Sábado, 28 Mayo 2022 06:37

Guerra indirecta

Guerra indirecta

Desde que el Kremlin se anexionó Crimea en 2014, Rusia y Estados Unidos, este último al frente de la OTAN, libran una guerra indirecta o guerra a través de otro país, en este caso Ucrania, que es la verdadera víctima. Tres meses después de iniciada la invasión rusa en territorio ucranio –que está dejando un creciente saldo de muertos, mutilados, refugiados, ciudades devastadas y poblados arrasados–, esta también llamada guerra subsidiaria amenaza con salirse de control y podría acabar en enfrentamiento directo y, como consecuencia, en hecatombe nuclear.

Esperemos que se imponga el sentido común y se evite un conflicto nuclear, pero no deja de ser temerario apostar, como hacen altos funcionarios de Washington y Bruselas, a que Ucrania –con armamento cada vez más potente, información satelital de inteligencia y los efectos de las sanciones económicas– pueda derrotar a Rusia. Quienes lo creen enumeran los errores de estrategia y logística cometidos por los mandos militares del Kremlin, hablan de las numerosas bajas que está sufriendo el ejército ruso, mencionan que se está terminando su armamento de alta precisión, entre otros aspectos que ralentizan lo que se concibió como una rápida incursión.

Igual de insensata llega desde Moscú la advertencia de lo que podría hacer Putin de verse acorralado y sentir que está perdiendo la guerra: sólo hace falta prender el televisor cualquier noche para ver exaltados "expertos" que a grito pelado amenazan con hacer desaparecer Gran Bretaña con un solo misil o convertir a Estados Unidos en "polvo radiactivo" o exterminar a los "nazis" que, para ellos, son todos los habitantes de Ucrania que no quieren ser anexionados por Rusia.

Entre tanto, los fabricantes de armas se frotan las manos, y no sólo en Occidente: el Kremlin recibe cada día entre 800 y mil millones de euros, dependiendo de los precios de los energéticos que exporta, y buena parte de ese dinero se destina a la industria militar rusa.

Para lograr un alto el fuego, obviamente hace falta tener voluntad de negociar y ser realista. Pero a Rusia, que está ocupando la franja terrestre que une el Donbás con Crimea, no le conviene negociar ahora y Ucrania insiste en reclamar Crimea y el Donbás y no parece consciente de que si continúa por ese camino, puede terminar cediendo más territorio.

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El submarino nuclear estadounidense USS Alexandria durante unas maniobras en la costa de California en julio. Petty Officer 2nd Class Colby Mo / Flickr

Los grandes bloques están tomando posiciones para mantener su hegemonía en un mundo con menos recursos y en el que las reglas del juego serán otras

 

Aunque la invasión rusa de Ucrania parece situar el centro del teatro de operaciones en el Este de Europa, algo está ocurriendo un poco más alejado del foco, como entre bambalinas. Algo muy importante. El viraje del centro de poder del mundo desde el océano Atlántico hacia el Pacífico. Una mudanza que irá coincidiendo, paradójicamente, con un aumento de las posibilidades de conflicto bélico –incluso nuclear– a gran escala, en una era marcada por el descenso energético. Todo normal y bien.

La Administración Biden difundió hace pocos meses el documento Estrategia Indo-Pacífico en el cual declaran: “Ninguna región será más importante para el mundo y para los estadounidenses que el Indo-Pacífico”. Recientemente, China ha cerrado un acuerdo de defensa y seguridad con las Islas Salomón, un acuerdo insignificante, pero que ha puesto nerviosos tanto a estadounidenses como a australianos.

Estos sucesos que dibujan una tendencia peligrosa ya han sido analizados por Rafael Poch o Xulio Ríos, quien recientemente alertó del creciente riesgo de conflicto en Taiwán. También lo ha tratado Olga Rodríguez, que en este artículo señala que “la inercia hacia un marco de guerra, como si fuerzas irreversibles de la historia nos llevaran a ella, es evitable”. No podemos estar más de acuerdo con esa frase, y para ello, qué mejor que identificar qué fuerzas son esas, para tratar de entenderlas y así poder desactivar su aparente irreversibilidad.

La trampa de Tucídides 2.0

La trampa de Tucídides es un concepto creado en 2015 por el politólogo estadounidense Graham Allison. Hace referencia al conflicto entre Atenas y Esparta –narrado por Tucídides en Historia de las Guerras del Peloponeso– como una manera de explicar el dilema que existe entre una potencia hegemónica pero en decadencia (Esparta - Estados Unidos) y otra en ascenso (Atenas - China). El temor a que la potencia emergente acabe siendo la dominante llevó supuestamente a Esparta a iniciar una guerra contra Atenas, la cual ganó, evitando así el ascenso de su rival, aunque pagando un alto precio en forma de desgaste.

¿Es Rusia el verdadero rival de Estados Unidos? No, por supuesto que no. Es China. La guerra en Ucrania, Tucídides no lo quiera –y sobre todo tampoco los halcones estadounidenses–, podría ser la antesala de un conflicto mayor para evitar el ascenso final de una potencia emergente que ya domina los sectores industrial y económico. Le falta el militar, aún muy claramente del lado de la organización atlántica. Que vivamos una época nuclear no disminuye el riesgo de que la OTAN –la que se reúne dentro de un mes en Madrid– considere esta opción.

Otro factor –probablemente el más importante– que hay que tener en cuenta en esta historia es el energético. EE.UU. es un gran consumidor de energía. China, también. De hecho, superó a EE.UU. hace aproximadamente una década como el primer consumidor de energía del mundo. Y en ambos países el consumo de energía crece sin cesar. Normal: numerosos estudios, como los del economista y profesor de la Sorbona Gaël Giraud, han mostrado que la pretendida desmaterialización de la energía es solo un mito, que si se quiere seguir creciendo económicamente, el consumo de materiales y de energía tiene que crecer, aquí o en el lugar al que hayamos deslocalizado la fábrica que nos suministra los productos.

Pero resulta que la disponibilidad de energía en este planeta es finita y que las fuentes de energía no renovables (petróleo, carbón, gas natural y uranio), que nos proporcionan el 90% de nuestro consumo de energía primaria, han tocado techo. Faltando minas y yacimientos tan buenos como los que agotamos en las décadas precedentes, la cantidad de energía que nos proporcionan los combustibles fósiles y el uranio ya no crecerá más. Peor que eso, caerá con fuerza durante esta década, lo que ya se ha empezado a notar, y de qué manera: cortes de luz en China por falta de carbón, falta de diésel y de queroseno para aviones en la costa Este de EE.UU., inventarios de combustible en mínimos por todas partes, aumento de precios generalizado, la verde Unión Europea aumentando la proporción de carbón en el mix

Los grandes bloques están tomando posiciones para mantener su hegemonía en un mundo con menos recursos y en el que las reglas del juego serán otras. Rusia, por razones históricas, miraba hacia Europa y por ello ve con recelo la expansión de la OTAN en los países del Este europeo. Europa, por su lado, mira sobre todo hacia África, como demuestran las operaciones militares auspiciadas por Francia en el Magreb o los planes de producir hidrógeno verde para Alemania patrocinados por el gobierno teutón en Marruecos, Namibia o Congo. China también tiene intereses en África, pero mira todavía más hacia el Sudeste Asiático, pretendiendo extender su área de influencia y ganarle la carrera a su gran rival regional, la India, que aún está demasiado ensimismada en su grandeza y su enorme diversidad cultural y étnica. ¿Y EE.UU.? ¿Hacia dónde mira EE.UU. para afrontar la Era del Descenso Energético?

