Petro: Chivo expiatorio y becerro sacrificado

La destitución de Petro estaba cantada. No solamente por el procurador Ordóñez, sino por la historia política de los últimos años En perspectiva histórica, la izquierda ganó la alcaldía de Bogotá, el segundo puesto más importante del país, después de la presidencia de la República. Desde el 2004, con el paréntesis que significó la alcaldía pro tempore de María Fernanda Campo, la alcaldía de la capital del país ha estado en manos de representantes de la izquierda (democrática), específicamente el Polo Democrático Alternativo (PDA), incluido el escándalo del robo y la corrupción de la alcaldía de Samuel Moreno. Casi diez años en los que los partidos políticos tradicionales y la extrema derecha (= uribismo y compañía) quedaron por fuera de la administración directa de uno de los mayores presupuestos del país. Pues bien, un primer motivo de la destitución de Petro es el afán de políticos y empresarios por arrebatarle el poder a la izquierda, y preparar el camino de cara a las próxima elecciones en marzo del 2014.

 

(Dicho entre paréntesis, en el más craso realismo político, el dolor de los políticos oficialistas es no haber podido robar ellos de las arcas públicos lo que el carrusel de la contratación sí logró. Pero, claro, esto es hilar demasiado fino).

 

Por consiguiente, en la destitución de Petro confluyen una serie de factores. El tema de fondo no fue el desorden, ciertamente real, de la basura en noviembre del año pasado. Detrás del argumento de la basuras se encuentra un tema más de fondo: la privatización del servicio de aseo, en contra de los esfuerzos de transformación de Petro por la "nacionalización distrital" de tal servicio. La tarea inmediata por investigar consiste en identificar los interesados privados, a quiénes representan, con quiénes están aliados, y a quiénes apoyan de cara a marzo del 2014.

 

Asimismo, se trata de un antiguo participante de la guerrilla –M-19–; un sobreviviente, de hecho. Militante de izquierda, y quizás el principal acusador de los despropósitos de la corrupción y el paramilitarismo mientras fue miembro del Congreso de la república.

 

Así los hechos, con Petro cabe recordar tres principios de la política: 1) en ella no hay amigos; sólo aliados; 2) En política los favores se deben pero casi nunca se cobran; 3) En Colombia no se perdona la militancia de izquierda, y ésta es en la historia del país un anatema. De manera que ni haber votado por el procurador Ordóñez, ni haber abandonado y luego criticado acérrimamente –en el caso de las Farc– a las guerrillas, son motivos suficientes de perdón. Era necesario sacrificar a Petro, a como diera lugar.

 

Y el problema de fondo que subsiste es el de la asimetría entre la interpretación acerca del primado de los tratados, acuerdos y declaraciones internacionales de un lado, y la Constitución, de otra parte. Un tema que recurrentemente asalta, negativamente, a la institucionalidad colombiana. Surge cada tanto: ya sea a raíz de la interpretación de los derechos humanos, o del derecho internacional humanitario; o bien de la elección popular versus las prerrogativas de alguna instancia como, en este caso, la Procuraduría.

 

No es gratuito, en este escenario, el momento elegido para la decisión de Ordóñez: en medio de las negociaciones de La Habana, a las que él se ha opuesto de viva voz; y unos días antes de cumplirse el plazo en el que acaso hubiera sido posible que Petro pudiera presentar una terna de la cual el presidente Santos elegiría a su sucesor. Pues eso para Ordóñez, y a todo lo que él encarna y representa, significa justamente eso: más continuidad de la izquierda. Un pecado mortal en la política colombiana.

 

En medio de este panorama de reacción y cálculos políticos, es notable la reacción positiva, por ejemplo, del Ministro del Interior, expresando su inconformismo por la decisión de Ordóñez, y la necesidad de revisar la Constitución en lo atinente a los poderes de la Procuraduría.

 

Desde luego, no se trata de victimizar a Petro, pero tampoco de convertirlo en héroe. Incluso gente como Peñalosa lo dijo: "Yo no voté por Petro, y puedo no estar de acuerdo con él, pero lo que le ha sucedido es motivo de rechazo, de un lado, y solidaridad de otro"; palabras más, palabras menos.

 

Con una observación final: Bogotá es un auténtico fortín político, y por eso mismo, contradictoriamente, no es una ciudad de nadie (en particular). A diferencia de lo que acontece con Medellín, o con Cali, o con Barranquilla, para mencionar los ejemplos más conspicuos. En estas otras ciudades existen políticas de Estado, digamos, que las convierten en auténticos motores de desarrollo económico, social y cultural. Bogotá es un dínamo a pesar de sí misma.

 

Y lo más sensible de todo: los grandes aportes de las alcaldías de Lucho Garzón hasta la de Petro están, más allá de bolardos y Transmilenio, más allá de seguridad e infraestructura, en la cara invisible de la realidad colombiana: en las exitosas políticas sociales, en toda la línea de la palabra. Comedores comunitarios, educación gratuita y de calidad creciente, bibliotecas amables, alimentación para la infancia, hogares geriátricos, y tantos otros éxitos.

 

Pero claro, lo social ha sufrido histórico desprecio o desplazamiento a lugares secundarios en las políticas públicas del país. Frente a lo cual cabe recordar una cosa: hablar de derechos humanos no consiste en hablar única y principalmente de sangre, sufrimiento y vejaciones. Una interpretación semejante conlleva a victimizar los derechos humanos. Y afirmar algo así como: "menos mal que hay muerte y dolor para que existan los derechos humanos". Un argumento ética ciego y políticamente torpe.

 

Por el contrario, el tema de base de los derechos humanos es la defensa de la vida en términos de calidad y dignidad. Defensa de la vida, y exaltación de la misma; posibilitamiento y gratificación de la vida: de la vida humana, pero con ella y más allá de ella, de la vida en general. Es eso lo que significa una política social; y acaso es eso lo que "aquellos" entienden como una política "de izquierda".

 

De esta manera, podemos asegurar, Petro no es más que un chivo expiatorio en un país altamente segmentado, fraccionado y dividido. Y Petro es también un becerro sacrificado. En fin, literalmente, nos encontramos al final de una historia de guerra y violencia, y al comienzo de una historia de paz y democracia. Ordóñez y los suyos pertenecen al pasado, y se esfuerzan por pervivir. Petro ha sido convertido, por virtud de Ordóñez y los suyos, en el símbolo de una bisagra que puede abrir una nueva puerta. Bogotá, parece ser, es, el símbolo de una batalla política entre las maquinarias y los poderes y cacicazgos de un lado, y la importancia del voto de opinión, el voto independiente y crítico, y las redes sociales, de otro lado.

 

Semióticamente la cosa es clara: Ordóñez se escuda en el último piso de un rascacielos, y detrás de un micrófono, detrás o debajo suyo se avizoran las fuerzas oscuras que lo alimentan y le insuflan fuerza. Petro, aún amarrado por la esperanza del alegato leguleyo, se lanza a la calle, a la plaza pública y a las redes sociales. Una historia en proceso.

 

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La Procuraduría juega con candela

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Martes, 10 Diciembre 2013 06:51

Diez años venciendo el hambre

Diez años venciendo el hambre

Hace unas semanas, Brasil celebró el décimo aniversario de Bolsa Familia, que ha servido de modelo para muchos programas nuevos de distribución de rentas en todo el mundo.

