De un país en guerra a otro en conflicto, los 4.000 afganos que acogerá Colombia por mandato de Biden

El servilismo de Colombia con EEUU es histórico y llegó a su cenit con el ‘Plan Colombia’, un programa multimillonario de ayuda militar para combatir a las guerrillas bajo la excusa del narcotráfico. Se puso en marcha en 2001, en plena ‘guerra contra el terror’ tras el 11-S. Ahora, Joe Biden pide a Colombia que acoja a 4.000 afganos en un país saturado de migrantes venezolanos y desplazados internos a causa de la violencia crónica y con una crisis agudizada por la covid-19.

 

"Cuando lo pierdes todo, pierdes hasta el miedo". Así respondía en 2016 un hombre libio, de mediana edad, durante su viaje en un ferry hacia Atenas tras haber arriesgado su vida en el mar Egeo para llegar a Europa. La mal llamada ‘crisis de refugiados’ estaba en pleno apogeo y su epicentro era Grecia, lugar de tránsito de miles de personas en busca de asilo. Buena parte de esas oleadas de refugiados y migrantes fueron causa de las guerras desatadas en Oriente Medio y África a raíz de la ‘guerra global contra el terror’ que George W. Bush provocó e inició en respuesta a los fatídicos atentados yihadistas en Nueva York y Washington. En 2001, hace ahora 20 años, cambió el mundo.

Antes de dejar la Casa Blanca, Donald Trump anunció que tras 20 años en Afganistán, el primer país al que EEUU envió tropas tras el 11-S, el Ejército estadounidense se iba a retirar. Llegó Joe Biden a la Presidencia y siguió el plan: el objetivo era estar fuera del país de los talibanes en agosto de 2021. A EEUU le siguieron el resto de países con tropas, entre ellos España. Lo que no esperaban Biden y sus aliados occidentales es que los talibanes se iban a hacer con el control y en menos de dos semanas tomarían, sin resistencia, la capital, Kabul. El resto lo hemos visto en los medios de comunicación de todo el mundo durante este mes de agosto. De repente, la humanidad abre los ojos y se topa con un conflicto olvidado de consecuencias impredecibles.

"Desde 2015, cuando se redujo el número de tropas extranjeras, los medios de comunicación han ignorado en gran medida a Afganistán, pero la guerra se volvió más violenta y las bajas civiles alcanzaron niveles récord. Sólo ahora, con los talibanes en Kabul, vuelve la atención’, afirma a Público Ross Eventon, economista e investigador de la Universidad colombiana del Rosario. El experto recuerda que un alto porcentaje de los migrantes que llegaban a Europa en 2015 eran de origen afgano como consecuencia del incremento de los bombardeos de Estados Unidos, lo que originó un fuerte desplazamiento de personas hacia países vecinos, como Irán y Pakistán.

Ahora, tras la caótica salida de las tropas de EEUU y sus aliados de Afganistán, se avecina otra crisis humanitaria de envergadura, a causa del regreso de los talibanes al poder pero también por las disputas internas y la presencia de grupos yihadistas como el Estado Islámico de Jorosán y Al Qaeda, más radicales incluso que los talibanes. No se sabe a ciencia cierta cuántos afganos han abandonado su país este mes de agosto, por tierra y aire, pero nadie niega que son cientos de miles. En este contexto, Biden, principal artífice de la peor evacuación de su historia, ha hecho un llamamiento a multitud de gobiernos para que acojan refugiados, y ha incluido a varios de Latinoamérica, que se ven sometidos al imperativo americano.

Colombia, el país con más desplazados internos y segundo receptor de migrantes

Sólo Colombia, el principal socio de EEUU en la región, ha de recibir "temporalmente" a unos cuatro mil afganos, quienes llegarán a un país que desde 2017 ha recibido dos millones de venezolanos, teniendo en cuenta que ambas naciones comparten una gigantesca frontera de 2.000 kilómetros. Colombia es epicentro de la crisis migratoria venezolana y no ha tenido capacidad para asimilar el problema tanto política como socialmente. Según ACNUR, Colombia es el segundo país que alberga el mayor mayor número de refugiados y migrantes en el mundo, después de Turquía, que acoge a cerca de cuatro millones de sirios.

Colombia se ve abocada ahora a dar respuesta a EEUU e ignorar con esta decisión su propio conflicto interno (y armado). Sólo en 2021, en este país se han contabilizado 67 masacres y 112 asesinatos de líderes sociales, según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz). Además, los colombianos siguen inmersos en una insatisfacción generalizada hacia la política del presidente Iván Duque, la desaprobación supera el 60%, según las encuestas realizadas tras la protesta social y las huelgas desatadas desde el pasado mes de abril.

Lo curioso es que Colombia y Afganistán están entre los países con mayor número de desplazados internos a causa de la violencia. Según ACNUR, Colombia es el primero en el ranking mundial, con más de ocho millones, a lo que se ha sumado en los últimos años el esfuerzo prolongado de acoger a cerca de dos millones de venezolanos.

En cuanto a las oleadas globales de refugiados, más de dos tercios provienen de cinco países: Siria, Venezuela, Afganistán, Sudán del Sur y Myanmar, también según datos de ACNUR. La paradoja es que quienes acogen a esos migrantes son naciones pobres, en desarrollo o de renta media; sólo una minoría va a países ricos.

Si Colombia alberga ahora a miles de afganos, por mucho que estén amparados por EEUU y se hable de ‘temporalidad’, inexacta todavía, éstos habrán abandonado un país en guerra para ser acogidos en otro con un conflicto armado enquistado, ubicado en América Latina, es decir, a miles de kilómetros de Asia, donde se habla español, una nación que no pertenece ni a Europa, ni es Estados Unidos o Canadá, los destinos que esperan estos nuevos refugiados. Los afganos se encontrarán en un país donde la violencia es endémica y sistemática, con una migración masiva sin precedentes, donde la pandemia ha hecho mella en la economía, en la sociedad y en la política.

Además no es fácil instalarse en Colombia, sirva de ejemplo que la regularización de los venezolanos pasa por conseguir el Permiso Especial de Permanencia (PEP), que otorga el Departamento de Migración. Decenas de miles de venezolanos, de bajos recursos, llegan a Colombia como pueden (de forma ilegal) y después siguen su camino hacia otros países como Ecuador, Perú o Chile, atraviesan fronteras a pie tras caminar por trochas durante días y semanas. Es el caso de Rosa Castro, quien, junto a sus hijos de 14 y 16 años, vivió un año y medio de pandemia en Colombia como migrante venezolana y después viajó a Perú para encontrar una manera de subsistir con su familia. El peligro es evidente, atravesó, sola con sus dos hijos, y a pie, las fronteras de Colombia, Ecuador y Perú, según detalló a Público. Otro foco de tensión migratoria en Colombia se da en su frontera con Panamá, el conocido ‘tapón del Darién’, donde se agolpan personas que han surcado miles de kilómetros -incluso africanas- en sus ansias de llegar a Estados Unidos a través de la insegura Centroamérica y México.

EEUU lo paga todo, pero no será suficiente

Ross Eventon considera que Estados Unidos está utilizando a Colombia para mejorar la imagen de su mejor aliado en Latinoamérica, después de las críticas recibidas por la fuerte represión policial contra las protestas ocurridas este 2021, y teniendo en cuenta que en 2022 se celebrarán elecciones presidenciales. "Dado que todo está pagado por Estados Unidos es más una maniobra de la Administración de Biden que un gesto humanitario de Colombia", destaca, al explicar que será USAID (Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional) quien asumirá todos los costos.

Una opinión que contrasta con la visión de la periodista Giannina Torres, periodista especializada con experiencia en gestión de proyectos con organismos internacionales en Colombia, que asegura que la recepción de afganos, planeada entre el Gobierno de Colombia en articulación con Washington, es una iniciativa que demuestra la apertura y la solidaridad del país, tal y como se ha hecho con el recibimiento de la población migrante venezolana.

"El contexto en el que se da este recibimiento de mujeres y familias es el acuerdo entre Colombia y Estados Unidos, se trata de un sistema de protección temporal en el que se está avanzando logísticamente desde el gobierno en coordinación con las autoridades estadounidenses para garantizar alojamiento, alimentación y atención psicosocial de las familias afganas’, enfatiza Torres. En el caso de que lleguen mujeres afganas, la periodista colombiana advierte de que se debe dar una respuesta rápida porque los retos son enormes, la estabilización de las mujeres que llegan de un contexto de guerra requiere de acciones de apoyo psicosocial y de acompañamiento.

