El padre Lerroux le entrega a Gustavo Petro el Informe Final de la Comisión de la Verdad. — Javier Sulé / Público

El trabajo recoge el testimonio de miles de víctimas de los 60 años de guerra, expone cómo parte de la sociedad le dio la espalda a quienes más sufrieron y propone una serie de recomendaciones que Gustavo Petro, asegura, asumirá.

 

Colombia ha vuelto a vivir un día histórico a partir del cual deberá saber dimensionar su propia tragedia, la ocasionada por un conflicto armado de más de 60 años que todavía persiste y que causó más de 10 millones de víctimas, el 80% civiles. La Comisión de la Verdad ha entregado este martes su Informe Final en el que cuenta qué fue lo que pasó en la guerra, por qué pasó, quiénes lo hicieron y cómo gran parte de la sociedad colombiana que no sufrió el conflicto directamente miró para otro lado sin dar ninguna respuesta a los horrores cometidos por paramilitares, guerrillas y agentes del Estado. El Informe resalta la capacidad de las víctimas para resistir en medio de la guerra y hace un llamado a la reconciliación y la convivencia.

El Informe, que tiene 5.000 páginas repartidas en diez tomos, es el resultado de cuatro años de investigación sobre más de medio siglo de conflicto armado y aporta luz para comprender, analizar y conocer las razones y las múltiples verdades de la guerra.

Un amplio equipo de investigadores, con 11 comisionados, ha recorrido todo el país y han escuchado cerca de 29.000 testimonios de víctimas de toda condición; indígenas, afros, mujeres, niños y niñas, campesinos, también de miembros de grupos armados ilegales, de la Fuerza Pública, de políticos, empresarios y otros actores que tuvieron que ver con el conflicto armado colombiano. A diferencia de otras comisiones de la verdad en el mundo, han recogido la voz de cientos de exiliados y exiliadas colombianos en 23 países que tuvieron que dejar el país por la violencia. En definitiva, miles de historias sobre la inhumanidad de la guerra.

La Comisión ha recibido también más de 1.100 informes de distintas organizaciones e instituciones que han contrastado y sistematizado. Ha investigado 730 casos en profundidad, como la difícil situación de los pueblos indígenas y comunidades negras, y ha impulsado múltiples espacios de encuentro, diálogo, de reconocimientos de responsabilidad y de dignificación a víctimas.

Al acto de presentación del Informe celebrado en el teatro Jorege Eliecer Gaitán de Bogotá asistieron unas 3.000 personas y ha contado con la presencia del presidente electo Gustavo Petro y de la vicepresidenta Francia Márquez. El presidente actual Iván Duque no fue pese a estar invitado. Se ha excusado por estar en Portugal y recibirá a la Comisión en julio, pero su ausencia denotó una cierta molestia entre los comisionados.

En su discurso, el presidente de la Comisión, el cura jesuita y filósofo Francisco de Roux ha puesto el acento en el hecho que Colombia sea un país geográfica y culturalmente muy rico y diverso, donde ha destacado el coraje de las mujeres, la audacia de los jóvenes y la fuerza secular de los campesinos, los indígenas y los afrodescendientes. Al mismo tiempo, ha señalado que "es una sociedad excluyente, con problemas estructurales nunca enfrentados como la desigualdad, el racismo, el patriarcado, la corrupción, el narcotráfico, la impunidad, el negacionismo y la seguridad que no da seguridad. Eso es precisamente lo que hay que cambiar por caminos pacíficos y democráticos".

De Roux aseguró que la escucha de las víctimas les ha impactado brutalmente y ha lanzado una profunda crítica al país, que ahora con el conocimiento del Informe estará frente a su propio espejo. El presidente de la Comisión se ha preguntado por qué el país no se detuvo para exigir a las guerrillas y al Estado parar la guerra política desde el principio, para negociar una paz integral.

"¿Cuál fue el papel del Estado y las instituciones que no impidieron y más bien promovieron el conflicto armado? ¿Hasta dónde los que tomaron las armas contra el Estado calcularon las consecuencias brutales y macabras de su decisión? ¿Nunca entendieron que el orden armado que imponían sobre los pueblos y comunidades que decían proteger los destruía y luego los abandonaba en manos de verdugos paramilitares? ¿Qué hicieron los religiosos, los educadores, los jueces y fiscales que dejaron acumular la impunidad? ¿Qué papel jugaron los formadores de opinión y los medios de comunicación? ¿Cómo nos atrevimos a dejar que pasara y a dejar que continúe?", ha lamentado.

De Roux ha convocado a "la construcción de la paz grande" y ha entregado el Informe Final al presidente electo Gustavo Petro que se ha comprometido a tener en cuenta sus recomendaciones durante su gobierno. En su primer discurso público tras ser elegido presidente, Petro ha sido muy enfático en ese compromiso. "Existe la posibilidad de pasar a una era de paz. Cuántos procesos de paz hemos firmado y cuántas veces hemos vuelto a la violencia. Debemos cortar los ciclos de la venganza", insistió al tiempo que afirmó que la verdad tiene un sentido que es el diálogo, el acuerdo, la convivencia y la reconciliación. "Debemos convertir los espacios de la verdad en espacios de reconciliación", continuó.

Para el español Carlos Beristain, uno de los comisionados autores de la investigación en el capítulo del exilio, el Informe debería servir para tomar conciencia de lo que ha sucedido y no debe volver a suceder. "La sociedad y el mundo deben ser conscientes de cuáles fueron los mecanismos que hicieron posible el horror a gran escala que ha vivido Colombia y también recordar los bloqueos de todos los tratados de paz que se han intentado dar en estos últimos 40 años. El Informe muestra un camino de salida, las acciones y las líneas de trabajo para el futuro", afirma para Público.

Gustavo Petro afirma que la verdad tiene un sentido que es el diálogo, el acuerdo, la convivencia y la reconciliación

Por su parte Leyner Palacios, otro de los comisionados que ha realizado la investigación, opina que el Informe ha de conseguir que se pueda reconocer ese pasado doloroso y lograr un compromiso con la reconciliación. "Este es un Informe que nos enrostra una realidad dura, es una crítica sobre ese pasado, pero también es una interpelación a que identifiquemos qué debemos transformar y en ese sentido hay una serie de recomendaciones sobre qué debemos cambiar", señala a Público.

Palacios también fue víctima del conflicto armado como superviviente de la masacre de Bojayá, una localidad de la región del Chocó, donde en un enfrentamiento entre paramilitares y la guerrilla de las FARC murieron 79 personas, la mayoría mujeres y niños y niñas que se refugiaban en la iglesia de los combates y en ese fuego cruzado una bomba lanzada por la guerrilla cayó fatídicamente en el altar del templo.

Recomendaciones

La Comisión de la Verdad le dejará a Colombia no solo un relato sobre la memoria de lo que sucedió sino múltiples recomendaciones para avanzar hacia la convivencia, la reconciliación y la no repetición. Algunas de ellas son que se reconozca a las víctimas del conflicto armado en su dolor, dignidad y resistencias, así como a comprometerse con su reparación y que se implemente de manera integral el acuerdo de paz firmado hace cinco años entre el Gobierno que presidía Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC.

También pide tomar la iniciativa para alcanzar la paz con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y con otros grupos armados, frenar la impunidad, dar prioridad a garantizar las condiciones de bienestar y vida digna de las personas y las comunidades sin exclusiones, dar a los campesinos el lugar que merecen, superar el racismo estructural, el colonialismo y la exclusión o reconocer la incursión del narcotráfico en la cultura, el Estado, la política y la economía y, al mismo tiempo, poner en marcha una nueva estrategia de regulación contra las drogas donde Colombia, por la historia sufrida.

Las dimensiones de la violencia vivida muestran que el conflicto armado colombiano es uno de los más sangrientos de la historia contemporánea de América Latina. El Informe Final de la Comisión de la Verdad indica que 50.770 personas fueron secuestradas, 121.768 desaparecidas, 450.664 asesinadas y 7,7 millones desplazadas forzadamente, entre otras modalidades de violencia, como las miles de víctimas de violencia sexual.

Muchos son rostros y sucesos criminales que cuesta imaginar siquiera como el de los llamados falsos positivos, donde 6.402 civiles inocentes fueron asesinados por el Ejército que los hacía pasar por guerrilleros para mostrar resultados, o como más de 30.000 niños y niñas fueron vinculados a la lucha armada cuando tenían 15 años o menos. Entre los capítulos que se pueden encontrar en el Informe hay uno precisamente dedicado a los impactos que la guerra tuvo en niñas y niñas, otro dedicado a los impactos del conflicto en las mujeres y la población LGTB y otros sobre la desaparición forzada, el secuestro, el desplazamiento, el exilio y otras modalidades de violencia que se vivieron.

En el teatro Eliecer Gaitan había precisamente algunas de esas víctimas del conflicto como la reconocida periodista Jineth Bedoya, violada por paramilitares mientras realizaba una investigación periodística. "Nuestro gran sueño es que el Informe sirva para que mucha gente entienda que es lo que hemos vivido, cómo lo tuvimos que afrontar y que esa otra Colombia, que no fue tan golpeada, entienda que el conflicto existió, generó mucho daño y nos dejó grandes heridas", dice a Público.

29/06/2022 09:21

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Cárcel de Tuluá: decenas de presos muertos

Noticias en desarrollo dan cuenta que en la madrugada del 28 de junio sucedieron hechos, sin claridad total, fruto de los cuales se desató un incendio en el segundo piso del Pabellón 8 de la Cárcel de Tuluá, que es de mediana seguridad.

Según lo confirmó el directo del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario –Inpec–, el General Tito Castellanos, en ese Pabellón permanecían 180 detenidos, entre condenados y sindicados.

Las llamas, de acuerdo con este funcionario, tomaron forma luego de un intento de motín por parte de los internos. En sus declaraciones no alude a los motivos de inconformidad que, según lo indicado por él, llevaron a los internos a amotinarse, ni por qué ni cómo prendieron fuego a las colchonetas, las mismas que según su declaración, fueron el combustible para que las llamas se propagaran por esa parte de la cárcel, acabando con la vida de 49 personas, pero que de acuerdo a informes de distintos medios de comunicación elevan a 51 e, incluso a 52. Cifra que puede aumentar toda vez que el reporte oficial de lo allí ocurrido confirma 30 presos remitidos a centros de salud con heridas de distinta consideración, cinco de ellos en situación delicada.

De acuerdo a la Radio Nacional de Colombia el penal sufre una hacinamiento del 19 por ciento. El Director de Presiones asegura que ese lugar de encierro y castigo tiene capacidad para albergar 1.078 personas, pese a lo cual allí convivían 1.267.

 

Interrogantes

 

En tanto no es la primera vez que quienes padecen el encierro mueran en supuestos intentos de motín o en desarrollo de los mismos, cabe preguntar si antes del sucedido en la Cárcel de Tuluá se presentaron acciones represivas y de violencia por parte de la guardia, y producto de lo cual los presos, inconformes, decidieron amotinarse.

También cabe preguntar, si en medio del intento de motín a que alude las fuentes oficiales, la guardia arremetió contra los internos, con la violencia características en este tipo de situaciones, caldeando aún más los ánimos de los internos.

Para también corresponde interrogar si esa misma guardia, para facilitar su operación represiva gaseó el lugar de encierro ,y en el intento de los detenidos por contener el efecto de los gases prendieron fuego.

Tiene sentido un interrogante más: ¿los presos prenden fuego a las colchonetas estando fuera de sus celdas o cuando están en ellas? Los informes oficiales deben aclarar esto, pues no es lógico que alguien prenda fuego a una colchoneta, que son de espuma, y sin poder alejarse de las llamas.

Pero algo más: ¿cómo fue el control –la acción represiva– desatada por la guardia para contener el intento de motín? Por la hora en que sucedieron los hechos –2 am– los presos estaban en la celda, entonces, ¿cómo iban a intentar amotinarse estando bajo encierro individualizado?

Algo que no debe quedar al margen: de acuerdo a la justicia colombiana, condenados y sindicados deben permanecer en patios diferentes, ¿por qué permanecían en un mismo espacio?

Hay que recordar que diversidad de estudiosos del tema del castigo han enfatizado una y otra vez que las personas sindicadas, en tanto no han sido vencidas en juicio, no tienen por que ser trasladas a prisión. Una valoración retomada en Sentencia de las altas cortes colombianas en las cuales, una y otra vez, se retoma la realidad de las condiciones de encierro que padecen miles de presos en nuestro país y llaman a superar las circunstancias de indignidad que padecen, reclamando la separación entre condenados y sindicados

Suceso trágico, y tal vez el calificativo quede corto, pues la investigación que los hechos merecen pueden develar algo más de lo hasta ahora conocido. Lo cierto es que reporte oficial conocido hasta ahora no parece ni lógico ni claro, lo único que es meridiano es que decenas de presos, por cuya vida y dignidad debe responder el Estado, son victimas de un sistema de justicia, castigo y control social que no tiene razón de ser toda que vez que no cumple con su cometido: rehabilitar.

 

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De una política de muerte a una utopía por la vida

Luego de la euforia colectiva y algunas lágrimas de alegría experimentadas el 19 de junio del 2022, me he detenido a recolectar algunos gestos sustraídos de los medios de comunicación, las redes sociales , las calles atestadas de éxtasis y celebraciones de gentes diversas. Esos registros visuales y frases desbordantes de emoción dieron la sorpresa de contribuir a una democracia posible e incluyente, que haciendo sonar pitos y cantos bajo el imperativo de una “vida sabrosa”, parecen romper mágicamente una prolongada fatalidad vivida por una   “izquierda” colombiana resignada a conmemorar más muertos que logros.

La utopía de una “vida sabrosa”, como posibilidad de acceder a un bien estar de la existencia que incluya a pieles negras, cabellos crespos, pueblos indígenas, diversidad de géneros, mujeres y hombres provenientes de una nación diversa y polícroma, que reclaman la posibilidad de re-existir y re-inventar una esperanza que incluya un mayor número de seres vivientes. Justamente el nuevo presidente Gustavo Petro y la vicepresidenta electa Francia Márquez han transmitido desde sus primeros mensajes, el reconocimiento a una multitud que creyó en ellos; evocaron la memoria de aquellos masacrados por defender idearios de justicia social y así mismo hicieron alusiones a las “manos callosas” de los antepasados oprimidos;   poco tiene que ver esto con otros mensajes de triunfo electoral enunciado por presidentes recién elegidos, donde los colores son casi ausentes y la evocación a un país de grandes desigualdades resulta inexistente.

