Argentina volvió a vivir en la madrugada del domingo al lunes otra noche de saqueos, con muerto en la provincia de Entre Ríos y 25 personas heridas en medio de la pasividad de la policía. El pasado martes sucedió en el municipio de Córdoba. Y este domingo se produjo en la localidad de Concordia (116.000 habitantes), en la provincia de Entre Ríos, en la frontera con Uruguay. Los agentes de Córdoba se negaron a salir de los cuarteles, cientos de personas asaltaron los comercios, una persona murió y más de cien resultados heridas. Finalmente, el gobernador peronista -aunque opositor al Gobierno nacional- José Manuel de la Sota, cedió al chantaje policial y firmó una subida de salario.

 

Desde el primer momento quedó claro que aquello fue una pésima solución, un mal negocio para la democracia. Y al día siguiente el problema se extendía a cinco de las 23 provincias del país. En la mayoría de las provincias, las autoridades cedieron ante los reclamos mientras el Gobierno nacional movilizaba el sábado a 10.000 agentes para reforzar las zonas de mayores conflictos. Pero la amenaza de los saqueos siguió latente. Hasta que el domingo volvieron a verse imágenes de calles sin policías y ladrones cargando con electrodomésticos.
Los momentos de mayor violencia se vivieron el domingo en las localidades de Concordia, Mar del Plata (Buenos Aires) y Santa Fe (en la provincia del mismo nombre). Desde Concordia, a las dos de la madrugada el periodista Osvaldo Bodean, del portal Elentrerios.com, relató al canal Todo Noticias imágenes del caos. Ante la ausencia de policías, en un primer momento fueron los propios vecinos quieren formaron cordones de protección delante de algunos comercios cuando algunos asaltantes se acercaban en motocicletas. Pero después, ante el acuartelamiento de la policía, que dejó desguarnecida a la ciudad, decenas de locales fueron asaltados. Y otros tantos, incendiados. El gobernador de Entre Ríos, el kirchnerista Sergio Urribarri, declaró al canal TN que la víctima mortal se encontraba en el lugar de los saqueos y murió "electrocutada".


Juan Carlos Fuser, periodista de Radio Activa, describió en el citado canal un panorama de comerciantes armados, manchas de sangre y vidrios rotos. "Yo lo que quiero resaltar más que nada es la ausencia total de información por parte del intendente (alcalde) y del gobernador. Estamos desprotegidos", indicó.


Tras la huelga salvaje de los policías de Córdoba, los reclamos de los agentes se extendieron como una mancha de aceite por otras zonas del país. En la provincia de Catamarca los policías provinciales cercaron la sede de la gobernación hasta que fueron desalojados por efectivos de la gendarmería nacional. Hubo cuatro heridos en los enfrentamientos, pero los policías de Catamarca consiguieron finalmentes un 45% de aumentos. En las provincias de La Rioja y San Juan también lograron un incremento en los salarios.


En la localidad bonaerense de Mar del Plata se acuartelaron los efectivos de cuatro dependencias policiales. A partir de ese momento se produjeron varios saqueos y los agentes que no estaban en huelga detuvieron a 15 personas. En la provincia de Santa Fe cientos de policías iniciaron protestas el viernes. El Gobernador opositor socialista, Antonio Bonfatti, pidió el refuerzo de gendarmes y la Casa Rosada envió 2.500 efectivos. Pero desde la tarde del domingo se produjeron asaltos a comercios en la localidad de Santa Fe capital (415.000 habitantes). "Se escuchan disparos de armas de fuego en todos los barrios de la ciudad", comentó el periodista Juan Ruiz en Todo Noticias. Ruiz comentó que los saqueos estuvieron precedidos de cortes de luz y de agua a causa de una tormenta.


En la provincia de Buenos Aires, la más poblada del país y con mayores núcleos de pobreza, no se produjeron saqueos durante el fin de semana. Pero la psicosis se palpaba en el ambiente. Decenas de supermercados estaban custodiados por gendarmes especialmente asignados para prevenir los saqueos. En las redes sociales fluían los mensajes que convocaban a saqueos en los próximos días. El gobernador de la provincia, el peronista Daniel Scioli, se encontraba en Río de Janeiro, donde tenía previsto encontrarse con el expresidente Bill Clinton, pero se vio obligado a cancelar su agenda y volvió de urgencia a Buenos Aires.

 

Por Francisco Peregil Buenos Aires9 DIC 2013 - 11:34 CET73

Publicado enColombia
Sábado, 07 Diciembre 2013 08:24

Mandela y Fidel

Mandela y Fidel

La muerte de Nelson Mandela precipitó una catarata de interpretaciones sobre su vida y su obra, todas las cuales lo presentan como un apóstol del pacifismo y una especie de Madre Teresa de Sudáfrica. Se trata de una imagen esencial y premeditadamente equivocada, que soslaya que luego de la matanza de Sharpeville, en 1960, el Congreso Nacional Africano (CNA) y su líder, precisamente Mandela, adoptan la vía armada y el sabotaje a empresas y proyectos de importancia económica, pero sin atentar contra vidas humanas. Mandela recorrió diversos países de Africa en busca de ayuda económica y militar para sostener esta nueva táctica de lucha. Cayó preso en 1962 y poco después se lo condenó a cadena perpetua, que lo mantendría relegado en una cárcel de máxima seguridad, en una celda de dos por dos metros, durante 25 años, salvo los dos últimos años en los cuales la formidable presión internacional para lograr su liberación mejoraron las condiciones de su detención. Mandela, por lo tanto, no fue un "adorador de la legalidad burguesa", sino un extraordinario líder político cuya estrategia y tácticas de lucha fueron variando según cambiaban las condiciones bajo las cuales libraba sus batallas. Se dice que fue el hombre que acabó con el odioso "apartheid" sudafricano, lo cual es una verdad a medias. La otra mitad del mérito les corresponde a Fidel y la Revolución Cubana, que con su intervención en la guerra civil de Angola selló la suerte de los racistas al derrotar a las tropas de Zaire (hoy, República Democrática del Congo), del ejército sudafricano y de dos ejércitos mercenarios angoleños organizados, armados y financiados por EE.UU. a través de la CIA. Gracias a su heroica colaboración, en la cual una vez más se demostró el noble internacionalismo de la Revolución Cubana, se logró mantener la independencia de Angola, sentar las bases para la posterior emancipación de Namibia y disparar el tiro de gracia en contra del "apartheid" sudafricano. Por eso, enterado del resultado de la crucial batalla de Cuito Cuanavale, el 23 de marzo de 1988, Mandela escribió desde la cárcel que el desenlace de lo que se dio en llamar "la Stalingrado africana" fue "el punto de inflexión para la liberación de nuestro continente, y de mi pueblo, del flagelo del apartheid". La derrota de los racistas y sus mentores estadounidenses asestó un golpe mortal a la ocupación sudafricana de Namibia y precipitó el inicio de las negociaciones con el CNA que, a poco andar, terminarían por demoler al régimen racista sudafricano, obra mancomunada de aquellos dos gigantescos estadistas y revolucionarios. Años más tarde, en la Conferencia de Solidaridad Cubana-Sudafricana de 1995 Mandela diría que "los cubanos vinieron a nuestra región como doctores, maestros, soldados, expertos agrícolas, pero nunca como colonizadores. Compartieron las mismas trincheras en la lucha contra el colonialismo, subdesarrollo y el "apartheid"... Jamás olvidaremos este incomparable ejemplo de desinteresado internacionalismo". Es un buen recordatorio para quienes hablan de la "invasión" cubana a Angola.

 

Cuba pagó un precio enorme por este noble acto de solidaridad internacional que, como lo recuerda Mandela, fue el punto de inflexión de la lucha contra el racismo en Africa. Entre 1975 y 1991, cerca de 450.000 hombres y mujeres de la isla pararon por Angola jugándose en ello su vida. Poco más de 2600 la perdieron luchando para derrotar el régimen racista de Pretoria y sus aliados. La muerte de ese extraordinario líder que fue Nelson Mandela es una excelente ocasión para rendir homenaje a su lucha y, también, al heroísmo internacionalista de Fidel y la Revolución Cubana.

Publicado enInternacional
Lunes, 02 Diciembre 2013 07:59

Frentes de lucha

Frentes de lucha

Una multitud de luchas se expresa en diversos puntos de este país, desde esfuerzos para enfrentar la creciente desigualdad económica hasta la de los derechos de los inmigrantes, pasando por la gran pugna sobre la educación pública, así como en defensa de los derechos a la privacidad y libre expresión frente al gobierno secreto, y contra las políticas bélicas de Washington.


Ninguna es masiva, aún, y todas padecen de la fragmentación que caracteriza la lucha social y política en Estados Unidos. Pero nadie puede pronosticar qué prometen para el futuro.


El historiador Howard Zinn siempre afirmaba que la historia está hecha de sorpresas. En una entrevista con La Jornada hace años, Zinn recordaba cómo muchos progresistas lamentaban en los años 50 que los movimientos sociales parecían moribundos después del macartismo y el aparente triunfo del mito del sueño americano durante el auge económico de la posguerra, pero que justo en esos momentos unos jóvenes afroestadunidenses se estaban sentando en una barra prohibida a personas de color en un pueblo en el sur. A unos pueblos de distancia, sin saber de los otros, otro grupo de jóvenes hacía lo mismo. Era el inicio de un movimiento social que sacudiría a Estados Unidos y florecería en otros más en lo que ahora se refiere como los sesenta, transformando a este país.


