Miércoles, 23 Septiembre 2015 08:11

Seguridad global del agua y alimentos, según EU

Seguridad global del agua y alimentos, según EU

El Departamento de Estado requirió una evaluación sobre la Seguridad global del agua a la comunidad de espionaje de Estados Unidos: ICA (por sus siglas en inglés), encabezada por la dupla DIA/CIA (https://goo.gl/MnNrch).

ICA se concentró en un número de países que son estratégicamente (¡supersic!) importantes para Estados Unidos y en temas transfronterizos en siete cuencas acuíferas en riesgo: Nilo, Tigris/Eufrates, Mekong, Jordán, Indus, Brahmaputra y Amu Darya (http://goo.gl/6MrckZ), que, coincidentemente, forman parte del aciago arco de la crisis de Zbigniew Brzezinski.


En su diagrama El agua del planeta (http://goo.gl/x6hxyE), ICA dramatiza la captura aplastantemente mayoritaria del sector agrícola tanto en el uso de agua fresca retirada (de consumo y no consumo) como en su uso de agua retirada por sector –respectivamente 68 y 93 por ciento– frente al minoritario uso doméstico/industrial y eléctrico, sumado a la evaporación de los depósitos.


ICA oculta la geopolítica del agua del siglo XXI (http://goo.gl/WPFeLs) y evalúa que en los próximos 10 años "varios países importantes (¡supersic!) para Estados Unidos experimentarán problemas acuíferos –escasez, calidad pobre o inundaciones– que amenazan la inestabilidad y los fracasos de los países e incrementan las tensiones regionales que los distraen de trabajar (¡supersic!) con Estados Unidos en objetivos (¡supersic!) políticos importantes para Estados Unidos", cuando los problemas del agua impedirán la habilidad de países clave para producir alimentos (¡supersic!) y generar energía, constituyendo un riesgo a los mercados globales de alimentos (¡supersic!) y restringiendo su crecimiento económico (¡supersic!).


Como resultado de las presiones demográficas (¡supersic!) y el desarrollo económico, el norte de África, Medio Oriente y el sur de Asia confrontarán los mayores desafíos (¡supersic!) para lidiar con los problemas del agua.


A mi juicio, entre los BRICS, India es la más vulnerable, en tanto Brasil, Rusia y China son superpotencias hidráulicas.
ICA paraliza en forma perentoria la capacidad de desalinizar el agua por los países costeros afectados.


No es nada desdeñable la correlación que plantea en los países en vías de desarrollo entre el manejo del binomio agua/agricultura con su PIB.


Las oportunidades de liderazgo global de Estados Unidos son únicas –¡claro, sin contar California ni su expoliación de los ríos Bravo y Colorado!–, según ICA: el "conocimiento ( expertise) de Estados Unidos en el manejo del agua es ampliamente reconocido (¡supersic!)", por lo que el mundo en vías de desarrollo acudirá a Estados Unidos para encabezar a la comunidad (sic) global al desarrollo e implementación de políticas sanas para el manejo de los recursos de agua a nivel local/nacional/regional.


Juzga que existirá presión para que Estados Unidos se comprometa más a hacer del agua una prioridad (¡supersic!) global con el apoyo a proyectos de desarrollo mayores, incluyendo la ayuda financiera (¡supersic!), mediante la "difusión satelital y otros datos sensibles remotos e instrumentos de modelo hidrológico que llevarán a que Estados Unidos apoye el desarrollo de acuerdos legales (¡supersic!) e institucionales que resuelvan las disputas del agua.


El beneficio de Estados Unidos provendrá de una incrementada demanda de exportaciones agrícolas (¡supersic!) conforme aumenta la escasez de agua en varias partes del mundo, que dependerán de mercados abiertos (¡supersic!), en lugar de buscar acuerdos bilaterales tierra/arrendamiento en otros países para conseguir su seguridad alimentaria (¡supersic!). ¡Ni más ni menos que el neoliberalismo global acuífero/agrícola!


Ahora entendemos los alcances del plan israelí de la fétida ley Korenfeld de Conagua (http://goo.gl/yFyEZY).


Un capítulo fundamental de la evaluación de ICA concierne a los riesgos a la agricultura y al crecimiento económico, cuando "en los próximos 10 años el agotamiento del abasto subterráneo en algunas áreas agrícolas –debido al pobre manejo– representará un riesgo al mercado alimentario tanto nacional como global".


Resulta que numerosos países han sobrexplotado su agua subterránea para satisfacer su creciente demanda alimentaria, por lo que el agua subterránea agotada y degradada puede amenazar la seguridad alimentaria y, por ende, amenazar la disrupción social.


En el México neoliberal itamita hace mucho que fue enterrada la seguridad alimentaria (http://goo.gl/o3WHDL).


Por cierto, el tema de la pendiente reforma agrícola de México lo acabo de abordar en la Cámara de Diputados (https://goo.gl/PGJav9).


ICA cita una perogrullada: cuando el agua asequible para la agricultura es insuficiente, los trabajadores agrícolas pierden su empleo con menores cosechas para cultivar. Hoy 35 por ciento (¡supersic!) de la fuerza laboral global está empleada en la agricultura, con un alto porcentaje en varios países en vías de desarrollo donde la agricultura consume hasta 95 por ciento del uso total de agua, de acuerdo con la FAO.


Entre la laboricida automatización robótica y los drones, sumados al control tecno-agrícola, ¿cómo piensa Estados Unidos manejar tanto magno desempleo global, con su subsecuente disrupción social?


ICA juzga que varios avances en la producción agrícola se han debido al uso sin precedente de las finitas reservas subterráneas, cuando 99 por ciento del agua fresca asequible del planeta se encuentra en los acuíferos, de los que 2 mil millones de personas dependen del agua subterránea como su única fuente acuífera.


Otro problema radica en que la extracción de agua de los acuíferos excede la tasa de relleno, cuando ciertos sistemas subterráneos necesitan varios siglos para su reposición.


ICA calcula que el sobregiro anual total de los acuíferos en el mundo sean quizá el doble del flujo anual del río Nilo.


Según datos satelitales de la NASA, el agua es agotada más rápido en el norte de India que en otras zonas comparables del mundo.


En 2005, el Banco Mundial evaluó que la irrigación subterránea apoya en forma directa o indirecta 60 por ciento de la agricultura irrigada, y 15 por ciento de la producción alimentaria de India depende del uso insustentable de agua subterránea.


El enfoque de Estados Unidos es privatizador, con el manejo y las inversiones del agua mediante la tecnología que reduce la cantidad de agua necesitada para la agricultura.


A mi juicio, el golpe de Estados Unidos es doblemente letal: lidera la agricultura global y su utilización casi monopólica de la tecnología hidráulica.
El control de Estados Unidos sería total mediante una estructura integrada de manejo del recurso acuífero que evalúa el ecosistema entero y entonces usa la tecnología y la infraestructura para la utilización eficiente del agua, control de inundaciones, redistribución del agua y preservación de la calidad.


En forma perturbadora, ICA cita el aciago acuerdo entre Estados Unidos y México sobre los términos de reparto de agua de los ríos Colorado y Bravo y sus principales afluentes, que permite a Estados Unidos las contribuciones de los afluentes de los ríos mexicanos, sin (¡supersic!) el acceso de México a las contribuciones de los afluentes de los ríos de Estados Unidos.


No es ninguna novedad el entreguismo masoquista del "México neoliberal itamita". ¿Tal sería su aplicación al resto del mundo?


