Abel Prieto: “El concepto de privatización está absolutamente excluido como política”

–Quisiera comenzar pidiéndote una reflexión sobre la importancia que la Revolución Cubana siempre le asignó al tema de la cultura, algo que muchas veces queda eclipsado por el énfasis casi excluyente que se pone sobre las transformaciones económicas y políticas desencadenadas desde el triunfo de la Revolución.

 –Atilio, recuerda aquella frase de Fidel cuando dijo que una revolución sólo puede ser hija de la cultura y de las ideas. Un concepto muy martiano y muy gramsciano a la vez, y que tiene que ver mucho con las ideas del Che acerca de la creación de un hombre nuevo, que es lo que define realmente la transformación socialista del ser humano y su entorno. Lo que realmente ha llevado a la Revolución Cubana hasta aquí –de un modo u otro, con zigzagueos, con retrocesos, con dificultades, con obstáculos a veces que parecían insalvables– ha sido la hegemonía en términos culturales de las ideas del socialismo. ¿Qué pudo hacer resistir al pueblo de Cuba aquellos años terribles, los ’90, sino convicciones muy fuertes, una clarísima conciencia en términos de que teníamos que defender el espacio logrado para las ideas de justicia, para las ideas de la democracia auténtica? A mí me parece que eso tuvo mucho que ver con la campaña de alfabetización tan temprana, la creación de la Imprenta Nacional, la Casa de las Américas, el Instituto de Cine (Icaic), es decir, todo el aparato de protección del patrimonio cultural, de la memoria cultural de la nación desde sus primeros años, y la democratización del acceso a la cultura. Con distinto énfasis y en distintas etapas, la cultura ha sido siempre una prioridad para Fidel, como lo es hoy para Raúl. Y ésta es una de las conquistas, digamos que definitorias, de nuestro socialismo.

 

–Podemos decir que es una conquista fundamental, más irreversible que cualquier otra. A mí siempre me impresionó el hecho de que Casa de las Américas o el Icaic hubieran sido instituciones muy tempranamente creadas por la Revolución Cubana, inclusive antes que otras que tienen que ver con la vida económica, o inclusive la legislación agraria.

 –El Instituto Nacional de Reforma Agraria, el INRA, se crea al principio de la revolución, pero la primera ley de la Asamblea Nacional, ya con la revolución institucionalizada, es la del Patrimonio Cultural.

 

–El Caribe es una región donde el impacto de la cultura norteamericana ha sido tradicionalmente muy fuerte e inmediato, y da la impresión de que en Cuba está siendo cada vez más difícil sustraerse a su influjo. ¿Hasta qué punto es cierto y, si lo fuera, hay manera de contrarrestar ese proceso?

 –En Rosario, cuando hablaba del Socialismo y el Hombre en Cuba, del Che, recordaba que él decía que había que combatir las taras del pasado. El problema es que hoy las taras del pasado forman parte de la batalla cotidiana, y efectivamente el mensaje consumista, frívolo, el mensaje digamos proyanqui, con una cierta idealización de ese mundo norteamericano ha influido en algunos segmentos de nuestra población y yo diría que contamina el ambiente espiritual en Cuba. Pero yo tengo una fe muy grande en que, incluso bajo las peores condiciones, la identidad cultural cubana tendrá esa capacidad para resistir. Claro que no podemos dejar eso librado a un proceso meramente espontáneo. Hay que ayudar a esos procesos, hay que ayudar a crear paradigmas nuevos.

 

–Hay quienes dicen que con la actualización del modelo socialista Cuba está volviendo al capitalismo. Es algo que nos preguntan permanentemente. ¿Qué piensas?

 –Yo creo que en primer lugar hay que recordar que los documentos que fueron al reciente congreso del partido fueron discutidos por toda la población y enriquecidos en la discusión por la gente. Y en ese documento se habla de formas de gestión no estatales; no se habla de privatización o de propiedad no estatal. Se habla de formas de gestión no estatales. Nosotros estamos arrendando tierras a cooperativas o a familias, campesinos que tienen la obligación además de poner a producir esa tierra, pero la propiedad la conserva el Estado cubano en nombre de todo el pueblo. Eso es todo lo contrario de la privatización, y un principio básico es que ninguna persona natural ni ninguna entidad que maneje la producción o los servicios con formas no estatales puede concentrar propiedad. De todos modos, la empresa estatal socialista, ahora con más atribuciones, más libertad de acción y mayor eficiencia, sin las trabas administrativas que la tuvo maniatada, es la que nos va a sacar de la crisis. No se va a tocar, por ejemplo, el concepto de salud universal gratuita para todos los cubanos, que nos ha aportado los índices de mortalidad infantil del Primer Mundo que tenemos hoy. No se va a tocar el acceso a la educación universal y gratuita que tenemos hoy, es decir, todo cubano va a poder, según su esfuerzo, su talento y su capacidad, transitar desde la primaria hasta la universidad sin pagar un centavo. Todo esto no es negociable, no vamos a privatizar nada de esas cosas y no estamos privatizando nada. Es importante aclarar esto. El concepto de privatización está excluido como política absolutamente.

 

–La prensa de derecha le dio una enorme difusión a la versión de que un millón de personas, de empleados públicos, sería despedida, y se habló de un ajuste salvaje.

 –Eso no es cierto. Lo que sí hicimos fue identificar, con mucha seriedad y mucho rigor, qué personas son realmente necesarias en el aparato de la administración. Es verdad que se anunció que sobraba en los organismos una masa de gente importante, pero de ahí a poner a esa gente en la calle es algo que no tiene nada que ver con las ideas nuestras y con la idea en la que Raúl insiste tanto, que es anticapitalista por definición: no vamos a dejar a nadie desamparado, no vamos a dejar a una sola familia desamparada.

 

–¿Qué pasa hoy con la juventud en Cuba? ¿Ha habido un proceso de despolitización en vastos sectores de la juventud cubana? No en todos, porque hay un sector muy fuertemente politizado. ¿Cómo ves eso?

 –Tú sabes que ese tema Raúl lo aborda con total crudeza. La idea es que la generación que asaltó el Moncada, que luchó en la sierra va a desaparecer por razones biológicas, más temprano que tarde. El habló de eso en la Asamblea Nacional, en donde se eligió a Miguel Díaz Canel como vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros. Raúl ha conducido un proceso de promoción de jóvenes a cargos esenciales. Hoy muchos de nuestros ministros son muy jóvenes. Hoy en nuestro Consejo de Estado está Bruno Rodríguez también, nuestro canciller, que es un hombre también muy joven, con una larga experiencia como cuadro de la juventud. Y en el Comité Central y en la propia Asamblea Nacional hay un montón de gente joven con extraordinarios méritos. Yo creo que hay una vanguardia de gente joven que está muy politizada y que está muy comprometida con llevar adelante el proceso revolucionario. Veo que hay mucha gente joven que quiere discutir, que quiere participar, creo que esos espacios se están consolidando, y creo que ése es uno de los más grandes desafíos que tiene hoy la Cuba revolucionaria. Ahora viene el congreso de la Unión de Periodistas de Cuba, porque nuestra prensa no está cumpliendo el papel que le corresponde. Hace mucho tiempo, en una resolución del Buró Político se habló de la necesidad de una prensa crítica que ayude a combatir los problemas, la burocracia, los errores. Ya se han dado algunos pasos: tú sabes que ahora Gramma tiene una sección los viernes de cartas de los lectores donde se hacen denuncias importantes, y se está haciendo un determinado periodismo de investigación para enfrentar el tema de la corrupción y el de la conducta y la mentalidad burocrática, refractaria a cualquier proyecto de cambio. Raúl está encabezando una batalla durísima frente a la burocracia.

 

–Esa juventud está queriendo poder viajar al extranjero, conocer otros países.

 –Desde el principio de la Revolución pusimos todo el cine capitalista en Cuba, pusimos el gran cine europeo, italiano, francés, el cine norteamericano, el de más calidad y el de menos calidad. A diferencia de la experiencia soviética, por ejemplo, nosotros siempre hemos trabajado sobre la idea de que prohibiendo conocer lo de afuera no se llega a ninguna parte. Es un grave error, que sólo consigue que la gente termine por idealizar ese mundo que les está prohibido.

 

–¿Qué ha significado para ustedes la llegada de Obama a la Casa Blanca? ¿Qué pasó en concreto en relación al bloqueo, a “Los Cinco”?

 –El bloqueo se mantiene intacto. Y algo que no se divulga en el mundo es que la burocracia de Obama ha sido más eficiente que la de Bush para perseguir a bancos y a empresas que violen el bloqueo establecido por las leyes Helms-Burton y la Torricelli. Hay empresas a las que les han puesto multas multimillonarias. Y la administración de Obama ha sido tremendamente eficaz en ese sentido. Es decir, en el hostigamiento a Cuba, sobre todo en el campo financiero. ¿Qué de nuevo ha traído Obama? Yo te diría algunas visas para artistas y académicos. Pero los artistas que viajan a Estados Unidos lo hacen sólo en viajes promocionales. Es decir, ninguna agencia cubana que representa al artista se beneficia de esa gira. Por supuesto al artista le interesa porque es un mercado en términos de arte importante, pero ellos tampoco pueden recibir dividendos como lo hace cualquier otro artista que hace una gira por EE.UU. Le dan una especie de dieta de bolsillo. No pueden recibir dividendos, ni pueden recibir dinero por derechos de autor de sus obras que pueden interpretar otros artistas.

 

–Pero si dan un concierto y se venden las entradas...

 –No pueden recibir un centavo de la taquilla. Está prohibido por la ley del bloqueo.

 

–Y eso sigue...

 –Eso sigue en pie, estricta y cruelmente... Obama ha permitido a grupos de estudiantes norteamericanos, de académicos, que viajen con determinadas licencias. Ese ha sido el “gran cambio” del que se habla, que no es un gran cambio, sin duda. Por otro lado se mantiene intacta la Ley de Ajuste Cubano. Incluso el lobby de la gusanera más radical está inquieto porque dice que Cuba, con su reforma migratoria, puede estar preparando un nuevo Mariel para llenar de comunistas Miami.

 

–Explica qué es la Ley de Ajuste Cubano, porque muchos no la conocen.

 –Es una ley increíble por la cual por el simple hecho de poner pie en Estados Unidos los cubanos reciben un permiso de estancia, por un año primero y después la residencia definitiva. Es un caso único: Estados Unidos tiene dos políticas migratorias. Una para el resto del mundo y otra sólo para los cubanos. Imagínate tú: a los mexicanos o centroamericanos los pueden matar al cruzar la frontera, pero si es cubano tiene esa posibilidad, lo que le permite al gobierno norteamericano sacarle un lado propagandístico al asunto. Pero hoy se han quedado con un argumento menos. Los cubanos antes también podían viajar; antes existía algo que era el llamado permiso de salida, que es una cosa que viene de muchos años atrás, de la época en que empezaron a irse del país en los años ’59, ’60, batistianos, gente con crímenes, torturadores, malversadores del tesoro público. Después la gente salía de Cuba, pero tenía que cumplir determinados requisitos: una carta de invitación del extranjero, el famoso permiso de salida. Esos requisitos se quitaron. Hoy para salir de la isla al cubano le basta con su pasaporte al día y la visa correspondiente. Y no ha habido un éxodo a partir de esa reforma, ni mucho menos. Fidel dijo una vez que “el socialismo tiene que ser una obra de hombres y mujeres libres”, es decir, no puede construirse con el sentimiento de que te tienen atenazado.

 

–¿Y en relación a los cinco? René ha vuelto a Cuba...

 –René regresó, tuve la dicha de estar con él y de ver cómo la gente reacciona. Alicia Alonso organizó un espectáculo de ballet por los cinco en el Teatro Mella, y fue René. Y me impresionó al terminar la función la masa de gente rodeando a René para retratarse con él, para abrazarlo. Pero Obama no hizo lo que debía haber hecho.

 

–Sí, porque si él quiere puede otorgar el indulto a los cinco.

 –No lo hizo, aunque podría hacerlo. Claro, acuérdate de aquella cosa que dijo Fidel: “Clinton pudo devolver a Elián porque las encuestas daban que más del 60 por ciento de los estadounidenses opinaba que debía devolverse el niño a su padre en Cuba”. Y Fidel también dijo que “cuando logremos que la opinión pública en Estados Unidos favorezca el indulto les darán el indulto”. Porque los presidentes estadounidenses funcionan así: no con arreglo a principios éticos sino por lo que dicen las encuestas. Estamos ante alguien, Obama, que si tú lo comparas con Bush es un hombre inteligente, que se expresa bien. Bush es un monstruo de ignorancia y de maldad. Obama es sin duda una persona con más capacidad. Pero esto es un entramado de poder. Si se está al frente del imperio sólo será para aplicar la política imperial al pie de la letra.

 

–Obama ratificó la calificación de Cuba como país que auspicia el terrorismo.

 –¡Es una vergüenza! Cuba es la gran víctima del terrorismo generado por Estados Unidos: guerra biológica, atentados en hoteles, bombas, sabotajes. Todo lo ha padecido Cuba. Y ellos tienen ahí a un terrorista probado y confeso como Posada Carriles libre en Miami, y Orlando Bosch, que murió en su cama siendo un gran criminal.

 

–Un gran criminal. Hace poco se inauguró la biblioteca Bush en la Universidad Metodista del Sur (en Dallas, Texas), y allí estaban todos los ex presidentes sobrevivientes de Estados Unidos: Bush padre, Bush hijo, Carter, Clinton y, por supuesto, Obama. Alguien le preguntó a Chomsky qué le parecía ese espectáculo y dijo: “Bueno, allí tiene usted un montón de criminales de guerra”. Todos juntos sonrientes, parecen buena gente, pero son criminales de guerra.

 –Así es, son grandes criminales de guerra.

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Lunes, 08 Julio 2013 06:22

“Son movimientos nacionales”

“Son movimientos nacionales”

Las protestas que han sacudido los sistemas políticos de naciones tan dispares como Egipto y Brasil en los últimos tres años no provienen de la estructura política tradicional sino de la calle, de una tradición movimientista. En la Europa de la austeridad, en el Brasil de Dilma Rousseff, en la primavera árabe y en la Turquía pro-islamista de Recep Tayyip Erdogan estos movimientos –se llamen indignados, Movimiento Pase Libre u Ockupy– tienen rasgos organizativos similares, una mezcla de espontaneidad, demandas específicas y escasas proclamas programáticas. En diálogo con Página/12 Paolo Gerbaudo, académico del Kings College, especializado en los nuevos movimientos sociales, analizó las expectativas y los límites de estos movimientos políticos.

 

–¿Usted ve alguna similitud entre lo que pasó en Brasil y Turquía y los movimientos sociales europeos como indignados u Ockupy?

 –Estos movimientos son a la vez similares y diferentes. La diferencia pasa por el medio social en el que ocurren. Los movimientos en Brasil y en Turquía expresan diferentes realidades que los de España, Estados Unidos. No se puede postular una pertenencia unilineal. Pero hay similitudes que se ven en la manera en que los manifestantes expresan su protesta, en los símbolos que usan. La máscara de Vendetta, como símbolo de cierto anarquismo antiautoritario, es un ejemplo. Se la ve en las protestas de Dubai, en las de Egipto. En la tapa de un diario turco apareció una foto muy interesante durante las manifestaciones de Brasil. En una mitad de la tapa estaba un manifestante con la máscara de Vendetta y la bandera de Brasil. En la otra mitad había un manifestante en Turquía con la máscara de Vendetta y la bandera turca. Lo que muestra otro elemento. A diferencia de los movimientos antiglobalizadores estos movimientos son nacionales como se ve en la presencia de las banderas. En los movimientos antiglobalización, había un fuerte elemento contracultural y minorista. Un postulado básico era la diversidad de tácticas y pertenencias: anarquistas, feministas, ecologistas eran parte de un movimiento que se basaba en la idea de resistencia en un momento en que la mayoría sentía que el sistema le estaba ofreciendo suficientes cosas como para estar conformes. No es la situación ahora que hay un fuerte rechazo del neoliberalismo. Si uno pregunta a la gente lo que piensa de los bancos o del sistema económico, la respuesta intuitiva, sin usar un lenguaje técnico, es casi unánime de indignación sobre la disfuncionalidad del sistema.

 

–Pero si en la Europa de los ’60 o los ’70 hubiera ocurrido una austeridad como la que sucede ahora, la respuesta habría sido mucho más fuerte, casi una situación pre-revolucionaria. Una cosa que sorprende de lo que está pasando es que haya tomado tanto tiempo en articular una respuesta. ¿Qué es lo que está faltando?

 –Estos movimientos no comienzan con una identidad centrada en una ideología. Son lugares de convergencia que comparten la sensación de ser víctimas del sistema. No son un movimiento minoritario. Estuve en España y una cosa que me impresionó mucho fue que en las asambleas se paraba a hablar un experto en computación y decía “yo también estoy indignado” y a su lado había una jubilada que veía una fuerte reducción de su jubilación y decía lo mismo que ella también estaba indignada. Este “también” es fundamental. Estos movimientos todavía están luchando por tener una visión coherente, no sólo la oposición a lo que hay. Las asambleas populares son un intento de construir esta visión. En un sentido son un paso fundamental, pero no hay que confundirse, no hay que idolatrarlas. Las asambleas no son la solución, ni van a producir resultados. En la Asamblea se reúne gente que comparten los mismos reclamos, pero que tienen identidades políticas distintas. Los indignados están dividiéndose ahora entre los que tienen una raigambre liberal-conservadora en la que hasta hay un miembro del Opus Dei y los otros que son autonomistas.

 

–En la Argentina se puede ver un ciclo completo de las Asambleas. Al principio de la crisis, en 2001-2002 fueron muy importantes, pero luego, a medida que la economía se recuperó, se fueron diluyendo. Hoy son políticamente irrelevantes. ¿No es éste un problema de todos estos movimientos que dependen totalmente de una crisis?