Hoy día, unos jóvenes enfrentan a los políticos más poderosos del país y emplean algunas de las mismas tácticas de desobediencia civil de sus contrapartes en los 60 para demandar sus derechos civiles y humanos. Son hijos de inmigrantes indocumentados criados en este país y están hartos de vivir en las sombras y con el temor cotidiano de que sus padres serán deportados por trabajar y esperar que sus hijos logren sus sueños. La semana pasada, el coreano Ju Hong, activista de derechos de los inmigrantes, interrumpió el discurso del presidente Barack Obama para exigir el cese de las deportaciones, acción que fue noticia nacional. Cuando el presidente le respondió con una mentira –de que no tenía ningún poder para suspender la mayoría de las deportaciones–, el New York Times, entre otros, criticó al presidente, dañando su imagen como defensor de inmigrantes.


Unos días antes, el presidente de la cámara baja, John Boehner, fue enfrentado por dos hijas de mexicanos, y también les mintió: les dijo que estaba haciendo todo lo posible por promover una reforma migratoria, pero horas después declaró a los medios que no estaba dispuesto a promover nada este año. Mientras tanto, en diferentes ciudades, inmigrantes y sus defensores han bloqueado camiones y oficinas de la migra para intentar detener físicamente deportaciones. Acusan al presidente de ser el deportador en jefe por deportar a más de mil inmigrantes diarios en promedio y está por llegar a la cifra de 2 millones desde que llegó a la Casa Blanca, más que cualquiera de sus antecesores, y han declarado que ni uno más.


Por otro lado, mientras los medios reportaban la histeria de consumo al inicio de la temporada navideña a finales de la semana pasada, irrumpieron en la fiesta manifestaciones frente a más de mil establecimientos de Walmart en todo el país, de trabajadores y sus aliados que exigen mejores salarios y condiciones de trabajo a la cadena comercial más grande del planeta. En la protesta frente a la tienda en Ontario, California, 10 fueron arrestados, incluido un Santaclós; otros 10 fueron arrestados en una tienda de Walmart en Chicago; 15 más en Bellevue, estado de Washington; unos 150 protestaron en otra de sus tiendas en Secuacus, Nueva Jersey, y miles participaron en estas acciones a lo largo y ancho del país.


Los trabajadores de las cadenas comerciales ganan en promedio 9.60 dólares la hora, o menos de 20 mil al año; los 3.4 millones que trabajan en el sector de comida rápida tienen un salario medio de 8.80 la hora, que no alcanza para sostener a una familia. Por ello, agrupaciones a lo largo del país han impulsado –junto con acciones contra empresas particulares como Walmart y McDonald's– campañas estatales para elevar el salario mínimo para los millones de trabajadores tanto en este sector como en el de comida rápida. Una encuesta reciente de CBS News registra que 69 por ciento de los estadunidenses apoya el incremento del salario mínimo, con sólo 25 por ciento que se opone. Ante la realidad de la peor desigualdad económica desde la gran depresión (los ricos tienen más que nunca), estas campañas tienen un terreno político y social fértil.


Por otro lado, una de las iniciativas que surgieron de Ocupa Wall Street, Rolling Jubilee, ha comprado casi 15 millones de dólares de deuda médica de gente pobre. Recaudando 400 mil dólares en contribuciones, la iniciativa compró con descuento la deuda de bancos en el mercado secundario de deuda donde venden deuda incumplida. Al adquirirla, el proyecto envió un mensaje a los 2 mil 693 individuos en más de 45 estados, declarando que su deuda ha sido abolida; pero el propósito es educar al público sobre el funcionamiento del sector financiero.


También continúan luchas dinámicas en varios otros frentes: desde maestros, estudiantes y padres de familia contra las llamadas reformas educativas que buscan convertir al sector en un mercado de lucro hasta un movimiento ambientalista amplio contra las políticas energéticas, sobre todo el llamado fracking, como también acciones de repudio físicas y cibernéticas contra el espionaje masivo de la ciudadanía por el gobierno, actos contra políticas bélicas, como el uso de drones contra poblaciones civiles, entre otras expresiones de disidencia y protesta.
Todos estos frentes de lucha siguen, en general, aislados uno del otro, pero empiezan a verse algunas nuevas alianzas, y la memoria de Ocupa Wall Street como la efervescencia ciudadana en la primera elección de Obama siguen presentes como experiencias donde se sumaron sectores diversos para volverse uno. De todo esto, afirman algunos, suelen brotar las sorpresas.

Publicado enInternacional
"Las protestas muestran que salir de la miseria es el inicio de otras demandas"

Casi al final de esta entrevista, que no fue una entrevista sino una conversación cuya duración, sin saber muy bien cómo, se acabó extendiendo más de lo previsto, la presidenta Dilma Rousseff me repitió, entre risas, una idea que ya había esbozado a mitad de la charla y que, según ella, explica extraordinariamente bien algunas paradojas brasileñas.

 

– No te olvides de que por aquí tienes que tener cuidado, porque te detienen por tener un perro y por no tenerlo.


Una de esas paradojas, quizá la más llamativa, se produjo hace unos meses. Brasil vivió en junio pasado una catarsis nacional. Centenares de miles de brasileños ocuparon las calles de las principales ciudades del país, las mayores protestas en una generación, cansados, según coincidieron numerosos analistas independientes, de las deficiencias crónicas de los servicios públicos, educación, sanidad, y la percepción de una clase política plagada por la corrupción y la desidia. Puesto que millones de personas han abandonado la pobreza en Brasil en los últimos años con las políticas primero de Luiz Inácio Lula da Silva y luego de la propia Rousseff, las motivaciones últimas de los manifestantes no resultaban obvias de inmediato. El movimiento sorprendió tanto al Gobierno como al resto del mundo, pese a que protestas aparentemente similares habían estallado también en otros países. Los inversores internacionales agudizaron los oídos, temerosos siempre de la estabilidad institucional. Cierta prensa internacional comenzó a dudar de Brasil como país de éxito. No pocos de los gobernantes cuestionados en otros países por sus ciudadanos, especialmente por los más jóvenes, se mostraban acorralados y desorientados. Rousseff fue la única en advertir de inmediato la importancia de lo que estaba sucediendo, la única en tomar la iniciativa política de escuchar a la calle y la única en remontar en pocos meses el desplome de popularidad que aconteció durante aquellos días extraordinarios. Así que comienzo la conversación preguntándole en qué momento preciso fue consciente de la gravedad de la situación y de la necesidad de reaccionar políticamente.


– Al inicio. Nos dimos cuenta de que había un aspecto importante en las manifestaciones, que era un descontento con la calidad de los servicios públicos. Nadie estaba en esas manifestaciones pidiendo una marcha atrás. Un retroceso. Lo que se pedía era que hubiese un avance.


Estamos sentados en un sofá del amplio y luminoso despacho de la presidenta en el vanguardista palacio de Planalto, en Brasilia, el lunes por la mañana, una visita con motivo de la aparición este martes de la edición de EL PAÍS en portugués para Brasil. Le enseño en el iPad las pruebas que la redacción en São Paulo está realizando.


Pero Rousseff insiste en que no vamos a mantener una entrevista formal –"no, no, yo hoy no voy a hablar; voy a decir la importancia que tiene para Brasil la llegada de EL PAÍS por su calidad editorial, por su posicionamiento internacional; creo que es un gran paso para nuestro país; puedes hacerme dos o tres preguntas, pero no voy a hacer una rueda de prensa hoy"–. Me promete una entrevista en profundidad en un futuro sin determinar, y accede a mantener una breve conversación sobre los dos o tres asuntos que más me interesan y por los que Brasil ha ocupado espacio este año en la prensa internacional: las protestas de junio, el espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA, en sus siglas en inglés) y la desaceleración económica del país que, hasta que ocurrió, presentaba un crecimiento chino del 7,5% en 2010, la tasa más robusta en el último cuarto de siglo. El año pasado acabó con un crecimiento del 0,9%, que acaba de ser revisado al alza.


Democracia, crecimiento y protestas


Pero de momento, seguimos hablando de las protestas de junio. No pocos las descalificaron como un subproducto de grupos antisistema y aun otros aprovecharon para presentarlas como una desautorización de la presidenta, su Gobierno y sus políticas, aunque pronto quedó claro que era la inmensa clase media de este país de dimensiones continentales, o más bien sus vástagos, comprendidos y no pocas veces alentados por sus mayores, los que reivindicaban un nuevo contrato social pese al fortísimo crecimiento económico de los últimos años, o precisamente a causa de ello. Esta última idea es la que defiende Rousseff.


– Esas manifestaciones fueron fruto de dos procesos: la democratización y el crecimiento. El crecimiento del salario, del empleo, del crecimiento de las políticas sociales que elevaron a la clase media a millones de personas. Esas personas que salieron de la miseria tenían reivindicaciones relacionadas con cuestiones de salud, de educación, de movilidad urbana.


– Usted diría que básicamente se trataba de la clase media.


– ¿La que hizo las manifestaciones? Nuestra clase media no tiene los mismos patrones de renta que puede tener la estadounidense, ¿no?. Hablamos de la nueva clase media. Porque hay una cosa interesante en Brasil. Si sumas la clase media que hoy es mayoritaria en Brasil en términos porcentuales, con las clases alta y media alta, tienes un 60% del país. Nosotros nos centramos mucho en las clases más pobres. Pero también tenemos que tener una política para las clases medias en lo que se refiere a la calidad de los servicios públicos.


– ¿Y qué aprendió usted, como gobernante, de aquellas protestas?


– Dos cosas. Primero, aprendemos que las personas, siempre, cuando tienen democracia quieren más democracia. Cuando tienen inclusión social, quieren más inclusión social. O sea, que en política y en la acción de Gobierno, cuando obtienes una meta, solo es el principio. Salir de la miseria solo es el principio. Es el principio de otras reivindicaciones. Eso es que las protestas muestran. Segundo, que un Gobierno tiene que escuchar la voz de las calles. Un Gobierno no puede quedarse aislado escuchándose a sí mismo. Ser capaz de convivir con manifestaciones es intrínseco a la democracia. No es un episodio fortuito, o un punto fuera de la curva: es la curva.