AlfredoJalife.com
Twitter: @AlfredoJalifeR_
Facebook: AlfredoJalife
Vk: id254048037

Publicado enMedio Ambiente
Lunes, 21 Septiembre 2015 07:06

Política y nutrición

Política y nutrición

Estado, legitimidad y poder constituyen una de las caras de la moneda, cuya contracara es la identificación de la política con las políticas públicas. En la esfera cotidiana, se trata de la total pérdida de la soberanía alimentaria.


Decía Aristóteles que la política es una de las formas como se organiza la sociedad.


Esta idea comporta dos aspectos paralelos y estrechamente interrelacionados. De un lado, se trata del reconocimiento de que la sociedad se organiza de muchas maneras. En torno a la política, alrededor del deporte, en términos de conocimiento, en la iglesia y en numerosas otras actividades. Lo cual quiere decir, de otra parte, que para el padre de la Constitución de Atenas y el preceptor de Alejando Magno, la participación política no es un llamado imperativo de la vida en la ciudad, y que más vale vivir la vida también alrededor de otros temas, problemas y preocupaciones.


En otras palabras, no toda la vida humana se define en términos de la política, y ésta no puede ni debe adquirir la centralidad que los círculos del poder acaso pretenden. En este sentido, hay países que tienen un ministerio del deporte, otros tienen un ministerio de la ciencia y la tecnología, otros más un ministerio del medio ambiente y hay países que tienen un ministerio de las tecnologías, por ejemplo.


En otro contexto y otro tiempo, decía M. Kundera que en la vida todo es sexo y política, sexo y poder.


Cambiando de foco, pero siempre sobre el mismo tema, los seres humanos se han olvidado de alimentarse bien desde hace alrededor de doscientos años. En efecto, desde cerca de 200 años, la alimentación básica de los seres humanos, particularmente en Occidente, consiste en azúcares y carbohidratos. Ya se sabe: comida chatarra, fast food, restaurantes de centros comerciales, principalmente, y en general, comida de todos los no–lugares, para retomar la expresión de M. Augé.


Las grandes cadenas y corporaciones de la industria de los alimentos, aunadas a las cadenas de distribución de alimentos y a las grandes superficies, son las principales responsables de que, análogamente, a los animales, y contra todas las apariencias del neoliberalismo, la inmensa mayoría de la gente no come lo que quiere, sino lo que le ofrecen.


Vista desde la superficie, la política descansa hoy por hoy en los grandes medios de comunicación, en los productores de noticias, en el marketing político, y en los episodios en las redes sociales. La política, una ciencia del presente (I. Wallerstein), es manejada en la superficie como el tema del titular del día, y la seguidilla de comentarios, escándalos, ires–y–venires.


Paralelamente, el grueso de lo que comen las personas es comida que, aunado al sedentarismo de la vida urbana en las ciudades de hoy, produce sobrepeso y obesidad, que son, en verdad, los sobrecostos de la sobrealimentación.


La idea de la participación política o, mejor aún, de la democracia participativa y deliberante parece un noble ideal. Sin embargo, según el filósofo de Estagira, ello no parece ir muy bien a favor de la búsqueda de la felicidad, que Aristóteles situaba en la cima de su filosofía práctica.


He aquí un cuchillo de doble filo. Dejarle la política a los seres de la superficie, del titular del día, y de la edición, producción y postproducción de la noticia parece algo nocivo e indeseable. Para ello está ese pequeño grande ejército de comentadores, periodistas y analistas.


La reducción de la política a las políticas públicas no es, en verdad, sino la contracara del hecho de que la malnutrición se funda en lo que las góndolas de los supermercados, articuladas en las diferentes secciones, ofrecen a los compradores. El carrito de supermercado sólo está ahí para dar la sensación de libertad.


Estado, legitimidad y poder constituyen una de las caras de la moneda, cuya contracara es la identificación de la política con las políticas públicas. En la esfera cotidiana, se trata de la total pérdida de la soberanía alimentaria y el consumo de azúcares y carbohidratos en desmedro de la diversidad biológica de la naturaleza.


Los seres humanos del mundo actual no se nutren, simplemente comen, y en el mejor de los casos, al costo de altos precios económicos, logra apenas alimentarse.


La corriente principal del mundo pareciera haber olvidado cómo vivir bien. La mayoría simplemente aguanta, resiste, y sobrevive —como puede—. Vivir bien no es, manifiestamente, un asunto de estrategias y políticas públicas, de liderazgo motivacional o transformacional, por ejemplo. Vivir bien es un asunto que pasa, por ejemplo, por algo tan elemental como saber de verdad qué necesitamos.


La política y la industria de los alimentos descansan en un mismo trípode de principios, a saber: marketing (= segmentación del mercado), (mucha) publicidad y propaganda y diseño (en especial diseño industrial, sin descartar los otros tipos de diseño: gráfico, textil, urbano, de interiores y otros).


Sin más: la política cotidiana forma parte de aquello de lo que se alimenta la mayoría de los seres humanos.


Después de haber vivido un tiempo en Japón, una de las cosas que aprendí es que los occidentales se refieren a aquello que los alimenta en términos militares y de agresión: notablemente, el cuchillo y el tenedor. Cortan, pican, trozan lo que los va alimentar, esto es, aquello que los hace posibles. El mundillo de la política no parece ser más que eso: una especie de picadillo que, por lo demás, se engulle rápidamente, y se digiere como se puede. Sin mencionar que, al parecer, la mayoría de los seres humanos tienen hoy por hoy serios problemas de digestión, de colon, y problemas de metabolización. Como se aprecia, un cuadro coherente, un bucle que se cierra sobre sí mismo.

Publicado enSociedad
Lunes, 21 Septiembre 2015 06:58

Mala hierba que no muere

Mala hierba que no muere

Una parábola del capitalismo tardío. Existe una planta silvestre nativa del actual Estados Unidos, un rastrojo conocido como horseweed o hierba caballo, cola de yegua, Conyza canadiensis, erigerón de Canadá, hierba carnicera, crisantelmo, lirio compuesto y zarramaga entre otros nombres (para la gente común suele no tener ninguno). Es una lata para los agricultores, daña maizales, cañaverales, y ahora los campos de no-labranza y de transgénicos, especialmente soya.

Gracias al descubrimiento de América este hierbajo se extendió a los cinco continentes. Suele ser inofensivo. Para la tribu zuñí era una planta sagrada. Posee usos medicinales comprobados: elimina el ácido úrico y combate la gota, alivia reumas y cistitis, controla la diarrea. No vale nada, es decir, no se vende. Crece dondequiera. Llega a medir 50 centímetros, con un sólo tallo. Si se le permite, se vuelve un arbusto de hasta dos metros. En Mesoamérica es una de las hierbas que los milperos eliminan para salud del maíz y el frijolar. Gracias a la tecnología y el mercado, concretamente al RoundUp de Monsanto, el erigerón o coniza (otro de sus nombres) pareció controlado, mas tuvo el mérito de ser la primera planta decididamente resistente al herbicida glifosato, hoy empleado en todo el mundo (aunque Francia lo prohibió recientemente), un producto polémico que, al igual que a los políticos y los famosos, los ataques, las denuncias y las burlas le sirven de espuma. Lo que no mata engorda. Que lo diga la modesta horseweed.