De manera natural, EE.UU. debería mirar hacia Sudamérica, pero se resiste a abandonar su papel de imperio planetario. Con más de 800 bases repartidas en más de 70 países, los amigos americanos tienen todavía intereses repartidos por todo el planeta. Y si bien el expansionismo africano de los europeos no les quita el sueño, sí que les preocupan y mucho las veleidades rusas en Europa, y aún más las ambiciones chinas en el Sudeste Asiático. Por eso EE.UU. ha empezado a girar su atención hacia el Pacífico, con la cada vez más declarada intención de que este océano deje de hacer honor a su nombre.

Una parte importante de la estrategia americana se centra en la protección de Taiwán, lugar crítico por ser uno de los dos países (el otro es Corea del Sur) que alberga las más avanzadas fábricas de microchips de última generación. China no ha ocultado nunca su interés por recuperar el control de la que considera una isla rebelde, parte de su territorio nacional. Por eso el juego de maniobras militares estadounidenses, replicadas con maniobras militares chinas, durante los últimos meses. Y unas recientes declaraciones de Biden en su visita a Japón –como buscando complicidades en un lugar nada casual– han añadido un poco más de picante al asunto: “Defenderemos Taiwán si China lo ataca”.

Debido a la escalada de tensión, otra parte importante de la estrategia americana son las alianzas en la zona: AUKUS, la reciente entente con Reino Unido y Australia, quien también ve con recelo el avance imparable de la influencia política china en su flanco noroccidental y con la que coincide también en la QUAD: otra alianza militar –en este caso resucitada- que incluye a India y Japón.

Y sin embargo China ya está librando su guerra de conquista de manera relativamente incruenta: la primera víctima ha sido Sri Lanka, que recibió con los brazos abiertos las inversiones chinas en puertos y otras infraestructuras y ahora tiene a China como su principal acreedor y negociador en la definición de las condiciones de liquidación económica y política de la gran isla del Índico. Pero Sri Lanka no es el único país en manos chinas, solo el primero en caer: la estrategia de la Nueva Ruta de la Seda de China, financiando nuevas infraestructuras en otros países con créditos aparentemente ventajosos pero en la práctica impagables, dado su alto monto, les está dando grandes réditos.

A pesar de que su estrategia de dominio es más comercial que militar, China es bien consciente de la Trampa de Tucídides y sabe perfectamente que EE.UU. no se quedará impasible mientras continúa avanzando escalones hacia la hegemonía de su región, y por eso continúa con su rearme y mostrando su músculo militar cuando precisa. Y a pesar de que EE.UU. apuesta más por la intimidación física, juegan también algunas de sus cartas con sutileza, esperando estrangular el acceso de China a los preciados y cada vez más escasos recursos: de ahí todos los problemas con el carbón australiano que China embargó durante meses o las recientes protestas de Japón por las prospecciones de China en el Mar de la China.

Todo este vertiginoso choque de trenes a cámara lenta es la consecuencia lógica de una actitud ilógica: la de intentar mantener el crecimiento infinito en un planeta finito. Una idea no solo equivocada, sino suicida. Una idea que nos puede llevar a muchas otras guerras. Nuevas ucranias que tendrán que sucumbir al horror de la más nociva y peligrosa de las ideas que ha conocido este planeta: la del crecimiento infinito.

¿Hay acaso algo más estúpido que una guerra? Pueden apostar que sí: una guerra cuando los recursos menguan rápidamente y cuando la única respuesta posible al reto ecológico que tenemos delante es compartida, cooperativa.

La única solución a la trampa de Tucídides

Si queremos solucionar este enredo hay que reconocer la hipocresía de Occidente: por un lado consideramos cualquier mínimo gesto, como el del acuerdo con las Islas Salomón, de una China poco expansionista –al menos militarmente– como una amenaza para nuestra seguridad. Por otro lado, la expansión de la OTAN ha sido espectacular en estos últimos 30 años. Y luego nos extraña que un país que ha sido invadido dos veces en los últimos 200 años por ejércitos europeos (Napoleón y Hitler) tema que pueda haber una tercera invasión, y que a la tercera, ya se sabe. Hasta el papa Francisco comprende esto perfectamente y no teme decir que la guerra de Ucrania quizá ha sido provocada por los “ladridos de la OTAN a las puertas de Rusia”.

¿Esto quiere decir que la OTAN sea la mala de la película y Putin una novicia inocente? En absoluto. Putin es un sátrapa autoritario, liberticida, y la invasión no se puede justificar de ninguna manera. La solución a la Trampa de Tucídides es precisamente esa, salir de esquemas maniqueos de “buenos y malos”, asumir la complejidad de las relaciones geopolíticas e internacionales, y empezar a reconocer que va a ser imposible hacer frente a los retos que tenemos como civilización si pensamos en seguir creciendo. Cuando el espacio o los recursos energéticos son finitos más te vale dejar de crecer salvo que tu intención sea aplastar a los de al lado.

Toca cooperar para enfrentar el dilema del prisionero global que conforman la crisis climática y la energética, un enredo en el que estamos todos metidos y del que no se puede salir bien parado mediante guerras. La Trampa de Tucídides 2.0, es evidente, no tendrá vencedor alguno. En el Otoño de la civilización todas son potencias crepusculares. Puede haber un bando que pierda menos, sí, pero el riesgo de destrucción mutua total no existía en los tiempos de las Guerras del Peloponeso. La única opción pacífica es que la potencia dominante renuncie a dominar militarmente a la ascendente y la ascendente sea generosa con la que le deja espacio sin guerrear.

Necesitamos imaginar una política que no sea de bloques. No necesitamos recetas conocidas o suaves reformas. Necesitamos un cambio enorme en poco tiempo, pero que aún es posible. Hagámosle caso a Tolstoi, que algo sabía de guerras y paces cuando escribió “pensamos que todo está perdido cuando se nos hace salir de nuestro sendero habitual, pero es ahí precisamente donde empieza lo nuevo y lo bueno”.

Juan Bordera / Antonio Turiel 27/05/2022

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Protesta de mapuches en la ciudad de Temuco, luego de un enfrentamiento con uniformados. Imagen de archivo.Foto Afp

Diálogo con presos mapuches, vía de solución al conflicto: historiador

Santiago. Si el presidente chileno, Gabriel Boric, quiere abordar con alguna perspectiva de éxito el conflicto entre el Estado y los pueblos originarios, entre otras decisiones y gestos, su gobierno debe hablar directamente con los "presos políticos mapuches" para generar confianzas y un canal de diálogo directo con las organizaciones territoriales, plantea el historiador Fernando Pairican Padilla.

