Viernes, 17 Mayo 2013 13:16

Santos podría buscar reelección

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, dejó la puerta abierta este viernes a una posible reelección para un segundo mandato en 2014, en el marco de una reunión en la que se oficializó la salida de Germán Vargas Lleras del Ministerio de Vivienda a la Fundación Buen Gobierno. El mandatario afirmó que quiere la reelección de sus principales políticas.


“Quiero que muchas de nuestras políticas continúen más allá del 7 de Agosto de 2014. Quiero que la política de paz sea reelegida, quiero que la política de vivienda del ministro Vargas Lleras sea reelegida, quiero que la política que ha reducido el desempleo sea reelegida y quiero que nuestra política de seguridad sea reelegida. No quiero que los profundos cambios se queden a mitad de camino”, sostuvo Santos durante una rueda de prensa en la Casa de Nariño.


Pese a que no aseguró su reelección, el presidente de Colombia conformó un “equipo de lujo” en caso de que decida oficialmente lanzarse a la Presidencia en 2014.


Sin embargo, Santos aclaró que será respetuoso de las reglas de juego y no tomará ninguna decisión hasta que la ley lo establezca.Además, confirmó el retiro del ministro de Vivienda y del secretario general de la Presidencia, Juan Mesa, quienes trabajaron de la mano y muy cerca del jefe de Estado.


Santos agradeció la lealtad y el compromiso que tuvieron para con el gobierno. Al tiempo que señaló que ahora Lleras estará al mando de la fundación Buen Gobierno y Juan Mesa estará como director ejecutivo de esa misma organización, creada por el dignatario en 1994.
Santos utilizó Buen Gobierno como plataforma para las elecciones de 2010, cuando venció a Antanas Mockus.

 

17 mayo 2013


(Tomado de Telesur)

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Viernes, 17 Mayo 2013 13:13

La sociedad de la descolonización

En principio todos estamos contra el colonialismo y contra el patriarcado. Todos defendemos la necesidad de la descolonización y la lucha antipatriarcal, tanto en el pensamiento crítico como en la actividad concreta. Es casi imposible encontrar personas, por lo menos en la izquierda y en los movimientos, que defiendan el machismo y el eurocentrismo colonialista. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas cuando se trata de aceptar que el otro, y la otra, son sujetos autónomos. Sobre todo si son indios, negros y pobres.


El colonialismo se nos cuela en el alma y en el cuerpo alentado por inercias tan invisibles como el propio patriarcado. Las opresiones, a diferencia de la explotación, no pueden medirse como se mide la tasa de ganancia o la plusvalía. Son relaciones que nos atraviesan, nos modelan, están tanto fuera como dentro de nosotros y, por lo tanto, no se pueden combatir sin involucrarse integralmente. Sin embargo, la opresión es tan estructural como la explotación capitalista y sus efectos no son menos dañinos.


El sociólogo puertorriqueño Ramón Grosfoguel recupera parte del análisis de Frantz Fanon, quien divide el mundo en dos: “la zona del ser y la zona del no ser”. El complejo entramado de jerarquías de poder puede, en última instancia, reducirse a dos jerarquías que son las que determinan las demás. La opresión racial es el nudo que permite distinguir ambas zonas. Mientras en la zona del ser se reconoce la humanidad de las personas, en la del no ser esa humanidad es negada.


Pero lo fundamental es cómo el sistema gestiona los conflictos en cada zona: “En la zona del ser se usan regulación y emancipación y en la zona del no ser utilizan violencia y desposesión”, señala en una notable entrevista titulada “¿Cómo luchar decolonialmente?” ( Diagonal, 1/4/13). De esa afirmación deduce la necesidad de “teorías críticas diferenciadas que den cuenta de las experiencias histórico-sociales diferenciadas entre zona del ser y zona del no ser”.


Por lo tanto, pretender aplicar las lógicas emancipatorias nacidas en las luchas de los oprimidos de la zona del ser, o sea las concepciones revolucionarias del norte, a la zona del no ser, es tanto como actuar colonialmente. La izquierda blanca aplica un aparato teórico antiesencialista que cuestiona las identidades –dice Grosfoguel–, imponiendo de ese modo su cosmovisión, que necesariamente aplasta o desplaza las cosmovisiones no occidentales. “Para un oprimido arriba de la línea de lo humano (proletario, mujer, queer, nacionalidad, occidental, etcétera), la violencia es una excepción en tu vida”.


No puede existir una teoría revolucionaria única para todo el mundo, ni una sola estrategia válida en todo tiempo y lugar. Por otro lado, es evidente que los “afortunados de la Tierra” y los “condenados de la Tierra” no están divididos por fronteras nacionales y que a menudo viven en un mismo Estado-nación. Las crisis también los afectan de modo diferente, entre otras cosas porque “hay un 80 por ciento de la población de la humanidad que ha estado viviendo en crisis por 500 años”.


Grosfoguel dice que quienes somos blancos y nacimos en la zona del ser no debemos pretender que lo entendemos todo, que nuestras ideas y visiones no son universales, que debemos ser más humildes y estar dispuestos a reconocer la particularidad y limitación de nuestro marco conceptual. Quienes nos formamos en el marxismo, ¿estamos dispuestos a aceptar la carga de colonialismo que supone aplicar ciertas categorías y estrategias ante cualquier situación y en relación con todos los sujetos?


Ciertos conceptos, formas organizativas y modos de hacer nacidos en el combate de la clase trabajadora occidental no deben ser aplicados en toda circunstancia, a riesgo de actuar de modo patriarcal y colonizador. Cuando la Internacional Comunista trasladó a China el mismo esquema de acción nacido en Europa, y promovió las insurrecciones obreras de Cantón y Shanghai, en 1926 y 1927, cosechó la indiferencia de las mayorías, que no se mostraban dispuestas a aceptar la “dirección” del proletariado. Fue Mao quien dio un giro a la lucha revolucionaria china al colocar al campesinado en el centro de la acción y de los modos de hacer la guerra.


En América Latina nos encontramos con pueblos que siempre tuvieron una relación de exterioridad con los estados y aún siguen viviendo y soñando por fuera de la relación estatal. Sienten el Estado-nación como herencia colonial y ni siquiera están cómodos dentro del molde del Estado plurinacional que, dicen, pretende refundar los viejos estados coloniales. Los kataristas bolivianos que suelen expresarse, entre otros, a través del periódico Pukara, sostienen un importante debate sobre la actualidad del colonialismo, al igual que los historiadores mapuches.
¿Estamos dispuestos a revisar los sentidos comunes heredados, como hizo Marx en su intercambio con los populistas rusos, de quienes aprendió que la comunidad rural podía ser el hilo conductor de una transición hacia el socialismo sin pasar por el capitalismo, como pensaba en ese momento toda la izquierda europea? La actualidad de esa polémica estriba en una ética radical que le permitió a Marx aprender de los pueblos “atrasados”.


Someter nuestros saberes a la crítica de los “condenados de la Tierra”, aceptar que ellos y ellas tienen otros saberes no menos ni más valiosos que los nuestros, supone un doble ejercicio: de humildad y de compromiso. Humildad para aceptar las limitaciones de nuestros mundos y saberes, para estar dispuestos a aprender de lo diferente cuando sus portadores (y portadoras) son gentes comunes del color de la tierra.
Compromiso porque a esos saberes no se accede en los lustrosos salones de la academia, ni en las cómodas butacas de las instituciones. Asimilar esos saberes requiere compartir los dolores y las fiestas, las caminatas y las celebraciones de los de más abajo, en sus territorios y en la medida de sus tiempos. Desde tiempos remotos a esa actitud la llamamos militancia.

