Una de las marchas contra el fallo de la Corte, en Portland. . Imagen: AFP

Una de las más multitudinarias fue la de Washington. La interrupción del embarazo ya es ilegal en nueve jurisdicciones.

 

La Policía de Phoenix, Arizona, dispersó con gas lacrimógeno a un grupo de manifestantes que se había concentrado durante la noche del viernes frente al parlamento estatal para protestar contra el controvertido fallo de la Corte Suprema que anuló los efectos de la sentencia de 1973 en favor del aborto.

Luego de la represión, las autoridades policiales emitieron un comunicado en el que reconocieron haber utilizado gas lacrimógeno, aunque aclararon que se vieron forzados a hacerlo luego de que varios protestantes "intentaran romper el cristal" de los grandes ventanales del parlamento.

Según un video publicado en Twitter por la senadora estatal republicana Michelle Ugenti-Rita, decenas de personas estaban fuera del edificio y algunas de ellas golpeaban con fuerza los vidrios, mientras los agentes les advertían que retrocedieran. Los incidentes derivaron en el uso de gas lacrimógeno y en la interrupción de la sesión

La senadora estatal republicana Kelly Townsend denunció en la red social que los manifestantes estaban manteniendo a los legisladores como "rehenes" dentro del edificio del Senado. "Se puede oler el gas lacrimógeno y los niños de uno de los miembros (del parlamento) están en su oficina llorando de miedo", se quejó.

La policía aseguró que los manifestantes atacaron algunos de los monumentos de la plaza frente al parlamento local, por lo que se volvió a usar gas lacrimógeno para detenerlos.

En el caso de Arizona, ya hay clínicas que han dejado de practicar abortos por miedo a enfrentarse a consecuencias penales. Esos centros de salud temen una ley de 1901, proclamada 11 años antes de que Arizona fuera un estado, y que establece que cualquiera que facilite un aborto puede ser sentenciado a entre dos y cinco años de prisión.

Algunos republicanos de Arizona argumentan que esa ley ha entrado en vigor automáticamente tras el fallo del Tribunal Supremo, aunque los demócratas difieren. Además, existe en el estado otra ley que prohíbe el aborto a las 15 semanas de gestación y que está previsto que entre en vigor en septiembre.

Las protestas contra el fallo que anuló la sentencia Roe vs. Wade se han sucedido por todo el país. Una de las más multitudinarias fue la de Washington, donde centenares de personas se concentraron durante horas frente al edificio de la Corte al grito de "¡Mi cuerpo, mi decisión!" o "¡Abortemos el Tribunal!".

Consignas similares se escucharon en decenas de ciudades. Algunas manifestaciones fueron organizadas por grupos como Planned Parenthood, la organización que gestiona la mayor red de clínicas de salud reproductiva en Estados Unidos; pero otras surgieron de manera espontánea.

Las protestas fueron especialmente numerosas lugares como Nueva York, donde miles de personas se concentraron en el Washington Square Park, una céntrica plaza que tradicionalmente acoge mítines políticos y manifestaciones.

En Los Ángeles, los manifestantes bloquearon el tráfico del centro de la ciudad, mientras que en Filadelfia miles se concentraron frente al emblemático Ayuntamiento y en Austin Texas, hubo una protesta frente a la corte federal. Otros cientos de personas salieron a la calle en Atlanta, Georgia, en dos manifestaciones diferentes que se unieron a los pies del parlamento estatal.

Por otro lado, en Cedar Rapids, dos personas resultaron heridas al ser atropelladas por un coche durante una protesta. En un comunicado, el alcalde de esa ciudad, Tiffany O'Donnell, dijo que la policía estaba investigando el suceso.

El aborto ya es ilegal en nueve estados: Alabama, Arkansas, Kentucky, Luisiana, Misuri, Oklahoma, Dakota del Sur, Utah y Wisconsin. Todos ellos habían aprobado con anterioridad leyes destinadas a prohibir el aborto y que entraron en vigor tan pronto como se hizo pública la decisión del Tribunal Supremo.

Planned Parenthood estima que 26 estados acabarán prohibiendo el derecho al aborto, en cuestión de días, semanas o meses.


El día después de cuando el aborto dejó de ser un derecho constitucional en Estados Unidos

Miles de personas, la mayoría mujeres, se concentran en el parque Washington Square de Nueva York. Han venido a quejarse y a gritar, porque oficialmente el aborto ya no es un derecho constitucional en Estados Unidos.

Marta Campabadal Graus

@MartaCampabadal

El Salto

26 jun 2022

Son las seis de la tarde del primer viernes de verano. Washington Square Park, el parque de Nueva York que ejerce de punto de encuentro de jóvenes, tatuadores, vendedores de marihuana y estudiantes con latas de cerveza, tiene hoy un aspecto muy diferente. Miles de personas, la mayoría mujeres, ocupan la plaza. Han venido a quejarse y a gritar, porque desde hoy oficialmente el aborto no es un derecho constitucional en los Estados Unidos.

El viernes 24 de junio, la Corte Suprema hacía público el fallo sobre el procedimiento judicial Dobbs vs Jackson Women's Health Organization, la anulación de Roe v. Wade, el caso que hace más de 50 años convirtió el aborto en una práctica legal en los Estados Unidos.

Las últimas cifras disponibles del Instituto Guttmacher, ​una organización sin ánimo de lucro que promueve la salud reproductiva son de 2020 y dicen que en ese año se practicaron 930.160 abortos en todo el país, frente a 916.460 en 2019. Cabe señalar que las cifras reportadas incluyen solo los abortos inducidos legales realizados por clínicas, hospitales o consultorios médicos, o que hacen uso de píldoras abortivas dispensadas en establecimientos certificados como clínicas o consultorios médicos. No tienen en cuenta el uso de píldoras abortivas que se obtuvieron fuera de los entornos clínicos.

Son días convulsos en el alto tribunal. Esta misma semana publicaban la resolución por la cual las armas son permitidas en la calle, para defensa propia, en estados como Nueva York, un “oasis” de las armas. El Tribunal, que espera a la última semana de trabajo antes de verano para publicar sus resoluciones más controvertidas, ha hecho pública la decisión de desproteger el aborto esta semana, aunque era ya un secreto a voces. El fallo fue “filtrado” y publicado el pasado 3 de mayo por el medio Politico, que sigue de cerca la vida gubernamental del país.

El think tankPew Research Center determinó en su última encuesta que el 61 % de los adultos estadounidenses dice que el aborto debería ser legal todo o la mayor parte del tiempo, mientras que el 37 % dice que debería ser ilegal todo o la mayor parte del tiempo.

Carol Sanger, profesora de derecho de Columbia University, especializada en derechos reproductivos, apunta que “esta es la primera vez en la historia moderna, y tal vez incluso en toda la historia de los Estados Unidos, que se anula un precedente establecido para rescindir los derechos de las personas”. La profesora añade que “los conservadores han estado esperando mucho tiempo, 50 años, para tener suficientes jueces de su ideología para que puedan salirse con la suya. Y se opusieron y odiaron a Roe V. Wade desde 1973. Así que este es su momento”.

De hecho, uno de los miembros más controvertidos, el juez Clarence Thomas ya ha dicho que el Tribunal Supremo “debería reconsiderar la contracepción, y las leyes sobre matrimonios del mismo sexo”.

“En 2015 tuve un aborto. Sin él, probablemente no me habría graduado de la universidad, y no estaría donde estoy hoy. Estoy muy triste y enfadada”, dice Annelise Eden en un tuit. Eden acaba de graduarse con matrícula de honor de un máster de periodista de la Universidad de Columbia.

La escritora Tiffany D. Jackson compartía en Twitter un pensamiento que también se palpaba en las protestas: “Vivimos en un país que nos obliga a parir pero que no tiene baja por maternidad obligatoria ni atención médica universal”.

Amanda Paige, una joven de Florida que vive y trabaja en el mundo editorial en Nueva York, reaccionó rápidamente ante la resolución del tribunal y publicó en sus redes el siguiente mensaje. “Hola, si conoces a alguien que necesite un lugar donde quedarse en el estado de Nueva York para abortar, puedo encargarme de darle una habitación, transporte y comida. Vivo en una ciudad pequeña a una hora de la ciudad de Nueva York. No me importa si casi no te conozco, o si no te conozco de nada. Puedes contar conmigo”.

Carol Sanger dice que “la gente con menos recursos necesitará ayuda de fuentes privadas, o posiblemente de sus empleadores”. De hecho ya hay varias empresas, como Amazon, Apple o Bumble, que han anunciado ayudas económicas y laborales a sus trabajadoras para poder abortar si así lo desean.

Símbolos como los pañuelos verdes —inspirado por la marea verde, la lucha de las proabortistas argentinas—, los pantalones blancos con manchas rojas y muchos carteles con mensajes claros. “My body, my choice” (Mi cuerpo, mi decisión), “Abortion is a human right” (Abortar es un derecho humano), y “Being pro life is regulating guns, no women’s bodies” (Protejer la vida es regular armas, no el cuerpo de las mujeres).

La manifestación de Nueva York y de la mayoría de ciudades del país fue organizada por Rise Up for Abortion Rights. Merle Hoffman es una de sus fundadoras y lleva vinculada al movimiento desde que en los años 80 empezó a colaborar con la clínica Choice’s Womens Medical Center del barrio de Queens, al este de la ciudad de Nueva York, que atiende en una variedad de servicios alrededor de la reproducción a más de 34.000 pacientes al año. “Ya no podemos ver al Tribunal Supremo como el Olimpo y a las personas que lo integran como dioses. Creo que la credibilidad de la corte se está perdiendo”.

Ryan Bess Winnick, vecina de Brooklyn de 34 años, lleva escrito en su camiseta “My body, my f* choice” (My cuerpo, mi jodida decisión). Desde Washington Square Park cuenta cómo tomará acción, participando en una asociación que llama a ciudadanos registrados como demócratas o independientes de los estados con empate, para que vayan a votar. “Cuando lo leí por la mañana en las redes y en medios, me sentí muy triste. Esto es muy trágico. Pero justo después mi reacción ha sido de enfurecimiento, y por eso estoy aquí”. Bess Winnick añade que “esto es solo el principio de un ataque a los derechos fundamentales”.

El revocamiento de Roe v. Wade no significa que a partir de ahora sea ilegal abortar en los Estados Unidos, pero ya no es un derecho universal y, por lo tanto, su regularización dependerá de cada estado. Los más liberales como Nueva York o California, ya han anunciado que van a blindar el derecho al aborto, y no solo eso, sino que van a poner facilidades a mujeres de otros estados que quieran abortar.

Hasta 26 estados tienen leyes que restringen o prohíben el aborto y que han entrado en vigencia o lo harán en los próximos días. Aun así, lo más probable que la demanda de abortos no cambie. Un análisis del NYT determinó que con la anulación de Roe, la distancia media de viaje para realizar el procedimiento aumentaría de 56 a 450 kilómetros. Lo que significa que los estados, incluidos Kansas, California e Illinois, verán sus clínicas inundadas con pacientes de otros estados. Illinois espera que su número de pacientes aumente entre dos y cinco veces, según ha calculado Bloomberg.

