Sábado, 19 Junio 2021 06:51

Nueva fase

Nueva fase

La cumbre en Ginebra de los titulares del Kremlin, Vladimir Putin, y de la Casa Blanca, Joe Biden, permitió corroborar que Rusia y Estados Unidos están de acuerdo en que no están de acuerdo en infinidad de temas de gran calado, pero no cayeron en el error de empujar la relación bilateral a un punto de ruptura irreversible, dejando abierta al diálogo una pequeña ventana para negociar sus discrepancias de fondo y tratar de establecer entendimientos en aquellos ámbitos que reporten beneficios a ambos.

La reunión de los presidentes –más breve de lo previsto, sin comida ni brindis de buenas intenciones, sin compromisos asumidos por ninguno ni conferencia de prensa conjunta– significó un respiro en que se podrá ver si Moscú y Washington, en un plazo de tres a seis meses, son capaces de consolidar una nueva fase de su deteriorada relación, que se podría llamar de "confrontación controlable", la cual presupone intentar un avance donde se pueda y excluir que la tensión –exacerbada por acciones irresponsables, gestos inamistosos, injerencias indebidas y comportamientos imprevisibles– ponga al mundo al borde de una hecatombe nuclear.

Cuando Putin y Biden se dieron la mano en Ginebra, una parte considerable de sus arsenales nucleares, como sucede las 24 horas de cada día, estaba lista para recibir la orden de destruir con miles de misiles Estados Unidos y Rusia. Por eso, es relevante que los presidentes hayan aceptado ratificar, mediante una declaración conjunta de apenas tres párrafos, la tesis fundamental de que "no puede haber vencedor en una guerra nuclear y ésta nunca debe iniciarse", formulada por Mijail Gorbachov y Ronald Reagan a mediados de los años 80 del siglo pasado.

Esta cumbre sirvió para marcar las líneas rojas que, desde el respeto del oponente, Rusia y Estados Unidos no deben rebasar, a riesgo de recibir una respuesta contundente, lo que hizo posible el regreso de los respectivos embajadores a Moscú y Washington para comenzar a fijar las nuevas reglas del juego que devuelvan las relaciones diplomáticas a lo que podríamos denominar "normalidad".

Logrado esto, queda aún un largo camino para negociar las múltiples discrepancias y lo único seguro es que la etapa de "confrontación controlable" durará mientras el Kremlin y la Casa Blanca no hagan concesiones recíprocas.

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EE.UU. y Rusia normalizan las relaciones diplómaticas tras la cumbre Biden-Putin

Ambos países acordaron el retorno de los embajadores

El presidente ruso dijo que la reunión fue "constructiva", mientras que su par estadounidense aseguró que a ambos no les interesa "una nueva Guerra Fría". En cambio, no se pusieron de acuerdo en torno a la situación del opositor Alexéi Navalni.

 

El apretón de manos entre el presidente estadounidense Joe Biden y su par ruso Vladimir Putin fue un buen resumen de la esperada cumbre de Ginebra, destinada a rebajar las tensiones entre ambos países y hallar algunos puntos de acuerdo. En concreto, ambos líderes anunciaron la normalización de las relaciones diplomáticas y destacaron que trabajarán en conjunto en temas como la ciberseguridad. En cambio, no se pusieron de acuerdo en torno a la situación del opositor ruso Alexéi Navalni. Los dos mandatarios llegaron con minutos de diferencia a la Villa La Grange, lugar del encuentro, y fueron recibidos por el presidente suizo Guy Parmelin.

Después de la reunión que duró casi cuatro horas, el presidente de Rusia dijo que la cumbre con Biden fue "constructiva". Rechazó las acusaciones del mandatario estadounidense respecto al envenenamiento y posterior detención de Navalni al decir que éste sabía que iba a ser detenido en Rusia y que "buscó deliberadamente ser arrestado". Por su parte Biden reveló que le aseguró a Putin que "las consecuencias serán devastadoras" para Rusia si muere Navalni. El presidente de Estados Unidos le dijo a Putin que su agenda no es en contra de Rusia, sino que "es por el pueblo estadounidense" y aseguró que a ambos no les interesa "una nueva Guerra Fría". 

"Considero que no hubo ninguna hostilidad aunque nuestras valoraciones difieran en muchos aspectos. Desde mi punto de vista, ambas partes demostraron el deseo de comprenderse el uno al otro y de buscar un acercamiento de las posiciones", afirmó Putin en rueda de prensa tras la esperada cumbre presidencial.

En cuanto a los embajadores de ambos países, Putin aseguró que "el problema está resuelto" y que "están volviendo a los lugares de servicio permanente". Los embajadores ruso y estadounidense habían abandonado Moscú y Washington en abril, luego de que la administración Biden impusiera una batería de sanciones contra el país euroasiático por sus "acciones desestabilizadoras", que incluían esfuerzos para "socavar las elecciones democráticas libres y justas" o "facilitar actividades cibernéticas maliciosas". 

En ese sentido, el mandatario ruso volvió a negar las acusaciones y anunció que Estados Unidos y Rusia comenzarán una ronda de consultas sobre estabilidad estratégica y ciberseguridad. Subrayó que en este ámbito "es necesario dejar de lado todo tipo de insinuación y empezar a trabajar a nivel de expertos".

Putin indicó que Rusia también sufre ciberataques y citó como ejemplo una agresión al sistema sanitario de una de las entidades federadas rusas. "Desde luego, vemos desde dónde proceden los ataques, vemos que este trabajo se coordina desde el ciberespacio de Estados Unidos", señaló. Al mismo tiempo, el mandatario ruso manifestó que no cree que el gobierno de Estados Unidos esté "interesado en manipulaciones de ese tipo"

Putin agregó que el líder opositor Alexei Navalni infringía deliberadamente las leyes rusas y era consciente de que su castigo sería la cárcel. "Los órganos del poder lo citaron pero él no se apersonó, ignoró la ley y fue declarado en búsqueda", planteó. Pese a ello, Navalni regresó a Rusia desde Alemania, donde se recuperaba del envenenamiento con un agente tóxico del grupo Novichok que sufrió en agosto de 2020, y posteriormente fue detenido.

A su turno el presidente Biden aseguró sobre la escala de su gira europea en Ginebra: "Hice lo que vine a hacer". El líder demócrata manifestó que le dijo a su par ruso que "los derechos humanos siempre estarán sobre la mesa". Además le "dejó en claro" a Putin que continuará planteando las preocupaciones de Estados Unidos sobre casos como el de Navalni.

El mandatario estadounidense, que ha visto como varias empresas e infraestructuras importantes de su país sufrían ciberataques en las últimas semanas, reveló a la prensa que le dio a Putin "una lista" de 16 entidades que "van del sector de la energía hasta nuestros sistemas de distribución de agua". Esas "infraestructuras cruciales" deben quedar al margen de ciberataques, aseguró.

Un periodista presente en la conferencia le pidió a Biden que responda a los dichos de Putin al comparar el encarcelamiento de opositores como Navalni con los cargos presentados contra quienes llevaron a cabo el asalto al Capitolio el pasado seis de enero. "Creo que es una comparación ridícula", dijo Biden. El presidente estadounidense enfatizó que había una gran diferencia entre asaltar el Capitolio con armas y amenazar a las fuerzas de seguridad o marchar por "el derecho a celebrar elecciones libres y justas" en Rusia.

Biden decidió no responder una pregunta respecto a si había reconsiderado su comentario de que el presidente Putin no tiene "alma", tal como afirmó después de una reunión de 2011 con el líder ruso. El mandatario demócrata sonrió, se puso los lentes de sol y empezó a alejarse del atril diciéndole a los periodistas: "Muchas gracias".

Sin embargo, Biden no se fue y decidió responder un par de preguntas más. Y pareció inquietarse cuando le preguntaron por qué estaba tan seguro de que Putin cambiaría su comportamiento, sobre todo luego de que el líder ruso rechazara estar involucrado en ataques cibernéticos y se negara a decir el nombre de Navalni durante su conferencia de prensa.

El presidente estadounidense afirmó que era una caracterización errónea de sus comentarios y respondió: "No estoy seguro de que cambie su comportamiento" ¿Dónde diablos? ¿Cuándo dije que tenía esa confianza?" preguntó y continuó un tanto ofuscado: "Lo que yo dije es, cambiará su comportamiento si el resto del mundo reacciona ante ellos (por Rusia) y eso disminuye su posición en el mundo".

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Miércoles, 16 Junio 2021 05:45

Claves para entender los mensajes del G7

Claves para entender los mensajes del G7

La semana pasada, del 11 al 13 de junio, se reunió en Cornualles, Inglaterra, el llamado G7. Un grupo auto-elegido integrado por los gobiernos de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Canadá y Japón. A 2019, esos siete países reunían cerca del 58 por ciento de la riqueza global y el 46 por ciento del PIB mundial. Además son sede de la mayoría de las empresas transnacionales. Se arrogan el suficiente peso económico, político y militar para dar directivas al resto del mundo. En esta ocasión también fueron como observadores representantes de la Unión Europea, Corea, Sudáfrica e India. 

