Siete muertos y más de 200 heridos en una noche de enfrentamientos en El Cairo

Siete personas fallecieron y al menos 261 resultaron heridas la noche del lunes en El Cairo en enfrentamientos entre partidarios del presidente Mohamed Morsi y la policía, según un portavoz de los servicios de emergencia. Los islamistas trataron de cortar varias vías en la capital egipcia, entre ellas el puente 6 de octubre, ante lo cual los agentes cargaron con gas lacrimógeno, primero, y abriendo fuego posteriormente, inicialmente con perdigones, según la versión policial.


 
Al menos 401 personas fueron arrestadas durante los disturbios, según informa la agencia oficial de noticias Mena. "Estas son protestas que comienzan de forma pacífica. El Ejército o la policía cargan y abren fuego y luego arrestan a aquellos a los que han agredido", opina Mohamed Gharib Abdel Aziz, un abogado de los Hermanos Musulmanes que representa a islamistas arrestados en jornadas recientes, tras el golpe de Estado.


 
Los incidentes más graves ocurrieron en la plaza Ramses, en el centro de El Cairo, junto al puente 6 de octubre. Cientos de islamistas lanzaron allí rocas y bombas incendiarias, y trataron de erigir una barricada para cortar el tráfico en una de las arterias más transitadas de la capital egipcia. Dos personas fallecieron allí. Hubo choques también en el distrito de Giza, donde murieron cinco personas. Los partidarios de Morsi han acampado allí, en las inmediaciones de la universidad de El Cairo.


 
Según Khaled el Khatib, jefe del servicio de emergencias del ministerio de Sanidad, 124 personas seguían ingresadas en diversos centros hospitalarios esta mañana, tras los enfrentamientos. La policía reabrió el tráfico junto a Ramses en las primeras horas de la mañana. Diversos partidarios de Morsi se han refugiado en la mezquita de Fateh, en las inmediaciones de la plaza, del mismo modo en que muchos otros se han asentado en la mezquita de Raba al Adawiya, en el distrito de Ciudad Nasser.


 
Los Hermanos Musulmanes han anunciado que mantendrán actos de protesta como estos, contra el golpe de Estado del 3 de julio, en las calles de El Cairo, en una gran campaña de desobediencia civil que ellos defienden que es pacífica. En una marcha ante el cuartel de la Guardia Republicana, el 8 de julio, murieron 55 personas cuando el Ejército y la policía abrieron fuego contra una multitud de manifestantes islamistas durante la hora del rezo.


 
El portavoz de la hermandad, Gehad el Haddad, dijo que los policías emplearon sus armas de fuego contra los manifestantes en Ramses, alcanzando a los fallecidos en la cabeza y el pecho. “Cuanto más siga estrangulando el régimen del golpe militar la voluntad de la ciudadanía, más gente saldrá a las calles a desafiarle sin miedo”, dijo. De momento son miles los acampados en Ciudad Nasser. Los islamistas quieren ampliar sus protestas a más zonas de la capital, para evitar que se les recluya en aquel distrito y se deje de oír su voz a medida que el Gobierno interino se va consolidando.


 
Los nuevos enfrentamientos coincidieron con la visita del subsecretario de Estado norteamericano William Burns, que acudió a El Cairo el lunes para reunirse con los líderes del nuevo gobierno y con el comandante Abdel Fatah al Sisi, artífice del golpe. Burns dijo que Estados Unidos “no impondrá ningún modelo sobre Egipto” y pidió contención a las fuerzas armadas. La hermandad rechazó la visita. “O bien EE UU es cómplice en la planificación y ejecución del golpe militar o a acabado aceptándolo”, dijo en un comunicado.

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Sudamérica se planta ante el espionaje de Estados Unidos

Hacía mucho tiempo que las relaciones entre Sudamérica y los países europeos no se tensaban tanto. Los miembros de Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Venezuela) han acordado en una cumbre llamar a consultas a sus embajadores en España, Francia, Italia y Portugal para que informen sobre las decisiones que obligaron a desviar a Viena (Austria), donde el pasado día 2 quedó varado 13 horas, el avión presidencial del boliviano Evo Morales. Esa ha sido, de momento, la respuesta diplomática conjunta de todos los países del Mercado Común del Sur –excepto Paraguay, que se encuentra suspendido desde el año pasado—a la actuación de varios Gobiernos europeos que actuaron bajo la sospecha de que el exanalista estadounidense Edward Snowden viajaba en el avión oficial de Morales.


 
Los cuatro países de Mercosur ratificaron en un comunicado el “firme repudio” a las acciones de los cuatro Gobiernos europeos por “no permitir el sobrevuelo ni aterrizaje de la aeronave”. Este hecho fue calificado como un acto “infundado, discriminatorio y arbitrario”, además de “una práctica neocolonial” y un “acto insólito, inamistoso y hostil, que viola los derechos humanos y afecta la libertad de tránsito, desplazamiento e inmunidad” de la que “goza todo jefe de Estado”.


 
La decisión de llamar a consultas a los embajadores se tomó durante la XV cumbre de Mercosur celebrada el viernes en Montevideo. Los miembros del bloque económico respaldaron la denuncia que presentó Bolivia ante la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, “por la grave violación de los derechos fundamentales del presidente Evo Morales”. Y decidieron llamar a sus embajadores en los cuatro países europeos para “ponerlos en conocimiento” de ese apoyo a la denuncia de Morales.


 
Los países de Mercosur también emitieron otro comunicado en el que condenaron “las acciones de espionaje por parte de agencias de inteligencia” de Estados Unidos y rechazaron “enfáticamente” la intercepción de las telecomunicaciones y las acciones de espionaje. Nada más aterrizar en Motevideo, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, señaló: “Cualquier acto de espionaje que viole los derechos humanos, y sobre todo el derecho básico de la intimidad, y atente contra la soberanía de las naciones, merece ser condenado por cualquier país que se considere democrático”


 
La semana pasada el diario O Globo publicó un artículo basado en informaciones reveladas por Snowden donde se afirmaba que Estados Unidos espió a Brasil y a otros 13 países latinoamericanos, a través de sus agencias Central de Inteligencia (CIA) y Nacional de Seguridad (NSA, según sus siglas en inglés). El espionaje se produjo entre 2008 y el primer trimestre de este año. Entre las comunicaciones intervenidas había llamadas telefónicas, correos electrónicos y conversaciones de voz por Internet. El país más vigilado resultó ser Brasil, seguido por Colombia y en tercer lugar, México, según las citadas informaciones. También cayeron bajo las redes de vigilancia Ecuador, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Paraguay, Chile, Perú, Argentina y Venezuela.


 
El martes pasado, la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, declaró: “Me corre frío por la espalda cuando fui el otro día a Bolivia y vi que un presidente hermano había sido detenido durante 13 horas como si fuera un ladrón; me corre frío por la espalda cuando nos enteramos que nos están espiando a todos a través de sus servicios de informaciones en Brasil”.


