Aportan evidencia del impacto del cambio climático en la evolución humana

Un estudio publicado en Nature por un equipo internacional de científicos proporciona evidencia clara de un vínculo entre el cambio climático inducido por causas astronómicas y la evolución humana.

Al combinar la base de datos más extensa de restos fósiles bien fechados y artefactos arqueológicos con un nuevo modelo de supercomputadora sin precedente que simula la historia climática de la Tierra de los pasados 2 millones de años, el equipo de expertos en modelado climático, antropología y ecología determinó bajo qué condiciones ambientales probablemente vivían los humanos arcaicos.

El impacto del cambio climático en la evolución humana se ha sospechado durante mucho tiempo, pero ha sido difícil de demostrar debido a la escasez de registros cerca de los sitios con fósiles humanos. Para evitar este problema, el equipo investigó cómo era el clima en su simulación por computadora en los momentos y lugares donde vivían los humanos. Esto reveló las condiciones ambientales preferidas de diferentes grupos de homínidos.

Este estudio considera las siguientes especies: Homo sapiens,Homo neanderthalensis,Homo heidelbergensis (incluidas las poblaciones africanas y euroasiáticas), Homo erectus y los primeros Homo africanos (incluidos el Homo ergaster y el Homo habilis). A partir de ahí, el equipo buscó todos los lugares y momentos en que ocurrieron esas condiciones en el modelo. Creó mapas que evolucionan en el tiempo de los posibles hábitats de los homínidos.

Aunque diferentes grupos de humanos arcaicos prefirieron distintos ambientes climáticos, todos sus hábitats respondieron a los cambios climáticos causados por los astronómicos en el bamboleo, la inclinación y la excentricidad orbital del eje de la Tierra con escalas de tiempo que van de 21 a 400 mil años, señaló en un comunicado Axel Timmermann, primer autor del estudio y director del Centro IBS para la Física del Clima en la Universidad Nacional de Pusan en Corea del Sur.

Para probar la solidez del vínculo entre el clima y los hábitats humanos, los científicos repitieron su análisis, pero con las edades de los fósiles mezcladas como una baraja de cartas. Si la evolución pasada de las variables climáticas no afectara dónde y cuándo vivían los humanos, ambos métodos darían como resultado los mismos hábitats.

Sin embargo, los investigadores hallaron diferencias significativas en las pautas de hábitat para los tres grupos de homínidos más recientes (Homo sapiens, Homo neanderthalensis y Homo heidelbergensis) al usar las edades fósiles barajadas y realistas. Este resultado implica que, al menos durante los pasados 500 mil años, la secuencia real del cambio climático pasado, incluidos los ciclos glaciales, tuvo un papel central en la determinación de dónde vivían los grupos de homínidos y dónde se han encontrado sus restos, explicó Timmermann.

Lunes, 18 Abril 2022 05:37

Penumbra

'Filósofo en meditación', pintado por Rembrandt en 1632 y conservado en el Louvre.

Durante algunas décadas hemos creído poder pasar, a fuerza de aceleración capitalista, de la penumbra a la luz; ahora nos damos cuenta de que estamos a punto de dejar la penumbra, donde el asombro era aún posible, para pasar a las sombras

 

Los romanos lo llamaban “umbra”, término directamente volcado en el francés “ombre” y en el italiano “ombra”. En castellano, en cambio, se dice “sombra”, con ese sonido espeso y sibilante que adensa la palabra y su contenido. A partir del prefijo “sub”, arrimado y sumergido en su voz como un grumo en el paladar (sub-umbra), “sombra” tiene más carne, más ramas, más follaje que “ombra”. También da más miedo: la sombra susurra desde otros reinos más oscuros. Estamos siempre, para bien o para mal, “bajo la sombra”.

La sombra se presenta ante nuestros ojos de tres formas. Los árboles dan sombra. Los cuerpos tienen sombra. El mundo es una sombra.

Empecemos por los árboles. Hace años, en un libro de pequeñas ficciones verdaderas, recogía yo la noticia de un árbol del bosque de Birnam (¡el famoso bosque de Macbeth!) que había recorrido tres mil kilómetros para socorrer a una niña que se había quedado dormida bajo el sol en Mauritania. La sombra de un árbol es algo así como una manta de verano, la colcha inmaterial con que nos cubrimos para protegernos de la canícula. Los árboles, en efecto, nos arropan contra el sol: cuando el calor aprieta, nos echamos por encima el chal de una sombra azul. Algunos árboles, lo sabemos, dan mejor sombra que otros. Los de Birnam eran robles, de troncos fuertes y hojas complicadas como cristales de nieve. Pero los mejores, se dice, son el plátano, llamado precisamente “de sombra”, que guarece muchas de nuestras plazas y avenidas; el fresno, primer árbol de la creación, de copa apretada y tupida; el altísimo álamo; el sauce que llora en nuestros jardines; el aligustre, el abedul, el castaño, el elegante aliso que murmura en las orillas de nuestros ríos. Hace un año, un vecino desaprensivo taló el ailanto que, por encima del muro, proyectaba su sombra sobre nuestra terraza. El árbol era suyo, pero la sombra no; si declaráramos las sombras propiedad común inalienable de la humanidad no se perderían todos los años tantas hectáreas de bosque como territorio tiene Andalucía. ¡Talad los árboles, pero dejad las sombras! Nadie es dueño del tintineo de una campana, del destello de un espejo, del color de una fruta, del efecto devastador de una mirada. Hay un cuento chino en el que un hombre pobre compra a un rico propietario la larga sombra del sauce bajo la que se resguardaba con sus amigos y de la que había sido expulsado; junto a la sombra compra de algún modo, para todos, el mundo entero, pues con la posición del sol la sombra se desplaza en todas direcciones y alcanza todos los rincones. Solo al mediodía un árbol es de sí mismo y de su propietario.

También los cuerpos humanos tienen sombra. En un famoso relato del romántico alemán von Chamisso, La maravillosa historia de Peter Schlemihl, un ambicioso joven sin empleo, al contrario, vende su sombra por un puñado de oro y con ella, de esa manera, lo pierde todo. Es extraño. Podemos vivir sin pelo, sin zapatos, sin voz, pero esa metonimia semifísica de nuestro cuerpo, que se nos adelanta cuando caminamos de espaldas al sol, y que no podemos pisar, nos concierne mucho más que nuestra imagen en el espejo. La sombra sale de nosotros, nos sale de dentro, siempre enganchada, y solo se despega en el momento de la muerte. Esa es la creencia extendídisima en muchas culturas de la tierra, antiguas y modernas. Por eso, del singular al plural, si la sombra es fresca y ligera, las sombras son oscuras y oprimen el alma. El Hades, el reino de los muertos de la mitología griega, estaba poblado de sombras secas, excrecencias espectrales de aquellos que alguna vez fueron hombres vivos. “Vagan exangües, sin cuerpo y sin huesos, las sombras”, dice Ovidio recordando los viajes de Ulises y Eneas al báratro subterráneo, donde hablaron –respectivamente– con las sombras de su madre Anticlea y de su padre Anquises. Prolongación estricta de la Odisea y de la Eneida, el infierno de Dante está asimismo poblado de “sombras”, pues los reos, pese a que el cristianismo les ha dado carne, han sido contagiados por la oscuridad en la que habitan y no reflejan ya la luz. Cuando uno pierde su sombra es porque ha huido al otro mundo y, desconectada de nuestro cuerpo, nos ha dejado encerrados en nosotros mismos, donde ya no estamos: en la prisión vacía del cenit. El mediodía, y no la medianoche, es la hora de los muertos; la hora en la que todos estamos muertos.

Por eso mismo, la literatura ha explorado esta dimensión metonímica de la sombra como doble y como apariencia. Desde el mito de la caverna de Platón el mundo mismo ha sido concebido como un recinto de vagas siluetas engañosas. “Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción”, proclama, muy izquierdista, nuestro Calderón. Como una sombra se proyecta la sospecha: la sospecha de que nuestros sentidos nos escamotean la verdad: la sospecha de que el árbol no nos deja ver el bosque, de que ese pájaro es un dron, de que ese príncipe es una rana. Las sombras son los muertos; la sombra es la nuclear inconsistencia del cosmos y sus criaturas. Mediante la sinestesia más bella, más radical y más platónica, lo resumía así Miguel Ángel: “El sol es la sombra de Dios”. ¡El sol mismo, con su luz y su calor, es apenas la sombra del verdadero ser! Ahora bien, frente al izquierdismo de Calderón, es difícil afirmar de un modo más optimista e inmediato el mundo: si el sol es la sombra de Dios, la sombra de Dios es el sol. A partir de este sencillo hipérbaton operamos un curioso volteo metafísico que pone la certeza del sol en el centro de nuestras vidas: de lo que no podemos dudar es precisamente de esa fuente de luz que introduce, salvo al mediodía, hora de la muerte, todas las sombras. La sombra es también nuestro sol. La sombra es también nuestra linterna. Permanece inseparable, desde luego, de la belleza, tal y como demostró el japonés Junichiro Tanizaki en su maravilloso ensayito de 1933, El elogio de la sombra. Frente al dominio de la civilización cenital, con sus luces siempre encendidas y sus pantallas siempre en el centro, el japonés tradicional se reservaba un lugar especial en el salón, el toko no ma, réplica y contrapunto del fuego, un hueco en la pared donde se iban depositando las sombras: donde, si se quiere, iban sedimentando, como en el fondo de un vaso, los posos del tiempo.

En todo caso, la duplicidad simbólica de la sombra (la sombra del árbol, las sombras de los no-cuerpos) enraíza en dos campos semánticos diferentes, separados por la distancia que existe entre estos dos títulos famosos: Los gozos y las sombras, la conocida saga de Torrente Ballester, y A la sombra de las muchachas en flor, el del segundo volumen de En busca del tiempo perdido. En el de Ballester gozos se opone a “sombras” como placeres a penas, en una imagen que evoca los “trabajos” de Hesíodo, inseparables espinas de la naturaleza humana; en el de Proust –el más cursi del mundo si no lo leyéramos desde la obra misma– volvemos, en cambio, a ese mundo vegetal, íntimo y colorido, ligero y excitante, en el que los árboles constituyen nuestro primer y único resguardo frente a los “trabajos” del sol. Muy claro lo deja, por su parte, el poeta Pedro Salinas en estos versos: “Tu presencia y tu ausencia/ sombra son una de otra, /sombras me dan y me quitan”, donde el cuerpo de la amada es inaferrable como una sombra (“tu cuerpo nunca, tus labios nunca”) pero cuyas intermitencias en el espacio ensombrecen fatalmente el ánimo del amante: si ella está, es una sombra; si no está, me deja en sombras.