En la declaración de esa reunión –la primera presencial post-pandemia– hicieron varios anuncios muy vistosos: la donación de mil millones de vacunas para Covid-19 a países “en desarrollo”, el compromiso de evitar futuras pandemias, de enfrentar al cambio climático y a la crisis de biodiversidad. También un plan para aumentar su competencia con China y Rusia por el reparto del mundo.

Pese a que una gran parte de la población global ha sido duramente golpeada por las restricciones impuestas por la pandemia, principalmente los pobres y más vulnerables, los mensajes del G7 anunciaron nuevos golpes, aunque maquillados de verdes y caritativos.

Por ejemplo, el anuncio de enviar vacunas a los países del Sur. En letra más pequeña aclara que serán 1000 millones hasta fines de 2022 y a través del mecanismo Covax, un invento de la Fundación Bill y Melinda Gates, para sustituir la distribución de vacunas a través de Naciones Unidas y sobre todo, evitar que se produzcan vacunas a nivel nacional y sin patentes. Covax es un emprendimiento público-privado, administrado por GAVI, otra alianza para vacunación global creada antes por la fundación Gates. Su meta principal es abrir y garantizar mercados para las vacunas de las grandes farmacéuticas y que los países que las reciban respeten esas patentes, con legislaciones adecuadas para ello. Las vacunas que dicen “donar” son compradas con dinero público y pagadas a las empresas. Aunque el número de vacunas que anunció el G7 podría parecer alto, la OMS aclaró rápidamente que se necesitan mínimo 11 mil millones de vacunas para tener efecto en el curso de la pandemia. La intención del G7 es curarse en salud (o mejor dicho curarse gracias a la enfermedad de otros),  fortaleciendo un mecanismo de vacunación global que evite el acceso y control público tanto a nivel nacional como internacional, de tal manera que nunca seansuficientes dosis, permitiendo que los virus muten y siempre haya escasez. Explico un poco más sobre este perverso mecanismo en otro artículo

Convenientemente, el G7 no se pronunció sobre la iniciativa de India y Sudáfrica ante la OMC para exceptuar de patentes a los tratamientos relacionados a Covid-19 en pandemia.

En el mismo tono, el compromiso de evitar futuras pandemias no se refiere a atacar las causas de raíz que provocaron esta pandemia y las anteriores, entre las que el sistema alimentario agroindustrial tiene la responsabilidad fundamental, tanto por la destrucción de ecosistemas que conlleva, como por las mutaciones de microbios que provoca la cría industrial de animales y por la debilidad inmunológica y la pandemia de obesidad global entre la población, debido al consumo de comida industrializada, no nutritiva y llena de agrotóxicos. 

Tampoco propone el G7 sistemas de salud pública y preventiva universales y gratuitos, otro aspecto clave de debilidad de los países frente a las epidemias, sino lo contrario. Se refiere a atención de enfermedad, pero para  establecer más “asociaciones público privadas” (como Covax) que significan más privatización en los sectores de salud, donde los estados construyen infraestructura y las empresas lucran con todo elfuncionamiento del sistema, incluidos cobros por acceder y lucros por instrumental y tratamientos.

Ligado a esto, otro aspecto sumamente preocupante es que el G7 también promete (“amenaza” es el verbo más adecuado) reducir el tiempo de desarrollo de nuevas vacunas, tratamientos y diagnósticos para que estén listos en menos de 100 días. Si algo ha sido omnipresente en esta pandemia, es la falta de certeza e incoherencia en diagnósticos y el uso acelerado de vacunas totalmente experimentales, nunca antes probadas y sólo autorizadas para uso emergencial, sobre las que no existen datos de sus efectos potenciales a mediano y largo plazo. Ahora el G7 amenaza con consolidar esta vía que elimina la responsabilidad y el principio de precaución, pero que será un increíble negocio para las farmacéuticas. 

En otros rubros, como la crisis climática y de biodiversidad, ambos graves problemas globales, anuncian compromisos que quieren hacer aparecer como positivos, cuando en realidad son sentencias de muerte que nos harán perder valiosos años para atender las crisis acuciantes del calentamiento global y lo que se ha llamado “la sexta extinción masiva” de la biodiversidad, ambas relacionadas también al surgimiento de nuevas epidemias.

Sobre cambio climático, afirman que ahora sí invertirán el dinero que comprometieron en 2009 para estabilizar el aumento de temperatura global en menos de 1.5 grados. Pero no se refieren a actuar sobre las causas del cambio climático, es decir, nada harán que moleste el lucro de las industrias que son las principales emisoras de gases de efecto invernadero: la extracción y uso de combustibles fósiles, el sistema alimentario agroindustrial, la deforestación.

La “promesa” del G7 es apoyar y subsidiar la ola de “compromisos” de cientos de empresas trasnacionales que son grandes contaminadores para llegar a “emisiones cero netas”. O sea, no para reducir emisiones, sino para aumentarlas, supuestamente para compensarlas con falsas “soluciones” de mercado y tecnológicas que en realidad no compensan nada, pero generan ganancias adicionales. Un nuevo informe producido en junio 2021 por varias organizaciones de justicia climática analiza las promesas de las empresasy explica por qué conllevarán nuevas amenazas y más despojo a las comunidades, además de aumentar el caos climático. (Ver La gran estafa: Cómo los grandes contaminadores imponen su agenda “cero neto” para retrasar, engañar y negar la acción climática)

Adicionalmente, la declaración del G7 afirma que parte de su contribución a mitigar la crisis climática será desarrollar nuevas vías de transporte e infraestructura para expandir la digitalización. Esto está relacionado con fortalecer su competencia con China y Rusia, tal como anuncian. Pero en lugar de reducir, aumentará las emisiones, tanto por mayor transporte y comercio, como por la alta demanda enérgetica de la digitalización en comercio y finanzas, un problema poco conocido, pero de enormes proporciones.

Al igual que con las promesas sobre cambio climático, las relacionadas a biodiversidad implican, otra vez, renovadas amenazas. Por ejemplo, una línea de acción principal es el apoyo a la llamada iniciativa 30×30 (30 por ciento de áreas protegidas al 2030). Esta propuesta, que viene de grandes ONGs conservacionistas y corporativas como The Nature Conservancy, WWF y otras, fue también introducida para su adoptación en las discusiones del Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas. El principal problema, como han señalado organizaciones sociales y ambientalistas, es que esta forma de “protección” se orienta a expulsar de sus territorios a los pueblos que allí viven y subsisten, con el argumento de que deben ser conservadas sin gente, cuando en realidad son las comunidades las que las han cuidado y conservado en casi todo el mundo. Expulsadas las comunidades, se convierten en áreas que pueden ser usadas por grandes ONGs y sus socios de gobierno, para la venta de captura y secuestro de carbono, compensaciones por biodiversidad y otra serie de lucrativos negocios. Hemos visto numerosos ejemplos de este tipo de acción con programas como pagos por servicios ambientales y REDD+. Ahora pretenden darle otro empuje global a la invasión de áreas que siempre han sido “protegidas” por las propias comunidades. 

Todo lo cual no sólo será una nueva ola de despojos, sino que también empeorará las crisis climática, de biodiversidad, de salud. 

Pero, como un signo de esperanza para todas y todos, al mismo tiempo que se reunían estos voceros del capitalismo mundial para anunciar sus nuevas amenazas en el G7, llegaba a las Azores, Portugal, el barco La Montaña, con siete muy diferentes. Son las, los y otroas zapatistas que están en la Gira por la Vida, que al contrario de todo lo anterior, se teje de encuentros verdaderos, entre personas, organizacionesy comunidades para compartir dolores, horizontes, luchas y construcciones que son las que realmente mantienen a la mayoría de la gente y el planeta con vida.

16 junio 2021

Publicado enMedio Ambiente
Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, ofrece una conferencia de prensa este lunes. En vídeo, sus declaraciones sobre China.(EFE)

La Alianza reclama a Pekín que respete el orden internacional “en el espacio, en el ciberespacio y en el terreno marítimo”

 

La primera cumbre de la OTAN en la era de Joe Biden ha colocado a China en la lista de principales desafíos junto al tradicional rival que era Rusia. La Alianza, además, ha establecido una nueva línea de defensa contra el riesgo de ciberataques a la vista del creciente número de incidentes y agresiones procedentes, en muchas ocasiones, de territorio ruso. Los 30 aliados occidentales entran así en una nueva etapa marcada por el impulso del nuevo presidente de EE UU y por la necesidad de afrontar un escenario geoestratégico muy inestable y plagado de amenazas híbridas que van más allá de la estrategia militar tradicional.

La reunión celebrada en la sede de la OTAN en Bruselas ha permitido visualizar el compromiso de la nueva Administración estadounidense con una Alianza cuya utilidad fue cuestionada por el anterior presidente, Donald Trump, que llegó a poner en duda su supervivencia. La cita de este lunes, en cambio, ha sido la ocasión para un reencuentro transatlántico basado en la buena sintonía y con un ambiente de “primer día de colegio”, según el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, por tratarse de una de las primeras citas con presencia física desde el inicio de la pandemia.

