Aire contaminado cruzando unos rascacielos en China. — Xu Jingbo / Europa Press

Un informe de las Naciones Unidas concluye que la covid-19 causó solo una reducción temporal de las emisiones de carbono y que estamos aún lejos de cumplir los Acuerdos de París.

 

La pandemia no retrasó el avance implacable del cambio climático. No hay indicios de un crecimiento más ecológico: las emisiones de dióxido de carbono están aumentando de nuevo rápidamente después de una disminución pasajera debida a la desaceleración de la economía, que no se acerca en absoluto a las metas de reducción.

dice un informe de las Naciones Unidas en el que se advierte que las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera se mantienen en niveles sin precedentes y condenan al planeta "a un peligroso calentamiento futuro".

El aumento de las temperaturas a nivel mundial provoca fenómenos meteorológicos extremos devastadores en todo el planeta, cuyos efectos en las economías y las sociedades están siendo cada vez más graves. Se han perdido miles de millones de horas de trabajo solo a causa del calor. La temperatura media mundial durante los últimos cinco años fue una de las más altas jamás registrada.

De acuerdo con el informe, es cada vez más probable que las temperaturas superen temporalmente el umbral de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales en los próximos cinco años.

Según se indica en el informe, aun con la adopción de medidas ambiciosas encaminadas a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, el nivel del mar seguirá aumentando y constituirá una amenaza para las islas de baja altitud y las poblaciones costeras de todo el mundo.

Lejos de cumplir las metas del Acuerdo de París

"Este año es decisivo en lo que respecta a la acción climática. En el informe, elaborado por las Naciones Unidas y organizaciones científicas internacionales asociadas, se brinda una evaluación integral de los últimos conocimientos adquiridos en el ámbito de la climatología. El resultado es una constatación alarmante de lo alejados que estamos del rumbo previsto", afirmó Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas.

"Aún estamos muy retrasados con respecto a la consecución de los objetivos
establecidos en el Acuerdo de París. Durante este año, hemos presenciado un nuevo crecimiento de las emisiones de combustibles fósiles, el aumento constante de las concentraciones de gases de efecto invernadero y los fenómenos meteorológicos violentos intensificados por las actividades humanas que han afectado a la salud, las vidas y los medios de subsistencia en todos los continentes", ha continuado Guterres.

A menos que las emisiones de gases de efecto invernadero se reduzcan de manera inmediata, rápida y a gran escala, limitar el calentamiento a 1,5 °C será imposible, lo que traerá aparejadas consecuencias catastróficas para las personas y el planeta del cual dependemos", explicó en el prólogo.

"Durante la pandemia hemos escuchado que debemos reconstruir para mejorar, a fin de trazar un camino más sostenible para la humanidad y evitar los peores efectos del cambio climático en la sociedad y las economías. En este informe se señala que, hasta el momento en 2021, no estamos avanzando en la dirección correcta", advirtió el profesor Petteri Taalas, Secretario General de la OMM.

El informe Unidos en la Ciencia 2021, el tercero de esta serie, está coordinado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), y cuenta con aportes del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el Proyecto Carbono Global, el Programa Mundial de Investigaciones Climáticas (PMIC) y la Oficina Meteorológica del Reino Unido.

En él se presentan los últimos datos y resultados científicos sobre el cambio climático que fundamentan la adopción de medidas y políticas  a escala mundial.

16/09/2021 09:32 Actualizado: 16/09/2021 10:02

Publicado enMedio Ambiente
Los cien años de una obra fundamental de Freud

El padre del psicoanálisis explicó en ese trabajo que toda psicología individual es también social porque el yo siempre tiene presente en sus pensamientos y acciones al otro. Osvaldo Delgado, Nora Merlin y Luis Sanfelippo debaten sobre su actualidad.

Sigmund Freud fue el hombre que puso en jaque el reinado de la razón como ordenadora del mundo que había impuesto la Modernidad, para plantear la idea de que los seres humanos no dominan todos sus actos de manera consciente. A esta premisa se la conoce como la tercera herida narcisista. Las dos primeras las constituyeron los descubrimientos de Copérnico y Charles Darwin. Uno por señalar que el hombre no era el centro del Universo. Y el otro por considerar que el ser humano es un animal más en la cadena del mundo natural. Si bien, a veces, se le cuestionó al padre del psicoanálisis que su teoría era individual, fue el propio Freud el que dejó claro en Psicología de las masas y análisis del yo que toda psicología individual es también social porque el yo siempre tiene presente en sus pensamientos y acciones al otro. Justamente en 2021, se cumplen 100 años de la publicación de este texto fundamental de la obra del gran psicoanalista austríaco, que significó una bisagra en varios aspectos. Entre ellos, el cruce entre psicoanálisis y política, justo cuando en Alemania comenzaba a ser protagonista Adolf Hitler con el surgimiento del Partido Nazi y cuando faltaban doce años para que el mayor asesino de la historia llegara al poder en tierra germana. Ahora bien: ¿Qué es una masa? ¿Cómo adquiere una influencia decisiva sobre el psiquismo individual del sujeto? Y a un siglo de que Freud estampara su pluma en el papel: ¿Cuál es la vigencia que tiene hoy en día un texto como Psicología de las masas y análisis del yo?

El legado

"Tiene una vigencia absoluta”, admite Osvaldo Delgado, referente ineludible del psicoanálisis en la Argentina y profesor titular de Psicoanálisis Freud de la Facultad de Psicología de la UBA, entre otros pergaminos. En Psicología de las masas, Freud dice que para conformar una masa no es imprescindible un líder. Que una idea negativa puede tener el mismo carácter aglutinante. “Por ejemplo, el odio”, expresa Delgado. “El odio puede tener un carácter unificador y constructor de toda una masa. Lo dice Freud, pero esto es hoy. La actualidad. El odio en esta época se ve en el resurgimiento de los partidos neonazis en nuestra Argentina, como los llamados 'libertarios', Milei, porque el odio tiene un carácter absolutamente punitivo”, subraya el doctor en Psicología. El odio, en términos de Aristóteles, a diferencia de otros sentimientos agresivos, es que el otro no exista. Esto lo dice Aristóteles en La Retórica. “Esto es de una importancia crucial en nuestra época”, explica Delgado. “En el capítulo XII Freud dice que el lazo amoroso tiene la misma estructura que el síntoma. Esto es muy importante porque el neoliberalismo triunfante odia la singularidad del sujeto. Por eso, la propensión totalitaria: el nazismo, el fascismo es el odio a lo singular. Lo singular no es el individualismo del neoliberalismo. Nada que ver lo singular con lo individual. Lo singular implica el respeto total y absoluto por lo propio de cada sujeto en su diferencia. Y el respeto y el amor por esa diferencia”, subraya el autor de Leyendo a Freud desde un diván lacaniano.

Otra prestigiosa psicoanalista, Nora Merlin, coincide con Delgado: "Tiene plena vigencia porque la masa es un modo totalitario de construir la vida o de construir lo común. Y la masa es el modo social paradigmático de esta expresión del discurso capitalista que es el neoliberalismo. La masa no es discursiva pero es un modo social caracterizado por la fascinación libidinal y por la producción de odio porque el odio va junto con la masa”. Merlin entiende que el odio es un modo que tiene la masa de tramitar las diferencias y que estamos en la época en que las corporaciones han tomado las formas de vida. “Pienso el neoliberalismo no sólo como un modelo económico sino como un dispositivo tanático, característico de la pulsión de muerte que va erosionando la vida en su conjunto. Entonces, las corporaciones mediáticas junto con las corporaciones de internet, de las tecnologías cibernéticas, las redes fueron ocupando el lugar del Ideal y desde ese lugar construyen la cultura de masas. Estimulan, alientan la cultura de masas. Entonces se obtiene un conjunto de individuos que están hipnotizados, que consumen, son odiadores seriales y se autoperciben libres y ciudadanos, cuando esta construcción de la masa nada tiene que ver con los principios democráticos. Es decir, no tiene que ver con la libertad, ni con la igualdad, ni con la fraternidad. Van en contra de la libertad porque no hay ninguna libertad en la masa. Hay obediencia inconsciente”, sostiene Merlin.

¿Lo primero es la familia?

Se pueden inferir tres tipos de masas: la efímera, las masas artificiales o altamente organizadas (Iglesia, Ejército) y una masa más estable o duradera, como la familia o incluso los partidos políticos. ¿Cuál de esas tres masas está hoy en crisis? "Podría tener múltiples respuestas porque, por un lado, uno podría decir, a la manera en que están descriptas en el texto, que todas podrían estar en crisis”, entiende el destacado historiador y psicoanalista Luis Sanfelippo. Se entiende: la Iglesia Católica y los Ejércitos nacionales no tienen la misma cantidad de fieles ni el mismo poder de convocatoria que tenían al principio del siglo XX. “Sin embargo, al mismo tiempo vivimos en una época donde hay multiplicación de Iglesias --sostiene el analista--. Entonces, hay muchas Iglesias. Por ejemplo, la multiplicación de iglesias evangélicas. Pero no solamente: también podría pensarse para el mundo árabe o para problemas en relación al judaísmo. No hay una Iglesia, pero sigue habiendo muchas Iglesias que agrupan, convocan, inciden en la política, intentan regular la moral y las costumbres”.

