Imagen de un militar destacado en Letonia en misión para la OTAN. — Ministerio de Defensa

El conflicto en Ucrania "resucita" una Alianza Atlántica que parecía "desorientada" durante las últimas décadas tras la disolución del bloque comunista.

El pasado 24 de febrero, fecha del inicio de la invasión rusa de Ucrania, mientras el ejército de Vladimir Putin bombardeaba las principales ciudades de Ucrania, la OTAN se preparaba para una Cumbre de Madrid (el 28 y el 29 de junio) tranquila y sin sorpresas, casi de continuidad. Ahora, la Alianza Atlántica afronta importantes cambios: el club se amplía con Suecia y Finlandia, y vuelve a ser prioritaria la contención de Rusia. ¿Vuelve la OTAN de toda la vida?

La invasión rusa de Ucrania fue algo inesperado para todo el bloque Occidental es algo que, tres meses después, resulta evidente; como también parece evidente que Moscú se vio sorprendida ante la respuesta en bloque de la Unión Europea (sanciones económicas), de varios países que, como España, han enviado ayuda militar directa, y de Estados Unidos, que ha inundado de millones de dólares y de avanzada inteligencia militar a Kiev.

Mientras tanto, la OTAN como organización ha estado jugando un papel disuasorio y de vigilancia, reacia a participar directamente en el conflicto -Ucrania ha pedido varias veces ayuda e incluso su ingreso, a lo que obviamente Rusia se niega de plano- porque el Tratado no ampara ataques sino la defensa común de los aliados, por un lado, y por otro a causa del peligro de generar una escalada de consecuencias apocalípticas.

De todo ello se ha hablado la presentación en Madrid (CESEDEN) del Cuaderno de Estrategia 211 del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), que aborda el futuro de la OTAN después de la Cumbre de Madrid. Esta importante reunión tiene lugar ahora que España celebra sus 40 años desde su ingreso en la OTAN, y en un contexto de aumento sustancial del gasto militar en todo el mundo.

Sorpresa

"A todos, excepto al mando de operaciones, nos sorprendió la invasión", reconoció en la presentación de este informe el teniente general Fernando López del Pozo, director general de Política de Defensa, que recordó que los cambios en materia militar son más lento de lo que parece.

De hecho, el conflicto ruso-ucraniano está siendo más "convencional" de lo que se pudiese pensar -con movilizaciones de tropas, uso de artillería, infantería, fuerza aérea y naval- frente a otras modalidades como la llamada 'guerra híbrida' y otros escenarios como el ciberespacio y el ultraespacio. "Eso no quiere decir que no estén teniendo lugar, siempre están ahí, pero son menos visibles", recordó López del Pozo.

Otro de los autores que forman en este cuaderno de artículos de análisis es Pere Vilanova, catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, quien aportó contexto histórico para comprender las "paradojas" de una organización surgida en un mundo bipolar (EEUU-URSS, con Europa como campo de juego).

Ese escenario bipolar desapareció en 1992, recordó este experto, pero comenzó en 1941 cuando el presidente Franklin D. Roosevelt convenció a todos los poderes de EEUU para intervenir en la II Guerra Mundial e influir así directamente en el devenir del mundo durante las décadas posteriores.

El golpe de mano de Putin viene ahora a resucitar a una Alianza que pese a sus largas décadas de "desorientación", siempre ha tenido una "mala salud de hierro" por su alta capacidad de adaptación. Y frente a algunas visiones que ven un escenario próximo de un mayor regionalismo, Vilanova sugirió revisar la parte más operativa de modo que la OTAN pudiese actuar más al sur del Trópico de Cáncer."

Sobre la mesa queda la necesaria pero compleja relación entre la UE y la OTAN en el campo de la defensa, algo que aborda en el cuaderno el diplomático Manuel Selas González, subdirector general de Asuntos Internacionales de Seguridad en Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España. "Esta guerra ha demostrado que esa relación ha de ser de complementariedad", dijo, y remarcó el papel de cada uno: la OTAN disuade, la UE suministra ayuda directamente. "Para sorpresa de Rusia, Europa se ha convertido en un actor en la guerra", afirmó.

En cualquier caso, conviene recordar algo clave: los ejércitos son nacionales, y probablemente lo seguirán siendo durante mucho tiempo, por lo que las alianzas y tratados en materia de defensa no pueden imponer sino la asistencia, que no tiene que ser necesariamente militar, a un país aliado.

El ingreso de Suecia y Finlandia, países tradicionalmente neutrales pero con unas fuerzas armadas muy preparadas y compatibles con los países de la Alianza, será muy rápido. Y la guerra Rusia-Ucrania vuelve pone a Moscú en lo más alto de las prioridades de la OTAN. Otro de los autores, el coronel Ignacio Fuente Cobo, apuntó que de confirmarse una guerra ruso-ucraniana larga, el enfoque de la OTAN se dirigirá hacia el refuerzo de la defensa colectiva de sus miembros. 

De momento toca esperar a la Cumbre de la OTAN de Madrid, para la que queda algo más de un mes.

Madrid

19/05/2022 22:08

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Excelentes amigos, pero diferentes: China, Rusia y la guerra por Ucrania

Aunque en febrero Xi Jinping le prometió a Putin una «amistad ilimitada», es imposible que China se haya entusiasmado con el reconocimiento a las «repúblicas populares independientes» de Lugansk y Donetsk que tuvo lugar unos días después, con la guerra que estaba a punto de comenzar y con su inherente potencial para generar caos en el sistema internacional y la economía global.

Más allá de las medidas de política interna, en las que estriban los principales temas de conflicto con Occidente (derechos humanos y de las minorías, Estado de vigilancia), y de sus dudas generales sobre la democracia como sistema de gobierno, China se presenta como un miembro constructivo de la comunidad internacional: neutral, comprometido con la paz y siempre dispuesto a defender la integridad territorial y el derecho de los pueblos a la libre determinación. China participa en misiones de mantenimiento de la paz de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). No solo ha firmado el Acuerdo de París relativo al cambio climático, sino que también se ha comprometido en su Constitución a crear una «civilización ecológica». Un documento político lanzado estos días por el presidente Xi Jinping sobre la estrategia de desarrollo de aquí al centenario de la creación de la República Popular en 2049 estipula que se debe continuar con la política de reforma y apertura. China seguirá trabajando por un orden internacional que también tenga en cuenta los intereses de los países en desarrollo y se abstendrá de políticas hegemónicas y de poder.

 En los últimos 30 años, Rusia ha regresado a la escena internacional de una manera muy diferente. En este periodo de ascenso sin precedentes de China para convertirse en la mayor potencia comercial del mundo, Rusia no ha sido exitoso  en la competencia global de economías y sociedades. Está profundamente estancada en la etapa de una economía rentista dependiente de las materias primas. Sobre esta base, Vladímir Putin –traumatizado por el, en su opinión, vergonzoso final de la Unión Soviética y frustrado por la arrogancia y la ignorancia de un Occidente expansivo– ha llevado a Rusia de regreso al escenario de la política internacional desde que asumió el cargo en 2000. Esto se hizo, afirmando ser una potencia mundial, sobre la base de una modernización del Ejército.

Desde entonces, y tras un breve periodo de indecisión (2000-2006/2007) sobre el rumbo a seguir, Rusia no se ha perdido ninguna oportunidad de apoyar a fuerzas antioccidentales, antiestadounidenses y antidemocráticas. Rusia se ha distinguido como un actor militar violento, dispuesto y capaz de múltiples tipos de intervención: terrorismo de Estado, guerra híbrida, uso de tropas mercenarias, ataques ciberneticos, poder de asalto y bandidismo internacional. La guerra en Ucrania es, hasta ahora, la mayor aventura a la que el presidente ha lanzado a su país.

La invasión de Ucrania, sin embargo, hasta ahora se ha parecido a un juramento militar de Putin. Es un desastre para Rusia. Hay enormes pérdidas en materiales y humanas, errores tácticos militares evidentes, problemas con la moral de la tropa, la logística y el trabajo de reconocimiento de los servicios. La modernización de los últimos años parece haber ido acompañada de corrupción a gran escala. Las consecuencias son humillaciones simbólicas como la pérdida del buque insignia de la Flota del Mar Negro o el intento fallido de capturar Kiev, la capital ucraniana, al comienzo de la guerra.

Para Putin, el desarrollo del conflicto se vuelve cada vez más problemático, tanto en el plano interno como externo. En casa, es probable que el curso de la guerra socave su aura como líder. Y en términos de política exterior, no le puede ser indiferente que el principal medio del capitalismo liberal, The Economisttitule: «¿Qué tan deteriorado está el Ejército de Rusia?», ya que su pretensión de jugar en la cancha de las Grandes Potencias se basa en que Rusia asegura poseer fuerzas armadas poderosas, profesionales y muy modernas. La guerra está en curso y podría prolongarse por mucho más tiempo. Occidente, incluida Europa, está unido, y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) está a punto de expandirse para incluir a Suecia y Finlandia, países militarmente bien positionados. Los militares de la OTAN podrían frotarse los ojos. Y pueden estar confiados en que podrían superar a este adversario en una guerra convencional: pero Rusia es, por desgracia, una potencia nuclear.

