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Otro fracaso en la evacuación de civiles.. Imagen: AFP

El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, advirtió que el Ejército ruso prepara una ofensiva sobre la también sureña Odessa, la tercera ciudad y el mayor puerto del país, y reconoció que ataques con misiles destruyeron el aeropuerto de la ciudad de Vinnytsia.

 

Un nuevo intento de evacuar a civiles de la ciudad portuaria ucraniana de Mariupol fracasó por segundo día consecutivo en medio de acusaciones cruzadas de fuego persistente entre las fuerzas de Ucrania y las tropas de Rusia, mientras continuaban los ataques a otras ciudades y la salida masiva de refugiados. El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, advirtió que el Ejército ruso prepara una ofensiva sobre la también sureña Odessa, la tercera mayor ciudad y el mayor puerto del país, y denunció que ataques con misiles destruyeron el aeropuerto de la ciudad de Vinnytsia, al sudoeste de la capital Kiev, en el undécimo día de la invasión rusa. 

Más de un millón y medio de personas huyeron de Ucrania a países vecinos desde el inicio de la ofensiva militar rusa, el éxodo más acelerado de su tipo desde la Segunda Guerra Mundial, dijo este domingo el organismo de la ONU para los refugiados (ACNUR). El presidente de Rusia, Vladimir Putin, insistió en que mantendrá su llamada "operación especial" en Ucrania, iniciada el 24 de febrero, hasta que termine la resistencia en ese país y se acepten las demandas del Kremlin de desnazificación y desmilitarización.

Versiones cruzadas por Mariupol 

"La columna para evacuar a la población civil no salió de Mariupol porque los rusos reagruparon sus fuerzas y comenzaron a bombardear la ciudad", afirmó en Facebook el gobernador de la región, Pavlo Kirilenko. Sin embargo el presidente ruso, Vladimir Putin, acusó a los "nacionalistas ucranianos" del fracaso de la evacuación. En un contacto telefónico con su par francés, Emmanuel Macron, Putin negó que su ejército "tome a los civiles por objetivo" y dijo que obtendrá "sus metas" en Ucrania "por la negociación o por la guerra".

Mariupol, un puerto estratégico en el mar de Azov, ha estado varios días bajo intenso asedio ruso y sin electricidad. Su alcalde, Vadim Boitchenko, indicó en una entrevista publicada en YouTube que "Mariupol ya no existe" y que hay miles de heridos. La caída definitiva de este puerto marcaría un punto de inflexión en la guerra porque permitiría a Rusia unir las tropas que avanzan desde la península de Crimea, anexada por Moscú en 2014, con las fuerzas que penetran el país desde el Donbass, en el este.

Odessa cada vez más amenazada

La ofensiva militar de Rusia se dirigió este domingo principalmente a las regiones del sur de Ucrania. El presidente Volodimir Zelenski afirmó precisamente que allí Rusia se está preparando para bombardear la ciudad portuaria de Odessa, a orillas del mar Negro. "Los rusos siempre han venido a Odessa. Siempre han sentido solo calidez en Odessa, solo sinceridad. ¿Y ahora qué? ¿Bombas contra Odessa? ¿Artillería contra Odessa? ¿Misiles contra Odessa? Será un crimen de guerra. Será un crimen histórico", señaló el mandatario ucraniano en un mensaje por video.

Rusia lanzó su invasión a Ucrania el 24 de febrero desde tres frentes. Desde entonces, las fuerzas del frente sur intentan cortar a Ucrania el acceso al mar Negro y al mar de Azov. La semana pasada, las tropas rusas tomaron Jersón, una ciudad portuaria de 290 mil habitantes, en su mayor logro hasta ahora desde el inicio de la invasión. Un ataque a Odessa ampliaría la ofensiva más hacia el Oeste, no lejos de la frontera con Moldavia, país en el que Rusia tiene ya presencia militar en el enclave rusohablante de Transnistria.

Bombardeo a un aeropuerto en el oeste

El presidente Zelenski denunció además este domingo la destrucción total de un aeropuerto cerca de Vinnytsia, en el oeste del país, por el impacto de ocho misiles rusos. En un nuevo video publicado en la cuenta oficial de Telegram del mandatario, Zelenski recalcó que "la pacífica Vinnytsia nunca ha amenazado a Rusia".

"El brutal y cínico ataque con misiles dejó el aeropuerto completamente destruido. Ellos (por los rusos) continúan destruyendo nuestra infraestructura, nuestra vida, que construimos nosotros, nuestros padres, nuestros abuelos, generaciones de ucranianos", afirmó Zelenski, quien reiteró su pedido a los aliados de la OTAN: "Cierren el cielo sobre Ucrania. Ciérrenlo para todos los misiles rusos, para los aviones, para todos estos terroristas. Hagan una zona aérea humanitaria sin misiles, sin bombas".

"Había cuerpos por todas partes"

Más hacia norte del país, en Kiev, los barrios obreros de las afueras, como Bucha e Irpin, ya están en la línea de fuego, y los últimos ataques aéreos convencieron a muchos residentes de que era la hora de huir. "Están bombardeando áreas residenciales, escuelas, iglesias, edificios, todo", se lamentaba este domingo la contadora Natalia Didenko.

En Bilohorodka, justo en las afueras de la capital, las tropas ucranianas colocaron explosivos en el último puente que permanece en pie para frenar la ofensiva rusa. "Este es el último puente, lo vamos a defender y no vamos a dejar que lleguen a Kiev", dijo un combatiente que se identificó como "Casper".

En Chernigov, una localidad cercana a la frontera con Bielorrusia y Rusia, decenas de civiles murieron. "Había cuerpos por todas partes. Esperaban para entrar en la farmacia aquí, y están todos muertos", contó a la prensa un hombre que pidió ser identificado solo por su nombre, Serguéi, en medio del estruendo de las sirenas de alerta.

El drama de los refugiados

Este domingo el papa Francisco lanzó un llamado a instaurar "verdaderos corredores humanitarios" para ayudar a los civiles en Ucrania. "En Ucrania corren ríos de sangre y lágrimas. No se trata solo de una operación militar sino de guerra, que disemina muerte, destrucción y miseria", criticó el Papa durante el Ángelus de este domingo desde el Vaticano. 

