Domingo, 10 Abril 2022 06:18

Ucrania y la izquierda

Calle repleta de cuerpos de personas asesinadas por el ejército ruso en Bucha. RTV

Un sector de la derecha y uno de la izquierda están de acuerdo en que está bien bombardear a civiles, a condición de que los bombardeados sean malos. Comparten la misma visión nihilista sobre la legalidad internacional

Han escandalizado con razón las declaraciones de María Jamardo, periodista radical, en un programa de Telecinco: “Ni el que bombardeaba era tan malo ni los que eran bombardeados eran tan buenos”, refiriéndose al bombardeo de Gernika por los nazis en 1937, crimen invocado por el presidente ucraniano en su comparecencia ante el Congreso de los Diputados el pasado martes. Zelenski, mal informado, creyó haber encontrado un símbolo universal capaz de concitar a su favor la imaginación indignada de todos los españoles; ignoraba que nuestro batallón Azov, mucho más numeroso que el ucraniano, sigue justificando el golpe de Estado de Franco y agradeciendo la ayuda alemana contra los malvados comunistas y los perversos separatistas vascos. Ahora bien, lo que tampoco sabía Zelenski es que sus palabras iban a molestar asimismo a un sector de la izquierda (al que yo llamo “estalibán”) que ha considerado que las palabras de Jamardo, monstruosas en el caso de España, sí son aplicables, en cambio, al de Rusia y Ucrania: ni los bombardeadores rusos son tan malos ni los bombardeados ucranianos son tan buenos. Aún más: los rusos son de algún modo los buenos, pues están bombardeando a los nazis ucranianos. Un sector de la derecha y un sector de la izquierda están de acuerdo en que está bien bombardear a civiles en otro país, a condición de que los bombardeados sean malos. Comparten la misma visión nihilista sobre el derecho y la legalidad internacional; discrepan sobre el contenido de la maldad a extirpar.

Esta argumentación estalibana –multiplicada en tuits durante los últimos días– es uno de los proteicos procedimientos, unos más inteligentes, otros más romos, empleados desde la izquierda para clonar sin mucha vergüenza la propaganda del agresor ruso. No es que no sepan que hay que desconfiar de la propaganda de una potencia invasora; lo han hecho siempre, y con tino, mientras el invasor era EE.UU. o la OTAN. No se puede dar credibilidad, lo sabemos, a lo que dice un asesino; si quiero creer en sus palabras, en consecuencia, necesito exculpar o atenuar su participación en el crimen. Para confiar en la propaganda rusa, en definitiva, como otras veces ocurrió con la estadounidense, es necesario invertir la relación víctima/victimario y atribuir toda la responsabilidad de lo que está ocurriendo al bombardeado. Si probamos que los ucranianos, marionetas de la OTAN y los EE.UU., son los culpables, entonces podemos creer y repetir lo que dice el Kremlin. Esta inversión de papeles, de una notable infamia ética, es la norma propagandística de las agresiones imperiales y así la criticamos en Iraq y Afganistán. Hoy sucumben a esta norma muchos izquierdistas que, entre el negacionismo y la contextualización, no tienen empacho en oponer al pensamiento mainstream pro-ucraniano la propaganda mainstream pro-invasión. Las matanzas de Bucha han activado verdaderos delirios. Se ha llegado a regañar a los periodistas sobre el terreno –gente como Alberto Sicilia, Hibai Arbide o Mikel Ayestaran– por tomarse en serio los testimonios de los supervivientes y no hablar de “presuntos crímenes de guerra”, cautela judicial que, en realidad, algunos querrían extender a la guerra misma: “presunta” invasión rusa, “presuntos” bombardeos sobre Ucrania, “presunto” asedio a Mariupol. Rusia no puede estar haciendo lo que se le atribuye porque es la víctima; y es víctima también, por tanto, de la propaganda enemiga. Analistas finos y panfletarios necios, políticos travestidos de periodistas y estalibanes chiflados comparten este horizonte fáctico, matriz de todas sus semejanzas discursivas: si Rusia invade Ucrania, es EE.UU. quien invade Ucrania; si Rusia bombardea Ucrania, es la OTAN quien bombardea Ucrania. No está ocurriendo lo que está ocurriendo sino todo lo contrario. El negacionismo no puede ceñirse, no, a las matanzas de Bucha; las matanzas de Bucha pueden ser negadas, al revés, porque se niega de raíz la agresión de Putin y, por lo tanto, sus consecuencias. Si no fuese trágico, resultaría enternecedor ver a tanta gente adulta, algunas veces sensata, a veces incluso amiga, arrastrada por esta necesidad infantil de creer en la bondad o, al menos, la legitimidad de “nuestro” criminal preferido.

¿Y por qué es “nuestro”? Nos asaltan como regüeldos de la Guerra Fría. Algunos, incluso muy jóvenes, sucumben a la ilusión porque, pese a sus alianzas con la extrema derecha mundial, pese a sus declaraciones contra Lenin, ven una continuidad entre Putin y la revolución bolchevique. Hay un rescoldo soviético en la rebeldía antisistema de cierta izquierda, como hay un rescoldo de nostalgia franquista en la rebeldía antisistema de la derecha. La mayoría sucumbe, en todo caso, porque siguen pensando, en definitiva, la inquietante pluralidad del nuevo orden mundial con años de retraso; es decir, contra la hegemonía absoluta de los EEUU y la OTAN. Su posición revela una especie de etnocentrismo negativo y, en realidad, muy narcisista: son nuestras instituciones occidentales las que introducen todo el mal en el mundo. Contra ellas no solo está permitido cualquier medio; es peor: contra ellas, acabamos reivindicando, como política y socialmente superiores, dictaduras atroces (pensemos, por ejemplo, en Bachar Al-Asad) e imperialismos alternativos, como el ruso, cuya intervención criminal en Siria pasamos por alto o defendimos como liberadora. No cabe descartar que, si Arabia Saudí se acercase un día demasiado a China y el régimen teocrático de Riad, hoy amigo de EE.UU., fuese cuestionado y presionado desde la Casa Blanca, Salmán acabaría pareciéndonos simpático y las lapidaciones revolucionarias y progresistas. 

Esta inversión de papeles (entre víctimas y victimarios) suele utilizar dos expedientes cognitivos. Uno es el fatalismo geopolítico; es decir, la geopolítica reducida a realpolitik. El otro es el historicismo moral; es decir, la historia concebida como guerra contra el mal. Este último es el que, desde el lado izquierdo, reproduce la frase de Jamardo: aceptando que Ucrania estuviera siendo bombardeada (lo que aún debe ser probado), de algún modo lo merece por su acercamiento a la UE, la OTAN y EE.UU.: los ucranianos no son tan buenos como parece; no son tan buenos como nos dicen los medios. De pronto, la misma izquierda que, con razón, dejó provisionalmente a un lado la sangrienta dictadura de Sadam Hussein para condenar, con más razón, la invasión estadounidense de Iraq, se vuelve ahora casuística y quisquillosa. Hay que saber si Ucrania es y hasta qué punto una democracia, recorrer ojo avizor la biografía de Zelenski, denunciar cada grupúsculo nazi y mostrarse muy sensible –mientras se justifica o se silencia la tiranía del Baaz en Siria– frente a la suspensión, por lo demás injustificable, de partidos políticos en Ucrania. Hay que mostrarse moralmente intolerantes con los imperdonables, pero aislados, crímenes de guerra del ejército ucraniano mientras se consideran “presuntas” las matanzas rusas, los bombardeos rusos y la propia invasión de Ucrania por parte de Rusia.

Esta criminalización casuística de la víctima suele inscribirse en un fatalismo geopolítico resumido en un pensamiento que, incluso en los textos más razonados y mejor documentados, asume más o menos esta fórmula: “Es lo que ocurre cuando se mete el dedo en el ojo al viejo Oso ruso”. La misma izquierda que considera legítimo y hasta imperativo que Latinoamérica se libre del tradicional yugo estadounidense, la que denunció Bahía de Cochinos y celebró la victoria cubana, la que se muestra justificadamente indignada con cada cambio de gobierno amañado desde Washington, acepta como un dictado de la realpolitik el derecho de Rusia a tener su propio “patio de atrás”. Una especie de fatalismo mecánico nos obliga a tener en cuenta las consecuencias de meter el dedo en el ojo del Oso, que no puede evitar los zarpazos, mientras que, al contrario, se debe revolucionariamente agujerear el sombrero del viejo tío Sam y desplumar al Águila estadounidense. Meter el dedo en el ojo del Oso es reprobable; arrancar una pluma del pecho del Águila es encomiable, legítimo, necesario, festejable. Como consecuencia de la combinación de estas dos lógicas –el fatalismo geopolítico y el historicismo moral– este sector de la izquierda no espera jamás a los hechos porque no espera jamás que la historia produzca ningún hecho: sabe de antemano qué pueblos actúan de manera espontánea y cuáles están siendo manipulados por la OTAN y EE.UU.; y decide, por tanto, qué pueblos tienen derecho a rebelarse contra una tiranía, nacional o extranjera, y cuáles deben someterse a las necesidades de la lucha contra el imperialismo yanqui. De esta manera, decreta de antemano que los hechos en Ucrania –la matanza de Bucha, por ejemplo– es propaganda ucraniana mientras que la propaganda rusa, en el espejo, es un hecho incontestable. El invasor es la verdadera víctima y no miente; y por eso replicamos y difundimos sus versiones con la fruición mística del que, contra las legañas del “pensamiento dominante”, tiene un acceso directo y privilegiado a la verdad.

Porque hay también mucho elitismo en esta izquierda estalibana a la que le gusta tener razón contra el sentido común y el común de los mortales, atrapados en las tripas del sistema, ciegos y mansos. Ese elitismo es, en espíritu, el mismo que, contra el “sistema”, hemos visto entre los negacionistas y antivacunas durante la pandemia; y no es raro, por tanto, que aquí se mezclen las derechas y las izquierdas, Javier Couso y César Vidal, Iker Jiménez y Beatriz Talegón, terraplanistas y anti-imperialistas. Como he escrito otras veces, allí donde los marcos de credibilidad compartidos, institucionales y mediáticos, se han debilitado, la máxima incredulidad se convierte en el umbral de la máxima credulidad. Cuando ya no se cree en nada se está a punto de creer en cualquier cosa. No tenemos ni siquiera una mentira compartida, de manera que la mentira más minoritaria, la que menos gente comparte, es la que nos parece más apetecible y por lo tanto más verdadera. La red proporciona miles de nichos para acomodar este deseo desesperado de “distinción”. En el caso de los izquierdismos es más doloroso y menos justificable, pues su elitismo cognoscitivo, fruto de la impotencia para la intervención política, agrava esta impotencia al separarse del sentido común que querrían atraerse. Se aíslan en “la razón” frente al mundo y, de esa manera, además de irrazonables, se vuelven políticamente inútiles. O peligrosos.