 

Gracias al programa Bolsa Familia ("subsidio familiar"), 14 millones de familias, es decir, 50 millones de personas —la cuarta parte de la población de Brasil— reciben un pequeño estipendio mensual, siempre que cumplan unos requisitos básicos, entre los que figuran que los hijos permanezcan escolarizados y reciban atención médica, incluidas las vacunaciones normales. Más del 90% del dinero que se paga va a manos de las madres. En el decenio transcurrido desde que comenzó el programa, el rendimiento académico de los niños ha mejorado, las tasas de mortalidad infantil han caído y 36 millones de personas han salido de la pobreza extrema.
Las cifras son elocuentes, y, sin embargo, no bastan para transmitir hasta qué punto han mejorado las

vidas de todas esas personas.
No hay una estadística capaz de medir la dignidad, pero eso es lo que se percibe cuando los padres pueden ofrecer a sus hijos tres comidas diarias. No hay una partida del presupuesto que se llame "esperanza", pero eso es lo que brota cuando los padres ven que sus hijos van a la escuela y se esfuerzan para tener un futuro mejor.


Al transformar la vida de las personas, Bolsa Familia está cambiando el curso de la historia en mi país; según Naciones Unidas, es el mayor programa de distribución de rentas del mundo. Otros Gobiernos han adoptado estrategias similares para luchar contra el hambre. Por eso es importante entender el éxito de Brasil y los obstáculos a los que tuvo que hacer frente para poner en marcha el programa.


Como en muchos otros países de Latinoamérica, África y Asia, Brasil estuvo durante demasiado tiempo gobernado en nombre de una pequeña minoría, la clase dirigente. El resto de los brasileños, la gran mayoría, eran prácticamente invisibles y vivían en un no país que ignoraba sus derechos y les negaba todas las oportunidades.

 

Lo primero que hicimos para cambiar la situación fue poner en práctica una serie de políticas sociales que, junto al incremento del salario mínimo y un mayor acceso a los préstamos bancarios, estimularon la economía y permitieron la creación de 20 millones de puestos de trabajo legales en los últimos 10 años. De esa forma, por fin, se logró integrar a la mayoría de la población en la economía y la sociedad de Brasil.


Bolsa Familia ha contribuidoa demostrar que es posible erradicar el hambre cuando los Gobiernos tienen la voluntad política necesaria para convertir a los pobres en el centro de sus iniciativas. Muchos pensaron que era un objetivo utópico. Quizá no comprendieron que era absolutamente necesario para que nuestro país volviera a situarse en la ruta hacia el desarrollo.

 

Algunos dijeron de buena fe que, para combatir el hambre, a las familias había que darles alimentos, y no dinero. Pero tener alimentos no es suficiente para terminar con el hambre. Hace falta un frigorífico para almacenarlos y fuego y gas para cocinarlos. Y la gente además tiene que vestirse, cuidar su higiene personal y limpiar su hogar. Las familias no necesitan que el Gobierno les diga lo que deben hacer con su dinero. Ellas saben cuáles son sus prioridades.


Todavía hoy, algunas reacciones a Bolsa Familia prueban que es más difícil vencer los prejuicios que conquistar el hambre. Los más mezquinos acusan al programa de fomentar la indolencia. Es una forma de decir que los pobres son pobres porque no han querido mejorar su situación, no porque nunca han tenido oportunidad de lograrlo. Ese tipo de actitud deposita sobre sus hombros la responsabilidad de un abismo social que no favorece más que a los ricos.

 

Es cierto que más del 70% de los adultos inscritos en Bolsa Familia trabajan con regularidad, y el programa sirve como complemento de sus ingresos. Bolsa Familia se ha convertido en un instrumento que los padres utilizan para empezar a romper la espiral de pobreza en la que se encuentran sus hijos.


Los críticos han comparado los programas de distribución de renta con limosnas, con un mero ejercicio de caridad. Solo pueden decir algo así quienes nunca han visto a un niño malnutrido ni la angustia de su madre delante de un plato vacío. Para la madre que recibe las ayudas del programa, el dinero que le permite alimentar a sus hijos no es una limosna; es su derecho como ciudadana, y no va a renunciar a él.
A largo plazo, Bolsa Familia tiene otra consecuencia más: dota a los pobres de poder. Las personas que tienen garantizada por ley una renta mínima no necesitan pedir favores a nadie. No necesitan dar su voto a cambio de comida o de un par de zapatos, como ocurría con frecuencia en las regiones más pobres de Brasil. Por el contrario, esas personas ahora son libres, y eso no siempre le conviene a todo el mundo.


Asimismo, algunos detractores han criticado el programa por incrementar el gasto público. Son los mismos que suelen decir que bajar los salarios y destruir empleo son cosas positivas para la economía. Pero el dinero público que se dedica a las personas, la sanidad y la educación no es un gasto; es una inversión. La inversión en Bolsa Familia está en la raíz del crecimiento del país.


Por cada real (0,3 euros) invertido en el programa, el PIB ha crecido 1,78 reales, según los cálculos del Gobierno brasileño. Bolsa Familia estimula la actividad económica y la producción de los bienes que compran las familias. Poner mucho dinero en manos de unos pocos no sirve más que para alimentar la especulación financiera y agravar la concentración de rentas y riquezas. Bolsa Familia ha demostrado que un poco de dinero en muchas manos sirve para alimentar a la gente, estimular el comercio, atraer inversiones y crear empleo.


El presupuesto de Bolsa Familia para este año es de 24.000 millones de reales, alrededor de 7.500 millones de euros. Menos del 0,5% del PIB de Brasil. Algunos cálculos indican que Estados Unidos y la Unión Europea, juntos, han gastado desde 2008 alrededor de 10 billones de dólares (7,3 billones de euros) en rescatar a los bancos con problemas. Una pequeña parte de esa cantidad, invertida en programas como Bolsa Familia, podría acabar con el hambre en el mundo y reactivar la economía mundial para iniciar una nueva era de prosperidad.
Por suerte, varios países han escogido la lucha contra la pobreza como ruta hacia el desarrollo. Ya es hora de que las organizaciones multilaterales den aliento a esas iniciativas, promoviendo el intercambio de conocimientos y el estudio de estrategias de distribución de rentas que hayan tenido éxito. Esa sería una buena forma de dar impulso a la derrota del hambre en el mundo.

 

Por LUIZ INACIO LULA DA SILVA 10 DIC 2013 - 00:00 CET

 

Luiz Inácio Lula da Silva fue presidente de Brasil y hoy trabaja en iniciativas de alcance mundial con el Instituto Lula. Se le puede seguir en facebook.com/lula.
© 2013, Instituto Luiz Inácio Lula da Silva.
Distribuido por The New York Times Syndicate.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

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Lunes, 09 Diciembre 2013 08:53

Payasos

En las obras de Shakespeare hay sólo dos figuras que se atreven a decir toda la verdad: el rey y el payaso, comentó el gran director de teatro Jonathan Miller a Studs Terkel, el extraordinario entrevistador e historiador oral. El rey puede decir absolutamente todo porque tiene autoridad suprema. "La otra manera de decir la verdad es no tener absolutamente ninguna autoridad, lo cual permite que la gente ignore lo que dices y, por lo tanto, estás en posición para decir lo que se te antoje... El payaso no tiene nada que perder, y el rey nunca puede perder lo que tiene".

 

Todos los demás mienten o se callan o no lo dicen todo ante el temor de caer al nivel del bufón mientras intentan escalar hacia el rey, comenta Miller.