"Las víctimas son cada vez más numerosas, así como las personas que huyen, especialmente madres y niños", lamentó el pontífice de cara a los fieles que, muchos con banderas de Ucrania, lo escucharon en la Plaza San Pedro. "Reitero mi llamado para que se aseguren los corredores humanitarios, que se garantice la ayuda a las zonas asediadas para ofrecer vital socorro a nuestros hermanos y hermanas", reclamó Francisco.

"La guerra es una locura, frenen por favor, miren la crueldad", pidió por último el papa. Once días después de que empezara la invasión 1,5 millones de personas han huido de Ucrania según la ONU, que calificó el éxodo como "la crisis de refugiados de más rápido crecimiento en Europa desde la Segunda Guerra Mundial". 

Derechas e izquierdas con y contra la invasión

«No tomaremos partido, seguiremos siendo neutrales y ayudaremos con lo que sea posible», dijo el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. Fue más lejos: «Un jefe de Estado como el de Rusia no quiere emprender una masacre, en ningún lugar». Y en referencia al presidente de Ucrania, Volodímir Zelensky, añadió que los ucranianos han «puesto la esperanza de su nación en manos de un comediante». Algunas fuentes aseguran que la postura de Bolsonaro se debe a que, en su opinión, Vladimir Putin encarna el nuevo orden mundial que anhelan sus seguidores. Sin embargo, fuentes del diario Correio Braziliense, cercano al Ejército, aseguran que «miembros del Palacio de Planalto afirman que militares del primer escalón de mando aconsejaron estar del lado de Rusia».

Si las declaraciones de los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua a favor de Rusia eran las esperables, aunque el primero se abstuvo en la asamblea general de la Organización de las Naciones Unidas, lo que más sorprendió y lo que menos reflejaron los medios fue la posición de Bolivia. Como otros países de la región, La Paz no acompañó la declaración de la Organización de los Estados Americanos. Sin embargo, el embajador Diego Pary emitió un discurso en el plenario que marcó distancia de casi todos. Comenzó leyendo parte del artículo 10 de la Constitución de su país, que declara que es «pacifista y rechaza toda guerra de agresión». Luego dijo: «En ese marco constitucional, mi país rechaza todas las invasiones y acciones unilaterales realizadas por varias potencias a lo largo de la historia reciente, vulnerando el derecho internacional y la misma Carta de las Naciones Unidas. Ejemplo de ello son Afganistán, Irak, Libia, Siria, Palestina y, hoy, Ucrania».

Aunque Bolivia se inclinó por una posición de principios al condenar la invasión, no escatimó críticas a Occidente: «Hay responsabilidades no solo del país que ha decidido realizar una operación militar unilateralmente, como es el caso de Rusia, sino también de las potencias occidentales que, a través de la OTAN [Organización del Tratado del Atlántico Norte], ponen en riesgo la seguridad y la paz de otros Estados». En medio de tantas declaraciones unilaterales que olvidan anteriores invasiones y largas ocupaciones, algunas de las cuales aún no han finalizado, la posición principista de Bolivia llama la atención, sobre todo porque, en su cuenta de Twitter, el expresidente Evo Morales manifestó una posición opuesta: criticó a Estados Unidos por haber causado la muerte de millones de personas y aseguró que ahora «amenaza con hacer pagar un alto precio a Rusia por defender su continuidad como Estado soberano».

En contra de los pronunciamientos comprensivos con Rusia de varios intelectuales de izquierda latinoamericanos y algunos europeos, el filósofo Santiago Alba Rico destacó que la consigna «No a la guerra, no a la OTAN» resulta «completamente inapropiada para el momento y para el acontecimiento» (Ctxt, 25-II-22). En su opinión, el lema era adecuado en 2003, cuando la invasión de Irak, pero no en este momento: «La guerra se ha descentralizado. Hay otras potencias y subpotencias dejando su propia denominación de origen en diferentes infiernos locales: Arabia Saudí en Yemen, Rusia e Irán en Siria, Turquía en el Kurdistán». Agregó que estaría de acuerdo con la consigna en el caso de que «todas las manifestaciones se convoquen delante de las embajadas y los consulados rusos». Y acusó a la izquierda de ser «más antiamericana que antimperialista, más pendiente de sí misma que del sufrimiento de los ucranianos».

Por Raúl Zibechi
3 marzo, 2022

Putin le dio a Washington exactamente lo que quería

La última escalada de la crisis en Ucrania nos obliga a sostener dos ideas al mismo tiempo: que Vladimir Putin tiene mucha responsabilidad inmediata, y que la prolongada negativa de Estados Unidos a aceptar los límites de la expansión de la OTAN contribuyó a provocarla.

Esta semana se ha producido la escalada más dramática de la crisis que se cuece a fuego lento en Ucrania hace tiempo: el presidente ruso Vladimir Putin ha reconocido formalmente la independencia de las regiones escindidas del este del país, Donetsk y Luhansk, y ha enviado tropas rusas a la zona, supuestamente para mantener la paz.

Lo primero que hay que decir sobre esto es que es imprudente e ilegal. En virtud de los acuerdos de Minsk, que tanto Rusia como Occidente han impulsado durante años como solución a la miniguerra civil que ha asolado el este de Ucrania durante los últimos ocho años, estas regiones debían ganar autonomía sin dejar de formar parte de Ucrania. La medida de Putin rompe de hecho ese pacto.

En segundo lugar, de acuerdo con el derecho internacional, existen procesos para llevar a cabo misiones de mantenimiento de la paz; el envío unilateral de tropas a un país vecino con el que se está peleando no lo es. Por ello, el representante de Kenia en la ONU, que se había abstenido en la votación para debatir las acciones de Rusia a principios de este mes, dijo anteayer que la medida «viola la integridad territorial de Ucrania», comparándola con la forma en que las fronteras de los países africanos habían sido trazadas y redibujadas por imperios moribundos. El «orden internacional basado en normas» puede tener sus problemas y ser invocado de forma selectiva, pero en su esencia es un principio fundamentalmente bueno: que el fuerte no puede hacer simplemente lo que quiera con el débil.

Y Putin ha dado bastantes señales de que está dispuesto a intensificar su intervención. Enviar «fuerzas de paz» es una cosa. Hacerlo después de reconocer la independencia de regiones controladas por separatistas que respalda —algo que Putin había rechazado la semana pasada— y después de un discurso en el que efectivamente sugiere que el país en el que se encuentran es en verdad su territorio, es una señal de ambiciones menos que benignas.

