Decesos por sobredosis alcanzaron cifra récord en Estados Unidos en 2021

Se eleva el consumo de fentanilo, heroína y cocaína

 Nueva York. Más de 107 mil personas murieron por sobredosis de drogas en Estados Unidos el año pasado, informaron ayer los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), cifra sin precedente que refleja la magnitud de la epidemia que aqueja al país.

Eso quiere decir que en promedio un estadunidense muere por sobredosis cada cinco minutos. La cantidad, además, es 15 por ciento mayor al récord anterior, fijado en 2020.

Los CDC revisan las partidas de defunción y hacen un estimado para tomar en cuenta certificados demorados o incompletos.

Nora Volkow, directora del Instituto Nacional para el Combate al Abuso de Drogas, calificó la cifra de realmente espeluznante.

Las muertes por sobredosis de drogas en Estados Unidos han aumentado casi todos los años desde hace más de dos décadas. La tendencia empezó en los años 90 debido a la prevalencia de analgésicos opioides, aunque en años más recientes han dominado la heroína y el fentanilo.

Este último, un opioide sintético desarrollado para tratar los síntomas del dolor crónico, fue por lejos el mayor causante de 71 mil 238 muertes el año pasado, un aumento de 23 por ciento comparado con 2020. Le siguieron las metanfetaminas cristalinas, que tuvieron un alza de 34 por ciento, la cocaína con un aumento de 23 por ciento, y los opioides naturales (heroína y morfina).

En ocasiones las muertes por sobredosis se deben a más de una droga. Hay quienes ingieren distintas sustancias y a veces los traficantes combinan el fentanilo barato con otros estupefacientes, incluso sin el conocimiento del comprador, aseguran expertos.

“El efecto neto es que muchas personas –incluidos quienes consumen drogas ocasionalmente e incluso adolescentes– están expuestas a estas potentes sustancias, capaces de causar una sobredosis incluso con una pequeña cantidad”, dijo Volkow en una nota de prensa.

De acuerdo con los expertos, la pandemia agravó la crisis, ya que muchas personas quedaron aisladas y la atención médica fue difícil de conseguir.

Las muertes por sobredosis variaron de región en región. En Alaska aumentaron 75 por ciento, el índice más alto de todos los estados, mientras en Hawai disminuyeron 2 por ciento.

Los especialistas dicen que las personas con trastornos por uso de sustancias se han visto muy afectadas por las alteraciones de la vida diaria provocadas por la emergencia sanitaria; en tanto, las autoridades están incautando cantidades récord de medicamentos falsificados provenientes de México.

El gobierno del presidente Joe Biden anunció en abril una estrategia nacional de control de drogas para abordar la crisis por adicciones no tratadas y el narcotráfico.

La administración está buscando ampliar el acceso a tratamientos que salvan vidas, como el medicamento naloxona, las pruebas reactivas de drogas y los programas de suministro de jeringas.

También ha solicitado un aumento de presupuesto para las agencias encargadas de detener el flujo de drogas ilegales en el país.

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Ecuador: tras la masacre, la ONU exigió una reforma urgente del sistema penitenciario

"Debo enfatizar que la responsabilidad del Estado en la seguridad de todas las personas que están bajo su custodia, crea una presunción de responsabilidad estatal por estas muertes", sostuvo la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet.

La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, reiteró su "alarma" por la situación penitenciaria de Ecuador luego de que se registraran 44 muertos en un motín que tuvo lugar el lunes, y reclamó una reforma "urgente" que involucre también al sistema judicial. El incidente, ocurrido poco más de un mes después de otra matanza que dejó 20 reclusos muertos, puso nuevamente de manifiesto la crisis de la violencia carcelaria en Ecuador, que el gobierno de Guillermo Lasso atribuye a una encarnizada lucha de bandas ligadas al narcotráfico.

Decenas de personas, en su mayoría mujeres, esperaban este martes noticias de sus familiares presos en la cárcel Bellavista de Santo Domingo, a unos 80 kilómetros de Quito, donde un choque entre pandillas dejó 44 muertos y decenas de heridos, mientras que las autoridades empezaban a recapturar a parte de los 220 detenidos que escaparon durante los desmanes.

Responsabilidad estatal y reforma urgente

"Debo enfatizar que la responsabilidad del Estado en la seguridad de todas las personas que están bajo su custodia, crea una presunción de responsabilidad estatal por estas muertes", sostuvo Bachelet en un comunicado leído por su vocera en una rueda de prensa en Ginebra. El gobierno ecuatoriano debe considerar una hoja de ruta que le propusieron "para garantizar la seguridad en las prisiones, mejorar las condiciones de los reclusos y garantizar una mejor gestión carcelaria, lo que incluye combatir la corrupción", precisó la expresidenta chilena.

En el caso de lo ocurrido el lunes, la violencia habría estallado en la cárcel de Santo Domingo por el traslado de un preso, pero Bachelet destacó que no se trata de un caso aislado. "Estos preocupantes incidentes subrayan una vez más la urgente necesidad de una completa reforma del sistema de justicia penal, también del sistema penitenciario", manifestó la funcionaria de la ONU, quien recordó que todo Estado tiene como "responsabilidad" la seguridad de las personas bajo custodia, por lo que es también culpable indirecto de lo que ocurre en las cárceles y debe emprender una "plena investigación".

La espera de los familiares

Decenas de familiares de los reclusos se desesperaban por segundo día frente a las puertas del penal sin tener noticias de sus seres queridos, mientras militares armados con escopetas custodiaban las inmediaciones. "No nos dan ninguna información. Dicen que los jóvenes que se escaparon por salvar sus vidas van a ser trasladados y entre esos está un hermano mío", afirmó Leisi Zambrano. "Hay muchas madres que hasta la actualidad no les han dado noticias de sus hijos, de si están vivos", agregó la mujer ama de casa, de 48 años.

Ni bien supo de los enfrentamientos, Zambrano dijo haber acudido con otros familiares al penal en la madrugada y escuchaba que desde el interior "los presos pedían auxilio, que no los dejaran morir", y definió la escena como una "carnicería".

En el motín en Santo Domingo en un principio se había confirmado la muerte de 41 reclusos. Minutos después la Fiscalía volvió a actualizar la cifra a 43, y al cierre de la jornada se confirmó otra muerte. El ministro del Interior, Patricio Carrillo, informó temprano el mismo lunes que la mayoría de los cuerpos "fueron expuestos y agredidos en los pabellones y en las celdas".

La mayoría de las víctimas murió por armas blancas en sus celdas, y luego algunos presos usaron armas de fuego en su intento de fuga. Las autoridades hallaron fusiles, pistolas, cuatro granadas y municiones en el penal. En este nuevo motín, que se inició en torno a la 1.30 hora local, se fugaron de los pabellones al menos 220 presos ya sea para salvar su vida o recuperar su libertad, y hasta el momento solo han logrado ser recapturados por las fuerzas de seguridad 112.

El ministro Carrillo señaló que los responsables de este motín pertenecen a la misma organización delictiva que llevó a cabo otra masacre en la cárcel de El Turi, un mes atrás. Según las autoridades, los enfrentamientos del lunes fueron provocados por el traslado a Bellavista de unos de los líderes del denominado grupo "R7", gracias a una medida judicial. "Este tipo de traslados son los que perjudican la gobernanza de los centros carcelarios", dijo el jefe de los servicios penitenciarios, Pablo Ramírez.

El gobierno ecuatoriano decretó un estado de excepción hasta finales de junio en tres provincias del oeste (Guayas, Manabí y Esmeraldas), las más golpeadas por el tráfico de drogas, ante la violencia en las calles del país atribuida al narcotráfico.

Una crisis sistémica

Esta nueva masacre es más la más grande de este año 2022, por encima de la anterior, ocurrida un mes atrás en la cárcel de la sureña ciudad andina de Cuenca, donde murieron 20 reclusos y al menos otros 10 resultaron heridos. Ambos episodios tienen detrás a las mismas bandas rivales, según afirmó el ministro Carrillo en una rueda de prensa, con una organización llamada "Los Lobos" como la supuesta causante de estas masacres al atacar al grupo disidente que se hace llamar R7.

Antes de estos episodios el presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, presumía de que en los tres primeros meses de 2022 apenas habían fallecido ocho presos en las cárceles ecuatorianas, y que las muertes intracarcelarias se habían reducido más del 90 por ciento sobre el año anterior, cifras que saltaron por los aires con las dos últimas matanzas.

Recientemente, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitió un informe sobre la crisis carcelaria de Ecuador en el que instaba al gobierno a recuperar el control interno de las cárceles, dar condiciones dignas a los presos y elaborar una políticas de prevención del delito donde no prime el encarcelamiento.

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Prueba PCR en el albergue del estadio Indira Gandhi, en Nueva Delhi, India. Foto Afp

Ginebra. El covid-19 provocó entre 13 y casi 17 millones de muertes en el mundo de enero de 2020 a diciembre de 2021, alrededor del triple del total de los balances oficiales, estimó ayer la Organización Mundial de la Salud (OMS), al mostrar la devastación de la peor pandemia vivida en el planeta desde hace un siglo.

Nuevos datos de la OMS muestran que el balance total asociado directa o indirectamente con la pandemia en el lapso mencionado es de 14.9 millones de muertes (con un margen de variación de entre 13.3 y 16.6 millones). La recolección de datos fue irregular o incluso inexistente en algunos países, indicó la agencia Afp. La OMS consideró que seis de cada 10 muertes no son registradas a nivel mundial.

La sobremortalidad se calculó haciendo la diferencia entre el número de decesos reales en ese periodo y la cifra considerada normal sin que haya una pandemia, basándose en las estadísticas.

En el caso de México, el organismo reporta 626 mil 217 decesos. Al respecto, el gobierno de México ha informado sobre el exceso de mortalidad desde julio de 2020, afirmó Hugo López-Gatell, subsecretairo de Prevención y Promoción de la Salud, que a diciembre de 2021 reportaba 689 mil 298 muertes.

El funcionario destacó que el análisis de la OMS se realizó con la misma metodología utilizada por México, por lo que sus resultados son similares al trabajo de la Secretaría de Salud, el Instituto Nacional de Salud Pública, el Instituto Mexicano del Seguro Social y la Organización Panamericana de la Salud.

El número en el exceso de mortalidad se obtiene del registro de decesos confirmados con prueba de laboratorio y la revisión de actas de defunción. También están las pérdidas de vidas por causa de otras enfermedades no atendidas durante la emergencia sanitaria, sea por la "perturbación" que hubo en la prestación de servicios médicos o porque las personas decidieron no acudir a las unidades médicas, comentó el subsecretario de Salud.

El reporte oficial más reciente de la Ssa señala que las muertes esperadas desde el inicio de la pandemia, por diferentes causas, eran un millón 474 mil 338, y se registraron 2 millones 163 mil 636. De ahí se obtiene la cifra de 689 mil 298, que representa el exceso de mortalidad. De éstas, 70 por ciento se atribuyen al coronavirus.

En tanto, de acuerdo con el reporte semanal del 2 de mayo de 2022, suman 324 mil 334 decesos confirmados con prueba de laboratorio.

Desde el inicio de la pandemia, las cifras de los países miembros reunidas por la OMS daban un total de 5.4 millones de fallecidos por covid-19 en estos dos años, pero desde hace mucho, la agencia de la ONU advirtió que estas cifras estaban lejos de ser reales.

Del promedio de los 14.9 millones de muertos excedentes, de acuerdo con las estimaciones de la OMS, 5.99 millones están en el sudeste de Asia, 3.25 en Europa, 3.23 en América, 1.25 en África, 1.08 en el Mediterráneo oriental y 0.12 millones en el Pacífico occidental. Destacó que 84 por ciento se centraron en el sudeste en las tres primeras regiones.

India, Rusia, Indonesia y EU, con mayor mortalidad

Según las estimaciones de la OMS, 68 por ciento de este exceso de mortalidad se concentró en 10 países: India (4.7 millones), Rusia e Indonesia (más de un millón cada uno) y Estados Unidos (932 mil); siguen Brasil (681 mil 267), México (626 mil 217), Perú (289 mil 668), Turquía (264 mil 41), Egipto (251 mil 102) y Sudáfrica (238 mil 671).