Podemos seguir esta diferencia asimismo en una bifurcación lingüística extraña y hermosa: la sombra produce el verbo “asombrar”, las “sombras” el adjetivo “sombrío”. Los italianos “si stupiscono”, “se asombran”, un vocablo relacionado con nuestro “estupor” y nuestra “estupidez”, estado pastoso de pasmo traumático; los franceses, por su parte, “s'étonnent”, que tiene más que ver con el aturdimiento consecuencia de la “tonnerre”, la sacudida acústica del trueno y la tempestad. En cuanto al castellano, nos cuenta Corominas que el “asombro” es un término nacido en el ámbito de las caballerías, a las que sobresalta el paso de una sombra. Los caballos se asustan, al parecer, de su propia sombra; se asombran de sí mismos, como si fueran otros que se acercan desde el mundo, sigilosamente, para amenazarlos u ocupar su lugar. Nos asusta un poco, es verdad, la independencia del mundo y, por eso mismo, un mundo sin asombro es en realidad un mundo desprovisto de mundo: un mundo en el que todo depende ilusoriamente de nosotros mismos. “Nihil admirare”, recomendaba el estoico Horacio a esos viejos romanos que se asombraban de todo, como niños, y sucumbían luego al dolor y la decepción. Hoy nos pasa lo contrario: no nos asombramos de nada, ni siquiera del estampido de una bomba, ni siquiera de la belleza de un árbol, porque ya no reconocemos ninguna existencia en el exterior. El asombro, que fue el origen de la filosofía, ha dejado su sitio al narcisismo tecnológico y sus pinchazos solubles en agua turbia. Filosofía quería decir eso: mirar el fuego como si lo viéramos por primera vez, mirar el cielo como si fuera a caer sobre nuestras cabezas, mirar tu mano como si no me hubiera tocado nunca.

En cuanto al adjetivo “sombrío”, conviene pensarlo por oposición a “umbrío”. No dejan de ser curiosos estos itinerarios cruzados entre idiomas, pues la “umbra” latina, lo hemos dicho, dio lugar a “l'ombre” del francés –que sin embargo usa “sombre” para las pasiones oscuras– mientras que desprendió en castellano el apacible “umbrío” de los jardines arbolados y las pérgolas emparradas de los primeros besos. Sombrío es el ánimo triste, la bombilla desnuda sobre un plato lleno de moscas, el rincón visitado por la muerte; umbrío, en cambio, es el follaje tentador de un paseo vespertino. Una de mis mayores decepciones lingüísticas fue descubrir, hace pocos años, que el “umbral” de la casa no mantenía relación alguna con la sombra; que no es, como yo creía, el vano umbrío donde, viniendo del exterior, uno se alivia del sol. Descubrí que en origen se decía “lumbral”, “el lumbral”, término que combina el límite –limes– y la luz –lumen– para designar la frontera material entre la intemperie y el fuego del hogar (lo que tiene también, qué duda cabe, su belleza).

Llego así, en todo caso, a la palabra mencionada en el título, la que más me gusta de este campo semántico, indisociable de la oposición “sombrío”/”umbrío”. Me refiero a “penumbra”, esa casi-umbra, como es una casi-isla la península: la zona intermedia entre la luz y la sombra, ese momento un poco ambiguo en que dejo languidecer la tarde de verano sin encender la lámpara. Cada vez que la pronuncio, no puedo dejar de pensar en esos dos poemas insuperables que Borges escribió en 1964 para invocar la imagen del filósofo Spinoza. Los dos llevan ese título, “Spinoza”, y la primera estrofa de ambos incluye la palabra “penumbra”, que puede interpretarse de forma simbólica (en alusión a la intimidad casi clandestina del pensamiento spinozista) pero que en la pluma de un gran poeta adquiere un rango físico, espacial, de claridad insoportable. El primero dice así: “Las traslúcidas manos del judío/ labran en la penumbra los cristales/ y la tarde que muere es miedo y frío./ (Las tardes a las tardes son iguales)”. El segundo recoge la misma atmósfera de trabajo introspectivo bajo una luz crepuscular, aunque la mirada, centrada antes en las manos y las lentes, ahora se dirige a la obra ya virtualmente acabada: “Bruma de oro el Occidente alumbra/ la ventana. El asiduo manuscrito/ aguarda ya cargado de infinito./ Alguien construye a Dios en la penumbra”. Borges, que en 1969 escribió también un Elogio de la sombra, apología de su ceguera, no utiliza en vano la palabra “penumbra”. Spinoza no trabaja en la oscuridad, porque en los Países Bajos, hacia 1660, había todavía suficiente luz para que un judío pudiera vivir sin ser perseguido y porque Spinoza, mientras pensaba, barría parcialmente las sombras del mundo. La luz, en todo caso, es muy holandesa, muy acaramelada, un poco fría, de rescoldo solar y candela trémula. Si exploramos pictóricamente la diferencia entre sombra y penumbra, podemos decir que nadie supo representar las sombras como Goya en sus pinturas negras (pienso concretamente en esa angustiosa “Romería de san Isidro” en la que las capas negras de los romeros se tragan hacia atrás Madrid entero) y nadie supo reproducir la penumbra como Rembrandt, nacido, al igual que Spinoza, en la ciudad de Amsterdam. Es difícil, en efecto, leer los poemas de Borges y no pensar inmediatamente en un cuadro de 1632, Filósofo en meditación, que uno creería inspirado, a su vez, en el autor de la Éticasi no fuese porque Spinoza nació precisamente ese año; o en el poema de Borges si no faltaran más de tres siglos para que éste lo escribiera. Lo cierto es que ahí está pintada la atmósfera que el poeta absorbe y despliega en la palabra “penumbra”: la luz crepuscular, como un incendio, en la ventana, el pensador barbudo absorto en su laberinto bajo la escalera tortuosa, el fuego del hogar, en el rincón opuesto, enrojeciendo ligeramente el aire. Solo en la penumbra los objetos pueden estar tan quietos; solo en la penumbra el pensamiento –o el amor– pueden estar tan vivos.

Al contrario de lo que nos hizo creer Platón, la batalla humana no se libra entre las sombras y la luz sino entre la penumbra y las sombras. O digamos –para hacer justicia a Platón– que hay que dar la batalla entre las sombras y la luz con la esperanza de alcanzar, a lo sumo, un cierto estado de penumbra. No sé cómo se dirá en japonés, pero es muy evidente, leyendo su ensayo, que Tanizaki estaba reivindicando la penumbra, no la sombra y mucho menos las sombras. Somos seres penumbrosos, los humanos, cuando no somos sombríos; y con la penumbra, sol entre el follaje, picnic sobre la hierba, conservamos la belleza difícil, la razón temblorosa y la tierra herida. Durante algunas décadas hemos creído poder pasar, a fuerza de aceleración capitalista, de la penumbra a la luz; ahora nos damos cuenta de que, al revés, por ese camino, estamos a punto de dejar la penumbra, donde el asombro era aún posible y los alisos daban sombra, para pasar a las sombras, donde nos esperan los muertos airados en el sol terrible del mediodía.

Ay, qué ganas de labrar lentes, de pensar despacio, de retener árboles y contar piedras, de cogerte la mano en la penumbra sin lámparas de un larguísimo atardecer.

Santiago Alba Rico 16/04/2022

Publicado enCultura
Franco 'Bifo' Berardi. Cedida por la editorial

El autor conversa con Franco Berardi ‘Bifo’ sobre la pandemia y la guerra. El escritor y filósofo italiano concluye que la única vacuna eficaz contra el

pánico es el pensamiento colectivo

¿Qué ha pasado con el deseo –íntimo y social– durante la pandemia? La mirada política tradicional de la izquierda, que relega todo lo relativo a la subjetividad al ámbito privado, no se hace la pregunta. Es entonces la extrema derecha quien canaliza los malestares que recorren hoy los cuerpos.

La pandemia ha provocado un fenómeno generalizado de apagón libidinal, una retirada del deseo de los lugares, los objetos, las actividades en las que estaba cargado. Esa retirada es ambivalente: por un lado, falta de ganas, abatimiento, depresión. Pero también fuga de la competitividad, de la búsqueda de éxito, del consumo. Esa ambivalencia atraviesa hechos como la “gran dimisión”, el éxodo de las grandes ciudades o lo que se oculta bajo la etiqueta mediática del “síndrome de la cabaña”.

No estamos ante movimientos políticos evidentes, como podía ser la fuga del trabajo alienado durante los años sesenta y setenta. ¿Seremos capaces de escuchar estos fenómenos impuros y ambivalentes? Es la apuesta del pensador italiano Franco Berardi (Bifo) en su último libro, El tercer inconsciente; la psicoesfera en la época viral (Caja negra editores).

Ello nos requiere un cambio de mirada: desplazarse desde los saberes dominantes de la sociología o la geopolítica hacia una psicopatología o psicopolítica, es decir, construir una nueva razón sensible capaz de sintonizar con las corrientes de deseo que atraviesan la sociedad.

Apocalipsis, pandemia y guerra

Bifo: Quería decir dos palabras sobre el libro y su contexto, para empezar. En septiembre de 2020, leí una declaración de la directora de la Agencia de Salud de Cánada que decía: “Skip kisses” (evitad los besos), “in any case you have sexual relations don´t forget to wear sanitary masks” (en el caso de tener relaciones sexuales, no olvidar usar la máscara sanitaria), “anyway in the present condition the best is going solo” (en las condiciones presentes lo mejor es ir solo), una expresión que nunca había escuchado antes.

Cuando leí estas palabras, me dí cuenta de que estaba aconteciendo una mutación que iba a afectar la vida social comunitaria a un nivel muy profundo, que va a modificar la percepción del cuerpo del otro, de la piel del otro, de los labios del otro; los labios no son sólo un lugar de acceso al placer, sino también donde el sentido, el significado, se produce y se comunica.

El viejo hippie que soy tuvo primero una reacción de preocupación y pesimismo. Pero después me dije: intentemos no juzgar, no sacar conclusiones apresuradas, sino vivir este proceso, este pasaje, lo que yo he vislumbrado como un umbral, un largo umbral de transformación, intentemos verlo como el pasaje hacia un terreno desconocido.

Durante los dos años de pandemia, mi actividad principal ha sido tratar de entender las mutaciones psíquicas, las mutaciones de la subjetividad social; sobre todo de la generación que está creciendo ahora, que está descubriendo el mundo, que está descubriendo el cuerpo del otro. En esta investigación me he sentido acompañado por un grupo que se reúne dos veces a la semana desde primeros de abril de 2020, el Grupo de Investigación Intercontinental sobre la Pandemia, un colectivo de amigos y amigas, la mayoría de ellos psiquiatras y psicoanalistas, pero también trabajadores sanitarios y psicoterapeutas.

He intentado responder a esta cuestión con la imagen del “tercer inconsciente”, la idea de que estamos entrando en la era del tercer inconsciente. Quien se ocupa seriamente de estas cosas puede reírse de mis palabras, porque el tercer inconsciente no significa nada. No hay un primer inconsciente, un segundo inconsciente, el inconsciente no tiene historia. Pero sí hay diferentes psicoesferas, campos de cruce entre lo social y la psique. Una primera psicoesfera es el inconsciente del que habla Freud, cuando dice que el inconsciente es efecto de una represión y que se manifiesta a través de un malestar de tipo neurótico. Una segunda psicoesfera sería el inconsciente neoliberal producto de la aceleración extrema del universo económico, social, lingüístico, comunicativo y, especialmente, el universo de los estímulos informativos y psíquicos. Ahí pasamos de la neurosis a la psicosis como manifestación privilegiada del malestar.

