Bajo la marea negra: el poder de las multinacionales de los combustibles fósiles

 

Las compañías petroleras contaminan el medio ambiente de las regiones pobres y celebran ganancias récord en los mercados bursátiles. El movimiento climático debe encontrar una manera de resistir. Dos activistas explican como puede funcionar esto.

Un vistazo rápido a los titulares de las últimas semanas podría dar la impresión de que 2022 no comenzó particularmente bien para la industria petrolera: en Perú, el grupo español Repsol fue responsable de un grave desastre petrolero a mediados de enero después de que miles de barriles de petróleo se vertieran en un accidente de un petrolero. Las imágenes de las playas contaminadas dieron la vuelta al mundo y el país sudamericano declaró el estado de emergencia medio ambiental. Solo unos días después, el vecino Ecuador también experimentó una grave crisis. En medio de la selva amazónica, un deslizamiento de tierra dañó un oleoducto. Más de un millón de litros de petróleo se vertieron en las regiones circundantes [regiones de selva amazónica en la frontera de las provincias de Napo y Sucumbios, con riesgo inmediatamente declarado de contaminación del río Coca].

Casi al mismo tiempo también se acumularon informes procedentes del este de Tailandia. Después de una fuga en un oleoducto submarino, se formó una marea negra que se extendía rápidamente y el gobierno tuvo que cerrar las “playas de ensueño” de la región de Rayong, que eran populares entre los turistas. En Argentina miles de personas han estado tomando las calles durante semanas para protestar contra las decisiones adoptadas por el gobierno poco antes del fin de año 2021. Estas permitirían al grupo argentino YPF, al grupo noruego Equinor y a Shell buscar materias primas fósiles en la costa utilizando métodos sísmicos. Estos métodos están asociados con un enorme ruido bajo el agua y representan una amenaza directa para la orientación de los animales marinos.

Las empresas celebran el éxito en el mercado de capitales

Sin embargo, si nos fijamos en los mercados bursátiles, la situación es bastante diferente: la industria del petróleo y el gas está en auge. Hay un estado de ánimo de celebración, por ejemplo, en la compañía petrolera Shell, que ha multiplicado por catorce(!) sus ganancias en el último trimestre de 2021. Exxon Mobil registra las mayores ganancias en siete años. Incluso el grupo español Repsol, que estuvo involucrado en varios escándalos, ha pasado el mes económicamente sin mayores problemas. Esto muestra lo bien que están organizadas las empresas fósiles. Los gobiernos a menudo tienen poco con lo que oponerse a ellas, especialmente en los países donde se extraen las materias primas. Dado que la facturación anual de algunas corporaciones supera el rendimiento económico de países enteros, esta impotencia no es sorprendente.

Pero, ¿qué significa esto para el movimiento de resistencia climático, cuya resistencia hasta ahora parece estrellarse debido a la influencia de la poderosa industria del petróleo y el gas? En los países donde se extraen principalmente los recursos, las y los activistas están experimentando una enorme represión. Regularmente, las y los ecologistas son amenazados o incluso asesinados. Sin embargo, en una sociedad racista, poco importa lo que ocurra en los países del Sur. En los países en los que se encuentran las sedes de las empresas transnacionales, este tema está muy a menudo ausente de la retórica del movimiento de protesta. Los gobiernos incluso consideran a las industrias fósiles como socias en la lucha contra la crisis climática.

Un día de acción internacional

Por lo tanto, el movimiento climático se enfrenta a dos desafíos: en primer lugar, los crímenes ecocidas de las corporaciones fósiles en los países del Sur y su influencia masiva en las sociedades del Norte deben ser situadas en el centro de atención. En segundo lugar, las preocupaciones de las personas de las regiones más afectadas deben estar situadas en primer plano. Porque son ellas quienes han resistido durante mucho tiempo frente a las estructuras de poder neocoloniales de las corporaciones multinacionales.

Un día internacional de acción contra el capitalismo fósil organizado con poca antelación el viernes pasado, 4 de febrero, mostró cómo esto puede funcionar. Como consecuencia de los numerosos desastres petroleros de las últimas semanas, más de 50 grupos de 19 países se reunieron bajo el lema de una Global Coastline Rebellion (Rebelión costera global). Las protestas fueron apoyadas en particular por grupos de los países del Sur, como Argentina, Perú y Sudáfrica. Mediante varias acciones, pidieron un levantamiento mundial de las comunidades costeras contra aquellas corporaciones que destruyen sus medios de vida.

Una cuestión de deuda climática

También se produjeron manifestaciones contra la industria fósil, incluida la empresa alemana Wintershall DEA, en Hamburgo y Berlín. El movimiento climático europeo se unió a grupos de América Latina. Las protestas se centraron, entre otras cosas, en la demanda de reparaciones a las comunidades dañadas y la cancelación de la deuda de los países del Sur. A cambio, las materias primas fósiles se dejarían en el suelo: deuda climática contra deuda financiera, o "climate debt swap” (intercambio de deuda climática), como lo llamó el activista argentino Esteban Servat.

La orientación internacional de las protestas, tanto en sus reivindicaciones como en su organización, es importante. Solo de esta manera se pueden desenmascarar las contradicciones de la política de ubicación climática/nacionalista del gobierno federal de Alemania, que transfiere de forma mal definida los costes de una transformación supuestamente ecológica del capitalismo a los países del Sur. Pero sin restringir drásticamente el poder de las compañías de petróleo y gas con sede en el Norte y organizar democráticamente la producción de energía, los objetivos climáticos tanto en el Norte como en el Sur serán inalcanzables. Esto requiere una presión masiva desde abajo.

Un solo día de acción es solo una gota en el océano. Pero la amplitud de la movilización espontánea muestra lo grande que es el potencial para un movimiento climático orientado internacionalmente. Sin embargo, aún más notable que el tamaño de los grupos y países involucrados es la inversión exitosa de las relaciones de poder anteriores: las preocupaciones de las y los directamente afectados por la extracción de materias primas fósiles se han colocado en el centro de las protestas de un movimiento de justicia climática en su mayoría blanco y eurocéntrico. La gente se reunió más allá de los movimientos y países, en una acción dirigida por el Sur contra instituciones neocoloniales como el FMI, el Banco Mundial y las empresas transnacionales. Como recordó uno de los organizadores en Berlín: "Tal vez éste pueda ser el comienzo de una nueva forma de movilizarse; en la que el Norte puede unirse con el Sur y llevar a cabo la lucha contra las corporaciones que nos matan".

09/02/2022

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

Al encontre (Artículo publicado originalmente por la revista Der Freitag).

*Louise Wagner es socióloga y forma parte de varias alianzas internacionales que luchan por la justicia ambiental y climática. Elias König es el autor de Klimagerechtigkeit warum wir braucht eine sozial-ökologische Revolution (Unrast-Verlag) (La justicia climática: por qué necesitamos una revolución socioecológica) y participa en la alianza Shell Must Fall.

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Las abejas carnívoras han cambiado tanto su dieta que se ha llegado a comparar sus estómagos con los de los buitres. Foto: alamy.com

Una particular especie de abejas sin aguijón parece haber evolucionado en el trópico para consumir carne de carroña en lugar de polen. En consecuencia, a las nuevas carnívoras se las ha bautizado como abejas buitre (Trigona necrophaga).

Las criaturas parecen haber sacado por completo el polen de su dieta y haberlo cambiado por la carne animal. Con esa modificación, se convierten en las primeras entre su especie en dar un salto tan grande en cuando a comportamientos alimenticios.

Para entender qué ha hecho a estas abejas diferentes, los investigadores Laura L. Figueroa, Jessica J. Maccaro, Erin Krichilsky, Douglas Yanega y Quinn S. McFrederick realizaron un estudio de campo. Los resultados de dicho trabajo, realizado en Costa Rica, se publicaron en mBio por un equipo de entomólogos perteneciente a la Universidad de California, Riverside.

Sobre las abejas carnívoras

Estas son las únicas abejas en el mundo que han evolucionado para utilizar fuentes de alimentos no producidas por plantas, lo cual es un cambio bastante notable en los hábitos alimenticios”, comentó Yanega.

Como ya lo hemos mencionado, las abejas carnívoras han cambiado tanto su dieta que se ha llegado a comparar sus estómagos con los de los buitres. Pero, para poder conocer a fondo los detalles sobre su comportamiento y alimentación, los investigadores colocaron cebos de carnes de pollo en un bosque costarricense.

Gracias a eso, atraparon varios ejemplares de abejas buitre para estudiar tanto su estructura física como su composición interna. Todo con la finalidad de entender qué permite que el pequeño insecto procese y consuma la carne de animales muertos.

Un camino evolutivo diferente

Como siguiente paso de la investigación, los científicos también atraparon especímenes de abejas melíferas y de abejas sin aguijón que consumían carne eventualmente o que eran totalmente vegetarianas. Al examinarlas externamente, se notó que no había grandes cambios.

De hecho, lo que se modificó fue la forma en la que los insectos utilizaban sus atributos. Por ejemplo, las abejas melíferas tienen bolsas en la parte trasera de sus patas para almacenar el polen que recolectan. En el caso de las abejas carnívoras, los bolsillos siguen allí, pero se usan para guardar carne.

Por otro lado, lo que sí tuvo un gran cambio fue el microbioma intestinal de las abejas buitre. Hasta la fecha, se sostenía que todas las especies de abejas tenían los mismos cinco microbios dentro de su sistema intestinal. Ahora, el nuevo estudio ha revelado que las abejas buitre tienen nuevas bacterias que sus pares no poseen.

Entre ellas, se encontraron Lactobacillus y Carnobacterium. La primera suele estar presente en muchos alimentos fermentados de los humanos y la segunda se asocia directamente con la digestión de la carne.

¿Por qué estas abejas desarrollaron un gusto por la carne?

Los entomólogos estudiaron las diferencias físicas y microbianas que hacían carnívoras a las abejas. Pero no se enfocaron como tal en los motivos evolutivos que los llevaron a sufrir dichos cambios.

Por ese motivo, se tiene una hipótesis sobre el tema, pero aún es necesario llevar a cabo más estudios antes de ofrecerla como una explicación definitiva. Básicamente, por ahora, se sostiene que el cambio podría haberse dado por la alta competencia que existe entre especies de abejas en el trópico. En consecuencia, al mutar para consumir un alimento de menor demanda entre los suyos, las abejas buitre pudieron asegurar el sustento que necesitaban para sobrevivir.

17 febrero 2022  

 (Tomado de TekCrispy)

Los electrones juegan con el psicoanálisis

La escucha como campo gravitatorio

1. El psicoanálisis se ocupa de la roca viva de la castración, de la cosa freudiana --el das ding--. su ónix primordial, su piedra preciosa, su pedrería ligada a los fenómenos del inconsciente.

Como todo fenómeno de disrupción, se presenta como no identificado, como auténtica sorpresa. Un OVNI.

Un cierto tipo de fenómeno evanescente que guarda relación con la roca por las facetas determinantes que allí perviven, perseveran, se trasponen en piedra preciosa o alineación de objetos de joyería por las palpitaciones de magma desde esa roca viva primordial.

II. En las postrimerías de la roca y de sus vetas transgeneracionales, encontramos también ese carácter gravitatorio que tiene una condición negativa, del mismo modo que los electrones se comportan en los alrededores de la estructura del átomo. Giran produciendo saltos, son las vicisitudes de esas partículas --onda que el psicoanálisis tal vez delimitó, en el plano dela experiencia clínica, como objeto “a”-- tal como Lacan lo nombró e inauguró-, que es a un tiempo el “a” pero no precisamente “a”, no sólo eso.

Es más bien un devenir de las partículas de memoria ligadas a la conciencia como fenómeno cualitativo, más afín al principio de incertidumbre, y de los que el objeto “a” sería uno de sus componentes, entre otros.

En el aparato psíquico, este carácter evanescente, entre el comportamiento de la materia y la relación en que las partículas de memoria se ligan y entrelazan, allí mismo rige el principio de incertidumbre, sin poderse establecer un absoluto ni de la memoria, ni de la materia, ni de lo que creemos propio y relevado al nombrar “sujeto” en la experiencia de occidente.

III. Allí la transferencia psicoanalítica tiene algo que enseñarnos, en ese espacio que es una combinación entre escucha y tiempo.

La escucha se vuelve así una variante de los campos gravitatorios, esos que han apantallado el ónix de la materia y de cómo esta relación con lo real de la cosa y del síntoma hacen al desenvolvimiento de una cura.

De cómo en el significante se sitúan las partículas de goce cuerpo, de cómo la escucha hace entonces campo --gravitatorio-- y hace al espacio de la relación con el cuerpo deseante y el goce, en su dimensión real con lo real del cuerpo.

En esta tensión sutil se desenvuelve la transferencia psicoanalítica: por una parte, hace con la gravedad como espacio diseminado y transformado, por otra parte, hace al espacio por su condición de escucha temporalizada.

La escucha psicoanalítica se comporta de este modo como un campo gravitatorio.

IV. Un paciente relata un sueño que nombra “originario”. “Estaba jugando en mi habitación con mi padre, hacíamos volar unos avioncitos. Estábamos felices, disfrutando. Tenía tres o cuatro años cuando lo soñé. De pronto se abrió un agujero en una de las paredes de la habitación. Entraron unos hombrecitos y a mi papá se lo llevaron a otra dimensión, a través del agujero. ¿Por qué estaba tan contento de verlo desaparecer? El agujero se cerró y yo me quedé solo. Me desperté llorando y corrí a la habitación de mis padres para buscarlo. Era domingo por la mañana. Los domingos eran los únicos días que papá estaba en casa. Papá me dijo ese día al borde de su cama: si hubieras tenido este sueño cualquier otro día habrías tenido una de tus crisis respiratorias, habrías pensado que nunca más iba a volver”.

