Protestas no autorizadas contra las restricciones para contener la pandemia en Berlín el 1 de agosto de 2021. — CLEMENS BILAN / EFE

La Justicia alemana había prohibido las manifestaciones convocadas por negacionistas al considerar que no estaba garantizado el distanciamiento social.

 

Varios miles de personas participaron este domingo en Berlín en diversas protestas no autorizadas contra las restricciones para contener la pandemia del coronavirus con un balance provisional de alrededor de quinientas detenciones, informan los medios.

Según indicó la Policía de Berlín en su cuenta de Twitter, centenares de manifestantes, que pretendían participar a pie en una caravana de coches en protesta por las medidas anticovid que sí contaba con el visto bueno de las autoridades, se congregaron esta mañana en una acción espontánea no autorizada. En declaraciones a la cadena regional rbb, el portavoz de la Policía, Thilo Cablitz, habló de hasta dos mil manifestantes.

La Policía indicó que los manifestantes trataron de romper los cordones policiales y aislar a los agentes, por lo que las fuerzas de seguridad hicieron uso de gases lacrimógenos y porras.

"En varios puntos del oeste de la ciudad hay todavía grupos grandes de personas que tratan de concentrarse y de ponerse en marcha. Nuestras barreras están siendo ignoradas y los agentes están siendo agredidos. Se han producido detenciones", tuiteaba la policía poco antes de las 14.00 horas.

Por la tarde, otras dos mil personas se congregaron en torno a la Columna de la Victoria, en la céntrica calle del 17 de junio, avenida que parte de la Puerta de Brandeburgo y atraviesa el parque Tiergarten, a pesar de que las autoridades habían prohibido previamente la concentración convocada por la iniciativa "Querdenken 711", a la que pretendían asistir hasta 22.500 participantes.

El Tribunal Superior Administrativo de Berlín-Brandeburgo confirmó el sábado la prohibición de 17 manifestaciones convocadas para este domingo por movimientos anticovid, integrados mayoritariamente por negacionistas y conspiranoicos, al considerar que no estaba garantizado el respeto a las medidas de higiene y distanciamiento.

La Policía ha desplegado en la capital alemana hasta 2.250 agentes para garantizar el cumplimiento de las prohibiciones y disolver posibles concentraciones no autorizadas. Cablitz había indicado ya por la mañana que la Policía monitorea toda la ciudad, consciente de que habrá "acciones descentralizadas".

berlín

01/08/2021 21:21

EFE

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Continúan las protestas en Guatemala contra el presidente y la fiscal general

Las rutas de Guatemala continúan bloqueadas por segundo día consecutivo para exigir la renuncia del presidente Alejandro Giammattei, presuntamente implicado en casos de corrupción,  y de la fiscal general, Consuelo Porras, cuya decisión de destituir al titular de la Fiscalía Especial Contra la Impunidad (FECI), Juan Francisco Sandoval, fue ampliamente rechazada por la sociedad guatemalteca.

"Este Gobierno está lleno de incompetentes, ladrones, corruptos, asesinos. Renuncien ya", expresó uno de los ciudadanos que participó en el bloqueo de una ruta principal en el municipio de Chisec, del departamento norteño de Alta Verapaz, citado por el diario Prensa Libre. Este viernes se registraron manifestaciones en los departamentos de Retalhuleu y Suchitepéquez (sur), Quiché (noroeste) y Alta Verapaz (norte), informó la Dirección General de Protección y Seguridad Vial.

Según consgina el matutino Prensa Libre, pobladores de 20 comunidades se concentraron sobre el puente Carlos Castillo Armas, en el kilómetro 178.5, Santa Cruz Muluá. “Seguimos con nuestra lucha, estamos conscientes que afectamos a una parte de la población, pero es necesario ya no callar más y hacernos escuchar”, expresó uno de los líderes comunitarios al matutino guatemalteco. “La cosecha de este año fue mala, perdimos la mayor parte de nuestros cultivos y seguimos esperando el subsidio que ofrece el gobierno, nos hemos endeudado, pagamos nuestros impuestos, nuestras comunidades han sido olvidadas”, añadió.

Los pobladores luego liberaron el paso del puente y se movilizaron en una multitudinaria caminata. “El pueblo está en las calles exigiendo la renuncia del presidente de la República y de la fiscal general Consuelo Porras, exigimos que sean devueltos los millones que han robado, nos hemos cansado de tanta corrupción”, afirmaron desde el Consejo de Líderes Comunitarios.

En las manifestaciones exigen la renuncia de Giammattei por su presunta implicación en casos de corrupción y por una gestión deficiente para hacer frente a la pandemia de la covid-19 en Guatemala. En Centroamérica es el país que registra el mayor número de muertes por coronavirus con más de 10 mil fallecidos. Hasta el momento el país sólo ha recibido 550 mil dosis de la vacuna.

Mientras que la decisión de la fiscal Porras de destituir a Sandoval también fue rechazada por la población guatemalteca. El exfiscal de la FECI había tenido un papel importante por su trabajo junto a la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) que llevó al desmantelamiento de más de 60 estructuras de corrupción del Estado entre 2014 y 2018, incluyendo la captura del expresidente Otto Pérez Molina en 2015. Durante su gestión al frente de la FECI imputó a más de 200 personas entre diputados, ministros, funcionarios, miembros de la élite empresarial y presidentes y expresidentes.

Sandoval, que tras su destitución abandonó el país por temor a su integridad física, aseguró en un rueda de prensa antes de dejar el país, que la fiscal general, Consuelo Porras detuvo y atrasó investigaciones en casos de corrupción que involucran a Giammattei y su gobierno.

Este viernes la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de Guatemala admitió tramitar un amparo presentado por diputados de varias bancadas tras la decisión de Porras de destituir a Sandoval. Los diputados informaron que la CSJ otorgó un plazo de 48 horas al miniserio Público de Porras para que rinda un informe sobre el despido de Sandoval.

Mientras que la repercusión internacional por la destitución de Sandoval suma voces. A través de un comunicado conjunto las embajadas de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, Suecia y Suiza acreditadas en Guatemala, y miembros del Grupo de Países Donantes G13, exigieron al gobierno retomar la lucha contra la corrupción y la impunidad. “Lamentamos las acciones de la fiscal general en la reciente destitución del Fiscal Especial Contra la Impunidad. Este hecho se percibe como parte de un patrón de inestabilidad y debilitamiento institucional que afecta el estado de derecho en Guatemala”, afirmaron en el texto.

 “Aquellos que trabajan contra la impunidad y la corrupción tales como la Procuraduría de Derechos Humanos, los fiscales y los jueces independientes, deben gozar del más fuerte apoyo y de todas las garantías y protecciones posibles para poder llevar a cabo su trabajo de forma independiente y eficaz”, agregaron.

Sandoval viajó a Washington tras su destitución y exilio de Guatemala. Este viernes, el abogado se reunió con la subsecretaria de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, Julie Chung, quien remarcó la importancia de fortalecer las instituciones y luchar contra la corrupción.

Este jueves la titular del ministerio Público, Consuelo Porras, envío una carta al secretario de Estado de EE.UU., Antony Blinken, en la que justificó la destitución del  jefe de la Fiscalía Especial contra la Impunidad. Según Porras la decisión de remover a Sandoval de su cargo fue debido a sus reiterados desacatos a las órdenes que se le giraban.  El Departamento de Estado había criticado la decisión de la fiscal general, afirmando que Sandoval era reconocido como campeón anticorrupción

30/07/2021

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Jornada de paro nacional en Guatemala pide la renuncia del presidente Giammatei

Organizaciones sociales, indígenas, campesinas y estudiantiles de Guatemala se movilizaron y pidieron la renuncia del presidente Giammatei, entre otras cosas, por la destitución de Juan Francisco Sandoval como jefe de la Fiscalía Especial contra la Impunidad, informó la directora de Aministía Internacional para las Américas, Erika Guevara-Rosas.

"Varias protestas pacíficas en el Paro Nacional 29J en Guatemala. El pueblo guatemalteco levanta su voz demandando rendición de cuentas, fin de la corrupción y la impunidad, y ejercicio de DDHH. Exigimos a Alejandro Giammattei respetar el derecho de protesta y atender las demandas", tuiteó Guevara-Rosas.

Los guatemaltecos también reclaman que el Estado disponga de políticas públicas para enfrentar a la pandemia de COVID-19, que hasta el momento ha provocado el contagio de 358.798 personas y la muerte de otras 10.224.

Parte de la columna de manifestantes se dirigió al Ministerio Público, donde exigieron la dimisión de la titular, la fiscal general Consuelo Porras.

La ciudad de Guatemala fue el epicentro de las protestas enmarcadas en la jornada de paro nacional, pero también se registraron caminatas, mítines y otras actividades en los 22 departamentos del país.

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Doble Ruedas. Historia de un encapuchado en silla de ruedas

Una historia de amor y rabia. Un testimonio de vida, a pesar de las limitaciones. Un relato de amor por los que ya no están físicamente pero seguirán presentes en la memoria de lucha. Una convicción de que lo no logrado en esta coyuntura será conquistado en un fututo no lejano. Desde la silla con la que logra movilizarse un joven, al que la violencia delincuencial le cortó sus sueños de triunfar por medio del fútbol, nos adentra en parte de la lucha vivida en meses de resistencia, esa que tomó cuerpo después del 28A.

 

Finales de junio de 2021, oriente de Cali, Avenida Simón Bolívar, punto de resistencia Apocalipso, cuatro de la tarde. El ambiente estaba caldeado, los jóvenes se encontraban en sus puntos de control esperando la arremetida, que como en las últimas ocasiones sería perpetrada por la triada Policía, Goes y paramilitares. El ambiente no era muy distinto en el punto de Puerto Madera, ubicado a pocos kilómetros de Apocalipso, siguiendo la gigantesca avenida que se mantenía completamente taponada por barricadas.

Parecía que estábamos en la hora y lugar equivocado. Nuestra intención era entregar a las personas que estaban allí algunos ejemplares de la edición especial del periódico desdeabajo dedicada al alzamiento social/popular y juvenil en Cali. Algunas madres comunitarias nos recibieron y comentaron la situación. Eran ellas quienes tenían el contexto de todo lo que sucedía en el punto, pues, aunque no estaban en la primera línea, sí hacían parte fundamental del cuidado comunitario del lugar y gracias a ellas había alimentación, cuidados de salud, como también había hombros y abrazos para llorar, contar y mitigar las penas.

Al ver los periódicos, los jóvenes primera línea y la comunidad empezaron a acercarse, todo el mundo quería llevarse un ejemplar. En ese momento la tensión que sentíamos en el ambiente se mezcló con la amabilidad, amistad y alegría de quienes estaban en el punto de resistencia; fue ahí que nos percatamos que sí era una buena hora y lugar para estar.

 

 


Apocalipso

En medio de la multitud se nos acercó Doble Ruedas, un joven encapuchado que se movilizaba en una silla de ruedas. Todo el mundo lo quería y admiraba. Nos presentamos y sin dudarlo decidió darnos un recorrido para tomar algunas fotografías por el punto de resistencia que permanecía junto al almacén Éxito de Calipso, convertido en un centro de violación de los derechos humanos, con denuncias incluso de torturas padecidas por jóvenes en algunos días del pasado mes de mayo, almacén que ahora permanecía cerrado, aunque en su interior se mantenía una especie de estación de la “fuerza pública”.

Junto a Doble Ruedas nos acompañaron varios jóvenes primera línea y habitantes de la comunidad que decidieron brindarnos seguridad con su compañía. Al subirnos a la estación del MIO podíamos ver francotiradores apostados en el edificio donde funciona el Éxito, también algunas tanquetas del Esmad. Tomamos varias fotografías de los murales que ahora llenaban la Avenida, así como de los lugares de memoria en homenaje a quienes habían sido asesinados en medio de las arremetidas de la “fuerza pública”. El escenario era tan crudo que en un momento del recorrido alcanzaron a decirnos que en un lugar de la avenida habían caído más de 7 personas en una sola noche.


Doble Ruedas

Tiene 26 años y se reconoce como un discapacitado que está luchando por sus derechos, negados, al no acceder a terapias para su recuperación. Siempre con la capucha puesta y atento a lo que ocurría a su alrededor, Doble Ruedas, sin dejar de mostar en sus ojos la seguridad de saber lo que estaba sucediendo, nos contó su historia.

Siempre fue amante del fútbol, su pasión, jugaba en las divisiones inferiores del América de Cali. Un 3 de enero salió de su casa a las 6 de la mañana para un entrenamiento, y se encontró con lo que no esperaba: dos personas que le dijeron que entregara la bicicleta en la que se movilizaba, la misma que su madre le había regalado en navidad. “Ya podés imaginarte mi respuesta”. Al negarse recibió ocho puñaladas, una de las cuales le afectó la médula espinal y otra el pulmón izquierdo.

