Greta Thunberg pidió acciones reales y acabar con las excusas

Este martes comenzó en Milán, Italia, la conferencia Youth4Climate ("Jóvenes por el clima"). La referente del movimiento Greta Thunberg dijo que los lideres políticos han pronunciado palabras altisonantes que son solo excusas: "Si esto es lo que consideran acción climática, no la queremos".

 

La activista sueca por el clima Greta Thunberg reclamó hoy en la apertura de la conferencia Youth4Climate ("Jóvenes por el clima") de Milán (norte de Italia) acciones reales contra el cambio climático y definió las promesas sobre el medio ambiente de los líderes políticos como un continúo "bla,bla, bla".

"Escuchamos de nuestros líderes palabras altisonantes que no se han convertido en nada. Basta de bla, bla, bla", dijo Thunberg.

La joven activista lamentó que los líderes políticos "no actúan" y les acusó de hacerlo "a propósito", porque mientras dicen implementar medidas "contra el cambio climático, continúan abriendo minas y explotando recursos", pero "no aumentan los fondos para los países vulnerables".

"Si esto es lo que consideran acción climática, no la queremos", denunció Thunberg, que acusó a los líderes de "fingir" que escuchan a los jóvenes que invitan a los actos por el clima, aunque en realidad "no escuchan nunca".

Thunberg recordó que "la ciencia no miente" y que "las emisiones siguen creciendo" ante los cerca de 400 jóvenes de todo el mundo presentes en esta reunión celebrada en Italia, uno de los países organizadores de la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático (COP26) de Glasgow del próximo noviembre junto al anfitrión Reino Unido.

La activista finalizó su intervención preguntando a los jóvenes varias veces: "¿Qué es lo que queremos y cuándo lo queremos?", a lo que el público respondió: "acción climática ahora".

La cumbre Youth4Climate de Milán, con la participación de cerca de 400 jóvenes de 197 países de todo el mundo, dos por país, tiene lugar desde hoy hasta el próximo jueves, para que estos activistas debatan sobre el papel de la juventud en la toma de decisiones por el clima.

Tras esta cumbre se celebrará también en Milán la Pre-COP26, una reunión ministerial oficial que reunirá hasta el sábado 2 de octubre a delegaciones de cerca de 40 países para discutir "potenciales obstáculos al aumento de la ambición climática y establecer estrategias para superarlos durante la próxima COP26" y que tendrá en cuenta las propuestas de Youth4Climate.

La reunión tiene lugar a unos días de la Huelga Global por el Clima que se realizó en numerosas ciudades alrededor del mundo y a un mes y medio del último informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), que encendió las alarmas sobre la gravedad de la situación.

La denuncia de Thunberg a los Gobiernos que solo hablan pero no actúan, expresa la realidad de una situación en la que los líderes políticos actúan en común, y cubriendo, a las grandes empresas que son responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero, el extractivismo, la extensión de las fronteras agrícolas. Todas actividades íntimamente relacionadas con la depredación del propio capitalismo sobre el medio ambiente.

Como señala una declaración de jóvenes anticapitalistas de 14 países que se movilizaron el último viernes 24 de septiembre alrededor del mundo: "El calentamiento global como resultado de la producción capitalista representa una amenaza directa para la vida de cientos de millones en las próximas décadas. Pero en lugar de sucumbir a la desesperación y la desmoralización climáticas, debemos canalizar nuestra frustración hacia la lucha para derrocar el sistema capitalista. No es demasiado tarde para evitar niveles catastróficos de calentamiento. Pero no debemos hacernos ilusiones en los partidos del capital para hacer los cambios que necesitamos. Solo la clase trabajadora y sus aliados tienen el poder de construir un nuevo sistema en interés del conjunto de la humanidad."

Martes 28 de septiembre

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Miércoles, 17 Febrero 2021 05:30

Andrés Arauz presenta su plan en  Nueva York

Arauz fue ovacionado por la comunidad ecuatoriana en Queens.  ________________________________________ Imagen: @ecuarauz2021

El candidato presidencial ecuatoriano espera la segunda vuelta electoral del 11 de abril

Se reunió con la comunidad migrante de Ecuador y planea hablar con funcionarios del Fondo Monetario Internacional. Ante la prensa de EE.UU. se refirió al plan económico que llevará adelante para hacerle frente a las políticas de austeridad que ha sostenido el actual mandatario Lenín Moreno

Entre decenas de banderas de Ecuador y el invierno estadounidense, la comunidad migrante en Queens, Nueva York, recibió al candidato presidencial, Andrés Arauz. El ganador de la primera vuelta en las elecciones del 7 de febrero viajó a EEUU donde también planea reunirse con inversores y la prensa estadounidense

La comunidad migrante más grande que tiene Ecuador en el exterior recibió a Arauz entre barbijos con la bandera ecuatoriana. “Estamos aquí celebrando nuestra victoria contundente en la primera vuelta” dijo el candidato de la Unión por la Esperanza a sus seguidores en Newark, Nueva Jersey, ubicada a unos 17 kilómetros de Nueva York. “Nosotros ya estamos liderando de largo las preferencias para segunda vuelta y por eso están queriendo hacer triquiñuelas en el Consejo Nacional Electoral, para evitar nuestro triunfo contundente” afirmó. La visita de Arauz también incluye reuniones con Alejandro Werner y Kirshna Srinivasan director y subdirectora del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional.

Arauz ganó la primera vuelta de las elecciones presidenciales con cerca del 33 por ciento de votos, aún resta definir con quién disputará la segunda vuelta el 11 de abril. El banquero, Guillermo Lasso y el líder indígena Yaku Pérez esperan el reconteo de votos cada uno con su 19 por ciento y una diferencia de unos pocos miles de votos todavía no resuelta. “Lo bueno es que va a ser una elección donde van a quedar contrastados claramente dos grandes planteamientos de lo que debe ser Ecuador. Uno que nos va a llevar a un país de unos privilegiados, unos pocos banqueros que quieren repartirse lo poco que le queda a la patria y otro por un país del progreso” dijo a la comunidad migrante en Newark.

El candidato de la Unión Por la Esperanza (UNES) también fue entrevistado en el programa estadounidense Democracy Now! En la entrevista Arauz se refirió a la situación actual que vive Ecuador con la crisis sanitaria por la pandemia por covid-19 y la segunda crisis económica más fuerte en la historia del país. “Nos enfrentamos a una doble crisis, por un lado, la pandemia bajo el manejo absolutamente negligente del gobierno” aseguró. Ecuador registra más de 260 mil contagios y 15.392 muertes por covid-19, según datos de la Universidad Johns Hopkins. “Sólo han circulado cuatro mil vacunas para una población de más de 17 millones de personas”. Para enfrentar el escenario actual, el candidato propone un plan de inversión que incluiría una ayuda de emergencia similar a la que lleva adelante el gobierno estadounidense con cheques para la población más vulnerable. “También planeamos un programa agresivo para -en el corto plazo- poner la vacuna a disposición como un servicio público” afirmó. Además, Arauz contó que habló con el presidente argentino y habría asegurado de 4 millones de dosis de la vacuna producida en Argentina.

El candidato también se refirió a la ola de despidos que ha llevado adelante el sistema de salud en medio de la pandemia. “Más de seis mil trabajadores públicos de la salud han sido despedidos a causa de las políticas de austeridad que han impactado a la población de Ecuador, aumentando la pobreza y la inequidad” denunció. Arauz quiere ir en contra de estas políticas llevadas adelante por el actual mandatario Lenín Moreno. “Queremos implementar una política económica heterodoxa, que incremente la inversión pública, que incremente la protección social para la población. Y que en sí misma pueda crear una recuperación en el corto y mediano plazo para la población.” Entre los problemas que evidenció la pandemia de coronavirus, el candidato habló sobre la conectividad a Internet y cómo afecta a los estudiantes. “La mitad de la población estudiantil de Ecuador no ha podido continuar sus estudios por falta de conexión. También necesitamos un programa de emergencia para Internet, esto implica inversión en infraestructura para cubrir todo el territorio ecuatoriano con conexión de calidad, especialmente para los jóvenes”.

Arauz también cuestionó la agenda anti-extractivista del candidato presidencial Yaku Pérez quien aún espera el conteo final de los votos que definirán si triunfo o derrota ante el banquero del corralito ecuatoriano, Guillermo Lasso. “La agenda anti-extractivista tiene que ser un poco más sofisticada y detallada porque hay muchos temas que deben tenerse en cuenta incluyendo la industrialización de las minas y el desarrollo de las comunidades cercanas. No podemos tener una agenda extractivista neocolonial pero tal vez podemos buscar una agenda de petróleo, minería y agrícola que tenga en cuenta las necesidades de las comunidades y que las convierta en los principales actores”.

Por último, Arauz fue consultado por el caso del periodista Julian Assange, a quien el actual mandatario ecuatoriano Lenín Moreno revocó el asilo político en una de sus primeras acciones al frente del país. “Cuando le quitaron el asilo político se violaron derechos humanos y civiles incluyendo la anulación de la ciudadanía de Assange como ciudadano ecuatoriano. Eso es algo que voy a examinar y si la situación cambia veremos como accionar internacionalmente. Sin embargo, creo que los derechos humanos de Assange deben ser respetados” sostuvo sobre el fundador de WikiLeaks a quien la justicia británica negó la extradición hacia EEUU donde esperan juzgarlo por revelar al mundo los crímenes de guerra del gobierno estadounidense.

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Luces y sombras de la «república amorosa» de Andrés Manuel López Obrador

Descolocado por el triunfo de Joe Biden en Estados Unidos, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador inicia su tercer año en el poder. El mandatario tabasqueño combinó una política de mejora de los ingresos populares con perspectivas conservadoras en varios niveles. Su programa parece ser neoliberal, desarrollista, redistributivo y asistencialista al mismo tiempo. Con todo, mantiene altos niveles de apoyo social.