Para Sanfelippo lo mismo se puede decir de los Ejércitos. “Vivimos en una sociedad que sigue siendo fuertemente belicista. Hay ejércitos o intentos de solucionar por medios bélicos los conflictos sociales. Y si no, pensemos en lo que está pasando en Brasil, o lo que podría ser el discurso de Donald Trump cuando fue presidente. Uno puede pensar que, en algún modo, la Iglesia, el Ejército, las naciones o las familias están en crisis, pero al mismo tiempo no terminan de desaparecer. Más bien parecen organizadas de otra manera, con mayor diversidad, pero no desaparecen del todo”.

Sanfelippo piensa que es interesante el caso de “la familia”: “No es que la familia está en peligro. En todo caso, está siendo cuestionada como modelo único la familia moderna (papá, mamá e hijos), pero sin embargo, muchos colectivos siguen reivindicando la familia como un derecho y como algo buscado. Los movimientos gay de los ‘60 y ‘70 no reivindicaban la familia. Pero ahora eso sigue siendo considerado como un derecho. Está bien que el Estado lo reconozca como un derecho a tener una familia, pero no deja de mostrar, en ese punto, que esas masas de la estructura familiar, por ejemplo, en un sentido están en crisis y, en otro sentido, siguen estando fuertes. Fuertes habiendo transformado bastante su forma pero no habiendo renunciado a ocupar un lugar central como modo de sociabilidad de la mayoría de los seres humanos", dice Sanfelippo.

Merlin no cree que esté en crisis la masa sino “todo lo contrario”. “Pienso que tiene plena vigencia”, dice sin dudar. “Freud aporta un dispositivo para pensar un modo de construir lo común. Es decir, él ve que hay instituciones organizadas como masa o que hay culturas organizadas como masa”. La autora de Mentir y colonizar. Obediencia inconsciente y subjetividad neoliberal apunta que, por un lado, hay una caída de la autoridad paterna. Entonces, es posible que esté en decadencia la familia tradicional, “pero Freud está hablando de otro tipo de padre porque el padre de la familia, la función paterna, no es el padre de la horda, que es el líder de la masa”, subraya. “Yo creo que la categoría masa es un gran aporte de Freud para la teoría política porque algunos confunden masa y pueblo. Y no es lo mismo porque la masa es un dispositivo libidinal, es un dispositivo que es igual al de la hipnosis. En cambio, el pueblo está basado en la construcción de la voluntad popular, es democrático o amplía la categoría de la democracia. La masa no”, afirma Merlin.

Las masas del siglo XXI

Si se tiene en cuenta que la primera masa, la efímera, es irascible, espontánea, breve, sigue a un líder carismático y se disuelve sin éste, ¿es posible observar algo de esto en los movimientos anticuarentena y antivacunas a nivel mundial y local? "Puede ser”, dice Sanfelippo. “Igual, respecto de estos movimientos da la sensación de que, a veces, no son tan espontáneos ni efímeros sino que, al mismo tiempo, son organizados, a veces, por medios de comunicación o por nuevas tecnologías como las redes sociales que terminan siendo un soporte de la posibilidad del lazo y de la organización social pero, a veces, no es sólo que funciona como soporte sino como guía que conduce el descontento social en determinadas dimensiones. Entonces, en un punto me parece que no eran tan desorganizados ni tan espontáneos”, subraya el analista.

Para Merlin “es muy aplicable el concepto”. “Primero, en la parte social es la industria cultural, pero además están estos movimientos que se llaman ‘libertarios’ y coinciden en que son antivacuna, antisistema y finalmente van en contra de la democracia. Yo pienso esto de las masas cualquiera sea la expresión. Siempre es el mismo dispositivo: es el líder y la fascinación vía la identificación a la idealización. Entonces, el dispositivo se mantiene, cambia el fenómeno, pero Freud despeja la estructura a diferencia de los que lo preexistieron, que analizaban e interpretaban conductas”. Es que Freud excedía lo conductual y decía: "No, a mí me interesa el dispositivo". Y eso se mantiene en cualquier modalidad o expresión de la masa. “Yo creo que la masa es una patología democrática porque hay una causa que tiene que quedar abierta en el sujeto y en lo social que el líder de masa ya sea el padre de la horda, las empresas o las corporaciones te marcan el camino. Son estructuras morales, ni siquiera políticas”, completa Merlin. Y aclara que “morales” en el sentido de que dicen "Esto está bien, esto está mal". “Nos dicen lo que tenemos que comprar, a dónde tenemos que ir, son como GPS: te van orientando el camino de la vida de cómo se debe ser feliz”, cuestiona Merlin.

El gobierno mediático de las almas

En los últimos tiempos --sobre todo-- la Argentina fue testigo de comportamientos grupales en pandemia que no se verían en los comportamientos individuales de cada uno de sus integrantes. “Los medios de comunicación (no todos sino la mayoría) tratan de colectivizar de un modo alienante produciendo un efecto de hipnosis y colocando la pasión oscura, el odio en el núcleo mismo de lo que se hace”, explica Delgado. “En nuestro país sucedió algo no hace mucho tiempo que fueron las manifestaciones por la llamada ‘libertad’. En verdad lo que encubrían era pura pulsión de muerte porque eran en plena pandemia sin barbijo. Y ahora uno escuchó en plena campaña criticar al gobierno por las decisiones sanitarias como si hubieran sido decisiones no sanitarias, como si no hubiera existido el virus, la pandemia, como si hubieran sido decisiones stalinistas para tener a la gente metida en la casa sin salir y para controlar”, analiza Delgado. “Hay una acusación hacia los gobiernos que aplicaron medidas de cuarentena como si se hubiera tratado de una operación stalinista, cuando eran prácticas sanitarias para que la gente no se muera. Lo que uno escucha hoy cotidianamente de los medios de comunicación de masas es esto todo el tiempo: la crítica a ‘los que nos hicieron perder la libertad durante todo el tiempo de pandemia’. El horror del virus que mata es velado y pasa ser el horror el encierro de la cuarentena", analiza Delgado.

En líneas similares, Merlin destaca que los medios de comunicación corporativos en todo el mundo --no sólo en la Argentina-- están arengando una conducta de odio o de antisistema pero en el peor de los sentidos: antivacuna, anticuarentena, antigobierno. “Finalmente, antidemocracia”, dice la psicoanalista, sin dudar. “Y veo un ascenso de una nueva forma del fascismo, pero la estructura es la misma. También termina siendo otra cultura de masas, pero esto está muy estimulado por las grandes corporaciones que no les gustan los límites, no les gustan los Estados, no les gustan los cuidados. Están las dos cosas. También hay que marcar que el coronavirus no sólo fue estimulando este ascenso de estas formas del fascismo. También el coronavirus fue una experiencia pedagógica para los pueblos o para las sociedades en donde empieza a aparecer el cuidado como una categoría central. El cuidado de la propia vida, de la vida del otro, del planeta, de las democracias. Hay una actitud que vino para quedarse respecto del cuidado que no es sólo del Estado hacia lo social sino que hay un cuidado horizontal que va surgiendo. En ese sentido, los feminismos tuvieron mucha importancia en esto. El cuidado era una demanda que venían trayendo los feminismos diciendo que por qué tienen que ser solamente las mujeres las cuidadoras”. Y Merlin reconoce que hay algunos Estados, como el argentino actual, que se hicieron cargo de ese cuidado y escucharon la demanda, ocuparon ese lugar, “cosa que a estos ‘libertarios’ que están surgiendo no les gusta nada”. Entonces, junto con este ascenso violento que está surgiendo de los grupos antivacuna, también están surgiendo movimientos que son democráticos, que son horizontales, se podría decir de amor a lo común.

Sanfelippo recuerda que, al principio de la pandemia, aparecían, por un lado, ciertas escenas que podían dar alguna ilusión de comunidad. Y de acompañamiento: la gente salía a aplaudir a los médicos y trataba de cumplir con las medidas. “Apareció una idea que me parece importante como horizonte ideal, aunque sea muy difícil de sostener, que es la del cuidado”, dice, en sintonía con Merlin. En simultáneo, también aparecían actitudes microfascistas porque donde se veía a alguien de un asentamiento sin sus necesidades básicas satisfechas y que tenía que salir a trabajar tratando de buscar basura para poder generar un ingreso, aparecían denuncias y señalamientos. O al médico que salía a trabajar lo escrachaban y querían que se le impidiera el ingreso al edificio. “O sea, cómo de repente, el terror no sólo disuelve las masas, a veces hace masa. El miedo al contagio, el miedo a que uno pueda terminar enfermo terminaba aglutinando a personas para hacer una masa con el fin de excluir, discriminar, denunciar, perseguir a aquel que podría ser un peligro potencial para el resto del colectivo. Y eso me parece un fenómeno de masa donde la masa toma la forma no del colectivo que cuida sino del movimiento fascista que persigue al distinto y lo considera un peligro", concluye Sanfelippo.   

Por Oscar Ranzani

16 de septiembre de 2021

       

Publicado enCultura
Miércoles, 15 Septiembre 2021 05:57

Crónica de una derrota no anunciada

Crónica de una derrota no anunciada

El gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner sufrió una dura derrota electoral en las elecciones primarias, que funcionaron en la práctica como un simulacro de las elecciones de mitad de término que se llevarán adelante el próximo 14 de noviembre, a manos de la centroderecha aglutinada en Juntos por el Cambio.

