Foto de archivo de Ariel Henry. — REUTERS

 

El nuevo Gobierno asumirá sus funciones en un plazo de ocho días y mantendrá el poder hasta la celebración de las elecciones.

El primer ministro de Haití, Ariel Henry, firmó este sábado un acuerdo con los principales partidos de oposición para formar un Gobierno de unidad y una asamblea que redactará una nueva Constitución, antes de celebrar las elecciones.

El nuevo Gobierno asumirá sus funciones en un plazo de ocho días y mantendrá el poder hasta la celebración de las elecciones "a más tardar a finales de 2022, bajo el imperio de la nueva Constitución", según figura en el texto del acuerdo.

Henry presidirá el ejecutivo, que será "esencialmente no partidista" y estará integrado por personalidades escogidas con base en su "notoriedad". En este período transitorio, la acción del Gobierno será supervisada por una Autoridad de Control y Seguimiento, ente que estará formada por los 10 senadores que siguen en activo y por otros 23 miembros designados por universidades públicas, cámaras de comercio y varios colegios profesionales.

El acuerdo prevé también la creación de una asamblea nacional constituyente, formada por 33 miembros, nombrados por diversas instituciones y organismos de la sociedad civil, incluyendo representantes de grupos feministas, de la comunidad en la diáspora y de personas con discapacidades.

Esta asamblea tendrá en cuenta en sus trabajos el anteproyecto de Constitución presentado esta semana y que fue redactado por una comisión de expertos designada por el presidente Jovenel Moise, quien fue asesinado el pasado 7 de julio. Los constituyentes tendrán un plazo de tres meses para preparar el proyecto de carta magna, que será sometido a la ratificación del pueblo haitiano.

Una vez sea promulgada la nueva Constitución, se celebrarán elecciones, como máximo hasta finales del 2022, para que las nuevas autoridades asuman sus cargos a comienzos de 2023, agrega el texto del acuerdo. Haití se encuentra en estos momentos sin un presidente, por la muerte de Moise, y sin un Parlamento operativo desde comienzos de 2020, debido al aplazamiento de las elecciones legislativas de 2019.

 11/09/2021 18:58 Actualizado: 11/09/2021 20:34

EFE

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China realiza los preparativos para Cumbre Mundial sobre Biodiversidad

China ya realiza los preparativos para  acoger en octubre la cumbre mundial sobre biodiversidad (COP 15) en la ciudad suroccidental de Kunming. Este evento ha sido pospuesto dos veces y reestructurado debido a la pandemia de COVID-19.

Autoridades locales informaron que actualmente instalan y actualizan los equipos en la sede principal, pero además dan los toques finales al embellecimiento de la urbe y reparación de las carreteras principales.

Según detallaron, los asistentes a la cita serán transportados en vehículos de energías limpias y se albergarán en 16 hoteles acondicionados con medidas que permitan detectar y controlar cualquier caso de COVID-19.

La Organización de Naciones Unidas y China acordaron recientemente inaugurar la COP15 de forma virtual a mediados de octubre desde Kunming y además pasar las discusiones en persona para entre el 25 de abril y el 8 de mayo del año venidero.

Ese evento debía efectuarse en octubre de 2020, pero por la pandemia se aplazó para mayo del presente año y después para el mes que viene. No obstante, el Ministerio chino de Ecología y Medioambiente siempre advirtió que la celebración de la cumbre dependerá de la situación sanitaria a escala global.

El objetivo de la reunión será conformar la agenda global con las metas que deben alcanzarse hacia 2030 en la conservación de la biodiversidad.

China buscará incluir también el uso sostenible, compartido y balanceado de los recursos naturales.

Como parte de los preparativos, en junio último el gigante asiático y la Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica patrocinaron un foro que examinó cómo el sector empresarial podría contribuir de forma activa en la conservación de los recursos naturales y respalden los respectivos esfuerzos y proyectos globales.

Ese espacio incluyó el debate de temas como el uso sostenible de los suelos, conservación de los bosques, la protección de los ecosistemas marinos y financiamiento a proyectos ecológicos, entre otros.

12 septiembre 2021

(Con información de Prensa Latina)

La delegación zapatista en su llegada a Galicia, España

El primer grupo volverá el sábado a México después de haber realizado un viaje de cuatro meses.

Unos van y otros regresan. Lo que es un hecho es que, pese a múltiples trabas burocráticas, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) sigue adelante con una histórica gira que bautizó "La travesía por la vida", y a través de la cual una delegación ya visitó España, Francia y Suiza para compartir "dolores y rabias" y estrechar lazos con colectivos sociales.

Se trata del Escuadrón 421 que partió el 3 de mayo desde la costa mexicana y atravesó el Atlántico para desembarcar 52 días después en la provincia española de Galicia.

Uno de los puntos culminantes del viaje fue la conmemoración por el 500 aniversario de la caída de Tenochtitlán, el imperio azteca, que, bajo el lema "no nos conquistaron", realizaron el 13 de agosto en Madrid, es decir, en la tierra de los invasores.  

Mañana, este grupo, que está conformado por cuatro mujeres, dos varones y una persona trans, todos ellos indígenas y zapatistas, regresará a México, para continuar la lucha y la organización desde Chiapas, en las montañas del sureste en donde en 1994 se presentó una guerrilla que hoy se ha reconvertido en un movimiento social.

Son días agitados para el EZLN, porque este viernes llegó a la Ciudad de México la delegación que toma la posta y que está conformada por 177 zapatistas de raíz maya, que el próximo lunes partirá en dos aviones rumbo a Austria para continuar la gira europea.

Agenda

El nuevo contingente fue bautizado como "La extemporánea", en una irónica alusión a los pretextos que dieron las autoridades mexicanas para postergar la entrega de pasaportes que requerían 62 viajeros, a quienes les decía que eran "extemporáneos", lo que en muchos casos implica que sus actas de nacimiento fueron emitidas después de los tres años de vida, una situación común en los pueblos indígenas y que, en este caso, servía como pretexto para obstaculizar los trámites.

"La extemporánea" va encabezada por el Subcomandante Moisés, principal dirigente de esta organización, y quien detalló en un comunicado los pormenores del viaje.

"Después de infinidad de trámites, obstáculos y problemas, anunciamos que la compañía zapatista aerotransportada, a la que hemos llamado 'La Extemporánea', saldrá de la Ciudad de México con rumbo a Europa el próximo día 13 de septiembre del 2021. El destino es la ciudad de Viena, en la geografía que llaman Austria, y viajaremos en dos grupos", precisó.

También explicó que la delegación está organizada en 28 equipos de Escucha y Palabra, uno de Juego y Travesura y uno Coordinador. Todos se dispersarán, ya que la intención es cubrir 28 rincones de la geografía europea en forma simultánea.

Unos días después de su llegada a Viena, agregó, se incorporarán a ellos otro grupo del Congreso Nacional Indígena-Concejo Indígena de Gobierno y el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua: "Junto a esa delegación de esas organizaciones hermanas, continuaremos el trabajo iniciado por el llamado Escuadrón 421".

El Subcomandante aclaró que este esfuerzo está dedicado a todas las personas desaparecidas en México, (que actualmente superan las 90.000), a las familias que sufren su ausencia y, sobre todo, a las mujeres y hombres que luchan por encontrarlas y conseguir verdad y justicia.

"Sepan que su ejemplo, su incansable trabajo y su no rendirse, no venderse y no claudicar, son para nosotros, los pueblos zapatistas, una lección de dignidad humana y de compromiso auténtico en la lucha por la vida", señaló.

El anuncio

En octubre del año pasado, el subcomandante Moisés explicó que en 2021 se cumplirían los 20 años de la Marcha del Color de la Tierra que el EZLN realizó en México. En conmemoración de la fecha, ahora navegarían y caminarían "para decirle al planeta que, en el mundo que sentimos en nuestro corazón colectivo, hay lugar para todas, todos, todoas. Simple y sencillamente porque ese mundo sólo es posible si todas, todos, todoas, luchamos por levantarlo".

"La travesía por la vida" fue confirmada el 1 de enero, al cumplirse el 27 aniversario de la sorpresiva irrupción del EZLN, la guerrilla mexicana que después mutó a movimiento político y que desde su aparición pública goza de gran popularidad a nivel internacional.

En una declaración difundida ese día, los zapatistas explicaron que habían establecido múltiples contactos por diversos medios. "Somos mujeres, lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, travestis, transexuales, intersexuales, queer y más, hombres, grupos, colectivos, asociaciones, organizaciones, movimientos sociales, pueblos originarios, asociaciones barriales, comunidades y un largo etcétera que nos da identidad", señalaron.

