Movilizaciones por el aborto en Argentina en diciembre del 2020 (foto de archivo). — Matias Chiofalo / Europa Press

Diversos estudios realizados en países de la región, desvelan que la judicialización de las mujeres se ha incrementado en los países que han despenalizado el aborto sólo en algunos supuestos. Las organizaciones reclaman sacar el aborto del código penal y considerarlo un servicio de salud.

 

La criminalización del aborto en América Latina se ceba con las mujeres de escasos recursos económicos, menores de 24 años, que viven en áreas rurales o apartadas de los centros urbanos y que provienen de etnias indígenas o son afrodescendientes. Así lo desvelan diversas investigaciones realizadas en distintos países de la región recientemente. Incluso en aquellos países en los que se han realizado importantes avances en el derecho al aborto, despenalizándolo en algunos supuestos, la criminalización de las mujeres no sólo no ha disminuido, sino que por el contrario, se ha incrementado. 

Uno de los casos más llamativos es el de Colombia, cuya Corte Constitucional despenalizó el aborto en tres amplios supuestos en 2006 (por riesgo para la vida o salud de la mujer, por violencia sexual o por incompatibilidad del feto con la vida extrauterina) y que tiene aún una de las legislaciones más avanzadas de la región. Según un reciente estudio titulado La criminalización del aborto en Colombia, realizado por el colectivo colombiano La Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres y la Universidad de Los Andes, desde la sentencia de la Corte Constitucional hace 15 años, se han disparado los casos de persecución penal por aborto en el país. Denuncian que desde 2005 la persecución judicial se cuadruplicó, pasando de los 130 casos hasta los más de 400 que se producen anualmente en el país.

"La despenalización del aborto por causales es una solución insuficiente. Ha ampliado las posibilidades para abortar pero sobre todo a las mujeres de clase media y clase alta, a las privilegiadas, pero ha tenido un efecto criminalizante entre los grupos más vulnerables", afirma a Público Lucía Hernández, abogada de la organización Women's Link Worldwide con sede en Bogotá. 

Por estas razones esta pasada semana las organizacioens feministas y las defensoras de los derechos sexuales y reproductivos, festejaron la resolución de la Suprema Corte de Justicia de México, que declaró inconstitucional criminalizar a las mujeres por abortar. Denuncian que la inclusión del aborto como un delito en los códigos penales y las leyes que restringen la interrupción del embarazo no penalizan el aborto, sino a las mujeres más vulnerables. 

Hace unos días un amplio grupo de más de 90 organizaciones de la sociedad civil y mas de 100 personalidades agrupados bajo el movimiento Causa Justa, interpusieron una demanda conjunta pidiendo a la Corte Constitucional de Colombia que elimine el delito de aborto del Código Penal por vulnerar los derechos fundamentales de las mujeres y del personal de salud. Esta demanda podría abrir el proceso para una legislación de plazos.

Un patrón en la región

Colombia no es el único ejemplo en donde se vulneran los derechos de las mujeres más desprotegidas. Recientemente otras dos investigaciones, una realizada por la organización GIRE en México y otra por Human Rights Watch en Ecuador, arrojaban conclusiones similares. 

La investigación en Ecuador, realizada sobre 148 casos en los cuales mujeres o niñas, profesionales de la salud o acompañantes fueron acusados de obtener o practicar abortos entre 2009 y 2019, arrojó que el 81% de ese total eran casos iniciados contra mujeres y niñas, y un número desproporcionado de estos tuvo lugar en provincias con un gran porcentaje de población indígena o afrodescendiente. La mayoría eran personas jóvenes, de menos de 24 años y el 12% de las judicializadas por abortar eran niñas menores de 15 años. Casi todas vivían en condiciones de pobreza. 

En Ecuador, el aborto consentido constituye un delito penado con hasta dos años de prisión y con entre uno y tres años para los profesionales de la salud que practican un aborto. La interrupción del embarazo sólo está legalizada cuando la vida y la salud de la mujer embarazada están en riesgo, y en todos los casos de violencia sexual. Sin embargo, ni siquiera en estas circunstancias las mujeres están libres de ser perseguidas. 

"Esta tremenda criminalización hace que no solo mujeres o niñas que se induzcan el aborto acaben siendo procesadas, sino también mujeres que llegan con abortos incompletos, con emergencias obstétricas o con perdidas, terminan siendo castigadas por la justicia", explica Ximena Casas, investigadora sobre Mujer en la división de América Latina de Human Rights Watch (HRW).

El informe narra el caso de una mujer joven que cuando estaba trabajando se cayó por las escaleras y tuvo una hemorragia. Fue de emergencia al centro de salud, donde certificaron que estaba embarazada de poco más de un mes, una condición que la mujer desconocía. Los médicos la denunciaron ante la Fiscalía y la Policía, porque penaban que se estaba induciendo un aborto. La mujer acabó procesada y estuvo 3 meses en la cárcel con su hijo de tres años. "No importa en qué país estemos, casos similares ocurren en todos los países que tienen el aborto dentro del código penal".

El informe de GIRE, resalta que en México existe una gran brecha entre los derechos establecidos en papel y los servicios a los que, de hecho, tienen acceso las personas. El estudio concluye que el acceso al aborto por causales en México (determinados supuestos por los que se despenaliza el aborto) es "precario o nulo". "Existe un gran desconocimiento por parte de las autoridades y, en particular, del personal de salud acerca de sus obligaciones; se imponen requisitos no solicitados por la legislación que obstaculizan y en ocasiones hacen imposible el acceso a servicios legales de aborto; se permite la desinformación por parte de grupos antiderechos mediante la promoción de legislaciones que buscan restringir los derechos humanos; se viola el secreto profesional y se criminaliza a mujeres con emergencias obstétricas", afirma el estudio".

En la mayoría de los casos, las mujeres que entran en un centro de salud con una emergencia obstétrica o con pérdidas por un inicio de aborto, son denunciadas por los propios médicos a la Fiscalía y la Policía, que les toman declaración en la camilla del hospital o que incluso son llevadas casi desnudas, tapadas sólo con la bata hospitalaria, a declarar a la fiscalía. El informe de HRW, desvela que el 73% de los procesos judiciales contra estas mujeres se inician por denuncias de los profesionales de la salud, una cifra similar a lo que ocurre en México o Colombia. 

Falta de información y de acceso a la salud

Las causas que generan este perfil de mujeres criminalizadas son múltiples. Entre ellas destacan las barreras derivadas de la falta de información. Mujeres que viven en zonas alejadas de los centros urbanos o en medios rurales no conocen sus derechos al aborto y cuando los conocen, no tienen centros de salud cercanos donde acudir. En ocasiones deben recorrer largas distancias y usar medios de transporte que son caros y no pueden costear. Otro problema común en diversos países es la poca formación e incluso la desinformación por parte de los servicios de salud y de las instituciones judiciales. "Los servicios de salud denuncian a las mujeres por posible inducción de un aborto, violando el secreto profesional que tienen los médicos y los jueces, sin embargo, las admiten. También admiten los historiales clínicos", añado Casas.

Esta activista relata que las mujeres de clase media y acomodada y que viven en medios urbanos, no sólo tienen recursos económicos para pagar servicios de salud privados que les realizan abortos o la posibilidad de viajar al extranjero, sino también recursos para pagar a abogados que las defiendan. Las mujeres con menos recursos recurren a abogados de oficio que mucha veces les recomiendan que se declaren culpables para tener una condena menor, aunque su caso entre dentro de los supuestos permitidas para interrumpir el embarazo.
"La gran mayoría tienen barreras para acceder a una adecuada representación legal y se les viola el acceso a la tutela judicial efectiva", añade Casas.

El miedo a las denuncias y ser judicializadas hace que muchas mujeres no acudan a los centros de salud, sino que opten por abortos "artesanales" e inseguros, golpeándose, metiéndose ganchos en la vagina o tomando hierbas. Métodos todos que ponen en riesgo su salud y su vida. 

Las cifras reales de abortos en la región son difíciles de calcular. No hay registros y las mujeres que acceden a un aborto lo ocultan para no ser estigmatizadas. Además, la gran mayoría de las interrupciones se hacen en lugares no autorizados, de los que no hay registro. Sin embargo, la dimensión de este drama que viven a diario las mujeres se puede inferir por el escaso numero de mujeres que efectivamente acceden a un aborto legal. "La excepción es un acceso al aborto seguro y en buenas condiciones", afirma Hernández. "En Colombia, tras la despenalización, el acceso al aborto es muy limitado. Guttmacher  [instituto que se dedica a investigar sobre los derechos sexuales y reproductivos en el mundo], calcula que sólo entre el 1% y el 9% de los abortos que se realizan en el país son legales y seguros y se hacen en las grandes ciudades", concluye Hernández.

El aborto está altamente penalizado aún en muchos países de América Latina. Aunque en los últimos años se han producido importantes avances, sólo cinco países (Cuba, Uruguay, las Guayanas y recientemente Argentina), han despenalizado el aborto y tienen leyes de plazos en distintos niveles de implementación. Otros siete (El Salvador, Honduras, Nicaragua, República Dominicana, Haití, Jamaica o Surinam) lo prohíben de forma total, incluso cuando la vida de la madre corre peligro. En el resto existen leyes que permiten la interrupción del embarazo en determinados supuestos. 

Ahora la tendencia, tal como explican diversas expertas, es hacia la despenalización total del aborto. "Las mujeres criminalizadas son quienes enfrentan una mayor afectación cuando el aborto es considerado un delito y no un servicio de salud", concluye en informe de Gire.

 

13/09/2021 22:03 Actualizado: 14/09/2021 00:19

Marisa Kohan@kohanm

Publicado enSociedad
José Luis Jiménez, científico en la Universidad de Colorado, Estados Unidos.

Científico experto en aerosoles en la Universidad de Colorado, José Luis Jiménez acaba de participar en una investigación que confirma que el virus de la covid-19 se transmite mayoritariamente por el aire, frente al dogma que, se queja, difundió la OMS al comienzo de la pandemia.

 

José Luis Jiménez es Catedrático en Química y Ciencias Medioambientales en la Universidad de Colorado de Estados Unidos. Experto en aerosoles, ha participado en un reciente estudio multidisciplinar, publicado en la revista Science y que viene a reafirmar que el virus  SARS-CoV-2 se propaga y contagia principalmente al inhalar aerosoles cargados con partículas virales que pueden acumularse y permanecer en el aire varias horas. Este investigador insiste en que es el momento de desterrar mitos instalados y auspiciados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como que el virus se transmite por gotas gordas que caen al suelo o a superficies. “Hay cero casos demostrados de contagio por superficies”, cuenta a El Salto.

Tras vuestra investigación, queda demostrado que el covid no se contagia a través de superficies. No habéis reportado ningún caso de este tipo de contagio, ¿cierto?
Esto no es correcto. No está demostrado que no se contagie, lo que está demostrado es que es difícil contagiarse por superficies, no es imposible y es posible que alguien se haya contagiado así pero por ejemplo la CDC [Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades] dice muy claro que hay una probabilidad en 10.000, una cosa poco probable y la pandemia no se está transmitiendo por superficies. Si fuera por superficies, no estaríamos en una pandemia porque es un contagio difícil. Hay cero casos demostrados entre toda la comunidad científica y hay muchos casos que se han investigado donde tienen cámaras y ven lo que la gente ha hecho y no consiguen pillar un caso donde la transmisión haya sido por superficies, no es lo que está propagando la pandemia, no es en lo que tenemos que enfocar la mayoría de los esfuerzos. Seguir lavándonos las manos está bien,  pero desinfectar superficies es un desperdicio de tiempo y dinero que no sirve para nada y que contamina además. Lo que nos dice la CDC desde hace ya meses es que es necesario desinfectar superficies solo en la planta covid del hospital, o en casa si tienes un enfermo con covid y solo los interruptores de la luz y los pomos de las puertas, las superficies que tocan mucha gente. Pero incluso en el hospital no hace falta desinfectar las mesas. Entonces en un bar, en una clase, por supuesto que esto no hace falta. Simplemente lavarse las manos y ya está.

