Estados Unidos cree que Ucrania puede derrotar a Rusia con el "equipamiento adecuado"

Moscú declaró este lunes "persona non grata" a 40 diplomáticos alemanes en respuesta a una medida similar adoptada por Berlín, y el canciller Serguei Lavrov aseguró que su país sigue abierto a negociar con Ucrania para esquivar el peligro "real" de una Tercera Guerra Mundial.

 

Estados Unidos cree que Ucrania puede ganar la guerra contra Rusia si cuenta con el "equipamiento adecuado", dijo el jefe del Pentágono, Lloyd Austin, luego de un histórico viaje a Kiev junto al secretario de Estado Antony Blinken. Rusia declaró este lunes "persona non grata" a 40 diplomáticos alemanes en respuesta a una medida similar adoptada por Berlín el pasado cuatro de abril, y el canciller Serguei Lavrov aseguró que su país sigue abierto a negociar con Ucrania para esquivar el peligro "real" de una Tercera Guerra Mundial. Por su parte el secretario general de la ONU, António Guterres, le expresó al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, su apoyo a la mediación que Ankara está llevando a cabo para tratar de detener el conflicto.

"Están convencidos de que pueden ganar"

"La primera cosa para ganar es creer que se puede ganar. Y ellos están convencidos de que pueden ganar", le dijo Austin a periodistas después de que él y Blinken se reunieran con el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski. "Pueden ganar si tienen buenos equipamientos y el apoyo adecuado", subrayó el secretario de Defensa estadounidense. 

Luego de las discusiones, Austin afirmó que Estados Unidos espera que la capacidad militar de Rusia quede debilitada "al punto de que no pueda hacer el tipo de cosas que ha hecho al invadir Ucrania". Austin y Blinken anunciaron en concreto que los diplomáticos estadounidenses iniciarán esta semana un regreso gradual a Ucrania y el envío de 700 millones de dólares en ayuda militar adicional

Desde hace meses Zelenski le viene pidiendo a los países occidentales armas pesadas, incluyendo artillería y aviones de combate, asegurando que las fuerzas ucranianas podrían cambiar el rumbo de la guerra con más potencia de fuego. Los llamamientos parecen tener eco: varios países de la OTAN se comprometieron en los últimos días a proporcionar armas pesadas y equipos a Ucrania, pese a la protesta de Moscú.

Rusia expulsa a 40 diplomáticos alemanes 

En Rusia, el presidente Vladimir Putin acusó a Estados Unidos y sus aliados de tratar de "partir a la sociedad rusa y destruir a Rusia desde adentro" con una batería de "sanciones sin precedentes". En paralelo un comunicado oficial del ministerio de Relaciones Exteriores expresó que "al embajador de Alemania se le entregó una nota sobre la declaración de 'persona non grata' a 40 miembros de las representaciones diplomáticas alemanas en Rusia".

Al embajador alemán, Geza Andreas von Geyr, se le expresó la "enérgica protesta" de Moscú por la decisión "abiertamente hostil" de expulsar a 40 diplomáticos rusos. De acuerdo con la Cancillería, ese paso de las autoridades alemanas "está motivado por una afirmación absolutamente falsa" de que los diplomáticos rusos "tenían como objetivo socavar la libertad de Alemania" y la "cohesión de la sociedad alemana", así como por "especulaciones sobre lo que está sucediendo en Ucrania".

El jefe de la diplomacia rusa, Serguei Lavrov, aseguró este lunes que su país continuará las negociaciones de paz con Ucrania pero acusó a Kiev de "aparentar" que las lleva a cabo, y advirtió del peligro "real" de una Tercera Guerra Mundial. "La buena voluntad tiene límites. Y si no es recíproca, no contribuye al proceso de de negociaciones", declaró Lavrov, citado por agencias de noticias rusas. 

Guterres respalda la mediación turca

Mientras tanto el secretario general de la ONU, António Guterres, coincidió con el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, en la necesidad de un inmediato alto el fuego en Ucrania, en una escala previa a sus encuentros de este martes con el presidente Putin, y luego con Zelenski. Aunque no hubo encuentro con los medios después de la reunión, Naciones Unidas informó que el objetivo común de ambos líderes es "poner fin a la guerra cuanto antes y crear las condiciones para terminar con el sufrimiento de los civiles".

Guterres y Erdogan remarcaron además la "necesidad urgente" de que haya "acceso efectivo" a través de corredores humanitarios para evacuar a civiles y suministrar ayuda a las comunidades afectadas por el conflicto, siempre según la versión de la ONU. El gobierno turco ha protagonizado hasta ahora el principal esfuerzo de mediaciónentre Rusia y Ucrania, con varias reuniones entre las dos partes en las que llegó a discutirse un posible plan de paz, pero ahora mismo las negociaciones permanecen congelada.

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Foto: MarcoHamilton12 y Linda Tammisto.

Entrevista a Teivo Teivainen

Teivo Teivainen es uno de los latinoamericanistas más importantes de Finlandia -es profesor de Política Mundial en la Universidad de Helsinki- y es además un intelectual público que interviene en los debates políticos locales. En esta entrevista analiza cómo se ve la guerra en Ucrania desde un país que fue parte del Imperio ruso y tuvo relaciones muy complejas con la potencia vecina. Por el momento, la invasión tuvo su efecto: aumentar de manera aluvional el apoyo popular a la adhesión a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Muchos trazan analogías entre la situación de Ucrania hoy y la de Finlandia en el pasado.

Desde lejos, algunos sectores de izquierda tienden a «complejizar/explicar» tanto las razones de la invasión de Ucrania que se termina a menudo casi por justificarla, por ejemplo en razón de la «expansión de la OTAN», ¿cómo se ve la situación desde los sectores progresistas finlandeses?

Desde las izquierdas, quienes están lejos muchas veces parecen ver la cuestión de forma diferente a quienes tenemos frontera con Rusia. A veces da un poco de risa, por decirlo de algún modo, cuando desde algunos sectores, por ejemplo de la izquierda latinoamericana, se trata de relativizar de algún modo la imagen de Putin como un líder autoritario, homofóbico, antifeminista y ahora imperialista, y volverlo una suerte de aliado de la izquierda. Es una vieja discusión con los tankies [las izquierdas «tanquistas» que justificaban las invasiones soviéticas durante la Guerra Fría].

En Finlandia lo que ha pasado con la invasión de Ucrania es que la opinión favorable al ingreso a la OTAN ha subido de manera drástica. Y ocurrió lo mismo con la percepción, entre la población, de que Rusia es una amenaza para la propia existencia de la nación finlandesa.

Hay sectores de izquierda en diferentes partes del mundo que aceptan la narrativa del Kremlin de una forma sorprendente. En Finlandia eso ocurre en una media casi insignificante. Y hay un elemento interesante adicional: la izquierda finlandesa ha sido siempre mucho más dura con Rusia que sus contrapartes europeas. 

¿El apoyo a la adhesión a la OTAN es transversal a los diferentes espacios políticos?

En los partidos con representación parlamentaria, el único que no adhiere mayoritariamente al ingreso a la OTAN es la Alianza de Izquierda. Pero no obstante, como socio minoritario de la alianza de gobierno con los socialdemócratas de Sanna Marin [la primera ministra de 36 años], todo indica que no van a hacer del tema una cuestión de Estado, es decir una línea roja con el oficialismo. En caso de que se diera la adhesión, es posible que propongan limitarla de tal forma que no haya armamento nuclear en territorio finlandés.

El gobierno parece preparado para enviar la solicitud de adhesión…

Sí. El presidente Sauli Niinistö siempre sostuvo que para ingresar a la OTAN debía llevarse a cabo un referéndum. Ahora él y casi todos sostienen que no es necesario porque, primero, no hay tiempo, y segundo, se nota en la opinión pública que la opinión, desde el 24 de febrero, es muy mayoritariamente favorable a la adhesión. Más de 60% a favor y 15/20% en contra -con algo menos de apoyo entre los jóvenes-. Antes de febrero de 2022, la opinión pública era claramente contraria al ingreso en la OTAN. La invasión provocó un vuelco.

Los que han cambiado de posición son los socialdemócratas y el Partido de Centro y más radicalmente aún, los verdes. En los Verdaderos Finlandeses, la extrema derecha, ha habido cambios internos y parece prevalecer una posición en favor de la membresía. 

Finlandia fue parte del imperio ruso y tuvo luego una relación compleja con la Unión Soviética, tiene además una larguísima frontera terrestre con Rusia. Algunos comparan la invasión de Ucrania con la Guerra de Invierno 1939.

Muchos creen que a Ucrania le está pasando ahora algo similar a lo que le ocurrió a Finlandia. Hay ahí una analogía concreta: Finlandia había sido parte del imperio ruso hasta 1917, es decir 20 años antes del ataque de Stalin, y Ucrania formaba parte de la Unión Soviética hasta hace 30 años. En ambos casos aparecen como rezagos, primero del imperio y ahora de la URSS. Y en ambos casos, es el vecino grande contra el pequeño que resiste más allá de sus fuerzas. 

Se supone que Stalin pensaba que sectores de clase trabajadora le daría la bienvenida al Ejército rojo, por la memoria de la guerra civil finlandesa entre rojos y blancos, pero se produjo una enconada resistencia nacional que no fue una victoria de Finlandia pero que sí evitó una invasión total. 

Hoy las banderas de Ucrania están en casi todos los espacios públicos de Finlandia. La idea, además, es que si hay una condena moral y sanciones económicas, eso no significa que Rusia pare la agresión a Ucrania pero sí que pensará dos veces antes de atacar a otro país. Y en el imaginario social, cada tanque ruso destruido en Ucrania es un tanque menos para invadir Finlandia. Es es muy común esa percepción.

Por otra parte, hay una suerte de militarización mental de la sociedad finlandesa. Tanto en el apoyo a Ucrania como a la hora de pensar la defensa nacional: por ejemplo, hay un gran apoyo al aumento del presupuesto militar. 

¿Esto está generando también acercamientos geopolíticos con Suecia?

Entre Finlandia y Suecia hay muchas conversaciones para evaluar una solicitud conjunta de adhesión a la OTAN . La situación de ambos países es algo diferente.

El 1948, Finlandia firmó el Acuerdo de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua con la Unión Soviética de Stalin que plasmó una suerte de neutralidad de vigilada y duró hasta 1992. Ese tratado le permitió a Finlandia mantener su independencia y sus sistema democrático pese a estar en una zona de influencia geopolítica soviética. Eso generó cierta autocensura, en la política y en la prensa, sobre lo que ocurría en el vecino soviético. Por eso, hoy se habla de una posible «finlandización» de Ucrania.

Suecia tiene una historia diferente: 200 años de cierto tipo de neutralidad, sin guerras. Entonces, tienen más bases históricas para pensar que mejor quedar fuera, mientras que Finlandia ha tenido muchas más guerras y conflictos con el «vecino grande». Hay un dicho según el cual Suecia va a luchar contra Rusia hasta el último finlandés. Finlandia es una suerte de buffer zone frente a Rusia.

Hasta hace poco, se pensaba que una alternativa a la OTAN podía ser una alianza militar explícita entre Suecia y Finlandia pero con la invasión de Ucrania el tren para esta opción ya pasó, el peso militar de Suecia no es tan grande mientras que la OTAN ofrece un paraguas nuclear. 

Alguna vez usted mencionó que la derecha Finlandesa, en el marco del acuerdo con Moscú, siempre trató de no irritar a Rusia y que durante la invasión soviética de Checoslovaquia se dio la paradoja de que solo el Partido Comunista Finlandés emitió una condena. ¿Cuándo se rompió ese statu quo?

Algunos dirían que hasta el 8 de agosto de 2008, cuando Rusia invadió Georgia. El ex-primer ministro y ex-ministro de Relaciones Exteriores finlandés Alexander Stubb habló del «momento 080808». Y En 2018, escribió: «Diez años desde la guerra en Georgia. 080808 fue un punto de inflexión en la política mundial. Rusia violó la integridad territorial de Georgia […]». Luego, otro momento fue la invasión de Crimea en 2014. Y finalmente, el 24 de febrero  de este año. 

