Una mujer afro-colombiana de 23 años en la primera línea. Antonio Cascio

Las mujeres y los pueblos indígenas son dos de los protagonistas de un levantamiento que ha sacudido la sociedad colombiana.

 

“Muchas mujeres están luchando, no solo por sus derechos, sino por los derechos de todos”, asegura Yomali Torres, activista afrocolombiana y una de las tantas que se han unido al paro nacional para demandar el fin del sistema neoliberal y patriarcal. 

Las mujeres colombianas han ejercido un papel protagonista en el actual ciclo de protestas, por una parte como organizadoras y por otra como víctimas. Actores nacionales e internacionales se han pronunciado en contra de los múltiples casos de violencia y abuso sexual reportados en todo el país. Estos hechos, sin embargo, no son exclusivos de la crisis que se vive actualmente. Tanto la policía, como las fuerzas armadas y los grupos ilegales han usado por décadas los cuerpos de las mujeres como armas de guerra. 

El paro nacional, que cumplió un mes el pasado 28 de mayo, se inició como rechazo a un plan de reforma tributaria propuesta por el Gobierno. Dicha reforma afectaría desproporcionadamente a las clases medias y bajas, en medio de la crisis económica generada por la pandemia. 

A causa de la fuerte presión de los manifestantes, el presidente Iván Duque pidió al Congreso retirar la propuesta. No obstante, el descontento social de los colombianos va mucho más allá de esta singular reforma. Prueba fehaciente de esto son las continuas, incansables y escaladas manifestaciones que se siguen desarrollando en todo el país. 

A finales de 2019, Colombia presenció varias protestas multitudinarias donde participaron diversos sectores de la sociedad. Entre los principales puntos de inconformidad se encontraban las políticas económicas, sociales y del medio ambiente, la mala implantación de los acuerdos del tratado de paz, y el alto índice de líderes sociales asesinados. De acuerdo con el reporte de la Unidad de Investigación y Acusación, 904 líderes han sido asesinados entre diciembre de 2016 y abril de 2021. 

Violencia de género: un tema que nunca acaba

Históricamente, las mujeres han sido las más afectadas por el conflicto armado y las desigualdades sociales. La violencia y los abusos sexuales son utilizados para tomar control sobre los territorios y los recursos naturales de las comunidades. En el 2005, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) publicó un documento donde indicaba que el 52% de las mujeres desplazadas reportaban haber sufrido algún tipo de abuso físico y el 36% habían sido obligadas a tener relaciones sexuales con desconocidos. 

Actualmente y bajo un contexto de múltiples transgresiones de los derechos humanos —incluyendo ejecuciones extrajudiciales, personas desaparecidas, casos de tortura, detenciones arbitrarias y uso de armas de fuego—, la violencia de género sigue siendo desplegada en contra de la población. Según la Defensoría del Pueblo, se han reportado 106 casos de violencia de género, de los cuales 23 corresponden a actos de violencia sexual. 

Con consignas como “la revolución será feminista o no será”, “no parimos hijxs para la guerra”, y “aguante por ellas, por temor a ser violadas”, manifestantes han rechazado la violencia en contra de la mujer y las desigualdades de género. 

Uno de los casos que ha ocasionado mayor indignación, es el de Alison Meléndez, una joven de 17 años de Popayán que se suicidó después de ser arrestada por la policía. Antes de quitarse la vida escribió una declaración donde acusaba a cuatro miembros del escuadrón antidisturbios (ESMAD) de abuso sexual. La víctima publicó en sus redes sociales que la policía solo la dejó en libertad al darse cuenta de que era la hija de un agente de policía. 

Grupos feministas y sus demandas 

Las mujeres de todo el país han tomado las calles demandando igualdad en aspectos como la educación, el acceso a la salud y las condiciones laborales. Su presencia ha sido significativa en grupos de defensores de derechos humanos, participantes de la primera línea y como organizadoras dentro de las comunidades. Aunque la instigación ha sido visible en todos los frentes, el caso de los defensores de los derechos humanos —en su mayoría mujeres— sale a relucir. 

“Nosotros hemos recibido amenazas de muerte de parte del ESMAD. Nos dijeron que no nos querían vivos”, asegura Isabella Galvis, del colectivo de derechos humanos Waman Iware. “En el momento nosotros no tenemos garantías. Ellos están usando armas de fuego durante las protestas y esto es ilegal bajo la ley colombiana”, asegura. 

Organizaciones feministas, por su parte, han coordinado varias concentraciones en apoyo al paro y en rechazo a las violaciones de los derechos humanos de las mujeres. El 10 de mayo, una coalición de 173 grupos feministas presentaron una lista de propuestas, donde se incluía una negociación inclusiva donde participaran todos los grupos que han tomado parte en el paro nacional, la desmilitarización inmediata de las ciudades y los territorios y una renta básica universal priorizando a las mujeres afectadas por la pandemia. 

Vulnerabilidad de las mujeres frente a la violencia y las desiguales

Los grupos afrocolombianos e indígenas han sido afectados —directa o indirectamente— por el racismo durante las actuales protestas. Cali, donde se ha reportado el índice más alto de represión y muertos, es la ciudad con la mayor concentración de comunidades afrocolombianas, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas

Las desigualdades existentes en Cali se verían incrementadas con la ejecución de la reforma tributaría, de salud, pensión y laboral, afectando fuertemente a las comunidades afro e indígenas, y a las mujeres pertenecientes a esos grupos en particular. 

“Estamos aquí conmemorando el día de la afrocolombianidad. Queremos luchar por nuestros derechos y por un mejor futuro”, explica María Niza Obregón, afrocolombiana de 17 años que tomó parte en las manifestaciones. “Se trata de vivir, no de sobrevivir”, resume. 

La reforma de la salud —que fue archivada después de 20 días de protestas— es un claro ejemplo de cómo estos proyectos iban a aumentar las desigualdades existentes. Las regiones con mayor concentración de comunidades negras e indígenas tienen a su vez los sistemas de salud más deficientes del país, según la organización Así Vamos en Salud

Yomali Torres, de 26 años, participa en la organización por la paz y los derechos de los afrocolombianos Cococauca. Denuncia la falta de hospitales y especialistas en el territorio de la costa pacífica del Cauca, donde ella habita: “Aquí, si alguien tiene un dolor en el pecho, tiene que ser transferido a Cali o a Popayán. Si nosotros no nos morimos es gracias a la medicina ancestral”. 

Torres condena las violaciones a los derechos de las mujeres y de la población colombiana. “De una forma u otra, nosotros estamos tomando provecho del paro para demandar justicia para todas las mujeres que han sido violadas, golpeadas y desaparecidas”, dice. 

De acuerdo con las Naciones Unidas, las mujeres indígenas y afrodescendientes han sido afectadas desproporcionadamente por la violencia derivada del conflicto. “De 3.445 casos de homicidios de personas indígenas y afrocolombianas, el 65,5% eran mujeres”, según cifras publicadas por la organización. 

Como símbolo de indignación, el 7 de mayo la comunidad de Guapi, ubicada en la Costa Pacífica del Cauca, organizó un evento llamado “La última noche”. Con expresiones culturales y tradicionales, la comunidad conmemoró a aquellos que perdieron la vida luchando por los derechos de los afrocolombianos y del resto de la población. El evento estuvo acompañado por representaciones de tumbas y alabaos —cantos ancestrales para los muertos—. 

Del mismo modo, las comunidades indígenas han ejercido una presencia significativa en el paro nacional. El 5 de mayo, más de 1.500 miembros de la minga indígena se movilizaron hacia Cali en una caravana humanitaria. Durante su estadía distribuyeron alimentos a personas de bajos recursos y realizaron actividades de acompañamiento durante las manifestaciones. 

La minga, sin embargo, tuvo que retirarse antes de lo previsto al ser atacados con armas de fuego por individuos vestidos de civil. Las “familias ricas de Cali en unión con la policía (…) dispararon de manera indiscriminada” contra miembros de la guardia indígena, denunció Feliciano Valencia, senador y líder indígena. Actualmente, las comunidades permanecen en paro desde sus territorios y un grupo de ellos se encuentra apoyando los procesos en Bogotá. 

El fin del estallido social no parece estar cerca, a pesar del desabastecimiento en algunas partes del país. “Nosotros no vamos a dar nuestro brazo a torcer por los bloqueos”, asegura Torres, de Cococauca. “Históricamente hemos aguantado hambre por más de 200 años. Para nosotros, esto no es un obstáculo”. 