Una imagen que llamó poderosamente mi atención fue el momento del empalme entre la vice-presidenta Martha Ramírez y la entrante Francia Márquez quien de manera espontánea rompió el protocolo de la bienvenida, dirigiéndose prioritariamente a estrechar las manos de las mujeres que realizan las labores domésticas en aquel lugar, dando mayor relevancia a las cuidadoras. Entiendo esta acción como un auténtico reconocimiento de igualdad, un pequeño símbolo que contiene el germen de una revolución de las pequeñas acciones, una gratitud orientada a esa clase trabajadora invisible que durante años ha tenido que aceptar jornadas extensas de trabajo físico, pagos irrisorios y contratos deleznables “…que encarnan otro tipo de violencia al servicio de un deseo-amo que se impone bajo un horizonte de amenazas”( (Lordon, 2015, pág. 121)

En el caso del electo presidente Gustavo Petro, fue su primera alocución la que me generó admiración, al proponer una historia que parte de la liberación de los jóvenes detenidos en la protesta social, dándole al país un mensaje que dista de los dirigentes colombianos que hemos tenido, caracterizados por apoltronarse encima de los ciudadanos, generando una enorme distancia con el pueblo, recurriendo al ethos de la “blanquitud”. La utopía por su parte tiene que ver con superar la idea de que el progreso en Colombia esté supeditado a un proceder de sospecha hacia el   pueblo; una potestad gubermental, usada durante dos décadas, por una máquina necro-política que no ha parado de masacrar, desaparecer, torturar, exiliar o simplemente condenar a vivir en las márgenes, bajo una especie de “castigo social” a quienes disienten. El Leviatán se manifiesta como capacidad ofensiva y defensiva de quienes usan el Estado para estigmatizar, eliminar la vida, produciendo seres   destinados a la muerte.

En conclusión, este tiempo que inicia, podría acoger expectativas de quienes hacen parte de una nación rota y buscan reconocerla diversa, ancestral, moderna y eficiente.   Si queremos dar un salto de la “seguridad democrática” a la utopía de una “vida sabrosa” habrá que seducir a esa otra mitad temerosa del “espectro rojo”, de la inminente “expropiación” y del declive de la “propiedad privada”. El reto de los llamados intelectuales y artistas hoy, podría ser aportar sin renunciar a su conciencia crítica, creativa, irónica, a través de relatos y obras que no estén “performadas” por quienes tienen miedo a perder privilegios; contribuyendo en la construcción de una memoria de la justicia y la imaginación capaces de interpelar a quienes actúan desde el prejuicio, la visceralidad, el desprecio. Vuelve a resonar, en el imaginario de un continente poblado de iniciativas populares anchurosas como ríos, la utopía que busca pasar   de una política tanática a una erótica, recuperando el principio utópico de la esperanza, la idea de mandar obedeciendo enquistada en las comunidades ancestrales. Es la hora del salto del puma al pasado, para abrir la ventana que por siglos los guardianes han mantenido clausurada.

Por Alberto Antonio Berón Ospina

Escritor.

Profesor Titular Universidad Tecnológica de Pereira

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Lunes, 27 Junio 2022 07:44

Diplomacias

Diplomacias

El asunto claramente no es de tipo "me encanta".

Pero, mientras me torcía de rabia, me encantó observar cómo tras el asesinato de Shireen Abu Akleh, una periodista palestina de Al Jazeera (bit.ly/3zSG8aK) y una de las más prominentes comunicadoras del mundo árabe, alcanzada a principios de mayo por una bala de un francotirador israelí durante una "redada antiterrorista" en Jenin (bit.ly/3zUJ1rp) en los territorios ocupados de Cisjordania, la "hasbara", la propaganda del Estado de Israel (bit.ly/3OffOMk), diseñada para desviar las responsabilidad de sus fuerzas armadas (IDF) y del gobierno, se desnudó por completo, exponiendo su núcleo principal: mentira, mentira, mentira (y todo para dar un vuelco completo de 180 grados).

Primero ha sido: “¿De qué toda esta bulla, los periodistas en Cisjordania son blancos legítimos (sic), al final andan ‘armados de cámaras’ (sic)...”, no, no lo estoy inventando ( nyti.ms/3n4Gfbw nyti.ms/3n4Gfbw).

Luego: "No hemos sido nosotros, definitivamente han sido los propios combatientes palestinos" (bit.ly/3nbRJdg).

Luego: "No se sabe quién fue y será imposible determinarlo" (bit.ly/3n7kLLl).

Después: "Es probable que hayamos sido nosotros, alguna bala perdida, ya saben...", o sea: "No han sido los combatientes palestinos, la matamos nosotros, pero nosotros matamos a los civiles sólo por error, ellos los matan a propósito" (bit.ly/39IumoE).

Y finalmente de modo tácito de la boca de uno que otro oficial: "Hemos sido nosotros y ¿qué nos van a hacer...?", todo acompañado a largo de este salto mortale propagandístico por los habituales “puntos de discusión’ hasbaristas: "Ya mejor hablemos de algo otro, no es más terrible la situación en otros países, ¡¿acaso son antisemitas al insistir tanto en hablar de Israel?!"

He aquí en acción la "diplomacia pública israelí", el eufemismo burocrático para la "hasbara" −no, tampoco lo estoy inventando (bit.ly/3tWnUkW)−, que él mismo parece salido de esta picadora de carne orwelliana, el más grande esfuerzo de la propaganda estatal en el mundo de hoy, con su propia secretaria en el gobierno (aunque "hasbara" quiere decir "explicación" [de las políticas de Israel] y para la "propaganda" hay otra palabra en hebreo, esta es su esencia).

Al final alguien tiene que ir tapando "diplomáticamente" la cloaca de crímenes coloniales del sionismo: literalmente miles y miles de civiles palestinos asesinados en las últimas dos décadas, incluidos más de 140 periodistas (sic).

Si bien los medios occidentales (BBC, The Guardian, The New York Times, etc.) que a menudo tragan y reproducen la propaganda israelí, algo que los hace corresponsables por las masacres y la impunidad persistente (bit.ly/39NfyoN), al principio a pesar de claros testimonios palestinos reprodujeron la desinformación y los "puntos" del ejército −que "Abu Akleh murió por fuego palestino" (bit.ly/39IngQU)−, o reportaron el suceso en habituales términos pasivos −"Abu Akleh muere a los 51 años" [solita, vaya...] (bit.ly/39NjEgE)−, al final dieron su propio vuelco y un golpe a las mentiras de la "diplomacia" israelí.

Primero: la investigación de CNN estableció que no había ningunos militantes palestinos en la vecindad y que la periodista fue víctima de un ataque premeditado de un francotirador israelí ( cnn.it/3HEpXiY).

Para Israel seguían siendo “ fake facts” (bit.ly/39IQRtP).

Luego: la investigación de Washington Post igualmente confirmó lo que los palestinos decían desde el principio −Abu Akleh fue un blanco premeditado de las IDF (otro de sus colegas quedó herido)−, exponiendo de paso las cambiantes versiones de la "hasbara" ( wapo.st/3yatSkB, wapo.st/3xMTimL).

A estas alturas ya era "tal vez hemos sido nosotros".

Y finalmente, hace unos días, un material de New York Times rastreó literalmente la fatal bala directamente a un convoy de las IDF ( nyti.ms/39K8ucA).

No hay nada más que añadir.

Claro. Los grandes medios tardaron semanas en señalar a los asesinos, algo que no ocurre, por ejemplo, con la cobertura de la guerra en Ucrania, donde los periodistas y los civiles, incluso los involucrados en una resistencia armada, gozan de una simpatía unánime y donde la ocupación rusa siempre es "abominable", mientras la ocupación sin fin de Palestina es apenas mencionada (bit.ly/3QF2Qc7).

Pero yo digo que algo es algo.

Además, este asesinato dejó mal paradas a la administración y la diplomacia de Joe Biden en vísperas de su gira por Medio Oriente (primero a Arabia Saudita, luego a Israel): ocurre que Abu Akleh tenía también la ciudadanía estadunidense, pero bueno, no es que por ello le haya dado a alguien mucho insomnio en Washington (bit.ly/3HLyIbh).

Aun así −esto también me encantó− la proximidad de la visita a Riad y a Tel Aviv resaltó, como bien notó uno de los comentaristas, el orden de la permisividad hacia los aliados en la región.

Los sauditas pueden matar sólo a los periodistas-residentes permanentes estadunidenses (Jamal Khashoggi asesinado, descuartizado y disuelto en ácido por los verdugos del príncipe bin Salmán); los israelíes, los aliados incondicionales, pueden asesinar impunemente a los periodistas-ciudadanos.

La diplomacia de Biden se limitó −desde luego nada de exigir justicia, ni siquiera esclarecimiento− a pedir a sus compadres israelíes "bajar las tensiones", un eufemismo digno de la propia "hasbara" para: "No sean malitos, no maten a ningún otro periodista hasta que el Air Force One no salga de su espacio aéreo".

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Bombardeo en Siria

Las intervenciones militares de la Alianza Atlántica han dejado un elevado saldo en términos de vidas humanas. Sus actuaciones no han sido objeto de ningún tipo de examen independiente. Sus crímenes tampoco han sido investigad

 

El precio de la guerra se mide en vidas. Lo saben en Afganistán y lo comprobaron en Irak. Lo sufrieron también en Libia, donde los misiles de la OTAN en nombre de la libertad dejaron un reguero de muerte entre aquellos que, paradójicamente, pretendían liberar. Unos y otros son los crímenes impunes que la Alianza Atlántica nunca ha querido aclarar.

A pocos días de que los atlantistas se reúnan en Madrid bajo estrictas medidas de seguridad, Público ha tenido acceso a un informe del Instituto Watson, un prestigioso centro de estudios sobre asuntos internacionales dependiente de la Universidad Brown, con sede en Rhode Island (EEUU).

El mencionado instituto realiza un detallado seguimiento sobre el número de muertes que dejaron como saldo las principales intervenciones militares lanzadas por EEUU y la OTANtras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Esas campañas militares tuvieron lugar en escenarios como Afganistán, Pakistán, Irak o Siria.  

De acuerdo a las cifras que maneja ese informe –elaborado mediante el uso de distintas fuentes de datos consultadas por sus autores–, se calcula que 350.800 civiles de estos países "han muerto de forma violenta como consecuencia de las guerras". "Las personas que viven en las zonas de guerra han sido asesinadas en sus hogares, en los mercados y en las carreteras. Han muerto a causa de bombas, balas, fuego, artefactos explosivos improvisados y drones", describe el Instituto Watson.

Las víctimas civiles comprenden también a quienes "mueren en los puestos de control, cuando son sacados de la carretera por vehículos militares, cuando pisan minas o bombas de racimo, cuando recogen leña o cuidan sus campos, y cuando son secuestrados y ejecutados con fines de venganza o intimidación". Todos ellos "son asesinados por Estados Unidos, por sus aliados y por los insurgentes y sectarios en las guerras civiles engendradas por las invasiones".

La pesadilla no termina cuando explota la bomba o alguien dispara su arma. "La guerra también puede llevar a la muerte semanas o meses después de las batallas –describe–. Muchas veces han muerto más personas en las zonas de guerra como consecuencia de las infraestructuras maltrechas y las malas condiciones sanitarias derivadas de las guerras que directamente de su violencia".

Solo la aventura de Afganistán lanzada por EEUU y la OTAN en 2001 dejó un saldo de 46.319 civiles asesinados. Se estima que en Irak murieron otras 185.000 personas que no combatían en ningún bando. En Siria, el número llega a los 95.000. En Pakistán se contabilizaron hasta 24.099 fallecidos. 

Víctimas civiles en Libia

Libia fue otro escenario elegido por la OTAN para intervenir con sus máquinas de guerra. En marzo de 2011, varios Estados miembros de la Alianza Atlántica –entre los que se encontraban Estados Unidos, Reino Unido y Francia– iniciaron una serie de ataques por mar y aire contra las fuerzas del coronel Muamar al
Gadafi. 

"Según la OTAN, en su campaña militar aérea y marítima de siete meses se llevaron a cabo más de 9.700 misiones de combate y se destruyeron más de 5.900 objetivos militares", dice un informe publicado un año después por Amnistía Internacional (AI). 

La organización de derechos humanos documentó sobre el terreno que los ataques de la OTAN habían provocado la muerte de "decenas de civiles
libios
que no participaban directamente en las hostilidades", mientras que otros resultaron heridos. 

En enero y febrero de 2012, una delegación de AI visitó varios lugares situados dentro o cerca de las localidades de Trípoli, Zlitan, Sirte y Brega, "en los que parecían haberse producido víctimas civiles como consecuencia de ataques de la OTAN". Allí inspeccionó los daños causados y los restos de proyectiles, entrevistó a supervivientes de los ataques y a otros testigos y consiguió copias de los certificados de defunción de las víctimas.

Tras esa visita, AI consiguió documentar un total de 55 muertes de civiles, entre los que figuraban 16 niños y niñas y 14 mujeres. De hecho, "decenas de civiles murieron en ataques aéreos de la OTAN contra viviendas particulares de
zonas residenciales y rurales", apuntaba el informe. 

La Alianza Atlántica admitió que había matado civiles en Libia a raíz de un "fallo técnico". Hasta ahí llegó todo. No hubo investigación independiente ni consecuencias de ningún tipo para quienes cometieron tales atrocidades.

"La OTAN ni rinde cuentas ni repara daños en casos de operaciones como las realizadas en Libia. Nadie ha hecho ninguna investigación, mucho menos independiente, sobre cuánto sufrimiento ha costado esas intervenciones", afirma a Público Alejandro Pozo, investigador del Centro Delàs de Estudios por la Paz y autor de La guerra contra el terror (Editorial Icaria). 

Desplazamientos

El trabajo realizado por la Universidad Brown incide también en el número de desplazamientos provocados por las intervenciones militares realizadas por EEUU y la OTAN desde 2001. De acuerdo a ese informe, las guerras posteriores al 11-S "han desplazado por la fuerza a al menos 38 millones de personas" en lugares como Afganistán, Irak, Pakistán, Libia o Siria. Este número, destaca el estudio, "supera a los desplazados por todas las guerras desde 1900, excepto la Segunda Guerra Mundial".

Entre otros aspectos, destaca que los refugiados de guerra "suelen perder el acceso a un suministro estable de alimentos o a sus puestos de trabajo, lo que provoca un aumento de la desnutrición y la vulnerabilidad a las enfermedades". Son las otras consecuencias de las guerras del siglo XXI.

26/06/2022 20:42

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  Imagen de militares ucranianos se dirigen en un autobús a sus posiciones cerca de la ciudad de Severodonetsk de la zona de Luhansk, Ucrania, 19 de junio de 2022. — Oleksandr Ratushniak / EFE. — Oleksandr Ratushniak / EFE

La invasión rusa de Ucrania cumple cuatro meses. 121 días marcados por bombardeos constantes y cambios de estrategia.

 

Este viernes se cumplen cuatro meses desde el inicio de la guerra en Ucrania. Son 121 días marcados por la invasión de Rusia, que, lejos de terminar, no para de incrementar el número de muertos, heridos y refugiados. 

Lejos del frente de guerra, en los despachos de Bruselas, Ucrania ha conseguido convertirse en país candidato a la Unión Europea. Casi al mismo tiempo, las fuerzas ucranianas tenían que retirarse de la sitiada ciudad de Severodonetsk. A continuación, repasamos los hitos más relevantes desde que las tropas rusas iniciaran la invasión de Ucrania el 24 de febrero

Primeras semanas de guerra

Lo que ocurre a día de hoy entre Rusia y Ucrania viene de lejos. Hace ocho años que el conflicto entre ambos países se avivó debido a los enfrentamientos por las dos regiones orientales de ucrania. La zona del Donbás, muy relevante en el transcurso de estos cuatro meses de guerra, es un enclave geoestratégico para el Kremlin. 

