El huracán Florence expone la dura realidad de la desigualdad en Estados Unidos

Windy Newton y Nicolette Green no tendrían que haber muerto. Atrapadas en la parte trasera de una camioneta del sheriff en una zona rural de Carolina del Sur, las dos pacientes de instituciones de salud mental, de poco más de 40 años de edad, estaban siendo transportadas cuando la camioneta quedó a la deriva y se inundó tras el paso del huracán Florence. Los agentes que trasladaban a las mujeres lograron salir, pero las dos pacientes indefensas murieron ahogadas, en una muerte innecesaria y tortuosa. 

El reverendo William Barber explicó en una entrevista para Democracy Now!: “Tenemos dos huracanes. El huracán de la pobreza y de la carencia de atención médica y de salarios dignos, que existía antes de la tormenta y, por otra parte, la tormenta. Y ahora todo lo que ya era difícil para la gente se ha exacerbado”. El reverendo Barber es el pastor de Carolina Norte que cofundó la renovada Campaña de los Pobres, inspirada en el movimiento homónimo de Martin Luther King Jr. de 1968.


La tormenta, si bien pasó de ser un huracán de categoría 4 a una depresión tropical, avanzó a una velocidad de varios kilómetros por hora inundando las Carolinas estadounidenses en lo que a sido considerado como “un fenómeno que ocurre una vez cada mil años”. A pesar de las órdenes de evacuación obligatorias, muchas personas, demasiado pobres para escapar, quedaron varadas. Los reclusos permanecieron en sus celdas, abandonados por las autoridades estatales y locales que se negaron a reubicarlos. El destructivo diluvio se agravó aún más cuando los estanques de cenizas de carbón y las fétidas lagunas de abono se vieron desbordadas, filtrando sus contenidos tóxicos hacia las aguas que corrían por las inundadas calles de las comunidades cercanas, integradas mayormente por personas de color pobres. El presidente Donald Trump realizó una visita cuidadosamente controlada a la región el miércoles, donde se detuvo en los centros de comando y los puntos de ayuda atendidos en su mayoría por personas blancas. Como era previsible, el presidente se otorgó buenas calificaciones tanto a sí mismo como a la respuesta federal ante la emergencia.


El reverendo Barber continuó diciendo: “Trump viene de visita hoy, pero el impacto negativo de sus políticas ha visitado a los pobres y a la gente de bajos recursos mucho antes de que él llegara. Más de 4,7 millones de habitantes de Carolina del Norte son pobres. Antes de la tormenta, más de un millón de habitantes de Carolina del Norte no tenía acceso a la atención médica. Los condados que están siendo más afectados son los del Sector I y el Sector II. El Sector I es el condado más necesitado en términos de vivienda, atención a la salud y pobreza, y el Sector II está en el siguiente nivel”.


Barber señaló: “La gente está mirando lo que sucedió en la costa. De hecho, en la costa nos salvamos de lo peor. Sin embargo, tierra adentro, donde viven principalmente los pobres, a lo largo de estos ríos, estas comunidades rurales están siendo devastadas”. Los niños no están yendo a la escuela, por lo que no están recibiendo la comida diaria que les dan allí. Las personas que trabajan por hora, que viven de la paga diaria, no pueden trabajar, por lo que no reciben dinero. Barber destacó: “Cuando el gobernador y otros funcionarios dijeron que había que evacuar, ellos no pudieron evacuar, porque no tienen el dinero, no tienen auto, no tienen la capacidad. El presidente va a decir que va a enviar fondos federales. Pero este estado ha rechazado los fondos federales que hubieran ayudado a los pobres antes de la tormenta, para que tuvieran alguna protección contra la tormenta”.


Las aguas de la inundación no solo anegan, sino que envenenan y contaminan. Cuando las inundaciones alcanzan y desbordan los estanques a cielo abierto que contienen ya sea cenizas de carbón de las centrales eléctricas o lagunas de estiércol de granjas porcinas industriales, se libera un complejo fluido tóxico. También pueden fluir otros elementos tóxicos de innumerables instalaciones químicas y de emplazamientos de desechos tóxicos, de los que hay muchos a lo largo de las dos Carolinas. Will Hendrick, de la organización Waterkeeper Alliance, declaró el miércoles por la noche que se habían documentado filtraciones de cenizas de carbón en dos de las centrales eléctricas de carbón de Duke Energy en Carolina del Norte, la central Sutton, cercana a Wilmington, y la planta H.F. Lee, cercana a Goldsboro, a poco más de nueve kilómetros de la Iglesia Cristiana Greenleaf del reverendo Barber. La ceniza de carbón contiene una gran cantidad de metales pesados que, de ser consumidos, pueden causar una serie de graves problemas de salud, como cáncer y defectos de nacimiento.


El Departamento de Calidad Ambiental de Carolina del Norte informó el miércoles que al menos 21 lagunas de estiércol porcino se estaban desbordando —cinco de ellas presentaban daños estructurales— y otras 83 estaban cercanas a desbordarse, lo que liberará torrentes de heces, orina, sangre y restos de cerdos hacia las aguas de inundación, con el riesgo de infectar a la población cercana.


Al igual que el presidente Trump, la mayoría republicana en la Legislatura de Carolina del Norte niega el cambio climático. Hace seis años se aprobó una ley que prohíbe a las agencias estatales y locales tomar decisiones basadas en los más recientes descubrimientos de la ciencia climática sobre el aumento del nivel del mar. Si sus deliberaciones se hubieran basado en hechos y se hubieran guiado por las preocupaciones de la justicia climática para los más vulnerables, es probable que muchos habitantes de Carolina del Norte, así como las víctimas de los últimos coletazos del huracán Florence como Windy Newton y Nicolette Green, hoy estarían vivos.
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Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Nadie evalúa aún la gravedad de daños del huracán Trump en EU

Después de advertir a los ciudadanos de las Carolinas que este huracán es "muy mojado desde el punto de vista del agua", rechazar un informe de expertos que calculan que hubo casi 3 mil muertos por el huracán María en Puerto Rico; después de aconsejar a los españoles construir un muro a lo largo del desierto de Sahara; tras arremeter una vez más contra su procurador general, jefes de inteligencia y el fiscal especial que encabeza la investigación sobre la posible colaboración de la campaña electoral del presidente con los rusos, el mandatario estadunidense atacó este jueves a legisladores republicanos por omitir fondos para su muro en la frontera con México, y con ello el huracán Trump sigue golpeando casi todo a su paso sin tregua para evaluar qué tan graves son los daños hasta la fecha.

El nuevo libro de Bob Woodward, Fear, sigue sacudiendo a Washington, no necesariamente porque revele algo desconocido, sino porque intenta resumir lo que se ha vivido durante esta presidencia, sobre todo el temor dentro de la misma Casa Blanca, donde asesores y secretarios del gabinete reconocen que tienen a "un idiota" o un “fucking imbécil” o un "mentiroso" o un "ignorante" como jefe.

"El temor alrededor de su presidencia no tiene nada que ver con su hábil uso de la intimidación, y sí, todo que ver con las consecuencias peligrosas de su comportamiento errático. Al centro de Trump está la necesidad de verse fuerte, lo cual, claro, hace que se vea débil", indica George Packer al comentar el libro en The New Yorker. "Todos los días en la Casa Blanca tienen la sensación de desintegración de los días finales, pero el siguiente día es lo mismo, y el cuento nunca termina".

Vale recordar que Woodward, junto con su colega Carl Bernstein, fueron los reporteros del Washington Post que detonaron el escándalo político conocido como Watergate, que culminó con el fin de la presidencia de Richard Nixon. El fantasma de ese escándalo sigue asustando a Trump y a sus aliados desde que asumió la presidencia.

Este jueves, la versión impresa del New York Times incluye una sección especial de 11 planas llamada El complot para subvertir una elección, un intento de resumir todo lo que se sabe hasta la fecha en torno de la investigación sobre la supuesta intervención rusa en las elecciones estadunidenses y la posible colusión y obstrucción de justicia por el círculo de Trump. En ella se hacen algunas comparaciones con Watergate.