Por Antonio Cascio / Natalia Torres Garzón

3 jun 2021 06:00

Publicado enColombia
Fuentes: Counterpunch [Foto: Nathaniel St. Clair]

Ha llegado el momento de Palestina

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

El “levantamiento palestino de 2021” pasará a la historia como uno de los acontecimientos más influyentes de los que han configurado irreversiblemente el pensamiento colectivo en Palestina y fuera de ella. Solo otros dos sucesos pueden compararse con el que acaba de ocurrir en Palestina: el levantamiento de 1936 y la Primera Intifada de 1987.

La huelga general y la rebelión de 1936-1939 fueron cruciales porque representaron la primera expresión inconfundible de los objetivos políticos palestinos. A pesar de su aislamiento y de los humildes instrumentos de la resistencia, el pueblo palestino se alzó por todo el territorio para enfrentarse al colonialismo británico y al sionista.

La Intifada de 1987 también tuvo carácter histórico. Fue una acción colectiva sostenible sin precedente que unificó Cisjordania y Gaza tras la ocupación israelí de lo que quedaba de la Palestina histórica en 1967. A pesar de su alto precio en sangre y sacrificios, esa legendaria sublevación popular permitió a los palestinos recuperar la iniciativa política y, una vez más, manifestarse como un solo pueblo.

Dicha intifada quedó finalmente frustrada tras la firma de los Acuerdos de Oslo en 1993. Para Israel, Oslo fue un regalo de la dirección palestina que le permitió acabar con la intifada y utilizar a la recién inventada Autoridad Palestina como un amortiguador entre el ejército israelí y los ocupados y oprimidos palestinos.

Desde esos días la historia de Palestina ha seguido una trayectoria deplorable de desunión, faccionalismo, rivalidad política y, para unos pocos privilegiados, enorme riqueza. Se han desperdiciado casi cuatro decenios en un discurso político derrotista centrado en las prioridades estadounidenses-israelíes, en su mayor parte interesadas en la “seguridad israelí” y el “terrorismo palestino”.

Se han reemplazado algunos términos anticuados pero de plena validez como “liberación”, “resistencia” y “lucha popular”, por un lenguaje más “pragmático” que alude al “proceso de paz”, la “mesa de negociaciones” y la “diplomacia itinerante”. La ocupación israelí de Palestina, según este discurso engañoso, ha sido descrita como un “conflicto” y una “disputa”, como si los derechos humanos básicos pudieran ser objeto de interpretación política.

Como era de esperar, el ya poderoso Israel se envalentonó mucho más, triplicando sus colonias ilegales y el número de colonos en Cisjordania. Palestina fue fraccionada en diminutos y aislados “bantustanes”, como los existentes en la Sudáfrica del apartheid, cada uno de ellos en función de un código (Áreas A, B y C) y la movilidad de los palestinos en su propio país quedó condicionada a la obtención de permisos de diversos colores concedidos por el ejército israelí. Las mujeres que dan a luz en los puestos de control de Cisjordania, los pacientes de cáncer que mueren en Gaza a la espera de un permiso para poder llegar al hospital y muchos más casos parecidos se han convertido en la realidad cotidiana de los palestinos.

Con el tiempo, la ocupación israelí de Palestina se convirtió en un asunto marginal dentro de la agenda de la diplomacia internacional. Mientras tanto, Israel consolidaba sus relaciones con numerosos países de todo el mundo, incluyendo algunos del hemisferio sur que históricamente se habían mantenido del lado palestino.

Incluso el movimiento internacional de solidaridad por los derechos de los palestinos parecía confundido y fragmentado, como expresión directa de la propia confusión y fragmentación palestina. En ausencia de una voz unificada capaz de superar la prolongada enemistad política de los palestinos, muchos se tomaron la libertad de darles lecciones sobre cómo resistir, cuáles eran las “soluciones” por la que deberían luchar y cómo comportarse políticamente.

Daba la impresión de que Israel había conseguido finalmente ventaja, esta vez, definitivamente.

Desesperados por ver alzarse de nuevo a los palestinos, muchas personas proponían una tercera intifada. En realidad, a lo largo de muchos años, intelectuales y líderes políticos la defendieron, como si el curso de la historia, en Palestina o en otros lugares, se ajustara a nociones académicas fijas o pudiera forzarse solo porque así los exijan algunos individuos u organizaciones.

La respuesta racional era, y lo sigue siendo, que solo el pueblo palestino determinará la naturaleza, alcance y dirección de su acción colectiva. Las revueltas populares no son el resultado del deseo sino de las circunstancias, y el punto de inflexión de las mismas solo puede decidirlo el propio pueblo.

Puede que ese punto de inflexión haya sido mayo de 2021. Los palestinos se han levantado al unísono desde Jerusalén hasta Gaza y todos los rincones de la Palestina ocupada, incluyendo las comunidades de refugiados palestinos esparcidas por todo Oriente Próximo y, con ello, han resuelto asimismo una ecuación política imposible. El “problema” palestino ya no era solo el de la ocupación israelí de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este, sino también el del racismo y el apartheid que afecta a las comunidades palestinas del interior de Israel. Además, era también una crisis de liderazgo y motivada por el arraigado faccionalismo y la corrupción política.

Cuando el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu decidió el 8 de mayo lanzar a las hordas de policía y extremistas judíos contra los fieles palestinos en la mezquita Al-Aqsa, que protestaban por la limpieza étnica que estaba teniendo lugar en el barrio de Sheikh Jarrah en Jerusalén Este, su única intención era ganar puntos entre los votantes derechistas israelíes más chovinistas. Pretendía además mantenerse en el poder o, al menos, evitar la prisión como resultado del juicio al que está siendo sometido por corrupción.

Pero no anticipaba que iba a desencadenar uno de los acontecimientos de mayor relevancia histórica en Palestina, que en último término resolvería el aparentemente imposible dilema palestino. Es cierto que la guerra de Netanyahu contra Gaza ha matado a cientos y herido a miles y que la violencia desarrollada en Cisjordania y en los barrios árabes de Israel ha matado a decenas más. Pero el 20 de mayo fueron los palestinos quienes clamaron victoria, cuando cientos de miles se echaron a las calles para expresar su triunfo como una nación unificada y orgullosa.

La victoria o la derrota en las guerras de liberación nacional no puede medirse en función del número de muertos o del grado de destrucción causado por cada bando. Si así fuera, ninguna nación colonizada habría logrado su libertad.

Los palestinos han ganado porque, una vez más, han surgido de los escombros producidos por los bombardeos israelíes como un todo, como una nación resuelta a conseguir su libertad a cualquier precio. Este logro quedó simbolizado en las multitudes palestinas que celebraron el fin de esta guerra agitando los estandartes de todas las facciones políticas, sin prejuicios y sin excepción.

Por último, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que la resistencia palestina se ha apuntado una importante victoria, tal vez sin precedentes en su orgullosa historia. Es la primera vez que Israel se ha visto obligado a aceptar que las reglas del juego han cambiado, posiblemente para siempre. Ya no es la única parte que determina los resultados políticos en la Palestina ocupada, porque el pueblo palestino es por fin una fuerza a la que hay que tener en cuenta.

 

Por Ramzy Baroud | 01/06/2021

Ramzy Baroud es periodista y editor de The Palestine Chronicle. Es autor de cinco libros, el último de los cuales lleva el título de These Chains Will Be Broken: Palestinian Stories of Struggle and Defiance in Israeli Prisons (Clarity Press, Atlanta). El Dr. Baroud es un destacado investigador no-residente del Center for Islam and Global Affairs (CIGA) y del Afro-Middle East Center (AMEC). Su página web es: www.ramzybaroud.net

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A propósito de las protestas sociales en Colombia. Autoorganización y acción colectiva

La crisis no se debe a las debilidades o torpezas de Iván Duque; tampoco a las propuestas de algún ministro, por colocar dos referencias que no son las únicas. La crisis es en realidad el resultado de un sistema de gobierno y de una historia de indolencia y falta de compromiso con el pueblo colombiano. La historia marca un derrotero por vida digna y democracia real que es necesario asumir como reto por lograr entre todas y todos.

