El presidente de Rusia, Vladimir Putin, durante un encuentro con un grupo de empresarios rusos el pasado 23 de febrero. — Aleksei Nikolsky / EFE

El líder ruso es un político oscuro y complejo, con muchos matices ideológicos y con un punto de soberbia y arrogancia que lo convierten en un político difícil de interpretar. La mayoría de los rusos le apoyan tras 20 años en el poder.

 

Estos días, tras la invasión de Ucrania, el presidente ruso Vladimir Putin ha sido caracterizado como un dictador imperialista. Siendo en parte verdad, esa es una definición demasiado simple para el personaje. Es cierto que el principal objetivo de su carrera política siempre ha sido restablecer la grandeza y la influencia de Rusia en Europa oriental y en el mundo. En buena parte eso es lo que le ha empujado a atacar a Ucrania. Pero Putin es mucho más que un matón que quiere someter a un Estado soberano e independiente: es un político poliédrico, oscuro y complejo, con muchos matices ideológicos y con un punto de soberbia y arrogancia que lo convierten en un líder difícil de definir y de interpretar.

La complejidad del personaje puede resumirse en un hecho que desde el punto de vista occidental es incomprensible pero que a día de hoy es una realidad indiscutible: Putin es un autócrata que trata con puño de hierro a cualquier opositor y que retuerce el aparato del Estado en su favor (Rusia apenas puede considerarse una democracia), pero sigue contando con el apoyo de la mayoría de los ciudadanos después de más de 20 años en el poder, incluso tras llevar al país a una guerra impopular e injusta para el resto del mundo.

¿Cómo es eso posible? La respuesta tampoco es sencilla, pero lo cierto es que Putin ha sido capaz de construir una cierta leyenda mítica en torno a él y ha logrado que Rusia no pueda entenderse sin su figura. Guste o no, ha devuelto a Rusia al tablero internacional como potencia y eso no lo olvidan la mayoría de los ciudadanos rusos. Su agresiva política exterior y su visión imperial con respecto a Europa oriental le han encumbrado ante sus conciudadanos pero han terminado por agotar la paciencia de Occidente, que aceptó, aunque fuera a regañadientes (y por el gas y el petróleo de Rusia), la anexión de Crimea en 2014 o la breve guerra con Georgia en 2008 por el enclave de Osetia del Sur, pero que ya no puede pasar por alto la invasión de Ucrania.

Sin embargo, en honor a la verdad también hay que decir que Putin es hijo de su tiempo. Como explicaba en una reciente entrevista en Librújula la periodista y escritora Olga Merino, quien durante cinco años en la década de los 90 fue corresponsal de El Periódico de Catalunya en Moscú, "no se entiende a Putin sin la humillación que sufrió Rusia en los años 90". Aquella década, nada más derrumbarse el viejo imperio soviético, fue muy dura para los rusos: caos, corrupción, el latrocinio como política de Estado, pobreza generalizada; con Occidente haciendo leña del árbol caído de la URSS y un presidente, Boris Yeltsin, que era más conocido por sus borracheras que por su capacidad de trabajo. "Putin dijo basta y dio un puñetazo en la mesa. Con él, regresó el zar, el orden y el poder central. Acabó con la anarquía y mejoró, tampoco para tirar cohetes, la vida de los rusos", explicaba Merino en esa entrevista.

"Cuando Putin llega al poder en el año 2000 se encuentra un país con muchas carencias, desprotegido en lo social, donde había mucho que hacer. Daba igual si la persona era de izquierdas o de derechas: tenía que rescatar un país a la deriva. De ahí viene la admiración de los rusos por Putin", abundaba hace unos años en una entrevista en Público el periodista Daniel Utrilla, asentado en Moscú desde hace más de 20 años.

Ahora parece inconcebible, pero hubo un tiempo en que esa admiración por Putin cruzó fronteras: la revista Time lo nombró Personaje del Año en 2007. La prestigiosa publicación estadounidense justificó entonces su elección porque en su opinión Putin aportaba estabilidad a Rusia "aunque no sea un boy-scout o un demócrata". En el artículo al respecto, titulado Nació un Zar, se destacaba el papel del presidente ruso en la transformación de Rusia en un "protagonista crítico del siglo XXI". Es más, en aquella época Putin mantenía una buena relación con Estados Unidos. El entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, lo calificó como "un socio fuerte y un amigo".

A mediados de la primera década del siglo XXI Putin aún era considerado por Occidente un líder fiable y necesario, capaz de mantener excelentes relaciones con todo el mundo, desde la Venezuela de Chávez a China, pasando por México, Brasil o la misma Europa que hoy le repudia. Fue una buena época para él pese a su tradicional mano dura con los opositores y pese a que por aquel entonces ya habían tenido lugar oscuros y extraños sucesos comoel asesinato de la periodista Anna Politkóvskaya, crítica con el Gobierno de Putin, o el del exagente del KGB Aleksander Litvinenko, envenenado con polonio en Londres en un caso que dio la vuelta al mundo. Desde su exilio en Londres, Litvinenko acusó al presidente ruso de ordenar el asesinato de Politkóvskaya.

Estos dos asesinatos proyectaron las primeras sombras sobre un líder de carácter fuerte y soberbio, más nostálgico de la época imperial de los zares que del periodo soviético pese a su pasado como espía del KGB.

Putin pasó 16 años en los servicios secretos de la antigua Unión Soviética, en contraespionaje. De hecho estuvo cinco años destinado en la extinta República Democrática de Alemania recopilando y analizando información sobre la OTAN, una circunstancia que explica toda su trayectoria posterior.

Nacido en San Petersburgo en 1952, Putin abandonó el KGB en 1991 y empezó con casi cuarenta años su carrera política de la mano de su mentor, el entonces alcalde de su ciudad natal, Valery Sobchak. En 1996 dio el salto al Kremlin. Llegó al centro del poder ruso como un político de rango medio y siendo un completo desconocido, pero supo jugar sus cartas y en dos años se convirtió en el jefe del Servicio Federal de Seguridad (la nueva KGB) y apenas un año después, en agosto de 1999, Yeltsin lo nombró primer ministro. La sorpresa fue aún mayor cuando Yeltsin se retiró y ungió a Putin como su sucesor al frente de Rusia, en un histórico mensaje de fin de año el 31 de diciembre de 1999.

Putin heredó un país que atravesaba una crisis moral y económica sin precedentes. Desde el principio se mostró como un líder autoritario y decidido tanto en sus mensajes como en su comportamiento y actitud. Forjó una nueva alianza con los poderosos oligarcas rusos, a los que siempre ha dado todo tipo de facilidades para seguir haciendo negocios bajo la condición de que se mantengan al margen de las decisiones políticas. Hubo quien no aceptó y pagó con la cárcel por ello.

Pese a su carácter reservado y discreto en todo lo que se refiere a su vida personal y familiar (se sabe que está divorciado y que tiene dos hijas, pero poco más), Putin siempre se ha exhibido en público en situaciones insólitas para un político occidental: practica todo tipo de deportes, muestra su musculado torso desnudo a la mínima ocasión y son ya innumerables las veces que los rusos le han visto pescar, cazar, nadar o hacer cualquier tipo de actividad física. Todo para darse a conocer ante una ciudadanía que siempre ha valorado su personalidad fuerte y dominante, aunque hay quien ve en su exhibicionismo un punto de narcisismo.

Sin embargo, lo que le dio a Putin su verdadera popularidad en los primeros tiempos de su mandato fue lo mismo que ahora le coloca en la picota: la guerra. En el año 2000 fue Chechenia. Aquel conflicto le encumbró ante la opinión pública rusa. Más de veinte años después, otra guerra le ha convertido en el malvado del siglo XXI a ojos de casi todo el mundo. Salvo en el caso de los rusos, claro.

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25/02/2022 22:52 Actualizado: 26/02/2022 02:58

Jorge Otero Maldonado@jorgeotero99

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Sábado, 26 Febrero 2022 05:10

Para comprender el pentecostalismo (III)

Para comprender el pentecostalismo (III)

Es notable la capacidad de adaptación y/o maleabilidad social del pentecostalismo. Surgido en los márgenes, el reavivamiento logró alcances globales. El pentecostalismo sacudió inicialmente, desde un viejo templo que fue de la Iglesia metodista episcopal africana, al protestantismo estadunidense y después al conjunto del cristianismo evangélico de todo el mundo.

El pastor afroestadunidense William J. Seymour y un pequeño grupo reunido en la calle de Azusa, número 312, en la periferia de Los Ángeles, en abril de 1906, tuvieron experiencias místicas y extáticas que atribuyeron al accionar del Espíritu Santo. El día 18 del citado mes, los lectores de Los Ángeles Daily Times conocieron un reporte que narraba lo sucedido entre los congregantes encabezados por Sey­mour: manifestaban un inusitado emocionalismo en sus cultos religiosos, aplaudían frenéticamente, rodaban en el piso y decían hablar en otras lenguas, a la manera de lo descrito en el Nuevo Testamento (capítulo 2 del Libro de los Hechos). El enviado del diario resumió lo atestiguado con una frase: aquello era un pandemónium, que sólo podía tener lugar en una metrópoli como Los Ángeles, hogar de un sinnúmero de credos. De todas maneras –subrayaba–, la nueva secta era tan extraordinaria que no parecía que pudiera entenderla ningún mortal. Lo publicado fue un imán que atrajo, literalmente, a miles de personas que, por distintas motivaciones, asistieron al desvencijado ex templo metodista.

Sobre el significado y alcances del avivamiento pentecostal de la calle Azusa, es relevante citar la evaluación Harvey Cox, célebre teólogo de la Universidad Harvard, quien tras varios años y extensos viajes internacionales de estudio sobre el movimiento pentecostal (cuyo resultado fue el volumen Fire from Heaven. The Rise of Pentecostal Spirituality and the Reshaping of Religion in the Twenty-first Century) concluyó que “en retrospectiva, el carácter interracial de la creciente congregación en la calle Azusa fue, en los hechos, una especie de milagro. Era, hay que subrayarlo, 1906, tiempo de creciente, no menguante, separación racial por todas partes. Muchos visitantes reportaron que en el avivamiento de la calle Azusa cantaban y oraban juntos negros y blancos, y asiáticos y mexicanos. Seymour era reconocido como el pastor. Pero había diáconos tanto blancos como negros, y de la misma manera mujeres, blancas y negras, eran predicadoras y sanadoras. Lo que parece haber impresionado más o disgustado a los visitantes, no fue el liderazgo interracial, sino el hecho de que esos negros y blancos, hombres y mujeres, se abrazaran unos a otros en el sencillo altar, mientras lloraban y oraban. Un predicador blanco sureño más tarde escribiría en su diario que primero él se sintió ofendido y sorprendido, pero después inspirado por la evidencia de que, como lo dejó plasmado, ‘la línea del color fue borrada por la sangre’ de Cristo”.

Desde los primeros días del avivamiento de Azusa participaron mexicanos, hombres y mujeres, en la experiencia. Algunos de ellos fueron quienes difundieron el pentecostalismo en México. El gran activismo evangelístico de quienes vivieron directamente el despertar espiritual, o se enteraron del mismo mediante el periódico publicado por el grupo de Seymour, The Apostolic Faith, reconfiguraría el perfil dominante del cristianismo protestante/evangélico mundial. Dos obras, a mi parecer magistrales, documentan el intenso dinamismo misionero del pentecostalismo que emergió en la calle Azusa: Cecil M. Robeck, The Azusa Street Mission and Revival. The Birth of the Global Pentecostal Movement (Thomas Nelson, Inc, 2006), y Allan Anderson, Spreading Fires. The Missionary Nature of Early Pentecostalism (Orbis Books, 2007).