Para muchos, con la invasión de Ucrania «cayeron las máscaras», ya no se puede pretender que con el gobierno de [Vladímir] Putin vamos a buscar una política de entendimiento y amistad sobre bases racionales. La opinión pública se ha vuelto mayoritariamente muy antirrusa. Stubb declaró al periódico español El País: « siempre he dicho que la membresía en la OTAN es un termómetro de la visión de Finlandia sobre Rusia. Pues, ahora mismo, el termómetro está incandescente».

Incluso en la derecha más radical y xenófoba. Los Verdaderos Finlandeses -un partido algunos de cuyos miembros visibles del partido sostuvieron posiciones bastante proPutin y proChina- tienen la presidencia del Comité de Asuntos Exteriores del Parlamento. Su presidente, Jussi Halla-aho, del ala más racista del partido, dijo que Finlandia tuvo en el pasado una actitud ingenua hacia Rusia. En el Parlamento, hay diversas posiciones pero predomina el apoyo a la adhesión.

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Estados Unidos: La lista Engel para disciplinar a América Central

A propósito de la extradición del expresidente hondureño Juan Orlando Hernández

El caso del expresidente Hernández es paradigmático. Hasta el 1° de julio de 2021 no había sido incluido en la lista Engel cuando ya pesaban sobre él acusaciones por narcotráfico. ¿Hasta dónde llega el poder coercitivo de las listas que la potencia mundial elabora con países soberanos y los personajes que considera extraditables?

 

Las listas de Estados Unidos son una especialidad de la casa. Las promueve para encasillar a gobiernos que no se disciplinen a su política global. Son conocidas las que armó con países que considera patrocinadores del terrorismo (Cuba, Irán, Corea del Norte y ahora impulsa el mismo status para Rusia) y aquellas donde incluyó a los que llama narco-estados (Venezuela es su blanco principal). Pero además mantiene otras para regiones específicas. Cuando se creó la llamada lista Engel el 27 de diciembre de 2020 – en rigor, una ley que toma su nombre del excongresista demócrata Eliot Engel – apuntó al llamado Triángulo Norte de Centroamérica: Guatemala, Honduras y El Salvador. Funcionarios de esas tres nacionalidades que hubieran participado de prácticas corruptas o antidemocráticas según la mirada de EE.UU, serían sancionados de varias formas diferentes. 

El caso del expresidente hondureño Juan Orlando Hernández entregado a Washington el jueves pasado, bajo acusaciones de narcotráfico, reactualiza esta temática. ¿Hasta dónde puede imponer la principal potencia mundial la extraterritorialidad de sus propias leyes? ¿Hasta dónde llega el poder coercitivo de las listas que elabora con países soberanos y los personajes que considera extraditables?

Triángulo Norte

La lista Engel no es otra herramienta que la Ley de Compromiso Mejorado del Triángulo Norte votada por el Congreso de Estados Unidos. Su autor tuvo una trayectoria de 32 años en el Parlamento y al momento de su salida – perdió las Primarias de su partido en 2020 – logró la aprobación de la norma. Su proyecto no era nuevo. Lo había presentado sin éxito en mayo de 2019.

La ley es prima hermana de la estrategia omnipresente del Comando Sur que se define como “Promesa duradera para las Américas”. Esa doctrina coloca la corrupción a un mismo nivel que otras amenazas para la seguridad nacional de EE.UU: el narcotráfico, las migraciones, los crímenes violentos y la influencia nociva de los estados. Siempre según el prisma de la Casa Blanca.

Una interpretación posible de la aplicación de esta norma -que ya lleva sancionados a varios funcionarios o ex funcionarios de los tres países centroamericanos-, es que sirva como disuasivo para las naciones del Triángulo Norte. Se buscaría su compromiso para evitar la inmigración masiva hacia Estados Unidos. Un problema derivado del deterioro de la situación socio-económica y la violencia que trae aparejada.

  El caso del expresidente Hernández es paradigmático.Hasta el 1° de julio de 2021 no había sido incluido en la lista Engel cuando ya pesaban sobre él acusaciones por narcotráfico. Su hermano Juan Antonio “Tony” Hernández cumplía condena a cadena perpetua en EE.UU desde marzo del año último por el mismo delito. Se cerraba entonces el círculo sobre el político ahora extraditado. Había gobernado Honduras durante dos períodos (2014-2022) con el apoyo de Washington que buscará condenarlo en sus tribunales.

La inclusión en la lista Engel de Hernández y otros funcionarios actuales de El Salvador y Guatemala encuadra en los fundamentos de la ley de 2020. Existen tres causas por las cuales pueden ingresar en ella: ciudadanos extranjeros que, con conocimiento de causa, son partícipes de acciones que socavan procesos democráticos; los que intencionalmente participen en casos de “corrupción significativa” y los que obstruyan investigaciones de lavado de activos, soborno, corrupción y extorsión, entre otros delitos.

La embajada de Estados Unidos en El Salvador publicó en su página oficial que “para ser incluida cada persona nombrada en la lista debe ser identificada bajo uno o más de estos criterios específicos y debe estar vinculada a un acto que esté documentado por al menos dos fuentes creíbles”. Además, recordó: “El Presidente debe imponer restricciones obligatorias de visas a todas las personas incluidas en esta lista, lo que cancelará cualquier visa existente y hará que las personas incluidas en la lista no sean elegibles para visas o cualquier otro beneficio de inmigración durante tres años”.

A noviembre de 2021, había 62 personas de las tres nacionalidades que alcanzaba el extenso brazo del sistema penal estadounidense. La mayoría ocupaba cargos públicos a esa fecha en los tres poderes del Estado: ejecutivo, legislativo y judicial. El caso más notorio es el de la familia completa del expresidente hondureño Porfirio Lobo. A su esposa Rosa Elena Bonilla y los tres hijos de ambos se les prohibió el ingreso a EE.UU el año pasado. La mujer fue condenada en Honduras por corrupción y Fabio Porfirio, uno de los hijos, tiene un largo historial vinculado al mundo narco. En 2016 se declaró culpable de introducir cocaína ante un tribunal de EE.UU.

Cuando el clan Lobo fue incluido en la lista Engel por Estados Unidos en julio del 2021, les sucedió otro tanto a 55 funcionarios y exfuncionarios. Fueron 21 de Honduras, 20 de Guatemala y 14 de El Salvador. La nómina de personajes indeseables para EE.UU la aportó el secretario de Estado Antony Blinken y además de la familia Lobo, mencionaba a la fiscal general de Guatemala, Consuelo Porras y al secretario general del Ministerio Público de ese país, Angel Pineda. La lista también alcanzaba a cinco jueces de la Corte salvadoreña que asumió con su nueva composición el 1° de mayo del año pasado después de que el presidente Nayib Bukele descabezara a la anterior y echara al fiscal general Raúl Melara.

La declamada preocupación de Washington por la situación en los tres países de Centroamérica deviene de un memorando firmado por el presidente Joe Biden. El 3 de junio del 2021 ese texto señalaba que la corrupción es “un interés central de la seguridad nacional de los Estados Unidos” y ordenaba “reforzar significativamente la capacidad del gobierno de los EE.UU” para combatirla.

Su argumento era que “contribuye al extremismo y la migración y proporciona los medios necesarios para que los líderes autoritarios socaven las democracias y amenacen el estado de derecho”. La vicepresidenta de Biden, Kamala Harris, en su primer viaje a México y Guatemala se encargó sobre el terreno de llevar una prédica a tono con el objetivo central de su gobierno: ponerle un freno a la inmigración hacia sus fronteras.

La Ley de Compromiso Mejorado del Triángulo Norte es una de las tantas herramientas que tiene a mano la Casa Blanca para lograr sus objetivos en la región más castigada de América Central. Le confiere poder de policía para vetar el ingreso de funcionarios y exfuncionarios, pero no modifica la matriz del problema. La hegemonía de Estados Unidos nunca resolvió la pobreza en los tres países, con o sin listas.

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Algunos elementos para el análisis militar de la guerra en Ucrania

Desde el comienzo de la guerra en Ucrania, en Ideas de Izquierda hemos venido publicando toda una serie de análisis desde diferentes ángulos y abordamos algunos de los principales debates que ha suscitado desde la perspectiva de una política independiente contra la invasión de Putin, contra la OTAN y el armamentismo imperialista. En el presente artículo nos vamos a detener en una dimensión específica del conflicto: la militar. Pensar la situación mundial hoy es, inevitablemente, pensar también la guerra, y a quienes luchamos para terminar con este sistema capitalista, también nos toca hacerlo. El análisis de las guerras desde el punto de vista del campo de batalla, como parte de sus múltiples dimensiones, ha sido característico del marxismo, desde Marx y Engels en adelante. Una dificultad central, como señalara Carl von Clausewitz, es que la “inseguridad en todas las noticias e hipótesis y la constante intromisión del azar, hacen que en la guerra se aparezcan sin cesar las cosas de manera distinta a como se las esperaba” [1]. Si esto es cierto para los Estados Mayores, más aún para el análisis externo. Las informaciones y los análisis que se generan en torno al conflicto, en su gran mayoría sesgados, y de los que encontramos una superproducción en la actualidad con las nuevas tecnologías, son parte de la guerra misma.

Con todas las reservas del caso, en estas líneas vamos a analizar algunos aspectos técnico-militares de la guerra buscando ir un poco más allá de la coyuntura, primero desde el lado del ejército ruso y luego desde el lado ucraniano. A partir de allí abordaremos la coyuntura actual, marcada por cambios importantes en la estrategia rusa respecto a los primeros dos meses de la invasión, así como por la toma de Mariupol (la primera ciudad importante –y estratégica– que logró controlar Rusia desde el comienzo de la guerra) y la preparación de la campaña por el Donbás.

La doctrina militar rusa actual y sus antecedentes

Comenzaremos dando una mirada a la doctrina del ejército ruso. Todos los ejércitos se constituyen en torno a una determinada doctrina, es decir, a una manera “correcta” según la cual cada ejército considera que deben conducirse los combates. Según Carlos Javier Frías Sánchez, miembro del Estado Mayor español: “la actual doctrina rusa es una evolución de la soviética. Así, la doctrina actual del ejército ruso sigue siendo heredera de la ‘batalla en profundidad’ de Tujachevski, Triandafilov, Svechin, Issersson…, desarrollada en los años 30 y empleada con éxito en la Gran Guerra Patria (la Segunda Guerra Mundial), acontecimiento reivindicado todavía hoy. Posteriormente, los soviéticos la fueron actualizando y refinando, pero sin cambiar las ideas fundamentales que la componen” [2].

Esta noción de “batalla en profundidad” o “batalla profunda” a la que hace referencia fue concebida originalmente por Mijaíl Tujachevski, uno de los principales comandantes militares del Ejército Rojo durante la guerra civil, designado mariscal de la URSS en 1933, luego ejecutado por Stalin en 1937 [3]. La misma fue oficializada como la doctrina militar de la URSS en 1936 en los siguientes términos: “La operación en profundidad consiste en ataques simultáneos sobre las defensas del enemigo por la aviación y la artillería en toda la profundidad de las posiciones defensivas, penetración en la zona de defensa por unidades acorazadas, con un rápido paso del éxito táctico al éxito operacional con el objetivo de envolver y destruir al enemigo. El papel principal es jugado por la infantería, con el apoyo del resto de los diferentes tipos de fuerzas trabajando en el interés de la misma” [4].

Toda esta concepción partía de la idea de que con los ejércitos excesivamente grandes, en especial en el siglo XX, la destrucción del ejército enemigo es imposible con una sola batalla decisiva. Son necesarias batallas simultáneas o secuenciales, pero dirigidas hacía un fin único y ejecutadas por un mando único. De allí el origen de la idea de “arte operacional”, como escalón de transición entre los tradicionales niveles estratégico y táctico. En este nivel operacional se planea, conduce y sostiene la campaña militar, se articulan acciones tácticas, de tal forma que su combinación, coordinación y sincronización permitan alcanzar los objetivos estratégicos. Este nivel sigue siendo fundamental hoy en día. Aunque los ejércitos son más pequeños –y no se pueden excluir de antemano batallas decisivas–, cada oponente sigue siendo un sistema complejo compuesto por mucho más que las fuerzas comprometidas directamente en el campo de batalla, depende de toda una serie de sistemas críticos (como por ejemplo, satélites, internet, etc.), así como de la opinión pública, cuyo peso ha aumentado exponencialmente por el desarrollo actual de los diversos medios masivos de comunicación.

