“Francesca Gargallo seguirá viviendo en cada paso de nuestra lucha”: mujeres kurdas

Desde el Movimiento de Mujeres de Kurdistán se difundió un comunicado en memoria de la pensadora feminista italo-mexicana Francesca Gargallo Celentini, fallecida en México el 3 de marzo de este año.

A continuación publicamos la declaración completa:

Desde el Movimiento de Mujeres de Kurdistán recibimos con dolor, ayer (3 de marzo) a la mañana, desde la Ciudad de México, la noticia de la muerte de la activista, académica, escritora y poeta Francesca Gargallo Celentani.

Francesca Gargallo era para nosotras una hermana y acompañó, desde el internacionalismo y con sus profundas reflexiones, nuestro movimiento a través de los continentes.

Nuestros pensamientos de amor más profundos van en esto momentos a su hija Helena y a todos sus seres queridos, que abrazamos mientras están reunidos en una red transnacional de afectos; nuestros sentimientos más comprometidos son sin fronteras para tener viva la memoria de vida y el ejemplo de nuestra compañera Francesca Gargallo, desde su alegría y vitalidad, que hacía de cada reflexión compartida una apertura sincera de horizontes y caminos.

Nacida en el sur de Italia, en Sicilia, en el 1956, y habitando México desde el 1979 como toda Abya Yala en su profundidad rebelde desde las luchas de las mujeres y disidencias, Francesca Gargallo caminaba la palabra desde un sentipensar que transcendía fronteras y tejía comunidades amorosas y autónomas, indígenas y populares, desde un internacionalismo feminista sensible y generoso en defensa de los derechos humanos. En su obra figuran cuentos para la infancia, poesías, narraciones y en sus trabajos, como en “Ideas Feministas Latinoamericanas” y después en “Feministas de Abya Yala”, criticaba la modernidad capitalista hegemónica y planteaba, practicándolas colectivamente, otras formas de ser, por fuera de esa, del feminismo radical. Ella recordaba en sus escritos que una lucha de mujeres que no construye autonomía sino que solo pide equidad, asimilando el mundo masculino, en un contexto de occidentalización acelerada del mundo, se pliega a políticas públicas globales estatales, y así tiende a forzar a todas las mujeres a una supuesta liberación individual, impulsando solo sus intereses en el ámbito del sistema capitalista, publicitado así como “el único sistema que funciona”.

La búsqueda de Francesca Gargallo hacia una modernidad democrática y anti-patriarcal en su investigación militante y académica ha abierto tanto señalamientos a los feminismo hegemónicos institucionalizados, como rutas para abarcar y entender con más atención las luchas llevadas adelante entre Abya Yala y Kurdistán, otras formas no occidentales de lucha anti-patriarcal desde donde construir mundos de sentidos y practicas comunitarias en defensa del planeta en autentica pluriversidad.

La entera vida de Francesca Gargallo ha sido este actuar colectivamente en una constante despatriarcalización de la comunidad y de la vida. Lectora y conocedora de las autobiografías escritas por la dirigente kurda Sakine Cansiz, como ella, sentimos que Francesca Gargallo abrazó la idea de tener que construir libertad no en un futuro próximo, sino en el aquí y en el ahora, comunalmente. Esto emerge cada momento en su obra escrita como en cada palabra que haya compartido desde la convivialidad. Dando énfasis con su creatividad a la potencia liberadora de la poesía, poco meses antes de irse, Francesca había escrito en el prologo de “Otoño”, una publicación de poesías sobre el Kurdistán: “La poesía es la forma literaria que adoptamos cuando necesitamos contar lo indecible porque, precisamente, accede al instante en el que podemos detenernos y gritar. Expresa nuestra fantasía de forma tal que devela el recuerdo de un relámpago que nos empuja, a pesar de la cotidianidad global, a reconstruir la libertad, ese anhelo tan personal que solo se hace realidad cuando compartimos su construcción y sus frutos.”

Su compromiso feminista internacionalista caminante para la libertad llegó hasta romper los muros de las cárceles de Turquía, cuando hizo resonar internacionalmente sus palabras contra el arresto de nuestra compañera kurda Leyla Güven, la cual inició una huelga de hambre en prisión y a la cual Francesca dirigió estas palabras, que en espejo, ahora le devolvemos: “Tu vida es importante para las feministas. Porque nos recuerda que tenemos que poner nuestro cuerpo en las primeras lineas si queremos desertar el patriarcado, y levantarnos contra la tortura, el aislamiento frente al rechazo de que las personas puedan vivir en paz”.

¡Francesca Gargallo seguirá viviendo cada paso en nuestra lucha!

!Jin Jiyan Azadi!

Movimiento de Mujeres de Kurdistán / 04-03-2022

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Doña Fabiola Lalinde, la operación cirirí y la luz para comprender lo que nos pasa

Esta semana, el sábado 12 de marzo, en la madrugada, después de una vida luchada y a sus 90 años, murió doña Fabiola Lalinde, inspiradora de las mujeres que en Colombia buscan a los suyos desaparecidos. Quiero proponerles de nuevo este artículo, que ya había escrito antes, y es que me parece que esta memoria, sellada con su muerte, nos será siempre necesaria.


Sé bien que sirirí se escribe con s, pero doña Fabiola Lalinde, la protagonista de la historia que inspira mi reflexión, prefirió hacerlo con c y tendría sus razones. Así que también yo voy a usar la c y a poner cirirí en vez de sirirí. Es que Fabiola, y con ella todos los que han vivido a tope, tienen derecho a cambiar las palabras y dar a luz a un nuevo lenguaje para poder decirnos la originalidad de lo que han vivido.


Fabiola, es una mujer colombiana, paisa, que perdió a su hijo Luis Fernando Lalinde Lalinde. Como buena madre, no descansó hasta encontrar, muchos años después, los restos mortales y la verdad de la muerte de su hijo. Luis Fernando desapareció en octubre de 1984, violentos lo torturaron, lo ejecutaron sin juicio y escondieron su cadáver en las montañas. Cuando Fabiola y su familia empezaron a buscarlo y a ir tras sus rastros, los victimarios, en este caso vestidos de legalidad, negaban que hubieran tenido al muchacho en su poder, y aunque coincidían los rasgos que describían los buscadores con los que daban los campesinos testigos de la detención y la tortura, ellos insistían, tratando de torcer la investigación, que la persona que había sido detenida era un “alias Jacinto”, para nada Luis Fernando, y que no sabían su paradero y destino final.


Fabiola no se amilanó. Semanas después, estando en la prisión, a donde la metieron arbitrariamente para impedir los hallazgos y los nudos de verdad que iba desatando, encontró en sus recuerdos el nombre para la búsqueda de su hijo: “operación cirirí”. Fue que, tras las rejas, se acordó que, siendo todavía niña, su papá la llamaba “cirirí”: –“mi padre se burlaba de mí y decía que yo era como un cirirí, muy insistente y persistente. El cirirí, es un ave pequeña que persigue a los gavilanes que se llevan los pollitos y pichones, con gran insistencia, y persistencia hasta cuando les toca soltarlos”-. La mujer se propuso pues ser un “cirirí”, sin usar violencia, sin desconfiar de su pequeñez frente a los poderes casi de acero que tenía que enfrentar, perseverando hasta recuperar a su hijo, su dignidad y su verdad, y se dijo a sí misma y a los que la apoyaban: –“se va a llamar operación cirirí, y lo voy a buscar toda la vida, aunque no lo encuentre”–.


La búsqueda se reactivó contra toda esperanza cuando, sin que los jueces encontraran motivos para retenerla, la soltaron de la cárcel y ella salió convertida en un “cirirí” detrás del “gavilán” que le había arrebatado a su hijo. Nada fácil, la amenazaban, la trataban de loca y la hacían esperar en todas las oficinas y recorrer innumerables dependencias. Ella sin desanimarse, porque el amor no se cansa, repetía: “Yo sigo con mi fe y le hago operación cirirí hasta a mi Dios”. En mayo de 1992, dio con el lugar donde los victimarios habían dejado el cuerpo y en noviembre de 1996 el ejército le entregó el cráneo y 69 huesos que quedaban de su hijo. Estos restos eran ya consuelo, pero todavía tendrían que pasar algunos años para esclarecer la verdad y recibir parcial justicia; cosa de nunca acabar porque su lucha la llevó a inspirar y dar fuerza y estrategia a muchas otras mujeres de Colombia que buscan los suyos, unos 120,000 desaparecidos: –“encontré a Luis Fernando, –dice– pero no he dejado de buscar y preguntar”–.


Fielmente, todos esos años, Fabiola fue construyendo un diario de su búsqueda, lo fue llenando de pensamientos, oraciones, fotos, entrevistas, artículos de prensa, cartas y muchos más documentos. Ese archivo, declarado por la UNESCO patrimonio para la memoria del mundo, fue donado por ella a la Universidad Nacional de Colombia, y cuando se los entregaba a los estudiantes les aconsejaba: –“jovencitos, duden, opinen, hagan hablar al archivo, no dejen que guarde silencio”–.


Y en esta operación cirirí veo luces para hacer teología de la historia en nuestro contexto colombiano, es decir, para leer lo que vivimos con ojos de fe. El archivo en el que Fabiola recogió todas sus experiencias nos recuerda, de manera dolorosa y confiada, el Apocalipsis, el libro de la revelación, escrito por Juan el vidente y que ayudó a los cristianos de la Iglesia naciente a ver con luz de Dios el sentido de los difíciles tiempos de persecución, violencia y muerte que atravesaban y en la que muchos se sentían tentados, como hoy lo podemos estar nosotros, a la desesperación, a la venganza y al sin sentido. Creo que todos esos documentos sean linterna para las oscuridades de esta guerra que no acaba y de esta fuerza de muerte que intenta aplastarnos; el Apocalipsis de Juan fue en su momento un libro revolucionario, que se resistía a llamar “normalidad” a lo que más bien era muerte, y así también el de Fabiola, en forma de archivo, que despierta la sensibilidad y nos anima a la esperanza. El archivo de la señora, escrito en las tinieblas y en la esperanza, inspira confianza y tesón, es un aliciente para la resistencia y la resiliencia, no le falta humor y nos asegura que los que son como el cirirí, sin recurrir a la violencia, a veces tenidos por incapaces, de buena testarudez, pueden vencer a los que se muestran como gavilán prepotente, desvirtuados en aparato de fuerza, armados hasta los dientes, violentos en su desesperación. Sí, como seguramente aconsejaba a los cristianos perseguidos el vidente Juan y como aconseja Fabiola a los estudiantes y a todos los que accedemos a su archivo, tenemos que hacer hablar estos textos, apocalipsis inspirados de ayer y de hoy, y no podemos dejar que guarden silencio.


