Domingo, 19 Diciembre 2021 11:57

¿Qué es lo que queda?

   - Giorgio Agamben

Doctor en filosofía por la Universidad de Roma, Giorgio Agamben (Roma, 1942) es uno de los filósofos más reconocidos y atendidos en el mundo, autor, entre otros títulos, de los libros 'Creación y anarquía' y 'La potencia del pensamiento'. Agradecemos al autor y a la señora Agenese el permiso para traducir y publicar este material.

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“Tengo tal desconfianza en el futuro, que sólo hago planes para el pasado.” Esta frase de Flaiano –un escritor cuyas bromas deben tomarse muy en serio– contiene una verdad sobre la que vale la pena detenernos. En efecto, el futuro, como la crisis, es hoy uno de los principales y más eficaces instrumentos de poder. Ya sea que se visualice como un espantapájaros que se agita amenazante (empobrecimiento y catástrofes ecológicas), o como un brillante porvenir (como el desagradable progresismo); en cada caso, se trata de difundir la idea de que debemos orientar nuestras acciones y pensamientos únicamente hacia el futuro. Es decir, que debemos dejar de lado el pasado porque no se puede alterar y, por tanto, resulta estéril o, como mucho, debemos conservarlo en un museo; y en cuanto al presente, sólo debe interesarnos en la medida en que sirve para preparar el futuro. Nada más falso: lo único que poseemos y podemos conocer con alguna certeza es el pasado, mientras que el presente resulta por definición difícil de entender, y el futuro, que no existe, puede ser inventado por cualquier charlatán. Desconfíen, tanto en la vida privada como en la esfera pública, de quien les ofrece un futuro: éste casi siempre está tratando de atraparlos o de engañarlos. “No permitiré jamás que la sombra del futuro –escribió Iván Illich– se instale sobre los conceptos por los que trato de reflexionar lo que es y lo que ha sido.” Y Benjamin observó que a través del recuerdo (que es algo completamente distinto a la memoria como archivo inmóvil) nos conducimos en realidad hacia el pasado, de alguna manera lo hacemos posible de nuevo. Sin duda, Flaiano tenía razón al sugerirnos que hagamos planes sobre el pasado. Sólo una investigación arqueológica sobre el pasado puede permitirnos acceder al presente, mientras que una mirada exclusiva en el futuro nos arrebata –también con nuestro pasado– el presente.

2

Imaginen entrar en una farmacia y pedir un medicamento que necesitan urgentemente. ¿Qué harían si el farmacéutico les dijera que el medicamento fue fabricado hace tres meses y que ya no está disponible? Eso es exactamente lo que ocurre en la actualidad al entrar en una librería. El mercado del libro se ha convertido hoy en un absurdo, donde la circulación exige que el libro se almacene en la librería lo menos posible (a menudo no más de un mes). Como resultado, el mismo editor planifica libros que deben agotar sus ventas –si las hay– a corto plazo, con lo que renuncia a construir un catálogo que perdure en el tiempo. Por eso yo –que también me considero buen lector– me siento cada vez más incómodo al entrar en una librería (por supuesto, existen excepciones), donde los estantes están ocupados sólo por novedades y donde cada vez resulta más extraño que pueda encontrar la medicina (es decir, el libro) que necesito. Si los libreros y editores no se vuelven contra este sistema, en gran parte impuesto por los grandes distribuidores, no debe sorprendernos que las librerías desaparezcan. Tal como se han convertido, no podremos ni siquiera extrañarlas.

3

Nicola Chiaromonte escribió alguna vez que la pregunta esencial cuando consideramos nuestra vida, no es lo que hemos o no logrado, sino lo que queda de ella. Qué permanece de una vida, pero también y todavía más importante: qué queda de nuestro mundo, qué queda del hombre, la poesía, el arte, la religión, la política, ahora que todo a lo que estábamos acostumbrados se asocia a estas realidades tan urgentes, ¿están desapareciendo o, en todo caso, transformándose hasta volverse irreconocibles? Al entrevistador que le preguntó: “¿Qué queda para usted de la Alemania en la que nació y creció?”, Hannah Arendt respondió: “Queda la lengua.” Pero, ¿qué es un idioma como residuo, un idioma que sobrevive al mundo del que fue expresión? ¿Y qué nos queda, cuando sólo nos resta la lengua? ¿Una lengua que parece que ya no tiene nada que decir y, sin embargo, permanece y resiste obstinadamente y de la que no podemos separarnos? Quisiera responder: es la poesía. En efecto, ¿qué es la poesía, si no lo que queda de la lengua después de que se han desactivado una a una las funciones habituales de comunicación e información? Recuerdo que Ingeborg Bachmann me dijo una vez que no era capaz de ir con el carnicero y decir: “Deme un kilo de bistec.” No creo que signifique que el lenguaje de la poesía es un lenguaje más puro, que se encuentra más allá de la lengua que usamos con el carnicero o para otros usos cotidianos. Creo más bien que el lenguaje de la poesía es eso indestructible que sobrevive y resiste a toda manipulación y a toda corrupción, lengua que sobrevive incluso después del uso que hacemos de ella en los sms y en los tweets, lengua que puede ser infinitamente destruida y que, sin embargo, permanece, del mismo modo que alguien escribió que el hombre es indestructible porque puede ser infinitamente aniquilado. Esta lengua que queda, este lenguaje de la poesía –que es también, creo, el lenguaje de la filosofía– tiene que ver con lo que en el habla no se dice, pero llama. Quiero decir, con su nombre. La poesía y el pensamiento atraviesan la lengua en dirección al nombre, a través de ese elemento del habla que no conversa ni informa, que no dice nada acerca de algo, sino que nombra y llama. Un breve texto de Italo Calvino, que usó para dedicarlo a sus amigos como su “testamento espiritual”, cierra con una serie de frases cortas y casi jadeantes: “tema de la memoria – memoria perdida – el conservar y perder lo que se ha escapado – lo que no se ha tenido – lo que se tuvo con retraso – lo que cargamos a espaldas – lo que no nos pertenece...”. Creo que el lenguaje de la poesía, la lengua que permanece y llama, atrae precisamente a lo que se pierde. Ustedes saben que, tanto en lo personal como en lo colectivo, existe gran cantidad de cosas que se pierden, esa acumulación de cosas efímeras, acontecimientos imperceptibles que olvidamos todos los días y que están tan extintos, que ningún archivo ni memoria podrían contenerlos. Lo que queda, esa parte de la lengua y de la vida que salvamos de la ruina, sólo cobra sentido si mantiene una relación íntima con lo perdido, si permanece de alguna manera por él mismo, si lo llamamos por su nombre y responde por su nombre. El lenguaje de la poesía, la lengua que nos queda, es apreciada y hermosa porque llama a lo que se pierde. Porque lo que se pierde es de Dios l

