Martes, 05 Abril 2022 07:52

Colombia y las guerras del petróleo

Colombia y las guerras del petróleo

La guerra y sus consecuencias vuelven e impactan la geopolítica global. Sus manifestaciones como coletazo son varias, la más protuberante la del petróleo, cuya economía política y el contexto energético de Colombia analizamos en este artículo. 

La guerra entre Rusia y Ucrania, iniciada el 24 de febrero y desatada por la invasión por parte del país de los zares, desestabilizó el mercado internacional de petróleo y gas, así como, en general, la economía mundial. La cuerda floja en que entraron fue movida por las sanciones y embargos decretados por los países integrantes de la Otan, con lo cual el precio del barril, referencial Brent, aceleró el alza que venía registrándose desde 2021 consecuencia del rebote de las economías post-pandemia. El hidrocarburo tiene actualmente un precio de USD 106 el barril (15 de marzo/2022) pero alcanzó los 139 dólares el 7 de marzo. La media del precio del barril durante el primer trimestre de 2022 fue de USD 96,8 esto es, 36,5 por ciento más alto respecto al precio promedio de 2021: 70,9 dólares (gráfico 1).

 

Al finalizar el primer trimestre de 2022, se registra en el mundo un impresionante retroceso bajista en las materias primas a medida que aumentan los temores por el aumento de contagios por coronavirus en China. La incertidumbre alrededor del conflicto en Ucrania se mantiene y los mercados se preparan para el aumento de tipos de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos.

El petróleo, un “commodity” que condiciona la dinámica y los precios de la mayoría de bienes y servicios, no sólo sufre las consecuencias del conflicto militar y los antagonismos políticos, a menudo es causa de guerras. La economía global está dominada por la necesidad de controlar por cualquier medio el petróleo, la energía fundamental para mover la maquinaria económica mundial. Su control está vinculado a los conflictos bélicos, locales, internacionales y globales, desde la Segunda Guerra Mundial hasta los más recientes.


Arquitectura del sector energético y pirámide imperial

La industria petrolera moderna data de mediados del siglo XIX, cuando la economía mundial en el marco de la segunda revolución industrial inició la sustitución del carbón, reinante hasta entonces en la matriz energética. Con el estallido de las dos guerras globales se hizo evidente cuán importante era el petróleo para la defensa y ataque de las naciones: era necesario para operar los tanques, camiones, aviones y barcos de guerra. Las naciones rivales se apresuraron a asegurarse sus propias fuentes de la preciada sustancia.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, los líderes de la posguerra eran conscientes de la importancia del petróleo; su control había sido clave para triunfar y ejercer la hegemonía de la economía política internacional. En agosto 8 de 1944 se firmó el Acuerdo Petrolero Anglo-Americano, que dividía el petróleo de Medio Oriente entre Estados Unidos y Reino Unido; el acuerdo no tuvo en cuenta a la gente ni los gobiernos de los países afectados.

Las prácticas para garantizar su apropiación van desde fundar Estados, derrocar gobiernos, asfixiar, sancionar y bloquear las economías rivales, invadir países o asesinar mandatarios. Las transnacionales occidentales imponen, a la sombra y protección del poder militar y político de los países de origen, sus “derechos de exploración y explotación” por precios relativamente bajos y sin importar los desastre sociales y ecológicos. A principios de la segunda década del siglo XXI, entre las 10 primeras empresas del mundo por ingresos, 7 eran petroleras. De este modo, la industria de los hidrocarburos quedó amalgamada o fusionada con las guerras, a la arbitrariedad de los poderes imperiales y al control de las transnacionales.

Las resoluciones de la conferencia monetaria y financiera de las Naciones Unidas, en 1944, establecieron las reglas para las relaciones comerciales y financieras globales. Durante la imposición de estos Acuerdos, llamados de Bretton Woods (Estados Unidos), se decidió adoptar al dólar estadounidense (USD) como divisa internacional, bajo la condición que la Reserva Federal (banco central) sostuviera el patrón oro. No obstante, en 1971 el presidente estadounidense Richard Nixon (1969-1974) puso fin, de manera arbitraria, interesada y unilateral, a la convertibilidad entre dólares y oro. Dos años después, acabó con el sistema de cambios fijos diseñado en Bretton Woods dando lugar a la “libre” fluctuación de las divisas. Desde entonces, la máquina estadounidense de hacer dólares opera al máximo de su capacidad, sin prudencia ni descanso, inundando el mundo de “dinero fíat”, carente de respaldo material, pero sí con gran poder adquisitivo, inoculando al sistema económico mundial del virus incontrolable y expansivo de la inflación. Cuando se creó el sistema de Bretton Woods, en 1944, EE.UU controlaba el 80 por ciento de las reservas de oro en el mundo; pero la proporción entre estas reservas y la masa monetaria emitida descendió desde el 90-100 hasta un 5 por ciento.

En paralelo, el Gobierno de Washington adelantó negociaciones con Riad (capital y principal centro de negocios de Arabia Saudí), su principal socio energético, logrando que el petróleo se pagara únicamente en USD, obligando con ello a todos los países a adquirir su moneda, sosteniendo su cotización. El nuevo flujo de petrodólares se reciclaría a través del sistema financiero anglosajón, así como mediante la compra de bonos del Tesoro estadounidense. A cambio, los países árabes recibieron un importante aporte en armamento de guerra. Todo ello era una forma de apuntalar la hegemonía del dólar, una vez que se había desvinculado del oro en 1971.

El dólar pasó a estar “respaldado” por el petróleo, que le garantiza su “valor” de cambio. El dólar actuaba como reserva mundial y era la moneda de comercialización de la principal mercancía del planeta: el petróleo. En adelante, el valor del dólar pasó a sostenerse exclusivamente en la arquitectura centro/periferia del sistema mundo capitalista, en el poder militar de Estados Unidos, en la hegemonía del sistema financiero anglosajón, en el control sobre los yacimientos petroleros del planeta por parte de los países imperiales y las empresas transnacionales y en el dominio de toda la cadena de valor de los hidrocarburos. En resumen, el precio del barril de petróleo no lo definen los procesos económicos tanto como la política y la guerra. La arquitectura de la industria petrolera esta sostenida en la pirámide imperial (diagrama 1).