 

Político tenaz, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se sobrepuso a dos elecciones adversas en Tabasco (1988, 1994), la segunda groseramente fraudulenta, antes de competir por la jefatura de gobierno del Distrito Federal en 2000, que ganó apretadamente frente al aspirante del Partido Acción Nacional (PAN). Esto, más el liderazgo construido cuando fue presidente del Partido de la Revolución Democrática (1996-1999) y el fracaso del primer gobierno de la alternancia encabezado por Vicente Fox (PAN), despejaron el terreno al político tabasqueño para contender por la presidencia de la República en la cuestionada elección presidencial de 2006. En el tercer intento, finalmente López Obrador ganó la presidencia en julio de 2018 al frente de la coalición Juntos Haremos Historia. En esa ocasión, obtuvo una mayoría contundente (53,19%) y se verificó una caída estrepitosa del voto de los tres partidos por entonces más importantes: el PAN, el otrora hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Partido de la Revolución Democrática (PRD), nacido como una escisión del PRI y liderado alguna vez por el propio López Obrador.

La corrupta administración de Enrique Peña Nieto (PRI), la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa y decisiones puntuales como el aumento del precio de los combustibles en 2017, favorecieron la candidatura de López Obrador quien, todavía en las filas perredistas, se deslindó del Pacto por México, acuerdo cupular de las tres fuerzas políticas principales para realizar las reformas estructurales (energética, educativa, entre las más importantes) en el regreso priista. Fuera de la trama palaciega, el fundador del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) quedó en buena posición para capitalizar el descontento y la crisis moral de las elites (políticas, económicas, intelectuales) que condujeron al país en tres pistas: la desregulación económica, la transición democrática y la guerra al crimen organizado. Ofreciendo un «cambio verdadero», el político tabasqueño logró concentrar en un polo a la izquierda política e ilusionar a un electorado que en un 85% se pronunció por el cambio en 2018. La pregunta es si tras dos años de gestión, el lopezobradorismo ha cumplido esa expectativa y en qué consiste la llamada Cuarta Transformación que materializaría ese cambio.

Los hilos del poder

Juntos haremos historia reunió alrededor de Morena a un grupo de partidos electoralmente insignificantes, oportunistas y retardatarios, congregados únicamente por la urgencia de conservar el registro: el Partido Encuentro Social (PES), un partido confesional ultraconservador; el Partido Verde Ecologista (PVM), una fuerza que lejos de apoyar la defensa del ambiente fue impulsor de la pena de muerte y aliado sucesivamente del PAN, del PRI y de Morena; el Partido del Trabajo (PT), formación de origen maoísta alentada por el hermano del expresidente Carlos Salinas de Gortari, con una militancia tan reducida que solo una maniobra oscura del tribunal electoral le permitió recuperar el registro legal que perdió en las urnas, y no oculta sus simpatías por la dictadura de Kim Jon-un en Corea del Norte. Y, finalmente Morena, conformado por un núcleo que acompaña a López Obrador desde hace veinte años y por remanentes comunistas y de la izquierda nacionalista. Morena está, además, densamente poblado por todos quienes quisieron labrarse un futuro con el lopezobradorismo sin importar la filiación política precedente.

El gabinete presidencial, si bien variopinto, no integró en la primera línea de responsabilidad a miembros de estos partidos, aunque sí en niveles menos visibles en los cuales, además, el presidente colocó a sus paisanos tabasqueños y compañeros de antaño, independientemente de que sus perfiles y de su experiencia profesional correspondieran a los cargos. Esta es una herencia nefasta del PRI sobre los usos de la gestión pública. Lo cierto es que la coalición lopezobradorista, tanto en las cámaras legislativas como en el interior de su gabinete, se dedica apenas a cumplimentar automáticamente las decisiones del Ejecutivo.

En estos años, López Obrador revitalizó el presidencialismo del régimen de la Revolución Mexicana, con un Ejecutivo fuerte capaz de subordinar a los poderes Legislativo y al Judicial. La mayoría en la Cámara de Diputados concede poco a la oposición, mientras que la robusta minoría en el Senado se muestra más propensa a pactar. En cuanto al Poder Judicial, el presidente logró inclinar la balanza a su favor con la incorporación de ministros afines y el allanamiento a sus directrices por parte del titular de ese poder. Menos terso es el trato con los gobiernos estatales, en particular los del PAN, que formaron un bloque para confrontar a la federación (algo que no sucedía en mucho tiempo), sobre todo en las asignaciones presupuestales y en la política sanitaria. Cabe señalar que el conflicto se inició con la designación presidencial de delegados en las entidades federativas, quienes manejan los recursos de los programas sociales y son candidatos potenciales para las contiendas por las gobernaciones, consideración relevante dado el peso de las clientelas políticas en las elecciones mexicanas.

La centralización lopezobradorista dirige sus baterías contra los organismos reguladores –en particular los del sector energético–, con la presunción de que sirven más a los intereses privados que a los públicos, además de ser fuente de corrupción. La estrategia consiste en colocar incondicionales al frente de estos o reabsorberlos dentro de la administración central. En la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que ha ganado una relativa autonomía ganada en los últimos años, colocó al frente a Rosario Piedra Ibarra, una militante de Morena con muy escasa acreditación en el medio. Adicionalmente, con los contrapesos dentro del Estado mermados, el presidente busca legitimar sus acciones por medio de consultas populares poco representativas y sesgadas, mal organizadas y sin instrumentos de certificación confiables. Con este mecanismo, el presidente canceló el aeropuerto de Texcoco y decidió realizar un proyecto hidroeléctrico en Morelos, soslayando el rechazo de las comunidades afectadas y deshonrando el compromiso hecho en campaña. De manera bastante sistemática, López Obrador pacta con organizaciones y movimientos sociales corporativos, que por cierto defienden privilegios (por ejemplo, los sindicatos de maestros) e ignora a los movimientos sociales independientes, como por ejemplo, los feminismos.

Aunados a su popularidad, los bastiones lopezobradoristas son las corporaciones caras al conservadurismo clásico: el Ejército, las iglesias y la familia. Las competencias del instituto armado, más las de la Marina, desbordan su mandato constitucional, ya que se extienden a la seguridad pública, la administración de puertos y aduanas, la construcción de aeropuertos y sucursales bancarias, la distribución de medicamentos y un larguísimo etcétera. Esto es, el Ejecutivo ha debilitado el poder civil dentro del Estado en favor del brazo militar. Las iglesias ganan terreno dentro del espacio público –tendencia que venía desde la reforma del gobierno de Carlos Salinas de Gortari–, además de intervenir explícitamente en organizaciones políticas como, el PES, que como señalamos forma parte de la coalición gobernante. En esta visión, la familia no solo deposita los valores morales de la sociedad, sino también de las asignaciones directas de los programas sociales. De acuerdo con los dichos del presidente, esta es «la principal institución de seguridad social que existe en el país». Y el duopolio televisivo se ha sumado al bloque lopezobradorista, fiel al contubernio histórico entre el poder público y la televisión privada. El disenso se expresa en una parte de la prensa, de poca circulación en México, que recibe la desmesurada respuesta del presidente en sus conferencias matutinas. Y funciona como el adversario necesario para activar el discurso binario (amigo/enemigo, conservador/liberal) desde el Palacio Nacional.

La política pública

Hay una desconfianza recíproca entre López Obrador y el gran capital –nativo y global–, tanto por el amago constante de revisar los contratos firmados con gobiernos anteriores, como por los cambios del talante presidencial con respecto de ciertos temas, particularmente el energético, en el que suma o resta la inversión privada de acuerdo con la circunstancia y el auditorio. No obstante, los magnates mexicanos participan en distintos renglones y proyectos. Si bien en algunos casos los forzaron a pagar elevados montos de impuestos atrasados, estos tienen la garantía verbal del presidente de que no habrá una reforma fiscal que grave de manera más progresiva sus fortunas. Silenciosa y consistentemente crecen los depósitos de capitales mexicanos en los bancos estadounidenses, al tiempo que los migrantes han incrementado los envíos hacia México, amén de la cifra negra del blanqueo de capitales de la economía criminal camuflado como remesas. Incondicional de Estados Unidos, el López Obrador se plegó a la criminal política migratoria de Trump, con la Guardia Nacional cumpliendo la función de una patrulla fronteriza extraterritorial, además de no hacer una presión diplomática suficiente para proteger los derechos de los migrantes mexicanos, aunque sí para recatar a un exsecretario de Defensa capturado por el cargo de narcotráfico en Estados Unidos. El triunfo demócrata alteró las coordenadas en que López Obrador se había movido hasta entonces. Y el presidente reaccionó tarde y mal al triunfo de Biden.

Otra dimensión de la era de López Obrador es la política frente a los funcionarios públicos. Los reales e incluso escandalosos privilegios de la «burocracia dorada» cebada por muchos años con el dinero público y agigantada durante el gobierno de Vicente Fox (2000-2006), fueron cercenados sin la ponderación adecuada. Y por ello, el Estado ha perdido a personal altamente especializado en enclaves de la administración pública. Llevado al extremo, incluso derechos laborales como el aguinaldo han quedado en suspenso para este sector. Las clases medias, que votaron mayoritariamente por López Obrador, también se consideran privilegiadas dentro del discurso presidencial, no solo en cuanto a recursos económicos sino por el acceso a bienes intangibles. Es por ello que tampoco caben en la «república amorosa» propugnada por el presidente mexicano. La lucha de clases en la concepción lopezobradorista –si tal noción existe en ella– es entre estos sectores privilegiados (burocracia y clases medias) y el pueblo, entendido este como una totalidad sin contradicciones, uniforme y bueno.