13 de junio de 2017

Traducción de Roberto Bernal

 

 

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Grupo de científicos descubre a un milpiés “auténtico”

Un grupo de científicos descubrió a un milpiés “auténtico”, según un estudio publicado el jueves que describe a una criatura larga, delgada y dotada de mil 306 patas, más de las que tiene cualquier otro animal viviente.

Los miriápodos, un grupo de criaturas parecidas a los gusanos, son vulgarmente conocidos como milpiés, pero hasta ahora ninguno de los especímenes conocidos superaba las 750 extremidades.

Esta especie que tiene un récord de mil 306 patas, fue descrita en la revista especializada Scientific Report, y fue descubierta a 60 metros bajo tierra, en un pozo de exploración minera en el oeste de Australia.

El animal fue bautizado como Eumillipes Perséphone, en referencia a la diosa griega casada con Hades, rey del inframundo, dijo el autor de estudio, Paul Marek, académico de la Universidad Virginia Tech, en Estados Unidos.

El animal parece un hilo de sólo un milímetro de ancho, pero tiene 10 centímetros de largo, con una “cabeza en forma de cono, con enormes antenas y un pico para alimentarse”, señaló el estudio.

La criatura, que carece de ojos, tampoco tiene color, una característica de los seres que viven debajo de la tierra.

“¡Es un bicho extraordinario!”, destacó el entomólogo André Nel, del Instituto de Sistemas, Evolución y Biodiversidad, no relacionado con el estudio.

Estos animales tienen un rol vital en los ecosistemas en los que habitan, ya que se alimenta de desechos y reciclan nutrientes. Al eclosionar tiene solamente cuatro patas, pero va desarrollando nuevos segmentos, con sus respectivas extremidades hasta alcanzar la adultez

Acabar con la psiquiatrización es una victoria de clase

‘’Mi madre acabó hundiéndose del  todo y, por decisión del tribunal, la llevaron al hospital psiquiátrico de Kalamzoo (...) Aquel día supe que no volvería a ver a mi madre. Ya que nos habían considerado números y no seres humanos, yo habría podido volverme una persona mala y peligrosa. Mi madre había llegado a ese estado porque la sociedad había fallado en su deber, se había mostrado hipócrita, avara, inhumana. Eso me enseñó a no tener compasión por una sociedad que primero aplasta a los hombres y luego los castiga por no ser capaces de soportar la prueba’’

Un pequeño fragmento en la biografía de Malcolm X (Haley, 2015), que trata sobre la psiquiatrización de su propia madre, nos abre un mundo de posibilidades y conecta, en el otro lado del charco, con Leopoldo María Panero: ambos comprendieron el secreto mejor guardado de la psiquiatría, en palabras de Panero: que la psiquiatría es una ciencia devorada por el capital que olvida que volverse loco es la única posibilidad. La ciencia que buscaba extraer la piedra de la locura se levantó hace tiempo en pie de guerra contra su sujeto. Es el brazo armado del capital dentro de nuestro componente más íntimo: El castigo de la conducta y el desvío. No solo eso, se castigan nuestras relaciones con el poder y el capital, la persona psiquiatrizada entorpece, molesta, es inservible y perturba el orden social, económico y moral -casi podríamos decir político- de la sociedad. No es un castigo que responda a tu situación con respecto a la normatividad, sino que más bien se castiga y se reprime aquello que trasciende a lo individual, a la propia conducta, el loco es considerado un enemigo social en tanto en cuanto perturba la continuidad y el orden del capital.

El loco se rompe en las dinámicas de la explotación capitalista y a la vez rompe y zarandea su flujo. Guillermo Rendueles (2017) expresa: “el malestar no depende de la psique individual, sino que es consecuencia de las relaciones de explotación y sumisión que genera el capitalismo”. El capital explota al trabajador y, como bien dice Malcolm X, le castiga por no soportar la prueba, le encierra, le ata, le droga…, reprime y maltrata su cuerpo por estar indefensos ante un poder cruel, violento y frenético.

Foucault ha escrito largo y tendido sobre psiquiatría y es interesante descubrir que para él: ‘’Dejar de estar loco es aceptar ser obediente, poder ganarse la vida, reconocerse en la identidad biográfica que han forjado para uno (...)”. Aceptar la enfermedad por la locura implica someterse a lo que el capital te ha designado, preguntarte “¿quién soy?’’ y que el capital responda ‘’un esquizofrénico’’, pensar “¿qué soy?’’(Foucault, 2005) y tener que responderte ‘’profundamente inservible en esta sociedad’’. Esto porque la locura es un término colectivo: La sociedad sufre al loco mientras que la enfermedad la sufre el individuo.

