Chile: la historia de Elisa Loncón, la mapuche que fue elegida presidenta de la Convención Constitucional

La Nueva Constitución será liderada por una mujer de los pueblos originarios

La académica y activista fue votada por la mayoría de los 155 convencionales que redactarán la nueva carta magna que reemplazará a la de Pinochet  Una  jornada marcada por su discurso que promete cambiarle el rostro al país e incidentes que obligaron a retrasar la ceremonia. 

 

Finalmente se concretó la primera sesión de la Convención Constitucional, donde 155 ciudadanos elegidos en mayo pasado (con predominio de la izquierda e independientes) redactarán la nueva Carta Magna que sepultará, al fin la Constitución de 1980 instaurada por la dictadura de Pinochet, de carácter autoritaria y en beneficio de los grandes grupos económicos.

Y la elección de la presidenta, la lingüista mapuche Elisa Loncón Antileo, no pudo ser más simbólica. Ella encarna una de las principales aspiraciones del Estallido Social iniciado en octubre de 2019 —con más de un millón de personas marchando en las calles chilenas y obligando al gobierno de Piñera a negociar un proceso constituyente—: la horizontalidad en la distribución del poder, el reconocimiento a los pueblos originarios, la desmilitarización de la Araucanía y la regulación de las industrias extractivas como la forestal o la minera.

Y también porque esta jornada se celebró en el ex Congreso Nacional a un par de cuadras de La Moneda y la Plaza de Armas de Santiago, un lugar que fue clausurado tras el Golpe Militar y cuyas funciones se trasladaron a Valparaíso, en un edificio de arquitectura dudosa e inaugurado por el mismísimo Dictador. En rigor fue en una carpa, con todas las medidas de seguridad impuestas por la pandemia donde justo hoy se detectó un tercer caso de la variante Delta.

A pesar de los intentos de posicionar a académicos varones, figuras de la TV o rostros de centroizquierda —como el abogado Agustín Squella o la periodista Patricia Politzer, que votó por ella misma, generando risas entre los propios constituyentes— la necesidad de que este proceso lo liderara una mujer y además mapuche fue imponiéndose.

Un nuevo Chile

“Que se funda un nuevo Chile, plural, plurilingüe, con las mujeres, con los territorios. Ese es nuestro sueño”, dijo en un discurso improvisado, que comenzó en mapudungun, tras sumar 96 votos, superando por 18 los necesarios para obtener el cargo. Esto fue en una segunda vuelta donde recibió el apoyo de quienes habían votado por Isabel Godoy representante de otro pueblo originario: el colla. Investida con vestido e indumentaria tradicional mapuche y luchando con el tapaboca, logró sacar lágrimas de los asistentes a excepción de la derecha que, de todas formas, constituye la minoría en este proceso.

“Es posible establecer una nueva relación entre todos quienes conforman este país; esta es la primera muestra de que esta Convención será participativa”, afirmó Loncón, adelantando parte de los problemas que se trabajarán durante una etapa inicial de nueve meses: “por los derechos a la madre tierra, por los derechos al agua, por los derechos de las mujeres, por los derechos de los niños".

Además de agradecer el apoyo “por votar por una persona mapuche, mujer, para cambiar la historia de nuestro país", señaló su solidaridad con todos los pueblos originarios, incluyendo los de Canadá. "Esta fuerza es para todo el pueblo de Chile, para todos los sectores, para todas las regiones, para todos los pueblos y las naciones originarias que nos acompañan. Este saludo y agradecimiento es también para la diversidad sexual, este saludo es para las mujeres que caminaron en contra todo sistema de dominación (…). Por eso, esta convención que hoy día me toca presidir transformará a Chile en un Chile plurinacional"

Reconocida activista

Nacida en la comunidad de Lefweluan, en Traiguén —a unas ocho horas de Santiago— es una reconocida activista de la causa de su pueblo, formando parte del Consejo de Todas las Tierras y siendo una de las responsables de la creación de la bandera mapuche que desde 1992 ha ido ganando protagonismo en todas las marchas y manifestaciones, llegando en el Estallido a desplazar a la de los partidos políticos y la propia bandera chilena. Durante la dictadura estudió pedagogía en inglés y participó en un grupo de teatro con obras que cuestionaba al Regimen. Actualmente es académica del departamento de Humanidades de la Universidad de Santiago de Chile, Loncón tiene un magister de lingüística en la Universidad Autónoma Metropolitana de Iztapalapa (México), un PhD en Humanidades en la U. de Leiden (Holanda) y un doctorado en literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Nuevamente, la represión

La jornada estuvo marcada por un ambiente enrarecido en la mañana. PáginaI12 recorrió el perímetro que rodea al ex Congreso Nacional y la presencia de carabineros, con vehículos que ocupaban cuadras enteras como Santo Domingo y rejas que impedían el desplazamiento por la Plaza de Armas. Era el plan del gobierno por garantizar la seguridad del proceso, considerando que convergerían distintas marchas, siendo la más importante la que se iniciaría a las 8:00 desde la Plaza Baquedano —renombrada como “Plaza de la Dignidad”— en homenaje a los caídos en los violentos incidentes del Estallido.

Notable resultó la performance de Johanna Grandón, célebre por disfrazarse de Pikachu de Pokémon y participar en las protestas, una de las constituyentes que se sacó el traje e ingresó con una mascarilla en alusión al personaje al Congreso. Todo en medio de una gran tensión, motivada por cierta sensación de exclusión que reclamaba parte de los manifestantes que hicieron a carabineros repetir lo de siempre: lanzar agua y reprimir, mientras algunos periodistas de la TV abierta justificaban el accionar señalando que empezaron a lanzar piedras.

Sin embargo, fueron los mismos constituyentes independientes, agrupados mayoritariamente en la “Lista del Pueblo” los que obligaron a interrumpir el inicio de la sesión hasta que la policía dejara de atacar a los participantes. Carmen Gloria Valladares, secretaria relatora del Tribunal Calificador de Elección que inició la ceremonia aceptó. “Queremos una fiesta de la democracia y no un problema”. Posteriormente sería aplaudida de pie.

Jornada extensa

Pasadas las 17:30 (una hora menos que en Argentina) aún se seguía el proceso de votación por la vicepresidencia. Todo mientras la luz iba bajando y el frío hacía que los 155 (154 en rigor, ya que Felipe Harboe no pudo asistir por cuarentena) comenzaran a abrigarse. Debido a la obligación de la mayoría absoluta tuvieron que pasar tres rondas hasta que el abogado Constitucionalista e independiente de Convergencia Social —perteneciente al Frente Amplio— Jaime Bassa fuera elegido como vicepresidente por 84 votos después de tres rondas.

En una declaración conjunta Bassa junto a Loncón se despidieron juntos a las 18:49, declarando algo muy importante: este lunes a las 15:30 se estudiará una declaración sobre el camino a seguir, la exigencia de liberar a los presos del Estallido Social (lo que generará controversia ya que no tiene atribuciones para una Ley de Amnistía), reglamento feminista y determinar el formato en que se harán las reuniones (presenciales o telemáticas). Todo entre aplausos.