Conforme se industrializó la agricultura a gran escala, los herbicidas químicos y los fertilizantes ídem se volvieron indispensables. Sus usuarios empezaron como con la penicilina y acabaron como la heroína, enganchados a dosis cada vez mayores y sin alternativa. RoundUp ha sido la estrella de Monsanto. Ayudó a lavarle la cara a la empresa, que al concluir la guerra de Vietnam estaba identificada con el letal desfoliante agente naranja. El desarrollo y la comercialización del nuevo producto catapultó la firma al bando de los buenos. Si bien mucho se ha investigado, escrito y difundido en contra suya, mucho más se invierte, publica y publicita en favor del glifosato. Agresivamente llegado el caso, en tribunales o mediante agresiones anónimas, advertencias y cosas así. También debemos a Monsanto la hormona de crecimiento bovina (prohibida en Europa, no en México ni Estados Unidos) y los dichosos transgénicos, un mercado colosal que comparte con otras trasnacionales.


¿Cómo fue que una fábrica de venenos, fundada en 1901, devino protectora de las ciencias de la vida, santa, verde y todopoderosa? Marie-Monique Robin hizo ya una disección implacable en El mundo según Monsanto (Èditions La Découverte, París, 2008), concluyendo (y no es la única) que la empresa incurre en conductas criminales mientras se pinta de verde y sin que usted se dé cuenta se hace presente en los alimentos que lleva a su mesa.


Como se sabe, el principal cargo contra el glifosato es que produce o facilita el cáncer en humanos. Ante ello, la firma ha dedicado millones de dólares en promover investigaciones favorables y generar las evidencias científicas que, según se ufanan los ejecutivos de Monsanto, constituyen la documentación científica más numerosa en la historia. En tanto, combaten a sus detractores, van tras ellos si publican en revistas científicas de prestigio, asedian institutos, difaman a organizaciones civiles y periodistas, aplastan a consumidores y campesinos rebeldes. Nada los detiene.


La agricultura industrial, la mejorada y hoy la transgénica basan parte de su éxito en la eliminación radical de plagas. Millones de personas han fumigado y han sido fumigadas con glifosato para vencer especímenes vegetales y fúngicos que engrosan la nómina de plagas para las cuales la industria ofrece antídotos. Pero nuestro rastrojo lleva la delantera. Ohio fue el primer lugar donde se declaró enemigo público a esta planta estadunidense, nativa como la que más. ¿Qué dicen a esto los nativistas que desean volver a la flora virginal del año 1500? Nada. O lo que disponga Monsanto, la de los transgénicos que fueron diseñados para resistir sus venenos, y que se mueran los feos.


Andrew Cockburn recoge en el número 1984 de Harper's (septiembre de 2015) informaciones alarmantes. Destaca que esta planta, blanco natural del herbicida, en años recientes ha desarrollado un nuevo tipo, un superrastrojo producto de años de tratamiento con glifosato; no sólo se niega a morir con dosis cuatro veces mayores a las recomendadas, sino que parece ganar fuerza con la exposición al herbicida. Como los monstruos de David Cronenberg. Crece hasta cuatro metros, añade Cockburn, con ramas tan gruesas que, de acuerdo con un agricultor, atasca las máquinas cosechadoras. En otras palabras, "un alien muy invasivo, nacido en Estados Unidos".


Lo que no mata al rastrojo lo engorda. Lo agiganta. Ay nanita, pasa las palomitas, ya nos cayó Godzilla.

Publicado enMedio Ambiente
Domingo, 20 Septiembre 2015 05:52

La geopolítica del agua del siglo XXI

La geopolítica del agua del siglo XXI

Un impactante análisis de Peter Engelke, becario del Atlantic Council, y de Russell Sticklor, investigador del Stimson Center, contempla las guerras del agua como el próximo gran detonador de conflictos globales, en el influyente portal The National Interest (http://goo.gl/EUXIF9).


Aunque pertenecen a escuelas ultraconservadoras de Estados Unidos –similares en su irredentismo trasnacional a los polémicos Aspen Institute y Wilson Center (que prohijó con el ITAM el regalo del petróleo de México a Estados Unidos)–, Peter Engelke y Russell Sticklor abordan la geopolítica del agua para el siglo XXI, análoga a la del petróleo que configuró la geopolítica del siglo XX: el agua tiene el poder de reordenar (¡supersic!) las relaciones internacionales en el siglo presente y su geopolítica mundial emergente es complicada ya que los recursos de agua fresca (http://goo.gl/1rrWWq) están distribuidos en forma desigual en todo el planeta.


Juzgan que existen grandes potencias acuíferas dotadas con enormes reservas renovables como Brasil, Rusia, Estados Unidos, Canadá y China (¡supersic!), que conforman los primeros cinco del ranking mundial de la CIA (https://goo.gl/6PKx7A).


Consideran que, pese a ello, aun dentro de estos inmensos países, la asequibilidad no es uniforme, ya que en el sur de Brasil, la parte occidental de Estados Unidos, el norte de China y otras subregiones, confrontan intenso estrés acuífero. Nada es perfecto.


Señalan que en número los países carentes de agua superan a las grandes potencias hidráulicas: una creciente lista de países que sufren la tormenta perfecta (¡supersic!) de un rápido crecimiento poblacional, agotamiento de recursos, pobre gobernación (sic), estancamiento económico e impactos de cambio climático inquietantes en medio de una aridez crónica.
Los países más frágiles en materia acuífera están concentrados en un significativo cinturón estratégico que va del norte de África a través del Medio Oriente y el cuerno de África hasta las partes oriental, sureña y central de Asia (http://goo.gl/naFKGg).


Es en este cinturón de países naturalmente áridos o semiáridos donde la escasez de agua tiene el mayor potencial de infligir un grave daño.


Señalan que el estrés acuífero se entiende mejor como un precursor de conflictos y apuntan el ejemplo de tres países islámicos: Siria, Yemen y Pakistán, que pertenecen al célebre arco de crisis geopolítico.


El arco de la crisis fue un concepto muy socorrido por Zbigniew Brzezinski, ex asesor de Seguridad Nacional de Carter e íntimo de Obama (http://goo.gl/Z3U4z), el cual regresa ahora bajo el esquema de la crisis global del agua (https://goo.gl/XVknZK).


En referencia a la martirizada Siria, los autores aducen que entre 2006 y 2010, fue golpeada duramente por la sequía, que arrasó con el modo de vida rural y causó desplazamientos internos significativos, que a su vez ayudaron a espolear la olla que hizo bullir y desembocó en una guerra civil que eventualmente se desparramó a Irak.


Aquí discrepo, ya que la atroz guerra ilegal de Estados Unidos y Gran Bretaña en Irak provocó masivas migraciones y desplazamientos que alcanzaron a Damasco. Más bien es la confluencia de las dos guerras consecutivas de Irak por el nepotismo dinástico de los Bush (padre e hijo) y la guerra civil en Siria la que confluyó para crear todas las turbulencias desde la antigua Mesopotamia (que significa tierra entre dos ríos: el Éufrates y el Tigris) hasta la costa nororiental del Mar Mediterráneo.


Peter Engelke y Russell Sticklor citan a investigadores, consultados por The New York Times (NYT), quienes vinculan el conflicto sirio a la sequía empeorada por el cambio climático (http://goo.gl/ePzJbY).


A propósito, hace cinco años, antes que el NYT, apunté que Siria era el teatro de la primera revuelta árabe por el agua y el cambio climático (http://goo.gl/BTQp9).


Peter Engelke y Russell Sticklor juzgan que en los recientes dos años, los yihadistas de Daesh/ISIS han contemplado el acceso al agua y su control como un objetivo estratégico primario de su campaña, y han expropiado presas hidroeléctricas, canales de irrigación, depósitos de agua, acueductos/gasoductos y otras infraestructuras de agua para cimentar sus adquisiciones territoriales.