Pero nadie como los colectivos en primera persona y sobre todo aquellos que se ven obligados a apoyarse mutuamente para sobrevivir para explicar esto. Xarxa GAM nos dice: “¿Estando en el psiquiátrico te han dado ganas de fugarte? En tal caso has entendido que: La institución psiquiátrica se convierte en la más opresora que has visto nunca. Te prohíben hacer cualquier cosa que ellas no hayan previsto para ti (...) Las normas dañan la esencia de tu ser, la imposición de comportamiento se establece como medida de control, deteriorándote como individuo. No sólo has de obedecer, has de subyugar todo tu ser a su lógica represora, no te dejarán marchar hasta que demuestres que la has asimilado.” (Xarxa GAM, y Rojo, 2018).

En todo proceso de psiquiatrización hay una guerra, un proceso de sometimiento que subyace a todos los mecanismos que la psiquiatría usa para doblegarte. Antonucci señala que el ingreso psiquiátrico es una cuestión de poder: Si una mujer pobre dijera que existen los demonios en la consulta de su psiquiatra sería psiquiatrizada, ingresada y probablemente torturada, pero si un obispo acudiera a la cita con su psicóloga/psiquiatra y contara exactamente lo mismo se consideraría una cuestión completamente normalizada. Esta no es la única historia de poder que podemos leer a través de Antonucci. El psiquiatra italiano señala que la propia decisión de psiquiatrizarte es tomada de forma jerárquica, es siempre una decisión coaccionada. Expone: “se acaba en el manicomio o en una clínica psiquiátrica por decisión de alguien con más poder: puede ser el padre que tiene más poder que la hija, el marido que tiene más poder que su mujer, el jefe que tiene más poder que el empleado, etcétera” (Antonucci, 2018).

Esto se debe a lo que ya observa Franco Basaglia sobre que ’la medicina y la psiquiatría son motivo de opresión y son un medio violento utilizado por el poder contra los hombres’’.

Hablar de la psiquiatría como una guerra puede sonar algo chocante, en principio, para quien no se haya acercado progresivamente al activismo en salud mental pero lo cierto es que los muros de la consulta son un campo de batalla. Mientes por sobrevivir, te torturan, pero sobre todas las cosas es una guerra por el expolio y la extenuación de los cuerpos débiles. Lucha contra ellos por que claudiquen a su bandera, por que acepten lo que el que tiene más poder les ha designado, y consuman en lo que se les ordena. Cuando el cuerpo está totalmente conquistado se le expropia la capacidad de consumir, está sujeto e insertado en el ciclo del consumo y, con suerte, podrá reengancharse a la cruel producción que le ha llevado a esa situación si este desgaste no le ha llevado a su completa destrucción. Trabaja extenuado por las drogas, sintiéndose un extraño; ya no solo alienan sus condiciones de trabajo, está inserto en la alienación que el psiquiatra produce en su misma identidad: le han arrebatado el cuerpo, le han convertido en otro en sí mismo.

El SPK (Colectivo de pacientes socialistas en alemán, posteriormente convertido en el Frente de pacientes) ya mencionaba que el capitalismo y el fascismo expoliaban el cuerpo y colonizaban tu identidad para ‘’capitalizar tu enfermedad basándose en los criterios del (plus) valor’’. Es en esta situación tan perversa donde se dan situaciones que resultan casi cómicas como es la de Obra Social la Caixa, la misma que mañana acabará desahuciándote, financiando gabinetes y  psicoterapias. Esta es la perversidad de una disciplina absorbida por el capitalismo, pagarte la terapia cognitivo-conductual para que no te pueda la angustia pensando en que no puedes pagar un alquiler que te llevará al desahucio. No es casualidad esta financiación, mientras un acto político como es todo desahucio destroza tu vida, un gabinete de psicólogos financiado por la misma entidad se encargará de individualizar tu sufrimiento, atarte a un tratamiento, atarte al consumo, conseguir que tu trabajo, por precario que sea, no se interrumpa y bloquee la producción y, sobre todo, alienar todo tu potencial revolucionario, alejar tu sufrimiento como herramienta colectiva y encerrarte en un cuerpo que ya ni siquiera es tuyo, sino que te ha sido sustraído por toda una disciplina. El castigo no solo se basa en atarte dentro del psiquiátrico, sino también fuera.

Este colonialismo del cuerpo es el capitalismo de las farmacéuticas que consiguió perfeccionar su modelo hasta el extremo. Dice Robert Whitaker, preguntado por su experiencia, que ‘’los psiquiatras ganaron poder’’  con la llegada de los psicofármacos. Al sistema tampoco le vino mal, fue la entrada en un modelo cruel y efectivo pero que, y siguiendo con Whitaker, se perfeccionó hasta tal punto que ‘’se creyeron su propia propaganda’’. Es el extractivismo de lo humano, el capital fomentando el consumo y consumiendo el cuerpo de los que consumen. Nos encontramos en un modelo que solo puede ser considerado cómplice del dolor que genera romper a las clases bajas en la explotación del trabajo y los ritmos frenéticos y violentos de su día a día. La psiquiatría y las farmacéuticas crean una industria perversa: ‘’Están creando mercado para sus fármacos y están creando pacientes. Así que si se mira desde el punto de vista comercial el suyo es un éxito extraordinario. Tenemos pastillas para la felicidad, para la ansiedad, para que tu hijo lo haga mejor en el colegio” (Whitaker, 2015).

Dice Robert Whitaker, preguntado por  los diagnósticos psiquiátricos: Solo una sociedad neoliberal asume la perversidad de la cita ‘’pastillas para que tu hijo lo haga mejor en el colegio’’ sin pestañear, mirando hacia otro lado. Ni siquiera hace falta irnos tan lejos, ya la OMS nos da una definición sintomática en esta línea. Dice la OMS en su definición sobre salud mental: ’(Es) un estado de bienestar en el cual el individuo se da cuenta de sus propias aptitudes, puede afrontar las presiones normales de la vida, puede trabajar productiva y fructíferamente y es capaz de hacer una contribución a su comunidad’’

No solo están creando mercado de fármacos, también están tapando los agujeros que deja su sistema, están haciendo negocio con las violencias que devienen de él. Hoy el trabajador deja de ser productivo en su puesto de trabajo y pasa a ser rentable en las industrias internacionales. Una imagen altamente productivista que sostiene un ciclo que saca el máximo rendimiento a los cuerpos atándolos dentro y fuera en un negocio de masas: “En 2007, gastamos 25.000 millones de dólares en antidepresivos y antipsicóticos y, si queremos considerar esta cifra en perspectiva, pensemos en que superó el producto interior bruto de Camerún’’. Cifra terrible desde la óptica en la que el consumo de psicofármacos se ha convertido en un best-seller de la industria.

