Domingo, 28 Febrero 2021 05:15

Lenin aplasta a los marineros de Kronstadt

Marineros de Kronstadt

La de esta legendaria base naval fue la primera y la última rebelión en el seno de la URSS. Sus marineros se alzaron contra los bolcheviques en busca de una república más democrática

 

La pequeña isla de Kotlin, a unos treinta kilómetros de la desembocadura del río Neva, era el escudo marítimo que protegía San Petersburgo desde los tiempos de Pedro el Grande. En Kronstadt, la capital de la isla, se levantó una fortaleza colosal que se iría ampliando hasta configurar una formidable línea defensiva.

En el siglo XIX, Kronstadt pasó a servir de base a la flota rusa del Báltico. Soldados de la guarnición, tripulaciones y obreros con sus familias sumaban cerca de 80.000 almas en vísperas de la Revolución de 1917. Tras la caída del zar, la ciudad hizo suya, como en ningún otro lugar de Rusia, la consigna de Lenin de dar todo el poder a los sóviets.

En Kronstadt, marineros, soldados y trabajadores practicaron una democracia directa a través de pequeñas asambleas (sóviets), sobre las que se construyó la democracia representativa del sóviet de la ciudad.

Todo ello hizo arraigar en el imaginario de sus habitantes la creencia de que la nueva sociedad que surgiera de la revolución adoptaría un modelo similar de autogobierno, plural y radicalmente democrático. Pero no fue exactamente así. Con los bolcheviques en el poder, su régimen se fue alejando del ideal de Kronstadt.

Comunismo de guerra

Después de tres años de contienda mundial y una revolución, Rusia está exangüe y devastada. Lenin y los bolcheviques habían prometido pan, paz y libertad, pero un cruento conflicto civil entre ‘rojos’ y ‘blancos’ han sumido al país en el caos y la misera. El hambre de las ciudades obliga a requisas forzosas en el campo. Y en la poca industria que sobrevive, la disciplina recuerda la brutalidad de otros tiempos. El malestar se traduce en huelgas y revueltas.

A mediados de 1920, cercana la victoria en la guerra civil, se espera que los bolcheviques mejoren las condiciones de vida. La realidad es otra y la agitación se redobla. A inicios de 1921, en Petrogrado, la antigua San Petersburgo y cuna de la revolución, la situación es explosiva.

El detonante es un anuncio funesto. En un país falto de grano por la sequía, la parálisis del transporte, a causa de la escasez de petróleo y las nevadas extremas, obliga al gobierno a reducir la ración de pan. En Petrogrado, en pleno invierno y sin combustible, la perspectiva del hambre echa la población a las calles. El temor a que todo se desborde conduce a las autoridades de Petrogrado a tímidas concesiones, pero para entonces los ecos de lo sucedido han llegado a la vecina Kronstadt.

Kronstadt la Roja

Los marineros de Kronstadt han sido desde el principio el baluarte más firme y leal a la revolución. Pero, acabada la guerra civil, a las deplorables condiciones de vida en la base se añade un hondo malestar político. La marinería rechaza el monopolio del poder de los bolcheviques, la obediencia sumisa a la que han reducido a los sóviets y sus formas autoritarias de gestión.

Las noticias sobre las huelgas de Petrogrado inflaman todavía más los ánimos en la base naval, y el falso rumor de un baño de sangre durante la represión de las protestas empuja a los marineros a reclamar al gobierno reformas de calado. El 28 de febrero, en una asamblea febril, redactan una resolución con quince exigencias. Incluyen elecciones libres a los sóviets, la restitución de libertades civiles, libertad de comercio y la liberación de los presos socialistas y anarquistas.

La sublevación

Moscú no va a atender ninguna de las exigencias. El 1 de marzo, más de 15.000 marineros, soldados y trabajadores abarrotan la plaza del Ancla en Kronstadt. Aguardan expectantes la intervención de Mijaíl Kalinin. Como presidente del Comité Ejecutivo Central Panruso, es el jefe del Estado.

La multitud espera palabras conciliadoras que inviten a negociar con el gobierno. Pero Kalinin la enfurece con acusaciones de chantaje y traición y amenazas que suenan a ultimátum. Un griterío ahoga su arenga hasta que se da por vencido y abandona la tribuna. La asamblea, en cólera, ratifica por abrumadora mayoría las quince exigencias formuladas el día anterior.

Al día siguiente, otro falso rumor, el de un inminente ataque sobre Kronstadt, precipita la creación de un comité revolucionario, que ordena tomar los puntos estratégicos de la ciudad. A medianoche, la base naval está en poder de los marineros. Todos los buques, fuertes y baterías también reconocen su autoridad. Kronstadt se acaba de sublevar.

Los insurrectos envían emisarios al continente para propagar la noticia. Confían en levantar a la población. Contra el parecer de los asesores militares, partidarios de tomar la iniciativa y alentar la sublevación en Petrogrado con una ofensiva sobre la ciudad, los marineros deciden aguardar parapetados en la fortaleza. Desoyen también el consejo de romper el hielo que circunda la isla y la conecta al continente para crear un foso acuático que la proteja de asaltos. Dos errores estratégicos que van a decidir el desenlace.

Que la principal base de la armada soviética esté en manos rebeldes es una baza que cualquier enemigo querría aprovechar. Y si algo le sobran a la Rusia comunista son enemigos. La Polonia del mariscal Pilsudszki, con quien Moscú aún no ha firmado la paz, o la Guardia Blanca, con fuerzas dispersas todavía por el país, podrían reanudar su lucha. Lenin teme un escenario peor: que ambas amenazas confluyan en una intervención extranjera que haga de Kronstadt su ariete y arrastre el país a otra guerra.

La tragedia

Moscú ha decidido liquidar la rebelión por la fuerza, pero antes debe aislar a los sublevados. La propaganda elabora el relato que justifique un ataque contra los hombres que hasta entonces eran el máximo símbolo de la revolución. Aunque no exista relación alguna entre ellos y el exilio antibolchevique que celebra su alzamiento, la campaña los acusa de servir a la Guardia Blanca.

En esos días, todos los ojos están puestos en la inmensa alfombra de hielo que se extiende desde las riberas de Petrogrado hasta Kotlin. A finales de marzo comenzará el deshielo en el golfo de Finlandia. Cuando se produzca, los sublevados dejarán de estar aislados. Podrán recibir por mar todo tipo de refuerzos y emplear los navíos de la flota. Es escaso el margen de tiempo para atacar la fortaleza antes de que sea inexpugnable. Trotski, comisario de Guerra, encarga el plan de ataque a Mijaíl Tujachevski, un joven y prominente general del Ejército Rojo.

Al atardecer del 7 de marzo el plan se pone en marcha. Un intenso bombardeo sobre las defensas de la fortaleza precede al ataque de la infantería, que avanza a campo abierto y sin protección alguna en medio de una tormenta de nieve. Es una empresa suicida. En Kronstadt, 15.000 hombres en armas aguardan el embate tras los gigantescos muros de la ciudad, artillados por más de un centenar de cañones y defendidos por fuertes y baterías. Cuentan, además, con la potencia de fuego de dos modernos acorazados y otros buques de guerra.

Los asaltantes, a pesar de sus uniformes de camuflaje, son un blanco fácil. Al despuntar el día, la artillería de Kronstadt los recibe con un fuego devastador, que siembra con cientos de cadáveres el mar congelado. Otros muchos mueren engullidos por los cráteres que las explosiones abren en el hielo.

La escasez de alimentos y munición comienza a dejarse sentir en el ánimo de los marineros

Precipitación, falta de efectivos y baja moral de combate. El asalto es un completo fracaso, y el estupor por la noticia corre entre el millar de delegados que asisten en el Kremlin a la inauguración del X Congreso del Partido Comunista. La crisis de Kronstadt va a marcar el cambio de rumbo en el país que apruebe el congreso.