El vidente que escribió el Apocalipsis se veía a sí mismo llorando y suplicando, y esto porque en esa situación tan complicada que vivía junto a su pequeña comunidad cristiana, minoría dispersa y aplastada por Roma, había confusión, mucha desazón y no se entendía por qué pasaba lo que pasaba; en medio de sus lágrimas y como respuesta a sus súplicas, Juan vio, como bajado del trono de Dios, un libro que tenía la explicación que tanto buscaba y que podía aclararle el sentido de tanto sufrimiento; pero, el problema no estaba todavía solucionado, el libro estaba sellado casi hasta lo imposible , y nadie lo podía abrir. Y así, hasta que, misteriosamente, apareció también en la escena un cordero, imagen de Cristo Jesús, que aunque tenía los signos de haber sido sacrificado, estaba de pie y había vencido la muerte y tenía ya la fuerza de un león y ese, se dijo, era el único que podía quitar los sellos que impedían leer y explicar el contenido, es decir, el único capaz de interpretar la historia trágica que se vivía y asegurar que todo, en contra de las apariencias, iba a terminar bien, que el mal no tendría la última palabra, que el bien vencería.


Intuyo en Fabiola, y en todos los que buscan a sus familiares y amigos, y quieren no sólo recuperar sus huesos, sino hacer memoria de la dignidad y verdad de los suyos, una nueva versión de la visión apocalíptica que nos muestra otra vez a Cristo Jesús, cordero sacrificado y en pie, esta vez en nuestras víctimas, y que nos indica que él sigue teniendo en sus manos el destino de nuestro mundo y las claves de nuestra historia: Las buscadoras y buscadores, al hallar los restos y sobre todo la memoria y la dignidad de los que han sido asesinados, encuentran a los que pueden quitar los sellos y abrir el libro para discernir lo que nos pasa, dar con la pascua en tanta muerte y abrir lugar a una nueva Colombia. Lo que Dios sabe de esta historia y su sentido nos lo puede revelar sólo de labios de las víctimas, y es por esto por lo que, si en la Iglesia queremos dar una palabra de Dios sobre la situación que vivimos, no hay otra alternativa sino la de escuchar profundamente a los que han sufrido y siguen sufriendo: ellos y ellas, como el cordero del Apocalipsis, no son sólo víctimas, no se han perdido, se pueden poner en pie y hablarnos de parte de Dios.


Alguno me dirá que esto es reduccionismo y que estoy absolutizando el relato de las víctimas, y, francamente, reconozco que es así: Dios, lo dice también Jesús, descubre sus secretos a los pequeños y los esconde de los que se ponen por encima, se revela haciéndose a nuestra medida, en las voces y en los sucesos de los empobrecidos, de los que se han quedado sin palabra, de los sin poder, de los ninguneados, de los limitados, de los asesinados, de los desaparecidos. Dios sabe decírnoslas todas en nuestras parcialidades, incluso en nuestras equivocaciones, no habla usando categorías del más allá, confía en las nuestras del más acá, se expresa en nuestros gagueos, arma su relato con nuestros olvidos y logra coherencia en nuestros testimonios apretados y difíciles. Entenderemos, abriremos el libro de la historia y quitaremos sus sellos, en la proporción en que oigamos a los que han sufrido, a los que han muerto, a los que ya están en pie: “¿qué sabe el que no ha sufrido?”, han preguntado siempre los místicos.


La Iglesia, en un contexto como Colombia, tiene también que montar operación cirirí, volverse “insistente, persistente e incómoda”, hasta encontrar el cordero sacrificado y en pie, “los pollitos y los pichones”, las victimas dignificadas, y dejar que sus relatos, su memoria recuperada, la verdad de sus luchas, los ideales y sueños que nadie pudo matar, quiten los sellos absurdos que no nos dejan entender lo que vivimos y nos den las claves para entender desde la fe esta historia nuestra. Sin hacer lectio divina sobre los relatos de las víctimas, la Iglesia que tiene por misión la profecía, es decir dar razones de Dios, se vería expuesta a conformarse y verse engañada y engañadora, hablando, si mucho, de un ídolo, pero no del Dios vivo; señalaría un cielo inventado, pero no la gloria de Dios que es la vida de la gente. Donde no habla el cordero sacrificado y ya con fuerza de león, donde las víctimas no logran ponerse en pie, no hay palabra de Dios, lo que nos pasa queda a merced del mal y el sinsentido, se bloquea la construcción del reino.


Fabiola, con alas de cirirí, ese pájaro pequeño, indefenso, confiado, testarudo, y osado frente al gavilán que arrebata sus pichones, recuerda a la Iglesia de los tiempos en que Juan escribió su Apocalipsis: una pequeña comunidad, representada en una mujer con alas de águila, acosada por un imperio que más bien parecía dragón y que a pesar de todo no se rindió y salió airosa. Fabiola, como un cirirí, venció finalmente al gavilán y rescatando su verdad y su memoria, salvó a su hijo de la muerte, y esto porque como ella mismo dice - “uno se muere es cuando lo olvidan”-, y ella no dejó caer en el olvido a Luis Fernando, y no lo dejó en las montañas como NN y menos como “Alias Jacinto”, sin el nombre que le había dado su amor de madre. Nuestra Iglesia tiene en Fabiola inspiración para ejercer su maternidad; la Iglesia representada en el Apocalipsis como una mujer perseguida por el dragón y a la que le quieren arrebatar a su hijo, se vuelve a ver en Fabiola y en todas nuestras mujeres buscadoras. Estas dos figuras de la Iglesia, una en los tiempos de la violencia romana y otra en los de la violencia colombiana, pueden salvar a sus hijos y enfrentarse a lo imposible: La Iglesia, si madre de verdad, enfrentada al dragón y al gavilán por sus hijos, ha de decir siempre y al unísono con ellas - “no he perdido la sensibilidad, espero no perderla nunca y seguir con la operación cirirí hasta el último suspiro”-.

Impresiona sobre manera oír a Fabiola quien, ya al final de su relato, dice con paz y gratitud que –“este drama se convirtió en una experiencia dolorosamente bella”–, y es cuando dice eso, que su archivo de búsqueda y todo lo que cuenta, se vuelve buena noticia, un apocalipsis según Fabiola. Y esa es la esperanza, que un día la Iglesia colombiana, después de muchas luchas de madre y al volver sobre esta memoria que estamos tejiendo, pueda tener en sus labios, el evangelio según Colombia, y proclamar su pregón de resurrección y decirles a todos que Cristo Jesús, en Luis Fernando y en todos los que padecieron, murió, resucitó y está siempre llegando.

Con la Iglesia de todos los tiempos seguimos confiando y no nos cansamos de orar diciendo “ven señor Jesús” y con doña Fabiola Lalinde seguimos averiguando - “por qué, por qué, por qué”-. Fieles a esta oración y pregunta, nos sorprenderá un cielo nuevo y una nueva tierra: Luis Fernando Lalinde Lalinde nunca será “Alias Jacinto”, nada malo de lo que nos ha pasado nos dañará, se van a abrir las fosas y los sepulcros y los muertos saldrán todavía más vivos que los vivos, fundiremos los metales de muerte y soplaremos en ellos aliento de vida, habitaremos nuestros territorios y comeremos de lo sembrado, en las noches estaremos tan confiados como al medio día, volverán cantando los que se fueron llorando, la historia tiene sentido. ¡Maranatha!


Gracias, Doña Fabiola.

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Miércoles, 16 Marzo 2022 05:21

Serguéi Lavrov, el mensajero de Putin

Serguéi Lavrov, el mensajero de Putin

Desde hace casi dos décadas, el de Serguéi Lavrov es el rostro de la diplomacia rusa. Producto del aparato de formación de la burocracia soviética, Lavrov es un personaje peculiar que ha sabido abrirse paso en el gobierno de Putin. Su gestión acompañó el esfuerzo ruso por volver a posicionarse como gran potencia y ahora tiene la tarea de justificar la invasión de Ucrania.

Hace casi dos décadas que la política exterior rusa tiene el mismo rostro: el de Serguéi Viktorovich Lavrov. Su corporeidad robusta y estética old style quedaron asociados a los años en los que Rusia amplió su capacidad militar, se probó en la guerra de Siria y finalmente, se lanzó a la invasión de Ucrania. Su propia vida sintetiza la transición entre la antigua potencia del «socialismo real» y el país actual, gobernado con mano de hierro por Vladímir Putin.

De padre georgiano con ancestros armenios y madre rusa, Lavrov nació en Moscú en 1950. En la biografía oficial que aparece en la página de internet del Ministerio de Asuntos Externos de Rusia se lo define como russky, lo cual resalta su origen étnico y cultural y no tanto su pertenencia legal, que es lo que expresaría el término rossianin, matiz que en castellano se pierde ya que ambas palabras se traducen como «ruso». Lavrov forma parte de lo que Alexei Yurchak bautizó como la «última generación soviética», aquella que creció convencida de que la Unión Soviética duraría para siempre y que, sin embargo, no se sorprendió cuando se disolvió casi de un día para otro1. La entrada de Lavrov a la carrera diplomática comenzó, de hecho, en los días en los que Leonid Brezhnev se afirmaba en el poder y el petrificado socialismo tardío parecía navegar en las aguas del estancamiento. Luego de cumplir diversos roles diplomáticos, Vladímir Putin lo nombró, en 2004, Ministro de Asuntos Externos de la Federación Rusa. Desde entonces, permaneció en el cargo y se acercó lentamente al récord que ostenta el patriarca de las relaciones internacionales soviéticas, Andrey Gromiko, quien se mantuvo en su puesto durante más de 25 años.

Lavrov es un producto natural de la formación de burócratas soviéticos. Se graduó en el Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú en 1972 e inmediatamente comenzó a trabajar en el servicio diplomático. Su primera misión importante lo encontró en la embajada soviética en Sri Lanka, donde perfeccionó su manejo del cingalés, uno de los idiomas que domina además del ruso, el inglés y el francés. Allí operó como asesor y fue también intérprete del entonces embajador Rafiq Nishonov, quien más tarde sería primer secretario del Partido Comunista de Uzbekistán. De regreso en Moscú en 1976, ocupó diversos cargos en el ministerio hasta que en 1981 fue enviado como miembro de la delegación soviética ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, donde permaneció durante siete años.

