Miércoles, 30 Junio 2021 05:59

Una memoria energizante

Una memoria energizante

Hoy 27 de junio de 2021, nuestra Comunidad de Paz de San José de Apartadó renovó la memoria de EDUAR LANCHERO, al cumplirse 9 años de muerte. Como de costumbre, a las 2:00 de la madrugada comenzaron a sonar con gran volumen las marchas fúnebres de los grandes clásicos de la música y la Comunidad se fue reuniendo junto a su tumba para la celebración eucarística. Su madre y sus hermanos se hicieron presentes desde Bogotá con sentidos mensajes y las lecturas de la Misa resaltaron nuevamente su talante de profeta y de servidor.

Eduar acompañó a nuestra Comunidad de Paz desde sus inicios. Cuando el ejército y los paramilitares bombardearon casi todas las veredas de San José, en respuesta a la Declaratoria pública de no participación en la guerra y de negativa a colaborar con cualquier estructura armada, provocando un gigantesco éxodo hacia el pequeño centro urbano, Eduar se ofreció a acompañar a los desplazados corriendo enormes riesgos en su vida, pues el caserío fue cercado inmediatamente por militares y paramilitares y fueron numerosas las víctimas fatales. Eduar fue detectado inmediatamente como inspirador de una resistencia que buscaba impedir el despojo masivo de tierras, que era el objetivo del bloque militar/paramilitar, y durante sus 15 años de acompañamiento tuvo que hacer frente a 25 intentos de asesinato, de los cuales salió ileso gracias a la protección de gentes de la Comunidad que detectaban a tiempo el peligro. Los montajes y calumnias urdidos por la Brigada XVII del ejército no tuvieron treguas y sus grados de suciedad no tuvieron parangón. Su salud se vio progresivamente comprometida y finalmente un cáncer muy agresivo lo llevó a la tumba el 27 de junio de 2012. Sus restos reposan en el centro del parque monumento a las víctimas de nuestra Comunidad y su memoria constituye una fuente de energía permanente que recuerda los ideales que le dieron nacimiento a nuestro proyecto de vida.

Eduar llegó a nuestra realidad impulsado por un fuerza interior que él mismo definió muchas veces como un deseo ardiente de “convertir el dolor en esperanza”. Y realmente lo logró. Su gran sabiduría, que supo compartir con todos nuestros líderes, lo llevaba a descubrir las trampas perversas mediante las cuales un sistema criminal busca cooptar a sus víctimas. Así se fue tejiendo nuestra resistencia que aún mantenemos con firmeza.

Al recordar con gratitud el regalo de su vida y su presencia entre nosotros, también hemos repasado el cuerpo de principios que le fue dando identidad a nuestra Comunidad de Paz y que él compendió en una exposición magistral que en este aniversario volvimos a escuchar para que continúen sirviéndonos de guía.

No repetimos la acostumbrada fórmula “paz en su tumba”, cuando esa “paz” se entiende como pasividad e inacción. Su tumba es más bien un lugar energizante de permanente cuestionamiento a todos nuestros intentos de ajuste pasivo al statu quo de muerte que nos envuelve. Repetimos, por el contrario, con convicción: EDUAR, SIGUES MÁS VIVO QUE NUNCA EN NUESTRA COMUNIDAD DE PAZ.

Comunidad de Paz de San José de Apartadó

                                                          Junio 27 de 2021

Publicado enColombia
Fotografía: Felipe Martínez

“A mí no me azara su pistola,
yo también tengo hambre de matar.
Pero a mí esos fierros no me gustan,
yo saco las uñas pa’ pelear […]”.
Canción “No azara”–La Muchacha

 

Puerto Resistencia –PR– es el lugar insignia de lo que la juventud popular logró levantar a pulso en la ciudad de Cali. En sus cuadras cientos de personas se han mantenido cohesionadas por deseos de cambio durante más de 47 días (a la fecha de escribir esta nota), en un ejercicio obstinado que busca alcanzar para la totalidad que hoy no tiene nada, y que no exigen más que lo que se merecen y necesitan, vivir dignamente.

No es nueva la lucha en estas barriadas. Lo que hoy se denomina Puerto Resistencia fue el antiguo “Puerto rellena”, un sector popular fundado en la década de 1960 por personas empobrecidas, muchas provenientes de las zonas rurales del Cauca y Valle del Cauca, en su huida de la violencia bipartidista desatada en el país posterior al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948, y que en su urgencia de techo deciden tomarse los terrenos para construir sus viviendas; uno de los barrios icónicos de esta lucha fue el bautizado como Mariano Ramos1.

Con el paso de los años, en el sector empiezan a habitar múltiples actores sociales de la ciudad popular, por tanto, hoy no es raro ver la presencia de pandillas, “barras bravas”, consumidores de sustancias psicoactivas, “oficinas de cobro”, como también presencia de organizaciones comunales, sociales, eclesiales y comunitarias. Desde el 21 de noviembre de 2019 –21N–, este punto reflejaba el potencial de inconformismo que reunía, erigiéndose como el escenario de organización juvenil popular más importante de la ciudad.

Este icónico punto se ubica en un paso estratégico del oriente de la hoy llamada “sucursal de la resistencia”, donde confluyen varias vías principales que conectan múltiples barrios, incluida la Avenida Simón Bolívar que conecta el norte y sur de la ciudad. Al día de hoy puede decirse que Puerto Resistencia es el punto de concentración y resistencia más grande alcanzado en Cali, superando cualquiera de las plazas públicas que tradicionalmente sirven como escenario de encuentro de las movilizaciones sociales.


Caminando Puerto Resistencia

Cuando entramos a PR era la 1 de la tarde, el escenario era increíble, tan amplio que contaba con múltiples accesos por las calles de los barrios y en cada uno de los puntos de bloqueo había jóvenes –hombres y mujeres– vigilando lo que sucedía. La mayoría de ‘muchachos’ descansaban y conversaban. En las paredes se veían murales de gran calidad. Un camión pequeño cargado con frutas y verduras que posiblemente se iban a perder y que prefirieron donar a la causa de los jóvenes, estaba siendo descargado y en el suelo se separaban los alimentos que servían de los que estaban descompuestos.

Para ingresar tuvimos que pasar unas barricadas construidas con partes de árboles, piedras, postes, llantas, separadores de avenidas y cualquier elemento que encontraron a la mano. Nadie nos preguntó para dónde íbamos ni qué buscábamos, sin embargo el sonido de los radios de comunicación era continúo, seguramente informando lo que ocurría en cada uno de los bloqueos. Al llegar al punto donde se conectan varias calles y crean una especie de plaza principal, estaba una barricada con apariencia inquebrantable. En el espacio muchos jóvenes caminaban permanentemente, protegiendo sus rostros con sus capuchas.

“Hagan silencio, no ven que no nos dejan escuchar los radios”, es lo que nos cuentan que dijo un joven aireado –minutos antes de nuestra llegada– a alguna persona del sindicato de maestros del Valle –Sutev– que pretendía que sonara música de Quilapayun o Inti Illimani, para comenzar a cantar las clásicas arengas de su época. Una actitud no correspondiente con lo que ahí estaba ocurriendo. El conjunto de docentes, seguramente “reprendidos”, permanecían sentados en sus sillas observando a los jóvenes como si estuvieran contemplando una película de ensueño.

Después de presentarnos con los ‘muchachos’, nos llevaron a conocer los diferentes puntos de bloqueo (Ver recuadro: Monedita, un primera línea de PR); la experiencia nos quedó imborrable en nuestra mente, pues la organización social allí concretada y la decisión de lucha de estos jóvenes deja profundas enseñanzas.


PR, vida comunitaria y organización juvenil

Crear lo imaginado. En Puerto Resistencia fue la juventud que ha vivido las inclemencias del hambre y la miseria, quienes lograron construir un ejercicio organizativo nunca visto en nuestras ciudades, el cual, seguramente quedará registrado en la historia del país y en la memoria de las luchas comunitarias y populares de los pueblos.
La organización de estos jóvenes en resistencia se basa en la horizontalidad, allí todo el mundo tiene claro que nadie manda a nadie, nadie está por encima de nadie, no hay líderes, pero sí voceros. Su manera de relacionarse es sorprendente, pues su diversidad evidencia que en el mismo espacio confluyen artistas, estudiantes universitarios, integrantes de organizaciones sociales y comunitarias, pero también están quienes son trabajadores informales, desempleados, o simplemente personas que han tenido que vivir en carne propia la experiencia de la delincuencia.

De esta manera, la resistencia popular consolidó el escenario del autocontrol a través de centenares de jóvenes a quienes muchas veces la sociedad ve como indeseables, es decir, aquellas personas a quienes no han podido dominar-controlar, los sin futuro, quienes, bregando por su sobrevivencia, seguramente siempre tendrán que romper la normatividad y pasar por encima de los demás.

Algo que no sucede aquí. El respeto que se tienen entre sí, y la convicción de lo que están haciendo por exigir sus derechos es tan evidente que en Puerto Resistencia no se presentan peleas o golpes entre las diversidades allí reunidas, no está permitido el hurto –aunque entienden que más allá de PR los robos no dejan de ocurrir porque el pueblo está hambriento–, los unos cuidan de los otros, llegando al punto que personas de barras futboleras o pandillas opuestas, conviven concentrando sus cinco sentidos, más el sexto, el de la vivacidad que potencia la calle, en un solo contrario.

Esta comunidad construye nuevas referencias de vida, y en su trajinar moldean la cultura de la cual son producto, dándole base a nuevas simbologías y referencias para la ciudad y el país, como quedó plasmado en “Resiste”2 el monumento con que “celebran para no olvidar” estas semanas de lucha, con sus muertos, con sus referentes de resistencia, con sus significantes de futuro.
Una noche llena de vida

Luego del recorrido diurno, salimos de este territorio para visitar otros, pero llegada la noche decidimos retornar, el reloj marcaba las 10 y la ciudad estaba poco transitada. Al bajarnos del vehículo en que nos trasladamos percibimos de inmediato que el ambiente era muy distinto a la tarde que habíamos vivido. Luces de láseres verdes nos apuntaban la cara. Pasamos una de las barricadas y llegaron varios jóvenes a interpelarnos, “¿quiénes son ustedes? ¿qué hacen aquí?” fueron las primeras preguntas que nos increparon.

Después de explicarles nuestra procedencia decidieron dejarnos entrar, eso sí advirtiéndonos que la noche estaba pesada. Por cuestiones de seguridad no nos permitieron sacar cámaras ni registrar en imágenes lo que viéramos.

Caminamos sobre la misma calle que recorrimos horas antes, ahora se veían menos personas que en la tarde. Los jóvenes sentados en las aceras, en pequeños grupos, escuchaban música en sus celulares o parlantes pequeños, principalmente se escuchaba rap (Canserbero, Alcolirykoz, entre otros), algunas canciones de trap de Bad Bunny y en la lejanía sonaban canciones clásicas de salsa brava de la Fania. Nos sentamos cerca de la caseta principal, junto al CAI que ahora es una biblioteca popular y allí comenzamos a detallar todo lo que sucedía en la tensa calma.

Simba, un joven primera línea que toda la vida ha vivido en el barrio Siloé, se nos acercó y todo el tiempo nos acompañó, lo que nos permitió sostener a lo largo de varias horas una conversación bastante informal. Sin timidez alguna nos contó que en Puerto Resistencia se alimentaba mejor que en su casa, así mismo nos dijo con contundencia “a nosotros nos amenazan con que nos van a llevar a la cárcel por hacer esto, pero hermano eso no nos asusta, muchos ya la pisamos”.

Otro joven que prefiere ser anónimo pero que también compartió la noche junto a nosotros nos advertía lo que estábamos por vivir: “Mirá, lo que vas a ver hoy es ese país que no te imaginás, ni que conocés”, mientras decía esto nos contaba sus razones para estar allí: “A mi hermano me lo mataron y yo sé que él murió y tenía en la cabeza esa deuda que lo hacía sufrir con el Icetex. ¿Quién me paga a mi hermano? –para responderse de inmediato– ¡nadie! Cuando me lo mataron no llegó la policía y ahora que estamos aquí, ahí si tienen policía para mandar por miles.

–Nos mira fijamente y continúa– Los jóvenes que pasan las noches acá salen de sus casas echándose la bendición. Muchos son los jóvenes que no saben a dónde van con la vida, muchos ya están cansados de vivir. Te digo una cosa, yo amo la salsa como un hp y esta es mi ciudad, la que más quiero en el mundo y por eso lucho, lucho por darle estudio a mi hija, porque yo sé que ella si tiene futuro. A quienes dicen que están aguantando hambre por los bloqueos quiero decirles algo: coman solo uyucos, coman solo arroz, coman solo chontaduro o pasen uno que otro día sin comer, finalmente así nos ha tocado vivir a nosotros toda la vida”.

La tensa calma se rompió, en medio de la oscuridad, al momento que un día da paso a otro. En ese instante comenzaron a escucharse gritos que indicaban que ya habían llegado. Todo el mundo se preparó, cada persona sabía lo que tenía que hacer. La experiencia de quienes han vivido escenarios similares a lo largo de otras muchas noches, no solo ahora sino en otros momentos de sus vidas, agarrados a su capacidad para evadir a sus perseguidores, nos decía que debíamos estar tranquilos, que nada iba a suceder.

La primera de las cuatro balaceras que vivimos había empezado. Aunque nunca vimos lo que ocurría, según nos trasmitían, eran personas en motos y camionetas que empezaban a disparar indiscriminadamente. En medio del crujir de armas de distinto calibre, lo que vivimos fue prácticamente un escenario de guerra, con un caos que una y otra vez se prolongaba por 15 minutos, sin detenerse. Los gritos de los jóvenes, la organización para ir a acompañar los puntos por donde hostigaban quienes pretendían romper uno u otro bloqueo era de no creer. Verlos llegar después con sus rostros congestionados por la adrenalina potenciada por la reacción corporal, por esos sentidos desarrollados por los humanos que se desfogan y te avisan que estás en riesgo de perder la vida, que si te descuidas no podrás contar lo vivido, es una imagen difícil de olvidar. Mientras esto sucedía, Simba y otros jóvenes nos decían “tranquilos, aquí no les va a pasar nada, nosotros estamos aquí por su seguridad”, nosotros simplemente agradecíamos.

La unión, el barrio y la familia de la línea es lo primero. Sin duda lo que vivimos será inolvidable. Pero lo que viven estos jóvenes, y lo que Puerto Resistencia ha construido como experiencia social, con arraigo territorial, no lo han vivido en ninguna otra ciudad del país, allí existe hoy una experiencia que difícilmente se volverá a presentar.

En ese devenir, sabiendo el pasado vivido y el futuro que les ofrece esta sociedad, quienes allí resisten están imbuidos de convicción, y envían un mensaje toda la sociedad: no se venden ante las insinuaciones del poder, no se rinden ante las estrategias del terror y no claudican a su objetivo de conseguir vida digna aquí y ahora.

* Integrante del equipo desdeabajo y del colectivo Loma Sur.
1 Ver: http://lapalabra.univalle.edu.co/cronica-puerto-resistencia-punto-de-referencia-para-la-resistencia-en-cali/?fbclid=IwAR3M33I4D_xf6JOYr3rSUZe37Ub4nYc-0Z91Q4WuWClsm-Rzb3AsC6uasvY y libro: PENSAR LA RESISTENCIA: MAYO DEL 2021 EN CALI Y COLOMBIA. DOCUMENTOS ESPECIALES CIDSE No.6. En: https://drive.google.com/file/d/12qIcO8EhwA98LmwSJf3T2_lhtrF_eK6m/view
2 Ver: https://www.desdeabajo.info/colombia/item/42672-resiste-el-monumento-construido-por-la-resistencia-en-cali.html

 


 Monedita, un primera línea de PR

 

Fotografía: Felipe Martínez

 

Mientras nos hacían un recorrido por todos los puntos que componen la primera línea de Puerto Resistencia conocimos a Monedita, un joven sonriente, quien se la pasaba chanceando y riendo con sus compañeros de línea. Nos ofreció pan con gaseosa y mientras comíamos aceptó darnos una entrevista. Al hacerle la pregunta ¿cuáles son las razones para estar aquí?, contestó:


“Nosotros empezamos a luchar desde el 28 de abril. Primero empezamos por tumbar todas las reformas que habían impuesto y que eran injustas. Ahora ya vamos porque tiremos a reducir el Congreso, solo uno por departamento está bien. También buscamos otros beneficios que necesitamos, que la salud ya quede bien, la educación y todo, por eso es que estamos luchando”.