Ahora bien, volviendo a aquella continuidad que analiza Frías en la doctrina rusa –aggiornada a los tiempos que corren– vale la pena detenernos en algunos graves inconvenientes que, señala, trae aparejados para el ejército ruso actual. En primer lugar, la concepción original de Tujachevski implica la necesidad de que los jefes, a todos los niveles, tengan una gran iniciativa para poder aprovechar las oportunidades que se presentan en el campo de batalla. Esto se debe a que no es posible prever donde se configurará el punto débil del enemigo para seguir avanzando. Desde luego, esta no era una característica del Ejército Rojo bajo el estalinismo. Reflejo del bonapartismo imperante, la cultura del ejército era altamente burocrática, basada en planes centralizados, y la exigencia de que sean ejecutados sin cuestionamiento alguno. Cualquier cambio podía entenderse como crítica o ruptura de la jerarquía y, por lo tanto, ser castigado. En este sentido, bajo el bonapartismo de Putin los métodos del ejército no varían demasiado.

La cuestión es que, en el caso de URSS dominada por Stalin, esta falta de iniciativa podía ser compensada por la abundancia de medios. Un plan rígido pero con medios suficientes para superar la resistencia, donde en vez de aprovechar las oportunidades dadas se buscaba “crearlas” por la fuerza, mediante artillería de campaña, contingentes masivos de carros de asalto e infantería motorizada. Esta aproximación también se expresaba en el terreno de la logística. El Manual de campaña del Ejército Rojo de 1936 resaltaba la necesidad de evitar que luego de la ruptura del frente enemigo este pudiera reorganizarse y crear un nuevo frente defensivo. Para ello no se debía detener su avance, lo cual implicaba que, en general, no se relevara a las fuerzas ofensivas. Las unidades de primera línea atacan hasta ser destruidas, luego la segunda línea las sobrepasa y continúa el ataque. Esto reduce la logística, ya que no se planea reabastecer a las fuerzas destruidas.

Trotsky había anticipado toda una serie de problemas relacionados con aquella ecuación entre medios abundantes y el rol de la burocracia luego del fracaso militar en la invasión a Finlandia de 1939. El papel de la burocracia conspiraba abiertamente contra la capacidad de combate del Ejército Rojo –de hecho Stalin se dedicó a ejecutar a su propio (experimentado) Estado Mayor poco antes de la II Guerra Mundial–, mientras que la fortaleza relativa de la economía nacionalizada y la planificación (burocrática) permitían disponer de enormes recursos con los que se intentaba compensar la incompetencia burocrática.

Algunos de los elementos señalados parecen corresponderse en general, según lo que es posible discernir de las diversas informaciones, con la lógica con la que encaró la invasión de Ucrania el ejército de Putin. Ahora bien, el problema central es que la Rusia de Putin no es la URSS. Es un país capitalista que actúa como una especie de “imperialismo militar”, pero que no cuenta con proyección internacional significativa de sus monopolios y exportación de capitales, que exporta esencialmente gas, petróleo y commodities. El proceso de modernización y fortalecimiento del ejército realizado por Putin no logró escapar a esta situación de base.

La “batalla en profundidad” y los problemas del ejército de Putin

La ejecución de la “batalla en profundidad” sin iniciativa en los escalafones subordinados requiere una masa enorme de fuerzas, y en el caso de la Rusia capitalista de Putin aquellos recursos no existen. Muchos de los problemas que hemos visto durante estos primeros dos meses de ofensiva rusa pueden ser interpretados desde aquí. En el trabajo citado, Frías Sánchez aborda desde este ángulo algunos de ellos, que son relevantes para el análisis y que vamos a retomar en parte para nuestro análisis.

En primer lugar, están las limitaciones de la propia organización del ejército y del sistema de mando. La unidad básica del ejército ruso son los grupos tácticos de batallón (BTG por la abreviatura en inglés de Battalion Tactical Group), que tienen entre 700 y 900 miembros e incluyen infantería motorizada, tanques, artillería, ingeniería, etc. El ejército actual mezcla tropa profesional con tropa de reemplazo con un año de servicio militar, de forma tal que el primer batallón de maniobra de cada brigada es de tropa profesional, lo mismo la primera batería de los grupos de artillería de cada brigada, así como la primera compañía de las unidades de apoyo. Pero el resto son tropas de reemplazo, con algunas posiciones críticas dentro de ellas ocupadas por profesionales. Esto hace que si se decide no emplear tropa de reemplazo en una operación, el nivel de brigada no exista y en consecuencia los BTG se queden sin elementos esenciales de artillería procedentes del nivel de brigada (como radares de contrabatería, puestos de mando de grupo, medios de integración de la artillería antiaérea en el sistema de defensa aérea) y de apoyos clave también de su brigada en logística, transmisiones y vehículos aéreos no tripulados. A su vez, los suboficiales son tropa profesional pero las unidades basadas en tropa de reemplazo no tienen suboficiales al mando, sino que los suboficiales profesionales ocupan las posiciones que requieren determinados conocimientos técnicos, proyectando las funciones de mando sobre los niveles superiores. Como consecuencia de estas inconsistencias, los puestos de mando de las grandes unidades del ejército ruso terminan teniendo que controlar directamente un número variable de BTG, sin escalones de mando intermedios. Todo esto sería coherente con las noticias de la significativa proporción de altos mandos que cayeron en los combates, teniendo que involucrarse directamente o cerca de las zonas de enfrentamiento. Según algunas fuentes ascienden 20, incluidos 7 generales muertos en el frente.

En segundo lugar, cabe mencionar las limitaciones logísticas y de coordinación entre armas. Los batallones rusos solo tienen una sección de apoyo logístico con capacidades limitadas. Solo se amplían estas capacidades a nivel de brigada, las cuales disponen de un batallón de abastecimiento y otro de mantenimiento. Esto implica que si los BTG no son reforzados por su brigada tienen escasa capacidad para recuperar vehículos averiados o para reabastecerse. Esto explicaría las pérdidas de material rodante ruso de las cuales se han difundido muchas imágenes –aunque un porcentaje significativo de ellas eran falsas o no correspondían a la guerra actual–. Otro elemento que contribuiría a explicar estas pérdidas es una deficiente o baja utilización de drones para el reconocimiento aéreo en la vanguardia de las columnas acorazadas limitando su vulnerabilidad, anticipando los ataques y utilizando la artillería contra ellos. También se pudieron ver, en estos dos meses de guerra, imágenes de columnas de vehículos rusos moviéndose por las rutas de Ucrania sin protección antiaérea, que en el análisis que mencionamos de Frías este lo atribuye al deficiente y aislado despliegue de baterías antiaéreas, siendo que la potente artillería antiaérea rusa no está diseñada para actuar en forma aislada y han faltado los medios de coordinación y las directivas sobre cómo y dónde desplegarlas.

En tercer lugar, al día hoy, a pesar de su superioridad, Rusia todavía lucha por lograr el control del espacio aéreo de Ucrania. Esto se debe en buena medida a la información de inteligencia suministrada por Estados Unidos a Ucrania a comienzos de la guerra, que logró reducir su vulnerabilidad dispersando sus aparatos antes de los ataques rusos, los cuales fueron esencialmente contra zonas de estacionamiento de aviones y contra instalaciones clave como depósitos de combustible pero sin dedicarse a destruir las pistas, posiblemente con la intención de poder tomarlas y utilizarlas. Por otro lado, los aviones rusos tienen una considerable exposición al utilizar bombas de gravedad, lo que les obliga a volar mucho más bajo para tener un mínimo de precisión poniéndose de esta forma al alcance de las defensas antiaéreas. Algunos analistas [5] sostienen que hay evidencias de que la Fuerza Aérea Rusa está aumentando el número de sus aviones de vigilancia por radar desplegados alrededor de Ucrania, para apuntar mejor a los aviones ucranianos. Si Rusia obtiene el control del espacio aéreo sería determinante, pero lo cierto es que aún no lo ha logrado.

En cuarto lugar está el limitado tamaño de las fuerzas rusas desplegadas, lo que, entre otras cosas, explicaría la lentitud de muchos movimientos, ya que esto hace que la segunda línea de las unidades prácticamente no exista, lo cual en un esquema como el que mencionábamos de “batalla en profundidad” sería clave para conservar el impulso. Agotados los recursos logísticos iniciales, faltan unidades a la retaguardia que permitan continuar las operaciones. Las alrededor de 180 mil tropas empleadas en la invasión se muestran insuficientes para el despliegue y la escala que la misma había adquirido desde el inicio. Igualmente, en este marco, y al contrario de lo que pareció opinar la mayoría de los analistas, sería extraño que con solo una porción de aquellas tropas –divididas entre varios frentes– Putin aspirase a ocupar –otra cosa es asediar– una ciudad como Kíev que, incluyendo su área metropolitana, albergaba a más de 3 millones y medio de habitantes. Por ejemplo, no guardaría proporción alguna en comparación con la segunda batalla de Faluja en Irak: allí las fuerzas norteamericanas ascendían a 18 mil soldados para tomar una ciudad de 321 mil habitantes defendida por milicias con 5 mil miembros, y los combates se prolongaron por un mes y medio hasta que las fuerzas imperialistas lograron tomarla.

Todos estos elementos hacen a las enormes limitaciones mostradas por el ejército de Putin para llevar adelante algún tipo de “batalla en profundidad”. Ahora bien, la actual toma de la ciudad de Mariupol al sur del país, con 441 mil habitantes y de mayoría rusófona –lo cual es un elemento a sopesar también–, se corresponde mucho más con las proporciones que señalábamos. Lo cual nos introduce al cambio de enfoque que parece está teniendo la estrategia rusa en Ucrania a partir del abandono del asedio a Kíev y la concentración de fuerzas en el sur y el este del país. Pero antes de referirnos a esto repasemos sintéticamente algunas cuestiones referentes al ejército ucraniano.

El ejército ucraniano y las reformas de la OTAN

Desde luego, el ejército ruso no es el único que tiene su pasado ligado a la URSS. Ucrania había heredado de ella uno de los ejércitos más grandes de Europa, con 780.000 efectivos, 6.500 tanques, 1.100 aviones de combate, más de 500 barcos y el tercer arsenal nuclear más grande del mundo. También su doctrina, su cultura organizativa y el tipo formación de sus miembros. Tras el colapso de la URSS y la semicolonización de Ucrania, vino el desmantelamiento de este ejército desproporcionado (armamento nuclear dejó de tener en 1996). Desde aquel entonces, el país ha descrito una trayectoria pendular marcada por el enfrentamiento entre las oligarquías capitalistas locales “pro-rusas” y “pro-occidentales”. Es en este marco que para 2014 sus fuerzas armadas estaban reducidas a una mínima expresión.

En 2013-2014 se produjo la revuelta contra el gobierno pro-ruso de Yanukóvich que terminaría siendo conocida como Euromaidán. Brutalmente reprimida, la revuelta sería crecientemente copada por fuerzas reaccionarias y de ultraderecha pro-occidentales. Tras la caída de Yanukóvich, grupos armados pro-rusos tomarán los gobiernos de Donetsk y Lugansk, y el parlamento de Crimea, región que Rusia terminó por anexarse. En la región de la cuenca del río Donets quedará planteada una guerra civil de baja intensidad con intervención de fuerzas rusas irregulares. En este contexto consolidaron su peso las organizaciones paramilitares de extrema derecha surgidas en torno a Euromaidán y volcadas luego a combatir en la guerra del Donbás. Entre ellas la organización Sector Derecho, cuyo ex-líder Dmytro Yarosh afirmó en 2021 haber sido nombrado asesor del comandante en jefe de las fuerzas armadas; el batallón Dnepr-1, apodado “el batallón de Kolomoisky” por el nombre del oligarca que lo financió desde el principio; el batallón Azov, que se integraría posteriormente a la Guardia Nacional ucraniana; entre otros.