Cualquiera sea el resultado de la guerra, ya ha desencadenado dinámicas que acarrearán procesos globales de gran alcance. Refuerza las tendencias de desglobalización que han sido evidentes desde la crisis financiera hace 10 años y que fueron aceleradas por la pandemia de covid-19.

En lo geopolítico, están apareciendo nuevos campos de poder, mientras que en lo geoeconómico está surgiendo una reorganización de los sistemas de energía, producción, distribución y finanzas. En este contexto, el estatus internacional de China y su exitoso modelo de recuperación económica se ven cada vez más desafiados por la guerra de Rusia y su estrecha asociación con Putin.

Oficialmente, China es neutral y está a favor de la paz. No apoyó ni condenó la guerra. Pero esta neutralidad es descaradamente prorrusa y antiestadounidense; que los medios estatales y la internet censurada de China hayan adoptado la versión que da el Kremlin sobre las causas y el curso de la guerra subraya ese carácter. Hay una controversia interna en China sobre qué posición tomar frente a Rusia. Pero China está ausente como mediadora para una solución negociada, a pesar de que probablemente sea el único país que podría influir en Putin.

En términos económicos, la República Popular ha estado en una fase de desarrollo durante algún tiempo, en la que está pasando de un crecimiento cuantitativo a uno cualitativo y se está enfocando más en el desarrollo del mercado interno. Este próximo paso de desarrollo también requiere mercados abiertos, cadenas de suministro que funcionen y un orden internacional basado en reglas. A diferencia de Rusia, a China no le interesa destruir el orden internacional existente. Será crucial para el país observar de cerca cómo Occidente intenta dar forma a la desglobalización a su favor. Estados Unidos ha considerado a China un adversario geopolítico clave, no solo desde la presidencia de Donald Trump. En la percepción de la Unión Europea, China pasó de ser el mercado más grande a ser un rival estratégico, y el Parlamento Europeo suspendió antes de la guerra la ratificación de un acuerdo de inversión largamente negociado con ese país.

Si Estados Unidos, Europa, Japón y países como Corea del Sur, Canadá, Australia y Nueva Zelanda priorizasen –como reacción a la agresión rusa en Ucrania– los asuntos de seguridad y defensa sobre los aspectos económicos y de bienestar, y estuvieran dispuestos y fueran capaces de hacer los sacrificios necesarios, el comercio de China podría verse afectado negativamente. Además, la nueva dimensión de las sanciones occidentales, que superan todo lo conocido anteriormente, tendrá efectos de gran alcance en la economía global. China es vulnerable en esta área porque Estados Unidos, Europa y Japón siguen siendo, de lejos, los mercados más importantes para las exportaciones chinas. Si el acceso a los mercados de estos países se restringiera significativamente, China necesitará, para compensar, otros mercados o su propio mercado interno: ninguna de estas opciones parece factible. Además de reducirse sus mercados de exportación, a China le cuesta cada vez más acceder a la alta tecnología de Occidente. No solo Estados Unidos ha impuesto sanciones a Huawei y a empresas de semiconductores. También hay gobiernos europeos que han prohibido hace poco la adquisición china de tecnología de punta.

Es probable que otro aspecto de la desglobalización que está estrechamente relacionado con el propio modelo de desarrollo chino sea de particular importancia para China: la pérdida de eficiencia a través de la competencia dinámica con empresas rivales occidentales en casa. Un elemento central del éxito del milagro económico chino fue la descentralización y la delegación de decisiones económicas, lo cual promovió la competencia y la creatividad, y condujo a una rápida mejora de la calidad de los productos chinos (aunque también aceptó la corrupción durante mucho tiempo). Si esta presión competitiva desaparece, resta ver qué pasará con la fuerza innovadora de China y su transición hacia una economía del conocimiento.

El mercado interno del país enfrenta importantes desafíos económicos y estructurales: altos niveles de deuda, un sector inmobiliario en implosión y el envejecimiento progresivo de la población están poniendo a prueba el crecimiento. Esto va acompañado de una extrema desigualdad de ingresos, una explosión en los costos de la vivienda e instituciones del Estado de Bienestar que aún no están completamente desarrolladas para compensar la caída de la demanda y brindar protección social.

Además, la estrategia china de covid cero está fracasando. El confinamiento más reciente en Shanghái no solo dejó secuelas económicas, sino que también dejó en claro que el país no está preparado para la variante ómicron y que sus propias vacunas no pueden competir con las de Occidente. La aplicación brutal de medidas de cuarentena reveló una dimensión política de la estrategia contra el covid seguida hasta ahora. La población parece reaccionar con creciente incomprensión y desacuerdo con la dureza aparentemente sin sentido del gobierno. Y la pregunta es si las acciones de las autoridades deben atribuirse a la tendencia general hacia una recentralización del poder en el Partido y con el presidente Xi. Es probable que la pérdida de reputación internacional a la que quedó expuesta China a consecuencia de las especulaciones sobre el estallido de la pandemia en Wuhan, que parecían haberse compensado por el supuesto control momentáneo de la pandemia, vuelva a profundizarse como resultado de los acontecimientos recientes.

En este contexto, está claro que, tal como se presenta hoy el conflicto, la cercanía de China a Putin se está convirtiendo en un problema cada vez mayor. El desarrollo que la guerra ha tenido hasta el momento indica que, si los rusos siguen sin tener éxito, podrían reaccionar con una mayor brutalidad y una escalada de la lucha, o posiblemente considerar el uso de armas químicas o incluso armas nucleares tácticas.

China no podrá seguir este camino si no quiere arriesgar la reputación internacional que ha construido cuidadosa e inteligentemente durante décadas y, por lo tanto, poner en duda los éxitos obtenidos en su desarrollo. Por lo tanto, Putin no debería contar con que China le dará ayuda para romper las sanciones occidentales o incluso salvarlo militarmente. Resulta significativo que, si bien China ha firmado acuerdos de asociación con Rusia, no ha formado ninguna alianza que pudiera implicar obligaciones de apoyo mutuo. Rusia no debe hacerse ilusiones; China ha sido hasta ahora una potencia con un excepcional interés propio en la política internacional. A diferencia de Rusia, China puede elegir cómo salir del conflicto. Puede analizar con calma las sanciones contra Rusia y sus efectos. Y con respecto a su pretensión sobre Taiwán, Beijing monitoreará el curso de la guerra y evaluará qué riesgos estaría en condiciones de correr.

China puede salir mejor con una Rusia debilitada por la guerra que con un socio afianzado en su espíritu imperial y que representaría una amenaza cada vez mayor para el sistema internacional. El dictador ruso y su camarilla se han metido a sí mismos y a su país en una situación que no previeron y de la que cada vez es más difícil imaginar una salida que pueda salvar las apariencias. Cada vez es más claro que la razón inventada de la guerra, que niega el derecho de Ucrania a existir, proviene de la mente retorcida de un dictador que se transformó en un historiador aficionado mientras estuvo aislado durante la pandemia.

Putin finge estar librando la guerra por el bien de Rusia. Pero Rusia es un Estado multiétnico, y probablemente haya suficientes grupos étnicos que ya piensen que esta no es su guerra. Putin ahora no solo está poniendo en riesgo su propia persona y su régimen, sino también la Federación Rusa en su conjunto. Hay poco margen para que pueda cumplir su misión autoimpuesta de restaurar la grandeza imperial de Rusia dentro de las fronteras de la Unión Soviética. Podría ocurrir lo contrario con una Rusia saliendo del conflicto debilitada y más pequeña: el hombre del Kremlin, que habla alemán con fluidez y reverencia la literatura alemana clásica, podrá recordar El aprendiz de brujo, la famosa balada de Johann Wolfgang von Goethe. En ausencia de su maestro, conjuró, con palabras mágicas, espíritus que ya no podía controlar: «Señor, enorme es mi necesidad. He conjurado espíritus que ignoran mis órdenes». Y eso es precisamente lo que hace que esta guerra sea tan peligrosa.

Fuente: The Progressive Post

Traducción: Carlos Díaz Rocca

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Miércoles, 18 Mayo 2022 05:02

El asesinato y la ocupación de Palestina

El asesinato y la ocupación de Palestina

La muerte de la periodista palestina Shireen Abu Akleh conmocionó a la opinión pública mundial. Aunque el gobierno de Israel niega su responsabilidad sobre los hechos, no son pocos los que lo sindican como autor del crimen y piden que se lo excluya como parte de cualquier investigación, sobre todo tras la feroz represión de las fuerzas policiales durante el funeral de la reportera. Este caso ha reavivado las iniquidades de la ocupación israelí de los territorios palestinos.

En esta ocasión no hubo calma que precediera a la tormenta. Luego de un turbulento mes de Ramadán con una ola de atentados en ciudades israelíes y una conducta extremadamente violenta de sus fuerzas de seguridad contra militantes palestinos en Cisjordania y fieles musulmanes que rezaban en su mes santo, sucedió lo que nadie se había imaginado: el asesinato de la periodista Shireen Abu Akleh mientras cubría una redada del ejército israelí contra milicianos en la ciudad cisjordana de Jenin. 