Una instalación de nueve horas, tan inédita como histórica, con imprevistos y donde la logística ha sido fundamental —oficinas nuevas recién implementadas en el Congreso, transporte para quienes viajan desde regiones, alojamiento—tanto como los pasos a dar, que deberían comenzar con un reglamento que podría tardar meses en tener su versión definitiva. Todo mientras el frío comenzaba a caer en la tarde invernal en Santiago Centro. 

Por Juan Carlos Ramírez Figueroa

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Putin asevera que no habrá una tercera guerra mundial nuclear. ¿Por qué está tan seguro?

La "estabilidad estratégica" de la Cumbre de Ginebra entre Biden y Putin (https://bit.ly/3AtjDH5) muestra nubarrones en el mar Negro cuando falta la impostergable incorporación de China (https://bit.ly/3Asb9A0).

Lo que Thierry Meyssan, director de Réseau Voltaire, denomina Yalta II (https://bit.ly/3jCVFDh), aun sin un Bretton Woods II, requiere todavía de muchos ajustes para su delicada implementación cuando Estados Unidos inició su repliegue desde Afganistán hasta Iraq con el fin de concentrarse a contener a China: en el estrecho de Taiwán, en el mar del Sur de China y en el océano Índico.

Como se había anunciado,12 días después de la Cumbre entre los mandatarios de Estados Unidos y Rusia, el zar Vlady Putin tuvo una teleconferencia con el mandarín Xi Jinping para disipar las dudas de un etéreo G-2 entre Washington y Moscú frente al ascenso azorante de China. Cabe señalar que Putin y Xi se han reunido 25 veces ( sic).

Shi Jiangtao, del SCMP, con sede en Hong Kong, interpreta que la teleconferencia entre el zar Vlady Putin y el mandarín Xi "muestra un frente unido como mensaje a Biden", al tiempo que “Moscú y Beijing niegan que buscan formar una coalición militar y política al estilo de la guerra fría”, pero que, como garantía en medio de un "mundo turbulento", necesitan "fortalecer su cooperación estratégica" (https://bit.ly/3qIcrTf).

Dos días después a la teleconferencia con el mandarín Xi, el zar Vlady Putin tuvo su sesión anual de preguntas y respuestas con el público que duró casi tres horas y contestó 70 preguntas (https://bit.ly/36astM3), donde calificó de “grave provocación conjugada de Gran Bretaña y Estados Unidos por medio de la incursión del destroyer de la Armada Real Británica HMS Defender en las aguas territoriales de Rusia, en las cercanías de la península de Crimea, en el mar Negro, el pasado 23 de junio; es decir, siete días después de la Cumbre de Ginebra.

Lo más asombroso de la flemática respuesta del zar Vlady Putin consistió en el planteamiento de un hipotético escenario –que estuvo a punto de darse– del hundimiento del HMS Defender por el ejército ruso. En respuesta a una pregunta caústica, el presidente ruso contestó: “Dices que esto puso al mundo al borde de una guerra mundial. Por supuesto que no. Aun si hubiéramos hundido el barco es, sin embargo, difícil de imaginar ( sic) que esto hubiera puesto al mundo al borde de una tercera guerra mundial porque quienes lo hicieron saben ( sic) que no podían ganar (¡mega- sic!) una guerra como ésa. Esto es muy importante”.

¿A qué se deberá tanta seguridad de Putin de que la dupla anglosajona de Estados Unidos y Gran Bretaña "no puedan ganar" una tercera guerra mundial de carácter nuclear? ¿Se deberá al portentoso avance generacional que lleva Rusia en el rubro de las armas hipersónicas, lo cual reconocen los militares del Comando Estratégico (StratCom) de Estados Unidos y que ignoran o pretenden ocultar sus mandos civiles?

Si es que no estaban trazadas o entendidas las "líneas rojas" de Rusia en el mar Negro, pues ahora sí que Putin las delineó en forma prístina: "Al menos sabemos por lo que estamos luchando: luchamos por nosotros mismos y nuestro futuro en nuestro propio territorio. No fuimos nosotros quienes cubrimos miles de kilómetros por aire y mar contra ellos, fueron ellos quienes se acercaron a nuestras fronteras y penetraron nuestro mar territorial".

La distancia de Londres a Crimea es de 3 mil 85 km, mientras Washington y Crimea están separados por 8 mil 419 kilómetros.

A juicio de Putin, detrás de la provocación de la dupla anglosajona se encuentra la militarización de Ucrania: “Bajo la Constitución de Ucrania no se pueden establecer bases foráneas (…), pero el desarrollo militar de un territorio, que es frontera directa con nuestro país, crea un problema considerable de seguridad para nosotros”.

Como novela de James Bond, los servicios británicos de inteligencia colocaron posteriormente 50 páginas de "documentos clasificados" de la incursión del HMS Defender en una parada de autobús ( sic) en Kent (https://bbc.in/3qGXMaQ). ¡No se miden!

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 Rusia today Foto: kremlin.ru

Entre otros aspectos, la estrategia indica que Rusia considera legítimo tomar las medidas simétricas y asimétricas necesarias en respuesta a acciones hostiles por parte de Estados extranjeros.

 

El presidente ruso, Vladímir Putin, aprobó este sábado la Estrategia de Seguridad Nacional de Rusia. El decreto correspondiente, publicado este sábado en el Portal Oficial de Información Legal ruso, reemplazará el anterior, adoptado en 2015. 

"La implementación de esta estrategia contribuirá a proteger el pueblo de Rusia, desarrollar el potencial humano, mejorar la calidad de vida y el bienestar de los ciudadanos, fortalecer la capacidad de defensa del país, la unidad y cohesión de la sociedad rusa y lograr los objetivos de desarrollo nacional, aumentando la competitividad y el prestigio internacional de Rusia", reza el documento.

Entre otras prioridades de Rusia el archivo menciona la protección de los fundamentos tradicionales de la sociedad rusa, así como la seguridad ambiental y el uso racional de los recursos naturales.

Injerencia desde el exterior

Frente a la implementación de la política deliberada de contener a Rusia desde el exterior, el documento señala "la importancia vital" de fortalecer "la soberanía del país, su independencia, su integridad estatal y territorial", así como de proteger "los fundamentos espirituales y morales tradicionales de la sociedad rusa", garantizar la defensa y la seguridad y "prevenir la injerencia en los asuntos internos del país".

El curso hacia el fortalecimiento de las capacidades de defensa, la unidad interna y la estabilidad política, la modernización económica y el desarrollo industrial "aseguró el fortalecimiento de la condición de Estado soberano de Rusia como un país capaz de llevar a cabo una política exterior e interna independiente y de resistir eficazmente los intentos de presión externa", señala el documento.

"Solo una combinación armoniosa de un Estado fuerte y el bienestar humano garantizará la formación de una sociedad justa y la prosperidad de Rusia", continúa. En este sentido, la estrategia se basa en la interrelación e interdependencia de la seguridad nacional del país y su desarrollo socioeconómico.