Rousseff abandona por un momento el aire de seriedad extrema que ha empleado desde que arrancó la conversación. No sé si se dispone a poner fin al encuentro, pero con la idea de la curva sonríe abiertamente mientras se acerca al borde del sillón, parece animarse, y comienzo a albergar esperanzas de que la charla tenga más recorrido del que la presidenta le auguró en el arranque. Mientras, ella continúa de forma decidida.


– Es la curva. Y esa es una cuestión importante. ¿Por qué? Porque el Estado tiene poder represor y de coerción. Entonces, si no sabe tratar con las manifestaciones, cae en un equívoco político serio. Fueron manifestaciones pacíficas. ¿Que hubo grupos infiltrados que eran violentos? Los hubo. Ahora, esos grupos no pueden ser la razón para descalificar las manifestaciones. Hoy hay en Brasil la conciencia de que esa violencia no tiene nada que ver con la democracia. Esa gente de caras tapadas que destruye propiedades públicas y privadas y hiere a las personas no está ejerciendo la democracia: está ejerciendo la barbarie. Eso es una cosa. Ahora, las manifestaciones pacíficas... ¿sabes lo que hacen? Rejuvenecer al país. Hacen que el país sea más capaz de tratar con sus características, con su diversidad, con sus diferencias... Y ser capaz de tratar con las diferencias, lo quiera o no la gente, es intrínseco a la democracia. Entonces, mirar a las manifestaciones como algo que tienes que escuchar y no reprimir es fundamental.


El 'shock' de la violencia policial


Fundamental o no, lo cierto es que la policía actuó con una cierta violencia no justificada por el transcurso de las manifestaciones, que las imágenes de los agentes golpeando a grupos de jóvenes sorprendieron e irritaron a amplias capas de la población, y contribuyeron a reforzar el movimiento de protesta. No por los hechos en sí, seguramente, sobre todo en un país donde la policía se emplea a fondo y no siempre con la forma debida en las favelas y otras zonas desfavorecidas, sino porque por primera vez muchos ciudadanos veían cómo las víctimas esta vez eran jóvenes de las clases medias urbanas. Eso supuso un shock no menor para muchos, le digo a Rousseff.


– Sí. Hubo, de hecho, momentos de exageración en la represión policial, principalmente al comienzo, ¿no? Hubo también violencia por parte de las manifestaciones. Pero como te he dicho, creo que a partir de un determinado momento, todos intentaron evitar la confrontación. Hubo momentos equivocados, al principio, pero después todo el mundo aprendió.


La que más aprendió fue, sin duda, la propia presidenta, que remontó de forma extraordinaria en la apreciación popular por su reacción ante los acontecimientos de junio y a quien la última encuesta publicada le otorga, ahora mismo, el triunfo en las próximas elecciones presidenciales ya en la primera vuelta. Una capacidad de reacción que a estas alturas de su mandato ya no debería sorprender a nadie, si es que alguna vez alguien dudó, al principio, de las capacidades políticas de Rousseff, que durante años ejerció de eficaz funcionaria pública sin mostrar deseo alguno, al contrario de tantos otros, de lanzarse a una carrera política por el primer sillón de la República.
La oportunidad de las reformas


Al hilo de las protestas, la presidenta propuso al país cinco grandes reformas con la intención de utilizar el clima político generado en el país para sacar adelante su ambiciosa agenda en temas sociales, sanidad, infraestructuras de transporte, así como cambios políticos tendentes a frenar la corrupción, endémica, y favorecer la transparencia. En un sistema político como el brasileño, con una multiplicidad de pequeños partidos (solo la coalición que sostiene a la presidenta, lo que se conoce como la base, cuenta con diez formaciones), cualquier intento de reforma tiene asegurado, para empezar, la oposición de muchos, si no de casi todos. Pero Rousseff no iba a desaprovechar la oportunidad. ¿Se puede arreglar el malestar ciudadano tal como se expresó en junio con estas cinco grandes reformas?, le pregunto.


– Creo que sí. Contribuyó a que hubiera una salida, institucional, a esas manifestaciones. En el caso de la salud, nosotros hicimos el programa Más Médicos. Todo lo que nosotros prometimos en los cinco pactos lo hemos cumplido. Prometimos una mejora considerable en la cuestión de la salud pública. No solo inversiones en centros de salud, puestos de urgencia, atención en hospitales, pero también en médicos. En Brasil teníamos una cantidad inmensa de zonas sin atención médica: las periferias de las grandes regiones metropolitanas, las ciudades del interior... Y en las más lejanas era peor: las situadas en las fronteras, y en el norte y noreste del país. También escaseaban los médicos para determinadas poblaciones: la población indígena, y población quilombola [núcleos rurales formados en el siglo XIX por esclavos negros huidos]. Por el lado de los servicios públicos: el Pacto por la Movilidad Urbana resultó en una inversión de 143.000 millones de reales (45.000 millones de euros) en transporte urbano: metro, VLT [tranvía], BRT [sistema rápido de autobuses, como el Transmilenio de Bogotá], y carriles exclusivos para autobuses. Es la primera vez que un Gobierno federal hace ese volumen de inversiones. Es bueno recordar que en Brasil no se consideraba adecuado invertir en metro en la década de los noventa. ¿Por qué no? Porque se decía lo siguiente: el país no tiene renta suficiente para invertir en metro. [Más] el pacto de educación. Y el pacto por la reforma política, que hemos enviado al Congreso, y que creo que es fundamental, porque implica una reforma electoral que trate de todo: de financiación de campañas, pero también, como consecuencia, una mejora sistemática en la cuestión ética que es la corrupción. Ahora bien, la condición de esos pactos es la estabilidad fiscal.


– ¿Y eso está asegurado?


– La semana pasada, la base de apoyo político que el Gobierno tiene en el Congreso, que es mayoritaria, propuso un pacto por la responsabilidad fiscal, de tal manera que no va a haber ni aumento de gastos ni reducción de ingresos. Todos ellos han firmado un documento.


Disciplina y socios parlamentarios


El compromiso de los socios parlamentarios de la presidenta de no aumentar el gasto es importante, lo que no evita, sin embargo, que afloren las críticas sobre la idoneidad y el equilibrio entre las distintas partidas del presupuesto. Brasil recauda un 36% del PIB en impuestos, pero los servicios que ofrece a sus ciudadanos no son los europeos, al menos en infraestructuras. En pensiones, por el contrario, gasta en proporción igual que algunos países de Europa del sur, en los que la proporción de ancianos es tres veces mayor. En determinados casos, se pueden lograr pensiones elevadas a edades relativamente tempranas, mientras todos los agentes económicos coinciden en la necesidad de invertir más en infraestructuras.


– No debe ser fácil asegurarse la disciplina, con una coalición de gobierno tan amplia y tan dispar.


– Mi base está muy tranquila. Nunca una coalición fue tan activa y proactiva.


– ¿Cómo lo ha logrado?


– Porque nos quedamos afónicos de tanto escuchar y discutir. Yo hoy tengo una reunión a las seis de la tarde, y puede durar hasta las 10 de la noche, el tiempo que sea necesario. Nunca un Gobierno ha conseguido de los parlamentarios en esta época del año, que es cuando más se gasta, una firma colectiva [de compromiso para no gastar].


– Y respecto a las críticas de que con un 36% del PIB de carga fiscal no alcanza para las necesidades más imperiosas, ¿en qué se va el dinero, presidenta?


– No es lo que pasa ahora. Porque ahora, a nosotros se nos critica por haber bajado los impuestos. No sé si usted lo sabe.

– Lo sé.


– Entonces, ellos deben resolver si nos detienen por tener un perro o por no tenerlo. Por las dos cosas no se puede [la presidenta ríe abiertamente]. Tienen que resolver si nos critican por reducir los impuestos o por no reducirlos. Aquí en Brasil es complicado.


— Eso del lado de los ingresos. ¿Y del lado de los gastos, hay algo en lo que deba recortar? Pensiones, funcionarios públicos...

 

– Nosotros no estamos en esa fase, no tenemos una deuda como la de España. Tenemos un 35% de deuda neta [el 58%, según la metodología internacionalmente aceptada]. Tenemos superávit primario. La discusión en Brasil es si el superávit primario será del 1,8%, 1,9% o 2%. Esa es la discusión. No es si aumentamos la deuda. Es diferente, aquí. Yo quiero tener un paro del 5,2%. Y no lo quiero aumentar. Y me dicen que hay que aumentarlo. ¡Que lo aumenten ellos! Nosotros seguiremos evitando que crezca el desempleo. Por eso hemos desgravado las nóminas [las cotizaciones a la Seguridad Social han pasado de retirarse de las nóminas a retenerse de los ingresos brutos de las empresas]. No hemos reducido los derechos sociales. La renta está creciendo. Aquí es así.


– Aunque ahora han pasado unos años de bajo crecimiento, no ve riesgos.

 

– Esta semana han recalculado el PIB. Y el crecimiento del PIB del año pasado, que era del 0,9%, ha pasado a ser de un 1,5%. Y nosotros sabíamos que no era del 0,9%. Que estaba subestimado. Y eso pasa en otros países también. En Estados Unidos siempre están revisando su PIB. Nosotros este año vamos a crecer bastante más del 1,5%.


Nadie discute que Brasil es una historia de éxito y que se trata de una historia de éxito que dispone todavía de mucho recorrido, lo que no quita para que también se escuchen voces de alerta, o de queja, o peticiones de reformas profundas en el complejo sistema burocrático del país, asuntos todos que en conjunto pueden restar atractivo a la afluencia de capital externo, imprescindible para afrontar las enormes obras de infraestructura necesarias para asegurar en el futuro próximo tasas elevadas de crecimiento y riqueza. Un informe del banco central calcula que una empresa promedio necesita unas 2.600 horas al año para calcular el pago de sus impuestos, cinco veces más que la media en América Latina y diez veces más que la media mundial. Por otra parte, basta pasar unos días en el país para comprobar el elevado nivel de precios en las grandes ciudades, en las que los alquileres de oficinas en las mejores zonas no tienen rival en todo el continente, incluido Estados Unidos. Según la revista The Economist, Brasil es el segundo mercado, después de Japón, donde más cuesta encontrar mano de obra cualificada por la enorme demanda, y donde, en las escalas más altas de las empresas, las multinacionales a veces acaban pagando más a los ejecutivos brasileños que a sus jefes en Londres o Nueva York. Antes, hablando de las protestas de junio pasado, la presidenta me aseguró que no cree que el real esté excesivamente sobrevaluado.


