¿Hacia una nueva guerra global permanente?

El “nuevo concepto estratégico” de la OTAN

Acabado el costosísimo y patriarcal espectáculo de una cumbre celebrada a mayor gloria de Joseph Biden y Pedro Sánchez, la principal conclusión que cabe extraer es que se ha formalizado un nuevo salto adelante de la OTAN en su viejo proyecto de erigirse en gendarme global del planeta al servicio del bloque capitalista occidental. Porque, en efecto, su “nuevo concepto estratégico” constituye una redefinición de sus enemigos y sus amenazas muy superior a la que le llevó a nacer en 1949, o a la que se conoció como “segunda guerra fría” en los años 80 del pasado siglo.

Ahora, no sólo se mantiene la guerra global contra el “terrorismo, en todas sus formas y manifestaciones” emprendida tras el 11S de 2001[1], sino que, tras el paréntesis de 2010,  se vuelve a presentar a Rusia como “la amenaza más significativa y directa para la seguridad”; se considera a China una “competidora estratégica” en todos los órdenes a medio y largo plazo (ya que representa “desafíos sistémicos” a “nuestra seguridad, intereses y valores”) y, lo que es más grave, se califica a la “inmigración ilegal”  como “amenaza” a la “soberanía e integridad territorial” de sus Estados miembros. Un elenco, por cierto, al que se suman los nuevos candidatos, Finlandia y Suecia, siempre que acepten las exigencias del régimen turco, otro triunfador de esta cumbre, en detrimento de residentes kurdos en sus propios países.

Por si todo esto no bastara, el documento está lleno de menciones a “actores autoritarios”, “competidores estratégicos” y “potenciales adversarios” que recurran a “estrategias de guerra híbrida” -entre las que se incluye las “campañas de desinformación, la instrumentalización de la inmigración, y la manipulación del suministro de energía y el uso de la coerción económica- y a que “conflictos, fragilidad e inestabilidad en África y Oriente Próximo afectan directamente a nuestra seguridad y la de nuestros socios”.

En el documento acordado no muestran tampoco ningún reparo en reconocer que su presunto carácter “defensivo” es mera retórica, ya que “si bien la OTAN es una Alianza defensiva, nadie debería dudar de nuestra fuerza y determinación para defender cada pulgada de territorio aliado, preservar la soberanía y la integridad territorial de todos los aliados y prevalecer contra cualquier agresor”. Todo ello además desde la reafirmación de las armas nucleares como su “suprema garantía de seguridad”.

Al servicio de esa militarización general, además de verse especialmente privilegiado el espacio europeo con el refuerzo de la presencia de EE UU en el Este y el crecimiento de las fuerzas de reacción rápida de 40.000 a 300.000 militares, el compromiso por parte de todos los Estados miembros de aumentar sus gastos militares como mínimo al 2% del PIB aparece sólo como “un suelo, no un techo”, como ha asegurado el secretario general, Jens Stoltenberg. Propósitos, por tanto, que servirán para aumentar los beneficios del viejo complejo militar-industrial que ya denunciara el ex presidente estadounidense Eisenhower y para relanzar la carrera de armamentos, incluida la nuclear, a escala global.

En resumen, utilizando la coartada de la invasión rusa de Ucrania, EE UU ha conseguido hacer olvidar muy pronto los efectos de la derrota sufrida en Afganistán, ha frustrado cualquier veleidad de autonomía de la UE y ha convertido a la gran mayoría de países europeos en fieles servidores del  proyecto de recomposición de su hegemonía frente a sus principales enemigos estratégicos -Rusia a corto plazo y China a medio y largo plazo-, pero también contra todo lo que pueda representar una amenaza a sus intereses geoeconómicos y políticos en cualquier parte del mundo, estrechamente asociados a la defensa del supremacismo blanco occidental.

En el caso español, este nuevo escenario belicista se ve ratificado eufóricamente por Pedro Sánchez, quien se ha apresurado a mostrar de nuevo su servilismo al amigo americano mediante la “declaración conjunta entre el Reino de España y los Estados Unidos de América”. En ella, junto a manifestaciones para la galería de “defensa de la democracia”, se reafirman ambos líderes como “aliados, socios estratégicos y amigos” y  acuerdan “el estacionamiento permanente de buques de guerra estadounidenses en Rota”, pasando éstos de 4 a 6. A esto se suma su disposición común a colaborar en la “gestión de los flujos migratorios irregulares”, o sea, en la necropolítica migratoria; tarea esta última que delegan a su vez a su amigo común, el régimen marroquí, responsable reciente de la brutal masacre en Melilla que ha vulnerado los derechos humanos más elementales y del que, no lo olvidemos, son cómplices en su ocupación ilegal del Sahara.

Hacia un (des)orden global más militarizado e inseguro

Esta proclamación sin complejos de la OTAN como fuerza ofensiva, tanto hacia el Este como hacia el Sur y mirando al área geopolítica clave de Asia-Pacífico, no es nueva, pero ahora se da en el contexto general de crisis definitiva de la globalización feliz capitalista y de mayor competencia interimperialista en casi todos los ámbitos, con la tendencia a conformar nuevos bloques comerciales y militares.

Nos encontramos así ante la transición hacia un nuevo (des)orden global multipolar y asimétrico[2] que cuestiona la centralidad de Occidente, pese a que éste se empeña en mantener por todos los medios a su alcance, ahora con un mayor recurso a la fuerza militar. Esta nueva fase se da en el marco de una “policrisis”[3] en la que interactúa una larga lista de desafíos que se han visto acelerados y agravados por la guerra de Ucrania. Entre ellos, la crisis climática y energética, las crisis alimentarias en un número creciente de países y los consiguientes movimientos migratorios, la estanflación y la amenaza de recesión, la perspectiva de una nueva crisis global de la deuda,  la hipótesis de una nueva ola pandémica y de crisis sanitaria y de cuidados; y, last but not least, el riesgo de una escalada militar que conduzca a una guerra nuclear.

Un conjunto de crisis que contribuirá a reforzar los actuales neoliberalismos autoritarios (entre los que la frontera entre liberales e iliberales se irá difuminando, con Turquía, Hungría y Polonia como referentes), enfrentados a protestas y revueltas de distinto signo y bajo la presión de una extrema derecha capaz de marcar la agenda en muchos países centrales. Así que no cabe engañarse frente a la falaz propaganda, hoy de nuevo en boga, de quienes, gracias a Putin, pretenden presentar a la OTAN como baluarte de la democracia frente al autoritarismo queriendo hacernos olvidar la propia historia de esta organización militar[4] y, sobre todo, de EE UU.

Con su “nuevo concepto estratégico”, por tanto, la OTAN no hace más que aumentar y agravar las crisis múltiples y las desigualdades de todo tipo a las que ya nos enfrentábamos antes de la injustificable y rechazable guerra de ocupación de Ucrania por Rusia, insertándolas ahora en el marco de una creciente amenaza del recurso a la fuerza militar frente a su indefinida lista de enemigos y amenazas.

Por un antiimperialismo internacionalista y solidario

“El movimiento en pro del desarme nuclear europeo no ofrece el apaciguamiento de nadie ni quiere olvidarse de nada. Su ofrecimiento consiste en oponerse a la militarización de ambos bloques”. Edward P. Thompson, Opción Cero, 1983: 139)

Pese a que vayamos hoy contra la corriente dominante en la opinión pública occidental y en gran parte de la izquierda institucional, sobran razones para que la izquierda alternativa denuncie rotundamente la nueva estrategia imperialista occidental acordada en la cumbre de Madrid y la verdadera amenaza que ésta supone para los pueblos del mundo. Una denuncia que no tiene por qué estar en contradicción con la condena de la invasión rusa y el apoyo al pueblo ucraniano en su derecho legítimo a defenderse, con y sin armas, sin por ello tener que identificarse con el discurso proatlantista de su líder Zelenski.

Más allá del neocampismo de unos y del neoatlantismo de otros, nuestra tarea debería ser poner siempre en primer plano el apoyo a los pueblos agredidos y a todas las personas que reclaman su derecho a refugio y asilo o, simplemente, a una vida digna, sea cual sea su origen o condición. Sólo así podremos ir construyendo un movimiento transnacional capaz de hacer frente a la OTAN y a todos los imperialismos –sean principales o secundarios-, e ir forjando una alternativa a la concepción militarista de la seguridad que comparten y aplican todos ellos en las áreas geopolíticas respectivas en las que tratan de extender su dominación. Frente a esa visión estrecha al servicio de sus diferentes intereses, deberíamos oponer una idea multidimensional de seguridad global, capaz de responder al conjunto de crisis antes mencionadas poniendo en el centro la defensa de la vida y de los bienes públicos y comunes ante la emergencia crónica global. Y sabemos que esto último es incompatible con la supervivencia del capitalismo bajo cualquiera de sus versiones, ya sea la occidental, la oriental o las del sur.

¿Y la izquierda?

Para finalizar, no creo que haga falta extenderse mucho sobre las implicaciones que todo esto tiene en el caso español, pero una de ellas sí parece evidente: el alineamiento de Pedro Sánchez con el líder de la gran potencia estadounidense y su discurso belicista ya no tiene límites. Esto ha quedado verificado sobradamente en esta cumbre con su compromiso a doblar el presupuesto militar o su aceptación del refuerzo de la base militar de Rota. Unas decisiones que han ido precedidas recientemente por comportamientos tan indignantes como el que ha tenido el presidente del gobierno con el pueblo saharaui o, más reciente, su complicidad con la masacre practicada contra personas procedentes de Sudán, el Chad y otros países africanos en Melilla.

Caben, por tanto, pocas dudas a estas alturas de que se está produciendo una mayor derechización del PSOE en su disputa abierta por el extremo centro con el PP de Feijóo, ambos asumiendo a su vez una agenda cada vez más neoliberal, racista y militarista. Frente a esa deriva y al malestar social creciente que puede generar, es probable que aumente la desafección hacia la política entre las clases populares, pero también lo es que pueda irrumpir en escena un nuevo descontento movilizador. La cuestión está en prever en qué sentido pueden evolucionar las nuevas protestas que puedan ir emergiendo, teniendo en cuenta el agotamiento definitivo del ciclo 15M-Podemos y el vacío político enorme que existe a la izquierda del PSOE, al menos en el ámbito estatal.  Urge, por tanto, abrir un proceso de recomposición de una izquierda alternativa y autónoma frente a este gobierno y a su vez en confrontación permanente con las derechas. Una izquierda que esté dispuesta a impulsar, junto con los sectores más activos de los movimientos sociales, una nueva ola de movilizaciones y a contribuir a darles un sentido antineoliberal y radicalmente democrático.

2/07/2022

Por Jaime Pastor, politólogo y editor de viento sur

[1] Para un análisis de lo que significó aquella fase, me remito a mi contribución “Geopolítica, guerras y ‘balcanes globales’” en una obra colectiva que coordiné con José Ángel Brandariz: Guerra global permanente. La nueva cultura de la inseguridad, Catarata, Madrid, 2005, pp. 15-51.

[2] Ashley Smith, “After Russia’s invasion of Ukraine”,Against the current, 26/06/2022

[3] Adam Tooze, “Definir la policrisis: de la imagen a la matrix de la crisis”, sinpermiso, 26/06/2022 https://sinpermiso.info/textos/definir-la-policrisis-de-la-imagen-a-la-matrix-de-la-crisis

[4] Véase algunos de los trabajos publicados en el reciente Informe 53 del Centre Delàs “La OTAN, construyendo inseguridad global”, http://centredelas.org/wp-content/uploads/2022/06/informe53_OTANConstruyendoInseguridadGlobal_CAST.pdf

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El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg (d), el presidente de Estados Unidos, Joe Biden (c), y el primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson (i), durante la primera jornada de la cumbre de la OTAN que se celebra este miércoles en el recinto de Ifema, en Madrid. — Lavandeira Jr / EFE

Los 30 aliados aprueban en la cumbre de Madrid el concepto estratégico. Su predecesor establecía hace 12 años que una agresión a territorio aliado era poco probable. Un escenario que ha cambiado por completo con la guerra en Ucrania.

 

"Nos hemos reunido en mitad de la crisis de seguridad más seria desde la Segunda Guerra Mundial". Este ha sido el pistoletazo de salida de una cumbre de la OTAN que ha rubricado el concepto estratégico, una especie de brújula geoestratégica que desglosa las amenazas, prioridades y retos de la seguridad del área euroatlántica de cara a la próxima década.

La OTAN selló su hoja de ruta previa en 2010 en Lisboa. Era un mundo marcado por la crisis financiera global y que vivía a cuatro años luz de la anexión rusa de Crimea. Punto canalizador que marcó el inicio del fin en la relación de Occidente con Rusia. "La región euroatlántica está en paz y la amenaza de un ataques convencional en territorio aliado es bajo", señalaba la declaración.

"La región euroatlántica no está en paz. La Federación rusa ha violado las reglas que contribuían a un orden de seguridad europeos predecible. No podemos descartar la posibilidad de un ataque contra la soberanía y a la integridad territorial de la Alianza", recoge la cocinada en la capital española.

De Lisboa 2010 a Madrid 2022 han pasado las primaveras árabes, una crisis de refugiados, el aumento imparable de China, una ola de atentados yihadistas en Europa, el avance de fuerzas populistas y de ultraderecha y el regreso de la guerra a suelo europeo. El miedo y la sensación permanente de amenaza e inestabilidad están haciendo mella en las sociedades occidentales. Y todo ello ha tenido un efecto inmediato en cómo Europa y Estados Unidos miran a la arquitectura de seguridad del Viejo Continente.

En el texto de 16 páginas rubricado este miércoles por los 30 aliados, la OTAN define a Rusia como una amenaza; a China como un desafío por primera vez en su historia; e incluye la crisis climática y los flujos migratorios como nuevos retos de cara al futuro. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, en Bruselas –sede de los cuarteles generales y de las instituciones europeas- se ha sucedido sin cesar el mensaje de que el mundo es progresivamente "peligroso", "volátil" y "competitivo". Y todo ello se ha materializado en el concepto estratégico que ha visto hoy la luz.

El cambio de tono, la dureza del lenguaje y el aumento de la militarización se aprecia a través de la lupa de los dos documentos sucesivos. La mirada de la OTAN al resto del mundo ha sufrido en apenas 12 años un cambio tectónico. En Lisboa, los por entonces 28 países integrantes del mayor foro militar del mundo pusieron el foco en "prevenir crisis, gestionar conflictos y estabilizar" lugares inestables en cooperación con la ONU y con la UE. Bajo el nombre de compromiso activo, defensa moderna, abanderaba el objetivo de conseguir un mundo libre de armas nucleares, aunque dejaba claro que sus miembros no renunciarían a este arsenal.

La radiografía que devuelve el documento actual poco tiene que ver. El mundo está "en disputa y es impredecible"; "Rusia ha acabado con la paz"; "la amenaza del terrorismo es persistente"; "el avance del autoritarismo pone en riesgo nuestros intereses y valores" son algunas de las referencias que ponen de relieve el aumento del tono belicista y de confrontación que impera en el mundo de 2022.

