Miércoles, 18 Agosto 2021 05:28

Las raíces del movimiento talibán

Las raíces del movimiento talibán



La toma de Kabul por parte de los talibanes no supone la primera vez que el grupo terrorista controla la capital afgana. Son varios los factores que originaron esta facción política-paramilitar y es importante tenerlos en cuenta para comprender la esencia talibán.

 

Durante más de 40 años, Afganistán ha sido un tablero de ajedrez de las grandes potencias internacionales. Uno de los momentos clave en esta partida geoestratégica fue 1979, cuando se produjo la entrada de la Unión Soviética en Kabul, bajo el mandato de Leonid Brézhnev.

Así empezaba el remate de la Guerra Fría y una nueva escalada de tensión entre la URSS y Estados Unidos. Lo que comenzó como una operación destinada a mantener el control y la influencia soviética en el país se convertiría entonces en un conflicto que duraría diez años y que supuso un avispero para la URSS: la retirada de las tropas soviéticas ha sido históricamente comparada con la manera en la que los americanos abandonaron Vietnam.

Por otra parte, si a mediados de los años 70 había comenzado en la región una tendencia de querer recuperar la pureza del islam basándose en aspectos fundamentalistas, en los años 80 lo que unió a los diferentes países fue la búsqueda de la expulsión de los soviéticos. En este contexto nacía en Pakistán, concretamente en agosto de 1988, al Qaeda (en árabe, La Base), un nombre que hace referencia a un campo de entrenamiento de jóvenes muyahidines creado para luchar contra la URSS, entre ellos un joven líder de 31 años llamado Osama bin Laden.

Los muyahidines, o guerrilleros islámicos, también contaron con un importante apoyo económico de Estados Unidos y de Arabia Saudí, que no iban a permitir que un país con la importancia estratégica de Afganistán quedase en manos de soviéticas. Así, la milicia sin fronteras de los muyahidines, apoyada por los servicios secretos de Pakistán, la CIA y de la inteligencia saudí, logró en 1989 la retirada soviética.

La marcha de los soviéticos dejó a unos combatientes islámicos orgullosos que habían luchado no por ninguno de los países que les apoyaban, sino por Dios, al que atribuyeron su victoria. Fue justo en ese momento cuando el embrión talibán comenzaba a tomar forma.

El vacío de poder

Una vez que los soviéticos abandonaron Afganistán, el país sufrió una guerra civil en la que distintos grupos políticos lucharon por el poder central. Al mismo tiempo, diversos señores de la guerra aprovechaban la situación y se enriquecían a costa de las luchas entre etnias y tribus.

En medio de un escenario fuertemente marcado por el vacío de poder, los veteranos muyahidines que ya habían luchado contra los soviéticos fueron organizándose siguiendo una doctrina islamista modernista, que rechazaba tanto la anarquía de aquellos años como la influencia occidental. En 1994, en la provincia meridional afgana de Kandahar, este movimiento integrista adquiría el nombre oficial que sigue utilizándose a día de hoy: talibán.

Componentes cruciales: la etnia pastún, la vertiente sunita y el nacionalismo

El nombre viene de talib (estudiante en árabe y pastún), ya que muchos de los integrantes son pastunes, una etnia sunita y predominante en Afganistán, que habían sido estudiantes en madrazas de Pakistán.

El proyecto nacionalista pastún de los talibanes buscaba instaurar un emirato en Afganistán. Para ello contó con el apoyo de Pakistán, país en el que viven entre 25 y 30 millones de pastunes, y también de Arabía Saudí, la monarquía sunita por excelencia.

Los talibanes tomaron el poder en Kabul en 1996, y cabe señalar que en un principio fueron apoyados por el pueblo afgano, harto de disputas entre los señores de la guerra. Sin embargo, su conservadurismo radical reflejado en ejecuciones públicas, la destrucción de los budas gigantes de Bamiyán o la vulneración sistemática de los derechos de la mujer propició su impopularidad local, regional e internacional.

Los talibanes gobernaron Afganistán desde 1996 hasta 2001, un periodo en el que las mujeres pasaron a estar completamente relegadas a un papel figurante en el hogar, pues tenían prohibida cualquier actividad laboral o que tuviera que ver con la educación. Durante el gobierno talibán, las afganas no pudieron salir de sus casas sin acompañar y trataban de vivir entre múltiples prohibiciones, como la de cantar o reírse en voz alta, por no hablar de mostrar su rostro. La vulneración de derechos de las mujeres era el aspecto que más chocaba con la realidad internacional, una sensación de alarma que desafortunadamente se repite.

El turno de Bush

No fue para garantizar la seguridad y derechos de las mujeres por lo que se movilizaron las fuerzas. Tuvo que ocurrir un atentado de la magnitud del ataque a las Torres Gemelas para que la esfera internacional actuase. Se habían acumulado sospechas de que Afganistán podía ser un campo de entrenamiento para al Qaeda y que Osama bin Laden se encontraba en el país bajo protección de los talibanes, dada su cercanía yihadista. Fue este recelo ligado al terrorismo el que provocó que en 2001 se produjera la invasión estadounidense en Afganistán, un mes y una semana después del 11 de septiembre.

En poco más de tres meses, la OTAN liderada por Estados Unidos hizo retroceder a los talibanes instaurando el Gobierno de transición de Hamid Karzai en diciembre de 2001. Era el momento de George Bush de elegir un enemigo con el que saciar la sed de venganza por el mayor atentado terrorista que ha sufrido la sociedad estadounidense. Dos años tarde, el país elegido para ser el gran enemigo de Estados Unidos, y de todo Occidente, sería Iraq.

Tras dos décadas, los talibanes vuelven a Kabul

No obstante, ni esta operación llamada “Libertad Duradera”, ni la muerte del mulá Omar, hecha pública en 2015, hizo que los talibanes desaparecieran de Afganistán. El grupo se ha mantenido presente durante dos décadas reivindicando su presencia por todo el territorio afgano.

El lunes 15 de agosto tuvo lugar un nuevo hito para este movimiento: los talibanes han vuelto a tomar Kabul, esta vez sin demasiado esfuerzo. Después de 20 años, las tropas estadounidenses han abandonado el país, dejando un escenario repleto de proyectos fantasma y de deserción de fuerzas afganas que los talibanes han aprovechado para avanzar sin pausa desde el pasado mes de mayo. Voces expertas en el tema, como la de Ahmed Rashid, escritor paquistaní y especializado en yihadismo, aseguran que la ofensiva actual de los talibanes es la más dura desde su creación en 1994.

El reciente avance talibán ha dejado imágenes que probablemente pasarán a la historia: desde la entrada de los milicianos al palacio presidencial de Kabul sin ninguna resistencia, hasta la desesperación de los civiles que se agarran a ruedas y alas de aviones con tal de salir del país.

Ana Cabirta Martín

17 ago 2021 11:30

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Si no se disuelven las fuerzas armadas no habrá Estado plurinacional: Silvia Rivera Cusicanqui y María Galindo

Radio Deseo, ubicada en La Paz, organizó el 12 de agosto un debate entre la socióloga Silvia Rivera Cusicanqui y la integrante de Mujeres Creando María Galindo, para discutir la pregunta «¿Existe Bolivia?»

La cuestión del Estado estuvo en el centro de los casi cien minutos de un debate que abordó el tema desde varias miradas, con gran profundidad crítica, en momentos en los que el pensamiento crítico ha sido desfigurado por el pragmatismo de los gobiernos y partidos que se proclaman progresistas (https://www.youtube.com/watch?v=8geutNBIvqc).

La mirada feminista de ambas las llevó al cuestionamiento del Estado-nación y de forma particular del proclamado Estado Plurinacional, del que coincidieron que no existe. Para ellas, el Estado realmente existente es colonial y patriarcal, al punto de que, según Galindo, “los gobiernos son administradores de un proyecto colonial mundial” y no regímenes soberanos, más allá del color del partido que ocupe el palacio.

Para Rivera, el Estado boliviano es un “engendro” que, cuando fue fundado, apenas el 10 por ciento de la población hablaba la lengua oficial, el castellano. Las fronteras trazadas fueron arbitrarias y a pesar de la revolución de 1952 y del “proceso de cambio” encabezado por Evo Morales, “la república se sigue superponiendo a otras repúblicas” (entre ellas las de la soya, la del petróleo y el gas) que son independientes, no pagan impuestos y obedecen a intereses transnacionales.

Bajo la mirada crítica de Silvia y de María fueron desfilando el patriotismo, recordando que los indianistas no se consideraron nunca bolivianos, pero también los partidos políticos y las academias que reproducen tanto el colonialismo como el patriarcado, y aseguraron que la identidad nacional es una imposición externa.

El Estado Plurinacional es “totalmente falso”, ya que no le otorga validez ni representación a los pueblos indígenas, dijo Silvia, porque “sus voces están ahí para subordinarse al partido, que lejos de ser un partido de los movimientos sociales es una cúpula que se sobreimpone a los movimientos y los arrastra en torno suyo”. A los pueblos, añadió, “les han hecho creer que son nación para que se olviden que son comunidad”, con el único derecho de desfilar en fiestas patrias y tener una agencia bancaria en sus poblaciones.

En Chile y en Argentina nos miran con envidia, responde María, en referencia a la plurinacionalidad, “y yo les digo que no es ninguna panacea”, porque el Estado nación boliviano se denomina ahora Plurinacional “sin modificar ninguna de las estructuras de poder político, económico y simbólico”. En su opinión es apenas una operación retórica, ya que los pueblos no accedieron a servicios de salud, educación y justicia diferentes. A las compas chilenas les dice que el concepto de plurinacionalidad que están debatiendo no aporta nada.

El debate fue deslizándose, casi naturalmente, hacia el papel de las fuerzas armadas. “Si quieren fundar un Estado Plurinacional en Chile, una condición fundamental es la disolución de las fuerzas armadas, porque condensan el concepto de Estado nación, representan la fuerza coercitiva, se llevan el excedente mayor en todas las sociedades y representan el concepto de masculinidad”, dijo María, quien envió un especial recado a Elisa Loncón, presidenta sobre la Convención Constituyente.

Las dos coincidieron en que las fuerzas armadas son una institución colonial y patriarcal e hicieron un llamado a la disolución de la justicia del Estado, de los sistemas de salud y de educación existentes. Llamaron también a que las feministas, y otros sectores, puedan crear conceptos propios sobre lo que desean para el futuro.