En ese momento se queda en silencio, pensativo, como organizando sus ideas, ahí le preguntamos ¿y cómo ha sido su experiencia aquí?:


“He visto caer a los de al lado. Por esas personas muertas también estamos aquí luchando, no podemos dejar eso impune, tenemos que ganar esta guerra que es muy desigual porque esa gente tiene armas y disparan contra nosotros y los escudos no son blindados y ahí nos atraviesan las balas. Contra la policía siempre nos toca correr, porque ¿quién se va a enfrentar a esos fusiles? Nosotros apenas tenemos piedras para lanzarles, si tuviéramos armas pues haríamos frentes como las Farc que están en las montañas, pero no, tenemos piedras nomas, entonces no tenemos el poder para hacerle frente a la policía, nos toca es defendernos y por eso es que nos han matado tantas personas”.


A nuestro alrededor estaban cuatro jóvenes primera línea almorzando junto a sus carpas que hoy son sus casas. Le preguntamos a Monedita ¿cómo es vivir en esta resistencia? y nos contestó:


“En la resistencia aguantamos con las ayudas de los vecinos, si llueve pues nos toca mojarnos, si hace sol pues nos toca chupar sol. Siempre tenemos un techito donde bañarnos, la gente nos colabora. La comunidad también se preocupa, desde sus casas nos dicen ‘cuidado que ahí viene un carro’, también si viene la Policía, que siempre viene a hostigar. Por lo menos en este sector de acá, todos los días nos vienen a disparar, todos los días hay bala, siempre es de 12 de la noche a 4 de la mañana, ya de día todo es relajado como lo ves, tranquilo.


Hay gente que dice que cerramos las calles, pero eso es mentira, lo que tenemos son meros reductores de velocidad, las calles siguen activas, circula la comida normal, la gente tiene su transporte a su trabajo, todo el mundo entra y sale. Cerramos a las 8 de la noche porque después de esa hora ya empiezan a andar los carros raros.


La gracia de esto es tener a la comunidad como amistad, no estamos peleando contra el pueblo, sino que estamos con el mismo pueblo, estamos defendiendo los derechos del pueblo, de nuestros abuelos, de nuestros hijos, de la generación que viene después de nuestros hijos, eso es lo que estamos luchando todos nosotros”.


Al apagar su voz escuchamos las historias de los compañeros de Monedita que se cuentan cómo vivieron la balacera la noche anterior, alguno dice que la bala le rozó la cara y que ni siquiera la vio, en ese momento preguntamos ¿hasta cuándo va a ir todo esto? “Hasta que nos cumplan nuestros derechos, hasta ahí vamos”, nos responde Monedita.


Mientras hacemos la entrevista suenan radios todo el tiempo informando lo que sucede en los otros puntos de bloqueo extendidos por todo el sector. Entran y salen personas de sus casas como si nada estuviera pasando, lo que nos lleva a preguntar, ¿cómo es la cotidianidad acá?:


“Como te digo, la gente nos colabora, los vecinos, la comunidad vienen y nos dicen “¿Muchachos necesitan arrocito o algo? Cuenten con mi casa, yo les preparo”, entonces sin preocupación nos llevan a sus casas. Muchas veces nosotros les damos los insumos para cocinar o ya está la comida lista; de ahí nos repartimos en los puntos, nosotros llevamos una coordinación, aquí nadie manda, solamente llevamos una coordinación y ya, el punto que tiene la comida pues viene y recoge. A la caseta principal van y almuerzan muchos y también se hacen ollas comunitarias como la que está en el primer bunquer, donde van los vecinos y la primera línea, así aguantamos la resistencia.


Como podés ver, estamos marchando por lo mismo, pero a veces la comunicación entre nosotros es difícil, porque hay pensamientos e ideas diferentes, entonces tratamos de llevarnos bien, aunque hay errores, pero tratamos de solucionarlos, siempre tratamos de manejar bien sintonizados lo que hacemos, para así coordinar con el público y a la gente que nos colabora. Lo importante es dialogar, en el diálogo está todo”.


Agradeciendo la generosidad y confianza con que nos han tratado nos despedimos de Monedita y sus compañeros de línea. Salimos del barrio y seguimos nuestro camino asombrados de la capacidad organizativa y la convicción de estos jóvenes. Sin duda hay un renacer de las formas de organización social y popular, de las formas para tallar otro país.

 

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CAI convertido en biblioteca popular en Puerto Resistencia.

En medio del estallido social, la ciudadanía empieza a resignificar espacios de la urbe. En los puntos de resistencia dónde se mantienen los bloqueos permanentes en distintas calles y avenidas de Cali, se comienza a habitar el espacio público desde otro lugar.

 

La derribada estatua del conquistador Sebastián de Belalcázar, que mordió el polvo el el 28 de abril por acción del pueblo indígena Misak, abrió el camino para que caleñas y caleños comenzaran a sentir suya la ciudad, a modificarla, habitarla y vivirla desde el lugar que su imaginación inspire. Nuevos nombres y lugares empiezan a surgir, ejemplo de esto es que el “Paso del comercio” ahora es el “Paso del aguante”, el “Puente de los mil días” ya es el “Puente de las mil luchas”, la “Loma de la cruz” se transforma en “Loma de la dignidad”, “Puerto rellena” se convierte en “Puerto resistencia” y múltiples Centros de Atención Inmediata –CAI– de la Policía son transformados en centros culturales para la comunidad.

Murales, bibliotecas populares, ollas comunitarias, campeonatos deportivos, clases de baile, presentaciones musicales, obras de teatro, malabares, huertas urbanas, conversatorios, asambleas, trueques de ropa, entre muchas otras actividades, son las que hoy se viven en las calles de la ciudad y a las que la población tiene acceso de manera gratuita o con aportes voluntarios, materializando así los visos de que sí es posible construir otra sociedad, aquí y ahora, sin esperar la intervención del aparataje estatal.

En el recorrido realizado por algunos sectores de la ciudad, conocimos dos bibliotecas populares: la que lleva por nombre Nicolás Guerrero, cerca del punto del Paso del aguante, y la que está ubicada en Puerto resistencia. Allí pudimos ver a jóvenes recuperando para la vida comunitaria espacios que antes eran considerados de muerte, en donde policías habitaban 24 horas y generaban temor a la comunidad.

 

Golosa con nombres de los puntos de resistencia en Cali.

 

En medio de pinturas y libros conocimos a una mujer que por temor a futuras represalias prefiere el anonimato. Es estudiante de Trabajo social y es una de las personas que dinamiza la biblioteca popular en Puerto resistencia. Esta es una parte de la conversación que sostuvimos:

desdeabajo (da). Cuéntenos, ¿por qué deciden transformar este CAI en una biblioteca popular?
Respuesta (R). Bueno, esto fue una idea que surge desde diferentes experiencias en América Latina y empezó a hacer eco en las variadas personas que confluimos en el lugar. Pensamos en cómo un lugar de muerte puede convertirse en un lugar para la vida, para las ideas, trascendiendo las balas y la tortura que es lo que representa toda la institución policial que aquí habitaba. Así surge el espacio, a través de diferentes voluntades que han participado y han trabajado en el movimiento social en Cali, y que en su corazón también sienten la necesidad de transformar estos lugares de guerra en espacios de paz y para las ideas, lugares para el diálogo y para el fluir cultural, donde ya no prime la muerte, sino que vivamos otras posibilidades, las que de pronto no están al alcance de todas las personas.

da. ¿Cómo es el proceso de gestación y quiénes confluyen en esta iniciativa?
R. En este lugar confluyen diferentes actores, entonces están los jóvenes, los pelados de la primera línea, las vecinas, los vecinos, las señoras de la olla, la gente del sector y gente que se va sumando a lo que está sucediendo con el paro; entonces, ahorita también han llegado las universidades, los procesos sociales, instituciones como la Arquidiócesis, instituciones defensoras de derechos humanos.
Es un lugar que recoge muchas personas, con diferentes experiencias y diferentes sentires con respecto al espacio y en particular con respecto al CAI. Es un espacio que representa un poco victorias alcanzadas en esta lucha, y ha representado también un tema de resignificar.

Entonces, para algunos grupos, para algunos parches, la representación de esta victoria era tener el espacio quemado, con puertas abiertas y sin policía, mientras que para otros representa, no sé, como el hecho de convertirlo en una biblioteca o el hecho de venir, limpiarlo, pintarlo, pues representa ese tema de la resignificación.

Ha sido un tema bastante complejo, de mucho diálogo. Aquí estuvo la Guardia Indígena, que acompañó, que vino, pintó y dijo, “esto se va a transformar” y ha sido todo un tema de diálogo y de construcción colectiva, cómo acordamos entre todos en esa resignificar, en ese guardar la memoria y ahí entran muchas preguntas ¿Qué memoria? ¿Qué queremos mostrar? ¿Qué nos queda de esta experiencia?

 

Valla publicitaria intervenida en Puerto Resistencia.

 

 

da. ¿Cómo funciona? ¿Cómo se puede acceder a los libros?
R. La gente simplemente viene y trae libros y se lleva los que quiera. Entonces, es un espacio absolutamente abierto, es gratuito y no ha faltado nada. En otros CAI que se convirtieron en bibliotecas, funciona una dinámica más bien de préstamo, más bien de trueque. Acá ha sido particularmente diferente porque hemos decidido, con mucha conciencia, que la gente llegue y se lleve lo que quiera y eso ha sido acogido con mucha sorpresa por los jóvenes que dicen, por ejemplo: ¿En serio, me puedo llevar un libro? ¡Qué impresión! ¿Esto es gratis y no tengo que dejar nada? Entonces, ha sido muy bonito porque mucha gente se ha acercado y se ha llevado libros, y no solo eso, nos piden y nos encargan, nos dicen: “yo quiero este” y nunca han faltado, sino que siguen llegando y siguen llegando. Entones, ha sido un espacio que parte de esta solidaridad, de básicamente, como dice una canción, “para el pueblo lo que es del pueblo”, entonces estos libros a los que de pronto no tienen acceso en muchas situaciones, en muchas circunstancias, pues acá los tiene absolutamente disponibles y acá llegan, nunca han faltado.

da. ¿Hay ejercicios de lectura colectiva, de talleres de lectura, o es básicamente la libertad de acceder al libro?
R. No hemos hecho como tal una agenda formal para la biblioteca, sin embargo, espontáneamente varias personas, desde diferentes artes, vienen y, por ejemplo, hacen un taller de música, de creación de instrumentos, o dicen “hagamos una jornada de pinturas o sobre temas relacionados a las artes”, y se dictan de manera espontánea.


En este momento estamos en la adecuación del espacio, pues como fue quemado estaba bastante deteriorado; entonces, estamos más enfocados en el tema de pintarlo, de limpiar las paredes, también hay una ducha donde se bañan varios pelados. Así vamos construyendo el espacio, reconstruyéndolo, readecuándolo; también limpiando la parte de afuera que quedó con muchos escombros, vidrios, con muchas piedras. Queremos hacer de este un espacio apto para que la gente venga y pueda sentarse, que se sientan cómodos y acogidos.

da. ¿Quiénes dinamizan el espacio? ¿Vienen todos los días y noches?
R. Venimos todos los días, en las noches también, aunque no seguimos derecho, o sea, no nos quedamos acá en la biblioteca a dormir, sino que varios vivimos en el sector, entonces nos quedamos hasta tardecito acá sentados. Cuando empezó todo el tema de la biblioteca nos llevábamos los libros, esto empezó con una caja con unos 30 libros, entonces los guardábamos y los traíamos a la mañana siguiente y los acomodábamos. De un momento a otro empezamos a dejarlos acá y la misma comunidad y la misma gente que está en el espacio por las noches los empezó a cuidar; entonces llegábamos y nos decían, “toda la noche estuvimos organizando los libros, hoy no pasó nada, nos vinimos a organizar libros”. Entonces empezó a ser un lugar de todos.

Al lugar venimos todos los días, lo habitamos diario y también lo habitan distintas personas; entonces se fueron sumando más voluntades, por ejemplo, las señoras de la olla que también hacen parte de la biblioteca, y con quienes coordinamos cosas.

 

Mural en PR.

 

 

da. ¿Qué relación hay entre ustedes y quienes conforman la primera línea?
R. Creo que todos somos de la comunidad, todos del territorio, todos somos del pedazo, entonces esa es la principal relación. Todo el tiempo estamos en conversación, todo el tiempo venimos y vamos, nos saludamos, estamos aquí habitando el mismo espacio bajo la coyuntura del paro, entonces creo que esa es sobre todo la relación.

da. ¿Cómo se puede analizar lo sucedido aquí, cómo lo valoran ustedes?
R. Es una pregunta bastante compleja ¿no?, porque ha sido algo que no conocíamos en el país, no habíamos visto un paro nacional que se sostuviera a lo largo de tanto tiempo. Con el pasar de los días la gente no se desmotiva, sino que sigue saliendo y sigue exigiendo y ahí como que empezamos a hablar todos un mismo idioma, de una forma u otra, porque eso también tiene sus matices dentro de cada territorio.

Creo que esto lo potenció la coyuntura por el covid. Creo que todo parte desde el 2019 con el 21N, cuando sale un pliego de exigencias al gobierno para que todos tengamos condiciones de vida un poco más dignas, pero eso se queda allí, se queda estancado. Con el covid la cosa se queda en pausa porque hay que atender la crisis sanitaria y no podemos salir, pero empieza la crisis económica y surge la pregunta, ¿qué vamos a hacer?

Aquí está un poco el sentir general, además de cansancio con un gobierno que en verdad es desgobierno, con sus actuaciones tan fuera de lugar, tan vinculadas a la necropolítica, a la política de la muerte, que no preserva la vida sino los intereses particulares. Todo eso propicia el estallido, encabezado por jóvenes particularmente.

 

En la Biblioteca Popular en PR, los jóvenes construyen un espacio de memoria y dibujan siluetas de jóvenes
torturados constantemente en el antiguo CAI.

 

Vos te ponés a ver geográficamente dónde están ubicados los puntos, quiénes son las personas que confluyen en ellos y encontrás que son en los sectores populares, y en las laderas de la ciudad ¿no? Entonces, son sectores empobrecidos, en muchas ocasiones carentes de oportunidades, jóvenes que no tienen nada que perder, así ha sido toda su vida. Jóvenes que aquí, en estos puntos, hasta tienen mejores condiciones de vida, en medio de todo lo complicado que implica sostener un paro.

 

Mural en Punto Puerto Madera.

 

Es un tema bastante complicado, pues también ha tenido muchas particularidades, como el tema de la horizontalidad, ¿no? Que la misma gente diga que no queremos un político, no queremos que vengan y digan: “es que yo los voy a representar a todos, y les vendí el paro como siempre”, sino que la gente también, espontáneamente, ha ido organizándose con todas las consecuencias que eso tiene, con lo complicado que es, por ejemplo, generar diálogos, generar negociaciones así, en la horizontalidad, pero con la potencialidad de eso, que estamos todos y que los diálogos los construimos entre todos.

Esta es un poco mi lectura del tema. Es un momento bastante particular, una coyuntura que nos deja mucho y que ojalá pueda trascender tanto que permita que en Colombia también se pueda cuidar la vida, que por fin después de 100 años, de tanto tiempo de conflicto armado, de tanto tiempo de guerra urbana, podamos guardar la vida y la vida de todos, porque es que es eso ¿no? Como que la vida es sagrada, y eso ha sido lo que no se ha respetado desde el principio.

Mural en estación de transporte MIO (Masivo Integrado de Occidente).

 

 

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Biblioteca Popular La Dignidad,antes CAI Loma de la Cruz.

En La Loma de La Dignidad, en el centro de Cali, convergen distintos procesos, recién organizados por la comunidad en el marco del Paro Nacional que desde el 28A alcanza eco en Colombia. Aunque las personas tienen temor ante el riesgo de ser asesinados o desaparecidos, su motivación y organización está proyectada para largo aliento.

 

Resignificar espacios de poder en medio de las recientes movilizaciones en Colombia ha sido una de las expresiones espontáneas de los y las manifestantes. Tomas culturales y artísticas que durante los más de 50 días que suma el llamado a paro iniciado el 28A toman forma y con mayor fuerza.

En particular, en la ciudad de Cali ya se han resignificado 4 distintos Comandos de Atención Inmediata (CAI), así: el situado en el Barrio Metropolitano del Norte, ahora Biblioteca Popular Nicolás Guerrero, el de Puerto Rellena, renombrado como Biblioteca Popular Marcelo Agredo, el ubicado en el Paso del Comercio conocido por quienes habitan el sector como La biblio-huerta del Aguante, y el correspondiente a la Loma de la Cruz llamado Biblioteca Popular de La Dignidad. Y también está la Biblioteca Móvil Mil Caras de la Literatura - Punto de Resistencia Meléndez.

