El pulpo es un organismo excepcional con un cerebro extremadamente complejo que tiene habilidades cognitivas únicas entre los invertebrados. Imagen: RT.

Un estudio de científicos italianos mostró que los mismos tipos de genes saltadores están activos tanto en el cerebro humano como en el de dos especies de moluscos cefalópodos de la familia 'Octopodidae': el 'Octopus vulgaris', que es el pulpo común; y el 'Octopus bimaculoides', también llamado pulpo californiano.

Para los científicos, el pulpo es un organismo excepcional con un cerebro extremadamente complejo que tiene habilidades cognitivas únicas entre los invertebrados.

Es tan excepcional que en cierto modo tiene más en común con los vertebrados que con los invertebrados, según se detalla en un comunicado sobre el descubrimiento publicado por la Escuela Internacional Superior de Estudios Avanzados (SISSA) de Trieste.

Expertos de este centro universitario llevaron a cabo el estudio junto con otros del acuario de Nápoles.

Más del 45% del genoma humano está compuesto por secuencias de ADN llamadas transposones, o genes saltarines. Estos genes son secuencias que solo llevan información genética para poder moverse dentro de los genomas de los organismos, a través de mecanismos moleculares de 'copiar y pegar', o 'cortar y pegar', sugiere el artículo.

En la mayoría de los casos, estos elementos permanecen 'silenciosos': no tienen efectos visibles y han perdido la capacidad de moverse. Algunos están inactivos porque han acumulado mutaciones durante generaciones; otros están intactos pero bloqueados por mecanismos de defensa celular.

Desde un punto de vista evolutivo, los transposones todavía pueden ser útiles como 'materia prima' para otro salto evolutivo.

Entre estos elementos, los más importantes son los pertenecientes a la llamada familia LINE (Long Interspersed Nuclear Elements), de los que hay cientos de copias en el genoma humano y aún son potencialmente activos.

Muchos científicos creen que los transposones LINE están asociados con habilidades cognitivas como el aprendizaje y la memoria: son especialmente activos en el hipocampo, la estructura más importante de nuestro cerebro, responsable del control neuronal en los procesos de aprendizaje.

El genoma del pulpo, al igual que el nuestro, es rico en genes saltarines, la mayoría de los cuales están inactivos.

Los investigadores se centraron en los transposones que aún son capaces de 'copiar y pegar', e identificaron elementos de la familia LINE que podrían ser activos y funcionalmente importantes para la cognición en el sistema nervioso central de organismos altamente inteligentes como los pulpos, según el estudio publicado en la revista BMC Biology.

“El descubrimiento de un elemento de la familia LINE activo en el cerebro de las dos especies de pulpos, es muy significativo porque apoya la idea de que estos elementos tienen una función específica que va más allá de 'copiar y pegar'“, explicó Remo Sanges, director del laboratorio de Genómica Computacional del SISSA.

La analogía funcional entre el cerebro del pulpo y el de los mamíferos hace que el elemento LINE identificado sea “un candidato muy interesante para estudiar y para mejorar nuestro conocimiento sobre la evolución de la inteligencia”, concluyó Graziano Fiorito, director del Departamento de Biología y Evolución de los Organismos Marinos de la estación zoológica Anton Dohrn.

27 junio 2022

(Tomado de RT)

Romper con la monogamia para vivir más felices

Primero fueron los mensajes virales por otras redes sociales, avisando a desconocidas de potenciales infidelidades por parte de sus parejas. Después las loas a los amores para toda la vida, esos que todo resisten y siempre perdonan. Por último, la reivindicación de los celos como demostración de amor verdadero. ¿Está volviendo el peor de los amores posibles, el de la exigencia y sacrificio, el que marca el territorio conquistado como propiedad privada y salta ante cualquier posible injerencia externa? No lo sé. En cierto modo quiero creer que el poso del estallido feminista de los últimos años todavía funciona como muro de contención contra tendencias de ese tipo. El recrudecimiento de los discursos familiaristas y la movilización política de la impotencia aspiracional de las clases medias, sin embargo, hacen que sea posible pensar en ese sentido.

Los problemas a los que la idealización del amor exclusivo y dependiente busca dar respuesta son problemas reales. Y aunque adopten formas nuevas o se expresen a través de fenómenos propios de este siglo XXI, ni la falta de tiempo ni la sensación acuciante de cansancio y soledad son angustias recientes. En 1911, Alexandra Kollontai describía cómo “la terrible soledad que cada persona siente en las inmensas ciudades populosas, en las ciudades modernas, tan bulliciosas y tentadoras; la soledad, que no disipa la compañía de amigos y compañeros, es la que empuja a las personas a buscar, con avidez malsana, a su ilusoria alma gemela en un ser del sexo contrario, puesto que sólo el amor posee el mágico poder de ahuyentar, aunque sólo sea momentáneamente, las tinieblas de la soledad”.

Nos aferramos al pack completo del amor romántico como la tabla de salvación que va a librarnos de todo lo duro de nuestras vidas. Sobre ella surfeamos la frustración, la asunción de unas expectativas imposibles, la autoexigencia y la sospecha siempre presente como requisitos necesarios para un éxito que nunca llega. Y no lo hace porque la monogamia es incapaz de proporcionarnos los apoyos, los placeres, las emociones y los afectos que necesitamos para vivir vidas plenas, felices y emocionalmente sanas. No lo hace porque el estado permanente de alerta y competencia (cualquier persona puede venir a quitarte lo que es tuyo; y lograr lo que quieres implica pasar por encima del resto) nos bloquea la posibilidad de establecer alianzas, afinidades y solidaridades honestas con la mayor parte de gente que nos rodea. No lo hace porque la culpa, el sufrimiento y el drama aguardan tras cada palabra fuera de sitio, cada pensamiento no contenido, cada acción no censurada. No lo hace porque la monogamia limita nuestras posibilidades de desarrollo personal y nos convierte en seres enjaulados, siempre con miedo al goce y a la expansión de nuestro bienestar sexual y afectivo.

No se trata de follar más. Como bien dice Na Pai, el propio sistema monógamo no niega la promiscuidad sexual ni los encuentros sexuales fuera de la pareja: sólo los estigmatiza, los recubre de un halo de vergüenza y los convierte en algo bochornoso que realizar a escondidas y con medio a generar dolor a terceras personas. O, como dice Brigitte Vasallo: “La monogamia no se desmonta follando más, ni enamorándose simultáneamente de más gente, sino construyendo relaciones de manera distinta que permitan follar más y enamorarnos simultáneamente de más gente sin que nadie se quiebre en el camino”. Romper con la monogamia es un paso necesario para construir relaciones verdaderamente sanas no sólo con nuestras parejas, sino también con el resto de personas presentes en nuestra vida y con nosotras mismas. Para desarrollar al máximo eso que Kollontai llamó nuestro potencial de amor: la capacidad para amar no en un sentido puramente sexual, sino de un amor entendido en el sentido más amplio y más profundo de la palabra.

Llamo “sistema monógamo” o “cultura de la monogamia” al tándem compuesto por varios elementos, de entre los que destaco como principales la jerarquía relacional (con la pareja en lo alto de la pirámide, seguida por los vínculos de consanguinidad y dejando el resto de relaciones para el último lugar) y la exclusividad sexual (real o no, pero siempre aparente). Otras autoras incluyen también aquí la arquitectura social que hace prácticamente imposible no aspirar a vivir en pareja: viviendas unifamiliares, dependencia económica mutua (o, de manera hegemónica hasta hace pocos años, de la mujer hacia el hombre dentro de la heteronorma), no reconocimiento de otros vínculos en lo que a permisos laborales y aceptación pública se refiere, etc. Sin negar la importancia de todo esto, considero que enfrentar este tercer nivel del sistema monógamo requiere haber roto previamente el consenso social en torno a los dos primeros.

¿Qué pasos podemos dar en este sentido? ¿Cuáles son los resortes que tocar para dejar a la vista la irracionalidad de un modelo que nos quiere aisladas e infelices? ¿Cómo dejamos de sufrir por amor para empezar a disfrutarlo gozosas? Van a continuación algunas ideas.

  1. La sexualidad como trauma: desacralizar el sexo para disfrutarlo (o no) sin culpa

La cultura de la monogamia nos enseña a entender el sexo como el hecho diferencial de nuestras vidas, eso que tiene la capacidad de transformar el sentido de todo lo que toca. No se trata de una obsesión aislada, sino de una visión heredada de la base judeocristiana de lo que comúnmente denominamos “cultura occidental”. Ninguna primera vez tiene la relevancia que le otorgamos a la primera vez (esa que no necesita apellidos para ser reconocida), las amistades corren el riesgo de romperse si se mete el sexo de por medio, tus parejas pueden aceptar la existencia de otros vínculos importantes en tu vida con la condición de que no estén mediados sexualmente, etc. La presencia o ausencia de sexo tiene el poder de categorizar nuestras relaciones, de establecer fronteras entre lo que antes era una cosa pero ahora ya es otra.

La tremenda importancia que le concedemos al hecho sexual no tiene comparación con ningún otro elemento presente en nuestras relaciones sociales. No sentimos la necesidad de aclarar las cosas, de distanciarnos por precaución ni de cambiar el tipo de relación que teníamos con alguien tras haberle contado un secreto íntimo, dormido en su hombro o llorado en su presencia, por poner tres ejemplos que pueden suponer un alto grado de exposición y vulnerabilidad. La dualidad casi paranoica con la que follamos se explica por esto: o lo hacemos con nuestra pareja (o con quien aspiramos a que acabe siéndolo) y es entonces algo emocional y trascendente, o con personas a las que casi nada nos une y con quienes nos permitimos actuar de manera aséptica y distante.

Culturalmente, el sexo está tan unido al amor romántico que cuando lo buscamos sin más (cuando sólo queremos follar) tenemos que resguardarnos en un sexo carente de afecto que aleje de nosotros el riesgo de enamorarnos. La confusión emocional es, claro, tremenda: cualquier gesto de ternura por parte de la otra persona es visto como una alarma, si alguien nos pone cachondas revisamos con pánico la pervivencia de lo que sentimos hacia nuestra pareja, etc. Un desastre. El reverso de todo esto es también siniestro. Si amor y atracción sexual son dos caras de una misma moneda, ¿cómo asumir que no nos apetezca follar con nuestra pareja?, ¿cómo sobrellevar relaciones de larga duración donde la libido fluctúa y donde pueden darse periodos más o menos largos sin excitación mutua?, ¿cómo no pensar que algo va mal ante fenómenos que son en realidad perfectamente normales? La cultura de la monogamia hace del sexo, ya sea por su presencia o por su ausencia, un drama.

Comprender que el sexo no es en realidad tan importante es un paso fundamental para quitarnos de encima el drama. Necesitamos bajarlo del pedestal de lo sagrado, arrancarle la capacidad que le atribuimos para definir y transformar la forma y el sentido de nuestras relaciones y verlo como lo que realmente es: algo que disfrutar gozosas, que contribuye a nuestra felicidad y bienestar, que refuerza nuestra autoestima y que fortalece los vínculos humanos. O también una demostración de afecto y de amor, por supuesto, pero eso no significa que el amor no esté presente si no se expresa con sexo.

La exigencia monógama de exclusividad sexual sólo puede ser entendida desde la sacralización del sexo. Su desacralización nos permite no sólo disfrutarlo más y mejor, sino también y sobre todo construir relaciones más amables y seguras, donde la confianza en la mutua elección personal no dependa de la capacidad de predisposición (dentro de la pareja) ni de contención y represión sexual (fuera de ella) de las partes. Relaciones libres de culpa y de vergüenza, donde la inseguridad y los celos sean, para empezar, mucho menos posibles. Y también: relaciones de amistad más sólidas, afinidades temporales más íntimas, encuentros puntuales más felices y satisfactorios. En donde el sexo sea una posibilidad y una posibilidad bonita, sin tener al día siguiente que cambiar el gesto en la cara.

  1. Descentrar la pareja para querer más y ser más queridas

En su forma convencional, la pareja monógama forma un todo indivisible que funciona como unidad no sólo para asuntos económicos, sino también en lo que a definición de la identidad personal y aspiraciones de vida se refiere. Aunque la norma se ha vuelto menos rígida en las últimas décadas, la primera persona del plural sigue siendo común en todo lo relacionado con viajes, concepción del ocio, gustos musicales y gastronómicos, planes para fechas relevantes como la navidad o las vacaciones de verano, etc. Es casi como si la persona desapareciera como tal, como si desaparecieran sus gustos y aspiraciones propias. Relacionarse desde la no existencia, claro, es tremendamente difícil. A las viejas amistades se las ve cada vez menos, los nuevos vínculos que puedan surgir pasan en seguida a tener relación con ambos, y proliferan los planes de parejas donde socializar, al menos, con otra unidad de dos como la tuya. Muy lejos de su promesa de salvarnos de la soledad, la pareja monógama nos aísla.

El problema aquí es doble. En primer lugar, es absolutamente irracional pretender que una sola persona colme todas nuestras necesidades, no ya sexuales, sino estrictamente emocionales. La jerarquía relacional que sustenta el sistema monógamo nos permite tener aficiones, espacios y proyectos compartidos con otras personas, sí, pero éstas devienen secundarias y se nos exige poder romper con ellas si la pareja nos reclama. Nuestra dedicación al resto de vínculos está siempre supeditada a que no entren en competencia con lo verdaderamente importante. Dónde se pone esa barrera es, en la actualidad, algo relativamente flexible, pero siempre acabamos topando con ella. En monogamia vivimos queriendo poco y mal, porque permitirnos desbordarnos emocionalmente y dedicar tiempo y cuidados a varias personas conlleva siempre el riesgo de ser visto como una traición, un “ya no me quieres”, un abandono de la pareja, una dejación de responsabilidades.

En segundo lugar, e íntimamente relacionado con esto, la pareja monógama supone una carga de responsabilidad y disponibilidad constante imposible de sobrellevar por una sola persona. Por nuestra pareja nos desvelamos, pero seguimos sin ser capaces de entregar todo lo necesario para su bienestar emocional y su plenitud afectiva. El resultado es la frustración personal, el aumento de las inseguridades y el descenso de la autoestima, así como un sentimiento de exigencia y agobio que puede volverse tanto contra la pareja como contra nosotras mismas. En el caso de que alguna vez te lo hayas preguntado: efectivamente, no eres suficiente. Pero el problema no eres tú, no somos cada una de nosotras. El problema es un sistema que nos fuerza a aspirar a imposibles y que nos cierra las puertas a escenarios realistas de bienestar y seguridad afectiva.