Reconocer todo esto, sin embargo, no deja a Occidente libre de culpa en lo que está sucediendo ahora. O como dijo recientemente el politólogo Stephen Walt: «uno puede creer que las acciones actuales de Rusia son totalmente ilegítimas y también creer que un conjunto diferente de políticas estadounidenses durante las últimas décadas las habría hecho menos probables».

O un conjunto diferente de políticas estadounidenses en los últimos meses. El ejército de expertos belicistas que ha estado prediciendo —salivando, tal vez sea más exacto— una invasión rusa ya ha aprovechado este último movimiento como reivindicación de sus argumentos habituales: Putin es Hitler, busca revivir la gloria de la Unión Soviética, no se puede razonar con él, y solo una demostración de fuerza (no más «apaciguamiento» o negociaciones que «premien» su comportamiento) puede hacer que se detenga. Este es, por cierto, el enfoque que Washington y sus aliados, principalmente el Reino Unido, han adoptado para llegar a este punto.

A lo largo de esta crisis, la posición occidental ha sido la de adoptar una línea caricaturescamente dura contra la negociación. En diciembre, Putin presentó su oferta inicial, de máxima, en la que pedía sobre todo un compromiso legal por escrito de que los países vecinos, Ucrania y Georgia, no entrarían en la OTAN, y que Washington volviera a entrar en el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF), del que Trump se había retirado imprudentemente, así como una serie de exigencias menos realistas sobre las actividades de la OTAN en las antiguas repúblicas soviéticas.

Pero lo que realmente buscaba Putin era el primer punto de la lista. Los límites a la deriva de la OTAN hacia el este, después de todo, habían sido durante mucho tiempo un punto doloroso no solo para él, sino incluso para las élites rusas proccidentales durante años, algo que varios funcionarios y pensadores estadounidenses habían reconocido abiertamente como comprensible.

Así que, sabiendo que Moscú amenazaba ahora con una acción militar contra Ucrania si se seguían ignorando sus objeciones a la ampliación de la OTAN, ¿qué hicieron los funcionarios occidentales? Se negaron a ceder en el asunto una y otra vez a medida que pasaban los meses, incluso cuando absurdamente reconocieron que Ucrania no se iba a unir a la alianza en breve, y dejaron claro que no lucharían para defenderla.

El equivalente geopolítico de un pistolero que agita una pistola ante tu amigo exigiéndote que descartes cualquier plan futuro para escalar el Monte Everest, solo para que te cruces de brazos y te niegues.

La necesidad de Occidente de mostrarse duro e intransigente a toda costa alcanzó cotas especialmente tontas a principios de este mes, cuando la ministra de Asuntos Exteriores británica, Liz Truss —que había celebrado previamente una elegante cena con la esposa de un designado por Putin que había pagado una pequeña fortuna a su partido— se sentó a conversar con el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergey Lavrov. Cuando Lavrov, en respuesta a las exigencias de Truss de que Rusia retirara las tropas de su territorio fronterizo con Ucrania, le preguntó si reconocía la soberanía de Rusia sobre las regiones de Rostov y Voronezh, Truss respondió que el Reino Unido «nunca reconocería la soberanía rusa sobre esas regiones», lo que provocó que un diplomático más informado interviniera para explicarle que esas eran regiones rusas.

Fue un episodio embarazoso, pero reveló muchas cosas sobre la posición negociadora de Estados Unidos y el Reino Unido: estaban comprometidos a adoptar una irreflexiva línea dura en las negociaciones, incluso cuando aquello no tenía ningún sentido.

Mientras tanto, al negarse efectivamente a negociar, Estados Unidos y el Reino Unido recurrieron a una «campaña de comunicación estratégica» en la que, a lo largo de semanas y meses, hicieron innumerables predicciones sobre una «inminente» invasión rusa que repetidamente no se produjo, y alimentaron a los periodistas con oscuras profecías de falsas banderas e incluso de un golpe de Estado. Las pruebas de estas predicciones no estaban claras porque los funcionarios se negaron a publicarlas, pero el pánico que provocaron condujo a la retirada de los observadores del alto el fuego del este de Ucrania, lo que a su vez hizo que se dispararan las violaciones del alto el fuego en la región, creando el mismo pretexto que Rusia ha utilizado ahora para enviar tropas, que los funcionarios occidentales han señalado naturalmente para afirmar que tenían razón todo el tiempo.

Tal vez el Kremlin realmente estaba haciendo exactamente lo que los funcionarios occidentales afirmaban. Pero como las pruebas siguen ocultándose, en este momento es igual de probable que esos funcionarios hayan contribuido a desencadenar lo mismo que trataban de evitar, ya que la retirada de los observadores condujo a un aumento de los combates que Putin aprovechó.

Todo ello nos ha llevado hasta aquí. No está claro lo que Putin está planeando ahora. ¿Simplemente está subiendo la apuesta para arrancar concesiones a Occidente? ¿Está planeando crear una zona de amortiguación independiente y prorrusa en Ucrania, o incluso anexionar esta parte del país? ¿O está planeando la más exagerada de las predicciones occidentales, la de marchar a Kiev y derrocar al gobierno ucraniano, cargando con un dolor de cabeza que podría convertirse fácilmente en su propio Afganistán? A estas alturas, no podemos decirlo.

Lo que sí podemos decir es que las acciones de Putin no han llegado hasta el punto de una invasión a gran escala, como reconocen incluso los funcionarios estadounidenses, lo que significa que todavía es posible una solución diplomática. Y las élites occidentales harían bien en buscarla antes de que Putin pase el punto de no retorno, porque la alternativa no será buena para nadie.

Consideremos las posibles ramificaciones solo para Biden. Si los combates en Ucrania dañan las infraestructuras energéticas, o si los gobiernos occidentales acaban sancionando los combustibles fósiles rusos, esto podría hacer que la inflación se disparara aún más en Estados Unidos, especialmente teniendo en cuenta que Rusia es ahora el segundo mayor proveedor de petróleo extranjero de Estados Unidos.