La Biblioteca Popular La Dignidad fue la primera que resignificó un espacio de poder en Cali. El espacio donde está ubicad es el mismo donde antes funcionaba el CAI de La Loma, y el cual fue tomado luego de dos días de duros enfrentamientos acaecidos entre los días 28 y 29 de abril.

 

Biblioteca Popular La Dignidad, una re-significación de espacios de poder

 

El 1 de Mayo, con el deseo de compartir saberes y disposiciones, llegó Jonathan Valencia con demás integrantes del Colectivo La Dignidad, limpiaron y barrieron el lugar y empezaron a colocar libros. El colectivo está integrado por 14 personas entre hombres y mujeres, que espontáneamente fueron llegando y se fueron quedando. La mayoría tienen formación humanística.

“Creemos que esa re-significación artística y cultural que se le ha dado a un espacio de poder es digno. Digno en el momento en el que estamos tratando de visibilizar los cuerpos, que somos las personas, que integran el Colectivo La Dignidad pronunciándose políticamente ante un aparato represor y cuerpos de poder, como los policías y militares. Cuerpos de poder que nos han intimidado persiguiendo a algunxs compañerxs”, contó Jonathan, uno de los voceros de la Biblioteca Popular La Dignidad e integrante del equipo dinamizador del paro de La Loma de La Dignidad.

En La Loma de La Dignidad convergen distintos procesos como poesía al viento, danza, el mercado comunitario, la primera línea y el cabildo abierto. Además, desde la primera semana de mayo en La Dignidad se reúnen una vez por semana y delegan las tareas de las varias comisiones: insumos, agenda cultural, biblioteca, gobernanza, punto violeta, ambiental y comunicaciones. El equipo desdeabajo con el apoyo periodístico de Sebastián N. entabló una entrevista con Jonathan en torno al proceso de la Biblioteca Popular y esto fue lo que nos contó:

desdeabajo (da): ¿Por qué el nombre de Biblioteca Popular La Dignidad?
Jonathan Valencia (JV): Ese nombre no lo dimos nosotros, tiene una relación muy cercana al inicio del Paro Nacional del 28 de abril. Se empezó a re-significar los espacios. Ya no se llama Loma de La Cruz sino Loma de La Dignidad. Entonces, como el concepto ya estaba la Biblioteca se llamó igual para darle consecutividad. Lo mismo pasó con la zona Paso del Comercio que ahora es Paso del Aguante, o el Puente de los Mil Días ahora conocido como el Puente de las Mil Luchas, o Puerto Rellena se resignificó como Puerto Resistencia y así.

da: ¿Qué ha dicho la comunidad?
JV: La comunidad no se ha pronunciado.Este CAI tiene la particularidad de ser un punto de atención turístico. Entonces, un sector de la comunidad siempre ha querido la biblioteca y otro sector tiene una relación simbólica con la presencia del CAI y la sensación de seguridad. Realizamos una Asamblea Popular el día 11 de mayo a las 5 de la tarde, en la que intervino la comunidad, la Secretaría de Cultura, la Sub-Secretaría de Artes y la Red de Bibliotecas Públicas y el consenso general que arrojó la misma fue que quieren tanto la biblioteca como el CAI.

da: ¿Cuál ha sido la respuesta de la Policía después de la toma del CAI y la apertura de la biblioteca popular?
JV: La Policía no se ha pronunciado al respecto. Nos ha intimidado. El viernes 14 de mayo vinieron 8 policías, sin identificación en sus chalecos o placas de las motos, y nos tomaron fotos y vídeos. No se ha establecido con la Policía ningún diálogo. Con los militares sí tuvimos un encuentro el 2 de mayo. Llegamos y estaban en la Biblioteca Popular con armas y explosivos. Les dijimos que íbamos a entrar y no nos dejaron. Sin embargo, colocamos los libros afuera del CAI y convivimos con ellos toda una tarde.

da: ¿Qué actividades desarrollan en la Biblioteca?
JV: Hacemos recitales de poesía, circo, talleres de dibujo para infantes o lecturas con la primera línea. Como las bibliotecas públicas están cerradas, promotores de lectura han venido a realizar eventos. Hemos creado un Comité Pedagógico, articulado con el Comité del Paro de La Loma, espacio a partir del cual hemos logrado entablar conversación con la comunidad, sin condicionar a que estén de acuerdo con el proceso, para invitarlos a participar en la Asamblea Popular que se realiza todos los sábados en la rotonda de la Loma de La Dignidad y conversar sobre quiénes somos, cuáles han sido los aciertos y desaciertos del proceso.

da: ¿Hasta cuándo creen que esta situación dure?
JV: Esto lo respondo como miembro del Comité del Paro de La Loma, y es que no sabemos. No sabemos hasta cuándo va el bloqueo, ni sabemos hasta cuándo va el decreto que expidió el Alcalde Jorge Iván Ospina con la Unión de Resistencias de Cali. No sabemos a quiénes de los que estamos acá nos van a desaparecer o matar. Nada de eso está claro, ni tampoco para las otras compañeras y compañeros de las demás bibliotecas con quiénes hemos creado la Unión de Bibliotecas de la Resistencia Caleña. En ese sentido estamos pensado en actividades colectivas a corto plazo, sin embargo tanto el Comité del Paro de La Loma como la Biblioteca Popular la Dignidad son de largo aliento, sin importar que el Paro Nacional siga o termine. Creo que es muy importante proyectarse para las próximas elecciones, para que todo este proceso tenga una calada en el incremento de la conciencia política de las personas.

da: Cuéntenos más de esta Unión de Bibliotecas de la Resistencia Caleña
JV: Estas no son actividades aisladas, sino que es un movimiento artístico y cultural que sin articularse en un principio todas las bibliotecas, nos hemos dado cuenta que la espontaneidad ha llevado a reconsiderar las bibliotecas como un espacio pre-dilecto para la democratización del conocimiento. Una ciudad como Cali, golpeada por tanta desigualdad, los sectores populares están en un alto nivel de inasistencia escolar, y creemos que a través de estas bibliotecas se puede impactar positivamente en la asistencia, para bien.

En los primeros días de funcionamiento de la Biblioteca Popular la Dignidad nos percatamos que estábamos pensando muy individual, y tocaba darle tuerca al asunto a un sentido más colectivo, por lo cual buscamos y entablamos conversación con las demás bibliotecas y así creamos la Unión. Entonces, así después nos saquen a todas las bibliotecas de los CAI, la Unión de Bibliotecas de la Resistencia Caleña seguirá actuando. Yo siento, puede ser uno de los caminos, que a largo plazo se terminará concretando una co-acción con la institucionalidad, porque la Red de Bibliotecas Públicas de Cali, a diferencia de la de Medellín o Bogotá, nació fruto de procesos de bibliotecas comunitarias y populares que luego se convirtieron en bibliotecas públicas.

 

Integrantes Colectivo Mal-Hablar, Universidad Pa’l Barrio y Biblioteca Popular la Dignidad
 


Universidad Pa’l Barrio y Colectivo Mal-Hablar

Al terminar la entrevista, al frente de la Biblioteca empezó un evento de Universidad Pa’l Barrio, un proyecto en alianza con colectivos y profesores de distintas universidades que llevan las clases a las calles. Karen Sofía Camacho, estudiante de la Universidad del Valle, contó que este proceso tiene como intención aportar con actividades pedagógicas y académicas a la movilización social en el marco del Paro Nacional en los distintos puntos de resistencia en Cali. “Nos articulamos con los voceros de cada punto y con las bibliotecas populares. Creemos que como ciudadanos y academia podemos tener un papel protagónico en la construcción de un país. Y estamos aprovechando el despertar de la conciencia colectiva. La idea es también trascender después de la coyuntura que estamos viviendo”, puntualizó Karen.

Al instante empezó una mesa de escucha del Colectivo Mal-Hablar, un evento articulado con Universidad Pa’l Barrio. Con el ejercicio de escucha colectiva se trata de que las personas reaccionen creativamente a ello e identifiquen dónde se aloja corporalmente su escucha y también reflexionen sobre las preguntas que les genera el Paro Nacional.

Andrea Martínez, una de sus integrantes, contó que la idea del colectivo es romper los significados de los conceptos que se utilizan en el cotidiano del Paro Nacional. El colectivo escoge una palabra que les parece pertinente y recogen las definiciones que sobre la misma les da la gente.La idea es hablar con todo tipo de personas: infantes, personas de acuerdo y en desacuerdo con la movilización. Y después, procesar esta información, ponerle música, y a circular.

“Nos sucede con frecuencia que hablamos mucho y casi no nos escuchamos. Reconocer la diferencia es muy importante para la transformación que queremos en Colombia. Hasta el momento nuestras series de palabras han sido: paro, vándalo y desaparecidos. Palabras que empiezan a habitar en nuestra cotidianidad, no tradicionalmente sino reformuladas por la gente” concluyó Andrea.

Diversas personas participaron de esta mesa de escucha. Ciclistas de paso, artesanas, estudiantes y adultos mayores. Una vendedora informal, que no sabía escribir, le pidió el favor a una mujer que le escribiera una carta para la primera línea. Amarraron una cuerda de un poste a un tubo anclado en el suelo, y colgaron las cartas. “Que Dios los proteja y ojalá todo cambie para una Colombia mejor”,terminabadiciendo la carta de la señora.

* Texto y fotografías.

 

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Biblioteca Popular La Dignidad,antes CAI Loma de la Cruz.

En La Loma de La Dignidad, en el centro de Cali, convergen distintos procesos, recién organizados por la comunidad en el marco del Paro Nacional que desde el 28A alcanza eco en Colombia. Aunque las personas tienen temor ante el riesgo de ser asesinados o desaparecidos, su motivación y organización está proyectada para largo aliento.

 

Resignificar espacios de poder en medio de las recientes movilizaciones en Colombia ha sido una de las expresiones espontáneas de los y las manifestantes. Tomas culturales y artísticas que durante los más de 50 días que suma el llamado a paro iniciado el 28A toman forma y con mayor fuerza.

En particular, en la ciudad de Cali ya se han resignificado 4 distintos Comandos de Atención Inmediata (CAI), así: el situado en el Barrio Metropolitano del Norte, ahora Biblioteca Popular Nicolás Guerrero, el de Puerto Rellena, renombrado como Biblioteca Popular Marcelo Agredo, el ubicado en el Paso del Comercio conocido por quienes habitan el sector como La biblio-huerta del Aguante, y el correspondiente a la Loma de la Cruz llamado Biblioteca Popular de La Dignidad. Y también está la Biblioteca Móvil Mil Caras de la Literatura - Punto de Resistencia Meléndez.

La Biblioteca Popular La Dignidad fue la primera que resignificó un espacio de poder en Cali. El espacio donde está ubicad es el mismo donde antes funcionaba el CAI de La Loma, y el cual fue tomado luego de dos días de duros enfrentamientos acaecidos entre los días 28 y 29 de abril.

 

Biblioteca Popular La Dignidad, una re-significación de espacios de poder

 

El 1 de Mayo, con el deseo de compartir saberes y disposiciones, llegó Jonathan Valencia con demás integrantes del Colectivo La Dignidad, limpiaron y barrieron el lugar y empezaron a colocar libros. El colectivo está integrado por 14 personas entre hombres y mujeres, que espontáneamente fueron llegando y se fueron quedando. La mayoría tienen formación humanística.

“Creemos que esa re-significación artística y cultural que se le ha dado a un espacio de poder es digno. Digno en el momento en el que estamos tratando de visibilizar los cuerpos, que somos las personas, que integran el Colectivo La Dignidad pronunciándose políticamente ante un aparato represor y cuerpos de poder, como los policías y militares. Cuerpos de poder que nos han intimidado persiguiendo a algunxs compañerxs”, contó Jonathan, uno de los voceros de la Biblioteca Popular La Dignidad e integrante del equipo dinamizador del paro de La Loma de La Dignidad.

En La Loma de La Dignidad convergen distintos procesos como poesía al viento, danza, el mercado comunitario, la primera línea y el cabildo abierto. Además, desde la primera semana de mayo en La Dignidad se reúnen una vez por semana y delegan las tareas de las varias comisiones: insumos, agenda cultural, biblioteca, gobernanza, punto violeta, ambiental y comunicaciones. El equipo desdeabajo con el apoyo periodístico de Sebastián N. entabló una entrevista con Jonathan en torno al proceso de la Biblioteca Popular y esto fue lo que nos contó:

desdeabajo (da): ¿Por qué el nombre de Biblioteca Popular La Dignidad?
Jonathan Valencia (JV): Ese nombre no lo dimos nosotros, tiene una relación muy cercana al inicio del Paro Nacional del 28 de abril. Se empezó a re-significar los espacios. Ya no se llama Loma de La Cruz sino Loma de La Dignidad. Entonces, como el concepto ya estaba la Biblioteca se llamó igual para darle consecutividad. Lo mismo pasó con la zona Paso del Comercio que ahora es Paso del Aguante, o el Puente de los Mil Días ahora conocido como el Puente de las Mil Luchas, o Puerto Rellena se resignificó como Puerto Resistencia y así.

da: ¿Qué ha dicho la comunidad?
JV: La comunidad no se ha pronunciado.Este CAI tiene la particularidad de ser un punto de atención turístico. Entonces, un sector de la comunidad siempre ha querido la biblioteca y otro sector tiene una relación simbólica con la presencia del CAI y la sensación de seguridad. Realizamos una Asamblea Popular el día 11 de mayo a las 5 de la tarde, en la que intervino la comunidad, la Secretaría de Cultura, la Sub-Secretaría de Artes y la Red de Bibliotecas Públicas y el consenso general que arrojó la misma fue que quieren tanto la biblioteca como el CAI.

da: ¿Cuál ha sido la respuesta de la Policía después de la toma del CAI y la apertura de la biblioteca popular?
JV: La Policía no se ha pronunciado al respecto. Nos ha intimidado. El viernes 14 de mayo vinieron 8 policías, sin identificación en sus chalecos o placas de las motos, y nos tomaron fotos y vídeos. No se ha establecido con la Policía ningún diálogo. Con los militares sí tuvimos un encuentro el 2 de mayo. Llegamos y estaban en la Biblioteca Popular con armas y explosivos. Les dijimos que íbamos a entrar y no nos dejaron. Sin embargo, colocamos los libros afuera del CAI y convivimos con ellos toda una tarde.

da: ¿Qué actividades desarrollan en la Biblioteca?
JV: Hacemos recitales de poesía, circo, talleres de dibujo para infantes o lecturas con la primera línea. Como las bibliotecas públicas están cerradas, promotores de lectura han venido a realizar eventos. Hemos creado un Comité Pedagógico, articulado con el Comité del Paro de La Loma, espacio a partir del cual hemos logrado entablar conversación con la comunidad, sin condicionar a que estén de acuerdo con el proceso, para invitarlos a participar en la Asamblea Popular que se realiza todos los sábados en la rotonda de la Loma de La Dignidad y conversar sobre quiénes somos, cuáles han sido los aciertos y desaciertos del proceso.

da: ¿Hasta cuándo creen que esta situación dure?
JV: Esto lo respondo como miembro del Comité del Paro de La Loma, y es que no sabemos. No sabemos hasta cuándo va el bloqueo, ni sabemos hasta cuándo va el decreto que expidió el Alcalde Jorge Iván Ospina con la Unión de Resistencias de Cali. No sabemos a quiénes de los que estamos acá nos van a desaparecer o matar. Nada de eso está claro, ni tampoco para las otras compañeras y compañeros de las demás bibliotecas con quiénes hemos creado la Unión de Bibliotecas de la Resistencia Caleña. En ese sentido estamos pensado en actividades colectivas a corto plazo, sin embargo tanto el Comité del Paro de La Loma como la Biblioteca Popular la Dignidad son de largo aliento, sin importar que el Paro Nacional siga o termine. Creo que es muy importante proyectarse para las próximas elecciones, para que todo este proceso tenga una calada en el incremento de la conciencia política de las personas.

da: Cuéntenos más de esta Unión de Bibliotecas de la Resistencia Caleña
JV: Estas no son actividades aisladas, sino que es un movimiento artístico y cultural que sin articularse en un principio todas las bibliotecas, nos hemos dado cuenta que la espontaneidad ha llevado a reconsiderar las bibliotecas como un espacio pre-dilecto para la democratización del conocimiento. Una ciudad como Cali, golpeada por tanta desigualdad, los sectores populares están en un alto nivel de inasistencia escolar, y creemos que a través de estas bibliotecas se puede impactar positivamente en la asistencia, para bien.