 –Totalmente. Las Asambleas son una especie de sueño anarquista de que se va a poder funcionar con un sistema de asambleas. Se ha visto en Argentina, en Grecia, en España. Hay un extraordinario entusiasmo cuando el movimiento comienza con la idea de que van a sustituir los gobiernos, pero esto no ocurre, en parte porque las asambleas requieren un gasto de energía extraordinariamente grande. A Oscar Wilde le atribuyen una frase que refleja esto: “El socialismo requiere demasiadas reuniones los miércoles por la noche”. A la gente le encantan las reuniones, pero las reuniones son agotadoras. Las Asambleas son un medio, parte de las herramientas que tenemos para un cambio. El peligro es que creamos que los medios son lo importante. Es lo que dice uno de los ideólogos del movimiento Occupy Wall Street, David Graeber, lo “importante son los medios correctos”. Esto es como decir, no importa la ideología, la visión, importa la democracia.

 

–En una carta del movimiento Pase Libre a Dilma Rousseff se lee que “el transporte debe ser público de verdad, accesible a todos, o sea, un derecho universal. Cuestionar la tarifa es cuestionar la propia lógica de la política tarifaria que somete el transporte al lucro de los empresarios. Esto parece un germen de ideología.

 –Exactamente. Pero tienen una limitación. No plantean una hoja de ruta. ¿Por qué? Porque no se está aceptando que es el estado el que va a tener que resolver el tema. ¿A quién le estamos planteando esta demanda? Al Estado. En el caso de Brasil es claro. Hay una contradicción entre lo que se plantea como parte de un movimiento autónomo que rechaza al estado pero que a su vez depende del estado para la satisfacción de sus demandas. Pero sí hay un germen de una ideología basada en los derechos sociales, basada en la idea de la gente común y corriente, una ideología que pone el énfasis en el derecho al espacio ciudadano. Es una serie de demandas que reflejan la estructura social en el movimiento, la precaria clase media que quiere hospitales, espacios públicos, parques, educación, transporte.

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El 'viernes de rechazo' termina con 30 muertos en Egipto

La aparente calma ha vuelto, al menos temporalmente, a las calles de El Cairo tras una noche de tensión en Egipto. El 'viernes de rechazo' convocado por los Hermanos Musulmanes dejó al menos 30 muertos en todo el país, según el Ministerio de Sanidad. La mayor parte de los muertos se produjeron en la capital y en la ciudad de Alejandría.

 

En Alejandría al menos doce personas murieron en los enfrentamientos entre seguidores y detractores del expresidente egipcio Mohamed Mursi. Así lo ha confirmado el director de la Autoridad de Ambulancias de Alejandría, Amr Nasr, a la agencia estatal de noticias egipcia, MENA. Nasr indicó que alrededor de 200 personas resultaron heridas en los choques. El Ejército y la Policía egipcia intervinieron para aplacar los disturbios. Los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y los miles de manifestantes pro Mursi que seguían en las calles se prolongaron hasta la madrugada del sábado.

 

En El Cairo también hubo serios disturbios con víctimas mortales. Decenas de miles de islamistas se congregaron tras el rezo del mediodía en la plaza Rabea al Adauiya, en el este de El Cairo. Su marcha en dirección a los cuarteles de la Guardia Republicana, donde presuntamente se encuentra recluido el derrocado presidente egipcio, se topó con el Ejército, que controla el país tras la asonada militar. Los soldados dispararon contra los manifestantes y dejaron entre tres y seis muertos, según las diferentes informaciones, y decenas de heridos. Un portavoz castrense aseguró que sólo utilizaron gases lacrimógenos y balas de fogueo. En el vídeo que acompaña esta información, grabado por un miembro de los Hermanos Musulmanes, se puede apreciar el momento de los disparos y cómo una persona cae abatida.  

 

Tras dos días de ambiente triunfalista en El Cairo por el golpe de Estado, el día concluyó con enfrentamientos entre seguidores y detractores de Mursi que se lanzaban piedras y bengalas. Los choques, que se concentraron en el puente 6 de Octubre, sobre el río Nilo, podrían haber dejado varios muertos. Los simpatizantes del exmandatario abandonaron su concentración en el barrio de Ciudad Nasser y se dirigieron hacia la sede de la televisión estatal, a escasos metros de la plaza Tahrir, donde todavía se celebra la caída de Mursi. El caos se llegó a apoderar de la zona, donde el Ejército desplegó varios tanques para contener la violencia.

 

A la concentración islamista en defensa de la legitimidad de Mursi, elegido en las urnas hace un año, se unió el líder de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Badie. Su aparición en público desmiente las informaciones que el jueves aseguraban que había sido detenido. "Somos libres y seguiremos el camino de la revolución", clamó ante sus seguidores. Badie llamó a seguir manifestándose hasta que Mursi vuelva al poder: "Permaneceremos en todas las plazas hasta sacar en hombros a nuestro presidente. De aquí nadie se va a marchar. Mursi es nuestro presidente, somos millones. Alá es grande".

 

El guía espiritual de los islamistas apuntó que su grupo sólo reconocerá la legitimidad de Mursi y de las instituciones elegidas democráticamente. "Esta manifestación refleja a todo Egipto, con sus diferentes facciones. Conseguiremos recuperar los derechos del pueblo egipcio, que han sido obviados con esta desgraciada conspiración", espetó, momento en el que los manifestantes empezaron a corear cánticos contra el jefe del Ejército, Abdel Fatah Sisi. Badie insistió en que el pueblo egipcio "devolverá al poder a Mursi sobre sus hombros y sacrificará sus almas por él". "Dios es más grande que todos los que derraman la sangre de los mártires revolucionarios", proclamó.

 

Toque de queda en el Sinaí

 


Los militares se pusieron en "estado de alerta" por la mañana en Suez y en la Península del Sinaí tras los ataques perpetrados por grupos armados que han dejado cinco policías y un soldado muerto. Al caer noche, las fuerzas armadas impusieron el toque de queda en las ciudades de Sheikh Zuweid y Rafah. Anteriormente, habían ordenado cerrar por tiempo indefinido del paso de Rafah, la vía de tránsito más importante entre Egipto y Gaza. En total, diez zonas de la península han registrado enfrentamientos armados en los últimos dos días después de que milicias amenazaran en varios vídeos con lanzar una guerra contra las fuerzas armadas. Según el diario Al Ahram, habrían muerto 20 yihadistas.

 

También se han registrado en otras zonas del país enfrentamientos entre seguidores y detractores de Mursi. En Alejandría han resultado heridas 307 personas, según la televisión qatarí Al Yazira. Los choques también estallaron en algunas localidades del delta del río Nilo como Damanhur, donde personas contrarias a Mursi intentaron retener a miembros de los Hermanos Musulmanes y decenas de personas fueron heridas


Los Hermanos Musulmanes y otros grupos afines convocaron para este viernes manifestaciones para condenar el golpe de Estado perpetrado por el Ejército, que el pasado miércoles depuso a Mursi y designó como mandatario interino del país al presidente del Tribunal Constitucional,Adli Mansur. Los islamistas también protestan contra la ola de detenciones de los líderes de la Hermandad, el grupo en el que militó Mursi hasta acceder al poder. A última hora del viernes, la Fiscalía egipcia ordenó la puesta en libertad de dos importantes dirigentes: Saad El Katatni, jefe del ala política y ex presidente del Parlamento, y Rashad al Bayoumi, uno de los vicejefes del grupo.

 

Mansur, en un primera declaración constitucional, ordenó el viernes la disolución del Parlamento, dominado por el brazo político de los Hermanos Musulmanes. Sólo permanecía activa la Cámara Alta del Parlamento, el Consejo de la Shura, ya que la Cámara Baja fue disuelta por las autoridades militares al derrocar a Musi. El jefe de Estado interino tambiénnombró a Mohamed Ahmed Farid como nuevo director de los servicios de Inteligencia en sustitución de Mohamed Raafat Shehata, designado por el presidente depuesto.

 

La Unión Africana suspende a Egipto

 

Como respuesta al golpe de Estado, la Unión Africana (UA) decidió este viernes suspender a Egipto de la organización. "El Consejo de Paz y Seguridad de la UA decide suspender la participación de Egipto en las actividades de la UA hasta la restauración del orden constitucional tras el derrocamiento del presidente democráticamente elegido". Asimismo, la UA acordó enviar una delegación de alto nivel al país. Egipto, al igual que Guinea Bissau (donde hubo un golpe de Estado en 2012), República Centroafricana (golpe de Estado en 2013) y Madagascar (golpe de Estado en 2009), queda apartado de la organización.

 

El Ejército negó a través de un comunicado que esté tomando "medidas excepcionales o arbitrarias contra cualquier facción política", en medio de las críticas vertidas tras la detención de altos cargos islamistas y periodistas afines. "La sabiduría, el verdadero nacionalismo y los valores humanos constructivos a los que se refieren todas las religiones requieren de nosotros que evitemos tomar cualquier medida excepcional o arbitraria contra cualquier facción política", defendió.

 

Las Fuerzas Armadas reiteraron que "los derechos a la protesta pacífica y a la libertad de expresión están garantizados para todo el mundo, porque es uno de los logros más importantes del pueblo egipcio durante la gloriosa revolución". Sin embargo, advirtieron de que "el excesivo uso de estos derechos podría tener implicaciones negativas, como el bloqueo de carreteras, el retraso de los beneficios públicos y la destrucción de instituciones, suponiendo una amenaza para la paz social y los intereses nacionales y dañando la seguridad y la economía".

 

52 muertos en los enfrentamientos


Sin contar los fallecidos de este viernes, el Ministerio de Sanidad ofreció un balance de las víctimas de los enfrentamientos entre partidarios y detractores de Mursi: desde el pasado fin de semana murieron 52 personas y resultaron heridas 2.619. El domingo, cuando se produjeron las multitudinarias manifestaciones para reclamar la renuncia de Mursi, murieron 16 personas en El Cairo y otras provincias, ocho de ellas en los enfrentamientos que hubo en la sede de los Hermanos Musulmanes en la capital.

 

El martes por la noche, 18 personas murieron y otras 619 resultaron heridas en los sucesos ocurridos en un barrio de la localidad de Giza, próxima a El Cairo, siendo este el incidente más mortífero desde que comenzaron las protestas. Partidarios de Mursi se enfrentaron con las fuerzas de seguridad en la Universidad. Después de que el Ejército derrocara a Mursi este miércoles, once personas murieron y otras 516 resultaron heridas, de las que 362 siguen recibiendo tratamiento médico, según el Ministerio de Sanidad.

 

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Día de la Independencia: un día para agradecer a los movimientos populares

Este fin de semana en que se conmemora el 4 de Julio se han planificado más de 100 manifestaciones en todo Estados Unidos en contra de los programas de vigilancia de la NSA.


Hace más de 160 años, el mayor abolicionista de la historia de Estados Unidos y esclavo fugitivo, Frederick Douglass, habló ante la Sociedad de Damas de Rochester Contra la Esclavitud. Douglass le preguntó a las presentes: “¿Qué significa el 4 de julio para un esclavo estadounidense?”. Sus palabras continúan resonando hoy, al conmemorarse una vez más el Día de la Independencia, en un momento en que Estados Unidos reafirma un poder sin precedentes para desatar guerras a nivel mundial y espiar a todas las personas en todas partes. El Día de la Independencia no debería ser una mera celebración oficial, sino un momento de reflexión sobre el lugar central que ocupan los movimientos de base por la democracia en la historia de Estados Unidos. Son los movimientos los que han preservado y promovido los derechos proclamados en el inicio de la Declaración de la Independencia “a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

 

Frederick Douglass respondió él mismo la pregunta que hizo sobre el 4 de Julio ante las abolicionistas que estaban allí reunidas: “Para ese esclavo, su celebración es una farsa. La libertad de la que tanto se jactan es una licencia impía; su grandeza nacional, vanidad exagerada; sus gritos de regocijo son vacíos y desalmados; su denuncia de los tiranos, descarada impudencia; sus gritos de libertad e igualdad, una burla vacía; sus plegarias e himnos, sus sermones y agradecimientos, su desfile religioso y solemne son, para él, mera grandilocuencia, fraude, engaño, impiedad e hipocresía, un fino velo para encubrir crímenes que avergonzarían a una nación de salvajes. En este momento, ninguna otra nación del planeta es culpable de prácticas tan horribles y sangrientas como Estados Unidos”.

 

Douglass no solo denunció la hipocresía de la esclavitud dentro de un sistema democrático, sino que trabajó diligentemente para construir un gran movimiento abolicionista. También luchó por el sufragio de la mujer. Estos movimientos conformaron lo que es hoy Estados Unidos. El movimiento por los derechos civiles de las décadas de 1950 y 1960 fue un ejemplo duradero de lo que puede lograr la acción de las bases, incluso ante la represión violenta y sistemática.

 

En la actualidad, los movimientos sociales siguen configurando nuestra sociedad. El juicio a George Zimmerman, que está acusado del asesinato del joven afroestadounidense Trayvon Martin, no estaría desarrollándose ahora en Florida si no fuera por la movilización popular. Las protestas a nivel nacional que surgieron en respuesta a la aparente indiferencia oficial ante el asesinato de otro joven afroestadounidense en Estados Unidos provocaron el nombramiento de un fiscal especial. Un mes y medio después del asesinato de Martin, Zimmerman fue acusado de homicidio culposo.

 

El movimiento de gays y lesbianas ha logrado importantes avances en sus derechos. Tras la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en varios estados, las fuerzas armadas de Estados Unidos decidieron abandonar la política oficial de prohibir a personas homosexuales enlistarse en el servicio. A esto se suma que la Ley de Defensa del Matrimonio fue recientemente declarada inconstitucional. Nuevamente, detrás de estos avances hay décadas de construcción de movimientos sociales y de organización de base.

 

En Egipto, continúa la revolución que ha sido denominada ‘Primavera árabe’, donde las manifestaciones masivas de la población forzaron la salida del Presidente Mohamed Morsi. Mientras los militares están en el poder, aún está por verse qué sucederá. En la noche del golpe militar, mi colega de Democracy Now! Sharif Abdel Kouddous publicó en Twitter desde las calles de El Cairo: “Tras dos años y medio, Egipto vuelve al punto cero en la transición posterior al régimen de Mubarak”.

 

Durante más de doscientos años, Estados Unidos ha sido un ejemplo para los países del mundo que padecen regímenes tiránicos, pero también ha sido el principal adversario de los movimientos de base que luchan por la democracia a nivel mundial. Es sorprendente que, recién en 2008, el ex Presidente sudafricano Nelson Mandela y el Congreso Nacional Africano hayan sido eliminados de la lista de sospechosos de terrorismo de Estados Unidos. Cuando el pueblo chileno eligió a Salvador Allende, Estados Unidos apoyó un golpe de Estado en su contra el 11 de septiembre de 1973, que dio paso a la instalación de la dictadura de Augusto Pinochet, responsable del asesinato de miles de ciudadanos y de la violenta represión de quienes se oponían a su régimen. Lamentablemente, los ataques con aviones no tripulados y la prisión estadounidense en Bahía de Guantánamo no son referencias históricas, sino actos criminales cometidos actualmente por el propio gobierno de Estados Unidos.

 

Por lo que sabemos hasta el momento, el informante de la Agencia de Seguridad Nacional Edward Snowden se encuentra varado en el aeropuerto de Moscú y su pasaporte estadounidense ha sido anulado. Snowden reconoció ser la fuente que reveló un amplio programa de espionaje mundial del gobierno de Estados Unidos que indignó a ciudadanos y gobiernos del mundo entero. En una situación similar de apremio se encuentra el informante Bradley Manning, que está en prisión y podría ser condenado a cadena perpetua. Manning aftonta un consejo de guerra por haber filtrado la mayor cantidad de documentos clasificados en la historia de Estados Unidos. El fundador de WikiLeaks, Julian Assange, permanece encerrado hace más de un año en la Embajada de Ecuador en Londres. Estos tres hombres desempeñaron un papel fundamental en la revelación de algunas de las prácticas más antidemocráticas del gobierno estadounidense.

 

Este fin de semana en que se conmemora el 4 de Julio se han planificado más de 100 manifestaciones en todo Estados Unidos en contra de los programas de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional. Las protestas son parte de la persistente lucha por la democracia en todo el mundo. Al culminar su discurso en Rochester, Nueva York, Frederick Douglass cerró con un comentario optimista: “A pesar del sombrío panorama que he presentado hoy sobre la situación del país, aún creo en esta nación”. Los movimientos de base por la justicia son la esperanza, el ejemplo a seguir y la fuerza que salvará a Estados Unidos.

 

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

 

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Asume Mansur la presidencia de Egipto; presos, líderes islamitas

El titular del Tribunal Constitucional egipcio, Adly Mansur, presentó este jueves juramento como presidente interino del país, un día después del golpe de Estado contra el mandatario islamita Mohamed Mursi, al tiempo que las fuerzas de seguridad arrestaban a los principales dirigentes de la Hermandad Musulmana, entre ellos al máximo líder Mohamed Badie.

 

Mansur, de 67 años, encabezará un gobierno de transición que preparará el camino para las elecciones generales y deberá revisar la Constitución. Aunque aún no se conoce la fecha para los comicios, tanto presidenciales como parlamentarios, dijo que la dará a conocer pronto.

 

Mansur, quien fue designado por los militares para remplazar a Mursi, subrayó que “la celebración de comicios es la única vía para alcanzar un futuro más libre y democrático”, y prometió en un breve discurso “proteger el sistema republicano” y ser “garante de los intereses del pueblo”.

 

Tal vez consciente de los riesgos de una sociedad polarizada, expresó un signo de paz con la Hermandad Musulmana. “Este movimiento es parte del pueblo y está invitado a participar en la construcción de la nación, ya que nadie estará excluido, y si responden a la invitación, será bienvenida”, expresó.

 

Rechazan diálogo

 

La Hermandad Musulmana rechazó de manera tajante la oferta de Mansur, en un comunicado en el que manifestó su indignación por los arrestos contra sus líderes. “Anunciamos nuestro categórico rechazo del golpe militar contra el presidente electo y la voluntad de la nación. Rechazamos participar en cualquier actividad con las autoridades usurpadoras”, declaró.