Arguyen que el agua ha jugado un papel importante en el colapso en curso de Yemen, donde "décadas de mal manejo lo han dejado –uno de los países más escasos en agua del mundo– con una infraestructura dilapidada de agua, reservas subterráneas acuíferas severamente agotadas, y altas tasas de ineficiencia de uso de agua". ¿Qué le dejan a la Bolivia del DF y Edomex (http://goo.gl/YhRJuD)?


Saná, la capital de Yemen, puede convertirse en la primera capital del mundo moderno en carecer funcionalmente de agua, posiblemente (sic) tan temprano como 2025. ¿Antes que la Bolivia mexicana?


Aportan el ejemplo de Pakistán y su galopante crecimiento poblacional, con patrones de lluvia cambiantes que amenazan su perspectiva acuífera.


Citan al Daily Times, de Pakistán, que pronostica que su población masiva casi se duplicará en los próximos 36 años (nota: casi 200 millones y una pirámide demográfica similar a la de México) y cuya demanda de sus acuíferos limitados se intensificará en una forma que es casi inimaginable (http://goo.gl/MZ9yQ9).


Pakistán, potencia nuclear con 120 ojivas, es ya uno de los países con mayor escasez de agua en el planeta, lo cual reconfigura la región (léase: el subcontinente indio de mayor población planetaria) cuando muchos grupos militantes pakistaníes por largo tiempo hostiles a India han suplantado sus protestas sobre el control de Cachemira por India con más protestas específicas sobre el acceso al más valioso recurso de Cachemira: el agua.


Peter Engelke y Russell Sticklor concluyen que existen otros países que se unirán a la triada de Siria, Yemen y Pakistán y enfrentarán una combinación similar de estrés acuífero e inseguridad política y social, como Irak y otros países proclives (¡supersic!) a conflictos y de significado geopolítico como Irak, Irán (¡supersic!), Afganistán, Egipto, Libia, Nigeria y Somalia". ¿Y la Bolivia mexicana de la metrópoli, que va desde Iztapalapa hasta Ciudad Neza?


No es precisamente la aplicación interesada de la fétida ley Korenfeld (http://goo.gl/MZ9yQ9) –que favorece los intereses de Israel en detrimento de México y pretende privatizar hasta el agua de lluvia y utilizarla para el letal fracking– lo que resolverá el severo estrés acuífero de la metrópoli mexicana.


A juicio de Peter Engelke y Russell Sticklor es todavía más preocupante (¡supersic!) que pesos pesados globales como China, India y el mismo Estados Unidos enfrenten incómodos futuros, dados los contrastes entre la demanda pronosticada del agua y las exprimidas (sic) fuentes de abastecimiento.


No siempre la carencia de agua estimula los conflictos; también su superabundancia, como el caso singular del Líbano: motivo del apetito de saqueo acuífero de Israel en el río Litani (http://goo.gl/XL2jJE).


Un tema convergente en el arco de crisis (http://goo.gl/pwdd2d) es la expropiación del agua subterránea palestina por el Estado racista y de apartheid de Israel (http://goo.gl/0W6K6o).


http://alfredojalife.com
@AlfredoJalifeR_
https://www.facebook.com/AlfredoJalife
http://vk.com/id254048037

Publicado enInternacional
Lunes, 14 Septiembre 2015 07:01

¿Qué le hace la música a nuestro cerebro?

¿Qué le hace la música a nuestro cerebro?

Los seres humanos convivimos con la música en todo momento. Es un arte que nos hace disfrutar de tiempos placenteros, nos estimula a recordar hechos del pasado, nos hace compartir emociones en canciones grupales, conciertos o tribunas deportivas. Pero eso que resulta por demás natural, se produce a través de complejos y sorprendentes mecanismos neuronales. Es por eso que desde las neurociencias nos hacemos muchas veces esta pregunta: ¿qué le hace la música a nuestro cerebro?


La música parece tener un pasado extenso, tanto o más que el lenguaje verbal. Prueba de ello son los hallazgos arqueológicos de flautas construidas con hueso de ave, cuya antigüedad se estima de 6.000 a 8.000 años, o más aun de otros instrumentos que podrían preceder al homo sapiens. Existen diversas teorías sobre esta coexistencia íntima con la música en la evolución. Algunas de estas se dieron porque al estudiar la respuesta del cerebro a la música, las áreas claves que se ven involucradas son las del control y la ejecución de movimientos. Una de las hipótesis postula que esta es la razón por la que se desarrolló la música: para ayudarnos a todos a movernos juntos. Y la razón por la que esto tendría un beneficio evolutivo es que cuando la gente se mueve al unísono tiende a actuar de forma más altruista y estar más unida. Algunos científicos, a su vez, sugieren que la influencia de la música sobre nosotros puede haber surgido de un hecho fortuito, por la capacidad de esta para secuestrar sistemas cerebrales construidos para otros fines, tales como el lenguaje, la emoción y el movimiento.


Escuchamos música desde la cuna o, incluso, en el período de gestación. Los bebés, en los primeros meses de vida, tienen la capacidad de responder a melodías antes que a una comunicación verbal de sus padres. Los sonidos musicales suaves los relajan. Se sabe, por ejemplo, que niños prematuros que no pueden dormir son beneficiados por los latidos de la madre o sonidos que los imitan.


La música está considerada entre los elementos que causan más placer en la vida. Libera dopamina en el cerebro como también lo hacen la comida, el sexo y las drogas. Todos ellos son estímulos que dependen de un circuito cerebral subcortical en el sistema límbico, es decir, aquel sistema formado por estructuras cerebrales que gestionan respuestas fisiológicas ante estímulos emocionales; particularmente, el núcleo caudado y el núcleo accumbens y sus conexiones con el área pre-frontal. Los estudios que muestran activación ante los estímulos mencionados revelan un importante solapamiento entre las áreas, lo que sugiere que todos activan un sistema en común.


Uno de los fundadores del laboratorio de investigación Brain, Music and Sound [cerebro, música y sonido], en Canadá, el científico Robert Zatorre describe así los mecanismos neuronales de percepción musical: una vez que los sonidos impactan en el oído, se transmiten al tronco cerebral y de ahí a la corteza auditiva primaria; estos impulsos viajan a redes distribuidas del cerebro importantes para la percepción musical, pero también para el almacenamiento de la música ya escuchada; la respuesta cerebral a los sonidos está condicionada por lo que se ha escuchado anteriormente, dado que el cerebro tiene una base de datos almacenada y proporcionada por todas las melodías conocidas.


Estas memorias fueron la base para una original investigación, liderada por Agustín Ibáñez y Lucía Amoruso, que realizó el Instituto de Neurociencias Cognitivas (INECO) sobre mecanismos cerebrales que permiten anticipar acciones. Nuestro cerebro constantemente trata de anticipar qué va a suceder. Para analizar esto, les mostraron a expertos bailarines de tango vídeos en los que, según el nivel de experiencia, pudieran prever (o no) cuándo otros bailarines cometerían un error. Mientras ellos observaban, se registró la activación de ciertas regiones del cerebro con electroencefalograma de alta densidad. Esta investigación reveló que solo en los expertos, 400 milisegundos antes de que se iniciara la secuencia, la actividad cerebral ya anticipaba que iba a ocurrir un error. Existen circuitos en la corteza cerebral involucrados en la percepción, codificación, almacenamiento y en la construcción de los esquemas abstractos que representan las regularidades extraídas de nuestras experiencias musicales previas. La construcción de expectativas y su posible violación es clave para una respuesta emocional.


