Fotografía: Ariel Arango, Cali 2021.

Lo que estamos presenciando desde el pasado 28 de abril –28A– es un acontecimiento histórico que marcará los años venideros en Colombia. Aunque la coyuntura es nacional, es innegable que en la ciudad de Cali se presentó un levantamiento juvenil popular urbano nunca antes vivido en el país y que no tiene punto de comparación con otros referentes de lucha social, como el recordado 14 de septiembre de 1977, toda vez que en esta ocasión se trata de actores de nuevo tipo como es el caso de la juventud popular excluida y sin posibilidades de futuro.

Un suceso de nuevo tipo que es el resultado de una realidad nacional variopinta:

1. El paro nacional convocado el 21 de noviembre de 2019 –21N–.
2. El levantamiento de odio contra la Policía Nacional desatado en septiembre de 2020 tras el asesinato del abogado Javier Ordoñez.
3. Los diversos paros y jornadas de movilización concretadas por estudiantes universitarios a lo largo de los últimos diez años.
4. Los paros agrarios vividos en el país en la pasada década.
5. El covid-19 y el ahondamiento de la crisis económica en el país, con sus secuelas multiplicadoras de quiebras de pequeños y medianos empresarios, desempleo y hambre, resumido de alguna manera en la colgada de trapos. rojos en barriadas populares del país.
6. La inconformidad con la estrategia económica y social implementada por el gobierno nacional para enfrentar la crisis pandémica que no se sintió en la calidad de vida de millones de hogares.
7. La transformación de Cali de ciudad industrial en ciudad de servicios y, con ello, el cierre de puestos de trabajo y el deterioro de condiciones de vida de miles de familias.
8. El hastío social con el nivel de desigualdad reinante en el país, con la infuncionalidad de la buracracia estatal, con el autoritarismo y violencia encontrada, así como con un gobierno que no oculta que es de ricos y para ricos.

Todo esto también está anclado a las luchas que desde el 2019 se presentan en diversos países de nuestra región y el mundo, entre ellas destacan:

1. Chile, con una prolongada protesta social de varios meses que llevarían a elecciones constituyentes, cuyos elegidos deberán darle trámite a una nueva Constitución y enterrar, por fin, el legado de la dictadura.
2. Ecuador, y el levantamiento indígena y popular de octubre de 2019 en contra del paquetazo neoliberal de Lenin Moreno.
3. Bolivia, y el rechazo de su sociedad al golpe de Estado y en defensa de la democracia.
4. Francia, y la constancia de los Chalecos Amarillos en su denuncia y confrontación de las políticas neoliberales, concretadas en la privatización de los bienes comunes.
5. Hong Kong con la lucha de los jóvenes universitarios en contra del autoritarismo chino.
6. Estados Unidos, y la lucha de los afrodescendientes en contra de la brutalidad policial y el racismo, resistencia desatada por el asesinato de George Floyd.

Un cúmulo de antecedentes y referentes de lucha, formas de actuar y defender los derechos de todas y todos que evidencia que la sociedad empieza a tener aprendizajes de acción, superación y denuncia de lo que acontece en sus realidades a partir del manejo del internet y las redes sociales. Y con ello, que estas sociedades ganan en politización, así ello no se traduzca en el entierro de las formaciones políticas tradicionales.

De esta manera, y como producto de todo ello, tenemos ante nuestros ojos claras evidencias de la crisis que sobrelleva la democracia realmente existente, formal y no integral, y con ella de la fase de acumulación capitalista abierta 40 años atrás.

Pero también tenemos, contrario a lo anterior, expresiones de otra democracia, directa y participativa, radical y plebiscitaria, materializada en los bloqueos extendidos a lo largo y ancho del país, alrededor de los cuales la comunidad participante delibera y decide qué y cómo hacer, tanto para sostenerlos como para interpelar al gobierno, aprobando para ello agendas reivindicativas, unas mínimas otras más amplias.

Expresión de otra democracia que sí es posible, extendido incluso hasta la concreción de asambleas populares de ciudad y regiones, como sucede en Pasto y en Nariño, pero también en asambleas territoriales como ocurre por otras muchas ciudades y municipios.

Es así como tenemos ante los ojos del país la conjunción de dos dinámicas, cruzadas y fortalecidas entre sí, aunque ello no sea el producto de una meta pretendida: por un lado, la acción desprendida desde el Comité Nacional de Paro (CNP) y concretada en la citación a la protesta en fecha concreta –28A–, así como las posteriores convocatorias, también en fechas concretas, de una cascada de días de parálisis y lucha.

Al mismo tiempo, el potente levantamiento juvenil/popular, traducido en acciones de control territorial, estimulados para su prolongación en agendas reivindicativas con demandas tanto nacionales como regionales y locales.

Pero también tenemos, aunque no es tan notable al ojo ciudadano pues no ha estado realzado por confrontaciones duras con la policía ni el ejército, la movilización y bloqueos materializadas por variedad de comunidades y pueblos originarios, cada uno con su agenda particular, aunque en algunos casos sintiéndose parte de las organizaciones que integran el CNP, aunque en otras no sea así. Infinidad de bloqueos que terminaron por hacer del tejido vial nacional un extenso laberinto.

Entre estos bloqueos, también destacan los concretados por el gremio de camioneros, los cuales aprovecharon la ocasión para presionar por lo suyo, en lo cual tampoco existió una sola agenda, producto de la atomización gremial que los caracteriza.

Una variedad de expresiones sociales que dejan en claro la inexistencia de un único y potente referente nacional organizativo y el tránsito hacia un amplio y variopinto movimiento social que deberá resolver en los meses y años por venir las formas políticas que asumirá o profundizará.

Ahora, la prolongación de la jornada de paro citada en primera instancia para el 28A y alargada más allá de todo cálculo, permite concluir que la sociedad aprendió a luchar y ya entiende que una convocatoria a movilizaciones debe ir más de un día para tener algún verdadero efecto.
Sucursal de la resistencia

Vivimos el surgimiento de un nuevo actor político y social popular en Cali y posiblemente el Valle del Cauca. Desde el 28A inició un momento nunca visto en la ciudad, con la concreción de cerca de 25 puntos de resistencia a lo largo y ancho de la ciudad, de los cuales han logrado sostenerse alrededor de 20.

En estos puntos la cohesión social construida implica la juntanza de vecinos y vecinas, artistas, deportistas, estudiantes, desempleados, liderazgos comunitarios y sociales, integrantes de pandillas, “barras bravas”, entre otros, que comparten ollas comunitarias para la alimentación, agendas de programación de eventos culturales y deportivos. Así mismo, están quienes bregan por construir centros de salud populares, materializado en las brigadas constituidas para atender a quienes son heridos en medio de las refriegas con la mal llamada “fuerza pública”.

Nace en este marco un nuevo actor; las primeras líneas, posicionado como un actor legítimo del conjunto de la sociedad. Ellos y ellas van tejiendo mecanismos de comunicación y coordinación a nivel local, pero con el paso de los días comienzan a verse propuestas de articulación nacional. Solo el paso de los meses dirá si logran articularse y la prolongación que alcancen como formas, por ejemplo, de guardia ciudadana o similares.

Por su parte la reacción del establecimiento para contener el estallido social en la hoy denominada “sucursal de la resistencia”, expresión nítida del autoritarismo que lo marca, connota un tratamiento de guerra en este caso con la mezcla de varias de sus estructuras armadas: policía, ejército y paramilitares. Su actuar lo determinaba cada escenario, pero lo bestial de sus prácticas permitió recordar las formas más brutales de represión vividas, por ejemplo, en países como Haití en tiempo de Papa Doc y sus fuerzas paramilitares, los terribles Tonton Macoutes, con los cuales pudo extender su reinado por décadas.

Como equipo desdeabajo entregamos a la ciudadanía caleña y al cojunto de expresiones sociales en todo el país, la presente edición, con carácter de especial, producto del trabajo periodístico sobre el terreno. Esperamos la misma se traduzca en un aporte colectivo para comprender el momento que vivimos y brindar luces para el futuro cercano que nos reta.

 

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Publicado enColombia
Bogotá de espaldas a los retos abiertos por el cambio climático y el covid-19

En Bogotá se discute desde hace varios semanas el Plan de Ordenamiento Territorial –POT– que regirá en el periodo 2022-2035, un debate que debiera estar acompañado de amplia participación ciudadana; no obstante, la actual administración de la ciudad da muchas señales de desconexión con su población, no concurre a las deliberaciones y si lo hace oye pero no escucha.