El fatalismo geopolítico y el elitismo paranoico, fuentes cruzadas de un mismo síndrome, acaban negando a los demás autonomía, voluntad, capacidad de agencia. Ellos, que “saben”, no pueden hacer nada; los otros, que hacen algo, son puros peones del mal en el tablero geoestratégico. Inscriben así su permanente rumiar negativo en un contexto del que la política está ausente. Y se resignan a delegar su razón impotente en la acción subrogada de cualquier potencia lo bastante destructiva como para desbaratar el orden mundano establecido. Así, los mismos izquierdistas que defienden, a nivel local, el derecho a la soberanía, se la niegan a nivel internacional a los ucranianos, a los que se pide, en nombre del pacifismo, que se rindan al poder del más fuerte, a condición de que no sea estadounidense. El anti-occidentalismo occidentalocéntrico desconfía de cualquier voluntad de emancipación que no pase por los moldes anti-imperialistas de la vieja izquierda, los cuales siguen pensando y pensando y pensando el mundo, como decía Marx de don Quijote, “a la medida de un orden que ya no existe”. Eso pasó ya en Siria, tal y como explica el enorme Yassin al-Haj Saleh, uno de nuestros más grandes intelectuales, comunista, prisionero durante dieciséis años en las cárceles de la dictadura, en un extraordinario artículo en el que critica incluso la posición del admirado Chomsky por su ceguera etnocéntrica. La obsesión por EE.UU. en un mundo desordenado, en el que el mal se ha fragmentado, descentralizado y emancipado del monopolio estadounidense, señala atinadamente, por ejemplo, el poder de la OTAN, pero infravalora como subordinados, subsidiarios o inofensivos otros peligros –para la democracia y la libertad de los pueblos– que determinan, sin embargo, el destino individual y colectivo de buena parte del planeta. Chosmky, por supuesto, no se hace ninguna ilusión sobre Putin; todo lo contrario. Pero su neurosis antiestadounidense lo llevó a abandonar en Siria a los que se jugaron y, en muchos casos, perdieron la vida luchando contra la dictadura; y a alimentar en Ucrania la tesis de que la invasión rusa es, de alguna manera, una respuesta automática al cerco de la OTAN.

Contextualizamos y contextualizamos y contextualizamos; y sospechamos y sospechamos y sospechamos. Y a fuerza de contextualizar y sospechar disolvemos la responsabilidad rusa en una guerra perpetua entre males equivalentes, un magmático conflicto interimperialista, una impersonal crisis capitalista, una consecuencia “natural” del declive civilizacional, etc. Nos ocupamos tanto de la historia y las “estructuras” que derretimos en ella la decisión de Putin de invadir un país soberano y generar miles de muertos y millones de refugiados. Si tuvo algún sentido invocar la legalidad internacional contra la invasión de Iraq, tiene también sentido invocarla contra la invasión de Ucrania; si tiene aún sentido distinguir entre negociaciones, presiones, sanciones y agresiones militares, tiene sentido denunciar a la Rusia de Putin como única responsable de una situación nueva en la que la paz mundial y la supervivencia planetaria, junto a la vida de ucranianos y rusos, está trágicamente en peligro. Toda la razón que pudiera tener Putin contra la OTAN quedó atrás desde el mismo momento en que su ejército cruzó la frontera de Ucrania y, con ella, la línea que separa un movimiento geopolítico de una agresión armada. No hay automatismos en la historia. La OTAN es responsable de haber gestionado mal la victoria en la Guerra Fría, como las potencias europeas gestionaron mal la derrota de Alemania en la I Guerra Mundial. Pero los ucranianos no son víctimas de la OTAN, como los judíos no fueron víctimas del tratado de Versalles. Aún más: es terrible decirlo, pero Putin ha demostrado que en estos momentos no hay una alternativa a la OTAN. La izquierda europea debería estar pensando en propuestas al respecto para el futuro en lugar de predicar un pacifismo que tiene mucho sentido en Rusia, contra la decisión de su gobierno de hacer la guerra, pero que en Ucrania es sinónimo de sometimiento y rendición. Los ucranianos han decidido no rendirse y nadie, me parece, debería reprochárselo. 

La izquierda está perdiendo no solo la ocasión de simpatizar, contra Vox y al lado de una mayoría sensata, con una causa justa; está perdiendo también la oportunidad de criticar a Europa por lo que merece ser criticada: por su lenta putinización, de la que también tienen buena parte de culpa las instituciones. Lo he dicho otras veces: Europa no tiene ni gas ni petróleo y por ello depende trágicamente de fuentes cada vez menos seguras. Lo único que tiene son “valores”, “prácticas”, “modelos de intervención política” que está perdiendo rápidamente sin haberlos consolidado nunca del todo. Muchas veces se ha traicionado a sí misma en el exterior apoyando intervenciones malhadadas, de carácter económico o militar, o cerrando fronteras a inmigrantes y refugiados, y ello de tal manera que para buena parte del mundo, sumergida en una crisis sin precedentes, no es ya un ejemplo a seguir. Pero también, al revés, ha ocurrido que ese mundo desconfiado, en plena desdemocratización, ha penetrado en Europa. Putin ya había invadido sigilosamente la UE a través de partidos ultraderechistas que, en Hungría, en Francia, en Italia, en España, cuentan con mucho más apoyo que sus equivalentes en Ucrania. En este trance difícil, nuestro cometido debe ser el de “desnazificar” desde dentro Europa mediante una profundización de la democracia; es decir, mediante políticas sociales, civiles y económicas que consoliden y aumenten nuestros derechos democráticos. Si no presionamos para que la UE sea más justa, más democrática, más independiente, más ecologista, más hospitalaria, de nada servirá que Putin pierda la guerra en Ucrania porque la habrá ganado en Europa.

Esta es la paradoja: una invasión se ha convertido en guerra gracias a la resistencia ucraniana. Es una guerra de independencia. Es prioritario evitar que esa guerra involucre a la OTAN; es prioritario apoyar, defender, asegurar la independencia de Ucrania. Nuestro belicismo debe estar limitado por la necesidad de evitar un conflicto internacional y una confrontación nuclear; nuestro pacifismo por la necesidad de afirmar la justicia y el derecho internacional. Ese es el dilema, creo, sobre el que debería estar discutiendo la izquierda y no sobre si se debe aplaudir o no a Zelenski en el Parlamento o sobre si en el batallón Azov son todos nazis o hay también anarquistas. O –por Dios– sobre si los supervivientes de Bucha mienten o no. El dilema es tan grande, está tan lleno de peligros y de incertidumbres, requiere hasta tal punto de toda nuestra inteligencia y de toda nuestra serenidad, que no deberíamos hacernos culpables de emborronar la única cosa que la izquierda, como todo el mundo, debería tener clara: quién es el agredido y quién es el agresor. A quién tenemos que apoyar –al menos mentalmente– y a quién tenemos que condenar

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Boris Johnson conversa con Zelenski en Kiev.. Imagen: AFP

La invasion de Rusia ha causado más de 15 mil desaparecidos

Mientrar el premier británico se reunía con su par Ucraniano, se anunció el hallazgo de una fosa común con soldados rusos en Viljivka, a las afueras de Jarkov.

El primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, anunció este sábado tras reunirse en Kiev con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, que el Reino Unido entregará a las fuerzas armadas ucranianas 120 vehículos blindados y sistemas de misiles antibuque. Durante el encuentro, del que Downing Street decidió no informar con antelación, el jefe de Gobierno mantuvo un "diálogo en profundidad" con Zelenski "sobre ayuda económica y militar", indicó uno de sus portavoces oficiales en un comunicado.

"Hazaña Bélica"

Londres anunció asimismo una nueva partida de financiación de 500 millones de dólares (460 millones de euros) para Ucrania a través del Banco Mundial, lo que eleva el monto total de los fondos comprometidos por esa vía a 1.000 millones de dólares (920 millones de euros). La ayuda económica, sujeta todavía al visto bueno del Parlamento británico, contribuirá a "continuar manteniendo en funcionamiento servicios humanitarios vitales", señaló el Gobierno.


Por motivos de seguridad, el despacho oficial de Johnson rehusó ofrecer más detalles sobre el viaje de este sábado, que se hizo público cuando la embajada de Ucrania en el Reino Unido divulgó en su cuenta de Twitter una fotografía de ambos mandatarios ya reunidos. "Ucrania ha desafiado a la probabilidad y ha hecho retroceder a las fuerzas rusas de las puertas de Kiev", dijo el primer ministro británico, que calificó la resistencia ucraniana como "la mayor hazaña bélica del siglo XXI".

Johnson, que había visitado la capital ucraniana por última vez a principios de febrero, pocas semanas antes de que Rusia iniciara su invasión, alabó el "decidido liderazgo" de Zelenski y el "invencible heroísmo y coraje de los ucranianos", que han logrado oponerse a los "monstruosos propósitos" del presidente ruso, Vladimir Putin. "Hoy he dejado claro que el Reino Unido se mantiene incondicionalmente a su lado en esta lucha y que estamos aquí con vistas al largo plazo", recalcó.

Misiles y bindados

Downing Street detalló que los nuevos blindados y misiles anunciados hoy para fortalecer al ejército ucraniano se suman a los 100 millones de libras (120 millones de euros) en equipos militares que ayer ya había adelantado Johnson durante una rueda de prensa en Londres junto al canciller alemán, Olaf Scholz. Ese primer paquete de ayuda comprende, entre otro material, misiles antiaéreos Starstreak y 800 proyectiles antitanque, además de munición de "alta tecnología" para operaciones de "precisión".

Por su parte el Ejército de Ucrania anunció este sábado el hallazgo de una fosa común con soldados rusos en Viljivka, a las afueras de Jarkov, en el este del país, a poco más de una semana del descubrimiento de las fosas comunes y los cadáveres de civiles ejecutados en Bucha. "Finalmente queda destruido el mito de que los rusos no dejan atrás a sus muertos. Durante la limpieza de la localidad de Viljivka, se ha descubierto una fosa común de soldados ocupantes", informó el Departamento de Comunicación Estratégica de las Fuerzas Armadas, en su cuenta de Facebook.