En ese marco, en agosto de 2015 el ministerio de defensa de Ucrania lanzó oficialmente la política de reforma de las fuerzas armadas con la intervención y financiamiento de la OTAN. Los militares ucranianos se sometieron constantemente a actividades especiales de entrenamiento basadas en los enfoques y prácticas de la OTAN. El sistema de gestión de la defensa de Ucrania incorporó los enfoques de la Alianza Atlántica, sus sistemas de mando y control, su estructura. En 2020 la OTAN le otorgó el estatus de “socio de oportunidades mejoradas”, y la cumbre de la OTAN de 2021 reafirmó el acuerdo estratégico de que Ucrania se convertiría en miembro de la Alianza. En el ínterin, el presupuesto militar pasó de 1,5 % del PBI en 2014 a más del 4,1 % en 2020, y de 6000 tropas listas para el combate a 150 mil, según el servicio de investigación del congreso de EE. UU. Junto con ello, avanzó en modernizar su armamento: tanques, vehículos blindados y sistemas de artillería; obtuvo piezas clave como los misiles antitanque portátiles Javelin o los drones Bayraktar TB2, entre otros.

Sin embargo, hasta el inicio de la guerra actual aún se debatía entre los protagonistas de la reforma cuánto de la vieja formación del ejército ucraniano se mantenía y qué efectividad había tenido aquel “formateo” de la OTAN. El teniente coronel británico Glen Grant, quién había sido asesor del ministerio de defensa ucraniano y contratista para EE. UU., planteaba en 2021 que el sistema de defensa de Ucrania no se había reformado. “Las razones –decía– son extraordinariamente complejas y entrelazadas. Van desde la falta de dirección política; la continua selección de oficiales superiores que son “comandantes rojos” de la vieja escuela, es decir, aquellos que se oponen a la OTAN y desean mantener el legado soviético; a la incapacidad o falta de voluntad de los oficiales para desafiar un sistema marcado por leyes, normas y reglamentos obsoletos o perjudiciales, ya que violarlos asegura el castigo y el fracaso profesional”. Y concluía: “Ucrania prácticamente no ha hecho más cambios que los que habrían ocurrido naturalmente por la evolución a lo largo del tiempo o en reacción a los ataques rusos” [6].

A pesar de declararse públicamente que el ejército contaba con 250.000 efectivos, Grant consideraba que la fuerza de combate real era de 130.000 o menos. Dos cuestiones a destacar eran que no se había logrado resolver los problemas de suministros ni tampoco reformar la artillería, considerada obsoleta. No había capacidad de producción de munición de 152 mm –la utilizada por el ejército ucraniano– y desde 2014 había habido 5 explosiones de depósitos que hicieron volar toneladas de municiones. Se quejaba de que Zelenski hubiera dejado el mando del ejército en manos del general Ruslan Jomchak, graduado en la escuela superior de mando de Moscú antes de la caída de la URSS. Jomchak posteriormente sería desplazado, pero su formación no difiere de la de otros altos mandos, como por ejemplo el actual segundo comandante en jefe, Serhii Shaptala.

Irakli Jhanashija, ex miembro de la oficina de reforma del Ministerio de Defensa, sugería que los líderes políticos ucranianos malinterpretan la verdadera naturaleza de la OTAN y piensan que es la Alianza Atlántica la que tiene el deber de luchar contra Rusia. Grant se preguntaba “Cuántos nombramientos de alto nivel dentro del sistema de defensa son todavía del ‘Mundo Ruso’ (Russkii Mir) es algo difícil de juzgar, pero hay algunos que se destacan por hablar muy bien de la OTAN y sus aliados, mientras que luego se aseguran de que nunca se lleve a cabo ninguna reforma significativa”. La conclusión era que el personal militar estudiaba y se entrenaba según los estándares de la OTAN con la ayuda de EE. UU. y sus aliados, pero que esto ocurría a nivel táctico, mientras que en los niveles estratégico y operativo, la educación y el entrenamiento seguían siendo predominantemente “soviéticos”, incluida la enseñanza del arte operativo.

A nivel táctico, la OTAN instruyó por más de ocho años a las fuerzas armadas ucranianas, especialmente, en táctica de guerrilla y métodos de guerra no convencionales (incluyendo también utilización de drones, piratería telefónica, medicina en el campo de batalla, etc.). Tácticas que han sido utilizadas y han tenido resultados durante la guerra civil en el Donbás y a mayor escala frente a la invasión rusa actual. El acento de la crítica de Grant está puesto sobre todo en el nivel estratégico y operacional. Señala, por ejemplo, que “las ideas occidentales como el mando tipo misión, la flexibilidad o la proactividad son anatema”. En el enfoque de la OTAN los objetivos de combate de alto nivel se transmiten a los niveles inferiores de la cadena de mando y se adoptan de forma flexible.

En un trabajo escrito como respuesta contra aquellas críticas de Grant, el ex-ministro de defensa de Ucrania (2019-2020) Andriy Zagorodnyuk, junto con otros involucrados, resaltaba la importancia de la introducción de nuevos documentos doctrinales en línea con los enfoques y las prácticas de la OTAN, y negaba el predominio de la ideología, los valores y la cultura soviéticos en las fuerzas de defensa, aunque reconocía que se necesitan generaciones para cambiar la mentalidad y la cultura institucional. Pero concluía que: “Los oficiales ucranianos comparten la misma cultura militar que sus pares en la OTAN y son el resultado de su crianza, educación y experiencia” [7].

Seguramente tanto Grant como Zagorodnyuk digan parte de la verdad. Pero justamente esto plantea un problema profundo que tiene consecuencias para pensar la guerra actual, ya que la misma depende directamente de la articulación efectiva y eficiente entre la OTAN y el ejército ucraniano. La estrategia de la Alianza Atlántica, y en particular de EE. UU., de “animar desde atrás” a las fuerzas ucranianas sin comprometerse con tropas, a través de la colaboración operativa, de inteligencia, financiera y el envío masivo de armas, presupone la compatibilidad, no solo política general sino de doctrina y formación (táctica, estratégica y operacional) del interlocutor militar en el terreno, es decir, del ejército de Ucrania, de sus generales y sus tropas.

El armamento de la OTAN y la mano que lo empuña

Clausewitz sostenía que “lo físico es la empuñadura de madera, mientras que lo moral es el noble metal de la hoja; por consiguiente, la verdadera y resplandeciente arma que hay que manejar” [8]. En la guerra actual es claro que aquella “fuerza moral” está del lado ucraniano en tanto resiste a la invasión de Putin. Una fuerza dilapidada por el gobierno de Zelenski e instrumentalizada por la OTAN en función de sus fines. Ahora bien, Clausewitz también decía que en la guerra, al momento de medir fuerzas, la “fuerza moral” y “material” no son dos elementos que puedan separarse en la realidad: “la medida de las fuerzas morales y materiales [se da] por medio de estas últimas” [9], es decir, por medio de las fuerzas materiales.

La OTAN viene suministrando armas constantemente a Ucrania desde antes de la guerra. Solo el imperialismo norteamericano ya gastó o asignó alrededor de 2.600 millones de dólares en suministros militares desde el comienzo del conflicto, la Unión Europea alrededor de 1.500 millones de euros. Biden anunció recientemente otro paquete por 800 millones de dólares. En el citado trabajo de Grant, este plantea respecto al armamento de última generación entregado por la OTAN al ejército ucraniano: “Podría compararse con un invitado que llega a una fiesta de cumpleaños de vegetarianos con un bistec tejano de primera de dos libras. El regalo es genial para quien lo da, pero totalmente inapropiado para quien lo recibe”. Grant hacía referencia, entre otros elementos, al suministro de armas antitanque Javelin. En este caso específico todo parece indicar que se equivocó, ya que estas armas antitanque parecen estar infligiendo importantes daños a los tanques rusos; tanto que algunos analistas hablan de la muerte definitiva del tanque. El problema real aquí es que Ucrania ya recibió alrededor de 7.000 Javelin, lo que representa aproximadamente un tercio del stock norteamericano, cuyo tiempo de reemplazo está calculado en 3 o 4 años.

Ahora bien, no obstante esto, el problema planteado por Grant existe. Aprender a manejar un tanque de última generación puede llevar hasta seis meses. El armamento pesado del que dispone EE. UU. implicaría un tiempo de entrenamiento que la guerra actual en Ucrania no otorga. Según una nota reciente del New York Times, solo una decena de soldados ucranianos han sido entrenados para utilizar drones armados de última generación, como los Switchblade –que están hechos para volar directamente hacia el objetivo y explotar– de los cuales ahora EE. UU. va a suministrar 700. Incluso en el terreno de las municiones, la OTAN utiliza proyectiles de 155 milímetros, mientras que el ejército ucraniano utiliza el estándar de la ex-URSS de 152 milímetros.

De ahí que Robert Gates, ex-secretario de defensa de EE. UU., señalara que Estados Unidos, “debería saquear los arsenales” de los países del antiguo Pacto de Varsovia en busca de sistemas de blindaje y antiaéreos, “con la promesa de Estados Unidos de reponer con el tiempo nuestro equipo a nuestros aliados de la OTAN”. Según el NYT, Washington y numerosos aliados están concentrándose en el suministro de armas de la era de la “guerra fría” que los ucranianos saben utilizar, junto con armas occidentales que los ucranianos pueden aprender a utilizar con más facilidad. Esta carrera logística podría ser determinante para el curso de la guerra, especialmente teniendo en cuenta la nueva etapa que se avizora en torno a la lucha por el Donbás por las características que se supone que adquirirá.

El nuevo capítulo de la guerra y la campaña por el Donbás

Desde luego, el momento actual de la guerra para quien escribe está repleto de incógnitas. Quizá dos de las más significativas sean: el nivel de desgaste y la moral de las tropas rusas, por un lado, y qué queda en pie realmente del ejército ucraniano, por el otro. Ahora bien, en base a los elementos que fuimos analizando, podemos esbozar algunos aspectos que creemos relevantes para entender lo que viene desde el punto de vista del campo de batalla.

En relación a la lógica de la “batalla en profundidad”, la retirada del asedio a Kíev, la reorganización y el repliegue de las tropas rusas hacia el sur y el este de Ucrania plantea un cambio significativo en el enfoque ruso de la próxima etapa de la guerra de tintes más bien conservadores, no necesariamente respecto a las hipótesis más osadas que barajaban ciertos analistas de la conquista del país o parte importante de él como objetivo de Putin, sino respecto al amplio despliegue y dispersión de tropas inicial en sí. Cuánto pesaron en este replanteo las diferentes limitaciones del ejército de Putin que fuimos reseñando en este artículo es difícil saberlo, pero parece probable que hayan influido.

La toma de la ciudad de Mariupol representa un éxito, el primero significativo, del ejército ruso, que de esta manera se hace del principal puerto del mar de Azov (y del Donbás) y puede establecer un corredor terrestre desde la península de Crimea y hasta los territorios de la región del Donbás bajo control ruso. La conquista de esta posición para una estrategia que ahora se concentra en el sur y el este es muy significativa. Tiene el potencial de compensar una parte de los problemas logísticos que analizábamos antes, permite constituir líneas de suministro más cortas y menos expuestas que las anteriores. Otros problemas, como la falta de coordinación, probablemente subsistan. Respecto a los problemas de mando, el nombramiento de general Alexander Dvornikov, antes destacado en el sur y ex-comandante de las operaciones en Siria, como nuevo comandante para la guerra en general probablemente apunte a enfrentar esta cuestión para la etapa que viene.

De conjunto la lucha en el Donbás –Rusia controla solo una parte de la región– plantea nuevas condiciones que eliminarán, o como mínimo reducirán significativamente, algunos de los obstáculos con los que se enfrentó el ejército ruso. Se trata de un territorio en gran parte llano y abierto, a diferencia por ejemplo del más urbano de las afueras de Kíev. Desde este punto de vista, es ideal para la artillería y los tanques rusos, aunque las lluvias pueden complicar el terreno. La cercanía a la frontera rusa se sumará a lo aportado por la toma de Mariupol y el corredor con Crimea para disminuir los problemas de suministro y de comunicaciones, incluso los organizativos, en tanto se tratará de una lucha más concentrada.

Ahora bien, también es cierto, como destacan algunos analistas, que durante los últimos años el ejército ucraniano ha fortificado sus posiciones defensivas en el Donbás, incluidos extensos sistemas de trincheras y vehículos blindados con revestimientos fortificados. Pero, por otro lado, la situación para el ejército ucraniano se torna difícil, ya que hasta ahora utilizaban preferentemente tácticas de guerra de guerrillas, con las que todo indicaría que tuvieron cierta efectividad y generaron daño en las tropas rusas. El terreno del Donbás, contra un ejército regular como el ruso, hará inviable esa táctica, frente una geografía más abierta y con menos lugares para ocultarse. A su vez, expondrá ampliamente las falencias del ejército ucraniano en cuanto a artillería y combinación de armas que señalábamos antes, y es difícil que las entregas de armas de la OTAN lleguen a tiempo para compensarlas.