Vladimir Putin firmó el 21 de febrero los decretos que reconocían a las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. Este primer movimiento de Putin fue visto con recelo por parte de Occidente. Tres días después, comenzaron los bombardeos a las principales ciudades ucranianas

El miedo a una escalada del conflicto con implicaciones nucleares tomó forma cuando las tropas rusas atacaran y tomaran la planta de Zaporiyia, la mayor de Europa. Los militares de Putin también se hicieron con el control de la central Chernóbil, que, según Ucrania, abandonaron a finales de marzo.

Durante el mes de marzo se comenzó a entender la magnitud de la invasión por las grandes pérdidas humanas y materiales. Cientos de miles de civiles ucranianos salieron del país convirtiéndose ahora en refugiados de guerra. Las ciudades claves durante la ofensiva este mes fueron: Járkov (segunda ciudad del país), Jersón y la ciudad portuaria de Mariúpol (principal foco de los ataques rusos. 

La matanza de Bucha

Abril tiene un nombre propio: Bucha. Esta ciudad cercana Kiev sufrió una de las peores matanzas vividas en Europa en los últimos 27 años. Las imágenes de los cadáveres en las calles de la pequeña localidad conmocionaron al mundo entero. Unos días después, Rusia era expulsada del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

A partir de ese momento, Moscú centró sus esfuerzos en "liberar el Donbás", región en la que las tropas rusas tenían un gran objetivo: Mariúpol. El Kremlin centró sus esfuerzos en conquistar este enclave estratégico situado a orillas del mar de Azov. Finalmente, el Ejército de Putin se hizo con el control total de la ciudad tras acabar con la resistencia ucraniana en la planta de Azovstal, donde llegaron a estar atrapados cientos de civiles.

El presidente ruso tenía prisa por ofrecer un triunfo importante de cara a la celebración del Día de la Victoria del 9 de mayo. Y es que lo que no se esperaba Putin es la resistencia de Ucrania, cuyos militares no lo han puesto nada fácil en el campo de batalla. Que Suecia y Finlandia rompiesen su neutralidad histórica en favor de ingresar en la OTAN no sentó tampoco muy bien a Rusia.

La situación en Severodonetsk

Este mismo viernes, Serhiy Haidai, el jefe de la Administración Militar de la región de Lugansk, una de las dos que componen el Donbás, ha anunciado a través de su cuenta de Telegram que "lamentablemente" los ucranianos van a tener que retirar sus tropas de este enclave, ya que las posiciones están "rotas" y el número de muertos estaba creciendo. 

Prosiguió su mensaje diciendo que: "Los rusos bombardean Severodonetsk casi todos los días desde hace cuatro meses" y que "la infraestructura de la ciudad fue completamente destruida, el 90% de las casas fueron dañadas o destruidas por completo". 

Mientras tanto, la ofensiva en Lugansk prosigue: "Las tropas rusas continúan las operaciones ofensivas en la zona operativa oriental para obtener el control total de la región de Donetsk y Lugansk", informó este viernes el Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Ucrania en su página oficial de Facebook.

No es Severodonetsk el único territorio al que tienen que resignarse a rechazar las tropas ucranianas, pues desde que comenzó la guerra Rusia ejerce el control militar sobre una quinta parte del país invadido. 

Desde mediados del mes de mayo, su avance se ha quedado estancado pero ha permitido a Moscú que ejerza un control efectivo en toda la costa ucraniana del mar de Azov. También en regiones del este y el sur del país, controlando principalmente las provincias de Jersón, Zaporiyia, Donetsk, Lugansk, Mariúpol y, ahora también, Severodonetsk.

La situación humanitaria del país es desastrosa. La ONU ha reportado más de 4.000 civiles fallecidos y alerta de que las cifras reales son considerablemente más altas. La guerra ha provocado unos cinco millones de refugiados ucranianos, que han tenido que huir a otros países europeos, y más de siete millones de desplazados internos, según datos de ACNUR.

Una nueva etapa para Kiev

Este jueves 23 de junio se abrió una nueva etapa para Kiev, que cada vez más cerca su ingreso en la Unión Europea. Bruselas otorgó formalmente el estatus de candidato a entrar en el bloque a Ucrania después de que el Gobierno de Volodímir Zelenski lo pidiera apenas cuatro después del inicio de la guerra.

La reunión de los jefes de Estado europeos estuvo marcada por una predecible unanimidad, pero sin obviar las reformas que el bloque comunitario reclama a Kiev. Estas se centran en la independencia judicial, en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado, así como legislar para limitar el poder de los oligarcas.

Al respecto, Rusia espera que el paso dado por la UE no cause más problemas al país, según ha declarado el portavoz de la Presidencia rusa, Dmitri Peskov. Peskov ha expresado también su esperanza en que esta medida "no conduzca a un futuro empeoramiento de nuestras relaciones con la UE, aunque es muy difícil estropearlas más, ya están bastante deterioradas".

Zelenski, en la cumbre de la OTAN en Madrid

La cumbre de la OTAN en Madrid tomará decisiones "importantes", según ha señalado el secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg. La cumbre se llevará a cabo los próximos 29 y 30 de junio. Y en ella participará Zelenski por videoconferencia, tal y como ha anunciado el ministro de Exteriores, José Manuel Albares.

Todo apunta a que el presidente ucraniano estará presente en la sesión inaugural. En la cumbre se abordará la cuestión ucraniana y se aprobará una declaración final en la que se abordará un nuevo concepto estratégico en materia de defensa.

Por María Crespo

madrid

24/06/2022 22:50

 

 

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El anticolonialismo en la tradición comunista

Ya hemos visto (este artículo es un  extracto del libro de E. Traverso Révolution. Une histoire culturelle, ndr) cómo los bolcheviques tenían una visión muy occidental del atraso de Rusia/1. A diferencia de Marx, quien al final de su vida imaginó la posibilidad de una transición de la comunidad campesina rusa (obschina) al socialismo, Trotsky no veía en la doctrina eslavófila nada más que “el mesianismo del atraso”/2. La literatura bolchevique estaba llena de referencias a la revolución francesa, a 1848 y a la Comuna de París, pero en ningún momento mencionaba la revolución haitiana o la revolución mexicana. Para Lenin y Trotsky, que apreciaban particularmente esta metáfora, la rueda de la historia giraba de Petrogrado a Berlín, no de las campiñas rusas a los campos de Morelos y a las plantaciones antillanas.

En un capítulo de su Historia de la revolución rusa, Trotsky subraya que la “civilización ha convertido al campesino en un asno que lleva las alforjas” y deplora la indiferencia de que es objeto en los libros de historia, del mismo modo que las críticas de teatro hacen caso omiso de los trabajadores y las trabajadoras que entre bastidores accionan los telones y cambian los decorados: “La participación del campesinado en las revoluciones de pasado apenas se ha estudiado hasta ahora/3.” Sin embargo, en su libro el campesinado aparece principalmente como una masa anónima. No lo pasa por alto, pero lo observa desde lejos, con un desapego analítico carente de empatía.

Trotsky no conocía muy bien el mundo rural, que seguía siendo un recuerdo de su infancia en Ianovka, en Ucrania. Vista desde Viena, París o Nueva York, las ciudades en que vivió durante su exilio, la inmensa campiña rusa se le antoja lejana. Así, esta observación permanece aislada en su libro. En el centro de su gran panorámica figuran más las masas urbanas en acción que el campesinado, y están formadas sobre todo por gente trabajadora. Los jacobinos negros eran esclavos y los revolucionarios mexicanos eran campesinos.

Los bolcheviques habían comenzado a poner en tela de juicio la idea, heredada de los escritos de Marx sobre el bonapartismo francés, según la cual el campesinado era una clase culturalmente atrasada y políticamente conservadora, pero su tropismo proletario era demasiado fuerte para que procedieran a este replanteamiento. Este último fue obra, no sin conflictos teóricos y estratégicos, del comunismo anticolonial del periodo de entreguerras. Antes de la obra histórica ya mencionada de C.L.R. James, Les Jacobins noirs, los ejemplos más destacados de esta revisión vinieron de China y de América Latina.

En China, el giro comunista hacia el campesinado fue el resultado de la derrota devastadora de las revoluciones urbanas de la década de 1920 y, al mismo tiempo, del esfuerzo encaminado a inscribir el marxismo en una historia y una cultura nacionales. Tras la represión sangrienta desencadenada por el Guomindang (GMD), las células del Partido Comunista habían quedado casi completamente desmanteladas en las ciudades y sus miembros encarcelados o perseguidos. A finales de1927, el Partido solo contaba con 10.000 miembros de los 60.000 que tenía el año anterior. Cuando se retiraron al interior del país, donde hallaron protección y pudieron reorganizar su movimiento, muchos dirigentes comunistas empezaron a ver al campesinado bajo un nuevo prisma, abandonando el punto de vista occidental que siempre habían adoptado con respecto al atraso asiático.

Este giro estratégico, que fue objeto de vivas controversias entre la Internacional Comunista y su sección china en la década de 1930, vino impulsada por Mao Zedong a comienzos de 1927, antes incluso de las masacres perpetradas por el GMD en Shanghái y Cantón en abril y diciembre de ese mismo año/4. De vuelta de su Hunan natal, Mao Zedong escribió un célebre informe en que designaba al campesinado –y no ya al proletariado urbano– como la fuerza motriz de la revolución china. El carácter subversivo de los campesinos era tan evidente a sus ojos que no era necesario demostrarlo, y aunque en esta época todavía no cuestionaba la alianza con el GMD, ya reivindicaba la importancia de un liderazgo campesino: “Sin [los campesinos pobres] no habrá revolución. Negarse a reconocer el papel de los campesinos pobres es negarse a reconocer la revolución/5.” En opinión de Mao, los campesinos eran clarividentes y capaces de asentar su propio poder. Claro que su revolución sería una explosión de violencia, a la medida de la brutalidad interminable infligida por los terratenientes. En un pasaje canonizado posteriormente, escribió:

La revolución no es en modo alguno una cena de gala, no es como si se escribiera un ensayo, se pintara un cuadro o se bordara una flor. No es posible llevarla a cabo con tanto refinamiento, desenvoltura y elegancia, con tanta suavidad, calma, respeto, modestia y deferencia. Una revolución es una insurrección, el acto violento con el cual una clase tumba el poder de otra clase. Una revolución en el campo, es el derrocamiento por el campesinado del poder feudal de los terratenientes. Si no es con el mayor de los esfuerzos, el campesinado no logrará nunca derribar el poder de los terratenientes, que se ha establecido sólidamente durante milenios. Hace falta un fuerte impulso revolucionario en el campo para movilizar a millones de campesinos que formarán una fuerza considerable/6.

Contrariamente a los agentes de Moscú, según los cuales las milicias campesinas no eran sino las que desencadenaban las insurrecciones urbanas, en 1931 Mao insistió en construir una república soviética en Jiangxi. Si no hubiera creído en la dimensión rural de la revolución china, no habría organizado, pocos años después, la Larga Marcha para hacer frente a la campaña de aniquilación lanzada por el GMD. Percibida inicialmente como una derrota trágica, dado que de los 90.000 soldados que habían salido de Jiangxi en 1934 solo 8.000 llegaron a Shaanxi al año siguiente, esta iniciativa épica sentó las bases de un combate victorioso, primero contra la ocupación japonesa y después contra el propio GMD.

Dos años más tarde, el Ejército Rojo chino recuperó su tamaño inicial y en 1947, cuando estalló la guerra civil contra el GMD, contaba con 2.700.000 soldados. La proclamación de la República Popular China en Pekín, en 1949, fue el resultado de un proceso que, de los levantamientos de 1925 a la Larga Marcha y a la lucha contra Japón, tenía necesariamente raíces en los acontecimientos de octubre de 1917, pero también era fruto de una revisión estratégica. Las revoluciones rusa y china estaban unidas por un vínculo genético complejo/7.

Las tres principales dimensiones del comunismo analizadas hasta ahora en este capítulo –la revolución, el régimen y el anticolonialismo– convergen de manera emblemática en la revolución china. En su calidad de ruptura con el orden tradicional, esta revolución quiso poner fin a siglos de opresión; en su calidad de conclusión de una guerra civil, comportó la conquista del poder por un partido militarizado que, desde el comienzo, estableció su dictadura adoptando las formas más autoritarias; y en su calidad de epílogo de un combate contra la ocupación japonesa y después contra el GMD, fuerza nacionalista sostenida por las grandes potencias occidentales, la victoria comunista de 1949 no solo marcó el fin del colonialismo en China, sino también, a escala mucho más amplia, un momento decisivo en el proceso global de descolonización.

Mientras que en Rusia la burocratización del Partido Bolchevique y el fin de la democracia soviética fueron una consecuencia de la guerra civil, en China la militarización del comunismo comenzó casi veinte años antes de la conquista del poder, cuando el Partido, compuesto de intelectuales desarraigados, abandonó las ciudades para transformarse en un movimiento de liberación campesino. No cabe duda de que este proceso revolucionario alteró el conjunto de la sociedad china y tuvo también sus episodios épicos, incluso heroicos, empezando por la Larga Marcha. Sin embargo, nunca conoció el mismo impulso utópico, casi libertario, que vivió Rusia en 1917 y durante los años siguientes.

La revolución cambió la faz de un país inmenso, pero no generó ninguna forma de autogestión o de democracia de base, como tampoco una vanguardia estética ni un amplio debate sobre la emancipación sexual, por no mencionar más que algunos momentos decisivos de los comienzos de la Unión Soviética. Resulta difícil transponer a China el relato mítico de una insurrección popular como el que creó Serguéi Eisenstein en Octubre, y todavía menos aplicar a su caso la definición de la revolución que propuso Gustav Landauer, la de una interrupción abrupta del continuo histórico por la que “todo ocurre con una rapidez increíble, exactamente como en los sueños, donde la gente parece haberse desprendido de la gravedad/8”.

La revolución china no supuso una ruptura social y política que liberara de golpe las energías y los deseos reprimidos de la sociedad. Fue el epílogo de veinte años de guerras que dejaron una China devastada y ya sin aliento. Ni insurrección emancipadora, como en 1917, ni “revolución por arriba” bajo la égida del proceso de asimilación estructural de la URSS que tuvo lugar en los países de Europa Central ocupados por el Ejército Rojo en 1945, la revolución china fue la síntesis original de una movilización por abajo, el autoritarismo impuesto desde arriba por un Partido militarizado y una potente ofensiva contra el imperialismo.

La imagen de Mao Zedong proclamando la República Popular China en la plaza Tienanmen, en Pekín, el 1º de octubre de 1949, posee el aura de un acontecimiento histórico, lo que sin duda lo diferencia de una parada rutinaria de un régimen totalitario. Sin embargo, no tiene mucho que ver con el furor caótico de Berlín en enero de 1919, cuando la ciudad quedó paralizada por barricadas improvisadas, ni con la alegre excitación de las multitudes que invadieron las calles de La Habana en diciembre de 1958 para recibir al ejército rebelde de Fidel Castro y del Che Guevara.