 

 


Guerras y ciclos del petróleo

En las décadas 1960/1970 hubo fuertes luchas sociales de las que nacieron renovados sujetos anticapitalistas y antiimperialistas, acelerando la descolonización del mundo y con ello las nacionalizaciones de empresas petroleras y la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep), fundada en 1960 para manipular el precio del petróleo.

Una década después, para finales de la década de 1970, tres cuartas partes de las posesiones petroleras internacionales habían sido nacionalizadas. Ante este desafío a la dominación capitalista y, sobre todo, a la hegemonía estadounidense, la respuesta también lo fue: se produjo la contrarreforma neoliberal, la financiarización del sistema económico y la privatización-desnacionalización de los bienes y servicios públicos, hecho conocido como “Rebelión de las Élites”. Esta contrarrevolución fue capaz de quebrar la columna vertebral del movimiento obrero y de reducir la fuerza de los movimientos sociales nacidos al calor de las revueltas de las décadas 1960-70, tanto en el centro y las periferias del sistema mundo capitalista.

El capital seguía en su dinámica, potenciando los ciclos y crisis que le caracterizan. La primera crisis del petróleo comenzó en octubre de 1973, año en que tuvo lugar la subida del precio del petróleo como resultado del embargo árabe tras la tercera guerra árabe-israelí. La decisión de no exportar más petróleo a los países que habían apoyado a Israel durante el conflicto que enfrentaba a Israel con Siria y Egipto condujo a la severa escasez del suministro del hidrocarburo y, de manera concomitante, a que los precios se cuadriplicaron hasta llegar a los 12 dólares por barril. El aumento del precio, unido a la gran dependencia del petróleo desató una profunda estanflación (un fuerte efecto inflacionista y una drástica reducción de la actividad económica), espoleada por la inundación de los mercados monetarios con dólares estadunidenses.

Durante 1979-1980 ocurrió la segunda gran subida del precio del también llamado oro negro. En 1979, cayó el sha de Persia debido a la revolución Iraní. La llegada de Jomeini expulsó del país a las petroleras de los países centrales. Al mismo tiempo, La URSS invadió Afganistán, colindante con Irán. Era la primera vez que la URSS se atrevía a alterar las fronteras delimitadas en Yalta**, lo cual tuvo una gran trascendencia en la geopolítica mundial. La inestabilidad en Irán, entonces segundo productor mundial de crudo, resultó en una caída de 3,5 millones de barriles al día. Los precios siguieron escalando y en 1980, cuando Irak, bajo órdenes de Sadam Husein, decidió atacar a Irán, el precio del crudo subió hasta los 34 dólares. La Guerra Irán-Irak estuvo incitada por EE.UU y demás países aliados del capitalismo con el fin de: i) derrotar el Irán jomeinista; ii) destrozar entre sí los principales países agentes político-militares del suroeste asiático que el Centro no controlaba y, a la postre, los dos países del mundo con más reservas de petróleo después de Arabia Saudí; iii) debilitar la Opep.

Derivado de la crisis del petróleo de 1973 y como respuesta a la Opep, en 1974 la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico Ocde, crea la Agencia Internacional de Energía –AIE– que impulsó la creación de reservas estratégicas de petróleo, intensificó y diversificó la exploración y la extracción petrolera en otras regiones a través de créditos del Banco Mundial y aupó la diversificación de la matriz energética para hacer frente a futuras crisis energéticas, y coordinó las políticas energéticas de los países miembros. Sin embargo, es preciso resaltar que las crisis petrolíferas de la década de 1970 se produjeron por decisiones o conflictos políticos, no porque la capacidad de extracción de hidrocarburos no pudiese satisfacer la demanda.

En los años 1980 se registró la caída de los precios del petróleo causada por un superávit de crudo, debido a una baja en la demanda. Su precio cayó en 1986 a menos de 10 dólares. El superávit de crudo comenzó a principios de los años 1980 como resultado de una reducción en la actividad económica de los países industrializados (causada por las crisis de los años 70, especialmente las crisis del petróleo de 1973 y 1979) y el ahorro energético impulsado por los altos precios de los combustibles. Con la caída de sus precios, la unidad de la Opep se fracturó. Países exportadores como México, Nigeria y Venezuela, cuyas economías se habían expandido en la década de los 70, se vieron en dificultades económicas. El poder económico de Arabia Saudita se redujo significativamente. El colapso de los precios en 1986 benefició a las naciones consumidoras, como Estados Unidos, Japón, Europa y países tercermundistas.

En 1990 ocurrió la Guerra del Golfo. Occidente todavía era muy dependiente del petróleo de Medio Oriente, como se evidenció cuando Irak invadió Kuwait y capturó sus pozos petroleros. La reacción no tardó: una coalición de fuerzas encabezada por EE.UU. intervino en Kuwait. Mantener el petróleo fluyendo era el objetivo estratégico principal. En la contienda, la coalición liderada por EE.UU arrasó al ejército iraquí, mostrando lo que le podía pasar a quien desafiase este nuevo orden, sobre todo en el suroeste asiático, donde se encuentran las reservas más importantes de petróleo. Concomitante a la Guerra del Golfo, el colapso soviético en 1991 propició el giro hacia un Nuevo Orden Mundial en el que EE.UU quedó como la única superpotencia. Sin tomar en cuenta las lecciones de Kuwait, en 2011 Muamar el Gadafi “Líder y Guía de la Revolución” Libia amenazó con desvincular el petróleo del dólar, el país fue invadido por la Otan y el mandatario asesinado. La Otan, un producto de la Guerra Fría y vinculada al ámbito del Atlántico Norte, se modificó para permitirse la intervención en cualquier lugar del planeta, sin agresión previa, respondiendo a cualquier tipo de amenaza, real, inventada o manipulada.

Al final de 2014, el precio del barril de petróleo había caído en más de un 40 por ciento. La recesión global aceleró la caída de su demanda. En vez de reducir el suministro, las naciones árabes mantuvieron los niveles de producción, lo que llevó a una baja en el precio. La intención era perjudicar a productores rivales –como los de fracturación estadounidenses, Rusia y Europa– la mayoría de los cuales dependen de los altos precios del petróleo para ser rentables.

