Domingo, 15 Mayo 2016 07:39

El drama de las izquierdas

El drama de las izquierdas

No hay duda que hay un lenguaje de las izquierdas, que cualquier ciudadano puede entender de primera mano. A pesar del modo intercambiable en que procede hoy la lengua política, todavía pueden reconocerse que son de “izquierda” palabras como clase obrera, plusvalía, hegemonía, proletariado o igualdad. La propia denominación de izquierda tiene orígenes remotos, obviamente ligados al teatro parlamentario, pero específicamente a la arquitectónica de un lugar, a formas de ubicación en un recinto o escenario. La tradición de darle distintas significaciones a las manos, permiten suponer que la expresión “izquierda” también alude a distintas posibilidades de los distintos miembros del cuerpo humano. No faltan quienes señalan que la palabra “mano áspera” interviene en el nunca bien esclarecido nacimiento de la palabra izquierda. En la historia del parlamentarismo moderno el hemistiquio izquierdo es donde podían sentarse los representantes de una ideología más “avanzada”. Es interesante la asociación entre una denominación ideológica y la forma de agruparse en un determinado espacio. La “montaña” y el “llano” son otras tantas expresiones espaciales de la política que nos son familiares. El interés aumenta cuando, a la inversa, las metáforas espaciales acompañan la dicción política: “espacio político”, “escaló posiciones”, “caminar la provincia”, “tercera posición”, y tantas otras, de las más variadas, con el agregado que la ahora usual locución “posicionamiento” alude al acto residual de ocupar un espacio con una intervención rasa, despojada de densidad histórica. Algunos de estos usos lingüísticos acaban empobreciendo a la política, aunque esa es otra historia.


Lo que nos interesa en esta nota son cuestiones más actuales y menos etimológicas, pero para las cuales, la etimología nos propone su conocidos toques de ambigüedad. De ahí que en cierto momento, personas que valoran a las izquierdas pero no se sienten enteramente cómodas si solo eso se dijera de ellas, pero también si son desconocidas en ese carácter, protestan de que son “corridos por izquierda” o dicen que “a la izquierda nuestro solo está la pared”. En la historia de las izquierdas del siglo anterior, está enclavado este dilema, que comienza preguntando cuál es el “más allá” y “más acá” de la izquierdas. Es conocida en la tradición de las izquierdas la existencia de una veta crítica hacia el “izquierdismo” cuando traduce ciertas formas de “infantilismo”. Sin dejar de ser extraño, es aceptable que lo que durante dos siglos se tornó un complejo cuerpo de ideas entrelazadas, acepte una distinción entre madurez e inmadurez. Es conocida la trayectoria de la socialdemocracia alemana -el partido fundado por Engels, su prosapia es indiscutible- que por obra de Bernstein y Kaustky, al adquirir un plan de absorción de la democracia parlamentaria, terminó extirpando su vibración interna (la mano áspera, la negatividad de la historia diría Marx) o la acabó convirtiendo en un mero ritual. Los “socialismos” actuales, que aún se llaman así, muestran el equívoco panorama de un nombre que no corresponde con su real adscripción a las formas más tenues y chanflonas del liberalismo. ¿Es así que procede la historia de las izquierdas, debilitando su raíz para popularizarla y multiplicarla, al precio de que se convierta al cabo de un ciclo histórico en un nombre deshabitado, marcado solo por un ritual conmemorativo, para prácticas que ya se impregnaron de todo lo que antes reprobaban?
No nos parece. Es que la historia del “ser de izquierda” terminó siendo más versátil que la palabra socialismo, que primero aceptó la compañía de la utopía, luego de la ciencia, luego del positivismo, luego de la democracia, luego de la nación, y luego del vacío de ideas. Cumplió con su itinerario circular perfecto, sin que haya que descartar que algún inesperado marasmo de la historia vuelva a convocarla con sus grandes memorias adormecidas. No es así con la izquierda porque a ella siempre la encontramos ante dos actitudes: la que la retiene en su venerable fijeza y en la que busca su expansión invadiendo “cuestiones”, “problemas” que la adentran en la maleza de las sociedades, con actos frentistas, alianzas amplias o confederaciones de urgencia –lo que sea– que la ponen como un hilo reversible y en constante disputa con su cordel paralelo, el populismo. Dedicaremos las líneas que siguen a este último tipo de izquierda, la que rechaza adoptar los temas de la custodia de la “moral media de las masas” y como es lógico, no acepta sustituir los temas emancipatorios por los temas de una “teología del mal”, el excipiente comunicacional propio de los flujos de control que el Capital destina a las poblaciones. Es decir, no sustituir el análisis de la reproducción global del neocapitalismo a través de su creciente ilegalidad de procedimientos, por los temas de la teología comunicacional-jurídica-financiera dominante. ¿Cómo tomar entonces las grandes convulsiones que desequilibran incesantemente las sociedades contemporáneas según una lucha por los derechos, por el dominio de la palabra pública y por una protección del trabajo real, encarada por movimientos populares trascendentes pero imperfectos, que reclaman producir los efectos de una izquierda sin serlo ellos mismos? ¿Y qué hace en esos casos la práctica militante que adhiere su identidad al nombre de las izquierdas?