Al reconocer que las diferencias entre tantos grupos son variadas, desde las distancias, geografías, culturas, clases sociales, dogmas y más, también destacaron que hay puntos de acuerdo.

"Solo nos unen muy pocas cosas: El que hacemos nuestros los dolores de la tierra: la violencia contra las mujeres; la persecución y desprecio a los diferentes en su identidad afectiva, emocional, sexual; el aniquilamiento de la niñez; el genocidio contra los originarios; el racismo; el militarismo; la explotación; el despojo; la destrucción de la naturaleza", señalaron.

Además, afirmaron que coinciden en el entendimiento de que hay un responsable de estos dolores. "El verdugo es un sistema explotador, patriarcal, piramidal, racista, ladrón y criminal: el capitalismo. El conocimiento de que no es posible reformar este sistema, educarlo, atenuarlo, limarlo, domesticarlo, humanizarlo. El compromiso de luchar, en todas partes y a todas horas –cada quien en su terreno-, contra este sistema hasta destruirlo por completo. La supervivencia de la humanidad depende de la destrucción del capitalismo. No nos rendimos, no estamos a la venta y no claudicamos", advirtieron.

Otra certeza compartida, dijeron, es que la lucha por la humanidad es mundial. "Así como la destrucción en curso no reconoce fronteras, nacionalidades, banderas, lenguas, culturas, razas; así la lucha por la humanidad es en todas partes, todo el tiempo. La convicción de que son muchos los mundos que viven y luchan en el mundo. Y que toda pretensión de homogeneidad y hegemonía atenta contra la esencia del ser humano: la libertad. La igualdad de la humanidad está en el respeto a la diferencia. En su diversidad está su semejanza", afirmaron.

Publicado: 10 sep 2021

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Chile: ¿del 11 de septiembre al fin del neoliberalismo?

Después del golpe de Estado contra el socialista Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973, Chile se convirtió en el laboratorio del neoliberalismo. Ahora, el país intenta liberarse de ese legado y avanzar hacia un nuevo tipo de Estado de Bienestar.

El golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 arrojó a Chile a la larga y brutal dictadura de Augusto Pinochet, quien implementó reformas neoliberales profundas y de largo alcance. Luego de esta traumática experiencia, el país transitó a la democracia en 1989. Los sucesivos gobiernos democráticos optaron por un enfoque de reformas graduales que, si bien ayudaron a garantizar el crecimiento económico, no tocaron los pilares del neoliberalismo implementado por Pinochet.

Hasta hace muy poco tiempo, este enfoque se consideraba un éxito, y era reivindicado como un modelo, tanto a escala latinoamericana como global. Sin embargo, a pesar de la impresionante disminución de las tasas de pobreza desde la transición a la democracia y de más de tres décadas de estabilidad política, el país ha entrado ahora en una era marcada por conflictos sociales y tensiones económicas.

A fines de 2019, manifestaciones masivas y graves disturbios se extendieron por todo el país. Miles de personas salieron a las calles a protestar contra las diferentes formas de desigualdad imperantes y el modelo neoliberal que caracteriza al país. Ante la magnitud de la presión social, la clase política acordó realizar un referéndum, en el que la ciudadanía tiene la potestad para decidir si llegó la hora de cambiar la Constitución y así intentar una refundación del sistema institucional.

El proceso constituyente

El referéndum constitucional tuvo lugar en octubre de 2020 y su resultado fue una verdadera bofetada para la elite: casi 80% del electorado votó a favor del cambio de la Carta Magna. A mediados de mayo pasado, la ciudadanía acudió nuevamente a las urnas para escoger a los representantes de la asamblea encargados de redactar la nueva Constitución. El resultado de esta elección representó otra derrota para el establishment: las fuerzas políticas tradicionales –tanto de izquierda como de derecha– fueron castigadas, mientras que la mayoría de los candidatos que recibieron importantes donaciones de campaña no fueron seleccionados. Para asombro de académicos y analistas, los principales ganadores de esta elección crucial fueron no solo nuevas fuerzas de izquierda, sino que también, y sobre todo, los candidatos independientes con una agenda progresista. Chile está entrando ahora en territorio inexplorado. El proceso constitucional ya está en marcha y para fines del próximo año se realizará un referéndum, en el cual la Constitución recién redactada será aprobada o rechazada por la población.

La ciudadanía contra las elites

¿Cómo llegó el país considerado como un modelo de estabilidad a encontrarse hoy en esta situación de alta incertidumbre?

Por un lado, la propia modernización económica que ha experimentado el país en las últimas décadas allanó el camino para el surgimiento de una ciudadanía progresista, la cual demanda transformaciones estructurales del modelo de desarrollo existente. El impulso proviene en gran medida de nuevas generaciones que se definen como liberales en temas culturales y, a su vez, aspiran a la construcción de un Estado de Bienestar de corte socialdemócrata. Por otro lado, dado que las elites han permanecido ciegas ante ese proceso de transformación de la sociedad, cada vez tienen más problemas para comprender y adaptarse al nuevo escenario. En los últimos años han salido a luz pública escándalos de diverso tipo: casos de corrupción que afectan a la elite política, situaciones de flagrante colusión que manchan la reputación del empresariado y casos de pederastia en la Iglesia Católica.

En consecuencia, Chile es un caso emblemático de desconexión entre el establishment y la ciudadanía. Mientras el primero es visto como un actor ilegitimo por gran parte de la población, la segunda ha sido capaz de organizarse colectivamente y presionar para demandar la construcción de un nuevo contrato social. La crisis de la democracia chilena se explica, entonces, por la conformación de un establishment que no ha sabido cómo –y en parte no ha querido– responder a las demandas de la ciudadanía. Esto es particularmente válido para un empresariado que opera con una lógica de capitalismo rentista y sigue pensando que las políticas neoliberales son el único camino posible para alcanzar el desarrollo. La aprobación masiva del plebiscito constitucional y la derrota de las fuerzas políticas tradicionales en la Asamblea Constituyente, demuestran que gran parte del electorado está dispuesto a apostar por nuevos rostros y exige una transformación de la elite del país. Visto así, no es descabellado pensar que Chile está experimentando un proceso de renovación de la democracia. La presión de la sociedad civil y el poder de los votantes estaría llevando a la gradual conformación de una nueva clase política, la cual podría terminar generando una mejor conexión con la ciudadanía.

Esta interpretación positiva del proceso de transformación en curso depende de varios factores. Y dos son particularmente relevantes. En primer lugar, aun cuando a través de los próximos procesos electorales es esperable que se vaya generando un cambio importante a nivel de la elite política, no es del todo claro que las elites culturales y económicas estén dispuestas a dar paso a nuevos actores que sintonizan de mejor manera con la sociedad. Sin una renovación del empresariado y del mundo de la cultura seguirá existiendo una importante brecha entre elite y ciudadanía. En segundo lugar, a fines de este año se llevarán a cabo elecciones presidenciales y parlamentarias, en un contexto en el que prima una fuerte fragmentación del espacio político. Debido a ello, es prácticamente imposible que quien gane la presidencia tenga una mayoría en el Congreso. Las encuestas muestran cierta ventaja para las fuerzas progresistas, pero no es del todo claro que éstas logren establecer alianzas que permitan dar gobernabilidad.

Hacia un nuevo modelo de bienestar

La salida de la crisis actual y la potencial renovación de la democracia chilena depende sobre todo de la capacidad de las elites para transformarse y dar vida a acuerdos con el objetivo de encausar las reformas demandas por la ciudadanía. La sociedad chilena se ha manifestado con fuerza, exigiendo el tránsito hacia un Estado de Bienestar propio de la socialdemocracia, el respeto del medio ambiente y un avance sustantivo en materia de igualdad de género. ¿Estarán las elites a la altura de este desafío? En gran medida, esta pregunta determinará hasta qué punto la democracia en Chile saldrá más fortalecida de este proceso y si se convertirá en un modelo de cómo, a través de procesos democráticos, se puede avanzar en políticas que pongan límites al papel del mercado y que sean capaces de reconstruir los contratos sociales rotos.