 
Pero más allá del espionaje y su repudio, ahora mismo la verdadera patata caliente se llama Edward Snowden. El presidente Barack Obama ya ha advertido que cualquier país que lo acoja lo pagará caro. Las advertencias o amenazas desde la Casa Blanca hacia los diversos Gobiernos han debido ser tan convincentes que ni Rusia se atrevió a prestarle asilo al fugitivo. En América Latina, sin embargo, se han ofrecido Bolivia, Nicaragua y Venezuela.


 
Respecto a la posible acogida a Snowden, los países de Mercosur repudiaron, sin citar expresamente a la Casa Blanca, “las acciones que puedan menoscabar la potestad de los Estados de conceder” el derecho de asilo, y rechazaron “todo intento de presión, hostigamiento o criminalización de un Estado” “sobre la decisión soberana de cualquier nación de conceder” ese derecho.

 

Por Francisco Peregil Buenos Aires 12 JUL 2013 - 23:03 CET

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Sábado, 13 Julio 2013 06:54

Disculpe, presidente Evo Morales

Disculpe, presidente Evo Morales

Esperé una semana a que el gobierno de mi país pidiese formalmente disculpas por el acto de piratería aérea y de terrorismo de estado que cometió, junto a España, Francia e Italia al no autorizar la escala técnica de su avión cuando regresaba a Bolivia después de una reunión en Moscú, ofendiendo la dignidad y la soberanía de su país y poniendo en riesgo su propia vida. No esperaba que lo hiciese, pues conozco y sufro el colapso diario de la legalidad nacional e internacional en curso en mi país y en los países vecinos, la mediocridad moral y política de las élites que nos gobiernan, y el refugio precario de la dignidad y de la esperanza en las conciencias, en las calles, en las plazas, mucho tiempo después de haber sido expulsadas de las instituciones.


 
No pidió disculpas. Las pido yo, un ciudadano común, avergonzado por pertenecer a un país y a un continente que es capaz de cometer esta afrenta y de hacerlo impunemente, ya que ninguna instancia internacional se atreve a enfrentarse a los autores y mandantes de este crimen internacional. Mi petición de disculpas no tiene ningún valor diplomático, pero tal vez tiene un valor superior, en la medida en que, lejos de ser un acto individual, es la expresión de un sentimiento colectivo, mucho más importante del que puede imaginar, por parte de los ciudadanos indignados que todos los días suman más razones para no sentirse representados por sus representantes. El crimen cometido contra usted fue una más de esas razones. Nos alegramos de su regreso seguro a casa y vibramos con la calurosa acogida que le dio su pueblo al aterrizar en El Alto. Sepa, Señor Presidente, que, a muchos kilómetros de distancia, muchos de nosotros estábamos allí, embebidos en el aire mágico de los Andes.


 
El señor Presidente sabe mejor que cualquiera de nosotros que se trató de un acto más de arrogancia colonial en el curso de una larga y dolorosa historia de opresión, violencia y supremacía racial. Para Europa, un presidente indio es más indio que presidente y, por eso, es de esperar que transporte droga o terroristas en su avión presidencial. Una sospecha de un blanco contra un indio es mil veces más creíble que la sospecha de un indio contra un blanco.


 
Conviene recordar que los europeos, en la figura del papa Pablo III, sólo reconocieron que la gente de su pueblo tenía alma humana en 1537 (bula Sublimis Deus), y consiguieron ser tan ignominiosos en los términos en que rechazaron ese reconocimiento durante décadas como en los términos en los que finalmente lo aceptaron.


 
Se necesitaron 469 años para que fuera elegido, en su persona, un presidente indígena en un país de mayoría indígena. Pero también sé que está atento a las diferencias en las continuidades. La humillación de la que fue víctima, ¿fue una acto de arrogancia colonial o de sumisión colonial? Recordemos otro “incidente” reciente entre gobernantes europeos y latinoamericanos. El 10 de noviembre de 2007, durante la XVII Cumbre Iberoamericana en Chile, el Rey de España, molesto por lo que escuchaba del añorado presidente Hugo Chávez, se dirigió a él intempestivamente y le mandó callar. La frase “por qué no te callas” pasará a la historia de las relaciones internacionales como un símbolo cruelmente revelador de las cuentas por saldar entre las potencias excolonizadoras y sus excolonias. De hecho, es inimaginable que un jefe de Estado europeo se dirija en estos términos públicamente a otro congénere europeo, por cualesquiera que fueran las razones.


 
El señor presidente fue víctima de una agresión todavía más humillante, pero no se le escapará el hecho de que, en su caso, Europa no actuó espontáneamente. Lo hizo bajo órdenes de los Estados Unidos y, al hacerlo, se sometió a la ilegalidad internacional impuesta por el imperialismo norteamericano, tal y como, años antes, lo hiciera al autorizar el sobrevuelo de su espacio aéreo para vuelos clandestinos de la CIA, transportando a sospechosos camino de Guantánamo, en clara violación del derecho internacional. Señales de los tiempos, señor presidente: la arrogancia colonial europea ya no puede ser ejercida sin sumisión colonial.


 
Este continente se está quedando demasiado pequeño para poder ser grande sin estar sobre los hombros de otro. Nada de esto absuelve a las élites europeas. Sólo profundiza la distancia entre ellas y tantos europeos, como yo, que ven en Bolivia un país amigo y respetan la dignidad de su pueblo y la legitimidad de sus autoridades democráticas.

 

13 jul 2013

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Sábado, 13 Julio 2013 06:29

Condena islamista al golpe en Egipto

Condena islamista al golpe en Egipto

Los islamistas egipcios volvieron ayer a manifestarse en El Cairo de forma masiva, empeñados en condenar el reciente golpe militar y lograr la restitución del depuesto presidente Mohamed Mursi. Los simpatizantes de Mursi continuaron protestando en la plaza Rabea al Adauiya, feudo islamista del este de la capital egipcia y escenario de una sentada constante en las últimas dos semanas. Lo que empezó como una forma popular de defender la legitimidad de Mursi, elegido en las urnas en junio de 2012, frente a las protestas que pedían su dimisión, se ha convertido en un intento, por ahora infructuoso, de que el islamista vuelva al poder.

 

Grandes pancartas contra el golpe de Estado del 3 de julio y fotografías del depuesto mandatario, retenido desde entonces en un lugar desconocido, inundaron la plaza y sus alrededores, adonde los asistentes llegaron procedentes de distintas zonas del país. Precisamente ayer, tanto Estados Unidos como Alemania pidieron la puesta en libertad desiursi. “No nos quedaremos tranquilos hasta llevar a hombros a Mursi al palacio presidencial”, aseguró la manifestante Nagla, cartógrafa de profesión y que acudió acompañada de su familia desde la provincia de Sharqiya, en el delta del río Nilo. Nagla afirmó que estaba decidida a permanecer “con mucha paciencia hasta el final” tras ocho días de acampada. “Somos gente pacífica y si no se nos tiene en cuenta habrá una escalada de las manifestaciones y tomaremos el control de todas las plazas de Egipto”, afirmó Nagla, quien reclamó un gobierno civil y no militar.