Para conocer algunos detalles de este proceso, desdeabajo conversó con Gloria Stella Moreno, antropóloga con maestría en gestión ambiental, quien hace parte del Consejo de Planeación Local de Teusaquillo y es delegada al Consejo Territorial de Planeación Distrital (Ctpd) que actualmente debate el POT presentado por la administración de Claudia López. De ser aprobado por el Concejo de la ciudad, ¿Cómo se transforma el uso del suelo? ¿Sirve el POT para brindar garantías de vida digna a los más empobrecidos? ¿Quiénes se beneficiarán en los próximos años del norte decidido para la capital del país?

desdeabajo (da). Empecemos por lo más sencillo, para sentar las bases del tema urbanísico que nos concita: ¿Qué es un Plan de Ordenamiento Territorial?
Gloria Stella Moreno (GSM). De acuerdo a la Ley 388 de 1997, el POT es un instrumento de planeación del territorio de superior jerarquía, por encima de los Planes Parciales y otros instrumentos de gestión y de normas que deciden el uso del suelo. Aplica para todos los municipios del país. En mi concepto, un Plan de Ordenamiento debería ser un instrumento de resolución de conflictos territoriales, que de suyo son conflictos ambientales y sociales.

da. Cuéntenos, ¿cuáles son las principales características del proyecto de acuerdo del POT presentado por la administración de Claudia López?
GSM. Antes quisiera señalar que este POT corresponde a una revisión del vigente, el decreto 190 del 2004; en la realidad, duele decirlo, el proyecto de acuerdo es una reformulación del Plan de Ordenamiento de Bogotá, con cambios de fondo. ¿Qué lo caracteriza? Que incorpora algunos elementos que no tenía el anterior POT en los ejes estructurantes del Plan, el anterior tenía 3 ahora son 4.

da. ¿Cuáles son esas cuatro estructuras?
GSM. De manera simple: la estructura ecológica principal; la estructura funcional y del cuidado (antes era funcional y de servicios); la estructura socioeconómica y cultural, y la estructura integral de los patrimonios, ésta última es la novedad. Estos cuatro ejes estructurantes dan la pauta de cómo conciben el ordenamiento; este análisis se cruza con la clasificación del suelo: rural, urbano, de expansión y de protección. Adicionalmente, se establecen los instrumentos de financiación e instrumentos de gestión, programas y proyectos a 13 años que es el horizonte temporal en el que está formulado el POT.

da. Al analizar el presente POT, ¿es posible hablar de continuismo con la propuesta presentada por la administración de Enrique Peñalosa?
GSM. Este POT tiene algunos elementos favorables, incorpora el sistema del cuidado, que básicamente retoma el enfoque de la política de género y del cuidado que hoy existe para Bogotá y lo mencionado sobre lo patrimonial; no obstante, hay que decir que sigue el mismo modelo en los temas propiamente de decisiones urbanísticas. Peñalosa proyectaba la consolidación del Centro Ampliado de Bogotá, es decir las zonas centrales de la ciudad, como las localidades de Barrios Unidos, Teusaquillo, Puente Aranda y Santa Fe, transformadas en áreas estratégicas para el desarrollo inmobiliario en altura, es decir la densificación, y este es uno de los pilares de este POT.

Es así como estamos ante desarrollos regidos por unos tratamientos urbanísticos que básicamente son de renovación, con la modalidad de “revitalización”, otorgando incentivos a los constructores para que a través de Planes Parciales decidan el número de pisos.

da. ¿Qué significa e implica revitalizar?
GSM. Significa que transforman unas áreas de la ciudad (aprox. 6.500 hectáreas) que actualmente se caracterizan por vivienda residencial y bajo la idea de optimizar el suelo se transforman en vivienda de propiedad horizontal, los constructores y el sector inmobiliario definirán las alturas de estos proyectos, y con ello tienen la oportunidad de una significativa plusvalía; es un negocio más que rentable porque la especulación ha elevado el precio del suelo en las localidades centrales.

Entonces, se incentiva una densificación en el centro ampliado, mientras que en la periferia los pobres seguirán a expensas de los urbanizadores ilegales, profundizando la segregación, socioespacial, así han modelado la ciudad y en ello no cambian.

Otra similitud es que existen proyectos previstos desde la administración anterior, que, aunque sin la aprobación del POT, Peñalosa los dejó por decreto. Se trata, entre otros, de proyectos como Lagos de Torca, iniciativa polémica porque afecta la conectividad ecológica de los Cerros Orientales, la Reserva Van der Hammen y el río Bogotá, pasando por los humedales de Torca y Guaymaral; ese es un proyecto que densifica y propicia la conurbación con Chía porque es en el borde norte de la ciudad. También está el Reverdecer del Sur, levantado sobre antiguas canteras en la cuenca del río Tunjuelo, llamado anteriormente Lagos de Tunjuelo. Las comunidades hablan del concepto de justicia ambiental y del pago por la deuda ambiental y social que tiene Bogotá con el sur, en particular las localidades de Usme, Ciudad Bolívar, Tunjuelo, Rafael Uribe, localidades que han recibido el impacto de la ciudad en materia, de basuras, de contaminación y de vivienda informal, pese a lo cual el proyecto de marras no responde a las propuestas de territorio construidas por los procesos sociales arraigados en estos territorios.

Cambios en los usos del suelo de la ciudad

GSM. En esta materia el POT propone una mezcla que básicamente fomentará el uso comercial y de varios servicios, combinado con el de vivienda. En localidades como Teusaquillo y Barrios Unidos, en lo fundamental residenciales, los usos mixtos, de ser aprobado el POT, tendrán impactos importantes en estos sectores.

Son afectaciones que ocurrirán como materialización de las 32 actuaciones estratégicas previstas, sobre más de 6.500 hectáreas donde se interviene con renovación o consolidación. De estas las afectaciones más graves se dan en las que promueven la renovación, es decir proyectos en altura y mezcla de usos, porque los moradores, ante la presión de los mercaderes seguramente tendrán que vender e irse, y los que persistan en vivir allí quedarán sometidos a la depreciación de sus viviendas o buscar opciones de 26 metros cuadrados en apartamentos tan “a la moda”, cambiando su modo y calidad de vida.

da. Al ser así se continúa perdiendo la memoria de la ciudad…
GSM. Sí. Ese es parte de los problemas que genera una visión de homogenización urbana, porque son manchas que no reconocen la historia de los barrios, no reconocen la existencia de un tejido social, de una tradición, de una forma de habitar el territorio, y sí provocan gentrificación, además de densificar con unos precios que son bastante especulativos, del orden de 9 millones por metro cuadrado en ciertas áreas, en beneficio de sectores de financieros, hoteleros, etcétera. Esta memoria también se rompe por la vía de la creación de localidades, donde la unidad de UPZ y barrio se pierde.

da. Entones, ¿el mercado impone su lógica?
GSM. El proyecto de POT lo estimula. Se tratará de una ciudad sometida al mercado, una ciudad que privilegia la conexión para el mercado entre el aeropuerto y el centro financiero. Entonces, se pone en función de eso, de los grandes negocios y por supuesto quien desarrolla es quien tiene el músculo financiero para poder hacer inversiones en áreas de mínimo 2.000 m².

Entonces, aunque aparentemente se protege a los moradores, no deja de ser inequitativo pues la mayoría de quienes allí habitan y son propietarios de una casa, no tienen la posibilidad de hacer una inversión si el Estado no le respalda. Por tanto, ¿en manos de quién queda el suelo?, pues del sector inmobiliario que fuerza el cambio del territorio hacia usos mixtos y redensificación.

da. Podría contarnos, ¿en qué consiste el cambio de la categoría del Parque Simón Bolívar y otros parques como el San Carlos o el Bosque de Santa Helena?
GSM. El Parque Metropolitano Simón Bolívar ya es un área incluida dentro de la Estructura Ecológica Principal (EEP) de la ciudad como área de espacio público, el cambio planteado es otorgarle la categoría de suelo protegido como parte de la Estructura Ecológica. (Ver págs. 17-18).
Hay un aspecto importante que decir sobre este tema de la EEP, eleva la categoría de los humedales, de parques a reserva, en principio es una decisión adecuada otorgando una relevancia a la función de los humedales en Bogotá; sin embargo no les quita las reservas viales previstas desde el POT anterior; la segunda línea del Metro pasará sobre el humedal de Tibabuyes, las vías como la ALO afectan tanto los humedales de Capellanía como Tibabuyes.

da. La lectura entre líneas de los documentos permite entender que dicen una cosa pero el resultado será contrario, ¿es así?
GSM. En cierta modo es así, ya que la superposición de la malla vial prevista contradice el enfoque de ordenar el territorio alrededor de la EEP, porque se privilegia la malla vial, lo que ocasiona una fragmentación de la conectividad ecológica, y aunque dicen que imponen medidas de compensación estas no son suficientes para mantener la estructura y función de cada ecosistema de humedal, que ahora quedan en riesgo.

Estamos ante una contradicción evidente en la formulación del POT. Allí dicen buscar adaptarse y mitigar el cambio climático, es decir manejar la crisis ambiental y sin embargo los ecosistemas de los humedales que son favorables a la amortiguación de inundaciones, y por supuesto un espacio natural para adaptarse a la crisis climática, serán afectados por la malla vial, con un impacto enorme.

da. ¿Y eso no lo resuelven las mitigaciones?
GSM. Claro que no. Eso no se resuelve exigiéndole al constructor que haga una conectividad hídrica y garantice ciertas medidas de compensación. Lo que correspondería es hacer nuevos trazados, pensar la ciudad desde otra perspectiva, desestimular el vehículo y proteger esas áreas como reservas realmente intocables.