“Hay razones de sobra para mostrar que el ejército es el cascarón subsistente de una vieja casta que se reproduce en el poder y es la garantía de su impunidad”, sumó Silvia, a lo que María agregó que esto no se arregla con que los aymaras u otros pueblos tengan comandantes en las fuerzas armadas, o que las mujeres entren a los ejércitos.

Sin duda, un debate apasionante, necesario, profundo, valiente porque no se detuvo ante realidades incómodas. Apenas una invitación a escuchar y compartir.

14 agosto 2021

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Sábado, 14 Agosto 2021 06:54

El detonante

El detonante

A escasos meses de que se cumplan 30 años de la desaparición de la Unión Soviética, y consciente de que, tanto en Rusia como en el resto del mundo, será señalado por muchos de ser el principal responsable del colapso, Mijail Gorbachov –de salud precaria, pero muy lúcido a sus 90 años– acaba de publicar un ensayo en el que defiende que eran inevitables su perestroika (restructuración económica), glasnost (apertura o transparencia) y novoye myshleniye (nueva forma de pensar), los tres pilares de sus reformas.

El primer y único presidente de ese país que dejó de existir sostiene, en su alegato, que no fue decisión suya disolver la Unión Soviética y que dos hechos, ajenos a su voluntad, desempeñaron un papel decisivo para precipitar el final: el fallido golpe de Estado de agosto y la reunión en diciembre de los dirigentes de las tres repúblicas eslavas –Rusia, Ucrania y Bielorrusia, en orden de influencia por extensión, población y tamaño de economía–, impulsada por Boris Yeltsin.

Por supuesto sólo la historia pondrá en el sitio que se merece cada uno de los protagonistas de la debacle soviética, pero parece indiscutible que el intento de golpe de Estado –cuyo aniversario 30 se cumplirá la semana entrante–, emprendido por el sector conservador de la dirigencia del Partido Comunista para impedir la firma de un nuevo pacto federal, fue el detonante de procesos irreversibles.

En todo caso, es claro que los golpistas terminaron su aventura con un estrepitoso fracaso: consiguieron exactamente lo contrario a lo que proclamaron tras ordenar al KGB encerrar "por razones de salud" a Gorbachov en su residencia de verano en el mar Negro y sacar el Ejército a las calles de Moscú.

Apenas cuatro meses después, en lugar de la Unión de Estados Soberanos, confederación que estaban dispuestas a firmar nueve de las repúblicas soviéticas, surgieron 15 países independientes y, con el Partido Comunista prohibido por Yeltsin, se repudió el socialismo que emanó de la revolución bolchevique de 1917 y llegó el capitalismo que entregó a una minoría de privilegiados las riquezas de la Unión Soviética.

El destino dispuso que Gorbachov haya sobrevivido a los ocho miembros del Comité Estatal para la Situación Extraordinaria, que se creó para adelantar su muerte política.

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Dos ejemplos de herramientas de piedra esculpidas según la técnica de Levallois. — Universidad de Leiden / Sinc

 

Los registros arqueológicos del uso del fuego durante el Pleistoceno Medio demuestran que los seres humanos ya intercambiaban técnicas de fabricación de herramientas, así como conocimientos para la creación del fuego.

 

Un equipo de investigación conjunto de la Universidad de Leiden y la Universidad Tecnológica de Eindhoven (Países Bajos) propone que el primer ejemplo claro de difusión cultural humana a gran escala se produjo en algún momento hace 400.000 años

Los investigadores fundamentan su afirmación en los cambios en el uso del fuego visibles en los estratos arqueológicos. Las evidencias más tempranas del posible uso controlado del fuego son bastante escasas y son difíciles de distinguir de los restos provocados por fuegos de origen natural. En cambio, en los estratos geológicos correspondientes a hace 400.000 años se encuentran múltiples evidencias arqueológicas de fuego no natural, la mayoría en condiciones muy buenas de conservación.

Esta evidencia no es particular de una sola zona geográfica, sino que se ha encontrado en distintas regiones del continente europeo, en África e incluso en la zona occidental de Eurasia, según exponen los autores del estudio.

¿El uso del fuego surgió en varios lugares al mismo tiempo?

Según los científicos, "una distribución geográfica tan amplia de este comportamiento sociocultural podría explicarse de varias formas, como que grupos de homínidos sin contacto entre sí desarrollaran la tecnología del fuego de forma independiente, que los movimientos migratorios de grupos de población posibilitaran el intercambio de conocimiento, o incluso que prevaleciera en el tiempo una línea genética vinculada a la creación del fuego".

Sin embargo, la falta de evidencia geológica de un cambio climático generalizado que forzara los movimientos migratorios y la ausencia en el registro fósil de pistas sobre el movimiento de poblaciones humanas durante este período, hacen más plausible para los investigadores la idea de un intercambio cultural entre poblaciones.

La difusión del conocimiento entre grupos de homínidos podría haber comenzado hace 400.000 años

Para sostener esta afirmación, los autores del artículo, publicado en la revista PNAS, comparan la expansión similar en la misma área geográfica y en un período de tiempo mucho más corto, de un complejo método de lascado de herramientas de piedra denominado técnica de Levallois, de la que se han encontrado múltiples evidencias en el mismo estrato fósil.

"Nuestra investigación debería estimular el debate y la realización de nuevos estudios, en particular sobre los cambios en los mecanismos de transmisión cultural que permitieron esta difusión extraordinariamente rápida de la tecnología del fuego y de las herramientas de piedra", concluyen los autores.

 

13/08/2021 18:49

Sinc

Una mujer lleva un retrato de Lenin en una manifestación del Partido Comunista en la Plaza Roja de Moscú, en noviembre de 2014

De cómo sería la transición del capitalismo al socialismo se escribieron ingentes libros y tesis, pero nadie nos preparó para el momento en que la historia daría la marcha atrás, por impensable, irracional, antinatura. ¿Es posible que millones de personas voten en favor de la eliminación de la igualdad, del derecho a tener un puesto de trabajo y un salario digno, de una sanidad y la educación gratuitas? Las mujeres y los hombres de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) no votaron la disolución de su Estado ni la restauración del capitalismo, y eso a pesar de las carencias y los errores de su socialismo, pues, la URSS fue "el primero" en los principales derechos fundamentales del ser humano de la historia.

La primera vida: el zarismo

En la Rusia subdesarrollada, la mujer era tratada como propiedad del hombre: no se le permitía vivir separada de su familia, o trabajar o viajar al extranjero sin la autorización de un hombre. La matemática Sofía Kovalévskaya tuvo que casarse por conveniencia con el paleontólogo, Vladimir Kovalevski, para poder seguir su carrera en Suiza, debido a que en Rusia a las mujeres no les dejaban ingresar en las escuelas superiores. Ella será la primera mujer profesora con plaza en una universidad europea.

Millones de mujeres trabajaban en el campo de sol al sol, mientras en las fábricas niñas de 13-14 años eran explotadas en jornadas de hasta 16 horas por un mísero sueldo. Las mujeres embarazadas ocultaban su estado para no ser despedidas. En la familia, ellas vivían la forma más común y legitimada de prostitución y esclavitud, como describe León Tolstoi en su Anna Karenina. La mayoría de los partos tenían lugar en los domicilios, y la tasa de mortalidad infantil era alta. El divorcio lo decidían el marido y la iglesia, y además, sólo los pudientes podían costearlo. En las provincias de Asia Central, como Tayikistán, había poliginia y la mujer estaba obligada a llevar el velo, símbolo del control y dominio del hombre sobre la mujer.

Mucho por hacer: así cuatro mujeres se unieron a 13 hombres para fundar la Unión de Lucha (1895), entre ellas Nadezhda Krúpskaya, que además será una de las primeras presas políticas de Rusia y una de las pocas del mundo en ser Secretaria en un partido. Cuatro años después, el Partido Socialdemócrata (comunista) será el primero de la historia en dedicar un capítulo de su programa a la liberación de la mujer y una completa igualdad de derechos, como exigía la Segunda Internacional (1889-1916).

En 1912, Konkórdiya Samóilova será, posiblemente, la primera mujer directora de un diario: Pravda (La Verdad), órgano del partido bolchevique, y determinante en la organización de las protestas contra la Primera Guerra Mundial bajo el lema de "Pan y Paz".

La segunda vida: socialista

En 1917, la Revolución convierte a Vladimir Ilich Lenin en el primer jefe de un estado que hace de los derechos de la mujer la bandera del sistema político que acaba de nacer. Y habrá más "primera vez en la historia" para las mujeres del planeta:

  • Aleksandra Kollontai se hace cargo, en 1918, de la cartera de Bienestar Social. En 1943 también será la primera mujer embajadora, representando a la URSS ante el gobierno sueco.
  • Las madres trabajadoras disfrutarán de dieciséis semanas de permiso remunerado para el cuidado de los hijos. Habrá un seguro de maternidad y unas salas de lactancia en las fábricas. Las madres solteras reciben una cartilla de manutención infantil.
  • Se levantan todas las restricciones a la libertad del movimiento de la mujer.
  • La mujer podrá ser "cabeza de la familia", y tendrá acceso libre al aborto.
  • Se despenaliza la homosexualidad, que era castigada con el trabajo forzoso. Las personas homosexuales y transgéneras son protegidas por la ley. En 1918, un gay, Georgy Chicherin, es nombrado ministro de Relaciones Exteriores, y en 1926 se autoriza plasmar el cambio de sexo en el pasaporte.
  • Se desmantelan los harenes en las provincias orientales. Las mujeres "musulmanas" soviéticas son las primeras de este credo que tienen derecho a voto: en la propia tierra de Mahoma, Arabia Saudí, aún son las únicas del globo sin poder votar.
  • Se levanta la obligatoriedad de registrar el matrimonio, y se elimina el concepto de "hijos ilegítimos". Se crean comunas, con el amor y la sexualidad libres, que décadas después reaparecerá en Occidente con el movimiento hippie.
  • Se despenaliza la prostitución, esta "degradación extrema de la mujer en interés de los hombres que pueden pagarla" como la definía Trotsky, y se persigue al proxeneta. Paralelamente, empieza el trabaja para eliminar sus causas y a las mujeres prostituidas se les ofrece formación profesional, empleo y un techo.
  • Se prohíbe matrimonios forzados y también infantiles (pedofilia), que eran norma general en las regiones de Asia Central.
  • Se podrá romper el contrato matrimonial incluso sin el consentimiento de la otra pareja.
  • Se aplica la jornada laboral de 8 horas, propuesta por la Primera Internacional en1866. Se prohíbe el trabajo nocturno para las mujeres embarazadas, así como su traslada o despido sin la aprobación de un inspector de la empresa.
  • Se establece el concepto de "bienes gananciales" (inexistente en las religiones abrahámicas que han sido y son el marco del derecho de la mujer en numerosos países): ellas tendrán derecho sobre la fortuna generada durante el matrimonio.
  • Se declaran gratuitas y universales la enseñanza y la sanidad, y se realizan una vasta campaña de alfabetización de mujeres.