Biden ha hecho una profesión de fe en la relación transatlántica y en el futuro de la Alianza que ha reconfortado a los aliados. El renovado ímpetu apunta claramente hacia Rusia, que aparece mencionada 61 veces en el comunicado final de la cumbre y que sigue siendo la principal amenaza para la Alianza. Pero los 30 miembros de la OTAN subrayan también el “desafío sistémico” que supone China, que aparece mencionada 10 veces en el comunicado. Y los aliados occidentales apuntan con inquietud al riesgo de que ambos países autoritarios aúnen fuerzas para desafiar a las democracias occidentales porque China “está también cooperando militarmente con Rusia, incluida su participación en maniobras rusas en la zona euroatlántica”.

La Alianza empieza ya a plantear exigencias concretas a Pekín y a adoptar medidas que tienen en el punto de mira tanto a Rusia como al Gobierno de Xi Jinping. “Pedimos a China que respete sus compromisos internacionales y que actúe con responsabilidad en el sistema internacional, incluido el espacio, el ciberespacio y los territorios marítimos, en línea con su papel como gran potencia”, señala el comunicado final de la cumbre de la OTAN.

Los aliados occidentales colocan a China, además, en el nuevo campo de batalla del siglo XXI caracterizado por “un creciente número de amenazas cibernéticas, híbridas y asimétricas, incluidas las campañas de desinformación, el uso malicioso y cada vez más sofisticado de tecnologías emergentes y disruptivas”.

Varios aliados han sufrido ciberataques en los últimos meses, desde el que afectó a las bases informáticas del sistema de salud en Irlanda al que paralizó un oleoducto en EE UU. Aunque en principio los ataques son reivindicados por grupos de piratas informáticos a la caza de un rescate multimillonario, las autoridades occidentales sospechan que en ciertos casos puede tratarse de técnicas desestabilizadoras para la economía y la democracia orquestadas o toleradas por gobiernos autoritarios.

La OTAN reafirma su intención de juzgar esos ataques caso por caso y se reserva la posibilidad de calificarlos como agresión y activar el artículo 5 de su tratado, que establece la ayuda mutua entre los aliados. El comunicado de la cumbre señala que “los aliados reconocen que el impacto acumulado de ciberactividades maliciosas significativas podría, en ciertas circunstancias, ser considerado equivalente a un ataque armado”.

La OTAN, de momento, ha acordado en la cumbre la puesta en marcha de una política de ciberdefensa extensa, basada en la disuasión y el desarrollo de nuevas capacidades. Y se declara dispuesta “a emplear todas nuestras capacidades en cualquier momento para evitar, defendernos de o contrarrestar el espectro completo de ciberamenazas, incluidas aquellas que forman parte de campañas híbridas”.

Los aliados advierten también: “Si es necesario impondremos costes a quienes nos golpean”. Y avisan de que la respuesta “no necesita restringirse al terreno cibernético”. Una amenaza de represalia asimétrica que probablemente llamará la atención en Moscú o en Pekín.

Arsenal nuclear

La cumbre de la OTAN no ha llegado a calificar a China como “enemigo” o “rival”, pero el lenguaje del comunicado final deja clara la creciente tensión con el gigante asiático. “Las ambiciones declaradas de China y su conducta asertiva presentan desafíos sistémicos para el orden internacional y en áreas relevantes para la seguridad de la Alianza”, señala el texto aprobado por unanimidad. Los presidentes de Gobierno o Estado de esos países aliados añaden: “Estamos preocupados por las políticas de coerción [de Pekín]” y recuerdan que “China está expandiendo rápidamente su arsenal nuclear” y mantiene “la opacidad sobre el desarrollo de su modernización militar”.

Stoltenberg ha precisado que la estrategia frente a China no consistirá tanto en la presencia de la OTAN en Asia como en el fortalecimiento de las defensas en el propio territorio de la Alianza: “Porque es China la que está viniendo hacia nosotros”. Entre los aliados, sin embargo, hay numerosos matices sobre la relación con Pekín y varios de los países europeos, como Alemania o Francia, se resisten a embarcarse en una especie de guerra fría con el gigante asiático.

“No hay que confundir los objetivos”, ha señalado el presidente francés, Emmanuel Macron, al término de la cumbre. “La OTAN es una organización militar, pero nuestra relación con China no es solo militar”, ha dicho Macron. Y ha subrayado: “China es una gran potencia con la que trabajamos en áreas internacionales muy importantes”, en alusión a la lucha contra el cambio climático o el control de armamentos.

Pero a pesar de las reticencias europeas, la Alianza endurece progresivamente su tono hacia China. La OTAN ya había identificado a ese país como uno de sus principales desafíos en la cumbre de diciembre de 2019, en gran parte por la presión de Trump. El presidente Biden no solo ha mantenido la presión del anterior inquilino de la Casa Blanca, sino que incluso la ha redoblado.

Por Bernardo de Miguel

Bruselas - 14 jun 2021 - 20:16 CEST

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Activistas protestaron ayer en Cornwall con máscaras de los líderes de EU, Joe Biden; Francia, Emmanuel Macron; GB, Boris Johnson; Japón, Yoshihide Suga; Alemania, Angela Merkel, y de Canadá, Justin Trudeau . Foto Ap

Ecologistas consideran "insuficientes" los acuerdos ambientales// Ofrecen donar mil millones de vacunas, pero se requieren 10 mil millones más para inmunizar a 70% de la población mundial: OMS

 

Carbis Bay., Los líderes del Grupo de los Siete (G-7) se comprometieron ayer a ayudar al mundo a atajar la pandemia del Covid-19, frenar el cambio climático y enfrentar los desafíos planteados por China y Rusia, en la clausura de una cumbre que buscó mostrar su renovada unidad.

Al término de su primer encuentro en persona en casi dos años, en una playa del suroeste de Inglaterra, los jefes de Estado y de gobierno de Alemania, Angela Merkel; Canadá, Justin Trudeau; Estados Unidos, Joe Biden; Francia, Emmanuel Macron; Italia, Mario Draghi; Japón, Yoshihide Suga, y Reino Unido, Boris Johnson, publicaron una ambiciosa declaración de intenciones.

Ha sido una cumbre "extraordinariamente colaborativa y productiva", se congratuló Biden antes de dirigirse, acompañado de su esposa, Jill, al castillo de Windsor, cerca de Londres, para tomar el té con la reina Isabel II.

Al cabo de tres días de debates, las siete grandes economías se comprometieron a proteger 30 por ciento de la tierra y los océanos para 2030, buscando detener la pérdida de biodiversidad, y a reducir sus emisiones de carbono a la mitad, respecto de 2010.

Los ecologistas criticaron unas promesas que consideraron insuficientes. “Sin un acuerdo para poner fin a todos los nuevos proyectos de combustibles fósiles –algo que debe hacerse este año si queremos limitar el peligroso aumento de la temperatura global– este plan se queda muy corto”, denunció el director de Greenpeace en Reino Unido, John Sauven.

La cumbre abordó también la respuesta a la pandemia con una declaración para ayudar a prevenir futuras crisis sanitarias y la promesa de donar a países desfavorecidos mil millones de vacunas contra el Covid-19 –que ha matado a 3.7 millones de personas– a partir de agosto y hasta 2022.

El director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, celebró el anuncio, pero destacó que para poner fin a la pandemia hacen falta 11 mil millones de dosis para inmunizar al menos a 70 por ciento de la población mundial para mediados de 2022.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, hizo hincapié en la necesidad de ayudar a los países en desarrollo a remontar la crisis económica provocada por el coronavirus, al advirtir sobre el riesgo de que haya "recuperaciones peligrosamente divergentes".

Los líderes del G-7 pidieron una investigación "oportuna, transparente, encabezada por científicos y basada en la ciencia" sobre los orígenes del Covid-19.

Anunciaron, además, un plan de infraestructuras impulsado por Estados Unidos para ayudar a los países de renta baja y media, desde América Latina hasta el Pacífico, a recuperarse de la pandemia.

El proyecto llamado Reconstruir un Mundo Mejor, estimado en cientos de miles de millones de dólares, tiene como objetivo rivalizar con un proyecto chino similar denominado "nuevas rutas de la seda".

Pero este será "mucho más justo", aseguró Biden, quien afirmó que "no busca conflicto" con Pekín.

El G-7 pidió un estudio más profundo de la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre los orígenes del Covid-19, con la participación de China, país al cual apremió a "respetar los derechos humanos" en la región de Xinjiang, hogar de la minoría musulmana uigur.

El resurgimiento de China como potencia mundial es considerado uno de los eventos geopolíticos más importantes de los últimos tiempos, junto con la caída de la Unión Soviética en 1991, que puso fin a la guerra fría.

El comunicado final de la cumbre llamó a Rusia a poner fin a sus "actividades desestabilizadoras", incluyendo la injerencia en los sistemas democráticos de otros países y los ciberataques con programas de robo de datos atribuidos a grupos de ese país.

También llamó a Moscú a cumplir sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos, investigando de manera urgente el uso de armas químicas en su territorio y poniendo fin a "la represión sistemática de la sociedad civil y los medios de comunicación independientes".

La primera gira internacional de Biden como presidente culminará pasado mañana con un encuentro en Ginebra con su par ruso, Vladimir Putin, a quien prometió expresar de manera "muy clara" sus desacuerdos, si bien reconoció que las relaciones entre ambos países atraviesan un deterioro grave, como lo ha señalado el líder del Kremlin.