Veo en este POT demasiados nombres sonoros, bonitos, casi éslogan, como bosques urbanos, reverdecer Bogotá, descarbonización; resulta que uno va a mirar el bosque urbano de Santa Helena y es una arborización ya existente, y que estará fragmentada por una vía, y entonces los árboles quedan a lado y lado de la misma,

Al ser así, ¿cuál bosque en términos funcionales, de diversidad, de porte, de densidad? ¿Será un bosque? No, será una vía con lo que queda de la arborización actual del parque, vía que la comunidad ha dicho que no necesita, comunidad que ha demostrado que la conexión vial entre la autopista y la Avenida Boyacá ya existe; sin embargo, la vía quedó priorizada dentro de este POT.

da. Construcciones que implican demandas de más recursos naturales, ¿es así?
GSM. Claro, el crecimiento poblacional de Bogotá y la región demanda agua. Hay que recordar que esta proviene de Chingaza, que capta de la cuenca del Orinoco, y provee a Bogotá y 11 municipios más. Esa densificación estimula la migración a la ciudad, aunque el crecimiento vegetativo no sea tan alto, la demanda de agua no se ha calculado, esto frente al cambio climático, de 1,5 grado de temperatura en 20 años es un riesgo enorme, toda vez que los páramos sufrirán con el calentamiento global.

Es una alteración ecosistémica que no está prevista en el POT, como tampoco lo está el suministro de aguas residuales; tampoco temas también importantes como los efectos derivados de tanta construcción, como las islas de calor. Entonces, la estructura ecológica quedará minimizada y pasa a un segundo plano frente a esta visión urbanística que tiene el POT.

da. ¿Qué ocurre con Usme como frontera con el Páramo de Sumapaz y la constante construcción urbanística que allí realizan?
GSM. Aunque en el discurso se dice que el área de expansión es muy poca, lo cierto es que en Usme se destinan 901 hectáreas, de las cuales 490 en la operación Usme, un proyecto de vivienda en los bordes de ciudad, de entrada al corredor con Sumapaz.

Esa zona de expansión implica proyectos de vivienda tipo Nuevo Usme, que disparan conflictos culturales con la gente que ha desarrollado toda su vida allí, sobre todo con quienes tienen raíz campesina y aún están ligados al trabajo de la tierra. Una llegada de miles de personas que demandarán servicios públicos y de salud, educación, recreación, y ello implica equipamientos de todo tipo, además de nuevas vías de ingreso y salidad que, como todo el que recorre esta parte de la ciudad sabe, ahora no tiene o son totalmente insuficientes.

Esta mayor urbanización traerá, muy seguramente, un proceso de suburbanización de las zonas de acceso hacia el páramo de Sumapaz, o sea, afectará diversas veredas mucho más al fondo de Usme, con un crecimiento de nuevas construcciones que irán fragmentado la zona rural en sus predios, llegando a crear, incluso, un fenómeno de suburbanización como el que terminó por afectar a La Calera.


Participación de la sociedad en la toma de decisiones

GSM. La participación realmente ha sido de una ciudadanía receptora de la información brindada por parte de la administración. La gente ha participado entendiendo, primero, de qué se trata; solo la comprensión de un documento que tiene 693 artículos, muchos de ellos técnicos, con sus documentos de soporte y la cartografía, entender eso hasta para los expertos no es fácil, ni que decir de la comprensión sobre el POT para los y las habitantes del común.

Entonces, entender un poco qué nos propone la administración para ordenar la ciudad es un tema nada fácil y en ese proceso, más que una interlocución donde se reciban y se incorporen las inquietudes y las propuestas de las comunidades y diferentes colectivos, lo que prima es una promoción del POT, una socialización sin unos procesos que sean realmente concertados para que la ciudadanía pueda incidir de manera definitiva en las modificaciones del mismo.


De ahí que veamos con mucha preocupación una supuesta participación, a todas luces más receptora de la promoción del POT que un diálogo entre pares para que la ciudadanía incida con instrumentos que le permitan, en efecto, afectar lo previsto con su punto de vista y pensarse la ciudad de una manera distinta.

da. ¿Sirve el POT para brindar garantías de vida digna a los más empobrecidos?
GSM. De aplicarse el POT como está proyectado, contrario a lo esperado, no ayuda a minimizar temas como pobreza, marginalidad, desplazamiento interno, inequidad, segregación socioespacial, sino que los agudiza.

¿Por qué? 1. Por qué estimula un crecimiento de la ciudad hacia el sur y el occidente, alejando aún más a la gente de sus sitios de trabajo, dificultando su movilidad, con más horas día de transporte, lo que reduce aún más calidad de vida; 2. En la ciudad hay un déficit de 778.000 viviendas de interés social y prioritario y el POT se propone hacer 199.000, las restantes seguirán siendo caldo de cultivo para los tierreros, para los constructores ilegales, seguirán especulando con “soluciones” sobre las rondas de ríos, quebradas y reservas como el Parque Entre Nubes que ya está ocupado; 3. La demanda de vivienda seguirá desplazando a mucha gente hacia municipios cercanos, como Soacha, Mosquera y otros, agudizando la problemática de servicios que allí viven; 4. En esa demanda de vivienda los constructores no están tan preocupados por ofertar vivienda de interés social –VIS, que está sobreofertada– sino la que pueda adquirir el estrato tres, y de ahí para arriba. El interés de los constructores es más de negocio que de solucionar un tema social, lo que demandaría que en el POT se abordará el tema de la tierra urbana con una reglamentación que controle su encarecimiento casi exponencial.

da. Para terminar ¿qué implicaría un POT alternativo?
GSM. En un POT construido con la sociedad civil, la participación con incidencia debe ser un principio. La crisis ambiental, las carencia de fuentes de empleo, de redistribución de ingresos, de transporte con energías alternativas y accesible, son realidades que exigen concertación, tener el derecho a soñar una ciudad distinta, repensarla entre todas y todos, sin dejarle las decisiones estructurantes, y otras de supusto segundo nivel, al sector inmobiliario. El derecho a la ciudad debe ser un ejercicio de construcción social que exige cambios culturales y de consumo.

Entonces, la participación tiene que ser concertada, con posibilidades para analizar las diferencias existentes entre los distintos territorios que conforman una Bogotá que parece ser una pero que en realidad son varias: una cosa es el sur, otra cosa es el centro, el occidente… Conscientes de ello, la concertación es clave para permitir que haya proyectos elaborados de la mano de las comunidades, para pensarse la vivienda, los servicios públicos, el uso del suelo, la economía popular, en pocas palabras para mirar la ciudad de manera integral. En un reto inmenso y en ello los movimientos sociales tendrían que preocuparse más por el territorio que habitan, imaginando cómo gobernarlo de manera abierta con toda la población, sin dejarse ganar por los afanaes de cada día, por eso que llaman coyuntura.

 

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Publicado enEdición Nº283
Bogotá de espaldas a los retos abiertos por el cambio climático y el covid-19

En Bogotá se discute desde hace varios semanas el Plan de Ordenamiento Territorial –POT– que regirá en el periodo 2022-2035, un debate que debiera estar acompañado de amplia participación ciudadana; no obstante, la actual administración de la ciudad da muchas señales de desconexión con su población, no concurre a las deliberaciones y si lo hace oye pero no escucha.

Para conocer algunos detalles de este proceso, desdeabajo conversó con Gloria Stella Moreno, antropóloga con maestría en gestión ambiental, quien hace parte del Consejo de Planeación Local de Teusaquillo y es delegada al Consejo Territorial de Planeación Distrital (Ctpd) que actualmente debate el POT presentado por la administración de Claudia López. De ser aprobado por el Concejo de la ciudad, ¿Cómo se transforma el uso del suelo? ¿Sirve el POT para brindar garantías de vida digna a los más empobrecidos? ¿Quiénes se beneficiarán en los próximos años del norte decidido para la capital del país?

desdeabajo (da). Empecemos por lo más sencillo, para sentar las bases del tema urbanísico que nos concita: ¿Qué es un Plan de Ordenamiento Territorial?
Gloria Stella Moreno (GSM). De acuerdo a la Ley 388 de 1997, el POT es un instrumento de planeación del territorio de superior jerarquía, por encima de los Planes Parciales y otros instrumentos de gestión y de normas que deciden el uso del suelo. Aplica para todos los municipios del país. En mi concepto, un Plan de Ordenamiento debería ser un instrumento de resolución de conflictos territoriales, que de suyo son conflictos ambientales y sociales.