 

Las elecciones argentinas del 12 de septiembre fueron Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), en las que toda la ciudadanía es convocada a elegir la conformación de las listas de las fuerzas políticas que aspiren a presentar candidaturas para competir en las elecciones generales, en este caso las elecciones legislativas intermedias del 14 de noviembre. Estas, como ya ha mostrado suficientemente la ciencia política local, contribuyen a ordenar y concentrar la oferta electoral habilitando la competencia interna en aquellos espacios que la tengan, así como obligar a todas las fuerzas aspirantes a presentar candidaturas en las elecciones generales a superar el 1,5% del padrón electoral para poder hacerlo. Pero para quienes votan, y para quienes se postulan, es una especie de primera vuelta, por lo que los resultados se leen como los de una elección común y silvestre. Y, en este caso, lo que se puede leer es una tan imprevista como contundente derrota del peronismo en el poder a manos de la centroderecha que tiene al ex-presidente Mauricio Macri como referente y al actual jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, como presidenciable para 2023.

Si estas hubieran sido las elecciones generales, el bloque opositor de Juntos por el Cambio alcanzaría la primera minoría en la Cámara de Diputados, y el oficialista Frente de Todos (peronismo) perdería la mayoría propia en la Cámara de Senadores. De cara a la próxima presentación del Presupuesto 2022, que el Poder Ejecutivo nacional tiene que hacer frente al Congreso en los próximos días, y a las negociaciones en curso con el Fondo Monetario Internacional (FMI), estos resultados si serían una catástrofe.

Pero son las PASO, y de acá a noviembre -cuando se desarrollará la elección en la que efectivamente quedará conformado el Congreso Nacional que acompañará a la gestión presidencial de los próximos dos años- el gobierno nacional tiene la oportunidad de, si no revertir el resultado, lo cual parece muy difícil, mejorar su performance de modo de aminorar el fuerte golpe recibido. Por lo pronto, los resultados del domingo fueron un baño de agua fría que el oficialismo no esperaba. La oposición de centro derecha ganó la estratégica Provincia de Buenos Aires, territorio de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, pese a que todo el peronismo fue unido, y en la mayoría de las provincias, incluso las de hegemonía peronista. 

El voto económico

La situación económica en la Argentina no mejora. No obstante, el oficialismo se esforzó en mostrar datos que mostraban una recuperación de la economía, que a sus graves problemas de arrastre sumó los efectos de la pandemia.

Con un gobierno nacional que puso su mayor esfuerzo en el avance de la campaña de vacunación en los últimos meses, llegando a vacunar al 40% de la población con las dos dosis, el gobierno fue flexibilizando las medidas de restricción que caracterizaron los primeros 15 meses de pandemia y así la actividad económica en junio demostró un repunte de 2,5% mensual. Sin embargo, hace tiempo que, desde varios sectores, propios y ajenos, se le advertía al oficialismo nacional la necesidad de tomar nota (y actuar en consecuencia) de la no recuperación o incluso empeoramiento de variables económicas que hacen al día a día de la vida de las personas, de la no traducción de esta recuperación de las variables macro en la vida cotidiana de, especialmente, los sectores más bajos de la población. Todo lo cual puede verse en la caída del salario real.

Las tasas de pobreza e indigencia, aun con las políticas de transferencias monetarias de 2020, se mantienen actualmente en torno de 42% y 10,5% respectivamente. Estos índices son especialmente dramáticos si se hace un recorte de la población de 0 a 17 años. Para esta porción de la población, de acuerdo con el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), la pobreza asciende a 62,5% y la indigencia a 15,8%. En este contexto, el trabajo registrado no logra recuperarse al ritmo de la recuperación de los niveles de actividad, y la presión sobre el salario que ejerce la inflación es cada vez más alta. A su vez, el acceso a la vivienda dejó de ser una posibilidad alcanzable no ya para los sectores bajos de la población, sino para la clase media trabajadora. Justo ese, el voto que inclina balanzas para cualquier lado de la «grieta» que divide a la sociedad argentina. Con un mercado inmobiliario valuado en dólares en la Argentina, la falta de acceso al crédito y políticas publicas oficiales insuficientes para satisfacer la demanda habitacional esto se manifiesta hoy con toda crudeza.

Por supuesto, estos no son problemas nuevos; la pandemia puso de relieve problemas estructurales que las recetas coyunturales de ninguno de los últimos gobiernos, ni progresistas ni conservadores, han podido resolver. La demanda por trabajo registrado, salarios suficientes, acceso a la vivienda, y las propuestas claras del cómo, cuánto y para quién, con recursos extraídos de dónde fueron temas que sobrevolaron la campaña con señalamientos desde la oposición y sin que el oficialismo diera respuestas concretas más allá de propuestas de futuro que no satisficieron, a decir de las urnas, las demandas del presente. El avance en las agendas del siglo XXI, vinculadas al acceso a derechos y diseños de políticas para la promoción de industrias que atraen divisas, pero no generan trabajo en el corto plazo ni para grandes porciones de la población, se topó con una Argentina heterogénea que aun arrastra problemas del siglo XX.

Mientras la política de vacunación avanza, la oposición capturó más rápidamente que le oficialismo el agotamiento de la pandemia como recurso retórico, aprovechando además electoralmente los errores autoinfligidos del oficialismo nacional, como el denominado «vacunatorio vip», el cumpleaños de la primera dama en medio del confinamiento y otros traspiés cometidos durante el último año por el gobierno de Alberto Fernández.

Participación, coaliciones y terceras fuerzas

Según datos de la Cámara Nacional Electoral la participación electoral rondaría el 68%, y si bien es cierto que es la participación más baja desde la implementación de las PASO, no es un porcentaje menor en un escenario de pandemia y descontento social. Acá no hay crisis de representación.

A este dato que puede ser leído como positivo, se suma que alrededor del 70% del voto a nivel nacional se concentró en las dos grandes coaliciones que hoy dominan el escenario político nacional: Juntos por el Cambio (que incluye, entre otras fuerzas, al macrismo y a la Unión Cívica Radical) y el Frente de Todos (una coalición panperonista). El bicoalicionismo es ya una realidad presente en la Argentina para el votante promedio, las PASO incentivan su supervivencia y esto implica mayores incentivos para los actores políticos para no romper con sus aliados.

Sin embargo, esta lectura seria miope si no se da cuenta de dos fenómenos que, si bien territorializados, llaman la atención en el escenario local. El experimento de la alt-right criolla, personificado en la candidatura de Javier Milei por la fuerza La Libertad Avanza recogió 14% de los votos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Con un discurso libertario de derecha, este excéntrico economista atrajo el voto joven y capturó el descontento de porciones de la población metropolitana vinculado a la presión del Estado sobre la actividad privada, e incluso canalizó las frustraciones de posiciones de los sectores más bajos de la población que interpretan que la ayuda del Estado no compensa la realidad que viven, y logró construir un ethos local que se tradujo en votos. Fue, no obstante, un fenómeno limitado a la Ciudad de Buenos Aires.

Por su parte el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT, trotskista), prácticamente la única izquierda fuera del Frente de Todos, mejoró sus guarismos electorales. En los dos grandes distritos, Ciudad y provincia de Buenos Aires obtuvo el 6,23% y 5,1% de los votos respectivamente, así como alcanzó a convertirse en la tercera fuerza en la provincia de Jujuy (en el norte argentino fronterizo con Bolivia) con 23% de los votos.

Para evitar una merma de votos por derecha como en 2019, Juntos por el Cambio abrazó a gran parte de la derecha metropolitana en la candidatura de López Murphy, y otros candidatos con discursos más radicales, que hoy juegan por dentro de la coalición.

Finalmente, el gran ganador del que pocos hablan es el centenario partido al que se ha dado por muerto varias veces, pero sigue ahí resucitando. Los resultados en el nivel local de la Unión Cívica Radical -parte de Juntos por el Cambio- dan cuenta de que el partido que lideró la transición democrática con Raúl Alfonsín y en estos años giró a lacentroderecha fue, es y seguirá siendo un socio necesario para cualquier coalición que busque disputar poder al pan peronismo nacional. La candidatura del neurólogo Facundo Manes en la provincia de Buenos Aires obtuvo resultados, especialmente en el interior provincial, que muestran a las claras que, aunque el partido no logre hace ya décadas impulsar un liderazgo nacional aglutinante, si tienen estructuras locales vitales que se muestran útiles a la hora de las elecciones.

Lo que se viene

Restan exactamente dos meses de cara a las elecciones parlamentarias de noviembre. El oficialismo nacional no tiene demasiado tiempo ni márgenes para recuperarse de esta derrota. En un contexto de negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) donde la estabilización de las variables macro se vuelven un imperativo, la posibilidad de mejora de las variables micro vía trasferencias monetarias tiene límites muy estrechos.

Los desafíos son muchos para el gobierno, y con la derrota vuelven a emerger las pujas internas entre «albertistas» y «cristinistas», que se tradujeron en frases públicas de la vicepresidenta sobre los «funcionarios que no funcionan», pujas dentro del espacio oficialista sobre las políticas de seguridad, y sectores del kirchnerismo desanimados con un gobierno al que consideran demasiado «centrista».