¿Qué hay del uso del hidrogel? ¿Seguiría siendo necesario?
El hidrogel es una forma de lavarse las manos cuando no tienes acceso a agua y jabón. Agua y jabón siempre es mejor. Lavarse las manos está bien, es una costumbre que debería llegar para quedarse porque no nos lavábamos las manos lo suficiente antes y es una buena  costumbre, no tanto por este virus, que como digo es difícil que se transmita por superficie, pero hay otros patógenos, los que se transmiten por la vía fecal-oral, que sí se transmiten por superficie y entonces es buena idea que sigamos lavándonos las manos, usando el hidrogel y nos acostumbremos a que esto sea una cosa frecuente sobre todo cuando salimos por ahí y tocamos muchas superficies: después de estar en el transporte público o después de darle la mano a alguien un poco de hidrogel es buena idea para limitar estos otros patógenos que también hacen daño.

¿Es posible el contagio boca a mano del virus del covid-19?
El contagio boca a mano es un contagio por superficie, uno se toca la boca, se toca la nariz que está infectada y luego le da la mano a alguien y esta otra persona tiene que tocarse el interior de los ojos, la nariz o la boca y además rápido porque  estos virus envueltos en lípidos solo sobreviven en las manos cinco minutos, entonces es una cosa difícil. No es imposible, pero no es lo que está propagando la pandemia. Es buena idea, más por otros patógenos, acostumbrarse a no tocarnos el interior del ojo, de la nariz o la boca y lavarnos las manos con frecuencia y usar hidrogel por razones generales de salud pública, pero no tenemos que obsesionarnos con eso, eso no es lo que  está propagando la pandemia.

Los colegios mantienen las pautas higiénicas del año pasado. Ante esta nueva evidencia, ¿deberían cambiar alguna?
Esto debería cambiarse. Se está haciendo mucha desinfección de superficies, por ejemplo, en un colegio de Andalucía no hacían más que mandarles gel hidroalcohólico en grandes cantidades que no podían usar y lo tenían apilado y sin embargo no les habían mandado nada para prevenir el contagio por el aire, que es la gran mayoría. El gel hidroalcohólico, los desinfectantes y la gente a la que se paga para estar desinfectando superficies cuesta dinero y si se deja de gastar ese dinero se puede invertir en las cosas que hacen falta para prevenir la transmisión por el aire. No es que sea una cosa imposible de abordar o que sea muy cara, se pueden hacer muchas cosas que son gratis o de bajo coste. Tener un medidor de CO2 por colegio, esto sería suficiente si se usa de forma inteligente. Por ejemplo, se les puede dar a los estudiantes de último curso como un proyecto para que vayan midiendo por todas las aulas unos cuantos días y rápidamente te das cuenta donde estás bien y dependiendo de las condiciones meteorológicas cuánto tienes que abrir las ventas y en qué sitios, como aulas en los sótanos mal ventiladas, sí que tienes que invertir y comprar un filtro, pero ya no estás comprando filtros a lo loco, que son caros.

Los políticos encuentran más fácil decir que no hay contagios y entonces ya no tienen que hacer nada. Y con mascarillas puestas de cualquier manera y abriendo las ventanas… En algunos sitios se está haciendo bien y en otros mal y se ignora porque no se le está explicando a la gente bien como es la transmisión y todavía estamos con los mitos que nos dijeron al principio de la pandemia de que es una transmisión por gotas que caen al suelo rápido y por superficies. Esto se ha demostrado que no es lo importante y que lo que transmite el virus es como un humo invisible que sale de algunos, no de todos los infectados, los que tienen carga viral alta, y que se queda flotando en el aire. Entonces está más concentrado cerca de la persona. Si hablas cerca de alguien, ahí tienes muchos números para contagiarte, y si compartes el aire en una habitación sobre todo bastante tiempo y mal ventilada pues te puedes infectar. Pero esto a los políticos les parece muy inconveniente porque entonces es difícil mantener abiertos un bar mal ventilado donde pasas mucho tiempo hablando sin mascarilla, un restaurante o un gimnasio si no haces más cosas. En los colegios no se quiere aceptar y hay una resistencia que no entiendo muy bien a tomar medidas más adecuadas.

Tras su investigación concluyen que el covid se transmite mayoritariamente por los aerosoles. ¿Qué son exactamente los aerosoles?
El virus, si uno está infectado, está presente en el fluido respiratorio que es el líquido que moja el interior de la nariz, la tráquea, los pulmones o en la saliva. Entonces para llegar a otra persona tiene que llegar o a los ojos, nariz y boca del otro o que la otra persona lo respire y se deposite en el sistema respiratorio. Va por el aire de una de estas dos maneras: como un proyectil, y esto es lo que llamamos las gotas, o como un humo que es lo que llamamos los aerosoles. Las gotas y los aerosoles los dos son pelotitas de saliva o de fluido respiratorio que vuelan por el aire.

Las gotas son más grandes, son visibles, son de más de 100 micras y sobre todo se producen más bien al gritar, al toser o al estornudar, las puedes ver con la luz adecuada y es un proyectil que va volando por el aire y te puedes contagiar si te pega dentro del ojo, de las fosas nasales o dentro de la boca. Si te pega en otro sitio no pasa nada, si cae al suelo no pasa nada y si cae a una superficie tampoco, pues ya hemos dicho que es muy difícil el contagio. Entonces, la gota tiene que acertar y tiene una oportunidad.

A la vez que salen estas gotas grandes, salen mil aerosoles por cada gota y estos son más pequeños y no se comportan como un proyectil, sino como el humo. El humo del tabaco es otro aerosol. Se queda flotando por el aire y la fricción del aire lo para, sigue las corrientes de aire, está muy concentrado justo delante del fumador y se acumula en una habitación mal ventilada. Pues estos son los aerosoles. Una vez que se explica ya lo entiendes muy bien. Tienes que pensar que la gente que te encuentras puede estar exhalando un humo invisible y al respirarlo tú mucho tiempo sin mascarilla te puedes infectar.

Entonces, ¿cuáles son las prácticas que debemos reforzar?
¿Qué harías para no respirar humo si estás en sitios donde estás compartiendo el aire con otras personas? Pues mucho mejor al aire libre que en una habitación mal ventilada.

También ponernos la mascarilla, que es un filtro, va a quitar parte de ese humo, tanto del que sale del fumador como del que entra. Y la mascarilla tiene que estar bien ajustada y que no deje huecos por los que entre o salga el humo sin filtrar. La distancia también funciona muy bien porque al alejarte del fumador evitas esa zona donde está muy concentrado el humo.

Si estás en un sitio interior y tienes que estar sí o sí, porque, por ejemplo, eres profesor, puedes hacer tres cosas: Ese aire que puede tener el virus flotando lo echas a fuera, eso es ventilar. O te quedas con el aire pero quitas el virus, y eso es filtrar. Y hay una tercera familia de técnicas: vamos a dejar el aire en la habitación pero lo vamos a matar, vamos a desinfectar el aire. Lo que recomendamos todos los expertos son las dos primeras cosas: ventilar funciona muy bien. Para saber si estás ventilando bien es muy útil medir el dióxido de carbono, el CO2, que se puede medir con unos medidores que cuestan 100 euros y que miden cada minuto y es muy fácil compartirlos, con uno por colegio es suficiente. Y esto es muchísimo menos dinero que lo que se está desperdiciando en usar demasiada calefacción si se abren demasiado las ventanas, o en gel hidroalcohólico o desinfectar superficies, que no sirve para nada. Y luego pues puedes poner un filtro en un ventilador y enchufas el ventilador a la pared. Ese ventilador mueve el aire por el filtro y el virus se queda ahí. Florentina Villanueva, que es una investigadora de la universidad de Salamanca,  ha hecho experimentos donde ponen un filtro HEPA en clases y luego lo sacan y le hacen un análisis PCR al filtro y ven que el virus se queda en el filtro.

Se pueden hacer de dos tipos. Los filtros HEPA comerciales son más caros y hay mucha gente que se está aprovechando y vendiéndolos demasiado caros y hay que tener cuidado, que sean de capacidad suficiente para el sitio donde estamos para filtrar el aire cinco veces por hora o las veces que sean necesarias y además tenerlos puestos siempre al máximo.

Y luego, como digo, también se pueden hacer con un ventilador al que le pegas un filtro. El investigador Javier Ballesteros de la Universidad de Zaragoza ha demostrado esto. En España hay mucho remilgo de las administraciones por si esto no está homologado, pero esto se podría hacer y ahorraría mucho dinero con respecto a los filtros comerciales.

¿Algún mito más que tengamos que desterrar?
Han sido 110 años, desde 1910, en los que los campos de las enfermedades infecciosas y epidemiología se han creído a pies juntillas que la transmisión por el aire es casi imposible y que las enfermedades respiratoria se transmiten por estas gotas pesadas que caen al suelo. ¿De dónde viene esto y por qué se creen este dogma tan fuerte que ha costado cuestionar durante la pandemia? Viene de un investigador norteamericano, Charles Chapin, que en 1910 escribe un libro solo 30 años después de que se ha aceptado la teoría de los gérmenes de Pasteur. Se ha acumulado mucha evidencia de que los gérmenes tienen que ir de una persona a otra y se ha investigado mucho para el cólera, tifus o tuberculosis. Unos van por el agua, otros van por los alimentos y Chapin tiene su propia teoría. Él dice, sin tener pruebas, que si una enfermedad se transmite mejor a corta distancia que esto es porque las gotas caen al suelo y que la transmisión por el aire es casi imposible. Esto se convierte en un dogma hasta en esta pandemia.

En la OMS cuando empezó la pandemia eran todos ‘chapinistas’, formaron un comité para ver como se transmitía este virus y había seis expertos en lavarse las manos en ese comité y cero expertos en transmisión por el aire. Ellos pensaban que sabían que era una cosa casi imposible. Se ha visto que esto era un error tremendo pero les ha costado muchísimo.

Lo que hemos publicado en Science hace dos semanas es que además esto de que la transmisión es sobre todo por aerosoles no es solo para la covid, es para todas las enfermedades respiratorias o casi todas. La gripe o los catarros también se propagan por el aire al inhalar aerosoles que contienen el virus. Y si uno va a la página web de la OMS o de la CDC hay todavía dice que no, que es por gotas que caen al suelo y por superficie. Esto está todo igual de desfasado y tenemos que darle la vuelta a la tortilla y todas estas medidas que estamos diciendo para la covid deben quedarse para siempre para luchar contra la gripe. 

En líneas generales, las medidas tomadas por el gobierno y por las autoridades en España ¿Han sido correctas? ¿Alguna es cuestionable?
Al principio de la pandemia seguían a la OMS. Luego se fue acumulando mucha evidencia de que no, eso era incorrecto e iba por el aire y ahí es donde les ha costado mucho aceptar. Por varias razones, primero porque los responsables son parte de esta cultura, de este estamento científico que se ha creído este dogma de 1910 de que es una enfermedad de gotas pesadas que caen al suelo y en superficies. No han entendido lo de los aerosoles. La gente de este campo durante más de 100 años no han estudiado los aerosoles porque son muy complicados. Y a la gente como yo que somos científicos de aerosoles nos han menospreciado, “como no eres médicos, tú que sabes de esto”. Nos han llamado varias veces ignorantes.

La OMS ha hecho mucho daño aceptándolo tan lentamente y luego diciendo tan tímidamente cómo se transmite esto de verdad. El 28 de marzo de 2020 dijeron a bombo y platillo que estaban seguros que este era un virus que se contagiaba por gotas que caen al suelo y por superficies y decir que iba por el aire era desinformación y nunca se han desdicho claramente. En noviembre de 2020 empezaron a decir que la ventilación era muy importante pero no decían por qué. En abril del 2021 ya por fin cambian la página web porque la evidencia es tan abrumadora que es escandaloso y ya aceptan que va por aerosoles, pero no lo han dicho claramente ni han promovido que necesitamos mejores mascarillas, ventilar, medidores de CO2 y quitarle énfasis a cosas como la desinfección de superficies o las mamparas laterales.

Las mamparas están bien en una situación, que es una situación de cajero: dos personas hablando, sale humo de una y está bien tener una mampara delante para que rompa ese flujo de humo. El humo va a ir alrededor de la mampara, pero sí que ayuda a que no respires el aire tan concentrado que sale de un infectado. Cuando se ponen en el lateral, por ejemplo en los pupitres u oficinas esto no solo no ayuda sino que duplica los contagios. Hay un estudio en Science de EE UU donde se vio que las escuelas que habían puesto mamparas laterales tenían el doble de contagios que las que no y esto se entiende muy bien. Las mamparas laterales atrapan el aire, si hay alguien con virus dificultan la ventilación y hay colegios en los que se ha desperdiciado mucho dinero. Esto habría que quitarlo lo antes posible en los sitios donde se ha puesto.