El libro se plantea si hay una tercera psicoesfera, el inconsciente de la pandemia. En estos años la aceleración se ha detenido y ha ocurrido una “psicodeflación”: una disminución de la energía de aceleración que ha caracterizado los últimos cuarenta años. ¿Cuáles serán los efectos de esta psicodeflación? Es la pregunta sobre la que indago en el libro.

Pero ahora, con permiso del editor, me parece que este libro nace ya viejo, porque hemos superado el umbral en una nueva dirección: la guerra. ¿Qué relación hay entre pandemia y guerra? Entiendo la guerra actual como una reacción agresiva a la psicodeflación pandémica, una respuesta a la depresión global.

Amador: Quería traer a colación, para empezar, un texto que leí recientemente de un autor que no frecuento mucho y es el pensador judío Emmanuel Lévinas. Es un artículo de 1946 donde reflexiona sobre la experiencia de los campos de concentración en los que estuvo internado durante la guerra. En un momento dice: “En los campos conocimos la expectativa del fin del mundo”. No se refiere al fin del mundo físico, sino al estallido de las categorías que organizan el sentido de nuestra experiencia del mundo. Y citando al profeta Isaías afirma: “Esperábamos, para después de la guerra, un cielo nuevo y una tierra desconocida”. Lo llama una “sensibilidad apocalíptica”. La palabra apocalipsis tiene dos sentidos: fin del mundo y desvelamiento o revelación. La sensibilidad apocalíptica es la sensación de que lo que hay no se sostiene más y es preciso “un cielo nuevo y una tierra desconocida”.

Pero lo sorprendente, dice Lévinas, es que después de la guerra volvió la normalidad, el mundo se rehizo como si nada. No sólo en la banalidad cotidiana, sino en la repetición de lo peor: en 1946 tiene lugar el progromo anti-judío de Kielce. Lévinas se pregunta entonces: “¿Todo fue vanidad?” (es el título del texto).

Y su respuesta es que no, que hay que trabajar para recoger los efectos del desvelamiento, para que no se desvanezcan y todo sea vanidad de vanidades. Es necesaria una “ingenuidad superior” para no dar por cancelada la experiencia y que los muertos engrosen simplemente la estadística. Es el trabajo de toda una vida registrar y pensar los efectos de revelación.

Este libro nace también de una sensibilidad apocalíptica. Bifo tiene visiones en el confinamiento de la pandemia. Ve el fin de un mundo, la posibilidad de otro. Es un libro lleno de signos de interrogación. ¿Será la crisis del coronavirus la ocasión perfecta para un perfeccionamiento del sistema o el punto de arranque de una deriva existencial, cultural, política?

El libro de Bifo es un libro ingenuo en el mejor de los sentidos posibles. Hemos visto a los pensadores más conocidos estos últimos años simplemente reconfirmando sus posiciones previas, sin dejarse interrogar por lo que pasaba. El caso de Giorgio Agamben es el más conocido, pero no el único. Los pensadores no se animan por lo general a esta ingenuidad de no saberlo todo de antemano.

La experiencia que hemos atravesado está aún por contar y pensar. No ha pasado ya porque, aunque no vuelva a haber ninguna mutación del virus, ha dejado marcas profundas en nuestros cuerpos. Marcas de terror, de distancia social, de obediencia, pero también de desvelamiento. Todo eso es lo que está pensando Bifo.

¿Cómo no va entonces a tener actualidad? No hay que ceder al tiempo de la coyuntura, hay que resistir a la vanidad de vanidades, registrar los destellos de revelación, y el libro de Bifo es una herramienta estupenda para ello. 

 ¿Geopolítica o psicopatología?

La primera cuestión que quería plantearte es una pregunta de método o de mirada. En un texto reciente sobre la guerra en Ucrania dices algo que me interesó mucho: “No necesitamos una geopolítica, sino una psicopatología o una psicopolítica”. No necesitamos tanto un pensamiento de las determinaciones macro que nos definen, determinaciones sociológicas, determinaciones políticas, determinaciones históricas, sino también un pensamiento, una sensibilidad, capaz de aprehender las fluctuaciones de deseo, los estados de ánimo, la producción de subjetividad. Otra manera de pensar. Entonces, la primera pregunta sería esta: ¿qué sería una mirada psicopolítica o psicopatológica?

Bifo: ¿Geopolítica o psicopatología? Por supuesto que la geopolítica tiene un papel para entender el mundo contemporáneo, pero el problema es que se limita a describir efectos de superficie. Tenemos que entender qué está pasando a un nivel mucho más profundo: el nivel de las inversiones de deseo, el nivel de la mutación psíquica frente a una aceleración caótica de los procesos sociales.

Para entender la genealogía del nazismo hitleriano hay que captar el sentimiento de humillación que se difundió en Alemania tras el Tratado de Versalles. El miedo y la depresión fueron compensados por una sobre-reacción agresiva. Hay una película de Ingmar Bergman llamada El huevo de la serpiente que narra justamente la genealogía del nazismo, desde el punto de vista de una situación psicótica cotidiana. Al comienzo de la película vemos una muchedumbre en blanco y negro que parece como adormecida, al final esta muchedumbre se transforma en una masa agresiva y lista para la guerra.

Creo que estamos en una situación de depresión epidémica similar. En Italia, entre los quince y los treinta años, hay una multiplicación de los suicidios. Hay una predisposición a la depresión de la que tenemos que hablar si queremos entender lo que pasa. No quiero decir que la guerra en Ucrania pueda ser reducida a un asunto de psicoanalistas. Pero la psique de los rusos, de los ucranianos, de todo el mundo, se encuentra hoy en una situación de depresión y de posible reacción guerrera compensatoria. La geopolítica no explica nada de esto.

El retorno de la Tierra

Amador: Me gustaría preguntarte sobre la distinción que haces entre Tierra y Mundo. El Mundo sería ese “objeto” que la política clásica creyó dominar desde descartes hasta Maquiavelo. Pero la Tierra es algo muy diferente, lo indomesticable. El virus sería una manifestación de la Tierra. ¿Lo podrías desarrollar?

Bifo: Tomo esa distinción de un pensador japonés que se llama Sabu Kosho. Sabu escribió un libro titulado Radiation and Revolution. Es el relato de la experiencia de un activista, y filósofo a la vez, que vivió la catástrofe de Fukushima trabajando entre las personas golpeadas por el tsunami. Sabu analiza la reacción después de un acontecimiento tan horroroso y destructivo. Somos en esos momentos, dice, como extraños en un planeta ajeno que no conocemos y donde intentamos sobrevivir.

Propone distinguir entre Mundo y Tierra. ¿Qué es el Mundo? Es el producto de nuestra actividad lingüística, política, económica, productiva, la evolución de la civilización y de lo que podríamos llamar cultura en un sentido filosófico, antropológico. El mundo se encuentra cada vez más desafiado por la Tierra, por el retorno de fuerzas que no podemos dominar: los incendios que destrozan áreas enormes del planeta, las aguas del océano y todo lo que conocemos como catástrofe ecológica, un proceso acelerado hoy por la guerra. Eso es la Tierra, la naturaleza que hoy retorna, incluyendo la naturaleza humana.

El neoliberalismo se afirma desde el principio como darwinismo social, según este pensamiento esencialmente falso, ideológico, de que en la naturaleza sólo sobrevive el más fuerte y hay que aceptar la economía como naturaleza donde los más fuertes ganan. Pero aquí hay una mistificación. Si nos definimos como humanos es porque ha habido una ruptura cultural que nos permite considerar la naturaleza como algo muy hermoso y amable, pero también violento y peligroso. Por eso hemos inventado cosas como el lenguaje, la solidaridad social o el Estado, que odiamos con razón pero que nace ante el problema de la naturaleza como peligro mortal.

La agresividad de la naturaleza volvió porque el neoliberalismo nos dijo que el más fuerte debe ganar. Y el más fuerte es el ganador neoliberal, el más fuerte es Vladimir Putin, la fuerza de los fuertes es la guerra.

Psicodeflación

Amador: Me recuerda todo lo que habla Isabelle Stengers sobre la “intrusión de Gaia”. Me gustaría pasar al tema del tercer inconsciente, el que provoca –¿acelera, radicaliza, manifiesta?– la crisis del coronavirus: un apagón libidinal en toda regla, la psicodeflación. ¿Qué nos puedes contar sobre ese tercer inconsciente? Aunque sea aún un territorio desconocido, magmático, en ebullición, ¿qué tendencias detectas? ¿Qué nos puedes compartir de ese trabajo junto a psicoanalistas y terapeutas que llevas desarrollando durante dos años?

Bifo: El tercer inconsciente se define con respecto a la inflación psíquica de la época neoliberal: una aceleración extrema del cuerpo y de la mente colectiva con el objetivo de un aumento continuo de la productividad, sobre todo de la productividad intelectual, del trabajo cognitivo, una exaltación de la energía como fuerza productiva y capacidad de dominio sobre la realidad. Evidentemente el virus rompe con esta carrera, con esta aceleración.

¿Qué es el virus? El virus es una concreción matérica invisible, un retorno de la materia que la abstracción del capitalismo financiero ha intentado olvidar, suprimir, cancelar. La materia vuelve y rompe la continuidad de las cadenas productivas, de las cadenas de distribución, provocando el great supply chain disruption que dicen los americanos, pero también de las cadenas afectivas.

El efecto de esta desaceleración o psicodeflación es un efecto que se presenta como depresivo desde el punto de vista psíquico, es la sensación de haber perdido algo. Hemos perdido, en primer lugar, la fuerza política de gobierno de la realidad. El virus es un caotizador universal, diría Félix Guattari, un productor masivo de caos. ¿Y qué es el caos? El caos no es una realidad acotada, sino una relación entre la mente humana y el ambiente, el ambiente físico, comunicativo, lingüístico. Hay caos cuando el cerebro no logra elaborar una realidad que se vuelve más rápida y compleja de lo que podemos procesar.

Pero cuando entramos en una dimensión caótica siempre hay estúpidos que dicen “guerra al caos”: guerra al virus, a las drogas, al terrorismo. ¿Y qué pasa entonces? El caos se multiplica por cien. El narco, las mafias, el terrorismo, las catástrofes. El caos se alimenta de la guerra. Guattari nos sugiere aprender a escuchar el caos, a escuchar la voz del caos, aprender un ritmo nuevo, porque eso es el caos, un ritmo nuevo. La psicodeflación ha sido una reacción sana, entre comillas, al caos. Ralentizamos, desaceleramos.

El mundo blanco, el mundo cristiano, lo que llamamos Occidente es muy extenso e incluye a Rusia. Rusia es Occidente desde un punto de vista cultural. La fuerza que mueve la historia y la cultura rusa es la misma fuerza que mueve a los EE.UU. y Europa: la fuerza de la dominación agresiva, la fuerza de la expansión, la fuerza del futuro. La palabra futuro es central para comprender lo que estoy intentando decir. Futuro significa expansión en el pensamiento occidental y el problema es que la expansión se agotó, hoy se ha vuelto imposible, solo podemos expandirnos a través de la masacre, en primer lugar de la naturaleza. El crecimiento económico, este mito total, central, del pensamiento económico, compartido por todos los políticos de derecha e izquierda, hoy significa sólo catástrofe, destrucción, muerte.