 

Soprendente. Por varios días la noticia en el mundo dejó de ser la pandemia o los temas y problemas relacionados con las vacunas. Por la violencia estatal desatada, el tema alcanzó a ser el de las protestas en Colombia, con un número, hasta la fecha, de varias decenas de muertos, varias centenas de desaparecidos, numerosos casos de violaciones y la violencia sin límites del paramilitarismo aunado a las fuerzas de seguridad oficiales. La comunidad internacional está tan escandalizada como la propia sociedad civil en el país. Literalmente, el famoso episodio de “La noche de los lápices” –el dramático episodio que tuvo lugar durante la última dictadura argentina en la noche del 16 de septiembre de 1976 y sobre el cuál Héctor Olivera dirige la extraordinaria y escandalosa película con el mismo nombre–; pues bien, lo acontecido en Colombia es infinitamente peor que lo vivido con la dictadura, en Argentina.

La historia es una ciencia políticamente incorrecta. Pues bien, digámoslo sin ambages: de todas las élites de América Latina, de lejos, la más sanguinaria, la más violenta y asesina ha sido la colombiana, ya desde el siglo XIX hasta el presente*. Incluso sin haber vivido dictaduras a la manera de Chile, Brasil, Uruguay o Argentina, por ejemplo; incluso a pesar de no haber vivido las guerras de Guatemala y El Salvador; y además, asimismo de las masacres perpetradas en el Zócalo de México en 1968, no hay absolutamente ninguna élite nacional que haya sido tan violenta como la colombiana. Veamos.


Colombia: una olla de presión

La crisis emerge a raíz de la propuesta de una nefasta Reforma Tributaria por parte de Iván Duque. Digamos entonces: a fin de entender las protestas, la acción colectiva y todas sus derivaciones desde levantamientos hasta revoluciones, no son inicialmente las ideas las que mueven a los pueblos y a la historia: es el hambre, el sufrimiento, las penurias y las necesidades el motor de la protesta social en toda la línea de la palabra. Ayer, en la Colonia y los levantamientos de Los Comuneros, y hoy con ese engendro que es la Dian. (Entre paréntesis, con acierto, los movimientos sociales y políticos han puesto como causante de la crisis al grupo Aval, pero hace falta incluir a la Dian: una institución más que cuestionable en la historia reciente del país).

La crisis ya se venía cocinando mucho antes de la pandemia. Los ritmos de la historia se tejen con sutileza a través de los tiempos y siempre en la vida cotidiana.

Lo verdaderamente significativo es que el motor de las protestas sociales son los jóvenes. Al fin y al cabo, Colombia es un país demográficamente joven. Pues bien, el significado del fenómeno es elemental: los jóvenes no ven futuro en las actuales condiciones políticas, sociales y económicas. Y ante la ausencia de futuro lo natural es levantarse para abrir espacios, para construirlo y echar abajo todas las condiciones que lo impiden.


Colombia es el único país en América Latina, a excepción de Chile como resultado de la dictadura de Pinochet, en el que el 70 por ciento de la educación –colegios y universidades– es privada. Y la universidad pública, a su vez, se ha privatizado sutilmente. No hay educación. Adicionalmente, el sistema de seguridad social, independientemente de que se pertenezca al régimen subsidiado o al régimen contributivo, es 100 por ciento privado. Ese fue el resultado de la Ley 100 promovida e implementada por Álvaro Uribe. La pandemia puso en evidencia no la crisis de un virus, ni tampoco la necesidad de las vacunas, sino la crisis estructural del sistema de seguridad social.

Adicionalmente, las oportunidades de trabajo disminuyen. Durante el casi año y media de pandemia la pobreza se acerca al 50 por ciento de la población: un escándalo social, pero un drama humano.

Y mientras tanto, las estructuras y las causas de la violencia no desaparecen y por el contrario se fortalecen. El asesinato selectivo de líderes sociales, de excombatientes de las Farc, de ambientalistas y líderes de Ongs, queda en la impunidad y aumenta con el tiempo. Ni el Estado, ni el gobierno hacen nada real al respecto. En una palabra, se trata de la matanza sistemática y estratégica de jóvenes. El diagnóstico de la crisis se puede y debe ampliar sin dificultad. Hasta que la olla de presión explotó.


La acción precede a la organización

Siempre, en la historia, es la acción la que antecede a la organización; nunca al revés. La organización emerge al calor de las acciones, las cuales son esencialmente espontáneas y autoorganizadas. Así las cosas, la primera enseñanza fundamental de las protestas en estos días es que la acción colectiva ni pidió permiso, ni fue el resultado de partidos políticos –por ejemplo, Colombia Humana o el Polo Democrático–, como tampoco de sindicatos (CGT, CTC y otros) u organizaciones estudiantiles (la Mesa Estudiantil). Estas formas de organización fueron desbordadas y, desde luego, lo mejor que pudieron hacer fue interpretar correctamente el momento y adaptarse a él. Es lo que ha acontecido recientemente.

Sin embargo, al mismo tiempo, como resultados de dinámicas autoorganizativas –esto es, literalmente, de abajo hacia arriba–, emergen medios alternativos de comunicación, canales alternativos de participación, en fin, asambleas populares en barrios, veredas, en el campo y en la ciudad como jamás había sucedido en mucho tiempo en la historia del país. Esta es una historia en proceso, y lo mejor de la misma habrá de venir en el futuro inmediato y a largo plazo.

Mientras tanto, es evidente el descrédito de la gran prensa; con nombre propio, Rcn, Caracol, Semana, El tiempo, El País, y otros más, nacionales o regionales. Las gentes ya han aprendido a desconfiar de los medios, canales y estructuras tradicionales del poder. El mayor temor de la Institutionalidad consiste justamente en esto: en que los pueblos y las sociedades aprendan, y entonces cambien sus formas de acción y sus estilos de vida.


La más importante lección de las protestas sociales actualmente

 

De lejos, el más importante aprendizaje de los procesos en marcha que deberán seguir siendo objeto, entre otros, de sociólogos y politólogos, de comunicadores y antropólogos, de psicólogos e historiadores, por ejemplo, es el hecho de que la gente ha perdido el miedo.

Tradicionalmente, el país estuvo manejado por tácticas y estrategias de miedo: miedo a las guerrillas, miedo a los comunistas, miedo a los sindicalistas, miedo a la pobreza, miedo al desempleo, miedo a la soledad y al desamor, incluso miedo al miedo, por ejemplo. Pues bien, el pueblo colombiano ha perdido el miedo, ya sabe que no tiene nada qué perder y sí todo por ganar. Nos encontramos, sin grandilocuencias, en una bisagra de la historia. Sólo que la historia de mide en densidades temporales que si bien anidan en la cotidianeidad la desbordan ampliamente.

Un pueblo que pierde el miedo sólo puede esperar la libertad. Ningún estudio al respecto es tan ilustrativo como la Ética de Spinoza; específicamente el tránsito del libro IV al Libro V. Un texto de obligada referencia para todos los amantes de la libertad. Spinoza, quien por libre fue recusado por católicos, judíos y protestantes a la vez. Hay que decir cosas muy importantes para ganarse odios semejantes. Spinoza jamás cedió, fue un espíritu libre, como muy pocos.


***

La crisis no se debe a las debilidades o torpezas de Iván Duque; tampoco a las propuestas de algún ministro; ciertamente, no es el resultado de los desmanes del Esmad y toda la ideología fascista que los soporta; tampoco es el resultado del uribismo y las acciones, desde el Congreso, del Centro Democrático y los partidos de gobierno. Afirmar algo semejante es olvidar que la política como las economía, las finanzas como los asuntos militares. se manejan sistemática y estratégicamente. La crisis es en realidad el resultado de un sistema de gobierno y de una historia de indolencia y falta de compromiso con el pueblo colombiano. Así las cosas, lo que emerge ante la mirada sensible no es únicamente el cambio del Congreso en las elecciones del 2022 y el cambio de gobierno. El tema de fondo es un cambio en la historia. Pero la historia nace y se alimenta de la vida cotidiana. Esa que el sistema imperante siempre desconoció y negó. La historia es el ámbito macro de la vida cotidiana, que es, en realidad, el mundo de la vida; el único mundo existente y posible.

* Al respecto, basta con una mirada a la amplia bibliografía sobre la historia de América Latina, incluyendo los estudios de los “violentólogos”. Una referencia reciente al respecto es: González Ibarra, J. de D., Maldonado, C. E., La complejidad y su entorno. Experiencias de México y Colombia, Morelos: Ed. Colegio de Morelos, 2021.