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Miércoles, 15 Mayo 2013 06:20

Segundas partes nunca fueron buenas

Segundas partes nunca fueron buenas

La mayoría de la gente esperaba que la demasiado familiar enfermedad de Washington se declarara, pero pocos predijeron que los síntomas aparecerían tan pronto. Seis meses después de su triunfante reelección, la segunda termitis golpeó al presidente Obama, acosado por escándalos simultáneos que podrían frustrar sus ya débiles esperanzas de pasar la nueva legislación en el Congreso. El giro es tanto más asombroso porque previamente la Casa Blanca de Obama había estado casi libre de escándalos, la única mancha era el fracaso de la empresa llamada Solyndra de energía solar. Pero los republicanos no tuvieron éxito en mostrar que 400 millones del dinero de los contribuyentes que se gastaron en Solyndra no era más que una apuesta a la alta tecnología que se frustraba.

 

Sin embargo, la administración está de pronto a la defensiva en tres frentes: su manejo del período posterior al ataque al consulado en Benghazi en septiembre pasado, el hecho de que las autoridades impositivas les apunten a los grupos políticos conservadores y ahora las escuchas secretas hechas por el Departamento de Justicia a los periodistas de la agencia Associated Press (AP), en su búsqueda por filtrar información sobre el frustrado complot de Al Qaida el año pasado. Nada se acerca a Watergate, que destruyó a Richard Nixon, o el asunto Irán-Contra que envolvió a Ronald Reagan.

 

Tampoco le otorgan todavía a Obama el estatus de “pato rengo” al que, antes o después, cada presidente recibe en su segundo mandato. Pero señalan una verdad eterna. Desde Franklin Roosevelt y su intento de formar una Corte Suprema tendenciosa, Nixon y Watergate, Reagan e Irán-Contra, a Bill Clinton y Mónica Lewinsky, y más recientemente George W. Bush y el huracán Katrina, caos en Irak y la crisis financiera de 2007-2008, los segundos mandatos están donde golpean los problemas.

 

De los tres, el asunto Benghazi parece el menos amenazante. Si se hubieran podido prevenir las muertes del embajador Christopher Stevens y tres miembros de su personal en el ataque terrorista del 11 de septiembre de 2012, no sería más un tema. Lo que les molesta a los republicanos es la manera en la que la administración mostró los ataques. Y su presa es tanto la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton –a quien los republicanos ven como su más potente opositora en el 2016–, como Obama mismo.

 

Las controversias de la AP y de la Dirección General Impositiva (IRS, por sus siglas en inglés) pueden ser más dañinas. En la primera, el Departamento de Justicia está buscando no tanto el servicio de cables como el funcionario que filtró detalles de la operación en 2012 para frustrar un plan terrorista de la rama yemení de Al-Qaida para poner una bomba en un avión comercial con destino a Estados Unidos.

 

Se puede presumir que las administraciones demócratas son más relajadas con las filtraciones que las republicanas. No es así con la de Obama, que inició una acción penal contra seis funcionarios por filtrar información clasificada a los periodistas. El alcance de la investigación, según los expertos legales, es excepcional. En una carta al fiscal general, Eric Holder, Gary Pruitt, el presidente de AP, denunció una intrusión masiva y sin precedentes en la actividad periodística que no tiene justificativo posible y exigió la devolución de las grabaciones.

 

El asunto impositivo puede tener la mayor cantidad de ramificaciones y, por cierto, toca las cuerdas históricas más oscuras. Con su examinación del estatus libre de impuestos del Tea Party y otros grupos políticos de derecha, la dirección general impositiva trajo a la memoria la Casa Blanca de Nixon y su uso de las autoridades impositivas para perseguir a los opositores políticos, salvo que esta vez los roles están revertidos, siendo los conservadores el blanco.

 

En la conferencia de prensa del lunes con David Cameron, Obama describió la conducta del IRS, (que admite que fue inapropiada) como escandalosa. No tenía razón de ser y debe totalmente responsable de sus actos, dijo. Nadie está afirmando que el presidente haya ordenado la investigación, por cierto desde Watergate, los presidentes legalmente no pueden contactarse con el IRS. Que la misma pregunta actuó como ilustración de cómo los escándalos son distracciones para la más disciplinada Casa Blanca. Obama ya está aprendiendo la lección.

 

Por Rupert Cornwell, de The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12

Traducción: Celita Doyhambéhère.

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"En una red social ponen en juego su personalidad"

La especialista en medios y educación analiza los usos de los nuevos medios, sobre todo el celular, por parte de chicos y adolescentes. Qué buscan en ellos y por qué se crea un vínculo tan íntimo. La música, la escuela y los amigos en la "generación multifunción".

 

 

El libro Los adolescentes del siglo XXI, los consumos culturales en un mundo de pantallas se basa en encuestas realizadas en 2011 con 1200 chicos de entre 11 y 17 años de escuelas de todo el país. "Se trata de una investigación cuantitativa, esto significa que las conclusiones nos dirán qué consumen culturalmente los adolescentes, pero será más difícil que nos digan por qué lo hacen. Los estudios cuantitativos muestran, no explican", aclara en la introducción Roxana Morduchowicz, la autora del libro y quien elaboró, diseñó y dirigió el estudio cuando trabajaba en el Programa Escuela y Medios del Ministerio de Educación de la Nación. Otro estudio similar se hizo en 2006 y al compararlos surgen varias tendencias que parecen irreversibles: el mundo de los chicos, su personalidad y sus habilidades comunicativas no se juegan en la calle sino en las pantallas.

 

El primer párrafo del libro resume en pleno las nuevas tendencias: "Las casas de los adolescentes tienen más pantallas que libros, diarios y revistas. Todas cuentan con una televisión y seis de cada diez tienen dos o más aparatos. El ciento por ciento de los hogares tiene al menos un celular. Siete de cada diez tienen computadora, y la misma cantidad, lector de DVD. La presencia de las pantallas en las casas donde hay adolescentes creció fuertemente en los últimos seis años". El mayor crecimiento es el del celular. En 2006 su presencia era del 65 por ciento.

 

En diálogo con Página/12, Morduchowicz repasó los principales puntos de la investigación y las características del uso de las tecnologías de comunicación e información. También se explayó sobre los nuevos desafíos que plantea a padres y educadores esta generación "multitasking" o "multifunción", con sus particulares formas de leer y producir a partir de las pantallas, dentro y fuera de la escuela.

 

–Cuando se pregunta qué objeto "más lamentarían perder" y "cuál es el más importante en tu vida" por nivel socioeconómico, aparecen en segundo lugar y con el mismo porcentaje, en chicos con mayores y menores recursos: el celular. ¿A qué cree que se debe?

–El celular es el medio que más creció en los últimos años y el único que no distingue sector social. Prácticamente todos los chicos de 15 a 17 y la muchísimo más que la mitad de 11 a 14 tienen un celular. Básicamente, les permite dos funciones que para los adolescentes son muy valoradas. La primera es comunicarse con amigos. En esta etapa de la vida, es imposible entender la adolescencia si uno no analiza la relación con los amigos. El celular les permite estar comunicados las 24 horas. Y la segunda es escuchar música. La música es el consumo cultural que marca el paso de la infancia a la adolescencia. Los chicos y adolescentes usan la computadora, leen historietas, navegan por Internet, lo que no hacen de la misma manera es escuchar música. Un chico de 8 años puede estar media hora o menos por día escuchando música, un adolescente puede estar 3, 4 y hasta 5 horas. Ya se está estudiando y se sabe en muchos países de Europa, que cuando el acceso a Internet a través del celular sea masivo, va a ser pantalla única para el adolescente.