La vocación redistributiva del nuevo gobierno es innegable. Esta fue, justamente, la gran dimensión ausente en las administraciones explícitamente neoliberales. El salario mínimo ha tenido el mayor incremento en los últimos 25 años, los programas sociales fueron incorporados al texto constitucional, hay una iniciativa para regular el outsourcing (subcontratación o tercerización) y se legisló la libertad sindical, como consecuencia (hay que decirlo) de la presión de los congresistas demócratas para aprobar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). López Obrador concibe la economía en tres niveles. El primero es el del sector externo ligado al mercado global con el T-MEC, instrumento suficiente para que se desarrolle por sí mismo. El segundo es el del mercado interno, al que hay que impulsar con las obras de infraestructura, en especial en la producción energética. Y el tercero es un segmento informal fuera de ambos que habrá de integrarse a través de programas sociales basados en asignaciones directas. Su programa es neoliberal, desarrollista, redistributivo y asistencialista a la vez. En el radar lopezobradorista no aparece la intención de sentar las bases de un Estado de bienestar ni de propiciar la autoorganización de las clases populares. La ingeniería financiera para sostener la política actual se concentra en las reasignaciones presupuestarias más que en la recaudación fiscal, por lo que resulta insuficiente y costosa, dado que se desarrolla a cambio de sacrificar otros sectores prioritarios como la ciencia, la cultura y parte de las instituciones preexistentes, como ha ocurrido en el campo de la salud pública.

Horizonte

El discurso lopezobradorista asumió el tópico de la derecha nacional y de los populismos contemporáneos: la corrupción. Según López Obrador no se trata solo de una «enfermedad neoliberal» que contaminó la política con el dinero, sino también la causante de la desigualdad social. Como dicha desigualdad no es producto del sistema económico, no trata de sustituirlo por otro más justo, sino de desterrar la corrupción. El adversario, que antes de alcanzar la presidencia era «la mafia del poder», se desplazó, ya con López Obrador en la presidencia, hacia los «conservadores». El actual presidente se asume juarista y el término puede emplearse de manera tan laxa que reúne a la derecha, las feministas o las comunidades originarias que se oponen a los proyectos desarrollistas.

López Obrador prometió una «república amorosa», basada en la fraternidad y el amor al próximo, pero los duros reveses de su administración en campos sustantivos como la seguridad pública, la economía y la emergencia sanitaria, endurecieron el discurso en el segundo año de la gestión, subiendo de tono la confrontación con sus adversarios. Estos, para fortuna presidencial, no logran recomponerse después del colapso electoral de 2018, pero la ofensiva constante desde Palacio Nacional los acicatea a congregarse, favorecidos además por los recursos de algunos capitales grandes y medianos opuestos al lopezobradorismo. Aunque la transformación prometida no da visos de materializarse y López Obrador perdió a las clases medias, todavía mantiene un considerable apoyo popular, controla los hilos del poder y dispone de los recursos presupuestarios asignados a los programas sociales y a paliar la pandemia (y del padrón de beneficiarios que los reciben). Al mismo tiempo, tiene una oposición con muy poco que ofrecer a las mayorías. Esto le permite a la coalición lopezobradorista arrancar con una ventaja apreciable en las elecciones intermedias de 2021.

Por Carlos Illades

Diciembre 2020

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El poder descomunal del Big Pharma es de tal magnitud, que Trump se dispone a ejercer una "orden ejecutiva" que exaspera a sus congéneres del Partido Republicano, adictos al libre mercado al precio que fuere, y que se aproxima más a la postura del Partido Demócrata.

Trump basa su relección en tres ejes: 1) la migración –que ya "resolvió" en su muy peculiar estilo con México–; 2) el auge económico que posponga recesión (https://bit.ly/2Ux9Qh2), cuyo punto estelar ha sido el alza bursátil, y 3) la disminución del precio de los medicamentos de patentes que se encuentran por las nubes y que constituyó otra de sus promesas de campaña.

 

Trump prepara una "orden ejecutiva" que declare la "Cláusula de Naciones Favorecidas para precios de los medicamentos y así Estados Unidos no pague más que el país con menores precios".

 

Trump Inquirió la razón por la cual Canadá, al unísono de otros países, "pagan menos" que Estados Unidos por los mismos medicamentos (https://bit.ly/2LEwoYl).

 

Después de su diatriba, el Índice Bursátil de Medicamentos periclitó 1.6 por ciento (https://cnb.cx/2YDfRYi).

 

Tres días antes, The Washington Post señaló el deseo de Trump de disminuir los altos precios de los medicamentos de patente y abrazó la propuesta de Ron DeSantis, gobernador de Florida –donde probablemente se decida la reelección–, para importar medicamentos de Canadá que tienen menor precio (https://wapo.st/2FZmmgT).

 

El libanés-estadunidense Alex Michael Azar II, hoy secretario de Salud y Servicios Humanos (sic) –anterior subsecretario en la misma secretaría con Baby Bush–, fue presidente de la trasnacional Eli Lilly –décimo lugar del pulpo farmacéutico global “Big Pharma (https://bit.ly/2S1GWC1)” y productora de la insulina para la diabetes tipo 1 que duplicó su precio en sólo cuatro años –y fue miembro del consejo de administración de la entelequia cabildera Biotechnology Innovation Organization.

 

El secretario de Salud arguye que la importación de medicamentos será inefectiva para disminuir los precios, lo cual llevará "a problemas de seguridad, ya que no existe manera de impedir el redireccionamiento de los falsos medicamentos (de otros países) que pasen por Canadá".

 

La Federal Drug Administration (FDA) de Estados Unidos ha facilitado la adopción de "medicamentos genéricos" para intentar aplacar la avaricia del oligopólico Big Pharma.

 

El secretario de Salud no es San Jorge, ni aspira a serlo, para aniquilar al dragón del cartel farmacéutico que se encuentra entre los principales cinco magnos negocios globales, con ingresos de casi un billón de dólares (952 mil 510 millones de dólares), prácticamente equiparable al PIB de México, y que lo colocan con los otros cuatro grandes rubros: los hidrocarburos, los estupefacientes, la venta de armas y la trata de personas.

 

El ranking del “ Top 10 (https://bit.ly/2XtUtUj)” de las trasnacionales farmacéuticas, por su “participación de mercado (market share)”: 1) Pfizer Inc (Estados Unidos); 2) Novartis (Suiza) –que, por cierto, vende el medicamento más caro del mundo en 2,12 millones de dólares para la atrofia muscular espinal (¡por fortuna, es de una sola toma!); 3) F Hoffmann-La Roche Ltd (Suiza); 4) Merck & Co Inc/MSD (Estados Unidos); 5) Johnson and Johnson (Estados Unidos); 6) GlaxoSmithKline Plc (Gran Bretaña); 7) Sanofi (Francia); 8) AbbVie Inc (Estados Unidos); 9) Bayer AG (Alemania), y 10-Eli Lilly and Co (Estados Unidos).

 

El Partido Demócrata, en búsqueda de adeptos para la elección, presiona con plausibles propuestas para importar medicamentos de menor costo de Canadá, así como negociar los precios de los medicamentos de los Seguros Médicos (Medicare).

 

Pese al abordaje bipartidista para intentar someter al cartel farmacéutico, la FDA sólo ha conseguido facilitar la aprobación récord de "medicamentos genéricos".

 

El poder descomunal del Big Pharma es de tal magnitud, que Trump se dispone a ejercer una "orden ejecutiva" que exaspera a sus congéneres del Partido Republicano, adictos al libre mercado al precio que fuere, y que se aproxima más a la postura del Partido Demócrata.

 

The Washington Post cita a allegados de Trump quienes señalan que tanto la esterilidad de la diplomacia negociadora con el Big Pharma como su "frustración por la carencia de herramientas del Poder Ejecutivo para disminuir los precios de los medicamentos" se ha vuelto su “obsesión (sic)”.

 

Mas bien, la relección es su verdadera "obsesión" sicológica.

 

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La “disputa del sentido común” entre códigos mafiosos

Prometen que resolverán problemas, que corregirán desigualdades, que desterrarán el hambre, la desnutrición y la pobreza. Prometen recortar impuestos, abrir más escuelas, mejorar los salarios, construir hospitales, carreteras, presas e infraestructura de “primer mundo”. Juran que serán infatigables, que no habrá despotismo, autoritarismo, sectarismo ni privilegios para amigos ni familiares. Se desgarran las vestiduras por la patria, por la república, por las leyes y por las “buenas costumbres” y bla, bla, bla. Todo eso montado en la ninguna estructura legal que los obligue a rendir cuentas por cada mentira proferida y cada falacia premeditada. “Por el engaño nos han dominado más que por la fuerza” decía Simón Bolívar. Hoy incluye engaño con “trolls”, “bots”… y todo tipo de canalladas en “redes sociales”. 

No se trata de un “arte de genios”, engañar a los pueblos es una industria del capitalismo, muy rentable, ideada para ganar votos -a como dé lugar- gracias a emboscadas mafiosas que “naturalizan” conductas delincuenciales como si fuesen prendas morales inmaculadas. Fabrican un cierto “sentido común” cuajado de mentiras disfrazadas de “procesos electorales” donde engañar, impúdicamente, parece ser “cualidad” de “políticos”. Un “mérito” de la modernidad... un logro de la estulticia. Pero en realidad es un delito... es un fraude.


Los sistemas y procesos electorales, con sus leyes y sus reglamentos, sus “valores entendidos” y sus tradiciones… (que nada tienen de ingenuos) han permitido una serie de perversiones mediáticas diseñadas por “expertos” para hacer pasar por “democráticos” los embustes de los “candidatos” oligarcas, sus partidos y sus adláteres. Nos han llenado las páginas de la historia con engaños de todo tipo, especialmente con saliva de “políticos” lenguaraces que, para “ganarse la confianza” de los electores, despliegan todo género de argucias y falacias. Y todo eso legalizado y naturalizado por la fuerza del negocio implícito en vender campañas políticas al margen de la ética más elemental. Otro capítulo es el delito de lesa humanidad que consiste en prometer el cumplimiento de tareas que jamás se cumplen o que se cumplen al contrario de lo prometido. “Fortaleceremos la economía”, “defenderemos el empleo”, “garantizaremos la salud”, “mejoraremos la educación”, “garantizaremos la vivienda” y bla, bla, bla, bla. Jamás un tribunal especializado en delitos de falacias electorales, fraudes o traiciones a mansalva. Jamás una herramienta de justicia para los pueblos que miran desfilar ante sus ojos y sus oídos la retahíla nauseabunda de palabrería electorera diseñada corruptamente para el engaño serial. Delincuencia con premeditación, alevosía y ventaja. Sin atenuantes.