En las últimas semanas, también ha habido acción política proabortista. Y es que anticipando que muchos estados restringirán el acceso al aborto, los políticos en algunos estados con leyes de aborto permisivas como Nueva York, California y Oregón, han aprobado nuevas instancias para proteger y blindar aún más el derecho al aborto y esperan que más mujeres de estados con menos acceso al aborto viajen a sus estados para abortar.

Helmi Henkin es una joven activista que vive en Sant Louis, Missouri, uno de los estados que ha anunciado que prohibirá el aborto. Henkin empezó su activismo en 2016, como acompañante de mujeres que querían abortar en Tuscaloosa, donde hay una de las únicas tres clínicas de aborto de Alabama. Ahora se decida al activismo digital. “Me hice famosa en Twitter porque durante años si veía una noticia sobre algo relacionado con el aborto, respondía con un listado de lugares donde las personas podían donar para promocionar el aborto”. Luego lo convirtió en un documento, que hace aproximadametne un mes Squarespace le pidió si podía convertir en un sitio web que pudiera mantener gratis para siempre. Así que ahora es un sitio web, un documento creciente y vivo.

Las respuestas vienen también de organizaciones seculares que están reaccionando rápido. Nori Rost salió del armario en 1978. Tenía 16 años y vivía en el estado de Kansas, conversador y muy rural. Ahora es la presidenta de la New York Ethical Society, una alternativa secular a la religión, que se basa en la ética y los valores. “Aunque estemos en retroceso, la diferencia entre antes de Roe v. Wade y ahora es que las mujeres no recibían la atención médica adecuada y además estaban solas y avergonzadas en el proceso”. Rost explica que tras la decisión del tribunal, quiere crear una red entre las diferentes sociedades culturales e iglesias unitarias universales, para que las mujeres que están en estados que han perdido su acceso al aborto puedan acceder a fondos y ayudar con el viaje y la vivienda, y venir a un estado que lo permita como Nueva York.

En este sentido, Carol Sanger cree justamente que “si algo puede salir de esto, es una mayor solidaridad en temas reproductivos, porque tendremos que empezar de nuevo y volver a la década de 1950. Es increíble”. Sanger pone palabras a lo que ya se ha ido viendo en los últimos años. “Creo que Estados Unidos ha perdido estatus como líder en el mundo en muchos temas. Y creo que eso comenzó con Trump”.

Por su parte, Hoffman opina que “la libertad nunca es gratis y siempre hay que estar alerta, porque nada está escrito en piedra y nos han quitado el único lugar donde las mujeres tienen el poder de vida y muerte. Ahora vivimos en un estado de esclavitud”.

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Eugene intenta recuperar algunos objetos, luego de que su casa resultara incendiada tras el ataque de misiles rusos, ayer en Chuhuiv (Ucrania). — Orlando Barría / EFE 25/06/2022 20:36

El objetivo final de la Alianza Atlántica es convertir a Rusia en un paria dentro del futuro concepto estratégico de seguridad global.

 

La OTAN se reúne en su cumbre de Madrid con la decidida voluntad de seguir apoyando diplomática y militarmente a Ucrania contra Rusia, aunque ello suponga alargar la guerra "durante años" e imponer en Europa un espíritu belicista que sirva de contrapeso al manifestado por el Kremlin con su invasión. El objetivo final de la Alianza Atlántica es convertir a Moscú en un paria dentro del futuro concepto estratégico de seguridad global.

La piedra angular del compromiso de la OTAN con el Gobierno de Kiev será la entrega de armamento pesado y de última generación, incluidos misiles de medio alcance, que permita a Ucrania aguantar el embate ruso y, de paso, desgastar militar y económicamente a Rusia.

No es solo Ucrania la que está en guerra con Rusia, sino que es la propia OTAN liderada por Estados Unidos en un conflicto "por delegación" (proxy war) la que busca la derrota de Moscú y la obliteración de Rusia como "amenaza" para el nuevo sistema de defensa y estabilidad internacionales cuya bandera enarbolan Washington y Bruselas.

Las pasos dados contra Moscú por algunos de los países más beligerantes de la OTAN, que son los que comparten fronteras con Rusia, como los Bálticos y Polonia, no dejan lugar a la confusión y avivan el fuego de una eventual extensión del conflicto a otras zonas de Europa: si se quiere parar a Moscú en Ucrania, la OTAN debe tomar medidas excepcionales y proactivas, no solo entregar armas a Kiev. Algunas de las propuestas incluyen la creación de zonas de exclusión aérea en la región del Báltico o el estrambótico despliegue de una fuerza de paz en Ucrania bajo bandera de la OTAN.

Con apoyo de Polonia, Lituania ha cerrado en las últimas jornadas los accesos por tierra al enclave ruso de Kaliningrado (enclaustrado territorialmente entre esos dos estados miembros de la OTAN). La antigua Königsberg prusiana es una de las puntas de lanza militares de Rusia frente a Europa, pero también ha sido un lugar de cooperación privilegiada con Alemania hasta muy recientemente.

La respuesta rusa no se ha hecho esperar: el bloqueo del corredor de Suwalki (un embargo amparado por el cumplimiento de las sanciones que pesan sobre Rusia por la invasión de Ucrania) tendrá "un grave impacto negativo" sobre Lituania y su población, advirtió el secretario general del Consejo de Seguridad de Rusia, Nikolai Patrúshev, quien viajó de urgencia a Kaliningrado.

Lituania, donde sigue habiendo una importante población rusófona, es uno de los territorios de la OTAN donde hay mayores probabilidades de que salte la chispa de una confrontación directa con Rusia, dada la importancia geoestratégica que Moscú da a su enclave báltico.

En el nuevo concepto estratégico global que la OTAN definirá en Madrid y que sustituirá al planteado en la cumbre de Lisboa de 2010, la palabra pacifismo sobra, especialmente cuando buena parte de la opinión pública europea jalea la entrega de armas al ejército ucraniano para continuar la guerra e ignora el fracaso de las negociaciones de paz en Turquía.

Los propios dirigentes de los países europeos más importantes de la OTAN, como Francia o Alemania, un día abogan por la necesidad de no acorralar al presidente ruso, Vladímir Putin, y al siguiente dan por segura la victoria de Ucrania en la guerra, obviando la terrible realidad de que buena parte del este de Ucrania está ya bajo control del ejército ruso.

Ese es el primer fracaso de la estrategia de la OTAN en Ucrania, pese a los miles de millones de euros enviados en armas. El segundo es que Ucrania ha dejado de ser un candidato factible para entrar en la Alianza, una de las razones que llevaron a este conflicto, dada la irreconciliable oposición rusa a la adhesión.

Existe una elevada probabilidad de que el resultado de la guerra sea un país partido y un estado fallido dependiente del exterior, como ya ocurrió con Afganistán, Libia o Somalia. En tales circunstancias, que no figuran en ninguno de los análisis abiertos de la OTAN sobre el conflicto, es poco creíble el compromiso de la Unión Europea para abrirle a Ucrania sus puertas.

Mientras los rusos intensifican sus ataques en el Donbás y la presión se hace insostenible para las tropas ucranianas en Severodonetsk, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, con un soplo de honestidad entre tanta desinformación suministrada por ambos bandos y por la propia Bruselas, ha sido tajante: "Debemos prepararnos para el hecho de que la guerra podría durar años. No debemos dejar de apoyar a Ucrania", incluso "si el precio es alto, no ya solo por el coste militar, sino por el alza de los precios de la energía y los alimentos". Stoltenberg estaba dibujando el panorama que golpeará a Europa y el resto del mundo a partir del otoño.

Rusia, con sus indispensables suministros de hidrocarburos a Europa y sus sólidas relaciones comerciales con muchos de los socios de la OTAN, había sido hasta el comienzo de la guerra en febrero pasado uno de los pilares de la estabilidad económica del viejo continente. Ahora Stoltenberg la deja fuera de la ecuación, como si, de la noche a la mañana, pudieran borrarse del mapa sus 17 millones de kilómetros cuadrados y sus 144 millones de habitantes, muchos de ellos opuestos a la tormenta bélica lanzada por Putin en Ucrania.

Según Stoltenberg, en el nuevo documento estratégico que será firmado por los treinta miembros de la Alianza Atlántica en Madrid el 30 de junio, se declarará que Rusia "es una amenaza para la seguridad, la paz y la estabilidad" en Europa y el mundo. Se supeditan así los intereses europeos a la dirección de Estados Unidos y sus intereses globales, y se borran también cientos de años de historia común. De esta manera, la victoria soviética, codo con codo, con el resto de aliados sobre la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial podría ser ahora revisada en los libros de texto occidentales y considerada como un hecho fortuito y poco relevante.

En la declaración de Madrid también se espera dar la bienvenida a la OTAN a Suecia y Finlandia, cuya futura adhesión a la organización no solo garantizaría la seguridad de estos dos países, sino que, según Stoltenberg, "beneficiará a la alianza en su conjunto". Las trabas van a venir por Croacia y, muy especialmente, por Turquía, que no están de acuerdo con esas incorporaciones. 

Putin y el cambio de paradigma 

La Rusia débil de Boris Yeltsin cedió a finales de los años noventa al ímpetu de la OTAN en su avance sobre los antiguos satélites soviéticos del Pacto de Varsovia. La llegada de Vladímir Putin al poder en Rusia en el año 2000 pidió una tregua en esa ampliación de la OTAN, en un principio con amabilidad y colaborando incluso con la Alianza Atlántica en Asia Central y Afganistán, tras el 11-S, pero después con ira, tras las propuestas en 2008 del presidente estadounidense, George W. Bush, a Georgia y Ucrania para servir de parachoques de la OTAN en la frontera rusa.

Ese mismo 2008, Rusia aplastó militarmente a Georgia cuando el envalentonado presidente Mijail Saakashvili ordenó a su ejército retomar Osetia del Sur, territorio secesionista que contaba con el apoyo ruso. Fue una advertencia a la que nadie hizo mucho caso, al contrario de lo que ocurrió en 2014 con la anexión rusa de la península ucraniana de Crimea y el respaldo del Kremlin al Donbás separatista.

La intervención rusa en Siria en 2017 apuntaló al régimen de Bashar Al Asad, acosado por las guerrillas islamistas, por una parte, y por grupos opositores respaldados por Estados Unidos, por otra. Este puñetazo ruso sobre la mesa de Oriente Medio tiró por los suelos los intereses estadounidenses en Siria. Moscú se hacía así con un balcón privilegiado sobre el Mediterráneo desde los puertos sirios y al tiempo llamaba de nuevo la atención a la OTAN sobre sus renovados avances en torno a Ucrania.

La que fuera canciller alemana Angela Merkel recordó en una reciente entrevista que, durante su mandato (2005 -2021), Berlín sabía a ciencia cierta que la adhesión de Ucrania a la OTAN habría sido considerada por Rusia como una "declaración de guerra". Por ello, siempre bloqueó ese plan de Washington y trató de mantener una relación de confianza con Putin.

Según Merkel, si Rusia hubiera invadido Ucrania antes de 2014, cuando empezó a llegar la multimillonaria asistencia militar estadounidense al ejército ucraniano, Moscú habría tenido un éxito mayor en su invasión. "Uno no se convierte en miembro de la OTAN de la noche a la mañana. Es un largo proceso y yo sabía que, durante el mismo, Putin le habría hecho a Ucrania algo nada bueno", aseveró Merkel. Para la excanciller alemana el asunto era evidente: "Sabía cómo pensaba" Putin y "no quería provocarlo más". Eran otros tiempos.