Las personas cantan y bailan juntas en todas las culturas. Sabemos que lo hacemos hoy y lo seguiremos haciendo en el futuro. Podemos imaginar que lo hacían también nuestros ancestros, alrededor del fuego, hace miles de años"


La relación de la música con el lenguaje también es objeto de estudio. El procesamiento del lenguaje es una función más ligada al lado izquierdo del cerebro que al lado derecho en personas diestras, aunque las funciones desempeñadas por los dos lados del cerebro en el procesamiento de diferentes aspectos del lenguaje aún no están claros. La música también es procesada por los hemisferios derecho e izquierdo. Evidencia reciente sugiere un procesamiento compartido entre el lenguaje y la música a nivel conceptual. Pero la música parece ofrecer un nuevo método de comunicación arraigada en emociones en lugar del significado tal como lo entiende el signo lingüístico. Investigaciones muestran que lo que sentimos cuando escuchamos una pieza musical es muy similar a lo que el resto de la gente en el mismo lugar está experimentando. Por eso las melodías, en muchos de los casos, pueden trabajar en nuestro beneficio a nivel individual, al modular el estado de ánimo e incluso la fisiología humana, de manera más eficaz que las palabras. La activación simultánea de diversos circuitos cerebrales producida por la música parece generar algunos efectos notables: en lugar de facilitar un diálogo en gran medida semántico, como hace el lenguaje, la melodía parece mediar un diálogo más emocional.


El área de la salud se vale de la música con el fin de mejorar, mantener o intentar recuperar el funcionamiento cognitivo, físico, emocional y social, y ayudar a lentificar el avance de distintas condiciones médicas. La musicoterapia, a través de la utilización clínica de la música, busca activar procesos fisiológicos y emocionales que permiten estimular funciones disminuidas o deterioradas y realzar tratamientos convencionales. Se han observado importantes resultados en pacientes con trastornos del movimiento, dificultad en el habla producto de un accidente cerebrovascular, demencias, trastornos neurológicos y en niños con capacidades especiales, entre otros.


La música puede ser una herramienta poderosa en el tratamiento de trastornos cerebrales y lesiones adquiridas ayudando a los pacientes a recuperar habilidades lingüísticas y motrices, ya que activa a casi todas las regiones del cerebro. Estudios de neuroimagen muestran que tanto al escuchar como al hacer música se estimulan conexiones en una amplia franja de regiones cerebrales normalmente involucradas en la emoción, la recompensa, la cognición, la sensación y el movimiento. Las nuevas terapias basadas en la música pueden favorecer la neuroplasticidad -nuevas conexiones y circuitos- que compensan en parte las deficiencias en las regiones dañadas del cerebro. La música es física y anima a la gente a moverse con el ritmo. Cuanto más destacado es el ritmo, más radical y contundente el movimiento del cuerpo. El ejercicio físico puede ayudar a mejorar la circulación, a proteger el cerebro y facilitar la función motora. La música induce estados emocionales al facilitar cambios en la distribución de sustancias químicas que puede inducir estados de ánimo positivos y aumento de la excitación, lo que a su vez puede ayudar a la rehabilitación.


Emoción, expresión, habilidades sociales, teoría de la mente, habilidades lingüísticas y matemáticas, habilidades visoespaciales y motoras, atención, memoria, funciones ejecutivas, toma de decisiones, autonomía, creatividad, flexibilidad emocional y cognitiva, todo confluye en forma simultánea en la experiencia musical compartida. Las personas cantan y bailan juntas en todas las culturas. Sabemos que lo hacemos hoy y lo seguiremos haciendo en el futuro. Podemos imaginar que lo hacían también nuestros ancestros, alrededor del fuego, hace miles de años. Somos lo que somos con la música y por la música, ni más ni menos.


Por Facundo Manes, neurólogo y neurocientífico (PhD in Sciences, Cambridge University). Es presidente de la World Federation of Neurology Research Group on Aphasia, Dementia and Cognitive Disorders y Profesor de Neurología y Neurociencias Cognitivas en la Universidad Favaloro (Argentina), University of California, San Francisco, University of South Carolina (USA), Macquarie University (Australia). @manesf

Primer trasplante de cabeza de la historia ya tiene fecha

En febrero de este año, el investigador italiano Sergio Canavero remeció el ambiente científico al afirmar que en los próximos años sería capaz de realizar el primer procedimiento de la historia donde se trasplante la cabeza de un humano a otro cuerpo.


El investigador ya había llamado la atención de la comunidad científica en 2013 cuando detalló la técnica para ejecutar la operación, gracias a su experiencia con animales que en las pruebas lograron vivir varios días con la ayuda de respiración asistida.


Sin embargo, para la pionera operación faltaba un voluntario dispuesto a ofrecer su vida por la ciencia. No pasaría mucho tiempo.


Dos meses después, Valeri Spiridónov, aquejado de atrofia muscular espinal, una grave enfermedad genética que ataca las neuronas motoras, aseguró que se sometería voluntariamente al procedimiento, siendo unido a otro cuerpo a través de la espina dorsal.


El tiempo juega en contra de Spiridónov, que empeora cada día y ha superado ya la esperanza de vida para personas con su enfermedad. "Ésta es mi decisión final y no pienso cambiarla. ¿Miedo? Claro que lo tengo, pero si no lo intento mi futuro puede ser aún peor", reveló el ruso de 30 años.


"Mi enfermedad es degenerativa y mortal. Esta dolencia degenera los músculos, y el corazón es también un músculo", agregó en una entrevista donde dice contar con el apoyo de su familia y amigos, a pesar que tienen miedo de perderlo.
Claramente, nada merma la determinación de Valeri, que confía ciegamente en el médico italiano. "Siempre he estudiado y leído. Y entre mis intereses siempre estuvieron las investigaciones científicas sobre la sustitución de todos los órganos vitales, porque creo que son las más útiles para mi caso (...) Canavero ya demostró que el procedimiento funciona cuando devolvió la capacidad de moverse a una chica con un grave traumatismo de la médula", afirmó.


En cuanto a los cuestionamientos relacionados con la operación, el paciente indicó que "las investigaciones en este campo son necesarias y no pueden ser coartadas por motivos éticos, que frenan en la actualidad el progreso. No hay que cortarse, sino trabajar en tecnologías capaces de salvar la vida a cientos de miles de personas", insistió.
La fecha


Y finalmente, ya existe fecha oficialmente establecida para la polémica operación. Será en diciembre de 2017, cuando Sergio Canavero y el Dr. Ren Xiaoping, quien tiene experiencia en este tipo de intervenciones en más de mil ratones, intervengan al paciente en el Harbin Medical University de China.


El procedimiento durará 36 horas y tendrá un costo aproximado de 11 millones de dólares, con 150 médicos de apoyo.
Según los cálculos de Canavero, si todo va según lo previsto, dos años es el período de tiempo necesario para verificar todos los cálculos científicos y planificar los detalles del procedimiento.


"No es una carrera. Sin duda, la cirugía se llevará a cabo una vez que el doctor y los expertos estén seguros de su éxito", señaló Valeri Spiridónov.


"Cuando me di cuenta de que podía participar en algo realmente grande e importante, no tenía ninguna duda (...) lo único que siento es una agradable impaciencia, como si me hubiese estado preparando para algo importante toda mi vida, y este comenzando a suceder", dijo.