 

La mayoría de los asistentes se resguardó bajo la sombra de las tiendas de campaña mientras cumplía con el ayuno de Ramadán, mes en el que los musulmanes conmemoran las primeras revelaciones divinas del Corán que recibió el profeta Mahoma. Absteniéndose de tomar líquidos y otros alimentos desde la salida hasta la puesta del sol, los manifestantes recurrieron a echarse agua por encima o taparse la cabeza con gorras y paños húmedos. Otros prefirieron seguir los discursos políticos cerca del escenario principal, junto a la mezquita. En sus inmediaciones también se encontraban algunos dirigentes de los Hermanos Musulmanes, como el clérigo islamista Safwat Higazi, sobre quien pesa una orden de arresto de la Fiscalía por supuestamente haber incitado a la violencia que causó el lunes pasado 51 muertos frente a la sede de la Guardia Republicana.

 

“Todas esas acusaciones son falsas y carecen de pruebas”, aseguró Higazi, confiado en que las fuerzas del orden no irrumpirán en la plaza para detenerlo. La cofradía se resiste a reconocer a las nuevas autoridades y a dialogar con ellas, incluido el primer ministro, Hazem el Beblawi, que no ha descartado ofrecer a los islamistas algunas carteras.

 

El clérigo insistió en que cualquier diálogo pasa por el regreso al poder de Mursi, que en ese caso “podría celebrar elecciones anticipadas presidenciales si así quiere o convocar un referéndum para que el pueblo decida sobre ellas”.

 

El miembro de la ejecutiva del partido Libertad y Justicia, brazo político de los Hermanos, Mohamed el Beltagui, se mostró igualmente dispuesto a admitir un adelanto electoral “desde la legitimidad”. Y puso como condiciones “la vuelta del presidente elegido, de la Shura (Cámara alta del Parlamento) y de la Constitución”, actualmente suspendida. El responsable, también buscado por la Justicia, denunció que los islamistas están siendo objeto de detenciones, órdenes de arresto y asesinatos, en alusión a los confusos sucesos frente a la Guardia Republicana.

 

El Beltagui condenó los últimos ataques contra las fuerzas armadas en el Sinaí, como los que ayer causaron la muerte de un policía, al tiempo que los consideró una “consecuencia del golpe de Estado”. Por otro lado, una multitud se congregó en la céntrica plaza Tahrir para romper el ayuno con la comida del iftar, en un acto convocado por el movimiento Tamarrud (rebelión) y el Frente de Salvación Nacional, contrarios a Mursi.

 

Un golpe de Estado cívico-militar derrocó a Mursi el pasado 3 de julio luego de multitudinarias protestas que pedían su renuncia y la celebración de elecciones anticipadas. Las Fuerzas Armadas tomaron el poder y designaron al titular del Tribunal Constitucional, Adly Mansour, al frente del Ejecutivo y estipularon un calendario para reformar la Constitución y anticipar los comicios. El presidente de facto disolvió el Parlamento y nombró como primer ministro al economista liberal Hazem Beblawy.

 

El Beltagui negó que el primer ministro de facto se haya contactado con la organización para ofrecerles formar gobierno. “No entiendo cómo Beblawy llama a los Hermanos Musulmanes a que participen en el gobierno si su régimen nos acusa de ser asesinos”, agregó.

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 "El factor más importante que une estas experiencias es el rechazo de la representación política y la demanda de democracia real"

A menudo considerados puntos débiles de las manifestaciones lanzadas por el Movimento Passe Livre (MPL), las reivindicaciones difusas y la ausencia de un líder pueden ser sin embargo vistas como puntos fuertes de estas protestas.

 

"Simplemente el Estado no puede arrestar a los cabecillas y destruir el movimiento, ni puede cooptar a los líderes que dirigen a las masas. La multitud, en este sentido, no puede ser contenida.” La afirmación es de Michael Hardt, professor de la Duke University (EE.UU.) y autor, con Antonio Negri, de los libros Imperio (2000) y Multitud (2004) [N. del T.: además de Commonwealth (2009)].

 

De inspiración marxista, "Imperio" se ha convertido rápidamente en una especie de Biblia de los movimientos que buscan alternativas a la globalizazión, considerado una de las producciones académicas más influyentes y controvertidas de los últimos diez años. En Multitud, los autores han desarrollado el concepto de una forma de organización política plural, democrática y horizontal, no gobernada por líderes o comités centrales. Además, esta forma de organización política no pretende forzar la representación como un grupo unido y homogéneo, sino que es ciertamente totalmente espontánea o desorganizada.

 

Inútil decir que el MPL y las manifestaciones surgidas en Brasil en las últimas semanas parecen tener estas características. Por este motivo, Hardt afirma seguir las protestas "con gran interés y entusiasmo." Según él, este tipo de manifestación -la multitud- rechaza siempre, como hace el MPL, los canales políticos tradicionales para crear relaciones más democráticas por un breve espacio de tiempo. Sin embargo no ha sido capaz hasta ahora de llevar a cabo transformacions duraderas dentro de la sociedad. "Este es el próximo desafío", dice Hardt.

 

¿Ve analogías entre las movilizaciones en Brasil y las acaecidas recientemente en otros países?

 

El vínculo más evidente es que las protestas parten de la ciudad. En muchos casos han tomado la forma de convertir común un espacio público, como una plaza o un parque, pero en Brasil, al menos en principio, la chispa ha sido provocada por el aumento del coste del transporte. Desde mi punto de vista, el factor más importante que une estas experiencias es el rechazo de la representación política y la demanda de "democracia real", como decían los Indignados españoles. Es decir, un plan de acción política democrática más completo y más participativo. Sin embargo, hay una diferencia significativa. Mientras en otros países había una situación de crisis económica, en Brasil (y quizás en Turquía), las protestas se han dado en un contexto de expansión económica.

 

La idea de multitud ha sido delineada en Imperio y desarrollada en Multitud. Después se han sucedido muchas otras movilizaciones. ¿Ha habido un impacto sobre su teoría?

 

Sí, Toni Negri y yo hemos seguido de cerca estos potentes movimientos sociales de los últimos años. Es notable como el número creciente de revueltas y protestas han tomado la forma de multitud. Somos conscientes, sin embargo, que estos movimientos se enfrentan a grandes desafíos. El más importante es la necesidad de crear fuerzas políticas duraderas y eficaces. En otras palabras, esta multitud, ha logrado crear grandes relaciones democráticas dentro de los límites de una plaza durantes un par de meses. Sin embargo, todavía no ha sido capaz de expandirse en el espacio y en el tiempo para transformar la sociedad de modo duradero. La multitud necesita mejorar su organización. Este es el próximo desafío.

 

Estos dos libros fueron escritos antes de la época de las redes sociales. ¿Ha cambiado algo?