Este sueño de angustia se desenvuelve entre la desaparición, propia del deseo de muerte concomitante a la angustia de castración, y el padre incierto, el padre que no está en casa salvo los domingos, como si se tratara de un auténtico fenómeno en el que los electrones saltan entre posiciones del espectro en la estructura del átomo. Si ese sueño hubiera acontecido cualquier otro día, su padre augura que podría incluso haberlo dejado “sin respiración”, en una dimensión en que la muerte “salta” hasta el cuerpo real en la vigilia misma.

¿El padre, y tal como lo precisa el psicoanálisis, el padre muerto y el padre incierto, no son acaso un fenómeno OVNI por excelencia, como resultado de esos saltos?

Un OVNI: entre el efecto de pantalla del quehacer fantaseador --y onírico- - y las implicaciones --proyecciones-- sobre la posición del desvanecimiento subjetivo --faiding-- que posibilita situar la posición del sujeto del significante respecto de la división subjetiva. Entre la indeterminación de la partícula y el colapso de onda de la posición del hablante por efecto del significante, tal como lo presenta este sueño en el que el padre tanto está muerto como reaparecido, en una gama diversa de posiciones en el espectro.

Confirma, posiblemente, un principio de funcionamiento OVNI: más allá del viviente, y también en relación con las pulsaciones/palpitaciones de la roca viva en los alrededores del agujero desaparecedor.

V. ¿De qué testifica este sueño? No sólo de la preeminencia del padre para el psicoanálisis como fenómeno de lo muerto aparecido, como auténtico OVNI, sino de su más allá en ciernes, su lance en la cultura --por los efectos del sujeto del inconsciente-- hacia otro espacio.

Ese otro espacio se encuentra en la cultura y más allá de ella. Ese más allá no es inhumanidad, sino precisamente la constatación de que, en la estructura de lo humano y por efecto de su posición deseante que es excéntrica, es posible atravesar la fantasmática de los horrores de los que no fuimos advertidos.

Cristian Rodríguez (Espacio Psicoanálisis Contemporáneo. EPC). Este artículo forma parte de un texto en preparación sobre “Las perturbaciones de los campos gravitatorios en psicoanálisis”, para “NaturePhysics”. 

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Afectadas por la vacuna contra el covid-19: “Solo pedimos que se investiguen nuestros casos”

No son negacionistas ni antivacunas. Tampoco tienen ansiedad, como son diagnosticadas la mayoría. Un grupo de personas que han enfermado tras recibir la dosis cuentan sus síntomas, que se enmarcan dentro del cuadro de un posible covid persistente, tal y como van a investigar los especialistas de CIR Long Covid.

 

A Estrella R. le suministraron la primera dosis de AstraZeneca el 7 de abril de 2021. Un día después, el Ministerio de Sanidad y las comunidades suspendían la administración de esta vacuna en menores de 60. La decisión se tomaba después de que la Agencia Europea del Medicamento (EMA) confirmara la relación entre esta vacuna y casos “raros” de trombos. Estrella, quien trabaja en una ONG que atiende a población vulnerable en Madrid, asegura que lanzó la propuesta para que la plantilla fuera incluida en la tanda de vacunación del sector sociosanitario. Y lo consiguió. Quería protegerse a ella y al resto.

Tras la vacuna, fueron apareciendo efectos secundarios que en un primer momento consideró “normales”. “Me pasé durmiendo toda la tarde y al día siguiente tenía un dolor de cabeza horroroso”. Luego llegaron los episodios de dismenorrea, esto es, dolor durante la menstruación. Y luego un gran cansancio. Desmayos en el centro de salud. Sospechas de hipotiroidismo, aunque analíticas en orden. Despistes en el trabajo. Hinchazón en el cuerpo. Incoherencia al hablar. Mar de dudas. “Mi médica de cabecera lo achacó a salud mental. Me mandaron antidepresivos. Pero yo no me encontraba deprimida”.

Estrella iba todos los días a trabajar en bicicleta. Tuvo que dejarlo. No podía ni bajar a comprar. El 15 de junio comenzó una baja de larga duración. Y no ha podido volver a trabajar. “Nunca relacioné los síntomas con la vacuna. El 30 de junio me puse la segunda dosis y ahí se desbocó todo. Me tienen que traer a Albacete con mis padres porque ya soy incapaz de salir de casa. En Albacete se recrudecen los síntomas con vómitos espontáneos, estreñimiento total y una inflamación de todo el cuerpo con un cansancio que me deja en la cama”.

Estrella denuncia que la incomprensión por parte de su médica de cabecera de Madrid fue total. “No entiende que esté en casa de mis padres y de manera unilateral me dice que yo tengo que estar en Madrid, porque yo tengo que estar a su disposición. Que a mí no me pasa nada, que coma más sano y beba mucha agua y me da el alta. Intento por todos los medios parar esto, estaba en una cama sin poder moverme, me tendría que presentar en mi puesto de trabajo. Lo intento y ahí es cuando acabo ingresada en el hospital”.

Después llegó el verano, un desequilibrio en su microbiota y, ante la desesperación, en septiembre, un intento autolítico. Gracias a las redes sociales, tuvo constancia de la existencia de un grupo de Whats App con personas afectadas por la vacuna. Hace dos meses que forma parte de esta comunidad compuesta por 43 mujeres y hombres que comparten sus estados y se apoyan. No son negacionistas ni antivacunas. Solo piden que se investiguen sus casos.

Datos de farmacovigilancia

Según el último informe de Farmacovigilancia de la vacuna contra el covid-19, desde el inicio de la campaña  hasta el 9 de enero se han administrado en España más de 80 millones de dosis y se han registrado un total de 55.455 notificaciones de acontecimientos adversos, un 74% registradas por mujeres. De ellas, 11.048 fueron consideradas graves.

Según este informe, y para los cuatro tipos de vacunas, además de trastornos generales como fiebre o dolor en la zona de la vacunación, se han notificado en su mayoría trastornos del sistema nervioso (cefaleas, mareos) y del sistema musculoesquelético (mialgia y artralgia). Para la vacuna de Moderna se reconoce además la notificación de casos de parestesia, un trastorno de la sensibilidad que se manifiesta con sensaciones anormales sin estímulo previo, como el hormigueo. En concreto hay notificados 158 casos. Para AstraZeneca y para Janssen, se reconocen la manifestación de casos de mielitis adversa —una inflamación de uno o ambos lados de la médula espinal con un único caso notificado en España—así como síndrome de trombosis con trombocitopenia —niveles bajos de plaquetas en la sangre—, con la notificación de 1.809 casos a escala mundial. No hay datos de sus notificaciones en España.

Cuadro de covid persistente

Visión borrosa es lo primero que experimentó Marta, de 25 años, tras recibir la vacuna de Pfizer el pasado 11 de julio. No habían pasado diez minutos cuando empezó a marearse. Hacía calor pero ella sentía frío. “Me eché la siesta con un edredón. Al día siguiente cuando me levanté me empezó a doler el pecho. Estaba muy fatigada y tenía palpitaciones”. Taquicardias que le acompañaron hasta la oficina donde su jefa la recetó teletrabajo. Tras cuatro días así decidió llamar al médico. “Tuve que agarrarme a las paredes para poder bajar a la consulta. Me hicieron un electro, todo estaba bien. Tenía la tensión alta, me mandaron al hospital con el corazón a 130 pulsaciones”.

Y así es como empezó su periplo médico en el que, además de ser diagnosticada con ansiedad como Estrella, ha sido derivada a diferentes especialistas. Del cardiólogo ha pasado al neurólogo y al médico internista. “Empezaron los síntomas neurológicos, las pérdidas de memoria. Estaba desubicada, me echaban la bronca en el trabajo. Tenía dificultades para decir palabras y espasmos musculares. Me hacen pruebas, me mandan de urgencias para descartar una trombosis porque me da un valor de coagulación altísimo. Me mandan a neurología y dicen que estoy perfecta”. Asegura que la mayoría de médicos han visto una posible relación con la vacuna. De hecho, la recomendaron paralizar la segunda dosis.

Marta, que también forma parte del grupo de Whats App de afectadas por la vacuna, ha recopilado diferentes investigaciones que vinculan sus cuadros clínicos con el covid persistente o Long Covid, enfermedad que atraviesan aproximadamente el 10% de individuos con antecedentes de haber pasado la infección por SARS-CoV-2. Entre ellos destaca un artículo publicado en la revista Science titulado “En casos raros, la vacuna contra el covid-19 puede producir síntomas de Long Covid”. En él se explica que el National Institutes of Health (NIH), en Estados Unidos, ya anda tras la pista.

Los síntomas más comunes del covid persistente casan muy bien con el cuadro clínico de las afectadas por la vacuna. En España, el Centro de Investigación y Difusión del covid persistente, CIR Long Covid, ya prepara ensayos clínicos al respecto. Lo confirma a El Salto el médico Francisco Mera Cordero, su presidente. “Los síntomas son muy similares a los de los pacientes con covid persistentes post infección. Astenia, niebla mental, dificultad para respirar, poca tolerancia al ejercicio, síntomas dermatológicos, neurológicos, dolor, hormigueos”, relata. Mera asegura que, si bien es necesario investigar el desencadenante, todo cuadra con una respuesta inmunitaria disfuncional, mediada por la proteína S, la proteína de la espícula, situada en la cubierta del virus.

Esta es la proteína que se inocula en el cuerpo con la vacuna, bien mediante fragmentos de ARN mensajero (Pfizer y Moderna) o bien mediante un vector viral atenuado (AstraZeneca y Janssen). Después de la vacunación, las células comienzan a producir las partes de la proteína de la espícula. Esto hace que el organismo produzca anticuerpos y, en estos pacientes, lo haría de manera descontrolada. “A veces la respuesta inmunitaria no es apropiada y muy probablemente inducirá una hiperestimulación con autoinmunidad cruzada”, asegura Mera. Esto puede ocasionar que los anticuerpos ataquen a células sanas del cuerpo y se desencadena lo que se conoce como reacción autoinmune.

Desde el CIR Long Covid han detectado pocos casos, algunos con síntomas asociados a la vacunación desde marzo de 2021. Quieren conocer sus causas para buscar la solución a la dolencia de estos pacientes, por lo que tienen en mente realizar estudios clínicos donde una de las ramas sean pacientes con clínica de covid persistente post vacunal.

Sin diagnóstico en papel

Yolanda A. L. es profesora de Educación Infantil en Valencia. Tiene 44 años y lleva desde abril del año pasado de baja. El 27 de marzo le pusieron una dosis de AstraZeneca. Desde entonces no ha hecho más que coleccionar síntomas. “Tras los primeros síntomas considerados normales, tuve tres días sin nada. Al quinto día empecé con taquicardias, mareos, ahogos. Empezaron mis visitas a urgencias. He pasado por fases de parestesias, de dificultad motora, mareos, fatiga muscular, lapsus de memoria y desorientación. Algunos días he temido no despertarme de las sensaciones tan extrañas que tenía. Hoy sigo igual, no puedo ni tender la ropa”, explica a El Salto.

Igual que con Estrella o con Marta, los médicos recurrieron al recurso de los problemas mentales como desencadenante. “En el hospital me trataban como histérica, sugestionada, me llegaron a decir que había leído mucho. Me mandaron antidepresivos y para casa. En la primera quincena de abril me da la primera bradicardia, una bajada de pulso hasta 38 pulsaciones”, explica quien no vio más salida que acudir a médicos privados y buscar otras alternativas.

Belén, que ofrece nombre ficticio ante la incredulidad que le rodea en su trabajo, es sanitaria en Euskadi. Muestra a El Salto como, en su caso, durante una visita a la médica de cabecera se recoge  en el informe “reacción a la vacuna” como diagnóstico. “Me vacuno en marzo, a la media hora de ponerme Pfizer tengo visión borrosa, sensación de mareo y nauseas. Llego a casa y no recuerdo cómo. Me caí en el sillón y me quedé dormida. Me despierto a las tres horas y no me puedo poner de pie, agarrada por las paredes. Me fui a la cama hasta el día siguiente. Y ya nunca volví a ser la misma”. Aquel fue el inicio de una cascada de síntomas que han convertido su vida en un ir y venir de consulta en consulta, la mayoría de la privada, ante las listas de espera y la poca recepción que ha tenido su caso en la pública.

 “Llevo once meses sin diagnóstico, sin tratamiento y no viviendo, sobreviviendo”, asegura Belén. “A las personas a las que nos ha sentado mal la vacuna nos han dejado solas. O nos diagnostican de ansiedad para quitarse el muerto de encima. Y qué casualidad que lo que tenemos en común todas es que nos han vacunado y que casualidad que todas estamos con ansiedad”.

Más investigación

“Varios médicos me han dicho que mis dolencias pueden ser por la vacuna, pero sobre el papel nunca ponen nada. Hay una especie de tabú o de miedo a reconocerlo”. Patricia, una joven almeriense de 30 años, y afectada tras la primera dosis de AstraZeneca, resume así su recorrido por consultas públicas y privadas.

“Tras la vacuna, primero tuve la garganta dormida durante dos días. Después dolor de cabeza y mareos durante un mes, mes y medio. Después dolores de piernas e hinchazón, quemazón y todo tipo de sensaciones desde marzo hasta agosto. Después molestias y dolores en el bajo vientre y vejiga”. Por este dolor estuvo de baja dos meses. “Soy profesora y estaba impedida para estar de pie”, asegura. Hace cuatro semanas se contagió por covid y las molestias en la vejiga y los dolores en las piernas se recrudecieron. “Hay algo en el virus que a mí me hace reaccionar así”, concluye mientras espera un diagnóstico.