La disolución de la Unión Soviética encontró a Lavrov trabajando en Moscú, en lo que ahora se conoce como Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa. En 1994 regresó a Nueva York para desempeñarse como representante de su país ante la ONU, y presidió en diversas ocasiones el Consejo de Seguridad. A pesar de ser un posible candidato para reemplazar a Evgueny Primakov para el cargo de ministro de asuntos exteriores en 1998, su nombramiento tuvo que esperar hasta 2004, cuando fue convocado por Putin para que reemplazara a Ígor Ivanov, sucesor de Primakov y un gran opositor tanto a la intervención de la OTAN en Yugoslavia como a la invasión estadounidense en Irak. Desde entonces, Lavrov se ha desempeñado como canciller. 

La llegada de Evgueny Primakov a la Cancillería marcó un quiebre con la política exterior rusa de los primeros años post-soviéticos, que se había subordinado a las resoluciones de Estados Unidos y Europa. La amenaza que conllevaba la expansión de la OTAN hacia los territorios del antiguo bloque socialista y el objetivo de reponerse de la humillación que significó la pérdida del lugar de superpotencia luego de la disolución de la Unión Soviética en 1991, junto con el declive de Boris Yeltsin y sus consejeros más occidentalistas, condujo una nueva política exterior. La meta de Putin fue lograr la independencia de las potencias occidentales en la toma de decisiones a partir del fortalecimiento del rol del Estado. Así lo expresó Lavrov en 2006: «Para nosotros, esta autonomía es una cuestión clave y vamos a continuar actuando sobre esa base tanto en el país como en la arena internacional»2

La intervención de la OTAN en Yugoslavia en 1999 fue la gota que rebalsó el vaso y la nueva dirigencia a cargo de la Cancillería se puso como objetivo recuperar el control de un área de influencia que históricamente se había considerado reservada a Rusia. Las llamadas «revoluciones de colores», así como las invasiones estadounidenses de Irak y Afganistán, reforzaron la idea de que Rusia debía jugar un rol de importancia en el mundo y romper con la unipolaridad que pretendía ejercer Estados Unidos, haciendo valer rasgos heredados de la vieja Unión Soviética. Putin sabe, y lo recuerda cada vez que puede, que Rusia es una potencia que cuenta con armas nucleares. Pero el presidente ruso también apela a elementos sacados del pasado imperial. No se puede entender la conducta de Lavrov si no se comprende primero la necesidad del putinismo de reponer el lugar de Rusia el el concierto global o incluso la idea de restaurar un mundo ruso –russky mir –que unifique y proteja a todos aquellos que forman parte de esa comunidad lingüística y cultural. Gran parte de la política exterior rusa está guiada por esta idea de una civilización dividida y amenazada por fuerzas foráneas, especialmente las que provienen de Occidente, que relativiza las fronteras y sueña con una integración entre quienes viven en el territorio ruso y los rusoparlantes desperdigados por el planeta.

A diferencia de otros funcionarios del gobierno de Putin, que provienen de su grupo de amistades forjado en su ciudad natal de San Petersburgo (como el mencionado Medvedev), Lavrov no forma parte del círculo rojo del presidente y, en ese sentido, no parece tener el mismo peso a la hora de decidir la política exterior, como sí pueden haberlo tenido Serguéi Ivanov o Serguéi Prijodko. Eso no impidió, sin embargo, que le regalara a Putin una estatua de bronce tamaño natural de Mahatma Gandhi para su cumpleaños número 63, recordando una entrevista de 2005 en la que el presidente respondió a los medios occidentales que le cuestionaban su falta de democracia que «luego de la muerte de Gandhi no hay nadie más a la izquierda con quien hablar»3

De carácter apacible pero también severo, su estilo está más cerca del funcionario estatal que se subordina a las directivas del jefe que de un miembro del club de los amigos del presidente. Lavrov no es un político ni un militante, sino más bien un funcionario que heredó de la Unión Soviética –y particularmente de un ámbito como las relaciones internacionales– el imperativo de la defensa de los intereses del país por encima de cualquier otra cosa. Nunca juega solo, sino que es la voz cantante del equipo dirigente. Cuenta para ello con la compañía de la hábil María Zajárova, quien desde 2015 se desempeña como directora del Departamento de Información y Prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores y quien además de presentarse semanalmente frente a la prensa para sintetizar las actividades de su jefe, no tiene problemas en reunirse con docentes de las escuelas moscovitas para recordarles que tienen que reservarse su opinión personal sobre la guerra en Ucrania, ya que trabajan para el Estado y deben proteger sus intereses

Al igual que el presidente ruso, Lavrov suele practicar deportes y el esquí y el fútbol están entre sus favoritos. Fanático del Spartak, uno de los equipos más populares de Moscú, Lavrov es, además, de aprovechar sus ratos libres y sus vacaciones, que suele pasar en el interior de Rusia más que fuera del país. Es entonces cuando se arremanga su camisa para cortar leña, rutina que explica en parte su conservada línea que ronda ya los 70 años. Como muchas personas de su generación, es aficionado a la poesía y, de modo similar a muchos líderes soviéticos –el secretario general del Partido Comunista Iury Andrópov, sin ir más lejos– le gusta escribir versos, emulando tal vez a Evgueny Evtushenko o Bulat Okudzhava. Pero Lavrov es también un gran admirador de la literatura y entre sus autores favoritos se encuentra Mijaíl Bulgákov y su clásico El Maestro y Margarita una crítica exquisita y contundente a la vida soviética y sus contradicciones. En sus años como canciller, Lavrov ha logrado varias condecoraciones, como la Orden al Mérito por la Patria (en 2015), más elevada que el Estado ruso puede otorgar a un civil. En 2020 fue nombrado, además, como Héroe del Trabajo de la Federación Rusa, título que también fue otorgado al afamado director de orquesta Valery Gergiev y al director de cine Nikita Mijalkov –ambos de notable cercanía con el Kremlin– por sus aportes «a la prosperidad de Rusia». 

En su larga trayectoria, Lavrov ha sumado más logros que reveses en el desarrollo de una «diplomacia en red» que busca evitar, por un lado, la consolidación de alianzas formales y, por el otro, la ideologización de las relaciones internacionales. La «diplomacia en red» favorece un enfoque pragmático y flexible que tiene en cuenta los intereses de los actores involucrados para maximizar la influencia rusa4. Por ejemplo, su llegada a Siria en 2012, luego de que Rusia votara en contra de una resolución de las Naciones Unidas que pretendía aplicar sanciones al gobierno de Bashar al-Assad, fue recibida con júbilo por miles de sirios que padecían las miserias de la guerra civil. Al año siguiente la tarea del Lavrov resultaría decisiva para acordar la destrucción de las armas químicas que poseía el gobierno sirio. 

Durante la crisis ucraniana durante 2014, su desempeño resultaría fundamental para legitimar la anexión de Crimea y para dejar en claro que Ucrania debía ser el límite de la expansión de la OTAN. De hecho, Lavrov siempre manifestó que la alianza euroatlántica debía limitar su expansión, cuando no revisar su existencia en un mundo donde la Guerra Fría ya es historia. Si bien hubo sanciones por parte de Estados Unidos, su efecto sobre la economía y la diplomacia apenas fue percibido. Cada vez que pudo, Lavrov dejó en claro su oposición a las sanciones que el país del norte aplicó no solo a su país, sino a otros como Turquía, pero también a otras formas de presión internacional, como que se considerara a Irán como un «estado canalla». En los círculos diplomáticos todavía se recuerda cuando, en plena crisis de Corea en 2017, caracterizó al enfrentamiento verbal entre Donald Trump y Kim Jong-un como «una pelea de niños en un jardín de infantes».

El actual conflicto con Ucrania lo encuentra tan atareado como incómodo. Lavrov se ve forzado a hacer malabares para justificar, tanto ante sus compatriotas como ante la opinión pública internacional, los eufemismos que su gobierno utiliza para definir lo que es una lisa y llana invasión. Lavrov llama «operación militar especial» al ataque ruso sobre Ucrania y afirma que su gobierno no está enfrentando a los ucranianos, sino a los «nacionalistas». Se trata, por supuesto, de ejercicios retóricos difíciles, sobre todo luego de que el pasado 10 de marzo, el Ejército ruso descargara sus misiles contra un hospital de niños de la ciudad de Mariupol y desde que el gobierno ucraniano comenzara a reportar la muerte de civiles. Si bien su trabajo supone el ejercicio diplomático de evitar frases comprometedoras y fuera de lugar, hace unos días sostuvo en una conferencia de prensa, luego de reunirse con su colega ucraniano, que Rusia no pretende atacar a otros países porque de hecho, «no atacó a Ucrania» sino que «la está liberando». 

Su rostro incólume no sirvió para matizar el eufemismo ni disimular el enorme daño que la actual política exterior rusa está generando en el territorio de Ucrania. Todavía está por verse hasta dónde es capaz de llegar.  

  • 1.

Alexei Yurchak: Everything was Forever, Until It Was No More. The Last Soviet Generation,  Princeton University Press, Princeton, 2005.

  • 2.

Jeffrey Mankoff: Russian Foreign Policy. The Return of Great Power Politics, Rowman & Littlefield Publishers, Lanham, 2009, p. 16.

  • 3.

Mikhal Zygar: All the Kremlin’s Men. Inside the Court of Vladimir Putin, Public Affairs, Nueva York, 2016, p. 432.

  • 4.
  1. Mankoff, cit., p. 104.
Publicado enInternacional
Boric le habla al pueblo chileno desde el Palacio de La Moneda.. Imagen: EFE

En su primer discurso como jefe de Estado evocó a la figura de Salvador Allende y se expresó a favor del gradualismo: "vamos lento porque vamos lejos", prometió.

 

Gabriel Boric asumió la presidencia de Chile empujado por la fuerza de su militancia, de las luchas feministas, de los pueblos originarios que lo acompañan y el arco iris político de quienes creyeron en él. La plaza de la Constitución, frente al Palacio de La Moneda, marcó el cierre de un día esperanzador para uno de los países más desiguales del mundo. “Vamos lento porque vamos lejos. Es central que ustedes sean parte del progreso. No podemos hacerlo solos” interpeló a quienes le dieron la bienvenida como su máximo representante en el corazón de la Capital. Desde el balcón “por donde entraban cohetes” – como dijo en su discurso ante una multitud-, recordó a Salvador Allende y ese momento aciago del golpe de Estado de 1973. Habló casi 25 minutos, amplificado por dieciséis columnas de voz y un par de pantallas ubicadas en cada extremo de la sede de gobierno. La gente de a pie, un mosaico movilizado sin organizaciones visibles que lo convocaran, le ofrendó consignas de apoyo, le recordó que el expresidente Sebastián Piñera debe ser enjuiciado, que el patriarcado tiene que caer y que está dispuesta a seguirlo si cumple con sus promesas de campaña.