Un par de payasos/bufones en Estados Unidos, Jon Stewart y Stephen Colbert, ofrecen un gran respiro ante la torrente de propaganda, manipulación y noticias de todos los días. Cuatro noches a la semana en sus programas de cablevisión, Stewart como conductor de un noticiero ficticio, The Daily Show, y Colbert, quien asume la identidad de un comentarista conservador rico en su programa The Colbert Report, no sólo se burlan de las autoridades políticas o mediáticas, sino de toda noticia que les parezca absurda, pretenciosa o engañosa.
El resultado: ambos son puntos de referencia nacional. Stewart ha sido declarado como el periodista más confiable del país en una encuesta de la revista Time, y eso que es locutor de un noticiero ficticio. Según algunas encuestas, ambos son la principal fuente de información política para los jóvenes, el sector más codiciado del teleauditorio nacional.


Cada noche unos 2 millones sintonizan The Daily Show (tres veces la audiencia de CNN) para ver cómo Stewart y su equipo de corresponsales abordan las noticias, no sólo para reírse, sino para algo más serio, acercarse a la neta. Muchos se quedan para ver el programa de su colega que sigue inmediatamente después. Una nación desesperada y agradecida sintoniza a Stewart porque hace la tarea a la que los medios de noticias han abdicado: rastrear el historial público para hacer que los políticos y periodistas rindan cuentas, comenta Rolling Stone. Ambos se pueden consultar en (the dailyshow y colbert nation)


Lo que hacemos es crítica social, sólo que lo hacemos a través de la comedia, resume Stewart, quien ha comentado que aunque la sátira puede ser catártica y puede avergonzar a poderosos, en sí no cambia las cosas, y señala que esa es la diferencia entre ser un revolucionario y ser un satírico. Pero afirma: somos una expresión de la insatisfacción de la gente con las instituciones existentes.


Ambos son parte de una larga tradición de cómicos como críticos sociales que han impactado la cultura y el debate político nacional a lo largo de la historia de este país. Entre los genios de la sátira se tendría que mencionar a Mark Twain, o en algunos momentos Chaplin o Marx (Groucho), o los cómicos Lenny Bruce, George Carlin, Tom Lehrer y Richard Pryor, y hoy día Bill Maher, entre tantos más. Ni hablar de los grandes caricaturistas.


El uso del humor como arma de crítica social y política se ha expresado en diversos momentos. Por ejemplo, durante el movimiento antiguerra y anticapitalista de los 60, el líder de los Yippies, Abbie Hoffman, convocó a una manifestación masiva alrededor del Pentágono, donde prometió hacer levitar el enorme edificio. Las autoridades primero lo descartaron como una bobería más, pero por si las dudas desplegaron a sus fuerzas para ver si a fin de cuentas algo sucedía. En otro momento, al ganarse una beca de unos miles de dólares, la canjeó por puros billetes de un dólar, se subió con cómplices al balcón para turistas de la Bolsa de Valores de Nueva York y los hicieron llover, para ver cómo los corredores se volvían histéricos brincando por los billetes.


En la gran batalla en Seattle, donde decenas de miles tomaron las calles para frenar la reunión de la Organización Mundial de Comercio en 1999, activistas entrenados por el Ruckus Society y otros escalaron edificios y puentes, dejando caer mantas maravillosas contra la globalización empresarial, asombrando a las autoridades y provocando sonrisas entre todos los demás. Payasos y mimos caminaban detrás de ministros de los gobiernos del mundo, imitándolos. Hubo un momento en que un delegado ruso no aguantó la burla y sacó una pistola, gritando ya basta. El movimiento altermundista que arrancó ahí continuó usando títeres enormes para burlarse de los políticos que promovían el libre comercio y en una de las movilizaciones masivas en Washington, poco después, la policía secuestró a todos los títeres de un almacén –los primeros títeres presos políticos–, ya que aparentemente eran muy peligrosos.


Los Yes Men utilizan la burla para enfrentar a los grandes intereses empresariales, mostrándose como representantes de ellos en conferencias de prensa nacionales y en foros empresariales, lo que provocó respuestas en verdad histéricas de ejecutivos y voceros de empresas como Monsanto, Halliburton y Shell, o de la Cámara de Comercio. A veces sus actos son más sencillos, como durante los mejores días de Ocupa Wall Street, cuando las autoridades pusieron un cerco alrededor de la famosa escultura monumental de un toro en Broadway, símbolo del poder financiero, y colocaron policías y una patrulla para vigilar el sitio. Una mañana aparecieron dos payasos, con el vestuario clásico (zapatos gigantes, bolas en la nariz), y se brincaron la valla de metal. Los policías los empezaron a corretear dentro de la placita alrededor del toro y de repente apareció un matador, con capa, quien se subió en la patrulla para desafiar al toro. Ver
Los payasos rompen la maldición del juego de poder. Y tal vez más que en Shakespeare, a veces hasta desnudan al emperador. Son algunos de los mejores guías a Estados Unidos. Y a veces la risa es esencial al tratar de entender este país.

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Las mejoras sociales se estancan en Latinoamérica

La economía de Latinoamérica ya no crece al mismo ritmo acelerado que en la década pasada y eso está traduciéndose en un estancamiento de las mejoras sociales. Al igual que el año pasado, en 2013 unos 164 millones de latinoamericanos son pobres, según difundió este jueves la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Entre ellos aumentó la cantidad de personas en la indigencia, es decir, de los que no tienen los ingresos suficientes ni siquiera para alimentarse de forma adecuada. La cifra creció de 66 millones a 68 millones. Pero como la población latinoamericana ha aumentado, el porcentaje de pobres se redujo del 28,2% al 27,9%. Lo que ha aumentado en términos porcentuales es la indigencia, del 11,3% al 11,5%. Las cifras de la CEPAL se basan en las estadísticas oficiales de cada país, incluidas las cuestionadas por subestimación como las de Argentina y Chile.

 

"Estos resultados están estrechamente relacionados con el desempeño macroeconómico de la región", dice el Panorama Social de América Latina 2013 de la CEPAL. "El aumento en la indigencia, específicamente, ha sido causado por el incremento del coste de los alimentos por encima de la inflación general", añade el organismo de Naciones Unidas con sede en Santiago de Chile.

 


"Desde 2002, la pobreza en América Latina ha caído 15,7 puntos porcentuales y la indigencia 8 puntos, pero las cifras recientes muestran una desaceleración", reconoció la secretaria ejecutiva de la CEPAL, la mexicana Alicia Bárcena. "El único número aceptable de personas viviendo en la pobreza es cero, por lo que llamamos a los países a llevar cabo un cambio estructural en sus economías para crecer de forma sostenida con mayor igualdad", reiteró Bárcena su crítica a una estructura productiva basada sobre todo en materias primas, en lugar de bienes industriales, sobre todo de alto valor añadido, y servicios de exportación.

 


El documento no contiene cifras de pobreza por país de 2013 sino de 2012. Brasil ha reducido este indicador desde el 20,9% en 2011 al 18,6% y la indigencia, del 6,1% al 5,4%. México ha sufrido un aumento de la pobreza desde el 36,3% al 37,1% y del hambre, desde el 13,3% al 14,2%. Las cuestionadas estadísticas oficiales de Argentina indican que la cantidad de pobres bajó del 5,7% al 4,3% y la de indigentes, del 1,9% al 1,7%. Pero hasta los economistas del ala kirchnerista de la Central de Trabajadores de Argentina calculan que la pobreza en realidad descendió del 21,4% al 19,9% y el hambre, del 5,9% al 4,3%.