Si bien es cierto que el desenlace de la situación de Chile es incierto, no cabe duda de que el resultado final tendrá un impacto importante en América Latina y el mundo progresista. Así como el 11 de septiembre de 1973 marcó un punto de inflexión a nivel latinoamericano y para el mundo de izquierda, la potencial renovación de la democracia chilena trazará una hoja de ruta que puede ser imitada por otros actores. La pandemia de covid-19 ha exacerbado los problemas de desigualdad y pobreza, de modo que los países de América Latina necesitan reconstruir el pacto social para lograr avanzar hacia políticas sociales de corte universal. Chile podría allanar un camino que pase por la movilización social, las reformas institucionales y, sobre todo, un nuevo pacto entre elites para generar gobernabilidad.

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Rodrigo Rojas Vade, exvicepresidente de la Convención Constituyente de ChileMarcelo Hernandez / Gettyimages.ru

El movimiento registra deserciones en masa después de las controversias que agotaron su credibilidad.

La Lista del Pueblo representaba una de las principales organizaciones políticas emergentes surgidas del estallido social de 2019. Estaba formada por líderes sociales independientes que denostaban a los partidos tradicionales y prometían honestidad, congruencia y renovación. Y sorprendieron al ganar 26 bancas en la Convención Constituyente que se definió en las históricas elecciones de mayo pasado.

Pero después de ese inesperado triunfo, comenzó una debacle. En las últimas semanas, la catarata de escándalos de este movimiento de izquierda se coronó con la desconcertante confesión de uno de sus integrantes: Rodrigo Rojas Vade, vicepresidente de la Convención Constituyente, renunció a su cargo luego de reconocer que durante años había fingido un cáncer.

La noticia sorprendió por completo a la sociedad chilena, ya que el activista de 37 años se había granjeado altos niveles de simpatía al participar en las movilizaciones de fines de 2019 que pusieron en jaque al Gobierno de Sebastián Piñera y que desembocaron en un plebiscito para que la ciudadanía decidiera si quería una nueva Constitución y, luego, en la elección de las y los 155 convencionales.

Rojas Vade ganó notoriedad en las marchas con su cabeza pelada, producto, según él, de los tratamientos contra el cáncer. Su popularidad creció hasta convertirse en una de las figuras más reconocidas de la Lista del Pueblo, el movimiento creado por dirigentes que decidieron aglutinarse para participar de manera formal en la vida política chilena.

Por eso logró ser elegido como uno de los siete vicepresidentes de la Convención Constituyente que se instaló a principios de julio y que es presidida por la intelectual mapuche Elisa Loncon.

Ahora será investigado y su incipiente carrera política está terminada. Tanto como la credibilidad de la Lista del Pueblo, que enfrenta un éxodo masivo de militantes que ya no quieren quedar ligados a un movimiento que ilusionó y decepcionó en muy poco tiempo.

Porque este no fue el único escándalo, y una de las consecuencias más graves es que la derecha está utilizando el desprestigio de la Lista del Pueblo para desacreditar por completo el trabajo de la Convención Constituyente, como ya lo denunció el alcalde de Recoleta y exprecandidato presidencial, Daniel Jadue.

Irregularidades en el financiamiento

El financiamiento de varias de las campañas de los militantes de la Lista del Pueblo que se postularon a convencionales constituyentes está bajo investigación del Servicio Electoral (Servel), ya que varios candidatos emitieron facturas de gastos a sus propios familiares. Se trata de millonarios recursos públicos.

Una de las principales alertas fue que Miriam Parra, una dirigente que asesoró diversas candidaturas, cobró diferentes honorarios a pesar de haber realizado el mismo trabajo, lo que motivó su expulsión y la del excandidato Ricardo Mahnke, de quien incluso fue jefa de campaña.

Hay otros casos de excandidatos a convencionales que emitieron facturas a hermanos, primos, tíos, cuñados, esposos, sobrinos o nueras, pero uno de los que más llamó la atención fue el de la activista ecologista Soledad Mella, ya que, en medio de las denuncias por estas irregularidades, también se postuló como precandidata presidencial con miras a las elecciones generales del próximo 21 de noviembre.

Este proceso terminó de evidenciar la desorganización y fracturas que tenía la Lista del Pueblo, ya que se realizó de una manera totalmente desaseada.

El pasado 6 de agosto Cristian Cuevas, un reconocido líder sindical de larga trayectoria en partidos de izquierda, fue elegido como candidato en una votación interna en la que participaron 73 militantes, pero la decisión fue impugnada de inmediato por otros dirigentes que advirtieron que tan pocas personas no podían designar a un presidenciable, y que lo mejor era realizar una elección interna en la que interviniera la sociedad a través de patrocinios (firmas) recolectadas de manera formal en la página del Servicio Electoral.

La postulación de Cuevas quedó invalidada y, aunque siguió su campaña de manera independiente, no se pudo registrar porque no consiguió las 34.000 firmas que exigía el Servicio Electoral.

El escándalo de las firmas falsas

El 12 de agosto, la Lista del Pueblo anunció que sus tres precandidatos presidenciales eran los mapuches Ingrid Conejeros y Diego Ancalao y la activista Soledad Mella, pero en realidad esta última inclusión era más bien simbólica, ya que ella no hizo campaña alguna porque en ese momento se había destapado el escándalo de las anomalías en sus reportes de gastos.

Mientras tanto, los pleitos internos y la suspensión de la candidatura de Cuevas ya habían provocado renuncias en cascada de militantes de la Lista del Pueblo, que hoy ya quedó dividida en varios sectores.

Y todavía faltaba otra controversia que desató tanto indignación como burlas. Finalmente, Ancalao fue designado como su candidato presidencial y el 23 de agosto, horas antes de que venciera el plazo, logró registrarse ante el Servel.

Publicado: 8 sep 2021

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Kathi Weeks: “Los movimientos sociales están influidos por la crítica del trabajo. Y si no lo están, deberían estarlo”

Weeks abre su última obra publicada en castellano preguntándose por qué la teoría política ha prestado tan poca atención al problema del trabajo, y frente a su privatización y despolitización, propone una reflexión sobre los modos de hacer público y repolitizar lo laboral.

 

Kathi Weeks es autora de El problema del trabajo, recientemente publicado en castellano por Traficantes de Sueños. En su obra, Weeks pone en juego una caja de herramientas que recorre distintas tradiciones desde los feminismos a los marxismos, desde la teoría literaria a las perspectivas de las luchas políticas, útiles para una concepción crítica del trabajo actualizada para el siglo XXI. En la conversación, aborda temas como los efectos de la pandemia en la ética del trabajo, los sujetos y movimientos políticos que en el presente podrían encarnar el rechazo al trabajo, la potencia de las demandas de Renta Básica Universal y de reducción de la jornada laboral, las paradojas y debates sobre el desarrollo tecnológico y la automatización, y la crítica de lo que denomina el sistema de el-trabajo-y-la-familia. Kathi Weeks es profesora de género, sexualidad y estudios feministas en la Universidad de Duke. 

En las condiciones de la pandemia hemos visto una intensa polarización, por un lado, entre una fuerte ética del trabajo como algo “esencial” en comparación con otras esferas de la vida, y por otro lado, una conciencia del sinsentido de buena parte de los actuales empleos. ¿Cómo ha sido esto en el caso de Estados Unidos, un país con una ética del trabajo tan fuerte? 


Sí, completamente. Cuando los valores dominantes alaban el trabajo como algo central en lo que significa ser un individuo de éxito y un miembro digno de la sociedad, durante la pandemia una clara mayoría de gente en Estados Unidos insistió en que el trabajo no era algo por lo que morir o por lo que valga la pena arriesgar la salud de los demás. Aunque esto pueda significar otras muchas cosas, el parón de la economía debería reconocerse como una expresión del rechazo a esa manera de entender y valorar el trabajo generador de renta. También el trabajo se ha desmitificado de otra manera con el reconocimiento de que solo algunos empleos son lo suficientemente útiles como para ser considerados “esenciales” para la sociedad, y estos no suelen ser los mejor remunerados o de alto estatus. Así, por ejemplo, finalmente se reconoció que los trabajadores y trabajadoras de comercios de alimentación realizaban un trabajo importante y socialmente útil, a pesar de que al mismo tiempo se les pedía que se presentaran a empleos peligrosos y aun así mal pagados. La otra cara fue que se hizo cada vez más obvio que buena parte del resto de empleos, quizás la mayoría, eran poco necesarios si no totalmente inútiles, es decir, sin ningún sentido más allá de generar beneficio y sueldos. Y si la institución familiar ha sido la forma típica o normativa de recluirnos en los hogares, la pandemia también nos obligó a depender aún más intensamente de un trabajo doméstico no asalariado del cual se espera que nos sostenga o reproduzca en el día a día y generación tras generación a pesar de tener muy poco apoyo social o tiempo descontado del trabajo asalariado.