Quejas, fundadas o no


Ahora le pregunto por los temores sobre la seguridad jurídica, por la excesiva burocracia o por las condiciones draconianas de algunas licitaciones que airean determinadas empresas extranjeras, que por otra parte ven la inmensa oportunidad de negocio que suponen las decenas de miles de millones de dólares que Brasil va a licitar en obras públicas para los próximos años para asegurarse crecimiento económico y progreso social.


– Pues sí, pero las condiciones se han revelado bastante atractivas. Y mira, no voy a hablar de las [licitaciones] pasadas. Ya habíamos licitado cuatro aeropuertos. Voy a hablar sólo de las más recientes. Nosotros hemos licitado una carretera; el mayor campo de petróleo que jamás ha tenido Brasil, el de Libra, con una participación muy significativa de empresas como Shell, Total y las dos mayores chinas, la CNOOC y la CNPC. Enseguida hemos licitado otros dos aeropuertos [en Río de Janeiro y Belo Horizonte]. Todas las empresas que participaron eran de primer nivel en gestión aeroportuaria. De España, Ferrovial; la que ganó fue una de Singapur, Changi, con la [brasileña] Odebrecht, y la CCR con los aeropuertos de Múnich y Zúrich. Y además estaban Aéroports de Paris, Schiphol [Holanda], Fraport [que opera el aeropuerto de Fráncfort]... En fin, las mayores operadoras del mundo. Nosotros consideramos que tuvimos mucho éxito, fue un resultado muy bueno. Para solo un aeropuerto, 19.000 millones (de reales, 6.090 millones de euros), un 243% o 245% sobre el precio inicial. Entonces, las condiciones de rentabilidad no eran tan malas. ¿Cómo alguien paga un 243%, 245% por encima del precio inicial? La puja mínima estaba en 4.000 millones [de reales, 1.280 millones de euros] y ganó quien pagó 19.000, y entre los cuatro mil y los 19.000, hubo [pujas por] 13.000, 14.000, 16.000 millones. ¿Está bien la historia, no?


–Sí está bien, sí.


–Esta semana tenemos [licitaciones de] carreteras, y campos de gas. En los campos de gas, si no me equivoco, 12 empresas ya han pagado la garantía para participar. Y el de las carreteras, no estaba cerrado, pero creo que hasta hace poco ya había siete grandes grupos interesados. Y creemos que durante diciembre habrá varias subastas. Vamos a terminar este año con un balance muy positivo en las licitaciones. No creo que haya otro país que haya hecho esto. Quisiera saber dónde se han sacado adelante tantas licitaciones. Y eso que no he hablado de las licitaciones de las líneas de transmisión eléctrica, que se subastaron en la semana anterior a la pasada, ni las licitaciones de generación de energía, que siempre ocurren en esta época del año.


– ¿Cómo es en general su relación con los empresarios?


– Yo considero que es muy buena, porque he hablado con la gran mayoría de los que han participado [en las licitaciones].
– Digo con los brasileños.


– ¡Pero si todos los [empresarios] brasileños están en esto!


– ¿Puede que ellos, pese a todo, se llevaran mejor con el presidente Lula que con la presidenta Rousseff? ¿Es usted más exigente?
– No creo que sea así. Creo que hay un poco de leyenda.


EE UU y sus espionajes


El 1 de septiembre pasado, un canal de televisión reveló, basándose en documentos del ex analista de la NSA Edward Snowden, que Estados Unidos había espiado el teléfono móvil particular de la presidenta Rousseff. Dos meses antes, en julio, el diario O Globo ya había detallado la magnitud del espionaje de los estadounidenses en Brasil. La reacción de la presidenta fue contundente, hizo saber su malestar en público, exigió explicaciones y disculpas a Washington y canceló una visita al poderoso vecino del norte. Pasado un tiempo, y calmadas las aguas, le pregunto a Rousseff si el espionaje afectará a medio plazo a sus relaciones con EE UU.


–Esta es una cuestión hoy global. Es evidente que el grado de espionaje hecho por Estados Unidos fue bastante variado y diverso. Nosotros no consideramos que por causa de ese espionaje haya un problema en la relación económica y comercial o de inversiones. No lo vemos así.
La presidenta endurece ahora el tono.


–Creemos que es importante cada vez más la concienciación de que eso no es posible. Una relación como la de Brasil y Estados Unidos, que los dos países quieren que sea estratégica, no puede tener como característica una violación, ni de los derechos civiles de mi población ni de mi soberanía. Lo que nosotros dijimos al Gobierno estadounidense fue justamente eso: que no cabía, en ese momento, una visita. Primero, porque ellos no sabían qué datos tenía Snowden. Ni mucho menos nosotros. Porque nosotros no tenemos la más mínima capacidad de tener esa información. Como ellos no la tenían...


–¿Usted supo del espionaje solo cuando se publicó?


–Nosotros no lo sabíamos.


–No tuvo un informe de sus servicios secretos advirtiéndole...


– No, no. Creo también que en el caso de Angela Merkel debe haber pasado lo mismo, en el caso de Francia, debe haber sucedido lo mismo, no sé lo que pasó en España. Entonces, ¿qué ha ocurrido? Ha pasado en cualquier momento, sobre cualquier cosa, puede aparecer otra denuncia. ¿Y qué pedimos al Gobierno de Estados Unidos? Primero, una petición de disculpas formal, y segundo, una declaración de que no volvería pasar. Ellos estaban, te voy a decir, ellos estaban bastante avergonzados, lo lamentaron mucho, no hubo ninguna actitud, diría así, que faltase al respeto de ninguna norma diplomática. Al contrario, hubo una manifestación del Gobierno estadounidense diciendo que lo lamentaba, pero no estaban condiciones de resolver el problema solo con Brasil, ya que el problema afectaba a otros amigos.


–¿Y cómo se siente usted al saber que su teléfono personal había sido espiado?


–Yo, como persona, no tengo lo que los estadounidenses llaman bad feelings, pero como presidenta tengo que indignarme. Porque no se trata de una invasión de mi privacidad; se trata de una invasión de la privacidad de la presidenta de la República. Ahí, el indignarme es una cuestión de honrar a mi país, porque es una violación de derechos personales míos, pero sobre todo de la soberanía de mi país. Eso es algo que no se admite. Que no se puede admitir.


Dura y exigente, con matices


Los 25 minutos acordados han finalizado. Aun así, convenzo a la presidenta, cuyos gestos indican que la conversación ha llegado a su fin, de que aclare una última cuestión. Rousseff tiene fama de exigente con sus subordinados, de que las reuniones con los funcionarios son de una extraordinaria dureza, de que alguno salió de cierta sesión de trabajo con las orejas gachas e incluso con lágrimas en los ojos. En una entrevista hace años, cuando aún era ministra, le preguntaron si era cierto que sus broncas a los ministros eran legendarias, incluso al entonces presidente Lula.


– No, al presidente, no, contestó ella.


Esa capacidad de imponerse con inflexibilidad cuando considera que el trabajo no se ha hecho correctamente o cuando los resultados no son los que espera, se ha constituido, según algunos conocedores del gobierno, en una de las claves del éxito de su gestión, pero contrasta vivamente con la imagen relajada, sonriente, amable y cercana que Rousseff ha ofrecido a lo largo de la conversación. Naturalmente, no es lo mismo sentarse con un periodista que presidir una reunión de trabajo con funcionarios. Así que le pregunto directamente qué hay de cierto en la fama que la precede de ser implacable con sus funcionarios.


– Yo soy muy exigente, sí. Porque yo...


– ¿Porque lo es consigo misma también?


– No, no, no es por eso. Yo no estoy aquí para quedarme eternamente. Yo estoy aquí para hacer un trabajo y marcharme. Vivo en una democracia. Por lo tanto, si no soy exigente, no lograré cumplir en cuatro años lo que debo cumplir. Es una razón política. Y tiene también que ver con el hecho de que soy mujer. Antes se decía que yo era muy dura, no que era muy exigente. Y entonces dije una vez que era una mujer muy dura rodeada de hombres tiernos. Todos los hombres son tiernos.

– ¿Y entonces?


– Exigentes y duras son las mujeres. Tiernos y flexibles son los hombres.


– Pero, ¿es cierto o no que de reuniones que tuvo con funcionarios alguno salió llorando?


– Esa es una historia con [Sergio] Gabrielli...


– ¿Es una leyenda entonces?


– Decían que Gabrielli, que era presidente de Petrobras, fue a llorar al cuarto de baño, y después dijeron que era un señor soberbio. En la misma semana dijeron que fue a llorar al cuarto de baño, y que era un hombre muy soberbio. Y le empezamos a llamar el Soberbio Llorón [ríe abiertamente] ¿Conoces a Gabrielli?


– No.


– Pues fue con Gabrielli. Puedes comprobarlo. Al principio de la semana fue a llorar en el baño, y al final de la semana era un hombre soberbio. Y nosotros le llamábamos ¡Soberbio Llorón! Con su estatura! Y yo le preguntaba: ¿entonces, fuiste a llorar al baño? Se enfadaba mucho.


