En imagen del pasado 4 de junio, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en el Centro de convenciones de Rehoboth Beach, Delaware. Foto Ap

El presidente Joe Biden tendrá tres cumbres cruciales del 11 al 16 de junio: 1) con el G-7 en Cornwall (Inglaterra); 2) con la OTAN en Bruselas, y 3) con el zar Vlady Putin en Ginebra. Biden intenta restaurar las alianzas transatlánticas que han sufrido un fuerte golpe a la confianza mutua debido al ciberespionaje de la Agencia de Seguridad Nacional a los mandatarios de Alemania y Francia con la complicidad de Dinamarca.

El G-7 intenta recuperar su relevancia financierista y acaba de realizar un acuerdo histórico para gravar las transacciones digitales en los paraísos fiscales del Big Tech de Silicon Valley (https://bit.ly/34Y75ZS).

Por salud mental dialéctica es importante conocer la antítesis que enuncia Yang Xiyu (YX), investigador del Instituto de Estudios Internacionales de China, en el rotativo oficioso Global Times: "Adiós a los días del G-7 en la etapa de la desamericanización" (https://bit.ly/3x8ttvK).

YX juzga que ni siquiera vale la pena ver la "influencia y poder" del G-7: "una criatura de la edad pasada", debido a que "el centro de gravedad político y económico del mundo ha girado al Este".

A juicio de YX, el ascenso de las economías asiáticas y mecanismos como el G-20 –producto de la grave crisis financierista de 2008– "han reducido la influencia del G-7", que antecedió a la crisis petrolera de 1973.

Si la misión del G-7 fue "fortalecer la gobernación financiera internacional, pues habrá sido un fracaso absoluto", ya que su peor error fue haber excluido a los "países en vías de desarrollo o a otras plataformas para la gobernación multilateral" cuando la “política global y las estructuras de seguridad (sic) y el orden financiero y económico internacional se han vuelto cada vez más insostenibles”, mientras "un nuevo orden mundial está lejos de ser configurado".

La participación nada desdeñable este año de India, Corea del Sur y Australia tiene como objetivo "incrementar el peso de Estados Unidos en las áreas financiera y económica del mundo" y “expandir los valores (sic) estadunidenses” para “conformar un bloque "democrático" global” (sic). El problema subyace en que "la influencia de Estados Unidos ha declinado en las áreas financiera y económica del mundo".

YX juzga que "EU y los países europeos tienen sustanciales diferentes puntos de vista hacia China" cuando “los europeos no apoyan convertir al G-7 en un bloque "democrático" contra China.

¿Contempla la dupla anglosajona de EU y Gran Bretaña expandir el G-7 a un G-10 con la incorporación de India, Corea del Sur y Australia, tres miembros del QUAD, el grupo cuatripartita que encabeza EU en la región Indo-Pacífico? El tal "bloque democrático global", que subsume el proyectado G-10, va dirigido contra China.

¿Dejó Biden a Rusia fuera para no entorpecer su próxima cumbre en búsqueda de un etéreo G-2 geoestratégico contra China?

Para YX, el G-20 –donde participan China y países en vías de desarrollo– "juega un papel más importante en la economía internacional". Al haber sido superado en el ámbito de la competitividad geoeconómica, EU ahora eleva su puja mediante sus cartas geopolíticas: "pasa de configuraciones de coalición a abiertas tácticas de supresión".

YX vaticina que se trata de una “viciosa (sic) competencia” cuando el "resultado final será una sistemática desamericanización en el mundo": en el largo plazo "no será China la que estará aislada en el mundo, sino que será EU el que se aislará del mundo". Concluye que "después de todo, EU es un país hegemónico que ha destruido el edificio del orden internacional".

¿Es el G-7, fundado hace 48 años, una reliquia del pasado, de lo que Biden no se da cuenta o simula no percatarse?

Yo matizaría: el G-7 ya no domina financiera ni políticamente al mundo, cuya paroxística influencia la alcanzó con la globalización financierista y el colapso de la ex-URSS cuando China todavía no aparecía en el radar. Pero, en caso de seguir todavía cohesionado, lo cual no está nada garantizado, el G-7 todavía representa más de 45 por ciento del PIB nominal global frente al 18 por ciento de China sola.