Su estado de salud no le impidió ser parte fundamental del punto de resistencia de Calipso, su apoyo fue permanente para las primeras líneas y la comunidad, por lo que permaneció cuidado y protegido como un tesoro. En medio de toda esta coyuntura encontró alegrías como también tuvo que que vivir experiencias de intenso dolor, por ejemplo despedir amigos que fueron asesinados por la policía. Su relato nos dice:

“La comunidad, como las personas de la resistencia, gente de nosotros, gente de la primera línea, me tratan como hermanito. Cuando escuchan que pasa algo conmigo todo el mundo corre a ayudarme, me sacan de primero en todo, mejor dicho me atienden de la mejor manera, me tratan excelentemente bien. Gracias al paro nacional conocí gente que se ha convertido en familia para mí; antes tenía amigos, en los cuales ya no confío, ahorita confío en estas personas que no les da miedo ir hasta un lugar en donde están dando bala para sacarme, esos son mis amigos, las personas que están dispuestas a dar la vida como yo lo haría por ellos.

Así fue Erik. Él seguro me está escuchando, un compañero de barra del América de Cali. Éramos como uña y mugre, donde jugaba el equipo para allá íbamos. El día que lo asesinaron estábamos juntos, yo le dije: hermano, me muevo porque esto se va a poner malo. Él me dijo que no se iba a ir, me empecé a ir y cuando llegué al puente llegó mi papá y las personas que no me dejan quedar hasta tarde, y ahí nos fuimos. En ese momento escuchamos el taztazeo, la plomacera y fue hasta el otro día que me di cuenta que a mi compañero Erik lo había matado la policía”.

 

 

Amor comunitario

La noche empezaba a sembrarse y las luces de Apocalipso comenzaban a encenderse. Algunas personas nos decían que por seguridad era hora de salir del barrio. Escuchabámos sus razones pero aún teníamos labor por realizar. Rodeados de muchas personas de la comunidad, la entrevista a Doble Ruedas seguía su rumbo. Al preguntarle, ¿por qué decidiste participar en esta coyuntura?, no dudó en respondernos:

“Me conmovió cuando vi que la policía empezó a dar bala, por eso me vine a apoyar a los muchachos, a ver si eran capaz de poder matar a una persona discapacitada. Hoy creo que sí son capaces de matar a una persona en mi estado, ya lo han demostrado, nada más recuerda que fueron capaces de violar a una muchacha, entonces cualquier cosa pueden hacer”.

– ¿Cuál es tu función en el punto de resistencia?
“Yo no me considero de la primera línea porque no puedo pelear, no puedo correr, no puedo tirar piedras, más bien me hago atrás ayudándolos con la leche, ayudándolos a llevar a la enfermería, eso es lo que yo hago, ayudarlos a que no se me ahoguen por los gases que nos tira la policía”.

La escena y relato que estábamos presenciando estaba tan llena de amor, que seguramente quienes allí estaban no lo podían notar. Doble Ruedas nos contó que en medio de los múltiples ataques recibidos en Apocalipso por parte de la “fuerza pública”, su silla de ruedas se deterioró a tal punto que la comunidad se reunió y recolectó el dinero para comprarle una nueva:

“Yo le doy gracias a la comunidad de Calipso, Sorrento, Yira Castro, Sindical, Villa Blanca. Gracias a ellos que me donaron una silla de ruedas nueva, porque la que tengo en este momentico la tengo prácticamente para el combate o sea para la guerra, y ya está deteriorada. Pero gracias a la comunidad ahora tengo una silla nueva muy buena, muy bacana, pero lo importante ahorita es volver a ponerme de pie, lo que me hace falta son mis terapias para mi recuperación”.

 

 

Barrio adentro

Preocupado por el futuro que vendrá después de levantar el punto de resistencia de Apocalipso, Doble Ruedas hace una evaluación de lo vivido en esta coyuntura, y el trabajo que está por venir en el ejercicio denominado “barrio adentro”**:

“Vamos a levantar el punto, pero no es así por así. Mirá, yo estoy inconforme y estoy luchando por mi salud, pero también por una vida digna para mi papá de 60 años y mi mamá de 50, pero también por mi hermano que trabaja todo el día y se gana un mínimo y de eso tiene que sacar para pagar arriendo y todos los gastos de la casa.

Ahorita me siento intimidado porque cuando se levante este paro ya no le tendré confianza a la policía, ahora me va a dar miedo cuando me llamen y me requisen. También siento miedo de entregar este punto porque la verdad no quiero que esté en riesgo ni mi familia ni ninguno de mis compañeros.

Yo digo que en el fondo perdimos la batalla porque nos endulzaron con unos mercados, con unas bequitas y ya, ahora tenemos que dar nombres y datos, pero yo no voy a recibir eso porque sé que con eso me van a capturar.

Muchas personas que no estuvieron con nosotros, que no nos apoyaron en el paro, ahora la van es a tener que chupar (perdón) van a tener que aguantar lo que se viene, porque lo que se viene es mucho peor, todas las reformas que íbamos a tumbar nos la van a aplicar el doble, nosotros no hemos tumbado nada, antes todas las reformas las están remodelando para volverlas a poner. Todos los supuestos daños que hicimos nos lo van a cobrar duro.

Ahorita en el ejercicio de barrio adentro vamos a seguir haciendo pedagogía, actividades culturales, eventos de rap y diferentes actividades cada ocho días, esto lo vamos a seguir haciendo hasta que el presidente se dé cuenta que lo que estamos pidiendo es lo que necesitamos, porque ya estamos cansados que el rico sea más rico y el pobre sea más pobre, así es todos los días”.

–En ese momento lo interrumpimos para preguntarle, ¿volverías a salir a manifestarte?
“Vuelvo a salir las veces que me toque salir a luchar, vuelvo y lo hago pacíficamente como lo hice en esta primera vez, porque este es el primer paro en que participo y me siento orgulloso porque pude ver la cara de lo que yo quiero, lastimosamente no pudimos lograr lo que buscamos, pero sé que en cualquier momento se va a lograr… –su mirada que estaba dirigida hacia el infinito vuelve y se enfoca en nosotros y nos dice–. Compañero, sé que en cualquier momento se va a lograr que toda la corrupción se acabe, que ya se le dé un poquito más al pobre y que al rico le mermemos. Hoy en día mi hermana me dice que quién me manda meterme en esto, yo le digo, quién me manda no, esto es porque yo quise y voy a seguir y el día que me toque volver a salir a luchar y volverle a echar leche a mis compañeros para que no se ahoguen, lo haré”.

En ese momento Doble Ruedas decide mandarle un mensaje al presidente a través de nuestra grabadora, un mensaje que seguramente nunca le llegará a sus oídos por medio de nuestro medio, pero pese a ello igual lo dejamos para quienes estén leyendo el relato de quien a pesar de haber perdido la movilidad de sus piernas no sufrío igual percance en su cabeza.

 


En voz alta

“En este momentico al presidente no le importa si yo tengo hambre, si el compañero tiene hambre, si alguien aquí tiene donde vivir, si esta noche tenemos donde dormir, a él no le importa nada de eso. Hoy, seguramente, Duque puede llegar a su casa a descansar y ver su Netflix o lo que quiera. A mí me cortaron el internet y hasta todo… Pero una cosa si te digo, ¿por qué te olvidaste del pueblo si nosotros fuimos los que te ayudamos a subir allá? ¿por qué mandaste a matar a todos nuestros compañeros? Fuiste vos quien mandó a matar a todos nuestros compañeros que hoy están en el cielo por la lucha y por la resistencia”.

Al pronunciar estas últimas palabras se marca la rabia en su voz y en sus ojos el dolor. Nuevamente las personas que nos acompañan insisten sin excepción en que es momento de marcharnos. La tensión en el punto de Calipso subía de nivel. Siguiendo los conocimientos de quienes habitan este territorio decidimos empezar a despedirnos y Doble Ruedas dejó fluir todo su sentimiento:

“Quiero terminar dando un agradecimiento, aunque sé que no me van a escuchar, pero sé que están con nosotros. A nuestros compañeros capucha, gracias por tu lucha, en la tierra los estamos acompañando, los estamos recordando. Nunca los vamos a olvidar, y a las familias: nunca vamos a olvidar a sus hijos, a sus nietos, no los vamos a olvidar, muchas gracias por habernos acompañado, de todo corazón, muchas gracias de parte de este joven discapacitado que seguirá en la lucha las veces que me toque”.

 

* Integrante del equipo desdeabajo y del colectivo Loma Sur. Fotografías.
** Barrio adentro fue la decisión que tomaron en los distintos puntos de resistencia de Cali para levantar los bloqueos. Significa que ahora quienes antes estaban en las barricadas se adentrarán barrio adentro para fortalecer los lazos y procesos comunitarios en cada territorio.

 

Publicado enEdición Nº282
Jueves, 29 Julio 2021 06:40

El camino

El camino

Los debates y evaluaciones sobre el paro nacional que conmovió al país en días recientes no cesan; tampoco sus proyecciones y con ellas los posibles caminos por recorrer para que el mismo 1) se prolongue y 2) produzca los beneficios perseguidos.

En ese ejercicio, colectivo pero no centralizado en tanto responde a la dinámica social y territorial misma que caracterizó a esta jornada de lucha, sobresale el giro dado por el Comité Nacional de Paro (CNP) en pro de potenciar la lucha por las principales demandas que animaron las semanas de alzamiento social/popular y juvenil, o que se tornaron mucho más nítidas y sensibles para la sociedad colombiana en medio del movimiento.

El realce de lo definido por el CNP descansa tanto en el método como en las reivindicaciones elegidas para proseguir en la disputa por la concreción del pliego de emergencia, en este caso enmarcado en diez reivindicaciones*, y en el Congreso de la república como escenario para tramitarlas, validándolo así como el escenario “por excelencia de la democracia” –como tanto les gusta afirmar a terratenientes, banqueros, industriales, militares…–, a pesar de las evidencias de ilegitimidad que tiene precisamente entre un importante segmento social de los inconformes.

El método

Como certero puede definirse el llamado al debate nacional que implica darles contenido específico a varias de las principales demandas de la sociedad descontenta. Igualmente, desarrollar su contenido o la argumentación de las propuestas, lo cual permite a) llevar más allá de los iniciados los asuntos que son de todos y que muchas veces quedan reducidos al estrecho marco de los políticos y los activistas, en muchos casos políticos profesionales o politiqueros que terminan tomándose la vocería del conjunto; b) reconocer los territorios como epicentro de los debates y de la construcción social y alternativa, virando hacia los mismos para darle mayor legitimidad y potencia al paro en su deseable continuidad, en este caso mediante el ejercicio comunitario de dibujar la sociedad anhelada –en aspectos puntuales como los propuestos– y de blindarse con formas democráticas de convivencia y autogobierno.

Este sería el camino ideal por recorrer, profundizando de esta manera la propia organización en sus territorios, desarrollando escuelas vivas de lo que es e implica ser gobierno, estimulando el relacionamiento entre variados sectores de una misma sociedad y, en el caso de los sindicalistas, abriendo una oportunidad para llegar adonde un importante porcentaje de la sociedad trabaja hoy, se recrea y reproduce en sus condiciones de vida; es decir, llegar adonde están quienes debieran congregar diversidad de organizaciones sindicales, constituidas a través de nuevos actores, con formatos y maneras de funcionar diferentes de lo conocido hasta hoy en tanto no son trabajadores clásicos, y en tanto muchos/as ni siquiera marcan tarjeta o responden a un patrón.

El gris del giro dado trasluce en el espacio elegido para tramitar lo propuesto. Una y otra vez, en todas las encuestas llevadas a cabo sobre el Congreso resalta su impopularidad, una y otra vez, porque no representa el sentir mayoritario de la sociedad colombiana, y así es, precisamente, por defender los intereses de la minoría y desconocer las necesidades y aspiraciones de las mayorías.

Aquel espacio, como es sabido, está controlado por las fuerzas del establecimiento, es decir, por quienes representan a banqueros, gremios económicos, mafiosos y otros que saquean la riqueza colectiva, ellos y otros más que alimentan la guerra que los sostiene en el poder, espacio donde las minorías progresistas solo alcanzan a dejar testimonios.

Si esto es así, ¿por qué otorgarle a tal instancia dominante el poder para decidir sobre un conjunto de reivindicaciones que no son de su gusto o que, de ser alguna de ellas tramitada de manera afirmativa, seguramente lo será con el sello del gobierno al incorporarle uno u otro artículo o algún perfil que lo ligue a su gestión?