Amenazas militares

El texto destaca que la situación militar y política en el mundo se caracteriza por la formación de nuevos centros de poder globales y regionales, así como por el agravamiento de la lucha entre ellos por las esferas de influencia. Se indica también que crece la importancia de la fuerza militar como instrumento para el logro de los fines geopolíticos a nivel internacional.

"El fortalecimiento de los peligros militares y las amenazas militares para la Federación de Rusia se ve facilitado por los intentos de ejercer presión sobre Rusia, sus aliados y socios, la acumulación de la infraestructura militar de la OTAN cerca de las fronteras rusas, la intensificación de las actividades de inteligencia y los ejercicios de uso contra Rusia de grandes formaciones militares y armas nucleares", dice el documento.

La estrategia establece que para proteger los intereses nacionales de Rusia de las amenazas externas e internas, "incluso de las acciones hostiles de Estados extranjeros", es necesario "aumentar la eficiencia del uso de los logros existentes y las ventajas competitivas de Rusia, teniendo en cuenta las tendencias a largo plazo del desarrollo global".

El proyecto también afirmó que el despliegue planificado de misiles estadounidenses de mediano y corto alcance en Europa y la región de Asia y el Pacífico representa una amenaza para la estabilidad estratégica y la seguridad internacional. En la estrategia también se enfatiza que, "en el contexto del desarrollo del potencial del sistema global de defensa antimisiles, EE.UU. está siguiendo un curso constante de renuncia a las obligaciones internacionales en el campo del control de armas".

Respuesta a las acciones hostiles

Rusia tiene derecho a tomar medidas simétricas y asimétricas en respuesta a acciones hostiles por parte de Estados extranjeros, asegura el documento.

"En el caso de que Estados extranjeros cometan acciones hostiles que amenacen la soberanía y la integridad territorial de la Federación de Rusia, incluidas las relacionadas con el uso de medidas restrictivas (sanciones) de carácter político o económico o el uso de tecnologías modernas de la información y las comunicaciones, Rusia considera legítimo tomar las medidas simétricas y asimétricas necesarias para reprimir tales acciones hostiles, así como para evitar que se repitan en el futuro", dice el documento.

Seguridad informática

A diferencia del documento anterior, la nueva estrategia contiene más datos sobre las tecnologías de la información y la comunicación y advierte que el rápido desarrollo de las mismas "va acompañado de un aumento en la probabilidad de amenazas a la seguridad de los ciudadanos, la sociedad y el Estado".

"El uso de tecnologías de la información y la comunicación se está expandiendo para interferir en los asuntos internos de los Estados, socavar su soberanía y violar la integridad territorial, lo que representa una amenaza para la paz y la seguridad internacionales", advierte el documento.

La estrategia también apunta a que "la actividad de los servicios especiales de Estados extranjeros se está intensificando para realizar operaciones de inteligencia y de otro tipo en el espacio de información ruso. "Las fuerzas armadas de dichos Estados están practicando acciones para inhabilitar la infraestructura de información crítica de la Federación de Rusia", se asevera en el texto.

Comentando la nueva redacción de la estrategia rusa, el experto en geopolítica Fernando Moragón destaca la relevancia de los nuevos desafíos plasmados en el texto, y opina que EE.UU. libra una guerra híbrida contra Rusia, amenazando a su seguridad.

Publicado: 3 jul 2021 17:03 GMT

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Cumbre de los dueños de la alimentación

No podemos vivir sin comer. Los alimentos y todo lo que les rodea están en la base de la vida de todas las personas. Por ello controlar ese mercado es un objetivo fundamental de las empresas trasnacionales. Al día de hoy, cuatro o cinco grandes empresas de agronegocios controlan más de la mitad del mercado global en cada eslabón de esa cadena industrial. Con la pandemia aumentó explosivamente la entrada de las gigantes tecnológicas y de comercio en línea, lo cual ha cambiado las estructuras de producción y quiénes controlan a productores y consumidores. Para legitimar este asalto digital y biotecnológico a nuestra comida y sentar nuevas normativas internacionales (leáse evitar regulaciones y control públicos), se concibió la llamada Cumbre de Sistemas Alimentarios, a realizarse en septiembre de 2021.

Aunque se presenta como una cumbre de Naciones Unidas, fue una iniciativa del Foro Económico Mundial (Foro de Davos en lenguaje popular, donde convergen las mayores empresas trasnacionales). António Guterres, secretario general de la ONU, anunció en 2019 su realización antes de que los propios órganos de Naciones Unidas relacionados a agricultura y alimentación –como FAO y el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial– supieran de ésta. Pese a ser “oficial”, esta cumbre será un evento “público-privado”, donde el sector privado tiene más participación e influencia que los coorganizadores de Naciones Unidas (https://tinyurl.com/cd7rhptb).

La comida no es sólo nutrición, es además un pilar esencial de la organización de las sociedades y las culturas. Durante más de 99.9 por ciento de la historia de la humanidad los alimentos, la forma de obtenerlos, producirlos y procesarlos ha sido diversa y descentralizada según geografías y culturas, basada en sistemas locales y, en su vasta mayoría, sustentable social y ecológicamente. El capitalismo y su Revolución Verde (paquete tecnológico de semillas híbridas y transgénicas, maquinaria pesada, agrotóxicos y fertilizantes sintéticos) junto a la globalización impuesta, logró dañar en algunas décadas parte de esa realidad milenaria, con una industria alimentaria basada en el lucro, en la uniformidad genética de plantas y animales, groseramente quimicalizada –agrotóxicos, conservantes, saborizantes, espesantes, colorantes, etcétera–, con cada vez más elementos sintéticos y artificiales. Industria que es también uno de los mayores factores de contaminación de suelos, agua y tierra y causante del cambio climático. Adicionalmente, también es el mayor factor de producción de epidemias y pandemias (https://tinyurl.com/1lydnlmh).

Es uno de los 10 mayores mercados industriales globales, lista en la que ha ocupado entre el primero y séptimo lugar en la década pasada. Esto pese a que esa contabilidad sólo toma en cuenta la industria y apenas parcialmente los alimentos que provienen de redes campesinas, pesca artesanal, huertas urbanas y recolección tradicional, que son quienes proveen alimento a 70 por ciento de la población mundial. (https://tinyurl.com/fjx7hm)

Desde hace pocos años, las gigantes de tecnología digital y de plataformas de venta en línea (como Google, Facebook, Amazon, Microsoft, etcétera) han entrado en la agroalimentación. Han introducido programas de control digital del agro (ofertados por las empresas de agronegocios y maquinarias en sociedad con las tecnológicas) y diversos instrumentos para ello, como drones y sensores, a la vez que expanden y controlan las ventas en línea, tanto entre empresas como a consumidores (https://tinyurl.com/zw2xksxz).