 

“Rechazamos el terror del Estado policial, que arrestó a figuras de la cofradía y cerró canales satelitales”, indicó el movimiento islamita en un comunicado leído a partidarios de Mursi congregados en el distrito de Nasr City, en El Cairo, rodeados por vehículos militares.

 

La Hermandad Musulmana y los partidos islamitas de Egipto anunciaron su integración como la Alianza Nacional de Defensa de la Legitimidad, la cual llamó a todos los seguidores de Mursi a manifestarse “pacíficamente” este viernes en todas las provincias de Egipto “para denunciar el golpe de Estado militar y defender la legitimidad del presidente derrocado”.

 

“Rechacemos el golpe militar; luchemos por la legitimidad del presidente islamita elegido democráticamente”, destacó la declaración de la alianza, que además aseguró que desde el miércoles desconoce el paradero de Mursi.

 

Pese al llamado de Mansur a que los islamitas formen parte de un diálogo nacional, las autoridades detuvieron a los líderes de la Hermandad Musulmana, entre ellos Badie, su antecesor Mahdi Akef, los adjuntos del guía supremo, Rached Bayumi y Saad al Katatni, entre otros.

 


Los dirigentes, que se encuentran en una lista de unos 200 miembros de ese movimiento y de líderes de grupos islamitas con orden de arresto, han sido acusados por la fiscalía de incitar a la violencia y de instigar el asesinato de manifestantes que protestaron contra Mursi el sábado por la noche.

 

Todos se encuentran en la prisión de Tora, en las inmediaciones de El Cairo, donde está encarcelado también el otrora hombre fuerte del país Hosni Mubarak, derrocado durante la primavera árabe, en febrero de 2011, tras permanecer tres décadas en el poder.

 

Mursi, primer presidente de Egipto elegido democráticamente hace un año, también está desde el miércoles bajo custodia militar y se presume que se encuentra en las instalaciones del Ministerio de Defensa.

 

El ejército egipcio, de su lado, hizo por la noche un llamado a la unidad y la “reconciliación” tras el golpe militar contra el presidente Mursi. En un comunicado publicado en su página de Facebook, las fuerzas armadas llamaron en particular a rechazar “la venganza” para “lograr la reconciliación nacional”.

 

El documento indica que se deben evitar “medidas excepcionales y arbitrarias en contra de cualquier movimiento político”, pese al arresto efectuado por las fuerzas de seguridad contra los principales líderes de la Hermandad Musulmana, movimiento del que procede el Partido Libertad y Justicia de Mursi.

 

La intervención de las fuerzas armadas en la vida política del país fue respaldada por los egipcios, incluyendo a líderes liberales y figuras religiosas. Decenas de miles celebraron toda la noche en la plaza Tahrir, de El Cairo, poco más de dos años después de festejar en ese mismo lugar la caída de Mubarak.

 

La cuenta regresiva para Mursi comenzó el domingo pasado, cuando millones de personas salieron a las calles en todo el país para exigir su renuncia.

 

Los manifestantes acusaron a la Hermandad Musulmana y a Mursi de haber traicionado la revolución de febrero de 2011, de querer instaurar un régimen islamita autoritario, de afianzar su poder y –un elemento clave para muchos– no conseguir reactivar la economía.

 

Los militares egipcios han estado en el centro del poder desde el derrocamiento del rey Farouk en 1952. Tras la caída de Mubarak, la junta militar gobernó el país y aprobó enmiendas constitucionales por las que asumió el Poder Legislativo tras la disolución del Parlamento y dejó al presidente las funciones ejecutivas.

 

Por otra parte, el presidente del Banco Mundial (BM), Jim Yong Kim, expresó que el organismo espera mantener el programa del préstamos y ayudas a Egipto –por valor de 4 mil 700 millones de dólares–, y llamó a avanzar “lo más rápido posible hacia unas elecciones reales”.

 

Reuters, Afp, Dpa, Xinhua y Pl

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Viernes, 05 Julio 2013 06:46

Egipto: los dos bandos del ejército

Egipto: los dos bandos del ejército

El ejército está a cargo. Llámenlo golpe, si quieren. Pero el poder castrense egipcio –el tristemente célebre Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas”, como se le conoce nuevamente– ahora está al frente de Egipto. Primero mediante amenazas; después con armas por las calles de El Cairo, con caminos bloqueados y alambre de púas. Tropas custodian la estación de radio. Mohamed Mursi, cuando aún era presidente seguramente lo llamó “golpe de Estado” y alardeó su estatura moral (su “legitimidad”, “democracia”, etcétera), pero mucho antes de que viéramos soldados en la calle, Mursi pedía a los generales volver a las barracas. Ridículo. Los generales no tuvieron que dejar sus barracas para meterle temor a Dios (real y metafórico) a esta administración que se desmoronaba.

 

Mursi habló de derramar su sangre; al igual que lo hizo el ejército. Se puso lúgubre el asunto. Fue miserable ver a un pueblo libre aplaudir una intervención militar, si bien los opositores a Mursi afirmarían que su libertad fue traicionada. Ahora alientan a los soldados a tomar el lugar de los políticos. Ambos bandos ondean la bandera egipcia, que es roja, blanca y negra. El color caqui no es sustituto.

 

Tampoco desaparecerá la Hermandad Musulmana, cualquiera sea la suerte que corra Mursi. El tiempo que pasó en el poder podrá haber sido risible, pero el partido político mejor organizado de todo Egipto sabe cómo sobrevivir a la adversidad. La Hermandad es la institución que más se malinterpreta en la historia egipcia; y quizá se le malinterpreta deliberadamente. Lejos de ser un partido islamita, sus raíces son de derecha y no religiosas. Sus primeras épocas, bajo el mando de Hassan Banna, prepararon a la organización para ser tolerada por el rey Farouk y a sus caciques egipcios siempre y cuando mantuvieran la fachada de formación islámica.

 

Cuando la revolución de 2011 estaba en su momento álgido y millones de detractores a Mubarak estaban en la plaza Tahrir, la Hermandad se ocupaba de negociar con el entonces mandatario con la esperanza de que les regalara las sobras. El liderazgo de esa formación nunca estuvo del lado del pueblo durante la revuelta en Egipto. Este papel lo cumplieron las bases laicas más fuertes del país del movimiento sindicalista.
Incluso la guerra de Nasser con la Hermandad tuvo menos que ver con la religión que con la seguridad; el liderazgo del Movimiento Libre de Oficiales descubrió que la Hermandad Musulmana era el único partido capaz de infiltrarse en el ejército, una lección que los generales de hoy han tomado a pecho. Si se vuelve a proscribir la Hermandad Musulmana, como ocurrió bajo los gobiernos de Nasser, Sadat y Mubarak, perderá su apoyo entre las fuerzas armadas. Sadat fue asesinado por un islamita que no pertenecía a la Hermandad, llamado Khaled Islambouli, quien resultó ser un teniente del ejército egipcio.

 

Sayyeb Qutub, líder de la Hermandad, atacó a Nasser por llevar al pueblo a la era de ignorancia preislámica (llamada jahaliya), pero el partido en realidad estaba más molesto por la creciente relación entre El Cairo y la atea Unión Soviética. Qutub fue ahorcado. Pero aunque perseguido y oficialmente proscrito, el partido aprendió, como todos los grupos clandestinos con ideología, a organizarse política, social y hasta militarmente. Así, cuando se llevaron a cabo elecciones verdaderas, ganaron; y, por tanto, Mursi quedó en el poder.

 

El ejército, como dicen, pertenece al pueblo. El premio Nobel de la Paz Mohamed Baradei, ahora líder de la oposición, me dijo sobre la revuelta de 2011 que “últimadamente, el ejército egipcio estará con el pueblo. Después de quitarse el uniforme, el soldado sigue siendo parte del pueblo con sus mismos problemas y los mismos obstáculos para llevar una vida decente. Por eso no creo que vayan a disparar contra la población”.

 

Pero eso era entonces, y esto es ahora. Mursi pudo haber recurrido a las argucias de un dictador, y ciertamente habló igual que Mubarak el pasado martes, pero fue legalmente electo, como nos dijo una y otra vez, mientras el ejército reitera que defiende la legitimidad. Ahora el “pueblo” está enfrentado en dos distintos bandos. ¿Puede el ejército egipcio mantener separados a ambos cuando sus miembros provienen de los dos lados del “pueblo”?

 

Traducción: Gabriela Fonseca

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En Brasil se acabó la fiesta, vuelve la realidad

Pasada la euforia por la tremenda paliza aplicada a España en pleno Maracaná renovado, Río de Janeiro volvió a la vida real. Y la vida real es la siguiente: la ciudad sigue sin estadios.

 

El Engenhao, cerrado desde marzo, estará en obras hasta noviembre del año que viene. Hay que aplicar refuerzos en la estructura de su cobertura. Es que había un error de proyecto: corregirlo costará millones de dólares y demandará un tiempo inmenso.

 

La cuestión está en la Justicia. Los integrantes del consorcio de constructoras que terminó la obra cubrirán los gastos de la reforma, pero se niegan a asumir la responsabilidad por el error. Quieren ser resarcidos. La constructora original, la Delta, que abandonó la construcción poco después de haberla iniciado, está involucrada en un sinfín de denuncias de corrupción. Su dueño es íntimo amigo del gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral. Algunos de los costosos viajes del robusto gobernador a París fueron financiados –hoteles cinco estrellas y cenas con vinos de mil euros la botella inclusive– por la constructora.

 

Así andan las cosas en el gobierno carioca: un constructor corrupto, con vinculaciones políticas muy intensas e íntimas, no se percata de que en el proyecto original hay fallas aberrantes. Con tal de cobrar se lanza a la obra, cobra las primeras (y muy gordas) cuotas, y listo.

 

El Maracaná, que pasó por una reforma que costó más de 650 millones de dólares, está cerrado para que el consorcio que lo administra pueda “evaluar la situación”. No hay fecha para la reapertura. La verdad es que el estadio se inauguró faltando muchas obras. Funcionarios de la municipalidad trabajan en la complementación del entorno del estadio. El martes de la semana que viene la FIFA entregará ese icono del fútbol mundial a un consorcio privado. Es decir, pese al dineral público enterrado en esa obra, el estadio pasa a ser privado. Y no se sabe cuándo se abrirá efectivamente para el fútbol.

 

Resultado: los cuatro equipos de Río que disputan el campeonato brasileño no tienen dónde recibir a sus adversarios. El domingo, por ejemplo, Botafogo y Fluminense se enfrentarán en Recife, capital de Pernambuco, en el nordeste, a 2300 kilómetros de distancia. El clásico siguiente, entre Flamengo y Vasco –los dos equipos de mayor hinchada local–, será disputado en el Castelao de Fortaleza, capital de Ceará, a 2600 kilómetros. Otro partido del Flamengo, esta vez contra el Coritiba, será en el Mané Garrincha, en Brasilia, a unos 1500 kilómetros. Es decir: los equipos locales, aunque tengan el mando de campo, no tienen dónde jugar. Les queda el consuelo de contar con estadios recién inaugurados para la Copa Confederaciones.

 

A la hinchada no le queda otra que pagar viajes carísimos –los pasajes aéreos en Brasil tienen precios absurdos– o acompañar los partidos por la televisión.

 

El caso del Maracaná es más complejo. El estadio será entregado al consorcio privado el martes 9 de julio. Al vencer la subasta para las reformas millonarias, ese consorcio se obligó, por contrato, a negociar con por lo menos dos de los clubes de Río para que disputen, en los próximos 35 años, sus partidos en el Maracaná. El problema es que los dos interesados –Flamengo y Fluminense– no llegaron todavía a un acuerdo con el consorcio, que quiere pagar la mitad de lo que piden.

 

Todo eso, que quizá parezca un tema demasiado local, en realidad tiene un significado bastante más amplio. Los clubes de Río –al contrario de lo que ocurre, por ejemplo, en Buenos Aires– no disponen de canchas con capacidad suficiente para grandes públicos. La más grande, la de Vasco, puede albergar a unas 17 mil personas. Ese el tamaño del problema: una ciudad apasionada por el fútbol se queda sin estadio.

 

Otro punto importante es ver el descalabro que significa millones y millones de recursos públicos hundidos en obras faraónicas. Uno, el Engenhao, se sabe ahora, puso en riesgo la vida de miles de espectadores durante años. El otro, el Maracaná, llevó más tiempo –y a un costo mucho mayor– para ser reformado que para ser construido.

 

Los que aceptaron pagar los precios extorsivos cobrados por la FIFA pudieron ver en el Maracaná consagrar la selección de Neymar, Fred, Marcelo y compañía. A la hora de acompañar a sus equipos, tendrán que volar horas. Y quizá se estarán preguntando dónde fueron a parar las pirámides de dinero enterradas en estadios que deberían ser templos del fútbol y en realidad son mausoleos de una administración pública torpe e ineficaz.

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Viernes, 05 Julio 2013 06:37

Tres despachos desde Polonia

La realidad ignorada. Antes de que Zygmunt Bauman pudiera empezar su ponencia en la Universidad de Wroclaw (22/6/2013) para conmemorar los 150 años de la socialdemocracia alemana –Ferdinand Lassalle, uno sus padres, nació en esta ciudad (antes Breslau)–, en la sala irrumpió un grupo de nacionalistas que con gritos le reclamó” su servicio (1945-1953) en una unidad del ejército estalinista que combatía a los partisanos de derecha. Más allá de la historia personal de Bauman (que siempre subrayaba que “sólo redactaba panfletos” y que luego también se convirtió en un blanco del gobierno comunista y tras una purga antisemita y nacionalista en 1968 fue expulsado del país), el incidente, otro en una serie de ataques a las conferencias de figuras asociadas con izquierda o liberalismo, es un producto de procesos más amplios: 1) el fracaso de la izquierda (el mismo Bauman analizó en Wroclaw sus razones: la claudicación de la socialdemocracia, la “guerra cultural” ganada por la derecha, el triunfo del imaginaire burgués, el crecimiento del precariado a costa del proletariado organizado), 2) la crisis como fuente de frustración sobre todo entre los jóvenes, 3) el auge del nacionalismo que la acapara, y 4) la “derechización” de la historia, que primero iguala los dos totalitarismos y luego ve en toda la izquierda un “brote de estalinismo”. En el mismo tiempo: mientras la centroderecha repite más y más “¡En Polonia no hay fascismo!”, más le abre la puerta.

 

El ejemplo incómodo. Incluso a 70 años del levantamiento en el Gueto de Varsovia (19/4/1943), el heroico gesto de un puñado de combatientes “para no morir de rodillas, ni en las cámaras de gas de Treblinka, sino con una pistola en la mano” –en palabras de Marek Edelman (1926-2009), uno de sus comandantes y de los pocos sobrevivientes–, resulta incómodo para la mayoría del mundo: 1) en Polonia el recuerdo de que en la capital hubo dos levantamientos cuestiona la visión derechista de la historia donde el posterior alzamiento de Varsovia (1/8/1944) tiene el monopolio para el heroísmo; revive también la historia del antisemitismo polaco, la indiferencia a la tragedia del gueto y la escasa ayuda militar a sus combatientes, 2) en la historiografía occidental dominante que en las últimas décadas vivió un “giro conservador”, el levantamiento fue oscurecido por las narrativas sobre “víctimas” donde ya no hay diferencia entre el atacante y el atacado, el ocupante y el ocupado, Leningrado o Dresden; como apunta Enzo Traverso en este giro, mientras se prestaba más atención estéril al “exterminio” (salvo, por ejemplo, las contribuciones como la de Bauman en Modernidad y Holocausto, 1989) y a los judíos como sus “víctimas pasivas”, se ignoraba más la historia de la resistencia judía activa, “como si el recuerdo de las víctimas no pudiera coexistir con la memoria sobre sus luchas” (según Traverso el “culto de las víctimas” va de la mano también con la rehabilitación del fascismo y el nacionalismo antisemita), 3) finalmente en Israel la memoria del levantamiento desafía su ideología fundacional: gente como Edelman u otros miembros de Bund que no querían migrar y preferían cultivar la cultura judía en Polonia y el yiddish en vez del hebreo (el ex comandante se mudó a Lodz y trabajo como médico) demostró que la alternativa sionista –la “víctima en diáspora” o el “ocupante en Palestina”– fue falsa (Przemyslaw Wielgosz, “Niewygodne powstanie”, en: Le Monde Diplomatique, edición polaca, abril de 2013).

 


El legado negado. La primera rebelión obrera armada en el imperio ruso parte de la ola revolucionaria de 1905 –el levantamiento de Lodz, un gran centro textil (22/6/1905)– siempre tuvo una suerte trágica: la historiografía comunista la ignoraba por su espontaneidad, el componente bundista y lumpenproletario; la historiografía después de 1989 lo ignoraba por “comunista”, tratando de enfatizar sus demandas nacionalistas (el polaco en las escuelas), por encima de las laborales y universales (la jornada de ocho horas). Pero ya fue una farsa cuando justamente en junio pasado (13/6/2013) el Parlamento polaco derogó la jornada de ocho horas “para mejor combatir la crisis” y “aprovechar la coyuntura por venir” (¡sic!). Ni en Lodz (hoy desindustrializada, sumergida en desempleo), ni en toda Polonia (“un país sin izquierda”), nadie salió a manifestarse por la eliminación de aquella normativa fundamental (“el precariado ni lo notará”). Y “apenas” el siglo pasado Lodz era un punto de referencia para la izquierda: Rosa Luxemburgo (que frente al reformismo de Lassalle representaba la socialdemocracia revolucionaria) estudiando la lucha entre el capital y el trabajo en Lodz y la ola de 1905 escribía sobre su “huelga de masas”; para Edelman y para miles de socialistas de Bund o Poalej Syjon (una rica tradición política que pereció en las ruinas de guetos y en los campos de exterminio) el levantamiento de Lodz era “el más importante suceso en la historia de Europa”.

 

Coda. Los tres casos se juntan en una imagen más grande no sólo de Polonia, sino de la modernidad: el auge de la ultraderecha y de los nacionalismos, el fracaso y la falta de la izquierda, la “derechización” de la historia, el ataque al mundo del trabajo y sus conquistas.