El miércoles 11 de mayo por la mañana, la periodista palestina que trabajaba desde hace 25 años en la cadena qatarí Al Jazeera, había salido como de costumbre desde su casa en Jerusalén Este (la parte árabe de la ciudad) hacia el norte de la Cisjordania ocupada. Su misión era cubrir las intensas operaciones de las fuerzas israelíes contra la insurgencia palestina. Mientras trataba de acercarse a la escena de los enfrentamientos junto a su productor Ali Al-Samudi (quien también resultó herido y se encuentra estable), Abu Akleh fue asesinada de un tiro en la cabeza a pesar de estar provista de un chaleco antibalas que llevaba en letras grandes la leyenda «PRENSA» sobre el pecho.

A partir de ese momento, aparecieron diversas versiones sobre el asesinato. Sin embargo, todos los periodistas que se encontraban trabajando junto a Shireen no dudaron en colocar unánimemente la responsabilidad del crimen en manos del ejército, argumentando que ellos se encontraban mucho más cerca del lado israelí que del palestino. A solo media hora del asesinato de Abu Akleh, el aparato de relaciones públicas de Israel comenzó a desarrollar en una estrategia de desvío de información. 

El periodista israelí Barak Ravid reveló en un informe en hebreo en el sitio web Walla que «hubo una consulta urgente de la Sede Nacional de Hasbara (órgano de propaganda) junto con representantes de la oficina del primer ministro, el Ministerio de Relaciones Exteriores y las Fuerzas de Defensa de Israel. Decidieron que el objetivo principal era tratar de defenderse de la narrativa que comenzaba a aparecer en los medios de comunicación internacionales, según la cual Abu Akleh había sido asesinada por fuego israelí». 

Así, horas después de su muerte, la Cancillería israelí publicó un video que mostraba a guerrilleros palestinos disparando contra blancos no definidos, al mismo tiempo que comentaban entre ellos que creían que habían herido a un soldado israelí. Para el Ministerio de Relaciones israelí esto era prueba suficiente de una supuesta responsabilidad palestina, debido a que en ese día no se habían reportado heridos en las fuerzas ocupantes. No obstante, la organización de derechos humanos israelí B'Tselem contradijo rápidamente la versión de su servicio exterior y mediante otra filmación que geolocalizaba de manera precisa la escena de los dos hechos (el asesinato y los disparos de los militantes) dejaba en claro que los protagonistas palestinos del video se encontraban demasiado lejos de la escena y no tenían ninguna trayectoria posible para realizar los disparos que  causaron el deceso de Abu Akleh. Incluso en un vergonzoso tuit, la Cancillería de Israel elucubraba que el chaleco y el casco que comúnmente utilizan los periodistas en zonas de conflicto habría confundido a los militantes palestinos. Pero la renombrada organización de investigación periodística Bellingcat –conocida por su estudio del uso de armas químicas por parte del gobierno sirio y los ataques rusos contra civiles en Ucrania– estableció las diferentes ubicaciones de los protagonistas del incidente, incluidos Shireem Abu Akleh, el ejército israelí y los militantes palestinos a través de un análisis forense de audio. 

A través de ese análisis se pudo indicar fehacientemente que los posteriores disparos contra un hombre que intentaba rescatar a la ya moribunda Shireen se realizaron desde unos 180 metros de distancia. Esto colocaba al tirador cerca de las posiciones del ejército israelí y muy lejos de las posiciones militantes palestinas. El informe agrega que las fuerzas israelíes estaban en una posición más directa para realizar el disparo, en contraste con «las posiciones más obstruidas y distantes de los grupos armados palestinos».

Rápidamente, las máximas autoridades de Israel se sumaron a la rauda negativa sobre la responsabilidad en los hechos. El primer ministro Naftali Bennett, sostuvo que existía la «posibilidad considerable» de que los culpables hayan sido «palestinos armados, que dispararon salvajemente». Con más experiencia en cuestiones de responsabilidad, el ministro de Defensa de Israel, Benny Gantz, dijo: «pueden ser los palestinos quienes le dispararon. Trágicamente, también podría ser alguien de nuestro lado. Lo estamos investigando». 

En lo que sí coincidieron las autoridades israelíes es en que debía existir una investigación conjunta entre israelíes y palestinos. Los líderes palestinos se negaron terminantemente a ello. La Autoridad Palestina afirmó el sábado pasado que agradecería la participación de organizaciones internacionales en la investigación sobre la muerte de la reportera, pero sostuvo que a Israel aún no se le permitiría unirse a su investigación, citando el pasado israelí de autoexculparse en casi todos los casos en los que fue acusado de atacar, deliberadamente o no, a la prensa y a civiles palestinos. Asimismo, los propios familiares de la periodista palestina asesinada, quienes creen firmemente que los soldados israelíes son los responsables de su muerte, rechazaron los pedidos israelíes para una investigación compartida. «Apoyamos la participación de cualquier parte en la investigación, excepto de los israelíes. Si te acusan de un delito, no tiene sentido que lo investigues», sentenciaron. Estados Unidos, el aliado más cercano que tiene Israel, se sumó a los pedidos de una investigación rápida y efectiva, debido a que Abu Akleh era también ciudadana estadounidense. Sin embargo, Washington no se hace ilusiones con los resultados de la investigación. Y no le faltan razones. En enero de este año el palestino Omar Andalmajeed As'ad, que había vuelto a Cisjordania después de vivir cuatro décadas en Estados Unidos, perdió la vida luego al ser detenido en el norte de Ramallah mientras se dirigía tarde en la noche de regreso a su casa. Abdalmajeed As'ad murió de un paro cardiaco, esposado en el suelo en medio del frío y dentro de una obra en construcción donde los soldados israelíes lo habían amordazado y vendado los ojos después de golpearlo. El comandante del pelotón y el de la compañía de las tropas fueron reprendidos y excluidos de cualquier puesto de mando por los próximos dos años, pero los soldados no fueron castigados. 

Los palestinos también citan los casos del periodista Yasser Murtaja, del joven de 14 años Mohamed Ayoub y de la médica Razan al Najar, todos asesinados por francotiradores israelíes durante las protestas contra el bloqueo de Gaza en 2018. El primero fue muerto por una bala en el abdomen mientras lucía un chaleco protector con la leyenda de «Prensa», el segundo recibió un tiro en la cabeza mientras estaba a una distancia considerable de la cerca que separa a la Franja de Gaza de Israel y la tercera fue abatida mientras atendía a un grupo de heridos. El caso de Al Najar mereció una exhaustiva pesquisa del respetado Equipo de Investigaciones Visuales del New York Times, que dejó en claro la responsabilidad de francotiradores israelíes en su deceso. 180 palestinos fueron asesinados por balas israelíes en el marco de las protestas de ese año en Gaza, lo que suscitó una investigación interna del propio ejército israelí encabezada por el brigadier general Moti Baruch, quien concluyó que ninguna de todas esas muertes fueron «intencionales», sino producto de «percances operativos».

Vale la pena recordar que, de acuerdo a la organización Reporteros sin Fronteras, 35 periodistas fueron asesinados trabajando en Israel y los territorios palestinos desde 2000. El año pasado, en medio de una guerra de baja intensidad entre Israel y el grupo islámico Hamas, misiles israelíes derribaron un edificio de 11 pisos donde se ubicaban las redes de medios palestinos y la agencia estadounidense Associated Press. Israel justificó la destrucción diciendo que Hamás estaba utilizando el edificio para refugiarse, pero aún no ha aportado pruebas concluyentes para sostener la acusación. «Con el debido respeto hacia nosotros, digamos que la credibilidad de Israel no es muy alta en tales eventos», afirmó Nachman Shai, actual ministro de Asuntos de la Diáspora Judía y famoso ex-portavoz del ejército durante la Guerra del Golfo de 1991. A solo dos días del asesinato de Shireen Abu Akleh, en una discusión interna del Estado Mayor de Israel se sostenía que «la posibilidad de que soldado israelí le haya disparado (de manera no intencional) a la periodista de Al Jazeera es muy razonable».

El mismo 13 de mayo se vieron imágenes que dieron la vuelta al mundo e hicieron desconfiar aún más a la comunidad internacional de que los israelíes pudiesen realizar una investigación justa y transparente. Todo empezó la misma tarde del asesinato de Abu Akleh, cuando la policía israelí se apersonó en un velorio improvisado sin el cuerpo y le exigió a la familia de la periodista que bajasen las banderas palestinas de la puerta del recinto donde se realizaba el servicio fúnebre. Ante la negativa, se desplegó a la temida policía de frontera israelí que, junto al oficial a cargo, procedió a secuestrar las banderas. Es importante recalcar que, desde la sanción de los Acuerdos de Oslo, no está penado por la ley mostrar o flamear las banderas palestinas en Israel, por lo que la policía se atribuyó una peligrosa prerrogativa que la coloca por encima de la propia ley del estado judío. No contentos con ese vergonzoso atropello sobre los dolientes, lo peor estaba aún por llegar. 