El minuto a minuto de la asunción de Gabriel Boric en Chile

Su discurso, por momentos leído y en otros improvisado, fue escuchado con mucha atención por un pueblo golpeado por el neoliberalismo, donde dominaban mujeres y hombres muy jóvenes, familias con hijos pequeños y en menor medida adultos mayores que sufrieron a la dictadura de Augusto Pinochet. Una mujer que superaba los 70 años mostraba un cartel en sus manos que decía “San Juan-Argentina”. A la pregunta de Página/12 de por qué estaba ahí, respondió: “Porque me tuve que exiliar en San Juan hace más de cuarenta años y no quiero más a una dictadura”. Como fondo se escuchaban pedidos de libertad para “las detenidas por luchar” – durante la represión de Carabineros en 2019-, estrofas de El pueblo unido jamás será vencido de Quilapayún, y evocaciones de los más veteranos a los duendes de Allende, el presidente que cayó en La Moneda hace casi 49 años.

"Una Constitución que nos una"

Boric eligió uno de sus balcones para transmitirle empatía a sus votantes, a quienes viajaron desde Puerto Montt y Arica en los dos extremos del país para acompañarlo, para darle un empujón de respaldo en las causas difíciles que tiene que llevar adelante. Una de ellas es la Convención Constitucional que está en marcha y que debe sacarse de encima definitivamente el lastre jurídico que dejó Pinochet. “En este primer año de gobierno nos hemos impuesto como tarea acompañar de manera entusiasta nuestro proceso constituyente por el que tanto hemos luchado. Vamos a apoyar decididamente el trabajo de la Convención. Necesitamos una Constitución que nos una, que sintamos como propia. Una Constitución que a diferencia de la que fue impuesta a sangre, fuego y fraude por la dictadura, nazca en democracia, de manera paritaria, con participación de los pueblos indígenas. Una Constitución que sea para el presente y para el futuro”, señaló el presidente.

“Chilenas y chilenos, pueblo de Chile” con esas palabras buscó aproximarse a quienes lo siguieron en su recorrido desde el aeropuerto de Pudahuel hasta la Casa de Gobierno en este momento histórico. La Alameda se había abierto para observarlo a él, que llegaba en el mismo Ford Galaxy que utilizaba el presidente socialista entre 1970 y 1973. Un operativo de cinco mil carabineros a lo largo de todo su recorrido hizo que llegara muy rápido hasta el centro de Santiago después de haber pasado la mitad del día entre las vecinas Valparaíso y Viña del Mar.

Lo custodiaba una nube de esos uniformados, a los que en Chile llaman Pacos, que vieron cómo crecía el repudio hacia ellos desde las protestas de 2019. De su discurso en La Moneda quedaron algunas definiciones precisas de hacia dónde va, después de reivindicar las luchas que lo empoderaron y de las que Boric fue el emergente más notable.

Los pueblos originarios

Nombró a las feministas, a las familias que siguen buscando a sus desaparecidos, a los estudiantes endeudados, a los campesinos sin agua, a los artistas que no tienen trabajo y a diversos grupos nacionales, con un énfasis especial en los pueblos originarios y en particular a la nación mapuche. “Quiero decir que en el sur tenemos un problema. Un conflicto en el que antes se hablaba de la pacificación de la Araucanía. Qué término más burdo e injusto. Después algunos decían el conflicto mapuche. No señores, no es el conflicto mapuche. Es el conflicto entre el Estado chileno y un pueblo que tiene derecho a existir. Y allí la solución no es ni será la violencia. Trabajaremos incansablemente por reconstruir las confianzas después de tantas décadas, después de tantas décadas de abuso y de despojo”.

Recordó también que su gobierno “no va a marcar el fin de las marchas, vamos a seguir andando y el camino, sin duda, va a ser largo y difícil”. Marchas en las que él y la generación de dirigentes jóvenes que lo acompañan participaron en un rol activo. Se animó a decir que “cuando terminemos nuestro gobierno, y hablo en plural – aclaró – podamos mirar a nuestros hijos, a nuestras hermanas, a nuestros padres, a nuestras vecinas, a nuestros abuelos y sintamos que hay un país que nos protege, que nos cuida, que garantiza derechos y retribuye con justicia el aporte que cada uno de ustedes hace para el desarrollo de nuestra comunidad”.

Derechos humanos

Recordó con mensajes solidarios a los familiares de las víctimas de la pandemia, no omitió mencionar a la guerra en Ucrania, dijo que “Chile promoverá siempre los derechos humanos en todo lugar y sin importarle en qué país”. Este concepto disparó un cálido aplauso en un sector de la gente que bordeaba la estatua del expresidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970), a donde se habían subido varios jóvenes que hacían equilibrio sobre el bronce.

Boric también le dedicó un párrafo saliente a la situación económica chilena: “Sabemos que sigue resentida, que el país necesita ponerse de pie, crecer y repartir de manera justa los frutos del crecimiento. Porque cuando no hay distribución justa de la riqueza y se concentra solo en unos pocos, necesitamos redistribuirla”. El aplauso se hizo más fuerte esta vez.

“Somos profundamente latinoamericanos”, expresó enseguida remarcando la frase y pidió “basta de mirar con distancia a nuestros países vecinos”, en un claro mensaje de unidad destinado a los pueblos que resumió en un concepto: “La voz del sur que se vuelva a escuchar”. En ese momento lo interrumpió la consigna de “juicio a Piñera”, que fue superada en más de una ocasión por el cantito “Boric amigo, el pueblo está contigo”. Casi un clásico de la multitud que recobró la fe después del segundo mandato del empresario Piñera que terminó con la muerte de 34 chilenos – según cifras oficiales – cientos de heridos y varias víctimas de las perdigonadas de carabineros que integran organizaciones del trauma ocular y según el Ministerio de Salud son 449 damnificados que perdieron la vista o sufrieron lesiones menores.

La asunción en Valparaíso

Antes, al mediodía, Gabriel Boric había recibido la investidura presidencial a 120 kilómetros de distancia, en la ciudad portuaria y sede del Congreso. En el momento cumbre de la sesión, respiró profundo, suspiró y tomó impulso para firmar el libro de actas donde consta que es el 34° presidente de Chile. Los diputados y senadores lo habían recibido con un aplauso cerrado aunque no tiene mayoría en ambas cámaras.

Saludó a Sebastián Piñera, su antecesor. Esperó que le entregara la banda presidencial y besara, de manera inédita, la llamada piocha de O’Higgins, una estrella que es considerada el símbolo del poder que se le confiere al primer mandatario. Ya ocupado formalmente su cargo, les tomó juramento a cada una de sus ministras y ministros – 14 mujeres y 10 hombres – después de cumplir con el suyo resumido en diez palabras que definen al menos uno de los caminos que tomará: “Ante el pueblo y los pueblos de Chile, sí prometo”.

El equipo del presidente

Los pueblos originarios que le dieron su voto en la campaña electoral lo recibieron ya en el recinto con vivas a la nación mapuche, la más numerosa de las nueve que conviven en el territorio chileno. Boric asintió con un gesto de aprobación. Saludó de a ratos con la mano en alto y abierta y en otras con un tímido puño cerrado que, se sabe, representa a la tradición de la izquierda. De su gabinete, la primera que juró fue Itzca Siches, la ministra del Interior y primera en la línea de sucesión presidencial. La prestigiosa médica cumplió un papel importante durante la pandemia y fue su jefa de campaña.

Después, el resto de las ministras y ministros, la mayoría muy jóvenes, miembros de la generación de referentes estudiantiles en la que se destacó el presidente, juraron todos al mismo tiempo. Fue distinto a lo que sucede en la Argentina, donde cada integrante del Gabinete lo hace por separado. Cuando finalizó el acto de traspaso, la más requerida por la prensa fue Maya Fernández Allende, la nieta del médico socialista derrocado en el ’73, nueva ministra de Defensa. Socialista como su abuelo, la bióloga y veterinaria nacida en 1971, que se exilió con su familia en Cuba después del golpe del ’73, se incomodó con una pregunta sobre cierto planteo de las fuerzas armadas que despejó con una respuesta amable pero tajante: “Queremos lo mejor para Chile. No recibí ningún cuestionamiento. Hoy es un día de fiesta, de acto republicano, dejemos esa pregunta para otro momento”.

El flamante ministro de Hacienda y ex presidente del Banco Central, Mario Marcel, fue otro de los más consultados. A cargo de un área muy sensible del gobierno, adelantó que el aumento del sueldo mínimo a 500 mil pesos chilenos (el dólar cotiza a 810 en la moneda local) es una meta que se fijó Boric para el último tramo de su mandato.

Jornada histórica

El joven presidente saludó a todos los representantes extranjeros, funcionarios entrantes y salientes del gobierno chileno, besó a su pareja Irina Karamanos sin sacarse el barbijo y demoró varios minutos en salir del Congreso. Le pedían selfies, lo abrazaban a su paso, se detuvo para dialogar con sus pares de Latinoamérica unas breves palabras y ya en la calle tomó contacto con la población de Valparaíso por primera vez como presidente en ejercicio. Lo esperaba una jornada histórica que terminaría en La Moneda.

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Sábado, 12 Marzo 2022 06:01

Mario Terán, el verdugo del Che

Mario Terán

"Dispará cobarde, vas a matar a un hombre", le dijo Guevara

Acaba de morir en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, el asesino del Che Guevara. Veamos en qué circunstancias se produce la letal intervención del sargento del ejército boliviano Mario Terán Salazar aquel 9 de octubre de 1967:

1) En pleno combate contra la guerrilla en la quebrada del Churo los soldados bolivianos Balboa y Encinas observan que uno de los rebeldes arrastra a un compañero herido y les intiman rendición. Son las 3.30 de la tarde. Uno de los apresados es el Che Guevara, el otro es Willy Cuba, combatiente boliviano quien ha intentado heroicamente proteger a su jefe herido de un balazo en el muslo. Otro soldado recuperará el fusil dañado del Che, inutilizado por un disparo, que lleva la inscripción ‘Lan Div. United 744.520’ y en su culata es visible una ‘D’ mayúscula.

2) El capitán Gary Prado, a cargo del destacamento, anuncia la novedad por radio a La Higuera a "Morocho" (subteniente Totti Aguilera) quien operaba el equipo de comunicaciones GRC-9 y ordena que se comunique la novedad al mayor Ayoroa, jefe de los rangers bolivianos entrenados por la CIA, y se transmita al Comando de la Octava División en Vallegrande donde se encuentra "Saturno", el comandante de la Octava Divisón, Coronel Joaquín Zenteno Anaya.