¿Crees que la pandemia, junto a otras circunstancias, ha modificado los imaginarios del trabajo, y por tanto, las posibilidades de demandas como la Renta Básica Universal que analizas en tu libro?


La crisis reveló con mucha mayor claridad las espectaculares exclusiones y disfunciones —si bien muy mundanas y cotidianas— producidas por el sistema de el-trabajo-y-la-familia, en parte porque los medios de comunicación se vieron obligados a informar sobre muchas de las increíbles tensiones que se produjeron en los hogares. El tema de la renta básica universal recibió un gran impulso en un periodo en el que se hizo evidente que el sistema salarial y la familia, como dos de los mecanismos básicos de distribución del ingreso, no están a la altura en tiempos “normales” ni mucho menos tienen la capacidad de garantizar seguridad y sustento en tiempos de crisis.

No sé cuánto tiempo durará el impulso de estos actos de rechazo y desmitificación de los empleos “productivos” inútiles y del trabajo reproductivo no remunerado, pero seguramente sobre ello se puede construir algo que demuestre por qué necesitamos un modo más racional, completo y confiable de recompensar todas las formas de trabajo y de distribuir renta para todas las personas.

En el caso español o el inglés, en los últimos tiempos algunos sectores están intentando abrir nuevamente el debate sobre la reducción de la jornada laboral a 32 horas, o a 30 horas. En algunas versiones, su justificación se basa tanto en su compatibilidad con un cierto productivismo (“trabajar menos nos hace ser más productivos”) como con el familiarismo (“trabajar menos para estar más tiempo con la familia”), ambas justificaciones que son criticadas en tu libro. Resumidamente, ¿qué requisitos básicos desde tu punto de vista tendría que tener esta demanda en un país como España?


Es una pregunta muy importante, pero realmente no la puedo responder. En la medida en que la práctica de la política es un arte más que una ciencia, la formulación y promoción de demandas es un asunto necesariamente situado que depende del contexto político, económico y cultural local. Lo que puedo decir es: por un lado, creo que está claro que hay que pensar en términos de reformas que sean oportunas e inteligibles, lo que implica apelar a términos que nos sean familiares y que probablemente tengan algún tipo de sentido inmediato para la gente. Según esa lógica, defender la demanda de reducción de jornada evocando la eficiencia en el puesto de trabajo o en nombre de los valores familiares podría ser una manera viable de asegurar unos niveles de apoyo mayor. Por otro lado, existen profundas limitaciones en ese tipo de pragmatismo político a corto plazo.

¿Cómo cuáles?


En primer lugar, no me convence el moderar las propias demandas para que inspiren un apoyo pasivo, sino que el activismo apasionado y la militancia son necesarios para impulsar un gran proyecto de reforma. En segundo lugar, hay mucho que hablar acerca de a quiénes podría excluirse por estas justificaciones y sus posibles consecuencias no intencionadas. Aquí es donde encuentro que el argumento de “más tiempo para la familia” es particularmente poco convincente. Hablamos como si todo el mundo tuviera una “familia”, pero ese es un mito peligroso para muchas de nosotras que no la tenemos o no queremos tenerla, o que no tendríamos por qué deber o querer dedicarle ese tiempo. No querría que se perpetuase la mitología de la familia que ignora la violencia que ocurre dentro de las familias y que invisibiliza el trabajo económicamente fundamental que allí se realiza con poco apoyo bajo el disfraz del amor romántico. Presentar la demanda de reducción de jornada en términos de tiempo para la vida, como única justificación posible, me parece una formulación más abierta, inclusiva y menos prescriptiva.

Finalmente, yo diría que una demanda política radical que se precie también requiere un horizonte, un algo más allá, algo más que las posibles concesiones que seamos capaces de ganar en el corto plazo. De manera que la campaña por la reducción de jornada también pueda ser un proceso de aprendizaje, un laboratorio, para el cultivo de otros deseos y demandas más allá. Cómo se negocia la relación entre las consideraciones prácticas a corto plazo y el horizonte radical a más largo plazo es un tema de estrategia y táctica que siempre está en debate y que se figurará de distintas maneras según cada lugar y momento.

Si tomamos como referentes históricos del rechazo del trabajo las formas del sindicalismo revolucionario a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, o el caso del operaísmo y el feminismo italiano en los años 70, quizás en el siglo XXI es más difícil ver un sujeto tan delimitado que plantee esas reivindicaciones. En este sentido, ¿qué movimientos políticos crees que encarnan, o podrían encarnar, la crítica del trabajo asalariado en la actualidad?


Creo que tienes toda la razón al no pensar hoy en las luchas contra o más allá del trabajo en términos de un sujeto político único o delimitado. Por el contrario, tiendo a pensar que la mayoría de movimientos sociales y campañas activistas están influenciados por, y contribuyen a, la crítica del trabajo asalariado y no asalariado. Y si no lo están, deberían estarlo. Dado que el sistema de producción y reproducción de el-trabajo-y-la-familia nos afecta en casi todos los aspectos de nuestras vidas, parece por ello relevante para tantas luchas. Lo pienso de esta manera: en la medida en que el objetivo de nuestra crítica política y activismo sea el capitalismo racial, de ocupación, colonial y heteropatriarcal, entonces el trabajo —incluyendo el trabajo de hogar y comunitario, reproductivo y de cuidados no asalariado— es la vía por la que la mayoría de la gente nos sumergimos y conectamos con ese sistema (y estar en desempleo en una sociedad que distribuye los medios de vida principalmente a través del trabajo asalariado no te exime de esto). Si esto es cierto, entonces el trabajo debería ser algo que tales movimientos deberían abordar, y con frecuencia lo hacen.

¿En qué casos lo observas?


Por ejemplo, el movimiento Black Lives Matter en Estados Unidos aborda los ataques del capitalismo racial desde la división racial del trabajo a la brecha racial en la riqueza y la falta de apoyo a sus hogares y comunidades. El abolicionismo de las cárceles desafía el sistema industrial penitenciario como una forma de tratar, encerrar y silenciar a las poblaciones superfluas que el sistema de el-trabajo-y-la-familia capitalista no puede integrar. El movimiento de la huelga feminista internacionalista se centra en rechazar y visibilizar la dependencia del capital respecto a la explotación del trabajo de cuidado feminizado y no asalariado que le provee de trabajadores y consumidores día a día y generación tras generación.

Lo que pasa con el trabajo es que no funciona y nos falla a la mayoría de las personas: porque no hay suficientes empleos, porque se paga tan poco que no puedes mantenerte o porque trabajas tantas horas que no tienes tiempo para vivir. Los sindicatos son un espacio importante de la política de y contra el trabajo, pero otros tipos de organización, movimiento y activismo también están asumiendo los problemas relacionados con el trabajo dado que estos no se limitan a una clase social o a determinados sectores de la economía.

En los discursos sobre la liberación del trabajo hay una tensión histórica que, entre otros elementos, depende de cómo concibamos la posibilidad de una apropiación (o no) del cambio tecnológico en un sentido emancipador, de tomar “las fuerzas productivas” en el sentido clásico. Sin embargo, en tu libro no abordas la cuestión tecnológica en profundidad. ¿Cómo te planteas hoy esa relación entre la liberación del trabajo y la dimensión tecnológica?


Desconfío de la forma en que la tecnología se figura en algunos debates recientes. Porque creo que tenemos una tendencia notablemente obstinada a pensar la tecnología como algo en sí mismo, como si no fuera siempre un producto e instrumento de las relaciones sociales, como herramientas humanas que pueden tomar una miríada de formas y tener usos muy distintos. Entonces, tanto si celebramos la tecnología por liberarnos del trabajo como si la acusamos de robarnos el empleo, existe la sensación de que “eso” tuviera el control de mando, en lugar del Estado y el Capital. En la medida en que esto mantenga nuestra atención en preguntas sobre el desarrollo tecnológico en lugar de en preguntas más importantes —como la calidad y cantidad del trabajo asalariado y la distribución de la renta; como la organización, distribución y valor del trabajo de cuidado no asalariado; como quién está tomando las decisiones de inversión y con qué fin—, entonces creo que corremos el riesgo de distraernos o desorientarnos.

¿Esto ocurre también en algunos debates sobre la renta básica universal?