La izquierda más ensimismada en su canon (y es comprensible que sea así, pues una de las posibilidades de definir la izquierda es la fidelidad a su canon ya textualizado) considerará que en esa lucha “todos son iguales”. Esto no puede ser juzgado desde los contendientes que están en la primer escena (por ejemplo, en el teatro del golpe brasileño, están Dilma y los poderes comunicacionales-empresariales, que no piensan de sí mismo que “son iguales”, puesto que la lucha es categórica) y por lo tanto le asiste a la izquierda de canon más puritano, el derecho de no intentar laudar ni considerar la diferencia. Lo interesante es que a lo largo de la historia mundial y latinoamericana, las más incisivas izquierdas se propusieron intervenir de distintas maneras en las hendiduras sociales que se producían en la historia visible, inmediata y fenoménica de las sociedades. Tomaban entonces diversos riesgos, según las porciones que decidiesen aceptar como cercanas en la interpretación del conflicto supremo, en la magna convulsión “de la que todos hablan”, la que segmenta a la sociedad en un presente absoluto. Ese riesgo está en proporción a lo que cada izquierda esté dispuesta a ceder de su identidad más canónica. Es el típico problema que trató la Internacional de Zimmewald, donde una minoría de la socialdemocracia europea –entre ellos Lenin y Trotsky–, rechazaron la guerra del 14 (y el riesgo de que las clases obreras nacionales la aceptaran bajo consignas nacionalistas) en vista de posibles procesos revolucionarios, contracara de la guerra. Pero esta era una situación extrema. Luego las izquierdas se vieron ante “cuestiones nacionales”, “cuestiones democráticas”, “cuestiones étnicas”, “cuestiones religiosas”, “cuestiones de método”, “cuestiones de género”, “cuestiones comunicacionales”, “cuestiones autonomistas” e incluso, más recientemente, cuestiones teológicas.


Entre ellas, la “cuestión nacional” figura en un término tan importante como la “cuestión democrática”. En cuanto a la primera, ejemplifico con el gran libro de Otto Bauer (1907) “La socialdemocracia y la cuestión nacional”, texto fundamental, entre nosotros publicado por José Aricó. En cuanto a lo segundo, se debe mencionar la evolución del propio Georg Lukacs, que en los años 60, cercano a su fallecimiento, y después de una larga tragedia personal e intelectual, se había convertido prácticamente en lo que entonces se llamaba un “eurocomunista”. Es decir, por más que iba y venía con la expresión “ontología”, ella ya consistía en el reconocimiento de la cuestión democrática, de las etnias, de la diversidad cultural, de la estabilidad de las relaciones entre naciones centrales. En la Argentina, son jalones de estas desafiantes asimetrías y simetrías, un Manuel Ugarte, que había escuchado a Lenin en la Tercera Internacional, (cuando se trata la cuestión de Oriente, es decir, la cuestión nacional-democrática con otro nombre) y un Hernández Arregui después (que se inspira en las “representaciones colectivas” de Durkheim, pero infortunadamente yerra en apartarse de Gramsci y Mondolfo) que lleva hasta sus últimas consecuencias el sintagma “izquierda nacional”. Antes, José Ingenieros le había propuesto a Yrigoyen (1919) un programa de acción que es un antecedente fundamental de una conjunción frentista nueva (irrealizable en ese momento) que entre otras cosas proponía un programa educativo que tomara inspiración en “Sarmiento y Lunacharsky”. De Sarmiento sabemos algo y debatimos mucho. Lunacharsky era el ministro de Educación de la revolución rusa. Puede irritar. Pero donde está lo irritante es dónde se piensa.


Pueden ser estos ejemplos u otros. ¿Pero se ha cerrado ya ese intervínculo entre izquierdas y movimientos sociales historizados, que se componía de un foso donde las primeras se concebían insuficientes y los segundos se veían atascados por sus molicies o singularidades culturales irreductibles? Para las izquierdas que nos interesan (hablamos con tipos ideales, por eso no damos nombres) es evidente que se reabre un capítulo nuevo donde el tema crucial es el de asumir “cuestiones heterodoxas” que obligarían a opacar su nitidez pero a verificar una vigencia posible en formaciones de género popular, acuñadas en viejos odres sociales y memorias nacionales. Es obvio que para ello se precisa que las diversas descendencias y vertientes de las memorias democrático-nacionales contengan también en su diccionario la posición neo-frentista, rehecha y reformulada una vez más mirando ahora hacia direcciones inusitadas. Un mundo donde un rostro terrible que aún no sabemos definir muy bien, y que se diseña bajo la pica de la barbarie política del neocapitalismo, creemos que así lo reclama, en Argentina, en Brasil, y en todo el mundo.

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Neoliberalismo. Algunos puntos sobre las íes

Por años, he oído no pocos errores en el lenguaje común sobre palabras que cotidianamente pueden leerse y oírse en los medios: liberalismo, neoliberalismo, democracias, populismo, totalitarismo y más. Cuántos cientos de veces no pocos televidentes habrán oído decir al señor Leo Zuckermann, con el pecho inflado de orgullo, yo soy un liberal, ¡¡¡soy un liberal!!! Cree hablar de lo mejor del mundo. Vale la pena desbrozar un poco este terreno del lenguaje político y económico, porque es con las palabras que se le toma el pelo a la gente (en este espacio tengo que simplificar).

Alexis de Tocqueville escribió en su ensayo El antiguo régimen y la revolución que “la revolución francesa bautizó lo que abolía: el ancien régime”. Con estas palabras se refería a las monarquías absolutas instauradas en Europa, que tenían como base relaciones sociales entre señores (la aristocracia en general junto con la Iglesia católica romana) y siervos. Este régimen, según los detentadores del poder, era el orden natural y tenía un origen divino.


Desde que existe, el género humano ha luchado por alcanzar la libertad. La larga historia humana tiene épocas o eras, y en cada una la libertad por la que han luchado los humanos ha sido una libertad distinta. Los humanos siempre tendrán límites que querrán superar, y los vivirán como una lucha por la liberación de los obstáculos que tienen que enfrentar.


Los hombres lograron un alto grado de conciencia de su lucha por la libertad cuando acuñaron el lema de la revolución francesa: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Esta libertad quería abolir el ancien régime. De la libertad de aquel momento surgen la idea y el concepto de liberalismo. Esta es una idea e ideología de una forma de organización social –que en los hechos históricos nace antes, en Inglaterra, con la Glorius Revolution de 1688-1689–, pero el liberalismo habría de convertirse en un antónimo de la libertad.

Mientras, la igualdad y la fraternidad pasaron al panteón de los olvidos olvidados.