"Estos números, que obligan a reflexionar, subrayan no solamente el impacto de la pandemia, sino la necesidad de todos los países de invertir en sistemas de salud más fuertes", declaró el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

Las causas indirectas pueden deberse a estructuras de salud sobrecargadas y forzadas, por ejemplo, a retardar procedimientos quirúrgicos o sesiones de quimioterapia para los enfermos de cáncer. No obstante, los confinamientos también evitaron muertes como las causadas por accidentes de tránsito.

Restringen vacuna J&J

Los reguladores estadunidenses limitaron estrictamente quién puede recibir la vacuna contra el covid-19 desarrollada por Johnson & Johnson, debido al riesgo persistente de que surjan coágulos sanguíneos raros, pero graves.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos anunció que la vacuna sólo debería ser administrada a adultos que no puedan recibir otra o soliciten específicamente la de J&J.

(Con información de Ángeles Cruz)

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La OMS y Unicef denuncian las prácticas abusivas de la comercialización de la leche artificial

Distintas organizaciones advierten de que las formas abusivas de comercialización de la leche artificial influyen negativamente en la lactancia materna.

 

En 1981, la Organización Mundial de la Salud y Unicef aprobaban el Código de comercialización de sucedáneos de leche materna para proteger a las familias y al personal sanitario de las prácticas comerciales abusivas y poco éticas de la industria de estos productos. Entre otras prohíbe la publicidad, los mensajes engañosos en cuanto a lactancia, la distribución de muestras gratuitas, las ofertas en los puntos de venta y la promoción a través de internet. Sin embargo, durante estas cuatro décadas se ha incumplido sistemáticamente el Código en la mayoría de países. De hecho, en la última década internet y las redes sociales han sido un escaparate de esta constante vulneración a través de influencers con un elevado poder prescriptor. Una vulneración que trata de influir en las decisiones de las madres y que tiene una repercusión en su salud y en la de los niños y niñas, como denuncia el informe Cómo influye la mercadotecnia de los sucedáneos de la leche materna en nuestras decisiones sobre la alimentación infantil, elaborado por la OMS y Unicef. Según el documento, más de la mitad de las embarazadas afirman haber recibido publicidad de leche artificial de una industria que obtiene 55.000 millones de dólares en ventas al año.

Este primer estudio se ha realizado en ocho países (Bangladesh, Marruecos, México, Nigeria, Reino Unido, Sudáfrica y Vietnam y China), pero los resultados apuntan a una tendencia mundial. “El estudio ha incluido países que representan una variedad de niveles de desarrollo y nivel socioeconómico, organización de sistemas de salud y mecanismos de regulación, así como diversidad de culturas. Los resultados muestran que las practicas poco éticas de la comercialización de la leche de fórmula están presentes en todos los países del estudio. El estudio no busca generalizar, pero sería razonable pensar qué situaciones similares existen en otros países”, explica a El País Leendert Nederveen, jefe de la Unidad Factores de Riesgo y Nutrición de la Organización Panamericana de la Salud de la OMS. Además, según Nederveen, todos los países que han llevado a cabo evaluaciones periódicas del cumplimiento del Código usando la herramienta NetCode han encontrado violaciones masivas. 

Un producto rentable

Nada más revelador que tener hijos para ser conscientes de nuestra fragilidad. La vulnerabilidad y el miedo caen sobre las madres y los padres recientes como una lluvia torrencial. Recuerda Paula Lalaguna, pediatra del Hospital de Barbastro y coordinadora nacional de la IHAN, que las empresas que fabrican leches artificiales son grandes multinacionales que tienen su mercado a nivel mundial, y que las madres y las familias son sus compradores potenciales, por lo tanto lanzan sus estrategias publicitarias en todos los países del mundo y les resultan muy eficaces para captar nuevos clientes, prueba de ello es el crecimiento exponencial de sus ventas como recoge el informe.

Entre las estrategias que se sostienen en la vulnerabilidad de esta etapa se sitúan que “la sociedad actual ha perdido la cultura de la lactancia. Las madres no cuentan con soporte familiar, ni social, para el amamantamiento y la crianza, además, en muchas ocasiones los profesionales que les atienden, no tienen formación sobre lactancia ni sensibilidad hacia el cumplimiento del Código de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna. En esta situación, las madres se sienten vulnerables e inseguras. La crianza y la lactancia no se ajustan a las expectativas que la sociedad les impone y eso se ve reforzado por la publicidad de las leches artificiales donde todo son facilidades con la promesa de que sus hijos crecerán felices, sanos y bien nutridos sin problemas ni dificultades”, señala Lalaguna. 

Lo mismo indica Anaís Ferrández Rodríguez, presidenta de la Federación Española de la Asociaciones pro Lactancia Materna (FEDALMA), para quien está claro que el marketing busca posicionar este producto por encima del resto ante un público objetivo casualmente muy sensible por distintas circunstancias: los padres y madres de un bebé que en ocasiones son primerizos, con las inseguridades que ello conlleva. Precisamente son las asociaciones y agrupaciones de lactancia las que tratan de dotar de seguridad a las familias. Lo hacen a través de campañas informativas y a través de documentación, vídeos, estudios y testimonios, pero también con el acompañamiento “madre a madre” y con la formación de sanitarios y personas que acompañan a familias. “No podemos suplir la valiosa transmisión que antiguamente hacían nuestras madres, tías, vecinas, abuelas de la práctica de la lactancia, y que lamentablemente se ha perdido, pero al menos estamos acompañadas en estos momentos por madres expertas o profesionalizadas”, dice la presidenta de FEDALMA. 

Según los datos de la OMS y Unicef, la leche artificial reporta 55.000 millones de dólares en ventas. Otro asunto es el de la inversión que se hace para promover la lactancia materna frente al dinero que invierte la industria en la promoción de leche artificial. “Realmente es frustrante. Desde la federación no tenemos presupuesto para renovar la formación en lactancia anual, mientras que las empresas que fabrican sucedáneos de la leche materna, que afectan a la nutrición infantil y violan compromisos internacionales, invierten millones en promover sus productos. Necesitamos más apoyos del sector empresarial y la administración pública si tenemos que formar e informar sobre la lactancia materna”, lamenta Anaís Ferrández. 

La necesidad de un mayor compromiso

Para apoyar a las madres a tomar una decisión informada, Paula Lalaguna cree que es importante cambiar el discurso y no seguir demostrando los beneficios de la leche materna, ya de sobra conocidos, sino hacer énfasis en los riesgos de no amamantar. “La leche artificial conlleva riesgos económicos, ecológicos, afectivos y en salud de las madres y de los niños. Hay que hacer hincapié en esto”. Admite también que queda mucho trabajo por hacer en otros aspectos más allá del informativo. Por ejemplo, entre los profesionales sanitarios: “La difusión y formación sobre el Código de Comercialización de Sucedáneos de la leche materna es uno de nuestros grandes retos. Los profesionales tienen un papel fundamental a la hora de lanzar mensajes firmes de protección y promoción de la lactancia y de proteger a las madres de la publicidad. Sin embargo muy pocos son conocedores y conscientes de la importancia de cumplir el Código y del conflicto de intereses que supone recibir financiación para su formación por parte de casas comerciales de leches artificiales o repartir muestras de leche gratuitas en las consultas. Estas son prácticas habituales, totalmente normalizadas, en nuestros centros de salud y hospitales sobre las que no existe ningún tipo de sanción”. La IHAN garantiza que en los centros acreditados, el Código se cumple y en los que están en alguna de las fases de acreditación se trabaja para lograrlo. “Poco a poco la situación va mejorando, pero es imprescindible un compromiso político y una legislación contundente como promueve la OMS para que la situación cambie”. 

Y es que, muchas veces genera frustración querer pero no poder; bien, por no tener apoyo real (ni en los centros de salud, ni en el propio hospital, ni en el entorno familiar…), bien por encontrarse desprotegidas sin políticas que lo apoyen. ¿Qué supone promover la lactancia si no se acompaña de medidas valientes? Responde Lalaguna que la promoción de la lactancia supone mucho trabajo de colectivos comprometidos, profesionales y grupos de madres que poco a poco y trabajando contracorriente van consiguiendo que la situación mejore. Pero todo este trabajo consigue cambios pequeños y lentos, por lo que considera que “es absolutamente necesario el compromiso de los gobiernos, la adopción de políticas de protección de la lactancia y de cumplimiento del código y la inversión en estrategias de promoción”.  

Leendert Nederveen recuerda que para hacer frente a la comercialización poco ética de la leche de fórmula, la OMS, Unicef y sus socios hacen un llamado a los gobiernos, los trabajadores de la salud y la industria de alimentos para bebés para que implementen y cumplan plenamente los requisitos del Código: “El reporte recomienda aprobar, monitorear y hacer cumplir leyes para prevenir la promoción de la leche de fórmula. Esto incluye: hacer a las empresas responsables por sus prácticas; invertir en políticas y programas para apoyar la lactancia materna; lograr que la industria se comprometa públicamente con el pleno cumplimiento del Código; y rechazar la influencia comercial de la industria de fórmulas a profesionales de la salud, entre otros. La forma en que estas recomendaciones se aplican en cada país son decisiones que compete a cada gobierno”. Un reto enorme que exige un cambio de mirada hacia la maternidad y la infancia.

Las familias tienen un poder limitado

El informe lanzado por la OMS y Unicef encuentra que la comercialización de la leche de fórmula, no el producto en sí mismo, interrumpe la toma de decisiones informada y socava la lactancia materna y la salud infantil. ¿Qué podrían hacer las familias para protegerse de ello ante el desamparo institucional que se sufre en muchos países sin unas políticas de promoción y protección real de la lactancia? Según Leendert Nederveen los padres tienen un poder limitado para responder a estas tácticas de marketing poco éticas y generalizadas. “Los padres pueden rechazar obsequios como cupones gratuitos para obtener leche de fórmula, biberones gratuitos, o muestras gratuitas de leche en fórmula de la industria, familiares, o amigos. Esto es difícil de cumplir si el acceso a información confiable sobre la lactancia materna es limitado, y las medidas para proteger los derechos de los padres no están completamente implementadas”.

Paula Lalaguna también cree que es difícil escapar a esta publicidad, pero estima que la clave es poder manejar estos mensajes de forma crítica, buscar recursos fiables para poder tomar la decisión informada sobre como alimentar a sus bebés, conociendo los riesgos de no amamantar. “Para poder disfrutar de su lactancia y abordarla con seguridad en sí mismas y en su capacidad para amamantar es fundamental buscar instituciones que ofrezcan información y apoyo, talleres de lactancia, grupos de apoyo donde reforzarán sus deseos. En estos espacios les apoyarán en sus decisiones y les ayudarán en las dificultades”.

Anaís Ferrández sugiere a las madres que durante el embarazo lean lo que puedan sobre la lactancia materna para valorar qué desean hacer realmente y, si tienen oportunidad, participar en los talleres y reuniones que se organizan desde los grupos de apoyo. “El hecho de ir y conocer a otras madres, poder preguntarles dudas, participar en los talleres, puede ser una forma de escapar de este marketing salvaje”. 

Por Diana Oliver

2 may 2022

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La crisis de valores de la psiquiatría mundial: Entrevista a Dainius Pūras

[El doctor Dainius Pūras, psiquiatra lituano y defensor de los derechos humanos, fue relator especial de las Naciones Unidas sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud de 2014 a 2020. En esta entrevista de “Conversaciones en psiquiatría crítica”, en Psychiatric Times, plantea la necesidad de un cambio en el statu quo de la atención a la salud mental. Como defensor de los derechos humanos, el doctor Pūras lleva más de 30 años haciendo campaña para reformar las políticas y los servicios de salud pública para las personas con enfermedades mentales, discapacidades y otros grupos vulnerables. Antes de ser relator especial de la ONU, fue miembro del Comité de los Derechos del Niño de la ONU de 2007 a 2011. Ha actuado como experto independiente y consultor de numerosos gobiernos, ONG y organismos de la ONU en relación con la promoción de los derechos humanos en los servicios de salud mental y física. Sus informes a la ONU como relator especial han criticado la excesiva dependencia sistémica de los enfoques biomédicos y las prácticas coercitivas en la psiquiatría en todo el mundo, abogando por un énfasis muy necesario en los enfoques basados en la salud pública y los derechos humanos.]