 “Nosotras lo que pedimos es que se investigue” expresa Estrella que hoy empieza a superar sus problemas cognitivos aunque continúa con los físicos y arrastra un microtrombo. “Entendemos que la vacuna se ha realizado en un contexto de guerra para salvar vidas pero el contexto ha cambiado, la muestra de población en la que se ha inyectado las vacunas es mayor y hay efectos que no se tenían en cuenta, que no han salido hasta el momento. La vacuna se testó pero con una muestra de gente mucho menor. Queremos que evalúen la vacuna para mejorarla”, sentencia.

Y repite que las afectadas y afectados están lejos del negacionismo. “Siento que tengo que estar hilando muy fino porque al decir públicamente que me fui a vacunar y me enfermé me meten en un saco en el que yo no estoy. Yo no digo que la vacuna sea mala, no tengo evidencia científica para poder afirmarlo. Tampoco la hay para que yo enferme a raíz de la vacuna. Pero somos unas cuantas y queremos salir del sótano”, sentencia.

Por Sara Plaza Casares

@SPlazaque
Coordinadora de Sanidad
en El Salto.

16 feb 2022

La extinción de insectos pone en riesgo la sostenibilidad agraria del planeta

La tasa de extinción de los insectos es hasta ocho veces superior a la de los animales vertebrados. Los cambios del uso de la tierra, los pesticidas y la crisis climática están detrás de este declive poblacional que, según los entomólogos, podría ser dramático.

 

Están desapareciendo, pero a nadie parece importarle. Los insectos se están extinguiendo a un ritmo cada vez más elevado sin que organismos internacionales presten atención a este drama. Así lo entiende la Asociación de Entomología Española, que, con la bibliografía científica actual, estima que en los últimos años se han perdido el 70% de las poblaciones voladoras de Europa. La tasa de extinción de estos seres, los populares bichos, es hasta ocho veces superior que la de los animales vertebrados y las consecuencias podrían desencadenar problemas a múltiples niveles.

"Los insectos pasan desapercibidos y su desaparición también, a pesar de que tiene una importancia tremenda", dice José María Hernández, vicepresidente de la Asociación Española de Entomología, que considera que la pérdida de individuos es ya un problema de "escala global" por la funcionalidad biológica de estos seres. "No es que vayan a desaparecer todos los insectos, porque son un grupo hiperdiverso, pero sí constatamos ya una bajada en su riqueza y en su abundancia, lo que puede derivar perfectamente en una catástrofe ambiental, por mucho que no se hable de ello", expone.

Esa catástrofe tiene que ver con la utilidad de muchos de estos seres, cuyas poblaciones no hacen otra cosa que menguar como consecuencia de la crisis climática y de la presión del ser humano sobre los ecosistemas. Los polinizadores son la cara visible de cómo un problema de biodiversidad puede convertirse un problema económico y social global. Este tipo de fauna –abejas, mariposas o algunos tipos de moscas, entre otros– son esenciales para que los cultivos puedan tener un rendimiento adecuado y producir el fruto plantado.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 75% de los cultivos dependen de alguna u otra manera de estos animales para la polinización. En términos productivos, el porcentaje es más bajo, y se estima que el 35% de los alimentos cosechados dependen de los insectos polinizadores, lo que sigue siendo un porcentaje preocupante en mitad de una coyunta de crisis climática donde las temperaturas podrían condicionar aún más el declive de estos seres vivos. Las poblaciones de mariposas y de abejorros, por ejemplo, ya han descendido un 25% desde 1991 en la mayor parte de los países europeos, según los datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente.

"Esto tiene unas consecuencias importantes a nivel económico", indica Theo Oberhuber, portavoz de Ecologistas en Acción. Un informe de dicha organización publicado recientemente estima que por cada euro que produce un cultivo de manzana, 92 céntimos no serían posibles sin polinización. En el caso de los arándanos, la cifra se sitúa en los 80 céntimos; 78 céntimos en el kiwi; y 50 en la fresa. Los insectos polinizadores aportan 2.400 millones de euros de valor asociado agrícola en España. "A corto plazo ya estamos viendo los efectos de los cambios del uso del suelo y del uso desmesurado de pesticidas y biocidas", comenta el experto. "A largo plazo las consecuencias podrían ser peores por el cambio climático, que es un factor más que agravará la situación".

Pero el rendimiento agrario no es el único elemento perjudicado por el descenso de las poblaciones de insectos. Hernández señala el papel de algunas especies coprófagas o coleópteras, como los escarabajos, en la limpieza del campo. "Estos animales son descomponedores, lo que quiere decir que se alimentan de la materia fecal de los herbívoros. Son los responsables, en buena medida, de que los prados donde pasta el ganado extensivo esté limpio, sin ellos estarían saturados de excrementos y no serían sostenibles para la ganadería", advierte el entomólogo.

"También son importantes los que denominamos enterradores, que son especies que se ocupan de degradar los restos orgánicos de los animales muertos, de descomponer y ayudar a reciclar cadáveres. En su conjunto, casi todos son importantes para la biodiversidad, para que se puedan mantener las redes tróficas y sirvan de alimentos a aves e incluso mamíferos como el zorro. Creo que no se puede poner una escala, al final todos los insectos tienen una función; son todos igual de importantes", opina.

14/02/2022 21:24

Publicado enMedio Ambiente
Diez postulados sobre ciencia y anticiencia[1]

La pandemia de Covid-19 y la aceleración de fenómenos relacionados con la crisis climática reactualizaron en los últimos años de forma dramática el debate sobre la ciencia, sus posibilidades y límites, sus usos y los intereses sociales que la motorizan y que expresa, con posiciones tan diversas como divergentes, que van desde una celebración acrítica hasta una impugnación absoluta. Como aporte desde el marxismo publicamos este artículo del biólogo evolutivo, genetista y profesor retirado de la universidad de Harvard Richard Levins (1930-2016), que forma parte del libro La biología en cuestión. Ensayos dialécticos sobre ecología, agricultura y salud, escrito junto a Richard Lewontin y publicado recientemente por primera vez en castellano por Ediciones IPS.

 

Desde que los intelectuales de izquierda comenzaron a considerar a la ciencia como una fuerza de emancipación, los marxistas, en su doble papel de críticos sociales y de científicos participantes, han lidiado teóricamente con su naturaleza contradictoria. Como existe una rica diversidad de reflexiones marxistas sobre la ciencia, no puedo afirmar que las líneas que siguen a continuación son “la” posición del marxismo. Me limito a presentar en forma esquemática algunos postulados sobre la ciencia que han guiado mi trabajo como científico marxista.

  1. Todo el conocimiento proviene de la experiencia y de la reflexión sobre ella, a la luz del conocimiento previo. La ciencia no es única ni diferente de otras modalidades de aprendizaje, al menos en este aspecto.

Lo que hace especial a nuestra ciencia es que constituye un momento particular en la división del trabajo, por la cual se destinan recursos, se designan personas y se crean instituciones de un modo específico para organizar la experiencia con el propósito de efectuar descubrimientos. De acuerdo con esta tradición, se ha hecho un esfuerzo autoconsciente por identificar fuentes y tipos de error, y por corregir distorsiones que son fruto del capricho. Esta empresa ha sido a menudo exitosa. Hemos aprendido a estar alertas frente al posible influjo de factores que inducen a error y a la necesidad de efectuar comparaciones controladas; hemos aprendido que la correlación no significa que haya causalidad y que las expectativas del experimentador pueden afectar al experimento; también hemos aprendido a lavar los recipientes de vidrio del laboratorio para evitar la contaminación, y a vislumbrar tendencias y distinciones a partir de una cantidad gigantesca de números. Nuestra autoconciencia reduce ciertos tipos de error, pero no alcanza a eliminarlos a todos, ni tampoco protege a la empresa científica de los prejuicios propios de quienes se dedican a ella.

Por el contrario, el denominado conocimiento tradicional no es estático ni irreflexivo. Los africanos (probablemente en su mayoría mujeres) traídos como esclavos a América rápidamente desarrollaron una medicina afroestadounidense. Fue elaborado en parte a partir de la evocación del conocimiento de plantas que se encontraban tanto en África como en América, de un conocimiento que en parte fue tomado prestado de la sabiduría sobre plantas de los nativos americanos, y en parte a partir de experimentar sobre la base de reglas oriundas de África sobre cómo debían ser las plantas medicinales. La enseñanza de la medicina tradicional siempre requiere de cierta experimentación, incluso aunque sea presentada como la transmisión de un saber preexistente. Por último, es probable que los criterios usados para prescribir diversas terapias con hierbas en la medicina no europea/no estadounidense estén mejor fundamentados que los criterios que guían las decisiones sobre cesáreas, implantes de marcapasos o mastectomías radicales que se toman en el ámbito de la práctica médica científica en Estados Unidos.

Incluso aquello que se describe como conocimiento intuitivo (en oposición al intelectual) proviene de la experiencia: nuestro sistema nervioso/endócrino es un mecanismo de integración maravilloso que aglutina nuestras ricas y complejas historias en una comprensión holística, la cual aparece desgajada de sus orígenes o elementos constituyentes. Los conocimientos científico e intuitivo no son fundamental y epistemológicamente diferentes; más bien difieren en los procesos sociales que intervienen en su gestación, y no se excluyen entre sí. De hecho, una de mis metas cuando enseño matemáticas a los científicos de la salud pública es educar su intuición, de modo tal que lo esotérico se vuelva obvio, e incluso trivial, y la complejidad pierda su poder de intimidarnos.

  1. Todas las modalidades de descubrimiento enfocan lo nuevo tratándolo como si fuera parte de lo viejo. Como a menudo sucede que lo nuevo se parece a lo viejo, nos es posible hacer ciencia. Pero lo nuevo a veces es muy diferente de lo viejo: cuando la simple reflexión sobre la experiencia no basta, necesitamos una estrategia de descubrimiento más autoconsciente. Entonces se torna necesario hacer ciencia creativa. En el largo plazo, estamos destinados a que la novedad nos termine por parecer más extraña de lo que imaginábamos, por lo que las ideas previas, por más bien fundamentadas que estén, se mostrarán erróneas, limitadas o acabarán siendo irrelevantes. Esto es verdad en todos los casos, ya sea que se trate de sociedades modernas o tradicionales, clasistas o sin clases sociales. En consecuencia, tanto la moderna ciencia europea/estadounidense, al igual que el saber de otras culturas, son falibles y están destinados a errar eventualmente.

Llamar “científica” a una cosa no significa que esta sea verdad. En el lapso de mi existencia, ciertos postulados científicos sobre el carácter inerte de los “gases nobles”, la forma en que agrupamos a los seres vivos en grandes categorías, las visiones sobre cuán antigua es nuestra especie, los modelos que consideraban al sistema nervioso como un conmutador telefónico, así como las nociones de estabilidad ecológica, todos estos conceptos han sido puestos en tela de juicio por nuevos descubrimientos o perspectivas. Además, grandiosas iniciativas técnicas basadas en la ciencia han terminado por producir resultados desastrosos: pesticidas que incrementan las plagas; hospitales que son focos de infección; antibióticos que han generado nuevos agentes patógenos; control de inundaciones que incrementa el daño de las inundaciones y desarrollo económico que redunda en un aumento de la pobreza. Tampoco podemos dar por sentado que los errores pertenecen al pasado y que ahora tenemos todo claro; esto sería una suerte de doctrina del “fin de la historia” aplicada a la ciencia. El error es intrínseco a la ciencia realmente existente. El presente no tiene un estatus epistemológico único, exclusivo; sucede que sencillamente vivimos inmersos en él.

Por lo tanto, debemos considerar la noción de la “vida media” de una teoría como un descriptor regular del proceso científico, y poder preguntarnos (aunque sin responder necesariamente): ¿en qué condiciones podría invalidarse la segunda ley de la termodinámica?

  1. Todas las modalidades del saber presuponen un punto de vista. Esto es válido para nuestra especie como para otras. Cada punto de vista define lo que es relevante en la vorágine de los estímulos sensoriales, qué preguntas hacer sobre los objetos relevantes y cómo encontrar las respuestas.

El punto de vista está condicionado por la modalidad sensorial de la especie. Por ejemplo, los primates y las aves dependen totalmente de la visión. Con la información visual, los objetos tienen contornos claramente delimitados. Pero eso no sucede cuando la principal fuente de información es el olor, como es el caso de las hormigas. Las lagartijas Anolis perciben a los objetos en movimiento como cosas del tamaño correcto para comer, o bien como una amenaza. Un mosquito hembra percibe una reunión académica como gradientes de dióxido de carbono, humedad y amoníaco, todos indicios de que tendrá una buena ingesta de sangre, mientras que la anémona de mar confía en que la cantidad de glutatión disuelta en el agua es un indicio de que tiene que extender sus tentáculos para capturar su alimento. El hecho de que vivimos sobre la superficie de la Tierra nos hace ver natural que el foco de nuestra astronomía sean los planetas, las estrellas y otros objetos, mientras ignoramos los espacios que existen entre ellos. La escala temporal de nuestras vidas hace que las plantas parezcan inmóviles, hasta que la fotografía en cámara rápida nos revela esos cambios que antes eran imperceptibles. Interactuamos en forma más cómoda con objetos que poseen la misma escala de tiempo y tamaño que nosotros, y tenemos que inventar métodos especiales para lidiar con lo muy pequeño o lo muy grande, lo que es muy veloz o demasiado lento.