Millones de dólares gastan las campañas políticas. Maquillan el oportunismo electoral con artilugios de propagada, rostros felices, poses glamorosas. Casi nunca ideas y menos trabajo real. Lo urgente, para ellos, es sumar votos, más tarde les vendrá un sueldo y para las masas el olvido. Se trata de vender ilusiones. Plagan las ciudades con carteles, volantes, anuncios televisivos, radiales, periodísticos. Saturan cuanto espacio está al alcance de sus patrocinadores, (sus patrones), para aparecer renovados y resucitar de su mediocridad, frescos, carentes de memoria... recién nacidos... van por el mundo recitando soluciones que presumen conocer y que pueden aplicar en un santiamén. Dicen que lo pueden todo, que lo quieren todo para el pueblo todo, todo a cambio de votos, votos, muchos votos. Las campañas basadas en despliegues mediáticos ostentosos suelen ser repeticiones de lo mismo, de mala calidad y poca información: frases ambiguas, remates rimbombantes y desconocimiento de problemas reales y urgentes en la vida cotidiana. Invierten sumas obscenas. Por ejemplo Odebrecht


Hay escándalos de financiamientos irregulares en Inglaterra, Alemania, Francia, España, Colombia, Brasil; Nicaragua, Perú, Ecuador. Parece que es cosa frecuente y nunca sancionada. Hay cuentas especiales que se manejan en secreto para engordar los montos de presencia pública. No pocos sospechan de dinero aportado por narcotraficantes y mafias de toda índole. Acaso la subsistencia de estos últimos dependa de ciertas alianzas con aquellos funcionarios golondrinos. La mitad de la población mundial padece pobreza y exclusión.
Los grandes beneficiados de las campañas, además de los aparatos burocráticos que pagan, son los monopolios multimedia, las agencias publicitarias y los estudios de marketing político que reinan impúdica e impunemente en alianzas con funcionarios de turno. Esas campañas quieren hacernos creer que su idea de política nos es imprescindible, que es muy decente, muy oportuna. Quieren hacernos creer que eso es la democracia, que la democracia consiste sólo en votar, que votar es ser “buen ciudadano”, “buen patriota”, votar para que otros decidan y gasten. Especialmente los que más se anuncian y luego el olvido. Su único programa de fondo es conservar al capitalismo vivo cueste lo que cueste. Y ya costó mucho.

Mientras esto no quede superado desde abajo, nosotros debemos evaluar y sancionar, la justicia y la defensa de los votos democráticos de verdad; evaluar y sancionar la injerencia de los monopolios mediáticos y la intromisión de caciques banqueros, terratenientes y empresariales. Evaluar y sancionar cuánto abonan y pagan para profundizar la alienación y deformar la realidad para acaparar votos. Con evidencias nítidas sobre la asimetría tecnológica y el derecho a las herramientas electorales... con la garantía irrevocable del derecho al referéndum revocatorios en todos los cargos; con fundamentos hacia una nueva legislación la justicia electoral en términos de derecho y de igualdad de condiciones para la participación de todos... un referéndum con voto directo y comprometido que sea capaz de poner a consideración de todos la urgencia de una nueva educación electoral bien informada, sin coerciones, sin emboscadas… Referéndum revocatorio contra toda mentira y todo mentiroso, en fin, Justicia electoral de cabo a rabo como herramienta emancipadora y como ventana abierta de la democracia verdadera.


Mientras avanzamos hacia ese consenso, producto de nuestra organización y nuestra movilización, con un programa de transparencia electoral y participación directa de las bases, llamémonos a perfeccionar la crítica contra todas las trampas ideológicas que se pasean impunemente por todos los medios. Esto es un problema de seguridad nacional, tan peligroso y amenazante como las bases militares imponiéndose en nuestros territorios.


Que nunca más quienes roban, torturan, reprimen, saquean y humillan sistemáticamente a un pueblo, puedan salir victoriosos en unas elecciones. Que nunca más el que exhibe con impudicia –impune- en los hechos, su obscenidad ideológica, sus derroches, sus corruptelas, su servilismo, su entreguismo… su estulticia, pueda ganar el voto de una mayoría y representarla. Esos que se muestran circenses y faranduleros, insensibles al dolor popular, embriagados con su “vida empresaria” o “funcionaria”, henchidos de glorias fraudulentas, desfigurado el rostro por su mentalidad corrupta, deformados por su ignorancia y señalados como delincuentes, criminales y traidores… todo junto y por partes no pueden ser elegidos. Tenemos a la vista casos estruendosos. Todo análisis simplista prueba ser fallido.


Si se cree que todo lo resuelve una “buena foto” y un “buen slogan” repetidos hasta la nausea… si todas las formas del maltrato operan ideológicamente como fatalidad para el pueblo y golpe de suerte para el “político”… en suma si los trabajadores nos son protagonistas ni conductores de la acción política, incluso electoralmente ¿En qué piensa el que vota, cuando vota? Como está de moda que los “candidatos” de las oligarquías no expliquen, no respondan no postulen… convicciones, programas o planes. (moda en España, México, Argentina, Colombia…) porque es “tendencia” en el mercado de las “ingenierías de imagen”. Como se estila la pose más que la idea, quizá en la lógica “moderna” de la burocracia burguesa prospera el silogismo infeliz de que: el elector que no piensa es el elector anhelado. O mejor aún, el elector que sólo piensa lo que le decimos que piense, es decir nada, será el elector más codiciado por los estrategas de la vaciedad electoral.


Y todo eso a precios demenciales con episodios de obscenidad inenarrable a la hora en que no hay cuenta que salga si hacemos balance de costos de “campañas” electorales. Los grandes triunfadores como siempre son los monopolios y consorcios televisivos, radiofónicos y editoriales que con formato de “propaganda oficial” o camuflados con entrevistas, referencias o noticias facturan a destajo en el reino del mercenarismo mediático esta vez disfrazado de “democracia”. El costo por voto es una bofetada (otra más) a la clase trabajadora que paga por estos circos el precio de ser humillada, despreciada y robada por el modelo de fraudes políticos consuetudinarios. Y dicen, algunos “politólogos” que eso es lo “moderno”.
Dicen muy despatarrados los señorones y los señoritos que medran con los procesos electorales (funcionarios, publicistas, asesores, encuestadores, periodistas….ufff) que al pueblo le gusta ver a los “políticos” en contacto con la realidad (pero sin decir qué harán con ella, qué mandato obedecen ni cuánto cobran por eso) Dicen los “eruditos” del voto que a la gente le gusta que el “político” debata (pero al estilo televisivo, con tiempos recortados, sin mucho enredo y calculando los anuncios publicitarios sin los cuales en negocio de la imagen no se sostiene… dicen) Dicen los “jefes de campaña”, de los candidatos oligarcas, que la gente vota por la “gestión” y no por el discurso. Y le llaman gestión a salir en la foto, en la tele, en los cines en carteles públicos… con su sonrisa de vencedor y su slogan de coyuntura. Dicen que eso es hacer “política”. Confunden a los pueblos con los “públicos”.


En el fondo de la historia la cosa es muy distinta. Los pueblos votan acosados por una sistema de presión primero económico-política, con ello ideológica y mediática, en el que reina la incertidumbre y el chantaje omnipresentes, bajo miles de trastadas cotidianas y en el pantano de la desinformación y la manipulación de la realidad. Si hubiese información libre y suficiente, si la comunicación sirviera para organizarnos críticamente y para confiar en la fuerza de los trabajadores y no para el individualismo y el linchamiento mediático de las luchas a nadie se le ocurriría votar por sus verdugos aunque se disfrazaran de santos o de “buenos muchachos”. Nadie pondría un voto a cambio de babas gerenciales salpicadas contra la historia de despojos y humillaciones incontables. Nadie votaría ni por el “glamour” de campaña ni por el fetiche. Nadie pondría su confianza en el torturador histórico que ha mentido, robado y vuelto a mentir y robarnos sempiternamente. Nadie permitiría semejante farsa y fraude, si pudiésemos votar libremente. Sin capitalismo. Votaríamos sólo por quienes conocemos, con nosotros, en lucha hombro a hombro, diariamente y por el bien de todos. ¿Exagero?


Es urgente una Revolución de la Justicia Social en los procesos electorales. Antes, durante y después. Sanciones para los que mienten, para los que no sancionan las mentiras, para lo que idean y ejecutan fraudes con votos y con promesas… sanciones al aparato electoral de los oligarcas por desigual, opaco, amañado y excluyente. Sanción para quien permita elecciones asediadas, plagadas con amenazas (así sean “sutiles”), sin auditorias o sin protocolos éticos manejados por los electores. Sanción para el dispendio y para la censura… para el tráfico de miedos. Sanciones para los que ponen la cara en episodios electorales y jamás vuelven a las bases, para los que no rinden informes y para lo que se disfrazan de “reporteros”, comentaristas u opinólogos para hacer propaganda embozada. Someter a juicio a la democracia burguesa.

Por Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Instituto de Cultura y Comunicación

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¿El “plan” económico de un país “borracho”?