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Aumentó mil 400 mdd el gasto en armas nucleares en la pandemia, reporta ONG

Ginebra. Los países con armas nucleares aumentaron el año pasado en mil 400 millones de dólares el gasto en sus arsenales, mientras la pandemia causaba estragos humanos y económicos en el mundo, informaron ayer activistas.

En un reciente informe, la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN) detalló cómo los nueve países con armamento de destrucción masiva continuaron aumentando su gasto.

Mientras las camas de los hospitales se llenaban de pacientes, nueve países descubrieron que tenían más de 72 mil millones de dólares a mano para adquirir armas nucleares, dice el informe.

Esto representa un aumento de mil 400 millones de dólares respecto del gasto de 2019, explicó la ICAN, organización que ganó el Nobel de la Paz en 2017.

Según el informe, Estados Unidos gastó más de la mitad del importe total, unos 37 mil 400 millones de dólares, lo que supone aproximadamente 5 por ciento de su gasto militar en 2020, apunta el documento.

De acuerdo con las estimaciones de la ICAN, se cree que China gastó unos 10 mil millones de dólares y Rusia 8 mil millones.

Si se toman en conjunto los nueve países, que también incluyen Reino Unido, Francia, India, Israel, Pakistán y Corea del Norte, se gastaron más de 137 mil dólares por minuto en 2020, agrega.

El incremento se produjo también cuando un tratado defendido por esta ONG para abolir las armas nucleares recibió su 50 ratificación, lo que provocó su entrada en vigor en enero.

El informe destaca además cómo los gobiernos dieron cada vez más dinero a los contratistas de defensa, que a su vez destinaron más dinero a grupos de cabildeo en favor de un aumento del gasto.

La ICAN detalló que por cada dólar invertido el año pasado en presionar a los gobiernos para que gasten más en defensa, 236 dólares volvieron a las empresas en forma de contratos de armas nucleares.

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Sábado, 05 Junio 2021 06:35

Pronto se sabrá

Pronto se sabrá

Prevista para el día 16 de este mes en Ginebra, la reunión de los presidentes Vladimir Putin, de Rusia, y Joe Biden, de Estados Unidos, dado el preocupante deterioro de la relación bilateral, por sí sola es ya un paso adelante para intentar remover los escombros (el canciller ruso, Serguei Lavrov, dixit), en que quedaron reducidos los pactos de desarme, convenios de cooperación en diversas áreas y canales de comunicación entre el Kremlin y la Casa Blanca.

Casi todo arruinado por la creciente confrontación, exhibición de poderío militar, aplicación de sanciones y contramedidas, desconfianza recíproca, gestos hostiles y hasta desafortunados insultos personales, no cabe esperar resultados espectaculares de la cumbre.

Pero toda vez que es imposible ganar una guerra nuclear, es de suponer que Putin y Biden estarán de acuerdo en comenzar la compleja negociación para tratar de mantener el equilibrio estratégico, sin que nadie pueda augurar una pronta solución de las controversias. Los presidentes podrían dar luz verde para reanudar el diálogo en materia de lucha contra el terrorismo, ecología, ciberespacio y solución de algunos conflictos regionales como Afganistán y, de hacer concesiones mutuas, no se debe excluir que opten por restablecer el nivel de las relaciones diplomáticas anteriores al retiro de embajadores, cierre de consulados y expulsión masiva de funcionarios.

A 11 días de la cita en Ginebra, todavía no es claro si los equipos de Putin y Biden podrán concordar una declaración conjunta. Moscú y Washington no coinciden en infinidad de asuntos y manejan agendas que contienen posiciones inadmisibles para el otro. No habrá ningún avance si Biden insiste en dar clases de moral o de derechos humanos a su interlocutor, ridícula pretensión proveniente de un inquilino de la Casa Blanca, como tampoco la habrá en caso de que Putin, con el solo argumento de su arsenal nuclear, reivindique la prerrogativa de hacer lo que le dé la gana en su zona de influencia.

De Putin y Biden depende que la cumbre termine como el enésimo intercambio de acusaciones o como una oportunidad aprovechada para, aun sin resolver sus discrepancias de fondo, lograr progresos en aquellos ámbitos que convienen a ambos países y, en términos de seguridad global, también al resto del mundo. Pronto se sabrá.