El maoísmo era un movimiento revolucionario sui generis, no la versión china del bolchevismo ruso. Mao impuso su línea estratégica contra la Komintern, cuya orientación –ardientemente defendida por sus agentes– no hacía más que aplicar la experiencia rusa a China. Moscú impuso una vía similar en América Latina. En las décadas de 1920 y 1930, la III Internacional estableció su centro dirigente en Buenos Aires. La elección de Argentina, el más europeo de los países latinoamericanos, revelaba cierta indiferencia con respecto a las tradiciones revolucionarias continentales, apenas unos años después de la revolución mexicana, así como al potencial subversivo de las poblaciones indígenas.

La rebelión brasileña encabezada por Carlos Prestes, cuya columna legendaria cruzó el país entre 1924 y 1928 antes de organizar un levantamiento en 1935 contra la dominación de Getulio Vargas, no fue el equivalente latinoamericano de la Larga Marcha china. En la década de 1920, la bolchevización de los partidos comunistas reforzó el control ruso sobre sus equipos dirigentes y, a lo largo de los decenios siguientes, la estrategia internacional de Frentes Populares sustituyó el antiimperialismo por el antifascismo, lo que explica, entre otras cosas, por qué en 1958 la revolución cubana no surgió de la tradición comunista/9.

En las décadas de 1920 y 1930, el bolchevismo llegó a América Latina y transformó su paisaje político introduciendo a un nuevo actor junto al nacionalismo, al populismo y a un liberalismo agotado. La cultura y el imaginario revolucionarios continentales se transformaron en profundidad y el bolchevismo refundó sus códigos estéticos mezclando símbolos europeos e indígenas.

La revolución de Octubre se convirtió en un paradigma universal. Los artistas mexicanos creaban obras que traducían las formas europeas de la guerra al contexto latinoamericano. Muralistas pintaban frescos como La Trinchera (1926) de José Clemente Orozco y Reparto de armas de fuego (1928) de Diego Rivera, mientras que Tina Modotti realizaba fotos como Sombrero mexicano con hoz y martillo (1928), donde la revolución mexicana –una guerra campesina por la tierra y el poder– estaba representada por los emblemas del comunismo soviético.

Mientras que la revolución rusa aparecía como una especie de estrella polar a los ojos de los rebeldes del continente, no podía surgir ninguna forma auténtica de marxismo latinoamericano sin alejarse de la ortodoxia de la Komintern. José Carlos Mariátegui, el más importante de los pensadores marxistas latinoamericanos de la primera mitad del siglo XX, se negó a seguir las instrucciones procedentes de Moscú. Estaba convencido de que la historia de las civilizaciones precolombinas no podía asimilarse a la del feudalismo europeo y, por consiguiente, que no era posible importar simplemente el socialismo del viejo mundo. Debía fundirse con la tradición ancestral del comunismo inca, que él comparó con la de la comunidad rural rusa. Según él, la clave de una revolución socialista en Perú se hallaba en la resolución del problema de la tierra, que era el de la opresión de los pueblos indígenas. Entre los incas, la tierra era fuente de vida, no un objeto de conquista y explotación:

La fe en el resurgimiento indígena no proviene de un proceso de occidentalización material de la tierra quechua. No es la civilización, no es el alfabeto del blanco, lo que levanta el alma del indio. Es el mito, es la idea de la revolución socialista. La esperanza indígena es absolutamente revolucionaria. El mismo mito, la misma idea, son agentes decisivos del despertar de otros viejos pueblos, de otras viejas razas en colapso: hindúes, chinos, etc. La historia universal tiende hoy como nunca a regirse por el mismo cuadrante. ¿Por qué ha de ser el pueblo inkaico, que construyó el más desarrollado y armónico sistema comunista, el único insensible a la emoción mundial? La consanguinidad del movimiento indigenista con las corrientes revolucionarias mundiales es demasiado evidente para que precise documentarla. Yo he dicho ya que he llegado al entendimiento y a la valorización justa de lo indígena por la vía del socialismo/10.

Después de la revolución rusa, el socialismo cruzó las fronteras de Europa y pasó a ser una cuestión central en los debates del Sur y del mundo colonial. Este fue el nuevo contexto en que Mao y Mariátegui repensaron el papel del campesinado como fuerza insurreccional. Su replanteamiento teórico y estratégico tuvo lugar en un momento en que Octubre de 1917 sentaba las bases de la descolonización. En virtud de su posición intermedia entre Europa y Asia, de su gigantesco territorio a caballo entre los dos continentes, poblado por una gran variedad de comunidades nacionales, religiosas y étnicas, la URSS se convirtió en un puente entre Occidente y el mundo colonial. El bolchevismo podía dirigirse a las clases proletarias de los países industrializados y a los pueblos colonizados.

Hay que retroceder más de un siglo, hasta el vínculo simbiótico entre las revoluciones francesa y haitiana, para hallar un acontecimiento histórico con un impacto similar. A lo largo del siglo XIX, el anticolonialismo prácticamente había desaparecido en Occidente, con excepción del movimiento anarquista, cuyos activistas y cuyas ideas circulaban profusamente entre Europa meridional y oriental, América Latina y Asia. Tras la muerte de Marx, el socialismo fundó sus esperanzas y sus expectativas en la fuerza creciente del proletariado industrial, compuesto principalmente de hombres blancos y concentrado en los países capitalistas desarrollados (principalmente protestantes) del mundo occidental.

En todos los partidos socialistas había poderosas corrientes que defendían la misión civilizadora de Europa en el mundo. Por mucho que denunciaran la extrema violencia del colonialismo, como el exterminio de los hereros en la Namibia alemana en 1904, no se ponía en tela de juicio el derecho histórico de los imperios europeos a colonizar África. Los partidos socialdemócratas aplazaban la liberación colonial a después de la transformación socialista de Europea y de EE UU. En 1907, en su congreso de Stuttgart, la II Internacional aprobó una resolución que defendía el principio colonial. La mayoría de pensadores socialistas percibían el colonialismo como una forma de progreso y una tarea civilizadora que había que llevar a cabo con medios pacíficos. Este fue el sentido de la “política colonial positiva” propuesta por el socialista belga Émile Vandervelde, que quería evitar la violencia y la inhumanidad del imperialismo/11.

Tres años antes, en el congreso de Ámsterdam, algunos socialistas estadounidenses, neerlandeses y australianos habían propuesto una resolución que llamaba a restringir la inmigración en los países desarrollados de los “obreros de raza inferior”, mencionando en particular a chinos y negros. Daniel De Leon, el líder del Partido Obrero Socialista de América, nacido en Curaçao en el seno de una familia judía con antepasados neerlandeses, españoles y portugueses, criticó duramente esta posición xenófoba y racista con palabras sangrantes:

¿Dónde se halla la línea que separa las razas inferiores de las superiores? […] A los ojos del proletariado estadounidense nativo, los irlandeses aparecen como una raza inferior; para los irlandeses, los inferiores son los alemanes; para los alemanes, son los italianos; y así sucesivamente con los suecos, los polacos, los judíos, los armenios y los japoneses, hasta el final de la cadena. El socialismo es ajeno a estas distinciones  insultantes e injustas; no hay razas inferiores y superiores en el seno del proletariado. Es el capitalismo el que atiza las brasas de esta clase de sentimientos para mantener dividido al proletariado/12.

Los bolcheviques rompieron radicalmente con esta tradición. En Moscú, en julio de 1920, el segundo congreso de la Internacional Comunista aprobó un documento programático que propugnaba revoluciones coloniales contra el imperialismo: el propósito era crear partidos comunistas en el mundo colonial y apoyar los movimientos de liberación nacional. El congreso marcó un giro que implicó el abandono de viejas concepciones socialdemócratas en materia de colonialismo.

Poco después, los bolcheviques organizaron el Congreso de los Pueblos de Oriente en Bakú, en la República Socialista Soviética de Azerbaiyán, que reunió a cerca de dos mil delegados procedentes de 29 nacionalidades asiáticas y se inauguró con un encendido discurso de Grigori Zinoviev llamando a la yihad contra el imperialismo/13. Al reunir a representantes de movimientos comunistas todavía embrionarios, dirigentes de sindicatos y asociaciones campesinas y líderes de varias corrientes nacionalistas surgidas de los escombros del imperio otomano, este congreso era en realidad un acto propagandístico que cumplía varias funciones.

En plena guerra civil rusa, pretendía reforzar la influencia soviética en Asia Central y presionar a Gran Bretaña forzando a Lloyd George a negociar con la URSS bajo la amenaza de impulsar movimientos revolucionarios/14. N. Roy, el marxista indio que había discutido con Lenin las tesis sobre la cuestión colonial, se negó as asistir a esta conferencia, que en sus memorias calificó de “circo Zinoviev/15”. Según varios testimonios, el congreso se celebró en una atmósfera confusa y excitada. Durante su estancia en Bakú, ciertos delegados exhibían sus armas con ostentación y aprovecharon su visita para cerrar negocios en la capital azerí.

A pesar de las proclamas rituales contra el imperialismo, la cuestión del nacionalismo no se abordó realmente. Enver Pasha, uno de los jefes de la revolución de los Jóvenes Turcos de 1908, no obtuvo la autorización para participar, pero envió un largo mensaje que fue leído y aplaudido. Si bien tanto turcos como armenios estuvieron muy representados, con 235 y 157 delegados, respectivamente, el genocidio armenio no se mencionó en ningún momento en los debates. Alfred Rosmer, una de las personalidades occidentales que asistieron al congreso, describió en sus memorias un auditorio “sumamente pintoresco”, compuesto de “todos los trajes típicos de Oriente”, formando de este modo un “cuadro sorprendentemente diverso y colorido”/16.

Más allá de su confusión ideológica y sus propósitos propagandísticos, el congreso de Bakú era el reflejo de un cambio significativo que experimentó la cultura revolucionaria. A pesar de su exigua presencia en las delegaciones, las mujeres desempeñaron un papel importante en los debates. La feminista turca Nadyia Hanum subrayó que no puede haber liberación nacional sin emancipación de las mujeres y reclamó la plena igualdad civil y política para las mujeres de Oriente. Su lucha, insistió, iba mucho más allá del “derecho a salir sin velo”/17. En una época en que las mujeres no tenían derecho de voto en la mayoría de países occidentales, Hanum planteó sus reivindicaciones:

Plena igualdad de derechos. Derecho de las mujeres a recibir del mismo modo que los hombres la instrucción general o profesional en todos los establecimientos dedicados. Igualdad de derechos del hombre y de la mujer en el matrimonio. Abolición de la poligamia. Admisión sin reservas de las mujeres en todos los empleos administrativos y en todas las funciones legislativas. Organización en todas las ciudades y pueblos de comités de protección de derechos de la mujer/18.

Como destaca Brigitte Studer, el congreso de Bakú fue el primer acto público en cuyo transcurso el movimiento comunista trató de articular, con su propio lenguaje, las categorías de raza, género y clase en un mismo discurso político (prefigurando lo que hoy se denomina interseccionalidad)/19.

En la prensa occidental, las repercusiones del acto tuvieron un tono muy distinto. El 23 septiembre, el Times calificó el congreso de “el espectáculo de dos judíos [Zinoviev y Radek], entre ellos un carterista condenado, llamando al mundo del islam a una nueva yihad/20. Escribiendo desde Moscú en calidad de reportero inglés, H. G. Wells habló de “un congreso en Bakú” en cuyo transcurso “Zinoviev y sus acólitos” habían reunido “a gente de piel blanca, negra, morena y amarilla” con el fin de “jurar el odio eterno al capitalismo y al imperialismo británico”/21.

Sin embargo, más allá de estos reportajes desdeñosos y xenófobos, el gobierno inglés consideró que el congreso representaba una seria amenaza: en marzo de 1921, una de las condiciones que puso para firmar un acuerdo comercial con la URSS era que esta última pusiera fin a su agitación antibritánica en Oriente, perfectamente ilustrada por la asamblea de Bakú/22. Confusión estratégica e ideológica, realpolitik soviética, objetivos diplomáticos, asociaciones ambiguas y paradojas culturales –llamamientos a la emancipación de las mujeres alternándose con elogios al islam tradicional– marcaron este acto, cuyas consecuencias inmediatas fueron insignificantes. Estaba claro que los bolcheviques marcaban el paso y las delegaciones seguían sus instrucciones; cinco años antes de los levantamientos comunistas de Shanghái y Cantón, los ocho delegados chinos no desempeñaron ningún papel en los debates de Bakú.

Sin embargo, un examen retrospectivo no puede pasar por alto la dimensión simbólica de este congreso. En su discurso inaugural, Zinoviev afirmó explícitamente que la Internacional Comunista rompía con las antiguas concepciones de la socialdemocracia sobre el colonialismo, según las cuales “la Europa civilizada” podía y debía “tutelar la Asia bárbara/23. A partir de entonces, la revolución ya no se consideraba dominio exclusivo de la clase obrera europea y estadounidense de piel blanca, y no cabía imaginar el socialismo sin la liberación de los pueblos colonizados:

Decimos que en el mundo no solo hay hombres de raza blanca, que no solo hay europeos, los únicos por los que se preocupaba la Segunda Internacional. Además de los europeos, hay cientos de millones de personas de otras razas que pueblan Asia y África. Queremos poner fin a la dominación del capital en todo el mundo. Estamos convencidos de que no podremos abolir definitivamente la explotación del hombre por el hombre si no propagamos el incendio revolucionario, no solo en Europa y en América, sino en el mundo entero, si nos sigue esta parte de la humanidad que puebla Asia y África/24.

En su discurso, Radek subrayó que “nada [puede] detener el torrente de obreros de Persia, de Turquía, de India, si [se unen] a la Rusia soviética… La Rusia soviética [puede] producir armas y armar no solo a sus propios obreros y campesinos, sino también a los campesinos de India, de Persia y de Anatolia, a todos los oprimidos, y conducirlos hacia una lucha común y una victoria común. Y añadió: “La política oriental del gobierno soviético no es una maniobra política… Nos une a vosotros un destino común/25.” La relación conflictiva entre comunismo y nacionalismo iba a concretarse en el curso de las décadas siguientes, pero la revolución de Octubre fue un momento inaugural: en la década de 1920, el anticolonialismo pasó rápidamente del terreno de la posibilidad al campo de la estrategia política y de la organización militar. La conferencia de Bakú anunció este cambio histórico/26.

Ahora bien, este cambio tenía varias dimensiones, tanto estratégicas como epistemológicas. En el seno de la izquierda, implicaba la reconfiguración de la relación entre raza y clase, ampliando así a los pueblos colonizados el estatuto de sujetos políticos. Este cambio tuvo lugar en el marco teórico del marxismo e hizo del comunismo del siglo XX una nueva etapa en la trayectoria de la Ilustración radical: el comunismo reunía en sí, redefiniéndolos, el humanismo, el anticolonialismo y el universalismo.