Descentrar la pareja es el paso fundamental para ser capaces de establecer vínculos más profundos y sanos, que no se miren entre sí como competencia sino que se complementen y nos enriquezcan. Romper con la jerarquía relacional que impone la monogamia nos permite otorgar una importancia equivalente a relaciones diversas, con todo lo que ello implica en cuanto a disposición (de tiempo, de cariño, de cuidados) y expectativas. De repente, la responsabilidad de sostenernos emocionalmente se distribuye entre varias personas que son, ahora sí, mucho más capaces de cumplir con su parte.

Sin pretenderlo, el estallido feminista de los últimos años y la importancia concedida a las amigas y a las redes afectivas ha hecho más por las no monogamias que cualquier catálogo de prescripciones individuales. Querer bien, querer bonito, querer de verdad, implica no considerar ninguna relación como de segunda, sino ver el conjunto como un mapa fundamental en nuestra vida. Solamente el amor hacia la madre y determinado tipo de amistad entre mujeres son en la actualidad capaces de situarse a la altura de la relación de pareja, y ambas pueden y suelen devenir también en relaciones extremadamente tóxicas: las mejores amigas son seguramente el vínculo más exigente y exclusivo que muchas de nosotras hemos tenido nunca, y el mutuo chantaje y dependencia emocional de los lazos madre-hija son algo más que conocido. Como si el amor fuera a acabársenos, como si tuviéramos reservas limitadas de afecto y para ofrecerlo a una persona tuviéramos que arrebatárselo a otra. Cuando, en realidad, es justo al contrario: el amor no se acaba y cuanto más lo ejercemos más se hincha, más se expande, más capaces somos de sentirlo y de demostrarlo.

  1. Romper con la monogamia, o sobre cómo vivir más felices

Romper con la monogamia no significa (no puede significar) recaer en el otro polo del imaginario sexoafectivo, ese protagonizado por la frivolidad, la indiferencia y el cálculo egoísta. Cada polo existe porque existe el otro: ambos se necesitan y refuerzan mutuamente. Son, al final, las dos caras de una misma moneda. Romper con la cultura de la monogamia nos permite ver otras opciones y es el único camino posible para construir relaciones de afecto, respeto, cuidado y afinidad diversas. Donde querer y ser queridas no desde la inseguridad y la constante competencia sino desde la celebración. Donde disfrutar nuestra sexualidad de manera libre y gozosa, sin culpa ni censuras. Donde nos sintamos menos solas y donde nos rodeemos de una red afectiva que nos aporte la diversidad de emociones placenteras, gratificantes y positivas que necesitamos para vivir felices.

En la vida real, relacionarnos de forma distinta a como el sistema monógamo impone no es un camino de rosas. Hay que querer aprender, querer aceptar, trabajar el propio dolor, estar dispuesta a hablarlo mil veces todo, responsabilizarse de las consecuencias de nuestros actos. Pero tampoco lo es el intento desesperado por encajar en la imposible senda aspiracional del amor romántico, y quien te haya dicho lo contrario te miente. Todas hemos hecho cosas mal, pero nuestros errores no derivan del caminar por fuera de la norma sino de nuestra absoluta falta de guías para hacerlo. De eso, y de que somos humanas. Se ha escrito ya mucho sobre algunos temas clave: cómo las redes sociales reducen las inseguridades y el miedo al abandono, cómo abordar los celos, etc. Para mí lo fundamental es comprender que cada uno de los vínculos que establecemos es importante en sí mismo, independientemente de su duración, contenido y forma. Que con quién follamos no pone en peligro a quién queremos (ni a la inversa), y que el cariño y la intimidad no son riesgo de nada sino un regalo que abrazar con agradecimiento.

Hay, por supuesto, mucho más que todo esto. También está el horizonte de esa forma de vivir, de relacionarnos y de habitar que anhelamos convertir en presente. Lo sabemos: el amor es un poderoso organizador social. Y si no queremos perpetuar una sociedad que nos mantiene aislados y tristes, más nos vale ir desde ya poniendo en práctica otras formas de querer que no nos hagan vernos mutuamente como competencia sino como aliados y aliadas. Decía un cartel del 1º de Mayo: “Trabajar menos, ver a tus amigas”. De eso debería ir la vida.

07/06/2022

Publicado enSociedad
Jueves, 16 Junio 2022 05:41

La instancia de la letra

La instancia de la letra

A propósito del Día del escritor y la escritora, celebrado el 13 de junio.

 

En la Obra de Freud nos encontramos con Goethe y Las afinidades electivas; Romain Rolland, destinatario del trastorno de la memoria en la Acrópolis; las ganas de aprender a leer el castellano para leer El Quijote en su idioma original. En 1930, “Goethe” es el nombre del importantísimo premio concedido al padre del psicoanálisis. En su alegato dirigido a la Academia Sueca proponiendo a Freud para el Nobel de literatura, en 1936, Rolland escribe: “sus grandes trabajos abrieron una nueva vía al análisis de la vida emotiva e intelectual, y desde hace 30 años la literatura ha recibido su profunda influencia”.

Circula una entrevista apócrifa, muy difundida, incluida por Giovanni Papini en su libro Gog (1931), en la que pone en boca de Freud la siguiente confesión: “Yo he podido cumplir mi destino por una vía indirecta y realizar mi sueño: seguir siendo un hombre de letras, aunque bajo la apariencia de un médico”. Me he topado varias veces con esta sentencia atribuida a Freud, citada como si no fuera ficción (¡incluso en textos académicos!).

Más allá de su prosa prolijamente eficaz y erudita, Sigmund Freud se apoya constantemente en la Universitas litterarum para la construcción de sus fundamentos teóricos. Homero, Sófocles, Virgilio, Dante, Shakespeare, Goethe, Hölderlin, Schiller, Novalis, Ibsen, Andersen, Hoffman, Jensen, Poe, Wilde, Twain, Dostoievski, Kipling, Zweig, por mencionar solo algunos de los genios literarios citados en sus elaboraciones teóricas más importantes.

Por su parte, Jacques Lacan no se queda atrás: Sade y su Filosofía en el tocador, a propósito de Kant y la perversión; Moliére, El médico a palos y la importancia de que la hija muda recupere el habla (y no Las mujeres sabias, como confunde alguna versión en castellano); o bien El misántropo, acerca de la causalidad psíquica de la locura. Chéjov, a propósito del “Miedo” en el seminario sobre la angustia. Flaubert, porque sus hilarantes Bouvard y Pécuchet ilustran la ironía llevada a la letra cínica en su respuesta a los estudiantes de filosofía. La célebre Trilogía de Claudel luego del banquete transferencial y Wedekind en su Despertar de la primavera. Mientras tanto, la agitada y desorientada Lol V. Stein de Duras es mirada que mira el fantasma protagonizado por Anne Marie Stretter y su amante a través de la ventana.

“Juventud de Gide o la letra y el deseo” nos abre un panorama de un valor inestimable para reinterpretar el aporte sustancial del seminario protagonizado por Hamlet en 1959, para pensar no solo el problema de la perversión, sino las diversas manifestaciones deseantes en los distintos tipos clínicos. Joyce, el síntoma es el título del seminario de 1975. En él, apoyado en la lectura de Retrato del artista adolescente, Ulises, Finegans Wake y otras obras del genio de Dublin, Lacan sienta las bases de sus nuevas elaboraciones sobre las psicosis.

En nuestro medio, donde el psicoanálisis tiene un amplio y variado desarrollo, se destacan grandes escritores que provienen de sus líneas. Herederos de la tradición de Oscar Massota --quien escribiera un ensayo inolvidable sobre Roberto Arlt--, Germán García, autor de Nanina y Cancha rayada, entre otras novelas, y Liliana Heer, autora de Frescos de amor, Pretexto Mozart y Capone, entre muchos otros títulos, constituyen referentes insoslayables como escritorxs psicoanalistas o viceversa.

“En sus ratos libres, ella dibuja una historia sin levantar el lápiz del papel. Pura exaltación, ningún esfuerzo ni ausencia de sol. Con su mano izquierda recorre cuerpos, los manosea, los perfuma. La hoja, neutra. Un superlativo polar exhibe movimientos de circunstancia, esa peregrina afición por la fragilidad”. (Heer, L. Tijeras). Con palabras, la escritura recorta el cuerpo y dibuja el deseo.

Análisis, brújula y muerte, caza mayor y menor del deseo: “Como quien posee dos discursos, uno crudo y otro cocido, el crudo a fuego lento se convirtió en carne de mi ficción. Magra carne desprovista de alas. Salmuera en la sintaxis. Blake decía: El que desea y no obra engendra peste.” (Heer, L.; Repetir la cacería).

Por último, aunque no haya practicado el psicoanálisis, imposible no recordar aquí a un analista de todxs nosotrxs. A propósito de “una famosa página de Blake” Jorge Luis Borges escribe: “Al principio yo había sufrido el temor de estar loco; con el tiempo creo que hubiera preferido estar loco, ya que mi alucinación personal importaría menos que la prueba de que en el universo cabe el desorden. Si tres y uno pueden ser dos o pueden ser catorce, entonces la razón es una locura”. (“Tigres azules” en La memoria de Shakespeare).

En esa magia estaba cuando me borró la lectura.

Martín Alomo es psicoanalista. Doctor en Psicología. Magíster en Psicoanálisis. Especialista en Metodología de la Investigación.

Publicado enCultura
Descubren red cerebral vinculada a las adicciones

Logran hallazgo por medio de un estudio de personas que dejaron el cigarrillo de forma abrupta tras sufrir daños en el cerebro

 

Mediante la técnica conocida como mapeo de redes de lesiones, investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard cartografiaron una red cerebral vinculada a las adicciones a través del estudio de fumadores que dejaron abruptamente el cigarrillo tras sufrir daños de este tipo.

Los expertos captaron la remisión de la adicción en circuitos cerebrales completos en lugar de regiones específicas, apuntando a nuevos objetivos para el tratamiento. Las afecciones humanas conducen a un circuito cerebral que podría ser el punto para tratar las adicciones.

Sus resultados se publicaron en Nature Medicine.

En opinión de Juho Joutsa, uno de los autores del estudio y neurólogo de la universidad finlandesa de Turku, "la red identificada proporciona un objetivo que puede ser probado para los intentos de terapia".

Los tratamientos de neuromodulación, como la estimulación cerebral profunda y magnética transcraneal, así como la ecografía guiada por resonancia magnética, permiten ir directamente a los circuitos del cerebro y mejorar los síntomas de maneras que tal vez no sean posibles con medicamentos. Pero conocer la ubicación del objetivo es fundamental, según dicta un boletín emitido por la institución.

En una investigación anterior, especialistas usaron el mapeo de la red de lesiones para examinar a los pacientes cuyos temblores esenciales estaban resueltos, confirmando los logros del tratamiento con estimulación cerebral profunda.

Los autores del estudio se propusieron aplicar el mismo enfoque a la remisión de la dependencia. "Aunque sabemos mucho sobre los mecanismos neurobiológicos de la adicción, las opciones de tratamiento aún son muy limitadas. Nuestros hallazgos con el temblor esencial hicieron que nos dieramos cuenta del potencial de este enfoque para localizar los circuitos cerebrales claves que median en la mejora de los síntomas", agregó Joutsa, miembro del Centro de Cerebro y Mente y Neurociencias Clínicas, de Turku.

Una de las causas de muerte entre jóvenes en EU

En Estados Unidos, los trastornos por uso de sustancias son una de las principales causas de muerte entre los jóvenes. Los tratamientos como la estimulación cerebral profunda son prometedores para ayudar a las personas a superar la adicción. El nuevo trabajo aumenta el conocimiento obtenido de los pacientes que no son adictos a la nicotina después de sufrir una lesión cerebral, como un derrame.

Los investigadores estudiaron a 129 pacientes que fumaban a diario y que sufrieron una lesión cerebral. Más de la mitad siguió con el cigarrillo después de la afección y una cuarta parte lo dejó inmediatamente sin dificultad.

Las lesiones asociadas a la remisión se ubican en varias zonas del cerebro, pero estarían vinculadas a la "red de remisión de la adicción", indicaron.

Hallaron que una lesión que llevaría a una persona a renunciar a una adicción probablemente afectaría a partes del cerebro como el córtex cingulado anterior dorsal, el córtex prefrontal lateral y el córtex insular, pero no al córtex prefrontal medial.

Análisis anteriores habían mostrado que las lesiones en la corteza insular reducían la adicción, pero no tomaron en cuenta otras partes del cerebro, identificadas en este nuevo estudio. Para confirmar los resultados, examinaron a 186 pacientes con daños en ese órgano que se habían sometido a una evaluación del riesgo vinculado al alcohol. Hallaron que las lesiones de la red cerebral relacionadas con la adicción que descubrieron en los fumadores también reducían el riesgo de alcoholismo, "lo que sugiere una red compartida de adicción a través de estas sustancias".

"Al mirar más allá de las regiones cerebrales individuales y, en cambio, en el circuito cerebral, hemos encontrado objetivos para la remisión de la dependencia y estamos ansiosos por probarlos a través de ensayos clínicos", agregó Michael D. Fox, profesor asociado de neurología en el Hospital Brigham y Mujeres, donde se ubica la escuela de medicina de Harvard. "En última instancia, nuestro objetivo es dar pasos más grandes a fin de mejorar las terapias existentes para la adicción y abrir la puerta a la remisión", precisó.

(Con información de agencias)

El experto en Rusia Mark Galeotti, en una imagen cedida.

Mark Galeotti es uno de los mayores expertos en la historia y el presente de Rusia, así que es de los que se aventuran a imaginar escenarios futuros con bastante fundamento. La editorial Capitán Swing ha traducido al castellano recientemente dos de sus últimos libros: Una historia breve de Rusia(2021) y Tenemos que hablar de Putin (2019). 

Su extenso currículum abarca estudios en la Robinson College de Cambridge y en la London School of Economics. Fue jefe del departamento de Historia de Keele y profesor en el Centro de Asuntos Globales de la Escuela de Estudios Profesionales de la Universidad de Nueva York. Vivió en Moscú durante un periodo y se mudó a Praga como investigador principal y jefe del Centro de Seguridad Europea en el Instituto de Relaciones Internacionales de Praga. Ahora es profesor y director de la consultora Mayak Intelligence.

Tras tantos años de estudio del personaje, ¿cree que Putin padece algún tipo de enfermedad como se afirma?