La situación podría empeorar aún más si, ya sea por las sanciones o por las represalias rusas, se agotan las exportaciones de trigo y productos básicos rusos, lo que afectaría a los precios de los alimentos, así como a la industria de los semiconductores (cuyas dificultades han provocado un aumento de los precios y los robos de automóviles en Estados Unidos) junto con una serie de otras industrias que dependen de las materias primas y los consumidores rusos. Lo mismo ocurre con Ucrania, que también es un importante exportador mundial de grano y materias primas utilizadas para fabricar chips semiconductores y otros productos.

Incluso si Estados Unidos encuentra una forma de escapar a estos impactos, otros países no lo harán, alimentando potencialmente la desestabilización en todo el mundo y creando una serie de incendios que Washington tendrá que apagar. Europa, uno de los principales compradores de petróleo y gas ruso, se verá especialmente afectada, las remesas a los países euroasiáticos se agotarán y el precio de los alimentos para países como Egipto, muy dependientes de Ucrania y Rusia, se disparará, aumentando el riesgo de agitación política. Cuando la gente tiene hambre, tiende a rebelarse.

Además, existe la posibilidad de que la guerra se intensifique. Los combates entre Ucrania y Rusia podrían extenderse fácilmente más allá de las fronteras de la primera, atrapando a otros países, incluso a los aliados de la OTAN, preparando el terreno para una escalada nuclear catastrófica. Incluso el escenario «menos malo» y más probable de que Rusia luche indefinidamente contra una insurgencia entrenada por Estados Unidos en Ucrania no es bueno, con militantes de extrema derecha haciéndose de armas y experiencia de lucha en un lugar que, como Siria, ya tiene los ingredientes de un enclave global para los extremistas violentos (en Ucrania, de la variedad de la supremacía blanca). El hecho de que en este caso todo esto esté ocurriendo a las puertas de Europa debería ser aún más alarmante para los occidentales.

Desgraciadamente, parece que la Casa Blanca ha decidido ahora que la incursión de Putin, tanto si acaba siendo «limitada» como si es algo aún más peligroso, significa que la diplomacia está ahora fuera de la mesa. Cualquiera que sea la explicación de la obstinación occidental, son los ucranianos de a pie los que van a sufrir, junto con todos los que sienten los efectos de la onda expansiva del conflicto, entre ellos la presión del Congreso para inundar Ucrania de armas donde inevitablemente llegarán a manos de los neonazis y otros extremistas.

Putin es el responsable último de cualquier horror que desate. Pero guarden algo de indignación para los gobiernos y funcionarios occidentales que decidieron hacer inevitable la guerra al negarse a transigir, sacrificando un país que consideran poco más que una pieza de ajedrez.

Por Branko Marcetic  Redactor de Jacobin Magazine y autor de Yesterday’s Man: The Case Against Joe Biden (Verso, 2020).

25/02/2022

 

La experiencia de Bélgica reconoce antecedentes en muchos países.

Tras su adopción en Bélgica

Bélgica sorprendió esta semana al anunciar una reforma laboral que incluye la posibilidad de reducir la jornada laboral a cuatro días por semana. La noticia fue presentada como una oportunidad de dar mayor libertad a los trabajadores, aunque lo cierto es que en el caso belga no se reducen las horas laborales sino que se pueden organizar de otra forma.

La posibilidad de achicar la semana laboral se empezó a discutir en muchos países a raíz de las nuevas formas de trabajo que trajo la pandemia, aunque decenas de empresas en todo el mundo ya lo venían experimentando, cada una a su manera.

Los casos de Bélgica y España

Según el acuerdo alcanzado entre los ministros de la coalición gobernante, que tiene asegurada su aprobación en el Parlamento, el trabajador podrá elegir concentrar sus 40 horas semanales en cuatro días o podrá optar por un régimen semanal variable, trabajando más horas una semana y teniendo más tiempo libre a la siguiente.

El caso de España, uno de los primeros países en hablar de semana de cuatro días, es diferente porque a lo que se apunta es a reducir las horas de trabajo, tal como señaló el diputado español Íñigo Errejón, impulsor del proyecto en su país.

"Trabajar 10 horas diarias para librar un día es un atentado a la conciliación y a la calidad de vida. Han ido por el camino contrario" alertó Errejón, aunque se alegró de que la posibilidad de tener tres días de descanso ya no sea un tabú y cada vez más empresas o países lo estén intentando.

El proyecto que impulsa Más País, el partido que dirige Errejón, supone una rebaja de las horas y se le está dando impulso mediante proyectos piloto acordados con el Ejecutivo.

El Gobierno español aportará 10 millones de euros a unas 200 empresas que participarán de la prueba para implantar, este año, la jornada laboral de 32 horas semanales o cuatro días. Se estima que alcanzará a entre 3.000 y 6.000 trabajadores.

Los principales gremios apoyan la medida impulsada por Errejón subrayando que se trata de una "reivindicación histórica del movimiento sindical". La patronal española, en cambio, rechaza ese modelo de trabajo porque teme que afecte la productividad.

Las ventajas de la semana reducida

Sin embargo, según la ONG 4 Day Week Global (4DWG, Semana de cuatro días mundial), aquellos que lo hicieron mejoraron no solo la productividad sino también la salud de los trabajadores y sus familias.

Además, comprobaron que ese esquema también sirve para resolver problemas de igualdad de género, permitiendo un reparto más equitativo de las tareas de cuidado entre madres y padres y favorecieron el camino hacia un trabajo más sostenible.

En diálogo con la agencia Télam, un representante de 4DWG reveló que un resultado inesperado para las empresas fue que les resultó más fácil atraer y retener talento.

El primer país en implementar la jornada reducida fue Islandia, tras una prueba de cuatro años (2015-2019) entre los empleados del sector público de la capital, Reikiavik.

Las 2.500 personas que trabajaron menos horas sin que se les reduzca el salario tuvieron menos estrés y agotamiento, mejoraron su salud y su equilibrio de vida y empleo sin disminuir la productividad y la recaudación del Estado.

Hoy, el 86% de los islandeses trabaja menos horas o puede solicitar el nuevo patrón horario, algo que los sindicatos ya están negociando.

Más experiencias en todo el mundo

En Nueva Zelanda, la empresa Perpetual Guardian aprobó la semana laboral de cuatro días desde 2018 y Unilever lo hizo en 2021. En plena pandemia y con las fronteras del país selladas, la primera ministra, Jacinda Ardern, prometió extenderlo a todo el territorio para fomentar el turismo interno y la economía.