Sí. Algunos argumentan que un aumento dramático del desempleo tecnológico en la era digital es una razón por la que deberíamos apoyar una renta básica. Otros responden a eso argumentando que los trabajadores serán desplazados en algunos sectores de la economía, pero otros empleos absorberán a muchos de ellos. Simplemente, no creo que nuestro apoyo a la demanda de renta básica deba depender de ese debate. Hay problemas muchos más fundamentales y urgentes en los que deberíamos centrar la atención respecto al trabajo asalariado como sistema de asignación de renta: las disparidades raciales y de género en los salarios y el desempleo; la enorme cantidad de trabajo reproductivo y de cuidados no remunerado en los hogares y las comunidades realizado de manera desproporcionada por mujeres sin la cual no habría una economía de trabajo asalariado; las terroríficas tasas de lesiones, enfermedades y muertes en el lugar de trabajo, incluido el enorme peaje que el estrés crónico de los trabajos mal pagados tiene en el cuerpo y la mente de la fuerza de trabajo; por no hablar del margen permanente de desempleo que no se considera un fracaso sino un signo de salud de las economías capitalistas. Si estas preguntas son tan importantes como lo son en el contexto del debate sobre la renta básica, centrarse en la tecnología o, en este caso, en el desempleo tecnológico, me parece una forma potencial de eludir o evitar abordar algunos de los defectos más básicos y de largo alcance del sistema salarial.

El debate actual sobre el sentido del desarrollo tecnológico está polarizándose fuertemente a partir de las condiciones de la emergencia climática y la crisis energética. Por un lado, hay una oposición entre algunos marxistas y defensores del Green New Deal que tienden a apoyar fuertes inversiones en tecnologías verdes, y por otro lado, propuestas como el decrecimiento o el ecofeminismo que abogan por una fuerte reducción de las infraestructuras tecnológicas y de la complejidad de los sistemas sociales actuales. ¿Qué implicaciones crees que pueden tener estos debates para actualizar o matizar los términos clásicos de la liberación del trabajo?


Creo que está bastante claro que llamar a una reducción del trabajo asalariado es coherente tanto con el decrecimiento como con el crecimiento verde, ambos enfoques que de alguna manera yo apoyaría. Hay dos puntos que quiero agregar a esto sobre cómo las políticas de cambio climático y destrucción ambiental se relacionan con las políticas contra y más allá del trabajo que yo defiendo.

El primer punto es que creo que es importante reconocer que el “productivismo” —es decir, la celebración del trabajo duro individual, la productividad y la autodisciplina que está en el corazón de la ética del trabajo moderna— está íntimamente ligado con el consumismo en las sociedades de capitalismo avanzado. Se supone que los bienes y servicios de consumo son nuestra recompensa, la gratificación pospuesta y debidamente aplazada al acabar el trabajo, por todo el digno sacrificio de nuestra fuerza de trabajo. La ética del trabajo y el consumismo son las dos caras de una misma moneda, el engranaje que impulsa al sistema económico. Al cuestionar una de esas caras también se desafía a la otra cara.

¿Cómo funciona ese desafío?


Más que imaginar que un menor tiempo de trabajo solo nos dará más tiempo para ir de compras, en vez de ello creo que nos dará un tiempo adicional para cultivar placeres y pasatiempos más satisfactorios y sostenibles. En ese sentido, la disminución de jornada y la renta básica universal podrían ayudar a sostener una reducción de trabajo que tendría un beneficio doble desde la perspectiva de una política del decrecimiento.

El segundo punto que quiero añadir es una advertencia sobre dos trampas en las que a menudo parece que caemos cuando imaginamos el futuro: o lo imaginamos como algo muy cercano al modelo actual como en un progreso lineal respecto a lo que tenemos ahora, o nos basamos en un modelo del tiempo pasado como una vuelta a algún período anterior de la historia. Lamentablemente, ambas maneras parecen inadecuadas en relación con cómo ocurre el cambio social, con cómo se mueve la historia. Aquí solo quisiera señalar que no creo que tengamos que elegir entre robots o granjas ni entre una producción industrial hipertecnológica y una producción artesanal a pequeña escala. Simplemente quiero que recordemos y seamos plenamente conscientes de la utilidad y de las limitaciones de nuestras visiones del futuro, limitaciones que no son culpa nuestra sino la consecuencia de los estrechos horizontes de toda perspectiva situada.

En la misma línea, y en relación con las demandas utópicas que trabajas en tu libro, tras leer sobre propuestas de “automatización total” como las que por ejemplo sostienen influyentes sectores en la izquierda británica, me surge el problema de un utopismo quizás “peligroso”. Por ejemplo, Aaron Bastani ha defendido en Comunismo de Lujo Totalmente Automatizado que una crisis tan crucial como la de los picos del litio, el fósforo o el níquel podría resolverse mediante la minería de asteroides, lo que a su vez dependería de naves espaciales propulsadas por oxígeno. De este modo, ¿cómo crees que el materialismo “científico” del actual pensamiento ecologista condiciona e influye en la forma que pueden tomar nuestras utopías de liberarnos del trabajo asalariado?


¿Qué tiene la exploración espacial que se apodera de la imaginación de algunas personas? Como investigadora de estudios de género, siento la necesidad de especificar que tales personas no suelen ser mujeres o femeninas. Debo decir que la exploración espacial no me dice nada. Estoy de acuerdo en que la evocación de la minería de asteroides y de las naves espaciales suena más bien a un ejemplo del deus ex machina típico del género narrativo del progreso tecno-utópico: una solución milagrosa frente a un problema obstinado que se supone que lleva el relato hasta su final feliz. Dicho esto, no descartaría los posibles usos de la “automatización” para reducir las cargas de trabajo humano y animal. Pero seguramente la tecnología —nos podríamos referir a esto como tecnología “apropiada” o “responsable”— debe ser concebida, desarrollada y juzgada como parte de un ecosistema natural y social más amplio, no como si fuera un fenómeno de alguna manera antinatural o asocial.

Tampoco quisiera negar de manera simple la imprevisibilidad del futuro de la creatividad humana o las nuevas ideas que se nos podrían ocurrir para distanciarme o refutar a los defensores del statu quo que reducen esa creatividad a la invención heroica de un emprendedor que no logra construir nada más que otra trampa para ratones rentable. Pero mi reacción más inmediata a tu pregunta es que tal vez debamos abordar el lujo comunista desde un registro diferente, en términos del lujo de la ociosidad, la amistad, el aire fresco y la comunión con la naturaleza, como cosas que podríamos disfrutar si dispusiéramos de más tiempo por fuera del trabajo. Me parece que realmente la pregunta no es sobre nuestra capacidad para producir más o incluso el mismo nivel de riqueza social y económica, sino sobre cómo podemos apropiárnosla y convertirla en la verdadera riqueza de la igualdad y la libertad.

5 sep 2021 06:17

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Cumbre y contracumbre ecológica en Marsella: la grieta llegó a la preservación de la naturaleza

Macron inauguró un congreso mundial conservacionista en Francia con Harrison Ford y Christine Legarde

Mientras un ministro misionero cosechó elogios en el congreso, líderes indígenas de todo el mundo hicieron una contracumbre.

 

Este viernes, poco antes de las 5 de la tarde de Francia, después de que entraron el actor Harrison Ford y el presidente de Francia Emmanuel Macron, un auto blindado trasladó a la ahora presidenta del Banco Central Europeo y ex titular del FMI, Christine Lagarde, al interior del Centro Chanot de Marsella, justo detrás del Velódromo, el estadio del Olympique. En ese momento el viento mistral comenzó a soplar: se desató una tormenta que alivió el calor húmedo de la segunda ciudad de Francia pero empapó a las casi mil personas que marchaban al otro lado de la ciudad hacia el viejo puerto y arruinó las pancartas de cartón que decían “No más mentira verde”.

Macron, Lagarde y Ford fueron a inaugurar el Congreso Mundial de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), donde la mayoría de los oradores son funcionarios de Estado. Mientras en Chanot discutían cómo comprar bonos de carbono, en una contracumbre celebrada en el viejo puerto reclamaban una conservación inclusiva.

La cumbre

En Marsella se esperaba que antes de ir al evento Macron anuncie medidas contra la crisis de infraestructura en las escuelas de esta ciudad: un informe del diario Le Monde revela que entre ratas, chinches, problemas de filtración de agua y aulas superpobladas al menos 174 establecimientos educativos no deberían estar habilitados. Macron salvó su día difícil en Marsella con una foto junto a Harrison Ford, quien agradeció al presidente francés por su “compromiso contra el cambio climático”. El actor de "Indiana Jones" es el vicepresidente desde 1991 de Conservation International, una ONG que colabora con grandes empresas para que donen dinero para “la preservación de la naturaleza”.