La decisión, en todo caso, desdice de las lecciones del paro, toda vez que lo indicado por este es que la democracia directa, radical y refrendataria es el camino para hacer realidad las aspiraciones populares y satisfacer las necesidades de las mayorías. Como lo evidenció lo conseguido en medio de las jornadas de protesta, tanto la renuncia oficial al texto original de reforma tributaria como la dimisión del ministro de Hacienda y de la Canciller, así como el reconocimiento –así fuera parcial– del derecho a matrícula cero, pero también otra variedad de logros conquistados en varias municipalidades en las que parte de los presupuestos locales fueron reorientados para satisfacer algunas de las demandas que los implicaban, como abrir plazas de empleo o para estudio, así como financiar famiempresas y microempresas, entre otros casos. Se trata de un gris con tonalidades oscuras, toda vez que en las reivindicaciones hasta ahora conocidas como seleccionadas para traducirlas en proyectos de ley no figuran importantes banderas izadas por quienes no hacen parte de los sectores organizados de manera clásica.

Como se puede verificar al revisar algunas de las constantes sobresalientes en las protestas cotidianas desde el 28A, la sociedad movilizada atacó una y otra vez los CAI, dejando en claro su inconformidad con el modelo policial existente; igual proceder mantuvo con el servicio público de transporte, por ejemplo, lo que indica el descontento con el servicio prestado y las tarifas vigentes, pero también con el hecho de que no sea propiedad pública, reflejando así la evidente aspiración nacional de que tal transporte en verdad sea público, además de eficiente y con tarifas accesibles para las mayorías empobrecidas.

Si así es, ¿por qué no abrir el debate nacional tanto sobre seguridad pública y policía, como sobre la propiedad y las características que debiera tener el transporte colectivo? Y de su mano llegan otros debates, uno de ellos sobre el tipo de ciudades hasta ahora construidas y la reorganización territorial que implicaría el eficiente funcionamiento de un sistema de movilidad urbano de nuevo tipo.


Además, si los alzados en su mayoría son informales y otros muchos aquellos que llaman Ni-Ni, ¿por qué no retomar la discusión y debatir en el conjunto nacional sobre asuntos importantes como ingresos, calidad de vida –digna–, trabajo y estudio?

Algunos podrán decir que precisamente la Renta Básica responde a ello, y esto es cierto pero solo de manera parcial, ya que la renta planteada tiene un límite temporal y la problemática de los ingresos y de vida digna es para debatir y concretar a través de un modelo social que no es el actual, garantizándolo más allá de un gobierno u otro.

Y con esto llegamos al trasfondo del debate: lo cuestionado por la sociedad inconforme hace parte de una onda global que responde a una crisis civilizatoria en la cual el sistema capitalista, como un todo, está en cuestión, crisis potenciada y llevada hasta una cresta inocultable por el covid-19.

Es decir, aunque lo que resalta en medio de la protesta son necesidades puntuales, las mismas están cuestionando el límite al que llegó este sistema en temas como trabajo, ambiente, producción, organización territorial, administración de lo público, ejercicio –real– de la democracia, poder, seguridad. Tal vez no seamos conscientes de ello, pero así es. Y el debate nacional sobre las reivindicaciones debe permitir que se llegue al núcleo del problema, sin quedarnos en sus manifestaciones.

Estos contenidos son complejos, no hay duda, e imposibles de materializar en un proyecto de ley, pero precisamente al asumirlos le hacemos el quite al engaño en que el CNP se está metiendo y al que está llevando al conjunto nacional: creer que reformando aspectos puntuales de nuestra organización social es posible superar la crisis que vivimos. Una reforma, valga la pena enfatizarlo, imposible de canalizar por el actual Congreso y por el actual Estado, como parte y como todo.

Entonces, la ruta para ahondar el paro, retomando sus enseñanzas, está en los territorios, adentrándonos en los mismos, abriendo decenas de espacios de formación y organización colectivos, concretando asambleas en las que, entre todos, se definan el qué y el cómo para hacer realidad su sueño de vida digna. Las asambleas, en círculo concéntrico, deberán interrelacionarse paulatinamente entre unas y otras, hasta hacer consciente para la totalidad de la sociedad lo que implica el pliego de emergencia pero, de igual manera, lo que conlleva y demanda pasar a construir otro tipo de gobierno, uno que esté a la altura de las banderas desplegadas el 21N (2019) y el 28A (2021), pero también en sintonía con el nuevo tipo de organización social a que obliga –para superarla– la crisis sistémica por la que atraviesa el Sistema Mundo Capitalista.

 

* De los 10 proyectos de ley por radicar el 20 de julio, hasta el día 15 solo eran conocidos los siguientes cinco: 1. Renta básica; 2. Matrícula cero; 3. Derogatoria del Decreto 1174; 4. Reglamento de la protesta social; y 5. salario para trabajadores de pequeñas y medianas empresas.

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Doble Ruedas. Historia de un encapuchado en silla de ruedas

Una historia de amor y rabia. Un testimonio de vida, a pesar de las limitaciones. Un relato de amor por los que ya no están físicamente pero seguirán presentes en la memoria de lucha. Una convicción de que lo no logrado en esta coyuntura será conquistado en un fututo no lejano. Desde la silla con la que logra movilizarse un joven, al que la violencia delincuencial le cortó sus sueños de triunfar por medio del fútbol, nos adentra en parte de la lucha vivida en meses de resistencia, esa que tomó cuerpo después del 28A.

 

Finales de junio de 2021, oriente de Cali, Avenida Simón Bolívar, punto de resistencia Apocalipso, cuatro de la tarde. El ambiente estaba caldeado, los jóvenes se encontraban en sus puntos de control esperando la arremetida, que como en las últimas ocasiones sería perpetrada por la triada Policía, Goes y paramilitares. El ambiente no era muy distinto en el punto de Puerto Madera, ubicado a pocos kilómetros de Apocalipso, siguiendo la gigantesca avenida que se mantenía completamente taponada por barricadas.

Parecía que estábamos en la hora y lugar equivocado. Nuestra intención era entregar a las personas que estaban allí algunos ejemplares de la edición especial del periódico desdeabajo dedicada al alzamiento social/popular y juvenil en Cali. Algunas madres comunitarias nos recibieron y comentaron la situación. Eran ellas quienes tenían el contexto de todo lo que sucedía en el punto, pues, aunque no estaban en la primera línea, sí hacían parte fundamental del cuidado comunitario del lugar y gracias a ellas había alimentación, cuidados de salud, como también había hombros y abrazos para llorar, contar y mitigar las penas.

Al ver los periódicos, los jóvenes primera línea y la comunidad empezaron a acercarse, todo el mundo quería llevarse un ejemplar. En ese momento la tensión que sentíamos en el ambiente se mezcló con la amabilidad, amistad y alegría de quienes estaban en el punto de resistencia; fue ahí que nos percatamos que sí era una buena hora y lugar para estar.

 

 


Apocalipso

En medio de la multitud se nos acercó Doble Ruedas, un joven encapuchado que se movilizaba en una silla de ruedas. Todo el mundo lo quería y admiraba. Nos presentamos y sin dudarlo decidió darnos un recorrido para tomar algunas fotografías por el punto de resistencia que permanecía junto al almacén Éxito de Calipso, convertido en un centro de violación de los derechos humanos, con denuncias incluso de torturas padecidas por jóvenes en algunos días del pasado mes de mayo, almacén que ahora permanecía cerrado, aunque en su interior se mantenía una especie de estación de la “fuerza pública”.

Junto a Doble Ruedas nos acompañaron varios jóvenes primera línea y habitantes de la comunidad que decidieron brindarnos seguridad con su compañía. Al subirnos a la estación del MIO podíamos ver francotiradores apostados en el edificio donde funciona el Éxito, también algunas tanquetas del Esmad. Tomamos varias fotografías de los murales que ahora llenaban la Avenida, así como de los lugares de memoria en homenaje a quienes habían sido asesinados en medio de las arremetidas de la “fuerza pública”. El escenario era tan crudo que en un momento del recorrido alcanzaron a decirnos que en un lugar de la avenida habían caído más de 7 personas en una sola noche.


Doble Ruedas

Tiene 26 años y se reconoce como un discapacitado que está luchando por sus derechos, negados, al no acceder a terapias para su recuperación. Siempre con la capucha puesta y atento a lo que ocurría a su alrededor, Doble Ruedas, sin dejar de mostar en sus ojos la seguridad de saber lo que estaba sucediendo, nos contó su historia.

Siempre fue amante del fútbol, su pasión, jugaba en las divisiones inferiores del América de Cali. Un 3 de enero salió de su casa a las 6 de la mañana para un entrenamiento, y se encontró con lo que no esperaba: dos personas que le dijeron que entregara la bicicleta en la que se movilizaba, la misma que su madre le había regalado en navidad. “Ya podés imaginarte mi respuesta”. Al negarse recibió ocho puñaladas, una de las cuales le afectó la médula espinal y otra el pulmón izquierdo.

Su estado de salud no le impidió ser parte fundamental del punto de resistencia de Calipso, su apoyo fue permanente para las primeras líneas y la comunidad, por lo que permaneció cuidado y protegido como un tesoro. En medio de toda esta coyuntura encontró alegrías como también tuvo que que vivir experiencias de intenso dolor, por ejemplo despedir amigos que fueron asesinados por la policía. Su relato nos dice:

“La comunidad, como las personas de la resistencia, gente de nosotros, gente de la primera línea, me tratan como hermanito. Cuando escuchan que pasa algo conmigo todo el mundo corre a ayudarme, me sacan de primero en todo, mejor dicho me atienden de la mejor manera, me tratan excelentemente bien. Gracias al paro nacional conocí gente que se ha convertido en familia para mí; antes tenía amigos, en los cuales ya no confío, ahorita confío en estas personas que no les da miedo ir hasta un lugar en donde están dando bala para sacarme, esos son mis amigos, las personas que están dispuestas a dar la vida como yo lo haría por ellos.

Así fue Erik. Él seguro me está escuchando, un compañero de barra del América de Cali. Éramos como uña y mugre, donde jugaba el equipo para allá íbamos. El día que lo asesinaron estábamos juntos, yo le dije: hermano, me muevo porque esto se va a poner malo. Él me dijo que no se iba a ir, me empecé a ir y cuando llegué al puente llegó mi papá y las personas que no me dejan quedar hasta tarde, y ahí nos fuimos. En ese momento escuchamos el taztazeo, la plomacera y fue hasta el otro día que me di cuenta que a mi compañero Erik lo había matado la policía”.

 

 

Amor comunitario

La noche empezaba a sembrarse y las luces de Apocalipso comenzaban a encenderse. Algunas personas nos decían que por seguridad era hora de salir del barrio. Escuchabámos sus razones pero aún teníamos labor por realizar. Rodeados de muchas personas de la comunidad, la entrevista a Doble Ruedas seguía su rumbo. Al preguntarle, ¿por qué decidiste participar en esta coyuntura?, no dudó en respondernos:

“Me conmovió cuando vi que la policía empezó a dar bala, por eso me vine a apoyar a los muchachos, a ver si eran capaz de poder matar a una persona discapacitada. Hoy creo que sí son capaces de matar a una persona en mi estado, ya lo han demostrado, nada más recuerda que fueron capaces de violar a una muchacha, entonces cualquier cosa pueden hacer”.

– ¿Cuál es tu función en el punto de resistencia?
“Yo no me considero de la primera línea porque no puedo pelear, no puedo correr, no puedo tirar piedras, más bien me hago atrás ayudándolos con la leche, ayudándolos a llevar a la enfermería, eso es lo que yo hago, ayudarlos a que no se me ahoguen por los gases que nos tira la policía”.

La escena y relato que estábamos presenciando estaba tan llena de amor, que seguramente quienes allí estaban no lo podían notar. Doble Ruedas nos contó que en medio de los múltiples ataques recibidos en Apocalipso por parte de la “fuerza pública”, su silla de ruedas se deterioró a tal punto que la comunidad se reunió y recolectó el dinero para comprarle una nueva:

“Yo le doy gracias a la comunidad de Calipso, Sorrento, Yira Castro, Sindical, Villa Blanca. Gracias a ellos que me donaron una silla de ruedas nueva, porque la que tengo en este momentico la tengo prácticamente para el combate o sea para la guerra, y ya está deteriorada. Pero gracias a la comunidad ahora tengo una silla nueva muy buena, muy bacana, pero lo importante ahorita es volver a ponerme de pie, lo que me hace falta son mis terapias para mi recuperación”.