Se refiere a unas 20 personas que están en las cárceles del país, algunos en prisión preventiva y otros cumpliendo sentencias, a las cuales los grupos de resistencia insurrectos consideran "presos de conciencia", mientras para el Estado chileno son "reos por delitos comunes".

En conversación con La Jornada, a propósito de la publicación de su más reciente libro, La vía política mapuche, el académico observa que el proceso constitucional, a partir de definir al país como plurinacional e intercultural, está abriendo una hoja de ruta adecuada para reparar la apropiación de territorios, la exclusión, marginalidad y explotación centenaria de los pueblos originarios; pero a la vez advierte falta de claridad y confusión gubernamental en su acercamiento al mundo indígena.

–¿Cómo le parece que Boric ha tratado el tema indígena?

–Ha demostrado disposición de diálogo como otros gobiernos no lo hicieron, una voluntad que no ha sido respondida por el mundo mapuche o los movimientos rupturistas de la autonomía. Pero también siento que las políticas que el gobierno ha creado son muy ‘culturistas’ y sin sustento, no hay respuestas políticas para un conflicto que es esencialmente político. Y como no las hay, más allá de anuncios positivos y gestos que son importantes pero no trascendentales, no ha logrado mermar la desconfianza del mundo indígena que hace un diagnóstico, porque no es acéfalo, de que hay una continuidad colonial respecto del pueblo mapuche.

“También hay elementos dentro del gobierno que siguen siendo de la vieja clase política y que son responsables de la mayor violencia del Estado hacia el pueblo mapuche, en específico, los integrantes del Partido Socialista. Entonces, se le pide al pueblo mapuche que inmediatamente, como si fueran robots, gire a favor del gobierno cuando hay elementos de continuidad que hacen que el mundo indígena tenga desconfianza.

"Eso no quita el uso excesivo de la violencia por parte del movimiento indígena, también está debilitando las posibilidades de abrirse a dialogar con uno de los pocos gobiernos que sí tiene disposición a avanzar en una forma más profunda que los gobiernos anteriores."

–¿Cuál sería la forma correcta de llevar a la práctica esa voluntad de diálogo?

–Tiene que haber un debate sobre la prisión política, la situación de los presos políticos; un diálogo sin cámaras, silencioso, sin propaganda, ir al Wallmapu y hablar directamente con los dirigentes del movimiento mapuche, ese sería un paso importante.

–¿Qué efecto tiene sobre este cuadro el despliegue de los militares en el Wallmapu?

–Es una respuesta que demuestra lo complejo que es gobernar, recuperan la forma estratégica que más le criticaron al gobierno anterior, ahí hay un retroceso político (…), no hay una claridad (sobre) cómo quieren desarrollar la política indígena.

–¿Qué interpretación hace del ataque armado a mapuches ocurrido esta semana en el Wallmapu?

–Es un hecho muy triste (…), si son mapuches o no los atacantes tendrán que responder y reflexionar sobre lo que hicieron. El movimiento mapuche que hace uso de la violencia tiene que separar las cosas entre las empresas forestales y los trabajadores forestales. Este es un problema que las forestales han generado porque al buscar una salida al conflicto, lo que hacen es entregarle un proyecto de inversión al mundo mapuche, generando una división frente a un tema de fondo que es el rol de las plantaciones en este conflicto.

–¿Cuál diría usted que sería una hoja de ruta correcta?

–En la Convención Constitucional está la hoja de ruta, los derechos indígenas están ahí, luego debe haber una política de restitución de tierras, un diálogo con los grupos más radicales, creo que el gobierno debe tener la capacidad de ir a las cárceles y hablar con los presos, que ellos los deriven a sus organizaciones y comunidades y dialogar con los movimientos más radicales para conciliar un acuerdo y llegar a un parlamento, hay que preparar el terreno si el objetivo es parlamentar.

–¿Será posible eso si los mandatarios son identificados con el PS, marcado por un política muy sucia respecto del pueblo mapuche?

–No es fácil pero hay que hacerlo, hay que trabajar, tienen que generar los mecanismos para producir confianzas.

–¿Héctor Llaitul y otros dirigentes rupturistas deberían dar oportunidad al diálogo y la negociación?

–Cualquier movimiento que se plantea de liberación nacional, siempre debe tener un grupo político dispuesto a dialogar y negociar (…). Los movimientos victoriosos lograron unir lo político, lo social y lo cultural para generar hegemonía y eso no lo estoy viendo en esta organización (CAM), la cual respeto y creo ha sido muy importante en la historia mapuche, pero debes saber adaptarte a los cambios de contexto político para seguir siendo una organización de transformación.

Por Aldo Anfossi

Especial para La Jornada

Entrevista ampliada en https://bit.ly/3wPrAW5 .

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La gente asiste a una vigilia con velas para honrar a la periodista de al-Jazeera asesinada Shireen Abu Akleh, en Washington, a 17 de mayo de 2022. — Efe

La corresponsal de 'Aljazeera', abatida el pasado 11 de mayo al norte de la Cisjordania ocupada, murió como consecuencia de disparos deliberados contra ella y no por una bala errática o al azar.

 

Sendas investigaciones independientes de dos destacados medios de comunicación de EEUU generalmente proclives a las posiciones de Israel señalan que la periodista de AljazeeraShireen Abu Aklehfue asesinada deliberadamente y no abatida por un disparo aleatorio durante una refriega en el campo de refugiados de Yenin este mes de mayo.

La agencia Associated Press y el Canal CNN publicaron este martes los resultados de sus respectivas investigaciones que, por distintos medios, son coincidentes entre sí a la hora de llegar a la misma conclusión. Estas publicaciones llegan mientras Washington hace llamamientos poco convincentes a que se haga justicia, pese a que Shireen, de 51 años, tenía la nacionalidad estadounidense.

El informe de la CNN destaca el análisis de disparos que dejaron huella en el árbol junto al que Shireen se refugió del tiroteo. Estas huellas sobre el árbol revelan que la periodista fue objetivo deliberado de los soldados israelíes y que la bala que le entró por debajo de la oreja izquierda y acabó con su vida no se disparó al azar ni fue aislada.

En opinión de Chris Cobb-Smith, un consultor en temas de seguridad y veterano del ejército británico que estudió el incidente, las huellas del árbol indican que fueron disparos controlados y dirigidos a la periodista y no disparos al azar o balas perdidas. Según este experto, disparos al azar no habrían dejado las huellas consistentes que dejan los disparos intencionados.

El informe de la CNN concluye que “en los momentos anteriores a su asesinato, no había hombres armados o confrontaciones armadas cerca de Shireen Abu Aqleh”, en contra de lo que sostiene la versión facilitada por el ejército, y tal como afirmaron los compañeros de profesión que estaban con la periodista. “Las pruebas que hemos recogido indican que Shireen Abu Akleh fue un objetivo de las fuerzas israelíes”, agrega la CNN.

La posición de las autoridades palestinas, otra de las claves

Por su parte, la investigación de Associated Press refuerza la posición de las autoridades palestinas y de los colegas de la periodista fallecida en el sentido de que la bala que la mató procedía del rifle de un soldado israelí. Para esta investigación, la principal agencia de noticias de EEUU examinó las fotografías y los videos disponibles, y entrevistó a testigos del incidente.