Durante el funeral de Abu Akleh, que sin duda ha sido uno de los más concurridos de la historia palestina de los últimos 50 años (personalmente solo recuerdo el de Faisal Husseini con una cantidad de concurrentes similar), la policía israelí procedió a reprimir no solo a los asistentes, sino también a quienes llevaban en andas al féretro hacia el cementerio cristiano del Monte Zion en Jerusalén (la periodista profesaba esa confesión religiosa y vivía en la histórica ciudad). Aún para quienes desde hace décadas cubrimos desde el terreno las terribles vicisitudes del conflicto israelí-palestino, las imágenes de las fuerzas de seguridad israelíes golpeando violentamente con bastones a los portadores del féretro en un día de recogimiento fueron brutalmente singulares y serán difíciles de olvidar. En esta ocasión, la policía también intentó ensayar una justificación de lo injustificable, esgrimiendo que había intervenido a pedido de la familia (que supuestamente no quería que se llevase el féretro en andas hasta el cementerio) y solo luego de que la multitud hubiera agredido a los oficiales. Para respaldar la acusación, la policía volvió a compartir otro video, en este caso filmado por un dron, en el que se ve a un hombre arrojando una botella (sin que esté claro si es de vidrio o plástico) desde detrás de la multitud. Pero el video no explica que el acto se produjo solo luego de que la policía irrumpiese en el hospital donde estaba el cuerpo ni da razones de la violencia de los uniformados contra las personas que cargaban el ataúd, pues no hay imagen alguna donde se muestre que ellos hayan iniciado un ataque contra la policía. El mismo video muestra a un hombre utilizando una bandera palestina contra la policía, aunque esa acción se produce como acto de defensa después de que la policía comenzara con los golpes.

Anton Abu Akleh, el hermano mayor de Shireem que trabaja para la Organización de las Naciones Unidas (ONU), descartó de plano las declaraciones de las fuerzas israelíes: «Les informamos [a las fuerzas de seguridad] sobre los arreglos que habíamos hecho, los caminos que planeábamos hacer, desde la Puerta de Jaffa hasta el Monte Sion. Exigieron que no levantáramos la bandera palestina ni coreáramos consignas alusivas». Anton Abu Akleh también rechazó terminantemente los pedidos israelíes para una investigación conjunta y dijo que cree que los soldados israelíes son los responsables de matar a su hermana. Observando las imágenes de la represión en el funeral donde se ve a la policía israelí arrancar la bandera palestina del coche fúnebre queda claro que no sería apropiado confiar en un actor que trata a los palestinos de esa manera (y que se encuentra comprometido en la acusación) para realizar una investigación imparcial. ¿O acaso alguien exigiría una investigación conjunta ruso-ucraniana por cada uno de los siete periodistas asesinados por las fuerzas rusas en Ucrania?

¿Cómo puede Israel animarse a reprimir en el mismo funeral de la persona de la que está acusada de asesinar (de manera intencional o involuntaria)? ¿Por qué hace esto Israel? La respuesta es simple: porque puede. La gran mayoría de los ciudadanos israelíes no le han prestado la más mínima atención al asesinato de la periodista palestina, que solo ocupa un pequeño segmento de los clásicos noticieros del país. Es evidente que Israel no sufrirá ninguna condena internacional efectiva y que la situación seguirá siendo igual. De hecho, el mismo día del asesinato de Shireem Abu Akleh, colonos judíos en la ciudad palestina de Hebrón –donde 800 israelíes viven custodiados entre 250.000 palestinos– tomaron una casa palestina sin los permisos necesarios para hacerlo. En esa misma jornada, otros colonos israelíes de un asentamiento en las colinas del sur de Hebrón golpearon a palestinos y a activistas israelíes que protestaban por una decisión de la Corte Suprema que avaló la destrucción de ocho poblados palestinos en áreas ocupadas y administradas por el poder militar israelí (Israel gobierna la Cisjordania ocupada con un órgano militar llamado, en lo que parece un verdadero chiste, «Administración Civil»). La excusa empleada por Israel para la expulsión de 1.800 personas –lo que constituye el mayor desplazamiento de palestinos desde la década de 1970– resulta difícil de comprender: arguye que los palestinos tienen sus poblados en una zona reservada por el ejército para la «práctica de tiro» en territorio ocupado. 

La ocupación militar israelí sobre los palestinos ya ha durado demasiado. De los 74 años de vida del Estado de Israel, 55 han sido de ocupación militar sobre los palestinos. Durante dicha dictadura militar sobre otro pueblo, Israel ha desarrollado uno de sus mayores proyectos nacionales: la construcción de más de 120 asentamientos (hay otros cien que aún no han recibido autorización oficial, pero todo parece indicar que solo es cuestión de tiempo) donde 700.000 israelíes gozan de derechos exclusivos entre millones de palestinos. Las colonias no son pequeños parajes, sino que algunos ya se han convertido en ciudades (Modin Illit, Maaleh Adumin, Ariel, etc.). 

Israel se considera a sí misma una democracia para todos, pero no lo es: se trata de una democracia con derechos de privilegio para los judíos (cualquier judío del mundo que quiera emigrar a  puede convertirse en ciudadano israelí al instante), pero limitada e imperfecta para los árabes que viven dentro de Israel (que estuvieron bajo dominio militar dentro de Israel desde la fundación del estado hasta 1966 y al día de hoy no pueden instalarse en cualquier zona del país). Los palestinos de Cisjordania y Gaza están en el último peldaño de la pirámide. Son ellos quienes deben lidiar día a día con el sistema que «la única democracia en  Medio Oriente» ideó para ellos: un régimen pergeñado para que este sector nunca experimente tal democracia.

La gran mayoría de los palestinos está dispuesta a aceptar un compromiso que les otorgue todos los territorios previos a la conquista israelí en la Guerra de los Seis Días de 1967, es decir solo 22% de todo lo que ellos mismos denominan como la «Palestina Histórica» (concepto de por sí controvertido, pero que comprende lo que hoy es Israel, Cisjordania y Gaza). Esta constituye una concesión enorme de su parte. Sin embargo, los israelíes sostienen que no es suficiente y continúan votando masivamente a representantes que consideran a Cisjordania (los israelíes llaman a esa zona con el nombre bíblico de Judea y Samaria) como parte de Israel. Si se  conduce por cualquier ruta israelí, en los carteles que indican cómo ir a Tel Aviv o Haifa también se señala como llegar a las colonias de Betar Illit o Alfei Menashe, entre muchas otras. Muchos israelíes argumentan que es imposible la paz con los palestinos, algo que será difícil corroborar mientras Israel mantenga su presencia militar y civil en sus territorios. Incluso si los palestinos no quisieran tener paz con los israelíes, no existe excusa alguna para desarrollar un enorme y millonario proyecto colonial en sus tierras. Líbano, por ejemplo, no desea hoy la paz con Israel y dicho país no fue perforado como un queso por colonias judías durante la pasada ocupación israelí. Israel podría incluso esgrimir que mantiene su presencia militar en Cisjordania para garantizar una supuesta seguridad, pero los asentamientos israelíes indican otra cosa. No es solo una lucha por la supervivencia, sino una guerra de dominio y control.

La periodista palestina Shireem Abu Akleh no tenía por qué estar en Jenin relatando cómo el ejército israelí daba caza a «terroristas», que es como cualquier noticiero televisivo de Israel denomina a los palestinos armados, sin importar que operen o no en ciudades israelíes o que resistan contra una potencia militar en territorio colonizado. Uno puede estar en completo desacuerdo con la estrategia armada de lucha palestina (siete décadas de ella comprueban que la misma solo consigue polarizar el sentimiento israelí de estar constantemente amenazados), pero Israel tampoco ve con buenos ojos la forma no violenta de la desobediencia civil palestina. Es más, esta estrategia pone aún más nervioso al gobierno y sus fuerzas de seguridad, pues no saben cómo contrarrestarla, lo que quedó en evidencia en la Primera Intifada o en el funeral de Shireem. 

El asesinato de Abu Akleh y la extrema represión de su procesión fúnebre han generado una indignación mundial que los israelíes no deben ignorar. Sin la protesta extranjera, la muerte de la reconocida periodista hubiese sido un número más entre las víctimas palestinas. No existe algo parecido a una ocupación militar justa o a un colonialismo sano. Es un contrasentido. Es preciso terminar con la dictadura militar sobre los palestinos lo más pronto posible, primero por su derecho a la autodeterminación, pero también por el propio bienestar israelí. Lo cierto es que, al contrario de lo esperado por muchos, la ocupación no se suavizará. Pero solo hay dos alternativas: o Israel termina con la ocupación o la ocupación terminará desde adentro con el Estado de Israel y el refugio que tienen los judíos en el mundo. Ya no hay tiempo que perder.

Este artículo fue escrito desde Jerusalén

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¿Escalará EU la guerra en Ucrania?