Ni Fisher hubiera podido imaginar lo que se podría hacer con nuestra vida más íntima. Se estrechan los lazos entre los beneficios del trabajo y la industria que crece exponencialmente. No es para menos: según un último informe de CCOO (2021), ‘’una de cada cuatro personas ocupadas toma sedantes o somníferos’’. Reflexiona Antonucci sobre esto: ‘’Nuestra limpia y organizada sociedad (...) tiene como finalidad la explotación del hombre para producir dinero o poder. Su resultado es la eliminación del trabajador que no aguanta el ritmo de producción, el trabajo a destajo, la cadena de montaje, los desplazamientos diarios, el desempleo, la emigración y la explotación. Estas personas, los trabajadores y sus hijos, llenan los institutos psiquiátricos, donde el sistema comete el segundo gran crimen (...) son segregados y reducidos al silencio; se actúa para que no se puedan defender (electroshock, los psicofármacos…) y para que no perturben a los culpables’’. Giorgio Antonucci sabía qué son las opresiones las que generan el sufrimiento psíquico, es el propio sistema quien te obliga a claudicar y acabar psiquiatrizado.

Un extractivismo que ya comentaba Mark Fisher con su ‘’privatización del estrés’’ y que se entremezcla con el panóptico foucaultiano y su punitivismo. Supone romper a los más débiles y devolverlos a una industria perversa (en el mejor de los casos) o extenuar su subjetividad y sus cuerpos en base al consumo y la represión. El sistema de salud mental supone la ruptura de tu propia subjetividad a través de los psicofármacos, las torturas y las vejaciones que lo acompañan. Dice también un informe del comité de fábrica de la Bartolini: ‘’(Los psiquiátricos son) sistemas de contención, lugares de marginación social de los inadaptados, o sea de todos aquellos que no han podido adaptarse a los ritmos de explotación física y psíquica impuestos por el sistema capitalista, quienes son considerados, pues, fuerza ‘improductiva’, como individuos ‘inútiles’ y peligrosos para la sociedad’’.

Hace unos años salía aquella noticia sobre que los inuit tenían la tasa de suicidio más alta del mundo y para mí fue una epifanía. Resulta comprender que la tarea del activismo en salud  mental es hacer entender a aquellos abocados a la marginalidad, a perpetuarse en las clases más bajas, que se verán tarde o temprano, si no dentro, al menos al filo de la psiquiatrización. Conseguir que los colectivos LGTBI, antirracistas, etc, estando al filo o sumidos en la psiquiatrización, sientan lo que los obreros italianos sintieron en la época de la antipsiquiatría en Italia: ‘’me reconozco en quienes están ahí dentro porque son quienes no han resistido’’, pensar de forma global e interseccional lo que ya dijo Franco Basaglia: ‘’Nosotros queremos cambiar radicalmente las relaciones que se establecen entre nosotros. Y cuando digo nosotros, me refiero a compañeros, sindicalistas y no sindicalistas, a los trabajadores que quieren luchar contra el poder’’

Implica, al fin y al cabo, hacer comprender que cuando decimos que ‘’sin locos no hay revolución’’ no es un recurso literario o propagandístico, sino la constatación de una realidad. Y es que los locos son los nuestros.

Por Alberto Cordero

16 diciembre 2021

 

Alberto Cordero es militante de Anticapitalistas y Abrir Brecha y activista de Orgullo Loco

Referencias

Antonucci, Giorgio  (2018) El prejuicio psiquiátrico. Iruña: Katakrak.

CCOO  (2021) “La salud física y mental de los trabajadores, en caída libre por el coronavirus” La salud física y mental de los trabajadores, en caída libre por el coronavirus | ctxt.es

Foucault, Michel (2005) El poder psiquiátrico. Madrid: Akal.

Haley, Alex (2015) Malcolm X. Madrid: Capitán Swing.

Rendueles, Guillermo (2017) Las falsas promesas psiquiátricas. Madrid: La Linterna Sorda.

Whitaker, Robert (2015) Anatomía de una epidemia. Medicamentos psiquiátricos y el asombroso aumento de las enfermedades mentales. Madrid: Capitán Swing.

Whitaker, Robert (2016) “La psiquiatría está en crisis”, El País, https://elpais.com/elpais/2016/02/05/ciencia/1454701470_718224.html

Xarxa GAM y Rojo, Hugo (2018) Otra mirada al sistema de salud mental. Descontrol. Osalde

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Jueves, 16 Diciembre 2021 06:02

Los niños de la pandemia

Imagen: Sandra Cartasso

Jean Luc Nancy nos propone: ”Luego de la pandemia tenemos que aprender a respirar y a vivir simplemente. Algo que es mucho, difícil y largo; los niños lo experimentan. Ellos, los infantes, no saben hablar. No saben modular su aliento sobre la palabra, pero no piden más que aprende , y aprenden y hablan. Seamos niños. Recreemos un lenguaje. Tengamos esa valentía...”

Nos describe un devenir no tan lejano en el tiempo, de miedo y aislamiento. La lupa viral aumentó nuestras contradicciones y límites. Fue un principio de realidad que golpeó la puerta del principio del placer. La muerte la acompañaba. Pero una muerte ya no disfrazada y negada sino todo lo contrario, siempre presente una amenaza constante. Nos acompañaba en cada uno de nuestros movimientos y en el lugar en que situábamos al otro, otro peligroso, contagioso y hostil; acechándonos en cada esquina.