La operación


En términos muy simples, la técnica utilizada por Canavero consiste en enfriar la cabeza y el cuerpo del donante para detener la muerte celular, mantener la espina dorsal del paciente conectada a la cabeza luego de separarla con un corte limpio, y se une con la espina dorsal del cuerpo "receptor" utilizando un compuesto biomaterial llamado polietilenglicol.
Posteriormente los vasos sanguíneos, músculos y piel se suturan y el paciente se induce en coma durante varias semanas para evitar el movimiento. Se aplica electricidad a la columna vertebral para estimularla y así reforzar las nuevas conexiones nerviosas. En caso de rechazo, al paciente se le suministran inmunosupresores.


Según Canavero, esto permitirá que el paciente gire su cabeza y pueda hablar al poco tiempo de la cirugía, pudiendo caminar luego de un año.

(Tomado de La Tercera)

Lunes, 07 Septiembre 2015 05:04

Esa civilización, Occidente

Esa civilización, Occidente

Occidente está gravemente enferma, y sólo cabe esperar lo peor. Su deceso en términos de tiempos históricos será inminente. Pero una nueva civilización emerge.


Primero fue el Quattrocento que se denominó a sí mismo como Renacimiento, saliendo de esa edad oscura que fue la Edad Media, denominada así por encontrarse entre la Grecia antigua y el Renacer de la humanidad. Después fue la modernidad, que se denominó a sí misma de esta forma con sus ideales de progreso, su fe en la ciencia y en la racionalidad y su centralidad en el ser humano. Posteriormente, en el siglo XVIII, se inventa el concepto de civilización como el esfuerzo por distanciarse de la naturaleza. Y con ello, de consuno, con la idea de "civilizar" a otros pueblos, naciones y culturas. No en última instancia, la idea de civilización y "civilizados" se asimiló entre las élites como sinónimo de sofisticación, buen gusto, sentido de la vida y gentileza; justamente, politesse en francés, pulir, y hacia atrás ulteriormente la noción misma de politeia (en la Grecia antigua).


No existe una sola comprensión o definición de civilización. En unos casos se refiere a la herencia y la deuda de un origen fontanal; habitualmente se trata de la síntesis que resultó de la amalgama entre Grecia, Roma y Jerusalén. En otros casos se hace referencia a un ideal mínimo común de valores, principios, ideales y formas y estilos de vida. U en otros casos más, a una unidad de criterios culturales, étnicos y filosóficos. Con ello, en cualquier caso, la idea de civilización tiene tanto de ancho como de largo; desde los trabajos de Malinowsky hasta las interpretaciones de Huntington, con todos los matices intermedios.
En un libro maravilloso, no traducido aún al español, F. Fernández–Armesto —Civilizations. Culture, Ambition, and the Transformation of Nature. Touchstone, New York, 2001—, sugiere una comprensión no–lineal de las civilizaciones. Una civilización se define por sus relaciones con la naturaleza. De esta forma, es posible identificar las distintas civilizaciones en función de su relación con la naturaleza.


Sin ambages, ello permite identificar a Occidente en términos precisos. Se trata de esa civilización que se refiere a la naturaleza en términos de medios a fin, en el que la naturaleza es el medio para que los seres humanos desplieguen y realicen sus intereses y necesidades. Exactamente la síntesis de Atenas, Roma y Jerusalén.
Pues bien, en términos médicos, Occidente es una civilización enferma. La suya es, al mismo tiempo, una enfermedad crónica, aguda y compleja. En medicina, se dice que:


• Una enfermedad es crónica cuando se trata de un mal de largo plazo que no puede ser curado y con el que hay que aprender a vivir. Ejemplos de enfermedades crónicas es la diabetes, la artritis, cardiopatías o la obesidad. Se trata de enfermedades que no pueden ser curadas, tan sólo controladas.
• Una enfermedad se dice que es aguda cuando tiene un origen y desarrollo rápido, usualmente súbito e imprevisto, y su desenlace puede ser igualmente rápido y sorpresivo. Los síntomas generalmente son severos y por lo general es una etapa de la enfermedad que desemboca en una enfermedad crónica o en la muerte. La neumonía o la apendicitis son ejemplos de esta clase de enfermedades.


• Por su parte, una enfermedad se dice en medicina que es compleja cuando resulta de la combinación de factores genéticos, medioambientales y de formas de vida. Se trata de desórdenes multifactoriales, muchos de los cuales no terminan de ser identificados. El asma, el párkinson, la osteoporosis, las enfermedades autoinmunes o el cáncer son ejemplos de enfermedades complejas.

En efecto, en un mundo alta y crecientemente complejo, entrelazado de múltiples maneras y en diversas escalas, alta y crecientemente interdependiente en múltiples sentidos y contextos, no existe la crisis. Por el contrario, existen crisis (en plural) sistémicas y sistemáticas. Tal es el diagnóstico de la civilización occidental, que sufre de numerosas crisis, tales como crisis políticas, económicas, financieras, medioambientales, de valores, crisis de confianza, crisis humanitaria en gran escala, iniquidad y pobreza en amplia escala, corrupción, impunidad y existencia del estado con falencias múltiples en un lugar o en otro. En fin, los diagnósticos, a estas alturas de la vida, son variados, amplios y robustos. Es imposible abordar, tocar y solucionar una crisis sin atender al mismo tiempo a otra(s). Un mundo verdaderamente complejo.


Occidente está enferma, severamente enferma, y a decir verdad se encuentra desde hace un tiempo en la sala de cuidados intensivos. Las mejores mentes en política o en temas de seguridad, en finanzas o en comercio internacional, en temas jurídicos o medioambientales, por ejemplo, no tienen la más mínima idea de cómo salir de ese entretejido complejo de crisis sistémicas y sistemáticas. Todo pareciera indicar que Occidente merece de cuidados paliativos, una idea cara en medicina, ciencias de la salud y bioética.


Son numerosos los foros mundiales —Davos (Foro Económico Mundial), G–7, G–7 más 1, OCDE, entre muchos otros— y son numerosas las instancias y organismos multilaterales, nacionales e internacionales dedicados a buscarle salidas a las series de crisis en curso. Es como cuidar un párkinson con banditas o aspirinas.


Mientras tanto, el costo humano es creciente e inclemente. La crisis de refugiados en Europa (¡en tiempos de paz!), las oleadas de inmigrantes africanos, los desplazamientos internos en numerosos países, la corrupción galopante y sus consecuencias sobre las violaciones de derechos humanos. Intelectualmente el panorama es apasionante; humanamente es desolador y triste.


Occidente está gravemente enferma, y sólo cabe esperar lo peor. Su deceso en términos de tiempos históricos será inminente. Pero una nueva civilización emerge. Nuevas formas de organización social, nuevas escalas de valores, nuevas y diferentes relaciones con la naturaleza, nuevas ciencias, saberes y disciplinas, en fin, nuevas formas de organización económica y de formas y estilos de vida aparecen, por lo pronto a escala local y regional, pero se van entretejiendo de formas sutiles y rizomáticas. Al destino fatídico de esa civilización que es Occidente —la tierra del sol poniente—, lo acompañan nuevas, sorprendentes y muy positivas y favorables formas de vida, comprensión y explicación del mundo y de la naturaleza. Contra el desamparo y milenarismo, contra el pesimismo y la desolación una nueva civilización brota ante nuestros ojos. No está siendo construida. Mucho mejor aún, está siendo sembrada.

Publicado enSociedad
Sábado, 05 Septiembre 2015 05:16

¿Transgénicos o ciencia?