da. Cuéntenos, ¿cuáles son las principales características del proyecto de acuerdo del POT presentado por la administración de Claudia López?
GSM. Antes quisiera señalar que este POT corresponde a una revisión del vigente, el decreto 190 del 2004; en la realidad, duele decirlo, el proyecto de acuerdo es una reformulación del Plan de Ordenamiento de Bogotá, con cambios de fondo. ¿Qué lo caracteriza? Que incorpora algunos elementos que no tenía el anterior POT en los ejes estructurantes del Plan, el anterior tenía 3 ahora son 4.

da. ¿Cuáles son esas cuatro estructuras?
GSM. De manera simple: la estructura ecológica principal; la estructura funcional y del cuidado (antes era funcional y de servicios); la estructura socioeconómica y cultural, y la estructura integral de los patrimonios, ésta última es la novedad. Estos cuatro ejes estructurantes dan la pauta de cómo conciben el ordenamiento; este análisis se cruza con la clasificación del suelo: rural, urbano, de expansión y de protección. Adicionalmente, se establecen los instrumentos de financiación e instrumentos de gestión, programas y proyectos a 13 años que es el horizonte temporal en el que está formulado el POT.

da. Al analizar el presente POT, ¿es posible hablar de continuismo con la propuesta presentada por la administración de Enrique Peñalosa?
GSM. Este POT tiene algunos elementos favorables, incorpora el sistema del cuidado, que básicamente retoma el enfoque de la política de género y del cuidado que hoy existe para Bogotá y lo mencionado sobre lo patrimonial; no obstante, hay que decir que sigue el mismo modelo en los temas propiamente de decisiones urbanísticas. Peñalosa proyectaba la consolidación del Centro Ampliado de Bogotá, es decir las zonas centrales de la ciudad, como las localidades de Barrios Unidos, Teusaquillo, Puente Aranda y Santa Fe, transformadas en áreas estratégicas para el desarrollo inmobiliario en altura, es decir la densificación, y este es uno de los pilares de este POT.

Es así como estamos ante desarrollos regidos por unos tratamientos urbanísticos que básicamente son de renovación, con la modalidad de “revitalización”, otorgando incentivos a los constructores para que a través de Planes Parciales decidan el número de pisos.

da. ¿Qué significa e implica revitalizar?
GSM. Significa que transforman unas áreas de la ciudad (aprox. 6.500 hectáreas) que actualmente se caracterizan por vivienda residencial y bajo la idea de optimizar el suelo se transforman en vivienda de propiedad horizontal, los constructores y el sector inmobiliario definirán las alturas de estos proyectos, y con ello tienen la oportunidad de una significativa plusvalía; es un negocio más que rentable porque la especulación ha elevado el precio del suelo en las localidades centrales.

Entonces, se incentiva una densificación en el centro ampliado, mientras que en la periferia los pobres seguirán a expensas de los urbanizadores ilegales, profundizando la segregación, socioespacial, así han modelado la ciudad y en ello no cambian.

Otra similitud es que existen proyectos previstos desde la administración anterior, que, aunque sin la aprobación del POT, Peñalosa los dejó por decreto. Se trata, entre otros, de proyectos como Lagos de Torca, iniciativa polémica porque afecta la conectividad ecológica de los Cerros Orientales, la Reserva Van der Hammen y el río Bogotá, pasando por los humedales de Torca y Guaymaral; ese es un proyecto que densifica y propicia la conurbación con Chía porque es en el borde norte de la ciudad. También está el Reverdecer del Sur, levantado sobre antiguas canteras en la cuenca del río Tunjuelo, llamado anteriormente Lagos de Tunjuelo. Las comunidades hablan del concepto de justicia ambiental y del pago por la deuda ambiental y social que tiene Bogotá con el sur, en particular las localidades de Usme, Ciudad Bolívar, Tunjuelo, Rafael Uribe, localidades que han recibido el impacto de la ciudad en materia, de basuras, de contaminación y de vivienda informal, pese a lo cual el proyecto de marras no responde a las propuestas de territorio construidas por los procesos sociales arraigados en estos territorios.

Cambios en los usos del suelo de la ciudad

GSM. En esta materia el POT propone una mezcla que básicamente fomentará el uso comercial y de varios servicios, combinado con el de vivienda. En localidades como Teusaquillo y Barrios Unidos, en lo fundamental residenciales, los usos mixtos, de ser aprobado el POT, tendrán impactos importantes en estos sectores.

Son afectaciones que ocurrirán como materialización de las 32 actuaciones estratégicas previstas, sobre más de 6.500 hectáreas donde se interviene con renovación o consolidación. De estas las afectaciones más graves se dan en las que promueven la renovación, es decir proyectos en altura y mezcla de usos, porque los moradores, ante la presión de los mercaderes seguramente tendrán que vender e irse, y los que persistan en vivir allí quedarán sometidos a la depreciación de sus viviendas o buscar opciones de 26 metros cuadrados en apartamentos tan “a la moda”, cambiando su modo y calidad de vida.

da. Al ser así se continúa perdiendo la memoria de la ciudad…
GSM. Sí. Ese es parte de los problemas que genera una visión de homogenización urbana, porque son manchas que no reconocen la historia de los barrios, no reconocen la existencia de un tejido social, de una tradición, de una forma de habitar el territorio, y sí provocan gentrificación, además de densificar con unos precios que son bastante especulativos, del orden de 9 millones por metro cuadrado en ciertas áreas, en beneficio de sectores de financieros, hoteleros, etcétera. Esta memoria también se rompe por la vía de la creación de localidades, donde la unidad de UPZ y barrio se pierde.

da. Entones, ¿el mercado impone su lógica?
GSM. El proyecto de POT lo estimula. Se tratará de una ciudad sometida al mercado, una ciudad que privilegia la conexión para el mercado entre el aeropuerto y el centro financiero. Entonces, se pone en función de eso, de los grandes negocios y por supuesto quien desarrolla es quien tiene el músculo financiero para poder hacer inversiones en áreas de mínimo 2.000 m².

Entonces, aunque aparentemente se protege a los moradores, no deja de ser inequitativo pues la mayoría de quienes allí habitan y son propietarios de una casa, no tienen la posibilidad de hacer una inversión si el Estado no le respalda. Por tanto, ¿en manos de quién queda el suelo?, pues del sector inmobiliario que fuerza el cambio del territorio hacia usos mixtos y redensificación.

da. Podría contarnos, ¿en qué consiste el cambio de la categoría del Parque Simón Bolívar y otros parques como el San Carlos o el Bosque de Santa Helena?
GSM. El Parque Metropolitano Simón Bolívar ya es un área incluida dentro de la Estructura Ecológica Principal (EEP) de la ciudad como área de espacio público, el cambio planteado es otorgarle la categoría de suelo protegido como parte de la Estructura Ecológica. (Ver págs. 17-18).
Hay un aspecto importante que decir sobre este tema de la EEP, eleva la categoría de los humedales, de parques a reserva, en principio es una decisión adecuada otorgando una relevancia a la función de los humedales en Bogotá; sin embargo no les quita las reservas viales previstas desde el POT anterior; la segunda línea del Metro pasará sobre el humedal de Tibabuyes, las vías como la ALO afectan tanto los humedales de Capellanía como Tibabuyes.

da. La lectura entre líneas de los documentos permite entender que dicen una cosa pero el resultado será contrario, ¿es así?
GSM. En cierta modo es así, ya que la superposición de la malla vial prevista contradice el enfoque de ordenar el territorio alrededor de la EEP, porque se privilegia la malla vial, lo que ocasiona una fragmentación de la conectividad ecológica, y aunque dicen que imponen medidas de compensación estas no son suficientes para mantener la estructura y función de cada ecosistema de humedal, que ahora quedan en riesgo.

Estamos ante una contradicción evidente en la formulación del POT. Allí dicen buscar adaptarse y mitigar el cambio climático, es decir manejar la crisis ambiental y sin embargo los ecosistemas de los humedales que son favorables a la amortiguación de inundaciones, y por supuesto un espacio natural para adaptarse a la crisis climática, serán afectados por la malla vial, con un impacto enorme.

da. ¿Y eso no lo resuelven las mitigaciones?
GSM. Claro que no. Eso no se resuelve exigiéndole al constructor que haga una conectividad hídrica y garantice ciertas medidas de compensación. Lo que correspondería es hacer nuevos trazados, pensar la ciudad desde otra perspectiva, desestimular el vehículo y proteger esas áreas como reservas realmente intocables.