 

–Algunos teóricos hablan de boom del uso de celulares relacionado a la soledad y las distancias en las grandes ciudades. ¿Cree que influye en el uso o se trata de un fenómeno de hipercomunicación posibilitado por las tecnologías?

–Veo las dos cosas. Y le agregaría una tercera en el caso de los chicos: el carácter portátil del celular y la pertenencia, la propiedad tecnológica. La televisión y la computadora son de la familia, el celular es de él o de ella. Esta propiedad hace que la relación sea más estrecha, íntima, directa. Los chicos le compran la funda, le ponen tal o cual adornito. Por otro lado, dicen que lo que más valoran del celular es sentirse seguros y lo segundo, sentirse acompañados. Efectivamente, en las grandes ciudades, depende en qué barrio uno viva, a veces tiene menos seguridad que en otros, el celular es un reaseguro. De hecho, es el único medio para el cual ellos utilizan este adjetivo: "Seguro". No así con la televisión, que dicen: "Me hace compañía", es decir, muchas veces viene a llenar espacios vacíos. Y hay una cuestión generacional: cuando uno le pregunta por qué no apagan el celular, ya que la mitad no lo hace, contestan: "Lo tengo debajo de la almohada por si algún amigo me necesita". Les permite estar disponibles para los amigos en una etapa donde se juegan las relaciones sociales de una manera muy especial, mucho más que para un adulto.

 

–Este uso indiscriminado tanto del celular y muchas veces de la computadora, ¿puede generar dispersión? ¿Qué incidencia tiene dentro del aula?

–El rol de la escuela, respecto del celular, es muy controvertido en todo el mundo. Se está discutiendo y debatiendo. En principio podría decirse que es distractivo y el chico no podría utilizar el celular si está en clase. Esta fue la primera disposición que se tomó en la Argentina en muchísimas provincias. Se prohibió en clase. Sin embargo se está reviendo porque no todas las escuelas del país tienen acceso a Internet en las aulas. Si un docente está dando clases y hablando sobre la contaminación de un río y resulta que necesita un dato y hay algún chico en el aula que tiene un celular inteligente, entonces ahí hay un uso educativo. Como tienen cámaras, si están haciendo una experimentación, tranquilamente un profesor de ciencia, biología, de botánica, podría decirles a los chicos, saquemos fotos de esta planta, de ese experimento, de esta actividad para después comparar y demás. Las tecnologías, en todas las épocas, tienen un altísimo potencial y un valor educativo o cultural importante. Hay que ver cómo se usa.

 

–¿Y en cuanto a la dispersión?

–A esta generación se la llama, en el mundo, generación multimedia. Y no sólo por la variedad tecnológica de la que dispone, sino por el uso en simultáneo: cuando ven televisión, navegan por Internet, hablan por teléfono, escuchan música y hacen la tarea, todo al mismo tiempo. Es una generación para la cual el zapping, que para mí era una actitud ante el televisor, para la generación actual es una actitud ante la vida. Los medios no se excluyen, se superponen, se integran, se complementan. ¿La atención de los chicos es diferente? Absolutamente, es una marca de esta generación. No hay estudios en el mundo que confirmen, quizás porque es muy pronto, que se registra más fracaso escolar por esta marca juvenil de generación multitasking, como algunos prefieren llamar, "multifunción".

 

–¿Pero influye en no poder mantener la atención en una sola cosa, sea leer un libro o ver una película entera?

–Hay muchísimos estudios que demuestran efectos positivos de esta marca del siglo XXI como efectos negativos. Es positivo la manera de procesar imágenes, contenidos, que es muchísimo más veloz. Como efecto negativo se marcan la dispersión, el no poder concentrarse, el tener que cambiar permanentemente de ventanas, de medio, de soporte, de contenido.

 

–Hay un fenómeno de sobreinformación también.

–Y ahí ponemos el foco en la escuela. La escuela nació con Guttemberg, cuando se creó la imprenta, se hizo necesaria una institución que enseñara a leer aquello que la imprenta ayudaba a difundir. La escuela fue la proveedora de información en los siglos posteriores, pero hoy tiene que redefinir su función porque ya no tiene el monopolio de la información. Información es lo que sobra, los chicos tienen en Internet una biblioteca inmensa, infinita si uno quiere. La escuela tiene que enseñar a interpretar, procesar y evaluar esa información. Por ejemplo, los estudios marcan acá y en el resto del mundo, que los chicos tienen una alta credibilidad respecto de lo que encuentran por Internet. Hay que enseñarles cómo buscar, cuál es la credibilidad de la fuente y a pensar esa sobreinformación que hoy.

 

–¿Cómo influyen en los adolescentes las redes sociales? ¿Por qué tienen tanta importancia?

–La adolescencia todos la recordamos como una etapa donde el cuerpo cambia, se transforma y nada nos conforma a medida que la estamos viviendo. El hecho de no tener la dimensión corporal, es decir una exposición física, hace que los chicos en las redes sociales se desinhiban más porque no precisan mostrarse en una época en el que cuerpo está en transformación y les trae sobresaltos, vergüenza o timidez. Hoy el uso del Facebook está extendido en el 90 por ciento de los chicos de 11 a 17 años, aunque la edad legal para entrar es 14 años. Y se sabe que de los chicos de 11 a 14, seis de cada diez están en alguna red social. El perfil en una red social es mucho más que una página web, pone en juego su propia personalidad. Ensayan, prueban, suben algo en el perfil y si les va bien, después lo incorporan en la vida real.

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Miércoles, 08 Mayo 2013 06:14

Todos los medios son públicos

Todos los medios son públicos

¿Los gobiernos (nacional, provincial y municipal) tienen derecho a utilizar los medios públicos estatales para difundir sus políticas y a través de los mismos fijar su posición frente a las polémicas que se plantean cotidianamente desde los demás sectores? Intentaré responder a este interrogante y sumar algunas ideas al pertinente debate propuesto por Hugo Muleiro en Página/12 el pasado 17 de abril.

 

El modelo mediático hegemónico que se instaló en los años noventa disfraza de periodismo independiente su dependencia política, ideológica, técnica y cultural de los grandes grupos concentrados de la economía y del modelo de mercado, que son quienes los sostienen económica y judicialmente. La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) habilitó la legalidad para que otros sectores avancen sobre ese modelo de medios. Así están los medios universitarios, que a partir de la promulgación de la ley accedieron a licencias para manejar frecuencias audiovisuales. Hay otro sector, en el que se incluyen los medios administrados por las micro y pequeñas empresas de arraigo local, el sector cooperativo y comunitario y los pueblos originarios.

 

La distorsión que en los ’90 produjeron los grandes medios concentrados, más conocidos como monopolio mediático, llevó a que la aplicación de la ley (que garantiza espacios para todos) se postergara por más de tres años.

 

En esta distribución de espacios que hizo la LSCA se preservó un 33 por ciento para las organizaciones sin fines de lucro y se garantizaron radios y canales para los pueblos originarios.

 

Pero no todos están en las mismas condiciones para enfrentar el desa-fío de la libertad de expresión. Los únicos que no tienen garantizada su sostenibilidad en el sistema de medios son los del 33 por ciento, los pueblos originarios y las micro y pequeñas empresas de arraigo local.