 


En Colombia, el porcentaje de pobres retrocedió del 34,2% al 32,9% y el de indigentes apenas varió del 10,7% al 10,4%. En Venezuela, antes de un 2013 de devaluación e inflación de casi el 50%, había bajado la pobreza del 29,5% en 2011 al 23,9% en 2012. La indigencia había caído del 11,7% al 9,7%. En Perú, la cantidad de pobres disminuyó del 27,8% al 25,8% y el hambre, del 6,3% al 6%. En el caso de Chile, envuelto en una polémica aunque de menor rango que la de Argentina, solo aparecen los datos de 2011: 11% de pobres y 3,1% de indigentes.


Los países con más porcentaje de pobres de la región son Honduras (67,4%), Nicaragua (58,3%) y Guatemala (54,8%). Los de menos: Uruguay (5,9%), Chile y Costa Rica (17,8%).


"Carencias tales como la falta de acceso al agua potable o a sistemas apropiados de saneamiento todavía afectan a un conjunto importante de personas en la región", advierte el documento, que también vincula el análisis de la pobreza con problemas como la contaminación atmosférica, la alta tasa de homicidios y el uso del tiempo. En cuanto a la distribución del ingreso, si bien en 2012 se incrementó levemente el grado de concentración en algunos países, se confirma la tendencia a la caída que se registra hace un decenio. Pese a esto, la elevada desigualdad sigue caracterizando a la región en el contexto internacional, según la CEPAL. De media, el quintil más pobre de la sociedad (20% de los hogares con menores ingresos) capta en promedio el 5% de los ingresos totales del país, con extremos que van desde menos del 4% en Honduras, Paraguay y República Dominicana al 10% en Uruguay. La participación del quintil más rico, en tanto, promedia al 47%, con un rango que va desde el 35% en Uruguay al 55% en Brasil.


En materia de gasto público social, los datos de 2011 y los pocos disponibles de 2012 insinúan una tendencia a la contracción en relación a los totales de los presupuestos, que no significaría necesariamente una disminución nominal de los recursos destinados a los sectores sociales, pero sí esfuerzos para moderar su expansión y a la vez consolidar las finanzas públicas, según el organismo de Naciones Unidas. El informe recuerda que el gasto social mostró un crecimiento acelerado en la segundo mitad de la década pasada para contrarrestar los impactos de la crisis mundial de 2008/2009.


La CEPAL también constata en su trabajo que la cobertura de salud y las contribuciones a las futuras pensiones de los asalariados han crecido en la región, lo cual da cuenta de una dinámica positiva en el mercado laboral. No obstante, en algunos países continúa siendo muy baja y está relativamente estancada, y cuanto más baja es la afiliación promedio, más concentrada está por ingresos.

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Jueves, 05 Diciembre 2013 08:05

Frente a una oposición floja, Dilma crece

Frente a una oposición floja, Dilma crece

La divulgación de los nuevos sondeos para las elecciones presidenciales dentro de menos de un año –octubre– ha sido una ducha de agua helada no sólo para los postulantes de la oposición, sino también para el conglomerado de los grandes medios de comunicación que actúan, efectivamente, en una campaña sin treguas contra el gobierno de Dilma Rousseff y su partido, el PT.

 

Luego del fuerte bache experimentado por la presidenta en junio y julio, la aprobación de su gobierno volvió a ganar consistencia. Y en cuanto a la perspectiva de reelección, es otra vez evidente que recuperó terreno: si las urnas fuesen abiertas hoy, ella ganaría en la primera vuelta.


Existen dos clases de sondeos: aquellos cuyos resultados son difundidos públicamente y los de uso interno, encargados por los partidos y que sirven básicamente para orientar las respectivas estrategias.


Tanto en el caso de Eduardo Campos, postulante por el Partido Socialista Brasileño que muy posiblemente se presente con la ambientalista Marina Silva como vicepresidente, como de Aécio Neves, del PSDB –el Partido de la Social Democracia Brasileña–, las dos clases de sondeo no hacen más que dejar en claro que, tal como están, no llegarán a ninguna parte. Los números expuestos a la opinión pública repiten los mismos que son expuestos solamente a sus estrategas: la intención de voto por Dilma Rousseff oscila, en la media, alrededor del 44 por ciento, con picos de hasta 47 por ciento y descensos máximos a 42 por ciento. Aécio Neves no logra salir de entre el 17 por ciento y el 21 por ciento. Eduardo Campos, sin la compañía de Marina, cae a 11 por ciento. Con ella a remolque, logra llegar a 17 por ciento.


En el mejor de los casos, la oposición logra 38 por ciento de intención de voto. No supera la peor marca de Dilma, que es de 42 por ciento.
Hay otros componentes, desde luego. Los institutos no descartan la posibilidad de que José Serra, ex alcalde de San Pablo, ex gobernador de la provincia de San Pablo (que concentra más del 34 por ciento del electorado nacional) y dos veces derrotado en sus aspiraciones presidenciales, termine por imponerse a Aécio Neves como candidato del PSDB. Las posibilidades de que eso ocurra son ínfimas: Neves domina la máquina del partido y Serra cuenta con mucha más antipatía que simpatía entre los militantes. Aun así, en caso de que lo logre, Serra perdería ante Dilma.


La situación podría ponerse un poco más tensa en caso de que el escenario cambiase de manera radical y Dilma tuviese que enfrentar a Serra y Marina Silva en lugar de Aécio Neves y Eduardo Campos. Aun así, y por pequeño margen, lo más probable es que ganara en la primera vuelta.


Claro que de aquí a que comience la campaña por radio y televisión, en agosto del año que viene, muchas cosas podrán cambiar bajo los cielos brasileños. Pero no hay duda alguna en relación con por lo menos dos aspectos. Primero: Dilma se recuperó, y bien. Segundo: sus adversarios, sin excepción, perdieron puntos en todos los sondeos.


Hay una novedad, sin embargo, que acapara atenciones de los estrategas tanto de Dilma como de sus aliados, además, claro, de los de la oposición, para prevenirse a favor o en contra. Es que el 66 por ciento de los encuestados, incluso los que aseguran que votarán a Dilma, preconizan la necesidad de cambios.


¿Cuáles cambios? Cuando no son interrogados con esa pregunta específica, mencionan, de manera amplia y un tanto dispersa, mejor salud, mejor educación, menos inflación. Cuando sí lo son, repiten más o menos lo mismo, en el mismo orden, pero extienden la lista a temas como rutas, transporte público, garantías de empleo, menos corrupción.


Para el PSDB, ahí estaría el mote central de su campaña: "mudança com segurança", o sea, cambio, pero de manera segura. Pero son incapaces de aclarar qué pretenden cambiar y qué entienden por cambios seguros. Lo que vuelve a quedar claro es la absoluta incapacidad tanto de Neves (o, en su falta, Serra) como de Campos (o, en su falta, Marina Silva) de crear y presentar un proyecto alternativo convincente. No lo tuvieron en el auge de la caída de Dilma (su gobierno tenía 65 por ciento de aprobación en marzo; se derrumbó a 30 por ciento en junio; en octubre volvió a 41 por ciento) ni lo tienen ahora. Tampoco tuvieron elementos para impedir su recuperación.


Mientras, del lado de Dilma lo que entienden tanto los del "núcleo duro" que la rodea (ministros, interlocutores y asesores con diálogo abierto) como los estrategas de su campaña es que el electorado quiere cambios en el gobierno y en la forma de gobernar, lo que no implica necesariamente cambio de presidente.