Como lo enseña su dinámica histórica, los precios del petróleo se mueven al ritmo de los conflictos bélicos, las tensiones y cambios en la geopolítica mundial y los ciclos y crisis del sistema mundo capitalista. Sus precios reales siguen ciclos de larga duración: de unos 30 años, con más años de debilidad que fortaleza. Durante el último medio siglo se registraron precios altos entre 1973 y 1985 seguidos de precios bajos entre 1986 y 2002; el nuevo ciclo ascendente se inició en 2003 y terminó en 2016; en 2011-12 el petróleo alcanzó el record histórico de más de USD 110 por barril. La recuperación de los precios a partir de 2017 es apalancada por el aumento de la demanda de hidrocarburos a nivel mundial y por el éxito en la estrategia de controlar la producción de parte de la alianza Opep+, una alianza estratégica que incluye a una treintena de países, liderada por Arabia Saudita, entre los miembros de la Opep, y por Rusia a la cabeza de los aliados externos.

En medio de la emergencia por la propagación del coronavirus y las medidas que paralizaron el sistema económico, el precio del barril cayó a mínimos en 2020, esto es a USD 33, referencial Brent. Con el fin de estabilizar el mercado petrolero las naciones que integran la Opep+ acordaron el recorte de la producción en 9,7 millones de barriles/día (su demanda mundial oscila alrededor de los 100 millones de barriles/día; Colombia aporta solo el 0,7 por ciento de la oferta global) y en 2021 el precio rebotó a USD 70,9 en el promedio anual. En 2022, debido a la guerra Rusia-Ucrania y a las tensiones en la geopolítica mundial, el precio del petróleo ha rozado los USD 140, aunque en medio de una gran inestabilidad que no marca tendencia debido a la amenaza y posible estanflación en todo el sistema mundo capitalista. El rango de oscilación del precio del barril de petróleo referencial Brent, el 14 de marzo de 2022, se movió entre los USD 103 y USD 111; al día siguiente se transaba hasta en USD 99.


Colombia, ilusiones y vergüenza ajena

En medio de esta dinámica geopolítica, con altas demandas e inmensos consumos de los países que más producen, exportan y contaminan, entre ellos Estados Unidos, Iván Duque se presentó ante Joe Biden, presidente estadounidense, el 10 de marzo de 2022, como una tabla salvadora. Duque se imaginó que los 738 mil barriles que produce el país por día no eran tal sino que pueden superar fácilmente, sin limite alguno, el millón diario y se ofreció a surtir al imperio, que demanda cerca de 20 millones de barriles día, para que no se vea afectado por el conflicto en euroasia, ni tenga que reconocer a Maduro, en su afán por suplir la necesidad del hidrocarburo, como el presidente legítimo de la República Bolivariana de Venezuela.

Sea cual sea la razón del despropósito y la respuesta de la actual cabeza del imperio del águila, los actores sociales colombianos deben tomar nota cuidadosa de ello pues lo que vendrá para el país, a todo costo, será ampliación de la producción del oro negro, para lo cual lo único que les queda es repasar cientos de pozos que están cerrados (mediante técnicas de recobro mejoradas, producción más costosa y más contaminante) más incursionar a lo largo del país con la nefasta técnica del fracking. Como ocurre a lo largo del planeta, y como también lo registra la historia nacional, violencia y petróleo, guerra e irrespeto de los derechos humanos, copamiento militar, acumulación por desposesión y desplazamiento forzado siempre están asociadas (diagrama 2).

La historia de la industria de hidrocarburos en Colombia tiene su origen a principios del siglo XX con la concesión de dos campos petrolíferos por parte del presidente Rafael Reyes (1904-1909) a una camarilla de amigos y familiares personales, que las enajenaron de manera fraudulenta a la Tropical Oil Company, quien a su vez revendió sus acciones a la Estándar Oil de New Jersey. Las luchas obreras de la primera mitad del siglo XX tenían como propósito la reversión de las concesiones y la nacionalización del petróleo; en 1951 lograron que el Gobierno creara Ecopetrol. La exploración y la explotación petrolera en Colombia es realizada de manera asociativa o mediante nuevas concesiones por no más de cuatro multinacionales y Ecopetrol. La industria petrolera ha sido en las últimas cuatro décadas el motor de la economía del país y el primer producto de exportación con el 55.4 por ciento del total de lo exportado y el principal contribuyente a las finanzas del Estado al representar el 15 por ciento de los ingresos corrientes de la nación y cerca de uno de cada tres pesos de los presupuestos de inversión de los entes territoriales por concepto de regalías.

Hasta principios de los años 1970, la extracción de petróleo en suelo nacional mostró una tendencia creciente y alcanzó en esos años un nivel de 80 millones al año. En igual década se registró una acelerada caída de las reservas comprobadas y el país debió cubrir el déficit de la producción doméstica con importaciones, alcanzando un pico de 9,4 millones en 1977. En 1983, en Arauca se produjo el descubrimiento (regulado por el contrato de asociación firmado entre Ecopetrol y la Occidental Petroleum Corporation –Oxy-); gracias a este campo, en 1986 el país volvió a ser exportador de este recurso y logró apalancar la producción nacional hasta alcanzar una extracción máxima superior al millón de barriles diarios en los años 2013 y 2015. En los años siguientes el descenso ha sido imparable y en 2022 sólo se extraen 738.000 barriles diarios de hidrocarburo (gráfico 1). ¿De dónde va a sacar Duque lo ofrecido al imperio?

** Conferencia de Yalta: la cumbre de la Segunda Guerra Mundial que redefinió el mundo. Durante una semana Winston Churchill, primer ministro de Reino Unido; Franklin D. Roosevelt, presidente de EE.UU.; y Iósif Stalin, líder de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), se reunieron en la ciudad de Yalta, en la península de Crimea. Esa conferencia sentó las bases para el final de la Segunda Guerra Mundial y marcó el destino del mundo para los siguientes 50 años.
* Economista y filósofo. Integrante del comité editorial de los periódicos Le Monde diplomatique, edición Colombia y desdeabajo.

 

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Publicado enColombia
Diseñan páncreas que ofrece terapia más eficaz para la diabetes tipo 1

 Aumenta la supervivencia celular, la sensibilidad a la glucosa y la secreción oportuna de la insulina

 

Un equipo de investigadores del Hospital Brigham y de Mujeres, en colaboración con colegas de la Universidad Harvard y la Facultad de Medicina de la Universidad de Massachusetts, en Estados Unidos, diseñó un páncreas bioartificial mejorado que ofrece la posibilidad de tratamiento más rápido y eficaz para los pacientes de diabetes tipo 1, según publican en la revista Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Más de 40 millones de personas en el mundo padecen diabetes mellitus de tipo 1, enfermedad autoinmune en la que las células beta productoras de insulina del páncreas son destruidas por el sistema inmunitario.