El futuro se acabó y estamos envejeciendo. El envejecimiento es un hecho absolutamente central en Occidente (también en China ciertamente). ¿Qué es el envejecimiento? Una pérdida de energía, de potencia, de futuro, obviamente. Pero el cerebro occidental no puede tolerar la idea del fin de la expansión. Nuestra civilización siempre ha reprimido el envejecimiento y la muerte como experiencia esencial de la vida humana, lo que en el libro llamo el “devenir nada”. Tenemos que hablar de este devenir nada si queremos salir de la locura de la guerra, de la destrucción total, de la bomba nuclear; porque los viejos prefieren llevarse el mundo entero con ellos al infierno antes que aceptar la muerte y el devenir nada.

¿Qué he aprendido de la experiencia del Grupo de Investigación Internacional sobre la pandemia? Una cosa esencial: contra el pánico solo hay una vacuna y esta vacuna es pensar juntos. Pensar y más aún pensar juntos tiene una potencialidad terapéutica y política enorme. Lo único que podemos hacer en este mundo en el que se confunde el Mundo con la Tierra, en el que no entendemos dónde estamos ni cómo sobrevivir, lo único que podemos hacer para escapar del pánico y la depresión es pensar juntos.

Amador: Qué difícil hacerlo cuando se prohibe el encuentro entre los cuerpos. Lo más duro de llevar en este tiempo ha sido para mí esta dificultad para inventar los modos de pensar juntos. El terror atomiza; y contra Descartes hay que decir que no hay un yo que piense sin un tú que responda. El campo del pensamiento crítico se ha estrechado muchísimo, cualquier duda con respecto al discurso oficial es inmediatamente tachada de delirio negacionista. Y ahora, en la situación de guerra, también impera esta especie de obligación de tomar posición en un tablero previo, de tener que escoger entre Putin o la idea occidental de libertad, que son fundamentalmente lo mismo, como has explicado.

Resignación contra la abstracción

Quería volver a la experiencia del primer confinamiento. Una experiencia ambivalente. Por un lado, el terror y la distancia social; por otro lado los aplausos, la solidaridad y la sensación de que lo que hay no se sostiene más. La consigna que circuló entonces, de balcón a balcón, fue que no había que volver a la normalidad porque la normalidad era el problema. En el silencio, en la ralentización, tuvimos destellos de otra vida posible.

Pero mi impresión es que no hemos sabido prolongar ese momento, abrir esa bifurcación. A la salida de ese primer confinamiento, nos quedamos sin voz. Hay un momento en el libro donde dices que si no emerge una nueva subjetividad, lo posible se pierde, se desvanece. Es vanidad de vanidades. Pero, ¿de qué tipo es esa nueva subjetividad? ¿Qué tipo de fuerza puede empujar un pasaje de umbral diferente, prolongar el acontecimiento, impedir que sus marcas se desvanezcan, abrir una bifurcación existencial, otra deriva civilizatoria?

Bifo: Para mí, el primer confinamiento fue una experiencia bastante alegre, pero para muchos jóvenes no lo fue para nada. Los medios atacaron a los jóvenes, les dijeron de todo, les descalificaron y criminalizaron por querer tomarse una cerveza. Pero eran los jóvenes los que pagaban el precio más alto por salvar a los viejos. Como abuelo se lo agradezco mucho, pero no puedo reprocharles que se tomen una cerveza.

De golpe el pensamiento de un cambio de paradigma social se diseminó. En Italia es evidente para todos que la catástrofe sanitaria ha sido sobre todo un efecto de la destrucción neoliberal del sistema sanitario público. Todos pensamos que íbamos a asistir a una vuelta a un keynesianismo, a un pensamiento social de la economía, pero no ha ocurrido así. La idea de que el capitalismo puede ser racional y humano es una ilusión. Lo que ha ocurrido es la radicalización del empobrecimiento y el enriquecimiento privado de los súper-ricos.

¿Por qué ha pasado esto? ¿Cómo podemos evitar las consecuencias catastróficas que ya se están desarrollando? Mi respuesta está contenida en la palabra psicodeflación, pero con una evolución lingüística muy interesante: la palabra “resignación”. Cuando pensé en ella por primera vez me pareció una blasfemia. Mi formación materialista y marxista se rebelaba contra ella. Pero luego leí en un periódico norteamericano la expresión great resignation” (gran dimisión). Como sabemos, cuatro millones y medio de norteamericanos decidieron no volver al trabajo después de la pandemia y lo mismo sucede en China, cada vez hay más personas jóvenes y no tan jóvenes que se preguntan: ¿por qué tengo que tengo que trabajar por un salario de mierda, en condiciones humillantes, inaceptables, idiotas?

La palabra resignation tiene dos sentidos. El primero es aceptar lo inaceptable. Pero el otro es dimitir, abandonar el campo social, el campo productivo, irse para siempre. Este segundo significado me hizo pensar en un tercero: re-signation, la resignificación. Hay que resignificar nuestra relación con la necesidad, con la naturaleza, con nuestras formas de vida cotidiana, resignificar la relación entre lo concreto, lo útil y la productividad.

La primera página de El Capital explica que el corazón del capitalismo es la abstracción, el capitalismo es un proceso de acumulación de valor abstracto, que significa ex-tracto, extraído, el valor que el capital extrae de la vida concreta, de las necesidades concretas, de las potencias concretas de la humanidad. El retorno de lo útil y lo concreto es lo que más me interesa hoy.

La muerte como condición de libertad

Amador: Una última pregunta. Hay una frase famosa de Spinoza que dice: “En nada piensa menos un hombre libre que en la muerte”. Sin embargo, tú dices que hoy, para recuperar la libertad, tenemos precisamente que amistarnos con la muerte, volver a pensarla y hacernos amigos del devenir nada.

Bifo: Puede que Spinoza se equivoque, ¿no? Un hombre libre no piensa en la muerte, bien, pero ¿acaso somos hombres libres? Y además, ¿qué significa libertad? La asociación entre libertad y potencia acaba en formas histéricas del pensamiento de la política.

La histeria de toda la modernidad es la identificación entre libertad y potencia, la idea de que la potencia se manifiesta en el interior de la dimensión de libertad y esta es ilimitada. Pues no, queridos míos, tienes la libertad de lanzarte desde el quinto piso pero te matas. No es verdad que la potencia se manifieste al interior de la libertad, sino al revés: la libertad se manifiesta al interior de la potencia y esta no es ilimitada. La muerte se plantea entonces como un problema que tiene una dimensión filosófica, psicoanalítica y política muy importante.

La modernidad blanca e imperialista ha rechazado el pensamiento de la muerte porque ha pensado la potencia en la dimensión de libertad ilimitada. Esta libertad ilimitada ha sido la máscara de la esclavización de la mayoría de la humanidad, la libertad neoliberal, la libertad norteamericana, la libertad de la constitución americana, una constitución escrita por negreros, por esclavistas. Cuando en la convención que escribió la declaración constitucional americana se planteó el problema de la esclavitud se decidió posponer la discusión. ¿Resultado? Hoy el neoliberalismo reproduce un efecto de esclavitud masiva y generalizada.

Ahora estamos al borde de la muerte de la civilización blanca. Eso nos parece un abismo espantoso y catastrófico, ¡pero no lo es! Porque la muerte es una experiencia de vida. Hay que pensar la muerte como límite, como condición de libertad, la libre muerte, la libertad de morir. Pero estamos fascinados por una pretensión histérica de ilimitación de nuestra potencia, romántica y fascista. Pensar la muerte, ironizar sobre ella, como hace Salman Rushdie en su última novela Quijote, es la única posibilidad de salir de la historia de Occidente, de la histeria asesina y suicida de Occidente, de la idea de la ilimitación de la potencia.

La base de este texto es la conversación que tuvo lugar entre Franco Berardi (Bifo) y Amador Fernández-Savater en La Maliciosa (Madrid) el 24 de marzo de 2022.

Amador Fernández-Savater 10/04/2022

Publicado enSociedad
Miércoles, 06 Abril 2022 09:18

En fotos, animales en las noticias

Un gato se sienta sobre una roca en la antigua ciudad de Éfeso en İzmir, Turquía, el 14 de marzo de 2022. Foto: Esra Hacioglu / Agencia Anadolu / Getty.

 

Se ven renos en la región de Lovozero, después del censo de primavera en Murmansk, Rusia, el 14 de marzo de 2022. Foto: Semen Vasileyev / Agencia Anadolu / Getty.

Una vez más, es hora de echar un vistazo al reino animal y sus interacciones con las innumerables especies que comparten nuestro planeta. Las fotos de hoy incluyen la prueba de COVID-19 en ciervos en Minnesota, un censo de rinocerontes en India, un rescate de llamas en medio de inundaciones en Australia y mucho más. Estas imágenes de los últimos meses se recopilan como parte de una serie en curso sobre animales en las noticias, vistas desde la perspectiva de sus observadores humanos, compañeros, captores y cuidadores.

Los renos se mueven en un corral en la región rusa de Lovozero el 14 de marzo de 2022. Durante un censo de primavera, los renos, que fueron traídos para vacunas, salud y cuidado de los cuernos, se contaron uno por uno. Foto: Semen Vasileyev / Agencia Anadolu / Getty.

Un gato se sienta sobre una roca en la antigua ciudad de Éfeso en İzmir, Turquía, el 14 de marzo de 2022. Foto: Esra Hacioglu / Agencia Anadolu / Getty.

Un cachorro de nutria de pelaje liso corre a lo largo del pavimento junto al río Kallang en Singapur el 16 de marzo de 2022. Foto: Roslan Rahman / AFP / Getty.

Tamara Nazarova, que fue evacuada de la ciudad ucraniana de Irpin en medio de fuertes enfrentamientos, se ve con varios perros el 26 de marzo de 2022 en Kiev, donde vive en una tienda de campaña. Nazarova trajo 24 perros, 12 de los cuales le pertenecen. Foto: Metin Aktas / Agencia Anadolu / Getty.

El biólogo senior Allan Jan alimenta a Matusalén, un pez pulmonado australiano de cuatro pies de largo y 40 libras en su tanque en la Academia de Ciencias de California en San Francisco, el 24 de enero de 2022. El pez fue traído en 1938 desde Australia. Foto: Jeff Chiu / AP.

Voluntarios del Servicio de Emergencia del Estado rescatan una llama de una granja inundada en el oeste de Sydney, Australia, el 3 de marzo de 2022. El área enfrentó su peor inundación después de que las lluvias récord provocaron el desbordamiento de su presa más grande. Foto: Muhammad Farooq / AFP / Getty.

Willow, la gata mascota del presidente Joe Biden y la primera dama Jill Biden, deambula por los pasillos de la Casa Blanca el 27 de enero de 2022. Foto: La Casa Blanca / Reuters.