En el Reino Unido, en tanto, está en marcha la iniciativa a través de 30 empresas que, si logran su cometido, podrían ayudar a que el Parlamento adopte por ley la semana laboral de 32 horas a nivel nacional.

Suecia, por su parte, probó reducir la jornada laboral en 2015 en varios centros de cuidados de ancianos, un sector al que le cuesta reclutar personal.

Las 70 enfermeras que participaron de una prueba registraron menos licencias por enfermedad, mejores condiciones de salud y aumentaron la productividad. Además, se crearon empleos adicionales y se redujeron los costos de cobertura por problemas de salud.

Sin embargo, los resultados fueron cuestionados por sus altos costos y fue descartado por el Gobierno, aunque algunas empresas, entre ellas Toyota, lo mantienen hasta el día de hoy.

En Japón, Microsoft es la primera en aplicar la jornada laboral de cuatro días y comprobó que los trabajadores mejoraron su productividad en hasta un 40% y aumentaron las ventas, a la vez que redujeron los gastos de electricidad y de tinta y papel, entre otros.

En Estados Unidos y Alemania también son las empresas las que han estado impulsando la reducción horaria, cada una con sus diferencias, como la estadounidense Basecamp, que lo hace solo durante el verano.

En España, en cambio, la empresa que atrajo todas las miradas es DelSol Software, que hace varios años viene practicando este esquema, que se tradujo en mayor rendimiento, más facturación y menor ausentismo.

La situación en Argentina

En el país, donde el tope de horas de trabajo a la semana es de 48 horas, hay en curso dos proyectos para reducir la jornada laboral:

  • El de la diputada del Frente de Todos y dirigente de la Asociación Bancaria Claudia Ormaechea, que propone una jornada máxima de 6 horas y un tope de 36 horas semanales. 
  • El del legislador también del oficialismo y secretario general de la CTA, Hugo Yasky, que propone una semana laboral con un máximo de 8 horas diarias y no más de cuarenta horas semanales.

Los problemas del exceso de trabajo

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el exceso de trabajo genera pérdidas de hasta un 3% del PBI.

La falta de descanso impacta de distintas maneras: baja la productividad, aumenta el ausentismo, aumenta el riesgo de contraer enfermedades crónicas, cardíacas, cáncer, abortos espontáneos en el primer trimestre y nacimientos prematuros.

Para 4DWG, está demostrado que reducir la semana laboral de 40 a 32 horas funciona para empleados y empleadores.

"Hace 100 años pasamos de trabajar seis días a la semana a cinco", recordó la ONG antes de subrayar que no se debe perder tiempo en esa discusión: "Ya estamos atrasados para una actualización".

Ansiedad, miedo y hambrunas le impiden a millones vivir dignamente, sostiene el informe del organismo para el desarrollo. . Imagen: AFP

El organismo promueve redefinir la idea de progreso

"A pesar de los avances de desarrollo acumulados durante años, la sensación de seguridad de la población se encuentra por debajo del mínimo en casi todos los países, incluidos los más ricos", sostuvo el PNUD. El índice de desarrollo humano medido por el organismo se hundió en 2019-2020, coincidiendo con la irrupción de la Covid-19.

La unidad de medida del éxito de un país suele ser su Producto Bruto Interno (PBI). Sin embargo, un estudio publicado por el Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD) señaló que seis de cada siete personas aseguraron sentirse inseguras por su situación de vida durante 2021, año que de acuerdo a los registros fue el de mayor PBI mundial de la historia. "El progreso en el desarrollo a nivel mundial no genera automáticamente una mayor sensación de seguridad", reconoció el PNUD y solicitó redefinir la idea de "progreso".  

"A pesar de los avances de desarrollo acumulados durante años, la sensación de seguridad de la población se encuentra por debajo del mínimo en casi todos los países, incluidos los más ricos", sostuvo el PNUD y resaltó que no tiene que ver con los niveles de riqueza --Estados Unidos y China reúnen el 42% del PBI mundial-- ya que aún en los países "de los niveles más elevados de buena salud, riqueza y educación muestran mayor grado de ansiedad incluso que hace diez años".

Esperanza de vida

El estudio agrega que, tras la pandemia de Covid-19, la esperanza de vida ha caído a nivel mundial por segundo año consecutivo y advierte que los cambios de temperatura por el cambio climático podrían causar la muerte de 40 millones de personas de aquí al final del siglo. 

La Covid-19, el cambio climático, la hambruna, las tecnologías digitales, las desigualdades, la capacidad de los sistemas de salud ante nuevos retos, además de los conflictos armados --que afectan a unos 1.200 millones de personas-- han seguido generando ansiedad, miedo y penurias que le impiden a millones vivir dignamente, sostiene el informe del organismo para el desarrollo. 

Por eso, el PNUD asegura que la sensación de inseguridad entre la población es cada vez mayor a pesar del avance del desarrollo y llamó a "promover la solidaridad y reorientar los esfuerzos en el ámbito del desarrollo".

Los níveles de "inseguridad" son medidos por el organismo de la ONU a partir del Índice de Desarrollo Humano, que mantuvo una mejora desde que comenzó a elaborarse en 1994, hasta que se hundió en 2019-2020 coincidiendo con la irrupción de la Covid-19.

"Hay que redefinir el verdadero significado de progreso"

Aunque en 2021 experimentó una recuperación, el PNUD calcula que en dos años el índice perdió las mejoras logradas en cinco años, entre 2014 y 2019.

"A pesar de que el mundo disfruta de una riqueza sin precedentes, la mayoría de las personas sienten preocupación por el futuro, sentimientos que probablemente se han visto exacerbados por la pandemia", dijo el administrador del PNUD, Achim Steiner.

Además, el organismo insistió en que existe una estrecha relación entre la pérdida de confianza y los sentimientos de inseguridad. "Las personas con una mayor sensación de inseguridad humana tienen tres veces menos probabilidades de tener confianza en los demás", lo que afecta a las relaciones diarias de convivencia.

Para Steiner, la solución pasa por "prestar atención a las señales que emiten las sociedades que sufren un estrés inmenso y redefinir el verdadero significado de progreso". En este sentido, insta a un modelo de desarrollo que se levante sobre la protección y la restauración del planeta, con nuevas "oportunidades sostenibles" para todos.