Hoy cambiar a las autoridades económicas -que son parte del «albertismo»- se complica ya que se encuentra en proceso la negociación con organismos internacionales de crédito que son claves para la recuperación económica.

Qué puede pasar en los próximos días es tarea de adivinadores, y no de politólogos ni politólogas, que, a las postres, tampoco avizoramos semejante derrota del oficialismo.

Para Juntos por el Cambio, por su parte, el desafío está en retener los votos obtenidos, evitar el crecimiento de una derecha externa que no avizora intenciones de dialogar futuro, y lograr capturar el mayor porcentaje de ese alrededor del 30% del padrón que no se presentó a votar en estas PASO.

Finalmente, para la Argentina, y más allá de los resultados del último domingo y de los del 14 de noviembre, resta poner sobre la mesa una discusión que es esquiva pero necesaria: la estabilización de las variables macro y micro de la economía sin costos sociales mayores a los que actualmente existen llevan mucho más tiempo que los dos años que las reglas actuales imponen entre elección y elección, sometiendo al sistema político nacional a un estrés que se presenta como impedimento para los acuerdos sectoriales de largo plazo necesarios para dar respuesta a los problemas estructurales que la pandemia desnudo con toda su crudeza.

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El FMI y Lasso acuerdan la receta para Ecuador

Las políticas neoliberales del exbanquero

El plan económico incluye reducción del gasto, apertura económica y reforma impositiva. Si la Asamblea quiere frenarlo, el presidente ya dijo que irá por la consulta popular.

 

El FMI acaba de darle un nuevo respaldo a las políticas neoliberales de Ecuador. El gobierno de Guillermo Lasso anunció un principio de acuerdo con el organismo para la llegada de 1.500 millones de dólares hasta fin de año. Un monto más que necesario para un país con una crisis económica que estalló hace dos años, durante el gobierno del expresidente Lenín Moreno. Lasso habla de recomponer la economía ecuatoriana apelando al libreto neoliberal conocido: apertura de la economía, recorte del gasto público y reforma tributaria. Para llevarlo adelante deberá negociar con un Asamblea muy fragmentada, donde su partido apenas si suma una docena de bancas. Si no lo apoyan, ya dijo que apelará a la consulta popular. Y sabe que tiene las de ganar: viene llevando adelante una exitosa campaña de vacunación contra el coronavirus.

Colchón de vacunas

El dinero que llegará desde el FMI forma parte de un acuerdo previo que el organismo había firmado con Moreno en 2020 por 6.500 millones de dólares. La llegada de nuevos desembolsos dependía del cumplimiento de las metas (y exigencias) que hizo el Fondo, algo que conocemos muy bien en Argentina. En ese sentido, Lasso fue claro durante una entrevista con la agencia EFE. “Nos pidieron aumentar la recaudación fiscal en un 0,7 por ciento del PBI a partir del 2022”, señaló el presidente. Esto a pesar de que el país viene mostrando mejoras en sus números, tras haber levantado gradualmente las restricciones por la pandemia: el FMI prevé que la economía se expandirá un 2,7 por ciento en 2021 y un 3,5 por ciento en 2022.

El panorama que plantean Fondo y gobierno se basa en lograr ingresos a partir de inversión extranjera. En este sentido, el gabinete de Lasso y la prensa afín pusieron como ejemplo exitoso de un mix entre público y privado, a la campaña de vacunación. La promesa del entonces candidato había sido “nueve millones de vacunas en los primeros 100 días”. El laboratorio estadounidense Pfizer perfilaba como vedette para lograr ese objetivo. Sin embargo, la realidad obligó a recalcular. El gobierno tocó la puerta de China y así logró la llegada de millones de vacunas Sinovac.

Lasso asumió el 24 de mayo. Hasta ese día se había vacunado con al menos una dosis a solo 1.400.000 personas. De allí en adelante, y especialmente desde junio de este año, la campaña de vacunación no paró de crecer. El gobierno alcanzó el objetivo que se había propuesto. Al día 11 de septiembre lleva aplicadas 12 millones de vacunas Sinovac, casi seis millones de Pfizer y dos millones de Astrazenca. La coordinación con el sector privado incluyó vacunar a los empleados, sus familias y aún a proveedores, dentro de las empresas; otorgar descuentos en productos a cambio de vacunas; y traslados gratuitos hasta los centros de salud; solo por citar algunos ejemplos.

Desregulación y apertura financiera

Pero cumplir con las metas del FMI y el plan con que Lasso llegó al poder, también tiene un costado menos luminoso. El presidente planteó la necesidad de una reforma tributaria y de reducir el gasto público. De la primera se sabe muy poco. El eslogan con el que salieron a darle impulso a esta iniciativa es un impuesto a los sectores más ricos del país. “Que el costo de la pandemia recaiga sobre aquellos que más tenemos en el Ecuador", sostuvo el mandatario. El tributo se focalizará en el cuatro por ciento de la población más pudiente. “El resto no va a sufrir ningún impacto en materia de impuestos, ni por incremento de tasas, ni por la creación de nuevos tributos", sostuvo Lasso. Lo demás detalles, siguen sin conocerse.

La otra pata, la reducción del gasto, tiene como bandera el impulso a la inversión privada. Para esto el exbanquero planteó un programa de desregulación y apertura comercial muy ambicioso. El primer paso lo dieron el 21 de junio pasado, cuando el embajador de Ecuador en Estados Unidos firmó el reingreso del país al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) del Banco Mundial. Para el sociólogo económico Andrés Chiriboga es un claro retroceso, ya que el país había logrado salir de este espacio en 2009. “Bajo este tipo de instancias regulatorias el Estado pierde siempre. En el mejor de los casos, no paga indemnizaciones, pero ganar, nunca. Lo que se busca con esto es inclinar la cancha a favor de los privados”, sostuvo el académico.

El ingreso al CIADI fue la antesala del otro gran objetivo del mandatario: ingresar a la Alianza del Pacífico, un bloque regional que componen Chile, Perú, Colombia y México. Para Pablo Iturralde, Director del Centro de Derechos Económicos y Sociales (CDES), un grupo de estudio ligado al correísmo, estas medidas benefician al sector financiero. “Se impulsa una rama vinculada con el ingreso de divisas por agroexportación, el sector importador y petrolero, todos vinculados al mercado externo. Los campesinos, que venden puertas adentro, están siendo sofocados económicamente”, indicó el académico. En este sentido Chiriboga señaló que Lasso se está ganando un enemigo importante. “En la campaña había dicho que iba a dar créditos al agro, algo que no está cumpliendo. El gobierno no está tomando el camino de inyectar con recursos a la población”, sostuvo el sociólogo económico.

Un límite en la Asamblea

Una de las principales fuentes de recursos de Ecuador pasa por la exportación de petróleo. La pandemia representó una dura caída en este sentido. En 2019 las exportaciones llegaron a 8.680 millones de dólares, en tanto que en 2020 se retrajeron a 5.250 millones de dólares. Los números mostraron un alza durante el período enero/mayo de 2021: 3.450 millones de dólares. De la mano de esta recomposición, Lasso prometió duplicar la producción durante los próximos cuatro años, a partir de alianzas con privados. Para Chiriboga el plan pasa por privatizar la empresa estatal, Petroecuador. “A través de un decreto de liberación de capitales en las empresas públicas, prepara el terreno privatizarla”, indicó el académico.

La principal traba que tiene Lasso para avanzar con más medidas de este tipo está en la Asamblea. En la primera vuelta de las presidenciales de este año, que definían las bancas legislativas, su fuerza sacó tan solo el 19,7 por ciento de los votos, con lo que obtuvo 12 asambleístas. Las fuerzas que quedaron mejor paradas fueron el correísmo, que bajo el Frente UNES logró 49 bancas, y el partido indigenista Pachakutik, con 27. Este contexto obliga al exbanquero a mostrar su faz negociadora. Sin embargo ya adelantó que si el legislativo no aprueba sus proyectos avanzará por otro camino. “Si los asambleístas no son sensibles a la realidad del país, tendremos que ir a una consulta popular para que el pueblo dirima en las urnas su futuro", sostuvo el mandatario.

El plan ya está en marcha. Funcionarios del gobierno están proponiendo que una de las preguntas a la población sea si la dolarización debe o no incluirse en la Constitución del país. Para Iturralde esa pregunta funcionará como anzuelo para poner otras más polémicas, detrás de un “sí” que lo englobe todo. “Los únicos dos consensos que existen en Ecuador son el apoyo a la tricolor (la selección de fútbol) y a la dolarización. Van a preguntar una obviedad para poder lograr el respaldo en toda la consulta”, sostuvo el director del CDES. Lo cierto es que el viento de cola del exitoso plan de vacunación puede servirle de impulso. El apoyo político y económico del FMI, también. Quedará por verse como responde una oposición muy divida, otro elemento que puede jugar en favor de Lasso.