Awais Aftab: Háblenos un poco de la función del relator especial de la ONU y de lo que esperaba conseguir cuando aceptó este papel. Para los psiquiatras que puedan no estar familiarizados con sus informes de la ONU, ¿puede resumir cuál fue su principal mensaje para la comunidad psiquiátrica?

Dainius Pūras: La ONU tiene un mecanismo único de procedimientos especiales. El Consejo de Derechos Humanos de la ONU nombra relatores especiales sobre diferentes cuestiones relacionadas con los derechos humanos. Son expertos independientes. Trabajan gratuitamente, y la idea principal es que los relatores especiales, aunque tengan el mandato de la ONU, son independientes tanto de la ONU como de los Estados miembros (gobiernos). A través de sus informes y otros métodos de trabajo, los relatores especiales informan a la ONU, a los Estados miembros y a otras partes interesadas sobre las oportunidades, los retos y los obstáculos en el camino hacia la plena realización de los derechos humanos. Los relatores especiales también pueden hacer públicas las violaciones de los derechos humanos en un determinado país o, por ejemplo, los fallos sistémicos en el ámbito de las leyes y las políticas que conducen a violaciones de los derechos humanos.

De 2014 a 2020, tuve un mandato que se considera uno de los más amplios: el derecho a la salud física y mental. La salud mental fue mi prioridad, aunque también trabajé en diferentes temas relacionados con el derecho a la salud en general. En realidad, creo que esta separación de la salud física y mental ha allanado el camino a la discriminación y la estigmatización. Uno de mis objetivos era abordar la disparidad histórica y contribuir a la paridad de la salud mental y la salud física.

Mi principal mensaje a las partes interesadas (en primer lugar, a los Estados miembros) fue que el statu quo en las políticas y servicios de salud mental ya no es aceptable, y que ya es hora de abandonar las leyes y prácticas discriminatorias. En otras palabras, ha llegado el momento de un nuevo cambio de paradigma en este campo.

A.: ¿Cómo ha evolucionado su propio pensamiento en el transcurso de los últimos seis años como relator especial de la ONU? ¿Ha habido algún cambio en su perspectiva?

P.: Han sido años difíciles, inspiradores y gratificantes. El derecho a la salud mental era mi prioridad, y todo el mundo, incluidos los funcionarios de alto nivel de la ONU, apoyaba la idea de que había llegado el momento de sacar la salud mental de la sombra. Recuerdo mi reunión con el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, en octubre de 2018 en su despacho de Nueva York. Yo era entonces el presidente del Comité de Coordinación de los Procedimientos Especiales (unos 80 expertos independientes pertenecen a este mecanismo). Estábamos hablando de la situación mundial en materia de derechos humanos y el secretario general me pidió, entre otras cosas, que hiciera todo lo posible por la salud mental, señalando su apoyo a la causa.

Mi mandato era elevar la salud mental al nivel más alto posible de importancia, y hacer que pasara de los márgenes al centro de las políticas nacionales, regionales y mundiales. Con los esfuerzos concertados de muchos aliados, creo que pudimos tener un impacto global. Al principio, me preocupaba que hacer de la salud mental una prioridad se entendiera como el deseo egocéntrico de un profesional de la salud mental de impulsar su propio campo, e incluso podría haberse visto como un mal uso del mandato. En cambio, en Ginebra, en Nueva York y en muchas capitales se me pidió que siguiera con esta prioridad y que hiciera más. Mi percepción es que la salud mental se está convirtiendo por fin en una de las prioridades mundiales de la ONU, y este éxito es el resultado de los esfuerzos concertados de muchas personas y organizaciones.

Otra parte de mi plan, desde el principio, fue navegar por el amplio espectro de puntos de vista de la salud mental en todo el mundo, incluidos los desacuerdos obvios, y averiguar cómo avanzar. Especialmente si –y cuando– la salud mental recibe más recursos financieros, ¿cuál es la mejor manera de utilizar estos recursos? ¿Debemos apoyar el statu quo o intentar hacer las cosas de forma diferente? Tengo mucha experiencia regional y mi sueño durante muchos años ha sido que la subregión de Europa Central y Oriental, así como muchos países del sur global, se pongan al nivel de la calidad de los servicios de los países occidentales, o lo que ahora se llama el norte global.

Aunque sigo siendo crítico con los efectos de los regímenes totalitarios y autoritarios en la salud mental y en el bienestar de la sociedad, y estoy convencido de que la democracia es una necesidad para promover una buena salud mental, también me he vuelto más crítico con la situación en el norte global, donde el derecho a la salud mental no siempre se cumple. También me he vuelto crítico con los mensajes sobre salud mental global que se formulan y envían a la comunidad mundial desde los centros académicos del norte global. El cambio global hacia la adopción de un enfoque basado en los derechos humanos está siendo bloqueado principalmente por los centros de poder del norte global.

El cambio global hacia un enfoque basado en los derechos humanos está siendo bloqueado principalmente por los centros de poder del norte global 

Estos centros académicos tienden a apoyar el statu quo e ignoran sus efectos negativos cada vez más evidentes en muchas partes del mundo. Sostienen y apoyan la opinión de que la sombría situación en el campo de la salud mental y los derechos humanos puede mejorarse simplemente apoyando los sistemas y modelos actuales con más recursos. Los mismos mensajes provienen de las asociaciones psiquiátricas mundiales, regionales y nacionales. Estos mensajes se utilizan de forma creativa y se malinterpretan en muchas partes del mundo, pero en general suenan así: sí, hay problemas, pero primero tenemos que abordar la brecha de tratamiento con más recursos financieros para la salud mental. En otras palabras, los enfoques basados en los derechos humanos no se toman en serio, y se permiten excepciones que pasan por encima de los principios básicos de los derechos humanos, incluido el del consentimiento informado. Estas excepciones se convierten en la norma en muchas partes del mundo. De hecho, convierten los servicios de salud mental en entornos en los que se violan los derechos humanos de forma rutinaria. De ahí que el campo de la salud mental mundial siga siendo rehén de un legado de leyes y prácticas discriminatorias. Este triste hecho ha sido reconocido como una preocupación muy seria en tres resoluciones del Consejo de Derechos Humanos de la ONU (2016, 2017, 2020) sobre salud mental y derechos humanos.

Mis informes al Consejo de Derechos Humanos de la ONU (también algunos informes a la Asamblea General de la ONU) han advertido a los Estados miembros de la ONU y a otras partes interesadas de que todo el campo de la salud mental mundial debe liberarse de los obstáculos que refuerzan el círculo vicioso de la discriminación, la estigmatización, la institucionalización, la coerción, la sobremedicalización y el desamparo. El problema no es tanto la carga global de los trastornos mentales (que es otro mensaje que refuerza la excesiva medicalización). Más bien, el problema radica en los obstáculos que impiden la realización de los derechos en materia de salud mental. Estos son los obstáculos más graves que hay que abordar: las asimetrías de poder, el uso excesivo del modelo biomédico y las intervenciones biomédicas, y el uso sesgado del conocimiento y la evidencia. Esto no lo he descubierto yo, ni mucho menos. Me limité a recopilar estas crecientes preocupaciones en mis informes y a informar a las partes interesadas, instándolas a abordar estas situaciones inaceptables y a actuar en consecuencia.

A.: Usted tiene experiencia de haber vivido y trabajado como psiquiatra en la Unión Soviética. ¿Cuáles son sus observaciones sobre cómo las trayectorias de la psiquiatría como profesión médica han sido influidas por el comunismo y el capitalismo en Oriente y Occidente, respectivamente?

P.: Para tratar de resumir una larga historia, en Occidente el colonialismo y el capitalismo condujeron a un aumento de las desigualdades y la pobreza. Esta violación sistémica de los derechos económicos y sociales ha tenido un impacto negativo y generalizado en la salud mental y el bienestar, llevando a la medicalización y criminalización de los problemas sociales. Al otro lado del muro, el socialismo de estilo soviético se convirtió en un sistema totalitario, con intentos de igualar a los individuos por la fuerza a costa de los derechos políticos y civiles, destruyendo cualquier espacio para la sociedad civil y la iniciativa privada. Ese tipo de experimento social tuvo un impacto muy perjudicial en la salud mental del individuo y de la sociedad, con efectos duraderos. Incluso después de las revoluciones pacíficas y la llegada de la democracia a Europa Central y Oriental (ECE), esta región con 400 millones de individuos sigue sufriendo. La región tiene tasas muy elevadas de suicidio y otras formas externas de muertes prematuras, que pueden explicarse como reacciones al estrés social prolongado y como consecuencia de la falta de control de la población sobre su propia vida y salud bajo el régimen totalitario. La atención soviética a la salud mental era extremadamente reduccionista y utilizaba brutalmente la psiquiatría biológica, sin apenas intervenciones psicosociales eficaces.

Pero, ¿qué ocurrió cuando se derrumbó el muro y se abrieron finalmente las fronteras? Aunque muchos de nosotros en el Este esperábamos que el desarrollo de la salud pública y las intervenciones psicosociales contaran ahora con el apoyo de los socios occidentales, las cosas se desarrollaron de manera muy diferente. Muchos consultores, entre ellos famosos psiquiatras occidentales, vinieron e informaron a los políticos y psiquiatras de esta región, a menudo con el apoyo de la industria farmacéutica, de que la única forma eficaz de hacer frente a las epidemias de suicidio y otros problemas relacionados con la salud mental era invertir en medicamentos psicotrópicos. Esto coincidió con un cambio de paradigma en la psiquiatría occidental, el paso del psicoanálisis a la era del Prozac. Lamentablemente, esto dio lugar a una segunda ola masiva de medicalización de la atención a la salud mental en la región de Europa Central y del Este.

Incluso después de 30 años, los efectos de este error sistémico están presentes. Los sistemas de salud mental de esta región siguen sufriendo la institucionalización, la exclusión social y la sobremedicalización. Las reformas suelen estar bloqueadas por la idea predominante de que la atención a la salud mental consiste en arreglar las enfermedades mentales con intervenciones biomédicas. Esto es lo que ocurre cuando intentamos utilizar la química del cerebro para gestionar sociedades que atraviesan transiciones difíciles y complicadas.

Lituania, el país en el que vivo y trabajo, no es el único. En la región de la UE, muchos países tienen legados y escenarios similares. Lamentablemente, en muchos casos la psiquiatría académica se ha vuelto demasiado dependiente del statu quo y es reacia a transformar los servicios de salud mental. Las organizaciones de la sociedad civil han sido los verdaderos líderes.

Desde 2018 trabajo como director del Instituto de Vigilancia de los Derechos Humanos (HRMI), una de las organizaciones de la sociedad civil de derechos humanos de Lituania, que exige a las autoridades que respeten, protejan y cumplan sus obligaciones en materia de derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales. Las regiones de Europa Central y Oriental y Asia Central tienen una historia única y la realización de los derechos de salud mental aquí forma parte de la transición más amplia a la democracia. El legado del autoritarismo persiste en nuestras instituciones democráticas y es quizás más visible en nuestros sistemas de salud mental, que se basan en la exclusión y la institucionalización, siendo la biomedicalización reduccionista una solución común, pero ineficaz. En mi anterior función como relator especial de la ONU y en mi actual trabajo con la HRMI, me complace fortalecer la red de expertos y organizaciones que están dispuestos a abandonar el legado de la discriminación y avanzar hacia la plena aceptación de la atención a la salud mental como un derecho humano.

A.: Su informe de 2017 para el Consejo de Derechos Humanos de la ONU[1] provocó un debate bastante animado en revistas académicas como el Australian & New Zealand Journal of Psychiatry, donde se le acusó de tener un sesgo antipsiquiátrico[2]. Defendiendo esta caracterización, uno de los comentarios de Dharmawardene y Menkes fue el siguiente: “La medicina científica progresa en el contexto de un debate sólido, y las críticas legítimas a la psiquiatría son bienvenidas; la ciencia se basa en la evidencia y en la evolución de su utilidad... Por el contrario, la antipsiquiatría desacredita el papel de la biomedicina en la salud mental como una cuestión de principios y, al hacerlo, privilegia la política basada en valores sobre la evidencia científica”[3].