Vestida con un traje blanco Lagarde fue una de las voces que inauguró el evento relacionando ecología y economía: “no hay estabilidad económica sin estabilidad de la naturaleza”. El primer ministro Chino Li Keqiang, salió por videollamada y siguió esa línea: habló de buscar una “economía circular” y de “construir un hermoso y limpio futuro”. Macron, por su parte, defendió el proyecto “30 x 30”, promovido por el G7 e impulsado por Joe Biden, que busca conseguir que el 30 por ciento del planeta sea un área protegida para el año 2030.

La cumbre de la UICN ofrece diferentes excursiones a la costa azul a los periodistas acreditados, cobra 1300 euros la entrada y ocupa cinco pabellones del centro de exposiciones Chanot, entre salas de conferencia y stands armados por organizaciones conservacionistas pero también por gobiernos, como el Departamento de Estado de Estados Unidos o la Comisión Europea, y grandes empresas francesas de rubros muy distintos, como L'Oreal, BNP o Pernod Ricard.

En el congreso de la UICN hubo una convención mundial de pueblos indígenas, pero duró solo cuatro horas, fue completamente virtual y mezcló voces indígenas con la de funcionarios franceses, suizos, norteamericanos y noruegos. El 80 por ciento de la biodiversidad que queda en el planeta, según Naciones Unidas, está en territorio indígena. 

Pionero y misionero

El juez de la corte suprema Ricardo Lorenzetti participará este martes de un panel en el Congreso de la IUCN, sobre “los jueces y el medio ambiente”. Lo hará de manera virtual desde Argentina. El único funcionario argentino que participa en persona del Congreso es Patricio Lombardi, ministro de cambio climático de Misiones, el primero en liderar una cartera con ese nombre en la historia de América Latina. Compartió panel con la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, y con el Bérangère Abba, secretario de biodiversidad del gobierno francés.

En diálogo con Página/12, Lombardi aseguró que “hay que apoyarse en el saber ancestral de los pueblos indígenas, yo de acá me voy a Zurich a ver a un senador suizo que trabaja con una fundación que quiere comprar dos mil hectáreas que tiene un aserradero en Montoya, Misiones, y se las quieren dar a las comunidades guaraníes para que la conserven”. Lombardi trabajó con Jeb Bush en el Estado de Florida y también en la fun­da­ción R21 con el baterista de Soda Stereo, Charly Alberti. Se ganó la confianza del Papa Francisco después de que lo visitó y le mostró una foto satelital de Misiones, en donde se ve a la provincia argentina como una isla verde, en medio de la deforestación para plantar soja de Paraguay y del sur de Brasil. El objetivo de Lombardi es que Misiones aproveche eso para insertarse en el mercado de Carbono.

Cuando se le pregunta sobre el modelo de creación de energía que representa la represa de Yaciretá en el contexto del cambio climático, Lombardi afirma: “Yaciretá ya está, hay que producir energía, en Misiones hace 39 grados y la gente quiere prender el aire acondicionado”. El ministro misionero se lleva bien con sus pares nacionales pero dice que nadie en Argentina se está preguntando cómo hacer una gran transición ecológica.

La discusión por el cambio climático es todavía una novedad en Argentina, Lombardi dice que a veces se siente un extraterrestre entre pares: “no entienden lo que hago, digo que es necesario un carácter holístico y me miran como diciendo este es un hippie, pero no, es la que hay que hacer, sino nos vamos a quedar sin planeta, acá no hay grieta”. 

La contracumbre

Mientras tanto la ONG Survival International, de origen inglés, y referentes indígenas de los cinco continentes organizaron una contracumbre llamada "Nuestra tierra, nuestra naturaleza" para "descolonizar la conservación". Se llevó a cabo este jueves y viernes en el tercer piso del centro cultural Coco Velten, en el viejo puerto, uno de los barrios más populares de Marsella. Mordecai Ogada, el ecologista keniata autor del libro “La gran mentira de la conservación” -una de los principales oradores de la contracumbre- dijo a Página/12, refiriéndose al congreso de la UICN: “si Harrison Ford va a abrir un congreso sobre la conservación que a mí me inviten a inaugurar los premios Oscar”.

En la contracumbre las voces de líderes indígenas se intercalaron con la de antropólogos y especialistas como Ogada, quien opina que los indígenas no deberían prestarse a debatir con quienes defienden el actual paradigma de la conservación. Ogada acusa a la organización WWF, por ejemplo, de promover la creación de parques nacionales desplazando a los indígenas que viven allí, como al pueblo baka en la Cuenca del Congo. “El actual paradigma de la conservación quiere proteger la naturaleza de la gente del lugar, protegerlas de los locales, de los humanos. En Occidente ser conservacionista parece ser progresista pero en África los conservacionistas son conservadores, son el príncipe de Inglaterra, la derecha, los racistas que dan armas a los guardaparques”, dice Ogada.

Para el antropólogo de la Universidad de Rennes, Guilliame Blanc, la grieta radica en humanizar o deshumanizar la conservación, ya que en algunas áreas protegidas “reemplazaron a los cultivadores por los turistas”. La argentina Fiore Longo, de Survival International, coincidió con Blanc y afirmó que la crisis climática es en realidad una “crisis humana”. Ashish Kothari, del pueblo indígena Kalpavriksh de India, denunció que “no queda espacio para participar en la conservación”: “dejar la vida silvestre en un 30 por ciento sin cambiar el modo de vida en el 70 restante no sirve de nada”.

03/09/2021

Desde Marsella

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Frente al elitismo ecofriendly construyamos el ecologismo popular

El informe del IPCC para la ONU ha sido contundente: el cambio climático ya es irreversible y de nosotras depende que sus efectos no sean tan devastadores como pueden llegar a serlo.

El cambio climático es una realidad innegable, a la que hemos llegado en una situación débil a nivel discursivo, político y económico. La hegemonía neoliberal impregna casi todas las esferas de la vida y la del ecologismo no iba a ser menos. Es el momento de plantarse ante todos los discursos que apelan a la responsabilidad individual y a la culpabilización de la gente en relación con el cambio climático. El cambio climático ya es irreversible y, por lo tanto, hay que gestionar las consecuencias sociales del mismo.

Existe un elitismo ecofriendly que construye un discurso del ecologismo sobre un moralismo que expulsa toda alternativa política viable. Es un discurso que nos hace conscientes de ser más a la hora de asumir las culpas, pero que niega la dimensión de ser más a la hora de afirmar nuestro poder frente a las minorías. Es un discurso que pretende hacernos a todas responsables de una cosa que tiene unos responsables determinados. Si todas somos igual de culpables del cambio climático, todas deberemos asumir sacrificios importantes. Y en esa asunción de sacrificios importantes (que siguen la lógica del libre mercado) quienes se va a librar son los ricos y poderosos.

Porque hay que ser muy claras aquí: mientras existan personas con varias mansiones y sus campos de golf, sus jets privados, sus yates y sus coches de gran cilindrada y su consumo abusivo de todo tipo de productos no podemos permitir que nadie nos aleccione sobre nuestros comportamientos individuales. Un multimillonario contamina como todas las personas de un bloque entero de pisos. El truco que pretenden hacer los elitistas ecofriendlys es hacernos pagar al resto esos excesos.

Lo hacen con la siguiente trampa ideológica: "Los ricos son pocos y el resto son muchos, hay que poner el foco en los muchos porque a esa escala se contamina más". Pero esto no es verdad: un coche de gran cilindrada contamina 3 veces más que un vehículo pequeño. Un crucero atracando en el puerto de València contamina como todos los vehículos privados que circulan por la ciudad. Una mansión con piscina y jardín contamina como un decena de apartamentos.

Lo que intentan las grandes fortunas (y las grandes multinacionales) es diluir la enorme responsabilidad que tienen en el cambio climático haciéndola pasar por responsabilidad de cada uno de nosotros.

No hay proyecto político construido en base a la culpabilización individual. Eso solo comporta actuar de forma reactiva, a la defensiva, y que el ecologismo no sea algo deseable sino únicamente un límite moral a nuestra forma de estar en el mundo. A imagen y semejanza de "si no te esfuerzas y trabajas mucho no serás rico" nos inundan con "sino te mentalizas y reciclas, no acabaras con el cambio climático". Y así hemos convertido nuestras cocinas en plantas de selección de reciclaje y eso no ha solucionado el problema. Jamás se había reciclado tanto a nivel individual como se recicla ahora, pero la Tierra nunca había estado tan mal como ahora.