Veo en este POT demasiados nombres sonoros, bonitos, casi éslogan, como bosques urbanos, reverdecer Bogotá, descarbonización; resulta que uno va a mirar el bosque urbano de Santa Helena y es una arborización ya existente, y que estará fragmentada por una vía, y entonces los árboles quedan a lado y lado de la misma,

Al ser así, ¿cuál bosque en términos funcionales, de diversidad, de porte, de densidad? ¿Será un bosque? No, será una vía con lo que queda de la arborización actual del parque, vía que la comunidad ha dicho que no necesita, comunidad que ha demostrado que la conexión vial entre la autopista y la Avenida Boyacá ya existe; sin embargo, la vía quedó priorizada dentro de este POT.

da. Construcciones que implican demandas de más recursos naturales, ¿es así?
GSM. Claro, el crecimiento poblacional de Bogotá y la región demanda agua. Hay que recordar que esta proviene de Chingaza, que capta de la cuenca del Orinoco, y provee a Bogotá y 11 municipios más. Esa densificación estimula la migración a la ciudad, aunque el crecimiento vegetativo no sea tan alto, la demanda de agua no se ha calculado, esto frente al cambio climático, de 1,5 grado de temperatura en 20 años es un riesgo enorme, toda vez que los páramos sufrirán con el calentamiento global.

Es una alteración ecosistémica que no está prevista en el POT, como tampoco lo está el suministro de aguas residuales; tampoco temas también importantes como los efectos derivados de tanta construcción, como las islas de calor. Entonces, la estructura ecológica quedará minimizada y pasa a un segundo plano frente a esta visión urbanística que tiene el POT.

da. ¿Qué ocurre con Usme como frontera con el Páramo de Sumapaz y la constante construcción urbanística que allí realizan?
GSM. Aunque en el discurso se dice que el área de expansión es muy poca, lo cierto es que en Usme se destinan 901 hectáreas, de las cuales 490 en la operación Usme, un proyecto de vivienda en los bordes de ciudad, de entrada al corredor con Sumapaz.

Esa zona de expansión implica proyectos de vivienda tipo Nuevo Usme, que disparan conflictos culturales con la gente que ha desarrollado toda su vida allí, sobre todo con quienes tienen raíz campesina y aún están ligados al trabajo de la tierra. Una llegada de miles de personas que demandarán servicios públicos y de salud, educación, recreación, y ello implica equipamientos de todo tipo, además de nuevas vías de ingreso y salidad que, como todo el que recorre esta parte de la ciudad sabe, ahora no tiene o son totalmente insuficientes.

Esta mayor urbanización traerá, muy seguramente, un proceso de suburbanización de las zonas de acceso hacia el páramo de Sumapaz, o sea, afectará diversas veredas mucho más al fondo de Usme, con un crecimiento de nuevas construcciones que irán fragmentado la zona rural en sus predios, llegando a crear, incluso, un fenómeno de suburbanización como el que terminó por afectar a La Calera.


Participación de la sociedad en la toma de decisiones

GSM. La participación realmente ha sido de una ciudadanía receptora de la información brindada por parte de la administración. La gente ha participado entendiendo, primero, de qué se trata; solo la comprensión de un documento que tiene 693 artículos, muchos de ellos técnicos, con sus documentos de soporte y la cartografía, entender eso hasta para los expertos no es fácil, ni que decir de la comprensión sobre el POT para los y las habitantes del común.

Entonces, entender un poco qué nos propone la administración para ordenar la ciudad es un tema nada fácil y en ese proceso, más que una interlocución donde se reciban y se incorporen las inquietudes y las propuestas de las comunidades y diferentes colectivos, lo que prima es una promoción del POT, una socialización sin unos procesos que sean realmente concertados para que la ciudadanía pueda incidir de manera definitiva en las modificaciones del mismo.


De ahí que veamos con mucha preocupación una supuesta participación, a todas luces más receptora de la promoción del POT que un diálogo entre pares para que la ciudadanía incida con instrumentos que le permitan, en efecto, afectar lo previsto con su punto de vista y pensarse la ciudad de una manera distinta.

da. ¿Sirve el POT para brindar garantías de vida digna a los más empobrecidos?
GSM. De aplicarse el POT como está proyectado, contrario a lo esperado, no ayuda a minimizar temas como pobreza, marginalidad, desplazamiento interno, inequidad, segregación socioespacial, sino que los agudiza.

¿Por qué? 1. Por qué estimula un crecimiento de la ciudad hacia el sur y el occidente, alejando aún más a la gente de sus sitios de trabajo, dificultando su movilidad, con más horas día de transporte, lo que reduce aún más calidad de vida; 2. En la ciudad hay un déficit de 778.000 viviendas de interés social y prioritario y el POT se propone hacer 199.000, las restantes seguirán siendo caldo de cultivo para los tierreros, para los constructores ilegales, seguirán especulando con “soluciones” sobre las rondas de ríos, quebradas y reservas como el Parque Entre Nubes que ya está ocupado; 3. La demanda de vivienda seguirá desplazando a mucha gente hacia municipios cercanos, como Soacha, Mosquera y otros, agudizando la problemática de servicios que allí viven; 4. En esa demanda de vivienda los constructores no están tan preocupados por ofertar vivienda de interés social –VIS, que está sobreofertada– sino la que pueda adquirir el estrato tres, y de ahí para arriba. El interés de los constructores es más de negocio que de solucionar un tema social, lo que demandaría que en el POT se abordará el tema de la tierra urbana con una reglamentación que controle su encarecimiento casi exponencial.

da. Para terminar ¿qué implicaría un POT alternativo?
GSM. En un POT construido con la sociedad civil, la participación con incidencia debe ser un principio. La crisis ambiental, las carencia de fuentes de empleo, de redistribución de ingresos, de transporte con energías alternativas y accesible, son realidades que exigen concertación, tener el derecho a soñar una ciudad distinta, repensarla entre todas y todos, sin dejarle las decisiones estructurantes, y otras de supusto segundo nivel, al sector inmobiliario. El derecho a la ciudad debe ser un ejercicio de construcción social que exige cambios culturales y de consumo.

Entonces, la participación tiene que ser concertada, con posibilidades para analizar las diferencias existentes entre los distintos territorios que conforman una Bogotá que parece ser una pero que en realidad son varias: una cosa es el sur, otra cosa es el centro, el occidente… Conscientes de ello, la concertación es clave para permitir que haya proyectos elaborados de la mano de las comunidades, para pensarse la vivienda, los servicios públicos, el uso del suelo, la economía popular, en pocas palabras para mirar la ciudad de manera integral. En un reto inmenso y en ello los movimientos sociales tendrían que preocuparse más por el territorio que habitan, imaginando cómo gobernarlo de manera abierta con toda la población, sin dejarse ganar por los afanaes de cada día, por eso que llaman coyuntura.

 

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Publicado enColombia
Fotografía: Ariel Arango, Cali 2021.

Lo que estamos presenciando desde el pasado 28 de abril –28A– es un acontecimiento histórico que marcará los años venideros en Colombia. Aunque la coyuntura es nacional, es innegable que en la ciudad de Cali se presentó un levantamiento juvenil popular urbano nunca antes vivido en el país y que no tiene punto de comparación con otros referentes de lucha social, como el recordado 14 de septiembre de 1977, toda vez que en esta ocasión se trata de actores de nuevo tipo como es el caso de la juventud popular excluida y sin posibilidades de futuro.

Un suceso de nuevo tipo que es el resultado de una realidad nacional variopinta:

1. El paro nacional convocado el 21 de noviembre de 2019 –21N–.
2. El levantamiento de odio contra la Policía Nacional desatado en septiembre de 2020 tras el asesinato del abogado Javier Ordoñez.
3. Los diversos paros y jornadas de movilización concretadas por estudiantes universitarios a lo largo de los últimos diez años.
4. Los paros agrarios vividos en el país en la pasada década.
5. El covid-19 y el ahondamiento de la crisis económica en el país, con sus secuelas multiplicadoras de quiebras de pequeños y medianos empresarios, desempleo y hambre, resumido de alguna manera en la colgada de trapos. rojos en barriadas populares del país.
6. La inconformidad con la estrategia económica y social implementada por el gobierno nacional para enfrentar la crisis pandémica que no se sintió en la calidad de vida de millones de hogares.
7. La transformación de Cali de ciudad industrial en ciudad de servicios y, con ello, el cierre de puestos de trabajo y el deterioro de condiciones de vida de miles de familias.
8. El hastío social con el nivel de desigualdad reinante en el país, con la infuncionalidad de la buracracia estatal, con el autoritarismo y violencia encontrada, así como con un gobierno que no oculta que es de ricos y para ricos.

Todo esto también está anclado a las luchas que desde el 2019 se presentan en diversos países de nuestra región y el mundo, entre ellas destacan:

1. Chile, con una prolongada protesta social de varios meses que llevarían a elecciones constituyentes, cuyos elegidos deberán darle trámite a una nueva Constitución y enterrar, por fin, el legado de la dictadura.
2. Ecuador, y el levantamiento indígena y popular de octubre de 2019 en contra del paquetazo neoliberal de Lenin Moreno.
3. Bolivia, y el rechazo de su sociedad al golpe de Estado y en defensa de la democracia.
4. Francia, y la constancia de los Chalecos Amarillos en su denuncia y confrontación de las políticas neoliberales, concretadas en la privatización de los bienes comunes.
5. Hong Kong con la lucha de los jóvenes universitarios en contra del autoritarismo chino.
6. Estados Unidos, y la lucha de los afrodescendientes en contra de la brutalidad policial y el racismo, resistencia desatada por el asesinato de George Floyd.