Un reportero gráfico juega con un zorro amistoso en la península de Gallipoli en Çanakkale, Turquía, el 13 de marzo de 2022. Foto: Sergen Sezgin / Agencia Anadolu / Getty.

El panda rojo del zoológico de Nashville, llamado Mei Lee en honor a la película Turning Red , es fotografiado el 9 de marzo de 2022 en Nashville, Tennessee. Foto: Danielle Del Valle / Getty para AGM.

Un rinoceronte de un cuerno corre mientras los encuestadores realizan un censo de rinocerontes en el Parque Nacional Kaziranga de la India el 27 de marzo de 2022. Foto: Biju Boro / AFP / Getty.

Un equipo de vida silvestre cubre la cabeza de un ciervo joven con un paño para ayudar a calmarlo antes de examinar al ciervo para detectar el coronavirus y tomar otras muestras biológicas en Grand Portage, Minnesota, el 2 de marzo de 2022. Los científicos están preocupados de que el virus pueda evolucionar dentro de las poblaciones animales. —potencialmente generando mutantes virales peligrosos que podrían volver a las personas y posiblemente reavivar lo que por ahora parece una crisis menguante. Foto: Laura Ungar / AP.

(Con información The Atlantic)

Publicado enFotorreportajes
Martes, 05 Abril 2022 07:52

Colombia y las guerras del petróleo

Colombia y las guerras del petróleo

La guerra y sus consecuencias vuelven e impactan la geopolítica global. Sus manifestaciones como coletazo son varias, la más protuberante la del petróleo, cuya economía política y el contexto energético de Colombia analizamos en este artículo. 

La guerra entre Rusia y Ucrania, iniciada el 24 de febrero y desatada por la invasión por parte del país de los zares, desestabilizó el mercado internacional de petróleo y gas, así como, en general, la economía mundial. La cuerda floja en que entraron fue movida por las sanciones y embargos decretados por los países integrantes de la Otan, con lo cual el precio del barril, referencial Brent, aceleró el alza que venía registrándose desde 2021 consecuencia del rebote de las economías post-pandemia. El hidrocarburo tiene actualmente un precio de USD 106 el barril (15 de marzo/2022) pero alcanzó los 139 dólares el 7 de marzo. La media del precio del barril durante el primer trimestre de 2022 fue de USD 96,8 esto es, 36,5 por ciento más alto respecto al precio promedio de 2021: 70,9 dólares (gráfico 1).

 

Al finalizar el primer trimestre de 2022, se registra en el mundo un impresionante retroceso bajista en las materias primas a medida que aumentan los temores por el aumento de contagios por coronavirus en China. La incertidumbre alrededor del conflicto en Ucrania se mantiene y los mercados se preparan para el aumento de tipos de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos.

El petróleo, un “commodity” que condiciona la dinámica y los precios de la mayoría de bienes y servicios, no sólo sufre las consecuencias del conflicto militar y los antagonismos políticos, a menudo es causa de guerras. La economía global está dominada por la necesidad de controlar por cualquier medio el petróleo, la energía fundamental para mover la maquinaria económica mundial. Su control está vinculado a los conflictos bélicos, locales, internacionales y globales, desde la Segunda Guerra Mundial hasta los más recientes.


Arquitectura del sector energético y pirámide imperial

La industria petrolera moderna data de mediados del siglo XIX, cuando la economía mundial en el marco de la segunda revolución industrial inició la sustitución del carbón, reinante hasta entonces en la matriz energética. Con el estallido de las dos guerras globales se hizo evidente cuán importante era el petróleo para la defensa y ataque de las naciones: era necesario para operar los tanques, camiones, aviones y barcos de guerra. Las naciones rivales se apresuraron a asegurarse sus propias fuentes de la preciada sustancia.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, los líderes de la posguerra eran conscientes de la importancia del petróleo; su control había sido clave para triunfar y ejercer la hegemonía de la economía política internacional. En agosto 8 de 1944 se firmó el Acuerdo Petrolero Anglo-Americano, que dividía el petróleo de Medio Oriente entre Estados Unidos y Reino Unido; el acuerdo no tuvo en cuenta a la gente ni los gobiernos de los países afectados.

Las prácticas para garantizar su apropiación van desde fundar Estados, derrocar gobiernos, asfixiar, sancionar y bloquear las economías rivales, invadir países o asesinar mandatarios. Las transnacionales occidentales imponen, a la sombra y protección del poder militar y político de los países de origen, sus “derechos de exploración y explotación” por precios relativamente bajos y sin importar los desastre sociales y ecológicos. A principios de la segunda década del siglo XXI, entre las 10 primeras empresas del mundo por ingresos, 7 eran petroleras. De este modo, la industria de los hidrocarburos quedó amalgamada o fusionada con las guerras, a la arbitrariedad de los poderes imperiales y al control de las transnacionales.

Las resoluciones de la conferencia monetaria y financiera de las Naciones Unidas, en 1944, establecieron las reglas para las relaciones comerciales y financieras globales. Durante la imposición de estos Acuerdos, llamados de Bretton Woods (Estados Unidos), se decidió adoptar al dólar estadounidense (USD) como divisa internacional, bajo la condición que la Reserva Federal (banco central) sostuviera el patrón oro. No obstante, en 1971 el presidente estadounidense Richard Nixon (1969-1974) puso fin, de manera arbitraria, interesada y unilateral, a la convertibilidad entre dólares y oro. Dos años después, acabó con el sistema de cambios fijos diseñado en Bretton Woods dando lugar a la “libre” fluctuación de las divisas. Desde entonces, la máquina estadounidense de hacer dólares opera al máximo de su capacidad, sin prudencia ni descanso, inundando el mundo de “dinero fíat”, carente de respaldo material, pero sí con gran poder adquisitivo, inoculando al sistema económico mundial del virus incontrolable y expansivo de la inflación. Cuando se creó el sistema de Bretton Woods, en 1944, EE.UU controlaba el 80 por ciento de las reservas de oro en el mundo; pero la proporción entre estas reservas y la masa monetaria emitida descendió desde el 90-100 hasta un 5 por ciento.

En paralelo, el Gobierno de Washington adelantó negociaciones con Riad (capital y principal centro de negocios de Arabia Saudí), su principal socio energético, logrando que el petróleo se pagara únicamente en USD, obligando con ello a todos los países a adquirir su moneda, sosteniendo su cotización. El nuevo flujo de petrodólares se reciclaría a través del sistema financiero anglosajón, así como mediante la compra de bonos del Tesoro estadounidense. A cambio, los países árabes recibieron un importante aporte en armamento de guerra. Todo ello era una forma de apuntalar la hegemonía del dólar, una vez que se había desvinculado del oro en 1971.

El dólar pasó a estar “respaldado” por el petróleo, que le garantiza su “valor” de cambio. El dólar actuaba como reserva mundial y era la moneda de comercialización de la principal mercancía del planeta: el petróleo. En adelante, el valor del dólar pasó a sostenerse exclusivamente en la arquitectura centro/periferia del sistema mundo capitalista, en el poder militar de Estados Unidos, en la hegemonía del sistema financiero anglosajón, en el control sobre los yacimientos petroleros del planeta por parte de los países imperiales y las empresas transnacionales y en el dominio de toda la cadena de valor de los hidrocarburos. En resumen, el precio del barril de petróleo no lo definen los procesos económicos tanto como la política y la guerra. La arquitectura de la industria petrolera esta sostenida en la pirámide imperial (diagrama 1).

 

 


Guerras y ciclos del petróleo

En las décadas 1960/1970 hubo fuertes luchas sociales de las que nacieron renovados sujetos anticapitalistas y antiimperialistas, acelerando la descolonización del mundo y con ello las nacionalizaciones de empresas petroleras y la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep), fundada en 1960 para manipular el precio del petróleo.

Una década después, para finales de la década de 1970, tres cuartas partes de las posesiones petroleras internacionales habían sido nacionalizadas. Ante este desafío a la dominación capitalista y, sobre todo, a la hegemonía estadounidense, la respuesta también lo fue: se produjo la contrarreforma neoliberal, la financiarización del sistema económico y la privatización-desnacionalización de los bienes y servicios públicos, hecho conocido como “Rebelión de las Élites”. Esta contrarrevolución fue capaz de quebrar la columna vertebral del movimiento obrero y de reducir la fuerza de los movimientos sociales nacidos al calor de las revueltas de las décadas 1960-70, tanto en el centro y las periferias del sistema mundo capitalista.

El capital seguía en su dinámica, potenciando los ciclos y crisis que le caracterizan. La primera crisis del petróleo comenzó en octubre de 1973, año en que tuvo lugar la subida del precio del petróleo como resultado del embargo árabe tras la tercera guerra árabe-israelí. La decisión de no exportar más petróleo a los países que habían apoyado a Israel durante el conflicto que enfrentaba a Israel con Siria y Egipto condujo a la severa escasez del suministro del hidrocarburo y, de manera concomitante, a que los precios se cuadriplicaron hasta llegar a los 12 dólares por barril. El aumento del precio, unido a la gran dependencia del petróleo desató una profunda estanflación (un fuerte efecto inflacionista y una drástica reducción de la actividad económica), espoleada por la inundación de los mercados monetarios con dólares estadunidenses.

Durante 1979-1980 ocurrió la segunda gran subida del precio del también llamado oro negro. En 1979, cayó el sha de Persia debido a la revolución Iraní. La llegada de Jomeini expulsó del país a las petroleras de los países centrales. Al mismo tiempo, La URSS invadió Afganistán, colindante con Irán. Era la primera vez que la URSS se atrevía a alterar las fronteras delimitadas en Yalta**, lo cual tuvo una gran trascendencia en la geopolítica mundial. La inestabilidad en Irán, entonces segundo productor mundial de crudo, resultó en una caída de 3,5 millones de barriles al día. Los precios siguieron escalando y en 1980, cuando Irak, bajo órdenes de Sadam Husein, decidió atacar a Irán, el precio del crudo subió hasta los 34 dólares. La Guerra Irán-Irak estuvo incitada por EE.UU y demás países aliados del capitalismo con el fin de: i) derrotar el Irán jomeinista; ii) destrozar entre sí los principales países agentes político-militares del suroeste asiático que el Centro no controlaba y, a la postre, los dos países del mundo con más reservas de petróleo después de Arabia Saudí; iii) debilitar la Opep.

Derivado de la crisis del petróleo de 1973 y como respuesta a la Opep, en 1974 la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico Ocde, crea la Agencia Internacional de Energía –AIE– que impulsó la creación de reservas estratégicas de petróleo, intensificó y diversificó la exploración y la extracción petrolera en otras regiones a través de créditos del Banco Mundial y aupó la diversificación de la matriz energética para hacer frente a futuras crisis energéticas, y coordinó las políticas energéticas de los países miembros. Sin embargo, es preciso resaltar que las crisis petrolíferas de la década de 1970 se produjeron por decisiones o conflictos políticos, no porque la capacidad de extracción de hidrocarburos no pudiese satisfacer la demanda.