Desde fines del s XVIII y durante años, liberalismo político (aumento de los derechos individuales y de las libertades políticas) y liberalismo económico (libre mercado interno y externo, autorregulación) formaron parte de un mismo movimiento político que se oponía a los conservadores defensores del ancien régime. Durante el s XIX el liberalismo produjo una era de crecimiento económico y progreso sin precedentes, pero resultó ser un completo fracaso social. La sociedad comenzó a polarizarse entre ricos y pobres a ritmos cada vez mayores. La lucha entre el liberalismo decimonónico y la ideología del ancien régime prácticamente ya no existía. El enemigo del liberalismo político era el liberalismo económico. Se volvió indispensable, por tanto, distinguir entre uno y otro.


De otra parte, el liberalismo político nació de la mano de la democracia, y aquí empiezan las complicaciones porque, según el momento histórico y las circunstancias de cada país de Occidente, ha habido democracia indirecta o representativa, cuando las decisiones son adoptadas por personas reconocidas por el pueblo como sus representantes; hay democracia participativa, cuando se aplica un modelo político que facilita a los ciudadanos la capacidad de asociarse y organizarse de tal modo que puedan ejercer una influencia directa en las decisiones públicas o cuando se facilita a la ciudadanía amplios mecanismos plebiscitarios consultivos. Ocurrió con el tiempo que la democracia se convirtió en un conjunto de procedimientos hipócritas, falsos, reducidos al sufragio.


Durante el s XIX también surgieron ideologías de aspiraciones revolucionarias, como el socialismo marxista o el anarquismo. Ambos movimientos coincidían en su rechazo del liberalismo tanto en su vertiente económica como en su vertiente política. Y no sólo eso: en el seno del movimiento obrero apareció una vía reformista llamada socialdemocracia. Los socialdemócratas eran liberales en el terreno político, partidarios de la democracia y de los derechos individuales, pero en economía no eran partidarios del libre mercado absoluto; no creían que el libre mercado pudiera autorregularse gracias a una providencial mano invisible (inventada por Adam Smith). Defendían un intervencionismo estatal en la economía, pero dentro del capitalismo. Por estas diferencias rompieron con los marxistas de inspiración leninista.


La socialdemocracia nació defendiendo medidas o políticas de intervención en la economía desde el Estado para regular los desastres sociales cometidos por el capitalismo, buscando evitar los desequilibrios derivados de la libertad total de mercado, especialmente aquellos relacionados con la concentración de la riqueza y el aumento de la polarización social. Las políticas socialdemócratas buscaban regular la economía con leyes y limitaciones al libre comercio e interviniendo directamente en la producción de bienes y servicios mediante empresas públicas. Un intervencionismo que debía hacerse para lograr una redistribución equilibrada de la riqueza y el ingreso.


Después de la crisis de los años 30 apareció un nuevo movimiento: el neoliberalismo; mientras el liberalismo es un concepto mixto (política-economía) apropiado para referirse a la época previa a la crisis de 1929, neoliberalismo es un concepto que sólo se refiere a su vertiente económica, y no a la política. Aparece tras la Segunda Guerra Mundial como oposición a las nuevas políticas socialdemócratas keynesianas, aunque alcanzará el poder tras la crisis de los años 70 y vendrá asociado a una nueva globalización y a la práctica cancelación de la democracia y de la socialdemocracia. El neoliberalismo ha creado la peor crisis social y ambiental, el más brutal proceso de concentración del ingreso, la riqueza y la era más cruel en la historia humana.

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"En Pixar, el arte siempre desafía a la tecnología"

El director y el productor de la nueva película del célebre estudio de animación describen sus métodos de trabajo y revelan sus fuentes de inspiración. "La caricatura y la abstracción nos interesan más que la realidad",


La inspiración llegó como casi siempre: cuando menos se la esperaba, proveniente de un lugar inhabitual, entreverada en la rutina más pura y dura. Pete Docter veía a su hija de nueve años enérgica, vital y con la alegría propia de aquellos que aún conservan la inocencia de una visión forjada al calor de lo lúdico. Hasta que dejó de hacerlo: ella creció y mutó chispa por ensimismamiento, explosión por silencio. "¿Cómo pudo haber cambiado tanto? ¿Qué estará pasando por su cabeza?", se preguntó. Coguionista de las dos primeras Toy Story y Wall-e, codirector de Monsters Inc. y UP, una aventura de altura y animador de otras tantas películas fundamentales de Pixar, el padre hizo lo que diez de cada diez artistas en esa situación. Esto es, buscar respuestas a través de su medio de expresión, poniendo su imaginación en este caso al servicio de un objeto creativo compuesto por partes iguales de amor, melancolía por aquello que se va para no volver y una andanada de gags que incluye a varios de los que estarán entre los mejores de 2015. Así, y con sólo 16 velas sopladas, la señorita Docter puede ufanarse de haber inspirado uno de los picos más altos de la historia del estudio del velador saltarín como es Intensa-mente, cuyo estreno nacional está agendado para el próximo jueves.


"Siempre hay que buscar la experiencia humana real." La frase que Docter dijo a Página/12 durante la entrevista que brindó junto al productor Jonas Rivera sintetiza el núcleo ético y estético de este film y de todos los salidos del estudio creado por John sseter, aun aquellos fechados después de su pase a la órbita de Disney, en 2006, cuando varios coquetearon con la reiteración y cierta pereza ilustradas en una sucesión de remakes y fórmulas remanidas ("Es cada vez más difícil hablar y dar a conocer una película original", reconoce Rivera). Estrenada con críticas laudatorias en el último Festival de Cannes, Intensa-mente no reduce su target a niñ@s ni mucho menos a [email protected] a la categoría de infradotados, convirtiéndose en una película para todos los públicos como pocas en la cartelera comercial. "Los chicos van a disfrutarla en un nivel diferente que los padres. Incluso a veces ellos la entienden mejor que los adultos", aseguró Rivera durante la conferencia de prensa realizada después de la proyección de prensa. "Lo que intentamos transmitir no es tanto un mensaje sino mostrar las dificultades que implica crecer. A medida que íbamos investigando, nos dimos cuenta de que las emociones nos sirven de diferentes formas según pasan los años. Por eso es increíblemente importante para una familia ser abierta, comunicativa y estar emotivamente conectada", completó Docter.