Siguiendo con lo de los gobiernos, es que no interesa. Para ellos la prioridad es la economía y no la salud, tienen una visión muy cortoplacista de abrir lo antes posible con las menores medidas posibles. Aunque en realidad no es tan difícil, hacer cosas al aire libre, abrir las ventanas, ajustarse bien la mascarilla, unos filtros… No son cosas muy difíciles comparadas con los costes de la pandemia pero sin embargo no se puede hacer, parece que les complica la situación y no lo quieren hacer.

Por Sara Plaza Casares

@SPlazaque
Coordinadora de sanidad
en El Salto.

13 sep 2021 06:09

Respirar aire contaminado puede afectar a los espermatozoides

Cada vez existe más evidencia de que la crisis climática es también sanitaria. Los estragos más evidentes se están dando en las zonas afectadas por los incendios forestales, donde hay desarrollos urbanos que padecen las consecuencias. Un estudio reciente llevado a cabo en el oeste de Estados Unidos —la región más severamente afectada por los fuegos incontrolables— reveló que, además de la pérdida aplastante de la diversidad biológica, el aire contaminado por humo está afectando la genética de las personas.

Además de ser un peligro para las personas con enfermedades respiratorias, los gases tóxicos están afectando la constitución genética de los espermatozoides humanos. Más aún cuando están en contacto por días y semanas enteras con estas sustancias. Aunque la gente pretende seguir con sus actividades normales —algunos, incluso, saliendo a correr con cubrebocas especializados—, los estragos ya se están manifestando. Estos son algunos de ellos.

Más allá de los pulmones

Como investigadores de química biomolecular y salud ambiental, Luke Montrose y Adam Schuller saben que el aire contaminado está cobrando facturas altas en el bienestar a largo plazo de las personas. Con respecto a los incendios forestales específicamente, realizaron un estudio por parte de Bois State University, en Idaho.

Los resultados evidenciaron lo que ya sabíamos: las partículas diminutas logran colarse y actuar directamente en los pulmones. Sin embargo, el daño no se queda ahí. Por el contrario, se extiende a nivel genético y ataca a los espermatozoides y al sistema nervioso, según escriben en su artículo para The Conversation.

Los científicos se percataron de que el aire contaminado por el humo de incendios es diferente al del smog en las ciudades. En ambos casos, sin embargo, actúa de la misma manera: ralentiza la potencia de los espermatozoides para nadar. Así también, modifican el ADN que transportan dentro de sí. Por esta razón, estos desastres naturales ya están incidiendo a nivel genético en la población afectada.

¿Crisis ecológica y reproductiva?

A Montrose y Schuller les preocupa que, a la larga, el aire contaminado genere una crisis reproductiva en los Estados Unidos. Como los incendios forestales serán cada vez más recurrentes y violentos, lo más probable es que un número cada vez más alto de personas estén expuestas a estas sustancias tóxicas en la atmósfera. Al respirarlas, hay poco que se pueda hacer:

“El impacto potencial de respirar el humo de los incendios forestales solo en los pulmones debería ser lo suficientemente preocupante como para que la gente piense dos veces sobre su nivel de exposición”, escriben en el estudio. “Ahora, estamos viendo el potencial de riesgos adicionales, incluidos los espermatozoides y el cerebro. Otra investigación sugiere conexiones entre el humo de los incendios forestales y la inflamación del corazón y el riesgo de partos prematuros”

Los autores saben que cada vez más personas estarán expuestas a estos daños, ya que el planeta se calienta rápidamente. Como consecuencia del cambio climático antropogénico, las sequías se vuelven más severas. En efecto dominó, los incendios forestales se hacen cada vez más incontenibles. Para ello, los filtros sanitarios de aire ya no serán barrera suficiente si la emergencia climática empeora.

Más aún, el problema se transmitirá de los padres a las generaciones venideras a nivel genético. Ya no sólo tendrán que lidiar con la crisis climática global y los retos que ésta acarreará, sino con condiciones médicas de las que todavía no tenemos nombre. Aunque todavía no existe evidencia concluyente al respecto, es una posibilidad considerable en el futuro cercano.

Publicado enMedio Ambiente
BMW, Mercedes y Volkswagen podrían ir al banquillo por alimentar la crisis climática

Greenpeace Germany y Deutsche Umwelthilfe protagonizarán acciones legales contra el corazón del sector automovilístico alemán. Quieren obligar a la industria a que acelere sus planes para dejar de fabricar motores de combustión interna.

 

Nuevo proyectil legal lanzado al corazón de la industria contaminante, esta vez en Alemania. Las organizaciones ecologistas Greenpeace Germany y Deutsche Umwelthilfe (DUH), junto a activistas de Fridays for Future, han anunciado acciones legales contra el corazón del sector automovilístico del país. El objetivo es conseguir que los fabricantes aceleren sus planes para dejar de fabricar motores de combustión interna y paren de fabricarlos antes de 2030 para descarbonizar las empresas en un 65% en dicho año.

Las organizaciones ecologistas han puesto la mira fija en el segundo mayor constructor de automóviles del planeta, Volkswagen, así como en los otros dos grandes gigantes del sector en el país: BMW y Mercedes-Benz. “Cualquiera que retrase la protección del clima daña a otros y, por lo tanto, actúa ilegalmente”, señalaba la abogada de los demandantes, Roda Verheten.

Los colectivos defensores del clima hacen uso así de una vía que ya les ha dado frutos: en abril el Tribunal Constitucional alemán obligó al Ejecutivo de Angela Merkel ha mejorar su ley climática, declarándola parcialmente inconstitucional, un hecho que se produjo tras la demanda de nueve jóvenes por la que afirmaban que la insuficiente protección del clima viola directamente las libertades y los derechos fundamentales de la ciudadanía. “El derecho civil puede y debe ayudarnos a evitar que las corporaciones destruyan nuestros medios de subsistencia y priven a nuestros hijos y nietos del derecho a un futuro seguro”, continuaba la letrada.

Sin darse por aludidos

Los demandantes denuncian que, a pesar de los compromisos internacionales, el consenso científico y el evidente aumento de fenómenos climáticos extremos, la industria automovilística alemana continúa vendiendo millones de vehículos diésel y gasolina. Los datos que maneja la Unión Europea responsabilizan al sector del transporte de más del 30% de las emisiones de CO2 en la UE. De ellas, un 72% proviene del tráfico rodado.

 “Con nuestras demandas, queremos lograr la salida del motor de combustión interna”, apuntaba  Barbara Metz, de DUH. Son medidas que los ecologistas consideran clave para que Alemania se mantenga dentro de sus compromisos internacionales y cumplir así su parte para que la temperatura global del planeta no supere los 1,5ºC de aumento respecto a los niveles preindustriales.

 “Si bien la gente sufre inundaciones y sequías provocadas por la crisis climática, la industria automotriz, a pesar de su enorme contribución al calentamiento global, parece no verse afectada“, denunciaba Martin Kaiser, director ejecutivo de Greenpeace Alemania. Para el responsable, el fallo del Constitucional alemán “representa un mandato para hacer cumplir de manera rápida y efectiva la protección legal de nuestros medios de vida comunes”.

Frenar los yacimientos

Los gigantes automovilísticos no son los únicos los únicos señalados. Las organizaciones ecologistas alemanas Greenpeace y DUH también emprenderán acciones judiciales contra la petrolera Wintershall Dea, a la que pretenden forzar a que deje de abrir nuevas explotaciones de petróleo y gas para el año 2026. Las organizaciones ecologistas acusan a la multinacional fósil de ser responsable de 80 millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero cada año y de tener como objetivo aumentar su producción de combustibles fósiles en un 30 por ciento más durante los próximos dos años.

Precisamente, este lunes la petrolera alemana ha anunciado el hallazgo de una nueva acumulación de gas en el campo de Bergknapp (mar de Noruega) con entre 13 y 56 millones de barriles de petróleo equivalente.

Las cuatro corporaciones que se enfrentan a las acciones legales “contradicen los objetivos climáticos de París”, denuncian los activistas, remarcando que, según la sentencia del Constitucional, esos objetivos serían ilegales”.

Las compañías podrían sufrir el mismo varapalo que Royal Dutch Shell tuvo en mayo en los Países Bajos, cuando un tribunal de La Haya declaró culpable a la petrolera holandesa de la crisis climática, considerándola culpable del 2% de las emisiones históricas de gases de efecto invernadero a nivel global y obligándola a reducir sus emisiones un 45% en diez años.

6 sep 2021 12:59

Publicado enMedio Ambiente
Martes, 31 Agosto 2021 17:53

Ante la derrota de la humanidad (II)

Ante la derrota de la humanidad (II)

Decíamos hace varios meses (http://ow.ly/pmzl50FSwSw) que la certeza de los actuales poderes globales con respecto a la vacuna, como solución mágica para enfrentar y superar la actual crisis pandémica, resumía su convicción de que la especie humana puede seguir como hasta ahora ha vivido, convencida de que la naturaleza, con todo lo que en ella habita, es su pertenencia y su objeto.

Desde este prisma la vacuna, con el paso de los meses, quedó transformada en la pócima milagrosa que todo lo cura, a pesar de los interrogantes que su aplicación sigue suscitando por doquier, todo ello porque aún no son vacunas en propiedad sino simples biológicos en proceso de elaboración (ver “El covid, muchos interrogantes”), proceso en el cual la especie humana, por cientos de millones, con su hombro descubierto, está constituida en el ratón de laboratorio para verificar cualidades y potencialidades de todas y cada una de las que están aplicando por aquí y por allá.

En el primero de los editoriales con igual título decíamos que no reparar en el contexto, en lo estructural de la crisis pandémica, es condición fundamental para: 1. Dejar el espacio abierto para que otras de estas crisis, con igual o peor potencia, impacten sobre la sociedad global; y, 2. Perder la oportunidad para que esa misma sociedad advierta con toda propiedad las características fundamentales de un sistema socioeconómico que lleva a su propia especie hacia el precipicio, así como a la naturaleza íntegra.

Pero lo que no alcanzábamos a captar en ese momento era que, en su afán por recuperar la economía global, el capitalismo estuviera dispuesto a todo, incluso a cercenar derechos fundamentales, criminalizar segmentos sociales que no responden a su llamado a vacunarse y ahondar desigualdades, llevando a la sociedad a una polarización entre vacuna sí, vacuna no. No se puede desconocer que la problemática en curso y los retos abiertos para la especie humana, a lo largo de estos meses, son mucho más profundos (ver: “Vacuna covid-19: ¿protección, negocio o violación de derechos?”, “El covid-19 es algo más que el pinchazo”).

La respuesta no se ha dejado esperar y en muchos países la creciente crítica a tales medidas copa calles. Las protestas son satanizadas por algunos medios de comunicación que los reportan como si fueran una estrategia de la derecha para ganar audiencia social, sin percatarse de la pluralidad del rechazo, motivado por convicciones políticas, en unos casos, y en otros por visiones alternas sobre salud, unos más por no compartir el autoritarismo como proceder para gobernar, sin estar por fuera visiones de derecha que atizan y aprovechan en río revuelto.

Es así como ahora ganan nitidez problemáticas ocultas tras la ofensiva propagandística en favor de la vacuna, de multiplicación del miedo –que tan buenos resultados dispensa para quienes gobiernan–, potenciando la unilateralidad del saber, con una ciencia occidental que desconoce otros saberes y prácticas, y que, al igual que los monocultivos, mata toda variedad que pretenda vivir en paralelo.

Un proceder impositivo que lleva a que sus ojos pierdan la capacidad de percibir la gama de tonalidades brindadas por la naturaleza para solo ver blanco o negro. Habría que ser más sensatos y mirar e investigar, por ejemplo, las prácticas que en el campo de la salud sobreviven en infinidad de territorios y con las cuales las gentes, sin esperar el dictamen médico amparado en diploma universitario, se automedican y se curan. En esa praxis acuden en ocasiones a plantas de diversas especies y de las cuales están llenas las plazas de mercado; además de otras que aún no han sido domesticadas y siguen intactas en los bosques y selvas, y solo son manejadas con propiedad por las sanadoras reconocidas por sus comunidades.