 

Las redes sociales -Facebook, Twitter, etc...- son utilizadas eficazmente por los movimientos en los últimos años porque su descentralización se corresponde con la actuación de estos movimientos en red. Pero la tecnología no es sólo un instrumento. Lo importante es la organización social y política.

 

Las protestas en Brasil no tienen líderes ni muestran unidad. ¿Cómo pueden interpretarse demandas tan diversas, a veces también contradictorias?

 

Pluralidad y diferencia son las condiciones básicas de cualquier proceso democrático. La democracia no exige que todos estén de acuerdo, o menos aún, que sigan a un líder. Más bien, la democracia nos impone crear relaciones horizontales entre iguales y una cooperación también y especialmente en la diversidad. Tenemos que aprender de las experiencias de estos movimientos, en términos de relaciones democráticas y de formas horizontales de autogobierno.

 

¿En qué términos esta multitud puede representar un agente político?

 

Estos movimientos ejercen un poder "destituyente", es decir tienen el poder de derribar gobiernos y debilitar las estructuras tradicionales de gobernanza, incluso de gobiernos de izquierda. Pero también necesitan desarrollar elementos constituyentes capaces de generar nuevas y duraderas formas de vida. La apuesta o la hipótesis que plantea el concepto de multitud es que para actuar políticamente no es necesario contar con una unidad y una organización jerárquica. En otras palabras, los movimientos deben demostrar que una subjetividad política heterogénea y democrática es capaz de transformar radicalmente el proceso político y crear nuevas relaciones sociales.

 

¿Cómo podría suceder esto?

 

En Brasil, las reivindicaciones iniciales se han transformado en algo completamente diferente, y estas demandas consideradas parte de las agendas políticas de izquierda han sido sustituidas por otras consideradas generalmente de derechas. El precio del transporte público ha sido sólo el detonante para una serie más amplia de reivindicaciones que no son sólo económicas, sino también políticas. Los movimientos necesitan obtener poder y madurez para combatir las provocaciones y las interveciones de la derecha. Ahora bien, yo no puedo analizar este aspecto adecuadamente. Es necesario estar dentro del movimiento para poder hablar más.

 

¿Cómo se puede negociar con un movimento sin líderes y con reivindicaciones tan amplias?

 

La relación entre el Estado y la multitud es asimétrica. El Estado, obviamente, es infinitamente más fuerte, pero ambos sujetos tienen formas diferentes, siendo el estado centralizado, y la multitud, distribuida. En cierto sentido, esto puede ser una ventaja para la multitud. El Estado no puede simplemente arrestar arrestar a los cabecillas y destruir el movimiento, ni puede cooptar a los líderes que dirigen a las masas. La multitud, en este sentido, no puede ser contenida. Pero para ser eficaz y tener efectos permanentes, la multitud necesita encontrar el modo de organizar las diferentes partes que la componen y crear nuevas formas de cooperación.

 

Las manifestaciones de Brasil se aproximan más a la idea de multitud que los movimientos sobre los que os habéis basado para desarrollar vuestra teoría?

 

El concepto de multitud se ha desarrollado en los últimos diez años a través de la práctica y la teoría de los movimientos. Desde el movimiento no global (como las protestas de Seattle en EE.UU. en 1999) a la Plaza Tahrir (Egipto), pasando por los Indignados (España) y Occupy Wall Street (EE.UU), ha habido un esfuerzo progresivo para formar estructuras de autogobierno, como la asamblea general, que permitiría a una multitud mucho más diversifivada tomar decisiones políticas. Particularmente interesante han sido las experiencias de los movimientos sociales indígenas en Bolivia entre 2000 y 2003 (las llamadas guerras del agua y del gas), que han sido teorizadas por los intelectuales bolivianos, mientras la multitud luchaba por englobar dentro de una red horizontal sujetos diversos, desde los trabajadores a las minorías. Las movilzaciones en Brasil están en línea con esta tradición emergente, que espero se pueda expandir todavía más.

 

En Brasil, se ha registrado un record de asaltos y tentativas de invasion de edificios públicos, como sedes de gobierno y asambleas legislativas. ¿Es esto un elemento recurrente?

 

Muchos de los movimientos más fuertes de los últimos años se han dirigido contra la naturaleza no democrática del sistema político actual, argumentando que sus pretensiones de representación son falsas. En las plazas ocupadas de Madrid y Barcelona en 2011, por ejemplo, han gritado "no nos representan". Por tanto, es bastante lógico que los movimientos en Brasil se concentren sobre las formas locales de los poderes públicos. Expresan una crítica a la política actual y denuncian su exclusión. Los movimientos buscan concebir la política futura, una política más democrática.

 

¿Hay alguna evidencia de que estos movimientos no serán capturados por la política tradicional como ha sucedido varias veces en el pasado?

 

Naturalmente no hay ninguna garantía de que estos movimientos no serán recuperados por las fuerzas políticas tradicionales. Los ocupantes han sido desalojados de la plaza Tahrir, de la Puerta del Sol, de Zuccotti Park, del parque Gezi, pero los efectos de sus protestas están vivos y, como hemos visto, movimientos similares continúan naciendo. Espero que las recientes protestas puedan abrir nuevas posibilidades democráticas en Brasil. Tengo la certeza que, aunque pueda parecer que estos movimientos retroceden y los activistas no ocupen las calles, lo conseguirán.

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Viernes, 12 Julio 2013 06:17

Un día de paro y piquetes en Brasil

Un día de paro y piquetes en Brasil

Decenas de rutas y accesos a puertos en Brasil fueron bloqueados ayer y el transporte público sufrió paralizaciones en una jornada de protestas convocada por los sindicatos, las primeras desde las históricas manifestaciones de junio. Las cinco principales centrales sindicales de Brasil reclaman la reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales y retoman varias de las reivindicaciones de las masivas manifestaciones apartidarias y sin filiación sindical del mes pasado, como un transporte público de calidad y más inversiones en salud y educación.

 

“Esta es la primera vez en la historia de Brasil que nos manifestamos juntos”, manifestó Paulo Pereira da Silva, presidente de Fuerza Sindical, organización obrera crítica del gobierno.

 

El “Día Nacional de Lucha”, tal como fue nombrado, impulsó a obreros metalúrgicos, empleados de transporte y del sector de alimentación, bancarios, comerciantes y funcionarios públicos, entre otros sectores, a movilizarse. Unas 40 rutas de 14 estados del país fueron bloqueadas. Los manifestantes, en su mayoría portando banderas de sindicatos y partidos políticos de izquierda, obstaculizaron, desde el comienzo del día, once carreteras en cinco estados, incluyendo la Vía Dutra, la autopista más importante del país, que une Río de Janeiro con San Pablo.

 

En esta última, la mayor ciudad del país, con 20 millones de habitantes en su área metropolitana, los sindicatos de transporte cerraron el paso de las terminales de micros. Los trenes y el subte operaron con normalidad. El tráfico fue cortado en toda la avenida Paulista, una de las principales de la ciudad, donde protestaron al menos 4 mil personas, según la policía. También fue interrumpido el camino que comunica San Pablo con las ciudades del interior paulista y la vía que da acceso al puerto de Santos, la mayor terminal marítima de América latina.