En los años 1980 se registró la caída de los precios del petróleo causada por un superávit de crudo, debido a una baja en la demanda. Su precio cayó en 1986 a menos de 10 dólares. El superávit de crudo comenzó a principios de los años 1980 como resultado de una reducción en la actividad económica de los países industrializados (causada por las crisis de los años 70, especialmente las crisis del petróleo de 1973 y 1979) y el ahorro energético impulsado por los altos precios de los combustibles. Con la caída de sus precios, la unidad de la Opep se fracturó. Países exportadores como México, Nigeria y Venezuela, cuyas economías se habían expandido en la década de los 70, se vieron en dificultades económicas. El poder económico de Arabia Saudita se redujo significativamente. El colapso de los precios en 1986 benefició a las naciones consumidoras, como Estados Unidos, Japón, Europa y países tercermundistas.

En 1990 ocurrió la Guerra del Golfo. Occidente todavía era muy dependiente del petróleo de Medio Oriente, como se evidenció cuando Irak invadió Kuwait y capturó sus pozos petroleros. La reacción no tardó: una coalición de fuerzas encabezada por EE.UU. intervino en Kuwait. Mantener el petróleo fluyendo era el objetivo estratégico principal. En la contienda, la coalición liderada por EE.UU arrasó al ejército iraquí, mostrando lo que le podía pasar a quien desafiase este nuevo orden, sobre todo en el suroeste asiático, donde se encuentran las reservas más importantes de petróleo. Concomitante a la Guerra del Golfo, el colapso soviético en 1991 propició el giro hacia un Nuevo Orden Mundial en el que EE.UU quedó como la única superpotencia. Sin tomar en cuenta las lecciones de Kuwait, en 2011 Muamar el Gadafi “Líder y Guía de la Revolución” Libia amenazó con desvincular el petróleo del dólar, el país fue invadido por la Otan y el mandatario asesinado. La Otan, un producto de la Guerra Fría y vinculada al ámbito del Atlántico Norte, se modificó para permitirse la intervención en cualquier lugar del planeta, sin agresión previa, respondiendo a cualquier tipo de amenaza, real, inventada o manipulada.

Al final de 2014, el precio del barril de petróleo había caído en más de un 40 por ciento. La recesión global aceleró la caída de su demanda. En vez de reducir el suministro, las naciones árabes mantuvieron los niveles de producción, lo que llevó a una baja en el precio. La intención era perjudicar a productores rivales –como los de fracturación estadounidenses, Rusia y Europa– la mayoría de los cuales dependen de los altos precios del petróleo para ser rentables.

Como lo enseña su dinámica histórica, los precios del petróleo se mueven al ritmo de los conflictos bélicos, las tensiones y cambios en la geopolítica mundial y los ciclos y crisis del sistema mundo capitalista. Sus precios reales siguen ciclos de larga duración: de unos 30 años, con más años de debilidad que fortaleza. Durante el último medio siglo se registraron precios altos entre 1973 y 1985 seguidos de precios bajos entre 1986 y 2002; el nuevo ciclo ascendente se inició en 2003 y terminó en 2016; en 2011-12 el petróleo alcanzó el record histórico de más de USD 110 por barril. La recuperación de los precios a partir de 2017 es apalancada por el aumento de la demanda de hidrocarburos a nivel mundial y por el éxito en la estrategia de controlar la producción de parte de la alianza Opep+, una alianza estratégica que incluye a una treintena de países, liderada por Arabia Saudita, entre los miembros de la Opep, y por Rusia a la cabeza de los aliados externos.

En medio de la emergencia por la propagación del coronavirus y las medidas que paralizaron el sistema económico, el precio del barril cayó a mínimos en 2020, esto es a USD 33, referencial Brent. Con el fin de estabilizar el mercado petrolero las naciones que integran la Opep+ acordaron el recorte de la producción en 9,7 millones de barriles/día (su demanda mundial oscila alrededor de los 100 millones de barriles/día; Colombia aporta solo el 0,7 por ciento de la oferta global) y en 2021 el precio rebotó a USD 70,9 en el promedio anual. En 2022, debido a la guerra Rusia-Ucrania y a las tensiones en la geopolítica mundial, el precio del petróleo ha rozado los USD 140, aunque en medio de una gran inestabilidad que no marca tendencia debido a la amenaza y posible estanflación en todo el sistema mundo capitalista. El rango de oscilación del precio del barril de petróleo referencial Brent, el 14 de marzo de 2022, se movió entre los USD 103 y USD 111; al día siguiente se transaba hasta en USD 99.


Colombia, ilusiones y vergüenza ajena

En medio de esta dinámica geopolítica, con altas demandas e inmensos consumos de los países que más producen, exportan y contaminan, entre ellos Estados Unidos, Iván Duque se presentó ante Joe Biden, presidente estadounidense, el 10 de marzo de 2022, como una tabla salvadora. Duque se imaginó que los 738 mil barriles que produce el país por día no eran tal sino que pueden superar fácilmente, sin limite alguno, el millón diario y se ofreció a surtir al imperio, que demanda cerca de 20 millones de barriles día, para que no se vea afectado por el conflicto en euroasia, ni tenga que reconocer a Maduro, en su afán por suplir la necesidad del hidrocarburo, como el presidente legítimo de la República Bolivariana de Venezuela.

Sea cual sea la razón del despropósito y la respuesta de la actual cabeza del imperio del águila, los actores sociales colombianos deben tomar nota cuidadosa de ello pues lo que vendrá para el país, a todo costo, será ampliación de la producción del oro negro, para lo cual lo único que les queda es repasar cientos de pozos que están cerrados (mediante técnicas de recobro mejoradas, producción más costosa y más contaminante) más incursionar a lo largo del país con la nefasta técnica del fracking. Como ocurre a lo largo del planeta, y como también lo registra la historia nacional, violencia y petróleo, guerra e irrespeto de los derechos humanos, copamiento militar, acumulación por desposesión y desplazamiento forzado siempre están asociadas (diagrama 2).

La historia de la industria de hidrocarburos en Colombia tiene su origen a principios del siglo XX con la concesión de dos campos petrolíferos por parte del presidente Rafael Reyes (1904-1909) a una camarilla de amigos y familiares personales, que las enajenaron de manera fraudulenta a la Tropical Oil Company, quien a su vez revendió sus acciones a la Estándar Oil de New Jersey. Las luchas obreras de la primera mitad del siglo XX tenían como propósito la reversión de las concesiones y la nacionalización del petróleo; en 1951 lograron que el Gobierno creara Ecopetrol. La exploración y la explotación petrolera en Colombia es realizada de manera asociativa o mediante nuevas concesiones por no más de cuatro multinacionales y Ecopetrol. La industria petrolera ha sido en las últimas cuatro décadas el motor de la economía del país y el primer producto de exportación con el 55.4 por ciento del total de lo exportado y el principal contribuyente a las finanzas del Estado al representar el 15 por ciento de los ingresos corrientes de la nación y cerca de uno de cada tres pesos de los presupuestos de inversión de los entes territoriales por concepto de regalías.

Hasta principios de los años 1970, la extracción de petróleo en suelo nacional mostró una tendencia creciente y alcanzó en esos años un nivel de 80 millones al año. En igual década se registró una acelerada caída de las reservas comprobadas y el país debió cubrir el déficit de la producción doméstica con importaciones, alcanzando un pico de 9,4 millones en 1977. En 1983, en Arauca se produjo el descubrimiento (regulado por el contrato de asociación firmado entre Ecopetrol y la Occidental Petroleum Corporation –Oxy-); gracias a este campo, en 1986 el país volvió a ser exportador de este recurso y logró apalancar la producción nacional hasta alcanzar una extracción máxima superior al millón de barriles diarios en los años 2013 y 2015. En los años siguientes el descenso ha sido imparable y en 2022 sólo se extraen 738.000 barriles diarios de hidrocarburo (gráfico 1). ¿De dónde va a sacar Duque lo ofrecido al imperio?

** Conferencia de Yalta: la cumbre de la Segunda Guerra Mundial que redefinió el mundo. Durante una semana Winston Churchill, primer ministro de Reino Unido; Franklin D. Roosevelt, presidente de EE.UU.; y Iósif Stalin, líder de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), se reunieron en la ciudad de Yalta, en la península de Crimea. Esa conferencia sentó las bases para el final de la Segunda Guerra Mundial y marcó el destino del mundo para los siguientes 50 años.
* Economista y filósofo. Integrante del comité editorial de los periódicos Le Monde diplomatique, edición Colombia y desdeabajo.

 

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Publicado enColombia
Desarrollan píldora anticonceptiva masculina; es 99% efectiva en ratones

Washington. Un equipo de científicos informó ayer haber desarrollado una píldora anticonceptiva masculina que demostró 99 por ciento de efectividad en ratones, sin efectos secundarios, y podría iniciar ensayos en humanos para fin de año.

Los hallazgos de este anticonceptivo serán presentados en la reunión de primavera de la Sociedad Química estadunidense y marcan un hito en la oferta de métodos de control natal y de responsabilidades para los hombres.

Desde que la píldora anticonceptiva para las mujeres fue aprobada en la década de 1960, los investigadores han estado interesados en el desarrollo de su equivalente masculino.

“Múltiples estudios muestran que los hombres están interesados en compartir la responsabilidad anticonceptiva con sus compañeras”, afirmó Abdullah Al Noman, graduado de la Universidad de Minnesota, a cargo de presentar esta investigación. Sin embargo, hasta ahora, entre los métodos efectivos para hombres disponibles sólo están los condones y la vasectomía, cirugía reversible, costosa y la cual no siempre tiene éxito.

La píldora femenina usa hormonas para alterar el ciclo menstrual y los esfuerzos históricos por desarrollar un equivalente masculino se han centrado en la hormona de la testosterona.

El problema con este enfoque, sin embargo, es que tiene efectos secundarios como aumento de peso, depresión e incremento de los niveles del colesterol conocido como lipoproteína de baja densidad (LDL), que aumenta los riesgos de enfermedades cardiacas.

La píldora femenina también tiene efectos secundarios, incluyendo riesgos de coagulación, pero frente a la posibilidad de quedar en embarazo en ausencia de un método anticonceptivo, el cálculo del riesgo difiere.

 

Receptor de ácido retinoico alpha

 

Para desarrollar un método no hormonal, Noman, quien trabaja en el laboratorio de la profesora Gunda Georg, se enfocó en una proteína llamada “receptor de ácido retinoico (RAR) alpha”.

Dentro del cuerpo, la vitamina A es procesada de diferentes formas, incluyendo el ácido retinoico, que tiene un importante papel en el crecimiento de las células, la formación del esperma y el desarrollo embrionario.

El ácido retinoico necesita interactuar con el RAR-alpha para estas funciones y los experimentos de laboratorio han demostrado que ratones sin el gen que crea ese receptor son estériles.

Para su trabajo, Noman y Georg desarrollaron un compuesto que bloquea la acción del RAR-alpha. Identificaron la mejor estructura molecular con la ayuda de un modelo computarizado.

El compuesto químico, conocido como YCT529, también fue diseñado para actuar específicamente con el RAR-alpha, y no con otros receptores relacionados como el RAR-beta y el RAR-gamma, con el fin de evitar al máximo los posibles efectos secundarios.