 

Aunque el panorama parezca poco alentador, nos llama a aprender de los viejos sucesos y a prestar atención a los nuevos.

 

Para Lenin la rebelión de Lodz era un gran ejemplo del heroísmo revolucionario y de las “formas superiores de lucha” ( The struggle of the proletariat and the servility of the bourgeoisie, 1905).

 

Para Traverso el levantamiento en el Gueto de Varsovia es un símbolo ético y el mejor ejemplo de la dignidad para todas las luchas emancipadoras, un mensaje universal por el humanismo y la esperanza ( Understanding the nazi genocide, marxism after Auschwitz, 1999).

 

Para nosotros el ataque a Bauman debería ser un “aviso de incendio” ante el retorno del fascismo.

 


Por Maciek Wisniewski*Periodista polaco

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A fines de junio de 2013 se reunió en las islas ecuatorianas de Galápagos la Sociedad del Monte Peregrino (The Mont Pelerin Society) . Con un élan parecido al de una secta y con una tendencia a considerarla como parte de una teoría de la conspiración, es difícil entender lo que pasa en el mundo sin saber qué y cuál es el proyecto real de la Sociedad del Monte Peregrino. Su mentor, artífice y creador fue el economista austríaco Friedrich Hayek, "premio Nobel" de economía en 1974 y su Presidente desde su fundación en el año 1947 hasta 1964. Esta Sociedad ha sido el centro gravitatorio de toda la gran transformación neoliberal del mundo desde los años cuarenta del siglo XX hasta nuestros días.

 

La Sociedad del Monte Peregrino se constituyó la primera semana de abril del año 1947 en la localidad Mont Pélerin, en Suiza, con 38 invitados. Su antecedente más importante fue el Coloquio Walter Lippman realizado en París en 1939. La preocupación central de este Coloquio fue la crisis del pensamiento liberal ante el avance de las ideas socialistas y los resultados económicos de la planificación económica. En efecto, los liberales se sentían desarmados ante la capacidad analítica y teórica que provenía desde el discurso del socialismo y la forma por la cual este discurso y su promesa utópica prendían en las organizaciones de trabajadores en prácticamente todo el mundo y conquistaba cada vez más a los intelectuales, filósofos, periodistas y académicos.

 

La hegemonía del discurso socialista y el pathos liberal

 

Fue esa presión por el socialismo la que obligó a las elites políticas norteamericanas a negociar un nuevo tipo de Estado, aquel del Welfare, con sus trabajadores. Gracias a esa presión política, a esa movilización social y a ese horizonte de lo humano concebido como un acto de solidaridad, justicia y equidad, y que constaba en la matriz simbólica del discurso socialista, empieza en EEUU y también en Europa la construcción de algo inédito en la historia del capitalismo: el Estado de Bienestar. Roosvelt en Norteamérica y Churchill en el Reino Unido, entre los políticos más importantes, recogen y aplican lo que parecía una imposibilidad lógica: un Estado de forma liberal pero con contenidos sociales y con elementos de planificación económica.

 

El discurso del socialismo, para esa época, se había convertido en un discurso hegemónico. Eran tan fuerte la hegemonía del discurso socialista, como lo es ahora la hegemonía del discurso liberal, que en ese entonces, el economista liberal Joseph Schumpeter publica en su texto Capitalismo, socialismo y democracia (1942) la admonición de la autodestrucción inevitable del capitalismo y el advenimiento del socialismo . En ese tiempo, era, por tanto, casi imposible pensar en un horizonte humano por fuera de la matriz teórica y el imaginario simbólico del socialismo.

 

Los liberales se sentían desesperados. Sus remedios para la crisis que había estallado en EEUU con el crack financiero de 1929, seguían provocando recesión, pobreza, desempleo y, de hecho, fueron el origen para una crisis más grave y que conduciría a la humanidad a una guerra brutal y despiadada. Los mercados no encontraban equilibrio alguno y la sociedad capitalista se hundía en la crisis y la recesión. En ese momento hacían falta respuestas desde la teoría económica que fundamenten la factibilidad del Estado de Bienestar y una planificación económica de tipo no socialista.

 

Ese correlato teórico finalmente se produjo en el año de 1936 cuando el economista inglés John Maynard Keynes publica su libro Teoría General de la Ocupación, el interés y el dinero. Este texto desarma teóricamente a los liberales y a toda su doctrina económica porque demuestra la imposibilidad de construir un Estado de Bienestar que participe activamente en la economía creando las condiciones para el pleno empleo, desde la episteme liberal y su noción de mercados autorregulados y en equilibrio.

 

Keynes critica a esa episteme liberal y la demuestra en su inanidad teórica. La reduce, como decía el mismo Keynes, a ser un caso particular y excepcional de todas las posibilidades económicas; empero y lo más importante, este texto da coherencia teórica y base científica-positiva a la intervención del Estado en la economía para la construcción del Estado de Bienestar sin salirse de las coordenadas más generales del liberalismo. Como ejercicio teórico es la propuesta más audaz y brillante realizada en el terreno de la economía desde David Ricardo y Carlos Marx.

 

Casi todo el pensamiento económico, empezó a girar sus referencias epistemológicas hacia el keynesianismo, con la excepción del reducido y casi desconocido departamento de economía de la universidad de Chicago, que tenía a la sazón como personaje fundamental a Henry Calvert Simon, un liberal de la vieja escuela que resistía las nuevas corrientes keynesianas.

 

En América Latina también se produjo una reflexión teórica interesante que imbricaba en una lectura coherente y de profundidad analítica tanto al keynesianismo como al marxismo, para comprender la situación concreta de los países latinoamericanos, esta escuela del pensamiento económico y social se llamará estructuralismo latinoamericano y dará origen a la Teoría de la Dependencia.

 

Luego de la segunda guerra mundial, con un bloque importante de países socialistas y con regiones enteras que luchaban contra el colonialismo y por la liberación nacional y que fundaban su discurso político de liberación nacional en el socialismo, el discurso liberal tenía pocas posibilidades.

 

Es en ese contexto, cuando en 1944 Friedrich Hayek publica un texto con un enorme pathos liberal: El Camino de la Servidumbre. Era la voz de los liberales que sentían que el mundo se hundía a sus pies y que la humanidad estaba cambiando irremisiblemente y alejándose del liberalismo clásico. En el Camino de la Servidumbre, Hayek denostaba contra la planificación económica y el Estado de Bienestar y los equiparaba con los totalitarismos que anulan la libertad humana. Hayek se creía el portador de esa llama de la libertad que había nacido con la burguesía en los siglos XVIII y XIX y que, según él, estaba muriendo en el siglo XX.

 

La reinvención del liberalismo: hacia el neo-liberalismo

 

Hayek sentía que había que reinventar al liberalismo; que los contenidos con los que había nacido quizá habían movilizado a la humanidad en el siglo XIX, pero que la coyuntura de mediados del siglo XX ameritaba otro tipo de liberalismo. Hayek estaba consciente de que el discurso socialista había tocado fibras íntimas de la utopía humana y que la reinvención del liberalismo no podía olvidar ese hecho. Esa reinvención del liberalismo quizá tendría que hacer lo mismo, en otro sentido pero esencialmente lo mismo: adherirse a la utopía y transformarla.

 

Con los pocos liberales declarados que quedaban en la Europa de posguerra, Hayek los convoca en un remoto poblado de Suiza, cerca del lago Génova, para refundar al discurso liberal. En una primera instancia había pensado dedicar su coloquio a Alexis de Tocqueville y también había pensado en rendir homenaje a John Edward Acton, así como a John Stuart Mill, según su criterio, los pensadores liberales más importantes del siglo XIX, pero el encuentro fue finalmente bautizado con el nombre de la localidad de acogida: Monte Peregrino. Su objetivo central fue combatir tanto al discurso del socialismo cuanto a la propuesta keynesiana que fundamentaba al Estado de Bienestar para lograr el proyecto más caro del liberalismo: la libertad de mercado, requisito casi ontológico para la libertad humana.

 

Para Hayek y los liberales que lo acompañaron en esta primera reunión, los enemigos a derrotar eran los sindicatos, los socialistas, los marxistas, y también los partidarios del Estado de Bienestar incluyendo, por supuesto, a los economistas keynesianos. Sin embargo, ¿cómo hacerlo?, ¿cómo devolver al liberalismo su brillo y atracción original?, si el mundo estaba girando a la izquierda ¿cómo hacer para cambiar de rumbo? ¿cómo convencer a la sociedad de las bondades del mercado cuando éste se había derrumbado arrastrando tras sí a la humanidad en una vorágine de violencia, destrucción y pobreza?

 

En definitiva, la cuestión de fondo era: ¿cómo y de qué manera reinventar al liberalismo?, sobre todo en una época que consideraba que la atención exclusiva al interés individual, como lo proponía el discurso liberal clásico, habida cuenta de las tensiones sociales existentes, era casi un acto criminal.

 

Hayek convocó al profesor Ludwig Von Mises, uno de los representantes más importantes de lo que se llamaría la "escuela austríaca" y mascarón de proa del pensamiento liberal, y también convocaría a: Wilhem Röpke (Presidente de la Sociedad del Monte Peregrino en 1961-62), Alexander Rüstow, Walter Eucken, Maurice Allais, Jacques Rueff, Michael Polanyi, Karl Popper, Raymond Aaron, Milton Friedman (Presidente en 1970-72), Frank Knight, Aaron Director, Albert Hunold, William Rappard, George Stigler (Presidente en 1976-78), Henri de Lovinfosse, Fritz Machlup, John Jewkes (Presidente en 1962-64), Bertrand de Jouvenel, entre otros.

 

De una u otra manera, la preocupación de todos ellos era: ¿qué hacer con el liberalismo en un momento en el que era imposible pensar lo social sin el Estado? De hecho, esta discusión estaba en el centro del pensamiento liberal: éste no podía prescindir de un "enfoque social", precisamente por ello Rougier había propuesto un "liberalismo constructor", Marlio un "liberalismo social", Jacques Rueff , incluso, llegó a proponer un "liberalismo de izquierda", Rüstov y Röpke propusieron, en cambio, un "intervencionismo liberal", es decir, el tiempo histórico demandaba a los liberales un cambio de teorías, conceptos e ideas.

 

Sin embargo, para Hayek ninguno de esos adjetivos y pronombres asumían el sentido que debía tener el liberalismo en esa coyuntura. Si el liberalismo quería cambiar al mundo, debía transformarse pero permaneciendo fiel a sí mismo. En su discurso de apertura de la Sociedad del Monte Peregrino, Hayek expresaba lo siguiente:

 

"La concepción fundamental que me ha guiado en mis esfuerzos es que los ideales que creo que nos unen y por los cuales no hay otro mejor nombre que liberalismo, a pesar del abuso que se ha hecho de este término, deben tener una posibilidad de renacimiento y, en ese sentido, una gran tarea intelectual debe ser llevada a cabo. Esta tarea implica, a la vez, purgar la teoría liberal tradicional de ciertos desafortunados sedimentos que le han sido impuestos a lo largo del tiempo, y afrontar ciertos problemas reales que una caricatura de liberalismo ha descuidado y que han aparecido cuando el liberalismo ha sido transformado en una creencia rígida y estacionaria" .

 

Al no adscribir ningún "apellido" al discurso liberal, se planteaba una cuestión crucial y era la de poner a tono el discurso liberal con las demandas de responsabilidad social por parte de los Estados y la economía. El reto era pensar al liberalismo desde una perspectiva social, algo que en sí mismo desafiaba a la episteme misma del liberalismo porque en su horizonte teórico no consta lo social ni como primacía ni como requisito.

 

Quien habría de resolver este encrucijada sería el liberal alemán Alfred Müller-Armand quien, el mismo año que se reunían los "peregrinos", propuso el concepto de "economía social de mercado" en un reporte a la Cámara de Comercio e Industria de Nordrhein-Westfalen, y que habría de ser recogido por la Democracia Cristiana y el ministro de economía del Canciller Adenauer, el liberal Erhard y miembro también de los "peregrinos", como política de Estado.

 

En efecto, el concepto de "economía social de mercado" permitía renovar la noción de mercado como regulador social tan cara a los liberales, que siempre vieron al mercado como un espacio de libertad y realización personal, y que había sido estigmatizado por los socialistas y los keynesianos. No solo eso, sino que al recuperar el concepto de libre competencia podían adscribirlo a una dimensión de responsabilidad social y ponerlo, de esta manera, a tono con las demandas de la época. Hayek, a pesar de las reticencias que le provocaba el concepto de "social" para la economía, lo asumió completa e inmediatamente. La conclusión de los liberales del Monte Peregrino era que si el mercado había entrado en crisis no se debía a fallas internas sino que había sido la intervención del Estado quien había roto el frágil equilibrio de mercado y, en consecuencia, lo había llevado a la crisis. Los mercados, no solo que son eficientes en sí mismos sino que siempre han sido "sociales".

 

Con la "economía social de mercado" los liberales del Monte Peregrino habían encontrado el concepto bisagra que les permitiría dar el gran giro al discurso liberal y ponerlo a tono con los tiempos que vivían. En consecuencia, el discurso liberal no podía seguir siendo el mismo de aquel del siglo XIX, aunque compartan varios supuestos de base, entre ellos su definición de libertad humana como libertad de elección.

 

El nacimiento del neoliberalismo

 

En el Coloquio del Monte Peregrino, los liberales asumen que lo suyo es un liberalismo remozado, renovado, diferente; en definitiva, un nuevo liberalismo o, si se quiere utilizar el prefijo latino, un neo-liberalismo. Este nuevo liberalismo, o neoliberalismo necesitaba, asimismo, de una nueva concepción del Estado. Si el keynesianismo había hecho del Estado el punto central de sus políticas de bienestar y pleno empleo, y si los socialistas utilizaban el poder del Estado para la planificación centralizada, entonces los nuevos liberales o neoliberales, necesitaban responder a la cuestión central del rol del Estado en una sociedad liberal con énfasis social. Un rol que no tendría nada que ver ni con la planificación ni con el bienestar. Por tanto, desde la "economía social de mercado" ¿qué rol debe tener el Estado?, ¿qué tipo de Estado puede permitir tanto la libertad humana realizada en el mercado cuanto la intervención pública sin atentar a esa libertad fundamental?

 

Éste será el centro de interés de Hayek y de los "peregrinos": la fundamentación del Estado desde las bases teóricas y epistemológicas de un liberalismo remozado, es decir, el neoliberalismo. Un Estado que permita el desarrollo y la expansión de una economía social de mercado. Por ello Hayek empieza a interesarse en las intersecciones entre el derecho y la economía, es decir, la ley y el mercado.

 

Para Hayek el Estado debe permitir, vigilar y garantizar la libre competencia en mercados libres y abiertos. La ley debe ser utilizada, por tanto, en función de esa garantía y vigilancia de la libre competencia y los mercados libres. Mientras más libre competencia exista, mejor regulación social y mejor bienestar social, pueden haber. La ley no debe estar en contra del mercado sino a su servicio. El Estado en sí mismo debe ser la garantía de una ley que, a su vez, sea la garantía del mercado.

 

El Estado, para los neoliberales del Monte Peregrino, no puede ser un Estado de Bienestar, ni un Estado socialista, ni siquiera un Estado de industrialización, el Estado debe atenerse a respetar las reglas de juego de un mercado libre. El Estado no puede regular al mercado sino crear las reglas de juego para que sean los actores del mercado los que se autorregulen respetando esas reglas. En definitiva, ante el Welfare State del keynesianismo, y la planificación centralizada de los socialistas, Hayek y los neoliberales van a proponer y a defender el Estado de derecho, es decir, un Estado que no interfiere ni en la economía ni en el mercado sino que los garantiza; el Estado que los neoliberales proponen es el correlato exacto y necesario a la economía social de mercado, esto es, el Estado social de derecho.

 

Estado social de derecho y economía social de mercado son las improntas de ese nuevo liberalismo que pretende cambiar al mundo destruyendo cualquier posibilidad de un Estado de Bienestar o de un Estado de planificación centralizada. La batalla, para los peregrinos convertidos ahora en neoliberales, se abre en varios frentes. Tienen ante sí un reto enorme: confrontar a los socialistas que cada vez ganaban más el corazón de las masas, y de los keynesianos que habían conquistado toda la academia económica no socialista y toda la política económica.

 

La batalla de las ideas (I): thinks tanks y la construcción de la doxa

 

Con gran lucidez, Hayek expresa a Antony Fisher, fundador con Oliver Smedley del Institute of Economic Affairs, IEA, y de acuerdo con Audier, que:

 

"(la) influencia decisiva en la gran batalla de las ideas y de la política, era ejercida por los intelectuales" a quienes Hayek consideraba como "vendedores de ideas de segunda mano", por ello propone a Fisher crear una institución de investigación científica que provea "a los intelectuales en las universidades, en las escuelas, y a los periodistas y a las emisiones de radio, los estudios académicos más autorizados concerniendo a la economía de mercado y sus aplicaciones prácticas" .

 

Con esta propuesta Hayek retoma una noción desarrollada por Lenin en su libro ¿Qué hacer? de 1903 de que el socialismo tenía que ser "inoculado" a las masas por militantes orgánicos que han sido previamente formados y convencidos de la pertinencia de sus ideas. Hayek, de hecho, había estudiado seriamente los procesos políticos de los socialistas y había comprendido el rol fundamental que tiene los intelectuales en una sociedad. Quizá no haya conocido profundamente a Gramsci, pero puede decirse que su intuición política lo acercaba a sus prescripciones.

 

En 1949, en el segundo encuentro de los miembros de la Sociedad del Monte Peregrino, Hayek presenta un documento con un título extraño para un liberal: "Los Intelectuales y el Socialismo". Con este documento, Hayek quería sensibilizar a los "peregrinos" de la importancia de la evangelización liberal no para las masas sino exclusivamente para aquellos que piensan. Hayek cita a Ortega y Gasset y retoma su concepto de "masas". Realiza un recorrido de las ideas socialistas y se convence del rol fundamental que tuvieron la educación y el conocimiento en la propagación de las ideas del socialismo en las masas realizado por aquello que Lenin denominaba "militantes profesionales", y Gramsci "intelectuales orgánicos". Para Hayek, e insiste mucho en ello, si había que cambiar la sociedad no había que intervenir sobre las masas sino sobre aquellos que piensan. Las masas siempre siguen a aquellos que piensan. Lo que Hayek hace es delinear un programa de acción política para la Sociedad del Monte Peregrino. La batalla de las ideas está por comenzar.