  1. Un punto de vista es algo absolutamente esencial para sobrevivir y poder darle algún sentido a un mundo rebosante de potenciales estímulos sensoriales. La mayor parte del aprendizaje consiste en definir lo que es relevante y determinar qué es lo que hay que ignorar. Por lo tanto, la respuesta adecuada al descubrimiento de la universalidad de los puntos de vista en la ciencia no es el vano intento de eliminar el punto de vista, sino reconocer en forma responsable nuestros puntos de vista y usar ese conocimiento para contemplar críticamente nuestras propias opiniones y las de nuestros pares.
  2. La ciencia tiene una naturaleza dual. Por un lado, nos instruye acerca de nuestras interacciones con el resto del mundo, ayudando a nuestra comprensión y guiando nuestras acciones. Realmente hemos aprendido un montón sobre la circulación de la sangre, la geografía de las especies, el plegado de las proteínas y la deriva de los continentes. Podemos leer registros fósiles de miles de millones de años de antigüedad, reconstruir los animales y los climas del pasado y la composición química de las galaxias, trazar las vías moleculares de los neurotransmisores y el rastro de olor de las hormigas. Y podemos inventar herramientas que seguirán siendo útiles hasta mucho tiempo después de que las teorías que ayudaron a crearlas se hayan convertido en pintorescas notas al pie de la historia del conocimiento.

Por otra parte, en tanto producto de la actividad humana, la ciencia refleja las condiciones de su producción y los puntos de vista de quienes la crearon. La agenda de la ciencia, el hecho de que algunas personas se capaciten y lleguen a ser científicas, mientras que otras quedan excluidas, las estrategias de investigación, los instrumentos físicos de investigación, el marco intelectual dentro del cual se formulan los problemas y se interpretan los resultados, los criterios para resolver un problema en forma exitosa, y las condiciones de aplicación de los resultados científicos, son a la vez un subproducto de la historia de la ciencia y las tecnologías generadas por ella, y de las sociedades que las producen y las poseen. El patrón de conocimiento e ignorancia en la ciencia no está dictado por la naturaleza, sino que obedece a factores como el interés y la creencia. Con mucha facilidad extrapolamos nuestra propia experiencia social a la vida social de los babuinos, nuestra comprensión del orden en los negocios, que se apoya en una jerarquía de controladores y controlados, a la regulación de los ecosistemas y el sistema nervioso. Las teorías, respaldadas por toneladas de datos, a menudo caen en el dogmatismo y generan confusión sistemáticamente.

La mayor parte de los análisis de la ciencia pasan por alto esta naturaleza dual, ya que se focalizan solamente en un aspecto u otro de la ciencia. Algunos hacen hincapié en la objetividad del conocimiento científico, y sienten que representa el progreso del género humano en cuanto a la comprensión. Acto seguido, hacen caso omiso de la determinación social obvia de este, y de los usos antihumanos de la ciencia –que todos conocemos–, considerándolos “usos indebidos”, o “mala” ciencia, mientras mantienen intacto su modelo de la ciencia en tanto búsqueda desinteresada de la verdad.

Otros prestan oídos a la creciente conciencia de la determinación social de la ciencia para rechazar sus pretensiones de validez. Se imaginan que las teorías no guardan relación alguna con sus objetos de estudio, y que no son más que un taparrabos al servicio de fines espurios, como las carreras individuales, o un instrumento del dominio de clase, género o bien de algunas naciones sobre otras.

Al destacar el anclaje cultural de la ciencia, estos análisis ignoran los rasgos comunes que poseen la astronomía babilónica, maya, china y británica, así como la similitud de sus calendarios. Cada uno de ellos proviene de un contexto cultural diferente, pero describe (más o menos) el mismo cielo. Reconocen años de la misma longitud, dan cuenta de los mismos planetas y lunas, y calculan los mismos eventos astronómicos usando medios muy diferentes.

Los partidarios del determinismo social también ignoran los usos simi¬lares de plantas medicinales en Brasil y Vietnam, el sistema para designar plantas y animales que se corresponde en forma aproximada con lo que nosotros llamamos especies animales. Todos los pueblos han buscado plantas curativas y han tendido a descubrir usos similares para las mismas hierbas.

Otras tradiciones diferentes a la nuestra también poseen sus propios contextos sociales. Los sacerdotes de Babilonia, o los administradores chinos, no eran burgueses liberales, pero no eran más sabios ni estaban menos sujetos a determinados puntos de vista. Ni tampoco la frase “los antiguos dicen” nos revela algo acerca de la validez de lo que ellos afirman. Los antiguos, al igual que los modernos, pertenecen a ciertos géneros, a veces a clases sociales, siempre están inmersos en una cultura y expresan esas posiciones desde su punto de vista. Aquellos antiguos cuyo pensamiento ha sido preservado en el papel tampoco eran una muestra tomada al azar de los antiguos pensadores.

No obstante, el hecho de que el punto de vista esté socialmente determinado y sea de índole condicional, no significa que sea arbitrario. Aunque todas las teorías acaban por ser erróneas, algunas no están en lo cierto ni siquiera de manera temporal. La determinación social de la ciencia no implica una defensa o actitud tolerante hacia doctrinas que son flagrantemente falsas, como la superioridad racial o de género, o incluso la categoría de raza en sí, ya sea que estas adopten la forma académica convencional, o se expresen en nociones como las del “hombre adámico” y “el pueblo del barro” que defiende el Movimiento de Identidad Cristiana. El racismo es un objeto más real que la raza y es lo que determina las categorías raciales.

Por ende, la tarea del analista de la ciencia es dar cuenta de las interacciones e interpenetraciones que existen entre el trabajo intelectual y los objetos a los que se aplica esa labor bajo diferentes condiciones de trabajo y en diferentes estructuras sociales. El arte de la investigación radica en tener la sensibilidad para decidir cuándo una simplificación útil y necesaria se ha tornado una noción simplista que solo genera confusión.

  1. La ciencia contemporánea que se practica en Europa y América del Norte es un subproducto de la revolución capitalista. Comparte con el capitalismo moderno la ideología liberal progresiva que rige su práctica y que a su vez ayudó a moldear. Al igual que el liberalismo burgués en general, ha soltado amarras con sus principios y está deshumanizada. Proclamó ideales universales que no abrazó en forma sincera, acabó por violarlos en la práctica y a veces reveló que esos ideales eran opresivos, incluso en el plano teórico.

En consecuencia, hay varios tipos de críticas que pueden hacerse a la ciencia. La vertiente conservadora hace suya la crítica precapitalista. Está en un aprieto por el desafío que el conocimiento científico plantea a las creencias religiosas tradicionales, así como a las reglas sociales y a quienes detentan el poder. Además, tampoco aprueba el juicio independiente de las ideas y los valores, no exige la presentación de evidencias allí donde la autoridad ha emitido su juicio y por ende la perturba el aspecto más subversivo de la ciencia. Los creacionistas identifican el contenido ideológico de la ciencia en forma bastante precisa, al cual tildan de humanismo secular, contra el postulado liberal de que la ciencia es el opuesto neutral de la ideología. Pero más allá de sus denodados esfuerzos por detectar conflictos entre los partidarios de la evolución en las revistas científicas, y flancos débiles en la moderna teoría de la evolución, su desafío no es en favor de tornar a la ciencia más “científica”, más democrática, menos sometida a ideologías opresivas y por darle un cariz más abierto. Al contrario, proponen volver a la fe, a la variante más grosera de autoridad, y a las certidumbres antiintelectuales. Su rechazo visceral del ámbito intelectual se expresa a menudo en cierto deleite que manifiestan frente a las estupideces de los científicos, a las que contraponen la sabiduría del “hombre de la calle”, una actitud que a primera vista podría parecer seductoramente democrática. Pero no se trata aquí de la afirmación de que todo el mundo es capaz de arribar a un pensamiento riguroso y disciplinado, sino que al revés, niegan de cuajo la importancia que reviste el pensamiento serio, complejo, y privilegian las intuiciones espontáneas que nos brindan las certidumbres no probadas. Los críticos conservadores aceptan la dicotomía del conocimiento versus los valores, y optan por los suyos particulares cuando surge el conflicto.

Al mismo tiempo, los críticos conservadores rechazan el reduccionismo y la parcelación que imperan en la ciencia contemporánea, y se pronuncian en favor de una visión holística, “orgánica”, del mundo. En un nivel estético y emocional, su holismo en parte se asemeja a la crítica radical de la ciencia, pero su holismo es jerárquico y estático, reafirma la armonía y el equilibrio, la ley y el orden, la corrección ontológica acerca de cómo son las cosas, como fueron, o como imaginamos que pudieron haber sido.

Los críticos liberales más consecuentes de la ciencia aceptan el postulado de que esta tiene metas válidas, pero critican las prácticas que violan esas metas. Aprueban la ciencia en tanto conocimiento público y deploran el secreto que imponen los militares y los intereses comerciales sobre ella. Quieren que haya un acceso democrático a la ciencia, determinado tan solo por la capacidad, y deploran las barreras de clase, género y raza que se oponen a la capacitación científica, al acceso a los puestos y la credibilidad que otorga la ciencia. Están de acuerdo con que las ideas deben ser juzgadas solamente en base a sus méritos y a las pruebas, sin importar de dónde provengan las ideas, pero acaban por reforzar las jerarquías que rigen la credibilidad mediante un amplio vocabulario que usan para rechazar las ideas no ortodoxas y a sus adeptos como “exagerados”, “charlatanes”, “ideológicos”, “no convencionales”, “desprestigiadas”, “anecdóticas” o bien “no demostradas”. Puede que se horroricen frente a los usos de la ciencia para producir mercancías perjudiciales o armas mortíferas, o cuando esta es usada para justificar la opresión, pero sin renunciar a la creencia de que el pensamiento y la emoción deben mantenerse separados.

En razón de la creciente ceguera, estrechez de miras, dogmatismo, intolerancia e intereses ocultos que imperan en la ciencia oficial, han surgido movimientos alternativos, especialmente en los campos de la salud y la agricultura. Estos deben ser evaluados con las mismas herramientas que usamos para ponderar a la ciencia “oficial”. ¿Quiénes son sus dueños, de dónde provienen, qué puntos de vista expresan, cómo se validan estos, qué prejuicios teóricos reflejan? Al estar inmersas en un contexto capitalista, estas alternativas también son un campo fértil para la explotación, la producción de mercancías y, a menudo, sucede que tienen un perfil comercial desmedido. También tienen raíces de clase que conducen a algunos a separar las causas individuales de las sociales (por ejemplo, critican las curas mágicas de la industria farmacéutica pero venden sus propias curas milagrosas y “naturales”, o promueven tratamientos holísticos para el cáncer ignorando el origen industrial de muchos de ellos). Las comunidades alternativas son ámbitos donde la crítica radical incisiva se mezcla con el espíritu emprendedor típico de la pequeña y mediana empresa.

La crítica marxista intenta ver a la ciencia, tanto en su aspecto liberador como opresivo, junto con sus portentosos hallazgos y su ceguera obstinada, como una expresión mercantilizada de los intereses e ideologías masculinistas típicas del capitalismo liberal europeo, organizada para abordar los fenómenos reales del mundo natural y social. Su ideología es tanto un subproducto del liberalismo europeo como una contribución autónoma a esa ideología, más que un mero reflejo pasivo de ella.

Las críticas de la izquierda a la agricultura, la medicina, la genética, el desarrollo económico y a otras áreas de ciencia aplicada apuntan a los aspectos internos y externos que limitan la capacidad de la ciencia para alcanzar las metas que se propone. Lo externo se refiere a la posición social de la ciencia como industria del conocimiento, que tiene sus dueños, quienes la dirigen con el propósito de obtener ganancias y poder, según lo que dictan creencias compartidas, en su mayoría hombres. Las modalidades de inclusión y exclusión del campo de la ciencia, las diversas subdivisiones entre las disciplinas, las condiciones de límites ocultas que frenan la investigación, todo ello sale a la luz cuando examinamos su contexto social. Podemos comprender el recurso predominante a la quimioterapia en la medicina, y el uso de pesticidas en la agricultura, como expresiones de la mercantilización del conocimiento por parte de la industria química. Pero el recurso a las curas mágicas moleculares es algo que va de la mano con la filosofía reduccionista que ha dominado la ciencia europea/norteamericana desde sus orígenes en el siglo XVII, y a su vez es refrendado por la experiencia atomizada que tenemos de la vida social burguesa. (A medida que reconstruimos los vínculos, vemos que lo “interno” y lo “externo” no son, de hecho, explicaciones alternativas rígidamente contrapuestas, sino otro ejemplo más del principio general de que no hay subdivisiones completas y separadas de la realidad. Pese a esto, la ciencia está plagada todavía por falsas dicotomías como organismo/ ambiente, naturaleza/crianza [nature/nurture], determinado/azaroso, social/individual, psicológico/fisiológico, ciencia dura/ciencia blanda, variables independientes/variables dependientes, y así sucesivamente).

Lo interno se refiere a las ideologías reduccionistas, fragmentarias, descontextualizadas y mecanicistas (opuestas a lo holístico o lo dialéctico) y a la política liberal-conservadora hacia la ciencia. Los marxistas, junto con otros críticos de izquierda, siempre han defendido la necesidad de ampliar el alcance de las investigaciones, situándolas en un contexto histórico, reconociendo la interrelación existente entre los fenómenos y la prioridad que tienen los procesos por sobre las cosas. Por su parte, la ideología conservadora por lo general defiende la precisión elegante en torno a objetos estrechamente delimitados y acepta las condiciones marco sin siquiera reconocerlas.

  1. La crítica radical de la ciencia también se extiende a los procedimientos que se aplican en el proceso de investigación. Al enfocar un nuevo problema, el marxismo hace que yo me formule dos interrogantes básicos: ¿por qué las cosas son como son en vez de ser un poquito diferentes, y por qué las cosas son como son en lugar de ser muy diferentes? Aquí, la palabra “cosas” tiene un doble significado, ya que se refiere a los objetos de estudio y al estado de la ciencia que los estudia.