Siendo administrado de forma oral en ratones por cuatro semanas, el YCT529 redujo drásticamente su conteo de esperma y fue 99 por ciento efectivo en la prevención del embarazo sin efectos adversos observables.

Los ratones volvieron a ser fértiles entre cuatro y seis semanas después de interrumpir la toma del medicamento.

El equipo de científicos, que recibió fondos de Institutos Nacionales de Salud y de la Iniciativa para la Contracepción Masculina, trabaja con la compañía llamada YourChoice Therapeutics para iniciar ensayos en humanos en el tercer o cuarto trimestre de 2022.

“Soy optimista de que avanzaremos rápidamente”, señaló Gunda Georg, considerando un tiempo de llegada al mercado de unos cinco años o menos.

“No hay garantía de que funcionará, pero sería de verdad sorprendente si no viéramos un efecto también en humanos”, agregó la científica.

Desarrolla Cuba fármaco que ofrece esperanza a pacientes de Alzheimer

Es seguro, bien tolerado y sin efectos adversos serios, explicó la líder del proyecto

La Habana. El fármaco neuroprotector NeuralCIM –de administración nasal– ofrece a los pacientes de Alzheimer de Cuba y otras latitudes una esperanza desde la ciencia.

En los resultados de los ensayos clínicos realizados fases II y III con el medicamento durante 48 semanas quedó demostrado que es seguro y bien tolerado, sin eventos adversos serios, destacó Teresita Rodríguez, gerente del proyecto.

Parte considerable de los pacientes mostró una reducción en el avance del deterioro cognitivo y mejoría de variables secundarias, agregó.

Ahora se prevé realizar dos ensayos clínicos: uno en La Habana, comparativo, y otro, en el resto de las provincias en la fase IV. En todos los casos, los participantes recibirán medicamentos para el Alzheimer, precisó Rodríguez, citada por el Observatorio Científico.

Del total de pacientes del estudio comparativo, unos serán tratados con NeuralCIM, mientras al grupo de control se le suministrará un fármaco de estándar internacional, aclaró la experta.

Los sitios específicos para estos ensayos se escogerán en reunión con especialistas del ministerio de Salud Pública de Cuba.

El Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos aprobó el 8 de marzo, según constató Granma, el Registro Sanitario Condicional del fármaco NeuroEpo en la indicación del Alzheimer leve y moderado, informó ayer a través de su cuenta en Twitter Eduardo Ojito Magaz, director general del Centro de Inmunología Molecular, institución desarrolladora de esta molécula.

Según consta en el documento emitido por el Cecmed –compartido por Ojito Magaz–, el Registro para NeuralCim (nombre comercial de NeuroEpo) fue aprobado luego de evaluada la documentación presentada por el CIM.

Se precisó, también, que la condicionalidad del Registro de este producto se establece para la presentación de los resultados de un estudio confirmatorio de eficacia clínica fase III, que debe solicitar autorización en un plazo no mayor de seis meses.

Asimismo, el registro otorgado tendrá una vigencia de tres años, a partir de la fecha de emisión del certificado de inscripción.

NeuroEpo, desarrollado por el CIM en colaboración con otras instituciones de BioCubaFarma, se trata de una formulación nasal de eritropoyetina (EPO) humana recombinante con bajo contenido de ácido siálico, isoforma de composición similar a la que se produce en el sistema nervioso central.

Los resultados del ensayo clínico fases II y III con este producto en pacientes de Alzheimer leve y moderada fueron, como se dijo, alentadores, según se dio a conocer recientemente por autoridades del CIM.

Una fotografía aérea tomada con un dron muestra el bosque de Oloolua, cerca de Nairobi (Kenya). — Baz Ratner / Reuters

El ingeniero forestal Enrique García Gómez revela en 'La inteligencia de los bosques' secretos sorprendentes de un ecosistema vegetal amenazado en medio planeta.

18/03/2022 23:55

Aristóteles Moreno@aristotelesMV

Los árboles se comunican entre sí y se alertan de peligros inminentes. Cuando un animal herbívoro ataca a uno de ellos, segregan sustancias volátiles para avisar a sus congéneres. Y estos, a su vez, liberan componentes tóxicos para que sus hojas no sean digeribles. E incluso pueden llegar a ser mortales. Los árboles funcionan como sistemas complejos y fascinantes, que actúan cooperativamente para defenderse, tal como desvela el ingeniero forestal Enrique García Gómez en su último libro La inteligencia de los bosques.

Las vacas, por ejemplo, para esquivar esos sorprendentes mecanismos de protección vegetal, comen la hierba en sentido contrario al viento. Si la ingieren a favor, los pastos son menos palatables. "Se trata de una ecoevolución desarrollada en decenas de miles de años", asegura García Gómez, vicedecano también del Colegio de Ingenieros Forestales de España y director de la revista Foresta. "Evolucionan los vegetales, pero también los animales para adaptarse a esas toxinas. Es una lucha alterna donde no habrá ningún ganador".

El libro del naturalista toledano está plagado de secretos asombrosos sobre un ecosistema que ha sobrevivido cientos de miles de años y hoy se encuentra gravemente amenazado. Los árboles viejos, explica el experto, cuando se encuentran al final de su vida ceden sus reservas a los jóvenes para que prosperen con el vigor suficiente. "Y dejan espacio de luz, además de agua y nutrientes para los nuevos ejemplares", revela. Es una de las múltiples formas de colaboración simbiótica y beneficio mutuo que se produce en el interior de un bosque.

La obra de García Gómez es una loa sin reservas hacia un ecosistema milenario que entrelaza la vida de componentes vegetales, animales y fúngicos en todas sus formas. "La inteligencia de los bosques es una licencia literaria. No intento poner en seres no racionales capacidades humanas, pero lo hago para hacer ver su enorme complejidad y cómo es posible que la vida nos haya dado esta maravilla producto de una larga evolución", argumenta.

Los árboles de un bosque no solo cooperan sino que también mantienen una ardua competición. "No es una convivencia feliz", puntualiza. Y vuelve a establecer un cierto paralelismo con la sociedad humana. "Nosotros podemos ser los más solidarios, pero también los más crueles", subraya. "En el mundo vegetal sucede lo mismo". Aparte de alianzas para prestarse ayuda mutua, los árboles también luchan por sobrevivir y rivalizan por el espacio, la luz, el agua y los nutrientes. "Es una lucha sin cuartel", asegura.

La lista de beneficios del bosque es interminable. "Palía un montón de males que producen los seres humanos", señala el autor del libro. "Limpian la atmósfera y absorben CO2, que es el gas más poderoso del calentamiento global. Se conoce su capacidad de retención. Los bosques son un sumidero impresionante, aunque no podemos erigirlos en los únicos responsables a la hora de amortiguar la concentración de CO2". El océano también actúa como extractor de CO2 pero, a diferencia de los bosques, no puede ser gestionado por la voluntad humana.

Los bosques frenan el calentamiento global, aunque también son víctimas de él. Numerosos estudios indican que las masas arbóreas están sufriendo ya las consecuencias del aumento de la temperatura. "En la península ibérica, por ejemplo, las encinas se están desplazando. Ya no se regeneran en ciertos lugares por causa de la temperatura o la escasez de precipitaciones y dan paso a otras especies más rústicas y menos exigentes, como las coscojas". Lo mismo ocurre con los hayedos, que están elevándose a cotas altas de montaña donde hasta hace poco el frío y el viento gélido se lo impedía. "En las zonas bajas aparecen otras especies mejor adaptadas a la ausencia de precipitaciones y un clima más cálido".

Muchas especies desaparecerán o disminuirán y otras habituadas a terrenos áridos se expandirán. "Los bosques en España ya se están transformando por efecto del cambio climático", alerta García Gómez. La floración se está anticipando en torno a 20 días cada año, mientras que los insectos polinizadores no han logrado coger el mismo ritmo. "Se está rompiendo el ciclo de floración y ya hay dificultades de regeneración futura para determinadas especies", avisa.

Con todo, España es el tercer país de Europa con mayor superficie forestal. Tiene 7.000 millones de árboles y 15 millones de hectáreas de bosques, según datos del Inventario Nacional Forestal citados por Enrique García. La mitad del territorio español es forestal y la cuarta parte está arbolado. Y, en las últimas décadas, la superficie de bosques crece a un ritmo de 100.000 hectáreas por año.

El proceso de reforestación de España se produce en paralelo al mismo fenómeno en Europa. La razón es clara: los pueblos se abandonan, la actividad rural decae y la naturaleza está recuperando espacios perdidos hace siglos. "No hay una actividad repobladora del Estado, sino una desactividad rural", explica el ambientalista. "La nueva cobertura vegetal y arbórea está producida por la labor de la naturaleza. Antes había un uso intensivo del territorio y no dejábamos que se reforestara por la acción de los arados y los rebaños". En los últimos años, por lo tanto, se están regenerando pinares, abetales, hayedos, encinares o robledales de antaño.

Gracias a su orografía y variedad climática, España sigue liderando la biodiversidad en Europa. "Las diferencias de altitud y la cantidad de sistemas montañosos permite mucha diversidad de especies. En el resto de Europa eso no sucede", razona García Gómez. "Somos muy afortunados porque somos ricos en fauna y vegetación". La masa arbórea crece de manera sostenible en las últimas décadas, pero nuestro país contribuye negativamente a la preocupante deforestación del planeta. "En España y en Europa la superficie arbórea es mayor que hace diez, veinte y treinta años, aunque ese terreno que ganamos lo detraemos de otros países en desarrollo", lamenta. Y añade: "No nos gusta quitar bosques ni transformar nuestra masa forestal, pero seguimos trayendo derivados de la madera de Indonesia, Malasia, Vietnam o Brasil. No deforestamos aquí, pero lo hacemos indirectamente en otros países".

Europa, por lo tanto, tiene una responsabilidad en el proceso de deforestación del planeta. Algunos cálculos cifran en un 15% la masa arbórea que los países europeos contribuyen a eliminar de las zonas sensibles del mundo. "Debemos controlar esas importaciones de madera", suplica. La deforestación planetaria se está produciendo a un ritmo alarmante. En el último medio siglo, asistimos a la mayor pérdida de superficie boscosa de la historia. En 50 años se ha evaporado el 15% de los bosques del mundo, un área equivalente a España, Francia y Portugal. Algunos expertos advierten que a ese ritmo las selvas tropicales y los bosques pluviales desaparecerán en cien años.

"Los modelos matemáticos así lo predicen. Sería una catástrofe. Esperemos que la humanidad no esté tan loca. Brasil está permitiendo una extracción desmesurada. Es un desastre a nivel planetario porque los bosques son los pulmones de la Tierra", asegura García Gómez. Si desaparecen los bosques, aventura el ingeniero forestal, se sucederán las sequías, se extremará el clima, abundarán las riadas, se incrementará la contaminación y nos acercaríamos "al borde del caos de la humanidad".