Claro que un ataque exitoso sobre la zona fortificada por las tropas ucranianas en el Donbás requeriría mucha potencia de fuego de artillería y blindados, así como una infantería agresiva y resistente, y un mando táctico competente. Esto se choca con ciertas limitaciones que fuimos señalando. De allí que haya analistas [10] que anticipen que las fuerzas rusas intentarán lo que se denomina una “batalla de caldera”: una maniobra operativa para rodear al enemigo por al menos tres lados, que es una variación de un movimiento de pinzas o “doble envolvimiento” en el que se ataca por ambos flancos al defensor. El objetivo es forzar al enemigo a una “batalla de aniquilación”, a la rendición o a la retirada a lo largo de un frente estrecho que deja el atacante.

En un escenario así, la forma de mejorar sus probabilidades para el ejército ucraniano pasa por negar el cerco. Pero para ello tendrían que lanzar una serie de ataques anticipados que impidan la acumulación de fuerzas rusas. Tendrían que pasar de una situación defensiva a una ofensiva y utilizar las posiciones fortificadas para absorber los ataques y como plataformas para fijar un avance y aprovechar oportunidades de ataques sobre los flancos rusos. Este no parece ser, sin embargo, un curso de acción sencillo para las fuerzas ucranianas tal como las pudimos ver actuar hasta ahora.

Aunque estos elementos sugerirían cambios favorables para las fuerzas de Putin, las batallas en la guerra hay que librarlas, y el campo de batalla no es el único factor que juega en el asunto. Lo que sí es posible afirmar es que el desarrollo de la guerra en Ucrania tal como la vimos hasta ahora comienza a cambiar, y es este el momento en el que nos encontramos ahora.

Pensar la guerra

La guerra en Ucrania muestra que las tendencias a conflictos militares de mayor escala son una realidad. Es un hecho que guerrerismo y capitalismo siguen siendo hermanos de sangre. Como decíamos al principio, a quienes luchamos por terminar con este sistema capitalista también nos toca pensar la guerra. Muchas de las grandes revoluciones de la historia surgieron frente a la barbarie de la guerra y los sufrimientos que impone. Fue el caso de la Comuna de París con la guerra franco-prusiana, de la Revolución rusa de 1905 con la guerra ruso-japonesa, de la Revolución rusa de 1917 y la Revolución alemana de 1918-19 con la Primera Guerra Mundial. Luego de la Segunda Guerra Mundial llegaría la Revolución china de 1949, entre otras, mientras que, para evitar levantamientos revolucionarios en Alemania, el imperialismo norteamericano tiró toneladas de bombas explosivas e incendiarias sobre la población civil de Dresde. Por esto, pensar la guerra es parte de pensar una perspectiva revolucionaria, y seguirá siendo determinante hasta tanto la revolución socialista logre poner fin a la barbarie capitalista, cuando, como decía Engels: “La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre de productores iguales, [envíe] toda la máquina del Estado al lugar que entonces le ha de corresponder: al museo de antigüedades, junto a la rueca y al hacha de bronce” [11].

24-04-22

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La Cruz Roja de Ucrania traslada a una anciana hacia un búnker en la ciudad de Severodonetsk. Foto Afp

El afán del Kremlin siempre ha sido expansionista: alto funcionario de Kiev

La noticia llegó de donde nadie la esperaba y por boca de un general casi desconocido, pero generó este viernes un gran debate en todo el mundo acerca de si lo que dijo Rustam Minnekayev, subjefe del Distrito Militar del Centro, es sólo una opinión personal o se fue de la lengua y el ejército ruso tiene –en lo que el Kremlin denomina "segunda fase de la operación militar especial"– una nueva estrategia: conquistar el sur de Ucrania y llegar hasta la frontera misma con Transnistria, región separatista que no se supedita a Moldavia.

Al hacer uso de la palabra en la asamblea anual de la unión de empresas de la industria militar en la región de Sverdlovsk, en los Urales, el general Minnekayev, citado por las agencias noticiosas rusas, explicó: "A partir de la segunda fase de la operación militar especial, y de hecho ya comenzó hace dos días, uno de los objetivos de nuestro ejército es establecer un control pleno sobre la región del Donbás y el sur de Ucrania. Ello hará posible tener un corredor terrestre hasta Crimea y dominar centros vitales de la economía ucrania, sus puertos del mar Negro, que utiliza para sus exportaciones agropecuarias y metalúrgicas".

Después de esta revelación, Mi-nnekayev se sinceró: "Además, el control sobre el sur de Ucrania es una salida más hacia Transnistria, donde hay casos de persecución contra los habitantes de origen ruso", que representan 34 por ciento del total, apenas por encima medio punto porcentual de los moldavos, el segundo grupo étnico, y 10 por ciento más que los de origen ucranio, el tercer grupo.

Según el general, "Al parecer, ahora estamos en guerra con todo el mundo, igual que en los años de la Gran Guerra Patria (como se denomina en Rusia a la Segunda Guerra Mundial), toda Europa, el mundo entero estaban contra nosotros. Lo mismo pasa ahora, ellos nunca han querido a Rusia".

Si lo dicho por Minnekayev es en verdad, la nueva estrategia del ejército ruso tendría que doblegar a Odesa y Nikolayev, que oficialmente no son objetivos de Rusia, para llegar a Transnistria. En ese contexto preocupante, llama la atención el anuncio de que en la región de Jerson, ya bajo control ruso, se quiere celebrar un "referendo" para declararse "república popular", independiente de Ucrania a imagen y semejanza de Donietsk y Lugansk.

El vocero del Kremlin, Dimitri Peskov, se lavó las manos y no quiso comentar si, en el contexto de las sorprendentes declaraciones de Minnekayev, se han ampliado los objetivos de la "operación militar especial", que son "proteger a la población del Donbás": "De nuevo no voy a hablar de cuestiones que tienen que ver con la operación militar especial", respondió a los reporteros de la fuente.

Ante preguntas acerca de cómo ve el futuro del sur de Ucrania, Peskov repitió: "Esto de alguna manera está relacionado con la operación, lo dejo sin comentarios".

No es claro si Minnekayev contó con autorización de sus superiores para lanzar su bomba verbal. El ministerio de Defensa sólo sostuvo que está "estudiando" las palabras del general en los Urales.

En contraste, la dependencia militar de Ucrania, en un comunicado, afirmó que las palabras de Minnekayev significan que "Rusia busca con esta guerra sólo ocupar el este y el sur de Ucrania, el imperialismo tal cual es", mientras la oficina de la presidencia ucrania quiso recordar al respecto que "muchos planes del Kremlin han fracasado gracias a nuestro ejército y pueblo", escribió en Twitter su titular, Andrey Ermak.

Negociaciones, ¿estancadas?

El canciller Serguei Lavrov señaló que Rusia no se opone a que otros países ejerzan de garantes de la seguridad de Ucrania, siempre y cuando esas garantías, si son aceptables para Kiev, no creen amenazas para nadie.

Según él, “las negociaciones están estancadas. Siguen sin respuesta las propuestas que enviamos hace siete días. Cuando le preguntaron al presidente ucranio, Volodymir Zelensky, qué piensa de las iniciativas rusas respondió no tener conocimiento de las mismas. "No me corresponde evaluar hasta qué punto domina la situación, pero define muy bien ese proceso que llaman negociaciones".

Para el jefe de la diplomacia rusa, "cada día escuchamos declaraciones de representantes ucranios de todo tipo, incluido el mandatario Zelensky, que nos hacen pensar que no necesitan estas negociaciones, que ya se resignaron a su destino".

Sin embargo, este mismo viernes el jefe de los negociadores rusos, Vladimir Medinsky, reconoció en las redes sociales que, desde el más reciente encuentro presencial en Estambul hace casi un mes, ha sostenido "varias conversaciones largas" con su homólogo ucranio, David Arakhamia.

Las reuniones presenciales no se han vuelto a celebrar por el dramático asedio de Mariupol, prácticamente bajo control de las tropas rusas, pero hasta donde se ha filtrado a la prensa ucrania los grupos de trabajo siguen debatiendo sobre aspectos concretos de eventuales entendimientos.

Se dice que dos son los acuerdos que están más avanzados, uno de carácter político que se refiere al compromiso de Ucrania de declararse país neutral, sin bloques militares ni armamento nuclear, y otro sobre respeto recíproco de su cultura, que incluye las cuestiones del idioma y la enseñanza en ruso en Ucrania y en ucranio en Rusia.

Hasta el momento las mayores controversias, aparentemente, se dan a la hora de definir las fronteras de Ucrania al terminar la guerra.

Está sobre la mesa la propuesta rusa de establecer esos límites donde se encuentren las tropas de ambos países el día que se firme la paz, que choca frontalmente con la posición ucrania que es recuperar el territorio que tenía hasta el 24 de febrero, cuando empezó la invasión rusa.

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Rusia anuncia la toma de Mariupol, pero Ucrania insiste en que la ciudad sigue bajo su control

Las autoridades rusas descartan tomar por asalto la planta metalúrgica de Azovstal

El presidente Vladimir Putin consideró que "el fin de la misión de combate para la liberación de Mariupol es un éxito". Pero su par estadounidense, Joe Biden, dijo en línea con Kiev que todavía no hay pruebas de que la ciudad portuaria haya caído por completo.

 

Rusia anunció la toma de Mariupol y descartó tomar por asalto la planta metalúrgica de Azovstal, el último reducto de los defensores ucranianos de la ciudad portuaria, mientras que Kiev asegura que la urbe "sigue siendo ucraniana". Moscú le prohibió ingresar en su territorio a la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, y al presidente de Facebook, Mark Zuckerberg, así como a decenas de personalidades estadounidenses y canadienses, en represalia a las sanciones impuestas por los países occidentales. Mientras tanto, la Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó la suspensión de Rusia como observador permanente en el organismo.

"La misión es un éxito"

"Mariupol se encuentra bajo el control del Ejército ruso y las milicias de la república popular de Donetsk. Y el territorio de la planta de Azovstal con el reducto de los nacionalistas y mercenarios está bien bloqueado", dijo el ministro de Defensa ruso Serguei Shoigú, al presidente ruso, Vladimir Putin, quien consideró: "El fin de la misión de combate para la liberación de Mariupol es un éxito".

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, afirmó sin embargo que "todavía no hay pruebas de que Mariupol haya caído por completo" en manos rusas y aseguró que Putin "nunca tendrá éxito" en la ocupación de Ucrania. En la misma línea Vadym Boychenko, el alcalde de la castigada ciudad, destruida casi en su totalidad tras seis semanas de asedio, aseguró que Mariupol "sigue siendo ucraniana".

Una victoria incompleta

El anuncio ruso se produce dos semanas antes del "Día de la Victoria" que conmemora cada nueve de mayo la derrota de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial por parte del Ejército Rojo. Esto lo predijo la inteligencia británica este jueves al afirmar horas antes que "Rusia probablemente desea mostrar éxitos importantes antes de las celebraciones del Día de la Victoria". Londres remarcó que ello "podría influir en la rapidez y la fuerza de las operaciones rusas de cara a esta fecha".

En lo que sería el primer gran éxito en la campaña militar rusa en Ucrania, el ministro Shoigú admitió que la toma no es absoluta, ya que más de dos mil soldados ucranianos, mercenarios y combatientes del batallón ultranacionalista Azov resisten aún en la zona industrial de la planta metalúrgica Azovstal, además de unos mil civiles, según las autoridades de Ucrania.

Kiev temía un ataque final que redujera a cenizas la planta, pero Putin ordenó cancelar la orden de asalto a la fábrica. "No hay necesidad de meterse a estas catacumbas y arrastrarse en el subterráneo por esas instalaciones industriales", sostuvo el mandatario ruso, al advertir las bajas entre los soldados rusos que supondría el asalto a una zona fortificada como esa. Oleksiy Arestovych, asesor del presidente ucraniano Volodmir Zelenski, consideró que la declaración del líder del Kremlin "significa que el Ejército ruso no está en condiciones físicas de tomarla, ya que sufrirían inmensas bajas".

