El presidente de China, Xi Jinping, en la sede de la ONU en Ginebra en 2017. UN Photo / Jean-Marc Ferré

En los últimos diez años, el país ha realizado importantísimas inversiones en lo tecnológico y ambiental, pero lo social sigue siendo una asignatura pendiente, tanto que puede llegar a convertirse en un lastre

 

La persistencia de déficits sociales en China es harto conocida y constituye uno de los más significados aspectos que ensombrecen el despegue económico de las últimas décadas. La China maoísta, que a pesar de todos sus sinsabores, logró catapultar a un país que en 1949 tenía el PIB equivalente al de 1890 a la condición de 32ª potencia económica del mundo, elevó a los altares el igualitarismo. En 1978, el índice de Gini ascendía a 0,16. En el denguismo tardío, con Hu Jintao en la presidencia del país, este ascendía a su máximo histórico, el 0,49 (2008). No es de extrañar por tanto que Hu convirtiera el anhelo de una “sociedad armoniosa” en una guía de su mandato.

La clave de esa brusca transformación fue la apertura promovida por Deng Xiaoping a finales de los 70. El llamamiento al enriquecimiento orquestado por Deng incluía el reconocimiento de que no todos podrían lograrlo al mismo tiempo y ello agravó tanto las desigualdades sociales como también los desequilibrios territoriales. Xi Jinping, al frente del país desde 2012, apela ahora a la “prosperidad común”. Le endilgan por ello la etiqueta de maoísta recalcitrante. En verdad, el concepto procede de la época de Mao, en los años 50. Sin embargo, el contexto es bien diferente. En aquella China todo era escasez y penuria. Hoy hablamos de la segunda potencia económica del mundo (primera desde 2011 en términos de paridad de poder de compra) aunque ubicada en la posición 85 en el Índice de Desarrollo Humano. La asimetría es irritante.

El acento en la prosperidad común, dicen, está agravando las tensiones en el liderazgo chino por cuanto implica obligar a los grandes empresarios privados que en los últimos lustros de reforma y apertura han acumulado, con el aval del Partido, ingentes fortunas, a compartir su riqueza con las capas menos privilegiadas de la población. Gigantes como Tencent han invertido ya 50.000 millones de yuanes (aproximadamente 7.700 millones de dólares), mientras que Alibaba, el gigante del comercio electrónico, ha desembolsado el doble de ese monto. Uniendo esta campaña con la incentivación del propósito regulador de los grandes monopolios, la imposición de límites en los videojuegos, las limitaciones a las pasantías, etc., concluyen que la época de liberalización ha concluido. Lo que hace Xi va en contra de las leyes del mercado y puede derivar en una “pobreza común”, ha dicho Zhang Weiying, profesor de economía en la Universidad de Beijing.

Lo social por detrás de lo ambiental o tecnológico

El milagro económico chino es indiscutible. El milagro social, no tanto. Tras la crisis de Tiananmen, durante los 90, la primacía de la eficacia económica sobre la justicia social (o ambiental) derivó en un crecimiento de pésima calidad. No supuso el estallido de una gran crisis porque, quien más quien menos, veía mejorar su nivel de vida, pero la persistencia de esa evolución nos conduce a una China insostenible.

En el denguismo tardío, al pasar página de la “fábrica del mundo” y apostar por el cambio del modelo de desarrollo se privilegió un nuevo tridente: los factores ambientales, tecnológicos y sociales serían los nuevos pilares del desarrollo chino en detrimento de la inversión extranjera, la mano de obra barata o la orientación de la producción hacia el exterior. El cambio de paradigma abrió algunas expectativas, pero pronto menguaron. Con la llegada del xiísmo, el índice de Gini pasó del 0,45 en 2013 al 0,467 en 2017 (la media en los países OCDE es 0,3).

El Gobierno y el Partido han realizado en los dos últimos lustros importantísimas inversiones en lo tecnológico y ambiental, pero lo social sigue siendo una asignatura pendiente, tanto que puede llegar a convertirse en un lastre condicionante de la estabilidad social y política.

China es el único país del mundo en desarrollo que logró pasar de un IDH (Índice de Desarrollo Humano) bajo a alto. También erradicó la pobreza extrema en 2020, ha mejorado los ingresos per cápita de la población, multiplicó las inversiones en salud, educación, vivienda, etc., pero según Credit Suisse, si el 1% de la población poseía en 2000 el 20,9 por ciento de la riqueza nacional, en 2020, ese porcentaje ascendía al 30,6%. El rumbo no se ha torcido.

En marzo de 2021, el primer ministro Li Keqiang comentaba en las sesiones anuales de la Asamblea Popular Nacional que unos 600 millones de personas en China (dos veces la población de EE.UU.) sobreviven con unos 1.000 yuanes (unos 133 euros) al mes, la inmensa mayoría (76,5%) en las zonas rurales. La renta per cápita de China apenas supera los 10.000 dólares (frente a los más de 63.000 de EE.UU.) y el objetivo, muy ambicioso, es que en 2035 ascienda a 30.000 dólares. Cuando nos hablan de la “amenaza china”, estos datos son ignorados sistemáticamente. A China le falta aún un largo trecho. Lo saben y, por ello, los planes para lograr objetivos significativos en este campo nos remiten a otros treinta años más de desarrollo.

El experimento Zhejiang

Zhejiang ha sido designada como provincia piloto del “socialismo de mercado con características chinas”, bajo la aspiración de reducir las brechas de desarrollo y los abusos creados por los excesos del mercado.  El antiguo bastión político de Xi Jinping se convertirá en una “zona piloto para la prosperidad común”, ejemplo de la nueva agenda del “socialismo con características chinas” que ahora enfatiza la lucha contra los monopolios y el abuso de posición dominante a la par que promueve nuevos enfoques, más incisivos, a propósito de lo social. Los críticos de este impulso ponen el acento en el riesgo de que la intención correctora de las desigualdades acabe por debilitar y ahogar el espíritu empresarial que hizo rica a la provincia.

La hoja de ruta entregada a Yuan Jiajun, de 59 años, el exitoso secretario del partido de Zhejiang, ingeniero espacial formado en Alemania que fue vicedirector de China Aerospace y director del programa de vuelos espaciales tripulados, es extraordinariamente densa. Fue nombrado al frente de la provincia en 2020, tras haber sido su gobernador.

Abarcando un amplio abanico de áreas, la lista de objetivos es larga: promoción de la marca “producto de Zhejiang”; reducción de la huella de carbono; mejor circulación de la mano de obra mediante la abolición del hukou o permiso de residencia; mejorar la conectividad con las zonas de desarrollo adyacentes; luchar contra la especulación inmobiliaria y los monopolios; sin olvidar la panoplia de objetivos sociales que están en el centro de las preocupaciones de equilibrio presupuestario del Gobierno (salario mínimo, cobertura médica, pensiones, ayudas a las personas mayores y a las familias, a las que se puede añadir el apoyo a la natalidad mediante el aumento de la red de guarderías, última prioridad del Gobierno destinada a impulsar la demografía), etc.

Para llevar a cabo este proyecto piloto, que combina la planificación regional con los objetivos de desarrollo social y humano a una escala excepcional, la elección de Zhejiang como provincia líder, que ya es una de las cuatro más ricas de China tras las provincias de Guangzhou, Jiangsu y Shandong, no carece de relevancia. Zhejiang (64,5 millones de habitantes) ya se encuentra entre las menos desiguales del país, alberga numerosas pymes y una potente comunidad empresarial privada. En 2020, las empresas privadas representaban el 66,3% del PIB, el 74% de los ingresos fiscales, el 80% de las exportaciones y el 87% del empleo.

Según destaca la directiva de 12 puntos del Consejo de Estado, Zhejiang debe, de aquí a 2025, aumentar el PIB per cápita en un 30 por ciento hasta alcanzar el nivel de las economías “medianamente desarrolladas” (es decir, 20.000 dólares per cápita, acercándose al nivel medio europeo de 23.000 dólares –estadísticas de 2020) ; y haber reducido las desigualdades entre las zonas urbanas y rurales.

La directiva hace hincapié en la mejora significativa del bienestar social y en el aumento del nivel de vida de los grupos de bajos ingresos. Por último, para 2035, la provincia debería haber alcanzado “la prosperidad común mediante, dice la directiva, ‘un desarrollo de alta calidad’”.

Lo social y la lucha por el poder

Xi Jinping quiere alterar las reglas de sucesión instituidas por el denguismo asegurándose, al menos, un tercer mandato al frente del Partido Comunista y de China. Hay quien quiere ver en la inclusión de lo social en la agenda un argumento propicio para la lucha política interna como en todo tiempo lo es la corrupción, por ejemplo. Otro tanto podríamos decir de la crisis inmobiliaria (Evergrande) o las carencias energéticas derivadas de las exigencias para el cumplimiento de los objetivos de reducir las emisiones de carbono, que podrían interpretarse como dardos en manos de un rival primer ministro Li Keqiang.

¿Hasta qué punto nuestras conjeturas reflejan nuestras ínfulas conspirativas o se aproximan de verdad a la realidad? En un Partido de más de 90 millones de personas que vive horas decisivas, nadie puede imaginar que todo sea como una balsa de aceite, pero la urgencia de encarar el desafío social es, probablemente, uno de los asuntos que más unanimidad pueda concitar, y más en línea con una hipotética socialdemocratización de la agenda que con un rebrote de neomaoísmo en cualquiera de sus formas.

4/10/2021

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Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China. Acaba de publicar “La metamorfosis del comunismo en China (1921-2021)” (Kalandraka, 2021).