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La hembra, con sus crías, resultado de la partenogénesis.Foto Yanchang Wei

 

Aplicaron en ratón la técnica Crispr, que permite modificar los genes // El hallazgo ayudará a una mayor comprensión de ciertos trastornos congénitos, explican

Un equipo de científicos chinos logró, gracias a la edición genética, que una ratona tenga hijos vivos a partir de un óvulo no fecundado. La investigación demuestra que, aunque se creía imposible ese tipo de reproducción en mamíferos, se puede conseguir mediante nuevas técnicas de manipulación.

Se trataría del primer mamífero que consigue gracias a esta técnica la reproducción asexual, conocida como partenogénesis, término griego que significa creación virgen, que es una forma de alumbramiento asexual sólo con óvulos no fertilizados. Cuenta con varios ejemplos en la naturaleza. Invertebrados como los escorpiones, los ácaros, algunas abejas, peces, anfibios y reptiles son capaces de generar descendencia sin necesidad de un compañero.

Sin embargo, hasta ahora, recrear dicha forma de reproducción no había sido exitosa en mamíferos debido a un proceso de impresión genómica en el que los genes se marcan químicamente para determinar al progenitor de origen. Mediante dicho proceso natural, se asegura que el embrión se desarrolle sin fallas.

Para lograr la partenogénesis del ratón, los científicos chinos, a cargo de Yanchang Wei, de la Universidad de Shanghai Jiao Tong, que publicaron su investigación en Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias, utilizaron una tecnología que permite modificar los genes de los organismos llamada Crispr (acrónimo que en español significa: repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas).

Con esa técnica, los investigadores han sido capaces de editar las marcas de metilación del ADN, modificaciones al genoma que pueden alterar la actividad de los genes del cuerpo sin cambiar la secuencia subyacente de ese material genético.

"Después de la activación partenogenética, estas regiones editadas mostraron el mantenimiento de la metilación como zonas establecidas de forma natural durante el desarrollo temprano previo a la implantación", señala el estudio.

"La transferencia de embriones partenogenéticos modificados a madres adoptivas dio como resultado un desarrollo significativamente mayor y, finalmente, la generación de descendientes viables. Estos datos demuestran que la reproducción asexual se puede lograr mediante la rescritura epigenética dirigida de múltiples regiones de control de impresión", destacan los científicos.

A pesar de los resultados, sólo una de las crías sobrevivió hasta la edad adulta. Sin embargo, para los científicos, estos resultados confirman que la partogénesis en mamíferos es posible a través de la regulación de múltiples regiones de control de impronta usando técnicas de modificación genética.

Los investigadores también advierten que hace falta refinar todavía más la técnica para mejorar el ratio de éxito. Entre las posibles aplicaciones "se abren avenidas en agricultura, investigación y medicina".

Los hallazgos también podrían derivar en una mayor comprensión de trastornos congénitos relacionados con la impronta genética humana como el síndrome de Angelman, que causa retraso en el desarrollo, problemas de habla y balance, además de discapacidad intelectual.

Sin derechos de la naturaleza la libertad es una ilusión

“La plena incorporación de la naturaleza al Derecho en calidad de sujeto se logrará, sin duda, sólo en forma paulatina; por de pronto, basta con establecerla como una meta que ha de señalar el rumbo que debemos seguir.” (Godofredo Stutzin (1984), ecologista chileno [1917-2010])

Los primeros textos propuestos sobre los Derechos de la Naturaleza en la Convención Constitucional chilena no lograron ser aprobados. Varias son las razones e incluso las sinrazones de este rechazo. Lo que cuenta, sin profundizar en el análisis, es que el debate está planteado y que la historia se repite. Recordemos que la emancipación de los esclavos o la extensión de derechos plenos a indígenas, a las mujeres y a los niños y las niñas se rechazaron en su tiempo por considerarse absurdos. Bastaría hacer memoria que cuando se “liberó” a los esclavos en varios países de Nuestra América no faltaron quienes reclamaron por las “pérdidas” sufridas por sus “propietarios”, a quienes se les restringía “su libertad” para comercializaros, utilizarlos, explotarlos…

A estos Derechos, aprobados por primera y por lo pronto única vez en la Constitución de Ecuador en el año 2008, se llega desde varios ámbitos. En el caso ecuatoriano los Derechos de la Naturaleza se inscriben como parte de un mestizaje emancipador que provocó un “híbrido jurídico”, donde se recuperan elementos de todas aquellas culturas indígenas -y también algunas “occidentales”- emparentadas por la vida, que entienden con sobradas razones que la Madre Tierra o Pachama, como un espacio territorial, cultural y espiritual, no puede ser motivo de mercantilización ni de exclusión. Simultáneamente, en la Asamblea Constituyente de Ecuador, influyeron todas las luchas de diversos grupos de la sociedad que defendían la Naturaleza. Ese fue un momento de mucha creación que se inserta en el proceso de emancipación de la Humanidad, que reclama permanentemente el derecho a tener derechos.

Cuando hablamos de los Derechos de la Naturaleza, cabe destacar que el centro está puesto en la Naturaleza, que obviamente incluye al ser humano. La Naturaleza vale por sí misma, sin importar los usos que le den los humanos, implicando una visión biocéntrica. Estos derechos no defienden una Naturaleza intocada que lleve, por ejemplo, a dejar de tener cultivos, pesca o ganadería. Lo que se defienden es mantener los sistemas y conjuntos de vida. Su atención se fija en los ecosistemas, en las colectividades, no en los individuos, sin tolerar en ningún caso la tortura de ningún ser vivo. Se puede comer carne, pescado y granos, por ejemplo, mientras se asegure que quedan ecosistemas funcionando con sus especies nativas. 

Pero hay que ir más allá. No se trata de buscar un equilibrio entre economía, sociedad y ecología imposible por lo demás usando como eje articulador oculto al capital. El ser humano y sus necesidades deben primar siempre -más aún sobre el capital-, pero jamás oponiéndose a la armonía de la Naturaleza, base fundamental para cualquier existencia. Y esta discusión tiene historia.

Es larga la lista de quienes han tratado, desde hace siglos, de entender y recomponer la relación de los seres humanos con la Naturaleza, y que han planteado un giro radical a la visión de su dominación de la Madre Tierra por parte de los seres humanos.

Hay visiones y prácticas sustentables que se pierden en el tiempo. No se las encuentra en los archivos de la Modernidad. Aquí asoman muchas comunidades indígenas -portadoras de una larga memoria- que en todo el mundo han demostrado que el ser humano puede organizar formas de vida sustentable. Su vínculo con la Pachamama o Madre Tierra es más que una metáfora. Pero hay otras entradas, también potentes.

El vigoroso pensamiento de Baruch de Spinoza (1632-1677), judío sefardita de origen español, es clave al respecto. Cuando él escribía Deus sive natura, entendía que Dios es Naturaleza, hablaba de una Naturaleza activa: natura naturans, es decir literalmente de una “naturaleza naturanda”; la Naturaleza -para él- no era pasiva ni creada, es decir no se trataba de una “naturaleza naturada”. Su pensamiento influyó a muchas otras personas y procesos, como Hans-Carl von Carlowitz, quien acuño por primera vez el término de la “sustentabilidad” en 1713 o más tarde el gran investigador Alexander von Humboldt. Y en esa línea, desde reflexiones científicas se podría mencionar a James Lovelock y Lynn Margulis, así como a Elizabeth Sahtouris y José Lutzenberg entre muchísimos otros, que caracterizaron ya en los años setenta del siglo XX a la Tierra como un superorganismo vivo, que merece respeto y cuidado: por eso se recurrió a denominarla Gaia, nombre de la mitología griega para definir la vitalidad de la misma Tierra. También podríamos recordar a algunos pensadores que, con variadas aproximaciones, contribuyeron para que la Humanidad adquiera la conciencia de que la Tierra es una sola -antes de que dispongamos de las primeras fotografías de la Tierra tomadas desde el espacio- como fueron Nicolás Copérnico, Nikolaus von Kues o Nicolás de Cusa (Cusanus), Johannes Kepler, John Evelyn, Carl Nilsson Linneaus, Johann Wolfgang von Goethet…

Algo más cercano en el tiempo, es oportuno mencionar el valioso aporte del jurista Christopher Stone: Should Trees Have Standing? (1972), considerado por Jörg Leimbacher como el “padre de los Derechos de la Naturaleza”. Cabría anotar también los recientes aportes jurídicos desde América Latina de Raúl Eugenio Zaffaroni, Ramiro Ávila Santamaría y Agustin Grijalva, desde África del jurista sudafricano Comac Cullinam, por mencionar ejemplos de una lista que crece aceleradamente. Tampoco podemos olvidar los grandes aportes de Vandana Shiva o Yayo Herrero, para mencionar otro par de nombres. Aquí cabrían las -por igual- valiosas contribuciones de Albert Schweizer, Godofredo Stutzin, Aldo Leopold, Peter Saladin, Jörg Leimbacher…

Como resalta Leonardo Boff, en estas visiones cabe reconocer las inter-retro-conexiones transversales entre todos los seres: todo tiene que ver con todo, en todos los puntos y en todas las circunstancias; esa es la relacionalidad del mundo indígena, también reconocida en la Encíclica Laudato Si, que tiene como su semilla germinal a Franciso de Asis.

Inclusive en el ámbito literario hay aportes relevantes. Un ejemplo: Italo Calvino en el siglo XX, en su novela “El barón rampante” (1957), cuenta como Cosmo Piovasco de Rondó, decide pasar toda su vida encaramado en los árboles. Y desde allí propone los Derechos de la Naturaleza para una nueva constitución, en esta novela ambientada durante la Revolución Francesa

En medio del actual colapso climático y ecológico, ya es hora de entender a la Naturaleza como una condición básica de nuestra existencia y, por lo tanto, también como la base de los derechos colectivos e individuales de libertad. Así como la libertad individual solo puede ejercerse dentro del marco de los mismos derechos de los demás seres humanos, la libertad individual y colectiva solo puede ejercerse dentro del marco de los Derechos de la Naturaleza. De forma categórica  concluye el profesor alémán Klaus Bosselmann: “sin Derechos de la Naturaleza la libertad es una ilusión”.

En la práctica legal, esto significa que a partir de ahora ya no existe ningún derecho para explotar la Naturaleza y menos aún para destruirla, sino solo un derecho a un uso ecológicamente sostenible. Las leyes humanos, entonces, deben estar en concordancia con las leyes de la Naturaleza. Y, además, tengamos presente, que, en realidad, la Naturaleza es la que nos da el derecho a la existencia a los seres humanos, y que ella, en su permanente búsqueda por los equilibrios, no se equivoca…

Entender este punto demanda un giro copernicano en el ámbito, jurídico, económico, social y político. El derecho de tener derechos exige siempre un esfuerzo político para cambiar aquellas normas que niegan esos derechos y para enfrentar a los grupos de poder que pretenden proteger sus priviligios sostenidos en la explotación de los humanos y de la Naturaleza. La lucha continúa. Seguimos avanzando con la confianza de que Chile consolidará este proceso emancipador.-

Por  | 09/03/2022

Alberto Acosta. Economista ecuatoriano. Compañero de luchas de los movimientos sociales. Profesor universitario. Ministro de Energía y Minas (2007). Presidente de la Asamblea Constituyente (2007-2008). Autor de varios libros.

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