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Jueves, 23 Junio 2022 05:52

Hablemos de China, ahora que podemos

Los soldados del Ejército Popular de Liberación (EPL) de la guarnición de Hong Kong se sientan firmes mientras escuchan los discursos durante una ceremonia de despedida a la que asistió el vicepresidente de la Comisión Militar Central, Liu Huaqing, en Tong Le Camp en Shenzhen el 30 de junio de 1997 antes de cruzar la frontera en medianoche para marcar el traspaso de Hong Kong del dominio británico al chino. Manny CENETA / AF

Visto lo que se ha visto –y sigue viendo- con Rusia por ‘lo’ de Ucrania, puede uno imaginarse qué pasará cuando estalle ‘lo’ de EEUU con China. Así que toca aprovechar que aún se puede hablar de China y del tema sin que surjan guillotinas y alambradas. Ya saben que, en esta feliz, docta y esbelta Europa del gallinero, se defiende la libertad de expresión censurándola y los derechos humanos cerrando los ojos ante crímenes como los de Israel en Palestina y los de Arabia Saudita –la garganta profunda del mercado de armas- en Yemen. Considerando que la UE ha declarado a China "rival sistémico" y que está a un paso de incorporarse a las mesnadas de EEUU en Asia-Pacífico, debemos aprovechar el espacio existente para contar cosas que deben contarse.

Aunque no es tema que se mencione en los relatos periodísticos, por razones que usted, dilecto y sagaz lector podrá imaginar, EEUU lleva décadas manteniendo ‘cercada’ marítimamente a China, si bien, hasta hace poco tiempo, dentro de unos parámetros, digamos, aceptables, por eso de hacer de la ofensa una virtud. No obstante, a partir de 2017 y, especialmente, de 2018, luego de oficializarse la doctrina militar aprobada ese año, EEUU pasó a calificar a China como su mayor amenaza mundial y a considerarla el único país capaz de desafiar el poder estadounidense en todos los ámbitos. En suma, la única potencia que amenazaba su hegemonía en el océano Pacífico, que es, para EEUU, el área más vital y estratégica del mundo (tomen notan, atlantitos). De la nueva estrategia de ‘contención’ de China nacieron distintas iniciativas, de las comerciales a las más abiertamente militares, sin otro objetivo que crear dos anillos de fuego que dejaran a China recluida en su territorio continental. China, de lo más ‘feliz’ con eso.

En épocas pretéritas y recientes, China observaba esas maniobras desde la prudencia y reaccionaba con iniciativas de orden económico y comercial, sin recurrir a alardes de fuerza o a plantear retos con espadas desenvainadas. Su prioridad eran continuar con su espectacular crecimiento económico y con la expansión de su comercio. No obstante, la nueva doctrina militar y política de EEUU le dejaba a China pocos espacios, de forma que, o callaba y tragaba los anillos de fuego, como una república bananera más, o bien reaccionaba con energía y plantaba cara a EEUU. Decidió, como es entendible, la segunda opción y aprobó un programa militar sin precedentes, con resultados notorios.

Como en estos temas en mejor dar los datos y documentos oficiales, para que se sepa que no andamos en plan tertulianos de lengua larga y conocimientos cortos, procedemos a ello. Puede que el documento más relevante sea el titulado Advantage at Sea, de diciembre de 2020, firmado, todos a una, por el general David Berger, comandante del Cuerpo de Marines, el almirante Michael M. Gilday, jefe de Operaciones Navales, y el almirante Karl L. Schultz, comandante de la Guardia Costera, es decir, los más altos jefes de la Fuerza Naval estadounidense. Si ya no les creen a ellos, entonces vean telenovelas. En el documento en cuestión se lee lo siguiente:

"Estados Unidos es una nación marítima. Nuestra seguridad y prosperidad dependen de los mares. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha construido, dirigido y promovido un sistema internacional basado en reglas a través de compromisos compartidos con nuestros aliados y socios. Las fuerzas desplegadas de la Armada, el Cuerpo de Marines y la Guardia Costera de EEUU, conocidas colectivamente como el Servicio Naval, han garantizado la seguridad de este sistema. El acceso libre y abierto a los océanos del mundo ha fomentado una extraordinaria era de riqueza y paz para muchas naciones. Ese sistema ahora está en riesgo."

Traducido a román paladino, con el cual se suele fablar a los vecinos, quiere dejar sentado que la paz, prosperidad y seguridad de EEUU depende de su dominio del mar y que ese dominio no es tema que pueda negociarse con nadie. Que EEUU debe seguir dominando los mares y océanos del mundo, única forma de garantizar sus intereses.

Importa también el informe salido a la luz pública en octubre de 2021, con el título China Naval Modernization: Implications for U.S. Navy Capabilities – Background and Issues for Congress (puede leerse en [https://sgp.fas.org/crs/row/RL33153.pdf]), elaborado por la Oficina de Inteligencia Naval (ONI, en sus siglas en inglés), donde se expresa –y no pasen por alto ninguna línea, por favor- lo siguiente:

"En una era de renovada competencia entre las grandes potencias, el esfuerzo de modernización militar de China, incluido su esfuerzo de modernización naval, se ha convertido en el foco principal de la planificación y del presupuesto de defensa de Estados Unidos. La Armada china, que China ha estado modernizando constantemente durante más de 25 años [...] se ha convertido en una fuerza militar formidable dentro de la región próxima al mar de la China, y está llevando a cabo un número creciente de operaciones en aguas más distantes, incluyendo aguas abiertas del Pacífico Occidental, el océano Índico y aguas de Europa.

"Se considera que la Armada de China representa un gran desafío para la capacidad de la Marina de EEUU de mantener el control, en tiempo de guerra, de las áreas oceánicas de aguas azules en el Pacífico Occidental, en el primer desafío de este tipo que ha enfrentado la Marina de EEUU desde el final de la Guerra Fría. La Armada china constituye un elemento clave de un desafío chino al estatus de larga data de Estados Unidos como la principal potencia militar en el Pacífico Occidental. Algunos observadores estadounidenses expresan preocupación o alarma con respecto al ritmo del esfuerzo de construcción naval de China y las tendencias resultantes con respecto a los tamaños y capacidades relativos de la Armada china y la Marina de EEUU."

Aclaramos ciertos conceptos, para que nuestros fieles y doctos lectores no pierdan la pista ni la señal. En léxico marinero anglosajón, la expresión ‘aguas azules’ hace referencia a la capacidad de una fuerza naval de realizar operaciones de combate mar afuera (esto se analiza más ampliamente en nuestro último libro). Actualmente, sólo EEUU, China, Rusia y –de lejos, Gran Bretaña-, tienen capacidad de operar en ‘aguas azules’. Esto sirve para medir qué potencias representar un reto y peligro para otras.

"Control en tiempos de guerra de las áreas oceánicas". EEUU indica que la –posible y probable- guerra con China será naval y dirimiría el control del Pacífico Occidental. Eso explica el vasto plan de desarrollo naval chino, así como que el presupuesto militar de EEUU, en el capítulo desarrollo e inversiones, esté destinado masivamente a reforzar cuanto sea posible su poder naval (lo que está teniendo sus repercusiones en Ucrania, pues EEUU se está quedando sin municiones y, cuando preguntaron qué pasaba, los ‘amunicionadores’ respondieron que habían dejado de fabricar bombas y proyectiles terrestres porque el presupuesto estaba dedicado a construir artefactos navales).

Sigamos. Para situar este el tema en su justa perspectiva, debemos recurrir otro documento clave de la estrategia marítima de EEUU. En el Advantage at Sea, de diciembre de 2020, las fuerzas navales estadounidenses establecieron este objetivo:

"Los mares disputados requieren un énfasis renovado en el control del mar. Negar a nuestros adversarios el uso de los mares frustra sus objetivos bélicos directos y desbarata sus esfuerzos por amenazar a nuestros aliados y a la patria estadounidense desde el dominio marítimo. Debemos aumentar nuestro énfasis en el control de los mares en los conflictos para proporcionar a las fuerzas conjuntas y aliadas la libertad de maniobra para atacar a las fuerzas adversarias e imponer costes a nivel mundial."

Volviendo otra vez al román paladino, EEUU considera como objetivo central de su estrategia anti-china impedir que la fuerza naval de China pueda acceder a los mares de ‘aguas azules’, que deben permanecer –léase al costo que sea- bajo control de la Marina de Guerra de EEUU. El "control de los mares en conflicto" sería la espina dorsal de la estrategia de guerra estadounidense. Aquí tenemos definido el teatro de operaciones de guerra, que serían los mares de la China y los espacios marítimos entre el primer anillo de fuego (que va de Corea del Sur a Singapur) y el segundo anillo, entre las islas Hawái y Australia, con Guam y la isla Drake como epicentros. "Negar a nuestros adversarios el uso de los mares" debe traducirse como hundir la flota adversaria y replegarla a la costa.

Está la situación tan clara que, a finales y mayo y principios de junio pasados, el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, realizó una gira por los Estados archipelágicos de los poéticos Mares del Sur (Islas Salomón, Kiribati, Samoa, Fiyi, Tonga, Vanuatu, Papúa Nueva Guinea, Micronesia y Timor Oriental), países de escaso valor económico y comercial por su pequeñez, pero –ahora, merced a su señoría, EEUU- con un inmenso valor estratégico y geopolítico. China busca, simplemente, aliados que, de formas varias, le permitan disponer de infraestructuras más allá de los anillos de fuego –el talón de agua que construye EEUU- para, en caso dado, poder atacar por la retaguardia. EEUU y su fiel y segura servidora Australia, pusieron el grito en el cielo y más allá, y, desde entonces, están enviando delegaciones a todos y cada uno de estos países, para alejarlos de la "amenaza china". Entenderán, avispados lectores, cómo la estrategia hegemonista de EEUU convertirá esta vasta región, hasta hoy irrelevante, en campo de batalla entre esas dos grandes potencias. Es el Frente Pacífico. El Atlántico es Ucrania. En tal coyuntura y teniendo EEUU los planes que tiene, es natural el interés de China por fortalecer su Marina, que ya dispone, desde este mes, de su tercer portaaviones, el Fujian, a la espera del cuarto y del quinto, previstos para antes de 2030.

El pasado 15 de junio, los presidentes de Rusia y China conversaron por teléfono, para repasar la situación internacional y dar un nuevo espaldarazo a sus relaciones bilaterales. Entre otras cuestiones, acordaron ampliar la cooperación energética, financiera, comercial e industrial, recordando que, en 2021, sus intercambios alcanzaron la cifra récord de 200.000 millones de dólares. La conversación se ha producido después del más duro, prolongado y abierto enfrentamiento entre EEUU y China en la región de Asia-Pacífico, rebautizada por EEUU como Indo-Pacífico, como expresión de su nueva estrategia anti-china, que ha obligado a Beijing a olvidar su tradicional prudencia para, como se dice popularmente, enseñar los dientes con todo el filo de los colmillos. No piensen que Putin y Xi no habían conversado antes. Posiblemente lo hagan cada dos por tres. Lo destacable es el momento escogido para dar a conocer públicamente que han conversado. Han querido enviar un mensaje para quien quiera recibirlo: Rusia y China siguen siendo socios estratégicos y siguen juntos para enfrentar a EEUU y la OTAN.