La agencia señala que sus entrevistas con cinco testigos son consistentes que las informaciones que ha publicado un grupo periodístico de Holanda en lo relativo a la localización de las fuerzas israelíes y a su cercanía a Shireen, lo que hace que probable que los soldados le dispararan con mirilla telescópica desde una distancia de aproximadamente 200 metros.

Imágenes fotográficas y videos que se tomaron en la mañana del 11 de mayo muestran a vehículos militares israelíes en un extremo de la estrecha callejuela en la que se hallaba Shireen con otros periodistas, que estaban en línea con los soldados. También muestran a los periodistas y a otros transeúntes huyendo de los proyectiles que se estaban disparando desde la dirección en que estaban los soldados.

Según Associated Press, la única presencia confirmada de milicianos palestinos se situaba al otro lado de las fuerzas israelíes, a unos 300 metros de distancia, y entre los milicianos y Shireen se interponían muros y edificios. Aunque según el ejército, había al menos un miliciano entre los soldados y los periodistas, la agencia americana dice que el ejército no ha facilitado pruebas que sustenten esa afirmación.

Un portavoz militar ha dicho que se ha identificado a un soldado que estaba en el interior de uno de los vehículos y que desde allí disparó con un rifle equipado con mirilla telescópica hacia donde estaban los milicianos. El ejército dice que no puede comprobar si con ese rifle se mató a la periodista puesto que la Autoridad palestina se niega a entregarle la bala para examinarla y compararla con el rifle.

Dos peticiones a la Corte Penal Internacional

Brian Dooley, un consejero del Relator Especial para la Defensa de los Derechos Humanos, ha confirmado que la Corte Penal Internacional ha recibido dos peticiones para que se investigue la muerte de la reportera. Una de las peticiones está firmada por la Federación Internacional de Periodistas, y la segunda por la Autoridad palestina. La CPI todavía no se ha pronunciado sobre si las acepta o no.

Mientras tanto, las autoridades de ocupación están evitando abrir una investigación sobre el incidente, a pesar de que su examen inicial prueba que los soldados dispararon en la dirección en la que estaba la reportera de Aljazeera. Según el fiscal militar, incluso si se comprueba que los soldados dispararon contra la periodista, no habrá consecuencias penales ya que la reportera estaba trabajando en una zona de combate.

En Washington, el departamento de Estado ha instado a que se abra una "investigación global y en profundidad (…) que haga responsable a quien perpetró" el crimen. Sin embargo, esta petición parece otro gesto a la galería, máxime si se tiene en cuenta que los americanos han dicho que la CPI "no es el lugar apropiado" para llevar a cabo la investigación

25/05/2022 21:46

Por Eugenio García Gascón

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Rusia busca sofocar la resistencia en el este de Ucrania en el inicio del cuarto mes de guerra

"No perseguimos ningún plazo. Todos los objetivos fijados por el presidente Vladimir Putin se cumplirán", aseguró Nikolai Patrushev, secretario del Consejo de Seguridad rusa.

 

Rusia intensificó este martes su ofensiva contra los últimos focos de resistencia en la región ucraniana de Lugansk, en la cuenca esteña del Donbass, y se dijo determinada a alcanzar todos sus "objetivos" en una guerra que entró en su cuarto mes. Ucrania consiguió alejar a las fuerzas invasoras de Kiev y Jarkov, pero reconoce "dificultades" para contener la ofensiva en el Donbass, que incluye las regiones de Lugansk y Donetsk, ya parcialmente controladas desde 2014 por los separatistas prorrusos.

"No perseguimos ningún plazo. Todos los objetivos fijados por el presidente Vladimir Putin se cumplirán. No puede ser de otra manera porque la verdad, incluida la verdad histórica, está de nuestra parte", aseguró Nikolai Patrushev, secretario del Consejo de Seguridad rusa. Después de un primer mes de ofensiva relámpago, la "operación militar especial" rusa en Ucrania se ha caracterizado más por los repliegues rusos del norte de Kiev y las afueras de Jarkov que por victorias de renombre.

El ministro ruso de Defensa, Serguei Shoigu, expresó que Moscú "continuará con la operación militar especial hasta que se cumplan todos sus objetivos, poco importa la enorme ayuda occidental al régimen de Kiev ni la presión sin precedentes de las sanciones" aplicadas contra su país. El lunes el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, había advertido: "Las próximas semanas de guerra serán difíciles".

Lugansk en la mira

Las tropas rusas centran actualmente su ataque en Lugansk, un bastión de resistencia en el este, y tratan de rodear las ciudades vecinas de Severodonetsk y Lysychansk. El ministerio de Defensa ucraniano reportó combates encarnizados muy cerca de esas dos ciudades, a unos 100 kilómetros al noroeste de Lugansk, en las localidades de Popasna y Bajmut. En las últimas horas, fuertes bombardeos destruyeron escuelas y afectaron a refinerías y plantas químicas en la región que se considera el motor industrial de Ucrania.

Aunque los bombardeos son constantes, muchos habitantes se niegan a partir. "La gente no se quiere marchar", lamentó el vicealcalde de Bajmut, Maxim Sutkoviy, frente a un ómnibus medio vacío previsto para alejar a los civiles de los combates. La ciudad de Severodonetsk es bombardeada "las 24 horas del día" por los rusos, que "utilizan la táctica de tierra arrasada", afirmó el gobernador de Lugansk, Sergei Gaidai, al reportar cuatro muertos en un bombardeo.

Afianzar el control en el este

El alcalde de Mariupol, Vadim Boichenko, acusó a las "fuerzas de ocupación rusas" de comportarse como un "Estado terrorista", en una intervención virtual ante Foro Económico Mundial de Davos, Suiza. Después de la caída de Mariupol, Severodonetsk supondría un valioso trofeo de guerra para Moscú en el Donbass.

Rusia afianzaría de esa manera su control del este, luego de establecer el nexo terrestre entre el Donbass y la península de Crimea, anexionada en 2014.  El primer paso para lograrlo, en los primeros días de la guerra, fue la captura de Jersón, en el sur de Ucrania y al norte de Crimea. 

El frente meridional parece actualmente estable, aunque los ucranianos informaron de un "avance" de sus divisiones "en dirección a Jersón, a través de la región de Mikolaiv". En Jarkov el metro volvió a funcionar, después de servir durante semanas de refugio antiaéreo y donde todavía se siguen alojando numerosos desplazados.

En la madrugada del martes tres misiles rusos Iskander impactaron cerca de Jarkov, la segunda mayor del país, ocasionando importantes daños en una estación eléctrica aunque sin provocar víctimas. Los Iskander son misiles de crucero supersónicos con un alcance que según algunas fuentes puede llegar a los quinientos kilómetros, que tienen una alta precisión y pueden superar defensas antiaéreas.

En paralelo, los rusos aseguraron haber destruido con misiles lanzados desde el aire un gran almacén de proyectiles de 155 milímetros para obuses estadounidenses M-777, conocidos como Howitzer. En su parte bélico matutino, el vocero del ministerio de Defensa, Igor Konashenkov, señaló que el ataque ruso se produjo en Rozdolivka, en el Donbass.