 

Todos los medios son públicos, sólo se diferencian por su modelo de gestión. Los grandes integran un dispositivo tecno-económico-cultural que promueve el modelo socio-económico-cultural de mercado. Son impulsores de las políticas neoliberales y sostenedores del sistema capitalista, atado a la financiarización de la economía. En ellos se defiende a la banca mundial, la concentración económica, se impulsa el Estado mínimo y la privatización de la sociedad. Condicionan a los gobiernos desde esta posición dominante y sustraen la verdad a los públicos. Públicos que son el sujeto de derecho: a la información y a la libertad de expresión.

 

Los medios estatales manejados por los gobiernos nacional, provincial o municipal, según los postulados de los grandes, tendrían que ser estatales no gubernamentales y en sus contenidos debería reproducirse la agenda que ellos manipulan día a día y en la que nunca se ve, por ejemplo, la obra pública o la gestión gubernamental.

 

Las universidades no han logrado, hasta el momento, entrar al sistema con algún grado de potencia; los casos más destacados son los de Córdoba (que desde la aprobación de la LSCA, logró poner al aire el primer canal de noticias del interior del país y mantener las radios AM y FM y el canal de televisión abierta), y Tucumán y La Plata, que también tienen canales propios con un impacto importante.

 

Ningún sector de los mencionados está en condiciones de enfrentar al monopolio que concentra el manejo del cable, conexión hasta ahora necesaria para que el público acceda a la mayor cantidad de canales de televisión. Es por eso que se demanda un rol activo del Estado y los gobiernos (en todos sus niveles y encuadramientos políticos) para que se garantice el funcionamiento integral del sistema habilitado por la ley.

 

Desde esta posición se puede sostener que ante el predominio del modelo oligopólico de gestión y de producción de contenidos noticiosos, artísticos y de entretenimiento, los gobiernos, a través de los medios estatales, están en todo su derecho de defenderse de los ataques permanentes y tienen la obligación de utilizar el espacio para dar a conocer la gestión gubernamental, negada sistemáticamente por el mercado.

 

En las condiciones en las que se desarrolla hoy el sistema de medios, la democracia (según la ley de SCA) admite medios públicos privados (sin monopolio), medios públicos estatales (manejados por los gobiernos) y medios públicos no estatales ni gubernamentales. Es cuestión de que la democracia (no sólo el kirchnerismo y el Ejecutivo nacional) respete el texto integralmente y garantice su total aplicación. La última palabra para cerrar esta etapa que definirá si la democracia se impone al monopolio la tiene un puñado de personas que integran la Corte Suprema de Justicia.

 


 Por Néstor Piccone, periodista, psicólogo. Integrante de la Mesa de Coordinación de la Coalición por una Comunicación Democrática.

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Cuba, primer lugar en AL en bienestar materno: informe de Save the Children

Cuba es el mejor país de América Latina y el Caribe para que las mujeres se conviertan en madres, indicó hoy el informe Estado de las Madres del Mundo 2013, de la organización de derechos de los niños Save the Children con sede en Londres.

 

El informe anual compara la vida de las madres en 176 países. Se valora la salud materna, la mortalidad infantil, la educación y los ingresos, así como la situación socio-política de las mujeres.

 

Finlandia ocupa el primer lugar en bienestar y el último es República Democrática de Congo. Los otros países nórdicos como Suecia, Noruega e Islandia están en los primeros puestos, mientras los 10 últimos los ocupan países del África subsahariana.

 

En cuanto a América Latina y el Caribe, Cuba es el primer país en aparecer,en el puesto 33, por delante de Argentina (36), Costa Rica (41), México (49) y Chile (51), en contraste con Haití, en el último sitio (164). Otras naciones con puestos relativamente bajos son Honduras (111), Paraguay (114) y Guatemala (128).

 

Cuba fue capaz de colocarse en la cima en América Latina, no obstante el bloqueo comercial impuesto por Estados Unidos, que limita el acceso a medicamentos en la isla. Este embargo es el más largo en la historia moderna.

 

“En América Latina existen enormes disparidades”, dijo el director de Save the Children para la región, Beat Rohr. “Cuando las mujeres tienen educación, representación política y una atención materna e infantil de calidad, ellas y sus bebés tienen mucho más probabilidades de sobrevivir y prosperar, al igual que la sociedad en la que viven”, agregó el funcionario.

 

“Aunque se han logrado enormes avances en América Latina, podemos hacer más para salvar y mejorar la vida de millones de madres y recién nacidos que se encuentran en situación de pobreza”, aconsejó el especialista.

 


En América Latina, las muertes neonatales (ocurridas durante el primer mes de vida), constituyen más de la mitad del total de las muertes de menores de cinco años. Según Save the Children, las principales causas de esas muertes incluyen nacimientos prematuros, infecciones graves y complicaciones durante el parto. No obstante, la mortalidad neonatal en la región disminuyó 58 por ciento en las últimas dos décadas, aunque existe una gran diferencia en la atención disponible para las personas ricas y las de menos recursos, apuntó la organización. En Brasil, Guatemala, México y Perú “se detectan los mayores progresos”, de acuerdo con el informe.

 

Save the Children informó que cada minuto mueren dos bebés en el mundo, lo que aumenta a un millón de recién nacidos por año los que no sobreviven en las primeras 24 horas. La mayoría de esos bebés fallecen de males prevenibles y tratables. Al menos 98 por ciento de las muertes neonatales ocurren en países en desarrollo.

 

En la República Democrática de Congo, el riesgo de morir durante el embarazo o por complicaciones en el parto es de una por cada 30, en Finlandia es una por cada 12 mil 200.

 

“Los gobiernos invierten en la salud materna e infantil, al mismo tiempo que invierten en su futuro. Mientras tanto, podemos identificar medidas que son baratas y versátiles para hacer frente a las causas de muerte en los recién nacidos. Por desgracia, todavía hacen falta mayor voluntad política y financiamiento”, comentó Kathrin Wieland, vocera de Save the Children.

 

Por Xinhua

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Vuelve AL a ser el faro de un mundo convulso: Harnecker

“Estamos en un mundo en convulsión, donde América Latina ha vuelto a ser el faro. Todos los procesos miran hacia nuestra región porque es donde estamos más avanzados en el esfuerzo por construir una sociedad alternativa”, asevera en entrevista la socióloga chilena Martha Harnecker.

 

Como parte de las actividades del cuarto Encuentro Internacional de Pensamiento Crítico Volver a Marx, que culminará el 5 de mayo, la tarde de ayer presentó su libro Inventando para no errar: América Latina y el socialismo del siglo XXI, publicado por Ediciones de Intervención Cultural.

 

Divulgadora de la obra de Marx en América Latina, la estudiosa social y periodista expone que en el continente existe la búsqueda de cambiar la sociedad capitalista tan injusta e inhumana, tan destructora de la naturaleza, por otra, el “socialismo del siglo XXI” que, aunque ha tenido muchos nombres, el ex presidente venezolano Hugo Chávez, “tuvo el coraje de llamarla así porque en ese momento el desprestigio mundial del socialismo era muy grande.

 

“Decidió llamarla socialismo –indica– para contrastarla con la sociedad capitalista, pero inmediatamente le puso el adjetivo ‘del siglo XXI” para diferenciarla, y en sus primeras intervenciones dijo: ‘No vamos a imitar el socialismo soviético. No queremos capitalismo de Estado, no queremos un socialismo que suplante al pueblo que es el principal protagonista’.”