En casi 120 años transcurridos desde el movimiento que irrumpió en la calle Azusa hasta nuestros días, el pentecostalismo se ha dispersado en varias ramificaciones. Una es el neopentecostalismo, que se caracteriza por ser massmediático y dispensador de promesas materiales. Tiene rasgos del pentecostalismo original, por ejemplo, privilegiar experiencias espirituales/extáticas, pero en su agenda está el énfasis en transformar al mundo desde las instancias verticales del poder.

En el neopentecostalismo, hacia principios de la década de 1980, comenzó a ganar terreno la posición neoconstantiniana, consistente en tener como meta obtener crecientes posiciones en las esferas del poder político, para desde las mismas buscar el predominio en la sociedad de valores pretendidamente cristianos. Ya no se trataba de persuadir al mundo, sino de regirlo. Este tipo de integrismo se caracteriza por el afán de dominio y en el proceso se privilegian las voces de "iluminados" (profetas y apóstoles) que son fuente de bienes simbólicos de salvación. Además, campea la lectura descontextualizada de la Biblia, tejiendo todo tipo de discursos basados en retacerías "bíblicas".

Por Carlos Martínez García /III y última

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Viernes, 25 Febrero 2022 06:13

La democracia liberal como quimera

La democracia liberal como quimera

“La propia palabra democracia fue primero un insulto inventado en la Grecia antigua por quienes veían en el innombrable gobierno de la multitud la destrucción de cualquier orden legítimo” Jacques Rancière

Se ha impuesto la costumbre, nada inocente, de ver estas dos palabras juntas y además de este modo: democracia como sustantivo y liberal como adjetivo. Pero, al contrario de lo que ocurre con la expresión socialismo democrático, que es bastante habitual, la combinación liberalismo democrático es mucho menos frecuente. Sin embargo, resulta muy clarificadora. Decir democracia liberal indica ya, por sí solo, que son posibles otras formas de democracia, democracias no liberales, precisamente (aunque no recorreremos hoy el camino que esto nos abre). La expresión liberalismo democrático, por su parte, apuntaría a que caben otras formas de liberalismo, liberalismos no democráticos, precisamente.

Es lo que quiero subrayar ahora. Porque la cuestión no es sólo que quepan formas de liberalismo no democrático, sino que, como tradiciones políticas que son, el liberalismo y la democracia rara vez en la historia han ido de la mano. A pesar de ello, una poderosa maquinaria propagandística (cuya finalidad es, obviamente, legitimar el capitalismo financiero de finales del s. XX y principios del XXI) insiste en crear la ilusión de que liberalismo y democracia se implican mutuamente. No sólo no es así, sino que, en el límite, son incompatibles (mal que le pesara a Antonio Escohotado, que en paz descanse).

El liberalismo se preocupa de establecer un perímetro inviolable, un espacio en el cual el individuo es soberano y en el que hay que respetar su decisión sin matices. Otorga prioridad absoluta a los derechos individuales, entendiendo que no están sometidos al criterio de la mayoría. Para el pensamiento liberal los asuntos en los que el individuo soberano ha de tener capacidad de decisión irrestricta son los que tienen que ver con su propia vida, su cuerpo, su salud, su sexualidad, su proyecto vital, su conciencia, su pensamiento, los valores a los que se adhiere, las creencias que suscribe, las decisiones sobre su muerte... Ahí no puede meterse nadie, ni los prójimos-conciudadanos, ni las iglesias, ni el Estado. Conforman el terreno de la elección personal. Ninguna asamblea ciudadana tiene legitimidad para suspender los derechos individuales. El gobierno o el poder legislativo que lo pretendiera se convertiría ipso facto en totalitario e ilegítimo. Los derechos y las libertades individuales son previos a cualquier asamblea, por eso se dice de ellos que son pre-políticos.

Visto en perspectiva diacrónica, este planteamiento se opone a la cosmovisión previa, con su correlativa organización social, según la cual nada se debe al ser humano particular y concreto. El ser humano particular y concreto es ése al que poco después se llamará individuo, y que debía sacrificarse a la totalidad. Ésta, la comunidad de pertenencia, tenía total prioridad ontológica sobre aquél y estaba, a todos los efectos (éticos, políticos y jurídicos), por encima de los seres humanos concretos y particulares.

Claro que en una sociedad estamental muy jerarquizada esto no regía igual para los individuos de todos los estamentos (valga el anacronismo: stricto sensu, como digo, el individuo no había emergido todavía[1]), sino que era especialmente aplicable a los seres humanos concretos pertenecientes a los estamentos más bajos.

Como es sabido, los estamentos altos gozaban de prebendas y privilegios (literalmente, exención de obligaciones, como el pago de tributos, o ventajas como no ser juzgados por tribunales ordinarios, sino sólo por sus pares) que, en algunos casos, les dotaban de características que luego hará suyas la categoría de individuo. Se ha dicho de la legislación del Medievo que “discriminaba a los aldeanos en relación con los señores y a los individuos en relación con las comunidades”[2]. Tal y como explica Jacques Rancière, todavía en el siglo XIX el punto de vista reaccionario favorable al voto censitario venía a sostener que “la individualidad es una buena cosa para las élites, pero si todo el mundo accede a ella se transforma en una catástrofe de la civilización”[3].

En esta perspectiva temporal, en todo caso, las propuestas del liberalismo ilustrado (opuestas al tradicionalismo y a la reacción) suponen un avance: ponen sobre la mesa que los individuos, recién salidos a escena, tienen derechos. Hay un debate doxográfico sobre si Marx, en tanto que crítico del liberalismo como ideología del modo de producción capitalista, considera los derechos liberales un avance o, al contrario, una maniobra de distracción. Lo cierto es que cabe citar textos de Marx que avalan esta última tesis, pero también los hay que respaldan la primera. Sea ello como fuere, creo que puede afirmarse que, frente a la cosmovisión holista-comunitaria (llamémosla así) del Antiguo Régimen, el establecimiento de unos derechos propios de los individuos, por muy precario, limitado y meramente teórico que fuera, constituye un avance. Otra cosa es que se trate de un avance sólo relativo y con efectos ambiguos desde el punto de vista de la emancipación y el humanismo.

Pero al margen de esa cuestión, en todo caso lo que importa subrayar aquí es que el pensamiento republicano-democrático ha destapado que la retórica liberal acerca de los derechos individuales es mera abstracción, pura música celestial. Porque la libertad y la capacidad de ejercicio efectivo de los derechos dependen ineludiblemente del disfrute de unas condiciones materiales suficientemente sólidas. Puedes tener todo el derecho del mundo a analizar en profundidad la Metafísica de Aristóteles, pongamos por caso, pero, si no llegas a fin de mes, lo mismo te da, lo que urge es solventar esto último, condición de posibilidad de que lo primero tenga algún sentido.

Si lo expresamos recurriendo al concepto de libertad diremos que para los liberales ser libre significa poder moverse sin interferencias, como una bola de billar que no encuentra sobre el paño otras bolas u obstáculos. Para el republicanismo partidario de la democracia radical, la libertad consiste en no depender de nadie, en el sentido de no necesitar el permiso de otro, de no estar sometido a su arbitrio. Como solía repetir el recordado filósofo catalán Antoni Domènech, nadie es libre si depende de otro para vivir, aunque luego no se tope con ningún obstáculo a la hora creer esto o aquello. El concepto de libertad republicano es, así, mucho más exigente.

Se ha explicado muchas veces que una persona sometida a esclavitud que tuviera la suerte de ser propiedad de un amo benevolente, que de facto no interfiriera en el curso de su acción, para la teoría liberal, sería libre, dado que podría hacer lo que quisiera y actuar según le placiera (en el caso de que nadie se lo impidiera y dado que su amo bueno no lo haría). Para la noción republicana, que entiende la libertad como no-dominación, este ser humano sería tan escavo y estaría tan falto de libertad como aquel cuyo amo fuera un déspota cruel (aunque, obviamente, su vida sería más agradable).  Por lo demás, sin el reconocimiento efectivo de las instituciones políticas humanas, los supuestos derechos pre-políticos se quedan en nada: es el derecho el que los instituye como tales.

Por otro lado, cabe recordar que no es la conciencia personal ni la libertad sexual lo que encontramos en primera instancia en el perímetro inviolable establecido por el liberalismo; el reconocimiento de ambas puede ser considerado una de las contribuciones del liberalismo ilustrado al progreso, lo cual justifica que se pueda hablar de un liberalismo de izquierda. Pero lo que el liberalismo de entrada buscaba proteger era la propiedad privada. La inviolabilidad de la propiedad de los medios de producción y de las rentas del capital. De ahí que buena parte del liberalismo se haya deslizado hacia lo económico, prescindiendo de lo político, y se haya transformado así en liberalismo económico.

El liberalismo económico, que coincide con lo que solemos llamar neoliberalismo, además de ser la ideología legitimadora del capitalismo financiero, es el gran pretexto teórico para el individualismo posesivo-compulsivo. Para eso inventaron el relato de los derechos pre-políticos. Con ese montaje conceptual se ha querido poner límite a la capacidad de decisión de las mayorías (que es la democracia). Si las tradiciones filosófico-políticas del liberalismo y la democracia pocas veces han ido de la mano, en el caso del neoliberalismo la cosa es innegable: su incompatibilidad con la democracia es radical[4].

Sin embargo, a pesar del éxito del liberalismo económico, la democracia consiguió en el siglo XX poner algunos límites al fanatismo del lucro y de la propiedad privada. Unas trabas y unos límites que se asientan y se legitiman en una concepción compartida del bien común. Compartida, bien es cierto, de forma tácita: entendemos implícitamente que es legítimo apartar determinados bienes de la lógica mercantil, porque no podemos aceptar que accedan a ellos sólo quienes tengan poder adquisitivo suficiente.

Estamos todavía en una pandemia que ha dejado claro a qué abismo nos puede abocar el afán de lucro irrestricto. ¿Por qué protegemos y promocionamos un uso no mercantilizado de la sangre, por ejemplo, prohibiendo y penalizando su compra-venta? Porque hacerlo así presupone reconocer un consenso tácito: aunque no lo hayamos decidido en referéndum, entendemos que hay cosas más importantes que la libertad neoliberal según la cual yo-con-lo-mío-hago-lo-que-quiero.

Es decir, hay bienes que deben ser protegidos por encima de la libertad individual vinculada a la propiedad privada y a la acumulación de capital. Y por eso mismo no puedo pegar fuego a un pinar por muy mío que sea, ni verter residuos en un río (que es de todos), ni —por cierto— dejar los excrementos de mi perro en la acera. Ver todas esas cosas como atentados contra la libertad individual es, como poco, infantil e inmaduro (a algunos neoliberales y anarcocapitalistas dan ganas de decirles como a los adolescentes malcriados: “¡que no, que no puedes hacer lo que te venga en gana todo el rato!”). Suponen simplemente la protección y el cuidado de lo público, que es lo que garantiza que pueda haber libertad individual. Esos ejemplos ponen de manifiesto también que los límites a la libertad individual se desprenden del concepto de ciudadanía cívica vinculado a los valores republicanos, aquellos que tienen que ver con la necesidad de proteger la res publica, precisamente.