Cuerpos de militares rusos

En el mismo mensaje, la institución también publicó una fotografía en la que pueden verse los cuerpos de 10 militares en una zanja, informó la agencia de noticias Europa Press. El 30 de marzo pasado, las fuerzas ucranianas destruyeron dos batallones tácticos de la 138 Brigada de Fusileros y un batallón táctico del 59 Regimiento Acorazado rusos cerca de Jarkov, ciudad que alberga unos 1,4 millones de habitantes y donde gran parte de la población es rusoparlante. En el mismo procedimiento, el Ejército se hizo con toda la documentación de los batallones y detuvo a más de 60 militares.

Este descubrimiento se produce poco más de una semana después del hallazgo de fosas comunes y cuerpos de civiles ejecutados en Bucha, a las afueras de Kiev, tras la retirada de las fuerzas rusas. Según la Defensora del Pueblo y comisaria de Derechos Humanos del Parlamento ucraniano, Liudmila Denisova, al menos 360 civiles fueron asesinados en Bucha, escenario de una matanza de la que Ucrania y sus aliados responsabilizan a Rusia, que niega las acusaciones.

Miles de desaparecidos

Mientras tanto el Gobierno de Ucrania denunció que más de 15.000 personas se encuentran desparecidas y que más de una veintena de hospitales fueron destruidos desde el comienzo de la invasión rusa, el pasado 24 de febrero. "Hemos contado más de 15.000 casos con nombres identificados y el último lugar donde fueron vistos", precisó la defensora del Pueblo, Ludmila Denisova, informaron las agencias de noticias Ukrinform y Europa Press.

Asimismo, el ministro de Salud, Viktor Liashko, denunció que 307 centros médicos y 21 hospitales fueron destruidos por ataques rusos. "Estos hospitales no se pueden reconstruir y habrá que construir otros nuevos en su lugar", declaró el funcionario. También remarcó la necesidad de desplegar más hospitales de campaña en las regiones occidentales. De acuerdo con el funcionario, en la zona de combate del este de Ucrania, las personas heridas solo pueden reciben primeros auxilios antes de ser evacuadas, por lo que muchas no sobreviven al traslado.

Desde el inicio de la ofensiva rusa, en Ucrania se constató la muerte de 1.766 civiles, mientras que 2.383 resultaron heridos, según un balance publicado este sábado por Naciones Unidas, que suele advertir que estima que la cifra real es superior.

Por su parte, la Fiscalía de Menores de Ucrania denunció hoy que al menos 176 niños murieron y 324 resultaron heridos en ataques perpetrados por Rusia desde el comienzo de la invasión. Asimismo, la Fiscalía denunció que 928 instituciones educativas reportaron daños materiales desde el principio de la guerra, 84 de las cuales quedaron completamente destruidas.

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Sábado, 09 Abril 2022 05:41

La trampa chechena de Putin en Ucrania

Un grupo de voluntarios cargan en una furgoneta en el cementerio los cuerpos sin vida de los asesinados en Bucha. — Roman Pilipey / EFE / EPA

A la vista de los acontecimientos, Vladímir Putin podría utilizar en Ucrania tácticas de terror y destrucción como las desplegadas en Chechenia y Siria.

 

El presidente ruso, Vladímir Putin, podría emplear en Ucrania tácticas bélicas de destrucción y terror sobre la población civil similares a las desplegadas antaño por el Ejército ruso en lugares tan heterogéneos como Chechenia o Siria, pero el alcance y los resultados serían muy distintos a los obtenidos en esos territorios. Serían unos resultados desastrosos. El riesgo de convertir a Rusia en un paria internacional es muy alto si la violación constante de derechos humanos y la comisión de crímenes de guerra en Ucrania se convierten en la tónica habitual de este conflicto, desencadenado con la invasión del pasado 24 de febrero.

Lo ocurrido en la localidad ucraniana de Bucha es contemplado por expertos militares como una excepción, por el momento, en el curso de la invasión rusa. Una excepción que ha sido negada por el Kremlin con aspavientos y que atribuye al propio Ejército ucraniano, aunque con poca credibilidad en esta defensa.

Es cierto que ha habido muertes de muchos no combatientes en el curso de esta guerra, pero no hay constancia de que la matanza premeditada de civiles sea la estrategia del Ejército ruso, pese a los desastrosos bombardeos de ciudades. Sin embargo, si la guerra continúa, tal excepción se puede convertir en la normalidad, tal y como recuerdan hechos similares ocurridos en lugares como Chechenia o Siria, donde Rusia desencadenó toda su maquinaria militar cuando se vio acosada por el tiempo a la hora de obtener una victoria rápida y resultados acordes con sus planes iniciales. Hoy más que nunca es imprescindible acudir a las negociaciones.

Incluso ante la propia opinión pública rusa no sería comprensible una devastación en Ucrania como la de Alepo y de algunos distritos de la periferia de Damasco, cuando Putin decidió apoyar al régimen de Bashar al Asad en la segunda mitad de la década pasada. Los muertos ahora no son los denostados islamistas, salafistas o los rebeldes nacionalistas sirios apoyados por Estados Unidos. Tampoco los temidos y al tiempo vilipendiados chechenos, sino una población, la ucraniana, con la que el ruso de a pie mantiene intensos vínculos.

Mientras que el norte del Cáucaso fue históricamente una región levantisca para Rusia, reflejada por escritores como León Tolstoi o Mijail Lérmontov (uno de los autores favoritos de Putin, por cierto), en cambio Ucrania, que comparte la misma fe ortodoxa que Rusia en buena parte de su territorio, fue siempre considerado como un territorio hermano e incluso del que los rusos eran cultural e históricamente deudores.

Algunas de las tácticas empleadas por los militares ucranianos para detener o entorpecer el avance ruso le deben asimismo su inspiración a las lanzadas por los independentistas chechenos en las dos guerras que los enfrentaron a los rusos, entre 1994 y 1996, y entre 1999 y 2009, cuando se dio por concluida en Moscú la "operación antiterrorista" de Chechenia, como eufemísticamente se denominó al largo conflicto que dejó cerca de 100.000 víctimas mortales y medio millón de desplazados -de una población de un millón y medio de personas-.

La acción bélica del Ejército de Ucrania se centra en emboscadas, comandos y guerrillas en suburbios y pequeños pueblos, movilidad y rapidez, con un efectivo cuerpo a cuerpo que permite superar a los bombardeos rusos masivos de las posiciones ucranianas, en buena parte ya machacadas por los misiles y la artillería de las fuerzas del Kremlin en los primeros días del conflicto.

Tales tácticas en Chechenia prácticamente dependían del armamento ligero de los rebeldes independentistas, con lo que, a la larga, estaba condenada su preeminencia sobre el Ejército ruso. En el caso de Ucrania, sin embargo, el apoyo de elementos de combate de última generación o que han demostrado su eficacia en otros conflictos, como los misiles antitanque Javelin, los drones armados o los veteranos misiles tierra aire Stinger, da una precisión y una potencia mucho mayores a las fuerzas ucranianas que las que podían tener los rebeldes chechenos en los años noventa y 2000.

El peligro ahora yace en la respuesta que está dando Rusia a tales ataques o contraataques del enemigo, y que se parece demasiado a la empleada en Chechenia y Siria: demoledores bombardeos contra cualquier blanco que pueda considerarse como amenazante, sea civil o militar; operaciones de castigo contra la población ucraniana por apoyar a su ejército resistente o simplemente por encontrarse en medio de la línea de fuego; acciones de terror para provocar el caos y que la protección de estos civiles en desbandada interrumpa o moleste las acciones de los militares regulares ucranianos; ejecuciones sumarísimas de prisioneros, también civiles, y acciones descontroladas por parte de unidades rusas aisladas contra la población civil, en venganza por la pérdida de camaradas de combate en ataques previos.

El autor de estas líneas estuvo en Chechenia en 2003 y pudo comprobar los efectos de las bombas de racimo en los barrios más populosos de Grozni, donde los boquetes causados por los proyectiles de fragmentación apenas dejaban un espacio intacto en los edificios.

La destrucción era tal que manzanas enteras de viviendas blancas y agujereadas asemejaban un gigantesco osario entre montones de escombros. Y en algunos de esos huecos cariados de los bloques de viviendas se advertía el intento obcecado de los habitantes de Grozni para sobrevivir, con ropa lavada en charcos y estanques de agua sucia, y colgada de precarios tendederos en los agujeros dejados por los cohetes grad (granizo, en español).

En una guerra empantanada, la voluntad de victoria de un ejército numeroso, armado y preparado en los últimos veinte años por Estados Unidos y que evita las grandes batallas, como es el ucraniano, puede reducir las zonas de combate a franjas guarnecidas por edificios civiles en torno a las ciudades principales, más aún cuando el avance de la primavera y el deshielo convierta en impracticables muchos caminos rurales para los carros de combate rusos. Las estepas enfangadas de Ucrania adoptan así el papel que tuvieron las montañas impenetrables del Cáucaso.

El portavoz del Pentágono de Estados Unidos, John Kirby, ha sido muy claro: la resistencia de Ucrania sigue siendo fuerte, "puede ganar", ha dicho, mientras los objetivos estratégicos de Putin siguen en el aire, salvo el que se refiere a la renuncia por parte de Ucrania a entrar en la OTAN. "Por supuesto, Ucrania podría sacar provecho" del estancamiento ruso, ha aseverado.

Ante un alargamiento de las operaciones bélicas, la única respuesta rusa puede quedar en la ira y los actos de destrucción desesperados. La población seguirá siendo la principal perjudicada y aumentarán las víctimas civiles. La guerra de desgaste perjudicará a los rusos y también retrasará las negociaciones internacionales, mientras se refuerzan las posturas de aquellos aliados en la sombra del Gobierno de Kiev, en Washington y Bruselas, que apuestan por una parcial debacle rusa en el campo de batalla, y su debilitamiento económico irreversible a medio plazo.

La petición del Consejo de Europa para que países como Alemania o Hungría, altamente dependientes del gas ruso, corten ya sus compras de este hidrocarburo y la UE deje de pagar los más de 700 millones de euros diarios por tal combustible y cercene así su dolosa e hipócrita contribución a la maquinaria de guerra rusa en Ucrania, conlleva la posibilidad muy real de que se produzca una catástrofe económica en el viejo continente.

La realidad es que Rusia habrá ganado cerca de 300.000 millones de euros a finales de 2022 por todas sus exportaciones de gas y petróleo a Europa desde que sus tropas empezaron a amenazar a fines de noviembre pasado las fronteras ucranianas. En esta situación, y con el rublo subiendo, no parece que la economía rusa esté en estos momentos precisos al borde del colapso financiero.