Torres reconoce que Colombia afronta profundas dificultades sociales y económicas, pero está convencida de que la experiencia de la migración venezolana "puede servir para atender a las familias afganas". En definitiva, considera positivo el rápido y generoso acuerdo para que Colombia acoja temporalmente a los afganos mientras se tramita su estancia legal en Estados Unidos, al ajustarse a los principios de "humanidad y solidaridad".

¿Y si EEUU falla y los afganos tienen que quedarse en Colombia?

Giannina Torres explica que, en ese caso, el Gobierno tendría que tomar medidas adicionales para garantizar la integración socio-económica real de las familias afganas: ofrecer cursos de español, oportunidades de acceso a ofertas laborales, subsidios o ayudas temporales y acceso a la educación. Pero insiste en que, en principio, la protección es temporal, según el compromiso de Estados Unidos, que sería el receptor final de esta población.

Rocío Castañeda, desde el área de Comunicaciones de ACNUR en Bogotá, es cauta y se limita a manifestar a Público que son los gobiernos de Estados Unidos y Colombia los responsables de organizar la llegada y estadía temporal de los afganos y afganas. "Por el momento, ACNUR no ha recibido solicitudes oficiales de apoyo al Gobierno colombiano ni a la embajada de Estados Unidos en Colombia; sin embargo, estamos dispuestos a prestar la asistencia humanitaria", afirma Castañeda.

En este contexto, hay muchas incógnitas por despejar: el número exacto de refugiados afganos que llegaría a Colombia, tampoco se conoce la fecha de arribo, ni los procesos de asilo con Estados Unidos, ni la duración de la estadía en el país sudamericano. Eso sí, el Gobierno ha confirmado que se aceptarán las reglas del juego que imponga Estados Unidos y que se ubicarían en ciudades como Bogotá, Cali y Barranquilla.

Y, mientras tanto, nadie pregunta ahora a los afganos si quieren terminar en Colombia, en el caso de que EEUU los abandone a su suerte en este país latinoamericano, cuando su búsqueda de asilo se dirigía a Europa o Estados Unidos tras escapar de Afganistán.

El servilismo colombiano a la Casa Blanca

Para entender por qué Colombia tiene que asumir la llegada de afganos pese a su situación de vulnerabilidad, hay que tener en cuenta que la intromisión de EEUU en Latinoamérica es de larga data. El hegemón que surgió tras la II Guerra Mundial y durante la Guerra Fría usó las tierras americanas más allá del río Bravo como laboratorio para aplicar desde golpes de Estado hasta intervenciones militares directas o indirectas. El objetivo era eliminar cualquier atisbo de comunismo, el llamado ‘enemigo interno’ y disponer de privilegios comerciales a través de chantajes arancelarios. Los métodos no han importado nunca. Más allá de las dictaduras que amparó Washington en el Cono Sur, Colombia ha sido aliado incondicional de la Casa Blanca siempre, bajo la excusa de recibir ayudar en la lucha contra el narcotráfico. Todo empezó en 1971, cuando Richard Nixon declaró su 'guerra contra las drogas’ que terminó derivando, con George W. Bush, en una ‘guerra contra el terror’ tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El Plan Colombia fue decisivo: un programa de ayuda militar que pactaron Andrés Pastrana y Bill Clinton, pero que ejecutaron George W. Bush y Álvaro Uribe a partir de 2001. A través de este acuerdo, Colombia recibió en 15 años, hasta 2016, unos diez mil millones de dólares que financiaron la Política de Defensa y Seguridad Democrática de Álvaro Uribe (2002-2010), la que colocó a Colombia en una de las etapas más oscuras en términos de violaciones de los derechos humanos.

El Plan Colombia fue un pretexto para encubrir una intervención estadounidense: "Se trata de una guerra social de la globalización neoliberal en el marco del recorrido hegemonista de EEUU como potencia político-militar. Es diferente a lo que aparenta ser, es un proyecto que combina lo militar con lo político, lo institucional y jurídico con lo económico, que postula una idea de gobernabilidad sin cambios democráticos ni reformas sociales", escribió hace ahora 20 años el exsecretario general del Partido Comunista de Colombia Jaime Caycedo Turriago en el libro 'Plan Colombia: Ensayos críticos’, en un texto titulado "Nuevo modelo de dominación colonial".

Si miramos a Afganistán ahora cuadra esa idea de "gobernabilidad sin cambios democráticos ni reformas sociales". Washington está agotando sus recursos y ya acumula muchos fracasos (sumemos a la ‘guerra global contra el terror’ su otra ‘guerra contra las drogas’ de Nixon). Pero no cesa en su presión, ahora pide a Colombia que le ayude a gestionar el aluvión de refugiados afganos y que acoja, en un país hostil para ese pueblo asiático, a 4.000 de ellos. El presidente Iván Duque solo puede responder "SÍ" a Biden, no puede traicionar a su padrino político, Álvaro Uribe, quien recibió miles de millones para su guerra contra las guerrillas. El patio trasero de EEUU sigue abierto.

 

Bogotá/Madrid

30/08/2021 22:24

Fátima Martínez//twitter.com/@FatimaMG">@@FatimaMG / Esther Rebollo@estherrebollo

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Cien millones de personas tuvieron que abandonar su hogar en la última década

Cada vez más personas deben de abandonar sus hogares a la fuerza mientras que son siempre menos quienes logran retornar. Una vez más, ACNUR ilustra cómo la mayoría de las personas refugiadas lo está en países en desarrollo, muchas veces limítrofes y con penurias alimentarias que complican su situación.

Las cifras que la Agencia de Naciones Unidas para las Personas Refugiadas (ACNUR) publica en suInforme anual de tendencias globalesmuestran un 2019 donde el desplazamiento de seres humanos alcanzó un record: 1 de cada 97 habitantes del planeta estaría desplazado. Por otro lado, resulta cada vez más dificil para quienes tuvieron que irse a la fuerza regresar.

La cifra total de personas desplazadas, 79,5 millones, prácticamente duplica la registrada hace una década. Según la descripción que brinda ACNUR, estas personas tuvieron que dejar sus hogares tras sufrir persecución como consecuencia de “conflicto, violencia, violaciones a los derechos humanos o eventos que alteraron gravemente el orden público”. Situaciones que afectan en gran medida a los menores, que sumarían según las estadísticas de la agencia de la ONU entre 30 y 34 millones, un 40% del total de personas desplazadas.

La mayor parte de estos casi 80 millones de seres humanos están desplazados dentro de su propio país: 45,7 millones. 26 millones son refugiados, una parte de ellos bajo el paraguas de las agencias de la ONU, 20,4 millones bajo el mismo ACNUR, y 5,6 millones de refugiados palestinos lo estarían bajo el mandato de la Agencia de Nacionas Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA).

Al margen de los miedos europeos y la securitización de las fronteras, las personas refugiadas llegan y se establecen fundamentalmente en países en desarrollo. El 85% de ellos se hallan en países de estas características, mientras que el 27% se encuentran de hecho en lo que el ACNUR considera como “países menos desarrollados”. En muchos casos el país de acogida es el estado vecino: sucede en el 73% de lo casos.

Preocupa en la agencia la dificultad cada vez mayor para el retorno de estas personas desplazadas y refugiadas. Son pocos los que consiguen volver, la mayoría desplazados internos: de los 5,6 millones que pudieron retornar en 2019, poco más de 300.000 habían llegado a salir del país.

De las personas que dejaron su país 4,2 millones han obtenido asilo. Durante el 2019 se presentaron dos millones de demandas de asilo. La mayoría en Estados Unidos, superando las 300.000, seguido de cerca por Perú con 259.000 demandas. En Europa, Alemania encabeza los países que reciben solicitantes de asilo, con 142.500, detrás va Francia con 123.900 y finalmente España con 118.300.

Venezuela se sitúa como segundo país de origen de desplazados, solo después de Siria, este último con 6,6 millones de nacionales fuera del país. La contabilización de las personas venezolanas se realiza aparte en el informe, irrumpiendo en los gráficos de manera desagregada por primera vez en 2019. Tras Venezuela, Afganistán (2,7 millones), Sudán del Sur (2,2 millones) y Myanmmar (1,1 millones), tres países que arrastran largos conflictos, completan el grupo de los cinco de donde proviene el 68% de las personas refugiadas.

Respecto a la acogida de migrantes, Turquía, limítrofe con Siria, va muy por delante en cuanto a refugiados viviendo en su territorio: 3,6 millones, el doble de Colombia, limítrofe con Venezuela y que recibió 1,8 millones. Pakistán, que comparte su mayor frontera con Pakistán recibió 1,4 millones de refugiados afganos mientras que Uganda, también limítrofe con Sudán del Sur, acoge a otros 1,4 millones de sus ciudadanos. Solo en quinto lugar aparece un país europeo, Alemania, con su 1,1 millones de refugiados.