Pocas horas después del anuncio de la toma de Mariupol, el canal de televisión Zvezda, perteneciente al ministerio de Defensa de Rusia, publicó un video del movimiento de parte de las tropas rusas que combatieron en esta ciudad rumbo a otras zonas del frente. En el nordeste del país, las fuerzas prorrusas de Lugansk llegaron a la frontera de la vecina región ucraniana de Jarkov y tomaron la ruta estratégica que une las ciudades de Statovo y Kupiansk, según autoridades locales.

Antón Gueráschenko, asesor del ministro del Interior ucraniano, aseguró que su país fundó una organización dedicada a asesinar a los militares rusos y a residentes locales que colaboren con ellos en territorios ucranianos bajo el control de Moscú. Durante una entrevista con el canal Ukraína 24, el funcionario aseguró: "Ya tenemos un montón de gente lista para matar a los ocupantes, incluso son conscientes de que ellos mismos pueden enfrentar una muerte muy difícil. Nuestro 'Mossad ucraniano' ya está funcionando".

Nueva ayuda militar de EEUU

Mientras Moscú refuerza sus posiciones al norte, Ucrania recibe de la ayuda de los países occidentales. El presidente Joe Biden anunció una nueva ayuda militar de 800 millones de dólares, un paquete que incluye "armas de artillería pesada, decenas de obuses, 144 mil municiones y drones", según Washington. Estados Unidos también propuso una asistencia económica adicional de 500 millones de dólares para permitir a Ucrania mantener el funcionamiento del gobierno, informó un funcionario del Tesoro.

Para compensar las pérdidas económicas causadas por la guerra, Ucrania necesita "alrededor de siete mil millones de dólares" mensuales, dijo el presidente Zelenski. En tanto el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, anunció en Kiev que un barco de la armada española zarpó con destino a Polonia con "200 toneladas de munición moderna". El barco lleva también "30 camiones, varios vehículos especiales de transporte pesado y diez vehículos pequeños cargados con el material militar que se trasladará a Ucrania", detalló Sánchez. 

La OEA apuesta por aislar a Rusia

El Consejo Permanente de la OEA aprobó este jueves suspender a Rusia como observador permanente, en castigo por la invasión de Ucrania y en una apuesta por aislar aún más a Moscú en el plano internacional. Reunido en un encuentro extraordinario, que tuvo un formato híbrido, el Consejo Permanente de la organización, con sede en Washington, dio luz verde a una resolución contra Rusia con 25 votos a favor, cero en contra, ocho abstenciones y una ausencia.

Las abstenciones fueron de Honduras, México, El Salvador, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Argentina, Bolivia y Brasil. La ausencia fue de Nicaragua. La suspensión tiene efecto inmediato y se prolongará "hasta que el gobierno ruso cese sus hostilidades, retire todas sus fuerzas y equipos militares de Ucrania, dentro de sus fronteras internacionalmente reconocidas y vuelva a la senda del diálogo y la diplomacia", señala el texto de la resolución.

Rusia prohíbe el ingreso al país de Harris y Zuckerberg

Por su parte Rusia prohibió el ingreso al país a la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, y al dueño de Facebook, Mark Zuckerberg, junto con decenas de reconocidos ciudadanos estadounidenses y canadienses, como represalia por las sanciones que le impusieron a raíz de la ofensiva militar. El ministerio de Relaciones Exteriores ruso dijo que las restricciones de viaje a 29 estadounidenses y 61 canadienses, que también incluyen a funcionarios de Defensa, líderes empresariales y periodistas de ambas naciones, estarán vigentes indefinidamente.

La lista de Estados Unidos incluye al presentador televisivo de ABC News George Stephanopoulos; al columnista del Washington Post David Ignatius; y al editor del sitio de noticias Meduza, centrado en Rusia, Kevin Rothrock. También figuran el portavoz del Pentágono, John Kirby; la subsecretaria de Defensa, Kathleen Hicks; y el vocero del Departamento de estado, Ned Price. La nómina rusa agrega a los que están "directamente implicados en el desarrollo, el establecimiento y la aplicación del rumbo rusófobo del régimen gobernante en Canadá".

22 de abril de 2022

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Un soldado ucraniano en una posición entre las regiones de Luhansk y Donetsk. — EFE/EPA/STR

Todos los esfuerzos del Kremlin se centran en las regiones de Lugansk y Donetsk para convertirlas en un nuevo estado (o en varios) que funcionen como diques ante una eventual Ucrania pro occidental.

La guerra de Ucrania ha llegado a un punto de inflexión. Y se podría resolver allí en donde todo empezó: en el Donbás, esa región separatista oriental respaldada por la vecina Rusia, que fue empleada como uno de los subterfugios para la invasión de Ucrania por las fuerzas del Kremlin. Su caída definitiva en manos de Moscú sentenciaría esta fase abierta de la guerra, pero dejaría al rojo las ascuas de un conflicto armado que podría durar décadas.

A pesar de las informaciones contradictorias que llegan desde el frente, mediatizadas por las propagandas rusa y ucraniana, el avance de las fuerzas rusas en el este del país parece imparable, con imágenes del puerto de Mariupolis que confirmarían que ha sido ya tomado, y con la presión que ejerce toda la devastación artillera invasora sobre la fábrica siderúrgica de Azovstal, convertida en un pequeño Stalingrado de resistencia por el ejército ucraniano.

En su canal de Telegram, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, no pudo ser más claro: "Las fuerzas rusas han comenzado la batalla del Donbás, para la que llevaban preparándose mucho tiempo". Después, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, corroboraría la ofensiva: "La nueva fase de la operación militar especial en Ucrania empieza ya", afirmó en declaraciones al portal de noticias India Today. El jefe de la diplomacia rusa fue contundente: esta ofensiva tiene como objetivo "la liberación completa de las repúblicas de Donetsk y Lugansk".

Con esta frase, al calificar como "repúblicas independientes" a esos territorios, el Kremlin estaba reiterando el estatus que quiere para esa región del este de Ucrania. No parece la intención de Moscú incorporar esas zonas a la Federación Rusa, sino convertirlas en un nuevo estado (o en varios) que cumplan a rajatabla la función de diques ante una eventual Ucrania pro occidental, y que, en un futuro, puedan servir de potencial elemento de desestabilización, como ocurre con el Transdniester en el este de Moldavia o con Abjasia y Osetia del Sur en la caucásica Georgia. Sin embargo, la historia de los últimos ocho años de conflicto en el Donbás deja claro que Ucrania jamás renunciará a su soberanía sobre esta región, con lo cual, incluso si la guerra acabara mañana, el área sería un foco de tensión permanente entre Rusia y su vecino del sur, y entre Moscú y un Occidente proucraniano.

Tras las revueltas populares de fines de 2013 y principios de 2014 que llevarían a la caída del Gobierno del presidente prorruso Víctor Yanukóvich, y después de que Rusia se anexionara de facto la península de Crimea con un dudoso referéndum en febrero de 2014, todos los esfuerzos del Kremlin se centraron en las regiones de Lugansk y Donetsk, en el Donbás. Allí una mayoría prorrusa, levantisca con el régimen ultranacionalista de Kíev y también cargada de un nacionalismo extremo, se levantó contra las arbitrariedades cometidas por las fuerzas militares ucranianas. Azuzadas y armadas por Moscú, las milicias prorrusas se enfrentaron a los ucranianos en una guerra localizada que dejó desde entonces no menos de 14.000 víctimas mortales, entre militares y paramilitares de ambos bandos, y civiles.

Tras el triunfo de la revolución de Euromaidan en Kíev, y el vertiginoso cambio en la Administración central ucraniana, con fuerzas europeístas y nacionalistas despejando del poder a los cuadros prorrusos de Yanukóvich, en el Donbás se sucedieron los incidentes. Los enfrentamientos armados corrían de forma paralela a la toma de numerosas localidades por fuerzas favorables a la separación de Ucrania, ya fueran independentistas o deseosas de integrarse en Rusia. Al tiempo, se incrementó la represión de la población local por parte de batallones militares y paramilitares leales a Kíev. Estaban servidas las bases de un conflicto civil armado que se prolongó hasta la invasión rusa del 24 de febrero.

En mayo de 2014, después de que las autoridades ucranianas lanzaran varias operaciones especiales para aplastar el secesionismo en el Donbás, los oblasts (regiones) de Donetsk y Lugansk celebraron sendos referéndums y la inmensa mayoría de la población reclamó el alejamiento de Ucrania. Observadores independientes pusieron en duda esos procesos y se reanudó la presión por parte de Kíev sobre la región. Los incidentes armados se sucedieron por toda la zona e incluso en Mariupol la policía prorrusa se enfrentó al ejército ucraniano allí desplegado. Se proclamaron las repúblicas de Donetsk y Lugansk, y el conflicto tomó ya tintes de guerra civil. Ucrania acusó a Rusia de armar a las milicias separatistas y enviar soldados con uniformes que no podían ser identificados como rusos; Estados Unidos aportó supuestas pruebas de ello, rechazadas por Moscú. Otras alegaciones de fuentes menos parciales, como Amnistía Internacional, o los testimonios de soldados rusos apuntaron, ya sin género de dudas, a la participación del Kremlin en la guerra. Al tiempo, se sucedieron las denuncias acerca de la presencia sobre el terreno de asesores de la CIA y de mercenarios estadounidenses.

En este contexto ocurrió la tragedia del Vuelo 17 de Malaysia Airlines, con código compartido con la aerolínea KLM Royal Dutch Airlines. El aparato, un Boeing 777, fue derribado el 17 de julio de 2014 con 298 personas a bordo por un misil Buk tierra-aire. Todos los indicios apuntaron a que fue disparado por fuerzas separatistas prorrusas.

Los acuerdos firmados en Minsk en 2014 y 2015 por los separatistas y la Administración ucraniana, supervisados por la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), no mejoraron la situación. Los protocolos fueron ignorados por las dos partes, tras ligeras treguas, y el conflicto continuó con mayor o menor intensidad durante los años siguientes. Rusia fue acusada de utilizar una guerra híbrida en torno al Donbás, y Moscú denunció la injerencia de Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países occidentales desde la sombra. Los choques y las escaramuzas aumentaron según se acercaron los comicios presidenciales en Ucrania del 31 de marzo de 2019. En la segunda vuelta de las elecciones, celebrada el 21 de abril de ese año, Volodímir Zelenski se impuso al hasta entonces presidente ucraniano, Petró Poroshenko, con el 73,22 por ciento de los votos.

La invasión rusa de Ucrania en febrero pasado tenía como uno de sus objetivos precisamente asegurar la independencia de Donetsk y Lugansk. Los antiguos escenarios de batallas en el Donbás recobraron las acciones bélicas, más aún con el reciente repliegue ruso desde otras partes de Ucrania hacia esta región. Las últimas noticias que llegan desde la Administración de Zelenski hablan de que una ofensiva rusa masiva sobre el Donbás es ya imparable, con ataques en localidades como Izyum, en el vecino distrito de Jarkiv, así como en Sloviansk, en el distrito de Donetsk, y en Popasna y Severodonetsk, en Lugansk. Estas últimas tres ciudades fueron teatro de muchas operaciones bélicas durante los ocho años de guerra del Donbás.

Hay una fecha clave que puede marcar esta ofensiva sobre el Donbás y otras zonas del este y sur de Ucrania: el próximo 9 de Mayo. Rusia celebra en esa jornada y siempre por todo lo alto el Día de la Victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania nazi, ocurrida en 1945. Fuentes del Estado Mayor ucraniano han filtrado varios informes de inteligencia que desvelarían las órdenes del Kremlin con esa fecha como límite para la guerra. El presidente ruso, Vladímir Putin, se encuentra en una posición muy delicada en su propio país y necesita una victoria contundente, después de que en estos casi dos meses de guerra no se hayan alcanzado algunas de las metas más relevantes de la invasión, como la defenestración de Zelenski y la subyugación del Gobierno prooccidental de Kíev. La resistencia de las fuerzas armadas ucranianas ha sido mayor de lo esperado y la campaña también ha mostrado muchos flancos débiles en el propio ejército ruso, dotado de un equipamiento deficiente para afrontar la singularidad del terreno ucraniano y sus adversas condiciones meteorológicas, a pesar de que antes de la invasión se venía insistiendo en ambos desafíos.