 

Desafíos de la izquierda

 

Harnecker, quien hoy dictará la conferencia Los desafíos de la izquierda marxista en la coyuntura política latinoamericana, acota que esta sociedad en construcción requiere una nueva cultura, apertura y pluralismo en un proceso de transición, muy distinto a los que se dieron históricamente a comienzos del siglo XX, cuando las revoluciones se hacían con la toma del poder y la destrucción del aparato del Estado.

 

Observadora de las experiencias recientes en Latinoamérica, principalmente en Venezuela, país en el cual reside, afirma que hoy día “no sólo sabemos lo que no queremos del socialismo, porque hubo muchos errores, sino que empezamos a saber lo que queremos. En este libro planteo cómo hacerlo”. Y en seguida corrige: “Cómo lo están haciendo”, porque la práctica social ha creado soluciones novedosas e interesantes que necesitamos aplicar.

 

La autora hace referencia, en su más reciente libro, a países como Brasil, Bolivia, Ecuador y la propia Venezuela, bajo el gobierno de Hugo Chávez. “Yo soy la primera entusiasmada con este trabajo, que no es de la Marta Hanecker encerrada en un escritorio. Es el que he recogido, porque he sido periodista y he puesto el micrófono. He ido detectando todos los procesos donde ha habido una construcción interesante”.

 

Respecto del ex mandatario venezolano, fallecido en marzo pasado, opinó: “En la historia de América Latina hay un antes y un después de Chávez. Ha marcado un hito, porque tuvo el coraje de plantearse una alternativa. Pero él supo que no es por voluntarismo que se pueden hacer las cosas. Él entendía bien, y de alguna forma su formación militar le hacía ver que las batallas se ganan creando la fuerza. Fue una persona que entendió que ese socialismo tenía que construirse con la gente y apostó siempre a la organización”.
La sociedad socialista es esencialmente demócrata y protagónica, y el instrumento político debe ser el facilitador de todos los procesos de participación, afirma y comparte que este es uno de sus temas favoritos.

 

“Los gobernantes deben entender que para luchar ante este Estado heredado contra el que tiene que empezar a construir, necesitan un pueblo organizado que presione y critique.

 

“Si la gente no la construye, desde el Estado no se puede. El gran problema del socialismo fue que el Estado con buenas intenciones quiso resolver los problemas de la gente, pero la gente no se sintió parte de esa construcción y por eso es que cayó tan fácil. Porque si tú no te sientes dueño, entonces no te defiendes.”

 

Discípula de Louis Althusser, en la École Normale de París, Harnecker habló de su juventud y su encuentro con los postulados del autor de El Capital. “Yo era dirigente de Acción Católica y descubrí en Karl Marx el instrumento para entender cómo hacer una sociedad en que las personas se amen las unas a las otras. El catolicismo te habla del amor y la caridad. Pero el problema es que si la sociedad te lleva al egoísmo y consumismo, ¿cómo vas a amar? Entonces descubrí esta lógica del capitalismo que había que destruir y cambiar”.

 

Autora de Los conceptos elementales del materialismo histórico, publicado en su primera edición en 1968, el libro es un clásico para la enseñanza del marxismo, que en más de 40 años ha brindado las nociones teóricas para el conocimiento de la realidad desde el conocimiento científico. “Para mí, Marx es eso: el único, el más profundo crítico del capitalismo”.

 

Y entonces comenta que ahora resulta que quienes lo leen son los opositores, la gente conservadora, porque en su obra está la predicción de lo que iba a pasar.

 

La obra de Marx ha sido muy deformada por los países que hicieron el cambio social en su nombre, y decían que cuando murió el socialismo, el marxismo también lo hizo. “Yo cito a (Eduardo) Galeano: nos han invitado al entierro de un muerto que no es el nuestro”.

 

Y agrega: “El nuestro es el socialismo de Marx, es protagónico, respeta las diferencias, busca la felicidad. Podrías decir que es utópico, pero no puedes decir que no es democrático, que es totalitario, colectivista, productivista.

 

“Este encuentro tiene una tarea fundamental: reivindicar el verdadero pensamiento de Karl Marx.”

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Viernes, 03 Mayo 2013 06:44

Los peligros de la lectura

Los peligros de la lectura

De los peligros de la lectura nos habla el canto V del Infierno de La Divina Comedia. Allí Dante se encuentra con Paolo y Francesca, los dos amantes condenados en la ciudad doliente por su pasión adúltera; y el poeta indaga compasivo por el origen de este «peligroso deseo» que los ha conducido a la muerte y a la aflicción eterna.

 


De los peligros de la lectura nos habla el canto V del Infierno de La Divina Comedia. Allí Dante se encuentra con Paolo y Francesca, los dos amantes condenados en la ciudad doliente por su pasión adúltera; y el poeta indaga compasivo por el origen de este «peligroso deseo» que los ha conducido a la muerte y a la aflicción eterna. Francesca, pálida y lacrimosa, rememora el día en que, por puro entretenimiento y sin «la menor sospecha», leía junto a Paolo los amores de Lanzarote y la reina Ginebra. Absortos en el libro, un poco ya sin color el rostro, aliento contra aliento, se sorprendieron a sí mismos al llegar al pasaje en el que «la deseada sonrisa fue besada por tal amante»; entonces Paolo, tembloroso, besó a su vez la boca de Francesca y «ya no leyeron más desde aquel día».

 

Francesca se justifica ante Dante acusando al libro y a su autor como testigos y alcahuetes de su abrazo («Galeotto fu’l libro e chi lo scrisse»). ¿Será tanto el poder de los relatos? Pongámoslo en duda. Resulta difícil creer que a Paolo y Francesca no se les hubiera pasado nunca por la cabeza la existencia de las bocas y los besos antes de leer juntos la frase; y que, más bien al contrario, no fueran llevados a esta lectura común precisamente por su deseo de besarse. Los libros determinan poco la realidad; más bien la secundan, la subrayan, la legalizan. Más allá de su potencia afrodisíaca, los amores adúlteros de Lanzarote y Ginebra estaban investidos de una incontestable autoridad literaria que convertía su emulación, entre las clases letradas, en un acto al mismo tiempo prestigioso y aceptable. El libro no era una orden; ni siquiera una tentación. Era algo así como un certificado de buena conducta mitológica o literaria. Lo que prohibía la Iglesia lo permitía la Literatura. Incluso en una cultura aherrojada por la represión moral, puede ser socialmente más prestigioso imitar a Lanzarote o a Ginebra que a Cristo o a la Virgen María. Paolo y Francesca se dejaron llevar por el deseo, no por la lectura, y el libro lo único que hizo –si algo hizo– fue intensificar literariamente el placer de su abrazo prohibido.

 

Nadie puede acusar tampoco a Goethe de provocar la epidemia de suicidios juveniles que siguieron a la publicación en Alemania, en 1774, de Las cuitas del joven Werther. Uno puede quitarse la vida por una tontería, incluso por un libro, pero es más sensato decir que el libro de Goethe recogía el «espíritu» de una época en la que el suicidio, reprobado por la moral y por la religión, era percibido, entre las clases letradas, como una prestigiosa protesta cósmica contra el Todo. Hoy, suprimida la «época», podemos leer las penas de Werther con interés, pero sin peligro alguno.