Justamente para preservar la libertad individual, por el bien de los derechos individuales y de lo público que es su única garantía, es necesario poner trabas al extremismo del mercado, y trabas que sean eficaces. Los liberales entienden que la mayoría no puede decidir democráticamente limitar la riqueza, porque eso quebrantaría el perímetro inviolable. También porque consideran que vivimos en un sistema meritocrático en el que nadie debe nada a nadie. La riqueza reflejaría, dicen, lo que cada uno merece, su esfuerzo, su capacidad de sacrificio, de auto-organización vital [risas del público]. Una ceguera convertida en costumbre les impide ver el enorme esfuerzo colectivo en el que asientan nuestras vidas individuales, que nunca lo son, si son verdaderamente vidas humanas.

Sólo ese ingente trabajo colectivo que nos precede nos permite ser lo que somos, tener proyectos, tener derechos. Nadie es emprendedor en el vacío, todo el mundo se asienta (también ellos) en unas aceras, unos alcantarillados, un alumbrado, una educación, una literatura, una historia de la filosofía, una artesanía, una seguridad jurídica, una seguridad ciudadana, un mercado regulado… que implican y presuponen interacción humana, y condiciones materiales sostenidas públicamente, con fondos aportados por todos. Como explicaba la filósofa Celia Amorós, no somos hongos hobbesianos, que surjan por generación espontánea o, más bien, esos presuntos hongos hobbesianos son en realidad setas venenosas, como ella decía[5]. Por eso hay que insistir, contra la propaganda neoliberal, que la supuesta meritocracia es un fraude. Y por eso también es necesario establecer y mantener sistemas públicos que puedan contrarrestar y poner coto a los imperios empresariales, que sin ese contrapeso público-democrático pueden llegar a tener una influencia decisiva pero ilegítima.

Pensemos en los medios de comunicación: no hace falta censura explícita cuando los bancos y las grandes empresas son las que financian los medios y, por lo mismo, los puestos de trabajo en el periodismo. En esas circunstancias ¿en qué se queda la libertad de prensa? En nada.

El filósofo italiano Domenico Losurdo demuestra con toda precisión histórica que la tradición liberal está plagada de cláusulas de exclusión, que siempre ha visto la democracia como un obstáculo, como la tiranía de los pobres y de la plebe. Lo ha explicado a la perfección por lo que se refiere a la esclavitud: no es algo que perdurara a pesar del éxito de las revoluciones liberales; por el contrario, es después de este éxito cuando alcanzó su máximo desarrollo[6].

Con todo, lo anterior no es óbice para que las personas y los movimientos sociales de izquierdas seamos también liberales en los terrenos de la ética y de la política, y hablemos en el lenguaje de los derechos. Por eso hemos coincidido en determinadas reivindicaciones con el liberalismo, como ocurre con la demanda de despenalización del comercio y el uso recreativo o terapéutico de drogas[7]. También, la lucha a favor de la muerte digna o por la libertad sexual son terrenos en los que coincidimos con el liberalismo político. Y, desde luego, en el feminismo se producen este tipo de convergencias: al margen de que exista un feminismo expresamente liberal, el planteamiento del derecho al aborto en términos de auto-propiedad sobre nuestro cuerpo (“mi cuerpo es mío” ergo hago con él lo que quiero, habitual en el feminismo en general) lo pone de manifiesto[8].

Pero conviene en este punto señalar algo más: César Rendueles nos recuerda que el historiador socialista R. H. Tawney escribió en una ocasión que el verdadero lenguaje de la transformación política no es el de los derechos, sino el de los deberes[9]. Cuestión que nos adentra en una reflexión nada trivial: ¿tendríamos que concebir, acaso, la reivindicación política en términos no de derechos individuales sino de obligaciones colectivas? ¿qué implicaciones teóricas y políticas tendría hacerlo así?

De lo que no cabe duda es de que para no vaciar de contenido el concepto de derechos hemos de cuestionar, discutir y negar la inviolabilidad del capital. Urge reforzar la democracia y lo público frente a y contra el capital. Poner de manifiesto que los derechos individuales generalizados (la libertad de conciencia, de opinión, la sexual, etc.) pasan necesariamente por disfrutar de condiciones materiales de existencia. Unas condiciones dignas de existencia generalizadas y universales que se han revelado ya, fuera de toda duda razonable, incompatibles con los niveles extremos de riqueza de algunos individuos. Los niveles de riqueza extremos se derivan siempre de abusos, sobreexplotación de terceras personas, corrupción y fraude, no del trabajo duro, la diligencia personal y la previsión, como la mitología liberal-meritocrática gusta repetir.

Sí, hay que poner límites a la riqueza, pero no por inmoral (que efectivamente lo es a partir de una dimensión difícil de determinar y que habría que establecer), sino por incompatible con la vida en el planeta a medio y corto plazo ya. A veces, una pose inmoralista-nietzscheana hace que evitemos considerar obsceno el hecho de que alguien posea aviones privados, o se pueda comprar una isla o un país entero. Creo que no deberíamos tener reparo en decir que es inmoral, pero ese no es el argumento principal. Lo fundamental es que es técnica, política y jurídicamente insostenible.

Nadie piense que se trata de ideas en las nubes. Remito a la denuncia que hacen, entre otros, Juan Hernández Zubizarreta y Pedro Ramiro del imperio transnacional de la lex mercatoria. Sus trabajos muestran con todo rigor cómo mediante dicha ley el capital internacional ha construido una espesa maraña de normas y excepciones a la carta al servicio de sus intereses corporativos[10].La lex mercatoria ya no es, como fue en su origen, aquella ley mercante que regulaba el comercio en la Europa medieval. Hoy es una estructura jurídica que garantiza y blinda los beneficios de las empresas transnacionales en toda circunstancia. Los autores la llaman “arquitectura de la impunidad”. El liberalismo clásico había puesto de manifiesto la relación estrecha que hay entre libertad y responsabilidad, en la cual se fundamenta la idea del mérito personal. Pero la lex mercatoria, que regula en el ámbito internacional las transacciones comerciales, aunque protege los intereses de las empresas (a los que llama “derechos”) no establece obligaciones correlativas para ellas, desplazando éstas a las regulaciones estatales. El enorme poder de coacción y chantaje que tienen y usan estas empresas condiciona después la legislación de muchos países, con lo cual se cierra el círculo de la arquitectura de la impunidad. Amnistía Internacional ha denunciado que muchas empresas multinacionales han adquirido un poder y una influencia sin precedentes y no hay mecanismos efectivos para impedir que dichas empresas cometan vulneraciones de derechos humanos o para que rindan cuentas de sus actos. Las defensoras de derechos humanos en Latinoamérica lo saben bien: lo sufren en sus carnes, literalmente, al precio de su propia vida, como han puesto de manifiesto los casos de Berta Cáceres o Marielle Franco, entre otras muchas defensoras.

Si el capitalismo es un modo de producción y un sistema económico, el neoliberalismo es su ideología legitimadora[11].Democracia o capitalismo no es un eslogan ni un hashtag para redes sociales. Es una cruda y real disyuntiva. Decía al principio que, en el límite, el liberalismo y la democracia son incompatibles. En muchos lugares han llegado al límite hace rato. Hablar de democracias liberales en este contexto es ya demasiada postverdad. De hecho, la disyuntiva no es solo entre capitalismo y democracia. Estamos ante la tesitura de tener que elegir entre el capitalismo o la vida. La lucha por la vida y la lucha por la democracia son, en su misma entraña, luchas anticapitalistas.

Por Tere Maldonado, pertenece a feministAlde y es profesora de filosofía

24 febrero 2022 

[1]En el estudio del surgimiento y el desarrollo de la categoría de individuos, los trabajos del antropólogo Louis Dumont son el locus classicus ineludible, en especial sus Ensayos sobre el individualismo, una perspectiva antropológica sobre la ideología moderna (Alianza Editorial, 1987).

[2]Eduardo Aznar Vallejo, Vivir en la Edad Media (Arco libros, 2017, 3ª edición). Tal vez se incurra en anacronismo también al hablar de “discriminación” en la Edad Media: para que pueda haberla tiene que darse un horizonte normativo mínimamente igualitario en relación con el cual se produzca la discriminación (lo que no es el caso en el Medievo, en cuya normatividad, precisamente se establece de forma central el trato desigual).

[3]Jacques Rancière,El odio a la democracia (Amorrortu, 2006).

[4] Cfr. En las ruinas del noeliberalismo. El ascenso de las políticas antidemocráticas en Occidente, de Wendy Brown (Traficantes de Sueños, 2021).

[5] Celia Amorós, “Hongos hobbesianos, setas venenosas”, en Mientras tanto/48 (1992).

[6]DomenicoLosurdo, Contrahistoria del liberalismo (El Viejo Topo, 2007).

[7] Thomas Szasz, Nuestro derecho a las drogas (Anagrama, 1993), traducción y prólogo de Antonio Escohotado, que ha sido el gran defensor en España de la despenalización y liberalización del comercio y el uso de drogas, además de gran apologista del liberalismo, tanto político como económico.

[8] Esta cuestión del carácter liberal de algunas reivindicaciones feministas (y las aporías a las que ello nos aboca) exige un desarrollo mucho más profundo y extenso en el que no puedo entrar aquí.

[9] César Rendueles, Contra la igualdad de oportunidades. Un panfleto igualitarista (Seix Barral, 2020).

[10]Juan Hernández Zubizarreta y Pedro Ramiro, Contra la ‘Lex Mercatoria’. Propuestas y alternativas para desmantelar el poder de empresas transnacionales(Icaria, 2015).

[11]Como se ha dicho muchas veces, es un sistema económico que ha desbordado el campo de la economía y ha invadido el de la sociedad,y de paso todas las facetas y esferas de la vida (de manera que no vivimos sólo en una economía capitalista sino,directamente,en una sociedad capitalista).

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Conflicto Rusia - Ucrania: George Bush, Vladimir Putin, y la tercera ley de Newton

Las similitudes entre los discursos de George W. Bush, antes de la invasión de Estados Unidos a Irak, y Vladimir Putin, previo a la ofensiva rusa sobre Ucrania. 

 

A toda acción corresponde una reacción”, sería la síntesis de la tercera ley de Newton. Esta ley de la física clásica es fundamental en la dinámica social y política de los pueblos, con la diferencia de que la reacción nunca es proporcional a la acción. Si agregamos la regla de oro de la diplomacia y la ley moral más antigua de la humanidad (“No hagas a los demás lo que no quisieras que hagan contigo”) tendremos la explicación de muchos fenómenos a lo largo de la historia y a lo ancho del presente.

Para comenzar, tomemos solo un elemento, el retórico, sobre las dos importantes intervenciones militares de la última generación: la invasión en Irak y la invasión en Ucrania.

Invasión de Estados Unidos a Irak

El lunes 17 de marzo de 2003, desde el Cross Hall de la Casa Blanca, el entonces presidente estadounidense George W. Bush leyó un discurso justificando la masiva invasión de Irak. Un mes antes, desde España, publicamos artículos dando por hecho esta invasión y el posterior empantanamiento en el caos de Medio Oriente. Por entonces pensábamos que el discurso era una mentira descarada. Hoy, luego del reconocimiento de su falsedad, tanto por el presidente Bush como por su escudero, el presidente Aznar, está claro que todo fue una fabricación. Tan claro como es casi imposible encontrar un estadounidense que esté enterado de estos hechos.