A pesar del fracaso, en los días siguientes, la aviación y las baterías de costa castigan la ciudadela. Allí, el bloqueo de la isla está surtiendo efecto. La escasez de alimentos y munición comienza a dejarse sentir en el ánimo de los marineros. Sin embargo, el hielo se funde y el tiempo se agota. Tujachevski tiene nuevo plan. Ha reunido una fuerza de asalto que dobla el contingente anterior. Son tropas de élite y de probada fidelidad revolucionaria.

En la tarde del 16 de marzo comienza un intenso cañoneo sobre Kronstadt que se prolonga hasta entrada la noche. Al amparo de la oscuridad y la niebla, más de 50.000 hombres inician su avance desde diversos flancos. Les guía la luz de los reflectores de Kronstadt que barren el hielo rastreando señales de su ataque.

Cuando lo detectan, la artillería se emplea sin descanso. Diezma las columnas de infantería, pero esta vez no logra detenerlas. Los invasores abren brechas y, después de vencer una resistencia feroz, toman los primeros fuertes. En el interior de la ciudadela la lucha es despiadada. Se combate calle por calle, casa por casa, hasta la mañana del 18 de marzo, cuando se da por sofocada la rebelión.

La sublevación ha acabado en un baño de sangre, con más de 10.000 muertos, en su mayoría soldados del Ejército Rojo. Cerca de la mitad de los rebeldes ha conseguido huir a Finlandia. De los 2.000 prisioneros, trece han sido elegidos como cabecillas y ejecutados. Mientras se combatía en Kronstadt, el X Congreso del Partido Comunista ha inaugurado una nueva etapa en la vida del país. Ha decidido reactivar la economía sustituyendo el comunismo de guerra por medidas en favor de la iniciativa privada y el libre comercio. Comienza la NEP, la Nueva Política Económica.

Memoria selectiva

En marzo de 1936 se estrenaba en Moscú Los marinos de Kronstadt. Fue un éxito rotundo, con más de 23 millones de espectadores solo aquel año. La película narra cómo los marineros de la base naval libraron a Petrogrado de la amenaza de la Guardia Blanca en los peores momentos de la guerra civil. Quince años después de la tragedia de Kronstadt, en pleno estalinismo, el régimen soviético había borrado de su memoria aquel episodio fratricida, pero reivindicaba a los héroes que en su día se ganaron ser “gloria y orgullo de la Revolución”.

Por Alfonso González Quesadaprofesor del Área de Documentación de la UAB.

28/02/2021 07:00

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Las insurrecciones populares no caben en las urnas

Aunque los movimientos anti-patriarcales y anti-coloniales han desplegado sus alas en las últimas décadas, los resultados en la cultura política hegemónica aún son muy débiles. Los medios de comunicación no hegemónicos y las izquierdas siguen reflejando, en sus coberturas y discursos, la enorme dificultad para trascender las formas más tradicionales de dominación.

Las recientes elecciones en Ecuador son una prueba de ello. La atención desplegada ante la posibilidad de que Yaku Pérez alcance la presidencia por Pachakutik no se compara con la que obtuvo el levantamiento indígena y popular de octubre de 2019.

Por más que este levantamiento sea un parteaguas en la historia reciente del país andino, las miradas vuelven una y otra vez hacia las urnas, aunque éstas nunca modifican la relación de fuerzas. La votación de Yaku roza el 20%, siendo la más alta en la historia del movimiento indígena, claro reflejo de la potencia del levantamiento de octubre.

La candidatura de Yaku arrasó en la selva, obteniendo el 50% de los votos en Morona Santiago. En la sierra superó el 40% en Chimborazo, Cotopaxi, Cañar, Bolívar y Azuay, algo que no pudo repetir en Pichincha, Imbabura y Carchi, en la región andina al norte del país. En la costa se impuso Andrés Arauz, el candidato del progresismo, corriente que se volvió hegemónica durante la década de gobierno de Rafael Correa, desplazando la tradicional hegemonía de la vieja derecha.

Una división geográfico-política del país que merece explicación

Yaku Pérez encarna la resistencia de las comunidades rurales, y cada vez más de las ciudades medianas, al extractivismo minero que se viene desplegando en la sierra andina y en la selva, pero también a la expansión de la frontera petrolera. También es alternativa al progresismo que se empeñó en un “desarrollismo” anclado en la minería, que judicializó y criminalizó la protesta indígena y popular atacando a la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador), a los sindicatos y agrupaciones estudiantiles.

Yaku fue uno de los cientos de dirigentes acosados y encarcelados por el gobierno de Correa. Proviene de la resistencia anti minera en la provincia de Azuay, donde las comunidades se vienen movilizando contra la minería aurífera que contamina las nacientes de los ríos y los páramos productores de agua. En 2019 fue elegido prefecto de Azuay y en las recientes elecciones el 81% de los habitantes de Cuenca, capital de la provincia y tercera ciudad del país, se pronunció a favor de detener la actividad minera.

El apoyo de los ecuatorianos a Yaku Pérez no es un cheque en blanco a su persona, sino la forma de canalizar el levantamiento de octubre. Ese mes, durante diez días decenas de miles coparon el centro de Quito para revertir el paquete de medidas neoliberales del gobierno de Lenín Moreno. Ganaron y esa victoria es lo que permite decir que hubo un quiebre en Ecuador.

Como ya había sucedido en los levantamientos anteriores, desde el primero en 1990, la región costeña se mantuvo al margen y la movilización se concentró en las regiones de mayorías indígenas. Mientras en éstas predomina la economía agrícola, sostenida por miles de comunidades rurales, en la costa predomina la producción agroexportadora en la cual el banano juega un papel destacado.

Las ciudades son un tema aparte: en Quito, con 3,5 millones y amplia población indígena y mestiza (sólo un 6% se definen blancos), el peso del sector terciario y financiero, con su corolario de masiva economía informal, se está convirtiendo en un bastión de la derecha vinculada al capital financiero.

Por mucho que nos pese, un gobierno de Yaku Pérez, que estuvo al borde de pasar a la segunda vuelta, no habría conseguido sus principales objetivos como frenar la mega minería y dejar atrás el neoliberalismo. Con apenas el 20% de los escaños, está obligado a pactar con las demás fuerzas que apoyan fervientemente el extractivismo.

El levantamiento de octubre alcanzó para revertir el paquete neoliberal, pero fue insuficiente para deslegitimar el neoliberalismo. La continuidad de aquel movimiento no puede buscarse en las elecciones, ni en las pasadas, ni en las futuras. El propio levantamiento marcó el rumbo: su principal creación fue el Parlamento Indígena y de los Movimientos Sociales, donde convergieron más de 180 organizaciones.

“Una Minga por la Vida” fue el programa elaborado por el Parlamento, que en la campaña electoral fue retomado por Yaku Pérez como su plataforma de gobierno.

Aquel Parlamento de abajo no se extinguió. Recorrió parte del país promoviendo el programa alternativo que elaboraron sus integrantes, agrupando movimientos locales y generando debates. Comenzó a recorrer un camino, lento y trabajoso, necesario para organizar a las y los de abajo hasta que la campaña mediático-electoral desplazó los problemas centrales del Ecuador.

El futuro no va a emerger de las urnas sino de la capacidad de los movimientos y de los pueblos de seguir transitando por las brechas abiertas por el levantamiento, profundizarlas hasta neutralizar un modelo de muerte, de expropiación del agua y la tierra.

15 febrero 2021

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El exjefe del Ejército brasileño reveló que la cúpula castrense conspiró contra la liberación de Lula da Silva

Contenido escandaloso del libro "General Villas Boas: conversaciones con el comandante"

Villas Boas admite que el texto disparado vía Twitter que amenazó a los ministros de la Corte Suprema fue elaborado por todo el Alto Comando del Ejército, sin consultar a las demás fuerzas armadas. 