El Concepto estratégico en cuatro compases

La Alianza Atlántica nace en 1949 bajo el paraguas del Tratado de Washington bajo las cenizas de la Segunda Guerra Mundial y con el objetivo de hacer frente al músculo militar soviético. Siete décadas después, mira a Rusia, China, la crisis climática o la migración irregular como los principales retos para su estabilidad.

Rusia. No fue hasta 1991 hasta cuando aprobó su primer Concepto Estratégico que buscaba dar razón de ser a su existencia en el tablero de ajedrez internacional post-Guerra Fría. 73 años después, la contención a Rusia ha revitalizado una OTAN que se encontraba en "muerte cerebral" y "obsoleta". En definitiva, que no encontraba su lugar en el mundo.

La guerra de Ucrania le ha dado esa razón de ser. En 12 años, Moscú ha pasado de ser un socio estratégico con el que colaborar para asentar la "paz, estabilidad y seguridad" a ser catalogado como la "mayor amenaza". El fondo y las formas sobre cómo la OTAN proyecta la relación presente y futura ha sufrido un cambio de 180º con la agresión a Ucrania. Hace una década el gran foco de atención pasaba por una desescalada nuclear en el territorio europeo, hoy nadie se atreve a descartar un ataque de este alcance.

China. También por primera vez, la OTAN constata por escrito que ve a China como un desafío para sus "valores, seguridad e intereses". Unas referencias que tienen el sello de Estados Unidos, quien suma años instigando a sus aliados para que adopten una postura más firme con el gigante asiático. Pekín se cuela así en la órbita de una OTAN que afea sus "ambiciones y políticas coercitivas" y su "falta de transparencia en el torno a su desarrollo militar". En el marco de la guerra en Ucrania, los de Xi Jinping han mantenido una postura muy ambigua que los europeos no le han perdonado. "Nos acordaremos de todo aquel que no esté junto a nosotros en este momento de la historia", ha advertido Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea, en numerosas ocasiones.

Crisis climática. La lucha contra el calentamiento global es la patata caliente de nuestros tiempos. El Green Deal estaba llamado a ser el buque insignia de la actual legislatura europea, pero la batalla verde en los pasillos de Bruselas se ha visto empañada por la pandemia o la guerra en Rusia, que han monopolizado buena parte de las energías y fuerzas europeas. Ahora es la OTAN la que busca surfear las consecuencias de este temporal desde el punto de vista militar. Otro "primera vez". La crisis climática amenaza con alterar las misiones o cadenas de suministro de una Alianza en creciente poderío militar. Y Jens Stoltenberg, su secretario general, llama ya a los aliados a proporcionar equipamiento y entrenamiento a las tropas ante situaciones de temperaturas extremas.

Migración. España ha sido uno de los países que más ha peleado por incluir en el texto una alusión a los "flujos migratorios irregulares" como otro de los desafíos de la próxima década. Los líderes autoritarios de Bielorrusia, Marruecos o Turquía han utilizado a refugiados y personas migrantes como armas de presión y chantaje a la UE. España está especialmente preocupada por esta cuestión. A sus puertas cuenta con una olla en ebullición: regiones como el Sahel son cada vez más inestables, la tensión Argelia-Marruecos no tiene visos de amainar y la crisis alimentaria que está provocando la falta de salida de grano desde Ucrania anticipan un gran éxodo que tendría como destino inicial el sur de Europa.

Por María G. Zornoza@MariaGZornoza

29/06/2022 21:29

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Indígenas demandan su inclusión en nuevo Marco Mundial sobre la biodiversidad

Los violentos desalojos de una de las comunidades del pueblo masái en Tanzania este mes de junio, elevó la preocupación de los pueblos indígenas sobre la pérdida de sus tierras ancestrales bajo el plan del nuevo Marco Mundial sobre la Diversidad Biológica.

BULAWAYO, Zimbabue – A principios de junio, más de 30 personas del pueblo masái del municipio de Loliondo, en el norteño distrito de Ngorongoro, en Tanzania, resultaron heridas y otra más murió durante los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad por la demarcación de sus tierras ancestrales para una nueva reserva de caza.

Según las organizaciones de derechos humanos, la comunidad masái estaba bloqueando el desalojo de sus lugares de pastoreo en Loliondo, en la región de Arusha, tras la demarcación de 1500 kilómetros cuadrados de sus tierras ancestrales, que el gobierno de Tanzania ha arrendado como reserva de caza a una empresa de los Emiratos Árabes Unidos.

El desalojo de los masáis es la materialización de los temores de las comunidades indígenas sobre la pérdida de sus tierras ancestrales según el Plan 30×30 propuesto en el borrador del Marco Mundial  de la Diversidad Biológica posterior a 2020, que viene negociándose desde ese año y debe aprobarse a fines de este año.

El plan exige la conservación de 30 % de la superficie terrestre y marina del planeta. Cerca de 100 países han apoyado la propuesta, respaldada por la ciencia, de proteger 30 % del planeta para 2030, que es la tercera meta de las 21 que componen el futuro Marco Mundial.

A las comunidades indígenas alrededor del mundo les preocupa que el plan actual no proteja sus derechos y su control sobre las tierras ancestrales y que provoque desalojos masivos de comunidades al crear áreas protegidas destinadas a salvar la biodiversidad.

La Cuarta Reunión del Grupo de Trabajo de Composición Abierta sobre el Marco Mundial sobre biodiversidad se inauguró el martes 21 y se prolonga hasta el domingo 26, en Nairobi, donde tiene su sede mundial su entidad organizadora, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

Se espera que la reunión negocie el texto del nuevo pacto internacional para para su adopción en la 15 Conferencia de las Partes (COP15) del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) de las Naciones Unidas, que se celebrará en la ciudad canadiense de Montreal en diciembre.

Los derechos humanos en el tratado

Los grupos indígenas reclaman un enfoque de derechos humanos para la conservación y el fortalecimiento de la tenencia comunitaria de la tierra.

Hacen hincapié en que el pacto internacional para detener y revertir la pérdida de biodiversidad debe incluir a las comunidades indígenas como los masáis, un pueblo seminómada dedicado al pastoreo que se extiende por Kenia y Tanzania.

“Destacamos la situación de los masáis en Tanzania como un ejemplo de lo que no debería seguir ocurriendo, y la mejor manera de evitarlo es asegurar que haya un lenguaje de derechos humanos en el marco posterior a 2020” en materia de biodiversidad, dijo a IPS en una entrevista telefónica la abogada indígena y experta en políticas globales Jennifer Corpuz.

La experta, perteneciente al pueblo  kankanaey, que habita en el norte de Filipinas, dijo que “en particular, identificamos la meta 3 del marco, que es la conservación basada en áreas y la propuesta de ampliar la cobertura de las áreas de tierra y mar que están protegidas”

Para la también integrante del Foro Internacional Indígena para la Biodiversidad (FIIB), “es importante que se reconozcan los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales”.

Corpuz dijo que cada vez se reconoce más entre los científicos la importancia de los conocimientos tradicionales y cómo pueden orientar la toma de decisiones sobre el cambio climático y la biodiversidad, así como la participación de los pueblos indígenas en el seguimiento de la biodiversidad, que son el centro de las metas 20 y 21 del Marco Mundial.

Se espera que la COP15 del CDB haga un balance de los progresos realizados en la consecución del Plan Estratégico para la Diversidad Biológica 2011-2020 de ese convenio.

Pero sobre todo la Conferencia de Montreal debe decidir el nuevo Marco Mundial para la biodiversidad, que luego se actualizará cada 10 años. El CDB es un tratado internacional sobre recursos naturales y biológicos ratificado por 196 países para proteger la biodiversidad, utilizarla sin destruirla y compartir equitativamente los beneficios de la diversidad genética.

Los líderes indígenas afirman que la evidencia es clara sobre el importante papel de los pueblos indígenas en la protección de la biodiversidad y que ello ha sido ratificado por los últimos informes del Pnuma y de organizaciones conservacionistas como el Fondo Mundial por la Naturaleza (WWF).

“La consecución de los ambiciosos objetivos y metas del marco global de biodiversidad para después de 2020 no será posible sin las tierras y territorios reconocidos, sostenidos, protegidos y restaurados por los pueblos indígenas y las comunidades locales”, señala un informe del Pnuma.

Bajo asedio en todo el mundo, desde las selvas tropicales de la Amazonia y el Congo hasta las sabanas de África Oriental, los pueblos indígenas podrían seguir desempeñando un papel protector, según sus líderes y los científicos cuyo trabajo apoya el protagonismo de los pueblos indígenas en el control de lo que ocurre en sus territorios.

Biodiversidad en extinción

El último e histórico informe de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), ha advertido que alrededor de un millón de especies animales y vegetales están ahora en peligro de extinción, muchas de ellas en pocas décadas.

El informe de evaluación destaca que al menos una cuarta parte de la superficie terrestre mundial es de propiedad, gestión y uso tradicional de los pueblos indígenas.

 “La naturaleza gestionada por los pueblos indígenas y las comunidades locales está sometida a una presión cada vez mayor pero, en general, está disminuyendo menos rápidamente que en otras tierras, aunque 72% de los indicadores locales elaborados y utilizados por los pueblos indígenas y las comunidades locales muestran el deterioro de la naturaleza que sustenta los medios de vida locales”, señala el informe.

Añade que las zonas del mundo en las que se prevé que el cambio climático, las funciones de los ecosistemas y las contribuciones de la naturaleza a las personas tengan efectos adversos significativos son también zonas en las que viven grandes concentraciones de pueblos indígenas y muchas de las comunidades más pobres del mundo.

Financiamiento

Los expertos han advertido también sobre otro factor determinante para el éxito del futuro Marco Mundial de la biodiversidad: la existencia de una financiación adecuada para alcanzar sus metas y objetivos.

“El componente financiero necesita más atención, prioridad política y progreso”, dijo Brian O Donnell, Director de la Campaña por la Naturaleza, en una sesión informativa para los medios de comunicación, aludiendo al último marco que no logró revertir la pérdida de biodiversidad debido a la falta de compromiso financiero.

“No es momento de medias tintas. Es el momento de que los gobiernos de todo el mundo sean ambiciosos… Creemos que es necesario un compromiso global de al menos 1 % del producto interno bruto (PIB) anual (del mundo) para hacer frente a la crisis de la biodiversidad”, planteó.

El especialista insistió en que ese es el nivel de financiación que se necesita para 2030, a fin de frenar la crisis de la biodiversidad y revertirla.

“Creemos que los países ricos deben aumentar el apoyo a los países en desarrollo en términos de inversión de al menos 60 000 millones anuales para la conservación de la biodiversidad en el mundo en desarrollo”, concluyó.

Por Busani Bafana | 29/06/2022

 

Fuente: https://ipsnoticias.net/2022/06/indigenas-demandan-su-inclusion-en-nuevo-marco-mundial-sobre-la-biodiversidad/

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El pensador estadunidense Noam Chomsky afirma que es "imposible dañar a Rusia severamente", por lo que si Ucrania "prosigue la guerra", será "devastada. Tal es la política de EU".Foto Marco Peláez

El Nuevo Orden Mundial, que se está definiendo en la singularidad de Ucrania y sus "varias guerras en una", toma el camino (aquí proyectado) de la "bipolaridad regional geoestratégica" del bloque EU/OTAN/Unión Europea (UE)/G-7 frente al dúo euroasiático de Rusia y China, al que se inclinan, desde el punto de vista geoeconómico, un tanto cuanto los "BRICS+", al que buscan incorporarse por lo menos 16 países, entre ellos Argentina e Irán (https://bit.ly/3OK2Kyk).

Las cumbres de finales de junio e inicios de julio –los "BRICS+", el alicaído G-7 y la OTAN– reflejan la nueva "bipolaridad regional geoestratégica" cuando el presidente Putin, exorcizado por "Occidente", se siente ya más libre para realizar dos visitas en el mero corazón centroasiático: Turkmenistán y Tayikistán.

La alta probabilidad de una Guerra Termonuclear entre EU y Rusia, que aniquilaría a los seres vivientes de la biosfera –con excepción de las cucarachas–, ha valido que dos jázaros, ideológicamente antagónicos entre sí, Kissinger, de 99 años (https://bit.ly/3Nu1dLV), y Chomsky, de 93 años, se desmarquen de su correligionario: el comediante Zelensky (https://bit.ly/3OK1POk), quien sin tapujos ha sentenciado que su "objetivo (sic) es convertir a Ucrania" en el “ Gran Israel (https://bit.ly/3NsDpry)”. Ucrania –población de 43.5 millones (hoy con 8 millones de refugiados), ¡0.2 por ciento (sic) de judíos jázaros (de origen mongol centroasiático (https://amzn.to/2MR0PfM)!– es el asiento del sionismo histórico con el jázaro Zeev Jabotinsky (https://bit.ly/3OKupzd).

Los dos graves escollos de la irredentista cosmogonía racista del "Gran Israel" del comediante Zelensky son que Israel no es frontera con Rusia y la población jázaro-israelí de Ucrania es una micro-minoría (¡0.2 por ciento!).

Ya en una previa entrevista al periodista británico Owen Jones (https://bit.ly/3bwJUwg), Chomsky había fustigado al "sistema de propaganda occidental" que ha llevado a la escalada militar en Ucrania, que puede acabar siendo "destruida". En ese momento, Chomsky abogó por la "neutralización de Ucrania" y el olvido de su alucinante ingreso a la OTAN.

En una reciente entrevista al académico y periodista palestino-estadunidense Ramzy Baroud y a la periodista italiana Romana Rubeo, Chomsky aduce que las raíces etiológicas de la guerra en Ucrania se deben a la "provocación" de la "expansión de la OTAN" que la prensa occidental omite en forma deliberada mediante una censura que jamás ha visto en su vida (https://bit.ly/3y4kfT5).

Chomsky es una celebridad por su aportación a la neurolingüística y la "gramática generativa", además de impulsar la "revolución cognitiva" en las ciencias humanas. De ahí que sea muy crítico de la "histeria" de los multimedia de Occidente, donde "no se permite la racionalidad (sic)", ni siquiera conocer el punto de vista de Rusia.

Según Chomsky, "no es sólo su opinión", sino la de "cada funcionario de alto (sic) nivel en EU familiarizados con Rusia y Europa oriental: desde George Kennan y, en la década de 1990, el embajador Jack Matlock con Reagan, incluyendo al presente director de la CIA", quienes "han estado advirtiendo a Washington que es temerario y provocativo ignorar (sic) las muy claras y explícitas líneas rojas de Rusia".

Chomsky juzga que las líneas rojas son anteriores a Putin –"no tienen nada que ver con él"–, ya que "Gorbachov siempre dijo lo mismo. Ucrania y Georgia no pueden integrarse a la OTAN, que son el corazón (sic) geoestratégico de Rusia".