La respuesta que dio Newton a la primera pregunta es que las cosas son como son porque no hay nada que les suceda.

Pero nuestra respuesta es que las cosas son como son a causa de la acción de procesos opuestos. La primera cuestión tiene que ver con la autorregulación de los sistemas, la homeostasis. Frente a influencias que están en constante movimiento, ¿cómo es que las cosas permanecen iguales a sí mismas, hasta el punto en que podemos reconocerlas? Una vez planteada, esa cuestión ingresa al ámbito de la teoría de sistemas en sentido estrecho, el modelaje matemático de sistemas complejos. Esa disciplina parte de un conjunto de variables, y de las conexiones entre ellas, y se pregunta: ¿es estable el sistema?, ¿con qué rapidez se recupera después de una perturbación?, ¿cómo responde a los cambios permanentes en su entorno?, ¿cuánto cambio puede tolerar? Se pregunta, cuando los eventos externos impactan sobre el sistema, ¿cómo es que estos se propagan por todo el sistema?, ¿cómo es que hay vías que los amplifican y otras que los disminuyen? Trabajamos con nociones como circuitos de retroalimentación positiva y negativa, vías, conectividad, sumideros, retraso, barreras reflectantes y absorbentes. En sus propios términos, este análisis es “objetivo”. Pero las variables en sí son productos sociales. Por ejemplo, la noción aparentemente no problemática de densidad de población tiene al menos cuatro definiciones diferentes que conducen a fórmulas distintas para efectuar mediciones y llevan a resultados diferentes, cuando las mediciones son comparadas entre distintos países o clases. Podríamos simplemente dividir el número total de personas por el área (o recurso) total:

D = Σ personas/ Σ área

Podríamos preguntar, ¿cuál es la densidad promedio en que viven las personas? Entonces podríamos usar la siguiente fórmula:

D = Σ (personas/área) (personas en esa área) / Σ personas

que nos muestra la desigualdad en el acceso a los recursos. O podríamos hacer lo mismo, pero desde la perspectiva de los recursos. El recurso total por persona es:

D = Σ área / Σ personas

La intensidad promedio de explotación de un recurso queda expresada así:

D = Σ (área / personas) (área) / Σ área

Por ende, incluso aquello que parece ser una medición objetiva está influido por el punto de vista, ya sea que opere como un factor consciente o bien permanezca oculto. Nancy Krieger, profesora de la Universidad de Harvard, ha usado la metáfora de la autosemejanza de los fractales para destacar que lo social y lo biológico son inseparables en todos los niveles, desde lo más macro hasta los detalles finos de lo micro en la epidemiología [2].

La segunda pregunta hace a la cuestión de la evolución, la historia y el desarrollo. La respuesta básica es que las cosas son como son porque acabaron por ser así, no porque tengan que ser de ese modo, o porque siempre fueran así, o porque es la única forma de ser. Desde esta perspectiva, volvemos a examinar la primera pregunta y nos preguntamos: ¿qué variables pertenecen al sistema, y cómo fue que arribaron allí?, ¿qué es lo que nosotros queremos dilucidar acerca del sistema?, ¿qué quiere decir “nosotros”?, ¿quién lo dice?, ¿aparecen nuevas conexiones mientras las viejas relaciones desaparecen?, ¿las variables se unifican entre sí o se subdividen?, ¿las ecuaciones cambian también?, ¿deberíamos usar ecuaciones u otros medios de descripción? Y como sabemos que los modelos que usamos no son fotografías precisas de la realidad, ¿cómo cambian los resultados cada vez que nos apartamos de los supuestos?, ¿cuándo resulta importante eso?

Los supuestos de los que partimos en la primera formulación se convierten ahora en preguntas. Es en este terreno donde los decisivos aportes de la dialéctica marxista, combinados con un conocimiento cabal de los objetos de interés y de las habilidades técnicas que requiere un oficio, han dado sus mejores frutos. Aquí nos encontramos con postulados familiares, como el de la unidad e interpenetración de los opuestos, la conexión universal, el desarrollo a través de la contradicción, los niveles de integración y otros conceptos semejantes, tan áridos en los listados de los manuales de dialéctica, pero pletóricos de implicancias y rebosantes de potencial creativo.

Por último, estos mismos métodos se pueden usar reflexivamente para examinar las limitaciones históricas que han actuado sobre el marxismo como consecuencia de las circunstancias históricas que atravesó y la composición de los movimientos marxistas. Pero estos métodos no deberían ser usados de un modo mecanicista, esencialista, rechazando algunas nociones por el hecho de que se originaron en Europa y son ajenas a América Latina, o fueron creadas por hombres y son por lo tanto irrelevantes para las mujeres, o surgieron en el siglo XIX y por lo tanto no aplican al siglo XXI. Al fin de cuentas, todas las ideas son ajenas a la mayoría de los lugares donde viven sus adeptos, y en todos los lugares del mundo la mayoría de las ideas vigentes son de origen extranjero. Más bien, el contexto histórico puede ser usado para evaluar las ideas críticamente, para descubrir los aportes, las limitaciones y las transformaciones necesarias. Los aportes del feminismo y del movimiento ecologista, particularmente de aquellas ramas que ya han convergido con el marxismo, son especialmente valiosas para tomar cierta distancia y hacer esta evaluación. Hay ciertos temas que habían sido relegados a la periferia de la visión marxista predominante, que ahora pueden volver a ocupar el lugar que les corresponde en el materialismo histórico, y podemos estudiar con más riqueza las sociedades y los modos de producción y reproducción sociales/ecológicos.

  1. Aunque las diferentes teorías usan términos diversos, estudian objetos diferentes y tienen metas distintas, no son inconmensurables entre sí. Linneo consideraba que las especies habían sido fijadas de una vez para siempre en el momento de la creación, y que cada ejemplo particular era una versión degradada de un diseño arquetípico. Los biólogos evolucionistas consideran a las especies como poblaciones que son intrínsecamente heterogéneas, sujetas a las fuerzas del cambio. La descripción de lo típico es considerada una abstracción que se hace a partir de un conjunto de animales o plantas reales. No obstante, yo todavía uso los nombres latinos acuñados por Linneo para los géneros y las especies, muchos de los cuales el propio Linneo reconocería, y podría hablar con él sobre plantas y debatir acerca de su anatomía o distribución geográfica. Seguramente estaría encantado de saber que nuestra tecnología nos ha brindado nuevas formas de distinguir entre plantas similares. No estaríamos de acuerdo sobre la importancia que tiene la variación dentro de una especie, y no sé cómo reaccionaría ante la estrafalaria idea de que la similitud a menudo delata un origen común. Pero podríamos hablar.

Esto es válido también para culturas muy distintas entre sí. Todos los pueblos tienen nombres para las plantas y animales. La mayoría de los pueblos les asignan nombres diferentes a plantas que corresponden a diferentes especies identificadas por Linneo, y dividen el mundo botánico en diferentes categorías, al igual que nosotros. También tienden a distinguir más finamente entre organismos que tienen que ser categorizados en forma diversa. Y, al igual que sucede con nuestras propias teorías, las suyas también “funcionan”, ya que sirven de guía a acciones que a menudo conducen a resultados aceptables. Ya sea que se trate de un taxonomista universitario que reconoce que la mitad de las serpientes de la provincia de Darién son venenosas, o un aborigen choco que nos dice que todas las serpientes son venenosas, pero que solo resultan mortales el 50 por ciento de las veces, la conclusión práctica es similar: cuando usted camina por la selva, tenga cuidado con las serpientes.

Además, las herramientas de investigación tienen una vida más larga que las teorías. Galileo quedaría impresionado al ver nuestros modernos y sofisticados telescopios, pero no estaría completamente perdido en un observatorio actual. Aunque un economista marxista podría no estar interesado en los modelos de equilibrio de oferta y demanda de la teoría neoclásica, o en las técnicas de análisis de costos y beneficios tan caras a la mentalidad empresarial, estos serían perfectamente comprensibles para él. El postulado de que las diferentes perspectivas son inconmensurables, hablan lenguajes diferentes y no tienen puntos de contacto entre sí es una grosera distorsión de la comprensión del punto de vista social. La existencia de barreras teóricas no redunda en la soledad existencial que imaginan los observadores distantes.

  1. La diversidad existente en la naturaleza y la sociedad no impide la comprensión científica. Cada lugar es claramente diferente, y cada ecosistema tiene características que lo hacen único. Por lo tanto, la ecología no va en busca de reglas universales, tales como “la diversidad de plantas está determinada por los herbívoros”, ni busca predecir la flora de una región a partir del estudio de los patrones de lluvia. Lo que sí puede hacer es buscar los patrones de la diferencia, los procesos responsables de ese carácter único y ex¬clusivo. Así, el número de especies que habitan en una isla depende de los procesos de colonización y especiación, que aumentan el número de individuos, y de los procesos de extinción, que lo reducen. Podemos ir más allá y relacionar la colonización con la distancia de una fuente de migración, la extinción con la diversidad de hábitats y áreas, y con la estructura de la comunidad, y también tratar de explicar por qué los migrantes son de un tipo particular, y así sucesivamente. Los resultados serán muy diferentes en islas muy pequeñas, donde las poblaciones no duran el tiempo suficiente como para dar lugar a nuevas especies, o que están tan cerca de las fuentes de migrantes que acaban por bloquear cualquier chance de diferenciación local, de aquellos que se observan en islas muy remotas que cuentan con una gran diversidad en su hábitat.

Es erróneo recurrir a la especificidad local con el fin de rechazar las generalizaciones abusivas. Lo que estamos buscando es identificar los procesos opuestos que impulsan la dinámica de un tipo de sistema (por ejemplo, las selvas tropicales, o una isla, o la economía capitalista), absteniéndonos de postular un resultado único y universal.

  1. Quienes defendemos a la ciencia desde la izquierda no podemos defender a la ciencia tal cual es. Por el contrario, tenemos que adoptar una postura crítica, tanto hacia la ciencia liberal como hacia sus enemigos reaccionarios. El ataque actual lanzado por la derecha contra la ciencia es parte de una ofensiva más general contra el liberalismo, ahora que el derrumbe del socialismo a nivel mundial lo torna innecesario, y la intensificación de la competencia durante un período de prolongado estancamiento hace aparecer al liberalismo como una opción demasiado costosa. Aunque su oposición al liberalismo es una oposición a los aspectos liberadores de esa doctrina, el ataque reaccionario contra el liberalismo tiende a hacer hincapié en los aspectos opresivos o poco efectivos del liberalismo.

Tenemos que exigir la apertura de la ciencia a aquellos que han sido excluidos, democratizando lo que es una estructura autoritaria modelada según las necesidades de las corporaciones, e insistir en que la meta de la ciencia debe ser la creación de una sociedad justa compatible con la riqueza y diversidad de la naturaleza. No debemos ocultarnos detrás del culto a los expertos, sino ponerlo en entredicho, en favor de enfoques que combinen la participación de profesionales y legos. La condición óptima para la ciencia es tener un pie en la universidad y otro en la comunidad en lucha, de modo tal que podamos contar con la riqueza y la complejidad de la teoría, que emana de lo particular y de una visión comparativa, y con las generalizaciones que solamente la distancia de lo particular puede aportarnos. Esto también nos permite ver la combinación de relaciones de cooperación y conflicto que tenemos con nuestros colegas, y explorar de qué forma el compromiso político cuestiona el sentido común que impera en las comunidades profesionales.

No debemos pretender o aspirar a una neutralidad imparcial, sino proclamar como hipótesis de trabajo lo siguiente: todas las teorías yerran al promover, justificar o tolerar la injusticia.

No debemos hacer la vista gorda, o lamentarnos en privado por la trivialidad que anida en muchos papers de investigación, sino denunciar que esa trivialidad emana de la mercantilización de carreras sostenidas por becas y de agendas de dominación que nos llevan a descartar muchas de las cuestio¬nes realmente interesantes.

Debemos cuestionar el individualismo y el espíritu de competencia que reina en la ciencia en favor de un esfuerzo cooperativo por resolver los problemas reales.

Debemos rechazar la estrategia de vender soluciones mágicas reduccionistas, al servicio de la ciencia mercantilista, en favor del respeto hacia la complejidad, el carácter relacional, el dinamismo, la historicidad y el carácter contradictorio del mundo.

Debemos repudiar la estética del control tecnocrático en favor del regocijo que nos provoca la espontaneidad que reina en el mundo, riéndonos de la incapacidad de los índices para capturar la vida, paladeando lo inesperado y lo anómalo, y considerar que el éxito no radica en dominar lo que es realmente indómito, sino en dar una respuesta humana, visionaria y noble a aquello que nos toma inevitablemente por sorpresa.

La mejor defensa de la ciencia frente al ataque de los reaccionarios es insistir en una ciencia al servicio del pueblo.

NOTAS AL PIE


[1] Este capítulo fue publicado por primera vez, con algunas modificaciones, como Levins, R., “Ten Propositions on Science and Antiscience”, Social Text 46-47, 1996, pp. 101-112.


[2] Krieger, N., “Epidemiology and the Web of Causation: Has Anyone Seen the Spider?”, Social Science of Medicine 30, N.º 7, 1994, pp. 887-903.

La imagen muestra la basura, en su mayoría desechos plásticos, en la parte superior, y los alimentos, abajo, encontrados en esta tortuga carey después de practicarle la autopsia. Foto Ap

El material se encuentra en las fosas oceánicas más profundas, en la superficie y en el hielo marino del Ártico, según revisión de casi 2 mil 600 investigaciones

 

Berlín. La contaminación por plástico en el mar está alcanzando niveles preocupantes y seguirá creciendo incluso si se toman medidas significativas ahora para evitar que esos desechos lleguen a los océanos, según una revisión de cientos de estudios académicos.