En la derecha, este giro estuvo en el origen de una racialización del propio bolchevismo. Desde la guerra civil rusa y los levantamientos revolucionarios de Europa Central, la propaganda nacionalista había comenzado a calificar a los bolcheviques de salvajes, de encarnación de una forma peligrosa de barbarie asiática que amenazaba a Occidente/27. Durante la República de Weimar, el pangermanismo contemplaba los pueblos eslavos como una raza inferior y calificaba a los bolcheviques de jefes de una gigantesca revuelta de esclavos, rememorando una antigua profecía de Nietzsche. Los estereotipos racistas, que iban del origen asiático de Lenin al mito de una Cheka china/28, inundaron la literatura anticomunista.

En el transcurso de la década siguiente, el nacionalsocialismo completó el cuadro calificando al bolchevismo de coalición de una subhumanidad no blanca dirigida por una intelectualidad judía revolucionaria. En un célebre discurso pronunciado en Düsseldorf en 1932 ante una audiencia de industriales alemanes, Hitler presentó la URSS como una amenaza importante para la “raza blanca” y la “civilización occidental”/29. Durante varias décadas, el colonialismo, el antisemitismo y el anticomunismo fueron componentes esenciales de la cultura política conservadora, abarcando todo un abanico de personajes, desde Churchill hasta Hitler.

La alianza entre comunismo y anticolonialismo conoció varios momentos de crisis y tensión, asociados tanto a los conflictos ideológicos como a los imperativos de la política exterior de la URSS. En la década de 1930, el giro antifascista del Partido Comunista francés produjo una extraña simbiosis de estalinismo y nacionalrepublicanismo que inscribía la revolución rusa en la tradición del jacobinismo y el internacionalismo socialista en la misión civilizadora universal de Francia. De este modo abandonó el anticolonialismo. Al término de la segunda guerra mundial, el PCF participó en un gobierno de coalición que reprimió violentamente las revueltas anticoloniales en Argelia (1945) y en Madagascar (1947), y en la década siguiente, apoyó al primer ministro Guy Mollet al comienzo de la guerra de Argelia/30. En India, el movimiento comunista quedó marginado por haber suspendido su lucha anticolonial durante la segunda guerra mundial a fin de apoyar al imperio británico, aliado de la URSS contra las fuerzas del Eje.

Si estos ejemplos muestran claramente las contradicciones del anticolonialismo comunista, no cuestionan el papel histórico desempeñado por la URSS como base de apoyo en un gran número de revoluciones anticoloniales. El proceso de descolonización se desarrolló en el contexto de la guerra fría, al amparo de una correlación de fuerzas creada por la existencia de la URSS. Retrospectivamente, la descolonización aparece como una experiencia histórica en la que estaban siempre entremezcladas las dos dimensiones del comunismo ya mencionadas: emancipación y autoritarismo, revolución y dictadura.

En la mayoría de los casos, las luchas anticoloniales se concibieron y organizaron como campañas militares dirigidas por ejércitos de liberación y los regímenes políticos que instauraron fueron desde el comienzo dictaduras de partido único. En Camboya, al término de una guerra feroz, la dimensión militar de la lucha anticolonial sofocó completamente toda política emancipadora: la conquista del poder por los Jemeres Rojos comportó desde el comienzo la instauración de un poder genocida/31. La alegría en las calles de La Habana insurrecta, el 1º de enero de 1959, y el terror en los arrozales camboyanos constituyen así los dos polos dialécticos del comunismo como anticolonialismo.

07/06/2022

Por Enzo Traverso, historiador. Este artículo es un extracto de su libro Révolution. Une histoire culturelle, París, La Découverte, 2022.

Notas

/1 Véase Karl Korsch, “The Marxist Ideology in Russia” (1938), Living Marxism, vol. 4, n° 1, febrero de 1938. Eric Hobsbawm destacó “la paradoja del marxismo ruso”: por un lado, fue heredero de la tradición revolucionaria del populismo; por otro, utilizó escritos de Marx, en la estela de los llamados marxistas legales, para demostrar que “Rusia debía pasar por la etapa del capitalismo: “The Influence of Marxism 1880-1914”, en How to Change the World. Reflections on Marx and Marxism, New Haven, Yale University Press, 2011, p. 220.

/2 León Trotski, Historia de la revolución rusa, tomo 1. Sobre los debates entre Marx y los populistas rusos, véase Theodor Shanin (dir.), Late Marx and the Russian Road. Marx and the Peripheries of Capitalism, Nueva York, Monthly Review Press, 1983.

/3 León Trotski, Historia de la revolución rusa, tomo 2.

/4 Para un relato sintético del proceso revolucionario en China, véase Rebecca Karl, Mao Zedong and China in the Twentieth-Century World, Durham, Duke University Press, 2010, cap. 3, 4 y 5.

/5 Mao Zedong, “Rapport sur l’enquête menée dans le Hounan à propos du mouvement paysan” (1927), en Œuvres choisies de Mao Tsé-toung, vol. 1 (1926-1937), Pekín, Éditions en langues étrangères, 1966, p. 33.

/6 Ibid., p. 28. Es interesante señalar que en 1932 Trotsky subrayó la necesidad de reconstruir células comunistas en las ciudades y expresó un gran escepticismo con respecto al Ejército Rojo campesino creado por Mao en Jiangxi. Véase León Trotsky, “La guerre des paysans en Chine et le prolétariat (Lettre aux bolcheviks-léninistes chinois du 22 septembre 1932)”, Écrits 1928-1940, París, Éditions Marcel Rivière, 1955, vol. 1. Sobre la importancia de la intuición maoísta de 1927, “por oposición a la tradición marxista, a todos los marxismos”, véase Roland Lew, 1949. Mao prend le pouvoir, Bruselas, Complexe, 1999, p. 112-114.

/7 Según Perry Anderson, “la revolución china surgió directamente de la revolución rusa y seguirá vinculada a ella, viendo en ella una inspiración y una lección, hasta que llegó su momento de la verdad común a finales de la década de 1980”. Véase Perry Anderson, “Two Revolutions. Rough Notes”, New Left Review, n° 61, 2010, p. 60.

/8 Gustav Landauer, La Révolution, trad. Margaret Manale y Louis Janover, Arles, Sulliver, 2006, p. 153.

/9 Véase Manuel Caballero, Latin America and the Comintern, Cambridge, Cambridge University Press, 1986.

/10 José Carlos Mariátegui, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Lima, Amauta, 2005 (1928), p. 35-36. Véase Robert Paris, La formación ideológica de José Carlos Mariátegui, México, Pasado y Presente, 1981, y la introducción de Michael Löwy a su antología Le Marxisme en Amérique latine.

/11 Véase Georges Haupt, La Deuxième Internationale et l’Orient, París, Cujas, 1967, p. 25-34.

/12 Daniel De Leon, “Flashlights on the Amsterdam Congress, Daily People, 27/11/1904, citado en David S. Herreshoff, The Origins of American Marxism. From the Transcendentalists to De Leon, Nueva York, Monad Press, 1973, p. 169.

/13 Véase el informe taquigráfico del discurso inaugural de Zinoviev en L’Internationale communiste et la libération de l’Orient. Le premier congrès des peuples de l’Orient, Bakou 1920, Petrogrado, Éditions de l’Internationale communiste, 1921; reedición en facsímil, París, La Brèche et Radar, 2019, p. 50. Véase también Pierre Broué, Histoire de l’Internationale communiste 1919-1943, Paris, Fayard, 1997, p.181-182; Serge Wolikow, L’Internationale communiste (1919-1943). Le Komintern ou le rêve déchu du parti mondial de la révolution, París, L’Atelier, 2010, p. 35-37; y Pierre Frank, Histoire de l’Internationale communiste 1919-1943, París, La Brèche, 1979, vol. 1, p. 104-107.

/14 Véase Stephen White, “Communism and the East. The Baku Congress, 1920”, Slavic Review, vol. 33, n° 3, 1974, p. 492-514.

/15 M.N. Roy, Memoirs, op. cit., p. 392.

/16 Alfred Rosmer, Moscou sous Lénine, París, Pierre Horay, 1953, cap. XVI.

/17 L’Internationale communiste et la libération de l’Orient, op. cit., p. 180.

/18 Ibid., p. 182.

/19 Brigitte Studer, Reisende der Weltrevolution. Eine Globalgeschichte der Kommunistischen Internationale, Fráncfort, Suhrkamp, 2020, p. 125.

/20 Citado en Stephen White, “Communism and the East”, loc. cit., p. 502.

/21 H. G. Wells, La Russie telle que je viens de la voir, París, Éditions du progrès civique, 1921, p. 89.

/22 Véase Stephen White, “Communism and the East”, loc. cit., p. 493 y p. 503.

/23 L’Internationale communiste et la libération de l’Orient, op. cit., p. 38.

/24 Ibid, p. 21-22.

/25 Citado en The Communist International 1919-1943. Documents, ed. Jane Degras, Londres, Oxford University Press, 1956, vol. 1, p.105.

/26 Según Matthieu Renault, quien banaliza el alcance del congreso de Bakú, sí que confirmó el abandono, ya operado por Lenin en 1914, de una “lógica cronotrópica, evolucionista”, a favor de una concepción “multilineal” del proceso histórico. Véase Matthieu Renault, L’Empire de la révolution. Lénine et les musulmans de Russie, París, Syllepse, 2017.

/27 Para Hitler, el bolchevismo era “una doctrina humana con tintes asiáticos o bárbaros”. Citado en  Ernst Nolte, Streitpunkte. Heutige und künftige Kontroversen um den Nationalsozialismus, Berlín, Propyläen, 1993, p. 371.

/28 El origen del mito de la “jaula de ratas” –tortura que supuestamente practicaba una Cheka china– se remonta a un panfleto de los Guardias Blancos, publicado por Serguéi P. Melgunov en 1924 y que se tradujo rápidamente a varias lenguas occidentales: La Terreur rouge en Russie, 1918-1924, trad. Wilfrid Lerat y Antoinette Roubichou-Stretz, Ginebra, Éditions des Syrtes, 2019. Durante la Controversia de historiadores alemanes de la década de 1980, fue exhumado por Ernst Nolte, Der europäische Bürgerkrieg 1917-1945. Nationalsozialismus und Bolschewismus, Fráncfort, Ullstein, 1987, p. 115, así como una larga nota a pie de página, p. 564. Véase también Hans-Ulrich Wehler, Entsorgung der deutschen Vergangenheit? Ein polemischer Essay zum Historikerstreit, Múnich, Beck, 1988, p.147-154.

/29 Citado en Ernst Nolte, Streitpunkte, op. cit., p. 356.

/30 Jakob Moneta, Le PCF et la question coloniale, París, François Maspero, 1971.

/31 Véase Ben Kiernan, The Pol Pot Regime, op. cit.

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Ecuador: indígenas y gobierno miden fuerzas

Reportan desabasto tras 10 días de protestas y bloqueos // La Conaie, dispuesta al diálogo sin intermediarios

 

Quito. El gobierno de Ecuador se negó ayer a derogar el estado de excepción en seis de las 24 provincias del país y en la capital, como exige el movimiento indígena para negociar una salida a la crisis que cumple 10 días de protestas con saldo de dos muertos, decenas de heridos y detenidos, además de policías desaparecidos.

La ciudad de Puyo se encontraba sitiada ayer por los manifestantes, sin custodia policial y en crisis por la falta de alimentos, tras una violenta noche en que los manifestantes indígenas incendiaron un cuartel policial, saquearon negocios y atacaron bienes públicos y privados, luego de que un comunero fue abatido por fuerzas de seguridad.

Ríos de manifestantes aumentan la presión en las calles militarizadas de Quito. Los indígenas y el gobierno ecuatoriano miden fuerzas sin que se vislumbre una solución.

Ante la negativa oficial, el movimiento de protesta mantuvo la presión para exigir una reducción de precios de los combustibles, entre otras medidas.

Llegados de varios puntos, unos 10 mil indígenas están en Quito desde el lunes. A su paso van quemando neumáticos y armando barricadas con troncos. A su vez, los militares protegen la sede de la presidencia con vallas de alambre de púas. La ciudad está semiparalizada por la protesta.

El gobierno del presidente Guillermo Lasso tiene las "manos manchadas de sangre", denunció Leonidas Iza, líder de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie), que llamó al paro nacional.

Entre lunes y martes murieron dos personas en las protestas, informó la Alianza de Organizaciones por los Derechos Humanos, que además registra 90 heridos y 87 detenidos desde el 13 de junio. Según la policía, hay 101 efectivos y soldados lesionados.

Iza reiteró su disposición al "diálogo" sin intermediarios, pero con la supervisión ciudadana que garantice "resultados".

Como punto de partida, la Conaie exige que se levante el estado de emergencia bajo el cual militares salieron de los cuarteles y se decretó un toque de queda nocturno en Quito.

El ministro de Gobierno, Francisco Jiménez, expresó: "no podemos levantar el estado de excepción porque eso es dejar indefensa a la capital, y ya sabemos lo que sucedió en octubre de 2019 y no lo vamos a permitir", advirtió en entrevista para el canal Teleamazonas.

Tras la negativa del gobierno a los puntos planteados por el dirigente Iza la noche del martes, la Conaie envió ayer por la tarde una carta a Lasso, y el ministro Jiménez tuiteó que revisaban el texto para "comenzar un proceso de diálogo efectivo", sin dar más detalles.

La fiscalía en Quito fue atacada por segundo día consecutivo. La Coanaie comentó al respecto: "dejamos claro que los autores de estos graves hechos no forman parte del movimiento indígena; nosotros, de hecho, seguimos llamando a evitar el vandalismo".

Al cabo de 10 días de protestas con bloqueos y movilizaciones, comienza el desabasto, mientras en las calles retumba el grito de los indígenas: "¡Fuera Lasso!"

El subsecretario estadunidense de Estado para el Hemisferio Occidente, Brian Nichols, llamó a "todas las partes a que se abstengan de la violencia", luego de que Washington aumentó el nivel de alerta para viajar a Quito.

Las embajadas de la Unión Europea, Alemania, Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Francia, España, Italia, España y Suiza, externaron su "preocupación por los disturbios, en especial porque afectan los derechos fundamentales de todos los ciudadanos", e invitaron a las partes al diálogo y "la concreción de acuerdos".

Al cierre de esta edición se informó que el presidente Lasso dio positivo a covid-19. "No presenta síntomas y cumplirá con los protocolos médicos correspondientes", informó la oficina de comunicación de su gobierno.

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Noam Chomsky analiza el papel de los medios de comunicación en la guerra de Ucrania

Propaganda, información confusa, mentiras y engaños

El reconocido intelectual Noam Chomsky analiza quién está ganando la guerra comunicacional en Ucrania. Examina cómo las redes sociales dan forma hoy día a la realidad política y opina sobre el caso de Julian Assange, a punto de ser extraditado a EE.UU. por el “crimen” de revelar información acerca de las guerras de Afganistán e Irak.