Publicado enInternacional
Martes, 05 Octubre 2021 05:50

Monedas digitales de bancos centrales

Fuentes: El tábano economista

Si quieres conocer el valor del dinero, trata de pedirlo prestado (Benjamín Franklin)

 

Con el advenimiento de la tecnología y, sobre todo, con posterioridad a la crisis del 2007/8 -que sirvió como catalizador-, las nuevas formas de dinero han tomado un sinnúmero de denominaciones: dinero virtual, moneda digital, dinero electrónico, criptomonedas privadas y públicas… Las criptomonedas –denominadas así porque utilizan criptografías- cuentan con diversas características diferenciadoras respecto a los sistemas tradicionales: no están reguladas ni controladas por ninguna institución ni requieren de intermediarios en las transacciones, se usan una base de datos descentralizada, un registro contable compartido -llamado blockchain-, etc.

Las criptomonedas no cumplen con los usos que tradicionalmente se les otorga a las monedas: unidad de medida, medio de pago, reserva de valor. Tampoco cuentan con el respaldo de un Banco Central u otras autoridades estatales por lo que no están cubiertas por mecanismos de protección al cliente como un Fondo de Garantía de Depósitos. Tienen gran volatilidad, por lo que no son confiables en la actualidad como reserva de valor, tampoco son unidad de cuenta porque no existen balances expresados en criptomonedas y, desde el punto de vista transaccional, como medio de pago, son bastante limitadas.

Estas definiciones nos llevan a pensar si en la actualidad, los bancos centrales tienen la capacidad, conveniencia o beneficios en eliminar el efectivo y volverlo virtual. Es decir, no nos interesan las criptomonedas privadas, sino las públicas. El mundo financiero y su realidad parecerían encaminarse a esta lógica. De hecho, las tarjetas de debido y crédito operan como mecanismos virtuales, algunos medios de pagos digitales bancarios, diferentes billeteras virtuales nos permiten realizar compras con beneficios, pero en esos casos, a través de un banco.

Estos bienes económico digitales con propiedades dinerarias son los que vamos a explorar. Aunque es atractivo explicar las consecuencias de poner en práctica una moneda virtual e imaginar los resultados en la lógica financiera actual, también es necesario darnos cuenta que, la implementación de estas criptomonedas públicas denominadas Monedas Digitales de Bancos Centrales (MDBC) no sólo tiene algunas o varios de los atributos del dinero fiduciario, sino también, intentan posicionarse como una alternativa en la guerra de divisas que evite las sanciones experimentadas por algunos países a través de SWIFT (Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication) sociedad que establecer procesos comunes y estándares para las transacciones financieras con dominio estadounidense.

Tras la Segunda Guerra, se puso en marcha un nuevo sistema monetario mundial liderado por los Estados Unidos que consagró el dólar estadounidense como única moneda convertible en oro, por lo tanto, como única divisa internacional en Bretton Woods. Lo que se dio a llamar dinero fiduciario, del latín “fidare” que significa “confiar”. El 15 de agosto de 1971 Richard Nixon acaba con la convertibilidad del dólar y le ponía fin al patrón oro mundial. Nace lo que el ministro de finanzas francés, Valéry Giscard d’Estaing, acuñó con el término “privilegio exorbitante” La razón era simple: no había alternativa al dólar.

En la práctica, Estados Unidos puede crear un billete de 100 dólares para poder adquirir bienes valorados por ese importe a cualquier otro país. Mientras que el resto del mundo no puede imprimir esos 100 dólares, sino que los tiene que producir, mediante un bien por ese valor. Es decir, EEUU, puede sencillamente consumir y pedir prestado al resto del mundo más allá de sus medios a medida que los extranjeros adquieren dólares estadounidenses.

Pero hay más, en 1973 se funda en Bruselas el sistema de pagos SWIFT, también llamados de transferencias internacionales. Esta organización que nuclea a 212 países y 11.000 instituciones bancarias, instituciones comerciales, corredoras de bolsa y agentes de sociedades de valores, sistemas de compensación, instituciones de administración de inversiones y muchos otros. Es básicamente, un entramado global de bancos que tiene a cargo una red internacional de comunicaciones financieras entre bancos y otras entidades. Para las transacciones con el resto del mundo se necesita el BIC (Bank Identifier Codes) generado por el SWIFT, que permite el control por parte de EEUU.

SWIFT posee y administra el sistema BIC, lo que significa que puede rápidamente identificar un banco y enviar un pago de manera segura o anularlo. Entonces la red puede ser usada para comunicar una orden de pago de forma rápida y segura. O si EEUU impone una sanción, ninguna empresa, proveedor o persona podrá depositar, pagar, o retirar dinero, lo que hace que las inhabilitaciones americanas a personas, compañías o países tengan impacto real.

Una encuesta publicada a principios de este año por el Banco de Pagos Internacionales (BPI) encontró que 53 de 66 bancos centrales, es decir el 80% estaban considerando monedas digitales. Desde el 2018 el uso del efectivo físico se encuentra en declive, pero al parecer no sólo su desuso está inclinando la balanza de los bancos centrales a repensar las monedas. La transición inter-sistémica en un mundo multipolar sin una moneda de reserva natural puede estar más cerca de lo que piensan muchos comentaristas y también sus consecuencias.

¿Por qué querrían las autoridades sustituir el dinero en efectivo por una variante digital? Entre otros motivos, la logística del efectivo es cara (emitir, distribuir y retirar efectivo requiere una infraestructura costosa, ventanillas bancarias, cajeros automáticos, etc.), el dinero se deteriora con el tiempo, es sucio y transmite enfermedades, en este momento agravado en pandemia, genera delitos (robos) y falsificaciones, entre otras cosas. Una variante digital sería más eficiente, más limpia y más segura. Además, la guerra de divisas o la geopolítica de las sanciones financieras juegan un papel central en el interés de esta sustitución, veamos un ejemplo de gran imaginación pero que describe una parte del debate a futuro.

La guerra de divisas: una simulación de crisis sobre la Seguridad Nacional.

En un futuro no muy lejano, China se convierte en la primera gran economía en emitir una moneda digital de banco central (MDBC). El desarrollo pasa en gran medida desapercibido al principio, ya que los pagos en China ya están altamente digitalizados. Corea del Norte prueba un misil nuclear que demuestra avances significativos en su programa nuclear. Los analistas creen que esta arma nuclear tiene poder intercontinental para alcanzar a los Estados Unidos en poco tiempo de desarrollo. La simulación incorpora el financiamiento del desarrollo del misil a través de la moneda digital china, que las autoridades estadounidenses no pueden rastrear, fuera del SWIFT. Poco después, los países que quieren escapar de la supervisión y las sanciones de Estados Unidos, como Rusia, Cuba, Venezuela e Irán, comienzan a emitir sus propias monedas digitales. 

China opera cada vez más sin efectivo. En 2020, las transacciones sin efectivo ascendieron a 49 MM de dólares, lo que representa cuatro de cada cinco transacciones de pago. El gobierno ha dado un gran salto en tecnología financiera y está listo para extender la prueba de su moneda digital llamada Pago Electrónico en Moneda Digital (DCEP o “yuan digital”).

Ahora, dependiendo de los objetivos, el dinero en efectivo es un tipo de activo muy particular que aglutinaría a cuatro características fundamentales. (I) Se intercambia entre pares (sin conocimiento del emisor), (II) es universal (cualquiera puede tenerlo); (III) es anónimo y (IV) no devenga intereses.

Dada estas características y los objetivos económicos se pueden imaginar cuatro propósitos que tendrían los bancos centrales para emitir dinero digital. 1) Mejorar el funcionamiento de los sistemas de pago al por mayor, 2) reemplazar el efectivo por un medio de pago más eficiente, modelo chino, 3) mejorar los instrumentos de la política monetaria, 4) reducir (o incluso eliminar) la probabilidad y el impacto desestabilizador de las crisis bancarias.

El banco BBVA en su documento de trabajo N.º19 “Monedas digitales emitidas por bancos centrales: características, opciones, ventajas y desventajas” realiza un análisis más pormenorizado de los temas expuestos, donde las opciones pueden combinarse de diversas maneras para generar diferentes modalidades de intervención del Banco Central en la creación de  moneda. De las opciones expuestas, las tres últimas son las más disruptivas y por ende más atractivas o seductoras para analizar.

La primera medida, la de mejorar el sistema de pagos mayoristas tiene que ver con alternativas de fiabilidad de los bancos centrales con las transferencias. No tiene sentido discutir la bondades de las compensaciones de transferencias entre Liquidación Bruta en Tiempo Real (LBTR) utilizadas hoy por los bancos centrales o DLT de bloques tipo blockchain utilizadas por las criptomonedas. Este último formato no necesita intermediario. Para quien le interese puede buscar las diferencias de las alternativas y sus costos en la red o en los links expuestos. Las criptomonedas como no necesitan intermediario tienen un costo menor. En El Salvador una de las justificaciones para la aceptación de criptomonedas se basa en la menor comisión en el envío de remesas desde el exterior.  

La opción dos, la de sustituir el dinero en efectivo por uno virtual quizás sería la que más rápido pareciera instituirse. Los incentivos para que los bancos centrales desarrollen este nuevo tipo de efectivo pueden mejorarse si se considera que la competencia de las criptomonedas constituye una amenaza para el sector privado. El principal problema aquí es el anonimato. Una cosa es emitir billetes que, por su propia naturaleza, es anónimo -es decir uno va a la feria y paga en efectivo, nadie sabe tu nombre ni el del vendedor- y otra muy diferente es que el Banco Central emitan un medio de pago digital que deliberadamente sea anónimo y que, por lo tanto, sea un canal de pagos ilegales y de actividades delictivas. Por esta razón, la mayoría de los bancos centrales consideran que, en caso de emitir, lo harían según la modalidad de cuenta bancaria como en la actualidad.