Tuvimos plena conciencia de nuestra finitud, que nos señalaba el fallido intento de ser infinitamente poderosos. Nuestras certidumbres y seguridades tambalearon y vimos caer nuestra autosuficiencia.

De todas maneras, afirma Nancy, se reavivó una interdependencia tanto del contagio como de la solidaridad, la del mantenimiento a distancia como de la consideración mutua, la de la cohesión social en la observancia de los protocolos como de la anarquía que proponía la mentira y la destrucción.

Y last but not least, “el miedo” cotidiano, miedo a un virus inasible y que alimentaba una ansiedad suplementaria y un estado de alerta permanente aun en nuestras peores pesadillas. El semejante, su proximidad y el temor al contagio, el barbijo en tanto protección y señal inquietante.

La proximidad física, el abrazo, el roce de los cuerpos tenía consecuencias mortales. Se perdieron sonrisas, imágenes, corporalidad. Por un tiempo nos transformamos en un mundo herido en sus metáforas y creencias.

En ese estado de aislamiento permanente se agotan las reservas eróticas como así también las fuerzas que mantienen unida a una sociedad.

Transitamos la desazón y el miedo y nuestra vida se organizó en clave de protocolo, control y limpieza. La recreación de nuestros vínculos quedó despojada de la posibilidad de alojar y de hospedar.

¿Qué efectos se generaron en nuestros chiques en estas condiciones? ¿Qué consecuencias en la construcción de su subjetividad y en la relación con una otredad perniciosa? ¿Podemos pensar en los niños en pandemia y qué se resignificó a posteriori?

Para Donald Winnicott, la importancia del juego y del encuentro con los pares es imprescindible en la infancia. El juego compartido con otros territorializa y genera un espacio de fronteras móviles que dan cuenta de nuestra existencia: el extremo de una cuerda, una sonrisa, una mirada que nos concede la certeza de estar vivos.

En ese instante de convite para estar con otros se descubren e inventan mundos. Es la esencia del inicio de un vínculo y el advenimiento de un sujeto como el protagonista de la aventura de vivir. Y esa cita se renueva cada día.

Este encuentro con el otro extranjero significa una experiencia cultural, surge la creatividad como antecedente de formas de enfrentamiento a conflictos o experiencias ulteriores de nuestra adultez.

Este espacio intermedio, sostiene Winnicott, se alimenta en la confianza hacia la figura materna y sus sustitutos en el mundo extrafamiliar, ellos son los que nos proponen zonas de experimentación vitales y de aprendizaje. Para el infantil sujeto, cada uno de los acontecimeintos de su cotidiano devenir son posibilidades en la construcción del lazo social.

La base o los cimientos de esta construcción se apoya en la confianza, su ausencia significa en parte una pérdida de la zona de juego y su simbología.

Para Fred Plaut, "la capacidad de juego para formar imágenes y usarlas de manera constructiva por recombinación de nuevas figuras depende, a diferencia de los sueños y fantasías, de la posibilidad del individuo para confiar”.

Los niños de la pandemia atravesaron durante días, meses, nuevas condiciones de vida necesarias para su cuidado, pero no sin consecuencias. Y en algunos casos con ausencias definitivas y sin posibilidad de despedida.

Aparecieron nuevas formas de conectarse y lo virtual se convirtió en hegemónico como única posibilidad de encuentro.

No es momento de conclusiones, sí de preguntas, esta pandemia que todavía nos amenaza nos deja como legado en los próximos años el desafío de investigar, intercambiar y generar pensamiento acerca de lo ocurrido.

Gracias a Marcela Altschul tenemos algunos testimonios de los chiques en pandemia que reflejan sus estados de ánimo, su sentido del humor y su indoblegable capacidad de juego (testimonios de su libro de próxima publicación).

..."Si salgo, necesito salir con los que no convivo! No tener que salir con los que veo todo el día hace dos meses”. Anna, 13 años.

...”Lo que me está faltando en mi vida son los espacios intermedios. Los momentos de ir y venir del cole, salir a comprar algo. Todo es un continuo, todo es igual”. Victoria, 14 años.

...”El momento más exitante del día es cuando saco la basura a la puerta”. Lucía, 10 años.

...”El finde podíamos salir pero estaba en modo paja y no quise. Ya me acostumbré a la cuarentena”.  Lara, 12 años.

...”Gané la pelea familiar. Soy el encargado de sacar el perro a la puerta". Federico, 12 años.

Es apenas un comienzo de contar con algunos de sus testimonios, para convocarnos en tanto analistas a pensar en sus miedos y en sus posibilidades creativas para jaquear el miedo y la muerte.

Hago mías las palabras de Jean Luc Nancy a modo de epílogo: ”La enfermedad de la piel de la tierra es el hombre, el ser humano en contra de lo humano y de toda forma de vida que no esté a su servicio. Su prioridad es la relación consigo mismo. Deberemos inventar un dios que baila, otras relaciones entre nosotros y resignificar la palabra humanidad".

16 de diciembre de 2021

Monika Arredondo es psicoanalista.

Bibliografía

Jean Luc Nancy: “Un virus demasiado humano”.

Donald Winnicott: “Realidad y juego”

Fred Plaut: “Analysis-analysed”.

Marcela Altschul: “Rayos y lentejas, grandes reflexiones de pequeños pensadores”.

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Miércoles, 15 Diciembre 2021 05:25

Asombroso: El extraño pez de cabeza transparente

Asombroso: El extraño pez de cabeza transparente

Dos semanas después de avistar una medusa fantasma gigante, el Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterrey, California (MBARI, por sus siglas en inglés) compartió un nuevo encuentro con una de las criaturas más extrañas de la zona mesopelágica: un pez de cabeza transparente, adaptado para ver a través de su frente, todo un habitante escurridizo más allá de los 600 metros de profundidad.