Através de la OTAN, la estrategia militar expansionista de Estados Unidos sobre las fronteras de Rusia se ha mantenido inexorable desde 1999. Hoy es el turno de Finlandia y Suecia. Para compensar su debilitamiento como motor de la economía capitalista mundial y mantener su hegemonía desafiada por China, EU está tratando de trasladar el problema al campo militar, donde todavía mantiene superioridad sobre su rival asiático.

Con el beneplácito de la industria armamentista −que hace su agosto en Ucrania y Europa con el aumento exponencial de los presupuestos militares−, la estrategia de tensión impulsada por el Estado profundo ( Deep State, la estructura paralela secreta que dirige las políticas de inteligencia, defensa y la diplomacia de guerra de Washington) ha orillado a la administración Biden a escalar la guerra por delegación (“ proxy” o subsidiada) contra Rusia y utilizar medios militares directos e indirectos contra su enemigo principal, China, en la región del Asia-Pacífico.

Biden, cuyos índices de aprobación continúan cayendo y podría vivir un desastre en las elecciones intermedias de noviembre próximo, necesita alcanzar una victoria en Ucrania, y es alentado por los neoconservadores para una intervención militar directa como requisito para "mantener el orden basado en reglas"; las de EU, por supuesto. Expertos militares han señalado que el suministro de armas a Ucrania no revertirá la guerra y Rusia prevalecerá, incluso si la OTAN se involucra de manera más directa. Debido a lo cual la apuesta por una escalada militar parece la única opción que le queda a Biden.

Durante su visita a Kiev a comienzos de mayo, el secretario de Defensa de EU, general Lloyd Austin, dijo que quería ver a Rusia "debilitada" para que "no pueda llevar a cabo el tipo de cosas que ha ejecutado al invadir Ucrania". Añadió que Ucrania puede "ganar" la guerra a Rusia si cuenta con el "equipo adecuado". Pero una "victoria" de Ucrania sólo sería posible derrocando a Putin y ejecutando un "cambio de régimen" y el consiguiente aislamiento completo de China.

En respuesta, el ministro del Exterior ruso, Sergei Lavrov, dijo que en esencia la OTAN está hoy en guerra con Rusia y el riesgo de una tercera guerra mundial es "serio, real y no se puede subestimar". A su vez, el vicepresidente ruso, Dimitri Rogozin, declaró que en el caso de una guerra nuclear los países de la OTAN serían destruidos en media hora. (Aunque sabemos que eso sería la destrucción segura de ambas potencias nucleares, de allí las “ proxy wars”.)

En ese contexto, el investigador Luo Siyi, de la Universidad Renmin de China, expuso que la guerra de Ucrania representa un cambio cualitativo en la política militar estadunidense, ya que al impulsar al régimen de Zelensky a ingresar a la OTAN y solicitar de armas nucleares, cruzó la línea roja de una Rusia con capacidades militares extremadamente poderosas; lo que implica que EU decidió correr ese riesgo.

Hasta ahora, EU no ha enviado tropas a Ucrania (sólo asesores de la OTAN y contratistas) y dejó claro que no quiere una guerra directa con Rusia que podría desencadenar una tercera conflagración en Europa. Pero como parte de una guerra de poder, desde el golpe de Estado en Kiev, en 2014, EU ha venido desplegando un sucio juego estratégico, militarizando y utilizando a Ucrania como peón, provocando de manera deliberada una guerra sangrienta entre dos pueblos hermanos.

A la vez, desde su llegada a la Casa Blanca, y mientras intensificaba sus acciones encubiertas contra Rusia, la administración Biden ha intentado vaciar la "política de una sola China" de manera provocativa, armando y entrenando al ejército de Taiwán (como antes EU/OTAN a Ucrania), y aumentando el despliegue de la armada de guerra estadunidense en el Mar de China Meridional. Lo que amenaza cruzar una línea roja de China más peligrosa que la de incorporar a Ucrania a la OTAN.

Según Luo Siyi, aunque mantiene el liderazgo en productividad, tecnología y tamaño de las empresas, EU ha venido perdiendo de manera permanente su abrumador dominio de la economía mundial. De acuerdo con el cálculo de paridad del poder adquisitivo (PPA) utilizado por el economista Angus Maddison, la economía de China ya es 18 por ciento más grande que la de EU, mientras el Fondo Monetario Internacional predice que para 2026 la economía china superará a la de EU en 35 por ciento. Situación que nunca alcanzó la ex Unión Soviética en la cúspide de su desarrollo (1975), cuando la economía estadunidense era más del doble del tamaño de la URSS.

En competencia pacífica, China se ha convertido en el mayor comerciante de mercancías del mundo y ha vencido en la guerra comercial iniciada por las administraciones Trump y Biden. Además, en 2021, según la paridad del poder adquisitivo, EU sólo representará 16 por ciento de la producción económica total del orbe; es decir, 84 por ciento de esa producción será creada por otros países. Por lo que ante la pérdida de su dominio económico, afirma Luo Siyi, EU utilizará medios militares y políticos para compensar esa debilidad. Recuerda, también, que el gasto militar de EU excede el de los siguientes nueve países combinados. Y excepto en armas nucleares, donde es superado en números de ojivas por Rusia, el Pentágono sigue siendo fuerte. Por lo que está tratando de trasladar el problema de su debilidad económica al campo militar, con graves riesgos para la humanidad.

Rusia es el único país que puede rivalizar con EU en armas nucleares. A su vez, la alianza estratégica entre China y Rusia es una importante fuerza disuasoria económica-militar para EU, que hace que tenga miedo de ir directamente a la guerra con China. Al provocar la guerra en Ucrania, EU está tratando de subvertir a Rusia para establecer un gobierno en el Kremlin que ya no defienda los intereses nacionales y sea hostil a China, con lo que la larga frontera entre ambos países se convertiría en una amenaza estratégica para Pekín. De allí que el desenlace de la guerra en Ucrania sea crucial para el mundo presumiblemente bipolar emergente.

Putin ha señalado que en el escenario bélico Rusia no tiene prisa. Su aviación controla el cielo de Ucrania y ante el agotamiento físico y sicológico de las unidades ucranias, condenadas a un desgaste lento, la ruptura de la resistencia probablemente esté cerca. De allí la enigmática frase del general Lloyd –Mr. Raytheon− Austin sobre "ganar" la guerra. La pregunta es: ¿cómo?

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Sábado, 14 Mayo 2022 06:57

Efecto contrario

Efecto contrario

Sorprende la falta de previsión de los estrategas de la invasión a Ucrania, que la madrugada del 24 de febrero anterior el presidente Vladimir Putin justificó para evitar la expansión hacia el este de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), aunque pronto se hizo evidente que su "operación militar especial" se planeó como una incursión para imponer en Kiev un gobierno subordinado antes de que nadie pudiera reaccionar.

Casi tres meses después, el resultado del fallido intento es que la OTAN, con el inminente ingreso de Finlandia y Suecia, se encamina a duplicar su presencia frente a la frontera de Rusia, agregando mil 360 kilómetros a los actuales mil 200 kilómetros que tienen Polonia, Estonia, Letonia, Lituania y Noruega.

Poco puede hacer el Krem-lin para impedirlo, más allá de confiar en que se produzca algún veto y amenazar con tomar medidas "militares y técnicas" para neutralizar el peligro a su seguridad nacional que, argumenta, representaría la adhesión de los dos países escandinavos, los cuales, responden Finlandia y Suecia, renunciaron a su neutralidad no para atacar a Rusia, sino por temor a ser atacados.

Rusia, antes de invadir Ucrania, empleó varias veces la misma amenaza, pero ahora hay una diferencia esencial: sólo vale contra un país que no tiene armamento nuclear o carece del compromiso de la OTAN de acudir en su ayuda, aunque implique involucrarse en una guerra devastadora para todos. Helsinki y Estocolmo, a diferencia de Kiev, se ven más cerca que fuera de la alianza noratlántica, y para Moscú sería suicida provocar una hecatombe atómica.

El Kremlin consiguió el efecto contrario cuando conminó a la OTAN, en diciembre pasado, a desmantelar su infraestructura militar a niveles de 1997, a sabiendas de que era una exigencia incumplible porque nada hizo antes del ingreso, dos años más tarde, de Polonia, Hungría y la República Checa, y Rusia tenía un arsenal atómico más que suficiente para ser escuchado y tomado en cuenta.

Después de que Ucrania aceptó renunciar a la OTAN y ser un país neutral, sin armas nucleares ni bases extranjeras, cabe preguntarse: ¿qué pretende el Kremlin con esta guerra y por qué el mandatario Vladimir Putin rechaza siempre la insistente propuesta de su homólogo ucranio de sentarse a negociar un arreglo político?

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El ataúd casi cae al suelo cuando el cortejo que lo llevaba en hombros se vio rodeado de policías israelíes que golpeaban a la multitud de dolientes palestinos.Foto Ap

Jerusalén. Miles de palestinos despidieron ayer en Jerusalén a la periodista palestina-estadunidense Shireen Abu Akleh, abatida durante una operación militar israelí, en exequias marcadas por escenas de violencia tras una intervención policial al comienzo del cortejo.