No creo que tenga mucho valor debatir las acusaciones de antipsiquiatría. Me temo que algunos de nuestros colegas tienen el gatillo fácil cuando se trata de hacer tales acusaciones. Sin embargo, ¿qué opina de la relación entre la política basada en valores y la evidencia científica? ¿Cree que una tiene un papel más privilegiado que la otra?

P.: El rasgo más preocupante de la psiquiatría es que su liderazgo, bajo la influencia de los partidarios de la línea dura, tiende a etiquetar como antipsiquiatras a los expertos que denuncian y abordan críticamente el statu quo. Por muchos capítulos dolorosos de la historia de la psiquiatría y la medicina, sabemos lo que ocurre con los descubrimientos en biomedicina cuando están desconectados de los valores y socavan los derechos humanos. Pueden llegar a ser peligrosos y dañinos. Y si los psiquiatras influyentes siguen repitiendo que los valores no son una prioridad en la atención de salud mental, no debería sorprendernos que la salud mental global y la psiquiatría global se enfrenten a una crisis que en gran medida es una crisis moral, o una crisis de valores.

Los avances de la medicina, incluida la psiquiatría, se basan en dos conceptos modernos. Estos conceptos son, en mi opinión, lo mejor que ha conseguido la humanidad. El primero es la medicina basada en la evidencia, y se trata de apoyarse en el método científico. Solo para aclarar, esa evidencia proviene de muchas ciencias, incluyendo las ciencias sociales. Muchas de las ciencias sociales nos dicen que el statu quo de la salud mental mundial no se basa necesariamente en la evidencia. Por ejemplo, el uso de medidas involuntarias para tratar cuestiones de peligrosidad y de necesidad médica: la evidencia dice que estas medidas pueden hacer más daño que bien.

El segundo concepto poderoso es el del enfoque basado en los derechos humanos. El enfoque de los derechos humanos protege a la medicina, incluida la psiquiatría, de hacer daño. No debemos olvidar muchos episodios tristes en la historia de la psiquiatría, y a menudo se produjeron porque se socavaron los valores en nombre de evidencias dudosas o arbitrarias. El enfoque de los derechos humanos y el científico se complementan. Pero las evidencias, como sabemos por la historia de la psiquiatría, pueden ser frágiles y tendenciosas, o producidas de forma deshonesta, y cuestionadas posteriormente. Y por eso los derechos humanos sirven como una poderosa barrera de protección.

El futuro moral y científico de la psiquiatría depende de que se tomen los valores tan en serio como las pruebas científicas

No es una coincidencia, creo, que la psiquiatría sea más sensible a los derechos humanos en algunos países que en otros. Pondré el ejemplo de Alemania. El diálogo más maduro que mantuve como relator especial sobre salud mental y derechos humanos fue con los líderes de la psiquiatría alemana. Ellos iniciaron una reunión conmigo durante el Congreso Mundial de Psiquiatría en Berlín, 2018, y luego organizaron una reunión muy importante en Berlín en 2019, invitando a la presidenta de la Asociación Europea de Psiquiatría (EPA), Silvana Galderisi, PhD, MD, y a mí como ponentes. (Es relevante aquí señalar que la respuesta de la EPA a mi informe de 2017 fue muy crítica). A esta reunión asistió un gran grupo de figuras importantes de la psiquiatría alemana. Fue bueno ver un deseo genuino de avanzar hacia una reducción radical de la coerción y un deseo de comprender la gravedad de las preocupaciones que estaba planteando sobre la violación de los derechos humanos en la psiquiatría en todo el mundo. En muchos otros países, sus líderes evitan las duras discusiones sobre salud mental y derechos humanos. Sospecho que los psiquiatras de Alemania son más conscientes de su historia y de lo que puede ocurrir cuando las pruebas supuestamente científicas se desconectan de los valores.

Para concluir, estoy convencido de que el futuro moral y científico de la psiquiatría depende de que se tomen los valores tan en serio como las pruebas científicas, y este futuro puede ser bastante brillante si se adoptan plenamente los derechos humanos.

A.: Usted considera que la eliminación de todo confinamiento y tratamiento psiquiátrico forzado es el ideal al que deberíamos aspirar. Tengo curiosidad por conocer su opinión sobre el tratamiento y el confinamiento involuntarios de personas con enfermedades neuropsiquiátricas en las que la capacidad de decisión se ha visto afectada; por ejemplo, el delirio y la demencia. Me resulta difícil ver cómo podemos mantener éticamente el objetivo de eliminar el tratamiento coercitivo en su totalidad cuando se trata de estas situaciones, a menos que quizás redefinamos coercitivo e involuntario para excluir las situaciones en las que hay un sustituto que toma decisiones. Pero si reconocemos la incapacidad de decisión como una justificación ética para condiciones como la demencia, entonces, ¿qué es diferente de la incapacidad de decisión como una justificación ética para el tratamiento involuntario en varios trastornos psicóticos?

P.: Esta cuestión forma parte de un difícil debate que debemos mantener como profesión y que contribuye a la situación de impasse. Reconozco los serios argumentos de los profesionales que advierten de la prohibición del tratamiento forzoso. Insisten en mantener el permiso legal para tratar a personas con enfermedades mentales graves de forma involuntaria en circunstancias excepcionales, de manera que se preserve la dignidad y la autonomía. Sin embargo, estas buenas intenciones están fallando.

En mis informes, y en algunas otras publicaciones (como este artículo de 2019 para World Psychiatry[4]), comparto las preocupaciones de expertos en diversos campos, como la filosofía, la neurociencia, la psicología y la economía, que cuestionan cada vez más los fundamentos de las excepciones que legitiman la coacción en la atención a la salud mental. La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD) ha elevado este desafío al nivel del derecho internacional de los derechos humanos. De hecho, la CDPD pone en tela de juicio siglos de prejuicios legalmente sancionados. Sin embargo, sigue habiendo excepciones a nivel nacional en la legislación, la política y la práctica. Estas excepciones influyen en la norma, fomentando las asimetrías de poder, el uso excesivo de intervenciones biomédicas y el desempoderamiento de una población ya marginada. De ello se derivan violaciones sistémicas.

Para los psiquiatras y todas las profesiones sanitarias, un giro hacia los derechos humanos requeriría dejar de lado la toma de decisiones sustitutiva y ofrecer apoyo según la voluntad y las preferencias del individuo y, cuando no se conozcan, la mejor interpretación de su voluntad, sus preferencias y sus derechos.

Las prácticas coercitivas están tan extendidas que parecen inevitables, pero sugiero que demos la vuelta a nuestra forma de pensar y actuar. Asumamos que cada caso de uso de medidas no consensuadas es un signo de fracaso sistémico, y que nuestro objetivo común es liberar la atención sanitaria mental global de las prácticas coercitivas. Deberíamos buscar, con esfuerzos concertados, formas creativas de sustituir la toma de decisiones por el apoyo según la voluntad y las preferencias del individuo. Y esto se aplica a todos los individuos con psicosis. Si no avanzamos en esta dirección, los argumentos para la coerción seguirán siendo utilizados, y mal utilizados.

Entiendo que esta sugerencia puede sonar ingenua y poco realista para los psiquiatras pragmáticos. Pero si echamos un vistazo a la historia de la salud mental, ha habido muchos casos de cambios de paradigma. Comprendo que no es un camino fácil, pero tenemos que intentarlo, porque la otra perspectiva –mantener y reforzar el statu quo– ya no es una opción, dados los fracasos del statu quo.

Hay algunas señales prometedoras entre los líderes de la psiquiatría; por ejemplo, la declaración de posición de la Asociación Mundial de Psiquiatría sobre la necesidad de reducir la coerción en la atención de salud mental[5]. Sigo convencido de que la psiquiatría tiene un buen futuro si se une a otros actores importantes en el cambio hacia servicios de salud mental basados en los derechos y orientados a la recuperación.

A.: Usted ha criticado la división arbitraria de la salud física y mental y el consiguiente aislamiento y abandono de la salud mental, algo con lo que estoy muy de acuerdo. ¿Puede explicar con más detalle cómo su enfoque de la salud mental encaja con el rechazo a la división entre salud física y mental? Esto es crucial, porque tal distinción es a menudo mantenida de forma tajante por muchos en la comunidad crítica, que sostienen que la salud y la enfermedad son cuestiones aplicables solo al cuerpo físico y abogan por la completa desmedicalización del malestar, el deterioro y la discapacidad mentales.

Creo que no solo la salud mental, sino también la salud física deben ser razonablemente desmedicalizadas  

P.: Creo que no solo la salud mental, sino también la salud física deben ser razonablemente desmedicalizadas. La excesiva biomedicalización, con algunas tendencias hacia la nueva eugenesia, está amenazando a todo el sector sanitario y a los sistemas de salud. La psiquiatría y la salud mental están en una buena posición para recordar al resto del mundo médico que la medicina es en realidad una ciencia social, un sentimiento expresado relevantemente por el doctor Rudolf Virchow. Muchas personas en todo el mundo sufren la falta de servicios sanitarios esenciales que necesitan desesperadamente, pero la otra cara de la moneda es que muchas intervenciones diagnósticas y terapéuticas son excesivas y derrochadoras. He apoyado y promovido la iniciativa Elegir sabiamente (choosing wisely), una iniciativa de médicos de muchas partes del mundo que educa al público para que no abuse de la medicina y los servicios sanitarios.

Uno de mis informes a la Asamblea General de la ONU (en 2019) trataba sobre la educación médica. Lamentablemente, en muchas facultades de medicina, los futuros médicos se forman con demasiada frecuencia en torres de marfil. Esto no es una buena inversión para el futuro de la salud pública. Los derechos humanos en la atención al paciente, o la importancia de los determinantes sociales de la salud, no se priorizan en la educación médica. Volviendo a la salud mental, durante las últimas décadas el principal mensaje que han recibido los futuros médicos es que las afecciones de salud mental tienen que ver principalmente con anomalías biogenéticas o bioquímicas en el cerebro y que, por tanto, dichas afecciones deben tratarse predominantemente con intervenciones biomédicas. Mi deber era informar a los interesados de que este pensamiento simplificado y reduccionista no funciona.

Me preocupa cuando hablo con jóvenes psiquiatras. El marco de los derechos humanos les es desconocido o es un obstáculo para su sueño de curar los trastornos mentales, o para impedir los descubrimientos de la genética moderna. La psiquiatría académica debería replantearse qué tipo de conocimientos reciben los futuros médicos. Aunque el doctor Arthur Kleinman dio la voz de alarma sobre la necesidad urgente de cambios en la psiquiatría académica hace casi una década, las cosas no han cambiado mucho hasta ahora[6].

A.: Su asombro y admiración por el movimiento de usuarios de servicios es evidente en sus informes. En un punto de su informe de 2017, usted escribe: “Lo más importante ha sido los esfuerzos organizados de la sociedad civil, en particular los movimientos liderados por los usuarios y exusuarios de los servicios de salud mental y las organizaciones de personas con discapacidad, para llamar la atención sobre los fracasos de los servicios tradicionales de salud mental para satisfacer sus necesidades y garantizar sus derechos. Han puesto en tela de juicio las causas de las violaciones de los derechos humanos, han desarrollado tratamientos alternativos y han reconstruido una nueva narrativa para la salud mental”[7]. El auge de los movimientos de personas usuarias de los servicios es uno de los acontecimientos más significativos de las últimas décadas, y probablemente uno de los que más potencial tiene para la reforma a largo plazo. ¿Quiere explicar por qué es así?

P.: Efectivamente, el auge de los movimientos de personas usuarias y exusuarias de los servicios de salud mental es uno de los signos más impresionantes y prometedores de cambio en la salud mental mundial. Yo compararía su activismo con el de los activistas que luchaban y siguen luchando por los derechos de las mujeres o por los derechos de las personas de color. Las personas con discapacidades psicosociales son discriminadas en todo el mundo, y son discriminadas dentro y fuera de los servicios de salud mental. Creo que ha llegado el momento de acabar con esta discriminación y de apoyar a este grupo que ha sido oprimido durante tantos años y de tantas formas brutales. En gran medida, siguen siendo discriminados dentro de los sistemas de salud mental, porque tanto las leyes como las prácticas han creado enormes asimetrías de poder entre proveedores y usuarios de los servicios. Lo que se suele llamar el radicalismo del movimiento es que insisten en acabar con este legado de discriminación. La psiquiatría aún no ha abordado seriamente esta petición. Como ha sucedido en el resto de la medicina, la psiquiatría debería aceptar que ha llegado el momento de la asociación y las relaciones de colaboración entre dos grupos de expertos: los profesionales y los expertos por su experiencia vivida. Esta asociación debería reemplazar la anticuada visión paternalista de que el psiquiatra es el experto que sabe lo que es mejor para el paciente. Pero en muchos países, los grupos de usuarios y exusuarios de los servicios de salud mental o no existen, o son débiles y están controlados por los psiquiatras y las empresas farmacéuticas. Esto significa que el movimiento de usuarios y exusuarios de los servicios de salud mental todavía necesita tiempo para convertirse en un movimiento fuerte e independiente.