Un desastre económico en Europa en caso de que se concrete la renuncia total a los hidrocarburos rusos no ayudará tampoco a la reconstrucción de Ucrania y el parecido a la Chechenia posbélica sería, si cabe, más real. Las carencias económicas podrían llevar al afianzamiento en Kiev de un régimen neutral, sí, pero débil, a merced de formaciones militares y paramilitares anárquicas en todo el país, de señores de la guerra fortalecidos en algunas de las regiones más alejadas, y a la proliferación de elementos prorrusos que seguirían desestabilizando Ucrania.

La debilidad de Rusia tras la contienda no le impediría extenuar a su vez a Occidente desde su mayor cercanía y conocimiento de Ucrania. Y el Donbás, en el este del país, podría chechenizarse de una manera irreversible, un riesgo inasumible para la estabilidad de la propia Europa.

MADRID

08/04/2022 22:00

Por Juan Antonio Sanz

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La UE da luz verde a más sanciones a Rusia con el embargo del carbón y la prohibición de exportar armas

Las nuevas medidas incluyen además más sanciones contra "oligarcas, actores de propaganda rusa, miembros del aparato de seguridad".

La Unión Europea ha acordado el que es ya el quinto paquete de sanciones contra Rusia. Este nuevo plan sancionador afecta por primera vez al sector energético, ya que se prohíbe la importación de carbón ruso y se establece un embargo de armas hacia el régimen de Vladímir Putin. También se han vetado las exportaciones de alta tecnología. 

La Unión Europea responde así a la última atrocidad rusa cometida en Ucrania, la masacre de Bucha, la mayor matanza en Europa en los últimos 27 años. Por ello, las nuevas medidas desplegadas integran más sanciones a oligarcas, actores de propaganda rusa, miembros del aparato de seguridad y militar y entidades del sector industrial y tecnológico ligados a la agresión rusa contra Ucrania. 

La lista propuesta por la Comisión incluía a dos de las hijas de Putin, Ekaterina Tijonova y Maria Vorontsova, fruto del matrimonio con su primera esposa, Liudmila Pútina, aunque la lista definitiva de sancionados no se conocerá hasta publicarla en el boletín de la Unión este viernes

El veto al carbón priva de 4.000 millones de euros a Rusia

La prohibición de importar carbón ruso privará de 4.000 millones de euros anuales a las arcas rusas, según los cálculos de Bruselas, que avanza así en su estrategia de reducir la capacidad del Kremlin para financiar la guerra. Rusia es el principal proveedor de energía de la UE, que le compra un 46,7% del carbón que quema, un 40% del gas natural y un 27% del petróleo.

Sin embargo, estos dos hidrocarburos se han quedado fuera de este paquete de sanciones pese a tener un impacto económico mayor: de los 99.000 millones de euros que la UE pagó a Moscú por energía el año pasado, 74.000 millones fueron para petróleo, 17.300 millones para gas y 5.400 millones para carbón. La UE no descarta incluirlas en el futuro y la Eurocámara ha pedido este jueves en una resolución no vinculante adoptar un embargo también para el petróleo y el gas, algo que también reclama Ucrania.

Las medidas fueron propuestas el miércoles por la Comisión Europea y adoptadas este jueves por los embajadores de los Estados miembros ante la UE tras dos días debatiendo sus detalles y ahora tendrán que ser aprobadas por procedimiento escrito para publicarlas este viernes en el diario oficial de la Unión, tras lo cual podrán entrar en vigor.

La principal novedad del mismo es que por primera vez se restringen las compras de energía rusa y que se ha incluido un embargo a la exportación de armas a Moscú que no estaba en la propuesta inicial de la Comisión Europea, encargada de preparar las medidas restrictivas que luego confirman los Estados, según señala la agencia Efe.

madrid

07/04/2022 21:21

Público / EFE

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Jueves, 07 Abril 2022 05:44

Rusia avanza hacia el este en Ucrania

Rusia avanza hacia el este en Ucrania

Las tropas del Kremlin concentran sus objetivos en Donetsk, Lugansk y Mariupol.

El alcalde de Mariupol denunció que el ejército ruso quiere borrar las pruebas de los crímenes de guerra en ciudad portuaria,

A 42 días del inicio de la invasión militar de Rusia, el nuevo foco del Kremlin está en la región este de Ucrania, según informó el ejército de la exrepública soviética. Las tropas de Moscú atacaron localidades cercanas a Donetsk y Lugansk. En tanto el alcalde de Mariupol denunció que Rusia busca borrar toda evidencia de los crímenes cometidos en la ciudad portuaria.

Ataques al este de Ucrania

La estrategia de las tropas del Kremlin estará enfocada en la región este de Ucrania, según el último parte del alto mando del ejército ucraniano que precisa que los soldados rusos continúan la ofensiva en Izium, Sloviansk y Barvinkove, en la provincia de Jarkov. Las fuerzas ucranianas además señalan que estas ciudades son clave en el plan de ofensiva ruso hacia Donetsk y Lugansk, las autoproclamadas repúblicas.

"En la dirección de Donetsk, el enemigo está tratando de mejorar la posición táctica de sus unidades y continúa realizando operaciones de asalto en algunas áreas", dice el parte de las fuerzas armadas. En tanto, el gobernador de Donetsk, Pavlo Kyrylenko, dio cuenta de ataques de artillería en un punto de distribución de ayuda humanitaria en la localidad de Vuhledar. “El enemigo disparó cínicamente a los civiles de Vuhledar que llegaron a recibir ayuda humanitaria. Como resultado del bombardeo hubo cuatro muertos y cuatro heridos”, escribió Kyrylenko en sus redes sociales.

Mientras que el gobernador de Lugansk, Serhiy Gaidai afirmó que diez edificios fueron atacados por las tropas rusas. Según Gaidai hubo ataques a zonas residenciales. “Media docena de edificios de apartamentos, un centro comercial, garajes (…) ninguna instalación militar estratégica fue atacada". El intendente de Lugansk además urgió a los residentes a evacuar y advirtió que las tropas rusas podrían bloquear rutas de escape.

En tanto, la compañía estatal de ferrocarriles de Ucrania denunció que hubo al menos tres víctimas en un ataque que alcanzó a una estación de trenes en el este de la exrepública soviética. El comunicado no precisa el lugar del ataque ni el número de víctimas. 

Mariupol

A su vez, en el puerto de Mariupol, en la costa del mar de Azov, los asedios de Rusia se intensifican. "Los intentos de asaltar Mariúpol no se detienen. Los defensores de la ciudad mantuvieron una heroica defensa durante más de cuarenta días, refrenando las abrumadoras fuerzas de los invasores rusos", dice el Alto Mando ucraniano. Esta semana el ejército ruso había anunciado la ofensiva final para la toma de la ciudad portuaria. Las fuerzas rusas aseguraron que venció el plazo que dieron para que el ejército de Ucrania deponga las armas y abandone Mariupol.

Este miércoles unos 500 civiles huyeron de Mariupol en una columna de siete autobuses y unos 40 vehículos con la protección del Comité Internacional de la Cruz Roja. El convoy llegó la ciudad de Zaporiyia. Según las autoridades ucranianas más 100 mil personas se encuentran atrapadas sin servicios básicos. El alcalde de Mariupol, Vadim Boichenko, aseguró que la ciudad está destruida en un 90 por ciento y el 40 por ciento de su infraestructura es irrecuperable.

Boichenko además dijo que el más reciente balance que da cuenta de unos 5.000 muertos en la ciudad portuaria es prudente. “Pero considerando la talla de la ciudad, las destrucciones catastróficas, la duración del bloqueo y la resistencia encarnizada, podría haber decenas de miles de víctimas en la población civil de Mariúpol", precisa el alcalde. Según el ministerio de Defensa británico, unas 160.000 personas "no tienen luz, comunicación, medicinas, calefacción y agua".

El intendente ucraniano también denunció que las tropas rusas buscan destruir cualquier evidencia de los crímenes que cometieron en la ciudad costera. "Por eso Rusia no tiene prisa por dar luz verde a iniciativas para salvar y evacuar por completo Mariupol", explicó el alcalde. "Recolectan y queman los cuerpos de los residentes asesinados como resultado de la invasión", aseguró. Boichenko además dijo que “el mundo no ha visto la escala de la tragedia en Mariupol desde los campos de concentración nazi (…) ya no es Chechenia o Alepo, sino el nuevo Auschwitz”.

Víctimas de guerra

Según el Alto Comisionado para los Derechos Humanos (Acnudh) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), murieron 1.563 civiles, entre ellos, 67 niños a causa de las hostilidades en Ucrania. La nota señala que entre los fallecidos hay 237 mujeres, 379 hombres, 24 niñas y 43 niños, mientras el sexo de los otros 817 adultos y 63 menores de momento se desconoce.

"La mayoría de las bajas civiles registradas fueron causadas por el uso de armas explosivas con amplia área de impacto, incluidos los bombardeos de artillería pesada y lanzacohetes múltiples, así como ataques aéreos y con misiles", indica el texto

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¿Algo positivo en la política de EU hacia AL?

Si bien muchas políticas del gobierno de Joe Biden hacia América Latina –en particular hacia Cuba, Venezuela y con respecto a las actividades de China– son en buena medida las mismas que en la era de Trump, algunas de las acciones y declaraciones sugieren enfoques más matizados sobre otros asuntos regionales.

El director del Consejo Nacional de Seguridad para el hemisferio occidental, Juan Gonzalez, ha sido la persona clave para mantener la línea dura hacia Venezuela y Cuba. A principios de marzo se reunió en Caracas con el presidente Nicolás Maduro, quien más tarde declaró: "Hemos acordado trabajar en una agenda que mira hacia adelante", pero el gobierno negó que fuera así y sigue sosteniendo que el líder opositor Juan Guaidó es presidente de Venezuela.

Sobre Cuba, según varias fuentes, Gonzalez vetó el año pasado un plan prometido para dar marcha atrás a la suspensión dictada por Trump al flujo de remesas hacia la isla. En fecha reciente sostuvo que las nuevas sanciones contra Rusia llevan también la intención "por designio" de poner presión sobre Cuba, Venezuela y Nicaragua.

En audiencias en el Congreso celebradas en febrero y marzo, otros altos funcionarios han expuesto diversas prioridades del gobierno.