Chomsky culpa a Bill Clinton de haberse pasado por su Arco del Triunfo las líneas rojas respetadas por Daddy Bush.

Peor aún: Baby Bush llegó a la temeridad de "invitar a Ucrania" a integrarse a la OTAN, al unísono de su "pequeña camarilla (sic)" de Cheney y Rumsfeld, mientras "Francia y Alemania lo vetaban". Pues sí: eran otras Francia y Alemania…

Después de desglosar la provocación de Biden y su secretario de Estado, el jázaro Antony Blinken, Chomsky sentenció que es "imposible (sic) dañar a Rusia severamente", por lo que si Ucrania "prosigue la guerra", será "devastada. Tal es la política de EU".

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La remilitarización de Europa y la mirada cansada de la izquierda

Días después de la invasión rusa de Ucrania, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, afirmó en el Parlamento Europeo que la UE estaba más unida que nunca y que se había avanzado más en materia de seguridad y defensa común “en seis días que en las últimas dos décadas", en referencia al desbloqueo de 500 millones de euros de fondos comunitarios para equipamiento militar para Ucrania. Un envío de armas que chocaba con los mismos tratados europeos que prohíben de forma expresa destinar fondos del presupuesto común a proyectos con “implicaciones militares o de defensa”. Demostrando una vez más que los tratados europeos son más flexibles según para qué cuestiones y según la relación de fuerzas de quien propone saltárselos. Si no, que se lo pregunten al pueblo griego que votó contra los memorándums de austeridad.

Unos meses antes de la invasión de Ucrania, en el discurso del estado de la Unión, Von der Leyen, exministra de Defensa alemana, afirmó que, ante la falta de confianza y en un mundo cada vez más convulso 1/,“lo que necesitamos es la Unión Europea de la defensa”. La remilitarización de Europa es una aspiración que las élites europeas llevan mucho tiempo escondiendo bajo paraguas tales como Brújula Estratégica o eufemismos como una mayor autonomía estratégica de la UE. Pero hasta ahora parecía contar con demasiados escollos para llevarse a cabo. La propia Von der Leyen se preguntaba retóricamente, en el mencionado discurso por qué hasta ahora no se ha avanzado en una defensa común: "¿Qué nos ha impedido avanzar hasta ahora? No es la escasez de medios sino la falta de voluntad política". Justamente esa voluntad política es la que parece sobrar desde la invasión de Ucrania, que se ha convertido en la coartada perfecta para la aceleración de la agenda de máximos de unas élites neoliberales europeas que ya no solo ven en la remilitarización de la UE su tabla de salvación, sino abiertamente el nuevo proyecto estratégico de integración europea para complementar al constitucionalismo de mercado que ha imperado hasta ahora. Una Europa de los mercados y la “seguridad”.

En este sentido, el alto representante para la Política Exterior de la UE, Josep Borrell, afirmó en una entrevista al inicio de la invasión de Ucrania: “Los europeos hemos construido la Unión como un jardín a la francesa, ordenadito, bonito, cuidado, pero el resto del mundo es una jungla. Y si no queremos que la jungla se coma nuestro jardín tenemos que espabilar.” Unos meses antes, el propio Borrell había presentado el Plan Estratégico para la Defensa Europa, afirmando que "Europa está en peligro". Hasta ahora ese peligro parecía provenir fundamentalmente de los flujos migratorios que han sido abordados desde la securitización de las fronteras de la Europa Fortaleza.

Una dinámica que, como define Tomasz Konicz, es consustancial al imperialismo de crisis del siglo XXI, que ya no solo es un fenómeno de saqueo de recursos, sino que también se esfuerza por aislar herméticamente los centros de la humanidad superflua que el sistema produce en su agonía. De modo que la protección de las relativas islas del bienestar que aún subsisten constituye un momento central de las estrategias imperialistas, reforzando las medidas securitarias y de control que alimentan un autoritarismo en auge (Konicz, 2017: 187-188). Una buena muestra de ello es el endurecimiento de las leyes migratorias de la UE en las últimas décadas. Un autoritarismo de la escasez que conecta perfectamente con la subjetividad del no hay suficiente para todos que décadas de shock neoliberal han construido entre grandes capas de la población. Este sentimiento de escasez está en el tuétano de la xenofobia del chovinismo del bienestar que conecta perfectamente con el auge del autoritarismo neoliberal del sálvese quien pueda en la guerra de los últimos contra los penúltimos.

Ante la falta de amenazas militares tradicionales que justificasen mayores gastos en defensa, la securitización de las fronteras 2/ exteriores de la UE se había convertido durante todos estos años en una mina de oro para la industria de defensa europea. Se trata de las mismas compañías de defensa y seguridad que se lucran vendiendo armas a la región de Oriente Medio y África, alimentando los conflictos que son la causa de la que huyen muchas de las personas que llegan a Europa buscando refugio. Las mismas empresas que luego proporcionan el equipamiento a los guardias fronterizos, la tecnología de vigilancia para monitorizar las fronteras y la infraestructura tecnológica para realizar el seguimiento de los movimientos de población. Todo un “negocio de la xenofobia” en palabras de la investigadora francesa Claire Rodier. Un negocio que, dada su opacidad y márgenes difusos, cuenta con cada vez más partidas presupuestarias en la UE disfrazadas de ayuda al desarrollo o de “promoción de buena vecindad”. De hecho, podríamos decir que lo más parecido a un ejército europeo que hasta ahora ha tenido la UE ha sido Frontex, la agencia que se encarga de administrar el sistema europeo de vigilancia de las fronteras exteriores como si de un frente militar se tratase.

La propia Frontex señaló el año pasado a Bielorrusia por permitir los cruces ilegales de frontera a Polonia y Lituania, acusándola de utilizar los flujos migratorios como “arma política” con la intención de desestabilizar a la UE. Una estrategia que analistas del Centro de Excelencia de Amenazas Híbridas de la UE y la OTAN no dudaron en titular como parte de las llamadas guerras híbridas. Incluso se ha llegado a dar un importante debate en el seno de la Alianza Atlántica sobre si este tipo de actos híbridos pueden invocar el artículo 5 de la OTAN, que estipula la defensa mutua. No sabemos cómo ni hasta qué punto terminó ese debate en el marco de la OTAN, lo que sí ha sucedido es que la Alianza Atlántica mandó diversos batallones disuasorios a cada país báltico (Estonia, Letonia, Lituania) además de a Polonia, mientras los países de la UE comenzaron la construcción de nuevas vallas fronterizas de concertinas en los cientos de kilómetros de la frontera comunitaria con Bielorrusia.

Al imaginario de invasiones bárbaras 3/ de la Europa Fortaleza y su deriva autoritaria, ahora hay que sumarle el peligro del nuevo imperialismo ruso. La coartada perfecta sobre la que construir el nuevo proyecto neo-militarista europeo que refuerce aún más el neoliberalismo autoritario europeo. Nada cohesiona y legitima más que un buen enemigo externo. “Europa está hoy más unida que nunca” es el nuevo mantra en los pasillos de Bruselas. Un mantra que se repite para alejar los fantasmas de crisis recientes y proyectar hacia el exterior que Europa vuelve a tener un proyecto político común.

Una Europa en crisis en busca de un proyecto común

Desde las sendas derrotas en referéndum del proyecto de Constitución Europea en Francia y Países Bajos, la UE perdió el horizonte de un proyecto de unidad política. El sueño federalista de un Estado europeo parecía desvanecerse. El rechazo popular al modelo de integración europea no solo fue desoído desde las instituciones y élites europeas, sino que, por el contrario, se aceleró el paso de las reformas estructurales con la máxima de mejor decretar que preguntar. En ausencia de una constitución política, se ahondó en el constitucionalismo de mercado en el conjunto de las normas comunitarias, destacando el Tratado de Lisboa que, aunque no tiene formalmente el carácter de una Constitución, se erigió como un acuerdo entre Estados con rango constitucional. Una especie de Constitución económica neoliberal que consagra las famosas reglas de oro: estabilidad monetaria, equilibrio presupuestario, competencia libre y no falseada.

Así, como sostiene Pierre Dardot:

“En ausencia de un Estado europeo, existe una expresión concentrada del constitucionalismo de mercado en el conjunto de las llamadas normas comunitarias que prevalecen sobre el derecho estatal nacional. La ecuación que se impone es la misma que la que formuló Hayek en su tiempo: primacía del derecho privado, garantizada por un poder fuerte. Esta primacía está consagrada en los tratados europeos; el poder fuerte encargado de velar por el respeto de esta primacía lo encarnan diversos órganos que se complementan, como el Tribunal de Justicia, el Banco Central Europeo (BCE), los Consejos interestatales (de jefes de Estado y de ministros) y la Comisión 4/.”

Órganos a los que tendríamos que sumar el Eurogrupo, que en la crisis de la deuda griega jugó un papel fundamental. Mecanismos de decisión institucionales no sometidos a ningún control democrático a escala supranacional, en donde el Parlamento Europeo no deja de ser un mero maquillaje.

Con todo, la ausencia de un proyecto político europeo más allá del rebuscado máximo beneficio de los mercados, de la constitucionalización del neoliberalismo y de la consagración de un modelo de autoridad burocrática protegida de la voluntad popular, ha ido erosionando poco a poco el apoyo social a la UE. Un proceso acelerado a raíz del encadenamiento de crisis en el seno de la UE que han afectado a su legitimidad e incluso a su propia integridad. Fundamental en este sentido ha sido la radicalización neoliberal del austeritarismo como respuesta a la crisis de 2008 y, sobre todo, sus consecuencias: un brutal aumento de la desigualdad, la aceleración en la destrucción de los restos del Estado del Bienestar y la expulsión de millones de personas trabajadoras de los estándares preestablecidos de ciudadanía. Y, sin embargo, hasta la fecha ha sido el Brexit la crisis que ha golpeado más traumáticamente a la eurocracia bruselense. Por primera vez, la UE no solo no ampliaba el club sino que perdía a uno de sus miembros. Y no a uno cualquiera. Así, la salida del Reino Unido hay que leerla no como una crisis más, sino como el síntoma mórbido de la profunda crisis que sufre la mutación neoliberal del proceso de integración europea. Una ruptura con la UE, hegemonizada desde la derecha, en clave de repliegue nacional y de un mayor acercamiento si cabe a EE UU.

Europa rompe su tabú militar

La dura, larga y no exenta de problemas negociación para aplicar el artículo 50 del Tratado de Lisboa por el que se ejecutaba la separación británica de la UE aumentó la melancolía de unas instituciones europeas que parecían asistir impasibles a su lento desmoronamiento. Pero, a la vez, la salida del Reino Unido del club europeo abría una posibilidad hasta entonces bloqueada por los británicos: la integración militar. En su discurso sobre el estado de la Unión de 2016 5/, con el referéndum del Brexit aún caliente, el ex presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, rompió el tradicional tabú europeo en cuestiones militares para hablar de un fondo de defensa común, un "cuartel general europeo" y una "fuerza militar común" para "complementar a la OTAN". De esta forma se abría paso en los pasillos de Bruselas una vieja aspiración de gran parte de las élites, defendida ardientemente por una Francia necesitada de un ejército europeo que vele por sus intereses neocoloniales en África.

Con motivo del 60 aniversario del Tratado de Roma y con el Brexit como telón de fondo, la Comisión Europea presentó el Libro Blanco sobre el futuro de Europa donde se analizaban cinco diferentes escenarios a los que se podía encaminar la UE. A pesar de pretender ser una reflexión con aires estratégicos, aquel ejercicio de política ficción de autoconsumo omitía los principales problemas a los que se enfrentaban las sociedades, las economías y las instituciones europeas. Ni una sola alusión a la intensificación de las divergencias productivas y sociales en las décadas de “avance y consolidación” del proyecto europeo. Ni una mención al aumento de la desigualdad durante la década anterior. Por el contrario, el texto llamaba la atención sobre los peligros que para Europa supone ser un “poder blando” en un contexto donde “la fuerzapuede prevalecer sobre la ley”. ¿Qué se quiere decir exactamente con poder blando y cómo fortalecerlo? Evidentemente, se trata de una invitación, apenas disimulada, a reforzar el gasto militar.

Porque aquel Libro Blanco de Europa no solo planteaba la “Europa a la carta” con la que durante tantos años habían soñado Merkel y otros países del centro y norte de la Unión. La cuestión ya no era solo que algunos Estados Miembros puedan avanzar a mayor velocidad que otros en la integración europea en términos generales (cosa que, por cierto, ya ocurría, o qué es si no la zona euro o el espacio Schengen del que no forman parte todos los Estados Miembros o incluye a países que no lo son), sino que estos ritmos dispares puedan aplicarse a ámbitos concretos a elección del consumidor. La puerta quedaba abierta a más Europa para algunos temas, freno para otros e incluso menos Europa en algunos aspectos. Pero, sobre todo, la Europa que diseñaba el Libro Blanco tenía un menú muy concreto y reducido: quienes quieran y puedan están invitados a sumarse a “más Europa” en las áreas de defensa y seguridad. Ahí quedaba la puerta por fin abierta.

Así pues, ya en 2017 esa ya era la gran (y por lo visto única) apuesta estratégica de las élites europeas: la militarización de la UE. Un proyecto ni mucho menos nuevo que se asentaba sobre la lógica de: si ya no podemos ofrecer bienestar y democracia, al menos sí seguridad ante las amenazas que surgen y crecen por todo el mundo. Y, para ello, se empieza a desarrollar la “cooperación reforzada” entre los Estados Miembros que así lo deseen, con el objetivo de crear un Fondo Europeo de Defensa, una industria común militar y armamentística y una mayor coordinación policial y militar para, quién sabe si más temprano o más tarde, ver por fin nacer el tantas veces anunciado ejército europeo.

De esta forma, desde 2017 la UE ha establecido varias estructuras para financiar la investigación y el desarrollo de tecnología militar a través de entidades y organizaciones con acrónimos como PADR (Acción Preparatoria para la Investigación en materia de Defensa, programa pionero dotado con 90 millones de euros), al que siguió el EDIDP (Programa Europeo de Desarrollo Industrial en materia de Defensa, con 480 millones) y el actual programa FED (Fondo Europeo de Defensa) cuya financiación asciende ya a 7.900 millones. Estos planes han supuesto un aumento considerable de los presupuestos y de la financiación pública a la investigación en defensa.

Las cuatro grandes empresas (Thales, Airbus, Indra Sistemas y Leonardo) que reciben la mayor parte de los fondos públicos cuentan con unos pocos Estados europeos entre sus accionistas: Francia, Alemania, España e Italia. Además de sus lazos con los gobiernos, estos grandes fabricantes de armas tienen en su capital a los mismos fondos de inversión estadounidenses que también poseen acciones de la industria armamentística de Estados Unidos. En conjunto, esto crea una concentración del mercado en manos de unos pocos gigantes de la industria, lo que, como señalan los expertos, esto no es un problema de competencia sino también un problema para la democracia europea dado el impacto de estos gigantes sobre sus instituciones y decisiones.