En diez años, la década que arrancó en 2010, al menos 100 millones de personas fueron expulsadas de sus hogares. 16,5 millones solicitaron asilo y este se pidió para 400.000 niños que viajaban solos. 20 millones de personas fueron reconocidas con derechos de asilo, pero solo un cuarto de ellas accedió a protección internacional. Casi ocho de cada diez desplazados lo estaban dentro de sus países.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas, Filippo Grandi, apunta en el informe su preocupación por el hecho de que los desplazamientos se estén alargando en el tiempo. Una larga lista de conflictos activos en esta década está en el origen de este gran aumento en el número de desplazados: la persistencia de las guerras de Yemen y Siria, así como los conflictos en el Sahel, Burkina Faso o la República Democrática del Congo, empujan a miles de personas a abandonar sus tierras.

Inquieta además la creciente dificultad para el retorno de quienes se han vito obligados a marchar. Si en la década de los 90 la media de quienes volvían anualmente era de 1,5 millones, desde el 2010, la cifra es mucho menor, solo 390.000 lo consiguen cada año. Y no es porque vivan bien en los campos de acogida, muchos y muchas de ellos no se encuentran a salvo en su desplazamiento: ocho de cada diez personas desplazadas en el mundo están viviendo en estados afectados por inseguridad alimentaria y malnutrición, y en muchos casos sujetos a riesgo climático.

En su informe, ACNUR llama a los Estados a “que hagan un mayor esfuerzo por ofrecer un hogar para millones de refugiados y otras personas desplazadas por los conflictos, la persecución u otros eventos que perturban gravemente el orden público”. La organización recuerda además el compromiso de Desarrollo Sostenible de 2030 de “no dejar a nadie atrás” en el que ahora se incluyen explícitamente a las personas refugiadas.

ESPAÑA

España figura entre los cinco primeros países en los que se pide asilo, con 118.300 solicitudes en 2019. Un récord, según señala la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). La respuesta ha sido una disminución radical al menos en términos relativos de la concesión de asilo: solo un 5,2% de solicitantes resultan favorables. Este mínimo porcentaje supone una variación notable frente a los años precedentes, casi una de cada cuatro solicitudes fueron aceptadas el año anterior. Está además muy por debajo de la media europea, del 31%. Fuera del asilo se concedieron 40.000 permisos por razones humanitarias, una gran mayoría a personas venezolanas.

CEAR es crítica con la labor de España: señala las devoluciones en caliente en la frontera sur; las trabas a la reagrupación familiar; o la petición de visados de tránsito a quienes proceden de países en conflicto como Siria, Palestina o Yemen, país este último a cuyas peticiones, una vez en territorio español, son resueltas positivamente, pero a quienes les dificulta la llegada al país, exponiéndoles al tráfico de migrantes.

Por otro lado, los retrasos en la tramitación de la petición de asilo generan gran inseguridad a quienes solicitan protección, por no hablar de lo que supone la denegación del proceso de petición de asilo en la frontera sur. La reapertura de la ruta atlántica hacia Canarias, donde las llegadas se multiplicaron desde finales de 2019, es otro motivo de preocupación, dada la peligrosidad del camino. Las centros donde se les recibe están en muy mal estado sin contar con medidas higiénicas ni espacios. Además, son pocos los trasladados a la península.

Dada la situación descrita, CEAR apunta a la necesidad de trabajar en conjunto y llama a un nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo que amplíe derechos y vaya hacia un sistema común.

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Madrid acogerá a defensores de derechos humanos de Colombia amenazados

La fundación Mundubat y el Consistorio pretenden defender el acuerdo de paz con esta iniciativa

Cada 11 horas asesinan a un defensor de derechos humanos en Colombia. En los últimos seis meses 397 personas han muerto a manos de grupos armados al margen de la ley, según el defensor del pueblo de Colombia. Es por esta razón que el tercer teniente de alcalde, Mauricio Valiente, desde el Plan Estratégico de Derechos Humanos del Ayuntamiento de Madrid y la Fundación Mundubat han presentado este martes en el palacio de Cibeles un programa de acogida temporal a activistas de derechos humanos en riesgo.


Madrid acogerá a partir de enero de 2019 y durante tres meses a activistas perseguidos en distintas partes del mundo. La primera edición del programa se va a centrar en Colombia con tres lideres de derechos humanos que todavía no se han escogido. ¿Y qué pasará después? Valiente ha explicado que si los lideres sociales que el programa escoja deciden quedarse definitivamente en Madrid tendrán que buscar otras alternativas como pedir asilo político. "Este programa va a permitir que puedan seguir trabajando en defensa de su territorio", ha dicho el director de Mundubat, Antonio Montoro.


El programa en este momento esta en su primera fase. El proceso de selección está abierto desde el pasado 8 de octubre hasta el próximo 7 de noviembre, y dependerá de un comité de selección integrado por instituciones como la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), el Ayuntamiento de Madrid, Mundubat y una red de ONG. Una vez finalizado el proceso, hasta enero de 2019 se preparará la acogida. El Consistorio va a financiar su estancia en pisos individuales en donde podrán contar con las condiciones necesarias para su estancia. La gestión del programa estará a cargo de la Fundación Mundubat. "Los detalles de las condiciones y el presupuesto todavía se están debatiendo internamente", ha dicho Montoro.


El programa de acogida temporal les va a permitir estar lejos de las amenazas que enfrentan cada día, según Rudy Estela Posada, una de las lideres del Movimiento Ríos Vivos de Antioquia en la presentación del programa. "En los últimos meses han matado a cuatro compañeros de la organización por defender nuestra tierra", ha dicho Posada, una campesina que la semana pasada llegó de Colombia a España para pedir ayuda, ya que el gobierno colombiano no les ha dado ninguna protección. "Cuando tenía 14 años tuve que dejar mi casa porque mi familia estaba amenazada, mataron a mis dos hermanos", ha añadido la también activista Posada.


Posada ha recibido amenazas constantes por mensaje de texto y verbales por ser defensora de los derechos humanos en su territorio. "No sirve de nada que me pongan a un policía para cuidarme, eso es peor por qué nosotros tenemos cuatro grupos armados al margen de la ley con diferentes intereses que están en guerra por mi tierra", ha dicho.
Otro de los lideres que ha asistido a la presentación fue Carlos Fernández, defensor de derechos humanos de la Comisión Interclesial de Justicia y Paz. Fernández ha mostrado su preocupación por la situación que viven actualmente los defensores de derechos humanos en Colombia y ha culpado de esta situación al gobierno del presidente Iván Duque, que "está cambiando el corazón del acuerdo de paz y atacando al movimiento social y político".


Colombia es el país destinatario del primer programa municipal por la difícil transición hacia la paz que está viviendo tras el acuerdo entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Gobierno Colombiano, que puso fin a medio siglo de conflicto y que este mes cumple dos años de vigencia. A pesar del cese de las hostilidades, los conflictos sociales se siguen cobrando centenares de vidas de civiles en el país cada año, incluyendo las de activistas de los derechos humanos, ambientales y sociales.

Lucía Franco
Madrid 17 OCT 2018 - 01:35 COT

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Miércoles, 29 Agosto 2018 07:16

Reunión de vecinos por el éxodo venezolano

Reunión de vecinos por el éxodo venezolano

Ciudadanos venezolanos cargando bultos y valijas recorren la autopista a Bucaramanga desde Cúcuta, en Colombia (foto). El flujo de venezolanos que llega a la ciudad fronteriza de Cúcuta empezó a disminuir esta semana después de que Perú y Ecuador anunciaran el endurecimiento de las medidas migratorias, incluyendo el requerimiento de pasaportes para ingresar a esos países, medida que fue criticada por Naciones Unidas (ONU) y la organización mundial de migración (OIM).

Las autoridades migratorias de Colombia y Perú acordaron ayer crear una base de datos conjunta de los ciudadanos venezolanos que están llegando a ambos países para atender “este fenómeno de la mejor manera”.


“En la medida en que tengamos identificada a la población, en esta misma medida podemos implementar mecanismos de incorporación regionales”, afirmó el director de Migración Colombia, Cristian Krüger Sarmiento, al término de una reunión en Bogotá con autoridades de Perú y Brasil para exponer la forma en la que enfrentan la llegada masiva de venezolanos que huyen de la crisis en su país.