La jefa del Comando Sur, generala Laura Richardson, testificó que el hemisferio está "bajo asalto desde un montón de desafíos transfronterizos que amenazan directamente a nuestra patria". Dijo que, además de ayudar a la región con el covid-19 y la "crisis climática", la política estadunidense es contrarrestar la "marcha implacable" de China para expandir su influencia en la región y sus "retos a la influencia estadunidense". También juró combatir a las organizaciones criminales trasnacionales, que "operan casi sin oposición y dejan una huella de corrupción y violencia que crea condiciones que permiten a la República Popular China y a Rusia explotarlas, amenazar la seguridad de los ciudadanos y socavar la confianza pública en las instituciones de gobierno". Afirmó que su comando está "poniendo en acción una disuasión integrada".

En un testimonio vertido en febrero, el secretario asistente de Estado para el hemisferio occidental, Brian Nichols, elogió la reciente Cumbre por la Democracia del presidente Biden y reconoció que "demasiados ciudadanos ordinarios han visto que sus gobiernos fallan en cumplir sus aspiraciones de un futuro mejor". También señaló que la iniciativa Reconstruir un Mundo Mejor de su gobierno, que incluye inversiones para responder a las necesidades de infraestructura de países socios, contrarrestará la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China y "ayudará a demostrar que las democracias pueden dar resultados para sus pueblos". Su contraparte en la Oficina de Narcóticos Internacionales y Asuntos de Aplicación de la Ley, Todd Robinson, puso énfasis en los programas de fortalecimiento del estado de derecho conforme a la Estrategia de Causas de Raíz, aunque hizo notar que, "en ciertos casos", los gobiernos carecen de voluntad política para enfrentar la corrupción que está en la raíz de sus problemas nacionales.

La administradora asistente de la USAID para América Latina, Marcela Escobari, testificó que su prioridad es mitigar el daño causado por el covid-19 y el cambio climático. Al criticar el estado de la democracia y los derechos humanos en "casos extremos" como Venezuela, Cuba y Nicaragua, expresó preocupación por el "retroceso democrático" en otras partes, señalando que "aun en democracias más establecidas, han surgido tendencias autoritarias".

El gobierno estadunidense no ha expresado de qué manera sus pasos difieren de los enfoques agresivos y transaccionales que caracterizaron el involucramiento del gobierno de Donald Trump con la región. La Casa Blanca presionó duramente al Fondo Monetario Internacional (FMI) para llegar a un arreglo con Argentina, a cuyo gobierno Trump mantuvo a distancia, y ayudarla a evitar un impago de su préstamo de emergencia de 2018. La vicepresidenta Kamala Harris ha dado fuerte apoyo a la presidenta hondureña Xiomara Castro desde que asumió el cargo, en enero, y probablemente ha contribuido a la decisión de Washington de solicitar la extradición del predecesor en la presidencia hondureña, Juan Orlando Hernández, aliado de Trump, bajo cargos de narcotráfico.

En sus testimonios ante el Congreso, los funcionarios actuales han hecho repetidas observaciones acerca de las percepciones y la realidad de los desafíos locales en América Latina. Su énfasis en la corrupción y la falta de voluntad para atender esos flagelos sugiere una conciencia de que no todo está bien, incluso en países que Washington considera democracias. Después de una lenta respuesta inicial, el gobierno ha sido generoso en dar apoyo a la distribución de vacunas y a elevar la capacidad de los sistemas de salud pública para responder con eficiencia a la pandemia de covid-19.

Estos factores sugieren que, si bien las gastadas políticas de cambio de régimen hacia Cuba y Venezuela y la "disuasión integrada" contra China y los cárteles de la droga podrían seguir en el centro del enfoque de Washington hacia los asuntos hemisféricos, existe conciencia de cómo una cooperación más profunda con la región podría promover al mismo tiempo los intereses de Estados Unidos y los de América Latina. La próxima Cumbre de las Américas podría ser la mejor oportunidad para que el gobierno estadunidense busque un significativo terreno común en torno al imperativo de fortalecer la gobernabilidad democrática, reto que el liderazgo de Washington percibe actualmente como compartido con virtualmente todas sus contrapartes en la región.

Por Fulton Armstrong, miembro de número y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos de la American University; ex funcionario de Inteligencia Nacional (2000-2004) y asesor principal del Comité de Relaciones Exteriores del Senado (2008-2011). Publicado originalmente en AULABlog del Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos.

Traducción: Jorge Anaya

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Domingo, 03 Abril 2022 05:08

El shock de la guerra en Europa

Una mujer reza y llora por los muertos en el conflicto en la iglesia militar de Lviv. Edu León

La primera gran guerra en suelo europeo del siglo XXI se da en varios planos e involucra a la población de todo el continente.

 

Josep Borrell, alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores, lo subrayó mediante una apreciación con ecos coloniales: “Europa es un jardín y el mundo es una jungla”. El jardín europeo ha quedado sacudido, quizá para las próximas décadas, por la invasión de Ucrania, un país soberano enfrentado desde finales de 2013 con la Federación Rusa. Con los discursos encendidos de Borrell volvían, tras los sucesivos amagos de descarrilamiento de la Unión Europea, las ideas de una Europa que entona una sola voz frente a las autocracias. Esa voz convirtió a Vladimir Putin en un sátrapa, a los principales empresarios rusos en oligarcas, hizo que la incautación de la propiedad se pueda llevar a cabo sin atender a la, en otros aspectos, todopoderosa seguridad jurídica y convocó a miles de jóvenes al alistamiento en la resistencia ucraniana.

El shock de la guerra en Ucrania ha transformado algunas concepciones arraigadas en las sociedades europeas. La guerra tiene múltiples planos que convergen, uno es el del control del relato. No es el más importante pero ha aterrizado suavemente en unas sociedades acostumbradas a la militarización de la vida pública y a lo que el geógrafo Mike Davis llama “el presentismo patológico”, que impide reconocer lo que ha acontecido antes de que el conflicto iniciado en 2014 se haya convertido en una cuestión sobre la identidad europea.

Como ha explicado el escritor norirlandés Richard Seymour, la guerra está revitalizando las “identidades civilizatorias apocalípticas” en los términos de una batalla contra los bárbaros, que habían quedado desdibujadas tras los fracasos en Iraq y en Afganistán y el agotamiento de la “guerra contra el terror”.

A años luz del daño que generan los bombardeos, pero importante en el plano político, la batalla por el relato ha conseguido una primera victoria con la marginación de las voces que se han opuesto al envío de armas a la resistencia ucraniana. Lo explicó Naomi Klein, autora de La doctrina del shock: “Si pides algo menos que una escalada militar en respuesta a la invasión ilegal y escandalosa de Putin, serás acusado de todo tipo de traición y denunciado en Twitter. No dejes que eso te haga callar. Solo el poder del pueblo y la diplomacia salvarán vidas. Piensa, no adores al héroe”.

La guerra de las fronteras

La defensa de la soberanía de Ucrania, al margen de las consideraciones sobre la conformación nacional del país y del preexistente conflicto del Donbass, ha dado una razón de ser a la Unión Europea. La reafirmación de lo que en jerga se conoce como sus valores se ha traducido en el fortalecimiento de las relaciones con Estados Unidos y la asunción de sus presupuestos —ideológicos y materiales— en materia de defensa. En un plano secundario en el relato de las primeras semanas de guerra pero clave en la interpretación política del conflicto, China —que ha sido acusada por el Pentágono de proveer armas a Rusia— ha retrocedido terreno diplomático respecto a una UE que sigue dependiendo, sin embargo, de las importaciones y el comercio con el país dirigido por Xi Jinping.

Hasta ahora, las ofertas de mediación de China han sido tímidas, como la respuesta de la propia Comisión Europea a los avances de las conversaciones de paz en Bielorrusia. El ataque de Putin a Ucrania ha generado también el relato de que la expansión rusa va a continuar hacia el oeste, algo que, durante los primeros días de la guerra, alentaron altos mandos militares rusos con sus amenazas a los países bálticos.

La imprudencia de las primeras horas de la guerra provocó una respuesta unívoca de los países europeos, que se alinearon al unísono con los presupuestos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Alemania marcó tendencia accediendo a la exigencia de incrementar su presupuesto militar en el marco de esa organización y cerrando, al menos momentáneamente, una de las vías de abastecimiento energético con Rusia. Los gobiernos de Suecia y Finlandia han abierto debates de Estado que pueden conducir a la entrada de estos países en la OTAN.

En España, Pedro Sánchez ha asumido el mismo compromiso de incremento del presupuesto militar y ha dado el paso de aplaudir la pretensión de Marruecos de integrar el Sahara Occidental como una provincia del país. Aunque la carta de compromiso de Sánchez con Rabat respecto al Sahara es solo un ejercicio de equilibrismo diplomático, es significativo que la cuestión del control de flujos migratorios se mencione explícitamente.

Las fronteras que dibuja esta guerra entre jardines y junglas remiten a otro de los planos que convergen alrededor de la primera guerra europea del siglo —descontando conflictos como los de Nagorno Karabaj— como es el de sus consecuencias económicas. El aumento de los precios del trigo y del maíz, la problemática por la escasez de los fertilizantes rusos y ucranianos, y el coste de los combustibles fósiles, en resumen, la guerra en los mercados financieros y de abastos, es un factor de potencial desestabilización en sociedades hasta ahora no involucradas, o solo lateralmente, en la cuestión de la seguridad con respecto a Rusia.

 “El efecto dominó de esta guerra y de las sanciones”, explica el analista político Eric Hacopian, “hará subir los precios de los alimentos (especialmente del pan) en toda una serie de países, desde Oriente Medio hasta la mayor parte del continente africano. Desde el punto de vista europeo, esto puede acabar con la ya débil economía turca y con casi todos los Estados del norte de África. Cualquier crisis de este tipo lanzará un número mucho mayor de refugiados a Europa que el número de personas que estamos viendo huir de Ucrania en este momento”.

La guerra de los recursos

El energético es el plano de la guerra en el que la UE ha chocado con la mayor contradicción. La UE alberga a un 5% de la población mundial pero consume el 20% de la energía que se genera a nivel global y es el primer importador del planeta. Todos los gasoductos rusos siguen en pleno funcionamiento un mes después de que las tropas rusas cruzaran la frontera ucraniana, el gasoducto Nord Stream 2 no se llegó a abrir pero tampoco se ha procedido a su desmantelamiento, y prácticamente ningún país al margen de Reino Unido y Estados Unidos ha planteado paralizar la importación de petróleo ruso.