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Sábado, 05 Junio 2021 06:18

El G7 rumbo a un pasaporte sanitario

El G7 rumbo a un pasaporte sanitario

Los ministros de salud buscan repartir más vacunas y crear una carta sanitaria mundial

Los ministros de Salud de los países integrantes del G7 acordaron este viernes desarrollar normas internacionales que permitan el reconocimiento mutuo de los resultados de test y certificados de vacunación para la covid-19 en todos los países. También preveen extender las medidas para otras enfermedades. “El uso de los certificados de vacunación debe basarse en las últimas pruebas científicas y en la situación epidemiológica actual”, precisaron en un comunicado conjunto.

“Nos reunimos en medio de la pandemia de covid-19, que sigue teniendo un impacto devastador en las vidas, los medios de subsistencia y las economías de todo el mundo”, señalaron los ministros. A una semana de la cumbre del G7 que se celebra del 11 al 14 de junio y que este año tiene como anfitrión al Reino Unido, los ministros de Salud de Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, el Reino Unido y Estados Unidos se reunieron en la ciudad de Oxford. “Para reafirmar la importancia de la colaboración internacional en materia de salud, en el contexto de una importante crisis mundial”, escribieron en un comunicado emitido tras dos días de reuniones virtuales y presenciales.

Los funcionarios se comprometieron con un nuevo acuerdo internacional para facilitar y agilizar compartir los resultados de ensayos de vacunas y tratamientos para combatir la covid-19 y prevenir futuras amenazas para la salud, en referencia a la Carta de Ensayos Clínicos de Terapias y Vacunas del G7, publicada este viernes. “Establece nuestros principios compartidos para acelerar la velocidad con la que los ensayos clínicos generan pruebas sólidas y sus resultados puedan ser implementados en esta y futuras pandemias”, explican en la declaración conjunta.

“Apoyamos una mayor colaboración en ensayos internacionales a gran escala que permitan una mayor diversidad de participantes en los ensayos, que eviten la duplicación innecesaria de esfuerzos y produzcan pruebas clínicas que sean generalizables a un mayor número de poblaciones y lugares”, acordaron en relación con los ensayos clínicos. “Esto incluye una búsqueda más rápida de las necesidades específicas que reflejen la diversidad de todos los grupos de población, incluidos los niños y las mujeres embarazadas, y garantizar la participación de los ciudadanos para reforzar la confianza en la ciencia”, agregaron.

Por su parte, el ministro de Salud británico, Matt Hancock, explicó de qué trata la Carta de Ensayos Clínicos de Terapias y Vacunas. "Contiene una serie de medidas para que todos estemos más seguros mediante la mejora de los ensayos clínicos, un acceso más rápido y amplio a vacunas seguras, un mejor uso de los datos, herramientas de vigilancia sanitaria más precisas y una mayor colaboración entre países", dijo Hancock a través de un comunicado. El acuerdo viene después de que los líderes de la industria farmacéutica se comprometieran a reducir el tiempo de desarrollo y despliegue de nuevos diagnósticos, terapias y vacunas a sólo 100 días.

El grupo de ministros también expresó su intención por homogeneizar las bases de dato de información de salud para facilitar que o también expresan su intención de homogeneizar las bases de datos de información de salud para facilitar que sea compartida por "proveedores sanitarios en diversos países".

También hicieron hincapié en la colaboración para mejorar la vigilancia mundial del coronavirus y la detección de futuras amenazas sanitarias. En este sentido, reafirmaron el papel central de la Organización Mundial de la Salud (OMS), a la que Estados Unidos regresó el pasado enero con la llegada de Biden a la Casa Blanca tras la decisión del expresidente Donald Trump de sacar a EE.UU. en julio de 2020.

Sobre el reparto de vacunas contra la Covid-19, los ministros de Sanidad se comprometieron a compartir las dosis con las naciones en desarrollo a través del dispositivo internacional Covax. Este punto está en el centro del debate con llamamientos a los países ricos para que incrementen sus esfuerzos. Desde instituciones científicas y organizaciones humanitarias le pidieron al primer ministro británico y anfitrión de la cumbre del G7, Boris Johnson, donar el 20 por ciento de las vacunas que tiene el Reino Unido en un esfuerzo por salvar vidas y evitar la propagación de nuevas variantes de la covid-19.