"Los generales (rusos), al despertarse con resaca, se han dado cuenta de que tenían un ejército de mierda", señala el oligarca ruso Oleg Tinkov, desde un paradero desconocido. "¿Y cómo podría ser bueno este ejército si todo lo demás en el país (Rusia) es una mierda y está sumido en el nepotismo, la adulación y el servilismo?", agrega el magnate, uno de los grandes empresarios rusos que están sufriendo las sanciones impuestas por Occidente a Moscú tras la invasión de Ucrania.

En su mensaje difundido por Instagram, Tinkov subraya que el 90% de los rusos se opone a esta guerra "desquiciada", pero advierte a Occidente de que se debe ofrecer algún tipo de salida a Putin, a fin de que "pueda salvar la cara y parar esta masacre". La alternativa sería el desastre absoluto.

 19/04/2022 11:05

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Palestinos lanzan piedras a los soldados israelíes durante los enfrentamientos vividos en la madrugada de este sábado en Hebrón. — Abed Al Hashlamoun / EFE

La tirantez en la Cisjordania ocupada parece estar a punto de desencadenar una guerra. La coincidencia del Ramadán con la Pascua Judía incrementa una tensión que lleva las provocaciones de Israel y los palestinos más radicales al límite.

La tensión entre Israel y los palestinos ha experimentado un repunte considerable en las últimas semanas, que se ha agravado estos días con la coincidencia de las festividades de la Pascua Judía y el Ramadán Musulmán, y que tiene su punto de ebullición más próximo en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén, donde en la antigüedad estuvo el Templo judío.

Desde principios de abril han muerto más de una veintena de palestinos en la Cisjordania ocupada, donde hay un enorme despliegue del Ejército y de la Policía israelí, todo ello en respuesta a varios ataques de milicianos palestinos que se han cobrado la vida de más de una decena de israelíes en el interior de Israel.

La cuestión de si esta tensión va a conducir a un nuevo choque bélico con Hamás está abierta y dependerá de lo que ocurra en los próximos días, especialmente durante la semana en curso, en la que los judíos continúan celebrando la Pascua, así como en las dos semanas siguientes en las que se celebra también el Ramadán.

El problema de fondo, que se renueva periódicamente, continúa siendo la brutal ocupación de los territorios palestinos, un horizonte que no va a cambiar, como han dejado claro los dirigentes israelíes con el primer ministro Naftalí Bennett a la cabeza, quienes a diario dan por sentado que la ocupación y la anexión forma parte de su estrategia a largo plazo y por ello envían continuamente a más colonos a los asentamientos que implantaron a partir de la guerra de 1967.

Una situación nueva se produjo el domingo, cuando el líder del partido islamista Raam (Lista Árabe Unida), Mansour Abbás, anunció que "congela" temporalmente su apoyo al Gobierno de Bennett. Abbás ha facilitado una ajustada gobernabilidad del país durante casi un año, permitiendo que Bennett cuente con el respaldo de 61 de los 120 diputados que hay en la Kneset.

Esta "congelación" tiene previsto prolongarse durante dos semanas, es decir hasta después de la Pascua Judía y coincidiendo con el final del Ramadán, cuando Abbás se replanteará su apoyo en función de lo que ocurra estos días. Es evidente que el líder del partido islamista no quiere romper la coalición, de ahí que no haya tomado una decisión radical, pero también es obvio que una parte de su electorado no ve muy bien la fuerte represión de las últimas dos semanas.

La congelación es por lo tanto una decisión contemporizadora, especialmente si se tiene en cuenta su carácter simbólico puesto que la Kneset permanecerá cerrada por vacaciones durante varias semanas, es decir que durante este tiempo no habrá votaciones.

Una tensión peligrosa para la coalición

Pero la situación de Bennett no se presenta fácil a corto plazo, aunque Abbás decida continuar en la coalición, ya que hace solo unos días una diputada del partido del primer ministro se sumó a la oposición, de manera que la correlación en el Parlamento es ahora de 60 a 60, un empate que dificulta cualquier acción legislativa.

La tensión en Jerusalén y en otros puntos de Cisjordania es peligrosa para la estabilidad de una coalición que podría seguir perdiendo apoyos. Si perdiera a otro diputado, Bennett ni siquiera podría aparentar que gobierna, e incluso podría perder una moción de censura. Sin embargo, la oposición está dividida y Benjamín Netanyahu no cuenta con el respaldo necesario para gobernar, lo que significa que podríamos estar cercanos a las quintas elecciones en un periodo de tres años.

La tensión en la Explanada de las Mezquitas, es decir la entrada de judíos radicales fuertemente protegidos por las fuerzas de seguridad, que las televisiones reproducen a diario podría desencadenar una guerra con Hamás, de la misma manera que una situación similar condujo el año pasado a una guerra de 11 días. La organización islamista que gobierna Gaza desde 2007 considera que Jerusalén es una línea roja que Israel no debe cruzar.

Millares de palestinos se concentran a diario en la Explanada para defender la mezquita Al Aqsa y el Domo de la Roca, así como la misma Explanada, adonde suben colonos radicales con la intención de practicar ritos talmúdicos coincidiendo con la pascua judía.

Aunque Israel asegura que defiende la libertad de culto, en la práctica siempre hace lo que va bien a sus intereses e interpreta que la libertad de culto es permitir que los extremistas judíos provoquen a los musulmanes con la clara intención de echarlos en cuanto se presente una oportunidad y construir en la Explanada el tercer templo.

Detenciones y heridos en territorio ocupado

En Hebrón, al sur de Cisjordania, por ejemplo, el Ejército ha cerrado estos días al culto de los musulmanes la mezquita de Abrahán, que sin embargo ha sido habilitada para que los judíos puedan celebrar la pascua. Antes que defender la libertad de culto de judíos fanáticos, Israel debería respetar el derecho internacional y abandonar los territorios ocupados, poniendo fin al brutal apartheid que practica contra los palestinos.

En los últimos días el Ejército y la Policía israelí han detenido a cientos de palestinos y han herido a muchas decenas, tanto en Jerusalén como en el resto de los territorios ocupados. La actitud de soldados y policías fuertemente armados es una provocación constante y en cualquier momento puede prender la chispa que conduzca a un conflicto bélico.

Los días más inflamables son los viernes. El pasado viernes, el segundo de ramadán, más de 50.000 musulmanes llegaron a la Explanada de las Mezquitas. Aunque habitualmente hay restricciones que impiden la visita de los más jóvenes, los incidentes están garantizados y cualquier suceso en el momento más inoportuno puede desencadenar una guerra.

18/04/2022 21:35

Por Eugenio García Gascón

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Un miembro del servicio de las tropas prorrusas carga granadas propulsadas por cohetes. — Alexander Ermochenko / Reuters

El valor de la ciudad se traduce en su posición estratégica, ya que puede ser un vínculo entre las zonas prorrusas del Donbás y la anexionada República de Crimea. Además, es un enclave esencial para la agricultura y la industria.

Mariúpol ha sido una de las ciudades más afectadas por la invasión de Rusia a Ucrania. Este enclave ha sido una de las obsesiones del régimen de Vladímir Putin, que envió tropas desde primer día en el que comenzó la guerra para hacerse con el control de la zona. 

El valor de la ciudad se traduce en su posición estratégica, ya que se sitúa en el sureste de Ucrania y puede ser un vínculo entre las zonas prorrusas del Donbás y la anexionada República de Crimea. A lo que hay que añadir que posee uno de los puertos más importantes en el mar de Azov. También es un espacio clave por su relevancia económica. Productos como el carbón, el acero o el maíz salen de ahí para comerciarse, especialmente, en Medio Oriente.

Esta semana se han intensificado los bombardeos en la ciudad después de que Ucrania rechazara el ultimátum dado por Moscú para que se rindiera. Pero pese a la resistencia ucraniana, el Instituto de Estudios para la Guerra advierte que no tardará en caer debido a la "abrumadora potencia de fuego" del ejército ruso, según recoge la agencia Efe. 

Mariúpol, uno de los primeros objetivos de Rusia

Rusia inició la guerra el 24 de febrero. Las autoridades ucranianas informaron aquel día del despliegue de tropas rusas en Odesa y Mariúpol. De hecho, el Ministerio del Interior de Ucrania alertó que se habían producido desembarcos a gran escala en esas dos ciudades. Mariúpol fue una de las primeras zonas donde, según el Ministerio de Sanidad ucraniano, se reportaron las primeras muertes de civiles. 

El ejército ucraniano continúa haciendo frente a los soldados rusos. En medio de los enfrentamientos, se estima que unos 100.000 civiles intentan sobrevivir escondiéndose en los edificios que todavía resisten a las bombas. La viceprimera ministra ucraniana, Iryna Vereshchuk, ha reconocido que la situación se ha "agravado" y ha reclamado este lunes a las autoridades rusas que abran un corredor humanitario desde Mariúpol a Berdyansk. 

¿Por qué es importante Mariúpol? Un nexo de Rusia a Crimea

La ciudad tiene una gran importancia para Putin, ya que se posiciona en un lugar clave para establecer un nexo entre Rusia y Crimea. Si Rusia se hace con el control de Mariúpol, podrá establecer un puente terrestre que abarcaría la región del Donbás, donde se localizan las autoproclamadas repúblicas populares de Lugansk y Donetsk, y la ciudad portuaria. Esto sería un vínculo directo a la península de Crimea, que Rusia anexó en 2014. 

El régimen de Putin también controlaría la costa del Mar de Azov, que es parte del mar Negro. Es uno de los puertos más grande de la zona. Por esta razón, Mariúpol es clave en la industria y la agricultura ucraniana. De hecho, hay importantes instalaciones de hierro y acero, con las plantas de metales más grandes del país. 

La devastación de la ciudad

Estas razones estratégicas han desencadenado que las tropas de Putin incidan en la zona y hayan presionado militarmente para ocuparla. Algo que ha generado la devastación de la ciudad no solo por la destrucción de infraestructuras, también por el drama humanitario que ha provocado la guerra. 

El presidente del país, Volodímir Zelenski, denunció a principios de marzo que Rusia había bombardeado un hospital infantil. "Hay personas, niños bajo los escombros. ¡Atrocidad! ¿Cuánto tiempo más será el mundo cómplice ignorando este terror?", lamentó el mandatario ucraniano. El atroz suceso dejó imágenes impactantes, como la de una mujer embarazada que fue sacada de entre los escombros por voluntarios. Finalmente, la madre y su bebé fallecieron

Ucrania también avisó del bombardeo ruso al mítico teatro de Mariúpol, donde se encontraban civiles refugiados. "Las tropas racistas han destruido de manera cínica y deliberada el Teatro Dramático en el corazón de Mariúpol. El avión ha lanzado una bomba sobre un edificio en el que se escondían cientos de residentes pacíficos", denunció el Ayuntamiento de la ciudad.

El ministro de Exteriores de Ucrania, Dmtro Kuleba, califcó el ataque como "otro horrible crimen de guerra". Las autoridades rusas señalaron al batallón Azov —unidad militar de neonazis ucranianos— para desvincularse de las acusaciones de Ucrania. Aseguraron que este grupo había sido el responsable de esta "nueva provocación sangrienta".

Sin embargo, el Consistorio de la ciudad también denunció el ataque a las instalaciones polideportivas en las que se encontraban "mujeres embarazadas y niños" y manifestó que Moscú mentía cuando trataba de desvincularse de la autoría de los ataques. 

madrid

18/04/2022 19:19

Público

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El poder ruso está decidido a mantener un gran conflicto con Occidente

Seis semanas después de que Rusia entrara en guerra contra Ucrania, empieza a aclararse el significado de este conflicto de una magnitud sin precedentes en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Más allá del destino de Ucrania, se trata de que el gobierno ruso derrote al "Imperio de la mentira", es decir, a Occidente, como dijo Vladímir Putin el 24 de febrero, para construir un orden mundial radicalmente nuevo. 