Existen varios métodos de tratamiento nuevos y emergentes para esa afección, como los dispositivos de macroencapsulación (DEM), compartimentos diseñados para albergar y proteger las células secretoras de insulina. Como una armadura, salvaguarda a las células de su interior de los ataques (del sistema inmunitario del huésped) al tiempo que permiten la entrada y salida de nutrientes para que las células sobrevivan.

Pero esos dispositivos tienen varias limitaciones y la ampliación para su uso en humanos ha sido un reto. Ahora los investigadores diseñaron uno mejorado por convección (ceDEM), que puede bañar continuamente las células con los nutrientes que necesitan y mejorar la capacidad de carga celular, al tiempo que aumenta la supervivencia celular, la sensibilidad a la glucosa y la secreción oportuna de insulina. En modelos preclínicos, respondió de forma rápida a los niveles de azúcar en la sangre a los dos días de ser implantado.

Mayor viabilidad

"Gracias a los recientes avances, estamos cada vez más cerca de disponer de una fuente ilimitada de células tipo beta que puedan responder a la glucosa segregando insulina, pero el siguiente reto es introducir esas células en el cuerpo de forma mínimamente invasiva y que tengan una longevidad con una función máxima . Nuestro dispositivo demostró una mayor viabilidad celular y un retraso mínimo tras el trasplante. Es una sólida prueba de concepto preclínica para este sistema".

Los DEM actuales son dependientes de la difusión: los nutrientes se difunden a través de la membrana exterior del dispositivo y sólo un número de células puede recibir nutrientes y oxígeno y, a su vez, secretar insulina, aseguró Jeff Karp, autor correspondiente y doctor e investigador principal y catedrático distinguido de anestesiología clínica, medicina perioperatoria y del dolor.

El ceDEM se diseñó para proporcionar nutrientes por convección a través de un flujo continuo de fluido a las células encapsuladas, lo que permite que múltiples capas de células crezcan y sobrevivan. El prototipo del equipo cuenta con dos cámaras: una de equilibrio (EqC), que recoge los nutrientes del entorno y una celular (CC), que alberga las células protegidas.

La EqC está encerrada en politetrafluoroetileno, membrana semipermeable con poros que permiten la entrada de fluidos, y otra interior adicional que rodea el CC permite el transporte selectivo de nutrientes y protege contra las respuestas inmunitarias.

"El dispositivo ceDEM tiene el potencial de ser un sistema autónomo que no requeriría la recarga y sustitución constantes de los cartuchos de insulina", aseguró Kisuk Yang, autor principal del estudio y ex becario posdoctoral en el Laboratorio Karp y ahora profesor de la Universidad Nacional de Incheon, en Corea del Sur.

Jueves, 24 Marzo 2022 06:07

Colombia y las guerras del petróleo

Colombia y las guerras del petróleo

La guerra y sus consecuencias vuelven e impactan la geopolítica global. Sus manifestaciones como coletazo son varias, la más protuberante la del petróleo, cuya economía política y el contexto energético de Colombia analizamos en este artículo. 

La guerra entre Rusia y Ucrania, iniciada el 24 de febrero y desatada por la invasión por parte del país de los zares, desestabilizó el mercado internacional de petróleo y gas, así como, en general, la economía mundial. La cuerda floja en que entraron fue movida por las sanciones y embargos decretados por los países integrantes de la Otan, con lo cual el precio del barril, referencial Brent, aceleró el alza que venía registrándose desde 2021 consecuencia del rebote de las economías post-pandemia. El hidrocarburo tiene actualmente un precio de USD 106 el barril (15 de marzo/2022) pero alcanzó los 139 dólares el 7 de marzo. La media del precio del barril durante el primer trimestre de 2022 fue de USD 96,8 esto es, 36,5 por ciento más alto respecto al precio promedio de 2021: 70,9 dólares (gráfico 1).

 

Al finalizar el primer trimestre de 2022, se registra en el mundo un impresionante retroceso bajista en las materias primas a medida que aumentan los temores por el aumento de contagios por coronavirus en China. La incertidumbre alrededor del conflicto en Ucrania se mantiene y los mercados se preparan para el aumento de tipos de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos.

El petróleo, un “commodity” que condiciona la dinámica y los precios de la mayoría de bienes y servicios, no sólo sufre las consecuencias del conflicto militar y los antagonismos políticos, a menudo es causa de guerras. La economía global está dominada por la necesidad de controlar por cualquier medio el petróleo, la energía fundamental para mover la maquinaria económica mundial. Su control está vinculado a los conflictos bélicos, locales, internacionales y globales, desde la Segunda Guerra Mundial hasta los más recientes.


Arquitectura del sector energético y pirámide imperial

La industria petrolera moderna data de mediados del siglo XIX, cuando la economía mundial en el marco de la segunda revolución industrial inició la sustitución del carbón, reinante hasta entonces en la matriz energética. Con el estallido de las dos guerras globales se hizo evidente cuán importante era el petróleo para la defensa y ataque de las naciones: era necesario para operar los tanques, camiones, aviones y barcos de guerra. Las naciones rivales se apresuraron a asegurarse sus propias fuentes de la preciada sustancia.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, los líderes de la posguerra eran conscientes de la importancia del petróleo; su control había sido clave para triunfar y ejercer la hegemonía de la economía política internacional. En agosto 8 de 1944 se firmó el Acuerdo Petrolero Anglo-Americano, que dividía el petróleo de Medio Oriente entre Estados Unidos y Reino Unido; el acuerdo no tuvo en cuenta a la gente ni los gobiernos de los países afectados.

Las prácticas para garantizar su apropiación van desde fundar Estados, derrocar gobiernos, asfixiar, sancionar y bloquear las economías rivales, invadir países o asesinar mandatarios. Las transnacionales occidentales imponen, a la sombra y protección del poder militar y político de los países de origen, sus “derechos de exploración y explotación” por precios relativamente bajos y sin importar los desastre sociales y ecológicos. A principios de la segunda década del siglo XXI, entre las 10 primeras empresas del mundo por ingresos, 7 eran petroleras. De este modo, la industria de los hidrocarburos quedó amalgamada o fusionada con las guerras, a la arbitrariedad de los poderes imperiales y al control de las transnacionales.