La que está creciendo en la ficción es Riley, que a sus joviales y explosivos once años debe mudarse con su familia a San Francisco, dejando atrás a amigos y costumbres, además de la infancia. A partir de esa anécdota, Intensa-mente muestra el funcionamiento e interacción de sus distintas emociones internas, lideradas por Alegría (voz original de la comediante Amy Poehler), según las acciones del "mundo real". "Creo que todos podemos relacionarlos con la idea de escuchar voces en nuestra cabeza, sentir de una manera pero finalmente actuar de otra. Fue muy divertido ver la película con nuestra familia porque uno de las cuestiones principales es que, más allá de lo que pase, todo puede estar bien mañana", dice Docter antes de recordar los primeros encuentros con John Lasseter. "Lo que le gustó fue la oportunidad de entrar en la mente y experimentar cosas que todos conocemos pero nadie vio. Y también la idea de las emociones como personajes. Nosotros veíamos potencial cómico ahí, así que lo primero que hicimos fue focalizarlos en ellas. Fue un proceso de exploración creativa largo, con decenas de artistas haciendo muchísimos dibujos y un par de años para escribir el guión, tarea que habitualmente significa el 95 por ciento del trabajo: asegurarnos que funcione la historia, que estén bien determinados los personajes, los tiempos de cada situación. Cuanto más sabemos del guión y la historia, uno puede ser más eficiente en la animación."


–¿En qué momento decidieron que las emociones tuvieran géneros distintos? ¿Cuál fue el criterio para determinar cuáles serían femeninas y cuáles masculinas?


Pete Docter: –Al comienzo pensamos que todas las emociones de Riley fueran femeninas, pero después nos dimos cuenta que habría más contraste y más humor si contemplábamos los dos géneros. Algunos nos marcaron el hecho de que las emociones de la mamá y el papá son todas femeninas y masculinas, pero eso nos daba un grado cómico mayor, además de permitirnos ubicar mejor al espectador: eran cuatro locaciones con 18 personajes, entonces teníamos que dejar bien en claro dónde estábamos. En ese aspecto no nos importaba tanto la cuestión científica como ser graciosos.


–¿Cómo siguió el proceso creativo?


P. D.: –Después pensamos en el comando central, que es donde trabajan las emociones. Y como habíamos decidido que esta película iba a transcurrir en la mente y no en el cerebro, no queríamos que aparezcan rodeadas de los componentes que hay en una cabeza, como vasos sanguíneos y esas cosas. Queríamos reflejar la sensación de estar en una nena chiquita, así que tratamos de combinar un pequeño mundo con reglas particulares y un negocio de Apple.


Jonas Rivera: –Cualquier cosa que uno observe puede convertirse en una película cuando se trata de animación. Podríamos hacer una sobre galletitas en frasco. Como productor me gustó que fuera un concepto claro y conciso, pero enorme a la hora de poder explorarlo.


–¿Esas posibilidades de exploración se deben a que, a diferencia de películas de Pixar como Toy Story, Cars o Buscando a Nemo, aquí la acción se sitúa en universos enteramente imaginados? ¿Es más complejo partir desde ahí, sin que existan puntos de contactos con lo real?


J. R: –Bueno, Intensa-mente se sitúa en un mundo del que no sabíamos absolutamente nada; cómo lucían las sillas, las mesas y ni hablar de los personajes. No había nada dado de antemano. Y cuando Pete dijo que era una película de la mente y no del cerebro, tuvimos una licencia artística muy grande para interpretar.


P. D.: –Tanto para ésta como para Monsters, Inc. hicimos una amplia investigación. En el caso de la primera, incluso nos sentamos en un placard, pero no pasó nada, entonces hablamos con expertos para ver cómo los chicos percibían a los monstruos. Para Intensa-mente hablamos con neurólogos, psicólogos y psiquiatras; queríamos interiorizarnos en el funcionamiento de la mente y los recuerdos, pero nos encontramos con que hay muchas cosas que no se sabe cómo funcionan. De hecho, algunos científicos decían que había tres emociones básicas y otros que no, que eran 26. Más allá de que no nos importaba la cantidad sino cómo actuaban y cuál era el área de acción de cada una, definitivamente fue una influencia para nosotros y encontrar imágenes para eso significó un trabajo grandísimo. Dependíamos de los artistas del estudio, quienes más que escuchar a la ciencia trataron de buscar dentro de sí para crear un mundo de manera intuitiva. En Pixar el arte desafía a la tecnología y la tecnología inspira al arte. La caricatura y la abstracción nos interesan más que la realidad, así que siempre estoy buscando excusas para que las historias sigan ese camino.


–¿A qué se refiere con "más interesado en la abstracción que en el mundo real"?


P. D.: –Es una de las cuestiones por la que estoy enamorado de la animación. Cuando uno logra una buena caricatura de una persona, ella se ve más real ahí que en una foto. La animación puede tomar la complejidad de la vida real, destilarla y filtrar todo aquello que no aporte un significado para generar algo más potente que lo real. Es una cuestión que me aclara y me permite entender mejor el mundo. John dijo que tenía que ser creíble, no real.


–¿De dónde viene la preocupación de Pixar por los mundos que coexisten con el terrenal pero son imperceptibles?


P. D.: –Creo que parte de la diversión proviene de la idea de mirar a un mundo con el que estamos familiarizados pero desde un punto de vista no habitual. Parte del desafío de Intensa-mente era llevar al público a un mundo que nosotros habíamos pensado, pero no habíamos visto. Aunque nuestras películas hablen de pescados, juguetes o autos, a la larga siempre se trata de nosotros, de nuestros miedos y sentimientos.


–UP se pensó antes de la explosión del 3D y se convirtió a ese formato en la posproducción. Aquí, en cambio, el 3D estuvo desde el comienzo. ¿Cambió la concepción creativa?