En la cuarta semana de la guerra, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, alertaba de que el “todo vale” para sustituir los combustibles rusos del mix energético puede crear “una dependencia de los combustibles fósiles a largo plazo y cerrar la ventana a los 1,5 grados”, en referencia a los objetivos de cambio climático. Cuatro días después de la invasión, el Panel Intergubernamental de Expertos para el Cambio Climático (IPCC) advertía de los “múltiples e inevitables riesgos” que el aumento de la temperatura, hoy un objetivo que parece menor bajo la niebla de la guerra, va a acarrear en las dos próximas décadas.

La cuestión de la dependencia energética es delicada también en la política interna de los países europeos. El shock inflacionario y provocado por el agotamiento de energía y de materiales —anterior a la guerra— es un factor determinante en las protestas sociales en varios países, hoy explotadas por la extrema derecha. Sin la exportación petrolera no se entiende la recuperación del “orgullo nacional” perdido en la década de los 90 por la Rusia postsoviética y la derivación supremacista que ha mantenido a Putin en el poder y ha dado lugar al auge de una ideología antiliberal y anticomunista que, de momento y a pesar de las decenas de miles de personas que se han opuesto a la guerra pese al coste represivo de sus actos, genera una corriente mayoritaria de apoyo a las decisiones del Kremlin. Sin los beneficios de la industria fósil no se explica la decisión del presidente ruso de embarcar a su país en la guerra.

La guerra-guerra

El mes que ha pasado desde el comienzo de la guerra de Ucrania hasta el 1 de abril más de 10,5 millones de personas en Ucrania —de un total de 41,5 millones de habitantes— ha tenido que abandonar su hogar. Las cifras de muertos y heridos civiles como consecuencia de la guerra son objeto de propaganda y lo poco oficial que hay —los 1.189 muertos reconocidos por la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas— está desfasado según reconoce la propia institución.

Aún más resbaladizas son las cifras de soldados muertos. De ser ciertas las que propagan las autoridades ucranianas, Rusia estaría en un ritmo de bajas superior al que la URSS sufrió en Afganistán, una guerra que supuso el comienzo de su desintegración. El intento de decapitar súbitamente al Estado ucraniano mediante un ataque en 48 horas y provocar así la capitulación exprés de su primer ministro, Volodímir Zelensky, fracasó. Desde entonces, el ejército ruso ha orientado su ataque en dos vías: en las ciudades de Kyiv y Járkov se suceden los bombardeos, que han afectado principalmente a zonas residenciales. 

El Kremlin no ha iniciado una guerra urbana “edificio a edificio” en las principales ciudades ucranianas que podría tener consecuencias catastróficas para ambos ejércitos. El 16 de febrero, el Kremlin anunció la retirada de algunas tropas y la reducción de los ataques sobre la capital, aunque los medios ucranianos oscilan entre la desconfianza hacia el anuncio y el triunfalismo de considerarlo prueba de que su país está cambiando el curso del conflicto. El último día de marzo, Rusia denunció el primer ataque de Ucrania en su propio suelo. Un bombardeo sobre tanques de combustible en Bolgorod, a pocos kilómetros de la frontera y de la ciudad de Járkov.

En el frente del este se dirimen los combates más importantes de la guerra. Rusia ha reducido a escombros la ciudad portuaria de Mariupol —aunque al cierre de esta edición no se ha producido la rendición total del enclave— y aspira a encerrar a las tropas ucranianas que atacan el Donbass, donde se encuentran las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk. El control ruso de esa franja, que abarcaría todo el sur de Ucrania salvo la ciudad de Odessa, unida a la anexión de Crimea y la garantía de que el país hoy presidido por Zelensky no ingresará en la OTAN son los hitos más concretos de un posible acuerdo de alto el fuego que ponga fin a este episodio. 

En un equilibrio con tintes desesperados, el Gobierno de Kyiv alimenta las posibilidades de ese alto el fuego —Zelensky ha declarado en varias ocasiones que su Estado no tiene posibilidades reales de entrada en el Tratado del Atlántico Norte— y al mismo tiempo pide a Estados Unidos que intervenga definitivamente en la guerra estableciendo una zona de exclusión aérea que escalaría el conflicto hasta un nivel desconocido en Europa desde el final de la II Guerra Mundial. La peor noticia posible es que el shock puede recrudecerse, la noticia menos mala es que las posiciones del Kremlin y Kyiv no parecen tan lejanas cuando se cumple un mes y una semana del inicio de la guerra.

Por Pablo Elorduy

 @pelorduy

3 abr 2022

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La hoja de ruta de Putin: hacia la partición de Ucrania

Los combates siguen con la mayor dureza en el este de Ucrania, especialmente sobre la ciudad de Mariúpol, prácticamente el último bastión ucraniano que se interpone ante la evidente intención rusa de unir con una media luna los territorios del Donbás con Crimea.

La "hoja de ruta" del presidente ruso, Vladímir Putin, y su invasión de Ucrania se va perfilando poco a poco. Con el desgaste de sus tropas en el asedio a varias de las principales ciudades ucranianas, Putin se concentra ya sin tapujos en el origen de este conflicto y trata de asegurar el control del Donbás y las zonas aledañas, una vez conseguidos otros objetivos de la ofensiva.

Entre estos logros figura el reconocimiento final por el Gobierno de Kiev de que Ucrania no podrá formar parte de la OTAN, al menos a corto y medio plazo. Esta renuncia, planteada por el propio presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, asesta un mazazo a quienes, en Bruselas y Washington, defendieron a capa y espada el derecho de Ucrania a apostar "libremente" por un futuro dentro del actual sistema de seguridad europeo liderado por la OTAN, aún a riesgo de acorralar al Kremlin y provocar su violenta respuesta. Como así ocurrió.

El anuncio del Ejército ruso de que centrará su campaña en asegurar el dominio del oriente del país parece reforzar en ese sentido la apuesta del Kremlin por una Ucrania dividida y fortalecer así su posición ante un eventual proceso de paz, que, de concretarse, cambiará radicalmente el mapa geoestratégico europeo.

Los últimos contactos celebrados en Estambul con el Gobierno turco como mediador de cara a un posible alto el fuego han constatado que Ucrania aceptaría convertirse en un estado neutral entre la OTAN y Rusia, sin presencia militar extranjera, sin la posibilidad de reinstalar bombas atómicas en su territorio y con ciertas garantías de seguridad que le deberían ofrecer países como Alemania, Canadá, China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Israel, Polonia y la propia Turquía, según la propuesta ucraniana. La península de Crimea, anexionada por Rusia con un dudoso referéndum apoyado por la población rusófona en 2014, y el Donbás quedarían sujetos a ulteriores negociaciones.

En este contexto, Rusia se ha comprometido a relajar su cerco en torno a ciudades como la capital ucraniana y el área metropolitana de Chernígov, cerca de la frontera con Bielorrusia, la aliada principal de Moscú en esta invasión de Ucrania.

La "finalidad" de la invasión: la "liberación" del Donbás

El general y primer jefe adjunto del Estado Mayor del Ejército ruso, Serguéi Rudskoi, ya había adelantado la semana pasada que Rusia ha completado esos principales objetivos de una "primera fase" de la invasión de Ucrania, con la reducción del potencial de combate ucraniano y la destrucción de muchas de las infraestructuras militares, el equipamiento y los efectivos del Ejército del país invadido. Ya entonces, Rudskoi adelantó que los principales esfuerzos rusos se dirigirían a lograr "la finalidad principal" de la invasión: la "liberación" del Donbás.

En el año 2014, tras caer en Kiev el Gobierno del presidente prorruso Víctor Yanukóvich por la revuelta de Maidán, grupos de milicianos lanzaron en ese territorio del este de Ucrania una revuelta armada ante la represión ejercida por las tropas ucranianas y con el deseo de poder integrarse en la Federación Rusa o al menos conseguir la independencia de Ucrania. Esas milicias prorrusas tuvieron desde un principio el apoyo militar de Moscú y se enzarzaron en una violenta lucha contra las fuerzas ucranianas que causó cerca de 14.000 muertos en esos pequeños territorios fronterizos con Rusia. Los acuerdos de Minsk, en 2014 y 2015, no sirvieron para traer la paz, pues desde un primer momento fueron violados por ambas partes: continuó la represión en el lado ucraniano contra la población rusófona y se incrementaron las acciones militares rusas para lograr la secesión de facto de buena parte de las regiones de Lugansk y Donetsk.

Pero pese al acercamiento de Estambul, la guerra continúa. Y si Kiev puede haber constatado ya cierto repliegue militar ruso, los combates siguen con la mayor dureza en el este del país, especialmente sobre la ciudad de Mariúpol, prácticamente el último bastión ucraniano que se interpone ante la evidente intención rusa de unir con una media luna los territorios del Donbás con Crimea. De completar este objetivo, la partición de Ucrania sería un hecho. Es cierto que la zona arrebatada a Ucrania es bastante más exigua que el resto del país y que no se ha alcanzado otra de las aparentes metas iniciales rusas, esto es, asegurar posiciones en la cuenca media del río Dniéper. Pero si Rusia conserva esa larga franja oriental desde Crimea al Donbás, su capacidad de presión sobre un futuro estado ucraniano neutral podría muy grande. También sería una espada de Damocles sobre la cacareada posibilidad de incorporación ucraniana a la Unión Europea.

Rusia pretende fragmentar Ucrania en dos partes

El jefe de la inteligencia militar de Ucrania, Kirilo Budanov, fue muy claro hace unos días: lo que pretende Rusia es fragmentar Ucrania en dos partes, en un llamado "escenario coreano". Budánov hacía referencia a la partición de la península coreana tras la guerra de 1950-1953. Ese conflicto, sustentado aún hoy día por un armisticio endeble, convirtió a la Zona Desmilitarizada que separa las dos Coreas, la del Norte comunista y la capitalista del Sur, en la última frontera de la Guerra Fría.

La invasión de Ucrania lanzada por Rusia el pasado 24 de febrero plantea la posibilidad de que se levanten en los próximos tiempos fronteras semejantes en el corazón de Europa y que estemos en el umbral de una nueva etapa de esa Guerra Fría dada por finiquitada, quizá muy apresuradamente y solo de palabra, con la caída de la Unión Soviética en 1991.

Se cumplirían así los más negros pronósticos lanzados durante las últimas tres décadas por políticos y académicos en Europa y Estados Unidos ante el imparable avance de la OTAN hacia las fronteras de Rusia, y que, en los años noventa, llevó al seno de la Alianza Atlántica a los compañeros de antaño de Moscú en el Pacto de Varsovia. Las propuestas en 2008 del entonces presidente estadounidense, George W. Bush, a Ucrania y la república transcaucásica de Georgia para que aceleraran los pasos de su integración en la OTAN desataron el pánico en Moscú ante el riesgo real de que la Alianza plantara sus estandartes (y sus silos de misiles) ante las fronteras meridionales rusas.