 

 

Barrio adentro

Preocupado por el futuro que vendrá después de levantar el punto de resistencia de Apocalipso, Doble Ruedas hace una evaluación de lo vivido en esta coyuntura, y el trabajo que está por venir en el ejercicio denominado “barrio adentro”**:

“Vamos a levantar el punto, pero no es así por así. Mirá, yo estoy inconforme y estoy luchando por mi salud, pero también por una vida digna para mi papá de 60 años y mi mamá de 50, pero también por mi hermano que trabaja todo el día y se gana un mínimo y de eso tiene que sacar para pagar arriendo y todos los gastos de la casa.

Ahorita me siento intimidado porque cuando se levante este paro ya no le tendré confianza a la policía, ahora me va a dar miedo cuando me llamen y me requisen. También siento miedo de entregar este punto porque la verdad no quiero que esté en riesgo ni mi familia ni ninguno de mis compañeros.

Yo digo que en el fondo perdimos la batalla porque nos endulzaron con unos mercados, con unas bequitas y ya, ahora tenemos que dar nombres y datos, pero yo no voy a recibir eso porque sé que con eso me van a capturar.

Muchas personas que no estuvieron con nosotros, que no nos apoyaron en el paro, ahora la van es a tener que chupar (perdón) van a tener que aguantar lo que se viene, porque lo que se viene es mucho peor, todas las reformas que íbamos a tumbar nos la van a aplicar el doble, nosotros no hemos tumbado nada, antes todas las reformas las están remodelando para volverlas a poner. Todos los supuestos daños que hicimos nos lo van a cobrar duro.

Ahorita en el ejercicio de barrio adentro vamos a seguir haciendo pedagogía, actividades culturales, eventos de rap y diferentes actividades cada ocho días, esto lo vamos a seguir haciendo hasta que el presidente se dé cuenta que lo que estamos pidiendo es lo que necesitamos, porque ya estamos cansados que el rico sea más rico y el pobre sea más pobre, así es todos los días”.

–En ese momento lo interrumpimos para preguntarle, ¿volverías a salir a manifestarte?
“Vuelvo a salir las veces que me toque salir a luchar, vuelvo y lo hago pacíficamente como lo hice en esta primera vez, porque este es el primer paro en que participo y me siento orgulloso porque pude ver la cara de lo que yo quiero, lastimosamente no pudimos lograr lo que buscamos, pero sé que en cualquier momento se va a lograr… –su mirada que estaba dirigida hacia el infinito vuelve y se enfoca en nosotros y nos dice–. Compañero, sé que en cualquier momento se va a lograr que toda la corrupción se acabe, que ya se le dé un poquito más al pobre y que al rico le mermemos. Hoy en día mi hermana me dice que quién me manda meterme en esto, yo le digo, quién me manda no, esto es porque yo quise y voy a seguir y el día que me toque volver a salir a luchar y volverle a echar leche a mis compañeros para que no se ahoguen, lo haré”.

En ese momento Doble Ruedas decide mandarle un mensaje al presidente a través de nuestra grabadora, un mensaje que seguramente nunca le llegará a sus oídos por medio de nuestro medio, pero pese a ello igual lo dejamos para quienes estén leyendo el relato de quien a pesar de haber perdido la movilidad de sus piernas no sufrío igual percance en su cabeza.

 


En voz alta

“En este momentico al presidente no le importa si yo tengo hambre, si el compañero tiene hambre, si alguien aquí tiene donde vivir, si esta noche tenemos donde dormir, a él no le importa nada de eso. Hoy, seguramente, Duque puede llegar a su casa a descansar y ver su Netflix o lo que quiera. A mí me cortaron el internet y hasta todo… Pero una cosa si te digo, ¿por qué te olvidaste del pueblo si nosotros fuimos los que te ayudamos a subir allá? ¿por qué mandaste a matar a todos nuestros compañeros? Fuiste vos quien mandó a matar a todos nuestros compañeros que hoy están en el cielo por la lucha y por la resistencia”.

Al pronunciar estas últimas palabras se marca la rabia en su voz y en sus ojos el dolor. Nuevamente las personas que nos acompañan insisten sin excepción en que es momento de marcharnos. La tensión en el punto de Calipso subía de nivel. Siguiendo los conocimientos de quienes habitan este territorio decidimos empezar a despedirnos y Doble Ruedas dejó fluir todo su sentimiento:

“Quiero terminar dando un agradecimiento, aunque sé que no me van a escuchar, pero sé que están con nosotros. A nuestros compañeros capucha, gracias por tu lucha, en la tierra los estamos acompañando, los estamos recordando. Nunca los vamos a olvidar, y a las familias: nunca vamos a olvidar a sus hijos, a sus nietos, no los vamos a olvidar, muchas gracias por habernos acompañado, de todo corazón, muchas gracias de parte de este joven discapacitado que seguirá en la lucha las veces que me toque”.

 

* Integrante del equipo desdeabajo y del colectivo Loma Sur. Fotografías.
** Barrio adentro fue la decisión que tomaron en los distintos puntos de resistencia de Cali para levantar los bloqueos. Significa que ahora quienes antes estaban en las barricadas se adentrarán barrio adentro para fortalecer los lazos y procesos comunitarios en cada territorio.

 

Publicado enColombia
Miércoles, 28 Julio 2021 10:49

Usmekistán: Guardianes de chaleco

Usmekistán: Guardianes de chaleco


«Usmekistán» le dicen por estos tiempos. La localidad de Usme –que casi cierra Bogotá por el suroriente– tiene un récord de 22 horas de confrontación entre la Fuerza Pública y las Primeras Líneas. Pero el lugar no sólo es casa de enemigos declarados: es casa, también, de un puñado de brigadistas que vinieron a poner el pellejo en un profundo acto de humanidad que salva vidas y mitiga los crueles dolores de los heridos.

 

«Usmekistán» porque de Oriente Medio ha venido llegando durante el Paro Nacional a la localidad de Usme el estrépito de guerras sin fin en países lejanos: un grito callado que resuena por entre las calles y hoy se vuelve campo de batalla en la tarde-noche del 20 de Julio de 2021. Este año la conmemoración de la independencia pasa de agache, pues desde hace tres meses en Colombia los ojos están puestos en guerras de ciudad que se ponen fecha y hora para enfrentar a quienes por ser hijos de una misma patria son hermanos.

En esta ocasión debo meter la cucharada hasta el fondo y hacer parte del relato porque, por ser la primera vez que asisto a un tropel, puedo, a través de mi absoluta perplejidad respecto de lo que vi y viví en Usme, a través del desmedido miedo que sentí al estar a escasos metros de lo que es un verdadero campo de batalla sin Dios ni ley en el que el Esmad y los chicos de Primera Línea pelean, venir a recordarnos que no debería ser normal una tanqueta en un barrio y que un gas lacrimógeno no es nada menos que un arma química.

Vine a por la historia de seres humanos que –me consta, mucho me consta–, deciden adentrarse en un bosque cementoso de enormes e inauditos peligros por una razón que sólo puede explicarse como un acto de profunda e insondable humanidad: son los brigadistas que salen a atender a los heridos de las jornadas de confrontación entre la Fuerza Pública y las Primeras Líneas, bandos enemigos plenamente establecidos durante el Paro Nacional. Aquí no le pagan a nadie. Los brigadistas son entera generosidad y todo corazón.

Hoy la confrontación es sobre la Caracas y se desplaza de sur a norte: inicia en la intersección de Yomasa (5.5 kilómetros al norte de donde empieza la Vía Bogotá-Villavicencio), pasará por los bordes de los barrios Gran Yomasa, La Andrea y Almirante Padilla (que nacen en el costado oriente de la Caracas y se despliegan montaña arriba) hasta llegar, al menos hasta que anocheció, al borde sur del barrio Santa Librada, donde está el Puente de la Dignidad: ese espacio ganado, ese símbolo de la Primera Línea de Usme que no sólo es confrontación: el puente, en el marco de la movilización social en la localidad, ha sido encuentro, conciertos, sancochos nocturnos en ollas comunitarias.

Los brigadistas del día son dos grupos de seres humanos que, sin duda, tienen el medidor de pánico calibrado distinto al de uno. Los de chaleco azul –16– pertenecen a la Misión Médica de REDPAS: la Red Popular de Primeros Auxilios sección Bogotá. Los de chaleco amarillo –22– son visita: muchachos que son parte del Bloque Popular de Salud de Medellín (BPS). Hoy hacen equipo en la tarea humanitaria y casi incomprensible de auxiliar a los heridos del tropel. Son grupos populares porque nacieron en el seno de los barrios y agrupan a ciudadanos del común con vocación de servicio y sentido de pertenencia por la comunidad que integran. También hacen presencia Derechos Humanos y los Gestores de Convivencia del Distrito, a quienes se distingue por sus chaquetas rojas.

Brigadista puede ser cualquier persona con la voluntad de salir a ayudar. No se necesita ser profesional de la salud para brindar primeros auxilios a los heridos de una jornada de confrontación: sólo se necesita tener compasión por el otro. Y volquetadas de valentía.

 

 

Antes que nada, entender el Nivel Jennifer


Las gafas de protección que había comprado en primera instancia en Homecenter para ir a hacer mi reportería no eran las adecuadas. Me lo dejó súper claro Jennifer Cardona –enfermera, cofundadora de REDPAS y Comandante de Incidente de las brigadas de Bogotá–, cuando le mandé foto de las gafas para cerciorarme que sí había comprado las indicadas:

“No, mujer, consigue unas de alto impacto. Esas gafas son de laboratorio, para trabajar sustancias químicas, y, si bien te ayudan a proteger del gas, si te llega a caer un proyectil en el ojo, te va a estallar la gafa y te va a lastimar más el ojo. Mientras que unas de alto impacto trancan el golpe”. Jennifer habla de potenciales heridas graves como si me estuviera explicando qué bus coger o cómo hacerme una trenza: domina el arte de mantener la calma.

La vi serena atendiendo a un chico que tenía impactos múltiples en la espalda y el pecho y que no se podía mover. Serena comunicándonos sin aspavientos que la razón por la cual, a pesar de que vemos dos tanquetas, Fuerza Disponible y Esmad parqueados en la intersección de Yomasa de cara a la Primera Línea y a pesar de que la Policía ya tiene orden de intervención, las cosas no arrancan aún porque falta por llegar un comandante y un escuadrón completo. Lo sabe porque integra el Puesto de Mando Unificado que fue instalado por la alcaldesa para la jornada.

Jennifer coordina los esquemas de la organización a lo largo de la ciudad en cada confrontación anunciada. Sutura y consigue donaciones para REDPAS. Puede llegar a desayunar a las 5 de la tarde porque se la pasó todo el día en reuniones interlocutando con el distrito. Jennifer atiende por igual a muchachos de Primera Línea y a policías.

Para Jennifer el esquema se acaba cuando todos y cada uno de los brigadistas reportan que llegaron a sus casas. Y es ella quien comunica a sus brigadistas tajantemente que las brigadas se recogen inmediatamente se comprueba que ha habido accionar de arma de fuego en el territorio.

Ya son las 3:30. Seguimos a la espera. Los bandos enfrentados parecen dos equipos de fútbol esperando a que el árbitro lance la pelota al aire para poder empezar el partido. Pasa un señor vendiendo cigarrillos. Hace calor. Llega la Minga.

 

No es un mal sueño: esto es real*

Claras y soleadas son las cuatro y treinta de la tarde que reciben a un tropel que se ha venido incubando todo el día. Julián –médico de la Universidad de Antioquia– se cerciora de que mis famosas gafas en efecto vayan a cumplir con su tarea: les echa Aceite Johnson’s en los lentes para que no se empañen, y pone Micropore™ sobre los malvados agujeros que trae el marco, listos a dejar penetrarse por vahos indeseables.

Es verdad que tengo un casco blanco que dice «prensa» y un chaleco azul que me “hace” brigadista con el propósito de que nadie arremeta contra mí. Es verdad que traigo puestas unas gafas de alto impacto y una máscara para gases lacrimógenos, ambas cosas una rareza entre los chicos de la Primera Línea: la gran mayoría tiene los ojos descubiertos y un insuficiente pedazo de tela negra cubriendo su nariz, boca y cuello. Mierda, es verdad que estoy aquí.

Esto es una batalla campal. Una nube pavorosa de disparos humeantes; una lluvia de piedras. Es por eso que Camilo y yo estamos medio escapados de la casa: porque en un tropel los milímetros son la diferencia entre perder un ojo o no; porque en un tropel la vida es dos veces frágil y la muerte puede asomar su nariz en un descuido.