Cual fiestero “borracho”, sin dinero y con caminar tambaleante, el país regresa al “hogar” neoliberal -así sea a rastras-, de la mano del gobierno de Lenín Moreno (impulsado por la inercia de las medidas de política económica adoptadas por el gobierno anterior). Si bien desde diversas corrientes (derechas, “izquierda” progresista, las otras izquierdas... y demás), se ha acusado al morenismo de no tener un verdadero plan económico, a estas alturas (y con casi medio período de gobierno sobrevivido) parece que el “plan” es la improvisación. Un “plan” que, por cierto, se despliega por capítulos aparentemente disconexos de una telenovela que apunta a un climax de fin de temporada: el retorno al redil del Fondo Monetario Internacional (FMI). Y de ahí empezará una nueva temporada de la tan conocida serie neoliberal, que no será más de lo mismo, sino más de lo peor…

Cualquiera que vea al “borracho” país de la mano de un gobierno delirante (que canta a los cuatro vientos su sueño de producir con la mano derecha y repartir con la izquierda ), creerá que la borrachera fue causada por la enorme irresponsabilidad de diez años de desperdicio que nos han llevado a una grave crisis económica. Si biern la crisis existe (como ejemplo basta mencionar cuatro años de un PIB per cápita estancado), ese desperdicio de la década es solo una parte de toda esta historia... pues el “borracho” país no está así por voluntad propia, ¡lo han emborrachado permanentemente y lo siguen haciendo!


De hecho, mientras el morenismo distrae al pueblo con llamadas xenófobas y continuos culebrones en contra del correísmo -su eterno fantasma-, por otro lado, aprovecha la distracción para consolidar su supervivencia con entreguismos vergonzosos [2] y medidas desesperadas. Así, luego del “ajuste” a los subsidios de las gasolinas y la adquisición apurada de endeudamiento con China por 900 millones de dólares a fines del año pasado , se colocaron bonos soberanos por 1.000 millones a diez años plazo y a una tasa de interés del 10,75% . La tasa de dicha colocación es una de la más altas desde el contraataque de la deuda externa durante el correísmo, lo cual muestra que la situación económica ecuatoriana es crítica [3] más cuando se compara con los créditos obtenidos por países vecinos como Colombia .


Es en ese marco de improvisación e imparable endeudamiento donde se perfila la arremetida morenista para acelerar las concesiones, en lo que -de a poco- parece constituirse como la gran orgía privatizadora del siglo XXI. Usando como pretexto una lectura fiscalista de la crisis (para la cual el problema es conseguir recursos económicos y balancear las cuentas fiscales como sea), se apuntala una gran oleada de privatizaciones, que vendrá acompañada de más flexibilizaciones y liberalizaciones. Una oleada que busca convencer al pueblo ecuatoriano que, por definición, toda empresa pública es ineficiente y generadora de pérdidas. Razonamiento simplón [4] que se complementa con el pérfido engaño a la opinión pública de que las concesiones no son privatizaciones.


Las pretensiones son grandes. En la mira está, en primer puesto, la concesión de la Corporación Nacional de Telecomunicaciones (CNT). El asesor presidencial Santiago Cuesta dijo que se entregaría por 20 años la administración de la empresa a cambio de 4 mil millones de dólares en ingresos para el Estado . Lo raro es que Contraloría publicó un informe de 2018 hecho por una auditora privada revelando la compleja situación de la empresa. La CNT no tiene contabilidad y no hay datos certeros de cuánto dinero gana o pierde. Un informe de 2017 señala que, hasta 2016, el patrimonio de CNT crecía a razón de 132 millones por año y que en 2017 se produjo curiosamente una pérdida patrimonial de 1.343 millones. En esas condiciones de incertidumbre sorprende la certeza con la que opina el asesor del presidente Moreno, más aún cuando se recuerda que, en 2016, la CNT declaró una rentabilidad de 221 millones .


Luego de CNT, el propio discurso oficial permite entrever que el festín privatizador -disfrazado de concesiones- parece estar dando sus primeros pasos tras las hidroeléctricas e incluso tras el servicio de salud del IESS . Hasta las presiones para terminar con la protección a la “industria audiovisual”podrían mencionarse en este punto como ejemplo de los méritos que el país debe hacer para acceder a tratados de libre comercio (sobre todo con los EEUU y para ingresar a la Alianza del Pacífico). Tratados que presionan al desmantelamiento de las protecciones a un potencial desenvolvimiento endógeno sustentado sobre todo en las empresas nacionales pequeñas y medianas, a la vez que benefician a los grandes capos del comercio, consolidando -como objetivo último- nuestra condición de economía primario exportadora.


Por cierto, cabe aclarar que el empeño privatizador de Moreno en el fondo va cristalizando el plan de su antecesor. En 2016 Correa propuso un gran paquete de concesiones en donde la CNT abriría -con una alianza público-privada- hasta el 49% de su capital a inversionistas privados (en ese entonces el pretexto era la obtención de recursos para la reconstrucción de la infraestructura devastada luego del sismo del 16 de abril de 2016). Igualmente, Correa destacó que entre los potenciales activos a la venta también estaban las hidroeléctricas, como Sopladora, una hidroeléctrica de poco menos de 500 megavatios en la que se invirtió cerca de 800 millones de dólares. La idea de Correa era transformar en liquidez la riqueza del Estado. Y él se declaró dispuesto a vender también el Banco del Pacífico, los canales incautados TC Televisión y GamaTV (75 millones entre los dos), TAME. En definitiva, ya desde el “progresismo” corresísta se veían los inicios del festín privatizador .


Si bien esos planes no prosperaron, Correa logró concesionar puertos, por 50 años: Puerto Bolívar, Manta, Posorja (sin licitación) ... entregándolos a consorcios transnacionales asociados con grandes consorcios oligáricos criollos, como el grupo de Isabel Noboa Pontón. Igualmente Correa dio paso ala venta de empresas como el ingenio AZTRA o cementeras en condiciones más que ventajosas para los capitales privados . Asimismo, el correísmo se encargó de llevar a cabo una “privatización encubierta” del sistema de salud .


Lo que cuenta es que el correismo fracasó en fortalecer y dinamizar las empresas públicas, como pasó con Petroecuador: la petrolera estatal pudo asumir directamente la extracción de crudo de los conocidos “campos maduros” de petróleo; pero en vez de eso el correísmo entregó el campo Auca a la transnacional Schlumberger e intentó -sin éxito- entregar Sacha a Halliburton , campo que ya había sido entregado al inicio de su gestión a la estatal petrolera venezolana PDVSA (actos que el propio Rafael Correa, en 2005 y 2006, consideraba textual y públicamente como “ una traición a la patria ”). Y si de extractivismos hablamos, prohibido olvidar el festín minero del siglo XXI impulsado frenéticamente por Correa , que continúa su marcha en tiempos morenistas .


Llegados a este punto, cabe hacerse algunas preguntas muy serias: ¿cómo llegó el “borracho” país a esta situación?, ¿lo emborrachó el “excesivo” gasto público?, ¿fue el agresivo endeudamiento adquirido entre el fin del correísmo y todo el morenismo?, ¿fue el déficit fiscal?, ¿fue el tamaño del Estado?, ¿fue la implosión de la burbuja petrolera vivida desde 2015 (junto con la apreciación del dólar y el encarecimiento del crédito externo)?


Más allá de lo que digan los economistas ortodoxos, conservadores y prudentes (OCP) (teólogos acérrimos del neoliberalismo), a nuestro criterio la borrachera no es coyuntural, es estructural: todos los gobiernos, con diversa intensidad dependiendo de la disponibilidad de la bebida, han emborrachado al país de recursos provenientes de una -larga e histórica- dependencia del mercado mundial; dependencia que en tiempos recientes ha adquirido la forma de rentas petroleras e ingresos por deuda externa. Recursos que siguen ocultando los problemas estructurales que no se resuelven solo con ajustes fiscales.


Incluso en el caso hipotético de una contracción abrupta del déficit, el país no va a salir del mareo si no se retoma una agenda de transformación estructural seria, profunda y que tenga entre sus protagonistas a los sectores productivos de la pequeña y mediana empresa, de las cooperativas y asociaciones, del campesinado (actualmente abandonados en medio de un creciente deterioro del empleo ). Sin duda hay problemas urgentes que enfrentar (como la presión fiscal causada por los gastos corrientes cada vez más difíciles de cubrir, como sueldos o pago de intereses de la deuda pública), pero esos problemas nacen de desequilibrios estructurales que deben enfrentarse tarde o temprano.


Penosamente, el camino con el morenismo no es el de la transformación estructural. Más bien es, como dijimos al inicio, el retorno al FMI. Cuál pareja furiosa, el Fondo nos espera con garrote en mano para “castigar” la “borrachera”; lo que, puesto en palabras de Pablo Lucio Paredes, uno de los más recalcitrantes economistas OCP, significa “ … sobre todo poner orden en las finanzas públicas ¡con más energía y credibilidad! ” . Ese enérgico garrote del FMI que nos espera si no cambiamos de rumbo no va a caer en los verdaderos responsables de la crisis. Y tampoco nos va a liberar de la adiccióna los extractivismos (petrolero, bananero, minero…), más bien los va a profundizar. Pues, repitamos, el país no se emborrachó porque quiso. ¡Lo han emborrachado, y lo siguen haciendo... para continuar saqueándolo!