Trump, como Nixon, padece de una creciente paranoia que exhibe casi todos los días al denunciar a los más altos funcionarios de su propio gobierno, casi siempre acusando que son parte de alguna conspiración en su contra. En una entrevista esta semana, afirmó que uno de sus más grandes logros como presidente será revelar lo que llama un "cáncer" de la "corrupción" entre las personas que están investigando su presidencia, y como reportó La Jornada, llegó a decir: "no tengo procurador general", en referencia a Jeff Sessions, quien fue el primer senador en apoyar su campaña, y a quien Trump no perdona por no escudarlo contra la pesquisa federal.

Continuó su ataque contra el fiscal especial Robert Mueller, quien encabeza lo que llamó una "investigación fraudulenta", así como a altos funcionarios de la comunidad de inteligencia y de la FBI, y hasta contra cualquier legislador que se atreva a cuestionarlo.

Los ataques contra su propio gobierno y colegas de su partido ya no son novedosos y este jueves provocó preocupación entre legisladores republicanos al denunciar, en un tuit, que el proyecto de ley del presupuesto elaborado por el liderazgo republicano es "ridículo" por no incluir fondos para su muro fronterizo. El liderazgo de su partido desea evitar un cierre del gobierno –lo cual sucede si no se aprueba la medida sobre gasto federal– antes de las elecciones intermedias de noviembre.

Mientras tanto, ante tal vez el peor desastre natural en la historia moderna de los estados de Carolina del Norte y Carolina del Sur, provocado por el huracán Florence, algunos reporteros locales quedaron asombrados por lo que sus colegas a escala nacional han tenido que atestiguar a diario en Washington. Uno reportó que la vista de Trump a Carolina del Norte fue "surrealista", ya que no permitó que ningún funcionario local le informara sobre lo que estaba sucediendo, sino que sólo aceptó las gracias, elogió a encargados de rescate por sus "talentos", afirmó que él había impulsado la economía más dinámica jamás implementada (o sea, no venía al caso) y concluyó preguntando cómo estaba la situación en el Lago Norman, donde tiene uno de sus campos de golf.

Poco antes de viajar a las Carolinas, Trump difundió un videomensaje por Twitter, en el cual declaró que ese huracán es "uno de los más mojados que jamás hayamos visto desde el punto de vista del agua", algo que provocó grandes burlas.

Esto en medio de un estado donde han muerto por lo menos 41 personas, unas 10 mil siguen en albergues, miles de casas han sido dañadas, unas 120 mil familias no tienen electricidad y hay un desastre ecológico con el desbordamiento de desechos tóxicos de la industria agropecuaria por las inundaciones históricas.

Y es justo el primer aniversario de la devastación de Puerto Rico por el huracán María, donde la cifra original de muertes fue de 64, pero los cálculos más recientes de expertos académicos de la Universidad George Washington indican que 2 mil 975 personas perecieron por causas directas e indirectas de la tormenta entre septiembre de 2017 y febrero, pero Trump rehusó aceptar la nueva cifra y acusó que fue fabricada por demócratas para "hacer que me vea mal". Insiste en que la "fantástica" respuesta de su gobierno fue "una de las mejores tareas jamás vistas". Mientras tanto, más de 200 mil puertorriqueños se mudaron a Estados Unidos después de la tormenta, decenas de miles de hogares siguen dañados o destruidos y la infraestructura está más deteriorada que nunca en una isla en bancarrota fiscal, donde la mayor parte de los fondos federales prometidos aún no se entregan.

Los daños del huracán Trump son tema incesante entre las cúpulas y sus observadores en este país, los medios de información están empapados por esta tormenta hasta el punto en que opaca lo que realmente está sucediendo, mientras todos están enfocados en un mandatario que está a veces abiertamente desvinculado de la realidad, y todos los saben.

 

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La diferencia entre ser rico o ser pobre cuando llega un huracán a Estados Unidos

El huracán Florence ha golpeado especialmente a los barrios más pobres de Carolina del Norte, que también fueron los más afectados en catástrofes naturales pasadas
"Los huracanes han sido especialmente crueles en los condados con un mayor porcentaje de población pobre y negra", denuncia el activista William Barber

El domingo pasado, en el centro de la localidad de Lumberton, destacaban seis siluetas en medio de agentes uniformados, luces parpadeantes y lanchas. Sin automóvil y, al parecer, sin ayuda de las autoridades, tuvieron que andar unos 2,5 kilómetros para llegar hasta el refugio para evacuados.


El huracán Florence ha golpeado duramente Lumberton, como también las ciudades costeras de Wilmington y Jacksonville. Hace dos años, tras el paso del huracán Matthew, el río Lumber también se inundó y cientos de personas perdieron sus hogares. Más de un tercio de la población de Lumberton vive por debajo del umbral de la pobreza y, como ya ocurrió en el caso del huracán Matthew, es probable que ahora las inundaciones afecten gravemente a las zonas donde viven las personas con menos recursos.


Con las inundaciones de hace dos años, las comunidades más pobres fueron las más afectadas. El sur y el oeste de Lumberton, donde se encuentran la mayoría de las viviendas más humildes, está a menos altura que las zonas más prósperas, situadas en el centro y en el norte.


Carmichael y su familia tienen la amarga sensación de que la historia reciente se repite. Su apartamento, situado a un tiro de piedra del río, ya se inundó en 2016. De hecho, sus hijos todavía están traumatizados por la experiencia.


"No quieren volver a pasar por lo mismo. Ahora están bien, pero ayer pasaron mucho miedo durante la noche porque el agua había subido", indica Carmichael mientras la lluvia sigue cayendo sin parar y ve cómo su familia ha quedado empapada. "Tenemos que volver a dejar nuestra casa porque la presa cederá y nos volveremos a inundar".


Tyrin, de siete años, y Tyler, de cinco, caminan al lado de sus padres mientras que Tyree, de tres, viaja sentado en el carrito de la compra. Chance, de cuatro años, ajena a la amenaza que se avecina, duerme en el cochecito mientras la familia hace esfuerzos por avanzar.


Carmichael tiene la sensación de que las autoridades no han hecho lo suficiente para evitar que el río inunde los barrios más pobres. "Nos presentan como a los pobres. Si somos tan pobres, entonces qué sentido tiene que nuestras casas queden expuestas una y otra vez. Otras personas tienen suficiente dinero para reparar sus casas, pero nosotros no".


"Si no hay colegio, no tendrán qué comer"


Unos 160 kilómetros al noreste, la ciudad de Goldboro, que se extiende a ambos lados del río Neuse, también se prepara para las inundaciones. Al igual que Lumberton, la ciudad se inundó en 2016. El 25% de los lugareños vive por debajo del umbral de pobreza.


En la iglesia cristiana de Greenleaf, los voluntarios se organizan para preparar cientos de comidas para niños que probablemente no puedan ir a clase durante días.


"La mayoría de los niños de esta zona come gratis o a precio reducido", explica el voluntario John Barnes. "Muchas veces solo comen en la escuela. Si no hay escuela, algunos no tendrán nada que comer".


En Greenleaf vive William Barber, un referente nacional en la lucha por los derechos civiles. Ha tenido que salir de la ciudad durante unos días para sacar de allí a su madre, de avanzada edad.


Por teléfono, Barber señala que el paso de Florence debería servir para generar un debate en torno al racismo estructural y las desigualdades económicas del estado.
"Los huracanes han sido especialmente crueles en los condados con un mayor porcentaje de población pobre y negra. Pese a ello, no se han impulsado medidas para mejorar la infraestructura y mitigar los daños de futuras tormentas".


En Goldsboro y Lumberton viven muchos afroamericanos. Además, allí se encuentra uno de los muchos vertederos de cenizas de carbón de Carolina del Norte que, durante desastres naturales anteriores, han filtrado niveles potencialmente peligrosos de mercurio, arsénico y plomo a las fuentes de agua dulce de la región.