Un cúmulo de antecedentes y referentes de lucha, formas de actuar y defender los derechos de todas y todos que evidencia que la sociedad empieza a tener aprendizajes de acción, superación y denuncia de lo que acontece en sus realidades a partir del manejo del internet y las redes sociales. Y con ello, que estas sociedades ganan en politización, así ello no se traduzca en el entierro de las formaciones políticas tradicionales.

De esta manera, y como producto de todo ello, tenemos ante nuestros ojos claras evidencias de la crisis que sobrelleva la democracia realmente existente, formal y no integral, y con ella de la fase de acumulación capitalista abierta 40 años atrás.

Pero también tenemos, contrario a lo anterior, expresiones de otra democracia, directa y participativa, radical y plebiscitaria, materializada en los bloqueos extendidos a lo largo y ancho del país, alrededor de los cuales la comunidad participante delibera y decide qué y cómo hacer, tanto para sostenerlos como para interpelar al gobierno, aprobando para ello agendas reivindicativas, unas mínimas otras más amplias.

Expresión de otra democracia que sí es posible, extendido incluso hasta la concreción de asambleas populares de ciudad y regiones, como sucede en Pasto y en Nariño, pero también en asambleas territoriales como ocurre por otras muchas ciudades y municipios.

Es así como tenemos ante los ojos del país la conjunción de dos dinámicas, cruzadas y fortalecidas entre sí, aunque ello no sea el producto de una meta pretendida: por un lado, la acción desprendida desde el Comité Nacional de Paro (CNP) y concretada en la citación a la protesta en fecha concreta –28A–, así como las posteriores convocatorias, también en fechas concretas, de una cascada de días de parálisis y lucha.

Al mismo tiempo, el potente levantamiento juvenil/popular, traducido en acciones de control territorial, estimulados para su prolongación en agendas reivindicativas con demandas tanto nacionales como regionales y locales.

Pero también tenemos, aunque no es tan notable al ojo ciudadano pues no ha estado realzado por confrontaciones duras con la policía ni el ejército, la movilización y bloqueos materializadas por variedad de comunidades y pueblos originarios, cada uno con su agenda particular, aunque en algunos casos sintiéndose parte de las organizaciones que integran el CNP, aunque en otras no sea así. Infinidad de bloqueos que terminaron por hacer del tejido vial nacional un extenso laberinto.

Entre estos bloqueos, también destacan los concretados por el gremio de camioneros, los cuales aprovecharon la ocasión para presionar por lo suyo, en lo cual tampoco existió una sola agenda, producto de la atomización gremial que los caracteriza.

Una variedad de expresiones sociales que dejan en claro la inexistencia de un único y potente referente nacional organizativo y el tránsito hacia un amplio y variopinto movimiento social que deberá resolver en los meses y años por venir las formas políticas que asumirá o profundizará.

Ahora, la prolongación de la jornada de paro citada en primera instancia para el 28A y alargada más allá de todo cálculo, permite concluir que la sociedad aprendió a luchar y ya entiende que una convocatoria a movilizaciones debe ir más de un día para tener algún verdadero efecto.
Sucursal de la resistencia

Vivimos el surgimiento de un nuevo actor político y social popular en Cali y posiblemente el Valle del Cauca. Desde el 28A inició un momento nunca visto en la ciudad, con la concreción de cerca de 25 puntos de resistencia a lo largo y ancho de la ciudad, de los cuales han logrado sostenerse alrededor de 20.

En estos puntos la cohesión social construida implica la juntanza de vecinos y vecinas, artistas, deportistas, estudiantes, desempleados, liderazgos comunitarios y sociales, integrantes de pandillas, “barras bravas”, entre otros, que comparten ollas comunitarias para la alimentación, agendas de programación de eventos culturales y deportivos. Así mismo, están quienes bregan por construir centros de salud populares, materializado en las brigadas constituidas para atender a quienes son heridos en medio de las refriegas con la mal llamada “fuerza pública”.

Nace en este marco un nuevo actor; las primeras líneas, posicionado como un actor legítimo del conjunto de la sociedad. Ellos y ellas van tejiendo mecanismos de comunicación y coordinación a nivel local, pero con el paso de los días comienzan a verse propuestas de articulación nacional. Solo el paso de los meses dirá si logran articularse y la prolongación que alcancen como formas, por ejemplo, de guardia ciudadana o similares.

Por su parte la reacción del establecimiento para contener el estallido social en la hoy denominada “sucursal de la resistencia”, expresión nítida del autoritarismo que lo marca, connota un tratamiento de guerra en este caso con la mezcla de varias de sus estructuras armadas: policía, ejército y paramilitares. Su actuar lo determinaba cada escenario, pero lo bestial de sus prácticas permitió recordar las formas más brutales de represión vividas, por ejemplo, en países como Haití en tiempo de Papa Doc y sus fuerzas paramilitares, los terribles Tonton Macoutes, con los cuales pudo extender su reinado por décadas.

Como equipo desdeabajo entregamos a la ciudadanía caleña y al cojunto de expresiones sociales en todo el país, la presente edición, con carácter de especial, producto del trabajo periodístico sobre el terreno. Esperamos la misma se traduzca en un aporte colectivo para comprender el momento que vivimos y brindar luces para el futuro cercano que nos reta.

 

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Fotografía: Ariel Arango, Cali 2021.

Lo que estamos presenciando desde el pasado 28 de abril –28A– es un acontecimiento histórico que marcará los años venideros en Colombia. Aunque la coyuntura es nacional, es innegable que en la ciudad de Cali se presentó un levantamiento juvenil popular urbano nunca antes vivido en el país y que no tiene punto de comparación con otros referentes de lucha social, como el recordado 14 de septiembre de 1977, toda vez que en esta ocasión se trata de actores de nuevo tipo como es el caso de la juventud popular excluida y sin posibilidades de futuro.

Un suceso de nuevo tipo que es el resultado de una realidad nacional variopinta:

1. El paro nacional convocado el 21 de noviembre de 2019 –21N–.
2. El levantamiento de odio contra la Policía Nacional desatado en septiembre de 2020 tras el asesinato del abogado Javier Ordoñez.
3. Los diversos paros y jornadas de movilización concretadas por estudiantes universitarios a lo largo de los últimos diez años.
4. Los paros agrarios vividos en el país en la pasada década.
5. El covid-19 y el ahondamiento de la crisis económica en el país, con sus secuelas multiplicadoras de quiebras de pequeños y medianos empresarios, desempleo y hambre, resumido de alguna manera en la colgada de trapos. rojos en barriadas populares del país.
6. La inconformidad con la estrategia económica y social implementada por el gobierno nacional para enfrentar la crisis pandémica que no se sintió en la calidad de vida de millones de hogares.
7. La transformación de Cali de ciudad industrial en ciudad de servicios y, con ello, el cierre de puestos de trabajo y el deterioro de condiciones de vida de miles de familias.
8. El hastío social con el nivel de desigualdad reinante en el país, con la infuncionalidad de la buracracia estatal, con el autoritarismo y violencia encontrada, así como con un gobierno que no oculta que es de ricos y para ricos.

Todo esto también está anclado a las luchas que desde el 2019 se presentan en diversos países de nuestra región y el mundo, entre ellas destacan:

1. Chile, con una prolongada protesta social de varios meses que llevarían a elecciones constituyentes, cuyos elegidos deberán darle trámite a una nueva Constitución y enterrar, por fin, el legado de la dictadura.
2. Ecuador, y el levantamiento indígena y popular de octubre de 2019 en contra del paquetazo neoliberal de Lenin Moreno.
3. Bolivia, y el rechazo de su sociedad al golpe de Estado y en defensa de la democracia.
4. Francia, y la constancia de los Chalecos Amarillos en su denuncia y confrontación de las políticas neoliberales, concretadas en la privatización de los bienes comunes.
5. Hong Kong con la lucha de los jóvenes universitarios en contra del autoritarismo chino.
6. Estados Unidos, y la lucha de los afrodescendientes en contra de la brutalidad policial y el racismo, resistencia desatada por el asesinato de George Floyd.

Un cúmulo de antecedentes y referentes de lucha, formas de actuar y defender los derechos de todas y todos que evidencia que la sociedad empieza a tener aprendizajes de acción, superación y denuncia de lo que acontece en sus realidades a partir del manejo del internet y las redes sociales. Y con ello, que estas sociedades ganan en politización, así ello no se traduzca en el entierro de las formaciones políticas tradicionales.

De esta manera, y como producto de todo ello, tenemos ante nuestros ojos claras evidencias de la crisis que sobrelleva la democracia realmente existente, formal y no integral, y con ella de la fase de acumulación capitalista abierta 40 años atrás.