En la reunión, en la que también iban a participar autoridades ecuatorianas, pero que no pudieron asistir por problemas logísticos, Krüger coincidió con el superintendente nacional de migraciones de Perú, Eduardo Sevilla, en que “la idea es invitar también a los demás países” que reciben venezolanos para que se unan a la iniciativa.


“Queremos generar unos principios básicos, unas ideas básicas para poder atender este fenómeno migratorio de manera regional (...) y uno de los aspectos fundamentales es que las autoridades cuenten con la información de todas estas personas para poder organizar este fenómeno migratorio que cada día está creciendo”, añadió.


Según los funcionarios, en Colombia ya se han radicado cerca de un millón de venezolanos, mientras que en Perú ya son más de 400.000.

 

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Sábado, 25 Agosto 2018 07:46

Ultimo llamado para los sin pasaporte

Ultimo llamado para los sin pasaporte

La acción estuvo coordinada por el gobierno ecuatoriano, que confirmó la existencia de un corredor humanitario para que los venezolanos lleguen a destino de forma segura. A medianoche, empezaron los nuevos requerimientos de pasaportes.

Cientos de exiliados venezolanos viajaron ayer en buses para entrar a Perú antes de medianoche, momento en que empezaron los nuevos requerimientos en materia de pasaportes. La acción estuvo coordinada por el gobierno ecuatoriano, que confirmó ayer la existencia de un corredor humanitario para que los venezolanos lleguen a destino de forma segura. Los migrantes salieron desde varios puntos de la ciudad ecuatoriana de Tulcán, fronteriza con Colombia, hasta el puente internacional de Huaquillas, en el sur de Ecuador y próximo a Perú. 

“Este corredor humanitario se ha querido establecer para este fin de semana. Nos vamos a quedar hasta que se complete el corredor con los 36 buses que se desplegaron, nosotros vamos a estar aquí hasta que esos buses se desocupen”, aseguró Carlos Basantes, subsecretario de Gestión de Riesgos de Ecuador, quien por la tarde de ayer afirmó que hasta el momento habían salido 23 vehículos con más de 900 personas. “Este es un proceso lento pero destinado a evacuar a todos”, enfatizó. El subsecretario informó que primero salieron 20 colectivos desde un paso fronterizo con Colombia situado en la provincia de Carchi y luego se sumaron otros tres, que salieron de Sucumbíos. “La población que cubrimos en este corredor es población que ya selló todo su registro migratorio y está todo en regla”, agregó Basantes.


Los buses llegaron ayer por la tarde al puente internacional de Huaquillas, en el sur de Ecuador y fronterizo con Perú. El puente fue escenario de tensiones y esperanzas de migrantes que corrían a contra reloj para ingresar a territorio peruano antes que entrase en vigor el requisito de pasaporte, aprobado por Perú la semana pasada. Apenas cruzaron el paso fronterizo, los venezolanos hicieron extensas filas para tramitar la entrada en territorio con sus documentos de identidad. El Centro Binacional de Atención de Frontera (Cebaf) de Huaquillas, administrado por Juan Carlos Peñaherrera, es el encargado de coordinar y ejecutar, junto con diferentes instituciones, un plan de contingencia para atender la aglomeración de venezolanos en la frontera.


“Suponemos que va a venir bastante gente, porque es el último día en que los venezolanos podrán pasar sólo con la cédula, porque a partir de las cero horas del sábado, en Perú ya les pedirán el pasaporte”, informó Peñaherrera. El administrador del centro fronterizo agregó que hace días que llegan buses periódicamente y que ayer esperaban entre 1.500 y 3.000. Para la contingencia el Ministerio de Salud dispuso una atención permanente las 24 horas con siete médicos, mientras que la Cruz Roja Ecuatoriana tiene dos psicólogos y personal para actuar en caso de alguna emergencia. Además, el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) instaló en el lugar carpas para atender a los niños con juegos e incluso funciona como una guardería, en caso de que sus padres tengan que dejarlos por efectuar trámites, según informó Peñaherrera.


Por su parte, el representante del ejecutivo de Huaquillas, Carlos Tamayo, destacó la actitud solidaria de los habitantes de esa jurisdicción que colaboraron ofreciendo comida a los recién llegados. Tamayo destacó la generosidad de la gente y calificó de hermanos a los migrantes del país vecino. En los patios aledaños y en la calles circundante del puesto de migración, muchos venezolanos improvisaron asientos con los bolsos de equipaje para descansar y esperar el turno para tramitar su paso a Perú.


La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) expresó ayer su preocupación ante la salida de los venezolanos hacia los países vecinos, así como a Estados Unidos, Canadá y España. “Esto puede convertirse rápidamente en una crisis”, advirtió Joel Millman, portavoz de la OIM. En una rueda de prensa en Naciones Unidas (ONU), Millan alertó que la situación se parece cada vez más a la crisis de los refugiados en el Mediterráneo. “La comunidad internacional debe empezar a alinear sus prioridades, financiación y medios para gestionar la huida de venezolanos de su país debido a la crisis económica, política y social en la nación andina, así como su posterior acogida”, exhortó. Los máximos responsables de la OIM, William Lacy Swing, de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), Filippo Grandi, también exigieron a la comunidad internacional más apoyo con los países latinoamericanos. El portavoz de Acnur, Andrej Mahecic, a su vez subrayó su preocupación por los recientes actos de violencia y manifestaciones xenófobas contra los inmigrantes en algunos países de América latina y el Caribe. “Es peligroso porque aumentan la estigmatización y ponen en riesgo la integración”, explicó.

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La ONU pidió apoyo para refugiados venezolanos

Dos agencias de la ONU se refirieron en particular a los nuevos requisitos en materia de pasaportes y control de fronteras de Ecuador y Perú, así como a las modificaciones introducidas a los permisos temporales de residencia de los venezolanos en Perú.

 

La ONU exhortó ayer a los países latinoamericanos a seguir acogiendo a los refugiados venezolanos, a la vez que denunció las nuevas exigencias de pasaporte en las fronteras implementadas por Ecuador y Perú. Además informó que hoy creará un mecanismo para coordinar una respuesta al éxodo de los venezolanos. 

En un comunicado conjunto, el Alto Comisionado de la ONU para los refugiados (ACNUR), Filippo Grandi, y el director general de la Organización para las Migraciones (OIM), William Lacy Swing, pidieron a la comunidad internacional que aumente sus apoyos en respuesta a la creciente migración. Asimismo ambos organismos expresaron su preocupación ante los acontencimientos recientes que afectan a los refugiados y migrantes venezolanos. Las dos agencias de la ONU se refirieron en particular a los nuevos requerimientos en materia de pasaportes y de entrada en las fronteras de Ecuador y Perú, así como las modificaciones introducidas a los permisos temporales de residencia de los venezolanos en Perú. La medida anti migratoria comenzó a regir, en el gobierno de Lenin Moreno, el pasado sábado. Sin embargo inmediatamente la Defensoría del Pueblo de Ecuador denunció el accionar del gobierno y logró conseguir que los niños y adolescentes que llegasen a Ecuador con sus padres, no estén obligados a presentar documentos en caso que sus progenitores porten los propios. En Perú la medida se pondrá en marcha mañana.


En los últimos dos años ingresaron, a territorio peruano, más de 400.000 venezolanos en el marco de la política de puertas abiertas que inicialmente ofrecieron las autoridades ante la crisis social y económica que vive Venezuela. Sin embargo, luego de detectar ingresos con cédulas falsas, Perú decidió tomar las mencionadas medidas. Las tensiones migratorias se incrementan también en otros países de América Latina, como en Brasil, donde se han producido violentos disturbios entre migrantes y población local. La frontera colombiana, que recibió a más de un millón de venezolanos en los últimos 16 meses, también está en el centro de la disputa. Ayer denunció la medida tomada por sus vecinos alegando que ello favorece las migraciones clandestinas. Según OIM y la ACNUR, de los 2,3 millones de venezolanos que viven en el extranjero, más de 1,6 millones han huido desde 2015, cuando el país se sumió en una grave crisis económica y política, y el 90 por ciento de ellos se refugiaron en países de la región. Para la ONU los más vulnerados, que a su consideración son los adolescentes, las mujeres y los niños no acompañados, no tienen capacidad para satisfacer las exigencias en materia de documentación, y por tanto están expuestos a un riesgo mayor de explotación, de trata y de violencia. “Reconocemos los crecientes desafíos ante la llegada a gran escala de venezolanos”, admitió Grandi quien también subrayó que es esencial que cualquier nueva medida que se tome, siga permitiendo a quienes necesitan una protección internacional, tengan acceso seguro y puedan efectuar su demanda de asilo.