J. R.: –La buena noticia fue que no cambiamos mucho. Cuando hicimos Up no éramos fanáticos de la idea del 3D como la posibilidad de tirar cosas a la pantalla ni que saliera a buscar al espectador, sino que queríamos que funcionara como una ventana. Lo usamos mucho para darle profundidad visual: color, iluminación, detalles. Era otra herramienta para marcar dónde estaban los personajes emocionalmente. Pero terminamos haciendo la película como siempre. Compusimos las imágenes de la misma forma que antes y después hubo un equipo de artistas que acomodaron las cosas al formato 3D.


–En Monsters, Inc. había un peso muy grande de los sueños, Up estaba atravesada por los recuerdos de la ex mujer del protagonista y gran parte de Intensa-mente transcurre en la mente de una nena. Podría pensarse que tienen un interésparticular por el subconsciente. ¿Es así?


P. D.: –Sí, totalmente. Muchas veces uno se pone a hacer una película sin saber por qué ni qué quiere transmitir. El proceso de descubrimiento es un viaje propio, como una suerte de terapia en la que uno empieza a entenderse más y mejor a uno mismo. Creo que de alguna forma tiene razón con su pregunta. Las películas tienen que ver con hurgar profundamente en nuestras vidas y tocar la de aquellos que las miren.


J. R.: –Si bien no están directamente relacionadas porque transcurren en mundos distintos, las tres juegan con la sensación de ser niños y mantenerse joven, como una suerte de Peter Pan. Esto estaba incluso en Up, que al fin de cuentas hablaba sobre un hombre dispuesto a todo con tal de aferrarse a algo.


–Además, el inconsciente es un terreno donde todo es posible, igual que la animación.


P. D.: –Sí, pero siempre hay que tratar de vincularlo con la vida normal, más allá de que las películas traten de bichos, autos o juguetes. Siempre hay que buscar la experiencia humana real, el tema, para que el film le hable e interpele el público.

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El cerebro aún representa un enigma para la ciencia

Si el cuerpo humano fuese una orquesta filarmónica, sin duda al cerebro le correspondería el papel principal: el de director.
Se trata de un órgano fundamental del que depende prácticamente toda la actividad fisiológica, sensitiva, física y cognitiva de los individuos.


Su amplitud de capacidades nos lleva a pensar, soñar, amar, sentir, oler, movernos, dormir, degustar un platillo, sentir miedo, escuchar, procesar información y generar conocimiento, recordar, ver y hablar, entre muchas otras actividades.


Al iniciar los festejos por la Semana Internacional del Cerebro, en el Museo de las Ciencias Universum, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Julio Morán Andrade, investigador de la División de Neurociencias del Instituto de Fisiología Celular (IFC) de esa institución, señaló que la ciencia enfrenta grandes retos en el estudio de este órgano, fundamentalmente los relacionados con la forma en cómo actúa y funciona en los procesos de imaginación, creatividad, idealismos y pensamiento cognitivo.


Gobierna nuestras funciones


En entrevista con La Jornada durante esta conmemoración, el científico explicó que el cerebro, sumado al sistema nervioso central, es el centro de comando de toda una estructura muy compleja: el organismo vivo.


Gobierna nuestras funciones, que van desde lo más básico, como movernos, hasta procesos complejos como la integración de la información que recibimos cada día con las experiencias y que permiten que el individuo genere una personalidad o sea más o menos inteligente.


Es cierto, dijo Morán Andrade, que se ha avanzado en el estudio del cerebro en temas como las sensaciones, enfermedades mentales y neurodegenerativas, procesos de memoria-aprendizaje y su importancia en procesos como la respiración, la digestión o en el sistema cardiovascular.


Sin embargo, este órgano aún es un enigma para la ciencia: estamos muy lejos de entender siquiera cuál es la parte del cerebro relacionada con procesos complejos como la creatividad, la imaginación o la tenencia de ideales. Este es uno de los retos para las neurociencias, comentó.


Quizás, explicó, el aspecto complejo que más se ha logrado comprender es el de memoria-aprendizaje, en el que se ha identificado que el hipotálamo, sumando a la corteza, son las regiones cerebrales relacionadas con el almacenamiento y adquisición de información y su posterior uso para desempeñar las actividades cotidianas.


Al concluir las conferencias para celebrar la Semana Internacional del Cerebro, se realizó un recorrido por la sala dedicada a este director de orquesta que desde hace varios años se abrió en Universum.


Desde este espacio se trata de llevar a los visitantes hacia los lugares más recónditos de este órgano fundamental para la vida. Uno de los puntos centrales del recorrido tiene que ver con el pensamiento, al que se define como la capacidad mental para ordenar, dar sentido e interpretar la información disponible en el cerebro. Nos permite combinar la información de lo que percibimos, memorizamos y razonamos para formar nuevos conceptos o tomar decisiones ante un problema.


Otro de los complicados procesos del pensamiento que se logran, gracias a la actividad cerebral, es la comprensión del lenguaje hablado y escrito, así como la producción de nuevas ideas y la capacidad de comunicarlas a otros.


Los pensamientos consisten en imágenes mentales de nuestras experiencias, se aclara durante el recorrido por la sala del cerebro de Universum.


El investigador del IFC, de la UNAM, enfatizó en que a diferencia de otros órganos, el estudio del cerebro es complejo, debido a que existe una diferencia intraespecífica entre los individuos, pues se le usa de manera diversa.


No todo el mundo está sujeto durante su desarrollo y formación al mismo ambiente. Hay personas con mayor capacidad para una u otra actividad, hay otros que se podrían considerar más inteligentes y unos más hábiles. Cada quien tiene sus propias experiencias y eso hace aún más complejo el estudio de este órgano.


Sin embargo, confió en que pronto la ciencia pueda dar aportes en este sentido para comprenderlo mejor y con ello incidir en un mejor entendimiento del cuerpo humano para mejorar la calidad de vida

Lunes, 26 Enero 2015 07:32

¿América o Colombia?

¿América o Colombia?

Puede parecer un pequeño lujo intelectual ocuparse de los nombres de los países; o de los continentes. Los nombres, algo a la vez tan artificial y permanente. Sin embargo, hay ocasiones en las que una reflexión al respecto arroja luces insospechadas y nuevas para una mirada desprevenida.