 

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Publicado enEdición Nº279
A propósito de las protestas sociales en Colombia. Autoorganización y acción colectiva

La crisis no se debe a las debilidades o torpezas de Iván Duque; tampoco a las propuestas de algún ministro, por colocar dos referencias que no son las únicas. La crisis es en realidad el resultado de un sistema de gobierno y de una historia de indolencia y falta de compromiso con el pueblo colombiano. La historia marca un derrotero por vida digna y democracia real que es necesario asumir como reto por lograr entre todas y todos.

 

Soprendente. Por varios días la noticia en el mundo dejó de ser la pandemia o los temas y problemas relacionados con las vacunas. Por la violencia estatal desatada, el tema alcanzó a ser el de las protestas en Colombia, con un número, hasta la fecha, de varias decenas de muertos, varias centenas de desaparecidos, numerosos casos de violaciones y la violencia sin límites del paramilitarismo aunado a las fuerzas de seguridad oficiales. La comunidad internacional está tan escandalizada como la propia sociedad civil en el país. Literalmente, el famoso episodio de “La noche de los lápices” –el dramático episodio que tuvo lugar durante la última dictadura argentina en la noche del 16 de septiembre de 1976 y sobre el cuál Héctor Olivera dirige la extraordinaria y escandalosa película con el mismo nombre–; pues bien, lo acontecido en Colombia es infinitamente peor que lo vivido con la dictadura, en Argentina.

La historia es una ciencia políticamente incorrecta. Pues bien, digámoslo sin ambages: de todas las élites de América Latina, de lejos, la más sanguinaria, la más violenta y asesina ha sido la colombiana, ya desde el siglo XIX hasta el presente*. Incluso sin haber vivido dictaduras a la manera de Chile, Brasil, Uruguay o Argentina, por ejemplo; incluso a pesar de no haber vivido las guerras de Guatemala y El Salvador; y además, asimismo de las masacres perpetradas en el Zócalo de México en 1968, no hay absolutamente ninguna élite nacional que haya sido tan violenta como la colombiana. Veamos.


Colombia: una olla de presión

La crisis emerge a raíz de la propuesta de una nefasta Reforma Tributaria por parte de Iván Duque. Digamos entonces: a fin de entender las protestas, la acción colectiva y todas sus derivaciones desde levantamientos hasta revoluciones, no son inicialmente las ideas las que mueven a los pueblos y a la historia: es el hambre, el sufrimiento, las penurias y las necesidades el motor de la protesta social en toda la línea de la palabra. Ayer, en la Colonia y los levantamientos de Los Comuneros, y hoy con ese engendro que es la Dian. (Entre paréntesis, con acierto, los movimientos sociales y políticos han puesto como causante de la crisis al grupo Aval, pero hace falta incluir a la Dian: una institución más que cuestionable en la historia reciente del país).

La crisis ya se venía cocinando mucho antes de la pandemia. Los ritmos de la historia se tejen con sutileza a través de los tiempos y siempre en la vida cotidiana.

Lo verdaderamente significativo es que el motor de las protestas sociales son los jóvenes. Al fin y al cabo, Colombia es un país demográficamente joven. Pues bien, el significado del fenómeno es elemental: los jóvenes no ven futuro en las actuales condiciones políticas, sociales y económicas. Y ante la ausencia de futuro lo natural es levantarse para abrir espacios, para construirlo y echar abajo todas las condiciones que lo impiden.


Colombia es el único país en América Latina, a excepción de Chile como resultado de la dictadura de Pinochet, en el que el 70 por ciento de la educación –colegios y universidades– es privada. Y la universidad pública, a su vez, se ha privatizado sutilmente. No hay educación. Adicionalmente, el sistema de seguridad social, independientemente de que se pertenezca al régimen subsidiado o al régimen contributivo, es 100 por ciento privado. Ese fue el resultado de la Ley 100 promovida e implementada por Álvaro Uribe. La pandemia puso en evidencia no la crisis de un virus, ni tampoco la necesidad de las vacunas, sino la crisis estructural del sistema de seguridad social.

Adicionalmente, las oportunidades de trabajo disminuyen. Durante el casi año y media de pandemia la pobreza se acerca al 50 por ciento de la población: un escándalo social, pero un drama humano.

Y mientras tanto, las estructuras y las causas de la violencia no desaparecen y por el contrario se fortalecen. El asesinato selectivo de líderes sociales, de excombatientes de las Farc, de ambientalistas y líderes de Ongs, queda en la impunidad y aumenta con el tiempo. Ni el Estado, ni el gobierno hacen nada real al respecto. En una palabra, se trata de la matanza sistemática y estratégica de jóvenes. El diagnóstico de la crisis se puede y debe ampliar sin dificultad. Hasta que la olla de presión explotó.


La acción precede a la organización

Siempre, en la historia, es la acción la que antecede a la organización; nunca al revés. La organización emerge al calor de las acciones, las cuales son esencialmente espontáneas y autoorganizadas. Así las cosas, la primera enseñanza fundamental de las protestas en estos días es que la acción colectiva ni pidió permiso, ni fue el resultado de partidos políticos –por ejemplo, Colombia Humana o el Polo Democrático–, como tampoco de sindicatos (CGT, CTC y otros) u organizaciones estudiantiles (la Mesa Estudiantil). Estas formas de organización fueron desbordadas y, desde luego, lo mejor que pudieron hacer fue interpretar correctamente el momento y adaptarse a él. Es lo que ha acontecido recientemente.

Sin embargo, al mismo tiempo, como resultados de dinámicas autoorganizativas –esto es, literalmente, de abajo hacia arriba–, emergen medios alternativos de comunicación, canales alternativos de participación, en fin, asambleas populares en barrios, veredas, en el campo y en la ciudad como jamás había sucedido en mucho tiempo en la historia del país. Esta es una historia en proceso, y lo mejor de la misma habrá de venir en el futuro inmediato y a largo plazo.

Mientras tanto, es evidente el descrédito de la gran prensa; con nombre propio, Rcn, Caracol, Semana, El tiempo, El País, y otros más, nacionales o regionales. Las gentes ya han aprendido a desconfiar de los medios, canales y estructuras tradicionales del poder. El mayor temor de la Institutionalidad consiste justamente en esto: en que los pueblos y las sociedades aprendan, y entonces cambien sus formas de acción y sus estilos de vida.


La más importante lección de las protestas sociales actualmente

 

De lejos, el más importante aprendizaje de los procesos en marcha que deberán seguir siendo objeto, entre otros, de sociólogos y politólogos, de comunicadores y antropólogos, de psicólogos e historiadores, por ejemplo, es el hecho de que la gente ha perdido el miedo.

Tradicionalmente, el país estuvo manejado por tácticas y estrategias de miedo: miedo a las guerrillas, miedo a los comunistas, miedo a los sindicalistas, miedo a la pobreza, miedo al desempleo, miedo a la soledad y al desamor, incluso miedo al miedo, por ejemplo. Pues bien, el pueblo colombiano ha perdido el miedo, ya sabe que no tiene nada qué perder y sí todo por ganar. Nos encontramos, sin grandilocuencias, en una bisagra de la historia. Sólo que la historia de mide en densidades temporales que si bien anidan en la cotidianeidad la desbordan ampliamente.

Un pueblo que pierde el miedo sólo puede esperar la libertad. Ningún estudio al respecto es tan ilustrativo como la Ética de Spinoza; específicamente el tránsito del libro IV al Libro V. Un texto de obligada referencia para todos los amantes de la libertad. Spinoza, quien por libre fue recusado por católicos, judíos y protestantes a la vez. Hay que decir cosas muy importantes para ganarse odios semejantes. Spinoza jamás cedió, fue un espíritu libre, como muy pocos.


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La crisis no se debe a las debilidades o torpezas de Iván Duque; tampoco a las propuestas de algún ministro; ciertamente, no es el resultado de los desmanes del Esmad y toda la ideología fascista que los soporta; tampoco es el resultado del uribismo y las acciones, desde el Congreso, del Centro Democrático y los partidos de gobierno. Afirmar algo semejante es olvidar que la política como las economía, las finanzas como los asuntos militares. se manejan sistemática y estratégicamente. La crisis es en realidad el resultado de un sistema de gobierno y de una historia de indolencia y falta de compromiso con el pueblo colombiano. Así las cosas, lo que emerge ante la mirada sensible no es únicamente el cambio del Congreso en las elecciones del 2022 y el cambio de gobierno. El tema de fondo es un cambio en la historia. Pero la historia nace y se alimenta de la vida cotidiana. Esa que el sistema imperante siempre desconoció y negó. La historia es el ámbito macro de la vida cotidiana, que es, en realidad, el mundo de la vida; el único mundo existente y posible.