La tercera opción “nuevas posibilidades para la política monetaria” es más utilizada en el primer mundo. En la reciente crisis, los bancos centrales reaccionaron con una agresiva expansión monetaria, con mayor profundidad ante la pandemia, pero con tipos de interés cero o negativos. A los bancos centrales les resulta más difícil expandir la liquidez con tipos de interés negativos, sobre todo, porque la gente querrá quedarse con el efectivo si el interés está por debajo de cero. Pero si podrán expandir la liquidez a las empresas para crear nuevas burbujas de manera directa o generando créditos a tasa cero, que tendría que ver con la atractiva cuarta opción.

Si el objetivo de crear moneda es reducir o eliminar la probabilidad de las crisis bancarias, entonces los ciudadanos tendrán que abrir una cuenta en el Banco Central, identificada como en el caso de los depósitos bancarios. De acuerdo con la lógica de esta propuesta, las crisis bancarias son el resultado que la expansión crediticia creada por los bancos. Estos son instituciones apalancas e intrínsicamente frágiles. Si los bancos centrales ofrecieran depósitos a la población en forma de moneda digital, la provisión de pagos se desvincularía de la provisión de crédito y, según esta lógica, se evitaría la mayoría de las crisis bancarias.

De acuerdo con este punto de vista, la tecnología ofrece ahora la posibilidad de desvincular la generación de depósitos de la provisión de crédito; lo cual no es verdad ya que siempre se pudo hacer -según los neo-keynesianos-, pero con los depósitos en el banco central transformando radicalmente el papel de los bancos comerciales y de los bancos centrales. Al estar los depósitos en el BCRA, las corridas cambiarias serian imposibles.

Existen varias alternativas en esta línea de propuestas: los bancos se transforman en entidades de crédito que captan sus recursos en el mercado. En otras, compiten con los bancos centrales por los depósitos. Lo que es cierto es que las redes de seguridad, como el seguro de depósitos y el papel de los bancos centrales como prestamistas de última instancia serían redundantes y podrían eliminarse o reducirse significativamente.

Lo más interesante de esta opción, es lo que los bancos centrales podrían hacer con el dinero depositado. Préstamos al gobierno o compra de deuda pública. De este modo se abriría la posibilidad de una financiación del sector público. Deposito en cuentas de particulares ante expansiones fiscal, por motivo de pandemia, por ejemplo, sin utilizar. Compra de reservas, préstamos a entidades financieras para desarrollo. Se abriría una gran ventana de opciones.

Por su parte, en la guerra de divisas, el gobierno estadounidense impone sanciones económicas a los países que no actúan según el orden que EEUU. Países como Rusia, Irán, Libia, Corea del Norte y Venezuela han sido sancionados económicamente e impedidos de usar el sistema SWIFT quedando con ello imposibilitados de importar y exportar en el mercado internacional formal: ninguna institución financiera del mundo puede facilitar transacciones monetarias con estos países.

Tanto Rusia y China vienen implementando mecanismos para impulsar y desarrollar sus transacciones comerciales en sus propias monedas: rublos y yuanes. Ambos han reducido significativamente sus reservas internacionales denominadas en dólares y las viene reemplazando por oro, euros y yuanes. Así también, Rusia, China, India, Irán y Turquía vienen proponiendo una red financiera global alternativa al SWIFT para evitar el control estadounidense. Las monedas virtuales con respaldo de los bancos centrales podrían ser una alternativa, para escapar y comerciar con medios de pagos acordados por los gobiernos en lo que será central en el futuro, acuerdos comerciales en monedas propias y si son digitales mejor.

Lo que queda por estudiar son los niveles de señoreaje que perderían los gobiernos con estas emisiones. Y a pesar de que, el dólar no ha modificado el nivel mundial en su demanda, también queda por ver, si su hegemonía sigue viva.

05/10/2021

Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2021/10/03/monedas-digitales-de-bancos-centrales/

Publicado enEconomía
Baltodano denunció que el FMI, el Banco Mundial y el BCIE aún apoyan con recursos al régimen de Ortega, lo que le ha permitido sostenerse en el poder.  (Foto: Miriet Ábrego).

 

La activista refugiada en Costa Rica reconoció que no se vislumbra “un camino claro” para superar la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

 

Con franqueza admite la incertidumbre sobre el futuro de su país. Sin embargo, a su manera y dentro de sus posibilidades, Mónica Baltodano participa con convicción desde la Articulación de Movimientos Sociales de la resistencia contra la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Baltodano no solo fue comandante guerrillera en el conflicto armado que culminó con el derrocamiento de Anastasio Somoza, sino que llegó a ser diputada bajo la bandera sandinista a finales de los años 90, cuando terminó de desencantarse con todo el proyecto político a raíz de los acuerdos a que Ortega llegó con el derechista Arnoldo Alemán.

En agosto de 2018, pocos meses después de la amplia insurrección que el régimen de Ortega aplacó de forma violenta, ofreció una entrevista a UNIVERSIDAD en la que analizó las estratagemas mediante las cuales Ortega ha buscado perpetuarse en el poder y la corrupción de los ideales sandinistas.

Ahora, tres años después, Baltodano se encuentra en Costa Rica en condición de refugiada, y de nuevo repasó la situación actual de su país, a pocas semanas de que el régimen lleve a cabo un proceso supuestamente electoral, de cara al cual desató una represión que ha llevado a la cárcel a personas activistas de la oposición, incluso candidatas a la Presidencia.

Hace tres años manifestó que “ese fervor de la sublevación fue resuelto por el orteguismo con un derramamiento de sangre que lejos de resolver políticamente su dilema ha significado la derrota estratégica de Ortega”. Desde entonces pareciera que más bien se ha consolidado en el poder.

—El orteguismo, como fuerza que intenta conseguir hegemonía, realmente fue derrotado. Lo que pasa es que a partir de la sublevación y de lo que aconteció posteriormente, se mantiene en el control del poder de forma absoluta exclusivamente por la fuerza de las armas y del control que él ejerce sobre las instituciones. Sin embargo, ha perdido completamente la posibilidad de tener mayoría dentro de la sociedad, y realmente hay un repudio de la mayoría. Por tanto, también sufrió una derrota desde el punto de vista de la opinión pública internacional.

En el plano internacional es muy generalizada esa opinión negativa, pero ¿debilita de alguna manera al régimen?

—La comunidad internacional no ha encontrado todavía la forma de ser eficaz contra el orteguismo. Organismos financieros internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) y, particularmente, el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) lo siguen apoyando con recursos para su funcionamiento y, sobre todo, para su estabilidad macroeconómica.

En ese sentido, la dictadura sigue funcionando con alguna eficiencia a nivel nacional y puede pagar a la policía, que ha incrementado en número, en armamento y en la capacidad de comunicaciones. No solamente en la policía, sino también en el ejército.

Como decía, él se sostiene con base en las armas, de tal manera que aún con el control absoluto del Consejo Supremo Electoral (CSE) —que con una reforma a principios de año incrementó su control sobre las organizaciones políticas y, sobre todo, el proceso electoral— no pudo arriesgarse a realizar unas elecciones y tuvo que meter presos a todos los candidatos.

Eso demuestra que realmente su control del poder, el cual va a mantener a partir del 7 de noviembre con la supuesta reelección —que es como un atornillamiento en el poder a partir del fraude electoral, de la mentira y del engaño—, su prolongación en el gobierno va a ser de una gran fragilidad, porque con todo lo que ha pasado últimamente el repudio internacional es enorme y prácticamente él está prisionero dentro del territorio nacional; no puede salir a ningún lado con ninguna solvencia o seguridad, ni él ni su familia.

Menciona que el régimen se está sosteniendo básicamente con capital foráneo proveniente de organismos financieros, y está claro el papel de la policía. ¿Qué otros sectores de la sociedad nicaragüense apoyan al régimen en este momento?

– Hay sectores de la jerarquía evangélica que claramente han expresado su respaldo y han tratado de aprovechar las contradicciones con la iglesia católica para fortalecerse y recibir más apoyo institucional a través del presupuesto.

La conferencia episcopal mantuvo una postura sumamente crítica, han pasado, desde 2019, a una especie de observación bastante silenciosa, salvo algunos sacerdotes u obispos que mantienen una posición mucho más beligerante, como el obispo Álvarez en Matagalpa.

“Ortega se sostiene con base en las armas, de tal manera que aún con el control absoluto del Consejo Supremo Electoral, no pudo arriesgarse a realizar elecciones y tuvo que meter presos a todos los candidatos”.

Lo mismo ha pasado con el gran capital, pues de tener una actitud beligerante dentro de la alianza cívica, pasó en la última etapa, como resultado de los propios golpes represivos, a un mutismo absoluto. Están preocupadísimos por sus negocios y por la estabilidad de sus ingresos. Es un silencio que no contribuye en nada. Por ejemplo, ante esta última oleada represiva no han dicho una sola palabra, a pesar de que dentro de los presos está quien fue su principal dirigente durante más de diez años, José Adán Aguerri, ni tampoco se han referido a las capturas de otros empresarios o líderes de la banca, como el gerente general del Banpro (Grupo Promérica), pero tampoco han dicho absolutamente nada frente al proceso electoral.

Hay un silencio resultante también de los niveles brutales de la represión, la gente calla y sectores que antes hablaban, callan por temor a que les invadan las propiedades, por temor a que les congelen cuentas bancarias, que es lo que está haciendo el régimen.