El problema: "América o Colombia" hace referencia al nombre, significado, implicaciones, filosofías y consecuencias que, en un caso, hacen referencia a Américo Vespucio; y en el otro a Cristóbal Colón. Pero hay mucha letra menuda debajo del título. Hay que leerla con atención.


Tres nombres estaban al inicio en el partidor: Las Indias, que era el nombre que se le asignaban en España a las nuevas tierras; América, el nombre que muy pronto, a comienzos del siglo XVI, se le asigna al nuevo continente, en particular, en los países del centro de Europa; y Colombia —junto con otras variaciones— que significa literalmente "la tierra de Colón", en homenaje al viajero y descubridor genovés.


De acuerdo con la historia —o la leyenda—, Américo Vespucio puso el nombre de "América" sobre los mapas elaborados a raíz de los nuevos viajes y descubrimientos de 1492 y los años siguientes (1497, etc.). La Academia de Saint Dié, en la Lorena, publicará sendos mapamundis en los que aparece el nombre de América al lado de "Europa", "África", "Asia" y demás. Y el debate que perdura por parte de numerosos autores de diversas nacionalidades desde el siglo XVI hasta el XIX, y que incluyen nombres como: La Colonea, Colonia, Coloneo, Columbaia, Colombina.


Lo que pudiera parecer una cuestión de chovinismo, o acaso de impronta intelectual, e incluso de reconocimiento u homenaje a un personaje u otro, esconde, en realidad, en este caso, un debate de ideas.


Muy específicamente, Francisco de Miranda es, en la historia del debate, una voz importante y el principal defensor para que a las nuevas tierras —y a sus habitantes, por consiguiente— se las llame "El Continente Colombiano". En su gesta por la independencia, sostenía: "Nuestro principal objeto es la independencia del Continente Colombiano, para alivio de todos sus habitantes, y para refugio del género humano".


Bolívar, por su parte, pensaba en el público liberal europeo y, muy particularmente, francés, y confiere el nombre de "Colombia" para lo que originariamente eran Venezuela y el Nuevo Reino de Granada, aun cuando tuviera en mente la independencia de toda América. Su misiva en el Congreso de Angostura (1819) es ilustrativa al respecto. Y, sin embargo, Bolívar piensa en el continente como en América.


Miranda se enfoca, pues, en "Colombia", y Bolívar termina adoptando el de "América" —con todo y su preocupación por el destino del Continente—, algo que deja escuchar con fuerza desde Haití y en otras oportunidades. Digamos, de pasada, que el debate Miranda–y–Bolívar trata de dos vertientes de la masonería.


Las guerras de independencia, en un caso, estaban orientadas a recuperar lo propio, el continente de la libertad, el refugio del género humano. A los habitantes primeros del Continente les han sido usurpados todos los derechos, y les deben ser restituidos, contra las fuerzas extranjeras que se las arrebataron. De esta suerte, Colombia hace referencia a la creación o recuperación de un Nuevo Mundo inocente. En Bolívar no se encontrará, para nada, el llamado a una continuidad de las viejas civilizaciones indígenas; algo que sí estaba en el ideario de Miranda.


Olga Cook Hincapié escribió en 1998 un excelente libro: Historia del nombre de Colombia, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1998. Una joya y una rareza en donde el problema de base considerado aquí está estudiado con todo detalle.
En este escenario, al azar, brotan remembranzas, unas más cercanas o lejanas a nosotros. "La raza cósmica" de José de Vasconcelos; la doctrina Monroe: "América para los Americanos" (1823), en fin, el debate entre América Latina (o Latinoamérica) e Iberoamérica; ésta, perdida por los españoles; aquella, ganada por los franceses. Y no en última instancia, los giros, temas y debates en torno a postcolonialismo (W. Mignolo), y otros temas próximo y semejantes.


Ello, para no mencionar el hecho —delicado para una cierta tradición— de que Miranda era partidario de que con el Continente Colombiano "se convocara a una vida histórica propia" por parte de los habitantes de las nuevas tierras. Más allá de las herencias, deudas y favores hacia otras potencias. Algo que, al parecer, no alcanzó a vislumbrar enteramente Bolívar.


El trabajo de y sobre las palabras es un tema delicado. En la historia del pensamiento, el análisis del lenguaje es el patrimonio del empirismo lógico. Una tradición filosófica y científica, constituida y alimentada principalmente por lógicos y matemáticos. El análisis del lenguaje se traduce rápidamente en el reconocimiento explícito de que, efectivamente, hacemos cosas con palabras (Austin).


Pues bien, el drama de la existencia radica en que en numerosas ocasiones los problemas reales terminan resolviéndose en términos de palabras, y confundimos así las palabras con las cosas. Frente a este estado de cosas, la distinción de las palabras, la crítica de los nombres y los conceptos, el análisis del uso del lenguaje se revelan como altamente críticos y radicales.


Para todos los efectos prácticos, digamos: América Latina: el último refugio del catolicismo (por eso la elección del papa Francisco). El último reservorio de recursos naturales. Acaso, incluso, la última frontera de desarrollo y crecimiento económico —una vez que los llamados "Tigres Asiáticos" hicieron lo suyo—. América Latina: la fuente para el estudio de la felicidad, las alternativas al desarrollo y el aprendizaje del buen vivir (suma qamaña y sumak kawsay). Muchos son los intereses y las mirada sobre Latinoamérica, y muchas también las esperanzas y los aprendizajes.


¿Colombia o América? (Incluso con ese apellido: América Latina). En ocasiones, las palabras terminan siendo lo último que modificamos.

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Los lenguajes de la política y la información

La habilidad más importante de los políticos en general, tanto como de la sociedad civil y el sector privado, consiste en estudiar el lenguaje –de los opositores, los gobernantes, los lideres, los programas, dicho de un modo genérico. No solamente porque efectivamente hacemos cosas con palabras, o también, no solamente debido a que en numerosas ocasiones los políticos identifican a los fenómenos, procesos o estructuras con las palabras, sino además, y acaso principalmente, debido a que en el lenguaje suceden dos modos principales de realidad.