 

Revelaciones y declaraciones surgidas en los últimos días sacuden Brasil. La revelación más contundente, que apareció el miércoles, está a la venta en Amazon por poco más de tres dólares: el libro General Villas Boas: conversaciones con el comandante.

Ya la declaración que sorprendió vino un día antes, a través de Gilmar Mendes, uno de los veteranos integrantes del Supremo Tribunal Federal.Frente a las revelaciones sobre la manera con que el exjuez Sergio Moro actuó en el juicio que condenó el expresidente Lula da Silva a la cárcel, Mendes admitió sentirse “perturbado”. 

Dijo además que se pregunta cómo permitieron (en referencia a sus colegas de la corte suprema de justicia) que ocurriesen las manipulaciones y los absurdos ahora comprobados a través de grabaciones de intercambio de mensajes entre juez y fiscales. Mucho más que juez, Moro – quien luego sería ministro de Justicia del ultraderechista Jair Bolsonaro – actuó todo el tiempo como verdadero jefe de la acusación.

El objetivo único de las maniobras absolutamente ilegales era precisamente impedir que Lula fuese candidato en las elecciones de 2018.

A la omisión de la corte suprema frente a las manipulaciones ya bastante visibles en el juicio a Lula, se suma ahora otra revelación explosiva: Villas Boas, entonces comandante general del Ejército (bajo Dilma Rousseff), admite con una serenidad impactante que conspiró todo el tiempo, primero para alejar a su entonces jefa, y luego para impedir que un pedido de hábeas-corpus elevado por la defensa de Lula fuese aprobado por la corte suprema.

En el libro escrito por Celso de Castro, profesor de la prestigiosa Fundación Getulio Vargas, Villas-Boas revela algo aún más grave: el texto disparado vía Twitter que amenazó a los ministros de la corte suprema fue elaborado por todo el Alto Comando del Ejército, sin consultar a las demás fuerzas armadas – Marina y Aeronáutica –, y divulgado a tiempo de aparecer en el “Jornal Nacional”, noticiero de mayor audiencia en Brasil.

En otra de las entrevistas reunidas en el libro, Villas Boas admite haberse reunido muchas veces con el entonces vicepresidente Michel Temer, cuando la conspiración para desfechar el golpe institucional contra Dilma Rousseff estaba en plena marcha.

El argumento para justificar su omisión frente al golpe que se armaba gira alrededor de dos puntos: lo que él clasifica como “desastre económico” del gobierno, y la instauración de la Comisión de la Verdad que investigó crímenes cometidos por militares y agentes públicos a lo largo de la dictadura que duró 21 años, de 1964 a 1985.

Con relación a la política económica de Dilma, bastante criticable por cierto, no hay nada que justifique la participación de un general en la preparación de un golpe institucional.

Ya la referencia a la Comisión de la Verdad muestra la ambigüedad moral con que se mueven los militares brasileños.

En el twitter lanzado en vísperas de que la corte suprema analizase el pedido de hábeas corpus solicitado por la defensa de Lula, está dicho con todas las letras que el Ejército brasileño “juzga compartir la ansia de todos los ciudadanos de bien de repudio a la impunidad”.

Ironías de la vida: hace años la misma corte suprema, con otros integrantes, aseguró a todos los militares y agentes públicos de seguridad que cometieron crímenes de lesa humanidad exactamente la impunidad, con base a una ley de amnistía negociada al cerrarse las luces de la dictadura.

Hay muchas otras revelaciones lanzadas por el general retirado Villas Boas en el libro, relacionadas inclusive sobre cómo el Ejército en particular, pero con respaldo de la Fuerza Aérea y la Marina, optó por tragarse la candidatura de Jair Bolsonaro y luego integrar su gobierno.

Por más que las revelaciones y declaraciones no tengan mayor repercusión frente a la tragedia sanitaria padecida por los brasileños, quedan claras dos cosas.

La primera: la corte suprema actúa de manera omisa y luego el más contundente de sus integrantes se pregunta cómo permitieron que ocurriese lo que efectivamente permitieron.

La segunda: considerar que luego de la redemocratización los militares volvieron a los cuarteles determinados a cumplir su función constitucional ha sido, en el mejor de los casos, pura ingenuidad.

Siguen igualitos a lo que siempre han sido.

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Viernes, 05 Febrero 2021 05:50

General Engels

General Engels
  1. Apodado El General por Eleanor, la hija menor de Marx, a la luz de su periodismo militar, "algo que se le pegó de inmediato ya que parecía reflejar igual una verdad más profunda sobre él": su disciplina, el don de pensar estratégicamente, la manera en que dirigía el movimiento comunista, etcétera (Tristram Hunt, Marx’s General. The revolutionary life of Friedrich Engels, 2009, p. 8), Friedrich Engels fue en efecto uno de los principales analistas militares de su época. No es que a Marx no le interesaban las guerras −al final insistía que "la violencia era la partera de la historia"−, pero en asuntos militares y estratégicos, el experto era El General. Engels desarrolló su propio enfoque materialista en cuanto al poder militar, aunque en una curiosa negación a esto y a su propia aversión a los "grandes hombres", se mostraba poseído −muy en el espíritu rancieriano (véase: Jacques Rancière, The names of history, 1994)− por nombres y figuras de verdaderos grandes generales de la historia: Garibaldi, Napier, Napoleón, Wellington... (Hunt, p. 216).
  1. En sus textos, a menudo ignorados por futuras generaciones de socialistas-pacifistas −con notables excepciones de Lenin, Trotsky o Mao− no sólo analizaba los conflictos actuales (el levantamiento en Hungría, la guerra de Crimea, la guerra franco-prusiana, la guerra civil en Estados Unidos, etcétera), sino pretendía ver qué lecciones de las guerras interestatales se podían sacar para las guerras de clases. Ofrecer "un surplus teórico" para el futuro de la revolución, esperando que en algún −inevitable− conflicto mundial los proletarios vueltos soldados voltearían sus armas en contra de sus enemigos de clase y del capitalismo mismo.

A pesar de grandes cambios tecnológicos y estratégicos, sus teorizaciones guardan su relevancia (bit.ly/3cuBxjf), sobre todo en cuanto a las maneras de cómo el desarrollo de las fuerzas armadas y de la tecnología militar siguen el simultáneo desarrollo del capitalismo y la evolución del Estado o de cómo el avance tecnológico y la introducción del nuevo tipo de armamento (véase: F. Engels, The history of the rifle, 1860) moldean el moderno campo de la batalla.

  1. Su contribución radicaba, principalmente, en poner la guerra en contexto del desarrollo capitalista. Para él, el principal "ganador" del progreso militar −muy por encima de la economía y de la sociedad−, era el Estado. Sólo éste, dada su posición monopolística, tenía recursos necesarios para adquirir "los nuevos, centralizados medios de la destrucción a gran escala" y construir y mantener la fuerza de trabajo −"el ejército"− necesaria para operarlos.

Para Engels, el avance tecnológico-militar resultaba incluso en la formación de "un modo social de exterminación", distinto al "modo social de producción" que con su propia dinámica "completaba" al capitalismo (sic). Igualmente, por encima del sector privado, enfatizaba el rol del Estado en el desarrollo de las tecnologías militares y de las fuerzas armadas, algo que cobró particular relevancia en el siglo XX y sigue coexistiendo con un trend de ir privatizando las guerras y relegando "la labor de la muerte" a las compañías privadas, ante la reorganización neoliberal del Estado.