Por todo ello, más allá de la retórica, los principales objetivos de esta Cumbre de Sistemas Alimentarios son: a) La promoción y avance a gran escala de la industria agroalimentaria digital o “Agricultura 4.0”, con nuevas biotecnologías, sistemas informáticos, extracción y acumulación masiva de datos del campo, de ecosistemas y de nuestras conductas alimentarias; b) establecer sistemas de gobierno alternativos sobre agroalimentación, donde las empresas tengan el papel principal junto a algunos gobiernos: “sistemas público-privados”, marginando incluso a Naciones Unidas y buscando eliminar a las organizaciones campesinas, indígenas, de mujeres, trabajadores, que no puedan cooptar; c) establecer nuevos conceptos como “producción positiva a la naturaleza”, para conseguir subsidios y cooptar producción orgánica si les sirve para el lucro, y otros como “soluciones basadas en la naturaleza” que es una cobertura para abrir nuevos mercados de carbono en agricultura y mercados de “compensaciones” por destrucción de biodiversidad.

La Vía Campesina y la vasta mayoría de movimientos campesinos, ambientalistas, de agroecología, de mujeres y pueblos indígenas de todo el mundo rechazan esta cumbre y se han propuesto desmantelar las mentiras y maniobras que entraña (https://tinyurl.com/4atvcnf4).

Más graves aun cuando el mundo sigue en pandemia y el sistema agroalimentario industrial que pretende avanzar la cumbre es uno de los factores clave en la generación de epidemias. Por ello, realizarán una contracumbre a finales de julio, donde una gran diversidad de organizaciones y comunidades presentarán las realidades y propuestas que necesitamos para alimentar a todo el mundo, con justicia y cuidado del medio ambiente.

  • Investigadora del Grupo ETC
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Viernes, 02 Julio 2021 05:44

Europa en la era Biden

Europa en la era Biden

¿Qué tan exitosa fue realmente la maratón de cumbres de Biden y dónde debería posicionarse Europa en el triángulo de poder que conforman Estados Unidos, China y Rusia?

Se la había esperado con impaciencia y no defraudó: la maratón de cumbres del presidente estadounidense Joe Biden fue, sin dudas, un hito importante en el fortalecimiento de la cooperación internacional. En las cumbres del G-7, la Unión Europea y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) podía –por así decirlo– leerse en los rostros de los participantes el alivio que sentían por el final de la era Trump. Biden ha tenido un comienzo, por cierto, impresionante, sobre todo si se tienen en cuenta las circunstancias en las cuales tuvo que hacerlo. Después de luchar con éxito contra la pandemia en su país y comenzar un programa de ayuda contra el coronavirus por miles de millones de dólares, el nuevo presidente de Estados Unidos ahora está comenzando a despejar el cúmulo de escombros que dejó su (megalómano) predecesor. El enfoque de Biden es «duro en el fondo de la cuestión, diplomático en el tono». Esto se aplica tanto a las relaciones con Rusia como al mayor desafío de política exterior que tiene Estados Unidos: el conflicto con China.

Apoyado sobre todo por Gran Bretaña, Estados Unidos ven el conflicto con China –de forma análoga a la Guerra Fría con la Unión Soviética– como un conflicto sistémico entre dos modelos alternativos. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha adoptado en parte este punto de vista al decir que el ascenso de China es «un desafío sistémico para el orden internacional basado en reglas». Sin lugar a dudas, esto también se debe al alivio de que el «desafío sistémico de Trump» sea ahora cosa del pasado. Pero esto no modifica en nada las diferentes evaluaciones sobre cómo afrontar de la mejor manera el desafío chino. Si bien la mayoría de los europeos quiere involucrar a China, Estados Unidos, también en la administración Biden, apuesta a la contención. Para Estados Unidos, China es y seguirá siendo el máximo desafío, mientras que para los europeos del Este claramente la prioridad es Rusia.

Si bien es comprensible que la OTAN también haya abordado en su cumbre los desafíos estratégicos planteados por el ascenso de China, no se debe dar la impresión de que las disputas en Asia, y especialmente entre Estados Unidos y China, sean un asunto de la OTAN. En consecuencia, otros Estados participantes se han referido a los otros temas importantes de la cumbre de la OTAN, como la nueva estrategia de la OTAN para 2030, que debe ser elaborada.

En cuanto a Asia, debe tenerse en cuenta que los controvertidos reclamos territoriales en el área marítima abarcan todo un conjunto de conflictos y no se limitan a las violaciones del derecho internacional por parte de la República Popular China. También hay una combinación compleja de diferentes problemas de seguridad en la región, empezando por Corea del Norte o las carreras armamentistas asiáticas. Europa debe hacer su parte para que se puedan prevenir nuevas carreras armamentistas en la región y para que se pueda establecer una cultura de control de armamentos y fomento de la confianza.

Por supuesto, Estados Unidos está más cerca de los europeos que China o Rusia. Compartimos los mismos valores. Pero esto no cambia el hecho de que los europeos también tenemos intereses y prioridades de política exterior y de seguridad diferentes. El presidente francés, Emmanuel Macrón, lo dejó claro cuando dijo que, según lo que él entendía, la OTAN es una alianza de defensa del Atlántico Norte y no del Pacífico.

Biden no solo quiere hacer regresar a Estados Unidos al escenario multilateral, sino que ve a su país como líder en la lucha de las democracias contra el desafío autocrático y populista. Sí, es verdad: China controla y oprime a su propio pueblo, persigue a los uigures y otras minorías, amenaza a Taiwán y Hong Kong y viola e ignora el derecho internacional en el Mar de China Meridional. Eso debe ser contrarrestado. Sin embargo, esta no es una tarea para la OTAN, sino, en todo caso, para la emergente «OTAN asiática», el llamado Grupo Quad (Estados Unidos, la India, Japón y Australia). Quad significa «diálogo cuadrilateral sobre seguridad», y el grupo fue creado en 2007. Estados Unidos ya no quiere limitar el formato a la política de seguridad, sino expandirlo. El propósito es contener la creciente influencia económica y geopolítica de China, que muchos países asiáticos perciben ahora como una amenaza. Esta es y seguirá siendo una tarea principalmente política y diplomática, no militar.

Básicamente, China está tratando de copiar la estrategia practicada con éxito por Estados Unidos en el siglo XX de vincular política económica, estrategia militar, atractivo cultural y geopolítica para el siglo XXI. Sin embargo, la Pax Americana fue lograda por la decisiva combinación de poder duro y poder blando. La Pax Sinica tiene actualmente solo lo primero y no parece ser demasiado aventurado augurar que el atractivo cultural del autoritario comunismo de Estado chino se moverá dentro de límites tan estrechos como los de la dictadura presidencial rusa.

Tampoco hay que olvidar que la OTAN jamás ha sido una alianza de «democracias impecables», ni en el pasado (Portugal, Grecia) ni en el presente (Turquía). Y ya tiene suficiente con hacer el trabajo para el que fue fundada: defender el territorio de la Alianza. El ignominioso final de la misión de 20 años en Afganistán documenta de manera impresionante el fracaso de las ambiciones desmedidas.