Los testimonios más impresionantes y dolorosos fueron los que escuché de mujeres, y a menudo tenían historias muy similares

Una cosa que quiero decir –y esto puede explicar mejor por qué los mensajes que formulé mientras ejercía el mandato de la ONU recibieron el apoyo de muchos usuarios y exusuarios de servicios– es que durante mis viajes conocí a personas que usan o han usado los servicios de salud mental y que compartieron su experiencia personal. Los testimonios más impresionantes y dolorosos fueron los que escuché de mujeres, y a menudo tenían historias muy similares, a pesar de ser de regiones muy diferentes. Por lo general, la historia es que la mujer es llevada por sus familiares a ver a un especialista debido a alguna condición de salud mental, y en algún momento comienza a darse cuenta de que está sola entre extraños y comienza a insistir en volver a casa. Pero entonces le dicen que se ha tomado la decisión de que necesita un tratamiento hospitalario para su problema de salud mental. Y entonces, tras sus desesperados intentos de disentir, la someten a medidas involuntarias. Al ser sometida a medidas de contención, se siente igual que cuando fue violada hace uno, cinco o diez años. Y entonces algunas de estas mujeres me imploraban, por favor, “diga a los psiquiatras y al resto del personal de los centros psiquiátricos que dejen de hacer esto”.

Y así, muy a menudo, durante numerosas reuniones con representantes de la psiquiatría, compartía esta historia. Las reacciones eran diferentes. Algunos se lo tomaban en serio. Pero la reacción de muchos profesionales, incluidos los psiquiatras académicos, fue que no debemos tomar en serio lo que dicen los pacientes psiquiátricos, y que las intenciones de las medidas involuntarias son siempre buenas, por lo que es un error ver paralelismos entre ellas y la violación. Si tal voluntad de descartar los sentimientos y testimonios está extendida, no puedo evitar pensar que la psiquiatría está realmente en una grave crisis.

De todos modos, el problema de la rendición de cuentas en la salud mental y la psiquiatría mundial sigue siendo muy grave. Si existe un acuerdo, incluso a nivel de las resoluciones del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, de que las violaciones de los derechos humanos siguen siendo generalizadas en los sistemas de salud mental, ¿quién debe rendir cuentas? La rendición de cuentas por los daños graves es importante, pero yo optaría por un cambio estructural. El cambio estructural garantizará que los días de discriminación y de abusos de los derechos humanos han terminado, y que los daños no se repetirán.

A.: Dado que usted es una figura bien considerada en la comunidad de usuarias de servicios, ¿qué consejo les daría respecto a cómo pueden seguir haciendo el buen trabajo que están haciendo sin perder la credibilidad científica?

P.: Las personas usuarias de los servicios que han sufrido coacciones y actitudes irrespetuosas pierden la esperanza, y pierden los nervios, cuando observan que la psiquiatría no está dispuesta a reflexionar seriamente y abordar los fallos del statu quo. Pero algunos representantes de las usuarias y exusuarias de los servicios de salud mental tienden a demonizar a la psiquiatría y a los psiquiatras. No estoy de acuerdo con eso. Si se demoniza al oponente, y si se insiste en llamar a los psiquiatras criminales que deberían ser llevados ante la justicia, entonces se pierde toda oportunidad de entablar un diálogo. No es de extrañar que los líderes de la psiquiatría utilicen a menudo esas declaraciones como excusa para mantenerse en una posición defensiva y no abrirse a una autorreflexión crítica.

A.: Como corolario de mi pregunta anterior, ¿qué consejo daría a los psiquiatras que ven a la comunidad de consumidores/supervivientes/expacientes con recelo y desconfianza? ¿Cómo pueden los psiquiatras desarrollar más relaciones de colaboración con los usuarios de los servicios?

P.: Me gustaría destacar el lado positivo de la situación actual, aunque estoy de acuerdo en que las tensiones existen. Hay muchos psiquiatras en todo el mundo que están trabajando en colaboración y con éxito con las usuarias de los servicios y sus organizaciones. Estas asociaciones pueden ser muy productivas. Mis informes destacan algunos de estos modelos innovadores. Para responder a su pregunta, recomendaría que los psiquiatras estuvieran más abiertos a las iniciativas que se basan en prácticas no coercitivas y que liberan a ambas partes, proveedores y usuarias de servicios, de la trampa de las relaciones paternalistas.

A.: Asyou señaló en su informe de 2017: “En algunos países, el abandono de los manicomios ha creado un camino insidioso hacia la falta de hogar, el hospital y la prisión”. Eso es ciertamente así en EE UU, donde las personas enfermas mentales graves experimentan tasas mucho más altas de falta de vivienda y encarcelamiento. Por el contrario, en muchas otras partes del mundo las condiciones no son mejores, como informa Human Rights Watch. Un número escandalosamente elevado de personas con enfermedades mentales en todo el mundo pasan sus vidas encadenadas como si fueran ganado. Yo mismo, cuando vivía en Pakistán, vi a un individuo con una enfermedad psicótica encadenado a un árbol en un pueblo, sin acceso a la atención médica y con la familia poseyendo una concepción premédica de la locura. Esto me sugiere que centrarse exclusivamente en los diagnósticos y tratamientos biomédicos como el hombre del saco es ingenuo, y subestima gravemente el esfuerzo colectivo que se requiere de la sociedad para garantizar una atención humanista y eficaz a los enfermos mentales. ¿Qué opina de esta dinámica?

P.: Tengo muchas ideas sobre esta dinámica. En primer lugar, es cierto que los derechos humanos de las personas con enfermedades mentales se violan fuera de los servicios de salud mental. Sufren en las calles, en las cárceles y son discriminados. Es interesante que la psiquiatría mundial, incluida la AMP y las asociaciones psiquiátricas regionales y nacionales, haya hecho mucho en este sentido y debe ser elogiada por plantear estas cuestiones y luchar por los derechos humanos, no solo para las personas con problemas de salud mental, sino también para muchos otros grupos en situaciones vulnerables (por ejemplo, las personas LGBTQ+). Veo aquí una paradoja. La profesión psiquiátrica ha estado muy comprometida y ha tenido éxito en la promoción de los derechos humanos más allá de las paredes del sistema de salud mental, mientras que dentro de los sistemas de salud mental la historia ha sido más complicada, en donde la psiquiatría ha mantenido su propia interpretación de los derechos humanos dentro de los sistemas asistenciales.

Todos debemos ser conscientes de que el virus del nacionalismo populista sigue atacando los principios universales de los derechos humanos, y necesitamos la unidad de muchas fuerzas progresistas de todo el mundo para defender lo mejor que ha conseguido la humanidad: la protección y la promoción de los derechos humanos, que son indivisibles e interdependientes. ¿Cómo podemos esperar que los gobiernos protejan los derechos de las personas con discapacidades psicosociales y otros problemas de salud mental si no se toman en serio los derechos humanos de todas?

A.: En medicina, no hay que hacer ninguna distinción fundamental entre los enfoques biomédicos y los enfoques de salud pública. Felizmente, ambos coexisten. Los expertos en salud pública pueden centrarse en los determinantes sociales de, por ejemplo, la tuberculosis o la disentería, mientras que los médicos pueden tratar a las personas afectadas con intervenciones médicas; el objetivo de los responsables políticos es garantizar que se proporcionen recursos tanto para las medidas de salud pública como para el tratamiento individual (algo que, por desgracia, no suele ocurrir). Sin embargo, cuando se trata de la psiquiatría, el tono del debate parece cambiar drásticamente. En lugar de abogar por enfoques de salud pública y abordar los determinantes sociales de la salud como complemento de la atención individual, vemos que algunos críticos argumentan que el propio modelo médico es el culpable, y que deberíamos abandonar los diagnósticos porque estos sitúan el problema dentro del individuo. ¿A qué cree que se debe esta diferencia?

P.: En mi opinión, la tensión existe también en el resto de la medicina. Pero sí, estoy de acuerdo en que la tensión es mayor en el ámbito de la salud mental. Una posible explicación sería que hay más claridad sobre la eficacia de las intervenciones biomédicas en aquellas áreas de la medicina en las que se han identificado marcadores de patología. En algunas áreas, como la oncología, los logros de la biomedicina han sido notables. Podría haber más coherencia en cuanto a la financiación de los esfuerzos dirigidos a la prevención y el tratamiento del cáncer.

En cambio, si tomamos la mayoría de los problemas de salud mental, hay una grave falta de claridad. Si decimos que la depresión se encuentra entre las afecciones sanitarias más prevalentes y con enormes costes para la sociedad, no está claro cuál es la mejor manera de abordar esta cuestión. ¿Con un enfoque de salud pública o dirigiéndose al cerebro de los individuos? De acuerdo, podemos intentar encontrar una solución diciendo que es necesario un amplio espectro de diferentes intervenciones basadas en la población y orientadas a los individuos, pero esto no minimiza las tensiones subyacentes. En este momento, por ejemplo, no hay acuerdo entre los expertos sobre si el tipo de intervenciones psiquiátricas que predominan en el norte global para el tratamiento de la depresión (como los antidepresivos y las terapias individuales) son las intervenciones más adecuadas para su aplicación en el sur global. De ahí la tensión.

A.: El discurso en torno a la psiquiatría está muy polarizado, como se puede juzgar por las reacciones a sus informes. ¿Cómo debemos entender esto? ¿Cómo podemos ayudar a las personas bien intencionadas que se encuentran en lados opuestos a encontrar un terreno común? Debido a la naturaleza polarizada del discurso, tendemos a olvidar que a menudo es más lo que nos une que lo que nos separa. Por ejemplo, podemos estar en desacuerdo sobre si es posible la eliminación completa de la atención involuntaria, pero podemos estar de acuerdo en que debemos tomar medidas para reducir la necesidad de atención involuntaria tanto como podamos, y en lo que debe ocurrir para tomar esas medidas. Del mismo modo, en lugar de insistir en que se abandonen los diagnósticos psiquiátricos, podemos encontrar un terreno común en el reconocimiento de las limitaciones de los diagnósticos psiquiátricos y la necesidad de reestructurar la educación, la investigación y la prestación de servicios para ayudar a abordar esas limitaciones.

P.: ¡Esta pregunta probablemente resume toda nuestra discusión! Sí, la polarización es bastante grave, y sí, nos hace aún más difícil superar los impases y avanzar. Pero esta dinámica también es muy significativa. El proceso tiene mucho sentido. El doctor Stefan Priebe y sus colegas han escrito que “los paradigmas no son verdaderos ni falsos, simplemente son más o menos útiles para generar hipótesis comprobables y fomentar el progreso”[8]. Probablemente, el éxito de un modelo puede predeterminar su fracaso, ya que el modelo se convierte en víctima de su propio éxito. La era psicoanalítica fue sustituida por el paradigma biomédico, y ahora ha llegado el momento de preguntarse qué tipo de paradigma sustituirá el dominio del modelo biomédico.

A.: Gracias.

 

Awais Aftab es psiquiatra. Es miembro del consejo ejecutivo de la Asociación para el Avance de la Filosofía y la Psiquiatría y ha participado activamente en iniciativas para educar a los psiquiatras y aprendices sobre la intersección de la filosofía y la psiquiatría. También es miembro del Consejo Asesor de Psychiatric Times

https://www.psychiatrictimes.com/view/global-psychiatry-crisis-values

Traducción: viento sur

29 abril 2022

 

Notas:

[1] Pūras, Dainius (2017) “Informe del relator especial sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental”. Office of the High Commissioner for Human Rights, United Nations Human Rights.