* Al respecto, basta con una mirada a la amplia bibliografía sobre la historia de América Latina, incluyendo los estudios de los “violentólogos”. Una referencia reciente al respecto es: González Ibarra, J. de D., Maldonado, C. E., La complejidad y su entorno. Experiencias de México y Colombia, Morelos: Ed. Colegio de Morelos, 2021.

 

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Martes, 25 Mayo 2021 06:00

Ayer, hoy y mañana

Viola Ford Fletcher, la sobreviviente de mayor edad de la masacre racial de Tulsa, perpetrada en 1921, testificó hace unos días ante el Subcomité de Derechos y Libertades Civiles, en Washington.“He vivido esta matanza cada día. Nuestro país pudo haber olvidado esta historia, pero yo no puedo”. Las víctimas aún esperan una reparación. Foto Afp

George Orwell escribió: "Quien controla el pasado, controla el futuro. Quien controla el presente, controla el pasado".

La amnesia histórica, necesaria para controlar el pasado y el presente por las cúpulas, se desarrolla de manera constante con la ayuda de grandes expertos en esa relativamente nueva profesión llamada "comunicaciones", junto con los expertos de esa ya más vieja profesión llamada relaciones públicas combinada con la mercadotecnia; todo lo que Chomsky bautizó como la "manufactura del consenso".

Los que luchan contra esa amnesia rescatan una narrativa que incluye las rebeliones contra ese consenso impuesto, o sea, que hacen el recuerdo en algo peligroso y todos los días se puede atestiguar este conflicto sobre y entre el ayer, el hoy y el mañana.

Por ejemplo, en Texas, hay una serie de proyectos de ley estatales que buscan nada menos que modificar y hasta evadir las referencias a la esclavitud, la violencia y discriminación antimexicana en los libros de texto y guías de enseñanza de la historia de ese estado, el cual fue fundado por esclavistas, en medio de una persecución a mexicanos y una guerra contra México. No se sabe cuántos de los promotores de estas iniciativas han leído la frase de Orwell, pero ante la realidad de que los latinos pronto serán mayoría en Texas, saben que tienen que controlar el pasado para mantener el control del futuro.

Dentro de esto, ya se han aprobado 450 millones de dólares para la remodelación del monumento de El Álamo –sitio emblemático de la historia texana y estadunidense– pero los trabajos no han podido avanzar por la disputa de cuánto incluir sobre el tema de la esclavitud y la historia indígena del sitio en las exhibiciones.

Texas no es el único estado que busca controlar el pasado para controlar el presente: hay iniciativas parecidas en una docena de estados gobernados por republicanos que buscan censurar la educación sobre el papel de la esclavitud y del racismo hasta hoy día.

Por otro lado: hace un siglo, el primero de junio de 1921, fecha olvidada en los libros de texto e historia oficiales, en Tulsa, Oklahoma, una horda de blancos destruyó una colonia afroestadunidense, mató a unas 300 personas, dejó más de mil hogares destruidos e incendió unas 23 iglesias, en lo que se conoce como la masacre racial de Tulsa. Esta semana, tres sobrevivientes –una de 107 años de edad, otro de 106 y uno de 100– se presentaron ante el Congreso para contar sus memorias y, como parte de un proceso, buscando reparaciones por el crimen. Viola Ford Fletcher, de 107, recordó ver a los hombres negros balaceados y los gritos en las calles cuando tenía siete años, y concluyó: "he vivido esta masacre cada día. Nuestro país pudo haber olvidado esta historia, pero yo no puedo". O sea, el olvido es crimen.

Y pensando en ayer, hoy y mañana: Bob Dylan cumplió 80 años la semana pasada ( https://www.jornada.com.mx/2021/05/ 22/cultura/a12n1dis). Además de todo lo que se puede decir del cantautor, la ruta sonora de Dylan es indispensable para entender el viaje entre el ayer (reciente) y hoy en Estados Unidos. Sus versos ya no son sólo de él, sino del pueblo (que, por cierto, se los había regalado para empezar), son parte del vocabulario estadunidense popular que ya transciende generaciones. Se cantan por un coro infinito de estadunidenses; niños en escuelas, viejos en reuniones con los que fueron jóvenes, con quien primero vivieron esas canciones, jóvenes que no saben que están cantando con viejos, versos con los cuales se suman a la lucha, se consuelan, se enamoran y desenamoran.

Son un autorretrato esencial, y de lo mejor, de este país, parte clave de la memoria colectiva, y que pueden romper el control sobre el pasado y el futuro si es que se cantan bien durante el presente.

Bob Dylan and The Band. Forever Young. https://open.spotify.com/track/5S6wwhjh S8jt68st9x7D3R?si=c4773468b2c14561

Flogging Molly. Times They are a Changing (por Dylan) https://open.spotify.com/track/ 57kHJ3wBv5RaFYt4jYmMXO?si=c5bd7ce726db440b

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Chomsky pone el foco en algunos aspectos alarmantes vinculados con el medioambiente. NOTA RELACIONADA

Se publicó su libro más reciente, "Cooperación o extinción"

Para el lingüista, filósofo y politólogo estadounidense, la clave reside en la movilización popular y constante. “El activismo puede llegar a ser muy influyente", sostiene. 

 

La inminencia de la extinción es uno de los ejes centrales que aglutina al activismo del siglo XXI. Los niveles de carbono en la atmósfera, más elevados que en cualquier punto anterior de la historia humana, aumentaron con celeridad hasta más de cuatrocientas partes por millón, muy por encima de las trescientas cincuenta partes por millón hasta las que se considera que el nivel es seguro. La destrucción de la vida en la Tierra no es un relato apocalíptico, producto de la desmesurada imaginación medioambientalista o de un grupúsculo perturbado de la comunidad científica. “Cada año, cerca de treinta millones y medio de personas se ven obligadas a desplazarse por causas de desastres naturales como inundaciones y tormentas; se trata de una de las consecuencias vaticinadas del calentamiento global y significa casi una persona por segundo, es decir muchísimas más de las que huyen por causa de la guerra y el terrorismo. A medida que los glaciares se derritan y el nivel del mar aumente, algo que hará peligrar los suministros de agua de un vasto número de personas, estas cifras seguirán aumentando”, advierte Noam Chomsky, lingüista, filósofo y politólogo estadounidense, uno de los activistas más influyentes del mundo, en Cooperación o extinción (Ediciones B).

El libro --que se puede leer junto a En llamas de Naomi Klein—despliega una recopilación de textos que surgieron a partir del “Encuentro con Chomsky”, celebrado en Boston a mediados de octubre de 2016, en el exterior de la histórica iglesia de Old South, donde se congregó una multitud de jóvenes que se extendió a lo largo de dos manzanas. La charla de aquella tarde tenía el título de “Internacionalismo o extinción”. El cuerpo principal del libro lo constituye el discurso original del autor de Hegemonía o supervivencia, Estados fallidos y ¿Quién domina al mundo? Entre los materiales se incluye la transcripción de una conversación en el mismo encuentro con Wallace Shawn, un activista comprometido, más conocido como dramaturgo y actor; y las preguntas que formularon los que asistieron al encuentro con las respuestas de Chomsky. Además de la emergencia climática, los otros dos temas fundamentales fueron la amenaza nuclear y el peligro que entraña el debilitamiento del sistema democrático en todo el mundo.

Chomsky, que nació en Filadelfia el 7 de diciembre de 1928, adquirió su primera conciencia política estimulado por las lecturas en las librerías de los anarquistas españoles exiliados en Nueva York. Tenía once años cuando publicó su primer artículo sobre la caída de Barcelona y la expansión del fascismo en Europa. Su activismo político arrancó con la movilización contra la guerra de Vietnam. Si entonces llamó la atención, fue porque como profesor de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), él pertenecía a una universidad que investigó bombas inteligentes y técnicas de contrainsurgencia para la guerra de Vietnam.