Barack Obama se puso a Vladímir Putin en contra cuando calificó a Rusia de potencia regional; poco antes de la cumbre, Biden llegó a llamar asesino a Putin. Es por eso que las expectativas cifradas en la cumbre de Ginebra no eran especialmente altas. Biden ve la Rusia de Putin principalmente como una buscapleitos que debe ser contenida y cuyo potencial militar debe ser limitado con medidas de control armamentístico. El presidente estadounidense también llegó impulsado por el éxito de una serie de cumbres del G-7, la Unión Europea y la OTAN para demostrar la fortaleza y la unidad de «Occidente». Uno de los objetivos de la reunión era marcarle límites claros a Putin y señalarle consecuencias, junto con un ofrecimiento de diálogo. Por lo tanto, los resultados de la cumbre fueron apreciables. Después de todo, ayudó a hacer más predecibles las relaciones entre Rusia y Estados Unidos. El hecho de que al menos regresasen los embajadores de ambas naciones es, por lo pronto, una señal de que están hablando unos con otros en lugar de estar hablando unos de los otros.

Después de que Rusia y Estados Unidos rescindieran acuerdos centrales de control de armas como el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF) y el Tratado de Cielos Abiertos, las dos potencias nucleares más grandes del mundo necesitan de manera urgente volver a comenzar en las áreas de control de armas, fomento de la confianza y verificación, especialmente en vista del desarrollo de nuevas armas. Por lo tanto, la reanudación de las conversaciones sobre control de armamentos estratégicos y ciberseguridad es particularmente bienvenida. Es esperanzador que ambos países quieran de nuevo controlar y verificar sus arsenales para evitar riesgos de una escalada no intencional. Además, deberían negociarse nuevas reducciones.

También se abordaron los temas de Irán, Siria, Ucrania y Bielorrusia y el caso del líder opositor encarcelado Alekséi Navalny. Alemania y la Unión Europea deben ahora apuntar a apoyar estos primeros pasos a través de sus propias iniciativas, especialmente desde que el presidente estadounidense adoptó el enfoque de doble vía de la Unión Europea. Esto incluye mantener y, si es necesario, intensificar la presión política y, al mismo tiempo, explorar las áreas en las que se puede reanudar y profundizar el diálogo con Moscú.

Por insatisfactorio y frustrante que sea, debemos tratar de mantener el diálogo con Rusia y, al mismo tiempo, defender los valores e intereses europeos con absoluta claridad. Esto incluye el apoyo al movimiento democrático ruso y los incansables esfuerzos para defender los derechos humanos. Al mismo tiempo, debemos ser conscientes de dónde cometimos errores al tratar con Rusia. Incluso, aunque parezca poco realista en este momento, no debemos perder de vista el objetivo de organizar la seguridad con Rusia en lugar de organizar la seguridad frente a Rusia. El «sistema Putin» tampoco durará eternamente.

Es por demás sabido que el equilibrio de poder geopolítico y económico mundial se está desplazando. Estamos ante un regreso de la competencia entre potencias: ahora, entre la antigua y la nueva potencia mundial. En el medio, Europa debe definir su posición y encontrar su camino. Pero también es cierto que los intereses europeos y estadounidenses no siempre ni en todas partes son idénticos. Es lo que sucedió durante la Guerra Fría. En ese entonces, también había diferencias de opinión y conflictos, ya sea por el reparto de los esfuerzos, la estrategia nuclear de la OTAN o la seguridad energética de Europa.

Estados Unidos tampoco actúa de forma altruista, sino que persigue sus intereses. Eso también se aplica al presidente Biden. Sin embargo, la diferencia clave con su predecesor es que el gobierno de Biden no considera que la cooperación internacional y el multilateralismo sean una conspiración antinorteamericana, sino que ha entendido que Estados Unidos no puede hacer frente a los desafíos globales sin socios y alianzas. En las relaciones con China, sin embargo, los intereses de los socios transatlánticos difieren. A Alemania y Europa no les puede ser indiferente que Estados Unidos se involucre en una nueva Guerra Fría con China, aun cuando Boris Johnson pudiera tener otra visión de esto con su concepto de «Gran Bretaña global».

Eso no significa negar la amenaza que representa el ascenso de China. En Hungría o los Balcanes, Beijing está intentando con mucho éxito afianzarse y ejercer una influencia sustancial en la política de la Unión Europea hacia Beijing. Las aspiraciones territoriales chinas en el Sudeste asiático tampoco pueden dejar indiferentes a los europeos. Por lo tanto, en sus directrices del Indo-Pacífico del año pasado, el gobierno alemán se declara con razón a favor de «mantener el orden basado en reglas» en la región. Es dudoso que el despliegue de una fragata de la Marina alemana en el este asiático planeado por el ministro de Defensa alemán cause una impresión duradera en China. Pero si fuera así, no debería sorprendernos si un día la Armada china hace demostraciones de poderío militar en las puertas de Europa justificándose en el accionar de la OTAN en el Indo-Pacífico.

Los debates en las cumbres del G-7, la OTAN y la Unión Europea han demostrado una cosa: «Occidente» ha vuelto como alianza política y comunidad de valores después de cuatro años de separación durante la era Trump. El alivio no debe ocultar el hecho de que después de las cumbres comenzará el trabajo real en las cuestiones de cooperación económica, defensa, Nord Stream 2 (gasoducto entre Alemania y Rusia) y relaciones con China y Rusia.

Además, «Occidente» no debe entregarse a la ilusión de que el único peligro para las democracias liberales lo representa China o Rusia. Por el contrario, su mayor amenaza es interna y está dada por la polarización política y social, los nacionalismos y los populistas autoritarios. Esta crisis democrática no se limita a Polonia o Hungría, sino que afecta a todos los países europeos. Marine Le Pen hará un nuevo intento en las elecciones presidenciales francesas del próximo año y podría sacudir la estructura interna de la Unión.

Por tanto, las convulsiones sociales y la crisis de las democracias occidentales deben combatirse internamente. El presidente estadounidense también lo sabe. Si Biden logra reconciliar a su país, profundamente dividido, integrar a China y Rusia con una doble estrategia de seguridad y distensión y, al mismo tiempo, contenerlas, es posible que no quede en la historia como un nuevo Roosevelt, pero sí como un gran presidente de Estados Unidos. Los europeos deberíamos, en defensa de nuestros exclusivos intereses, hacer todo lo posible por ayudarlo en esa tarea.

Traducción: Carlos Díaz Rocca

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El desfile por el centenario del Partido Comunista chino

Xi Jinping habló de "un proceso histórico irreversible"

El presidente indicó que el PCCh debe "continuar desarrollando el socialismo con características chinas" y advirtió que el país no permitirá nunca que cualquier fuerza extranjera los "atropelle, oprima o esclavice".