[2] Dharmawardene, Vajira; Menkes, David B. (2019) “Responding to the UN Special Rapporteur’s anti-psychiatry bias”. Aust N Z J Psychiatry, 53(4): 282-283; Cosgrove, Lisa; Jureidini, Jon (2019) “Why a rights-based approach is not anti-psychiatry”. Aust N Z J Psychiatry, 53(6): 503-504; McLaren, Niall (2019) “Criticising psychiatry is not antipsychiatry”. Aust N Z J Psychiatry, 53(7): 602-603.

[3] Menkes, David B.; Dharmawardene, Vajira (2019) “Anti-psychiatry in 2019, and why it matters”. Aust N Z J Psychiatry, 53(9): 921-922.

[4] Pūras, Dainius; Gooding Piers (2019) “Mental health and human rights in the 21st century”. World Psychiatry, 18(1): 42-43.

[5] Rodrigues, María; Herrman, Helen; Galderisi, Silvana; Allan John, et al. (2020) “Implementing alternatives to coercion: a key component of improving mental health care”. World Psychiatric Association. Octubre.

[6] Kleinman, Arthur (2012) “Rebalancing academic psychiatry: why it needs to happen-and soon”. The British Journal of Psychiatry, 201(6): 421-422.

[7] Pūras, Dairius. (2017) “Informe del relator especial sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental”. Office of the High Commissioner for Human Rights, United Nations Human Rights.

[8] Priebe, Stefan; Burns, Tom; Craig, Tom K. (2013) “The future of academic psychiatry may be social”. The British Journal of Psychiatry, 202(5): 319-320.

Jueves, 28 Abril 2022 05:47

Tenemos un problema

Tenemos un problema

Biosfera

Hoy hemos dejado de comprender que somos parte de la naturaleza, y eso nos convierte en un peligro para la vida y para nosotros mismos

Es el 20 de julio de 1969. La misión espacial tripulada Apolo 11 aluniza en nuestro satélite y pocas horas más tarde Neil Armstrong da sus primeros pasos sobre la superficie lunar llenando de asombro y admiración al mundo. Con él emerge la profunda emoción de sentir una íntima unión con una Tierra que nos impele a amarla y protegerla. Es el hogar de todos los humanos que hemos conocido y, con gran probabilidad, conoceremos.1 Cuatro años antes, Aleksei Leónov, el astronauta ruso realizó el primer paseo espacial de la historia expresando que la Tierra es “nuestra casa, pequeña, azul y enternecedoramente solitaria”. Un punto perdido en la envolvente oscuridad cósmica.

La preparación del primer viaje a la Luna, su realización y seguimiento posterior fue un proceso largo, costoso, difícil2, pleno de logros, pero también de muchas dificultades. “Un pequeño paso para el ser humano, un gran salto para la humanidad” dijo Armstrong al pisar la Luna simbolizando la enorme proeza humana. Pero otra expresión, a menudo usada jocosamente cuando hacemos frente a una contrariedad, se ha hecho incluso más popular: “Houston, tenemos un problema”3. Hoy no es el Apolo sino la Tierra quien tiene un Problema con mayúsculas. Claro está, la humanidad enfrenta muchas dificultades: la creciente desigualdad social, el peligro de guerra nuclear, el avance hacia una sociedad autoritaria y plutocrática sometida a un férreo control tecnodigital global, el ascenso de los neofascismos, la emergencia de pandemias, un masivo control y vigilancia social, nuevas adicciones colectivas, los riesgos geopolíticos globales derivados del declive del imperio norteamericano y la emergencia de China, y tantos otros más. Ese globo azul suspendido en un espacio infinito y oscuro tiene hoy un problema aún mayor si cabe, el mayor reto al que nunca antes tuvimos que hacer frente. Un reto que llama con insistencia a nuestra puerta: la crisis socioecológica. No, no se trata sólo de limpiar nuestros ríos, plantar árboles, cuidar bosques, reciclar productos o incentivar el uso de energías renovables, iniciativas todas ellas imprescindibles y urgentes. Tampoco significa el crucial hecho de tener que enfrentarnos a una emergencia climática que está ya teniendo consecuencias calamitosas. Nuestro Problema es más complejo, es otra cosa.

La Tierra es nuestra casa. Nuestro planeta es el único mundo conocido en que con certeza sabemos que la materia del Cosmos se ha hecho viva y consciente, aunque no necesariamente tiene por qué ser el único que pueda estar habitado4. La primera ocasión en que la humanidad contempló “nuestra pequeñez” tuvo lugar en la vigilia de Navidad de 1968 durante la misión del Apolo 8 cuando una fotografía hizo estallar nuestra conciencia de especie.

Ese día el poeta Archibald MacLeish escribió:

“Ver la Tierra, tal y como realmente es, pequeña y azul y bonita, en este silencio eterno en que flota, es vernos a nosotros mismos juntos como jinetes sobre la Tierra, hermanos en aquella brillante belleza en el frío eterno, hermanos que saben, ahora, que son hermanos de verdad.”5

En sus libros y programas de televisión, el astrónomo y gran divulgador científico Carl Sagan recordaba que somos el legado de 15.000 millones de años de evolución cósmica y que tenemos el placer de vivir en un planeta donde hemos evolucionado para poder respirar el aire, beber el agua y amar a la naturaleza que nos rodea. Nuestras células han sido forjadas en el corazón de las estrellas. “Somos polvo de estrellas”, decía. Hoy nos enfrentamos a una circunstancia absolutamente nueva, sin precedentes en la historia humana. Hemos creado una civilización en la que hemos hecho progresos sociales y logros tecnológicos formidables pero donde, voluntaria o involuntariamente, hemos alterado profundamente (y cada vez con más rapidez) el entorno global y la vida del planeta. Hoy hemos dejado de comprender que somos parte de la naturaleza, y eso nos convierte en un peligro para la vida y para nosotros mismos. El poeta chileno Nicanor Parra advirtió que hemos cometido el error de “creer que la Tierra era nuestra cuando la verdad de las cosas es que nosotros somos de la Tierra”, y que seguimos teniendo una manera de pensar antropocéntrica, científico-tecnológica y narcisista basada en la “ego-conciencia” en lugar de en una “eco-conciencia”.

Tendemos a ser ciegos, a atenuar lo que nos amenaza, a amortiguar lo nocivo o negativo, a no mirar lo que no nos gusta. A pesar de estar cada día frente a nuestros ojos, no vemos, no sentimos, no comprendemos; no queremos tomar plena consciencia de la atroz crisis socioambiental en la que estamos inmersos. Nos cuesta creer las incesantes y aterradoras advertencias que los científicos nos lanzan continuamente. Vale decir que hay muchas razones para desoír las voces, y hay muchas personas, grupos sociales e instituciones que hacen todo lo posible para impedir que oigamos. No basta con disfrutar de los bienes, recursos y bienestar que nos da la naturaleza, debemos también comprenderla y entendernos. Esa consciencia debe provenir de una mirada limpia, humana, a la vez científica, ético-política y espiritual. No basta con disfrutar de la luz eléctrica, decía el fraile dominico brasileño Frei Betto, hay que entender cómo y por qué se produce: “Solo quien tiene formación de electricista sabe mirar eso con otros ojos, porque comprende cómo llega la luz a la sala… eso es la conciencia política: ver los hilos, saber lo que pasa por detrás”. Lo primero es saber. En un conocido ensayo, el filósofo ilustrado Immanuel Kant recordaba una vieja consigna acuñada por Horacio (siglo I a.c.). Sapere Aude, decía: “Quien ha comenzado, ya ha hecho la mitad: atrévete a saber, empieza”.

Durante mucho tiempo, el planeta nos pareció inmenso, el único mundo explorable. Durante un millón de años la humanidad creyó que éramos el centro del mundo, que aparte de la Tierra no había ningún otro lugar. Hoy la Tierra se ha hecho muy pequeña. En la última parte de la vida de nuestra especie sobre el planeta, nos hemos dado cuenta de que vivimos en un mundo diminuto y frágil perdido en la inmensidad y en la eternidad que está a la deriva en un gran océano cósmico.

El 14 de febrero de 1990, la sonda espacial Voyager 1 fotografió la Tierra desde 6.000 millones de kilómetros de distancia.6 Un punto de luz casi imperceptible.

Carl Sagan explicaba con emoción sus sensaciones:

“Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Eso somos nosotros. En él, todos los que amas, todos los que conoces, todos de los que alguna vez escuchaste, cada ser humano que ha existido, vivió su vida. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de religiones seguras de sí mismas, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, niño esperanzado, inventor y explorador, cada maestro de la moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie, vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol. La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica… Nuestras posturas, nuestra importancia imaginaria, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo… es desafiada por este punto de luz pálida.”

Los seres humanos vivimos en un medio que modelamos y que a la vez nos modela a nosotros. Habitamos un mundo natural creado durante miles de millones de años por los procesos de la física, la química y la biología. Somos una más de las especies.7

Somos capaces de construir cómodas casas para cuidar a nuestros ancianos y también inmensas autopistas de 26 carriles. Inventamos libros o la red global Internet, y también construimos mortíferas armas nucleares, podemos explorar los polos y visitar la Luna o Marte, crear belleza musical y desarrollar elegantes y potentes teorías científicas y tecnologías de gran eficacia. Rehacemos la naturaleza a nuestra medida… Somos una especie capaz de casi todo, pero no somos una especie más.8

Vivimos en dos mundos en constante interacción: la ecosfera o biosfera natural, la fina piel global compuesta por el aire, el agua, la tierra y las plantas y animales que viven en ella, y la tecnosfera creada por el ser humano, con todos los artilugios y productos que hemos sido capaces de inventar. Dos mundos que están en guerra, como nos recordaba el gran biólogo y ecologista Barry Commoner en Making peace with the planet.

La capacidad humana actual de tener el poder suficiente como para intervenir de forma determinante sobre la naturaleza tiene su origen en la revolución industrial capitalista que se inicia a finales del siglo XVIII. En el último siglo hemos asistido a la expansión de un capitalismo fosilista imparable, y en las cinco últimas décadas al triunfo económico e ideológico de un capitalismo neoliberal y cognitivo, capaz de crear crecimientos exponenciales y tecnologías maravillosas, pero también de destruir lazos sociales y de solidaridad muy profundos, difundiendo el consumo masivo y el entretenimiento vacío como forma de vida y “realización” personal. El triunfo del capitalismo neoliberal ha sido amplio, muy profundo, a todos los niveles, en todas partes.

Hoy el sistema capitalista no parece capaz de crear “Estados de bienestar” para toda la humanidad, ni siquiera, como recordaba el añorado urbanista y ecologista Ramón Fernández Durán, “simulacros de bienestar”. El capitalismo destruye, construye, y consume una materialidad que lo abarca todo. La mercantilización se extiende desde el microcosmos al macrocosmos a todos los ámbitos y cosas: la sanidad, la educación, la naturaleza, el conocimiento, la cultura, el arte, el deporte, el cuerpo… El cuerpo se analiza, fragmenta, comercializa y finalmente se vende como una mercancía más. Se patentan genes, bacterias, semillas, tejidos y animales modificados genéticamente, se trafica y compran órganos, se alquilan úteros, familiares y hasta novias/os, y se venden parcelas en la Luna o en los planetas.9 10 Y es también un modo de vida inmaterial. El capitalismo emocional es la causa última de una patogénesis generalizada que entra en nuestros cuerpos y mentes. Penetra en nuestros cerebros, insertándonos ideas, relatos y ficciones que cambian nuestras mentes y transforman las relaciones humanas. Las empresas farmacéuticas, vivas rastreadoras de todo beneficio que se precie, identifican todo tipo de malestares, adicciones, neurosis, trastornos, preocupaciones, dolores, humillaciones y miedos causados por el propio capitalismo, para crear todo tipo de síndromes y enfermedades y vender sus productos. Sin embargo, para una gran parte de la humanidad, disponer de fundamentos vitales tan básicos como comer alimentos, beber agua o respirar aire en condiciones higiénicas y saludables es aún un sueño inalcanzable.