 

Sin embargo, los peregrinos saben que para esa batalla de las ideas necesitan recursos ingentes. El mismo Hayek había sobrevivido gracias a los aportes de la Fundación William Volker que había financiado su estancia en Estados Unidos y su trabajo en la London School of Economics. Asimismo, Ludwig Von Mises, el teórico más importante que a la sazón contaban los neoliberales del Monte Peregrino había sido financiado por la Fundación para la educación en economía.

 

De hecho, Albert Hunold, el líder del secretariado europeo del Monte Peregrino, aportó durante un decenio al financiamiento de la Sociedad del Monte Peregrino a través de sus múltiples contactos con las corporaciones, bancos y sociedades de negocios. Este liberal, secretario de la Bolsa de Zurich, director desde 1941 a 1945 de la Cámara de Compensación de la ASB, y director del SIAF (Schweizerisches Institut für Auslandforschung), establece gracias al SIAF un nexo directo entre los "peregrinos" y el gran capital bancario, financiero e industrial de Suiza y, posteriormente, de Inglaterra y Francia. Los neoliberales no solo que tienen clara la doctrina sino que saben exactamente quien es el que paga al gaitero, y como decía Paul Sweezy, quien paga al gaitero pide la tonada. La convergencia de las ideas neoliberales con los intereses de las grandes corporaciones, las sociedades de negocios y los bancos se establece desde sus orígenes.

 

Gracias a este financiamiento y siguiendo al pie de la letra la recomendación de Hayek de que el evangelio es más potente cuando lo predican los que saben o aquellos que creen saber, los "peregrinos" se lanzaron a la conformación de una extensa red de institutos de investigación, formación y educación en economía liberal.

 

Este dato es interesante porque el concepto de red de instituciones dedicadas al pensamiento y su difusión será el eje central de la acción política de los "peregrinos". De hecho, desde la conformación del Institute of Economic Affairs, IEA, hacia la enorme constelación de centros de pensamiento neoliberal del siglo XXI (los denominados think tanks) hay un vasto universo que replica el pensamiento neoliberal haciéndose eco de la intuición de Hayek de que el mejor camino para luchar contra el Estado de Bienestar y el socialismo es convenciendo a los que piensan.

 

Para inicios del siglo XXI, cuando la hegemonía liberal se había consolidado por todo el planeta, los neoliberales contaban con decenas de think tanks de reputación mundial y que habían creado sus propias redes internas de think tanks neoliberales literalmente por todo el mundo, habían colonizado toda la currícula de estudios económicos en casi todas las facultades de economía del mundo, manejaban las editoriales que editaban los textos de economía, derecho, sociología y ciencias políticas en las principales universidades del planeta, en consecuencia, tenían y ejercían un control directo sobre el index de lo que había que pensar y cómo había que hacerlo; además tenían medios de comunicación impresos y audiovisuales poderosos y con alcance mundial y habían construido una doxa implacable. La intuición de Hayek se había revelado correcta: para cambiar al mundo, primero hay que convencer a los que piensan .

 

El siguiente objetivo en la batalla de las ideas de los "peregrinos" fue desmantelar al pensamiento keynesiano y a toda su propuesta anticrisis. Los "peregrinos" sabían que la confrontación contra el socialismo implicaba mover recursos importantes porque se trataba, para el capitalismo, de una lucha de sobrevivencia. En esta batalla contra los socialistas y marxistas asumen roles importantes Karl Popper, quien habría de dedicar varios libros en contra del marxismo y del socialismo, por ejemplo: La Sociedad Abierta y sus enemigos (The Open Society and Its Enemies, 1945), o La Miseria del Historicismo (The Poverty of Historicism, 1961), incluso en Conjeturas y Refutaciones (Conjectures and Refutations: The Growth of Scientific Knowledge, 1963), Popper objeta las posibilidades epistemológicas y lógicas del pensamiento dialéctico. De su parte, Von Mises había creído demostrar en La Acción Humana (1949), que la planificación es lógica y conceptualmente imposible . Raymond Aron, incluso criticó duramente al marxismo en su libro El opio de los intelectuales (1955).

 

Empero, para Hayek la batalla contra el pensamiento de Keynes era más apremiante y prioritaria porque los gobiernos de los países liberales más importantes se habían comprometido con algo que para los neoliberales del Monte Peregrino era una aberración que nunca debía haber existido: el Estado de Bienestar.

 

Keynes había desmantelado los conceptos fuertes de la analítica económica liberal; había demostrado que el concepto de "equilibrio general" desde el cual los liberales miraban no solo al mercado sino a la sociedad y a la historia, strictu sensu, no existía y nunca había existido. Era un simulacro de la analítica científica decimonónica cuyas pretensiones científicas en la economía eran, en el mejor de los casos, dudosas. Era apenas la invención de un discurso teórico que se había extraviado en sus propios laberintos. Keynes fue muy duro con los neoliberales. "Los teóricos clásicos, había escrito Keynes, se asemejan a los geómetras euclidianos en un mundo no euclidiano que, quienes al descubrir que en la realidad las líneas aparentemente paralelas se encuentran con frecuencia, las critican por no conservarse derechas –como único remedio para los desafortunados tropiezos que ocurren." (Keynes, Teoría General, Cap. 2, sección IV) .

 

No solo ello, sino que Keynes había realizado una verdadera revolución coperniciana en la economía cuando logra que la teoría monetaria, que había sido desdeñada por toda la escuela económica clásica, finalmente se articule de forma coherente y metodológicamente sustentada al interior del corpus analítico de la economía, por vez primera, al menos en el siglo XX.

 

La batalla de las ideas (II): Friedman vs Keynes

 

Quizá este punto haya que señalarlo con más precisión porque fue el campo de batalla más importante de los neoliberales del Monte Peregrino y cuyas repercusiones políticas tienden a ser muy acotadas en función de estrictas y limitadas cuestiones pertenecientes al exclusivo mundo académico, empero las repercusiones sociales y políticas son enormes, de hecho, ahí subyace una de las causas de la crisis económica del capitalismo en la primera década del siglo XXI. La discusión entre Keynes y los keynesianos contra los neoliberales, y entre ellos Friedman, pudo aparecer como un debate académico pero, en realidad, fue una disputa política cuyas consecuencias fueron trascendentes para el capitalismo como sistema-mundo.

 

Para la teoría económica clásica, entendiendo por ella a toda la teoría económica que va desde David Ricardo, James Mill y que continúa con los economistas ingleses Marshall, Edgeworth y A. Cecil Pigou, con el italiano Pareto, con el francés Walras y que, además, forma parte del núcleo duro del pensamiento neoliberal, el dinero nunca ha sido importante para comprender los procesos reales al interior de la economía. De hecho, ellos distinguen entre un "sector real" y un "sector monetario" . El dinero se convierte en una especie de "velo" que hay que descorrer para comprender a la economía en su esencia real y verdadera.

 

El concepto del "velo monetario" proviene de David Ricardo y contagió a toda la comprensión de la economía, tanto en su vertiente liberal cuanto en la versión marxista; uno de los pocos economistas decimonónicos que se opusieron a esta versión monetaria de David Ricardo fue el sacerdote y economista Thomas R. Malthus. Empero de ello, y por diferentes razones, no pudo articular una teoría coherente de cómo integrar al dinero al interior de un marco analítico en la economía.

 

Para David Ricardo, la escasez, a la que consideraba un fenómeno "natural", hacía que los recursos básicos de una economía, en la ocurrencia, tierra, trabajo y capital, debían ser utilizados al máximo, por ello su uso y rendimiento eran independientes de la existencia de la moneda. La moneda nada podía hacer en contra del "fenómeno natural" de la escasez. No podía ni alterarla ni evitarla. De hecho, la emisión monetaria lo único que podía provocar, según Ricardo, era inflación de los precios y no cambiaba para nada la "dotación inicial de recursos escasos". Esa emisión monetaria quizá podría alterar la economía en el corto plazo pero nunca en el largo plazo. Esta referencia de David Ricardo al largo plazo como una imposibilidad humana de alterar de cualquier manera la restricción natural de la escasez de recursos, sería ironizada por Keynes cuando éste decía que, en el largo plazo, "todos estaremos muertos".

 

A esta teoría que neutraliza la capacidad de la moneda para alterar la escasez de recursos se la conoce con el nombre de "teoría cuantitativa de la moneda" y es uno de los conceptos centrales en la episteme neoliberal. Para los neoliberales, esta teoría cuantitativa de la moneda les permite asumir la inflación de precios como un fenómeno estrictamente monetario y, con ello, oscurecen todos los conflictos políticos y redistributivos que se suscitan alrededor de la inflación.

 

Si el dinero es exógeno a la economía, es decir, es un "velo" en donde la emisión monetaria siempre produce inflación, tal como lo predican los neoliberales, entonces los equilibrios de los flujos de dinero que no generen inflación tendrán que ser definidos al interior del mercado de dinero, en donde hay una oferta de fondos que se mueve de acuerdo a la retribución que se realice a esos ahorradores por la vía de la tasa de interés.

 

Si esa retribución es conveniente, entonces se motiva a los ahorradores a que ahorren porque esos recursos serán posteriormente utilizados para la inversión. Nace, en consecuencia, una de las ideas fuertes de la economía liberal y que tiene la fuerza del dogma: la relación ahorro/inversión. Si no hay ahorro no hay inversión. Si no hay inversión no hay empleo. Si no hay inversión tampoco hay crecimiento económico, y esta inversión siempre depende de los niveles de ahorro al interior de una economía. El mecanismo que media entre esas dos dinámicas del ahorro y la inversión es la tasa de interés, y el locus en el que se producen y realizan es el mercado bancario y financiero.

 

En otras palabras, si se suscribe el concepto de que la moneda siempre crea inflación, que es la consecuencia natural de la teoría cuantitativa de la moneda, entonces tendremos que dejar que el mercado monetario sea manejado exclusivamente por los bancos privados, porque ellos lo manejarían como se lo hace con todo recurso escaso: utilizándolo de manera eficiente para lograr su máximo rendimiento. Interferir en este mercado bancario podría distorsionar el frágil equilibrio que sostiene el nivel de ahorro con las demandas de inversión.

 

Empero, ¿y si el dinero no es exógeno como lo pretenden los economistas clásicos y los neoliberales? Es decir, ¿qué pasa si el dinero no es neutral?, si la teoría cuantitativa de la moneda de los neoliberales no es correcta, entonces ¿cuáles serían sus consecuencias? ¿qué sucede si una economía decide "imprimir" dinero para resolver los problemas de crisis y recesión? ¿Es verdad que esa emisión monetaria provocaría inflación de precios? ¿Qué consecuencias políticas y económicas implica preguntarse por el rol social y económico de la moneda? ¿Es real que existe una relación entre los niveles de ahorro y la inversión?

 

Keynes demostrará que el concepto ahorro-inversión, así como el concepto de "equilibrio general" son una falacia de la economía liberal, son un invento teórico que poco tiene que ver con la realidad; también demostrará que, en situaciones de "insuficiencia de demanda efectiva", la mejor política para sacar a un país de la crisis es, precisamente, con emisión monetaria, una emisión que en este caso poco tiene que ver con la inflación.

 

Si la noción ahorro-inversión es una falacia, entonces el dinero debe formar parte de una política pública, en la ocurrencia, la política monetaria, porque es desde esta política monetaria que debe pensarse a la inversión, y no desde el ahorro. En consecuencia, el dinero debe abandonar el locus del mercado bancario y financiero privado, y trasladarse hacia el Estado y la política monetaria. El dinero debe tener una función social y, para ello, debe formar parte de una política estatal no de un manejo privado.

 

En efecto, gracias a Keynes es posible definir una política monetaria por fuera de los intereses de los bancos privados. Las consecuencias prácticas del pensamiento keynesiano eran y son enormes. Significaban todo un desafío para los bancos privados quienes se habían acostumbrado a manejar la tasa de interés, y las decisiones de arbitraje en el mercado financiero como asuntos propios. Si el dinero de alguna manera configura las relaciones de poder al interior del capitalismo, entonces la propuesta keynesiana cambiaba radicalmente las coordenadas de esas relaciones de poder. Al demostrar que el concepto ahorro-inversión es una falacia, Keynes crea las condiciones de posibilidad para que la sociedad recupere la moneda y articule una política monetaria por fuera de los intereses de los bancos y los banqueros.

 

De hecho, eso fue lo que sucedió en la construcción del Welfare State y la política monetaria de la reactivación económica. En ese proceso de reactivación, la capacidad de asignar liquidez a la economía no estuvo en los bancos sino en el Estado por la vía de la política monetaria y el déficit fiscal. En un Estado de Bienestar el objetivo fundamental es crear las condiciones para el pleno empleo y la política monetaria es un instrumento cuyas funciones son asignadas desde una lógica de lo público y lo social. Fue por ello que la política monetaria pudo contener la crisis y financiar el crecimiento económico de aquello que en Europa se conoce como los "treinta gloriosos", es decir, el periodo de la última posguerra hasta la crisis de Bretton Woods a inicios de los años setenta del siglo XX.

 

La política monetaria y el pensamiento keynesiano también implicaban una reflexión más coherente de la inflación, al comprenderla no como un fenómeno estrictamente económico y monetario sino, básicamente, como un fenómeno político y redistributivo. De hecho, la inflación solo en última instancia es un fenómeno económico, la inflación monetaria, en lo fundamental, es un fenómeno político y hace referencia al conflicto de intereses redistributivos al interior de una sociedad.

 

Los neoliberales del Monte Peregrino sabían a lo que se estaban enfrentando cuando decidieron oponerse a la teoría monetaria de Keynes. Sabían que sus propios conceptos era insuficientes y que tenían no solo que desmontar el complejo y fino análisis keynesiano sino también la política monetaria que le era correlativa. En este momento, la iniciativa en la batalla de las ideas pasa de Hayek y los neoliberales europeos hacia Friedman, Director, Stigler, y los neoliberales norteamericanos. El texto fundacional de esta disputa lo escribe Milton Friedman en 1956: La teoría cuantitativa de la moneda: una nueva visión (The Quantity Theory of Money: A restatemen, 1956) .

 

En la batalla de las ideas, los "peregrinos" asumen como prioridad fundamental la desarticulación de la propuesta keynesiana de su visión monetaria. Para los neoliberales se trataba de restaurar el credo original de la relación ahorro-inversión y la relación entre emisión monetaria e inflación. No se trataban de cuestiones teóricas y académicas, en realidad, estaba en juego el capitalismo en sí mismo y sus posibilidades futuras.

 

Esa batalla en contra del pensamiento monetario de Keynes y sus partidarios se dio en los años cincuenta y sesenta del siglo XX. En esa batalla, los keynesianos siempre estuvieron solos, los marxistas jamás los acompañaron a pesar de que estaba en juego el capitalismo y su futuro. Los neoliberales del Monte Peregrino dieron esa batalla en varios frentes: el académico, el frente mediático, el político, el institucional.

 

La crisis económica de los años setenta que produjo un fenómeno relativamente novedoso en el capitalismo, aquel de la inflación con recesión, significó el inicio del fin de los keynesianos. Para fines de los años setenta, con el ascenso al poder de Thatcher en Inglaterra y Reagan en EEUU, los neoliberales habían triunfado en casi todas las líneas.

 

En la década de los ochenta los neoliberales del Monte Peregrino estuvieron en la línea del frente para gestionar la crisis de la deuda externa de los países latinoamericanos. Fueron ellos los que estuvieron detrás de los tecnócratas del FMI y del Banco Mundial, estableciendo los marcos teóricos y normativos para manejar la crisis de la deuda externa y las duras medidas de ajuste económico.

 

Para los años noventa su triunfo era total. A nadie se le ocurría siquiera pensar que el concepto ahorro-inversión era una falacia, y todo el mundo daba por hecho que toda emisión monetaria sin fundamento siempre provocaba inflación. La doxa de la disciplina fiscal, la eficacia de los mercados privados, la desregulación, la apertura y la seguridad jurídica a las inversiones se convirtieron en un consenso que John Williamson lo sistematizará en clara referencia al locus del poder, precisamente, como el Consenso de Washington. Los neoliberales, con Friedman a la cabeza, habían triunfado.

 

El triunfo neoliberal

 

Fue una sorda y dura batalla que se dio en espacios académicos y universitarios, en especial en los departamentos de economía. El mascarón de proa de esa batalla de las ideas fue el departamento de económicas de la Universidad de Chicago, a la sazón dirigido por Milton Friedman. Se dio como una batalla académica, adquirió tonos profesorales, fue escrita en una jerga incomprensible para aquellos que no pertenecían al cenáculo, implicó la movilización de recursos y la adopción, especialmente por parte de los neoliberales, de estrategias muchas de ellas espurias y truculentas, como la grosera manipulación de los datos hecho por Friedman en su historia monetaria de EEUU (A Monetary History of the United States, 1867-1960) , pero fue, en lo fundamental, una batalla política. No estaba en juego una determinada teoría, o un axioma económico o una fórmula matemática que describía cierto comportamiento económico; en realidad, fue una lucha política sobre el sentido que debía adquirir el Estado, y la política económica, en especial, la política monetaria.

 

La academia fue una de las fronteras de una lucha más profunda y más vasta que atravesaba al sistema-mundo capitalista y que tenía que ver con la rearticulación de relaciones de poder al interior del capitalismo en donde estaba emergiendo con una fuerza impresionante, un capital financiero desregulado a partir de la crisis del sistema de Bretton Woods y la conformación de los euromercados de capitales. Ese capitalismo financiero necesitaba de forma desesperada un marco teórico que lo legitime y avale. Los neoliberales cumplieron a la perfección ese requerimiento.

 

La disputa académica luego se traduciría en disputa política, sobre todo en Inglaterra, cuando los obreros ingleses se opusieron a las políticas de privatización y desregulación de Thatcher y sus consejeros neoliberales, y realizaron huelgas y movilizaciones que, finalmente, fueron derrotadas.

