial como se ha visto con la cooperación en tecnología o la pesca. Todos estas “colaboraciones” son aun menos transparentes que la negociación de un gran acuerdo comercial.

Así ocurre por ejemplo con las importaciones de gas de esquisto de EE UU que han aumentado en los últimos años, siendo España particularmente irresponsable —desde un punto de vista acumulativo es el importador número uno de la UE—. Los informes trimestrales de la Comisión Europea dan cuenta que las importaciones de gas fósil han sido extremadamente altas en la mayor parte de 2019 y partes de 2020, incluso durante algunos meses los EE UU fueron el proveedor de gas Nº 1 a Europa. Tanto la UE como los Estados miembros, como España, están vulnerando sus propias legislaciones climáticas. No sirve de mucho prohibir los sondeos y prospecciones de gas con fracturación hidráulica (fracking) en España y permitir su comercialización.

La gira europea de Biden

Su gira comenzó en Cornualles (en inglés Cornwall, en córnico Kernow) donde se entrevistó con Boris Johnson del que le separan diferencias políticas. En una ocasión llamó al primer ministro británico un “clon físico y emocional” de Donald Trump. Biden le trajo un mensaje incómodo: evitar que los desacuerdos comerciales posbrexit entre la UE y el Reino Unido socaven el acuerdo de paz del Viernes Santo. El Acuerdo de Belfast de 1998 fue negociado por EE UU, entre otros, y puso fin a décadas de derramamiento de sangre entre los unionistas de Irlanda del Norte —de religión protestante y ultranacionalistas leales a la Corona británica— y los republicanos irlandeses, en su mayoría católicos y partidarios de la independencia o bien la reunificación irlandesa. La línea roja para la Administración de Biden es no imponer una frontera dura entre la República de Irlanda y la provincia británica de Irlanda del Norte.


Antes de la cumbre del G7, Biden y Johnson acordaron revitalizar la Carta del Atlántico, suscrita en 1941 por Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill y que estableció sus objetivos de cooperación después de la Segunda Guerra Mundial, para adaptarla a los compromisos de ambas Estados con la alianza militar de la OTAN y los nuevos desafíos, como el cambio climático, los ciberataques o la pandemia.

EE UU marcó la agenda comercial del G7

La reunión del G7, el club de los estados más enriquecidos del mundo, igualmente reflejó la apuesta del actual gobierno de EE UU en relaciones internacionales: China, impuesto de sociedades, COVID-19 y cambio climático.

Por su parte, los gobiernos europeos del G7 querían tratar asuntos como la reactivación de la OMC, la reanudación de las negociaciones sobre el acuerdo comercial entre EE UU y el Reino Unido o la disputa sobre las subvenciones a Airbus y Boeing y los aranceles sobre el acero y el aluminio.

El G7 culminó sin sorpresas y la “Declaración de Carbis Bay” insiste en recetas fallidas de la globalización neoliberal como si no hubieran existido las recientes crisis globales: “prosperidad mediante el comercio y la inversión”, “poner fin a las innecesarias medidas comerciales restrictivas”, “apoyar cadenas de suministro abiertas”, reforzar las “normas de protección contra las prácticas desleales, como la transferencia forzada de tecnología” o “el robo de la propiedad intelectual” y el “desarrollo de infraestructuras”.

“Estamos unidos en nuestro compromiso con el comercio libre (…) Estamos de acuerdo en la necesidad de que el sistema comercial multilateral se reforme, con un reglamento modernizado y una Organización Mundial del Comercio (OMC) reformada en su centro”, reza la declaración.

De cara a la duodécima Conferencia Ministerial de la OMC, que se celebrará en noviembre, pretenden concluir la negociación multilateral sobre las subvenciones a la pesca y avanzar en las negociaciones sobre el comercio electrónico.

Con la necesidad de reforzar la alianza transatlántica una vez fuera del club comunitario, parece que el gobierno del Reino Unido elaboró unas conclusiones de la cumbre deliberadamente favorables a EE UU, y que la UE estuviera dispuesta a aceptarlas aunque no reflejaran plenamente las diferencias políticas.

“En lo que respecta a China, y a la competencia en la economía mundial, seguiremos consultando sobre los enfoques colectivos para desafiar las políticas y prácticas no comerciales que socavan el funcionamiento justo y transparente de la economía mundial”.

Aunque la Administración Biden logró incluir en el comunicado del G7 su demanda de un estudio sobre el origen de covid-19, “incluyendo China”, no alcanzó un consenso general sobre la potencia asiática, sino que emitió una declaración separada sobre el uso de trabajos forzados en Xinjiang. El comunicado final sí hizo referencia a la estabilidad en el Estrecho de Taiwán, las libertades y la autonomía en Hong Kong y “pidió a China que respetara los derechos humanos y las libertades fundamentales, especialmente en relación con Xinjiang”.

El G7 también busca impulsar otro plan desmesurado en infraestructuras “Reconstruir mejor para el mundo” con el apoyo del Fondo Monetario Internacional que generaría nuevos endeudamientos de los países bajos y medios, sobre todo de África, por mas de 100.000 millones de dólares.

El plan “Build back better for the world” pretende contrarrestar la iniciativa china “La Franja y la Ruta” (“One Belt, One Road”), una estrategia para dominar gran parte de las infraestructuras, recursos y rutas comerciales que ha sido interpretado por algunos como la táctica más audaz de Pekín en su afán de poder mundial. La iniciativa china, para la cual Xi Jinping ha comprometido más de 1 billón de dólares, es un ejemplo de gigantismo geopolítico que agravará la emergencia ecológica y social mundial. El impulso clave detrás de “La Franja y la Ruta” consiste en utilizar la capacidad excedente de China para producir para los mercados extranjeros con el fin de hacer que sus industrias sean rentables. De hecho este proceso de externalización de la capacidad de construcción excedente que ha estado ocurriendo durante bastante más de una década.

En relación a Rusia, el G7 planteó que “ponga fin a su comportamiento desestabilizador y a sus actividades malignas, incluida su injerencia en los sistemas democráticos de otros países”, que “investigue urgentemente y explique de forma creíble el uso de un arma química en su territorio, que ponga fin a su represión sistemática de la sociedad civil y los medios de comunicación independientes”, y que “desbarate” los ciberdelitos.

La lectura de un comunicado de una cumbre suele ser un ejercicio aburrido en el que pesa mas lo que se ha excluido. Por ejemplo, en el comunicado de los ministerios de comercio del G7, del 28 de mayo, no se dan detalles ni plazos sobre la renovación del órgano para la solución de diferencias en la OMC ni se mencionan iniciativas más polémicas, como el Mecanismo de Ajuste en Frontera de emisiones de Carbono de productos importados propuesto por la UE.

Las organizaciones sociales y ecologistas afirmaron que el G7 no ha estado a la altura de los retos a los que se enfrenta el mundo. El comunicado no contenía ningún calendario para poner fin a la quema del carbón o las subvenciones a los combustibles fósiles, sólo ofrecía ayudas económicas equivalentes a 613 millones de dosis contra el coronavirus para los países más vulnerables del mundo en los próximos 12 meses, cuando se necesitan 11.000 millones según la OMS.

La gente está cansada de tanta retórica y caridad colonialista. Hay que acabar con los monopolios de las grandes farmacéuticas.

20 jun 2021 05:32

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