"Hablamos de racismo cuando se da una situación como la de Charlottesville o cuando la actriz Roseanne Barr dice algo estúpido, pero ¿por qué no miramos la localización de estos vertederos de cenizas de carbón que se desbordan cuando se produce un desastre natural y hablamos de racismo y clasismo?", pregunta Barber.


"¿E impedir que algunos voten o manipular los resultados en los estados del sur no es racismo y clasismo? Los políticos que ganan las elecciones impulsan medidas que niegan el acceso a la sanidad de las comunidades más pobres, algo que es clave tras un desastre".


Después de que la Administración Trump declarase Carolina del Norte como zona catastrófica, el estado recibió millones de dólares, pero no ha ampliado la cobertura de Medicaid, el programa federal de asistencia sanitaria para los estadounidenses con menos recursos. Esta ampliación era clave en la reforma sanitaria que impulsó Obama.


Mientras tanto, las carreteras que llevan hasta el litoral de Carolina del Norte, una zona azotada por los vientos huracanados de Florence y empapada por las lluvias anteriores a la tormenta, están parcialmente inundadas. Algunas casas afectadas, y cuyos ocupantes han sido evacuados, han perdido los tejados, y el domingo todavía estaban inundadas. También han quedado medio cubiertas por el agua las lápidas de un cementerio situado al lado de la carretera.


Votantes de Trump


La ciudad de Jacksonville aún está parcialmente inundada, pero el agua ha bajado y ya no está incomunicada. En esta ciudad, el 10% de la población vive por debajo del nivel de pobreza. Por su parte, los residentes de la pudiente zona de Bayview Drive tomaron medidas, como utilizar kayaks y botas de pescador, para poder acceder a sus hogares.
Art Ferreiro, un marine retirado de 43 años que remaba por el barrio, alertó a The Guardian sobre la presencia de serpientes y caimanes en el agua. "Nunca hasta ahora habíamos tenido una inundación de esta magnitud", afirmó. "Las tormentas son cada vez peores y creo que tiene que ver con lo que le estamos haciendo al medio ambiente, que está causando muchos cambios", añadió mientras observa la llegada de Florence y mientras se inundaba su garaje.


Como la gran mayoría de los residentes de los condados de Carolina del Norte situados en el litoral, Ferreiro votó a Donald Trump en las presidenciales de 2016. El presidente, que ha afirmado que el cambio climático no es más que un "bulo" y ha dejado sin efecto muchas de las medidas que había impulsado Obama para luchar contra el cambio climático, no ha mencionado el medio ambiente en sus declaraciones sobre Florence.

A pesar de creer que el cambio climático hace que los huracanes sean cada vez más potentes, una opinión que respaldan varios estudios, Ferreiro sigue apoyando a Trump. "Voto a Trump", confiesa. "Desconozco su opinión en torno al cambio climático. Me preocupa más la situación económica y mantenerme a flote, literalmente", añade.


Muchos lugareños se negaron a expresar sus opiniones sobre el cambio climático y sobre Trump. No fue el caso de Bishop Barber: "Las tormentas seguirán llamando a nuestra puerta. Estamos en una zona de huracanes. A más calentamiento global, más potentes y más imprevisibles serán las tormentas. Vamos a quedar inundados una y otra vez".


El lunes, Carmichael, Hargrove y los niños ya habían sido evacuados del refugio. El río Lumber se había desbordado, la presa había cedido y el centro de la ciudad tenía riesgo de inundación. Las familias fueron transportadas en autobús hasta Pembroke, situada a unos 20 kilómetros al oeste.


Según Carmichael, el nuevo refugio estaba abarrotado, pero los niños pudieron dormir en una cama (aunque tuvieron que compartir dos cunas pequeñas entre cuatro). No tiene forma de saber si su casa había quedado totalmente inundada ni tampoco cuándo podrá volver. Ha contactado con la Agencia Federal de Gestión de Emergencias y le han prometido una habitación de hotel.


"Con un poco de suerte en un par de días nos darán una habitación", explica por teléfono: "Solo tenemos que esperar".


Traducido por Emma Reverter

Adam Gabbatt / Oliver Laughland - Lumberton / Jacksonville
19/09/2018 - 21:33h

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Miles de personas tomaron la mina de carbón de Hambach (Alemania) el 5 de noviembre de 2017

Mientras las negociaciones climáticas vuelven a estancarse en Bangkok, el mundo vivirá una nueva protesta global este sábado en la que se exigirá el fin de los retrasos en la transición ecológica, la rápida descarbonización de la economía y la concreción y aplicación de un Acuerdo de París clave para el planeta.

 

Parece que de tanto repetirlo la magnitud del problema decrece, aunque la propia supervivencia nos vaya en ello. Algunos de los últimos datos: 2018 va camino de ser el año más cálido de la historia a nivel global, la capa de hielo del ártico llegó este invierno a un nuevo mínimo histórico y este verano se han registrado temperaturas de 33 grados no solo en la costa de la península Ibérica, también en algunas localidades noruegas del Círculo Polar Ártico, un área del planeta que ha sufrido en febrero de este año aumentos de temperatura de 30 grados más que el promedio para esa época del año.


Da igual la estadística que se consulte, la temperatura de la Tierra ha aumentado en torno a 1,4ºC desde 1880. Y vamos camino de multiplicar esa cifra. La C onferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático 2016 (COP22) de Marrakech, la primera tras la adopción del mandato del Acuerdo de París —que plantea un horizonte máximo de aumento de temperatura de 2ºC sobre los niveles preindustriales, con la intención de dejarlo en 1,5— señalaba, tras evaluar los compromisos presentados hasta la fecha por los países, que el planeta se dirigía a un calentamiento global superior a 3,5 grados.


El fracaso de la COP23 en Bonn, donde no se avanzó lo suficiente para concretar un Acuerdo de París que implica un mandato pero que no tiene aún herramientas concretas para llevarlo a cabo, ha llevado a la celebración antes de la COP24 —programada para diciembre en Katowice (Polonia)— de una cumbre del clima intermedia adicional en Bangkok esta semana.


Aprovechando esta fecha, además de la Cumbre de Acción Climática Mundial de la llamada High Ambition Coalition —el grupo de países desarrollados y en vías de desarrollo que busca acelerar los esfuerzos para frenar el cambio climático—, que tendrá lugar en San Francisco del 12 al 14 de septiembre, las organizaciones ecologistas y los movimientos sociales han lanzado la convocatoria global de movilización Rise for the climate (En pie por el clima).


TRANSICIÓN RÁPIDA Y JUSTA


Organizada en el Estado español por colectivos y ONG como Inspiraction, Ecologistas en Acción, Greenpeace o Contra el Diluvio, y con el apoyo de Equo, Izquierda Unida y Podemos, la convocatoria pretende presionar para lograr “una transición rápida, justa e igualitaria a un escenario con energía 100% renovable, así como el fin inmediato de las nuevas inversiones en proyectos fósiles”. Hay confirmadas protestas en Barcelona, León, Madrid, Palma, Pamplona y Soria.


La protesta llega en un momento de cierto pesimismo entre los defensores de la acción contra el cambio climático. El objetivo de la cumbre interseccional de Bangkok es avanzar en las negociaciones para concretar el Acuerdo de París. El coordinador de Cambio Climático de Ecologistas en Acción, Javier Andaluz, cuya organización está realizando un seguimiento de la cumbre con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica, admite que “en estos momentos la situación está en la cuerda floja”.


“Si no se aceleran enormemente los esfuerzos, teniendo en cuenta que queda muchísimo trabajo pendiente y con la experiencia del Acuerdo de París, que desde los primeros textos hasta que llegó el acuerdo pasaron dos años, es altamente improbable que se consigan los objetivos; no tenemos muchas esperanzas”, señala Andaluz.