De La Jornada de México, especial para Página/12

Desde la Primera Guerra Mundial, la propaganda ha tenido un papel crucial en la guerra. Los gobiernos lanzan campañas para ganar apoyo entre sus ciudadanos, influir en la opinión pública y en la conducta dentro de las naciones con las que están en guerra, así como en la opinión internacional. En esencia, la propaganda se refiere a técnicas de manipulación de la opinión pública basadas en información incompleta o confusa, mentiras y engaños. Durante la Segunda Guerra Mundial, tanto los nazis como los aliados emprendieron operaciones de propaganda.

La guerra en Ucrania no es diferente. Los líderes de Rusia y Ucrania han emprendido una diseminación sistemática de información bélica que puede fácilmente designarse como propaganda. Otros países con intereses en el conflicto, como Estados Unidos y China, también han lanzado campañas, que van de la mano con su aparente falta de interés en los esfuerzos diplomáticos por poner fin a la guerra.

En esta entrevista, el destacado académico y disidente Noam Chomsky, quien construyó junto con Edward Herman el concepto de “modelo de propaganda”, indaga en la pregunta de quién está ganando la guerra de propaganda en Ucrania. Adicionalmente examina cómo las redes sociales dan forma hoy día a la realidad política y analiza si el modelo de propaganda aún funciona. Por último, expresa su opinión acerca del caso de Julian Assange, que está a punto de ser extraditado a Estados Unidos por el “crimen” de revelar información acerca de las guerras de Afganistán e Irak.

La propaganda como arma de guerra

–La propaganda de guerra en el mundo moderno es un arma poderosa para ganar apoyo a la guerra y darle una justificación moral, por lo regular resaltando la naturaleza “maligna” del enemigo. También se usa para debilitar la voluntad de las fuerzas enemigas. En el caso de la invasión rusa a Ucrania, la propaganda del Kremlin parece hasta ahora estar funcionando dentro de Rusia y domina las redes sociales en China, pero al parecer Ucrania está ganando la guerra de información en la arena global, en especial en Occidente. ¿Está de acuerdo con esta evaluación? ¿Hay algunas mentiras o mitos de guerra significativos en torno a este conflicto?

–La propaganda de guerra ha sido un arma poderosa por mucho tiempo, sospecho que desde que tenemos registro histórico. Y a menudo un arma con consecuencias a largo plazo, que requieren atención y análisis.

“Para no ir lejos, en tiempos modernos, en 1898, el barco de guerra estadunidense Maine se hundió en el puerto de La Habana, probablemente por una explosión interna. La prensa del magnate Randolph Hearst logró crear una ola de histeria popular sobre la naturaleza maligna de España, que dio el sustento necesario a una invasión a la que en Estados Unidos se conoce como ‘la liberación de Cuba’. O, como debería llamarse, la prevención de la autoliberación de Cuba, que convirtió a la isla en una virtual colonia estadunidense. Así permaneció hasta 1959, cuando Cuba fue realmente liberada, y Estados Unidos, casi de inmediato, emprendió una perversa campaña de terror y sanciones para poner fin al ‘victorioso desafío’ cubano a los 150 años de dominio estadunidense sobre el hemisferio, como explicó el Departamento de Estado hace medio siglo.

“En 1916, Woodrow Wilson fue electo presidente con el lema ‘Paz sin Victoria’, que pronto se convirtió en Victoria sin Paz. Una oleada de mitos de guerra convirtió rápidamente a una población pacifista en una consumida de odio por todo lo alemán. La propaganda emanó primero del ministerio británico de información; sabemos lo que eso significa. Intelectuales estadunidenses del círculo liberal de John Dewey la sorbieron con entusiasmo y se declararon líderes de la campaña para liberar al mundo. Por primera vez en la historia, explicaron con sobriedad, la guerra no fue iniciada por élites militares o políticas, sino por los considerados intelectuales –ellos– que habían estudiado cuidadosamente la situación y después decidido racionalmente el curso correcto de acción: entrar en la guerra, llevar libertad al mundo y poner fin a las atrocidades inventadas por el ministerio británico.

“Una consecuencia de las muy efectivas campañas de odio a Alemania fue la imposición de una paz del vencedor, con un duro trato a la derrotada Alemania. Algunos objetaron con firmeza, entre ellos John Maynard Keynes. No les hicieron caso. El resultado fue Hitler.

“En una entrevista previa vimos cómo el embajador Chas Freeman comparó el acuerdo de posguerra de odio a Alemania con el triunfo de estadistas que no eran buenas personas: el Congreso de Viena de 1815. El Congreso buscó establecer un orden europeo después de que el intento napoleónico de conquistar Europa había sido derrotado. Con buen juicio, el Congreso incluyó a la derrotada Francia. Eso condujo a un siglo de relativa paz en Europa. Hay ciertas lecciones.

 “Para no quedarse atrás de los británicos, el presidente Wilson estableció su propia agencia de propaganda, el Comité de Información Pública (Comisión Creel), que prestó sus propios servicios.

“Estos ejercicios tuvieron también un efecto a largo plazo. Entre los miembros de la Comisión estaban Walter Lippmann, que llegó a ser el intelectual público más destacado del siglo XX, y Edward Bernays, que fue uno de los fundadores de la moderna industria de relaciones públicas, la mayor agencia propagandística del mundo, dedicada a socavar mercados al crear consumidores desinformados que tomaban decisiones irracionales: lo opuesto a lo que uno aprende de los mercados en los cursos de economía. Al estimular el consumismo rampante, la industria también empuja al mundo al desastre, lo que es otro tema.

“Tanto Lippmann como Bernays dieron crédito a la Comisión Creel por demostrar el poder de la propaganda para ‘manufacturar consenso’ (Lippmann) y ‘construir consenso’ (Bernays). Este ‘nuevo arte en la práctica de la democracia’, explicaba Lippmann, podría usarse para mantener pasivos y obedientes a los ‘elementos ajenos ignorantes y entrometidos’ –el público en general–, mientras los autodesignados ‘hombres responsables’ atendían los asuntos importantes, libres del ‘pisoteo y el rugido de un rebaño enloquecido’. Bernays expresaba opiniones parecidas. No estaban solos.

“Lippmann y Bernays eran liberales al estilo Wilson-Roosevelt-Kennedy. La concepción de democracia que elaboraron está muy a tono con las concepciones liberales dominantes, entonces y ahora.

“Esas ideas se extendieron ampliamente hacia las sociedades más libres, en las que ‘las ideas impopulares pueden ser suprimidas sin el uso de la fuerza’, como expresó George Orwell en su (inédita) introducción a Rebelión en la granja con respecto a la ‘censura literaria’ en Inglaterra.

Las fábricas de consenso

“Y así continúa. En particular en las sociedades más libres, donde los medios de violencia del Estado han sido constreñidos por el activismo popular, es de gran importancia idear métodos para fabricar consenso, y asegurar que sean interiorizados al volverse tan invisibles como el aire que respiramos, sobre todo en los círculos de personas de cierta cultura. Imponer mitos de guerra es un rasgo regular de estas empresas.

“A menudo funciona de manera espectacular. En la Rusia actual, según informes, una gran mayoría acepta la doctrina de que en Ucrania Rusia se defiende contra una embestida nazi reminiscente de la Segunda Guerra Mundial, cuando Ucrania, de hecho, colaboró en la agresión que por poco destruye a Rusia y causó bajas terribles.

“La propaganda es tan absurda como todos los mitos de guerra, pero, como otras, se basa en fragmentos de verdad, y al parecer ha tenido éxito en fabricar consenso. No podemos estar seguros del todo a causa de la rígida censura vigente, sello distintivo de la cultura política estadunidense desde hace tiempo: el ‘rebaño enloquecido’ debe ser protegido contra las ‘ideas equivocadas’. Conforme a ello, los estadunidenses deben ser ‘protegidos’ de propaganda que, según se nos dice, es tan ridícula que sólo personas a las que se ha lavado el cerebro podrían no reír de ellas. Según esta visión, para castigar a Vladimir Putin se debe evitar que cualquier material procedente de Rusia llegue a oídos estadunidenses. Eso comprende el trabajo de destacados periodistas y comentaristas políticos estadunidenses, como Chris Hedges, cuyo largo historial de valeroso periodismo incluye su servicio como jefe de la corresponsalía del New York Times en Medio Oriente y los Balcanes, y astutos y perceptivos comentarios de entonces a la fecha. Los estadunidenses deben ser protegidos de su influencia maligna, porque sus reportes aparecen en RT. Ahora han sido suprimidos.

 “Como es de esperar en una sociedad libre, es posible, con cierto esfuerzo, aprender algo sobre la posición oficial de Rusia sobre la guerra… o, como la llama Rusia, la ‘operación militar especial’. Por ejemplo, a través de India, donde el ministro del Exterior Sergéi Lavrov tuvo una extensa entrevista con India Today el 19 de abril.

"Invasión no provocada" en Ucrania y en Irak

“Constantemente observamos los instructivos efectos de este rígido adoctrinamiento. Uno de ellos es que es de rigor referirse a la criminal agresión de Putin a Ucrania como ‘invasión no provocada de Ucrania’. Una búsqueda de esta frase en Google encuentra ‘unos 2 millones 430 mil resultados’ (en 0.42 segundos).

“Por curiosidad, podemos buscar ‘invasión no provocada de Irak’. La búsqueda produce ‘unos 11 mil 700 resultados’ (en 0.35 segundos), al parecer de fuentes opuestas a la guerra, según sugiere una breve búsqueda.

“El ejemplo es interesante no sólo en sí mismo, sino por su total inversión de los hechos. La guerra de Irak no fue provocada en absoluto: Dick Cheney y Donald Rumsfeld tuvieron que luchar mucho, incluso recurrir a la tortura, para tratar de encontrar alguna partícula de evidencia que ligara a Saddam Hussein con Al Qaeda. Las famosas armas de destrucción masiva desaparecidas no habrían sido una provocación para agredir, aun si hubiera habido alguna razón para creer que existían.

“En contraste, la invasión rusa de Ucrania fue en definitiva provocada… aunque, en el clima actual, es necesario añadir la perogrullada de que la provocación no justifica una invasión.

“Un conjunto de diplomáticos de alto nivel y analistas políticos estadunidenses han advertido a Washington durante 30 años que era insensato e innecesariamente provocador hacer caso omiso de las preocupaciones de seguridad de Rusia, en particular sus líneas rojas: ni Georgia ni Ucrania, ubicadas en el corazón geoestratégico ruso, deberían ser miembros de la OTAN.

“Con pleno conocimiento de lo que hacía, desde 2014 la OTAN (es decir, básicamente Estados Unidos) ha ‘brindado apoyo significativo (a Ucrania) con equipo y entrenamiento, decenas de miles de soldados ucranianos han sido entrenados, y luego, cuando vimos que la inteligencia indicaba una alta probabilidad de invasión, los aliados aumentaron el apoyo en el otoño pasado y este invierno’, antes de la invasión, según el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

“El compromiso estadunidense de integrar a Ucrania en el mando de la OTAN también se incrementó en el otoño de 2021, con las declaraciones políticas oficiales que ya hemos examinado, ocultas por la ‘prensa libre’ al rebaño enloquecido, pero sin duda leídas con cuidado por la inteligencia rusa. La inteligencia rusa no tenía que ser informada de que ‘antes de la invasión rusa a Ucrania, Estados Unidos no hizo ningún esfuerzo por atender una de las preocupaciones de seguridad que con más frecuencia expresaba Vladimir Putin: la posibilidad de que Ucrania entrara en la OTAN’, como concedió el Departamento de Estado, aunque poco se notó en este país.

“Sin entrar en mayores detalles, la invasión de Putin a Ucrania fue claramente provocada, en tanto que la invasión estadunidense de Irak no fue provocada. Esto es exactamente lo opuesto a la información y los comentarios convencionales, pero es también exactamente la norma de la propaganda de guerra, no sólo en Estados Unidos, aunque es más instructivo observar el proceso en las sociedades libres.

“Muchos creen que está mal plantear estos asuntos, que incluso son una forma de propaganda a favor de Putin; deberíamos más bien enfocarnos como láser en los crímenes actuales de Rusia. En contra de esta creencia, esa postura no ayuda a los ucranianos: los perjudica. Si se nos impidiera por decreto aprender acerca de nosotros mismos, no seríamos capaces de desarrollar políticas que beneficien a otros, los ucranianos entre ellos. Eso parece elemental.

“Un análisis más a fondo produce otros ejemplos instructivos. Hemos hablado del elogio de Lawrence Tribe, profesor de derecho de Harvard, a la decisión de George W. Bush en 2003 de ‘ayudar al pueblo iraquí’ al decomisar ‘fondos iraquíes depositados en bancos estadunidenses’ y, dicho sea de paso, invadir y destruir el país, demasiado poco importante para mencionarlo. Más aún, los fondos fueron decomisados ‘para ayudar al pueblo iraquí y compensar a las víctimas del terrorismo’, del cual el pueblo iraquí no tenía ninguna responsabilidad.

Sanciones y genocidio

“No preguntamos de qué manera esto iba a ayudar al pueblo iraquí. Es de suponerse que no es una compensación por el ‘genocidio’ estadunidense previo a la invasión en Irak.

“‘Genocidio’ no es término mío. Más bien, es el término usado por los distinguidos diplomáticos internacionales que administraron el ‘programa Petróleo por Alimentos’, el lado suave de las sanciones de Bill Clinton (técnicamente, por conducto de la ONU). El primero, Denis Halliday, renunció en protesta porque consideraba que las sanciones eran ‘genocidas’. Fue remplazado por Hans von Sponeck, quien no sólo renunció en protesta por el mismo motivo, sino también escribió un libro muy importante que aporta extensos detalles de la indignante tortura a que fueron sometidos los iraquíes por las sanciones de Clinton, A Different Kind of War (Una guerra de otro tipo).

 “Los estadunidenses no estamos del todo protegidos de esas revelaciones desagradables. Aunque el libro de Von Sponeck nunca fue reseñado, hasta donde puedo discernir, puede ser adquirido en Amazon por cualquiera que haya oído hablar de él. Y el pequeño editor que produjo la edición en inglés pudo incluso recabar dos comentarios para la contraportada: el de John Pilger y el mío, apropiadamente alejados de la corriente dominante.

“Existe, desde luego, un torrente de comentarios acerca del ‘genocidio’. Según las normas usadas, Estados Unidos y sus aliados son señalados como culpables de ese cargo una y otra vez, pero la censura voluntaria evita cualquier reconocimiento de esto, así como protege a los estadunidenses de conocer encuestas Gallup internacionales que muestran que Estados Unidos es con mucho percibido como la mayor amenaza a la paz mundial, o que la opinión pública mundial se opuso de manera abrumadora a la invasión estadunidense de Afganistán (también ‘no provocada’, si prestamos atención), junto con otra información inapropiada.

Los crímenes de los otros

“No creo que existan ‘mentiras significativas’ en la información de esta guerra. En general, los medios estadunidenses están haciendo un trabajo sumamente creíble al informar sobre los crímenes rusos en Ucrania. Eso es valioso, así como es valioso que se preparen investigaciones internacionales para posibles juicios de crímenes de guerra.