Algunas de aquellas prácticas siguen sirviendo para resolver la crisis en el encierro a que están sometidos miles de presos, por ejemplo. Y no solo ellos: también en los barrios populares y otros territorios donde sus pobladores comparten conocimientos y experiencias, e intercambian saberes, y así van resolviendo con agüitas el azote del virus. ¿Cuántos miles de infectados han dejado de acudir a consultorio y hospital alguno y se han curado? ¿Cómo lo han logrado? ¿Por qué no acuden al consultorio y mucho menos al hospital? Si el poder estuviera abierto a comprender la cultura popular, lo mismo que los usos y costumbres descritos, con seguridad aceptaría que la vacuna no tiene que ser obligatoria, y difundiría por todos los canales la posibilidad de inyectarse en otras formas y opciones para salir airosos de esta situación.

Entonces, es legítimo plantear que hay otras formas y procederes en que la solidaridad es fundamental, la memoria popular es persistente y no son necesarias las antesalas de varias horas para ser atendido. Pero igualmente hay prácticas indispensables para poder seguir en el rebusque porque, si se asiste al hospital y te dejan internado, ¿quién lleva el diario a casa?

De suerte que las formas alternativas están extendidas, además, por reacción, porque en sus barrios la gente ve morir a los suyos a pesar de estar vacunados, y por eso teme que le suceda igual, lo que invita a explicarles que los biológicos sirven en lo fundamental para evitar la UCI pero no mucho más. En esa expresión de sensatez, resulta posible construir procesos sociales de todo orden para enfrentar y superar la actual realidad, abordando como prioridad no desdeñable el cuidado común, a la par de la golpeada economía popular.

No es algo caprichoso. En realidad es un proceder indispensable que trasciende la estrategia mediática de cifras de muertos e internados en UCI, de cacarear en las bondades irreales de una vacuna que no evita la muerte, aunque sí pueda reducir las posibilidades de llegar a tal límite; estrategia que deja en manos de cada cual la resolución de sus urgencias económicas, proceder en el cual es indispensable implementar un viraje radical si de verdad se pretende ganar la confianza de amplios sectores y para lo cual los gobiernos deben priorizar la vida cotidiana de las mayorías, lo que implica garantizar vida digna, empezando por ingresos fijos y suficientes sin los cuales cada cual trata de resolver por vía propia, exponiéndose al contagio pero también atomizando mucho más el tejido social; un resolver por vía propia posible de constatar en la multiplicación de la informalidad callejera así como en la disparada de la delincuencia, con actuares cada vez más violentos –un síntoma de inseguridad, temor e inexperiencia de quien asalta– que copa calles por todas las ciudades del país.

Estamos, pues, ante una realidad sumamente compleja, que no se resuelve con más policía, como lo pretende el establecimiento, lo que va llevando hacia –o profundizando– la militarización y el autoritarismo armado como canal predilecto para gobernar e imponer. Ese proceder, ‘justificado’, por decirlo así, expresa la capacidad del sistema de reformularse y ahoga muchos derechos que le significaron a la humanidad intensas y prolongadas jornadas de lucha, tapizadas por miles de víctimas que se batieron por ellos.

Ese proceder del poder invita a pensar, no sin inquietud, si el terreno ganado por el ejercicio de un poder unilateral que ahora multiplica sus señales no se mantendrá y extenderá, incluso una vez superada esta coyuntura de salud pública, concretando así la tendencia de anulación de democracia efectiva que ya comporta el sistema, y que se manifiesta sin reparos –entre algunas de sus señales más evidentes– en la concentración de la riqueza, la multiplicación de las inequidades y las desigualdades que campean por todo el globo, la contención violenta de las voces de protesta que disienten y la imposición en todos los planos de un discurso único.

Esas manifestaciones antidemocráticas, con autoritarismo efectivo, expresado como tantas veces los estudiosos del tema han llamado la atención, a través de los cada vez más preocupantes mecanismos de control y disciplinamiento social, van haciendo de la democracia una simple palabra de cajón recubierta por mallas y muros que oprimen, imponen y aíslan, así como balas que contienen a opositores, inconformes y disidentes.

Estamos ante una tendencia o una realidad contundentes, con riesgo de polarización y disputa radical entre sectores del propio cuerpo social, utilizados por el poder real para potenciar sus controles y afilar sus mecanismos de efectivo dominio. Mientras así ocurre, del lado alternativo la pasividad y la ausencia de opciones efectivas en todos los planos, que le muestren superior y más efectivo que sus contrarios, lo arrinconan en un grado de confusión mayor y que saca a flote el hecho de que, en diversos campos del saber y del hacer, a pesar de lo que expresa, no alcanza a diferenciarse del discurso dominante.

La ciencia, ahora en el centro del debate, con la vacuna y la manera de afrontar una crisis como la actual, así como el carácter cada vez más autoritario del régimen político son parte de ello.

 

 

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Publicado enEdición Nº283
Miércoles, 01 Septiembre 2021 05:47

Ante la derrota de la humanidad (II)

Ante la derrota de la humanidad (II)

Decíamos hace varios meses (http://ow.ly/pmzl50FSwSw) que la certeza de los actuales poderes globales con respecto a la vacuna, como solución mágica para enfrentar y superar la actual crisis pandémica, resumía su convicción de que la especie humana puede seguir como hasta ahora ha vivido, convencida de que la naturaleza, con todo lo que en ella habita, es su pertenencia y su objeto.

Desde este prisma la vacuna, con el paso de los meses, quedó transformada en la pócima milagrosa que todo lo cura, a pesar de los interrogantes que su aplicación sigue suscitando por doquier, todo ello porque aún no son vacunas en propiedad sino simples biológicos en proceso de elaboración (ver “El covid, muchos interrogantes”), proceso en el cual la especie humana, por cientos de millones, con su hombro descubierto, está constituida en el ratón de laboratorio para verificar cualidades y potencialidades de todas y cada una de las que están aplicando por aquí y por allá.

En el primero de los editoriales con igual título decíamos que no reparar en el contexto, en lo estructural de la crisis pandémica, es condición fundamental para: 1. Dejar el espacio abierto para que otras de estas crisis, con igual o peor potencia, impacten sobre la sociedad global; y, 2. Perder la oportunidad para que esa misma sociedad advierta con toda propiedad las características fundamentales de un sistema socioeconómico que lleva a su propia especie hacia el precipicio, así como a la naturaleza íntegra.

Pero lo que no alcanzábamos a captar en ese momento era que, en su afán por recuperar la economía global, el capitalismo estuviera dispuesto a todo, incluso a cercenar derechos fundamentales, criminalizar segmentos sociales que no responden a su llamado a vacunarse y ahondar desigualdades, llevando a la sociedad a una polarización entre vacuna sí, vacuna no. No se puede desconocer que la problemática en curso y los retos abiertos para la especie humana, a lo largo de estos meses, son mucho más profundos (ver: “Vacuna covid-19: ¿protección, negocio o violación de derechos?”, “El covid-19 es algo más que el pinchazo”).

La respuesta no se ha dejado esperar y en muchos países la creciente crítica a tales medidas copa calles. Las protestas son satanizadas por algunos medios de comunicación que los reportan como si fueran una estrategia de la derecha para ganar audiencia social, sin percatarse de la pluralidad del rechazo, motivado por convicciones políticas, en unos casos, y en otros por visiones alternas sobre salud, unos más por no compartir el autoritarismo como proceder para gobernar, sin estar por fuera visiones de derecha que atizan y aprovechan en río revuelto.

Es así como ahora ganan nitidez problemáticas ocultas tras la ofensiva propagandística en favor de la vacuna, de multiplicación del miedo –que tan buenos resultados dispensa para quienes gobiernan–, potenciando la unilateralidad del saber, con una ciencia occidental que desconoce otros saberes y prácticas, y que, al igual que los monocultivos, mata toda variedad que pretenda vivir en paralelo.

Un proceder impositivo que lleva a que sus ojos pierdan la capacidad de percibir la gama de tonalidades brindadas por la naturaleza para solo ver blanco o negro. Habría que ser más sensatos y mirar e investigar, por ejemplo, las prácticas que en el campo de la salud sobreviven en infinidad de territorios y con las cuales las gentes, sin esperar el dictamen médico amparado en diploma universitario, se automedican y se curan. En esa praxis acuden en ocasiones a plantas de diversas especies y de las cuales están llenas las plazas de mercado; además de otras que aún no han sido domesticadas y siguen intactas en los bosques y selvas, y solo son manejadas con propiedad por las sanadoras reconocidas por sus comunidades.

Algunas de aquellas prácticas siguen sirviendo para resolver la crisis en el encierro a que están sometidos miles de presos, por ejemplo. Y no solo ellos: también en los barrios populares y otros territorios donde sus pobladores comparten conocimientos y experiencias, e intercambian saberes, y así van resolviendo con agüitas el azote del virus. ¿Cuántos miles de infectados han dejado de acudir a consultorio y hospital alguno y se han curado? ¿Cómo lo han logrado? ¿Por qué no acuden al consultorio y mucho menos al hospital? Si el poder estuviera abierto a comprender la cultura popular, lo mismo que los usos y costumbres descritos, con seguridad aceptaría que la vacuna no tiene que ser obligatoria, y difundiría por todos los canales la posibilidad de inyectarse en otras formas y opciones para salir airosos de esta situación.

Entonces, es legítimo plantear que hay otras formas y procederes en que la solidaridad es fundamental, la memoria popular es persistente y no son necesarias las antesalas de varias horas para ser atendido. Pero igualmente hay prácticas indispensables para poder seguir en el rebusque porque, si se asiste al hospital y te dejan internado, ¿quién lleva el diario a casa?

De suerte que las formas alternativas están extendidas, además, por reacción, porque en sus barrios la gente ve morir a los suyos a pesar de estar vacunados, y por eso teme que le suceda igual, lo que invita a explicarles que los biológicos sirven en lo fundamental para evitar la UCI pero no mucho más. En esa expresión de sensatez, resulta posible construir procesos sociales de todo orden para enfrentar y superar la actual realidad, abordando como prioridad no desdeñable el cuidado común, a la par de la golpeada economía popular.

No es algo caprichoso. En realidad es un proceder indispensable que trasciende la estrategia mediática de cifras de muertos e internados en UCI, de cacarear en las bondades irreales de una vacuna que no evita la muerte, aunque sí pueda reducir las posibilidades de llegar a tal límite; estrategia que deja en manos de cada cual la resolución de sus urgencias económicas, proceder en el cual es indispensable implementar un viraje radical si de verdad se pretende ganar la confianza de amplios sectores y para lo cual los gobiernos deben priorizar la vida cotidiana de las mayorías, lo que implica garantizar vida digna, empezando por ingresos fijos y suficientes sin los cuales cada cual trata de resolver por vía propia, exponiéndose al contagio pero también atomizando mucho más el tejido social; un resolver por vía propia posible de constatar en la multiplicación de la informalidad callejera así como en la disparada de la delincuencia, con actuares cada vez más violentos –un síntoma de inseguridad, temor e inexperiencia de quien asalta– que copa calles por todas las ciudades del país.

Estamos, pues, ante una realidad sumamente compleja, que no se resuelve con más policía, como lo pretende el establecimiento, lo que va llevando hacia –o profundizando– la militarización y el autoritarismo armado como canal predilecto para gobernar e imponer. Ese proceder, ‘justificado’, por decirlo así, expresa la capacidad del sistema de reformularse y ahoga muchos derechos que le significaron a la humanidad intensas y prolongadas jornadas de lucha, tapizadas por miles de víctimas que se batieron por ellos.

Ese proceder del poder invita a pensar, no sin inquietud, si el terreno ganado por el ejercicio de un poder unilateral que ahora multiplica sus señales no se mantendrá y extenderá, incluso una vez superada esta coyuntura de salud pública, concretando así la tendencia de anulación de democracia efectiva que ya comporta el sistema, y que se manifiesta sin reparos –entre algunas de sus señales más evidentes– en la concentración de la riqueza, la multiplicación de las inequidades y las desigualdades que campean por todo el globo, la contención violenta de las voces de protesta que disienten y la imposición en todos los planos de un discurso único.