13 de septiembre de 2021

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Lunes, 13 Septiembre 2021 06:21

Hubris

Ni un solo funcionario de Estados Unidos ha sido fiscalizado por los crímenes cometidos en 20 años de guerra global contra el terror, denuncia Daniel Ellsberg –quien filtró los Papeles del Pentágono–, acusando que sólo los que revelaron delitos–entre ellos Julian Assange (en imagen de archivo), Chelsea Manning o Edward Snowden– han sido perseguidos por la ley. Foto Afp

Ahora con la salida ingloriosa de Afganistán junto con el vigésimo aniversario del 11-S y sus secuelas, en Estados Unidos se reabre el debate sobre si esta coyuntura marca el principio del fin de esta república/imperio y su pax (más bien, bellum) americana.

Algunos recomiendan que Estados Unidos debería recordar las lecciones del historiador griego Tucídides en su opus magna Guerra de Peloponeso en la cual narra cómo una república, la de Atenas, se desmoronó al perpetuar sus guerras constantes, y donde de hecho, una pandemia ayudó a desintegrar el consenso cívico que la sostenía. Otros recuerdan cómo se hundió la república romana al incrementarse la retórica política violenta, el creciente desprecio de las normas y una creciente concentración de riqueza y poder, y su transformación en el imperio romano bajo un gobierno con poder centralizado en un emperador (los historiadores odian, con toda razón, este tipo de resúmenes generales, pero se les pide un poquito de comprensión a periodistas con espacios limitados).

Chalmers Johnson, destacado politólogo y autor de una trilogía sobre el imperio estadunidense y con una carrera que incluye haber sido asesor de la CIA a finales de los años 60, advirtió en 2009 que “una nación puede ser… una democracia o imperialista, pero no ambas cosas. Si se apega al imperialismo, como la vieja república romana sobre la cual tanto de nuestro sistema fue basado, perderá su democracia al volverse una dictadura doméstica”. Ya había advertido anteriormente que "estamos en la cúspide de perder nuestra democracia a cambio de mantener nuestro imperio".

Los atentados del 11-S fueron usados por la cúpula estadunidense para "unir al país" ante un nuevo enemigo para sustituir al del comunismo que se desmoronó con la Union Soviética 12 años antes. George W. Bush proclamaría una nueva guerra sagrada para imponer la visión neoconservadora dentro y fuera del país, afirmando casi de inmediato que "o están con nosotros, o están con los terroristas".

Han pasado 20 años de la llamada "guerra global contra el terror", con más de seis guerras, millones de muertos, heridos y desplazados, la violación masiva de derechos humanos y libertades civiles. “Ni un solo funcionario ha sido fiscalizado por crímenes de Estados Unidos durante la ‘guerra sobre el terror’”, denuncia Daniel Ellsberg, acusando que sólo los que revelaron estos delitos –entre ellos Chelsea Manning, Edward Snowden, Julian Assange– han sido perseguidos por la ley.

El periodista Premio Pulitzer Chris Hedges escribe que “los poderes imperiales no perdonan a los que revelan sus debilidades o hacen públicos los mecanismos internos sórdidos e inmorales del imperio… Las virtudes que proclaman apoyar y defender, usualmente en el nombre de su civilización superior, son una máscara del saqueo, la explotación de mano de obra barata, la violencia indiscriminada y el terror estatal”.

Esta semana las autoridades están contemplando reinstalar las bardas alrededor del Congreso y autorizar el uso de fuerza letal por autoridades alrededor ante una manifestación convocada por ultraderechistas simpatizantes del neofascista Trump para demandar la liberación de cerca de 600 de sus compañeros arrestados por las acciones de enero, cuando invadieron el Capitolio con la intención de anular el proceso electoral presidencial. Esto, en un país donde el secretario de Seguridad Interna y el procurador general han concluido que la mayor amenaza terrorista a Estados Unidos proviene de extremistas blancos estadunidenses.

Viente años después de las guerras contra los "enemigos de la democracia" alrededor del planeta, la democracia estadunidense hoy día se encuentra más amenazada que nunca, pero ahora por fuerzas estadunidenses dentro de su propio país.

El hubris es el ingrediente que detona todas las obras trágicas griegas, eso de atreverse de proclamarse un dios ("nación indispensable" o "faro de la democracia") acaba mal.

¿Otra tragedia griega?

The imperial march (tema de Darth Vader). https://open.spotify.com/track/2bw4WgXyXP90hIex7ur58y?si=7a46eaca644a409d

Jackson Browne. Lives in the Balance. https://open.spotify.com/track/2CP5ozMyA0pD2Sfz55LjFR?si=15bd3bbdcdc84729

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El presidente de Argentina, Alberto Fernández, habla a sus seguidores tras la derrota en las primarias legislativas celebradas el domingo 12 de septiembre de 2021. REUTERS-QUALITY

Los aspirantes del Gobierno al Congreso pierden en todos los distritos más importantes, incluida la provincia de Buenos Aires, bastión de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner

 

El kirchnerismo tiene mucho de qué preocuparse. Sus candidatos a pelear por un asiento en el Congreso el 14 de noviembre han perdido en elecciones primarias en 18 de los 24 distritos del país, según resultados oficiales, incluida la provincia de Buenos Aires, bastión histórico del peronismo y responsable del 40% de los votos a nacionales. La oposición, reunida en Juntos por el Cambio, la coalición que en 2015 llevó al poder a Mauricio Macri, retiene sus distritos tradicionales (ciudad de Buenos Aires, Mendoza y Córdoba), y gana en provincias que suelen ser díscolas a la derecha, como Chaco, La Pampa, Tierra del Fuego, Misiones y hasta Santa Cruz, cuna política del kirchnerismo. Los resultados suponen un durísimo golpe, de consecuencias aun imprevisibles, para el Gobierno de Alberto Fernández, que en estas elecciones primarias plebiscitaba su gestión. El triunfo opositor coloca al alcalde, Horacio Rodríguez Larreta, en la carrera por la presidencia en 2023.

El presidente Fernández admitió el triunfo opositor junto a los principales candidatos y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. “Algo no hemos hecho bien para que la gente no nos acompañe y todos los que estamos aquí escuchamos el veredicto. Hay una demanda que no hemos satisfecho y que a partir de mañana le prestaremos atención”, dijo. “La campaña acaba de empezar y faltan dos meses [para las elecciones Legislativas]. Tengo por delante dos años de Gobierno y no voy a bajar los brazos, y pido humildemente que nos ayuden. Vamos para adelante que en noviembre vamos a dar vuelta esta historia”, cerró el presidente, que asumió en soledad el discurso de la derrota.

Los argentinos participaron este domingo de un original experimento electoral, con la elección de candidatos en elecciones primarias, abiertas, obligatorias y simultáneas. Las PASO, como se llaman, se convierten así en un referendo de la gestión oficial. El Gobierno era consciente de las dificultades que enfrentaba: la economía en picada, producto de tres años de recesión y la parálisis de la pandemia, y errores no forzados de Alberto Fernández y su entorno y las peleas cada vez más evidentes en el seno de la coalición, con Cristina Fernández de Kirchner como protagonista. Esperaba, sin embargo, un ajustado triunfo en la provincia de Buenos Aires y el primer lugar en la suma total de votos nacionales. Nada de eso ha pasado. Incluso con el peronismo unido. El mapa de las provincias de Argentina se ha teñido de amarillo, el color de Juntos por el Cambio, y el peronismo pierde el control del interior del país, fuente de su país.

Los resultados dan una dimensión de la catástrofe. En la provincia de Buenos Aires, con el 82% de las mesas escrutadas, la coalición opositora saca el 38,3%, contra 33,5% del oficialista Frente de Todos. En Capital, el macrismo se quedó con el 48,3% de los votos, contra 24,6% del peronismo. En el interior del país no le ha ido mejor al Gobierno, incluso en distritos tradicionalmente peronistas como La Pampa (48,8% contra 38,3%) o Chaco (44,2% contra 35,5%). Los precandidatos del Gobierno solo han sumado más votos que sus rivales en Tucumán, Catamarca, La Rioja, Formosa, San Juan y Santiago del Estero. El resultado encumbra como líder de la oposición al alcalde de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, que armó la elección con candidatos propios, en detrimento de los sectores más radicalizados de la coalición, representados por Mauricio Macri.

La pérdida de la provincia de Buenos Aires y otras tradicionalmente peronistas no estaba ni en las proyecciones más pesimistas. “La derrota se explica en parte por razones económicas”, dice en un análisis rápido el director de la consultora Poliarquía, Eduardo Fidanza. “El valor del salario se ha deteriorado, los niveles de inflación son intolerables y el Gobierno no ha logrado compensar con la gestión de la pandemia. En Buenos Aires, por ejemplo, vemos que los votos han sido básicamente los de Cristina Kirchner, porque ni Alberto Fernández ni Sergio Massa (el presidente de la Cámara de Diputados y tercera fuerza de la coalición oficialista) han sumado para el resultado total”, explica.

El Gobierno tendrá ahora dos meses de campaña para que el resultado de las primarias no se repita en la elección definitiva de noviembre, cuando se renovará en las urnas la mitad de los diputados y un tercio del Senado. El oficialismo corre el riesgo de perder incluso el quorum del que disfruta en la Cámara Alta, donde están representadas las provincias a razón de tres senadores por cada una. Es allí donde manda Cristina Kirchner, quien como vicepresidente ostenta la titularidad de ese cuerpo legislativo. “La perspectiva es compleja”, advierte Fidanza, “porque el Gobierno llegó debilitado a la elección y a partir de mañana esa debilidad será mayor, con un presidente con poco apoyo popular y una vicepresidenta que tiene un rechazo del 50%”, explica.