Frente a la manera amorfa con que se mueve la oposición, Dilma viene moviéndose de manera intensa, con viajes seguidos al interior del país. No será ninguna sorpresa que el slogan principal de su campaña sea precisamente requerir un segundo mandato presidencial para cambiar lo que no resultó en el primero, mientras asegura lo ya conquistado desde la ascensión de Lula y del PT a lo largo de los últimos diez años.


Mientras la oposición política patina entre un discurso sin norte, vacío de contenido y carente de propuestas, la verdadera oposición se concentra en los medios de comunicación.


Pero, por lo visto, ni siquiera eso resulta: el juicio más mediático de la historia, el histrionismo de la mayoría de los integrantes de la Corte Suprema, la imagen de líderes históricos del partido siendo conducidos a la cárcel, los titulares alarmistas sobre la inflación y la incapacidad gestora del gobierno fueron pasados por alto por el electorado.

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Jueves, 05 Diciembre 2013 07:58

Karl Marx, 130 años después de su muerte

Karl Marx, 130 años después de su muerte

El 14 de marzo de 1883 fallecía en Londres una de las figuras más trascendentales de la historia contemporánea. Karl Marx ocupa un lugar fundamental en la historia del socialismo internacional junto a otros grandes del socialismo, como su inseparable Engels o sus rivales Proudhon y Bakunin. Marx no sólo fue fundamental por lo que significó para el socialismo en la época que vivió, sino por lo que su ideología dio al movimiento obrero en el siglo XX. Y aún hoy sigue dando.


Karl Marx nació el 5 de mayo de 1818 en la localidad prusiana de Tréveris. De ascendencia judía, en el seno de su familia bebió de las corrientes más avanzadas de la época. En su infancia se relacionó con las obras de Voltaire, Kant y los grandes filósofos de la Ilustración. En 1835 comenzó sus estudios de filosofía y literatura, si bien los años universitarios del joven Karl no fueron muy brillantes. Alejado de las aulas, Marx era más amigo de las salidas. Su padre le obligó a trasladarse a Berlín, donde tomó verdadero interés por la filosofía y la historia. En esta etapa comenzó Marx a conocer la obra de los grandes de la filosofía alemana: Hegel, Feuerbach, Bauer, etc. Así, se convierte en un convencido hegeliano de izquierdas. En Colonia comienza a colaborar con La Gaceta Renana y hace sus primeras incursiones en la política.


Pero la Prusia del momento comenzó a ser peligrosa para Marx, que se traslada a París y conoce a Pierre-Joseph Proudhon. También por aquellos años conoció al anarquista ruso Mijaíl Bakunin. El padre del anarquismo Proudhon causa gran impresión en Marx. La importancia de la Revolución francesa como punto de inflexión en la historia se convierte para Marx en algo fundamental. Así, la más importante amistad de Marx llegó también en París. Allí conoció a Friedrich En¬gels, que se convirtió en su inseparable pareja política. En ese tiempo, discuten con otros grandes hegelianos de la izquierda, como Feuerbach o el propio Max Stirner, que está de¬sarrollando su gran obra, El único y su propiedad.


Los puntales del capitalismo


Marx y Engels comienzan a sintetizar las grandes corrientes socialistas del momento. Leen y critican el liberalismo de David Ricardo y Adam Smith; analizan a Saint Simon, Fourier y Proudhon; y desmenuzan la obra de Feuerbach alrededor de la religión. Aunque Marx había publicado textos anteriores, como La cuestión judía en 1843, entre las grandes obras primigenias estarían Manuscritos económicos y filosóficos, en 1844, y El manifiesto comunista, escrito para la Liga de los Comunistas. En ellos ya se vislumbra un Marx determinista, analista del mundo natural y de la evolución de las fuerzas productivas, que le permitió vislumbrar el nacimiento de una nueva etapa. En Las tesis sobre Feuerbach analiza la alienación económica (partiendo de la alienación religiosa) como uno de los puntales del capitalismo para controlar a los trabajadores.


El análisis de la Revolución francesa y sus consecuencias, así como el devenir histórico en ese país, los analiza en obras como La lucha de clases en Francia o El 18 brumario de Luis Bonaparte. La crítica a Proudhon la realiza a través de su Miseria de la filosofía, contestación a la obra del anarquista Sistema de las contradicciones económicas o Filosofía de la miseria. El manifiesto comunista es el gran libro que precede a las revoluciones democráticas de 1848. Los análisis que realizan tanto Marx como Engels de la obra de Hegel o de otros socialistas les sirven para desarrollar sus conceptos de materialismo dialéctico, materialismo histórico y lucha de clases.


Aunque la obra cumbre de Marx y Engels es, sin duda, El Capital. Escrita en varios tomos, es una de las obras cumbres del socialismo internacional. Su aportación al análisis y a la evolución de las sociedades es realmente enciclopédica y base del entendimiento del marxismo. Otro de los grandes momentos de la vida de Marx es su implicación en el na-cimiento de la Asociación Inter¬na¬cional de los Trabajadores (AIT), como entidad internacional para poder unir a los trabajadores de todo el mundo contra la explotación capitalista. Marx fue uno de los iniciadores e impulsores.


Pero el método y la forma de organización con los que Marx y En¬gels quieren dotar a la internacional chocan con la realidad del modo de funcionamiento de las sociedades obreras de distintos países. En Fran¬cia, el movimiento obrero es de claro tinte proudhoniano, mientras que en España las tesis de Bakunin, basadas en la descentralización y la organización horizontal, triunfan frente al marxismo.

 

La Comuna de París significó para Marx la plasmación de que su modelo determinista no funcionaba. Pero lejos de significar un fracaso para el marxismo, el modelo voluntarista de intentar cambiar la situación no por evolución natural, sino forzando dicho cambio, comienza a hacerse presente en el movimiento obrero. Cuestión que ya habían adoptado hacía mucho tiempo los anarquistas y que les vale para adelantarle en España, Ita¬lia, parte de Francia, zonas de Sui¬za y algunos lugares de Rusia, así como en amplias zonas de Amé-rica. Los seguidores de Marx van adaptándose a las circunstancias de su lugar y sólo en Inglaterra (aunque con muchos matices) y en Alemania (no sin críticas de Marx y Engels) el marxismo se hace con la mayoría del movimiento obrero.


Cuando Marx murió en 1883 había dejado un acabado compendio de obras y un modo de análisis de la historia. Pero nunca una teoría de la historia como intentaron plasmar muchos de sus seguidores (por ejemplo, Stalin).


Como dijo Ramsay MacDonald en su obra Socialismo, "Marx no aportó nada al socialismo como teoría, sino que hizo como el jardinero que selecciona entre un conjunto de plantas aquellas que ha de utilizar, cultivándolas, protegiendo su crecimiento y ofreciéndolas para que el mundo las admire". La obra de síntesis de Marx sirvió para generar un movimiento que marcó el devenir de la historia de la humanidad, en el que posiblemente el propio Marx hubiese sido una víctima.

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En Hong Kong, un millón de personas viven en jaulas de alambre o minicubículos

Para los ricos de Hong Kong, ir a casa significa ir a una mansión con vista a las montañas majestuosas. Para los pobres, ir a casa es meterse en una jaula.

 

Leung Cho-yin, de 67 años de edad, que trabajaba de carnicero, paga mil 300 dólares de Hong Kong (167 dólares estadunidenses) al mes para vivir en una de la docena de jaulas de alambre metidas en un departamento semidestruido, en una zona pobre del barrio de clase obrera de West Kowloon.


Las jaulas, apiñadas una encima de otra, miden apenas 1.5 metros cuadrados. A fin de protegerse de chinches, Leung y sus compañeros colocan colchas, sábanas o linóleo encima de las tablas de madera.