Y vuelve a reír. La historia es, pues, una leyenda. Pero, pese a los esfuerzos de la presidenta de difuminar con ironías las aristas de su carácter, ello no cambia mi percepción de que, pese al envoltorio, Dilma Rousseff lleva el Gobierno de su país con una determinación, un conocimiento del detalle y una energía que explican sin dificultad su triunfo en las urnas primero, y su sostenida popularidad en el tiempo en una era en la que los liderazgos se deshilachan con facilidad y los gobernantes tienen cada vez más difícil renovar sus mandatos y aun ejercer su poder. Nada de eso, sin embargo, parece estar sucediendo en Brasil en estos momentos.

Publicado enInternacional
La búsqueda de un millón de firmas para salvar el Yasuní

 

Cada jueves, en las afueras de algún ministerio, se escucha la "zapateada" de los Yasunidos. Este colectivo de jóvenes ambientalistas sigue en su lucha por salvar la reserva natural y se aferra a la posibilidad de la consulta popular. Deben presentar en torno a 600.00 firmas (el 5% del padrón electoral de Ecuador) para que el Consejo Nacional Electoral autorice el referéndum, pero se ha puesto la meta de recolectar un millón para cubrir aquellas firmas que sean invalidadas.

 

"¡Por el Yasuní, nadie se cansa!", es una de las frases que más corean los activistas en cada "zapateada". No superan la treintena, pero su acción es muy potente porque llevan tambores y altavoces y llegan a la hora que salen los funcionarios. Se colocan en la entrada principal de los ministerios y entre canto y canto hacen un acto de clausura simbólica. Hasta ahora han pasado por las carteras de Justicia, Ambiente, Recursos Naturales No Renovables y Cultura, donde estuvieron el pasado jueves.

 

Durante estas acciones, los Yasunidos procuran recoger firmas entre los transeúntes y también abordan a los funcionarios públicos. David Suárez, de 33 años, sociólogo e investigador de temas ambientales, es uno de los voluntarios que se ha apuntado para recoger firmas. De su experiencia cuenta que: "La gente que se identifica con Alianza País (el partido de gobierno) siente que es algo en contra del Gobierno y por lo general no firma". Otra de las voluntarias, Vanessa Cárdenas, de 27 años, diseñadora, ha llegado a la conclusión de que la gente que apoya la consulta popular son los veinteañeros y las personas mayores. "Los jóvenes oyen Yasuní y enseguida firman y las personas mayores se interesan por la iniciativa y nos animan a seguir adelante".

 

Las decenas de voluntarios que se han apuntado en todo el país están reportando un promedio de 5.000 firmas diarias. Esto hace pensar que para abril de 2014, cuando vence el plazo de 180 días que les dio el Consejo Electoral, van a cumplir con la meta de reunir un millón de firmas y pedir que se apruebe el referéndum en torno a la explotación de parte del Parque Nacional Yasuní.

 

Los Yasunidos ocupan las instalaciones de Acción Ecológica para planificar sus acciones. En el patio trasero de la casa de esta organización, cada semana se decide dónde y cómo van a recoger las firmas. La estrategia incluye salir a las calles a dar información y alternativas a la explotación como el impulso al bioconocimiento, el turismo comunitario, el incremento de impuestos a los diez grupos económicos más grandes del país.

Los materiales que reparten, como el "triptico yasunizador", se han hecho con los pocos recursos que han llegado vía autogestión. En su página web piden ayuda para todo, incluso para recolectar los bolígrafos de color azul para salir a recolectar las firmas. Uno de los mayores desafíos que tiene el colectivo es enfrentar la agresiva campaña gubernamental a favor de la explotación del Yasuní, que incluye una fase culposa que plantea la pregunta: ¿Qué hiciste tú por el Yasuní? y el discurso sobre la mínima intervención en el parque o la promesa del presidente Rafael Correa de que se afectará menos del 1x1000.

 

Además, a la hora de recoger firmas se pelean con las otras iniciativas que también buscan llevar el tema de la explotación del Yasuní a consulta popular, pero con un enfoque diferente, como la propuesta de los alcaldes amazónicos que han integrado el grupo Amazonía Vive y que plantean otra pregunta: ¿Apoya al Presidente de la República, Rafael Correa, con su propuesta para la explotación del petróleo en un área no mayor al uno por mil del Parque Nacional Yasuní y que el producto del petróleo que se extraiga del Bloque 43 (campos Ishpingo, Tambococha y Tiputini) se destine a la lucha contra la pobreza, la protección ecológica del país, el financiamiento de los planes de vida de las comunidades ancestrales y la dotación de servicios básicos?

 

Pero los Yasunidos no se amilanan y el esfuerzo no solo se concentra a nivel nacional, también hay una comisión encargada de la recolección de firmas en el extranjero. La semana pasada llegó el primer cargamento de firmas recogidas en las colonias de ecuatorianos en Europa y Australia. Fueron alrededor de 2.000 firmas.

 

Sobre el apoyo a la defensa del Yasuní en el extranjero, Esperanza Martínez, presidenta de Acción Ecológica, dice que la defensa del parque tiene gran acogida fuera de Ecuador. "Por más que el presidente haya argumentado que no ha habido apoyo internacional, ha habido mucho apoyo de la sociedad, pero de esa sociedad que no tenía manera de aportar en la propuesta o metas económicas de la iniciativa Yasuní".

 

Martínez confía en que reunirán las firmas necesarias, sin embargo, le preocupa que todo sea en vano porque no tienen el dictamen de la Corte Constitucional acerca de la pregunta que plantean para la consulta popular: ¿Está usted de acuerdo en que el Gobierno ecuatoriano mantenga el crudo del ITT, conocido como bloque 43, indefinidamente bajo el subsuelo?

 

El máximo órgano constitucional, en teoría, debería haberse pronunciado sobre la constitucionalidad de la pregunta antes de dar paso a la recolección de firmas, pero tras un mes de espera desde que el colectivo Yasunidos presentara la pregunta, la Corte decidió que primero se reunieran las firmas necesarias para convocar a la consulta popular.

 

El abogado que apadrina al colectivo, Julio César Trujillo, explica que no hay una norma establecida para las consultas populares, pero que debieron aplicar el procedimiento que existe para solicitar la opinión del pueblo en el caso de una modificación constitucional. "En ese caso sí se dice que antes de iniciar la recolección de firmas es necesario el dictamen de la Corte Constitucional y, en principio, debieron haber aplicado la misma norma".

 

De todas formas, el jurista asegura que su pedido está dentro el marco constitucional y que harán varias jornadas con expertos constitucionalistas para adelantarse a lo que diga la Corte. "Nosotros hicimos la pregunta muy conforme con la Constitución, que dice que los ciudadanos pueden solicitar una consulta popular sobre asuntos de interés general y el Yasuní es de interés general".

Publicado enInternacional
Los túneles entre Egipto y Gaza, un medio de supervivencia bajo amenaza

Después de la guerra árabo-israelí en 1948-1949 la Franja de Gaza quedó bajo dominio militar egipcio hasta que Israel la ocupó durante la "Guerra de los Seis Días" en junio de 1967. Cuando el presidente egipcio Anwar Sadat firmó el Tratado de Paz de Camp David con Israel en 1979 la ciudad fronteriza de Rafah quedó dividida: una parte quedó en la Franja de Gaza y el resto permaneció en Egipto. Como el ejército israelí patrullaba la zona fronteriza, las familias palestinas empezaron a excavar túneles bajo sus casas para mantenerse en contacto con sus amigos y familiares del lado egipcio. Israel descubrió el primer túnel en 1983.


Después de la firma de los Acuerdos de Oslo que vieron la creación de la Autoridad Palestina en 1993, Israel construyó un muro alto alrededor de Gaza y controló a las personas que entraban en la Franja a través de varios pasos fronterizos, que Israel cerró con el estallido de la Segunda Intifada, la Intifada de "Al-Aqsa", en 2000. Los israelíes también bombardearon los únicos aeropuerto y puerto de Gaza, lo que llevó a los palestinos a buscar vías y medios alternativos para comunicarse con el mundo exterior. Se restablecieron los viejos túneles y se volvieron a utilizar para importar artículos necesarios que compensaran la escasez provocada por el estricto control por parte de Israel de qué y quién podía entrar o no en el territorio ocupado.


El ejército israelí empezó entonces a demoler las casas que tenían túneles y más tarde amplió sus operaciones de demolición a la zona de seguridad entre la frontera y la ciudad de Rafah. Según Human Rights Watch, entre 2000 y 2004 unas 1.700 casas fueron demolidas para crear una zona de cien metros de ancho a lo largo de la frontera entre Gaza y Egipto (conocida como la Ruta Philadelphi). Además de esto, Israel construyó un muro de ocho metros de alto en la frontera cuando implementó su retirada unilateral de la Franja de Gaza en 2005.
Cuando en enero de 2006 Hamas ganó las elecciones legislativas palestinas, Israel impuso un bloqueo a la Franja de Gaza y cerró el paso de Erez a las y los trabajadores gazatíes que tenían permiso para trabajar en Israel (los cuales constituían el 70% de la población activa de Gaza). La potencia ocupante también cerró el paso fronterizo de Karni, que es el principal paso fronterizo de Gaza utilizado para transportar bienes, además de prohibir a los peatones utilizar el paso fronterizo de Rafah para ir a Egipto. Estas restricciones israelíes al comercio y al movimiento de personas hacia Gaza y fuera de ella así como las constantes incursiones militares llevaron a los palestinos a excavar túneles más largos y más profundos, y a mejorar la infraestructura de estos.


Muchos cálculos de expertos económicos y de seguridad sugieren que la cantidad de túneles entre el Sinaí y Gaza no tiene precedentes en la historia de la zona, con unos 1.200 túneles operativos. Sin embargo, según un periodista israelí en los territorios palestinos, Avi Sakharov, solo hay unos 500 túneles entre Gaza y el Sinaí, la construcción de cada uno de los cuales ha costado unos 75.000 dólares. Ignorando estas fuentes, una fuente militar egipcia ha afirmado que solo hay 225 túneles bajo la frontera de Rafah. Si se tiene en cuenta que cada túnel tiene varias salidas, algunas de las cuales están en hogares egipcios y son difíciles de detectar, podría haber 550 salidas de túneles.