Las resoluciones de la conferencia monetaria y financiera de las Naciones Unidas, en 1944, establecieron las reglas para las relaciones comerciales y financieras globales. Durante la imposición de estos Acuerdos, llamados de Bretton Woods (Estados Unidos), se decidió adoptar al dólar estadounidense (USD) como divisa internacional, bajo la condición que la Reserva Federal (banco central) sostuviera el patrón oro. No obstante, en 1971 el presidente estadounidense Richard Nixon (1969-1974) puso fin, de manera arbitraria, interesada y unilateral, a la convertibilidad entre dólares y oro. Dos años después, acabó con el sistema de cambios fijos diseñado en Bretton Woods dando lugar a la “libre” fluctuación de las divisas. Desde entonces, la máquina estadounidense de hacer dólares opera al máximo de su capacidad, sin prudencia ni descanso, inundando el mundo de “dinero fíat”, carente de respaldo material, pero sí con gran poder adquisitivo, inoculando al sistema económico mundial del virus incontrolable y expansivo de la inflación. Cuando se creó el sistema de Bretton Woods, en 1944, EE.UU controlaba el 80 por ciento de las reservas de oro en el mundo; pero la proporción entre estas reservas y la masa monetaria emitida descendió desde el 90-100 hasta un 5 por ciento.

En paralelo, el Gobierno de Washington adelantó negociaciones con Riad (capital y principal centro de negocios de Arabia Saudí), su principal socio energético, logrando que el petróleo se pagara únicamente en USD, obligando con ello a todos los países a adquirir su moneda, sosteniendo su cotización. El nuevo flujo de petrodólares se reciclaría a través del sistema financiero anglosajón, así como mediante la compra de bonos del Tesoro estadounidense. A cambio, los países árabes recibieron un importante aporte en armamento de guerra. Todo ello era una forma de apuntalar la hegemonía del dólar, una vez que se había desvinculado del oro en 1971.

El dólar pasó a estar “respaldado” por el petróleo, que le garantiza su “valor” de cambio. El dólar actuaba como reserva mundial y era la moneda de comercialización de la principal mercancía del planeta: el petróleo. En adelante, el valor del dólar pasó a sostenerse exclusivamente en la arquitectura centro/periferia del sistema mundo capitalista, en el poder militar de Estados Unidos, en la hegemonía del sistema financiero anglosajón, en el control sobre los yacimientos petroleros del planeta por parte de los países imperiales y las empresas transnacionales y en el dominio de toda la cadena de valor de los hidrocarburos. En resumen, el precio del barril de petróleo no lo definen los procesos económicos tanto como la política y la guerra. La arquitectura de la industria petrolera esta sostenida en la pirámide imperial (diagrama 1).

 

 


Guerras y ciclos del petróleo

En las décadas 1960/1970 hubo fuertes luchas sociales de las que nacieron renovados sujetos anticapitalistas y antiimperialistas, acelerando la descolonización del mundo y con ello las nacionalizaciones de empresas petroleras y la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep), fundada en 1960 para manipular el precio del petróleo.

Una década después, para finales de la década de 1970, tres cuartas partes de las posesiones petroleras internacionales habían sido nacionalizadas. Ante este desafío a la dominación capitalista y, sobre todo, a la hegemonía estadounidense, la respuesta también lo fue: se produjo la contrarreforma neoliberal, la financiarización del sistema económico y la privatización-desnacionalización de los bienes y servicios públicos, hecho conocido como “Rebelión de las Élites”. Esta contrarrevolución fue capaz de quebrar la columna vertebral del movimiento obrero y de reducir la fuerza de los movimientos sociales nacidos al calor de las revueltas de las décadas 1960-70, tanto en el centro y las periferias del sistema mundo capitalista.

El capital seguía en su dinámica, potenciando los ciclos y crisis que le caracterizan. La primera crisis del petróleo comenzó en octubre de 1973, año en que tuvo lugar la subida del precio del petróleo como resultado del embargo árabe tras la tercera guerra árabe-israelí. La decisión de no exportar más petróleo a los países que habían apoyado a Israel durante el conflicto que enfrentaba a Israel con Siria y Egipto condujo a la severa escasez del suministro del hidrocarburo y, de manera concomitante, a que los precios se cuadriplicaron hasta llegar a los 12 dólares por barril. El aumento del precio, unido a la gran dependencia del petróleo desató una profunda estanflación (un fuerte efecto inflacionista y una drástica reducción de la actividad económica), espoleada por la inundación de los mercados monetarios con dólares estadunidenses.

Durante 1979-1980 ocurrió la segunda gran subida del precio del también llamado oro negro. En 1979, cayó el sha de Persia debido a la revolución Iraní. La llegada de Jomeini expulsó del país a las petroleras de los países centrales. Al mismo tiempo, La URSS invadió Afganistán, colindante con Irán. Era la primera vez que la URSS se atrevía a alterar las fronteras delimitadas en Yalta**, lo cual tuvo una gran trascendencia en la geopolítica mundial. La inestabilidad en Irán, entonces segundo productor mundial de crudo, resultó en una caída de 3,5 millones de barriles al día. Los precios siguieron escalando y en 1980, cuando Irak, bajo órdenes de Sadam Husein, decidió atacar a Irán, el precio del crudo subió hasta los 34 dólares. La Guerra Irán-Irak estuvo incitada por EE.UU y demás países aliados del capitalismo con el fin de: i) derrotar el Irán jomeinista; ii) destrozar entre sí los principales países agentes político-militares del suroeste asiático que el Centro no controlaba y, a la postre, los dos países del mundo con más reservas de petróleo después de Arabia Saudí; iii) debilitar la Opep.

Derivado de la crisis del petróleo de 1973 y como respuesta a la Opep, en 1974 la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico Ocde, crea la Agencia Internacional de Energía –AIE– que impulsó la creación de reservas estratégicas de petróleo, intensificó y diversificó la exploración y la extracción petrolera en otras regiones a través de créditos del Banco Mundial y aupó la diversificación de la matriz energética para hacer frente a futuras crisis energéticas, y coordinó las políticas energéticas de los países miembros. Sin embargo, es preciso resaltar que las crisis petrolíferas de la década de 1970 se produjeron por decisiones o conflictos políticos, no porque la capacidad de extracción de hidrocarburos no pudiese satisfacer la demanda.