El mandatario ruso sostuvo entrevistas con la prensa rusa y medios estadunidenses. Declaró que aspira a restablecer contactos con Washington y expuso: "el presidente Biden es radicalmente distinto a (Donald) Trump porque es un hombre de carrera. Ha pasado prácticamente toda su edad adulta en la política. Basta pensar en la cantidad de años que pasó en el Senado. Es un tipo de persona diferente. Hay algunas ventajas y desventajas, pero tengo la gran esperanza en que, de su parte, no habrá ningún movimiento basado en el impulso".

Guerra de las salchichas

Las tensiones entre Reino Unido y la Unión Europea (UE) por el acuerdo del Brexit estallaron ayer en una guerra abierta de palabrasπ y ambas partes acusaron a la otra de sembrar discordia en la cumbre del G-7.

Desde que Reino Unido votó a favor de abandonar la UE en 2016, las dos partes han estado tratando de resolver el enigma sobre qué hacer con la provincia británica de Irlanda del Norte, que tiene frontera terrestre con Irlanda, integrante del grupo comunitario.

En última instancia, las conversaciones siguen volviendo al delicado mosaico de historia, nacionalismo, religión y geografía que se entrelazan en Irlanda del Norte, pero el último pulso está centrado en las salchichas.

Durante las conversaciones con Macron en la cumbre del G-7, Boris Johnson preguntó cómo reaccionaría el presidente francés si las salchichas de Toulouse no pudieran venderse en los mercados de París.

El periódico británico Telegraph informó que Macron respondió de manera incorrecta al decir que Irlanda del Norte no es parte de Reino Unido, algo que el canciller británico, Dominic Raab, calificó de "ofensivo".

"Es una falta de comprensión de los hechos. No hablaríamos de Cataluña y Barcelona, o de Córcega en Francia de esa manera", subrayó Raab a la BBC.

Macron sostuvo que el premier Johnson era "muy consciente" de las disposiciones que firmó en su protocolo de Irlanda del Norte y ahora debe implementarlas "con seriedad, calma y profesionalismo".

En una medida que podría provocar una guerra comercial a gran escala, Johnson amenazó con medidas de emergencia en el protocolo de Irlanda del Norte, incluido en el acuerdo de divorcio Brexit si no se encuentra una solución.

Una fuente diplomática francesa comentó que Macron quedó desconcertado por el hecho de que Johnson mencionara las salchichas, algo que el líder británico calificó de asunto crucial, pero que los franceses consideran una distracción del objetivo principal del G-7.

"Se necesitaron cuatro años para negociar este acuerdo", indicó la fuente. "No se puede decir que Reino Unido no sabía qué estaba firmando. No es muy profesional o es una distracción de los problemas reales".

Interrogado con insistencia por la prensa sobre los comentarios de Macron, Johnson mencionó que el Brexit ocupó una "pequeña proporción de nuestras deliberaciones" durante la cumbre del G-7.

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Las grandes potencias aprovecharon el año de la pandemia para aumentar el despliegue de sus armas nucleares

El último informe del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) señala que durante 2020 el número estimado de armas nucleares desplegadas en fuerzas operativas creció hasta las 3.825, de las cuales alrededor de 2.000 "se mantuvieron en un estado de alerta operativa alta, a punto para ser usadas". Casi todas pertenecían a EEUU y Rusia.

 

La crisis mundial provocada por el coronavirus no apagó la amenaza nuclear. Según destaca el prestigioso Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) en un informe, el número estimado de armas nucleares desplegadas por las grandes potencias mundiales creció hasta las 3.825, pero eso no es todo: alrededor de 2.000, casi todas pertenecientes a Rusia y EEUU se mantuvieron en un "estado de alerta operativa alta". O lo que es lo mismo, "a punto para ser usadas".

Coincidiendo con la cumbre de líderes de la OTAN que tiene lugar este lunes en Bruselas, el SIPRI ha dado a conocer los datos de su anuario, en el que evalúa la "situación actual en materia de armamentos, desarme y seguridad internacional". "Al inicio de 2021, los nueve países con armamento nuclear –Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia, China, India, Pakistán, Israel y la República Democrática Popular de Corea (Corea del Norte)— poseían conjuntamente unas 13.080 armas nucleares", señala el estudio, que destaca que esta cifra "representa una disminución respecto de las 13.400 que el SIPRI calculó que tenían a comienzos de 2020".

Sin embargo, "el número estimado de armas nucleares desplegadas actualmente en fuerzas operativas" pasó de 3.720 en enero de 2020 a 3.825 en enero de 2021. "Mientras que en 2020 EEUU y Rusia continuaron reduciendo sus existencias generales de armas nucleares al desmantelar ojivas en desuso, se calcula que al inicio de 2021 disponían de unas 50 ojivas nucleares más en despliegues operativos que un año antes", advierte el SIPRI.

El documento alerta que Rusia también incrementó su stock militar nuclear general en unas 180 ojivas, "debido principalmente al despliegue de más misiles balísticos intercontinentales terrestres con múltiples ojivas y misiles balísticos de lanzamiento submarino". De esta forma, las "fuerzas nucleares estratégicas" desplegadas por EEUU y Rusia "se mantuvieron dentro de los límites establecidos por el Tratado para la Reducción de Armas Estratégicas Ofensivas de 2010 (Nuevo START), a pesar de que el tratado no limita las existencias totales de ojivas nucleares".

"Parece que ahora el número total de ojivas en las reservas militares mundiales está aumentando, un indicador preocupante de que la tendencia a la baja que ha caracterizado los arsenales nucleares globales desde el fin de la Guerra Fría se ha estancado", afirma en un comunicado Hans M. Kristensen, miembro asociado senior del Programa de Desarme Nuclear, Control de Armas y No-Proliferación del SIPRI y director del Proyecto de Información Nuclear de la Federación de Científicos Americanos (FAS).

En ese contexto, afirmó que "la prórroga en el último momento del Nuevo START por parte de Rusia y EEUU en febrero de este año fue un alivio, pero las perspectivas de un control de armas nucleares bilateral adicional entre las superpotencias nucleares continúan siendo exiguas". De acuerdo a los datos divulgados por SIPRI, Moscú y Washington "poseen conjuntamente más del 90% de los arsenales nucleares mundiales", al tiempo que tienen en marcha "programas amplios y caros para sustituir y modernizar sus ojivas nucleares, los misiles y los sistemas de lanzamiento aéreos, así como las instalaciones de producción".

Por otro lado, "los nueve países con armamento nuclear poseían conjuntamente unas 13.080 armas nucleares e invierten en su modernización. Una sola de estas armas ya es hasta 100 veces más potente que las que se lanzaron sobre Hiroshima y Nagasaki", advierte un comunicado divulgado por la organización catalana FundiPau. 

El informe del SIPRI incide precisamente que el Reino Unido "cambió la política de reducción de los arsenales nucleares del país y elevó el límite previsto para armas nucleares de 180 a 260", mientras que China "está inmersa en una modernización y expansión significativas de sus existencias de armas nucleares" e India y Pakistán "también parece que estén ampliando sus arsenales". Por su parte, Corea del Norte "continúa haciendo mejoras en su programa nuclear militar como elemento central de su estrategia de seguridad nacional".

137.000 dólares por minuto

Asimismo, la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés) ha publicado un documento en el que establece que esos nueve países con armas nucleares "gastaron 72.600 millones de dólares (137.000 dólares por minuto) en 2020, en plena pandemia", lo que supuso 1.400 millones de dólares más que el año anterior. "Unos recursos que se habrían podido invertir en material hospitalario, personal médico, investigación y atención a las personas afectadas por el virus y sus consecuencias", destacan los promotores de dicha campaña, entre los cuales se encuentra FundiPau. 

En enero de este año entró en vigor el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN), lo que supuso "un paso muy relevante para avanzar hacia la eliminación de estas armas". "Ahora el reto es conseguir que el mayor número posible de países, entre ellos los miembros de la OTAN, se sumen para que sea realmente efectivo", indican desde la campaña que busca la eliminación de ese armamento. De momento, 86 países ha firmado el TPAN y 54 lo han ratificado.

Según una encuesta realizada por la consultora YouGov a instancias de ICAN, el 89% de la población española apoya ese tratado de prohibición de las armas nucleares. El Gobierno, siguiendo lo marcado por la OTAN, ha descartado rubricarlo. 

14/06/2021 00:04

Por Danilo Albin@Danialri

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Biden quiere transformar el Quad en una miniOTAN para neutralizar a China

El presidente de EE UU, Joe Biden, está estos días de visita oficial en Europa. Uno de los propósitos de la visita es concertar con los aliados europeos una estrategia común para contrarrestar la creciente actividad militar de China en Asia y de Rusia en el este de Europa.

[El presidente de EE UU, Joe Biden, está estos días de visita oficial en Europa. Uno de los propósitos de la visita es concertar con los aliados europeos una estrategia común para contrarrestar la creciente actividad militar de China en Asia y de Rusia en el este de Europa. El siguiente artículo, publicado hace ya varios meses, explica cuáles son los planes de la nueva presidencia estadounidense en la región de Asia-Pacífico. Ndt.]