RIESGO DE BLOQUEO


El coordinador explica que hay dos temas clave en los que las negociaciones están bloqueadas ahora mismo: la financiación del proceso de descarbonización de la economía y el incremento en la ambición en las reducciones comprometidas.


Respecto al primero, tal como apunta, este miércoles trascendieron dos textos de posiciones contrarias: uno por parte de los países con más necesidades económicas —el llamado G77, en el que se agrupan 134 países—, que pide más fondos por parte de los países ricos, y otro de las naciones con más ambición climática. “Hay que ver si de esas dos posiciones se consigue un consenso o se polarizan ambas en estos dos textos, con lo que hay riesgo de bloqueo como pasó en la conferencia del clima de Copenhage”.


El segundo bloqueo gira en torno al incremento de la ambición en los objetivos climáticos, o lo que es lo mismo, la concreción del proceso por el cual los países deberían aumentar las reducciones de gases de efecto invernadero ya comprometidas, así como la financiación ya pactada. Es el llamado Diálogo de Talanoa, el proceso paralelo a las cumbres climáticas para unificar posturas y rebajar esa previsión de incremento de temperatura en más de 3,5ºC, “aunque nadie sabe muy bien cómo ese diálogo se va a convertir en un proceso por el que los países se adapten a las indicaciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC)”, remarca Andaluz.
Con el horizonte de la COP24 cada vez más cercano, “los anuncios de Trump de suspender la financiación climática, la pasividad de los países más responsables en incrementar la financiación y no alcanzar la financiación pactada pueden suponer un enorme bloqueo en la cumbre de Katowice que dilate de nuevo la acción climática”, señala el coordinador de Ecologistas en Acción. El peor resultado: el retraso en la entrada en vigor del Acuerdo de París, algo que podría tener consecuencias nefastas para el planeta.
Por ello, el manifiesto de la convocatoria llama a salir a la calle “para exigir que los acuerdos alcanzados reflejen la urgencia de la situación en la que estamos y para mostrar el poder de la gente frente al de las grandes multinacionales del lobby fósil”. Como señalan los organizadores de la protesta, “estamos en una encrucijada, si actuamos juntas podemos poner fin a la era de los combustibles fósiles y salvar el clima del que todas dependemos”.

 

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Engaños y peligros de la industria automotriz

Por 10 años el ingeniero Martín Winterkorn tuvo inmenso poder en el conglomerado alemán Volkswagen (VW). Sin embargo, dejó su cargo justo hace tres años, cuando las autoridades de medio ambiente de Estados Unidos denunciaron que VW había creado un software para eludir las normas sobre gases contaminantes. La compañía admitió el engaño, que abarcó más de 11 millones de vehículos en el mundo. Es conocido lo que vino después: multas millonarias, pago a afectados y caída de las acciones de la empresa.

Bajo el mando de Winterkorn, VW alcanzó utilidades nunca vistas y superó en ventas a la japonesa Toyota, su principal competidora. Se creía con méritos suficientes para seguir en el cargo, pese al escándalo por la referida manipulación técnica. Mas se vio obligado a dimitir voluntariamente. Siempre se dijo ajeno a dicha manipulación y actuar correctamente. Algunos expertos dudaron que quien conocía hasta el último detalle de los vehículos de VW no supiera del software que le ocasionó a esa trasnacional una ola de desprestigio sin precedente.


Las sospechas de que Winterkorn no fue ajeno a la manipulación de los motores para encubrir la emisión de gases tóxicos parecen tener asidero. Recientemente la revista alemana Der Spiegel publicó que, luego de revisar las actas de la fiscalía alemana que lleva el caso, Winterkorn supo desde 2007, en una reunión con técnicos de VW, que el nuevo motor Diésel EA189 no cumplía con la rígida legislación de Estados Unidos. Dos ingenieros de dicha empresa recomendaron modificarlo para cumplir con esa ley. En ese encuentro también se mencionó la existencia de un software para manipular las emisiones tóxicas. Los actuales directivos de VW niegan información sobre lo publicado por la influyente revista. Alegan que “es asunto de los tribunales y autoridades competentes”.


Según Der Spiegel, la fiscalía de Alemania está por concluir sus tareas y no descarta que a Winterkorn lo acusen de fraude y de ocultar información a los accionistas de VW sobre la existencia del software. Y además por evasión fiscal, al enviar por conducto de su asesor financiero 10 millones de euros a un banco en Suiza, con el fin de proteger parte de su fortuna. En cambio, VW obtiene utilidades y dominio del mercado mundial frente a Toyota y la alianza Renault-Nissan-Mitsubishi. Las 12 marcas del gigante alemán (entre ellas Audi, Porsche, Seat, Skoda y los camiones MAN y Scania) incrementaron sus ventas en los pasados 18 meses.


David Silva Aguilar cuestiona que la filial mexicana de VW y otros conglomerados automotrices cumplan las normas ambientales. Él preside el Consejo Ciudadano de Ecología de la ciudad de Puebla. Sostiene que manipulan los sistemas de sus vehículos para aprobar las tibias normas ambientales de México. Y hasta las estrictas de Estados Unidos y de otros países. Es un engaño que atribuye a la competencia de las armadoras como parte de la globalización. Agrega que México no cuenta con un control eficiente de la emisión de contaminantes provenientes de los vehículos. Y como prueba alega que Volkswagen manipuló los software de modelos como Jetta, Beetle y Golf, los cuales se fabrican en la planta que la trasnacional tiene en Puebla. Al respecto, cabe advertir que en 2016 la autoridad ambiental federal multó con más de 200 millones de pesos a nueve empresas (entre ellas VW) por comercializar 45 mil vehículos sin certificados ambientales.


No menos grave sucede con la seguridad de las unidades que ensamblan diversas trasnacionales en el país. Las que se venden en México no disponen de los mismos controles que las destinadas a Estados Unidos o Europa. Es el caso de las bolsas de aire frontales y laterales, que evitan muchas veces la muerte de conductores y ocupantes en caso de accidente. Hace tres meses varias organizaciones sociales exigieron a la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz equiparar los estándares de seguridad y no hacer distinciones que afecten a los compradores locales. En respuesta, silencio. También de las autoridades. Un problema que hereda y debe resolver el gobierno de López Obrador.

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Domingo, 02 Septiembre 2018 10:25

Superar la retórica ambiental en Colombia

Superar la retórica ambiental en Colombia

Casi cinco décadas han transcurrido desde que iniciara a nivel global un auge de debates, acuerdos y convenciones sobre temas ambientales. Colombia, por ejemplo, cuenta con, cuando menos, 48 compromisos internacionales adquiridos en función de tratados en esta materia. Sin embargo, el Instituto Von Humboldt reporta una disminución de un promedio de 18% en la biodiversidad del país y ha identificado 1200 especies en categoría de amenaza.

Un diagnóstico del IDEAM establece que los procesos de desertificación afectan al 16.95% del país y de acuerdo a esta misma entidad la tasa de deforestación en 2017 fue de 219.973 ha, la mayor de los últimos seis años, siendo especialmente preocupante esta situación para la Amazonía, donde la deforestación se duplicó, representando el 65.5% de todas las selvas perdidas en el país. También el IDEAM alerta sobre la pérdida de glaciares, pues de 19 que tenía Colombia en el siglo XX, hoy apenas quedan 6, esto por poner apenas algunos ejemplos.

En 2018 el país afrontó tragedias ambientales sin precedentes, el derrame de petróleo en el pozo Lizama 158, la crisis social y ecológica generada por la contingencia en Hidroituango, el otro derrame de petróleo en el Sur de Bolívar, entre muchas otras cuya visibilidad no fue nacional, pero que afectan grave y duraderamente todas las formas de vida. La gestión institucional ha dejado su incapacidad como legado, pues las respuestas han sido lentas, ineficientes, y han pretendido reducir estos desastres a manifestaciones mínimas. En el caso de Lizama y el derrame de 500 barriles, o en el de Hidroituango, han alegado que fueron imprevistos naturales que no hubieran podido ser tramitados de otra forma, desconociendo con esto la negligencia y mala praxis de los actores involucrados, incluyendo a las mismas autoridades ambientales.