3) Luego de pedir confirmación de tamaña noticia, "Saturno" ordena a "Flaco" (capitán Prado) trasladarse con muertos, heridos y prisioneros a La Higuera, distante dos kilómetros. A su vez Prado ordena levantar la operación militar hasta el día siguiente dejando guardias apostadas para impedir la fuga de los guerrilleros que aún estuviesen ocultos en la quebrada y regresa a La Higuera.

4) Muere el guerrillero cubano "Pacho" desangrado y sin asistencia durante el camino. El dìa anterior en su diario dejó constancia de que había liberado una mariposa de una telaraña.

5) El coronel Selich es el primer alto oficial que aterriza a bordo del helicóptero LS-4 en La Higuera. No es su área de mando pues es comandante del Regimiento de Ingenieros Número 3, pero, conocedor de la zona, lo hace para orientar al piloto, mayor Jaime Niño de Guzmán, en sus futuros vuelos.

6) El Che y Willy son alojados en la humilde escuela del villorrio, construida en adobe y con techo de paja, que tiene dos habitaciones apenas separadas por un tabique de madera.

7) Prado organiza un sistema de seguridad para custodiar a los prisioneros, teme una acción de rescate por parte de los guerrilleros que no han podido ser capturados, un oficial deberá estar siempre en la habitación y dos soldados en la puerta. Ordena al teniente Totti Aguilera que vende la herida de Guevara. Este suboficial contará al periodista R. Ustáriz Arce que la respiración del prisionero “era dificultosa, comenzaba a roncar, parecía como si se le tapara la respiración, no podía dormir, se sentaba”. Era la compañera de toda su vida, el asma.

8) El mayor Ayoroa ordena al Che que se ponga de pie para palparlo. El militar boliviano, en nuestro diálogo en Santa Cruz de la Sierra, me cuenta: “No llevaba nada encima, salvo un huevo duro”, seguramente su alimento para todo el día. Está descalzo y pesa veinte kilos menos. El Che se limitará a preguntar por sus hombres, “son buena gente, en estos momentos podrían estar viviendo cómodamente, con sus familias”.

9 ) Guevara es despojado de sus pertenencias que son acumuladas en la habitación del telegrafista: su diario de campaña, libros de historia y geografía bolivianas, mapas por él actualizados de la zona, su documentación personal, un altímetro que colgaba de su cuello, una pistola alemana calibre 9 mm. PPK Walter 45 con cargador, una daga "Solingen", dos pipas (una de fabricación casera), una carterita con dinero: 2500 dólares y 20.000 pesos bolivianos (que será repartido entre los oficiales ).

10) Julia Cortés es una joven maestra del pueblo de 19 años que ingresa en la escuelita "para preguntarle por qué había venido de tan lejos para matar bolivianos", me contará muchos años después en su vivienda de Vallegrande donde ejerce como partera. ‘Me lo imaginaba feo, con un aspecto temible, en cambio cuando estuve frente al Che y nos miramos me pareció un hombre increíblemente bello. Quedé flechada".

11) Más tarde otros de los que desfilan para observar al mítico guerrillero que yace sobre el suelo agotado, sucio, deprimido, asfixiado, comentarán burlonamente “está pensando en la inmortalidad del burro” a lo que Guevara responderá, rápido, “no señor, no estoy pensando en eso, estoy pensando en la inmortalidad de la revolución, esa que tanto temen aquellos a quienes ustedes sirven”.

12) Cuando le correspondió el turno de guardia al teniente Eduardo Huerta, un joven de 22 años de edad y miembro de una familia destacada de Sucre, el Che conversaría largo rato con él. El oficial boliviano me contará que la mirada del Che lo había impresionado, tanto que llegó a sentirse casi hipnotizado. El prisionero le habló de la miseria en que vivían los pueblos latinoamericanos y de la necesidad de una revolución que cambiase las cosas. También sobre el trato respetuoso que los guerrilleros daban a sus prisioneros, tan diferente al que recibían los capturados por el ejército.

13) El presidente de Bolivia, Barrientos, convoca en la noche del 8 de octubre de 1967 a una reunión militar del más alto nivel en La Paz. Ingresa con sus Jefes de Estado Mayor y Comandante en Jefe del Ejército, generales Ovando y Juan José Torres, una pequeña sala de exposiciones en la sede militar. Después de una grave conversación plantea el punto de la eliminación física del Che. Lo expuso como decisión seguramente consultada con la embajada de los Estados Unidos. Concluida la reunión se envía una instrucción cifrada a Vallegrande.

14) A las 7 de la mañana llega el coronel Zenteno a La Higuera trayendo personalmente la orden de eliminar al Che.

15) En el helicóptero, además del coronel Zenteno y del piloto Niño de Guzmán, llega Félix Rodríguez, cubano anticastrista, el agente de la CIA cuyo nombre ficticio es "capitán Ramos". El informe secreto de la CIA que lleva la identificación en español “Inspector General- 15 2015”, especifica que "Ramos" lo acompaña “para interrogar a Guevara”. Señala también que lleva consigo “un radio-trasmisor RS-48”.

16) Zenteno transmite la orden de matar al Che al mayor Ayoroa. Este argumenta que no es una orden que el reglamento militar obligue a obedecer y propone que esté a cargo de alguien que se ofrezca voluntariamente.

17) El falso "capitán Ramos" tiene un violento diálogo con el Che del que será testigo el piloto Niño de Guzmán: “El supuesto capitán entró en la habitación y acercando su cara hasta casi tocar la del Che, en una actitud prepotente, le preguntó: “¿Tú sabes quién soy?”. Guevara lo miró y le dijo. “Sí, un traidor”, y lo escupió en la cara”.

18) Zenteno convoca a los suboficiales y pide voluntarios para matar a los prisioneros. Todos se ofrecen. Entonces entra en escena el sargento Mario Teràn. Zenteno, al azar pues no lo conoce, lo elige para ejecutar al Che. El sargento Huanca se encargarà de Willy Cuba.

19) Pero pasará el tiempo y el coronel Zenteno se enontrará en un aprieto: la noticia ha corrido como reguero de pólvora y se están reuniendo periodistas y funcionarios en Vallegrande para recibir el cadáver del Che pero éste está todavía vivo en La Higuera. En el informe desclasificado de la CIA puede leerse: “Le dijo (a Félix Roríguez) que ejecutara a Guevara de cualquier forma, que él (Zenteno) debía volar hacia Vallegrande y que enviaría el helicóptero de regreso para recoger el 'cuerpo’ (con comillas en el informe) de Guevara a las 2 p.m. y que ‘como amigo’ le pedía que el cuerpo estuviese listo”.

20) Al no estar Zenteno, Selich, Ayoroa ni Prado el oficial de más alta graduación, aunque falsa ,es el "capitán Ramos". Convoca a Terán y le ordena balear al Che de la cintura para abajo para seguir con la ficción del "muerto desangrado por heridas recibidas en combate" pues las radios han difundido que fue herido en las piernas.

21) El sargento Terán, un hombre sencillo, semianalfabeto al que el destino ha elegido para una acción que sospecha con consecuencias, ha estado buscando un arma mejor que la suya. No es cierto que se haya emborrachado, y mucho menos con whisky como inventa algún biógrafo, inhallable en un lugar donde me fue imposible, más de treinta años después, tomar una CocaCola. Pero lo cierto es que le cuesta mucho apretar el gatillo y entra y sale de la habitación no menos de tres veces, sufriendo el escarnio de sus colegas que se burlan de su cobardía que contrasta con la decisión del sargento Huanca.

22) El Che le dirá a su verdugo, entre provocativo y sereno, "Dispara cobarde, vas a matar a un hombre". Y su apelación al verdugo es inevitable asociarla con aquel "Ve y cumple con lo que debes hacer" de Jesús a Judas. 

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Edificio de departamentos destruido por los bombardeos de ayer en Kharkiv, la segunda ciudad más grande de Ucrania, mientras continúa la crisis de refugiados de más rápido crecimiento en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, según la ONU.Foto Afp

La invasión rusa a Ucrania ha sido ampliamente descrita como el principio de una nueva guerra fría, muy semejante a la anterior, tanto en los personajes que la interpretan como en su naturaleza ideológica. "En el concurso entre la democracia y la autocracia, entre la soberanía y la subyugación, no se equivoquen, la libertad prevalecerá", aseguró el presidente Biden en un discurso a la nación televisado el mismo día que los tanques rusos ingresaron a Ucrania.

Pero mientras Rusia y Occidente están en desacuerdo en muchos temas de principio, esto no es una nueva edición de la guerra fría, es una lucha geopolítica muy particular del siglo XXI con el objetivo de obtener una ventaja en un tablero de ajedrez global muy competido.

Si hablamos en términos comparativos, pensemos en este momento como algo más semejante a la situación en Europa anterior a la Primera Guerra Mundial, que en lo que ocurrió como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial.

Geopolítica

La lucha denodada por el control sobre territorios extranjeros, puertos, ciudades, minas, vías férreas, campos petroleros y otros recursos materiales y militares ha gobernado el comportamiento de las más grandes potencias por siglos. Por ejemplo, Gibraltar, Pearl Harbor, las minas de diamantes de África, los campos petroleros en Medio Oriente. Los ambiciosos poderes mundiales, desde el Imperio Romano hasta la fecha, siempre han partido del principio de que adquirir el máximo control sobre esos lugares –por la fuerza, de ser necesario– es el camino más seguro hacia la grandeza.

Durante la Primera Guerra Mundial era considerado grosero entre los círculos gobernantes expresar de manera abierta sus motivos descaradamente utilitarios. En cambio, las partes fabricaban elevadas justificaciones ideológicas para explicar su intensa rivalidad. Incluso entonces, las consideraciones geopolíticas prevalecían. Por ejemplo, en la Doctrina Truman, ese temprano ejemplo de la ferocidad ideológica de la guerra fría, fue creado con la finalidad de justificar los esfuerzos de Washington para repeler las incursiones soviéticas en Medio Oriente, que entonces era la principal fuente de petróleo para Europa (y una fuente de ganancias para las petroleras estadunidenses).

Hoy día, las apelaciones ideológicas siguen siendo ostentadas por funcionarios del más alto nivel para justificar sus movimientos militares predatorios, pero se vuelve cada vez más difícil disfrazar la intención geopolítica de mucha de esta conducta internacional. El asalto ruso a Ucrania es el más implacable y ostensible ejemplo reciente, pero dista de ser el único.