¿Qué hacer al respecto? Pues, como primer paso, caminemos a puerto seguro, donde en vez del garrote fondomonetarista, el país tenga al menos la esperanza de decidir por voluntad propia como superar esta borrachera. Está en manos de la lucha popular [5] el que esa esperanza se haga realidad.-
Notas:
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[1] Alberto Acosta y John Cajas Guijarro: Economistas ecuatorianos.
[2] Un ejemplo realmente vergonzante es el haberse sumado al grupo de los satélites del presidente norteamericano Donald Trump sobre la crisis de Venezuela, en lugar de mantener una posición digna como Uruguay y México, que proponen una salida al autoritario desgobierno de Maduro desde la propia sociedad venezolana (salida a la cual adherimos junto con muchas otras personas ).
[3] Cabe agregar que la tasa de colocación de los bonos soberanos también responde a las condiciones del mercado financiero internacional afectado por el incremento de las tasas de interés en los EEUU. Los efectos económicos de dicho incremento de las tasas de interés -cada vez más fuerte- incluso han generado pugnas entre Donald Trump y la Reserva Federal , a la vez que el resto del mundo enfrenta un mayor encarecimiento del financiamiento externo (tema delicado si se recuerda que a escala mundial parece existir una fuerte tendencia al sobreendeudamiento ).
[4] De hecho, la evidencia económica no parece mostrar que existan verdaderas diferencias entre las empresas públicas y privadas alrededor del mundo. Para muestra, se recomienda ver el artículo de David Hall y Tue Anh Nguyen (2018): “Economic benefits of public services”, Real-World Economics Review, No.84, pp.100-153 .
[5] Reconocemos que 2019 inició con un fortalecimiento del “músculo” de la lucha popular antineoliberal; ejemplo de ello fueron las protestas en Cotopaxi así como las nutridas movilizaciones del 30 de enero en varias ciudades del país en contra de las medidas económicas morenistas. Esperemos que esa lucha siga ganando “músculo” -y sobre todo “cerebro”- para evitar ser cooptada y pueda confrontar a un gobierno cuyas pretensiones de diálogo son cada vez menos creíbles. Para ello es crucial que empiece a converger la lucha popular antineoliberal con otras luchas sociales igualmente urgentes como, por ejemplo, la lucha feminista.

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Lunes, 17 Abril 2017 06:17

Casi 100 días

Casi 100 días


A finales de octubre del año pasado, en la famosa ciudad de Gettysburg, Donald Trump anunció un plan para los primeros 100 días de su gobierno, si era electo presidente. En noviembre ganó la elección y a finales de este mes se cumplen esos 100 días.

Este periodo ha sido ampliamente reseñado en todas partes. A estas alturas, el gobierno aún no está plenamente constituido; en muchos ministerios y dependencias faltan nombramientos clave de personal. Al interior de la Casa Blanca se extienden las luchas entre los grupos de influencia. Esto incluye de modo sensible la estructura de la seguridad nacional.

La agenda legislativa que se fijó bajo el lema de America first ha tenido cambios relevantes y se ha abierto, en cambio, un papel más protagónico en asuntos internacionales.

Así, ha cambiado el discurso respecto de China y la advertencia original de que se combatiría la política de manipulación monetaria.

Lo que parecía un acercamiento con Rusia y las alabanzas a Vladimir Putin derivaron primero en una investigación de la FBI y del Congreso sobre la supuesta relación entre el equipo de campaña de Trump y el gobierno ruso. Luego, de plano, se ha llegado a un enfrentamiento con visos turbios en relación con la guerra en Siria y tiende a extenderse.

En Asia se ha endurecido la confrontación con Corea del Norte y su actividad con las armas nucleares, conflicto que desplazó a la armada estadunidense a aquella región. Una vez más, tensando la relación con China, Rusia, Europa y la OTAN.

Este cambio de dirección del gobierno de Donald Trump ha puesto a la zaga esa machacona insistencia de la campaña electoral de que concentraría su atención en Primero América.

Internamente no pudo revocar y remplazar la política de salud de su antecesor, conocida como Obamacare. Este primer acto político, que debió ser decisivo, mostró, en cambio, la torpeza política del Partido Republicano, que llevaba años oponiéndose a ese programa y que, cuando tuvo la oportunidad de actuar, acabó en fiasco legislativo.

Un aspecto notorio de ese episodio fue la aceptación del presidente de que no sabía lo endiabladamente difícil que sería cumplir con la reforma al sistema de salud, que propuso con vehemencia en su campaña y no pudo cumplir. La política no es sólo un flujo inacabable de declaraciones resonantes y de tinte popular. Es mucho más que eso.

Trump y el Congreso, dominado por su partido, han quedado ampliamente expuestos. Y como dice una expresión muy usada allá: They should have known best (debían haberlo sabido). Esa es su responsabilidad.

Este es un aspecto del quehacer político que se advierte de modo amplio y se expresa en repudio generalizado entre los ciudadanos de los modos políticos que se han establecido en general. Francia es un caso patente, ahora a las puertas de una elección que pone en vilo la esencia misma de la Quinta República.

En materia económica, Trump aún no inicia formalmente la embestida de su propuesta de campaña de una honda reforma fiscal. En ese terreno se espera otra complicada disputa política. Este asunto ha sido puesto en manos de ex funcionarios del poderoso banco Goldman Sachs.

Por otro lado, la política comercial, centrada en promover el mercado interno y el empleo, sobre todo en el caso de las manufacturas y en las zonas más castigadas, no se ha expresado en acciones decisivas.

La dinámica de la productividad, el cambio tecnológico y la competencia también son más complicados de lo que parecían al entonces candidato Trump, ahora ya en el gobierno.

Los costos, determinados a escala global, son esenciales para la rentabilidad de las empresas estadunidenses. El libre comercio en América del Norte tampoco parece ser sencillo de revocar y remplazar. Esa es la situación que se ha generado en los pasados 20 años, con repercusiones para ese país y México.

No obstante, aún no se ha visto actuar en pleno al secretario de Comercio, Wilbur Ross, quien mantiene su fuerte crítica a los excedentes comerciales de China, Japón y Europa. En esa área se ha concentrado mucho poder de acción.

La política monetaria y financiera respecto del valor del dólar está también sometida a revisión por la administración Trump. La política de "dólar fuerte" se introdujo en 1995 para mantener bajos los rendimientos de los bonos del Tesoro y eludir el hecho de que se promovía una suerte de devaluación para acrecentar las exportaciones. La entrada de capitales para financiar el déficit comercial apoyaba además el auge de la firmas de tecnología y se disfrazaba, en efecto, la apreciación de la moneda.

Ahora la postura es que con un dólar caro no se puede competir. Ahí se aprecia la confluencia de las acciones del Tesoro y de la gestión comercial que promueve ahora el gobierno. Los meses que siguen irán definiendo tanto las pautas de la política económica como sus repercusiones en distintas partes; para México esta es una cuestión relevante, que exige una clara definición en materia de gestión del peso, el financiamiento a la producción y, claro está, de las medidas en materia comercial.

Los primeros 100 días del gobierno del presidente Trump están siendo muy distintos a lo que proponía originalmente. Las expectativas sobre las acciones de Trump se han modificado y la incertidumbre es mayor. Las manifestaciones de conflicto se extienden rápidamente del campo económico y migratorio al de la arena militar.

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"Me gusta que Trump esté haciendo lo que dijo que haría"

Las Marchas de Mujeres y las críticas generalizadas al “veto musulmán” no han hecho mella en la lealtad de los votantes de Trump. Más bien todo lo contrario.

 

Percheros de hierro fundido, vinilos para niños, cajas antiguas de comida, canastas de tabaco, potes de aceitunas estilo vintage y un teléfono con dial giratorio son algunas de las cosas que ocupan los estantes de la Casa de Tesoros de James y Jess. Esta tienda de antigüedades abrió hace dos años y tiene un estilo "rústico, hipster, elegante" con un eslogan un poco cursi: "Casi todo antiguo y algunas cositas nuevas".


Si la Casa de Tesoros estuviera en la ciudad de Washington, podríamos hacer la apuesta demográfica de que sus propietarios votaron por Hillary Clinton. Pero se encuentra a 120 kilómetros de la capital, en el condado de Washington, un sitio donde Trump ganó cómodamente. Y mientras las protestas agitan la capital desde que Trump ocupa la Casa Blanca, para James y Jess el presidente está haciendo las cosas bien.


"Me encanta Trump", dice James Zawatski. "Me gusta que esté haciendo lo que dijo que haría. Muchos políticos no cumplen con su palabra. Tengo 47 años y nunca en mi vida había votado, hasta el año pasado. Necesitábamos un presidente con un par de cojones para hacer lo que se tiene que hacer. Estoy cansado de los progresistas".


El impacto meteórico que ha causado Trump en la capital ha provocado desconcierto, preocupación, confusión, perplejidad e indignación. Los demócratas se tambalean frente a un rival audaz, mientras que los republicanos intentan adaptarse a este aliado impredecible. Los medios de comunicación lanzan ráfagas de críticas. Los habitantes de la capital, donde Clinton ganó a Trump con el 90,9% de los votos contra el 4,1%, manifiestan sus preocupaciones y temores. Y la Marcha de Mujeres del mes pasado en la capital fue una impresionante declaración de resistencia antiTrump.


Pero lejos de la vanguardia de la política cada vez más tribal de Estados Unidos, en Hagerstown, condado de Washington, Estado de Maryland, la forma de ver las cosas es totalmente opuesta.


Donde los críticos ven el veto migratorio de Trump como "antiamericano" y responsable del caos en los aeropuertos, los defensores del presidente interpretan que les está protegiendo. Donde los críticos ven una política de Asuntos Exteriores que estalla por el aire cuando el presidente ofende a Australia y aplica sanciones a Irán, sus defensores ven al presidente como un tío duro. Donde los críticos ven despidiendo a la fiscal general en funciones y pisoteando la Constitución, los defensores de Trump lo ven acabando con el antiguo orden de forma intrépida. Y cuando los activistas protestan, los periodistas lo fulminan y millones de personas se espantan al ver al mundo girando hacia la catástrofe, los defensores de Trump desestiman sus temores, llamándolos "llorones" y elogiando a Trump por ser supuestamente el primer político que cumple con sus promesas de campaña. No lo ven como un rinoceronte destructor sino como un hombre fuerte que dice las cosas de frente.


El plan de Trump de construir un muro en la frontera de Estados Unidos con México es un ejemplo de esta forma complementaria de ver las cosas. "Amo a los inmigrantes. Amo a los mexicanos. Pero las cosas deben hacerse bien. Hay un procedimiento", afirma Zawatski, descendiente de inmigrantes italianos. "Esta gente viene y tiene más derechos que yo, que me rompo el alma trabajando siete días a la semana. Somos un país maravilloso, pero se están aprovechando de nosotros".