Sospecho que sí. Está mostrando signos de algo más que el efecto de la edad. Putin siempre se ha mostrado orgulloso de tener el control de su entorno, de su cuerpo y de sus emociones. Hemos visto sus extraños movimientos de manos y pies, sus arrebatos emocionales erráticos, su cara hinchada... Dicho esto, no sé qué puede ser y si tendrá un efecto grave. Sin embargo, una cosa es importante. La Constitución rusa tiene disposiciones para reemplazar a un presidente que ya no puede ejercer sus funciones, pero ninguna para el que está incapacitado temporalmente y planea volver a controlar el país. Si vemos que Putin cae gravemente enfermo, es probable que esto debilite seriamente la unidad de la élite y el poder del régimen, y bien puede ser el tipo de evento inesperado que podría desencadenar algún intento de tomar el poder.

¿Ve posible una revuelta popular que ponga en jaque al gobierno de Putin como ocurrió en Ucrania en 2014?

Creo que puede haber protestas, pero no una revolución. Las fuerzas de seguridad aún pueden evitar cualquier tipo de coordinación entre diferentes grupos y regiones. Sin embargo, creo que el impacto real de las protestas, sobre todo si las fuerzas de seguridad no quieren o no pueden controlarlas rápido, será levantar la preocupación de las élites rusas. Si Putin va a ser derrocado, probablemente no será por protestas populares en las calles, sino por un golpe político dentro de la élite, por parte de oportunistas despiadados que lo apoyaron cuando les convenía y, sin embargo, se volverán contra él si se muestra pasivo. Aun así no anticipo nada pronto. El verdadero dolor causado por la crisis económica solo comenzará a afectar a Rusia a partir de septiembre.

La oposición política real parece totalmente laminada y, sin embargo, tampoco hay un sucesor definido. ¿Qué Rusia puede venir después de Putin?

Si Putin llega a elegir a su propio sucesor, probablemente será otro halcón. En realidad, la próxima generación política es más pragmática, son cleptócratas que quieren poder robar en casa, realizar operaciones bancarias y gastar en el extranjero, y por eso necesitan mejorar las relaciones con Occidente. Como usted dice, no hay un sucesor claro, pero creo que a Putin no lo va a suceder otro autócrata, sino una oligarquía, una coalición de individuos e intereses poderosos.

Se ha hablado mucho del peso de los oligarcas, uno de los pilares en los que se asentó Putin inicialmente y que ahora pierden mucho dinero con esta guerra. ¿Descarta alguna maniobra suya para cambiar el rumbo de la política rusa?

Ha pasado mucho tiempo desde que los oligarcas tenían poder real. Sí, están perdiendo dinero, pero también saben que no tienen ninguna influencia real sobre Putin y que si él quiere, puede encarcelarlos y confiscar sus bienes sin ningún problema. Claramente, muchos están muy descontentos con lo que está sucediendo, pero saben que volverse contra Putin sería un suicidio. Las únicas personas que tienen peso real en la Rusia de hoy son aquellas con poder duro: el ejército, las fuerzas de seguridad, las agencias de inteligencia.

Dice que Putin no es Maquiavelo y que Occidente no le prestó la atención necesaria. ¿Cree que se podría haber hecho algo para evitar la guerra en Ucrania?

Siempre es fácil ser sabio a posteriori, pero no había nada inevitable en esta guerra: Putin solo tomó la decisión final en el último minuto y podría haber elegido un camino diferente con mucha facilidad. A corto plazo, se pudo armar a Ucrania antes, aunque esto podría haber empujado a Putin a atacar antes al confirmar sus suposiciones de que era una base avanzada de la OTAN. Las verdaderas raíces de esta guerra son mucho más profundas y están en los errores de cálculo que Occidente cometió años antes, sobre todo al prometer a Ucrania el ingreso en la OTAN en 2008, aunque en realidad no lo decía en serio. Esto fue suficiente para alarmar a un Kremlin cada vez más paranoico, pero no suficiente para dar a Ucrania garantías de seguridad. Lo peor de ambos mundos.

En Kiev o Járkov escuché continuamente la frase "Putin se ha vuelto completamente loco". Sin embargo, usted lo define como "racional y prudente", aunque "impredecible".

El problema no es que Putin esté loco, sino que es un actor racional que toma sus decisiones sobre la base de muchas suposiciones locas. Honestamente, él creía que Ucrania estaba podrida hasta la médula, que el Estado colapsaría al primer empujón y que la revolución del Euromaidán de 2014 no fue un levantamiento popular, sino un complot de la CIA. En esas circunstancias, lo que a nosotros nos puede parecer una locura, a él le parecía lógico.

No es solo que Putin sea prácticamente un autócrata indiscutible, sino que ha creado un sistema en el que las personas que lo rodean le dicen lo que quiere escuchar, no lo que necesita escuchar. ¿Quién podría haberle dicho al jefe que estaba a punto de cometer un error estúpido?

¿Esperaba esta resistencia ucraniana incluso en áreas rusófonas o tradicionalmente más cómodas con Moscú?

Sí, eso es algo que estaba claro. Son ucranianos independientemente del idioma que hablen. Si bien algunos están menos contentos con Kiev que otros, eso no significa que prefieran a Moscú.

Antes de comenzar la guerra usted consideraba que era posible que Putin abandonara progresivamente el poder de Putin. ¿Cree ahora que Putin durará lo que dure la guerra en Ucrania?

Yo creo que es al revés, que la guerra va a durar tanto como dure Putin. Pudo haber pensado que un triunfo en Ucrania le habría permitido dejar el poder en lo más alto, pero ahora no puede renunciar, sería demasiado vulnerable y su reputación histórica sería la de un perdedor.

Tras ocho años de guerra, ahora la invasión se ha estancado, ¿qué escenarios cree que está manejando Putin? ¿Hay posibilidades de un acuerdo con Ucrania?

Por ahora, lamentablemente, no veo ninguna posibilidad de paz. Ninguno de los bandos es lo suficientemente débil para ser derrotado en el campo de batalla ni lo suficientemente fuerte para ganar. Y Kiev y Moscú están tan distanciados que todavía no puede haber conversaciones de paz significativas. Por desgracia, creo que una o ambas partes tendrán que sufrir mucho más antes de estar dispuestas y ser capaces de hacer el tipo de concesiones que podrían permitir las conversaciones.

¿Qué tenía que ganar Rusia con la invasión?

Obviamente Putin estaba anticipando un triunfo, la oportunidad de volver a poner a Ucrania bajo el control de Moscú. Ahora, sin embargo, lo entienda o no, solo está luchando para sacar lo mejor de una mala situación. En cierto modo, Ucrania ganó al no ser derrotada. Pase lo que pase en el campo de batalla, y es posible que los rusos obtengan algunas victorias menores adicionales, Putin y su sistema están perdiendo, y esta guerra será el fin del régimen de Putin y su reputación.

Las sanciones económicas están teniendo drásticas consecuencias para Europa, pero  los primeros datos apuntan a que Rusia las está amortiguando.

No debemos subestimar el impacto de las sanciones. La guerra económica ejerce sus efectos a largo plazo, por lo que debemos dejar que las sanciones hagan su trabajo. Están dañando gravemente la economía rusa y tardará años en recuperarse.

Se acerca una cumbre de la OTAN crucial. ¿Echa de menos una postura genuinamente europea en esta guerra?

Estados Unidos y, hasta cierto punto, el Reino Unido, han marcado el ritmo en los primeros compases de esta guerra. Para ser justos, la unidad europea ha sido mayor de lo que nadie esperaba, y para mantener esa unidad, inevitablemente habrá que adoptar compromisos. Tenemos que hacernos a la idea de que esta pelea contra Rusia es a largo plazo. No creo que se levanten todas las sanciones incluso si se firma la paz con Ucrania. La unidad europea llegará, pero bajo presión.

El problema particular de esto es que ni Europa ni Occidente están debatiendo con seriedad el objetivo final de esta unidad contra Rusia. ¿Es solo para hacer retroceder a las fuerzas rusas a sus líneas previas a la invasión? ¿Es para recuperar cada palmo de suelo ucraniano? ¿Eso incluye Crimea, que elevaría el riesgo a una grave escalada? ¿O es, como argumentan discretamente algunos, especialmente en Washington y Europa Central, para destruir el régimen de Putin y asegurarse de que Rusia se debilite gravemente durante generaciones? Si no se aborda esta cuestión ahora estamos acumulando problemas para el futuro.

¿Veremos a Putin juzgado por crímenes de guerra?

Me temo que no. Esto no son los Balcanes. Incluso si se derrocara a Putin, el nuevo régimen estaría compuesto esencialmente por las personas que le habían servido antes. Difícilmente podrían entregarlo para ser juzgado cuando sus propias manos están tan manchadas de sangre.

En su libro habla con seguridad de que hubo un momento en el que Putin pudo haber convocado elecciones realmente libres y haberlas ganado, ¿por qué no lo hizo?

Desde luego no creo que ahora pudiera contar con ganarlas. Pero incluso cuando era totalmente popular, Putin prefiere no correr riesgos. No quería la incertidumbre, no tener que debatir ni hacer campaña contra una oposición real. Así que creó una oposición falsa y un teatro de elecciones para crear la ilusión de la política, pero sin el peligro y sin las incertidumbres de una campaña real.

¿Cree que Putin quiere que Rusia vuelva a ser la potencia mundial que fue o simplemente que sea considerada como tal?

¿Qué diferencia hay? Si algo está demostrado es que si los demás creen que un país es una potencia mundial y lo tratan como tal, entonces lo es. Precisamente uno de los desastres de esta invasión es que Putin se ha arriesgado y ha quedado claro que Rusia era mucho menos poderosa de los que algunos se creían. Por ejemplo, Suecia y Finlandia están dando grandes pasos para unirse a la OTAN. En el pasado, cuando eso parecía una posibilidad, Putin las amenazó y se retractaron. Ahora están ignorando sus amenazas y es él quien ha tenido que echarse atrás.

Habla de Putin como un autócrata sin razones para intentar imponer el totalitarismo, ¿lo sigues pensando ahora?

El autoritarismo quiere controlar lo que haces mientras que el totalitarismo quiere controlar lo que piensas. Putin no tiene una ideología real. Hace un gran uso de la propaganda como herramienta de control, pero al final no le importa lo que piense la gente, siempre y cuando le obedezcan. Su régimen, sin duda, está perdiendo sus últimos vestigios de pluralismo y volviéndose más autoritario, pero sigue centrado en en lo que hacen las personas, no en lo que piensan.

¿Cuánto tiempo cree que tendremos que hablar de Putin?

¡Mucho más tiempo del que esté en el Kremlin! Después de todo, ha estado gobernando Rusia durante más de dos décadas, y la Rusia moderna está moldeada en muchos sentidos en torno a su imagen y su estilo de gobierno. Aunque creo que Rusia cambiará seriamente y para mejor después de que él se vaya, será el legado de Putin con lo que va a tener que lidiar la próxima generación política.

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Stephen Wilkinson

94 años desde el nacimiento de Ernesto Che Guevara, el profesor de la Universidad de Buckingham, especialista en política, relaciones internacionales y la historia de Cuba, analiza el pensamiento del líder revolucionario, su rol durante la Revolución cubana e incluso tras su muerte para mantener las ideas socialistas en la isla.

 

Ernesto Che Guevara nació el 14 de junio de 1928 y fue asesinado el 9 de octubre de 1967. Pese a su prematura muerte, vivió un gran número de eventos significativos, incluyendo su marcha de Guatemala tras el golpe de estado, su participación en la Revolución cubana y su papel como representante del gobierno a nivel internacional en países como China, Vietnam, Argelia o la Unión Soviética.

Sus ideales para lograr una sociedad igualitaria le acompañaron prácticamente toda su vida. Comenzando por la influencia de su madre en el krausismo, sus viajes a través de América Latina le hicieron ser consciente de la explotación que sufrían los trabajadores por parte de las empresas. Entendió que se requería un cambio profundo en la sociedad.

Su participación y éxito en la Revolución cubana le granjearon una reputación que aun sigue vigente no solo en Cuba, sino entre los grupos de izquierda a nivel mundial. Fue el epítome de los movimientos de 1960, y la famosa fotografía de su rostro coronaba las calles de París durante el Mayo francés de 1968.

Che Guevara, el médico revolucionario que dejó su puesto en el Ministerio de Industrias de Cuba para ayudar en los movimientos de liberación en Congo y Bolivia, fue un claro ejemplo de solidaridad internacional. Su deseo de acabar con el imperialismo significó que estaba en contra tanto de Estados Unidos como de la Unión Soviética, como demostró en sus escritos.

El doctor Stephen Wilkinson de la Universidad de Buckingham analiza la vida de Che Guevara, sus ideales políticos, su participación en Cuba y el legado que ha dejado tras su muerte, incluyendo la mercantilización de su imagen.

¿Cómo fue la niñez de Ernesto Che Guevara?
Provenía de una familia con recursos económicos, y al mismo tiempo, padeció asma toda su vida. Esta enfermedad tuvo dos efectos en su vida. En primer lugar, le motivó a practicar actividades físicas para demostrar que el asma no le mermaría, incluyendo rugby y otros deportes. Eso le hizo convertirse en un joven atlético.

Por otra parte, hubo muchos momentos durante su niñez en los que se veía obligado a descansar en casa debido al asma, por lo que leyó muchísimo. Eso le hizo culturizarse, y creciendo en una época muy convulsa, durante los años treinta y la Segunda Guerra Mundial, siguió la realidad política de manera exhaustiva.

¿Qué rol tuvieron sus padres en su desarrollo?
Teniendo en cuenta que Che Guevara pasaba mucho tiempo en casa, su madre tuvo una gran influencia en su vida. Ella era seguidora del krausismo, filosofía que tuvo una gran influencia durante la Segunda República española. Esta corriente de pensamiento se extendió por Latinoamérica, y particularmente en Argentina había mucha gente que se consideraba krausista.

El krausismo representa una filosofía de carácter humanista en la que las personas tratan de llevar a cabo una vida digna y de establecer una sociedad con fundamentos morales. No es exactamente una filosofía socialista, pero también se basa en tener una responsabilidad hacia los demás.

A través de estas ideas, Che Guevara desarrolló una conciencia social que le llevó a decidir estudiar medicina. Es por eso que siempre mostró un compromiso social y una moral muy arraigada.

Curiosamente, existía una conexión entre el krausismo y Cuba a través de José Martí, líder del movimiento de independencia a finales del siglo XIX y considerado como el padre fundador de la nación cubana, ya que este era krausista.