¿Transgénicos o ciencia?

Jonathan Latham es biólogo, botánico, tiene maestría en genética vegetal y doctorado en virología. Acaba de publicar un texto titulado Growing Doubt: a Scientist's Experience of GMOs(Dudas crecientes: la experiencia de un científico con los organismos modificados genéticamente), donde expresa importantes preocupaciones sobre los impactos de los transgénicos y nuevas técnicas de modificación genética. Se basa para ello en su experiencia como científico que desde la década de 1990 trabajó haciendo plantas transgénicas, como parte de sus actividades académicas.


Como joven científico, Latham no estaba preocupado por los impactos en salud o ambiente de estas plantas creadas en laboratorio, en parte porque su entusiasmo por la ciencia y la investigación opacaban otros aspectos, en parte porque no imaginaba entonces que con la fragilidad y nivel de incertidumbre de tales técnicas, éstas llegarían a productos de consumo y al ambiente.


Pero a las empresas de transgénicos –y los científicos que lucran gracias a ellas– eso no les importó y ahora varios cultivos y muchos alimentos con transgénicos se colaron a nuestros campos y mesas, pese a que tengan efectos dañinos.


Después de haber analizado cuidadosamente numerosas evaluaciones de riesgo de cultivos transgénicos, Latham señala varios problemas. Uno de ellos es que son las empresas que hacen su propia evaluación de riesgo –las agencias gubernamentales solamente las revisan, en general superficialmente. Las empresas, pese a que los datos de sus análisis muestren daños o aunque los análisis sean intencionalmente de pésima calidad, invariablemente informan que sus productos no tienen ningún problema.


Hay varios casos –por ejemplo el maíz Mon863 de Monsanto– en el que científicos independientes accedieron al estudio completo de la empresa, comprobando que las conclusiones no eran coherentes con el propio estudio, sino que habían sido maquilladas para desestimar los daños. Las agencias de bioseguridad y de inocuidad alimentaria solamente leyeron las conclusiones y dieron por buenas las recomendaciones de Monsanto. Eso hizo también la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) en México, aunque el estudio en sí muestra graves anomalías en órganos internos de ratas de laboratorio.


Otro ejemplo que expone Latham es que la bacteria Bacillus thuringiensis, (usada para hacer cultivos transgénicos insecticidasBt) es virtualmente igual al Bacillus anthrax origen del conocido tóxico Ántrax; y que la acción de cultivos insecticidas Bt tienen similitudes estructurales con la del ricino. Ricino y ántrax se han usado como potentes tóxicos contra humanos. Además, agrega, no se conoce el modo de acción de las proteínas Bt, lo cual imposibilita análisis serios de riesgos a la salud, más grave aún porque las proteínas Cry (las del Bt) han mostrado ser tóxicas para células humanas in vitro.


El aumento de agrotóxicos que conllevan los transgénicos es un enorme problema para la salud y el ambiente. El glifosato, el agrotóxico más usado con transgénicos, fue declarado cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud. Latham explica que otro químico que se usa con los cultivos transgénicos, el glufosinato, tiene un mecanismo de acción (inhibidor de la enzima glutamina sintetasa) que es tóxico para hierbas y también muchos organismos como hongos, bacterias y animales. Es neurotóxico en mamíferos y no se degrada fácilmente en el ambiente. Con los transgénicos manipulados para tolerar glufosinato, éste permanece en los cultivos, lo ingerimos en alimentos y no se puede detectar hasta meses después. Su acción es tan amplia, dice Latham, que llamarlo herbicida es apenas un nombre.


Latham y Allison Wilson, otra científica, revelaron que una secuencia viral usada como promotor en casi todos los cultivos transgénicos (CaMV, virus del mosaico de la coliflor); se asumió erróneamente como segura por 20 años, pero un estudio comisionado en 2013 por EFSA (autoridad europea de seguridad alimentaria) mostró que es capaz de alterar la expresión normal de muchos otros genes en plantas, dejándolas indefensas ante las enfermedades. La EFSA trató de ignorar el estudio, pero Latham y Wilson lo sacaron a la luz.


El texto no sólo coloca a debate problemas graves de los transgénicos, expone también que si llegaron a los mercados y alimentación, es solamente por presión comercial de las trasnacionales de transgénicos y la falta de ética de los científicos involucrados. Los mismos actores queinforman en México al gobierno y jueces a favor de los transgénicos, ocultando los problemas reales.


Justamente, ante esta falta de ética científica, ante estos intentos de simplificación absurda de la complejidad de la naturaleza y ante el descompromiso con las necesidades, culturas e historia de la mayoría, se han ido formando en el mundo asociaciones de científicos críticos que no aceptan seguir siendo cómplices de la ciencia mercenaria que trabaja para los intereses de lucro empresariales. Ejemplos de ello son la UCCS en México, y la recientemente formada Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza en América Latina (UCCSNAL), que se constituyó en Argentina, con científicos y expertos de 10 países del continente. La UCCSNAL se posicionó por la prohibición de los transgénicos, haciendo suyas en su declaración constitutiva las palabras del difunto doctor Andrés Carrasco (nombrado presidente honorario):Los transgénicos son una tecnología basada en supuestos falaces y anacrónicos que reducen y simplifican la lógica científica, al punto de ya no ser válida.


El emperador transgénico está desnudo y cada vez más científicos responsables lo están denunciando.


*Investigadora del Grupo ETC

Lunes, 31 Agosto 2015 06:34

¿Construir o sembrar?

¿Construir o sembrar?

La mayoría de los seres humanos creen que pueden construir su propia vida; cuando la verdad es que cada quien cultiva hoy, pero cosecha mañana, y no siempre cosecha lo que ha sembrado.



La modernidad le adscribe al ser humano la capacidad de agencia; así, los seres humanos se asumen como sujetos, frente a lo cual todo lo demás, por definición, es comprendido en términos de objeto. Esta historia, que va del siglo XVI hasta la fecha, no es en realidad sino la reafirmación del mito según el cual la naturaleza fue creada para beneficio de los seres humanos.


En los principales idiomas occidentales —en español, en inglés: to build; en francés, construire; en alemán, aufbauen, por ejemplo—, construir se asume como un verbo y una acción normal, que va de suyo. "La construcción de la Unión Europea", "la construcción de la paz", "construir confianza" y tantas otras expresiones, desde los estamentos del poder, la gran prensa y la literatura en boga circulante.


La noción de construir asume abierta o tácitamente la noción de agencia, de subjetividad actuante, plan, idea, proyecto o metas. Y siempre un tiempo que depende, por definición, absolutamente del sujeto que construye. O de la interacción entre quienes construyen. Una idea que se remonta a fabricar o edificar, y por extensión a la vida en la ciudad. Ya sea en términos de los constructores de los acueductos en la Roma antigua, o bien, en los comienzos de la modernidad y hasta la fecha. Es siempre el sujeto el que dispone —todo en acomodo a sus deseos, necesidades, tiempos e intereses.


En contraste, la idea de sembrar, que remite inmediatamente a la idea de semilla, semen y sazón, supone una relación perfectamente distinta con el mundo y la naturaleza, y entre los seres humanos mismos. Quien siembra esparce las semillas en la tierra, las riega y cuida, pero espera a que la naturaleza lleve a cabo los tiempos propicios y los desarrollos convenientes. La tierra es preparada para esparcir los granos y el sol y las lluvias, los vientos y la tierra misma hacen el resto: que es exactamente lo suyo. Sembrar es lo que se hace en un seminario, notablemente académico o científico.