Antes del funeral, decenas de personas trataron de marchar con el féretro desde el hospital hasta una iglesia católica en la vecina Ciudad Vieja. Muchos de los dolientes llevaban banderas palestinas, prohibidas en Jerusalén, y la multitud empezó a gritar: "Sacrificamos nuestra alma y nuestra sangre por ti, Shireen".

Al poco tiempo, la fuerza pública israelí golpeó a manifestantes con garrotes, justo al lado de las personas que avanzaban llevando en hombros el ataúd, el cual casi cae al suelo. Las tropas de Tel Aviv aseguran que reaccionaron a un ataque de piedras en su contra. Según la Media Luna palestina, 33 personas resultaron heridas y seis fueron hospitalizadas.

Imágenes transmitidas por Palestine TV mostraron que quienes llevaban el ataúd fueron agredidos por soldados de Tel Aviv, mientras policías dispersaron a las personas que ondeaban banderas palestinas.

Los restos de la popular reportera de la cadena catarí Al Jazeera, una cristiana de 51 años nacida en Jerusalén Este, fueron finalmente llevados hasta un templo de esta ciudad, donde se ofició una misa. La multitud siguió después al féretro hasta un cementerio adjunto a la Ciudad Vieja, donde Abu Akleh fue enterrada cerca de los restos de sus padres. Las calles aledañas estaban repletas de quienes fueron a despedirse de la periodista.

La comunicadora, quien portaba casco y chaleco antibalas con el rótulo "Prensa", recibió un disparo en la cabeza el miércoles cuando cubría una operación militar israelí en el campo de refugiados de Jenin, en Cisjordania, un territorio palestino ocupado por Israel desde 1967.

El caso dio lugar a varias hipótesis. Al Jazeera acusó a las fuerzas de Tel Aviv de matar "deliberadamente" y "a sangre fría" a su periodista estrella. El primer ministro israelí, Naftali Bennett, declaró que la reportera murió "probablemente" por disparos de combatientes palestinos.

En una investigación preliminar, el ejército israelí aseguró: "no es posible identificar el origen del disparo que alcanzó y mató a la periodista". Pero la indagatoria, consultada por el diario Jerusalem Post, apunta a dos posibilidades: como parte del intento de atacar a las tropas de Tel Aviv, palestinos armados dispararan cientos de balas desde varios puntos y acertaran a la periodista; la otra, es que ella, que estaba de pie cerca de los pistoleros, “fuera alcanzada por disparos de la fuerza (israelí) contra los ‘terroristas’”, cita el diario.

La Autoridad Nacional Palestina, dirigida por Mahmoud Abbas, ha rechazado la idea de una investigación conjunta con Israel y declaró que quería remitir el caso a la Corte Penal Internacional.

El secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Antonio Guterres, manifestó estar "profundamente afectado" por las acciones de "algunos policías israelíes" en Jerusalén Este al comienzo del cortejo por el funeral de Abu Akleh, comunicó el viernes el portavoz Farhan Haq.

La Unión Europea se declaró "consternada" por este uso "inútil" de la fuerza y Estados Unidos expresó su "profunda perturbación" por las imágenes del funeral.

Durante las exequias, se produjeron nuevos enfrentamientos en Jenin, donde falleció la reportera, que dejaron 13 heridos, según el Ministerio de Salud de la ANP. La localidad es un bastión de facciones armadas palestinas, de donde proceden los autores de recientes atentados en Israel, que lanzó múltiples operaciones para capturarlos.

Un oficial israelí murió durante esta jornada en un operativo en Burqin, cerca de Jenin, indicó un comunicado oficial. El grupo armado palestino Yihad Islámica se atribuyó la muerte del agente.

Quince países europeos, entre ellos Alemania, Francia e Italia, pidieron ayer a Israel retirar un proyecto de construcción de más de 4 mil viviendas en Cisjordania.

"Pedimos a las autoridades reconsiderar esta decisión", escribieron los cancilleres. Además, piden a los israelíes "no proceder a las demoliciones o a las expulsiones previstas, particularmente en Masafer Yata".

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Un manifestante sostiene un títere con la cara del presidente ruso Vladimir Putin durante una protesta contra la invasión rusa de Ucrania frente a la embajada rusa en Sofía el 9 de mayo de 2022. — AFP

La apuesta de Finlandia y Suecia para incorporarse a la Alianza Atlántica cambia el horizonte de seguridad en el norte de Europa y el Ártico y aleja un poco más la posibilidad de negociaciones para poner fin a la guerra en Ucrania.

 

La apuesta de Finlandia y Suecia para incorporarse a la OTAN cambia el horizonte de seguridad en el norte de Europa y el Ártico, augura una impredecible presión rusa sobre el Báltico y aleja un poco más la posibilidad de negociaciones para poner fin a la guerra en Ucrania. Los desafíos geoestratégicos y geoeconómicos que está generando la invasión rusa de su vecino del sur han abierto una nueva etapa de desconfianza, armamentismo y riesgo de ampliación del actual conflicto hacia Europa, y abre una insalvable grieta entre Occidente y Rusia que marcará de forma muy peligrosa la década actual.

Rusia ha fracasado a la hora de frenar los avances de la OTAN hacia sus fronteras, una de las razones de su invasión de Ucrania, y se ha enfangado en un conflicto que puede durar mucho más tiempo del calculado inicialmente por el Kremlin. La reducción del suministro de gas ruso hacia Europa que se está concretando estos días tensa más esa cuerda, añade incertidumbres mayores a la situación geopolítica y asegura graves problemas en la Unión Europea hasta que se encuentre una fuente de suministro de hidrocarburos que sustituya a Rusia, pero sobre todo ahonda la brecha con Moscú y asegura el retorno inexorable hacia una Guerra Fría con focos muy calientes en el viejo continente.

El mensaje de Finlandia de sumarse "cuanto antes" al Tratado del Atlántico Norte lanzado por su presidente, Sauli Niinistö, y su primera ministra, Sanna Marin, y el respaldo a la adhesión de un informe oficial del Parlamento sueco desbaratan la idea de que la OTAN es una reliquia de otros tiempos. También queda claro, con la amenaza rusa de tomar "medidas de represalia" y dar "una respuesta de carácter técnico militar", que Moscú esta dispuesto a mantener su dureza en el teatro de seguridad europeo. El envite finés y sueco no está desprovisto de obstáculos y ya el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ha adelantado que su país no ve con agrado esa adhesión de Finlandia y Suecia a la OTAN, debido al refugio que esos dos países han dado tradicionalmente a milicianos kurdos. Turquía es el país de la OTAN más afín a Rusia, lo que añade más sombras a las intenciones de los escandinavos.

A las nuevas incorporaciones a la OTAN se une el toque de clarines en Bruselas para coordinar el "rearme" de Europa y su coordinación en todos los frentes. No es suficiente la OTAN, liderada por Estados Unidos, y ahora los grandes de Europa, es decir, Alemania y Francia, que reclaman su poder de decisión en el tema militar, obviando el inevitable golpe económico que supondrá esta reorganización de la defensa común para la UE en unos momentos de gran debilidad tras la pandemia de la covid y con la amenaza ya concretada de no recibir los hidrocarburos rusos. Energía que en estos precisos momentos no será posible sustituir a corto plazo y quizá tampoco a medio, por mucho que Estados Unidos se muestre tan solícito en vender a Europa su gas licuado, producto del fracking, una técnica de extracción muy agresiva con el medio ambiente.

El último paso en la 'guerra de la energía', paralela a la guerra en el campo de batalla y en la que Europa está en primera línea de fuego, lo ha dado Rusia con el anuncio del corte del gas que llega a Europa por Polonia a través del gasoducto Yamal Europe. Esta decisión es un contragolpe contra las sanciones europeas sobre Rusia y se ha producido después de que Ucrania decidiera también esta semana detener el flujo de gas por un paso del este del país que está en territorio controlado por los rusos.

El anuncio al respecto realizado por el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, pretende presionar a Europa para que no reduzca el envío de armas a Ucrania y es una respuesta airada a los tímidos intentos de Alemania y Francia para recuperar la mesa de las negociaciones. Con Rusia afianzada en el este del país, el Gobierno de Kíev no parece tener muchas expectativas de que un acuerdo de paz no pase por la división de facto de Ucrania y la pérdida, no solo del Donbás y Crimea, sino de buena parte de su costa oriental.

Sin embargo, el hecho de que Alemania esté ya sintiendo la caída del flujo de gas ruso y la perspectiva de que los depósitos de este combustible queden vacíos antes del próximo invierno (como ocurrirá también en Polonia y Bulgaria), no será un buen aliciente para prolongar la guerra con armas pesadas alemanas destinadas al ejército ucraniano, y más bien podría respaldar la posición de quienes defienden la necesidad de acudir a las negociaciones y detener cuanto antes el conflicto.