Unas 100 mil personas en esta antigua colonia británica viven en lo que se llama oficialmente viviendas inadecuadas, según la Sociedad de Organización Comunitaria. Esa categoría incluye departamentos subdivididos en pequeños cubículos, o con compartimientos del tamaño de un ataúd, o casuchas construidas sobre tejados. Estas humildes construcciones presentan un agudo contraste con la prosperidad económica de esta ciudad china.


Parte del problema son los elevados precios de las viviendas, que está agravando la situación política para el gobernador de Hong Kong, Leung Chun-ying, designado por el gobierno central de Pekín, que cuenta con escaso apoyo público y ahora debe enfrentar protestas por la crisis habitacional. Al asumir la gobernación de Hong Kong en julio pasado, Leung prometió ofrecer más viviendas accesibles. Los precios aumentaron 23 por ciento en los primeros 10 meses de 2012 y se han duplicado desde que tocaron fondo en 2008, en medio de la crisis financiera mundial. Los precios de los alquileres han seguido una tendencia similar.


La inflación significa que la vivienda decente se ha vuelto un sueño imposible para gran parte de la población, y ha causado gran descontento contra el gobierno, que controla toda la propiedad de tierras junto con un pequeño grupo de terratenientes.


En su discurso de toma de posesión en enero, el gobernador de Hong Kong reconoció que la falta de acceso a la vivienda constituye una amenaza para la estabilidad social y prometió darle prioridad a reducir la escasez habitacional.


Muchas familias se ven obligadas a mudarse a apartamentos más pequeños o incluso a fábricas viejas, declaró. Vivir en jaulas, apartamentos cubiculares o subdivididos se ha convertido en la lamentable opción para decenas de miles de residentes de Hong Kong, señaló. Leung reveló planes de aumentar la oferta de viviendas públicas a mediano plazo, más allá de las 15 mil de su nivel actual.


Unas 210 mil personas están en lista de espera para conseguir vivienda pública, el doble de lo que había en 2006. Una tercera parte de los 7.1 millones de habitantes de Hong Kong, más de 2 millones 300 mil personas, viven en departamentos públicos.


El descontento popular hacia los altos precios de las viviendas se ha vuelto uno de los temas principales de las frecuentes protestas antigubernamentales.


Leung Cho-yin vive en una jaula desde que tuvo que dejar su trabajo en un mercado tras perder parte de un dedo hace 20 años. Debido a que apenas estudió la primaria, sólo pudo encontrar empleos esporádicos. Su único ingreso son 4 mil dólares de Hong Kong (HK) (515 dólares estadunidenses) en asistencia pública. Tras pagar su alquiler se queda con 2 mil 700 dólares HK (350 dólares), lo que en promedio implica 90 HK dólares (11.60 dólares estadunidenses) diarios.


Leung y sus compañeros de habitación, todos hombres solteros y ancianos, lavan su ropa en un balde. Hay dos retretes encerrados y uno de cuclillas que está dentro de la ducha. No hay cocina sino una pequeña habitación con un lavaplatos. Las paredes han tomado un color ocre bajo la suciedad y el hollín de tantos años.


Aunque las jaulas, que comenzaron a surgir en los años 50 para hospedar a los hombres solteros que venían a trabajar desde el interior, son cada vez menos comunes, hay otros tipos de viviendas deficientes, como departamentos-cubículos que están aumentando a medida que se incrementa la pobreza. Casi 1.19 millones de personas vivían en esa condición, según la Agencia de Servicios Sociales de Hong Kong.


Muchos habitantes pobres de este territorio han solicitado viviendas públicas, pero deberán esperar años. La mayoría de unas 500 familias pobres que respondieron a una encuesta de Oxfam Hong Kong han estado en la lista por más de cuatro años sin recibir una oferta.

 

AP

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Lunes, 02 Diciembre 2013 07:38

Población y economía

Población y economía

Malthus previno que el crecimiento de la población constituía un asunto de principal relevancia para la economía. Esta tendía a aumentar de modo más rápido que la oferta de alimentos, lo que llevaría a un estancamiento productivo con el consiguiente conflicto social.


No es la producción de alimentos lo que frena la expansión del producto ni compromete la existencia de los habitantes del planeta. Son otras causas las que obstaculizan la creación de ingreso y de riqueza, y las que provocan que mucha gente no tenga acceso suficiente a la comida.
Prácticamente al mismo tiempo, Augusto Comte señalaba que la demografía es destino y que el futuro del ser humano está ligado a los nacimientos y los fallecimientos, a la edad de la población y su evolución.


La demografía es, sobra decirlo, un tema crucial del análisis social en general: marca de modo decisivo las condiciones económicas de las naciones el proceso de desarrollo y las pautas del bienestar colectivo. Define, también, las relaciones geopolíticas. Este es un aspecto central de las consideraciones acerca del poder, de las posibilidades y alcances de la exigencia permanente de innovación en la sociedad. El ser destino no la convierte necesariamente en fatalidad.


Una de las cuestiones que se discuten hoy de modo recurrente es el envejecimiento de la población. Este proceso afecta a unas sociedades de modo más acuciante, como es el caso de Europa, donde el número de habitantes aumenta de manera lenta y tiende a estancarse y, aun, a disminuir. Al mismo tiempo se extiende la esperanza de vida y esto representa cambios relevantes en materia de producción, empleo, ingresos, financiamiento, pensiones, servicios públicos y modalidades de consumo, entre muchas otras.


El financiamiento de las pensiones se ha colocado en el centro del debate en los países de la Unión Europea, sobre todo los del sur, en el marco de la severa recesión que se extiende ya desde 2008. Se trata no sólo de los fondos para cubrirlas y de cómo se van reponiendo cuando el desempleo crece.


Mantener a los pensionados es cada vez más costoso y si se confronta con las condiciones reales del envejecimiento de la gente se advierte que no es sensato hacer que el retiro ocurra a edades tan tempranas como los 55 años, lo cual sucede en muchos casos, como el de Grecia. No se puede mantener a la gente durante 25 o 30 años con la manera en que se reproducen los ingresos. Tampoco pueden financiarse con impuestos de modo indefinido, sobre todo si han de ser suficientes, no en términos nominales sino reales.


La presión de las personas más jóvenes en el mercado de trabajo no se expresa ahora en empleos bien remunerados y con capacidad de cotizar a los sistemas de pensiones, y se acentúa la contradicción entre jóvenes y viejos en términos de la disputa por los recursos y las oportunidades.


En una forma bastante explícita, quienes nacieron en lo que se conoce como el baby boom luego de la segunda posguerra, se están quedando con los recursos que habrían de fluir hacia su descendencia. Las pirámides de edades están cambiando significativamente y con repercusiones para las que no se han adaptado las formas de la reproducción social. Esto afecta al mercado de trabajo, las viviendas, el acceso a la salud y otros servicios. La contradicción en esas sociedades no es para nada trivial.


Mientras esto ocurre en las sociedades que habían alcanzado un alto nivel de desarrollo económico y, sobre todo, elevados estándares de bienestar y que ahora están ajustándolos hacia abajo, en otras sociedades la demografía va en sentido contrario.


En China, el crecimiento económico de los últimos años ha sido muy elevado, provocando el surgimiento de una clase de consumidores con altos ingresos frente a grandes segmentos de la población con acceso mucho más limitado, o nulo, a trabajos bien remunerados y servicios públicos. Buena parte de la atención del reciente congreso del PCCh se enfocó en esta cuestión.