Desde Juntos por el Cambio todo ha sido festejos. María Eugenia Vidal, exgobernadora de la provincia de Buenos Aires con Macri, arrasó ahora en la capital. “Gracias por darnos otra oportunidad”, le dijo a sus seguidores acompañada por el alcalde Rodríguez Larreta y otros dirigentes de la coalición opositora. Vidal perdió la relección en 2019 contra el actual gobernador, el kirchnerista Axel Kicillof. “Esta noche los votos dijeron ‘falta menos’. Ustedes lo saben, yo lo sé y el kirchnerismo lo sabe: falta menos. Falta menos para que haya un bloque opositor en el Congreso para impedir la mayoría, para que el cinismo y la mentira se agoten, para recuperar la educación que perdimos”, dijo. Las primarias pusieron también en evidencia el surgimiento de una fuerza de extrema derecha hasta ahora desconocida en Argentina. El economista Javier Milei, defensor de Jair Bolsonaro y Donald Trump, fue la tercera fuerza en la capital, con el 13,6% de los votos.

Buenos Aires - 12 sept 2021 - 04:48 CEST

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Panorama de Madrid David F. Sabadell

Hay gente que acepta la posibilidad de estar equivocada, y es más, entienden que los otros también pueden equivocarse. La duda no tiene por qué ser tibieza ni falta de compromiso, si no un espacio fértil para pensar en común.

 

Hay gente que tiene dudas. De verdad, la hay: gente que piensa una cosa y después piensa otra distinta, no por cinismo o conveniencia, sino porque por el camino ha leído nuevos argumentos, escuchado otras voces, debatido consigo misma, se ha dejado un poquito de porosidad en las convicciones para que puedan ser interpeladas, cuestionadas, por la experiencia o la vida.

Hay personas lentas a las que cuesta posicionarse, elegir su casilla en cada debate, su bando en cada contienda, su corriente ideológica en cada Vida de Brian, su trinchera en cada batallita de twitter. No sienten toda la adhesión que debieran por un lado, ni toda la repulsa que deberían sentir hacia el otro. Las frases categóricas se les atragantan y se tropiezan con todo tipo de interrogantes. La velocidad y el estruendo de las coreografías contemporáneas de la dialéctica las deja fuera del baile, saturadas y exhaustas.

Hay quienes, por ejemplo, pueden leer un artículo crítico con la gestión de la pandemia, con el relato, con las vacunas incluso y no escandalizarse, discrepar sin ridiculizar, disentir sin invalidar, hacerse preguntas, incluso aunque entre tanto y tanto, vuelvan los ojos incrédulos al cielo. También quienes siendo ellos mismos muy críticos y cuestionadores de todos los relatos del mundo, pueden entender la pulsión de responsabilidad y cuidado de los otros que empuja a muchos a tomar todas las precauciones y cumplir con todas las medidas, pues la pandemia desborda nuestros conocimientos, y poco mapa más hay que el que viene de las autoridades.

Hay quienes escuchan argumentos sobre la identidad, sin que les salte la alarma de posmodernismo, quienes no padeciendo falta de reconocimiento alguno, entienden las pujas por ser vistas y tenidas en cuenta de a quienes se ha negado la existencia misma, quienes muy conscientes de la desigualdad material no la enarbolan contra debates que consideran menos prioritarios. Tanta gente que sabe que jerarquizarle la lucha a las otras es un privilegio, aún cuando no siempre entienda muy bien sus razones.

También existen quienes leen a otra gente añorar pasado y familia, asumen que haya nostalgia por una cierta estabilidad, y aunque son conscientes de los peligros de retropías y anhelos acríticos de tiempos mejores, no ven muy fértil pasarse el rato al acecho de añoranzas rojipardas para combatirlas con palabras agudas en las redes, pues son nostalgias que no desaparecen solo con cuestionarlas.

Hay gente que tiene poco clara una cosa y la contraria, que chapotea un poco sola entre grises y matices, que no consigue expresar su juicio sobre las cosas en los caracteres de un twitter o en el arco de cinco minutos. También hay quienes meten la pata y ofenden por desconocimiento o ignorancia, que reproducen mierdas estructurales porque han nacido y crecido en una estructura de mierda, y no han tenido el tiempo, o el entorno para hacerse determinadas preguntas. Y sin embargo, cuando llegan las preguntas, no se blindan ante ellas, aunque todas sabemos que a veces duele que nos cuestionen nuestras certezas.

Hay gente que acepta la posibilidad de estar equivocada, y es más, entienden que los otros también pueden equivocarse, que uno o una es mucho más que su error, que la formación de una opinión es un proceso empapado de circunstancias y experiencias, que la construcción de un criterio ha de beber de las ideas, las intuiciones, los argumentos, propios y ajenos, y que la duda no tiene por qué ser tibieza ni falta de compromiso, si no un espacio fértil para pensar en común.

No se trata de dar carta de validez a ideas que desde el poder apuntalan las estructuras de desigualdad y dominio, de otorgar un salvoconducto equidistante a los discursos del odio, ni calificar de opinión o libre expresión a la violenta cantinela que justifica la muerte o la discriminación de los otros. No tiene nada que ver con eso. Tampoco de cánticos ingenuos a la unidad o el consenso, a ponerse de acuerdo por narices. Se trata simplemente de bajar el ritmo y el volumen de conversaciones que a veces parecen presuponer la mala fe del interlocutor. Que descartan la voluntad de escucha o la capacidad de cambiar de opinión como punto de partida.

12 sep 2021 10:53

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Jun Fujita Hirose.. Imagen: Gentileza Javier Bendersky

Entrevista al filósofo y crítico de cine japonés

La Covid-19 es el virus a través del cual se opera la "transición hegemónica" de Estados Unidos a China, define el autor de ¿Cómo imponer un límite al capitalismo? Filosofía política de Deleuze y Guattari. En este estado "agónico" del sistema, plantea también la posibilidad de una revolución.

 

Para el filósofo y crítico de cine japonés Jun Fujita Hirose, en medio de la crisis generada por el coronavirus, el capitalismo se encuentra en una etapa "agónica" y de "destrucción creativa". Así lo explica, en comunicación con Página/12 desde Tokio: "En la transición actualmente en curso, el capitalismo destruye o deprecia los viejos capitales ligados al régimen norteamericano y petrolero, al mismo tiempo que crea o aprecia los nuevos, ligados al régimen chino y de metales raros". Esta es una de las conclusiones de su libro ¿Cómo imponer un límite absoluto al capitalismo? Filosofía política de Deleuze y Guattari (Tinta Limón ediciones). 

En otras palabras: el nuevo coronavirus es el "virus de destrucción creativa" con que se opera la "transición hegemónica" de Estados Unidos a China; el "estallido definitivo de un régimen de acumulación de capital que estaba en crisis permanente desde hace 50 años". Hirose cree que el capitalismo puede haber creado el virus, haberlo "deseado" para salvarse a sí mismo; o que por lo menos se hace evidente que está extrayendo "beneficios" de él. "En los primeros meses de la pandemia, Bolsonaro y Trump no aceptaban el fenómeno. Tampoco el gobierno japonés. Había dos campos: uno insistía en que era muy importante y otro que no. Los corona-escépticos eran los del viejo régimen, el norteamericano, y el campo-corona era el del chino", contrasta. Y completa: "Cuando observás lo que está pasando en el mundo te das cuenta de que tenés que estar del lado chino para seguir tu crecimiento. Cuatro, cinco meses después del comienzo de la pandemia, Estados Unidos, Brasil, Japón acabaron por aceptar la existencia del fenómeno. Hay una formación de consensos de todas las economías del mundo".

A su vez, en el momento actual se están formando "dos grandes máquinas de guerra en paralelo" y en su alianza el autor encuentra un potencial revolucionario: se trata de "lxs trabajadorxs metropolitanxs abandonadxs por los viejos capitales en destrucción y los pueblos minoritarios en lucha para defender sus territorios contra las explotaciones neoextractivistas organizadas por los nuevos capitales en transformación". 

A estas conclusiones llega en su nuevo libro después de un delicado análisis en torno a tres trabajos políticos fundamentales de Gilles Deleuze y Félix Guattari que contienen la pregunta de cómo derribar al capitalismo. En cada texto los filósofos ubican un agente central del proceso revolucionario: los proletarios en la lucha de clases, en El anti-Edipo (1972); las minorías en su lucha en torno a los axiomas, en Mil mesetas (1980); y el hombre, el ciudadano ante lxs marginadxs, en ¿Qué es la filosofía? (1991). El japonés actualiza la pregunta y ofrece su hipótesis en un momento en que el capitalismo (y su posible derrumbe) se ubicó en el centro de los discursos filosóficos, por lo menos en el mainstream de la disciplina.