Algunos ideales, como la socialización de las tareas domésticas, - como comedores y lavanderías públicos, suficientes guarderías para disolver la familia, etc.-, que estaba dirigida a suprimir la doble carga de la mujer, no se materializaron por:

  1. La falta de recursos, el retraso económico y social del país, la destrucción de millones de vidas y de las infraestructuras de la nación durante la Guerra Civil (1921-1922) y las dos guerras mundiales que obligaron al Estado canalizar todos los recursos a impedir la muerte de millones de personas de hambre;
  2. La resistencia de los hombres a la liberación de la mujer. En las regiones de Oriente muchas fueron víctimas de crímenes de honor por quitarse el velo o asistir a escuelas o agrupaciones de mujeres.
  3. la falta de experiencia en gestionar los servicios sociales en una estructura funcional.
  4. creer que la institución familiar, basada en las milenarias relaciones de domino y legitimada por la religión, perdería su razón de existir con la mera participación de la mujer en el trabajo remunerado y productivo, y se disolvería. "La remodelación del 'orden' más arraigado, empedernido, reprimido y rígido [el patriarcado] es la transición más difícil", reconoció Lenin en 1921. Así, las mujeres soviéticas, incluidas las científicas, nunca dejaron de ser "amas de casa".

La cultura patriarcal se unió a la falta de libertades políticas, organizaciones y movimientos ciudadanos, para hacer posible la pérdida de algunos derechos socialistas logrados: en el marco de las políticas prenatalitas, Stalin ilegalizó en 1936 el aborto y la homosexualidad, recuperó la educación segregada y con ello las "asignaturas especiales para niñas". Dos décadas después, bajo la presidencia de Jrushchov el aborto volverá a ser legal, para salvar la vida y la salud de las mujeres que se veían obligadas a realizarlo de forma clandestina.

En las décadas de 1960 y 1970, los avances profesionales de la mujer fueron asombrosos. Enviar a Valentina Tereshkova al espacio (1963) era para demostrar al mundo de que "asaltar el cielo" es posible. Aun así, la URSS rechazaba frontalmente los objetivos y los logros del movimiento feminista europeo al no estar integrado en la lucha de la clase obrera. No reconocía que la opresión patriarcal es supraclasista. El "biologismo" (igual de reaccionario que jinelogía), prohibió que soviéticas pudiesen ser bomberas, conductoras de autobús, o capitanas de barco, entre otras 400 profesiones "perjudiciales para su salud". Desde hace unos años, esta lista se ha reducido en un centenar, y desde el 2020 se les permite, por ejemplo, ser maquinistas de metro, mientras siguen sin poder estudiar numerosas carreras de ingeniería.

El término "feminismo" tenía (y tiene) connotaciones negativas: las feministas son mujeres burguesas, feas, lesbianas, que odian a los hombres y e incluso son agentes del Occidente y pretenden difundir su decadente libertinaje en la patria-tribu.

Tercera vida: capitalismo ‘putinista’

A finales de los ochenta, los errores de un sector del Partido Comunista y la traición y corrupción de otro destrozan los logros de la Revolución también la utopía de millones de personas en todo el mundo que se jugaban la vida por un mundo socialista. Las consecuencias de la desintegración de la URSS, el terrorismo y la guerra irán acompañados por el regreso del sistema de mercado, y el saqueo de las arcas públicas se tradujeron en una pobreza generalizada, el desempleo (inexistente en la URSS), y la aparición del crimen organizado internacional que hizo su agosto prostituyendo a las mujeres y madres desesperadas. La esperanza de vida se desplomó: de 68 en 1991 a 62 en 2000.

Poner orden al caos llega con (la Doctrina de) Vladimir Putin, quien, en una complicada situación, buscará una nueva identidad para el nuevo (viejo) sistema en el que el conservadurismo, el nacionalismo y la Iglesia Ortodoxa Rusa harán de pilares. Vuelven los valores medievales sobre la mujer y la familia y con intenciones pronatalistas, el gobierno ruso diseña un inaudito plan: tras declarar el 2008 el Año de la Familia, regala a los ciudadanos el 12 de septiembre como el Día del Contacto (íntimo) para que las parejas permanecieran en casa, y nueve meses después, coincidiendo con el Día de Rusia, el 12 de junio, se pudiese celebrar el nacimiento de miles de nuevos rusos, y así salvar la patria del envejecimiento de la población. Las mujeres al tener un segundo o tercer hijo recibirán una ayuda monetaria llamada el "Capital de maternidad". Esta oxidada idea sobre la mujer, como "procreadora", ha ido paralelo a otra peor aún: la aprobación de la ley de "violencia en la familia" que no "contra la mujer", en la que despenaliza las palizas que el hombre asesta a la mujer si no rompen sus costillas (como el imán de Al Azhar, Ahmed el Tayeb, que aprueba golpear a la esposa siempre y cuando el delincuente no deje prueba en el cuerpo de su cónyuge-esclava). Además, se le perdonará al agresor si es primerizo. Por supuesto que el legislador es consciente de que la mayoría de las mujeres, desamparadas en el capitalismo, no suelen denunciar estos abusos ni la primera, ni la segunda y ni la quinta vez.

La Iglesia ortodoxa rusa (al igual que la católica y la islámica) considera el feminismo un "pecado mortal". El tribalismo y el nacionalismo, siempre ciegos y reaccionarios, muestran fobia hacia lo que nazca en otros Estados, aunque hayan brotado del movimiento progresistas ciudadano.

El propio presidente Putin es la imagen del biopoder: Macho heterosexual, sexy, magnético y "padre salvador" de la nación desvalida, y en concordancia, la imagen que se da de la mujer rusa, incluso en las páginas de información política, es de una rubia esbelta semidesnuda. ¿Cómo ha sido posible la supresión radical de los valores socialistas, supuestamente, implantadas durante setenta años?

A pesar de que a partir de 2013, las desigualdades sociales se reducido, y la esperanza de vida ha aumentado (72 años), Rusia tiene una brecha de género del 70.6%, que le sitúa en el puesto 81 del ranking mundial entre 153 países. El feminicidio arrebata la vida de un promedio de 300 mujeres casa año, y en Moscú, sólo hay un refugio público para las mujeres maltratadas, según las feministas.

Las rusas ganan un 30% menos que los hombres, y al igual que en la era de la URSS, están casi ausentes en el poder político. En Ruanda o Cuba el 38,5% de los diputados son mujeres, en Rusia el 18,2%. La introducción del neotradicionalismo en las relaciones de género ha desactivado, asombrosamente, el cuestionamiento de las desigualdades.

La URSS fue el primer modelo del estado de bienestar de la humanidad, y su mera existencia también obligaba a los estados capitalistas aceptar parte de las demandas de su propia clase trabajadora: no es ninguna casualidad que el asalto del noliberalismo a estos logros en todo el mundo, coincida con la desaparición de aquella república socialista.

Setenta años fue un tiempo demasiado corto para acabar con miles de años de injusticias justificadas e incrustadas hasta en el alma de sus propias víctimas.

Cuál es mejor: ¿un capitalismo con las libertades políticas, pero sin la justicia social e igualdad, o un socialismo sin libertades? La experiencia de la URSS demostró la fragilidad y reversibilidad de las conquistas sociales sin las libertades y un control real del pueblo sobre el poder.

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Fuentes: Rebelión [Foto: Darío Augusto Cardona / El sacerdote jesuita Javier Giraldo Moreno ha dedicado su vida a acompañar y a dignificar a las víctimas de la violencia estatal y paraestatal en Colombia, como la Comunidad de Paz de San José de Apartadó]

Entrevista a Javier Giraldo, Vicepresidente del Tribunal Permanente de los Pueblos

 “Los movimientos contestatarios, de rebeldía, son calificados ordinariamente por el Estado como otro negativo, un otro demoníaco, que hay que exterminar. Ahí está la motivación para responder con una violencia que busca el exterminio de esa otredad”

El Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) ha condenado al Estado colombiano por su acción u omisión en el genocidio continuado y los crímenes de guerra y de lesa humanidad contra población civil por razones políticas. Mundo Obrero entrevista a su Vicepresidente, Javier Giraldo, quien nos hace un hueco en medio de las reuniones con la Misión de Observación Internacional por las Garantías de la Protesta Social y Contra la Impunidad en Colombia, que ha verificado sobre el terreno este mes de julio las violaciones de derechos humanos contra quienes ejercen su derecho a la protesta.

El sacerdote jesuita Javier Giraldo Moreno es un referente de la defensa de los derechos humanos en Colombia. Su hablar sereno se combina con una precisión y una firmeza en la denuncia que le ha valido poderosos enemigos en su trayectoria de defensa de las víctimas de crímenes de lesa humanidad. En él han tenido un acérrimo defensor las comunidades campesinas y líderes sociales de las regiones más castigadas por el terror estatal y paraestatal. Autor de varios libros en los que documenta la impunidad en el exterminio de estas comunidades victimizadas en las zonas rurales de Colombia, Javier Giraldo trabaja desde 1972 con el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP/PPP), y es fundador de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz. Ha recibido el Premio Internacional, Asociación de Derechos Humanos de España, el Premio John Humphrey a la Libertad y el Premio Juan María Bandrés a la Defensa del Derecho de Asilo otorgado por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Fue miembro de la Comisión Histórica sobre el origen del Conflicto y sus Víctimas (CHCV), en la Mesa de Conversaciones de Paz de La Habana entre el gobierno colombiano y las FARC-EP. 

GUADALUPE BARAHONA: Es la tercera sesión en la que el Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) se ocupa de Colombia: en 1991 juzgó la impunidad en los crímenes de lesa humanidad, y en 2008 juzgó el accionar de las empresas transnacionales en relación con la violación de derechos humanos. ¿Qué aporta el TPP, teniendo en cuenta que es un tribunal simbólico?