Con China como telón de fondo y su creciente potencial militar en el centro de sus preocupaciones, el presidente estadounidense Joe Biden y su gobierno organizan la respuesta entablando conversaciones en este sentido con las principales cabezas de la diplomacia europea. Están preparando asimismo una próxima cumbre del Quad, ese foro estratégico que reúne a EE UU, Japón, Australia e India y que Washington quisiera convertir en una nueva OTAN en Asia.

El pasado 5 de febrero, los jefes de la diplomacia de Alemania, Francia, Reino Unido y EE UU declararon su intención de “relanzar” los vínculos transatlánticos con motivo de su primer encuentro telemático desde la toma de posesión de Biden en Washington el 20 de enero. “Los ministros de Asuntos Exteriores han convenido en que desean relanzar la asociación transatlántica tradicionalmente fuerte y afrontar conjuntamente los retos globales en el futuro”, afirmaron en un comunicado del gobierno estadounidense. “Este primer intercambio en profundidad entre los ministros de Asuntos Exteriores desde la investidura del presidente Biden se ha caracterizado por una atmósfera confiada y constructiva.”

Estas reuniones telemáticas han brindado la ocasión de abordar una serie de cuestiones, entre ellas la de Irán, la pandemia de coronavirus, así como las relaciones con China y Rusia, precisó la cancillería de Berlín. El secretario de Estado Antony Blinken “ha subrayado el compromiso estadounidense a favor de una acción coordinada para superar los retos mundiales”, declaró el portavoz de la diplomacia estadounidense, Ned Price. Propósitos que rompen con la política de lobo solitario y América primero del gobierno de Donald Trump. Blinken y sus homólogos “han afirmado el papel central de la relación transatlántica para afrontar las cuestiones de seguridad, climáticas, económicas, de salud y otros retos a que se enfrenta el mundo”, añadió Ned Price.

Asia-Pacífico abierta”

Por encima de todo, el entorno del presidente Joe Biden está preparando la celebración de una primera reunión telemática en la cumbre del Quad, el foro que reúne a Washington, Tokio, Canberra y Nueva Delhi, cree saber la agencia Kyodo. Sería su primera reunión en el más alto nivel desde que el gobierno de Trump transformó el Diálogo cuatrilateral sobre la seguridad en un mecanismo cuyo objetivo reconocido es el de contrarrestar la creciente influencia de China en la región Asia-Pacífico. Según la agencia japonesa, el temario de esta reunión incluye en particular discusiones sobre el respeto de una “Asia-Pacifico abierta”, así como sobre las inquietudes que suscitan las actividades de China en la región, concretamente la militarización emprendida en el mar del Sur de China, reivindicado por Pekín.

“Una cumbre del Quad no sería una sorpresa, ya que la alianza de seguridad frente a China en la región Asia-Pacífico es una estrategia constante de EE UU”, señala Shi Yinhong, un experto en relaciones internacionales de la Universidad Renmin en Pekín, citado por el South China Morning Post. Sin embargo, este especialista prevé una probable evolución del Quad hacia una miniOTAN de Asia-Pacífico, después de que el Reino Unido hubiera manifestado su deseo de formar parte de esta alianza. Este plan del gobierno estadounidense ya se ha aireado en repetidas ocasiones estos últimos meses. Sin confirmar explícitamente la próxima celebración de esta cumbre, el ministerio japonés de Asuntos Exteriores ha informado de que el primer ministro Yoshihide Suga y el presidente de EE UU han mantenido una conversación telefónica y se han puesto de acuerdo en el principio de un refuerzo del Quad. Este último mantuvo su primera reunión a nivel de ministros de Asuntos Exteriores en 2019 en Nueva York, y una segunda en octubre de 2020 en Tokio.

Llamada en espera a Xi Jinping

Mientras que Joe Biden ha telefoneado a casi todos sus principales interlocutores extranjeros, todavía no lo ha hecho al presidente Xi Jinping, tres semanas después de su investidura. En una entrevista en la cadena de televisión estadounidense CBS, difundida el domingo 7 de febrero, el presidente de EE UU ha explicado que no había motivo para que los dos presidentes no hablaran por teléfono. Pekín, ha dicho, “ha enviado señales” en este sentido. “No tenemos necesidad de un conflicto, pero habrá una competencia extrema”, ha prevenido Biden. “No seguiré el método Trump y vamos a ceñirnos a las reglas internacionales en la elección del camino a seguir.”

De todos modos, el sábado 6 de febrero ha tenido lugar un primer contacto oficial entre China y EE UU con motivo de una conversación telefónica entre el secretario de Estado Blinken y el responsable de política exterior del Partido Comunista Chino, Yang Jiechi. El sucesor de Mike Pompeo ha aprovechado esta entrevista para afirmar que EE UU seguirá defendiendo los derechos humanos y los valores democráticos en el mundo. “He dejado claro que EE UU defenderá nuestros intereses nacionales, luchará por nuestros valores democráticos y responsabilizará a Pekín de todo abuso contra el sistema internacional”, ha tuiteado el secretario de Estado al término de esta conversación telefónica. EE UU “seguirá defendiendo los derechos humanos y los valores democráticos, inclusive en Xinjiang, en Tíbet y en Hong Kong”, ha declarado Blinken según un comunicado del departamento de Estado.

Por su parte, Yang ha pedido a EE UU que no atente contra los “intereses fundamentales” de China y que “corrija sus políticas erróneas”. El responsable chino ha invitado a Washington a colaborar con Pekín con el objetivo de crear un entorno que evite la confrontación, según la agencia Nueva China (Xinhua).

Capacidad nuclear de Pekín

Mientras tanto, estos últimos días se han multiplicado las declaraciones a propósito de China por parte de la nueva administración estadounidense. Así, el nuevo secretario de Defensa, Lloyd Austin, ha calificado en una comparecencia ante el Senado al país asiático de “amenaza constante” para el Pentágono. Su adjunta, Kathleen Hicks, ha declarado a su vez que frente a la amenaza creciente de China contra Taiwán, el compromiso de EE UU con la isla rebelde debería ser “transparente como el cristal”. En cuanto al consejero de Seguridad Nacional de Biden, Jake Sullivan, ha dicho que China representa “una competidora estratégica fundamental”.

Por lo demás, según el Mando Estratégico Nuclear estadounidense, el almirante Charles Richard, EE UU debe prepararse “para una posibilidad muy real” de un ataque nuclear, ahora que tanto China como Rusia están reforzando rápidamente sus capacidades nucleares. China, ha escrito en un artículo publicado en el número de febrero de la revista Proceedings del Instituto de Fuerzas Navales, está convirtiéndose en una “competidora estratégica de EE UU en este terreno, mientras que su compromiso adquirido en la década de 1960 de no ser la primera en lanzar un ataque nuclear “podría cambiar en un abrir y cerrar de ojos”. Y ha añadido: “Pekín está estudiando capacidades y operaciones estratégicas que no son coherentes con una disuasión mínima, adquiriendo una panoplia completa de opciones, incluido un uso limitado y una capacidad de ataque preventivo.”

China nunca ha revelado la envergadura de su arsenal nuclear, aunque los expertos occidentales suelen cifrarlo en 200 a 300 cabezas nucleares, es decir, más o menos el equivalente al del Reino Unido o de Francia, muy alejado por tanto del arsenal de Rusia o de EE UU. El 25 de enero, la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, había sido de lo más explícita: “Lo que hemos visto estos últimos años es una China cada vez más autoritaria en el interior y agresiva en el exterior. Pekín desafía ahora nuestra seguridad, nuestra prosperidad y nuestros valores de tal manera que nos exige adoptar un nuevo enfoque.”

 Pierre-Antoine Donnet

11 junio 2021

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El jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército de EE.UU., Mark Milley.JONATHAN ERNST / Reuters

El general Mark Milley sugirió durante una audiencia ante el Congreso estadounidense que "el presidente está considerando un enfoque mucho más amplio" que el suyo.

El oficial de más alto rango del Pentágono afirmó este jueves que Rusia y China representan las "mayores amenazas" para EE.UU., un día después de que el presidente Joe Biden asegurara que los líderes militares de su país le informaron de que el cambio climático estaba en el primer lugar.

Durante una audiencia en el Congreso, el general Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto, respondió a la pregunta de un senador sobre su opinión respecto a las recientes declaraciones del mandatario, realizadas en su visita al Reino Unido.

"El cambio climático tiene un impacto, pero el presidente está considerando un enfoque mucho más amplio que el mío. Yo lo veo desde un punto de vista estrictamente militar. Y desde un punto de vista estrictamente militar, estoy poniendo a China y Rusia por encima", señaló Milley.

El pasado miércoles, dirigiéndose a las tropas estadounidenses en una base británica, Biden recordó una antigua discusión que tuvo con altos funcionarios del Pentágono. "Esto no es una broma. ¿Saben cuál es la mayor amenaza a la que se enfrenta Estados Unidos, según los jefes de Estado Mayor? El calentamiento global", aseveró el mandatario.

Sin embargo, aclaró que dicha conversación tuvo lugar poco después de que él se convirtiera en vicepresidente durante la Administración de Barack Obama, lo que significa que en ese momento había mandos militares diferentes.