El discurso de George W. Bush

“Durante más de una década, Estados Unidos y otras naciones han realizado esfuerzos pacientes y honorables para desarmar al régimen iraquí sin iniciar una guerra (pero) han fracasado una y otra vez”. En realidad, los inspectores de la ONU solo fracasaron en su búsqueda de armas de destrucción masiva.

“La inteligencia reunida por este y otros gobiernos no deja dudas de que el régimen de Irak continúa poseyendo y ocultando algunas de las armas más letales jamás inventadas (…) El régimen tiene un historial de agresión en Medio Oriente y tiene un profundo odio hacia Estados Unidos y nuestros amigos. Y ha ayudado, entrenado y albergado a terroristas, incluidos agentes de Al Qaeda”. Todos sabemos que fue la CIA quien ayudó y entrenó a Osama bin Laden en Afganistán. Saddam Hussein era enemigo de bin Laden. También sabíamos que el “historial de agresión” del régimen fue sostenidos por Washington e, incluso, con armas biológicas vendidas por Europa en los 80 y con aprobación de Ronald Reagan.

“Estados Unidos y otras naciones no hicieron nada para merecer esta amenaza”. Seguro que no. Ahora, “todas las décadas de engaño y crueldad han llegado a su fin. Saddam Hussein y sus hijos deben abandonar Irak en 48 horas. Su negativa a hacerlo dará lugar a un conflicto militar, que comenzará en el momento que elijamos. Por su propia seguridad, todos los ciudadanos extranjeros, incluidos los periodistas e inspectores, deben abandonar Irak de inmediato (…) La campaña militar será dirigida contra los hombres sin ley que gobiernan su país y no contra el pueblo iraquí (…) Les pedimos a las fuerzas armadas iraquíes que actúen con honor y protejan a su país al permitir la entrada pacífica de las fuerzas de la coalición para eliminar las armas de destrucción masiva. (…) Los criminales de guerra serán castigados. Y no será una defensa decir ‘Solo estaba siguiendo órdenes’”. Obviamente, los crímenes de guerra en Irak nunca fueron castigados ni lo serán, como en tantos otros países invadidos por las superpotencias.

“Seguiremos tomando más medidas para proteger nuestra patria. Nuestros enemigos fracasarían. Ninguno de sus actos puede alterar el rumbo o cambiar la determinación de este país. Somos un pueblo pacífico (…) Si nuestros enemigos se atreven a atacarnos, enfrentarán terribles consecuencias. A diferencia de Saddam Hussein, creemos que el pueblo iraquí merece y es capaz de ser libre. Y cuando el dictador se haya ido, pueden dar ejemplo a todo el Medio Oriente de una nación vital, pacífica y autónoma. Estados Unidos, con otros países, trabajará para promover la libertad y la paz en esa región”.

El discurso de Vladimir Putin antes de invadir Ucrania

El 23 de febrero de 2022, el presidente ruso, Vladimir Putin, anunció su decisión de lanzar “una operación militar especial” para defender una provincia separatista de Ucrania.

“He tomado la decisión de llevar a cabo una operación militar especial para proteger a las personas que han sido objeto de abusos y genocidio por parte del régimen de Kiev durante ocho años. Para ello, nos esforzaremos por desmilitarizar y desnazificar Ucrania. Y también para llevar ante la justicia a quienes han cometido numerosos y sangrientos crímenes contra la población civil, incluidos los ciudadanos de la Federación Rusa. Rusia no puede existir con una amenaza constante que emana del territorio ucraniano. No nos ha quedado otra opción”.

Para hacerlo más parecido al discurso de Bush, como si se tratase de un recurso retórico deliberado:

“Los acontecimientos de hoy no están relacionados con el deseo de atentar contra los intereses de Ucrania y del pueblo ucraniano, sino con la protección de Rusia frente a quienes han tomado a Ucrania como rehén y tratan de utilizarla contra nuestro pueblo”. Se trata de “un derecho a la defensa ante las amenazas de una desgracia aún mayor que la actual. Nuestros planes no incluyen la ocupación de territorios ucranianos, no vamos a imponer nada a nadie por la fuerza. Nuestra política se basa en la libertad (…) Es importante que todos los pueblos que viven en el territorio de la actual Ucrania puedan ejercer este derecho: el derecho a elegir libremente”.

Para los enemigos que se atrevan a atacar, Putin, como lo hiciera Bush, les advierte que enfrentarán terribles consecuencias:

“Un ataque directo a Rusia conduciría a la derrota y a consecuencias nefastas para el agresor potencial (…) No pasa un solo día sin bombardeos en las localidades de Donbass (…) La matanza de civiles no se detiene, ni el hostigamiento de personas, incluidos niños, mujeres, y ancianos (…) No nos han dejado ninguna otra oportunidad para proteger a Rusia, a nuestra gente, excepto la que nos veremos obligados a usar hoy”.

Similitudes

Los dos discursos que inician ambas intervenciones militares son casi una copia. Es posible que esto haya sido deliberado por parte de Moscú, pero está claro que es una reacción diplomática y militar de crucial importancia. La arrogancia de Washington de no detener la expansión de la OTAN, contra el compromiso adquirido décadas antes y violado repetidas veces, se ha estrellado con el muro ruso (mejor dicho, “sino-ruso”).

La ineficiencia militar del ejército de Estados Unidos

Putin es demasiado listo para los lideres de Occidente. Por otra parte, se encuentra en el momento de quiebre de la influencia avasallante de la OTAN y su aterrizaje. Los ejemplos de ineficiencia militar del ejército más caro de la historia(Estados Unidos invierte tanto como los primeros diez países del mundo) son interminables. Desde las guerras de expansión del siglo XIX, pasando por las guerras bananeras y todas las invasiones de la Guerra fría, siempre se invadió o intervino países minúsculos o pobres. Aun así fue derrotado en Cuba, en Vietnam y, más recientemente, en Afganistán. Ahora, ante la invasión del ejército ruso a Ucrania, Washington retiró su presencia militar en Ucrania. Pues, para eso estaban, para intimidar.

Aunque Putin se retire de Ucrania, aunque se quede con una parte o invente un nuevo país, será el ganador inevitable en esta disputa. La lección ya la había aprendido Kim Jong-un luego de que colgaran a Sadam Hussein: el único argumento que escuchan los poderes hegemónicos son las bombas atómicas.

Tristemente, es así de simple, y esa es otra reacción de una acción largamente ejercida por Washington.

25 de febrero de 2022

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Miércoles, 23 Febrero 2022 05:30

Putin y Lenin

Vladimir Putin, en su discurso del pasado 21 de febrero. RTVE

El presidente de la Federación Rusa mandó ayer al infierno cualquier mínimo reconocimiento a la política internacional soviética y adoptó sin complejos un discurso nacional-imperialista de estilo zarista. Y eso da miedo

 

Putin es un anticomunista convencido y un nacionalista de derechas. Ayer lo dejó claro en un discurso para la Historia en el que dejó muchas pistas sobre su imaginario cultural y sus referentes ideológicos así como su sentido de la ironía y la imagen que tiene de sí mismo. Cualquiera diría que a Putin le complace esa caricatura que le presenta en la escena mediática “occidental” como ese padre autoritario al que su yerno tiene pánico. Cualquier psicoanalista diría que se gusta en ese rol superyoico castigador. Me lo imagino trasteando en las redes sociales disfrutando de esas imágenes en las que aparece cabalgando un oso. Pareciera que las psicologías individuales no tienen importancia geopolítica y es verdad que de Putin se hacen demasiadas caricaturas, pero no desprecien nunca los factores psicológicos a la hora de entender el comportamiento de los líderes políticos. Ahora volvamos al discurso.

En su proclama de ayer Putin atacó a Lenin y ya les digo que el hecho de que el presidente de la Federación Rusa ataque a Lenin en un discurso que vieron millones de rusos, en el contexto de una grave tensión militar, no es un asunto baladí. Putin cargó contra el federalismo, contra el pacifismo y contra el respeto de la plurinacionalidad propio de los bolcheviques que, al menos mientras Lenin mandaba, defendieron incluso el derecho de autodeterminación de los pueblos. Putin dijo ayer nada menos que Lenin era el arquitecto de la nación ucraniana y atacó incluso el talento geopolítico del Lenin de la paz de Brest-Litovsk. El Lenin consciente de la realidad de la correlación de fuerza militar con Alemania frente al poco racional optimismo de Bujarin y Trotsky fue, para Putin, un cobarde. Llamar a Lenin cobarde en Rusia es, para muchos rusos y para cualquier comunista, una provocación. Con una ironía innegable, Putin sugirió además que para continuar el proceso de “descomunistización” de Ucrania quizá Ucrania debería desaparecer. En gramática parda castiza a esto se le llama una macarrada.

Putin mandó ayer al infierno cualquier mínimo reconocimiento a la política internacional soviética y adoptó sin complejos un discurso nacional-imperialista de estilo zarista. Y ciertamente eso da miedo a cualquiera.

Pero ojo, eso no hace de la OTAN una reserva moral y militar democrática ni convierte al corrupto gobierno ucraniano, que ha atacado los derechos civiles de buena parte de sus ciudadanos, en la encarnación de una resistencia popular anti-imperialista. Y tampoco resta lógica geopolítica a los deseos rusos de tener a la OTAN lejos de sus fronteras. A esa izquierda deseosa de encontrar un bando al que dar un poco la razón ética y moral hay que decirle que, desde el fin de la Guerra Fría, eso se ha hecho muy complicado. Ni la (supuesta) izquierda otanista ni el rojipardismo tienen fácil dar argumentos presentables a la hora de explicarnos quiénes son los buenos y quiénes son los malos.

Ayer me escribía Rafael Poch, quizá uno de los periodistas de nuestro país que más sabe de Rusia y que jamás se ha alineado con el atlantismo dominante en la prensa española, que el discurso de Putin no beneficiará a Rusia y dará vitaminas a una OTAN que estaba en “muerte cerebral”. Me decía que enterrar los acuerdos de Minsk (rechazados por el gobierno de Ucrania) con el reconocimiento de las “repúblicas” no auguraba nada bueno para la paz y que la retroalimentación entre un nacionalismo ruso agraviado por 30 años de humillaciones y el nacionalismo ucraniano, en el marco de un Estado fallido entregado a los EEUU, era algo “muy malo”.

Creo que Poch tiene toda la puñetera razón

22/02/2022

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El líder comunista chino, el presidente Mao Zedong, recibiendo a su par estadounidense Richard Nixon en su casa de Pekín en 1972. Flickr/Creative Commons

Cuando se cumple medio siglo de la sorprendente visita del presidente Richard Nixon a Beijing (21 a 28 de Marzo de 1972), la pregunta que muchos se hacen en EEUU y en todo el mundo es si aquello fue un prodigioso ejemplo de malabarismo diplomático o, por el contrario, la mayor torpeza estratégica del siglo XX.