Durante una exploración con vehículos operados remotamente (ROV) en busca de medusas dirigida por el acuarista Tommy Knowles, un equipo de MBARI se encontró cara a cara con un pez de cabeza transparente (Macropinna microstoma), dueño de una de las adaptaciones más vistosas a la falta de luz en la zona crepuscular del océano.

Con una cabeza transparente que permite observar el interior de su cráneo, el Macropinna microstoma habita más allá de los 600 metros de profundidad y posee un par de ojos tubulares de color verde que pueden ver a través de su frente. En el sitio donde la mayoría de peces tienen ojos, esta criatura posee un par de hendiduras que funcionan como órganos olfativos de la misma forma que los humanos poseemos fosas nasales.

En un video compartido por el Instituto, el ROV se coloca frente al individuo captando la disposición de sus ojos, órganos olfativos y boca en contraste con el resto de su cuerpo de tonalidad oscura. Posteriormente, el pez gira sobre su propio eje impulsándose con sus aletas pectorales y se sumerge aún más para seguir con su camino.

A través de sus ojos especialmente sensibles a la luz, los peces de cabeza transparente observan hacia arriba en busca de las siluetas de pequeños crustáceos que forman parte del zooplancton, su principal alimento. En 2009, investigadores de MBARI descubrieron que el Macropinna microstoma puede girar sus ojos y expandir su campo de visión.

El pez de cabeza transparente puede alcanzar hasta 15 centímetros de largo y se distribuye en el Pacífico, desde el Mar de Bering hasta Japón y Baja California.

Desde su descubrimiento en 1939, los encuentros con individuos de la especie son inusuales en extremo. El equipo de MBARI explica que en las más de 27.600 horas de video captadas a través de 5.600 expediciones submarinas, únicamente han documentado nueve encuentros con individuos de la especie en la costa de California.

14 diciembre 2021

Sábado, 11 Diciembre 2021 08:58

La ciencia contra sí misma

La ciencia contra sí misma

Cada día, recibimos un alud de noticias desde el mundo de la ciencia. Alcanzan todos los lados y aspectos de la vida cotidiana. Desde el último tratamiento contra la epilepsia, la dieta ideal o las disquisiciones sobre el calentamiento global. A partir del siglo XVII, la ciencia se fue abriendo camino cimentando su función de descifrar la relación entre los seres humanos y la naturaleza y, simultáneamente, la de encontrar salidas a los desafíos y peligros inscritos en esta relación.

En el siglo XX, la construcción de la vida social dejó de estar basada en las creencias para dar paso en su lugar a las convicciones. Sólo que éstas se encuentran en poder de los “hechos”. No es casual que, cada vez que surge un problema, un peligro o una amenaza, se recurra a los científicos. Son ellos los encargados de recubrir con un aura de facticidad y, por ende, veracidad las estrategias y los dispositivos para hacer frente a lo que afecta, cuestiona o sitúa en el límite a la vida misma.

Como afirma Ives Gringas, un sociólogo dedicado a estudiar el funcionamiento interno de la Big Science (las instituciones científicas públicas y privadas encargadas de la investigación masiva), los científicos han devenido una suerte de “árbitros” o “jueces” que dictaminan sobre las opciones ideales para garantizar el bienestar y la seguridad de una población. Pero con ello, su actividad se ha visto ya entrecruzada por los dilemas del poder político, la lógica de la rentabilidad de los mercados y, por ende, la corrupción.

Desde hace tiempo, el concepto de “hecho“ expresa más bien la realidad de un hoyo negro comunicativo. El caso del descubrimiento de la relación entre el uso de cigarrillos y el cáncer representa una historia significativa al respecto. Es un escándalo bien conocido. En 1954, un grupo de biomédicos estadunidenses revelaron que la aplicación constante de alquitrán sobre tejido humano podría producir cáncer. Sólo 10 años después, en 1964, el director general de Salud Pública de la Casa Blanca, Luther Terry, confirmó el hallazgo con base en miles de estudios. Pero no fue hasta 1974 cuando se expidieron las primeras leyes para advertir al público sobre el peligro de sus consumo y definir áreas libres de humo. Y no sería sino hasta principios del siglo XXI, cuando las campañas antitábaco adquirirían su actual radicalidad. ¿Por qué transcurrió tanto tiempo entre el descubrimiento y el diseño de leyes y políticas para prevenir el tabaquismo?

En diciembre de 1953, cuando empezaron a escucharse las primeras noticias sobre la posible relación entre el cáncer y el alquitrán, los CEO de las compañías tabaqueleras se reunieron en Nueva York. Se convencieron de que no podían simplemente refutar el hallazgo. Decidieron apoyar financieramente las investigaciones para “garantizar la salud de los fumadores”. Destinaron millones de dólares a estudios que distrajeran deliberamente la atención sobre la relación entre el cigarrillo y el cáncer. Se realizaron miles de trabajos, algunos verosímiles y otros simplemente inverosímiles: la relación entre la calvicie o el color de los ojos o la edad y el cáncer; se investigaron a poblaciones desnutridas o sobrenutridas; a quienes padecían de insomnio o dormían demasiado; a las diversas racialidades.

Es evidente que, en la estadística, siempre aparecía algún grupo canceroso. Se recurría así a los métodos previstos por la propia ciencia para relativizar y, digamos, boicotear la relevancia de sus hallazgos. Durante medio siglo, la opinión pública quedó así confundida, enfrentada a un halo de incertidumbre sobre las consecuencias de fumar. La ciencia revertida en contra de sí misma para socavar sus conclusiones.

La misma estrategia de producción de incertidumbre (algunos historiadores de la ciencia le llaman “la producción de una nueva ignorancia”) se aplicó a los estudios sobre las posibles causas de la muerte de las abejas. Una vez que se detectó que los nuevos pesticidas y los transgénicos eran los causantes principales del deceso de las abejas, se multiplicaron los estudios que fragmentaban el problema en centenares de temas: las abejas y el cambio climático, o su relación con el eje magnético de la Tierra. No faltaron los que imputaban la crisis a la impericia de los apicultores. Cuando súbitamente comienzan a multiplicarse masivamente las investigaciones, es probable que se trata de un caso de “estudios de distracción”, afirma Stanton Glantz, en el documental que produjeron Pascal Vaseline y Frank Cuiveller (“¿Por qué dudamos de la ciencia?”).