En los primeros días de funcionamiento de la Biblioteca Popular la Dignidad nos percatamos que estábamos pensando muy individual, y tocaba darle tuerca al asunto a un sentido más colectivo, por lo cual buscamos y entablamos conversación con las demás bibliotecas y así creamos la Unión. Entonces, así después nos saquen a todas las bibliotecas de los CAI, la Unión de Bibliotecas de la Resistencia Caleña seguirá actuando. Yo siento, puede ser uno de los caminos, que a largo plazo se terminará concretando una co-acción con la institucionalidad, porque la Red de Bibliotecas Públicas de Cali, a diferencia de la de Medellín o Bogotá, nació fruto de procesos de bibliotecas comunitarias y populares que luego se convirtieron en bibliotecas públicas.

 

Integrantes Colectivo Mal-Hablar, Universidad Pa’l Barrio y Biblioteca Popular la Dignidad
 


Universidad Pa’l Barrio y Colectivo Mal-Hablar

Al terminar la entrevista, al frente de la Biblioteca empezó un evento de Universidad Pa’l Barrio, un proyecto en alianza con colectivos y profesores de distintas universidades que llevan las clases a las calles. Karen Sofía Camacho, estudiante de la Universidad del Valle, contó que este proceso tiene como intención aportar con actividades pedagógicas y académicas a la movilización social en el marco del Paro Nacional en los distintos puntos de resistencia en Cali. “Nos articulamos con los voceros de cada punto y con las bibliotecas populares. Creemos que como ciudadanos y academia podemos tener un papel protagónico en la construcción de un país. Y estamos aprovechando el despertar de la conciencia colectiva. La idea es también trascender después de la coyuntura que estamos viviendo”, puntualizó Karen.

Al instante empezó una mesa de escucha del Colectivo Mal-Hablar, un evento articulado con Universidad Pa’l Barrio. Con el ejercicio de escucha colectiva se trata de que las personas reaccionen creativamente a ello e identifiquen dónde se aloja corporalmente su escucha y también reflexionen sobre las preguntas que les genera el Paro Nacional.

Andrea Martínez, una de sus integrantes, contó que la idea del colectivo es romper los significados de los conceptos que se utilizan en el cotidiano del Paro Nacional. El colectivo escoge una palabra que les parece pertinente y recogen las definiciones que sobre la misma les da la gente.La idea es hablar con todo tipo de personas: infantes, personas de acuerdo y en desacuerdo con la movilización. Y después, procesar esta información, ponerle música, y a circular.

“Nos sucede con frecuencia que hablamos mucho y casi no nos escuchamos. Reconocer la diferencia es muy importante para la transformación que queremos en Colombia. Hasta el momento nuestras series de palabras han sido: paro, vándalo y desaparecidos. Palabras que empiezan a habitar en nuestra cotidianidad, no tradicionalmente sino reformuladas por la gente” concluyó Andrea.

Diversas personas participaron de esta mesa de escucha. Ciclistas de paso, artesanas, estudiantes y adultos mayores. Una vendedora informal, que no sabía escribir, le pidió el favor a una mujer que le escribiera una carta para la primera línea. Amarraron una cuerda de un poste a un tubo anclado en el suelo, y colgaron las cartas. “Que Dios los proteja y ojalá todo cambie para una Colombia mejor”,terminabadiciendo la carta de la señora.

* Texto y fotografías.

 

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Publicado enColombia
CAI convertido en biblioteca popular en Puerto Resistencia.

En medio del estallido social, la ciudadanía empieza a resignificar espacios de la urbe. En los puntos de resistencia dónde se mantienen los bloqueos permanentes en distintas calles y avenidas de Cali, se comienza a habitar el espacio público desde otro lugar.

 

La derribada estatua del conquistador Sebastián de Belalcázar, que mordió el polvo el el 28 de abril por acción del pueblo indígena Misak, abrió el camino para que caleñas y caleños comenzaran a sentir suya la ciudad, a modificarla, habitarla y vivirla desde el lugar que su imaginación inspire. Nuevos nombres y lugares empiezan a surgir, ejemplo de esto es que el “Paso del comercio” ahora es el “Paso del aguante”, el “Puente de los mil días” ya es el “Puente de las mil luchas”, la “Loma de la cruz” se transforma en “Loma de la dignidad”, “Puerto rellena” se convierte en “Puerto resistencia” y múltiples Centros de Atención Inmediata –CAI– de la Policía son transformados en centros culturales para la comunidad.

Murales, bibliotecas populares, ollas comunitarias, campeonatos deportivos, clases de baile, presentaciones musicales, obras de teatro, malabares, huertas urbanas, conversatorios, asambleas, trueques de ropa, entre muchas otras actividades, son las que hoy se viven en las calles de la ciudad y a las que la población tiene acceso de manera gratuita o con aportes voluntarios, materializando así los visos de que sí es posible construir otra sociedad, aquí y ahora, sin esperar la intervención del aparataje estatal.

En el recorrido realizado por algunos sectores de la ciudad, conocimos dos bibliotecas populares: la que lleva por nombre Nicolás Guerrero, cerca del punto del Paso del aguante, y la que está ubicada en Puerto resistencia. Allí pudimos ver a jóvenes recuperando para la vida comunitaria espacios que antes eran considerados de muerte, en donde policías habitaban 24 horas y generaban temor a la comunidad.

 

Golosa con nombres de los puntos de resistencia en Cali.

 

En medio de pinturas y libros conocimos a una mujer que por temor a futuras represalias prefiere el anonimato. Es estudiante de Trabajo social y es una de las personas que dinamiza la biblioteca popular en Puerto resistencia. Esta es una parte de la conversación que sostuvimos:

desdeabajo (da). Cuéntenos, ¿por qué deciden transformar este CAI en una biblioteca popular?
Respuesta (R). Bueno, esto fue una idea que surge desde diferentes experiencias en América Latina y empezó a hacer eco en las variadas personas que confluimos en el lugar. Pensamos en cómo un lugar de muerte puede convertirse en un lugar para la vida, para las ideas, trascendiendo las balas y la tortura que es lo que representa toda la institución policial que aquí habitaba. Así surge el espacio, a través de diferentes voluntades que han participado y han trabajado en el movimiento social en Cali, y que en su corazón también sienten la necesidad de transformar estos lugares de guerra en espacios de paz y para las ideas, lugares para el diálogo y para el fluir cultural, donde ya no prime la muerte, sino que vivamos otras posibilidades, las que de pronto no están al alcance de todas las personas.

da. ¿Cómo es el proceso de gestación y quiénes confluyen en esta iniciativa?
R. En este lugar confluyen diferentes actores, entonces están los jóvenes, los pelados de la primera línea, las vecinas, los vecinos, las señoras de la olla, la gente del sector y gente que se va sumando a lo que está sucediendo con el paro; entonces, ahorita también han llegado las universidades, los procesos sociales, instituciones como la Arquidiócesis, instituciones defensoras de derechos humanos.
Es un lugar que recoge muchas personas, con diferentes experiencias y diferentes sentires con respecto al espacio y en particular con respecto al CAI. Es un espacio que representa un poco victorias alcanzadas en esta lucha, y ha representado también un tema de resignificar.

Entonces, para algunos grupos, para algunos parches, la representación de esta victoria era tener el espacio quemado, con puertas abiertas y sin policía, mientras que para otros representa, no sé, como el hecho de convertirlo en una biblioteca o el hecho de venir, limpiarlo, pintarlo, pues representa ese tema de la resignificación.

Ha sido un tema bastante complejo, de mucho diálogo. Aquí estuvo la Guardia Indígena, que acompañó, que vino, pintó y dijo, “esto se va a transformar” y ha sido todo un tema de diálogo y de construcción colectiva, cómo acordamos entre todos en esa resignificar, en ese guardar la memoria y ahí entran muchas preguntas ¿Qué memoria? ¿Qué queremos mostrar? ¿Qué nos queda de esta experiencia?

 

Valla publicitaria intervenida en Puerto Resistencia.

 

 

da. ¿Cómo funciona? ¿Cómo se puede acceder a los libros?
R. La gente simplemente viene y trae libros y se lleva los que quiera. Entonces, es un espacio absolutamente abierto, es gratuito y no ha faltado nada. En otros CAI que se convirtieron en bibliotecas, funciona una dinámica más bien de préstamo, más bien de trueque. Acá ha sido particularmente diferente porque hemos decidido, con mucha conciencia, que la gente llegue y se lleve lo que quiera y eso ha sido acogido con mucha sorpresa por los jóvenes que dicen, por ejemplo: ¿En serio, me puedo llevar un libro? ¡Qué impresión! ¿Esto es gratis y no tengo que dejar nada? Entonces, ha sido muy bonito porque mucha gente se ha acercado y se ha llevado libros, y no solo eso, nos piden y nos encargan, nos dicen: “yo quiero este” y nunca han faltado, sino que siguen llegando y siguen llegando. Entones, ha sido un espacio que parte de esta solidaridad, de básicamente, como dice una canción, “para el pueblo lo que es del pueblo”, entonces estos libros a los que de pronto no tienen acceso en muchas situaciones, en muchas circunstancias, pues acá los tiene absolutamente disponibles y acá llegan, nunca han faltado.

da. ¿Hay ejercicios de lectura colectiva, de talleres de lectura, o es básicamente la libertad de acceder al libro?
R. No hemos hecho como tal una agenda formal para la biblioteca, sin embargo, espontáneamente varias personas, desde diferentes artes, vienen y, por ejemplo, hacen un taller de música, de creación de instrumentos, o dicen “hagamos una jornada de pinturas o sobre temas relacionados a las artes”, y se dictan de manera espontánea.


En este momento estamos en la adecuación del espacio, pues como fue quemado estaba bastante deteriorado; entonces, estamos más enfocados en el tema de pintarlo, de limpiar las paredes, también hay una ducha donde se bañan varios pelados. Así vamos construyendo el espacio, reconstruyéndolo, readecuándolo; también limpiando la parte de afuera que quedó con muchos escombros, vidrios, con muchas piedras. Queremos hacer de este un espacio apto para que la gente venga y pueda sentarse, que se sientan cómodos y acogidos.

da. ¿Quiénes dinamizan el espacio? ¿Vienen todos los días y noches?
R. Venimos todos los días, en las noches también, aunque no seguimos derecho, o sea, no nos quedamos acá en la biblioteca a dormir, sino que varios vivimos en el sector, entonces nos quedamos hasta tardecito acá sentados. Cuando empezó todo el tema de la biblioteca nos llevábamos los libros, esto empezó con una caja con unos 30 libros, entonces los guardábamos y los traíamos a la mañana siguiente y los acomodábamos. De un momento a otro empezamos a dejarlos acá y la misma comunidad y la misma gente que está en el espacio por las noches los empezó a cuidar; entonces llegábamos y nos decían, “toda la noche estuvimos organizando los libros, hoy no pasó nada, nos vinimos a organizar libros”. Entonces empezó a ser un lugar de todos.

Al lugar venimos todos los días, lo habitamos diario y también lo habitan distintas personas; entonces se fueron sumando más voluntades, por ejemplo, las señoras de la olla que también hacen parte de la biblioteca, y con quienes coordinamos cosas.

 

Mural en PR.

 

 

da. ¿Qué relación hay entre ustedes y quienes conforman la primera línea?
R. Creo que todos somos de la comunidad, todos del territorio, todos somos del pedazo, entonces esa es la principal relación. Todo el tiempo estamos en conversación, todo el tiempo venimos y vamos, nos saludamos, estamos aquí habitando el mismo espacio bajo la coyuntura del paro, entonces creo que esa es sobre todo la relación.

da. ¿Cómo se puede analizar lo sucedido aquí, cómo lo valoran ustedes?
R. Es una pregunta bastante compleja ¿no?, porque ha sido algo que no conocíamos en el país, no habíamos visto un paro nacional que se sostuviera a lo largo de tanto tiempo. Con el pasar de los días la gente no se desmotiva, sino que sigue saliendo y sigue exigiendo y ahí como que empezamos a hablar todos un mismo idioma, de una forma u otra, porque eso también tiene sus matices dentro de cada territorio.

Creo que esto lo potenció la coyuntura por el covid. Creo que todo parte desde el 2019 con el 21N, cuando sale un pliego de exigencias al gobierno para que todos tengamos condiciones de vida un poco más dignas, pero eso se queda allí, se queda estancado. Con el covid la cosa se queda en pausa porque hay que atender la crisis sanitaria y no podemos salir, pero empieza la crisis económica y surge la pregunta, ¿qué vamos a hacer?

Aquí está un poco el sentir general, además de cansancio con un gobierno que en verdad es desgobierno, con sus actuaciones tan fuera de lugar, tan vinculadas a la necropolítica, a la política de la muerte, que no preserva la vida sino los intereses particulares. Todo eso propicia el estallido, encabezado por jóvenes particularmente.

 

En la Biblioteca Popular en PR, los jóvenes construyen un espacio de memoria y dibujan siluetas de jóvenes
torturados constantemente en el antiguo CAI.

 

Vos te ponés a ver geográficamente dónde están ubicados los puntos, quiénes son las personas que confluyen en ellos y encontrás que son en los sectores populares, y en las laderas de la ciudad ¿no? Entonces, son sectores empobrecidos, en muchas ocasiones carentes de oportunidades, jóvenes que no tienen nada que perder, así ha sido toda su vida. Jóvenes que aquí, en estos puntos, hasta tienen mejores condiciones de vida, en medio de todo lo complicado que implica sostener un paro.

 

Mural en Punto Puerto Madera.

 

Es un tema bastante complicado, pues también ha tenido muchas particularidades, como el tema de la horizontalidad, ¿no? Que la misma gente diga que no queremos un político, no queremos que vengan y digan: “es que yo los voy a representar a todos, y les vendí el paro como siempre”, sino que la gente también, espontáneamente, ha ido organizándose con todas las consecuencias que eso tiene, con lo complicado que es, por ejemplo, generar diálogos, generar negociaciones así, en la horizontalidad, pero con la potencialidad de eso, que estamos todos y que los diálogos los construimos entre todos.

Esta es un poco mi lectura del tema. Es un momento bastante particular, una coyuntura que nos deja mucho y que ojalá pueda trascender tanto que permita que en Colombia también se pueda cuidar la vida, que por fin después de 100 años, de tanto tiempo de conflicto armado, de tanto tiempo de guerra urbana, podamos guardar la vida y la vida de todos, porque es que es eso ¿no? Como que la vida es sagrada, y eso ha sido lo que no se ha respetado desde el principio.

Mural en estación de transporte MIO (Masivo Integrado de Occidente).

 

 

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Publicado enColombia
Fotografía: Felipe Martínez

“A mí no me azara su pistola,
yo también tengo hambre de matar.
Pero a mí esos fierros no me gustan,
yo saco las uñas pa’ pelear […]”.
Canción “No azara”–La Muchacha

 

Puerto Resistencia –PR– es el lugar insignia de lo que la juventud popular logró levantar a pulso en la ciudad de Cali. En sus cuadras cientos de personas se han mantenido cohesionadas por deseos de cambio durante más de 47 días (a la fecha de escribir esta nota), en un ejercicio obstinado que busca alcanzar para la totalidad que hoy no tiene nada, y que no exigen más que lo que se merecen y necesitan, vivir dignamente.

No es nueva la lucha en estas barriadas. Lo que hoy se denomina Puerto Resistencia fue el antiguo “Puerto rellena”, un sector popular fundado en la década de 1960 por personas empobrecidas, muchas provenientes de las zonas rurales del Cauca y Valle del Cauca, en su huida de la violencia bipartidista desatada en el país posterior al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948, y que en su urgencia de techo deciden tomarse los terrenos para construir sus viviendas; uno de los barrios icónicos de esta lucha fue el bautizado como Mariano Ramos1.

Con el paso de los años, en el sector empiezan a habitar múltiples actores sociales de la ciudad popular, por tanto, hoy no es raro ver la presencia de pandillas, “barras bravas”, consumidores de sustancias psicoactivas, “oficinas de cobro”, como también presencia de organizaciones comunales, sociales, eclesiales y comunitarias. Desde el 21 de noviembre de 2019 –21N–, este punto reflejaba el potencial de inconformismo que reunía, erigiéndose como el escenario de organización juvenil popular más importante de la ciudad.

Este icónico punto se ubica en un paso estratégico del oriente de la hoy llamada “sucursal de la resistencia”, donde confluyen varias vías principales que conectan múltiples barrios, incluida la Avenida Simón Bolívar que conecta el norte y sur de la ciudad. Al día de hoy puede decirse que Puerto Resistencia es el punto de concentración y resistencia más grande alcanzado en Cali, superando cualquiera de las plazas públicas que tradicionalmente sirven como escenario de encuentro de las movilizaciones sociales.


Caminando Puerto Resistencia

Cuando entramos a PR era la 1 de la tarde, el escenario era increíble, tan amplio que contaba con múltiples accesos por las calles de los barrios y en cada uno de los puntos de bloqueo había jóvenes –hombres y mujeres– vigilando lo que sucedía. La mayoría de ‘muchachos’ descansaban y conversaban. En las paredes se veían murales de gran calidad. Un camión pequeño cargado con frutas y verduras que posiblemente se iban a perder y que prefirieron donar a la causa de los jóvenes, estaba siendo descargado y en el suelo se separaban los alimentos que servían de los que estaban descompuestos.