Queda apuntar que EEUU, como no siente que con sus propios recursos pueda con China –menos aún si China y Rusia van de la mano- quiere que el gallinero europeo se una a su Frente Pacífico. Es decir, que vayan al otro lado del mundo a morir para mayor gloria de Washington. Este plan está tan madurado, que a la reunión de la OTAN en Madrid asistirá el ministro de Defensa de Japón, lo que no había ocurrido nunca.

La reunión madrileña de la OTAN será una auténtica misa negra con aquelarre final para crear un frente anti-chino y anti-ruso, preparatorio del primer conflicto auténticamente global de la historia humana. Pero, don't worry, be happy. ¿Para qué ocupar el tiempo en esas minucias si lo que importa es fichar a ‘cracks’ futbolistas? ¿Para qué, si toca discutir del sexo de los ángeles, que es lo que hacen las almas puras? Cuando la retreta llame a la recluta para los Mares del Sur no se sorprendan, angelitos.

Por Augusto Zamora R. Exembajador de Nicaragua en España. Autor de “De Ucrania al Mar de la China” (Akal)

23/06/2022

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Durante el despegue de Nuri en el Centro Espacial Naro, en Goheung.Foto Ap

 

Es el séptimo país del mundo que envía una nave de tecnología nacional

 

Seúl. Corea del Sur informó ayer que lanzó un cohete espacial de fabricación nacional y puso en órbita la carga, en un "paso de gigante" para el país asiático en sus aspiraciones espaciales.

El vehículo coreano de lanzamiento espacial II, llamado Nuri, despegó de la estación Goheung a las 7 horas GMT, dejando atrás una gran columna de humo.

Las tres etapas del cohete funcionaron, logrando llegar al objetivo de 700 kilómetros de altura y poner en órbita un satélite de verificación de funcionamiento, informó Seúl.

El programa espacial de Corea del Sur "dio un paso de gigante", dijo Lee Jong-ho, ministro de Ciencias y Tecnología, y calificó la misión de exitosa.

"Corea del Sur se convirtió en la séptima nación del mundo en lanzar un vehículo espacial con tecnología nacional", afirmó. El gobierno continuará trabajando para hacer del país una "potencia espacial", agregó.

Seúl lanzará en agosto un orbitador lunar, anunció el ministro.

El lanzamiento de ayer tuvo lugar ocho meses después de otra operación que no pudo completarse con éxito.

En octubre, las tres etapas del lanzamiento habían funcionado correctamente y el cohete se elevó también hasta 700 kilómetros de altura. También se separó con éxito la carga útil de 1.5 toneladas, pero no se logró colocar el simulacro de satélite en órbita.

En la prueba de ayer, además del simulacro de satélite, Nuri llevó consigo un satélite de verificación de funcionamiento de cohetes y cuatro pequeños artefactos cúbicos desarrollados por cuatro universidades locales para labores de investigación.

Este cohete de tres etapas ha sido desarrollado a lo largo de una década con un costo de mil 600 millones de dólares. Pesa 200 toneladas, mide 47.2 metros de largo y tiene seis motores de combustible líquido.

En Asia, los países con programas espaciales avanzados son China, Japón e India. Corea del Norte es el de ingreso más reciente en el grupo de países con capacidad de lanzar sus propios satélites.

El Mundial ya está a la vuelta de la esquina

Ernesto piensa en el Mundial y se avergüenza un poco de su pasión por el futbol. Sus círculos políticos lo miran con cierto recelo, los progresismos y las izquierdas lo odian; en los populismos, encuentra cierto cobijo. De a ratos. Pero se cansa cuando empiezan a analizarle el fútbol en clave geopolítica. Cuando Ernesto habla de fútbol, quiere hablar de fútbol: si el cinco polaco le recuerda al Tolo Gallego o es más parecido a Claudio Marangoni; si Arabia aplica el catenaccio o se la juega toda en ofensiva: si el mediocampo mexicano tiene el lujo que desparramaban Gerardo Martino con Juan Manuel Llop y el Yaya Rossi en el Newell’s de los ochenta.

De chico, no hacía otra cosa que darle a la pelotita, la mamá decía que sus sesos eran los gajos de una pelota. Juntaba figuritas, llenaba álbumes, jugaba a la tapadita y raspaba sus rodillas en el cemento de la calle, de la vereda, de la canchita del club de barrio y en los bordes de la vieja General Paz desde las diez de la mañana hasta que se iba el sol. Ese era el día perfecto en su infancia, pero había que construirlo todos los días. A veces hasta se convertía en una tarea tortuosa ir a juntar a los amigos y eventuales compañeros de equipo. Se tocaba el timbre, se golpeaba la puerta, o se aplaudía al grito de: ¿Sale el Néstor? ¿Tá Horacio? ¿Lo deja salir al Ricky?

Atilio, su actual archienemigo, es amigo de esa infancia de Ernesto. Jugaban juntos a la pelota todo el día. No paraban. Vivían a dos cuadras de distancia. Y la locura por el fútbol los unía. Se encargaban de todo, de la pelota, de juntar a la gente, de elegir el campo de juego, de armar los arcos con ropa o palos, de enojarse mucho en los partidos y de pegar la vuelta pasándose la pelota hasta la puerta de la casa. Escuchaban los partidos por radio, leían la única revista deportiva de la época cuando juntaban unas monedas y veían uno que otro partido que daban por televisión. En esos años no era común la televisación del fútbol, los programadores decían que no les rendía comercialmente. De vez en cuando iban a la cancha cuando las madres los dejaban; o se escapaban sin decir nada. Entraban gratis a los 10 o 15 minutos del segundo tiempo, cuando se estilaba abrir las puertas del estadio para que entraran los que llegaban tarde y los que no tenían un mango para la entrada.

Conseguir una remera del equipo del que eran hinchas, o de cualquier equipo, era casi una misión imposible. No pululaban las remeras del Manchester City entre los niños o del Nottingham Forest. Por eso era muy fácil escuchar: “Che verde, tocala” o “Celeste, jugá acá”, al referirse al color de la remera de un ocasional compañero de equipo.

En el club del barrio sí había camiseta y era un orgullo poder vestirla. Te sentías parte de algo. La imaginación se disparaba hacia la primera de algún equipo. Un sentimiento de grandeza, de representación simbólica. De algo especial que le inundaba la cabeza a Ernesto.

Quiso jugar en primera como gran parte de los argentinos, pero no llegó, no tenía condiciones. Pero siempre fue un apasionado del juego, del deporte, del negocio transnacional, del imperio del balón. ¿Qué se yo?, dice Ernesto, mientras ve pasar por la vereda a Ansia, la nueva camarera del bar, con un paquete de café gigante en la cabeza.

A pesar de la frustración de no ser, la pasión nunca se fue. Empezó a ir cada vez más seguido a la cancha a alentar a su equipo. Vienen a su mente las corridas a la salida, las avalanchas que le rompían la cabeza, el paty, el chori, las bolitas para que patinen los caballos de la policía montada. El olor a porro y a chivo, juntos. Pero después en la facultad empezó a escuchar que el fútbol estaba mal, que no dejaba pensar a las personas en los problemas políticos y sociales, que era el opio de los pueblos como en otro momento fue la religión. ¿Qué hacía con ese montón de compañeros y compañeras de izquierda con las que se llevaba muy bien y simpatizaba con su ideario y figuras políticas? ¿Y con los progresismos? El estructuralismo francés no quería saber nada de caños, gambetas y radio pegada en la oreja para saber cómo va el rival. ¿Y los populismos? Recién ahí se recostaba un rato, pero no mucho, ojo, depende el momento, es situacional, ja. Qué quilombo, pensaba Ernesto.

Y sin querer o no, se fue alejando un poco del fútbol, pero no podía dejar de escuchar los partidos los fines de semana. Ya no jugaba como antes, pero aprendió a convivir con una mirada crítica del fútbol, mientras seguía participando de asambleas universitarias. Iba por los pasillos de la facultad tratando de identificar con quién se podía hablar de fútbol. Luego vino la futbolización de la sociedad y ahí las posturas se pusieron más de punta. Nuevos análisis, nuevas coyunturas, nuevos autores opinando. Y muchos dólares para algunos pocos; y nada para los que la miraban desde la popular, como Ernesto.

Para ese entonces, Atilio ya había dejado de ir a la cancha. No le gustaba el clima. Ni tampoco la pelotita. Como el 10 y el 9, se distanciaron cada vez más, y cambiaron mucho cada uno. Hasta volverse indiferentes en muchas cosas. Vieron muchos partidos juntos, muchos mundiales, se abrazaron en la cancha. Cada uno conoce bien el olor a tierra en las piernas del otro, pero Ernesto piensa que a Atilio ya no le interesa mucho aquello. Su archienemigo ahora se dedica más al zumba, el body paiting, el aqua gym. Ya no escucha rock ni ve fútbol. Goza con los boleros latinos y el reggaetón. Sí hay que reconocer que Atilio se identifica mucho con los futbolistas actuales en la forma de vestir, de cortarse el pelo, de afeitarse, de escuchar música, de usar las redes sociales, de salir a bares y restaurantes, de sacarse fotos. Casi casi de vivir. Atilio vive casi como un futbolista actual, piensa Ernesto.

¿Pero eso es un futbolista?, se pregunta. Hoy sí. Definitivamente. Debe ser la dinámica de lo impensado de la que hablaba Dante Panzeri. Nadie sabe de fútbol, nadie, pero todos hablan. Atilio hace años que no menciona la palabra y, cuando ve alguna pelotita en la tele del bar, dispara el control hasta una novela turca. Sin embargo, Atilio se parece a un futbolista y yo a una bolsa de residuos, siente Ernesto.

De golpe, lo atropellan las preguntas. ¿Cómo le va a ir a la Argentina? ¿Será la Argentina que bailó a Italia como si estuvieran jugando al baby fútbol en un potrero de Villa Insuperable? ¿Qué onda Arabia Saudita? ¿Qué será de la vida del Pájaro Hernández, el Caniggia mexicano? ¿Y el polaco Gran Lewandowski la descoserá? ¿O será como el Gran Lebowski de los hermanos Coen? Qué lindo sería tirar unas paredes en el césped qatarí, piensa y pierde su vista en unas manchas de humedad que simulan la larga corrida de Burruchaga hacia el arco alemán en el Estadio Azteca. Ernesto sabe que tiene que repasar sus cábalas, porque el Mundial ya está a la vuelta de la esquina.

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Una persona sostiene una pancarta en apoyo a Julian Assange frente a la Corte de Westminster, en una imagen de archivo tomada en Londres en abril de 2022. — Tom Nicholson / REUTERS

La ministra británica de Interior, Priti Patel, ha firmado la orden necesaria para extraditar al fundador de WikiLeaks. Aún cabe la posibilidad de un nuevo recurso a esta decisión.

 

Llegó el día. El Gobierno británico ha dado el paso que faltaba en el caso Julian Assange. La ministra de Interior, Priti Patel, ha firmado la orden necesaria para extraditar al fundador de WikiLeaks a Estados Unidos.