  1. Nunca dejó que sus camaradas se olvidaran de sus tiempos en las barricadas. Teniendo experiencia militar (la artillería de la Guardia Real Prusiana, duodécima compañía), tras el golpe de Estado en Prusia (1849) se enlistó en el cuerpo de voluntarios de August Willich para luchar en contra del absolutismo prusiano: “izó la bandera roja sobre su Barmen natal y resistía hasta donde se podía a la infantería regular, huyendo bajo fuego por el Schwarzwald...” (Hunt, p. 149), primero a Suiza, luego a Inglaterra. Esta experiencia resultó crucial en su papel del principal estratega del socialismo internacional, alimentando su desconfianza en prematuros levantamientos y oposición, junto a Marx, a posteriores llamados de Willich "a la inmediata acción militar", viéndolos como una amenaza a la causa comunista.

Para él, tanto la derrota del ejército campesino de Münzer (1525), aplastado por aliados de Lutero, como los fracasos de las "primaveras" 1848-9, tenían que ver por igual con "disparidades entre la base económica y la superestructura política" y malas decisiones militares (frente a lo que, junto con Marx, desarrolló su teoría de la "revolución permanente", relaborada luego por Trotsky).

5. Lejos de ser "el segundo violín a Marx", Engels −cuyo "retorno" celebramos el año pasado (véase: Memoria,Nº 276, bit.ly/3jkX8fp)− ha sido incluso, como argumenta de manera convincente Wolfgang Streeck, "fundador de una independiente rama de la teoría social materialista que contribuyó al necesario entendimiento de la política y el Estado". Así complementó la concepción materialista de la historia desarrollada por Marx −y él mismo− como una crítica de la economía política, con "algo-como-una-teoría" del Estado y la política. En ningún campo se manifiesta mejor esta contribución que en el terreno de lo militar. Marx incluso, reconociendo su pericia, le encargó escribir un capítulo aparte sobre la historia militar para el primer tomo de El Capital, idea que no prosperó, tal vez porque “todos los datos empíricos ofrecidos por él resistían su ‘subsunción’ en el sistema del fetichismo de la mercancía marxista allí expuesta” (bit.ly/3hO6W0z).

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Alberto Fujimori, a un paso de ser juzgado por esterilizaciones forzadas

El 1 de marzo un juez determinará si le abre proceso penal por las esterilizaciones forzadas practicadas por su régimen, en el cual más de 300 mil mujeres y más de 20 mil hombres fueron esterilizados contra su voluntad.

 

El exdictador Alberto Fujimori (1990-2000), cumpliendo una pena de 25 años por crímenes de lesa humanidad desde 2007, se enfrenta ante un nuevo proceso judicial por graves violaciones a los derechos humanosEl 1 de marzo un juez determinará si le abre proceso penal por las esterilizaciones forzadas practicadas por su régimen, en el cual más de 300 mil mujeres y más de 20 mil hombres fueron esterilizados contra su voluntad. Varias de las víctimas murieron como consecuencia de las intervenciones para esterilizarlas. La gran mayoría vivía en zonas rurales y provenían de comunidades indígenas, la población más empobrecida y marginada del país. A los tribunales han llegado los casos de más de mil mujeres víctimas de estas esterilizaciones forzadas.

La fiscalía pide se abra una causa penal a Fujimori como autor mediato de los delitos de lesiones graves y de lesiones seguidas de muerte. También están denunciados tres de sus ministros de Salud, Alejandro Aguinaga, Marino Costa y Eduardo Yong, y exfuncionarios del Ministerio de Salud. Ellos son sindicados como los responsables de haber decidido, planificado y ordenado, junto al exdictador, la política de esterilizaciones forzadas. Aguinaga, médico de cabecera del encarcelado Fujimori, postula al Congreso en las elecciones de abril próximo junto a la candidata presidencial Keiko Fujimori, hija del exdictador de 82 años.

El caso llega a tribunales después de más de veinte años de impunidad y una accidentada investigación fiscal, que fue archivada y reabierta varias veces. La Fiscalía abrió investigación el año 2002, luego de una decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que le ordenó al Estado peruano investigar las esterilizaciones forzadas a raíz de la denuncia ante este organismo del caso de María Mamérita Mestanza, campesina andina que fue esterilizada contra su voluntad en marzo de 1998 y que una semana después murió a causa de la operación. Luego de varios intentos de archivar el caso, en 2018 la Fiscalía finalmente presentó acusación, que recién más de dos años después será vista por un juez.

“Si en esta próxima audiencia el juez decide abrir proceso penal, que es lo que esperamos ocurra porque hay elementos para ello, entonces comenzará una investigación judicial dirigida por el juez de primera instancia, quien después de esa investigación definirá si se pasa o no a juicio oral. Esta investigación, por ser un caso complejo, con más de mil víctimas que viven en zonas alejadas del país, podría tomar entre dos y tres años. Recién entonces comenzaría el juicio oral, eso si el juez decide en ese sentido, que es lo que esperamos ocurra, porque también podría archivar el caso. El juicio oral podría tomar otros cinco o seis años, recién entonces tendríamos una sentencia. Las penas contra Fujimori y los otros acusados podrían ser de ocho a diez años”, le señaló a Página/12 el abogado Sigfredo Florián, del Instituto de Defensa legal (IDL), que defiende a un grupo de víctimas.

La acusación de la Fiscalía establece que las esterilizaciones se hicieron sin la autorización de las víctimas o arrancándoles una autorización con engaños, sin informarles adecuadamente. Y establece que esa fue una política del gobierno de entonces. La defensa de los acusados señala que las esterilizaciones fueron autorizadas por las víctimas, pero los testimonios de esas víctimas y los documentos que se han podido rescatar desmienten este argumento.

“La información que se tiene indica que las esterilizaciones fueron forzadas. Existen los testimonios de las víctimas que señalan que fueron esterilizadas contra su voluntad. Y en los casos que se tienen las historias clínicas -la mayoría ha desaparecido, lo que es un ocultamiento de pruebas- o no existe un documento en el que se autorice la esterilización o hay una autorización firmada por la víctima pero que está escrita en español cuando las víctimas son quechuahablantes y no hablan español. Las hicieron firmar con engaños”, indica el abogado Florián.

“Enfermeras vinieron a buscarme a mi casa, me llevaron, en un cuarto me amarraron las manos y me ligaron”, le relató Norma Mori, una de las miles de mujeres esterilizadas, al diario La República. “Yo les dije que no, siempre les decía que no, pero me obligaron”, es el testimonio de otra víctima, Victoria Ccoya.

Este caso también ha sido llevado, por las víctimas y la organización Justicia y Reparación, ante el Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer de las Naciones Unidas.

Para que Fujimori pueda ser juzgado por las esterilizaciones forzadas se deberá solicitar una ampliación de la extradición otorgada por Chile, país donde fue detenido y del que fue extraditado en 2007, ya que la extradición para que sea juzgado en el Perú no incluyó este caso. El camino todavía es largo, pero ya se comienza a desmontar la larga impunidad por las masivas esterilizaciones forzadas. 

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Recreación de la llegada de uno de los primeros pobladores al continente americano, acompañados por un can.Foto Ettore Mazza

Las primeras personas que cruzaron a América venían en compañía de esos animales, revela estudio

 

Las primeras personas que cruzaron hacia América hace más de 15 mil años, provenientes del noreste de Asia, llegaron acompañadas de sus perros.

Un equipo internacional de investigadores, dirigido por la arqueóloga Angela Perri, de la Universidad de Durham, examinó los registros arqueológicos y genéticos de pobladores y perros antiguos.

Los expertos explican que este descubrimiento sugiere que la domesticación de perros probablemente tuvo lugar en Siberia en la época anterior a hace 23 mil años. Las personas y sus perros finalmente viajaron con dirección al oeste hacia el resto de Eurasia y rumbo al este hacia América.

Los hallazgos se publican en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

América fue una de las últimas regiones del mundo en ser pobladas por personas. Para entonces, los perros habían sido domesticados de sus antepasados lobos y probablemente desempeñaban una variedad de roles dentro de las sociedades humanas.