Corroborar que el daño ecológico se intensifica, de forma paralela a la retórica de prácticas ambientales responsables y de protección ambiental, indica que algo falla en el centro de las estrategias de conservación. El tratamiento y la comprensión de la cuestión ambiental -que a nuestro juicio incluye pero no se agota en la conservación- se vuelca desde los años 80 a una postura predominante, según la cual los límites físicos del planeta no son un obstáculo para el crecimiento económico, y así, la cuestión ambiental paulatinamente va pasando a ser gestionada de forma hegemónica desde tecnocracias y ecuaciones propias de la economía, puntualmente de la economía neoclásica.

En Colombia esta racionalidad se intensificó durante los dos “períodos Santos”. En el discurso del expresidente en la Sexta Plenaria de la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), que tuvo lugar en Medellín en marzo del presente año, Santos enunció los logros en materia ambiental de sus dos períodos gubernamentales, a la vez que los justificó en la rentabilidad de la conservación y en su financiación mediante instrumentos de mercado, que incluyen los mercados de carbono. Las concepciones que subyacen a afirmaciones de este tipo contribuyen a desdibujar el trasfondo civilizatorio de la crisis ambiental y a la construcción y divulgación de un imaginario según el cual la escasez ecológica es una escasez de capital y puede ser suplida con tecnología o con reacomodos al mismo capital, es decir, con instrumentos de la llamada Economía Verde.

Avanzar por esta vía (una de capitalismo verde que acelera y profundiza la destrucción ambiental, pero que se precia de garantizar la protección de los ecosistemas y de la vida, a partir de ponerle precio y de incluirla en dinámicas financieras) implica repetir fórmulas para la conservación ambiental cuyo fracaso ha sido evidente. Con el agravante de que la Economía Verde redirecciona los fundamentos de la protección ambiental a la acumulación de capital, y en ese sentido la motivación de la misma ya no reside en garantizar la reproducción de la vida, sino en la ampliación de los negocios, según razonamientos donde no toda la naturaleza es bienvenida, lo es sólo aquélla que es remunerable.

Iniciando un nuevo gobierno, el abanico de falsas soluciones a la crisis ambiental parece enraizarse y expandirse. En su Plan de Gobierno Iván Duque presenta 11 propuestas* referidas a medio ambiente. A pesar de caracterizarse por ser vagas y poco explícitas, podemos inferir dos grandes apuestas de ellas, que probablemente se asuman sin mayores modificaciones en su Plan Nacional de Desarrollo: i) Uno de los grandes protagonistas para la protección ambiental es el sector empresarial y ii) La financiarización de la naturaleza aparece como el pilar macro del esquema. (Tratamiento de la naturaleza como activo financiero, lo cual permite incluirla en mercados bursátiles a nivel mundial, o lo que es lo mismo, en las dinámicas especulativas globales)

El primer punto propone un fortalecimiento de la cultura ambiental a nivel empresarial, es decir, un régimen de principios voluntarios en vez de exigirle cumplimientos estrictos a las empresas en materia ambiental. Al mismo tiempo, la propuesta ambiental del gobierno incorpora actividades extractivas (específicamente minería y explotación de hidrocarburos) como un componente de esta agenda, aclarando que el desarrollo minero energético del país se adelantará con los más altos estándares de responsabilidad. Y esto aunque se hace mención a una expansión del sector que incluye la promoción de actividades hidrocarburíferas offshore (mar adentro), que son bastante polémicas por sus altos riesgos y niveles de contaminación.

Esta posición contribuye a normalizar prácticas empresariales nocivas, presentando el accionar como responsable y ceñido a leyes ambientales, minimizando de esta forma los impactos reales del accionar corporativo, con lo cual sus acciones quedan en la impunidad. Acorde a lo anterior y al privilegio de las empresas como sujetos de conservación y protección ambiental, las propuestas van encaminadas en la línea de la Economía Verde; específicamente, menciona la promoción de Mecanismos de Desarrollo Limpio y los mercados de carbono, así como la valorización financiera de la naturaleza como activo estratégico, dando vía libre al tratamiento de la contaminación y la conservación como negocios, con lo cual se especula con la vida y se “cuida” sólo en la medida que sea rentable.

Con el gobierno Duque se vienen grandes retos para los ambientalismos populares en el país. Aunado a la intensificación de la arremetida extractivista, el tratamiento neoliberal de la cuestión ambiental y la emergencia de ecocapitalismos nos exigen a [email protected] quienes defendemos la vida preguntarnos: ¿cómo nos vamos a situar frente a un tratamiento de la crisis ambiental que habla el lenguaje de la conservación, pero cuyo enfoque contribuye a la profundización de esa crisis y a la elusión de responsabilidades?

* Las propuestas pueden ser consultadas aquí:https://www.ivanduque.com/propuestas/medio-ambiente/8

 

Publicado originalmente en Radio Mundo Real

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El sistema ha creado el ‘principio de autodestrucción’: Leonardo Boff

El doctor Leonardo Boff, ecólogo, fue una de las personalidades en materia de defensa del medioambiente que el pasado 20 de agosto acudió a la Universidad Iberoamericana Ciudad de México para ser testigo de la apertura del Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad y de la Licenciatura en Sustentabilidad Ambiental de esta casa de estudios.

Antes de su participación como panelista en el coloquio ‘Universidad y Sustentabilidad en México’, que la Vicerrectoría Académica de la IBERO llevó a cabo para anunciar las aperturas, Boff, filósofo y uno de los fundadores de la Teología de la Liberación, accedió a dar varias entrevistas; he aquí lo que respondió en una de ellas.

—En un mundo donde el capitalismo es el sistema económico y político hegemónico ¿es posible mitigar los daños al medio ambiente, a la Madre Tierra?

—Yo creo que dentro del sistema es imposible, porque el sistema en sí mismo es altamente destructivo de la naturaleza, la explota y no se siente parte de la naturaleza, sino que se siente su señor y dueño, y dispone de ella a su antojo.

Eso ha creado toda la cultura moderna, ha cambiado al planeta Tierra y simultáneamente ha creado el ‘principio de autodestrucción’, sea con armas químicas, nucleares o biológicas; sea también por las reacciones que la Tierra está teniendo de cara a la agresión sistemática que está sufriendo y que aparece bajo el nombre de calentamiento global.

Calentamiento global que se manifiesta a través de efectos extremos: grandes sequías, grandes inviernos, volcanes que se han activado, huracanes y grandes inundaciones; los que dejan ver que la Tierra perdió su equilibrio y su centro. Eso es consecuencia de un tipo de relación que tenemos con la naturaleza, que no es una relación de cooperación y de respeto, sino de dominación y de explotación.

De seguir ese rumbo vamos al encuentro de lo peor. A mi juicio, y lo que otros tantos ecólogos dicen, puede ser una tragedia ecológica-social que puede diezmar gran parte de la biósfera y hacer desaparecer también a gran parte de la humanidad.

—¿Cómo proteger a la ‘Pacha Mama’ (la Madre Tierra) y a las comunidades originarias que viven en las grandes reservas ecológicas, de la depredación de los grandes capitales, por ejemplo, de la extracción minera y petrolera, la industria turística, etcétera?

—En Brasil tenemos el problema del agronegocio que está avanzando terriblemente sobre la Amazonia, la Amazonia que es importante para el equilibrio de los climas mundiales y para la biodiversidad.

Yo creo que la mejor manera de defender esa riqueza natural es por medio de los habitantes que ahí viven: pueblos originarios, personas que trabajan en la pesca, en la foresta, en la extracción de los bienes, pero preservando los árboles y las fuentes de su riqueza; ellos los saben proteger y conocen la forma de manejar esa realidad sin dañarla. La figura más emblemática en esto fue Chico Mendes, quien ideó cómo sacar los bienes de la foresta, sean frutas o medicinas, pero preservando la foresta.