Durante años, ha prevalecido la primera impresión: una jugada maestra que permitió a la Casa Blanca sumar a China a su diferendo con la URSS y sentar las bases de su victoria en la Guerra Fría. Aquella China pobre en modo alguno era un rival para EEUU y sus diferencias con Moscú ensanchaban los espacios apropiados para la cooperación. Aun así, fueron necesarios siete años más para propiciar un salto significativo en los vínculos formales, que llegaría en 1979 con el establecimiento de relaciones diplomáticas y la amarga ruptura con la otra China, la de Chiang Kai-shek. Fue entonces, en ese mismo año, cuando Deng Xiaoping realizó su histórica visita a EEUU.

Fruto de lo que se llamó la "diplomacia del ping-pong", aquel encuentro de 1972, en plena Revolución Cultural, debe contextualizarse en dicho marco bipolar y estratégico. Lo que ocurrió tras la muerte de Mao, la adopción del reformismo denguista, no se debe, stricto sensu, a esa normalización con EEUU, aunque ello facilitó y mucho la inserción internacional de la China de Deng. Las primeras políticas del Pequeño Timonel no tenían como referente el liberalismo estadounidense sino las atrevidas medidas auspiciadas durante la "restauración burocrática", a contrapelo del maoísmo, que siguió al fracaso del Gran Salto Adelante. Y fue así, realmente, como empezó todo el dinamismo económico que condujo a la realidad actual de una China que es segunda potencia económica del mundo. Cuando Nixon visitó China, Deng, víctima de la Revolución Cultural, estaba condenado al ostracismo político en su propio país.

Quiere esto decir que arrogarse por parte de EEUU la responsabilidad principal por haber inspirado la sorprendente transformación de China en las últimas décadas, no se corresponde con la realidad. Facilitó cosas, sin duda, pero las claves del cambio de rumbo son esencialmente internas. Bien es verdad que Washington no las dificultó y esa atmosfera facilitó el desarrollo de una importante admiración en China hacia EEUU que iniciaría su declive pronunciado, y a lo que se ve imparable, con el bombardeo de su legación diplomática en Belgrado, en 1999.

Carece, pues, de sentido el mea culpa que algunos entonan ahora como también sus críticas a la hipotética deslealtad de Beijing. No es que las autoridades chinas se aprovecharan de EEUU para dinamizar su economía descartando una evolución política liberal, tal como imaginaban, quizá ilusoriamente, en Washington, confiando en que el cambio económico conduciría, inexorablemente, al cambio político. Aun a sabiendas de ciertos titubeos, el PCCh nunca abogó por esa ecuación pues pondría en serio peligro su hegemonía política.

Cabe reconocer, no obstante, que EEUU se benefició y mucho de esa normalización en todos los términos. Ya no solo por los importantes réditos estratégicos obtenidos de dicha suma en sus diferendos con Moscú sino incluso, en lo propiamente crematístico, por las oportunidades brindadas a sus grandes empresas multinacionales con la apertura del mercado chino. Lógicamente, el balance de Beijing es más satisfactorio aun.

Las relaciones bilaterales viven hoy día las secuelas de un fin de época plasmado ya durante la Administración Trump, si bien los primeros fundamentos de ruptura pudieran remitirse a la presidencia de Barack Obama y su "Pivot to Asia". Fue en 2018 cuando el vicepresidente Mike Pence, en el conservador Instituto Hudson, formuló la quiebra radical. Con su verbo acusador, EEUU dejó atrás la era de cooperación para abrazar la confrontación como piedra angular de sus relaciones. Joe Biden persevera en esta senda.

Desde la rivalidad estratégica a las invitaciones al desacoplamiento, EEUU y China tantean ahora la definición de unas nuevas y complejas bases políticas para atemperar una coexistencia que vuelve a tener en Taiwán la cuestión más espinosa. El propósito de Beijing de seguir por una senda propia y alejada del liberalismo occidental y su proximidad estratégica con Rusia, que por el momento le suministra el 16% de sus importaciones anuales de petróleo y el 34% de las de gas, sugieren que el deterioro está lejos de haber culminado.

Los ecos del pasado resuenan en el actual escenario geopolítico pero las grandes diferencias que les separan (comercio, derechos humanos, etc.) advierten de una muy difícil mejora de las relaciones.

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Domingo, 20 Febrero 2022 05:32

Historia de una traición

Dora María Téllez, la Comandante Dos de la Revolución Sandinista.. Imagen: EFE

Dora María Téllez, la “Comandante Dos”, figura histórica de la Revolución que en 1979 tumbó la dictadura de la dinastía Somoza que por décadas sofocó a Nicaragua, fue condenada hace pocos días a ocho años de cárcel. El juicio que la condenó fue una farsa grotesca: a ella le dieron cuatro minutos para pronunciarse.

En el mismo juicio para otra figura de relieve en el desaparecido sandinismo, Víctor Hugo Tinoco, la condena fue de trece años.

También hace poco se supo del fallecimiento del comandante Hugo Torres, quien llegó a general cuando existía el Ejército Sandinista. Había sido detenido por el gobierno de Daniel Ortega.

Un detalle revela de manera absolutamente nítida en qué tipo de gente Ortega se transformó: el entonces comandante Torres y Dora encabezaron en 1979 la acción que liberó al hoy dictador de la cárcel somocista.

Exiliados y detenidos

Son muchísimos los que fueron figuras de especial relieve en el periodo en que el sandinismo existió – desde la victoria en 1979 hasta la derrota electoral de 1990 – y que hoy están exiliados, aislados o detenidos.

Lo que era inicialmente una ávida sed de poder de la pareja Ortega-Murillo se transformó en una copia brutal de lo que fue la dictadura de dinastía de los Somoza. Y si en un primer momento esta constatación me abrió un tajo en el alma, ahora me cubre de indignación.

Recuerdos de la revolución

Recuerdo bien que el 24 de enero de 1980 había sido jueves. Ese día viajé por primera vez a la Nicaragua sandinista. La revolución que tumbó a Anastasio Somoza llevaba exactos seis meses y cinco días.

Hasta entonces yo había mantenido contacto a la distancia con el escritor Sergio Ramírez, con quien me une hasta hoy una cálida amistad.

Todavía guardo en la memoria la emoción de aquella primera de una larguísima serie de visitas mientras duró el sandinismo que liquidó a la dinastía que hacía décadas saqueaba y sofocaba aquel hermoso país.

Eran mis años jóvenes, y junto a un puñado de extranjeros que respaldábamos y tratábamos de colaborar, pude tener bastante contacto con varios de los integrantes del gobierno.

En esas reuniones informales, muchas veces largas cenas que se extendían por horas, estuve, siempre al lado de más sandinistas, con Daniel Ortega.

Me pareció un hombre cerrado, de mirada desconfiada, que se quebró por única vez:  en 1986, cuando me habló de su hermano Camilo, muerto en combate con las fuerzas de Somoza cuando era muy joven. Ese día me contó también que de los 15 a los 34 años él, Daniel, no tuvo casa: vivió en la clandestinidad, vagando de un sitio a otro.

Por la primera y única vez sentí algo de humano en aquella figura de piedra.

Nuestro último encuentro fue en Río de Janeiro, a mediados de 1990, en una reunión con artistas e intelectuales meses después de la derrota electoral frente a doña Violeta Chamorro.

Piñata y después

Nunca más volví a Nicaragua. De lejos, supe de la “piñata”, el despojo que llevó a parte de las más altas figuras del sandinismo, Ortega entre ellas, a transformarse en millonarios.

Confieso que junto a otros amigos extranjeros que habíamos vivido tan de cerca la Revolución tardé en aceptar como verdad lo que verdad era.

Hasta en ese aspecto los traidores se hicieron copias redondas de los somocistas.

La de los sandinistas ha sido la última Revolución de mi generación y, en su modelo, quizá la última de la historia.

En muchos momentos sentíamos que ellos conducían a los nicaragüenses a algo muy cercano a realizar sueños imposibles, a rozar el cielo con las manos.

Guardaré para siempre en lo mejor de mi memoria momentos vividos en aquellos años de esperanza, que parecían ser de una luminosidad real.

Luego de perder las elecciones, como consecuencia de la brutal agresión armada llevada a cabo por Washington con apoyo de los sectores más reaccionarios de Nicaragua, el sandinismo empezó a ser destrozado.

No tardó mucho para que lo que había sido una Revolución viva y hermosa empezara a ser traicionada de manera vil, imperdonable.

Aquella esperanza que derrotó la dinastía de los Somoza fue sucedida por otra dinastía, igualmente perversa, abusadora, asesina.

Desde 2006, es decir, hace 16 años, la pareja presidencial manipula elecciones de manera absurda para permanecer en el poder más absoluto.

El peor traidor

Daniel ahora encabeza esa nueva dinastía que reprime, persigue y mata hasta jóvenes estudiantes como lo era su hermano Camilo cuando fue asesinado por la dinastía anterior.

Un traidor es y siempre será un traidor, una figura abyecta y depreciable.

Pero hay traidores de peor calaña.

José Daniel Ortega Saavedra pertenece, con méritos y brillo, a esa segunda especie

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“No me van a doblegar; mi mandato es del pueblo”

El presidente de Perú, Pedro Castillo, habla de todo. La presión del Congreso sobre su gabinete. Una Constitución formal pero sin igualdad. Su infancia con 8 hermanos, la reforma agraria en honor a su padre y una campaña presidencial con covid a cuestas. Los desafíos por delante: "Que las personas no mendiguen por medicina o educación". Extra: el "cafecito" con Pepe Mujica.

En un diálogo relajado con Alfredo Serrano Mansilla en AM750, el presidente de Perú, Pedro Castillo, plantea los desafíos que enfrenta desde su asunción en 2021 y la necesidad de “descentralizar” el país. “Se ha centralizado la economía, la riqueza, los servicios y la educación en Lima y la gente no ha encontrado mejores oportunidades”, asegura.

Además, Castillo apunta que el Congreso busca imponer la agenda de su gestión. Desde que asumió en julio del año pasado, el presidente peruano debió designar tres gabinetes completos, ya que en Perú el equipo de gestión del mandatario debe ser refrendado por el Parlamento y, si no logra la mayoría de los 130 legisladores, deben renunciar y el mandatario tiene que designar una nueva composición.

Pedro Castillo y los desafíos de la gestión

 

- Usted fue muy característico por la valentía con la que dijo las cosas. ¿Se puede ser o se debe ser tan valiente ahora que usted es presidente o resulta que es muy difícil?

Bueno, yo creo que nosotros hemos nacido con esa característica y hemos tenido ese don. He pasado por muchas más cruentas y siempre digo que estar acá frente al despacho o atendiendo a la población más vulnerable para mí es también parte de una valentía. Pero más allá de cosas que a nosotros nadie nos va a poner una muestra, dar señales de lucha, dar señales de valentía cuando tienes detrás, cuando tienes en las piernas y en las espaldas todavía las huellas de algunos perdigones. Lo que ves cuando hemos tomado la calle, cuando hemos defendido el medio ambiente, más allá de eso y haciendo gobierno, entiendes el sinsabor del pueblo y por el cual tenemos que seguir bregando.

Yo sé que no van a entender las personas que de una u otra forma aún no asimilan haber perdido esta elección, pero yo quisiera decirles desde este espacio que se saquen eso de la cabeza, de que yo he venido a eternizarme en el poder: el 28 de julio de 2026 daré la posta a quien este país designe como el presidente que me suceda e iré al lugar que corresponde. Me volveré a la escuela, ese es mi espacio, volveré a mi comunidad, volveré de donde he venido.

