En el primer día de encuentro en Los Angeles, López Obrador se ausentó por "la falta de respeto a la soberanía".. Imagen: AFP

La Casa Blanca amagó que iba a invitar a los "autoritarios" Nicaragua, Cuba y Venezuela, pero al final no sucedió y México bajó el nivel de su representación.

Desde Los Ángeles

La IX Cumbre de las Américas comenzó este lunes en Los Ángeles con el primer día de reuniones de organizaciones de la sociedad civil y una confirmación: el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, no viaja al encuentro. El mandatario ya había anticipado que no asistiría si Estados Unidos, el anfitrión, no invitaba a todos los gobiernos del continente. Horas antes de que comenzaran las primeras actividades del encuentro regional en California, se conoció que el país norteamericano había descartado una convocatoria que incluyera a Cuba, Nicaragua y Venezuela.

"No voy a la cumbre porque no se invita a todos los países de América y yo creo en la necesidad de cambiar la política que se ha venido imponiendo desde hace siglos", dijo López Obrador. Aunque la Casa Blanca había adelantado que estaba trabajando en “consideraciones finales” en torno a la lista de invitados, no hubo muchos cambios. El domingo por la noche, la agencia Bloomberg reportó que había quedado descartada la posibilidad de invitar a los tres países excluidos, a pesar de que era una condición de López Obrador para asistir y que la presencia del presidente mexicano era importante para su par norteamericano Joe Biden.

El número de jefes de Estado de América que llegarán a Los Ángeles continúa achicándose. Xiomara Castro de Honduras no estará presente. El lunes se supo que tampoco viajará el presidente uruguayo Luis Lacalle Pou, pero en su caso será por dar positivo en un test de covid-19.

La lista final de asistentes, ya iniciada la cumbre, no se conocía hasta la noche de este lunes. Para Steve Liston, director senior de la organización Consejo de las Américas, la discusión en torno a las invitaciones “es una distracción”, el resultado de una “planificación tardía”. Para él, la ausencia de López Obrador no significa de ningún modo que se termine el valor de la cumbre, dado que México igualmente estará representado.

Sin embargo, la demora en esos aspectos de la planificación, dijo Liston, es “desafortunada”, porque lleva a la región a preguntarse “si Estados Unidos se preocupa” por ella. “Esa es una señal que ha sido enviada”, dijo en diálogo con Página|12.

Para Benjamin Gedan, director interino del Programa Latinoamericano del Wilson Center y exdirector para América del Sur del Consejo de Seguridad Nacional de Barack Obama, la ausencia de López Obrador es “una decepción”. “México es un líder regional y debería ayudar a promover la coordinación durante este período desafiante para Latinoamérica y el Caribe”, dijo a Página|12.

Gedan sostuvo que la ausencia no es tan significativa para la relación entre México y su vecino del norte. “Los dos países han establecido una serie de diálogos bilaterales de alto nivel, lo que refleja su interdependencia económica y la cooperación en temas como migración y antinarcóticos”, agregó. A pesar de su negativa a ir a la cumbre, López Obrador anunció que visitará Washington en julio para reunirse con Biden.

Este lunes, la portavoz de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, fue consultada por la decisión de no invitar a los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela bajo el fundamento de que “los dictadores no deberían ser invitados”, aunque a la vez se esté planificando un viaje de Biden a Arabia Saudita, un país al que en su campaña prometió convertir en un paria. “El presidente está enfocado en hacer cosas para el pueblo estadounidense. Si él determina que es del interés de los Estados Unidos tratar con un líder extranjero, y que ese trato puede dar resultados, entonces lo hará”, justificó la vocera.

Biden llegará a Los Ángeles el miércoles para dar inicio a las reuniones de líderes. Ese día, la agenda estará centrada en temas económicos. El jueves, se enfocará en la recuperación de la pandemia y tocará temas de salud y seguridad alimentaria. El viernes, último día de la cumbre, el principal tema será migración, una cuestión sobre la que Estados Unidos espera lograr una declaración de los asistentes.

La Casa Blanca también fue consultada este lunes sobre cómo hará para que ese debate sobre inmigración sea realmente efectivo cuando los líderes de México y Honduras no asistirán y todavía no había confirmación de parte de los de El Salvador y Guatemala, las principales zonas de interés sobre esta cuestión para Estados Unidos. “Somos capaces de tener una serie de conversaciones y realmente enfocarnos en nuestra agenda”, se limitó a decir la portavoz.

Durante lunes y martes, la cumbre está sobre todo enfocada en el diálogo entre representantes de organizaciones de la sociedad civil, encuentros del sector privado y un foro en formato híbrido para la juventud.

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Cumbre de las Américas: una semana clave para la política exterior de Biden

El encuentro en Los Ángeles empieza este lunes con el foro de organizaciones de la sociedad civil

 Ante la exclusión de Venezuela, Cuba y Nicaragua a la cita, la principal ausencia podría ser la del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador. La cumbre viene a mostrarle al presidente de EEUU. cómo está su relación América latina y el Caribe.

 

Desde Washington, DC

Empieza una semana clave para el Gobierno de Joe Biden en materia de política exterior. Este lunes, en la ciudad de Los Ángeles, California, representantes de la sociedad civil, el sector privado y de los gobiernos del continente se reunirán en el marco de la IX Cumbre de las Américas. No todos: no hay invitación de Estados Unidos para los presidentes de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Luis Arce de Bolivia dijo que no irá. La lista final de asistentes no se conoce, aunque falten horas para que los mandatarios de la región empiecen a aterrizar en la soleada costa oeste del país norteamericano.

La principal ausencia podría ser la del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, quien adelantó que no asistirá si no se convoca a todos los países de la región. Estados Unidos excluye del encuentro a Daniel Ortega, Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel, líderes de Nicaragua, Venezuela y Cuba respectivamente, por considerarlos no democráticos. Durante la última semana, la Casa Blanca dejó entrever que estaba teniendo “consideraciones finales” sobre la lista de invitados y dijo que la anunciaría “pronto”, pero a horas del inicio, todavía no hubo novedades.

Un conteo del Consejo de las Américas también tiene escrito en lápiz la asistencia de los jefes de Estado del llamado Triángulo Norte: El Salvador, Guatemala y Honduras. Los tres países son señalados en la política de migración de Washington como los emisores de personas que atraviesan México y llegan a la frontera con Estados Unidos. Una eventual ausencia de los líderes de estos países, sumada a la de López Obrador, sería directamente perjudicial para los objetivos de la Casa Blanca sobre esta cumbre, en la que pretende alcanzar un nuevo acuerdo de migración para la región.

La semana pasada, el principal asesor de Biden para América Latina, Juan González, dijo en una llamada con periodistas que el mandatario estadounidense “quiere personalmente” que López Obrador esté en la cumbre.

Inmigración, diversidad y DD.HH.

Esta nueva edición del foro regional, la segunda que Estados Unidos organiza desde la cumbre de 1994 en Miami, contará con tres espacios de discusión paralelos. El primero será el foro de organizaciones de la sociedad civil, que comienza este lunes y estará enfocado en temas de inmigración, diversidad y derechos humanos. También habrá un encuentro del sector privado, en el que el debate pasará por la recuperación económica después de la crisis causada por la pandemia de covid y la transformación tecnológica de la región. Para el tercer foro está convocada la juventud en un formato híbrido para discutir sobre cambio climático, corrupción y conectividad.

Las miradas estarán puestas, sobre todo, en la reunión de líderes. La cumbre, para el país anfitrión, será sobre todo un termómetro que le permitirá estimar qué influencia real tiene actualmente en el continente. En ninguna parte de la agenda que se conoce hay mención a China, el elefante en la región. Sin embargo, la competencia con el gigante asiático es una de las principales preocupaciones de la Casa Blanca.

Para los jefes de Estado de América Latina y el Caribe será más bien una evaluación. En los cuatro años de presidencia de Donald Trump, la política exterior de Washington hacia América se limitó sobre todo a la oposición contra Cuba y Venezuela y a promover un muro en la frontera con México. El exmandatario incluso faltó a la anterior Cumbre de las Américas, que se llevó a cabo en Perú en 2018. Envío en cambio a su vice, Mike Pence.

La llegada de Biden al gobierno en enero de 2021 generó expectativas en una región que se había sentido ignorada durante los cuatro años anteriores. El demócrata, con una larga trayectoria en la política estadounidense, podría generar una nueva relación. Pero ahora, un año y medio de mandato después, tiene pocos resultados para mostrar en ese frente. Bajo su administración, el foco de Estados Unidos estuvo puesto principalmente en recuperarse de la pandemia, que causó más de un millón de muertes en el país norteamericano. Está, a nivel exterior, concentrado en Europa del Este, en Ucrania, en ver qué hace Rusia.

Esta nueva edición de la Cumbre de las Américas que comienza este lunes viene a mostrarle a Biden el verdadero estado de la relación con América Latina y el Caribe. Al resto, le permitirá ver cuánto está dispuesto a hacer Washington si quiere competir con China en la región.