Desde finales de 2009 los túneles se han alargado y ampliado, y su diseño y sofisticación rivalizan con los existentes en países desarrollados. Algunos son de hormigón y son lo suficientemente anchos como para permitir el paso de camiones cargados de artículos y de carburante.


Según un informe preparado por los servicios de inteligencia israelíes, parte del cual se filtró a la prensa, la Franja de Gaza ha experimentado un "boom de construcción de túneles" en el que han intervenido entre 20.000 y 25.000 trabajadores en ambos lados de la frontera egipcio-palestina.


Intentos de las autoridades israelíes y egipcias de demoler los túneles


Israel se ha dado cuenta de la amenaza que suponían los túneles para su bloqueo, así que periódicamente sus aviones bombardean los túneles en un intento de dificultar sus operaciones. Los oficiales del ejército israelí han tratado de idear una respuesta de seguridad, militar y tecnológica viable para el problema de los túneles y han admitido que no tienen una solución mágica para ello.


En el mismo contexto, un informe preparado por una página web de inteligencia estadounidense señalaba que el Cuerpo de Ingenieros egipcio empezó a trabajar para descubrir los túneles de Gaza en 2007 y que el ministro de Defensa del gobierno de Hosni Mubarak, el general Mohammed Tantawi, emprendió un programa de detección de túneles con apoyo de Estados Unidos. Pidió a un equipo de ingenieros especializados en la detección y destrucción de túneles que inspeccionara la zona de la frontera entre Egipto y Gaza. Su informe, revelado por Wikileaks el 21 de noviembre de 2007, era muy pesimista acerca de las posibilidades que tenían de elaborar un mapa de los túneles. Afirmaban que era difícil ubicarlos precisamente debido a su tamaño pequeño y a la ausencia de bombas o de cables de energía eléctrica que habrían hecho que fuera más fácil detectarlos.


A pesar de ello, desde 2008 Estados Unidos ha suministrado al ejército egipcio un equipamiento de detección de túneles valorado en 23 millones de dólares en el que se incluyen sensores, vehículos de control remoto, maquinaria de perforación y cámaras infrarrojas. El programa en contra de los túneles, supervisado por Estados Unidos, duró de 2008 a 2010 y logró algunos resultados. Según el cable diplomático publicado por Wikileaks el 22 de diciembre de 2009, ese día se descubrieron tres túneles. A pesar de ello, el programa se interrumpió temporalmente en 2010 debido a la falta de seguridad en el Sinaí y al derrocamiento de Mubarak un año después. El programa se reinició inmediatamente después del golpe que derrocó al presidente Morsi.


El informe filtrado también revelaba que el Cuerpo de Ingenieros del ejército estadounidense concedió un contrato valorado en 10 millones de dólares a Raytheon Technologies el 28 de agosto para ayudar a detectar los túneles entre el Sinaí y la Franja.


Uno de los métodos utilizados para destruir los túneles es inundarlos con agua. Es el método utilizado por el ejército egipcio, que lo utiliza cuando el túnel está cerca de una zona residencial y teme que las explosiones provoquen deslizamientos de tierra que afecten a las casas del Sinaí. Hay 12 máquinas trabajando en ello en varias zonas residenciales de Rafah.


La destrucción de la mayoría de los túneles y el temor de que se establezca una zona de seguridad


En su campaña para destruir los túneles el ejército egipcio está haciendo redadas en las casas del lado egipcio de Rafah. Si encuentra un túnel en una casa, utiliza dinamita para destruirlo. Por ejemplo, testigos presenciales afirmaron que a principios de septiembre vehículos blindados acompañados del Destacamento de Trabajo de los Ingenieros habían hecho una redada en una casa en el lado egipcio del barrio de Al-Salam al oeste de Rafah y después de descubrir un túnel utilizaron dinamita para destruir el edificio.


El dueño de un túnel que se utilizaba para pasar de contrabando el carburante que se necesita desesperadamente en Gaza y que fue bombardeado recientemente por el ejército egipcio explicó que el ejército había destruido el túnel junto con otras tres casas que también escondían túneles. "En menos de una semana demolieron más de 15 casas con túneles, algunas de las cuales tenían tejados de hojalata, para llevar a cabo el plan de creación de una zona de seguridad", afirmó.


El alcalde de Rafah Subhi Radwan declaró a AFP que el ejército egipcio había destruido el 95% de los túneles subterráneos que existían a lo largo de la frontera entre Gaza y Egipto para crear una zona de seguridad. Advirtió que se produciría "una catástrofe humanitaria para las 1.750.000 personas que habitan la Franja si se establece una zona de seguridad, cuyo objetivo es asfixiar [a la población] e intensificar el bloqueo a Gaza". Radwan añadió que "se calcula que entre 200 y 250 túneles estaban operativos (hasta el pasado mes de junio), la mayoría de los cuales ahora han sido destruidos".


El Coordinador Especial de la ONU para el Proceso de Paz en Oriente Próximo Robert Serry señaló al Consejo de Seguridad de la ONU el 24 de julio que el 80% de los túneles que unen Egipto y la Franja de Gaza "ya no se pueden utilizar" a consecuencia de las estrictas medidas tomadas por el ejército egipcio. Añadió que Gaza padece "una importante escasez de carburante y de materiales básicos de construcción que entraban fundamentalmente a través de los túneles debido a las severas restricciones a las importaciones a través de los pasos fronterizos oficiales y del alto coste del carburante disponible procedente de Cisjordania e Israel". Además, el precio de los alimentos se ha disparado y la escasez de carburante ha provocado que los y las gazatíes tengan que permanecer durante horas haciendo cola para conseguirlo.
El portavoz del ejército egipcio, el coronel Ahmed Mohammed Ali, afirmó en una entrevista concedida a la televisión Al-Arabiya que Estados Unidos ayudaba al ejército egipcio a demoler los túneles. Por otra parte, en respuesta a una pregunta acerca de acelerar el ritmo de las demoliciones que estaban teniendo lugar en el Sinaí, afirmó: "El año pasado trabajamos con algunas reservas, pero desde que empezó el proceso en Sinaí el 7 de agosto hemos destruido más de 300 túneles y después otros 142, esto es, entre el 80% y el 90% de los túneles que hemos descubierto hasta ahora. Vamos a seguir vigilando la construcción de nuevos túneles". También confirmó que en el pasado (durante el gobierno de Mubarak) Estados Unidos les había suministrado dispositivos de detección de túneles y que todavía los utilizaban.


Funciones de los túneles


A través de los túneles se transporta una amplia variedad de artículos que va desde los materiales de construcción a comida, medicinas, ropa, combustible, ordenadores, ganado y coches. International Crisis Group calcula entre 500 y 700 millones de dólares el valor anual de los artículos transportados a través de los túneles. El coste anual de los bienes pasados de contrabando desde Egipto a Gaza es de mil millones de dólares.


Los túneles satisfacían aproximadamente el 60% de las necesidades de Gaza. Según un estudio del periódico británico The Guardian, el 65% de la harina, el 98% del azúcar y el 52% del arroz de la Franja llega a través de los túneles.


Efectos de la demolición de los túneles en la bloqueada Gaza


El presidente del Sindicato de Contratistas Palestinos Nabil Abu Muaileq afirmó que la continua destrucción de los túneles afectaba a los ingresos de la construcción de Gaza y había provocado que cayeran a cero en los últimos días. Declaró a Safa News que el 60% de la construcción depende de los túneles y señaló que se han paralizado el 50% de los proyectos y que "Gaza está al borde de una crisis económica y social ya que la tasa de paro va a aumentar a consecuencia de este parón en el trabajo de obreros, técnicos, compañías y fábricas". También indicó que entre 40.000 y 50.000 gazatíes trabajan en los sectores de la construcción, el mecánico y el de las fábricas, y que más de la mitad de estas personas se verá afectada y perderá su trabajo a consecuencia de la crisis. Un informe del Observatorio Euromediterráneo para los Derechos Humanos ha advertido que un fuerte colapso económico amenaza con afectar a la vida de la Franja ya que el bloqueo impuesto ha llegado a unos niveles sin precedentes a consecuencia de la demolición de los túneles por parte de las autoridades egipcias.


El informe revelaba que las pérdidas padecidas por los palestinos de Gaza en todos los sectores económicos desde las medidas más recientes tomadas por las autoridades egipcias se calculan en 460 millones de dólares. Predice que el hecho de que los túneles continúen cerrados llevará a un fuerte descenso del PNB de Gaza por debajo del 3% para finales de 2013, en comparación con el índice del pasado mes de junio que era de aproximadamente el 15%.


Por lo que se refiere a las fábricas, estas se encuentran en uno de sus peores momentos ya que el trabajo se ha detenido completamente después de haber trabajado en unos horarios muy reducidos a lo largo de los últimos 6 años a consecuencia del bloqueo israelí. Hace seis años las fábricas producían solo al 20% de su capacidad. "Por lo que se refiere a las fábricas, están completamente paralizadas debido a los cortes de luz, la escasez de carburante y la imposibilidad de obtener petróleo para hacer funcionar los generadores que se utilizaban como alternativa a la electricidad, aunque ahora ni siquiera se dispone de esta alternativa".


El informe también mencionaba que el pasado mes de septiembre el sector de la construcción en Gaza trabajó a menos del 15% de su capacidad operativa, lo que significa que se perdieron 30.000 oportunidades de trabajo en dos meses. Por otra parte, 12.000 ciudadanos continúan sin hogar debido a que no pueden reconstruir sus casas destruidas en las dos guerras israelíes contra Gaza.