Grupo Octubre · Entrevista a Pedro Castillo

- ¿En este período que lleva se ha sentido discriminado por su origen de clase, por su ámbito rural, por ser maestro, incluso por el color de piel, hasta por el sombrero? ¿Se ha sentido usted discriminado en ese sentido?

Sí, durante la campaña, más que todo en la segunda vuelta, fue tan duro lo que veía en algunos diarios o radios por cómo hablo. Voy a seguir hablando como hablo, de esta forma natural, conduciendo el país, y no necesito disfrazarme.

Hay una Constitución que nos trata a todos por igual, pero en la práctica no es cierto. Hay una Constitución que un grupo defiende cuando en esos mismos renglones se discrimina a un hombre del campo. Hoy el Perú tiene un presidente provinciano y más allá de quién es quién, luchamos para que el país sea descentralizado, se ha centralizado la economía, se ha centralizado la riqueza, se han centralizado los servicios, la educación, todo en Lima y la gente abandona su chacra, abandona su tierra, abandona a su familia y se ha venido a Lima en busca de mejores oportunidades y no la ha encontrado. Los cerros están llenos, viven bajo esteras, porque no encontraron oportunidades, porque no se descentralizaron los bienes del país a las regiones. Hoy es el momento de devolver ese sueño para que las personas no mendiguen por medicina o educación, ese es nuestro trabajo, no me voy a doblegar, estoy por mandato del pueblo peruano. Y llamo desde este espacio a mis hermanos, a los peruanos, a la más amplia unidad. Solamente unidos vamos a emprender este trabajo. Y acá tienen a un Gobierno que va a disponer de los recursos que tiene este gobierno para darle mejor educación a nuestros hijos, mejores carreteras e impulsar la agricultura, revisar esos contratos que muchas veces hay grandes empresas que han negociado y que han contratado con el Estado.

Yo no voy a pedir para mi bolsillo, no voy a pedir a para mi compadre, voy a hacer que esos contratos se hagan frente al pueblo para que esos convenios se retribuya, a lo cual a los lugares más necesitados.

- El Gabinete de su gobierno está sometido a la aprobación del Congreso. ¿Desea usted que haya una estabilidad para que eso le permita gobernar hacia adelante? ¿Esa preocupación la tiene muy presente?

Lo que pasa es que en el Congreso hay un cierto sector que su respuesta es netamente de carácter político, y cuando yo llamo a un provinciano para ser ministro porque sabe la necesidad del país, como por ejemplo a un maestro para que sea ministro de Educación, no les gusta. Siempre el gabinete debe pedir el voto de confianza al primer poder del Estado, que es el Congreso. Pero cuando yo tengo el gabinete puedo estructurar mi plan de trabajo para bajar a la región o a tal pueblo, y resulta que no lo puedo hacer porque el Congreso llama a los ministros para que respondan tal cosa. El Congreso nos quiere imponer la agenda. Yo convoco al Congreso a que volteemos la página y pensemos en el país y en los más necesitados. No ha pasado por mi cabeza cerrar el Congreso, yo quiero cerrar las brechas de desigualdad de este país, las diferencias entre la clase política, las grandes distancias que existen entre los más necesitados y las personas que comprometen al Gobierno para que llegue el Estado.

Los sueños de infancia de Pedro Castillo

 

- ¿El Presidente del Perú se acuerda de lo que sueña y de los sueños de cuando era pequeño?

A veces sí y a veces no. En el campo amanecemos en el trabajo y llegamos muy tarde. Siempre hemos soñado que no nos olvidemos de la familia, estemos ligados a Dios, hacer las cosas bien. Quisiera saludar a mi padre, mi madre, mis hermanos, que jamás nos permitieron estar ociosos, perder el tiempo en otra cosa. La honradez ha sido un don maravilloso. Mis padres son iletrados, somos nueve hermanos y mi padre nunca comía solo. Siempre esperaba que estemos todos alrededor de la casa y siempre nos daba un turno. Mi papá solo asistió una semana a la escuela, mi madre no conoce una letra, pero leían muy bien la realidad, la familia y a sus hijos. Nos turnábamos para dar la bendición a Dios al comer. Eso fue más que una escuela, lo trasladé a mi accionar como joven, en la escuela, en la universidad, no hay que compartir las amarguras, sino también los buenos momentos. Hoy he venido a ser presidente de la República sediento de justicia, igualdad y oportunidades. Que lo que tiene el Perú sea para los peruanos, que lo que tiene el Gobierno sea de los más necesitados sin robarle un centavo al país. Tenemos muchos problemas en cuanto a situaciones reivindicativas y por eso estoy acá.

- ¿Cómo era de pequeño? ¿Estudioso, rebelde, travieso, valiente?

Siempre he sido valiente, no me he corrido de los retos. Recuerdo que me atrevía a cualquier cosa. Siempre me ha salido bien, a veces desafiando también al maestro, pero en tonos respetuosos. Siempre he ido detrás de los sueños para hacerlos realidad. Extraño labrar la tierra, y es lo que quiero hacer. Lanzo una segunda reforma agraria por amor a mi padre, porque somos agricultores y vamos a trabajar para impulsar represas, cosechas de agua al lado del agricultor para impulsar la agricultura. Si no trabajamos, ¿de dónde salen los frijoles? Es importante decirle al país y al mundo que todo debe ser producto de un esfuerzo.

- ¿Qué quería ser de chico?

Siempre anhelé ser maestro. Veía a mi maestro, que llegó sufriendo, caminando como tres días desde Chota, cómo se disponía, como atendía, era como un padre para nosotros. Éramos compañeritos que cada uno tenía su realidad. Yo quería ser como ese hombre que luchaba, que tenía amor por los niños y sabiduría, que hablaba tan bonito. He llegado a ser maestro de mi propia escuela, donde cursé los primeros años de vida, fui director incluso, y desde ese lugar enarbolé esta lucha política.

- Presidente, tuvo que trabajar de mil cosas, recorrer mucho el país. ¿Qué se acuerda de algún trabajo que lo hacía reír y otro que seguro no le gustaba por lo sacrificado?

Recuerdo que para ir a la escuela teníamos que ir a mudar los animales, los caballos, luego labrar un surco de maíz y terminar esa tarea. A la tarde volvíamos, teníamos en la cabeza que si no trabajas, no comes. Siempre ha sido así. En la institución educativa de primaria no había jardín, yo llegué a la escuela a los siete años y había un profesor y sólo se estudiaba hasta tercer grado y cuarto, quinto y sexto se hacía a una hora y media a pie. Solo terminamos dos. Mi padre me enseñó a sembrar café, arroz, papa, maíz, cosechar todo, cómo se cría un animal, cómo ordeñar una vaca, montar un caballo. No me olvido de esa vida.

- ¿Cree que ese tipo de saberes son subestimados hoy en día por la sociedad en la que vivimos?

Eso falta, respetar la identidad, hay que motivar a las personas para que saquen lo que tienen adentro. A nosotros nos enseñaron no ser ocioso, mentiroso ni ladrón, entonces siempre está en la cabeza eso. Tenemos permanentemente esa lucha. Mi padre me separó dos años de la escuela, no fui a la secundaria porque había recursos muy escasos. Mi hermano más grande convenció a mi padre para que yo termine la secundaria. Salía a las cinco de la mañana y era el primero en llegar y luego seguir trabajando en la casa. En las vacaciones seguía yendo a cosechar café, arroz, ayudaba a mi padre a criar animales, pero gracias a un tío muy querido me trajo a Lima, estaba en el tercer año de la secundaria, que me decía que si no trabajaba no comía.

- ¿Mantiene algún tipo de relación con aquellos alumnos que tuvo en esa época?

En este recorrido los encontré como jefes de campaña en su comunidad, pintando el lápiz, pintando mi sombrero. Pero sucedía que es una comunidad bastante carente. Voy a retornar a esa comunidad para reconstruir esa escuela. Lo primero que hice es llamar a la familia y llamar a los maestros y decir que hay que ser por los maestros. Y así fue como me metí en el seno del magisterio y empecé por la lucha reivindicativa de los maestros y en el 2017 se gestó una lucha donde yo la encabece a nivel nacional e fui conocido a nivel nacional.

- De hecho, fue elegido presidente del Comité de Lucha de las Bases Regionales del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Perú Sutep. Luego también fue Secretario General de la Federación Nacional de Trabajadores de la Educación del Perú. Y ahí es donde, como usted dice, es protagónico en la lucha de los Derecho por los maestros en el año 2017, donde se hace más conocido. Ahí se genera una negociación del Presidente, por aquel momento de inscri, pero no le invitan a usted a Palacio de Gobierno. ¿Cuándo fue la primera vez que pisó el Palacio?

El 28 de julio. Porque no sé por qué empezaron también, o porque la lucha es una lucha desigual. También hubo problemas internos con el magisterio, porque y ahora nunca el gobierno en el Perú durante los 200 años jamás prioriza la educación peruana. Hay mucho por hacer en la educación del país, los maestros en sus luchas diarias nos han motivado de sobremanera. En el Perú hay más de 500 mil maestros en actividad. El maestro cesante va con una pensión precaria. Hay maestros tuberculosos, totalmente abandonados, hay maestros que van a la selva, se toman una lancha y van siete días para llegar a su escuela y retornan después de meses a su familia. Y los que pueden salvarse de algún ácido, de alguna enfermedad endémica, vuelve, pero no hay presencia del Estado.

Vieron que enarbolamos una lucha totalmente reivindicativa. Venimos a esa lucha diciendo que primero es el pueblo, primero es lo primero en la educación del pueblo y hoy estamos en el gobierno y primero la educación del pueblo peruano. Primero son los niños: 8 millones de estudiantes en este país que vamos a hacer todo lo posible para que ningún alumno se quede sin ningún útil escolar, que ningún alumno esté con el estómago vacío, que ningún alumno esté sin sin un techo y que a ningún alumno le nieguen sus sueños para seguir estudiando.

La transformación en Presidente

 

- ¿Qué le dijo su familia el primer día que les dijo que quería ser candidato a Presidente?

Recuerdo que Lilia, Arnold y Alondra me esperaban para cenar y ese día yo ya logré la inscripción y fui y les dije que me iba a postular a la Presidencia de la República. Me dijeron “ven a comer y beber”. Pero yo tenía bastante fe, imagínense dentro de tantos candidatos un maestro que en su boleto de pago tiene tres mil soles de haberes y solamente recibe 1200 porque el resto son préstamos… Fui consciente y dije “voy a encomendar esta causa, esta candidatura a Dios por hacer bien por el país”. Y así fue y al final llegamos a Palacio.

- Presidente, de su grupo más cercano quién creía de verdad que iba a pasar a segunda vuelta? ¿Usted lo creía?

Mire, yo siempre creí y la compartí con algunos maestros cercanos en alguna de las regiones del país, si cada maestro me garantizaba diez votos en la mesa, ya tengo tres millones de votos solamente de los maestros. Ahora mi familia, el resto mis vecinos debo llegar a unos dos millones de votos y ya paso la segunda vuelta. Y empecé a recorrer el país, pero fui el primer candidato que me cogió el Covid, estuve días en Lima. Entonces bajaba a los pueblitos y no había ningún pueblito donde no me conocieran, todos estaban organizados recibiéndome.