 

“Queremos que haya una mejoría en el país. En este momento hay crisis en la salud y la educación”, dijo Rosely Paschetti, funcionaria municipal de 49 años, agitando un cartel donde pedía más impuestos para los ricos y menos para los pobres. Rubia Godoy, dirigente del sindicato de costureras de San Pablo, señaló que China está acabando con el empleo en ese rubro. “Estamos en una situación muy precaria, queremos mejores salarios, pero la industria no tiene cómo competir con China”, lamentó.

 

Las reivindicaciones de las centrales sindicales de Brasil ya están en la agenda del gobierno, indicó el ministro de Trabajo, Manoel Dias. “Las manifestaciones buscan reforzar su pauta de reivindicaciones, pauta que ya estamos tratando en la mesa de negociaciones en la que nosotros, el gobierno y las centrales nos estamos sentando, discutiendo y avanzando, y seguramente en muchas de ellas tendremos éxito”, dijo el funcionario.

 

“Tenemos varias acciones que se están desarrollando, la más reciente es la ley que va a regular el servicio tercerizado, que es un gran problema nacional. Conseguimos, a través de una comisión cuatripartita entre el Parlamento, trabajadores, patrones y gobierno, establecer una pauta de reuniones que avanza y vamos a encontrar una solución conciliatoria”, agregó el titular de la cartera de Trabajo.

 

Para Dias, la reducción de la jornada laboral o la mejora de los beneficios para los jubilados son reivindicaciones históricas que tienen que ser muy bien negociadas. “La presión es válida, la presión es legítima, la presencia del pueblo en la calle beneficia la democracia”, aseguró el ministro. Por su parte, el ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, señaló al sitio web G1: “El gobierno, aunque reconozca el derecho a manifestarse, no puede concordar con el cierre de rutas y pedirá a la policía federal el desbloqueo de las carreteras mediante el diálogo y vías legales”.

 

Mientras tanto, los estibadores del puerto de Santos (estado de San Pablo), el mayor de Latinoamérica, paralizaron por segundo día sus actividades. Rutas de acceso al puerto y al parque industrial de Cubatao también fueron bloqueadas. En otras ciudades como Salvador de Bahía, Porto Alegre, Curitiba, Florianópolis, Belo Horizonte y Manaos, el transporte público fue paralizado. Varias escuelas cerraron sus puertas y algunos hospitales del país sólo atendieron urgencias.

 

Los accesos al complejo industrial y portuario de Suape, en Pernambuco (nordeste), donde trabajan 75 mil personas, también fueron obstaculizados. En Río de Janeiro, los colectivos y el subte funcionaron normalmente a pedido de los sindicatos, que convocaron a una protesta por la tarde. Varios bancos y comercios de Río cerraron sus puertas por temor a saqueos y destrozos como los ocurridos en junio, al final de las masivas manifestaciones en reclamo de mejores servicios públicos, contra la corrupción de la clase política y los millonarios gastos del Mundial 2014. Aunque lograron consensuar finalmente la convocatoria a movilizarse ayer, las centrales sindicales llegaron divididas a las protestas. La Central Unica de Trabajadores, fundada en los ’80 por el ex presidente Lula da Silva, reclama mejoras laborales, pero defiende la reforma política que la presidenta Dilma Rousseff quiere impulsar, a través de un plebiscito, en respuesta a las protestas de junio.

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Jueves, 11 Julio 2013 06:14

Razzia de líderes de los Hermanos

Mohamed Badie

La Justicia egipcia ordenó ayer la detención del Guía Supremo de los Hermanos Musulmanes y otros responsables de la cofradía por los enfrentamientos de más de 50 muertos el lunes –aunque los islamistas denuncian que fue una masacre a sus seguidores por parte del Ejército–, en un clima de tensión desde el derrocamiento de Mohamed Mursi hace una semana. Al mismo tiempo, el nuevo primer ministro egipcio, Hazem Beblawi, iniciaba consultas para formar un gobierno de transición, en un contexto de desconfianza por parte de los laicos anti Mursi y con la hostilidad de los defensores del ex presidente.

 

El fiscal general ordenó la detención de Mohamed Badie, acusado de incitación a la violencia en los disturbios que tuvieron lugar el lunes frente a la sede de la Guardia Republicana de El Cairo. El Guía Supremo de los Hermanos Musulmanes ya era objeto de una orden de detención por otros episodios violentos. Además, fuentes judiciales indicaron que unas 200 personas fueron inculpadas en relación con estos disturbios, que causaron 53 muertos y 480 heridos durante una manifestación de defensores de Mursi, según un último balance del Ministerio de Sanidad.

 

Según los Hermanos Musulmanes, que lo consideraron una “matanza” y llamaron a un “levantamiento”, soldados y policías dispararon sin motivo a los manifestantes, mientras el ejército alegó haber actuado tras un ataque de “terroristas armados”. La organización pro derechos humanos Amnistía Internacional (AI) y un colectivo de 15 ONG locales criticaron la actitud “desproporcionada” del ejército al reprimir esa manifestación y reclamaron una investigación independiente. “Incluso si algunos manifestantes pudieron mostrarse violentos, la respuesta del ejército fue desproporcionada y es la causa de muertes y heridas”, consideró AI.

 

Por su parte, el derrocado presidente Mohamed Mursi se halla “en un lugar seguro por su propio bien”, “está siendo tratado dignamente” y por el momento no se retienen cargos contra él, aseguró ayer un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores. Horas después de su designación, el nuevo primer ministro, nombrado junto al Premio Nobel Mohamed El Baradei como vicepresidente, debía formar cuanto antes un gobierno de transición.

 

El nuevo primer ministro, de 76 años, que fue viceprimer ministro y ministro de Finanzas en 2011 durante el primer período de transición post Mubarak, y además con una larga carrera en varias instituciones económicas privadas y públicas, egipcias e internacionales, debe tomar medidas para reactivar la economía, muy debilitada por la caída del turismo, el derrumbe de las inversiones extranjeras y un descenso importante de las reservas en divisas.

 

Un portavoz de la presidencia declaró que Beblawi propondrá “algunos puestos” gubernamentales a los Hermanos Musulmanes, lo que ya fue rechazado por ellos por provenir de “golpistas”. Además, el plan de transición presentado el martes por el presidente interino, Adly Mansur, fue rechazado por los islamistas y criticado por la coalición laica y el movimiento Tamarrod, que convocó las manifestaciones que llevaron a la caída de Mursi. El plan prevé la adopción de una nueva Constitución y la celebración de elecciones legislativas este año, entre otras cosas.