Durante años, Estados Unidos ha buscado contrarrestar el ascenso de China con el incremento de las fuerzas militares estadunidenses en todo el Pacífico occidental, lo que ha provocado una serie de respuestas de Pekín. Otras potencias, incluidas India y Turquía, también han tratado de extender su alcance geopolítico. No es de extrañar que, en estas circunstancias, aumente el riesgo de que estallen guerras en este tablero de ajedrez global, y eso implica que entender la geopolítica contemporánea se ha vuelto aún más importante.

Comencemos con Rusia y su afán por lograr una amplia ventaja militar.

Luchando en el campo de batalla europeo

Sí, el presidente ruso Vladimir Putin ha justificado su invasión en términos ideológicos al afirmar que Ucrania es un Estado artificial que se separó injustificadamente de Rusia. También ha denigrado al gobierno ucranio al afirmar que está infiltrado por neonazis que aún buscan revertir la victoria de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial.

Estas consideraciones, al parecer se volvieron aún más extendidas en la mente de Putin mientras preparaba a sus fuerzas para un ataque a Ucrania. Sin embargo, dichas consideraciones deben verse como una acumulación de agravios sobrepuestos a una serie de acérrimos cálculos geopolíticos.

Desde la perspectiva de Putin, los orígenes del conflicto en Ucrania comenzaron inmediatamente después del fin de la guerra fría, cuando la OTAN comenzó a aprovecharse de la debilidad de Rusia en ese momento y comenzó a expandirse sin tregua hacia el este. En 1999, tres países que habían sido aliados soviéticos –Hungría, Polonia y República Checa–, todos antiguos miembros del Pacto de Varsovia (la versión moscovita de la OTAN), se incorporaron a la alianza. En 2004, Bulgaria, Rumania y Eslovaquia fueron agregados junto con tres estados que habían sido parte de la Unión Soviética (Estonia, Letonia y Lituania). Para la OTAN, este impresionante escalamiento trasladó su frente de defensa mucho más allá de los campos industriales a lo largo de las costas del Atlántico y el Mediterráneo. Mientras tanto, el frente ruso se redujo en miles de kilómetros hacia sus propias fronteras, colocando en posición de gran riesgo a su feudo, lo que generó profunda ansiedad entre los más altos funcionarios de Moscú que no aceptaban estar rodeados de fuerzas hostiles.

"Creo que es obvio que la expansión de la OTAN no tiene relación alguna con la modernización en sí de la alianza ni con garantizar la seguridad de Europa", declaró Putin en la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2007. "Por el contrario, representa una seria provocación que reduce el nivel de confianza mutua. Y tenemos el derecho de preguntar: ¿contra quién es esta expansión?", señaló.

Fue, sin embargo, la decisión de la OTAN de 2008 de ofrecer membresías a las ex repúblicas soviéticas de Georgia y Ucrania lo que enardeció las preocupaciones de seguridad de Moscú. Después de todo, Ucrania comparte una frontera de más de 965 kilómetros con Rusia, muy cercana a gran parte de su centro industrial. Los estrategas rusos temían que si Ucrania se unía a la OTAN, Occidente podría desplegar armamento poderoso; incluidos misilies balísticos, justo en su frontera.

"Occidente ha explorado el territorio de Ucrania como un teatro futurista, con un campo de batalla que algún día estaría dirigido contra Rusia", declaró Putin en un acalorado mensaje el 21 de febrero, justo antes de que los tanques rusos cruzaran la frontera con Ucrania. "Si Ucrania se une a la OTAN, sería una amenaza directa a la seguridad de Rusia".

Para Putin y sus principales asesores de seguridad, la intención principal de la invasión era eliminar esa posibilidad a futuro, y permitir que el frente ruso pudiera trasladarse más allá de su núcleo vulnerable, así como mejorar sus ventajas estratégicas en el espacio de batalla europeo.

Al parecer, subestimaron el poder de las fuerzas que se alinearon en su contra, tanto en lo referente a la determinación de los ucranios comunes de repeler al ejército ruso, como en la unidad que mostró Occidente en su disposición a imponer duras sanciones económicas, por lo que, con toda probabilidad, Moscú saldrá de esta batalla en una posición de desventaja. Pero una incursión de esa magnitud implica estos riesgos draconianos.

Mackinder, Mahan y la estrategia de EU

Washington se ha manejado a sangre fría en sus consideraciones geopolíticas durante más de un siglo, y al igual que Rusia, con frecuencia se ha topado con resistencia. Como una potencia comercial que depende significativamente de su acceso a los mercados extranjeros y a materias primas, Estados Unidos ha buscado tener control estratégico sobre una serie de islas, incluidas Cuba, Hawai y Filipinas, usando la fuerza cuando ha sido necesario. Esa consigna continúa hasta hoy, y la administración Biden busca preservar o expandir el acceso de Estados Unidos a bases militares en Okinawa, Singapur y Australia.

En esos esfuerzos, los estrategas estadunidenses están influenciados por dos vertientes principales del pensamiento geopolítico. Uno es el que fue nutrido por el geógrafo inglés Sir Halford Mackinder (1861-1947), quien sostenía que la combinación del continente Euroasiático poseía gran parte de la riqueza global, recursos y población, al grado de que cualquier nación capaz de controlar esa región estaría en condiciones de controlar el mundo de manera funcional. De ahí surgió el argumento de que "los estados insulares" como Gran Bretaña y, metafóricamente, Estados Unidos, tenían que mantener una presencia significativa en Euroasia, e intervenir en la zona, de ser necesario, para impedir que alguna potencia de la región ganara el control de los otros estados.

El oficial naval estadunidense Alfred Thayer Mahan (1849-1914), de manera similar, sostenía que en el mundo en proceso de globalización, donde el acceso al comercio internacional era esencial para la supervivencia de una nación, "el control de los mares" era aún más crítico que el control de Euroasia. Un ferviente estudioso de la historia naval británica, Mahan, quien fue presidente del Colegio Naval de Guerra en Newport, Rhode Island, de 1886 a 1893, concluyó que, como Gran Bretaña, su país debía contar con una poderosa marina y numerosas bases en todos los mares para beneficio de su supremacía comercial global.

Copyright 2022 Michael Klare

Traducción: Gabriela Fonseca

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Domingo, 06 Marzo 2022 05:24

Un mail a la izquierda occidental

Un mail a la izquierda occidental

Parte de la izquierda occidental analiza todo desde el neoimperialismo estadounidense y la expansión de la OTAN. Pero Rusia es un agente autónomo, cuyas acciones están determinadas por su dinámica política interna. Rusia moldea el mundo que la rodea del mismo modo que lo ha hecho Estados Unidos, aunque con otros medios.

 

Aquí, en el mundo postsoviético, hemos aprendido mucho de ustedes. Después de que nuestra propia tradición marxista sufriera la esclerotización, la degradación y la marginación, leímos los comentarios a El Capital en inglés. Tras el colapso de la Unión Soviética, nos basamos en sus análisis de la hegemonía estadounidense, el giro neoliberal en las formas de acumulación de capital y el neoimperialismo occidental. También nos han animado los movimientos sociales occidentales, desde el altermundismo hasta las protestas contra la guerra, desde Occupy hasta Black Lives Matter (BLM).

También apreciamos la forma en que han tratado de teorizar nuestro rincón del mundo. Han señalado correctamente que EE.UU. ayudó a socavar las opciones más democráticas y económicamente progresistas en la transformación postsoviética de Rusia y otros lugares. Tienen razón en que EEUU y Europa han fracasado en la creación de un entorno de seguridad que incluya a Rusia y a otros países postsoviéticos. Nuestros países llevan mucho tiempo teniendo que adaptarse, hacer concesiones, aceptar condiciones humillantes.

Sin embargo, la hegemonía estadounidense ha alcanzado sus límites. Estados Unidos ha perdido su capacidad de representar sus intereses como intereses comunes para Rusia y China, no puede imponerlos con el poder militar y su influencia económica se está reduciendo. Rusia ya no reacciona, ni se adapta, ni hace concesiones, sino que ha recuperado la capacidad de acción y es capaz de moldear el mundo a su alrededor. El conjunto de herramientas de Rusia es diferente, no es hegemónico, se basa en la fuerza bruta más que en el poder blando y la economía. Sin embargo, la fuerza bruta es una herramienta poderosa, como todos ustedes saben por el comportamiento de Estados Unidos en América Latina, Irak, Afganistán y en todo el mundo.

Rusia es un agente autónomo, sus acciones están determinadas por su propia dinámica política interna, y las consecuencias de sus acciones son vastas y dramáticas. Rusia moldea el mundo que la rodea del mismo modo que lo ha hecho Estados Unidos, aunque con otros medios. La sensación de irrealidad, de que «esto no podría haber ocurrido», proviene del hecho de que las elites beligerantes rusas son capaces de imponer sus delirios, de transformarlos en hechos sobre el terreno, de hacer que los demás los acepten a pesar de su voluntad. Ya no lo determinan ni Estados Unidos ni Europa.

Veo cómo la izquierda occidental hace lo que mejor ha hecho: analizar el neoimperialismo estadounidense, la expansión de la OTAN. Ya no es suficiente. No explica el mundo como es en realidad. No se puede describir exhaustivamente el mundo solo a partir de las acciones de Estados Unidos para moldearlo o las reacciones que ello provoca. Las cosas han adquirido una dinámica propia. Estados Unidos y Europa actúan en modo reactivo en muchos ámbitos. 

Por eso me llama la atención que, al hablar de los procesos dramáticos en nuestro rincón del mundo, los reduzcan a la reacción de su propio gobierno y de las élites empresariales. Lo hemos aprendido todo de Estados Unidos y de la OTAN, pero este conocimiento ya no es tan útil. Puede que Estados Unidos haya delineado este juego de mesa, pero ahora otros jugadores mueven las fichas y añaden sus propias reglas. Las explicaciones centradas en Estados Unidos son hoy anticuadas. He leído todo lo que se ha escrito y dicho en la izquierda sobre la escalada del conflicto del año pasado entre EE.UU., Rusia y Ucrania. Ha sido terriblemente desacertado. Mucho peor que muchas explicaciones mainstream. Su poder de predicción fue nulo.

No quiero acusar a la izquierda occidental de etnocentrismo. Es solo que tiene una perspectiva limitada. Solo pido ayuda para comprender la situación en términos teóricos, incorporando al mismo tiempo ideas de nuestro rincón del mundo. Explicar todo por Estados Unidos no nos ayuda en la medida en que ustedes creen que lo hacen. También necesitamos un esfuerzo para salir de las ruinas del marxismo oriental y de nuestra colonización por el marxismo occidental. Cometemos errores en este camino, y ustedes pueden acusarnos de nacionalismo, idealismo, provincianismo. Aprendan de estos errores: ahora también ustedes son mucho más provincianos.