El PNUD sostiene que los agentes del cambio deberían promover la solidaridad, el empoderamiento y la protección en todos los ámbitos y evitar que la mejora de un aspecto implique el empeoramiento de otro.

El presidente de Argentina, Alberto Fernández, y su homólogo chino, Xi Jinping, en la ceremonia en la que firmaron el acuerdo binacional este domingo en Pekín.Foto Ap

 

Más de 140 países del mundo se han adherido al proyecto integrador de mercados

Buenos Aires., El presidente de Argentina, Alberto Fernández, firmó acuerdos este domingo para la incorporación de su país a la iniciativa china del Cinturón y Ruta de la Seda, la cual involucra financiamientos de la nación asiática por 23 mil 700 millones de dólares, se informó oficialmente.

 

En el marco de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, Fernández mantuvo una reunión "cordial, amistosa y fructífera" con su par chino Xi Jinping, en la que se selló el ingreso de Argentina como uno de los más de 140 países al Cinturón y Ruta de la Seda, una iniciativa diplomática china para ampliar su influencia estratégica en el mundo, mediante el impulso del comercio, la integración de mercados, financiamiento e inversiones multimillonarias del gigante asiático.

 

Así, Argentina se convierte en el primer país de gran tamaño de América Latina en incorporarse a esa iniciativa que han adoptado naciones en desarrollo y que es vista con cierto recelo por países más ricos, como Estados Unidos.

 

De acuerdo con un comunicado de la presidencia argentina, la nación sudamericana recibirá financiamiento en dos tramos, uno inicial de 14 mil millones de dólares divididos en diez proyectos de infraestructura y otros 9 mil 700 adicionales.

 

China también expresó su respaldo a Argentina en sus "esfuerzos para preservar la estabilidad económica y financiera" y se comprometió a "incentivar un mayor uso de las monedas nacionales en el comercio y las inversiones y facilitar a las empresas de ambos países la rebaja de los costos y la reducción del riesgo de cambio", según el comunicado.

 

El documento señala que se promoverá "la inversión extranjera de China en la Argentina" en sectores estratégicos como energía y electromovilidad y las exportaciones del país sudamericano. "Se trabajará para ampliar la participación de los proveedores argentinos en las obras de infraestructura y se acelerarán las negociaciones sanitarias, fitosanitarias y las habilitaciones para estimular las exportaciones argentinas a China", añade.

 

Además ambos países firmaron acuerdos para potenciar áreas de tecnología e innovación como el desarrollo verde, la economía digital, el ámbito espacial y educación y agricultura; así como energía nuclear, una línea de inversión que ha levantado polémica en el país.

 

Según datos de la presidencia argentina, China es el primer socio comercial extra-Mercosur del país, el segundo destino para las exportaciones agroindustriales y su primer inversor en energías renovables. A su vez, China financia diversos proyectos de infraestructura, energía y transporte, a lo que se suma la colaboración entre ambos países en materia de agricultura, educación, cultura y deportes.

Segunda Declaración de La Habana: El día en que todo el mundo puso los ojos sobre Cuba

La Habana, Cuba, Territorio Libre de América. Febrero 4 de 1962. La Plaza está abarrotada. Es la mayor concentración popular desde que triunfó la Revolución tres años atrás. Un niño, sobre los hombros de su padre, mira a la tribuna con unos binoculares.

“Porque esta gran humanidad ha dicho ¡basta! y ha echado a andar”, dice el primer ministro Fidel Castro al finalizar la declaración. Poco antes había sentenciado allí mismo, frente a casi un millón y medio de cubanos: “En todo el mundo están puestos los ojos sobre nuestro pueblo en el día de hoy; los pueblos de todos los continentes están esperando esta respuesta de nuestra patria”.

El joven gobierno revolucionario había convocado a la Segunda Asamblea General Nacional del Pueblo para el 4 de febrero, luego de que Cuba fuera expulsada de la Organización de Estados Americanos (OEA), durante la VIII Reunión de Consultas de Ministros de Relaciones Exteriores de esa organización, celebrada en Punta del Este, Uruguay, entre el 23 y el 31 de enero de 1962.

En la cita de cancilleres, el gobierno de Estados Unidos utilizó como pretexto el vínculo de la Isla con naciones extracontinentales y lo incompatible del marxismo-leninismo con los principios del Sistema Interamericano, para promover nuevas sanciones económicas contra la Isla y cesar el comercio. Acusaban a Cuba de querer exportar su revolución, como si se tratara de una mercancía, pero “las revoluciones no se exportan, las hacen los pueblos”.

Mientras esto sucedía en Uruguay, en La Habana, el expresidente mexicano Lázaro Cárdenas junto al entonces senador chileno Salvador Allende y otras personalidades como Roque Dalton, Fabricio Ojeda, Pedro Mir y Jacobo Arbenz, inauguraron una Conferencia de los Pueblos a la par de la reunión de cancilleres de la OEA, con el objetivo de apoyar a la Revolución Cubana.

Con la mayoría mínima de catorce votos (dos de ellos comprados por Estados Unidos), en Punta del Este expulsaron a Cuba de la organización. El gobierno revolucionario –representado allí por el Canciller de la Dignidad, Raúl Roa, y el Presidente de la República, Osvaldo Dorticós– votó en contra de la resolución. Se abstuvieron Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador y México. Con la excepción de este último país, todos los gobiernos de América Latina rompieron relaciones diplomáticas con La Habana.

¿Cuál fue la respuesta de Cuba?

En un contexto de transformaciones en el país, producto de la llegada al poder de un gobierno revolucionario hacía apenas tres años, y en medio de la constante injerencia de Estados Unidos para derrocar a la Revolución, se convocó a los cubanos a la Plaza.

El entonces primer ministro, Fidel Castro, presentó la Segunda Declaración de La Habana, aprobada por casi un millón y medio de cubanos que se encontraban allí. En el histórico documento se ratificó lo planteado en la Primera Declaración –también aprobada en consulta popular, el 2 de septiembre de 1960– en cuanto a la posición de Cuba ante la injerencia de Washington.

Hace 60 años, en aquella concentración popular en la Plaza de la Revolución, se condenó la ruptura de relaciones diplomáticas de los países miembros de la OEA –exceptuando a México– con la Mayor de las Antillas.