Esas manifestaciones antidemocráticas, con autoritarismo efectivo, expresado como tantas veces los estudiosos del tema han llamado la atención, a través de los cada vez más preocupantes mecanismos de control y disciplinamiento social, van haciendo de la democracia una simple palabra de cajón recubierta por mallas y muros que oprimen, imponen y aíslan, así como balas que contienen a opositores, inconformes y disidentes.

Estamos ante una tendencia o una realidad contundentes, con riesgo de polarización y disputa radical entre sectores del propio cuerpo social, utilizados por el poder real para potenciar sus controles y afilar sus mecanismos de efectivo dominio. Mientras así ocurre, del lado alternativo la pasividad y la ausencia de opciones efectivas en todos los planos, que le muestren superior y más efectivo que sus contrarios, lo arrinconan en un grado de confusión mayor y que saca a flote el hecho de que, en diversos campos del saber y del hacer, a pesar de lo que expresa, no alcanza a diferenciarse del discurso dominante.

La ciencia, ahora en el centro del debate, con la vacuna y la manera de afrontar una crisis como la actual, así como el carácter cada vez más autoritario del régimen político son parte de ello.

 

 

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Publicado enColombia
Lunes, 30 Agosto 2021 15:42

El covid: muchos interrogantes

El covid: muchos interrogantes

Tras un año y medio de crisis pandémica propiciada por el covid-19 son muchas las sombras, ocultamientos y contradicciones desprendidas por la misma. Por ejemplo, el éxito de la crisis sanitaria causada por el covid, no se hubiera alcanzado sin 3 columnas que sostienen el discurso único sobre la pandemia: 1. Los gobernantes que recortan las libertades individuales y siguen la receta del FMI; 2. Los medios de comunicación que mediante un bombardeo propagandístico feroz aterrorizan a la población, hoy con la cepa Delta, mañana con la Lambda y así sucesivamente , 3. La OMS, que a modo de Ministerio de Salud Mundial, aporta el sustento “científico” que justifica un discurso único, que elimina todo debate, todo testimonio de autoridades sanitarias o científicos de reconocimiento mundial que cuestionan, o contradigan la versión oficial.

Estamos ante el imperio del discurso único. Se acallan todas las voces disidentes. Todos los médicos que aparecen en la televisión, acompañan la versión del “Ministerio de la Verdad”, muchos de los cuales no declaran el conflicto de intereses con la industria farmacéutica. La narrativa oficial no se cuestiona. Las instituciones no abren ningún debate: no hay contraste, no se visibiliza la diversidad de opiniones que surgen en la comunidad médico-científica. La “policía del pensamiento” está presta a actuar, los chequeadores de la verdad castigan sin piedad a quien se atreva a cuestionar la versión oficial.

Para llegar a este punto, el recorrido ha sido largo: empezando por la creación y control, por parte de las industrias farmacéuticas de las más importantes revistas médicas del mundo, convertidas en fuente académico-científica para las facultades de medicina del orbe. Y continuando con el logro invaluable para los intereses farmacéuticos hegemónicos, con el control de la educación médica en Estados Unidos por parte de David Rockefeller y Carneagie a partir de 1917 cuando su empleado Abraham Flexner produce un informe mediante el cual recomienda cerrar facultades de medicina enfocadas en la terapéutica con plantas medicinales o medicinas homeopáticas. Todo ello, aunado a la financiación de instituciones educativas le permite a la naciente industria farmacéutica monopolizar la producción científica médica.

Después de la Segunda Guerra Mundial se crea la OMS, financiada hoy en día por la todopoderosa Industria Farmacéutica (léase: Blackrock, Vanguard, State Street, Fidelity), y por extensión su control, con lo cual consiguen cambiar la definición de pandemia y logran la pauta para su manejo, la que termina aceptada y obedecida por todos los países del mundo con excepción de Suecia y algunos pocos estados africanos. Recuérdese que desde 2009 para la la OMS se “ llama pandemia a la propagación mundial de una nueva enfermedad”, pero que para antes de esa fecha además de la propagación –mundial– tenía en cuenta que la mortalidad fuera grave.

Como expresión de su poder, en enero de 2020, a una velocidad increíble, publican en una revista de investigación científica el trabajo sobre RT-PCR de Drosten en Berlín, sin ser revisado por pares, y acogido en pocos días por la OMS para ser utilizado en todo el mundo como prueba de la existencia de la enfermedad covid-19. Todo ello pese a que Mullis, creador del RT-PCR, merecedor del premio Nobel por su descubrimiento, fue enfático al declarar que no es útil para diagnosticar infecciones, ya que es un dispositivo de investigación; vale decir que sin esta prueba tampoco hubiera sido posible generar la crisis sanitaria. (ver recuadro, “La manipulación con las PCR”).

Con tratamientos opuestos poco afortunados. Es así como desde el punto de vista terapéutico el mandato de la OMS recomienda negar el tratamiento médico en los primeros días de la enfermedad, con ello, con el paso de los días, consiguen que los mayores de 60 años, los obesos, los hipertensos y los diabéticos, agraven su condición clínica, momento en el cual deben ser hospitalizados, con resultados desgraciadamente poco exitosos.

Un proceder médico decidido sin las correspondientes pruebas empíricas. Increíblemente en las primeras semanas de la pandemia en ningún país se hacían autopsias, confiados en las pocas que hicieron los médicos en Wuhan. Tocó esperar hasta que los patólogos italianos efectuaron estudios postmortem, descubriendo la fisiopatología de la enfermedad: se trata de una patología sistémica caracterizada por la inflamación y la coagulación de la sangre en los vasos sanguíneos.

Con esta verificación a la mano distintos grupos clínicos fueron conformando protocolos de tratamiento precoz, para hacer en casa, evitando las complicaciones de la enfermedad y, en consecuencia, evitando la hospitalización del paciente. Tal es el caso del Dr. Peter McCullough cuyo trabajo de investigación fue publicado en Reviews in cardiovascular medicine el 1 de enero de 2021, revista de gran reconocimiento científico pero, que si hablaba de su trabajo por medio de un video ‘colgado’ en Youtube, por ejemplo, sería censurado. Su protocolo se basa en medicamentos posibles de conseguir en cualquier farmacia.

Todo un avance para atender de manera efectiva la crisis de salud pública suscitada, reducir los padecimientos de los pacientes y obtener mejores resultados. Esto para no hablar de alternativas como el Dióxido de cloro (CDS), cuyo uso fue aprobado exclusivamente en Bolivia gracias a la presión de organizaciones populares y sindicales. En el resto del mundo el Dióxido fue satanizado gracias a la labor de los fact check financiados por el Instituto Poynter de la Florida que cuenta con el apoyo de Google, la Open Society de Goerge Soros, la Fundación Bill y Melinda Gates, entre otros “filántropos”.

Transcurridos estos meses, y observada la forma como las más poderosas instituciones han conducido esta crisis, es posible aseverar que toda la estrategia conduce a un relato oficial en el que no hay tratamiento para la enfermedad y la única salida posible es mediante la vacunación compulsiva de la mayor parte de la humanidad.

Las mal llamadas vacunas (mal llamadas porque no cumplen la definición de producir inmunidad), fueron fabricadas en un tiempo récord, se saltaron la experimentación en animales, el periodo de observación de sus efectos fue de unos pocos meses, así que nadie sabe, con toda seguridad, los efectos secundarios a largo plazo. Es necesario recordar que estas se encuentran aún en la fase 3 de experimentación, la cual finaliza en octubre de 2022 para la de Pfyzer y para otras en marzo de 2023, por lo cual ninguna vacuna ha sido aprobada por ente alguno de control; solamente se autorizó el uso de emergencia.

Al ser así, lo evidente es que el establecimiento está ocultando a la población los efectos secundarios inmediatos que pueden producir las ahora llamadas vacunas, tales como, infartos, trombosis, enfermedades del sistema nervioso, entre otros. Para las instituciones sanitarias estos eventos son mera coincidencia temporal, descartando toda relación causa-efecto en este tipo de biológicos.

Un efecto que no es de menor cuantía. Se calcula, por ejemplo, que el número de muertes en Estados Unidos por causa de las vacunas, y hasta julio del 2021, está entre 11.000 y 45.000. Muertes minimizadas: cuatro décadas atrás, en 1976, ante las 27 muertes causadas por la vacuna contra la gripe porcina (H1N1) se detuvo la vacunación y el presidente Gerald Ford tuvo que aceptar la renuncia de algunos de sus colaboradores; claro que en esa época habían periodistas de la talla de Mike Wallace, quien en su programa “60 minutes” denunció el fraude de la vacuna.

Estamos, por tanto, ante un proceder médico que reluce por sus maniobras poco claras, pero también por sus vaivenes, palos de ciego y contradicciones. Tómese en cuenta, como evidencia de ello, que las anunciadas dos dosis de algunas de las difundidas vacunas ahora, ante las nuevas formas que va asumiendo el virus, han pasado a ser tres. Como el virus en tanto agente patógeno no cejará en su evolución, y en tanto las vacunas no lo sean a plenitud, es necesario preguntar: ¿cuántas nuevas dosis aplicarán?, ¿cada seis meses habrá una nueva pócima? ¿o será cada año? ¿Por cuántos años?

Una realidad también extendida a lo conocido como inmunidad de rebaño, propósito ante el cual los expertos también fallaron: al comienzo decían que se lograría inoculando al 70 por ciento de la población, porcentaje ahora incrementado al 90. Lo cierto es que mientras las vacunas permitan la infección o no interrumpan la transmisión del virus, es evidente que este propósito nunca será logrado.

Una pandemia, por tanto, con fundamento real pero propiciada, potenciada y manejada de tal manera que ha terminado por ser instrumento para favorecer ciertos intereses y someter a la población global. Un proceder y un logro imposible de alcanzar sin la docilidad de infinidad de gobiernos, sin la complacencia de las grandes cadenas de comunicación y sin la pasividad en que cayeron la mayoría de aquellas posiciones políticas autocalificadas como de izquierda y/o alternativas.


 La manipulación con las PCR

 

¿Dónde está el engaño de las PCR? De manera breve y simple:

El procedimiento

- Te cogen una muestra de moco de la nariz con un hisopo.
- En esa muestra hay ADN tuyo y, si estuviste en contacto con el virus, también habrá ADN del virus.
- Introducen todo en una máquina.
- La máquina le aplica a la muestra ciclos de frío-calor.
- Con esos ciclos van duplicando la cantidad de ADN vírico.
- Con 1 ciclo hacen dos copias. Con 2 ciclos hacen 4 copias. Con 3 ciclos hacen 8 copias. Y así sucesivamente.
- Cuando lleguen a los 35 ciclos tendrán (textualmente) 35.000 millones de copias de ADN del virus.
- Lo que están haciendo es buscar el virus aumentando la cantidad de ADN.
- En alguno de los ciclos lo van a encontrar.

El fraude

Hay 3 cosas que es importante entender, ya que ahí está la clave de todo el tinglado:
1. Si encuentran el virus con pocos ciclos (menos de 20) se supone que eres positivo y que tienes una buena cantidad de virus en el cuerpo (puedes enfermar y contagiar).
2. Si para encontrar el virus necesitan muchos ciclos (más de 30) se supone que eres positivo pero que no tienes capacidad infectiva (ni te vas a enterar que tienes el virus, ni vas a contagiar a nadie). Así lo recoge el propio Gobierno en sus documentos oficiales.
3. La PCR es una prueba que puede encontrar una aguja en un pajar. Estas ampliaciones se pueden seguir haciendo indefinidamente y a 60 ciclos (aproximadamente) todos seríamos positivos porque todos en algún momento estuvimos en contacto con el virus.

Resumiendo

- No es lo mismo ser positivo con 20 ciclos que serlo con 40.
- Ahí es donde está la trampa: los laboratorios están haciendo las PCR a 40 ciclos o más, es decir, eres positivo pero ni enfermas ni contagias.
- Si quieren crear una nueva ola suben los ciclos y todos positivos.
- ¿Que quieren crear una ola entre los jóvenes?, hacen un cribado masivo en esas edades y las PCR a 40 ciclos. Resultado: la inmensa mayoría positivos.
- Si nos quieren vender que las vacunas funcionan, bajan los ciclos de las PCR y disminuyen los positivos. Así de fácil.