En los años 1980 se registró la caída de los precios del petróleo causada por un superávit de crudo, debido a una baja en la demanda. Su precio cayó en 1986 a menos de 10 dólares. El superávit de crudo comenzó a principios de los años 1980 como resultado de una reducción en la actividad económica de los países industrializados (causada por las crisis de los años 70, especialmente las crisis del petróleo de 1973 y 1979) y el ahorro energético impulsado por los altos precios de los combustibles. Con la caída de sus precios, la unidad de la Opep se fracturó. Países exportadores como México, Nigeria y Venezuela, cuyas economías se habían expandido en la década de los 70, se vieron en dificultades económicas. El poder económico de Arabia Saudita se redujo significativamente. El colapso de los precios en 1986 benefició a las naciones consumidoras, como Estados Unidos, Japón, Europa y países tercermundistas.

En 1990 ocurrió la Guerra del Golfo. Occidente todavía era muy dependiente del petróleo de Medio Oriente, como se evidenció cuando Irak invadió Kuwait y capturó sus pozos petroleros. La reacción no tardó: una coalición de fuerzas encabezada por EE.UU. intervino en Kuwait. Mantener el petróleo fluyendo era el objetivo estratégico principal. En la contienda, la coalición liderada por EE.UU arrasó al ejército iraquí, mostrando lo que le podía pasar a quien desafiase este nuevo orden, sobre todo en el suroeste asiático, donde se encuentran las reservas más importantes de petróleo. Concomitante a la Guerra del Golfo, el colapso soviético en 1991 propició el giro hacia un Nuevo Orden Mundial en el que EE.UU quedó como la única superpotencia. Sin tomar en cuenta las lecciones de Kuwait, en 2011 Muamar el Gadafi “Líder y Guía de la Revolución” Libia amenazó con desvincular el petróleo del dólar, el país fue invadido por la Otan y el mandatario asesinado. La Otan, un producto de la Guerra Fría y vinculada al ámbito del Atlántico Norte, se modificó para permitirse la intervención en cualquier lugar del planeta, sin agresión previa, respondiendo a cualquier tipo de amenaza, real, inventada o manipulada.

Al final de 2014, el precio del barril de petróleo había caído en más de un 40 por ciento. La recesión global aceleró la caída de su demanda. En vez de reducir el suministro, las naciones árabes mantuvieron los niveles de producción, lo que llevó a una baja en el precio. La intención era perjudicar a productores rivales –como los de fracturación estadounidenses, Rusia y Europa– la mayoría de los cuales dependen de los altos precios del petróleo para ser rentables.

Como lo enseña su dinámica histórica, los precios del petróleo se mueven al ritmo de los conflictos bélicos, las tensiones y cambios en la geopolítica mundial y los ciclos y crisis del sistema mundo capitalista. Sus precios reales siguen ciclos de larga duración: de unos 30 años, con más años de debilidad que fortaleza. Durante el último medio siglo se registraron precios altos entre 1973 y 1985 seguidos de precios bajos entre 1986 y 2002; el nuevo ciclo ascendente se inició en 2003 y terminó en 2016; en 2011-12 el petróleo alcanzó el record histórico de más de USD 110 por barril. La recuperación de los precios a partir de 2017 es apalancada por el aumento de la demanda de hidrocarburos a nivel mundial y por el éxito en la estrategia de controlar la producción de parte de la alianza Opep+, una alianza estratégica que incluye a una treintena de países, liderada por Arabia Saudita, entre los miembros de la Opep, y por Rusia a la cabeza de los aliados externos.

En medio de la emergencia por la propagación del coronavirus y las medidas que paralizaron el sistema económico, el precio del barril cayó a mínimos en 2020, esto es a USD 33, referencial Brent. Con el fin de estabilizar el mercado petrolero las naciones que integran la Opep+ acordaron el recorte de la producción en 9,7 millones de barriles/día (su demanda mundial oscila alrededor de los 100 millones de barriles/día; Colombia aporta solo el 0,7 por ciento de la oferta global) y en 2021 el precio rebotó a USD 70,9 en el promedio anual. En 2022, debido a la guerra Rusia-Ucrania y a las tensiones en la geopolítica mundial, el precio del petróleo ha rozado los USD 140, aunque en medio de una gran inestabilidad que no marca tendencia debido a la amenaza y posible estanflación en todo el sistema mundo capitalista. El rango de oscilación del precio del barril de petróleo referencial Brent, el 14 de marzo de 2022, se movió entre los USD 103 y USD 111; al día siguiente se transaba hasta en USD 99.


Colombia, ilusiones y vergüenza ajena

En medio de esta dinámica geopolítica, con altas demandas e inmensos consumos de los países que más producen, exportan y contaminan, entre ellos Estados Unidos, Iván Duque se presentó ante Joe Biden, presidente estadounidense, el 10 de marzo de 2022, como una tabla salvadora. Duque se imaginó que los 738 mil barriles que produce el país por día no eran tal sino que pueden superar fácilmente, sin limite alguno, el millón diario y se ofreció a surtir al imperio, que demanda cerca de 20 millones de barriles día, para que no se vea afectado por el conflicto en euroasia, ni tenga que reconocer a Maduro, en su afán por suplir la necesidad del hidrocarburo, como el presidente legítimo de la República Bolivariana de Venezuela.

Sea cual sea la razón del despropósito y la respuesta de la actual cabeza del imperio del águila, los actores sociales colombianos deben tomar nota cuidadosa de ello pues lo que vendrá para el país, a todo costo, será ampliación de la producción del oro negro, para lo cual lo único que les queda es repasar cientos de pozos que están cerrados (mediante técnicas de recobro mejoradas, producción más costosa y más contaminante) más incursionar a lo largo del país con la nefasta técnica del fracking. Como ocurre a lo largo del planeta, y como también lo registra la historia nacional, violencia y petróleo, guerra e irrespeto de los derechos humanos, copamiento militar, acumulación por desposesión y desplazamiento forzado siempre están asociadas (diagrama 2).