Johnson recibió una carta de parte de Jeremy Farrar director del Wellcome Trust -una organización con sede en Londres que financia investigación científica- y del director ejecutivo de Unicef en el Reino Unido, Steven Waugh. "En el Reino Unido, el despliegue de la vacunación ha sido un éxito fenomenal y ya ha salvado innumerables vidas", escriben. "Sin embargo, en todo el mundo hay demasiados países que aún carecen de dosis para proteger a los trabajadores sanitarios y a los más vulnerables"

"Como presidente del G7, el Reino Unido tiene la oportunidad de marcar la pauta para la acción global en el reparto de dosis. Hace tres meses, usted prometió con orgullo que el Reino Unido compartiría las vacunas con el mundo. Ahora le pedimos que convierta esta promesa en realidad", señalaron Farrar y Waugh en la misiva

05 de junio de 2021

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Fuentes: Público [Foto: Reunión de los líderes del G7 en su anterior encuentro, todavía con Trump al frente de los Estados Unidos.- EFE]

Desde los años ochenta del siglo pasado, cuando comenzaron a liberalizarse los movimientos de capital y a crearse espacios prácticamente libres de impuestos, los paraísos fiscales que permiten eludirlos a las grandes empresas multinacionales, multitud de economistas críticos, activistas y organizaciones de todo tipo venimos pidiendo que se acabe con esa injusticia tan vergonzosa.

La respuesta de los economistas al servicio de las corporaciones, de los líderes políticos y los organismos internacionales era siempre la misma, a pesar de que la evidencia demostraba lo contrario: es técnicamente imposible evitar esa elusión fiscal y, además, no conviene hacerlo porque entonces se perjudicaría a la inversión y el empleo.

Mentían descaradamente y la prueba de llevábamos razón es que este fin de semana se reúne el G7, el grupo de los siete países más poderosos del planeta, para discutir una propuesta del presidente de Estados Unidos verdaderamente revolucionaria, al menos, en comparación con lo que hasta ahora viene ocurriendo: establecer un impuesto mínimo internacional sobre los beneficios de las empresas multinacionales.

La práctica habitual de estas grandes corporaciones consiste en manipular su contabilidad para ubicar los beneficios que obtienen en diferentes países en aquellos en donde los impuestos son mínimos o incluso inexistentes y eso es lo que trata de evitar la propuesta que Estados Unidos ha puesto sorprendentemente sobre la mesa.

En estos momentos no se sabe la fórmula exacta que finalmente adopte el G7 (incluso puede ser que ahora no apruebe nada y traslade la decisión a la reunión de julio del G20) pero es muy improbable que la medida tenga marcha atrás, así que podemos decir que, por fin, la suerte de los paraísos fiscales y de la elusión fiscal generalizadas comienza a estar echada.

El impuesto que se está proponiendo tendría dos pilares. Por un lado, todos los países dispondrían de una parte de las ganancias obtenidas por las empresas multinacionales en su territorio y, por otro, también podrían establecer una tasa mínima adicional sobre los beneficios obtenidos en el extranjero por las empresas que tengan sede en su jurisdicción.

A partir de ahí, sin embargo, pueden surgir diferentes alternativas que pueden hacer más o menos efectivo el impuesto, generar distintos volúmenes de ingresos fiscales y producir un reparto de la recaudación también más o menos desigual entre los países.

Estados Unidos, por ejemplo, ya ha bajado su propuesta inicial del 21% al 15%, propone que al aprobar este impuesto desaparezcan los que hasta ahora han venido estableciendo algunos países sobre empresas de servicios digitales y contempla umbrales de ingresos que haría más reducido el número de multinacionales afectadas. La OCDE, por su parte, está materializando la propuesta de Estados Unidos de forma que beneficie principalmente a los países más ricos (10% de la población mundial y 45% del PIB) porque contempla que la mayor parte del ingreso fiscal adicional (60% del total) vaya a los países en donde tienen su sede las grandes corporaciones, justamente los del G7 y algunos pocos más.

Desgraciadamente, el carácter nada democrático de estos encuentros de los países más poderosos impide que se discutan y aprueben otras propuestas más eficaces y equitativas.

Por ejemplo, la de la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional que propone que el tipo de un impuesto de esta naturaleza sea del 25%; u otra mucho más elemental y justa de Tax Justice Network: la distribución del ingreso adicional que se obtenga en función del lugar en dónde se lleve a cabo la actividad real (ventas y empleo) de las empresas multinacionales y no principalmente de su sede.