“Esa forma de proceder también es normal. Somos muy escrupulosos en desenterrar detalles de los crímenes de otros. Desde luego, hay invenciones, que a veces alcanzan el nivel de comedia, temas que el finado Edward Herman y yo documentamos en detalle. Pero, cuando los crímenes del enemigo se pueden observar directamente, en el terreno, es típico que los periodistas hagan un excelente trabajo de reportarlos y exponerlos. Y se les examina a fondo en la academia y en extensas investigaciones.

“Como hemos visto, en las muy raras ocasiones en que los crímenes de Estados Unidos son tan patentes que no se les puede descartar o ignorar, también se informa de ellos, pero a manera de ocultar crímenes mucho mayores, de los que aquéllos son apenas una nota al pie de página. La masacre de My Lai, por ejemplo.

“En cuanto a que Ucrania esté ganando la guerra de información, la calificación ‘en Occidente’ es exacta. Estados Unidos siempre ha sido entusiasta y riguroso en exponer crímenes con sus enemigos y, en el caso actual, Europa le sigue la corriente. Pero, fuera de Estados Unidos y Europa, el cuadro es mucho más ambiguo. En el Sur global, hogar de la mayor parte de la población mundial, la invasión se repudia, pero el marco de propaganda estadunidense no es adoptado de manera acrítica, hecho que ha conducido a considerable perplejidad acá en cuanto a que están ‘fuera de la sintonía’.

“Eso también es normal. Las víctimas tradicionales de violencia brutal y represión suelen ver el mundo de manera muy diferente de aquellos acostumbrados a sostener el látigo. Incluso en Australia, existe cierta medida de insubordinación. En la revista Arena, especializada en asuntos internacionales, el director, Simon Cooper, revisa y deplora la rígida censura e intolerancia de la disidencia incluso leve en los medios liberales estadunidenses. Concluye, con bastante razón, que ‘esto significa que es casi imposible, dentro de la corriente de opinión dominante, reconocer al mismo tiempo las insoportables acciones de Putin y forjar un camino de salida de la guerra que no implique el agravamiento del conflicto y una mayor destrucción en Ucrania’.

“No hay ayuda para el sufrimiento de los ucranianos, desde luego.

“Tampoco eso es nada nuevo. Esa ha sido la pauta dominante por mucho tiempo, de manera notable durante la Primera Guerra Mundial. Había unos cuantos que sencillamente no se conformaban a la ortodoxia establecida después de que Wilson se unió a la guerra. El principal líder laboral del país, Eugene Debs, fue encarcelado por atreverse a sugerir a los trabajadores que pensaran por sí mismos. Tanto lo detestaba el gobierno liberal de Wilson, que se le excluyó de la amnistía de posguerra decretada por el presidente. En los círculos intelectuales liberales que apoyaban a John Dewey, también había algunos desobedientes. El más famoso fue Randolph Bourne. No fue encarcelado, pero se le excluyó de los diarios liberales, de modo que no pudo difundir su mensaje subversivo de que ‘la guerra es la salud del Estado’.

“Debo mencionar que, unos años después, Dewey mismo dio marcha atrás a esa postura, lo cual es de ­reconocerse.

“Es comprensible que los liberales estén particularmente emocionados cuando hay oportunidad de condenar los crímenes del enemigo. Por una vez, están del lado del poder. Los crímenes son reales, y ellos pueden marchar en el desfile de los que los condenan y ser elogiados por su (correcta) conformidad. Es muy tentador para quienes a veces, aun con cierta timidez, condenan crímenes por los que compartimos la responsabilidad y son castigados por adherirse a elementales principios morales.”

El papel de las redes sociales

–¿La proliferación de redes sociales ha hecho más difícil tener un cuadro preciso de la realidad política, o menos?

–Es difícil decirlo. En particular lo ha sido para mí, porque evito las redes sociales y sólo cuento con información limitada. Mi impresión es que es un asunto mezclado.

“Las redes sociales aportan oportunidades de escuchar una variedad de perspectivas y análisis, y de encontrar información que a menudo no se ofrece en los medios dominantes. Por otro lado, no está claro cómo se explotan esas oportunidades. Ha habido un gran volumen de comentarios –confirmados por mi propia experiencia limitada– que aseguran que muchas tienden a gravitar hacia burbujas que se dan sustento a sí mismas, y que escuchan poco más allá de sus propias creencias y actitudes y, peor aún, que las arraigan con más firmeza y en formas más intensas y extremas.

“Haciendo eso a un lado, las fuentes básicas de noticias siguen siendo en general las mismas: la prensa dominante, que tiene reporteros y corresponsales en el terreno. La Internet ofrece oportunidades de muestrear una gama mucho más amplia de esos medios, pero mi impresión, nuevamente, es que esas oportunidades se utilizan poco.

“Otra consecuencia dañina de la rápida proliferación de redes sociales es el fuerte descenso de los medios tradicionales. Hasta tiempos recientes, había muchos excelentes medios locales en Estados Unidos. La mayoría han desaparecido. Pocos tienen hoy corresponsables incluso en Washington, ya no digamos en otras partes, como muchos tenían hasta hace poco. Durante las guerras de Ronald Reagan en Centroamérica, que alcanzaron extremos de sadismo, parte de la mejor información era aportada por reporteros del Boston Globe, entre ellos algunos amigos cercanos míos. Eso prácticamente ha desaparecido.

“La razón principal es la dependencia en los anunciantes, una de las maldiciones del sistema capitalista. Los fundadores de esta nación tenían una visión diferente. Ellos estaban a favor de una prensa realmente independiente y la fomentaron. La Oficina Postal se fundó en buena medida con este propósito, para permitir un acceso fácil a la prensa independiente.

“El hecho, hasta cierto punto poco usual, de que ésta sea una sociedad gobernada por las empresas, produce otro hecho poco usual: este país prácticamente no tiene medios públicos: nada como la BBC, por ejemplo. Los esfuerzos por desarrollar medios de servicio público –primero en la radio, luego en la televisión– fueron derrotados por intenso cabildeo empresarial.

“Existe excelente trabajo académico sobre este tema, que se extiende también a iniciativas activistas serias que buscan vencer estas graves violaciones a la democracia, en particular por Robert McChesney y Victor Pickard.

La economía política de los medios masivos

–Hace casi 35 años, usted y Edward Herman publicaron Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media (Fabricando consenso: la economía política de los medios masivos). El libro presentó el “modelo de propaganda” de la comunicación, que opera a través de cinco filtros: propiedad, publicidad, los medios de élite, la crítica y un enemigo común. ¿La era digital ha cambiado el modelo de propaganda? ¿Todavía funciona?

–Por desgracia, Edward –el autor principal– ya no está entre nosotros. Se le extraña mucho. Creo que él estaría de acuerdo en que la era digital no ha cambiado gran cosa, más allá de lo que acabo de describir. Lo que sobrevive de los medios convencionales en una sociedad gobernada en gran parte por las empresas sigue siendo la principal fuente de información y está sujeto a las mismas presiones que antes.

“Ha habido otros cambios aparte del que mencioné brevemente. Como muchas otras instituciones, incluso dentro del sector corporativo, los medios han sido influidos por los efectos civilizadores de los movimientos populares de la década de 1960 y su secuela. Es muy iluminador ver lo que ocurrió con la información y la opinión apropiadas en los primeros años. Muchos periodistas han pasado por estas experiencias liberadoras. Naturalmente, existe una gran corriente adversa, entre ellos los apasionados denunciantes de la cultura del ‘despertar’, la cual reconoce que existen seres humanos con derechos, aparte de los varones blancos cristianos. Desde la ‘estrategia del sur’ de Nixon, el liderazgo del Partido Republicano ha entendido que, como no puede ganar votos con sus políticas económicas de servir a los ricos y al poder corporativo, debe tratar de desviar la atención hacia ‘asuntos culturales’: la falsa idea un ‘Gran Remplazo’, es decir, armas, o cualquier otra cosa que oscurezca el hecho de que están trabajando duro para darnos una puñalada por la espalda. Donald Trump era un maestro de esta técnica, a veces llamada la técnica de ‘al ladrón, al ladrón’: cuando te pesquen con la mano en el bolsillo de alguien, grita ‘¡al ladrón, al ladrón!’ y señala a alguien más.

“Pese a estos esfuerzos, los medios han mejorado en este aspecto, reflejando cambios en la sociedad en general. Eso de ningún modo carece de importancia.”

–¿Qué piensa del “ustedes también”, que está generando una controversia estos días con respecto a la guerra en Ucrania?

–Aquí también hay una larga historia. En los inicios del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, el pensamiento independiente podía ser silenciado con acusaciones de defender los crímenes de Stalin. A veces se condena esa práctica como macartismo, pero esa no fue sino la punta del iceberg. Lo que ahora se denuncia como “cultura de la cancelación” era rampante y lo sigue siendo. Esa técnica perdió algo de su poder cuando el país empezó a despertar del letargo dogmático en la década de 1960. A principios de la década de 1980, Jeane Kirkpatrick, importante intelectual reaganista de las relaciones exteriores, ideó otra técnica: la equivalencia moral. Si uno revelaba y criticaba las atrocidades que ella respaldaba en el gobierno de Reagan, uno era culpable de “equivalencia moral”. Uno estaba afirmando que Reagan no era distinto de Stalin o de Hitler. Eso sirvió durante algún tiempo para disminuir la disidencia de la línea del partido.

“El ‘ustedes también’ es una nueva variante, apenas diferente de sus predecesoras.

“Para la mente verdaderamente totalitaria, nada de esto basta. Los líderes republicanos trabajan duro para limpiar las escuelas de cualquier cosa que sea ‘divisionista’ y cause ‘incomodidad’. Eso incluye virtualmente toda la historia, fuera de los lemas patrióticos aprobados por la Comisión 1776 de Trump, o cualquier otra cosa que sea ideada por esos lideres cuando asuman el control y estén en posición de imponer una disciplina más estricta. Vemos muchos signos de eso ahora, y hay todas las razones para esperar que vendrán más.

Las palabras "prohibidas"

“Es importante recordar lo rígidos que han sido los controles doctrinales en Estados Unidos, lo que tal vez refleja el hecho de que es una sociedad muy libre en términos comparativos, lo que plantea problemas a los directivos doctrinales, que deben estar alerta a los indicios de desviación. Por ahora, después de muchos años, es posible musitar la palabra ‘socialista’, queriendo decir un demócrata social moderado. En ese aspecto, Estados Unidos se ha zafado finalmente de la compañía de las dictaduras totalitarias. Remontémonos 60 años, e incluso las palabras ‘capitalismo’ e ‘imperialismo’ eran demasiado radicales para pronunciarlas. Paul Potter, presidente de Estudiantes por una Sociedad Democrática, hizo acopio de valor en 1965 para ‘nombrar al sistema’ en su discurso presidencial, pero no logró pronunciar las palabras.

“Hubo algunos avances en la década de 1960, lo que preocupó mucho a los liberales estadunidenses, que advirtieron de una ‘crisis de la democracia’, cuando muchos sectores de la población trataron de entrar en la arena política para defender sus derechos. Aconsejaron más ‘moderación en la democracia’, un retorno a la pasividad y a la obediencia, y condenaron a las instituciones responsables de ‘adoctrinar a los jóvenes’ por no cumplir con su deber. Desde entonces las puertas se han abierto un poco más, lo que sólo reclama medidas más urgentes para imponer disciplina.

“Si los autoritarios del Partido Republicano logran destruir la democracia lo suficiente para establecer el dominio permanente de una casta supremacista blanca cristiana que sirva a la riqueza extrema y al poder privado, es probable que disfrutemos actos grotescos como los del gobernador de Florida Ron DeSantis, quien prohibió 40 por ciento de los textos de matemáticas para niños en ese estado a causa de ‘referencias a la Teoría Crítica de las Razas, inclusiones del Común Denominador, y la adición no solicitada del Aprendizaje Social Emocional en las matemáticas’, de acuerdo con el decreto oficial. Bajo presión, el estado presentó algunos ejemplos aterradores, por ejemplo, un objetivo educacional de que ‘los estudiantes adquirirán eficiencia con la conciencia social al practicar la empatía con sus compañeros de clase’.

“Si el país en conjunto asciende a las alturas de las aspiraciones republicanas, será innecesario recurrir a artilugios como la ‘equivalencia moral’ y el ‘ustedes también’ para reprimir el pensamiento ­independiente.”

El caso Julian Assange

–Una última pregunta. El Reino Unido ha aprobado formalmente la extradición de Julian Assange a Estados Unidos, pese a las fuertes preocupaciones de que tal acción lo pondría en riesgo de “graves violaciones a sus derechos humanos”, como Agnès Callamar, ex relatora especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, advirtió hace dos años. En el caso de que Assange sea realmente extraditado a Estados Unidos, lo cual parece muy seguro ahora, enfrenta hasta 175 años de prisión por revelar información al público acerca de las guerras en Irak y Afganistán. ¿Podría comentar sobre el caso de Assange, sobre la ley que se usó para perseguirlo y lo que su persecución dice acerca de la libertad de expresión y el estado de la democracia estadunidense?

–Assange ha sido retenido durante años bajo condiciones que equivalen a la tortura. Eso es evidente para cualquiera que haya podido visitarlo (yo fui una vez) y fue confirmado por el relator especial de la ONU sobre tortura (y otros tratos y castigos crueles inhumanos o degradantes), Nils Melzer, en mayo de 2019.

 “Días después, Assange fue consignado por el gobierno de Trump conforme a la ley de espionaje de 1917, la misma que el presidente Wilson utilizó para encarcelar a Eugene Debs, entre otros crímenes de Estado cometidos con esa ley.

“Haciendo a un lado las minucias legalistas, las razones básicas para la tortura y enjuiciamiento de Assange son que cometió un pecado mortal: dio a conocer al público información de los crímenes estadunidenses que el gobierno, por supuesto, hubiera preferido que permanecieran ocultos. Esto es una ofensa en particular para extremistas autoritarios como Trump y Mike Pompeo, quien inició los procedimientos conforme a la Ley de Espionaje.

“Sus preocupaciones son entendibles. Fueron explicadas hace años por Samuel Huntington, profesor de ciencia de gobierno en Harvard, quien observó que ‘el poder se mantiene fuerte cuando permanece en la oscuridad; expuesto a la luz comienza a evaporarse’.

“Esto es un principio crucial de la política de Estado y se extiende también al poder privado. Por eso la fabricación de consenso es una prioridad de los sistemas de poder estatales y privados.

“Esto no es un descubrimiento nuevo. En una de sus primeras obras de lo que hoy se llama ciencia política, hace 350 años, David Hume escribió, en sus Primeros principios de gobierno, que:

“‘Nada parece más sorprendente a quienes consideran los asuntos humanos con una mirada filosófica, que la facilidad con que los muchos son gobernados por los pocos; y la sumisión implícita, con que los hombres renuncian a sus propios sentimientos y pasiones a favor de los de sus gobernantes. Cuando preguntamos por qué medio se logra esta maravilla, encontraremos que, como la Fuerza siempre está del lado de los gobernados, los gobernantes no tienen nada que los soporte, más que la opinión. Por lo tanto, el gobierno se funda únicamente en la opinión; y esta máxima se extiende a los gobiernos más despóticos y militares, así como a los más libres y populares’.