De esta suerte, la idea de sujeto y de objeto desaparece en la idea de sembrar, y ésta implica una relación horizontal con la naturaleza, y de espera y paciencia. Algunos pueblos nativos le presentan disculpas a la tierra cuando la van a sembrar, porque ello implica abrir la tierra, ararla, introducirle objetos nuevos y extraños, y luego cerrarla para regarla y cuidarla, en cada paso. Pero con las disculpas vienen también los ruegos y los agradecimientos a la tierra porque los frutos se desarrollen y puedan alimentar a los humanos. Nada, absolutamente nada semejante sucede en las construcciones.


Los seres humanos occidentales construyen cualquier cosa. Construyen una familia o una empresa, construyen un buen gobierno o una política determinada. Y por derivación, la adornan con términos como "constitución", "establecimiento" y demás. Los seres humanos se creen los dueños de su propio destino, al margen y por encima de la tierra y de la naturaleza misma. En esa creencia va lo mejor de los destinos y las apuestas, los sueños y las empresas de esos seres humanos. Para ellos existe la planificación y la gestión, la administración y la estrategia.


Sembrar se usa en contextos poéticos o metafóricos, pero los asuntos serios del mundo y las ciudades no son, en manera alguna, objeto de siembra. Son objeto de construcción y sus estrategias: consensos y acuerdos, convenios y pactos.


El buen vivir —esto es, el vivir bien— no construye; no construye propiamente nada. Siembra. Sabe que es el conocimiento y la relación con la naturaleza misma lo que es verdaderamente determinante. El ser humano que siembra sabe que las cosas no están enteramente en sus manos, que lo mejor que puede hacer es cuidarlas y estar siempre dispuesto a las peripecias del medioambiente. Sembrar supone sabiduría, en tanto que la construcción sólo inteligencia y astucia. Dos dimensiones perfectamente diferentes.


La mayoría de los seres humanos creen que pueden construir su propia vida; cuando la verdad es que cada quien cultiva hoy, pero cosecha mañana, y no siempre cosecha lo que ha sembrado. No sin planes ni sueños, no sin metas ni propósitos, lo cierto es que la vida humana es un amasijo de contingencias que hay que saber aprovechar.


No se puede sembrar en cualquier momento del año ni cualquier producto en cualquier lugar que se desee. Cada cultivo tiene su tiempo y su momento, su lugar y sus propios procedimientos. Quien se obstina en sembrar de cualquier manera en cualquier momento nada cosecha. Una sabiduría de la observación y de las eventualidades se combina para la siembra.
La vida, como la naturaleza misma, según parece, es una amalgama de contingencias y oportunidades, de excepciones y de patrones. El diálogo con la naturaleza no es la construcción; es la siembra, y con ella, el momento propicio.


El tema, así, no es simple cuestión de palabras. Por el contrario, es un asunto acerca de las relaciones que tenemos con la naturaleza, y con la naturaleza como con nosotros mismos. Vivir bien es un asunto de semillas, siembra y cosecha. Y esos tiempos no dependen siempre, absolutamente, de nosotros. Dependen, además, de los vientos y las aguas, del sol y de la noche, de elementos invasivos o no sobre la tierra cultivada. Y ello implica una permanente mirada atenta.


Occidente no sabe de vivir bien. Y por eso construye. En contraste, las comunidades e individuos que saben del buen vivir, siembran. Y ello se traduce en una relación distinta con la naturaleza y consigo mismos.

Publicado enSociedad
Inicia simulación de viaje a Marte que durará un año

Seis voluntarios de diversas nacionalidades se aislarán por completo durante un año en una pequeña cúpula en Hawai para reunir información que podría ser preciosa para la NASA a la hora de preparar el envío de astronautas a Marte.


El grupo que protagonizará la experiencia de aislamiento más larga realizada hasta ahora en Estados Unidos incluye a un astrobiólogo francés, una física alemana y cuatro estadounidenses: un piloto, un arquitecto, una médica/periodista y una científica especializada en suelos.


Su espacio de vida para los próximos 12 meses, situado en la costa norte de la isla Mauna Loa, es una cúpula de 11 metros de diámetro y seis metros de altura. Las puertas del lugar se cerraron el viernes a las 15H00 locales (01H00 GMT del sábado).


Cada uno de estos tres hombres y tres mujeres dispondrán de una pequeña habitación con un espacio para una litera y un escritorio. Durante su estadía alejados del mundo comerán alimentos liofilizados y solo saldrán del domo vestidos con un traje espacial, como si vivieran realmente en Marte. Tendrán acceso limitado a internet.


Sheyna Gifford, una de las integrantes del grupo, dice que son "seis personas que quieren cambiar el mundo".
El arquitecto Tristan Bassingthwaighte añade que quiere experimentar cómo mejorar la capacidad humana "de vivir en medioambientes extremos, en la Tierra y en otros mundos", según su perfil de LinkedIn. "Espero aprender muchas cosas", sostuvo.


El francés Cyprien Verseux, de 25 años, prepara por su parte un doctorado para la universidad de Roma. Su terreno de especialización lo llevará a estudiar cómo volver lo más independiente posible de la Tierra un puesto de avanzada en Marte, utilizando organismos vivos para transformar las materias primas encontradas en ese planeta en productos que puedan ser consumidos por seres humanos.


Los astronautas que quieran intentar el viaje a Marte deberán pasar mucho más tiempo en el espacio que las habituales misiones de seis meses en la Estación Espacial Internacional (ISS).


La tecnología actual permite a la Nasa enviar misiones robotizadas a Marte, en un viaje de ocho meses, pero una misión con humanos duraría en total entre uno y tres años.


Vivir un periodo tan largo en un espacio confinado, sin acceso al aire libre o a un mínimo de intimidad, es la mejor manera de que se desaten conflictos.


La agencia espacial estadounidense (NASA) quiere así intentar aprender lo más posible sobre la cohesión y la evolución psicológica de los miembros de este tipo de misiones aisladas, antes de intentar enviar astronautas al planeta rojo, lo que espera hacer en la década de 2030.


Ya se han realizado dos experiencias de aislamiento de cuatro y ocho meses. La NASA gastó 1,2 millones de dólares en estas simulaciones y acaba de recibir un financiamiento de un millón adicional para tres nuevas experiencias en los próximos años, según la principal científica de este programa, Kim Binsted.


"Es realmente poco caro para investigación espacial", explicó a la AFP desde Hawai. "Es irrisorio en relación al costo de una misión espacial que termine mal".


Durante la misión de ocho meses estallaron conflictos pero los miembros de la tripulación pudieron solucionar sus problemas.


"Una de las lecciones que aprendimos es que no puedes evitar ciertos conflictos personales. Esto pasará forzosamente durante estas misiones de larga duración, incluso con las personas más amables", explicó Binsted.


Los primeros resultados científicos de estas misiones deben ser difundidos antes de un año

.
Jocelyn Dunn, que participó de la misión de aislamiento de ocho meses, explicó que apreciaba las bromas internas entre los miembros de la tripulación o las sesiones colectivas de deporte diario. También aprendió a cocinar platos, como 'bagels' o pizzas, con los ingredientes que tenía a mano.


Al final de la misión a inicios de junio, describió su alegría de volver "a la Tierra", de poder comer vegetales frescos, utilizar un cuchillo para cortar la carne, nadar, beber soda o champán. "No podía creer cómo extrañaba los sabores y la textura de un churrasco jugoso".