En un intento de ponerle fin al conflicto, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, se reunirá hoy con la ACNUR y con la OIM para desarrollar un mecanismo coordinado que atienda a las demandas migratorias. El portavoz de Guterres, Stéphane Dujarric, explicó que el objetivo es garantizar que la ONU gestione este asunto adecuadamente. “La creación de este tipo de grupos de coordinación es un procedimiento interno habitual ante crisis como la que se está dando con los refugiados y emigrantes venezolanos”, afirmaron fuentes de la organización. El canciller colombiano, Carlos Trujillo, se reunió ayer con Guterres y le trasladó su preocupación frente a la crisis regional que genera el flujo migratorio venezolano. “Encontramos una gran receptividad de parte del secretario general” explicó Trujillo y agregó que con esta medida se dará un paso adelante para responder a una crisis que, insistió, debe recibir un tratamiento multilateral. En este sentido Trujillo designó a un enviado especial para que conforme la coordinación de esta respuesta regional.


“Para Colombia la situación plantea un asunto humanitario, de seguridad nacional y afecta a múltiples sectores como los de la salud y la educación”, afirmó el canciller quien aseguró que el gobierno está decidido a movilizar a la comunidad internacional. En ese sentido, explicó que las autoridades migratorias del país están en contacto permanente con las de otros estados afectados como Ecuador, Perú o Brasil y se mostró a favor de convocar una sesión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) para tratar “exclusivamente la crisis migratoria venezolana”. El próximo evento territorial conforme a la búsqueda de una salida a la crisis, será el 17 y 18 de septiembre según notificó Ecuador, país liderará un encuentro donde estarán los ministros de Exteriores de 13 estados de la región.

 

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“Se trata de reconocer la voz de los refugiados”

El 85 por ciento de los refugiados reside en países en vías de desarrollo, y no en países ricos de Europa o Norteamérica como muchos creen. Cuatro de cada cinco se quedan en los países límitrofes al suyo y la mayoría son jóvenes.

Desde Roma


Mientras las guerras internacionales, los conflictos internos, la inseguridad, las persecusiones y la violencia en general continúan en el mundo, la cifra total de personas obligadas a escapar de sus lugares de origen sigue aumentando. Según datos difundidos ayer por Acnur en su informe annual Global Trends, la agencia de Naciones Unidas para los Refugiados precisó que a fines de 2017 unos 68,5 millones de personas de todo el mundo habían sido obligadas a abandonar sus hogares debido a alguna de las razones mencionadas. Las situaciones más críticas se verificaron en Sud Sudán, la República Democrática del Congo y Bangladesh.


Global Trends se publica cada año en ocasión de celebrarse el 20 de junio la Jornada Mundial del refugiado. El informe, precisó la misma agencia, no contiene el análisis de los casos de gente repatriada a la fuerza, del uso de los refugiados como chivos expiatorios, de refugiados encarcelados o privados de la posibilidad de trabajar y de distintos países que se han opuesto incluso al uso de la palabra “refugiado”. Estos casos –varios de los cuales están sucediendo ahora en Europa y particularmente en Italia desde que el derechista y racista Matteo Salvini ocupa en el ministerio del Interior– han sido analizados por Acnur en documentos separados.


Pero lo que queda claro gracias a los datos de Global Trends es que el 85 por ciento de los refugiados reside en países en vías de desarrollo, y no en países ricos de Europa o Norte América como muchos creen. Cuatro refugiados de cada cinco se quedan en los países límitrofes al suyo, precisó el informe, y la mayoría de los que escapan son jóvenes. El 53 por ciento son menores de edad y muchas veces viajan sin su familia.


A la grave situación que ya viven los refugiados en el mundo se agrega el cambio de actitud de algunos países ricos que alojan una mínima parte de estos refugiados y que desde hace algunos años han visto aumentar considerablemente el número de migrantes económicos. Ciertos países se niegan rotundamente a recibirlos, como es ahora el caso de Italia y también de Hungría y Polonia, sólo por dar algunos ejemplos. También Estados Unidos se encuentra en esta lista negra desde que el presidente Donald Trump llegó al gobierno y ordenó construir murallas mientras separa de sus padres a los hijos de migrantes indocumentados.
Refugiados y migrantes son dos temas de particular atención este año tanto en la Unión Europea (UE) como en Naciones Unidas. El primer ministro italiano, Guseppe Conte, acaba de hacer dos viajes importantes, a Francia y a Alemania, en busca de apoyo para llegar a un nuevo acuerdo europeo sobre refugiados y migrantes. Los presidentes de los dos países visitados se mostraron dispuestos pero habrá que ver qué sucederá en la reunión de los países UE prevista para el 26 al 29 de junio en Bruselas, que tratará el asunto migraciones a fin de encontrar, explicó la UE, “soluciones para las presiones migratorias”.


En cuanto a Naciones Unidas, para este año se esperan dos importantes acuerdos o pactos: el Pacto Mundial sobre Migración y el Pacto Mundial sobre los Refugiados.


El primero ha sido impulsado y negociado por la ONU, más precisamente por OIM, la Organización Internacional para las Migraciones de Naciones Unidas. En la Declaración de Nueva York de 2016 sobre Refugiados y Migrantes https://refugeesmigrants.un.org/es/declaration, adoptada en septiembre de ese año, la Asamblea General decidió desarrollar un pacto mundial para establecer una migración segura, ordenada y regular. El proceso para desarrollar este pacto empezó en abril de 2017. Se espera que sea adoptado por Naciones Unidas en 2018.


Como continuación de la Declaración de Nueva York de 2016, el Alto Comisionado para los Refugiados (Acnur) por su parte, propondrá un Pacto Mundial sobre los Refugiados en su informe anual a la Asamblea General de este año. Este pacto pretende mejorar la forma en la que la comunidad internacional responde a los grandes desplazamientos de refugiados.


Felipe Camargo , abogado colombiano, es el actual Representante Regional de Acnurpara el sur de Europa. Ha trabajado por 25 años sobre el tema refugiados en distintos países, entre ellos Afghanistán, Myanmar, Guatemala, Pakistán, Líbano, Camerún y Sud Sudán. Veinticuatro de esos años trabajó para Acnur. Nacido en Bogotá, estudió derecho en la Universidad Javeriana y luego hizo post grados en Gran Bretaña y Australia. Reside en Roma desde febrero.


–¿Están cambiando las reglas en materia de refugiados en la ONU?


–El marco de referencia de refugiados no cambia porque es una convención internacional de 1951. Lo que está cambiando es el momento político y la discusión sobre el tema migratorio y del asilo, pero no hay ningún cambio legal ni institucional en la ONU. Va a haber un Compact (o pacto) sobre refugiados a fines de este año, que busca fortalecer la respuesta a toda la problemática de refugiados a nivel mundial. Se trata de compartir responsabilidades, involucrar a otras partes de la sociedad civil como el sector privado y las empresas, y a las autoridades locales en el proceso de repuesta a la situación de refugiados.


–Pero dada la situación actual y que a los refugiados se agregan miles de migrantes económicos – incluso Argentina está recibiendo no sólo gente de América latina sino de Africa–, ¿no habría necesidad de cambiar ciertas normas en los países para mejorar la recepción?


–Hay un Compact que se está preparando también sobre migraciones. Nosotros trabajamos mano a mano con la Organización Internacional de Migraciones de la ONU para que se cree también un espacio de protección a los migrantes.


–¿El pacto que se está preparando abarcará a todos los países miembros de la ONU?


–Sí, es un Pacto Global que firman los estados miembros de la ONU y en el que estamos trabajando desde hace dos años a fin de recomendar acciones más propositivas, más proactivas para abordar la situación de refugiados. Algo similar se está haciendo en cuanto a los migrantes.


–¿Es posible que estos nuevos acuerdos sean aceptados por todos los países de la ONU? ¿Sería obligatoria su aplicación teniendo presente que en Naciones Unidas sólo son obligatorias las decisiones del Consejo de Seguridad?


–Que lo acepten todos los países, sí es probable. Que lo implementen ya es otra cosa. Con todo tenemos algunos ejemplos prácticos y positivos de algunos resultados, desde 2016, cuando empezamos a trabajar. Pero la idea es por lo menos crear una cultura positiva de implementación de algunas de estas acciones como respuestas más fuertes a los refugiados.


–¿Qué quiere decir usted con “cultura positiva”?