JAVIER GIRALDO: En primer lugar, el TPP es un tribunal de opinión. Se apoya en la sentencia del tribunal Russell que surgió con la guerra de Vietnam. El senador italiano Lello Basso fue relator del segundo Tribunal Russell sobre las dictaduras de América Latina y fue a la vez el fundador del Tribunal Permanente de los Pueblos en 1979, para continuar esa misma experiencia. Él enfatizó la convicción de que un tribunal no es necesariamente la emanación de un poder estatal o interestatal, sino que precisamente las razones de Estado son una limitación a una sentencia judicial que tenga una profunda dimensión ética y, por lo tanto, mayor independencia. El tribunal ya lleva 48 sentencias, y en todas ellas hay una sabiduría muy profunda y un análisis de lo que han padecido los pueblos que han sido más oprimidos en la historia de la humanidad. El esfuerzo que hace el tribunal es precisamente confrontar los hechos con los ideales jurídicos que la humanidad ha expresado en el Derecho Internacional, y que muchas veces se quedan en el papel. Se les entrega a las víctimas colectivas un arma ética y política de mucha trascendencia en estas sentencias.

GB: ¿Qué es lo más trascendente de este fallo histórico del TPP sobre Colombia?

JG: La sentencia que se acaba de emitir sobre el genocidio en Colombia es ejemplar. Abarca la dimensión de un libro, y profundiza en dos siglos de la existencia y del sufrimiento del pueblo colombiano. Esto se ha motivado precisamente en que después de varias sesiones del TPP, los gobiernos nunca aceptaban poner en práctica las recomendaciones del tribunal, y los mismos movimientos sociales de Colombia empezaron a hacer una evaluación de fondo y vieron que las grandes masacres y las manifestaciones de opresión respondían a un mismo libreto, que tenía elementos que fueron constantes en todas las formas de represión estatal durante este último siglo y mucho más atrás. De ahí surgió la idea de pedirle al Tribunal Permanente de los Pueblos que hiciera una lectura de las estructuras genocidas del Estado colombiano, casi desde su fundación. Esa lectura la pudo hacer de manera muy ilustrada esta sesión del tribunal porque la causa fue promovida por los movimientos sociales y políticos, a través de sobrevivientes o de historiadores que los han estudiado. Se hizo un trabajo histórico magistral, de mostrar cómo durante este último siglo la mayoría de los movimientos sociales y políticos fueron exterminados. Esto quedó palpablemente demostrado en las audiencias que organizó el tribunal en el mes de marzo, resumidas en la sentencia. Allí se muestra esa larga trayectoria de exterminio violento y cruel de los movimientos que no comparten la ideología de la élite gobernante. En la sentencia se hizo un recuento histórico de las formas de represión y brutalidad del Estado, y se profundizó en el sentido y la tipificación del genocidio en el derecho internacional. Esos fueron tres elementos muy fundamentales en la sentencia.

GB: El fallo del tribunal habla de genocidio continuado. ¿Es novedoso que se hable de genocidio dentro del mismo país y del mismo grupo?

JG: Es la primera vez que se habla de genocidio continuado. Pero la misma caracterización o tipificación del genocidio en el derecho internacional está aludiendo a la destrucción total o parcial de un grupo humano con una identidad común. El hecho mismo de que se haya profundizado en la trayectoria histórica del genocidio en Colombia hace que el término de genocidio continuado sea justificado.

GB: ¿Cuáles son las causas profundas de estas prácticas sostenidas de exterminio, de desplazamiento, de desaparición forzada, que van más allá de gobiernos, de distinto signo político?

JG: El genocidio es estructural, el término también aparece en la sentencia. La conclusión a la cual se llega después de todos estos análisis es precisamente que esto no corresponde a gobiernos particulares, limitados, sino que en la misma estructura del Estado colombiano se ha ido arraigando una práctica que es estructural.

GB: Desde el 28 de abril de este año asistimos a un estallido social y una brutal represión. ¿Qué elementos de continuidad hay con respecto a las prácticas que identifica el tribunal?

JG: Las audiencias tuvieron lugar en el mes de marzo, y el tribunal pidió un plazo de dos meses para elaborar la sentencia, porque la denuncia abarcaba un período muy extenso. Mientras se elaboraba la sentencia se empezó a dar la movilización del Paro Nacional y la respuesta brutal del Estado. La sentencia alcanza a mencionar eso, porque esa respuesta del Estado se acopla perfectamente a la denuncia de lo que es el genocidio. Es tratar de exterminar, de eliminar a los que tienen una identidad alternativa, lo que llamamos una otredad negativa. Los movimientos contestatarios, de rebeldía, son calificados ordinariamente por el Estado como otro negativo, un otro demoníaco, que hay que exterminar. Ahí está la motivación para responder con una violencia que busca el exterminio de esa otredad. Esa es la característica central del genocidio y se aplica perfectamente en la respuesta a esta movilización de los últimos meses.

GB: ¿Qué peso ha tenido el incumplimiento de los acuerdos de paz de 2016, por ejemplo en lo sucedido en Cali, que casi se ha convertido en la capital de la resistencia durante gran parte del Paro Nacional?

JG: El incumplimiento de los acuerdos de paz es un elemento motivacional de la protesta a nivel nacional, cubre todo el país. Pero la situación de Cali, que es el epicentro de esta protesta, tiene características particulares también. Cali es una de las ciudades donde el neoliberalismo se ha desarrollado más intensamente, donde las multinacionales han tenido un desarrollo muy intenso, con una presencia étnica, sobre todo afrocolombiana, de un alto porcentaje de la población; donde también la población indígena está muy cerca. Y donde ese desprecio por lo étnico en los sectores medios y altos de la sociedad, así como la diferencia de clases se siente más fuertemente. La miseria, las sinsalidas de los sectores más empobrecidos se sienten más fuerte, sobre todo para los jóvenes, que han sido protagonistas de esta movilización. Ellos se definen a sí mismos como “los jóvenes sin futuro”: no han podido tener una educación, un trabajo, un acceso a servicios fundamentales, a alimentación. Ellos mismos dicen que si no estuvieran en las barricadas, no tendrían qué comer. Están gozando de la solidaridad de otros sectores de la sociedad que han alimentado las ollas comunitarias. Esas son características no son ajenas a otras regiones, pero en Cali se concentran.

GB: Hemos visto a al pueblo indígena misak derribando estatuas de colonizadores, a los jóvenes portando en sus pancartas la reivindicación de los falsos positivos… ¿Cuál es la importancia de la memoria y de lo simbólico en todo esto que está sucediendo?

Por una parte, los indígenas y los afrodescendientes, que desde que se conmemoró los 500 años del “encuentro” con los europeos, han venido desarrollando una conciencia progresiva, han ido recuperando en cierta medida su autonomía, y, por lo tanto, una posición crítica frente a la historia. Eso ha desembocado en esa destrucción de estatuas de conquistadores, de opresores de todos estos siglos. Pero también todas estas movilizaciones han ido acompañadas de expresiones culturales, musicales, poéticas, simbólicas, de grafitis y de expresiones muy originales, donde se expresa el rechazo a las instituciones, que es un denominador común en todo este movimiento, que afirma: “ya no creemos en las instituciones porque están completamente corrompidas, hay que cambiarlas”. Eso se ha expresado en las canciones, en las consignas, en las poesías y en los símbolos gráficos que acompañan estas movilizaciones. El aspecto cultural ha sido muy importante. Y esta toma de conciencia histórica viene de atrás, pero se ha intensificado mucho.

¿Considera usted que estamos asistiendo al final del uribismo, de veinte años de embrujo autoritario bajo la sombra de lo que supone Álvaro Uribe Vélez en Colombia?

Lo político tiene a veces desarrollos imprevisibles, pero es un hecho que las encuestas que se han hecho desde hace unos meses muestran un descenso enorme de la popularidad, tanto de Uribe como de Duque. La popularidad del gobierno está por el suelo, en un 20%. Yo creo que eso se va a expresar en las próximas elecciones de mayo de 2022.

¿Una salida electoral es suficiente o abre el camino de solucionar las causas profundas de la violencia estructural del Estado colombiano?

Precisamente ese es un punto central. En este mes va a haber después del 20 de julio una asamblea popular en Cali, con participación de todas las regiones del país. Y uno de los puntos de discusión es precisamente si el camino electoral es viable para los cambios que se están exigiendo. Yo he sostenido que las dos vías que la legalidad actual nos da para un cambio de estructuras que necesita Colombia, que son el aparato electoral y el parlamento, son vías que están completamente putrefactas. No las deberíamos utilizar en este momento, porque allí se concentra la corrupción: tanto en el sistema electoral como en el sistema parlamentario. En las asambleas que se están multiplicando se está debatiendo eso, y vamos a ver qué logra construir la imaginación para una abrir una vía alternativa.

Por Guadalupe Barahona | 02/08/2021

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Perú: miles de campesinos asistieron a la jura simbólica de Pedro Castillo en Ayacucho

Fiesta andina de júbilo y esperanza con la presencia de Alberto Fernández

En su primer día de gobierno, el presidente peruano tuvo una recepción multitudinaria en la región, donde ganó las elecciones con el 82 por ciento de los votos.

 Fue una fiesta popular. Una fiesta andina. Una tarde de entusiasmo, júbilo y esperanza. Miles de campesinos, de pobladores de la región andina de Ayacucho, llegaron hasta la histórica Pampa de la Quinua para la juramentación simbólica de Pedro Castillo. El lugar está a casi una hora en automóvil desde la ciudad de Huamanga, capital de Ayacucho. Miles llegaron en buses o caminando desde Huamanga, desde distintos poblados, desde el campo ayacuchano. En su primer día de gobierno, el presidente peruano tuvo una recepción multitudinaria en esta región, donde ganó las elecciones con el 82 por ciento de los votos. Llegó hasta la inmensa Pampa de la Quinua, rodeada de cerros, en helicóptero desde Huamanga, a donde había viajado en avión desde Lima. Viajó con su esposa, Lilia Paredes. En el viaje, de ida y regreso, lo acompañó el presidente argentino Alberto Fernández. Con ellos también viajaron el actual presidente y el expresidente de Bolivia, Luis Arce y Evo Morales. A ellos se sumó en Ayacucho el mandatario chileno Sebastián Piñera.