Conclusión

- La PCR es una prueba que no está diseñada para lo que la están usando.
- Visto que está plagada de falsos positivos (algunos científicos hablan del 97 por ciento de falsos positivos) me parece importante negarse a realizarlas.
- Y, si no te queda más remedio que pasar por el aro, exigir que te digan a cuántos ciclos la están haciendo.

 

Nota 1: En este post se trata de desmontar la trampa de las PCR desde la “oficialidad”, solo razonando, por eso ya no voy a entrar en si se consiguió aislar el SarsCov2 ni en otros temas como la teoría del contagio.
Nota 2: Solo he tratado de dar unas pautas para que cada uno realice su propia investigación, así que científicos, médicos, biólogos y demás entendidos sabrán disculpar las incorrecciones.
https://t.me/PLANDEMIA_MUNDIAL_COVID

 

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Publicado enEdición Nº283
Vacuna covid-19: ¿protección, negocio o violación de derechos?

La regulación legal, base para la vacunación en Colombia, es la ley 2064 del 9 de diciembre de 2020, en la cual se declara de interés general la estrategia para la inmunización de la población colombiana contra el covid-19, la lucha contra cualquier pandemia y se dictan otras disposiciones. Es importante resaltar que en ningún momento se regula en esta Ley sobre la obligatoriedad de participación en el proceso de vacunación; lo que especialmente aclará la misma es el principio de gratuidad, particularidad que se menciona expresamente en el artículo nueve; otro principio fundamental que deja en claro es la Universalidad.

La Ley 2064, es una previsión del proceso de vacunación que en efecto se desarrolla desde la tercera semana de febrero de 2021, y la que no previó un desafío posterior, presentado justo en el momento que se desarrolla la vacunación por etapas, y sí contemplado en múltiples decretos que desarrollan la norma: la apatía, o el temor o el rechazo directo que puede tener un sector de la población y que los lleva a la decisión de no aceptar el biológico.

Un desafió que no es menor. Según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) 44,2 por ciento de los colombianos dijo no estar interesado en aplicarse la vacuna, situación que genera tensión frente a los espacios de la convivencia común e incluso en el ámbito laboral. Algo que para algunos eran impensable sucediera en esa magnitud. El quid del asunto es que poco a poco se llega a una obligatoriedad encubierta que ni siquiera la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha recomendado, salvo insistir en la necesidad de lograr inmunidades de rebaño a partir de coberturas masivas en la población.


¿Vacunación obligatoria o no? Derechos involucrados

Para establecer una hipotética obligatoriedad de la vacunación, es necesario establecer de manera somera los derechos que se encuentran involucrados en tensión, para decidir si se obliga o no, y nos vamos a referir a derechos fundamentales desde la Constitución en un Estado Social y Democrático de Derecho.

El derecho a la vida (art. 11), libre desarrollo de la personalidad (art. 16), libertad de conciencia (art. 18), el derecho al trabajo (art. 25), esto en relación con algunos derechos fundamentales involucrados conforme el capítulo I, del título II de nuestra Constitución, y también entra en tensión uno muy importante del capítulo II, de los Derechos Sociales, económicos y culturales: Derecho a la Salud (art. 49).


La valoración de los citados derechos involucrados, nos puede llevar al mismo tiempo a decisiones contradictorias, porque sobre la base de estos mismos derechos podría negarse o imponerse la obligatoriedad. De antemano obsérvese que la balanza la puede inclinar básicamente el derecho a la salud, frente a los fundamentales de la vida, la libertad de conciencia, libre desarrollo de la personalidad, etcétera.

En este proceso hay que tener en cuenta que la vacunación requiere la introducción de una sustancia ajena al cuerpo, por lo que en principio necesita la voluntad de la persona que acepta o da su consentimiento para recibir el biológico. Desde este primer punto de vista, la vacunación nunca podría ser obligatoria ya que requiere una expresión voluntaria y libre de la personalidad del sujeto. En sentido contrario, al entenderse la vacunación como parte de un tratamiento que incluso puede considerarse preventivo, en libre expresión de su personalidad el sujeto también puede negarse a ser innoculado, blandiendo objeción de conciencia frente. Pero acá aparece otro importante derecho como obstáculo a este tipo de determinación: la salud pública, que como derecho colectivo podría imponerse sobre todo cuando es un sector amplio de la población el que se vería en riesgo frente a la actitud o el derecho de un solo individuo o en todo caso de un grupo minoritario. Consideramos entonces que esta podría ser la única excepción fuerte a la no obligatoriedad.

 

 

Que la OMS y todos los Estados hayan declarado que estamos en medio de una pandemia denominada covid-19 y que todos los Estados estén tomando medidas para contenerla, entre ellos la vacunación, y que ello obedezca a un riesgo ostensible para la salud de la mayoría deja en evidente ventaja el derecho a la salud frente a los derechos individuales en cuestión, ante una hipotética obligatoriedad de la vacuna que ya están aplicando o proyectando entre las medidas que toman los diferentes Estados.

En los derechos involucrados mencionamos expresamente el derecho al trabajo, porque este vive una tensión particular frente a los efectos de la pandemia, porque es en la población trabajadora que la tensión entre la obligatoriedad de la vacuna ha tomado un tono más fuerte, pues la consigna parece ser que la necesidad de trabajar cede frente a la voluntad de querer o no aceptar la vacunación; de hecho, es común que la empresa pública o privada envíe permanentemente links en plataformas digitales para que los empleados reporten en que momento se encuentra su proceso de vacunación.

Expertos en el área de derecho laboral se oponen abiertamente a que pueda amenazarse o derivarse algún tipo de sanción para los trabajadores que no accedan a la vacunación de forma “voluntaria” ya que atentarían contra la estabilidad laboral, y ni siquiera aceptan la imposición de otras modalidades como pasarlos a teletrabajo o a áreas que impliquen menor exposición a contagios, lo cual podría ser considerado un “castigo”. Sin embargo, en la práctica triunfa otra premisa y es que si el Gobierno o la empresa determinan que la vacunación es obligatoria, el empleado prácticamente no puede abstraerse de la obligación pues el Estado o la empresa privada resaltarán que deben garantizar un servicio no para el privilegio de uno sino de toda una comunidad. Por lo mencionado hasta este punto, todo indica que la tensión está a favor de los derechos colectivos y no de los individuales, y en tal punto podría prevalecer la obligatoriedad.


Vacunación y medias sanitarias: otro paso a la obligatoriedad


A medida que avanza la pandemia, y sobre todo la estrategia de vacunación mundial, con consecuentes desafíos y diferencias abismales entre Estados y poblaciones del primer y el tercer mundo, no hay duda que los países que imprimen la marcha en el orden mundial también van imponiendo poco a poco sus políticas públicas de obligatoriedad “velada” de la vacunación, como es el caso de la Unión Europea que a partir del 1 de julio de 2021 oficializó el Certificado covid digital de la UE, con la aplicación del reglamento acordado por los principales organismos de la UE (Comisión, Parlamento y Consejo Europeo), lo que han dado en llamar implementación de los pasaportes sanitarios, que incluso ofrecen un reparo desde la cantidad de información personal que recaban de los ciudadanos pero que ellos aseguran “no realizaran tráficos indebidos con los datos personales” ya que solo es con fines de autenticación de la información sobre el estado de vacunación o cantidad de dosis aplicadas.

Sin embargo, con asombro puede observarse como en la aplicación de políticas dominantes, también desde el punto de vista sanitario, este bloque de países se da el gusto de aceptar o rechazar, para efectos de permitir la circulación en el territorio Schengen, entre las vacunas homologadas; según lo cual las autorizadas por la Agencia Europea del Medicamento (EMA), son: BionTech/Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Johnson&Johnson.


Tras establecer el pasaporte que en principio no es obligatorio, pero que es un requisito a cumplir esté o no vacunado el ciudadano, muchos de los países europeos lo están considerando prácticamente obligatorio para poder realizar muchas actividades de ocio y turismo, en teoría con una finalidad absolutamente preventiva ante posibles contagios masivos en las actividades descritas.

Un protocolo que están retomando los demás países del orbe, incluso en nuestra realidad, ya es común exigir el certificado de vacunación covid 19 para poder asistir a espectáculos masivos como el fútbol, conciertos, entre otras actividades. Incluso se exige un esquema de vacunación ya completo, dejando cada vez más en entredicho la no obligatoriedad de la vacuna.

Estrategia que apunta a fomentar la vacunación masiva, con el objetivo de lograr la denominada “inmunidad de rebaño”, todo ello sin tener en cuenta la afrenta que implica frente a la violación de otros derechos fundamentales, como los ya listados supra, poniendo de presente la tensión entre la reactivación económica y la posibilidad que los “desjuiciados”, sobre todo población joven, hagan valer sus derechos y se sometan a los designios de las mayorías.

Estas medidas de política pública, de restricción de ciertos derechos y resumidas en los pasaportes sanitarios, o como se les quiera denominar, ante el privilegio alcanzado por la necesaria reactivación económica, lo que pretenden es evitar los confinamientos, lastre de la producción y el mercadeo. En este punto el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ya ha dictaminado que las vacunas obligatorias no violan las leyes de derechos humanos e incluso podrían considerarse necesarias en una sociedad democrática donde la salud pública, como derecho colectivo, está por encima de unos de carácter meramente individual.


Vacunación y Bioética: qué dice la ciencia


Otro punto de vista que necesariamente debe tenerse en cuenta en este debate, es la posición de la ciencia desde la bioética, que aborda asuntos de fondo que muy posiblemente no tienen una respuesta segura en este momento, como: ¿Sí son eficaces las vacunas para prevenir la transmisión? ¿Hay en realidad acceso igualitario a la vacunación en el mundo?

Para ambientar brevemente esta discusión, nos parece oportuno referenciar al experto en Bioética Julian Savulescu, profesor de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Oxford en el Reino Unido, quien en su artículo: “Good reasons to vaccinate: mandatory or payment for risk?”* considera que sólo cabe proceder a la vacunación obligatoria cuando se dan cuatro condiciones fundamentales:

a. Hay una amenaza grave para la salud pública.
b. La vacuna es segura y efectiva.
c. Las políticas de vacunación obligatoria muestran una ratio de coste/beneficio superior a otras alternativas.
d. El nivel de coerción impuesto es proporcionado.

Responder a cada uno de estos puntos que correctamente plantea el experto, podría llevarnos a otra columna sobre la materia, pero a groso modo podemos decir que prácticamente la única premisa que se cumple es la grave amenaza para la salud pública, porque sobre la seguridad y efectividad de las vacunas por ahora no hay estudios científicos unívocos; menos sobre el coste-beneficio de la obligatoriedad, y en cuanto a la coerción de derechos de manera proporcionada, en realidad está por verse.

Recordemos, incluso que, frente a la efectividad, recientemente nos enfrentamos a la “proposición” de una tercera dosis por parte de las farmacéuticas, como es el caso de la estadounidense Pfizer, con la justificación de proteger contra la nueva variante delta del coronavirus y según datos preliminares de un estudio, que como siempre son preliminares y en desarrollo.

Sobre lo anterior obliga decir que existen numerosas variantes del virus: Cepa alfa (Reino Unido), Beta (África), Gamma (Japón) Delta (India) y Delta Plus (varios países), por lo cual otras farmacéuticas propietarias de la vacuna Moderna, AstraZeneca, Sinovac, también están “sugiriendo” tercera dosis. En Colombia, y según datos del ministerio de Salud, con la variante Delta el país completó 61 linajes covid.

El problema de las variantes, advierte la OMS, es que las mismas están asociadas a un aumento de la transmisibilidad o cambio en la epidemiología del covid-19, aumento de la virulencia o cambio en la presentación clínica de la enfermedad, o disminución de la efectividad de las medidas sociales y de salud pública o de los diagnósticos disponibles.

Lo anterior indica que ni el virus está resuelto, ni está completamente diagnosticado, pero que alguien está tomando ventaja en el comercio “obligado” de las vacunas, y que lo que podrían ser solo dos dosis para obtener un “pasaporte sanitario” podría convertirse en dosis periódicas y necesarias siempre frente a las nuevas fuentes de riesgo biológico y, por lo tanto, los derechos siempre estarán en permanente tensión frente a la obligatoriedad.