–Básicamente se trata de reconocer, en primer lugar, a la voz de los refugiados como actores centrales de una respuesta de protección. Reconocer la voz de los refugiados en todos los aspectos, desde el acceso al territorio hasta el sistema de recepción y la participación activa en un proceso de integración o de inclusión social. Y colocarlos en el centro de las recomendaciones que nosotros hacemos a los gobiernos y a la sociedad civil. Se trata de que ellos no sean objeto sólo de decisiones en las que no participan. Esta es una primera cuestión. La segunda es recoger algunos ejemplos de buenas prácticas y de casos positivos en los que ya estamos trabajando con el sector civil y privado y con organizaciones gubernamentales, tanto a nivel local como central, para decir: si se puede dar protección, si se puede hablar de la integración y la insersión laboral, si se pueden resolver los problemas de los refugiados, por ejemplo en Italia.


–Pero esto vale para todo el mundo ...


–Sí, claro. Estos son los principios del pacto global que se está haciendo sobre los refugiados, que está siendo discutido por los países miembros de la ONU y que se va a firmar a fines de 2018 en principio. La idea es crear una cultura de participación maœ activa que involucre a los actores que tradicionalmente no estaban involucrados.


–¿Se refiere sólo a refugiados o estas particularidades estarían contempladas también para los migrantes?


–Para los migrantes hay un proceso internacional separado, pero que está muy relacionado con el de refugiados. Hay un Pacto Global sobre refugiados y un Pacto Global sobre migración. El marco legal es la convención internacional de 1951 pero para las migraciones no existe este marco legal. Nosotros no queremos que se tienda a generalizar que los refugiados son también migrantes. Los refugiados son migrantes pero que, por razones diferentes a las económicas, como la persecución política o por pertenecer a un grupo social determinado o por su orientación sexual, o por persecución religiosa, se ven obligados a irse de su lugar de origen. Este marco legal no existe para los migrantes. Lo que nosotros estamos diciendo desde hace tiempo, junto con la OIM, es que el Pacto Internacional para los migrantes tiene que tener en consideración, además de la soberanía de los estados, una responsabilidad general en materia de derechos humanos respecto de los migrantes. Y para mostrar en la práctica cómo funciona esa “cultura positiva” y el protagonismo de los refugiados, es que Acnur organizó en Italia un largo mes de actividades. La idea fue mostrar a los italianos, especialmente a aquellos muy temerosos, quienes son y qué sabe hacer esta gente que viene de otros mundos.

El programa incluyó, entre otras actividades, un festival de cocinas de distintos países, conciertos de música, un partido de fútbol del que participan jóvenes refugiados menores de edad que llegaron al país completamente solos, y la presentación de algunas películas referidas al tema, en especial una de la actriz y directora británica Vanessa Redgrave titulada El dolor del mar.

 

Por Elena Llorente

 

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Una tragedia que beneficia a mafias y ultras

Italia y Malta rechazaron el desembarco de refugiados y Francia cerró los ojos. Traficantes y xenófobos sacan provecho.

Aquarius: un nombre luminoso detrás del cual se mueven las sombras de miles de muertos, cientos de miles de refugiados a la deriva, el naufragio de Europa como entidad con capacidad operativa y principios humanitarios, el oportunismo político de las extremas derechas europeas y, en el fondo, las descabelladas aventuras militares de Occidente que, con vagos pretextos humanitarios, desencadenan dramas humanos colectivos. Aquarius es el nombre del barco de Médicos sin Fronteras y SOS Mediterráneo que salvó a cientos de migrantes náufragos frente a las costas de Libia. Italia y Malta rehusaron el desembarco de los refugiados, Francia cerró los ojos y fue finalmente España quien terminó abriendo sus puertos a los más de 600 migrantes a bordo del Aquarius. El destino de esos refugiados abrió una crisis en el seno de la Unión Europea, reforzó los argumentos del eje ultranacionalista compuesto hoy por Austria, Alemania, Hungría e Italia y desencadenó una confrontación diplomática de tono muy alto entre París y Roma.


El presidente francés, Emmanuel Macron, poco hizo para socorrer a los refugiados. Sin embargo, el mandatario denunció el “cinismo y la irresponsabilidad” del Ejecutivo italiano por haber impedido que el Aquarius atracara en sus puertos. La respuesta de Roma llegó de inmediato, primero a través del primer ministro italiano, Giuseppe Conte, quien aseguró que “Italia no puede aceptar lecciones hipócritas de países que en el tema de la migración siempre han preferido mirar hacia otro lado”. La segunda respuesta la protagonizó el líder de la xenófoba Liga y actual Ministro de Interior, Mateo Salvini, quien exigió a Macron que se disculpara por sus palabras (ver recuadro). El supuesto cinismo, en este caso, es un oprobio global desde el principio de la tragedia de los refugiados que acuden a las costas de Europa y que han convertido al Mediterráneo “en uno de los cementerios a cielo abierto más grandes del mundo”, según afirma Olivier Clochard, geógrafo y coordinador del grupo de investigaciones Migrinter. Hoy, migrar es una sentencia de muerte asegurada. Tres estadísticas revelan el horror. United for Intercultural Action (red de 500 ONG) calculó que entre 1993 y 2012 17.000 personas murieron intentando llegar a Europa. La asociación Fortress Europ fijó la cifra en 27.000 para los años que van de 1988 y 2012. La estadística más actual realizada por el consorcio de periodistas The Migrants Files elevó la cifra a 35.000 muertos entre 2000 y 2016. La misma fuente calculó los montos psicodélicos que mueve el Viejo Continente para “luchar” contra la migración y los contrapuso a lo que ganan los traficantes de seres humanos que se benefician con esa migración. Según The Migrants Files, “durante los últimos quince años, traficar con migrantes y refugiados ha generado un beneficio de al menos 15.700 millones de euros para las mafias”. A su vez, el control de las fronteras tuvo un costo de “1.600 millones de euros” y “las políticas de expulsiones y repatriaciones de migrantes han costado al menos 11.300 millones de euros a los países europeos desde el año 2000”.


La persistencia abismal de la tragedia sólo ha beneficiado a las mafias y a las ultraderechas. La versión más actual de esta crisis se desató cuando al ex presidente francés, Nicolas Sarkozy, apoyado por Gran Bretaña, Estados Unidos y la OTAN, se le ocurrió la idea de derrocar al presidente libio Muhammar Khadafi. En marzo de 2011, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la resolución 1973 que autorizó “todas las medidas necesarias (…) para proteger a los civiles y las zonas pobladas por civiles que estén bajo amenaza de ataque”. Lo que hizo Occidente fue decapitar a Kadhafi sin pensar en el mañana y con ello abrió las puertas del infierno. Los primeros migrantes llegaron a la isla italiana de Lampedusa sin que, en ese entonces, la Unión Europea respaldara a Italia, un país repentinamente sumergido por la desesperanza humana y abandonado por sus socios europeos. La situación de indolencia e ineficacia europeas condujo al papa Francisco a Lampedusa, en julio de 2013, en lo que fue su primer desplazamiento como Sumo Pontífice. Allí pronunció la ya famosa frase “la globalización de la indiferencia”.


No está demás recordar que entre sirios (56% de los migrantes), afganos (24%), iraquíes (10%) y subsaharianos la mayoría de los refugiados huyen de los conflictos que son responsabilidad directa de las potencias occidentales y sus aliados regionales –Arabia Saudita y Qatar principalmente–. Desde el primer momento, la respuesta europea fue policial. Patrullas marítimas (Frontex), control de las fronteras. Al mismo tiempo, como niños en un jardín de infantes que se pelean por un caramelo, los europeos negociaron a través del Reglamento de Dublín mediante el cual se pactan las normas con las cuales cada país de la Unión recibirá en su suelo determinado número de migrantes. Según cifras de la OIM (Organización Internacional de las Migraciones) entre 2010 y 2017 cerca de dos millones de personas buscaron llegar al Viejo Continente a través de varias rutas: el Mediterráneo, los Balcanes, Turquía. Los europeos tuvieron una marcada tendencia a hacer que la problemática de los refugiados fuera responsabilidad del país que los recibe. Pero como lo recordó hace unos días durante un encuentro con medios europeos (Financial Times, Guardian, Stampa, Süddeutsche Zeitung, Le Monde) el nuevo jefe de la diplomacia española, Josep Borrell, “el problema de la migración no es un problema italiano, como tampoco fue ayer un problema griego o español”. Pero los europeos, presionados políticamente por sus propias opiniones públicas cada vez más antiinmigrante y la enredadera creciente de la extrema derecha, pocas veces ofrecieron una respuesta digna, colectiva y ordenada.