Se escogió la Pampa de la Quinua para este juramento simbólico porque en ese lugar se protagonizó en diciembre de 1824 la batalla de Ayacucho que selló la independencia del Perú y de la región. El 28 de julio de 1821, el general José de San Martín proclamó la independencia del Perú, por eso en estos días se celebra el bicentenario de esa independencia, pero la confrontación continuó unos años más hasta que la batalla de Ayacucho puso fin al proceso de independencia. A ese simbolismo histórico, se agregó lo simbólico de esta juramentación frente a miles de campesinos y pobladores andinos, sectores marginados por las élites y base apoyo del nuevo presidente, de origen campesino. Ayacucho, una de las regiones más empobrecidas, fue epicentro de la guerra interna que sacudió al país en los años ochenta y noventa, que dejó cerca de 70 mil muertos, la mayoría campesinos ayacuchanos.

Un santuario

En la Pampa de la Quinua, considerada un santuario, se levanta un obelisco, rodeado por las banderas de los países de América que tuvieron ciudadanos que participaron en la independencia del Perú. Entre ellas está la bandera argentina. Al frente del obelisco hay una gran explanada, donde se levantó el estrado para las autoridades. Muchos quedaron a la espalda del estrado y no podían ver lo que ocurría porque unas telas colocadas para frenar el viento los tapaba. Se comenzó a escuchar “Castillo, el pueblo es primero”. Se detuvo el inicio de la ceremonia y se comenzaron a retirar las telas. El presidente Fernández y Evo colaboraron en esa tarea. Fernández se sentó al lado derecho de Castillo, a su izquierda Arce.

Cuando la ceremonia ya había comenzado, pobladores seguían llegando desde los cerros. La multitud ondeaba banderas peruanas y del Tawantinsuyo, con los colores del arcoíris igual a la wiphala boliviana, que representa el pasado Inca, y levantaban pancartas con los nombres de sus lugares de origen y demandas como el pedido de una nueva Constitución. El acto comenzó con el himno nacional cantado en quechua. Otro gesto de reivindicación de los pueblos originarios, lo que viene marcando el inicio de la gestión presidencial de Castillo. El presidente peruano recibió un varayoc, bastón de mando usado por los pueblos indígenas andinos. Hubo música y bailes andinos.

“En este suelo de Ayacucho se consolidó la independencia del Perú y de América”, comenzó Castillo su breve discurso. “El cielo bajo el cual lucharon y murieron por un sueño es el que hoy nos acompaña. En este día del bicentenario, el Perú rinde homenaje a esos héroes de la libertad americana y declara su voluntad para que el sueño de Bolívar, de San Martín y los próceres perviva en el hoy y en el mañana. Estamos aquí para renovar la promesa de hermandad y desarrollo”, continuó.

“Se viene tiempos nuevos, tiempos mejores si estamos cada día más unidos”, dijo el presidente, ante el entusiasmo de la multitud. “Somos un gran país y lo seremos más si somos capaces de dialogar y construir juntos el camino de paz y prosperidad. Demos la batalla por nuestro país, renovemos en este suelo donde miles murieron por la libertad de un continente la promesa de un país más justo, más digno, más humano. Rompamos juntos las cadenas de la pobreza y del subdesarrollo”, señaló.

La multitud coreaba: “Este es el pueblo, y el pueblo está con Castillo”. El entusiasmo se desbordaba. Castillo dijo que el Perú “es heredero de una historia milenaria, somos el país de todas las razas y todas las sangres”. “Frente a la memoria de los siglos y el recuerdo de la sangre americana que entregaron los héroes de la libertad, convoco a mi pueblo a luchar juntos, unidos como nación para que no haya más sueños postergados. Construyamos juntos el futro”. Ofreció “todo el espacio” en su gobierno a los pueblos originarios. Finalizó haciendo una nueva invocación a la unidad: “Ha llegado el momento de la gran unidad, ya no hay vencidos ni vencedores”.

Uno de los asistentes a esta histórica ceremonia fue el representante del Parlasur, Oscar Laborde, quien fue presidente de la misión de observadores del Mercosur en las elecciones peruanas. “En esta ceremonia en Ayacucho había una gran efervescencia, mucha algarabía. Por los pueblos, calles y plazas que pasamos para llegar hasta la Pampa de la Quinua vimos mucha algarabía en la población, mucho entusiasmo, saludaban y vitoreaban. Lo de Ayacucho ha sido la complementación popular de la ceremonia oficial en el Congreso. Este es un momento histórico, un gran desafío para Castillo. Por la relación que veo entre los presidentes, con los matices y diferencias políticas, creo que hay condiciones para avanzar en una articulación y que Sudamérica se convierta en un actor importante a nivel internacional”, le señaló Laborde a Página/12 luego de la ceremonia en Ayacucho.

Gabinete ministerial

Al cierre del evento la multitud desbordó la seguridad y rodeó a Castillo, que se fue entre aplausos y gritos de respaldo. Al momento del envío de esta nota se preparaba para juramentar su primer gabinete ministerial, encabezado por el congresista Guido Bellido (ver nota aparte). Los nombres de los ministros se mantenían en secreto hasta el minuto final. A los nombres de Pedro Francke en Economía y Hernando Cevallos en Salud, ya adelantados por Página/12 como muy probables ministros, se sumaba como casi seguro ministro de Relaciones Exteriores el exguerrillero Héctor Béjar, de 85 años, que estuvo en las guerrillas de los años sesenta y hoy es un respetado intelectual.  

29/07/2021

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Lunes, 26 Julio 2021 05:42

Claroscuros 2

El multimillonario Jeff Bezos fue noticia la semana pasada por su vuelo turístico al espacio, aunque decenas de miles de personas firmaron una petición para que no se le permitiera regresar a la Tierra. En la imagen, con sus acompañantes. Foto Ap

Borrando historia: En Texas la derecha en el poder no sólo está re-escribiendo la historia, la está borrando. Después de promulgar leyes que obligan a los maestros a evitar enseñanza crítica de la esclavitud y el racismo y sólo calificarlos de desviaciones del proyecto noble de esta nación, los legisladores del estado ahora están intentando eliminar menciones de varias figuras históricas y documentos relacionados con las luchas de derechos civiles, incluyendo aspectos de la historia indígena, el trabajo de Cesar Chavez, movimiento chicano, la figura más importante de la lucha por el voto de las mujeres y textos de Martin Luther King, Jr, y Frederick Douglass. A principios de mes, una presentación de un libro en un museo estatal sobre el papel de la esclavitud en la historia de El Alamo fue cancelada súbitamente por líderes republicanos, incluido el subgobernador, en Texas

Diferentes órbitas: el vuelo del segundo astronauta multimillonario, Jeff Bezos, se colocó entre las noticias principales del país la semana pasada. No todos estaban fascinados. Algunos señalaron que los casi 6 mil millones de dólares que ha costado montar el proyecto espacial personal podría haber pagado por 2 mil millones de dosis de vacuna anti-Covid que se necesitan por todo el mundo. Decenas de miles firmaron una petición para que no se le permitiera regresar a la Tierra, y los organizadores que están intentando sindicalizar la empresa de Bezos, Amazon, para mejorar condiciones deplorables no felicitaron a su patrón. Que tal si aplaudimos a los migrantes por arriesgar sus vidas y sacrificar su bienestar para contribuir a nuestro país de la misma manera que aplaudimos a multimillonarios por lanzarse al espacio, opinó el analista y ex secretario de Trabajo Robert Reich.

Revelando la verdad sin saberlo: en el gran debate sobre si las protestas en Cuba fueron de alguna manera promovidas por Washington, el diputado republicano de más alto rango en el Comité de Asuntos Exteriores, Michael McCaul, sin querer tal vez lo comprobó. Celebró que los “cubanos valientes se han despertado… y están protestando la dictadura ondeando el símbolo más grande de la libertad conocido al hombre: la bandera estadunidense”.

Triunfo indígena: después de décadas de lucha contra nombres y símbolos racistas, el equipo de beisbol de las grandes ligas los Indios de Cleveland anunció que cambiará su nombre, que ha llevado desde 1915, y que a partir de 2022 serán los Guardianes, decisión celebrada por diversos líderes indígenas. El año pasado, el equipo de futbol americano profesional los Pieles Rojas hizo lo mismo (aún no anuncian su nuevo nombre, son conocidos por ahora como Equipo de Futbol de Washington). Trump calificó la decisión de desgracia y aseguró que los que están más enojados con esto son los muchos indios de nuestro país, y que todo esto es culpa de “un pequeño grupo de gente… que están forzando estos cambios para destruir nuestra cultura y legado”.

La historia presente: El gobierno de Biden anunció que prohibirá el ingreso a Estados Unidos del ex presidente Porfirio Lobo de Honduras por corrupción y colusión con el narco. Lobo fue electo después del golpe de Estado contra Manuel Zelaya en 2009 apoyado por la entonces secretaria de Estado Hillary Clinton en el gobierno de Barack Obama. Poco antes de una reunión con Lobo en 2011 en la Casa Blanca, Obama declaró que “por el fuerte compromiso a la democracia y liderazgo por el presidente Lobo, estamos viendo una restauración de prácticas democráticas y un compromiso a la reconciliación…”. ¿Aún están buscando atender los problemas de fondo de la migración desde Centroamérica a Estados Unidos?

Historias de oposición: el pasado 23 de julio fue aniversario de cuando el autor y filósofo Henry David Thoreau fue encarcelado en 1846 por rehusar pagar un impuesto en protesta por la guerra de Estados Unidos contra México. Se dice (aunque no está corroborado) que cuando su amigo, el escritor Ralph Waldo Emerson, fue a visitarlo y le preguntó ¿Henry, qué haces aquí en la carcel?, Thoreau le respondió ¿y tú por qué no estás aquí dentro conmigo?

Queen y David Bowie. Under Pressure. https://www.youtube.com/watch?v=YoDh_gHDvkk

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Los 88 años de Costa-Gavras no se reflejan en la intensidad de las expresiones.

 

El director franco-griego presenta "A puertas cerradas", su film más reciente

La nueva película del director de "Z" es una exploración ficcional de los desafíos del gobierno de Alexis Tsipras, presidente de Grecia electo en 2015, en plena crisis económica. El punto de vista es el de su ministro de finanzas, Yanis Varoufakis. 