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La violencia en el sur de Chile, un dolor de cabeza para el presidente Gabriel Boric

El gobierno extendió el estado de excepción en el conflictivo territorio mapuche

El asesinato del trabajador forestal Segundo Catril Naculqueo, de 66 años, reactivó la preocupación de las autoridades chilenas. En lo que va del año ya son siete las víctimas fatales de la violencia rural en La Araucanía.

 

Aunque prometió que no lo haría y criticó a su antecesor, Sebastián Piñera, por mantener la medida durante seis meses, el presidente Gabriel Boric decretó el estado de excepción en el sur de Chile al poco tiempo de asumir su mandato. El incremento en un 122 por ciento de los ataques incendiarios desde el retiro de los militares el 27 de marzo, según datos de la Multigremial de La Araucanía, hizo que retornaran las fuerzas armadas a la zona generando un fuerte debate interno en el oficialista Pacto Apruebo Dignidad. Los mapuches mantienen un reclamo histórico al Estado chileno por tierras que consideran propias por derecho ancestral y que fueron entregadas a privados, principalmente a empresas forestales y agrícolas.

El asesinato del trabajador forestal mapuche Segundo Catril Naculqueo, de 66 años, reactivó la preocupación de las autoridades chilenas: en lo que va del año ya son siete las víctimas fatales en contexto de violencia rural en La Araucanía, un fenómeno que tiene como actores centrales a los mapuches, pero también a trabajadores, empresas y sectores de extrema derecha. Los movimientos indígenas entienden que la militarización solo eleva la tensión y defienden que son necesarias medidas transversales y de largo plazo.

"El tema de la macrozona sur se podía resolver con un diagnóstico correcto de cuál es la situación y cuáles son los intereses asociados a grupos económicos que están operando en la zona", asegura Máximo Quitral, historiador y politólogo de la Universidad Tecnológica Metropolitana de Chile. En diálogo con Página/12, Quitral agrega: "Lo segundo necesario es una agenda política que incorpore a los voceros de las comunidades que ellos determinen como interlocutores válidos para comenzar a desarrollar una agenda política. Como no existe aquello y se insiste en la militarización y en la criminalización es muy difícil, primero que se resuelva el tema, y luego que los grupos más radicales que están en el sur confíen en el Estado como un actor que pueda resolver sus demandas históricas".

La dos vertientes del pueblo mapuche

Junto a la militarización prorrogada el lunes pasado, el gobierno relanzó la política de compra de tierras, paralizada durante la gestión de Piñera, y duplicó el monto anual asignado. "El único camino para iniciar la superación de los conflictos es generar acuerdos que respondan adecuadamente a las deudas históricas del Estado con los pueblos indígenas. Impulsaremos parlamentos territoriales que reconozcan a las autoridades e instituciones propias, respetando protocolos indígenas y siguiendo estándares internacionales”, dijo Boric esta semana durante su primera cuenta pública ante el Congreso Nacional.

Pero una parte de la comunidad mapuche sigue desconfiando de las intenciones del gobierno chileno, e incluso una organización indígena radical, la Coordinadora Arauco-Malleco, llamó a la resistencia armada. Fernando Pairican, doctor en Historia de la Universidad Católica de Chile, divide el accionar actual del movimiento mapuche en dos líneas: una "gradualista" que está "específicamente escribiendo la nueva Constitución a través de los escaños reservados y que son hombres y mujeres que pertenecen a las organizaciones del movimiento que en lo que difieren es en la forma de llevar a la práctica los derechos indígenas, pero siempre en el marco de la institucionalidad". Entre esos actores se encuentra la primera presidenta de la Convención Constitucional, Elisa Loncon.

Luego surge una segunda variante, la "rupturista", para la cual se vuelve necesario entender cómo se ha comportado la institucionalidad con el pueblo mapuche en los últimos 20 años. "Ahí yo creo que hay una violencia estructural de parte del Estado que se agudizó a partir del año 2002 con el uso excesivo de la fuerza policial y que en el año 2006 significó el ingreso de la fuerza civil, como se le llama a la policía de investigaciones, y luego ya del 2010 a 2012 se incorporó la presencia del Ejército de Chile", señala a este diario Pairican, quien entiende que en el movimiento mapuche también entra en juego un tema generacional, "personas de 20 o 30 años que han sido criados bajo este uso de la violencia y tal vez no ven en la democracia una fórmula para expresarse porque la democracia ha sido violenta con ellos".

El brutal crimen de Segundo Catril 

La complejidad de la violencia en el sur de Chile se vio manifestada la semana pasada, cuando sujetos aún no identificados emboscaron y tirotearon un pequeño colectivo que transportaba a unos 30 trabajadores forestales mapuches, causando la muerte a uno de ellos e hiriendo a otros dos en la comuna sureña de Lumaco. En imágenes difundidas por televisión, el vehiculo de los forestales mostraba múltiples impactos de perdigones de escopeta en su carrocería y vidrios destruidos.

Segundo Armando Catril Neculqueo, de 66 años, estaba contratado desde hace cuatro años para una empresa que presta servicios a la Forestal Mininco. Los trabajadores como él realizan labores de restauración, es decir, recuperan tierras erosionadas o descuidadas y en esos mismos lugares plantan vegetación y árboles nativos que cultivan en sus propios viveros comunitarios. 

"Lo que ocurrió con el peñi que fue asesinado responde a un tema estructural para el mundo mapuche como lo son las plantaciones forestales, y un sector del movimiento con mucho arraigo en sus comunidades ha tomado la decisión de generar una política de acercamiento con las forestales y trabajar o asociarse a ellas para la productividad", sostiene Pairican. A eso la forestal lo llamó la "Política del Buen Vecino" en el año 2002-2003 y es una de las aristas del "Programa de Verdad Histórica y Nuevo Trato" que desarrolló el gobierno de Ricardo Lagos y continuaron los expresidentes Michelle Bachelet y Sebastián Piñera.

Para el diputado opositor Mauricio Ojeda, la gente hoy "vive con miedo" porque en la zona operan bandas delictivas especializadas en el robo de madera. "El gran problema aquí es que lo que se denomina conflicto mapuche se transformó en un negocio", sostiene Ojeda, y asegura que a diario circulan por la región de La Araucanía más de 200 camiones con madera robada. Quitral aporta que "hay denuncias de que no sólo están operando comunidades en resistencia, sino que también hay otros actores que responden a vertientes de extrema derecha, que estarían presentes en la zona y que perfectamente podrían estar involucrados en el asesinato de Segundo Catril".

Rumbo al Estado Plurinacional

La Convención Constitucional que finalizó hace semanas la primera versión de la nueva Carta Magna de Chile, que debe ser sometida a plebiscito, define al país como un "Estado Plurinacional" y salda así una vieja deuda con los indígenas. Establece mayores autonomías y una justicia especial para los pueblos originarios. 

Sin embargo, la reforma no sería suficiente para desterrar la violencia del país trasandino, porque según Quitral "más allá del reconocimiento de los pueblos originarios y los escaños y todo lo demás, el asunto es cómo se resuelve políticamente un permanente hostigamiento del Estado chileno a las comunidades indígenas". El politólogo sostiene que la "presión hacia las comunidades indígenas está mediatizada por elementos económicos y recursos naturales" y agrega que "lamentablemente la Constitución no se está haciendo cargo de ese punto, lo que deja abierta la posibilidad que la tensión en la macrozona sur se agudice con el paso del tiempo".

Por su parte, Pairican entiende que no se trata solo de derechos culturales, sino que los conceptos más interesantes y los que han generado más críticas en la nueva Carta Magna chilena son los de "plurinacionalidad", "autonomía" y "devolución territorial". La derecha chilena tomó esos tres elementos para encabezar una campaña que busca atemorizar a la población frente a la posibilidad de una "Constitución indigenista que favorecería a la minoría en contraste de la mayoría", en palabras del autor de La vía política mapuche, quien además explica: "El tema mapuche en el fondo también es racismo y, por tanto, si tú no lo quieres en la institucionalidad pero tampoco lo quieres fuera de la institucionalidad, dejas las puertas abiertas para que el derecho de rebelión sea legítimo".

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 Vladimir Putin, pronuncia un discurso anunciando el inicio de la operación militar en el este de Ucrania, en Moscú, Rusia, en una imagen fija tomada de un video publicado el 24 de febrero de 2022. — reuters

Esta advertencia viene después de que la Casa Blanca anunciara un nuevo paquete de ayuda militar a Ucrania por valor de 700 millones de dólares, que incluye lanzaderas múltiples de misiles HIMARS con un alcance de hasta 70 kilómetros.

moscú

05/06/2022 11:35

 

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, afirmó este domingo que las Fuerzas Armadas rusas atacarán nuevos objetivos si Occidente suministra a Ucrania misiles de largo alcance.