Luego de varias décadas de una política de población que limitaba a uno el número de hijos por pareja, esta restricción se ha relajado y el componente demográfico de una nación que tiene ya mil 354 millones de habitantes (19 por ciento del total mundial) será una referencia imprescindible en cuanto a las formas de la acumulación de capital, la distribución de las inversiones, el comercio, las finanzas y las relaciones internacionales.


El aumento de la población mundial a la escala que se registra hoy es un proceso relativamente nuevo. Hasta el 1800 el número de habitantes llegó a mil millones, hoy rebasa los 7 mil millones. Esta evolución tiene que ver con las posibilidades de producción para mantenerla; la demografía y la economía están estrechamente vinculadas.


En México la presión poblacional sigue siendo muy alta, a pesar de que el crecimiento de la tasa natural se va reduciendo. Pero la dinámica productiva es muy reducida y eso da cuenta de fenómenos como la resistencia de la pobreza, la informalidad, la migración y demás. Las reformas, todas las que se han emprendido en poco más de un año, se enfrentan con la necesidad de soltar las amarras del crecimiento y ampliar su manifestación en el conjunto de la sociedad. La demografía es un referente inescapable y tiene que ser explícito en cualquier política pública.

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Lunes, 02 Diciembre 2013 07:33

La protesta renace con bríos en Ucrania

La protesta renace con bríos en Ucrania

Decenas de miles de manifestantes ucranianos tomaron ayer la plaza de la Independencia de Kiev para pedir la dimisión del presidente del país, Victor Yanukovich, y reclamar una política de integración con la Unión Europea. Medio millón de personas, según los partidos opositores convocantes, y 150.000, de acuerdo con el Ministerio del Interior, acudieron a la principal plaza de la capital ucraniana, después de romper las vallas colocadas por la policía desde la madrugada del sábado, cuando reprimió a los manifestantes que allí acampaban. Cerca de medio centenar de personas tuvo que recibir atención médica. Periodistas también denunciaron que la policía golpeó a los manifestantes con palos y destruyó algunas de las cámaras de televisión que estaban registrando las protestas y la represión. Al mismo tiempo, otro grupo de encapuchados, que se autoidentificó como militantes de derecha, irrumpió y ocupó parte de la sede de la municipalidad de Kiev. Yanukovich convocó a una reunión de emergencia junto a su gabinete, para frenar las protestas.

 

Ante la masiva movilización, los líderes de la oposición convocaron a una huelga general y hasta declararon el inicio de una "revolución", mientras que Yanukovich llamó a una reunión de emergencia en las afueras de Kiev para analizar la posibilidad de implantar un estado de sitio. Después de la tensión provocada el sábado por la represión, Yanukovich prometió en un discurso televisado que haría todo lo que pudiera para acelerar el proceso de acercamiento de Ucrania a la UE. Pero sus palabras no convencieron a los manifestantes.
Desde temprano, miles de personas fueron concentrándose en la simbólica plaza de la Independencia, donde en 2004 estalló la llamada Revolución Naranja (ver aparte), un levantamiento popular que cuestionó y logró revertir la entonces victoria electoral del mismo Yanukovich, quien era considerado como un férreo aliado de Moscú. Las autoridades habían prohibido congregarse en esa plaza.


Las protestas para pedir la dimisión de Yanukovich y su gobierno no se detuvieron en Kiev desde que el 21 de noviembre el presidente anunciara su renuncia temporal a firmar un Acuerdo de Asociación con la UE, alegando que ello tendría un alto costo económico y social en el período de transición para Ucrania. Esta negativa a la integración con la UE supuso para la oposición pro Europa la ruptura de un sueño, el de acercar a la ex república soviética a la familia occidental europea.


Los efectivos antidisturbios consiguieron rechazar dos veces a los manifestantes que intentaron atravesar el vallado policial que protegía el complejo gubernamental, situado a pocos metros de la plaza de la Independencia. La policía consiguió arrebatar a los manifestantes una excavadora con la que en dos ocasiones intentaron abrirse paso hacia el complejo. Tampoco permitieron llegar hasta el lugar a una caravana de 300 vehículos que iban tocando la bocina en señal de apoyo a la protesta. Según fuentes policiales de Kiev, unos cien efectivos resultaron heridos en los enfrentamientos, de los que 35 fueron hospitalizados. También 59 militares enviados para contener a la multitud sufrieron heridas.


"Desde este día, estamos empezando una huelga", anunció el líder ultranacionalista Oleh Tyahniboh, mientras que a su lado el dirigente del movimiento Tercera República de Ucrania y ex ministro del Interior Yuri Lutsenko, declaraba el inicio de una revolución. "Nuestro plan está claro: esto ya no es un mítin o una acción. Es una revolución. Están completando hoy lo que no acabaron durante las protestas masivas de 1991 y 2004", aseguró, en referencia a las protestas que marcaron la salida del país de la ex Unión Soviética y la llamada Revolución Naranja. "La República Socialista Soviética de Ucrania está muriendo hoy aquí. Estamos asistiendo a su funeral", agregó.


Además de la actual crisis política que provocó la decisión del mandatario ucraniano de suspender la firma de un acuerdo comercial y político con la UE –por presuntas presiones de Rusia–, ayer se cumplió un nuevo aniversario del referendo que determinó la independencia de la URSS en 1991. Una de las voces más esperadas fue la del popular ex boxeador de peso pesado devenido en líder opositor, Vitaly Klitschko, quien pidió la renuncia del presidente. "Nos robaron el sueño. Si este gobierno no quiere cumplir con la voluntad del pueblo, entonces no habrá dicho gobierno, no habrá dicho presidente. Habrá un nuevo gobierno y un nuevo presidente", reclamó.


Los funcionarios de la UE recurrieron al uso de la retórica de la Guerra Fría y culparon a la interferencia rusa de lo sucedido en Kiev. "Las medidas adoptadas por Rusia hacia la Asociación Oriental –el programa de la UE para acercar al bloque comunitario con las ex repúblicas soviéticas– son incompatibles con la forma en que las relaciones internacionales deberían funcionar en nuestro continente en el siglo XXI", dijo Herman van Rompuy, presidente del Consejo Europeo.

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Viernes, 29 Noviembre 2013 07:22

"La izquierda es un gigante herido"

"La izquierda es un gigante herido"

La izquierda europea se diluye. La socialdemocracia del Viejo Continente zigzaguea entre sus propuestas ideales y una acción política híper realista que no se separa de los cánones liberales cuando tiene que gobernar. Consensual, tibia, moralista, apegada a sus conquistas del siglo pasado, pero incapaz de ofrecer una visión alternativa que movilice a la sociedad, la socialdemocracia está en crisis. Las izquierdas de Europa son una sombra de lo que pudieron representar en décadas pasadas. Algunos analistas hasta le atribuyen una suerte de "prolofobia". En los últimos veinte años, la socialdemocracia europea fue perdiendo sus tradicionales bastiones obreros y populares, al tiempo que ganaba el corazón de los nuevos burgueses urbanos. Esa transformación de la sociología de su electorado también transformó a la izquierda y la relación de fuerzas dentro del juego electoral: los obreros y las clases populares votan a la derecha, los "nuevos modernos" a la socialdemocracia.