Angela Perri, del Departamento de Arqueología de la Universidad de Durham, dijo: “Cuándo y dónde son preguntas que han surgido en la investigación sobre la domesticación de perros, pero aquí también exploramos el cómo y el por qué, que a menudo se han pasado por alto.

La domesticación de perros que ocurre en Siberia responde a muchas preguntas que siempre hemos tenido sobre los orígenes de la relación entre humanos y canes. Al juntar las piezas del rompecabezas de la arqueología, la genética y el tiempo, vemos una imagen mucho más clara de que los perros fueron domesticados en Siberia y luego se dispersaron desde allí hacia América y el mundo.

 

No fueron domesticados en el continente americano

 

El genetista y coautor Laurent Frantz (Universidad Ludwig Maximilian de Múnich) agregó: “Lo único que sabíamos con certeza es que la domesticación de perros no tuvo lugar en América.

Por las firmas genéticas de los perros antiguos, ahora sabemos que deben haber estado presentes en algún lugar de Siberia antes de que la gente emigrara a América.

El coautor, el profesor Greger Larson, de la Universidad de Oxford, aseveró: “Los investigadores han sugerido previamente que los perros fueron domesticados en Eurasia, desde Europa hasta China, y muchos lugares intermedios.

La evidencia combinada de humanos y canes antiguos ayuda a refinar nuestra comprensión de la historia profunda de los perros, y ahora apunta a Siberia y el noreste de Asia como la probable región donde se inició la domesticación de este animal.

Durante el Último Máximo Glacial (de alrededor de 23 mil a 19 mil años atrás) Beringia (el área terrestre y marítima entre Canadá y Rusia) y la mayor parte de Siberia fueron extremadamente frías, secas y en gran parte sin glaciar.

Las duras condiciones climáticas que condujeron a este periodo y durante el mismo pueden haber servido para acercar a las poblaciones de humanos y lobos, dada su atracción por la misma presa.

Esta interacción cada vez mayor, mediante la búsqueda mutua de las matanzas de los lobos atraídos a los campamentos humanos, puede haber comenzado una relación entre las especies que eventualmente condujo a la domesticación del perro y un papel vital en la población de América.

Como señala el coautor, el arqueólogo David Meltzer, de la Universidad Metodista del Surm, en Texas, “hace tiempo sabemos que los primeros americanos debieron poseer habilidades de caza bien perfeccionadas, el conocimiento geológico para encontrar piedra y otros materiales necesarios y estar listos para nuevos desafíos.

Los perros que los acompañaron cuando entraron en este mundo completamente nuevo pueden haber sido parte de su repertorio cultural, tanto como las herramientas de piedra que llevaban.

Desde su domesticación de los lobos, los perros han desempeñado una amplia variedad de roles en las sociedades humanas, muchas de las cuales están vinculadas a la historia de las culturas de todo el mundo.

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El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, durante una conferencia de prensa en septiembre pasado, en San Salvador.JOSE CABEZAS / Reuters

El mandatario canceló la conmemoración de los acuerdos liderados con éxito por la ONU y que pusieron fin a una guerra civil que dejó más de 75.000 muertos en el país centroamericano

 

Organizaciones de derechos humanos, víctimas de guerra, grupos opositores, intelectuales y exguerrilleros se han pronunciado contra la reciente embestida del presidente salvadoreño Nayib Bukele contra los acuerdos de paz que hace 29 años y liderados por Naciones Unidas pusieron fin a la cruenta guerra civil que dejó más de 75.000 muertos en El Salvador, pero que para el controvertido mandatario son una “farsa”, un “negocio” de élites y un “pacto entre corruptos”. El viernes, un grupo de organizaciones sociales y de víctimas del enfrentamiento armado exigieron a Bukele que respete los acuerdos y mantenga el compromiso del Gobierno a favor de los derechos humanos, mientras que un centenar de académicos salvadoreños y extranjeros hicieron pública una carta en la que rechazan las declaraciones del presidente y piden respeto por la verdad y la memoria histórica.

La indignación creció en el país centroamericano el 16 de enero, cuando por segundo año consecutivo el mandatario rechazó conmemorar la firma de los acuerdos de paz, pero también ordenó a golpe de decreto anunciado por Twitter que esa fecha se convierte en un día para recordar a las víctimas del conflicto. “De ahora en adelante, por decreto presidencial, el 16 de enero será el “Día de las Víctimas del Conflicto Armado”, escribió Bukele en la red social, su medio favorito para comunicar sus decisiones presidenciales. “Dejaremos de conmemorar a los que ordenaron sus muertes y empezaremos a conmemorar a quienes sí deben ser conmemorados”, insistió.

Para Bukele “la firma de los acuerdos de paz no representó ninguna mejora para la población en sus derechos más básicos”, sino que se tradujo en “el inicio de una etapa de mayor corrupción y exclusión social y el enriquecimiento de manera fraudulenta de los mismos sectores firmantes de los acuerdos”, en referencia a los integrantes del Gobierno de la época y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que sellaron los llamados Acuerdos de Paz de Chapultepec en 1992. Ese pacto permitió poner fin a una de las más cruentas guerras que sufrió América, con episodios terribles como la masacre de El Mozote de 1981 cuando soldados del Batallón Atlácatl del Ejército salvadoreño —muchos formados en la Escuela de las Américas— asesinaron a al menos 986 personas (552 niños y 434 adultos, entre ellos 12 mujeres embarazadas; todos campesinos) en una operación que tenía como objetivo arrasar con la guerrilla izquierdista.

Fue precisamente en El Mozote donde Bukele expresó sus mayores críticas a los acuerdos de paz a finales de diciembre, en un acto público en el que participaron víctimas de aquella matanza. El presidente dijo que la guerra fue una farsa, así como el pacto auspiciado por la ONU. “¡Ay, está mancillando los Acuerdos de Paz. Sí, los mancillo porque fueron una farsa, una negociación entre dos cúpulas o ¿qué beneficios le trajo al pueblo salvadoreño?”, cuestionó. Bukele ya había desatado una crisis política en El Salvador al impedir que se desbloquearan los archivos militares relacionados con la matanza de El Mozote, después de desobedecer una orden judicial emitida por un juez para inspeccionar los archivos como parte del proceso judicial que pretende esclarecer lo sucedido en esa pobre comunidad salvadoreña.

Tras las críticas de Bukele, agrupaciones de derechos humanos y de víctimas del conflicto han protestado en San Salvador. El viernes, representantes de varias organizaciones sociales leyeron un comunicado en el que exigen al mandatario cumplir con las “responsabilidades” en materia de derechos humanos que dejaron los acuerdos de paz. “Existen responsabilidades fundamentales que el mandatario debe cumplir, fundamentalmente dejar de proteger a victimarios, como sucedió en la negativa de cumplir la orden judicial de acceso a los archivos militares en el caso El Mozote”, dijo David Ortiz, integrante de la Fundación de Estudios para la Aplicación del Derecho (Fespad). Además, 107 historiadores, académicos y personalidades de El Salvador y otros países hicieron pública una carta en la que rechazan “enfáticamente” las declaraciones de Bukele. “Nos preocupa que en su calidad de presidente trate con ligereza temas tan importantes”, critican y hacen un llamado a respetar la verdad y la memoria histórica. El documento, publicado por el medio digital El Faro, lleva la firma de personalidades que participaron en el proceso de pacificación que concluyó con la rúbrica del pacto en el castillo de Chapultepec, en Ciudad de México.