"Si llegan a suministrarlos, sacaremos las conclusiones apropiadas y usaremos nuestras armas, que no nos faltan, para atacar aquellos objetivos que hasta ahora no hemos atacado", señaló en una entrevista con el Primer Canal de la televisión pública rusa.

Putin hizo esta advertencia después de que la Casa Blanca anunciara oficialmente un nuevo paquete de ayuda militar a Ucrania por valor de 700 millones de dólares, que incluye lanzaderas múltiples de misiles HIMARS con un alcance de hasta 70 kilómetros. EEUU tomó esta decisión después de que el presidente ucraniano, Vladimir Zelenski, prometiera no usarlos contra territorio ruso.

Putin aseguró que la decisión estadounidense no cambiará fundamentalmente el equilibrio de poderes en el terreno, ya que Rusia cree que el suministro de armas por parte de EEUU y otros países a Ucrania sirve para reponer las pérdidas en armas sufridas por parte de Kiev durante las hostilidades.

"No hay nada nuevo aquí. En primer lugar, estos sistemas de cohetes de lanzamiento múltiple, después de todo, están en servicio en el Ejército ucraniano, (son) sistemas Grad, Smerch, Uragán soviéticos, de fabricación rusa similares", señaló.

"Lo que vemos, escuchamos, sabemos no tiene nada que ver con la confianza en el régimen ucraniano o la desconfianza (ante un posible ataque contra territorio ruso), depende del tipo de misiles que suministren los estadounidenses", recalcó.

"Pero lo que escuchamos hoy y lo que entendemos es que son misiles que vuelan exactamente entre 45 y 70 kilómetros, dependiendo del tipo de misil", algo que ya ocurre con las armas de las que dispone actualmente Kiev, sostuvo.

Putin también dijo que Kiev ha solicitado el suministro de artillería. "Bueno, es más o menos lo mismo. Aparentemente, también estamos hablando de reponer lo perdido, lo destruido durante las hostilidades", dijo.

El jefe del Kremlin aseguró que, en el momento del inicio de la "operación militar especial" rusa en Ucrania, aproximadamente 515 de esos sistemas ya formaban parte del material bélico del Ejército ucraniano y de ellos 380 fueron destruidos. "Una parte ha sido restaurada (...) y entendemos que tienen alrededor de 360 ​​en las existencias", agregó Putin.

rusas "rompen" los drones extranjeros de ataque suministrados a Ucrania como "nueces". "Es sabido que hay varios tipos de ellos. En primer lugar, estos son drones de ataque. Se han utilizado desde el principio. Sin embargo, solo se emplean de manera efectiva donde no hay defensas aéreas en el campo de batalla", subrayó.

Dijo que los sistemas de defensa antiaérea rusa "son muy efectivos". "Esperamos que nadie se ofenda, pero los están rompiendo (los drones) como nueces. Se han eliminado decenas y decenas de esos drones", aseveró.

El presidente ruso consideró que, en general, "todo ese ajetreo en torno al suministro de armas adicionales persigue un objetivo único: prolongar al máximo el conflicto armado" en Ucrania. 

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Espacios del neoliberalismo y desarrollo capitalista

Críticas y alternativas al urbanismo neoliberal

La dimensión espacial no ha dejado de ganar peso desde hace décadas en las ciencias sociales críticas. Para ello han sido muy relevantes las discusiones dentro de la teoría arquitectónica, pero también las de los estudiosos del desarrollo capitalista. Quizás el autor que más determinantemente ha influido en la actual popularidad de los estudios sobre el espacio social es el geógrafo David Harvey, pero también ha sido crucial la revalorización de la obra de Henri Lefebvre ya en el siglo XXI, a partir de la traducción de algunas de sus principales obras al inglés y al castellano. Problemas tan actuales y frecuentes en las discusiones de la academia crítica como la reestructuración urbana, la financiarización de la vivienda o la mercantilización del espacio tienen un pilar importante en los trabajos de estos dos autores. 

En realidad, el interés académico por la espacialidad del capitalismo se remonta a los años sesenta, coincidiendo con cierto auge de las perspectivas marxistas dentro de la izquierda universitaria. Francia jugó un papel clave en esta tendencia, principalmente a partir de la publicación de El derecho a la ciudad de Lefebvre (1969), los trabajos posteriores del autor sobre la ciudad (1972; 1976; 2013) y la conformación de una suerte de Escuela Francesa de Sociología Urbana (Castells, 1974 y 1976; Topalov, 1979 y 1984). En el resto del mundo, la mencionada escuela entra en diálogo con las discusiones sobre el urbanismo dependiente en América Latina (Castells, 1973; Singer, 1973; Pradilla Cobos, 1984) y de manera simultánea se desarrolla una importante geografía crítica en el ámbito angloamericano (Harvey, 1973 o Massey, 1973) y brasileño (Santos, 1978 o Moraes y Dacosta, 2013). El quiebre, sin embargo, se encuentra principalmente en Lefebvre, cuyas opiniones sobre lo urbano coinciden también en gran medida con las de otros coetáneos, como Jane Jacobs (2014) desde una perspectiva liberal o Aldo Rossi (1982) desde la teoría arquitectónica.

En este contexto se recuperan las referencias espaciales, más bien dispersas, de los trabajos de Marx y un par de obras claves de Engels (2020a y 2020b) sobre el problema de la vivienda y la ciudad industrial. Estos autores trataron la cuestión como un problema derivado del núcleo central de las contradicciones del modo de producción capitalista, ubicado en el ámbito de la producción (industrial) y el conflicto de clase. Los problemas referentes al déficit de viviendas, la precariedad del hábitat o la segregación socioespacial eran básicamente epifenómenos y la principal cuestión teórica a dilucidar sería el rol de la apropiación de la renta de suelo en el conflicto político. Muchos urbanistas críticos de la década de 1970, especialmente los próximos al marxismo estructuralista, fueron continuistas con esta perspectiva. Estos sociólogos y geógrafos urbanos marxistas pensaban el espacio como producto social, una secreción del correspondiente modo de producción. Los planteamientos de Lefebvre desde un principio trataron de discutir estas posiciones.

En primer lugar, el filósofo anunciaba un salto del problema de la vivienda, que había marcado el capitalismo industrial hasta la etapa posterior a la Segunda Guerra Mundial, al problema de lo urbano y del hábitat en su conjunto (Lefebvre, 1969). Seguidamente, frente a la idea de una sociedad que crea su espacio, como si le preexistiese, Lefebvre plantea una sociedad que siempre ha sido espacial. El espacio pasa a ser entonces la primera y más importante mediación de la sociedad para darse forma a sí misma (1976). A partir de aquí, el filósofo se atrevería a invertir la tesis de la urbanización como efecto de las relaciones de producción industrial para convertirla en el núcleo mismo del capitalismo tardío, desplazando la crítica de los conflictos de la esfera de la producción a los problemas de la reproducción de las relaciones sociales de producción (1972). Finalmente, plantearía una visión compleja y no reduccionista del espacio, en la que trataría de integrar tanto el espacio material de las prácticas sociales como sus dimensiones ideológicas y experienciales (Ibidem, 2013). 

La cuestión del desplazamiento de los conflictos centrales del capitalismo de la producción a la reproducción, o lo que algunos han interpretado como un desplazamiento desde los conflictos de clase a los conflictos del hábitat, tiene por lo tanto ya más de medio siglo. Ignorar el progreso intelectual que ha permitido este giro sería tan empobrecedor como limitarse a hablar de un desplazamiento sin más desde un polo a otro, separando lo que nunca ha estado separado, como si el espacio urbano no surgiese de un proceso productivo o como si el conflicto de clase solo operase en una típica fábrica fordista. Para no caer en el riesgo de reproducir esa dicotomía irreconciliable, convendría recordar que una parte del urbanismo feminista se ha dirigido a cuestionar precisamente la separación ideológica entre espacios de producción y de consumo (McDowell y Massey, 1984 o McDowell, 1986). 

La idea de urbanismo neoliberal y sus limitaciones

La denuncia del urbanismo neoliberal ha sintetizado, al menos en los últimos treinta años, gran parte del análisis crítico del desarrollo capitalista de urbanistas y geógrafos. Los trabajos de David Harvey (2007a, 2007b) desde los años noventa han aportado mucho a la clarificación de esta idea, pero también los de la nueva geografía política crítica de Jessop (1990) o Brenner (2004). No obstante, la popularidad de la expresión es tal que en algunos momentos ha corrido el riesgo de convertirse en un cliché vacío de contenido. El neoliberalismo puede entenderse como un modo de regulación o patrón particular del capitalismo tardío, que se define por oposición al desarrollo organizado bajo Estados centralizados que caracteriza el periodo entre las crisis de 1929 y 1973. En términos muy generales, puede describirse como un tipo de política económica (ideología y cultura) que propugna la gestión más eficiente de los recursos mediante mercados autorregulados y que se expande desde los años setenta por todo el globo a partir de los experimentos pioneros de Thatcher, Reagan y Pinochet.