Según cálculos locales, los túneles suministraban a la Franja 3.500 toneladas de cemento al día y esto ha disminuido a menos de 1.000 toneladas al día en un momento en que Gaza necesita una cantidad mucho mayor que esa. Esto ha provocado un fuerte aumento del precio del cemento y a la luz de la crisis egipcia, la ocupación está privando a Gaza de las materias primas utilizadas en las industrias locales e impide que entren los materiales por el paso fronterizo de Karem Abu Salem (Kerem Shalom).


La falta de carburante transportado a través de los túneles y el poco que llega a través de Karem Abu Salem está llevando a la parálisis completa de todas las instalaciones de agua y de alcantarillado, además del trabajo en los pozos, la recogida de aguas residuales y las plantas de bombeo de agua y la central de tratamiento de aguas. También ha provocado un corte casi permanente de electricidad, todo lo cual afecta muy negativamente en la vida cotidiana de los y las gazatíes.


También continúa la crisis en el sector sanitario, lo que incluye tanto la falta de medicinas como de equipamientos y suministros médicos. El déficit ha superado el 30%, además de las dificultades de trasladar a los pacientes a través de los túneles para recibir tratamiento fuera de Gaza.


La economía palestina está padeciendo unas pérdidas económicas directas en los sectores de la producción, la inversión, el comercio exterior, la agricultura, la industria y el empleo, todo lo cual tiene un impacto negativo en los resultados económicos y los índices de crecimiento de Gaza, además de multiplicar sus problemas económicos, sociales, sanitarios y psicológicos. Por otra parte, todos los sectores económicos y de producción están a punto de detenerse completamente, fundamentalmente los sectores industrial, agrícola y pesquero.


Las víctimas de los túneles


La creación de los túneles va acompañada de unos graves riesgos. Muchos hombres trabajan 12 horas al día seis o siete días a la semana en unos espacios muy exiguos. Según el Centro Al-Mezan para los Derechos Humanos, las explosiones de gas, las descargas eléctricas, los derrumbamientos de los túneles y los ataques aéreos de los israelíes han matado a 235 palestinos y herido a otros 597 desde 2006.
Para confirmar esta información, la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios en los Territorios Palestinos Ocupados (UNOCHA en sus siglas en inglés) publicó a finales de septiembre un informe que afirmaba que fuentes egipcias habían informado de la destrucción de al menos 300 túneles bajo la frontera con Gaza por parte del ejército egipcio en los últimos tres meses y señalaba que se calculaba que había unos diez túneles operativos. El informe también citaba fuentes locales de Gaza que afirmaban que durante el periodo entre el 17 y 23 de septiembre de 20 a 30 camiones transportaron varios artículos a Gaza, lo que representa solo el 15% de la cantidad que se transportaba antes del pasado mes de junio. Esto ha provocado un descenso significativo de artículos, incluido el carburante barato procedente de Egipto y los materiales de construcción.


El informe señalaba además que diariamente entran en Gaza de 300.000 a 400.000 litros de carburante debido a la menor actividad de los túneles, incluido el carburante transferido a la central eléctrica de Gaza, en comparación con el millón de litros al día que se recibían anteriormente. La Autoridad de la Energía Palestina ha informado de que a pesar del ligero aumento del carburante almacenado en la Central, desde cero a 500.000 litros, esta sigue trabajando a mitad de su capacidad durante 12 horas al día y 16 horas en algunas otras zonas.
El informe también mencionaba que los materiales de construcción siguen cruzando la frontera en cantidades limitadas, con unas 200 toneladas de materiales de construcción, especialmente cemento, en comparación con la media de 7.500 toneladas diarias de antes de junio, según la Federación Palestina de Industrias. Esta escasez ha provocado un fuerte aumento del precio de los materiales de construcción que lleva al declive de la actividad de construcción en Gaza. Esto ha ocurrido tras el anuncio hecho el 17 de septiembre de que Israel había autorizado el paso de 50 camiones de materiales de construcción al día además de los 20 camiones autorizados a entrar en Gaza desde diciembre de 2012.


Conclusión


Está claro que los túneles son el medio de supervivencia económica para las 1.700.000 personas que viven bajo bloqueo en Gaza. Todos los aspectos de la vida se ven afectados con el cierre de los túneles. Los túneles se establecieron para mantener con vida a la población de Gaza, para proporcionarles artículos esenciales básicos como comida, agua y medicinas, y para romper el bloqueo impuesto por Israel. La destrucción de los túneles por parte del ejército egipcio sugiere que está cooperando con Israel para asfixiar la Franja Gaza por medio de una zona de seguridad.


Para resolver esta crisis es necesario que tanto la comunidad internacional como las instituciones y organizaciones internacionales presionen a Israel y Egipto para que abran todos los pasos fronterizos y para que se permita el paso de personas y de mercancías. También deben trabajar para que se levante el bloqueo impuesto a Gaza y para que se permitan todas las importaciones sin restringir ni su cantidad ni su calidad.

 

Sawsan Ramahi
Middle East Monitor

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Publicado enInternacional
Viernes, 08 Noviembre 2013 09:34

"Una nueva protesta será un paro general"

"Una nueva protesta será un paro general"

A menos de un mes de agotarse por completo el presupuesto de la salud de todos los hospitales y centros de salud del país, los dirigentes de los trabajadores hospitalarios anunciaron que la próxima protesta será el para general de todos los hospitales y que comprometa a todos los empleados del gremio.


En medio de este ambiente de protesta, más de 15 mil personas marcharon el pasado 6 de noviembre en Bogotá por la salud, en la segunda manifestación que se realiza en menos de treinta días. En otras varias ciudades del país las calles también se vieron colmadas por trabajadores del sector. El objetivo: protestar en contra de los incumplimientos en los pagos de las Empresas Promotoras de Salud (EPS) a los hospitales del Distrito.

 

Emn Bogotá la marcha afectó la movilidad de la avenida Caracas, hacia el norte y la calle 19, en ambos sentidos, la avenida Circunvalar y la Calle 26, generando un monumental trancón que, según los participantes, debería bloquear toda la ciudad para que los habitantes entiendan la gravedad de la crisis que soporta la salud, la misma que obligará a un paro de actividades en pocos días por falta de presupuesto.
La masiva aglomeración inició pasadas las ocho de la mañana en las inmediaciones al Parque Nacional, en la carrera séptima, entre las calles 39 y 36. Con el lema: 'Salvo mi hospital', funcionarios de hospitales, gremios, asociaciones y comunidad en general protestan por la crisis ya descrita que afecta directamente el sector en la capital de la República.


Según los promotores de la movilización, la deuda de las EPS con la red hospitalaria del Distrito supera los 260.000 millones de pesos, lo que impide el pago de salarios y prestaciones a trabajadores y proveedores.


Reforma al proyecto


En pleno marco de la protesta, Alejandro Gaviria, ministro de Salud, anunció que retiraría de la reforma a la salud el artículo que les quitaba a las universidades la facultad de formar a los especialistas para que lo hicieran los hospitales, sin embargo, el anuncio no fue suficiente para frenar la protesta del gremio médico, que sigue viendo el proyecto como nefasto y regresivo para el sector y para los pacientes.


Por eso, en la "Marcha de batas blancas" realizada en todo el país, unificó a médicos, enfermeras y directivos hospitalarios con internos, residentes, pacientes y todos los trabajadores y proveedores, "porque no peleamos solo por nuestro salario y la educación sino por la salud de los colombianos", explicaron los trabajadores de la salud.


Para ellos, la reforma no soluciona los problemas de fondo, que es el deterioro de la relación médico-paciente, en la que el paciente siente que cuando consulta, "tiene que pelear por el servicio", explicó otro de los manifestantes.


Carmen Mayusa, Secretaria ejecutiva de la Asociación Nacional de Trabajadores de Hospitales y Clínicas (Anthoc), argumentó que la reforma conserva la intermediación de las EPS (ahora Gestoras de Salud): "La protesta es la indignación por la inoperancia de las EPS. La intermediación financiera no desaparece, que se vayan a hacer negocios con otras cosas, no con la salud".


"La reforma perpetúa y empeora la Ley 100 y afecta a los médicos en lo gremial, salarial, académico y científico. La Ley 100 coartó el libre ejercicio de la profesión, porque estandarizó el salario y puso intermediarios para decidir qué pacientes, a quién atender y cómo cobrar. En Colombia los trabajadores de la salud no estamos en libertad, la mayoría no pueden ordenar procedimientos ni ayudas diagnósticas ni recetar los medicamentos que consideren necesarios sino los establecidos por la ley. Desde la Ley 100 para acá todo el sistema de salud se ha deteriorado en contra de los intereses de los usuarios, explicó la sindicalista.


En la noche


Pero las protestas no fueron solamente a la luz del día. Una vez se prendieron las luces callejereas, un carro fúnebre y un ataúd encabezaron un "veletón", una segunda marcha, encabezada por médicos, estudiantes de medicina y pacientes, que, con velas encendidas reunió a más de 3.000 personas.

 

"La salud está muerta, nuestro gobierno la mató", afirmó uno de los galenos reunidos en la protesta. Estamos en un velorio, la reforma a la salud que transita en el Congreso tiene que hundirse porque es peor de lo que tanto daño ha hacho la Ley 100 a los colombianos", explicó.
La manifestación hace parte de las actividades del Movimiento por una Salud Digna en Colombia, que exige al gobierno el retiro de la reforma que cursa en el Congreso.


"Estamos preocupados porque la reforma a la salud que presentó el gobierno es perversa", aseguró otro médico.
Para los distintos sectores del sistema, las velas seguirán encendidas y las protestas continuarán hasta que el gobierno ofrezca una solución de fondo a la crisis en el sistema.

Publicado enColombia
Encadenados y en huelga de hambre, 4 sindicalistas presionan a Nestlé a cumplir Convención Colectiva

Desde el pasado martes 5 de noviembre cuatro trabajadores de Nestlé de la planta de Bugalagrande, Valle del Cauca, se encuentran encadenados y en huelga de hambre en las afueras de la planta como medida de protesta ante el incumplimiento de los acuerdos convencionales y el irrespeto a la dignidad de los trabajadores por parte de la empresa.