En tres meses miles de personas, civiles y militares, murieron sin que haya un balance preciso de víctimas. Solo en Mariupol las autoridades calculan 20 mil muertos. El despacho de la fiscal general de Ucrania, Iryna Venediktova, denunció que 234 niños han muerto y que 433 sufrieron heridas heridos a lo largo del conflicto, mientras que el Kremlin admite "pérdidas importantes".

Ucrania sigue exigiendo más armamento

Mientras el combate en el terreno parece no tener fin, el gobierno ucraniano urge a los países occidentales a enviarle más armas. Entre el material entregado hasta el momento figura el sistema lanzamisiles antibuques Harpoon prometido por Dinamarca, que podría ayudar a Ucrania a romper el bloqueo frente a naval ruso frente al puerto de Odessa, en el mar Negro. Dicho bloqueo paraliza la exportación de millones de toneladas de trigo, con temores de que genere una crisis alimentaria mundial.

La guerra en Ucrania disparó los precios de la energía y está trazando nuevas fronteras en el mapa de seguridad en Europa, después de que Suecia y Finlandia, dos países tradicionalmente no alineados militarmente, presentaran sus candidaturas de adhesión a la OTAN.

25 de mayo de 2022

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Miércoles, 25 Mayo 2022 05:09

¿Hacia dónde camina Europa?

Una mujer toma una foto de las banderas de los países miembros de la UE, en frente del Palacio de Versalles, cerca de París, antes de la cumbre europea del pasado mes de marzo. E.P./DPA/Kay Nietfeld

La guerra en Ucrania está reconfigurando los equilibrios geopolíticos no sólo a nivel global, también dentro de la UE. Ha transcurrido, casi sin darnos cuenta, tres meses desde que comenzara la invasión rusa de Ucrania. Tres meses en los que el mundo ha cambiado radicalmente y en dónde, tras un primer shock inicial, se comienza a poder ver el escenario en el que nos movemos desde una perspectiva más amplia.

Ya casi nadie piensa que esta es una guerra que se pelea sólo en Ucrania y las recientes declaraciones de Biden desde Japón dejan pocas dudas al respecto. La lucha entre el bien del mal está dejando ver, ahora, que hay otros intereses involucrados en esta guerra más allá de consideraciones morales o nacionalistas, según de quien estemos hablando.

En Europa se continua con las aproximaciones del conmigo o contra mí que sólo llevan a la simplificación de una situación que ya no es reversible, y a la que, por tanto, habrá que buscar alternativas.  Los debates que se viven en estos días en Berlín, París o Roma contrastan con el discurso dominante procedente de la Europa del Este y del Norte que se encuentra perfectamente alineada con EEUU y la OTAN, la línea que critica el editorial del NYT. Dos son las aproximaciones confrontadas y ambas toman como ejemplo episodios históricos que les sirven para justificarlas. Por un lado, Francia plantea que Rusia no debería ser castigada con dureza para no repetir el proceso de radicalización vivido por Alemania tras la Primera Guerra Mundial. Bálticos y Escandinavos consideran que Rusia debe ser castigada, debe pagar reparaciones y se debe conseguir un cambio de régimen en Moscú, y solo entonces se entendería alcanzada una victoria.

Este debate, además de ser sumamente interesante, es fundamental ya que, de la confrontación de las ideas en liza, saldrán las líneas sobre las que la Unión Europea va a comenzar a reajustarse de cara a esos cambios globales que se han acelerado con la guerra.  Se suceden las conferencias a lo largo y ancho de Europa donde se debate cómo enfrentar el nuevo contexto por venir. Se plantea la construcción de una Europa geopolítica sin matices en donde no se debata nada que no tenga que ver con cuestiones vinculadas a todo aquello que tenga que ver con la seguridad y la defensa. El resto pasa a un segundo plano. Estos días se escucha como se aboga, sin pudor, por la desideologización de conceptos tales como la política de defensa, las pensiones, la riqueza o la educación para poder alcanzar la tan ansiada unidad europea sin fisuras, puesto que nada es ni de izquierdas ni de derechas. Se trata, por tanto, de avanzar en la unidad frente a Rusia y a las amenazas de seguridad sin debate interno, sin ideología. Esto nos recuerda, sin demasiado esfuerzo, a la guerra contra el terror de Bush, donde toda censura y reducción de derechos y libertades quedaba justificada por el riesgo de seguridad.

Pues bien, en Europa ahora nos encaminamos hacia algo similar. La ausencia de reflexión, la impaciencia por mostrar lo unida que está la UE está comenzando a generar sus propios monstruos. La crisis por la que atraviesa el eje franco-alemán y su pérdida de auctoritas es cada vez más evidente y se comienzan a ver atisbos de cambio en los equilibrios de poder en el seno de la UE. La guerra en la frontera oriental europea ha hecho que ganen cada vez más peso específico las alianzas que se tejen más allá del Rin en el marco de una nueva liga hanseática que quiere reconstruir el proyecto europeo con el punto de gravedad más hacia el Este y perfectamente coordinada con Washington en materia de seguridad y defensa. Estos países siempre consideraron a la OTAN como su gran garante en materia de seguridad, y ahora, con Finlandia y Suecia incorporados a las estructuras atlánticas, ya estarían todos.

A lo anterior, se suma, la relevancia que, cada vez más está tomando Polonia que quiere liderar el impulso hacia el Este que incluiría la adhesión de Ucrania. Se crearía de este modo un eje Varsovia-Kyiev difícil de contrarrestar en el marco de la institucionalidad europea. Por su parte, Italia, Francia y Alemania, han intentado reaccionar proponiendo alternativas a las posiciones más inflexibles, intentando modular un discurso que no consigue convencer a nadie. Quedan semanas y meses de importante debate europeo en el que se van a adoptar decisiones que tendrán un gran impacto social de cara al futuro. Se hablará de ampliación de la UE, se hablará de concepto estratégico de la OTAN, se hablará de una Europa más fuerte, de reforzar la disuasión, pero también la defensa como algo existencial. Pero, sin embargo, no se hablará de cómo impedir los recortes del Estado de Derecho, de cómo defender los derechos y libertades, o de cómo diseñar políticas públicas más redistributivas y justas.

Este es, sin duda, el gran debate que tendríamos que estar teniendo, pero que, nadie se atreve a plantear.

Por Ruth Ferrero-Turrión, profesora de Ciencia Política y Estudios Europeos en la UCM

25/05/2022

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Biden advirtió que EE.UU. defenderá a Taiwán si China invade la isla

Para Beijing, Washington "está jugando con fuego" con esas declaraciones

De visita en Japón, el presidente demócrata dio una conferencia conjunta con el primer ministro Fumio Kishida. Ambos abogaron por su "visión común de una región Indo-Pacífica libre y abierta" y acordaron vigilar la actividad naval china. 

El presidente estadounidense, Joe Biden, se comprometió este lunes a defender militarmente Taiwán si China intenta tomar por la fuerza el control de la isla autónoma, ante lo que las autoridades chinas advirtieron que el mandatario está "jugando con fuego".