El tropel es sobre la vía (sobre la Caracas misma). Los brigadistas (yo incluida) y los chismosos nos movemos sobre los andenes, procurando andar lo más pegados que podemos a las paredes de las casas y las tiendas. Cuando el Esmad arremete, la Primera Línea corre calle arriba en dirección al oriente huyendo así de la vía principal. Por momentos, caravanas de motos nos sorprenden llegando desde callejones por debajo de la Caracas, y los matrimonios zumban de aquí para allá sembrando temor.

Estoy recomendada a Cindy, que hoy es Comandante de Incidente de la Brigada Usme. Cindy es bióloga. Tiene la muy difícil tarea de velar por la integridad de los brigadistas y de tomar decisiones in situ bajo presión y bajo riesgo. Procuro caminar a su lado, pero el desplazamiento es frenético y accidentado y no siempre se hace fácil seguirle los pasos. Cuando la pierdo de vista me invade el miedo. ¿Es esto una balacera? Las aturdidoras suenan como tiros y no es obvio para mí que hacen parte de las consabidas “armas no letales” del Esmad.

 

 

¡Estamos a tan escasos metros del tropel! Y eso que hay grupos de brigadistas en aún más extremas condiciones de riesgo que hacen la labor de extracción de heridos desde el centro de la confrontación: las Avanzadas.

Los muchachos de Primera Línea no arremeten en lo absoluto contra las brigadas, pero recibir una pedrada por accidente no se descarta. Ahora bien: cada vez que los agentes del Esmad se acercan, mi corazón late pidiendo a gritos que no me salen que se respete mi vida. Por ridículo que parezca, la única manera que tenemos de proteger nuestra vida cuando todo es caos y se sobreviene la arremetida en dirección a nuestro andén, es alzar las manos en señal de desarme.

Por eso cuando siento que el peligro me husmea de cerca, cuando me siento cerca a desplomarme de la angustia, me cuelgo con abandono y desespero, o del brazo de Juan Pablo (su joven y hermosa mirada aun debajo de las gafas de protección me tranquiliza), o del brazo de El Profe de Química (sus canas me dan la sensación de papá que mi existencia necesita). Seguramente con el pasar de los días revisitaré mis recuerdos de Juan Pablo y de El Profe de Química, y suspiraré.

[*Nota: todos los personajes nombrados en este apartado son brigadistas de REDPAS Bogotá y del Bloque Popular de Salud de Medellín.]

 

De botiquines, menjurjes y gaseadas


Hay muchas personas bonitas entre el grupo de brigadistas: El Profe Alex, que dicta artes escénicas y teatro; Lina, estudiante de pedagogía infantil que en un momento del día apoyó el traslado que entre siete debieron hacer de un muchacho que cayó inconsciente y debió ser llevado al Punto Fijo de Salud; Juan, designado para coordinar las comunicaciones que le aseguran a las brigadas un desplazamiento seguro, y que hoy guía a la delegación de Medellín; Carol Natalia, una chica de 20 años que se encarga de la muy importante tarea de tomar fotos y datos de cada herido (sexo, edad y afectación) para llevar el registro del día; Laura, la estudiante de veterinaria que en la jornada alcanzó a rehabilitar a dos perros callejeros.

Los brigadistas cargan un botiquín básico para auxiliar a los heridos que contiene solución salina para el lavado de heridas y quemaduras, muchas gasas, vendas, guantes, esparadrapo o Micropore™, analgésicos para el dolor, agua, tijeras, cremas para quemaduras. Cargan, también, el líquido blanco insignia de quienes auxilian a víctimas de gases lacrimógenos: el neutralizador.

Brigadista que se respete tiene su propio envase de plástico con spray para administrar el líquido neutralizador en cara, ojos y boca a todo afectado por gases lacrimógenos. Tiene múltiples preparaciones (que hasta incluyen fécula de maíz), aunque el compuesto base e indispensable es el clásico hidróxido de aluminio que venden en el mercado como antiácido. Precisamente porque los gases lacrimógenos son altamente ácidos generan irritación en ojos, boca y vías aéreas. Los neutralizadores alcalinizan la zona afectada, mitigando así el daño y el ardor.

Más temprano, recién aterricé en el tropel, tuve una noción de lo que es un gas lacrimógeno: no me pareció fuerte y rápidamente se fue. Ahora atardece y Pedro Pablo -brigadista paisa, médico en formación- y yo estamos acurrucados alrededor de un chico que tiene una herida sangrando en la frente. Pedro Pablo lo auxilia. Yo me dispongo a tomar notas. Lo que pasa, o más bien lo que percibo después, es que no puedo respirar. Es una sensación silenciosa, desamparada: un tiquete a la película muda que alguien está viendo en algún lugar recóndito de la galaxia. A mí el gas lacrimógeno me huele a anestesia inhalada mezclada con pánico. Una sola frase aterriza en mi cabeza: “mi mamá me dijo que no viniera”.

 

 

Por cliché que les parezca, nos acaba de caer un gas lacrimógeno a un metro de distancia. Acabo de ser gaseada exactamente en la Avenida Caracas con Calle 78A Sur; sangre llamó gas y en un segundo hubo clorobenzilideno malononitrilo para nuestras ávidas narices. Si bajo la escandalosa máscara para gases lacrimógenos que parece de ingeniero de planta nuclear yo sentí morir, no quiero ni imaginar lo que siente un chico de Primera Línea que tiene sobre nariz, boca y cuello un pedazo de tela como única protección. Para muchos chicos de Primera Línea la único que mitiga los efectos del gas es el humo que despiden los fuegos construidos en mitad de calle. El humo absorbe el gas lacrimógeno y lo disipa.

Disipado el gas, me quito la máscara. Mocos por todas partes. Es un buen momento para recordar que, en cumplimiento de los estándares internacionales para el uso de armas no letales, el Esmad siempre debería tirar los gases para arriba en movimiento parabólico; nunca directamente a los manifestantes. Por las inscripciones en los casquetes de los gases que quedan como basura en la calle (fecha y lote) se sabe que algunos de los gases de hoy estaban vencidos. Los gases vencidos son más dañinos.

Lo único que quiero es toser y es lo que los brigadistas a mi alrededor me dicen que procure evitar. Es casi imposible no toser, aunque sería ideal no hacerlo cuando el gas no se ha terminado de disipar: toser es expulsar todo el aire de los pulmones, pero implica una inspiración posterior profunda por la boca que es un pasaje directo del gas hacia los pulmones. Y entonces Pedro Pablo me auxilia a mí. Me rocía neutralizador en los ojos y en la boca. La indicación es hacer gárgaras y escupirlo: así se barre el gas y se le ayuda al cuerpo a expulsar el ácido. Mamá: me gasearon.

 

 

Por la noche


Son las 7pm. Es verdaderamente heroico seguir siendo brigadista a estas horas, seguir prestando enteramente por voluntad un servicio a los heridos en medio de la confrontación, y claramente yo no tengo el valor para hacerlo. Decido moverme a Punto Fijo: el lugar a donde son llevados los enfermos de gravedad y que sirve de base de operaciones de REDPAS y del BPS.

Nos cae la noche encima y yo, la verdad, lo único que quiero es irme a mi casa. No es precisamente una pataleta: de noche los gatos son pardos, y las reporteras estrenando tropel dando vueltas por ahí son un despropósito. Hasta podrían ser una piñata para la Sijín, nunca se sabe. A esta hora la confrontación se congrega montaña arriba en el Barrio La Andrea. Hay fogata prendida junto a la Parroquia San Atanasio y la agitación en las calles no da noticias de que la jornada vaya a acabar pronto.

Lo común es que en jornadas de confrontación el Punto Fijo sea un área acordonada en la calle. Pero el Punto Fijo de la Brigada de Usme es el salón comunal Almirante Padilla ubicado en el barrio de nombre homónimo: un espacio en el que se hace un verdadero y bello ejercicio comunitario en el que varios actores de la comunidad se ponen al servicio de la Primera Línea y de los brigadistas. Parece que estuviera el barrio entero ayudando: el ambiente es de servicio, alegría y solidaridad. Este lugar es un auténtico hospital comunitario en territorio de confrontación.

Aquí Doña Marcela, la presidenta de la Junta de Acción Comunal, tiene mudas de ropa a disposición de los muchachos a los que las tanquetas les dieron un desagradable y helado “chapuzón”. Esta noche Don Polo se entrega a la importantísima tarea de custodiar la puerta en momentos en que se debe preservar el lugar de aglomeraciones, visitas indeseadas y hasta infiltraciones. En el día cocinó 100 almuerzos para los brigadistas y la comunidad: un sancocho vegetariano con tremendo recado -papa, yuca, plátano, arracacha que alcanzó hasta para nosotros los periodistas. Aquí Doña Rubi recibe a los pacientes más graves y se encarga de los trámites para trasladarlos a los centros de salud: es la cuidadora, la mamá de todos. Aquí la Cruz Roja interviene, diligente.

Los insumos de primeros auxilios en Punto Fijo con los que se atiende a los heridos son en su totalidad donaciones: hilo y agujas para suturar, Sulfaplata® (crema para quemaduras), solución salina, Isodine®, guantes, algodón, jeringas, gasas, vendas elásticas, Micropore™, mantas, pinzas, férulas, bolsas de plástico estéril (sirven para preservar dientes o miembros amputados), agua estéril, Xylocaína® (anestésico local).

 

Los heridos


A lo largo de la tarde vi, en la confrontación en calle, sobre todo quemaduras y fuertes irritaciones por impactos de gases lacrimógenos.

Estos son algunos de los chicos que esta noche están recuperándose en Punto Fijo:

Diego, un chico de 17 años a quien le explotó una granada en el pie izquierdo, causándole una quemadura de primer grado y que su zapato quedara inservible. “Le tocó estrenar tennis”, le dice en tono amable el voluntario de La Cruz Roja que lo atiende.
Christian, que no dilata pupilas y está completamente pasmado. No se sabe con certeza qué le pasó pero parece que está gaseado. “¿Qué día es hoy? ¿Dónde estás? ¿Cuántos dedos hay acá?”, le preguntan los brigadistas. No reacciona por un tiempo largo, pero le ponen oxígeno y poco a poco se va recuperando hasta salir del Punto Fijo por sus propios medios.


Juan David, uno de los heridos más graves de la noche: tuvo un impacto de gas lacrimógeno en la cabeza y necesita sutura. Lo atiende Patricia, voluntaria de la Cruz Roja.


Un vecino que recibió una pedrada de puro de malas: estaba lejos de la confrontación y simplemente pasaba por una de las calles del barrio. Tanto él como su esposa reaccionan al incidente con humor: el señor es vendado en la cabeza y dice que cuando llegue a la casa, sus hijos van a pensar que su papá se disfrazó de momia hoy.

Llega a Punto Fijo un hombre de 52 años que sufrió una caída, se pegó en el hombro y ahora tiene una luxación en el húmero, el hueso que se extiende brazo abajo desde los hombros hasta el codo. Quiere decir que el hueso se separó de la articulación que lo amarra al hueso contiguo y permite el movimiento. El señor es atendido por Michael, un brigadista del bloque de Medellín, fisioterapeuta de profesión, quien determina que para volver a encajarle la articulación al señor se debe ejecutar una maniobra de precisa quiropráctica: empujar el brazo hacia arriba y ligeramente hacia atrás para dejar bien sentado al hueso en la articulación y que el brazo no quede colgando.

“¡Juan Fernando!”. Michael se asoma al corredor y llama a su compañero, que resulta ser un fornido estudiante de enfermería de 1.93 metros de altura. No puedo pensar en nadie más en la existencia que pueda ejecutar la maniobra con más pericia que él. “Si este man no le acomoda el brazo, no se lo acomoda nadie”, le dice Michael al paciente. Juan Fernando hace dos intentos pero es una hazaña que no puede ser cumplida: pasó mucho tiempo desde el momento en que el señor sufrió el accidente hasta que los brigadistas tuvieron la oportunidad de auxiliarlo, y ahora que la inflamación ha crecido, no sólo resulta cada vez más doloroso ejecutar la maniobra, sino que los tendones circundantes ya han empezado a cerrar el espacio articular, lo cual hace difícil acomodar el hueso.

Lo doloroso es que el señor no tiene EPS sino Sisbén, razón por la cual Michael y Juan Fernando tratan a toda costa de remediar la luxación: saben que muy probablemente el Sisbén no le va a cubrir la radiografía que va a necesitar y que es muy posible que la tenga que pagar de manera particular con dinero que no sabemos qué tan fácil le vaya a quedar conseguir.

Lejos de estigmatizar y tildar de pobre a una persona que no conozco, decido poner las cosas de esta manera porque estuve desempleada por largos períodos de tiempo y sé perfectamente qué es no poder pagar la salud. Juan Fernando y Michael saben de sobra que no todas las historias clínicas tienen finales felices. Aún así amanecerá el día de la próxima movilización y saldrán de casa portando el chaleco amarillo. Gente con grandeza en esta vida.