Assange está requerido por cargos de espionaje por la filtración de documentos secretos, según informó este viernes la cartera de Interior. No obstante, cabe la posibilidad de un nuevo recurso a esta decisión.

Fue el pasado 20 de abril cuando un juez de un tribunal británico emitió una orden de entrega del periodista australiano a EEUU para ser considerada por el Gobierno del Reino Unido.

"En virtud de la Ley de Extradición de 2003, el ministro del Interior debe firmar una orden de extradición si no encuentra argumentos para prohibir que se emita la orden", indicó un portavoz del ministerio en un comunicado divulgado este viernes.

En dicho escrito se añade que "las solicitudes de extradición solo se envían a la ministra del Interior una vez un juez ha decidido que se puede proceder tras haber valorado varios aspectos del caso".

"El 17 de junio, tras la valoración de los jueces de la Corte de Magistrados de Westminster y del Tribunal Superior, se ordenó la extradición de Julian Assange a Estados Unidos. Assange mantiene el derecho de apelación en un plazo de 14 días", continúa el comunicado.

"Las cortes británicas no han encontrado que el proceso de extraditar a Assange sea opresivo, injusto o suponga un abuso de proceso", ha asegurado el portavoz de Interior.

Asimismo, puntualiza que "tampoco han hallado que la extradición sea incompatible con sus derechos humanos, como el derecho a un juicio justo y a la libertad de expresión, y que mientras esté en Estados Unidos vaya a ser tratado de manera apropiada, como en lo referido a su salud".

A su vez, en relación con las alegaciones del acusado, Reino Unido espera que Assange reciba un trato "adecuado" por parte de EEUU también "en lo referente a la salud".

"Esto es solo el inicio de una nueva batalla legal"

Wikileaks ha reaccionado a esta decisión del Gobierno británico en un comunicado difundido en sus redes sociales. "Es un día oscuro para la libertad de prensa y para la democracia británica", arranca un texto que deja claro: "Hoy no es el final de la lucha, es solo el inicio de una nueva batalla legal". 

"Apelaremos a través del sistema legal, la próxima apelación será ante el Tribunal Superior. Lucharemos más fuerte y gritaremos más fuerte en las calles, nos organizaremos y haremos que la historia de Julian sea conocida por todos", anuncian.

"Julian no hizo nada mal. Él no ha cometido ningún crimen y no es un criminal. Es un periodista y un informador y es castigado por hacer su trabajo. Estaba en el poder de Priti Patel hacer lo correcto. En cambio, siempre será recordada como cómplice de Estados Unidos en su plan para convertir el periodismo de investigación en una empresa criminal", añaden. 

"Cualquiera en este país que se preocupe por la libertad de expresión debería estar profundamente avergonzado de que la ministra del Interior haya aprobado la extradición de Julian Assange a EEUU, el país que planeó su asesinato", apuntan.

El pasado mes de abril, el abogado Aitor Martínez, del bufete Iload que dirige Baltasar Garzón que ejerce la defensa de Assange, ya apuntaba a que en la "fase gubernativa pueden esgrimirse diversas causales que bloqueen la entrega, como es, por ejemplo, el principio de especialidad, es decir, el temor de que una vez fuese entregado a Estados Unidos pudiera proceder por otras causas penales que no hayan sido sometidas a extradición, algo que parece evidente".

Asimismo, señalaba que hay más elementos objeto de apelación, como "lo relativo al principio de proporcionalidad, atendiendo a que se dilucidan potenciales penas de 175 años de cárcel bajo la Ley de Espionaje contra un periodista que simplemente desplegó su labor o el abuso de la extraterritorialidad penal, ya que la jurisdicción norteamericana persigue a un ciudadano extranjero, por publicar en el extranjero; o diversos aspectos relacionados con el despliegue de herramientas brutales de espionaje contra Julian Assange en la Embajada de Ecuador en Londres".

Amnistía alerta del "gran riesgo" para Assange

En el mismo sentido que Wikileaks y su letrado se ha pronunciado la secretaria general de Amnistía Internacional, Agnès Callamard. "Permitir que Julian Assange sea extraditado a Estados Unidos lo colocaría ante un gran riesgo", ha asegurado en un comunicado.

Asegura además que esta decisión "envía un mensaje escalofriante a los periodistas de todo el mundo".

Callamard ha apuntado que "si la extradición procede, Amnistía Internacional está extremadamente preocupada porque Assange afronte un alto riesgo de confinamiento en solitario prolongado, que violaría la prohibición de ejercer tortura u otro tratamiento vejatorio".

Remarca además que "las garantías diplomáticas proporcionadas por Estados Unidos de que Assange no será puesto en confinamiento en solitario no pueden tomarse en serio dado su historial previo".

"Pedimos al Reino Unido que se abstenga de extraditar a Julian Assange, que Estados Unidos abandone los cargos, y que Assange sea liberado", ha zanjado


La tortura de Assange y la defunción del periodismo; sin ir más lejos, en Ucrania

por Víctor Sampedro Blanco, catedrático de Comunicación Política en la URJC

 

Un boceto de la artista Elizabeth Cook muestra al fundador de Wikileaks, Julian Assange (derecha), asistiendo a su juicio de extradición en el Tribunal Penal Central. Un juez dictaminó que Assange no puede ser extraditado a Estados Unidos. Foto: Elizabeth Cook/PA Wire/dpa

Por enésima vez los medios publicitan lo que la ONU calificó de tortura: el trato que recibe Julian Assange en el Guantánamo británico en el que está recluido. Debemos haber leído ya una decena de veces que el Reino Unido lo extraditará a EE.UU. Y que, una vez allí, le condenarían a 175 años de cárcel. Eso después de más de una década de confinamiento domiciliario y aislamiento carcelario. Las "noticias" sobre Assange apenas son notas judiciales. Dan cuenta del destrozo que le han provocado. Es un paria enajenado, un asperger deprimido al borde del suicidio.

A Assange lo ajustician en bucle. Los medios que se lucraron con sus filtraciones publicitan su castigo y encubren su gesta. Apenas ejercen de notarios correveidiles y perros falderos de los torturadores. Assange sería libre si tan siquiera uno de los directores que publicaron sus filtraciones – pongamos en El País,Le Monde, The New York Times o The Guardian – se hubiera auto-inculpado de los cargos que pesan sobre el hacker australiano. Asumir como propio el delito de investigar y revelar verdades habilita para ejercer el periodismo. Autoincúlpándose las feministas lograron el derecho al aborto y los insumisos acabaron con el servicio militar.

No abundan los periodistas activistas de la transparencia (algo que les va en el oficio), sino los relaciones públicas del poder. Las redacciones ya no hacen periodismo, sino publicidad corporativa y propaganda política disfrazada de noticias. Solo así se explica tanto silencio cobarde: la aquiescencia del cómplice. Y así también se entiende que la cobertura que recibieron las filtraciones de Wikileaks desactivase su carga crítica. Tras conocerlas, el periodismo y el mundo debieran ser otros: información fundamentada en bases de datos incontestables y una globalización de los derechos humanos defendidos desde un Cuarto Poder en Red.

Eso es lo que el castigo a Assange invisibiliza: la alianza entre filtradores anónimos y medios que colaboran entre sí. Se trata de blindar la privacidad de la ciudadanía con la encriptación. Y de aplicar la transparencia a los poderosos. El último libro de Assange fue la transcripción de su entrevista con Eric Schmidt, el CEO de Google. Una llamada a que la ciudadanía asumiese el control de sus comunicaciones y a que filtrásemos los bancos de datos que desnudan el poder.

La represión de Assange es proporcional a la grandeza de su gesta. No resulta sencillo enterrar la denuncia incontestable, sin réplica posible, de los crímenes de guerra del Pentágono. Tampoco el neo-imperialismo de la red diplomática más poderosa del mundo. Ese era el significado último de los cables de Irak y Afganistán y del Cable Gate. Y hacerlo desde Internet, desde una comunidad libre como es Wikileaks que crea una zona de autonomía insobornable e imparable. ¿Se los imaginan informando sobre Ucrania? ¿Creen que estaríamos en guerra? Ya les digo que no.

Wikileaks practica un periodismo que supera todo ejemplo previo o posterior: se erige en contrapoder mancomunado. Llevamos diez años postulando ese periodismo de código libre. Y Assange, purgando el haberlo hecho realidad.

No ladran, sino que le muerden la yugular, porque aún cabalgan. ¿Quiénes? Los criptopunks que han hackeado decenas de empresas y organismos gubernamentales rusos en represalia por la invasión de Ucrania. Y quienes denuncian la campaña prebélica de Putin y de la OTAN, los crímenes de guerra de ambos bandos, el negocio que generan para los traficantes de armas, los monopolios energéticos y de materias primas... la muerte y el hambre que todo ello provoca. Pero lo hacen sin poder aportar datos.

Las pantallas rusas ensalzan al carnicero Putin. Y las europeas y estadounidenses, al comediante Zelensky. Si es que esos roles no son ya intercambiables. Tampoco es casualidad que el mandato de Donald Trump sentara las bases para masacrar jurídicamente a Assange. Y que sea el gobierno de Boris Johnson (quizás el líder más belicista junto con Putin), el que dé luz verde a su extradición. Reivindicar a Assange es desnudarlos. Solo cabe retomar, ahora con Ucrania, el testigo que el australiano-ecuatoriano recogió. El asumió que el Vietnam de su generación eran Irak y Afganistán. Quien no siga su ejemplo, que entregue el carnet de periodista.

17/06/2022

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Algunos apuntes sobre lo que pasa actualmente con los Derechos Humanos en Colombia

Desde que conozco la historia de las luchas de los pueblos del Sur mundial y del Sur del Norte mundial, la sangre de [email protected] compañ[email protected] caídos es abono. Son millones de fueguitos que viajan en la memoria de quienes asumimos retomar sus pasos, por lo que si llegan a faltar personas mencionadas en este texto, no es por capricho, es por espacio del artículo, porque cada palabra, escrita y dicha, cada acción se crea por y con cada uno de [email protected]

Entonces entre los varios puntos que mencionaré, empezaré con la influencia vigente de lo cuantitativo. El heroísmo que acompaña a esta extensa lista de víctimas mortales de la burguesía, ha empezado a desaparecer para ser reemplazado por la rutina de informar a quién asesinaron (cómo, cuándo, dónde, su papel en la lucha social y su perfil personal) y exigir al Estado que busque a los responsables intelectuales-materiales del asesinato y garantice las condiciones para que eso no vuelva a ocurrir.

Así los sujetos terminan siendo cartas que se pasan de mano en mano, despertando una indignación momentánea, que es despertada con el siguiente caso. Al igual que las noticias amarillistas sobre muerte y violencias, las denuncias sobre la muerte de un líder social, ambiental, defensor de Derechos Humanos (DDHH) terminan no solo en el olvido cotidiano sino empezaron a ser material para alimentar el morbo de los pueblos del sur y del norte mundial. ¿Tiene algún provecho este crítico aspecto de las luchas populares? Tal vez la de gestionar relaciones con funcionarios de gobiernos nacionales e internacionales, aprobar apoyos económicos internacionales para continuar las agendas sociales, engrosar la lista de contactos que pueden presionar al Estado, resarcir de cierta manera el dolor de familiares y compañ[email protected] de las víctimas mortales. ¿la lucha por la que sacrificaron su vida dónde queda?