Para ingresar tuvimos que pasar unas barricadas construidas con partes de árboles, piedras, postes, llantas, separadores de avenidas y cualquier elemento que encontraron a la mano. Nadie nos preguntó para dónde íbamos ni qué buscábamos, sin embargo el sonido de los radios de comunicación era continúo, seguramente informando lo que ocurría en cada uno de los bloqueos. Al llegar al punto donde se conectan varias calles y crean una especie de plaza principal, estaba una barricada con apariencia inquebrantable. En el espacio muchos jóvenes caminaban permanentemente, protegiendo sus rostros con sus capuchas.

“Hagan silencio, no ven que no nos dejan escuchar los radios”, es lo que nos cuentan que dijo un joven aireado –minutos antes de nuestra llegada– a alguna persona del sindicato de maestros del Valle –Sutev– que pretendía que sonara música de Quilapayun o Inti Illimani, para comenzar a cantar las clásicas arengas de su época. Una actitud no correspondiente con lo que ahí estaba ocurriendo. El conjunto de docentes, seguramente “reprendidos”, permanecían sentados en sus sillas observando a los jóvenes como si estuvieran contemplando una película de ensueño.

Después de presentarnos con los ‘muchachos’, nos llevaron a conocer los diferentes puntos de bloqueo (Ver recuadro: Monedita, un primera línea de PR); la experiencia nos quedó imborrable en nuestra mente, pues la organización social allí concretada y la decisión de lucha de estos jóvenes deja profundas enseñanzas.


PR, vida comunitaria y organización juvenil

Crear lo imaginado. En Puerto Resistencia fue la juventud que ha vivido las inclemencias del hambre y la miseria, quienes lograron construir un ejercicio organizativo nunca visto en nuestras ciudades, el cual, seguramente quedará registrado en la historia del país y en la memoria de las luchas comunitarias y populares de los pueblos.
La organización de estos jóvenes en resistencia se basa en la horizontalidad, allí todo el mundo tiene claro que nadie manda a nadie, nadie está por encima de nadie, no hay líderes, pero sí voceros. Su manera de relacionarse es sorprendente, pues su diversidad evidencia que en el mismo espacio confluyen artistas, estudiantes universitarios, integrantes de organizaciones sociales y comunitarias, pero también están quienes son trabajadores informales, desempleados, o simplemente personas que han tenido que vivir en carne propia la experiencia de la delincuencia.

De esta manera, la resistencia popular consolidó el escenario del autocontrol a través de centenares de jóvenes a quienes muchas veces la sociedad ve como indeseables, es decir, aquellas personas a quienes no han podido dominar-controlar, los sin futuro, quienes, bregando por su sobrevivencia, seguramente siempre tendrán que romper la normatividad y pasar por encima de los demás.

Algo que no sucede aquí. El respeto que se tienen entre sí, y la convicción de lo que están haciendo por exigir sus derechos es tan evidente que en Puerto Resistencia no se presentan peleas o golpes entre las diversidades allí reunidas, no está permitido el hurto –aunque entienden que más allá de PR los robos no dejan de ocurrir porque el pueblo está hambriento–, los unos cuidan de los otros, llegando al punto que personas de barras futboleras o pandillas opuestas, conviven concentrando sus cinco sentidos, más el sexto, el de la vivacidad que potencia la calle, en un solo contrario.

Esta comunidad construye nuevas referencias de vida, y en su trajinar moldean la cultura de la cual son producto, dándole base a nuevas simbologías y referencias para la ciudad y el país, como quedó plasmado en “Resiste”2 el monumento con que “celebran para no olvidar” estas semanas de lucha, con sus muertos, con sus referentes de resistencia, con sus significantes de futuro.
Una noche llena de vida

Luego del recorrido diurno, salimos de este territorio para visitar otros, pero llegada la noche decidimos retornar, el reloj marcaba las 10 y la ciudad estaba poco transitada. Al bajarnos del vehículo en que nos trasladamos percibimos de inmediato que el ambiente era muy distinto a la tarde que habíamos vivido. Luces de láseres verdes nos apuntaban la cara. Pasamos una de las barricadas y llegaron varios jóvenes a interpelarnos, “¿quiénes son ustedes? ¿qué hacen aquí?” fueron las primeras preguntas que nos increparon.

Después de explicarles nuestra procedencia decidieron dejarnos entrar, eso sí advirtiéndonos que la noche estaba pesada. Por cuestiones de seguridad no nos permitieron sacar cámaras ni registrar en imágenes lo que viéramos.

Caminamos sobre la misma calle que recorrimos horas antes, ahora se veían menos personas que en la tarde. Los jóvenes sentados en las aceras, en pequeños grupos, escuchaban música en sus celulares o parlantes pequeños, principalmente se escuchaba rap (Canserbero, Alcolirykoz, entre otros), algunas canciones de trap de Bad Bunny y en la lejanía sonaban canciones clásicas de salsa brava de la Fania. Nos sentamos cerca de la caseta principal, junto al CAI que ahora es una biblioteca popular y allí comenzamos a detallar todo lo que sucedía en la tensa calma.

Simba, un joven primera línea que toda la vida ha vivido en el barrio Siloé, se nos acercó y todo el tiempo nos acompañó, lo que nos permitió sostener a lo largo de varias horas una conversación bastante informal. Sin timidez alguna nos contó que en Puerto Resistencia se alimentaba mejor que en su casa, así mismo nos dijo con contundencia “a nosotros nos amenazan con que nos van a llevar a la cárcel por hacer esto, pero hermano eso no nos asusta, muchos ya la pisamos”.

Otro joven que prefiere ser anónimo pero que también compartió la noche junto a nosotros nos advertía lo que estábamos por vivir: “Mirá, lo que vas a ver hoy es ese país que no te imaginás, ni que conocés”, mientras decía esto nos contaba sus razones para estar allí: “A mi hermano me lo mataron y yo sé que él murió y tenía en la cabeza esa deuda que lo hacía sufrir con el Icetex. ¿Quién me paga a mi hermano? –para responderse de inmediato– ¡nadie! Cuando me lo mataron no llegó la policía y ahora que estamos aquí, ahí si tienen policía para mandar por miles.

–Nos mira fijamente y continúa– Los jóvenes que pasan las noches acá salen de sus casas echándose la bendición. Muchos son los jóvenes que no saben a dónde van con la vida, muchos ya están cansados de vivir. Te digo una cosa, yo amo la salsa como un hp y esta es mi ciudad, la que más quiero en el mundo y por eso lucho, lucho por darle estudio a mi hija, porque yo sé que ella si tiene futuro. A quienes dicen que están aguantando hambre por los bloqueos quiero decirles algo: coman solo uyucos, coman solo arroz, coman solo chontaduro o pasen uno que otro día sin comer, finalmente así nos ha tocado vivir a nosotros toda la vida”.

La tensa calma se rompió, en medio de la oscuridad, al momento que un día da paso a otro. En ese instante comenzaron a escucharse gritos que indicaban que ya habían llegado. Todo el mundo se preparó, cada persona sabía lo que tenía que hacer. La experiencia de quienes han vivido escenarios similares a lo largo de otras muchas noches, no solo ahora sino en otros momentos de sus vidas, agarrados a su capacidad para evadir a sus perseguidores, nos decía que debíamos estar tranquilos, que nada iba a suceder.

La primera de las cuatro balaceras que vivimos había empezado. Aunque nunca vimos lo que ocurría, según nos trasmitían, eran personas en motos y camionetas que empezaban a disparar indiscriminadamente. En medio del crujir de armas de distinto calibre, lo que vivimos fue prácticamente un escenario de guerra, con un caos que una y otra vez se prolongaba por 15 minutos, sin detenerse. Los gritos de los jóvenes, la organización para ir a acompañar los puntos por donde hostigaban quienes pretendían romper uno u otro bloqueo era de no creer. Verlos llegar después con sus rostros congestionados por la adrenalina potenciada por la reacción corporal, por esos sentidos desarrollados por los humanos que se desfogan y te avisan que estás en riesgo de perder la vida, que si te descuidas no podrás contar lo vivido, es una imagen difícil de olvidar. Mientras esto sucedía, Simba y otros jóvenes nos decían “tranquilos, aquí no les va a pasar nada, nosotros estamos aquí por su seguridad”, nosotros simplemente agradecíamos.

La unión, el barrio y la familia de la línea es lo primero. Sin duda lo que vivimos será inolvidable. Pero lo que viven estos jóvenes, y lo que Puerto Resistencia ha construido como experiencia social, con arraigo territorial, no lo han vivido en ninguna otra ciudad del país, allí existe hoy una experiencia que difícilmente se volverá a presentar.

En ese devenir, sabiendo el pasado vivido y el futuro que les ofrece esta sociedad, quienes allí resisten están imbuidos de convicción, y envían un mensaje toda la sociedad: no se venden ante las insinuaciones del poder, no se rinden ante las estrategias del terror y no claudican a su objetivo de conseguir vida digna aquí y ahora.

* Integrante del equipo desdeabajo y del colectivo Loma Sur.
1 Ver: http://lapalabra.univalle.edu.co/cronica-puerto-resistencia-punto-de-referencia-para-la-resistencia-en-cali/?fbclid=IwAR3M33I4D_xf6JOYr3rSUZe37Ub4nYc-0Z91Q4WuWClsm-Rzb3AsC6uasvY y libro: PENSAR LA RESISTENCIA: MAYO DEL 2021 EN CALI Y COLOMBIA. DOCUMENTOS ESPECIALES CIDSE No.6. En: https://drive.google.com/file/d/12qIcO8EhwA98LmwSJf3T2_lhtrF_eK6m/view
2 Ver: https://www.desdeabajo.info/colombia/item/42672-resiste-el-monumento-construido-por-la-resistencia-en-cali.html

 


 Monedita, un primera línea de PR

 

Fotografía: Felipe Martínez

 

Mientras nos hacían un recorrido por todos los puntos que componen la primera línea de Puerto Resistencia conocimos a Monedita, un joven sonriente, quien se la pasaba chanceando y riendo con sus compañeros de línea. Nos ofreció pan con gaseosa y mientras comíamos aceptó darnos una entrevista. Al hacerle la pregunta ¿cuáles son las razones para estar aquí?, contestó:


“Nosotros empezamos a luchar desde el 28 de abril. Primero empezamos por tumbar todas las reformas que habían impuesto y que eran injustas. Ahora ya vamos porque tiremos a reducir el Congreso, solo uno por departamento está bien. También buscamos otros beneficios que necesitamos, que la salud ya quede bien, la educación y todo, por eso es que estamos luchando”.


En ese momento se queda en silencio, pensativo, como organizando sus ideas, ahí le preguntamos ¿y cómo ha sido su experiencia aquí?:


“He visto caer a los de al lado. Por esas personas muertas también estamos aquí luchando, no podemos dejar eso impune, tenemos que ganar esta guerra que es muy desigual porque esa gente tiene armas y disparan contra nosotros y los escudos no son blindados y ahí nos atraviesan las balas. Contra la policía siempre nos toca correr, porque ¿quién se va a enfrentar a esos fusiles? Nosotros apenas tenemos piedras para lanzarles, si tuviéramos armas pues haríamos frentes como las Farc que están en las montañas, pero no, tenemos piedras nomas, entonces no tenemos el poder para hacerle frente a la policía, nos toca es defendernos y por eso es que nos han matado tantas personas”.


A nuestro alrededor estaban cuatro jóvenes primera línea almorzando junto a sus carpas que hoy son sus casas. Le preguntamos a Monedita ¿cómo es vivir en esta resistencia? y nos contestó:


“En la resistencia aguantamos con las ayudas de los vecinos, si llueve pues nos toca mojarnos, si hace sol pues nos toca chupar sol. Siempre tenemos un techito donde bañarnos, la gente nos colabora. La comunidad también se preocupa, desde sus casas nos dicen ‘cuidado que ahí viene un carro’, también si viene la Policía, que siempre viene a hostigar. Por lo menos en este sector de acá, todos los días nos vienen a disparar, todos los días hay bala, siempre es de 12 de la noche a 4 de la mañana, ya de día todo es relajado como lo ves, tranquilo.


Hay gente que dice que cerramos las calles, pero eso es mentira, lo que tenemos son meros reductores de velocidad, las calles siguen activas, circula la comida normal, la gente tiene su transporte a su trabajo, todo el mundo entra y sale. Cerramos a las 8 de la noche porque después de esa hora ya empiezan a andar los carros raros.


La gracia de esto es tener a la comunidad como amistad, no estamos peleando contra el pueblo, sino que estamos con el mismo pueblo, estamos defendiendo los derechos del pueblo, de nuestros abuelos, de nuestros hijos, de la generación que viene después de nuestros hijos, eso es lo que estamos luchando todos nosotros”.


Al apagar su voz escuchamos las historias de los compañeros de Monedita que se cuentan cómo vivieron la balacera la noche anterior, alguno dice que la bala le rozó la cara y que ni siquiera la vio, en ese momento preguntamos ¿hasta cuándo va a ir todo esto? “Hasta que nos cumplan nuestros derechos, hasta ahí vamos”, nos responde Monedita.


Mientras hacemos la entrevista suenan radios todo el tiempo informando lo que sucede en los otros puntos de bloqueo extendidos por todo el sector. Entran y salen personas de sus casas como si nada estuviera pasando, lo que nos lleva a preguntar, ¿cómo es la cotidianidad acá?:


“Como te digo, la gente nos colabora, los vecinos, la comunidad vienen y nos dicen “¿Muchachos necesitan arrocito o algo? Cuenten con mi casa, yo les preparo”, entonces sin preocupación nos llevan a sus casas. Muchas veces nosotros les damos los insumos para cocinar o ya está la comida lista; de ahí nos repartimos en los puntos, nosotros llevamos una coordinación, aquí nadie manda, solamente llevamos una coordinación y ya, el punto que tiene la comida pues viene y recoge. A la caseta principal van y almuerzan muchos y también se hacen ollas comunitarias como la que está en el primer bunquer, donde van los vecinos y la primera línea, así aguantamos la resistencia.


Como podés ver, estamos marchando por lo mismo, pero a veces la comunicación entre nosotros es difícil, porque hay pensamientos e ideas diferentes, entonces tratamos de llevarnos bien, aunque hay errores, pero tratamos de solucionarlos, siempre tratamos de manejar bien sintonizados lo que hacemos, para así coordinar con el público y a la gente que nos colabora. Lo importante es dialogar, en el diálogo está todo”.


Agradeciendo la generosidad y confianza con que nos han tratado nos despedimos de Monedita y sus compañeros de línea. Salimos del barrio y seguimos nuestro camino asombrados de la capacidad organizativa y la convicción de estos jóvenes. Sin duda hay un renacer de las formas de organización social y popular, de las formas para tallar otro país.

 

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Publicado enColombia
Laura Guerrero, madre de Nicolás: “Él era muy soñador con todo eso...”

Perder un hijo o un familiar por exigir un país mejor no debería suceder, sin embargo, en Colombia esta realidad parece la norma. Son cientos de familias que han perdido a sus seres queridos desde el 28A, ya sea por la muerte o la desaparición. Laura Guerrero es una madre víctima del terrorismo de Estado, también es ejemplo de dignidad y fortaleza para toda la sociedad.

 

Su semblante está tranquilo, a pesar del dolor que con seguridad la embarga. Ella está allí, recibida con cariño por unos y otras, y a pesar de la nostalgia, de los recuerdos de madre y amiga, expresa alegría por lo que ve.

En realidad, la juventud la llena de confianza de que vendrán días de cambio, días de esperanza, días de mejor vida, con seguridad los mismos anhelos que inspiraban a su hijo Nicolás para plasmar en paredes antes abandonadas y deterioradas, en compañía de compañeros, grandes murales para alegrar la ciudad, para llenar de color la vista de quienes por allí transitarán.

Cuando la saludamos y le pedimos la entrevista no duda, accede de una, y no demora en responder a nuestra primera pregunta: –“Mi nombre es Laura Guerrero, soy la mamá de Nicolás. Vengo hoy a la biblioteca porque un amigo muy cercano de mi hijo me cuenta que van a pintar lo que era el CAI, que fue quemado y quedó muy dañado. Me dicen que el proyecto es que esto sea una biblioteca…”.