En todo caso, el pronunciamiento de Biden desató una serie de cuestionamientos, a los que se sumó el expresidente Donald Trump. "Biden acaba de decir que el Estado Mayor Conjunto le dijo que el cambio climático es nuestra mayor amenaza. Si ese es el caso, y realmente dijeron esto, debería despedirlos inmediatamente por incompetentes", arremetió Trump.

A pesar de restar importancia al cambio climático, el general Milley reconoció que esta problemática no deja de ser una "amenaza" y que incluso podría tener un "impacto significativo en las operaciones militares".

Publicado: 11 jun 2021

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Joe Biden y Boris Johnson celebran su alianza pese a las diferencias sobre Irlanda del Norte

Ambos líderes firmaron una nueva Carta del Atlántico adaptada al siglo XXI

"Nos comprometemos a trabajar de cerca con todos los socios que comparten nuestros valores democráticos", sostuvieron desde Downing Street. En su primer viaje internacional, el presidente estadounidense participará de la cumbre del G7

 

En su primer encuentro cara a cara, Joe Biden y Boris Johnson hicieron hincapié en la histórica alianza entre sus países, dejando de lado las tensiones que la aplicación del Brexit provoca en la región británica de Irlanda del Norte. El presidente de Estados Unidos y el primer ministro del Reino Unido firmaron una nueva "Carta del Atlántico", siguiendo el modelo de la acordada por sus predecesores Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill hace 80 años pero teniendo en cuenta nuevas amenazas como los ciberataques y la crisis climática. Biden inició su viaje reuniéndose con Johnson en Carbis Bay, ciudad costera del sudoeste de Inglaterra donde participará en la cumbre del G7 del viernes al domingo.

Covid-19 y cambio climático

El estímulo del programa de vacunación contra el coronavirus y el cambio climático ocupan un lugar destacado en la agenda de la cumbre, pero es probable que la disputa en curso entre Reino Unido y la Unión Europea sobre los controles reguladores de los bienes que ingresan a Irlanda del Norte desde Gran Bretaña también centre algunas discusiones. Este primer viaje internacional del mandatario estadounidense busca marcar el "regreso" de su país al multilateralismo tras el mandato de Donald Trump.

"Aunque el mundo ha cambiado desde 1941, los valores siguen siendo los mismos", afirmaron desde Downing Street. "Nos comprometemos a trabajar de cerca con todos los socios que comparten nuestros valores democráticos y para contrarrestar los esfuerzos de aquellos que buscan socavar nuestras alianzas e instituciones", agregaron luego de la reunión entre Biden y Johnson.

La versión original del Acuerdo del Atlántico fue firmada en 1941 por los presidentes Roosevelt y Churchill en medio de la Segunda Guerra Mundial y sirvió para marcar los objetivos de Estados Unidos y el Reino Unido después del conflicto. En el nuevo documento, ambos países se oponen "a interferencias a través de la desinformación y otras influencias maliciosas, incluyendo las que se producen en elecciones" y agregan un punto de especial interés para Estados Unidos sobre las "amenazas modernas" y más en concreto los ciberataques, remarcando que la OTAN seguirá siendo su "alianza nuclear". 

La última parte de la nueva carta habla del cambio climático y reitera el compromiso de ambos líderes con la creación de una economía global justa que no impacte en el clima, y se hace eco del "efecto catastrófico de las crisis sanitarias" remarcando la necesidad de fortalecer las "defensas colectivas".

El Brexit y las Irlandas

Las tensiones en torno a la aplicación del Brexit en Irlanda del Norte amenazaban con empañar el amistoso encuentro entre Biden y Johnson. Al presidente demócrata, muy orgulloso de su ascendencia irlandesa, le desagradan los intentos de Londres de incumplir los compromisos comerciales adquiridos con la Unión Europea en el denominado "protocolo norirlandés". 

Ese protocolo permite no tener que reimponer tras el Brexit una frontera terrestre entre Irlanda del Norte y la vecina República de Irlanda, país miembro de la Unión Europea, pero dificulta el envío de mercancías a esa región británica desde el resto del Reino Unido. El llamado "Acuerdo del Viernes Santo" de 1998, alcanzado con la participación del expresidente estadounidense Bill Clinton, puso fin a la violencia entre republicanos católicos y unionistas protestantes que dejó unos 3.500 muertos en 30 años de conflicto.

"Hay que proteger los progresos" registrados desde entonces, le dijo en privado Biden a Johnson según un alto responsable estadounidense. Pero "la idea no es entrar en confrontación ni aparecer como un adversario, no ha venido a dar lecciones", agregó esa misma fuente. 

Quitándole peso al asunto, Johnson dijo que existe "un terreno de entendimiento total" entre Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea. "Todos queremos preservar el Acuerdo del Viernes Santo y asegurarnos de que mantenemos el equilibrio del proceso de paz", afirmó el primer ministro y calificó como un "soplo de aire fresco" su conversación con Biden planteando que éste "no" le transmitió estar alarmado por la situación en Irlanda del Norte.

Esa situación no la tendría tan clara la Unión Europea, acusada por Londres de "purismo" jurídico y falta de pragmatismo. "El protocolo debe aplicarse en su totalidad", insistió desde Bruselas la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, asegurando que planteará la cuestión en el G7.

Más allá del desacuerdo, si el estilo populista de Johnson le ha valido comparaciones con Trump, ferviente partidario del Brexit, el conservador británico está más en sintonía con la administración Biden en los grandes temas internacionales, como la crisis climática o los desafíos que plantean China y Rusia.

En la cumbre de los países ricos, la primera que se celebra en persona en dos años y que estará dominada por los debates en torno a la pandemia, el presidente estadounidense, criticado por su lentitud a la hora de compartir vacunas con el resto del mundo, pondrá sobre la mesa la promesa de comprar 500 millones de dosis de la vacuna de Pfizer/BioNTech para donarlas a otros países, 200 millones de ellas este mismo año.

"Es nuestro deber humanitario salvar tantas vidas como sea posible", afirmó Biden tras el encuentro con Johnson, calificando de "paso histórico" esta ayuda a las naciones en desarrollo. La otra prioridad del G7 será la lucha contra el cambio climático, muy importante para el Reino Unido que en noviembre organiza la conferencia de la ONU sobre el clima COP26 en Glasgow.

Tras la cumbre, Biden será recibido el domingo por la reina Isabel II en el castillo de Windsor y luego asistirá a la reunión de la OTAN en Bruselas antes de otra cumbre con la Unión Europea. Su largo viaje a Europa culminará el miércoles en Ginebra, donde se reunirá con el presidente ruso Vladimir Putin.

11 de junio de 2021

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Más allá de la cueva de los murciélagos: la no “guerra fría” entre Estados Unidos y China

Estados Unidos vuelve a tensar las relaciones con China. Biden inicia una gira en la que defenderá que el país dirigido por Xi Jinping es una “amenaza” para occidente. La UE congeló en mayo el Acuerdo Global de Inversiones con China.

 

Hubo un tiempo en el que si Henry Kissinger hablaba, el resto del mundo contenía la respiración. El exsecretario de Estado de Estados Unidos durante la administración de Richard Nixon, el presidente que dio un giro de relaciones con respecto a China —con la llamada diplomacia ping-pong— emitió a principios del mes pasado una serie de juicios sobre las relaciones con el país gobernado por Xi Jinping que han revitalizado la idea de la “guerra fría” en curso entre las dos grandes potencias mundiales. 

“La confrontación de Estados Unidos y China es el principal problema para Washington; es el principal problema del mundo”, explicó Kissinger, que no rehusó la fórmula de la “guerra fría” que tanto Pekín como el Pentágono quieren eludir, al menos de momento.

La respuesta a Kissinger, el responsable de episodios históricos como el Plan Cóndor en Latinoamérica, llegó nada menos que del actual secretario de Estado, Antony Blinken. Pero Blinken no fue expeditivo, simplemente expresó que no le gusta “poner etiquetas” a una relación compleja para posteriormente entonar algunos de los mensajes que aparecen como excusa perfecta y recurrente por parte de EE UU: las referentes a los derechos humanos de la etnia Uigur en Sinkiang y el papel de China en Hong Kong durante la escalada represiva de la pasada primavera. 

Es cierto que la preocupación por los derechos humanos aumenta respecto a la etapa de Trump, pero también se debe tener en cuenta que, como se señala desde Estados Unidos, Biden ha ignorado sistemáticamente la situación de Colombia y el tratamiento de los derechos humanos por parte del Gobierno de Iván Duque.

El hecho es que el comité de relaciones exteriores estadounidense aprobó en mayo una “Ley de Competencia Estratégica de 2021”, que ha sido conocida desde entonces como la “Ley anti China”, en la que establece que la “Nación del centro” es competidora de EE UU en materia económica, tecnológica y militar.

El efecto de la ley no solo atañe a las fronteras exteriores de Estados Unidos, la Union of Concerned Scientists alertaba de que, en primer lugar, de que ese proyecto de ley “probablemente resultaría en la discriminación racial y la persecución de los estadounidenses de origen chino, así como de otros estadounidenses con vínculos personales, comerciales o profesionales con China”. 

Ese mismo grupo alertaba de que las consideraciones sobre las cuestiones de derechos humanos en el marco de esa norma se emplea como “un arma para ganar una contienda económica y geopolítica y es poco probable que ayude a las víctimas de derechos humanos”.