Arriba mencioné el “heroísmo” que en su momento enaltecía a los sujetos, porque sus acciones ejemplares en la vida privada como colectiva eran gasolina para el fuego popular de la Revolución. Por algo, se siguen revindicando sujetos de siglos anteriores. Hoy las cifras de víctimas tienen más eco que la lucha popular, las motivaciones para emprenderla y el ejemplo de quienes ya no nos acompañan.

¿Estudiar para transformar o estudiar para gestionar?

El estudio disciplinado de la realidad, de la teoría, de la guerra, de la técnica, de los diferentes campos del conocimiento, de la historia humana, ha sido un aspecto de nuestra gente que se me quedó tatuada en el alma. La sabiduría de estos sujetos venía de leer textos como de su propia praxis, untados hasta las orejas de pueblo, exponiendo una mirada certera en los lados flacos del orden social vigente para desplegar eficazmente las herramientas y tácticas que permitieran alcanzar los objetivos comunes de Liberación.

Dentro del estudio juicioso se incluye el del Estado, cuya función de ser herramienta para los ricos es determinante en la lucha de clases, pues ese monstruo es grande y pisa fuerte. Como los pueblos estamos fuera de ese aparataje, nos ha tocado como las hormigas, aunque pequeñas y frágiles a cualquier pisón, entre la mayoría organizada y determinada a vencer, hacemos arrodillar al Estado para transformarlo desde la raíz. El pueblo cubano, nicaragüense, argelino, angoles, vietnamita demostró con fuertes pruebas que si no se conoce al enemigo de clase, la gente solo tirará palos de ciego y terminará doblegada a esa podrida institucionalidad moderna.

En el actual desarrollo de la defensa de los DDHH el estudio del Estado se torció de rumbo. Se conocen a las entidades públicas, sus funciones, a sus funcionarios decisivos, a sus mandaderos, a las normas que rigen ese entramado institucional, los huecos por donde dirigir las apelaciones, se tiene un arsenal argumentativo y político para defendernos contra los montajes judiciales, se emplea con fluidez la normatividad nacional e internacional para sacar a los prisioneros políticos, también para que su paso por la cárcel sea digno. La lista de fortalezas puede seguir, pero su exposición no es la idea principal de esta parte.

No obstante, todo ese conocimiento construido y madurado sobre el Estado burgués no se materializa en acciones que lo debiliten por un lado y por el otro siembren los cimientos del Estado acorde a nuestros sueños. Pareciera que el carácter “burgués” se olvidara debido a la rutina del papeleo y los juicios, centrando el esfuerzo en resolver lo inmediato con las herramientas jurídicas creadas por los burgueses. Una lógica que trae su propio veneno escondido y que sin saberlo nos contamina, porque al estar atentos a bloquear y esquivar los golpes en materia de DDHH, se contragolpea y defiende con sus mismas herramientas y tácticas, centrando la vista en esa pelea y descuidando lo esencial, transformar al modelo de sociedad capitalista de donde proviene la lluvia de ataques estatales.

Se termina entonces en la rutina de gestionar los procesos judiciales para no entrar a la cárcel, para denunciar el asesinato del compañ[email protected] a mano del establecimiento y de exigir garantías para la vida al Estado-victimario. Una ironía que huele a prácticas de reforma y no prácticas de revolución.

Desempolvar el Derecho a la Rebelión

 ¿Para qué son los DDHH? ¿La concepción burguesa de los DDHH puede ser cambiado por una popular? ¿el derecho a la rebelión sigue vigente? ¿cuáles son los aportes en auto-protección colectiva de los pueblos del mundo? ¿qué nos han enseñado las luchas populares sobre legislación propia y cuál es su análisis en perspectiva de autocrítica? Además de la Revolución Mexicana, la Revolución Bolchevique, la Declaración de Argel ¿existen otras experiencias que abonen una visión no-capitalista de los DDHH?

Son algunas cuestiones que hace rato rondan mi cabeza y que hoy retumban con más fuerza, en gran medida por el momento histórico que se asoma, con una fuerte carga de incertidumbre, en mi país. Pero no solo eso debe motivar a la reflexión sobre los DDHH, y la lucha enmarcada en ello, que a estas alturas del escrito, no podría escribir “sobre la lucha por la defensa de los DDHH” pues borraría con los pies lo anteriormente expuesto.

 

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El experto en Rusia Mark Galeotti, en una imagen cedida.

Mark Galeotti es uno de los mayores expertos en la historia y el presente de Rusia, así que es de los que se aventuran a imaginar escenarios futuros con bastante fundamento. La editorial Capitán Swing ha traducido al castellano recientemente dos de sus últimos libros: Una historia breve de Rusia(2021) y Tenemos que hablar de Putin (2019). 

Su extenso currículum abarca estudios en la Robinson College de Cambridge y en la London School of Economics. Fue jefe del departamento de Historia de Keele y profesor en el Centro de Asuntos Globales de la Escuela de Estudios Profesionales de la Universidad de Nueva York. Vivió en Moscú durante un periodo y se mudó a Praga como investigador principal y jefe del Centro de Seguridad Europea en el Instituto de Relaciones Internacionales de Praga. Ahora es profesor y director de la consultora Mayak Intelligence.

Tras tantos años de estudio del personaje, ¿cree que Putin padece algún tipo de enfermedad como se afirma?

Sospecho que sí. Está mostrando signos de algo más que el efecto de la edad. Putin siempre se ha mostrado orgulloso de tener el control de su entorno, de su cuerpo y de sus emociones. Hemos visto sus extraños movimientos de manos y pies, sus arrebatos emocionales erráticos, su cara hinchada... Dicho esto, no sé qué puede ser y si tendrá un efecto grave. Sin embargo, una cosa es importante. La Constitución rusa tiene disposiciones para reemplazar a un presidente que ya no puede ejercer sus funciones, pero ninguna para el que está incapacitado temporalmente y planea volver a controlar el país. Si vemos que Putin cae gravemente enfermo, es probable que esto debilite seriamente la unidad de la élite y el poder del régimen, y bien puede ser el tipo de evento inesperado que podría desencadenar algún intento de tomar el poder.

¿Ve posible una revuelta popular que ponga en jaque al gobierno de Putin como ocurrió en Ucrania en 2014?

Creo que puede haber protestas, pero no una revolución. Las fuerzas de seguridad aún pueden evitar cualquier tipo de coordinación entre diferentes grupos y regiones. Sin embargo, creo que el impacto real de las protestas, sobre todo si las fuerzas de seguridad no quieren o no pueden controlarlas rápido, será levantar la preocupación de las élites rusas. Si Putin va a ser derrocado, probablemente no será por protestas populares en las calles, sino por un golpe político dentro de la élite, por parte de oportunistas despiadados que lo apoyaron cuando les convenía y, sin embargo, se volverán contra él si se muestra pasivo. Aun así no anticipo nada pronto. El verdadero dolor causado por la crisis económica solo comenzará a afectar a Rusia a partir de septiembre.

La oposición política real parece totalmente laminada y, sin embargo, tampoco hay un sucesor definido. ¿Qué Rusia puede venir después de Putin?

Si Putin llega a elegir a su propio sucesor, probablemente será otro halcón. En realidad, la próxima generación política es más pragmática, son cleptócratas que quieren poder robar en casa, realizar operaciones bancarias y gastar en el extranjero, y por eso necesitan mejorar las relaciones con Occidente. Como usted dice, no hay un sucesor claro, pero creo que a Putin no lo va a suceder otro autócrata, sino una oligarquía, una coalición de individuos e intereses poderosos.

Se ha hablado mucho del peso de los oligarcas, uno de los pilares en los que se asentó Putin inicialmente y que ahora pierden mucho dinero con esta guerra. ¿Descarta alguna maniobra suya para cambiar el rumbo de la política rusa?

Ha pasado mucho tiempo desde que los oligarcas tenían poder real. Sí, están perdiendo dinero, pero también saben que no tienen ninguna influencia real sobre Putin y que si él quiere, puede encarcelarlos y confiscar sus bienes sin ningún problema. Claramente, muchos están muy descontentos con lo que está sucediendo, pero saben que volverse contra Putin sería un suicidio. Las únicas personas que tienen peso real en la Rusia de hoy son aquellas con poder duro: el ejército, las fuerzas de seguridad, las agencias de inteligencia.

Dice que Putin no es Maquiavelo y que Occidente no le prestó la atención necesaria. ¿Cree que se podría haber hecho algo para evitar la guerra en Ucrania?

Siempre es fácil ser sabio a posteriori, pero no había nada inevitable en esta guerra: Putin solo tomó la decisión final en el último minuto y podría haber elegido un camino diferente con mucha facilidad. A corto plazo, se pudo armar a Ucrania antes, aunque esto podría haber empujado a Putin a atacar antes al confirmar sus suposiciones de que era una base avanzada de la OTAN. Las verdaderas raíces de esta guerra son mucho más profundas y están en los errores de cálculo que Occidente cometió años antes, sobre todo al prometer a Ucrania el ingreso en la OTAN en 2008, aunque en realidad no lo decía en serio. Esto fue suficiente para alarmar a un Kremlin cada vez más paranoico, pero no suficiente para dar a Ucrania garantías de seguridad. Lo peor de ambos mundos.

En Kiev o Járkov escuché continuamente la frase "Putin se ha vuelto completamente loco". Sin embargo, usted lo define como "racional y prudente", aunque "impredecible".

El problema no es que Putin esté loco, sino que es un actor racional que toma sus decisiones sobre la base de muchas suposiciones locas. Honestamente, él creía que Ucrania estaba podrida hasta la médula, que el Estado colapsaría al primer empujón y que la revolución del Euromaidán de 2014 no fue un levantamiento popular, sino un complot de la CIA. En esas circunstancias, lo que a nosotros nos puede parecer una locura, a él le parecía lógico.

No es solo que Putin sea prácticamente un autócrata indiscutible, sino que ha creado un sistema en el que las personas que lo rodean le dicen lo que quiere escuchar, no lo que necesita escuchar. ¿Quién podría haberle dicho al jefe que estaba a punto de cometer un error estúpido?

¿Esperaba esta resistencia ucraniana incluso en áreas rusófonas o tradicionalmente más cómodas con Moscú?

Sí, eso es algo que estaba claro. Son ucranianos independientemente del idioma que hablen. Si bien algunos están menos contentos con Kiev que otros, eso no significa que prefieran a Moscú.

Antes de comenzar la guerra usted consideraba que era posible que Putin abandonara progresivamente el poder de Putin. ¿Cree ahora que Putin durará lo que dure la guerra en Ucrania?

Yo creo que es al revés, que la guerra va a durar tanto como dure Putin. Pudo haber pensado que un triunfo en Ucrania le habría permitido dejar el poder en lo más alto, pero ahora no puede renunciar, sería demasiado vulnerable y su reputación histórica sería la de un perdedor.

Tras ocho años de guerra, ahora la invasión se ha estancado, ¿qué escenarios cree que está manejando Putin? ¿Hay posibilidades de un acuerdo con Ucrania?