En 1951, Che Guevara y a su amigo Alberto Granado viajaron en motocicleta a través de América Latina. ¿De qué manera le influyó esa experiencia?
Supuso una enseñanza vital, porque fue testigo de la explotación y el sufrimiento que padecía la gente en diferentes regiones. Escribió sobre todo aquello, y sus anotaciones están recogidas en Diarios de Motocicleta.

También trabajó como médico voluntario en una colonia en la que había gente que padecía lepra, e interactuó con mineros del cobre en Chile que vivían en condiciones terribles. Todas aquellas experiencias le sirvieron para politizarse, y su pensamiento se hizo más radical y socialista.

Los trabajadores chilenos estaban empleados por una empresa propiedad de Estados Unidos, y Che Guevara entendió que únicamente curando a los enfermos no se podía solucionar el problema. Era necesario llevar a cabo un cambio estructural y profundo para mejorar las condiciones de vida de las personas.

Combinó su destreza en el ámbito de la medicina con sus ideas socialistas.
En aquellos años, existía una tradición muy arraigada de medicina social en América Latina. Había un joven médico llamado Salvador Allende, que realizó un estudio acerca de las condiciones de vida de la gente en Chile.

A través de ese análisis, el futuro presidente del país elaboró una idea socialista sobre la medicina. Basada en las investigaciones sociológicas de Marx y Engels, esta teoría explica que gran parte de las penurias que sufrían las personas tenían relación con el tipo de trabajo realizado, las extensas jornadas laborales o las pésimas condiciones en las que vivían: sin acceso a sanidad, recibiendo una mala alimentación y viviendo en hogares insalubres.

En otras palabras, Allende explicaba que la salud se veía afectada de manera negativa por el sistema capitalista, y Che Guevara llegó a una conclusión muy similar.

Años más tarde, durante la Revolución Cubana, Che Guevara fue esencial para plasmar esta idea de una medicina socialista. Mientras estaban en las montañas, Fidel Castro se dio cuenta de que muchos campesinos se les acercaban al conocer que había un médico en la expedición que estaba ayudando a los enfermos. Ahí quedó evidente lo importante que era la sanidad para la población, y una vez que los revolucionarios llegaron al poder, implementaron un programa de salud pública y gratuita que fue fundamental en Cuba tras la dictadura de Batista.

¿Cómo llegó a conocer a Fidel Castro?
Entre 1953 y 1954, Che Guevara estuvo en Guatemala, dónde había un gobierno social demócrata de izquierdas liderado por Jacobo Árbenz. Este gobernante implementó un programa político de carácter social, incluyendo medidas como la redistribución de la tierra para los campesinos y el incremento de los salarios. Che Guevara se involucró en este movimiento, y allí conoció a Hilda Gadea Acosta, una económica peruana marxista con la que más tarde se casó. La influencia de Hilda fue muy importante, porque Che Guevara comenzó a estudiar a Marx y a Lenin de manera asidua.

También hubo otro evento significativo en su vida. En 1954, mientras estaba en Ciudad de Guatemala, la CIA organizó un golpe de estado para derrocar a Árbenz. Che Guevara fue testigo de la caída a través de la violencia de un gobierno que había sido elegido de manera democrática. Llegó a la conclusión de que, para frenar el imperialismo estadounidense, se requería el uso de fuerza militar.

Por ello, decidió viajar a Ciudad de México para encontrarse con un grupo de exiliados que había tratado de derrocar a la dictadura de Fulgencio Batista en Cuba. Entre ellos se encontraba Raúl Castro y otros miembros que habían participado en el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Su hermano Fidel seguía preso, pero sería liberado poco después.

Así conoció a los hermanos Castro, y tras entablar una conversación muy extendida con Fidel, establecieron una relación muy estrecha. Además, los exiliados estaban planeando el regreso a Cuba para intentar acabar con la dictadura de Batista, y necesitaban un médico en sus filas. De esta forma, Che Guevara se unió a la expedición, y sus conocimientos sobre salud y medicina resultaron esenciales.

¿Qué rol tuvo Che Guevara durante la Revolución Cubana?
Tras desembarcar en Cuba en 1956, los que sobrevivieron al ataque inicial de las fuerzas de Batista se refugiaron en las montañas. Mostrando una disciplina y un carácter ejemplares, Che Guevara se convirtió en uno de los líderes de la expedición, y terminó siendo fundamental para el éxito posterior. En 1958, tuvo lugar una batalla decisiva en Santa Clara, y habiendo sido nombrado Comandante, Che Guevara lideró a la compañía para descarrilar un tren enemigo que transportaba armamento hacia la parte Occidental de la isla.

Muchos de los soldados que iban en el tren se unieron a los revolucionarios y entregaron las armas. En ese momento, Batista se dio cuenta de que no podía mantenerse en el poder, y se vio obligado a escapar de Cuba.

Por todo ello, Che Guevara fue reconocido como una figura crucial para el éxito de la Revolución. Al frente de su columna, fue el primero en llegar a La Habana, una semana antes que el propio Fidel Castro.

El éxito de la Revolución le hizo reafirmarse en su idea socialista frente al capitalismo.
En su famoso ensayo El Socialismo y el Hombre en Cuba, Che Guevara expone la idea de que los seres humanos son oprimidos de manera sistémica para llevar a cabo un determinado estilo de vida. Su intención era acabar con estas relaciones estructurales del capitalismo que condicionan el desarrollo de las personas en la sociedad.

Para encontrar una manera de liberarse de este rol de subalternidad, argumenta que los ciudadanos han de ejercer una participación directa en la sociedad, siempre en igualdad de condiciones.

En el ensayo, Che Guevara explica que, en una sociedad establecida de manera jerárquica que obedece a una autoridad dominante, es inevitable que la gente viva en un estado de subordinación. Señala al capitalismo como ejemplo de este tipo de sistema, y creía que, para cambiar este condicionamiento estructural, se necesitarían generaciones.

Mientras tanto, analiza la idea de crear un ser humano socialista tras derrocar a la autoridad existente, momento en el que surge un nuevo período de reformulación de valores. Es ahí cuando explica que el socialismo, para ser considerado como tal, ha de representar un sistema más participativo y democrático que las democracias liberales capitalistas. Che Guevara quería que la sociedad transitase hacia este nuevo modelo, continuando el proceso de la Revolución cubana.

Por ejemplo, quería alejarse de los incentivos materiales como medio para motivar a los trabajadores. Es decir, su idea es que la gente trabajase para mejorar la vida de los demás y no para obtener dinero. En su idea de una sociedad socialista, las personas estarían dispuestas a trabajar de manera voluntaria para el bien común, llevando a cabo diferentes actividades en beneficio de la comunidad, como construir escuelas y hospitales, o cortar cañas de azúcar.

Estas ideas fueron parte de los debates que se sucedieron durante la década de 1960, y se probaron diferentes mecanismos para conseguir que Cuba se desarrollase.

Cuando fue nombrado ministro de Industrias, Che Guevara trató de implementar estas ideas. ¿Cómo fueron sus años en la esfera institucional?
Estaba empeñado en conseguir que la gente trabajase de manera altruista por el bien común. Para ello, la motivación debía ser la de obtener una mejor vida para todos, y no solo centrarse en el modelo capitalista de proseguir con una ética individualista y preocupada únicamente por la familia. Quería predicar con el ejemplo, e iba a las fábricas a trabajar con los obreros.

Toda esta ideología está representada en el apodo de Che, una manera informal de referirse a un amigo en Argentina. De hecho, escribía la palabra Che en los billetes del banco a modo de firma. Era una metáfora para representar su idea de transformar el dinero en un amigo para la gente, porque despreciaba el uso del dinero como medida de intercambio en el capitalismo. Para Che Guevara, el hecho de llevar a cabo una existencia con el objetivo de enriquecerse representaba un síntoma corrosivo del capitalismo, y quería romper esa relación tóxica con el dinero.

Es un enfoque muy marxista, y en muchos sentidos, Che Guevara poseía una aproximación más radical que la del resto de los dirigentes cubanos. Se cuenta la historia de que, durante la reunión convocada para establecer el nuevo gobierno en Cuba en enero de 1959, Fidel Castro preguntó si había algún economista entre los presentes. Che Guevara levantó la mano, y fue asignado como ministro de Industrias.

Después de la reunión, Castro se acercó a Che Guevara para decirle que no sabía que era un experto en economía, a lo que este le respondió que le había entendido mal, y pensó que había preguntado si había alguien que era comunista. Esta anécdota se cuenta a modo de broma, pero representa perfectamente la idea de que Che Guevara estaba situado más a la izquierda en el espectro político que muchos de los revolucionarios.

En plena Guerra Fría y con el mundo dividido en bloques, ¿qué rol desempeñó Che Guevara en las relaciones internacionales con los países del Tercer Mundo?
Representando a Cuba como ministro de Industrias, visitó China, Vietnam y la Unión Soviética, y no ocultó su admiración hacia los países asiáticos.

En aquel momento, China y la Unión Soviética se habían distanciado, y Che Guevara, cuyas ideas estaban más en consonancia con las de Mao Zedong, criticó a la Unión Soviética, considerando que había establecido un régimen burgués corrupto.

Hay que entender que, en aquellos años, la Unión Soviética tenía una reputación de haberse convertido en una economía muy poderosa, e incluso ganando la carrera espacial a los propios americanos. Había gente que se refería a la Unión Soviética como una sociedad más avanzada que los países capitalistas de Occidente.

No obstante, Che Guevara consideraba que la Unión Soviética había traicionado los ideales marxistas. Escribió artículos en contra del modelo soviético, porque consideraba que se trataba de una copia del sistema de producción del capitalismo, que igualmente alienaba a la clase obrera y por tanto impedía la transición al socialismo.

Teniendo en cuenta la alianza entre Cuba y la Unión Soviética, ¿qué repercusiones tuvieron las críticas de Che Guevara?
Esta relación se hizo patente tras el bloqueo impuesto por Estados Unidos en Cuba, pero fue especialmente tras el asesinato de Che Guevara cuando la alianza entre ambos países se fortaleció. Entonces, sus escritos fueron suprimidos para no enemistar al régimen soviético.

¿Por qué decidió marcharse del gobierno cubano?
Existe un debate al respecto. Por un lado, se argumenta que dejó la esfera institucional debido a la incapacidad de reflejar los cambios significativos fundamentales que quería trasladar a la sociedad. Por otro lado, se piensa que dejó el gobierno porque quería exportar la Revolución a otros países del Tercer Mundo. Creo más en esta segunda hipótesis.

Hay que entender que los años 60 fue una época en la que surgieron luchas anticoloniales en muchos países que querían acabar con el yugo imperialista. Che Guevara pensó que se abría un espacio para el movimiento insurreccional socialista que podría extenderse a nivel mundial y derrocar al capitalismo.

Estando en contra del colonialismo, se posicionó claramente con los países del Tercer Mundo, como demostró en su discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1964. Por aquel entonces, alrededor de 126 países seguían bajo el dominio colonial, muchos de ellos bajo el Imperio Británico.

Dentro de ese contexto, Che Guevara creía en la posibilidad de crear movimientos de índole socialista y comunista, y así reducir la esfera de influencia de Estados Unidos.

Por ejemplo, en el conflicto de Vietnam.
Todas sus ideas anticolonialistas quedaron patentes en su Mensaje a la Tricontinental (escrito que Che Guevara envió en 1965 al quinto encuentro de la Conferencia por la Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina, conocida como la Conferencia Tricontinental).

En ese texto, habla de la necesidad de crear muchos Vietnam, haciendo referencia a la defensa de los nativos del país asiático frente a la invasión de Estados Unidos. Che Guevara creía que, para destruir el imperio norteamericano, la lucha había de llevarse a cabo en diferentes países. Poesía una visión geoestratégica bien informada a través de un extenso estudio acerca de la manera de operar del capitalismo y del imperialismo.

Por ello, pienso que la idea de exportar la revolución a otros países fue el motivo que le hizo abandonar el gobierno cubano. Además, sentía que esa lucha alrededor del mundo ayudaría a mejorar la situación en Cuba, que llevaba años enfrentándose a una intromisión constante de Estados Unidos plasmada en el bloqueo.

Pero no tuvo éxito en Congo o Bolivia, donde fue asesinado.
Che Guevara creía que el ejemplo de la Revolución Cubana había demostrado que se podía derrocar un sistema autoritario a través de las acciones de un grupo de personas, siempre y cuando estas fuesen capaces de alentar a las masas. De ahí surge la idea del foquismo, una estrategia guerrillera para atraer el apoyo popular y derrocar a un gobierno.

Por eso trató de recrear esa experiencia de liberación de Cuba en otros países del Tercer Mundo, como el Congo o Bolivia. Hay quienes sostienen que Che Guevara tenía una visión equivocada sobre el desarrollo de la Revolución Cubana, sobredimensionando el rol de la guerrilla en el éxito del proceso.

Usando una estrategia similar en Congo y Bolivia, fracasó en ambas regiones, donde la coyuntura social y política eran diferentes a las de Cuba.

Tras el asesinato de Che Guevara, la fotografía que le habían hecho fue mercantilizada por el capitalismo.
Este aspecto es muy interesante. A nivel filosófico, se pueda argumentar que Che Guevara ha tenido dos vidas: la que realmente vivió, y la que se le otorgó tras su muerte.

Esta idea tiene relación con la filosofía de Jean-Paul Sartre expresada en su libro El Ser y la Nada. La historia de la famosa fotografía de Che Guevara es esencial, y quizás hoy no estaríamos hablando de él si no fuera porque, a raíz de la difusión de esta imagen, terminó convirtiéndose en un símbolo universal.

Vale la pena reflexionar sobre ello. Para empezar, la fotografía fue tomada durante el funeral de las víctimas de un incidente que se cree que fue un atentado terrorista, aunque nunca se ha demostrado. En el período previo a la invasión de Bahía de Cochinos de 1961, tuvieron lugar una serie de ataques terroristas en La Habana. Mientras varios trabajadores del muelle de la ciudad estaban descargando armamento traído desde Bélgica, hubo una explosión que provocó la muerte de estos trabajadores.

Durante el funeral, Alberto Korda hizo una instantánea de Che Guevara mientras este observaba por encima de la multitud, por eso tiene esa mirada cruzada.

Esa fotografía solo se imprimió una vez para un periódico y para ilustrar una columna de un programa de televisión. Sin embargo, una de las líderes de la revolución, Haydée Santamaría, le pidió a Korda que le hiciese una copia y la enmarcó en un pequeño retrato.