Asimismo, se necesita de un proceso de educación colectiva de toda la humanidad, que parte de dos razones. Una, del miedo; a que cuando el ser humano se da cuenta que puede desaparecer, porque la Tierra está manifestando el agotamiento de los bienes y servicios, y el ser humano puede desaparecer dentro de una catástrofe ecológica-social, entonces cambia, porque el instinto de vida es más fuerte que el instinto de muerte.

Segunda, hay que reeducar a los seres humanos: en la forma de producir, respetando los bienes de la naturaleza; en la forma de consumir; tener un sentido de solidaridad con todos y compartir los bienes de la naturaleza y los bienes industriales. Es un equilibrio difícil pero tenemos que llegar a eso, a un consumo consciente y generoso, y a mantener un equilibrio en relación con las leyes de la naturaleza.
Ese es un trabajo que debe atravesar todas las sociedades, que todos se den cuenta de que somos responsables del futuro del sistema vida, del sistema Tierra y de nuestra civilización. Si no hacemos eso, podemos ir al encuentro de lo peor.

—Dentro del actual mundo desigual, donde los menos concentran la mayor parte de la riqueza, ¿cómo promover el desarrollo económico y social de todos, principalmente de los más pobres, sobre todo los que viven en zonas rurales?

—El sistema como totalidad es insostenible, porque a donde llega crea dos fenómenos. Primero, una profunda desigualdad entre aquellos que tienen y acumulan, y al lado y como consecuencia, genera una pobreza muy grande. Por otra parte, también crea una injusticia ecológica, que es la súper explotación del medioambiente, de los bienes y servicios de la naturaleza. Es un sistema dañino para la vida, que acumula en una parte y genera una inmensa pobreza en otra; y eso es insuperable, es la lógica del sistema.

Por eso tenemos que generar alternativas, que a mi juicio empiezan trabajando el territorio, lo que en ecología se llama biorregionalismo, porque ahí se puede crear la sustentabilidad, con la región, con los recursos que tiene, de agua, de bienes de la naturaleza, con la cultura de la población. Un biorregionalismo definido no por las divisiones artificiales nuestras, en estados y municipios, sino como la naturaleza se dividió, con ríos y montañas.

Crear ahí una totalidad que puede ser sostenible, con pequeñas empresas, un sentido comunitario de producción y distribución, incluyendo toda la parte cultural, de las fiestas, tradiciones, celebraciones de sus héroes, de sus personas significativas. Esa totalidad puede ser sostenible; pero en pequeño.

Pero el sistema, como sistema global, no es sostenible; porque es una amenaza que ha llevado a una guerra total contra la Tierra, sea en el aire, sea en el suelo, sea en el mar. Y esa guerra el ser humano no tiene ningún chance de ganarla, porque la Tierra es más fuerte. Nosotros necesitamos a la Tierra, pero la Tierra no nos necesita, ella puede seguir adelante sin nosotros.

—¿En el presente contexto de crisis ecológica, económica y social valdría la pena tener una segunda oleada de la teología de la liberación, que ponga en los medios de comunicación e imaginario colectivo estos problemas y la necesidad de optar por los pobres?

—Sí. El eje central de la teología de la liberación es la opción por los pobres, luchar contra la pobreza, en favor de la justicia social y la liberación. Y dentro de los pobres, hay que poner al gran pobre, que es la Tierra. Hay que tratarla de tal manera que se protejan los bienes y servicios necesarios para la vida; ese es el sentido de la carta encíclica del Papa Francisco, Laudato Si´, cómo cuidar de la Casa Común (la Tierra).
Aquí la palabra clave es cuidar. Cuidar es una relación amigable, amorosa, protectora de la realidad. Si no hacemos eso, vamos atropellando, destruyendo y creando las condiciones para tener una gran crisis ecológica-social que puede damnificar a gran parte de la biósfera y a la misma especie humana.

—¿Cómo pueden las universidades, como la Iberoamericana, ayudar a promover la sustentabilidad, el cuidado de la Tierra?

—Es una tarea de todas las facultades, es decir, hay que ecologizar todas las ciencias. Cada ciencia tiene que dar su aporte, sea la física, sean las matemáticas, sea la pedagogía; todas juntas deben tener como centralidad crear comportamientos y conocimientos que favorezcan la vida y no solamente al mercado, que permitan la participación de todos y que no hayan excluidos, que tengamos una relación de pertenencia a la naturaleza, a la Tierra, y no de dominación sobre ella.

Una universidad puede crear una especie de cosmovisión que incorpore de forma sistemática en todos sus cursos esa preocupación por el futuro del sistema vida, del sistema humanidad. Porque si no nos preocupamos ahora no tendremos el tiempo ni la sabiduría suficiente para cambiar, será demasiado tarde e iremos al encuentro de una gran catástrofe ecológica-social.

—¿Qué opina de la apertura del Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad y de la Licenciatura en Sustentabilidad Ambiental de la IBERO?

—Yo lo entiendo como si fueran una semilla, algo que empieza como una semilla. Dentro de la semilla hay de todo, hay las raíces, hay el tronco, hay las hojas, hay las flores, hay los frutos.

Desde esas semillas se puede irradiar a las demás facultades. Crear una red donde cuestiones de sustentabilidad son discutidas juntos, y cómo cada ciencia puede aportar y cómo cada uno puede hacer las transformaciones, porque se habla de la gran transformación de la modernidad. Esa gran transformación tiene que empezar con la transformación de uno mismo, de tener un sentido de respeto a todo lo que vive, existe, de tener un consumo más solidario, de no ser consumista, de cuidar el agua, el aire.

Finalmente, del cuidado que recubre todas las dimensiones de lo humano, especialmente las relaciones, para que no sean agresivas, no lleguen a crear marginalidad. Hay gente en la humanidad que se da cuenta que solamente tenemos esta Casa Común (la Tierra) y no hay un plan B, o cuidamos de ésta o entonces vamos al encuentro de la destrucción.

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El arroz y el trigo, menos nutritivos debido a los crecientes niveles de CO2, revela estudio

Científicos de Harvard descubrieron que los crecientes niveles de dióxido de carbono (CO2) producto de la actividad humana han vuelto al arroz y al trigo menos nutritivos, lo cual puede provocar a 175 millones de personas deficiencia de zinc y a 122 millones de carencia de proteínas para 2050.

Un estudio publicado este lunes en la revista Nature Climate Changemostró que más de mil millones de mujeres y niños podrían perder gran cantidad de su ingesta dietética de hierro, lo que los colocaría en un creciente riesgo de anemia y de otras enfermedades.


“Nuestra investigación deja claro que las decisiones que tomamos cada día, cómo calentamos nuestras viviendas, qué comemos, cómo nos trasladamos, qué elegimos comprar, están haciendo menos nutritiva la comida y poniendo en peligro la salud de otras poblaciones y de futuras generaciones”, expresó Sam Myers, autor principal del estudio y científico de la Escuela Chan de Harvard.

Hierro, zinc y proteínas

El estudio indica que los elevados niveles atmosféricos de CO2 provocan cultivos menos nutritivos. Las concentraciones de proteínas, hierro y zinc son entre 3 y 17 por ciento menores cuando son producidos en ambientes donde las cantidades de dióxido de carbono son de 550 partes por millón (ppm).


En las actuales condiciones atmosféricas, los niveles están apenas por encima de 400 ppm.


El estudio demostró que para mediados de este siglo, cuando se prevé que las condiciones atmosféricas de dióxido de carbono lleguen a alrededor 550 ppm, 1.9 por ciento de la población global, equivalente a unos 175 millones de personas, podrían tener deficiencias de zinc, mientras 1.3 por ciento o 122 millones de personas padecerán disminución de proteínas.


Además, mil 400 millones de mujeres en edad reproductiva y de menores de cinco años que están en alto riesgo de sufrir deficiencias de hierro podrían ver reducida su ingesta dietética de ese elemento en 4 por ciento o más.