El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (HCR) reveló que 2017 fue el año más mortífero para los refugiados con 3.100 muertos en el Mediterráneo. Thierry Allafort-Duverger, presidente de Médicos Sin Fronteras Francia (la ONG francesa estuvo implicada en el rescate de los migrantes a bordo del Aquarius), destaca que “desde principios de 2018, más de 6.000 personas fueron recuperadas en el mar por guardacostas libios, en parte financiados por la Unión Europeo. Esas personas fueron luego remitidas a centros no oficiales, donde vuelven a encontrarse con el infierno”.


Estos índices no conmueven a los partidos de extrema derecha. Estos han sabido sacar un provecho político inmenso de esa tragedia humana. Sus porcentajes de adhesión electoral en Austria, Gran Bretaña, Alemania, Italia, Hungría o Francia son consecuencia directa de la explotación cínica de la crisis de los refugiados. De la mano de Mateo Salvini, Roma, Berlín y Viena acaban de plasmar en Alemania un nuevo frente ultraconservador destinado a “proteger las fronteras”. Mientras la Europa del humanismo miraba hacia otro lado, la Europa ultraconservadora se llevó los mejores beneficios de las vidas humanas que yacen en el fondo del Mediterráneo o siguen en el patíbulo de las fronteras esperando un improbable salvoconducto que les abra las puertas del falso paraíso.


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El director finlandés Aki Kaurismäki

 

MADRID.- Prepararse para hacer una entrevista a Aki Kaurismäki, uno de los más grandes cineastas vivos, heredero del cine humanista de Ozu, Renoir, Ford, Chaplin..., pone un poco los pelos de punta. Impone su descomunal talento, pero, honestamente, da casi miedo por la fama que arrastra. Bebedor, arisco, de pocas palabras –“la gente habla demasiado, sobre todo en las películas”-, imprevisible... ¿Cómo es ello posible siendo el autor de obras maravillosas, tan profundamente humanas y emotivas? ¿no es casi ridículo llevar cuarenta años retratando con inmensa ternura y sensibilidad a los trabajadores, ahora también a los refugiados, y no empatizar con otros seres humanos?

“Soy un hombre sensible, aunque no lo parezca”. Este finlandés alto, grande, con 60 años recién cumplidos, es especial. Sentado en una terraza de un bar de Vigo —la barbilla pegada al pecho y mirando siempre desde abajo—, espera que termine la proyección de su nueva película, El otro lado de la esperanza. Otra ración de gran cine, de cine único, de conmovedoras relaciones humanas, de un sentido del humor y un absurdo bravísimos y puros, y, también, de pesimismo y desaliento.

No quiere hablar de trabajo hasta que no llegue el momento de la entrevista. Su vida en Portugal, cómo llegó allí, sus perros, el vinho verde, el albariño, el cine mudo de Lubitsch, Laurel and Hardy, una proyección de Roma città aperta en la que cortaron las cabezas de Anna Magnani y Aldo Fabrizi, Echanove en Cuéntame cómo pasó, la lógica del idioma finés, el ancho de las vías de tren en España y Portugal, la inquina hacia los noruegos, la tristeza de vivir sin sol, la guerra civil de Finlandia... Aki Kaurismäki es un ser humano entrañable, divertido y un colosal artista.

Después de La chica de la fábrica de cerillas, Un hombre sin pasado, Ariel, Leningrad Cowboys Go America, Luces al atardecer, Le Havre... Ahora El otro lado de la esperanza, por la que ha merecido el Oso de Plata a la Mejor Dirección en Berlín. Historia de Khaled, un joven sirio que llega a Helsinki, y de Wikhström, un comercial que cambia de negocio y abre un restaurante sin mucho futuro. Este encuentra al chico, que ha huido del centro de refugiados, al lado de los contendores de basura de su local y le ofrece techo, comida y trabajo.

“Es, hasta cierto punto, una película tendenciosa que intenta influir sin el menor escrúpulo en las perspectivas y opiniones de los espectadores, al mismo tiempo que manipula las emociones para conseguir su objetivo. Y dado que estos esfuerzos fracasarán, espero que al menos quede una historia recta y melancólica con toques de humor, una película casi realista en torno a algunos destinos humanos en el mundo de hoy en día”.

 

Siempre ha contado historias de trabajadores, ahora también de refugiados... Con su cine, usted se revela como cronista de su tiempo, pero lo hace con historias atemporales...

La atemporalidad quizá surja de la juventud. Mi padre era vendedor puerta a puerta, íbamos de ciudad en ciudad, hacíamos unos amigos y ¡paf! nos mudábamos. De joven yo también pasé unos meses trabajando de lavaplatos, en la construcción... Solo fui a la Universidad tres meses, porque me aburrí. No descubrí la verdad en la Universidad. El único trabajo que me gustó de verdad fue el de peón de albañil, preparando la masa del cemento... bueno, y el de lavaplatos.

 

¿Qué tiene de especial ser lavaplatos?

Trabajaba en el Gran Hotel de Estocolmo. Había unas máquinas lavaplatos de sesenta metros. Un hombre se ponía en una puerta y otro, en otra. Mi compañero era de Marruecos y un día me dijo que salía cinco minutos y que si me podía ocupar yo de su lado también. No volvió y yo me quedé con las dos puertas. El capitalista se dio cuenta de que un hombre podía hacer el trabajo de dos y nunca contrató a otro.

 

¿Chaplin en ‘Tiempos modernos’?

Chaplin en ‘Tiempos modernos’. A mí me daba igual estar encima, a un lado, a otro lado de la máquina y, de vez en cuando, sacaba la cabeza y sonreía. De 7 de la mañana a 5 de la tarde trabajaba en el hotel. Luego iba a lavar platos a otro restaurante de 5,30 a 12 de la noche. En los dos libraba un día a la semana y coincidía el día, así que ese día iba a trabajar a otro restaurante a lavar platos. Así estuve cuatro meses, trabajando 17 horas diarias 7 días de la semana. Era una forma de mostrarme a mí mismo que era capaz de hacer un trabajo así antes de empezar a hacer este trabajo deshonesto que es el cine.

 

Y ¿después de esos cuatro meses?

Volví a Helsinki. Entonces cuando veía a alguien en la calle pidiendo le daba 100 marcos finlandeses, como 100 euros. Me quedé sin dinero en dos semanas. Y volví a la construcción. Por eso no he perdido aun ningún pulso, siempre gano. Aunque ahora ya estoy viejo y hago músculo cortando leña. En una película solo estás diciendo “haz esto, haz lo otro” y el bíceps se vuelve palito, claro. En este momento no me atrevo a hacer un pulso ni con mi ahijado que tiene ocho años. Y antes de esto...

 

¿Antes de la construcción y los trabajos de lavaplatos?

Sí, antes de Estocolmo. Estaba en Finlandia en una planta de papel. Era un edificio grande y estábamos solo tres trabajadores. Dos estaban en una especie de vitrina dando a los botones y yo corriendo de una máquina a otra, y cuando una paraba, la limpiaba. Siempre estaba mirando todo, controlando todo... ‘Tiempos modernos’.

 

Habla de Chaplin, pero ¿no se siente usted más heredero del cine humanista de Ozu, Renoir...?

Ozu es humanismo y arte, un gran artista del cine. Y con esto no estoy diciendo que el cine sea arte. En ‘El otro lado de la esperanza’ he intentado copiar al gran maestro Chaplin, por eso la película es tan torpe, porque yo no soy un gran maestro y nunca lo voy a ser.

 

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 'El otro lado de la esperanza'

 

En este momento de la entrevista, en la azotea de un hotel en Vigo, Aki Kaurismäki se queda callado y de pronto dice: “Cuando veo tu reflejo en la mesa me recuerda el final de ‘Nazarín’ (Buñuel), cuando aparece la piña y suenan los tambores de Calanda”. Otro silencio y, también repentinamente, se disculpa: “Lo siento, me he ido de la pregunta”.

 

Le preguntaba si no se siente heredero del cine humanista de Ozu, Renoir, Ford...

Espero no parece vanidoso si digo que alguien tenía que ser el heredero. ¡No se puede perder una herencia así! Incluso el humanismo no hay tanta gente que sea capaz de trasladarlo al cine. Aun así, el humanismo tiene que existir incluso en las películas malas. Nunca fui a una escuela de cine, era demasiado cínico. Todo lo que sé fue de ver cine. Ford, Ozu, Lubitsch, Renoir, Howard Hawks... Hace cincuenta años proyectaban Una mujer de París (Chaplin) en Múnich, hice autoestop hasta allí para verla. Era un apasionado total.

 

En ‘El otro lado de la esperanza’ vuelve, una vez más, a implorar ternura y solidaridad.