Pero también tenemos, contrario a lo anterior, expresiones de otra democracia, directa y participativa, radical y plebiscitaria, materializada en los bloqueos extendidos a lo largo y ancho del país, alrededor de los cuales la comunidad participante delibera y decide qué y cómo hacer, tanto para sostenerlos como para interpelar al gobierno, aprobando para ello agendas reivindicativas, unas mínimas otras más amplias.

Expresión de otra democracia que sí es posible, extendido incluso hasta la concreción de asambleas populares de ciudad y regiones, como sucede en Pasto y en Nariño, pero también en asambleas territoriales como ocurre por otras muchas ciudades y municipios.

Es así como tenemos ante los ojos del país la conjunción de dos dinámicas, cruzadas y fortalecidas entre sí, aunque ello no sea el producto de una meta pretendida: por un lado, la acción desprendida desde el Comité Nacional de Paro (CNP) y concretada en la citación a la protesta en fecha concreta –28A–, así como las posteriores convocatorias, también en fechas concretas, de una cascada de días de parálisis y lucha.

Al mismo tiempo, el potente levantamiento juvenil/popular, traducido en acciones de control territorial, estimulados para su prolongación en agendas reivindicativas con demandas tanto nacionales como regionales y locales.

Pero también tenemos, aunque no es tan notable al ojo ciudadano pues no ha estado realzado por confrontaciones duras con la policía ni el ejército, la movilización y bloqueos materializadas por variedad de comunidades y pueblos originarios, cada uno con su agenda particular, aunque en algunos casos sintiéndose parte de las organizaciones que integran el CNP, aunque en otras no sea así. Infinidad de bloqueos que terminaron por hacer del tejido vial nacional un extenso laberinto.

Entre estos bloqueos, también destacan los concretados por el gremio de camioneros, los cuales aprovecharon la ocasión para presionar por lo suyo, en lo cual tampoco existió una sola agenda, producto de la atomización gremial que los caracteriza.

Una variedad de expresiones sociales que dejan en claro la inexistencia de un único y potente referente nacional organizativo y el tránsito hacia un amplio y variopinto movimiento social que deberá resolver en los meses y años por venir las formas políticas que asumirá o profundizará.

Ahora, la prolongación de la jornada de paro citada en primera instancia para el 28A y alargada más allá de todo cálculo, permite concluir que la sociedad aprendió a luchar y ya entiende que una convocatoria a movilizaciones debe ir más de un día para tener algún verdadero efecto.
Sucursal de la resistencia

Vivimos el surgimiento de un nuevo actor político y social popular en Cali y posiblemente el Valle del Cauca. Desde el 28A inició un momento nunca visto en la ciudad, con la concreción de cerca de 25 puntos de resistencia a lo largo y ancho de la ciudad, de los cuales han logrado sostenerse alrededor de 20.

En estos puntos la cohesión social construida implica la juntanza de vecinos y vecinas, artistas, deportistas, estudiantes, desempleados, liderazgos comunitarios y sociales, integrantes de pandillas, “barras bravas”, entre otros, que comparten ollas comunitarias para la alimentación, agendas de programación de eventos culturales y deportivos. Así mismo, están quienes bregan por construir centros de salud populares, materializado en las brigadas constituidas para atender a quienes son heridos en medio de las refriegas con la mal llamada “fuerza pública”.

Nace en este marco un nuevo actor; las primeras líneas, posicionado como un actor legítimo del conjunto de la sociedad. Ellos y ellas van tejiendo mecanismos de comunicación y coordinación a nivel local, pero con el paso de los días comienzan a verse propuestas de articulación nacional. Solo el paso de los meses dirá si logran articularse y la prolongación que alcancen como formas, por ejemplo, de guardia ciudadana o similares.

Por su parte la reacción del establecimiento para contener el estallido social en la hoy denominada “sucursal de la resistencia”, expresión nítida del autoritarismo que lo marca, connota un tratamiento de guerra en este caso con la mezcla de varias de sus estructuras armadas: policía, ejército y paramilitares. Su actuar lo determinaba cada escenario, pero lo bestial de sus prácticas permitió recordar las formas más brutales de represión vividas, por ejemplo, en países como Haití en tiempo de Papa Doc y sus fuerzas paramilitares, los terribles Tonton Macoutes, con los cuales pudo extender su reinado por décadas.

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Un relato desde el arte de los imaginarios de Ciudad Bolívar. “Somos importantes”

La inauguración del Transmicable en la localidad de Ciudad Bolívar –Bogotá–, además de significar el cumplimiento de una promesa tardía para las comunidades entorno al transporte público, implica un reconocimiento del territorio desde otros ángulos, donde el papel del arte es fundamental.    

Después de varios años de planeación, rediseño, peleas institucionales, y en medio de una disputa entre alcaldes (de antes y de ahora), fue inaugurado a finales del año 2018 el Transmicable en Bogotá,un nuevo medio de transporte público para uno de los sectores que integran la localidad de Ciudad Bolívar, obra aprovechada para que la administración distrital impulse el voyerismo turístico en las periferias de la ciudad.

El paso del tiempo dirá si para los habitantes de Ciudad Bolívar esta obra significa el tan anhelado cambio social y económico que tanto proclama el actual gobierno de la ciudad.

 

Apropiación territorial desde el arte colectivo

 

La nueva obra motivó al gobierno distrital a invertir algo para la mejora del entorno que cubre el cable, en particular en el barrio Juan Pablo II. Para ello, convocó a través de la Secretaria de Cultura (Scrd), a que diferentes procesos artísticos de la localidad de Ciudad Bolívar, como otras localidades, se presentaran para la realización de propuestas de intervención artística desde el muralismo y el graffiti.

Las propuestas por plasmar en las paredes del sector se proyectaron con un carácter participativo y se articularon constantemente con la comunidad y los habitantes del barrio en mención, con el objetivo de aportar a la construcción de un corredor artístico que tiene la proyección de transformar los imaginarios del territorio.

En este contexto, Rasgos de mi Barrio1se convierte en un laboratorio coparticipativo de arte urbano, que integró a diferentes miembros de la comunidad en un proceso de co-creación para el diseño de un relato colectivo que se materializó en dos intervenciones artísticas: el techo y la fachada de la casa de don Germán Sandoval. 

Este relato se construyó en medio de un proceso artístico y pedagógico a partir del diálogo y las reflexiones sobre la identidad territorial y la construcción de nuevas historias. Relato que partió de un ejercicio de mapas emocionales, que nos llevaron a preguntarnos sobre la construcción de nuevas formas de comunicación, cuidado, conservación y apropiación. Nos apoyamos para ello de una serie de ejercicios desde las prácticas del Street Art,como el cartel y el sticker, medios de expresión y, a su vez, herramientas para la construcción de una historia visual en la cual se expusieron intereses y anhelos comunitarios que nos llevaron a consolidar un relato sobre la importancia que tiene cada uno de sus habitantes para la localidad de Ciudad Bolívar. 

 

Las historias y el relato 

 

La intervención que dio lugar al relato (El relato de la intervención...) construido entre la comunidad y el colectivo ArtoArte, se divide en dos momentos: el primero, la quinta fachada o techo y el segundo, la fachada de la casa. Estos relatos expuestos en la vivienda de don Germán son mensajes que aluden al pasado, presente y futuro del barrio. 

Es importante señalar que don Germán es ¡el sastre del barrio! Oriundo de tierras tolimenses, llegó cuarenta años atrás a la localidad en busca de una mejor vida. En principio no creyó que el oficio de la sastrería le permitiría ayudar a que su familia saliera adelante, pese a lo cual hoy continua haciendo trajes de paño y remendando ropa. Con algo de desconfianza e incredulidad don Germán nos dio permiso para poder transformar el tejado y la fachada de su casa2

Para la construcción del relato dimos prioridad a la imaginación y a la memoria,  recursos, motor creativo, de las diferentes historias narradas por sus habitantes. Mientras que los ejercicios de imaginación dieron como resultado visiones, apreciaciones y maneras de vivir el territorio, los trabajos de recurrir a la memoria mostraron experiencias y hechos del pasado.

El techo (quinta fachada) expone el resultado de ejercicios de creación de personajes y producción de stickers o calcomanías, en los que los jóvenes, niños y adultos del barrio identificaron y propusieron sitios característicos del barrio, personajes de reconocimiento territorial o actividades propias de su entorno. La intervención del techo surge como una apuesta desde el colectivo ArtoArte para recurrir a la imaginación y mostrar un mundo irreal, con personajes creados por sus habitantes, pero con un anhelo propio de la realidad local. De esta manera, el techo se convirtió en una propuesta gráfica en pro de cambiar los imaginarios del sector e invita a ver la localidad desde otras perspectivas. 

La imagen principal de la quinta fachada es la ilustración de un niño del barrio, el cual lleva una gorra que alude a la Plazoleta del Sapo, espacio de gran importancia para los habitantes de Juan Pablo II, porque representa la memoria y reivindicación de los jóvenes asesinados en los años 90 por la violenta y mal llamada “limpieza social”, que algunos habitantes y comerciantes patrocinaron3. La actitud del niño expresa alegría y confianza: con su mano derecha da la bienvenida a las personas que pasan en el cable por encima de la casa de don Germán; lo acompañan alrededor suyo diferentes personajes ilustrados al estilo doodle, los cuales representan imaginarios, microhistorias territoriales y recuerdos de personajes populares del barrio. 