Uno de estas voces fue la del actual director de la CIA, William Burns, quien fuera embajador estadounidense en Moscú entre 2005 y 2008. En un mensaje filtrado por Wikileaks ese año de 2008, Burns enviaba información confidencial sobre Ucrania y Georgia a mandatarios de la OTAN, el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, el Pentágono y la Secretaría de Estado de este país. Burns mostraba su preocupación de que las aspiraciones de Ucrania de entrar en la Alianza pudieran tener "consecuencias impredecibles e incontrolables que afectarían gravemente la seguridad de la región".

"Los expertos explican que Rusia está muy preocupada por las profundas divisiones que está causando el asunto del eventual ingreso en la OTAN de Ucrania, al que se opone gran parte de su comunidad étnica rusa. Ello podría dar lugar a una importante ruptura que implique violencia o, en el peor de los casos, una guerra civil. Ante tal situación, Rusia podría verse conminada a intervenir (en Ucrania), decisión que Moscú no quiere tomar", escribía entonces el diplomático.

Lo que ocurra en los próximos meses y que podría confirmar la escisión de Ucrania, depende aún del curso de la actual contienda, de ahí que Moscú pretenda asegurarse una buena porción del este de Ucrania cuya ocupación no le cueste su propia ruina, como ocurriría si pretendiera subyugar todo el país. "Lo que va a pasar se va a decidir en el campo de batalla", señaló hace unos días Rafael Poch, escritor, excorresponsal en Moscú, Pekín, Berlín y París, y uno de los mejores conocedores de los asuntos del Kremlin. En una conferencia pronunciada en el centro cultural La Casa Encendida, en Madrid, Poch abogó por una solución negociada que evite a toda costa "la quiebra de Rusia", lo que sería "mucho peor que la guerra de Ucrania".

Tal y como subrayó Poch, no parece estar en la voluntad de Estados Unidos que se logren acuerdos de paz definitivos, si eso aliviara el desgaste que está sufriendo Rusia con esta guerra. En diciembre, cuando Washington alertó sobre los planes rusos de invasión, "¿por qué no negoció para evitarla?", inquirió Poch. El analista advirtió contra el riesgo de cerrar todas las salidas a Putin, e incluso de buscar su reemplazo, como ha sugerido el propio presidente estadounidense, Joe Biden. "Cualquier dirigente ruso que llegue al poder se encontrará con el mismo problema de la seguridad existencial de Rusia, que defiende Putin. Confiar en un mero cambio de figura (en el Kremlin) es muy ingenuo", agregó.

30/03/2022 22:00 Actualizado: 01/04/2022 21:09

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¿Cuáles son los "progresos" que anuncia Rusia en el diálogo con Ucrania?

El Canciller ruso Sergei Lavrov anunció desde su visita a la India que se habían logrado progresos en el diálogo con Ucrania, aunque aún son limitados. Sobre la mesa está el compromiso de Ucrania de no ingresar a la OTAN, el diálogo sobre la región de Donbass y el retiro de las tropas rusas.

 

Se cumplieron dos semanas desde que el diario Financial Times publicó una lista de 15 puntos, supuestamente filtrada por altas fuentes intervinientes en el conflicto, que permitirían arribar a un diálogo para poner fin a la guerra. Desde ese momento las negociaciones avanzan a cuentagotas, pero ya se conocen algunos elementos que podrían incluir un primer preacuerdo.

Mientras el Gobierno de Zelenski denuncia que Rusia aprovecha el tiempo para reagrupar sus tropas en el este del país y comenzar una nueva ofensiva en la región del Donbass, algo muy probable por cierto, el Canciller ruso Sergei Lavrorv anunció desde un viaje a la India que se están llevando adelante "progresos" en el diálogo.

Algunos puntos del preacuerdo serían la renuncia de Ucrania a pedir el ingreso a la OTAN, la apertura de una mesa de diálogo sobre Crimea y el Donbass (la primera anexionada por Rusia en 2014 pero no reconocida internacionalmente ni por Ucrania, y la segunda en juego en la actual ofensiva). Esto no implicaría que Ucrania reconozca que esas regiones sean autónomas o que estén bajo control Ruso, pero sí se comprometerían a no atacan militarmente esas posiciones durante un diálogo que deberá ser bilateral (sin intervención de otros países). A cambio de esto Rusia replegaría sus sus tropas, sobre todo de Kiev. Ayer comenzó a hacerlo de a poco y también retiró sus tropas de la central nuclear de Chernobyl. Sin embargo, Ucrania advierte que puede ser una distracción para reagruparse y reabastecerse.

En ese marco, Lavrov aseguró este viernes durante su visita oficial a la India que se han producido ciertos progresos en las negociaciones sobre el estatus neutral de Ucrania, incluyendo un acercamiento de posturas con respecto a la situación de las regiones del Donbass.

"Estos acuerdos deben ser completados (...), hay cierto progreso admitiendo la imposibilidad de que Ucrania forme parte de cualquier bloque", aseguró el jefe de la diplomacia rusa, agregando que han encontrado "un entendimiento" sobre la situación en la disputada región de Donbass.

India se ha mantenido con un perfil de neutralidad desde el comienzo de la invasión rusa de Ucrania, absteniéndose de condenar la agresión en la Asamblea General de la ONU.

El ministro de Exteriores ruso se reunió este viernes con su homólogo indio, Subrahmanyam Jaishankar, al que agradeció su postura neutral en el conflicto por contemplar el asunto "en su totalidad, no solo desde una de las partes".

Hacer frente a las sanciones

Además de discutir la situación en Ucrania, la reunión entre Lavrov y Jaishankar también debía servir para que ambos países desarrollasen mecanismos efectivos de pago para continuar con sus transacciones comerciales pese a las sanciones internacionales que pesan sobre la economía rusa.

La mayor de estas dificultades versa sobre la imposibilidad de gran parte de los bancos rusos de acceder al sistema de comunicación interbancario internacional SWIFT, así como el bloqueo de la reserva de divisas del Banco Central de Rusia, lo que limita ampliamente su actividad financiera.

Ante la devaluación abrupta del rublo y las restricciones sobre el sistema SWIFT, Putin había amenazado con exigir el pago en rublos a los países a los que les vende gas. Sin embargo, ante la negativa de muchos de esos países a pagar en la moneda local rusa el Kremlin tuvo que salir a aclarar este viernes que "el gas ya exportado está fuera del nuevo esquema de pagos en rublos".

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, señaló que "El decreto no es retroactivo" y que "el desembolso por los envíos que se hacen ahora, no se realiza hoy mismo. El pago debe hacerse a finales, en la segunda mitad del mes, en abril o incluso a principios de mayo", buscando ganar tiempo para lo que serían las nuevas condiciones.

Al mismo tiempo Estados Unidos anunció abrirá su reserva estratégica de petróleo y por qué libera un millón de barriles por día. Esto tiene el doble objetivo de intentar frenar la creciente inflación sobre los hidrocarburos al interior del propio país, pero también de avanzar en lo que espera sea un negocio multimillonario: el de suministrar estos commodities a Europa, buscando reemplazar lo que hoy se importa desde Rusia.

El sábado pasado, Biden estuvo en la cumbre de la Unión Europea y cerró un acuerdo para que Estados Unidos se convierta en el principal proveedor de gas hacia Europa -exportando solo este año 15 mil millones de metros cúbicos de Gas Natural Licuado (GNL)- como parte del plan para cortar la dependencia energética de Rusia.

Rearme imperialista

A la reestructuración de la exportación de hidrocarburos, se suma una mucho más peligrosa. Tiene que ver con el rearme histórico que están aprobando uno tras otro los países imperialistas que forman parte de la OTAN y que significan un incremento en el militarismo y el guerrerismo no vistos desde la segunda guerra mundial. Esta tendencia que la comenzó Alemania a poco de iniciada la guerra en Ucrania, fue seguida por varios países europeos y coronada esta semana por Estados Unidos con el anuncio de Biden de presentar un aumento histórico del gasto militar.

De esta manera, la reaccionaria invasión de Rusia a Ucrania ya tuvo repercusiones desastrosas no solo entre las poblaciones de ambos países, sino que ayudó a consolidar el bloque imperialista de la OTAN comandado por Estados Unidos y junto a ello un incremento del gasto militar y de guerra sin precedentes en décadas, que no puede significar nada bueno para la población mundial.

 Viernes 1ro de abril


 

Rusia prueba en Ucrania los misiles más rápidos del mundo

Moscú utiliza por primera vez los misiles hipersónicos Kinzhal desde aviones, una avanzada tecnología que solo poseen Rusia y China, y en la que EEUU anda entre cinco y diez años por detrás. La velocidad de estos misiles multiplica por diez la velocidad del sonido, pueden transportar ojivas nucleares y todavía no existe tecnología para interceptarlos.

29/03/2022 01:07 Actualizado: 01/04/2022 21:10

Eugenio García Gascón

Diario Público

En cada guerra, especialmente cuando anda por medio una gran potencia, los países punteros examinan con minuciosidad el uso que se hace de las armas con el fin de saber hasta dónde ha llegado la tecnología del enemigo y mejorar su propia producción de armas. Como no podía ser de otra manera, eso también está ocurriendo en el conflicto de Ucrania.

Hasta ahora el arma estrella de la guerra, aunque apenas se ha usado, es un misil hipersónico que puede alcanzar los 150 kilómetros de altitud con un radio de más de 2.000 kilómetros, que es hasta diez veces más veloz que la propagación del sonido y que es capaz de llevar ojivas nucleares. Aunque se ha usado con anterioridad, en la guerra de Ucrania se ha disparado en dos ocasiones y por primera vez desde aviones de combate y no desde tierra.

Se trata de un misil de unas capacidades exclusivas que solamente poseen Rusia y China, pero no los Estados Unidos, que andan a la zaga en esta materia. Cazas MIG-31 dispararon recientemente dos de estos misiles hipersónicos Kinzhal, que están considerados los más rápidos del mundo, contra sendos objetivos en el sur de Ucrania: un depósito de combustible y un almacén de armas subterráneo.

El hecho más destacable es que hasta ahora solo se habían usado en su versión terrestre, que es más fácil de detectar, y no en su versión aérea. Expertos israelíes citados por el Yediot Ahronot señalan que es posible detectar esos misiles hipersónicos, especialmente en su versión terrestre, pero en cambio no es posible interceptarlos cuando se disparan desde un avión MIG.