El giro neoliberal de la década de 1970 es un giro espacial. Uno de sus elementos característicos ha sido el desmantelamiento de las políticas de desarrollo productivo y reequilibrio territorial propias de la planificación económica estatal. También la desregularización de los mercados de suelo y vivienda y su progresiva financiarización a partir del endeudamiento de los hogares o de su apropiación por parte de fondos de inversión. El gran hito de la desregulación neoliberal en España es probablemente el Decreto Boyer de 1985, que implica la eliminación de las políticas proteccionistas en los alquileres urbanos y la desregulación del mercado de crédito, dando lugar al auge de una versión del desarrollo capitalista fundamentada sobre el sector inmobiliario-financiero. Esto se ha interpretado como una exacerbación de la espacialización de la economía en el contexto del capitalismo tardío (Lefebvre, 1972; Harvey, 1990; Rolnik, 2017). La urbanización y la vivienda, convertida prácticamente en un activo financiero, se convierten en un circuito fundamental para la circulación de capital, donde se generan enormes beneficios especulativos, generando crisis periódicas cada vez más violentas (1996, 2008…). 

Hay varios peros que hacer a esta caracterización. El primero de ellos es que el neoliberalismo dista de ser un patrón homogéneo en un mundo extremadamente diverso. A menudo se ha generalizado en exceso a partir del más estudiado ejemplo angloamericano, asumiendo que el resto del mundo seguiría el mismo patrón, cuando en realidad la política neoliberal ha dado lugar a formas espaciales más bien variadas. Por ejemplo, mientras que la planificación estratégica ha podido relegar por completo a la tradicional ordenación urbana en las ciudades estadounidenses, esto debe matizarse mucho respecto de la más intervencionista Europa continental. Por esta razón, desde hace tiempo se tiende a hablar del neoliberalismo realmente existente (Peck, Brenner y Theodore, 2018) para distinguir los discursos neoliberales, más homogéneos, de la compleja realidad espacial en la que se acaban plasmando.

Otra precaución crítica muy extendida es la de revalorizar el papel del Estado en el desarrollo del neoliberalismo. Aunque este último se identifique con políticas promercado, el Estado sigue jugando un papel clave y es fundamental para el desarrollo neoliberal. Polanyi (1989) ya denunciaba hace mucho que la idea de mercados autorregulados era más una proyección utópica del pensamiento liberal que una posibilidad real. Hay incluso quien llega a afirmar que en el marco neoliberal el Estado incrementa su intervención, solo que en lugar de políticas redistributivas se vuelca en favorecer la acumulación de capital y a las clases ya privilegiadas. Nunca más que ahora, el Estado en sus diferentes niveles se ha volcado en el desarrollo de costosas infraestructuras sobre las que se apoya la economía privada. Cumple además una indispensable función policial y mediadora, indispensable para que las principales instituciones del capitalismo neoliberal puedan actuar libremente.

El urbanismo neoliberal suele mostrar como prácticas progresistas lo que no es sino la búsqueda de los intereses más mezquinos

Existe aún otro aspecto que pone coto a una visión dogmática de lo que es la organización del espacio neoliberal. Más allá del discurso liberalizador e individualista en lo económico, el neoliberalismo no es reducible a posiciones convencionalmente conservadoras. De hecho, a menudo puede suceder lo contrario. El urbanismo neoliberal tiene un carácter fundamentalmente ideológico. Recurriendo a la vieja fórmula marxista, el mercado tiene una forma de operar fundamentalmente ideológica. Lo que es codicia y usura aparece como su contrario, como la máxima posibilidad de igualdad y libertad. La igualdad y libertad de los agentes económicos implica la subordinación y coacción del trabajo asalariado. En este sentido, el urbanismo neoliberal suele mostrar como prácticas progresistas lo que no es sino la búsqueda de los intereses más mezquinos. De esta manera, los discursos radicales sobre la teoría arquitectónica y urbanística de los años setenta han sido a menudo reciclados para dar cobertura a prácticas neoliberales. La institucionalización del discurso ecologista es paradigmática, con la idea de sostenibilidad multiplicándose entre documentos y planes, de tal manera que acaba convirtiéndose en simple ruido, una palabra vacía cuya única función es dar una cobertura moral a los proyectos de desarrollo urbano. Ciertos tipos de discurso progresista, como el del desarrollo sostenible, son el complemento ideológico por excelencia del urbanismo neoliberal más cínico (Swyngedouw, 2011). 

Efectos del urbanismo neoliberal

Los efectos del urbanismo neoliberal sobre el territorio se derivan de los propios planteamientos de esta ideología. En primer lugar, el urbanismo neoliberal se identifica con toda una serie de cambios en las fórmulas políticas. Por un lado, hay una tendencia a la descentralización, en la que la escala local adquiere un mayor peso a medida que el Estado pierde competencias respecto de la planificación económica y espacial. Esto ocurre evidentemente de una forma muy desigual en el mundo, principalmente en Occidente. El nivel de descentralización de los estados americanos siempre ha sido mayor, pero en el contexto europeo también se refuerzan o se crean ex novo escalas de gobierno local y regional para la ordenación territorial y económica (Brenner, 2004). Este tipo de descentralización permite una mayor cercanía con el territorio, pero también redunda por lo general en una pérdida de las capacidades de intervención política. Por otro lado, la idea de gobernanza urbana, que se populariza en este contexto, implica un reconocimiento de la diversidad de agentes que intervienen en el espacio, más allá del Estado. No obstante, estos agentes que se integran en el planeamiento son fundamentalmente agentes de mercado y la propia política urbana y regional tiende a sufrir un giro empresarialista, planteando el gobierno local como coaliciones orientadas al crecimiento económico que deben competir en un mercado de ciudades por atraer inversiones y visitantes. Algunos autores hablan de una situación pospolítica (Wilson y Swyngedouw, 2014), relacionada con el carácter cada vez más técnico de las instituciones de gobierno, al tiempo que se vacían de capacidades genuinamente políticas. Esto encuentra su reflejo en una cultura ciudadana cada vez más individualista y desconfiada de la política.

En segundo lugar, la política neoliberal implica una expansión de la mercantilización del espacio. Por mercantilización entendemos el proceso por el cual la gestión de un recurso debe guiarse por su valor económico y no por criterios de necesidad. En términos marxistas, el valor de uso se vería sometido al valor de cambio. Esto es aplicable tanto a la remercantilización de servicios y recursos que eran gestionados por instituciones públicas como al desarrollo de nuevas formas de aprovechamiento crematístico del espacio. En el primer sentido, resulta clave la remercantilización del mercado de la vivienda, como un proceso paulatino, tras un periodo en el que la provisión de suelos o vivienda había estado dirigida en gran parte por el Estado. El desmantelamiento de las políticas públicas de vivienda, los sistemas públicos de provisión de crédito y la desregularización de las rentas urbanas conducirían a que la gestión del espacio y el alojamiento se realice bajo criterios progresivamente mercantiles (Rolnik, 2017; Aalbers, 2016). En el segundo, el objetivo de atraer residentes y visitantes ha dado lugar a la transformación de la ciudad y sus partes en una especie de seudomercancías. La propia imagen de la ciudad se convierte en una marca comercial. La política urbana se orienta a crear proyectos y lugares atractivos, nuevos iconos estéticos y espacios comerciales que atraigan residentes y turistas. La propia dinámica del espacio público, especialmente en los centros urbanos, se dirige a un uso progresivamente mercantil, con distintas formas que promueven su gestión privativa. Por supuesto, la política turística es la máxima expresión de esta mercantilización del espacio, dedicando sectores enteros de las ciudades, generalmente los más significativos simbólicamente, a canalizar las divisas traídas por los visitantes. Los enclaves en los que reside la identidad colectiva de las ciudades son transformados en algo parecido a parques de atracciones, en los que nuevas rondas de inversión conllevan un constante proceso de destrucción creativa que hace difícil que la población se pueda reconocer en ellos (Sequera, 2022; Murray, 2015; Mansilla y Milano, 2019). 

La desinversión y abandono de extensos sectores de la periferia obrera son la otra cara de la tematización de los centros históricos 

Finalmente, las políticas promercado y el desmantelamiento del Estado intervencionista y de las políticas redistributivas impactan directamente sobre los grupos más vulnerables. Por un lado, la jibarización y descentralización de las políticas de vivienda dejan en la estacada a los grupos más vulnerables, excluidos del mercado por una u otra razón. Los problemas de vivienda han seguido afectando a los hogares más pobres (con mayor riesgo de ver coartado un flujo periódico de ingresos), a las y los jóvenes (sin posibilidades de acceder a una vivienda propia) o a quienes están en situación de vulnerabilidad, especialmente los hogares monoparentales de mujeres de clase trabajadora con hijos, relegados a situaciones de gran inseguridad económica. Por otro lado, la privatización del parque público de viviendas da lugar a que los gobiernos no tengan capacidad de actuación ante crisis habitacionales, como sucedió con la crisis hipotecaria de 2010-2012, o de intervenir ante procesos como el vaciamiento de los centros históricos por el auge de los alquileres temporales para turistas. Finalmente, al tiempo que se sobreinvierten los enclaves con mayor potencialidad económica, se dejan a su suerte sectores enteros, generalmente los viejos barrios de clase obrera en los que se concentraban las grandes operaciones de vivienda pública del siglo XX, convertidos a menudo hoy en contenedores de pobres. La desinversión y abandono de extensos sectores de la periferia obrera son la otra cara de la tematización de los centros históricos, acentuando los problemas de segregación socioespacial, exclusión y estigmatización.