La revisión del Instituto Alfred Wegener de Alemania, que realiza investigaciones en el Ártico, el Antártico y los océanos de latitudes altas y medias examinó casi 2 mil 600 trabajos de investigación sobre el tema para ofrecer una visión general antes de una reunión de Naciones Unidas a finales de este mes.

"Lo encontramos en las fosas oceánicas más profundas, en la superficie del mar y en el hielo marino del Ártico", sostuvo la bióloga Melanie Bergmann, coautora del estudio, que se publicó ayer.

Algunas regiones, como el Mediterráneo, el este de China y los mares Amarillos, ya contienen niveles peligrosos de plástico, mientras otras corren el riesgo de contaminarse cada vez más en el futuro, descubrió. Los autores concluyeron que casi todas las especies del océano se han visto afectadas por la contaminación plástica y que está dañando ecosistemas importantes como los arrecifes de coral y los manglares.

A medida que el plástico se descompone en pedazos cada vez más pequeños, también ingresa a la cadena alimentaria marina y es ingerido por todos, desde ballenas hasta tortugas y plancton diminuto.

Sacar ese plástico del agua nuevamente es casi imposible, por lo que los formuladores de políticas deberían concentrarse en evitar que más de ese material ingrese a los océanos en primer lugar, destacó Bergmann.

Algunos de los estudios mostraron que incluso si esto sucediera, la cantidad de microplásticos marinos seguiría aumentando durante décadas, precisó.

Matthew MacLeod, profesor de ciencias ambientales en la Universidad de Estocolmo que no participó en el informe, señaló que parecía ser una revisión sólida de los estudios existentes, centrada en los efectos de la contaminación plástica.

"La parte sobre la que se puede (y se discutirá) es si hay suficiente evidencia para justificar una acción agresiva (como la que se defiende en este informe) que ciertamente interrumpirá las prácticas actuales de producción, uso y eliminación de plástico", destacó.

MacLeod participó recientemente en un estudio separado que también concluyó que se requieren medidas inmediatas debido a los posibles impactos globales.

Heike Vesper, del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), dijo que si bien los consumidores pueden ayudar a reducir la contaminación plástica cambiando su comportamiento, los gobiernos deben intensificar y compartir la carga de abordar el problema.

"Lo que necesitamos son buenas políticas", añadió, anticipando la próxima reunión ambiental de la ONU en Nairobi. "Es un problema global y necesitan soluciones globales".

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Ellas alimentan el mundo, pero la tierra es de ellos

El informe “Ellas alimentan al mundo: tierra para las que la trabajan”, elaborado por LatFem y We Effect, revela que la mayoría de los alimentos son producidos por mujeres, mientras que la tierra es prestada, alquilada o está a nombre de sus esposos.

 

“Somos pobres porque es rico el suelo que pisamos”, escribió el escritor uruguayo Eduardo Galeano. Hablaba de nosotros, los latinoamericanos, en 1978. Pero la frase se actualiza con cada explosión de la Barrick Gold en las minas de San Juan, con las megafactorías de cerdos que China insiste en instalar en el territorio, o la soja transgénica que Monsanto sigue desparramando por todo el continente. 

En América Latina y el Caribe las riquezas del suelo se escurren, como en un loop desquiciado, 500 años después de la conquista. Una estructura del despojo que parece ya cronificada.

La situación se empaña todavía más si se pone el foco en las mujeres rurales latinoamericanas, porque les toca batallar contra la odiosa paradoja de alimentar al mundo —dado que representan el 50% de la fuerza formal de producción de alimentos— pero carecen de la titularidad de las tierras. 

Para que se entienda: siete de cada diez mujeres campesinas, indígenas, de pueblos originarios y afrodescendientes en Bolivia, Colombia, Guatemala, Honduras y El Salvador acceden a tierras para producir alimentos, pero solo tres son propietarias. Es decir, en vez de ser dueñas de esos campos y terrenos que trabajan, los tienen prestados, alquilados o a nombre de los esposos.

Así lo reveló “Ellas alimentan al mundo: tierra para las que la trabajan”, una investigación que desarrollaron las organizaciones LatFem y We Effect entre junio y octubre de 2021. Los resultados muestran, además, que mayoritariamente las mujeres se vuelven propietarias en caso de quedar viudas o huérfanas.

“Como nosotras producimos libre de químicos, el suelo queda muy fortalecido. En mayo hacemos la milpa y en septiembre la postrera, para que esté en el verano. Cuando viene el dueño y ve que la tierra le ha quedado limpia y fortalecida con vitaminas, con calcio, con todo lo que le hacemos, dice: ‘Fíjese que esta vez no se la voy a alquilar porque la voy a hacer yo’. Entonces muchas veces lo que nos toca es mejorar el terreno a otro”, explica Yasmín López, coordinadora general del Consejo para el Desarrollo Integral de la Mujer Campesina (Codimca) de Honduras.

Para la recolección de información se combinaron técnicas cuantitativas y cualitativas. Como primer paso, 1.994 mujeres —394 en Bolivia, 447 en Colombia, 407 en El Salvador, 397 en Guatemala y 349 en Honduras— respondieron una encuesta de preguntas cerradas de opción múltiple. Luego, se realizaron cuatro grupos focales y diez entrevistas en profundidad a defensoras ambientales y a especialistas para indagar en algunas dimensiones centrales.

Luchas de alto riesgo

La lucha por la tierra ha sido históricamente uno de los principales conflictos socioambientales, económicos y políticos en América Latina y el Caribe, la región más desigual del mundo en distribución de la tierra. Según datos de la confederación internacional Oxfam, más de la mitad de la tierra productiva en esta parte del mapa está concentrada en el 1% de las explotaciones de mayor tamaño. Lo que significa que el 1% de los grandes productores utiliza más tierra que el 99% restante.

La concentración en pocas manos impacta especialmente sobre las mujeres. La brecha de género en el acceso, control y titularidad de la tierra afecta el ejercicio del derecho a la alimentación, la autonomía económica y demás derechos sociales y culturales de las mujeres rurales, cuya labor en la producción de alimentos suele ser invisibilizada y considerada parte de los trabajos de cuidados y reproductivos no remunerados.

Separada de su cónyuge y a cargo de tres hijos, Ana Rosalía Tiul quiere permanecer en la finca de 72 cuerdas —equivalente a tres o cuatro manzanas de producción— donde cosecha maíz, plátano y yuca en Guatemala: “Lamentablemente el Estado nos tiene abandonados y encima vivimos bajo el paradigma del patriarcado que no habilita a pensar a las mujeres como dueñas de la tierra, sino solo al hombre como el que debe tener el mando en todas las pertenencias que existen a nuestro alrededor”, declara.

Ana Rosalía es una de las integrantes del Comité de Unidad Campesina (CUC) que acompaña a 30 comunidades en Verapaz y a 75 comunidades en Polochic, en el departamento guatemalteco de Izabal, en sus procesos de organización para recuperar las tierras. Parte del acompañamiento implica la formación de liderazgos de mujeres y la capacitación en sistemas productivos ecológicamente sostenibles mediante prácticas agroecológicas.

En la vida diaria, las campesinas nucleadas en el CUC no solo enfrentan la dificultad de acceder a terrenos que estén en condiciones para la producción de alimentos —lidiando con un Estado que acostumbra entregar superficies inundables, muy afectadas por sequías y huracanes—, sino que resisten ataques de finqueros organizados que amenazan con desalojarlas apoyados por las fuerzas de seguridad nacional. 

Para Azul Cordo, coautora de “Ellas alimentan al mundo: tierra para las que la trabajan”, la violencia hacia las lideresas comunitarias y defensoras ambientales es una de las principales preocupaciones que surge del informe: “América Latina y el Caribe es la región más peligrosa del mundo para quienes defienden la tierra y los territorios, y esa violencia aumenta de la mano de la crisis climática y el interés por los recursos naturales. A esto se suma la impunidad en que generalmente quedan estos crímenes, sobre todo en lo que respecta a la responsabilidad intelectual, algo que funciona como efecto disciplinador y de silenciamiento”. 

El 58% de las encuestadas en Bolivia, Colombia, Guatemala, El Salvador y Honduras aseguró no haber denunciado los hostigamientos y amenazas sufridas y el 83% de quienes realizaron denuncias manifestó sentir que no fueron tomadas en cuenta en su país. Entre quienes atravesaron actos de violencia o amenazas, el 50% percibió “diferencias” en el tipo de violencia “por ser mujer”.

Sin desconocer lo áspero del contexto, María Paz Tibiletti, otra de las autoras, destaca la importancia de tejer redes para paliar la falta de respuestas institucionales contra las violencias: “Es necesario poner este eje en valor porque no reemplaza la negligencia u omisión de las respuestas estatales en la falta de garantía de derechos humanos, pero sí sostiene y resguarda a las defensoras ante los hostigamientos y amenazas constantes. La organización de redes políticas, sororas y de autocuidado feminista es clave tanto para la sostenibilidad de la vida como para incentivar formas de economía feminista que brinden autonomía a las mujeres”.

¿Para quién, cómo y dónde producen las mujeres?

En los cinco países estudiados, el 57% de las mujeres rurales produce alimentos para consumo familiar, mientras que un 36% produce también para la venta. Solo el 7% destina todo para la comercialización en el mercado. La mayoría se las ingenia, asimismo, en parcelas pequeñas —menos de una hectárea— que deben acondicionar para volverlas tierras productivas. 

Como expone una de las entrevistadas: “Debemos reinventarnos cada día para garantizar, aunque sea, la cosecha de elotes que vamos a comer con los niños y las niñas”.

Más complejo aún es el panorama de las mujeres afrodescendientes: se registran solo seis mujeres afro de Colombia y dos garífunas en Honduras con menos de un cuarto de hectárea.

Por otro lado, los números del documento demuestran que las tierras a nombre de las mujeres son las que utilizan más técnicas agroecológicas y orgánicas. Por ejemplo: de las tierras productivas cuyo título está a nombre de una campesina indígena en Bolivia, el 60% de esas parcelas se produce con métodos agroecológicos u orgánicos y el 30% con métodos tradicionales sin insumos químicos. Lo mismo ocurre con el 43% de mujeres que poseen titularidad sobre las parcelas que producen en Guatemala y el 39% de las hondureñas.

En criollo: a pesar de no ser propietarias de las tierras que trabajan, son ellas quienes vienen impulsando la producción agroecológica en la región. Así las cosas, contar con el título a nombre propio no solo les daría mayor autonomía y empoderamiento económico, sino que profundizaría el uso de técnicas que permiten la sostenibilidad de los sistemas productivos y contribuyen a enfriar el planeta. Nada más ni nada menos que justicia social y ambiental. 

“La tierra significa todo para nosotras porque sin la tierra ¿dónde estoy? Nosotras siempre decimos eso: si no tenemos un espacio donde pisar suelo, no somos nadie. La tierra y nuestro territorio es fundamental, y luego podemos hablar de nuestra autonomía, de nuestro territorio personal y de todo lo demás que queramos. La tierra es vida”, define Wilma Mendoza Miro, presidenta de la Confederación Nacional de Mujeres Indígenas de Bolivia (CNAMIB).

Tierra para las que la trabajan

“Ellas alimentan al mundo: tierra para las que la trabajan” pone en evidencia la falta de políticas públicas específicas para promover la titularidad individual o colectiva de mujeres sobre tierras productivas en América Latina y el Caribe. Una discriminación política y económica que ahonda históricas desigualdades de género y las eterniza generación tras generación.

Las autoras Cordo y Tibiletti apuntan a los Estados: “Es fundamental incorporar la perspectiva de género en las iniciativas de empoderamiento económico, inclusión financiera, capacitación laboral y programas de créditos para las poblaciones rurales; y garantizar el funcionamiento de mercados donde las pequeñas agricultoras puedan vender sus productos a un precio justo sin explotación y lograr su autonomía económica. En el contexto actual, esto implica considerar la situación de las mujeres campesinas tanto en las políticas y programas de recuperación frente a la pandemia como en aquellos que buscan reducir los riesgos de la crisis climática, incluyendo la protección de las defensoras de la tierra”.

Son las mujeres rurales, campesinas, afrodescendientes, indígenas y de pueblos originarios de América Latina y el Caribe quienes alimentan al mundo. Desde pequeñas parcelas que llevan el nombre de otros, varones siempre. Guardianas de semillas nativas y criollas, encargadas del resguardo y la transmisión de saberes ancestrales que cobijan los suelos. Ofreciendo sus cuerpos para poner un coto al avance indiscriminado de las topadoras y los proyectos extractivistas. Cuidadoras así de lo que comemos y del planeta que habitamos. La tierra en sus manos es una deuda por saldar y una apuesta al porvenir. 

Por Mariana Fernández Camacho

Buenos Aires (Argentina)

8 feb 2022

Publicado enSociedad
Domingo, 30 Enero 2022 06:04

La teocracia del crecimiento

La teocracia del crecimiento

Economía del crecimiento económico perpetuo

 

Si salimos a la calle y le preguntamos a cualquier persona de un país occidental si considera que vive bajo un gobierno de fundamentalistas religiosos, sería muy sorprendente que alguien dijese que sí (a menos que tuviese su residencia en algún lugar como Texas, claro). "Nuestros gobiernos son laicos y gobernados por la razón, guiados por la mejor ciencia disponible en cada asunto donde la ciencia tiene algo que decir. Faltaría más." Pero la realidad es que esta percepción social es totalmente errónea: las políticas más importantes de nuestros países, aquellas que condicionan todas las demás, es decir, las políticas ecónomicas, están basadas en un pensamiento mágico, que contradice las ciencias físicas, y que por tanto es perfectamente equiparable a una religión. Y esa religión no reconocida, pero dominante a escala planetaria, bien podría denominarse la Iglesia del Crecimiento Perpetuo. No es tanto que el crecimiento haya "sustituido a la religión en las sociedades modernas, dando así sentido a todos los esfuerzos colectivos", como afirma Yoros Kallis, sino que el crecimiento es ahora la Religión, con mayúscula.