Por ahora, lamentablemente, no veo ninguna posibilidad de paz. Ninguno de los bandos es lo suficientemente débil para ser derrotado en el campo de batalla ni lo suficientemente fuerte para ganar. Y Kiev y Moscú están tan distanciados que todavía no puede haber conversaciones de paz significativas. Por desgracia, creo que una o ambas partes tendrán que sufrir mucho más antes de estar dispuestas y ser capaces de hacer el tipo de concesiones que podrían permitir las conversaciones.

¿Qué tenía que ganar Rusia con la invasión?

Obviamente Putin estaba anticipando un triunfo, la oportunidad de volver a poner a Ucrania bajo el control de Moscú. Ahora, sin embargo, lo entienda o no, solo está luchando para sacar lo mejor de una mala situación. En cierto modo, Ucrania ganó al no ser derrotada. Pase lo que pase en el campo de batalla, y es posible que los rusos obtengan algunas victorias menores adicionales, Putin y su sistema están perdiendo, y esta guerra será el fin del régimen de Putin y su reputación.

Las sanciones económicas están teniendo drásticas consecuencias para Europa, pero  los primeros datos apuntan a que Rusia las está amortiguando.

No debemos subestimar el impacto de las sanciones. La guerra económica ejerce sus efectos a largo plazo, por lo que debemos dejar que las sanciones hagan su trabajo. Están dañando gravemente la economía rusa y tardará años en recuperarse.

Se acerca una cumbre de la OTAN crucial. ¿Echa de menos una postura genuinamente europea en esta guerra?

Estados Unidos y, hasta cierto punto, el Reino Unido, han marcado el ritmo en los primeros compases de esta guerra. Para ser justos, la unidad europea ha sido mayor de lo que nadie esperaba, y para mantener esa unidad, inevitablemente habrá que adoptar compromisos. Tenemos que hacernos a la idea de que esta pelea contra Rusia es a largo plazo. No creo que se levanten todas las sanciones incluso si se firma la paz con Ucrania. La unidad europea llegará, pero bajo presión.

El problema particular de esto es que ni Europa ni Occidente están debatiendo con seriedad el objetivo final de esta unidad contra Rusia. ¿Es solo para hacer retroceder a las fuerzas rusas a sus líneas previas a la invasión? ¿Es para recuperar cada palmo de suelo ucraniano? ¿Eso incluye Crimea, que elevaría el riesgo a una grave escalada? ¿O es, como argumentan discretamente algunos, especialmente en Washington y Europa Central, para destruir el régimen de Putin y asegurarse de que Rusia se debilite gravemente durante generaciones? Si no se aborda esta cuestión ahora estamos acumulando problemas para el futuro.

¿Veremos a Putin juzgado por crímenes de guerra?

Me temo que no. Esto no son los Balcanes. Incluso si se derrocara a Putin, el nuevo régimen estaría compuesto esencialmente por las personas que le habían servido antes. Difícilmente podrían entregarlo para ser juzgado cuando sus propias manos están tan manchadas de sangre.

En su libro habla con seguridad de que hubo un momento en el que Putin pudo haber convocado elecciones realmente libres y haberlas ganado, ¿por qué no lo hizo?

Desde luego no creo que ahora pudiera contar con ganarlas. Pero incluso cuando era totalmente popular, Putin prefiere no correr riesgos. No quería la incertidumbre, no tener que debatir ni hacer campaña contra una oposición real. Así que creó una oposición falsa y un teatro de elecciones para crear la ilusión de la política, pero sin el peligro y sin las incertidumbres de una campaña real.

¿Cree que Putin quiere que Rusia vuelva a ser la potencia mundial que fue o simplemente que sea considerada como tal?

¿Qué diferencia hay? Si algo está demostrado es que si los demás creen que un país es una potencia mundial y lo tratan como tal, entonces lo es. Precisamente uno de los desastres de esta invasión es que Putin se ha arriesgado y ha quedado claro que Rusia era mucho menos poderosa de los que algunos se creían. Por ejemplo, Suecia y Finlandia están dando grandes pasos para unirse a la OTAN. En el pasado, cuando eso parecía una posibilidad, Putin las amenazó y se retractaron. Ahora están ignorando sus amenazas y es él quien ha tenido que echarse atrás.

Habla de Putin como un autócrata sin razones para intentar imponer el totalitarismo, ¿lo sigues pensando ahora?

El autoritarismo quiere controlar lo que haces mientras que el totalitarismo quiere controlar lo que piensas. Putin no tiene una ideología real. Hace un gran uso de la propaganda como herramienta de control, pero al final no le importa lo que piense la gente, siempre y cuando le obedezcan. Su régimen, sin duda, está perdiendo sus últimos vestigios de pluralismo y volviéndose más autoritario, pero sigue centrado en en lo que hacen las personas, no en lo que piensan.

¿Cuánto tiempo cree que tendremos que hablar de Putin?

¡Mucho más tiempo del que esté en el Kremlin! Después de todo, ha estado gobernando Rusia durante más de dos décadas, y la Rusia moderna está moldeada en muchos sentidos en torno a su imagen y su estilo de gobierno. Aunque creo que Rusia cambiará seriamente y para mejor después de que él se vaya, será el legado de Putin con lo que va a tener que lidiar la próxima generación política.

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Martes, 14 Junio 2022 05:25

Las señoras de la guerra

Hillary Clinton, durante un encuentro del Partido Demócrata. Brett Weinstein

Hay mujeres que disputan el poder y el privilegio, las armas y las muertas, y el mapa de las relaciones internacionales de los últimos cincuenta años no se entendería sin Albright, Nuland o Clinton

 

La guerra no es sólo cosa de señores. Puede que la industria de las armas, los ejércitos profesionales, las milicias populares, o la diplomacia misma, sean la quintaesencia del poder patriarcal, donde siempre fuimos intrusas. Puede que el feminismo haya sido y sea, de hecho, el más valiente movimiento político organizado contra el conflicto armado y por la paz. Pero todas las guerras tienen señoras. Víctimas, heroínas, genocidas, titanas y tiranas. Y para quienes tenemos fascinación con las villanas, incluso desde la más profunda de las repulsiones, conviene nombrarlas y conocerlas, porque la guerra no se habría hecho sin ellas. Tampoco la de Ucrania.

“Que le jodan a la Unión Europea”. Esta frase de Victoria Nuland, filtrada en una llamada telefónica hecha en 2014 al embajador norteamericano en Kiev, resultó ser un preciso resumen geopolítico de la situación. Ella era en aquel tiempo portavoz del Departamento de Estado americano y responsable de la política exterior para asuntos europeos y euroasiáticos, y no podríamos empezar con mejor supervillana, pues sin Nuland es imposible comprender lo que ha pasado en Ucrania. Demócrata (del partido, se entiende), hija de judíos ucranianos en la diáspora y habilísima negociadora, su labor en Ucrania se recuerda por su decidido respaldo a las protestas de Euromaidán inmortalizado en un reparto de bocadillos a los activistas acampados en la plaza aquel invierno de 2013. Su trabajo fue clave para derrocar al entonces presidente prorruso, Yanukovich, y consolidar una narrativa democratizadora alrededor de las movilizaciones. Nuland cocinó el gobierno de Petro Poroshenko que emergería tras las protestas y dejó claro, en ese “fuck the EU”, el papel subalterno de Europa en esa crisis. Meses después estallaría la guerra en Donbass. Y hasta hoy.

Pero Ucrania no ha sido la única obra inacabada de Nuland, que cuenta en su haber con otros cuantos países que se han ido al carajo, o, como se dice ahora, Estados fallidos. Como representante permanente de EE.UU. en la OTAN bajo el gobierno de Bush hijo, Nuland lideró las intervenciones en Afganistán, y como embajadora americana en Rusia en los años decisivos de Yeltsin –del 91 al 93– disfrutó en primera fila del colapso soviético y sus consecuencias. Su marido es el neocon Robert Kagan, cuyas teorías sobre el destino manifiesto de Estados Unidos son la fantasía húmeda que une a rednecks, incels pajilleros, “wasps” de universidad privada, Mel Gibson o Aznar. “He is my Mars, he is my Venus, he is my planet Earth”, ha dicho de su pareja. Se enamoraron, confesó, “hablando de democracia y del rol de América en el mundo”. Siniestro, sí. Pero no estamos aquí para hablar de maridos. Sí convendría recordar que nuestra supervillana Nuland ha tenido mucho que ver en el posicionamiento internacional de las principales empresas productoras de armamentos de su país, como General Dynamics o Northrop Grumman, con las que no en vano comparte y celebra la quimera del empoderamiento y liderazgo femenino: de hecho, cuatro de las cinco principales industrias armamentísticas americanas tienen CEOs mujeres, lobistas clave en los pasillos de Washington. No sé si será su blanquitud inmaculada, sus medias melenas calculadamente cardadas, esos pendientes –ni demasiado ostentosos, ni demasiado discretos– o esa pose de seguir sonriendo para el anuario de la Universidad, pero hay en todas ellas un elemento común, un escalofriante privilegio que se asoma en esa sonrisa, y que hace que a una se le agote el stock de sororidad.

Ni siquiera hay que cambiar de pasillos para reconocer aquí a otra dama de todas las batallas que bien merece mención: la recientemente fallecida Madeleine Albright, también demócrata y secretaria de Estado con Bill Clinton. Albright –en realidad, Korbèlova– provenía de una familia checa de altos funcionarios que huyó dos veces de Praga, primero de los nazis, y de nuevo tras la llegada al poder de los comunistas en 1948, aunque, metafóricamente, nunca salió de allí. Por eso su tesis fue sobre la Primavera de Praga y su ejercicio diplomático se centró, siempre, en mantener a raya todo lo que estuviera al este de su casa. Su visión supremacista de Estados Unidos y su obsesión rusófoba se comprenden leyendo Prague Winter, su autobiografía, que no tiene desperdicio, como todas las memorias de los políticos boomer en las que intentan, casi siempre sin éxito, justificar sus actos. Albright estaba firmemente convencida de que “los Estados Unidos se erguían más alto que cualquier otra nación, y, por tanto, podían mirar más lejos”. Y rescato otra frase reveladora de sus libros: “Dos veces en mi vida he visto a Europa central perder su libertad y recuperarla. Esto es motivo de celebración, pero también de alarma: el trabajo de la OTAN no ha hecho más que empezar”. Como máxima responsable de la diplomacia estadounidense de 1997 a 2000, bajo su mandato se produjo el bombardeo de la OTAN de Yugoslavia (¡hola, Solana!), y también tuvo alguna frase desafortunada sobre los serbios que le valió un beef de la época con Emir Kusturica, que llegó a llamarla “vaca” (muy mal ahí, Emir). Pero no todo era diplomacia: Albright tuvo tiempo para hacer cameos en series como Gilmore Girls y en Parks and Recreation, porque cuando se es tan mala, hacer de una misma debe ser divertidísimo. Que se lo digan al casting español de Master Chef.

Se la recuerda también por tener algún que otro patinazo de sinceridad, como cuando, entrevistada en 1996 por la periodista Lesley Stahl en el programa “60 minutos” de la cadena CBS, se le preguntó por el medio millón de niños muertos en Irak. “Esta es una elección muy difícil, pero creemos que el precio vale la pena. Pragmatismo, sin duda, no le faltaba. Una de las frases de Albright que ha pasado a la posteridad es que “hay un lugar en el infierno para las mujeres que no ayudan a otras mujeres”. Convertida hoy en cita comodín para usar en cualquier reunión de CEOs y directivas de alto copete, Albright la utilizó en realidad para mostrar su apoyo a Hillary Clinton en las primarias demócratas contra Bernie Sanders. El objetivo, entonces, era interpelar al electorado joven y feminista que apoyaba a Sanders, con la sutil amenaza de arder en el infierno por poco sororas e insolidarias si lo hacían. Podría deseársele que descanse en paz, pero el chiste se hace solo. Como ella ha llegado primero –al infierno, digo– nos quedaremos sin comprobarlo.