Los patrones generales de la ordenación del espacio neoliberal están bastante definidos y se llevan difundiendo a nivel global desde hace ya cuarenta años. Los tiempos, ritmos e intensidades han sido diferentes en distintas partes del mundo, desde el rol pionero del Cono Sur o el ámbito angloamericano a la conservación de cierto intervencionismo en países de la Europa occidental, pasando por la terapia del shock en Europa del Este y Rusia o los heteróclitos procesos de mestizaje político-económico de China. Al mismo tiempo, podríamos considerar hasta qué punto este es un modelo en decadencia en la actualidad. La ordenación neoliberal ha encontrado sus resistencias en movimientos en defensa del territorio, de los barrios y las ciudades, abanderando el espacio social como soporte de la vida antes que como medio de extracción de valor. Las políticas antineoliberales han tendido a revertir procesos de mercantilización y privatización, notablemente en el caso de los gobiernos progresistas de América Latina, mientras que las iniciativas municipalistas europeas han operado a una escala menor, pero con unos planteamientos bastante similares. No obstante, también se han desarrollado amenazas al modelo neoliberal netamente conservadoras, que son las que pueden tener más peso en un cambio de paradigma en la actualidad, con el desarrollo de cierto capitalismo corporativo y centralizado al oriente y al occidente (de los EE UU de Trump a la Rusia de Putin). Es posible que en un futuro cercano hablemos de nuevos paradigmas en la organización del espacio, pero estos no tienen que ser necesariamente mejores a los precedentes. 

2 junio 2022

Por Ibán Díaz Parra, profesor de Geografía Humana en la Universidad de Sevilla 

Referencias

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El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, ofrece declaraciones a los medios de comunicación tras reunirse con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a 21 de abril de 2022, en Kiev (Ucrania). — Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa / Europa Press

El Ejecutivo ruso ha lanzado una carrera contrarreloj para completar en este mes la toma del Donbás y afianzarse entre la península de Crimea y el río Diniéper, antes de que el ejército de Kiev reciba nuevas remesas de armas pesadas de Estados Unidos que amenacen la consolidación rusa en esos dos frentes.

 

La presión de Rusia sobre el este de Ucrania pretende, así, asegurar una ventaja en el tablero bélico ante la cumbre de la OTAN de finales de junio en Madrid, clave para garantizar más ayuda militar occidental al Gobierno de Volodimir Zelenski y restañar las crecientes grietas en el apoyo europeo a Ucrania.

Cuando se han cumplido 100 días del comienzo del conflicto, en Occidente se insiste en subrayar el fracaso de Moscú a la hora de lograr sus supuestos objetivos iniciales de la invasión, que habrían sido la defenestración de Zelenski y una rápida toma de Kiev. Unos supuestos cuestionables desde el punto de vista de la estrategia militar, porque en ningún momento el ejército ruso destruyó todas las infraestructuras críticas y básicas en torno a la capital ucraniana, paso indispensable en una guerra de ocupación total.

Se está obviando, además, que la captura de territorio ucraniano no se ha logrado contra un heroico ejército de partisanos y civiles resistiendo a la apisonadora militar rusa, como aún insisten algunos medios de prensa occidentales. Las fuerzas rusas desplegadas en Ucrania están combatiendo contra un ejército preparado y armado por la OTAN, especialmente por Estados Unidos, desde hace ocho años, con más de 80.000 soldados formados por especialistas occidentales y más de 5.000 millones de dólares en ayuda militar estadounidense antes del conflicto. 

Desde que empezó la guerra, esa asistencia militar de Washington a Ucrania se ha triplicado y el propio Congreso de Estados Unidos ha comprometido otros 40.000 millones de dólares, de los que más de la mitad serán en armas y asistencia militar.

Este presupuesto, el mayor dedicado por Estados Unidos en ayuda bélica a ningún país en lo que va de siglo, pretende dar la vuelta a lo que es ya una realidad: cerca de un 20% del territorio ucranianoestá ya en manos rusas y no parece que esta enorme porción del país agredido vaya a retornar en breve al control de Kiev. Se alega que los avances rusos en el este de Ucrania han sido a costa de enormes pérdidas militares, pero si se contempla la estrategia de Rusia a lo largo de la historia, se olvida lo más importante. 

El Kremlin está dispuesto a todos los sacrificios necesarios, económicos y humanos, para conseguir sus metas militares. Sobre todo, cuando buena parte de su actual esfuerzo bélico es sufragado por la propia Europa Occidental con sus ingentes compras de gas ruso y cuando parecen garantizados nuevos compradores de la energía rusa en Asia a corto y medio plazo.

El presidente estadounidense, Joe Biden, tiene previsto viajar próximamente a Arabia Saudí para orquestar con el régimen de Riad una bajada de los precios del gas y, así, golpear a Rusia, favorecida por los precios más altos debido a la guerra y a la total dependencia de muchos países europeos de los hidrocarburos rusos. En una vuelta de tuerca más de la interesada diplomacia estadounidense, Biden deja atrás sus acusaciones contra Arabia Saudí, a la que calificó de estado "paria" por el asesinato del periodista disidente Jamal Khashoggi, y opta por asegurarse aliados en la guerra económica contra Rusia.

El gas sigue siendo el arma política de Rusia para torcer el brazo de Europa y mientras ese dinero siga llegando mensualmente, el ejército ruso ha de aprovecharlo para ayudar a pagar una ofensiva que no cesa y que se centra en zonas ya muy concretas. Las próximas semanas serán muy importantes para asegurar el control del Donbás, tanto en las regiones de Donetsk como en Lugansk, de ahí que Severodonetsk sea tan importante para la estrategia rusa. Los combates se han recrudecido en esta intersección de caminos del este de Ucrania y el ejército del Kremlin está recurriendo a su superior artillería para conseguir ese control.

Un informe de la inteligencia británica desvelado esta semana por el Ministerio de Defensa del Reino Unido indica que Rusia pretende controlartoda la región de Lugansk en el curso de las dos próximas semanas. Lugansk y Donetsk conforman la mayor parte de esa región del Donbás y albergan el campo de batalla entre las fuerzas prorrusas y las ucranianas desde 2014, cuando estos territorios reclamaron su derecho a separarse del resto de Ucrania y dio comienzo al conflicto armado que la invasión rusa ha solapado.

"Rusia está consiguiendo un éxito táctico en el Donbás. Las fuerzas rusas han generado y mantenido el impulso y actualmente parecen tener la iniciativa sobre la oposición (militar) de Ucrania", afirma el informe. Añade que el ejército ruso controla ya "más del 90% de la región de Lugansk" y que este éxito se debe no solo a un "significativo" coste, sino al hecho de haber concentrado su mayor fuerza y potencia de fuego "en un único frente", dato que contradice a quienes pensaban que Rusia trataba de ocupar toda Ucrania cuando lanzó la invasión del 24 de febrero con un número de soldados muy similar al del ejército ucraniano.

Los informes de inteligencia apuntan también a la importancia que Rusia da a la ciudad de Jersón y sus alrededores, claves para eventuales avances desde el río Dniéper hacia el centro de Ucrania. Si cae el Donbás entero, será esta zona el futuro teatro de operaciones ruso. El anuncio estadounidense de que tiene preparada una nueva partida de armas para Ucrania, con misiles de corto alcance, podría poner en aprietos al doble teatro de operaciones ruso en Jersón y el Donbás, de ahí la prisa de Moscú para obtener en los próximos días una victoria militar que sea también política. La vista está puesta en los próximos 29 y 30 de junio, en Madrid.

En la cumbre de la OTAN que se celebrará esos días se escucharán muchas llamadas a cerrar filas dentro de la Alianza ante el enemigo no declarado que es Rusia y se coreará hasta la saciedad la intención de Finlandia y Suecia de adherirse al pacto atlántico. Pero poco se podrá decir sobre el fracaso de la apuesta de Estados Unidos para ampliar la Organización del Tratado del Atlántico Norte a Ucrania, una de las causas geoestratégicas que explican esta guerra.