Para Chomsky extinción e internacionalismo están asociados en “un funesto abrazo” desde una fecha precisa: 6 de agosto de 1945, cuando el presidente de Estados Unidos ordenó los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. A partir de aquel fatídico día la humanidad entró en una nueva era: la era atómica. “Lo que no se percibió entonces es que surgía una nueva época geológica que hoy conocemos con el nombre de Antropoceno, la cual viene definida por un nivel extremo de impacto humano sobre el entorno”, explica el lingüista estadounidense y agrega que la era atómica y el Antropoceno constituyen una amenaza dual para la perpetuación de la vida humana organizada. “Está ampliamente reconocido que nos encontramos en un sexto período de extinciones masivas; el quinto, hace sesenta y seis millones de años, se atribuye por lo general al impacto de un gigantesco asteroide contra la superficie de la Tierra, lo que supuso el final del 75 por ciento de las especies del planeta. Este acontecimiento puso fin a la era de los dinosaurios y allanó el camino al apogeo de los pequeños mamíferos y, en última instancia, de los humanos, hace unos doscientos mil años”.

Hace tiempo que la capacidad de los seres humanos para destruirse unos a otros a escala masiva está fuera de duda. El Anthropocene Working Group confirma que las emisiones a la atmósfera de CO2 (dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero de origen humano) están aumentando a la tasa más elevada existente en sesenta y seis millones de años. Aunque Chomsky no se detiene a analizar cada uno de los datos disponibles, pone el foco en algunos aspectos alarmantes. “El deshielo de los glaciares del Himalaya podría acabar con las reservas de agua de toda Asia Meridional, es decir, de varios millones de personas. Solo en Bangladesh se espera que en las próximas décadas emigren decenas de millones por la única razón del aumento del nivel del mar, debido a que se trata de una planicie litoral costera. Será una crisis de refugiados que hará insignificantes las cotas actuales, y se trata nada más que del comienzo”, aclara el lingüista estadounidense y recuerda que los Acuerdos de París, alcanzados en la COP 21, en 2015, supusieron un desarrollo a los esfuerzos internacionales por evitar la catástrofe. Debería haber entrado en vigencia en octubre de 2016, pero la mayoría republicana en el congreso, conocida por su sistemático negacionismo, no estuvo dispuesta a aceptar ningún compromiso vinculante.

Entonces acabó saliendo un acuerdo voluntario que Chomsky califica como “mucho más flojo” por el cual se llegó a una resolución para reducir de forma gradual el uso de hidrofluorocarburos (HFC), gases de efecto invernadero supercontaminantes. El Partido Republicano es la organización “más peligrosa en toda la historia de la humanidad” para el lingüista estadounidense. La envergadura de la ceguera es tan preocupante que Chomsky elige un fragmento para estimular el debate y a la vez sorprender: “No puedo imaginar límites a la osada depravación de los tiempos que corren, en tanto los agentes del mercado se erigen en guardia pretoriana del Gobierno, en su herramienta y en su tirano a la misma vez, sobornándolo con liberalidad e intimándolo con sus estrategias de opciones y exigencias”. Esta cita la pronunció James Madison en 1791, varios años antes de convertirse en el cuarto presidente de Estados Unidos (1809-1817).

No se puede esperar que las soluciones lleguen de los sistemas de poder organizados, estatales o privados. Para Chomsky la clave reside en la movilización popular y un activismo constante. “El activismo popular puede llegar a ser muy influyente, lo hemos visto una y otra vez; el compromiso de los activistas desde hace cuarenta años ha puesto los problemas medioambientales en la agenda política, quizá no lo suficiente pero, con todo, de forma crucial y significativa”, reconoce Chomsky en una parte de Cooperación o extinción. Claro que del dicho al hecho hay un largo trecho. El propio autor revela cómo a pesar del cambio drástico en el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial una gran parte de la población se mantuvo como antes: tradicional en lo cultural y premoderna en muchos sentidos. “Para el 40 por ciento de los ciudadanos estadounidenses, el trascendental problema de la supervivencia de la especie no es demasiado relevante, ya que Cristo va a regresar entre nosotros en un par de décadas, de manera que todo quedará resuelto. Insisto; hablamos de un 40 por ciento”, resalta Chomsky para no perder de vista la importancia que tiene la religión en una porción significativa de la ciudadanía estadounidense.

Chomsky comenta un libro de Arlie Hobschild (Strangers in Their Own Land), una socióloga que se fue a vivir a un área pauperizada de Luisiana durante seis años para estudiar a los habitantes desde dentro. Se trata de la zona profunda pro-Trump del país. “Los productos químicos y otros elementos contaminantes derivados de la industria petroquímica están causándoles graves daños, pero se oponen por completo a la Agencia de Protección Medioambiental (…) Ven a la Agencia como un grupo de gente de ciudad con un doctorado, que va hasta allí y les dice cosas como que no pueden pescar, pero que a la industria petroquímica ni le chistan. Así que, ¿qué utilidad tiene? No les gusta que les quiten el trabajo y les digan con su acento culto lo que pueden y no pueden hacer, mientras que ellos se ven asediados por toda la situación”, plantea Chomsky como ejemplo para que los activistas conozcan las profundas razones y reticencias que tendrán que vencer. En el reto sin precedentes por la supervivencia de la civilización no hay tiempo que perder.

 

Por Silvina Friera

23 de mayo de 2021

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Sábado, 22 Mayo 2021 05:57

Gaza, entre el dolor y el triunfo

Gaza, entre el dolor y el triunfo

Los palestinos buscaron sus muertos y festejaron una victoria

Más de 1800 viviendas destruidas, más de 17 mil dañadas y esfuerzos por encontrar personas vivas entre los escombros.

 

A las dos de la mañana de este viernes entró en vigor el alto al fuego que devolvió una relativa calma a la Franja de Gaza y a Israel. Miles de palestinos festejaron el anuncio y el fin de los bombardeos israelíes en las calles Gaza. Durante el día no hubo aviones de combate ni alerta de cohetes, mientras continuaron los esfuerzos por encontrar personas entre los escombros de los últimos once días, aunque los choques entre la policía israelí y palestinos continuaron.

Cerca de las 11 de la mañana Israel reabrió el paso de Kerem Shalom para permitir la entrada de ayuda humanitaria a la Franja. El paso había permanecido cerrado durante todo el conflicto. Desde el viernes llegaron medicinas, equipamiento médico y comida a través del cruce Kerem Shalom.

El ministerio de Salud de Gaza informó el viernes por la noche que el número de muertos llegó a 248, 66 de ellos niños, y 1948 heridos. Según informó el diario israelí Haaretz, el viernes también encontraron el cuerpo de un niño entre los escombros de la ciudad de Gaza. Además, identificaron los cuerpos de nueve miembros del ala militar de Hamas en un túnel que había sido bombardeado.

Los habitantes de Gaza aprovecharon el alto al fuego para recorrer las calles de la ciudad, inspeccionar los daños y sus casas, muchas devastadas por los bombardeos israelíes. "Ha sido una verdadera guerra, aterradora, durante 11 días. Ni nosotros ni los niños pudimos dormir a causa de los bombardeos. Estamos muy felices tras el alto al fuego", declaró Mohamad Abu Odeh, un palestino de la Franja de Gaza.

Desde el ministerio de Vivienda y Obra Pública de Gaza informaron que más de 1.800 viviendas fueron destruidas y más de 17 mil dañadas, que resulta en pérdidas económicas de unos 350 millones de dólares. Además, detallaron que cinco torres fueron demolidas y 74 edificios quedaron reducidos a escombros.

Los enfrentamientos nuevos fueron registrados en la Explanada de las Mezquitas en Jerusalén Este, el sector palestino de la Ciudad Santa ocupado por Israel. Allí informaron sobre nuevos choques entre la policía israelí y palestinos, donde también un fotógrafo de la AFP fue golpeado por la policía. Según fuentes oficiales palestinas, quince personas resultaron heridas producto de disparos de balas de goma y gases lacrimógenos utilizados por la policía israelí contra los palestinos.

En Cisjordania miles de palestinos realizaron protestas en las ciudades de Belén, Hebrón Y Nablus. Decenas resultaron heridos en enfrentamientos con el ejército israelí. Según la agencia oficial de noticias palestina Wafa, se trató de demostraciones de solidaridad con los palestinos en Gaza y en oposición a las políticas colonialistas de Israel. Otros incidentes estallaron en barrios de Jerusalén Este y en el paso fronterizo de Qalandiya entre Jerusalén y la Cisjordania ocupada, explicó la policía.