 

Se trata de William Zapata, Wilson Riaño, Omar Rengifo y Miguel Millán, todos directivos de la seccional de Sinaltrainal en Bugalagrande, quienes, afirman, están dispuestos a ir hasta las últimas consecuencias, a menos que la empresa escuche sus reclamos. Hoy en la mañana uno de ellos presentó una descompensación orgánica y debió recibir atención médica.

 

En realidad se trata de una reincidencia, toda vez que ya el pasado 10 de octubre estos mismos trabajadores habían iniciado una huelga de hambre, la cual debieron suspender apresuradamente por las amenazas y hostigamientos de que fueron objeto.

 

En diálogo con esta Agencia de Información, el señor Javier Correa, Presidente Nacional de Sinaltrainal, dijo que con esta acción de protesta los trabajadores quieren llamar la atención sobre la negativa de Nestlé, la compañía agroalimentaria más grande del mundo, a cumplir los acuerdos pactados en la Convención Colectiva firmada el 28 de junio de 2012, tras 82 días de conflicto.

 

"Esta huelga es indefinida, hasta que la empresa entre en razón y otorgue los beneficios pactados. No pedimos nada más", señaló uno de los trabajadores que participa en la huelga de hambre.

 

Pero la protesta no es solo por la violación de derechos laborales y las presiones indebidas de la empresa a los nuevos trabajadores para que no se afilien al sindicato. También la hacen para denunciar las amenazas de muerte que pesan sobre algunos dirigentes sindicales de la seccional Sinaltrainal Bugalagrande, y para reclamar verdad, justicia y reparación por los sindicalistas de Nestlé, 13 en total, asesinados desde 1984, uno de ellos Luciano Romero, caso por el cual hay abierto un proceso penal por la omisión en que incurrió la empresa, según explicó el presidente de Sinaltrainal.

 

Otra de las demandas tiene que ver con que Nestlé deje de hacer importaciones masivas de leche en polvo y otras materias primas y productos terminados que afectan la agroindustria nacional y ponen en riesgo los empleos y la estabilidad de pequeños y medianos productores, que son reivindicaciones del pasado paro nacional agrario.

 

Es de anotar que el 2011 Nestlé S.A. hizo negocios en Colombia por 90 mil millones de francos suizos, excelente balance que contrasta con la situación precaria de los productores proveedores de la compañía y de los trabajadores.

 

Nestlé, por su parte, emitió un comunicado en el que sostiene que ha cumplido con todos los acuerdos convencionales y lamenta que Sinaltrainal recurra a la huelga de hambre como método de lucha.

Publicado enColombia
Sábado, 26 Octubre 2013 07:42

Se prenden las alarmas sobre la economía

Se prenden las alarmas sobre la economía

The Economist informó que Colombia era el segundo país del mundo con mayor riesgo ante una disminución de los flujos de capital extranjero, fenómeno de muy probable ocurrencia. Ante un concepto tan negativo, y de una de las consideradas biblias neoliberales, el ministro de Hacienda reclamó. Y la revista, condescendiente, corrigió: que efectivamente no era el segundo peor de la tierra en ese sentido... sino el quinto. La severa advertencia se explica por un déficit muy alto en la balanza de la cuenta corriente, del orden de 12 mil millones de dólares, el 3 por ciento del PIB. Pero ello no impidió que Cárdenas fuera condecorado en una reunión de banqueros en Washington. Dime quién te pone la medalla y te diré qué defiendes.

 

Las cifras prueban el fracaso del libre comercio para impulsar el desarrollo de Colombia, incluso en términos de sus propias y mediocres metas. Porque muestran que la economía colombiana no es capaz de generar los dólares que requieren sus intercambios internacionales y que si esos dólares ajenos llegaren a reducirse, el país sufriría un grave quebranto, fenómeno que puede suceder en cualquier momento, dados los problemas de Colombia y de Estados Unidos, Europa y China.

 

Una prueba más del fracaso de todos los gobiernos desde el de César Gaviria, incluidos los dos posteriores a la crisis económica de Pastrana en 1999, los cuales, a pesar de haber disfrutado de una prolongada y vigorosa bonanza de precios de las materias primas que exporta Colombia, fueron incapaces de impulsar en serio el avance del país. Su apego dogmático al libre comercio no lo permitió. Y es obvio que lo poco logrado no se les debe a ellos sino a las vacas gordas extranjeras, luego que no cobren por méritos ajenos. Muy extraño sería, y las protestas agrarias así lo advierten, que en el futuro próximo, con un agro y una industria empeorando, no aumentaran el malestar y los reclamos sociales.

 

En otro país, este sería el centro del debate y la reelección de Santos no tendría ninguna posibilidad. Pero como en Colombia estamos, lo que predomina en los medios es la retórica entre cínica y ridícula del santismo sobre un país maravilloso que para casi todos solo existe en los discursos, mientras que un puñado de nativos y extranjeros se queda con todo al amparo de las determinaciones oficiales. Y también predomina el extorsivo reparto de la mermelada oficial a cambio de votar por Santos y sus intermediarios, quienes no les ofrecen a sus conmilitones –trabajadores y de cuello blanco, del sector público y del privado– gobernar bien, sino compensarlos con clientelismo por las malas medidas gubernamentales. De ahí que aumente la idea de que a Santos no lo quieren, ni abajo, ni en el medio y ni arriba, sino que le temen.

 

Ojalá que el país no caiga en el propósito de los mandamases de ponerlo a escoger entre Santos y el candidato del Uribe Centro Democrático, de manera que el debate se reduzca a cómo someter a la guerrilla y se evadan los elementos determinantes del modelo económico y social, en los que, como es sabido, ellos son infinitamente más coincidentes que contradictorios.

 

Porque si Colombia no cambia de rumbo, tal y como lo propone en solitario el Polo en el Congreso, el país no tendrá cómo librarse de las cadenas que lo atan al atraso y la pobreza, a pesar de tener en sus gentes y en su territorio las riquezas suficientes para descontarles terreno a los países que han logrado situarse en los mayores niveles del proceso civilizatorio.

 

Por Jorge Enrique Robledo, Bogotá, octubre 25 de 2013

Publicado enColombia
Sábado, 26 Octubre 2013 07:11

La protesta siempre es útil

La protesta siempre es útil

Más de ochenta consejos de ministros ya. Más de ochenta canalladas todavía impunes que a punto están de hacer rebosar el vaso de la paciencia. Los escépticos, los impacientes suelen lamentar que de momento no pase nada, que todo esté tan tranquilo, pero yo no creo que sea así. Está pasando. La conciencia y la memoria colectiva hacen su trabajo y van archivando.

 

No es verdad que nos dé igual lo que hagan quienes mandan y su gobierno títere. No es verdad que tengan barra libre. No es verdad que nos dejemos engañar por estos papasfritas mercenarios de Bruselas y Berlín. La sabiduría del ciudadano de a pie, que aguarda pacientemente el momento de darles su merecido, siempre estará ahí.

 

Encaramados como andan en lo más alto de sus pedestales, el gallego registrador y su tropa han perdido la perspectiva despistados por unas encuestas que parecen bastante cuestionables. Si alguien en este país no tenía costumbre de mentir, con tales maestros en el arte de negar la evidencia y echarle tanto morro a la vida, hemos completado en estos dos años no ya un cursillo intensivo, sino un verdadero doctorado que nos permite, llegado el caso, soltarle a un encuestador lo contrario de lo que pensamos sin mover un solo músculo de la cara.

 

La calle no parece sentir ni pensar como dicen las encuestas. Los jóvenes que atestaron este jueves las calles de toda España pertenecen a una generación que empieza a tener conciencia de que hay que rebelarse para que no les pase como a sus hermanos mayores, que andan buscándose la vida en el extranjero con mejor o peor fortuna. Exigen igualdad de oportunidades, estudiar sin trabas y, cuando acaben la carrera, contar con posibilidades laborales sin verse forzados a hacer las maletas para ganarse la vida. Es su derecho y protestan porque no están dispuestos a perderlo.

 

Los profesionales de clase media, de 40, 45, 50 años... saben que, si no espabilan, el confortable estatus del que algunos todavía disfrutan puede irse a tomar viento cualquier día de estos. Esa clase media española de la que Franco solía presumir diciendo que había sido su mejor obra y que puede acabar ahora siendo dinamitada por los herederos del dictador que todavía nos gobiernan.

 

Jubilados, enfermos, desempleados y dependientes, colectivos para los que la vida se ha vuelto mucho más difícil estos dos últimos años, no salen de su asombro cuando oyen las cosas que los gobernantes del pp cuentan en la tele: les niegan en su cara las dificultades por las que están pasando. Muchos de ellos, que los votaron, hacen lo posible para que no se les note demasiado el aspecto de tontos que se les ha quedado tras comprobar cómo han sido engañados y estafados. A ver qué hacen cuando llegue su momento, el del papelito en el sobre y en la urna, para desquitarse de las decisiones de más de ochenta consejos de ministros ya, a cual de ellos más infame.

 

Nos recordaba Juan Carlos Monedero la otra tarde en la presentación de su libro más reciente, "Curso urgente de política para gente decente" cómo, según Gramsci, los cambios hay que hacerlos en las conciencias para que sean verdaderos cambios. Hay que cambiar la manera de pensar de la gente.

 

Y gotita a gotita, "tacita a tacita", cada vez son más quienes entienden la trágica e inadmisible dimensión de lo que nos está pasando. Gentes a quienes no les gusta lo que ven ni lo que oyen ni lo que viven, consecuencia de más de ochenta vejatorios consejos de ministros, y que no se conforman. Como escribía más arriba, la conciencia y la memoria colectiva hacen su trabajo y van archivando.

 

26 oct 2013

Publicado enInternacional