¿Cómo llegó a ser reproducida a nivel mundial?
Ahí es cuando entra en escena el italiano Giangiacomo Feltrinelli, que trabajaba en una editorial italiana, y que se había hecho famoso por traer el manuscrito de Dr. Zhivago de la Unión Soviética y publicarlo en Occidente

Feltrinelli tenía los derechos de publicación de los diarios de Régis Debray, quién había estado en Bolivia con Che Guevara. Antes de publicarlos, Feltrinelli fue a La Habana para encontrar alguna imagen que pudiera utilizar para la portada del libro.

Visitó a Haydée Santamaría en su oficina y vio la fotografía de Che Guevara en el escritorio, y le dijo que le gustaría usar esa foto para el libro. Santamaría le escribió una nota para que se la llevase a Korda y le permitiese hacer una copia.

De esta forma, Feltrinelli visitó a Korda, y este le hizo un par de copias. Ya de vuelta en Italia, usó la fotografía para ilustrar el manuscrito.

Cuando se publicó el libro, Che Guevara había sido asesinado en Bolivia, pero coincidiendo con el Mayo francés de 1968, Feltrinelli mandó hacer un póster para publicitar el libro con su foto en la portada. Durante las manifestaciones de París, los estudiantes hicieron tarjetas y pancartas con esa foto de Che Guevara.

Por ello, la fotografía quedó asociada con las revueltas estudiantiles, y así se convirtió en un símbolo de rebelión. Más tarde, se popularizó como versión pop art por gracias al trabajo de Jim Fitzpatrick, con la silueta en blanco y negro, que luego se reprodujo a nivel global.

Esta imagen de Che Guevara ha sido muy estudiada. Se habla de su representación romántica como una representación de Jesucristo, con el pelo largo, la mirada y la configuración del rostro, llevando una chaqueta que, de manera paradójica, parece antigua y moderna al mismo tiempo.

Se convirtió en una de las imágenes más reproducidas del siglo XX. Al mismo tiempo, Korda no tenía los derechos de autor, y nadie tenía que pagar por su uso y reproducción. Por ello, se mercantilizó de manera popular, porque la gente podía hacer dinero a través de la venta de la imagen pero sin pagar por su utilización.

El proceso es muy interesante, y se puede relacionar con la filosofía de Jean Baudrillard expuesta en Cultura y Simulacro, la manera en qué el capitalismo usa una imagen que se convierte en un símbolo global, adquiriendo el significante de rebelión.

¿No resulta irónico que Che Guevara, una persona que dedicó parte de su vida en acabar con el capitalismo y las transacciones monetarios, haya sido utilizado precisamente por este sistema para generar dinero?
Es cierto que existe una ironía sobre el hecho de que alguien anticapitalista como Che Guevara haya sido usado para beneficio del sistema. Aun así, creo que la fotografía representa una idea de subversión, especialmente cuando la imagen está plasmada en camisetas, porque mucha gente que la lleva puesta lo hace a modo de representación de los ideales de Che Guevara. En Cuba, la reproducción de la imagen va acompañada de lemas asociados a sus ideas, tales como ’Socialismo o muerte’, ‘Venceremos’, ‘Hasta la victoria siempre’, o ‘Tu ejemplo vive, tus ideas perduran.’ Existe una conjunción entre Che Guevara y este un proyecto vanguardista de tratar de alcanzar un futuro trabajando en comunión, sin rendirse. Es decir, su teoría de la revolución permanente queda ilustrada en el simbolismo de esta imagen.

Por todo ello, creo que la imagen sintetiza la aspiración a este proyecto de futuro. Aceptando la ironía de su mercantilización, la fotografía contiene de manera explícita un mensaje recalcitrante y subversivo.

Años más tarde, Korda consiguió los derechos de imagen a través de un proceso judicial y recuperó la propiedad de la misma. Hoy en día, su familia intenta controlar su reproducción para fines comerciales.

En Cuba nunca ha habido demasiada preocupación al respecto. El propio Fidel Castro dijo que, cuando la gente decide ponerse la camiseta con la imagen de Che Guevara, es una muestra simbólica de que le llevan en el corazón, a través de la piel.

Junto a Simon Western, en el ensayo Che, Fidel and Leadership in Cuba: a Psychoanalytical Approach, argumentáis que Fidel Castro tuvo un rol fundamental para mantener vivo el espíritu de Che Guevara.
El enfoque psicoanalítico de Western proviene de la idea del ‘liderazgo mesiánico’, en la que un personaje carismático tiende a decepcionar a las masas al no estar a la altura de las expectativas generadas.

En esos casos, se suelen dar dos tendencias: el líder es derrocado por sus propios seguidores, o se establece una tiranía en la que el líder usa la violencia para reprimir a los seguidores cuando estos se rebelan y así conservar el poder. De cualquier manera, se acaba con la legitimidad del proyecto.

En cambio, Fidel Castro evitó ambas corrientes debido a una serie de contingencias. Che Guevara representaba la aspiración constante de progresar, y tras su muerte, la gente puso sus esperanzas en sus ideales. Mientras tanto, Castro pudo escapar de esa corriente de generación de expectativas que tiende a defraudar a la gente. Esto le permitió cometer errores y no ser condenado por ello, porque la población no ponía sus ilusiones en el líder de Cuba, sino en la figura de Che Guevara.

Es un enfoque psicoanalítico para entender cómo ha funcionado el liderazgo en Cuba. Después de morir, el héroe asesinado encarna el idealismo de todo el proyecto socialista, y de esta forma, la gente no proyecta sus aspiraciones en el liderazgo de la persona que vive. Aparte de esto, en Cuba existe una norma en la que solamente se erigen estatuas de personas que han fallecido, nunca de los vivos. La iconografía de Che Guevara es fundamental para simbolizar que la Revolución sigue vigente.

Esto es algo muy interesante y excepcional de la Revolución cubana, que posee esta durabilidad impía. No solamente por su desarrollo histórico y político, sino también a través de simbolismos ideológicos, artísticos y culturales, que han logrado reforzar la idea de la Revolución, haciendo que sea más difícil de destruir.

La gente en Cuba cree en este proyecto, porque posee una estructura cohesionada y coherente. Este conjunto de diferentes contingencias ha fortalecido el vínculo para consolidar esta revolución socialista.

Todo ello a pesar de las dificultades que se acentuaron en Cuba durante la década de 1990.
Tras el colapso de la URSS, se reeditaron y difundieron los escritos de Che Guevara acerca del régimen soviético. Hay un libro de Carlos Tablada, El Pensamiento económico de Ernesto Che Guevara, en el que se recogen sus ensayos sobre la Unión Soviética, en los que muestra su crítica sobre el sistema implementado por los soviéticos, y su previsión de que ese estilo era insostenible a largo plazo. La publicación de estos escritos fue una forma de resucitar las ideas de Che Guevara para superar los problemas económicos de Cuba en los años 90. En otras palabras, después de su muerte, fue instrumental para mantener las ideas socialistas de la Revolución en Cuba.

Tras la caída de la Unión Soviética, la población cubana se sacrificó enormemente para no renunciar a los ideales de la Revolución. Y gran parte de esta inspiración provino de las ideas de Che Guevara que aún perduraban, y que fueron reproducidas por los dirigentes con el objetivo de que la gente siguiese confiando en el sistema implementado en Cuba.

14 jun 2022 09:06

Publicado enPolítica
Vivek Chibber sobre el futuro del pensamiento marxista

El objetivo fundamental del último libro de Vivek Chibber, The Class Matrix: Social Theory After the Cultural Turn [La matriz de la clase: la teoría social después del giro cultural], es restablecer el papel central que desempeñan las fuerzas económicas y estructurales en el estudio de las jerarquías de poder y privilegio en el capitalismo moderno. Esta concepción clasista de las relaciones sociales -influenciada principalmente por Marx, y que dominó el pensamiento de izquierdas hasta los años 70 - otorga un lugar privilegiado a las condiciones materiales que imponen limitaciones reales a las opciones económicas de las personas. Marx, explica Chibber, creía que esas limitaciones económicas producirían una conciencia de clase obrera en la que la gente se involucraría en una acción colectiva centrada en sus intereses económicos, lo que llevaría finalmente a la revolución. 

Aunque Chibber -profesor de sociología en la Universidad de Nueva York- abraza gran parte de esta perspectiva marxista, cree que hay elementos que deben actualizarse. Por esta razón, simpatiza con ciertos aspectos del llamado "giro cultural", que surgió por primera vez en las décadas de 1960 y 1970 con el ascenso de la Nueva Izquierda. Chibber muestra que los primeros teóricos asociados al giro cultural trataron inicialmente de entender por qué la clase obrera, lejos de ser los sepultureros del capitalismo, como predijo Marx, se sentía cómoda con el statu quo económico. Argumentaban que la cultura -la religión, la ideología, etc.- solía "bloquear" a los trabajadores para que no fueran conscientes de sus intereses económicos.

Pero Chibber parece simpatizar mucho menos con una versión más radicalizada del giro cultural, que considera dominante en el mundo académico. En lugar de una perspectiva marxista que señale las condiciones materiales que limitan las opciones económicas de las personas, ciertas corrientes de pensamiento en la academia ven esas opciones como un reflejo de las interpretaciones del mundo que nos rodea. Chibber sostiene que esta visión de la sociedad no está vinculada a los intereses económicos subyacentes. En última instancia, Chibber considera que esta versión del giro cultural conduce a un tipo de política de la identidad que ignora a la clase trabajadora.

Hablé con Chibber sobre su pensamiento sobre el marxismo, la clase obrera, el giro cultural, la política contemporánea y el futuro de la izquierda. Esta conversación ha sido editada debido a su extensión y para darle mayor claridad claridad. Daniel Steinmetz-Jenkins

Daniel Steinmetz-Jenkins: Karl Marx consideró, de manera influyente, que el conflicto económico es inherente a la estructura de clases de una sociedad, dado que una clase dominante obtiene sus ingresos mediante la coerción y extracción del trabajo de una clase subordinada. Esta era la contradicción del capitalismo, argumentaba Marx, la que engendraba la conciencia de clase y a su vez impulsaba el deseo de revolución. Dada la explosión de rebeliones obreras en Europa en los años posteriores a la muerte de Marx, el ascenso de los partidos socialistas, la revolución bolchevique y los movimientos anticoloniales en todo el mundo, es fácil entender por qué el marxismo era la teoría social más extendida entre los intelectuales progresistas hasta la década de 1970. Y, sin embargo, muchos izquierdistas comenzaron a dar la espalda al marxismo en la década de 1970. ¿Cómo, en concreto, el llamado giro cultural de los años 70 alejó a los críticos de izquierda del análisis marxista de clase? 

Vivek Chibber: El análisis marxista de clase siempre se basó en dos afirmaciones: en primer lugar, que la estructura de clases era un hecho patente en la vida social -era real e imponía un conjunto de opciones y limitaciones a los actores económicos con independencia de su cultura-; en segundo lugar, que esta primera afirmación era el principal determinante de la formación de clases, lo que se refería a la organización consciente de los actores de clase en torno a sus intereses económicos. Esto también implicaba que existía algo así como intereses de clase objetivos, que se derivaban de la estructura. Este conjunto de ideas fue el cimiento sobre el que se fundó la política socialista. Por eso la izquierda siempre empezaba cada campaña política con una investigación de la estructura de clases local o nacional, porque esto les informaba de cuáles eran los intereses de los actores clave, de quiénes serían sus electores y de cómo diseñar un programa para atraer a las clases trabajadoras a su lado. Todo se basaba en la convicción de que las clases y los intereses de clase eran reales y discernibles a través del análisis empírico. 

El giro cultural comenzó cuestionando la afirmación de que existía una conexión necesaria entre la estructura y la formación de las clases. La motivación para ello era en realidad bastante comprensible. El marxismo clásico había insistido en que, como su posición estructural hacía que la clase obrera sufriera la explotación de los capitalistas, los trabajadores acabarían organizándose y derrocando a sus explotadores. La clase en sí misma se uniría en una clase para sí misma y daría paso a un nuevo sistema. Esto sucedería porque la propia estructura del capitalismo tenía el conflicto incorporado, y este conflicto acabaría llevándose a cabo como una lucha política entre las dos clases principales.

Pero en la década de 1950 estaba claro que la predicción no se había cumplido. La explotación y el potencial de conflicto estaban muy vivos, pero algo estaba bloqueando el proceso de formación de la clase obrera. Así que era natural preguntarse: ¿Cuál era la causa de este bloqueo? La respuesta de la Nueva Izquierda y de los teóricos posteriores fue "la cultura". La clase obrera se había integrado en el sistema por la fuerza de la ideología y de las instituciones culturales. Esta integración cultural embotó o incluso anuló la tendencia de la estructura de clases a impulsar a los trabajadores hacia una conciencia política anticapitalista. El problema del marxismo clásico, según el argumento, era que daba por sentada la cultura y, por tanto, pasaba por alto la posibilidad de que interviniera de esta manera.

Pero en los años 90, el giro cultural se había investido de una posición más ambiciosa. No sólo la cultura intervenía en la conexión entre la estructura de clases y la formación de las mismas, sino que se consideraba que la cultura desempeñaba un papel decisivo en la propia estructura de clases. Esto se convirtió en un argumento que daba lugar a un punto de vista constructivista en toda regla. La idea básica era: Los actores de clase no sólo despliegan la ideología para entender sus intereses políticos, sino también su posición económica. Los trabajadores y los capitalistas tienen que interpretar y comprender su posición de clase para poder participar en la estructura. Este acto interpretativo es una condición previa a toda acción, incluida la económica. Así que ahora la propia estructura de clases sólo se activa si los actores están socializados de la forma adecuada: la propia estructura de clases se convierte así en un efecto de la cultura.

Así que a finales de siglo, ambos pilares de la visión marxista clásica habían sido rechazados por amplias franjas de teóricos sociales, y la teoría de las clases se había convertido en un rincón descuidado de la teoría cultural. 

DSJ: ¿Puedes explicar con más detalle tu afirmación de que "en lugar de tener que responder por qué la estructura de clases no impulsa a los trabajadores hacia la lucha de clases, el reto es explicar cómo se consigue el poder asociativo de la clase trabajadora y la búsqueda de estrategias colectivas de clase"? 

VC: El marxismo clásico parecía predecir que su explotación por parte de los capitalistas llevaría a los trabajadores a organizarse e intentar derrocar el sistema. Esta explotación, que supuestamente motivaría a los trabajadores a organizarse, era un artefacto de la propia estructura de clases. Así que, por extensión, la estructura de clases no sólo generaba la explotación, sino que también motivaba a los trabajadores a superarla. Cuando, en los años 50, esta predicción pareció no confirmarse, planteó serias dudas sobre los supuestos fundamentales de la teoría marxista clase. Pero estas dudas se basaban en un profundo error: que, si la descripción de la estructura de clases de Marx es correcta, entonces debería impulsar a los trabajadores a construir organizaciones para la lucha de clases. 