La historia de la industria de hidrocarburos en Colombia tiene su origen a principios del siglo XX con la concesión de dos campos petrolíferos por parte del presidente Rafael Reyes (1904-1909) a una camarilla de amigos y familiares personales, que las enajenaron de manera fraudulenta a la Tropical Oil Company, quien a su vez revendió sus acciones a la Estándar Oil de New Jersey. Las luchas obreras de la primera mitad del siglo XX tenían como propósito la reversión de las concesiones y la nacionalización del petróleo; en 1951 lograron que el Gobierno creara Ecopetrol. La exploración y la explotación petrolera en Colombia es realizada de manera asociativa o mediante nuevas concesiones por no más de cuatro multinacionales y Ecopetrol. La industria petrolera ha sido en las últimas cuatro décadas el motor de la economía del país y el primer producto de exportación con el 55.4 por ciento del total de lo exportado y el principal contribuyente a las finanzas del Estado al representar el 15 por ciento de los ingresos corrientes de la nación y cerca de uno de cada tres pesos de los presupuestos de inversión de los entes territoriales por concepto de regalías.

Hasta principios de los años 1970, la extracción de petróleo en suelo nacional mostró una tendencia creciente y alcanzó en esos años un nivel de 80 millones al año. En igual década se registró una acelerada caída de las reservas comprobadas y el país debió cubrir el déficit de la producción doméstica con importaciones, alcanzando un pico de 9,4 millones en 1977. En 1983, en Arauca se produjo el descubrimiento (regulado por el contrato de asociación firmado entre Ecopetrol y la Occidental Petroleum Corporation –Oxy-); gracias a este campo, en 1986 el país volvió a ser exportador de este recurso y logró apalancar la producción nacional hasta alcanzar una extracción máxima superior al millón de barriles diarios en los años 2013 y 2015. En los años siguientes el descenso ha sido imparable y en 2022 sólo se extraen 738.000 barriles diarios de hidrocarburo (gráfico 1). ¿De dónde va a sacar Duque lo ofrecido al imperio?

** Conferencia de Yalta: la cumbre de la Segunda Guerra Mundial que redefinió el mundo. Durante una semana Winston Churchill, primer ministro de Reino Unido; Franklin D. Roosevelt, presidente de EE.UU.; y Iósif Stalin, líder de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), se reunieron en la ciudad de Yalta, en la península de Crimea. Esa conferencia sentó las bases para el final de la Segunda Guerra Mundial y marcó el destino del mundo para los siguientes 50 años.
* Economista y filósofo. Integrante del comité editorial de los periódicos Le Monde diplomatique, edición Colombia y desdeabajo.

 

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Publicado enEdición Nº289
Expertos de Perú utilizarán microalgas para reducir la contaminación de lagos

Lima. Unas pequeñas algas verdes pueden ayudar a purificar las aguas de los lagos de Perú, contaminados con residuos minerales.

Un equipo de nueve biólogos peruanos desarrolla un experimento consistente en la recolección de microalgas, que luego son fortalecidas con nutrientes y oxígeno en un laboratorio de Lima, para después ser llevadas de vuelta a lagos y ríos contaminados por la minería para purificar sus aguas.

"Estas microalgas recibieron por casi dos años nutrientes para fortalecerlas con el propósito de que absorban los contaminantes minerales", explicó el biólogo Enoc Jara Peña, jefe del equipo de investigación de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la más antigua de América.

Los nutrientes son nitrógeno, fósforo y potasio, que además ayudan a las microalgas a reproducirse más rápido.

"Los trabajos están centrados por ahora en la reproducción masiva de las fortificadas microalgas", precisó Jara, quien desde hace una década investiga el uso de hongos, plantas o enzimas para restaurar suelos y aguas.

El científico explicó que estas microalgas pasaron su prueba de fuego al vencer "en dura lucha" a microorganismos que contaminaban el lago Junín y que los biólogos habían llevado al laboratorio limeño para la investigación.

El lago Junín o Chinchaycocha está situado a unos 200 kilómetros al noreste de Lima, a 4 mil metros de altitud, y es el segundo más grande de Perú después del Titicaca, compartido con Bolivia.

De 530 kilómetros cuadrados, es el lago más contaminado en el país por residuos de minerales.

Procedimiento

Luego de ser reproducidas y fortalecidas las algas en Lima en recipientes con aguas contaminadas del Junín, se realizará una segunda etapa cerca del lago.

Los científicos montarán un laboratorio para conseguir toneladas de microalgas, que luego serán vertidas al lago. Después se realizarán el seguimiento y evaluaciones para ver los avances en el proceso de descontaminación.

Lo mismo harán en el río San Juan, afluente del lago, cuyas aguas han cambiado de color a raíz de la contaminación.

"Ya han tenido buenos resultados en laboratorio de la descontaminación de aguas del lago. Las microalgas absorbieron los metales", destaca Jara.

La minería es el motor de la economía peruana, pero ha tenido impactos ambientales adversos en el entorno del lago Junín.

Los dos principales símbolos del lago, el ave zambullidor de Junín (Podiceps taczanowskii) y la rana gigante (Batrachophrynus macrostomusse), están en peligro de extinción por la contaminación.

"Las amenazas (a estas ranas) van desde la contaminación minera, aguas servidas y caza para consumo", señaló el ecologista Luis Castillo, de la ONG Grupo Rana.

Alan Chamorro, de la ONG Ecoan, dijo que se considera al zambullidor de Junín especie crítica.

"Se han contabilizado unas 350 aves, tras un trabajo arduo de especialistas y la ONG para recuperarlas, pero en 2000 sólo habían unas 50", indicó.

Para colocar nuevamente las algas en el lago Junín, el equipo de biólogos necesita financiamiento.

"Si contáramos con el apoyo del gobierno, de las regiones o de las empresas mineras de la región de Pasco que arrojan sus desechos a los ríos y que sus aguas van a dar al lago, se podría descontaminar en unos 10 años", expuso Jara.

El equipo ha ganado fondos para investigación en concursos. "Ese dinero lo usamos para adquirir equipos y financiar expediciones", sostuvo el experto.

Además, el grupo recibe un aporte de 21 mil dólares anuales de la universidad. "Nos sirve para seguir avanzando, pero nos faltan más recursos", destacó.

El equipo científico hasta ahora sólo ha trabajado en la parte andina, pero ha "identificado plantas que pueden combatir los suelos deteriorados por la minería" en la región amazónica de Madre de Dios, centro de la minería ilegal en Perú, puntualizó Jara.

El mismo método también podría servir para limpiar las aguas del Titicaca, el lago navegable más alto del mundo (3 mil 800 metros sobre el nive del mar), que recibe desechos mineros y aguas servidas de Perú y Bolivia.

"Lo primero es realizar una investigación para determinar los tipos de plantas y de algas que se pueden utilizar para descontaminar el lago" Titicaca, concluyó el biólogo.