En este sentido, un reciente informe de European Network Against the Arms Trade (ENAAT), Stop Wapenhandel y el Transnational Institute (TNI) no solo afirma que “la UE está financiando deliberadamente a empresas armamentísticas que están involucradas en prácticas altamente cuestionables que se sitúan lejos de la defensa de los estándares de los derechos humanos y el Estado de derecho”, sino también que “al conceder millones de euros para el desarrollo de nuevas tecnologías de defensa, la UE está alimentado una tercera y profundamente preocupante carrera armamentístisca”. 6/Un proceso que se está acelerando de forma frenética desde la invasión rusa de Ucrania.

Porque, a pesar de que hay pocas máquinas de propaganda mejor engrasadas que la UE (y no será por falta de expertise y recursos) y del apoyo incondicional de los lobistas armamentísticos, lo cierto es que la integración militar nunca ha gozado de la suficiente aceptación popular más allá de las moquetas de Bruselas como para avanzar con paso decidido. Al menos hasta ahora. Porque la guerra de Ucrania lo está cambiando todo.

Un informe reciente del diario francés Le Monde mostró un ejemplo instructivo del efecto de la guerra de Ucrania en la opinión pública y en la financiación de la industria armamentística: citando a Armin Papperger, jefe de Rheinmetall, uno de los principales fabricantes de armas de Alemania que en enero se quejó de la renuncia de los fondos de inversión a colaborar con su empresa, el periódico señalaba cómo el cambio radical de atmósfera ha permitido que el Commerzbank, uno de los principales bancos alemanes, anunciara su decisión de dedicar una parte de sus inversiones a la industria de armamento. Algo impensable hace tan solo unos meses por el impacto que podría tener en la opinión pública. Algo, sin embargo, perfectamente pasable ahora mismo en el contexto de la guerra en Ucrania.

En Francia, donde la presión ciudadana originó una tendencia creciente a la desinversión de la industria de armamento por motivos de responsabilidad ética (especialmente a la luz de la repugnante contribución de las armas occidentales a la destrucción de Yemen por parte del ejército de Arabia Saudí), Guillaume Muesser, director de asuntos de defensa y económicos de la Asociación de la Industria Aeroespacial, explicó a Le Monde que “la invasión de Ucrania ha cambiado el tablero de juego. Demuestra que la guerra sigue en el orden del día, ante nuestras puertas, y que la industria de defensa es muy útil” 7/.

La militarización de la UE como proyecto de integración

Aunque la propuesta de rescatar el proyecto de integración de la UE en torno a la re-militarización de Europa es un proceso que lleva años en marcha, nadie puede negar que la invasión de Ucrania lo ha acelerado dramáticamente y le ha dado un soporte de legitimidad popular nunca soñado meses antes. Un buen ejemplo de ello es el reciente referéndum en Dinamarca por el que el país escandinavo abandona después de 30 años la cláusula de exclusión voluntaria de las políticas de defensa de la Unión Europea. Esto implica, entre otras cosas, que Dinamarca se convertirá en miembro de pleno derecho de la Política Común de Seguridad y Defensa; que los soldados daneses podrán ser enviados a operaciones militares de la UE si así lo ratifica la mayoría del Parlamento de Dinamarca; y que el Gobierno danés podrá incrementar en 7.000 millones de coronas (unos 940 millones de euros) el gasto en defensa en los dos próximos años.

En un país tradicionalmente euroescéptico, el 66,9% de los votantes apoyaron la integración de Dinamarca en los programas militares de la UE, lo que significa la mayor victoria de una medida referente a la Unión Europea en una votación danesa. El mismo presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, expresó en su perfil oficial de Twitter: "El pueblo de Dinamarca ha tomado una decisión histórica. El mundo ha cambiado desde que Rusia invadió Ucrania. Esta decisión beneficiará a Europa y hará que tanto la UE como el pueblo danés sean más seguros y fuertes” 8/.La integración militar se está configurando como el auténtico salvavidas de una UE que carecía de un proyecto unificador ante las pulsiones disgregadoras que se mostraron con el Brexit.

En este contexto marcado por la guerra de Ucrania, los Estados Miembros aprobaron en marzo el Strategic Compass, un plan de acción para reforzar la política de seguridad y defensa de la UE de aquí a 2030. Aunque esta Brújula Estratégica ha estado en elaboración durante dos años, realmente su contenido se adaptó rápidamente al nuevo contexto abierto por la invasión rusa de Ucrania. "Este entorno de seguridad más hostil nos obliga a dar un salto decisivo y exige que aumentemos nuestra capacidad y nuestra voluntad de actuar, reforcemos nuestra resiliencia y garanticemos la solidaridad y la asistencia mutua” 9/. Esta nueva postura recogida en el Strategic Compass construye una visión de la defensa europea que ya no se basa en el mantenimiento de la paz, sino en la seguridad nacional-europea y la protección de las “rutas comerciales clave”. Esto es, proteger los intereses europeos asegurando la “autonomía estratégica” de la UE.

El Strategic Compass repite varias veces que “la agresión de Rusia a Ucrania constituye un cambio tectónico en la historia europea” a la que la UE tiene que responder. ¿Y cuál es la principal recomendación de esta Brújula Estratégica? El aumento del gasto y coordinación militar. Precisamente en un contexto en el que los presupuestos militares de los países miembros de la UE son más de cuatro veces superiores a los de Rusia y donde el gasto militar europeo se ha triplicado desde 2007 10/. Pues dicho y hecho: este aumento del gasto en defensa se concretó en el Consejo Europeo de Versalles 11/ en el que los Estados Miembros se comprometieron a invertir el 2% de su PIB en esta partida. Se trata de la mayor inversión en defensa en Europa desde la II Guerra Mundial. Por eso mismo, en dicha cumbre el presidente del Consejo, Charles Michel, declaró sin tapujos que la invasión rusa de Ucrania y esa reacción presupuestaria de la UE habían "consagrado el nacimiento de la defensa europea".

Por cierto, el aumento del gasto militar hasta el 2% del PIB no es una cifra baladí: ha sido una demanda del gobierno estadounidense a todos sus aliados de la OTAN desde la cumbre de Gales en 2014 y, especialmente, tras la llegada de Trump a la Casa Blanca, quien hizo la suya hasta el punto de amenazar a sus socios europeos con reducir sus aportes a la Alianza Atlántica si no aumentaban sus presupuestos militares hacia ese horizonte. El cambio europeo más drástico ha sido el del Gobierno alemán, que gastará 100.000 millones de euros más en defensa y aumentará el presupuesto por encima del 2% del PIB a partir de 2024. Con ello, Alemania sobrepasará a Reino Unido, que el año pasado fue el segundo país de la OTAN y el tercero del mundo en gasto militar. Un aumento que supone casi el doble del presupuesto de defensa ruso, que en 2020 fue de 55.494,3 millones de euros.

Además del aumento del gasto militar, otra de las iniciativas estrella de la Brújula Estratégica es la creación de un cuerpo de reacción rápida de la UE de hasta 5.000 efectivos para diferentes tipos de crisis, que estaría plenamente operativo en 2025. Esta fuerza militar estará basada en los batallones con los que ya contaba la UE, pero que nunca han llegado a utilizarse. En este caso, su organización será modular y tendrá componentes terrestres, aéreos y marítimos. Un auténtico embrión de ejército europeo.

Pero el impulso a la militarización que apunta el Strategic Compass no solo debe leerse en términos cuantitativos, ya sea por el aumento del gasto militar o por la creación de este cuerpo de reacción rápida. El propio Borrell lo reconocía en twitter: "El entorno hostil actual requiere un salto cuántico hacia adelante (...) La brújula nos ofrece un plan de acción ambicioso para una seguridad y una defensa de la UE más sólidas para la próxima década”. Estamos pues ante una mirada holística de la defensa europea que no solo involucra a todos los dominios operativos (“fortalecer nuestras acciones en los dominios marítimo, aéreo y espacial”), sino también la migración (vista como una “amenaza importante”) y el cambio climático (“una amenaza-multiplicador”). Aunque reconoce la emergencia climática, reitera la importancia de la protección militar de la “seguridad energética” de la UE que sigue basándose en combustibles fósiles.

El resurgimiento de la OTAN

A pesar de que el Strategic Compass marque los pasos de una mayor autonomía estratégica europea, el documento deja claro que la Alianza Atlántica “sigue siendo la base de la defensa colectiva de sus miembros”. Desde el final del Pacto de Varsovia y la caída del Muro de Berlín, la OTAN ha intentado reinventarse y adaptarse a una nueva realidad geopolítica en la que la trascendencia del vínculo transatlántico parecía superada. El propio presidente francés, Emmanuel Macron, aseguró en 2019 que la falta de liderazgo estadounidense estaba causando la “muerte cerebral” de la Alianza Atlántica y que Europa debía comenzar a actuar como una potencia mundial estratégica. Ahora, con soldados rusos invadiendo Ucrania, y con Moscú amenazando tácitamente con el uso de armas nucleares, la OTAN vive un resurgimiento, vuelve a tener un propósito y un nuevo sentido existencial.

En una entrevista a mediados de la década de los noventa del siglo pasado, Mijaíl Gorbachov argumentaba que “la ampliación de la OTAN es la respuesta de Estados Unidos a la unidad europea; en Washington muchos temen perder influencia y quieren apuntalarla a través de la OTAN. 12/”La Alianza Atlántica ha sido tradicionalmente un instrumento de sumisión de la política exterior europea a los intereses estadounidenses. Una buena muestra de esta subordinación europea a la agenda de la OTAN fue la resolución aprobada a los pocos días del inicio de la invasión de Ucrania por parte del Parlamento Europeo. Entre otras cosas, el texto decía textualmente:

“Reitera que la OTAN es la base de la defensa colectiva de los Estados miembros aliados en la OTAN; acoge con satisfacción la unidad entre la Unión, la OTAN y otros socios democráticos afines para hacer frente a la agresión rusa, pero subraya la necesidad de reforzar su posición de disuasión colectiva, su preparación y su resiliencia; alienta la intensificación de la Presencia Avanzada Reforzada de la OTAN en los Estados miembros más próximos geográficamente al agresor ruso y al conflicto; destaca las cláusulas de asistencia mutua y solidaridad de la Unión y pide que se pongan en marcha ejercicios militares comunes; reitera su llamamiento a los Estados miembros para que incrementen el gasto en defensa y garanticen capacidades más eficaces, y para que hagan pleno uso de los esfuerzos conjuntos de defensa en el marco europeo, en particular la Cooperación Estructurada Permanente (CEP) y el Fondo Europeo de Defensa, con el fin de reforzar el pilar europeo en el seno de la OTAN, lo que aumentará la seguridad de los países de la OTAN y de los Estados miembros por igual”

Puede parecer un dato anecdótico, pero en la resolución europarlamentaria la palabra paz aparecía solo en cuatro ocasiones, mientras que términos como OTAN se repetían 15 veces y seguridad otras 22. Las palabras pueden decir mucho de los verdaderos intereses de un texto. Pero, desde luego, de lo que no cabe duda alguna es que la Alianza Atlántica se ha reafirmado como garante de la seguridad europea y que, en gran medida, la UE ha delegado y subordinado a EE UU su defensa colectiva. Ningún Estado Miembro cuestiona en estos momentos las relaciones con la OTAN y nadie aboga por la creación de una fuerza europea totalmente autónoma fuera de la Alianza Atlántica. En este sentido, la política militar europea ha sido diseñada sobre todo para apoyar financieramente la expansión de la industria militar europea en el marco de las prioridades fijadas en el seno de la OTAN.

Menos de tres años entre la “muerte cerebral” de la Alianza Atlántica que anunciaba Macron en 2019 y su resurgimiento y ampliación sin precedentes con la petición de entrada en la OTAN de dos países tradicionalmente neutrales como son Suecia y Finlandia. Una decisión que el propio secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, dijo que se trataba de "un paso histórico". Y es que Suecia no ha participado en una guerra desde los tiempos de Napoleón y ha construido su política de seguridad en torno a "la no participación en alianzas militares". Y Finlandia, por su parte, ha hecho gala durante décadas de un comportamiento neutral hacia Rusia que asumió tras el fin de la Segunda Guerra Mundial como manera de asegurarse la paz frente a un vecino mucho más poderoso que ya le había invadido en 1939 durante la llamada Guerra de Invierno.

La realidad es que, desde la caída de la Unión Soviética, tanto Suecia como Finlandia han ido aumentando su cooperación militar con la OTAN, especialmente desde la anexión rusa de la península de Crimea en 2014. Pero la invasión de Ucrania lo ha cambiado todo y ha decantado a la opinión pública hacia la incorporación de ambos países en la Alianza Atlántica. Una encuesta del pasado marzo mostró que un 57% de suecos aprobaba la entrada en la OTAN, la primera vez en la historia que la mayoría del país optaba por posicionarse claramente en favor de un bloque militar. En Finlandia, donde la opción de unirse a la OTAN jamás había alcanzado más del 30% de aprobación entre la población, a las pocas semanas de la invasión de Rusia a Ucrania la opinión pública dio un giro dramático alcanzando el 76% de aprobación, la más alta en la historia de las encuestas.

Las lideresas políticas de ambos países han insistido en repetidas ocasiones que la invasión rusa de Ucrania les hizo modificar su histórica postura de neutralidad. "Cuando Rusia invadió Ucrania, la posición de seguridad de Suecia cambió fundamentalmente", explicó en un comunicado en abril el partido dirigido por la primera ministra sueca, Magdalena Andersson. En el caso de Finlandia, la primera ministra justificó su cambio de opinión respecto a la OTAN asegurando que "Rusia no es el vecino que pensábamos que era".

De concretarse esta ampliación de la OTAN, supondría un cambio destacable en el tablero geopolítico internacional con implicaciones futuras. No podemos olvidar que Finlandia comparte 1.300 kilómetros de frontera con Rusia. De esta forma, sumado a los países nórdicos que cuentan con un notable potencial militar, la Alianza cerraría definitivamente el Báltico, además de acabar con la neutralidad de los dos citados países nórdicos que habían hecho de esta posición su seña de identidad. De hecho, estamos asistiendo estos días al entierro definitivo de la finlandización como concepto de neutralidad en plena Guerra Fría que paradójicamente hoy vuelve a reclamarse como estrategia de descompresión y alternativa para Ucrania en un hipotético acuerdo de paz con Rusia. Por eso, la entrada de Finlandia tiene una importancia no solo material y estratégica, sino que supone también una victoria política de hondo calado para la OTAN, acabando con los pocos países europeos que habían hecho de la neutralidad ante los bloques militares una política de Estado.