Mi argumento es que la descripción de Marx era de hecho correcta, pero los teóricos de la posguerra sacaron conclusiones erróneas de ella. Malinterpretaron su impacto en la estrategia política de los trabajadores. Es cierto que su ubicación en la estructura, su experiencia de explotación, inclina a los trabajadores a resistir. Pero no se deduce que esta resistencia sea colectiva. La respuesta normal de los trabajadores será resistir individualmente y evitar la acción colectiva.

La razón principal es que, bajo las condiciones del contrato de trabajo, no sólo es excesivamente costoso organizarse, sino que además conlleva graves riesgos: ser despedido, que se pierdan las campañas, etc. Así que los trabajadores tienden a tomar la opción más fácil, encontrando formas más sutiles de defender su bienestar, todas ellas de carácter individualista: trabajar lento, el absentismo, el ocasional acto de sabotaje. Los organizadores suelen descubrir que los trabajadores son bastante hostiles a la dirección, tal y como predijo Marx, pero prefieren que el trabajo duro de organizar la negociación colectiva lo lleve a cabo otra persona, lo que los economistas llaman "free riding".

Ahora bien, esto no se debe al poder de la ideología. Es una respuesta racional a su situación estructural. Esto significa que la misma estructura de clase que genera el antagonismo de clase también inclina a los trabajadores a resistir a sus jefes como individuos, no como una fuerza colectiva y organizada. Y esto no es más que otra forma de decir que la estructura de clases inhibe la formación de clase.

Así que la ironía es que los marxistas tenían razón en su descripción de la estructura de clases, y también tenían razón en que la estructura era un determinante de la formación de clase. Pero se equivocaron en su evaluación de cómo la estructura determinaba la formación de clase. Ellos pensaron que generaría la formación de clase; pero mi argumento es que en realidad tal estructura inhibe la formación de clase. Así que el enigma no es cómo se integró la clase obrera en el sistema. El rompecabezas es: ¿Cómo se las han arreglado los trabajadores para superar todos los obstáculos a la formación de clases en aquellos casos en los que se han organizado con éxito? El giro cultural se generó al hacer la pregunta equivocada.

DSJ: Tu libro supone, en última instancia, un intento de restaurar la centralidad de la estructura y la formación de clases para entender las realidades de la vida social y económica. Sin embargo, ¿qué es lo que encuentra convincente del giro cultural y su crítica al marxismo?

VC: En su fase inicial, la menos ambiciosa, el giro cultural se centró en un fenómeno importante: que los marxistas no habían teorizado adecuadamente cómo interviene la cultura en el proceso de formación de clases. Los marxistas sabían en la práctica que la cultura interviene en este proceso e incluso escribían sobre ello, pero era más en los debates sobre estrategia y táctica, y no estaba integrado en la teoría más general de la clase. Así que la primera Nueva Izquierda tenía razón en su observación y, durante un tiempo, generó algunas investigaciones muy buenas. Pero hubo un poderoso impulso para ver el papel de la cultura como algo negativo, como un factor que inhibía la formación de clase. Esto fue, como dije, porque aceptaron la premisa marxista clásica de que el papel principal de la estructura de clases era generar un conflicto entre el trabajo y el capital. Y la cultura se tomaba como el mecanismo que atenuaba esta consecuencia de la estructura de clases y, por tanto, estabilizaba el sistema.

Lo que sugiero en mi libro es que la estabilidad del sistema proviene de la propia estructura de clases. La estructura genera conflictos, como explicaron los primeros marxistas, pero también los canaliza hacia la contestación individualizada de los trabajadores. Lo que hace la cultura es ayudar a convertir la resistencia de los trabajadores de formas individualizadas a formas colectivas. Por lo tanto, la cultura desempeña un papel fundamental en la formación de la clase, por lo que estoy invirtiendo la interpretación del giro cultural. ¿Cómo lo hace? Siendo un ingrediente clave en el fomento de una identidad común entre los trabajadores; inculcando un sentido de objetivos y compromisos comunes y, por lo tanto, superando la tendencia a ir por libre. Pero, como sostengo, esto no equivale en absoluto a un construccionismo sobre las identidades. Siguen siendo identidades forjadas en torno a intereses comunes.

DSJ: Hablemos de tu pensamiento respecto a la ideología. Parte de la explicación culturalista de por qué los trabajadores están dispuestos a tolerar los daños y las humillaciones propias de sus condiciones de empleo es que están cegados por las ideologías de las instituciones dominantes de las que forman parte, es decir, están socializados para aceptar el statu quo. Sin embargo, ¿cómo es que el culturalista posee la capacidad de discernir esta ideología que está cegando al trabajador, mientras que el trabajador no la tiene? ¿No es esto un poco elitista?

VC: Sí, creo que es profundamente elitista. Eso es exactamente lo que trato de decir. Una de las virtudes del materialismo es que, si se parte de la base, como hacen los materialistas, de que las personas son básicamente racionales y tienden a ser sensibles a sus intereses, eso te inclina a asumir que debe haber razones para que sigan estrategias que, a ti, te parecen extrañas o incluso irracionales a primera vista. Te obliga a concederles el beneficio de la duda y a comprobar si hay algo en sus circunstancias que se te está escapando. No te exige que veas sus acciones como legítimas o dignas de apoyo. Pero sí te exige que no los trates como idiotas. Ahora bien, puede resultar que en tal o cual caso sean, de hecho, idiotas. Pero en cuestiones básicas de bienestar de los agentes, esto es bastante raro.

DSJ: Sostienes que el pensamiento del gran pensador marxista Antonio Gramsci sobre la hegemonía cultural ha sido erróneamente apropiado por los teóricos de la cultura. ¿A qué se debe esto? ¿Cómo interpretas su pensamiento bajo una perspectiva diferente?

VC: En mi opinión, Gramsci era un materialista bastante directo, como todos los demás líderes marxistas importantes de su generación. Los culturalistas, si los hubo, eran todos intelectuales profesionales. Es realmente muy difícil leer sus Cuadernos de la Cárcel y concluir lo contrario, a menos que los leas con una venda en los ojos. La opinión que se atribuye a Gramsci es que el capitalismo se estabiliza porque la clase capitalista adquirió una hegemonía cultural sobre las clases trabajadoras. Estas últimas llegan a aceptar su posición en el sistema porque su visión del mundo está moldeada por las instituciones políticas e ideológicas, y están socializadas para dar su consentimiento al capitalismo. Así que Gramsci es el primer gran culturalista marxista en esta lectura.

Yo sostengo, como otros lo han hecho antes que yo, que esta interpretación de Gramsci es profundamente errónea. Él sostenía que la clase dominante adquiere el consentimiento de las masas. Tenía una teoría de la hegemonía. Pero no sugirió que la hegemonía fuera una construcción cultural. Tenía muy claro que se basa en los beneficios materiales que el capitalismo proporciona a los trabajadores, siempre que sea un sistema dinámico y en crecimiento. Los trabajadores dan su consentimiento al sistema mientras vean mejoras en su bienestar. Así que es un consentimiento basado en los intereses materiales, no en el poder de la ideología.

Así que yo abogo por un Gramsci materialista. Pero también defiendo que este Gramsci materialista estaba equivocado. Tenía razón al observar que el consentimiento se basa en intereses materiales, pero se equivocó al sugerir que la adquisición del consentimiento es la clave de la estabilidad capitalista. La estabilidad, en mi opinión, no se basa en el consentimiento, sino en la resignación de los trabajadores a su situación. Por lo general, saben que están recibiendo un trato injusto, pero debido a las limitaciones en la formación de la clase, en su acción colectiva, que hemos esbozado en una pregunta anterior, ven pocas posibilidades de hacer algo al respecto. Así que aceptan su situación, porque no ven otra opción.

Los capitalistas consiguen a veces el consentimiento, y a veces está extendido entre los trabajadores. Pero este consentimiento es siempre precario, siempre desigual en el mejor de los casos, y ha habido largos periodos en los que ha estado ausente. La era neoliberal es uno de esos episodios en Estados Unidos, mientras que en el Sur Global ha sido la norma. Sin embargo, la ausencia de consentimiento no ha dado lugar a que los trabajadores se levanten. ¿Por qué? Si el consentimiento fuera la base de la durabilidad del sistema, su ausencia debería desencadenar una inestabilidad masiva. Pero no ha sido así. Esto debería hacernos reflexionar, al menos, sobre la posibilidad de que el capitalismo nunca se haya basado en el consentimiento; es decir, que el consentimiento haya sido un mecanismo secundario en el mejor de los casos.

DSJ: Has argumentado con firmeza lo particulares que fueron las condiciones históricas para el surgimiento de los movimientos de clase obrera y de los partidos socialistas desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Teniendo en cuenta esas circunstancias históricas, ¿en qué sentido sería un error que los interesados hoy en revivir las instituciones de la clase obrera miraran al pasado en busca de inspiración?

VC: Hay que distinguir entre principios y estrategias generales y tácticas más específicas. A nivel de principios básicos de organización y estrategia política, creo que el pasado tiene mucho que ofrecer. Cualquier aspiración de hacer retroceder al neoliberalismo y avanzar hacia una sociedad más igualitaria seguirá necesitando la influencia política que el movimiento obrero proporcionó en su día; cualquier partido político que pretenda llevar a cabo esa agenda tendrá que construir una base obrera; el programa tendrá que seguir siendo universalista, no el tipo de política de identidad impulsada por las élites que vemos hoy en día; la organización de la clase obrera tendrá que seguir centrándose en los sindicatos; y los sindicatos tendrán que luchar por la democracia real y el respeto mutuo dentro de sus filas, como hicieron los sindicatos de izquierda en décadas anteriores. Todo esto sigue siendo muy relevante.

Pero, obviamente, el panorama ha cambiado tanto que las tácticas utilizadas para esa estrategia tendrán que ser muy diferentes. Creo que todo el mundo lo entiende. Ese no es el gran reto intelectual. El reto es, en primer lugar, defender la relevancia de los principios socialistas de antaño dentro de una cultura intelectual de izquierdas que ha sido devastada por una política de identidad muy estrecha y muy elitista, y luego averiguar concretamente cuál deberá ser la nueva orientación táctica. Esto es muy difícil en este momento, porque ese tipo de conocimiento táctico es una especie de "aprendizaje por la práctica", y como la izquierda no está "haciendo" mucho, tampoco puede realmente "aprender". La izquierda está tan divorciada de cualquier conexión con la clase trabajadora que sus debates se desarrollan enteramente en el nivel de la teoría, sin ninguna experiencia práctica real que sirva de campo de pruebas para la teoría.

DSJ: Citas al economista Thomas Piketty para argumentar que los partidos socialdemócratas de Occidente ya no miran a la clase trabajadora como su base y dependen mucho más de los estratos profesionales con estudios universitarios. ¿En qué medida crees que este alejamiento de la clase trabajadora es el resultado del giro cultural que has descrito? ¿Y cómo podría la intervención que estás llevando a cabo -que implica tomar ideas del giro cultural para desarrollar un nuevo enfoque material de clase- proporcionar recursos, si es que hay alguno, para superar la división?

VC: No creo que el cambio en la base de clase de los partidos obreros se deba al giro cultural. Es todo lo contrario: el giro cultural fue el resultado del creciente aislamiento de intelectuales cruciales del movimiento obrero. Esto es lo que trato de argumentar en el último capítulo del libro y lo he hecho de forma más contundente en otros artículos. Y es ampliamente aceptado hoy entre los pocos socialistas que hay en el mundo intelectual. ¿Qué explica, entonces, el divorcio de los partidos obreros con la clase trabajadora? Francamente, no tenemos una buena respuesta a eso. Piketty también se indigna, lo cual es muy admirable. No he visto ningún análisis acertado al respecto. Sabemos que, puesto que ha ocurrido de forma generalizada en tantos entornos, está relacionado con cambios estructurales muy profundos en el capitalismo y no está ligado a tal o cual transformación local. También tenemos una idea general de cuáles podrían ser esos cambios: la desindustrialización en curso desde los años 60, la difusión de la educación superior, el tremendo crecimiento del trabajo de oficina, el cambio en la ecología social urbana y todas las presiones electorales que estos cambios ejercen sobre los partidos socialdemócratas. Pero todavía no tenemos una buena comprensión de cómo interactuaron estos factores, cuál fue la jerarquía causal. En otras palabras, podemos enumerarlos, describirlos, pero no podemos analizarlos.

¿Cómo podría mi enfoque ayudarnos a salvar la brecha? Bueno, en realidad no es mi enfoque en sí mismo; es sólo mi articulación del enfoque que, en mi opinión, fue típico de la organización laboral durante décadas. No puedes organizar a la gente si no la respetas: sus necesidades, sus preocupaciones, sus ambiciones. No puedes organizarlos si los tratas como idiotas. Lo que hace la asunción de la racionalidad es imponer un principio de caridad: se parte de la base de que los trabajadores están motivados por preocupaciones reales y no son unos ilusos. Te obliga a estar atento a sus circunstancias y a cómo esas circunstancias pueden ser responsables de las decisiones que toman. En esencia, supones que eres tú el que carece de conocimientos, no ellos. Y entonces se diseña un programa político que responda a sus intereses y preocupaciones. Ese fue el núcleo de la organización sindical durante décadas, y todo se basa en el supuesto de la racionalidad. Realmente no veo cómo se puede organizar a la gente y movilizarla si se la considera como una criatura ideológica.

DSJ: A juzgar por el último capítulo del libro, uno no tiene la impresión de que confías en que los trabajadores resolverán el rompecabezas de la organización de clases en el entorno social, político y económico actual. Afirmas, por ejemplo, que "la nueva ola populista de la última década es la nueva cara de la rebelión de la clase obrera". Gran parte de esta rebelión se manifiesta en los movimientos nacionalistas de derecha. Usted deja claro que la solución exigirá la organización de clase para un nuevo escenario, pero que la izquierda aún no se ha dado cuenta de ello. ¿Hay algo que le dé esperanza? ¿Qué, si es que hay algo, puede mitigar las fuerzas que hacen tan difícil la resistencia organizada? ¿Cómo, por ejemplo, se puede cultivar la solidaridad?