Un día antes de la Segunda Declaración de La Habana, como si fuera poco, el entonces presidente Kennedy firmó la Orden Ejecutiva Presidencial número 3 447, que establecía el bloqueo total del comercio entre Cuba y Estados Unidos.

La Segunda Declaración de La Habana reafirmó el carácter socialista y latinoamericanista de la Revolución Cubana.

Fieles a ese ejemplo, la #DiplomaciaRevolucionaria defiende en todos los escenarios, la soberanía y principios de nuestro pueblo.#TenemosMemoriapic.twitter.com/9WRHHoXwiU

Tanto la Segunda como la Primera Declaración de La Habana, y posteriormente la de Santiago de Cuba reflejaron la solidaridad y el internacionalismo como pilares fundamentales de la política exterior de la Revolución Cubana, así como el derecho de los pueblos a la libre autodeterminación y la vocación latinoamericanista de la nación. Dejaron claro que en el Caribe había una Isla rebelde.

Historiadores e investigadores refieren que el documento es, asimismo, expresión del ideario martiano vigente en el proceso revolucionario, al ser un texto antimperialista y de lucha por la libertad de los pueblos. Tanto es así que han pasado seis décadas y mucho ha cambiado, pero si hay algo incólume e irrenunciable es, sin que resulte manido, la soberanía e independencia del país. Quizás por eso los ojos del mundo siguen mirando a la Isla cada vez que ha hecho falta la respuesta de Cuba.

 

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Fidel Castro Ruz. Segunda Declaración de La Habana

Colombia es el país más peligroso para la defensa de los derechos humanos: Amnistía Internacional

Tras hacer un comparativo con países como Honduras, Mexico y Brasil, la organización con presencia en más de 150 países levanta una alarma y exhorta a los gobiernos a tomar medidas que garanticen la seguridad y que protejan la vida

 

El pasado 17 de enero, el cuerpo de Luz Marina Arteaga fue hallado sin vida. Arteaga era una de las defensoras de comunidades campesinas más conocidas del departamento del Meta. Antes de morir, había denunciado que en su región la situación de orden público era complicada por el abandono del Estado y el despojo territorial al que habían sometido a campesinos e indígenas grupos armados ilegales.

Las aseveraciones de ese entonces dieron luz verde a la Unidad Nacional de Protección para velar por la vida de esta lideresa que se encontraba amenazada y en abril del 2019 se impusieron entorno a ella una serie de medidas materiales para proteger su vida, pero no fueron suficientes.

Llevada por algo de temor, en octubre de 2019 Luz Marina denunció a la Fiscalía las amenazas en su contra y en 2020 alcanzó a informar a la Unidad Nacional de Protección que estas no eran las adecuadas. Nada fue suficiente.

La historia se repite con el caso del José Albeiro Camayo Güetio, excoordinador regional de la guardia indígena en el resguardo de Las Delicias, municipio de Buenos Aires, en el Cauca. El pasado 24 de enero, el Tejido de Defensa de la Vida y los Derechos Humanos (TDVD) denunció su asesinato a manos de presuntos miembros de un grupo paramilitar que dispararon en contra de la comunidad después de que la guardia les había expulsado del territorio.

Aunque el caso de Arteaga sucedió en el Meta y el de Camayo en el Cauca, los hechos no son distantes. Hacen parte de una realidad que en Colombia se escucha a diario en los medios, pero que parece salirse de la manos de un Estado que se esfuerza pero que no logra garantizar la vida y que tampoco toma suficientes medidas para abatir los grupos armados, disidencias y delincuencia que ahora se disputan el territorio por el tráfico de sustancias ilegales.

El Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz lo pone en cifras. Solo en enero de este año 15 líderes sociales y defensores de derechos humanos fueron asesinados en Colombia y al 29 de enero de 2022 se registró un total de trece masacres, que resultaron en la muerte de 39 personas que viven en zonas rurales en Colombia.

La situación ha hecho que Amnistía Internacional denuncie las políticas fallidas de prevención y protección y que en un listado de los países que considera más peligrosos para la defensa de los derechos humanos en años anteriores, posicione a Colombia como el país más peligroso.

“La protección de comunidades Indígenas, campesinas y afrodescendientes en Colombia es ineficaz porque no aborda las causas estructurales de la violencia y comúnmente se da sin la debida participación de quienes están en riesgo. Las personas defensoras de comunidades en riesgo están en una constante situación de desprotección, por lo que las amenazas, ataques y asesinatos son constantes en el país considerado el más peligroso para defender derechos humanos en el mundo”, afirmó Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional

México, Brasil y Honduras

Decir la verdad y defender la vida sigue siendo motivo de incomodidad para muchos. Sobre todo en México, en donde cuatro periodistas fueron asesinados y una defensora de los derechos humanos, que luchaba por el feminicidio de su hija en Temixco, Morelo,s pagó con sangre lo que significaba exigir algo de justicia.

En Honduras y Brasil las cifras son semejantes; tres defensores asesinados. En Honduras uno luchaba por los derechos de la comunidad trans, los otros defendían el territorio.

Por su parte, en Brasil fueron hallados los cuerpos de tres personas de una misma familia conocida por liberar crías de tortugas y por defender una causa: la protección ambiental.

La vida sigue, dirán unos, pero las cifras dan cuenta de un escenario que es aterrador. Por eso, para revertir la tendencia, Arias sugiere mayor compromiso de la justicia pues se trata de construir un futuro donde defender los derechos humanos no signifique arriesgar la vida.

“Los Estados tienen la obligación de investigar los asesinatos de manera pronta, exhaustiva independiente e imparcial, y con una línea de investigación principal que considere la labor de defensa de los derechos humanos o actividad periodística. Eliminar la impunidad en estos casos es crucial para lograr un entorno seguro para defender derechos humanos y enviar un mensaje claro de que estos actos no son tolerados”, señaló.

Con esto, se busca levantar alarmas en defensa de los derechos humanos y el periodismo independiente, pues aquellos que amenazan los intereses de unos cuantos son necesarios para ejercer control ante sistemas políticos y económicos que parecen indolentes y son negligentes ante la violencia que enfrentan.

2 de Febrero de 2022

Comienza camino rumbo a la corona mundial de ajedrez: ¿Quién se convertirá en el retador de Magnus Calsen?