Según una famosa cita atribuida a Kenneth Boulding —quien además de ser un notable economista fue uno de los padres de la ciencia de sistemas—, alguien que creyese que el crecimiento infinito era posible en un planeta finito sólo podía ser o un loco o un economista. Lo que viene a decirnos ese acertado aforismo es que una economía que se fundamente en la posibilidad de crecer indefinidamente es una completa irracionalidad. No hace falta cursar un doctorado para llegar a esta conclusión lógica: no hay nada en el mundo real, ningún ser ni objeto natural, que crezca ad infinitum. Todo aquello que crece llega un momento en que deja de hacerlo; es decir, su crecimiento es temporal y llegado a un punto, se detiene. Boulding lo explicaba hace medio siglo comparándolo con el crecimiento de las personas:

"Los problemas del siglo XX no son diferentes de los de la adolescencia: un crecimiento rápido que excede la capacidad de las organizaciones para gestionarlo, una emoción incontrolable y una desesperada búsqueda de la identidad. Pero después de la adolescencia, llega la madurez en la cual el crecimiento físico, con todas sus dificultades inherentes, llega a su fin, pero donde se sigue creciendo en conocimiento, en espíritu, en comunidad y en amor; es esto lo que esperamos también como especie humana".

Sin embargo, lejos de cumplirse esa esperanza de Boulding, durante el siglo pasado no hizo sino consolidarse el dominio dogmático de una visión magufa de la economía que —del mismo modo que el Cristianismo o el Islam se elaboran como doctrinas religiosas basándose en credos previos— hundiría sus raíces en mitos previos con siglos de antigüedad y un inmenso poder cultural: el mito del Progreso, el mito de excepcionalismo humano o el mito de la separación y dominio del Homo sapiens con respecto al resto de la Biosfera.

Interpretar esta religión oculta pero hegemónica por medio de la analogía biológica nos puede resultar enormemente útil para comprender los efectos de no detener el crecimiento a tiempo: así, el cáncer y las plagas se convierten en contraejemplos de gran valor esclarecedor y predictivo, pues todo el mundo sabe que ambos terminan muy mal. Por si fueran insuficientes la apreciación intuitiva y el sentido común, o las matemáticas más simples, disponemos también desde hace al menos medio siglo de advertencias científicas que se han demostrado sorprendentemente precisas al contrastar sus predicciones con la realidad actual, como la del modelo informáticoWorld3, utilizado en Los límites del crecimiento (1972) por el equipo liderado en el MIT por Donnella Meadows: o abandonamos nuestra obsesión por el crecimiento, o habrá un colapso trágico del mundo humano. Recientemente el último premio Nobel de Física, Giorgio Parisi, se lo recordaba a parlamentarios de todo el mundo reunidos en la preparación de la cumbre del clima COP26, con un suave pero sacrílego ataque al tótem de esta Iglesia Crecentista: "El PIB no proporciona una buena medida de la economía. (...) Los políticos, periodistas, economistas que planean nuestro futuro y monitorizan el progreso que se ha realizado, deben usar un indicador que tenga en cuenta otros aspectos aparte del Producto Nacional Bruto". Pocos días después, el presidente español Pedro Sánchez clausuraba un seminario bajo el inaudito título "Más allá del PIB" con palabras que reconocían los defectos de dicho tótem, pero para no ser excomulgado por sus correligionarios, inmediatamente volvía a hacer acto de fe afirmando, contra toda prueba científica disponible, que "la reducción de CO2 es compatible con el crecimiento, a través de la transición energética".

Y es que vistiéndose con ropajes pseudocientíficos y estandartes nuevos como la "transición energética", la "economía circular", el "hidrógeno verde", "la transición digital", el "coche eléctrico" y muchos otros —cuanto más moderna y tecnológica suene la letanía, mejor—, recitando los mantras de "la eficiencia, la innovación y la competitividad", pretenden mantener viva su ya desacreditada religión, como intentaron mucho antes que ellos las élites romanas cuando los tiempos cambiaban, mediante el sincretismo religioso con las nuevas religiones que penetraban en el Imperio, o como las diversas confesiones cristianas han ido adaptando sus dogmas para dar cabida a constataciones científicas relativas a la creación del universo o a la evolución de las especies con conceptos como el del diseño inteligente del Universo. Son tácticas con siglos de antigüedad que siempre buscan la pervivencia gattopardiana de los dogmas de las religiones tocadas de muerte, cuando la realidad los hace ya insostenibles. Trágicamente, nuestros líderes se parecen cada vez más a esos líderes tiránicos de sectas que, cuando se demuestra que no van a venir los ángeles en sus platillos volantes a llevarse a sus acólitos a la derecha del Padre, están dispuestos a cubrir el fallo de sus dogmas con un baño de sangre que no deje a nadie atrás. Y sabemos que el Dios Dinero (aquel que los evangelistas cristianos llamaron Mammón) nos acabará fallando al final, porque no nos va a servir para comprarnos un planeta nuevo cuando hayamos destruido el único que tenemos.

Por tanto, podemos concluir, por sentido común y por contraste con toda la ciencia disponible, que la economía actualmente hegemónica, la escuela denominada neoclásica marginalista, es anticientífica y que se fundamenta no en la razón, sino básicamente enla fe. Un economista ecológico relataba en una ocasión su conversación con un catedrático de economía acerca de la imposibilidad de continuar creciendo. El economista ortodoxo le reclamaba al ecológico datos que soportasen su afirmación, y este aceptó el reto pidiéndole, a su vez, datos que apoyasen la confianza del catedrático en el crecimiento perpetuo, a lo cual este respondió: "Esos datos no existen porque los avances disruptivos no son previsibles, pero los habrá". Amén. Ahí muere toda discusión racional, en cuanto entra en acción la fe. "Ante posiciones de fe, ya no hay argumentación posible", concluía nuestro herético economista ecológico.

El santo catecismo de esta Iglesia incluye viejos dogmas economicistas como la perfecta sustituibilidad de los factores productivos (si falta energía o una biosfera sana, ¡se sustituye con capital y santas pascuas!) y algunos de más reciente cuño como la desmaterialización de la economía (las economías pueden seguir creciendo sin que crezca su consumo material y energético, moviendo los inmensos metabolismos industriales por arte de birlibirloque). Pero las consecuencias del estrepitoso fallo de los dogmas de esta religión, no sólo las va a pagar la posteridad con un futuro devastado, sino que las estamos ya sufriendo en propia carne aquí y ahora, en el presente y en todas partes. Y ello sin olvidarnos del hecho incontrovertible de que la rama más asesina de esta Religión, el llamado Neoliberalismo, tiene a su cuenta miles de muertos en las últimas décadas, principalmente en los países llamados "en desarrollo" (países en fase de colonización criptorreligiosa, sería más apropiado llamarlos) mediante esas campañas de cruzada neoliberal en las Tierras Santas de los recursos llamadas Planes de Ajuste.

Pero sin necesidad de remontarnos históricamente podemos también apreciar en la actual falta de suministros que se está produciendo en todo el mundo la consecuencia de un sistema de comercio mundializado, de una era de deslocalizaciones y de abastecimiento just-in-time que partía de la premisa (puramente religiosa) de que el petróleo barato iba a durar para siempre y que siempre iba a tener sentido económico concentrar toda la producción mundial en un par de fábricas y luego mover cada pieza decenas de miles de kilómetros de país en país buscando la eficiencia de costes. Un sistema que sacrificó en el altar de la plusvalía monetaria las necesarias características de redundancia y racionalidad energética imprescindibles para la resiliencia de cualquier sistema, sea artificial o natural. Esto es, en el fondo, el resultado del dominio del pensamiento mercadolátrico y tecnolátrico propio de la Iglesia hegemónica y sus presupuestos sin base científica alguna.

Y así también, el actual encarecimiento de la electricidad en Europa es, en buena medida, la consecuencia de un sistema de determinación de precios marginalista ideado por unos economistas neoliberales que creían que pagar toda la electricidad al precio de generación más caro estimularía laaparición (nótense las connotaciones sobrenaturales del término) de nuevas energías y tecnologías, en un ejemplo más de la parusía tecnológica propia de esta fe. Sin embargo, el contraste de esta absurda fe con el mundo de las energías realmente existentes, en el que el gas natural se enfrenta a su previsible Peak Exports (todos los combustibles finitos se terminan acabando, y antes de agotarse deja de ser rentable energéticamente extraerlos, y antes que eso se acaba la capacidad exportadora de los países donde se extraen), nos cuesta cada mes millones de euros a quienes no nos queda más remedio que ser sus feligreses sin saberlo. Y cada día, este cepillo obligatorio que nos pasan los sumos sacerdotes en el templo del libre mercado nos saldrá más y más caro, mientras siguen construyendo moáis tecnológicos como la 5G, el coche eléctrico o toda la Cuarta Revolución Industrial (¡alabada sea!)... hasta que lleguemos al punto en que tengamos que abandonar, con los bolsillos completamente vacíos, sus templos económicos, excluidos del sistema, excomulgados al desempleo y al desconsumo. Mientras, los concilios del G20, de la Comisión Europea o del Foro de Davos prosiguen marcando el camino ortodoxo hacia la extinción sacrificial de nuestra especie.

Todo esto sería ridículamente gracioso, propio de una película de los hermanos Marx o de Monty Python, si no fuese esta Sharia económica la que rige con mano de hierro nuestras vidas día a día y la que nos está llevando de cabeza a un suicidio colectivo. A diario se nos extrae por medio de los impuestos un diezmo religioso que se pone inmediatamente al servicio de este conjunto de dogmas. Por supuesto que hay unos imprescindibles servicios públicos que también se financian con esos impuestos, pero no podemos engañarnos pensando que son un objetivo primordial de los gobernantes adscritos a esta fe. En realidad, no dejan de ser una especie de hipócrita caridad estatal (el Welfare State bien podría verse como la gran Cáritas de esta Iglesia), unos beneficios obtenidos colateralmente de su gran misión y que nos han logrado mantener apaciguados desde hace casi un siglo, pero siempre supeditados a la mayor gloria del beneficio privado del capital, único motor que justifica, en realidad, el mandamiento religioso del crecimiento. De la misma manera que la Iglesia cristiana, entre otras, funcionó al servicio del poder a lo largo de buena parte de su historia, ahora constatamos cómo la Iglesia del Perpetuo Crecimiento se mantiene en pie únicamente porque presta un vital servicio a los mismos de siempre: nos obcecamos en seguir creciendo, única y exclusivamente porque les resulta beneficioso a quienes detentan el auténtico poder, el económico. Es falso que necesitemos crecer: lo que necesitamos se puede lograr sin crecimiento, de hecho... una vez hemos chocado con los límites de la realidad, dejar de crecer es la única manera de lograr lo que necesitamos: una vida digna para todas las personas y una casa biosférica que no se nos derrumbe encima. Pero quizás lo más trágico es que los ayatolás del PIB no se dan cuenta de que esa iglesia se convertirá también al final en su propia tumba. Como escribió Frank Herbert en su famosa novela Dune: "Cuando religión y política viajan en el mismo carro, los viajeros piensan que nada podrá interponerse en su camino. Se vuelven apresurados… viajan cada vez más rápido y más rápido y más rápido. Dejan de pensar en los obstáculos y se olvidan de que un precipicio siempre se descubre demasiado tarde."

Nos llevamos las manos a la cabeza, con razón, por las atrocidades cometidas por regímenes teocráticos como el de los talibanes, atentando a diario contra los derechos de millones de mujeres en Afganistán, guiados por su dogma religioso. Pero ¿acaso nuestros democráticos gobernantes no los superan al destruir el propio derecho a la vida de incontables generaciones futuras con su dogma del crecimiento perpetuo? Porque insistir en seguir creciendo, cuando uno ya ha chocado con los límites de su propio crecimiento, sólo puede causar dolor y destrucción. Por tanto, no parece exagerado afirmar que la escuela económica que dirige el mundo bien merecería encabezar las listas de sectas destructivas. Otro concepto similar que también estaría justificado emplear es el de yihad o el de cruzada, bajo cuyos nombres se han justificado —ayer y hoy— miles de muertos a lo largo y ancho del mundo, aumentando los sangrientos saldos de los más dañinos fundamentalismos religiosos. Sin embargo, la religión más genocida, la que insiste en que producción, consumo y polución sigan creciendo como un auténtico cáncer destructor de vidas humanas y no humanas, sigue sin ser reconocida como tal, y por tanto no percibimos que la guerra civil mundial en la que estamos embarcados, contra la vida actual y futura, es en realidad la peor de las guerras santas que jamás haya existido.

Por supuesto, cualquier ministra de economía o presidenta de gobierno o de Estado occidental negará con indignación cualquier acusación de estar guiada por la religión y defenderá su laicismo y el carácter técnico y científico de sus decisiones en política económica. Por eso hablamos de una criptorreligión, un culto religioso que niega serlo, pese a tener un funcionamiento, un objetivo y una estructura que se corresponden de manera sorprendentemente ajustada al paradigma religioso. Y precisamente por ese ocultamiento de su carácter religioso, resulta mucho más peligroso y difícil de combatir. No cabe ninguna duda de que esta religión es parte constitutiva de esa cultura o civilización que llamamos Capitalismo, que es el auténtico marco religioso de la Modernidad, y que no pocas voces han identificado desde entonces como un culto tanático, un culto a la muerte. Walter Benjamin lo denominaba "quizás el culto más extremo que jamás haya existido". El crecimiento constituiría así, la norma moral suprema para cumplir con aquello que constituye "el único sacramento de la religión capitalista: el crédito-débito", como concluye Giorgio Agamben a partir del protoecosocialista Benjamin.