En estos últimos meses se ha desatado la represión contra posibles candidatos y cantidad de personas que han sido detenidas. ¿Cómo está la situación de las personas presas políticas?

—Después de la presión internacional y los acuerdos adoptados en el marco del diálogo nacional, se liberó a unos 700 presos políticos en junio de 2019. Después, empezó a practicar lo que se llama la puerta giratoria, es decir, capturan a cien, liberan 80, quedan 20. Luego otras 50 capturas, 40 liberados, quedan diez. De cada oleada de captura va quedando detenida una cantidad de prisioneros hasta completar para junio de este año más o menos unos 130 presos políticos. Habría que incluir a los de antes de 2018, los cuales son diez.

En esas fechas inició una brutal oleada en donde, como se sabe, ya hay más de 25 presos, la mayoría candidatos a la Presidencia, líderes nacionales de organizaciones y hasta héroes de la Revolución, el caso de Dora María Téllez y Hugo Torres.

La diferencia es que estuvieron detenidos 90 días solo en el proceso de investigación para poderles formular cargos, durante los cuales no tuvieron contacto ni con sus abogados, y estuvieron en condiciones carcelarias brutales de aislamiento. Ahora sabemos que también estuvieron con poca comida, algunos incluso sin ningún tipo de contacto con nadie en absoluto, como el caso de Dora María Téllez, sin poder tener ni una revista, un lápiz, ni un papel, en condiciones que se consideran desde el punto de vista de los acuerdos internacionales de derechos humanos como tortura, como la oscuridad o luz excesiva todo el día y la noche, que son formas de tortura más sofisticada.

Por otro lado, han incrementado de forma exponencial su relato de que todo es un plan del imperialismo norteamericano contra una revolución, que de revolución nada tiene, es un gobierno que no tiene absolutamente nada de revolucionario, de izquierda, pero utiliza ese discurso para engañar a unos cuantos que todavía quedan, que son las izquierdas conservadoras del mundo.

Recientemente en Costa Rica se dio un hecho muy grave, el atentado contra la vida del activista opositor Joao Maldonado. ¿Hay alguna duda de parte suya de que se trató de una acción del régimen?

– No puedo tener absoluta seguridad mientras no concluyan las investigaciones, que espero las autoridades de Costa Rica realicen de la manera más profunda posible. Pero estoy convencida de que la mano de los órganos represivos del régimen de Ortega puede llegar más allá de la frontera, en medio de los refugiados y de los migrantes no deben de faltar esos agentes que sabemos que andan por acá. Por eso, es importante para todos los refugiados mantener la prudencia, las medidas de seguridad y tener claro que la represión también puede llegar acá.

Obviamente sentimos de parte de la sociedad costarricense —y lo digo como recientemente acogida a solicitud de refugio—, la solidaridad de los distintos actores de Costa Rica y la posición del gobierno ha sido clara, tal como quedó establecida en el discurso del Presidente en Naciones Unidas.

¿Qué significa ese proceso electoral del 7 de noviembre para la resistencia nicaragüense en estas condiciones?

—Había sectores que apostaban por la participación, aún después de la reforma a la Ley Electoral que endureció las condiciones para la oposición y que ya auguraba que lo que iba a haber era una farsa. Sin embargo, el régimen con estas capturas prácticamente terminó de ilegalizar a todos los demás partidos, incluso aquellos dispuestos a participar y, de alguna manera, legitimarlo.

Los sectores de la Articulación de Movimientos Sociales apostamos a que la participación en esas condiciones era legitimar al régimen.

Lo que va a haber es un circo, una total farsa peor que lo que hacía Somoza, que por lo menos le dio a la oposición los acuerdos famosos de minorías congeladas. Esto que va a ocurrir ahora es peor que esas farsas electorales de Somoza.

Creo que el régimen está tratando de ganar tiempo, porque saben que ese circo no le va a dar ninguna legitimidad y que, por el contrario, va a permitir que toda la comunidad internacional pueda cerrar filas para rechazarlo como ilegítimo.

Sin embargo, creo que apuestan todavía al respaldo de Rusia y a que la política de “no meterse en nada” de China les dará algún oxígeno. Pero lo que va a haber el 7 de noviembre no llega ni siquiera a mascarada, es un total circo. Por eso, la Articulación de Movimientos Sociales ha hecho un llamado a la huelga electoral: que el 7 de noviembre la gente se quede en su casa, que sea evidente la no participación, el silencio en las calles y que solo sea la mínima fuerza que todavía le respalda la que concurra para que no quede duda; es decir, un paro electoral que paralice completamente la movilización ciudadana en las calles y que sea evidente el repudio de la ciudadanía a esa farsa.

Una vez que se dé esa “farsa electoral”, ¿cuál va a ser la manera de concretar que efectivamente ese apoyo internacional que sostiene el régimen deje de hacerlo?

—Tenemos que decir con toda franqueza que el diagnóstico de lo que está pasando no nos permite definir o afirmar con absoluta claridad cuál es el camino, qué es lo que va a pasar en Nicaragua o cómo va a salir el pueblo de esta dictadura.

En otras épocas de dictaduras sangrientas en América Latina teníamos claro el camino de la lucha armada. Sin embargo, ahora las puertas de la lucha armada han sido cerradas por la propia ciudadanía que dice “a nada nos condujo” un germen revolucionario del que terminó surgiendo un árbol podrido, como el de Ortega.

La sublevación popular requiere de la presencia de los líderes y la mayoría están presos o en el exilio, y todas las redes que habíamos logrado construir están afectadas por la represión.

Estamos absolutamente seguros de que tienen que venir oleadas de nuevas formas de resistencia que van a resultar de la propia creatividad popular y que vamos a lograr salir principalmente con el esfuerzo de los nicaragüenses, porque apostar a que la comunidad internacional nos va a resolver creo que realmente es una apuesta equivocada. Somos los propios nicaragüenses los que tenemos que resolver, claro con solidaridad internacional, con solidaridad moral, con apoyo de organizaciones internacionales, sí, exigiendo respeto a los derechos humanos y la libertad de los presos políticos.

Pero ¿qué salida a avizoro? Solo sé de las posibilidades que tiene la resistencia popular, que tiene que pasar a un periodo de acumular fuerzas para protagonizar nuevas sublevaciones, esta vez con un horizonte mucho más claro, con liderazgo mucho más definido para que no se desperdicie la energía popular como de alguna manera pasó en la sublevación de 2018, pero un camino así de claro no lo tenemos.

4 octubre 2021

Publicado enInternacional
Las industrias se ven forzadas a suspender la producción

La crisis eléctrica en el gigante asiático y su impacto internacional

Hogares y fábricas enfrentan cortes de luz para compensar la escasez de oferta energética que sufre el país, principalmente por problemas de suministro de carbón.

China atraviesa una crisis energética con impacto en buena parte de su producción manufacturera y por ende en el crecimiento del tercer trimestre de la segunda mayor economía del mundo. El gobierno está aplicando cortes de luz a hogares e industrias para atender el desbalance entre la escasez de oferta energética y la renovada demanda empujada por la recomposición de la economía mundial, que tiene al país asiático como una de sus grandes factorías. Efecto colateral del freno productivo del año pasado, tensión geopolítica con Australia y compromisos para reducir el uso del carbón están dentro de la canasta de argumentos que se barajan para entender la crisis.

Según consigna la Deutsche Welle, nueve provincias chinas están sufriendo interrupciones en el servicio eléctrico. Los propios gobiernos piden a las fábricas que suspendan la producción. Los sectores afectados son los intensivos en el uso de la energía, como aluminio, acero, cemento y fertilizantes. También se requirió a los hogares que limiten el uso de calentadores de agua y microondas.

"Hay cortes de luz importantes, también fuertes parates de fábricas, lo cual puede resentir a las cadenas globales de valor. De hecho, no está claro que las previsionees económicas de China para el tercer trimestre se vayan a cumplir", explicó a este diario Gustavo Girado, director de la carrera de posgrado de “Especialización en Estudios en China Contemporánea” en la Universidad Nacional de Lanús (UNLa).

La situación de China se encuadra en un mercado energético global que está en tensión. Europa está en vilo de cara al invierno a raíz de la escalada en el precio del gas, que ya roza los 30 dólares por millón de BTU, frente a valores del orden de los 5 dólares hace un año, y también Asia enfrenta esos precios para sus importaciones.

Impacto

El banco de inversión Goldman Sachs estima que los cortes de luz en China afectan al 44 por ciento de la actividad industrial y redujo la estimación de crecimiento para este año por parte del gigante asiático de 8,2 a 7,8 por ciento. También achicaron sus estimaciones Morgan Stanley y la financiera japonesa Nomura.

"Hay una larga serie de complicadas razones. Pero más allá de lo que uno diga, no puede haber apagones en nuestra transición energética. En una sociedad moderna, los hogares no pueden soportar la falta de electricidad", dijo el pasado miércoles Jiang Liping, vicepresidente del State Grid's Energy Research Institute. State Grid es la empresa estatal eléctrica más grande de China.

El precio del carbón está en un récord histórico de 213 dólares la tonelada, pero hace poco más de un año llegó a cotizar un mínimo de 40 dólares. En consecuencia, el precio del aluminio, mercado que domina China, está en su mayor nivel en 13 años. La tonelada de este metal cotiza 2800 dólares en la Bolsa de Londres, mientras que el año pasado, apenas iniciada la pandemia, estaba en 1429 dólares la tonelada.

Razones

Analistas energéticos advierten que los problemas eléctricos en China se explican por una demanda que viene en franco ascenso luego del parcial parate de la pandemia en contraposición a una oferta que no responde con la misma rapidez.