La guerra como doctrina del shock

La invasión de Ucrania se está convirtiendo en un trauma que promete reconfigurar el futuro de Europa. Un cambio de paradigma en la defensa y en su relación con Rusia, su vecino nuclear. Un shock político similar al que sufrió EE UU tras el ataque yihadista del 11-S o la propia Europa tras la caída del muro de Berlín. Un auténtico acontecimiento entendido como una quiebra disruptiva en donde emerge una nueva Europa, que por desgracia tiene mucho que ver con la consecución de los viejos anhelos de las élites europeas.

En la antesala de la actual guerra, la pandemia ya había servido de catalizador de una (nueva) gigantesca transmisión de dinero público hacia manos privadas, con los Fondos de Recuperación actuando como puntal de los intereses de las grandes empresas. Y todo ello vendiendo la ilusión euro-reformista de que es posible llevar a cabo una política que no se base en el ajuste sin poner en duda de forma definitiva los tratados europeos y las reglas básicas mediante las que ha funcionado la economía europea en las últimas tres décadas. Una ilusión óptica de “otra manera de salir de la crisis” que sin embargo, en la práctica, no ha dejado de ahondar en la especialización productiva de cada país en el seno de la UE y en la solidificación de las relaciones jerárquicas entre los capitalismos centrales y periféricos.

Pues si la gestión de la pandemia fue la excusa, la guerra de Ucrania se está convirtiendo en una coartada perfecta para aplicar una auténtica doctrina del shock. Porque la UE no solo se está remilitarizando para poder hablar el “lenguaje duro del poder” en un desorden global en donde las disputas por los recursos escasos son cada vez más agudas. También se está acelerando la agresiva agenda comercial europea con el pretexto de la guerra. Porque todo vale cuando estamos en guerra. Un buen ejemplo de ello es lo rápido y fácil con que el maquillaje verde de la UE ha saltado por los aires al decretar la Comisión Europea que el gas y la nuclear pasaban a ser consideradas energías verdes con el pretexto de romper con la dependencia energética rusa.

Estrategias como la recientemente aprobada de la “granja a la mesa”, uno de los pilares del Pacto Verde Europeo, que prometía triplicar la superficie dedicada a la agricultura ecológica, reducir a la mitad los pesticidas y recortar los fertilizantes químicos en la UE en un 20% para 2030, se ha desvanecido en cuestión de semanas. Porque en guerra todo vale. De la misma forma, la Comisión Europea anunció la autorización del uso de las llamadas zonas de “interés ecológico” y de barbecho para aumentar la producción agrícola europea. De nuevo con el pretexto de que la seguridad alimentaria debe tener prioridad sobre el desarrollo de la agricultura ecológica. Otra vez la guerra como pretexto. Y algunos no lo esconden, como el eurodiputado alemán del PPE Norbert Lins, presidente de la Comisión europarlamentaria de Agricultura: “Putin está utilizando el hambre como arma. Cada tonelada de grano en Europa es una tonelada que invertimos en democracia y libertad” 13/.

En una resolución supuestamente sobre sanciones a Rusia, el Parlamento Europeo aprobó favorecer la importación de grano transgénico desde EE UU ante la falta de las exportaciones ucranianas y rusas. La intención es clara: apoyar a la muy contaminante ganadería intensiva cueste lo que cueste. Por eso la Comisión Europea aprobó una ayuda excepcional de 500 millones de euros para el sector. De esta forma, compromisos climáticos y Pactos Verdes Europeos se desvanecen al ritmo de los tambores de guerra y del incremento frenético del gasto militar. Incluso los fondos europeos que las fuerzas que conforman el gobierno de España catalogaron como históricos, no solo han quedado totalmente desfasados. Sino que incluso, con la guerra como coartada, se han rebajado aún más las barreras ambientales y climáticas con tal de asegurar el suministro energético a la UE. Así, las inversiones para la mejora de las infraestructuras energéticas y la seguridad de suministro quedan exentas de la obligación de cumplir con el principio de no causar un perjuicio significativo. La excepcionalidad se convierte en regla general una vez más.

La mirada cansada de la izquierda

Cabe preguntarse por qué la UE ha decidido desde el inicio de la invasión rusa enviar armas saltándose sus propios tratados, que lo prohíben expresamente. ¿Por qué a Ucrania? ¿Por qué no a cualquiera de los otros muchos conflictos en el mundo donde la legalidad internacional también es vulnerada de forma flagrante? La respuesta parece clara atendiendo a las declaraciones del Canciller Olaf Scholz: “Nuestro objetivo es que Rusia no gane esta guerra” (…) Eso es lo que hay detrás de nuestros envíos de armas, de nuestra ayuda financiera y humanitaria, de las sanciones y de la recepción de refugiados” 14/. Y es que desde que Rusia se separara públicamente de la estrategia de guerra contra el terrorismo emprendida a comienzo del siglo XXI por EE UU y la OTAN con las invasiones de Afganistán e Irak, la competencia estratégica con Occidente no ha dejado de crecer. La anexión de Crimea en 2104 fue un punto de inflexión fundamental en esta relación conflictual. Pero quizás sea la guerra en Siria en donde por primera vez Rusia retoma una agenda militar imperialista en disputa con Occidente apoyando la dictadura de Bachar el Asad al margen de sus tradicionales áreas de influencia. Esta relación conflictual ha escalado hasta el punto que Rusia ha vuelto a convertirse en una amenaza existencial, un rival por el poder en Europa, en una especie de reedición de las tensiones políticas de la Guerra Fría.

Es innegable que la brutal invasión rusa ha supuesto el inicio de una guerra injusta contra Ucrania, pero no hay que olvidar que el país lleva al menos ocho años inmerso en una guerra civil entre la oligarquía pro-occidental y la pro-rusa con el telón de fondo de una intensa disputa inter-imperialista por el control geopolítico y geoeconómico del país. Esta disputa, aunque localizada fundamentalmente en el este del país, en las regiones de Donetsk y Luhansk, ha costado 14.000 muertes antes de 2022. Que la oligarquía pro-occidental controle el poder en Kiev es fundamental para entender el decidido apoyo material, logístico, económico y político de la Alianza Atlántica al gobierno ucraniano. Como explicó hace poco la vicesecretaria de Estado de EEUU, Victoria Nuland: “Estados Unidos se ha gastado en Ucrania más de 5000 millones de dólares en promover el “cambio de régimen” vía organizaciones no gubernamentales, medios de comunicación y compra de lealtades. 15/

La criminal invasión de Ucrania ha sentenciado definitivamente el final de la globalización y sus mecanismos de gobernanza, para volver a una disputa de bloques y áreas de influencia. Una desglobalización, al menos parcial, que lleva años produciéndose y que se ha turboalimentado a raíz de la pandemia de la COVID19 que ha acelerado un descenso de las interconexiones y de la interdependencia de las relaciones mundiales, y que ha engendrado el preludio de un nuevo orden global. En donde la economía mundial globalizada parece estar escindiéndose poco a poco en una especie de regionalización conflictiva y en disputa entre dos principales áreas de influencia: una zona bajo EE UU y otra zona bajo la órbita de China, en donde a su vez conviven con potencias regionales subalternas de uno y otro bloque como son la propia UE y Rusia. Aunque quizás lo más paradigmático de esta desglobalización sea el desplome de los mecanismos multilaterales de gobernanza, especialmente significativo el colapso de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

En este sentido, la guerra de Ucrania es un elemento disruptivo clave, una recomposición del escenario geopolítico de la misma profundidad de lo que en su día fue la caída del Muro de Berlín y el comienzo de la era de la globalización, pero en sentido inverso. Podríamos decir que si Corea fue el primer gran campo de batalla de la Guerra Fría, Ucrania puede ser el primer campo de batalla de una nueva contienda imperialista entre bloques. Mientras esto sucede, la izquierda parece actuar como si nada hubiera cambiado o, incluso aún peor, eligiendo bloque.

Desde que Rusia decidió invadir Ucrania se declaró una guerra de liberación nacional. Y es lógico que quienes se encuentran en estos momentos en Ucrania luchando contra Putin decidan tomar las armas o adoptar otras formas de resistencia civil y hacer todo lo posible para evitar esta ocupación y defender su soberanía (algo que debería pasar por el no alineamiento, precisamente lo contrario de convertirse en un satélite de la OTAN o de Rusia) y deben ser apoyados por la izquierda europea. Pero las veleidades militaristas de nuevo cuño que parecen haber conquistado las moquetas y despachos de Bruselas nada tienen que ver con un apoyo desinteresado al legítimo derecho del pueblo ucraniano a la defensa.

Por el contrario, el envío de armas a Ucrania no solo es un elemento fundamental de la disputa militar inter-imperialista, en donde cada vez está más clara la participación directa de la UE y la OTAN en lo que podríamos catalogar como una guerra proxy. Una participación directa que no se circunscribe exclusivamente al envío de armas, que por otro lado ya no son solo ni mucho menos defensivas; sino también por el apoyo de entrenamiento militar al ejército ucraniano o por la información de inteligencia compartida por Washington con Kiev que habría permitido al ejército ucraniano localizar y acabar con la vida de 12 generales rusos desde el comienzo de la invasión rusa o el hundimiento del buque Admiral Makarov, el más moderno de la flota de Putin. Por no hablar de cómo el Centro de Satélites de la Unión Europea ofrece inteligencia geoespacial a Ucrania para controlar los movimientos de tropas en la guerra, de la utilización de los sistemas experimentales de inteligencia artificial para predecir los movimientos y estrategias del ejercito ruso o del envío de cientos de mercenarios occidentales pagados por empresas de EE UU 16/.

Al igual que en la Guerra Fría, las potencias imperialistas se enfrentan de forma interpuesta en el campo ucraniano. Lo novedoso y quizás más peligroso de este enfrentamiento es que, por primera vez desde la II Guerra Mundial, este choque se produce en territorio europeo y el peligro de una confrontación entre potencias nucleares nunca ha estado tan cerca desde la crisis de los misiles en Cuba. El antecedente europeo más cercano fue el ataque aéreo de la OTAN en 1999 contra Serbia (incluida su capital, Belgrado) sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU y sin una declaración previa de guerra, con el supuesto fin de acabar con las violaciones de los derechos humanos en Kosovo. A pesar de los lazos de hermandad étnicos e históricos de los pueblos ruso y serbio, Moscú no respondió a esa agresión y se conformó con condenas formales, alejando el fantasma de una posible contienda con armas nucleares. La gran diferencia es que, en el caso ucraniano, la escalada del conflicto entre potencias no está ni mucho menos descartada. Más bien al contrario, cada día que dura la guerra es un escenario más plausible.

En este sentido, el envío de armas no es solo una participación en el conflicto por parte del bloque OTAN, sino que internamente en el contexto europeo es sobre todo un elemento performativo clave en la remilitarización de la UE. Pero, además, no nos engañemos, el envío de armas no solo es un poderoso incentivo para los sectores y la industria armamentística europea, sino que es la primera vez que Europa habla el llamado lenguaje duro del poder”. Esta primera experiencia de coordinación militar europea pretende ser el elemento fundacional de una política de defensa más agresiva que pueda concluir en un cuerpo operativo o incluso en un ejército europeo para intervenir en el nuevo tablero internacional.

Un ejército europeo ni separado de la OTAN ni pensado para grandes contiendas militares, sino más bien como un cuerpo operativo de reacción rápida que pueda controlar áreas y recursos en el escenario del aumento de las disputas neocoloniales. Dicho de otro modo, un ejército para intervenir más en Níger que en Ucrania. La ministra de Defensa española Margarita Robles alertó recientemente del peligro de la “creciente penetración de Rusia en África” mediante su presencia militar a través del ejército regular ruso o de compañías de mercenarios como Wagner. Declarando que, ante esta situación, “la OTAN no puede permanecer indiferente” 17/ y reclamando así una mayor presencia de la Alianza Atlántica en el continente africano.

Con la presencia de la OTAN y de un futuro ejército europeo en África, EE UU y la UE quieren asegurarse el acceso a los enormes recursos energéticos y de materias primas del continente, en competencia directa con los países emergentes y en especial con China y Rusia, no sólo con contratos comerciales, sino construyendo todo un entramado de relaciones políticas y militares. El apoyo a la creación de la Fuerza de Reserva Africana (ASF), el entrenamiento militar de fuerzas africanas en las escuelas de la OTAN y la difusión de las doctrinas e ideologías militares de la Alianza Atlántica permiten crear relaciones y lazos que aseguran una incidencia política real en las élites dirigentes, al tiempo que garantizan una buena parte del jugoso mercado africano de compras de armamento, que también es objeto de competencia. Como afirma el Centre Delás de Estudios por la Paz: “si la OTAN fue una pieza clave para asegurar la hegemonía norteamericana en Europa occidental durante la Guerra Fría primero y en toda Europa después, ahora la Alianza Atlántica pretende jugar el mismo papel en África 18/.”

Es indudable que la invasión criminal de Putin ha permitido cohesionar a la opinión pública de la UE sobre la base de un fuerte sentimiento de inseguridad ante las amenazas externas, legitimando su remilitarización (que es mucho más que el aumento del gasto militar antes mencionado). A la vez que permite a la OTAN diluir toda veleidad de independencia política de la UE mientras recupera una legitimidad y una unidad perdidas tiempo atrás, especialmente tras el fracaso de la ocupación de Afganistán. La incorporación de Suecia y Finlandia es una buena muestra del resurgimiento e impulso que ha tomado la OTAN, la mayor alianza militar nunca conocida, ampliando con mucho los marcos alcanzados durante la Guerra Fría. Porque, más allá de apreciaciones de táctica militar, lo que está fuera de toda duda es que los auténticos ganadores hasta ahora de la invasión rusa de Ucrania son el imperialismo norteamericano, el militarismo de la UE y las empresas que fabrican muerte.

Por esto es tan curioso que una gran parte de la izquierda y de los verdes europeos esté sufriendo de un repentino ataque de mirada cansada que le impide ver lo que más cerca tiene. Grandes conocedores de la situación tanto de Ucrania como de Rusia, pero incapaces de ver cómo las élites europeas y el imperialismo norteamericano están utilizando esta guerra como un momento de reordenación capitalista e imperialista de hondo calado en el contexto de un desorden geopolítico global y de crisis ecológica. En donde la disputa por los recursos escasos será cada vez mas intensa y violenta. En este sentido, el reclamo abstracto del envío de armas por parte de la OTAN y la UE a Ucrania aludiendo a su derecho a la defensa no puede descontextualizarse de los interés inter-imperialistas en curso y de cómo dicha contribución armamentística es un elemento central en la legitimación de la remilitarización europea. Por ello resulta políticamente desastroso que una parte de la izquierda se haya sumado a las veleidades militaristas del imperialismo norteamericano y europeo.