VC: Lo que me da esperanza es que, por primera vez en 40 años, el debate político ha superado los parámetros del discurso neoliberal. Por primera vez desde la elección de Reagan, la izquierda -tal como es- vuelve a hablar de política real. Y en el público en general, la gente se ha dado cuenta de que es posible imaginar alternativas al neoliberalismo. Esto es un gran paso adelante, y realmente, Bernie Sanders jugó el papel de catalizador en esto. Pero, como dices, la frustración por la barbarie de las últimas décadas se está canalizando sobre todo hacia los movimientos de derecha. Está bastante claro por qué: Son la única fuerza organizada que parece tomarse en serio la frustración de la clase trabajadora. La corriente principal de la izquierda es vista -correctamente, en mi opinión- como elitista y abiertamente despreciativa de los trabajadores, como más preocupada por las guerras culturales que por las guerras de clases. Hasta que esto no cambie, no hay esperanza. No hay forma de avanzar hasta que la izquierda aprenda a respetar a los trabajadores de a pie tal y como son, a tomar en serio sus intereses y sus preferencias, y a trabajar en sus parámetros, como hicieron durante décadas.

Hay señales reales de que la gente de izquierda se está dando cuenta de esto. No entre la gente de mi edad o la vieja guardia de la Nueva Izquierda; creo que estas dos generaciones son una fuerza agotada. Pero sí se ve en los activistas más jóvenes la conciencia de que sin el movimiento obrero no hay esperanza real de cambio político. Y el hecho de que la administración Biden se haya estrellado y quemado sin duda los ha convencido. Mi esperanza es que la experiencia acumulada de los últimos cinco o seis años haya incubado una capa de organizadores e intelectuales que se arremanguen y comiencen un nuevo ciclo de construcción institucional. Parte de ese reto será intelectual: se desprenderá del bagaje del giro cultural y posmoderno. Pero en el fondo, tendrá que ser organizativo y político.

Vivek Chibber

es profesor de sociología económica en la New York University. Su último libro es ¡The Class Matrix: Social Theory After the Cultural Turn', Harvard University Press, 2022. También es autor de 'Postcolonial Theory and the Specter of Capital', Princeton University Press, 2013.

Fuente:

https://www.thenation.com/article/culture/vivek-chibber-qa/

Traducción:

Iovana Naddim

05/06/2022

Publicado enCultura
ONU: Crisis alimentaria puede desembocar en una catástrofe global en 2023

El mundo solo puede responder de manera eficiente a la actual emergencia alimentaria con el regreso al mercado internacional de los productos alimenticios procedentes de Ucrania, así como de la comida y los fertilizantes rusos, según el organismo.

La secretaria general de la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (CNUCYD), Rebeca Grynspan, advirtió este miércoles durante una rueda de prensa que la crisis alimentaria actual puede desembocar en una catástrofe de proporciones globales ya en el año 2023.

"El aumento de los costes energéticos y las restricciones comerciales en el suministro de fertilizantes procedentes de la región del mar Negro han hecho que los precios de los fertilizantes suban incluso más rápido que los de los alimentos", afirmó Grynspan.

En este sentido, señaló que, si el actual conflicto en Ucrania se prolonga "y los altos precios de los cereales y los fertilizantes persisten en la próxima temporada de siembra, la crisis actual podría extenderse […] a otros alimentos básicos como el arroz", agregando que la situación afectará, "a miles de millones de personas".

En paralelo, la jefa de la CNUCYD subrayó que las categorías de la población más vulnerables "son los que más sufren". Mencionó los cálculos que muestran que el aumento del 10 % en los precios de los alimentos significará una disminución del 5 % de los ingresos de las familias más pobres. Además, acentuó que la situación empezó a agravarse antes del operativo ruso en Ucrania. Así, citó los datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que apuntan a que el 60 % de los trabajadores a nivel mundial tienen ingresos reales más bajos que antes de la pandemia del covid-19.

Grynspan reafirmó la postura de la ONU de que el mundo solo puede responder de manera eficiente a la actual emergencia alimentaria con el regreso al mercado internacional de los productos alimenticios procedentes de Ucrania, así como de la comida y los fertilizantes rusos. "Será fundamental restablecer la disponibilidad de fertilizantes, garantizar el acceso de los pequeños agricultores y controlar los suministros en todas partes durante los próximos 18 meses", puntualizó.

Rusia está dispuesta a cooperar con el tema del trigo ucraniano
Las declaraciones de la secretaria general de la CNUCYD llegan en medio de los esfuerzos diplomáticos para asegurar el transporte seguro del trigo ucraniano desde los puertos en el mar Negro. Esta misma jornada el canciller ruso Serguéi Lavrov destacó, tras reunirse con su par turco Mevlut Cavusoglu, que Moscú está dispuesto a celebrar una reunión en Estambul con la ONU, Turquía y Ucrania para tratar las exportaciones de grano.

Al mismo tiempo, el alto diplomático subrayó que los militares rusos y turcos están ahora discutiendo los detalles del desminado de los puertos ucranianos para permitir la exportación de grano. "Si las autoridades de Kiev están preparadas, estaremos encantados de cooperar", sostuvo. El ministro también aseveró que Moscú está dispuesta a "garantizar la seguridad de los buques que salen de los puertos ucranianos". "Rusia garantiza que si Kiev desmina los puertos, Moscú no aprovechará la situación en el marco de la operación militar", añadió.

Planes en elaboración

Este lunes, el diario ruso Izvestia reportó, citando una fuente de alto rango al tanto del asunto, que Moscú acordó con Kiev y Ankara un esquema preliminar de la salida de los barcos ucranianos cargados con trigo desde el puerto de Odesa. El plan prevé el desminado de la zona costera del puerto por parte de militares turcos. Luego, buques de guerra turcos escoltarán a embarcaciones ucranianas hasta aguas neutrales. Desde allí estarán acompañadas con buques de guerra rusos hasta el Bósforo para asegurar su salida segura y evitar provocaciones.

Sin embargo, la agencia Bloomberg informó la misma jornada, citando fuentes anónimas al tanto del transcurso de las negociaciones, que, pese a un acuerdo preliminar entre Rusia y Turquía respecto a la apertura del corredor de cereales, Ucrania ve el asunto con escepticismo.

La semana pasada el presidente ruso, Vladímir Putin, declaró que los países occidentales fueron quienes tomaron las medidas que agravaron la crisis alimentaria en el mundo. En este contexto, destacó que Rusia no obstaculiza los intentos de sacar los cereales ucranianos y propuso varias maneras de hacerlo:

  1. A través de los puertos marítimos que Ucrania controla, como el de Odesa y otros cercanos. "No fuimos nosotros los que minamos las entradas de los puertos", indicó el mandatario, agregando que Moscú garantizará un paso seguro de buques si Kiev desmina los puertos
  2. A través de los puertos del mar de Azov que Rusia controla, como los de Berdiansk y de Mariúpol
  3. A través del río Danubio y Rumania
  4. A través de Hungría
  5. A través de Polonia
  6. A través de Bielorrusia, "la vía más simple", pero esto requiere el levantamiento de las sanciones que fueron impuestas contra Minsk.

(Tomado de RT en Español

Junio 8 / 2022-06-09

Publicado enInternacional
Sábado, 04 Junio 2022 06:41

¿Pan transgénico? No, gracias

¿Pan transgénico? No, gracias

Este 12 de mayo el gobierno argentino aprobó finalmente la siembra de trigo transgénico, pese a la muy amplia oposición de organizaciones sociales, campesinas, ambientales y de consumidores, oposición que también comparten centenares de científicas y científicos y diversos comercializadores y procesadores de trigo.

Un tema de fondo es que el trigo es un elemento esencial de la alimentación cotidiana de la población en Argentina y que a diferencia de los otros granos transgénicos comercializados a gran escala, cuyo destino principal son forrajes industriales, en este caso se trata de un cereal destinado principal y directamente a la alimentación humana.

No es un tema sólo nacional. Sea en harinas, panes, pastas, galletas y mucho más, el trigo es un componente frecuente de la alimentación en todo el mundo y Argentina es un exportador de trigo a muchos países, incluido México. La siembra significará contaminación a variedades de trigo no transgénico, por tanto tampoco se trata de un tema sólo para quienes opten por plantarlo, tendrá impactos negativos mucho más allá. Un amplio colectivo de redes y organizaciones sociales y científicas sintetizó los problemas de esta aprobación y los fundamentos de su rechazo en la campaña colectiva "¡Con nuestro pan NO!", abierta a adhesiones (https://tinyurl.com/24ed67xv).

El trigo aprobado (HB4 o IND- ØØ412-7) se presenta como tolerante a la sequía y al veneno glufosinato de amonio, clasificado aún más tóxico que el glifosato. Esto como una especie de respaldo ante el hecho de que más de 40 especies de plantas invasoras se han hecho resistentes al glifosato, debido al uso intensivo de agrotóxicos en las grandes extensiones de cultivos transgénicos.

Esta característica, junto al hecho de que es un cultivo de invierno (lo cual aumenta las estaciones de siembra de transgénicos), que se planta en grandes áreas y en monocultivo, significa que su siembra aumentará exponencialmente la cantidad de tóxicos que permanecen como residuos en alimentos, que contaminan agua y suelos, pero también y en primera línea, que intoxican a las poblaciones aledañas. Argentina es un ejemplo sobrecogedor de la enorme cantidad de víctimas de todas las edades por enfermedades graves y muertes causadas por la fumigación aérea de agrotóxicos, principalmente en cultivos transgénicos de soya y maíz.

Con base en esa pesada experiencia, las asambleas y organizaciones del Encuentro de Pueblos Fumigados de Buenos Aires rechazaron rotundamente la liberación de un nuevo cultivo transgénico vinculado a potentes tóxicos, porque consideran contribuye a un modelo de producción agrícola criminal. "Por el asesinato deliberado de nuestras familias, de nuestras amistades, de nuestras comunidades, sostenemos que no hay posibilidad de convivencia con el sistema de transgénicos, monocultivos y agrotóxicos" declararon (Agencia Tierra Viva, https://tinyurl.com/bdhvdm5r).

El trigo HB4 fue desarrollado por investigadores argentinos en colaboración con la empresa trasnacional Bioceres (a la que dieron la licencia de comercialización) de la cual son accionistas los grandes agroempresarios argentinos Gustavo Grobocopatel y Hugo Sigman, junto a Syngenta y Bayer-Monsanto, entre otras trasnacionales de agrotóxicos y transgénicos.

Las científicas y científicos que integran el Colectivo Trigo Limpio declararon que el trigo transgénico HB4 expande y consolida un modelo agrícola centrado en la ganancia, "con prácticas que han incrementado la concentración de la riqueza, la exclusión de las poblaciones rurales y pueblos originarios, así como el deterioro de la salud humana y del ambiente" (https://tinyurl.com/4fw5raax).

El colectivo publicó en 2021 una carta abierta al gobierno argentino suscrita por mil 400 científicas y científicos, explicando los impactos que tiene el trigo transgénico (https://tinyurl.com/y5jdc8st).

Además de todos los problemas mencionados, el trigo transgénico mostró un pésimo rendimiento en las pruebas experimentales (un tercio menos que el trigo convencional) y no es necesario en ningún escenario, porque sobran variedades mejores y más aptas. (https://tinyurl.com/2pcr22n6).

La supuesta resistencia a la sequía, que demostró ser marginal en comparación en la siembra experimental tampoco está asegurada, ya que como explica el Colectivo Trigo Limpio, esto no depende de un gen e interactúa en el proceso de crecimiento con muchos otros genes y factores ambientales, por lo que se comporta diferente según el medio y otros factores.

Es mucho más relevante un buen manejo agronómico que las características genéticas introducidas. Además, el modelo que sostiene este tipo de cultivo exacerba las sequías y empobrece los suelos, empeorando lo que afirma iría a atender.

Pese a ello, parecería que en esta pésima decisión jugó la presión de los empresarios de agronegocios en un momento de alza especulativa del precio del trigo. Aumento que no se debe principalmente a la guerra en Ucrania, sino a la especulación de las grandes empresas trasnacionales de comercio de cereales (https://tinyurl.com/yc45f63f).

Desde donde estemos, es fundamental oponernos a esta nueva escalada tóxica sobre nuestra alimentación y sobre la naturaleza. Se puede firmar en apoyo aquí : https://tinyurl.com/24ed67xv.

 Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

Publicado enSociedad
Espacios del neoliberalismo y desarrollo capitalista

Críticas y alternativas al urbanismo neoliberal

La dimensión espacial no ha dejado de ganar peso desde hace décadas en las ciencias sociales críticas. Para ello han sido muy relevantes las discusiones dentro de la teoría arquitectónica, pero también las de los estudiosos del desarrollo capitalista. Quizás el autor que más determinantemente ha influido en la actual popularidad de los estudios sobre el espacio social es el geógrafo David Harvey, pero también ha sido crucial la revalorización de la obra de Henri Lefebvre ya en el siglo XXI, a partir de la traducción de algunas de sus principales obras al inglés y al castellano. Problemas tan actuales y frecuentes en las discusiones de la academia crítica como la reestructuración urbana, la financiarización de la vivienda o la mercantilización del espacio tienen un pilar importante en los trabajos de estos dos autores. 

En realidad, el interés académico por la espacialidad del capitalismo se remonta a los años sesenta, coincidiendo con cierto auge de las perspectivas marxistas dentro de la izquierda universitaria. Francia jugó un papel clave en esta tendencia, principalmente a partir de la publicación de El derecho a la ciudad de Lefebvre (1969), los trabajos posteriores del autor sobre la ciudad (1972; 1976; 2013) y la conformación de una suerte de Escuela Francesa de Sociología Urbana (Castells, 1974 y 1976; Topalov, 1979 y 1984). En el resto del mundo, la mencionada escuela entra en diálogo con las discusiones sobre el urbanismo dependiente en América Latina (Castells, 1973; Singer, 1973; Pradilla Cobos, 1984) y de manera simultánea se desarrolla una importante geografía crítica en el ámbito angloamericano (Harvey, 1973 o Massey, 1973) y brasileño (Santos, 1978 o Moraes y Dacosta, 2013). El quiebre, sin embargo, se encuentra principalmente en Lefebvre, cuyas opiniones sobre lo urbano coinciden también en gran medida con las de otros coetáneos, como Jane Jacobs (2014) desde una perspectiva liberal o Aldo Rossi (1982) desde la teoría arquitectónica.