Las centrales térmicas de China dependen del carbón, que explica el 60 por ciento de su matriz energética. Su mayor proveedor fue históricamente Australia, principal productor global. Sin embargo, el enfrentamiento político entre ambos países hizo cortar ese suministro, en medio de compromisos de descarbonización cada vez más exigentes por parte del gobierno de Xi Jinping.

El gobierno de la provincia de Guangdong, principal centro manufacturero de China, señaló también que los bajos niveles de agua en las centrales hidroeléctricas, que explican el 20 por ciento de la potencia eléctrica instalada, también juegan un rol en la escasez energética. En tanto, desde la provincia de Liaoning, una de las más afectadas por los cortes, se hizo referencia a la merma en la generación eólica.

"Hay una crisis de suministro en varias cadenas de bienes que se encuadra en un fenómeno más grande, que es el paso de la globalización de costos a una globalización de riesgos. La globalización de costos estuvo motorizada desde la posguerra fría por la deslocalización de la producción en función de tener los menores costos posibles, en un contexto de relativa estabilidad política, bajos costos logísticos y abundancia de energía. Ahora estamos viendo una globalización de riesgos, signados por la disputa entre Estados Unidos y China, el desorden de la pandemia, el cambio climático y la posibilidad de cyberataques", explicó a Página/12 Esteban Actis, doctor en Relaciones Internacionales y docente e investigador de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). 

"La oferta no ajusta tan rápido como antes y eso incrementa la tensión de precios y abastecimiento. La crisis energética responde en primer lugar a que la recuperación de la demanda de los últimos meses generó cuellos de botella a raíz del freno masivo del año pasado", agrega Actis.

Por Javier Lewkowicz

4 de octubre de 2021

Publicado enEconomía
Diego Sztulwark / Investigador y escritor

Bolsonaro, Trump, Vox, Le Pen, Javier Milei ahora en Argentina… ¿Es un mismo fenómeno global o esta sincronicidad sólo es una alucinación? La consigna “comunismo o libertad” rebota desde Latinoamérica hasta España, ¿cómo es posible que prenda en la sociedad actual el lenguaje de la guerra fría? Las nuevas derechas pasan por rebeldes, transgresoras, contraculturales incluso, ¿realmente es así? En la izquierda se suceden los debates sobre cómo combatir este fenómeno, ¿se trataría de disputar en su mismo terreno comunicativo? Hablamos sobre todo ello con Diego Sztulwark (Buenos Aires, 1971), investigador y escritor argentino, autor de La ofensiva sensible (Caja Negra, 2019). 

La derecha exhibicionista

¿Ve rasgos comunes entre las nuevas derechas que emergen un poco por todos sitios? ¿Cómo nombrar este fenómeno? 

Hace algunos años, Enzo Traverso hablaba de las “nuevas caras de la derecha” y empleaba el término “posfascismo” para reagrupar bajo una misma rúbrica fenómenos reaccionarios emergentes sobre todo en Europa y en EE.UU. Lo notable de su enfoque era su capacidad de retener simultáneamente lo nuevo y lo viejo. En otras palabras, atendía tanto a las continuidades con los fascismos históricos o clásicos, como a las innovaciones o rupturas, evitando reduccionismos, recobrando genealogías, atendiendo a los contextos. 

Si consideramos fenómenos como Bolsonaro, Trump, Le Pen o Vox, aparece bastante claro un rasgo común que a mí me resulta definitorio. Me refiero al aspecto “securitista”, entendido como el esfuerzo agresivo tendente a la defensa de un privilegio o supremacía –social, racial, nacional, sexual, étnica, propietaria– que se percibe como amenazada, bien por la profundidad de la crisis o por la fragilidad de las estructuras sobre las que se sostiene. Se trata de una reacción paranoica, obsesionada por fantasmas (“comunismo”) y decidida a proteger activamente lo que cree en peligro. 

Este neofascismo tiene mucho de reacción sintomática. Vive en una anticipación constante, producto de una alta sensibilidad a la crisis, a la menor vacilación de las estructuras en las que basa su dominio. De allí su brutal intolerancia hacia los cuestionamientos que suponen los feminismos populares, lo LGTBIQ, lo inmigrante, lo comunitario-indígena, lo anticolonial, la organización del trabajo precarizado: todas estas figuras son leídas como enemigos a derrotar, elementos desestabilizadores de la propiedad privada, de la familia, del trabajo y el orden. 

Las nuevas derechas, dice, no son rebeldes o transgresoras, como hoy se afirma a menudo, sino más bien exhibicionistas. Adjudicarles la etiqueta de transgresoras o contraculturales le parece un grave error de juicio político. ¿Por qué? ¿Exhibicionistas, pero de qué?

Sí, me sorprende mucho la idea de que estas derechas extremas, que a mi juicio son aseguradoras del sistema, entendido como conjunto de estructuras de dominación, sean presentadas como “anti-sistema”. Es cierto que el discurso de estas derechas transgrede cierto consenso de la política convencional al denunciar a la “casta política” o el “statu quo”; y también lo es que al hacerlo conectan con descontentos múltiples. Pero en ningún caso su rebelión apunta a relaciones de dominación. Su retórica no es rebelde en ningún caso, sino exhibicionista: lejos de atentar contra las líneas duras de subordinación, marginación, exclusión y explotación de nuestras sociedades, las subrayan con un lenguaje desinhibido, exaltando las pulsiones más oscuras. 

Esto supone en lo inmediato un conflicto con las fuerzas conservadoras –socialdemocracias, nacionalismos, liberalismos– que se han dedicado a mediar la dominación por medio de un contrato de corrección política, de una supuesta tregua social. Estas derechas neofascistas rompen el pacto, llaman a las cosas por su nombre, apelan a una sinceridad siniestra, exhiben todo lo que la política democrática convencional encubre. Explicitan todo aquello que el pacto de dominación oculta por la vía de eufemismos. Pero al contrario de lo que ocurre con las manifestaciones históricas de la izquierda anti-sistema, no padecen sanción alguna por sus supuestas transgresiones. 

El fantasma del comunismo y la izquierda realmente existente

Las nuevas derechas se proclaman rebeldes contra la tiranía del “marxismo cultural” y el “comunismo”. Mientras los demás lamentamos el momento de mayor debilidad de la izquierda en décadas, la derecha denuncia su total hegemonía. ¿Cómo explicar esta paradoja?

No deja de sorprender el recurso anacrónico al lenguaje de la guerra fría. La derecha denuncia una estrategia omnipresente de “marxismo cultural” que se filtra entre los pliegues del lenguaje, las instituciones, el mundo entero de la comunicación. Para entender cómo se “viraliza” este discurso, podemos sostener la siguiente hipótesis: hay una cierta lucidez alucinada de una derecha paranoica y ultra-sensible a la crisis (crisis más pandemia). Esta sensibilidad y esta paranoia de propietario llevan al acto agresivo anticipatorio. Es decir, la derecha imagina preventivamente un enemigo y proyecta contra él maniobras bélicas. 

Me parece que vale la pena tomarse en juego este “delirio”. Hay una verdad en todo delirio. Y la verdad, en este caso, es que no hay capitalismo sin presentimiento de comunismo. El hecho de que se pretenda conjurar de modo violento lo que se presiente no es nuevo. Nos permite comprender cómo piensa una parte de las clases dominantes y cómo prende ese tipo de subjetivación paranoica en una parte de la sociedad. 

Imposible saber si, a la larga, las élites podrán controlar lo que ponen en movimiento. Solo cabe desear que de tanto agitar el fantasma del comunismo, ¡ese fantasma por fin se concrete y diga lo suyo! No deja de ser interesante el hecho que parte de las élites sean las que confiesan el carácter precario de toda dominación histórica, el riesgo de que las grietas crezcan, de que se generalicen resistencias. ¡Lo que sorprende más es que sólo sea la derecha la que anuncie la revuelta!

La izquierda electoral plantea la alternativa entre “democracia o fascismo” y llama a crear un “frente amplio o popular”. Más que revuelta, se trata de una barrera de contención. ¿No queda así la izquierda reducida a gestos puramente defensivos, reactivos? 

Estoy de acuerdo sin vacilar en todo tipo de unidad contra las derechas fascistas. A más fascismo, más realismo. Sólo que la unidad política no es por sí misma suficiente en lo más mínimo. Dada la magnitud de la crisis –y de la violencia que la acompaña– hay que decir dos palabras sobre hacia dónde queremos ir. Tomemos el ejemplo argentino: tras el desastre del gobierno de Macri y de la pandemia, el frente antimacrista en el gobierno constituido con bastante éxito en el 2019 acaba de ser derrotado incluso en los distritos donde gobierna. El problema por tanto no se reduce a repetir que hay que evitar que vuelva a ganar la derecha neoliberal o sus fracciones extremas, sino de saber cómo puede un gobierno, en este contexto, garantizar un límite a la caída de salarios e ingresos de la población. La crisis acorta tiempos, desgasta las alianzas políticas, acelera definiciones y, en el fondo, pide algo más que unidad contra el enemigo histórico

Nuevas derechas y comunicación política

¿Dónde reside la eficacia comunicativa de las derechas? ¿Cómo prende su mensaje entre tanta gente joven? 

Cada vez más la política reposa en un tipo de mediación que son las “consultoras”, agentes a cargo de todo aquello que se muestra. Sólo por su intermedio la política percibe –a través de estudios cuantitativos y cualitativos– a la sociedad bajo la forma de los análisis de “demandas sociales”; sólo por su intermedio la política se hace oír y escuchar. Las consultoras son agentes mediadores de mercado, cuya misión es consumar todo el proceso que culmina en la venta de un producto particular: lo político. 