Tampoco es de esperar que se ponga sobre la mesa algún plan de paz trazado en Washington o Bruselas, que debería pasar por la renegociación del actual sistema de seguridad en Europa, puesto en solfa ya por Estados Unidos antes de la guerra. No fue Rusia la que se retiró unilateralmente en 2019 del acuerdo de prohibición de armas nucleares de alcance intermedio (INF), de 1987. Fue el país estadounidense, bajo la batuta del presidente Donald Trump. De seguir en vigor ese tratado, Rusia habría tenido menos argumentos de seguridad para oponerse a la incorporación de Ucrania y otros países como Suecia o Finlandia a la OTAN, pues seguiría garantizada la lejanía del territorio ruso de este tipo de armamento, muy útil para sostener el avance de un ejército convencional en una eventual invasión o para contenerla.

Lo que sí que surgirán en Madrid, si no abiertamente, sí entre bambalinas, serán las diferencias crecientes en el seno de la OTAN y la propia Unión Europea sobre la estrategia que se ha de seguir en Ucrania. Francia sigue insistiendo en que no se debe acorralar al presidente ruso, Vladímir Putin. Su presidente, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Olaf Scholz, han insistido en los últimos días ante el líder ruso para recuperar las negociaciones de paz.

En Europa se mira con mucha preocupación al desabastecimiento alimentario que se va a desatar en los próximos meses. La crisis alimentaria consecuencia de la guerra ha encarecido ya los precios de los alimentos a niveles que no se daban desde hace 60 años y cerca de 200 millones de personas en todo el mundo podrían en breve sufrir esas consecuencias. Ya lo está advirtiendo una y otra vez la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura: el efecto dominó de la guerra de Ucrania se sentirá en todo el mundo y llevará a la hambruna a decenas de millones de hogares.

Rusia y Ucrania suministran el 30% del trigo y cebada mundiales, un 20% de las exportaciones de maíz y hasta un 75% del aceite de girasol, alimentos básicos en los países en desarrollo. En la cumbre de la OTAN de Madrid quizá el centro de las conversaciones debería ser el suministro de alimentos a nivel mundial más que los nuevos envíos de armas a Ucrania.

madrid

04/06/2022 00:00

Por Juan Antonio Sanz

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Volodimir Zelenski confirmó que Rusia controla un 20 por ciento de Ucrania

Moscú ya tiene el control del 20 por ciento del territorio ucraniano.. Imagen: AFP

El conflicto bélico llega al día 100 con las tropas rusas avanzando en el este de Ucrania. Mientras Kiev espera la llegada del armamento prometido por Estados Unidos

 

A 100 días del inicio de la invasión de Rusia a Ucrania, la exrepública soviética confirmó que Moscú ya tiene el control del 20 por ciento del territorio ucraniano. Mientras que el Kremlin advirtió que continuará la ofensiva pese a las promesas de Washington de dotar a Ucrania con armas de última tecnología. El ejército ruso redobló su ofensiva en la región del Donbass y atacó la ciudad occidental de Lviv. El jefe de la OTAN, Jens Stoltenberg se reunió con el presidente estadounidense Joe Biden y advirtió que occidente debe preparse para una larga guerra de desgaste.

100 días de guerra

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, reconoció que las tropas rusas controlan un 20 por ciento del país. "Hoy, alrededor del 20% de nuestro territorio está controlado por los ocupantes, es decir, cerca de 125.000 kilómetros cuadrados", dijo el jefe del gobierno ucraniano en un discurso telemático ante el parlamento de Luxemburgo. Por otra parte, alertó que aunque el ejército ruso se retiró de un tercio de los lugares ocupados cerca de 30.000 kilómetros cuadrados están minados. Aseguró que diariamente mueren 100 personas en el este de Ucrania y entre 450 y 500 resultan heridas.

El mandatario precisó que antes de la invasión iniciada el 24 de febrero las fuerzas del Kremlin controlaban unos 43.000 kilómetros cuadrados. Rusia controla la península de Crimea desde 2014 cuando la región declaró su independencia y un año después fue incorporada por Moscú a la federación rusa. Además, afirmó que el territorio ucraniano bajo control ruso es mucho mayor que la superficie de países como Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo.

Según Zelenski, las tropas rusas entraron a 3.620 localidades del país, de las cuales 1.017 fueron liberadas por el ejército de Ucrania. Una gran parte de la región de Lugansk está bajo control ruso mientras las tropas del Kremlin avanzan sobre la última ciudad de esa región: Severodonetsk.  Moscú también controla una buena parte del sur y del este de Donetsk, incluyendo el puerto de Mariupol con salida al mar de Azov. La ciudad de Sloviansk en Donetsk donde el ejército ruso mantuvo bombardeos intensos esta semana.

Hacia el sur el ejército ruso tiene el control de ciudades como Melitopol en la región de Zaporiyia y Jersón ubicada en la región homónima. En el noreste del país, las tropas rusas tienen el control de zonas en el oriente de la región de Jarkov.

Más armas

El presidente ucraniano aprovechó la ocasión para reiterar el pedido de ayuda internacional para la defensa de la exrepública soviética. En este sentido recordó que sin el suministro de armas pesadas su país no está capacitado para enfrentar el avance de “los invasores”. Esta semana Estados Unidos le prometió a Ucrania el envío de misiles de largo alcance. Washington aseguró que Kiev le dio garantías de que no utilizará las armas para atacar territorio ruso y que sólo será usado con fines defensivos.

Más tarde en otra intervención por videoconferencia en el foro GLOBSEC, un think tank eslovaco sobre seguridad global en Europa y que tiene sede en Bratislava, Zelenski aseguró que el suministro de armas a Ucrania puede marcar un antes y un después en el conflicto bélico. Según el mandatario hay “potencial para un punto de inflexión”.

A su turno, el asesor presidencial Oleksiy Arestovych aseguró que los misiles de largo alcance de Washington son capaces de alterar completamente el rumbo de los combates "Puede cambiar de forma radical las reglas de juego en los principales frentes", indicó citado por medios ucranianos. Añadió que con ese armamento Kiev podrá disparar contra sistemas de lanzacohetes rusos. "Así no podrán acumular recursos para enviarlos luego a combate", señaló.

Avance del Kremlin

Mientras que Rusia aseguró que cumplirá con los objetivos de su llamada campaña militar en Ucrania sin importar el envío de armamento confirmado por Estados Unidos. "El semejante suministro de armamento cada vez más moderno a Ucrania no cambia los parámetros de la operación militar especial. En cualquier caso, sus objetivos serán alcanzados", declaró el portavoz de la presidencia rusa, Dmitri Peskov, en la rueda de prensa telefónica que realiza a diario.

El gobierno ruso advirtió que los envíos de armas que “hipotéticamente pueden ser usados contra Rusia” pueden hacer que la situación tome un rumbo muy desfavorable. "Eso provocará más sufrimiento a Ucrania que simplemente es un instrumento en manos de los países que le envían armamento", aseguró Peskov.

El ejército intensificó los ataques en el este de Lugansk, según confirmaron las autoridades ucranianas que aseguran que el objetivo principal es la ciudad de Severodonetsk. Según el gobernador de esa región, Sergi Gaidai, el 80 por ciento de la ciudad está ocupada por las tropas rusas. En la región de Lviv, al oeste de Ucrania, un misil ruso impactó contra la vías de un tren. La zona es clave para el envío de armas y otros suministros que llegan a Kiev.

El jefe de la OTAN, Jens Stoltenberg, aseguró que occidente se tiene que preparar para una larga "guerra de desgaste" en Ucrania. Stoltenberg habló tras reunirse con el mandatario estadounidense Joe Biden en la Casa Blanca para preparar la cumbre de la alianza militar de occidente que está prevista para fines de junio en Madrid.

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Los lanzadores del sistema de cohetes de artillería de alta movilidad M142 de EE. UU. (HIMARS) disparan salvas. Fuente: Fadel Senna/AFP

El presidente estadounidense dice que las armas que se envían son HIMARS, un sistema de misiles que tiene un alcance mayor que las armas actualmente desplegadas por Ucrania.

Miércoles 1ro de junio

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La decisión de EE. UU. de proporcionar los sistemas de cohetes avanzados intenta lograr un equilibrio entre el deseo de ayudar a Ucrania a combatir los feroces bombardeos de la artillería rusa y no proporcionar armas que podrían permitirle a Ucrania alcanzar objetivos en las profundidades de Rusia y desencadenar una escalada en la guerra.

En un ensayo invitado publicado el martes por la noche en The New York Times, el presidente Joe Biden confirmó que ha decidido “proporcionar a los ucranianos sistemas de cohetes y municiones más avanzados que les permitirán atacar con mayor precisión objetivos clave en el campo de batalla en Ucrania”.

Biden había dicho el lunes que Estados Unidos no enviaría a Ucrania “sistemas de cohetes que puedan atacar a Rusia”.

Cualquier sistema de armas puede disparar a Rusia si está lo suficientemente cerca de la frontera. El paquete de ayuda que se espera que se presente el miércoles enviaría lo que Estados Unidos considera cohetes de mediano alcance, que generalmente pueden viajar unos 70 km, dijeron los funcionarios.