El cambio climático hace menos nutritivo el pan que comes

Varios estudios alertan de la pérdida de nutrientes de los cereales bajo condiciones atmosféricas con mayor concentración de dióxido de carbono

Que el cambio climático ya está afectando a la climatología y las condiciones en las que la vida se desarrolla en la biosfera no es nada nuevo. Desertificación, sequías y temporales son los primeros fenómenos que vienen a la cabeza cuando se habla de las consecuencias del calentamiento global provocado por la actividad humana, pero sus efectos van mucho más allá.


Recientes estudios señalan hechos como el cambio de hábitat de bancos de miles de peces hacia aguas más frías, la migración de especies de anfibios a zonas más altas o la desaparición de familias enteras de insectos a medida que se modifican las condiciones en los lugares en los que habitan. La llamada sexta extinción masiva de especies está en pleno auge y, con cada hábitat modificado, con cada especie desaparecida, se producen nuevas consecuencias para las cadenas tróficas —los caminos invisibles a través de los que se transfieren sustancias nutritivas entre las diferentes especies— del a menudo frágil equilibrio medioambiental. Un círculo vicioso extremadamente difícil de frenar.


El Homo sapiens no se salva de todos estos procesos. Y las plantas de las que se alimenta tampoco. De entre todas las sustancias de las que ingerimos para poder desplazarnos, pensar y seguir realizando todas esas actividades que producen el cambio climático, los cereales son alimentos clave. Su alta cantidad en hidratos de carbono es básica para la vida humana. Miles de millones de personas dependen de ellos. De hecho, se asocia a la domesticación de plantas como el trigo, el arroz, el maíz, la cebada, la avena o el centeno la aparición de la civilización.


Pero su riqueza no es solo los hidratos de carbono que contienen. Fibra, lípidos, proteínas, sales minerales o vitaminas del grupo B son algunos de los nutrientes que podemos encontrar en ellos. Nutrientes que, según una investigación firmada por una quincena de científicos de Australia, China, Estados Unidos y Japón, y publicada recientemente en la revista Science, están viéndose alterados por la mayor proporción de dióxido de carbono (CO2)


MÁS DIÓXIDO DE CARBONO, MENOS NUTRIENTES


La investigación, centrada en el arroz, alimento básico de más de 3.000 millones de personas, señala que, a mayores niveles de CO2, menor cantidad de proteínas, minerales y vitaminas esenciales para los humanos se encuentra en los granos. La actividad humana ha elevado la concentración atmosférica de dióxido de carbono de las 280 partes por millón de la era preindustrial a las 410 actuales. Tal como señala Kristie L. Ebi, una de las científicas a cargo del estudio, en un artículo firmado por ella misma, “si las tasas de emisión globales continúan en su camino actual, las concentraciones atmosféricas podrían alcanzar más de 1.200 partes por millón para el año 2100, incluyendo el metano y otras emisiones de gases de efecto invernadero”.


Bajo esa hipótesis, la investigación expuso a diferentes cepas de arroz a altas concentraciones de CO2. El resultado: “Nuestros datos muestran por primera vez que el arroz cultivado a las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera que los científicos esperan que el mundo alcance en 2100 tiene niveles más bajos de cuatro vitaminas B clave”, vitaminas necesarias para que el cuerpo realice algunas de sus funciones básicas.


Sus conclusiones respaldan trabajos como el publicado en 2014 por una veintena de científicos en Nature titulado Increasing CO2 threatens human nutrition (El incremento de C02 amenaza la nutrición humana), en el que se señala que determinados tipos de grano cultivados en ambientes con altas concentraciones de dióxido de carbono tienen menos minerales como el zinc o el hierro, así como menor cantidad de proteínas.


Dada la dependencia de tantos miles de millones de personas de cereales como el arroz, el problema podría tener “un impacto desproporcionado en la salud materna e infantil en los países más pobres dependientes del arroz”, señala Ebi en su texto. Según el estudio publicado en Nature, si continúa el ritmo de aumento de CO2, en 2050 alimentos como el arroz, el trigo, la cebolla o las patatas perderán entre un 6% y un 14% de proteínas y la dieta diaria habrá perdido, de media, más de un 5% de sus valores nutricionales.


EL TRIGO NO SE SALVA


Este cambio en la concentración de minerales básicos para la vida en el arroz afecta igualmente al trigo, tal como remarca el estudio en el que participa Ebi. No solo eso, al igual que el arroz, el cereal básico en España sintetiza menos proteínas al reducir la cantidad de minerales en sus granos, al mismo tiempo que produce más hidratos de carbono. Tal como recuerda la investigadora, 2.000 millones de personas en el mundo tienen deficiencias de micronutrientes como el hierro, el zinc y el yodo. La ausencia del primero puede producir anemia, mientras que la del segundo puede alterar el normal crecimiento de la persona o debilitar el sistema inmunológico, entre otras anomalías.


El arroz cultivado por los científicos para su estudio contenía, de media, una reducción del 17% de vitaminas B1 y B2, del 13% de B5, del 30% de B9, del 10% de proteínas, del 8% de hierro y del 5% de zinc. Si bien, se registraron aumentos de los niveles de vitamina E. Teniendo en cuenta que 600 millones de humanos obtienen más del 50% de sus calorías y proteínas diarias del arroz, las consecuencias sobre los niveles de desnutrición global pueden ser importantes.


EL SECANO EN ESPAÑA


En España varios estudios llevan alertando años de los cambios en el crecimiento y el rendimiento de los cereales. Una investigación de la Universidad de Córdoba publicada en Climatic Change en 2015, que analizaba 30 años de datos de la Agencia Estatal de Meteorología, recogía que los cereales de invierno habían adelantados sus fases de floración. En concreto, tras analizar 26 localizaciones de la península y Balears, el trigo había adelantado a un ritmo de tres días por año su floración entre 1986 y 2012, mientras que la avena la había anticipado en un día por año.


Por su parte, el estudio del proyecto europeo AgriAdapt remarcaba el año pasado que los cereales de secano de invierno, que suponen la mayoría de la superficie de cultivo del Estado, tendrán un rendimiento menor a causa del calentamiento global, algo que no solo ocurrirá a estos cereales, sino también al maíz o a la vid.

 

PABLO RIVAS
@CEBOTWIT

Publicado enMedio Ambiente