La crítica que dirigió Theodor Adorno contra la razón científica en la década de los 40, se basó en la verdad inapelable sobre la cual se constituyó en el siglo XIX y la primera mitad del XX. Sobre los hombros de esta verdad se construyó la retórica del evolucionismo social que envío a millones a los campos de exterminio. Hoy el montaje de la verdad científica ha dado un giro de 180 grados. Se emplea a la ciencia contra la propia ciencia para continuar con la masacre silenciosa de los cuerpos.

Una célula de osteosarcoma. Foto Ap

Publicar descubrimientos que no resisten el escrutinio crea en los pacientes falsas esperanzas, destaca

Washington. Hace ocho años, un equipo de investigadores lanzó un proyecto para repetir cuidadosamente los primeros, pero influyentes, experimentos de laboratorio en la investigación del cáncer.

Recrearon 50 experimentos, el tipo de investigación preliminar con ratones y tubos de ensayo que prepara el escenario para nuevos medicamentos oncológicos.

Ayer informaron los resultados: aproximadamente la mitad de las afirmaciones científicas no se mantuvieron.

El Proyecto de reproducibilidad, biología del cáncer fue una iniciativa para repetir de forma independiente experimentos seleccionados de una serie de artículos de altoperfil en el campo de la biología del cáncer.

Al final, se reprodujeron 50 experimentos de 23 artículos. Los dos resultados finales del proyecto relatan en detalle los desafíos que encontró el equipo al repetir estos experimentos (Desafíos para evaluar la reproducibilidad en la biología preclínica del cáncer), y dan a conocer los datos obtenidos de un metanálisis que combinó los resultados de todos los experimentos (Investigación de la reproducibilidad en la biología preclínica del cáncer). El trabajo fue una colaboración entre el Centro de Ciencia Abierta e Intercambio de Ciencia.

La verdad es que nos engañamos a nosotros mismos. La mayor parte de lo que afirmamos que es novedoso o significativo no lo es, explicó Vinay Prasad, médico e investigador del cáncer de la Universidad de California en San Francisco, que no participó en el proyecto.

Es un pilar de la ciencia que los hallazgos más sólidos provengan de experimentos que pueden repetirse con resultados similares.

Pocos incentivos para cotejar el trabajo

En realidad, hay pocos incentivos para que los investigadores compartan métodos y datos a fin de que otros puedan verificar el trabajo, señaló Marcia McNutt, presidenta de la Academia Nacional de Ciencias estadunidense. Los científicos pierden prestigio si sus resultados no resisten el escrutinio, destacó.

Hay recompensas integradas por publicar descubrimientos, pero para los pacientes con cáncer, puede generar falsas esperanzas leer los titulares de un estudio con ratones que parece prometer una cura a la vuelta de la esquina, aseguró Prasad. El progreso en el cáncer siempre es más lento de lo que esperamos.

El nuevo estudio refleja las deficiencias al principio del proceso científico, no con los tratamientos establecidos. Para cuando los medicamentos contra el cáncer llegan al mercado, se han probado rigurosamente en un gran número de personas a fin de garantizar que sean seguros y funcionen.

Los investigadores intentaron repetir experimentos de artículos de biología del cáncer publicados entre 2010 y 2012 en revistas importantes como Cell, Science y Nature.

En general, 54 por ciento de los hallazgos originales no se compararon con los criterios estadísticos establecidos de antemano por el Proyecto de reproducibilidad..., según el estudio del equipo publicado en línea ayer por eLife, organización sin fines de lucro que recibe fondos del Instituto Médico Howard Hughes, que también apoya al Departamento de Salud y Ciencia de The Associated Press.

Entre los estudios que no se sostuvieron, había uno que encontró que cierta bacteria intestinal estaba relacionada con el cáncer de colon en humanos. Otro fue para un tipo de fármaco que redujo los tumores de mama en ratones, y un tercero fue un estudio en roedores de un posible fármaco contra el cáncer de próstata.

Un coautor de esta última investigación, realizada en el instituto Sanford Burnham Prebys, ha resistido otro escrutinio.

Hay mucha reproducción en la literatura (científica) de nuestros resultados, agregó Erkki Ruoslahti, quien inició una empresa que ahora realiza ensayos en humanos sobre el mismo compuesto para el cáncer de páncreas metastásico.

Este es el segundo análisis importante del Proyecto de reproducibilidad... En 2015, hallaron problemas similares cuando intentaron repetir experimentos en sicología.

Brian Nosek, coautor del estudio, del Centro de Ciencia Abierta, señaló que puede ser un desperdicio seguir adelante sin hacer primero el trabajo para repetir los hallazgos.

Miércoles 8 de diciembre de 2021

Elon Musk, fundador de Neuralink Corporation, en Los Ángeles (California, EE. UU.), el 13 de junio de 2019.Mike Blake / Reuters

Después de probar el año pasado un modelo funcional de Neuralink en cerdos, este abril se realizó exitosamente otro ensayo clínico en un mono macaco.

El magnate estadounidense Elon Musk asomó una posible fecha para los ensayos en humanos de su implante cerebral Neuralink. En respuesta a un tuit, el multimillonario sostuvo que sustituir neuronas defectuosas o ausentes "tendiendo un puente" entre las señales neuronales existentes es la mejor manera de abordar el problema.

"El proceso se acelerará cuando tengamos los chips insertados en humanos (es difícil tener una conversación matizada con monos), el año que viene", tuiteó este martes.