 

Por su lado, la coalición laica Frente de Salvación Nacional (FSN), dirigida por Mohamed El Baradei, suavizó su postura ayer tras rechazar el plan, lamentando no haber sido consultado y reclamando cambios. Kuwait, por su parte, anunció la concesión de una ayuda de 4000 millones de dólares a Egipto, lo que eleva a 12.000 millones la asistencia de tres países árabes del Golfo a El Cairo desde el derrocamiento de Mursi.

 

Los dos bandos, los defensores y detractores de Mursi, siguen muy movilizados en las calles un día después de los funerales de decenas de manifestantes islamistas muertos el lunes. Además, el martes por la noche, varios ataques de militantes armados contra una base de la policía y dos puntos de control causaron otros dos muertos en la península del Sinaí. Por otro lado, un nuevo fiscal general, Hicham Barakat, fue nombrado este miércoles en sustitución de Abdel Meguid Mahmud, nombrado bajo la presidencia de Mubarak y quien dimitió el martes alegando posibles conflictos de intereses, indicaron fuentes judiciales. Mursi, primer presidente civil democráticamente elegido en Egipto tras la caída de Hosni Mubarak en febrero de 2011, fue depuesto el 3 de julio por los militares.

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Al menos 51 muertos y 440 heridos por ataque a manifestantes egipcios

Los cuerpos yacían en el piso gris, salpicados de manchas de sangre. Tres estaban cubiertos con una frazada morada y verde; otros dos estaban bajo una bandera egipcia. Al lado de los cadáveres desfilaba una fila interminable de lesionados. Muchos parecían al borde de la muerte.

 

La masacre en la mezquita de Rabaa al-Adawiya había dejado al menos 51 muertos y más de 440 heridos, otro paso brutal en el descenso, al parecer inexorable, de esta nación hacia el caos. La Hermandad Musulmana, cuyos partidarios fueron abatidos, convocó a un levantamiento contra la alianza encabezada por militares que depuso de la presidencia a Mohamed Mursi, uno de los suyos.

 

Al mismo tiempo, el movimiento islamita advirtió a la comunidad internacional que Egipto se convertirá en “la nueva Siria” si no se toman medidas “para que cesen los ataques contra el pueblo”.

 

Los manifestantes afirmaron que entre los muertos había cinco niños, uno de apenas seis meses de nacido. Las autoridades no lo confirmaron, pero en los campamentos de protesta se encontraban familias enteras y aún estaban allí después de las balaceras de este lunes, congregadas bajo los árboles, en los que se veían perforaciones de bala.

 

Las muertes desencadenaron una inmediata reacción política. El partido conservador religioso al-Nour, que había respaldado la acción del ejército contra Mursi, anunció que ya no participaría en las pláticas para designar un primer ministro interino. El gran muftí de la Universidad al-Azhar, la autoridad de mayor jerarquía en el islam sunita, quien avaló el mapa de ruta de los militares para el futuro del país, advirtió sobre el peligro de una guerra civil y declaró que entraría en retiro hasta que cesara el baño de sangre.

 

Facciones partidarias y adversarias de Mursi se acusaron unas a otras de comenzar la racha de asesinatos. Sin embargo, hay evidencias de que algunas muertes y lesiones se produjeron cuando las víctimas decían sus oraciones matinales, arrodilladas de espaldas a la dirección de la que provenían los disparos. Habían acampado durante la noche fuera del cuartel de la Guardia Presidencial, donde creen que Mursi está preso, y juraban liberarlo.

 

El ejército afirmó que abrió fuego en defensa propia, luego de que “terroristas” dispararon en su contra. El vocero Ahmed Alí aseguró que un soldado y un policía resultaron muertos, y que los uniformados actuaron con “prudencia y paciencia”.

 

“Nos encaminamos hacia un Estado civil verdaderamente democrático que tendrá la admiración del mundo”, añadió.

 

La televisión oficial mostró imágenes de una multitud de islamitas arrojando piedras a los soldados. De atrás de un muro aparecían jóvenes que lanzaban bombas molotov, junto con hombres que usaban armas de fuego hechizas. Sin embargo, no está claro dónde y cuándo se hicieron esas tomas.

 

La Hermandad Musulmana insistió en que el fuego no fue provocado y que sus partidarios se han manifestado en forma pacífica a lo largo de la crisis actual. Sin embargo, seguidores de esa agrupación participaron en encuentros con las fuerzas de seguridad y con adversarios el viernes pasado, en los que cuatro personas perecieron.

 

Doce personas entrevistadas en la escena de los tiroteos –entre ellas media docena de heridos– negaron que los manifestantes usaran armas de fuego. Si bien dos reconocieron haber lanzado piedras, sus relatos, dados por separado, muestran el cuadro de un periodo de relativa calma que se rompió de súbito en la semioscuridad. A eso de las 4 de la madrugada comenzaron a estallar entre ellos bombas de gas lacrimógeno, seguidas de tiros de ametralladora y luego balas.

 

Adly Mansur, presidente interino, expresó “profunda pena” y prometió una investigación judicial por las muertes. Mohamed El Baradei, ex dirigente de la Agencia Internacional de Energía Atómica que ha respaldado el derrocamiento de Mursi, quien se prevé será el primer ministro, también llamó a una indagatoria.

 


Aun si los militares hubiesen enfrentado disparos y bombas molotov, una pesquisa objetiva necesitaría evaluar si se justificaba la escala y ferocidad de la respuesta. “Es lo menos que pueden hacer”, comentó Amir el-Gabar, de 30 años de edad, herido de un disparo en el hombro. “Miren, soy médico, no terrorista. Nunca he disparado un arma en la vida y vean lo que me pasó.

 

“No voy a decir que no hubo problemas en otra parte de la protesta, porque no lo sé. Pero donde yo estaba no había disturbios. Decíamos nuestras primeras oraciones cuando comenzaron los disparos y caí de bruces. Traté de ayudar a otros, pero no podía mover el brazo.”

 

Salé Akef, de 22 años, quien estaba en la manifestación con su hermano Abdulaziz, de 18, recordó que el imán que dirigía los rezos “empezó a tartamudear y ahogarse” cuando el gas lacrimógeno comenzó a esparcirse. “No podíamos ver, estábamos tosiendo… traté de encontrar a mi hermano y vi un soldado con una rodilla en tierra, apuntándome. Disparó y me dio.” La bala le atravesó el codo derecho.

 

“Sé que hubo niños heridos; yo vi a uno muy pequeño. Su padre lo llevaba en brazos. No sé por qué hicieron esto, pero fue deliberado. Al final quitaron el alambre de púas para tirar desde más cerca. Les lanzamos piedras, pero sólo para evitar que se acercaran.”

 

Hazem Mamdouh aceptó que se arrojaron piedras después de la primera ronda de gas lacrimógeno, pero negó con vehemencia que los manifestantes usaran armas. “Los medios dicen que somos terroristas. Dicen que disparamos, cuando en realidad estábamos orando de espaldas a ellos.