Biden hizo esas declaraciones en Tokio durante una visita oficial a Japón, donde se reunió con el primer ministro Fumio Kishida. Previamente había visitado Corea del Sur.

Las autoridades estadounidenses califican a Japón y Corea del Sur como ejes de la ofensiva de Washington contra el creciente poderío comercial y militar de China, así como aliados en la alianza occidental para aislar a Rusia tras su agresión contra la vecina Ucrania.

En conferencia de prensa común, Biden y Kishida adoptaron un tono firme ante China y abogaron por su "visión común de (una región) Indo-Pacífica libre y abierta" y acordaron vigilar la actividad naval china en la zona donde Beijing tiene crecientes ambiciones.

Al preguntársele a Biden si Estados Unidos intervendría militarmente contra China en caso de que intentara tomar por la fuerza el control de Taiwán, el presidente respondió: "Es el compromiso que asumimos".

"Estamos de acuerdo con la política de una sola China, y hemos firmado por ella (...) pero la idea de que Taiwán deba ser tomada por la fuerza no es apropiada", agregó.

China considera a Taiwán como una provincia rebelde que debe ser integrada en el país, por la fuerza si fuera necesario.

Horas después, el gobierno chino replicó que Washington está "jugando con fuego" con ese tipo de declaraciones.

Estados Unidos está "usando la 'carta de Taiwán' para contener a China, y se quemará", dijo Zhu Fenglian, una portavoz de la Oficina de Asuntos de Taiwán del Consejo de Estado, a menudo descrito como el gabinete de China, citado por la agencia Xinhua.

Según esa fuente, Zhu "instó a Estados Unidos a dejar de hacer declaraciones o acciones" que violen los principios establecidos entre los dos países.

En este sentido, el secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, sostuvo que la "política de una sola China" de Washington hacia Taiwán "no ha cambiado".

"Nadie debería subestimar la firme determinación, la firme voluntad y capacidad del pueblo chino de defender la soberanía nacional y la integridad territorial", recalcó por su parte el portavoz del Ministerio chino de Relaciones Exteriores, Wang Wenbin.

Sobre la guerra en Ucrania

Biden también atacó al gobierno ruso, que "tiene que pagar un precio a largo plazo" por su "barbarie en Ucrania", aludiendo a las duras sanciones impuestas por Washington y sus aliados.

"No se trata solo de Ucrania. Si no se mantienen las sanciones en muchos aspectos, ¿qué señal enviaríamos a China sobre el costo de un intento de tomar de Taiwán por la fuerza?", se preguntó.

El martes, Biden buscará reforzar el liderazgo estadounidense en la región Asia Pacífico en una cumbre con los gobernantes de Australia, India y Japón, el grupo denominado "Quad".

Sin embargo, India ha destacado ahora por su negativa a condenar abiertamente la guerra en Ucrania o a reducir sus intercambios con Rusia. Biden se entrevistará el martes a solas con el primer ministro indio, Narendra Modi.

Nuevo Marco económico 

Durante su intensa jornada, el presidente estadounidense anunció además el lanzamiento de un nuevo marco económico para la región Asia-Pacífico que inicialmente tendrá 13 países miembros, incluyendo a India y Japón, pero sin China.

"Estados Unidos y Japón junto con otros 11 países lanzarán el Marco Económico Indo-Pacífico", dijo Biden sobre el mecanismo, que no será un acuerdo de libre comercio. Este marco prevé la integración en cuatro áreas clave: la economía digital, las cadenas de suministro, las energías verdes y la lucha contra la corrupción.

"Es un compromiso para trabajar con nuestros amigos cercanos y socios en la región, ante desafíos para garantizar la competitividad económica en el siglo XXI", agregó el presidente estadounidense, que dijo considerar el levantamiento de algunas barreras arancelarias para China.

Estados Unidos no tiene mayor interés en regresar a un acuerdo comercial vinculante con Asia luego de que el expresidente Donald Trump se retirara en 2017 de la Alianza Transpacífica.

Biden terminó su día con una cena con Kishida y la esposa del primer ministro en el jardín de un selecto restaurante de Tokio, donde comieron sushi y otras especialidades de la gastronomía tradicional japonesa.

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Llama EU a prepararse para nuevas formas de combate

Washington. El general del ejército estadunidense, Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, llamó este sábado a la nueva generación de soldados del ejército a prepararse para pelear guerras futuras que pudieran parecerse muy poco a las confrontaciones armadas de hoy.

Milley pintó un panorama sombrío de un mundo que se vuelve más inestable, con grandes potencias determinadas en cambiar el orden global. Dijo a los cadetes que se graduaban de la Academia Militar West Point que ellos tendrán la responsabilidad de asegurarse de que Estados Unidos esté listo.

"El mundo al que ingresan tiene las características para un conflicto internacional significativo entre grandes potencias y esa posibilidad está aumentando, no decreciendo", expuso Milley a los cadetes.

“Cualquier ventaja que nosotros, Estados Unidos, disfrutamos militarmente en los pasados 70 años se está reduciendo rápidamente y el país será –de hecho, está siendo–retado en todos los dominios de la guerra, el espacio, el mar, el aire y, por supuesto, en tierra”.

Advirtió que Washington ya no detenta más la superioridad mundial indiscutida. En lugar de ello, está a prueba en Europa por la agresión rusa, en Asia por el espectacular crecimiento económico y militar de China y las amenazas nuclear y de misiles de Corea del Norte, y en Medio Oriente y África por la inestabilidad causada por terroristas”.

Trazando paralelos con lo que funcionarios militares ven en la invasión rusa de Ucrania, Milley señaló que la guerra del futuro será altamente compleja, con enemigos elusivos y una confrontación urbana que requiere armamento preciso de largo alcance y nuevas tecnologías.

Estados Unidos ha estado enviando nuevos drones de alta tecnología y armamento diverso a las fuerzas armadas ucranias, en algunos casos equipo que está apenas en fases iniciales de prototipo.

Armas como los Switchblade, unos pequeños aviones teledirigidos lanzados desde el hombro, son usados contra los rusos, aunque están en proceso de evolución, proveen no sólo de capacidad de reconocimiento, sino también de ataque, al disponer de una carga explosiva en su fuselaje.

Al cambiar la guerra en Ucrania, de la infructuosa batalla rusa para tomar Kiev a una urbana para tomar ciudades en la región oriental del Donbás, también ha cambiado el tipo de armamento necesario.

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Biden firmó el paquete de ayuda militar a Ucrania.. Imagen: AFP

Rusia contestó prohibiendo la entrada a Biden y otros 962 ciudadanos estadounidenses mientras continúa con su ofensiva en la región de Lugansk, este de Ucrania.

Mientras continúa la ofensiva rusa en el este de Ucrania, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, firmó este sábado un proyecto de ley de 40.000 millones de dólares destinado a garantizar el suministro de armas y apoyo económico para el gobierno de Kiev, anunció la Casa Blanca.

Biden firmó el texto -aprobado antes por el Congreso- durante su visita a Corea del Sur, su primer viaje a Asia como presidente. La ayuda, que será canalizada en los próximos cinco meses, incluye un presupuesto de 6.000 millones de dólares para que Ucrania se equipe de vehículos blindados y defensa antiaérea.