Desde algunos sectores se ha intentado comparar de forma torticera el caso de la república española y la guerra civil española y su imposibilidad de armarse adecuadamente con el de Ucrania en estos momentos, como una forma de justificar ante la opinión pública española el envió de armas por parte de la OTAN. No solo es absurdo e incluso de mal gusto comparar a la revolución española y lo que significaba con el actual gobierno de Zelensky y la situación en Ucrania. Sino que además son contextos militares totalmente distintos: para empezar, por la misma sublevación militar de buena parte del ejército español en contra del gobierno legítimo de la República. Pero en cambio creo que si es un buen ejemplo para poder razonar por qué los republicanos españoles sufrieron un boicot de las democracias occidentales en su derecho a armarse, cuando Francia e Inglaterra pusieron en pie la farsa del Comité de No Intervención. Y en cambio el gobierno de Zelensky está recibiendo apoyo material, militar y económico, aunque no sea todo el que está demandando. No está mal recordar que independientemente del hecho de que Ucrania tiene todo el derecho a resistir la invasión de Putin, la OTAN y el imperialismo jamás armará a ningún actor que no defienda abiertamente los intereses imperialistas de dicha organización. El ejemplo de la República española es uno entre tantos otros en la historia que así lo demuestra.

Por cierto, las ayudas imperiales nunca son gratis, los republicanos españoles durante la guerra civil así como los revolucionarios vietnamitas pagaron un precio muy alto por la ayuda militar soviética: unos constreñidos a frenar y reprimir la revolución social e imponer una especie de democracia popularavant la lettre; y los otros sufriendo las maniobras diplomáticas capituladoras del Kremlin, empezando por la partición del país en 1953 19/. Ningún apoyo financiero o militar es neutro y está exento de subordinación política. Tampoco ahora en Ucrania, en donde los préstamos europeos están condicionados a una subordinación económica y a la aplicación de reformas estructurales en la línea de la legislación laboral en tiempo de guerra aprobada por el parlamento. Así como el apoyo militar a la subordinación a los intereses geoestratégicos occidentales.

Además, no deja de resultar curioso el énfasis de la mayoría de la izquierda institucional en reclamar este envío de armas a Ucrania, cuando la OTAN y la UE no necesitan presión alguna para mandarlas. ¿En serio el papel de la izquierda en este contexto es erigirse en corifeos de las pulsiones más militaristas? Quizás sería más útil presionar por que la UE o el FMI anulasen la deuda exterior ucraniana, una decisión que aliviaría la presión sobre una economía devastada y, de paso, sobre su población y sus finanzas de cara a una futura reconstrucción; levantar una campaña de movilización ciudadana para conseguir un registro de los propietarios reales que esconden su dinero en los paraísos fiscales europeos, lo cual permitiría la incautación de bienes de la oligarquía rusa que sostiene al régimen de Putin. Una acción que no solo presionaría para acabar con la guerra, sino que también permitiría obtener unos fondos fundamentales para la reconstrucción de Ucrania; y/o presionar para que la UE acoja a los desertores de ambos ejércitos favoreciendo la deserción colectiva ante la guerra. Todas estas propuestas han sido presentadas en diferentes formas y ocasiones por parte de diputados y diputadas de la izquierda en parlamento europeo y han sido sistemáticamente rechazadas.

Aún es más sorprendente la presbicia de esa izquierda que a su condena de la invasión rusa y la solidaridad con el pueblo ucraniano no incorpora el rechazo a la remilitarización de la UE y el resurgimiento de la Alianza Atlántica. Porque “ahora no toca” y por lo visto todo vale para ganar la guerra y acabar con la amenaza del imperialismo ruso. “Todo vale” porque estamos en guerra. ¿De qué me sonará todo esto? De esta forma asistimos a una incomprensible coincidencia de intereses con el imperialismo propio, el europeo en nuestro caso, que nos devuelve a la lógica de la Unión Sagrada de los albores de la Primera Guerra Mundial, obligándonos a aceptar unos nuevos créditos de guerra. La pregunta sería por qué cierta izquierda ha caído en la trampa binaria de apoyar a uno de los imperialismos en disputa, cuando el deber de los anticapitalistas sería precisamente romper esa dicotomía y adoptar una posición de parte, activa y clara a favor de los pueblos ucraniano y ruso, por la paz sin anexiones, por la retirada incondicional de las tropas rusas de Ucrania y por garantizar el derecho de los pueblos sin excepciones a decidir libremente su futuro.

La pandemia global que hemos sufrido ha acrecentado nuestros temores e inseguridades. Nunca ha sido más evidente la necesidad de volver a imaginar qué entendemos por seguridad y definir qué nos hace sentir seguros. La invasión de Putin a Ucrania se ha convertido en la coartada perfecta para explotar todas estas inseguridades por parte de la UE, aumentando exponencialmente los presupuestos de defensa y favoreciendo una integración europea basada en la remilitarización. Una decisión política que prioriza los beneficios de las empresas armamentísticas, alimentando, en vez de frenando, la inestabilidad así́ como la probabilidad de la guerra. La izquierda debe cuestionar el concepto de seguridad basado en el gasto en armamento, infraestructuras de defensa y militares. Para plantear, alternativamente, un modelo de seguridad antimilitarista a través de la garantía de acceso a un sistema público de salud operativo, a la educación, el empleo, la vivienda, la energía, mejorando el acceso a servicios sociales que aseguren una vida digna y respondiendo al cambio climático desde un horizonte ecosocialista. Como afirma el manifiesto ReCommons Europe, “las fuerzas de la izquierda política y social que desean encarnar una fuerza de cambio en Europa con el objetivo de sentar las bases de una sociedad igualitaria y solidaria, es imperativo adoptar políticas antimilitaristas. Esto significa luchar no solo contra las guerras de las fuerzas imperialistas europeas, sino también contra la venta de armas y el apoyo a los regímenes represivos y beligerantes.”

El futuro de nuestro siglo se está escribiendo hoy en las llanuras ucranianas. Ante la deriva militarista y belicista que está azotando a Europa, y a pesar del ambiente macartista de intimidación intelectual y de demagogia belicista, las fuerzas transformadoras europeas debemos tomar una posición activa con una agenda antimilitarista propia que rechace sin ambigüedades el proyecto político imperial de la oligarquía rusa, pero también la agenda militarista de la OTAN y la remilitarización de la UE. Tenemos el gran reto de pensar cómo conseguir que pierda el imperialismo putinista sin que ello suponga una victoria del militarismo imperial occidental.

 

Por Miguel Urbán Crespo, eurodiputado, miembro de Anticapitalistas

24 junio 2022

Notas

1/ Unas semanas antes del debate de la Unión acababa de caer Kabul en manos de los talibanes después de 20 años de ocupación de la OTAN.

2/ Para saber más sobre la securitización de las fronteras de la UE son muy recomendables los estudios del Transnational Institute https://www.tni.org/es/publicacion/guerras-de-frontera

3/ Los romanos utilizaban este término para designar a aquellos pueblos que habitaban fuera de sus fronteras.

4/https://vientosur.info/regimenes-politicos-neoliberalismo-y-autoritarismo/

5/https://ec.europa.eu/info/priorities/state-union-speeches/state-union-2016_en

6/https://www.tni.org/files/publication-downloads/avivando-las-llamas-execsum-es.pdf

7/https://vientosur.info/para-los-fabricantes-de-armas-la-guerra-en-ucrania-es-un-gran-negocio//

8/https://www.europapress.es/internacional/noticia-ciudadania-danesa-vota-favor-participar-programas-militares-ue-20220601225021.html

9/https://www.infolibre.es/politica/once-claves-creciente-militarizacion-ue_1_1224340.html

10/http://centredelas.org/wp-content/uploads/2021/07/A-militarised-Union-2.pdf

11/https://www.consilium.europa.eu/media/54773/20220311-versailles-declaration-en.pdf

12/ Poch de Feliu, Rafael. “La Invasión de Ucrania”. Escritos Contextatarios, marzo 2022, Madrid. pp 60

13/https://www.infolibre.es/mediapart/parlamento-europeo-dice-no-ambiciones-verdes-politica-agricola-comun_1_1223488.html

14/https://ctxt.es/es/20220401/Firmas/39377/Rafael-Poch-Estados-Unidos-rusia-invasion-Ucrania-guerra-Finlandia-Guerra-de-Invierno.htm

15/ Poch de Feliu, Rafael. “La Invasión de Ucrania”. Escritos Contextatarios, marzo 2022, Madrid. pp 46

16/https://theobjective.com/internacional/2022-03-10/mercenarios-ucrania-dolares-guerra-putin/

17/https://elpais.com/internacional/2022-05-25/espana-y-el-reino-unido-advierten-a-la-otan-del-riesgo-de-desatender-el-avance-ruso-en-africa.html

18/http://centredelas.org/actualitat/la-expansion-de-la-otan-en-africa/?lang=es

19/https://vientosur.info/el-drama-ucraniano-y-la-ruleta-rusa/#_edn28

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Ucrania, cada vez más cerca de ser parte de la Unión Europea. Imagen: AFP

El tablero geopolítico en medio de la guerra en Europa

La decisión fue una resolución en tiempo récord como respuesta política a Rusia.

Los países de la Unión Europea (UE) acordaron conceder a Ucrania y Moldavia el estatus de candidatos a la adhesión al bloque, una decisión adoptada en tiempo récord como respuesta política a Rusia. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, sostuvo que se trata de una señal de fortaleza "frente al imperialismo ruso" abrir el proceso de incorporación de las dos ex naciones soviéticas, a pesar de que el proceso de ingreso a la UE puede demorar años. 

A pesar de ser solo un primer paso para ingresar al bloque económico, el presidente ucraniano, Vladimir Zelenski, lo celebró como "un momento único e histórico en las relaciones entre Ucrania y la UE" y agregó que "el futuro de Ucrania se encuentra en el seno de la UE".

"Esta decisión nos fortalece a todos. Fortalece a Ucrania, Moldavia y Georgia, frente al imperialismo ruso. Y fortalece a la UE. Porque demuestra una vez más al mundo que estamos unidos y somos fuertes frente a las amenazas externas", se sumó Von der Leyen, mientras que el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, coincidió en calificarlo como un "hecho histórico". 

En la misma reunión, se decidió dejar un paso atrás a Georgia -otra ex república soviética-, que deberá avanzar con ciertas reformas para alcanzar el estatus de país candidato, según decidió la cumbre del bloque. Charles señaló que se trata de "prioridades pendientes" que, una vez resueltas, le permitirá al país donde nació Joseph Stalin alcanzar el estatus de candidato para ingresar a la UE.  

La cumbre de este jueves en Bruselas fue la primera de tres que se celebrarán en una semana en Europa, que pondrán a prueba el grado de unidad de Occidente para apoyar a Ucrania en medio de tensiones geopolíticas en aumento y del creciente impacto económico del conflicto.

Del domingo al martes, los líderes del Grupo de los Siete (G7) protagonizarán su cumbre anual en Alemania y, tras ella, los gobernantes de la OTAN se reunirán en España para debatir, en medio de diferencias, el ingreso de Finlandia y Suecia.

"Espero que los ucranianos no se hagan ilusiones" 

El caso de adhesión de Ucrania reavivó más temprano la frustración de países de los Balcanes Occidentales que desde hace años son candidatos a ingresar a la UE y cuyo proceso de adhesión chocó con escollos difíciles de salvar. Macedonia del Norte, Albania, Montenegro y Serbia llevan varios años esperando, sin grandes avances en su adhesión al bloque, el mismo bloque que no escondió la prisa en conceder el estatus de país candidato a Ucrania y a Moldavia.

Líderes de la UE y de los Balcanes occidentales mantuvieron una reunión en Bruselas, que terminó sin que haya sido posible verificar cualquier avance. "No hemos obtenido nada", resumió el Alexandar Vucic, presidente de Serbia, tras el encuentro. En tanto, el primer ministro de Albania, Edi Rama, dijo que la situación actual es "verdaderamente muy, muy preocupante". 

"Macedonia del Norte es candidato desde hace 17 años, si no perdí la cuenta. Albania, desde hace ocho. De forma que bienvenida, Ucrania. Es bueno que se le reconozca a Ucrania el estatus. Pero espero que los ucranianos no se hagan ilusiones", expresó el mandatario albanés.

Albania y Macedonia del Norte están frustrados porque Bulgaria usó su estatus de miembro de la UE para bloquear sus adhesiones. Los tres son países de la OTAN.

Bulgaria tiene una disputa con Macedonia del Norte relativa a cuestiones étnicas y lingüísticas, y esa pulseada ha trabado también el proceso de adhesión de Albania, porque la UE considera a los tres dentro del mismo paquete.

"Es una vergüenza que un país de la OTAN, Bulgaria, secuestre a dos países de la OTAN, Albania y Macedonia del Norte, en medio de una guerra en el patio de Europa, mientras los otros 26 países permanecen sentados en demostración de impotencia", dijo Rama.

El jefe de la diplomacia de la UE, Josep Borrell, dijo en Bruselas que la regla que requiere la aprobación unánime de los actuales miembros de la UE "es un gran problema" a la hora de tomar decisiones.

"Por lo tanto, tenemos que pensar cómo tomamos decisiones en la UE, porque no podemos seguir con un solo país que bloquea durante meses y meses", agregó.

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La lógica política del imperialismo ruso

Además de en mi trabajo de campo interrumpido en Ucrania (2021), esta contribución al debate sobre la guerra se basa en mi trabajo de campo en Bielorrusia (2015-2017) y mis conclusiones sobre cómo el 'régimen cesarista' de Lukashenka, cuando se enfrentó a desafíos populares y geopolíticos, mutó su 'estrategia revolucionaria pasiva' (Artiukh 2020, 2021), para usar el vocabulario de Gramsci. Basándome en mis conocimientos de Ucrania y Bielorrusia, esbozo la lógica política de la agresiva expansión territorial de Rusia en el contexto del declive hegemónico de Estados Unidos. Afirmo que esta expansión, impulsada por la lógica del legitimismo, mediante la cual Rusia ofrece a sus posibles clientes una nueva 'Santa Alianza' antirrevolucionaria, como lo hizo la Rusia zarista en el siglo XIX, engendra un sistema de regímenes 'anti-Maidan' que comparten importantes puntos en común culturales y políticos.

Esta lógica política, claramente formulada en el discurso de Putin en la ONU de 2015 es consecuencia de un cambio en la estrategia imperialista rusa. Según el economista político Ilya Matveev (2021), el imperialismo ruso transitó de la lógica económica a la lógica territorial alrededor del año 2014, cuando el estado ruso renunció a la estrategia de expansión de intereses privados empresariales a Ucrania y otras repúblicas postsoviéticas y comenzó a proyectar control político sobre estos territorios aun a expensas de los intereses del capital privado. El ejemplo más destacado de esta nueva estrategia fue la anexión de Crimea y el apoyo a los rebeldes prorrusos en el Donbass. Sin embargo, la estrategia parece ser más amplia e incluye la reactivación de otros 'conflictos congelados' (Georgia 2008, posiblemente Moldavia), participación en conflictos internos (Ucrania 2014, Bielorrusia 2020, Kazajistán 2022), y prestación de servicios militares (Siria y varios países africanos).