 

[*Nota1: por confidencialidad médica me reservo los verdaderos nombres de los pacientes presentados a continuación. He escogido para ellos seudónimos con el propósito específico de proteger su identidad.]

[*Nota2: La delegación de brigadistas REDPAS Usme me autorizó relatar los casos médicos presentados a continuación bajo promesa de proteger la identidad de los protagonistas]

 

 

 

Epílogo

Son las 10:10 de la noche y de afuera llega el rumor de que “están echando bala”, y por eso la orden es que la Brigada de Usme, hoy conformada por 16 chalecos azules y 22 amarillos, se repliega. El comentario general es que hoy la cosa estuvo “suave”, y el registro de heridos lo comprueba: hoy, comparado con otros días de confrontación, no hubo tantos heridos de gravedad. Y yo que sentí pánico no una, sino varias veces.

El rango de edad de los muchachos atendidos por la Brigada de Usme está ente los 15 y los 24 años. El Profe de Química ha graduado a centenas de estudiantes que no logran llegar a la educación superior. A veces se los encuentra en la Primera Línea. Le duele verlos trabajando en cualquier cosa –o en nada– y sabe que los primeros auxilios que las brigadas les prestan es casi siempre el único servicio de salud al que pueden acceder.

A los agentes del Esmad los vi en la ceremonia bélica de siempre. Pero Michael, que hoy hizo extracción de un herido que quedó tendido en la mitad de la protesta entre la Primera Línea y el Esmad –un muchacho de 19 o 20 años que fue golpeado en el fémur por una granada de fragmentación-, me recuerda que las víctimas en este país son un río revuelto en el que todos los días se ahogan las oportunidades. “El problema es del pueblo y el pueblo son el empleado del estado y el que está en contra del estado”, puntualiza Michael.

Después de haber pasado el día con los brigadistas tengo la certeza de que quedarse cruzado de brazos siempre será una opción, y que, precisamente por eso, poner el pecho de la manera en que vi a estos seres humanos hacerlo por personas desconocidas, es un acto de una magnanimidad inconmensurable que incluso muchos criticarán.

Si antes creía tener mi criterio claro, atento y consciente de cara a este cruel conflicto entre hijos de una misma nación, hoy de camino a casa no puedo pensar en bandos: sólo deseo que nadie haya perdido la vista hoy.

Para lo normal, lo esperable, lo predecible, las manos sobran. “Lo imposible cuesta un poco más, y derrotados son sólo aquellos que bajan los brazos y se entregan” – Pepe Mujica.

Publicado enFotorreportajes
Miércoles, 28 Julio 2021 08:43

Usmekistán: Guardianes de chaleco

Usmekistán: Guardianes de chaleco


«Usmekistán» le dicen por estos tiempos. La localidad de Usme –que casi cierra Bogotá por el suroriente– tiene un récord de 22 horas de confrontación entre la Fuerza Pública y las Primeras Líneas. Pero el lugar no sólo es casa de enemigos declarados: es casa, también, de un puñado de brigadistas que vinieron a poner el pellejo en un profundo acto de humanidad que salva vidas y mitiga los crueles dolores de los heridos.

 

«Usmekistán» porque de Oriente Medio ha venido llegando durante el Paro Nacional a la localidad de Usme el estrépito de guerras sin fin en países lejanos: un grito callado que resuena por entre las calles y hoy se vuelve campo de batalla en la tarde-noche del 20 de Julio de 2021. Este año la conmemoración de la independencia pasa de agache, pues desde hace tres meses en Colombia los ojos están puestos en guerras de ciudad que se ponen fecha y hora para enfrentar a quienes por ser hijos de una misma patria son hermanos.

En esta ocasión debo meter la cucharada hasta el fondo y hacer parte del relato porque, por ser la primera vez que asisto a un tropel, puedo, a través de mi absoluta perplejidad respecto de lo que vi y viví en Usme, a través del desmedido miedo que sentí al estar a escasos metros de lo que es un verdadero campo de batalla sin Dios ni ley en el que el Esmad y los chicos de Primera Línea pelean, venir a recordarnos que no debería ser normal una tanqueta en un barrio y que un gas lacrimógeno no es nada menos que un arma química.

Vine a por la historia de seres humanos que –me consta, mucho me consta–, deciden adentrarse en un bosque cementoso de enormes e inauditos peligros por una razón que sólo puede explicarse como un acto de profunda e insondable humanidad: son los brigadistas que salen a atender a los heridos de las jornadas de confrontación entre la Fuerza Pública y las Primeras Líneas, bandos enemigos plenamente establecidos durante el Paro Nacional. Aquí no le pagan a nadie. Los brigadistas son entera generosidad y todo corazón.

Hoy la confrontación es sobre la Caracas y se desplaza de sur a norte: inicia en la intersección de Yomasa (5.5 kilómetros al norte de donde empieza la Vía Bogotá-Villavicencio), pasará por los bordes de los barrios Gran Yomasa, La Andrea y Almirante Padilla (que nacen en el costado oriente de la Caracas y se despliegan montaña arriba) hasta llegar, al menos hasta que anocheció, al borde sur del barrio Santa Librada, donde está el Puente de la Dignidad: ese espacio ganado, ese símbolo de la Primera Línea de Usme que no sólo es confrontación: el puente, en el marco de la movilización social en la localidad, ha sido encuentro, conciertos, sancochos nocturnos en ollas comunitarias.

Los brigadistas del día son dos grupos de seres humanos que, sin duda, tienen el medidor de pánico calibrado distinto al de uno. Los de chaleco azul –16– pertenecen a la Misión Médica de REDPAS: la Red Popular de Primeros Auxilios sección Bogotá. Los de chaleco amarillo –22– son visita: muchachos que son parte del Bloque Popular de Salud de Medellín (BPS). Hoy hacen equipo en la tarea humanitaria y casi incomprensible de auxiliar a los heridos del tropel. Son grupos populares porque nacieron en el seno de los barrios y agrupan a ciudadanos del común con vocación de servicio y sentido de pertenencia por la comunidad que integran. También hacen presencia Derechos Humanos y los Gestores de Convivencia del Distrito, a quienes se distingue por sus chaquetas rojas.

Brigadista puede ser cualquier persona con la voluntad de salir a ayudar. No se necesita ser profesional de la salud para brindar primeros auxilios a los heridos de una jornada de confrontación: sólo se necesita tener compasión por el otro. Y volquetadas de valentía.

 

 

Antes que nada, entender el Nivel Jennifer


Las gafas de protección que había comprado en primera instancia en Homecenter para ir a hacer mi reportería no eran las adecuadas. Me lo dejó súper claro Jennifer Cardona –enfermera, cofundadora de REDPAS y Comandante de Incidente de las brigadas de Bogotá–, cuando le mandé foto de las gafas para cerciorarme que sí había comprado las indicadas:

“No, mujer, consigue unas de alto impacto. Esas gafas son de laboratorio, para trabajar sustancias químicas, y, si bien te ayudan a proteger del gas, si te llega a caer un proyectil en el ojo, te va a estallar la gafa y te va a lastimar más el ojo. Mientras que unas de alto impacto trancan el golpe”. Jennifer habla de potenciales heridas graves como si me estuviera explicando qué bus coger o cómo hacerme una trenza: domina el arte de mantener la calma.

La vi serena atendiendo a un chico que tenía impactos múltiples en la espalda y el pecho y que no se podía mover. Serena comunicándonos sin aspavientos que la razón por la cual, a pesar de que vemos dos tanquetas, Fuerza Disponible y Esmad parqueados en la intersección de Yomasa de cara a la Primera Línea y a pesar de que la Policía ya tiene orden de intervención, las cosas no arrancan aún porque falta por llegar un comandante y un escuadrón completo. Lo sabe porque integra el Puesto de Mando Unificado que fue instalado por la alcaldesa para la jornada.

Jennifer coordina los esquemas de la organización a lo largo de la ciudad en cada confrontación anunciada. Sutura y consigue donaciones para REDPAS. Puede llegar a desayunar a las 5 de la tarde porque se la pasó todo el día en reuniones interlocutando con el distrito. Jennifer atiende por igual a muchachos de Primera Línea y a policías.

Para Jennifer el esquema se acaba cuando todos y cada uno de los brigadistas reportan que llegaron a sus casas. Y es ella quien comunica a sus brigadistas tajantemente que las brigadas se recogen inmediatamente se comprueba que ha habido accionar de arma de fuego en el territorio.

Ya son las 3:30. Seguimos a la espera. Los bandos enfrentados parecen dos equipos de fútbol esperando a que el árbitro lance la pelota al aire para poder empezar el partido. Pasa un señor vendiendo cigarrillos. Hace calor. Llega la Minga.

 

No es un mal sueño: esto es real*

Claras y soleadas son las cuatro y treinta de la tarde que reciben a un tropel que se ha venido incubando todo el día. Julián –médico de la Universidad de Antioquia– se cerciora de que mis famosas gafas en efecto vayan a cumplir con su tarea: les echa Aceite Johnson’s en los lentes para que no se empañen, y pone Micropore™ sobre los malvados agujeros que trae el marco, listos a dejar penetrarse por vahos indeseables.

Es verdad que tengo un casco blanco que dice «prensa» y un chaleco azul que me “hace” brigadista con el propósito de que nadie arremeta contra mí. Es verdad que traigo puestas unas gafas de alto impacto y una máscara para gases lacrimógenos, ambas cosas una rareza entre los chicos de la Primera Línea: la gran mayoría tiene los ojos descubiertos y un insuficiente pedazo de tela negra cubriendo su nariz, boca y cuello. Mierda, es verdad que estoy aquí.

Esto es una batalla campal. Una nube pavorosa de disparos humeantes; una lluvia de piedras. Es por eso que Camilo y yo estamos medio escapados de la casa: porque en un tropel los milímetros son la diferencia entre perder un ojo o no; porque en un tropel la vida es dos veces frágil y la muerte puede asomar su nariz en un descuido.

El tropel es sobre la vía (sobre la Caracas misma). Los brigadistas (yo incluida) y los chismosos nos movemos sobre los andenes, procurando andar lo más pegados que podemos a las paredes de las casas y las tiendas. Cuando el Esmad arremete, la Primera Línea corre calle arriba en dirección al oriente huyendo así de la vía principal. Por momentos, caravanas de motos nos sorprenden llegando desde callejones por debajo de la Caracas, y los matrimonios zumban de aquí para allá sembrando temor.

Estoy recomendada a Cindy, que hoy es Comandante de Incidente de la Brigada Usme. Cindy es bióloga. Tiene la muy difícil tarea de velar por la integridad de los brigadistas y de tomar decisiones in situ bajo presión y bajo riesgo. Procuro caminar a su lado, pero el desplazamiento es frenético y accidentado y no siempre se hace fácil seguirle los pasos. Cuando la pierdo de vista me invade el miedo. ¿Es esto una balacera? Las aturdidoras suenan como tiros y no es obvio para mí que hacen parte de las consabidas “armas no letales” del Esmad.

 

 

¡Estamos a tan escasos metros del tropel! Y eso que hay grupos de brigadistas en aún más extremas condiciones de riesgo que hacen la labor de extracción de heridos desde el centro de la confrontación: las Avanzadas.

Los muchachos de Primera Línea no arremeten en lo absoluto contra las brigadas, pero recibir una pedrada por accidente no se descarta. Ahora bien: cada vez que los agentes del Esmad se acercan, mi corazón late pidiendo a gritos que no me salen que se respete mi vida. Por ridículo que parezca, la única manera que tenemos de proteger nuestra vida cuando todo es caos y se sobreviene la arremetida en dirección a nuestro andén, es alzar las manos en señal de desarme.

Por eso cuando siento que el peligro me husmea de cerca, cuando me siento cerca a desplomarme de la angustia, me cuelgo con abandono y desespero, o del brazo de Juan Pablo (su joven y hermosa mirada aun debajo de las gafas de protección me tranquiliza), o del brazo de El Profe de Química (sus canas me dan la sensación de papá que mi existencia necesita). Seguramente con el pasar de los días revisitaré mis recuerdos de Juan Pablo y de El Profe de Química, y suspiraré.

[*Nota: todos los personajes nombrados en este apartado son brigadistas de REDPAS Bogotá y del Bloque Popular de Salud de Medellín.]