Al expresar esta palabra parece rememorar algo y enfatiza: –“La idea me pareció muy buena, y me llevó a recordar a mi hijo que le gustaba mucho leer y que se hizo a una llave del saber para poder estar yendo a la biblioteca con su niña pequeña y con su hermanito menor. Por eso le entré de una al proyecto, porque vi que era algo bueno y cuando ya llego y me encuentro con esta cantidad de jóvenes maravillosos, con tantas ideas, empieza a formarse una lluvia de ideas y veo que una es más encantadora que le otra; realmente, digamos, que también me metí en el cuento”.

 

Fotografía Felipe Martínez

 

Mientras Laura, como de una la llamamos con confianza, al sentir su espíritu y ver su joven semblante, así como al sentir su afinidad con la juventud, atiende a nuestras preguntas, el espacio gana más concurrencia y una y otra expresión artística encuentra lugar para compartir con toda la gente allí convocada. Hay lugar para la creación y para fraternizar, y todos están felices de que así sea.

Ella nos cuenta que el espacio apenas tiene con ocho días de existencia, y prosigue con la entrevista: –“Todo lo vivido en estos pocos días de construcción de la biblioteca es la muestra de que la gente tiene necesidad de contar con sitios y oportunidades para satisfacer su sed de cultura, que hay una aceptación de la comunidad, que la gente quiere y necesita este espacio para que haya una oferta cultural más cercana”.

Hay alegría en su narración, pero también nostalgia, no es para menos. Aprovechamos los segundos de meditación en lo que nos está compartiendo para dirigir nuestra mirada hacia los músicos que se presentan con alegría ante la multitud de comunidad. Pero solo tras unos segundos más su palabra convoca de nuevo nuestra atención: –“Esto es como un oasis en medio de tanta tensión; aún estamos a la defensiva, en muchos momentos de tranquilidad igual no deja de pasar la policía, no dejamos de sentirnos merodeados, pero hemos podido permanecer y la compañía de tanta comunidad ha sido increíble, han traído muchos libros, han donado dinero y pintura; el dinero se ha invertido en reparaciones y en seguridad, en candados, y en otras muchas cosas.

En este momento nos vemos respaldados por la comunidad, que tenía la biblioteca más cercana realmente lejos: entonces, la gente ha podido acercarse al picnic literario y ha encontrado muchísima oferta cultural”.

 

Fotografía Felipe Martínez

 


¿Cómo era Nicolás?

Del presente para el pasado, el inmediato y el más lejano. A pesar de las fibras que pudiera sensibilizar no podíamos dejar de preguntar por el ser humano, y ante la pregunta, con serenidad, la madre cuenta: –“Era un joven con muchos sueños, sueños de una mejor ciudad y por consecuencia, de un mejor país. Soñaba con traer a su hija al país, soñaba con que existiera, a menor costo, muchísimo material para que los jóvenes pudieran expresarse culturalmente, porque él sentía que dentro de las escuelas y colegios había un vacío en cuanto a lo que muchos jóvenes quieren; entonces, pensaba en talleres, en muchos momentos especiales con los muchachos más pequeños para que pudieran aprender.

Mucho de estas cosas que a él le gustaban, como era el arte de pintar, el grafiti, no se lo patrocinan sino las mamás, y a veces nos vimos en dificultades para poder comprar materiales, por lo costosos, mucho más para él que le gustaba pintar piezas grandes y eso demanda muchos aerosoles.

En medio de sus anhelos él pensaba en todas las personas que tienen capacidades artísticas, para pintar, pero que no pueden explotarlas porque precisamente no tienen los recursos. Era muy soñador con todo eso, tenía esperanzas de que la ciudad y el país podía ser habitado por personas civilizadas que respetaran, porque muchas veces se sintió agredido, irrespetado por parte de la misma fuerza pública que llegaba simplemente a atropellarlos; cuando así sucedía regresaba aburrido a la casa y decía ‘mamá estábamos pintando un lugar bien feo, estábamos tratando de dejarlo bien y no faltó quien llegara a importunar, a impedir’, y muchas veces me dijo que les quitaban materiales; algunos de sus amigos me decían: ‘la policía nos quitó la cámara, la policía nos robó el celular’. Entonces, eso es muy triste, así que él esperaba que no tuvieran ese tipo de situaciones para vivir libres y en paz.

A él y a ellos lo motivaba, los motiva, sus manifestaciones artísticas, querían hacerlo simplemente sin ninguna oposición, no tanto por vandalizar y rayar y dañar, sino porque querían recuperar muchos espacios de la ciudad abandonados, que de hecho ya nadie pintaba, lugares donde la Alcaldía no lo hacía.

Él estaba con un colectivo, tenían muchas ideas, incluso para presentarlas a la Alcaldía. Él, digamos, que murió esperando esa oportunidad porque había que presentarlos como un proyecto y él no sabía hacerlo, entonces en alguna ocasión le dije mándemelo y lo revisamos y me decía: no mamá, yo quiero aprender a hacerlo porque a muchos se los van a pedir y quizás pueda enseñarles a otros cómo hacerlo”.

 

Fotografía Felipe Martínez

 

 


El asesinato

Su relato avanza sin voces de duda o inseguridad, lo que denota confianza en los proyectos de su hijo, en sus gustos artísticos, en su amor por lo que hacía y quería entregar a toda la ciudad. Agarrados por su voz y gestos, de madre, pero también de amiga de quienes estuvieron con su hijo, seguimos atentos a su testimonio:

–“Era una persona completamente independiente, ya vivía aparte, tenía su familia, sus ideas muy claras de lo que quería y quizá por eso el día que suceden los hechos estaba lleno de frustración y también de rabia por el momento que se estaba viviendo alrededor. Ese día ellos habían estado en una velatón por los muertos; él también estuvo llevando ayudas humanitarias para los puntos, lo que respecta a alimentos y a insumos médicos.

Así que en la noche estaba cansado, tomó su última comida y se iba a ir a dormir, pero en algún momento escuchó que había pocas personas aquí para resistir y se vino otra vez hacía este lado; entiendo que la velatón estuvo pacífica hasta que llegó el Esmad a intimidarlos, luego hay gases; dicen que había un sentimiento de mucha rabia, impotencia y frustración por el gas que lo cubría todo –las unidades residenciales están ahí cercanas–, así que él toma la decisión de ir adelante; la verdad no puedo saber en ese último instante las cosas que hayan pasado por su cabeza, pero ellos estaban haciendo resistencia y la policía no tuvo ningún problema en dispararle a mi hijo en su cabeza y pues cayó inconsciente, no tuvieron en ningún momento la más mínima consideración hacía mi hijo y parar, por el contrario, estando en el piso no lo dejaban auxiliar sino que tiraban más gases sobre los muchachos, ellos aguantaron y lo cogieron como pudieron y se lo llevaron para que fuera atendido, pero solo resistió unas horas conectado a aparatos y finalmente no pudo más. Esa fue la situación, bastante triste, que derivó en la muerte de mi hijo ese día después de haber estado en paz.

Tuve la oportunidad de regresar al día siguiente al lugar donde murió y era una escena de guerra, había cualquier cantidad de indicativos de que era una guerra. Revisando los videos grabados de lo sucedido, estoy segura que, si la fuerza pública se hubiera parado a evitar cualquier desmán, simplemente no hubiera pasado de allí porque los muchachos no estaban en son de pelear con nadie, y ese es el común denominador en todos estos lados, no hay afán por impedir, por cerrar la vía, como muchos dicen”.
¿Qué ha pasado con el caso?

–“Nada. Hasta el día de hoy solo vi unas declaraciones mentirosas del Ministro diciendo que el caso estaba siendo investigado y que había unas personas comprometidas, lo cual es falso.

Para reunir pruebas me ha tocado caminar la misma escena, los mismos escenarios, para poder buscar la información, porque en su momento también atrevidamente afirmaron que ese día habían vandalizado el D1, cuando mi hijo cae es en el TCC, y entre ambos puntos hay una distancia bien pronunciada; además, los daños en el D1 fueron muchos días después”.

¿Qué ha sucedido después de la muerte de su hijo?

–“Perder a Nico ha sido muy doloroso y cada día hay algo más que liberar, pero siento que me ha fortalecido muchísimo caminar al lado de los muchachos, verlos, conocerlos, escucharlos, saber el por qué están ahí, porque ellos la tienen clara y saben por qué están allí: sus pretensiones de que todo sea mejor, de no pedir nada regalado, pues es falso que aquí estén pidiendo cosas regaladas, por el contrario, acá estamos regalando arte, cultura y todo esto no ha costado un peso a ninguna institución, todo lo ha donado la comunidad, todos nosotros; el acompañamiento y la solidaridad que se ha encontrado es increíble.

Más allá de que sea mi hijo, su muerte ha sido algo que ha unido también en pensamiento a muchos, ha transformado el pensamiento de otros, porque habían personas que pensaban que el gobierno estaba haciendo lo que tenía que hacer y en el momento en el que ven que es Nicolás, al que conocían como persona, como ser humano, creo que fue un despertar para muchos que pensaron: mire, si están matando a los jóvenes, si están matando a los artistas, si están matando y queriendo callar a todas las voces que se levantan a pedir un mundo mejor es porque estamos muy mal.

Y esa es como parte de las razones que llevan a todos estos jóvenes a protestar. Una realidad en la que es muy triste que se hayan perdido vidas de lado y lado, tanto de la fuerza pública como de nuestros jóvenes, como personas que ahora están desaparecidas, de las jóvenes violadas, todo esto se suma en un indicativo muy grande de que nuestra sociedad no está bien, de que es necesario un cambio. Tenemos que pensar, más allá del dolor de cada uno, más allá de saber que he perdido a Nicolás, pues no soy la única madre que sufre o que llora por la pérdida de un hijo, de un familiar, entonces, si yo lo miro desde ahí también hago parte de ese resurgir de esta sociedad, porque realmente como sociedad estamos muy mal, muy mal, y si esto no cambia en este momento de la historia, realmente no sé cuándo será”.

Al concluir esta idea nos miramos mutuamente y reconocemos en su rostro el dolor pero también la esperanza en que esta sociedad logre el necesario cambio que los marginados, que son mayoría, han exigido desde siempre, deseo y exigencia que ahora mantiene en la calle a miles, cerrando vías o alzando su voz de protesta y de esperanza.

Y como eco de voces y tonos de luz que así lo presagian, llegan a nuestros oídos las palabras de quienes en los talleres de lectura comparten con quienes se han animado a congregarse allí, así como los alegres tonos desprendidos por las gargantas de quienes comparten su saber musical, así como las sombras que se proyectan desde los malabaristas. Las familias allí reunidas, con sus hijos, así como los jóvenes de distintas edades y sexos que llenan el espacio, le brindan a Laura, la madre de Nicolás Guerrero confianza en que así será. A nosotros también.


Las dos muertes

Julián Malatesta. Santiago de Cali, 20 de mayo de 2021

 

La tarde caía vertiginosa,
los estallidos y la pólvora le hurtaban la luz.
Los muchachos con sus escudos de lata y trozos de madera,
se ejercitaban como legionarios antiguos
en las tácticas del repliegue y la ofensiva.

Josué levantó la mano e imploró al sol que se detuviera,
ansiaba ponerle el tatequieto a la noche
que se les venía encima con sus densas manos negras.
A empellones me abrí paso hasta la barricada
y me puse en la primera línea.

Ese es mi muchacho, me dije,
y halé a Josué de la camisa, ordenando:
Nos vamos ya, es hora de irse.

¿Usted quién es? Contestó airado.
Soy tu muerte, la tuya, la propia.
Mi hermana, que trabaja a sueldo con las tropas,
La mercenaria, la traidora, te tiene en la lista.
Es hora de irse…
La vida del muchacho alucinaba con el brillo de los explosivos,
Lo sacudí con fuerza y grité:
¡Hasta que tu vida y yo cerremos el último umbral,
soy tu muerte, carajo!
¡Ese es nuestro pacto!

Pero mi hermana,
la mercenaria, la ajena, la súbita,
del otro lado ultima los detalles,
esos hombres de negro le pagan a destajo.

Estaba yo en estas, encontrando palabras…
Usted me entiende, señora,
cuando un balazo dobló a Josué entre mis brazos
y ya no pude traerlo a casa.

 

 

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Fotografía: Felipe Martínez

Perder un hijo o un familiar por exigir un país mejor no debería suceder, sin embargo, en Colombia esta realidad parece la norma. Son cientos de familias que han perdido a sus seres queridos desde el 28A, ya sea por la muerte o la desaparición. Laura Guerrero es una madre víctima del terrorismo de Estado, también es ejemplo de dignidad y fortaleza para toda la sociedad.

 

Su semblante está tranquilo, a pesar del dolor que con seguridad la embarga. Ella está allí, recibida con cariño por unos y otras, y a pesar de la nostalgia, de los recuerdos de madre y amiga, expresa alegría por lo que ve.

En realidad, la juventud la llena de confianza de que vendrán días de cambio, días de esperanza, días de mejor vida, con seguridad los mismos anhelos que inspiraban a su hijo Nicolás para plasmar en paredes antes abandonadas y deterioradas, en compañía de compañeros, grandes murales para alegrar la ciudad, para llenar de color la vista de quienes por allí transitarán.

Cuando la saludamos y le pedimos la entrevista no duda, accede de una, y no demora en responder a nuestra primera pregunta: –“Mi nombre es Laura Guerrero, soy la mamá de Nicolás. Vengo hoy a la biblioteca porque un amigo muy cercano de mi hijo me cuenta que van a pintar lo que era el CAI, que fue quemado y quedó muy dañado. Me dicen que el proyecto es que esto sea una biblioteca…”.

Al expresar esta palabra parece rememorar algo y enfatiza: –“La idea me pareció muy buena, y me llevó a recordar a mi hijo que le gustaba mucho leer y que se hizo a una llave del saber para poder estar yendo a la biblioteca con su niña pequeña y con su hermanito menor. Por eso le entré de una al proyecto, porque vi que era algo bueno y cuando ya llego y me encuentro con esta cantidad de jóvenes maravillosos, con tantas ideas, empieza a formarse una lluvia de ideas y veo que una es más encantadora que le otra; realmente, digamos, que también me metí en el cuento”.

 

Fotografía Felipe Martínez

 

Mientras Laura, como de una la llamamos con confianza, al sentir su espíritu y ver su joven semblante, así como al sentir su afinidad con la juventud, atiende a nuestras preguntas, el espacio gana más concurrencia y una y otra expresión artística encuentra lugar para compartir con toda la gente allí convocada. Hay lugar para la creación y para fraternizar, y todos están felices de que así sea.

Ella nos cuenta que el espacio apenas tiene con ocho días de existencia, y prosigue con la entrevista: –“Todo lo vivido en estos pocos días de construcción de la biblioteca es la muestra de que la gente tiene necesidad de contar con sitios y oportunidades para satisfacer su sed de cultura, que hay una aceptación de la comunidad, que la gente quiere y necesita este espacio para que haya una oferta cultural más cercana”.

Hay alegría en su narración, pero también nostalgia, no es para menos. Aprovechamos los segundos de meditación en lo que nos está compartiendo para dirigir nuestra mirada hacia los músicos que se presentan con alegría ante la multitud de comunidad. Pero solo tras unos segundos más su palabra convoca de nuevo nuestra atención: –“Esto es como un oasis en medio de tanta tensión; aún estamos a la defensiva, en muchos momentos de tranquilidad igual no deja de pasar la policía, no dejamos de sentirnos merodeados, pero hemos podido permanecer y la compañía de tanta comunidad ha sido increíble, han traído muchos libros, han donado dinero y pintura; el dinero se ha invertido en reparaciones y en seguridad, en candados, y en otras muchas cosas.

En este momento nos vemos respaldados por la comunidad, que tenía la biblioteca más cercana realmente lejos: entonces, la gente ha podido acercarse al picnic literario y ha encontrado muchísima oferta cultural”.

 

Fotografía Felipe Martínez

 


¿Cómo era Nicolás?

Del presente para el pasado, el inmediato y el más lejano. A pesar de las fibras que pudiera sensibilizar no podíamos dejar de preguntar por el ser humano, y ante la pregunta, con serenidad, la madre cuenta: –“Era un joven con muchos sueños, sueños de una mejor ciudad y por consecuencia, de un mejor país. Soñaba con traer a su hija al país, soñaba con que existiera, a menor costo, muchísimo material para que los jóvenes pudieran expresarse culturalmente, porque él sentía que dentro de las escuelas y colegios había un vacío en cuanto a lo que muchos jóvenes quieren; entonces, pensaba en talleres, en muchos momentos especiales con los muchachos más pequeños para que pudieran aprender.

Mucho de estas cosas que a él le gustaban, como era el arte de pintar, el grafiti, no se lo patrocinan sino las mamás, y a veces nos vimos en dificultades para poder comprar materiales, por lo costosos, mucho más para él que le gustaba pintar piezas grandes y eso demanda muchos aerosoles.