Pensemos en el caso de Javier Milei, el candidato de derecha extrema que acaba de dar una sorpresa en las recientes elecciones de Buenos Aires. Pablo Fernández ha escrito un texto en el que analiza dos cosas importantes: cada generación se politiza en una plataforma que la expresa, la actual lo hace vía Tik Tok. Y Tik Tok es ritmo. Milei, dice Pablo Fernandez, es el primer político editable en ese tipo de formatos. El segundo argumento tiene tanto peso como el primero: Milei es a la vez un traductor de impulsos oscuros inhibidos por la policía de lo políticamente correcto, sin descuidar por ello los modos de la representación política y los requisitos del discurso de la ciencia (racionalidad económica). Es decir: el más antipolítico de los candidatos es el garante más enérgico del sistema de la propiedad. 

Las consultoras hacen análisis desde los “estudios del deseo” y piensan el estado de la sociedad en pandemia en términos de un supuesto repliegue libidinal. La derecha lleva la iniciativa en explorar un nuevo tipo de producciones capaces de articular la narración clásica con imaginarios y formatos nuevos, tomando en cuenta las mutaciones que pudieron ocurrir durante la pandemia, sobre todo entre los más jóvenes.

Una izquierda de derecha

Cierta izquierda –populista, “rojiparda” o anticapitalista– parece fascinada con la eficacia comunicativa de la derecha y llaman a imitarla “para el otro lado”. Es decir, entrar a disputar desde la izquierda lo identitario, los horizontes de certezas, los símbolos de pertenencia y nacionales, los modos de vida tradicionales, el lenguaje simplificador y agresivo, etc. ¿Qué piensa al respecto?

La izquierda, como bien sabemos, sólo quiere decir algo real cuando nombra un modo de pensar, de percibir, de vivir. La izquierda pierde su historicidad específica cuando se fascina con el modo en que piensa, percibe y vive la derecha. Y esto es válido tanto para la guerra como para la economía o la comunicación. No se trata, por tanto, de situar dos lados simétricos. Hay izquierda si hay asimetría, diferencia, proceso de transformación. Cada vez que las izquierdas asumen las formas racionales y sensibles de la derecha no tenemos más que una izquierda de derecha.

Con respecto a la comunicación, por tanto, es preciso tener en cuenta las premisas críticas más elementales según la cuales la comunicación, tal y como se practica en la sociedad del espectáculo, parte de captar la vida sólo como mercancía y los individuos en el mercado se comunican como personas privadas, dispersas, incapaces de resistir colectivamente, de hacer experiencias a partir de sus malestares. Desde ahí no es posible hacer ninguna política de izquierdas. El espectáculo impone su gramática  sean cuales sean los contenidos.

Una política transformadora parte de otro tipo de conexiones, de resistencias, de malestares, de luchas, de otros modos de sentir, de otra lengua. Entiendo que muchas personas experimenten un vértigo extraordinario al llegar a los medios y ver aumentada sus audiencias, pero no me parece que se trate sólo de ampliar audiencia. Hay problemas más serios. 

¿Por ejemplo?

Podemos decirlo de este modo: la derecha extrema ha hecho saltar por los aires la lengua de lo políticamente correcto, que consiste en no llamar por su verdadero nombre la realidad de los derrotados. Es decir, todos sabemos que las líneas de dominación del sistema producen indios, negros, palestinos, putas o migrantes, pero contamos con un eufemismo políticamente correcto para evitar la desagradable experiencia de exhibir esas relaciones de poder. La derecha extrema, al percibir amenazados sus privilegios, ha decidido hablar claro, afirmar esas relaciones de dominación, desinhibir su verbo. ¿Qué hacemos ante eso? ¿Reaccionamos como custodios de lo políticamente correcto, como policías de la lengua? 

La retórica llamada progresista, de la izquierda que sólo aspira a la gestión de lo que hay, es una lógica discursiva sin ideas, sin fuerza, sin voluntad de transformación. Pura razón cínica. Por tanto, un serio problema de la “comunicación de izquierda” –si tal cosa fuera posible– es poner en juego otro modo de hablar, para poder enfrentar tanto el cinismo parlamentario como a las ultraderechas. Evidentemente, no es sólo un problema de audiencias, sino de cómo amarrar experiencias, sentidos, palabras. De otro modo sólo la derecha capitaliza la evidente miseria del progresismo. Sin que aparezca un contrapoder con capacidad de narrativa propia, no hay comunicación de izquierda.

La izquierda más visible insiste en la “disputa del relato”, pero sin atención a la dimensión de contrapoder efectivo, esos relatos son puros significantes flotando en el éter comunicativo, sin mayor relación directa u orgánica con experiencias, vínculos o territorios. 

El aspecto narrativo me parece fundamental, pero siempre en la medida en que se conciba la palabra ligada al sentido y a la constitución de mundos. De hecho, no hay huelgas sin un tejido narrativo interno, que actúa transmitiendo experiencias y saberes entre generaciones. Lucha y narración han ido siempre de la mano. Este sentido materialista de la narración, que supone la palabra como un momento del enhebrado colectivo de las fuerzas, está en proceso de actualización, en el sentido de que tal vez aún no hemos narrado del todo lo que fueron estos años de pandemia, crisis y cuarentena. En este terreno de las narraciones estamos siempre por empezar, siempre comenzando.

Diego Sztulwark / Investigador y escritor, /10/2021

Publicado enPolítica
Estados Unidos: multitudinaria manifestación por el derecho a abortar

La primera Marcha de las Mujeres de la era Biden

Cerca de 240 mil personas salieron a las calles en más de 600 ciudades de  Estados Unidos.

La Marcha de las Mujeres volvió a las calles en Estados Unidos con miles de personas congregadas en diferentes ciudades tras una fuerte ofensiva anti derechos en el estado de Texas que culminó en la ley aprobada el mes pasado que prohíbe el aborto a partir de las seis semanas de gestación. La normativa no hace excepciones en casos de violación o incesto.

Miles de personas participaron en la Marcha de las Mujeres en Washington para protestar la ley de Texas. Las manifestantes se congregaron en la plaza de la Libertad en la capital estadounidense. “Deberíamos poder decidir qué hacer con nuestros propios cuerpos, punto", reclamó Laura Bushwitz, de 66 años, maestra jubilada.

Cerca de 200 organizaciones defensoras del derecho al aborto se unieron al reclamo luego de que el primero de septiembre entró en vigor la ley que prohíbe la interrupción del embarazo desde las seis semanas de gestación, cuando muchas personas aún no saben que están gestando. La normativa además habilita a que cualquier ciudadano pueda demandar a los médicos y a las clínicas donde sospechan que la persona abortó fuera del plazo establecido.

Si bien el evento principal fue en Washington, la Marcha de Mujeres se replicó en todo el país tras el riesgo de la prohibición del aborto en uno de los estados, a pesar de que este derecho fue reconocido hace medio siglo en el caso Roe vs Wade. En todo el país se movilizaron cerca de 240 mil personas en unas 600 ciudades como Nueva York, Chicago, Jackson, San Francisco, y Miami.

"Luchamos para que el aborto no sólo sea legal sino también accesible y sin estigmas", dijeron en un comunicado las organizadoras, que piden al Congreso consagrar el derecho al aborto en la ley federal a fin de protegerlo de una posible reversión en la Corte Suprema.

"Este año estamos unidos", dicen las organizadoras. "Volvemos a las calles por primera vez en la era Biden porque con el cambio en el Salón Oval (de la Casa Blanca) no se terminó el deseo politizado, perverso y patriarcal, de controlar nuestros cuerpos", agregaron.

Un informe publicado por Planned Parenthood, una organización para la planificación familiar en Estados Unidos, reveló que si la corte estadounidense anula la sentencia del caso Roe vs Wade unas 36 millones de mujeres en 26 estados perderían el derecho a abortar.

3 de octubre de 2021

Publicado enInternacional
Sábado, 02 Octubre 2021 06:29

"No es un chiste", ¿o sí?

"No es un chiste", ¿o sí?

Un meme: una foto en blanco y negro; una silueta borrosa de un coche suspendido por un instante en el aire a la altura de lo que parece el quinto piso (unos 20 metros); debajo una raya roja con una leyenda: "Límites del humor"; arriba una flecha dirigida al carro y un escrito: "Yo". Una amiga vasca que lo manda dice: "Ya sabes, esa soy yo". Un chiste dentro del chiste.

El carro es desde luego aquel Dodge 3700 GT del almirante Luis Carrero Blanco, el jefe del gobierno español franquista, que aunque pesa casi dos toneladas volará por encima del techo de la casa vecina y tras varias acrobacias acabará en un balcón de su patio interno. La foto es tomada en Madrid el 20 de diciembre de 1973 a las 9:27 horas cuando su ocupante, la segunda más importante figura del régimen fascista de Francisco Franco después del propio Generalísimo, queda asesinado por la ETA –un atentado que precipitará la caída del régimen– mediante la colocación de una potente carga explosiva en un túnel debajo de la calle en su ruta diaria desde la iglesia hacia el palacio de gobierno.

“La religión –aparentemente– sí mata.” Perdonen –o igual y no– el chiste.