Traducción: Pablo Stefanoni

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Martes, 01 Marzo 2022 06:24

¿Democracia?

¿Democracia?

Es probablemente el concepto político más utilizado, bienaventurado y a la vez mal-decido desde la antigüedad hasta el mundo moderno. Sabemos que la palabra como tal viene del mundo griego (Platón-Aristóteles) pero sabios desde otros costados del mundo como Lao-tse maestro del Tao en China, Zaratrusta, Cristo, hablaron del ser gobernante o del modelo gobernante desde una visión anticipada de la armonía y la igualdad colectiva inscrita en el espíritu humano que trataron de inspirar. Es la utopía que dentro de un cuerpo social esclavista como era el caso de Grecia y la república romana pero donde la lenta aparición de la soberanía individual y colectiva y la igualdad general que mas tarde con las revoluciones modernas se hará universal, se condensa en lo que la burguesía revolucionaria llamará "ciudadano" paralelo a la formación del mercado propiamente capitalista. Así mismo la esclavitud que Aristóteles designará como condición natural del ser humano continuará hasta el siglo XIX. El ciudadano, el mundo naturalizado, contrasta con esta continuidad esclava, pero que de todas formas seguirá imponiéndose bajo otra modalidad "igualitaria" con la revolución industrial; marcando a la sociedad a través del trabajo asalariado y la desigualdad social ascendente hasta el mundo de hoy.

Allí es donde la "democracia" como utopía de sabios, filósofos, liberales, republicanos, movimientos de liberación nacional contrastará con ella misma. La democracia aún estando legitimada por legalidades de estado que la usan como apellidos de su constitución siendo en su esencia aparatos de sostenimiento del mundo capitalista, seguirá manifestando su condición utópica de igualdad, libertad, derechos, por todos los movimientos de lucha, que en ciertos casos (formación de la Unión Sovietica, Revolución China) de tomar los poderes de estado extenderán el concepto con el signo de "popular, socialista", etc. Pero en ese contraste serán primero el filósofo Spinoza y luego los movimientos anarquistas que des-estatizarán, y regresarán a sus orígenes utópicos el concepto con los principios de "democracia absoluta" y "democracia directa", verdaderos principios del deseo colectivo de emancipación, algo muy parecido a lo que ocurrió con el comunismo en sus primeras etapas. La democracia tenderá a utilizarse para dualizarse o hacerse elemento siempre presente en los ambos lados de una misma lucha de clases entre trabajo, marginación, migración forzada y capital. Es una confrontación histórica en el plano inmaterial del pensamiento y su práctica que el bloque hegemónico del capital global necesitará utilizar hasta que logra convertirlo en un discurso de manipulación del sueño político libertario. La democracia ya desde los "socialismos reales stalinistas" hasta los formatos liberales o autoritarios que de diversas maneras se hacen presentes en el "decirse" de los gobiernos y estados se sustrae a un discurso preferente de partidos o formatos vacíos que son diseñados desde el alma discursiva de los poderes globales (ONU, servicios de gerencia burocrática, mercantilismo electoral, virtualismo y tecnocracia totalitaria, vaticano) y todas las formas del poder global y las carátulas de derecha incluso de izquierda que usan como actores de su mismo teatro. Discurso estándar recogido de una ancestral utopía, lo mismo ocurrido con el comunismo y socialismo en más de la mitad del mundo hoy desvanecientes. La democracia quedó para el uso de su contrario histórico (ese es el dualismo vacío). Una estética -no una política- palabrera, horrorosa en sus consecuencias….aunque ya nos dieron permiso; ¡todos somos demócratas!. Ya sea como banda armada, narcotráfico, o su perfecta complementariedad en la secta evangélica, fundamentalista, monarquías petroleras, o simplemente "demócratas" desde el más pobre hasta multimillonarios como Soros o Bill Gates.

Venezuela no es una excepción del caso. Sin hablar de lo que es su misma decadencia que la conocemos por lo menos desde hace diez años, la democracia que se quiso dar la nominación de "protagónica", de allí paso a ser una democracia corporativa, representativa, burocrática y en la medida que el proceso de deterioro material –industrial, monetario, sueldo cero- va profundidándose se convirtió en una "nula democracia" sin ningún tipo de "institucionalidad democrática". Es en realidad un perfecto laboratorio neoliberal, completamente distinto a lo que era la separación entre estado y sociedad y la confrontación con un enemigo claro entre la sociedad pobre y el estado vigilante y represivo. Hechos perfectamente distinguibles, lugar de guerra en la lucha de clases -27 de febrero 89, neto retrato de esta realidad-. Hoy no es el caso, el estado sigue siendo ese aparato de vigilancia y represión de siempre, pero el miedo sobre él y en la representación consciente e inconsciente que nos hacemos de él, pasa a ser un aparato de segundo orden, cuyos principales jefes no son mas que ordenadores del verdadero orden social que impone el mercado monopólico –de los cuales sus jefes son parte- y todas las formas de violencia criminal y paraestatismo fundidos en la misma sociedad. Un fenómeno netamente inscrito desde nuestramérica hasta el resto del sur del mundo y buena parte del norte explotado por el globalismo. La estética macabra de la democracia es para su inmensa mayoría su discurso de presentación y legitimación dentro del mercado dominante donde todas las derechas políticas e izquierdas "democráticas" funden su discurso aunque sea con la bandera nazi como es el caso de las bandas ucranianas. Esto ya no es un miedo real y tangible que aborrecemos al ser sus víctimas materiales, se construye y manipula en nuestro cerebro a través de la instrumentalización informática y del laboratarismo que se despliega para garantizar el miedo y el control social. El problema es que sabemos de sus consecuencias pero el donde y el cómo de este neomodernismo de control y miedo no lo conocemos mas allá de sus actores y cumbres mundiales entre ellos, aunque sí podemos decir que Venezuela no por ser país pobre sino superempobrecido, es un laboratorio perfecto, donde el sueldo cero y la destrucción de las riquezas sobre y dentro del suelo, preferiblemente energéticas, pasaron a ser la fotografía natural de nuestra tragedia.

¿Qué se hace?. Estamos en el momento en que los grandes valores y principios que forjaron el pensamiento político, dándose el papel de utopías que tomaron cuerpo los primeros años de la revolución bolivariana y muchas otras se convierte en una "distopía". El papel de los sindicatos y tradicionales movimientos populares, incluso sus versiones mas críticas y antimaduristas, no afecta el proceso de laboratorio que sigue su curso. Necesitamos desde las células organizadas en una cuántica generosa de energías como ya lo hablamos en artículo anterior, necesitan saber y crear conociendo esta estrategia de laboratorio social y político. Palabra distinta, de quiebre y alzamiento permanente, ¿qué quiere decir esto?, que debemos conocer las nuevas estrategias del poder oculto global –el supramercado, tan lindo en los multiplicados bodegones que día a día se inauguran- que busca por todos los medios poner en sus manos el agua, los recursos energéticos, minerales, técnicos y sobretodo garantizar el control social. Esa es una operación distinta a los tradicionales mecanismos de dominación. Salvar la cuenca de Orinoco, del Amazonas es prioritario. Estrategia de despliegue territorial y sabotajes variados tácticos al poder constituido. Eso es una organización pensante, geométricamente multiplicante, y por supuesto en lucha. La épica por una Civilización Democrática como diría el líder kurdo Ocalam es sin duda un camino que choca y trasciende la civilización capitalista, pero la democracia como anexo al discurso representativo de derecha e izquierda es un grito vacío, jugando con la manipulación generalizada de la población mundial a través de la mediática, por favor excluyámoslo del discurso guerrero de nuestras resistencias.

Ya entramos en otra era posmoderna, posindustrial, manejada por la posverdad, la "verdad" a deseo de la necesidad individualizada de cada quien exportada por celulares y computadoras…seguimos el recorrido.

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Lunes, 28 Febrero 2022 06:52

Europa... Europa

Europa... Europa

“Ahora escucharás mi voz…A la cuenta de 10 estarás en Europa.” Así empieza la narración de Max von Sydow en la película Europa, de Lars von Trier.

Los europeos se han matado entre sí durante siglos.

Y aquí estamos de nuevo.

En mayo de 1945 el Ejército Rojo irrumpió en Berlín en lo que significó la derrota del Tercer Reich y el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Empezó así la llamada guerra fría.

En 1990, apenas caído el Muro de Berlín y en plena disolución de la URSS, John Mearsheimer publicó en The Atlantic un texto titulado ¿Por qué pronto extrañaremos la guerra fría? Apuntó que: "Aquellos que piensan que los conflictos armados entre los estados europeos están ahora fuera cuestión; que las dos guerras mundiales han consumido la guerra en Europa, proyectan un optimismo injustificado hacia el futuro".

Vladimir Putin invadió Ucrania la mañana del 24 de febrero. Así concluyeron los días en que concentró su fuerza militar en la frontera y hacía como que negociaba con Estados Unidos y la Unión Europea.

Esos días hacían recordar el Pacto de Munich en 1938, cuando Chamberlain y Daladier consiguieron que Hitler pospusiera el estallido de la guerra y a cambio obtuvo Checoslovaquia. Como dijo Marx sobre la repetición de la historia: primero ocurre como tragedia y luego como farsa. Putin escogió a su antojo el momento de la invasión.

Con respecto a Ucrania, Putin insiste en que ese territorio no existe de manera independiente, que es una parte integral de Rusia pues comparten desde el medioevo un origen común en la Rus de Kiev. Ése fue un Estado eslavo fundado en lo que hoy es Ucrania y la Rusia occidental (y Bielorrusia), con Kiev como capital. Una y otra lo consideran el fundamento de su nacionalidad e identidad. Cuidado, que el uso de la historia es recurrente para sostener todo tipo de argumentos ideológicos y políticos.

Putin afirma que el colapso del imperio soviético hace 30 años fue "la mayor catástrofe geopolítica del siglo". Y tiene razón. Pero una explicación está en su propia disfuncionalidad interna: administrativa, política y material. Se desmoronó en 1991 como un castillo de baraja.

Entre las consecuencias que Putin señala está el fomento de los movimientos separatistas, especialmente relevante en Ucrania, una vez más por motivos geopolíticos que se exhiben hoy en la guerra y la confrontación con la OTAN. Eso es tema que dejo para expertos.