 

Digo todo esto porque me da un poco de vergüenza confesar que admiro locamente a Tintín, contra cuyo creador, el belga Hergé, se han escrito hace poco tantas y tan certeras críticas. Recientemente incluso se ha interpuesto en Bruselas una demanda para que los tribunales prohíban la reedición y difusión de Tintín en el Congo. No cabe la menor duda de que, incluso en sus mejores álbumes, el asexuado periodista de Hergé transporta esa visión colonial del blanco moralmente superior del que dependen los otros pueblos incluso para tomar conciencia de su igualdad, incluso para librarse del poder de los blancos. En los peores, Hergé es francamente racista y reaccionario; basta pensar, sobre todo, en los tres primeros: Tíntin en el país de los soviets, Tintín en América y el citado Tintín en el Congo. Pero como quiera que existe sin duda una relación kantiana y platónica entre la justicia y la belleza, hay que decir que la evolución artística de Hergé es siempre hacia un nivel mayor de justicia y que sus libros más bellos no se agotan en su ideología católico-scoutiana. Ya El loto azul –siempre un poco paternalista– es un álbum inquietante y provechosamente etno-descentrado; y a medida que aprende a dibujar, que complica sus historias, que enreda a sus personajes, Hergé va desprendiendo mundos que no sabe que lleva dentro y que se pueden mirar y explorar desde otros moldes humanos e ideológicos.

 

Confieso que toda mi formación ha girado en torno a Tintín y Marx. De niño leí todos los álbumes un mínimo de setenta veces cada uno y, cuando ya no era posible, soñaba –literalmente soñaba– que Hergé había dibujado un nuevo cómic después de muerto. Tintín no me impidió leer luego El Capital ni enredarme en una relación promiscua con el mundo árabe, donde vivo desde hace veinte años. Lo que importa de un libro es desde dónde se lee. Lo normal es que un libro se lea desde otro libro y lleve a su vez a un libro nuevo. Leído desde la Inglaterra victoriana, el Kim de Kipling es una de las más fraudulentas exaltaciones del imperio británico, pero leído al mismo tiempo desde la juventud y desde Polanyi o Chesterton, es una emocionante defensa de la antropología elemental y una experiencia fuerte de cosmopolitismo empírico. En el contexto de la Rusia pre-revolucionaria, dominada por la lucha entre eslavófilos y europeístas, Los demonios de Dostoievsky es un estridente panfleto reaccionario que incluso alerta, con fanatismo delirante, de la imparable colusión entre el comunismo y el Papa; pero su atmósfera, su estructura, su pulso psicológico, lo ponen en relación con Nieve de Pamuk o con Salto Mortal de Oé, dos autores claramente de izquierdas. Lo mismo puede decirse de Hergé. A la espera de que el racismo desaparezca del mundo y cuando Europa, en todo caso, se ha venido definitivamente abajo como «proyecto universal», queda el hecho de que Las joyas de la Castafiore, con sus falsos suspenses y su asfixiante atmósfera claustral, es el equivalente en cómic de Las reglas del juego de Renoir; y que Tintín en el Tíbet, con ese blanco impulso contra la felicidad y la lógica, podría utilizarlo el plan Bolonia para explicar a Kant en la Universidad.

 

Lo que importa de un libro es desde dónde se lee. Lo normal es que un libro se lea desde otro libro y lleve a su vez a un libro nuevo. Si Tintín en el Congo fuese el único libro del mundo, habría que prohibir sin duda su lectura. Pero eso sucede con todos los Únicos Libros, incluidos la Biblia, el Corán y El Capital de Marx, de los que aprendemos siempre algo porque no estamos encerrados en ellos. Lo que nos defiende de los libros son otros libros como lo que nos defiende de nuestro cuerpo son los otros cuerpos. No acusemos a la lectura de los besos que damos o de los que no hemos dado. No arrojemos al fuego ni a los enamorados ni las novelas. Contra las malas, están las buenas; y contra la legalización literaria del racismo o del imperialismo o del fanatismo, habrá que encontrar o construir esa combinación platónica de justicia y de belleza desde la cual podamos despreciar Tintín en el Congo y disfrutar de Las joyas de la Castafiore; y extraer de Kim y de Los demonios las armas imprescindibles para combatir la arrogancia de Kipling y el integrismo de Dostoievski.

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Miércoles, 01 Mayo 2013 06:55

Hay alternativa

Hay alternativa

La muerte de Margaret Thatcher sirvió de motivo para revisitar y debatir el eslogan que la hizo famosa: TINA (There Is No Alternative), o sea, no hay alternativa al capitalismo neoliberal. Mucho se discutió sobre lo que podría y debería haber sido hecho de otro modo y solamente los conservadores (y tal vez ni todos) permanecieron fieles a la bondad absoluta del eslogan. Los indicadores de bienestar de Inglaterra tienen hoy valores muy inferiores a los de la época en que Thatcher llegó al poder. Nada de esto tuvo relieve en la Europa continental y la razón es sencilla: la zona del euro vive de forma aguda una nueva versión de la TINA, las políticas de austeridad impuestas por Alemania. El daño social que la nueva ortodoxia puede causar en Europa es muy superior al que causó en Inglaterra, pero tenemos una moneda que, a pesar de común, es administrada apenas por un país, porque no tenemos un mar del Norte para descubrir petróleo y porque el nivel de bienestar del que se parte es ya bajo en algunos países, como es el caso de Portugal. ¿Estaremos condenados a solo cuestionar eficazmente la nueva ortodoxia cuando los jóvenes europeos asistan al funeral de Angela Merkel y la degradación social haya alcanzado el nivel de catástrofe?

 

Para responder negativamente a esta pregunta son necesarias dos condiciones: identificar las alternativas y disponer de actores políticos capaces de luchar por ellas. En este momento, en Portugal como en otros países europeos, la reflexión seria sobre estas condiciones fue relegada a los márgenes de la sociedad política, sean ellos los jóvenes indignados y las masas de desempleados decididos a luchar en la calle para huir del abismo del suicidio, o los grupos de activistas e intelectuales forajidos de la mediocridad partidaria para poder pensar críticamente y actuar de manera que no contradiga el pensamiento. En esos márgenes reside la esperanza. El próximo 11 de mayo, los forajidos de la mediocridad partidaria se reúnen en Lisboa en el coloquio Vencer la crisis con el Estado Social y con la Democracia. Me refiero a la iniciativa del Congreso Democrático de las Alternativas. Los participantes saben que se enfrentan a un enorme desafío: identificar, a partir de los márgenes, alternativas que sean menos marginales que ellos mismos. O sea, crear una contra-hegemonía creíble entre los ciudadanos y las organizaciones sociales como condición previa a cambiar los partidos existentes o, en caso de que fuese inviable, a crear nuevos partidos. He aquí los desafíos.