Una rareza del pensamiento de Hirose es que él posa su mirada en Latinoamérica. En efecto, señala que la alianza de potencial revolucionario está ocurriendo ahora mismo en Chile. "Desde la aparición del zapatismo en 1994 hasta el actual proceso constituyente chileno no cesan de multiplicarse experiencias políticas verdaderamente innovadoras en América latina", sugiere. Hace 20 años que en su país se encarga de "presentar nuevas prácticas y teorías latinoamericanas, dado que hay muy poca gente que lo haga". Junto al colectivo Situaciones publicó el único libro en japonés sobre el desarrollo de "los nuevos movimientos en Argentina en la primera mitad de los años 2000"; y es el autor del primer texto en japonés sobre Ni Una Menos. Aprendió español en París, cuando vivía en una residencia universitaria junto a estudiantes mexicanos.

"Lxs trabajadorxs metropolitanxs devienen-revolucionarios cuando entran en alianza con los pueblos minoritarios, dado que la formación de los nuevos capitales corresponde perfectamente al interés de clase de lxs primerxs, por cuanto les crea nuevos empleos", asegura el profesor de la Universidad Ryukoku (Kioto). "El actual proceso constituyente chileno está acompañado de la formación a nivel nacional de una alianza muy parecida a la que acabo de dibujar de manera hipotética, y es un devenir-mujer transversal el que la posibilita."

-¿Puede explicar esta idea?
-Por un lado, desde mediados de los años 2010, el feminismo constituye el movimiento social y político más potente en el ámbito metropolitano en muchas partes del mundo y en América latina en particular. Por otro lado, las mujeres indígenas y afrodescendientes latinoamericanas luchan contra el colonialismo neoextractivista bajo el lema: “¡No se puede descolonizar sin despatriarcalizar!”. En Chile, lxs metropolitanxs devienen-mujer al aire de Lastesis, al mismo tiempo lo devienen los pueblos indígenas. A través del devenir-mujer lxs metropolitanxs se componen con los pueblos indígenas en un gran movimiento destituyente y constituyente. En Mil mesetas Deleuze y Guattari dicen que “todos los devenires comienzan o pasan por el devenir-mujer” (una forma del devenir-minoritario, en la cual los hombres se arrancan junto con las mujeres de la binaridad patriarcal de lo masculino-mayoritario y lo femenino-minoritario). Todo esto explica cómo lxs chilenxs llegaron a elegir a una mujer mapuche, Elisa Loncon, como presidenta de su asamblea constituyente.

-La idea de un potencial revolucionario para cambiar el sistema suena esperanzadora. Pero incluso usted advierte en el libro cómo las revoluciones pueden quedar integradas al capitalismo. ¿Por qué en este caso habría una diferencia?
-Es muy difícil contestar ese tipo de cuestión. No tengo respuesta. Una crítica muy común a Delleuze y Guattari consiste en decir que no se puede devenir-revolucionario sin la revolución. Pero cuando vemos lo que está pasando en Chile podemos invertir esta crítica para decir que no se puede hacer una revolución sin devenir-revolucionario. En Mil mesetas los autores se preguntan qué pasará cuando la máquina de guerra sea vencida por el aparato del Estado. Y dicen que sobrevive en el interior de los individuos y como una especie de sociedad secreta. Mantiene siempre su potencia para poner en cuestión al Estado.

-¿Cómo sería una revolución en el contexto actual?
-Si actualmente la supervivencia del capitalismo depende de la formación de nuevos capitales industriales y ésta última depende del desarrollo de explotaciones extractivistas, su pregunta se puede traducir en la de cómo impedir que se lleven a cabo los proyectos extractivistas en todas partes del mundo. Esos proyectos no se realizan cuando rechazamos todxs trabajar para ellos. ¿Cómo podemos llegar a tal rechazo generalizado? Cuando liberamos nuestro deseo de su subordinación a la lógica del interés, es decir, cuando todxs devenimos-revolucionarios. Es esa subordinación la que nos hace desear entrar o quedarnos en las relaciones salariales con el capital. En resumen, la revolución no se hace sin nuestro devenir-revolucionario.

-¿Cómo se vivieron las restricciones por la Covid-19 en la sociedad japonesa?
-Frente a la extraña coexistencia de los Juegos Olímpicos con la pandemia (y, además, con una central nuclear accidentada que sigue emitiendo radioactividad en el aire, en el suelo y en el mar), creo que muchxs habitantes en Japón se dieron cuenta de hasta qué punto Deleuze y Guattari tenían razón al definir el capitalismo como “axiomática”, es decir, un conjunto abierto de axiomas. En matemáticas se llama “axioma” a una proposición independiente, mientras que un “teorema” es una proposición que depende de un axioma o de otro teorema. Lo que la situación japonesa nos muestra bien es el hecho de que las políticas sanitarias son axiomas capitalistas que pueden coexistir con todos los otros axiomas capitalistas completamente indiferentes a la cuestión sanitaria, como aquellos con los cuales se celebran los Juegos Olímpicos. En su última coloboración Deleuze y Guattari dicen de los derechos humanos que son axiomas capitalistas que pueden coexistir --y coexisten de hecho-- con aquellos genocidiarios. Podemos decir lo mismo en lo que respecta a la cuestión medioambiental: los acuerdos internacionales de protección ambiental pueden perfectamente coexistir con las actividades que los ponen en suspenso o ignoran, tales como las explotaciones extractivistas en el sistema capitalista. Definiendo el capitalismo como axiomática, Deleuze y Guattari lo presentan como un conjunto de problemas para los cuales no hay soluciones más que creativas. Lxs humanitarixs, por ejemplo, deben hacer un esfuerzo más, el cual consistirá en crear una solución más general que la de la universalización de los derechos humanos. Lo mismo para lxs ecologistas, que deben ir más allá de su lucha por los axiomas verdes y crear una solución más general, capaz de imponer un límite absoluto a la axiomática capitalista misma

Por María Daniela Yaccar

11 de septiembre de 2021

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Ruleta del casino afgano: el general Mark Milley advierte la probabilidad de una guerra civil

Esquivo abordar ahora la impactante reseña del científico ruso Dimitry Orlov(https://bit.ly/3jM65QX), no se diga del francés Thierry Meyssan(https://bit.ly/3tjhivl), sobre la cadena de mentiras imbricadas al montaje hollywoodense del 11/9 al que sucumbió la mayoría del planeta debido al control de los multimedia/redes sociales y a su perenne guerra de propaganda: quizá la más eficiente arma del eje anglosajón de EU y Gran Bretaña, hoy resquebrajado.

Hasta The Washington Post expone “Los papeles de Afganistán: la guerra contra la verdad de EU (https://bit.ly/3BLtLuQ)”.

Desde que sigo la guerra de la CIA en Afganistán hace ya 40 (sic) años no pierdo de vista la indeleble entrevista a Le Nouvel Observateur de Zbigniew Brzezinski(ZB) –ex-asesor de Seguridad Nacional con Carter, íntimo de Obama y máximo geoestratega del Partido Demócrata–, quien confesó haberle tendido una trampa a la ex URSS, con su marioneta Osama Bin Laden –muy cercano al nepotismo dinástico de los Bush– para que Moscú se empantanara en Afganistán,lo cual contribuyó a la disolución del imperio soviético (https://bit.ly/3BBtH0C).

El ex Director de la DIA(Defense Intelligence Agency https://www.dia.mil ), teniente general Michael Flynn,confiesa que toda la parafernalia yihadista es creación de los servicios de inteligencia de EU: instrumento geoestratégico del Pentágono para la nueva cartografía de Medio Oriente(https://bit.ly/2ViOerj).

Con tanta confesión literaria de las matrushkas yihadistas de la CIA/DIA desde hace más de 40 años, los comunes navegamos en el campo minado de las intrigas y las triangulaciones de EU y Gran Bretaña en la ruleta del casino afgano(https://bit.ly/3n1YQWZ).

Nada menos que el general Mark Milley, mandamás de las Fuerzas Armadas Conjuntas de EU, predijo a Fox News en su estancia en Ramstein (Alemania) –adonde fue a operar la recepción de refugiados,espías, colaboracionistas, contratistas, consultores y traductores que huyeron de Afganistán– una probable guerra civil después del retiro de las tropas de EU, lo cual pudiera desembocar en la parusía de “Al Qaeda o al crecimiento de ISIS u otra miríada (sic) de grupos terroristas (https://fxn.ws/3h5aMn2)” cuando “se puede vislumbrar la resurgencia del terrorismo proveniente de esa región en general (sic) en 12, 24 o 36 meses”.

El General Milley no es tampoco una perita en dulce y se ha enfrascado en fechas recientes en un duelo verbal con el ex presidente Trump, quien lo acusó de insubordinación a sus órdenes como comandante supremo (https://reut.rs/3ncVh0a). Además, la caótica evacuación en el aeropuerto de Kabul le ha valido airados reclamos al general Milley para que presente su renuncia por ineptitud junto al secretario de Defensa Lloyd Austin (https://bit.ly/2VkPES8).

El polémico general Milley parece haber adoptado los teoremas geopolíticos euroasiáticos del británico Halford Mackinder, heredados por el polaco-canadiense-estadunidense ZB y lo que queda de geoestrategas en el Partido Demócrata, al mantener la espada de Damocles de bombardeos potenciales en Afganistán con los temibles drones de EU, que hoy usa generosamente en Somalia como terreno de experimentación.