Los HIMARS son la pieza central de un paquete de 700 millones de dólares que se dará a conocer el miércoles y que incluye un radar de vigilancia aérea, más cohetes antitanque de corto alcance Javelin, municiones de artillería, helicópteros, vehículos y repuestos, dijo un funcionario estadounidense a los periodistas

Los ucranianos han asegurado a los funcionarios estadounidenses que no dispararán cohetes contra territorio ruso, según altos funcionarios de la administración. Un funcionario señaló que los sistemas avanzados de cohetes darán a las fuerzas ucranianas una mayor precisión para apuntar a los activos rusos dentro de Ucrania.

La expectativa es que Ucrania podría usar los cohetes en la región oriental de Donbas, donde podrían interceptar la artillería rusa y eliminar posiciones rusas en ciudades donde los combates son intensos , como Severodonetsk.

Severodonetsk es importante para los esfuerzos rusos por capturar el Donbas antes de que lleguen más armas occidentales para reforzar la defensa de Ucrania. La ciudad, que se encuentra a 145 km (90 millas) al sur de la frontera rusa, se encuentra en un área que es el último foco bajo el control del gobierno ucraniano en la región de Luhansk del Donbas.

Biden en su ensayo del New York Times agregó: “No estamos alentando ni permitiendo que Ucrania ataque más allá de sus fronteras. No queremos prolongar la guerra solo para infligir dolor a Rusia”.

Es el undécimo paquete aprobado hasta el momento y será el primero en aprovechar los 40.000 millones de dólares en asistencia económica y de seguridad aprobados recientemente por el Congreso. Los sistemas de cohetes serían parte de la autoridad de retiro del Pentágono, lo que implicaría tomar armas del inventario de EE. UU. y llevarlas rápidamente a Ucrania. Las tropas ucranianas también necesitarían capacitación sobre los nuevos sistemas, lo que podría llevar al menos una semana o dos.

Las autoridades dijeron que el plan es enviar a Ucrania el Sistema de Cohetes de Artillería de Alta Movilidad, o HIMARS, que está montado en un camión y puede transportar un contenedor con seis cohetes. El sistema puede lanzar un cohete de mediano alcance, que es el plan actual, pero también es capaz de disparar un misil de mayor alcance, el Sistema de Misiles Tácticos del Ejército, que tiene un alcance de unos 300 km y no forma parte del plan.

Desde que comenzó la guerra en febrero, EE. UU. y sus aliados han tratado de caminar por una cornisa: enviar a Ucrania las armas necesarias para luchar contra Rusia, pero no llegar a proporcionar ayuda que arrastre al presidente ruso, Vladimir Putin, a desencadenar un conflicto más amplio que podría extenderse hacia otras partes de Europa.

Sin embargo, con el tiempo, EE. UU. y sus aliados han ampliado el armamento que ingresa a Ucrania, ya que la lucha ha pasado de la campaña más amplia de Rusia para tomar (o presionar) la capital, Kiev, y otras áreas para ganar rápido la guerra, a escaramuzas por territorios en el este y el sur.

Con ese fin, el presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, ha estado suplicando a Occidente que envíe múltiples sistemas de lanzamiento de cohetes a Ucrania lo antes posible para ayudar a detener la destrucción de ciudades en el Donbas por parte de Rusia. Hasta ahora la táctica de Biden y sus aliados es impedir que Rusia gane pronto la guerra, pero intentan que la guerra esté contenida en Ucrania, mientras aplican sanciones demoledoras al oso ruso.


Rusia advierte a EE.UU. que dar armas a Ucrania aumenta el riesgo de un choque directo

El Gobierno ruso ha advertido a Estados Unidos del riesgo de un choque directo si Washington continúa proporcionando armas a Ucrania, incluidas las de largo alcance.

Miércoles 1ro de junio

Fue el viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Riabkov, quien avisó este miércoles de ese riesgo, dado lo que considera un creciente suministro a Ucrania de armamento.

"Todos los suministros de armamento, que continúan y van en aumento, incrementan los riesgos de tal desarrollo", respondió Riabkov, citado por la agencia RIA Nóvosti a la pregunta de si la decisión de Washington de proporcionar a Kiev sistemas lanzamisiles aumenta el riesgo de un choque directo entre Rusia y Estados Unidos.

El viceministro criticó el nuevo paquete de ayuda militar estadounidense a Ucrania por valor de 700 millones de dólares, que, según fuentes del Gobierno estadounidense, incluye los Sistema de Cohetes de Artillería de Alta Movilidad (HIMARS, por sus siglas en inglés), sistemas de Cohetes de Artillería de Alta Movilidad.

"Valoramos esto de una manera totalmente negativa, porque los intentos de presentar esta decisión como que contiene ’restricciones’ no valen nada", subrayó, en alusión a las palabras del presidente de EE.UU., Joe Biden, acerca de que su país no alienta ni permite a Ucrania atacar más allá de sus fronteras.

Combates en Severodonetsk

Las tropas rusas están afianzándose en la ciudad ucraniana de Severodonetsk, en la región oriental de Lugansk, según el último parte del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Ucrania.

En dirección a Donetsk, las unidades rusas, con apoyo de la fuerza aérea, centran sus esfuerzos en distintas operaciones ofensivas, de acuerdo con el análisis de Kiev, que añade que las tropas de Moscú disparan con morteros, artillería y lanzacohetes MLRS.

Asimismo, Rusia reforzó y reagrupó unidades en dirección a Lyman, donde "continúa la lucha", mientras que en Bakhmut, intenta expulsar a las unidades ucranianas de sus posiciones cerca de Bilohorivka y Vrubivka.

También ha publicado su propio análisis del conflicto en las últimas horas el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), organismo de análisis estratégico y militar con sede en Washington, en el que destaca la decisión de Rusia de concentrar fuerzas en el este ucraniano para capturar nuevos territorios, como Severodonetsk y el Donbás en general.

Esa decisión, de acuerdo con los expertos del ISW, "crea las condiciones para intensificar los contraataques de las fuerzas ucranianas en la región de Jersón, donde las tropas rusas son cada vez "más vulnerables".

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Los partidarios de Rusia se reúnen para conmemorar la victoria de la Unión Soviética sobre los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, en la ciudad de Alepo, a 5 de mayo de 2022. — mayo de 2022. AFP

La guerra de Ucrania ha suscitado especulaciones sobre el futuro de Siria. De momento los rusos mantienen su presencia como hasta ahora, pero esto podría cambiar si Moscú sale muy debilitada del conflicto ucraniano. 

 

La intervención de Rusia en Ucrania ha originado una serie de decisiones de varios mandatarios de la región y especulaciones acerca de si Moscú va a desentenderse de su presencia en Siria por estar demasiado ocupado con la guerra actual y las graves sanciones derivadas del conflicto, y si su lugar debería ser ocupado por otras potencias, incluidos EEUU, Turquía e Irán, que ambicionan llenar el hueco de los rusos.

Aunque este tipo de comentarios son prematuros mientras Rusia siga presente en Siria, es cierto que se han registrado movimientos significativos en esa dirección desde que el ejército ruso inició la campaña ucraniana a finales de febrero, especialmente viendo que la campaña se está agravando y alargando sine die.

Durante los últimos años, Moscú ha jugado un papel de suma importancia al evitar que el gobierno de Damasco cayera ante el empuje de los yihadistas que contaron con el apoyo directo e indirecto de las potencias occidentales y de países aliados como los Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudí, además de Israel. Una hipotética retirada de Rusia, como la que algunos barajan, tendría consecuencias imprevisibles.

Siria es un teatro principal de los enfrentamientos entre Irán e Israel. Las actividades desestabilizadoras del estado judío en Irán son permanentes, igual que sus choques en distintos frentes de Oriente Próximo. Aunque su objetivo declarado públicamente es impedir que Teherán se haga con armas nucleares, su intención es mantener la tensión en los niveles más altos posibles para aprovechar su clara supremacía militar, política y económica.

Oliendo que la crisis de Ucrania puede traer cambios, Teherán está intensificado sus esfuerzos políticos, militares y económicos en Siria, y recientemente abrió una nueva línea de crédito a Damasco para mitigar el bloqueo general que sufre Siria con el impulso de EEUU e Israel, aunque quizá no sea en este orden.

En el aspecto militar, circulan informaciones de que Irán está desplegando sus milicias y organizaciones afines en lugares que los rusos han evacuado o podrían evacuar, con el fin de que sus enemigos no llenen el vacío y amenacen la continuidad del régimen. De momento, Teherán vigila las áreas controladas directamente por Rusia, enviando armas a los grupos afines.

Moscú ha jugado un papel equilibrador entre la presencia iraní y las actividades militares israelíes en Siria. Recientemente enseñó el sistema de misiles S-300 a los aparatos israelíes que bombardean Siria regularmente, lo que se interpretó como una señal de que los rusos no tienen intención de abandonar el país a su suerte, y también como una advertencia a las continuas incursiones de la aviación hebrea en el país vecino.