Según otro amigo, la misma tarde en un bar en Bilbao aparece un cartelito: "Tome vino tinto, que el blanco está por los cielos". La caja con chistes queda abierta. El genio del (¿post?)humor se sale de la botella y ya será imposible volver a meterlo allí (aunque algunos lo internarán): "Película: A tres metros sobre el cielo. Producción: ETA films. Director: Argala. Protagonista: Carrero Blanco. Género: carrera espacial"; "Kissinger le regaló a Carrero Blanco un trozo de la luna, ETA le pagó el viaje a ella"; "ETA impulsó una política contra los coches oficiales combinada con un programa espacial"; “‘De todos mis ascensos, el último fue el más rápido’, Carrero Blanco”. O más memes: "Me voy a subir esta foto a la nube" (Carrero Blanco en una ventana de su coche con celular en la mano); "Feliz Navidad" (los renos tirando al Dodge adornado con la gorra de Papá Noel); "Hostia, Carrero Blanco..." (sobrepuesto a una tira cómica de Spiderman observando un coche volador); "Arriba España" (en una imagen de su coche volando) y un largo etcétera. Seguido alguien trolea a la Wikipedia y le pone "astronauta" como ocupación.

Por los tres primeros chistes en marzo de 2017 Cassandra Vega, una tuitera de 21 años, fue condenada por la Audiencia Nacional, el tribunal del Estado Español, a un año de prisión. Aunque la sentencia fue revocada, ya que "pese a que los tuits eran reprochables social e incluso moralmente en cuanto se mofaban de una grave tragedia humana (¡sic!), la sanción era desproporcionada" y Cassandra nunca pisó la cárcel, todo el affaire desnudó al menos dos procesos en curso: 1) la hegemonía del relato franquista de la historia y del pasado traumático en España; 2) la creciente judialización de la historia (a punto de considerar delito ciertas formas del humor).

El hecho de que el fallo original apelara a los artículos sobre el terrorismo referentes al "descrédito, menosprecio o humillación de sus víctimas", tratando a Carrero Blanco como una persona privada cuya "grave tragedia humana" no debería ser mofada y no un pilar de un sangriento régimen fascista (1939-78) –¡por cada asesinato de Mussolini, Franco en el marco de su represión de carácter genocida y una "solución al problema nacional", cometió 10 mil!– es muestra de ambos. Lo explican sólo los escasos avances en materia de verdad, justicia y reparación (120 mil de víctimas del franquismo yacen aún en fosas comunes no identificadas...) y la impunidad de los verdugos, garantizada por décadas por diferentes gobiernos, mundo mediático y judicial, todo a lo que los recientes esfuerzos del gobierno de Sánchez ("memoria democrática"), a pesar de ciertos logros, han sido incapaces de enfrentarse.

Mientras en Alemania –país que más quizás avanzó en materia de "trabajar" el pasado– elogiar a Hitler o al nazismo es delito –lo mismo pasa con Mussolini y el fascismo en Italia–, en España el negacionismo y la apología del franquismo son institucionalizadas. Sin ir más lejos: la fundación Francisco Franco, que glorifica la figura del dictador, se financia con dinero público.

Mientras en Alemania los alegatos como los de Alternative für Deutschland (AfD) que asegura que "respecto a la historia los alemanes no tenemos nada de que avergonzarnos" –algo que en sí mismo parece un (mal) chiste o una de estas ocasiones cuando, como diría un clásico, "uno perdió la chance de quedarse callado"–, están relegados a los márgenes e indefendibles, en España –no sólo en los márgenes de Vox– reina el "orgullo" y la calificación de los que participaron en la lucha en contra de la dictadura y sus funcionarios como "terroristas", junto aparentemente con los que bromean de ellos, como si en Alemania quedaría prohibido hacer chistes de Hitler o de Reinhard Heydrich o Franz Kutschera (para buscar ejemplos parecidos a los de Carrero Blanco).

Cuando Franco designó al Juan Carlos I el jefe del Estado y de las fuerzas armadas, éste, junto con la protección a las figuras del establishment fascista y el pacto del silencio respecto a la historia, extendió también el velo de la prohibición del humor. El hecho de que uno no pueda bromear del rey –o pueda, pero con riesgos ("las injurias a la corona")– es fruto de las mismas prohibiciones. Eso sí, no es un chiste.

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El nuevo billete de 10 bolívares. Foto Ap

La inflación interanual es de mil 743% y el salario mínimo equivale a 2.5 dólares al mes

 Caracas. Venezuela empezó ayer con la tercera reconversión monetaria en 13 años, que elimina seis ceros a la moneda local, el bolívar, lo que simplifica las cuentas, pero no alivia la larga crisis económica del país sudamericano, y eleva la preocupación de la población ante el alza del dólar. Con la nueva reforma, empresas, comercios y bancos modifican sus sistemas contables que ya no aceptaban las enormes cifras producto de la hiperinflación.

"Nadie debe aumentar ningún producto, sencillamente se le quitaron seis ceros para mejorar el aspecto del comercio, facilitarlo, mejorar el aspecto sicológico de la recuperación económica", explicó el presidente Nicolás Maduro durante una alocución desde Caracas. Aseguró que las autoridades se encuentran desplegadas en los comercios del país para revisar y controlar que no se incrementen los precios.

Junto a la nueva medida, sale a la calle un nuevo cono monetario: una moneda de un bolívar y billetes de 5, 10, 20, 50 y 100. La máxima denominación equivaldrá a unos 24 dólares, de acuerdo con las tasas del Banco Central de Venezuela (BCV).

Con la antigua denominación, el dólar pasó de 4 millones 100 mil a 5 millones 250 mil bolívares. Con la reconversión se le restan seis ceros, es decir, el valor del dólar paralelo se ubicó en 5.25 bolívares. El mayor billete de la vieja familia, de un millón, apenas representa 25 centavos de dólar y ni siquiera alcanza para comprar un caramelo.

El cambio tiene como objetivo facilitar tanto las transacciones en efectivo como los cálculos contables en bolívares que ahora requieren hacer malabarismos con cadenas casi infinitas de ceros.

Muchos comercios habían adoptado la nueva expresión monetaria desde la mañana. Cafeterías ya daban los precios en nuevos bolívares. Un estacionamiento en el acomodado barrio de Chacao, no obstante, advertía a los usuarios que no estaba aceptando pagos en moneda nacional.

"Hice compras esta mañana sin problemas", explicó Josefina Galindo, empleada doméstica, pero criticó que "los nuevos precios estaban arriba de los viejos y con el precio en dólares", moneda preferida para cualquier transacción en medio de la erosión del bolívar.

En el país sudamericano, la inflación interanual es de mil 743 por ciento, según cálculos del Observatorio Venezolano de Finanzas, lo que ha golpeado el ingreso de las familias. Un salario mínimo apenas equivale a 2.5 dólares al mes.

El más reciente indicador del crecimiento de los precios divulgado por el Banco Central es de mayo, cuando la inflación se aceleró a 28.5 por ciento con respecto al mes anterior y cerró en 24.6. La variación interanual de los precios fue de 2 mil 719.4 por ciento, según cálculos de la agencia de noticias Reuters.

Antes de la reforma, anunciada en agosto por el Banco Central, se necesitaban 7 millones de bolívares para comprar una barra de pan en un país que fue considerado uno de los más ricos de Sudamérica gracias a su petróleo, y que ha visto caer su producto interno bruto 80 por ciento desde 2013, principalmente por la baja de su producción de crudo y de los precios del oro negro, pero también por la mala gestión y la crisis política.

El gobierno de Maduro en 2018 quitó cinco ceros a la moneda por los altos precios, proceso posterior a la reconversión del fallecido mandatario Hugo Chávez de 2008, en la que se restaron tres ceros al bolívar con la promesa de llegar a una inflación de un dígito, lo que no se logró.

Venezuela enfrenta una severa recesión que ha llevado a millones de venezolanos a emigrar. Maduro culpa de esta crisis económica, agravada por la pandemia de Covid-19, a las sanciones de Estados Unidos, pero analistas y críticos señalan que el colapso ha obedecido a un modelo de controles estatales.

Tras las sanciones, el gobierno flexibilizó las regulaciones permitiendo mayores transacciones en divisas, lo que diluiría aún más la relevancia del nuevo esquema.

El viernes muchos usaron sus divisas en efectivo por precaución para cancelar sus compras en supermercados, farmacias y en los negocios de ventas de útiles escolares y uniformes. Los sistemas de la banca, que fueron suspendidos por unas horas mientras se realizaba la rexpresión monetaria, estaban operativos desde temprana hora de la mañana.

Los bancos locales ya recibieron las denominaciones más bajas de la nueva familia de billetes, dijeron dos fuentes bancarias. Esas piezas coexistirán con las actuales de 500 mil y un millón de bolívares. Algunos cajeros automáticos comenzaron a dispensar los nuevos billetes.

Los bolívares en efectivo en Venezuela dejaron de emplearse en compras de rutina y tres cuartas partes del papel moneda que circula se usa en el pago de los pasajes en autobuses, según estimaciones del sector financiero.

El Banco Central colocará el lunes en la banca local unos 50 millones de dólares en efectivo que luego serían vendidos a privados, dijo una de las fuentes bancarias consultadas. La medida buscaría evitar una mayor depreciación del tipo de cambio y saltos en los precios.

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Foto de archivo: Un grupo de venezolanos camina por una calle con maletas y bolsos en San Cristóbal, estado Táchira (Foto: EFE/ Johnny Parra)

La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2021, coordinada por la Universidad Católica Andrés Bello, reveló que en un 76,6% de los hogares del país caribeño los ingresos no cubren sus necesidades alimenticias

 

Tres de cada cuatro venezolanos viven en pobreza extrema en medio de una larga crisis económica complicada por los confinamientos por la pandemia de covid-19 y la escasez de combustible, según un estudio académico presentado este miércoles.