Los ucranios no han sido tratados muy bien por los rusos, por decir lo menos. Stalin los forzó a la colectivización agrícola y la incautación de las cosechas que provocó en 1932-1933 el "Holomodor", la masiva hambruna por la que murieron alrededor de 7 millones de personas. La reconstrucción imperial que pretende Putin exige el control y dominio sobre Ucrania; con lo que sea: ¿hasta el uso de armas nucleares?

El discurso de Putin en el que anunció la invasión es un documento histórico. El autócrata en esencia pura. Una versión de aquella foto suya montando a caballo, con el torso desnudo y anteojos de sol. Podría parecer cómico si no fuera por lo letal que es.

Y, claro está, la otra parte, el "occidente", tiene su propia agenda, los chinos también. Y no podría ser de otra manera. Eso no debería extrañar a nadie. No hay pureza en la política. Lo que hay son intereses, lo que se produce es una devastación, una vez y otra, en una parte del mundo y en otra.

Y la gente, personas como usted lector, siempre queda en medio. Ahora toca en Ucrania, con una invasión masiva, bombardeos, destrucción, ansiedad, éxodo y muerte.

¿Qué les importa a los políticos la gente? Sí, así de genérica es la cuestión. Es una pregunta que deberíamos hacernos en primer lugar, sobre todo cuando uno está distante de donde ocurren las cosas, tal vez desayunando en familia para empezar el día; o bien, tomando un café y conversando con los amigos sobre Putin y Biden y los mandatarios europeos; o sobre la calificación a la Champions; exactamente al contrario de lo que apenas hace unos días podían hacer los ciudadanos de Kiev o Járkov.

Cada quien responderá a esta cuestión y pondrá por delante su ideología y sus preferencias políticas. Pero eso no cambia lo que ocurre en Ucrania y lo que puede seguir desde ahí.

Isaiah Berlin destacó en El erizo y la zorra, la paradoja planteada por Tolstoi en Guerra y paz: "Cuanto más alto es el nivel que ocupa un soldado o un estadista, más lejos está de la base, formada por hombres y mujeres cuyas vidas son la verdadera sustancia de la historia. Por consiguiente, menor es el efecto que, en el curso de la historia, tienen las palabras y actos de personajes tan remotos".

Los individuos sufren; mueren por las grandes causas, algunas incluso buenas. Pero no hay una necesidad última que lo justifique. Nada elimina las tragedias de la vida humana, nada justifica los crímenes y el terror.

¿Será que los fines justifiquen los medios? La historia, finalmente y no lo olvidemos, está hecha por la gente, en la calle en la vida diaria y ahora en la guerra en Ucrania. No es la obra de los considerados comúnmente como "grandes hombres"; de los que se ven incluso a sí mismos como providenciales. Ésa es una historia facilona. Beethoven, en su tercera sinfonía y Tolstoi en su gran novela lo sabían bien con respecto a Bonaparte.

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Invasión rusa de Ucrania. Se avecina un largo invierno

¿Cuál es el objetivo político de la invasión rusa de Ucrania? Los largos preparativos militares y la magnitud de las operaciones dejan claro que los objetivos rusos no se limitan a las dos repúblicas secesionistas de Donetsk y Luhansk. Para entender lo que Rusia planea conseguir con esta invasión, hay que remontarse al discurso de Putin del 21 de febrero, en el que negó el derecho de Ucrania a la soberanía estatal. El objetivo de la invasión es, por tanto, desencadenar un cambio de régimen mediante una invasión militar y someter a Ucrania a la dominación rusa.

Las relaciones internacionales nunca volverán a ser las mismas. Las operaciones militares rusas no son comparables a las de 2014, cuando Rusia se anexionó Crimea y creó un estado de guerra permanente en Dombás. Tampoco podemos comparar la invasión actual con la guerra ruso-georgiana de 2008, cuando los militares rusos podrían haber avanzado hasta Tiflis y derribar a Mijaíl Saakashvili, pero se abstuvieron de hacerlo. Hoy, la invasión rusa de Ucrania tiene como objetivo la dominación total. Es comparable a la invasión estadounidense de Irak en 2003, con sus conocidos resultados catastróficos.

Para analizar la crisis actual, es necesario distinguir dos niveles de conflicto: las relaciones ruso-estadounidenses y las relaciones ruso-ucranianas. El actual conflicto en Ucrania es el resultado de dos pecados originales. El primero es la decisión de Estados Unidos, bajo el demócrata Bill Clinton, en 1993, de, no sólo preservar la OTAN -una alianza militar que se formó para oponerse a la Unión Soviética- sino también de ampliarla hacia el este. Se ignoraron otras alternativas, como el desmantelamiento de la OTAN y la búsqueda de una arquitectura de seguridad común en Europa que incluyera a Rusia. En algún momento, esta interminable expansión militar hacia el este tenía que chocar con la resistencia rusa. ¿Por qué ahora? Porque Rusia se siente segura de sí misma después de sus masivas reformas militares desde 2008, sus exitosas campañas militares en Chechenia, Georgia, Siria, Libia y otros lugares, y, también, porque Rusia, con su millón de efectivos, tiene un poder militar preponderante en el teatro de operaciones europeo.

En un determinado nivel, en este conflicto vemos a una gran potencia dirigiéndose a otra gran potencia: cuando Putin dirigió sus demandas del 17 de diciembre de 2021 para hacer retroceder a la OTAN a las posiciones de 1997, estas demandas no fueron enviadas ni a Kiev, ni a Bruselas, sino a Washington. Putin se dirigía a Biden en el mismo lenguaje del poder hegemónico: hacer retroceder las fronteras geopolíticas de Europa del Este, simplemente porque Rusia tiene hoy los medios para hacerlo, en cierta medida, como hizo Estados Unidos en la década de 1990.

Pero hay otro nivel de análisis, el de las relaciones ruso-ucranianas, y aquí el segundo pecado original fue cometido por Rusia en 2014 en el contexto de la Revolución Euromaidán. Ucrania es un Estado vasto pero frágil. Tanto su composición interna -una gran población rusoparlante en su este y sur, y población prooccidental en Galicia- como su situación geopolítica entre Rusia, por un lado, y la OTAN y la UE, por otro, obligaron a Ucrania a un ejercicio de equilibrio. Ya vimos este ejercicio de balanceo en 2004, cuando tras la Revolución Naranja el candidato prorruso Victor Yanukovich volvió al poder. Incluso después del Euromaidán, la posibilidad de recrear el equilibrio entre Rusia y Occidente era real. Esta posibilidad fue destruida por la anexión rusa de Crimea y la guerra en Dombás. Después de 2014, ningún líder ucraniano podía comprometerse con Rusia, y menos aún expresar posiciones prorrusas. Las acciones rusas empujaron a Ucrania hacia Occidente, y su política interna hacia el nacionalismo definido como antirruso.

La invasión a la que asistimos hoy consolidará la identidad nacional ucraniana en términos nacionalistas, marcando la ruptura definitiva entre las identidades ucraniana y rusa. Se trata de un proceso doloroso que comenzó en 2014, y que desgarrará el tejido social no sólo de Ucrania, sino también de Rusia.

Inseguridad europea

Queda por ver si Putin logrará obtener lo que quiere de Ucrania utilizando esta invasión militar. Sin embargo, en lo que respecta a sus relaciones con Estados Unidos, la OTAN y Europa, será un desastre. La crisis ucraniana de los últimos meses ha puesto de manifiesto un Occidente muy dividido: por un lado, Estados Unidos preocupado en otra parte -en la región del Pacífico y con problemas políticos internos- y no dispuesto a enfrentarse a Rusia en Ucrania. El presidente estadounidense Biden, que más de una vez predijo la inminente invasión rusa, sin embargo, dejó claro que Estados Unidos no iba a enviar sus soldados a defender Ucrania. En Europa, hay países limítrofes con Rusia, como Polonia y los países bálticos, que temen la reaparición de Rusia y tienen posiciones tradicionalmente duras contra Moscú. Pero los principales Estados de la UE, como Alemania, Francia e Italia, desean mantener relaciones normales y resolver los problemas de seguridad rusos mediante la diplomacia. Ahora mismo, esta tercera vía está derrotada.

La invasión militar rusa del 24 de febrero es el fin de los esfuerzos de Macron y Scholz. Rusia, después de consolidar el nacionalismo ucraniano, consolidará la OTAN en sus fronteras. Desde un mínimo histórico de 70.000 efectivos, podría volver a desplegar nuevas fuerzas militares en Europa. Los países de la UE, que temen a Rusia, aumentarán su gasto militar. Aunque el conflicto actual podría hacer subir los precios del petróleo y el gas, los países de la UE buscarán alternativas a la energía rusa. Occidente también impondrá severas sanciones económicas y financieras a Rusia. Si Moscú, con sus más de 600.000 millones de reservas, tiene los medios para resistir la presión financiera, no nos hagamos ilusiones sobre el impacto catastrófico de la guerra y las sanciones en la economía mundial, gravemente paralizada tras dos años de pandemia.

Pero los más perjudicados serán Ucrania y el pueblo ucraniano. Ucrania es uno de los países más trágicos de Europa, que a lo largo de su historia ha sufrido enormemente. Nació como estado independiente en los horrores de la Primera Guerra Mundial, seguida de la guerra civil rusa que se cobró millones de víctimas. Durante la colectivización forzosa de la tierra llevada a cabo por Stalin en 1932-33, Ucrania sufrió una hambruna masiva, conocida como Holodomor, que provocó la muerte por hambre de 7 a 10 millones de personas. Durante la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas de ocupación nazis utilizaron a millones de ucranianos como mano de obra esclava, exterminaron a los judíos ucranianos y a otras minorías, mientras que algunas de las batallas más encarnizadas entre las fuerzas de ocupación alemanas y las tropas soviéticas tuvieron lugar en Ucrania. Las pérdidas ucranianas en la Segunda Guerra Mundial se sitúan entre 5 y 7 millones de personas. El colapso de la Unión Soviética fue muy doloroso para Ucrania. Un dato resume su inmenso sufrimiento: la población ucraniana pasó de 52 millones de habitantes en el momento del colapso de la URSS, en 1991, a 43 millones en la actualidad.

Hoy, Ucrania vuelve a ser una víctima.

Puede que Rusia tenga preocupaciones legítimas de seguridad respecto a la OTAN. Pero ¿hay existe alguna ley sobre la tierra que niegue a Ucrania y a los ucranianos su legítimo derecho a la seguridad, la dignidad y la independencia?

24/02/2022

Agos

Traducción: viento sur

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