 “Buenas tardes. Para vos es la tarde, ¿no?”. El acento de la voz en el teléfono es particular, como si un extranjero en España se animara a imitar el voceo rioplatense. La conversación con Página/12 alternará el español y el inglés, dependiendo de la complejidad de los conceptos a expresar. El cineasta franco-griego Costa-Gavras, políglota y cosmopolita, cuyos 88 años no se reflejan en la intensidad de las expresiones y la jovialidad del tono, está en la ciudad de Cannes disfrutando del festival de cine de esa ciudad, y acaba de ver un discurso en vivo del presidente Emmanuel Macron. Cine y política, un combo inseparable a lo largo de su filmografía. Entre-nous, el festival de cine francés que continúa hasta el próximo miércoles 21 en formato presencial y online, está ofreciendo como parte de la programación su último largometraje, A puertas cerradas, una exploración ficcional de los desafíos del gobierno de Alexis Tsipras, presidente de Grecia electo en 2015, en plena crisis económica. El punto de vista excluyente es el de su ministro de finanzas, Yanis Varoufakis, interpretado por el actor Christos Loulis, a quien el film sigue en infinitas reuniones con enviados de la Unión Europea, el FMI y los bancos internacionales, en un intento desesperado por salvar a su país del desastre social.

Nacido en Atenas en febrero de 1933 como Konstantinos Gavras, Costa-Gavras –su nom de plume, que muchos aún confunden con un apellido compuesto–, comenzó a trabajar en el seno de la industria del cine francés luego de recibirse en el parisino IDHEC (Institut des hautes études cinématographiques). Como asistente de dirección de cineastas como René Clair, Henri Verneuil, René Clement y Jacques Demy a comienzos de los años 60, el joven aspirante a director se forjó un nombre como mano derecha profesional, confiable y creativa, entrando en contacto además con una importante cantidad de estrellas de la pantalla gala, que luego aportarían su talento en Crimen en el coche cama (1965), su ópera prima. Basado en la novela del escritor Sébastien Japrisot, Costa-Gavras escribió una primera versión de ese guion en soledad, sin poseer los derechos de adaptación al cine, que luego fueron adquiridos por el productor Julien Derode. Protagonizado por Simone Signoret, su hija Catherine Allégret, Michel Piccoli, Yves Montand, Jean-Louis Trintignant y Jacques Perrin, además de participaciones breves pero jugosas de figuras de la talla de Bernadette Lafont, Compartiment tueurs es un policial whodunit (la identidad del asesino sólo se conoce en el final) que parte de un misterioso homicidio en un tren de larga distancia y que bien podría definirse como un proto giallo.

“En cierto modo, lo que intenté probar con Crimen en el coche cama es que podía hacer una película. Y, al mismo tiempo, hacer algo diferente a lo que se producía en aquella época en Francia, particularmente los colegas de mi generación”. En cuanto al nutrido reparto, Costa-Gavras recuerda que “los conocía por mi trabajo como asistente y al preguntarles si deseaban participar la mayoría aceptó. Incluso algunos de ellos tienen roles muy pequeños. Debe haberse corrido la voz de que la historia era interesante”. Si se tiene en cuenta la temática de sus films más conocidos, no resulta sencillo definir ese debut como un film político. “Pero de alguna manera lo es: intenté hablar de la gente que mata por dinero. Esas también son personas a las que no les interesa la sociedad (risas). Sólo les preocupan sus propios problemas”. Luego de un segundo largometraje hoy algo olvidado, Un homme de trop (1967), la consagración internacional llegaría con Z (1969), el primero en una serie de thrillers políticos que tendrían en La confesión (1970), Estado de sitio (1972) y Desaparecido (1982) sus descendientes más potentes. En más de un sentido, esos son los films que cimentaron las claves de toda su obra creativa.

En su largometraje más reciente, Costa-Gavras vuelve a reflejar el estado de las cosas en su país natal. Aunque ahora el trasfondo no es ahora la inestabilidad política previa a la Dictadura de los coroneles descripta indirectamente en la novela Z de Vassilis Vassilikos, origen de la adaptación cinematográfica, sino la Grecia del siglo XXI, rotundo ejemplo del fracaso de las medidas de austeridad impuestas por los organismos internacionales. Basada en el libro Comportarse como adultos: mi batalla con el establishment europeo, escrito por el propio Varoufakis luego de dimitir como ministro, A puertas cerradas conjuga la sátira con los mecanismos del cine de suspenso político. “Es una película sobre las reuniones en Europa, en teoría muy serias e importantes, durante las cuales se tomaron muchas decisiones. Pero nunca sabremos bien cuáles fueron esas decisiones. Toda esa gente habla en nombre de los europeos y hay algo allí que podría definirse con la frase ‘somos serios, pero no tan serios’. Por eso intenté que hubiera un sentido de ironía presente durante la mayor parte del tiempo. Era importante mantener cierta distancia con la realidad de esas reuniones, que en el fondo no son otra cosa que una realidad falsa”.

-Precisamente, los espectadores que vieron sus películas más reconocidas en los años 70 y 80 seguramente lo recuerdan como un cineasta serio, pero A puertas cerradas tiene un tono diferente, muy irónico, incluso poco naturalista en varios momentos.

-Tuve presente todos los elementos de esas discusiones y la mayoría de los presentes no eran grandes especialistas, a pesar de haber sido presentados de esa manera. Lo importante era estar cerca de la realidad de lo que dicen y hacen los personajes.

-¿Qué cosas han cambiado en Grecia entre los tiempos de Z y los de A puertas cerradas?

-Es un país diferente, con una población diferente, más joven. También es un país con menos esperanza que el de los años 60. En aquella época había mucha esperanza, aunque todo fuera muy traumático. Ahora no se sabe hacia dónde están yendo las cosas, hay una suerte de posición negativa sobre todo: la política, la pertenencia a Europa, etcétera. Aunque la mayoría de los griegos desean permanecer en Europa. Por otro lado, la situación económica es muy dramática. No tanto como en el período que describe el film, pero aun así es preocupante.

-En varios momentos de su carrera la recepción política de algunas de sus películas ha sido muy diversa. Tal vez el mejor ejemplo de ello sea La confesión, que fue incomprendida y atacada tanto desde la derecha como por la izquierda. ¿Cómo fue recibida A puertas cerradas?

-Fue algo especial. Por ejemplo, en Francia algunos socialistas que vieron la película no fueron tan positivos, incluso en varios casos la recepción fue negativa. Todo depende del partido y de la ideología del periodista. En Grecia fue diferente: hubo algunas posiciones muy negativas y también todo lo contrario. Pero allí es muy particular la situación, porque todos vivieron estos hechos y cada habitante tiene en la cabeza su propia película. Así que hubo respuestas muy entusiastas y otras no tanto. Políticamente, la película no tiene una postura subrayada, no toma partido por Varoufakis o por aquellos en el gabinete que tenían otras ideas, sino que trata de estar cerca de la realidad, de lo que le ocurrió a la gente. Intenté hacer la película con dos cosas en la cabeza: la situación de los europeos en general y la de los griegos en particular. Han pasado diez años desde los momentos más dramáticos a nivel económico y muchos han hecho dinero gracias a ese período trágico. Es muy fácil hacer dinero cuando hay gente que está vendiendo todo lo que tiene para sobrevivir.

-El título internacional en inglés del film es Adults in the Room (“Adultos en la habitación”), el mismo título del libro de Yanis Varoufakis, que suena un poco más irónico que el español A puertas cerradas.

-Es posible. Sin embargo, el título en español está cerca de la realidad, porque dentro de esos lugares la gente puede decir cualquier cosa y luego salir y decir todo lo contrario. “A puertas cerradas” quiere decir que no se sabe lo que pasa adentro. De hecho, no se sabe exactamente qué se decía en esas reuniones, porque no se tomaban notas precisas.

-El reparto de la película está conformado por actores de diversos orígenes –griego, francés, alemán– y se escuchan muchos idiomas, no solamente el griego. Valeria Golino, actriz políglota nacida en Italia, de padre italiano y madre griega, tiene un rol secundario importante y habla perfecto griego. ¿Cómo fue el proceso de casting?

-Para poder encontrar dinero y financiar el film era importante tener actores reconocidos, y varios de ellos estaban listos para hacer la película… pero si la filmábamos en inglés. Y eso me parecía completamente ridículo, así que la decisión fue la de tener, en los papeles centrales, actores griegos para los personajes de ese origen, y actores de diversos países que representaran el origen de los personajes. Hay alemanes, italianos, españoles, y cada uno de ellos proviene de su país. Fue muy importante para mí, porque si bien en ciertos momentos hablan inglés, cada uno tiene su propio acento.

-¿Siente que es más sencillo o difícil hacer películas hoy cuando lo compara con los años 70? En particular cuando hablamos de películas que podrían definirse como thrillers políticos, aunque muchos espectadores sigan pensando en el concepto “cine de denuncia”.

-Siempre digo que no hago películas políticas. Yo hago películas sobre la gente, sobre lo que le ocurre a la gente bajo el poder. Y sobre cómo alguna gente utiliza ese poder. Pero todo es político, esta discusión que estamos teniendo es política, en cierto sentido. Todas las películas, desde el nacimiento del cine, desde Georges Méliès, son políticas, porque hablan sobre la gente. Todo film puede ser analizado políticamente. No hay ninguna duda sobre eso. Tampoco me gusta decir que tengo una “carrera”. Eso es para los militares y los políticos. Simplemente hago películas. En cuanto a las dificultades para hacer cine… hoy es más difícil, sin duda. Sobre todo cuando se quiere producir películas que hablan sobre las dificultades de la sociedad. La razón es que la gente que financia el cine hoy en día son las plataformas o la televisión, al menos en Europa, y esa gente lo que quiere es películas donde todo el mundo sea feliz, para poder venderlas fácilmente. Y la mayoría de ellos, sobre todo en las plataformas, no posee un programa cultural, sino simplemente un plan económico. Al mismo tiempo, creo que hoy muchos directores, mucho más que antes, quieren hablar de la sociedad, de cómo vive la gente en una sociedad que ha cambiado drásticamente y en la cual la religión es el dinero.

-Sigue existiendo esa falsa dicotomía entre el cine de entretenimiento y un cine supuestamente serio…

-No debería. Creo que una película, además de ser política, es un espectáculo. La gente va al cine a ver un espectáculo, no a escuchar un discurso político o académico. Van al cine a pasar dos horas sintiendo cosas: a llorar, a reír, a odiar. Todo eso que forma parte de la vida. No se trata de entenderlo como entertainment, como dicen los estadounidenses, sino como espectáculo: un drama o una comedia que hablan de la vida.