El foco en la responsabilidad individual produce el efecto contrario al deseado. Muchas personas mantienen una actitud positiva de sostenibilidad individual en su día a día, pero que les lleva a creer que no es necesario tener un compromiso colectivo. Muchas de ellas piensan: "Yo ya he cumplido mi parte del trato, ahora le toca al resto".  Y eso es precisamente lo que impide la asunción de ese compromiso colectivo real y sostenido en el tiempo. Ahí muere la posibilidad de la dimensión política.

Siguiendo sus premisas, el ecologismo ecofriendly aplica además las lógicas del mercado para solucionar problemas que son comunes. Por ejemplo, para reducir el número de vuelos intentará encarecer los precios. Pero encareciendo los precios de las cosas únicamente hacemos que los que puedan pagar sigan disfrutando de los excesos que han provocado el problema, excluyendo a cada vez más gente que no pueda pagar. Puede ser una medida para reducir la contaminación, a costa de que los humildes no puedan acceder a ciertos servicios. La solución pasa por aplicar una lógica socialista: en el caso de los aviones, una limitación de KM de vuelo por ciudadano. Así sí se actúa igualando realmente a las personas y generando un sentimiento colectivo de pertenencia, eliminando las trampas ideológicas de este elitismo.

Y esta es la lógica que hay que implementar en el resto de esferas de la lucha contra el cambio climático. Actualmente, las soluciones que se van imponiendo únicamente establecen una confrontación entre ricos y no ricos, excluyendo y culpabilizando a los segundos para que los primeros sigan disfrutando de los privilegios de su posición social.

Hace poco, Berna León -citando el informe del Carbon Disclosure Project- señalaba en la SER que el 70% de las emisiones de carbono procedían de solo 100 empresas. Ahí reside uno de los problemas y es donde debemos poner el foco. Señalar esas multinacionales y exigir a los gobiernos nuevas normativas medioambientales para que esas empresas dejen de hipotecar el futuro de la Tierra.  El cambio climático nos afecta a todas por igual, pero no todas tenemos la misma responsabilidad ni debemos asumir los mismos costes. Las grandes fortunas tienen más responsabilidad y deben asumirlo y verse obligadas a actuar en consecuencia.

Se da la paradoja de que podríamos estar ante el final de nuestro mundo, y la condición social que ha provocado ese final del mundo siga siendo innombrable: el capitalismo. Decía Frédéric Jameson que imaginamos antes el fin del mundo que el fin del capitalismo. Nuestra tarea política es que eso deje de operar así. El ser humano lleva más de 2 millones de años en la tierra, 300.000 como Homo Sapiens y sólo ha sido en los dos últimos siglos de capitalismo cuando ha provocado un desequilibrio catastrófico del clima. El problema no es el humano, sino la condición social efectiva que ha adoptado estos 200 últimos años.

Es ahora cuando se hace más necesario que nunca fundar un nuevo ecologismo, popular y en positivo. Una nueva idea que persiga superar las lógicas de este sistema, para cuidar nuestro planeta, para imaginar y crear nuevas formas de organizarnos colectivamente. Un proyecto que no se haga a la contra de la gente, sino fortaleciendo sus deseos y aspiraciones. Porque las que creemos firmemente en la lucha contra el cambio climático, sabemos quiénes son los principales responsables y cual es el sistema que lo ha provocado. Y no tenemos ningún miedo a que deban pagar y asumir su parte de responsabilidad para salvar nuestro hogar que es el planeta Tierra.

Algunos sueñan con la falsa ilusión de que podremos huir del planeta y vivir igual en otro. Tesla ha puesto la primera piedra de esa ilusión con los viajes espaciales para los ricos. No hay escapatoria a la Tierra, y si la hubiera pasaría lo mismo en otro planeta. Es la idea de Jameson elevada al cuadrado: no me puedo imaginar el fin del capitalismo así que me imagino viajando a otro planeta cuando haya destrozado éste.

Esto no va de huir a otro planeta ni de añorar un pasado de armonía con los ciclos naturales que ya no existe. Va de fundar un nuevo sistema que logre acoplarse a los ciclos de la Tierra, que erradique los excesos de los privilegiados y la arrogancia de las multinacionales, que ponga la vida de todas en el centro y volvamos a ser comunidad y pueblo para afrontar colectivamente los desafíos que tenemos en el futuro.

Por Naiara Davó

Diputada en les Corts Valencianes por Unides Podem

02/09/2021

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Fuentes: APIB [Imagen: Acción de los pueblos indígenas en la plaza de los Três Poderes el martes 25, en apoyo a la Corte Suprema y en contra del "marco temporal". Créditos: APIB]

El día en que el Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil retomó el juicio que podría definir el futuro de los pueblos indígenas de Brasil, la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB) publicó una carta en la que lanza al mundo con 10 mensajes claros y contundentes.

Este jueves 26 de agosto, el STF reanuda la sentencia del caso Xokleng, que debate la tesis del «marco temporal», una demanda que argumenta que los pueblos indígenas solo pueden reclamar tierras donde ya estaban el 5 de octubre de 1988 (año en que fue promulgada la Constitución Federal vigente). Lo que está en manos de los 11 ministros y ministras de la Corte Suprema es el futuro de la demarcación de tierras indígenas en Brasil.

Para reforzar la importancia de este juicio y mostrar cómo los pueblos indígenas se relacionan con sus tierras, la Apib ha elaborado esta lista con 10 mensajes de los pueblos indígenas de Brasil para todo el mundo:

1) La historia de los pueblos indígenas en Brasil no comienza en 1500, ni en 1988.

Los pueblos originarios llegaron a esta tierra incluso antes de que se inventara esta noción de tiempo. Somos herederos de los primeros pies que pisaron esta tierra, y nuestro tiempo no puede ser medido ni determinado por relojes y calendarios que pretendan ignorar nuestra trayectoria ancestral.

2) Nuestras tierras son nuestras vidas, no una fuente de ganancias.

A diferencia de la forma en que los terratenientes, ocupantes ilegales y explotadores tratan con la tierra que usurparon y destruyeron, los pueblos indígenas tenemos una relación profunda, espiritual y ancestral con nuestra tierra. Sin tierra no hay vida para nosotros. No exploramos nuestro territorio con fines de lucro, sino para alimentarnos, sostener nuestra cultura y preservar nuestras tradiciones y espiritualidad.

3) Cuidamos los bosques y esto es bueno para todo el mundo.

Los pueblos indígenas han sido reconocidos en más de una ocasión como los mejores guardianes de los bosques. Nuestros territorios se conservan. Donde hay tierra indígena, el bosque permanece en pie, el agua pura, la fauna viva. Y esto beneficia a todo el mundo, especialmente cuando las crisis climáticas y ambientales amenazan la supervivencia de la humanidad.

4) Nuestra diversidad y nuestra ancestralidad nos unen

Los enemigos de los pueblos indígenas intentan a toda costa construir rupturas y oposiciones artificiales entre nosotros. Sin embargo, no saben que nuestra ancestralidad es más fuerte y más potente que cualquier división que puedan intentar imponernos.

5) La mayor parte de la tierra está en manos de los propietarios, ¡y la están destruyendo!

El argumento de que hay «demasiada tierra para pocos indios» ha demostrado ser falaz más de una vez. De hecho, la mayor parte de la tierra en Brasil ya está dedicada a la agricultura. Una pequeña parte son tierras indígenas, ¡pero las que han sido registradas están bien conservadas!

6) Nuestra lucha es también por el futuro de la humanidad.

Los pueblos indígenas tenemos una cultura de alteridad y acogida. Nuestra lucha por nuestras tierras también es por la preservación del medio ambiente. Somos plenamente conscientes de nuestro papel como protectores de los bosques y la biodiversidad y estamos dispuestos a compartir nuestro conocimiento por el bien de todos.

7) Los indígenas hemos estado luchando por nuestras vidas durante 521 años, y esto es señal de que algo anda muy mal.

Desde que nuestras tierras fueron invadidas, hemos tenido que luchar a diario para sobrevivir: contra enfermedades traídas de afuera, como la COVID-19, que mató a más de 1.100 familiares, contra el genocidio, contra los ataques. Incluso hoy tenemos que luchar por nuestras vidas, y eso significa que para muchas personas nuestras vidas no importan. ¡Esto debe terminar de inmediato!

8) ¡Tenemos un proyecto de mundo y queremos ser escuchados!