 

En efecto, la comunicación política consiste en dos elementos básicos: un sistema de estrategia y un sistema de encriptamiento y decriptación. El primero apunta al impacto en el mundo y a la capacidad comunicativa, que en numerosas ocasiones sirve como explicación para el liderazgo o la ausencia de liderazgo. Se lo conoce como comunicación estratégica; esto es, saber emplear el lenguaje que el público quiere escuchar, motivar a acciones y generar confianza.

 

Quizás las dos maneras más inmediatas de ilustrar este primer plano es el de Goebbels, el ideólogo del nazismo: "Una mentira repetida mil veces termina por convertirse en una verdad". O la del político ultraderechista colombiano Gilberto Alzate Avendaño: "Calumnia!, que algo quedará". O Robespierre, el habilidoso del lenguaje.

 

De otra parte, la comunicación política trata de los grados y modos de encriptación de mensajes, la selectividad del receptor del mismo, en fin, el manejo de los secretos y la información clasificada. Pues la política consiste en muy buena medida en el manejo de este tipo de información y el manejo del mismo frente a la sociedad, la oposición, o el gobierno, dependiendo del caso.

 

Comunicación estratégica, y encriptamiento y decriptación de las comunicaciones: dos caras de una sola y misma moneda. Dos niveles distintos de un solo y mismo fenómeno. Y en cualquier caso, el problema de la inteligencia política, y la inteligencia de y en la política.

 

En efecto, la verdadera inteligencia consiste en observar lo que dice y hace el político, un tema que genéricamente se conoce como de marketing político, que es la capacidad de divulgación de una idea, un plan, una acción, en general.

 

Pero, al mismo tiempo, y muy fundamentalmente, la inteligencia consiste al mismo tiempo en observar lo que el político no dice, lo que calla, o lo que dice muy pocas veces. Pues aquí se encuentran mensajes importantes, decisiones verdaderamente estratégicas, núcleos de poder sensibles. Por ejemplo, se trata de atender a los pocos que hablan, porque cuando lo hacen indican en direcciones que al cabo se revelan como determinantes. O a lo que se calla en momentos álgidos o críticos.

 

Análogamente a lo que revela el propio psicoanálisis.

 

Es a este último caso a lo que se refiere la comunicación en términos de criptografía. Para lo cual no se necesitan teorías conspirativas. Pues los líderes de todo orden expresan a través del silencio o en los modos como informan o se manifiestan sobre un suceso determinado. Sólo que los políticos están, por definición, expuestos a la luz pública de manera permanente y necesaria.

 

Más exactamente, la verdadera inteligencia consiste en saber encriptar o desencriptar las informaciones, comunicados, declaraciones o expresiones del mundo de la política, más allá del nivel o tamaño del auditorio, del medio de comunicación, de la ocasión misma. Literalmente: encriptar y desencriptar, y no ya simplemente en interpretar los mensajes y las voluntades.

 

En otras palabras, la política no se agota en las esferas de lo estrictamente público y evidente. Además, y acaso más fundamentalmente, la política es del ámbito de lo no-evidente, o lo no inmediato; semejante al efecto Doppler en física.

 

En verdad, como lo puso de manifiesto Claude Shannon, el padre de la teoría de la información, la información no consiste en el manejo de mensajes y contenidos de cualquier orden. Pues el riesgo en este caso consiste en una banalización de la política que puede conducir al psicologismo, al sociologismo, al historicismo, y a otras interpretaciones semejantes que terminan, al cabo, en discusiones interminables con cargas eminentemente subjetivistas y de mera opinión o posiciones partidistas a priori que acaban siendo fundamentalistas.

 

Por el contrario, todo el trabajo de Shannon consiste en señalar que la información se encuentra estrechamente vinculada a la incertidumbre, implica la sorpresa, y también la dificultad. Y muy significativamente, el hecho de que la información es entropía. Esto es, la información apunta a, y contiene a la vez, una medición de orden, o de desorden, según el bando o partido del político de que se trate. O del país, o del sector económico, o del bando militar.

 

En otras palabras, la información debe ser desprovista de contenidos psicológicos, emocionales, subjetivos, incluso aún cuando sean un sector, un bando, un partido, o una persona determinada quien habla. Este es un elemento sensible que la ciencia le arroja a la política, y permite comprender entonces la complejidad del mundo político mismo.

 

En verdad, si existe un único mensaje, no hay, por tanto, ninguna incertidumbre y, por consiguiente, no hay información alguna. Pero si son posibles distintos, numerosos mensajes, entonces no cabe descartar la incertidumbre, y es entonces cuando hay información. En otras palabras, la verdadera inteligencia política consiste en el trabajo con incertidumbre, y en el manejo de la misma. Y ulteriormente, en la medición de la misma.

 

La información comporta siempre mediciones de orden o de desorden, y lo que hace el oyente inteligente consiste en identificar, trabajar y medir al cabo la entropía que comporta dicha información. Entropía, que es el término técnico que designa un ámbito amplio y muy sugestivo pero que generalmente es desconocido en la ciencia y los estudios políticos que es la termodinámica. Y entonces, la termodinámica de los fenómenos y procesos alejados del equilibrio.

 

En otras palabras, la política no sucede en absoluto única y principalmente en la esfera de la opinión pública, de lo que anuncian constantemente los diversos medios de comunicación (de masas). Creer algo semejante es altamente ingenuo, éticamente irresponsable y políticamente peligroso.

 

Por el contrario, la política sucede además, y acaso de manera nuclear, en lo que se insinúa, se oculta, se desplaza, o se niega. Pues allí puede verse un movimiento específico (efecto Doppler) –es decir, literalmente, una dinámica–, y un comportamiento caracterizado por complejidad. Complejidad del tiempo y el momento, complejidad de las decisiones, en fin, la complejidad misma de los procesos y comportamientos.

 

El lenguaje de la política comporta, en consecuencia, dos niveles mínimos de complejidad: el de los público y evidente, y el de la incertidumbre y los contenidos clasificados. La inteligencia de la sociedad civil consiste en identificar ambos niveles y en trabajar con ellos.