La maquinaria es fría y sin solidaridad no tenemos nada. Creo que la última esperanza de los seres humanos es la solidaridad, pero por desgracia cada vez hay menos. Siempre queda el mañana... aunque aún es más horrendo que el hoy. Pero nunca hay que rendirse.

 

Cuando sus personajes ayudan al refugiado sirio están cometiendo una ilegalidad, el Gobierno no permite que unos seres humanos ayuden a otros. ¿Es una llamada a la desobediencia?

No hay nada sorprendente en hacer algo que está bien. En el centro de refugiados, la mujer que trabaja allí durante un momento es un ser humano. Cualquier cosa contra el sistema es legal, porque el sistema es ilegal. Está basado en el capital. Y el capital nunca llega legalmente, el dinero crece gracias a la ilegalidad. Por tanto, estar en contra del capital es moralmente legal. Equilibramos las cosas.

 

Con el problema de los refugiados hoy hemos despreciado completamente el pasado, la memoria, el tiempo... nos olvidamos de la ayuda de otros países ante en la Historia.

Finlandia hoy no es peor que otros países europeos. Por lo menos, Finlandia finge, pero no es peor. Los peores países hoy en Europa son Hungría, Polonia y Chequia. No acogen a nadie. Finlandia los acoge, aunque luego los devuelve.

 

Los neonazis aparecen en esta película. Es la respuesta de esta Europa a la llegada de refugiados. ¿Usted cree en la Unión Europea?

Debería haber otra forma desde la Unión Europea. Mientras los europeos respetemos a los gobiernos que no tienen derecho moral a gobernar, estaremos perdidos. Si no alzamos la voz como europeos, estamos perdidos. Europa, si todavía existe, no acepta a los refugiados. Tenemos que empezar a comportarnos como seres humanos de verdad. La idea de Europa, de hecho, está más o menos perdida. Y es, como siempre, por el capital.

 

‘El Capital’, de Karl Marx.

Karl Marx, Das Kapital, nunca ha tenido tanta razón como hoy. La idea de Marx del comunismo donde todos aman al prójimo es muy optimista, pero la teoría da en el clavo. Sea como sea, hemos perdido la partida. Lo siento, soy un hombre muy sensible, a pesar de no parecerlo.

 

Su sentido del humor le delata.

No sé si es humor finlandés, no sé si se consigue jugando al ping pong, pero la vida es aburrida, todos deberían tener sentido del humor. Como cineasta intento hacer reír, pero la verdad es que cuando veo una película mía, lloro... Y tengo mis razones.

 

Lo dijo con su anterior ‘Le Havre’ y vuelve a decirlo ahora, que es su última película. ¿No le da el mundo y el ser humano razones suficientes para seguir haciendo cine?

Ha sido una muy buena razón los últimos cuarenta años. En el 68 yo era un jovencito, pero hay un tiempo para todo. Ahora me gustaría vivir, aunque no sé cómo, siempre he trabajado. Llevo el trabajo en mis venas, en mi sangre.

 

BEGOÑA PIÑA @begonapina

 

 

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Sábado, 24 Septiembre 2016 06:21

Siria, caramelos, demagogos y condenados

Siria, caramelos, demagogos y condenados

El transatlántico MS St. Louis era un buque de pasajeros alemán cuya travesía más famosa pasó a conocerse como “El viaje de los condenados”. Era la primavera de 1939 y 908 refugiados alemanes judíos partieron con destino a Cuba escapando de los nazis. Sin embargo, solo se permitió desembarcar a 22 de los pasajeros judíos. Organizaciones de ayuda humanitaria solicitaron al entonces presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, y al Gobierno de Canadá que aceptaran a los refugiados. Ambos hicieron oídos sordos a la solicitud y el buque retornó a Europa. Cientos de los refugiados repatriados murieron en el Holocausto. La negativa del Gobierno estadounidense a aceptarlos sigue siendo una mancha oscura en nuestra historia. Lamentablemente, el actual accionar del Gobierno de Estados Unidos con relación al reasentamiento de refugiados sugiere que la historia se podría estar repitiendo.


La cifra total de personas que se ven obligadas a desplazarse hoy en día es impactante. Se trata del mayor flujo de refugiados registrado desde la Segunda Guerra Mundial. Según la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), existen en la actualidad 65,3 millones de desplazados por la fuerza en el mundo. A un tercio de ellos, 21,3 millones, se los considera refugiados y casi la mitad de ellos proviene de solo tres países: Somalia, Afganistán y Siria.

Cinco millones de personas han huido de Siria y más de seis millones se han visto obligados a desplazarse dentro del país. Se estima que en estos cinco años de guerra civil en Siria han muerto más de 400.000 personas. Por otra parte, la destructiva guerra que se libra en Yemen ha obligado a más de tres millones de personas a huir de sus hogares. La ACNUR prevé que 2016 será el año en que se registrarán más muertes de migrantes que intentan cruzar el Mar Mediterráneo. Oxfam proporciona otra cifra estadística clave: “Los seis países más ricos del mundo [Estados Unidos, China, Japón, Alemania, Francia y Reino Unido], que representan más de la mitad de la economía mundial, reciben a menos del 9% de los refugiados del mundo, mientras que países y territorios más pobres asumen la mayor parte de esa responsabilidad”.


Es en este contexto que Naciones Unidas convocó a la primera cumbre de alto nivel sobre refugiados esta semana, en el marco de la Asamblea General anual de la ONU, celebrada en la ciudad de Nueva York. El presidente Barack Obama mantuvo posteriormente otra cumbre sobre el mismo tema. Antes del comienzo de la misma, se conoció la noticia de que había sido atacado un convoy de ayuda humanitaria que se dirigía a la arrasada ciudad de Alepo, Siria, donde se esperaba esa ayuda con desesperación. El convoy fue blanco de un ataque aéreo que Estados Unidos atribuye a Rusia, pero que Rusia niega haber llevado a cabo. Antes del ataque, el sábado, un frágil alto el fuego acordado en Ginebra la semana anterior se desplomó cuando Estados Unidos atacó y provocó la muerte de miembros de las fuerzas armadas sirias en un incidente al que el Pentágono calificó como un “error”.


Para sorpresa de muchos, Estados Unidos jugó el rol de saboteador en Naciones Unidas y logró que se modificara el texto de una declaración no vinculante que habría prohibido expresamente la detención de menores refugiados. En lugar de ello, el texto actual dice que los refugiados menores de edad serán enviados a prisión “solo como una medida de último recurso y por el menor período de tiempo posible”. Díganle eso a Estefany Adriana Méndez, de dieciséis años de edad, que se encuentra detenida en el Centro de Detención Familiar del Condado de Berks, una cárcel para familias inmigrantes ubicada en Pensilvania. La adolescente originaria de El Salvador dijo al ser entrevistada por “Democracy Now!”: “La verdad, a todos los que estamos acá, a todos los niños que estamos acá, e incluso a las madres, nos deja una experiencia horrible estar en detención, porque más de un año no es justo para un niño estar encarcelado sin haber cometido ningún delito”.


Mientras se desarrollaba la cumbre de la ONU sobre los refugiados, el hijo de Donald Trump, Donald Jr., publicó en Twitter: “Si tuviera un frasco lleno de caramelos Skittles y te dijera que solo tres de ellos te podrían matar, ¿tomarías un puñado? Así es nuestro problema con los refugiados sirios”. La compañía propietaria de Skittles, Wrigley, respondió: “Los Skittles son caramelos. Los refugiados son personas. Consideramos que la analogía no es apropiada”.


El sufrimiento de los refugiados no es broma para Manfred Lindenbaum, quien asistió a la cumbre de la ONU como observador. Lindenbaum, un octogenario lleno de vida, fue refugiado cuando tenía seis años de edad. Al igual que quienes realizaron el viaje de los condenados, era un alemán judío. En 1939, él y su hermano huyeron de Polonia a Inglaterra en uno de los famosos transportes de niños, días antes de la invasión nazi. Lindenbaum recordó en declaraciones para Democracy Now!: “Estados Unidos dijo en ese momento que no aceptaba a niños judíos. A último momento, cuando el Ejército alemán estaba a punto de invadir, algunos centenares de niños abordamos un buque de guerra polaco. Y así es como mi hermano y yo llegamos a Inglaterra. A mi hermana no le permitieron subir. Tenía catorce años de edad. Como consecuencia, fue asesinada junto al resto de mi familia”.


El filósofo George Santayana redactó hace más de 100 años: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Entre el discurso plagado de odio de los Trump y las dañinas políticas sobre refugiados de Obama penden las vidas de millones de personas. Esperemos que la razón y la compasión prevalezcan ante la xenofobia y el odio.

23 de septiembre de 2016
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Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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