 

De botiquines, menjurjes y gaseadas


Hay muchas personas bonitas entre el grupo de brigadistas: El Profe Alex, que dicta artes escénicas y teatro; Lina, estudiante de pedagogía infantil que en un momento del día apoyó el traslado que entre siete debieron hacer de un muchacho que cayó inconsciente y debió ser llevado al Punto Fijo de Salud; Juan, designado para coordinar las comunicaciones que le aseguran a las brigadas un desplazamiento seguro, y que hoy guía a la delegación de Medellín; Carol Natalia, una chica de 20 años que se encarga de la muy importante tarea de tomar fotos y datos de cada herido (sexo, edad y afectación) para llevar el registro del día; Laura, la estudiante de veterinaria que en la jornada alcanzó a rehabilitar a dos perros callejeros.

Los brigadistas cargan un botiquín básico para auxiliar a los heridos que contiene solución salina para el lavado de heridas y quemaduras, muchas gasas, vendas, guantes, esparadrapo o Micropore™, analgésicos para el dolor, agua, tijeras, cremas para quemaduras. Cargan, también, el líquido blanco insignia de quienes auxilian a víctimas de gases lacrimógenos: el neutralizador.

Brigadista que se respete tiene su propio envase de plástico con spray para administrar el líquido neutralizador en cara, ojos y boca a todo afectado por gases lacrimógenos. Tiene múltiples preparaciones (que hasta incluyen fécula de maíz), aunque el compuesto base e indispensable es el clásico hidróxido de aluminio que venden en el mercado como antiácido. Precisamente porque los gases lacrimógenos son altamente ácidos generan irritación en ojos, boca y vías aéreas. Los neutralizadores alcalinizan la zona afectada, mitigando así el daño y el ardor.

Más temprano, recién aterricé en el tropel, tuve una noción de lo que es un gas lacrimógeno: no me pareció fuerte y rápidamente se fue. Ahora atardece y Pedro Pablo -brigadista paisa, médico en formación- y yo estamos acurrucados alrededor de un chico que tiene una herida sangrando en la frente. Pedro Pablo lo auxilia. Yo me dispongo a tomar notas. Lo que pasa, o más bien lo que percibo después, es que no puedo respirar. Es una sensación silenciosa, desamparada: un tiquete a la película muda que alguien está viendo en algún lugar recóndito de la galaxia. A mí el gas lacrimógeno me huele a anestesia inhalada mezclada con pánico. Una sola frase aterriza en mi cabeza: “mi mamá me dijo que no viniera”.

 

 

Por cliché que les parezca, nos acaba de caer un gas lacrimógeno a un metro de distancia. Acabo de ser gaseada exactamente en la Avenida Caracas con Calle 78A Sur; sangre llamó gas y en un segundo hubo clorobenzilideno malononitrilo para nuestras ávidas narices. Si bajo la escandalosa máscara para gases lacrimógenos que parece de ingeniero de planta nuclear yo sentí morir, no quiero ni imaginar lo que siente un chico de Primera Línea que tiene sobre nariz, boca y cuello un pedazo de tela como única protección. Para muchos chicos de Primera Línea la único que mitiga los efectos del gas es el humo que despiden los fuegos construidos en mitad de calle. El humo absorbe el gas lacrimógeno y lo disipa.

Disipado el gas, me quito la máscara. Mocos por todas partes. Es un buen momento para recordar que, en cumplimiento de los estándares internacionales para el uso de armas no letales, el Esmad siempre debería tirar los gases para arriba en movimiento parabólico; nunca directamente a los manifestantes. Por las inscripciones en los casquetes de los gases que quedan como basura en la calle (fecha y lote) se sabe que algunos de los gases de hoy estaban vencidos. Los gases vencidos son más dañinos.

Lo único que quiero es toser y es lo que los brigadistas a mi alrededor me dicen que procure evitar. Es casi imposible no toser, aunque sería ideal no hacerlo cuando el gas no se ha terminado de disipar: toser es expulsar todo el aire de los pulmones, pero implica una inspiración posterior profunda por la boca que es un pasaje directo del gas hacia los pulmones. Y entonces Pedro Pablo me auxilia a mí. Me rocía neutralizador en los ojos y en la boca. La indicación es hacer gárgaras y escupirlo: así se barre el gas y se le ayuda al cuerpo a expulsar el ácido. Mamá: me gasearon.

 

 

Por la noche


Son las 7pm. Es verdaderamente heroico seguir siendo brigadista a estas horas, seguir prestando enteramente por voluntad un servicio a los heridos en medio de la confrontación, y claramente yo no tengo el valor para hacerlo. Decido moverme a Punto Fijo: el lugar a donde son llevados los enfermos de gravedad y que sirve de base de operaciones de REDPAS y del BPS.

Nos cae la noche encima y yo, la verdad, lo único que quiero es irme a mi casa. No es precisamente una pataleta: de noche los gatos son pardos, y las reporteras estrenando tropel dando vueltas por ahí son un despropósito. Hasta podrían ser una piñata para la Sijín, nunca se sabe. A esta hora la confrontación se congrega montaña arriba en el Barrio La Andrea. Hay fogata prendida junto a la Parroquia San Atanasio y la agitación en las calles no da noticias de que la jornada vaya a acabar pronto.

Lo común es que en jornadas de confrontación el Punto Fijo sea un área acordonada en la calle. Pero el Punto Fijo de la Brigada de Usme es un salón comunal de la zona: un espacio en el que se hace un verdadero y bello ejercicio comunitario en el que varios actores de la comunidad se ponen al servicio de la Primera Línea y de los brigadistas. Parece que estuviera el barrio entero ayudando: el ambiente es de servicio, alegría y solidaridad. Este lugar es un auténtico hospital comunitario en territorio de confrontación.

Esta noche Don Polo se entrega a la importantísima tarea de custodiar la puerta en momentos en que se debe preservar el lugar de aglomeraciones, visitas indeseadas y hasta infiltraciones. En el día cocinó 100 almuerzos para los brigadistas y la comunidad: un sancocho vegetariano con tremendo recado -papa, yuca, plátano, arracacha- que alcanzó hasta para nosotros los periodistas. Aquí Doña Rubi, brigadista de Redpas, recibe a los pacientes más graves y se encarga de los trámites para trasladarlos a los centros de salud: es la cuidadora, la mamá de todos. Aquí la Cruz Roja interviene, diligente.

Los insumos de primeros auxilios en Punto Fijo con los que se atiende a los heridos son en su totalidad donaciones: hilo y agujas para suturar, Sulfaplata® (crema para quemaduras), solución salina, Isodine®, guantes, algodón, jeringas, gasas, vendas elásticas, Micropore™, mantas, pinzas, férulas, bolsas de plástico estéril (sirven para preservar dientes o miembros amputados), agua estéril, Xylocaína® (anestésico local).

 

Los heridos


A lo largo de la tarde vi, en la confrontación en calle, sobre todo quemaduras y fuertes irritaciones por impactos de gases lacrimógenos.

Estos son algunos de los chicos que esta noche están recuperándose en Punto Fijo:

Diego, un chico de 17 años a quien le explotó una granada en el pie izquierdo, causándole una quemadura de primer grado y que su zapato quedara inservible. “Le tocó estrenar tennis”, le dice en tono amable el voluntario de La Cruz Roja que lo atiende.
Christian, que no dilata pupilas y está completamente pasmado. No se sabe con certeza qué le pasó pero parece que está gaseado. “¿Qué día es hoy? ¿Dónde estás? ¿Cuántos dedos hay acá?”, le preguntan los brigadistas. No reacciona por un tiempo largo, pero le ponen oxígeno y poco a poco se va recuperando hasta salir del Punto Fijo por sus propios medios.


Juan David, uno de los heridos más graves de la noche: tuvo un impacto de gas lacrimógeno en la cabeza y necesita sutura. Lo atiende Patricia, voluntaria de la Cruz Roja.


Un vecino que recibió una pedrada de puro de malas: estaba lejos de la confrontación y simplemente pasaba por una de las calles del barrio. Tanto él como su esposa reaccionan al incidente con humor: el señor es vendado en la cabeza y dice que cuando llegue a la casa, sus hijos van a pensar que su papá se disfrazó de momia hoy.

Llega a Punto Fijo un hombre de 52 años que sufrió una caída, se pegó en el hombro y ahora tiene una luxación en el húmero, el hueso que se extiende brazo abajo desde los hombros hasta el codo. Quiere decir que el hueso se separó de la articulación que lo amarra al hueso contiguo y permite el movimiento. El señor es atendido por Michael, un brigadista del bloque de Medellín, fisioterapeuta de profesión, quien determina que para volver a encajarle la articulación al señor se debe ejecutar una maniobra de precisa quiropráctica: empujar el brazo hacia arriba y ligeramente hacia atrás para dejar bien sentado al hueso en la articulación y que el brazo no quede colgando.

“¡Juan Fernando!”. Michael se asoma al corredor y llama a su compañero, que resulta ser un fornido estudiante de enfermería de 1.93 metros de altura. No puedo pensar en nadie más en la existencia que pueda ejecutar la maniobra con más pericia que él. “Si este man no le acomoda el brazo, no se lo acomoda nadie”, le dice Michael al paciente. Juan Fernando hace dos intentos pero es una hazaña que no puede ser cumplida: pasó mucho tiempo desde el momento en que el señor sufrió el accidente hasta que los brigadistas tuvieron la oportunidad de auxiliarlo, y ahora que la inflamación ha crecido, no sólo resulta cada vez más doloroso ejecutar la maniobra, sino que los tendones circundantes ya han empezado a cerrar el espacio articular, lo cual hace difícil acomodar el hueso.

Lo doloroso es que el señor no tiene EPS sino Sisbén, razón por la cual Michael y Juan Fernando tratan a toda costa de remediar la luxación: saben que muy probablemente el Sisbén no le va a cubrir la radiografía que va a necesitar y que es muy posible que la tenga que pagar de manera particular con dinero que no sabemos qué tan fácil le vaya a quedar conseguir.

Lejos de estigmatizar y tildar de pobre a una persona que no conozco, decido poner las cosas de esta manera porque estuve desempleada por largos períodos de tiempo y sé perfectamente qué es no poder pagar la salud. Juan Fernando y Michael saben de sobra que no todas las historias clínicas tienen finales felices. Aún así amanecerá el día de la próxima movilización y saldrán de casa portando el chaleco amarillo. Gente con grandeza en esta vida.

 

[*Nota1: por confidencialidad médica me reservo los verdaderos nombres de los pacientes presentados a continuación. He escogido para ellos seudónimos con el propósito específico de proteger su identidad.]

[*Nota2: La delegación de brigadistas REDPAS Usme me autorizó relatar los casos médicos presentados a continuación bajo promesa de proteger la identidad de los protagonistas]

 

 

 

Epílogo

Son las 10:10 de la noche y de afuera llega el rumor de que “están echando bala”, y por eso la orden es que la Brigada de Usme, hoy conformada por 16 chalecos azules y 22 amarillos, se repliega. El comentario general es que hoy la cosa estuvo “suave”, y el registro de heridos lo comprueba: hoy, comparado con otros días de confrontación, no hubo tantos heridos de gravedad. Y yo que sentí pánico no una, sino varias veces.

El rango de edad de los muchachos atendidos por la Brigada de Usme está ente los 15 y los 24 años. El Profe de Química ha graduado a centenas de estudiantes que no logran llegar a la educación superior. A veces se los encuentra en la Primera Línea. Le duele verlos trabajando en cualquier cosa –o en nada– y sabe que los primeros auxilios que las brigadas les prestan es casi siempre el único servicio de salud al que pueden acceder.

A los agentes del Esmad los vi en la ceremonia bélica de siempre. Pero Michael, que hoy hizo extracción de un herido que quedó tendido en la mitad de la protesta entre la Primera Línea y el Esmad –un muchacho de 19 o 20 años que fue golpeado en el fémur por una granada de fragmentación-, me recuerda que las víctimas en este país son un río revuelto en el que todos los días se ahogan las oportunidades. “El problema es del pueblo y el pueblo son el empleado del estado y el que está en contra del estado”, puntualiza Michael.

Después de haber pasado el día con los brigadistas tengo la certeza de que quedarse cruzado de brazos siempre será una opción, y que, precisamente por eso, poner el pecho de la manera en que vi a estos seres humanos hacerlo por personas desconocidas, es un acto de una magnanimidad inconmensurable que incluso muchos criticarán.

Hoy de camino a casa no puedo pensar en bandos: sólo deseo que nadie haya perdido la vista hoy.

Para lo normal, lo esperable, lo predecible, las manos sobran. “Lo imposible cuesta un poco más, y derrotados son sólo aquellos que bajan los brazos y se entregan” – Pepe Mujica.

Publicado enColombia
El pase sanitario en Francia genera resistencia en medio de la cuarta ola

La variante Delta avanza al mismo tiempo que la oposición a las medidas se torna más dura

Existe una heterogeneidad de manifestantes: los chalecos amarillos, hostiles a todo lo que provenga del Estado, los antimáscaras, los antivacunas, los antipase sanitario y los anticuarentena. El gobierno apuesta a la dinámica ascendente de la vacunación.  