 

Los neoliberales conquistaron la academia, y también las instituciones financieras internacionales. Los marcos teóricos que los neoliberales desarrollaron durante la batalla de las ideas, fueron también el marco teórico de instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y más tarde el sistema de Naciones Unidas, en especial su programa para el desarrollo, PNUD y casi todos los programas de la cooperación internacional al desarrollo que, en realidad, son el nombre cortés y elegante para el neocolonialismo.

 

Para los años noventa, los neoliberales del Monte Peregrino podían saborear su victoria en todo el frente de la batalla de las ideas. Los keynesianos habían sido derrotados en todas las líneas. Los pocos que sobrevivían habían adscrito al credo neoliberal y trataban de sobrevivir mezclando algo de Keynes con la ortodoxia dominante (se denominarán poskeynesianos, pero nada tienen que ver con la propuesta original keynesiana).

 

Los marxistas también habían desaparecido del escenario, sobre todo por el hecho de que los marxistas nunca consideraron una alianza teórica con el pensamiento keynesiano, de tal manera que los neoliberales pudieron derrotarlos uno tras otro. Instituciones que antaño fueron núcleos duros de un pensamiento anti-neoliberal, como la Universidad de Cambridge en Inglaterra, convergieron a la doxa dominante; incluso una institución importante a nivel latinoamericano como la Comisión Económica para América Latina, CEPAL, que criticó duramente a los neoliberales, ya para los años noventa procesaba en su episteme todo el ADN neoliberal.

 

La globalización de la economía permitió a los "peregrinos" entrar en la epifanía de su proyecto histórico. Pocas veces un conjunto de ideas tan restringidas habían conquistado tanto espacio y habían permitido la acumulación de tanto poder en tan pocas manos. Los "peregrinos" estaban dando forma al mundo que emergía en la globalización, como un alfarero a su barro. No había institución de importancia global que no haya sido colonizada por los "peregrinos" y su episteme. Desde el sistema de Naciones Unidas, hasta el Foro de Davos, pasando por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo, o la OCDE, o el G-8, G-20, o como quiera llamárselos, todos ellos fueron inscritos en el radar de los "peregrinos" y fueron colonizados por éstos.

 

¿Cuál es ahora el proyecto político del neoliberalismo?

 

Si la batalla de las ideas finalmente fue ganada por los neoliberales del Monte Peregrino, y el mundo entero articula su prosa y su lógica, entonces ¿cuál es ahora la razón de su proyecto? Si los marxistas, según los "peregrinos", no constituyen ningún peligro real al sistema y los pocos keynesianos que quedan en el mejor de los casos solamente hacen historia del pensamiento económico, entonces, ¿puede decirse que la Sociedad del Monte Peregrino cumplió con su misión histórica y que debería pensar en su disolución? El hecho de que en su momento de creación en 1947 haya tenido 38 miembros activos y que para el año 2013 sean más de mil adherentes orgánicos significa que los "peregrinos" piensan en cualquier cosa menos en su disolución, en consecuencia: ¿Cuál es ahora el peligro más importante que han identificado los "peregrinos" y que hace que sean más activos que antes? ¿cuál es el proyecto político de la Sociedad del Monte Peregrino? ¿Qué o quienes están en su radar? ¿Hacia dónde apunta el sentido de su distopía?

 

Para comprender esa distopía del neoliberalismo del Monte Peregrino quizá sea necesario un ejercicio de hermenéutica política que integre en una sola interpretación hechos aparentemente aislados pero que configurarían, al parecer, los lineamientos de lo que sería la hoja de ruta de los "peregrinos" hacia el futuro.

 

Propongo, en ese sentido, integrar tres acontecimientos importantes generados desde la dinámica de los "peregrinos", aunque aparentemente aislados y desconectados entre sí, pero que pueden servir para comprender la dimensión de su propuesta distópica.

 

El primero de ellos hace referencia a una frase expresada por Margaret Thatcher cuando fue Primera Ministra de Inglaterra; su expresión fue: "la sociedad no existe" y que descifra la intención de los neoliberales de vaciar la política y provocar su virtual desaparición. Un segundo hecho está en la elección del economista norteamericano Gary Becker como Presidente de la Sociedad del Monte Peregrino en el año de 1990-1992. Gary Becker representa el punto más alto de las teorías de la conducta del consumidor y del "capital humano". Un tercer hecho es la entrega de "premios Nobel de economía" a los neoinstitucionalistas como Douglass North, Oliver Williamson, y Elinor Ostrom, entre otros .

 

Si estos hechos permiten esa interpretación política del proyecto actual de los neoliberales del Monte Peregrino, puede asumirse que éste tendría, al menos, tres vectores básicos: un vector político que plantea, de forma paradójica pero real, el vaciamiento de la política; un vector biopolítico inscrito en sus prescripciones normativas sobre el "capital humano" y la neuroeconomía, y una pretensión civilizatoria en la cual las corporaciones y el capital financiero son el centro de gravedad del tejido institucional de las sociedades y la construcción de la pax mercatoria como proyecto político imperial del capital financiero-especulativo.

 

1. El vaciamiento de la política

 

La gestión de la crisis de la deuda externa en América Latina en la década de los ochenta les enseñó a los "peregrinos" el rol heurístico que tiene la crisis . Para imponer las duras medidas de ajuste que provocaron el mayor retroceso económico y social en toda América Latina en todo el siglo XX, los neoliberales ubicaron los límites exactos del discurso económico neoliberal como discurso de poder. Los neoliberales del Monte Peregrino, para construir los ejes básicos de su proyecto: la economía social de mercado y el Estado social de derecho, comprendieron que necesitaban de la democracia liberal para su legitimidad.

 

La adhesión de los neoliberales a las dictaduras militares del cono sur de América Latina, implicaron un fuerte desgaste político para Hayek y Friedman. Su apoyo a los regímenes genocidas de Pinochet y Videla en Chile y Argentina, respectivamente, provocaron escozor entre los mismos miembros del Monte Peregrino. Si Hayek había escrito sobre la libertad humana, y había contado con el apoyo de los liberales más reputados de Europa y de EEUU en esta cruzada, su apoyo a esas dictaduras creaban un expediente de una dudosa eticidad que, incluso, podía ser utilizada para cuestionar al proyecto global de los neoliberales.

 

Para ellos, la transformación neoliberal del mundo tenía que ser una tarea tanto ética como democrática, al menos en las apariencias. La crisis de la deuda externa en América Latina se presentó como el expediente ideal para provocar las transformaciones neoliberales necesarias al interior de un contexto democrático. Sin la existencia de esa crisis era muy difícil que las sociedades latinoamericanas resignen la pérdida de una institucionalidad y una política pública que había costado mucho construirla y cuyas duras consecuencias sociales eran evidentes.

 

En efecto, las políticas de ajuste que los neoliberales impusieron desde el FMI y que devastaron la región durante la década de los ochenta y noventa, se impusieron en un contexto de elecciones, sistemas de partidos, controles electorales y sistemas políticos democráticos. La democracia electoral, representativa y liberal demostró ser el mejor dispositivo para encubrir y consolidar la transformación neoliberal .

 

El discurso político liberal perdió toda relación con el poder y se convirtió en una especie de cobertura y legitimidad al verdadero discurso de poder: el discurso económico neoliberal. Las verdaderas transformaciones sociales las hacían el FMI, el World Bank, el BID, no los sistemas políticos latinoamericanos y menos aún la sociedad latinoamericana y sus organizaciones sociales.

 

Cuando la sociedad reclamaba democracia, participación, y manifestaba su repudio y rechazo a las duras políticas neoliberales, éstos acudían inmediatamente al expediente de la crisis y sus discursos disciplinarios, entre ellos el discurso de la gobernabilidad. Para disciplinar a la sociedad al interior de las coordenadas del neoliberalismo y su proyecto político, la crisis se había revelado la mejor tabula rasa sobre la cual inscribir los designios neoliberales.

 

La conversión del discurso económico neoliberal como discurso de poder, vació al discurso político de toda posibilidad de transformar la realidad y la sociedad, y procesar el conflicto de forma trascendente y democrática. El discurso político liberal cedió todas las posibilidades teóricas y normativas al discurso tecnocrático neoliberal; se enredó en su propia fenomenología y nunca comprendió que se estaba convirtiendo en un simulacro de sí mismo: una sombra que encubría al poder. Las prioridades neoliberales se impusieron por encima de cualquier consideración democrática o social, su discurso se sobrepuso a cualquier prescripción democrática. Fue un discurso autoritario, antidemocrático, tecnocrático, excluyente, estratégico, que creó una cesura entre la praxis del poder y los discursos que lo legitimaban.

 

Esta conformación del discurso económico neoliberal como discurso de poder implicó el vaciamiento de la política y su virtual desaparición. Fue por ello que, en América Latina, los movimientos sociales confrontaron y resistieron al neoliberalismo por fuera de los sistemas políticos y los sistemas de representación política. Los movimientos sociales latinoamericanos comprendieron que la verdadera política se jugaba en otros espacios, no en aquellos definidos por el discurso oficial del liberalismo.

 

Sin embargo, el manejo de la crisis de la deuda externa latinoamericana y la forma por la cual el FMI pudo transformar la región e integrarla a los nuevos circuitos y nuevas lógicas que provenían desde el capital financiero, crearon, para los neoliberales del Monte Peregrino y sus corifeos, una especie de heurística: para transformar políticamente una sociedad, la mejor forma de hacerlo es evitando la política. El epítome de este proceso puede apreciarse en la forma por la cual los "peregrinos" contribuyeron al desmantelamiento del Estado de Bienestar en EEUU y en Europa.

 

Los "peregrinos" sabían que la desarticulación del Estado de Bienestar no puede darse desde la política. De hecho, en su arrogancia lo intentaron cuando quisieron aprobar la Constitución de la Unión Europea mediante referéndums y fueron derrotados. También fueron derrotados cuando se hicieron públicos los documentos del Acuerdo Multilateral de Inversiones, AMI, que implicaban un reconocimiento de soberanía política a las corporaciones transnacionales.

 

Por ello, los neoliberales del Monte Peregrino han acudido al expediente que mejor manejan: la imposición dictatorial de sus prescripciones desde la episteme neoliberal, es decir, la conversión del discurso económico neoliberal como discurso de poder. En la gestión de la crisis económica de los países europeos, para los "peregrinos" no está en juego la restauración de los equilibrios macroeconómicos, ni el crecimiento, ni el desarrollo, sino la desarticulación del Estado de Bienestar.

 

Ellos saben que el desmantelamiento del Estado de Bienestar, al que siempre consideraron una aberración de la historia, es una tarea política que no puede ser resuelta con medios políticos, sino desde el poder, y el discurso económico neoliberal de los "peregrinos" es un discurso de poder. En el proyecto actual de los "peregrinos" una de sus prioridades es la implosión del Estado de Bienestar y el mejor dispositivo que han encontrado para esta tarea es la crisis como heurística del miedo y como dispositivo de poder.

 

Por ello, las multitudinarias manifestaciones de la sociedad europea en contra de la gestión de la crisis europea no han afectado al proyecto real de los "peregrinos", porque estas manifestaciones populares, con lo radical que pueda parecer su discurso, en realidad, se inscriben al interior de las coordenadas del liberalismo. Son manifestaciones sociales ya disciplinadas dentro del esquema liberal. Al no desbordarlo, simplemente lo ratifican y avalan. A diferencia de los movimientos sociales latinoamericanos que desbordaron al sistema político y ubicaron la confrontación con el neoliberalismo fuera de sus coordenadas, las movilizaciones europeas constan al interior de las fronteras del sistema político liberal.

 

De hecho, la gran mayoría de esos manifestantes cuya indignación contra el sistema y el poder es patente, en las próximas elecciones votarán por partidos políticos que, en su gran mayoría, seguirán las prescripciones de los "peregrinos". Para los neoliberales del Monte Peregrino, las manifestaciones europeas y sus "indignados", en el fondo, son irrelevantes e intrascendentes porque no ponen en riesgo los núcleos fundamentales de su proyecto político.

 

El vaciamiento de la política, por tanto, significa la conversión del discurso económico como discurso de poder y la creación de condiciones de posibilidad para que la política se defina y estructure de forma real desde el mercado y que el espacio de la política, en términos liberales, sea intrascendente porque las decisiones políticas reales ya han sido asumidas y adoptadas, precisamente, desde las lógicas del mercado. El Estado es Estado de derecho porque transfiere capacidad política y soberanía política al mercado y, a su interior, a las corporaciones y al capital financiero; por ello, aunque los "indignados" europeos se manifiesten contra la crisis y sus élites políticas, paradójicamente defenderán a muerte al Estado de derecho.

 

No obstante, sobre esas condiciones de posibilidad de la política es necesario situar e identificar al "sujeto" que actúa y sobre el que se impone ese discurso de poder. El neoliberalismo construye ese "sujeto". Lo moldea. Lo define. Lo estructura en sus coordenadas de control, disciplina, dominación. El "sujeto" que el neoliberalismo necesita es el homo economicus de la teoría clásica pero no en su trama metodológica, como fue la propuesta original, sino como condición biológica de la psiquis humana. Los neoliberales del Monte Peregrino saben que su proyecto histórico no debe ser cuestionado como existencia fáctica de la política y de la historia, por ello ahora ellos consideran que debe estar presente a nivel molecular en el sentido más literal del término, es decir, como procesos neuro-económicos del córtex cerebral homo economicus. El neoliberalismo pasa de una visión política hacia una deriva biopolítica .

 

2. La deriva biopolítica

 

El concepto de biopolítica fue propuesto por el filósofo francés, Michel Foucault para comprender la densidad y complejidad del nazismo. El filósofo francés se preguntaba:

 

"¿cómo es posible que un poder político mate, reclame la muerte, la demande, haga matar, dé la orden de hacerlo, exponga a la muerte no solo a sus enemigos sino aun a sus propios ciudadanos? ¿cómo puede dejar morir ese poder que tiene por objetivo esencial de hacer vivir? ¿Cómo ejercer el poder de la muerte, cómo ejercer la función de muerte, en un sistema centrado en el biopoder?" .

 

Para Michel Foucault, en el nazismo aparecen de forma evidente las contradicciones de una de las tecnologías de poder más importantes: el biopoder, o la biopolítica, en efecto:

 

" ... el objetivo del régimen nazi no es sencillamente la destrucción de otras razas. Éste es uno de los aspectos del proyecto; el otro consiste en exponer a su propia raza al peligro absoluto y universal de la muerte ... En la sociedad nazi tenemos, por tanto, algo que, de todas maneras, es extraordinario: es una sociedad que generalizó de manera absoluta el biopoder pero que, al mismo tiempo, generalizó el derecho soberano de matar."

 

La cuestión es cómo un sistema que elaboró un complejo modelo de controlar la vida a través de diversas tecnologías de poder pudo también elaborar un perverso y extenso sistema de muerte. La categoría de biopolítica se inscribe en los intersticios de esta cuestión: toda política que administra la vida, termina también administrando la muerte. Toda biopolítica tiene su contraparte en una tanatopolítica. Entre la vida y la muerte median las prescripciones del poder ¿Cuáles son los criterios que permiten esa administración y esas tecnologías de poder que administran la vida en las sociedades modernas? ¿Cuál es el criterio de verdad que permite instaurar límites precisos en esas políticas de la vida? El filósofo francés propone comprender las claves de la biopolítica en el estudio del liberalismo:

 

"Pero me parece que el análisis de la biopolítica sólo puede hacerse cuando se ha comprendido el régimen general de esa razón gubernamental de la que les hablo, ese régimen general que podemos llamar cuestión de la verdad, primeramente de la verdad económica dentro de la razón gubernamental; y por ende, si se comprende con claridad de qué se trata en ese régimen que es el liberalismo, opuesto a la razón de Estado ... una vez que se sepa qué es ese régimen gubernamental denominado liberalismo, se podrá, me parece, captar qué es la biopolítica" .

 

El liberalismo, en consecuencia, es algo más que una doctrina sobre la forma por la cual se estructura y define el Estado y la política moderna. Es también el locus que permite crear un régimen de verdad para administrar la vida, a través de diferentes regímenes de verdad. Con Foucault se amplía el horizonte teórico para la comprensión del discurso liberal, pero desde algo que puede adscribirse a una hermenéutica de la sospecha.

 

Esta sospecha se ve avalada por la forma por la cual el neoliberalismo crea sus supuestos de base: (i) la sociedad, como diría Castoriadis: como "autocreación que se despliega como historia" , no existe; lo que existe son seres humanos concretos con intereses individualizados y que buscan maximizar su propio interés; (ii) esos seres humanos concretos pueden ser comprendidos bajo el argumento teórico del homo economicus, es decir, individuos racionales, autónomos y egoístas; (iii) los comportamientos del homo economicus pueden ser identificados como patrones conductuales que tienen una base neurobiológica específica.

 

Si el comportamiento del homo economicus es el supuesto de base del neoliberalismo, entonces, para comprender la historia y la sociedad los criterios fundamentales ni son históricos ni son sociales son, en última instancia, biológicos. Si son biológicos quiere decir que son naturales. De esta forma, la explicación última de lo social como hecho y problema está dada desde el bíos. La economía abandona el campo de lo social para entrar en la esfera de la naturaleza.

 

El concepto de biopolítica permite identificar la transición hecha por los neoliberales de un concepto creado para describir, como decían los economistas liberales clásicos, caeteris paribus, el comportamiento de la demanda del consumidor, esto es, un concepto teórico y con un rol epistemológico definido, hacia un concepto estrictamente natural y biológico, al interior de una teoría del comportamiento humano (behaviour), de tal manera que la condición de homo economicus deja de ser una hipótesis teórica para convertirse en una conducta humana que puede ser medida empíricamente a través del seguimiento de los procesos neuronales en algo denominado como "neuroeconomía".