En la fachada de la casa, en cambio, sobresale una serie de imágenes a modo de cómic, que juegan con el pasado y el presente del barrio, que al momento en que la pintura permite el rompimiento de la temporalidad, los personajes del pasado se presentan en el ahora, ya no como sujetos vivos sino más bien como representaciones de la experiencia que operan en las dinámicas del presente y el pasado. 

El oso, el ave y la campesina cargando su bebé son ejemplos de una narración que nace desde lo real, pero que habita en la memoria de quienes llegaron y han habitado el barrio desde hace más de 30 años, como sucedió con don Germán y su familia. En este caso, son los recuerdos de los habitantes que se apropian del presente para revivir mediante un espectáculo de imaginar el pasado y contribuir a la percepción urbana. 

Otros elementos del presente que acompañan la fachada son personajes de la fauna del barrio, como el perro, que cohabita en el territorio. Del mismo modo, las montañas representadas en la fachada nos muestran la característica geográfica de la localidad. La joven que toma una foto al oso que bebe agua, es la representación del anhelo de los habitantes por conservar lo que queda de la riqueza ambiental, víctima de la explotación minera que desde finales de los años 60 padece la localidad de Ciudad Bolívar, producto de la intervención de grandes compañías mineras como Cemex, Holcim y la Fundación San Antonio4

 

¿Por qué Somos Importantes?

 

Rasgos de mi Barrio abrió las puertas al diálogo, la reflexión, la creación y, sobre todo, a la sensibilización de diferentes sujetos que desde sus experiencias y recuerdos aportaron con elementos e ideas en la construcción de un relato con dos tipos de narraciones.

Rasgos va más allá de la intervención mural y se transforma en un proyecto interdisciplinar entre el arte y las humanidades, cuyo resultado es la integración de la comunidad a los procesos estéticos de renovación y transformación de sus espacios vecinales y de reconocimiento comunitario. A su vez, los relatos elaborados también son un medio para mostrarse frente al otro, a todo aquel, visitante o no, para conocer la realidad del territorio. 

Somos importantes, frase que acompaña la fachada y los relatos, alude a que todos los pobladores de Ciudad Bolívar son esenciales en el cambio social y cultural de la localidad, más allá de las transformaciones urbanísticas y de las acciones descontextualizadas de la institución. Es la participación de sus habitantes, con sus imaginarios, memorias y capacidad de organizarse, lo que configura y transforma el territorio, dándole una identidad propia, de cara al presente y al futuro que ya se manifiesta con todas las transformaciones de índole social, económica y cultural.

 

*Integrantes del colectivo Arto Arte

1Ver:https://www.facebook.com/Rasgos-de-Mi-Barrio-242885959731010/?modal=admin_todo_tour

2Ver video Rasgos de Mi Barrio en: https://www.youtube.com/watch?v=Oduf3OompBE&t=96s 

3Ver: https://pacifista.tv/notas/como-funciona-y-quienes-son-responsables-de-la-limpieza-social/ 

4Ver: https://www.elespectador.com/impreso/articuloimpreso177980-un-problema-minero-ciudad-bolivar

Publicado enEdición Nº260
Esa masacre detrás del actual pacto social chino

El giro de Deng Xiaoping, —una acumulación basada en el mercado para luego lanzar los cimientos del socialismo chino—, se había materializado desde principios de la década de 1980 con la cancelación de los 60.000 municipios populares y el inicio de la distribución del trabajo en el campo sobre una base productivista y ya no igualitaria.

En la noche entre el 3 y el 4 de junio de 1989, el Ejército Popular Chino reprimió con la violencia de los tanques la protesta masiva que desde el 26 de abril y por iniciativa de los estudiantes que querían celebrar la muerte del ex secretario del Partido Comunista Hu Yaobang, se habían instalado y habían estado manifestándose durante semanas en la plaza de Tianannmen.

Fue un baño de sangre, el de los jóvenes estudiantes que habían comenzado la protesta, pero al final la mayoría de las víctimas fueron los trabajadores, las fuentes oficiales hablaron de 300 muertos, pero otras fuentes, tanto internas como externas, hablaron, de forma más veraz, de miles de muertos. Lo que realmente no podía soportar el nuevo liderazgo chino guiado por Deng Xiaoping, el modernizador pro-occidental que había regresado al poder a fines de la década de 1970 después de haber sido derrocado por el movimiento de la Revolución Cultural nacido contra la ocupación de parte del partido de toda la esfera política y contra la «vía capitalista de Deng», era la extensión de la protesta, ahora generalizada en todo el país y precedida, un mes antes, por la sangrienta revuelta de los trabajadores de Changsha.

Tianannmen será el catalizador, símbolo y detonador de esta protesta social. Desde ese momento, hasta el día de hoy, según las mismas fuentes oficiales chinas, las victimas han sido decenas y decenas de miles, como nuestra Angela Pascucci siempre ha recordado.

En 1989, la extensión y radicalidad de la movilización social cuestionó dos principios fundamentales del giro de Deng: por un lado, las modernizaciones (industria, agricultura, defensa, ciencia/tecnología) comenzaron con la expectativa de la innombrable «quinta» modernización, la de la democratización de la política y la sociedad sobre la que había insistido el movimiento del «Muro de la Democracia» ya en 1979, también aquel reprimido por Deng; y, por otro lado, la unidad del Partido Comunista Chino que cuestionó la gran movilización en curso. No se pudo imitar el cambio que Gorbachov, de visita en China justo a mediados mayo, representó en la URSS.

Los ojos de los medios de comunicación internacionales se limitaron a ver la representación en papel maché de la estatua de la libertad, la americana, erigida en Tianannmen por grupos de estudiantes y la pintura arrojada en un único retrato de Mao. Pero había algo más en la plaza. Además de las miles de imágenes de Mao y las banderas rojas, había trabajadores, campesinos inmigrantes, mujeres…, el ágora, la práctica de la democracia para los sujetos golpeados por las reformas de Dengh.

Esta era la total representación del descontento de la nueva China, devastada por un modelo distorsionado que desde principios de la década de 1980 Deng puso en marcha junto con la dirección del partido guiado entonces por Zhao Ziyang, que luego se opondría a la represión de la protesta.

El giro de Deng Xiaoping, una acumulación basada en el mercado para comenzar entonces las bases del socialismo chino, se había materializado desde principios de los años 80 con el cierre de los 60,000 municipios populares y el inicio de la distribución del trabajo en el campo sobre una base productivista que ya no era igualitaria; con el sistema de doble precio, con los mínimos bajo control estatal en lugar del control del mercado de materias primas (antesala de un vasto sistema de corrupción); con, la introducción de «zonas económicas especiales» abiertas a inversiones capitalistas extranjeras; el inicio de las migraciones masivas del orden de cientos de millones de personas a las ciudades «especiales» disponibles para la sobreexplotación de las multinacionales, con el empobrecimiento de la gran China del interior, distorsionando el equilibrio existente entre el campo y la ciudad; la construcción de una nueva clase de súper ricos con la reducción a cero del «tazón de arroz de hierro», el bienestar mínimo pero igual para todos.

Las transformaciones sociales y las contradicciones que se derivarán de ello se refieren a la China de hoy, que se ha convertido en el único país verdaderamente capitalista en la faz del mundo, con ganancias y un alto PIB (un espejismo para Occidente) reinvertido. El pacto social actual en China se basa en la violencia «oculta» ejercida en aquellos días de principios de junio de 1989 en Tianannmen.

Es cierto que el modelo chino de transformación del «socialismo real», que podríamos llamar capitalismo de partido centrado solo en el crecimiento económico, no ha fracasado como la iniciativa de Michail Gorbachov en la URSS con la perestroika, la glasnost y el Congreso de los Diputados del Pueblo que tuvo como objetivo cambiar sólo la esfera política; pero el alto PIB alcanzado, el hiperproductivismo y ahora la siempre importante «Ruta de la Seda», que no compensan al nuevo liderazgo «armonioso» de Xi Jinping de los desastres causados por la destrucción del medio ambiente en China, con el abismo de la desigualdad rampante. y con la búsqueda espasmódica y competitiva de materias primas por el mundo.

La realidad china actual muestra los términos de un desarrollo que para poder existir debe dividir a 1.400 millones de seres humanos de manera desigual y debe destruir y robar los recursos energéticos. Nosotros, a partir de la masacre de Tianannmen, podemos preguntarnos: ¿a qué precio?

09/06/2019

Tommaso de Francesco

veterano periodista romano, es codirector desde 2014, junto a Norma Rangeri, del diario “il manifesto”. Poeta epigramático y satírico, es también autor de novelas y cuentos y compilador de diversas antologías literarias.

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