“La fuerza, de hecho, está del lado de los gobernados, en particular en las sociedades más libres, y es mejor que no se den cuenta, o las estructuras de la autoridad ilegítima se derrumbarán, sea estatal o privada.

“Estas ideas han sido desarrolladas durante años, de manera importante por Antonio Gramsci. La dictadura de Mussolini entendía la amenaza que Gramsci representaba. Cuando fue encarcelado, el fiscal anunció: ‘Debemos evitar que este cerebro funcione 20 años’. Hemos avanzado considerablemente desde la Italia fascista. La persecución de Trump y Pompeo busca silenciar a Assange por 175 años, y los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña ya le han impuesto años de tortura al criminal que se atrevió a exponer su poder a la luz del día.”

* Esta nota fue publicada originalmente en Truthout. Traducción: Jorge Anaya

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Exclusiones y lenguajes, violencias y esperanzas en una Colombia electoral

Todos sabemos que las palabras expresan conceptos, pero además cargan con historias, a veces muy largas, donde hay ideas que permanecen pero otras se olvidan. Un ejemplo de ello ocurre con el término exclusión, cuya importancia nadie puede desatender y más en una Colombia inmersa en el debate electoral.

La exclusión no puede negarse ya que está ante nuestros ojos; se la encuentra en las calles de las ciudades, en los senderos rurales o incluso en lugares naturales alejados. Si así se mira, también es inevitable que la exclusión está entrelazada en sus distintas expresiones: es la de unas personas sobre otras, sobre las mujeres, los jóvenes o los viejos, sobre los negros, los campesinos, los indígenas, los más pobres, sobre cualquiera que es diferente. Pero es además una exclusión de la Naturaleza, inseparable de aquella que es social y explica que se tolere la deforestación, la contaminación o los extractivismos depredadores. Nos rodean exclusiones socioambientales.

Abordando la historia del término exclusión, la palabra deriva de excludere que invocaba sacar o retirar a algo o alguien de un recinto interior a uno exterior, cerrándole las puertas o vías, para así impedir que regresara. Es un vocablo directamente emparentado con la idea de clausurar o cerrar, que no sólo implica remover a alguien sino también una sostenida actitud en impedir que regrese o retorne. Debe quedar en claro que la exclusión no es una acción acotada en el tiempo sino que impone una continua repetición.

Tener presente esos antecedentes no es una cuestión menor porque la exclusión en América Latina carga con una historia que se inicia en la colonización que se corresponde directamente con ese sentido original. Dicho de otro modo, la exclusión de hoy es inseparable, y a la vez resulta, de esa historicidad, y en todo ello las palabras juegan papeles determinantes.

La exclusión original

Puede argumentarse que la exclusión se inició en las Américas en los primeros actos de los colonizadores de anular otros lenguajes para imponer el propio, y el hacerlo pasaron a denominar como salvaje a casi todo lo que les rodeaba. Salvaje era la Naturaleza, con todos sus animales, sus plantas, sus cerros o sus ríos, pero también lo eran los distintos pueblos originarios.

En un texto de su juventud, Walter Benjamin, sostuvo, en 1916, que “no existe evento o cosa, tanto en la naturaleza viva como en la inanimada, que no tenga de alguna forma participación en el lenguaje”(1). Es por ello que palabras como salvaje, sirvieron para determinar cómo se pensaba y sentían eventos o cosas, vivas como inanimadas. Toda la diversidad latinoamericana, los más distintos paisajes y todos sus pueblos originarios, quedaron inmersos en un término que, para los entendimientos europeos, aludía al peligro, a la condición inculta, hostil e inentendible. Lo salvaje era una condición que provocaba el temor.

El poder el lenguaje del colonizador fue tal que ese enorme conjunto de diferencias americanas, y de las distintas lenguas que incluía, quedaron encerrados dentro de la palabra salvaje y unas pocas otras mas. Constituyó un acto de exclusión original que no dejó de reproducirse hasta hoy.

Benjamin, en aquel mismo texto, agregó que estaba en la esencia de todos las cosas, los eventos, vivos o inanimados, la participación del lenguaje para “comunicar su contenido espiritual”. Esa expresión espiritual, y con ello la diversidad de emociones, sensibilidades, espíritus o fantasmas, quedaban excluidos de la misma manera.

La uniformidad que impusieron términos como salvaje y otros, como atrasados, ignorantes, peligrosos, etc., naturalizó la dominación y la conquista. Esa postura persistió, aunque la exclusión esgrimía otras etiquetas como las de pobres, negros o indígenas, y así sucesivamente. En cada momento que la voz de alguno de ellos rompía el umbral de la indiferencia, rápidamente se los perseguía como peligrosos. Lo mismo ocurrió con múltiples problemas ambientales, como la deforestación, que nunca se detuvo a pesar de la pérdida de biodiversidad y que además desembocaba en destruir el hogar de las comunidades indígenas. Podría decirse que en toda la historia reciente operaron la violencia, la segregación y la colonización de las almas, como afirma Silvia Rivera Cusicanqui para Bolivia (2).

Un debate tan actual como el enfocado en continuar o no con la explotación petrolera remite a estas mismas condiciones. Las concepciones generalizadas entienden que los hidrocarburos son una riqueza, que es una tontería no explotarlo, o en aquellos pocos que reconocen que puede haber riesgos de todos modos insisten en la necesidad de extraerlo por todo el dinero que brindaría. No hacerlo sería propio de infantilismos, reaccionarios ambientalistas o enamorados del primitivismo, por no decir salvajes.

A pesar de la enorme evidencia de información de todos los impactos negativos de la petrolización, desde los efectos locales en los enclaves de extracción, hasta la quema de sus productos como generadores de gases invernadero, de todos modos se sigue apostando a los hidrocarburos. Estamos ante creencias muy arraigadas, inmunes a informaciones y evidencias racionales, cristalizadas en una fe en el progreso que para lograrlo devora a personas y naturalezas.

Si el lenguaje se comunica a sí mismo, para continuar con la inspiración de Benjamin, cuando los colonizadores señalaban lo salvaje, en ese mismo acto imponían una exclusión automática a los otros lenguajes, los saberes y sentires de otros modos, que esos supuestos salvajes albergaban. Era una exclusión que al mismo tiempo, y muy enérgicamente, impedía cualquier encuentro, y podían hacerlo porque eran los que portaban las espadas.

Los procedimientos contemporáneos pueden ser más complejos y laberínticos pero la esencia se ha mantenido. Los diferentes son excluidos una y otra vez, y la violencia está siempre presente para asegurar esa marginalización, sin dudar en apelar a la policía en las grandes ciudades o con militares, paramilitares o bandas criminales en las zonas rurales. No entender ni aceptar los otros lenguajes de esos indígenas, campesinos e incluso de esos paisajes, es una condición necesaria para poder disciplinarlos, castigarlos, encerrarlos o destruirlos. En cambio, comprender sus lenguajes resultaría en escuchar sus reclamos, oír sus llantos y sus dolores, una situación que llegaría ser insoportable y por lo tanto se la evitaba a toda costa.

Democracias habitadas por el terror

Hemos llegado a unos estilos e institucionalidades políticas que han consolidado esa sordera a otros lenguajes. Los países se congratulan en explicar que son democracias, pero esconden que excluyen a buena parte de su diversidad. En Colombia, el presidente Iván Duque al momento de votar, el pasado 29 de mayo, alababa el “fortalecimiento institucional” del país, agregando que se tenía una de las democracias “más antiguas del hemisferio” y de las “más sólidas”, donde en “paz y tranquilidad” se cede el poder al resultado de las urnas (3).

El sistema político colombiano tiene, como ya decía el intelectual Estanislao Zuleta en 1987, “todos los rasgos de la democracia clásica”. Ese juicio puede extenderse a la actualidad ya que repitieron las elecciones, se eligen las autoridades nacionales y los legisladores, se escogen autoridades locales, se dice que hay una separación entre los poderes estatales, se enumeran diversas libertades, y que, como advertía Zuleta, en cierto modo funcionan.

Pero Zuleta inmediatamente advertía que esa democracia “está auténticamente habitada por el terror en toda la trama de sus relaciones y en todo el territorio nacional” (4). Se reconocía la libertad de prensa pero había periodistas amenazados y asesinados, se admitía la libertad de organización y participación política, pero se habían matado a militantes y dirigentes, docentes o artistas también eran amenazados o perseguidos, y así se repetían en otros ámbitos.

En la Colombia de hoy, esa que el presidente Duque gobierna y que presenta a la prensa como ejemplo democrático, en las protestas de 2021, la represión policial y militar desembocó en la muerte de por lo menos 84 personas, 1790 heridos, y 298 militantes de derechos ciudadanos atacados (5). Mas de 500 defensores de los derechos ciudadanos, incluidos varios líderes ambientales, han sido asesinados desde 2016, y decenas de miles han sido desplazados de sus territorios (6). Persiste la violencia interna en muchos sitios del país, entremezclándose el narcotráfico con los extractivismos mineros y petroleros y con los agronegocios. Esas y otras circunstancias hacen que la participación democrática se vuelva un riesgo insoportable, ya que las posibilidades de ser perseguido, desplazado, torturado o asesinado son ciertas (7). Una democracia sana es, bajo estas circunstancias, imposible.

Estas circunstancias presentes hacen que la descripción de Zuleta, de hace 35 años, en muchos sentidos sigua siendo válida, y por ello sus palabras deben ser consideradas con toda atención. Véase que indicaba que esa democracia formal en realidad estaba “auténticamente” ocupada por el “terror”, y que éste alcanzaba a todas las relaciones sociales y se extendía por toda la geografía del país. Era un terror, el miedo extremo, que todo lo invadía (8). Es el terror reproducido en los indicadores de persecución y muerte que se acaban de señalar.

El miedo es el instrumento más potente para mantener la exclusión. Es la condición que reemplaza a las espadas de los conquistadores, el látigo o la bayoneta, de siglos pasados. Es el modo que impide cualquier retorno de aquellos que han sido excluidos y marginalizados. El miedo nos hace sordos a otros lenguajes.

El orden político que se construye alternando el formalismo de instituciones y prácticas que parecen funcionar pero en realidad no lograr asegurar sus fines esenciales, con el terror que se disemina por todas las relaciones sociales y en todo el territorio, hace que las exclusiones persistan. No es solamente una sordera a otros lenguajes en sus contenidos más evidentes, como pueden ser los reclamos de indígenas que exigen por sus derechos ciudadanos a la participación, o las de líderes barriales que claman por al menos contar con servicios básicos como saneamiento o agua potable. Es también una incapacidad espiritual y sensible en asumir, intuir o respetar esas otras expresiones.

Enfrentar la exclusión exige acabar con las cotidianas y repetidas acciones que impiden escuchar esos otros lenguajes, que mantienen las puertas cerradas para los que han quedado en ese afuera. La voluntad para anular los encierros no siempre se concreta porque el terror lo impide, y en tanto repetido por décadas termina siendo naturalizado.

Esperanzas y democracias

Es apropiado regresar una vez más a Zuleta porque ilumina sobre esta problemática, cuando alertaba que una de los aspectos más tristes de la miseria es aquella que es “vivida como una fatalidad natural”. Es abandonar la esperanza por una lucha como “suma de fuerzas en una empresa común” para caer en la desesperación o la resignación.

En ese fatalismo, en ese miedo y en esta desesperanza, es que se derrumba la formalidad democrática exhibiendo todas sus limitaciones. Una condición que es incomprensible para políticos que piensan como el presidente Duque, lo que explica que se regodee con el formalismo institucional, justamente porque esa condición es la que le permite alimentar con el temor la exclusión cotidiana.

Esa resignación, ese fatalismo es “una de las virtudes menos democráticas”, mientras que la “esperanza es precisamente una de las virtudes más democráticas”, ahondaba Zuleta, en una conferencia en el Cauca en 1989 (8).

No puede negarse que ante la inminente elección presencial en Colombia, fortalecer la esperanza se vuelve una prioridad. Recuperarla entre los que la perdieron, alimentarla allí donde se debilitó, e incluso mantenerla ante los mercaderes del miedo que la carcomen en este momento. Ello es necesario porque el candidato Rodolfo Hernández alimenta ese terror que ahoga la esperanza, lleva a una democracia fallida y asegura la exclusión. Ese riesgo queda en claro a por su desparpajo ante las formalidades de la ley y la política, su gestión pasada inmersa en denuncias de corrupción y nepotismo, su incapacidad en dialogar.

Colombia enfrenta una posible bolsonarización de su política, en el sentido de caer en un gobierno de extrema derecha, que seguramente será desordenado en varios sentido pero enfocado en debilitar la justicia y los derechos, agravando aún más la exclusión. Es una bolsonarización también por lidiar con un candidato que no es el promovido desde los sectores conservadores, sino que escapó a ellos, llevando a un extremo la banalización de la política, pero al que terminan adhiriendo porque ellos mismos también están atrapados en el miedo, aunque sea distinto, porque es el temor a que se derrumben las exclusiones.

Ante esta situación no debe abandonarse la esperanza que permita abrir las ventanas y puertas que anulen los encierros de la exclusión, y que nos sirvan para comenzar a escuchar, y entender, otras lenguas.

Notas

1. Uber Sprache Ueberhaupt und über die Sprache des Menschen, W. Benjamin, manuscrito de 1916, publicado póstumamente; las citas corresponden a la traducción de R. Blatt en Para una crítica de la violencia y otros ensayos, Iluminaciones IV, Taurus, Barcelona, 1991.
2. Violencias (re)encubiertas en Bolivia, S. Rivera Cusicanqui, La Mirada Salvaje, La Paz, 2010.
3. “Que viva la democracia”: presidente Iván Duque ejerció su derecho al voto, Semana, Bogotá, 29 mayo 2022, https://www.semana.com/nacion/articulo/que-viva-la-democracia-presidente-ivan-duque-ejercio-su-derecho-al-voto/202233/
4. La violencia política en Colombia, E. Zuleta, originalmente redactado en 1987, y publicado en la revista Foro No 12, 1990; reproducido en Colombia: violencia, democracia y derechos humanos, Ariel, Bogotá, 2015.
5. Colombia, Informe 2021/22, Amnistía Internacional, https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/paises/pais/show/colombia/
6. Colombia, Eventos 2021, Human Rights Watch, https://www.hrw.org/es/world-report/2022/country-chapters/380715
7. La situación reciente se ilustra por ejemplo en Teatro de Sombras, Informe Anual 2021, Sistema de Información sobre Agresiones contra Personas Defensoras de Derechos Humanos en Colombia, Programa Somos Defensores, Bogotá, 2022.
8. Sobre la violencia en Colombia desde mediados del siglo XX véase por ejemplo Violencia pública en Colombia, 1958-2010, M. Palacios, Fondo Cultura Económica, Bogotá, 2012.

 

Eduardo Gudynas es analista en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES).
Algunas secciones del presente texto fueron presentadas en la mesa redonda sobre Desaprender la exclusión y abrazar la diversidad, organizado por el Instituto Distrital para la Participación y Acción Comunal (IDPAC) de Bogotá, el 4 de junio 2022.

 

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