También han criticado a Bukele exintegrantes de las guerrillas, como Ana Guadalupe Martínez, quien representó en los acuerdos al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), uno de los grupos cercanos al FMLN. “Prácticamente pocas familias de este país han de haber quedado sin ser tocadas, lesionadas o partícipes de esa confrontación tan larga. Por ello, no solo fue sorpresa, sino que me causó dolor, porque el presidente no tiene empatía para los cientos de miles de salvadoreños víctimas, no solo con los que fallecieron, también con los que todavía estamos vivos. Y obviamente me pareció no solo irresponsable, sino totalmente fuera de lo que podía ser la mentalidad de un jefe de Estado. Yo, dije: ‘Bueno, esa declaración retrata exactamente lo que es él, humo. No tiene nada en la cabeza”, dijo la exguerrillera en declaraciones a la cadena Focos TV.

Amanda Castro, hija de víctimas de guerra, dice que Bukele mantiene una “línea negacionista” que atenta contra la memoria histórica de El Salvador. “Es muy grave, son narrativas malintencionadas y perversas que parten de una profunda ignorancia”, afirma Castro a EL PAÍS por entrevista telefónica. “El presidente aprovecha esta fecha [la conmemoración de los acuerdos] para negar la historia. Aunque existan desafíos, no podemos negar los avances que hubo en relación con los acuerdos, porque de ellos surge una institucionalidad en el país, se crea la Procuraduría de Derechos Humanos y se supedita las fuerzas armadas a los poderes civiles”, agrega. Para Castro, el presidente salvadoreño demuestra “claros signos autoritarios y dictatoriales”, que ponen en riesgo los derechos humanos en El Salvador. “Con sus declaraciones negacionistas, burlescas, el presidente coloca otra vez al país en bandos al país, cuando los acuerdos de paz son logros de toda la sociedad salvadoreña, más allá de partidos políticos. Hay que defender esos acuerdos, que hoy las declaraciones de Bukele ponen en peligro”, concluye la también activista.

Por Carlos Salinas Maldonado

México - 25 ene 2021 - 22:59 UTC

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Biden dice que suspenderá la construcción del muro, pero no demuele los mil 488 km construidos por sus antecesores. En imagen de ayer, la obra continúa.Foto Afp

 

Si en algún rubro tan estratégicamente delicado pulula la tóxica desinformación es en la construcción de mil 488 km del muro de EU en la frontera con México: iniciada por el demócrata Bill Clinton en 1994.

Los denomino los "cuatro muros" al sumar la parte que corresponde a los otros tres ex presidentes –al republicano Baby Bush, al demócrata Obama y al republicano Trump–, quienes ostentan profundos significados geo-demográficos desde hace 27 (sic) años.

Es más atroz la complicidad de cuatro presidentes neoliberales "mexicanos": dos del PRI, Zedillo y Peña, y dos del PAN, Fox y Calderón.

Los foráneos orígenes biográficos de Fox y Zedillo son tan oscuros que no los deseo exponer ahora.

La transfrontera aproximada de 3 mil 200 km consta de mil 126 km terrestres y 2 mil 92 km del "Río Grande" (la mayor parte).

Aquí señalo un error del excelente diagrama alusivo (https://bit.ly/2Y56sud): en EU su "Río Grande" (Great River) en México es "Río Bravo". Esto no es ocioso, ya que las conquistas comienzan con el uso lingüístico.

Desde hace 27 años, Clinton tenía ya la proyección del crecimiento demográfico de los mexicanos, que no "latinos", cuando inició sus 100 km que avaló en forma sincrónica el "apátrida" (en el doble sentido castizo y "romano") neoliberal Zedillo, quien llegó al poder por el asesinato de Colosio.

Clinton fue impuesto por la banca de Wall Street para impulsar el neoliberalismo global (https://bit.ly/3peRH3E) y estuvo a punto de desencadenar la "Tercera Guerra Mundial" con Rusia en Kosovo.

La construcción acumulada de los "cuatro muros" –sin contar el proyectado "quinto muro" de la dupla Videgaray/Jared Kushner en Tapachula (Chiapas), frontera con Guatemala (https://bit.ly/3qOuiqu)– se aceleró con Baby Bush, que edificó 781 km que reflejaban la dinámica demográfica de los mexicanos en EU y sus "guerras permanentes" contra el terrorismo yihadista mediante el "Acta Patriótica" de la "Seguridad del Hogar" a raíz del montaje hollywoodense del 11/9.

Amén del desastre del Plan Puebla-Panamá del locuaz Fox, su infatuado cuan logorreico canciller Castañeda Gutman (https://bit.ly/3sTDV8O), quien sirvió a intereses anti-mexicanos (https://bit.ly/3peKrVw), causó un grave daño migratorio a México con su delirante "enchilada completa".

Tampoco los coetáneos de Baby Bush, los neoliberales panistas Fox –otro "apátrida" (en el doble sentido castizo y "romano")– ni Calderón, impuesto por un fraude electoral, osaron chistar ante la erección del muro de Baby Bush de 781 km: ¡52.5 por ciento del total acumulado con los otros tres muros!

Es curioso que de los tres neoliberales "mexicanos", dos llegaron a la Presidencia en circunstancias aberrantes –uno, gracias a un asesinato, y otro, con el magnicidio de la "democracia electoral"– y el tercero, Fox, cuyo padre no fue "mexicano", por lo que se cambió el artículo 82 de la Constitución.

Obama, que hoy gobierna su "tercer (sic) mandato" tras bambalinas, construyó 222 km para que el muro alcanzara mil 102 km, mientras libraba sus guerras en Medio Oriente –¡que le valieron su vacuo Premio Nobel de la Paz!–, mientras impulsaba el contrabando masivo de armas mediante el operativo Rápido y furioso que permitió la complicidad de Calderón.

Trump construyó 386 km –¡la mitad de lo hecho por Baby Bush!–, con lo cual el muro alcanzó un total de mil 488 km.

Los 386 km del "muro Trump" fueron construidos en Texas, hoy notable feudo republicano que busca su secesión (https://bit.ly/3aJFhwz), por lo que lo bauticé como el "muro de la secesión", al comportar características geodemográficas diferentes con los otros tres muros.

No pasó desapercibido que en su plena debacle –derrota de dos senadurías republicanas en Georgia, toma del Capitolio e inicio de su insólito “segundo impeachment”– Trump se haya dado el lujo en forma desparpajada de ir a visitar el "muro de la secesión" (https://bit.ly/3c5rgtD).

Joe Biden anunció que "detendrá" la construcción del muro, pero no demuele los mil 488 km, prácticamente la mitad de la frontera total, construidos por sus cuatro antecesores. Es solamente una "pausa" (https://wapo.st/3qPrVTY). A ver qué sigue.

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Viernes, 22 Enero 2021 05:44

Tupak Katari vive y vuelve…carajo

Tupak Katari vive y vuelve…carajo

(En homenaje a Felipe Quispe, Mallku, 1942-2021)

 

Luchó hasta el último aliento. A los 78 años, en agosto de 2020, estuvo a la cabeza de más de setenta bloqueos campesino-indígenas que derrotaron al gobierno golpista de Jeannine Añez, forzándolo a convocar elecciones.

Fue un rebelde intransigente. Contra el neoliberalismo y el colonialismo, contra todos los de arriba, fueran de derecha o de izquierda. Nada le impidió seguir caminando, aún en la más absoluta soledad, con toda la “correlación de fuerzas” en contra.

Felipe Quispe nació en la comunidad aymara de Chilijaya, en el municipio de Achacachi, un 22 de agosto de 1942. Desde ese lugar irradió su influencia hacia todo el Altiplano, hasta convertirse en un referente ineludible de la dignidad aymara e indígena.

En 1978 fue fundador del Movimiento Indígena Túpac Katari y años después impulsó el movimiento Ayllus Rojos que desemboca en el Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK), donde confluyó con Raquel Gutiérrez y otras personas que prefiero no nombrar para no ensuciar su memoria.

Al nombrarlo Mallku (cóndor en aymara), se le reconoce su autoridad como referente ético y político, alguien que vuela muy alto, que encarna el espíritu y la fuerza de las montañas.