Un 76,6% de los hogares sufre pobreza extrema, ya que sus ingresos no cubren sus necesidades alimenticias, y un 94,5%, pobreza, de acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2021, coordinada por la privada Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

 “Llegamos a un techo de la pobreza”, mientras la pobreza extrema sí sigue escalando, dijo el sociólogo Luis Pedro España en la presentación en Caracas de la encuesta, que estima la población de Venezuela en 28,7 millones de habitantes después de que más de cinco millones emigraran desde 2014.

La pobreza en Venezuela, país que sufre una severa hiperinflación y su octavo año de recesión, aumentó desde 91,5% en el período 2019-2020 y la extrema desde 67,7 por ciento.

Las cifras de la encuesta distan de las ofrecidas por el régimen de Nicolás Maduro, quien aseguró, en su rendición de cuentas ante el Parlamento, que 17% de la población vivía en la pobreza en 2020 y solo 4%, en pobreza extrema.

El sociólogo Luis Pedro España explicó que el 5,5% de la población que se ubica por encima de la línea de pobreza ha podido “indexar” sus ingresos a la inflación y a la depreciación de la moneda local, el bolívar.

“Crisis de movilidad”

Hay una “crisis de movilidad” por las cuarentenas aplicadas en los últimos dos años y la falta de gasolina ante el colapso de la industria petrolera venezolana, lo que ha impactado en el número de trabajadores activos, subrayó España.

Solo el 50% de los venezolanos en edad de trabajar están activos según la encuesta, unos 7,6 millones. Las mujeres son las más perjudicadas, con apenas 32,9% de las trabajadoras en actividad.

“¿Por qué en Venezuela está dejando la gente de trabajar? Comienzan a ser más altos los costos de ir a trabajar que la remuneración que vas a recibir”, expresó el especialista.

El salario mínimo mensual, complementado por un bono de alimentación obligatorio, apenas sobrepasa el equivalente a dos dólares mensuales, insuficientes para cubrir, si quiera, el transporte. Este valor se ha debilitado tanto que ya ha dejado de ser referencia en el sector privado, donde el ingreso promedio es de unos 50 dólares, según estimaciones empresariales.

Ante el colapso, 86,5% de los hogares recibe ayudas gubernamentales y 20% remesas de familiares en el extranjero.

Sin embargo, la pandemia ha golpeado las remesas: 11% de los hogares que las tenía en 2020 ha dejado de percibirlas y un 22% ha visto que disminuyen en cantidad y frecuencia.

Exclusión educativa

“Nos llegó la pandemia en un país que ya vivía una semiparalización” por la recesión, destacó por su parte Anitza Freites, coordinadora del estudio, quien destacó el impacto de la crisis en la educación.

De los 11 millones de personas en edad estudiantil (3 a 24 años), solo 65% están inscritas en centros educativos de los distintos niveles escolares, una caída de 5% con respecto a 2020, apuntó Freitez.

La cifra entre los potenciales estudiantes universitarios (18 a 24 años) apenas llega a 17%.

El 90% de quienes estudian lo han hecho en los últimos meses a distancia por el covid-19, afectados por las fallas de servicios públicos como electricidad y conectividad, y 70% reportan necesidades de mejoras de acceso a internet.

Los responsables de la encuesta entrevistaron a 17.402 familias en 22 de los 24 estados de Venezuela entre febrero y abril.

29 de Septiembre de 2021

(Con información de AFP)

Publicado enInternacional
Jueves, 30 Septiembre 2021 05:15

Putin sigue teniendo la sartén por el mango

Putin sigue teniendo la sartén por el mango

El descontento entre la población rusa va en aumento. En las últimas elecciones parlamentarias, el Partido Comunista creció en votos y obtuvo el segundo lugar, seguido por los liberales de Alexei Navalny. Pero aun con una leve caída, el poder de Putin sigue firme.

La estabilidad es un gran bien, el máximo, a juzgar por los líderes rusos. Es así que los resultados de las elecciones para el Parlamento de toda Rusia, la Duma Estatal, muestran un cierto equilibrio. No podían caber dudas de la victoria del partido «Rusia Unida» en los comicios. Aunque esta vez el triunfo fue por un porcentaje algo menor, probablemente será suficiente para lograr la mayoría en la legislatura.

Sin embargo, ha habido cambios de matices. Los comunistas son claramente más fuertes. Los candidatos del Partido Comunista estaban representados de manera desproporcionada en la campaña en virtud del «voto inteligente» (votar por el opositor mejor posicionado sea del partido que fuere) impulsado por el disidente Alexei Navalny, actualmente encarcelado, gracias al cual pudieron reunir votos de protesta adicionales. Pero quizás haya sido más gravitante el hecho de que estaban en mejores condiciones que todos los demás para estar a la altura del descontento causado por la creciente desigualdad social, la alta inflación y la lenta evolución de los salarios. Además, este partido patriótico conservador y más bien tradicional había logrado recientemente reclutar a varios jóvenes talentos políticos con posiciones claramente más de izquierda, que crearon una cierta sensación de renovación del Partido Comunista. También hay un nuevo partido en la cámara baja de Rusia. El recién llegado al Parlamento Gente Nueva es uno de los partidos más nuevos que obtuvieron reconocimiento legal de manera muy veloz. Se cree, por lo tanto, que estos partidos fueron puestos en carrera por el propio Kremlin para absorber votos de protesta.

Sin embargo, no hay cambios importantes. Las elecciones para la Duma tampoco son elecciones que realmente puedan cambiar algo en las relaciones de poder en el país. El Parlamento es relativamente débil en la estructura institucional rusa. Incluso con una potencial mayoría de la oposición, el poder de acción del presidente no se vería sustancialmente comprometido. Sin embargo, desde el punto de vista del Kremlin, las elecciones parlamentarias cumplen una función gravitante: son un símbolo del nivel de apoyo popular al poder presidencial y, por lo tanto, le dan legitimidad a Putin.

Precisamente esta legitimidad es la que pretendía erosionar la campaña por el «voto inteligente» de Navalny. El referente opositor designó para cada distrito al candidato con más posibilidades de vencer al candidato del partido de Putin, Rusia Unida. De esta forma, la campaña eludió el problema de la siempre dividida oposición y creó una oportunidad para lograr un voto de protesta efectivo. Sin embargo, también encontraron apoyo los representantes de la oposición sistémica, es decir, de partidos que se presentan como opositores pero que, en momentos decisivos, acompañan con su voto al partido en el poder. Lo único decisivo en la campaña era entonces si un candidato debilitaría a Rusia Unida. Muchos de los que se ven a sí mismos como una oposición real y quieren ejercer el poder político critican esto. Como resultado de esta agudización, se pierde de vista que también hay candidatos de la oposición con una agenda propia, que quieren implementar prioritariamente proyectos concretos para sus respectivas regiones y están menos interesados en los grandes alineamientos políticos. También se pasa por alto el hecho de que hay miembros de la Duma que intervienen ante los problemas, promueven leyes y aclaran problemas mediante pedidos de informes. Si la elección se reduce a la pregunta «¿Está usted con el poder o contra el poder?», estos pequeños éxitos del trabajo político podrían dejar de existir.

Pero ¿tiene realmente motivos el Estado para sentir temor ante esta cuestión? Prácticamente no. Porque a pesar de la creciente insatisfacción con el oficialismo, una gran parte de la población sigue votando por Rusia Unida. Esto se debe, por un lado, a que una gran cantidad de personas son empleadas directamente por el Estado o por empresas ligadas al Estado, así como a que muchos dependen de prestaciones estatales tales como pensiones o subsidios. Por otro lado, estas son personas que quieren cualquier cosa excepto una repetición de los difíciles años 90. Prefieren votar por una estabilidad un poco deprimente antes que por un futuro incierto. Pero también hay votantes satisfechos con el statu quo. Lo que cuenta para ellos es que la economía se mantenga estable, que Rusia vuelva a ser una potencia mundial respetada y que Crimea se haya convertido en parte de Rusia. Aunque estas personas no tengan acaso un buen concepto del partido Rusia Unida, votan por él porque están a favor de un Estado fuerte y de la política del presidente.

A pesar de esta relativa seguridad, el Kremlin parecía muy preocupado por el resultado. En comparación con elecciones anteriores, mostró una actividad desproporcionada para lograr los resultados deseados. Una de las razones de su preocupación por las elecciones tiene que ver con la política exterior, que domina todos los campos políticos en Rusia. El modelo de política exterior rusa ve al país rodeado de enemigos que aprovechan cada punto débil para desestabilizarlo. Esta preocupación es expresada una y otra vez por los políticos. Es por eso que muchos defensores de esta versión ven las elecciones como una amenaza para la estabilidad. Teniendo en cuenta las denominadas «revoluciones de colores» durante las últimas décadas y los acontecimientos actuales en Bielorrusia, de lo que se trata, según esta lógica, es de no permitir ambigüedades o protestas que permitan la intromisión de potencias extranjeras. Por tanto, las elecciones deben ser claras.

Desde esta perspectiva se puede explicar la lucha sin cuartel contra la campaña del «voto inteligente» de Navalny. Existe un gran desinterés por la política entre la gran mayoría de la población. Activar a un grupo pequeño pero diligente contra las políticas del Kremlin es considerado, por lo tanto, un peligro para la estabilidad del país.

Lo arriesgado de este conflicto es que las elecciones se precipitan cada vez más a la pregunta «¿Estás con el Estado o contra el Estado?». El ya casi inexistente discurso político sobre contenidos alternativos se vuelve, así, completamente imposible. Mediante la creciente dinámica amigo-enemigo en las elecciones también aumenta la inestabilidad que tanto teme el Kremlin. El mejor antídoto sería un animado debate con la participación de la extremadamente diversa oposición.

 

Fuente: IPG

Traducción: Carlos Díaz Rocca

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