 

Está en juego una cesura radical: aquella que separa a los seres humanos de su propia sociedad. Al separarlos de su sociedad los confronta contra ella. En ese enfrentamiento la lógica de la individualidad se convierte en lógica de sobrevivencia. El egoísmo es estratégico porque fundamenta el hecho social sin crear a la sociedad. La sociedad, en el liberalismo, desaparece. Si la sociedad desaparece también lo hace la historia. El homo economicus es ahistórico y asocial. Al no pertenecer a la historia su tiempo se desvanece. Su principio de realidad siempre es contingente y por ello es predictible. Cuando se junta a sus semejantes no crea la sociedad sino la "masa". En economía su comportamiento se "agrega". Como masas o como agregados macroeconómicos, la política, finalmente, desaparece.

 

En esa sociedad de individuos egoístas, éstos se ven obligados a crear un régimen de verdad en el cual ellos se asumen estratégicamente. En el capitalismo ese régimen de verdad está en la economía, y la economía encuentra su razón de ser en la mercancía. Al actuar de esa manera, los individuos se mimetizan en el universo de mercancías convirtiéndose también en mercancías. Un análisis que, por lo demás, fue ya denunciado por el joven Marx en su teoría de la alienación. De esta manera, el concepto de "capital humano" del arsenal teórico de los neoliberales del Monte Peregrino constaba ya in nuce en las críticas a la economía política realizadas por el joven Marx.

 

La teoría del capital humano de Gary Becker, prominente miembro de la Sociedad del Monte Peregrino, es uno de los acontecimientos más importantes en la trayectoria política de los "peregrinos". Es el epítome de sus teorías de la conducta del homo economicus. Para Becker, todo lo humano, como por ejemplo, el matrimonio, la fertilidad de la mujer, el cuidado materno a los hijos, las decisiones de optar por una carrera universitaria, la seguridad social, el crimen, etc., pueden caber dentro del cálculo económico del capital humano. Para comprender las lógicas del comportamiento, los neoliberales del Monte Peregrino toman como un dato de base la noción de Becker del capital humano y apuestan a un enfoque interdisciplinario que comprende la etnología, las ciencias políticas, la antropología, la psicología y, por supuesto, las neuro-ciencias, para crear ese régimen de verdad sobre el capital humano.

 

De esta manera, el discurso de la economía pasa del plano social al plano biológico-natural. La economía, en la deriva biopolítica, ya no describe dinámicas sociales sino procesos biológicos. Si toda la conducta humana es previsible dentro de las coordenadas del comportamiento supuestamente estratégico, utilitario y egoísta del homo economicus, entonces la comprensión de sus procesos biológicos más íntimos puede convertirse en la clave para comprender la sociedad y la historia.

 

El paso de la historia a la biología da cuenta de la distopía neoliberal y su violencia. Si la historia la crean los hombres, escribía alguna vez Marx, entonces ellos pueden transformarla. Para los neoliberales, ese horizonte humano de creación y recreación de sus propias condiciones sociales de existencia, simplemente desaparece de forma radical. La economía es un puro dato biológico que no se discute. Es un fenómeno natural que no se cuestiona. La microeconomía fundamenta la macroeconomía, y la microeconomía tiene en su base a la teoría del comportamiento y ésta, a su vez, tiene como base la psicología, la antropología, la etnología, entre otras disciplinas, que se fundamentan, en última instancia, en el reconocimiento de los procesos neuronales del córtex cerebral del homo economicus.

 

La intervención sobre esos procesos neuronales puede dar cuenta y explicación de fenómenos que antes se consideraban sociales como aquellos del desarrollo económico, el crecimiento, la distribución de la renta, la división internacional del trabajo, etc. La explicación de las diferencias entre las economías, por ejemplo los EEUU y los países pobres, no está en las relaciones de poder, ni en el mercado mundial y sus asimetrías, sino en que las poblaciones de los países y regiones pobres tienen insuficientemente desarrollado su córtex cerebral, lo que explica su tendencia a la violencia, la debilidad de sus instituciones, su poco respeto a los contratos, etc. En consecuencia, los neoliberales del Monte Peregrino consideran que ahora su tarea es más ardua, más compleja y más vasta que su disputa con el keynesianismo y con el marxismo, porque ahora tienen que crear las condiciones de posibilidad para que los seres humanos puedan adscribir a la verdad del mercado y el interés egoísta del cálculo racional en sus procesos biológicos-neuronales.

 

Para lograrlo, los neoliberales del Monte Peregrino asumen que el liberalismo debe crear un régimen político sobre la vida, vale decir, un régimen biopolítico. Este régimen biopolítico traza una frontera entre lo racional y aquello que aún no lo es en el campo de lo humano. Lo racional, obviamente, adscribe a sus propias prescripciones . La política neoliberal debe ampliar la esfera de la racionalidad humana. Esa racionalidad humana, que comprende a su interior a la libertad como neurobiología, se expresa en el mercado. Las sociedades de libre mercado, o como las llama Douglass North, "sociedades de acceso abierto" dan cuenta de un largo proceso evolutivo que se expresa en un comportamiento estratégico más coherente y avanzado. No es gratuito el hecho de que los "peregrinos" hayan escogido el concepto de "evolución" para su encuentro de junio de 2013. De esta manera, no cabe oponerse al mercado y sus designios, porque implicaría desafiar a la naturaleza. Los criterios de demarcación entre lo racional, que es lo que ontológicamente tiene derecho a la existencia, y aquello que no lo es, pertenecen ahora al campo de la biología.

 

Es curioso, pero en el testimonio de Primo Levi y su paso por el campo de exterminio nazi de Auschwitz, le llamaba la atención que quienes hacían la selección entre los prisioneros que iban a los hornos crematorios de forma directa, y aquellos que entraban a "trabajar" en el Lager, no eran ni los militares ni los oficiales de las SS, eran los médicos ; a la larga, fue ese saber médico el que sustentó el discurso de la supremacía de la raza en la locura del III Reich. Si Foucault llega a la biopolítica es porque uno de sus primeros trabajos críticos fue, precisamente, la deconstrucción del saber médico como un discurso de poder.

 

En la deriva biopolítica del neoliberalismo, son también aquellos que utilizan criterios biológicos los que trazan la frontera de lo humano y de lo racional. El problema es que toda frontera a nivel biológico pierde de vista lo humano y lo convierte en bíos. Como bíos lo humano pierde toda consistencia ontológica. Es materia que puede ser desechada, neutralizada, controlada, intervenida. Puede entrar en el campo de la profilaxis, como en el caso de la Shoah y ni siquiera suscitar ningún escrúpulo moral, como cuenta Primo Levi en su testimonio, porque la administración de la vida genera su contraparte en la administración de la muerte.

 

Quizá sin proponérselo, pero al ingresar al territorio de la biopolítica los neoliberales del Monte Peregrino están provocando una cesura radical en lo humano al degradarlo a su condición primaria de bíos. Lo humano es mucho más que el comportamiento y, en definitiva, éste nada tiene que ver con las prescripciones liberales del egoísmo y el cálculo estratégico. Mas, el neoliberalismo ha perdido la brújula de lo humano y ha ingresado en el tenebroso laberinto de la biopolítica y la tanatopolítica.

 

De alguna manera, el marxismo y el keynesianismo habían obligado a los neoliberales del Monte Peregrino a asumir un debate con contenidos históricos, políticos y sociales. Al desaparecer estos discursos los neoliberales del Monte Peregrino sienten que no tienen ninguna responsabilidad para asumir ese debate y optan por una hermenéutica de su propia episteme. Pero esa episteme parte de una aporía radical: aquella de considerar al ser humano como ser egoísta y, en consecuencia, por fuera de todo marco social e histórico. Un ser humano que ha perdido todo contacto con su propia sociedad y que actúa en función propia es más una aberración de la historia que una constatación teórica. Al concentrarse en ese sujeto individualizado y egoísta a fortiori, no quieren comprender que esta hipótesis de base fue solamente un recurso metodológico para sustentar y comprender la demanda del consumidor en la economía clásica del siglo XIX. Para los neoliberales del siglo XXI, esa hipótesis de base pierde su contexto inicial y se transforma en proyecto político. En ese proyecto, los neoliberales del Monte Peregrino representan un peligro para la humanidad, porque su deriva biopolítica, en última instancia, puede convertirse en una deriva fascista.

 

3. La distopía final: la pax mercatoria

 

Entre el vaciamiento de la política y la deriva biopolítica del homo economicus se sitúa una reflexión a la que los neoliberales del Monte Peregrino le dan mucha importancia porque les otorga una proyección histórica y civilizatoria desde la cual establecen un sentido de largo plazo para su proyecto político. En ese horizonte civilizatorio los neoliberales encuentran también una justificación ética para su proyecto. Esta reflexión establece las condiciones de posibilidad para una comprensión de la historia y de la sociedad desde los marcos teóricos básicos del neoliberalismo. Se trata de la teoría liberal de las instituciones que en el caso de la economía neoliberal se denomina neoinstitucionalismo económico, y ahí constan nombres importantes de la sociedad del Monte Peregrino como J. Buchanan, G. Tullock y G. Stigler. En la actualidad, los teóricos más importantes del institucionalismo económico son Douglass North, Oliver Williamson, Elinor Ostrom, entre otros.

 

El institucionalismo liberal ha creado el umbral histórico y la textura social necesaria para el despliegue de la racionalidad y la acción estratégica del homo economicus. En esta propuesta, la condición de homo economicus es la base para todo comportamiento humano independientemente de sus particularidades identitarias o culturales. Todo ser humano debe ser asumido, desde el neoliberalismo, como "capital humano" y, en consecuencia, su "acción humana" como la denominaba Von Mises, siempre es y será estratégica. A esta acción humana estratégica e instrumental, la teoría liberal de las instituciones, cuando el homo economicus actúa en ese umbral histórico y social, la denomina "acción colectiva" . En consecuencia, la "acción colectiva" no significa una posición crítica de los individuos ante su propia historia y su capacidad de interpretarla y transformarla, sino más bien la actualización de intereses estratégicos individuales que convergen y que, de esta manera refuerzan la visión del capital humano como capital social.

 

En esta reflexión ya no constan, ni siquiera como residuo, las preocupaciones fundamentales de los liberales de mediados del siglo XX, es decir, aquella disputa acre y dura contra los marxistas o contra los keynesianos que les obligaba a los neoliberales a otorgar un sustento teórico y filosófico más acotado a la realidad social e histórica.

 

En la actual teoría liberal de las instituciones, los neoliberales incluso se dan el lujo de reconocer ciertos aportes de Marx a quien reconocen sus preocupaciones por la historia. Empero de ello, las referencias a Marx que hacen algunos de los neoliberales de la escuela del neoinstitucionalismo económico, Douglass North entre ellos, no debe llamar a engaño. Es una referencia hecha para legitimar sus propias interpretaciones sobre la historia. En efecto, Louis Althusser decía que Marx habría abierto, para las ciencias, el continente de la historia, así como Tales de Mileto habría abierto el continente de las matemáticas . Para la teoría institucional del neoliberalismo se trata de hacer precisamente lo contrario: cerrar de forma definitiva la historia .

 

Sin embargo, crear una textura social para el homo economicus es una tarea compleja para los neoliberales, porque ellos parten del supuesto de que la "sociedad no existe". La teoría liberal de las instituciones, en consecuencia, debe crear algo que para los neoliberales parece una contradicción en los términos: un soporte social e histórico para una categoría de base, en la ocurrencia el homo economicus, que no se reconoce a sí mismo ni como social ni como histórico. Por ello, una de las tareas claves de la teoría liberal de las instituciones es limpiar a éstas de todo residuo social y de toda referencia histórica.

 

Ahora bien, la discusión sobre las instituciones y su entramado social y humano siempre ha estado atravesada por esas consideraciones de tipo social e histórico. Es virtualmente imposible pensar a las instituciones por fuera de la sociedad y de la historia. Castoriadis, por ejemplo, un pensador de orígenes marxistas y crítico al liberalismo, escribía que "el hombre sólo existe en la sociedad y por la sociedad ... y la sociedad es siempre histórica" .

 

Ese carácter histórico para los seres humanos formaba parte también de la comprensión de sus marcos institucionales. Las instituciones eran la forma de crear ese complejo plexo social en el cual los hombres se interrelacionaban y creaban el hecho social, como lo indica Castoriadis:

 

"aquí la palabra institución está empleada en su sentido más amplio y radical pues significa normas, valores, lenguaje, herramientas, procedimientos y métodos de hacer frente a las cosas y de hacer cosas y, desde luego, el individuo mismo ... ¿Cómo se imponen las instituciones? ... mediante la adhesión, el apoyo, el consenso, la legitimidad, la creencia. Pero en última instancia lo hacen mediante la formación (elaboración) de la materia prima humana en individuo social, en el cual se incorporan tanto las instituciones mismas como los "mecanismos" de la perpetuación de tales instituciones."

 

Los individuos siempre son "individuos sociales", nunca son átomos fragmentados de su propia sociedad, como los describe la teoría liberal de las instituciones, porque lo humano en cuanto humano solamente puede nacer y realizarse desde lo social, y lo social hace y conforma a lo humano y, en consecuencia, a las instituciones que son, por supuesto, construcciones humanas. Todos somos, escribe Castoriadis, "fragmentos ambulantes de la institución de nuestra sociedad, fragmentos complementarios" . Las instituciones son sociales porque nos permiten interrelacionarnos con el mundo, interpretarlo y también interpelarlo. Toda institución, escribe Castoriadis, es un sistema de interpretación del mundo. La identidad de una sociedad "no es otra cosa que ese sistema de interpretación" de cada sociedad . La institución fundamenta, en consecuencia, el hecho social, y también la capacidad de comprender ese hecho social como conjuntos de códigos de interpretación de la realidad.

 

Para los liberales la cuestión, no obstante, es cómo desgarrar al tejido social para fragmentar la conexión de lo humano con lo social, es decir, de los seres humanos consigo mismos. Si el vaciamiento de la política crea un discurso de poder por fuera de la política, entonces, y dentro de la misma lógica neoliberal, la teoría de las instituciones del liberalismo tiene que crear una sociedad por fuera del hecho social y en contra de éste. Para ser coherentes con la visión estratégica del homo economicus, la teoría social del liberalismo debe estar lo más alejada posible de una comprensión holística y compleja del hecho social.

 

¿Cómo fundamentar, entonces, al hecho social sin apelar a la sociedad? ¿Cómo pensar a las instituciones por fuera de todo marco y referencia social? ¿Qué instituciones son las más convenientes para la acción estratégica del homo economicus? La respuesta consta ya en la pregunta: si el comportamiento estratégico del homo economicus se manifiesta en el mercado, entonces las instituciones deben constar, registrarse y explicarse desde esa clave mercantil. Hay que recordar que la noción de sociedad se subsume ya al interior del concepto "economía social de mercado". Por lo tanto y de la misma forma, el concepto de institución debe también subsumirse a la noción de "Estado social de derecho". Estos dos conceptos, hay que remarcarlo, conforman las coordenadas epistemológicas básicas del neoliberalismo.

 

La teoría liberal de las instituciones se inscribe, en consecuencia, en línea directa con estos conceptos, pero fundamentalmente con el concepto de Estado social de derecho que había sido fundamentado por Hayek, el factótum de la Sociedad del Monte Peregrino. Para Hayek, recordémoslo, el Estado debe ser el garante de la libertad de mercado, en consecuencia, debe establecer las reglas de juego que permitan a los actores de este mercado maximizar su utilidad. Para la teoría liberal de las instituciones, éstas también serán las reglas de juego de la sociedad. De hecho, esto es exactamente lo que hace Douglass North cuando define a las instituciones como "reglas de juego" . El mismo North sitúa a este concepto "reglas de juego" al interior de la matriz teórica de otro de los referentes fundamentales de los "peregrinos", Von Mises, y su teoría de la "praxeología" o "acción humana". Para North, las reglas de juego son parte de la praxeología o, si se quiere, de la acción humana, por ello, esas reglas de juego aparecen como "limitaciones ideadas por el hombre que dan forma a la interacción humana".

 

Ahora bien, en esta noción de "reglas de juego" desaparece, de entrada, el hecho social como algo más que la convergencia de intereses individuales y toda la complejidad humana se reduce a procesos de "intercambio humano" como "interacción humana". La "interacción humana" lo abarca todo: la economía, la política, el derecho, la cultura, etc. El locus de esa "interacción humana", por supuesto, es el mercado.

 

El mercado, de esta forma, se convierte en el Ser-en-cuanto-Ser del hecho social, es decir, gracias a la teoría del institucionalismo liberal, el mercado adquiere una consistencia ontológica, porque expresa un concepto también ontológico: la acción humana. Por ello, es desde el locus del mercado y de su lógica que puede ser comprendido y explicado el cambio institucional: "El cambio institucional conforma el modo en que las sociedades evolucionan a lo largo del tiempo, por lo cual es clave para entender el cambio histórico" , la cuestión es que el motor del cambio institucional no hace referencia a ningún proceso histórico, a ninguna conflictividad social, incluso a ningún cambio tecnológico, para North y los institucionalistas neoliberales, el cambio institucional se produce por cambios en los precios relativos y este cambio siempre es incremental, nunca es discontinuo, es decir, las revoluciones sociales son apenas episodios pasajeros de eventos más consistentes y aparentemente reales que son los cambios en precios relativos de una estructura social determinada. El mercado, con la teoría neoliberal de las instituciones, adquiere también proporciones taumatúrgicas.

 

El cambio institucional de la teoría neoliberal del institucionalismo es un cambio histórico sin historia y sin sociedad. Es la referencia al puro interés egoísta y estratégico del cálculo entre costos y beneficios, como racionalidad de la historia. Pero esta apelación a la comprensión de las instituciones como un conjunto de reglas de juego inscritas dentro del comportamiento estratégico humano, tiene una proyección y una consecuencia práctica cuando estas reglas de juego se definen y estructuran al interior de los "derechos de propiedad".

 

Ahí subyace el verdadero leit motiv de la teoría neoliberal de las instituciones. Según los neoliberales, los derechos de propiedad permiten disminuir los costos de transacción y generan cambios en los precios relativos que son los que provocan, a su vez, cambios institucionales y, por tanto, cambios históricos.