 

Con un gigantesco desfile militar frente a la Puerta de Tiananmen y un potente discurso del presidente Xi Jinping, el gobierno chino celebró este jueves el centenario del Partido Comunista (PCCh). Desde un palco levantado en el mismo lugar en el que Mao Tse-Tung proclamó la República Popular en 1949, Xi indicó que el PCCh debe "continuar desarrollando el socialismo con características chinas" y advirtió que el país no permitirá nunca que cualquier fuerza extranjera los "atropelle, oprima o esclavice". Fue uno de los momentos más festejados de su intervención frente a las más de 70 mil personas que llenaron las gradas instaladas en la plaza de Tiananmen, en un momento en el que China se siente especialmente atacada por Occidente y acusa a Estados Unidos de intentar impedir su progreso. Con un crecimiento exponencial en los últimos 40 años, el PCCh puede estar orgulloso de haber sacado al país del subdesarrollo, aunque la dirigencia china se enfrenta a la desaceleración económica mundial, los desafíos climáticos y el envejecimiento de su población.

Xi aprovechó la ocasión para declarar que China pudo convertirse en "una sociedad moderadamente próspera a todos los niveles", el principal objetivo fijado en 2012 para el centenario del partido. "Esto significa que hemos logrado una resolución histórica al problema de la pobreza extrema en China, y ahora avanzamos con paso decidido hacia el objetivo del segundo centenario: convertir a China en un gran país socialista y moderno a todos los niveles", aseguró. El segundo centenario es el de la fundación de la República Popular China (RPC), que se cumplirá en 2049 y para el que también se fijó esa meta a largo plazo en el XVIII Congreso del partido.

El discurso de Xi duró poco más de una hora. La muchedumbre, que se levantó en plena noche para asistir a la ceremonia y atravesar innumerables puntos de control, escuchó en estricto silencio al presidente, quien supo levantar la voz para robarse algunos aplausos. En un momento de la tarde se levantó el viento y llegó la lluvia. Religiosamente, los presentes se pusieron el impermeable rojo que se les entregó al llegar a Tiananmen. 

Pero el sol volvió sobre el final del discurso de Xi y estalló entonces la Internacional, antes de que se soltaran palomas y globos de distintos colores. La gente agitó sus banderas y se separó entonando en coro la popular canción "Oda a la patria", considerado el segundo himno de la RPC. Por la mañana, como preludio de las palabras del presidente,  la patrulla acrobática del ejército aéreo sobrevoló la plaza de Tiananmen, dejando en el cielo estelas rojas, amarillas y azules. 

Li Luhao, un estudiante de 19 años presente en Tiananmen, comentó: "Gracias al partido tenemos una sociedad como esta y el país ha podido desarrollarse rápidamente. Tenemos que darle las gracias". Fundado por un puñado de militantes en julio de 1921 en Shanghai, el PCCh dirige la segunda potencia mundial y tiene la firme intención de seguir imponiéndose a nivel internacional en el plano económico y político. Se trata del mayor partido gobernante del mundo, con más de 95 millones de militantes que dirigen a un país de más de 1.400 millones de habitantes.

Wang, habitante de Beijing, también saludó agradecido al partido en su centenario: "Cuando era pequeño había cortes de corriente todas las noches. Hoy tenemos comida, ropa, educación, transporte. Todo va mejor". El monumental evento en Tiananmen fue el punto culminante de semanas de ceremonias y exhibiciones que elogiaron el papel del PCCh en traer grandes mejoras a la calidad de vida y expandir la influencia económica, política y militar de China.

Como en el discurso de Xi de este jueves, la narrativa oficial del partido pasa hábilmente por alto manchas del pasado como la hambruna masiva del Gran Salto Adelante a fines de la década de 1950 y principios de la de 1960, la guerra de clases violenta y la xenofobia de la Revolución Cultural entre 1966 y 1976, y la intervención militar de 1989 que aplastó un movimiento democrático en la Plaza de Tiananmen. En cambio se enfoca en el desarrollo, la estabilidad y la eficiencia chinas, incluyendo su éxito a la hora de controlar el coronavirus, en contraste con lo que describe como las disputas políticas, la desigualdad de clases y la torpeza del control de la pandemia en las democracias occidentales.

02 de julio de 2021

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  El presidente de la OCDE, Ángel Gurría, en una imagen de archivo. — Dario Pignatelli / EP

130 países firman el acuerdo, pero desde organizaciones sociales critican que es un nuevo “colonialismo económico”.

Tras el G-7, hoy le ha tocado el turno a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). El organismo ha acordado abordar una reforma del sistema fiscal global. Entre otras medidas, se ha acordado el Impuestos mínimo de sociedades del 15% para todo el planeta. Hasta 130 países de los 139 que conforman el organismo han firmado el documento, entre las que se encuentran las grandes potencias y España. 

El acuerdo tomado abarca dos vías de actuación para poder atacar a las técnicas de Base Erosion and Profit Shifting (Erosión de la base imponible y traslado de beneficios) practicadas por las grandes empresas para trasladar sus ganancias a territorios con bajas tributaciones. La primera línea incluirá a las multinacionales con ingresos totales superiores a 20.000 millones de euros y una rentabilidad por encima del 10%, excluyendo empresas extractivas y la industria financiera. El nuevo acuerdo asignará los ingresos a los países donde se consuma el bien o servicio.

La segunda vía será el impuesto acordado también por el G-7 de un 15% mínimo global en todos los Estados firmantes del acuerdo para las empresas que facturan 750 millones de euros o más nivel global. 

Según los cálculos de la propia OCDE, el pilar uno del paquete repartirá a los países que antes perdían ingresos mediante estas técnicas por unos 85.000 millones de euros. El segundo, aumentará los ingresos fiscales de los Estados en 126.000 millones de euros al año entre todos.

Aunque no todas las voces críticas ven que el acuerdo va a ser suficiente para “derrotar la desigualdad extraordinariamente alta y detener el colapso climático”. Según Gabriela Bucher, directora ejecutiva de Oxfam Internacional, “este acuerdo no es más que una apropiación de dinero por parte del G7, donde los países ricos están obligando a los países en desarrollo a elegir entre un trato injusto o la ausencia de trato”. La directora de Oxfam lo ha tildado de “colonialismo económico” y muy lejos de ser un acuerdo histórico: “Aquellos que amañaron descaradamente el sistema fiscal mundial en su beneficio hace más de un siglo, han vuelto a acotar el juego para ellos”, ha lamentado.

En cuanto a la incomprensible limitación a las empresas con rentabilidades superiores al 10%, desde Oxfam critican que se aplicará “solo a 100 de las empresas más rentables, y las lagunas jurídicas podrían dejar libres a grandes infractores como Amazon”, que debido a su modelo de negocio de bajos costes y continua expansión no llega a tener rentabilidades superiores al 10%. También han criticado las excepciones de la norma, incluida la presión que está del Reino Unido para dejar fuera a la industria financiera y, por ende, a la City londinense.

Con esta reforma, explica Bucher, “el G7 y la UE se embolsarán más de dos tercios del nuevo dinero que producirá un tipo impositivo mínimo del 15%. Los países más pobres del mundo recuperarán menos del 3%, a pesar de albergar a más de un tercio de la población mundial”.