-Estado de sitio transcurría en Uruguay en el período de mayor actividad del Movimiento de Liberación Nacional. Desaparecido, en tanto, narraba hechos ocurridos poco después del golpe de Pinochet. ¿Sigue interesando en la coyuntura latinoamericana? ¿Se imagina filmando una película nuevamente en el continente?

-Sigo interesado, desde luego. Pero ustedes tienen realizadores extraordinarios en Argentina. Por supuesto que me gustaría encontrar una historia que me interesara directamente, pero al mismo tiempo hay tantas cosas ocurriendo en Europa… Y además, no es necesario mentir: a mi edad es muy difícil encarar ese tipo de producciones.

20 de julio de 2021

Publicado enCultura
XIX Congreso del Partido Comunista Chino. Xinhua/Ju Peng

El 1 de julio de 2021 marca el primer centenario del PCC, una de las organizaciones más importantes de nuestro tiempo. Al reflexionar sobre el significado de este centenario, lo primero que se me ocurrió es que el presente altera el significado del pasado. Antes de 1991, cuando se produjo el colapso del Estado soviético, yo habría apostado sin pensarlo dos veces que el acontecimiento más importante del siglo xx fue la Revolución Rusa de 1917. Ahora, debido a la despiadada intolerancia de la historia con los experimentos fallidos, aparece la Revolución China como el hecho más destacado del siglo pasado, y su consecuencia paradójica ‒el ascenso de China al centro de la acumulación capitalista global‒ constituye muy probablemente el fenómeno más significativo también del siglo actual.

De la liberación nacional a la Revolución Cultural

In 1949, China logró dejar atrás el largo siglo de vergüenza que había comenzado con su derrota en la primera Guerra del Opio de 1839 a 1842, que concluyó con la cesión de Hong Kong al imperio británico. En las décadas siguientes, la China imperial colapsó, el país se sumió en una profunda crisis social y espiritual y en una desgarradora guerra civil entre un gobierno nacionalista corrupto y débil y un partido comunista revolucionario puritano, dirigido por Mao Zedong.

Otros países habrían experimentado una consolidación posrevolucionaria después de 1949, pero no así China. Revolucionario incansable, Mao llevó al país al desastroso Gran Salto Adelante de 1958 a 1962, y después, tras una breve pausa, a los diez años de Revolución Cultural, en la que llamó a la juventud a declarar la guerra a sus mayores y a todo lo antiguo y tradicional. Incluso los empujó a “bombardear las sedes”, es decir, al Partido Comunista, mientras el Ejército de Liberación Popular controlaba los contornos del campo de batalla. A comienzos de la década de 1970, China estaba exhausta. O quizá sería mejor decir que Mao había dejado exhausta a China.

El llamado milagro asiático se desarrollaba junto a las fronteras orientales de China ‒en Japón, Corea y Taiwán‒, pero como escribieron Roderick MacFarquhar y Michael Schoenhals en 2009, “la propia China se halla ahora tumbada con brazos y piernas abiertas, esta vez por obra de ella misma, no debido a una invasión extranjera o una guerra civil convencional”. Para Deng Xiaoping y otros supervivientes del bombardeo de las sedes maoísta, el mensaje estaba claro, como escribió MacFarquhar en 2010:

Tenían que embarcarse en una política de rápido crecimiento económico para recuperar el tiempo perdido y la legitimidad del poder del PCC. Tenían que abandonar el utopismo maoísta y construir la nación fuerte y próspera con la que habían soñado cuando se unieron al naciente PCC en la década de 1920. De lo contrario, puede que el propio PCC no durara. De este modo, la práctica, no la ideología ‒no el marxismo-leninismo, no el pensamiento Mao Zedong‒ pasó a ser el único criterio de la verdad. Si funcionaba, se conseguiría.

Nación y clase siempre han tenido una difícil coexistencia en el comunismo chino. Reconciliadas durante el combate por liberar al país del imperialismo, el conflicto de clase tomó la delantera durante la Revolución Cultural. Sin embargo, muerto Mao y con Deng al mando, el acento se desplazó decisivamente a la solidaridad nacional a finales de la década de 1970, cuando se proclamó la “modernización nacional” como nuevo objetivo de China. Sin embargo, este propósito colectivo de lograr la prosperidad común mediante el rápido crecimiento económico no pasaba por sumergir al individuo en la empresa cooperativa de las masas virtuosas, sino por activar el espíritu latente de la competencia que las dividía.

Del socialismo al capitalismo

Deng no dijo, como se piensa comúnmente, que “enriquecerse es glorioso”. Pero comoquiera que expresara la nueva perspectiva, se situaba claramente en la tradición de Adam Smith, quien dijo que el bien común se lograría, paradójicamente, mediante la competencia entre individuos. Sin embargo, había una diferencia, y no menor: mientras que Smith dijo que un Estado reducido a su mínima expresión, un Estado vigilante nocturno, sería lo que más favorecería la competencia y el logro del bien común, Deng y el PCC pensaron que hacía falta un Estado fuerte, capaz de controlar los contornos de la batalla, como hizo el Ejército de Liberación Popular durante la Revolución Cultural, para conseguir el bienestar común en una sociedad en que la competencia también desataría la corrupción y en un mundo que seguía estando dominado por las depredadoras sociedades capitalistas occidentales.

Era una diferencia importante que marcaría los contornos de la tercera revolución china desde la fundación del Partido Comunista en 1921: la vertiginosas transformación capitalista del país. La revolución socialista de Mao se fue apagando, pero había creado el Estado que hizo posible el éxito de la revolución capitalista. Porque con este Estado, su sucesor Deng se sintió empoderado para cerrar un pacto con el diablo. El pacto fue que a cambio del desarrollo general del país sobre una base capitalista, el PCC ofrecería la fuerza de trabajo de China para su sobreexplotación por las empresas multinacionales estadounidenses. Este Estado poderoso, no obstante, aseguraría que el ímpetu del capitalismo generado por el pacto se doblegaría a favor de China, y no de las empresas multinacionales. Y este Estado, en virtud de sus orígenes revolucionarios, era mucho más fuerte que los míticos Estados desarrollistas de Japón y Corea del Sur, que habían impulsado las milagrosas economías asiáticas.

Al cabo de 40 años, Deng y sus sucesores han hecho sin duda un buen negocio a costa del diablo capitalista occidental. Es cierto que ha habido costes, en absoluto insignificantes. La desigualdad de rentas en China se aproxima a la de Estados Unidos. Las crisis medioambientales van en aumento. La parte occidental de China se ha quedado rezagada con respecto a las regiones costeras. El impulso a favor de la igualdad de género ha perdido fuerza. Los derechos democráticos han quedado supeditados a la estabilidad del Estado.

Sin embargo, no hay nada más exitoso que el propio éxito, como probablemente se habrá percatado el nonagenario Mijaíl Gorbachov con amargura, completamente olvidado ahora en su país, mientras que Deng asciende a los altares en el suyo. China se ha convertido en el centro de la acumulación capitalista mundial ‒o, según la metáfora popular, en la locomotora de la economía mundial‒, acaparando el 28 % del crecimiento económico mundial en el quinquenio que va de 2013 a 2018, más del doble de la cuota de EE UU, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. En este proceso, más de 800 millones de personas han salido de la pobreza, según el Banco Mundial, si bien la afirmación de Pekín de que ha “acabado con la pobreza extrema” se contempla con cierto escepticismo.

Pese a las numerosas protestas sobre el terreno ‒a menudo toleradas y no reprimidas‒ y al distanciamiento con respecto a las autoridades que se pone de manifiesto ampliamente en internet, no existe ninguna amenaza sistémica para el PCC. Puede que el miedo a la represión influya en ello, pero mucho más significativo es un fenómeno más mundano. Como lo expresa un economista occidental, “durante la mayor parte de las últimas tres décadas, todos los botes han ascendido, y la mayor parte de la gente presta más atención a su propio bote que a los botes que han subido más… En suma, parecen haber interiorizado el lema de Deng Xiaoping del comienzo de la reforma de que ‘habrá que aceptar que algunas personas y algunas regiones prosperen antes que otras’”.

¿China como modelo?

Tras una visita a la joven Unión Soviética en la década de 1930, el periodista estadounidense Lincoln Steffens escribió aquello de que “he visto el futuro y funciona”. De un modo similar, el sorprendente éxito de China ha cautivado a muchas personas de fuera de China. Una de las más hipnotizadas es el profesor de economía de la Universidad de Columbia Jeffrey Sachs. Este ha dado un giro de 180 grados con respecto a su primera época como campeón del Consenso de Washington por el libre mercado en las décadas de 1980 y 1990. En una reciente conversación con funcionarios de Naciones Unidas, Sachs afirmó que “China muestra cómo es posible llevar a cabo profundas transformaciones a favor del bienestar en un breve espacio de tiempo”.

Sachs, quien ha sido acusado por algunos de sus colegas de ser “vocero de Xi Jinping”, no es más que uno entre numerosos economistas occidentales liberales y progresistas que han perdido toda esperanza de que la economía de EE UU, arruinada por las políticas neoliberales que han favorecido la desindustrialización, la especulación financiera descontrolada y una desigualdad espectacular (con un 50 % de la población que tiene acceso a tan solo el 12 % de la riqueza), tenga mucho que ofrecer al Sur global. China, en cambio, se considera la nueva estrella del Norte, el país más capacitado para asumir el liderazgo mundial de una estrategia que Sachs denomina “desarrollo sostenible”.

Sin embargo, China no es abanderada del “desarrollo sostenible” de Sachs ni ha promovido lo que algunos economistas occidentales ilusos consideran la respuesta de China al Consenso de Washington neoliberal: el llamado Consenso de Pekín. En cuanto a lo que tiene que ofrecer al mundo, China ha salido al paso diciendo que no prescribe un modelo para otros países. En efecto, siempre ha insistido en afirmar que lo que Deng Xiaoping llamó “socialismo con características chinas” es un sistema capitalista dirigido por el Estado, específico de China y probablemente intransferible.