Hemos acumulado tecnologías de producción milenarias y esto nos da condiciones para pensar en un proyecto de sociedad sin desigualdades, basado en el buen vivir, el cuidado de la tierra y la libre convivencia entre los pueblos. Nuestro proyecto garantiza alimentos sin veneno, produce sin devastar. ¡Y el mundo necesita un proyecto como este para salvarnos de la destrucción!

9) Estamos aquí y aquí nos quedaremos.

Sobrevivimos al ataque colonial, sobrevivimos al genocidio, sobrevivimos a las enfermedades. Nuestra gente es resiliente e incluso en las peores condiciones supimos cómo protegernos y mantenernos con vida. Seguiremos vivos y lucharemos por nuestros derechos, y esperamos que cada vez más el mundo comprenda que nuestras vidas importan y que los pueblos indígenas quieren y necesitan y exigen una vida plena y pacífica.

10) ¡Brasil es una tierra indígena! ¡La Madre de Brasil es indígena!

Durante 521 años han estado tratando de borrar la ancestralidad indígena de esta tierra que llamaron Brasil. Pisamos este terreno antes que los demás. Cuidamos este suelo, damos forma a estos bosques, adoramos la ancestralidad milenaria de este territorio. ¡Y no importa cuánto intenten esconderse, nunca lo lograrán, porque somos muchos, somos fuertes y estamos orgullosos de nuestra historia!

 

Por Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (Apib) | 02/09/2021Traducción: Brasil de Fato.

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100 días de Lasso en Ecuador: una reforma neoliberal en suspenso

 Guillermo Lasso completó sus primeros 100 días como presidente de Ecuador y, a pesar de mejorar la vacunación contra el COVID-19, aún no logró atender la crisis económica. El analista Decio Machado dijo a Sputnik que Lasso debe "manejar los ritmos" ante una eventual tensión social y una mayoría opositora en el parlamento.

El Gobierno de Guillermo Lasso en Ecuador consumió sus primeros cien días centrado en contrarrestar el retraso de la administración de Lenín Moreno en materia de vacunación contra el COVID-19, sin poder iniciar las reformas de corte neoliberal que prometió en campaña electoral, dijo a Sputnik el sociólogo y analista político Decio Machado.

Para el experto, uno de los primeros elementos a reconocer de los primeros meses de Lasso en el Palacio de Carondelet, tras su asunción el 24 de mayo de 2021, es que marcó "un cambio sustancial con el Gobierno anterior" de Lenín Moreno, que según Machado "fue la expresión del antigobierno, no hubo capacidad de gestión y no se cumplía ningún compromiso".

Machado aclaró que, "independientemente de que uno sintonice o no con la ideología" propuesta por Lasso —al que definió como "neoliberal, en términos clásicos"—, la gestión del exbanquero demostró en sus primeros meses "una mayor capacidad de gestión" que su antecesor, vinculada específicamente a masificar el proceso de vacunación contra el COVID-19.

Sin embargo, el analista consideró que el desafío para Lasso llegará una vez el proceso de vacunación esté cumplido, cuando el Gobierno deba afrontar los problemas de fondo que afectan a los ecuatorianos. "La siguiente lógica es la crisis que está ahí, una crisis grande que se desarrolla desde la caída del precio de los commodities, desde la caída en 2015 del precio del crudo, principal fuente de ingreso de Ecuador".

Tras un período durante el cual Moreno no logró dinamizar la economía ecuatoriana, Lasso heredó el Gobierno con la necesidad de reactivar el país como su problema fundamental. Según Machado, la emergencia sanitaria motivada por la pandemia logró aplacar esta urgencia, al colocar a la salud como primera demanda de la población en estos primeros meses.

"La sociedad ecuatoriana le dio un respiro al Gobierno de Lasso en este primer momento, donde la salud es la primera demanda", reflexionó el analista. Sin embargo, a medida que la cobertura de vacunas es mayor, comenzarán a aflorar otras demandas de tipo social, como "el empleo, el trabajo digno, la capacidad adquisitiva". Cuestiones que, tras estos cien días de Lasso, aún "están por resolverse".

"Creo que ha habido un período, no de enamoramiento pero sí de permisividad con el Gobierno, que avanzó con las vacunas. Esto permitió que los sectores no afines establecieran una especie de paz, de consenso político durante ese período. Pero esto se acabó", advirtió el analista.

En efecto, Machado hizo énfasis en que Lasso debe comenzar a ocuparse del mercado laboral ecuatoriano, que se encuentra "destrozado" incluso desde antes de la pandemia. "Se han generado muchísimos despidos, hubo una reducción del Estado con funcionarios públicos despedidos, al igual que en el sector privado", comentó.

Bajo este panorama, el analista consideró que crece entre los ecuatorianos un clima de "tensión" que puede enfrentar a Lasso a las demandas populares.

"En poco tiempo asistiremos a una lógica de conflictos en torno a reclamos de base de la sociedad, de sindicatos, organizaciones estudiantiles, trabajadores, mujeres, etc", pronosticó.

Las reformas neoliberales de Lasso, en suspenso

Caracterizar al Gobierno de Lasso no es una tarea difícil para Machado ya que "sus objetivos son claros y los ha anunciado" en la campaña electoral. "Ahí no hay trampa, a diferencia de Lenín Moreno, que aplicó un programa que no se correspondía con el programa electoral", diferenció.

En ese sentido, remarcó que Lasso propone para Ecuador "una hoja de ruta neoliberal" compuesta por medidas arquetípicas de este tipo de modelos. En ese sentido, Machado enumeró las siguientes prioridades de Lasso:

Flexibilización del mercado laboral.

Desmantelamiento del sistema de protección de la economía nacional respecto a economías internacionales.

Firma de Tratados de Libre Comercio (TLC) con otros países.

Privatización del patrimonio público nacional.

Ampliación de la frontera extractivista, tanto minera como petrolera.

Machado remarcó que estas prioridades fueron efectivamente anunciadas por Lasso, aunque el presidente "no ha podido ponerlas en marcha" durante los cien primeros días de Gobierno.

La prioridad que tuvo la vacunación anti COVID no es la única razón para ello, señaló el analista, quien recordó que Lasso ganó las elecciones tras obtener sólo un 19% de votos en la primera vuelta y 700.000 votos menos que en 2017, cuando también había pugnado por la Presidencia.

Para el analista, la coyuntura política que le dio el triunfo a Lasso está marcada por la resistencia al correísmo —movimiento político de izquierda cuyo líder es el expresidente Rafael Correa (2007-2017)—, lo que hace que, en realidad, "no haya una identificación con el Gobierno de Lasso por parte de muchos de quienes votaron a Lasso".

La falta de respaldo masivo se expresa en que el presidente tampoco tiene una bancada mayoritaria en la Asamblea Nacional, el órgano legislativo unicameral de Ecuador. Por tanto, el Ejecutivo "necesita consensos y no la tiene nada fácil para sacar las leyes que pretende".

"El Gobierno no ha renunciado a sus objetivos en materia económica, que son las privatizaciones y la reducción del Estado, pero está manejando los ritmos porque es consciente de que tiene dificultades para implementar ese programa de Gobierno", sintetizó el analista.

¿Elecciones anticipadas en Ecuador?

Para Machado, el Gobierno de Lasso no debe descuidar lo que sucede en la Asamblea Nacional durante este período, caracterizado por un alto fraccionamiento de partidos que "complejiza las políticas de alianzas, tanto de oposición como de Gobierno" para dar curso a los proyectos de Lasso o resistirlos desde el legislativo.

En efecto, mientras el oficialista movimiento CREO (Creando Oportunidades) de Lasso cuenta con 12 escaños, sectores opositores como la Unión por la Esperanza (UNES) —que contiene al correísmo—acumula 49 bancas. El Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik (MUPP), que representa a los pueblos originarios, suma 25 legisladores y la Izquierda Democrática, 12.

El analista advirtió que esta coyuntura podría dar lugar a que estas fuerzas políticas que no integran el Gobierno, confluyan "en un interés común desde diferentes sensibilidades o posiciones ideológicas, de que este Gobierno termine su gestión antes de tiempo".

Machado respaldó esta proyección en el hecho de que liderazgos construidos tras los comicios de 2021 —Andrés Arauz en UNES, Yaku Pérez en Pachakutik o Xavier Hervas en la ID— no son parte de la Asamblea Nacional por lo que perdieron terreno en el escenario político. Según el analista, solamente unas elecciones anticipadas podría volverlos a poner en el ruedo, lo que podría abonar la tentación de promover el final anticipado del Gobierno.

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