Por Yago Álvarez Barba

@EconoCabreado

1 jul 2021 21:25

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El neoliberalismo y el capitalismo han entrado en crisis… y también se reciclan

La crisis económica, social e institucional que estalló con la irrupción de la pandemia no es sólo el resultado del avance de la enfermedad, ni la inevitable consecuencia de las medidas de confinamiento adoptadas por los gobiernos. Por supuesto, estos factores han sido decisivos a la hora de explicar el desplome del Producto Interior Bruto (PIB), del consumo, de la inversión y de los flujos transfronterizos. Pero cualquier análisis se queda cojo si prescinde de la dimensión estructural de la crisis, que también ayuda a entender el verdadero alcance de la covid-19 y de otros virus globales.

La causa de fondo de esta crisis está en el modelo de economía hiper productivista y globalizado, que no conoce otra religión que el continuo aumento del PIB, al precio que sea, presionando a la baja los salarios y creando empleo de pésima calidad, colonizando el sector público para ponerlo al servicio de los capitales privados, dilapidando y destruyendo recursos naturales y ecosistemas necesarios para la vida, y provocando un formidable cambio climático.

Si realmente queremos que la crisis abra una ventana de oportunidad para abordar los problemas de fondo de la economía y la sociedad no debemos perder de vista este diagnóstico, del que hay que extraer las oportunas lecciones. Una de ellas, puede que la más importante, es el decisivo papel que ha pasado a ocupar el sector público, tanto para enfrentar la enfermedad y las consecuencias más devastadoras de la misma, como para intervenir en la economía para superar la crisis.

Pero no saquemos la conclusión equivocada de que los mercados y los actores que operan en ellos y que determinan su configuración reconocen la superioridad de lo público, y que de esta manera se ha abierto camino un nuevo consenso que arrincona el paradigma neoliberal. No confundamos los deseos con la realidad.

Por supuesto, la crisis que estamos padeciendo ([email protected] más que [email protected], los efectos del virus no son nada democráticos, y tampoco lo son las políticas aplicadas por gobiernos e instituciones) y que estamos muy lejos de haber superado ha puesto de manifiesto las debilidades y contradicciones derivadas del funcionamiento de las cadenas globales de creación de valor, la ausencia de instituciones con capacidad y voluntad de afrontar los grandes desafíos que por su naturaleza son globales, la intensificación de las desigualdades entre países, territorios y grupos sociales, y la inconsistencia del mito de la competencia y de la globalización como motores esenciales del engranaje económico.

Pero seamos prudentes. De todo ello no cabe deducir que estamos ante el ocaso del neoliberalismo y mucho menos que se ha abierto un escenario postcapitalista. Esta era precisamente la ventana de oportunidad a la que antes me refería, y que está siendo eso, una oportunidad que están aprovechando sobre todo las elites económicas y políticas.

Estamos asistiendo a una profunda reestructuración del capitalismo europeo y global. Reestructuración que, básicamente, se articula en torno a la disputa por la enorme cantidad de recursos movilizados por los gobiernos y las instituciones comunitarias, la apertura de nuevos espacios de negocio en torno a los ejes "verde y digital", verdaderos estandartes de los fondos de recuperación europeos, la pugna competitiva a escala global que tiene como principales actores a China y Estados Unidos, donde Europa, consciente de que es un actor menor, pretende hacerse con un espacio, y el acceso a unos recursos básicos (petróleo, minerales, materiales…), imprescindibles para la modernización de las economías, cada vez más escasos.

En este contexto, hay que tener en cuenta que los pilares básicos del capitalismo, que lo definen como sistema, no sólo lo que conocemos como neoliberalismo, se mantienen e incluso se refuerzan: el triángulo crecimiento/productividad/competitividad, el predominio de las lógicas extractivas, la competencia entre los trabajadores y la internacionalización de los procesos productivos, comerciales y financieros.

Y en el centro de todo está el poder corporativo. La concentración empresarial ha conocido una intensificación desde que irrumpió la pandemia y los intereses de los grandes grupos están en el centro del reparto de los recursos públicos. La crisis no ha debilitado su poder ni su influencia; diría que, al contrario, son más fuertes que nunca.

Los tímidos intentos de fiscalizar las operaciones de los grupos transnacionales no suponen una merma sustancial de su privilegiada posición. Sólo la introducción de una tributación fuertemente progresiva (línea roja que no se han atrevido a pasar ni las instituciones comunitarias ni los gobiernos), la fijación de un techo a las retribuciones de los ejecutivos y principales accionistas, la introducción, como contrapartida a la recepción de ayudas públicas, de una fuerte condicionalidad en materia salarial, social, ecológica y de género, y una decidida apuesta por la propiedad pública y comunitaria en el ámbito social y en sectores estratégicos de la economía (como la energía, la vivienda y las finanzas) cambiaría la relación de fuerzas en beneficio de las clases populares.

Pero nada de esto se encuentra en la agenda de gobiernos e instituciones.

Fernando Luengo Escalonilla
Economista
@Fluengoe
https://fernandoluengo.wordpress.com

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Martes, 29 Junio 2021 06:10

El siglo del PCCh

El siglo del PCCh

La defensa de la soberanía es el elemento definitorio por excelencia del comunismo chino. La soberanía del PCCh frente a otros partidos. La soberanía de China frente a cualquier otro país. Deviene de su orgullo civilizatorio pero también de la firme conciencia de un cosmos peculiar. Los avatares del maoísmo, el denguismo o ahora el xiísmo, tienen ese mismo denominador común por más que las tácticas o sesgo ideológico de cada etapa arrojen matices y hasta contradicciones.

El PCCh es un partido secular. Las décadas transcurridas le han permitido engrasar y afinar una maquinaria que hoy admite pocas comparaciones en el mundo. Su militancia supera a la población total de Alemania. Y aun así, con la exhibición de todos sus meteóricos logros, su reconocimiento internacional es débil, lastrado hoy día no tanto por los desvaríos del lejano pasado maoísta como por su obstinación, real o infundada, al negarse a seguir el diktak liberal. Pese a la persistente simbología y adjetivación del discurso, muchos quisieron creer que iba camino de ello cuando la reforma parecía acentuar un determinado perfil, indispensable para congraciarse con la globalización pilotada por los países desarrollados de Occidente.

Superada esa etapa, el PCCh dirige de nuevo la mirada hacia sus raíces y, en paralelo, también el anticomunismo regresa a la agenda global. Y lo hizo a lo grande, de la mano del ex director de la CIA y ex secretario de Estado, Mike Pompeo, quien apeló en la Biblioteca Presidencial Richard Nixon en julio de 2020 a derrocar al PCCh. Las espadas siguen en alto, aunque en Beijing todo suene a argumentos extemporáneos para asegurar un dominio imperial en entredicho.