Los que en la mañana del 24 de febrero, cuando los primeros misiles cayeron en Ucrania, y luego en los días siguientes, negaron a Vladímir Putin toda "racionalidad", se equivocaron. Calificado a su vez de "enfermo", "aislado", "paranoico", "mal informado", el presidente ruso acababa de tomar la "incomprensible" decisión de una guerra calificada de "disparate" y de "error estratégico".

Un error tan grande, añaden otros expertos, que Putin tendría pocas posibilidades de sobrevivir políticamente. De las tres fuerzas que organizan el poder ruso –los servicios de seguridad, los oligarcas y el ejército–, algunas no podrían seguir apoyando una presidencia que convertiría a su país en el paria del mundo...

Seis semanas después, Vladímir Putin ha reforzado su posición como líder todopoderoso de una Rusia transformada en un campo militar. No se ha alzado ni una sola voz discordante entre las élites políticas, económicas y de seguridad. No cabe duda de que existen desacuerdos, algunos de los cuales se expresaron a medias en los primeros tiempos. Ahora están obstinadamente callados. La guerra no da lugar a un debate, sino a un enfrentamiento bélico y nacionalista con tintes fascistas.

Al mismo tiempo, toda la sociedad ha sido sometida a un yugo: prohibición de los últimos medios de comunicación independientes y de las redes sociales, control de Internet, detenciones de los miles de opositores a la guerraleyes liberticidas, organización de campañas de denuncias anónimas. La propaganda desenfrenada completa esta construcción de un estado totalitario.

Incluso el vocabulario ha cambiado, al igual que los discursos de Putin, especialmente el del 16 de marzo, que no tiene nada que envidiar a la retórica de los peores momentos del estalinismo. "El pueblo ruso es capaz de distinguir a los verdaderos patriotas de la escoria y los traidores, y de escupir a estos últimos como un mosquito que se ha posado accidentalmente en su boca. Estoy convencido de que esta depuración natural y necesaria de la sociedad no hará sino fortalecer nuestro país", dijo aquel día.

Los numerosos fracasos del ejército ruso sobre el terreno no han servido de nada. Los bombardeos de poblaciones civiles, la destrucción de ciudades, las revelaciones de posibles crímenes de guerra a gran escala no han debilitado más el poder. Por el contrario, estos acontecimientos han unido aún más a las élites rusas. Y la población, según los sondeos de opinión más o menos creíbles (los del centro Levada), apoya masivamente al régimen.

Por lo tanto, se dan todos los parámetros para que esta guerra de invasión de un país independiente dure meses, o incluso se convierta en una guerra total que supere el marco ucraniano. Desde el 24 de febrero, numerosos textos y discursos de dirigentes rusos o de personas cercanas al gobierno han descrito lo que realmente está en juego en este conflicto. Estos son tres de ellos.

La construcción de un "orden mundial futuro".

La primera cuestión la expone claramente una figura clave de la política exterior rusa desde hace casi treinta años, Sergei Karaganov, ahora cercano a Sergei Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores. Tras haber presidido numerosos centros de investigación, haber asesorado a Boris Yeltsin, pero sobre todo a Vladimir Putin, y haber dejado su nombre a varias doctrinas, Karaganov lleva mucho tiempo teorizando sobre el declive ineluctable de Occidente, la necesidad de crear la "Gran Eurasia" y de acercarse a China.

Entrevistado en profundidad el 28 de marzo por la revista británica The New Statesman, Sergei Karaganov pone el listón muy alto. "Para la élite rusa, lo que está en juego en esta guerra es muy alto, es una guerra existencial", afirma. "Esta guerra es una especie de guerra por delegación entre Occidente y el resto del mundo –Rusia es el "resto" por excelencia– por un futuro orden mundial. Rusia no puede permitirse el lujo de 'perder', así que necesitamos algún tipo de victoria. Y si hay una sensación de que estamos perdiendo la guerra, entonces creo que hay una posibilidad real de escalada".

Sergei Karaganov insiste en que "la derrota es impensable", y si surge esta perspectiva, Rusia tomará "la opción de la escalada" ya que se trata de "una guerra existencial". La fórmula es muy precisa, ya que la doctrina rusa autoriza el uso de armas nucleares en caso de "amenaza existencial". Preguntado por este recurso, el asesor responde: "Yo no lo excluiría. Vivimos una situación estratégica absolutamente nueva".

Estos son los nuevos objetivos declarados por el ejército ruso. El objetivo es tomar el mayor número posible de territorios, ciudades y puertos en el este y el sur de Ucrania. Las negociaciones de paz pueden entonces avanzar sobre la base de un equilibrio de poder militar que imponga esta partición del país.

Acabar de una vez por todas con Ucrania

Cuando Dmitri Medvédev asumió la presidencia de Rusia en 2008, antes de devolverla a Vladímir Putin cuatro años después, los diplomáticos occidentales se mostraron entusiasmados. Por fin un hombre moderno, abierto, dispuesto a negociar sólidamente con Europa y Estados Unidos... Diez años después, Medvédev es uno de los halcones más reivindicativos del régimen.

Vicepresidente del Consejo de Seguridad Nacional, publicó el 5 de abril un texto incendiario en la primera red social rusa VKontakte, en el que repetía varios elementos del artículo de Vladimir Putin de julio de 2021 en el que explicaba que la nación ucraniana no existe y que, por tanto, no puede haber un Estado independiente.

Sergei Karaganov dice que no sabe "si Ucrania vaya a sobrevivir, porque tiene una historia de Estado muy limitada o inexistente y no tiene una élite capaz de construir ese Estado". Dmitri Medvedev es categórico: Ucrania no existe.

"En lugar de estar orgullosos de los logros comunes de sus antepasados, desde 1991 se ha escrito una pseudohistoria del Estado ucraniano 'sobre la rodilla' y se ha destruido la idea de un único pueblo ruso [...] El ucranismo profundo, alimentado por el veneno antirruso y una mentira total sobre una pseudoidentidad, es una enorme falsedad. Este fenómeno no ha existido nunca en la historia. Hoy tampoco existe", escribe Dmitri Medvédev.

Ayudados por Occidente para destruir mejor a Rusia, los batallones nazis habrían tomado el país. "Durante treinta años, los fanáticos ucranianos han estado rezando por el Tercer Reich [...], así que no debería sorprendernos que, transformada mentalmente en el Tercer Reich, Ucrania sufra su destino", añade.

Medvédev recuerda dos objetivos de guerra fijados por Vladímir Putin: la "desmilitarización y desnazificación de Ucrania". "El objetivo es la paz para las futuras generaciones de ucranianos y la posibilidad de construir por fin una Eurasia abierta, desde Lisboa hasta Vladivostok", concluye el ex presidente, citando de nuevo esta Eurasia, obsesión de la clase política rusa desde hace veinte años.

Sólo dos días después del inicio de la guerra, la agencia oficial RIA Novostipublicó un artículo (fue retirado unas horas más tarde, pero puede leerse aquí y en francés en el sitio web Desk Russie) que ya reconocía la victoria de Moscú y sus consecuencias. Titulado "El advenimiento de Rusia y un nuevo mundo", su autor es Piotr Akopov, nacionalista y ferviente partidario de Putin.

"Rusia ha recuperado su unidad: la tragedia de 1991, esa terrible catástrofe de nuestra historia, esa dislocación antinatural, ha sido superada", escribe Akopov, celebrando el acto histórico de Putin. Es el regreso del mundo ruso, "es decir, tres Estados, Rusia, Bielorrusia y Ucrania, que ahora están unidos geopolíticamente", afirma entusiasmado, lo que permitirá redefinir las relaciones con Occidente.

"La construcción de un nuevo orden mundial se acelera, y sus contornos son cada vez más claros a través de los jirones de la globalización anglosajona. El mundo multipolar se ha convertido por fin y para siempre en una realidad", añade Piotr Akopov.

La construcción de un nuevo Estado totalitario

"Quien no se arrepienta de la URSS no tiene corazón; quien quiera restaurarla no tiene cabeza", declaró Vladímir Putin en 2005. Diecisiete años después, no es tanto la URSS como el poder imperial ruso lo que Putin quiere recuperar. Convencido de que el "Imperio de la mentira" ha hecho de Ucrania su marioneta para atacar a Rusia, el presidente ruso nunca ha abandonado la cultura del KGB, de la que fue uno de los reclutas en Alemania del Este.

En una nota del Ifri (Instituto Francés de Relaciones Internacionales), el investigador Dimitri Minic detalla la comprensión de las amenazas estratégicas por parte de las élites rusas y los distintos servicios de seguridad:

"La iniciativa rusa forma parte de una percepción radicalmente hostil del entorno estratégico: Moscú se enfrentaría a una guerra indirecta y no declarada en todos los frentes, salvo en una lucha armada interestatal que sus enemigos -Occidente- no se atreverían a lanzar todavía contra Rusia", escribe. "La percepción que tienen las élites político-militares rusas está alimentada por dos creencias centrales: que el mundo exterior es profundamente hostil a Rusia y que Estados Unidos es omnisciente y omnipotente".

De ahí esta guerra contra Ucrania para liquidar de una vez por todas lo que se describe como una "amenaza existencial". Pero esta liquidación implica, contra los individuos y los pueblos, la construcción de un nuevo estado totalitario. Esto está casi hecho en Rusia, donde el control de las mentes mediante la propaganda, y de los cuerpos mediante el encarcelamiento o el asesinato, está a punto de completarse.

Habrá que hacerlo en Ucrania, al terminar una guerra de la que se dice que Rusia sólo puede salir victoriosa, salvo que se produzca un cataclismo europeo o mundial, como explica Sergei Karaganov. Los intelectuales ultranacionalistas y fascistas que rodean al Kremlin se apoderaron inmediatamente de esta cuestión: una vez ganada la guerra, ¿cómo se puede someter al pueblo ucraniano, o mejor dicho, "desnazificarlo"?

Así, la agencia oficial RIA Novosti publicó el 3 de abril un increíble artículo del ensayista y politólogo Timofei Sergueïtsev (que puede leerse aquí en francés). Un texto así, por su violencia y su carácter explícitamente fascista, no podía publicarse sin la luz verde política del gobierno. Esto da una idea de la "atmósfera" ideológica que reina hoy entre las élites rusas.

Timofei Sergeyev cree que "el nazismo ucraniano representa una mayor amenaza para la paz y para Rusia que el nazismo en su versión hitleriana". Además, "Occidente es en sí mismo colectivamente el creador, la fuente y el patrocinador del nazismo ucraniano".

Se trata, por tanto, de un vasto plan que deberá llevarse a cabo "al menos durante una generación", ya que resulta que "la población es masivamente nazi", anuncia. Un plan hecho de liquidación de las élites y de todos los combatientes, de "reeducación" de la población, de represión sistemática. Un 1984, de George Orwell, a partir de 2022...

En la página web Desk Russia, la historiadora Françoise Thom señala otro texto, esta vez del politólogo ruso Vladimir Mojegov. Nos permite comprender mejor cómo esta guerra contra Ucrania desatada por Moscú tiene implicaciones más amplias para la seguridad internacional. "Nuestro objetivo en Ucrania no es trasladar el foco antirruso mil kilómetros hacia el oeste, sino crear en nuestras fronteras occidentales un puente y un trampolín hacia una nueva Europa, no hacia la actual Europa del caos y la decadencia, sino hacia la Europa de la tradición", escribe.

También aquí encontramos el rastro de los discursos de Vladímir Putin, denunciando un Occidente decadente, presa de "la teoría del género", mientras que Rusia, con su religión ortodoxa, su eterno conservadurismo y su autoritarismo de principios, salvaría al mundo cristiano. Desde hace mes y medio, la guerra del presidente ruso se desarrolla en este universo ideológico, navegando entre el ultranacionalismo bélico y el fascismo.

Hace unos años, pocos especialistas, diplomáticos y observadores se tomaban en serio esta fanática vestimenta ideológica. Prefirieron ver a Vladímir Putin como un hombre maniobrable y pragmático que entendía el equilibrio de poder. La guerra en Ucrania no sólo invalida definitivamente esta visión, sino que nos dice que puede ocurrir lo peor y que el régimen ruso está preparado para una explosión que haría arder toda Europa.

16/04/2022

Versión española : infoLibre, socio editorial de Mediapart en España.

François Bonnet

Periodista, ha trabajado en Liberation, Monde y Marianne. Cofundador de Mediapart.

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