Así, la gira que ha comenzado Biden comienza con críticas a la “autocracia” de China y tratará temas tan delicados como la cuestión nuclear. El libreto es antiguo: Estados Unidos desea desafiar a China en el terreno militar, algo a lo que no se presta el imperio asiático, consciente de que la pandemia ha servido para acelerar la primacía económica de su modelo.

Laboratorios y murciélagos

Un mes después de las declaraciones de Kissinger, se cumplen las pautas de una escalada de hostilidad entre los dos países. El pasado viernes, 4 de junio, Financial Times publicaba que el doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas y cara visible de la lucha contra el covid-19 en Estados Unidos, requería información adicional a sus homólogos chinos.

Fauci ha pedido los registros acerca de nueve personas que podrían haber entrado en contacto con el virus —según la hipótesis de que seis integrantes de un grupo de mineros contrajo la enfermedad en una incursión en una cueva de murciélagos en 2012— y tres en noviembre de 2019, dando lugar a la “fuga de laboratorio” de la enfermedad en Wuhan.

Es un tema, el del “escape de laboratorio” con el que se especula desde el comienzo de la pandemia y que fue descartado por una publicación de The Lancet en febrero de 2020, que solo recientemente ha sido puesta en duda por parte de la comunidad científica estadounidense. Un artículo en el prestigioso Boletín de Científicos Atómicos ha añadido la suficiente dosis de duda sobre las conclusiones emitidas por The Lancet.

 “Me gustaría ver los registros médicos de las tres personas que, según se informa, enfermaron en 2019. ¿Realmente se enfermaron y, de ser así, de qué se enfermaron?”, ha preguntado Fauci, en un movimiento que se coordina con el anuncio por parte de Joseph Biden de que ha puesto un límite de 90 días a las agencias de Inteligencia estadounidenses para dictaminar cuál de las dos teorías sobre el surgimiento del virus es la correcta: si la aceptada por la mayor parte de la comunidad científica sobre el salto de especies o si se trata de un accidente en el laboratorio de nivel de bioseguridad P4 de Wuhan.

De este modo, Biden ha retomado una de las melodías preferidas de su antecesor, Donald Trump, y se ha apoyado en la solicitud por parte del secretario de Salud estadounidense, Xavier Becerra, en el contexto de la Organización Mundial de la Salud para que la OMS retome la investigación sobre el origen del virus, a pesar de que a principios de año la oficina declaró que era altamente improbable la hipótesis de que el virus haya salido de un laboratorio. Estados Unidos ha contado con el apoyo de Reino Unido, Australia y Japón en este movimiento.

La respuesta de China ha sido atizar el fuego sobre la teoría que sitúa el “nacimiento” del virus en el laboratorio militar de Fort Detrick, Maryland, y su expansión en los juegos militares internacionales de octubre de 2019. “Si ven la teoría de la 'fuga de laboratorio' como una de las direcciones de la investigación, el Instituto de Virología de Wuhan no debería ser el único incluido”, ha publicado como editorial el medio Global Times, un importante órgano de expresión de la República Popular China.

“Desde 2019, el laboratorio biológico de Fort Detrick ha emitido muchas señales dignas de atención y debe incluirse en el primer grupo de objetivos para la investigación. Además, EE UU también ha construido una asombrosa cantidad de biolabs en Asia, e investigarlos es un proyecto urgente que debe agregarse en el rastreo de orígenes de covid-19”, ha sido la respuesta china.

El mar de fondo

La relación ha sufrido, de este modo, una degradación visible en las últimas semanas. Si hace un año Fauci negaba la “teoría de la conspiración” del laboratorio, hoy la mirada es distinta. La disputa ha llegado a la prensa mainstream y desde ahí, a la sociedad. Como se ha encargado de recordar Andre Damon en World Socialist Web Site, el autor de la nota en The Washington Post que dio el pistoletazo de salida a la escalada de preocupación gubernamental sobre el origen del Sars-Cov2 escribió también que Iraq poseía armas de destrucción masiva en 2002.

No se trata de la única controversia en torno a la pandemia. La carrera por las vacunas está siendo otro de los frentes. La República Popular China ha provisto de vacunas a 12 países de Latinoamérica, ante la mirada impotente de Estados Unidos, recelosa del 'soft power' desplegado por el Gobierno chino, que ya ha conseguido efectos como el levantamiento del veto a las redes 5G de Huawei en Brasil y República Dominicana o la reconsideración por parte de Honduras y Paraguay de su reconocimiento de Taiwán, teledirigido desde Washington. 

Desde Estados Unidos se ha mostrado “preocupación” ante esas supuestas contraprestaciones pero no se ha podido evitar que China haya puesto encima de la mesa más de la mitad de las dosis de los 143 millones de vacunas distribuidos en los diez mayores países de la región latinoamericana.

La ventaja en la carrera de las vacunas de China, que recientemente ha visto aprobada por la OMS Sinovac, su segunda fórmula tras Sinopharm, aprobada en mayo, habría sido uno de los detonantes del cambio de posición de Biden sobre la liberación de patentes, después de que EE UU rechazase formar parte de Covax, la iniciativa de la OMS para que las vacunas no tarden en llegar a países como India y Sudáfrica.

Nuevas armas

El cambio de foco desde Oriente Medio hasta Asia y a la potencia imperial china no es una casualidad, sino una tendencia de época. En conversación telefónica con El Salto, Tica Font, investigadora del Centre Delàs d'Estudis per la Pau, destaca el desplazamiento de la acción militar y diplomática occidental, corroborado por el adelanto de la salida de las tropas estadounidenses —no así de los contratistas privados— de Afganistán, tras la guerra fallida lanzada hace dos décadas.


Hay enormes diferencias, no obstante. La actual disputa entre Estados Unidos y China se centra en cuál va a ser el polo de hegemonía mundial. Pese a que el país dirigido por XI Jinping ha adelantado posiciones más rápido aun de lo que se esperaba, convirtiéndose en un centro de altos rendimientos para el capital atlántico, “invirtiendo billones en activos denominados en dólares y asegurando la 'gran moderación' de los salarios y precios de Estados Unidos“, como escribía Nancy Fraser en New Left Review en 2019, la pugna tecnológica convierte a China en el gran competidor en la búsqueda de vías de recuperación económica de occidente.

China, que ha incrementado su conocimiento y capital en las tecnologías de alta sofisticación representa o es visto como una amenaza para Estados Unidos y sus aliados, que han incrementado su presencia en el océano Pacífico. En ese sentido, no ha pasado por alto el “colosal” presupuesto militar aprobado por el Gobierno de Biden, de más de 753.000 millones de dólares, justificado en la necesidad de acumular “armas de largo alcance de última generación que son más adecuadas para las operaciones en el Pacífico” dentro de una estrategia que aboga abiertamente por “contrarrestar la acumulación militar de China en Asia”.

 “China no participará en una carrera armamentística con Estados Unidos. El aumento del presupuesto de Defensa y la fuerza militar de China es el resultado natural del desarrollo económico y el progreso tecnológico. Todo sucedió de forma natural y China no necesita tomar decisiones difíciles. China no tiene la voluntad de desafiar a Estados Unidos en todo el mundo, pero no podemos permitir que Estados Unidos actúe arbitrariamente en el Pacífico Occidental, especialmente en las aguas costeras de China, para dañar los intereses de China. La determinación de China también es inquebrantable, y el desarrollo de China y el aumento del gasto militar serán suficientes para respaldar nuestra voluntad”, advertía Global Times.

Se ha acusado a Xu Qiliang, oficial militar de más alto rango en China, de rechazar hasta en tres ocasiones reunirse con el secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, pero el Gobierno chino se refuerza en la idea de que los contenidos de un encuentro de alto nivel deben abordar cuestiones no solo militares.

Relación tripolar

Cuestiones como la “tensión monetaria” son cruciales para entender la nueva fase en las relaciones sinoamericanas. China y Rusia, el inevitable tercer polo al que hay que remitirse para entender la actual “guerra fría”, han reforzado, especialmente desde 2014, las vías para una “desdolarización” de sus economías, algo que amenaza el punto central de la hegemonía de las finanzas estadounidenses.

Hasta ahora, los intentos de Estados Unidos de tejer una alianza con Rusia para controlar mejor a China se cuentan por fracasos. La “asociación estratégica” entre Xi Jinping y Vladimir Putin es un hecho y el pasado mes de marzo los responsables de Exteriores de ambos países coincidieron en pedir a Estados Unidos una reflexión “sobre el daño que ha hecho a la paz y el desarrollo mundiales en los últimos años, detener el acoso unilateral y dejar de entrometerse en los asuntos internos de otros países”. En la importante cita de marzo entre Sergei Lavrov y Wang Yi —titulares de Exteriores ruso y chino, respectivamente— se abordaron temas como las represalias contra Irán, la situación en Afganistán o el golpe de Myanmar.

Pekín quiere fomentar la expansión del yuan digital, en pruebas esta primavera en países de su entorno. Hong Kong, Tailandia o los Emiratos Árabes Unidos son opciones reales para esta moneda basada en la tecnología blockchain. Todo un desafío al dólar... y al bitcoin, que China no reconoce como moneda de intercambio.