En este contexto se recuperan las referencias espaciales, más bien dispersas, de los trabajos de Marx y un par de obras claves de Engels (2020a y 2020b) sobre el problema de la vivienda y la ciudad industrial. Estos autores trataron la cuestión como un problema derivado del núcleo central de las contradicciones del modo de producción capitalista, ubicado en el ámbito de la producción (industrial) y el conflicto de clase. Los problemas referentes al déficit de viviendas, la precariedad del hábitat o la segregación socioespacial eran básicamente epifenómenos y la principal cuestión teórica a dilucidar sería el rol de la apropiación de la renta de suelo en el conflicto político. Muchos urbanistas críticos de la década de 1970, especialmente los próximos al marxismo estructuralista, fueron continuistas con esta perspectiva. Estos sociólogos y geógrafos urbanos marxistas pensaban el espacio como producto social, una secreción del correspondiente modo de producción. Los planteamientos de Lefebvre desde un principio trataron de discutir estas posiciones.

En primer lugar, el filósofo anunciaba un salto del problema de la vivienda, que había marcado el capitalismo industrial hasta la etapa posterior a la Segunda Guerra Mundial, al problema de lo urbano y del hábitat en su conjunto (Lefebvre, 1969). Seguidamente, frente a la idea de una sociedad que crea su espacio, como si le preexistiese, Lefebvre plantea una sociedad que siempre ha sido espacial. El espacio pasa a ser entonces la primera y más importante mediación de la sociedad para darse forma a sí misma (1976). A partir de aquí, el filósofo se atrevería a invertir la tesis de la urbanización como efecto de las relaciones de producción industrial para convertirla en el núcleo mismo del capitalismo tardío, desplazando la crítica de los conflictos de la esfera de la producción a los problemas de la reproducción de las relaciones sociales de producción (1972). Finalmente, plantearía una visión compleja y no reduccionista del espacio, en la que trataría de integrar tanto el espacio material de las prácticas sociales como sus dimensiones ideológicas y experienciales (Ibidem, 2013). 

La cuestión del desplazamiento de los conflictos centrales del capitalismo de la producción a la reproducción, o lo que algunos han interpretado como un desplazamiento desde los conflictos de clase a los conflictos del hábitat, tiene por lo tanto ya más de medio siglo. Ignorar el progreso intelectual que ha permitido este giro sería tan empobrecedor como limitarse a hablar de un desplazamiento sin más desde un polo a otro, separando lo que nunca ha estado separado, como si el espacio urbano no surgiese de un proceso productivo o como si el conflicto de clase solo operase en una típica fábrica fordista. Para no caer en el riesgo de reproducir esa dicotomía irreconciliable, convendría recordar que una parte del urbanismo feminista se ha dirigido a cuestionar precisamente la separación ideológica entre espacios de producción y de consumo (McDowell y Massey, 1984 o McDowell, 1986). 

La idea de urbanismo neoliberal y sus limitaciones

La denuncia del urbanismo neoliberal ha sintetizado, al menos en los últimos treinta años, gran parte del análisis crítico del desarrollo capitalista de urbanistas y geógrafos. Los trabajos de David Harvey (2007a, 2007b) desde los años noventa han aportado mucho a la clarificación de esta idea, pero también los de la nueva geografía política crítica de Jessop (1990) o Brenner (2004). No obstante, la popularidad de la expresión es tal que en algunos momentos ha corrido el riesgo de convertirse en un cliché vacío de contenido. El neoliberalismo puede entenderse como un modo de regulación o patrón particular del capitalismo tardío, que se define por oposición al desarrollo organizado bajo Estados centralizados que caracteriza el periodo entre las crisis de 1929 y 1973. En términos muy generales, puede describirse como un tipo de política económica (ideología y cultura) que propugna la gestión más eficiente de los recursos mediante mercados autorregulados y que se expande desde los años setenta por todo el globo a partir de los experimentos pioneros de Thatcher, Reagan y Pinochet.

El giro neoliberal de la década de 1970 es un giro espacial. Uno de sus elementos característicos ha sido el desmantelamiento de las políticas de desarrollo productivo y reequilibrio territorial propias de la planificación económica estatal. También la desregularización de los mercados de suelo y vivienda y su progresiva financiarización a partir del endeudamiento de los hogares o de su apropiación por parte de fondos de inversión. El gran hito de la desregulación neoliberal en España es probablemente el Decreto Boyer de 1985, que implica la eliminación de las políticas proteccionistas en los alquileres urbanos y la desregulación del mercado de crédito, dando lugar al auge de una versión del desarrollo capitalista fundamentada sobre el sector inmobiliario-financiero. Esto se ha interpretado como una exacerbación de la espacialización de la economía en el contexto del capitalismo tardío (Lefebvre, 1972; Harvey, 1990; Rolnik, 2017). La urbanización y la vivienda, convertida prácticamente en un activo financiero, se convierten en un circuito fundamental para la circulación de capital, donde se generan enormes beneficios especulativos, generando crisis periódicas cada vez más violentas (1996, 2008…). 

Hay varios peros que hacer a esta caracterización. El primero de ellos es que el neoliberalismo dista de ser un patrón homogéneo en un mundo extremadamente diverso. A menudo se ha generalizado en exceso a partir del más estudiado ejemplo angloamericano, asumiendo que el resto del mundo seguiría el mismo patrón, cuando en realidad la política neoliberal ha dado lugar a formas espaciales más bien variadas. Por ejemplo, mientras que la planificación estratégica ha podido relegar por completo a la tradicional ordenación urbana en las ciudades estadounidenses, esto debe matizarse mucho respecto de la más intervencionista Europa continental. Por esta razón, desde hace tiempo se tiende a hablar del neoliberalismo realmente existente (Peck, Brenner y Theodore, 2018) para distinguir los discursos neoliberales, más homogéneos, de la compleja realidad espacial en la que se acaban plasmando.

Otra precaución crítica muy extendida es la de revalorizar el papel del Estado en el desarrollo del neoliberalismo. Aunque este último se identifique con políticas promercado, el Estado sigue jugando un papel clave y es fundamental para el desarrollo neoliberal. Polanyi (1989) ya denunciaba hace mucho que la idea de mercados autorregulados era más una proyección utópica del pensamiento liberal que una posibilidad real. Hay incluso quien llega a afirmar que en el marco neoliberal el Estado incrementa su intervención, solo que en lugar de políticas redistributivas se vuelca en favorecer la acumulación de capital y a las clases ya privilegiadas. Nunca más que ahora, el Estado en sus diferentes niveles se ha volcado en el desarrollo de costosas infraestructuras sobre las que se apoya la economía privada. Cumple además una indispensable función policial y mediadora, indispensable para que las principales instituciones del capitalismo neoliberal puedan actuar libremente.

El urbanismo neoliberal suele mostrar como prácticas progresistas lo que no es sino la búsqueda de los intereses más mezquinos

Existe aún otro aspecto que pone coto a una visión dogmática de lo que es la organización del espacio neoliberal. Más allá del discurso liberalizador e individualista en lo económico, el neoliberalismo no es reducible a posiciones convencionalmente conservadoras. De hecho, a menudo puede suceder lo contrario. El urbanismo neoliberal tiene un carácter fundamentalmente ideológico. Recurriendo a la vieja fórmula marxista, el mercado tiene una forma de operar fundamentalmente ideológica. Lo que es codicia y usura aparece como su contrario, como la máxima posibilidad de igualdad y libertad. La igualdad y libertad de los agentes económicos implica la subordinación y coacción del trabajo asalariado. En este sentido, el urbanismo neoliberal suele mostrar como prácticas progresistas lo que no es sino la búsqueda de los intereses más mezquinos. De esta manera, los discursos radicales sobre la teoría arquitectónica y urbanística de los años setenta han sido a menudo reciclados para dar cobertura a prácticas neoliberales. La institucionalización del discurso ecologista es paradigmática, con la idea de sostenibilidad multiplicándose entre documentos y planes, de tal manera que acaba convirtiéndose en simple ruido, una palabra vacía cuya única función es dar una cobertura moral a los proyectos de desarrollo urbano. Ciertos tipos de discurso progresista, como el del desarrollo sostenible, son el complemento ideológico por excelencia del urbanismo neoliberal más cínico (Swyngedouw, 2011). 

Efectos del urbanismo neoliberal

Los efectos del urbanismo neoliberal sobre el territorio se derivan de los propios planteamientos de esta ideología. En primer lugar, el urbanismo neoliberal se identifica con toda una serie de cambios en las fórmulas políticas. Por un lado, hay una tendencia a la descentralización, en la que la escala local adquiere un mayor peso a medida que el Estado pierde competencias respecto de la planificación económica y espacial. Esto ocurre evidentemente de una forma muy desigual en el mundo, principalmente en Occidente. El nivel de descentralización de los estados americanos siempre ha sido mayor, pero en el contexto europeo también se refuerzan o se crean ex novo escalas de gobierno local y regional para la ordenación territorial y económica (Brenner, 2004). Este tipo de descentralización permite una mayor cercanía con el territorio, pero también redunda por lo general en una pérdida de las capacidades de intervención política. Por otro lado, la idea de gobernanza urbana, que se populariza en este contexto, implica un reconocimiento de la diversidad de agentes que intervienen en el espacio, más allá del Estado. No obstante, estos agentes que se integran en el planeamiento son fundamentalmente agentes de mercado y la propia política urbana y regional tiende a sufrir un giro empresarialista, planteando el gobierno local como coaliciones orientadas al crecimiento económico que deben competir en un mercado de ciudades por atraer inversiones y visitantes. Algunos autores hablan de una situación pospolítica (Wilson y Swyngedouw, 2014), relacionada con el carácter cada vez más técnico de las instituciones de gobierno, al tiempo que se vacían de capacidades genuinamente políticas. Esto encuentra su reflejo en una cultura ciudadana cada vez más individualista y desconfiada de la política.

En segundo lugar, la política neoliberal implica una expansión de la mercantilización del espacio. Por mercantilización entendemos el proceso por el cual la gestión de un recurso debe guiarse por su valor económico y no por criterios de necesidad. En términos marxistas, el valor de uso se vería sometido al valor de cambio. Esto es aplicable tanto a la remercantilización de servicios y recursos que eran gestionados por instituciones públicas como al desarrollo de nuevas formas de aprovechamiento crematístico del espacio. En el primer sentido, resulta clave la remercantilización del mercado de la vivienda, como un proceso paulatino, tras un periodo en el que la provisión de suelos o vivienda había estado dirigida en gran parte por el Estado. El desmantelamiento de las políticas públicas de vivienda, los sistemas públicos de provisión de crédito y la desregularización de las rentas urbanas conducirían a que la gestión del espacio y el alojamiento se realice bajo criterios progresivamente mercantiles (Rolnik, 2017; Aalbers, 2016). En el segundo, el objetivo de atraer residentes y visitantes ha dado lugar a la transformación de la ciudad y sus partes en una especie de seudomercancías. La propia imagen de la ciudad se convierte en una marca comercial. La política urbana se orienta a crear proyectos y lugares atractivos, nuevos iconos estéticos y espacios comerciales que atraigan residentes y turistas. La propia dinámica del espacio público, especialmente en los centros urbanos, se dirige a un uso progresivamente mercantil, con distintas formas que promueven su gestión privativa. Por supuesto, la política turística es la máxima expresión de esta mercantilización del espacio, dedicando sectores enteros de las ciudades, generalmente los más significativos simbólicamente, a canalizar las divisas traídas por los visitantes. Los enclaves en los que reside la identidad colectiva de las ciudades son transformados en algo parecido a parques de atracciones, en los que nuevas rondas de inversión conllevan un constante proceso de destrucción creativa que hace difícil que la población se pueda reconocer en ellos (Sequera, 2022; Murray, 2015; Mansilla y Milano, 2019). 

La desinversión y abandono de extensos sectores de la periferia obrera son la otra cara de la tematización de los centros históricos 

Finalmente, las políticas promercado y el desmantelamiento del Estado intervencionista y de las políticas redistributivas impactan directamente sobre los grupos más vulnerables. Por un lado, la jibarización y descentralización de las políticas de vivienda dejan en la estacada a los grupos más vulnerables, excluidos del mercado por una u otra razón. Los problemas de vivienda han seguido afectando a los hogares más pobres (con mayor riesgo de ver coartado un flujo periódico de ingresos), a las y los jóvenes (sin posibilidades de acceder a una vivienda propia) o a quienes están en situación de vulnerabilidad, especialmente los hogares monoparentales de mujeres de clase trabajadora con hijos, relegados a situaciones de gran inseguridad económica. Por otro lado, la privatización del parque público de viviendas da lugar a que los gobiernos no tengan capacidad de actuación ante crisis habitacionales, como sucedió con la crisis hipotecaria de 2010-2012, o de intervenir ante procesos como el vaciamiento de los centros históricos por el auge de los alquileres temporales para turistas. Finalmente, al tiempo que se sobreinvierten los enclaves con mayor potencialidad económica, se dejan a su suerte sectores enteros, generalmente los viejos barrios de clase obrera en los que se concentraban las grandes operaciones de vivienda pública del siglo XX, convertidos a menudo hoy en contenedores de pobres. La desinversión y abandono de extensos sectores de la periferia obrera son la otra cara de la tematización de los centros históricos, acentuando los problemas de segregación socioespacial, exclusión y estigmatización.

Los patrones generales de la ordenación del espacio neoliberal están bastante definidos y se llevan difundiendo a nivel global desde hace ya cuarenta años. Los tiempos, ritmos e intensidades han sido diferentes en distintas partes del mundo, desde el rol pionero del Cono Sur o el ámbito angloamericano a la conservación de cierto intervencionismo en países de la Europa occidental, pasando por la terapia del shock en Europa del Este y Rusia o los heteróclitos procesos de mestizaje político-económico de China. Al mismo tiempo, podríamos considerar hasta qué punto este es un modelo en decadencia en la actualidad. La ordenación neoliberal ha encontrado sus resistencias en movimientos en defensa del territorio, de los barrios y las ciudades, abanderando el espacio social como soporte de la vida antes que como medio de extracción de valor. Las políticas antineoliberales han tendido a revertir procesos de mercantilización y privatización, notablemente en el caso de los gobiernos progresistas de América Latina, mientras que las iniciativas municipalistas europeas han operado a una escala menor, pero con unos planteamientos bastante similares. No obstante, también se han desarrollado amenazas al modelo neoliberal netamente conservadoras, que son las que pueden tener más peso en un cambio de paradigma en la actualidad, con el desarrollo de cierto capitalismo corporativo y centralizado al oriente y al occidente (de los EE UU de Trump a la Rusia de Putin). Es posible que en un futuro cercano hablemos de nuevos paradigmas en la organización del espacio, pero estos no tienen que ser necesariamente mejores a los precedentes. 

2 junio 2022

Por Ibán Díaz Parra, profesor de Geografía Humana en la Universidad de Sevilla 

Referencias

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