En una celebración de este calibre quizá no sea el momento más idóneo para expiar pecados. El PCCh tiene ciertamente mucho que celebrar. No obstante, merece prestarse atención al viraje introducido por Xi en un discurso ideológico que a partir de 1981 eludió cualquier revisitación del maoísmo tal como ahora acontece con la propia reescritura de la historia del Partido alentada por figuras personalmente muy próximas al secretario general como Zhuang Rongwen. Hay un severo riesgo en todo ello de una recidiva en comportamientos que se antojaban sentenciados para siempre. El ex primer ministro Wen Jiabao, quien ya en 2012 erguía su dedo acusatorio contra los peligros del neomaoísmo, regresó en abril pasado con una carta a su madre desde la prensa de Macao diciendo mucho entre líneas…

El centenario del PCCh mira hacia el futuro con toda la esperanza puesta en un siglo XXI crucial para glorificar su gesta y su modelo. En lo inmediato, la mirada está puesta en los juegos de poder que acompañan los preparativos del XX Congreso, previsto para el otoño de 2022, no solo de importancia subjetiva para Xi, sin sucesor a la vista, sino también para calibrar la capacidad del PCCh para defender una institucionalidad labrada con sacrificio y que podríamos definir como una de las mayores aportaciones del denguismo: las reglas de una sucesión civilizada. Pende de un hilo.

Pasando a mejor vida el legado de Deng y abrazando el pensamiento de Xi, el PCCh  ciertamente se adentra en una nueva era. Ojo con la impaciencia que tan cara resultó siempre al PCCh. Sin olvidar que solo puede haber algo más nefasto que esa soberbia occidental que no para de señalar con el dedo a otros despreciando las taras propias y es esa capacidad de engreimiento sin límite de quien embelesado por la eficiencia alcanzada cree estar en su derecho de arrebatar al cielo su mandato.

 Por Xulio Ríos

Director del Observatorio de la Política China y autor de 'La metamorfosis del comunismo en China. Una historia del PCCh'

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ordi Cuixart (d) y Jordi Sánchez (i), saludan a simpatizantes después de ser excarcelados.. Imagen: EFE

La jugada más arriesgada de Pedro Sánchez

El presidente del Gobierno español apuesta por sacar de la cárcel a los líderes independentistas para buscar una salida negociada a la crisis en Cataluña.

Pedro Sánchez atesora una reputación bien ganada de ser un sobreviviente nato. Ganó contra pronóstico sus primeras elecciones internas para acceder a la secretaría general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), al ser destituido de ese cargo y cuando prácticamente todo el mundo lo consideraba un cadáver político, comenzó una gira en coche por toda España para recorrer agrupaciones socialistas e imponerse en las siguientes primarias a Susana Díaz, la candidata del aparato y de las viejas glorias encabezadas por Felipe González. Así volvió a hacerse con el poder en el PSOE y desde allí llegó al Palacio de La Moncloa, primero con una moción de censura y después tras ganar unas elecciones generales y pactar con Unidas Podemos y otras fuerzas políticas de izquierda y nacionalistas, entre ellos los separatistas de Esquerra Republicana de Cataluña.

Esa capacidad de supervivencia se enfrenta ahora a una nueva prueba con los indultos a los 11 líderes secesionistas que su Gobierno acaba de aprobar con el criterio en contra del Poder Judicial, las descalificaciones de la oposición de derecha y las dudas en el propio seno del PSOE, cuyos líderes regionales temen que la decisión les haga pagar una dura factura en las urnas en la mayor parte de los territorios, donde la cuestión catalana es mirada con distancia y antipatía.

Herencia

Cuando Sánchez llegó al poder, el conflicto catalán y su posterior judicialización ya estaban desatados. Desde La Moncloa, Sánchez vio cómo los líderes secesionistas que en 2017 habían desafiado al Estado español y a su entonces presidente, Mariano Rajoy, con un referéndum ilegal y la posterior declaración unilateral de independencia, eran condenados a duras penas de cárcel por los delitos de sedición y malversación de caudales públicos.

Las condenas contra los 11 responsables de esos hechos que optaron por permanecer en España y no huir a otros países europeos, como lo hizo el expresidente de la Generalitat (gobierno de la autonomía catalana) Carles Puigdemont, revistieron especial dureza. Fueron desde los nueve a los 13 años de cárcel.

Tanto las sentencias como la entrada en prisión de los líderes condenados provocaron en su día los más graves incidentes callejeros que recuerda la democracia española y no fueron comprendidos en los países europeos, especialmente en aquellos, como Bélgica, donde los dirigentes huidos permanecen sin que prosperen las peticiones de extradición cursadas desde España. Se trata de una situación singularmente anómala en el espacio comunitario europeo, que presume de ser algo más que una mera alianza comercial y que comparte instituciones políticas, económicas y también judiciales.

Jugada de alto riesgo

En las últimas elecciones catalanas, celebradas este año, Sánchez lanzó una de sus acostumbradas jugadas de alto riesgo. Colocó como candidato a Salvador Illa, el hasta entonces ministro de Sanidad que se había forjado por su gestión de la primera etapa de la pandemia una reputación de político dialoguista.

La buena imagen de Illa devolvió al Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC, filial catalana del PSOE) la condición de formación más votada después de haber sido relegado al cuarto lugar en los comicios anteriores, pero Illa no consiguió formar gobierno. Los independentistas de Esquerra Republicana (izquierda), JuntsXCat (conservadores) y CUP (izquierda antisistema) unieron sus votos para nombrar presidente al candidato de Esquerra, Pere Aragonés. Los socialistas entendieron en carne propia que su estrategia de imponer la dicotomía izquierda-derecha para conseguir un gobierno progresista estaba lejos de convertirse en realidad. Con los líderes independentistas aún tras las rejas seguía imperando el mismo marco que lleva más de una década rigiendo en la política catalana, la que pone en trincheras enfrentadas a los secesionistas de un lado, sean de izquierda o de derecha, y a los constitucionalistas, progresistas o conservadores, del otro.

Ahora Sánchez ha vuelto a redoblar su apuesta para intentar empezar a resolver el conflicto y al mismo tiempo seguir al frente del Gobierno de España.

En contra del criterio del Tribunal Supremo (que dictó sentencia contra los líderes secesionistas y ahora emitió un duro informe en contra) el Gobierno aprobó indultar a los 11 líderes presos, que ya llevaban cuatro años en prisión. Lo hizo, según argumentó, en aras de la concordia y con el respaldo inesperado de la Iglesia y los empresarios, para quienes devolver la estabilidad a una de las comunidades que es locomotora económica de España es también una cuestión de supervivencia.

Reconstrucción

Sánchez se juega mucho. Después de un año y medio de pandemia, hay encuestas que ya lo sitúan por debajo del Partido Popular. Europa acaba de aprobar un plan de reconstrucción que regará a España con 70.000 millones de euros de subsidio directo y la posibilidad de obtener otros 70.000 millones en préstamo. Para gestionar esos fondos y volver a acudir a las urnas en un contexto económico radicalmente distinto al que ha dejado la pandemia necesita completar el año y medio que aún queda de legislatura. Y para ello es fundamental que cuando las cuentas lleguen al Congreso pueda contar con los 13 votos de Esquerra Republicana.

El objetivo de la reelección todavía se ve lejos. Pero la experiencia ha demostrado que subestimar la capacidad de Pedro Sánchez de reponerse a las mayores dificultades puede ser un grave error

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