A todo lo expresado, el tema nos obliga volver al origen y preguntarnos sobre todo en estos países del trópico de una fuerte tradición ancestral indígena: ¿Por qué no volvemos a las hierbas y a las raíces de los árboles? ¿Por qué, aunque sin el supuesto sustento científico (como tampoco lo tienen ciertamente las vacunas hasta ahora homologadas) no ayudamos a enfrentar la pandemia con las recetas tradicionales y sus propiedades que también han salvado vidas, y sin obligar a nadie?

Es una opción viable, junto con otro tipo de medicinas, que ha evidenciado efectividad en barrios populares, penales, comunidades indígenas y campesinas en general, incluso aplicada de distinta manera por galenos de amplia trayectoria que actúan en silencio ante el temor de perder su licencia profesional. Todo lo cual evidencia que la solución no puede ser solo la obligatoriedad a la que nos conducen los intereses de las multinacionales farmacéuticas, del empresariado y de los gobernantes para obtener pasaportes sanitarios, que por lo visto y por el nivel de dificultad que ofrece el virus en cuanto a desarrollo y variantes, nunca serán suficientes.

* Good reasons to vaccinate: mandatory or payment for risk? Disponible en: https://jme.bmj.com/content/47/2/78 BMJ Journal of Medical Ethics. Consultado 8(08/2021.

 

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Publicado enEdición Nº283
Domingo, 29 Agosto 2021 14:37

Covid-19: más que el pinchazo

Province of British Columbia, https://www.flickr.com/photos/bcgovphotos/50724940457/

Finales de 2019. Desde la fecha en que el “covid-19” “sorprendió” al mundo, el debate frente a las libertades individuales y personales, limitadas con fundamento en que es necesario combatirlo, controlarlo o al menos contener su avance, está al orden del día; un debate mucho más intenso a partir del mes de marzo del año 2020 cuando la Organización Mundial de la Salud declaró el inicio de una pandemia.

Las prohibiciones impuestas desde el primer momento fueron extremas, por ejemplo, para movilizarse entre países y al interior del propio territorio; pero también se impusieron un conjunto de obligaciones de todo tipo, empezando por la exigencia de reportar información sensible e inscribirse en diferentes plataformas si se pretendía obtener autorización para salir de la residencia, una especie de bases de datos que encontró pronto rechazo social toda vez que no se sabía el paradero final de la misma, en fin, un conjunto de restricciones vividas y padecidas por todos.

Ahora surge otra, la obligación de vacunarse, y la posibilidad de limitar importantes derechos a quienes no la acepten. El debate en nuestro país y en el mundo entero está abierto, y parece que otra vez la libertad individual debe ceder. Diferentes naciones en el mundo ya impusieron el “pasaporte covid” o un “pase verde”, una especie de tarjeta sanitaria que se exige para entrar a un café, un restaurante, un cine, un gimnasio, un museo, para utilizar el transporte público, para subirse al tren o a un avión.

Está claro que la imposición de una obligación tal vulnera de forma evidente los principios que soportan a un Estado constitucional y democrático, que está fundado en la dignidad, la autonomía y el pluralismo. El Estado no puede, aún bajo el presupuesto de proteger a otros, obligar a una persona a vacunarse. 

Los mandatos constitucionales y convencionales en materia de derechos humanos, los tratados internacionales como la Convención Americana de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y la Declaración Universal de Derechos Humanos, son suficientes para sostener esta posición.

Incluso, si faltaran argumentos, la jurisprudencia los brinda, basta acudir a las sentencias de la Corte Constitucional para encontrarlos, porque en ella se ha reconocido que en una sociedad fundada en la inviolabilidad, dignidad y autonomía de las personas. toda intervención en el cuerpo de un individuo debe en principio contar con la autorización del propio afectado (principio de autonomía).
 
Es así como, en el caso nuestro, el Estado no puede obligar a la población colombiana a vacunarse, porque la facultad de tomar decisiones relativas a su salud es un derecho de carácter fundamental, como concreción del principio constitucional de pluralismo (artículos 1 y 7 de la Carta Política) y de los derechos fundamentales a la dignidad humana (artículo 1), al libre desarrollo de la personalidad (artículo 16), a la integridad personal (artículo 12) y a la salud (artículo 49). (Sentencia T–365 de 2017)

Del principio general de libertad emana el derecho específico de la autonomía de la persona que le permite tomar decisiones relativas a su salud. Los individuos son libres y agentes morales autónomos, es a ellos a quienes corresponde definir cómo entienden el cuidado de su salud.

Así las cosas, en materia de las vacunas, toda persona es autónoma y libre para elegir y decidir cuál opción seguir. La Constitución reconoce la existencia de diferentes concepciones de bien y de mundo, igualmente válidas, desde las cuales toda persona puede construir legítimamente un proyecto de vida.
 
Además, en materia médica el principio de pluralismo, reconocido en los artículos 1º y 7º de la Constitución, existen, dentro de ciertos límites, diversas formas igualmente válidas de entender y valorar en qué consiste la bondad de un determinado tratamiento médico.

Incluso, impedir a una persona decidir si se somete o se rehúsa a la administración de una vacuna atenta contra otro de los contenidos protegidos por el derecho a la dignidad humana, el cual se relaciona de forma innegable con el derecho a la integridad personal. En este sentido, si las personas son inviolables, sus cuerpos también lo son, por lo cual no pueden ser intervenidos sin su permiso. El individuo es titular de un derecho exclusivo sobre el propio cuerpo.

El propio derecho a la salud permite sostener que las personas no pueden ser sometidas a tratamientos y experimentos médicos no consensuales. Toda actuación destinada a instrumentalizar a la persona, impidiéndole que pueda tomar las decisiones que estime convenientes sobre su propio cuerpo, se muestra incluso abiertamente desproporcionada y contraria a los principios que informan la Constitución, razón de más para señalar que la vacuna no puede ser considerada obligatoria para sus destinatarios.

Acerca de la libre elección de vacunarse

No todas las personas se niegan a vacunarse, tanto es así que la vacunación empezó en nuestro país el 17 de febrero de 2021 y al inicio del mes de agosto alcanza cerca de 30 millones de dosis aplicadas, divididas de la siguiente manera: 16 millones primera dosis y 13 millones con el esquema completo.

Una libertad concretada, por ejemplo, en el actuar de aquellos ciudadanos más pudientes económicamente, quienes salieron con su núcleo familiar para los Estados Unidos en procura del biológico que consideraron, “libremente”, que era el mejor. Con una oferta variada, eligieron el que en su momento parecía el mejor. Hoy no se sabe. Pero ya están vacunados.

Los demás, aquellas personas que no pudieron salir buscando el sueño americano, materializado ahora en una vacuna, les tocó acá en la tierrita, según el turno y la existencia del biológico, aunque muchos ingeniosos, que se creen más avispados, maniobraron para que les aplicara el que consideraron el mejor. Entonces, ya se vacunaron, lo hicieron libremente, lo eligieron, no hay que obligarlos.

Otros ciudadanos no se niegan, solo exigen que los vacunen con el mismo biológico que utilizaron el presidente, los ministros, sus esposas, hijos y familiares más cercanos, algo así como que esta es la mejor prueba de que el biológico no producirá efectos negativos. Reclaman igualdad, y de esta manera aceptarían vacunarse sin objeción alguna.

Existe un grupo de personas que aún no se han vacunado porque reclaman, como condición previa, información confiable y suficiente, es decir una adecuada ilustración para decidir si se inoculan o no. Pero esta información no existe, falta tiempo para que los estudios arrojen algún resultado digno de crédito.

Un reclamo, un derecho, de manera alguna ilógico. Un reclamo que el Ministerio de Salud y Protección Social debe atender con información precisa sobre los efectos de la vacuna, positivos y negativos. El consentimiento informado, que materializa los principios constitucionales como la dignidad humana, el libre desarrollo de la personalidad, la libertad individual, el pluralismo, constituye un elemento determinante para la protección de los derechos a la salud y a la integridad de la persona humana.
 
Se trata de un derecho que consiste en ser informado de manera clara, objetiva, idónea y oportuna sobre aquellos procedimientos médicos que afecten en mayor o menor medida la vida y la integridad personal

Sin embargo, la información no ha sido clara, no se conocen los efectos secundarios de las vacunas, tanto a corto como a largo plazo. Esta información no ha sido suficiente, ni concluyente, ejemplo de lo cual es que las vacunas que en principio aseguraban que con dos dosis lograban su propósito, hoy afirman que para ello necesitarán una tercera, una variación que agrega elementos para que la población en general siga dudando de la veracidad de la información.

Ahora bien, para obligar a la vacunación el Ministerio de Salud sustenta que es necesario alcanzar la conocida inmunidad de rebaño, la cual aseguraban se obtendría con el 70 por ciento y ahora aseguran debe alcanzar al 90 por ciento, algo que parece casi imposible toda vez que la movilidad global, el comercio y el mercado no cejan en su frenesí. Algo aún más difícil de obtener de hacerse realidad lo afirmado por algunos expertos: que los vacunados serán los más afectados con las nuevas cepas.

Pero además porque los contagios proseguirán, como lo advierte Anthony Fauci –científico estrella de la Casa Blanca–, al confirmar que “infectarse tras vacunarse es inevitable”. Si así es, entonces ¿cómo se podrá alcanzar la inmunidad de rebaño si los vacunados tienen alto riesgo de contagiarse y contagiar a otros? Según se dice estamos frente a la ‘breakthrough infection’.

Pero hay más leña agregada al fuego, o al aceptable escepticismo de una franja social. Los estudios indican que las vacunas tienen una eficacia mayor al 50 evitando así que las personas infectadas sean hospitalizadas, ingresen a una UCI y en general disminuir la mortalidad por covid-19. Pero también indican que no son efectivas para no infectarse, y no ha sido descartado que una persona vacunada, una vez infectada, no lo trasmita a otros de sus congéneres.

Una realidad que impregna escepticismo al ya reinante entre jóvenes y adultos sobre la eficacia del biológico, mucho más cuando circulan reportes que certifican que el contagio con nuevas cepas del covid entre los vacunados viene en aumento. Incluso algunos expertos aseveran que la verdadera crisis sanitaria se está creando ahora con los vacunados. Algo que solo será verificado con el paso de los meses pero que, por lo pronto, se suma como agravante para lo relatado.

Eficacia limitada de las vacunas y efecto parcial y limitado además en el tiempo (sus productores indican que unas protegen con cierta seguridad por espacio de 9 meses, otros un poco menos) que motiva a galenos a recomendar no vacunar a niños, jóvenes y personas con buena salud, porque si han resistido al virus sin el biológico al interior de su humanidad es evidencia de poseer excelente capacidad de defensa.

Advertencias y evidencias que comienzan algunas de ellas a ser corroboradas. Por ejemplo, el tiempo efectivo de las vacunas: ante la perdida de eficacia con el paso de los meses y el surgimiento de nuevas cepas del covid-19 ahora los países imponen un refuerzo o tercera dosis, además de insistir en mantener la distancia, el uso de mascarilla y limitación de la interacción social para frenar las nuevas variantes, por ejemplo, la Delta, que es tan transmisible como la varicela.

Así las cosas y en tanto la información brindada por gobiernos y farmacéuticas no es confiable, es comprensible que un grupo de personas no quiera vacunarse.

Pero además de este segmento social, existen quienes nunca se vacunarían, ni contra el covid ni contra nada. Y su decisión tiene respaldo suficiente desde la legalidad. Y en todo momento reclaman que no se les limiten derechos de ninguna índole por elegir libremente qué hacer con su salud.

Como puede quedar claro con lo hasta acá escrito, y en tanto quienes ya están vacunados también pueden infectarse e infectar, las personas que decidan no vacunarse, no por ello son los que ponen en riesgo a los demás, por lo cual este riesgo no puede ser la sustentación para imponer como obligatoria la vacunación.

Estamos, por tanto, ante un complejo dilema, el cual puede concluir de ser tensado como profundización de las tendencias de disciplinamiento y control social cada vez más vertical que ahora se ventilan por doquier, tras las cuales parece respirar el mercado, almádana que con su peso inclina a los poderes reales a privilegiar la economía por sobre la libertad y otros derechos ya relacionados.