 

“Cuando comenzó la balacera nos empujaron hacia la calle Tairan; a todos, hombres, mujeres y niños. Parecía que cada cinco minutos mataban a alguien. Nunca vi nada igual, ni siquiera en la primera revolución de enero de 2011. Ni las tropas de Hosni Mubarak hubieran hecho esto.”

 

Pero la simpatía hacia los islamitas era escasa entre sus opositores. Samir Abbas, quien ha estado entre los miles de manifestantes que se han juntado contra Mursi en la plaza Tahrir en días recientes, señaló: “La Hermandad tuvo el poder hasta la semana pasada y no vaciló en usar la policía para reprimir a quienes se manifestaban contra ella. Los esbirros de la Hermandad atacaban y tundían a los opositores todo el tiempo. Ni por un momento creo que no hicieran nada y que el ejército simplemente abrió fuego. Sabemos lo tortuosos que son”.

 

La actual polarización en la sociedad egipcia también se reflejó en una conferencia de prensa dada por las fuerzas de seguridad, durante la cual periodistas locales demandaron y obtuvieron la exclusión del corresponsal de Al Jazeera. Se dice que la televisora qatarí tiene vínculos estrechos con la Hermandad Musulmana. Algunos periodistas aplaudieron a los voceros de la policía y el ejército.

 

Los militares ofrecieron a los manifestantes remanentes la oportunidad de retirarse de Rabaa al-Adawiya y sostuvieron que nadie que obedeciera la ley sería perseguido. El campamento improvisado donde se produjo la balacera está ahora bajo control de las fuerzas de seguridad.

 

Muchos de los atrapados en la violencia habían abandonado sus pertenencias al huir; la tarde de este lunes, policías abrían bolsos y carteras dejados allí, para revisar documentos.

 

Por Kim Sengupta y Alastair Beach
The Independent

 

Traducción: Jorge Anaya

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Lunes, 08 Julio 2013 06:38

Estado crítico

Estado crítico

Unos 33 mil ricos –0.1 de la población nacional– compraron las elecciones nacionales de Estados Unidos el año pasado, mientras los ingresos de los ejecutivos empresariales se incrementaron aún más en 2012; un banco trasnacional que lavó fondos en este país para narcotraficantes y mafiosos fue, en esencia, perdonado a cambio de un poco de lana; todo esto mientras un sector secreto del gobierno espió, sin permiso de nadie, a la mayoría de ésta y otras poblaciones. Para colmo, a la vez que se ofrecen discursos en el extranjero sobre el apego al derecho internacional, la defensa de los derechos humanos y la democracia, en los hechos hay demasiadas contradicciones como para que las palabras tan elocuentes tengan credibilidad.

 

Todo esto tendría que estar en cualquier lista de síntomas para diagnosticar si una democracia se encuentra en estado crítico.

 

Según la Fundación Sunlight, 31 mil 385 personas –una décima parte del uno por ciento de la población de Estados Unidos– aportaron casi 30 por ciento de los 6 mil millones de dólares en contribuciones a las elecciones federales en 2012 (presidenciales y legislativas). O sea, este grupo, muy exclusivo, que ni siquiera llenaría un estadio de futbol y está compuesto por gente que, según Sunlight, “tiene poco en común con el estadunidense promedio”, ya que proviene de las ciudades más grandes y trabaja en las empresas más poderosas, como Goldman Sachs y Microsoft, determinó en gran medida el resultado del ejercicio en el que, se supone, el pueblo es el jugador principal. La contribución media de los integrantes de ese club de donantes fue de 26 mil 584 dólares, poco más de 50 por ciento del ingreso medio de una familia estadunidense. Ningún legislador del Congreso ganó su elección sin la asistencia financiera de ese grupo elite de donantes.

 

Hablando del uno por ciento, a pesar de un crecimiento económico anémico, con millones batallando contra el desempleo y la pérdida masiva de sus ahorros desde la “gran recesión”, los 200 ejecutivos en jefe en las empresas más grandes recibieron un incremento de 16 por ciento en su remuneración total en 2012 –con el paquete de pago ejecutivo medio llegando a 15.1 millones de dólares, reportó el New York Times. Lawrence Ellison, fundador y ejecutivo en jefe de Oracle, ocupa el lugar número uno, con un pago total por sus servicios de 96.2 millones de dólares. Para ellos, la palabra crisis no existe.

 

Según cálculos del Instituto de Política Económica, la remuneración para ejecutivos en jefe durante 2012 fue 202.3 veces más que lo que gana un trabajador típico, nivel mucho más alto que en los años 60, en los cuales los ejecutivos percibían como máximo 18.3 veces más que un trabajador típico. No sorprende que la distribución del ingreso en este país esté así: el 10 por ciento más rico obtiene 48 por ciento, mientras el 90 por ciento restante comparte el 52 por ciento del ingreso total.

 

Mientras tanto, el gigantesco banco trasnacional HSBC logró resolver su problema legal pagando 1.92 mil millones de dólares a las autoridades, sin tener que enfrentar cargos criminales por haber lavado miles de millones en fondos provenientes del narcotráfico en México y Colombia, y negocios de país bajo sanciones económicas por posibles actividades “terroristas”. Si uno es integrante del uno por ciento, la justicia no es igual para todos.

 


En el ámbito internacional, Washington continúa amenazando a países latinoamericanos para que no permitan el tránsito o sean destino del fugitivo Edward Snowden, acusado de ser espía por haber revelado secretos de que Estados Unidos podría estar violando los derechos de millones de ciudadanos y espiando poblaciones de cualquier otro país, al parecer, que se le antoje. Mientras Washington intenta enfocar la atención sobre Snowden, el asunto más grave es lo que el fugitivo reveló: un aparato masivo de vigilancia y espionaje a ciudadanos aquí y todas partes del mundo, y con ello engaños y falsedades por los más altos funcionarios ante representantes del pueblo sobre todo esto. “Lo que vemos aquí, una vez más, es una corriente autoritaria en la vida política estadunidense, en la cual los oficiales políticos más poderosos no pueden cometer delitos y hacer maldades. Los únicos delitos políticos provienen de los que revelan y agresivamente desafían a esos funcionarios”, escribe Glenn Greenwald, columnista de The Guardian, quien publicó las revelaciones iniciales de Snowden.

 

A la vez, con la gran preocupación por la “democracia” en el mundo, el Wall Street Journal, en su editorial sobre la crisis política en Egipto, concluyó que “los egipcios tendrían suerte si sus nuevos generales gobernantes resultaran estar en el molde de Augusto Pinochet, de Chile, quien tomó el poder entre el caos, pero contrató a reformistas de mercado libre y asistió el parto de una transición a la democracia”. O sea, ¿la recomendación de uno de los medios nacionales más importantes en este país democrático son 17 años de dictadura, junto con tortura, desapariciones y asesinatos de miles?

 

Éstos son sólo algunos de los más recientes indicadores de la condición democrática de Estados Unidos; mucho de ello no sorprende a estas alturas. Lo que no deja de sorprender es, por ahora, la falta de una reacción masiva de la ciudadanía estadunidense al ver su democracia en un estado tan deteriorado.