- Fue un momento muy difícil la segunda vuelta porque hubo el desconocimiento de los resultados por parte de su rival, de muchas voces también. ¿Cuál fue llamada que le dio una gran alegría para felicitarlo como Presidente y que no se esperaba?

Bueno, el compañero (Alberto) Fernández, me llamaron de Bolivia, de Ecuador, de México, también de la misma Comunidad Europea, de la OEA y de algunos, algunos vecinos y paisanos nuestros, la comunidad que está en el exterior. Era notorio, no se podía tapar el sol con un dedo. Ha sido una lucha desigual y aún sigue siendo desigual, pero yo soy muy respetuoso de la de la vía democrática, como siempre se ha dado en cualquier espacio, en cualquier escenario social, las minorías tienen que someterse al mandato mayoritario.

Ping pong

 

- ¿Con qué político le gustaría tomarse un cafecito?

Con mi maestro, Pepe Mujica.

- Lo que menos le gusta hacer como presidente

Estar encerrado. Quiero salir al pueblo…

-¿Duerme menos horas?

Sí, tres horas

-El Papa Francisco

Un hermano

-Una palabra para dejar en La Pizarra

Perú. Para todos los peruanos.

 

Por Alfredo Serrano Mancilla

20 de febrero de 2022

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Dora María Téllez, dirigente opositora sometida a un cruel juicio en Nicaragua

El gobierno de Daniel Ortega la acusó de “conspirar para cometer menoscabo a la integridad nacional”

 

Enfundada en el uniforme de algodón azul que portan los reos de El Chipote, la cárcel de Nicaragua que encierra a los más de 100 presos políticos del régimen orteguista, la dirigente opositora Dora María Téllez compareció a su juicio el 3 de febrero y contó con cuatro minutos para hablar en su defensa por los cargos de “conspirar para cometer menoscabo a la integridad nacional”.

Interrumpida en tres ocasiones por el juez, quien fuera conocida durante la guerra insurreccional de los años 70 como Comandante Dos esgrimió contra las acusaciones del régimen el argumento de que “la soberanía de las naciones no recae en las personas, sino en el pueblo”; que ni Daniel Ortega ni Rosario Murillo, presidente y vicepresidenta, “son Nicaragua”, y que ese país “no es una monarquía, sino una república”.

 

No conocía a su abogado

 

Antes del juicio, programado sin aviso previo, su defensa no tuvo acceso siquiera al número de su expediente y nunca tuvo oportunidad de visitar a la acusada ni para conocerla. Cuando fue trasladada al juzgado, la dirigente no sabía que era ya el día de su audiencia. “¿Qué hago yo aquí?, ¿dónde estoy?”, preguntó a la persona que tenía al lado, sin saber que era su abogado defensor. El 10 de febrero fue declarada “culpable”.

Como en casi todos los casos de los cerca de 170 presos políticos que hay en las prisiones de Nicaragua, 46 de ellos detenidos en las semanas previas a las elecciones de noviembre del año pasado (varios precandidatos, líderes de organizaciones opositoras, dirigentes campesinos y estudiantiles y dos periodistas), ningún proceso judicial siguió las mínimas bases de un juicio justo. A cinco ya les fueron dictadas sentencias similares, con argumentos idénticos.

 

“Fusilamiento judicial”

 

“Ha sido un fusilamiento judicial”, declaró otro ex comandante de la revolución sandinista, Luis Carrión, quien quedó al frente del partido Unamos, que fundó junto con Dora María, Víctor Tinoco y varios presos más.

Otro de los jefes históricos del Frente Sandinista de Liberación Nacional y reconocido por generaciones anteriores como héroe nacional, general de brigada en retiro Hugo Torres, también preso político, murió la semana pasada. El gobierno informó del deceso 15 horas después, sin precisar las causas de la muerte y sin haber informado a su familia que había sido trasladado a un hospital.

Torres y la Comandante Dos protagonizaron en 1979, antes de la caída de la dictadura somocista, una acción guerrillera que permitió, en un intercambio de prisioneros, la libertad de hoy presidente Ortega.

 

Operación Danto

 

En El Chipote, junto con Téllez, están presas otras tres mujeres dirigentes de Unamos, que se llamó Movimiento de Renovación Sandinista hasta que la dupla Ortega-Murillo les prohibió el uso de ese nombre: Ana Margarita Vijil, Tamara Dávila y Suyén Barahona. Todas fueron arrestadas durante los últimos días de mayo de 2021 en una acción que se llamó Operación Danto con un mismo patrón: sin orden de aprehensión fueron trasladadas a un paradero desconocido donde estuvieron 60 días sin acceso a ninguna persona. Después, en El Chipote, se les asignó un defensor de oficio que no objetó el decreto de otros 90 días de arresto en aislamiento.

También fue detenido Pedro Joaquín Chamorro, hijo de la ex presidenta Violeta Barrios, hermano de la precandidata Cristiana Chamorro (bajo arresto domiciliario) y del periodista Carlos Fernando Chamorro, cuyo periódico, Confidencial, fue allanado y saqueado. Para poder seguir operando este medio de comunicación de manera digital, tuvo que salir al exilio.

Al cabo de ese periodo, los presos políticos tuvieron derecho a contadas visitas familiares, cuatro en un periodo de ocho meses. En vista del severo deterioro de su salud y la pérdida de peso, las familias de las cuatro mujeres formaron un colectivo para llevarles cada día suplementos alimenticios y agua. Todas están confinadas en aislamiento.

 

Penumbra permanente

 

A Dora María le han impuesto un castigo adicional: la penumbra permanente. Condenada a la semioscuridad durante todo el día, cuenta que cuando se mira los pies sólo ve el contorno de sus chinelas (chanclas) y en la regadera no puede distinguir las etiquetas de los frascos. Por lo tanto, leer está fuera de su alcance. “Y eso –cuentan testigos que han podido verla– es lo que la ha lastimado más”.

El día del juicio, según algunos testimonios, se le veía “no pálida, traslúcida como una hostia”; muy delgada, un poco desorientada al principio y con un marcado tic nervioso que sacudía uno de sus brazos. Cuando finalmente pudo tomar la palabra durante cuatro cortos minutos, pudo hacer el recuento detallado de los derechos que le fueron negados para contar con un debido proceso. Hasta pocos días antes, refirió, le habían permitido a su familia hacerle llegar una cobija. El juez la interrumpió en tres ocasiones.

Las principales pruebas que se presentaron en su contra para sustentar los cargos de conspiración y menoscabo a la soberanía nacional fueron: dos retuits que hizo desde su cuenta de Twitter, uno sobre un pronunciamiento del director de Human Rights Watch y otro de una carta enviada por seis senadores de Estados Unidos al presidente Joe Biden. También, una comparecencia virtual ante el Parlamento Europeo y una entrevista con un parlamentario de la Unión Europea. Todos los testigos en su contra eran policías. No hubo declarantes de descargo.

Lo último que alcanzó a decir Dora María Téllez ante el tribunal fue: “Detenida o en libertad, seguiré luchando por Nicaragua”. El día que se dictó sentencia, siete días después, no se permitió acceso a la sala a ningún familiar: ocho años de prisión e inhabilitación para ocupar cargos públicos.

Para Víctor Hugo Tinoco y otros detenidos, la pena fue de 13 años. Se teme que todas las demás sentencias que emita este juzgado sean en el mismo tenor. “Este procedimiento fuera de la ley se va a replicar en cada uno de los casos de los presos políticos”.

La entrevista que Téllez concedió a este diario poco antes de su arresto el año pasado puede consultarse en https://bit.ly/3LHAzPV.

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Sábado, 19 Febrero 2022 05:19

El horror nuestro

Foto tomada el 1 de julio de 1986 del General retirado del Ejército de Nicaragua Hugo Torres, exmiembro del Movimiento Renovador Sandinista. El exguerrillero murió el 12 de febrero de 2022, dijeron sus familiares en un comunicado, sin dar más detalles. Óscar Navarrete / AFP

"Cada uno es dueño de su propio miedo" es una frase célebre en Nicaragua. La dijo el periodista Pedro Joaquín Chamorro, director del diario opositor La Prensa durante la dictadura de Anastasio Somoza en los años 70. Fue su respuesta cuando le preguntaron si temía ser asesinado, como lo fue el 10 de enero de 1978.

Su muerte fue la gota que colmó la copa de la iniquidad que el pueblo nicaragüense sufrió de parte de la dinastía de los Somoza. Ya no hubo ejército que detuviera a la guerrilla sandinista y sobre todo al pueblo harto de ese régimen violento y corrupto.

Igual que cada uno es dueño de su miedo, cada pueblo es dueño de su horror. Hay muchos y muy diversos en el mundo y cada pueblo lo vive de su propia manera. Llega un momento incluso en que el horror se incorpora a la vida, se vuelve parte de la cotidianeidad. La mente desarrolla mecanismos de defensa para hacerlo tolerable, pero hay hechos repentinos que reviven ese horror e impiden que lo intolerable se normalice.

Este pasado domingo 12 de febrero, uno de los guerrilleros más admirados y conocidos del sandinismo murió tras ocho meses en prisión. Hugo Torres, que fue comandante guerrillero y luego general de brigada, fue uno de los pocos que logró ejecutar acciones heroicas y sobrevivir. En 1974 participó en una acción armada para liberar a los presos políticos sandinistas que Somoza mantenía en sus mazmorras. Uno de esos presos liberados fue Daniel Ortega.  En 1978, Torres fue el número uno de la toma del Palacio Nacional, una acción audaz que logró otra vez la liberación de numerosos presos políticos de Somoza. Edén Pastora fue el número Cero. Dora María Téllez fue el número dos.

Pastora falleció el año pasado, presumiblemente de Covid-19. Hugo Torres y Dora María Téllez, que abandonaron el Frente Sandinista cuando Ortega lo empezó a manejar como un feudo personal, fueron encarcelados en julio de 2021 por su antiguo compañero de lucha devenido en tirano. Junto a ellos han sido encarcelados, desde junio del año pasado, cuarenta personalidades de la política nacional. Tras la revuelta popular de 2018 y las acciones del régimen para aplastarla a sangre y fuego, Ortega temía que sus acciones le cobraran el precio en las elecciones de noviembre de 2021. Era un temor bien fundado: habría perdido esas elecciones. Prefirió el costo político de eliminar a cualquiera que amenazara su permanencia en la silla presidencial. Siete candidatos electorales fueron detenidos bajo cargos fabricados y el único partido independiente fue despojado de su personería jurídica. Sin oposición, Ortega y su esposa se reeligieron como presidente y vicepresidenta. Fue la cuarta reelección de un hombre que debió haberse retirado en 2012, según la Constitución que la Revolución Sandinista promulgó y que él enmendó para instaurar su reelección indefinida.

La muerte de Hugo Torres muestra el espíritu desalmado que rige Nicaragua en estos días. Vilipendiado y sometido a interrogatorios, a magra alimentación, a una celda con la luz encendida 24 horas, pasó ocho meses sin que le permitieran una frazada, un libro. A su familia no la vio sino tres meses después de ser detenido. Enfermó y no lo atendieron. En diciembre su estado se agravó y perdió el conocimiento. Entonces los carceleros los trasladaron en secreto a un hospital donde ahora el gobierno, en un cínico comunicado, afirma que murió acompañado de su familia. Hugo era un héroe de la revolución sandinista cuya rectitud lo hizo cuestionar a Ortega-Murillo y su estilo de gobierno. En una grabación que hizo antes de ser detenido sus últimas palabras son las de un hombre cabal que vivió de acuerdo con sus principios.