El implante Neuralink, uno de los proyectos más controvertidos de Musk, está diseñado para ser insertado directamente en el cerebro con el fin de compensar funciones perdidas debido a lesiones neurológicas o de la médula espinal. Después de probar un modelo funcional en cerdos, en abril pasado se realizó exitosamente otro ensayo clínico en un mono macaco.

Ya anteriormente había anunciado Musk lapsos y fechas para iniciar las pruebas de Neuralink en humanos, pero no logró cumplirlos. Así, tras asegurar en 2019 que los ensayos se llevarían a cabo a finales de 2020 y más tarde cambiar la fecha para el 2021, finalmente, este martes, aplazó la realización de su ambiciosa idea hasta 2022.

Publicado: 8 dic 2021 09

 Blastoide producido por expertos de la Academia de Ciencias de Austria. Foto Ap

Washington. Científicos utilizan células madres humanas para crear una estructura que imita a un prembrión, lo que puede servir como alternativa de investigación.

Señalan que estos "blastoides" proporcionan una forma ética y eficiente de estudiar el desarrollo humano y buscar descubrimientos biomédicos en fertilidad y anticoncepción.

El más reciente esfuerzo se detalla en la revista Nature. Las estructuras no son embriones, pero los científicos, sin embargo, no los dejaron crecer más allá de las dos semanas por deferencia a las pautas éticas de larga data.

Un blastoide es un modelo de blastocisto, bola de células que se forma dentro de una semana de la fertilización y tiene aproximadamente el grosor de un cabello. Nicolas Rivron, investigador de la Academia de Ciencias de Austria y uno de los autores del artículo de Nature, dijo que los modelos son "una alternativa fantástica" a los embriones humanos para la investigación, en parte porque los embriones donados son difíciles de obtener y manipular en el laboratorio.

"Es extremadamente difícil usar tales embriones humanos para descubrir moléculas, genes o principios que nos permitan comprender mejor el desarrollo y también hacer descubrimientos biomédicos", señaló Rivron.

Sin embargo, los sustitutos creados en laboratorio se pueden hacer, alterar y estudiar en grandes cantidades, y complementarían la investigación embrionaria, precisó.

Potencial de descubrimientos

"Esto desata el potencial de descubrimientos científicos y biomédicos", agregó. Por ejemplo, lo que los investigadores aprenden al estudiar los blastoides podría usarse para desarrollar anticonceptivos que no incluyan hormonas.

No es la primera vez que los científicos crean un blastoide humano, señaló Magdalena Zernicka-Goetz, experta en biología de células madres de la Universidad de Cambridge, que no participó en el reciente estudio. Sin embargo, "cada paso es significativo", mejorando la eficiencia a medida que los investigadores intentan dominar el modelo, sostuvo.

Para crear los blastoides, Rivron y sus colegas utilizaron dos tipos diferentes de células madres: embrionarias de líneas celulares previamente establecidas y reprogramadas a partir de células adultas, como las de la piel. No se crearon nuevas líneas de células embrionarias para la investigación.

En el futuro, es probable que las células madres reprogramadas a partir de células adultas se conviertan en el nuevo estándar en la investigación, destacó, pero las líneas celulares embrionarias establecidas son necesarias ahora porque "siguen siendo la referencia definitiva". Añadió que los blastocistos se cultivaron por separado para compararlos uno al lado del otro con las estructuras creadas en el laboratorio.

El estudio mostró que los blastoides reproducían de manera confiable las fases clave del desarrollo embrionario temprano. Cuando se pusieron en contacto con células del revestimiento del útero que habían sido estimuladas con hormonas, aproximadamente la mitad se unieron y comenzaron a crecer de la misma manera que lo harían los blastocistos.

Rivron indicó que los investigadores detuvieron su crecimiento después de 13 días y analizaron las células. En ese momento, puntualizó, la colección de células no reflejaba un embrión de ese tiempo; no estaban creciendo ni organizándose lo suficiente.

Destacó que las preocupaciones éticas también entraron en juego: durante décadas, una "regla de 14 días" sobre el crecimiento de embriones en el laboratorio ha guiado a los investigadores.

Foto: American Chemical Society.

Investigadores chinos han dado a conocer una prometedora creación para la salud humana. Se trata del desarrollo de microrrobots, en forma de pez, que tienen la capacidad de administrar directamente fármacos de quimioterapia en células con cáncer. 

Ello podría revolucionar, de cierta forma, la quimioterapia, pues si bien esta trata con éxito muchas tipologías de esa enfermedad, los efectos secundarios pueden ocasionar determinadas consecuencias para el organismo humano y presentar diversos síntomas indeseables. Aplicar directamente fármacos a las células enfermas, podría ser sumamente beneficioso para disminuir riesgos y síntomas molestos.

El estudio, publicado recientemente en la revista ACS Nano de la Sociedad Estadounidense de Química, explica cómo estos microrrobots, en forma de pez, son guiados mediante imanes hasta las células cancerosas. Por medio de un cambio d pH encaminado a medir la acidez, este provoca que abran la 'boca' y puedan liberar su carga de medicinas de quimioterapia.

Los científicos asiáticos imprimieron en 4D microdispositivos con forma de cangrejo, mariposa y pez, a través del empleo de un hidrogel sensible al pH. Con ajustes de la densidad de impresión en ciertas partes del robot, los integrantes codificaron ese  cambio de forma en función del pH.

Posteriormente, magnetizaron a los microrrobots colocándolos en una suspensión de nanopartículas de óxido de hierro.

Los expertos pudieron dirigir al 'pez' a través de esos vasos sanguíneos,  simulados para llegar a las células cancerosas en una región específica de una placa de Petri. Al reducir el pH, el robot abrió la 'boca' para soltar un fármaco quimioterapéutico que mató las células cercanas.

Amén de los resultados alentadores, hay aspectos en los que se debe continuar trabajando, por ejemplo: los microrrobots precisan de menores dimensiones, de cara a su fácil navegación por vasos sanguíneos reales

6 diciembre 2021