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Miércoles, 11 Marzo 2009 06:01

En el nombre de ellas

Mañana, 12 de marzo, en el Palazzo delle Stelline en Milán, en un encuentro anual de informáticos, lingüistas y bibliotecarios, entre otros especialistas que trabajan en la informatización de contenidos, habrá una mesa redonda dedicada a la terminología sobre la mujer en los sistemas de la web. Quien escribe hablará sobre el European Women Thesaurus. Este listado organizado de términos aspira a ser el instrumento que se usará en toda la Comunidad Europea para identificar los espacios web y documentos dedicados a la temática femenina. Ya fue excelentemente traducido al español por María José López Huertas e Isabel de Torres y al pensar en hacer lo mismo con la lengua italiana aparecen, en primer plano, no sólo problemáticas lingüísticas, sino también cuestiones de política de género en Italia.
 
A pesar de una larga tradición de valientes luchadoras sociales, trabajadoras y científicas, sin ser nombradas explícitamente, las mujeres son el terreno de batalla de luchas intestinas en el seno de la derecha italiana. Hablaremos de dos ejemplos: la seguridad interna y el caso Eluana Englaro.
 
La Lega Nord, sector de extrema derecha con gran peso parlamentario y que tiene a su cargo el Ministerio del Interior, centraliza su política de seguridad en la xenofobia, basada en lo que propagandizan como una ola de estupros por parte de inmigrantes. La respuesta que ofrecen es sacar el ejército a la calle para defender a las mujeres. Aleanza Nazionale, ex fascistas que tienen a su cargo el Ministerio de Defensa, se opone, sobre todo porque a los militares italianos no les gusta hacer de policías. Berlusconi, con sus conocidos chistes irónicos, responde que no es posible sacar el ejército, porque habría que poner tantos militares como chicas hermosas hay en Italia (sic).
 
No obstante, las estadísticas demuestran que el 60 por ciento de la violencia de este tipo ha sido ejercida por italianos sobre sus convivientes o ex convivientes. Es decir que lo que no se nombra es que Italia tiene un problema de violencia de género y que la inmigración no está directamente vinculada a ella.
 
No asumir esta situación como sociedad tiene un precio muy caro en vidas femeninas. Buenas políticas de concientización al respecto, como la llevada adelante por José Luis Rodríguez Zapatero en España, han logrado reducir la violencia, pues no hacen falta militares en la calle sino protección para las mujeres y niños, con rápido alejamiento y condena a los golpeadores.
 
En cuanto a Eluana, fallecida hace poco, su padre se negó a difundir imágenes de lo que era una mujer deteriorada por un ensañamiento terapéutico que la transformó en un cuerpo rígido acribillado por tubos. Como contraparte se puso en marcha el enorme aparato de amplificación mediática de Berlusconi que comprende varias televisoras, radios, diarios y periodistas abiertamente a su favor, en una supuesta lucha por la vida. En este caso, el primer ministro italiano no sólo hizo referencia a la belleza de la joven, cuya foto vieja de 17 años se difundió hasta el hartazgo, sino que dijo que no se la podía desconectar porque todavía podría ser madre.
 
En este contexto donde lo no dicho y no mostrado oculta una situación de retraso y discriminación, lo que nos ocupa profesionalmente, la nominación y descripción de los documentos, estadísticas, estudios sobre el tema de mujeres en la web toma un nuevo aspecto.
 
La traducción castellana del European Women Thesaurus hace propuestas de uso del femenino para las palabras que indican profesiones: médicas, arquitectas, asistentas, así como identificar separadamente a las abuelas del genérico abuelos. En Italia aún se denominan todas las profesiones y cargos en masculino, incluida la ministro alle pari opportunità (ministra de igualdad de oportunidades) Mara Carfagna.
 
También la traducción se ocupa de cómo en inglés se usa una sola palabra para lo que en español debemos expresar en varias. Es el caso del término housewification, largo y abstracto, que las traductoras proponen como confinamiento doméstico. En Italia no es bien tolerado porque confinamiento remite al procedimiento del gobierno de Mussolini de aislar en sus casas o en pueblos lejanos, como ocurrió con Carlo Levi, a intelectuales, gitanos, homosexuales.
 
Pero el confinamiento existe sin ser nombrado: las mujeres italianas, consideradas valiosas porque son bellas o madres, están ausentes en las estadísticas de violencia machista, sus sueldos son menores en comparación con sus colegas hombres y son las primeras en la precarización y el desempleo de la crisis actual.

  Por Mela Bosch*
* Desde Milán
 
* Lingüista y especialista en documentación. Docente de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.
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La fábrica del consentimiento uribista

 

Edición 2010.Formato: 28 x 21 cm. 96 páginas
P.V.P.: 25.000 pesos

 

Reseña:

Trabajado en forma de ensayo, La fábrica del consentimiento uribista es un estudio que le permitirá al lector desprevenido, así como al estudioso de los medios de comunicación o de las urdimbres del poder, acercarse de manera didáctica a las dinámicas que han facilitado que Álvaro Uribe registre en Colombia como uno “de los mejores presidentes que ha tenido el país”.

Hábil manejo de los medios de comunicación y del lenguaje –de los sinónimos connotativos–, abuso de la propaganda oficial, sistema educativo, guerra de cuarta generación, implementación de la estrategia de tensión, propaganda de guerra, desarrollo de la “doctrina del shock”, son algunas de las maniobras desplegadas por el gobierno que encabeza Álvaro Uribe y su grupo de asesores para confundir a toda una sociedad, y hacer ver claro lo que en realidad está distorsionado.

Enriquecido con lecturas complementarias, el presente texto va más allá de la denuncia, entrando en el campo de la pedagogía, estimulando a quien lo consulte para que se haga activo del “quinto poder”, estrategia colectiva para enfrentar en forma dinámica el poder omnímodo del “cuarto poder”, hoy parte sustancial del poder global que rige los destinos de la humanidad.


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