El principio central de esta estrategia territorial legitimista fue la conservación de los regímenes neopatrimoniales amenazados por el descontento popular. Los pequeños estados separatistas del Donbass fueron los primeros de una serie de regímenes que comenzaron a aparecer en el espacio postsoviético desde 2014 como reacción a la amenaza real o percibida de las protestas populares. Llamo a estas formas de gobierno "regímenes 'anti-Maidan'", en referencia a su primera narrativa legitimadora de resistir las protestas de Maidan en Ucrania. Lo que los une es el hecho de que son reacciones a los levantamientos populistas, fomentan la desmovilización en lugar de la movilización de sus poblaciones y se basan en la coerción policial y militar en lugar de proyectos hegemónicos. A medida que las élites amenazadas se unieron a esta Santa Alianza, sus regímenes se transformaron en consecuencia: estos incluyen la Siria de Assad, la Bielorrusia de Lukashenka, más recientemente, Kazajstán y las regiones recientemente ocupadas de Ucrania. Trayendo esta lógica de regreso a casa, el propio régimen ruso ha sufrido una transformación hacia un estado policial autoritario con tendencias posfascistas.

Este proyecto debe remontarse a la continua crisis orgánica que estalló en 2008 e hizo posible la situación que tuvo lugar en vísperas del levantamiento de Maidan de 2013. Las protestas de Maidan en Ucrania fueron una de las 'movilizaciones mundiales' locales (Kalb & Mollona, ​​2018) contra los regímenes neopatrimoniales neoliberalizados bajo la tensión de la crisis, cuyo mejor ejemplo es la Primavera Árabe. Surgidos en la condensación territorializada de las pasiones políticas, tales levantamientos tenían sus raíces en algo parecido al mito político de Sorel, capaz de crear una división entre 'nosotros' y 'ellos', pero incapaz de producir un cambio duradero debido a la falta de marcos organizativos y liderazgo. Por lo tanto, fueron los grupos violentos más radicales los que aprovecharon tales movimientos, los condottieri contemporáneos que, sin embargo, no supieron encarnar la voluntad colectiva (Gopal, 2020).

Estos regímenes neopatrimoniales posdesarrollistas se encontraban en diferentes etapas de declive y con diferentes relaciones con sus vecinos. Por lo tanto, los regímenes de Túnez y Bielorrusia, al poder confiar en sus patrocinadores y tener estados más fuertes, pudieron cooptar los levantamientos en la continuidad de sus estrategias revolucionarias pasivas. Otros sufrieron la intervención de sus vecinos, como sucedió en Bahrein, Yemen y Ucrania. Y otros se sumergieron en una guerra civil prolongada, como Libia o Siria, y se convirtieron en campo de batalla de los imperialismos estadounidense, turco y ruso en competencia.

Contrariamente a una idea preconcebida ampliamente difundida, Estados Unidos mostró el fracaso de su hegemonía frente a estas situaciones. Aquí uso 'hegemonía' en un sentido Gramsciano-Arrigiano, como un conjunto de instituciones e ideologías respaldadas por la potencialidad del uso de una fuerza creíble que puede superar las crisis y alinear los intereses de las élites centrales y periféricas. Mientras que el banco central de EEUU logró mitigar con relativo éxito la crisis de 2008 en Europa, no logró establecer el orden en su periferia (Tooze, 2019). De manera similar, las operaciones militares estadounidenses trajeron consecuencias no deseadas. Una vez que se abrió este agujero hegemónico y EEUU mostró su debilidad, surgió un 'show de mierda', en palabras de Obama, ya que los contendientes inmediatamente se pusieron en acción ofreciendo su ayuda para restablecer el orden.

Un contendiente hegemónico fue Rusia, uno de los regímenes neopatrimoniales cuyo declive apenas comenzaba a manifestarse. Los primeros signos de este declive aparecieron en las protestas de la clase media urbana de 2011-2013 y fueron reprimidas rápidamente. Dado que la dominación en las relaciones internacionales, según Gramsci, es una extensión de los modos de dominación de la clase dominante, el sistema ruso de dependencias internacionales neopatrimoniales también se estaba debilitando. Rusia elaboró una doctrina de apoyo a los 'regímenes legítimos' contra la guerra híbrida emprendida por occidente (Göransson, 2021). Como alternativa a la vacilante hegemonía estadounidense basada en la 'promoción de la democracia', incluido el apoyo a los levantamientos populares, Rusia presentó la oferta de una Santa Alianza para el siglo XXI. En términos gramscianos, esta era la oferta de preservación del bloque histórico que se basa en la dominación cesarista más que en la hegemonía. Así, frente a la vacilante hegemonía estadounidense, Rusia ofreció un sistema internacional de dominación sin hegemonía. Tal oferta resolvería dos tareas: reforzar la dominación del régimen interno ruso y garantizar la estabilidad de los regímenes de los estados que se unieran a la Santa Alianza.

A partir de ella es posible comprender los desarrollos posteriores a Maidan. La caída de Yanukovych señaló la fragilidad de los regímenes neopatrimoniales y, por lo tanto, amenazó a Rusia como proveedor de garantías de seguridad después de que Yanukovich hubiera aceptado su oferta a fines de 2013. La débil calidad político-mítica del levantamiento de Maidan terminó en la escisión entre 'nosotros' y 'ellos', alienando así a una parte considerable de la población de Ucrania (Zhuravlev & Ishchenko, 2020). Como era de esperar, siguió la etapa del condotierismo de extrema derecha que amplió aún más la división. Europa estaba desorientada y EEUU tenía dudas de involucrarse en otro 'show de mierda'. La anexión de Crimea y el atentado de la guerra civil en Ucrania fue la aplicación lógica de la doctrina del legitimismo. Este primer movimiento fue típicamente cesarista, una operación especial de la "guardia pretoriana" de Putin.

Los analistas rusos esperaban que el gobierno posterior a Maidan no se diferenciara mucho del anterior y, por lo tanto, necesitaría un proveedor de seguridad contra la amenaza separatista que la propia Rusia alimentaba. Los líderes rusos también sabían que ni la UE ni los EEUU estarían dispuestos a convertirse en tales proveedores en la medida necesaria. por lo tanto, ofrecieron el paquete de los llamados acuerdos de Minsk que era una consagración militar-diplomática de la victoria militar de Rusia sobre el débil régimen post-Maidan. Los acuerdos de Minsk preveían la presencia de las fuerzas políticas y militares rusas de facto dentro de un estado federal ucraniano que potencialmente ganaría la subsiguiente guerra civil (Koshiw, 2022). La UE no tuvo más remedio que tratar de congelar la situación de 'ni guerra, ni paz' ​​con la esperanza de que se resolvería sola en el futuro.

Sin embargo, las autoridades de Kyiv y los herederos de los condottieri de Maidan lucharon para evitar esta situación con uñas y dientes. Impusieron el consenso post-Maidan, aprovechando la brecha abierta por las pasiones políticas de Maidan y apoyadas por los condottieri. Con una ayuda limitada de la UE y los EEUU, las autoridades de Kyiv lograron restablecer las instituciones estatales y reconstruir el ejército. Occidente no tuvo más remedio que aceptar el nuevo cesarismo de Kyiv. Esta vez, Rusia decidió esperar mientras desarrollaba las repúblicas separatistas en el Donbass, como puesto de avanzada para la batalla que se avecinaba.

Para entonces, las LNR/DNR, mantenidas unidas por el perpetuo estado de emergencia y las duras represiones contra los activistas políticos, culturales y laborales disidentes, se convirtieron en una zona gris controlada por las agencias públicas y privadas rusas (Savelyeva, 2022). Habiendo consolidado su soberanía sobre el puesto avanzado anti-Maidan en el Donbass, Rusia reclamó un éxito indiscutible en Siria, al reimponer el gobierno de Assad sobre la mayor parte del país y enterrar los restos del levantamiento de 2011. Finalmente, la Bielorrusia posterior a 2020, que pasó del populismo autoritario a un estado policial totalmente dictatorial (Artiukh, de próxima publicación), fue sin duda el caso más exitoso de la asistencia internacional de Rusia dentro de la Santa Alianza. De manera similar a la dirección de LNR/DNR, Lukashenka construyó su legitimidad posterior a la protesta como un salvador del país que blandía una ametralladora frente a un intento de golpe de Estado inspirado en Occidente, que se comparaba explícitamente con Maidan en Ucrania. El apoyo político, mediático y económico de Rusia no solo logró estabilizar el régimen de Lukashenka, sino que también logró vincularlo a Rusia, asegurando así una base militar.

Esta serie de éxitos en el contexto de los fracasos estadounidenses y europeos envalentonó a las élites rusas. Mientras que Rusia restablecía el poder de Assad en Siria, exportaba sus servicios a varios países africanos y reprimía las protestas en casa, EEUU estaba sumido en el 'show de mierda' de Trump internamente, casi perdiendo aliados de la OTAN, anunciando un giro hacia Asia y derrotado miserablemente en la retirada de Afganistán. El único asunto pendiente para la Santa Alianza era Ucrania. Desde principios de 2020, Rusia comenzó a integrar los pequeños estados separatistas del Donbass en la esfera ideológica, económica y política rusa, al mismo tiempo que presionaba a las autoridades ucranianas para que implementaran rápidamente la parte política de los acuerdos de Minsk.

Después de un breve coqueteo con Putin, el gobierno de Zelensky se dio cuenta de que no podía restablecer la soberanía sobre las regiones separatistas si el proceso de Minsk era supervisado por Rusia mientras que los nacionalistas ucranianos cuestionaban esta política internamente. Las acciones de Rusia insinuaron la posibilidad de integrar completamente estos pequeños estados en Rusia, siguiendo el ejemplo de Crimea, o usarlos como el puesto de avanzada del 'mundo ruso', como se proclamaba en la doctrina ideológica de LNR/DNR a principios de 2020. Según algunos analistas, ese es el momento en que las autoridades rusas comenzaron a prepararse para la eventualidad de una operación militar completa contra Ucrania. Los siguientes pasos eran solo una cuestión de tiempo y oportunidad.

Esta oportunidad llegó a fines de 2021 o principios de 2022. Convergieron muchos factores que debilitarían a Occidente y envalentonarían a Rusia, y las élites rusas lo entendieron.  Estados Unidos y Europa no solo fueron golpeados por la pandemia, sino que también pasaron por transiciones políticas: el nuevo y débil presidente en Estados Unidos, que continuó el giro hacia Asia, el nuevo canciller en Alemania y las próximas elecciones en Francia. Las cosas iban mucho mejor para Rusia: Bielorrusia estaba segura bajo el control de Rusia como un símbolo de la Santa Alianza, la economía de Rusia se estabilizó y acumuló los mayores recursos de su historia, la operación especial ultrarrápida en Kazajstán demostraría que Rusia era un proveedor confiable de seguridad . En consecuencia, Rusia anunció su asalto a la primera amenaza de guerra de abril de 2021, que aparentemente abrió un diálogo en materia de seguridad estratégica entre EEUU y Rusia.

Zelensky probablemente era consciente del peligro que se avecinaba, por lo tanto, intensificó la represión del dominio político interno e intentó mejorar el ejército tanto como fuera posible mientras se aferraba al alto el fuego en el Donbass. Esperaba encontrar el equilibrio para salir del estrecho camino que tenía delante. Mientras tanto, Rusia lanzó otro ultimátum en diciembre de 2022, exigiendo la retirada de la infraestructura de la OTAN de los países del antiguo Pacto de Varsovia, además de la prohibición de aceptar nuevos miembros en la OTAN. Al igual que el ultimátum de Austria a Serbia en 1914, el de Putin tampoco estaba destinado a cumplirse. Después de algunos reveses iniciales, el ejército ruso ha seguido ocupando el territorio de Ucrania más allá de LNR/DNR, manteniendo deliberadamente vagos los objetivos políticos de la guerra.

Tres meses después de la guerra, los territorios recién ocupados en el sur de Ucrania están controlados por los métodos desarrollados por otros regímenes anti-Maidan, principalmente Bielorrusia y LNR/DNR. El tremendo éxito de la represión de Lukashenka contra quienes protestaron por los resultados de las elecciones injustas de 2020 se basó en una brutalidad policial sin precedentes, largas penas de prisión y la desmoralización de los disidentes.  Habiendo abandonado su característico populismo, Lukashenka demostró que la fuerza bruta por sí sola podría funcionar si las personas están lo suficientemente atomizadas en las ciudades y en las fábricas. Las manifestaciones masivas iniciales contra la ocupación rusa se dispersaron a medida que Rusia reforzó su capacidad policial en la retaguardia del ejército invasor. Hay informes de activistas políticos secuestrados y torturados, repitiendo la experiencia del Donbass. Uno de los métodos utilizados en Bielorrusia, la sistemática grabación en video de las autodenuncias forzadas, se repitió recientemente en el Oblast de Kherson, donde las personas contrarias a la ocupación se vieron obligadas a disculparse en la cámara y decir que "completaron un curso de desnazificación". Esto no va acompañado de ninguna narrativa ideológica coherente; en cambio, los medios rusos proyectan una mezcla salvaje de símbolos soviéticos, zaristas y vagamente fascistas cuyo único propósito es intimidar y mostrar que la resistencia es inútil (Artiukh, 2022).

Mientras construía el sistema de regímenes anti-Maidan, Rusia también se transformó de una 'democracia administrada' en un estado policial con tendencias posfascistas que impone una mezcla posmoderna de ideologías que no están destinadas a convencer verdaderamente a las masas (Budraitskis, 2022). ). Si Estados Unidos presidió el surgimiento del mundo postsoviético al promover libros de texto neoliberales y no logró crear un paradigma de seguridad hegemónico, la estrategia anti-Maidan de Rusia ha conseguido el fin de la era postsoviética al destruir todos los restos de la civilización soviética que los estados sucesores mantuvieron. Por un lado, esta la "descomunistización" simbólica: desde la destrucción literal de los monumentos en Ucrania hasta la zombificación de los símbolos soviéticos que se han convertido en símbolos de las conquistas coloniales de la Federación Rusa. Por otra parte, la "descomunistización" política y económica: la delegitimización de las fronteras de las antiguas repúblicas y la destrucción de los centros de la industrialización soviética en el Donbass, Mariupol o Kharkov. El largo declive de la pax postsovietica casi ha terminado.

Volodymyr Artiukh

investigador postdoctoral en COMPAS con el proyecto financiado por ERC, "Emptiness: Living Capitalism and Democracy after (Post) Socialism". Obtuvo su doctorado en Sociología y Antropología Social en la Universidad de Europa Central en 2020 con una disertación sobre control laboral y burocrático en Bielorrusia. Sus intereses de investigación incluyen la antropología del trabajo y la migración en los países postsoviéticos, la antropología del populismo y el estudio de la hegemonía en Europa del Este.

Traducción: G. Buster

11/06/2022

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China amenaza con una guerra si Taiwán declara su independencia

Singapur. China advirtió ayer que "no dudará en iniciar una guerra" si Taiwán se declara independiente, tras una reunión en Singapur en la que su ministro de Defensa, Wei Fenghe, y el de Estados Unidos, Lloyd Austin, confrontaron sus posturas sobre la isla separada del gobierno de Pekín desde 1949.