"Directamente dispararía los que intentan entrar"


"Yo personalmente no gastaría dinero en un muro. Directamente les dispararía a los que intentaran entrar. Y luego ya no lo intentarían más".


A Zawatski no le caen bien los cientos de miles de personas que participaron de las Marchas de Mujeres, muchos de ellos con gorras rosas y carteles que criticaban a Trump por su alarde sobre ser capaz de "coger a las mujeres por el coño".

Este hombre no sólo no condena la misoginia de Trump sino que la aprueba: "¿Qué hombre no ha cogido a una mujer por el coño? ¿Qué hombre no ha hablado con otro sobre lo que le hizo a una mujer la noche anterior? Las mujeres también lo hacen. Somos humanos". Su esposa Jess, de 35 años, está de acuerdo. "Es una cosa de hombres. Yo sé que James habla así con sus amigos. No culpo a Trump por decir esas cosas".


Además, piensa que la Marcha de Mujeres "fue de lo más estúpido, porque algunas dicen que no tienen igualdad. Las mujeres pueden luchar por conseguir lo que quieran. Los hombres no se lo impiden".


Mientras Zawatski, con los brazos llenos de tatuajes y una camiseta que pone "con tatuajes y con empleo", hablaba con The Observer, un hombre robó una esfera decorativa (con precio de 73 euros) del escaparate exterior de la tienda. Zawatski lo vio y salió corriendo a atraparlo, obligando al hombre a dejar el objeto.


"Así está el barrio," se queja. "Hay muchas peluquerías que no son peluquerías, no sé si me entiendes". Y comparándose con Trump, agrega: "Yo le diría al jefe de policía ‘haz tu trabajo, sólo hazlo'".


Hagerstown tiene un gran problema con el narcotráfico y hay muchos bares y tiendas vacíos. Sin embargo, es un desafío explicar el triunfo de Trump en esta ciudad. No es el típico pueblo sureño republicano ni el cinturón industrial de EEUU al que Trump aludió en su discurso de investidura como "lleno de fábricas oxidadas repartidas como tumbas" cuando habló de la "carnicería estadounidense".


Por el contrario, la ciudad está en Maryland, un Estado en el que Clinton ganó con más del 60% de los votos. Es una ciudad casi bonita, con torres de iglesias y edificios históricos, con un museo de Bellas Artes en ebullición, con carriles bici y caminos de senderismo, con teatros y una oficina de turismo llena de folletos con material sobre el patrimonio de la guerra civil en la zona y los orígenes de Hagerstown a partir de inmigrantes alemanes en el siglo XVIII. Es jueves y se pueden ver a los estudiantes saliendo de una escuela de arte.


El ingreso medio anual por hogar en el condado de Washington es de 52.723 euros, sobre la media nacional pero muy por debajo de la media en el Estado de 69.245 euros. En el condado ganó Trump con el 64% de los votos, contra un 31,6% de Clinton. Es un condado rojo en un Estado azul. O, como dijo elocuentemente Al Steinbach, un agente comercial votante de Clinton de 64 años: "Para mí, Maryland es un mapa con forma de vagina: el centro azul, con los lados rojos. Bienvenidos a los Estados Divididos de América".


Miedo de los ataques contra Trump


Steinbach, que tiene "miedo literal" de lo que puede llegar a hacer Trump, lee cada día el Washington Post y escucha la Radio Pública Nacional. "Cuando pongo Fox News y veo lo que dicen del otro lado, me escandaliza lo extremistas que son".
A menudo se ha argumentado que en el pasado los medios de comunicación locales unían a las comunidades, estableciendo intereses comunes. Hoy, en la era de los medios de comunicación digitales y fragmentados, cada persona con un móvil es una isla. El jueves pasado, Anthony Kline, un obrero de 38 años, se sentó en un bar a mirar un nuevo vídeo de Facebook hecho por un hombre musculoso y con barba que dice estar en Irak.


El hombre, llamado Steven Gern, dice que preguntó a los iraquíes qué sucedería si él saliera a caminar por el pueblo, y asegura que le contestaron que lo cogerían, lo torturarían y lo decapitarían mientras lo filman en vídeo. Si esto es así, argumenta, ¿por qué hay que permitir a los iraquíes entrar a su país? Kline, cogiendo el móvil con su mano tatuada, afirma: "Esta es la realidad".


Trump dijo hace poco a la CIA que está "en guerra" con los medios de comunicación. Kline, que le da al presidente un puntuación de ocho sobre diez, señala: "Los grandes medios de comunicación son absolutamente parciales. Te dicen lo que quieren que oigas o que pienses. La mayoría de la gente no tiene educación y se cree lo que le digas".


Los defensores de Trump no sólo hacen oídos sordos al coro de indignación progresista al que se enfrenta Trump cada día, sino que lo usan para fortalecer su idea de que el presidente está atacando a la élite privilegiada y egocéntrica. Sobre la Marcha de Mujeres que se realizó el día después de la investidura de Trump, Kline opina: "Son una panda de niñatos progresistas que están acostumbrados a salirse con la suya. Son como niños caprichosos a los que nunca se les negó nada. Una vez que alguien les dice que no, no saben qué hacer".

 

Del otro lado de la ciudad, Marlon Michael, de 50 años, todavía tiene el cartel de "Hacer a Estados Unidos grande otra vez" en la puerta de su casa, un dúplex con paredes de vinilo y un mástil con la bandera estadounidense en la puerta. "El país iba de mal en peor y el resto del mundo ya no nos respetaba", indicó. "Trump prometió que las cosas volverán a ser como antes". ¿Cuál es su evaluación del presidente hasta ahora? La respuesta de Michael sería impensable en alguien de Manhattan: "Lo está haciendo estupendamente. Está haciendo todo lo que dijo que haría y a un político no se le puede pedir más que eso".


Los demócratas, los activistas y analistas periodísticos han criticado el decreto de Trump que prohíbe el ingreso al país a ciudadanos de siete países mayoritariamente musulmanes, tanto por el caos que provocó su puesta en práctica como por las siniestras ideas que lo sustentan. Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado, afirmó: "Esta noche, la Estatua de la Libertad tiene lágrimas en el rostro". Incluso muchos republicanos se han estremecido con la medida.


Un sondeo de Reuters/Ipsos concluyó que el 31% de los participantes dijo que el decreto lo hacía sentir "más seguro", mientras que el 26% se sentía "menos seguro". Otro 33% dijo que daba igual y el resto dijo que no sabía.


Sin embargo, algunos votantes de Trump como Michael, un exmarine que ahora trabaja en la construcción, lo apoyan a tope. "Esto se tendría que haber hecho hace ocho o doce años, o después del 11-S", dijo. "Durante los últimos ocho años tuvimos un presidente que se tomaba a la ligera el problema de los musulmanes. Uno cierra la puerta de su casa para que no entre cualquiera, y es lo mismo con el país. Estamos cerrando las fronteras para que no entre cualquiera a sembrar el caos".


Michael también mira Fox News. Lleva una camiseta de los Dallas Cowboys con una imagen de una mano cerrada con el dedo mayor en alto. "CNN da muchas noticias falsas sobre Trump y él lo dice". Y no le ha caído nada bien la Marcha de Mujeres. "Fue estúpido de cojones. ¿Para qué lo hicieron? ¿Quieren más privilegios? Las mujeres ya tienen derechos iguales a los hombres. Pero seguirán molestando hasta el fin de los tiempos", dice. Michael da a Trump un puntuación de nueve sobre diez. "Mi única queja es que no me gusta que esté tan pendiente de Twitter".


Las elecciones han demostrado que, a pesar de que Barack Obama haya dicho que no es así, hay estados rojos (republicanos) y estados azules (demócratas) en Estados Unidos. Pero también hay condados azules y condados rojos. Una de las grandes divisiones entre votantes fue entre quienes tienen estudios universitarios y quienes no tienen: según FiveThirtyEight, a Clinton le fue mejor que a Obama en 2012 en 48 de los 50 condados con mejor nivel educativo del país, pero le fue peor que a Obama en 47 de los 50 condados con nivel educativo más bajo, una de las claves de su derrota.


Los primeros días de Trump en la Casa Blanca han hecho poco para reducir la grieta. Cada bando analiza las medidas del presidente, sus declaraciones y sus gracias a través de un cristal opuesto. Sentada en una cafetería de Hagerstown, Christianne Smith, una estudiante afroamericana de 20 años, le da un puntuación de 2 sobre 10. "No tiene experiencia ni está apto para el puesto", asegura. "No trabaja por los intereses del pueblo estadounidense. No entiendo cómo llegó a ser presidente. Quizás es porque yo no fui a votar. Así que es culpa mía".

 

David Smith - Hagerstown, Maryland
07/02/2017 - 20:29h


Traducido por Lucía Balducci

Publicado enInternacional
Lunes, 16 Enero 2017 06:44

Legados

Legados

La presidencia de Barack Obama está en sus últimas horas antes de ser sometida a la historia. Su discurso de adiós, la semana pasada, una vez más resaltó su talento retórico y la elegancia de sus mensajes –conmovió a muchos hasta las lágrimas–, pero demostró que también es útil para disfrazar ciertas realidades. Asumió crédito por todo, y responsabilidad por casi nada.

Obama no sólo marcó historia por ser el primer presidente afroestadunidense; su triunfo detonó júbilo alrededor del país y del mundo con su mensaje de "esperanza y cambio" después de la pesadilla del gobierno de George W. Bush. Vale recordar que fue tan grande el suspiro colectivo mundial, que fue condecorado con el Premio Nobel de la Paz antes de cumplir un año en la Casa Blanca.