El segundo frente abierto es la lucha entre Turquía y los kurdos. Es evidente que el presidente Recep Tayyip Erdogan ha cometido múltiples errores de bulto desde que estalló la guerra civil en 2011, y que ha intentado enderezar algunos de ellos, pero en concreto su política siria sigue siendo errónea y no hay indicaciones de que vaya a cambiar, a pesar de que está introduciendo modificaciones de gran calado en sus políticas globales en la región, a menudo con giros de 180 grados.

En Siria el esfuerzo central de Erdogan pretende desmembrar cualquier entidad kurda cerca de la frontera con Turquía. Ya en 2016 las tropas turcas abandonaron el este de la ciudad de Alepo para crear una "zona segura" a lo largo de la frontera y para cortar los contactos kurdos entre el este y oeste del río Éufrates.

A principios de 2018, contando con el beneplácito de Rusia, Erdogan evitó que los kurdos ganaran acceso al Mediterráneo y al año siguiente, con la bendición de Donald Trump, estableció una zona segura en el área del Éufrates. Todos estos pasos fueron consecuencia de su apoyo a los rebeldes sirios a partir de 2011.

En varias ocasiones Erdogan ha expresado su intención de establecer una "zona segura" de 30 kilómetros de amplitud en el norte de Siria, una iniciativa que hasta ahora no ha contado con el respaldo de EEUU y Rusia, dos potencias que por distintas razones ven con prevención la presencia turca en Siria.

Pero la guerra de Ucrania ha cambiado algunos parámetros, especialmente porque ha reforzado el papel de Turquía en el seno de la OTAN. Ante la posibilidad de ampliar el Tratado Atlántico a Suecia y Finlandia, Erdogan ha vuelto a poner sobre la mesa la creación de la deseada "zona segura", una medida que los turcos quieren implementar cuanto antes.

Para complicar la situación, los jordanos, que recientemente han hecho algunos incipientes gestos de normalización con Siria, han denunciado el tráfico de drogas que cruza su frontera norte procedente de Siria, y que ellos atribuyen en parte a una presencia iraní en la zona. Lo cierto es que en esta frontera hay enfrentamientos frecuentes entre las tropas jordanas contrabandistas y traficantes de drogas, y que estas actividades enrarecen las relaciones entre Ammán y Damasco.

Estos movimientos vuelven a situar en el centro del escenario a Siria, y todavía no es posible determinar cómo va a evolucionar la situación en los distintos apartados. El desarrollo de la guerra de Ucrania, a la que no se ve un final, sin duda puede influir de manera decisiva en una u otra dirección en cada uno de los frentes abiertos.

02/06/2022 00:17

 

Publicado enInternacional
Lunes, 30 Mayo 2022 06:39

¿Taiwán después de Ucrania?

¿Taiwán después de Ucrania?

En su declive histórico, Estados Unidos está siendo impulsado a recurrir a medios militares para apuntalar su hegemonía y los intereses de su plutocracia. Así, mientras la guerra asimétrica por delegación en Ucrania parece ir decantándose de manera favorable para su enemigo secundario: Rusia, durante su primera visita a Asia el presidente Joe Biden pareció decidido a replicar el modelo en el espacio Indo-Pacífico, utilizando ahora al pueblo de Taiwán como carne de cañón para una guerra proxy contra su principal adversario, China. Lo que coloca al mundo ante un eventual choque de potencias poseedoras de armas nucleares.

En el primer escenario, más allá de la mítica narrativa triunfalista del eje EU/OTAN, la guerra híbrida impulsada por el Pentágono y la CIA contra Rusia en territorio ucranio no parece haberse desarrollado según lo diseñado por sus estrategas en Washington y Bruselas.

En el campo de batalla económico-financiero, mientras la economía real rusa resiste, las sanciones occidentales contra el Kremlin profundizaron la crisis que existía en 2019 antes de la pandemia de la secta covidiana. Resultado: inflación galopante en EU y Europa; aumento del precio de las materias primas y los recursos energéticos (petróleo, carbón y gas); ruptura de las cadenas de suministro y escasez de productos agrícolas (en particular trigo, con posibles hambrunas), fertilizantes y semiconductores, entre otros insumos, así como una apreciación del rublo, moneda en la que el gobierno de Vladimir Putin fijó el pago del gas a sus clientes hostiles de la Comunidad Europea. La servil Europa parece entrar en recesión, y su profundización provocaría una caída en la producción con el cierre de empresas, despidos y destrucción de capital. Y dado que 88 por ciento del planeta no se alineó con las sanciones económico-financieras contra Rusia, podrían surgir sistemas alternos a la red de pagos bancarios internacionales Swift y acelerarse el proceso de pérdida de centralidad del dólar como medio de pago internacional y depósito de valor.

En el terreno político-militar-mediático, a la rendición masiva de los neonazis del regimiento Azov que se habían atrincherado en los búnkeres antinucleares de la siderúrgica Azovstal, en Mariupol –reportada en la guerra (des)informativa por la prensa de EU y Europa como una evacuación de manera ordenada−, se suma el desgaste y la desmoralización del ejército ucranio en los distintos frentes, acentuados el fin de semana pasado por la derrota de una unidad de élite ucrania en la localidad de Severodonetsk, que quedó bajo el control de las milicias populares de la República de Lugansk, igual que la estratégica ciudad de Limán. Por lo que el colapso del ejército ucranio −armado y entrenado según los estándares de la OTAN los últimos ocho años−, parece cercano en la región del Donbás; lo que reduciría el objetivo de la administración Biden de hacer la guerra hasta el último ucranio para lograr la derrota de Rusia.

El 24 de mayo, al intervenir en el Foro Económico Mundial de Davos −el poliburó del capitalismo y la plutocracia internacional−, el ex secretario de Estado de EU, Henry Kissinger (responsable de crímenes de guerra en Vietnam, Laos, Camboya y Chile), advirtió que una eventual guerra directa de EU/OTAN contra Rusia podría alterar el equilibrio de poderes en Europa y recomendó regresar a las negociaciones de paz entre Ucrania y Rusia en los próximos dos meses. Dijo que viendo la situación desde la realpolitik, lo ideal sería que Ucrania abandone la lucha y ceda los territorios que Rusia reclama, convirtiéndose en un país neutral.

En los últimos días el secretario de De­fensa de EU, Lloyd Raytheon Austin, solicitó a su contraparte rusa, Sergéi Shoigu, un alto el fuego inmediato, en tanto el presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Olaf Scholz, reiteraron al presidente Putin sus llamados a reiniciar las negociaciones diplomáticas con Ucrania. A su vez, el premier británico Boris Johnson admitió que Rusia continúa haciendo progresos graduales, lentos pero palpables en el Donbás.

El cambio en la narrativa ficticia de EU/OTAN es evidente tras la rendición de los combatientes de la libertad en el enorme complejo Azovstal, en Mariupol, estratégico puerto siderúrgico sobre el mar de Azov (un lago ruso de facto), cerca del mar Negro, incorporado ahora a la República Popular de Donetsk. Azovstal forma parte del grupo Metinvest, controlado por el oligarca ucranio Rinat Akhmetov, y es una de las mayores plantas metalúrgicas de Europa; produce coque, acero, productos laminados, rieles y vagones de ferrocarril, equipos de minería, etcétera.

Como ha señalado el analista Pepe Escobar, la apuesta de Rusia sería consolidar un complejo económico-logístico de Járkov a Odesa, íntimamente conectado a la industria rusa. Rusia es el quinto productor mundial de acero y posee enormes depósitos de hierro y carbón. Con el control del mar de Azov, y subsecuentemente el mar Negro, Rusia tendrá el control total de las rutas de exportación para la región productora de granos de calidad. Lo cual significaría un gran complejo agroindustrial integrado, cercano al Mediterráneo Oriental, con proyección hacia Asia Occidental (Irán), y cruzando Suez, enlazando al océano Índico, con potenciales clientes en el sur y sureste de Asia (India, Pakistán). A su vez, la construcción de ferrocarriles de carga en Rusia y Mariupol, resultaría en un modo de conectividad privilegiado con la ambiciosa Iniciativa de la Franja y la Ruta china y con el Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur, cuyos principales actores son Rusia, Irán e India. Ninguno de esos países ha demonizado ni sancionado a Rusia.

En definitiva, la guerra intercapitalista por los recursos geoestratégicos y el rediseño geopolítico del orbe que están detrás del conflicto en Ucrania de los halcones de Washington para desangrar a Rusia, ha orillado ahora al Estado profundo ( Deep State) que dirige los pasos de Biden, a amagar con otra guerra por delegación ( proxy) en Taiwán, lo que rompería con el principio de Una sola China. Taiwán produce casi 90 por ciento de los semiconductores (chips, microprocesadores) para el consumo mundial, de los que depende también la infraestructura militar y tecnológica del Pentágono. Abrir un segundo frente militar, centrado en China y Rusia, parece una apuesta arriesgada para EU. Pero es el imperio. Otra opción es el Sahel, en África.

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