 

Un narrador perverso parece estar escribiendo sobre la piel de la realidad la novela del virus covid-19. Estimuladas por la pandemia, las situaciones son un brasero de contradicciones. Al cabo de cuatro días y cuatro noches de debates a menudo encarnizados, el Parlamento adoptó esta madrugada la extensión del pase sanitario (vacunación completa -las dos dosis-, prueba PCR negativa, o certificado de restablecimiento) necesario para ingresar en los lugares públicos con capacidad para más de 50 personas y que impone, además, la vacunación obligatoria para el personal de los hospitales y el aislamiento de las personas positivas. 

Tensiones por el pase sanitario

El pase debería entrar en vigor a principios de agosto, pero el trabajoso camino que tuvo que atravesar para ser aprobado traduce perfectamente las tensiones que genera tanto en la sociedad como en la clase política. El fin de semana pasado decenas de miles de personas volvieron a manifestar en toda Francia contra el pase sanitario y lo que muchos consideran como la “dictadura perfecta” porque, como lo expresa Anne, una mujer de 40 años empleada de banco, ”con eso del pase y la excusa de que nos van a curar o proteger, lo que va a ocurrir es que terminaremos todos en un fichero, vigilados, retratados, radiografiados y controlados”. Sin embargo, pese a la oposición y a la repetida destrucción de los centros de vacunación, Francia sobrepasó este martes el umbral del 50% de la población con un “esquema de vacuna completo”, es decir, las dos dosis de las vacunas disponibles (Moderna, AstraZeneca o Pfizer) o una de Janssen. Según la Dirección General de la Salud, 40.719.515 personas recibieron una dosis (60,4 % de la población) y 34.026.476 las dos (50,5 % de la población).

Los Jóvenes no vacunados

Aun se está lejos del porcentaje requerido para llegar a la inmunidad colectiva (90%) y el gobierno apuesta a que se mantenga la dinámica ascendente para completar el esquema lo más pronto posible en un momento crucial: con cada semana que transcurre la variante Delta del virus multiplica por dos los contagios. Aunque tiene perfiles distintos a las precedentes, hoy se admite que la “cuarta ola” ya se está desplegando en el país. En las ultimas 24 horas se registraron casi 23.000 nuevos casos contra poco más de 10 mil hace una semana. Esas infecciones recientes afectan, sobre todo, a los jóvenes que no se han vacunado. Todo parece ir en ascenso, de forma contradictoria: en la semana del 19 de julio se vacunaron 4,7 millones de personas en lo que fue, según el Ministerio de Salud, ”la mejor semana desde el principio de la campaña de vacunación en diciembre de 2020”. Sin embargo, la ola del virus crece al mismo tiempo que la oposición a las medidas se torna más dura. 

Movilizados 

La contestación federa a decenas de miles de personas movidas por razones distintas: los chalecos amarillos, hostiles a todo lo que provenga del Estado, los antimáscaras, los antivacunas, los antipase sanitario y los anticonfinamiento, cuyas reivindicaciones suelen ser un extraño cóctel de ideas proteiformes (complotistas, sospechas sobre la existencia de “un ente superior que controla a los gobierno”, certezas extraídas de los libros que difunden la idea de un colapso generalizado (el mundo se acaba). A sus 47 años y con un pasar confortable como agente inmobiliario, Etienne está muy convencido de que “las personas que se han vacunado morirán dentro de dos años. Es la lógica imparable de la humanidad. Los recursos se acaban, no alcanzan para todos. Hay que renovar la humanidad, una guerra a escala global no es posible y el virus y la vacuna han sido la coartada perfecta. Primero mataron a los viejos y ahora a los jóvenes rebeldes que no aceptan la vacunación”. 

Las expresiones que más se escuchan en las manifestaciones son “Libertad”, ”abajo la tiranía”. Dominique, un panadero de París, denuncia ante PáginaI12 “la transferencia de las lógicas de dominación: se recurrió a la lógica sanitaria para frenar el virus y, desde hace un par de semanas, con el anuncio de los rigores del pase sanitario, pasamos a la lógica de la seguridad”. 

Hay grupúsculos dentro de los anti vacunas que pusieron el pie más allá de la retórica y pasaron a la acción violenta: golpean y persiguen a los periodistas o destruyen o incendian los centros de vacunación (más de 15). Al frente de los anti se coló un oportunista oriundo del partido de extrema derecha dirigido por Marine Le Pen. Se trata de Florian Philippot, ex número dos de la ultraderecha y fundador del movimiento Patriotas. Philippot se autodefine como el “impulsor”, el “creador” del movimiento de los antivacunas. Es el quien grita en los megáfonos o los micrófonos “abajo la dictadura sanitaria, viva la libertad”, ”abajo el apartheid" (entre vacunados y no vacunados). Y en esa masa de ideas dispares y causas comunes están los resistentes, los tiernos, los que aceptan “el destino que se les impone, el destino de ser parias de la vacuna, excluidos de la sociedad”. 

Monique recopila con una inaudita paciencia creativa todo lo que va a hacer para que no la obliguen a vacunarse. La mujer de 57 años, con una carrera sólida en un centro comercial y dos hijos, dice: "a mi no me pondrán de rodillas. Ya pedí la jubilación. ¡ No pasarán !. Por las dudas, también compré un aparato para hacer el pan en mi casa, al cine no me hace falta ir porque para eso está Netflix, la comida se la pido a Uber Eats o la encargo por internet al supermercado y nadie me va a prohibir pasear por la calle. Jamás seré una cobaya de esta gente. Elijo con plena lucidez vivir de otra manera para que mi sistema inmunitario permanezca intacto”.

Los anti se han organizado con astucia. Ya existe un anuario de Francia con la lista de comercios, restaurantes, empresas y servicios que no exigen el pase sanitario y todo un dispositivo de ayuda mutua destinado a las personas que no “seguirán al rebaño de los vacunados”. Hay dos luchas instaladas: la del gobierno ante la urgencia de evitar que la extensión del virus vuelva a contaminar a los más frágiles, y la de los antivax, empeñados en que sus cuerpos “sociales y genéticos” (Monique) no sean contaminados por la vacuna.

27/07/2021

Desde París

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Publicado enInternacional
Fuentes: Público

«Cualquier móvil se puede convertir en un dispositivo de escucha, incluso apagado, por eso yo no tengo. No acepto la tecnología digital injusta», dispara Richard Stallman (Nueva York, 1953) a modo de presentación cuando el periodista saca el aparato para usarlo de grabadora. Stallman, un mito viviente del movimiento en defensa de una informática ética tiene tics de gurú. Habla con seguridad y de forma tajante. Hay cosas que son cómo son y no necesita desarrollarlas, aunque la afabilidad en el trato o detalles como que pare la conversación para escuchar el canto de un pájaro, revelan una gran humanidad.

Ante la pregunta de si se puede vivir sin utilizar ningún servicio digital programado con software privativo [aquel que es propiedad de una empresa y queda fuera del control del usuario, que no lo puede estudiar ni modificar] responde con un simple «yo lo hago». El precio a pagar podría parecer alto a muchas personas, Stallman no solo no tiene móvil, tampoco usa tarjeta de crédito: «Siempre pago en metálico. Si algún lugar no acepta el dinero en metálico, no quiero su producto». Aunque reconoce la dificultad creciente para realizar trámites oficiales sin pasar por el aro del software privativo. «Cada vez más webs de entes públicos cuentan con [el lenguaje de programación] JavaScript, que funciona enviando un programa a tu máquina para que se ejecute allí. Esta es una mala manera de hacer informática y los estados no tendrían que utilizarla», explica Stallman, quienes también reconoce que «por ahora evito los seguimientos, pero quizás en un futuro ya no podré».»Siempre pago en metálico. Si algún lugar no acepta el dinero en metálico, no quiero su producto»

Pero, ¿por qué es tan importante evitar ser seguidos? «Es una cuestión ética, lo que se encuentra en juego es nuestra libertad», continúa Stallman, quien alerta del peligro de «vender esta libertad a cambio de comodidades, de unas comodidades, además, que podrían existir igualmente, pero que alguien gana más dinero a base de controlarnos. Si no somos tontos, tenemos que reconocer donde nos lleva este camino y decidir no ir». Además, denuncia que el nivel de control cada vez va a más: «Por ejemplo, los últimos años han impuesto tener una cuenta de Microsoft, y es muy injusto vincular el uso de un programa a tener una cuenta con la empresa, es un motivo suficiente para rechazar el uso». «Cualquier programa que se ejecute a la máquina del usuario, si no es libre, es un instrumento de poder del amo del programa y somete el usuario, es el que queremos evitar desde el movimiento del software libre», continúa.

Stallman va más allá del simple resistencialismo individual. Cree más necesario que nunca un gran movimiento ciudadano que obligue a los gobiernos a legislar para impedir a las grandes empresas a recopilar datos del usuario, a menos que sea estrictamente necesario. «Y por necesario, me refiero a imprescindible, no tendría que servir como excusa incluir una pequeña funcionalidad para justificarlo. Por ejemplo, me he encontrado en ciudades europeas un sistema de pago de los aparcamientos municipales donde hay que incluir el número de matrícula. Es un abuso y una fórmula de controlar los movimientos de la ciudadanía. Tendría que estar prohibido por ley, puesto que hay muchos sistemas para hacerlo sin obligar a identificarse. La eficiencia no lo justifica, ni tampoco la comodidad. Incluso se pueden hacer pagos por teléfono de forma anonimizada, como por ejemplo con el sistema GNU Taler que estamos desarrollando».

«Tampoco me fío de los reglamentos de protección de datos, puesto que dan por supuesto que los datos se recogen, y después ya sabemos que en casos de emergencia todas estas normas acaban siendo papel mojado», continúa Stallman, por quien la única solución pasaría por «prohibir a las empresas la recogida. Este es el punto de resistencia y es donde podemos triunfar».

¿Serían suficientes estas leyes? ¿Se cumplirían? «Pienso que sí. Si fuera explícitamente ilegal y con penas duras, las empresas no se arriesgarían. Incluso se podría hacer en un solo país. Las empresas que quisieran operar allí tendrían que cumplir la ley y no recoger datos de los clientes que viven en el país». Ante las dificultades políticas y las presiones para impedir leyes en esta línea, asume que existen, pero pide no «convertir las dificultades en obstáculos que pueden hacer que el objetivo parezca inasumible».

En este punto de la conversación parece obligatorio sacar el ejemplo de las leyes antimonopolio aprobadas en los EEUU a finales del siglo XIX para impedir el control de todo el mercado de productos petroleros por parte de la Standard Oil. ¿Sería necesario romper Google? ¿La situación es similar? «Sí y no. Por un lado, Google no es un monopolio, hay alternativas a sus productos. Además, lo que hace es mucho peor. En el siglo XIX nadie te espiaba para comprar petróleo, pero Google sí que lo hace con sus usuarios. Si hubiera diez empresas cómo Google, las seguiría rechazando todas. Pero por otro lado, si el Gobierno americano de entonces prohibió los monopolios, es porque había una demanda popular en este sentido, un movimiento organizado. Este movimiento existió más o menos hasta 1980, cuando [Ronald] Reagan llega al poder. Reagan representaba a los ricos y aceptó darles ventajas y mucho más poder. A partir del 2000 se han ido creando trusts de empresas casi sin límites, corporaciones muy grandes que provocan que en muchos sectores industriales de los EEUU no haya prácticamente competencia».»Google no es un monopolio, hay alternativas a sus productos»

Otra consecuencia de los gobiernos republicanos ha sido la firma de tratados que imponen el «supremacismo empresarial, aunque normalmente se denominan tratados de libre comercio». Estos acuerdos, defiende Stallman, «tienen el propósito de transferir el poder de los estados a las grandes empresas. Por ejemplo, la empresa que quería construir el Keystone XL [un oleoducto entre Canadá y los EE. UU., suspendido por Barack Obama tras fuertes protestas de indígenas y ecologistas] acaba de exigir 16.000 millones de dólares al gobierno en indemnizaciones».

Por eso, Stallman reclama una gran movilización para obligar en los gobiernos a implementar leyes que acaben con las prácticas tecnológicas injustas. «La democracia se inventó en Atenas para que los pobres, si se unían, fueran más fuertes que los ricos. Ahora, la cuestión es saber si tenemos suficiente democracia para que los gobiernos que nos pertenecen nos defiendan, o se revela que en realidad son gobiernos de la plutocracia».

Por Joan Canela | 26/07/2021