En cambio, lo que quiere el heredero de Deng, Xi Jinping, es que China sea reconocida como líder de la globalización en su última fase de conectividad, o la interconexión completa de vastas zonas del planeta mediante infraestructuras físicas, económicas y digitales. Concebida originalmente como un medio que permitiera a China reducir la capacidad excedentaria que estaba mermando la rentabilidad de su industria, la tan cacareada Nueva Ruta de la Seda (NRS) ha pasado a ser el buque insignia de Pekín en su proyecto de conectividad, destinado a lograr la compresión, en términos de tiempo y espacio, de la masa terrestre eurasiática, africana y latinoamericana, mediante una red de instalaciones físicas y digitales.

En lo tocante a los compromisos financieros reales y futuros en forma de ayuda al desarrollo o de acuerdos comerciales más directos, Pekin ya ha reservado, según algunas estimaciones, hasta 3 a 4 billones de dólares actualmente ‒cuando originalmente Xi había comprometido 1 billón‒ para proyectos de la NRS, destinándose la parte principal a países en vías de desarrollo. En efecto, la NRS puede concebirse como un colosal proyecto de ayuda exterior al Sur global que es sumamente competitivo con la ayuda bilateral y multilateral prestada por Occidente, sujeta a condicionalidades neoliberales y de respeto de los derechos humanos.

Grupo de los Siete a punto de desmoronarse

La disparidad entre el poder blando de EE UU y de China se vio claramente durante la reciente cumbre del G7 en Cornualles, Reino Unido, y los días inmediatamente posteriores. El presidente estadounidense, Joe Biden, hizo todo lo que pudo por recrear la antigua alianza occidental tras la acción destructiva de Donald Trump, invocando una lucha entre la “democracia occidental” y la “China autoritaria”. El suspiro de alivio post-Trump se palpaba en el ambiente, pero la retórica del G7 escamoteaba duras realidades. Los aliados de Washington sabían que Biden se enfrenta a una guerra civil larvada en casa, donde el Partido Republicano supremacista blanco, liderado por Trump, trata activamente de desestabilizarlo. Los gobiernos europeos sabían que la propia Unión Europea se halla inmersa en una crisis muy real, con a salida del Reino Unido. El Japón expansivo de las décadas de 1970 y 1980 ahora es el pequeño Japón de la de 2020, que no ha logrado zafarse de sus más de 30 años de estancamiento económico.

La asociación B3W (Better World Partnership), concebida para contrarrestar la NRS y anunciada a bombo y platillo, es una iniciativa puramente reactiva, con programas puramente reactivos reunidos a toda prisa, con escasa intención de darles una continuidad real. El problema principal, desde luego, es el dinero. Y con todos esos países sumidos en sendas crisis fiscales y de endeudamiento, con la posible excepción de Alemania, ¿de dónde sacarán los gobiernos occidentales los billones de dólares que harían falta para contrarrestar los 4 billones que se calcula que piensa invertir China actualmente y en el futuro en proyectos de la NRS? Washington, de momento, ya ha prometido 250.000 millones de dólares, que por otro lado podrían reservarse para su harapiento programa de ayuda bilateral a favor del nuevo proyecto industrial de alta tecnología, centrado en EE UU, aprobado por el Senado y pendiente de aprobación segura en la Cámara de Representantes.

El caso es que por mucho que proclamen retóricamente la B3W, la mayoría de los países del G7, con la excepción de Japón y EE UU, han aceptado participar en el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), liderado por China, a pesar de los esfuerzos del gobierno de Obama por disuadirles hace unos años. Estos gobiernos saben muy bien dónde están sus intereses. Al tiempo que son conscientes de que la retórica sale barata, especialmente la destinada a tener contento a Washington. No es extraño que Pekín apenas pudo ocultar su desdén por el espectáculo insulso cuando calificó el número zalamero del G7 en Cornualles de manifestación de una “política de poca monta”.

Consejos a China

Pero tengo algunos consejos urgentes que dar a Pekín.

Un primer consejo tiene que ver con la famosa NRS. Los proyectos de la NRS deberían concebirse de manera que fueran más compatibles con el medio ambiente y el clima y más ajustados a las necesidades de la gente, en vez de ser lo que Arundhati Roy ha llamado proyectos “ciclópeos” de arriba abajo, reminiscencias de mediados del siglo xx. Asimismo, el compromiso de China de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero debería ser más radical en alcance y ritmo de aplicación, como se exige de la potencia que actualmente emite más gases de invernadero que cualquier otra.

Por otro lado, Pekín debería poner fin a la práctica de enviar a miles de trabajadores chinos a trabajar en proyectos que financia en África y otras partes y contratar y formar aceleradamente a más mano de obra local. Además, China debería dejar de apropiarse de formaciones marítimas como el arrecife Mischief y el atolón de Scarborough, que pertenecen a la zona económica exclusiva de Filipinas, y de insistir en la estrafalaria afirmación de que el 90 % del mar de China Meridional le pertenece. Estas acciones son ilegales e injustificables, por muy comprensibles que resulten como medidas defensivas estratégicas frente a la amenaza militar muy real que comporta la presencia dominante de la viiª flota de EE UU en el mar de China Meridional y el mar de Filipinas. En su lugar, debería colaborar con la ASEAN con vistas a establecer un tratado de desmilitarización del mar en cuestión y disipar la amenaza estadounidense.

Finalmente, Pekín tiene que poner fin a la asimilación cultural forzosa de la población uigur en Xinjiang. Y aunque Hong Kong y Taiwán forman parte indiscutiblemente de China ‒un hecho que no cuestiona la comunidad internacional, dicho sea de paso‒, tiene que respetar el derecho de las poblaciones de estos territorios a participar en la decisión de cómo han de gobernarse, especialmente dadas la cuestiones inevitables de identidad nacional generadas por su prolongada separación del resto del país por obra del colonialismo.

Por tanto, China tiene problemas reales, tanto internos como en algunas de sus relaciones con el Sur global. Sin embargo, a fin de cuentas el ascenso de Pekín ha favorecido ampliamente a la mayor parte del mundo. Se ha convertido en una fuerza económica mundial que refuerza las economías de países más pequeños, y lo ha logrado empleando una porción muy pequeña, o incluso nula, de la fuerza y violencia que marcó el ascenso a la hegemonía de Occidente. Ha proporcionado a los países del Sur global oportunidades alternativas de obtener ayuda y financiación, lo que ha contribuido a que dependan mucho menos de EE UU y del resto de Occidente.

Pero más allá de esto, ha dado una lección inspiradora a muchos países: que con tesón, coraje y organización es posible no solo quebrar la dominación occidental, sino utilizar a Occidente para lograr la resurrección nacional. En perspectiva, el ascenso de China no es sino la última fase de la lucha sesquicentenaria del Sur global contra la colonización, para deshacerse del yugo de la hegemonía capitalista occidental que sufre desde hace 500 años.

¿Peligro en cierne?

Pero templemos nuestro optimismo, sobre todo por el hecho de que los poderes hegemónicos como EE UU suelen volverse todavía más agresivos cuando están en declive. EE UU es absolutamente superior a China en cuanto a su capacidad bélica, ya que China ha decidido dedicar la mayor parte de sus recursos económicos disponibles a sus prioridades económicas y la diplomacia económica. La enorme diferencia en este terreno crea una situación sumamente peligrosa, ya que Washington se sentirá tentado de compensar su rápido declive económico con nuevas aventuras militares, esta vez no en Oriente Medio, donde sus tropas siguen atrapadas en combates que no se pueden ganar, sino frente a China.

De ahí que la situación en el mar de China Meridional sea tan volátil. En una región en que no hay reglas de juego, salvo un equilibrio de fuerzas inestable, no es descabellado pensar que una simple colisión naval entre dos flotas que juegan al ratón y al gato entre ellas, como por lo visto hacen a menudo las fuerzas estadounidenses y chinas, podría desencadenar fácilmente una guerra convencional.

¿Somos demasiado alarmistas al calibrar los peligros de la absoluta superioridad militar de Washington? EE UU ha sido probablemente el país más belicoso del mundo en los últimos 245 años, expandiéndose constantemente y apoderándose de territorios mediante aventuras militares en sus primeros 150 años, y después utilizando la fuerza militar para alcanzar y mantener la hegemonía militar durante los siguientes cien años. Ha habido pocos periodos en que este país no ha estado en guerra. En efecto, la nación estadounidense ha estado combatiendo continuamente a lo largo de los últimos 20 años en Afganistán, y desde luego no es seguro que el poderoso grupo de presión de la guerra contra el terrorismo vaya a permitir al presidente Biden culminar su retirada total prevista de este país en septiembre de este año.

Compárese esto con China, que la última vez que desplegó una fuerza de guerra más allá de sus fronteras fue hace más de 40 años, en una operación transfronteriza de castigo a Vietnam que acabó en desastre para el Ejército de Liberación Popular, que Pekín preferiría olvidar. En efecto, el gran temor de los estrategas militares chinos es que sus fuerzas carecen de la experiencia bélica que tienen las de EE UU, un factor que sería crucial en cualquier conflicto. Como discípulos de Clausewitz, el gran teórico de la guerra, los comunistas chinos saben que hay un gran trecho entre prepararse para la guerra y entrar realmente en guerra, y que en este último caso, la experiencia bélica real sería decisiva. En su último libro, Graham Allison, decano del cuerpo de estudios de seguridad de EE UU, se pregunta retóricamente si China y EE UU están “destinados a la guerra”, como dice el título del libro. Lean el libro con atención, y pese a sus periódicas aseveraciones de que se ha escrito para permitir a Pekín y Washington evitar el conflicto, uno no puede evitar la sensación de que esta obra, que es de lectura obligada en [las academias militares de] West Point, Annapolis y Colorado Springs, está pensaba en realidad para exponer varias maneras de contener militarmente a China.

Esto no sorprende a quienes conocen a fondo, desde hace tiempo, la historia belicosa de la sociedad estadounidense, incluso antes de su declaración formal de independencia en 1776. Y no sería extraño que China, que por experiencia ha aprendido a ser muy realista con respecto a las relaciones entre Estados, considere que un golpe preventivo o provocador por parte de Washington no solo es posible, sino más bien probable. Seguramente los líderes del PCC, que ha vivido cien años de crisis y conflictos, no se preguntan si este golpe se producirá, sino cuándo, dónde y cómo.

01/07/2021

https://fpif.org/the-three-revolutions-of-the-chinese-communist-party/

Traducción: viento sur

Por Walden Bello, profesor adjunto de Sociología de la Universidad del Estado de Nueva York en Binghamton y copresidente del Consejo del instituto Focus on the Global South, con sede en Bangkok.

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