Pero, tras las maniobras para eliminar progresivamente la dependencia del dólar como moneda de referencia internacional, se halla también el empeño por reducir la capacidad coercitiva que tiene Estados Unidos para imponer sanciones y medidas de bloqueo comercial.

El 7 de junio, Putin anunció un reforzamiento de las relaciones bilaterales con China que incrementará hasta 200 mil millones de dólares el volumen de comercio entre ambas potencias. El presidente de la Federación Rusa reseñó que cooperará con China para fabricación de aviones, investigación lunar, energía, protección ambiental e intercambio de población trabajadora. 

Otro de los aspectos que ha supuesto el acercamiento de Rusia hacia China es la iniciativa de la Franja y la Ruta, en un momento en el que los países de la Unión Europea han optado por su “enfriamiento”, tanto en el Parlamento Europeo como en los asuntos nacionales, en el caso de Italia, uno de los países que más avanzaron en un encuentro bilateral con el Gobierno de Xi Jinping.

Biden se reunirá con Putin el 16 de este mes en Ginebra, tras una gira que comenzó con la reunión del G7 y que se trata del primer acercamiento tras un comienzo de legislatura marcado por esa confrontación fría con China. 

Taiwán y alrededores

Las tensiones en torno a Taiwán, que alcanzaron un punto importante en 2020 con la simulación por parte de China de un ataque aéreo estadounidense, han continuado bajo la Administración Biden. En mayo, un destructor de misiles guiados de la marina estadounidense pasó por el Estrecho de Taiwán, que China reclama como propio y Estados Unidos quiere mantener como un paso internacional, es decir, bajo su influencia tácita.

Font sitúa en Taiwán uno de los focos del conflicto, si bien apunta también al paso del Ártico. En febrero, un carguero ruso atravesó la cuenca del Ártico con un cargamento de gas licuado. El efecto del calentamiento global ha convertido el punto más septentrional del planeta en un territorio en disputa. Rusia lo reclama y ha instalado nuevas bases científicas.

El paso puede dar un nuevo impulso a las relaciones entre Moscú y Pekín, que ve en las nuevas rutas una oportunidad para su economía de contenedores. También como un yacimiento de recursos naturales: petróleo y gas natural, principalmente.

La confrontación entre China y EE UU, para la investigadora del Centre Delàs, no será en ningún caso abierta: no tendrá lugar en la China continental ni en países centrales como China y Corea del Sur. En ese sentido, el Lloyd Austin, el secretario de Defensa de la Administración Biden ha anunciado que “la forma en que pelearemos en la próxima gran guerra será muy diferente a la forma en que peleamos las últimas”.

Más bien, valora Font, la chispa puede saltar en escenarios secundarios, “igual que Siria y Yemen han servido para el enfrentamiento entre Arabia Saudí e Irán”, compara Font, la conflagración puede darse en países débiles —como actualmente en Myanmar— que pueden desestabilizar el imperio de diversas formas, seguramente, la principal a través de los flujos migratorios que generan esas guerras. También si se tiene en cuenta que China cuenta con una serie de países que funcionan como sus “talleres”, en los que la población cobra salarios más bajos que en el centro de Asia. 

En el nivel armamentístico, las palabras de Lloyd Austin toman forma en la sustitución de las bombas de pequeño diámetro y los misiles Hellfire. Según el portal Military.com, el Pentágono ha destinado 161 millones de dólares a la adquisición de 12 armas de respuesta rápida lanzada desde el aire —arrw, que suena como flecha en inglés— entre otro armamento de nueva generación.

Señala Font que las principales naciones del mundo están desarrollando nuevos programas nucleares, ante la constatación de que las armas atómicas actuales carecen de capacidad disuasoria en cuanto se antoja improbable que sean usadas. Por tanto, se están fabricando armas más pequeñas, aprovechando los avances en inteligencia artificial, lo que está dando lugar a una nueva y preocupante fase en la fabricación de armamento nuclear, indica Font. 

El hecho de que en 2017 el premio Nobel de la Paz fuera para ICAN, la campaña para prohibir las armas nucleares a nivel internacional muestra que“ en el escenario político mundial hay miedo, se ve viable que alguien use la nuclear; no es una quimera de las organizaciones civiles, hay preocupación incluso en la ONU”, señala Font.

La preparación para operaciones en el Pacífico preocupa a parte de la sociedad civil estadounidense. 65 organizaciones no gubernamentales enviaron una carta en la que se expresan preocupados por la “cosmovisión peligrosamente miope que presenta a China como la amenaza existencial fundamental para la prosperidad y seguridad de Estados Unidos”

Preocupa el aumento de la carrera armamentística y su combinación con la crisis climática, un asunto trascendental según la agenda de Biden que quedaría en entredicho si se desarrolla la teoría de la contención con respecto a China. Así lo desarrollaba el profesor de estudios sobre paz y seguridad mundiales Michael T. Klare en un artículo para Counterpunch en el que recordaba que ambos países suman el 46% de las emisiones de efecto invernadero del planeta.

Para Klare, “realmente no debería haber lugar para el debate” cuando se trata de valorar “el impacto que una nueva guerra fría entre las dos grandes potencias del planeta tendría sobre las posibilidades de lograr una respuesta global con éxito ante un planeta que se calienta rápidamente”.

En el peor de los escenarios, indica este experto, “cualquier conflagración termonuclear a gran escala resultante probablemente causaría un invierno nuclear y la muerte de miles de millones de personas, haciendo que el peligro del cambio climático pasase a segundo plano. Pero incluso si no se emplean armas nucleares, una guerra entre las dos potencias podría resultar en una inmensa destrucción en el corazón industrial de China y de aliados clave de Estados Unidos como Japón y Corea del Sur. Los incendios provocados en el curso de la guerra, por supuesto, agregarían carbono adicional a la atmósfera, mientras que el posterior colapso de la actividad económica mundial pospondría por años cualquier transición hacia una economía verde”.

Para Klare, la cooperación en materia climática es imprescindible y disuasoria de la estrategia de guerra fría llevada a cabo en los primeros meses del mandato de Biden.

Lo que dice la UE

En la UE, hasta la fecha, se ha optado por lanzar mensajes en contra de un marco de confrontación aunque las relaciones han retrocedido desde la salida de Trump de la Casa Blanca. El Parlamento Europeo ha “congelado” un acuerdo comercial que a principios de año la presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, colocaba entre sus objetivos, y el nuevo primer ministro italiano, Mario Draghi, expresidente del Banco Central Europeo ha bloqueado los acuerdos de la “iniciativa de la ruta y la franja” firmados hace dos años.

No se estila considerar a China un “adversario”, si bien hasta la fecha Reino Unido y Francia han seguido la retórica sobre derechos humanos y respecto a las islas del Pacífico enarbolada desde Washington. “Las sanciones, las contra-sanciones y la situación internacional en general están llevando a un marco global que obliga a reflexionar sobre la relación con China y sobre cómo hacer evolucionar las cosas”, declaraba en mayo el director del think tank European Policy Centre, poniendo la letra a la música de la “congelación” del acuerdo comercial aprobada por el Parlamento Europeo con el pretexto de la preocupación por los derechos humanos.

La salida este año de la canciller Angela Merkel del poder en Alemania supone, asimismo, un posible cambio de las relaciones de la UE con China. Merkel ha defendido la menor dependencia de la UE y de su país hacia Estados Unidos, consciente de que la economía china es importante para la Unión: es el principal comprador de productos europeos y el segundo socio comercial. En 2019, Alemania exportó bienes, principalmente de la industria de la automoción por 94.000 millones a China.

La posición de España en este sentido es subsidiaria. Ni está ni se esperan pasos distintos a los que la diplomacia europea quieran avanzar en la pretensión de Biden de amarrar los apoyos de la UE en su pequeña escalada contra China. El 26 de mayo, Pedro Sánchez mantuvo una conversación con Xi Jinping de la que se reseñó que se busca “el clima de confianza necesario” para la ratificación del Acuerdo Global de Inversiones entre la UE y China.

Tras el huracán unilateral provocado por Trump, Biden se ha resuelto a invocar la multilateralidad para tratar de crear un frente común contra el que considera su adversario principal.

La llamada “Trampa de Tucídides”, por la que la tensión entre una potencia en declive y otra en ascenso puede conducirlas a una guerra hegemónica, es hoy en día una tentación para el imperio en declive, no así para China, que sigue insistiendo en que va a rehuir toda confrontación —aunque sigue reclamando sus derechos sobre el Tibet, Taiwán y las islas del pacífico sur—. Un aspecto como la crisis climática es lo suficientemente disuasorio para una solución a la vieja usanza, es decir, para la guerra. 


 El sueño de Tony Stark

Las nuevas armas y equipamientos militares ya están aquí. La inteligencia artificial y la robótica se han establecido como diferenciales en frentes de guerra como Nagorno Karabaj y Libia. La ONU publicó a finales de mayo un informe en el que se explicita que el Gobierno de Serraj Fayez Sarraj, que es apoyado por la UE y EE UU, empleó sistemas de armas autónomos letales (drones) en la guerra contra las tropas del autodenominado Ejército de Liberación Nacional que controla el este del país.

 

Por Pablo Elorduy

 @pelorduy

9 jun 2021 06:00

Publicado enInternacional