Estuvo preso en el penal de Chonchocoro desde 1992. Salió en 1998 como secretario general de la CSUTCB (Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia) impulsando bloqueos de caminos contra el gobierno de Hugo Bánzer, encabezó la primera guerra del gas (2003) y más tarde fue un opositor al gobierno de Evo Morales, por razones ideológicas y éticas.

Estos días sus compañeros de lucha lo recuerdan con emoción y cariño. El protagonista de la guerra del agua, en 2000, Oscar Olivera, lo define como “un tipo leal y confiable. Un vocero y un símbolo del pueblo aymara. Era muy duro con los opresores pero enormemente generoso con la gente sencilla. Nunca se colocó en el papel de víctima”.

Para Raúl Prada, “en la lucha de Felipe hay una remembranza del siglo 18 cuando la rebelión de Tupak Katari. Hay pocas personas cuyo cuerpo entero esté dispuesto para el combate”.

En el homenaje que le hizo Radio Deseo, la trabajadora del hogar y sindicalista Yolanda Mamani mostró su admiración por el Mallku. “Hablaba desde su lugar de campesino indígena, dejó el parlamento y volvió a su pueblo. Nos decía que no sólo tenemos que alimentar el cuerpo, sino nuestra mente con pensamientos, y que tenemos que ser rebeldes”.

María Galindo, de Mujeres Creando, enfatizó que la muerte de Felipe “nos deja un vacío gigante” y prefirió recordarlo como alguien que “hablaba en primera persona, no por otros ni a nombre de un tercero. No sólo quería derrocar un gobierno sino mirar más allá, más profundo. Hizo de la rabia una fuerza política”.

Muchos los recuerdan por una de sus frases durante una entrevista que le hizo la periodista Amalia Pando, cuando lo interpeló por las razones de la lucha armada: «No quiero que mi hija sea su sirvienta …» (https://bit.ly/3bZ4svJ). Felipe tenía esa extraordinaria habilidad para sintetizar la opresión colonial.

En una de las últimas entrevistas, recordó que su tarea es “obedecer las decisiones de las bases”, que lo eligieron para comandar los bloqueos de agosto y semanas atrás lo propusieron como candidato a la gobernación de La Paz (https://bit.ly/2XZVmXf).

Asegura que en agosto pasado podrían haber derribado al gobierno “racista y fascista” de Añez, pero que el MAS los traicionó retirando a sus bases de los bloqueos.

En esa entrevista reconoce que apoyó al MAS para sacar a lo golpistas, pero a renglón seguido dijo que “Evo Morales sigue metiendo su mano sucia en el gobierno de Arce, cuando debió retirarse como le dijeron muchos dirigentes”.

Estos días en el Altiplano aymara se escuchan voces que dicen: “No hubiera habido un Evo sin un Mallku”. Porque que fue la lucha de las comunidades lo que abrió un hueco en la dominación por donde se colaron el MAS y Evo Morales. Pero a la hora de la lucha, mientras los de arriba se fugaron del país, ahí permanecieron los Felipes para seguir la pelea.

Fue un dirigente limpio. Nunca se rindió, ni se vendió, ni claudicó. Por eso pasará a la mejor historia de resistencia y dignidad de los de abajo. La historia coloca a cada quien en su sitio.

Fue un educador de su pueblo. En el prólogo de su libro de 1990, “Tupac Katari vive y vuelve …carajo”, escribió: “El fuego de la verdad de los oprimidos y explotados hará llorar y aullar a esta nueva Sodoma y Gomorra que es la sociedad capitalista”.

Los recambios a la generación de Felipe ya los vemos entre los jóvenes y las mujeres que salieron a las calles cuando los bloqueos de 2020, entre las que participaron en el Parlamento de las Mujeres convocado por Mujeres Creando cuando el golpe de 2019 y entre los miles de herederos de los jóvenes que protagonizaron el levantamiento de 2003 en El Alto.

Quiero recordarlo con una frase típica de Felipe: “Podrán privatizar las montañas, pero los cóndores seguiremos volando”.

Jallalla Mallku!!!!

 

21 enero 2021 

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Fuentes: Counterpunch [Foto: Marcha de la Alternativa Popular Revolucionaria en Caracas, diciembre de 2020]

El final de la presidencia de Hugo Chávez coincidió en Venezuela con la creación de un contrato social un tanto difuso. No era muy distinto del contrato social que sustentó al socialismo real durante décadas, tal como cuenta Michael Lebowitz en su libro Contradictions of Real Socialism.

En ambos casos una vanguardia garantizaba cierto nivel de bienestar a las masas a cambio de su apoyo pasivo. Es importante señalar que lo que las masas ofrecían a cambio de bienestar material y dignidad era su apoyo al gobierno, pero no su participación. Aunque la participación había sido un principio fundamental del Proceso Bolivariano encarnado en la constitución venezolana de 1999, fue gradualmente marginada al final de la primera década del siglo XXI.

El proceso por el que se abandonó la participación ciudadana en el proceso revolucionario venezolano ha sido poco estudiado y poco comprendido. Sin embargo reviste una crucial importancia. En su mayor parte, fue liderado por los cuadros medios, que sistemáticamente, de forma gradual y reiterativa, desbarataron las estructuras orgánicas de base del movimiento bolivariano y del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) con el fin de proteger su propio poder. Las estructuras orgánicas del poder popular –incluyendo los círculos bolivarianos creados antes de la elección de Chávez, los grupos de diez miembros que actuaron para dar forma al referéndum de 2004, y los “batallones” del partido creados en 2007– fueron tomando forma durante las diversas campañas electorales. Desafortunadamente, después de que cada una de estas estructuras organizativas alcanzara sus metas a corto plazo, los cuadros del partido las disolvieron, bloqueando así la formación de expresiones de base del poder popular, para inventar posteriormente otras nuevas cuando surgían nuevas tareas.

El efecto general de este proceso reiterativo fue el de erosionar y, en último término, derrotar al poder popular, que regresaba cada vez más debilitado tras cada nueva oleada de desmovilización. El resultado fue la consolidación del arriba mencionado contrato social, que implicaba el apoyo pasivo al gobierno en tiempo de elecciones a cambio de bienestar material. El proyecto respaldado por este acuerdo fue llamado “socialista”, aunque en realidad poco tenía que ver con los verdaderos objetivos socialistas. Esto se debe a que un proceso socialista, si pretende ser significativo y duradero, debe activar el protagonismo popular y la promoción del desarrollo humano integral.

 Un ejemplo claro del carácter de este falso quid pro quo “socialista” consolidado al final de la primera década del proceso bolivariano fue la muy aclamada Gran Misión Vivienda Venezuela. Se trató del último gran proyecto de Chávez que alcanzó resultados concretos. Era un gigantesco plan de construcción de viviendas que proporcionó más de 2,5 millones de hogares a venezolanos necesitados. Sin embargo, lo hizo sin la participación ni el empoderamiento de las masas. Los beneficiarios recibían las llaves en actos públicos, pero no participaban en la conceptualización ni en la planificación, y tampoco en la realización del proyecto.

Esta era la situación y la base del poder que Maduro heredó cuando fue elegido presidente en 2013. Sin embargo, enseguida se vio que era imposible de mantener. La caída de los precios del petróleo en 2014, el aumento de los ataques financieros al país y las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea iniciadas en 2015 impidieron al gobierno mantener la provisión de bienestar al pueblo, su parte del contrato. Paradójicamente, sin embargo, los ataques de EE.UU. al país, y en concreto las crueles sanciones petroleras, ofrecieron a Maduro y a su gobierno una salida. Puede que el tren del bienestar “socialista” estuviera avanzando sin combustible y que la gente se sintiera cada vez más insatisfecha, pero la cobertura que proporcionaron los ataques desde el exterior permitió a Maduro y a su equipo buscar ayuda en otro sector. En concreto en el sector compuesto por aquellos miembros del movimiento, del partido y  de sus aliados que querían establecer negocios para iniciar y expandir el desarrollo capitalista.