 

El resultado es una indiferenciación cada vez más creciente entre ambos sectores. La socialdemocracia puede ser tan globalizadora, pro ajuste y liberal como la derecha. La ortodoxia financiera no le es indiferente; sí, en cambio, las clases populares que, año tras año, abandonan sus filas. "¡Pero el pueblo existe!", dice el sociólogo y politólogo francés Gaël Brustier en su libro Se busca pueblo desesperadamente. Este analista político ha escrito varios libros sobre las transformaciones políticas actuales, especialmente sobre el devenir incierto de la izquierda y la derechización de las sociedades europeas. En uno de sus últimos libros, La guerre culturelle aura bien lieu (La guerra cultural tendrá lugar), Brustier define el combate que la izquierda debe llevar a cabo para cambiar ese imaginario colectivo a donde hoy, en Europa, se instaló cómodamente la derecha. Su análisis sobre el presente de las izquierdas europeas no tiene concesiones. Las reflexiones de Brustier se inspiran mucho en las del filósofo italiano Antonio Gramsci. Este pensador imperdible de la izquierda fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano. Gramsci fue encarcelado por el dictador fascista Benito Mussolini y murió en 1937, cuando salió de la cárcel. En esta entrevista con Página/12, Gaël Brustier analiza la crisis de la socialdemocracia europea, su penosa falta de iniciativas y su indefinición.


–La división histórica entre la izquierda y la derecha heredada de la Revolución Francesa parece estar llegando en Europa al fin de un ciclo.

 

–En efecto. Esa división se está reconfigurando, se está reformando mediante otras diferencias. El contenido de la izquierda de 2013 no es el mismo que el de la izquierda de 1981 ni el de 1936. La derecha también ha evolucionado. Las diferencias entre izquierda y derecha están entonces en plena evolución, determinadas a su vez por las evoluciones económicas, la desindustrialización y la ruptura del esquema de clases sociales que golpea a una gran parte de la población. El Partido Socialista francés es hoy un partido de gente que vive en las grandes metrópolis, inclinadas hacia la globalización. La derecha, junto a la extrema derecha, logró conquistar los medios obreros, que fueron durante mucho tiempo electorados cautivos de los partidos de izquierda. En los años '80 se produjeron dos fenómenos: la ruptura del lazo entre el voto de clase, el voto obrero, a favor de la izquierda; y, paralelamente, la adhesión de cierta tecno estructura de la izquierda a las recetas liberales, a la liberalización de los mercados internacionales. Este sector de la izquierda; está convencido de que es preciso desreglamentar y conducir a Francia hacia el combate de la globalización liberal. Estos dos fenómenos conjugados definen la situación actual.


–Si tuviésemos que tornar visible la línea que hoy separa a la izquierda de la derecha, ¿por dónde pasa?


–Es muy complicado. Pero podemos decir que la línea de fractura pasa por la sociología de los dos campos. Cierta burguesía de negocios permaneció a la derecha, mientras que muchos obreros y empleados se pasaron de la izquierda a la derecha. A su vez, muchos jóvenes con diplomas, la gente que trabaja en el mundo de las ideas, la prensa, la comunicación, que está conectada con la mundialización, toda esta gente conforma la sociología de la izquierda. La fractura entre la izquierda y la derecha ya no pasa tanto por las cuestiones económicas. Hoy, fundamentalmente, en torno de las cuestiones económicas las políticas que la socialdemocracia aplica en Europa no son tan diferentes de las políticas aplicadas por el bloque conservador. En el Parlamento Europeo, por ejemplo, los bloques de la derecha, el PPE, y de la socialdemocracia, PSE, están ligados por el consenso europeo.


–¿Acaso Europa mató a la izquierda?


–El problema de la izquierda europea radica en que siempre se remitió al ideal para justificar la Europa real. Cuando se construyó el mercado único la izquierda dijo: "La próxima vez vamos a construir la Europa social". Pero esa Europa social nunca se hizo realidad. La izquierda dijo también que las instituciones europeas eran bastante oligárquicas y prometió que, mañana, se construiría una Europa democrática. Pero tampoco se hizo realidad. En suma, la vocación de una Europa ideal siempre sirvió para justificar la existencia de la Europa real. Hoy llegamos al final de esa contradicción. La socialdemocracia pretende cambiar Europa al mismo tiempo que adhiere al marco consensual europeo. Observemos lo que ocurrió con el presidente francés, François Hollande. Antes de ser electo, Hollande prometió que iba a renegociar el famoso pacto fiscal europeo firmado por el ex presidente Nicolas Sarkozy y la canciller alemana Angela Merkel, el pacto conocido como Merkozy. Pero no lo hizo y eso no permitió que se reorientara la política económica europea. En resumen, las izquierdas de Europa perdieron la batalla ideológica. Europa funcionó durante mucho tiempo como un mito de sustitución.


–Esta situación deja un esquema muy claro: se usan los ideales para ganar una elección, pero se gobierna exclusivamente con las realidades financieras. Esto forma parte del consenso europeo.


–El problema radica en saber quién es capaz de romper ese consenso. El Partido Socialista francés es, por ejemplo, el más potente de Europa: tiene la presidencia, las regiones más importantes, las dos Cámaras del Parlamento. Pero esto no ocurre con los demás partidos socialdemócratas de Europa. Por eso no pueden ni aceptar ni aplicar un proyecto socialdemócrata alternativo. La izquierda europea podría empezar a proponer un plan radicalmente distinto al de la derecha. Pero no lo hace.


–La izquierda europea es incapaz de operar una verdadera mutación y también de proponer una alternativa.


–La izquierda no ha muerto, la izquierda es un gigante herido. Hasta los sindicatos, que siempre fueron el sostén de la izquierda, están debilitados. Después de un siglo de socialismo, la izquierda se ha vuelto incapaz de imprimir en la sociedad una verdadera visión movilizadora, un proyecto claramente identificable. La socialdemocracia, está en crisis. La izquierda radical también está en crisis, porque no llega ni a sustituir la socialdemocracia ni a desempeñar un papel de contrapeso eficaz frente a los desvíos de los socialdemócratas. Por paradójico que resulte, hoy es mucho más simple ser de derecha que de izquierda. La derecha navega sobre las olas del pánico moral, sobre el miedo al ocaso. Es muy simple. Pero es obvio también que, a la izquierda, no se realizó un trabajo crítico sobre la ideología dominante. No hay que engañarse más: la izquierda forma parte de la ideología dominante. La izquierda no consigue transmitir un imaginario alternativo. Esa es su gran dificultad. Si observamos lo que ocurre en Francia, las protestas más fuertes no vienen de la izquierda, sino de la derecha.

 

–Esta crisis y estas nuevas fronteras que usted describe son propias de la izquierda europea, no se dan tanto en las izquierdas latinoamericanas.


–Desde luego. Las izquierdas latinoamericanas son muy diferentes a las izquierdas europeas. En primer lugar, las izquierdas de América latina asumieron y plasmaron un proyecto geopolítico. Hace quince años nadie hubiera pensado que América latina alcanzaría la autonomía de hoy. Es una conquista mayor. Estados Unidos ya no puede dar órdenes con tanta facilidad como antes ni tampoco considerar que América latina es su coto privado. Kirchner en Argentina, Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Morales en Bolivia o Lula en Brasil ganaron espacios enormes, imprimieron la afirmación de una autonomía enorme con respecto a Estados Unidos. Estos presidentes tuvieron una visión geopolítica y un programa de acción social. La situación con las izquierdas europeas no es comparable. Las izquierdas latinoamericanas impusieron sus agendas, conquistaron electores, desarrollaron su visión del mundo. Ese esquema funciona porque esa izquierda es capaz de movilizar a la sociedad. Comparadas con las de Europa, las izquierdas latinoamericanas son mucho más dinámicas.


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