En medio de sus anhelos él pensaba en todas las personas que tienen capacidades artísticas, para pintar, pero que no pueden explotarlas porque precisamente no tienen los recursos. Era muy soñador con todo eso, tenía esperanzas de que la ciudad y el país podía ser habitado por personas civilizadas que respetaran, porque muchas veces se sintió agredido, irrespetado por parte de la misma fuerza pública que llegaba simplemente a atropellarlos; cuando así sucedía regresaba aburrido a la casa y decía ‘mamá estábamos pintando un lugar bien feo, estábamos tratando de dejarlo bien y no faltó quien llegara a importunar, a impedir’, y muchas veces me dijo que les quitaban materiales; algunos de sus amigos me decían: ‘la policía nos quitó la cámara, la policía nos robó el celular’. Entonces, eso es muy triste, así que él esperaba que no tuvieran ese tipo de situaciones para vivir libres y en paz.

A él y a ellos lo motivaba, los motiva, sus manifestaciones artísticas, querían hacerlo simplemente sin ninguna oposición, no tanto por vandalizar y rayar y dañar, sino porque querían recuperar muchos espacios de la ciudad abandonados, que de hecho ya nadie pintaba, lugares donde la Alcaldía no lo hacía.

Él estaba con un colectivo, tenían muchas ideas, incluso para presentarlas a la Alcaldía. Él, digamos, que murió esperando esa oportunidad porque había que presentarlos como un proyecto y él no sabía hacerlo, entonces en alguna ocasión le dije mándemelo y lo revisamos y me decía: no mamá, yo quiero aprender a hacerlo porque a muchos se los van a pedir y quizás pueda enseñarles a otros cómo hacerlo”.

 

Fotografía Felipe Martínez

 

 


El asesinato

Su relato avanza sin voces de duda o inseguridad, lo que denota confianza en los proyectos de su hijo, en sus gustos artísticos, en su amor por lo que hacía y quería entregar a toda la ciudad. Agarrados por su voz y gestos, de madre, pero también de amiga de quienes estuvieron con su hijo, seguimos atentos a su testimonio:

–“Era una persona completamente independiente, ya vivía aparte, tenía su familia, sus ideas muy claras de lo que quería y quizá por eso el día que suceden los hechos estaba lleno de frustración y también de rabia por el momento que se estaba viviendo alrededor. Ese día ellos habían estado en una velatón por los muertos; él también estuvo llevando ayudas humanitarias para los puntos, lo que respecta a alimentos y a insumos médicos.

Así que en la noche estaba cansado, tomó su última comida y se iba a ir a dormir, pero en algún momento escuchó que había pocas personas aquí para resistir y se vino otra vez hacía este lado; entiendo que la velatón estuvo pacífica hasta que llegó el Esmad a intimidarlos, luego hay gases; dicen que había un sentimiento de mucha rabia, impotencia y frustración por el gas que lo cubría todo –las unidades residenciales están ahí cercanas–, así que él toma la decisión de ir adelante; la verdad no puedo saber en ese último instante las cosas que hayan pasado por su cabeza, pero ellos estaban haciendo resistencia y la policía no tuvo ningún problema en dispararle a mi hijo en su cabeza y pues cayó inconsciente, no tuvieron en ningún momento la más mínima consideración hacía mi hijo y parar, por el contrario, estando en el piso no lo dejaban auxiliar sino que tiraban más gases sobre los muchachos, ellos aguantaron y lo cogieron como pudieron y se lo llevaron para que fuera atendido, pero solo resistió unas horas conectado a aparatos y finalmente no pudo más. Esa fue la situación, bastante triste, que derivó en la muerte de mi hijo ese día después de haber estado en paz.

Tuve la oportunidad de regresar al día siguiente al lugar donde murió y era una escena de guerra, había cualquier cantidad de indicativos de que era una guerra. Revisando los videos grabados de lo sucedido, estoy segura que, si la fuerza pública se hubiera parado a evitar cualquier desmán, simplemente no hubiera pasado de allí porque los muchachos no estaban en son de pelear con nadie, y ese es el común denominador en todos estos lados, no hay afán por impedir, por cerrar la vía, como muchos dicen”.
¿Qué ha pasado con el caso?

–“Nada. Hasta el día de hoy solo vi unas declaraciones mentirosas del Ministro diciendo que el caso estaba siendo investigado y que había unas personas comprometidas, lo cual es falso.

Para reunir pruebas me ha tocado caminar la misma escena, los mismos escenarios, para poder buscar la información, porque en su momento también atrevidamente afirmaron que ese día habían vandalizado el D1, cuando mi hijo cae es en el TCC, y entre ambos puntos hay una distancia bien pronunciada; además, los daños en el D1 fueron muchos días después”.

¿Qué ha sucedido después de la muerte de su hijo?

–“Perder a Nico ha sido muy doloroso y cada día hay algo más que liberar, pero siento que me ha fortalecido muchísimo caminar al lado de los muchachos, verlos, conocerlos, escucharlos, saber el por qué están ahí, porque ellos la tienen clara y saben por qué están allí: sus pretensiones de que todo sea mejor, de no pedir nada regalado, pues es falso que aquí estén pidiendo cosas regaladas, por el contrario, acá estamos regalando arte, cultura y todo esto no ha costado un peso a ninguna institución, todo lo ha donado la comunidad, todos nosotros; el acompañamiento y la solidaridad que se ha encontrado es increíble.

Más allá de que sea mi hijo, su muerte ha sido algo que ha unido también en pensamiento a muchos, ha transformado el pensamiento de otros, porque habían personas que pensaban que el gobierno estaba haciendo lo que tenía que hacer y en el momento en el que ven que es Nicolás, al que conocían como persona, como ser humano, creo que fue un despertar para muchos que pensaron: mire, si están matando a los jóvenes, si están matando a los artistas, si están matando y queriendo callar a todas las voces que se levantan a pedir un mundo mejor es porque estamos muy mal.

Y esa es como parte de las razones que llevan a todos estos jóvenes a protestar. Una realidad en la que es muy triste que se hayan perdido vidas de lado y lado, tanto de la fuerza pública como de nuestros jóvenes, como personas que ahora están desaparecidas, de las jóvenes violadas, todo esto se suma en un indicativo muy grande de que nuestra sociedad no está bien, de que es necesario un cambio. Tenemos que pensar, más allá del dolor de cada uno, más allá de saber que he perdido a Nicolás, pues no soy la única madre que sufre o que llora por la pérdida de un hijo, de un familiar, entonces, si yo lo miro desde ahí también hago parte de ese resurgir de esta sociedad, porque realmente como sociedad estamos muy mal, muy mal, y si esto no cambia en este momento de la historia, realmente no sé cuándo será”.

Al concluir esta idea nos miramos mutuamente y reconocemos en su rostro el dolor pero también la esperanza en que esta sociedad logre el necesario cambio que los marginados, que son mayoría, han exigido desde siempre, deseo y exigencia que ahora mantiene en la calle a miles, cerrando vías o alzando su voz de protesta y de esperanza.

Y como eco de voces y tonos de luz que así lo presagian, llegan a nuestros oídos las palabras de quienes en los talleres de lectura comparten con quienes se han animado a congregarse allí, así como los alegres tonos desprendidos por las gargantas de quienes comparten su saber musical, así como las sombras que se proyectan desde los malabaristas. Las familias allí reunidas, con sus hijos, así como los jóvenes de distintas edades y sexos que llenan el espacio, le brindan a Laura, la madre de Nicolás Guerrero confianza en que así será. A nosotros también.


Las dos muertes

Julián Malatesta. Santiago de Cali, 20 de mayo de 2021

 

La tarde caía vertiginosa,
los estallidos y la pólvora le hurtaban la luz.
Los muchachos con sus escudos de lata y trozos de madera,
se ejercitaban como legionarios antiguos
en las tácticas del repliegue y la ofensiva.

Josué levantó la mano e imploró al sol que se detuviera,
ansiaba ponerle el tatequieto a la noche
que se les venía encima con sus densas manos negras.
A empellones me abrí paso hasta la barricada
y me puse en la primera línea.

Ese es mi muchacho, me dije,
y halé a Josué de la camisa, ordenando:
Nos vamos ya, es hora de irse.

¿Usted quién es? Contestó airado.
Soy tu muerte, la tuya, la propia.
Mi hermana, que trabaja a sueldo con las tropas,
La mercenaria, la traidora, te tiene en la lista.
Es hora de irse…
La vida del muchacho alucinaba con el brillo de los explosivos,
Lo sacudí con fuerza y grité:
¡Hasta que tu vida y yo cerremos el último umbral,
soy tu muerte, carajo!
¡Ese es nuestro pacto!

Pero mi hermana,
la mercenaria, la ajena, la súbita,
del otro lado ultima los detalles,
esos hombres de negro le pagan a destajo.

Estaba yo en estas, encontrando palabras…
Usted me entiende, señora,
cuando un balazo dobló a Josué entre mis brazos
y ya no pude traerlo a casa.

 

 

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Publicado enColombia
Sábado, 26 Junio 2021 18:08

Viviendo en la primera línea*

Fotografía: Felipe Martínez

“Aquí una vez llegó un carro rojo disparando, le pegaron a un amigo en la cabeza y lo dejaron muerto, nosotros fuimos a recoger el cuerpo y logramos que el carro se fuera a punta de rocazos, pero después volvieron disparando y ahí si nos tocó salir a correr. Vos no me lo vas a creer, pero… –en ese momento duda si contarlo o no– se bajaron, montaron el cuerpo y lavaron la calle para desaparecer la sangre”.

De este calibre son las terribles historias que escuchamos en nuestro corto viaje de tres días a la ciudad de Cali a finales de mayo. En medio de las barricadas artesanales que bloquean las principales avenidas de la ciudad, nos fuimos acercando a los jóvenes populares que hacen parte de la primera línea, y que, aunque no ocultan su recelo y desconfianza con quienes llegan a conocer su experiencia, pudimos conversar con ellos y ellas, y así entender un poco lo que implica la vida en la primera línea.

 

Fotografía Felipe Martínez

 

La juventud que dijo: ¡ya basta!

Seguramente ninguna organización de las que integra el Comité Nacional de Paro –CNP– se imaginó que su convocatoria a la parálisis y protesta nacional del 28 de Abril, alcanzaría eco y masiva sintonía entre cientos de jóvenes pobladores de las diversas barriadas populares que forman las ciudades colombianas, con especial repunte en Cali.

Seguramente que esos jóvenes nunca serían considerados como un actor político, mucho menos con capacidad para marcar la diferencia en la actualidad, pues como era evidente a simple vista no estaban organizados como lo manda la tradición política, y no integraban ninguna plataforma o movimiento social o político que pudiera mostrar algún potencial.

Seguramente estos habitantes de las barriadas, de las periferias urbanas, desclasados, desempleados, en rebusque permanente, integrantes en no pocas ocasiones de las llamadas pandillas, siempre fueron vistos y tachados como los “ñeros”, “viciosos”, “barristas”, “ladrones” que nunca construirían un escenario de resistencia popular. Pero la vida sorprende y alecciona. Hoy son esos sectores excluidos, despreciados, los miserables, los ninguneados que han vivido la vida en medio de la precariedad, en ambientes delincuenciales, que en las estadísticas se les nombra como “ninis”, quienes enfrentan con más furia a la Policía y a las fuerzas paramilitares que atacan continuamente la movilización social.

 

Fotografía: Felipe Martínez

 

Son ellos, quienes junto a otra multiplicidad de juventudes (estudiantes, trabajadores informales, profesionales sin oportunidades laborales, artistas, deportistas, activistas sociales, desempleados, entre otros) hoy toman la cabeza del levantamiento popular juvenil urbano, y bajo el nombre de primera línea, son quienes han puesto la mayoría de muertos y quienes insisten en mantener los bloqueos permanentes o puntos de resistencia en la ciudad de Cali.

Cuando escuchan la pregunta, ¿y cuándo levantarán el bloqueo? Responden sin duda alguna con sus rostros que no van a retirarse de los puntos, que allí es donde han construido una vida diferente, donde dijeron ¡ya basta! de tanta miseria y precariedad. En esa resistencia es donde podemos observar lo que hoy parece ser una frase cliché “son jóvenes que no tienen nada que perder”, pero que cuando son abordados en un diálogo entre iguales se comprueba de inmediato que es cierto, que en efecto están dispuestos a morir, de ser necesario, todo sea por y para conseguir una vida digna para todos y todas.

Paso del comercio o “Paso del aguante”

Caminando entre los distintos puntos de resistencia que animan la vida del norte de la ciudad llegamos al Paso del comercio hoy rebautizado “Paso del aguante”. Allí, como en el resto de puntos, la brutalidad policial, militar y paramilitar ha sido permanente. Los jóvenes que se atreven a mantenerse en el escenario han vivido un tratamiento de guerra nunca visto en las ciudades colombianas, ejemplo de lo cual fue la denuncia de la Red de Derechos Humanos Francisco Javier Ocampo Cepeda, quienes documentaron que el pasado 4 de junio se realizó un “operativo combinado entre la Policía nacional, Esmad, Goes y Ejército en contra de los manifestantes y la comunidad del sector, que dejó el lamentable resultado de 4 jóvenes asesinados por arma de fuego, más de 20 heridos, uno de gravedad, más de 15 jóvenes aprehendidos arbitrariamente, detenciones ampliamente ilegales por el uso desmedido de la fuerza, tratos crueles y degradantes a los que fueron sometidos, tres allanamientos arbitrarios, prensa agredida y amenazada, misiones médicas atacadas, desapariciones forzosas y hostigamiento permanente a la comunidad”.

 

Fotografía: Felipe Martínez

 

En este punto, sin pretenderlo, un joven encapuchado se nos acercó y comenzó a contarnos su historia en esta coyuntura, no hubo necesidad de hacerle muchas preguntas para que su palabra nos hiciera comprender lo que está pasando:

“Ponernos en pie de lucha para que nuestro gobierno nos escuchara se convirtió como en un pecado capital porque nos comenzaron a oprimir, a restringirnos nuestra opinión, a desaparecernos nuestros amigos, a matarlos delante de los ojos de muchas personas (madres, amigos, hermanos), tenemos personas que en este momento no figuran ni en las morgues de Cali, están apareciendo fosas comunes a las afueras de la ciudad. Todo esto ha llevado a que la rebeldía del pueblo y la ira nuestra surja cada día más.

A medida que el gobierno no escucha y hace caso omiso, la policía, las fuerzas que nosotros considerábamos que nos protegían de todo lo malo y perverso que podía suceder, se volvieron todo lo contrario, ahora no sabemos quién está de parte del pueblo, quién nos ayuda, quién nos brinda un apoyo.

Los puntos de misión médica que tenemos en las resistencias aquí en Cali (Paso del comercio, Sameco, Puerto Rellena, Juanchito, Calipso, y muchos otros más) son puntos de control ante un genocidio que estamos viviendo los jóvenes que solo buscamos un futuro. Y si esto se va a volver una masacre, no sé a quién pedirle ayuda, no nos quieren escuchar realmente y todos los días son una zozobra porque todos los días hay muertos y no sabemos a quién acudir”.

Siempre atento a lo que ocurre en la zona de su control, este joven de unos 25 años y que prefiere ser anónimo, continúa contándonos su indignación que estaba urgida de un oído atento. Ante la pregunta, ¿Cómo es vivir un día en la primera línea?, respondió con crudeza:

“Para muchos que prestamos el servicio militar y tenemos experiencia de guerra o de combate son 12 horas, casi 24 de pelea. Pasas días sin dormir, sin poder ir a tu casa, protegiendo a tus amigos, tratando de ayudar a la gente que lo necesita, resistiendo en los puntos de control que la policía quiere tomar a las malas. Vivir tras la primera línea de fuego es prácticamente combatir, como lo que tú ves en televisión, como la guerra en Palestina, la franja de Gaza, es lo mismo, pero a un nivel más bajo de violencia porque no se tienen los recursos para poder sostener un combate contra el Esmad, sino con productos artesanales y las mismas guevas que nosotros los jóvenes estamos poniendo frente a toda esta masacre que ellos prolongan. Aquí un minuto es una hora, un segundo es eterno, sinceramente mucha gente peligra, muchos dejamos de trabajar para que esto se organice y la primera línea cree una conciencia en todo el país”.

Cuando termina su respuesta, inmediatamente le preguntamos ¿Quiénes son los jóvenes que están en la primera línea? Se queda un momento en silencio, respira profundo y con contundencia responde:

“Mirá, son personas de estrato 1, 2 y máximo 3, personas que tenían un empleo, que vivían de un mínimo, personas que vivían de la calle, en los semáforos, que tenían que cumplir un horario, personas del común. No son delincuentes –resalta con firmeza–, de pronto los podrán llamar delincuentes y vándalos por acciones que ellos mismos toman debido a que la autoridad los ataca y atentan contra su vida, pero son personas como vos o como yo, que tenemos sueños, que tenemos derechos, también tenemos deberes, pero es que no sentimos que estemos en igualdad de muchas personas y pues todo tiene que ser parejo, una educación, salud, todo tiene que ser equilibrado, debe haber recursos para que los jóvenes salgamos adelante, este es un país que tiene como hacerlo, pero no quieren y no entiendo el por qué”.