Agradecimiento

En Twitter, el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, agradeció a su homólogo estadounidense la ayuda. "El apoyo del poder ejecutivo (de Estados Unidos), del presidente Biden y del pueblo estadounidense a la lucha (de Ucrania) contra el agresor ruso es crucial", añadió, utilizando el ícono de las banderas en lugar de nombres de países. "Esperamos esta nueva e importante ayuda. Se necesita ahora más que nunca", añadió, en un tuit publicado en inglés y ucraniano.

Los países occidentales han suministrado armas y apoyo financiero a Ucrania para la guerra contra Rusia. El 13 de mayo, la Unión Europea (UE) anunció que daría una ayuda militar adicional de 500 millones de euros (unos 530 millones de dólares) a Ucrania en ayuda militar. Esto supone "un total de 2.000 millones de euros" (unos 2.100 millones de dólares) desde el inicio de la guerra, según el jefe de la diplomacia de la UE, Josep Borrell.

Sin embargo Zelenski volvió a pedir armas a la comunidad internacional este sábado. "Necesitamos blindados. No voy a decir qué blindados necesitamos concretamente. Seré franco: necesitamos de todo tipo", dijo en Kiev, en una rueda de prensa conjunta con el primer ministro portugués, António Costa.

El mandatario dijo espera que la segunda reunión virtual del grupo de contacto militar para Ucrania, que se celebrará el próximo lunes con la participación de los ministros de Defensa de más de 40 países, decida sobre la entrega al Ejército ucraniano de "sistemas de misiles estadounidenses MLRS". El M270 MLRS es un lancohetes múltiple autopropulsado y blindado, cuyos proyectiles, dependiendo del tipo, puede tener un alcance de hasta 300 kilómetros. Según Zelenski, este tipo de armamento es clave para expulsar a las tropas rusas del territorio de Ucrania.

De ahí que una de las tareas que se ha impuesto Rusia sea interceptar en territorio ucraniano los envíos de equipo militar occidental que llegan a través de Polonia. Este sábado, el Ministerio de Defensa de Rusia anunció este sábado que destruyó con misiles de crucero "Kalibr" una importante partida de armamento occidental destinado a las fuerzas ucranianas que combaten en el este de Ucrania, en la zona conocida como Donbás. Según el portavoz castrense ruso, Ígor Konashénkov, el cargamento militar, procedente de Estado Unidos y países europeos, fue interceptado y destruido junto a la estación ferroviaria de Malín, unos 100 kilómetros al noroeste de Kiev.

Entrada prohibida

Poco después de que Washington informase de la promulgación del paquete de ayuda, Rusia prohibió la entrada a su país a Biden y a otros 962 ciudadanos estadounidenses en respuesta a la sanciones de EEUU Moscú por la llamada "operación militar especial" en Ucrania. Biden figura en la lista, ordenada alfabéticamente en ruso, con el número 31, seguido de su hijo Hunter. Entre los altos cargos estadounidenses sancionados se encuentran, entre otros, el secretario de Estado, Antony Blinken, el titular de Defensa, Lloy Austin, y el director de la CIA, William Burns. También se le prohibió la entrada en país al actor Morgan Freeman, quien en 2017 grabó un vídeo en el que acusó a Rusia de complotar contra Estados Unidos. 

La batalla de Lugansk

Mientras tanto, tras clamar victoria en Mariúpol, en el sur de la región de Donetsk, Rusia prosiguió  su ofensiva para hacerse con el control de la totalidad de la región Lugansk, en el este Ucrania, donde avanza palmo a palmo pese a la encarnizada resistencia ucraniana. "El duro sino de la región de Lugansk es no dar a los rusos seguir avanzando", escribió en Telegram el jefe de la administración regional ucraniana, Serguéi Gaidái, quien informó que se libra combates en las afueras de Severodoneks.

Añadió que esa ciudad esta siendo destruida por las fuerzas rusas de la misma manera que lo fue Mariúpol, donde este viernes se rindieron tras varias semanas de asedio los últimos combatientes ucranianos atrincherados en la acería Azovstal. Severodonetsk es una las pocas localidades de la región de Lugansk que permanecen bajo el control de las tropas ucranianas. "Para este momento cerca del 10 por ciento de la región de Lugansk se encuentra bajo en control de Ucrania. No se puede decir dónde la situación es más complicada, porque todo el territorio de la región está bajo fuego. Todo, sin excepción", declaró Gaidái.

El foco de las acciones de combate se encuentra en el norte de la región de Lugansk, en la línea entre las ciudades de Séverdonetsk y Lisihansk, que según los expertos militares es la puerta para acceder al norte de la región de Donetsk. En caso de que las tropas rusas rompieran las defensa ucranianas en ese sector podrían intentar cercar a la importante agrupación militar que Ucrania mantiene en Kramatorsk, su principal bastión en la vecina región.

Sin embargo, Gaidai desestimó las declaraciones que hizo este viernes el ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, acerca de que la "liberación de república popular de Lugansk concluirá próximamente", y aseguró que Rusia teme una contraofensiva ucraniana una vez que el Ejército de Ucrania reciba la cantidad suficiente de armamento occidental.

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Sede de la OTAN en Bruselas, a 16 de abril de 2022. — ZHENG HUANSONG / XINHUA NEWS / CONTACTOPHOTO / Europa Press

 

Los dos países del norte de Europa reconocen que su petición de ingreso en la Alianza Atlántica está motivada por la invasión de Ucrania por Rusia. Pero, es un desacierto identificar la apuesta de la primera por entrar en la OTAN con la de los dos países bálticos.

 

La eventual adhesión de Finlandia y Suecia a la OTAN pondrá de manifiesto la incapacidad de Rusia, ni siquiera con el uso de la fuerza, para detener el acercamiento de la Alianza Atlántica a sus fronteras. Pero también esa futura incorporación dejará claro otro asunto. Pese a todo lo que sucede en Ucrania, pese a todas las amenazas que se puedan sentir en territorio europeo, la defensa regional en Europa queda en manos de la OTAN y por tanto al albedrío del líder absoluto en esta organización, Estados Unidos.

La guerra de Ucrania muestra, así, el triunfo de la OTAN, pero también la ralentización de la defensa regional europea. Ciertamente, los países de la Unión Europea se han comprometido a aumentar su presupuesto militar hasta un 2% de su PIB. Pero este incremento no redundará en beneficio del tantas veces retrasado proyecto europeo de defensa, sino que, de momento, acabará fortaleciendo las huestes europeas en el seno de la OTAN y aliviando la contribución principal a la Alianza por Estados Unidos, líder indiscutible de este pacto militar.

De hecho, ha sido el presidente estadounidense, Joe Biden, como cabeza de facto de la OTAN, el primero en recibir con júbilo a los mandatarios finlandés y sueco tras la decisión de sus respectivas administraciones de solicitar su integración en la OTAN, paso que los dos países del norte de Europa reconocen que está motivado por la invasión de Ucrania por Rusia.