 Y esa es exactamente la dirección que tomaron Maduro y su gobierno. Incapaces de satisfacer el contrato social existente y a riesgo de perder apoyo popular, ahora podían culpabilizar de la situación económica a las fuerzas externas y neutralizar así la mayor parte de la disidencia popular, al tiempo que buscaban nuevos apoyos en una emergente clase capitalista.

¿Existía alguna otra alternativa? La otra opción habría sido recurrir a las masas, reinstaurar la participación popular para forjar de ese modo un nuevo contrato con las masas auténticamente socialista que no estuviera basado en un aumento del bienestar material sino en la participación y el protagonismo revolucionario. Pero el gobierno y el partido percibían el riesgo de esta opción, que habría amenazado el poder consolidado de los cuadros medios y superiores, pero que también chocaba contra el sentido común que tiende a impregnar la burocracia venezolana, un sentido común que proviene del pasado y que se infiltra a partir del contexto capitalista global, haciendo que los funcionarios gubernamentales desconfíen de las capacidades y la racionalidad de las masas.

En realidad, el mismo Chávez llegó a tener en el último periodo de su presidencia la misma aversión a los riesgos que Maduro muestra actualmente. En ningún lugar fue más evidente este rasgo que en sus políticas hacia la vecina Colombia. A partir de 2007-2008, Chávez decidió promover un proceso de paz que conduciría a la desaparición de la guerrilla de las FARC, que llevaba 50 años combatiendo. En lugar de pensar en una radicalización de la guerrilla, que podría haberse efectuado trasladando los principios fundamentales del proceso bolivariano de participación y protagonismo popular a un contexto diferente al que Chávez estaba acostumbrado –un contexto definido por la lucha armada–, el presidente venezolano deseaba que la guerrilla hiciese un aterrizaje suave en la política legal. La lucha armada contra el imperialismo estadounidense es obviamente una empresa arriesgada, pero en su deseo por eliminarla parece que Chávez pensaba que estampar un sello de Marea Rosa (un giro a la izquierda) a la política legal podría funcionar en el país vecino. Pero era descabellado. Dicho modelo, que ya estaba en peligro en Venezuela por aquel entonces, nunca podría haber despegado del terreno en medio de la polarización existente en Colombia.

Practicar una política libre de riesgos es virtualmente una contradicción desde el punto de vista de la izquierda y, en el mejor de los casos, tiene una corta vida. Esto es así porque la seguridad que se adquiere siempre implica una mayor dependencia de la dinámica y las fuerzas del capitalismo. En la crisis que atravesó poco después de su llegada a la presidencia, Maduro tomó el camino de menor resistencia y pretendió eliminar los riesgos inclinándose hacia un desarrollo capitalista. La decisión del gobierno de reemplazar el contrato social existente para acoger a sectores capitalistas emergentes –un giro que se tomó con la excusa del brutal ataque imperialista– resulta evidente en la irónicamente denominada “ley antibloqueo”, aprobada en octubre de 2020. Se podría pensar que una ley antibloqueo intentaría cerrar filas con el pueblo venezolano para enfrentar al enemigo externo. Pero la ley aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente no tiene nada que ver con eso, sino que traiciona su verdadero propósito al incluir cláusulas que permiten la privatización de empresas públicas sin tener que rendir cuentas a la ciudadanía.

Es importante resaltar que, en los primeros cinco años de su presidencia, Chávez ni siquiera tuvo la opción de seguir una política libre de riesgos –aunque fuera una quimera– pues el contexto geopolítico global de la época y la falta de aliados poderosos no se lo permitía. Cuando Chávez echó a andar la revolución bolivariana en 1999 se encontraba casi en solitario en el contexto mundial. Por esa razón, el único apoyo que podía tener el movimiento fue el de las propias masas venezolanas. Fue este bloque popular, movilizado gracias al liderato carismático de Chávez, el que se enfrentó a un mundo dominado por Estados Unidos. Tuvo su momento de gloria cuando consiguió derrotar el golpe de Estado respaldado por Estados Unidos en 2002 y el sabotaje petrolero que le sucedió. Sin embargo, con el ascenso de China y Rusia como potencias rivales del poder estadounidense, surgió otra opción sobre la mesa: la posibilidad de confiar en el apoyo de una emergente clase capitalista local y buscar el apoyo internacional de estas potencias rivales al tiempo que apartaba de la ecuación a las masas venezolanas.

Carece de sentido analizar una evolución histórica si no se examinan las opciones disponibles que se dejaron atrás en el camino. En Venezuela, el contrato social que definió los últimos años de Chávez –el apoyo pasivo de las masas a un gobierno que garantizaba su bienestar material– ya no es posible. Pero el giro que ha dado el gobierno actual para buscar apoyo en una emergente clase capitalista no es la única opción potencial. Las masas venezolanas todavía están vivas y efervescentes. Las prácticas de solidaridad social, los ideales igualitarios y el cuestionamiento de las actitudes hacia el liderazgo forman parte de la cultura popular venezolana desde antiguo. Estos rasgos fueron fomentados, aunque de formas contradictorias, durante la primera década de chavismo. Es posible incluso encontrar prácticas de solidaridad –junto con el individualismo que el comercio privado necesariamente implica– en el pequeño comercio y el trueque que permiten sobrevivir a los venezolanos de las ciudades. Las estrategias de supervivencia de las masas relacionadas con la salud, la alimentación y la vivienda todavía evidencian más las actitudes solidarias.

Otro importante centro de solidaridad social en Venezuela es el subconjunto de las comunas en funcionamiento, que continúan intentando producir nuevas relaciones sociales. Aunque el número de comunas activas sea relativamente pequeño, estas forman parte de un amplio movimiento de base campesina que engloba muchos de los mismos valores. Lo suyo sería hallar la manera de aumentar todas estas prácticas de solidaridad social, que representan la verdadera lógica del socialismo, y desarrollar al mismo tiempo los medios para traducir la solidaridad popular y la cooperación en participación política activa. Si se recuperara la participación –el camino que abandonó el proceso bolivariano en la última década– se produciría un importante e innovador giro hacia el socialismo genuino, más relacionado con la libertad y el desarrollo humanos y menos con el mero bienestar material distribuido a las masas pasivas. Esto último ni siquiera es ya una posibilidad en un futuro próximo, bajo cualquier régimen imaginable en Venezuela.

Conclusión: Si aumentara el peso en la sociedad de estas prácticas solidarias y estas formas organizativas, y pudieran convertirse en expresión política, el liderazgo se vería forzado a rectificar y a abandonar su giro hacia los sectores capitalistas emergentes. Todo ello implicaría graves riesgos. En cualquier caso, el camino hacia el socialismo y la liberación humana es inconcebible sin iniciativas arriesgadas, como la lucha armada que tuvo lugar en la Sierra Maestra de Cuba y el alzamiento venezolano del 4 de febrero [de 1992, encabezado por Hugo Chávez, y germen de la revolución bolivariana], ninguno de los cuales tenía muchas probabilidades de triunfar.

Chris Gilbert es profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Bolivariana de Venezuela. Es coautor del libro Venezuela: The Present as Struggle, donde da voz a las bases de la revolución bolivariana, reseñado en Rebelión: https://rebelion.org/venezuela-la-lucha-del-presente-voces-de-la-revolucion-bolivariana/

Por Chris Gilbert | 21/01/2021 | Venezuela


Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Fuente: https://www.counterpunch.org/2021/01/17/how-the-left-got-where-it-is-in-venezuela-and-what-to-do-about-it/

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