Según el general Milley, los bombardeos con sus letales drones son una alta posibilidad –repite lo mismo que las justificaciones de Biden (https://bit.ly/3tjB61O)– y dependerán de los “muy intensos niveles de indicadores (sic) y alertas y observación de ISR en la región entera (¡megasic!)”.Las siglas en inglés de ISR: Intelligence/Surveillance/Reconnaisance significan espionaje/vigilancia/ reconocimiento.

Las ominosas amenazas de Biden y del general Milley se gestan en medio del ballet diplomático del secretario de Estado, el israelí-estadunidense Antony Blinken,quien se fue a negociar con los talibanes a Doha (Qatar),mientras el teniente general Faiz Hameed, mandamás del espionaje de Pakistán, se reunió con los jerarcas talibanes en Kabul para negociar la conformación de un gabinete “incluyente(https://bit.ly/3zPm9qr)”.

Los Talibanes no existirían sin la bendición de Pakistán.

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Elisa Loncon

La mapuche Elisa Loncon, de 58 años, preside desde hace dos meses la asamblea constituyente encargada de escribir la nueva Carta Magna que sustituirá al texto actual, redactado en 1980, bajo la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Fue elegida con el voto de 96 de los 155 integrantes del órgano y carga sobre sus espaldas con la responsabilidad de liderar la construcción de una nueva nación, en la que los pueblos originarios tendrán un destacado protagonismo.

Originaria de la comunidad mapuche Lefweluan, en el corazón de la Araucanía, al sur de Chile, es hija de una ama de casa y de un mueblista; la cuarta de siete hermanos. Doctora en Lingüística y experta en educación intercultural bilingüe, ha estudiado en Holanda, Bolivia, Canadá y México, y hasta su llegada al órgano constitucional ejercía como profesora.

La presidenta enfrenta un momento clave para la Constituyente, una de las más avanzadas del mundo por la paridad de género y la presencia de representantes indígenas: el reto es acabar con la herencia del pinochetismo en Chile. Por una parte, junto al resto de integrantes de la Mesa, tiene que gestionar el escándalo provocado por el asambleísta Rodrigo Rojas, quien mintió a la opinión pública al simular padecer un cáncer que nunca tuvo, mientras alzaba la voz en defensa de los afectados por esta enfermedad. Por otro lado, este jueves comenzará el debate sobre el reglamento que definirá las normas de la Convención. Tras su aprobación, se dará inicio a la discusión de fondo, que definirá el nuevo marco constitucional del país.

En una entrevista con Público, realizada horas antes de revelarse la falsedad sobre el constituyente, Loncon hace balance de sus dos meses de liderazgo y habla de las amenazas y desafíos que enfrenta la Convención: "Falta un marco conceptual, político e ideológico que resguarde los derechos de las diversidades y minorías, y eso es lo que hacemos como dirección de la Convención".

¿Qué balance hace de los dos meses de funcionamiento de la Convención?

Hemos superado los problemas que tuvimos durante la instalación de la Convención relacionados con su administración y manejo. Necesitábamos el espacio, las condiciones mínimas como conexiones de Internet, el funcionamiento técnico para dar la palabra y votar. Eso implicó recurrir a servicios públicos porque no tuvimos suficiente respaldo del Gobierno, centrado en mantener el estatus quo de la antigua Constitución, heredada de la dictadura. La coalición del Gobierno votó contra el cambio de la Constitución y varios de sus convencionales electos no tenían ni manifestaban un ánimo de contribución. Durante el primer mes, también implementamos un protocolo covid-19 y ampliamos la mesa de dos a nueve miembros para integrar a los distintos sectores: desde los más tradicionales –izquierda, derecha y centro– a los independientes, disidencias y pueblos indígenas. Eso implicó un trabajo importante para ponernos de acuerdo. Además, se instaló el órgano que le da seguimiento al uso de las asignaciones [sueldos y remuneraciones] y los recursos con los que cuenta la Convención. En el segundo mes, trabajamos en el desarrollo de ocho comisiones transitorias que entregaron insumos para elaborar el Reglamento de la Convención. Este es un órgano autónomo que no tiene vínculos con el poder constituido y hay que darle su propia institucionalidad y normativa. Vamos a votar el reglamento durante este mes de septiembre y al mismo tiempo se van a instalar las comisiones de trabajo definitivas.

¿La fórmula que se ha aplicado para elaborar el reglamento, a través de comisiones y subcomisiones, va a ser la que se aplicará para el funcionamiento regular de la Convención?

Tenemos tres instancias para trabajar la reglamentación: las subcomisiones, las comisiones y el pleno. El reglamento tiene que ser votado por el pleno, luego se podrán hacer indicaciones y ajustes y, finalmente, se vota la propuesta final. Hemos garantizado el derecho a que todos los grupos representados en la Convención puedan expresarse. Las votaciones sobre el reglamento serán por mayoría y cuando se trate de normas de la Convención tendrán que superar los dos tercios.

Hemos asistido recientemente a una suerte de campaña mediática en contra de la Convención. De hecho, se ha dado a conocer que hay alrededor de 8.000 perfiles de redes sociales para atacar de forma coordinada a la Convención. Como presidenta, usted ha recibido ataques racistas y discriminatorios de algunos constituyentes. ¿Cuáles son las amenazas que hoy enfrenta la Convención?

Hay una amenaza comunicacional, de instalar una realidad que no es, basada en calumnias y en imponer mentiras que se instalan en la comunidad. Una de las primeras cosas que se dijeron fue que somos flojos, que no trabajamos. Después se dijo que ejercemos el autoritarismo, que hacemos mal uso de los recursos y que nos subiríamos los sueldos. Eso viene del sector que no está de acuerdo con que se cambie la Constitución. Eso es peligroso porque se instalan mentiras y posiciones no éticas que pretenden que la gente nos menosprecie. Las opiniones racistas denostan la condición indígena de los convencionales, con comentarios de muy bajo perfil y con la intención de deslegitimar a la autoridad instalada en la Convención. Se molestan cuando nos expresamos con nuestras lenguas indígenas porque piensan que los derechos lingüísticos son privilegios y no derechos. Falta un marco conceptual, político e ideológico que resguarde los derechos de las diversidades y minorías, y eso es lo que hacemos desde la dirección de la Convención.

El pueblo mapuche (y también el resto de pueblos originarios) ha tomado un protagonismo en la Convención. ¿Qué efecto puede tener esto para mejorar la convivencia entre los pueblos originarios y el resto de los chilenos?

Estamos apostando por incorporar en la nueva Constitución los derechos de las naciones originarias porque hay vulneraciones de los derechos humanos que no se han reparado. Desde que se instaló el Estado de Chile en el territorio mapuche se han vulnerado los derechos humanos porque el Estado buscó hacer desaparecer a los pueblos indígenas con el argumento de que nos oponíamos al desarrollo y al progreso. Este discurso se usó para ocupar los territorios y quedó al interior de la institucionalidad chilena. Después se implantó un sistema educativo que habla de pueblos primitivos, lo que no fortalece una discusión sobre nuestros derechos. Es una carga histórica que tiene el Estado chileno en sus distintas constituciones, que no se construyeron con la participación del pueblo. Sin embargo, la Convención Constitucional se instaló a partir de un estallido social que fue un acto de autodeterminación de los distintos pueblos de Chile: la gente dijo ‘basta’ y se levantó. Y lo hizo con la bandera mapuche, reconociendo una crisis de representación política. Los chilenos entienden ahora que el mapuche es un pueblo en resistencia que lucha por sus derechos y por su dignidad.

Cuando asumió el cargo de presidenta, el 4 de julio, pronunció un discurso en mapudungún (lengua mapuche), que la mayoría no entendió. ¿Está preparado Chile para convertirse en un estado plurinacional?

La Constitución es uno de los caminos para la plurinacionalidad, después viene la institucionalidad y las leyes que van a emanar de esa Constitución; y, finalmente, viene el cambio cultural para ser un país plurilingüe, intercultural y dialogante. Hoy día, Chile no está preparado porque venimos de una tradición monolingüe y monocultural. Sin embargo, Chile sabe que no se puede seguir oprimiendo a las minorías frente a las cuales el país tiene una deuda histórica, una falta de reparación por la vulneración de derechos ejercida por el Estado. En Chile hay una sensibilidad especial frente a los derechos humanos porque tampoco se han reparado las violaciones cometidas durante la dictadura, violaciones que se repitieron en el contexto del estallido social: hay más de 400 mutilados oculares, hay muertos y hay presos cuyos casos no se han investigado.

¿Un nuevo texto constitucional es una garantía para poder terminar con todo lo anterior, si se mantienen los mismos jueces, los mismos lobbies empresariales o los mismos nombres en la política?

El texto constitucional no puede ser un decálogo de derechos, tiene que dar garantías para el ejercicio de los derechos; y el proceso constituyente aportó cambios con los que Chile ya no volverá a ser como antes. Por ejemplo, la paridad [que se logró en la Convención] se tiene que asumir ya en un próximo gobierno, también los escaños reservados para las naciones originarias. La presencia y derechos de las disidencias sociales son elementos demandados por el pueblo. Los cambios administrativos y jurídicos serán posteriores al nuevo texto constitucional, sin embargo, la sociedad chilena ya no es la misma que antes del estallido social de 2019 y los gobiernos van a tener que responder a estas demandas.

07/09/2021 21:40

Meritxell Freixas@MeritxellFr

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