Un martillar que refuerza la voluntad de quienes aspiran a comprar, divertirse, gastar y consumir sin limitante alguna, y para lo cual están dispuestos a que se imponga y exija el pasaporte de vacunación. Una decisión, que también puede estar asociada a no estar inquietos por los factores reales que dieron origen al virus, ni al interrogante ¿cómo evitar que otra crisis de estas tome cuerpo?

Por el momento, en medio de la intensa pugna social que parece ir tomando cuerpo en países que ya han impuesto la obligación del pasaporte en cuestión, el celular como puerta trasera para un efectivo control social, entra a jugar su rol de manera abierta, al permitir el registro y verificación del disciplinamiento ahora desplegado contra toda razón por los factores reales de poder.

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Publicado enEdición Nº283
Lunes, 30 Agosto 2021 06:15

Covid-19: más que el pinchazo

Province of British Columbia, https://www.flickr.com/photos/bcgovphotos/50724940457/

Finales de 2019. Desde la fecha en que el “covid-19” “sorprendió” al mundo, el debate frente a las libertades individuales y personales, limitadas con fundamento en que es necesario combatirlo, controlarlo o al menos contener su avance, está al orden del día; un debate mucho más intenso a partir del mes de marzo del año 2020 cuando la Organización Mundial de la Salud declaró el inicio de una pandemia.

Las prohibiciones impuestas desde el primer momento fueron extremas, por ejemplo, para movilizarse entre países y al interior del propio territorio; pero también se impusieron un conjunto de obligaciones de todo tipo, empezando por la exigencia de reportar información sensible e inscribirse en diferentes plataformas si se pretendía obtener autorización para salir de la residencia, una especie de bases de datos que encontró pronto rechazo social toda vez que no se sabía el paradero final de la misma, en fin, un conjunto de restricciones vividas y padecidas por todos.

Ahora surge otra, la obligación de vacunarse, y la posibilidad de limitar importantes derechos a quienes no la acepten. El debate en nuestro país y en el mundo entero está abierto, y parece que otra vez la libertad individual debe ceder. Diferentes naciones en el mundo ya impusieron el “pasaporte covid” o un “pase verde”, una especie de tarjeta sanitaria que se exige para entrar a un café, un restaurante, un cine, un gimnasio, un museo, para utilizar el transporte público, para subirse al tren o a un avión.

Está claro que la imposición de una obligación tal vulnera de forma evidente los principios que soportan a un Estado constitucional y democrático, que está fundado en la dignidad, la autonomía y el pluralismo. El Estado no puede, aún bajo el presupuesto de proteger a otros, obligar a una persona a vacunarse. 

Los mandatos constitucionales y convencionales en materia de derechos humanos, los tratados internacionales como la Convención Americana de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y la Declaración Universal de Derechos Humanos, son suficientes para sostener esta posición.

Incluso, si faltaran argumentos, la jurisprudencia los brinda, basta acudir a las sentencias de la Corte Constitucional para encontrarlos, porque en ella se ha reconocido que en una sociedad fundada en la inviolabilidad, dignidad y autonomía de las personas. toda intervención en el cuerpo de un individuo debe en principio contar con la autorización del propio afectado (principio de autonomía).
 
Es así como, en el caso nuestro, el Estado no puede obligar a la población colombiana a vacunarse, porque la facultad de tomar decisiones relativas a su salud es un derecho de carácter fundamental, como concreción del principio constitucional de pluralismo (artículos 1 y 7 de la Carta Política) y de los derechos fundamentales a la dignidad humana (artículo 1), al libre desarrollo de la personalidad (artículo 16), a la integridad personal (artículo 12) y a la salud (artículo 49). (Sentencia T–365 de 2017)

Del principio general de libertad emana el derecho específico de la autonomía de la persona que le permite tomar decisiones relativas a su salud. Los individuos son libres y agentes morales autónomos, es a ellos a quienes corresponde definir cómo entienden el cuidado de su salud.

Así las cosas, en materia de las vacunas, toda persona es autónoma y libre para elegir y decidir cuál opción seguir. La Constitución reconoce la existencia de diferentes concepciones de bien y de mundo, igualmente válidas, desde las cuales toda persona puede construir legítimamente un proyecto de vida.
 
Además, en materia médica el principio de pluralismo, reconocido en los artículos 1º y 7º de la Constitución, existen, dentro de ciertos límites, diversas formas igualmente válidas de entender y valorar en qué consiste la bondad de un determinado tratamiento médico.

Incluso, impedir a una persona decidir si se somete o se rehúsa a la administración de una vacuna atenta contra otro de los contenidos protegidos por el derecho a la dignidad humana, el cual se relaciona de forma innegable con el derecho a la integridad personal. En este sentido, si las personas son inviolables, sus cuerpos también lo son, por lo cual no pueden ser intervenidos sin su permiso. El individuo es titular de un derecho exclusivo sobre el propio cuerpo.

El propio derecho a la salud permite sostener que las personas no pueden ser sometidas a tratamientos y experimentos médicos no consensuales. Toda actuación destinada a instrumentalizar a la persona, impidiéndole que pueda tomar las decisiones que estime convenientes sobre su propio cuerpo, se muestra incluso abiertamente desproporcionada y contraria a los principios que informan la Constitución, razón de más para señalar que la vacuna no puede ser considerada obligatoria para sus destinatarios.

Acerca de la libre elección de vacunarse

No todas las personas se niegan a vacunarse, tanto es así que la vacunación empezó en nuestro país el 17 de febrero de 2021 y al inicio del mes de agosto alcanza cerca de 30 millones de dosis aplicadas, divididas de la siguiente manera: 16 millones primera dosis y 13 millones con el esquema completo.

Una libertad concretada, por ejemplo, en el actuar de aquellos ciudadanos más pudientes económicamente, quienes salieron con su núcleo familiar para los Estados Unidos en procura del biológico que consideraron, “libremente”, que era el mejor. Con una oferta variada, eligieron el que en su momento parecía el mejor. Hoy no se sabe. Pero ya están vacunados.

Los demás, aquellas personas que no pudieron salir buscando el sueño americano, materializado ahora en una vacuna, les tocó acá en la tierrita, según el turno y la existencia del biológico, aunque muchos ingeniosos, que se creen más avispados, maniobraron para que les aplicara el que consideraron el mejor. Entonces, ya se vacunaron, lo hicieron libremente, lo eligieron, no hay que obligarlos.

Otros ciudadanos no se niegan, solo exigen que los vacunen con el mismo biológico que utilizaron el presidente, los ministros, sus esposas, hijos y familiares más cercanos, algo así como que esta es la mejor prueba de que el biológico no producirá efectos negativos. Reclaman igualdad, y de esta manera aceptarían vacunarse sin objeción alguna.

Existe un grupo de personas que aún no se han vacunado porque reclaman, como condición previa, información confiable y suficiente, es decir una adecuada ilustración para decidir si se inoculan o no. Pero esta información no existe, falta tiempo para que los estudios arrojen algún resultado digno de crédito.

Un reclamo, un derecho, de manera alguna ilógico. Un reclamo que el Ministerio de Salud y Protección Social debe atender con información precisa sobre los efectos de la vacuna, positivos y negativos. El consentimiento informado, que materializa los principios constitucionales como la dignidad humana, el libre desarrollo de la personalidad, la libertad individual, el pluralismo, constituye un elemento determinante para la protección de los derechos a la salud y a la integridad de la persona humana.
 
Se trata de un derecho que consiste en ser informado de manera clara, objetiva, idónea y oportuna sobre aquellos procedimientos médicos que afecten en mayor o menor medida la vida y la integridad personal

Sin embargo, la información no ha sido clara, no se conocen los efectos secundarios de las vacunas, tanto a corto como a largo plazo. Esta información no ha sido suficiente, ni concluyente, ejemplo de lo cual es que las vacunas que en principio aseguraban que con dos dosis lograban su propósito, hoy afirman que para ello necesitarán una tercera, una variación que agrega elementos para que la población en general siga dudando de la veracidad de la información.

Ahora bien, para obligar a la vacunación el Ministerio de Salud sustenta que es necesario alcanzar la conocida inmunidad de rebaño, la cual aseguraban se obtendría con el 70 por ciento y ahora aseguran debe alcanzar al 90 por ciento, algo que parece casi imposible toda vez que la movilidad global, el comercio y el mercado no cejan en su frenesí. Algo aún más difícil de obtener de hacerse realidad lo afirmado por algunos expertos: que los vacunados serán los más afectados con las nuevas cepas.

Pero además porque los contagios proseguirán, como lo advierte Anthony Fauci –científico estrella de la Casa Blanca–, al confirmar que “infectarse tras vacunarse es inevitable”. Si así es, entonces ¿cómo se podrá alcanzar la inmunidad de rebaño si los vacunados tienen alto riesgo de contagiarse y contagiar a otros? Según se dice estamos frente a la ‘breakthrough infection’.

Pero hay más leña agregada al fuego, o al aceptable escepticismo de una franja social. Los estudios indican que las vacunas tienen una eficacia mayor al 50 evitando así que las personas infectadas sean hospitalizadas, ingresen a una UCI y en general disminuir la mortalidad por covid-19. Pero también indican que no son efectivas para no infectarse, y no ha sido descartado que una persona vacunada, una vez infectada, no lo trasmita a otros de sus congéneres.

Una realidad que impregna escepticismo al ya reinante entre jóvenes y adultos sobre la eficacia del biológico, mucho más cuando circulan reportes que certifican que el contagio con nuevas cepas del covid entre los vacunados viene en aumento. Incluso algunos expertos aseveran que la verdadera crisis sanitaria se está creando ahora con los vacunados. Algo que solo será verificado con el paso de los meses pero que, por lo pronto, se suma como agravante para lo relatado.

Eficacia limitada de las vacunas y efecto parcial y limitado además en el tiempo (sus productores indican que unas protegen con cierta seguridad por espacio de 9 meses, otros un poco menos) que motiva a galenos a recomendar no vacunar a niños, jóvenes y personas con buena salud, porque si han resistido al virus sin el biológico al interior de su humanidad es evidencia de poseer excelente capacidad de defensa.

Advertencias y evidencias que comienzan algunas de ellas a ser corroboradas. Por ejemplo, el tiempo efectivo de las vacunas: ante la perdida de eficacia con el paso de los meses y el surgimiento de nuevas cepas del covid-19 ahora los países imponen un refuerzo o tercera dosis, además de insistir en mantener la distancia, el uso de mascarilla y limitación de la interacción social para frenar las nuevas variantes, por ejemplo, la Delta, que es tan transmisible como la varicela.

Así las cosas y en tanto la información brindada por gobiernos y farmacéuticas no es confiable, es comprensible que un grupo de personas no quiera vacunarse.

Pero además de este segmento social, existen quienes nunca se vacunarían, ni contra el covid ni contra nada. Y su decisión tiene respaldo suficiente desde la legalidad. Y en todo momento reclaman que no se les limiten derechos de ninguna índole por elegir libremente qué hacer con su salud.

Como puede quedar claro con lo hasta acá escrito, y en tanto quienes ya están vacunados también pueden infectarse e infectar, las personas que decidan no vacunarse, no por ello son los que ponen en riesgo a los demás, por lo cual este riesgo no puede ser la sustentación para imponer como obligatoria la vacunación.

Estamos, por tanto, ante un complejo dilema, el cual puede concluir de ser tensado como profundización de las tendencias de disciplinamiento y control social cada vez más vertical que ahora se ventilan por doquier, tras las cuales parece respirar el mercado, almádana que con su peso inclina a los poderes reales a privilegiar la economía por sobre la libertad y otros derechos ya relacionados.

Un martillar que refuerza la voluntad de quienes aspiran a comprar, divertirse, gastar y consumir sin limitante alguna, y para lo cual están dispuestos a que se imponga y exija el pasaporte de vacunación. Una decisión, que también puede estar asociada a no estar inquietos por los factores reales que dieron origen al virus, ni al interrogante ¿cómo evitar que otra crisis de estas tome cuerpo?

Por el momento, en medio de la intensa pugna social que parece ir tomando cuerpo en países que ya han impuesto la obligación del pasaporte en cuestión, el celular como puerta trasera para un efectivo control social, entra a jugar su rol de manera abierta, al permitir el registro y verificación del disciplinamiento ahora desplegado contra toda razón por los factores reales de poder.

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