22 de mayo de 2021

Publicado enInternacional
Tregua en Medio Oriente: Alto al fuego entre Israel y Hamas

Rige desde esta noche después de once días de enfrentamientos

El primer ministro Benjamin Netanyahu había resistido hasta último momento la creciente presión internacional, que incluyó el pedido de una "desescalada significativa" por parte del presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

 

El gobierno israelí y el movimiento palestino Hamas acordaron un alto al fuego después de 11 días de intensos bombardeos y ataques que dejan un saldo de al menos 244 muertos. "El gabinete aceptó por unanimidad la recomendación de los funcionarios de seguridad de aceptar la iniciativa egipcia de cese del fuego bilateral sin condiciones", informó la oficina del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Poco después, tanto Hamas como la Yihad Islámica, otro partido con brazo armado en el territorio palestino, confirmaron la tregua que empezó a regir a las dos de la madrugada de este viernes. Netanyahu había resistido hasta último momento la creciente presión internacional, que incluyó el pedido de una "desescalada significativa" por parte del presidente de Estados Unidos, Joe Biden. Biden prometió este jueves seguir con su "diplomacia silenciosa pero sin tregua" con Israel y Palestina y rogó que "la situación se mantenga tranquila".

"El gabinete aceptó por unanimidad la recomendación de los funcionarios de seguridad de aceptar la iniciativa egipcia de cese del fuego bilateral sin condiciones", indicaron a través un comunicado las autoridades israelíes. Por su parte Osama Hamdan, un alto funcionario de Hamas en el Líbano, confirmó a la cadena de televisión Al Mayadeen que el cese de las hostilidades en la Franja de Gaza comenzaría a las dos de este viernes 21 de mayo.

"La resistencia ha forjado una nueva ecuación y una nueva victoria", dijo Hamdan, quien aseguró que los mediadores le han garantizado que no solo "la agresión en Gaza se detendrá", sino que también se "levantará la mano de la ocupación de Sheik Jarrah y la mezquita de Al Aqsa". Este punto es relevante para los palestinos ya que fue en esos dos sitios de Jerusalén donde empezó la escalada a principio de mes. 

Los rumores sobre una posible tregua habían cobrado fuerza en las últimas horas, especialmente después de que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, convocara en la tarde del jueves a su Gabinete de Seguridad, a pesar de mostrarse partidario de continuar con la ofensiva hasta último momento. Desde hace días los mediadores internacionales, especialmente Egipto y la ONU, venían intensificando sus esfuerzos para reestablecer la calma tras 11 días de violencia.

Todavía no se conocen en detalle los términos del cese de las hostilidades, pero medios israelíes aseguran que no incluirían referencias a las tensiones por el desalojo de familias palestinas en Jerusalén Este ocupado o las incursiones en la Explanada de las Mezquitas, que exigía Hamas y que el pasado diez de mayo desencadenaron esta escalada bélica sin precedentes en los últimos años.

Hasta ahora Israel había rechazado un alto el fuego en la región y Netanyahu reiteró el miércoles su intención de continuar con la operación hasta alcanzar su objetivo de desarticular la estructura militar de Hamas, a pesar de que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, exigiera "una inmediata desescalada significativa".

En un mensaje televisado, Biden dijo este jueves que habló con Netanyahu seis veces durante los últimos días de conflicto. "Estados Unidos apoya plenamente el derecho de Israel a defenderse de los ataques indiscriminados con cohetes de Hamas y otros grupos terroristas con base en Gaza que se han cobrado la vida de civiles inocentes en Israel", aseguró el mandatario demócrata.

También enfatizó que Estados Unidos "seguirá comprometido en trabajar con las Naciones Unidas y otras partes interesadas para reactivar la asistencia humanitaria rápida, y organizará el apoyo internacional para el pueblo de Gaza y sus esfuerzos de reconstrucción". Según informes diplomáticos, el gobierno estadounidense habría bloqueado tres veces las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONUque condenaban las acciones militares israelíes pidiendo un alto en la región. En ese sentido, Biden aseguró que su país seguirá aplicando una "diplomacia silenciosa".

Pese a la fuerte presión internacional, el Ejército israelí volvió a bombardear este jueves múltiples objetivos de Hamas en la Franja de Gaza, desde donde continuó el disparo de cohetes hacia las comunidades israelíes contiguas. El ataque incluyó un misil antitanque contra un colectivo, lo que elevó a 4.340 los lanzamientos desde el inicio de la escalada.

Desde bien temprano a la mañana, residentes revisaban los escombros de al menos cinco casas de familia destruidas en Khan Younis, informó la agencia de noticias palestina Ma'an. Uno de esos ataques destruyó una casa de dos pisos, y las esquirlas golpearon otra vivienda provocando la muerte de una mujer. El Ejército israelí también alegó atacar las casas de tres comandantes de Hamas, y haber lanzado bombardeos en la ciudad de Rafah contra "infraestructura militar" y una casa de Ciudad de Gaza donde había un arsenal. Al menos otras diez personas resultaron heridas en la localidad en ataques aéreos nocturnos. Horas más tarde, al menos tres palestinos murieron en un ataque aéreo israelí contra dos autos en un ruta del norte de Gaza.

La ONU denunció que más de 90 mil personas se quedaron sin casa por los bombardeos y se refugiaron en escuelas. Desde otro territorio palestino ocupado, Cisjordania, donde el gobierno internacionalmente reconocido de Mahmud Abbas tiene su sede, celebraron el anuncio de la tregua aunque pidieron "no olvidar a Jerusalén". Poco después del mediodía del jueves, milicianos palestinos lanzaron una nueva andanada de cohetes hacia el sur de Israel luego de una pausa de ocho horas, aunque no se reportaron víctimas.

El anuncio de tregua ocurre tras varios días de sangrientos enfrentamientos entre Israel y Hamas, que había iniciado las hostilidades el diez de mayo lanzando cohetes hacia Israel en solidaridad con centenares de palestinos heridos en enfrentamientos con la policía israelí en la explanada de las Mezquitas de Jerusalén, el tercer lugar santo del islam. Luego de estos primeros disparos de cohetes, Israel lanzó una operación militar para "reducir" las capacidades militares de Hamas con bombardeos aéreos contra el territorio de dos millones de habitantes bajo bloqueo israelí. Incluso unos 90 minutos antes de la entrada en vigor de la tregua, los habitantes de la Franja de Gaza aseguraron que seguía habiendo bombardeos.

Por su parte, tanto Hamas como la Yihad Islámica lanzaron más de cuatro mil cohetes hacia Israel, que en su mayoría fueron anulados por la Cúpula de Hierro, el dispositivo antiaéreo con el que cuenta el gobierno israelíLa escalada bélica provocó 232 muertos del lado palestino, entre los que se cuentan unos 60 menores, y 12 muertos en Israel, entre ellos un niño de seis años, una adolescente de 16 años y un soldado.

Las hostilidades entre el Ejército israelí y las milicias palestinas en Gaza han sido las más graves desde la guerra de 2014 y encendieron la creciente tensión entre palestinos e israelíes en Jerusalén Este y Cisjordania ocupados y ciudades mixtas de Israel. Durante este periodo también se extendieron la violencia y los enfrentamientos civiles entre palestinos e israelíes que, más allá de la escalada bélica que terminaría este viernes, parecen haber abierto una crisis más profunda en la región.

21 de mayo de 2021

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Miércoles, 19 Mayo 2021 08:46

S.O.S Colombia: golpe de Estado

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Es innegable: las fuerzas policiales y militares han dado un golpe de Estado en Colombia encubierto; han desmontado todo el sistema jurídico legal, constitucional, humanitario, ético; han suspendido el engranaje del poco Estado de derecho que nos queda y, sin freno, tienen licencia para atropellar, torturar, abusar sexualmente, asesinar a la sociedad civil en sus legítimas protestas. Han dado golpe de Estado a los alcaldes, gobernadores y cuerpo legislativo. Su violencia, odio, barbarie y atrocidad no se vio ni en las protestas de Chile bajo Sebastián Piñera, ni en la Venezuela de Nicolás Maduro, ni en el Ecuador de Lenin Moreno, las cuales fueron crueles, pero sin llegar a los niveles de alevosía, estigmatización y matanza. Es como si en Colombia la ultraderecha estuviera experimentando con las protestas del pueblo; como si estuviera probando estrategias con el propósito de conocer la escala de resistencia de los ciudadanos en todos los órdenes, para luego sacar conclusiones de sus impactos socioeconómicos, emocionales, ideológicos, militares y políticos de estos sistemáticos y calculados golpes siniestros. La experimentación es tétrica, pues les sirve a los gobiernos de la derecha latinoamericana y mundial para preparar sus estratagemas en las futuras protestas populares. Terrible y doloroso panorama.