Biden recibió el jueves en la Casa Blanca a la primera ministra de Suecia, Magdalena Andersson, y al presidente finlandés, Sauli Niinistö. El presidente estadounidense exhibió la futura incorporación de los dos países a la Alianza Atlántica como un triunfo de la organización. La OTAN "es más necesaria que nunca" y muestra así su eficacia, aseveró. "Finlandia y Suecia harán más fuerte a la OTAN", insistió Biden, que subrayó también cómo ambos países cumplen con creces los requisitos de Bruselas para que esa adhesión se produzca cuanto antes. Si no hubiera obstáculos, ese periodo de espera durará entre seis meses a un año.

Sin embargo, esos obstáculos existen. La aceptación de nuevos socios requiere la unanimidad de los treinta miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y ya al menos uno de ellos, Turquía, ha señalado que no ve con buenos ojos ese paso. El Gobierno de Ankara acusa a los de Helsinki y Estocolmo de acoger y amparar a miembros del PKK, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán. Estos milicianos y otros de origen kurdo son considerados como terroristas en Turquía por su apuesta por la independencia del Kurdistán y por los métodos armados con los que sustentan sus reclamaciones. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, podría presionar más sobre sus aliados de la OTAN y especialmente sobre Estados Unidos para lograr algunas concesiones en este sentido y también para que se levanten a Turquía diversas sanciones que pesan sobre este país por la adquisición de material militar ruso.

Esa es la cuestión más candente en este futuro proceso de ampliación de la OTAN, porque Turquía es, en la Alianza Atlántica. el Estado más cercano a Rusia, con una confluencia de intereses geopolíticos y económicos en Transcaucasia y el Asia Central ex soviético. El difícil equilibrio en torno al Mar Negro, donde Rusia y Turquía tienen las costas más extensas, es otra cuestión delicada para la Administración Erdogan, que no está dispuesta a que el ambiente bélico al norte de esa cuenca marina acabe de alguna u otra forma afectando a la península de Anatolia.

Otro elemento de preocupación en este proceso de adhesión finesa y sueca a la OTAN aparece en el enclave ruso de Kaliningrado, rodeado por territorio de Lituania y Polonia. La propaganda de la OTAN reduce el valor de ese territorio a un arsenal, un polvorín cercado también por el norte si Suecia entra en la Alianza. Sin embargo, esta antigua región alemana, llamada antaño Königsberg e incorporada a la Unión Soviética como botín de guerra al terminar la segunda contienda mundial, ha sido durante décadas un motor de crecimiento industrial en Rusia y un modelo de la cooperación con Alemania, gracias a las factorías que este país dispone en ese territorio, especialmente de la industria del automóvil.

Pero si aún así se considera solo su importancia geoestratégica, Kaliningrado, más que un bastión rodeado por países de la OTAN y sobre el que Polonia tiene puestos sus ojos, es en realidad una espina clavada muy profundamente en territorio de la Alianza. Una cabeza de puente hacia Occidente que esperemos que nunca pueda se utilizada como tal.

La incorporación de Suecia y Finlandia a la OTAN encabezará el programa de la Cumbre que la Alianza celebrará en Madrid los próximos 29 y 30 de junio. Aunque el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha invitado al presidente ucraniano, Vladimir Zelenski, a asistir a la Cumbre, no parece que el entusiasmo de Ucrania vaya a ser el mismo que el de Suecia y Finlandia. A pesar de la insistencia estadounidense para que Ucrania se incorporara también a la OTAN, la guerra ha dado al traste con esta posibilidad. Salvo que el conflicto dé un giro inesperado, Ucrania tiene un problema insalvable para los estándares de Bruselas a la hora de admitir un nuevo socio: la existencia de conflictos armados o secesionistas latentes en su territorio, en este caso, en el Donbás y en Crimea. Sin contar, claro está, con toda la porción oriental de Ucrania conquistada por Rusia desde que comenzó la invasión el pasado 24 de febrero.

La invasión se lanzó con las premisas del Kremlin de que Ucrania no debía incorporarse a la OTAN, pues ello habría acercado la Alianza Atlántica a la frontera sur de Rusia, la zona estratégica más sensible de este país. Moscú se sintió amenazada y desató esta guerra brutal. Al menos éste es uno de los argumentos del Kremlin. Otro era que el ejército ucraniano estaba a punto de lanzar una ofensiva contra el Donbás, la región del este de Ucrania que se separó de facto en 2014, con una guerra de secesión respaldada por Moscú.

Ahora, sin tener aprendidas las lecciones sobre las posibles y temidas "respuestas asimétricas" rusas, la OTAN da los pasos para expandirse de nuevo hasta las fronteras de Rusia y rodear algunos de los puertos rusos más importantes en el mar Báltico y el Ártico. La pregunta en Estocolmo y Helsinki ha sido la siguiente: Si Rusia ha invadido un país como Ucrania de 44 millones de habitantes, que tenía un poderoso ejército formado en parte en la ex Unión Soviética y armado por Estados Unidos desde su independencia en 1991 ¿qué le impediría a Moscú tomar Suecia y Finlandia?

Esta premisa, sin embargo, contiene varios errores de apreciación. El primero es pensar en Rusia como un estado sin estrategia, llevado únicamente por una necesidad de expansión más propia de países decimonónicos. El segundo error reside en el desconocimiento de los perjuicios económicos y de seguridad insoportables que supondría para Rusia la invasión de alguno de sus vecinos escandinavos.

El tercer error aparece al ignorar la doctrina básica de seguridad de Rusia, en concreto su necesidad de tener territorios de contención neutrales, entre el territorio ruso y los territorios más amenazadores de sus contrincantes. Esta doctrina se remonta a los siglos XVIII y XIX, con ejemplos como Polonia y Afganistán. Así, Moscú considera a Ucrania como un país que, o bien queda bajo la batuta rusa, o bien se constituye en un territorio neutral entre la OTAN y Rusia.

En este sentido, es un desacierto identificar la apuesta de Ucrania por entrar en la OTAN con la de Finlandia y Suecia. La eventual entrada de aquel país siempre fue considerada por Moscú como un paso inaceptable, un casus belli advertido una y otra vez por Rusia antes de la invasión sin que se le hiciera caso alguno ni en Washington ni en Bruselas. La incorporación de Suecia y Finlandia plantea muchos desafíos de orden estratégico y militar para Rusia, pero en ningún caso una "amenaza existencial", como siempre dejó el Kremlin claro que ocurría con Ucrania.

Pese a los titulares aparecidos en la prensa occidental estos días, la entrada de Suecia y Finlandia en la Alianza Atlántica no acorrala más a Rusia, ni siquiera por el potencial que los dos nuevos ejércitos proporcionarán a la fuerza militar de la OTAN. Lo que hace esta adhesión es reducir los cortafuegos que, entre los dos bloques, suponen los territorios neutrales. Y más inquietante: convierte a las armas nucleares tácticas en un elemento de contención más real y factible de ser utilizado por una Rusia que ve relegado aún más su protagonismo global, aunque de momento no considere como una "amenaza para su existencia" la nueva aproximación de la OTAN a sus fronteras

madrid

20/05/2022 21:21

Por Juan Antonio Sanz

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