Como él mismo recordó en su discurso y en una carta al pueblo, sus logros incluyen rescatar la economía del abismo de una gran depresión y generar empleo, otorgar seguro de salud a decenas de millones que no contaban con esa protección básica, reducir la presencia militar (y anunciar, aunque engañosamente) que las guerras en Irak y Afganistán habían concluido, eliminar a Osama Bin Laden, obtener un acuerdo nuclear con Irán "sin un solo disparo", restablecer la relación diplomática con Cuba después de medio siglo, otorgar protección contra la deportación a más de 700 mil jóvenes indocumentados e impulsar (junto con China, pero eso no lo dijo) el "acuerdo de París" sobre el cambio climático, entre muchas otras cosas.

El cambio cultural fue notable también. Vale recordar algunas de las voces y artistas que participaron y festejaron su llegada a la Casa Blanca o que participaron en foros oficiales y conciertos en la residencia oficial (Aretha Franklin, Bruce Springsteen, Pete Seeger, Beyonce, entre otros). No cabe duda de que esta Casa Blanca tuvo la mejor música de tiempos recientes.

Aunque en su adiós al pueblo estadunidense –ante unos 20 mil simpatizantes en Chicago y millones por televisión en vivo– afirmó que "lo mejor aún está por venir" y concluyó triunfante con su lema inicial de "sí se puede" (tomado prestado de César Chávez), al cual le agregó: "sí pudimos", todos estos logros ahora están amenazados y muchos serán anulados.

Mientras el legado de Obama ahora estará a juicio de los historiadores, algunas cosas se quedaron fuera de su gran discurso de despedida y de los mensaje oficiales al concluir sus dos mandatos. Si bien enfatizó los desafíos de esta democracia (desigualdad económica, racismo, participación cívica, entre otros), decidió no asumir responsabilidad personal por la persistencia –y hasta el empeoramiento– de ellos. Menos aceptó que sus políticas de alguna manera contribuyeron a que triunfara el bufón neofascista con la promesa de anular o revertir el legado de Obama.

Una lista parcial de las cosas que Obama prefirió no mencionar en su adiós, y que pueden en parte ofrecer algunas explicaciones de lo que está sucediendo en este país casi post Obama, tendría que incluir:

Obama presidió sobre un periodo con una concentración de la riqueza sin precedente en décadas, que llegó a un nivel de desigualdad económica no vista desde 1928. Millones de los que perdieron el empleo, ahorros y sus viviendas en la gran recesión jamás han recuperado su nivel de vida y buena parte se sintió abandonada por el gobierno, mientras los responsables de su desastre en Wall Street –y el fraude financiero más grande de la historia– gozaron de absoluta impunidad y hoy día están mejor que nunca. Obama no encarceló a un solo alto ejecutivo financiero. El 1 por ciento más rico nunca ha estado mejor.

Es un presidente que estuvo en guerra durante sus ocho años. De hecho, logró establecer el récord de prolongar las guerras que prometió acabar, y ahora son las más largas en la historia del país. Sólo en 2016, bajo las órdenes del comandante en jefe, Estados Unidos ha arrojado 26 mil bombas (equivalentes a casi tres bombas cada hora), y sus fuerzas de operaciones especiales han sido desplegadas a unas 138 naciones. Nadie ha desplegado tantos ataques con dron, y nunca se había bombardeo a tantos países. Y también en su gobierno Estados Unidos marco récord en venta de armas a otros países.

Obama se ganó el titulo de "deportador en jefe" al convertirse en el presidente que más inmigrantes ha expulsado de este país en la historia: de 2 y medio a 3 millones, más que el total de todos los presidentes en el siglo XX.

Destruyendo ilusiones románticas de un país post-racial, estalló un nuevo movimiento de derechos civiles que nació de la furia contra el abuso de poder y la violencia letal policiaca, y su impunidad, contra afroestadunidenses. Después de ocho años de esta presidencia, el sistema de justicia, desde la policía en las calles hasta los tribunales y las prisiones, están repletos de pruebas de un profundo y escalofriante racismo institucional. Hoy día hay más hombres afroestadunidenses en la cárcel que esclavos antes de la Guerra Civil.

En relación con la transparencia y el respeto a la libertad de expresión, este gobierno ha perseguido penalmente, según la antigua Ley de Espionaje, a dos veces más personas –sobre todo las que se atrevieron a filtrar y revelar al público abusos y violaciones de las autoridades, como Snowden– en los últimos ocho años que el total de todos los gobiernos anteriores desde 1917, año en que se promulgó esa ley. Más aún, el Comité de Protección de Periodistas concluyó hace un par de años que las medidas de control de información por este gobierno son las más agresivas desde los tiempos de Nixon.

La lista es mucho más larga y compleja, pero, coinciden diversos críticos de la talla de Noam Chomsky y Cornel West, una de las razones claves del giro político en Estados Unidos fue en parte el desencanto y la desilusión con Obama, por "la desaparición de la esperanza y la falta de cambio". O sea, lo que prefirió no decir en su adiós.

La pregunta urgente no es cuál será el legado de Obama después de su adiós, sino cómo rescatar la esperanza en este país hoy mismo. ¿Cual será el legado de este pueblo?

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Lunes, 24 Octubre 2016 06:49

Crecimiento atorado

Crecimiento atorado

"Prometer no empobrece". En tiempos de elecciones las promesas abundan. Una de ellas es repetitiva y se refiere a conseguir que crezca la economía, que se produzca más y, mejor aún, que el ingreso generado le llegue a más personas.

Las promesas se sustentan en las acciones del gobierno: cómo conseguir más ingresos, usualmente elevando los impuestos y, luego, cómo usarlos para que haya más riqueza. A estas alturas del sexenio en México, la economía debería estar creciendo casi al 5 por ciento anual, según se planteó en el programa de gobierno. Este año y el próximo ya nos conformamos con el 2.2 por ciento, el nivel promedio de casi tres décadas. A veces es gobernar lo que empobrece, no a todos, por supuesto.

En Estados Unidos no ha faltado en la campaña electoral que está en curso, la oferta de hacer crecer el producto por encima de una tasa también apenas de 2 por ciento. Tanto Trump como Clinton dicen lo mismo; el primero bajando de modo generalizado los impuestos, la segunda subiéndolos para los más ricos y financiar así los programas de gobierno en favor de la clase media. Trump se atreve a ofrecer un crecimiento hasta de 5 por ciento anual, aunque no dice cuándo, todo cabe en el lema de Make America great again.

En Europa ni prometen siquiera, están metidos de lleno en una situación recesiva donde la política fiscal y monetaria no alientan el gasto en inversión y consumo. Las tasas de interés son negativas y ni así sube el gasto agregado. Japón está en una situación similar desde ya muchos años, antes incluso de la crisis de 2008. Y China ha frenado ya su fuerte expansión de la actividad económica. En América Latina el reciente ciclo expansivo se acabó con una historia que se repite, siempre con sus particularidades.

En México se ha discutido por muchos años ya la misma cuestión, a saber: ¿por qué no crece la economía? Ahora esta misma pregunta se hacen en los países más ricos.

Las teorías y los debates políticos aportan argumentos para un discusión siempre con limitaciones del fenómeno del crecimiento económico. Estos no pueden reducirse a planteamientos técnicos que usualmente se distancian de las condiciones sociales y políticas en que se enmarcan.

Uno de los postulados clásicos de este tema se basa en el crecimiento de la productividad como base de la expansión del producto (la fábrica de alfileres de Adam Smith) y se amplía con las pautas de la distribución del ingreso (la disputa entre las ganancias y los salarios reales de David Ricardo).

La etapa de crisis recurrentes y de caída de la tasa promedio de crecimiento del PIB que se registra desde la década de 1980, tiene como telón de fondo la fuerte expansión registrada luego de la Segunda Guerra Mundial. Esta se extendió entre 1948 y 1973 y suele considerarse como el periodo más sobresaliente de expansión económica en la historia. Es a lo que se llama la Era dorada, los Treinta años gloriosos y el Milagro económico.

Esto parece haber sido un interludio y se sugiere que el proceso de crecimiento ha vuelto a su estado normal. Insisto en que todo no puede discutirse sin las particularidades de la historia económica (como la crisis petrolera de 1973 y sus secuelas).

El caso es que se observa una caída de la tasa general de crecimiento económico de 4.9 por ciento entre 1951 y 1973 a una de 3.1 desde entonces y hasta finales del siglo pasado, con un impacto mayor en las economías más ricas.

El aumento de la productividad es un proceso discontinuo. Depende de muchos factores. Responde a la innovación, pero es una tarea compleja y su expresión en el crecimiento productivo es problemática (como fue la pugna entre Edison y Tesla, cercada por los intereses financieros del banquero J. P. Morgan). Todo esto es una referencia para la definición de las políticas públicas y la intervención del Estado, y no tiene tampoco conclusiones definitivas.

En paralelo con el análisis entre el comportamiento de la productividad y su relación con el crecimiento económico, existe ahora el replanteamiento de la idea de un estancamiento secular. Esta noción fue propuesta por Alvin Hansen en 1930 en la etapa de la Gran Crisis. Se basaba en que una menor tasa de aumento de la población y del progreso técnico reduciría las oportunidades de inversión. El menor gasto significaría un aumento de la tasas de ahorro que frena y contrae la expansión.

Esta idea se arrinconó con la expansión de la segunda posguerra, pero se ha reintroducido con los efectos adversos de la crisis de 2008. Algunos indicadores soportan el argumento en el caso de los países más desarrollados, como son: la tendencia a la reducción de la población en edad de trabajar (15-64 años); los niveles más altos de la desigualdad en términos de ingresos y riqueza, la caída en la tasa de crecimiento de los salarios reales.

El argumento de la normalidad del lento crecimiento, junto con las condiciones actuales que apuntan al estancamiento crónico, deben enriquecerse con los fenómenos que describen necesariamente a la economía como un proceso político y con contradicciones específicas y cambiantes. Ni la técnica, ni la política o la ideología practicadas de manera tosca contribuyen a pensar los fenómenos sociales de la envergadura de la falta de crecimiento y sus consecuencias.

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