 

Primero, vencer la barrera de comunicación social, hoy dominada por intereses y comentaristas que, como máximo, quieren que todo cambie para que todo siga igual. Segundo, explotar la idea de que, en la lucha social, la renovación de la izquierda puede venir de los que saben que están en el lado de la dignidad sin distinciones marcadas por los pasados de izquierda y/o de derecha. Tercero, no renunciar a concebir la cohesión social en el único terreno en el que no es la pócima milagrosa de los discursos presidenciales: en la disminución de las desigualdades sociales y en la eliminación de las discriminaciones sexuales, raciales, religiosas. Cuarto, mostrar que la democracia necesita ser constantemente democratizada so pena de ser secuestrada por dictaduras varias, sean éstas el capital financiero, la corrupción endémica, los autarcas dinosaurios, los legisladores que legislan en defensa propia por el encanto de un corto viaje entre los escaños parlamentarios y el bufete de abogados, o los dueños de supermercados que enseñan educación cívica a los portugueses como si estos fuesen una oferta más. Quinto, convencer sobre todo a los jóvenes de que la apatía social es tan antidemocrática como el terrorismo y que hay más activismo más allá de Facebook y Twitter. Sexto, hacer las cuentas de manera que quede claro que los portugueses nunca vivieron por encima de sus posibilidades, excepto el 1% que hizo fortuna en paraísos fiscales, en las sociedades público-privadas, en los fraudes bancarios, en comisiones ilegales de obras públicas innecesarias, en premios de gestión que, al final, fue ruinosa, en honorarios astronómicos de gestores entrenados para dar beneficios a patrones chinos extorsionando los últimos céntimos a consumidores empobrecidos también por el recibo de la luz. Séptimo, dar voz a la lección de la historia europea de que el Estado Social no es un peso o una "grasa" sino un músculo imprescindible de la cohesión social, del desarrollo y de la democracia. Octavo, prestar atención especial a los técnicos de la administración pública y a las fuerzas de seguridad, mostrándoles que la otra cara de la austeridad es el desprecio por la condición de ciudadanía y la represión de la protesta social, y que se deben mirar en el espejo de cada víctima que hayan provocado.

 

Por BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS 01/05/2013 07:00

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Miércoles, 01 Mayo 2013 06:46

La guerra de la información

La guerra de la información

La información y la desinformación se han utilizado siempre como armas para someter voluntades y conquistar conciencias. En la lucha secular entre dominadores y dominados, explotadores y explotados, la batalla por las ideas forma parte integral de la efectuada con las armas de la violencia física. Esto es lo que se llama también "guerra de la información". En el frente material se utilizan tanques, aviones, armas químicas y nucleares, etc.. En el espiritual se aplican toda una serie de armas psicológicas, esto es, lo que se denomina violencia simbólica o psicológica. Las guerras del siglo XX constituyen ejemplos de estos tipos de violencia utilizada contra los pueblos y todo tipo de movimientos emancipadores.

 

Como se sabe, siempre ha habido rebeliones de los esclavos, siempre las habrá mientras dure la sumisión y esclavitud de los muchos desposeídos por los pocos poseedores. Las voces de éstos proclaman a los cuatro vientos que la emancipación es una utopía imposible. Las de los explotados, en cambio, afirman que la autodeterminación de sus vidas es una utopía imposibilitada, pero posible. Y esto es lo que están demostrando los movimientos emancipadores de América Latina, por donde vuelve a cabalgar de nuevo la utopía socialista.

 

La Revolución Bolivariana se ha convertido hoy en el campo de batalla de lo que los padres del socialismo llamaron la lucha de clases. Mucho se ha escrito ya sobre la violencia desatada en todos los medios contra el triunfo electoral del candidato socialista Nicolás Maduro el 14 de abril. La lucha sigue y seguirá. El comportamiento de Capriles y de quienes lo aúpan recuerda el golpe del fascismo español contra la victoria de la república de 1936 que condujo a la terrible guerra civil y a todo el dolor que todavía dura. Quienes hasta ahora han disfrutado del poder sobre las vidas de los demás no van a renunciar voluntariamente a sus privilegios. Tampoco van a ceder los explotados en su afán por mejorar sus condiciones de vida material y espiritual.

 

Por lo que se ve, los enemigos jurados de la Revolución Bolivariana, tanto los internos como los externos, utilizan los métodos y las técnicas de los fascismos europeos, reforzados ahora con las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación. La estrategia es la misma, mantener el dominio, impedir que el pueblo venezolano organice su convivencia para acceder a su autodeterminación material y espiritual, a su emancipación, a su libertad.

 

Ese es el objetivo. Para tal fin se requiere el empleo de la violencia. Los fascismos europeos la aplicaron en las circunstancias sobradamente conocidas. Los actos violentos realizados por sus epígonos venezolanos han vuelto a traer a la memoria aquellos comportamiento antihumanos. Aquí, en España, los tenemos aún bien presentes. Sí, los asesinatos de dirigentes y activistas chavistas, los asedios, acosos, incendios de locales, etc. se han practicado durante el día de las elecciones y después. Incluso se ha atacado y destruido centros de salud, sin excluir de estos ataques a los médicos que atienden gratuitamente la salud popular. Porque para el capitalismo, en cambio, la salud debe ser un negocio lucrativo privado que engorde los bolsillos de los pocos.

 

Mas el recurso a la violencia física está mal visto y, además, es costoso. Estéticamente es preferible mantener el dominio, y el negocio, mediante la violencia psicológica. El capitalismo necesita la dominación psicológica del individuo y la manipulación de su conciencia. Así logra que se identifique con sus valores. Mientras la gente acepte su sistema social no es menester someterla con policías, tanques ni ejércitos. La manera más efectiva de ocultar, esto es, de invisibilizar los actos de violencia psicológica y física de un sistema social que genera angustias, incertidumbre por el futuro, precariedad en el empleo, discriminación de todo tipo, etc., es crear un discurso que mantenga el miedo y haga creer a la población sometida que no hay otra alternativa que la resignación. Es decir, el discurso de la mentira y del engaño.

 

Hay que intoxicar mucho las mentes para admitir que la guerra es una acción humanitaria, que la destrucción de vidas y haciendas, el envenenamiento de tierras y aguas con uranio empobrecido y enriquecido, el empleo de napalm, agentes químicos, bombas “margarita”, llamadas así porque arrasan una milla cuadrada sin dejar siquiera hierba, y tantas otras armas de destrucción masiva aplicadas por los EE UU y la OTAN contra las poblaciones de Japón, Vietnam, Yugoslavia, Afganistán, Iraq, Libia, etc., son instrumentos de la libertad y la democracia. O para aterrorizar a la propia población con las constantes advertencias de inminentes atentados terroristas.

 

El control de la comunicación y de la información contribuye a legitimar el poder político de la clase propietaria. El orden cultural no es independiente del económico. Se envuelve en la bandera nacional, proclama su devoción a la patria. Pero su patriotismo se mide por hectáreas. Se es tanto más patriota cuantas más hectáreas de patria se posean, Por eso se desprecia a los que carecen de ellas, campesinos pobres, pueblos aborígenes, etc.

 

Ese pequeño grupo poseedor está perdiendo su poder y su dominio económico y espiritual, su oligopolio de los medios de información y comunicación. De ahí los ataques a los medios comunitarios, ampliadores de conocimiento, de visibilidad, de conciencia, de voluntad democrática, de autodeterminación. Recuérdense, por ejemplo, los bombardeos nortemericanos a las emisoras de radio y televisión yugoslavas, iraquíes, libias, etc. para impedir que sus poblaciones accedieran a otras informaciones y a otras imágenes de la guerra que no fueran las suyas. Y ahora, los ataques a los medios electrónicos, los hakeos a las instituciones, lo que empieza a denominarse guerra electrónica. Así es como practican su tan cacareada libertad de expresión.