Las diferencias según se adopten unas soluciones u otras son considerables. Con esta última de Tax Justice Network no solo se conseguiría más equidad y no seguir perjudicando a los países más pobres sino recaudar más (460.000 millones de dólares anuales) que con la propuesta de la OCDE (275.000 millones) con la misma tasa del 15%, o 640.000 millones frente a 540.000 millones, con una del 21%.

En estos momentos es imposible saber cómo concluirá la cumbre y, mucho menos, la solución de imposición internacional que finalmente se adopte. Incluso cabe temer que la propuesta inicial de Estados Unidos siga avanzando a la baja, sobre todo, porque los líderes europeos no están siendo capaces de asumirla con decisión. Pero, sea cual sea el resultado, lo cierto es que se ha tenido que reconocer por fin que los privilegios concedidos a las grandes empresas son una vergüenza y que los argumentos ofrecidos durante todos estos años para mantenerlos son simples mentiras.

La propuesta que está en la agenda del G7 es inaudita e incluso revolucionaria, como he dicho, pero queda todavía mucho camino por delante. Con mayor o menor convicción, con ella se reconocen de facto dos principios fundamentales. Uno, que las empresas multinacionales maximizan sus beneficios a escala mundial y que, por tanto, deben estar sujetas a impuestos globales; y otro, que estos impuestos deben ser de mínimos en todos los países, para que no haya posibilidad de que trasladen sus beneficios de un lugar a otro. Quedan por reconocer de modo efectivo otros dos también fundamentales que plantea Tax Justice Network: obligar a que las empresas multinacionales proporcionen información transparente, actualizada y rigurosa sobre su actividad y beneficios en todos los países en donde llevan a cabo su actividad, y ubicar la toma de decisiones en organismos como Naciones Unidas y no G7, G20 o la OCDE, en donde puedan estar representados todos los países y no solo los más ricos y poderosos.

Si se ha conseguido lo más difícil, echar por tierra las mentiras neoliberales de los últimos decenios, no será imposible conseguir lo que queda por delante.

Por Juan Torres López | 05/06/2021

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El viceministro de Defensa ruso, el general coronel Alexánder FomínGrigori Sysoyev / Sputnik

El alto oficial considera que disminuye cada vez más "el papel de las organizaciones internacionales como herramientas" para adoptar decisiones en el ámbito de la seguridad.

 

Para el coronel general Alexánder Fomín, viceministro de Defensa ruso, hoy podemos "observar la formación de un nuevo orden mundial", según declaró en entrevista con RT.

"Vemos la tendencia de arrastrar a los países a una nueva guerra fría, dividir a los Estados en 'nosotros y los otros', mientras que esos otros se definen claramente en los documentos de doctrina como adversarios", afirmó, al ser preguntado sobre las principales amenazas a la seguridad regional.

Fomín destacó que actualmente "ocurre una destrucción sistemática del sistema establecido de relaciones internacionales, de la arquitectura de seguridad", mientras paralelamente disminuye "el papel de las organizaciones internacionales como herramientas para la adopción colectiva de decisiones en el ámbito de la seguridad".

El viceministro de Defensa destacó que "aparecen armas de un tipo fundamentalmente nuevo, que alteran radicalmente el equilibrio de poderes en el mundo moderno", con lo cual el enfrentamiento armado llega a nuevos ámbitos, como el espacio y ciberespacio, lo que cambia "los principios y métodos de guerra".

Las declaraciones de Fomín se producen en vísperas de la IX Conferencia sobre Seguridad Internacional, que se celebrará en Moscú entre el 22 y 24 de junio. El viceministro hizo hincapié en que el evento desempeña un papel de plataforma "para un diálogo franco, honesto y profesional", donde pueden intervenir también "países con los cuales la cooperación es mínima o igual a cero".

Altos mandos militares de 119 países fueron invitados a la conferencia, así como los jefes de la ONU, de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), de la Liga de los Estados Árabes y del Comité Internacional de la Cruz Roja, entre otros.

Publicado: 4 jun 2021 04:20 GMT

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Reunión de cancilleres del G-7 concluye en Londres con críticas a Rusia y China

Londres. El grupo de las siete principales economías mundiales G-7 concluyó ayer su primera reunión presencial en más de dos años con críticas a Rusia por su "actitud irresponsable" en Ucrania y llamados a China a "respetar los derechos humanos".

Además de China, Rusia e Irán, los cancilleres amenazaron a la junta golpista de Myanmar con nuevas sanciones y se comprometieron a apoyar económicamente el programa de reparto de vacunas Covax.