Tenemos los medios y recursos para reeducar nuestra mente, para ver nuestro Problema, pero necesitamos de la decisión y el valor, personal y colectivo, para hacerlo. No podemos resignarnos a no pensar y sentir al mismo tiempo. Debemos usar esa palabra tomada por el sociólogo colombiano Orlando Gals Borda de los pescadores de San Benito Abad en el municipio colombiano de Sucre: el “sentipensar”.

La innovación básica de la revolución científica del siglo XVI y XVII fue hacer preguntas y descubrir nuestra ignorancia, darnos cuenta de que no teníamos todas las respuestas. Aprender que con esfuerzo, tiempo, y recursos podíamos investigar y conocer más cosas, ganando en poder para cambiar la tecnología, la cultura, la economía y el medio natural. La ciencia, el conocimiento y la solución de problemas se inician y nutren continuamente a partir de hacernos preguntas. Albert Einstein apuntaba que la formulación de un problema es más importante que su solución; el escritor Marc Twain señalaba que el problema no es lo que no sabemos sino lo que creemos que es cierto y no lo es; el artista y escritor John Berger nos instaba a vivir con los ojos abiertos sin dejarnos derrotar por el nihilismo, el odio y la desesperación. ¿Seremos capaces de mirar (y cambiar) nuestro Problema?

 Por Joan Benach | 28/04/2022

Notas

  1. Esa emoción se conoce como “efecto general” (overview effect). Al ver el planeta bañado en la oscuridad del espacio, las fronteras se borran y todos somos ciudadanos de la Tierra. Ron Garan, un ex astronauta de la NASA que pasó dos semanas trabajando en la construcción de la Estación Espacial Internacional dijo: «Para mí fue una epifanía en cámara lenta…. un profundo sentido de empatía y comunidad, la voluntad de renunciar a tener una recompensa inmediata y tener una perspectiva de progreso multigeneracional… es el hogar de todos los que alguna vez vivieron y de todos los que serán.» Ver: Ian Sample. Scientists attempt to recreate ‘Overview effect’ from Earth. The Guardian. 26 diciembre 2019.
  2. El coste económico fue de unos 288.000 millones de dólares de 2019, gastados durante poco más de una década. En 1965 el programa llegó a su cenit, con una inversión equivalente al 2% del PIB de EE.UU. de entonces. Antonio Turiel. Cincuenta años del primer hombre en la Luna. 26 julio 2019.
  3. La frase no es exacta ni se dijo durante el primer viaje sino un año más tarde, en el Apolo 13 pero así ha quedado registrada en el imaginario popular. «Houston, we have a problem» es una popular pero errónea cita de una frase del Jack Swigert durante el accidentado viaje del Apolo 13, justo después de observar una luz de advertencia acompañada de un estallido,1​ a las 21:08 CST del 13 de abril de 1970. La frase de Swigert fue: “Bien, Houston, hemos tenido un problema aquí («Ok, Houston, we’ve had a problem here»). A la que siguió la de su compañero Jim Lovell al decir “Ah, Houston, hemos tenido un problema. («Uh, Houston, we’ve had a problem»).
  4. Carl Sagan, uno de los mejores divulgadores de la ciencia y el Cosmos lo dijo con estas palabras: “Hay cien mil millones de galaxias y mil millones de billones de estrellas. ¿Por qué debería ser este modesto planeta el único habitado? Personalmente, creo que es muy posible que el Cosmos rebose de vida e inteligencia. Pero “Hasta ahora, todo ser vivo, todo ser consciente, toda civilización que hayamos conocido vivió allí, en la Tierra. Bajo esas nubes se desarrolla el drama de la especie humana… Las fronteras nacionales no se distinguen cuando miramos la Tierra desde el espacio. Los chauvinismos étnicos o religiosos o nacionales son algo difíciles de mantener cuando vemos nuestro planeta como un creciente azul y frágil que se desvanece hasta convertirse en un punto de luz sobre el bastión y la ciudadela de las estrellas.” Ver: Cap 1 de la serie de 13 documentales Cosmos, basada en el libro Sagan C. Cosmos. Barcelona: Planeta, 1980.
  5. Gore A. Una veritat incòmode. Barcelona: Gedisa, Edicions 62, 2006:12.
  6. La Voyager 1 es una sonda espacial robótica de 722 kilogramos lanzada el 5 de septiembre de 1977 que es el objeto humano más alejado de la Tierra. Su misión es localizar y estudiar los límites del sistema solar y explorar el espacio interestelar inmediato. En junio de 2021 estaba a 22.909.417.919 km del Sol y le quedan unos 17.702 años para salir de la nube de Oort, donde entrará en el siglo XXIV.
  7. Ward B, Dubos R. Only one Earth. New York: Ballantine Books, 1972:XIX.
  8. Si bien el ser humano es una especie humana más, no es una más de las especies. “La especie [humana] ha desarrollado en su evolución, para bien y para mal, una plasticidad difícilmente agotable de sus potencialidades y sus necesidades. Hemos de reconocer que nuestras capacidades y necesidades naturales son capaces de expansionarse hasta la autodestrucción. Hemos de ver que somos biológicamente la especie de la Hybris, del pecado original, de la soberbia, la especie exagerada.” Ver: Sacristán M. Pacifismo, ecologismo y política alternativa. Barcelona: Icaria, 1987:10.
  9. El empresario norteamericano Dennis Hope registró en 1980 la Luna a su nombre. Hope aprovechó un vacío legal, ya que si bien existe un tratado internacional que indica que ningún país puede reclamar la propiedad de la Luna u otro planeta, este no dice nada sobre personas o empresas privadas. El satélite fue dividido iniciándose la venta de parcelas mediante la Lunar Embassy. Mediante su empresa Lunar Embassy Hope vende pedazos de terreno lunary lo mismo podría pasar con Marte, Mercurio y Plutón.
  10. Ver por ejemplo, I. Wallerstein. El capitalismo histórico. Madrid, Siglo XXI, 2012 (2 ed), p. 90 [ed. original 1988]; Y. Varoufakis. Economía sin corbata. Barcelona, Destino, 2013, p. 34 (ed. orig. 2015).

Joan Benach es profesor, investigador y salubrista (Grup Recerca Desigualtats en Salut, Greds-Emconet, UPF, JHU-UPF Public Policy Center UPF-BSM, Ecological Humanities Research Group GHECO, UAM).

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América Latina, de las regiones más afectadas por el cambio climático

Las peores sequías en 50 años en el sur de la Amazonia y el récord de huracanes e inundaciones en Centroamérica durante 2020 son la nueva normalidad de América Latina y el Caribe, informa el Reporte del Estado del Clima en América Latina y El Caribe 2020 de la Organización Meteorológica Mundial.

La investigación señala que la región es una de las más afectadas por el cambio climático y los fenómenos meteorológicos que están causando graves daños a la salud humana, a la vida silvestre, a la comida, al agua, a la energía y al desarrollo. Los eventos relacionados con el clima y sus impactos cobraron más de 312 mil vidas en la región y afectaron a más de 277 millones de personas entre 1998 y 2020. Las olas de calor, la disminución del rendimiento de los cultivos, los incendios forestales, el agotamiento de los arrecifes de coral y los eventos extremos del nivel del mar, serán más intensos.

El informe es contundente: es vital poner límites al calentamiento global por debajo de 2 grados centígrados, según lo establecido en el Acuerdo de París. “La región seguirá enfrentando graves crisis socioeconómicas debido a los eventos hidrometeorológicos extremos. Esto se ha visto agravado por los impactos de la pandemia. El reporte destaca que 2020 fue uno de los tres años más cálidos de América Central y el Caribe, y el segundo para el sur, con aumentos en la temperatura de 1 grado, 0.8 y 0.6 por encima de la media del periodo 1981-2010.

En el Sur los impactos fueron mayúsculos. La intensa sequía en el sur de la Amazonia y la región del Pantanal fue la peor en 50 años. Los déficit de lluvia son particularmente graves para la región del Caribe, ya que varios de sus territorios se encuentran en la lista mundial de mayor estrés hídrico. 2020 superó a 2019 y se convirtió en el lapso de incendios más activo en el sur de la Amazonia.

La sequía fue determinante. La cuenca del río Amazonas, que se extiende a lo largo de nueve países de América del Sur y almacena 10 por ciento del carbono global, experimenta la mayor deforestación en cuatro años. (https://bit.ly/3LcLSyG).

Twitter: //twitter.com/@aguerraguerra">@aguerraguerra

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Domingo, 24 Abril 2022 05:55

Salvarse de milagro

Momento de oración en la iglesia evangélica «Jesús es nuestro salvador» en Antananarivo, Madagascar AFP, GIANLUIGI GUERCIA

El pentecostalismo como nueva religión de los pobres del mundo

Con su auge ligado al de la derecha global, millones acuden a sus iglesias en todo el planeta, donde se ofrece no solo orientación espiritual, sino también apoyo material.

El pastor sudafricano Alph Lukau alcanzó la infamia mundial en 2019, con un video viral en el que resucitaba de entre los muertos a un hombre que mostraba claras señales de vitalidad. Ese «milagro» de caricatura fue el clímax de una reñida competencia profética: varios predicadores sudafricanos venían incorporando prácticas cada vez más extremas en sus servicios religiosos, en los que capitalizaban el descontento y la frustración de una nueva generación de fieles.

El «profesor» Lesego Daniel venía afirmando desde hacía varios años que él tenía el don de convertir «la nafta en piña colada», y llegó a alentar a su congregación a beber gasolina como una especie de comunión habitual. Uno de sus protegidos, el pastor Lethebo Rabalago, fue apodado Prophet of Doom (‘profeta del apocalipsis’) por rociar a sus feligreses con insecticida de la marca Doom, para así expulsar los demonios en forma de sida que supuestamente habitaban en los fieles. Mientras tanto, el «profeta» Penuel Mnguni es conocido por caminar por encima de creyentes semidesnudos tendidos en el suelo, a quienes hace comer serpientes vivas mientras los libera del mal.

Es fácil pensar en la secta de Jim Jones y la masacre de Jonestown al leer sobre estos episodios. Pero estos pastores no pertenecen a alguna secta apocalíptica minoritaria. Son solo una expresión excepcionalmente moderna y extrema del cristianismo pentecostal, una fe que, al menos en lo que respecta a conversiones, es la religión mundial de crecimiento más rápido, con más de 600 millones de seguidores en la actualidad.

Lo que Mnguni ha denominado como su «iglesia del horror» podría parecer algo alejadísimo del cristianismo tal como mucha gente lo conoce, pero de eso se trata. Los predicadores jóvenes más salvajes, populares y ricos del sur de África no se caracterizan por hacer las cosas al pie de la letra, ni siquiera de la letra bíblica. Y sus congregaciones los aman por eso. El nuevo pentecostalismo es un gran fuck you a todas las instituciones que les han fallado. Es la nueva fe de los trabajadores pobres del mundo.

SALUD Y DINERO

De unos 2.000 millones de cristianos que habitan la Tierra, más de una cuarta parte son ahora pentecostales, una denominación que en 1980 reunía a solo el 6 por ciento de ellos. Se prevé que para 2050, 1.000 millones de personas, o uno de cada diez humanos, serán parte de esta fe. No está mal para una corriente iniciada en Los Ángeles en 1906 a impulso de un hijo de esclavos libertos, a la que durante mucho tiempo se consideró como la hija bastarda del cristianismo.

El pentecostalismo es una rama del cristianismo evangélico. Sus adherentes primero «nacen de nuevo», aceptan a Jesús como su señor y salvador, y luego son imbuidos por el Espíritu Santo, del que reciben dones que incluyen la capacidad de obrar milagros, profetizar y hablar en lenguas. Muchos pentecostales no adoptan esa etiqueta, pero su práctica carismática o guiada por el Espíritu Santo, aunque varía notablemente en todo el mundo, es inconfundible.

Desde sus inicios, el pentecostalismo ha atraído con fuerza a mujeres, inmigrantes, afroamericanos y pobres. Su surgimiento como la fe predilecta de los trabajadores pauperizados del mundo se debe, en gran parte, a su enfoque doctrinal de «salud y riqueza»: la promesa de experiencia directa e interacción personal con la presencia de Dios y sus milagros, que brinda éxito tanto en cuestión de mente, cuerpo y espíritu como de billetera.