Sí, un Golpe de Estado encubierto que nos devuelve a más de 70 años en nuestra historia cuando a cada protesta popular se le reprimía imponiendo el Estado de sitio y la persecución dictatorial como sucedió en los gobiernos conservadores de Mariano Ospina Pérez y de Laureano Gómez, o con Gustavo Rojas Pinilla –quien el trece de junio de 1953 dio un Golpe de Estado a Roberto Urdaneta Arbeláez, llamado en su época “golpe de opinión”, evitando nombrarlo “golpe de cuartel” y presentándose como ángel de la paz-, o bien, en el antidemocrático Frente Nacional. Las acciones de los últimos días lo testifican. En ellas se observa la rabia, el odio, la repulsión hacia los jóvenes que piden otro país, un Ser y un estar mejor posible, un país que les ofrezca lo que por años les ha sido negado, lo que nunca le han facilitado. Estos actos de barbarie lo que demuestran es el odio de un gobierno antisocial hacia sus ciudadanos, a los que de un momento a otro los ha transformado en enemigos. De esta manera el Estado se transfigura en víctima y los verdaderos criminales se convierten en jueces que culpabilizan a la Sociedad Civil. De malignos, réprobos y violadores, los estamentos policiales pasan a ser protectores y paternalistas; camuflan e indultan sus crímenes. El verdugo desea ser entonces figura venerada. El cinismo es total. Tales son sus perversas trampas.


Por otra parte, la respuesta sangrienta del gobierno de Duque a las protestas se entiende también si se las ve a la luz de las próximas elecciones presidenciales, pues el Centro Democrático sabe que está en peligro su continuidad en el poder y que las coaliciones de oposición lo pueden vencer en las urnas. De allí que vean en el incremento de la muerte, del miedo y del horror la única salvación para su naufragio social y político. Su fracaso es evidente, el hundimiento inocultable. Todo esto explica el por qué Iván Duque se niega a establecer un diálogo real y abierto con la población y los demás colectivos en paro. A la par, la salida del gobierno frente al paro ha sido de lo más insolente e irresponsable culpabilizando a Venezuela, a Rusia, a China, a las disidencias de la FARC, a Gustavo Petro y a la izquierda internacional.


Lo peor es que dichas tramoyas se aplauden, se aceptan, se esperan y veneran por algunos “ciudadanos de bien”, absolutos simpatizantes, “fanáticos y chiflados, cuya falta de inteligencia y de creatividad sigue siendo la mejor garantía de su lealtad” (1). La frase de Hannah Arendt sobre los personajes que apoyan los regímenes totalitarios cae como anillo al dedo. Son ciudadanos que banalizan la maldad y los asesinatos debido a su ciega obediencia, a su acrítico apasionamiento por el jefe-padre autoritario. Aplauden la actual situación de terror que nos han montado en Colombia. Con una apasionada, enajenada y violenta actitud, que desafía la sensatez y respeto a la diferencia, han sabido ser fieles al gobierno dando un parte positivo sobre la destrucción de sus adversarios. Convencidos de su “buena actuación” se sienten poderosos y libres de cometer sus fechorías. Es pues, el triunfo efectivo del despotismo impulsivo, mezclado con un sectarismo pasional xenófobo, clasista y excluyente. Adoctrinados hasta la médula en nombre de una farsante “democracia” nacionalista y patriótica, ejercen el aniquilamiento de forma servil y creyente. Son aquellos que, en palabras de Michael Walser, “no son una sangre tranquila, sino que hierve; por eso son exagerados y apasionados, ansiosos como están por derramar la sangre de sus enemigos (…) Eso es lo que se quiere decir con ‘energía apasionada’ y por eso producen tanto miedo” (2).


Y de que los hay los hay, y muchos. Eso lo comprueban sus múltiples apariciones en pueblos y ciudades de Colombia durante estos días de paro. Sin embargo, contra estos fanáticos necrofílicos, la fuerza juvenil, danzante, creadora, artística, con su vitalidad rebelde, resiste y re-existe en calles, esquinas, casas, barrios y comunas.


Ante semejante hoguera de vejámenes y de crímenes, queda preguntarse ¿dónde están las voces de protesta de los Jefes de Estado de Europa, Estados Unidos, Latinoamérica y del mundo? Las voces de los Jefes de Estado, insistimos, y no sólo de grupos de artistas, músicos, poetas, de algunos organismos internacionales y de medios alternativos que se han manifestado en contra del tratamiento despiadado de las protestas. ¿Por qué no se escuchan los fuertes discursos de los Jefes de Estado contra la barbarie en Colombia, tal como se les escucha cuando atacan a países que van en contravía a sus intereses? ¿les sirve y les gusta que se conserve este régimen de derecha en Colombia? Su silencio cómplice lo aprueba y lo confirma.


“Se metieron con la generación que no tiene nada que perder, porque nadie tiene nada, ni casa, ni trabajo, ni salud, ni educación,” dijo una líder del barrio Siloé de Cali. Lo único que tienen para ganar es el ser escuchados, su dignidad en los sitios de resistencia, y que se les ofrezca algo de futuro. Ante esas peticiones los Leviatanes sangrientos han dado un golpe de Estado camuflado y venerado por la “gente de bien”, pero demasiado palpable, sufrido e impuesto sobre los jóvenes de los barrios populares, los indígenas, los estudiantes, los desempleados y la comunidad pobre, considerados por estos señores como terroristas, indeseados y parias.

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Disidencias de FARC confirman muerte de Jesús Santrich

La dirección de Segunda Marquetalia, disidencia de la extinta guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), confirmó la muerte de Jesús Santrich a manos del ejército colombiano.

"Informamos a Colombia y al mundo con dolor en el corazón, la triste noticia de la muerte del comandante Jesús Santrich, integrante de la Dirección de las FARC-EP, Segunda Marquetalia, en una emboscada ejecutada por comandos del ejército de Colombia el 17 de mayo", informó el grupo armado en un comunicado.

Según el texto, la muerte de Santrich se produjo en la Serranía del Perijá, zona binacional fronteriza, entre El Chalet y la vereda (aldea) Los Laureles, dentro de territorio venezolano.

"Hasta ese lugar penetraron los comandos colombianos por orden directa del presidente Iván Duque. La camioneta donde viajaba el comandante fue atacada con fuego de fusilería y explosiones de granadas", señala el grupo disidente.

Agrega que una vez muerto, "los asesinos le cercenaron el dedo meñique de su mano izquierda. Unos minutos después, cerca del lugar, rápidamente los comandos fueron extraídos en un helicóptero de color amarillo rumbo a Colombia".

El grupo expresa sus condolencias a la familia de Santrich, de 53 años, cuyo verdadero nombre era Seuxis Paucías Hernández Solarte, y afirma que el guerrillero "cayó libre, libre como quería".

En la tarde del 18 de mayo, el ministro de Defensa, Diego Molano, reiteró a la prensa que la información que tiene hasta ahora el Gobierno proviene de inteligencia, pero que trabaja en su verificación, por lo que aún no confirma la muerte del guerrillero.

La Fiscalía General de Colombia y Estados Unidos acusaban a Santrich de haber participado en un supuesto acuerdo con el cartel de Sinaloa (México) para exportar 10 toneladas de cocaína hacia el país norteamericano por unos 15 millones de dólares que luego se venderían por hasta 300 millones en el mercado local.

Tras la desmovilización de las FARC y su lanzamiento como partido político, Santrich se hizo con un escaño en la Cámara de Representantes (diputados) que le fue asignado como parte del Acuerdo Final de Paz, cargo que ocupó desde el 12 de junio de 2019.

Sin embargo, en la madrugada del 30 de junio de ese año abandonó el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) de Tierra Grata, en el municipio de La Paz (Cesar, norte), cerca de Venezuela, lugar donde se encontraba desde hace unos días, luego de que fue informado de manera clandestina de una nueva orden de captura en su contra.

Según las autoridades colombianas, Santrich se refugiaba en Venezuela desde ese entonces junto con el exjefe negociador de paz de las FARC alias Iván Márquez, quien también se apartó del Acuerdo de Paz, y entre ambos fundaron un nuevo grupo guerrillero denominado Segunda Marquetalia.

El pasado diciembre, el Consejo de Estado le decretó la pérdida de investidura al considerar que tuvo una "actitud desafiante (…) frente a las instituciones del Estado y una clara intención de burlar los esfuerzos de paz".

El jueves último la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de Colombia se manifestó favorable a su extradición a Estados Unidos por delitos relacionados con el narcotráfico.

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