Sin embargo, los cancilleres de Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Canadá y Japón no hicieron ningún anuncio inmediato sobre nuevos fondos para mejorar el acceso a las vacunas contra el Covid-19, pese a los reiterados llamados para que el G-7 haga más para ayudar a los países más pobres.

La reunión de esta semana marcó el tono de la cumbre de líderes de estas potencias que se llevará a cabo del 11 al 13 de junio y que supondrá el debut internacional del presidente estadunidense, Joe Biden.

"Reconocemos que nos reunimos en un contexto excepcional y de cambios rápidos", indicó el comunicado final, que apuesta por el sistema multilateral para dar forma a un futuro más limpio, más libre, más justo y más seguro para el planeta.

Los cancilleres del G-7 reservaron sus críticas más duras para China, a la cual llamaron a cumplir con sus obligaciones en virtud de la legislación nacional e internacional.

También externaron su preocupación por las violaciones de los derechos humanos y los abusos contra la minoría musulmana uigur en la provincia de Xinjiang y en el Tíbet, e instaron a poner fin a la represión de los manifestantes en Hong Kong.

Las siete potencias dejaron, no obstante, la puerta abierta a una futura cooperación con Pekín y subrayaron la necesidad de una postura común para enfrentar los retos globales, en contraste con el creciente unilateralismo de los últimos años durante el mandato de Donald Trump en Estados Unidos.

Los jefes de la diplomacia también acusaron a Rusia por su "actitud desestabilizadora" al desplegar tropas en la frontera con Ucrania, la "ciberactividad maliciosa", la desinformación y sus acciones de inteligencia.

"Seguiremos reforzando nuestras capacidades colectivas y las de nuestros socios para hacer frente y disuadir el comportamiento ruso que está amenazando el orden internacional basado en normas", advirtieron.

La reunión se realizó en un contexto de creciente presión para mostrar más solidaridad, máxime cuando a los países pobres les siguen faltando vacunas para luchar contra la pandemia y las campañas masivas de inmunización en los ricos permiten el desconfinamiento.

Más de mil 200 millones de dosis contra el Covid-19 se han administrado a nivel global, pero menos de uno por ciento ha sido en los países menos desarrollados. En su comunicado, el G-7 promete apoyar económicamente el programa Covax "para permitir un despliegue rápido y justo" de vacunas, aunque no anunciaron ayuda adicional.

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Kissinger: extinción tecnonuclear de la humanidad por una guerra fría de EU y China

La revista globalista The Economist colocó a Taiwán como "el lugar más peligroso del planeta" por lo que “Estados Unidos y China deben trabajar (sic) más duro para evitar una guerra sobre el futuro de Taiwán (https://econ.st/3vLSDQ9)”.

Al menos que Biden use la "carta de Taiwán" como moneda de regateo con China, la portada de The Economist rememora la máxima crisis de la guerra fría entre Estados Unidos y la ex URSS por la crisis de los misiles en Cuba hace 59 años.

Con Taiwán, EU –desde los Clinton/Obama, pasando por Trump, hasta Biden– ha pisoteado las "líneas rojas" aceptadas por Nixon/Kissinger a inicios de los años 70 del siglo pasado.

En su ponencia virtual conjunta “El desorden mundial: confrontando el desafío de China (https://bit.ly/2QKmA4h)”, con el senador israelí-estadunidense Joe Lieberman del Partido Demócrata, el también israelí-alemán-estadunidense Kissinger, a sus 97 años, advirtió en forma dramática la "capacidad de la humanidad para extinguirse en un periodo finito (sic) de tiempo", debido a las tensiones crecientes entre Estados Unidos y China, en el foro Sedona anual del McCain Institute, con sede en Washington, dependiente de la Universidad del estado de Arizona.

Kissinger dramatizó que hoy el “máximo problema del mundo es la confrontación de Estados Unidos y China: es el principal problema para Washington; es el principal problema del mundo, ya que si no podemos resolverlo, entonces el riesgo es que se desarrollará en todo (sic) el mundo un género de guerra fría entre China y Estados Unidos (https://bit.ly/3ulIg50)”.