He pasado los últimos dos años viajando por el mundo para comprender el notable auge de este movimiento. En Estados Unidos, se tiende a pensar en los evangélicos como personificados por el clásico votante blanco de Donald Trump, pero lo cierto es que el pentecostal promedio es una mujer joven del África subsahariana o de América Latina. A ella se unen los desertores de Corea del Norte que luchan por sobrevivir en Seúl, los gitanos británicos y europeos que durante mucho tiempo han sido los más marginados de sus sociedades, los pueblos indígenas que cargan con el trauma de las guerras sucias y las dictaduras en América Central. Poblaciones como estas, que vienen convirtiéndose en grandes números desde la década de 1980, nos dicen mucho sobre el mundo moderno.

La nueva ola de predicadores sudafricanos, con sus camisas coloridas y trajes elegantes, ha encontrado una audiencia ávida entre los millennials, quienes crecieron rodeados por el optimismo posterior a la caída del apartheid, solo para sufrir una terrible decepción. Se trata de una generación a la que se le prometió todo y que, en cambio, se encontró al llegar a la adultez con la sociedad más desigual del mundo (así lo indican los últimos reportes del Banco Mundial), con un 65 por ciento de desempleo juvenil, de acuerdo a cifras oficiales, más del 80 por ciento de la población sin seguro médico y un sistema educativo deficiente.

Los problemas de Sudáfrica pueden parecer extremos, pero en casi todos los rincones del mundo el patrón se repite. Particularmente en las grandes ciudades y sus alrededores, millones de personas recurren a las Iglesias pentecostales porque son los únicos lugares donde logran encontrar satisfacción a sus necesidades tanto espirituales como materiales.

A medida que este movimiento crece, las Iglesias se convierten en Estados dentro de los Estados, en los que los diezmos son efectivamente una forma de impuestos. A través de las Iglesias, las personas reciben atención médica, clínica y milagrosa, así como una red de cuidado para los niños y apoyo social. Cuando los Estados no brindan suficientes programas sociales ni un nivel de vida decente que pueda sostener a las comunidades, los trabajadores pobres buscan alternativas en otras instituciones, y a menudo las encuentran en el pentecostalismo.

PROSPERIDAD Y POPULISMO

La mayoría de las Iglesias pentecostales no practican la fe con los mismos métodos extremos que los jóvenes predicadores de Sudáfrica, pero algunas de sus prácticas no resultan menos extrañas para quienes están por fuera del movimiento. Para ver de primera mano la revolución que está ocurriendo en América Latina, basta ir a Brás, un barrio de clase trabajadora de San Pablo. En Brasil, los pentecostales pasaron de ser el 3 por ciento de la población en 1980 a constituir más del 30 por ciento en la actualidad, trastocando 500 años de dominio católico en tan solo unas pocas décadas.

Es lunes por la mañana y el sol aún lucha por pasar por encima del Templo de Salomón, el santuario de 55 metros de alto cuya construcción costó 300 millones de dólares dedicados al dios de la salud y la riqueza, y que funciona como sede de la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD). En el servicio de las 7 de la mañana, un hombre frente a nosotros abre una enorme Biblia desgastada y le pone su billetera encima, la eleva por encima de su cabeza y se comunica con los cielos en lenguas.

Los feligreses de la IURD se han hecho famosos por regalar a la Iglesia, en momentos de éxtasis, incluso sus autos y en ocasiones hasta sus propias casas. El fundador de la Iglesia, Edir Macedo, quien ha hecho más que nadie por popularizar el pentecostalismo en Brasil, es hoy un magnate multimillonario, pero fue una vez un niño pobre de las favelas, uno de los siete que sobrevivieron la infancia de un total de 17 hermanos.

La gran innovación de Macedo fue abrir sus iglesias a primera hora de la mañana y a última hora de la noche, cuando quienes trabajan en las fábricas o como empleadas domésticas van y vienen de sus trabajos. En opinión de Macedo, un predicador pentecostal necesita seguidores, no formación. Durante años este líder religioso se dedicó a promover a personas comunes para que crearan bajo sus propios términos sus propias filiales de la Iglesia.

En las favelas y los pueblos pobres en las orillas del Amazonas, los pastores pentecostales se ven y se escuchan como la población local. Crecen pateando las mismas calles que sus fieles y a través de la Iglesia ascienden en la escala social a posiciones de mayor estatus, tal como aspiran a hacerlo sus vecinos. Oyen en esas calles hablar de la madre enferma de alguien y le dan una visita para consolarla. Actúan como mentores de su congregación, alentando a los feligreses a iniciar sus propios emprendimientos de venta ambulante y a escapar de patrones maltratadores. Si un marido mujeriego vuelve a sus andanzas o a la bebida, el pastor pasa a darle una charla para hacerlo entrar en razón.

Por supuesto, también presionan a su rebaño empobrecido para que dé en diezmo, como mínimo, el 10 por ciento de su dinero, pero ¿acaso no existimos en un sistema que iguala valorar algo con pagar por ello? En ese sentido, el evangelio de la prosperidad es la respuesta incómoda a un mundo que rinde culto al dinero todos los días, solo que generalmente lo hace sin ceremonia de por medio.

Además de eso, habría creciente evidencia de que el evangelio de la prosperidad, a su manera, cumple. En los últimos años se han publicado varias investigaciones académicas que afirman haber encontrado que las personas que provienen de la pobreza o de ciclos de violencia y adicción tienen mayores posibilidades de escapar de ese mundo si se unen a una Iglesia evangélica: la llamada profecía autocumplida de la gracia divina manifestada a través del bienestar material. Esta teología de la prosperidad no solo tiene éxito donde fracasan los Estados, sino que les ofrece a estos un incentivo para que fracasen, al brindarles a las poblaciones vulnerables la red de solidaridad que el Estado les niega.

El pentecostalismo de hoy tiene mucho en común con el giro político global hacia un populismo derechista que despotrica contra la globalización, el feminismo, la migración masiva y la ciencia. No es casualidad que la popularidad de esta fe coincida con un marcado cambio en la perspectiva política, social y económica alrededor del mundo. El pentecostalismo, de hecho, ha desempeñado un papel vital en el ascenso de un nuevo tipo de líderes de derecha dura, incluidos Donald Trump, Jair Bolsonaro, Viktor Orbán y Rodrigo Duterte. Pero este movimiento es, al mismo tiempo, más grande que la política. El avance de esta fe sigue los patrones de migración global de la clase trabajadora. Para muchas personas que se ven obligadas a mudarse a grandes ciudades, como Johannesburgo, San Pablo, Londres o Los Ángeles, la religión es su única forma de comunidad.

El pentecostalismo ofrece acceso directo al alimento espiritual, social y material en un universo que niega los tres a los pobres del mundo. Naturalmente, un número creciente de Iglesias pentecostales también atiende a las clases media y rica. Después de todo, la escala social siempre es resbalosa y cualquiera que la ascienda necesita de un milagro para mantenerse ahí arriba.

21 abril, 2022

(Publicado originalmente en Jacobin. Traducción y titulación de Brecha.)

*Elle Hardy es una periodista e investigadora australiana, autora de Beyond Belief: How Pentecostal Christianity Is Taking Over the World.

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China exige que EU aclare sus planes biomilitares

Pekín. Estados Unidos debe ofrecer una aclaración integral y detallada de sus actividades biomilitares y poner fin a su postura solitaria de oponerse al establecimiento de un mecanismo multilateral de verificación de armas biológicas, aseguró ayer Zhao Lijian, vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de China.

Zhao respondió en conferencia a una pregunta sobre la reiteración de la vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso, María Zajárova, del descubrimiento por parte de Moscú de documentos e información sobre el plan biomilitar implementado en Ucrania por el Departamento de Defensa estadunidense.

La parte rusa informó sobre su hallazgo a la Organización de Naciones Unidas (ONU) y a otras organizaciones internacionales, exigiendo explicaciones detalladas de la parte estadunidense, indicó un reportero.

Zhao aludió que Washington no ha ofrecido una explicación convincente de sus actividades y añadió que existen ambigüedades e incluso contradicciones, lo que agrava las preocupaciones de la comunidad internacional.

Además, como uno de los Estados depositarios de la Convención sobre Armas Biológicas, Washington, por un lado, conmemoró el 50 aniversario de la apertura a la firma de ese acto y habló de reforzar el mecanismo, mientras, por otro lado, se opuso en solitario al establecimiento de un mecanismo multilateral de verificación de la convención, añadió Zhao.

En tanto, la Unión Europea y Estados Unidos reclamaron más claridad a China para que se posicione con la mayoría de la comunidad internacional y denuncie expresamente la agresión rusa contra Ucrania, además de que garantice que no ayudará a Moscú a sortear las sanciones.

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Cultivos como el cacao, el café y las cerezas dependen de la polinización. La imagen de la izquierda fue captada en Belgrado; la de la derecha, en Singapur. Foto Ap y Afp

 

Estiman que han causado la reducción de 49 por ciento en el número de esos animales y 27 en el de especies, revela estudi

París. El cambio climático y el uso intensivo de la tierra para la agricultura ya han causado la reducción de 49 por ciento en el número de insectos en las zonas más afectadas del mundo.

Un nuevo estudio, realizado por investigadores del Colegio Universitario de Londres (UCL, por sus siglas en ingés) y publicado en Nature, es el primero en identificar que la interacción entre el aumento de las temperaturas y los cambios en el uso de la tierra está provocando pérdidas generalizadas en numerosos grupos de insectos en el mundo.

Charlie Outhwaite, del Centro de Investigación de la Biodiversidad y el Medio Ambiente de la UCL y autora principal del estudio, explicó que “muchos insectos parecen ser muy vulnerables a las presiones humanas, lo que resulta preocupante a medida que el cambio climático se agrava y las zonas agrícolas siguen expandiéndose.

"Nuestras conclusiones ponen de manifiesto la urgencia de adoptar medidas para preservar los hábitats naturales, frenar la expansión de la agricultura de alta intensidad y reducir las emisiones para mitigar el cambio climático", añadió.

Los investigadores midieron tanto la abundancia de insectos como el número de especies diferentes presentes en varias regiones del mundo, comparando estas cifras con las de zonas vírgenes menos afectadas por el cambio climático.

El estudio también concluyó que no sólo se está afectando a la población total de insectos, que se ha reducido casi a la mitad, sino también está disminuyendo el número de especies en 27 por ciento.

"Las caídas son mayores bajo los trópicos", declaró Outhwaite.

Considera que el estudio puede subestimar el declive de los insectos en el mundo debido a la falta de datos en las regiones tropicales y a que en las zonas menos perturbadas, utilizadas como comparación, la huella humana ya es significativa.

Los resultados, en consonancia con estudios anteriores sobre el declive de las poblaciones de insectos, se basan en datos de 18 mil especies, recogidos entre 1992 y 2012 en 6 mil lugares.

"Las investigaciones anteriores fueron a pequeña escala, con un número limitado de especies", aclaró.

El nuevo estudio, en cambio, es "un análisis cuantitativo de la interacción entre dos motores", el calentamiento y el cambio de uso del suelo, "sobre grandes conjuntos de datos globales".

Consecuencias desastrosas

La caída de cantidades de insectos, cruciales para la dieta de muchas otras especies, tiene consecuencias desastrosas.

Alrededor de tres cuartas partes de los 115 cultivos alimentarios más importantes dependen de la polinización, como el cacao, el café y las cerezas.

Algunos insectos, como las mariquitas, las mantis religiosas y las avispas, también son necesarios a fin de controlar otros insectos perjudiciales para los cultivos.

El estudio también muestra que los efectos combinados del cambio climático y la agricultura intensiva, incluido el uso generalizado de insecticidas, son peores que si los dos primeros factores actuaran por separado.

Por ejemplo, incluso sin el cambio climático, la conversión de una selva tropical en terreno agrícola hace que la zona se caliente debido a la pérdida de vegetación que proporciona sombra y mantiene la humedad en el aire y el suelo.

Esta aridificación se ve reforzada por el calentamiento global.

En un estudio anterior, los investigadores estimaron que el número de insectos voladores había disminuido en promedio 80 por ciento en Europa, lo que había provocado un descenso de las poblaciones de aves.

"No podemos seguir perdiendo especies sin provocar a la larga consecuencias catastróficas", sostuvo Tom Oliver, de la Universidad de Reading, que no participó en el estudio.

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