 

Sin embargo, hay señales de vida: migrantes luchan por justicia económica y social en todos los rincones del país (continuando la tradición estadunidense de más de un siglo); miles de ciudadanas y una legisladora en Texas batallan por el derecho al aborto ante un bastión del poder conservador; un coro de millones canta, junto con Bruce Springsteen, versos furiosos ante injusticias sociales; un artista, con la ayuda de la comunidad, crea un monumento a Antonio Gramsci en uno de los barrios más pobres del país: el South Bronx.

 

Los pueblos de repente sorprenden, como se ha demostrado en estos últimos días en diversos países, a sus vigilantes.

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Lunes, 08 Julio 2013 06:22

“Son movimientos nacionales”

“Son movimientos nacionales”

Las protestas que han sacudido los sistemas políticos de naciones tan dispares como Egipto y Brasil en los últimos tres años no provienen de la estructura política tradicional sino de la calle, de una tradición movimientista. En la Europa de la austeridad, en el Brasil de Dilma Rousseff, en la primavera árabe y en la Turquía pro-islamista de Recep Tayyip Erdogan estos movimientos –se llamen indignados, Movimiento Pase Libre u Ockupy– tienen rasgos organizativos similares, una mezcla de espontaneidad, demandas específicas y escasas proclamas programáticas. En diálogo con Página/12 Paolo Gerbaudo, académico del Kings College, especializado en los nuevos movimientos sociales, analizó las expectativas y los límites de estos movimientos políticos.

 

–¿Usted ve alguna similitud entre lo que pasó en Brasil y Turquía y los movimientos sociales europeos como indignados u Ockupy?

 –Estos movimientos son a la vez similares y diferentes. La diferencia pasa por el medio social en el que ocurren. Los movimientos en Brasil y en Turquía expresan diferentes realidades que los de España, Estados Unidos. No se puede postular una pertenencia unilineal. Pero hay similitudes que se ven en la manera en que los manifestantes expresan su protesta, en los símbolos que usan. La máscara de Vendetta, como símbolo de cierto anarquismo antiautoritario, es un ejemplo. Se la ve en las protestas de Dubai, en las de Egipto. En la tapa de un diario turco apareció una foto muy interesante durante las manifestaciones de Brasil. En una mitad de la tapa estaba un manifestante con la máscara de Vendetta y la bandera de Brasil. En la otra mitad había un manifestante en Turquía con la máscara de Vendetta y la bandera turca. Lo que muestra otro elemento. A diferencia de los movimientos antiglobalizadores estos movimientos son nacionales como se ve en la presencia de las banderas. En los movimientos antiglobalización, había un fuerte elemento contracultural y minorista. Un postulado básico era la diversidad de tácticas y pertenencias: anarquistas, feministas, ecologistas eran parte de un movimiento que se basaba en la idea de resistencia en un momento en que la mayoría sentía que el sistema le estaba ofreciendo suficientes cosas como para estar conformes. No es la situación ahora que hay un fuerte rechazo del neoliberalismo. Si uno pregunta a la gente lo que piensa de los bancos o del sistema económico, la respuesta intuitiva, sin usar un lenguaje técnico, es casi unánime de indignación sobre la disfuncionalidad del sistema.

 

–Pero si en la Europa de los ’60 o los ’70 hubiera ocurrido una austeridad como la que sucede ahora, la respuesta habría sido mucho más fuerte, casi una situación pre-revolucionaria. Una cosa que sorprende de lo que está pasando es que haya tomado tanto tiempo en articular una respuesta. ¿Qué es lo que está faltando?

 –Estos movimientos no comienzan con una identidad centrada en una ideología. Son lugares de convergencia que comparten la sensación de ser víctimas del sistema. No son un movimiento minoritario. Estuve en España y una cosa que me impresionó mucho fue que en las asambleas se paraba a hablar un experto en computación y decía “yo también estoy indignado” y a su lado había una jubilada que veía una fuerte reducción de su jubilación y decía lo mismo que ella también estaba indignada. Este “también” es fundamental. Estos movimientos todavía están luchando por tener una visión coherente, no sólo la oposición a lo que hay. Las asambleas populares son un intento de construir esta visión. En un sentido son un paso fundamental, pero no hay que confundirse, no hay que idolatrarlas. Las asambleas no son la solución, ni van a producir resultados. En la Asamblea se reúne gente que comparten los mismos reclamos, pero que tienen identidades políticas distintas. Los indignados están dividiéndose ahora entre los que tienen una raigambre liberal-conservadora en la que hasta hay un miembro del Opus Dei y los otros que son autonomistas.

 

–En la Argentina se puede ver un ciclo completo de las Asambleas. Al principio de la crisis, en 2001-2002 fueron muy importantes, pero luego, a medida que la economía se recuperó, se fueron diluyendo. Hoy son políticamente irrelevantes. ¿No es éste un problema de todos estos movimientos que dependen totalmente de una crisis?

 –Totalmente. Las Asambleas son una especie de sueño anarquista de que se va a poder funcionar con un sistema de asambleas. Se ha visto en Argentina, en Grecia, en España. Hay un extraordinario entusiasmo cuando el movimiento comienza con la idea de que van a sustituir los gobiernos, pero esto no ocurre, en parte porque las asambleas requieren un gasto de energía extraordinariamente grande. A Oscar Wilde le atribuyen una frase que refleja esto: “El socialismo requiere demasiadas reuniones los miércoles por la noche”. A la gente le encantan las reuniones, pero las reuniones son agotadoras. Las Asambleas son un medio, parte de las herramientas que tenemos para un cambio. El peligro es que creamos que los medios son lo importante. Es lo que dice uno de los ideólogos del movimiento Occupy Wall Street, David Graeber, lo “importante son los medios correctos”. Esto es como decir, no importa la ideología, la visión, importa la democracia.

 

–En una carta del movimiento Pase Libre a Dilma Rousseff se lee que “el transporte debe ser público de verdad, accesible a todos, o sea, un derecho universal. Cuestionar la tarifa es cuestionar la propia lógica de la política tarifaria que somete el transporte al lucro de los empresarios. Esto parece un germen de ideología.

 –Exactamente. Pero tienen una limitación. No plantean una hoja de ruta. ¿Por qué? Porque no se está aceptando que es el estado el que va a tener que resolver el tema. ¿A quién le estamos planteando esta demanda? Al Estado. En el caso de Brasil es claro. Hay una contradicción entre lo que se plantea como parte de un movimiento autónomo que rechaza al estado pero que a su vez depende del estado para la satisfacción de sus demandas. Pero sí hay un germen de una ideología basada en los derechos sociales, basada en la idea de la gente común y corriente, una ideología que pone el énfasis en el derecho al espacio ciudadano. Es una serie de demandas que reflejan la estructura social en el movimiento, la precaria clase media que quiere hospitales, espacios públicos, parques, educación, transporte.

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