Los expertos subrayaron que miles de millones de personas con deficiencias nutricionales podrían experimentar deterioro de la salud.

“El desarrollo sostenible es un eslogan”

- El filósofo francés, impulsor del concepto del decrecimiento, critica “la sociedad del desperdicio”.

- Para Latouche, la sociedad del crecimiento reposa sobre la acumulación ilimitada de riquezas, destruye la naturaleza y es un generador de desigualdades sociales.


El protagonista de hoy elige realizar la entrevista en Les délices du fournil (las delicias del horno), un pequeño local que ofrece servicio rápido de bocadillos, croissants y cafés en pleno corazón del barrio latino de París. Con los videoclips de éxito del momento de fondo y mientras bebe de su copa de vino tinto, –experto en filosofía económica y e impulsor de la teoría del decrecimiento– relata cómo su experiencia de vida con comunidades ajenas al desarrollismo, primero en Laos y luego en África, le llevó a perder la fe en la economía, historias que él explica en La sociedad de la abundancia frugal, uno de sus últimos libros traducidos al español. Para Latouche, un académico parisino de pelo canoso y sonrisa afable, la sociedad del crecimiento reposa sobre la acumulación ilimitada de riquezas, destruye la naturaleza y es un generador de desigualdades sociales.


El mantra central de quienes actualmente gobiernan el mundo es el desarrollo económico exponencial y el aumento de la productividad laboral aunque eso conlleve el recorte de derechos. Muchos son los que celebran el recién aprobado proyecto del Banco Central Europeo para inyectar mensualmente 80.000 millones de euros al mes para reavivar el crecimiento de la economía europea. Sin embargo, este defensor del decrecimiento económico considera que la solución reside en vivir de otra forma para vivir mejor. Para Latouche, el altruismo debería sustituir al egoísmo, el placer del ocio a la obsesión por el trabajo, la importancia de la vida social al consumo desenfrenado y lo razonable a lo racional.


¿Qué le hizo perder la fe en la economía y buscar nuevas alternativas a través de la filosofía económica?


Cuando vivía en Laos estuve con comunidades que trabajaban unas cinco horas por día y el resto del tiempo lo dedicaban a divertirse, a plantar, a cazar, a pescar, y ahí me di cuenta de que el desarrollo iría a acabar con esta forma de vida feliz y transformaría a estas personas en subdesarrollados. El desarrollo colonizaría su imaginario, creándoles necesidades externas y destruyendo el equilibrio de sus sociedades. Cuando hablo de colonizar el imaginario es porque parto de la idea de que la economía es una forma de colonizar el imaginario, como ha sido la religión en los momentos en que los conquistadores invadieron otros países. Esta experiencia me permitió comprender que la economía es una forma de religión y que el desarrollo es una forma de occidentalización del mundo que toma el relevo de la colonización por otros medios.


¿Fue en este momento en el que comenzó a pensar en la necesidad del decrecimiento?


No, yo no utilicé el término decrecimiento hasta el 2002, cuando organizamos el gran coloquio Deshacer el desarrollo, rehacer el mundo (Défaire le développement, refaire le monde) en la sede de la UNESCO en París. En el 64 yo me fui a África como un verdadero misionario del desarrollo, aunque estaba inscrito en el partido comunista y me consideraba marxista, en el 66 llegué a Laos y a mi vuelta a Francia comenzó mi crítica a la economía política y mi trabajo en la epistemología económica. Ahí nació una reflexión durante décadas y comenzó mi crítica al desarrollo como una forma de occidentalización del mundo.


¿Como definiría el decrecimiento?


Yo no lo definiría. Es un eslogan que ha tenido una función mediática de contradecir otro eslogan. Es realmente una operación simbólica imaginaria para cuestionar el concepto mistificador del desarrollo sostenible. El concepto de decrecimiento llegó por azar y por necesidad.


¿Qué es para usted el desarrollo sostenible?


El desarrollo sostenible es eso, un eslogan. Es el equivalente del TINA de Margaret Tatcher, There Is No Alternatives, que viene a decir que no hay alternativas al liberalismo económico. El desarrollo sostenible fue inventado por criminales de cuello blanco, entre ellos Stephan Schmidheiny, millonario suizo que fundó el Consejo Mundial para el Desarrollo Sostenible (World Business Council for Sustainable Development), el mayor lobby industrial de empresas contaminantes, y que fue acusado del homicidio de miles de obreros en una de sus fábricas de amianto. También su amigo Maurice Frederick Strong, un gran empresario del sector minero y petrolero que, paradójicamente, fue el secretario general de la Conferencia de Naciones Unidas para el Medio Humano, donde se abrió la reflexión para que 20 años más tarde, en la Cumbre de la Tierra de Rio 92, se presentase oficialmente el término desarrollo sostenible. Ellos decidieron vender el desarrollo sostenible igual que vendemos un jabón, con una campaña publicitaria extraordinaria, excelentemente sincronizada y con un éxito fabuloso. Pero no es más que otra vertiente del crecimiento económico.


En algunos momentos afirmó que la economía es la raíz de todos los males y que es necesario salir de ella y abandonar la religión del crecimiento, pero, ¿cómo se abandona una fe cuando se cree en ella?
No existe una receta. Yo me convertí en decrecentista en Laos y la mayoría de la gente de mi grupo han tenido experiencias parecidas a las mías de contacto con sociedades no desarrollistas que les han hecho abrir los ojos. No nacemos decrecentistas, nos convertimos en. Al igual que no nacemos productivistas, sin embargo nos convertimos rápidamente porque vivimos en un ambiente en el que la propaganda productivista es tan tremenda que la colonización del imaginario se produce al mismo tiempo que aprendemos la lengua materna. Desintoxicarse después depende de las experiencias personales. Un crecimiento infinito en un planeta finito no es sostenible, es evidente incluso para un niño, pero no creemos lo que ya sabemos, como dice Jean-Pierre Dupuy, un amigo filósofo. El mejor ejemploes la COP21, donde se hicieron maravillosos discursos pero que no darán casi ningún fruto, por eso yo creo en lo que yo llamo la pedagogía de las catástrofes. Creo que es lo único que presiona a salir a cada uno de su caparazón y pensar.


¿En qué consiste la pedagogía de catástrofes?


La gente que se ve afectada por alguna catástrofe comienza a tener dudas sobre la propaganda que difunden las televisiones o los partidos políticos, sean de izquierda o de derechas, y ante las dudas pueden ir en busca de alternativas y aproximarse al decrecimiento. Es necesario que haya una articulación entre lo teórico y lo práctico, entre lo vivido y lo pensado. Aunque tengas la experiencia, si no creas una reflexión puedes caer en la desesperación, en el nihilismo o en el fascismo, por ejemplo. Por tanto, son necesarios esos dos ingredientes, pero no hay receta para combinarlos.


Usted habla que no hay que crecer por crecer, igual que no hay que decrecer por decrecer, ¿en qué deberíamos crecer y en qué decrecer?


Hacer crecer la felicidad, mejorar la calidad del aire, poder beber agua natural potable, comer carne sana, que la gente pueda alojarse en condiciones aceptables… Vivimos en una sociedad del desperdicio que genera numerosos desechos, pero donde muchas de estas necesidades básicas no están satisfechas. Salir de la ideología del crecimiento supone una reducción del consumo europeo hasta alcanzar una huella ecológica sostenible, esto supone reducir en un 75% nuestro consumo de recursos naturales. Pero no somos nosotros los ciudadanos los que debemos reducir nuestro consumo final, sino el sistema. Por ejemplo, el 40% de la carne que se vende en los supermercados va a la basura sin ser consumida. Esto conlleva un desperdicio enorme y una alta huella ecológica. En un país como España, hasta el año 70 la huella ecológica era sostenible, y si todos hubiesen seguido viviendo como los españoles de aquel entonces tendríamos un mundo sostenible. Sucede que los españoles no han pasado a comer el triple de cantidad, sino el triple de mal. En la década de los 70 las vacas todavía se alimentaban de hierba pero ahora comen soja, que se produce en Brasil, quemando la selva amazónica; después es transportada 10.000 kilómetros, se mezcla con harina animal y se hacen piensos con los que las vacas se vuelven locas. Por tanto la huella ecológica de un kilo de ternera hoy supone 6 litros de petróleo, y pasa igual pasa con la ropa y con el resto de bienes. Vivimos en la sociedad de la obsolescencia programada, cuando en lugar de tirar deberíamos reparar y de esta forma podríamos decrecer sin reducir la satisfacción.