 

Como puede apreciarse, la teoría de la historia de los neoliberales, tiene un andén de llegada en el lobby de las grandes corporaciones transnacionales, los actores políticos por excelencia de la teoría de los "derechos de propiedad". Con la clarificación de los derechos de propiedad que se establecen en los instrumentos jurídicos supranacionales de los tratados internacionales de protección a las inversiones y de libre comercio, se cierra el círculo del Estado social de Derecho.

 

Pero el proyecto político de los neoliberales va más allá de reconocer los derechos de propiedad de las grandes corporaciones y su rol demiúrgico de la historia. En realidad, los neoliberales del Monte Peregrino pretenden realizar una relectura de toda la historia humana desde la visión institucional de las reglas de juego y los derechos de propiedad. En esta reinterpretación de la historia humana, sobre todo en la línea interpretativa de Douglass North, toda la historia humana puede ser leída como un intento desesperado por construir una sociedad de reglas abiertas y transparentes de mercado, es decir el reconocimiento de los derechos de propiedad, en algo que ahora denominaríamos como "seguridad jurídica" en sociedades de acceso abierto. No solo que, según los neoliberales, con la sociedad liberal hemos llegado al fin de la historia, sino que el capitalismo es la teleología misma de la historia. Con la versión institucional del neoliberalismo éstos han enmendado la plana al determinismo de los marxistas; y cuando los neoliberales dice "toda la historia humana" hay que leerla en el sentido más literal del término.

 

En efecto, para Douglass North, John Wallis y Barry Weingast, la humanidad ha conocido en toda su historia tres órdenes sociales básicos: un orden de predación (foraging order), un orden social de acceso limitado o Estado natural (limited access order or natural state), y un orden social de acceso abierto (Estado liberal), (open access orders) . Ahora bien, toda taxonomía, como sabemos, es sospechosa porque detrás de ella subyace una forma de comprensión establecida por circunstancias históricas específicas y relaciones de poder determinadas . Toda clasificación está hecha desde una perspectiva histórica hecha para reforzar al poder dominante en ese periodo concreto. El subtítulo del texto de North, Wallis y Weingast, da cuenta, precisamente, de esa arrogancia del poder neoliberal: "Un cuadro conceptual para interpretar la historia de la humanidad" (A Conceptual Framework for Interpreting Recorded Human History).

 

Cabe preguntarse ¿por qué los neoliberales han tomado esa deriva teleológica y determinista? ¿qué propuesta real subyace en los intersticios de esa hermenéutica? ¿Qué consecuencias prácticas y concretas implican estas consideraciones teóricas?

 

Pienso que la visión histórica de los neoliberales y que se expresa en su teoría del institucionalismo, es complementaria con su deriva biopolítica y su pretensión de vaciamiento de la política, porque pretende otorgar un sustrato civilizatorio al mundo que está emergiendo y conformándose desde la globalización.

 

En la deriva biopolítica, el plexo social se difumina en consumidores convertidos y sometidos a la biopolítica del "capital humano" que actúan en espacios colonizados desde el fetichismo mercantil y que Marc Augé ha bautizado como "No-Lugares" . En esos No-Lugares, la biopolítica del capital humano sanciona y disciplina a los disidentes excluyéndolos del mercado, esa exclusión es ontológica, porque para el capitalismo, el ser en cuanto ser encuentra expresión y existencia desde el mercado. Es violenta porque aquellos que han sido excluidos del mercado son sancionados con la invisibilización ontológica: su existencia no es reconocida como tal. Desde esa invisibilización ontológica puede operar el recurso de la tanatopolítica, es decir, la capacidad de sancionar y administrar políticamente la muerte. La figura del "terrorista" no es sino una de las formas de la tanatopolítica.

 

El concepto de "reglas de juego" conduce directamente a los "derechos de propiedad" y éstos a la Organización Mundial de Comercio, OMC, a los tratados de libre comercio y de protección recíproca a las inversiones y de ahí a los tribunales internacionales de conciliación y arbitraje. En ese tránsito, las corporaciones transnacionales se han convertido en "inversionistas" y han adquirido un soporte jurídico inédito: aquel que las reconoce como sujetos de soberanía política.

 

En la teleología del mercado, de acuerdo al proyecto político de los neoliberales, el orden y la paz social mundial solo pueden garantizarse desde el reconocimiento explícito desde el Estado-nación a las corporaciones transnacionales como sujetos de derecho transnacional, con una capacidad de soberanía política que ni siquiera tienen esos Estados-Nación. Esa capacidad política transferida a las corporaciones puede dar cohesión y coherencia al que considero el proyecto más importante de los neoliberales del Monte Peregrino y su distopía final: la pax mercatoria.

 

La globalización es una expresión de esa pax mercatoria. Esta pax mercatoria es la adscripción de los neoliberales al proyecto kantiano de la "paz perpetua", y una referencia histórica al imperio romano y su "pax romana". La pax mercatoria es la regulación política del sistema-mundo capitalista desde el mercado mundial y en donde las nociones de regulación de la paz mundial y, por consiguiente, de la guerra, pasan por el filtro de las corporaciones transnacionales convertidas en sujetos políticos.

 

La pax mercatoria es la clausura definitiva de la historia en el pliegue del neoliberalismo. Es la distopía que cierra la sociedad entre la biopolítica y la tanatopolítica. Para los neoliberales del Monte Peregrino, nunca como ahora su proyecto político debe ser más pregnante y prioritario. Nunca como ahora el neoliberalismo ha tomado un cariz tan vasto y civilizatorio; y precisamente por ello, el neoliberalismo y su proyecto político se convierten en el peligro más importante para toda convivencia humana pacífica y ecológicamente responsable.

 

Toda resistencia al neoliberalismo se convierte, en consecuencia, en resistencia a la conversión del mundo entero en un No-Lugar, en resistencia a la colonización de la vida humana en los regímenes de biopoder y sus regímenes de verdad, en resistencia al proyecto autoritario de la pax mercatoria.

 

Esa resistencia tiene que recuperar la política para devolver a la sociedad el sentido de su historia. Tiene que oponerse al vaciamiento de la política y rebasar los marcos liberales de la política y pensar que la democracia es un campo de disputas que ahora ha sido colonizado y secuestrado por la episteme de los neoliberales del Monte Peregrino. Esa recuperación de la democracia solo puede darse recuperando aquello que los antiguos griegos denominaban el ágora, los indígenas andino-amazónicos denominan comunidad y que ahora se está forjando en las calles y plazas de todo el mundo.

 

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Rogoff K. y C. Reinhart: "Growth in Time of Debt" en el sitio web:

http://scholar.harvard.edu/files/rogoff/files/growth_in_time_debt_aer.pdf (visita de junio de 2013).

Schumpeter, Joseph: Capitalismo, socialismo y democracia, Ed. Orbis, España, 1983

Thomas Herndon, Michael Ash y Robert Pollin: "Does High Public Debt Consistently Stifle Economic Growth? A Critique of Reinhart and Rogof", en el sitio web:

http://www.peri.umass.edu/fileadmin/pdf/working_papers/working_papers_301-350/WP322.pdf (visita de junio)

 

Adli Mansur, nuevo presidente de Egipto tras el golpe militar

El presidente del Tribunal Constitucional de Egipto, Adli Mansur, ha jurado este jueves el cargo de presidente interino de Egipto en cumplimiento de la 'Hoja de Ruta' impuesta por el Ejército tras derrocar, ayer miércoles, a Mohamed Mursi mediante un golpe de Estado.

 

El nuevo presidente interino de Egipto, Adli Mansur, ha jurado hoy su cargo ante la asamblea general del Tribunal Constitucional Supremo, la instancia judicial que él mismo presidía hasta hoy. "Juro por Dios todopoderoso defender el sistema republicano y respetar la Constitución y la ley, atender al pueblo y proteger la independencia nacional y la integridad territorial", ha dicho Mansur al asumir como presidente interino.

 

Mansur fue designado ayer por las Fuerzas Armadas, tras el golpe militar que depuso a Mohamed Mursi, elegido hace un año en los primeros comicios presidenciales democráticos. El nuevo jefe de Estado ha dicho que asume el poder "con gran honor durante un periodo interino" hasta la celebración de las elecciones presidenciales "en un futuro próximo", que él mismo deberá convocar y supervisar.

 

"La revolución del 30 de junio ha corregido la revolución del 25 de enero de 2011 (que derrocó a Hosni Mubarak)", ha considerado Mansur, quien ha añadido que en esa fecha, cuando millones de manifestantes salieron a las calles para pedir la renuncia de Mursi, se produjo "la reunificación del pueblo egipcio sin divisiones".

 

El mandatario ha enfatizado que no se debe venerar al gobernante ni al tirano, por lo que ha llamado a los egipcios a seguir alerta. Mansur ha recibido la mayor ovación de los asistentes al acto cuando agradeció el papel en la crisis de las Fuerzas Armadas, "que son la conciencia de esta nación y la fortaleza para protegerla".

 

Los Hermanos Musulmanes, en busca y captura

 

Mientras el depuesto presidente egipcio Mohamed Mursi continúa en paradero desconocido de forma oficial, aunque una fuente de los Hermanos Musulmanes ha dicho hoy que ha sido separado de su equipo presidencial y trasladado a instalaciones militares.

 

La Fiscalía egipcia ha ordenado la detención de los dos máximos líderes de los Hermanos Musulmanes bajo la acusación de instigar al asesinato de manifestantes pacíficos contra el depuesto presidente Mohamed Mursi.

 

Según ha informado la agencia oficial Mena, el fiscal Ahmed Ezzeldin ha dicho que se ha comprobado la veracidad de los testimonios que apuntan a que el guía espiritual de la Hermandad, Mohamed Badía, y su "número dos", Jairat al Shater, llamaron a matar a manifestantes que protestaban ante la sede de la cofradía en El Cairo.

 


Mientras, los militares y la policía han comenzado a arrestar a altos cargos de la Hermandad, según ha denunciado la propia cofradía islámica. Gihad Hadad, un portavoz de los Hermanos Musulmanes, grupo al que pertenecía Mursi hasta su elección como presidente, indicó en su cuenta de Facebook que Mursi había sido trasladado al Ministerio de Defensa y separado de su equipo, sin ofrecer más detalles.

 

Reaparece Mursi tras el golpe de Estado

 


Los principales dirigentes del movimiento de los Hermanos Musulmanes  se encuentran encarcelados en la prisión de Tora, en El Cairo, en la que está también recluido el expresidente Hosni Mubarak, según ha informado la agencia estatal de noticias, Mena.  Los cuerpos de seguridad comenzaron anoche a arrestar a dirigentes de los Hermanos Musulmanes, como el presidente del brazo político de este grupo, el Partido Libertad y Justicia (PLJ), Saad Katatni. También fue detenido el viceguía espiritual de los Hermanos Mohamed Rachad Bayumi. Los policías continúan la persecución de otros dirigentes de los Hermanos Musulmanes acusados de instigar a la violencia y amenazar la paz y la seguridad pública, según Mena.

 

El hijo de Katatni ha denunciado, en un comunicado colgado por la página de Internet de los Hermanos Musulmanes, IkhwanWeb, la detención de su padre, quien fue capturado por "cerca de doce hombres vestidos de paisano", que irrumpieron el la casa y se lo llevaron a un "paradero desconocido".

 

 "Le expreso mis más cordiales felicitaciones, nos enorgullece que haya sido detenido en nuestra propia tierra y vamos a hacer lo que Dios quiera", ha declarado Muaaz Saad Katatni. "Los mismos que dicen defender la libertad y la democracia e invitaron a mi padre al diálogo por la mañana son los que le han detenido por la tarde", ha añadido, en referencia a la propuesta de diálogo hecha ayer miércoles por el Ejército a Katatni.

 


Los Hermanos Musulmanes han advertido también en su página de Internet de que "Egipto está siendo testigo, con horror, del nacimiento de una nueva era de represión y tiranía y de la imposición de un Estado policial autoritario", que se ha traducido, tras el golpe de Estado, en "el cierre de cadenas de televisión, el arresto de dirigentes políticos y la muerte de manifestantes pacíficos en las distintas provincias del país".

 

Por su parte, el vicepresidente del PLJ, Esam al Arian, ha dicho hoy en su cuenta de Twitter que estas son las consecuencias previstas de un golpe militar contra el primer régimen democrático árabe. "La ferocidad de los Cuerpos de Seguridad aumentará y el (Ministerio de) Interior impondrá su puño", comentó Al Arian.

 

Primeros altercados, primeras víctimas

 

Los disturbios en las calles no han tardado en llegar. Los enfrentamientos entre simpatizantes y detractores del derrocado presidente ya se han cobrado la vida de 14 personas según los medios locales, aunque el Ministerio de Sanidad ha rebajado la cifra a 11 fallecidos y aumentado los heridos a 516.

 

En la ciudad de Marsa Matrouh, ubicada en el norte, el miembro de las fuerzas de seguridad Al Anani Hamouda ha confirmado a Reuters que el balance de víctimas ha ascendido a ocho muertos (entre los que habría dos uniformados) y 13 heridos. El diario oficial Al Ahram ha informado horas antes de que los disturbios han estallado cuando un grupo de seguidores de Mursi ha atacado la sede de la Gobernación.

 

Los disturbios entre ambas facciones han sido especialmente violentos en la ciudad de Alejandría, donde tres personas han fallecido y al menos 50 han resultado heridas. También se han producido fuertes altercados al sur del país, en la ciudad de Minya, donde otras tres personas han muerto y se han registrado 14 heridos.

 

En la ciudad de Fayoum decenas de personas han resultado heridas en el ataque que un grupo de hombres armados ha llevado a cabo contra la sede del Partido Libertad y Justicia (PLJ), vinculado a Hermanos Musulmanes. Entretanto, en la ciudad de Mansoura, ráfagas de disparos, cuya procedencia aún se desconoce, han obligado a dispersarse a las miles de personas que se han concentrado pacíficamente en la plaza Al Thwara para celebrar la caída de Mursi.

 


Preocupación por la interferencia militar

 

Naciones Unidas, Estados Unidos y otras potencias mundiales no han condenado la destitución de Mursi como un golpe de Estado militar, ya que hacerlo podría desencadenar sanciones. La intervención del Ejército ha sido respaldada por millones de egipcios, incluidos dirigentes liberales y figuras religiosas que esperan nuevas elecciones bajo un conjunto revisado de reglas.  

 

El presidente de EEUU, Barack Obama, ha pedido a los militares que han derrocado al mandatario de Egipto, Mohamed Mursi, que devuelvan la autoridad "a un gobierno civil elegido democráticamente" tan pronto como sea posible y ha ordenado revisar la ayuda que Washington otorga a ese país.

 

En un comunicado divulgado por la Casa Blanca, Obama ha evitado hablar de golpe de Estado y ha expresado su preocupación "por la decisión de las Fuerzas Armadas egipcias de remover al presidente Mursi y suspender la Constitución". "Creemos que en un última instancia el futuro de Egipto solo puede ser determinado por el pueblo egipcio", ha subrayado Obama, que llamó también a evitar las "detenciones arbitrarias" de Mursi y sus seguidores.

 


Estados Unidos "no apoya a determinadas personas o partidos políticos" en Egipto, pero "estamos comprometidos con el proceso democrático y el respeto al Estado de derecho", ha asegurado el presidente estadounidense.

 

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha dicho que la "interferencia militar" en los asuntos de un país es motivo de preocupación. "Muchos egipcios han expresado profundas frustraciones y preocupaciones legítimas, y al mismo tiempo la interferencia militar en los asuntos de un país es motivo de preocupación", ha dicho la oficina del portavoz de la ONU en un comunicado. Así, tras asegurar que la transición atraviesa un momento "delicado" tras el anuncio de las Fueras Armadas del nombramiento de un nuevo presidente interino y la suspensión de la Constitución, Ban ha recordado que Mursi "no ha aceptado" esas decisiones.

 

Para el presidente de Siria, Bashar al Assad, enfrentado desde hace dos años a una insurrección armada interna con fuertes connotaciones religiosas, el golpe de Estado militar es un ejemplo del "fracaso del Islam político". "No se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo, y menos a los egipcios, un pueblo cuya civilización se remonta a miles de años y que tiene una clara vocación nacionalista pan-árabe", ha declarado el presidente sirio en una entrevista concedida al diario 'Al Thawra', de titularidad estatal.  

 


Por su parte, la organización Amnistía Internacional (AI) ha pedido a las fuerzas de seguridad egipcias que hagan todo lo posible por proteger los derechos humanos y la seguridad de todos en Egipto, independientemente de su afiliación política. En un comunicado, AI señala que las Fuerzas Armadas y la Policía en Egipto tienen antecedentes bien documentados de violaciones de los derechos humanos y pide que no se repitan. "En este momento de gran tensión y con la Constitución suspendida, es más importante que nunca que los militares cumplan con las obligaciones deEgipto en virtud del derecho humanitario", ha dicho Salil Shetty, secretario general de AI.

 

También Human Rights Watch (HRW) ha pedido este jueves al nuevo Gobierno egipcio que se aleje del comportamiento abusivo que ha prevalecido en el país desde el comienzo de las revueltas en 2011, y que se comprometa a respetar los derechos de todos los ciudadanos egipcios.

 

El subdirector de HRW para Oriente Próximo, Joe Stork, ha recordado el sufrimiento al que han estado sometidos los egipcios "tanto con el Ejército como durante el Gobierno de Mursi" y ha pedido que durante el Gobierno provisional de Mansur, las Fuerzas Armadas "detengan la ola de arrestos arbitrarios de miembros de Hermanos Musulmanes y sus aliados del Partido de la Libertad y la Justicia".

 

La organización considera que la situación actual es una vuelta a la era del expresidente Hosni Mubarak, con arrestos masivos y detenciones por motivos políticos. "Detener a miembros de los Hermanos Musulmanes tendrá el peor efecto posible para el futuro político de Egipto", ha considerado HRW. Creen que el nuevo Gobierno debe manifestar inmediatamente su intención y la de las Fuerzas Armadas de respetar los derechos humanos básicos de los egipcios.

 

AGENCIASEL CAIRO04/07/2013 10:15 Actualizado:

Publicado enInternacional