Los 16 protagonistas del Grand Prix de Berlín ya fueron dados a conocer y con ello echa a andar el reto rumbo a la disputa de la corona mundial de ajedrez, prevista para el 2023 en Madrid.

La justa que comienza el 4 de febrero próximo en la capital alemana será el primer momento de un ciclo bien definido, en el que están involucrados los mejores jugadores del momento y la pregunta es solo una: ¿Quién se convertirá en el retador del noruego Magnus Calsen?

Por ahora la atención se reducirá a seguir el primer paso del camino y se sabe que la convocatoria involucra a hombres como el chino Ding Liren, los estadounidenses Wesley So, Hikaru Nakamura y Levon Aronian, además del ruso Alexander Grischuk, el indio Pentala Harikrishna y el español Alexey Shirov.

También estarán allí el estadounidense nacido en Cuba Leinier Domínguez, el húngraro Richard Rapport, el francés Etienne Bracot, el indio Gujarathi Vidit, los rusos Danill Dubov, Vladimir Fedoseev y Grigoriy Oparin, y el alemán Vicent Keymer.

Todos forman parte de un grupo de 24 trebejistas con opciones de participar en dos de los tres certámenes convocados y acumular puntos para definir solo dos clasificados finales.

Sucede que ya son seis los que tienen puesto seguro en el Torneo de Candidatos a la Corona Mundial (Madrid/junio-julio 2022): el estadounidense Fabiano Caruana, los rusos Sergey Karjakin e Ian Nepomniachtchi, el polaco Jan-Krzysztof Duda, el azerí Teimour Radyabov y el franco-iraní Aliereza Firouzja.

Volviendo a los grands prix que inician en febrero, el sistema eliminatorio será con un sistema de liga a doble vuelta en cuatro grupos, los ganadores de cada grupo accederán a las semifinales y los vencedores animarán la final.

Existe una tabla de puntos según el puesto ocupado y será ese el medidor para definir a los dos que clasifican al Candidatos.

El primero de los torneos finalizará el 17 de febrero, seguirá como segundo momento la parada de Belgrado (28 de febrero al 14 de marzo) y se regresa a Berlín para cerrar el ciclo del 21 de marzo al 4 de abril.

24 enero 2022

(Tomado de JIT)

Bogotá, 19 de febrero de 2020. Sala Plena de la Corte Constitucional.(Colprensa - Álvaro Tavera)

Los ocho magistrados que votaron sobre despenalizar el aborto quedaron divididos 4-4. Será ahora un conjuez quien se encargue del desempate

Este 20 de enero la Sala Plena de la Corte Constitucional votó sobre la despenalización del aborto en Colombia. Una decisión que quedó en empate con cuatro magistrados a favor y cuatro en contra. Es de recordar que, el noveno voto hubiese sido del magistrado Alejandro Linares, pero este fue separado del debate por un impedimento que presentó al referirse sobre el tema del aborto en un medio de comunicación.

A favor de la ponencia que despenaliza el aborto votaron los magistrados: Alberto Rojas, José Fernando Reyes, Antonio Lizarazo y Diana Fajardo. Mientras que en contra de despenalizar, votaron Cristina Pardo, Paola Meneses, Jorge Ibáñez y Gloria Ortiz.

Ahora tendrá que ser un conjuez quien determine el desempate de esta discusión que puede culminar en la despenalización total de esta práctica como lo reclaman las organizaciones que velan por el derecho de la mujer, o que en el país siga aplicándose el aborto solo bajo las tres causales:

  1. Cuando existe peligro para la salud física o mental de la mujer.
  2. Cuando exista grave malformación del feto que haga inviable su vida extrauterina.
  3. En caso de acceso carnal violento, transferencia de óvulo fecundado o inseminación artificial no consentida.

El 25 de febrero de 2021, la Sala Plena eligió, por unanimidad, a los 18 conjueces que, en caso de empate o falta de quorum necesario, tendrán la responsabilidad de participar de la deliberación y votación de las decisiones para el periodo comprendido entre el 1 de marzo de 2021 y el 28 de febrero de 2022.

Esta es la lista de los conjueces y será uno de ellos quien termine definiendo el desempate de este importante debate.

Según El Tiempo, la responsabilidad recayó en los conjueces Julio Andrés Ossa y Juan Carlos Henao que tendrán un tiempo para evaluar todo el expediente.

El empate se dio por la falta del voto del magistrado Linares

Linares entregó unas declaraciones a un medio de comunicación el 11 de noviembre de 2021, las cuales, de acuerdo con él, podrían interferir con su imagen de imparcialidad en la discusión de la Interrupción Voluntaria del Embarazo en Colombia.

“En ese tema uno escucha múltiples opiniones, gente muy cercana a uno (…) o tiene los hijos de uno que le dicen: ‘papá, estoy de acuerdo contigo en la despenalización del aborto, o no estoy de acuerdo contigo en la despenalización del aborto, cada individuo tiene una visión muy personal de lo que debería ser un fallo de la Corte”, dijo en ese entonces el magistrado a un medio de comunicación.

Frente al impedimento, el pasado 18 de noviembre de 2021 la Sala Plena de la Corte no llegó a un acuerdo, por lo que designaron al conjuez Yepes Arcila. El primero de diciembre, el alto tribunal tuvo un primera sesión, sin embargo, ese día tampoco se tomó una decisión por lo que se suspendió el encuentro. Ahora, un mes y medio después, la Corte Constitucional aceptó el impedimento del magistrado Linares.

El alto tribunal estudió las ponencias presentadas por los magistrados Antonio José Lizarazo y Alberto Rojas Ríos, en las que se solicita despenalizar el aborto en Colombia, el cual es legal en el país desde 2006 bajo tres causales y de no entrar en ellas, el aborto es considerado como un delito, cuya pena sería de entre 16 a 54 meses de cárcel.

Según Lizarazo, el Estado debe despenalizar la interrupción voluntaria del aborto en el país, pues penalizarlo no solo incide en que se practiquen abortos inseguros, sino también, que se vulnere “la libertad de conciencia de las mujeres” de decidir si quieren procrear o no.

Se espera que en las próximas semanas se conozca la posición de los conjueces y se llegue a una decisión crucial sobre el tema del aborto en Colombia.

20 de Enero de 2022