El consejero delegado de la empresa española Repsol, Josu Jon Imaz, lo ha dicho en Bilbao en un encuentro empresarial: en estos momentos "no se pueden sustituir los 150.000 millones de metros cúbicos de gas que Europa recibe de Rusia". Imaz ha dejado claro que un 40% de ese combustible no será cubierto en los próximos tiempos. La guerra del gas ya está servida, no solo para Alemania y otros países centroeuropeos que dependen directamente de los hidrocarburos, sino para todo el continente, pues suministradores como Argelia se están moviendo para atender otras necesidades, no solo las españolas. Por eso son imprescindibles las negociaciones, para detener la masacre humana en Ucrania y para impedir el colapso económico (y también social, por ende) en los próximos meses en toda Europa. Las cifras son claras: en 2021, el 45% del gas que consumió Europa era ruso y sustituirlo no es cuestión de dos días.

Washington, principal adversario de Moscú

El peso del retorno al diálogo no está, sin embargo, en manos de Berlín o París. Es Washington el principal adversario de Moscú y el Kremlin no aceptará a otro en la mesa de las negociaciones. Y Estados Unidos, con su presidente Joe Biden al frente, no ha cejado en su apuesta incondicional por Ucrania, por su importancia estratégica y por los negocios pendientes en este país. Por ello, Estados Unidos ya ha comprometido cerca de 40.000 millones de dólares en armas y ayuda a Ucrania, un monto que supera las aportaciones federales para la lucha global contra el cambio climático.

La eventual unión a la OTAN de Finlandia a Suecia no tiene para Rusia el nivel de amenaza que suponían una Ucrania y una transcaucásica Georgia dentro de la Alianza, pero es, aún así, un notable motivo de preocupación que podría llevar al despliegue de armamento nuclear ruso en torno al mar Báltico como contrapeso a la nueva ampliación atlántica y la instalación probable de sistemas antimisiles en los territorios de los nuevos miembros.

Y no solo está la seguridad del Báltico en juego. Rusia lleva apostando muchos años por la activación del comercio a través de los pasos libres de hielo del océano Glacial Ártico en cooperación directa con China, que ve en ese corredor un atajo para abastecer los mercados europeos con su tecnología y productos. Hasta ahora la hegemonía en el Ártico era rusa, pero una posible adhesión de Finlandia y Suecia cambia las cosas en la región. El deshielo en el Ártico, con la reducción progresiva de la banquisa polar por el calentamiento global, ha permitido abrir nuevas vía de navegación, como la llamada Ruta Marítima del Norte (NSR, en sus siglas en inglés) que manejan China y Rusia. También ha llevado a Moscú a tejer una nueva estrategia de seguridad en el área, con el despliegue de sistemas de misiles, radares, aeropuertos y puertos en toda su costa norte. Además, se cree que en el Ártico hay unas reservas de 90.000 millones de barriles de petróleo y de siete billones de metros cúbicos de gas natural. Más de la mitad de esos yacimientos de petróleo y casi la totalidad de las reservas de gas están en territorio ruso.

Ni Rusia ni China permitirán que una OTAN ampliada hacia el norte suponga el mínimo riesgo para un comercio que ambos países consideran de vital importancia. El trasiego del gas ruso podrá ser redireccionado hacia Asia con el tiempo, una vez Europa vaya adquiriendo su deseada independencia energética de Moscú, pero el tráfico comercial de China hacia Occidente no podrá pararse y pasa también por territorio ruso, por tierra o por la costa ártica. En este sentido, es un error pensar que van a perdurar en el tiempo las predominantes opiniones que hoy día en el seno de la UE y en Washington apuestan por arrinconar a Rusia y convertir a este país en un estado paria. Como ha vuelto a señalar al respecto el presidente francés, Enmanuel Macron, sobre unas eventuales negociaciones, la paz "no se hará con la negación ni con la exclusión de nadie".

13/05/2022 23:35

Por Juan Antonio Sanz

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El ejército ucraniano recibió elapoyo del G7.

Las potencias occidentales se comprometieron a seguir ayudando a Kiev "hasta la victoria"

El grupo de potencias occidentales agrupadas en el llamado G7 prometió este viernes apoyar a Ucrania "hasta la victoria" frente a Rusia, cada día más salpicada por acusaciones de crímenes de guerra. Reino Unido abogó por enviar "más armas" a Ucrania y adoptar nuevas sanciones contra Rusia, en una reunión de los ministros de Relaciones Exteriores del G7 en el norte de Alemania. Y Francia expresó el apoyo unánime a Ucrania de ese club formado por Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y Japón.

"Apoyando el combate"

 "Vamos a seguir apoyando de manera permanente el combate de Ucrania por su soberanía, hasta la victoria", declaró el jefe de la diplomacia francesa, Jean-Yves Le Drian. Durante la reunión, la Unión Europea (UE) anunció que otorgará 500 millones de euros (unos 520 millones de dólares) adicionales de ayuda militar a Ucrania, con lo que el aporte total del bloque "se elevará a 2.000 millones de euros".

En visita a Tayikistán, el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, acusó a la UE de haberse convertido en un actor "agresivo y belicoso" en el conflicto de Ucrania, siguiendo "el camino de la OTAN". 

Los ministros del G7 recibirán el sábado a sus homólogos Dmytro Kuleba, de Ucrania, y Nicu Popescu, de Moldavia, una pequeña exrepública soviética que teme la entrada de las tropas de Moscú a su región separatista prorrusa de Transnistria.

En la mesa del G7 también estarán las sanciones contra Rusia y las perturbaciones en las entregas del gas ruso a Europa, cuya dependencia energética de Moscú ha impedido hasta ahora la aprobación de un veto total a las importaciones de hidrocarburos rusos. "Si el paquete se adopta sin un embargo al petróleo, creo que el presidente (ruso Vladimir) Putin hará una fiesta" porque la unidad de la Unión Europea "quedará rota", subrayó Kuleba. En una nueva ola de sanciones en represalia por la invasión de Ucrania, Reino Unido planea sancionar a otras 12 personas, entre ellas familiares de Putin.

"Campos de interrogatorio" 

Rusia enfrenta una lluvia de acusaciones por presuntos crímenes de guerra en Ucrania, desde traslados forzosos a campos de interrogatorio hasta asesinatos de civiles desarmados. Las cadenas de televisión estadounidense CNN y británica BBC difundieron el jueves imágenes de cámaras de videovigilancia que, según afirman, muestran a dos civiles ucranianos desarmados abatidos por la espalda por soldados rusos cerca de Kiev, el 16 de marzo.

En las imágenes se ve a los militares registrándolos antes de salir de un comercio, volver atrás y abrir fuego. Ucrania lanzó una investigación por crímenes de guerra tras esa publicación. El video se suma a relatos de testigos sobre atrocidades cometidas por las tropas rusas. La fiscalía de la región de Járkov (este) y testigos acusaron el jueves a las fuerzas rusas de haber disparado el 27 de marzo contra una casa desde un tanque, matando a varias personas.

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobó ese día por amplia mayoría investigar las presuntas atrocidades de las tropas rusas, que también son objeto de pesquisas de la Corte Penal Internacional y de la justicia ucraniana. Estados Unidos por su parte denunció que las tropas rusas estaban trasladando "por la fuerza" a "varios miles" de ucranianos a "campos de interrogatorio", donde eran sometidos a tratamientos "brutales".

Retorno de refugiados 

Además, Moscú habría desplazado a "varias decenas de miles" de ucranianos "a Rusia o a territorios controlados por Rusia", afirmó el embajador estadounidense en la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), Michael Carpenter. Las autoridades ucranianas cifran en 1,2 millones el número de deportados por Moscú.

Pero los desplazados totales por el conflicto iniciado el 24 de febrero son muchos más. De acuerdo con el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur), el número de exiliados ya supera los seis millones, aunque el flujo se haya ralentizado en las últimas semanas. Muchos también han regresado, pero el saldo global sigue siendo muy negativo, con 1,56 millones de retornos, según los guardias de fronteras.

Además, según la ONU, más de ocho millones se vieron desplazados internamente en Ucrania, que contaba antes del conflicto con 37 millones de habitantes sin contar la península de Crimea, anexada por Rusia en 2014, y las zonas orientales del Donbás controladas por separatistas prorrusos.

Ayuda para la reconstrucción 

Tras haber tratado de tomar Kiev, las tropas rusas se retiraron de los alrededores de la capital y del norte, abriendo el camino, además, para el regreso de muchos habitantes y a la reapertura de los comercios. "La demanda de los consumidores aumenta, las conexiones se reanudan" en Kiev, declaró el ministro de Finanzas, Sergiy Marchenko.

Muchas empresas transfirieron sus actividades al oeste del país, que se ha librado relativamente hasta el momento de la guerra, mientras continúan los combates en el este y el sur y los ataques rusos en todo el país. Desde el inicio de la ofensiva rusa, el sector ucraniano de altas tecnologías debió adaptarse, para convertirse en uno de los pulmones económicos del país y uno de los principales apoyos al esfuerzo bélico.

Durante la reunión con sus homólogos en Alemania, Kuleba pidió a los países miembros del G7 confiscar bienes rusos que servirán a la reconstrucción de su país. El ministro alemán de Agricultura calificó de "repugnantes" los robos de cereales de los que se acusa a las tropas rusas en Ucrania.