Wei se reunió por primera vez con Austin en el contexto del llamado Diálogo de Shangri-la, un foro de altos cargos militares, diplomáticos y compañías armamentísticas que tiene lugar en Singapur y concluye mañana.

"Si alguien se atreve a separar a Taiwán de China, el ejército chino no dudará en iniciar una guerra, cueste lo que cueste", manifestó Wei durante el encuentro con su par estadunidense, informó Wu Qian, vocero del ministerio de Defensa chino.

Agregó que Pekín "aplastaría" cualquier intento de independencia de la isla y defendería "con determinación la unificación de la patria". Wei insistió además en que la isla pertenece a China y que Estados Unidos no debería "usar Taiwán para contener a China", según el ministerio.

Rechazo del Pentágono

Austin “reafirmó la importancia de la paz y la estabilidad en el estrecho (de Taiwán), que separa la isla del continente y expresó su rechazo a "cambios unilaterales del statu quo" e instó a Pekín a "abstenerse de nuevas acciones desestabilizadoras hacia Taiwán", según el Pentágono.

Las tensiones se incrementaron en las últimas semanas, sobre todo por las incursiones en mayo de aviones militares chinos en la zona de identificación de defensa aérea de Taiwán, la mayor operación de este tipo desde principios de año.

El estatuto de Taiwán ha sido objeto de fricciones diplomáticas entre China y Estados Unidos en los últimos años. Pekín considera esta isla de 24 millones de habitantes como una de sus provincias, en la cual se refugiaron en 1949 las tropas nacionalistas derrotadas en el continente por las fuerzas comunistas de Mao Tse-Tung.

China reitera a menudo su objetivo de recuperar la isla tarde o temprano y, si fuera necesario, por la fuerza.

Durante una visita a Japón a finales de mayo, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, sorprendió al afirmar que Washington defendería militarmente a Taiwán si China invadiese la isla. Poco después, la Casa Blanca matizó sus declaraciones y aseguró que la política estadunidense de "ambigüedad estratégica" con Taiwán se mantenía sin cambios.

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En el últimodia de la cumbre se firmó una declaración sobre migración.. Imagen: AFP

Última jornada de la Cumbre de las Américas en Los Angeles, Estados Unidos

También se presentaron los cinco documentos finales sobre salud, transformación tecnológica, gobernabilidad democrática, energías renovables y futuro sostenible.

 

En la última jornada de la IX Cumbre de las Américas, más de la mitad de los países asistentes firmaron la Declaración de Los Ángeles para la Migración y la Protección, una de las principales iniciativas del encuentro regional promovida por el anfitrión Estados Unidos. También se presentaron los cinco documentos finales enfocados en las cinco áreas que se discutieron esta semana: salud, transformación tecnológica, gobernabilidad democrática, energías renovables y futuro sostenible.

Necesidad

“Abrazamos la necesidad de promover las condiciones políticas, económicas, de seguridad, sociales y ambientales para que la gente lleve vidas pacíficas, productivas y dignas en sus países de origen. La migración debería ser una elección voluntaria, informada, y no una necesidad”, dice la declaración que firman 20 países de los más de 30 que asistieron a la cumbre en Los Ángeles.

Al presentar el documento, el presidente estadounidense, Joe Biden, dijo que la crisis económica mundial, generada por la pandemia de Covid-19 y empeorada por la guerra en Ucrania, ha llevado a niveles récord de migración. “No solo en Estados Unidos -dijo el mandatario.- Colombia ha alojado a millones de refugiados de Venezuela. Ahora mismo, los migrantes representan hasta el 10 por ciento de la población de Costa Rica. Y ninguna nación debería soportar esta responsabilidad sola”.

Pilares

La declaración establece tres pilares. El primero, la estabilidad y asistencia para las comunidades, considera que atender la crisis de migración en la región requiere “repensar cómo vemos las finanzas de desarrollo multilateral”, debido a que a nivel mundial, este tipo de asistencia “ha estado dirigida a países pobres y de bajos ingresos, designaciones que ya no aplican a la mayoría de Latinoamérica y el Caribe”, según explicó la Casa Blanca. Los otros pilares serán los caminos legales y de protección, para “cambiar la forma en la que migra la gente”, y el manejo humanizado de fronteras. En este punto, Estados Unidos prometió “mejorar la eficiencia y justicia” del sistema de asilo en sus fronteras, en un momento en el que los cruces de personas en las fronteras están en niveles récord y tras años de imágenes que mostraron la dureza de la crisis migratoria en la frontera sur del país norteamericano.

“La declaración de Los Ángeles sobre migración es posiblemente el mayor logro de una Cumbre de las Américas sobre la cual había expectativas ínfimas”, dijo en Twitter la directora en funciones para las Américas de la organización Human Rights Watch, Tamara Taraciuk. Consideró que la iniciativa difundida es “positiva porque responde indudablemente a la urgente necesidad de atender los desafíos y abusos que enfrentan millones de migrantes en las Américas”. Esta semana, en el inicio de la cumbre, HRW dio a conocer un informe centrado en los abusos y las dificultades que sufren los migrantes cuando cruzan la frontera sur de México buscando llegar al límite con Estados Unidos.

Estados Unidos buscó mostrarse “realmente complacido” con las firmas de la declaración, aunque durante la planificación de la cumbre la Casa Blanca había adelantado que quería enviar un “mensaje de unidad” con el documento. Se conformó en cambio con “empezar a construir un consenso” y esperar que más países lo firmen “pronto”, ya que lo consideran “el primer enfoque verdaderamente regional” ante esta problemática. “Desde el comienzo buscamos que esto fuese muy ambicioso, algo visionario que realmente tenga impacto. Así que quisimos asegurarnos que los países que firmaron estuvieran realmente comprometidos con esto”, agregaron desde la Administración de Biden.

Cinco compromisos finales

En el último día de la cumbre se conocieron también los cinco documentos que marcan los compromisos alcanzados en la reunión regional. ​​Uno destinado a un “futuro sostenible y verde”. Otro para acelerar la “transición justa hacia la energía limpia, sostenible y renovable”. Dos planes de acción para la gobernabilidad democrática y para la salud y resiliencia en el continente. Y, finalmente, un programa regional para la transformación digital.

Con la presentación de estos documentos como marco, los jefes de Estado y de gobierno de la región intercambiaron algunas palabras en referencia a la guerra en Ucrania. Fuentes de la Presidencia argentina indicaron que, en ese contexto, Alberto Fernández planteó que los países de Sudamérica no habían “decidido la guerra” pero la “están sufriendo”.

Cuba, Nicaragua y Venezuela

Horas antes del final del encuentro, el secretario de Estado de Estados Unidos, Anthony Blinken, fue consultado sobre la opinión de varios países que asistieron a la cumbre y que expresaron su descontento con la exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Ese fue uno de los puntos centrales del presidente Alberto Fernández en su discurso, pero el mandatario argentino no fue el único en mencionarlo. El jueves, el primer ministro de Belice también había considerado la exclusión como “incomprensible”. Este viernes, lo retomó el secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard.

El funcionario de Biden, en cambio, consideró este viernes que los países sí estuvieron representados en la cumbre con la presencia de integrantes de organizaciones civiles que asistieron a los distintos foros. “Son más representativos de la gente de esos países que los actuales regímenes”, respondió.


Opinión

Cumbre de las Américas: la marca de la agenda local

Por Daniel Kersffeld

Sería falso asumir que esta nueva Cumbre de las Américas guarda la misma significación para todos los mandatarios que participan en ella. Esto incluye, obviamente, a aquellos mandatarios que no fueron invitados, quienes por distinto motivo decidieron no acudir y quién, como en el caso del presidente de México, asumió una medida de solidaridad frente a las exclusiones de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

¿Dónde está Biden?

Ahora bien, ¿en qué lugar se sitúa el gobierno de Joe Biden? Más allá de su línea ideológica, diversos análisis insisten en que esta Cumbre se produce en su peor momento, una afirmación en gran medida cierta si se toma en cuenta que, en términos concretos y en año y medio de administración, ha ofrecido muy poco a sus contrapartes latinoamericanas.

Problemas graves de nuestra región como los altos índices de pobreza y de miseria, las recurrentes crisis económicas, y una inseguridad sin fin, junto a desafíos correctamente ubicados dentro de esta “era Biden” como la lucha contra el cambio climático, o que afectan directamente a los Estados Unidos como es el caso de la migración, están en principio supeditados a la crisis que actualmente se desarrolla entre Rusia y Ucrania, y que tiene implicaciones para toda Europa.

Rusia y China

Es verdad también que además de Rusia, otro tipo de preocupación para el gobierno de Biden tiene relación con la mayor presencia de China en América Latina, sobre todo, en términos comerciales. Sin embargo, no es por ahora un problema insoluble, sino en todo caso, ligado a su propia competitividad y a diferencias comerciales entre ambas potencias. Finalmente, y como lo revela la última reunión de la alianza Quad realizada pocas semanas atrás, el verdadero problema para Estados Unidos, como para sus socios de Japón, Australia e India, es el avance de Beijing en Extremo Oriente y en el Pacífico Sur.

Así, la “gran geopolítica” se impone sobre una “pequeña geopolítica”, sin anularla completamente, pero sin darle mayor margen de acción más allá de un encuentro presidencial que será recordado por su importante número de ausencias, y no tanto por aquella impronta que Washington pretende imponer en el mundo a partir de su propia política exterior, únicamente respetuosa de los regímenes “realmente” considerados como democráticos.

El "eje del mal"

Por ende, la determinación de excluir de la Cumbre a esta versión latinoamericana del “Eje del Mal” es una iniciativa que va más allá de los debates de la teoría política y que, en cambio, contiene profundas implicaciones prácticas dentro de la política local de los Estados Unidos. Más ahora, cuando la comunidad latina del estado de la Florida ha pasado a ser uno de los principales bastiones republicanos, y un enorme factor de presión en las relaciones con los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

En este sentido, los estrategas en Washington seguramente asumieron que una foto de Joe Biden con Nicolás Maduro, Miguel Díaz-Canel y Daniel Ortega en la ciudad de Los Ángeles habría provocado mínimos resultados positivos y, en cambio, habría aumentado fuertemente las críticas internas sobre un gobierno cada vez más debilitado, sobre todo, frente a las próximas elecciones de medio término en noviembre.

De igual modo, y además del importante costo político para el gobierno de Biden, le habría otorgado una excesiva visibilidad a los principales referentes opositores, como Donald Trump, quien no esconde sus sueños de volver a la Casa Blanca, y, sobre todo, a los dirigentes de la Florida, empezando por su gobernador, Ron deSantis, a quien muchos ya ven como el representante de la futura era “post Trump” y como el próximo candidato presidencial del Partido Republicano.    

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Residentes de Druzhkovka, en el este de Ucrania, ante la devastación de su vecindario. En tanto, Italia convocó ayer al embajador ruso para protestar por las acusaciones sobre una presunta campaña antirrusa de los medios italianos en su cobertura de la guerra. Foto Afp

Intensos combates por la estratégica ciudad de Severodonietsk, cuyo control daría a Moscú el dominio de la cuenca minera del Donbás

 

Kiev. El presidente ucranio, Volodymir Zelensky, declaró ayer que sus tropas enfrentan a fuerzas rusas "más poderosas" en Severodonietsk, ciudad estratégica de la región este y bombardeada desde hace semanas.

"Estamos resistiendo, pero ellos son más poderosos", admitió Zelensky, un día después de visitar a las fuerzas ucranias cerca del frente de guerra en el este.

Entre 10 mil y 15 mil civiles aún se encuentran en Severodonietsk, detalló el mandatario a los periodistas en Kiev.

Horas antes, Serguei Gaiday, gobernador de la región de Lugansk, indicó que la situación había "empeorado" para el ejército ucranio, a pesar de un contraataque que recuperó el control de la mitad de Severodonietsk.

No estaba claro qué bando tenía la ventaja, ya que "la situación cambia cada hora", según declaraciones de Oleksandr Stryuk, jefe de la administración de Severodonietsk.

Stryuk afirmó que los combates callejeros eran intensos y que ninguna de las partes estaba preparando una retirada. Ambos bandos aseguran que se han infligido mutuamente numerosas bajas.

El ministerio ucranio de Defensa señaló que Rusia estaba enviando tropas y equipos para capturar la mayor ciudad que queda bajo control ucranio en Lugansk, que junto con Donietsk, conforma la región del Donbás.

Para Moscú controlar esta ciudad sería una palanca para hacerse completamente del dominio de la cuenca minera del Donbás.

Miles de civiles murieron y millones tuvieron que abandonar sus casas desde la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero. Tras fracasar en el intento de tomar Kiev, la capital, Moscú centra su ofensiva en el este del territorio.

Los disparos de artillería se intensificaron en Severodonietsk, y en la vecina Lysychansik, donde Oleksandr Lyakhovets, un jubilado, tuvo que escapar de su casa con el tiempo justo para salvar a su gato de las llamas tras un bombardeo ruso.

"Disparan sin parar... Es una película de terror", contó a la agencia Afp este hombre de 67 años.

Lysychansik, ciudad vecina de Severodonietsk, fue uno de los puntos que visitó Zelensky antier, en un viaje que sirvió para "observar la situación operativa en primera línea", según la presidencia.

Las fuerzas rusas continuaron su ofensiva en otros frentes del este de Ucrania.

Según el ministerio ruso de Defensa, sus tropas atacaron tres depósitos de armas y un almacén de combustible cerca del pueblo de Kodema, en la región de Donietsk.

Kiev advirtió que la situación en la región de Jersón, un poco más al norte, era crítica. No hay "redes de telefonía móvil ni Internet, suministros de alimentos, medicamentos ni dinero en efectivo".

Y en Járkov, la segunda ciudad de Ucrania, en el noreste, nuevos ataques rusos alcanzaron una fábrica de reparación de vehículos blindados cerca de Lozova, según Moscú.

Al menos 10 personas murieron en la región en las últimas 24 horas, según Kiev.

Ucrania subrayó que había repelido siete ataques alrededor de Donietsk y Lugansk. Pero las tropas rusas, admite Kiev, ocupan una quinta parte del territorio e impusieron un bloqueo a los puertos del Mar Negro, desatando el temor a una crisis alimentaria mundial.

La marina ucrania aseguró haber hecho retroceder a la flota rusa más de cien kilómetros de las costas del Mar Negro, pero no se pudo verificar de forma independiente esta información.

En tanto, Rusia comenzó a entregar los cuerpos de los combatientes ucranios que murieron en el complejo siderúrgico de Azovstal, en Mariupol.

Las decenas de cadáveres retirados de la planta, que ahora está en poder de Rusia, fueron enviados a Kiev, donde ya se realizan análisis de ADN para identificarlos, informó un mando militar y una portavoz del Regimiento de Azov.

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