 

Para llevar a cabo esta guerra de la información el imperialismo ha creado toda una serie de organismos dedicados a producir informaciones falsas que contribuyan a facilitarse su dominio tanto dentro como fuera del propio Estado. Ahí están, por ejemplo la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa), que abastece de noticias a los medios de difusión latinoamericanos (y españoles, como El País), la OSI (Oficina de Influencia Estratégica, por sis siglas en inglés), dependiente del Pentágono, o la USIA (Agencia de Información Estadounidense), sin mencionar las de la propia CIA. Su objetivo es construir, a nivel planetario, el soporte cultural de la globalización económica del capitalismo. Una forma más de obtener el consenso, la uniformidad en la información contra la Revolución Bolivariana. Aparte, claro está, de la coincidencia en sus intereses económicos.

 

Tenemos así un régimen totalitario de comunicación e información que aspira a su seguridad y fortalecimiento, a justificar sus fechorías en función de sus intereses de beneficio privado y no en función del bien común de los pueblos. A eso que llaman “intereses nacionales”, concepto tan semejante al Lebensraum (espacio vital) de los nazis. Las pautas de esta comunicación totalitaria las marcaron Hitler y Goebbels. No en vano los norteamericanos se llevaron a la práctica totalidad de los funcionarios de su Ministerio de Propaganda e Ilustración Popular a los Estados Unidos y los pusieron a su servicio.

 

Las técnicas de esta comunicación totalitaria son muy numerosas, entre ellas, cabe mencionar la mentira, la tergiversación, el uso perverso del lenguaje, el miedo, la sospecha, la censura, la represión académica, la simplificación, la selección, el silenciamiento, etc. Todas ellas componentes de la manipulación, esto es, la intervención consciente en los contenidos y formas de la comunicación en función de los intereses privados de sus propietarios. Aquí sólo haremos una breve referencia a la mentira, la selección y el silenciamiento. Esto es, a las más directamente relacionadas con la ampliación o reducción del conocimiento y de la ignorancia, con la ilustración y con el ocultamiento, con la visibilidad e invisibilidad del dominio. La mendacidad se ha convertido en el estilo de vida del globalizado tardocapitalismo. Con mentiras empezó la guerra hispano-estadounidense, la II Guerra Mundial, la de Vietnam, la del Golfo, la de Yugoslavia, la de Libia, etc. Su gran mentira estriba en la ocultación de que en la sociedad de libre mercado, como se define el capitalismo, existen intereses contrapuestos, antagónicos, entre ricos y pobres. Que los intereses nacionales y la seguridad de Occidente no se ven amenazados por los desarrapados campesinos de Afganistán ni los depauperados indígenas den América Latina. Sino que se trata más bien de los intereses de las grandes compañías transnacionales. Ignorar la historia del genocidio de las poblaciones indígenas, de la esclavitud de los negros por los terratenientes blancos, de la explotación de los pobres por los ricos, equivale a quedar desarmado ante las mentiras que propagan los detentadores del poder. Hay que recordar que la población de los Estados Unidos es una de las mas ignorantes del mundo, a pesar de sus excelentes universidades para ricos.

 

La información es, por su naturaleza, selectiva. De ahí que la selección sea obligada, pero no neutral. En lo que se denomina sociedad de libre mercado se selecciona, como es lógico, lo que se cree que se va a vender mejor y a más gente. Esto es, se produce información con valor de cambio y no con arreglo a valores de uso, de beneficio común. Mas, con la propiedad de los medios, la minoría propietaria tiene también el poder de definir la realidad para los muchos, de decirles lo que pasa, lo que es bueno y malo, lo que hay que hacer y no hacer, cómo hacerlo, etc. Este poder de fijar el programa social de cualquier comunidad es la clave del control social. Lord Nordcliffe, dueño de uno de los consorcios más poderosos de periódicos de principios de siglo XX lo explicaba así: "Dios enseñó a los hombres la lectura para que yo pueda decirles a quién deben amar, a quién deben odiar y lo que deben pensar."

 

El sencillo método de manipular comunicando tan sólo lo que a uno le conviene implica, claro está, el de silenciar lo que no conviene. Cuando la verdad no responde a los intereses del capital no se trata de mentir, sino de no decir la verdad. Este método es más difícil de ver para los lectores, oyentes y telespectadores. Se informa de modo selectivo, pero creíble. sobre fenómenos, detalles, sin explicar la esencia del sistema, sin contexto.

 

Esta técnica del silenciamiento, tan empleada en las dictaduras, se mantiene vigente en las llamadas democracias, aunque de vez en cuando ocurran filtraciones, generalmente interesadas, que llegan al público. Pero siempre hay temas tabú que ningún medio ni periodista aborde sin riesgo de perder su existencia. Basta con retirarle la publicidad comercial al medio y despedir al periodista.

 

Esta clase propietaria y sus corifeos quieren hacernos creer que su oposición a los gobiernos y movimientos revolucionarios se debe a que éstos no disponen de medios de oposición o no han adoptado el modo occidental (financiado) de elecciones. Cosa que ya no pueden afirmar tras el triunfo de la izquierda en Venezuela, Ecuador, Bolivia o Nicaragua. Olvidan, u ocultan, que la libertad de expresión corre pareja con la conquista de otras libertades, que es producto de la lucha de clase, la lucha por la seguridad social, el empleo, el derecho a la educación y a la asistencia sanitaria gratuita, etc.

Es fácil entender, pues, que el objetivo de la información y desinformación que se produce en torno a Venezuela oculta, invisibiliza, más que ilustra, visibiliza. Se pretende así, adormecer las conciencias, sustraerlas al pensamiento crítico. El adocenamiento es una medida de protección. Que se sepa, ningún medio de comunicación antibolivariano ha dicho hasta ahora que el malestar de millones de personas depende del escandaloso bienestar de unos cuantos multimillonarios.

 

La tarea bolivariana, en cambio, estriba en hacer conscientes a los ciudadanos de que se emancipen de los poderes dominantes en la economía y en la cultura, de que tomen conciencia de la necesidad de producir una comunicación basada esencialmente, no en el valor de cambio capitalista, sino en el valor de uso socialista, esto es, una comunicación cualitativa, que parta del receptor, de sus intereses y necesidades. En suma, aplicar criterios de rentabilidad social y no sólo criterios de rentabilidad financiera.

 

Semejante comunicación cognitiva es necesaria para el conocimiento y dominio del medio ambiente, esto es, de la sociedad en que se vive, a fin de ser dueños y no víctimas de ella. Pues, como se sabe, el conocimiento estimula la acción, el deseo de cambio a mejor, quien ha comprendido, cambia. “La ignorancia jamás ha ayudado todavía a nadie”, decía K. Marx en 1846. Convertir los medios en fabrica de pensamiento en vez de fábrica de sueños, en actividad en vez de accionismo, en creeatividad en vez de imitación.

 

¿Qué averiguamos cuando sabemos que determinadas condiciones no permiten el desarrollo del ser humano? ¿Qué tenemos con saber que la producción de noticias está enajenada, el transporte tecnocratizado, el consumo manipulado? Descubrir las relaciones de los procesos de comunicación con otros procesos económicos, de dominio, no significa, por lo pronto, más que hacer comprensibles nuevas relaciones y así sucesivamente. La sociedad que oculta el conocimiento y genera alienación es un caldo de cultivo para la violencia. Si el capitalismo es la cultura de la violencia y la muerte, el socialismo es la cultura de la paz y la vida. De ahí que una manera de combatir su violencia estribe en exponer verazmente las artimañas de dirección y perversión con que este régimen seduce al público, esto es, al pueblo. Esa es la tarea titánica que espera a los medios de comunicación comunitarios que aguarda a los revolucionarios bolivarianos. Porque “Felicidad es el conocimiento de la realidad para dominarla”, decía el biólogo Faustino Cordón.

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