Al justificar una vez más su ofensiva, Putin insistió este viernes ante el jefe de gobierno alemán, Olaf Scholz, sobre la "ideología nazi" de las autoridades ucranianas. Las acciones rusas han llevado a un acercamiento de Finlandia y Suecia con la OTAN. A pesar de las advertencias de Moscú contra un eventual ingreso a la alianza militar transatlántica, Helsinki presentará el domingo formalmente su solicitud de adhesión y se prevé que Estocolmo siga sus pasos.

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Los 37 diputados electos del Sinn Fein en febrero de 2020 en Leinster House, sede del Parlamento Irlandés. Foto: Sinn Féin

El acceso a la vivienda —con precios disparados—, la sanidad y la educación han sido los argumentos que han marcado la campaña del Sinn Féin. Las condiciones materiales de la vida, al fin y al cabo.

Uno de los argumentos esgrimidos por el sector pro Gran Bretaña en el referéndum para la independencia de Escocia celebrado en 2014 fue que si ganaba la independencia, Escocia quedaría fuera de la Unión Europea. Luego vino el Brexit, en cuyo referéndum de 2016 los escoceses votaron mayoritariamente a favor de la permanencia en la UE —como en Irlanda del Norte—, pero el cómputo global en Gran Bretaña fue abandonar el espacio común europeo. Muchos escoceses se arrepintieron de haber votado no en vez de sí en aquel referéndum de 2014. El descontento con el Brexit se sitúa hoy como uno de los factores fundamentales —además de las políticas de izquierda, la identidad nacional e incluso la demografía— en el resultado histórico del partido Sinn Féin obtenido anoche tras el largo escrutinio de las elecciones del jueves. El partido que reivindica la reunificación de Irlanda del Norte con la República de Irlanda —país que sigue dentro de la UE— ha obtenido el 29% de los votos. Es la primera vez que gana los comicios. 

Le sigue el Partido Democrático Unionista (DUP), defensor del Brexit, monárquico, protestante y partidario de que Irlanda del Norte siga siendo parte de Gran Bretaña y quede fuera de la UE. Ha obtenido el 21,3% de los votos. 

Según el Acuerdo de Viernes Santo firmado en 1998, republicanos y unionistas deben gobernar conjuntamente, ocupando de forma matemática la primera y segunda presidencia —el partido más votado ocupa el primer cargo—. Pero el líder del DUP, Jeffrey Donaldson, se niega a asumir la derrota y condiciona la formación del Gobierno Autónomo a la anulación del Protocolo de Irlanda, el acuerdo firmado entre Londres y Bruselas para sacar adelante el Brexit. 

El Protocolo pretende ser una solución intermedia a la salida europea de la isla británica pero con el mantenimiento, en parte, de la isla irlandesa en Europa: la frontera aduanera se localizaría en el mar, así Irlanda del Norte permanecería en el mercado interior de la UE (como Irlanda) y no se levantaría una frontera terrestre, algo que impide el Acuerdo de Viernes Santo. El DUP quiere un Brexit total, y vivió el Protocolo de Irlanda como una traición por parte de la propia Gran Bretaña. 

Las condiciones materiales de la vida

El acceso a la vivienda —con precios disparados—, la sanidad y la educación han sido los argumentos que han marcado la campaña del Sinn Féin. Las condiciones materiales de la vida, al fin y al cabo. La identidad nacional no ha sido abordada y, sin embargo, es ahora cuando parece más cercano un referéndum que propicie la reunificación de Irlanda —del Norte, cuya capital es Belfast, con la República de Irlanda, Dublin—.  “Creo que el referéndum sería posible en el plazo de cinco años, pero es mucho más importante que la preparación empiece ya”, indicó la presidenta del Sinn Féin, Mary Lou McDonald. 

Por su parte, la vicepresidenta de la formación y próxima primera ministra, Michelle O’Neill, indicó ayer que “es un día histórico, el comienzo de una nueva era. Vamos a gobernar para todo el mundo y mi mensaje a los unionistas es que no habéis de tener miedo”, afirmó tras conocer los resultados de los comicios.

Aparte del discurso y programa con medidas de izquierdas y el descontento con el Brexit, el corresponsal de La Vanguardia en Belfast, Rafael Ramos, destaca el factor demográfico como parte también para analizar los resultados obtenidos por los republicanos: los católicos tienen más hijos que los protestantes, y la ideología política acostumbra a heredarse.

Irlanda y Gran Bretaña fueron el mismo país hasta que mantuvieron la guerra de la independencia entre 1919 y 1921. La creación del Estado Libre Irlandés tuvo lugar el 6 de diciembre de 1922, quedando fuera de él la zona de Irlanda del Norte. 

Por Gessamí Forner

@GessamiForner

8 MAY 2022 13:46

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Decomiso de 550 kilos de cocaína escondida en bolsas de café esta semana en Suiza.. Imagen: AFP

Según un informe de la policía y la agencia antidroga de la UE

Autoridades europeas incautaron un récord de 214,6 toneladas en 2020, la gran mayoría en España, Bélgica y Países Bajos.

Las agencias de la UE han advertido de que Europa se está consolidando como centro de producción y transbordo de cocaína para todo el mundo, además de ser un importante mercado de consumo. Las autoridades europeas han incautado una cantidad récord de 214,6 toneladas de cocaína en Europa en 2020, con España, Bélgica y Países Bajos concentrando las tres cuartas partes del total recuperado.

La cocaína es la segunda droga más consumida en Europa, solo superada por el cannabis, con millones de consumidores y unas ventas de unos 10.500 millones de euros en 2020, según un informe conjunto de la UE elaborado por la agencia policial Europol y la agencia antidroga OEDT. Alrededor de 3,5 millones de europeos de entre 15 y 64 años reconocieron haber consumido esta droga en el último año, y 14 millones de europeos lo hicieron alguna vez en su vida.

Mercado en crecimiento

El aumento de la producción en Sudamérica y la ampliación de la capacidad de procesar la droga en bruto en Europa están impulsando el crecimiento del mercado. La aparición de nuevos tipos de cocaína fumable podría hacer mayor el crecimiento y los riesgos para la salud. "También se está produciendo más dentro de Europa, lo que indica cambios en el papel de la región en el comercio internacional de cocaína", señala el informe.

Bélgica se está convirtiendo en el epicentro de la cocaína en Europa. Es el país de la UE que más cocaína incautó en 2020, con 70 toneladas, y uno de los principales focos de elaboración de pasta de coca junto con los Países Bajos (con 49 toneladas incautadas en 2020) y España (con 56 toneladas incautadas en 2021).

En un informe presentado por Europol y el Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías (EMCDDA), se refleja que, por cuarto año consecutivo, se ha incautado una cantidad récord de cocaína en Europa. La mayoría llega en contenedores marítimos, con los puntos de entrada de los cargamentos en diversificación y con mayores cantidades incautadas en los puertos de Europa del Este y Turquía.

La cocaína importada a Europa desde Sudamérica se reexporta cada vez más a otras partes del mundo, especialmente a Oriente Medio y Asia, lo que convierte a Europa en "un punto de transbordo clave para las drogas procedentes de otros lugares", según el informe.

La metanfetamina, también en crecimiento

Aunque se mantiene muy por debajo de la cocaína, el mercado de la metanfetamina también está creciendo. Sus tendencias están variando, ya que tradicionalmente se producía en la República Checa para el consumo en Europa del Este, pero los nuevos datos señalan una alta demanda en Europa Oriental, principalmente en Bélgica.

"Ahora existe una creciente preocupación por las instalaciones de producción situadas en Bélgica y los Países Bajos, donde se puede producir metanfetamina a una escala considerablemente mayor", señala el informe.

Europa es uno de los principales productores de metanfetamina del mundo, y los productores europeos colaboran cada vez más con los grupos delictivos mexicanos para perfeccionar los procesos de producción, advirtieron los organismos de la UE.

El número de incautaciones de esta droga entre 2010 y 2020 se duplicó de 3.000 a 6.200, y las cantidades incautadas aumentaron un 477 % a 2,2 toneladas en 2020, año en el que nueve países de la UE desmantelaron 215 laboratorios.

A la luz de los resultados, el director del OEDT, Alexis Goosdeel, explicó que Europa se enfrenta a una "amenaza creciente" derivada de un mercado de drogas "más diversificado y dinámico, impulsado por una colaboración más estrecha entre las organizaciones criminales europeas e internacionales" y urgió a ser "aún más sensibles a las señales del mercado" y a "invertir en una mayor acción coordinada" a nivel internacional.

En la misma línea, la directora ejecutiva de Europol, Catherine De Bolle, advirtió de que el comercio de drogas ilegales "sigue dominando los delitos graves y la delincuencia organizada en la UE". Teniendo en cuenta de que cerca del 40% de las redes delictivas notificadas a este organismo que operan a escala internacional "están activas en el tráfico de drogas". "La lucha contra este comercio ilegal es una prioridad fundamental para Europol y para la UE", señaló, convencida de que el análisis presentado este viernes resulta "crucial para formular respuestas policiales eficaces".

De Público de España. Especial para Página/12.

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