Percibirlo en estos términos ayuda a comprender por qué cuesta tanto afrontar las salidas más lógicas, simples y efectivas al cataclismo climático hacia el que nos dirigimos, y sobre todo nos aporta claridad a la hora de combatirlo. La mitigación del cambio climático o cualquier otra consecuencia de la extralimitación a la que nos ha conducido la irrefrenada metástasis del crecimiento civilizacional no se trata de un problema técnico que resolver con nuevas tecnologías, ni siquiera de un problema político. Esto ya no va solamente de lucha de clases, no. La batalla definitiva que está librando nuestra especie contra sí misma, tiene lugar simultáneamente en el terreno social, en el cultural, en el simbólico y en el del mito. Nos enfrentamos, pues, a una auténtica y asimétrica guerra de religión, a un exterminio a la altura de las matanzas religiosas más terribles de la historia. Reconocerlo y denunciarlo como tal debería ser el primer paso para arrojar a los teócratas de sus púlpitos y poner, al fin, a una ciencia honesta, no reduccionista, comprometida con la vida, al servicio del futuro y liberada de los grilletes y de la censura de la hegemonía religiosa, a guiarnos hacia la supervivencia y la emancipación.

Por Manuel Casal Lodeiro

28 enero 2022 |

Manuel Casal Lodeiro espadre, activista y divulgador. Autor de La izquierda ante el colapso de la civilización industrial y Nosotros, los detritívoros. Coordinador de la Guía para el descenso energético, de la revista 15/15\15 para una nueva civilización y del Instituto Resiliencia.

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El astrofísico Garik Israelian, junto al observatorio astronómico canario. — Garik Israelian (CEDIDA)

"No pasarán más de tres o cuatro años hasta que la Ciencia pueda demostrar que existe vida biológica, y no inteligente" fuera de la Tierra, dice. A su juicio, las religiones sobrevivirán a esa noticia, como sobrevivieron ya a Darwin.

 

"Por supuesto que tiene sentido especular con la posibilidad de que otras formas de vida puedan viajar hasta la Tierra. Los llamados agujeros blancos permiten cruzar grandes distancias desde puntos muy remotos en muy poco tiempo así que no hay leyes físicas que impidan esas travesías", nos dice Garik Israelian. Es la clase de afirmación de la que un escéptico recelaría si proviniera de la boca de un creyente de la ufología. Pero lo cierto es que el hispano-armenio Garik Israelian (Yereván, 1963) es profesor de la Universidad de la Laguna, además de uno de los más reputados astrofísicos españoles, la clase de científico a quien respetaba Stephen Hawking o respeta el nonagenario físico británico Roger Penrose.

Fue Israelian quien dirigió el equipo investigador que halló pruebas empíricas de que la explosión de supernovas causa agujeros negros de masa estelar. Ha trabajado en las universidades de Utretch, Bruselas y Sidney y ha sido el investigador principal de un proyecto del Instituto de Astrofísica de Canarias que pretendía aportar las claves de la formación de galaxias, agujeros y planetas.

En 2016, en vísperas de la inauguración de una nueva edición del Starmus Festival, repitió por doquier que no pasaría ni una década hasta que la Ciencia hallara pruebas de vida biológica fuera de la Tierra y aunque el plazo no ha concluido, hemos decidido preguntarle acerca de los avances realizados en semejante dirección, coincidiendo con la llegada a su puesto de observación, el día 25 de este mes, del telescopio espacial mayor construido hasta la fecha por la NASA. Mientras hablamos, el observatorio de Málaga y otras cinco estaciones detectaron la caída de un meteorito en el valle de Benasque (Huesca). "Lo que yo dije es que en diez años hallaríamos rastros de vida biológica, y no inteligente", precisa. "Es mucho más complicado encontrar vida inteligente. Y, en efecto, así es, lo mantengo. Pero me quedan aún cuatro años, ¿no?", bromea.

"La NASA ha lanzado ya el James Webb, un telescopio que reemplazará al Hubble y que permitirá identificar las moléculas complejas que se precisan para que exista vida en otros planetas. En un par de años, entrará también en servicio en Chile el mayor telescopio terrestre del mundo, el llamado ELT por sus siglas inglesas [Telescopio Extremadamente Grande], un artefacto de 39 metros de diámetro de espejo que nos proporcionará otra herramienta para investigar sistemas planetarios semejantes a la Tierra, donde existe una posibilidad de que haya agua líquida o podamos dar con alguna biosfera".

Uno se pregunta si esas condiciones para la vida que tratan de detectar los astrofísicos se hallan siempre basadas en los compuestos de carbono, oxígeno o nitrógeno, que caracterizan al modelo terrestre conocido. De hecho, tenemos pruebas incluso en la Tierra de la posibilidad de vida en ausencia de esas condiciones: los organismos extremófilos que, por ejemplo, habitan el río Tinto. "Sí, lo cierto es que tomamos como referencia ese modelo basado en el carbono, pero desconocemos si existen otros sustentados, por ejemplo, en el silicio u otros elementos. Lo interesante es que dispondremos de tecnología para buscar biosferas. Moléculas importantes como el CO2 ya se han hallado en planetas gigantes como Júpiter. Pero hablamos ahora de planetas del tamaño de la Tierra".

Los científicos han desarrollado incluso un método para averiguar si existen bosques. "Cuando se observa la Tierra desde la Luna, se aprecia un espectro específico que solo es visible si la luz se estrella o se refleja en un bosque como la Amazonía. Ahora que disponemos de nuevas y mucho más potentes herramientas tecnológicas, vamos a poder aplicar ese mismo modelo para buscar vida vegetal extraterrestre".

Garik insiste de forma recurrente en diferenciar entre vida inteligente y vida biológica. Es imposible también sustraerse a la tentación de imaginar si la vida biológica que, hipotéticamente, pudiera habitar el universo adoptaría en parecidas condiciones formas antropomorfas o al menos semejantes a los vertebrados superiores que conocemos en la Tierra. "De acuerdo a la Teoría de la Evolución, existe una correlación entre la masa del cuerpo y otras características y la masa del cerebro. No creo que existan alienígenas con un cerebro de una masa inferior a la del cuerpo, de acuerdo a las correlaciones conocidas en la Tierra. Si seguimos esa idea, solo podemos tener seres semejantes a los humanos incluso, tal vez, en su aspecto externo. ¿Puede adoptar la vida formas anatómicas muy diferentes? Yo no conozco ningún estudio que lo demuestre. Existen teorías pero completamente especulativas. El darwinismo ni siquiera conoce bien los caminos que terminaron de configurar nuestra anatomía. Imagínate qué sería desarrollar una teoría acerca de las formas de vida de otra biosfera. Es complicado, muy complicado", asegura mientras ríe. "Cierto es que hay estudios que aventuran cosas del estilo de lo grandes que serían los ojos de una criatura en ausencia de luz o la altura de los cuerpos en condiciones de gravedad mayores a la Tierra. Pero eso no es algo sólido. Son simples fantasías a las que se aplica alguna lógica".

Es que, de hecho, buena parte del acerbo que forma el imaginario colectivo y lo que el común de los humanos sabe sobre el cosmos se basa, tal y como afirma Israelian, en meras fantasías. Recientemente, por ejemplo, se ha debatido mucho acerca de la probabilidad de un universo determinista a raíz de las tesis planteadas en DEVS, una serie de televisión dirigida por Alex Garland. En esa ficción futurista, un científico combina algoritmos para desarrollar un modelo que permite anticipar diez segundos de la existencia de un nematodo gracias a la mente poderosa de un superordenador cuántico. En otras palabras, encuentran el modo de predecir una secuencia de la vida de un gusano introduciendo en la inteligencia artificial todas las variables que la iban a determinar.

La clave de esa frase se halla en la palabra determinar. El nematodo no tenía otra opción que caminar por las roderas impuestas por el mundo físico y por todo lo demás. Si no hay efecto sin causa o causas previas, todo puede deducirse o inferirse. Visto así, el libre albedrío ha muerto. Aquel organismo básico no tiene elección. Nadie la tiene, sugiere DEVS, aunque el hecho de que nuestros cerebros de primates no sean capaces de lidiar con algo tan inconmensurable como las infinitas variables que interactúan para determinar los carriles de un pequeño protozoo o de cualquiera de nosotros haga prevalecer una ilusión de libertad.

Dios por fin revelado en la forma de una gran computadora de fabricación humana. El creador creado. Menuda paradoja. El bonus track de ese escenario determinista es que todos somos inocentes. Y si es así, nadie necesita la absolución del Gran Patrón o de sus intermediarios. La serie mete también a calzador la idea de los multiuniversos: todo lo que pueda suceder sucederá, sino en esta realidad, en otra diferente. Cada pequeño acto es replicado un numero infinito de veces, con todas sus varianzas. Al final, el protagonista logra rebelarse y salirse del carril, quebrantando las leyes de ese universo tan fascista. Es Adán comiendo el fruto prohibido del árbol de la Ciencia. No ahondamos más en esa trama para no convertir la información en un campo minado por spoilers.

"Toda esa parte mística termina contaminando los pilares conceptuales de la producción televisiva, pero lo importante es que la idea de los carriles reverbera como plausible. O al menos a mí me lo parece en mi ignorancia", le comento a Garik. Y él inmediatamente me objeta: "Yo más bien creo que esa idea que mencionas es más propia de la época de Aristóteles que de la era moderna. La realidad es mucho más compleja que todo eso. Creo que estamos entrando en una fase en la que somos más conscientes de la complejidad del universo. Es muy cierta la metáfora de que cuanto más sabemos, más conscientes somos de la enormidad de cuanto ignoramos. Seguimos desconociendo las cosas más aparentemente básicas pero importantes para la comprensión del cosmos. Me refiero a cosas como la formación de las galaxias o la composición de las estrellas. O, si lo quieres más claro, ¿hace cuanto que la humanidad se pregunta si existe vida inteligente extrasolar? Y es probable que no conozcamos la respuesta ni en mil años, a pesar de que coincidimos en que es más que probable. Fíjate que no encontramos el primer exoplaneta hasta 1995. Ahora conocemos miles. Sin embargo, antes de esa fecha, no conozco ni un solo astrónomo que tuviera duda de la existencia de otros planetas o de sistemas planetarios semejantes al nuestro. En resumen, ahora está demostrado. Pero antes nadie tenía duda de ello".

Hace ahora algo más de un mes, un joven investigador del Departamento de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Liverpool llamado Bruno Vento desafió la noción que conocíamos del espacio-tiempo con una idea que está ahora mismo en revisión por la comunidad científica. Su teoría dinamita muchos de los clichés humanos y habla de un cosmos con un pasado infinito donde el Big Bang es solo un episodio más de un universo sin principio ni final. "Existen dos formas o filosofías de afrontar la Ciencia", me dice Israelian. "Una es esencialmente especulativa y en ella cabe todo. La otra se basa totalmente en pruebas observacionales. ¿Existe alguna evidencia indirecta o hablamos en el aire? Respecto al concepto sobre lo que antecedió al Big Bang, existe un trabajo del Premio Nobel Roger Penrose, con quien solía hablar a menudo, que plantea que la distribución de la materia en los mapas de la primera radiación del universo no es caótica, sino que presenta algunos patrones. Es decir, que si la materia que explotó en el Big Bang poseía alguna densidad es porque antes de la explosión había ya alguna estructura".

¿Sobrevivirá el pensamiento religioso al descubrimiento de vida extraterrestre? "Por supuesto", asegura el astrofísico. "Dirán que fue Dios quien creó también a los marcianos. ¡Eh!, Dios ha creado a los extraterrestres y el Big Bang, ¿qué pasa? Claro está, tendrán sus problemas para encajar todo eso en el relato de Cristo, pero algo se les ocurrirá para modernizar la Biblia porque son muy buenos adaptándose". La afirmación de Israelian trae a colación el hecho, también científica y empirícamente probado, de que la Ciencia no ha conseguido jamás socavar la irracionalidad del grueso de los humanos, especialmente impermeables a la razón y por el contrario soberbiamente predispuestos a hacer suya cualquier forma de hechicería o pensamiento mágico. "Más que nunca hay millones de humanos dispuesto a morir en cumplimiento de los dictados de un analfabeto que vivió a caballo de los siglos sextos y séptimo en Arabia. No creo que a esa importante porción de la humanidad le inquieten mucho los agujeros blancos o las supernovas", le comento. "Yo creo que el auge de las religiones tiene que ver con las necesidades sociales del hombre y con el negocio", me responde Israelian.

"Se supone que Irán es un país muy religioso, pero si desciendes hasta el pueblo, quizá no lo sea tanto. Y si hablamos de los ecosistemas árabes, me pregunto también si en verdad esas creencias son tan sólidas o son el resultado de la presión social y el estilo de vida. Es posible que sean más frágiles de lo que creemos. En el caso de los creacionistas norteamericanos del Mid West, está claro que se trata de un negocio. Aquellas megaiglesias manejan mucho dinero y su actividad empresarial consiste en sacar a la gente del aislamiento. Más importantes que las creencias es hacer barbacoas y rezar juntos", asevera.

A pesar de que dedica buena parte de sus esfuerzos a la divulgación científica, Israelian no ha dejado nunca de trabajar como investigador. El último trabajo que publicó en la revista Science proporciona evidencias de que la composición química de los planetas rocosos es un espejo de la de las estrellas a cuyos sistemas pertenecen.

Por Ferran Barber@ferranbarber