Hasta hace poco las llamadas economías emergentes, como China o la India, crecían con fuerza e imparables, pero ahora viven un periodo de desaceleración y en algunos casos hasta de recesión, como es el caso de Brasil, ¿podríamos tener la esperanza de que surgiesen alternativas de decrecimiento en estos países?


En teoría sí, la crisis podría ser una oportunidad para buscar nuevas alternativas porque la crisis es un decrecimiento forzado, pero la paradoja es que la colonización del imaginario por la sociedad del crecimiento es tal que la única obsesión de los gobiernos es volver al crecimiento, cuando en realidad la herramienta clave debería ser la sabiduría. La preocupación actual tanto de Brasil como de China es cómo retomar el crecimiento, se han convertido en toxico-dependientes, drogados por el crecimiento.


¿Cree que las iniciativas del decrecimiento vendrán de países en situaciones de crisis o de países menos absorbidos por el desarrollo?


Puede venir de ambos, pero ya que somos los occidentales los responsables de esta estructura, es de aquí de donde debería partir la desoccidentalización el mundo. Nosotros lo intentamos desde el movimiento del decrecimiento pero por el momento no tenemos un verdadero impacto sobre la realidad, solo a nivel micro, con iniciativas como las cooperativas de productores locales, que son pequeñas experiencias de decrecimiento a nivel local, de las cuales conozco muchas iniciativas interesantes en España.


¿Cree que serán los ciudadanos quienes impulsen el decrecimiento o será una iniciativa de los gobiernos?


Vendrá del pueblo, está claro, de los gobiernos por supuesto que no. ¿Por qué cree que los nuevos partidos políticos que están naciendo en Europa no abordan la óptica del decrecimiento? Por miedo. Tienen miedo a no ganar los votos suficientes para llegar al poder.


Usted afirma que vivimos en un mundo dominado por la sociedad del crecimiento que genera profundas desigualdades ¿de qué forma esto puede afectar a los ciclos migratorios?


La lógica de la sociedad de crecimiento es destruir todas las identidades. El problema de las migraciones es un problema muy complejo, ahora hablamos de millones de sirios desplazados pero antes de que acabe este siglo habrá 500 o 600 millones de desplazados, cuando ciudades enteras como Bangladesh o millones de campesinos chinos vean sus tierras inundadas por la subida del nivel del mar. Al aumentar las catástrofes del planeta, los migrantes ambientales aumentarán también. Donde yo tengo más experiencia de campo es en África y allí he observado que no es la pobreza y la miseria material lo que provocan las migraciones, es la miseria psíquica. Cuando yo comencé a trabajar en África hace una veintena de años no había existencia económica, igual que tampoco hay hoy. Toda la riqueza económica africana representa el 2% del PIB mundial según las estadísticas de la ONU, la gran mayoría representa la masa de petróleo nigeriano. De esta forma tenemos 800 millones de africanos que viven fuera de la economía, en el mercado informal. Al principio, cuando yo iba a África había buen ambiente, mucho dinamismo, la gente quería transformar sus tierras, había muchas iniciativas, pero han desaparecido. La última vez que fui los jóvenes ya no querían luchar más contra el desierto, ahora lo que quieren es ayuda para encontrar papeles e ir a Europa, ¿por qué? No es porque ahora sean más pobres que antes, es porque hemos destruido el sentido de su vida. Los últimos 10 o 20 años de mundialización tecnológica han representado una colonización del imaginario 100 veces más importante que los 200 años de colonización militar y misionaria. Se les crean nuevas necesidades, en la tele se les venden las maravillas de la vida de aquí y ellos ya no quieren vivir allí.


¿Diría usted que esto representa una crisis antropológica?


Sí, el crecimiento es una guerra contra lo ancestral. El verdadero crimen de occidente no es haber saqueado el tercer mundo, si no haber destruido el sentido de la vida de esta gente que ahora adoran al espejismo del desarrollo.

Por Luna Gámez

La Marea

 

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José Mujica alerta del "holocausto ecológico" de la sociedad de consumo

El expresidente de Uruguay se encuentra en Madrid para recibir el XIV premio de la Fundación Abogados de Atocha y recuerda que "los recursos de la Tierra no son infinitos" e invita a huir de "la esclavitud del consumo" por que, dice, "no hay necesidad de vivir tan desesperados"

 

El expresidente de Uruguay José Mujica ha alertado hoy en Madrid del "holocausto ecológico" de la sociedad de hoy, regida por "la multiplicación del consumo", una "tragedia" para las generaciones nuevas, que -dice- deberán luchar por la renta básica, por el medio ambiente o por reducir los horarios de trabajo.


Después de recibir el XIV premio de la Fundación Abogados de Atocha, otorgado en enero pasado pero que solo hoy ha podido recoger, Mujica ha pronunciado un discurso crítico con la "esclavitud del consumo", aunque ha advertido que él no hace "apología de la pobreza" sino "apología de la libertad".


El expresidente de Uruguay entre 2010 y 2015 ha alertado sobre las consecuencias desmedidas del consumo y ha dicho que en pocos años habrá 9.000 millones de habitantes en la tierra, donde la economía creció 40 veces desde 1950 y deberá crecer 200 veces en el próximo medio siglo.


"Los recursos de la tierra no son infinitos", ha dicho Mujica al recordar que hace ya varias décadas que los científicos indicaron "lo que debemos hacer", aunque la sociedad hoy se empeña en seguir transitando "por los caminos del desastre".


"La ciencia vaticinó hace treinta años los peligros del deshielo o las consecuencias de liberar gas metano a la atmósfera y la retroalimentación exponencial del recalentamiento", pero ante esto "no se puede parar", porque "no es posible enfrentar la economía corporativa y la desesperación de los gobiernos por crecer", ha dicho el exgobernante.


Según Mujica, "no hay necesidad de vivir tan desesperados" y, por el contrario, aunque es difícil cambiar el mundo, sí es posible "controlar la cabeza para evitar el dominio de la cultura subliminal de consumo", pues considera que "la felicidad está dentro, en el equilibrio de los sentimientos".


"No puedes ir al supermercado a comprar años de vida", ha dicho, convencido de que el ciudadano puede "manejar la conducta para ganar un pedazo de libertad".


El expresidente ha insistido en que cualquier ciudadano necesita estabilidad económica para vivir, pero siempre mejor bajo la premisa de que "vivir es ser, no tener, sin estar sometido al esclavismo de las necesidades".


Mujica renunció el pasado día 14 a su cargo en el Senado uruguayo con el objetivo de tomarse una "licencia" antes de morir de "viejo" y para seguir con su "lucha de ideas" por otras sendas.


El pasado martes, en la localidad granadina de La Zubia, recibió el premio de poesía Laurel de Plata por representar la "expresión más genuina" de lo "mejor" del ser humano y de la política "hecha poesía".
Y hoy ha recogido el premio que le otorgó el 24 de enero la Fundación Abogados de Atocha por su labor en defensa de la libertad y por compartir con sus acciones "el ADN de los abogados de Atocha".
En esa fecha de 1977, un grupo de extrema derecha irrumpió en un despacho de abogados laboralistas en el número 55 de la calle madrileña de Atocha y mató a tiros a Javier Sauquillo Pérez del Arco, Luis Javier Benavides Orgaz, Enrique Valdelvira Ibáñez y Serafín Holgado de Antonio, y al sindicalista Ángel Rodríguez Leal.

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