 

Fotografía: Felipe Martínez

 

Puerto Madera

El punto de resistencia levantado en Puerto Madera también ha sido uno de los más golpeados y donde la ofensiva policial ha cometido los crímenes más atroces contra la juventud, solo basta recordar el denunciado por la comunidad centro de tortura en que se convirtió el almacén Éxito de Calipso, en donde muchos testimonios, llenos de miedo y terror, nos denunciaban en voz baja que allí descuartizaron jóvenes. Los barrios populares que componen este sector de Puerto Madera son San Pedro, Diamante, Julio Rincón y Calipso.

Allí, en medio de las barricadas llenas de vecinos y vecinas, ollas comunitarias y música, conocimos a Luclau, una mujer joven líder comunitaria, quien nada más viendo las marcas que carga en su cuerpo puede notarse la vida dura que ha sobrellevado. Es oriunda del barrio Julio Rincón, con respecto al cual nos dice fue tomando forma a partir de una lucha popular potenciada por Provivienda, una organización popular cuyo nombre resume su propósito sin tapujos, y “por eso la comunidad se ha hecho afín con la protesta y la ha apoyado”.

Luclau nos cuenta sobre lo difícil que ha sido vivir esta coyuntura, así como las cosas bonitas que se dan en medio de la resistencia de los jóvenes populares, o “los muchachos” (como denominan a lo largo y ancho de la ciudad a la primera línea), también habló de la unión vecinal en el punto de bloqueo:

“Mirá, una cosa que no se habla es que en los primeros días del paro aquí hubo siete muertos, pero el gobierno municipal solo habló de uno. Aquí la gente está con mucho miedo y nadie ha venido a hablar con nosotros, ni el gobierno municipal o nacional, mucho menos el Comité del Paro.

En el día a día la comunidad colabora todo el tiempo, se acerca mucha gente a brindar la alimentación, no recibimos nada preparado, todo se prepara directamente en una olla comunitaria y los jóvenes están enumerados para poder llevar un orden y saber quiénes faltan, porque por temas de seguridad no se puede estar gritando aquí por nombres.


Aquí hubo algo muy bonito y es que los mismos muchachos que tenían enfrentamientos entre pandillas hicieron una tregua de paz, eso nos tocó mucho y verlos ahora juntos es esperanzador.

Hay días que la comunidad sale y apoya, pero después de las 8 de la noche se vive una zozobra, hay gente que dice que es una “paz tensa”, un silencio que lo rompen las balas que vienen desde el sector del Éxito de Calipso, allí hay una concentración de policías que nadie nos ha dado una explicación de por qué el supermercado permite que ahí viva la Policía permanentemente”.

Luclau nos hace un recorrido por todo el punto y nos lleva a conversar con “los muchachos”. Fumando cigarrillo, sentada junto a otros jóvenes primera línea, encontramos a #34, una joven menudita que se anima a darnos su relato como mujer en este proceso de resistencia:

“En este momento estamos timbrados, asustados por lo que está pasando, porque aquí vienen las “personas de bien” a dispararnos, sabiendo que aquí no estamos haciendo nada malo, estamos en una protesta pacífica, aquí no hay ningún problema, no se te cobra peaje, a nadie se le cobra nada. Si la gente quiere dar dinero nosotros le decimos ‘más bien tráiganos una gaseosa, pero con dinero no’.

Nosotros estamos mirando que está pasando, nosotros no vamos a bajar la cabeza, esto no se va a acabar, vamos a seguir hasta que veamos un cambio. En este momento tenemos muchos desaparecidos en el Éxito y no nos han respondido por ninguno… desde antier no aparece una peladita que es una guerrera que todos la conocemos y le tenemos aprecio y se la llevaron para el Éxito y no aparece, nadie sabe de ella.

¿Ser mujer en la primera línea? Principalmente ha sido un reto. Cuando yo me encapucho parezco un niño, entonces me empiezan a gritar “mano no sé qué o socio por aquí”, pero entonces cuando ven que me quito la capucha porque estoy asfixiada cuando hay mucho gas y se dan cuenta que soy una mujer entonces todos quedan como asombrados y dicen ‘¡uy! ¿una mujer aquí en primera línea dando la lucha?’, eso es una cosa que no podría explicarte, al igual que lo que sientes cuando estás ahí en pleno combate y vas corriendo y puedes ayudar a salvarle la vida a alguien o no digamos salvarle, mejor alargarle la vida un poquito más.


Después te vas dando cuenta que ya no tenés conocidos, sino una familia, porque eso somos ahora, hermanos capuchos que nos cuidamos unos a otros y para eso es la primera línea, para no dejar morir a nadie. Ver que conozco tantas personas aquí que sé que en cualquier momento me van a servir de mucho apoyo y no me van a dejar morir, es un sentimiento muy bonito que llena también de tristeza a la vez, ¿no? Porque a veces también de la nada llegan personas llorándote y diciéndote ¡gracias! por haberlo cubierto en algo que es una guerra totalmente ilógica”.

El sol va bajando y la temperatura gana algo de fresco, los jóvenes conversan y se ríen a carcajadas, alguno ya nos tiene listo un casquillo de una bala que les dispararon la noche anterior para que le tomemos una foto. El cigarrillo se consume, #34 lo aspira profundo y soltando el humo culmina su relato de una manera completamente asombrosa:

“Yo soy madre, soy hija, soy hermana y estoy muy consciente que no le puedo dejar el país así a mi hijo, ni mucho menos el barrio donde va a crecer, donde se va a criar y a conocer mucha gente. A mí siempre me ha gustado mucho ayudar a las personas, siempre velo por el bienestar de las otras personas y después por el mío, entonces mientras mis compañeros y mi familia (que es este país) estén bien yo voy a estar bien”.

 

Fotografía Felipe Martínez

 


Puente de las mil luchas

La diversidad de las primeras líneas es tal que en las barricadas es común encontrar también personas transgénero, homosexuales y lesbianas, allí nadie discrimina por orientación sexual. Así mismo, las mujeres en todo este ejercicio se han posicionado de una manera que todos los hombres con los que hablamos las admiran por su valentía para enfrentar la represión.

En el Puente de los mil días, hoy bautizado como “Puente de las mil luchas”, conocimos a La ratona, una mujer asombrosa, que con su voz fuerte y animada reflejaba el papel que las mujeres tienen en todos los puntos de resistencia. Luego de pasar sus esquemas de seguridad y verificar la existencia del periódico desdeabajo, sin problema accedió a darnos la entrevista:

“Bueno, este puente literalmente se llama ‘de los mil días’ ¿ya?, pero se le ha cambiado por el “Puente de las mil luchas” Este punto salió exactamente con el apoyo de casi todo lo que es Distrito. Esta parte del norte y del oriente que no se siente, que es la trabajadora, la que tiene que empezar totalmente desde abajo, la que le quitan lo poco y nada que tiene, la gente de acá tiene que rebuscársela porque no hay forma de un estudio, porque hasta los colegios públicos que existen por acá se vuelven privados. Entonces, de acá surge este punto, este lecho de todos esos pelados guerreros, esos chinos que tienen que volverse carpinteros sabiendo que quieren ser ingenieros, pero les toca, porque no hay opción, porque no hay estudio que les pueda dar esa garantía de poder explotar eso que tienen, ese conocimiento que pueden dar”.

Al preguntarle ¿Cómo es la cotidianidad de un día normal en la primera línea?, responde con sinceridad:

“Bueno, un día normal en la primera línea es levantarse desde las seis de la mañana, hora en la que normalmente llegamos al punto, y reunirnos todos y saber que siempre viene la policía a molestar en las mañanas, siempre, esa es la hora en que ellos quieren venir a quitar las barricadas, a pelear con uno, entonces siempre se presenta como ese va y ven. De ahí empezamos con la cocina, empieza el acto cultural, eventos para los niños, canto, dibujo y demás. Entonces, siempre empieza la mañana así; ya se hace la concentración completa, llegan más eventos y mientras tanto nosotros somos como la protección del evento, porque ha sucedido el caso de tener un evento en vivo aquí, con niños, familias y sin importar llegan civiles por esta vía a hostigar, a balear, entonces nos ha tocado a nosotros contener, tener la protección de todos los puntos mientras nos desplegamos, y pues poder formarnos así.

[…] aquí las noches son pesadas, muy pesadas, porque las condiciones del punto no son muy seguras, nos pueden atacar por muchos lados, entonces uno sabe que aquí tipo 5:30 a 6:00 de la tarde ya uno se va preparando, ya la moral le va subiendo, uno dice: ‘bueno ya se aproxima la hora y vamos a hacerle’”.

Mientras conversamos el ambiente aún no está pesado, como lo califican cuando se acerca o hay confrontación, quienes integran la primera línea descansan o cumplen de manera tranquila con sus funciones. Nosotros miramos sobre todo el entorno, y sentimos la tranquilidad, como vemos en los ojos de nuestra entrevistada la sinceridad con que nos narra sus vivencias, que son las de otros muchos. Y proseguimos:

¿Cómo ha sido su experiencia como mujer en esta primera línea?

“¡Uy!, cómo mujer en esta primera línea ha sido como complicado porque siempre una tiene esa confrontación con el hombre patán, con el hombre machista, de no, pues entonces déjame pasar y todo y pues armarse una de valor y así le peguen un bofetazo vamos a ver quién aguanta más. Entonces, siempre ha sido como ese carácter de mujer así guerrera y el de siempre salir como adelante, esa experiencia acá ha sido muy bacana porque una conoce muchas personalidades y muchos sueños, ¿sabes?, y eso lo motiva más.

La experiencia como mujer ha sido brava, aquí hay mamás, madres cabeza de hogar jóvenes que no han podido encontrar futuro. Entonces, es ver esa unión entre todos aquí, ha sido muy bonita, la experiencia ha sido hasta bacana porque literalmente uno conoce muchas personalidades y aquí hay muchos sueños, demasiados, detrás de esas barricadas, detrás de esos escudos, detrás de esos tapados, detrás de estas máscaras hay un millón de sueños y es bonito conocerlo y saber que todos los días una se para aquí por el sueño de uno y el de cada uno, eso es bacano, ha sido una experiencia muy chévere”.

Las horas pasan y al fondo de donde estamos situados realizando la entrevista algunos jóvenes van fortaleciendo las barricadas, agregando palos, varillas, piedras y todo lo que se encuentran; otros intentan tumbar un poste, suenan radios que informan lo que sucede en otras partes del puente; así mismo, como es viernes, la música empieza a sonar y muchos jóvenes comienzan a bailar salsa. En ese momento le preguntamos a La ratona sobre la coordinación entre puntos de resistencia:

“Bueno, la coordinación empezó desde que se vio dominado cada punto y se vio totalmente estable, que se sostenía, iba la gente, estaban parando y la cosa iba en serio, entonces comenzamos a tratar de contactarnos con las personas de primeras líneas, ya entre nosotros empezamos a hablar y pues consideramos que ya somos bastantes puntos y de ahí se escoge uno o dos voceros que vayan en representación a las reuniones de todos los puntos. Así empezamos, digámoslo así, a concordar qué vas hacer de evento, cómo están allá, mirá, los muchachos se perdieron, los cogieron y así. Nos mantenemos comunicados para llevarnos ayuda, para decirnos “no, pues mandá, mirá por donde aparecen o busquémoslos”, y así miramos cómo nos encontramos entre todos. Entonces, ha sido más que todo eso, una comunicación hasta para nuestra seguridad”.

El diálogo fue fluyendo y las preguntas también: ¿Cómo aprendieron a luchar y a aguantar toda la represión?

“Yo creo que… no sé, eso se fue aprendiendo cada día, a dar el aguante, a mirar que cada día habían más desaparecidos, más daño nos estaban haciendo, pero que de pronto podíamos, ahorita sí, este fue el momento, este fue el boom de la generación y dijimos pues vamos a hacerle. Literalmente aquí, mirá, fueron muchos instructivos la verdad, porque uno, como las demás personas, ve cómo nos podemos levantar lo que vamos necesitando: las personas que manejan los escudos, muchachos hagamos esto, miremos cómo es que se para, así se hacen los escudos. Aquí hay universitarios que conocen de muchas cositas que han estudiado, entonces dicen: no, así no, vení hagamos esto y esto va así. Entonces, ha sido como ese tipo de aguante, aquí realmente nos hemos ido construyendo poco a poco. Bajo conocimiento propio. Así. Literal”.

Para cerrar la entrevista, le preguntamos sobre el futuro que deseaba y esperaba, y ahí fue cuando nos percatamos que esta juventud tiene claro hacia dónde va caminando, y tiene esperanzas y disposición para lograr y vivir un futuro mejor:

“¿Qué espero que pase? –se asombra– ¡Uy!, yo quiero que, o bueno, esperaría que literalmente fuera una Colombia nueva, que en serio ya dejemos que soñar con ir al extranjero a cumplir un sueño y estudiar, sino que el sueño lo cumplamos aquí, que estudiemos aquí, que nos preparemos aquí, que no tengamos que separarnos de la familia simplemente porque aquí el país no da. Me gustaría que hasta del extranjero vinieran a estudiar aquí; que dijeran ‘allá en Colombia es donde tengo que estudiar porque me quiero volver profesional’, y no que nosotros tengamos que pensar en tener que salir, porque nos toca, porque el Estado nunca da garantías de nada. Yo soñaría demasiado, por lo menos que mi familia, que tengo en el extranjero, empezando por mis sobrinos y mi papá, volvieran y acá se pudiera hacer una vida totalmente estable. Eso me gustaría, que aquí se sintiera que esto es Colombia, que lo que quizás hablan mal allá de Colombia lo borremos con todo lo bueno que podemos dar, eso, que digan, Colombia, un país berraco, esos hijuemadres se pararon durísimo por lo suyo y vea ahorita lo que son”.

Asentimos con la cabeza a su respuesta, y sentimos que compartimos su sueño, que es el de todos y todas en este país: que algún día, ojalá más temprano que tarde, podamos gozar de una vida en felicidad, que podamos satisfacernos por vivir en dignidad, que si alguién tiene que migrar no lo haga por falta de empleo o por falta de un cupo en la universidad, que nadie tenga que dejar a los suyos para irse a rebuscar más allá del mar para levantar los pesos para la comida. Nos colocamos en pie, y le damos gracias por su franqueza, por permitirnos conocer algo de su vida, así solo sea los pasajes de los días más recientes. Y partimos en procura de ser recibidos en otro punto de bloqueo.


Imaginando otro país, luchando por conseguirlo

 

Lo que pudimos observar en las visitas a los diferentes puntos, es que cada uno tiene su dinámica, al tiempo que están coordinados. En los puntos a los que ingresamos vimos a jóvenes llenos de esperanza en medio de sus dificultades, aprendiendo de su intensa experiencia, y con ganas de dar mucho más.

Sus exigencias y demandas son muy diversas, y por lo general poco desarrolladas, debido, en lo fundamental al constante hostigamiento a que están sometidos, el mismo que no les permite concentrarse y generar sus propios espacios para construir sus agendas. Estos son jóvenes que inicialmente la pelearon por tumbar la reforma tributaria, pero de ahí se han ido generando otras exigencias y peticiones que con el paso de los días la sociedad en general, y la juventud en particular, comienzan a procesar y a desarrollar.

Las primeras líneas van tejiendo mecanismos de comunicación y discusión propios, al parecer empieza a surgir propuestas de articulación nacional, las cuales van por fuera de los movimientos sociales de izquierda y de escenarios políticos como el Comité Nacional del Paro.

Una realidad dura y aleccionadora. Aunque el CNP llegue a una negociación y declaren que el paro se terminó, estos jóvenes populares que están movilizados en las calles de Cali difícilmente abandonarán su lugar, ellos están exigiendo otros tipos de negociación, otro tipo de lugares para ser escuchados. Estamos ante el surgimiento de un nuevo actor político popular en el país; seguramente serán ellos y ellas quienes, dándole vida a otras formas de organizarse y luchar, tal vez sin las condicionantes del tiempo electoral o similares, continúen resistiendo en exigencia de un nuevo país. Llega un tiempo de inmensos retos y de intenso aprendizaje.

 

* Integrante del equipo desdeabajo y del colectivo Loma Sur. Este artículo contó con la colaboración de Sebastián Delgado, quien se encargó de transcribir parte de las entrevistas.

 

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