La muerte de Hugo sucede mientras en juicios secretos, celebrados en la misma prisión donde él estuvo detenido, se juzga a líderes políticos, campesinos, empresarios, a los candidatos electorales, periodistas y personas honorables acusados de "menoscabo a la integridad nacional" por una fiscalía que los declaró criminales a priori. Ninguno de ellos ha tenido oportunidad de preparar su defensa pues apenas han visto a sus abogados. Varios de estas personas tienen más de setenta años; uno de ellos, ochenta. Sufren de enfermedades crónicas. Tendrían que estar en prisión domiciliaria como está establecido para las personas mayores. Las penas que les han impuesto a la docena que ya fueron enjuiciados van de los ocho a los trece años de prisión.

Paralelo a estos juicios, la Asamblea Nacional dominada por Ortega se ha dedicado a descabezar e ilegalizar a universidades privadas -doce en las últimas semanas- y a noventa ONG que funcionan en el país desde la época de la revolución o desde hace más de veinticinco años. El centro nicaragüense de PEN Internacional, dedicado a la promoción de la literatura y la defensa de la libertad de expresión, del que yo fui presidente, fue desprovisto de la personería jurídica obtenida en 2005, sin ninguna justificación. Se aduce que no se presentaron informes a la oficina encargada de ONG del gobierno. Desde mayo de 2018 esa oficina se ha rehusado a recibir los documentos de PEN y los de la mayoría de ONG condenadas a desaparecer.

Se creía que, al asegurarse el trono presidencial, la pareja de Ortega y Murillo intentaría recuperar una mínima legitimidad reduciendo la ilegal agresividad de sus actuaciones. Se especulaba que contarían con la prodigalidad que a menudo la comunidad internacional concede a las naciones descarriadas si dan señales de corregir su rumbo. Sin embargo, no hay visos de que optarán por ese camino. Por el contrario, diríase que han decidido continuar con la confrontación frente a quienes siguen siendo los principales mercados para los productos nicaragüenses y el origen de las remesas que mantienen la economía del país a flote. Su reacción ante las sanciones con que Europa y Estados Unidos han intentado presionarlos para que retomen la senda democrática, es una actitud desafiante. Si tal tesitura fue válida en los años ochenta cuando la Administración Reagan condujo una guerra contrarrevolucionaria contra el sandinismo, en la actualidad es claramente una pose para evadir su crisis de credibilidad.

En las últimas décadas, la política de Estados Unidos hacia Latinoamérica está marcada por la indiferencia. Su involucramiento se ha concentrado en parar el tráfico de drogas y migrantes e interesarse por el petróleo venezolano. Los nexos y las conspiraciones de antaño han sido sustituidas por amonestaciones diplomáticas. Ortega sólo convence a pequeños grupos de izquierda y a sus más radicalizados seguidores cuando pretende ser víctima de injerencia extranjera. Su afán es revivir la estatura que alcanzaron Nicaragua y él mismo en la confrontación de los 80.  Dentro de ese mismo esquema, el viejo guerrillero de antaño y su excéntrica esposa primera dama vicepresidenta, parecen decididos a ser actores en su teatro del absurdo e imaginarse otra vez factores en una supuesta Guerra Fría, cortejando a China y a Rusia. A manotazos y empellones buscan un lugar en la historia, sin percatarse que en la única historia en la que cabrán será en la del horror.

Gioconda Belli, poeta y novelista nicaragüense.


Dora María Téllez, la comandante guerrillera que desafió a Ortega

A sus 66 años, Téllez acaba de ser condenada a ocho años de cárcel por un delito de "conspiración" por el régimen que preside un antiguo compañero de lucha revolucionaria, Daniel Ortega.

18/02/2022 21:29 Actualizado: 18/02/2022 21:36

Por César G. Calero

A Gabriel García Márquez, aquella joven guerrillera de tan solo 22 años le pareció "una muchacha muy bella, tímida y absorta, con una inteligencia y un buen juicio que le habrían servido para cualquier cosa grande en la vida". Asalto al Palacio, una extensa crónica de Gabo sobre la espectacular toma de la Asamblea Legislativa de Nicaragua por parte de un comando sandinista en 1978, descubrió al mundo las dotes insurgentes de Dora María Téllez, la Comandante Dos de aquella audaz operación que supuso el principio del fin de la dictadura de Somoza. Hoy, a sus 66 años, Téllez acaba de ser condenada a ocho años de cárcel por un delito de "conspiración" por el régimen que preside un antiguo compañero de lucha revolucionaria, Daniel Ortega, reelecto en noviembre pasado con más del 75% de los votos tras haber vetado a sus principales adversarios políticos.

Dora María Téllez (Matagalpa, 1955) ocupaba el tercer puesto en la cadena de mando del grupo de 25 guerrilleros que secuestró en el Palacio Nacional a decenas de diputados y otros civiles, a los que acabaría canjeando por varios presos políticos del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), la guerrilla alzada en armas contra la dictadura de Anastasio Somoza Debayle. El éxito militar y propagandístico de la operación despertó la admiración de toda la izquierda latinoamericana. El asalto estuvo dirigido por Edén Pastora (Comandante Cero) y Hugo Torres (Comandante Uno). Torres fue detenido hace unos meses en Nicaragua junto a Téllez y otros dirigentes de la oposición bajo la misma acusación de "conspiración". General de brigada en retiro y excomandante del FSLN, Torres falleció la semana pasada en el penal de El Chipote, donde esperaba juicio. Tenía 73 años y un largo historial revolucionario. En 1974 participó en una acción insurgente que se saldaría con la liberación de varios presos sandinistas, entre ellos Daniel Ortega, quien gobierna Nicaragua de forma ininterrumpida desde 2007 y ha ido quitándose de encima a casi todos sus antiguos correligionarios.

Hubo un tiempo en que Téllez fue una persona cercana a Ortega. Se conocieron en un campamento sandinista de la frontera con Honduras en 1977, y lucharon juntos en octubre de ese año contra la Guardia Nacional somocista en el asedio a San Fabián. Al contrario que Daniel, Dora estuvo siempre en la primera línea de los frentes de guerra. Se había integrado en el clandestino FSLN con 17 años tras abandonar sus estudios de Medicina en la contestataria ciudad de León. En el libro Los días de Somoza, del escritor Fabián Medina, ella se retrata como una niña inquieta, desafiante y rebelde en el colegio: "En mi casa no era visto como un problema; pero en el colegio, sí. Sobre todo, en un colegio de monjas".

Tras pasar una temporada en México, recibió entrenamiento militar en Cuba en 1976 y de vuelta a Nicaragua comenzó a forjar su leyenda de guerrillera tenaz. En la denominada Operación Chanchera (el asalto al Palacio Nacional), la Comandante Dos llevaría personalmente la negociación con Somoza para el canje de los diputados secuestrados por más de 60 presos políticos. Téllez siguió después en primera línea del combate en el Frente Occidental. Bajo su mando, las fuerzas sandinistas tomarían León en junio de 1979, un mes antes de la entrada triunfal de los muchachos en Managua. Académica de Historia y activista feminista, asumiría varios cargos en la década de los 80 bajo el gobierno de Ortega. Fue ministra de Salud, vicepresidenta del Consejo de Estado y diputada.

La guerra impuesta por Estados Unidos contra la joven revolución sandinista al entrenar y financiar a la Contra fue mermando la acción política del gobierno de Ortega. Pese a ello, el Frente se impuso en las elecciones de 1984. La derrota se produciría seis años más tarde. A partir de entonces, los sandinistas, en la oposición, entraron en una dinámica de enfrentamientos internos y lucha fratricida por el control del partido. Téllez y otros dirigentes, como el exvicepresidente y escritor Sergio Ramírez, se alejarían definitivamente de Ortega y fundarían en 1995 el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), un experimento político fallido que apenas obtuvo un puñado de votos en las elecciones de 1996. Cuando Ortega retomó el poder en 2007, fruto de sus oscuros acuerdos con la derecha más corrupta, el sector más conservador de la Iglesia y las élites empresariales, se ensañó con sus antiguos compañeros de armas. Proscribió el MRS en 2008, lo que provocaría una huelga de hambre de Téllez en protesta.

Sobre el ascenso fulgurante de aquel comandante retraído, Téllez opinaba así en un extenso artículo publicado en la revista nicaragüense Envío en julio de 2013: "Creo que él [Ortega] llegó por eliminación. Cuando en 1978 se juntaron las tres tendencias del Frente Sandinista, se dio un gran debate sobre cuántos miembros de cada una de las tres tendencias (Guerra Popular Prolongada, Proletaria y Tercerista) serían parte de la dirección conjunta que íbamos a formar (…) Se pensó en Daniel Ortega, de la tendencia tercerista (la más numerosa por su condición multiclasista y a la que también pertenecía Téllez), porque era un hombre tímido, callado, hábil en la maniobra, pero carente de liderazgo público. Daniel Ortega era la persona ideal. Daba la impresión de que no sería una amenaza para nadie".

La involución

Las desavenencias entre algunos dirigentes críticos del FSLN y Ortega fueron aumentando con el paso del tiempo, a medida que se iba generando una involución dentro del partido que afectaba gravemente a la huella transformadora que había dejado el sandinismo en Nicaragua: "La revolución sandinista -escribía Téllez en 2013- cambió profundamente el diseño de esta sociedad. Desde la perspectiva de historiadora veo que nada de lo que existe ahora puede entenderse sin la revolución sandinista. Pero la hora de la involución (...) llegó. Y hemos visto, por ejemplo, cómo en un modelo de prebendas como el actual, una policía que diseñamos para que estuviera al servicio de la comunidad (...) se ha convertido ahora en una policía política, en una policía al servicio del engranaje de poder de una familia".

Las protestas sociales de 2018 mostraron la cara más autoritaria del régimen de Ortega. Varios cientos de estudiantes murieron durante ese estallido social, según organizaciones de derechos humanos. La represión no ha cesado desde entonces. A mediados del año pasado, varios precandidatos presidenciales eran vetados y detenidos. La policía apresó a Téllez (como dirigente del partido Unamos) el 13 de junio de 2021. Desde entonces, ha estado presa en la cárcel de El Chipote. Su hermano, Óscar Téllez, le visitó en septiembre. Recluida en una celda de aislamiento, interrogada a diario por la policía, había perdido cinco kilos y no se le permitía hablar con ningún otro preso. Como a otros opositores, se le acusó de "traición a la patria y conspiración", según el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).

Aquel 22 de agosto de 1978 Dora María se había cortado su cabellera para hacerse pasar, como el resto de guerrilleros, por un miembro de la Guardia Nacional somocista. Después de esa acción no necesitó volver a disfrazarse de hombre para empuñar las armas contra la dictadura. Aquella joven revolucionaria se convirtió en una experta historiadora, una referente del feminismo y un cuadro político prominente del sandinismo. La Administración de George W. Bush le vetó en 2005 por su trayectoria revolucionaria, tildándola de "terrorista" e impidiéndole que ocupara una cátedra de profesora visitante propuesta por la Universidad de Harvard. En Nicaragua hace tiempo que su retrato, como el de otros históricos guerrilleros, no aparece en la historiografía oficial del FSLN.

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