El ex asesor de Seguridad Nacional de Nixon y Ford afirmó que los avances en tecnología nuclear e inteligencia artificial (IA) –cuyas máquinas y algoritmos pueden ser autónomos sin intervención humana– donde China y Estados Unidos son líderes y han multiplicado la amenaza de un Armagedón.

Kissinger reconoce que las ya de por sí pletóricas armas nucleares eran más que suficientes durante la guerra fría para dañar al planeta entero, ahora los prodigiosos avances en la tecnología, en particular en el ámbito de la IA militar, tienen un colosal efecto multiplicador: "hemos desarrollado la tecnología de un poder que va más allá de lo que cualquiera hubiera imaginado hace 70 años", ya que “un conflicto militar entre poderes high tech es de significado colosal (sic)” cuando al tema nuclear se ha sumado el tema high tech, que en el campo de la IA, en su esencia, se basa en que el hombre (sic) se vuelve socio de las máquinas y que las máquinas pueden desarrollar su propio juicio (¡mega-sic!)”.

Rememoró que la guerra fría después de la Segunda Guerra Mundial entre Estados Unidos y la ex URSS por décadas fue de carácter "unidimensional", centrada en la competencia de armas nucleares: "la URSS no tenía capacidad económica (sic). Tenían una tecnológica militar" y "no habían desarrollado una tecnológica como China". Hoy "China es un inmenso (sic) poder económico, además de constituir un poder militar significativo".

¿No estará hoy exagerando el poder militar de China y depreciando el poder geoeconómico de Rusia? A mi juicio, tales errores de juicio y de cálculo desembocan seguido en catástrofes.

En su apocalíptico epílogo, el casi centenario Kissinger abogó por una política de Estados Unidos hacia China con un abordaje de dos vertientes: mantener firmes los principios de Estados Unidos y exigir respeto (sic) de China y mantener un diálogo constante en búsqueda de áreas de cooperación con métodos "diplomáticos" que "no siempre llevarán a resultados benéficos".

Mientras Washington inicia su nada graciosa fuga de su guerra más duradera en Afganistán, en paralelo, el primer secretario de Defensa afroestadunidense, general Lloyd Austin, ha advertido en forma ominosa que “la forma en que combatamos la siguiente (sic) gran guerra será muy diferente a la forma en que hemos combatido las otras (https://bit.ly/3b1GChy)”.

Kissinger, que sueña todavía con un G-2 de Rusia con Estados Unidos contra China, no citó las categóricas "líneas rojas" de Putin del 21 de abril (https://bit.ly/3xKDrEA) ni citó las armas hipersónicas del Kremlin. A su cuenta y riesgo…

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El secretario de Estado de EE.UU., Antony Blinken, el 27 de abril de 2021.Leah Millis / Reuters

El secretario de Estado de EE.UU. afirmó que el gigante asiático "es el único país con la capacidad militar, económica y diplomática" para desafiar, lo que llamó, un "orden basado en reglas".

 

Tanto EE.UU. como China no están interesados en buscar una confrontación militar porque va en contra de sus intereses, afirmó este fin de semana el secretario de Estado del país norteamericano, Antony Blinken, durante una entrevista con CBS News.

Al ser cuestionado sobre las capacidades militares del gigante asiático en zonas donde la Armada de EE.UU. también tiene una presencia importante, Blinken sostuvo que llegar o dirigirse hacia un enfrentamiento entre las dos potencias es "completamente contrario" a sus intereses.

"China cree que puede ser y debe ser y será el país dominante en el mundo", afirmó el alto funcionario tras sugerir que "es el único país con la capacidad militar, económica y diplomática para socavar o desafiar el orden basado en reglas".

En este contexto, aseguró que el propósito de Washington no es contener o frenar a Pekín, sino mantener "ese orden basado en normas que China está desafiando". "Si alguien desafía ese orden, nos pondremos de pie y lo defenderemos", subrayó.

Por otra parte, Blinken declaró que EE.UU. también tiene preocupaciones en otros ámbitos con China, como el área comercial, recordando que la Administración del presidente Joe Biden ha mantenido los aranceles contra el gigante asiático, impuestos durante la presidencia de Donald Trump. "China puede ser el único gran problema del momento en Washington en el que demócratas y republicanos encuentran una causa común", agregó.