Los expertos califican estos misiles Kinzhal (que en ruso significa "daga" o "puñal") de "estratégicos", es decir les atribuyen unas características que están por encima de los tanques avanzados T-80, que también se han usado en Ucrania pero tendrían unas características meramente "tácticas" y no "estratégicas". Los carros T-80 disponen de capacidades de defensa activa contra misiles antitanque.

Expertos occidentales consideran que el uso de misiles hipersónicos no solo es importante desde el punto de vista militar, sino que conlleva aparejado e implícito un mensaje de disuasión para Ucrania y para Occidente en general. En la práctica el mensaje va dirigido especialmente a la OTAN, que no posee un misil equivalente en su arsenal.

En la jerga militar se conoce como hipersónico al misil que es capaz de alcanzar una velocidad por lo menos cinco veces superior a la del sonido. Un misil subsónico sería el que vuela a una velocidad inferior a la del sonido mientras que un misil supersónico viaja a una velocidad de entre una y cinco veces la velocidad de propagación del sonido.

A diferencia de los balísticos, los misiles hipersónicos pueden maniobrar en el aire, es decir no tienen una trayectoria lineal prevista desde el principio. Se estima que la fabricación de cada unidad cuesta "varios millones de dólares", lo que explica que Moscú los haya usado en solo dos ocasiones puntuales y probablemente solo vuelva a utilizarlos cuando haya un objetivo que compense su elevado coste.

A diferencia de los balísticos, para los que se han desarrollado sistemas antimisiles, la tecnología occidental todavía no ha logrado la capacidad de hacer frente a los misiles hipersónicos. EEUU no posee misiles hipersónicos y no fue hasta 2021 cuando Washington dio instrucciones para fabricar esta clase de misiles. Los expertos estiman que EEUU va entre cinco y diez años por detrás de Rusia y China en esta innovadora tecnología.

Expertos occidentales cuestionan algunos datos facilitados por Moscú en relación con el Kinzhal. Según los rusos, el misil puede alcanzar en ciertas condiciones una velocidad de hasta 15.000 kilómetros por hora, es decir diez veces la del sonido. Por el contrario, los occidentales estiman que su velocidad máxima es en realidad de solo siete u ocho veces la velocidad del sonido. En cualquier caso, esta velocidad reducida constituye un récord mundial para este tipo de proyectiles.

Según un experto israelí citado por el Yediot Ahronot, "en los dos últimos lanzamientos el Kinzhal alcanzó la velocidad de siete u ocho veces el sonido durante entre 40 y 50 segundos a una altitud de entre 100 y 150 kilómetros, y a partir de ese momento el misil empezó a descender, perdió velocidad, e iba a tres o cuatro veces la velocidad del sonido antes de alcanzar su objetivo".

El experto cuestiona el radio de 2.000 kilómetros que le atribuye Moscú. "Se trata de un misil relativamente pesado que ya se ha lanzado desde una plataforma en tierra, especialmente en la guerra de hace un año y medio entre Armenia y Azerbaiyán. En su versión terrestre el alcance es de unos 500 kilómetros, de manera que hay que tomar con precaución la estimación rusa de un radio de 2.000 kilómetros".

Otros expertos indican que la ojiva del misil hipersónico se guía por GPS, pero que los rusos pueden guiarlo también mediante una ojiva electro-óptica en función de la imagen del objetivo, evitando de esta manera que el enemigo interfiera con medios electrónicos el GPS.

"Las fuerzas occidentales podrían ser capaces de detectar el vuelo de este misil, pero en un estadio relativamente tardío, y de ninguna manera podrían interceptarlo pues es un misil muy veloz que tiene capacidad de realizar maniobras violentas" en el aire, a diferencia de un misil normal, recalca el experto israelí.

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Serguei Lavrov, canciller de la Federacipon Rusa.. Imagen: AFP

El vocero de la presidencia rusa, Dmitri Peskov, sostuvo que las conversaciones celebradas el martes en Turquía no arrojaron nada "muy prometedor". Por su parte el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, dijo que desconfiaba de que Rusia reduciría su actividad militar en Kiev y Chernigov. 

Rusia descartó un rápido fin de su invasión a Ucrania, luego de que el gobierno ucraniano y algunos países occidentales recibieran con escepticismo un anuncio ruso de reducción de operaciones militares gracias a los avances en las negociaciones de paz. El vocero de la presidencia rusa, Dmitri Peskov, sostuvo que las negociaciones celebradas el martes por Moscú y Kiev en Turquía no arrojaron nada "muy prometedor" y que aún queda "mucho trabajo" por hacer. Por su parte el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, dijo que no veía razones para creer el anuncio de Rusia de que reduciría su actividad militar en torno a Kiev, la capital de Ucrania, y la también norteña Chernigov, dado lo que sigue sucediendo sobre el terreno

Los negociadores de Kiev y Moscú presentaron el martes las propuestas más detalladas hasta ahora de lo que podría ser el marco para poner fin a un conflicto que ha dejado miles de muertos y forzado la huida de Ucrania de más de cuatro millones de personas. En la ronda de diálogo en Estambul, la primera en persona en dos semanas, la delegación ucraniana presentó propuestas para un acuerdo de paz que incluye que Ucrania se declare neutral a cambio de que varios otros países garanticen su seguridad.

Alemania se ofrece como garante

El canciller alemán, Olaf Scholz, expresó en una conversación telefónica con Zelenski la disposición de Berlín a convertirse en garante de la seguridad del país en caso de que se llegue a un acuerdo de paz, ofrecimiento que también ratificó Italia. El jefe de gobierno alemán también habló con el presidente ruso Vladimir Putin, de quien obtuvo la promesa de que la Unión Europea (UE) podrá seguir pagando el gas ruso en euros y no en rublos como lo había anunciado previamente el Kremlin.

Volviendo a las negociaciones, el viceministro de Defensa ruso, Alexander Fomin, presente en Turquía, anunció una reducción "radical" de operaciones militares en torno a Kiev y Chernigov para "aumentar la confianza de cara a más conversaciones". En cuanto a los próximos pasos del diálogo, el jefe negociador ruso, Vladimir Medinski, dijo que su delegación llevaría las propuestas ucranianas al presidente Putin y que luego Moscú iba a dar una respuesta, pero no precisó cuándo.

"Por el momento, no podemos informar de nada muy prometedor o de un avance. Hay mucho trabajo por hacer", declaró a la prensa el vocero de Putin y del Kremlin, Dmitri Peskov. De todos modos, Peskov calificó de "positivo" el hecho de que la delegación ucraniana "haya finalmente empezado a formular de manera concreta sus propuestas y a ponerlas por escrito".

Zelenski llama a "no bajar la guardia"

Rusia invadió Ucrania el 24 de febrero pasado luego de que Estados Unidos rechazara sus exigencias de que la exrepública soviética renunciara a ingresar a la OTAN la alianza militar liderada por Washington, algo que Moscú ve como una seria amenaza. En un video difundido en la noche ucraniana, Zelenski dijo que las negociaciones en Turquía habían arrojado señales que podían calificarse de "positivas", pero matizó que "esas señales no silencian las explosiones de los bombardeos rusos".

El mandatario advirtió al mundo y a la ciudadanía ucraniana que no hay apurarse, dijo que Rusia tuvo que ceder por la fuerza de la resistencia de las tropas nacionales y que Ucrania no debería "bajar la guardia" porque Rusia todavía puede lanzar ataques.  "No nos creemos a nadie, ni una sola frase bonita. No entregaremos nada. Lucharemos por cada metro de nuestro territorio", agregó Zelenski al destacar: "La libertad debe estar tan armada como la tiranía".

Desconfianza de los aliados

Estados Unidos y otros aliados occidentales de Ucrania expresaron sus dudas sobre las intenciones de Rusia. "Veremos si cumplen", declaró el martes el presidente estadounidense, Joe Biden, luego de conversar con los líderes de Reino Unido, Francia, Alemania e Italia, que prometieron mantener las sanciones a Rusia y llamaron a "no bajar la guardia" ante Moscú. 24 horas después Biden prometió 500 millones de dólares más en ayuda a Ucrania al hablar por teléfono con Zelenski, informó la Casa Blanca.

Ucrania usará ese dinero para fortalecer su economía y pagar gastos relacionados con la Administración pública, como salarios y servicios públicos, detalló este miércoles la directora de Comunicación de la Casa Blanca, Kate Bedingfield, en una rueda de prensa. Bedingfield recordó que Estados Unidos ha ofrecido más de dos mil millones de dólares en ayuda a Ucrania desde que Biden llegó al poder en enero de 2021.

El viceprimer ministro británico, Dominic Raab, dijo por su parte que el Reino Unido juzga "a la máquina militar rusa por sus acciones, no por sus palabras". "Obviamente hay algo de escepticismo. La puerta de la diplomacia siempre se dejará entornada, pero no creo que podamos confiar en lo que sale de la boca de la maquinaria bélica de Putin", dijo Raab a la cadena Sky News.

En la misma línea el ministro de Exteriores de Francia, Jean-Yves Le Drian, se mostró escéptico sobre la voluntad de Rusia para terminar con la guerra en Ucrania y constató que no ha habido "un avance sobre ningún asunto" en las negociaciones entre Moscú y Kiev. "Yo creo en los actos, no en las palabras, si mañana por la mañana el presidente Putin determina que renuncia al asedio a Mariupol, permite que la ayuda humanitaria entre y deja a la población civil circular libremente, entonces diré: 'Sí, hay un progreso'", afirmó Le Drian, en una entrevista a France 24.

La semana pasada, Rusia dijo que había culminado la primera etapa de su ofensiva en Ucrania y que ahora iba a reagrupar fuerzas para lograr su "principal objetivo" de conquistar la región del este de Ucrania conocida como Donbass. Más de 14 mil personas han muerto en el Donbass en combates entre el Ejército ucraniano y milicias separatistas alzadas en armas contra Kiev desde 2014, que ahora pelean junto a las tropas invasoras rusas contra las ucranianas.

En este marco, la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, evaluó que los bombardeos y los ataques contra zonas pobladas de Ucrania generan una "inmensa preocupación" y podrían configurar "crímenes de guerra". Bachelet recordó que "las vidas de millones de personas se han visto trastornadas al verse forzadas a huir de sus hogares o a vivir en sótanos y en refugios antiaéreos mientras sus ciudades son hostigadas y destruidas".

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