¿Alguien ha dicho Clinton? Demasiados años perdidos fijándonos en el flojo de Bill cuando “the one and only” siempre fue ella, Hillary. La eterna esperanza demócrata comenzó militando como republicana, aunque visto lo visto, no parece mediar demasiada diferencia. Clinton fue pionera en el “mujerismo”, es decir, en la defensa de los derechos de las mujeres blancas, decentes y heterosexuales en nombre de la democracia y los Derechos Humanos. Hay que reconocerle, de hecho, una gran habilidad para manejar las agendas de la igualdad de género y de la diversidad, desde su aparición en aquella histórica cumbre de ONU Mujeres en Pekín 1995 a sus fotos con las Pussy Riot. Aplaudida en Belfast, adorada en Kosovo, tiene sin embargo en su cuenta, como recuerda Olga Rodríguez en este esclarecedor artículo, unas cuantas guerras, y de hecho, como secretaria de Estado, Clinton cerró la mayor exportación de armas de la historia de EE.UU., al menos hasta hoy, con la guerra ruso-ucraniana batiendo todos los récords. Junto a otras prime ladies, Cherie Blair y Laura Bush, Hilllary Clinton lideró un profuso trabajo diplomático tras el 11-S para justificar la invasión a Afganistán como una cuestión de derechos de las mujeres, a las que había que liberar del velo y del yugo del régimen talibán, otrora sus aliados “freedom fighters”. Debe de haber un lugar en el infierno para las mujeres que no ayudan a otras mujeres, ¿no?

En una carta dirigida a su pastor juvenil, se describió a sí misma como “conservadora de mente y liberal de corazón”. Eran los años sesenta, y ella no quería fumar porros en Woodstock ni parar Vietnam, sino cambiar el sistema desde dentro. No sé, permítanme, de nuevo, la sospecha, porque si una piensa así siendo adolescente en la década más salvaje del siglo XX, no sé qué puede esperarse de ella a estas alturas del XXI. Aunque, bueno, aquí hay quien se afilia a las Juventudes Socialistas y a las Nuevas Generaciones.

Sería injusto hablar solo de norteamericanas cuando la guerra se libra en Ucrania y la invasión la llevó a cabo Rusia. Las mujeres del poder y la guerra del este de Europa, poco amigas del feminismo occidental, han construido su propio relato de liderazgo y dominación en femenino, y es fascinante. Piensen, por ejemplo, en Yulía Tymoshenko, princesa del gas y la corrupción y superviviente de todas las quemas de la Rada ucraniana; o en Elvira Nabiúllina, la banquera más importante de Rusia y cerebro detrás del baile de rublos. O en Ksenia Sobchak, la presentadora de TV que disputó las elecciones generales a Putin, hoy exiliada en Turquía; o Valentina Matviyenko, eterna presidenta de la Cámara Alta rusa, que acaba de poner firmes a Suecia y Finlandia a causa de su futura anexión a la OTAN. La esposa de Zelensky, Olena Zelenska, comienza también, por méritos propios, a ser una señora de la guerra, muy elegante, además, porque a ver quién gestiona vivir bajo el asedio y ser a la vez portada de Vogue. En el plano militar hay mujeres combatientes que merecen, sin duda, que se cuente su historia, porque reflejan el absurdo de la guerra y sus lógicas: Nadezhda Sávchenko, veterana piloto ucraniana, fue prisionera de guerra rusa, heroína nacional a su vuelta en Kiev en 2018 y, meses después, detenida por querer, presuntamente, atentar contra su propio gobierno. Un drama con paralelismos con el de Svetlana Druyk, la comandante de las milicias de Donbass que pasó de protagonizar cine bélico a pedir asilo político en Ucrania, con un amante-espía incluido. Pero eso merece, sin duda, otro artículo.

En la guerra, donde a las mujeres se nos condena a existir en el pack “mujeresyniños”, hemos aprendido que hay otras muchas formas de estar y ser, de huir y de sobrevivir, o de oponerse a las guerras, pero también, de vivir de ellas. Hay mujeres que disputan el poder y el privilegio, las armas y las muertas, y el mapa de las relaciones internacionales de los últimos cincuenta años no se entendería sin Albright, Nuland o Clinton, como tampoco, sin ellas, podría entenderse la feminización de la política y lo que podemos esperar de ella. Y si cupiese alguna duda, “follow the money”. Aunque en la RAE no haya un sustantivo femenino para las hembras de los halcones.

Y hablando de antagonistas, no olvidemos que aquí, en las trincheras domésticas, las del Manzanares o las de Guadalquivir, también tenemos villanas de andar por casa, que son señoras de sus guerras. Y de las nuestras.

Por Irene Zugasti 13/06/2022

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Biden resetea el hemisferio occidental

La nueva "misión civilizadora" de Estados Unidos en el espacio que sucesivos presidentes en la Casa Blanca han denominado su "patio trasero", se tornó anticlimática la semana pasada en Los Ángeles, California, cuando "el silencio de los ausentes" (Cuba, Venezuela y Nicaragua, excluidos unilateralmente por Washington por razones político-ideológicas) interpeló al presidente Joe Biden en el marco de la novena Cumbre de las Américas.

Asimismo, la Organización de Estados Americanos (OEA), instrumento político intervencionista de inicios de la guerra fría para la "contención" del comunismo, también fue cuestionada por haber sido utilizada como un "gendarme" que facilitó el golpe de Estado contra Evo Morales en Bolivia en 2019, y su secretario general Luis Almagro repudiado como "asesino", "mentiroso" y "títere" de Washington.

Recalendarizada detrás del recién finalizado Foro Económico Mundial −organización privada que funciona como "politburó del capitalismo" (Paul Schreyer) y la plutocracia internacional (BlackRock, Vanguard et al.) y sus palafreneros, los líderes políticos de los países y organismos internacionales que el Foro de Davos ha "penetrado", según su maestro de ceremonias, Klaus Schwab−, la Cumbre de las Américas buscaba recauchutar la erosionada hegemonía de EU en su tradicional "zona de influencia", "amenazada" hoy, según los jefes militares de los comandos Norte y Sur del Pentágono, por dos potencias extracontinentales: China y Rusia.

A escala mundial la otrora omnipotente dictadura del pensamiento único neoliberal cruje debido a la crisis sistémica del capitalismo emanado de los acuerdos de Breton Woods de 1944, mientras EU pugna por mantenerse como hegemón unipolar vía sanciones coercitivas y distintas modalidades bélicas −guerras de agresión neocoloniales, guerra no convencional, económica, encubierta, de contrainsurgencia, de cuarta generación, híbrida, subrogada ( proxy war), cognitiva y amagos de guerra termonuclear− y se resiste, cueste lo que cueste, a ceder terreno ante lo que se avizora como un nuevo orden bipolar: "Occidente" (EU/OTAN/UE) versus Eurasia.

Además de sus afanes geopolíticos –en un mundo complejo que podría derivar en la instauración de un totalitarismo tecnocrático sanitario de vigilancia ubicua bajo el mando del complejo financiero-digital−, la desangelada cumbre estaba programada por el equipo anfitrión para "resetear" al actual sistema de dominación subregional en clave globalista y rusófoba según el libreto de Davos.

Cuando el cliché del globalismo interconectado se desintegra tras la guerra comercial de Donald Trump contra China, el confinamiento ( lockdown) impuesto por los regímenes corona de excepción y terror sicológico urbi et orbi y las sanciones coercitivas, extraterritoriales e ilegales de "Occidente" contra Rusia, recrudecidas tras la guerra híbrida por delegación de la OTAN en Ucrania –utilizadas como chivos expiatorios para distraer, manipular y encubrir mediante el miedo la bancarrota de una economía mundial superendeudada e introducir una "nueva normalidad" capitalista neofeudal−, Biden, como mascarón de proa del búnker plutocrático y el Deep State, lanzó en Los Ángeles la Asociación de las Américas para la Prosperidad Económica, un ALCA remozado para contrarrestar las rutas de la seda de China.

Rotas las cadenas globales de suministros de materias primas básicas y secundarias (petróleo, gas, trigo, semiconductores, etcétera) tras los confinamientos de marzo de 2020 y sus consecuencias: escasez, aumento de precios, inflación galopante, reducción de la producción industrial, menor crecimiento y mayor desempleo, y bajo el manto imperial del neomonroísmo mercantilista ("América para los americanos", 1823) y el decimonónico panamericanismo, Biden busca relanzar el viejo proyecto de asociación estratégica al servicio del capital financiero y las corporaciones con casa matriz en EU: el Área de Libre Comercio de las Américas, que dio origen a las cumbres en Miami (1994) y fue enterrado en Mar del Plata, Argentina (2005), en una subregión latinoamericana y caribeña rica en recursos energéticos y biodiversos ("reserva estratégica" la llamó Juan González, encargado de Asuntos Hemisféricos), con Biden como "enganchador" de nuevas inversiones condicionadas del FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.

Con los señuelos de siempre: democra­cia, seguridad hemisférica, libre mercado, inversión privada, derechos humanos, otro "logro" de la cumbre fue −en lenguaje orwelliano de "responsabilidad compartida"−, la tácita militarización de las políticas migratorias en los países expulsores de personas [producto del capitalismo depredador: megaproyectos extractivistas, agroindustriales y turísticos, economía criminal, violencia estatal/civil, desplazamiento forzoso de población, como instrumentos para la "acumulación por desposesión" o despojo (David Harvey)].

Urgido de "victorias" de cara a las elecciones de mitad de periodo de noviembre en EU, rehén de la industria de la contrarrevolución cubano-venezolana de Miami, Florida, y con el ruido mediático de las corporaciones afines, Biden utilizó el socorrido estereotipo de las "dictaduras" del área, mensaje que cuenta con el consenso ideológico bipartidista (republicano/demócrata).

El mismo cebo (o carnada distractiva) utilizado por los generales Glen VanHerck y Laura Richardson, jefes de los comandos Norte y Sur del Pentágono, para justificar la "otanización" de países bioceánicos como Colombia y México, bajo el argumento falaz de que China y Rusia utilizan a Cuba, Venezuela y Nicaragua para aprovechar las "vulnerabilidades de seguridad" de EU al ofrecerles "punto de apoyo en nuestro hemisferio", facilitándole al "competidor estratégico a largo plazo" (Pekín) la expansión de "su influencia económica, diplomática, tecnológica, informativa y militar en América Latina y el Caribe", desafiando "la influencia de EU en esos dominios".

En ese contexto, la Secretaría de Marina de México fue "coanfitriona" de los ejercicios militares Tradewinds 2022, organizados por el Pentágono en la zona marítima de Quintana Roo (el mar Caribe es considerado la "tercera frontera" de EU) y Biden oficializó la admisión de Colombia como "aliado importante" de la OTAN.

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