Publicado: 3 may 2021 01:57 GMT

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Lyle Goldstein, del Colegio Naval de Guerra de Estados Unidos, define las "lineas rojas" de Putin

Antecedentes: Ya había enunciado el abordaje de las "líneas rojas" del zar Vlady Putin de su célebre discurso del 21 de abril que "denotan la hipersensibilidad de la confrontación de Estados Unidos contra Rusia" (https://bit.ly/3vA22Kt).

En mi video semanal de Radar Geopolítico, en interacción con la audiencia intentamos "definir" tales "líneas rojas": el Donbass, Crimea, la zona rusa del Mar Negro, el gasoducto Nord Stream 2, el Ártico, el enclave de Kaliningrado (entre Polonia y Lituania), la línea vertical del eje de los mares Báltico, Negro y Mediterráneo oriental y, relativamente, el Cáucaso (Chechenia y Daguestán) extensivo al Mar Caspio y a Azerbaiyán (https://bit.ly/3vEHZut). Algo así como su "periferia inmediata".

HECHOS: el estratega militar Lyle Goldstein, profesor del Colegio Naval de Guerra de Estados Unidas, consagrado principalmente a investigar los mares de China, así como el contencioso ruso –además de coautor del libro Futuro de la fuerza submarina nuclear de China (https://bit.ly/3nF2kgb)– realizó un ilustrativo ensayo en el portal American Committee for US-Russia Accord (Acura): "Escudriñando las Líneas Rojas de Putin" (https://bit.ly/2QQeHKp).

Goldstein se detiene en la "respuesta rusa" que sería "asimétrica, rápida y severa" que "agitó a los observadores occidentales" con la frase enigmática de que tales "líneas rojas serán de acuerdo con las circunstancias de cada situación".

El enfoque de Goldstein refiere que "tales líneas rojas han tenido una importancia que define la importante época desde el alba de la era nuclear", como sucedió en el “momento más peligroso de la guerra fría, la crisis de misiles de Cuba en octubre de 1962” cuando, a su juicio, "Moscú transgredió torpemente la línea roja de Washington a estacionar armas nucleares en Cuba".

Reconoce que los intereses de Rusia hoy colisionan directamente contra Washington en un "patrón de suma cero" en un "extenso (sic) frente que va del Ártico al Báltico, a través de Bielorrusia al Donbass y a Crimea, y todo el camino abajo hasta al Cáucaso y más allá".

Exhorta a los estadunidenses a “la pregunta incómoda: ¿Por qué Estados Unidos y sus aliados (sic) parecen traspasar (sic) diferentes líneas rojas rusas en tantas ‘situaciones (sic)’ en forma simultánea?”

Distingue en forma sobria "una línea roja con Siria, obviamente diferente al concepto de línea roja referente a las potencias nucleares, como China y particularmente Rusia", lo cual es “absolutamente grave (sic), ya que se trata de países que pueden ‘liquidar (sic)’ a Estados Unidos quizá en unas cuantas horas, aun si tenemos el consuelo (sic) de que podemos llevarnos con nosotros a nuestros adversarios en las llamas”.

Lamentablemente la aplastante mayoría de los mandatarios, tanto de los 193 países de la ONU como los 255 (sic) del World Factbook de la CIA, con la notable excepción de los nueve países atómicos, carecen de cultura nuclear y, peor aún, ignoran sus graves consecuencias.

Tal ignorancia de los mandatarios de los países no-nucleares tiende a jalar a las nueve potencias nucleares a una destrucción planetaria, como nos ilustra la inigualable Guerra del Peloponeso escrita en el siglo V aC por Tucídides.

El estratega Goldstein, que conoce como pocos el tema y sus consecuencias, concluye que "una noción de sentido común de paz, y la genuina supervivencia (sic), para el siglo XXI debe incorporar límites (sic) y, en forma crucial, los principios de realismo y moderación" cuando "no debemos tocar las líneas rojas de otras superpotencias nucleares en forma cotidiana".

Recuerda la sabiduría de George Kennan –a mi juicio, el óptimo geoestratega de Estados Unidos de todos los tiempos– de, como versa un proverbio chino, no jugar con los testícu-los del tigre, como en forma insolente los "estrategas de Occidente buscan probar las líneas rojas de Rusia en Europa oriental", por lo que aconseja "aprender a vivir en forma amigable con Rusia".

Conclusión: la Crisis de los misiles en Cuba sucedió hace 59 años, cuando la ex-URSS aún no contaba con su temible panoplia nuclear de hoy ni con sus hasta ahora inigualables armas hipersónicas.

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